Viernes, 03 Mayo 2019 06:13

Assange resiste la extradición

Assange resiste la extradición

“No deseo entregarme para ser extraditado a EE.UU. por haber hecho un periodismo que ha protegido a muchas personas”, dijo el ciberactivista.

El fundador de WikiLeaks, Julian Assange, reafirmó ayer ante la justicia británica su oposición a ser extraditado a Estados Unidos. El australiano de 46 años compareció mediante videoconferencia ante la Corte de Magistrados de Westminster, donde se inició el proceso sobre su entrega a Washington, luego de haber sido condenado por otro tribunal británico a 50 semanas de cárcel. “No deseo entregarme para ser extraditado a Estados Unidos por haber hecho un periodismo que ha ganado muchos reconocimientos y ha protegido a muchas personas”, afirmó el activista y periodista en su declaración. Luego de su videoconferencia de ayer, el juez Michael Snow decidió que Assange deberá comparecer nuevamente en el tribunal el próximo día 30. Al mismo tiempo varias decenas de partidarios del activista australiano se congregaron frente a la corte con carteles que decían “Liberen a Assange” y “No a la extradición”.


“La batalla comienza realmente hoy”, declaró en tanto el actual director de WikiLeaks, Kristinn Hrafnsson, que calificó la sentencia como “un escándalo” y aseguró que el experto informático está muy afectado por la posibilidad de ser encarcelado por un año, luego de los 2.488 días que pasó recluido en la embajada ecuatoriana en Londres. “La extradición está basada en una ofensa menor que puede ser castigada con cinco años de cárcel”, advirtió en declaraciones a la cadena estadounidense CNN. “Básicamente, lo consideramos como una estrategia para poder presentar luego más cargos contra él. Todo parece indicar que podría ser acusado de violar la Ley de Espionaje de 1970, que prevé incluso la pena de muerte”, afirmó.


Assange está recluido en la prisión de Belmarsh, un centro de alta seguridad en el suroeste de Londres. Allí permanece desde el 11 de abril cuando fue detenido por la policía británica en la legación ecuatoriana después de que este país le retirase el asilo diplomático concedido casi siete años antes. Assange se había refugiado en Londres en junio de 2012 para escapar, en un primer momento, a una extradición a Suecia por acusaciones de agresión sexual. Pero cuando años después estas fueron archivadas, permaneció afirmando temer que lo entregasen a la justicia estadounidense.


Su plataforma online se hizo famosa en 2010 cuando difundió cientos de miles de documentos diplomáticos y militares secretos que pusieron a Estados Unidos en un fuerte aprieto a nivel nacional e internacional. Washington, por su parte, afirma querer juzgarlo solo por piratería informática. Estados Unidos sostiene que el periodista conspiró con la analista de inteligencia Chelsea Manning para poder interceptar un ordenador del Pentágono. En la misma línea, la fiscalía mantiene que Assange ayudó a Manning a decodificar una clave secreta para que ella pudiera filtrar cables clasificados a través de WikiLeaks. Ben Brandon, un representante de la justicia estadounidense, confirmó ayer que este cargo es pasible de un máximo de cinco años de cárcel. Pero los defensores de Assange temen que se le agreguen después delitos más graves, como divulgación de secretos o traición, y corra el riesgo de ser condenado a cadena perpetua o incluso a muerte.


Al anunciar hace tres semanas la expulsión del australiano de la embajada, el presidente de Ecuador, Lenín Moreno, aseguró haber recibido la garantía de Reino Unido para que Assange no sea entregado en extradición a un país en el que pueda sufrir torturas o pena de muerte. Ese mismo día, la abogada británica del experto informático, Jennifer Robinson, anunciaba que lucharía hasta el final para impedir su entrega a Estados Unidos, afirmando que la detención de Assange crea un peligroso precedente para los órganos de prensa y para los periodistas en el mundo.


Mientras tanto, los políticos británicos están divididos respecto a Assange. El líder de la oposición, el laborista Jeremy Corbyn, se opone a su extradición afirmando que el australiano “expuso pruebas de las atrocidades cometidas por Estados Unidos en Irak y Afganistán”. Pero por otro lado el ministro de Relaciones Exteriores, Jeremy Hunt, aseguró que Assange no es “ningún héroe”. La primera ministra Theresa May declaró en sintonía con Hunt al afirmar que “nadie está por encima de la ley”.

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Assange resiste a su detención al interior de la embajada de Ecuador en Londres

Los tribunales británicos ordenaron la detención de Assange el 29 de junio de 2012, pero él vivía desde entonces refugiado en la embajada de Ecuador en Reino Unido
"La policía tenía el deber de ejecutar la orden y fue invitada a la embajada por el embajador después de que el Gobierno le retirase el asilo", indica Scotland Yard

La policía británica ha detenido este jueves a Julian Assange en la embajada de Ecuador en Londres, según ha informado Scotland Yard.
"Ha sido trasladado a la comisaría de Londres, donde estará hasta que se presente ante el Tribunal de Magistrados de Westminster lo antes posible", señala la Policía Metropolitana de Londres en el comunicado.


Los tribunales británicos ordenaron la detención de Assange el 29 de junio de 2012, pero él vivía desde entonces refugiado en la embajada de Ecuador en Reino Unido. "La policía tenía el deber de ejecutar la orden y fue invitada a la embajada por el embajador después de que el Gobierno le retirase el asilo", indica Scotland Yard.


Horas antes de la detención, el presidente de Ecuador, Lenín Moreno, había anunciado en Twitter la retirada del asilo diplomático al fundador de Wikileaks. "El conceder o retirar el asilo es facultad soberana del Estado. Hoy anuncio que la conducta agresiva e irrespetuosa del señor Assange; las declaraciones descorteses y amenazantes de su organización aliada en contra del Ecuador; y, sobre todo, la transgresión de los convenios internacionales han llevado la situación a un punto en el que el asilo del señor Assange es insostenible", había afirmado Moreno.


"Ecuador da por finalizado el asilo diplomático otorgado al señor Assange en el año 2012. Por seis años y diez meses el pueblo ecuatoriano ha garantizado los derechos humanos del señor Assange y ha cubierto sus necesidades cotidianas en nuestras instalaciones de la embajada en Londres", indicó Moreno. "El señor Assange violó reiteradamente disposiciones expresas de las convenciones sobre asilo diplomático. Violó particularmente la norma de no intervenir en los asuntos internos de otros estados", añadió.
El presidente de Ecuador ha asegurado que ha solicitado a Reino Unido la garantía de que Assange no será extraditado a un país en el que pueda ser torturado o condenado a muerte. "El Gobierno británico lo ha confirmado por escrito"

eldiario.es
11/04/2019 - 11:43h

 

Video relacionado

https://youtu.be/WP2Nu0NY5DE

 

 


 La cárcel de Assange

Por Santiago O’Donnell

 

Imaginárselo ya es difícil, pero olvidarlo mucho más. Un hombre, un encierro en cuatro o cinco cuartos, día tras día durante dos, tres, siete años, ventanas hostiles en la mira de cámaras espías y potenciales francotiradores, aire insípido, luz artificial, día tras día hasta que uno pierde noción del tiempo, pierde noción de luz y sombra, pierde capacidad de olfato y sensación de tacto, y uno empieza a jugar con su mente a ser un hombre libre mientras ve la vida pasar desde su agujero. “A veces me siento como en una película viendo cómo las cosas pasan delante de mí, de este cuarto, de esta mesa, como si fuera un espectador de un show continuado que nunca termina”, me dijo Julian Assange, en su cuarto año de encierro en la embajada de Ecuador en Londres, la última vez que nos vimos. Todavía faltaban dos años más de encierro hasta que su asilo se convirtiera en cárcel, en marzo del año pasado, cuando le cortaron la internet y las visitas y le hicieron firmar un protocolo de conducta que reiteraba en cada cláusula que cualquier violación podría derivar en expulsión.


Del encierro a la cárcel y de ahí a la antesala a lo desconocido. Esta semana la cancillería ecuatoriana emitió un comunicado que parece abrir el camino para una eventual expulsión de Assange de la embajada por presuntas faltas de conducta. “El asilo es una facultad soberana del Ecuador, que tiene por tanto el derecho de otorgarlo o terminarlo cuando lo estime justificado y sin consultar a terceros”, dice el comunicado. La cancillería afirma que continúa respetando el asilo de Assange, pero no deja dudas acerca de la antipatía hacia él. “Al emitir informaciones que falsean la verdad, el asilado y sus asociados expresan una vez más ingratitud e irrespeto hacia el Ecuador, en lugar de mostrar agradecimiento al país que lo ha acogido por casi siete años”, añade el texto. “Ecuador ha efectuado importantes gastos para costear su estadía en la Embajada (en Londres), que ha soportado sus groserías.”


O sea, un invitado indeseable que ha agotado su bienvenida. Pero no lo van a expulsar porque se acabó la amenaza a su libertad de expresión ni la persecución política que sufre a causa de su trabajo como editor y publicador de documentos secretos. De hecho nunca estuvo tan amenazado. La CIA de Trump y Pompeo han calificado a WikiLeaks como “servicio de inteligencia hostil, no estatal” cuando para el gobierno estadounidense anterior WikiLeaks era una publicación protegida por la primera enmienda de la constitución, no muy diferente que el New York Times. Además, hace tres meses un error procesal expuso la existencia de una acusación “sellada” o secreta de un Gran Jurado de Alexandría, Virgina, en contra de Assange, supuestamente por haberse complotado con Chélsea Manning para que ésta se robara y luego le transfiriera los cables diplomáticos clasificados que WikiLeaks publicara en el 2010 en una megafiltración conocida como “Cablegate”.


