Lunes, 01 Junio 2020 09:39

Deporte, identidad y autoridad

https://futbolete.com/fanaticadas-com/colectivo-futbolero-colombiano-llamado-a-la-agresion/251882/

Que el fútbol es un fenómeno social de amplias características y potencialidades no hay quien lo niegue. Puede que no lo compartamos, pero esa es la realidad: más comercial, más espectáculo que deporte, al servicio de unos poderes e intenciones no siempre claras. Realidad contradictoria que cuestiona, pero que extiende sus efectos sociales sobre las identidades de amplios grupos poblacionales, a los cuales moviliza a pesar de hipnotizarlos, o tal vez por ello.

Adentrémonos en algunas de sus particularidades, en la cancha y más allá de ella.

a. Sobre el árbitro y su relación con la barra. Una cosa es el hincha como individuo, enfrentado a la figura del árbitro. Cuando este sale a la cancha, de inmediato comienzan a atacarlo verbalmente, porque lo consideran una suerte de aguafiestas. Por ello la silbatina es inevitable, luego de la cual podrán seguir los madrazos a lo largo del partido y posterior al mismo. Uno de los hechos trágicos que tuvo como víctima a un árbitro, ocurrió en diciembre de 1989 luego del encuentro entre Independiente Medellín y América, partido disputado en el Atanasio Girardot. El atentado ocurrió en el hotel en donde se alojaba Ortega, en el centro de Medellín, y no fue protagonizado por barras del fútbol. Allí confluyeron, al parecer, actuaciones provocadoras de locutores y algunos comentaristas deportivos, como grupos de interés ligados al narcotráfico.

Creemos que en el caso de las barras, el fenómeno que nos debe convocar para la reflexión es caracterizar la manera como ellas se sitúan en el mundo, no solamente del deporte como tal, sino de la sociedad en su conjunto. Es decir, ellos como jóvenes, como adolescentes, ¿de qué manera son percibidos y de qué manera ellos también perciben a la sociedad? Ahí creo que está el centro de la tensión y de la confrontación posterior. Ello sin subestimar las relaciones que se establecen entre las barras como tal, la forma como conciben a la otra barra, a la que casi siempre la tienen como enemiga y no como rival, por lo cual hay que acabar con ella.

b. Deporte y autoridad. Sin perder la relación con el numeral anterior, en lo atinente al tema de la autoridad, destacamos la necesidad de que el deporte pase a jugar el papel que realmente tiene que jugar en la sociedad: ser una expresión material y simbólica de autoridad, de respeto a esta, encarnada por otros seres humanos pero investidos de una potestad que todos debemos acatar. Claro que al mismo tiempo, quien ejerce la autoridad tiene siempre la exigencia de consolidar la credibilidad de parte de los ciudadanos, lo cual hace que se legitime la autoridad misma.

En términos generales, en nuestro país no creemos en la autoridad –y con mucho de razón por la clase de gobernantes que hemos tenido–; por el contrario, somos más dados a irrespetar las instituciones, desde el árbitro y los propios padres de familia, hasta llegar a las más elevadas instancias del poder público.
Este fenómeno que acá describimos se explica también por un fenómeno adicional que debemos agregar a la reflexión: nos referimos a la existencia de una suerte de cultura de ganar o ganar, por parte de muchos de nuestros muchachos, e incluso por parte de muchos de sus padres. O sea, hoy en día el deportista, y sobre todo el futbolista, se está convirtiendo en algo más que eso, en algo más que un deportista; se está convirtiendo en la fuente de redención de una familia, y se le compromete con una responsabilidad demasiado grande.

En ese sentido, no hay de por medio principios, valores, escrúpulos, nada que impida sacar adelante esa tarea, lo que interesa es que ese muchacho se cotice y pase a valer muchos millones de dólares o de euros, para ir luego a un equipo grande y resolver así el problema que a lo mejor el papá no ha podido solucionar: El económico. Estamos describiendo un aspecto que, muy fácilmente, se conecta con la problemática de las barras, si pensamos en asuntos como las disputas por el control de dichos pases, o por las implicaciones que conlleva el traspaso de un futbolista-estrella de un equipo a otro.

Y en este contexto, se produce fácilmente el encuentro problemático –con dimensiones culturales–, entre los equipos de fútbol, los ídolos o jugadores costosos y las barras, cual es el de asumir la posibilidad de la derrota o la pérdida de un partido o de un campeonato. Porque ser perdedor es lo peor que puede sucederle a un deportista, a un empresario, a un equipo y a una barra. Ser perdedor, a la luz de la cultura propia del modelo de economía de mercado, hoy dominante, representa portar algo así como un estigma, porque entre otras cosas, y como lo hemos señalado en ocasiones anteriores, ya ni siquiera se acepta el vocablo de perdedor: Y lo más triste, se le llama fracasado, con toda la carga social y cultural que ello representa.

El reto que tenemos ante nosotros es que el deporte se convierta en otro referente para enfrentar la crisis de una sociedad como la nuestra, incluida la crisis institucional y su poca credibilidad o el poco respeto que se tiene para con la autoridad. No olvidemos que debemos aprovechar del deporte el gran atractivo que lo caracteriza, como es la de contribuir a la formación ciudadana de los seres humanos mientras los divierte, lo que no ofrece otras formas educativas, muchas veces más asociadas con la apatía.

c. Deporte e identidad. Hoy en día carecemos de la necesaria profesionalización de quienes deben ejercer el verdadero liderazgo deportivo, reconociendo las excepciones existentes.

Tenemos funcionarios y tenemos directivos que llegan muchas veces a los cargos de dirección, ya lo sabemos también, por compromisos políticos y burocráticos, pero que están de paso. Y que no tienen el compromiso, ni la capacidad de trazar directrices o políticas, de avanzar para que el deporte sea una práctica tan importante en la sociedad y en la vida institucional como son la política, la economía y la cultura misma. Porque un país sin un deporte nacional, es un país que está a mitad de camino en su proyección interna y externa, mucho más en estas épocas de globalización y de identidades que van más allá de las fronteras nacionales.

Si preguntamos, por ejemplo, en Estados Unidos, por el deporte nacional, responderán de inmediato que es el béisbol, a pesar del auge de deportes como el baloncesto, el boxeo y el denominado fútbol americano. Lo propio ha de suceder en Venezuela.

Pero si preguntamos en Colombia por el deporte nacional, nos encontramos con una situación contradictoria, o al menos poco clara: por mandato legal del año 1995, el deporte nacional es el tejo, dado su arraigo histórico, en especial en el altiplano y su expansión a otras regiones del país. Sin embargo, tenemos deportes como el fútbol, con gran capacidad de convocatoria, aunque no se han logrado títulos significativos, salvo algunas conquistas de alcance relativo. Está el ciclismo, con su amplia estela de logros de pedalistas vinculados a equipos formados por deportistas de varios países y financiados por grandes empresas, algunas multinacionales. Y para rematar, existen deportes que, si bien no tienen una acogida generalizada, vienen brindando importantes triunfos internacionales; me refiero, por ejemplo, al patinaje y al bicicross, deportes en los cuales nuestro país es reconocido como una de las grandes potencias mundiales.

Tenemos, pues, al frente una necesaria discusión de alcances políticos, culturales, institucionales y deportivos, la cual debe llevarnos a definir con mayor claridad la relación que, a la luz de dicha realidad colombiana, debe establecerse entre deporte e identidad. A propósito de este vínculo, es necesario dar una mirada hacia las barras del fútbol, porque desde fuera de ellas es muy fácil definirlas, lo mismo que a sus integrantes, de acuerdo con lo que hagan antes, durante o después de un partido.

Escuchamos a ciertos periodistas y/o locutores deportivos que piensan haber definido el problema y el mundo cuando califican a sus integrantes como un conjunto de desadaptados. Y en realidad, el asunto es mucho más complicado. Porque si queremos conocer un problema, primero debemos adentrarnos en el espíritu de quién es el sujeto de ese problema, de ese fenómeno. Y en ese caso preguntarnos por qué un joven o un adolescente se sienten tan a gusto en una barra.

Es decir, qué le hace tener sentido de pertenencia y, diciéndolo en sentido metafórico, aunque es muy frecuente que varios de sus miembros lo asuman al pie de la letra, qué lleva al muchacho a hacerse matar por la barra. Vivir en función de la barra toda la semana, comunicarse con sus compañeros, y hasta con sus rivales o enemigos del compromiso siguiente, asistir a determinadas actividades, visitar ciertos sitios de la ciudad y disponerse para movilizarse al lugar en donde jugará el equipo de sus amores, son interrogantes para los cuales debemos tener respuestas satisfactorias que solo emergerán mediante una investigación sistemática sobre estas organizaciones.

