El discurso completo de Greta Thunberg ante el Parlamento británico: "Volveremos a clase cuando escuchéis a la ciencia"

"Nuestro futuro se ha vendido para que un puñado de personas puedan ganar cantidades inimaginables de dinero. Nos han robado el futuro a la vez que nos decían que no había límite", señaló la activista


"La crisis climática es a la vez el conflicto más fácil y el más difícil al que nos hemos enfrentado. El más fácil porque sabemos lo que tenemos que hacer y el más difícil porque nuestra economía depende de la destrucción de los ecosistemas"

 

Me llamo Greta Thunberg, tengo 16 años, soy sueca y he venido a hablaros en nombre de las generaciones futuras.


Sé que muchos de vosotros no queréis escucharnos. Decís que sólo somos niños. Pero nosotros sólo repetimos el mensaje de la ciencia sobre el clima.


Muchos de vosotros parecéis estar preocupados por ver cómo perdemos un tiempo de clase muy valioso, pero os aseguro que volveremos al instituto en cuanto empecéis a escuchar a la ciencia y nos deis un futuro ¿Os parece mucho pedir?


En el año 2030 yo tendré 26 años. Mi hermana pequeña, Beata, tendrá 23. Igual que muchos de vuestros hijos o nietos. Nos han dicho que es una edad genial en la que tienes toda la vida por delante. Pero no estoy segura de que vaya a ser tan genial para nosotras.


He tenido la suerte de nacer en una época y en un lugar donde todos nos dicen que soñemos en grande, que podría convertirme en lo que quisiera, que podría vivir en cualquier sitio que quisiera. La gente como yo lo ha tenido todo y más. Cosas con las que nuestros abuelos ni siquiera se atrevían a soñar. Hemos tenido todo lo que podíamos desear y, sin embargo, ahora podríamos acabar sin nada. Probablemente ya ni siquiera tenemos futuro.


Porque nuestro futuro se ha vendido para que un puñado de personas puedan ganar cantidades inimaginables de dinero. Nos han robado el futuro a la vez que nos decían que no había límite y que sólo se vive una vez.


Nos habéis mentido. Nos habéis dado falsas esperanzas. Nos habéis dicho que el futuro era algo que anhelar. Y lo más triste es que la mayoría de los niños ni siquiera sabe el destino que nos espera. No lo comprenderemos hasta que sea demasiado tarde. Y, sin embargo, somos los más afortunados. Los que se verán más afectados ya están sufriendo las consecuencias. Pero sus voces no son escuchadas.


¿Está encendido el micrófono? ¿Podéis oírme?


Alrededor del año 2030, dentro de 10 años, 252 días y 10 horas, habremos desatado una reacción en cadena irreversible que escapará todo control humano y que seguramente pondrá fin a nuestra civilización tal como la conocemos. Eso es lo que sucederá a menos que en el tiempo que nos queda se tomen medidas sin precedentes en todos los aspectos de la sociedad, incluida una reducción de al menos el 50% en las emisiones de dióxido de carbono.


Y tened en cuenta que estos cálculos dependen de inventos que todavía no se han inventado a esa escala, inventos que se supone que limpiarán la atmósfera de cantidades astronómicas de dióxido de carbono.


Además, estos cálculos no incluyen puntos de inflexión imprevistos y bucles de retroalimentación como el poderoso gas metano que se está escapando rápidamente con el deshielo de la capa de hielo ártico.


Y estos cálculos científicos tampoco contemplan el calentamiento atrapado en la contaminación tóxica del aire. Ni el aspecto de equidad o justicia climática que se estableció claramente en el Acuerdo de París y que es absolutamente necesario para que los cambios funcionen a escala global.


También debemos tener en cuenta que estos son sólo cálculos. Estimaciones. Eso significa que los "puntos de no retorno" pueden ocurrir un poco antes o un poco después de 2030. Nadie puede saberlo con exactitud. Sin embargo, sí podemos estar seguros de que ocurrirán en esos períodos de tiempo, porque estos cálculos no son opiniones ni suposiciones hechas a lo loco.


Estas proyecciones están respaldadas por datos científicos, conclusiones a las que han llegado todos los países a través del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático o IPCC. Casi todos los más importantes paneles científicos nacionales en todo el mundo apoyan sin condiciones el trabajo y las conclusiones del IPCC.
¿Me habéis oído? ¿Entendéis mi inglés? ¿Está encendido el micrófono? Porque estoy empezando a dudar.


En los últimos seis meses he viajado por toda Europa. He pasado cientos de horas en trenes, coches eléctricos y autobuses para repetir una y otra vez estas palabras que pueden cambiarnos la vida. Pero nadie habla de eso y nada parece haber cambiado. De hecho, las emisiones siguen aumentando.


Cuando viajo para dar discursos en diferentes países, siempre me ofrecen ayuda para escribir sobre políticas climáticas específicas en países específicos. Pero eso no es necesario. Porque el problema esencial es el mismo en todos lados. Y el problema esencial es que no se está haciendo nada para poner freno, o siquiera reducir, el colapso climático y ecológico, a pesar de todas las palabras bonitas y las promesas.


Sin embargo, el Reino Unido es un caso especial. No sólo por la extraordinaria deuda histórica de carbono, sino también por su recuento actual –y por cierto muy creativo– de sus emisiones de carbono.


Desde 1990 el Reino Unido ha logrado una reducción del 37% de sus emisiones territoriales de dióxido de carbono, según el Proyecto Global del Carbono. Y eso suena sorprendente. Pero estas cifras no incluyen las emisiones de la aviación, los barcos y aquellas asociadas con importaciones y exportaciones. Si se incluyeran estas emisiones, la reducción desde 1990 sería de alrededor del 10%, o un promedio de 0,4% al año, según el Centro Tyndall Manchester.


Y la causa principal de esta reducción no son las políticas climáticas, sino una directiva de la Unión Europea de 2001 sobre la calidad del aire que básicamente obligó al Reino Unido a cerrar viejas plantas de carbón que eran extremadamente contaminantes y reemplazarlas por estaciones energéticas de gas que son menos sucias. Y por supuesto, al pasar de una fuente de energía desastrosa a una menos desastrosa, las emisiones se reducen.


Pero quizá la idea más equivocada sobre la crisis climática es que tenemos que "reducir" las emisiones. Porque eso está lejos de ser suficiente. Si queremos que el calentamiento baje a menos de 1,5 o 2 grados, tenemos que poner freno a las emisiones. Por supuesto que es necesario "reducir" las emisiones, pero eso es sólo el comienzo de un proceso rápido que debe llevar al fin de las emisiones en un par de décadas o menos. Y cuando digo "fin" quiero decir cero y luego pasar rápidamente a cifras negativas. Eso descarta automáticamente la mayoría de las políticas actuales.

El hecho de que estemos hablando de "reducir" en lugar de "poner fin" a las emisiones es quizá la mayor prueba de que las cosas siguen igual que siempre. Por ejemplo, actualmente el Reino Unido está apoyando activamente la nueva explotación de combustibles fósiles con la industria del fracking de gas shale, la expansión de sus campos de petróleo y gas en el Mar del Norte, la expansión de los aeropuertos y el plan de permitir una nueva mina de carbón. Es más que absurdo.


Sin duda, este comportamiento irresponsable será recordado en el futuro como uno de los grandes fracasos de la humanidad.


La gente siempre nos dice a mí y a los millones de jóvenes que nos manifestamos que deberíamos estar orgullosos de lo que hemos logrado. Pero lo único que tenemos que hacer es mirar la curva de emisiones. Y, lo siento, pero sigue siendo ascendente. Esa curva es lo único que deberíamos mirar.


Cada vez que tomamos una decisión, debemos preguntarnos: ¿Cómo afectará esta decisión a la curva? No deberíamos seguir midiendo nuestra riqueza y nuestro éxito según el gráfico que muestra el crecimiento económico, sino según la curva que muestra las emisiones de gases de efecto invernadero. Ya no deberíamos sólo preguntarnos: "¿Tenemos suficiente dinero para poder hacerlo?", sino también: "¿Podemos lograrlo cumpliendo ampliamente con los objetivos de las emisiones de carbono?" Ese debería el foco de nuestra nueva forma de autoevaluación.


