Sábado, 27 Febrero 2021 06:20

La ideología del miedo

Albert Bourla, CEO de Pfizer, en la bolsa de valores de Nueva York, en 2019 Afp, Drew Angerer

El control privado de las vacunas y la sindemia de covid-19

 

En un mundo aquejado por la búsqueda del beneficio, las pandemias amenazan con hacerse interminables. La incertidumbre dificulta pensar en salidas a la crisis global.

La historia la cuenta el diario italiano Il Manifesto en una muy breve crónica. Transcurre en el municipio de Ascoli Piceno, en la región italiana de Las Marcas. Allí, a las puertas de una planta del laboratorio Pfizer, representantes de centros sociales de la zona se plantaron con carteles reclamando la expropiación por el Estado de las vacunas contra el covid-19. Protestaban contra la mercantilización de la salud, contra la impunidad con que se mueven las transnacionales, en general, y las del sector farmacéutico, en particular, especialmente durante las crisis sanitarias, muy especialmente en esta crisis sanitaria. Un sindicato los apoyaba. No todos, sólo el de la sección de la Confederación General Italiana del Trabajo, la confederación obrera mayoritaria, que muchos años atrás era considerada la central «del Partido Comunista». El sindicato reclamaba, además, contra los despidos directos e indirectos en esa fábrica a pesar de que las ganancias globales de la Pfizer en estos meses han crecido a mayor ritmo que la propia pandemia, que Ascoli era considerado tradicionalmente por la propia megaempresa como uno de sus «polos más productivos» en Europa y que la producción en la usina de Las Marcas no había caído.

En Ascoli no se fabrican vacunas, pero sí antivirales que se utilizan en el tratamiento del covid-19. La planta italiana tuvo su mayor gloria cuando abastecía a casi toda Europa de Viagra y del antidepresivo Xanax. Una metáfora perfecta de Las Marcas, una provincia bipolar que se mueve alternativamente entre la euforia y la depre, apunta Il Manifesto. Hoy tira francamente a la depre, y también a la resignación, que domina hasta a los propios trabajadores de la fábrica de Pfizer. Perdieron 500 compañeros en poco tiempo, ellos deberán trabajar más para suplirlos y, mientras, los ingresos de sus patrones globales aumentaron. Pero las protestas vienen sobre todo de fuera, de unos grupos de jóvenes que plantean cosas medio locas, como que la salud no puede ser un territorio de lucro como cualquier otro. A Pfizer le resulta hoy mucho más rentable deslocalizar: le sobra gente. Algunos de los sindicatos lo entienden. «Son las reglas del mercado», dijeron los directivos de la empresa cuando algunos periodistas les preguntaron por qué despedían en Ascoli. Y lo mismo dijeron cuando les preguntaron por qué consideraban tan disparatado que esa gente de los centros sociales que manifestaba en las afueras de su fábrica planteara que en tiempos de pandemia una vacuna que podría curar debería ser considerada un bien social y que las patentes de Pfizer, de Astrazeneca, de Moderna, de las empresas todas, sobre esos productos, deberían ser suspendidas, expropiadas por los Estados. Que si es cuestión de leyes, las leyes se cambian.

Pero ¿en qué mundo vivimos? ¿Cómo se puede pensar así?, razonaron los ejecutivos. ¿Qué empresa invertiría en innovación y en tecnología si no pudiera tener una buena y justa ganancia? Si ese es el motor que mueve el mundo. Los de los centros sociales planteaban, en cambio, que cómo era posible que se naturalizara a tal punto el descaro, decían que no se podía desligar los despidos en Ascoli de las ganancias exorbitantes de la Pfizer, que la lógica en un caso y en otro era la misma aunque a primera vista no lo pareciera: «Que las vacunas deben pagarse y que los trabajadores, si son inútiles, deben quedar por el camino», resumió Il Manifesto. Decían que se trata de cambiar esa lógica. Y escribían en un volante que las vacunas son hoy «un campo de batalla político», y que quienes las poseen «tienen una influencia directa sobre el conjunto de la producción económica y la reproducción social» y fijan reglas ante las cuales los Estados son impotentes, entre otras cosas, porque quienes los manejan, en casi todo el mundo, son quienes han creado las actuales reglas del juego y están muy lejos de querer modificarlas. Que es muy común que las mismas personas –o sus amigos, o sus parientes, o sus colegas, o sus socios en el país y en el exterior– estén de ambos lados del mostrador. El viejo sistema de las puertas giratorias.