Tenemos todavía una respuesta muy genérica frente a estos aspectos: la identidad, es decir, el sentido de pertenencia, es lo que nosotros tenemos que empezar por comprender o reconocer, para empezar también a comprender el fenómeno y, sobre todo, para ver cómo los incorporamos a la sociedad, aunque no sabemos si decirlo en sentido contrario, o sea cómo ellos nos incorporan a nosotros, porque este es un país, por fortuna y en medio de todo, de esperanza. Con todo y sus problemas, Colombia hace parte de los países jóvenes, países que forjan ideales y sueños ante el oprobio y la incertidumbre.

Tenemos que reconocer, en síntesis, que lo que se expresa en estas organizaciones, sin caer en la apología per se de la violencia, es una manifestación de identidades. El muchacho no está por obligación, no está por conseguir dinero, sino que está porque se siente a gusto, se siente activo, se siente, sobre todo, tenido en cuenta, reconocido. Muchas veces sucede que ni en el colegio, ni en la escuela, tampoco en la familia, él se siente reconocido por quienes le rodean. Entonces la barra es la alternativa, es el parche, como dicen ellos. Eso es lo que nosotros tenemos que analizar.

Tenemos que avanzar en ello, sobre todo para que trabajemos en una nueva figura de lo que es el país, como una especie de panorama que caracterice lo que es este. No solamente lo que ya mal que bien conocemos, sino lo nuevo, lo que está surgiendo, lo que se está forjando. Pero entonces no para definirlo desde fuera, con nuestros prejuicios, sino para reconocerlos a partir de lo que realmente ellos son y de por qué están ahí.

Pero lo que está de por medio es ese reto en términos de comprensión de un fenómeno con amplio soporte y potencial cultural, pero también mediático-global (en nuestro tiempo las identidades también se entrecruzan más allá de la ciudad, del departamento, del país, de la región y del continente). Es un reto inmenso, como es el potencial que cargan las barras, con esa fuerza movilizadora que puede conmover un territorio específico en un momento determinado. ¿Cómo reflexionar esto desde la escuela? ¿Cómo pensarlo en las organizaciones sociales? ¿Cómo hacerlo desde la institucionalidad y más allá de ella? Todo ello no para cooptar ni institucionalizar, sino para comprender esas energías que alcanzan a dar identidad a un grupo social, potenciando o aplacando rebeldías, tan presentes entre la juventud.

Existen grupos del poder que han comprendido tal fuerza, y actúan sobre ella, no siempre con propósitos nobles, y el espacio es tan amplio que otras muchas miradas podrán encontrar terreno fértil para potenciar el goce, la diversión, la amistad, la recreación, etcétera, antes que la mercantilización de un deporte y la utilización de su fanaticada.

 

 

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Publicado enEdición Nº268
Lunes, 01 Junio 2020 09:33

Deporte, identidad y autoridad

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Que el fútbol es un fenómeno social de amplias características y potencialidades no hay quien lo niegue. Puede que no lo compartamos, pero esa es la realidad: más comercial, más espectáculo que deporte, al servicio de unos poderes e intenciones no siempre claras. Realidad contradictoria que cuestiona, pero que extiende sus efectos sociales sobre las identidades de amplios grupos poblacionales, a los cuales moviliza a pesar de hipnotizarlos, o tal vez por ello.

Adentrémonos en algunas de sus particularidades, en la cancha y más allá de ella.

a. Sobre el árbitro y su relación con la barra. Una cosa es el hincha como individuo, enfrentado a la figura del árbitro. Cuando este sale a la cancha, de inmediato comienzan a atacarlo verbalmente, porque lo consideran una suerte de aguafiestas. Por ello la silbatina es inevitable, luego de la cual podrán seguir los madrazos a lo largo del partido y posterior al mismo. Uno de los hechos trágicos que tuvo como víctima a un árbitro, ocurrió en diciembre de 1989 luego del encuentro entre Independiente Medellín y América, partido disputado en el Atanasio Girardot. El atentado ocurrió en el hotel en donde se alojaba Ortega, en el centro de Medellín, y no fue protagonizado por barras del fútbol. Allí confluyeron, al parecer, actuaciones provocadoras de locutores y algunos comentaristas deportivos, como grupos de interés ligados al narcotráfico.

Creemos que en el caso de las barras, el fenómeno que nos debe convocar para la reflexión es caracterizar la manera como ellas se sitúan en el mundo, no solamente del deporte como tal, sino de la sociedad en su conjunto. Es decir, ellos como jóvenes, como adolescentes, ¿de qué manera son percibidos y de qué manera ellos también perciben a la sociedad? Ahí creo que está el centro de la tensión y de la confrontación posterior. Ello sin subestimar las relaciones que se establecen entre las barras como tal, la forma como conciben a la otra barra, a la que casi siempre la tienen como enemiga y no como rival, por lo cual hay que acabar con ella.

b. Deporte y autoridad. Sin perder la relación con el numeral anterior, en lo atinente al tema de la autoridad, destacamos la necesidad de que el deporte pase a jugar el papel que realmente tiene que jugar en la sociedad: ser una expresión material y simbólica de autoridad, de respeto a esta, encarnada por otros seres humanos pero investidos de una potestad que todos debemos acatar. Claro que al mismo tiempo, quien ejerce la autoridad tiene siempre la exigencia de consolidar la credibilidad de parte de los ciudadanos, lo cual hace que se legitime la autoridad misma.

En términos generales, en nuestro país no creemos en la autoridad –y con mucho de razón por la clase de gobernantes que hemos tenido–; por el contrario, somos más dados a irrespetar las instituciones, desde el árbitro y los propios padres de familia, hasta llegar a las más elevadas instancias del poder público.
Este fenómeno que acá describimos se explica también por un fenómeno adicional que debemos agregar a la reflexión: nos referimos a la existencia de una suerte de cultura de ganar o ganar, por parte de muchos de nuestros muchachos, e incluso por parte de muchos de sus padres. O sea, hoy en día el deportista, y sobre todo el futbolista, se está convirtiendo en algo más que eso, en algo más que un deportista; se está convirtiendo en la fuente de redención de una familia, y se le compromete con una responsabilidad demasiado grande.

En ese sentido, no hay de por medio principios, valores, escrúpulos, nada que impida sacar adelante esa tarea, lo que interesa es que ese muchacho se cotice y pase a valer muchos millones de dólares o de euros, para ir luego a un equipo grande y resolver así el problema que a lo mejor el papá no ha podido solucionar: El económico. Estamos describiendo un aspecto que, muy fácilmente, se conecta con la problemática de las barras, si pensamos en asuntos como las disputas por el control de dichos pases, o por las implicaciones que conlleva el traspaso de un futbolista-estrella de un equipo a otro.

Y en este contexto, se produce fácilmente el encuentro problemático –con dimensiones culturales–, entre los equipos de fútbol, los ídolos o jugadores costosos y las barras, cual es el de asumir la posibilidad de la derrota o la pérdida de un partido o de un campeonato. Porque ser perdedor es lo peor que puede sucederle a un deportista, a un empresario, a un equipo y a una barra. Ser perdedor, a la luz de la cultura propia del modelo de economía de mercado, hoy dominante, representa portar algo así como un estigma, porque entre otras cosas, y como lo hemos señalado en ocasiones anteriores, ya ni siquiera se acepta el vocablo de perdedor: Y lo más triste, se le llama fracasado, con toda la carga social y cultural que ello representa.

El reto que tenemos ante nosotros es que el deporte se convierta en otro referente para enfrentar la crisis de una sociedad como la nuestra, incluida la crisis institucional y su poca credibilidad o el poco respeto que se tiene para con la autoridad. No olvidemos que debemos aprovechar del deporte el gran atractivo que lo caracteriza, como es la de contribuir a la formación ciudadana de los seres humanos mientras los divierte, lo que no ofrece otras formas educativas, muchas veces más asociadas con la apatía.

c. Deporte e identidad. Hoy en día carecemos de la necesaria profesionalización de quienes deben ejercer el verdadero liderazgo deportivo, reconociendo las excepciones existentes.