Muchas personas dicen que no tenemos ninguna solución para la crisis climática. Y llevan razón. ¿Cómo íbamos a tener una solución? ¿Cómo se "soluciona" la mayor crisis a la que se ha enfrentado la humanidad? ¿Cómo se "soluciona" una guerra? ¿Cómo se "soluciona" llegar por primera vez a la luna? ¿Cómo se "soluciona" inventar cosas nuevas?


La crisis climática es a la vez el conflicto más fácil y el más difícil al que nos hemos enfrentado. El más fácil porque sabemos lo que tenemos que hacer. Tenemos que poner fin a las emisiones de gases de efecto invernadero. Y el más difícil porque nuestra economía actual depende casi totalmente de los combustibles fósiles y de la destrucción de los ecosistemas para poder generar un crecimiento económico perpetuo.


"¿Y exactamente cómo resolveremos esto?" nos preguntáis a nosotros, los jóvenes que nos manifestamos contra el cambio climático. Y nosotros respondemos: "Nadie lo sabe con certeza. Pero debemos dejar de quemar combustibles fósiles y recuperar la naturaleza y muchas otras cosas que aún no sabemos bien cómo hacer".


Entonces nos decís: "¡Esa no es una respuesta!". Y nosotros os decimos: "Tenemos que comenzar a tratar la crisis como una crisis y comenzar a actuar incluso si no sabemos cuál es la solución". "Sigue sin ser una respuesta", decís vosotros. Entonces comenzamos a hablar de economía circular y de volver a una naturaleza salvaje y de la necesidad de una transición justa. Y vosotros no entendéis de qué estamos hablando.


Nosotros decimos que esas soluciones que necesitamos no las conoce todo el mundo y que entonces debemos unirnos en respaldo de la ciencia y encontrar juntos esas soluciones por el camino. Pero vosotros no nos escucháis. Porque esas son respuestas para resolver una crisis que la mayoría de vosotros no comprende bien. O no queréis comprender.
Vosotros no escucháis lo que dice la ciencia porque solo os interesan soluciones que os permitan seguir como antes. Como ahora. Y esas respuestas ya no existen. Porque no habéis actuado a tiempo.


Evitar un colapso climático requerirá un pensamiento catedral. Debemos poner los cimientos aunque todavía no sepamos cómo construir el techo.


Y estoy segura de que en cuanto comencemos a actuar como si estuviéramos en una emergencia, podremos evitar el colapso climático y ecológico. Los humanos somos muy flexibles: todavía estamos a tiempo de solucionar esto. Pero la oportunidad de hacerlo no durará mucho tiempo. Debemos comenzar hoy mismo. Ya no quedan excusas.


Los jóvenes no estamos sacrificando nuestra educación ni nuestra infancia para que vosotros nos digáis lo que consideráis que es políticamente posible en la sociedad que habéis creado. No hemos salido a las calles para que os hagáis selfies con nosotros y nos digáis cuánto admiráis lo que estamos haciendo.


Los jóvenes estamos haciendo esto para que vosotros los adultos despertéis. Los jóvenes estamos haciendo esto para que pongáis vuestras diferencias a un lado y comencéis a actuar como lo haríais en una crisis. Los jóvenes estamos haciendo esto porque queremos recuperar nuestras esperanzas y nuestros sueños.
Espero que mi micrófono haya estado encendido. Espero que hayáis podido oírme.


Traducido por Lucía Balducci

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La emergencia del clima y la próxima generación

Decenas de miles de jóvenes salieron a la calle la semana pasada en muchas ciudades alredor del mundo para transmitir un mensaje claro a los dirigentes mundiales: actúen ya para salvar nuestro planeta y nuestro futuro de la emergencia del clima.

Esos estudiantes han comprendido algo que muchas personas mayores parecen no captar: nos estamos jugando la vida en una carrera contrarreloj y vamos perdiendo. La oportunidad se está desvaneciendo; el tiempo es un lujo que ya no podemos permitirnos y retrasar la acción respecto al cambio climático es casi tan peligroso como negar que existe.
Mi generación no ha sabido reaccionar ante el enorme desafío del cambio climático y la gente joven lo siente profundamente; no les faltan motivos para enojarse.


A pesar de llevar años hablando del problema, las emisiones mundiales están alcanzando niveles récord y no muestran signos de haber tocado techo. Hoy tenemos la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera más alta en tres millones de años. Los pasados cuatro años fueron los cuatro años más calurosos desde que se llevan registros, y las temperaturas invernales en el Ártico han aumentado en 3ºC desde 1990. El nivel del mar está subiendo, los arrecifes de coral mueren y empezamos a ver repercusiones del cambio climático que pueden poner en peligro la salud mediante la contaminación atmosférica, las olas de calor y los riesgos para la seguridad alimentaria.


Por fortuna tenemos el Acuerdo de París, un contexto normativo visionario, viable y con visión de futuro donde se expone qué hacer exactamente para frenar las perturbaciones del clima e invertir sus efectos. Pero el acuerdo en sí es papel mojado si no va acompañado de medidas ambiciosas.


Por eso este año voy a reunir a los líderes mundiales en la Cumbre sobre la Acción Climática. Hago un llamado a todos los dirigentes para que vengan a Nueva York en septiembre con planes concretos y realistas a fin de mejorar sus contribuciones determinadas a escala nacional para 2020, en consonancia con el objetivo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en 45 por ciento en el próximo decenio y de que sean nulas para 2050.


La cumbre congregará a los gobiernos, el sector privado, la sociedad civil, las administraciones locales y otras organizaciones internacionales para preparar soluciones ambiciosas en seis áreas: las energías renovables, la reducción de las emisiones, la infraestructura sostenible, la agricultura sostenible y la gestión sostenible de bosques y océanos, la resistencia a los efectos del cambio climático y la inversión en la economía verde.


El análisis más reciente muestra que, si actuamos ahora, podemos reducir las emisiones de carbono en 12 años y limitar el calentamiento global a 1.5°C. Pero si no cambiamos de rumbo, las consecuencias son imprevisibles.


Aunque la acción climática es indispensable para combatir una amenaza existencial, también tiene un costo. Los planes de acción no deben dejar un saldo de ganadores y perdedores o acentuar la desigualdad económica, deben ser justos y crear nuevas oportunidades para quienes salgan perjudicados, en el contexto de una transición justa.


Tenemos de nuestra parte a las empresas. Las soluciones aceleradas al cambio climático pueden reforzar nuestras economías y crear empleo, y a la vez conseguir un aire más limpio, preservar los hábitats naturales y la diversidad biológica, y proteger el medioambiente.


Con las nuevas tecnologías y soluciones de ingeniería ya se está produciendo energía a un costo más bajo que en la economía de los combustibles fósiles. La energía solar y la eólica terrestre son ahora las fuentes más baratas de nueva energía mayorista en prácticamente todas las grandes economías. Pero tenemos que poner en marcha un cambio radical.
Para ello hay que dejar de conceder subsidios a los combustibles fósiles y la agricultura de emisiones elevadas y optar por energías renovables, vehículos eléctricos y prácticas que respeten el clima. Hay que fijar unos precios del carbono que reflejen el costo real de las emisiones, desde el riesgo climático hasta los peligros que entraña para la salud la contaminación atmosférica. También hay que acelerar el ritmo de cierre de las centrales de carbón y sustituir esos empleos por alternativas más saludables para que la transformación sea justa, inclusiva y rentable.


Esta propuesta está cobrando impulso: la gente está atenta y hay una nueva determinación de cumplir la promesa del Acuerdo de París. La Cumbre sobre el Clima debe ser el punto de partida para construir el futuro que necesitamos.


Para terminar, tengo un mensaje para los chicos y las chicas que se manifestaron ayer. Sé que la gente joven puede cambiar el mundo y que, de hecho, lo cambia.
Hoy, muchos jóvenes piensan en el futuro con ansiedad y temor, y yo comprendo vuestras inquietudes y vuestro enfado. Pero sé que la humanidad es capaz de conseguir grandes logros. Vuestras voces me dan esperanza.


Cuanto más percibo vuestro compromiso y activismo, más confianza tengo en que vamos a ganar. Juntos, con vuestra ayuda y gracias a vuestro esfuerzo, podemos y debemos superar esta amenaza y crear un mundo más limpio, seguro y ecológico para todos.