Si Assange quedó al borde de la expulsión de la embajada es porque el gobierno de Lenín Moreno no ve con simpatía al ex hacker australiano devenido en icono mundial de la libertad de expresión. Con su actitud desafiante e insumisa y su olfato para ocupar el centro de la escena mediática mundial, Assange fue un personaje central de la política exterior ecuatoriana de los últimos años y hoy es el principal escollo para el objetivo primordial de Moreno de acercarse a Estados Unidos y despegarse del discurso antiimperialista de su antecesor Rafael Correa. Por cierto, fue Correa quien le ofreciera y luego le concediera el asilo a Assange. Al principio Moreno trató de sacarse el problema de encima con una pirueta diplomática. Siguendo un plan de su entonces canciller Rosario Espinoza, le concedió a Assange la ciudadanía ecuatoriana y le inventó un puesto diplomático en Moscú. Pero los ingleses no compraron el paquete e hicieron saber que seguía vigente la orden de captura de Assange ni bien saliera de la embajada y volviera a pisar territorio británico. Entonces Moreno cambió de táctica y empezó a presionar a Assange para que se calle y se vaya de una vez por todas.


Ahora Assange corre una carrera contra el tiempo. Mientras la embajada parece preparar su expulsión, él se ilusiona

con que antes caiga el gobierno conservador de Theresa May a causa del laberíntico problema que le ha generado la falta de una Brexit consensuado con la Unión Europea. Si cae May y asume el líder del laborismo, Jeremy Corbyn, el más izquierdista que el partido ha tenido en décadas, Assange tendría prácticamente acordado un salvoconducto para irse del país sin ser detenido.


Hablamos con Fidel Narváez, cónsul general de Ecuador en Londres desde el 2010 hasta el 2018. Es la primera vez que habla con un medio argentino. Dice estar muy preocupado, pero se ilusiona con que un cambio de gobierno en Gran Bretaña destrabe la situación. Dice que el gobierno ecuatoriano, el gobierno de su país, está echando por la borda la doctrina, los logros y la reputación ganada en los últimos años por defender lo que Assange representa. Dice que el gobierno de Moreno está tomando todos los pasos necesarios para expulsarlo y que incluso está considerando quitarle la ciudadanía ecuatoriana para facilitar su entrega a las autoridades británicas y así dejarlo a tiro de una extradición a Estados Unidos para ser juzgado por espionaje y traición.


“La situación de Julián es crítica”, advierte. “Un ser humano no resistiría todo lo que ha tenido que resistir, pero él no es una persona normal.”
“¿Sabes una cosa? No lo van a quebrar. Lo han intentado de mil maneras pero nunca pudieron quebrarlo. Tiene una fuerza de voluntad inmensa. Por eso nunca lo van a quebrar.”
@santiodonnell

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¿En la era del perdón o de la agresión?

Las reclamaciones de disculpa y de indemnización por atrocidades cometidas en las relaciones entre pueblos o países fueron frecuentes a lo largo del siglo XX. Son ejemplo de ello las iniciativas de Alemania en el caso del holocausto y de Estados Unidos en el caso de los japoneses estadounidenses presos durante la Segunda Guerra Mundial. El siglo XXI ha sido particularmente insistente en la exigencia (no siempre atendida) de reclamaciones de disculpa por crímenes, atrocidades y violencias cometidas en el pasado más o menos lejano en el contexto del colonialismo europeo.

En ocasiones, las reclamaciones de disculpa se acompañan de la solicitud de reparaciones o indemnizaciones. He aquí algunos ejemplos. En 2004, el Gobierno alemán reconoció la atrocidad cometida contra el pueblo de Namibia, el genocidio de 65.000 personas de etnia herero que se habían rebelado contra el colonizador en 1904. En 2018, el gobierno de Namibia exigía la solicitud formal de disculpas y la reparación financiera por el mal cometido, lo que fue rechazado por el gobierno alemán. En 2008, en visita a Libia, el por entonces primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, pidió formalmente disculpas al pueblo libio por las "profundas heridas" causadas por los treinta años de la colonización italiana y prometió una inversión de 5000 millones de dólares como compensación. Poco tiempo después, Libia era invadida y destruida por las "fuerzas aliadas" de las que Italia formaba parte. En 2014, la Comunidad del Caribe aprobó una propuesta de la Comisión de Reparaciones a fin de impartir justicia a las víctimas del genocidio, la esclavitud, el tráfico de esclavos y el apartheid racial considerados por la Comisión como crímenes contra la humanidad. La propuesta estaba dirigida a los principales países esclavistas en la región (Holanda, Reino Unido y Francia), pero abarcaba potencialmente a otros países. Se trataba de una propuesta muy amplia que incorporaba un plan de acción con las siguientes dimensiones: perdón formal, repatriación, programa de desarrollo de los pueblos nativos, instituciones culturales, salud pública, erradicación del analfabetismo,programa de promoción de los conocimientos africanos, rehabilitación psicológica, transferencia de tecnología. En 2015, en visita a Jamaica, David Cameron, entonces primer ministro de Reino Unido, excluyó cualquier posibilidad de reparación. Dos años antes, el mismo David Cameron, en visita a la India, reconocía que la masacre en 1919 de 1000 indios desarmados que protestaban contra el colonialismo británico había sido "profundamente vergonzosa", pero no pidió formalmente disculpas ni accedió a pagar indemnizaciones. Presionado por una acción judicial, en 2013 Reino Unido accedió a pagar 2600 libras a cada uno de los 5.000 kenianos, integrantes del movimiento Mau Mau, presos y torturados en la década de 1950 por su resistencia contra el colonialismo británico y a "lamentar sinceramente” lo sucedido. Sin embargo, cerca de 44.000 kenianos vienen exigiendo la misma indemnización por los malos tratos recibidos en el periodo colonial. En 2017, Emmanuel Macron, entonces candidato a la presidencia de la república de Francia, reconoció que la colonización de Argelia había sido un crimen contra la humanidad.


Más recientemente, al señalar los quinientos años de la colonización de México, el presidente Andrés Manuel López Obrador solicitó al rey de España y al papa que pidieran formalmente disculpas por las atrocidades cometidas contra los pueblos indígenas durante el periodo colonial, comprometiéndose a hacer lo mismo como descendiente de los colonizadores. La petición fue terminantemente rechazada por el Estado español, pero el Gobierno de Cataluña se apresuró a reconocer los abusos, las muertes de millones de personas y la destrucción de culturas enteras cometidas por el colonialismo español. Más recientemente aún, el pasado 4 de abril, el Gobierno belga pidió disculpas a los "mestizos belgas", miles de niños hijos de padre belga y madre congoleña, nacidos al final de la colonización belga (entre 1940 y 1950), que fueron sustraídos a las familias e internados compulsivamente en orfanatos y a veces enviados a Bélgica.


¿Cuál es el significado de este movimiento de justicia histórica que, de hecho, se ha ramificado? En la actualidad incluye la reclamación de la devolución de los objetos de arte traídos (¿con qué derecho?) de las colonias europeas y exhibidos en los museos del Norte global. También incluye la devolución de tierras, por ejemplo, en Zimbabue y más recientemente en Sudáfrica con referencia al periodo del apartheid, una forma específica de colonialismo, y también en Australia. Los argumentos jurídicos o éticos en uno u otro sentido no parecen servir de mucho. Obviamente no se trata de encontrar razones para responsabilizar a las generaciones actuales de los países colonizadores por los crímenes que han cometido. El problema es político y emerge como resultado de un conjunto de factores de los cuales el más importante es la coexistencia de la independencia política con la continuidad de la dependencia colonial. Las luchas de liberación colonial en América Latina (siglo XIX) y en África y Asia (siglo XX) tenían por objetivo luchar por la justicia histórica, devolver los territorios a sus pueblos y permitirles construir un futuro propio.


Lo cierto es que nada de esto sucedió, como quedó patente de la manera más dramática en la primera liberación colonial, la de Haití, en 1804. Las condiciones impuestas a los esclavos liberados para superar el aislamiento internacional al que se vieron sometidos fueron brutales (tan brutales como las condiciones del ajuste estructural que el FMI sigue imponiendo impunemente en el Sur global) y el resultado es bien patente en el Haití de hoy. Kwame Nkrumah, primer presidente de Ghana, denunció brillantemente la continuidad de la dependencia colonial en 1965 al acuñar el término neocolonialismo, una realidad tan vigente entonces como hoy. El pillaje de los recursos naturales que caracterizó al colonialismo continúa hoy, llevado a cabo por empresas multinacionales del Norte global con la complicidad de las élites locales que, en el caso de América Latina, son descendientes de los colonos. La reclamación de la justicia histórica no es más que una forma adicional de legitimar la lucha contra la injusticia y la desigualdad que siguen caracterizando las relaciones entre los países centrales y los países periféricos. Y cuando la respuesta se traduce en meras reclamaciones de disculpa, sean estas aceptadas o no, no pasan de rituales legitimadores de quien los exige o acepta para que todo siga igual. Es decir, el colonialismo no terminó con las independencias políticas. Terminó solo el colonialismo de ocupación territorial por una potencia extranjera. No obstante, continúa hoy bajo otras formas, algunas más brutales que las del colonialismo histórico. Tal y como la esclavitud continúa hoy bajo la forma vergonzosa del "trabajo análogo al trabajo esclavo", para usar la terminología de la ONU, el colonialismo continúa hoy no solo en forma de dependencia económica, sino también en forma de racismo, xenofobia, apartheid racial, brutalidad policial contra la juventud negra, islamofobia, "crisis de los refugiados", "guerra contra el terrorismo", asesinatos de líderes sociales en lucha por la defensa de sus territorios contra la invasión de las empresas mineras, de extracción de madera o de agricultura industrial, desastres ambientales contra poblaciones desechables, viviendo en lugares asumidos como "zonas de sacrificio", etc.


En el caso de América latina, en el que las independencias fueron conquistadas por los descendientes de los colonizadores, la continuidad del colonialismo asumió una forma específica, el colonialismo interno al que fueron sometidos los pueblos indígenas y los pueblos de matriz africana, descendientes de esclavizados. Los "modelos de desarrollo" de los últimos 150 años han ignorado sistemáticamente los intereses, las aspiraciones y las culturas de estos pueblos.