Tenemos funcionarios y tenemos directivos que llegan muchas veces a los cargos de dirección, ya lo sabemos también, por compromisos políticos y burocráticos, pero que están de paso. Y que no tienen el compromiso, ni la capacidad de trazar directrices o políticas, de avanzar para que el deporte sea una práctica tan importante en la sociedad y en la vida institucional como son la política, la economía y la cultura misma. Porque un país sin un deporte nacional, es un país que está a mitad de camino en su proyección interna y externa, mucho más en estas épocas de globalización y de identidades que van más allá de las fronteras nacionales.

Si preguntamos, por ejemplo, en Estados Unidos, por el deporte nacional, responderán de inmediato que es el béisbol, a pesar del auge de deportes como el baloncesto, el boxeo y el denominado fútbol americano. Lo propio ha de suceder en Venezuela.

Pero si preguntamos en Colombia por el deporte nacional, nos encontramos con una situación contradictoria, o al menos poco clara: por mandato legal del año 1995, el deporte nacional es el tejo, dado su arraigo histórico, en especial en el altiplano y su expansión a otras regiones del país. Sin embargo, tenemos deportes como el fútbol, con gran capacidad de convocatoria, aunque no se han logrado títulos significativos, salvo algunas conquistas de alcance relativo. Está el ciclismo, con su amplia estela de logros de pedalistas vinculados a equipos formados por deportistas de varios países y financiados por grandes empresas, algunas multinacionales. Y para rematar, existen deportes que, si bien no tienen una acogida generalizada, vienen brindando importantes triunfos internacionales; me refiero, por ejemplo, al patinaje y al bicicross, deportes en los cuales nuestro país es reconocido como una de las grandes potencias mundiales.

Tenemos, pues, al frente una necesaria discusión de alcances políticos, culturales, institucionales y deportivos, la cual debe llevarnos a definir con mayor claridad la relación que, a la luz de dicha realidad colombiana, debe establecerse entre deporte e identidad. A propósito de este vínculo, es necesario dar una mirada hacia las barras del fútbol, porque desde fuera de ellas es muy fácil definirlas, lo mismo que a sus integrantes, de acuerdo con lo que hagan antes, durante o después de un partido.

Escuchamos a ciertos periodistas y/o locutores deportivos que piensan haber definido el problema y el mundo cuando califican a sus integrantes como un conjunto de desadaptados. Y en realidad, el asunto es mucho más complicado. Porque si queremos conocer un problema, primero debemos adentrarnos en el espíritu de quién es el sujeto de ese problema, de ese fenómeno. Y en ese caso preguntarnos por qué un joven o un adolescente se sienten tan a gusto en una barra.

Es decir, qué le hace tener sentido de pertenencia y, diciéndolo en sentido metafórico, aunque es muy frecuente que varios de sus miembros lo asuman al pie de la letra, qué lleva al muchacho a hacerse matar por la barra. Vivir en función de la barra toda la semana, comunicarse con sus compañeros, y hasta con sus rivales o enemigos del compromiso siguiente, asistir a determinadas actividades, visitar ciertos sitios de la ciudad y disponerse para movilizarse al lugar en donde jugará el equipo de sus amores, son interrogantes para los cuales debemos tener respuestas satisfactorias que solo emergerán mediante una investigación sistemática sobre estas organizaciones.

Tenemos todavía una respuesta muy genérica frente a estos aspectos: la identidad, es decir, el sentido de pertenencia, es lo que nosotros tenemos que empezar por comprender o reconocer, para empezar también a comprender el fenómeno y, sobre todo, para ver cómo los incorporamos a la sociedad, aunque no sabemos si decirlo en sentido contrario, o sea cómo ellos nos incorporan a nosotros, porque este es un país, por fortuna y en medio de todo, de esperanza. Con todo y sus problemas, Colombia hace parte de los países jóvenes, países que forjan ideales y sueños ante el oprobio y la incertidumbre.

Tenemos que reconocer, en síntesis, que lo que se expresa en estas organizaciones, sin caer en la apología per se de la violencia, es una manifestación de identidades. El muchacho no está por obligación, no está por conseguir dinero, sino que está porque se siente a gusto, se siente activo, se siente, sobre todo, tenido en cuenta, reconocido. Muchas veces sucede que ni en el colegio, ni en la escuela, tampoco en la familia, él se siente reconocido por quienes le rodean. Entonces la barra es la alternativa, es el parche, como dicen ellos. Eso es lo que nosotros tenemos que analizar.

Tenemos que avanzar en ello, sobre todo para que trabajemos en una nueva figura de lo que es el país, como una especie de panorama que caracterice lo que es este. No solamente lo que ya mal que bien conocemos, sino lo nuevo, lo que está surgiendo, lo que se está forjando. Pero entonces no para definirlo desde fuera, con nuestros prejuicios, sino para reconocerlos a partir de lo que realmente ellos son y de por qué están ahí.

Pero lo que está de por medio es ese reto en términos de comprensión de un fenómeno con amplio soporte y potencial cultural, pero también mediático-global (en nuestro tiempo las identidades también se entrecruzan más allá de la ciudad, del departamento, del país, de la región y del continente). Es un reto inmenso, como es el potencial que cargan las barras, con esa fuerza movilizadora que puede conmover un territorio específico en un momento determinado. ¿Cómo reflexionar esto desde la escuela? ¿Cómo pensarlo en las organizaciones sociales? ¿Cómo hacerlo desde la institucionalidad y más allá de ella? Todo ello no para cooptar ni institucionalizar, sino para comprender esas energías que alcanzan a dar identidad a un grupo social, potenciando o aplacando rebeldías, tan presentes entre la juventud.

Existen grupos del poder que han comprendido tal fuerza, y actúan sobre ella, no siempre con propósitos nobles, y el espacio es tan amplio que otras muchas miradas podrán encontrar terreno fértil para potenciar el goce, la diversión, la amistad, la recreación, etcétera, antes que la mercantilización de un deporte y la utilización de su fanaticada.

 

 

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Sotomayor, Messi y ciclistas colombianos, ¿a quién preguntarán por la pobreza en su país?

¿Han leído alguna entrevista al futbolista argentino Leonel Messi (1), en la que se le pregunte por la situación social de su país, donde existe un 30 % de pobreza (2), un 13 % de niñas y niños que pasan hambre y cerca de un millón de personas indigentes (3)?

¿O alguna entrevista al futbolista francés Ousmane Dembelé (4), en la que se le pida opinión sobre las protestas de los chalecos amarillos y la represión policial en Francia (5)?

No encontrarán ninguna. Pero si el deportista es cubano… la cosa cambia. El diario catalán «La Vanguardia» publicaba una entrevista al ex atleta y campeón olímpico Javier Sotomayor (6), en la que casi un tercio del texto abordaba la situación política y económica de su país. El motivo de la presencia del saltador en Barcelona -la recepción del premio «Mito del Deporte»- ni se mencionaba (7).

El periodista reconocía que, tras «una hora larga» de conversación, insistió una y otra vez con la misma pregunta: ¿cuándo Cuba se sacudirá la pobreza (8)?

La respuesta de Sotomayor -«No me diga que Cuba es pobre»- era convertida en el titular. Con un mensaje evidente: alguien que defiende -y representa- a la Revolución cubana niega lo evidente, que en Cuba exista «pobreza». Una pobreza, por supuesto, entendida desde el prisma del Primer Mundo, como sinónimo de escasez material, bajo consumo y falta de recursos. Sin embargo, el deportista apuntaba a la pobreza entendida desde el Sur, como insatisfacción de las necesidades básicas. En Cuba «no hay analfabetos, ni niños sin cobertura médica», ni «gente desnutrida», era su explicación. Incluso con bloqueo, la Isla destaca -añadía- «en deporte, ciencia y educación».

En los últimos meses, este mismo diario, «La Vanguardia», ha publicado tres entrevistas con ciclistas de Colombia, un país donde sí existe el analfabetismo (9) o la desnutrición (10) que, como avalan los informes de la UNESCO (11) y la FAO (12), son problemas ajenos a Cuba.

¿Cuándo se sacudirá Colombia la muerte por hambre, cada año, de casi 300 niños y niñas (13)? ¿Y del asesinato de más de 250 líderes sociales (14)? En las entrevistas a los ciclistas colombianos Nairo Quintana (15), Einer Rubio (16) y Juan Diego (17) habrían sido preguntas estridentes e inoportunas. Tanto como preguntar a la leyenda del atletismo Javier Sotomayor por la supuesta «pobreza» en Cuba.