Por António Guterres, Secretario general de la Organización de las Naciones Unidas

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Carroza del carnaval que representa a la figura de la activista del clima Greta Thunberg, la semana pasada en de Duseldorf. Lukas Schulze

“Los jóvenes tienen razón”, afirman los profesionales ante la gran movilización global del próximo viernes

“Los jóvenes tienen razón”. “Ya no hay más excusas”. Esas son algunas de las conclusiones a las que han llegado científicos que este martes han presentado en Berlín una iniciativa con la que secundan la movilización de los jóvenes contra el cambio climático y que aseguran respaldan hasta 12.000 científicos firmantes.


Desde hace semanas, jóvenes de toda Europa se manifiestan los viernes para exigir a los políticos que actúen para proteger el futuro de las próximas generaciones. El movimiento, bautizado Fridays for Future e iniciado por la joven sueca Greta Thunberg, tiene previsto celebrar una gran huelga estudiantil global este próximo viernes contra el calentamiento global. Solo en Alemania, están previstas 180 protestas.


Será este viernes, cuando la lista de 12.000 científicos procedentes de Alemania, Austria y Suiza será entregada a los activistas de la huelga estudiantil. “La preocupación [de los jóvenes manifestantes] está justificada y respaldada por la ciencia disponible. Las medidas actuales para la protección del clima, la biodiversidad, los bosques, los mares y el suelo están muy lejos de ser suficientes”, indica el texto de los científicos. Y añade: “La gente joven exige correctamente que nuestra sociedad priorice la sostenibilidad y la acción climática sin más titubeos. Sin un cambio profundo, su futuro está en peligro”, sostienen los científicos de numerosas disciplinas.


Volker Quaschning, ingeniero y profesor de sistemas energéticos en la Escuela de Ciencias Aplicadas de Berlín dijo el martes que “nosotros somos los profesionales y decimos que esta generación de jóvenes tiene razón y tenemos que darles las gracias”, en alusión a las críticas del líder del partido liberal alemán FDP, que ha dicho recientemente que los estudiantes deberían dejar la lucha contra el cambio climático a los profesionales.


El presidente alemán, Frank Walter Steinmeier, ha apoyado sin embargo la lucha de las nuevas generaciones. “Me alegro de que os involucréis, porque muchos adultos no quieren darse cuenta de que se está haciendo demasiado tarde”, ha dicho recientemente. La canciller alemana, Angela Merkel, también ha apoyado al protesta estudiantil.


El divulgador científico Eckart von Hirschhausen criticó a los que en Alemania creen que las protestas deben tener lugar fuera del horario escolar, porque dijo que ninguna huelga se celebra en horas libres. “Los pilotos y los conductores de tren no hacen huelga en su tiempo libre”, indicó


Luisa Nuebauer, uno de los rostros más reconocibles de la protesta en Alemania pidió a los votantes que en las elecciones europeas de mayo se lo piensen dos veces antes de apoyar a un partido que no tengan un plan contra el cambio climático. Jakob Blasel, otro activista, explicó que uno de sus objetivos es llevar el cambio climático a la primera línea política con vistas a los comicios europeos. “Queremos que las elecciones europeas sean las elecciones del clima”, dijo Blasel, de Fridays for Future.

Por Ana Carbajosa
Berlín 12 MAR 2019 - 16:04 COT

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Los mitos de la ciencia y la ingenuidad de los científicos

En estos días que se habla con ardor acerca del papel de la ciencia, y de su hija mayor la tecnología, para el futuro del país, conviene recordar apreciaciones básicas sobre la verdadera función de esta institución llamada ciencia, uno de los mayores pilares de la modernidad que padecemos. Con apenas dos siglos de existencia y en plena sinergia con el capitalismo, los combustibles fósiles, la industria, el individualismo y el patriarcado, la ciencia es la culpable mayor de múltiples beneficios pero también de los principales riesgos, lacras, peligros y amenazas que hoy afectan a la humanidad.

Tres son los principales mitos que engalanan a la ciencia contemporánea y que sirven para ocultar su verdadera esencia. El primero atañe a su fetichización. Siempre se tiende a hablar de La Ciencia (con mayúsculas) elevada a una suerte de entidad suprema, en vez de reconocer las diferentes modalidades del quehacer científico cada una de las cuales persigue fines diferentes y hasta antagónicos. Este fetiche se ve acompañado, segundo mito, por la falsa idea de que toda actividad científica es automáticamente benéfica, moralmente buena e ideológica y políticamente neutra. En consecuencia el científico se identifica siempre como un ser virtuoso: santos del conocimiento verdadero, héroes de la objetividad, mártires por la humanidad, abnegados practicantes del experimento. Su mayor virtud, se afirma, es la de haber sometido a la pasión y eliminado a la subjetividad de sus análisis. El tercer mito lo ha descrito con precisión Jorge Reichmann: “El conocimiento científico es un gran bien. Pero ¿cómo pueden tantos investigadores caer en la ingenuidad cientificista de creer que simplemente incrementar el conocimiento conducirá a la mejora de la condición humana? El progreso científico no implica necesariamente progreso humano. Para que se diera progreso humano sería necesario que las comunidades de ese enrevesado simio averiado que se llama Homo sapiens estuviesen en disposición de usar el conocimiento creciente de forma adecuada”.

Estos tres mitos son cada vez menos creíbles por una razón: En los últimos 50 años, la "ciencia desarrollada" ha sido cooptada, influenciada, dirigida y/o financiada por el capital corporativo que hoy domina al mundo. Los datos de la Unesco indican que la inversión privada se incrementó notablemente en Corea del Sur, China, Alemania, Estados Unidos, Turquía y Polonia. En Estados Unidos hacia 1965 la ciencia académica financiada por el gobierno representaba 60 por ciento y la ciencia corporativa 40 por ciento. Para 2015 ya se había invertido a 30-70 por ciento (Unesco, 2015). La ciencia corporativa mantiene un mundo insustentable al generar gases, líquidos y sustancias tóxicas, fertilizantes químicos, pesticidas, plásticos, alimentos dañinos, medicamentos nocivos, organismos transgénicos, gases de efecto invernadero, y especialmente armas cada vez más sofisticadas y complejas. Sólo las 10 mayores corporaciones de la industria bélica tuvieron en conjunto ingresos anuales de 194 mil millones de dólares (2017), con unos 800 mil empleados, de los cuales 10-20 por ciento son científicos, técnicos e ingenieros. Es probable que la mayoría de los casi 8 millones de científicos que existen en el mundo trabajen ya para las corporaciones. De la misma manera que sucede con muchos gobiernos y empresas, partidos políticos, la Iglesia católica, o la realeza europea, hoy la actividad científica esta teñida de corrupción y desprestigio. Por ejemplo, revistas científicas de larga tradición que han cedido a las presiones de las corporaciones farmacéuticas y biotecnológicas, o el gremio de los Premios Nobel que ha escandalizado con los casos de investigadores racistas (como William Schockley, y el descubridor del ADN, James Watson) o con la carta que firmaron 110 premiados en favor de los alimentos transgénicos y contra Greenpeace (ver).

Es en este contexto que sorprenden por ingenuos los reclamos de "más presupuesto para la ciencia" o "libertad de investigación". En México, la política pública en la materia ha carecido de discusión seria y profunda, y ha seguido los vaivenes marcados por los grupos de poder incrustados en puestos clave del gobierno y de la academia. Grupos que imponen sus líneas de investigación y sus visiones anacrónicas y que, como sucede en la UNAM, buscan controlar áreas como la biotecnología, la ecología, la biomedicina, la química y las ingenierías. Hoy hace falta poner sobre la mesa de discusión los objetivos y la orientación de un Programa Nacional de Ciencia y Tecnología que se ocupe de la resolución de las mayores y más urgentes problemáticas de la nación, sin perder de vista el conflicto que se da entre una ciencia mercantilizada y una ciencia comprometida con el bienestar social y ambiental del país y del planeta. Hoy, la verdadera ciencia se mide por su poder para resolver problemas, no para crearlos. Y este desafío atañe por igual a todas las comunidades científicas del mundo.

 

Miércoles, 25 Diciembre 2019 06:06

¿Qué significa la universidad pública?

¿Qué significa la universidad pública?
 Publicamos una selección de los artículos más leídos durante el 2019. Fueron seleccionados de los periódicos desdeabajo ediciones 253-264 y Le Monde diplomatique, edición Colombia ediciones 185-196.