Y decían también los de los centros sociales que cómo no va a influir la ideología en el manejo de las vacunas, y de la pandemia, y de las salidas a la pandemia, y de la entrada al nuevo mundo pospandémico. Que la naturalización de unas reglas del juego nada tiene de natural, y todo de construcción cultural, de construcción política. En fin, de ideología.

* * *

«Por ahora la vacuna no ha hecho mucho más que desnudarnos», escribe en su blog Cháchara el escritor y periodista argentino Martín Caparrós. «Hacía mucho que nada mostraba con tanta claridad cómo está organizado –dividido– el mundo en que vivimos. Las cifras son brutales: al 7 de febrero se habían aplicado 131 millones de dosis: 113 millones en Estados Unidos, China, Europa, Inglaterra, Israel y los Emiratos Árabes; 18 millones en todos los demás. Unos países que reúnen 2.200 millones de habitantes, el 28 por ciento de la población del mundo, se habían dado el 86 por ciento de las vacunas. O, si descontamos a China y concentramos: el 10 por ciento de la población del mundo se aplicó el 60 por ciento de las vacunas.» Y, si hablamos de muertos por la pandemia, es América Latina la que los pone proporcionalmente mucho más que el resto: una cuarta parte del total de fallecidos, con 8 por ciento de la población del planeta.

El miércoles 24, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y Unicef informaban que Ghana estaba recibiendo las primeras dosis de vacunas gratuitas entregadas en el marco del programa multilateral Covax, previsto para los países de ingresos bajos y medios. Seguirán otros países africanos y latinoamericanos, incluido Uruguay. Pero en total este año Covax no podrá ir más allá de las 2.000 millones de dosis, que darán para unos 1.000 millones de personas. Una enormidad quedará sin vacunar. Hay países, sobre todo africanos, muchos asiáticos, algunos latinoamericanos, que no podrán pagar ni un centavo por hacerse de los frasquitos presentados como milagrosos. Si nada cambia, deberán esperar hasta 2022, tal vez hasta 2023 para que les lleguen las dosis vía Covax. Canadá, mientras tanto, reservó una canasta de vacunas que da para inocular a entre cinco y nueve veces a toda su población, según la fuente que se tome: la agencia Bloomberg habla de cinco, el inmunólogo irlandés Luke O’Neill, de nueve. Por los mismos andariveles juegan Estados Unidos, Reino Unido y la mayoría de los países de la Unión Europea.

En África no se sabe ni de cerca cuántos enfermos de covid-19 hay, como no se saben tantas otras cosas. Las cifras oficiales están absolutamente por debajo de la realidad, porque los test que se realizan son muy pocos. Pero sí se sabía que hasta mediados de enero sólo se había vacunado a 7.000 de sus más de 1.200 millones de habitantes. Organismos internacionales calcularon en 2017 que una cuarta parte de los enfermos por diversas dolencias en el planeta se concentran en ese continente, recordaron las periodistas Séverine Charon y Laurence Soustras en la edición de diciembre del mensuario francés Le Monde Diplomatique. Son pacientes de enfermedades que en otros lares se curan más o menos fácilmente y de las que los ricos no mueren, tampoco en la propia África. De esas enfermedades seguirán muriendo probablemente los africanos pobres, es decir, buena parte de la población del continente, cuando el covid-19 pase, porque importa poco a los laboratorios destinar dinero a intentar curarlas. África representa apenas el 2 por ciento del gasto sanitario mundial, que en 2015 se estimaba en cerca de 10 billones de dólares anuales (El País de Madrid, 4-VI-19). En muchos de los países de lo que alguna vez se llamó tercer mundo, «las vacunas se devoran los presupuestos de salud para que, una vez que pase la tormenta, hospitales y quirófanos queden igual de maltrechos [que] como estaban antes», apunta en la revista argentina Mu la psicóloga y feminista boliviana María Galindo.