 20/02/2020

Fuentes: Cubainformación

 

Notas:

(1) https://www.lavanguardia.com/deportes/fc-barcelona/20191009/47879250657/entrevista-integra-leo-messi-rac1-jordi-baste-roger-saperas-barca-video-seo-ext.html

(2) https://elpais.com/elpais/2019/10/23/planeta_futuro/1571832217_800023.html

(3) https://www.lavaca.org/notas/pobreza-y-hambre-la-crisis-adelante-de-los-datos/

(4) https://www.lavanguardia.com/deportes/fc-barcelona/20191124/471832392408/ousmane-dembele-barca-borussia-dotmund.html

(5) https://www.publico.es/internacional/paris-camelia-manifestante-espanola-simboliza-represion-chalecos-amarillos.html

(6) https://www.lavanguardia.com/deportes/otros-deportes/20200202/473222009184/javier-sotomayor-salto-de-altura-2-45-m-atletismo.html

(7) http://cubasi.cu/cubasi-noticias-cuba-mundo-ultima-hora/item/104037-javier-sotomayor-recibe-premio-mito-del-deporte-en-espana

(8) https://www.periodicocubano.com/javier-sotomayor-afirma-que-cuba-no-es-pobre/

(9) https://www.elcampesino.co/aprender-a-leer-y-escribir-la-ilusion-de-mas-de-dos-millones-de-colombianos/

(10) https://caracol.com.co/radio/2019/10/16/nacional/1571254544_814084.html

(11) https://es.unesco.org/news/america-latina-y-caribe-solo-cuba-alcanzo-objetivos-globales-educacion-todos-periodo-2000-2015

(12) http://www.fao.org/3/a-i4030s.pdf

(13) https://www.eltiempo.com/salud/muertes-por-desnutricion-infantil-en-colombia-en-el-2019-441120

(14) https://www.eltiempo.com/colombia/otras-ciudades/cifra-de-lideres-sociales-asesinados-en-el-2019-447954

(15) https://www.lavanguardia.com/deportes/20190131/46134282116/nairo-quintana-en-colombia-el-ciclismo-corre-por-las-venas-de-la-gente.html

(16) https://www.lavanguardia.com/deportes/20191219/472360423055/einer-rubio-me-sorprendio-llegar-al-movistar-team.html

(17) https://www.lavanguardia.com/deportes/20191219/472360555120/juan-diego-alba-feliz-de-ser-el-nuevo-escarabajo-del-movistar-team.html

Publicado enSociedad
Colombia quiere y admira a Nairo Quintana y a sus ciclistas más que a sus futbolistas

Fortuna, la marca de los cigarrillos rubios de Tabacalera, nunca patrocinó ni competiciones ni embarcaciones de vela, y, sin embargo, en las encuestas resulta que es la marca que más se asocia en España con la vela, cuentan año tras año en las escuelas de marketing, donde añaden que, claro, el velero con el que el rey Juan Carlos ganaba tantas regatas se llamaba Fortuna. La anécdota quiere explicar que las razones de los consumidores residen a veces en insondables vericuetos mentales, y que ese es uno de los filones que deben explotar los publicitarios, estudiosos del mercado que lo racionalizan y aprovechan añadiendo otro mandamiento a su credo: “para bien o para mal, la primera victoria es la que deja en la gente el recuerdo de la marca que la patrocinó”.

A Fernando Alonso, y tantos años han pasado, aún se le asocia con Renault antes que con McLaren o Ferrari, y en Telefónica saben que, aunque en las cunetas de Colombia ya no se vea mucho su maillot, cuando encuesten a los consumidores del país latinoamericano tan importante en la estrategia global de la empresa española, Nairo Quintana, vista el maillot que vista, será foreverMovistar, el equipo en el que corrió ocho temporadas y con el que ganó el Giro y la Vuelta y subió tres veces al podio del Tour.

Y, con 30 años ya cumplidos, Nairo, que en agosto pasado ya anunció que dejaba el equipo de Eusebio Unzue para firmar por los bretones del Arkea, una marca que nadie en Colombia sabe qué vende (es una banca), sigue siendo una figura primordial en Colombia.

Según las encuestas de popularidad que maneja Telefónica, Nairo era, en el cuarto trimestre de 2019, ya con Egan coronado en el Tour, el personaje más conocido y más admirado del país. Al León de Tunja le conocían el 99,2% de los encuestados, una décima más que al futbolista Falcao (99,1%) y más de un punto más que a su colega James Rodríguez (98,1%). El cantante Carlos Vives alcanzó un 97,7%, y detrás, en el ranking, figuran cuatro ciclistas: Rigo Urán (92,3%), Egan Bernal (91,8%), Fernando Gaviria (67,3%) y Miguel Ángel Superman López (64,5%).

Telefónica considera que el divorcio deportivo, inevitable al considerar ambas partes que se había alcanzado un fin de ciclo y que la convivencia no beneficiaría ni al corredor ni a su equipo, no debe conllevar el divorcio comercial y, según fuentes de la empresa, su estrategia es mantener la asociación con Nairo aunque corra en otro equipo. Por ello, Movistar Colombia sigue manteniendo su colaboración con el Gran Fondo de Nairo, la carrera popular y multitudinaria que organiza el ciclista todos los años en su Boyacá.

Según los datos del mismo estudio que maneja Telefónica, siempre en el sondeo del cuarto trimestre de 2019, un 75,5% admira a Nairo con una nota del ocho al 10, un 72% a Egan y un 69,7% a Rigo, tres ciclistas que son más queridos y ejemplares que los futbolistas: un 66,2% da la máxima nota a Falcao y solo un 54,3% a James.

No es descabellado, por tanto, colegir, y no hacen falta las imágenes de las muchedumbres apasionadas en las cunetas del reciente Tour Colombia para ello, que el ciclismo es el deporte número uno en Colombia, país que, además, es quizás su gran potencia mundial y su vivero de futuro. Por ello, la gente de Telefónica da un gran valor a una encuesta de asociación espontánea de marcas con el ciclismo en Colombia que lidera ampliamente Movistar desde el fichaje de Nairo en 2012, cuando el ciclista tenía 22 años. En el primer trimestre de 2015, un 68% de los encuestados asociaba a Movistar con el patrocinio ciclista, más de un 40% más que a Postobón, una de las marcas más tradicionales del ciclismo en Colombia.

El liderato de Movistar alcanzó su punto máximo en el tercer trimestre de 2017, cuando el podio de Rigo Urán en el Tour y el 12º puesto de Nairo, su peor clasificación. Postobón seguía segunda entonces (28,3%) y Sky, tercera, con su mayor valor histórico (21,8%). En el cuarto trimestre de 2019, el podio no varía pese a que Nairo ya comenzaba a desligarse de Movistar, Postobón había cerrado su equipo profesional y Sky había dejado de patrocinar al equipo de Froome y Egan. La empresa española, que ha comenzado este año, además, a patrocinar el Tour Colombia, mantenía un 81,8% de asociación espontánea de marca con el ciclismo, Postobón estaba en un 21,6% y Sky un 11,4%. Claro, la telefonía móvil latinoamericana, era cuarta, con un 7,3%, y el fabricante japonés de componentes Shimano, quinto, con un 3,2%. En el top ten, tras Tigo, Red Bull y Lotto, entra por primera vez Ineos, el patrocinador del antiguo Sky desde mayo pasado y con cuyo maillot vino tinto Egan se convirtió en julio en el primer colombiano que gana el Tour.

En Movistar son conscientes de que, sin Nairo corriendo con su maillot, está posición se debilitará, pero también saben, porque así lo dicen las leyes del mercado y las marcas, que tardará mucho en perder el liderato.

Por Carlos Arribas

Bogotá 17 FEB 2020 - 12:55 COT

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“Macri y los dirigentes de la FIFA tienen la misma ideología”

Que hayan designado a Mauricio Macri como presidente ejecutivo de la Fundación FIFA es un cachetazo para el mundo deportivo y para la gente de Argentina; también representa una evidencia más de lo que significa el poder económico. Es lamentable, es una noticia que conmociona porque fue un personaje que arruinó un país entero, que condenó a tanta gente a la miseria, que empobreció a un porcentaje enorme de la población y que ahora resulta premiado al ser nombrado en este cargo. La FIFA es una de las organizaciones más poderosas del mundo y tiene comportamientos mafiosos: primero está el Fondo Monetario Internacional, luego el Banco Mundial, le sigue la Organización Mundial del Comercio y, finalmente, la FIFA.