 

En tiempos de una profunda crisis global de la educación; del surgimiento de modelos de universidad como la universidad privada, la universidad mita, la universidad corporativa, por ejemplo; contradictoriamente, en el marco de la sociedad de la información y del conocimiento; en una época de una profunda crisis medioambiental, y de una crisis económica galopante y de gran alcance; también, en una época marcada por una transición civilizatoria, de la vieja civilización Occidental hacia una nueva civilización cuyo nombre aún no ha sido esculpido –en estos tiempos se impone la pregunta: ¿qué significa la universidad pública?

 

La pregunta tiene un foco bien preciso: América Latina en general, y Colombia en particular. Con sus complejidades, historia y futuros posibles.

 

a) La universidad pública implica, en primer lugar, la confianza por parte del Estado, y su compromiso abierto y denodado por la educación gratuita; esto es, por el acceso universal a la educación superior y, por consiguiente el reconocimiento expreso del derecho a la educación como un derecho humano, fundamental.

 

En este sentido, la universidad pública significa que el Estado no le cede la responsabilidad de la educación superior al sector privado –empresa, fundaciones, iglesias–, sino que asume la responsabilidad de formar sujetos libres, críticos y con mejores horizontes de vida como un asunto de gobierno y de Estado. En la historia de Colombia, la universidad pública ha sido estratificada administrativamente en tres niveles: la Universidad Nacional, universidades departamentales –como la del Valle, el Tolima o la UIS, por ejemplo–, y universidades municipales, como la Distrital, de Bogotá. Por consiguiente, la estratificación administrativa se ha traducido necesariamente en estratificación económica, pues una cosa es un presupuesto nacional, y otra distinta, en tiempos de descentralización administrativa, las universidades departamentales y municipales.

 

b) La universidad pública significa que el Estado y los gobiernos nacionales creen en el futuro, y más exactamente en el futuro a mediano y a largo plazo.

 

En efecto, en un país en el que las empresas pequeñas representan cerca del 94 por ciento de todo el sector empresarial, apostar por el futuro a mediano y largo plazo es un tema de la mayor importancia, pues ello significa exactamente apostar por la vida. Al fin y al cabo, la vida es un juego que se asume para el largo plazo, en contraste con la racionalidad efectista, cortoplacista, y productivista. No en vano el sector privado es el principal agente renuente a contratar en el país a doctores (Ph.D.) en las empresas. Mientras que en el marco de la dependencia del país de otros poderes (grandes corporaciones, E.U., etc.) se impone una visión de corto plazo, la educación en general, y la educación pública en general significan construir y sembrar al mismo tiempo para el largo alcance. Estos tiempos pertenecen a la lógica misma de la educación superior, la cual se articula en tres grandes niveles, así: la formación de pregrado, que oscila entre cuatro y cinco años, dependiendo de las carreras; la formación en Maestrías, habitualmente dos años, y la formación en estudios de Doctorado (Ph.D.), que oscilan entre cuatro y ocho años, en función de varios factores. Sin ambages, la educación pública se estructura en torno a tiempos que oscilan alrededor de doce años. Demográficamente, más de media generación. Lo cual se torna en un asunto bastante más serio cuanto la educación se mide, por ejemplo, en términos de currículo, en torno a por lo menos cuatro promociones. Así las cosas, se trata de un futuro con estimaciones de doce años que se multiplica por lo menos por cuatro. Esto es lo que significa la educación pública en términos de tiempo.

 

c) Ahora bien, en el contexto de la educación que se define en torno al desarrollo y la investigación (D + I) e incluso de la innovación (D + I + i), el aspecto verdaderamente determinante de la educación superior es la formación de investigadores, no simplemente de profesionales.

 

Hoy por hoy las universidades se miden principalmente por los grupos de investigación, por la calidad de los profesores, por la producción intelectual, en fin, por la existencia de Centros e Institutos de Investigación, mucho más que simplemente por los egresados de pregrado. Fundamentales, los egresados de pregrado tienen la exigencia, por parte de la sociedad, del mercado y de su propio desarrollo humano, de tener algo más que un pregrado. Así las cosas, la investigación se articula en dos niveles: investigación formativa y científica. Aquella se encuentra en función de ésta, en la cual encuentra su piedra de toque verdadera.

 

De esta suerte, los tiempos de la educación superior se hacen más densos, con todo y el reconocimiento explícito de que la investigación jamás se ha definido por campanas de Gauss (esto es grande promedios), sino, por el contrario, por el trabajo con diferenciales. En este sentido, la formación de investigadores en la universidad pública equivale exactamente a la formación de lo mejor de la sociedad y del país en términos de conocimiento, creatividad e innovación. El Estado y los gobiernos nacionales asumen la formación de investigadores de la máxima calidad y prestigio como un asunto de interés nacional y de compromiso país. Algo que no ha sucedido plenamente hasta la fecha.

 

d) La universidad es el espacio en el que se desarrolla lo mejor de la juventud de un país. Por consiguiente, deben ser espacios amables, de calidad en toda la expresión de la palabra, estéticos y con los mejores instrumentos posibles; esto es, laboratorios, profesores, bibliotecas, hemerotecas, videotecas, pinacotecas, por ejemplo.

 

Los campus de las universidades públicas deben ser lugares amables, hermosos y con la mejor calidad de vida, algo que, en el estado actual de cosas es más bien la excepción. Espacios existencialmente plenos, en los que, si lo importante es el conocimiento, por eso mismo, exactamente, debe serlo la belleza, la armonía y el arte. En la vida, la forma es el fondo mismo, y no existe, en absoluto, ninguna separación entre forma y fondo.

 

Los edificios, los jardines, las bibliotecas, los salones y los auditorios, por ejemplo, deben ser espacios que en muchas situaciones sean mejores que las de los propios hogares de quienes estudian y trabajan en ellas. Sin embargo, en total consonancia con lo anterior, la universidad púbica debe disponer de las mejores bases de datos, repositorios, bibliotecas, sistemas de computación y demás, que hagan que el conocimiento y la vida se puedan desenvolver de manera armónica y lo mejor posible.

 

En esta realidad-proyección la juventud no es simple y llanamente una condición biológica, es ante todo una condición existencial, cultural y espiritual de suerte que la educación es afirmación de juventud y de vida, en toda la acepción de la palabra. Un investigador se forma en las primeras tres décadas de existencia, en promedio, pero se despliega en las siguientes cinco o seis. La vitalidad del conocimiento es una sola y misma cosa con la vitalidad de una forma de vida. La universidad pública es el espacio y el tiempo de esta vitalidad, para sí misma, para la sociedad y el país.

 

e) En el contexto de una sociedad laica y secular, la universidad pública implica la total libertad de pensamiento, libertad de opinión y de palabra, y de organización, y el no-confesionalismo, de ningún tipo. La universidad pública es el espacio mismo de la construcción de democracia, y más radicalmente, de que otra democracia es posible.

 

En las universidades privadas predomina la confesión, el acatamiento, la lealtad. En una palabra, la ausencia de una democracia radical (Habermas) y de libertad. Todo lo contrario sucede y debe suceder en la universidad pública.

 

La universidad pública ha sido objeto de escarnio, silenciamiento y persecución debido a que en su interior se respira crítica. Esta crítica debe permanecer y debe ser garantizada de todas las formas. En este sentido, la universidad pública es secular y laica. El respeto a todas las creencias debe ser compatible con la ausencia de preferencias por cualquiera de ellas. El secularismo es una verdadera ganancia de la modernidad, pero necesita ser ampliado y fortalecido constantemente. Los medios de comunicación de la universidad pública desempeñan un papel fundamental al respecto: boletines, circulares, cátedras, emisoras, y demás.

 

La universidad pública no se debe a ningún agente del sector privado ni tampoco del sector público, se debe al país y a la sociedad, en primer lugar. Por esta razón, la buena educación es una sola y misma cosa con la existencia de garantías de discusión y de debate, esto es, de argumentos, antes que de posiciones institucionales o personales.

 

La educación en general, y a fortiori la educación pública, se nutre de argumentos, pruebas, demostraciones, refutaciones, y jamás de autoridad, en ningún sentido de la palabra. De esta suerte, secularismo, democracia y libertad de pensamiento forman un trípode que define a una universidad libre y autónoma.

 

f) La universidad pública significa, autonomía. Por consiguiente, la fuerza pública debe mantenerse alejada de sus campus y bajo ninguna circunstancia pueden entrar en ellos. Este aspecto no es distinto, en absoluto, a la libertad de enseñanza, la libertad de pensamiento, la libertad de investigación.