Si López Obrador insiste en cualquier variante de estos modelos no puede sorprenderse si, en lugar de disculpas, los pueblos indígenas le exigen respeto efectivo por sus culturas y territorios, así como el abandono de megaproyectos y de políticas neoextractivistas una vez rechazados por las poblaciones después de ser previamente consultadas de manera informada y de buena fe. Al reclamar disculpas al colonizador y al comprometerse su gobierno en el mismo proceso, López Obrador trae algo nuevo a la polémica sobre la justicia histórica. Asume la estatura de una sinceridad política trágica en el sentido de la tragedia griega. Se mueve en el filo de una navaja que lo puede desequilibrar hacia la caída en el propio movimiento de levantarse. Sabe, quizá mejor que nadie, que presenta hoy el máximo de conciencia social posible de un modelo de desarrollo de vocación antisocial destinado a crear rentabilidades que en gran proporción irán a los bolsillos de intereses capitalistas globales. Sabe que el capitalismo de hoy, dominado por el capital financiero, solo acepta negociar los términos del saqueo si el pillaje no se cuestiona. Sabe que, con una u otra variante, este modelo fracasó en otros países de América Latina en tiempos muy recientes (Brasil, Argentina, Ecuador, Venezuela). Tiene al norte un muro imperial, vergonzoso, demasiado sólido para derretirse con la sangre de quien intenta pasar a través de él. En él está depositada la esperanza que queda en un continente desgarrado por el imperialismo estadounidense y europeo con la complicidad de las élites locales que nunca toleraron que las clases populares, los de abajo, soñaran con el fin del colonialismo. En estas condiciones, quien es responsable de la esperanza lo es también de la frustración. La respuesta del rey de España no fue un buen presagio. Pero también es verdad que de un rey de nada no se puede esperar todo.

Traducción de Antoni Aguiló

 

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De qué se trata realmente la gran marcha del retorno

A un año de la Marcha del Retorno en la Franja de Gaza.

Los objetivos de las protestas de la Gran Marcha del Retorno, que comenzaron en Gaza el 30 de marzo del año pasado, son poner un fin al sofocante cerco israelí e implementar el derecho al retorno de los refugiados palestinos que hace 70 años fueron expulsados de sus hogares y pueblos en la Palestina histórica.


Pero estas protestas encierran mucho más que algunas pocas demandas, especialmente si se tiene en cuenta el alto costo humano asociado con ellas.


De acuerdo al Ministerio de Salud de Gaza, más de 250 personas han sido asesinadas y 6.500 heridas, incluyendo niños, doctores y periodistas.


Más allá de la desproporcionada cobertura mediática sobre “cometas incendiarias” y jóvenes cortando de forma simbólica las alambradas que los han cercado por largos años, la marcha ha sido mayoritariamente no violenta. A pesar de ello, Israel ha asesinado y lisiado manifestantes con impunidad.


Una comisión de investigación de derechos humanos de la Onu descubrió el mes pasado que Israel podría haber cometido crímenes de guerra contra los manifestantes, resultando en la muerte de 189 palestinos en el período que va del 30 de marzo al 31 de diciembre de 2018.


La investigación encontró “motivos razonables para creer que francotiradores israelíes dispararon contra niños, médicos y periodistas, aun cuando eran claramente identificables como tales”, según reportó la Bbc.


Muchos medios de comunicación, sin embargo, todavía no entienden lo que realmente significa para los palestinos la Gran Marcha del Retorno.


Un informe del Washington Post intentó ofrecer una respuesta. El artículo, cínicamente titulado “Gazans have paid in blood for a year of protests. Now many wonder what it was for” (“Los gazatíes han pagado con sangre por un año de protestas. Ahora muchos se preguntan para qué”), cita selectivamente a heridos palestinos que, al parecer, sienten que sus sacrificios fueron en vano.


Aparte de brindar una plataforma a las tropas israelíes para culpar a Hamas por la marcha, de un año de duración, el largo informe termina con estas dos citas:


La Marcha del Retorno “no consiguió nada”, de acuerdo a uno de los palestinos lesionados.


“Lo único que puedo sacar en limpio es que hizo que alguna gente prestara atención”, dijo otro.


Si el Washington Post prestara atención, se habría dado cuenta de que el clima entre los palestinos no es de cinismo ni desesperanza.


El Post debería preguntarse: si la marcha “no consiguió nada”, ¿por qué todavía protestan los gazatíes? ¿por qué no ha sido puesta en cuestión la naturaleza popular e inclusiva de la marcha?


“El derecho al retorno es más que una posición política”, dijo Sabreen al-Najjar, la madre de la joven médica palestina Razan al-Najjar, quien, el 1 de junio de 2018, fue asesinada por un disparo del ejército israelí mientras intentaba ayudar a manifestantes palestinos heridos. Es “más que un principio: envuelta en él, y reflejada en la literatura y el arte y la música, está la esencia de lo que significa ser palestino. Está en nuestra sangre”.


En efecto, ¿qué es la Gran Marcha del Retorno sino un pueblo tratando de recuperar su papel, ser reconocido y escuchado en la lucha por la liberación de Palestina?
Lo que está ausente de la discusión sobre Gaza es la psicología colectiva detrás de este tipo de movilización y el por qué es esencial para cientos de miles de personas sitiadas redescubrir su poder y entender su verdadera posición, no como víctimas sin esperanza, sino como agentes de cambio en su sociedad.
La lectura superficial o la tergiversación de la Marcha del Retorno hablan mucho sobre la subestimación general del rol del pueblo palestino en su lucha por libertad, justicia y liberación nacional, que ya lleva un siglo.


La historia de Palestina es la historia del pueblo palestino, porque ellos son las víctimas de la opresión y el principal canal de resistencia, comenzado por la Nakba –la creación de Israel sobre las ruinas de pueblos y aldeas palestinas en 1948–. Si los palestinos no hubieran resistido, su historia habría concluido en ese entonces, y también ellos habrían desaparecido.
Quienes increpan a la resistencia palestina, o quienes, como el Post, no logran entender el valor subyacente detrás de un movimiento popular y sus sacrificios tienen poco entendimiento sobre las ramificaciones psicológicas de la resistencia –el sentido de empoderamiento colectivo y esperanza que se extiende entre la gente–. En su introducción a Los condenados de la tierra, de Frantz Fanon, Jean Paul Sartre describe la resistencia, como fue apasionadamente defendida por Fanon, como un proceso a través del cual “un hombre se re-crea a sí mismo”.
Durante 70 años, los palestinos se han embarcado en un viaje de re-creación de su ser. Han resistido, y su resistencia, en todas sus formas, ha moldeado un sentido de unidad colectiva, a pesar de las numerosas divisiones que han sido levantadas entre la gente.


La Marcha del Retorno es la última manifestación de la continua resistencia palestina.


Es obvio que las interpretaciones elitistas sobre Palestina han fallado –los Acuerdos de Oslo se han revelado como un vano ejercicio de clichés vacíos, destinado a mantener el dominio político estadounidense en Palestina, así como en el resto de Oriente Medio.


Pero la firma de esos acuerdos en 1993 rompió la relativa cohesión del discurso palestino, debilitando y dividiendo así al pueblo palestino.


En la narrativa sionista israelí, los palestinos son descritos como lunáticos a la deriva, como un inconveniente que dificulta el camino del progreso –una descripción que regularmente define la relación entre todo poder colonial occidental y los nativos colonizados que se resisten.


Dentro de algunos círculos políticos y académicos israelíes, los palestinos sólo “existen” para ser “depurados”, para hacer lugar para un pueblo diferente, más merecedor. Desde la perspectiva sionista, la “existencia” de los nativos es meramente temporal. “Debemos expulsar a los árabes y tomar su lugar”, escribió el padre fundador de Israel, David Ben Gurión.
La asignación al pueblo palestino de los roles de dislocado, desheredado y nómade, sin considerar las implicaciones éticas y políticas de esa percepción, ha presentado erróneamente a los palestinos como un colectivo dócil y sumiso.


Por ello, es imperativo que desarrollemos un entendimiento claro de los significados detrás de la Gran Marcha del Retorno. Cientos de miles de palestinos en Gaza no arriesgaron sus vidas durante el último año simplemente porque requieren provisiones médicas y alimenticias urgentes.


Los palestinos lo hicieron porque entienden la centralidad de su lucha. Sus protestas son una declaración colectiva, un grito de justicia, un último reclamo para recuperar su narrativa como pueblo –todavía resistente, todavía poderoso y todavía esperanzado después de 70 años de Nakba, 50 años de ocupación militar y 12 años de sitio implacable.
* Periodista, escritor, editor de Palestine Chronicle y doctor en estudios palestinos por la Universidad de Exeter. El título original de esta columna es “‘The Essence of Being Palestinian’: What the Great March of Return is Really About”. Traducción y título de Brecha.

Por Ramzy Baroud
5 abril, 2019

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Cuando un gesto de amor dinamita la parafernalia

A veces, la mejor declaración de amor hacia la vida es concluirla.


Dejaron pasar las cámaras en un momento íntimo porque lo que tenía que ser solo un acto de humanidad, de amor, se convirtió en un acto político. Él le abrió la puerta que ella tanto había anhelado transitar, las manos de ella no podían ya abrir nada, la vida estaba cerrada y el tiempo no era ya suyo.


A veces la mejor declaración de amor hacia la vida, es concluirla, despedirla porque se la quiere plena. Porque la vida no es solo un derecho, es sentido, dignidad, es todo lo que tenemos en el fondo, despojados de retóricas y parafernalia.


Parafernalia, nos acosa y nos inunda la parafernalia, parafernalia electoral, parafernalia mediática, una inflación de lo superfluo que no deja ver lo importante. Entonces una se aturde en el correr de tuits en el serpenteo de declaraciones que no llevan a ninguna parte, le asfixia el hedor de las cloacas del régimen, los valores bursátiles, los hombres que se sienten importantes y disfrazan de vehemencia discursos vacíos.