Entonces, meter en ese mundillo a Macri es algo lógico porque la FIFA es como la cueva de Alí Babá, donde faltaba uno de los amigos para completar los 40 ladrones. Conociendo el historial que tiene Mauricio Macri de su presencia en el fútbol argentino, sobre todo como presidente de Boca, demuestra que él y los dirigentes de la FIFA comulgan la misma ideología. Además de ser un personaje de la oligarquía, es portador de una ignorancia sorprendente, tiene una incapacidad que asombra, estando más allá de lo que significa Macri como político nefasto. Creo que la posición que hoy ocupará le puede servir para lavar su imagen y no descarto que eso le sirva para armar algo políticamente otra vez. La oligarquía tiene una constancia tremenda para defender sus intereses económicos con uñas y con dientes: nunca se dan por vencidos.

El fútbol es para todos nosotros, para los que nacimos en un barrio y nos formamos con este deporte hermoso que tiene un significado muy distinto para el pueblo y para el negocio. Para nosotros es una manera de expresarnos, de crear, de ilusionarnos. Y para ellos es una nueva manera de hacer dinero. Esta gente nos roba el fútbol como también nos roba la sanidad pública, la educación pública, los servicios sociales y los derechos laborales. Merecemos verlo gratis.

Debemos luchar para devolverle los valores al fútbol porque nos permite ser, en el sentido más profundo. Todos los que nacimos en las villas estamos destinados a ser para los patrones. Y el fútbol nos da una posibilidad de crear una identidad propia, va más allá de cualquier resultado. En cambio, para los que negocian con esto, es una manera de explotar a los jugadores y a los hinchas.

Por Ángel Cappa, ex futbolista y director técnico argentino

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Récords del 2019: Calor, maratón y el vuelo más largo

El mes más caluroso, la maratón más rápida, la multa más elevada: repasamos el año 2019 en diez récords en los ámbitos climáticos, económicos, culturales o deportivos.

Julio de 2019 es el mes más caluroso jamás registrado, con un promedio de 16,7 grados centígrados, rompiendo el récord anterior de julio de 2016, según la Agencia Estadounidense para los Océanos y la Atmósfera (NOAA).

Señal del calentamiento global acelerado, nueve de los diez meses de julio más calurosos son posteriores a 2005. En París, se batió un récord absoluto de calor el 25 de julio: 42,6 ºC.

En diciembre, fue el turno de Australia, con una sequía y fuego sin precedentes. Un récord de calor (en un promedio nacional) se batió el 19 de diciembre: 41.9 °C.

En julio, las autoridades federales de Estados Unidos impusieron una multa de 5.000 millones de dólares a Facebook por 'engañar' a sus usuarios sobre la confidencialidad de la información personal. La multa es la más alta jamás impuesta en los Estados Unidos por violación de la privacidad.

La guerra comercial con Estados Unidos y la actual desaceleración económica no socavan el éxito en China de los saldos tradicionales del 'Día de los Solteros', el 11 de noviembre: casi 35 mil millones de euros gastados en 24 horas en las plataformas de Alibaba, un gigante de comercio en línea.

Mientras en Londres se desatan debates sobre el espinoso tema del Brexit, el 'Parlamento de los monos', un lienzo de Banksy que muestra a los chimpancés sentados en la Cámara de los Comunes, se vende en octubre por 11,1 millones de euros, un récord para este 'artista callejero' británico.

Pero estamos lejos de la cumbre alcanzada en mayo por el artista plástico estadounidense Jeff Koons con su 'Conejo', una escultura de acero inoxidable que representa un conejo inflable, subastada por $ 91.1 millones. Récord absoluto para un artista vivo.

Por primera vez, un atleta corre una maratón en menos de dos horas. La hazaña es del campeón keniano Eliud Kipchoge, en Viena el 12 de octubre, durante una carrera no homologada, con un trazado y condiciones cuidadosamente preparadas: 1 hora 59 minutos y 40 segundos.

La prodigiosa atleta estadounidense Simone Biles suma a los 19 años un récord de 25 medallas, incluyendo 19 de oro, después del Mundial de Gimnasia disputado en octubre en Stuttgart (Alemania), superando la cosecha de 23 medallas obtenidas en la década de 1990 por el legendario gimnasta bielorruso Vitaly Scherbo.

Los mejores alpinistas hasta ahora han logrado escalar las 14 montañas de más de 8.000 metros del planeta en una década. Pero el nepalés Nirmal Purja tardó seis meses y seis días (de abril a octubre de 2019) en lograr su hazaña impensable. Un "éxito único", dijo el legendario italiano Reinhold Messner, el primero en escalar los 8.000 en los años 70 y 80. Le había llevado 16 años.

El vuelo sin escalas más largo de la historia se completó el 20 de octubre entre Nueva York y Sídney en 19 horas y 16 minutos. Para este vuelo experimental, llevado a cabo por la compañía australiana Qantas en un Boeing especialmente equipado, cuatro pilotos se turnaron en los controles.

Nacida antes del quinto mes de embarazo, pesaba apenas 245 gramos y tenía pocas posibilidades de sobrevivir. Saybie dejó el Hospital Sharp Mary Birch con buena salud a fines de mayo después de cinco meses de cuidados intensivos. Es el bebé prematuro más pequeño del mundo en sobrevivir, según este hospital californiano.

En Hong Kong, la desaceleración económica no parecen obstaculizar la locura inmobiliaria: en octubre se vendió un espacio de estacionamiento por casi un millón de dólares, en una ciudad en la que uno de cada cinco hongkoneses vive por debajo del umbral de la pobreza.

(Con información de AFP)

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Domingo, 15 Diciembre 2019 07:04

Los juegos de la desigualdad.

Los juegos de la desigualdad.

“El deporte no es mejor, ni peor que la sociedad. Es el espejo o reflejo de ella”, Willi Daume. Dirigente del deporte olímpico alemán. (Vargas, Carlos E. 2019)

 

Sin sorpresas, con una disputa que comprometió a los departamentos del Valle del Cauca, Antioquia y Bogotá D.C., así trascurrieron y finalizaron los llamados Juegos NacionalesDeportivos de Colombia-del Bicentenario, en esta ocasión-,realizados del 15 al 30 de noviembre de 2019 y que tuvieron como sede Cartagena, pero con subsedes en otros municipios del departamento de Bolívar, Bogotá, Cali y Nilo (Cundinamarca).

Esta justa deportiva es el máximo evento deportivo del país. Se caracteriza por el carácter multideportivo, practicados en categoría abierta, cada cuatro años desde 1928, como iniciación del ciclo selectivo y de preparación de los deportistas que representan al país en competiciones o eventos internacionales. Desde la edición de 1988, participa una representación deportiva de cada uno de los 32 departamentos, Bogotá D.C. y el representativo de las Fuerzas Militares de Colombia.

Las justas 2019 demandaron una inversión de $150.000 millones, de los cuales el gobierno nacional aportó $ 66.000 millones: $44.000 millones para infraestructura y $ 22.000 millones para logística e implementación.

Espejo de una realidad inocultable, lo deportivo, como lo económico y lo político, también está concentrado en Colombia. No podía ser de otra manera, en tanto los presupuestos con que cuentan los departamentos son desiguales, como las oportunidades deportivas y educativas a que puede acceder la juventud que los habita.

En esta ocasión, 6.617 deportistas (2.739 mujeres y 3.878 hombres), compitieron en 38 disciplinas y 48 modalidades deportivas. Y se distribuyeron 2001 medallas: 622 de oro, 621 de plata y 758 de bronce. El oro, el 67 por ciento quedó en manos de las tres entidades territoriales que siempre han ganado los juegos: Valle del Cauca (Campeón con 165), Antioquia (148) y Bogotá (105). Las 204 preseas de oro restantes se distribuyeron entre 19 departamentos. Con un gran lunar: una tercera parte de los 32 departamentos que componen el territorio nacional no alcanzaron medalla de oro alguna (11 departamentos: Sucre, San Andrés, Caquetá, Arauca, Chocó, Amazonas, Putumayo, Vichada, Vaupés y Guaviare). El departamento de Guainía no participó con deportista alguno. El 85 por ciento del total de la medallería (oro, plata, bronce), se distribuye entre los primeros 8 departamentos. Entre todos los participantes, 6 departamentos no lograron conseguir medalla alguna: Amazonas, Putumayo, Vichada, Vaupés, Guaviare y por supuesto, Guainía.