 

En muchas universidades privadas la investigación tiende a ser disciplinada. Esto no puede suceder en la pública. La disciplinarización de la investigación oculta afanes de imposición de jerarquías. En contraste, la universidad pública es el espacio de la plena autonomía. Para América Latina, por lo menos en su espíritu, la universidad mexicana, pública y autónoma, constituyen un buen ejemplo de lo que es una universidad, y de sus relaciones con los poderes políticos del momento.

 

En pocas palabras, los administrativos no están para decirle a los académicos lo que deben y no deben hacer. Esto es lo que sucede, ampliamente en las universidades privadas. En contraste, la universidad pública reconoce que los cargos administrativos son provisorios y que se encuentran en función de la vida académica. Los administrativos, desde rectores hacia abajo, son académicos que en algún momento cumplen una función distinta a la academia y la investigación. Por un tiempo fijo y limitado. La existencia de cargos administrativos de suyo es perjudicial a todas luces para la vida universitaria. Las universidades privadas constituyen manifiestamente un mal ejemplo para el país.

 

La universidad pública es el aprendizaje, por parte de sus integrantes, estudiantes, profesores y administrativos, de verdaderos ejercicios de democracia, de libertad y de autonomía. En este sentido, es deseable que la democracia del país se alimente de la democracia de la universidad pública y no de la universidad privada. Según parece, la historia de la corrupción y la violencia encuentra en la universidad privada remansos de alimento.

 

En fin, en un país democrático en el que el conocimiento, la naturaleza y la vida sean el fundamento de la vida social, la relación entre universidades privadas y públicas debería ser tal que la pública tenga más y mejores garantías y apoyos por parte del Estado y de los gobiernos nacionales. Un Estado social de derecho sabe de la importancia de la universidad pública. En contraste, simplemente un Estado de derecho la relega a un lugar secundario y subsidiario.

Publicado enColombia
¿Qué significa la universidad pública?

En tiempos de una profunda crisis global de la educación; del surgimiento de modelos de universidad como la universidad privada, la universidad mita, la universidad corporativa, por ejemplo; contradictoriamente, en el marco de la sociedad de la información y del conocimiento; en una época de una profunda crisis medioambiental, y de una crisis económica galopante y de gran alcance; también, en una época marcada por una transición civilizatoria, de la vieja civilización Occidental hacia una nueva civilización cuyo nombre aún no ha sido esculpido –en estos tiempos se impone la pregunta: ¿qué significa la universidad pública?

 

La pregunta tiene un foco bien preciso: América Latina en general, y Colombia en particular. Con sus complejidades, historia y futuros posibles.

 

a) La universidad pública implica, en primer lugar, la confianza por parte del Estado, y su compromiso abierto y denodado por la educación gratuita; esto es, por el acceso universal a la educación superior y, por consiguiente el reconocimiento expreso del derecho a la educación como un derecho humano, fundamental.

 

En este sentido, la universidad pública significa que el Estado no le cede la responsabilidad de la educación superior al sector privado –empresa, fundaciones, iglesias–, sino que asume la responsabilidad de formar sujetos libres, críticos y con mejores horizontes de vida como un asunto de gobierno y de Estado. En la historia de Colombia, la universidad pública ha sido estratificada administrativamente en tres niveles: la Universidad Nacional, universidades departamentales –como la del Valle, el Tolima o la UIS, por ejemplo–, y universidades municipales, como la Distrital, de Bogotá. Por consiguiente, la estratificación administrativa se ha traducido necesariamente en estratificación económica, pues una cosa es un presupuesto nacional, y otra distinta, en tiempos de descentralización administrativa, las universidades departamentales y municipales.

 

b) La universidad pública significa que el Estado y los gobiernos nacionales creen en el futuro, y más exactamente en el futuro a mediano y a largo plazo.

 

En efecto, en un país en el que las empresas pequeñas representan cerca del 94 por ciento de todo el sector empresarial, apostar por el futuro a mediano y largo plazo es un tema de la mayor importancia, pues ello significa exactamente apostar por la vida. Al fin y al cabo, la vida es un juego que se asume para el largo plazo, en contraste con la racionalidad efectista, cortoplacista, y productivista. No en vano el sector privado es el principal agente renuente a contratar en el país a doctores (Ph.D.) en las empresas. Mientras que en el marco de la dependencia del país de otros poderes (grandes corporaciones, E.U., etc.) se impone una visión de corto plazo, la educación en general, y la educación pública en general significan construir y sembrar al mismo tiempo para el largo alcance. Estos tiempos pertenecen a la lógica misma de la educación superior, la cual se articula en tres grandes niveles, así: la formación de pregrado, que oscila entre cuatro y cinco años, dependiendo de las carreras; la formación en Maestrías, habitualmente dos años, y la formación en estudios de Doctorado (Ph.D.), que oscilan entre cuatro y ocho años, en función de varios factores. Sin ambages, la educación pública se estructura en torno a tiempos que oscilan alrededor de doce años. Demográficamente, más de media generación. Lo cual se torna en un asunto bastante más serio cuanto la educación se mide, por ejemplo, en términos de currículo, en torno a por lo menos cuatro promociones. Así las cosas, se trata de un futuro con estimaciones de doce años que se multiplica por lo menos por cuatro. Esto es lo que significa la educación pública en términos de tiempo.

 

c) Ahora bien, en el contexto de la educación que se define en torno al desarrollo y la investigación (D + I) e incluso de la innovación (D + I + i), el aspecto verdaderamente determinante de la educación superior es la formación de investigadores, no simplemente de profesionales.

 

Hoy por hoy las universidades se miden principalmente por los grupos de investigación, por la calidad de los profesores, por la producción intelectual, en fin, por la existencia de Centros e Institutos de Investigación, mucho más que simplemente por los egresados de pregrado. Fundamentales, los egresados de pregrado tienen la exigencia, por parte de la sociedad, del mercado y de su propio desarrollo humano, de tener algo más que un pregrado. Así las cosas, la investigación se articula en dos niveles: investigación formativa y científica. Aquella se encuentra en función de ésta, en la cual encuentra su piedra de toque verdadera.

 

De esta suerte, los tiempos de la educación superior se hacen más densos, con todo y el reconocimiento explícito de que la investigación jamás se ha definido por campanas de Gauss (esto es grande promedios), sino, por el contrario, por el trabajo con diferenciales. En este sentido, la formación de investigadores en la universidad pública equivale exactamente a la formación de lo mejor de la sociedad y del país en términos de conocimiento, creatividad e innovación. El Estado y los gobiernos nacionales asumen la formación de investigadores de la máxima calidad y prestigio como un asunto de interés nacional y de compromiso país. Algo que no ha sucedido plenamente hasta la fecha.

 

d) La universidad es el espacio en el que se desarrolla lo mejor de la juventud de un país. Por consiguiente, deben ser espacios amables, de calidad en toda la expresión de la palabra, estéticos y con los mejores instrumentos posibles; esto es, laboratorios, profesores, bibliotecas, hemerotecas, videotecas, pinacotecas, por ejemplo.

 

Los campus de las universidades públicas deben ser lugares amables, hermosos y con la mejor calidad de vida, algo que, en el estado actual de cosas es más bien la excepción. Espacios existencialmente plenos, en los que, si lo importante es el conocimiento, por eso mismo, exactamente, debe serlo la belleza, la armonía y el arte. En la vida, la forma es el fondo mismo, y no existe, en absoluto, ninguna separación entre forma y fondo.

 

Los edificios, los jardines, las bibliotecas, los salones y los auditorios, por ejemplo, deben ser espacios que en muchas situaciones sean mejores que las de los propios hogares de quienes estudian y trabajan en ellas. Sin embargo, en total consonancia con lo anterior, la universidad púbica debe disponer de las mejores bases de datos, repositorios, bibliotecas, sistemas de computación y demás, que hagan que el conocimiento y la vida se puedan desenvolver de manera armónica y lo mejor posible.

 

En esta realidad-proyección la juventud no es simple y llanamente una condición biológica, es ante todo una condición existencial, cultural y espiritual de suerte que la educación es afirmación de juventud y de vida, en toda la acepción de la palabra. Un investigador se forma en las primeras tres décadas de existencia, en promedio, pero se despliega en las siguientes cinco o seis. La vitalidad del conocimiento es una sola y misma cosa con la vitalidad de una forma de vida. La universidad pública es el espacio y el tiempo de esta vitalidad, para sí misma, para la sociedad y el país.