* * *

India, Sudáfrica, Pakistán, Mozambique y la ex-Suazilandia plantearon a fines del año pasado en la Organización Mundial del Comercio que los fabricantes de las vacunas renunciaran por un tiempo a sus patentes de propiedad intelectual. Por un tiempo –insistieron, remarcaron–, hasta que lo más grave de la pandemia pase. Después, podrán seguir haciendo sus negocios as usual. Pero no hubo caso (véase «Militar la patente», Brecha, 15-I-21). Se opusieron fundamentalmente los países centrales, que salieron en defensa de «sus» empresas a pesar de ser ellos mismos rehenes de esas transnacionales (ahí están los retrasos, las promesas incumplidas, los precios al alza), a las que además financiaron chichamente para que pudieran producir sus fármacos.

Un informe de BBCMundo, difundido el 15 de diciembre, a partir de un trabajo de la empresa de análisis de datos científicos Airfinity, señala que hasta esa fecha los gobiernos llevaban invertidos 8.600 millones de dólares en la búsqueda y el desarrollo de vacunas y que otros 1.900 millones habían provenido de organizaciones sin fines de lucro. La inversión propia de las empresas se había limitado a 3.400 millones, pero la plata de los Estados, en vez de ir prioritariamente hacia los laboratorios públicos, fue para los privados. «Sólo cuando los gobiernos y las agencias intervinieron con promesas de financiación [las grandes farmacéuticas] se pusieron a trabajar», señaló el medio británico. Hasta entonces no veían el negocio. Ahora sí lo ven, sobre todo a futuro: pocas inversiones propias y, cuando el covid-19 se cronifique y puedan volver al mercado normalmente, venderán sólo al que pague lo que ellas exijan.

Mientras tanto, alguna que otra condicioncita impusieron a sus compradores. Más aún a los que menos pueden pagar pero tienen menor capacidad de negociación y presión. Pfizer ha destacado por su voracidad. Brecha reveló el mes pasado que la transnacional estadounidense les reclamó a los países latinoamericanos con los que negoció que pusieran activos soberanos –sedes diplomáticas, bases militares y reservas en el exterior, entre otros– como garantía ante eventuales causas legales (véase «Leoninas», Brecha, 29-I-21). A Perú le pidió renunciar a su inmunidad soberana en materia jurídica y eximir a la empresa de responsabilidad ante posibles efectos adversos y retrasos en las entregas. Argentina no aceptó las vacunas en esas condiciones. Tampoco Brasil (demasiado es demasiado hasta para Jair Bolsonaro). De acuerdo con un artículo publicado esta semana por el Bureau of Investigative Journalism y la asociación peruana Ojo Público, un cuarto país de la región, no mencionado «porque sigue negociando», manifestó, al parecer, reticencias a algunas cláusulas. Pfizer ya tiene acuerdos de suministro con nueve países de esta región: Chile, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, México, Panamá, Perú. Y Uruguay. Los términos de esos acuerdos son confidenciales. Así es con los acuerdos con las transnacionales. Llámense Pfizer o UPM. Y así es con muchos gobiernos.