Desde 1928 hasta hoy

Hasta la fecha,y desde 1928, se han realizado 21 justas, de las cuales sólo 3 entidades territoriales han ganado todos los eventos: Valle del Cauca, con 8 triunfos (1941, 1950. 1954, 1960, 1970, 1974, 1996 y 2019), Antioquia, con 8 triunfos (1980, 1985, 1988, 1992, 2000, 2008, 2012 y 2015) y Bogotá, como Departamento de Cundinamarca, con 5 triunfos (1928, 1932, 1935, 1936 y 2004). La sede y subsedes de los Juegos Nacionales, siempre han sido departamentos de la región andina, del Caribe o del Pacífico; sólo en una ocasión en un departamento de los Llanos Orientales (Villavicencio, Meta, 1985), de los cuatro existentes (Vichada, Arauca, Casanare y Meta) y nunca se han realizado en uno de los 6 departamentos de la Amazonía (Amazonas, Guaviare, Guainía, Vaupés, Caquetá y Putumayo).

Es preciso resaltar que las ciudades sedes de los Juegos Nacionales se benefician de un desarrollo urbanístico importante en cuanto a obras de infraestructura deportiva y general, vías de comunicación, hotelería y turismo, comunicaciones y talento humano.

Lo hasta acá anotado deja en claro que nuestros Juegos Nacionales Deportivos, reflejan y acentúan la desigualdad y la exclusión. Continuar con el modelo de concentración de los resultados deportivos en sólo tres entidades territoriales, la realización de éstos en las mismas regiones geográficas, seguir excluyendo a la región de la Orinoquía o Llanos Orientales y fundamentalmente la Amazonia, es dejar en el ostracismo gran parte de la población y extensión territorial.

Concentración y desigualdad

Recordemos que Colombia es el país con mayor desigualdad de Suramérica y el cuarto país más desigual del mundo. La concentración de la riqueza y de los ingresos es expresamente reflejada en un índice de Gini de 53. El Dane (Departamento Administrativo Nacional de Estadística), asegura que “Colombia es cada vez más desigual”, “La situación de pobreza multidimensional entre los departamentos es muy elevada”. Según la entidad, “mientras en el 2018, en el total nacional, el porcentaje de personas en situación de pobreza multidimensional fue 19,6%, en los departamentos las diferencias son muy altas. Por ejemplo, Guainía tiene un indicador del 65%, seguida de La Guajira con 51,4%, Chocó con 45,1%, Norte de Santander con 31,5%, y Caquetá con 28,7%. En contraste, las zonas con menores niveles de incidencia de la pobreza multidimensional fueron: Bogotá (4,4%), San Andrés (8,9%), Cundinamarca (11,5%), y Risaralda (12,5%)” (Portafolio, julio 12 de 2019).

Un Ministerio de la continuidad

La política pública social en Educación Física, Deporte, Recreación y Actividad Física en Colombia, en armonía con el resto de políticas públicas, están orientadas a aumentar la brecha de la desigualdad, a intensificar la exclusión y marginamiento, tal como lo acaba de ratificar el presidente Duque y el Ministro, Ernesto Lucena Barrero, del recién creado Ministerio del Deporte:  ya aprobaron la realización de los XXII Juegos Deportivos Nacionales Y VI Paranacionales, en el Eje cafetero: Caldas, Quindío y Risaralda para el año 2023, por lo cual, los beneficios económicos, urbanísticos, logísticos y del sector del deporte continuarán su concentración en las regiones más prósperas (fundamentalmente la región Andina o zona central), abandonando la periferia y las regiones más pobres del país.

Tambiéncabe destacar, que se mantiene la exclusión en la educación; se aumenta cada día la deuda social con niños, niñas y adolescentes de los estratos 1, 2 y 3 que se encuentran en el sistema educativo oficial colombiano, al no disponer de un profesional de la Educación Física, Recreación y Deporte en la básica primaria oficial, privando a más de cuatro millones de niños, niñas y adolescentes, en las edades más sensibles del desarrollo (5 - 12 años aproximadamente), de las bondades y derechos de una formación integral, con profesionales idóneamente formados en este campo. (Arcopref. Declaración de Cali, 2018. Congreso Nacional de Educación Física) y que contempla la UNESCO, en la CARTA INTERNACIONAL DE LA EDUCACIÓN FÍSICA, LA ACTIVIDAD FÍSICA Y EL DEPORTE, en su artículo 7: “7.1 Todo el personal que asuma la responsabilidad profesional de la educación física, la actividad física y el deporte debe tener las cualificaciones, la formación y el perfeccionamiento profesional permanente apropiados”, firmada por Colombia en el año 2015.

Desde la Asociación Red Colombiana de Profesores de Educación Física, Recreación y Deporte, “Arcopref”, una organización con más de 5.000 profesores, entrenadores, estudiantes y profesionales afines, con presencia en los 32 departamentos del país, seguiremos tejiendo, investigando, formando, gestionando, organizando, luchando y avanzando cada día en la ruta de propiciar cambios sustanciales orientados a cerrar la brecha de la desigualdad, promover la inclusión social, la equidad y la paz, desde la Educación Física, Deporte, Recreación y Actividad Física.

Junta Directiva Nacional de ARCOPREF

Abelardo Sanclemente

Presidente nacional

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Martes, 27 Agosto 2019 09:21

Egan Bernal: un sueño realizado

Egan Bernal: un sueño realizado

Al ganar el Tour de Francia, la competencia de los pedales más importante en el mundo, Egan Bernal ha elevado al ciclismo colombiano, sin lugar a dudas, a lo más alto de este  deporte, y él mismo se ha situado para siempre como uno de sus grandes exponentes.

Un logro que da cuenta de unas cualidades físicas especiales, pero insuficientes para explicar su triunfo, pues además de su talento y capacidad también está el equipo al que pertenece, el poderoso Ineos.

Un triunfo que es una hazaña, la de materializar el sueño buscado por los casi cien pedalistas colombianos que han participado en esa justa, desde Cochise Rodríguez hasta Nairo, y Egan, el más joven entre todos ellos, lo logró. Coronarse es una recompensa a tanto sacrificio y lucha de los escarabajos salidos de la entraña popular del país, donde se pedalea todos los días, hombres y mujeres están obligados a ello para trabajar, pasear, competir. 

Un deporte, que en una primera instancia se vivía como recreación, luego en competencias nada o poco mercantilizadas, hasta quedar sus practicantes como profesionales del oficio, integrando equipos financiados por grandes monopolios. En otras palabras, obreros de la bicicleta, con sueldo mensual, sometidos a jornadas laborales claramente establecidas –prácticas deportivas sobre la cicla, en el gimnasio y otros espacios–, labor que desempeñan bajo un régimen laboral acordado con cada una de las empresas que financian los equipos, y en los cuales se reglan, de igual manera, el sueldo según prestigio de cada uno de los integrantes del equipo, las temporadas de competencia y la distribución de lo que ganen en cada una de ellas.

 

El negocio

 

Los equipos, por regla general, son propiedad o son patrocinados por grandes monopolios. Por ejemplo, el Bora es un consorcio alemán fabricante de placas de cocina y de extracción de humo y el segundo patrocinador es Argón, empresa canadiense de bicicletas. 

En los días que cursan, Ineos es el equipo de ciclismo más poderoso del mundo; cuenta a su haber con campeones como Cris Fromm, Egan Bernal y Gerait Tomas. 

Su dueño y patrocinador es Ineos Oil & Gas UK, antes British Sky Broadcasting, un monopolio británico que registra entre las dos empresas más grandes del mundo en insumos químicos, petroquímicas, gas y Fracking. En el 2018 generó ventas por 60.000 millones de dólares. El actual dueño de este emporio es partidario de un Brexit duro –o sin acuerdo con la Unión Europea–, por lo que requiere del equipo, entre otras cosas, para visibilizar más ampliamente sus negocios en otros continentes y mercados. 

En Ineos hay un colombiano que no suena para nada: Iván Ramiro Sosa, quien pedalea junto a su compatriota Sebastián Henao, y que seguramente en un par de años será visible como un posible ganador de grandes competencias.

Otros equipos movidos por el gran capital son el CPT o CCC Polsat Polkowice Team de Polonia, firma de calzado y bolsos, antes era el equipo de EEUU BMC Racing, y el Movistar Team, del gran monopolio Telefónica de España.

El equipo de ciclismo AG2R Le Mundiale, una empresa aseguradora que compitiendo en el Tour de Francia, desde 1997, ha elevado su visibilización en un 30 por ciento; invirtió en el equipo 8 millones y sacó 60 millones de utilidades, en su mayoría por publicidad, pues este año solo recibió 55.140 euros por participar.