Forman como una muralla de sentido que flota sobre la vida sin tocarla, la vida de tu amiga que no duerme contando los meses que faltan para que acabe el contrato de alquiler y le echen de su casa. La vida de tu vecina de arriba y sus dos hijos, y su nómina en la que no caben la hipoteca, la electricidad y el gas, el dinero del comedor, o unas ocasionales vacaciones. La vida de tu padre que envejece al que no sabes cómo cuidarás. La vida de las mujeres que cuidan a los padres y madres de otros, mil horas de trabajo a cambio de un poco de oxígeno. Las vidas todas devoradas por un mar que hemos convertido en asesino.


A penas hay señales de vida en las tertulias y las grandes proclamas, exhibición de oratoria prefabricada, de lenguajes inertes. Entonces desde las entrañas de lo concreto, lo que palpita, lo incontestable, la vida que desobedece a los discursos inánimes, toma forma en el gesto valiente de un hombre que mira a su compañera y por ella, con ella, dinamita toda la parafernalia.

 

Por Sarah Babiker
2019-04-05 11:18:00

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Monólogo del río Cauca Nº 2  en La(mento) mayor

Yo no diré qué mano me lo arranca, ni de qué piedra de mi pecho nace: 

Yo no diré que él sea más hermoso... ¡Pero es mi río, mi país, mi sangre! Dulce María Loynaz

Yo río de tus cóleras inútiles,
oh Río, oh tú Bredunco,
oh Cauca de fragoroso peregrinar por chorreras y vocales atormentado,
indómito y bravío y de perezas
infinitesimales en los remansos
de absintias aguas quietas,
y de lento girar en espirales
Y de cauce luminoso!
Oh Cauca, oh Cauca Río.
Relato de Erik Fjordsson.
León de Greiff.


 
¡Sálvenme! ¡Sálvenme! ¡Sálvenme! ¡Piedad! ¡No me abandonen, ciudadanos de este hermoso suelo! Hoy, más que nunca, clamo, imploro, ruego: ¡Derriben ese muro antes de que sea tarde! Me llamo el Cauca. ¡Yo soy el Cauca! ¡Todos somos el Cauca! Los convoco a que se unan a mi rugido —cada minuto más débil— y entonemos, al unísono, un glorioso cántico de batalla, en un frente unido: «¡Yo soy el Cauca!» Esos hombres… no los quiero nombrar… —ingenieros y burócratas, trúhanes modernos y majaderos antiguos, tejidos de villana y grosera tela, echacuervos, corazón de mantequilla, con ánimo de ratón casero, de alma endurecida y pan mal empleado— desean, en su fuero interno, que yo diga, ¡ay de mi!... yo fui el Cauca. No será así.

 

Pero, ¡ay!, desfallezco en mi debilidad. ¿Quién puede sobrevivir así? Se me va el oxígeno, se me van las aguas, mi acuífero se vacía sin remedio. Y aún así, lucho, pervivo, resisto, aniquilado atrozmente a manos de tan notables cobardes, mentirosos infinitos, incumplidores de promesas y amos de ninguna cualidad que faltan a la verdad tantas veces como horas tiene el día. Soy el Cauca: portentoso, amplio, profundo, sereno y amoroso. Soy el Cauca, acompañado, nutrido, a mi izquierda, del vertiginoso Timba, del pedregoso Rioclaro, del brioso Jamundí, del manso Lilí, del helado Meléndez, del apretado Cañaveralejo, del agreste río Cali; también del Arroyohondo, del Vijes, del Mediacanoa, del río Pie-dras, del Riofrío y del Pescador; a mi derecha: del Desbaratado, del río Frayle, del Párraga, del Amaime, del Cerrito, de la cristalina e impetuosa Zabaletas, del Guabas, del apacible Sonso, del añoso Guadalajara, y del Tuluá; y también del Bugalagrande, La Paila y La Vieja. No es posible que tantos afluentes vengan a mi, a verter sus aguas cargadas de vida y en-cuentren que no hay esperanza, que todo es en vano.

 

Hoy agonizo. Muero, y conmigo, muere la vida. ¿Para qué sirven estas venas que me nutren si igual aniquilan mi corriente? Mis aguas son detenidas, estancadas por ese infame murallón. ¡Atrás, idiotas de cascos blancos, engendros de tres centímetros de estatura! ¡Quiero vivir! Al igual que quieren la vida las especies de la flora y la fauna a las que otorgo el hálito vital; al igual que perviven en mi cuenca los minerales que la nutren: el carbón, la piedra caliza, el mármol, el oro, la plata, el platino, el hierro y el amianto. Por otra parte, de mi dependen los cultivos de arroz, sorgo, yuca, café, cacao, algodón, maíz, frijol, caña de azúcar y banano; los he parido desde tiempos inmemoriales, desde antes de que llegaran esos ingenieros de cascos blancos ilustrados de una inteligencia más espesa que el engrudo de una horrible bazofia. Me enferma el solo verlos acercarse a mis aguas. En verdad, quisie-ra ahogarlos, pero no quiero contaminar más mis aguas.

 

Sí, hablo desde la rabia y desde la ira y desde el dolor que me causa el ecocidio que ellos, hombrecitos de poca valía, se empeñan en sacar adelante a cualquier precio. A ellos —el ingenioso hidalgo los llamaría traidores, descompuestos, villanos, infacundos, deslen-guados, atrevidos, desdichados, maldicientes, canallas, rústicos, patanes, malmirados, be-llacos, socarrones, mentecatos y hediondos— no parece importarles las comunidades asen-tadas aguas abajo de ese paredón de la muerte. A ellos —diría el florido bardo inglés que no son más que tumores, llagas que supuran, úlceras inflamadas en la sangre corrompida de su propio país—, no les interesa las innumerables especies de peces, entre ellas, la sardinata, el barbudo, la picuda, la cucha, el mazorco, el bocachico, el jetudo, el chango, la sabaleta, la guabina, el guachilejo y la dorada, que han muerto y siguen muriendo en las orillas desecadas de mis riberas. A ellos —sus mentes más secas que un mendrugo de bizcocho después de un largo viaje—, no les importa que un río, el segundo río de este sufrido país —pero hermoso y espléndido—, muera impunemente. Todo por la codicia infinita y arrogancia sin límites que los carcome como el orín a las latas de un carromato abandonado al salobre trópico. No sigan, por favor, dando explicaciones ni justificaciones: que la compuerta tal, que no sé qué cuarto de máquinas, que el túnel sí se cuantos, que el rebosadero tal; sus explicaciones técnicas infectan mi entendimiento y mi serena sabiduría.

 

¡Silencio! Solo admito hechos; solo concedo que mis aguas corran libremente, que ese muro sea derribado y deje de existir; que ninguna pared me detenga. Suficiente mal han hecho, dejen de empecinarse, como el más ponzoñoso de los venenos, en sacar adelante una hidroeléctrica que no tiene pies ni cabeza, que nació fallida y sigue fallida por la inmensa soberbia de querer detenerme, a la brava, a toda costa.

 

¡Apártense! ¡Aléjense! Ustedes huelen mal. Me repugna su hedor, el más horrible que alguna vez haya ofendido un noble olfato, sepan que sobre mis aguas, mis riberas y mis valles sobrenadan los dulces aromas que despiden camias, guayacanes, sarrapias, balsaminas y samanes; que, de mis laderas encañonadas, sobresalen mil especies de orquídeas, que en mi cuenca revolotean las mariposas multicolores y cantan las tórtolas, la mirlas, los periquitos, los carpinteros y graznan los patos pico de oro; que de mis arenales surge la vida, la armonía, la belleza de la naturaleza indómita.


Aquí han vivido, antes de estos tiempos aciagos, numerosas tribus autóctonas; recuerdo, cómo, hace quinientos años, habitaban estas tierras los liles, los gorrones, los chancos, los quimbaya, los carrapa, los picara, los paucura, los pozo, los arma, los anserma, los buriticá, los dabeiba, los catío. Poco o nada queda de ellos. El hombre blanco los aniquiló, los ahuyentó, los desplazó. Ahora hay poblaciones mestizas, mulatas, afrodescendientes, indígenas: gente pobre, gente honesta, gente trabajadora, gente necesitada, a lado y lado de mis riberas, que viven de lo que proveo; de lo que otorgo en mi munificencia infinita. Pero esta gente buena no puede vivir si mis aguas no bajan; no puede sobrevivir si de mí no puede sacar agua para su subsistencia; no puede comer si se acaba la pesca artesanal en mis aguas; ni tampoco puede regar sus sembradíos si, simplemente, el agua no está.

 

Es posible matar los ríos; en el mundo asesinan ríos todos los días. Yo no quiero ser uno de más de ellos. ¡Por favor! ¡Detengan a esos malvados! La acidez de su actitud des-compone las más dulces de las mandarinas, granadillas, y naranjas que se cultivan en mis riberas. Ni siquiera ellos —amos de la insolencia—, creen en la viabilidad de su proyecto. Entonces, ¿por qué tanta perversidad? Han dicho, farfullando, mascando las palabras, des-de la primera emergencia, hace ya tantos meses, que su hidroeléctrica no es viable, por tan-to, tiene más fe un coco cocido que sus cabecitas huecas; sus rostros descoloridos, forrados de mentiras, no merecen siquiera la resolana de mediodía.