* * *

El inmunólogo irlandés O’Neill les dijo a los países ricos que era de su propio interés donar sus sobrantes de vacunas a los más pobres. No acepten suspender ninguna patente. No. Hagan como Bill Gates, como Elon Musk: sean filántropos, donen algo de lo mucho que les sobre. Esa es la condición, afirmó, para que ustedes mismos, señores ricos de los países ricos, puedan en relativamente poco tiempo recuperar su libertad de viajar para hacer negocios o turistear, de volver a salir, de volver a vivir la vida, porque los pobres del mundo seguirán migrando aunque les pongan mil vallas, les levanten mil muros o los traten de aventar con cañoneras en el Mediterráneo o en otras aguas. Y si no se vacunan, los contaminarán. Y ustedes volverán a necesitar que los ciudadanos de los países «de afuera» de su cortina de dinero los visiten, que vayan a trabajar a sus países, que hagan hijos en sus países para que la población crezca. Cual José Mujica a los empresarios yoruguas (no sean nabos, mijos, denles algunas migajas a sus trabajadores, así pueden seguir ganando sin que los molesten), O’Neill les dijo a los países ricos: piensen en ustedes y verán que es buen negocio la filantropía.

Pero parece que ni con eso la gula vacunística encontrará un coto, porque no se avizora por el momento reacción alguna en esa dirección. En enero, el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, fue bastante más duro que su colega europeo (ambos son inmunólogos) al denunciar la voracidad de los países ricos. Habló de «nacionalismo de las vacunas» y lo calificó como «moralmente indefendible, epidemiológicamente negativo y clínicamente contraproducente». Y se metió un poquito más con el sistema que genera ese tipo peculiar de «nacionalismo». Se refirió, por ejemplo, explícitamente a los «mecanismos de mercado». Dijo que son «insuficientes para conseguir la meta de detener la pandemia logrando inmunidad de rebaño con vacunas» y defendió el papel de la sanidad pública, la necesidad de reforzarla, y se refirió a la decadencia en que se encontraba incluso en el primer mundo como consecuencia de recortes y ni que hablar en el resto del planeta. «Tengo que ser franco: el mundo está al borde de un catastrófico fracaso moral, y el precio de este fracaso se pagará con vidas y medios de subsistencia en los países más pobres», clamó igualmente el jefe de la OMS.

* * *

Pero es de apostar que no habrá colas para seguir de manera estable los consejos del bueno de Tedros. Es cierto que en los primeros meses de la pandemia hubo amagos de que el Estado retornaba –buenamente– por sus fueros tras décadas de neoliberalismo. Se habló de neokeynesianismo y asomó alguna lucecita de que se pudiera estar pergeñando alguna salida que no nos retrotrajera a lo de antes. Y es cierto que muchos países –no Uruguay, precisamente– invirtieron lo que nunca en ayudas sociales. Estados Unidos se salió de las cuadraturas del credo y el muy liberal de Donald Trump hasta forzó a la General Motors a fabricar respiradores para los pacientes con covid-19 que comenzaban a morir por trojas en los CTI mientras la megaempresa retaceaba los aparatos. Pero sucede así en las crisis: parece que un cambio radical se dibuja casi que a la vuelta de la esquina, pero luego se vuelve al casillero de partida, porque «los reflejos de clase, los intereses de quienes detentan el poder en la mayoría de los países, en las transnacionales, pueden mucho más que los efímeros respingos de los momentos más duros», se dijo en Ascoli. Y aunque las «condiciones objetivas sobran» para un cambio radical, las subjetivas sufren una anemia profunda y porfiada.