En este tipo de competencias la publicidad es una mina de oro para las empresas y magnates. Las ciudades se pelean el “privilegio” de ser parte de la salida o llegada de una etapa, pues el cubrimiento por TV les da rentabilidad. Una ciudad paga 100.000 euros por ser punto de salida de etapa y 60.000 por ser punto de llegada, lo que recuperan y multiplican con turismo. 

Publicidad que también está regada por las autopistas. La más reciente edición del Tour la vieron en las carreteras más de 15 millones de personas. Grandes firmas pagan por llevar sus logos en los carros y camionetas, como Skoda o Vittel. La empresa francesa de galletas Saint Michel regaló tres millones de Magdalenas, pero triplicó ventas.

 

Los triunfadores

 

Pero en el Tour de Francia (como en el Giro o en La Vuelta) ganan todos, los ciclistas, los equipos y los técnicos.

Ejemplos. Egan recibió bonificaciones especiales, así: 500.000 euros, algo así como 1.800 millones de pesos colombianos, por ser el campeón del Tour de Francia; por clasificar como el mejor joven recibió 20.000 euros o sea, 72 millones de pesos; por registrar como segundo en la montaña le correspondieron 15.000 mil euros, es decir, algo más de 45 millones, en total 1.917 millones de pesos.

Esto parece mucho, pero no es como aparenta, ya que la regla de oro en los equipos, y en este tipo de competencias, es que lo ganado por un ciclista se reparte por igual entre los que  integran el equipo. Es decir, lo ganado por Egan se divide entre nueve, lo que significa que a cada uno le corresponden algo más de 200.000 mil euros. Además, el equipo recibió otros 800 mil, los cuales también se reparten por igual entre sus integrantes.

Un triunfador de etapa se embolsa 11.000 euros o 39.600.000 pesos, que es lo ganado por Nairo Quintana por entrar de primero en la etapa 18. 

En este mundo globalizado, donde el capital financiero considera todo como ganancia máxima, el ciclismo de elite no escapa a esta lógica capitalista.

 

Un futuro a sus pies

 

De acuerdo a los especialistas, la mejor época de un ciclista va de los 27 a los 30 años, lo cual quiere decir que hay Egan para rato. Sin duda, es verdadera locura que a los 22 años haya ganado el Tour de Francia, algo excepcional. 

En estas condiciones, y sometido a las presiones del mercado, se requiere entrenamiento, sacrificio, voluntad y mucha cabeza fría, así como madurez mental, para aguantar las luces del espectáculo, y un entorno que casi siempre daña. 

De esta manera, con juventud y equipo, con capacidad física y disposición para esta labor, Edgar Bernal lo tiene todo a sus pies, lo único por evitar es que el dios dinero lo extravié en su camino de previsibles triunfos en los años que vienen.

Publicado enEdición Nº260
Martes, 20 Agosto 2019 06:10

Semenya: ¿qué es una mujer?

Semenya: ¿qué es una mujer?

Nuevamente la atleta sudafricana Caster Semenya está en el centro del debate en el mundo del atletismo. Esta vez por manifestar su desacuerdo ante los cambios en las reglas de la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF, siglas en inglés), las cuales establecen un nuevo nivel máximo de testosterona en la sangre para poder participar en las competencias femeninas en algunas pruebas de pista. Para ello, las deportistas con diferencias en el desarrollo sexual –como Caster Semenya y otras– tendrían que someterse a tratamientos con el fin de adecuarse a las actuales disposiciones. Con esto se establece un ajuste a la sorprendente definición de lo que es una mujer en las actividades deportivas.

Según la IAAF, la nueva regulación tiene la finalidad de "facilitar la participación de atletas con diferencias en el desarrollo sexual" en las contiendas femeninas "preservando la equidad y el significado de competencia". El cambio, que entró en vigor el pasado 8 de mayo, redujo el límite máximo permitido de testosterona en la sangre de 10 a 5 nanomoles por litro (nmol/l). Ante esta nueva cifra, las competidoras con hiperandrogenismo (que tienen altos niveles de hormonas consideradas masculinas, en particular la testosterona) no tendrán más remedio que someterse a tratamientos farmacológicos y demostrar, durante los seis meses previos a cada competencia, que se encuentran dentro del nuevo nivel permitido.

Para Semenya (dos veces campeona olímpica y campeona mundial en tres ocasiones en la prueba de los 800 metros), se trata de un caso de discriminación con el fin de apartarla de las competencias de alto nivel. Además, ella y otras atletas en la misma condición consideran que los tratamientos médicos a los que tendrían que someterse podrían ocasionar daños a su salud. La deportista recurrió entonces al Tribunal de Arbitraje Deportivo, el cual, no obstante, falló recientemente en contra de la sudafricana.

De acuerdo con la justificación de la IAAF, la mayoría de las mujeres, incluyendo las atletas femeninas de élite, tienen niveles de testosterona entre 0.12 y 1.7 nmol/l. En los hombres, luego de la pubertad, la concentración de esta hormona en la sangre es de entre 7.4 y 29.4 nmol/l. Inspirada en algunas publicaciones científicas (en especial los trabajos de David Handelsman y su equipo en 2018), la asociación internacional sostiene que a mayores niveles de testosterona se desarrolla una mayor masa y fuerza musculares, así como un aumento de la hemoglobina (proteína grande o macromolécula que transporta oxígeno a todo el organismo). Los hombres tendrían así una muy amplia ventaja en la mayor parte de las competencias, y esto es lo que sostiene, a juicio del organismo citado, la clasificación de las justas deportivas en masculinas y femeninas.

Ya me había referido en otras ocasiones aquí a Caster Semenya y su relación con la determinación del sexo en el deporte. Pero los cambios recientes en la reglamentación para las competencias internacionales auspiciadas por la IAAF muestran algunas novedades, además de que, como sostiene la corredora sudafricana, es una forma de apartarla definitivamente de estas competencias, pues se mantenía como ganadora en el rango previo de los 10 nmol/l de testosterona.

El episodio reciente muestra una evolución en el lenguaje, que aunque sutil en apariencia, encierra gran profundidad. Aparece un cambio en la forma de referirse a las personas con una condición particular en el desarrollo sexual. En 2006 fue sustituido el término intersexualidad empleado para referirse a quienes poseen simultáneamente atributos biológicos masculinos y femeninos, y se les consideraba portadores de anomalías o patologías. Luego, esto fue sustituido por la idea y denominación de desorden en el desarrollo sexual. Ahora, como lo muestran los documentos oficiales de la IAAF, se trata de diferencias en este desarrollo, lo cual parece más adecuado.

Lo más importante es que a pesar de los cambios recientes en las reglas de la IAAF, se mantiene la clasificación de lo femenino –o lo que significa ser mujer– basada en un criterio puramente endocrinológico (la cantidad de una hormona en la sangre). Pero, ojo, no se trata sólo de una reducción a lo biológico, pues aun dentro de este universo se desechan otros criterios aceptados como determinantes del sexo en los humanos, como la presencia de cromosomas sexuales o genes específicos para los sexos, los cuales aquí no importan. También se desdeñan el sexo que cada persona dice tener y la aceptación de la condición de mujer por los sistemas legales más avanzados en distintos países (incluido México).

Se trata de una manera muy particular de entender las diferencias sexuales dentro de una actividad humana, a partir de una sustancia que tiene impacto en el desempeño de las personas dentro de esa actividad. Así, en nuestras sociedades, el deporte es un territorio único en la determinación del sexo que merece atención.

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Sábado, 13 Julio 2019 05:54

La quimera de la igualdad en el fútbol

La quimera de la igualdad en el fútbol

Llenar los estadios y tener el mayor índice de audiencia posible. Estos eran, en palabras del director del Comité de Organización de la FIFA Erwan Le Prévost, los principales objetivos para el Mundial de Francia 2019. A falta de dos días para que finalizara el campeonato, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino aseguró en una rueda de prensa que esta había sido “la mejor Copa del Mundo de la historia” y que habría “un antes y un después” de este evento para el fútbol femenino. 

En términos de audiencia, sin duda, ha sido así. En el Reino Unido, los cuatro últimos partidos disputados por la selección inglesa batieron cuatro récords consecutivos; el último de ellos, la semifinal en la que Estados Unidos eliminó a Inglaterra, no solo fue el más visto de la historia del fútbol femenino, sino también el programa de mayor audiencia de la televisión británica en lo que llevamos de 2019, con el 50,8% de la cuota de pantalla. Cerca de 59 millones de espectadores en todo el mundo asistieron a la eliminación de Brasil por parte de Francia en octavos de final y, en términos globales, más de mil millones de personas han seguido este campeonato en todo el mundo.