 

Y, el país ¿qué hace? ¡Por qué tanto silencio? ¡Por qué tanta indiferencia? ¿Por qué tanta connivencia de la gran prensa con aquellos señores de cascos blancos en sus oficinas inteligentes? ¿Dónde están las corporaciones regionales, la autoridad nacional de licencias ambientales, el tal ministerio del Medio Ambiente? ¿Por qué tanto mutismo? ¿Por qué la prensa hegemónica distorsiona la realidad de la catástrofe ambiental, la mengua, la empe-queñece y la niega? ¿Acaso no es este el peor crimen ecológico que se ha cometido en el país? Acaso soy yo, un río que agoniza, quien tiene que recordarles el lamento de aquel hombre que dijo, en medio del desamparo: «Primero vinieron por los socialistas, y yo no dije nada, porque yo no era socialista. Luego vinieron por los sindicalistas, y yo no dije nada, porque yo no era sindicalista… Luego vinieron por mí, y no quedó nadie para hablar por mí.» ¿Cuántos ríos más hay que asesinar en este país, cuántos páramos más hay que aniquilar, cuántos pueblos más deben quedar sin agua, cuántos sembradíos más deben marchitarse para que alguien se levante y me ayude a derribar ese muro de la obstinación? ¿Debo recordar —¡yo, qué ironía!—, que sin agua no hay vida?

 

¡Oh, dolor! ¡Oh, desesperanza! ¡Oh, cólera infinita! Recuerdo antaño, cuando re-montaban mis dulces aguas caucanas en sus falúas, andaluces y extremeños, barbudos, allende cuidadores de cerdos, villanos y analfabetas, llegados ávidos de riqueza inmediata. A su encuentro, salían de los caños escuadrones de veloces canoas que pirueteaban en torno a las naves comandadas por los españoles. A las ballestas, arcabuces y los juramentos se oponían miles de indios emplumados que hacían llover sobre los hombres vestidos de latón —no por ello invulnerables—, las flechas, las lanzas de chonta, el polvo de ají, las hondas de majagua, las macanas de guayacán; adormilaban y confundían a los que salva-ban de la flecha envenenada con vapores y humos, provenientes de columnas de fuego encendidas con maderas verdes, o con sahumerio de ají y pimienta quemada que les provocada quemazón en los ojos. Y el ají, bajo la forma de polvo molido, lo arrojaban a los ros-tros de los españoles, ocasionándoles —hasta risa me da—, un intenso estornudo. Buscaban, los arteros indígenas, que los españoles descuidaran sus rodelas para ofrecer un fácil blanco a las fechas envenenadas. Aupados, además, por su tenebroso vocerío y el zumbido de las trompetas de balso, caían sobre los conquistadores y hundían sus naves. Mis aguas, revoltosas, tornasoladas de ocre-sepia-marrón, se los tragaban para castigar su osadía.

 

Oh, tiempos aquellos donde el hombre originario de esas latitudes era invicto, valiente y temerario ante la afrenta civilizadora. Hoy no hay —¿o me equivoco?— flechas envenenadas, ni lanzas de chonta, ni hondas de majagua; pero no soy yo, el Cauca, quien debe listar los recursos y acciones legales, sociales, populares, disponibles para desafiar la apocalíptica bestia de siete cabezas y diez cuernos que llaman dizque Hidroituango. Y, si por desventura, el derecho de los hombres, lo que llaman la ley positiva, no es suficiente, que entonces sea la ley divina, la ley eterna, la ley de la naturaleza, la ley de origen, aquella misma que asistió a Antígona, y que nunca caduca, la que se encargue de que se haga justicia.

 

¿Es demasiada osadía o altanería, pregunto, pedir que a un río —el segundo del país—, se le permita vivir? ¿Acaso es mi clamor un clamor egoísta e interesado? ¡No! Si vi-vo, viven las comunidades aledañas; si vivo, viven las aves, los peces, las flores, los árboles, los arbustos; si vivo, viven los cultivos de mi cuenca; si vivo, viven y vuelan las aves. Por eso, cuando hablo, cuando decido no callarme, lo hago porque me atormenta, mucho más que mi lecho seco y maltrecho, la vida y la alegría que se extingue en mi entorno por el súbito desecamiento al que me someten esos señores de cascos blancos desde sus supuestas oficinas inteligentes.

 

Amenazas más grandes ha enfrentado el pueblo colombiano para que se amilane hoy ante un adversario no pequeño, pero tampoco invencible. ¡Yo soy el Cauca! ¡Todos somos el Cauca! ¿Quién no es el Cauca? ¡Que nadie me deje solo! ¡Que todos expresen su indignación frente a lo que ocurre ante sus ojos! ¡Qué todos exijan justicia y reparación! Que todos sepan, también, en su generosidad infinita, perdonar, a quienes me han querido aniquilar. Mi madre, la Señora Naturaleza, sabrá lo que debe venir.

Publicado enEdición Nº254
Lunes, 26 Noviembre 2018 06:06

EducAcción

EducAcción

El mundo está al revés y la escuela, que forma parte de ese mundo, también.

Si “(…) el plomo aprende a flotar y el corcho, a hundirse. Las víboras aprenden a volar y las nubes aprenden a arrastrarse por los caminos” (Galeano) puede que el mundo definitivamente esté al revés. Es decir, Patas arriba, como titula su libro el autor uruguayo.


¿En qué situación se encuentran la universidad (la escuela) en este siglo XXI? ¿Qué educación y qué valores transmitimos desde las instituciones educativas? ¿Qué reconocimiento se les da a las y los estudiantes?


El panorama educativo no es halagüeño, el ubicuo mercado lo intenta controlar y los gobiernos contribuyen a ello desfinanciando la educación pública para justificar que no sirve y dejarla caer en manos privadas. El neoliberalismo, y su manera explotadora de entender los servicios sociales básicos, se apodera de todo, también de ese derecho humano fundamental que es la educación. Uno más de los derechos universales incumplidos. La Declaración dice en su Artículo 26 que “Toda persona tiene derecho a la educación. La educación debe ser gratuita, al menos en lo concerniente a la instrucción elemental y fundamental”.


El papel y el valor de la universidad es incuestionable, las sociedades avanzan al ritmo de sus universidades, los conocimientos se universalizan en las instituciones de educación superior. Y si queremos que la educación, y la universidad es el nivel superior del recorrido educativo, sea de calidad, comprometida y crítica hay que escuchar a estudiantes y docentes en sus reivindicaciones. Hay que poner en marcha la EDUCACCIÓN.


Educacción es lo que hace por estos días en Colombia, pero también en otras partes del continente americano como en Costa Rica, el estudiantado al levantarse en “lápices y libros” contra el sistema para reclamar sus derechos, para exigir lo que les debería corresponder por ley, pero le tildan de subversivo, violento o, incluso, terrorista.


Jesús Martín Barbero siempre dice que hay que meterle país a la universidad, invitándonos a que tanto las instituciones como quienes las conformamos estemos más cerca de la ciudadanía y ahora, en estos días de demandas y manifestaciones, el país y su población se alejan de uno de los capitales humanos que dan sentido a la universidad: las y los estudiantes y sus reclamaciones. El otro capital humano, las y los docentes, parece que sí pero no, muchos respaldan, otros contrarían y una parte calla.


La acción de las y los estudiantes universitarios colombianos es opacada por el poder de los medios, que en lugar de fijar su mirada en las causas de las movilizaciones, se centra en los actos vandálicos, que los hay, pero que no deberían ser lo que más se resaltara. Que le han pintado las paredes a un medio generalista en la capital, como si ese medio no tuviera su responsabilidad en “pintar” con “sus colores” las realidades para beneficio propio y de sus intereses. ¿Por qué no dicen en esos medios de los comportamientos “salvajes” de las fuerzas del orden?


Si queremos universidades de alto nivel académico y humano debemos pedir inversión pública en ellas. En infraestructura, en materiales, en salarios, en equipos y en mejorar su funcionamiento. Y esa es la reclamación principal de las movilizaciones estudiantiles.


Estoy de acuerdo con Sergio Ramírez en que la universidad debe cumplir un papel primordial más allá de los salones de clase: “Deben volver a ser la conciencia de la nación, ahora que el sistema democrático corre tantos riesgos frente a las trampas de la demagogia, el populismo, y el fanatismo ideológico”. El escritor y político nicaragüense escribe en La Jornada que la universidad es “un todo armónico resultante de la diversidad de sus partes, articulado hacia adentro, pero que irradia hacia afuera, inserto en la propia sociedad a la que no puede ser ajena porque perdería su razón de ser”.


Debemos defender la universidad, pública y lo más gratuita que se pueda, para conformar ciudadanías críticas. Pero también tenemos que apostarle a esa defensa quienes intentamos educar desde las instituciones académicas privadas, porque tenemos nuestra parte de responsabilidad en contribuir a la formación de un espíritu crítico y porque una mejor universidad pública contribuye y empuja a que aquellas trabajen por mejorar su propia calidad. La universidad en general debe promover, hoy más que nunca, la reflexión y la liberación, la ruptura de las cadenas del pensamiento único y excluyente y tiene que apostarle a la gente y a la madre tierra.


Hay que tener conciencia y claridad de que la universidad, toda ella, con sus estudiantes y sus equipos docentes, es la base de la transformación social que necesitamos. Como dice Boaventura de Sousa Santos “el neoliberalismo no quiere que haya un proyecto de país”, porque necesitan tener el campo abierto para sus negocios privatizadores. Y la universidad colombiana es, para el intelectual portugués, de un compromiso alto con la ciudadanía. Se quiere llegar a lo que él llama el “capitalismo universitario”: transformar la universidad en una empresa, a los profesores en proletarios y a los estudiantes en consumidores, para alcanzar una universidad sin ideología, o con la ideología del mercado capitalista.
Porque una universidad fuerte y comprometida, con pensamiento propio y conciencia de lo que debe ser, es un riesgo para quienes quieren que sus ciudadanías solamente sean consumidores y votantes, pero nunca seres sentipensantes.


En su columna en El Tiempo, Adolfo Zableh afirmaba “Que marchen los estudiantes y rompan todo. (…) Que taponen vías y ataquen propiedades es un daño menor comparado con todo el mal que les hemos hecho. Que rompan la Casa de Nariño y el Congreso, sin asco y a lo ‘maldita sea’. Que se metan y lo destruyan todo. La educación es lo que permite salir adelante, decidir a conciencia, manejar la vida propia, tener oportunidades. Los políticos lo saben, por eso no dan la educación que tanto prometen; ellos necesitan soldados obedientes y votantes alienados”.