 

e) En el contexto de una sociedad laica y secular, la universidad pública implica la total libertad de pensamiento, libertad de opinión y de palabra, y de organización, y el no-confesionalismo, de ningún tipo. La universidad pública es el espacio mismo de la construcción de democracia, y más radicalmente, de que otra democracia es posible.

 

En las universidades privadas predomina la confesión, el acatamiento, la lealtad. En una palabra, la ausencia de una democracia radical (Habermas) y de libertad. Todo lo contrario sucede y debe suceder en la universidad pública.

 

La universidad pública ha sido objeto de escarnio, silenciamiento y persecución debido a que en su interior se respira crítica. Esta crítica debe permanecer y debe ser garantizada de todas las formas. En este sentido, la universidad pública es secular y laica. El respeto a todas las creencias debe ser compatible con la ausencia de preferencias por cualquiera de ellas. El secularismo es una verdadera ganancia de la modernidad, pero necesita ser ampliado y fortalecido constantemente. Los medios de comunicación de la universidad pública desempeñan un papel fundamental al respecto: boletines, circulares, cátedras, emisoras, y demás.

 

La universidad pública no se debe a ningún agente del sector privado ni tampoco del sector público, se debe al país y a la sociedad, en primer lugar. Por esta razón, la buena educación es una sola y misma cosa con la existencia de garantías de discusión y de debate, esto es, de argumentos, antes que de posiciones institucionales o personales.

 

La educación en general, y a fortiori la educación pública, se nutre de argumentos, pruebas, demostraciones, refutaciones, y jamás de autoridad, en ningún sentido de la palabra. De esta suerte, secularismo, democracia y libertad de pensamiento forman un trípode que define a una universidad libre y autónoma.

 

f) La universidad pública significa, autonomía. Por consiguiente, la fuerza pública debe mantenerse alejada de sus campus y bajo ninguna circunstancia pueden entrar en ellos. Este aspecto no es distinto, en absoluto, a la libertad de enseñanza, la libertad de pensamiento, la libertad de investigación.

 

En muchas universidades privadas la investigación tiende a ser disciplinada. Esto no puede suceder en la pública. La disciplinarización de la investigación oculta afanes de imposición de jerarquías. En contraste, la universidad pública es el espacio de la plena autonomía. Para América Latina, por lo menos en su espíritu, la universidad mexicana, pública y autónoma, constituyen un buen ejemplo de lo que es una universidad, y de sus relaciones con los poderes políticos del momento.

 

En pocas palabras, los administrativos no están para decirle a los académicos lo que deben y no deben hacer. Esto es lo que sucede, ampliamente en las universidades privadas. En contraste, la universidad pública reconoce que los cargos administrativos son provisorios y que se encuentran en función de la vida académica. Los administrativos, desde rectores hacia abajo, son académicos que en algún momento cumplen una función distinta a la academia y la investigación. Por un tiempo fijo y limitado. La existencia de cargos administrativos de suyo es perjudicial a todas luces para la vida universitaria. Las universidades privadas constituyen manifiestamente un mal ejemplo para el país.

 

La universidad pública es el aprendizaje, por parte de sus integrantes, estudiantes, profesores y administrativos, de verdaderos ejercicios de democracia, de libertad y de autonomía. En este sentido, es deseable que la democracia del país se alimente de la democracia de la universidad pública y no de la universidad privada. Según parece, la historia de la corrupción y la violencia encuentra en la universidad privada remansos de alimento.

 

En fin, en un país democrático en el que el conocimiento, la naturaleza y la vida sean el fundamento de la vida social, la relación entre universidades privadas y públicas debería ser tal que la pública tenga más y mejores garantías y apoyos por parte del Estado y de los gobiernos nacionales. Un Estado social de derecho sabe de la importancia de la universidad pública. En contraste, simplemente un Estado de derecho la relega a un lugar secundario y subsidiario.

Publicado enEdición Nº253
El Banco Mundial alerta de que crecen los riesgos para la economía global

La actividad repuntará en la región de América Latina aunque con menos fuerza de lo anticipado

 

Las perspectivas económicas mundiales oscurecen. Es la advertencia que hace el Banco Mundial, que proyecta que el crecimiento global se modere al 2,9% este año. Es una décima menos que en 2018 y de lo anticipado en junio. Pero el organismo enciende el farolillo rojo al señalar que los riesgos crecen por la tensión comercial y porque un gran número de países experimenta presiones financieras “sustanciales”. América Latina repuntará del 0,6% al 1,7% en 2019, aunque será seis décimas menos robusta de lo que se auguró.

El ritmo de crecimiento global sigue siendo robusto. Pero la balanza de riesgos empuja más a la baja, reitera el organismo, para afirmar que “las perspectivas se han vuelto inciertas”. “La ralentización de la demanda externa, el encarecimiento de los créditos y la persistencia de la incertidumbre política harán de lastre”, continúa la institución financiera en la actualización de sus proyecciones.


Además, explica, hay otros potenciales desenlaces que pueden afectar a la actividad económica. Cita una “depresión” de los flujos de capital por un brusco encarecimiento de los costes de financiación. A la espiral alimentada por el alza de tipos y la apreciación del dólar se le suma la tensión comercial, que puede debilitar el crecimiento y alterar la cadena de suministro.
El panorama es completamente distinto al de hace un año, cuando se aguraba una expasión estable. "A comienzos de 2018", recuerda Kristalina Georgieva, consejera delegada del Banco Mundial, "el motor de la economía global disparaba todos los cilindros". "Pero fue perdiendo fuerza a lo largo del año y el camino puede ser incluso más agitado", advirtie. La volatilidad del mercado, añade, "es una señal" en ese sentido que preocupa al organismo.


Y aunque se ve improbable a corto plazo, se alerta de que la combinación de una eventual recesión en Estados Unidos y una mayor desaceleración de la esperada en China podrá “detonar una caída marcada de la actividad global”. La expansión en los países avanzados se mantiene en el 2% para este año. Es dos décimas menos que en 2018. Menciona la desaceleración de la zona euro, que pasa de crecer un 1,9% a un 1,6% este año. Supone una rebaja de una décima.


La expansión se moderará también en EE UU casi medio punto, al 2,5% este año. De ahí volverá a debilitarse al 1,7% en 2020 conforme se pierda el efecto de los estímulos fiscales. En el caso de China, se espera se modere al 6,2% por el reequilibrio de la demanda. Si la negociación comercial no da frutos, el Banco Mundial advierte de que los efectos de la escalada arancelaria serán severos.


Vulnerabilidades


Pekín puede contrarrestar el impacto de la tensión comercial tirando de la política fiscal y monetaria. Pero se corre el peligro de que eso provoque un aplazamiento de los esfuerzos que se están haciendo para contener la expansión de la deuda y se crearán vulnerabilidades por otro lado. “Si el estrés financiero se materializa”, señala, “la ralentización económica será mayor de la esperada”.


Los economistas del Banco Mundial señalan que cualquier factor negativo puede jugar en contra. La experiencia pasada ilustra, además, que el efecto dominó suele ser más severo del que se suele anticipar y se propaga rápido, de una manera sincronizada. La resolución de las tensiones comerciales, sin embargo, podría elevar el sentimiento y reactivar las inversiones y los intercambios.


Para Latinoamérica, la proyección es que Brasil se expanda un 2,2% este año, remontando de un 1,2%. Es tres décimas menos de lo que se dijo hace seis meses. México se modera una décima respecto a 2018, al pronosticarse un crecimiento del 2% este año. Supone un recorte de medio punto por la incertidumbre política. Los dos repuntarán al 2,4% en 2020, como toda la región.


Argentina se contraerá este año un 1,7% por el efecto de la consolidación fiscal, la pérdida de empleo, la criss cambiaria y la caída de la demanda y las inversiones. Supone una moderación de la recesión cuando se compara con el 2,8% en 2018. Pese a la mejora, representa una drástica rebaja de 3,5 puntos respecto a la previsión de hace seis meses. En 2020 volverá a crecer, un 2,7%.