Si hablamos de entradas, sin embargo, el éxito no ha sido tan rotundo. A pesar de que, según Infantino, la asistencia media del torneo rondó el 75%, las fases eliminatorias apenas superaron los 18.000 aficionados. Por ejemplo, al Inglaterra-Escocia, que en el Reino Unido fue seguido por más de seis millones de telespectadores, apenas acudieron 13.000 personas de las 35.000 de capacidad que tenía el estadio. Los medios de comunicación no tardaron en señalar a la FIFA como culpable de esta baja afluencia. ¿Los motivos? Comenzaron a promocionar el Mundial de Francia una vez finalizado el de Rusia y apenas unos días antes de empezar el evento, los carteles publicitarios del aeropuerto y las calles de París anunciaban la Serie Mundial de Rugby 7 y Roland Garros, pero no había rastro de la Copa del Mundo. Además, quienes compraron sus entradas online con varios meses de antelación descubrieron que, aunque las habían adquirido a la vez, les habían asignado asientos separados; finalmente, tras miles de quejas y las denuncias de los medios, la FIFA reconoció su error y se comprometió a enmendarlo. 

What the fuck?

A pesar de ello, Gianni Infantino se mostró más que satisfecho por los resultados económicos cosechados gracias al Mundial y anunció varias medidas para seguir fomentando el crecimiento del fútbol femenino; entre ellas, la creación de un mundial de clubes y una liga mundial, elevar a 32 el número de participantes para la próxima Copa del Mundo y duplicar la inversión en este deporte durante los próximos cuatro años hasta alcanzar los mil millones de dólares. Otra cifra que dijo querer duplicar es la del premio en metálico para el Mundial de 2023, que pasará de 30 a 60 millones de dólares. También aprovechó para anunciar que incrementará el premio para el Mundial masculino de Catar; en lugar de los 400 millones que repartieron en 2018, los futbolistas recibirán 440. O lo que es lo mismo, la brecha entre hombres y mujeres se incrementará en 10 millones de dólares. 

Esta obviedad no se le escapó a una de las estrellas de la selección estadounidense, Megan Rapinoe: “A eso me refiero cuando hablo de que no nos sentimos respetadas. Alguien dijo que a la FIFA no le importa el fútbol femenino. Si realmente te preocupas igual por el fútbol masculino y el femenino, ¿vas a dejar que la brecha crezca?”. Además lamentó que, el mismo día que se iba a celebrar la final del Mundial, estuvieran programadas otras dos finales: la de la Copa América y la de la Copa de Oro (que Estados Unidos terminó perdiendo contra México). “Esta final se estableció con mucha antelación, es realmente increíble. Entonces, no, en general, no creo que estemos recibiendo el mismo respeto que la FIFA muestra a los hombres”, afirmó. 

Megan Rapinoe ya tiene experiencia en denunciar injusticias. Durante el Mundial, sus declaraciones sobre que no tenía intención alguna de “ir a la puta Casa Blanca” (“I´m not going to the fucking White House!”) si ganaban el torneo dieron la vuelta al mundo. Después las matizó o, mejor dicho, pidió disculpas por el exabrupto para que su madre no se disgustara, pero se mantuvo en la idea: “Me niego a respetar a un hombre que no merece respeto ”, dijo sobre Trump, a quien varias veces había cuestionado su forma de tratar a “los ciudadanos LGBTQ+, los inmigrantes y a los más vulnerables”. También es una de las 28 jugadoras que ha demandado a la federación estadounidense de fútbol por discriminación. A grandes rasgos, denuncian que, aunque ellas ganen más títulos (cuatro Mundiales contando con este último de Francia y cuatro Juegos Olímpicos) generen más beneficios y los índices de audiencia de sus partidos sean muy superiores a los masculinos, se les exige jugar y ganar más encuentros para, finalmente, cobrar un 60% menos que ellos. Rapinoe no solo terminó ganando el Mundial, la Bota de Oro (máxima goleadora) y el Balón de Oro (mejor jugadora del torneo), sino que coronó su participación en el torneo respaldando las protestas de los aficionados estadounidenses. Al presentar por megafonía al presidente de Francia, Emmanuel Macron, y a Gianni Infantino el público comenzó a abuchear a este último y a corear: “Equal payEqual pay!”. Cuando le preguntaron al respecto, Rapinoe respondió: “A nadie le hace daño un poco de escarnio público. Respaldo lo que han hecho”.

La punta del iceberg

Todas estas trabas con las que se están topando las participantes de los Mundiales y que sufre la mejor selección de fútbol femenino del mundo no son más que pequeñas muestras de lo que ocurre en todo el mundo. Por ejemplo, la FIFPro (el sindicato mundial de los jugadores) elaboró dos estudios para analizar las condiciones laborales de los futbolistas profesionales, hombres y mujeres. Los datos revelan que el 74% de los hombres cobra menos de 4.000 euros mensuales y el 45%, menos de 1.000, mientras que la mitad de las futbolistas no cobra nada y dos tercios de las que sí lo hacen ganan menos de 600 dólares al mes. 

Respecto a la relación con los clubes, el porcentaje de hombres que juega para un club sin tener contrato es del 8%, cifra que se eleva al 47% en el caso femenino. Además, casi todas las futbolistas son conscientes de que tendrán que terminar su carrera deportiva antes de tiempo, ya sea por querer tener hijos, por falta de oportunidades o por cuestiones económicas. Por este motivo, tres de cada diez compaginan el fútbol con otro trabajo, casi la mitad estudian una carrera universitaria y alrededor del 30% ya la ha terminado (una cifra muy alta si tenemos en cuenta que el 70% de las profesionales en activo tiene entre 18 y 23 años); este porcentaje desciende hasta el 12% en el caso de los hombres, que sí tienen la esperanza de poder vivir del fútbol.

Esto a nivel global. En Europa, según los datos de la UEFA de 2018, los mejores países para las futbolistas son Francia, Alemania, Inglaterra, Holanda, Noruega y Suecia. Sin embargo, a excepción de Alemania y Suecia, ninguno de ellos cuenta con una mujer que las represente en el Comité Ejecutivo de la FIFA. El presupuesto que el total de las asociaciones europeas destinó al fútbol femenino (infraestructuras, logística, instalaciones y sueldos) en 2017 fue de 111,7 millones de euros; solamente en salarios, el conjunto de los equipos de LaLiga gastó algo más de 900 millones durante la temporada 2017/2018. Además, el informe de Sporting Intelligence, Global Sports Salaries survey 2017, reveló que, juntas, las siete mejores ligas femeninas de primera división (Francia, Alemania, Inglaterra, Estados Unidos, Suecia, Australia y México) pagaron a sus jugadoras 35,6 millones de euros en 2017. El sueldo anual de Neymar en el PSG es de 36,8 millones. 

Las reivindicaciones exigiendo igualdad en los últimos tres años no han dejado de sucederse. En 2016, las futbolistas nigerianas protagonizaron una protesta tras ganar la Copa de África, su noveno título africano, porque les debían los subsidios y premios acordados; por clasificarse para dicho torneo les dieron 50 dólares. A cada jugador del equipo masculino se le paga 4.000 dólares por empatar y 5.000 por ganar un partido en esta misma competición. En abril de 2017 las jugadoras de la selección irlandesa denunciaron que estaban siendo tratadas “como ciudadanas de quinta categoría”. Cansadas de concentrarse con la selección sin recibir ninguna compensación económica aun teniendo que abandonar sus puestos de trabajo para hacerlo, cambiarse en baños públicos antes de los partidos o compartir la equipación con los juveniles masculinos, amenazaron con ir a una huelga que obligó a la Asociación de Fútbol de Irlanda a acordar mejoras significativas en sus condiciones de trabajo. A finales de ese mismo año, la selección danesa se negó a jugar un partido clasificatorio para el Mundial de Francia en protesta por el trato el discriminatorio que recibían por parte de su federación. A consecuencia de ello, lograron llegar a un acuerdo que incluye mejoras en las instalaciones, un salario de 700.000 dólares anuales y un seguro de salud. Y también que la UEFA impusiera a la federación una multa de 20.000 euros y castigara al equipo femenino sin participar en competiciones europeas durante cuatro años.

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