Por su parte, el profesor Carlos E. Maldonado escribe en la edición colombiana de Le Monde Diplomatique que en Colombia hay “una ausencia de respeto al conocimiento. Irrespeto que es, sin dudas, la principal característica de las élites gobernantes en la historia del país, lo que se traduce en la subvaloración de la educación en general, el desfinanciamiento de la universidad pública, en fin, la crisis de la Universidad”.


Este docente compara la teoría de la socióloga Saskia Sassen del capitalismo corporativo, el que no necesita matar a la gente, a sus rivales, sino que les basta con dejarlos morir, con la actuación de los gobiernos frente a la educación pública, que no la hace desaparecer sino que “simplemente la deja pervivir, agónicamente, apenas en el límite”. Por eso la educación pública colombiana lleva 25 años desfinanciada. El problema del futuro de las universidades es el problema del futuro del país, si no hay universidad pública financiada a la gente le tocará pagar más por un futuro incierto y probablemente peor.


Es importante formar y educar en valores, en ciudadanía, en humanidad, a educadoras (es) y a educandos (as). La formación, desde la familia a la universidad, quienes lleguen a ella, que tampoco es una condición sine qua non para una vida digna, pasando por la calle y la escuela, nos dota de sentido y entidad, nos enriquece y nos conciencia. Esa educación formativa comienza cuando nacemos y termina al morir, nos acompaña estimulando nuestro crecimiento como personas y nuestra conciencia para jugar nuestro papel en la vida. La educación no nos hace, per se, económicamente más ricos, ni políticamente más poderosos, ni más fuertes físicamente. Pero sí ciudadanas y ciudadanos más humanos. En ese sentido, y como parte fundamental del proceso educativo, ¿es la universidad uno de los problemas de hoy?, ¿o es una solución?


Para Herman Hesse la escuela solamente le sirvió para aprender latín, que no es poco, y para decir mentiras y, además, le había destrozado muchas cosas. Aún así decía que la “lectura sin amor, el saber sin respeto, la formación sin corazón” eran “uno de los mayores pecados contra el espíritu”. Creo que la universidad, pese a todos sus problemas y contradicciones, es una institución necesaria. Porque es menester universalizar la razón y el pensamiento, hacer público el conocimiento y contribuir, desde la educación superior, a la formación de seres humanos en el más amplio sentido del término. La universidad está expuesta a varios peligros que la “apartan” del lugar esencial que debe ocupar en la sociedad. Por un lado los lobos externos (capitalismo, neoliberalismo, privatizaciones,…) y, por otro, esos caballos de Troya que hacen que se fagocite a sí misma, que su endogamia le nuble el sentido y que su falta de visión le ciegue.


Si la educación es un acto político (Freire) que requiere un comportamiento ético, es en la universidad donde se debe formar política y éticamente a la ciudadanía para conformar una sociedad incluyente e integradora. Como decía Zenón de Elea: “Dichosa la ciudad donde se admira menos la hermosura de los edificios que las virtudes de sus habitantes”.
Galeano nos advierte cuando dice “La escuela del mundo al revés es la más democrática de las instituciones educativas. No exige examen de admisión, no cobra matrícula y gratuitamente dicta sus cursos, a todos y en todas partes, así en la tierra como en el cielo: por algo es hija del sistema que ha conquistado, por primera vez en toda la historia de la humanidad, el poder universal”. No permitamos que el mundo al revés nos imponga esa escuela. Y si esa es “su” escuela, luchemos, desde todos los ámbitos educativos, la familia, la calle, la academia, por otra bien distinta. Una verdadera Escuela, o una contraescuela.


Hasta Roger Waters, el que fuera uno de los miembros fundadores de los míticos Pink Floyd, dedicó una parte de su concierto en Bogotá a apoyar a las y los estudiantes colombianos en sus reivindicaciones. Que se siga reclamando que “No necesitamos no educación” (we don´t need no education), que ellas y ellos no son otro ladrillo en la pared, que hay que romper esos muros que nos marginan y nos separan. ¡Resistencia!


Como enuncia la declaración de Clacso a favor de la universidad pública en Colombia un siglo después del Manifiesto de Córdoba. Hace cien años eran las voces universitarias demandando el deseo de libertad, entonces “En sus corazones palpitaba la hora americana, el sentimiento de una revolución que se abría camino desde las aulas emancipadas y liberadas de los poderes monárquicos y escolásticos de ese tiempo. Hoy pretendemos liberarnos de los poderes neoliberales y del mercado. También sentimos como nuestro el rumor de la libertad”.


Hoy, el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, que acaba de celebrar el 1er. Foro Mundial del Pensamiento Crítico, en el marco de su 8ª Conferencia titulada “Luchas por la igualdad, la justicia social y la democracia en un mundo turbulento”, plantea que “Al defender la Universidad también defendemos el sueño de paz, democracia y justicia. Tal vez el presente nos exija reinventar el pasado del 68 y encarnar el manifiesto del 18, porque pronunciando sus palabras, los dolores que nos acompañan son las libertades que aún no conquistamos, que la consigna de una hora americana trasciende los contextos y se inscribe en nuestros deseos de debilitar el autoritarismo y alcanzar la autonomía del pensamiento; legado histórico que llamaba a renombrar la realidad social como posibilidad de emancipación: Córdoba se redime, Colombia también”.


En Colombia las y los estudiantes promueven EDUCACCIÓN y le ponen imaginación y las siete notas musicales a sus acciones, no como otros, que prefieren a “los siete enanitos” en sus inercias. Quieren luchar por una universidad crítica, popular, liberadora e inclusiva.


En la Universidad residen la discusión y el debate, el respeto y la dignidad y la lucha por una educación libre e incluyente. Es la guarida de la utopía, tan necesaria cada día como cantan Jonathan Silva y Ceumar


Si el mundo se pone pesado / Voy a pedir prestada / La palabra POESÍA


Si el mundo camina hacia atrás / Voy a escribir en un cartel / La palabra REBELDÍA


Vamos a la calle a gritar / La palabra UTOPÍA.


Por la EDUCACCIÓN.

Por Ignacio Chaves

24 Nov 2018 .

Publicado enColombia
Alexander Vasudevan, profesor en la Universidad de Oxford, ha escrito el primer libro histórico sobre la 'okupación' en Europa y Norteamérica

La 'okupación' no es lo que era. Basta con observar cómo se ha convertido en un modus operandi que emplean grupos de ultraderecha como Hogar Social Madrid en España. En Berlín, ciudad que ha gozado de gran tradición 'okupa' y que ahora acusa un fuerte proceso de gentrificación, esta forma de apoderarse del espacio desde los márgenes de la legalidad tiene nuevos días ante sí.

The Haus, un proyecto artístico de 2017 que consistía en la 'okupación' temporal de la sede abandonada de un banco en el centro de Berlín, constituye un buen ejemplo. La 'okupación' duró unas semanas, en las que se expusieron obras de un centenar de artistas callejeros. Asistieron algo más de 70.000 personas. Ahora, de ese edificio no queda nada. Va a transformarse en un lujoso bloque de apartamentos. Esa es la tendencia que parece seguir el mercado inmobiliario berlinés, especialmente en el centro de la capital germana.

La 'okupación' en The Haus era de carácter temporal y adoptaba el papel que parece abocado a jugar ahora el movimiento 'okupa' en Berlín. Aquí la 'okupación' es cosa de generaciones. Ya quedan lejos las de los años ochenta a cargo de jóvenes que, residiendo precariamente en Berlín Occidental, eludían el servicio militar. También han pasado lustros desde que, en los noventa, se aprovechara el vacío de poder generado en el este de la capital germana por el colapso de la República Democrática de Alemania (RDA).

"Actualmente el fenómeno parece que no puede durar, hay un sentimiento de temporalidad que no había antes", dice a eldiario.es el canadiense Alexander Vasudevan, profesor de Geografía Humana en la prestigiosa Universidad de Oxford. Él conoce bien el caso berlinés. En 2015 publicó un libro sobre la historia del movimiento 'okupa' en Berlín, Metropolitan Preocupations (Ed. Wiley Blakcweell, 2015) o "Preocupaciones metropolitanas".

El volumen casi era un anticipo de una de sus obras más recientes, The Autonomous City (Ed. Verso, 2017), primera tentativa de contar una historia de la 'okupación' en Europa, una práctica ahora generalmente criminalizada pero que no siempre ha tenido mala fama. Al menos no la tenía en Reino Unido tras la Segunda Guerra Mundial. El popular diario británico Daily Mail se convirtió en uno de los "grandes defensores de los 'okupas' de la segunda mitad de los años 40", apunta Vasudevan.

Terminada la segunda gran conflagración planetaria, en Reino Unido se quedaron sin casa decenas de miles de personas, entre ellos, soldados que regresaban del frente tras derrotar al III Reich. En Octubre de 1946 se contaban casi 40.000 ingleses 'okupando' casas. El Daily Mail defendió aquella situación como una expresión de "patriotismo inglés", según Vasudevan. "Es un episodio menor en la historia del movimiento, pero en aquel contexto tan particular se celebraba la 'okupación', casi se le daba una dimensión heroica y hasta romántica", añade.

Su libro, aunque breve –304 páginas y medio centenar de notas aclaratorias y citas bibliográficas– cuenta una historia que hasta ahora permanecía oculta. Es la de todos esos proyectos relacionados con la ocupación en los últimos setenta años en Europa y Norteamérica. Los 'okupas' en ese tiempo de Ámsterdam, Londres, Nueva York, Copenhague, Fráncfort, Hamburgo, Berlín, Milán, Roma, Turín, Vancouver o Barcelona, entre otras ciudades occidentales, son los protagonistas del libro de este profesor de Oxford nacido en 1976 en Fredicton (Canadá).