Derrumbe


Colombia es de los que tira. Crecerá un 3,3% este año. También Chile y Perú, con un 3,5% y un 3,8% respectivamente en 2019. Venezuela sufrirá una contracción del 8%. Es más baja que el 18% el pasado ejercicio, pero eso no significa que la situación mejore. “El derrumbe económico es cada vez más profundo”, advierten, al tiempo que no se ve fin a la espiral hiperinflacionista.


Aunque el patrón de crecimiento regional muestra que se refuerza, el Banco Mundial reitera que “la mejora será más débil de la anticipada”. Los riesgos a la baja “dominan”, añade, por la posibilidad de una restricción abrupta de las condiciones financieras, una escalada de la batalla arancelaria, la incertidumbre política, una respuesta adversa a las condiciones fiscales y los desastres naturales.


Estas corrientes contrarias, además, hacen difícil ser precisos en las proyecciones. En las actuales condiciones, la posibilidad de que la economía global crezca un punto por debajo a la media estimada es del 21%. Es de un 17% para la eventualidad de que lo haga un 1% más alto. Como señala el organismo, todo esto se refleja en la volatilidad que acusa Wall Street desde octubre.


ECONOMÍA SUMERGIDA


S. P.


El Banco Mundial advierte de que la ralentización económica y las dificultades financieras pueden poner en peligro todos los progresos logrados desde la última crisis financiera para reducir la probreza extrema y lograr un mayor reparto de la prosperidad. Por eso se pide un esfuerzo coordinado para mantener el ritmo de las reformas y destinar recursos al capital humano.


El organismo recomienda que para navegar la actual incertidumbre, se adopten medidas que eleven la productividad y al mismo tiempo se doten de colchones fiscales para poder tener margen de maniobra en caso de que la coyuntura empeore. “Hay que reforzar los planes de contingencia, facilitar el comercio y mejorar el acceso a la financiación”, insiste Georgieva.
El Banco Mundial recuerda que la economía sumergida representa un 70% del empleo y un 30% del producto interior bruto en los países emergentes y en desarrollo. Es una parte de la economía que se asocia con la baja productividad y que no genera ingresos fiscales. “Es sintomático de una oportunidad perdida”, afirma. Por eso se insiste en que se diseñen políticas fiscales y sociales que equilibren la situación.

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La Cumbre del Clima sella unos compromisos mínimos para salvar el Acuerdo de París

La comunidad internacional consiguió aprobar las reglas que garanticen que se puedan aplicar los Acuerdos de París.


Tras dos largas semanas de debate, la Cumbre del Clima (COP24) de Katowice, Polonia, ha sellado unos acuerdos mínimos que permitan aplicar el Acuerdo de París. El resultado del encuentro, nacido tras un día extra de reuniones, ha puesto encima de la mesa las necesidades imperantes de incrementar las ayudas y controles que garanticen una lucha efectiva contra el cambio climático.


El acuerdo final incluye una referencia al informe científico que apela a la importancia de acometer cambios "urgentes y sin precedentes" para limitar el aumento de la temperatura del planeta a 1,5 grados, tras una gran controversia que amenazó con frustrar la cumbre. Teresa Ribero, ministra española para la Transición Ecológica ha valorado la COP24 de Katowice de manera positiva y ha explicado que su resultado "hace operativo el Acuerdo de París".


Sin embargo, más allá del libro de reglas, apenas se han conseguido arrancar compromisos efectivos que garanticen que los países inscritos en el acuerdo comiencen a luchar contra la crisis climática. De hecho, el texto no ha logrado satisfacer las exigencias de los grupos ecologistas, que reclamaban un aumento de la ambición para garantizar que las acciones políticas se enmarcan dentro de las indicaciones científicas para combatir el cambio climático. Tanto es así, que las reacciones negativas no han tardado en salir a la palestra nada más concluir el COP24 de Katowice.


El eurodiputado de Equo en el grupo Verdes/ALE, Florent Marcellesi, ha mostrado su "decepción" por el resultado de estas negociaciones maratonianas. "Las decisiones y la acción climática de los gobiernos están cada vez más alejados de las demandas ciudadanas y los análisis científicos", ha explicado. El político de Equo asegura que, aunque se han conseguido algunos progresos, no se puede decir que el resultado tenga una "alta ambición alineada con el informe de los científicos internacionales" capaz de garantizar "un mejor clima y grandes oportunidades económicas con millones de empleos de calidad".


"La Unión Europea tiene su parte de responsabilidad por la debilidad del resultado. Con la salida de EEUU del Acuerdo de París y el bloqueo de países como Arabia Saudí y Brasil, la UE es la única que podría hacer avanzar las negociaciones frente al trumpismo climático. Lamentablemente, si bien España ha jugado un papel positivo en esta cumbre climática, la mayoría de los gobiernos europeos no han mostrado la suficiente ambición", ha opinado Marcellesi.


Desde Ecologistas en Acción, expresan su descontento con el resultado de la cumbre, que "debilita el Acuerdo de París" y convierte las obligaciones para frenar los efectos del cambio climático en "meras sugerencias". La organización señala las trabas que han puesto las grandes potencias petroleras como EEUU y Arabia Saudí durante las dos semanas de debate, cuestionando el informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) que indica que apenas queda tiempo —doce años— para frenar las emisiones de gases invernadero.


“La formulación final del texto simplemente anima a los países a tener en consideración los resultados del informe y elimina del texto anterior que hacía una referencia numérica en torno a las reducciones necesarias”, señala el responsable de Clima de Ecologistas en Acción, Javier Andaluz.


Por su parte, el portavoz de cambio climático del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), Manuel Pulgar, comenta que "lo que hemos voisto en Polonia revela una falta de comprensión fundamental por parte de algunos países de la crisis actual".


Para Greenpeace, el acuerdo de Katowice sabe a poco "ante la necesidad de una acción más ambiciosa y urgente, especialmente después de las evidencias claras que han llegado desde la comunidad científica". La organización ecologista cuestiona la "falta de liderazgo de la presidencia polaca (de la cumbre)", ya que la negociación tuvo que ser finalmente "salvada" por los negociadores de Naciones Unidas.


En contra de las valoraciones de los grupos ecologistas asistentes a la cumbre, el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, valora que el resultado “demuestra la resistencia del Acuerdo de París como hoja de ruta para la acción climática”.

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En la cumbre de la ONU sobre cambio climático, la juventud es la que indica el camino

KATOWICE, Polonia — Cerca de 15.000 personas se han dirigido a Katowice, en el corazón de la región carbonífera de Polonia, con motivo de la cumbre anual sobre cambio climático de la ONU. Este encuentro se llama “COP24” por ser la 24ª “Conferencia de las Partes” para las negociaciones sobre el cambio climático. Los esfuerzos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y limitar el calentamiento global han estado en marcha desde la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro de 1992. Entre las personas que se congregaron en Katowice se encuentran dos jóvenes mujeres, del norte y del sur del mundo, que han decidido dedicar sus vidas a revertir la destructiva adicción de la humanidad a los combustibles fósiles; con suerte, antes de que sea demasiado tarde.

“Dado que nuestros líderes se están comportando como niños, nos toca a nosotros asumir la responsabilidad que deberían haber asumido ellos hace mucho tiempo”. Con estas palabras se dirigió al Secretario General de la ONU, António Guterres, la semana pasada, Greta Thunberg, una activista sueca por la justicia climática de 15 años de edad.
Greta comenzó a estudiar el tema del cambio climático cuando tenía 9 años. En una entrevista para Democracy Now! durante la COP24 dijo “[Con el tiempo] caí en una depresión. Sentía que vivir no tenía sentido porque todo estaba tan mal”. La joven dejó de comer y de hablar. Su padre, actor, y su madre, una cantante de ópera de fama mundial, dejaron de trabajar para quedarse con ella y la cuidaron durante este difícil período hasta su recuperación. La activista reflexionó: “Pensé que podía hacer mucho con mi vida. ¿Cuál era el punto de sentirse así, cuando en realidad podía hacer algo bueno?”


Greta tiene síndrome de Asperger. A causa de esto, ella expresó: “Yo funciono de una forma un poco distinta a los demás. Veo las cosas en blanco y negro. Entonces, supongo que pude ver el mundo con una perspectiva diferente”.


En agosto de este año, Greta comenzó una “huelga estudiantil”. Se manifestaba frente al Parlamento sueco en lugar de ir a clases. Después de las elecciones que se llevaron a cabo en Suecia en septiembre reanudó sus clases, aunque sigue haciendo huelga los viernes.