1.000 millones de 'okupas' en todo el mundo

 

Son ellos los que consideran que "la 'okupación' es un derecho, el derecho a una vivienda. Algo que, de hecho, está recogido en la Constitución de numerosas naciones, pues la ONU considera que una vivienda habitable y costeable es "algo a lo que todo el mundo debería tener acceso", según Vasudevan. Éste se hace eco de las cuentas de Naciones Unidas, que dice que actualmente hay en el mundo casi 1.000 millones de personas ocupando ilegalmente una propiedad para vivir.

En Europa y Norteamérica, "la evolución de los mercados inmobiliarios está llevando a la vivienda a ser algo difícilmente costeable". Éste es uno de los factores que une a la 'internacional okupa'. "La inseguridad a la hora de poder alojarse, la financiarización de los mercados inmobiliarios, la falta de alojamiento accesible, ya en los años 60 y 70, llevó a mucha gente a satisfacer por su propia cuenta sus necesidades de vivienda", expone Vasudevan.

"La sensación de precariedad e inseguridad, ya sea en Estados Unidos, Dinamarca, Alemania o España lleva a buscar alternativas en materia de alojamiento y la 'okupación' es una de ellas", agrega el profesor de la Universidad de Oxford.


Nuevos capítulos y modelos de 'okupación'

 

El porqué de ocupar ilegalmente un apartamento o una propiedad, dice Vasudevan, está íntimamente vinculado a otras movilizaciones en torno a las cuestiones de vivienda. La Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) es un claro ejemplo de los que este académico utiliza en su libro. "La PAH ha facilitado un contexto en el que la gente siente que pueden buscar alternativas y permite pensar en posibilidades nuevas", sostiene Vasudevan. "Tanto es así que la alcaldesa de Barcelona surge de este movimiento y la alcaldesa de Madrid también ha surgido de una movilización que se ha ocupado de este tipo de luchas ciudadanas", abunda Vasudevan.

Sin embargo, Vasudevan ve en los movimientos de los que han emergido Carmena y Colau como los responsables de un probable nuevo capítulo del movimiento 'okupa'. "Aquí lo nuevo está en la cantidad de gente implicada en el movimiento. Porque ha logrado movilizar a gente que antes no estaba para nada implicada en activismo de ningún tipo. Seguro que hay mayor implicación porque la casa de uno tiene un gran valor emocional, y también porque en España ha habido decenas de miles de desahucios", según este historiador del movimiento 'okupa'.
La ultraderecha también 'okupa'

Pero la izquierda del espectro político no tiene el monopolio de las estrategias de 'okupación'. Conocido de sobra en España es caso del ultraderechista Hogar Social Madrid. "Los grupos de estas características en España están siendo nuevos modelos", dice Vasudevan. "Hay una voluntad en la extrema derecha de adoptar estas estrategias tradicionales de la izquierda", añade el profesor de Oxford.

Sin ser ajeno a cuanto ocupa al Hogar Social Madrid, a la Casa Pound de Roma –fundada en 2003 y que cuenta con no menos de 5.000 miembros– o a las experiencias de 'okupación' a cargo de neonazis en el distrito de Lichtenberg, en el este berlinés, durante los años 90, Vasudevan no le dedica esfuerzos a estos grupos.

"No quería darles una plataforma a la extrema derecha en el libro", reconoce. Sobre esos 'okupas' no versa su volumen, dedicado a "todos los 'okupas' que luchan en favor de una ciudad más justa y sostenible".

Publicado enSociedad
Colombia: El proyecto de ley sobre tierras es lesivo para comunidades rurales vulnerables

A indígenas, afros y campesinos les preocupa esta iniciativa, que radicó el gobierno saliente, porque consideran que cambia las reglas de juego en el acceso a la propiedad rural. Líderes sociales, académicos y congresistas advierten que la propuesta es regresiva y plantean duras críticas.

El pasado 20 de julio, el saliente ministro de Agricultura, Juan Guillermo Zuluaga, radicó el Proyecto de Ley 003 de 2018, mediante el cual se pretende modificar la Ley 160 de 1994, de reforma agraria, “y se dictan otras disposiciones”. El hecho quedó opacado por la ceremonia de instalación del nuevo Congreso de la República y, además, por la polémica nacional que generó el senador Antanas Mockus al bajarse los pantalones para pedir silencio al plenario.


Pero quienes saben de tierras y están preocupados por el futuro de la propiedad rural en el país, entre ellos las organizaciones campesinas y étnicas, así como congresistas en la oposición y académicos, iniciaron el estudio de los 47 artículos que contiene el proyecto de ley y que pretende transformar las normas existentes, pilares fundamentales del punto uno del Acuerdo de Paz pactado con la extinta guerrilla de las Farc.
Durante dos días, líderes campesinos, indígenas y afrodescendientes, investigadores sobre tierras, territorios y medio ambiente, y congresistas se reunieron en Bogotá para analizar los impactos del proyecto de ley y expresar sus preocupaciones. En el encuentro, organizado por la Estrategia Colaborativa por la Garantía del Derecho a la Tierra y al Territorio (ENI Colombia), las comunidades concluyeron que la propuesta es regresiva y lesiva para la población rural más vulnerable, además de contradecir el Acuerdo de Paz pactado en La Habana tras cuatro años de negociaciones.


Eduardo León, vocero de la Cumbre Agraria, explica que el gobierno nacional incumplió su promesa de consultar con las comunidades cualquier reforma a la Ley 160 de 1994, siendo el nuevo proyecto “funcional a un modelo agroindustrial y extractivista, que deja por fuera a los campesinos, afros e indígenas y que no redistribuye la tierra y contraría los Acuerdos de La Habana”. A su juicio, “este proyecto está condenando al país a la profundización del conflicto, que no sólo se expresa militarme sino socialmente.


Por su parte José Martínez, presidente de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (Anuc), regional Meta, indica que “resultamos con normas que van disminuyendo los instrumentos que deberían usarse para hacer la reforma rural”.


De acuerdo con su análisis, “el proyecto de ley ni es de reforma ni Ley de Tierras, sino que tiene una orientación a la formalización de la propiedad. Seguramente algunos pequeños productores se beneficiarán, pero también hay una tendencia a entregar una buena parte de los baldíos nacionales a grandes empresarios”.


En ese sentido, Javier Medina, investigador del Centro de Investigación y Educación Popular (Cinep), explica que la iniciativa reproduce algunos problemas tradicionales de lo rural en Colombia y a su juicio es cuestionable que el gobierno nacional plantee una nueva reforma sin haber logrado avances significativos en temas como el fondo de tierras, así como en la implementación del catastro multipropósito y la jurisdicción agraria.


Paula Álvarez, investigadora independiente en temas ambientales y rurales, sostiene que el proyecto es contraproducente y regresivo para las comunidades agrarias y étnicas del país, bajo la lupa de tres elementos: el primero, es que complementa la visión que el gobierno nacional ya venía desarrollando con figuras como las Zonas de Interés de Desarrollo Rural Económico y Social (Zidres), que concede grandes extensiones de tierra para proyectos agroindustriales, planteando que el desarrollo rural está conformado por una serie de actividades que incluyen a la minería y la agroindustria.


“Ambas son catalogadas de utilidad pública e interés social, lo que les da una jerarquía superior y esto advierte que grandes extensiones de tierra serán entregadas a proyectos extractivos y de agroindustria”, advierte Álvarez.


El segundo elemento, según esta experta, es la consolidación no solo de las Zidres sino de una nueva figura, la de derecho a uso: “Estamos hablando de 30 millones de hectáreas que serían incorporadas a esta dinámica de actividades públicas e interés social”.


Y un tercer elemento es la posible extranjerización de la propiedad rural: “Es entregarle grandes extensiones de tierras a estos capitales para el desarrollo de emprendimientos, en detrimento de las solicitudes que han hecho comunidades campesinas y étnicas para que les adjudiquen tierras o que les permita constituir o ampliar resguardos o consejos comunitarios”.


Ante ese escenario, Álvarez plantea un panorama complejo si se aprueba el proyecto de ley: “Se va a profundizar más la lucha y la disputa por la tierra en el país”.


A los tuétanos del conflicto


La tierra y el territorio son el trasfondo del conflicto armado. En la negoción con la extinta guerrilla de las Farc, hoy convertida en movimiento político sin armas, el gobierno nacional reconoció que la concentración de la propiedad rural y las disputas por los intereses que emergen a su alrededor agudizaron el conflicto. Por eso, el primer punto del Acuerdo de Paz pactado en La Habana propone una Reforma Rural Integral (RRI), planteada como pilar de la prometida “paz estable y duradera”.


Firmado el Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto el 24 de noviembre de 2016 en Bogotá, comenzó la fase de implementación. En el papel estaba el “qué” hacer, pero debía definirse “cómo” lograrlo a través de herramientas jurídicas. Para ello se creó el llamado Fast Track, trámite legislativo extraordinario, una vía más rápida para aprobar las normas y leyes requeridas para poner en marcha los puntos pactados.
En marzo de 2017, la Agencia Nacional de Tierras (ANT) comenzó una correría por diversas regiones del país para socializar un proyecto de Ley de Tierras, que fue duramente cuestionado por ir en contravía del Acuerdo de Paz.


Aunque ese proyecto no fue aprobado, el gobierno nacional firmó el Decreto Ley 902 de mayo de 2017, que cambia los derechos de uso de la propiedad rural, ampliándolos a la industria, la infraestructura, el sector minero-energético, los servicios y turismo, así como a la agroindustria, una salida jurídica del presidente Juan Manuel Santos para avanzar en sus pretensiones de cambiar las reglas de juego en el tema rural.


En ese sentido, tanto Adriana López como Andrea Lopera, abogadas de las unidades técnicas legislativas (UTL) de los congresistas Iván Cepeda y Feliciano Valencia, analizaron el Proyecto de Ley 003 de 2018 y aseguraron que es un complemento de las normas agrarias que ya venía aprobando el gobierno saliente.