Kevin Anderson, reconocido científico experto en clima, tuiteó: “Sobre el cambio climático, Greta Thunberg demuestra más claridad y liderazgo en un solo discurso que las contribuciones a lo largo de un cuarto de siglo de los llamados líderes mundiales. La ignorancia deliberada y la mentira han dejado pasar un aumento del 65% en las emisiones de dióxido de carbono desde 1990. Es hora de entregar la batuta”.


Cerca de la medianoche del miércoles, Greta Thunberg se dirigió a una sesión plenaria de la COP24: “Nuestra civilización está siendo sacrificada en favor de que una cantidad muy pequeña de personas siga haciendo enormes sumas de dinero. Nuestra biosfera está siendo sacrificada para que las personas ricas en países como el mío puedan vivir en la opulencia. Es el sufrimiento de muchos el que paga los lujos de unos pocos”.


Joanna Sustento es una filipina de 26 años de edad que, como sobreviviente del cambio climático, conoce demasiado bien ese sufrimiento. En un video de Greenpeace Filipinas, Joanna describe lo que sucedió el 8 de noviembre de 2013, cuando el tifón Haiyan azotó su ciudad natal, Tacloban: “Tenía una vida feliz, un buen trabajo, buenos amigos y una familia maravillosa. Pero en cuestión de minutos, todo eso cambió”.


En una entrevista para Democracy Now! en Katowice, Sustento relató: “El tifón Haiyan mató a más de 10.000 personas y dejó a más de 14 millones de personas sin hogar. Fui testigo de cómo mi madre, mi padre, mi hermano, mi cuñada y mi sobrino de 3 años fueron arrastrados por la marejada ciclónica. Quedamos mi hermano y yo para buscar los cuerpos de nuestra familia tras el paso de la tormenta. No logramos encontrar a nuestro padre ni a nuestro sobrino. Es difícil ser quien queda atrás. Tenemos que lidiar con todas las preguntas, el duelo, el dolor y el remordimiento”.


Joanna Sustento habló también sobre la iniciativa –primera en su tipo– que llevaron adelante en Filipinas para responsabilizar a las grandes corporaciones contaminantes, las llamadas “Gigantes del carbono”: “Shell, BP, Chevron, ExxonMobil, Suncor, Lukoil… hay 90 grandes corporaciones en todo el mundo, pero solo 47 de ellas están presentes en Filipinas. Esta petición fue presentada en 2015 por sobrevivientes del tifón, pescadores, agricultores y otras organizaciones ambientales ante la Comisión de Derechos Humanos de Filipinas para investigar a estas 47 empresas de petróleo, carbón y gas por su responsabilidad en las violaciones a los derechos humanos resultantes del cambio climático”.
Al igual que Greta Thunberg, Joanna Sustento está comprometida con la lucha por la justicia climática a largo plazo: “Veo que hay mucho poder en la gente. El pueblo tiene mucho poder para generar esa presión hacia nuestros gobiernos y corporaciones, para cambiar el sistema actual”.


Greta concluyó su testimonio ante la sesión plenaria del miércoles por la noche con las siguientes palabras: “Se han quedado sin excusas y se nos está acabando el tiempo. Hemos venido para hacerles saber que el cambio se producirá, les guste o no. El verdadero poder le pertenece al pueblo”.


En la COP24, celebrada en un centro de conferencias ubicado sobre una antigua mina de carbón, en una parte del mundo que ha sido testigo de los peores estragos de la guerra, los jefes de Estado reunidos aquí, así como sus representantes en las negociaciones sobre el cambio climático deberían escuchar las palabras de estas dos jóvenes sabias.
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Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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Miércoles, 05 Diciembre 2018 06:14

Katowice, cita con el destino

Katowice, cita con el destino

Se acabó el tiempo. Las emisiones de gases de efecto invernadero deben reducirse 45 por ciento antes de 2030 para mantener el calentamiento global por debajo del umbral de 1.5 grados centígrados para finales de este siglo. Desgraciadamente, el más reciente estudio del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) muestra que después de permanecer constantes durante el periodo 2012-2016, las emisiones han vuelto a recuperar su ritmo de crecimiento. La atmósfera no va a esperarnos.

Pero parece que los intereses económicos pesan más que cualquier consideración. Dinero y riqueza contra atmósfera, esa es la contienda. En un mundo donde 10 por ciento de la población acapara 85 por ciento de la riqueza, la contienda es desigual: la humanidad entera y la biosfera serán los grandes perdedores.

La Conferencia de las partes de la Convención sobre Cambio Climático, que se lleva a cabo en Katowice, Polonia, no es una reunión cualquiera. En esta COP24 se presenta la última oportunidad para adoptar medidas efectivas que reduzcan drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).

Ya es costumbre que los peores delincuentes en materia de contaminación sean también patrocinadores de las conferencias internacionales sobre protección del medio ambiente. La COP24 no es ninguna excepción. Las empresas de energía Tauron, JWS y PGE han sido nombradas copatrocinadoras de la conferencia: son de las compañías más contaminantes de Europa, porque sus plantas utilizan carbón. Katowice está situada en Alta Silesia, una de las regiones más ricas en carbón en Polonia, y en ese país 80 por ciento de la energía que se consume proviene de esa fuente de energía. Los problemas de contaminación en las ciudades polacas son testimonio de lo difícil que será la descarbonización de la economía. Pero invitar a estas empresas a ser copatrocinadoras de la COP24 es como convocar a los piromaniacos a apadrinar una conferencia sobre incendios.

El gobierno ultraconservador del partido Derecho y Justicia en Polonia ha sido moroso en su acción para transitar hacia otro perfil energético. Apenas ha adoptado el tímido objetivo de reducir su dependencia del carbón 60 por ciento para 2030, pero para colmo de males no ha presentado un plan detallado sobre cómo se va a alcanzar esa meta. En cambio, ese gobierno sí ha promovido una campaña antimigrante que le ha permitido consolidar su base electoral.

La COP24 debe sentar las bases para implementar el Acuerdo de París (resultado de la COP21, de 2015). Pero ese acuerdo no es más que una declaración de buenas intenciones de 200 países para reducir las emisiones de GEI, con la finalidad de mantener el calentamiento global este siglo por debajo del umbral de 2 grados centígrados (respecto de los años anteriores a la revolución industrial). Hasta el momento, los compromisos voluntarios adquiridos en el marco del Acuerdo de París son insuficientes y los modelos atmosféricos pronostican que el calentamiento global llegará a 2.7 grados.

La meta que recomiendan los científicos es inferior a 1.5 grados, si se quiere evitar una catástrofe de dimensiones planetarias. Si se mantienen las tendencias actuales en sólo 12 años, para 2030, el aumento de la temperatura global habrá alcanzado ese umbral. De no cumplirse los compromisos nacionales, para finales del siglo el incremento será de hasta 3.5 grados centígrados. En ese caso, el calentamiento provocará que varias fuentes de gases invernadero, en especial de metano, desencadenarán un proceso de causación circular acumulativa que podría llevar a la destrucción de la biósfera.

Dada la inercia en el sector energético mundial y la voracidad de sus agentes financieros, es muy probable que las metas nacionales voluntarias no se cumplan. Para solventar esos compromisos se necesitan cambios urgentes y de gran escala en los sistemas energéticos, el transporte y el manejo de suelos, bosques y manglares. La movilización de recursos es de una magnitud nunca vista en la historia de la humanidad. El capitalismo mundial está envuelto en múltiples contradicciones. Pero su desafío a la naturaleza promete arrastrar a la humanidad a la extinción.

La humanidad podrá seguir soñando con sus máquinas y artefactos que permiten producir masivamente, ir de compras y consumir hasta el cansancio. Pero el lenguaje del cambio climático y su hecatombe pronto a todos despertará. Sus palabras serán ásperas y groseras. Ciertamente no tendrán la forma de un discurso diplomático como los pronunciados en la COP24.

El campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau está a sólo 33 kilómetros de Katowice. Quizás los delegados de la COP24 tengan tiempo de visitar el museo de aquella catástrofe para recordar las palabras de Teodoro Adorno en 1946: "Escribir poesía después de Auschwitz será una barbaridad". Si no se revierten las tendencias actuales, escribir sobre el calentamiento global pronto será imposible.

Twitter: @anadaloficial

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