A juicio de las juristas, el nuevo proyecto modifica profundamente el régimen de baldíos, las tierras de Nación que según la Ley 160 de 1994 deberían ser destinadas para comunidades que carecen o tienen tierra insuficiente. Y concluyen que esos baldíos podrán ser entregados en propiedad o en derechos de uso sin límites a empresarios mineros, petroleros, de hidroeléctricas, entre otros, dedicados a las actividades de utilidad pública e interés social.


Y, además, dicen ellas, que el proyecto incluye tantas excepciones a la Unidad Agrícola Familiar (UAF), la extensión mínima vital que requiere una familia para subsistir en el campo, “que en realidad acaban con ella”.
López y Lopera coinciden en que el nuevo proyecto crea otra figura, las Zonas Estratégicas de Interés Agropecuario (Zeia), que son prácticamente las mismas Zidres, “pero sin ninguna restricción”. La iniciativa, además, propone varias fórmulas para sanear y hacer “borrón y cuenta nueva con diversos casos de indebida acumulación de baldíos”, que son las tierras que en teoría deberían disponerse para hacer la Reforma Rural Integral.


Las abogadas advierten que el proyecto afecta la disponibilidad de tierras para la paz y la reforma agraria, y, por el contrario, no dice nada sobre la compatibilidad de lo ambiental y lo agrario; los mecanismos de resolución de conflictos en territorio e interculturales; la agilidad en la respuesta de la ANT frente a procedimientos agrarios; el avance en la estructuración de la jurisdicción agraria y la protección de la economía campesina. La iniciativa, dicen ellas, “reemplaza una política social con una económica sin impactar la concentración de la tierra en Colombia”.


En ese sentido, el Proyecto de Ley que cursa en el Congreso establece nuevas formas de acceso a tierras rurales para favorecer la inversión de grandes capitales bajo el lema de “brindar seguridad jurídica”, especialmente para fortalecer la agroindustria como una actividad de utilidad pública e interés social, y consolidar el modelo extractivista de minerales e hidrocarburos.


Pero, tal como lo han advertido expertos en estas materias, el gobierno nacional ya venía aprobando normas de este tipo, como lo hizo con el Plan Nacional de Desarrollo 2010-2014 que creó las Reservas Mineras Estratégicas, más conocidas como Áreas Estratégicas Mineras (AEM); el documento de política económica Conpes 3762, que propone los Proyectos de Interés Nacional y Estratégico (Pines); la Ley 1776 de enero de 2016 que crea las Zidres; el Decreto Ley 902 de mayo de 2017 y el Conpes 3917 de febrero de 2018, que establece un área de referencia como insumo para la identificación de las Zidres.


Algunos artículos polémicos


Más de la mitad del articulado del proyecto de ley es cuestionado. Según los análisis hasta ahora realizados, los artículos 1 y 2 crean nuevas figuras de aprovechamiento de acuerdo con el uso productivo y eficiente de los suelos rurales. Se refieren a las Zeia, que además de destinar el área rural para la producción agrícola, pecuaria, acuícola, pesquera y forestal, la amplía a la agroindustria. “El desarrollo integral de las actividades del campo en dichas Zonas será oponible y de carácter preferente respecto de cualquier otra actividad económica y gozará de especial protección”, señala el artículo 2.


Otro es el artículo 10, que establece “otras formas de adjudicación y uso”, favoreciendo la adjudicación plena del dominio de predios rurales a personas naturales o jurídicas que adelanten actividades de utilidad pública e interés social como la minería, hidrocarburos, hidroeléctricas, producción de energía o gas, y agroindustria.


También el artículo 12 sobre “regularización por confianza legítima”, indicando que la ANT puede adjudicar predios baldíos, hasta por una UAF y por una sola vez, a cualquier persona que los haya ocupado con anterioridad a la expedición de la Ley 160 de 1994 de forma pacífica y de buena fe. Las abogadas señalan que esta es solo una forma para sanear acumulaciones indebidas o despojos.


La propuesta plantea en el artículo 13 el “reconocimiento a la función social de la propiedad”, con el que se podrá adjudicar u otorgar derechos de uso y posterior titularidad plena a quienes hayan ocupado predios diez años antes de la expedición de la ley, demostrando la buena fe simple. Las abogadas consultadas cuestionan que, por el contrario, en el artículo 15 a los campesinos que deseen acceder a títulos gratuitos, o parcialmente gratuitos, les imponen más restricciones.


Lo anterior porque si son ocupantes de baldíos clarificados o están en procesos de recuperación, el proyecto indica que pueden acogerse a los artículos 12 y 13, lo que significa más requisitos para campesinos sin tierra o con tierra insuficiente para acceder a la misma a través del Registro de Sujetos de Ordenamiento (Reso), entre ellos “las retribuciones que tendrán que pagar por su adjudicación”.


Otro grupo de artículos criticados son los 15, 16 y 25, que cambian la definición de baldíos, plantean la inadjudicabilidad para aquellos baldíos que tengan un uso o desarrollo de interés general o utilidad pública; y se refiere a las áreas inadjudicables por aprovechamiento de recursos naturales no renovables, de forma respectiva. “Esto es menos disponibilidad de tierras para pobladores rurales, pues algunos baldíos se reservarán para mineros y petroleros”, afirman las analistas de las UTL de Cepeda y Valencia.


A Margarita Varón, gerente de Colombia Rural, le preocupa el aparte final del proyecto de ley, consignado en el artículo 46, que le pone un término definitivo a la restitución de tierras a víctimas del conflicto armado: “Esto abre la puerta para nuevos conflictos porque se acaban las vías institucionales para los reclamantes de restitución”.


A su vez, Germán Cardoza, especialista en temas agrarios, advirtió que el nuevo proyecto elimina el artículo 79 de la Ley 160 de 1994, “que es el que define el ordenamiento social, ambiental y territorial en zonas de baldíos, además de ser el soporte de las Zonas de Reserva Campesina (ZRC) y de muchos procesos agrarios, especialmente la recuperación de baldíos. La propuesta plantea conceptos de competitividad y productividad para la reconversión del uso del suelo, pero se le imponen restricciones a los campesinos y no a los grandes”.


Para las comunidades campesinas y étnicas su oposición al proyecto de Ley es clara. Y en ese sentido se expresó Luz Marina Arteaga, integrante de la Junta de Acción Comunal (JAL) de la vereda Matarratón, en El Porvenir, Meta, donde el gobierno nacional reconoció la acumulación de baldíos por parte de la familia del esmeraldero Víctor Carranza: “Todo lo que habíamos avanzado en procesos agrarios, retrocede. Llevamos más de 30 años trabajando la tierra y reclamando la titulación de los baldíos. Yo le diría al Presidente y al Ministro de Agricultura que ellos saben que existimos, que tenemos derechos y que hay tierra para todos”.

26/08/2018
Verdad Abierta. Revista electrónica colombiana que firma colectivamente los artículos que publica y que analiza con especial rigor las causas y la evolución del conflicto campesino en su país.

 

Publicado enColombia
Martes, 14 Agosto 2018 06:48

Google te localiza siempre, quieras o no

Google te localiza siempre, quieras o no

Una investigación avalada por expertos de la Universidad de Princeton detecta que Google ignora al usuario que configura la privacidad de su teléfono para que no rastree la geolocalización de su dispositivo.

 

La agencia de noticias AP muestra en exclusiva cómo muchos servicios de Google en móviles (tanto los que funcionan con Android como los iPhones) almacenan datos de la ubicación geográfica incluso si el portador lo configura para impedir que la compañía localice el dispositivo. Mientras Google se defiende y alega que sus herramientas de privacidad son claras y precisas, lo cierto es que muchos datos de localización del usuario son recogidos como "actividad en la web y en aplicaciones”, no como “historial de ubicaciones".

De esta forma, la investigación muestra que cómo Google, por un lado, informa al usuario que puede "desactivar" el historial de ubicaciones "en cualquier momento" ("los lugares a los que vas ya no están almacenados", asegura la compañía) pero, por otro algunas aplicaciones de Google almacenan automáticamente los datos de ubicación con una marca de tiempo incluso con la mencionada función desactivada. Es posible borrar esos datos, aunque requiere tiempo y esfuerzo.

Así, Google almacena dónde estás cuando simplemente abres la aplicación ‘Mapas’. También guarda algunas búsquedas que no tienen nada que ver con la ubicación con una geolocalización extraordinariamente precisa.


La investigación de AP, avalada por científicos informáticos de la Universidad de Princeton, indica que este problema de privacidad afecta a unos 2.000 millones de usuarios de dispositivos que funcionan con Android de Google, así como a cientos de millones de usuarios de iPhone en todo el mundo que usan los mapas y servicios de Google en el teléfono.


Google se defiende y afirma que existen varias formas en las que se puede "usar la ubicación para mejorar la experiencia de las personas", incluido el historial de ubicaciones, la actividad de las aplicaciones, y servicios de localización de dispositivo. "Proporcionamos descripciones claras de estas herramientas y controles robustos para que las personas puedan activarlas o desactivarlas, y eliminar sus historiales en cualquier momento".


El problema que denuncia esta investigación es que, para evitar que Google guarde estos datos de ubicación, es necesario desactivar otra función que no hace referencia directa a la geolocalización, llamada "actividad en la web y en aplicaciones", que además viene habilitada de manera predeterminada. Esa configuración almacena información de las aplicaciones y sitios web de Google en la cuenta de Google del usuario.


Con esa función activada, aunque se desactive el "historial de ubicaciones", Google no deja de recopilar marcadores de ubicación. Es posible eliminar estos marcadores de ubicación a mano, pero es un proceso tedioso para el usuario ya que debe seleccionarlos individualmente, a menos que desee eliminar toda su actividad almacenada.

Publicado enSociedad
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