* * *

Por el medio, además, pasó el miedo. Pasa el miedo. La contracara del retorno por sus fueros de la defensa de lo público es el reforzamiento de los controles, de los mecanismos de represión: que la urgencia securitaria se haya incluso adelantado a la urgencia sanitaria. «A primera vista hay como una paradoja: la primera respuesta de los Estados a la crisis sanitaria es securitaria», escribía allá por los primeros tiempos pandémicos, en la edición de mayo de Le Monde Diplomatique, el investigador francés Félix Tréguer. «Incapaces por el momento de oponer un tratamiento al virus, mal equipados en camas de reanimación, en test de rastreo y en mascarillas de protección, es a su propia población a la que los gobiernos erigen como una amenaza. Pero la paradoja es sólo aparente. A través de los siglos, las epidemias marcan episodios privilegiados en la transformación y la amplificación del poder del Estado y la generalización de nuevas prácticas policiales, como el fichaje de las poblaciones.» Y ahí vemos a las grandes tecnológicas como Google, como Facebook, como Amazon, como Tesla, estableciendo acuerdos con las farmacéuticas –ambos están entre los sectores más ganadores de esta crisis– y con los Estados, supuestamente por buenas causas. Da para temer en estos tiempos de exacerbación del «capitalismo de vigilancia» (véase «Orwellianas», Brecha, 16-I-21), pero eso también lo naturalizamos y ponemos el acento en lo bueno de los avances tecnológicos. «Preferimos no ver lo otro», escribía Caparrós en su columna. Cuando el terremoto de Haití de 2010, que mató a un cuarto de millón de personas, vimos con naturalidad desembarcar en la pobre isla a cientos y cientos de marines. En los informativos en bucle de los canales de televisión vimos decenas de veces la llegada de los aviones con sus soldados armados a guerra, sin preguntarnos qué iban a hacer, el porqué de una respuesta securitaria a una crisis sanitaria, humanitaria, social. Las brigadas de médicos cubanos pasaron, en cambio, desapercibidas. Cuestión de focos.

Hoy no se trata de decir que no hay que cuidarse. No es eso, escribe Galindo en Mu. No hacerlo no te hace más libre, sino menos empático. Pero estamos naturalizando todo un «léxico pandémico» que tiene una carga simbólica particularmente pesada. Y cita: Cuarentena, confinamiento, distanciamiento social, aislamiento, toque de queda, bioseguridad. El encierro. Hasta el propio teletrabajo, que viene para quedarse y supone toda una revolución en las relaciones laborales. O la noción de actividades esenciales, que coloca a quienes las ejercen en los primeros planos, pero no les da más derechos (¿han aumentado sus ingresos las cajeras de los supermercados, los pibes de los deliveries? Acaso sí los trabajadores de los frigoríficos, porque en muchos lados tienen sindicatos fuertes, y ahí el acento acaso habría que ponerlo en eso: porque tienen sindicatos fuertes…).

«La pandemia es un hecho político no porque sea inventada, inexistente o haya sido producida artificialmente en un laboratorio. La pandemia es un hecho político porque está modificando todas las relaciones sociales a escala mundial y es por eso legítimo y urgente pensarla y debatirla políticamente», piensa la boliviana. Algo así decía también el filósofo español Santiago Alba Rico en una columna reciente en Rebelión. Partiendo de una idea de Richard Horton, un científico británico de alto nivel que es jefe de redacción de la revista The Lancet, hoy ya de moda, Alba Rico decía que el mundo no está hoy ante una pandemia, sino ante una sindemia, es decir «ante una pandemia en la que los factores biológicos, económicos y sociales se entreveran de tal modo que hacen imposible una solución parcial o especializada y menos mágica y definitiva. El problema no es, pues, el coronavirus. El problema es un capitalismo sindémico en el que ya no es fácil distinguir entre naturaleza y cultura ni, por lo tanto, entre muerte natural y muerte artificial».

* * *

Ante la magnitud de estos cambios, de la rapidez pandémica de estos cambios, estamos hoy inertes, desconcertados, a la intemperie. «Los sujetos sociales están siendo diluidos por fatiga, por falta de ideas, por luto, por incapacidad o imposibilidad de reacción», apuntaba Galindo. Decía también que «hay personas despojadas que se están reconstituyendo como sujetos sociales con capacidad interpeladora. Aquellas personas que se vuelcan sobre los animales para reintegrarse como animales, o las que producen salud, alimentos o justicia con sus colectividades son quienes no han sido paralizadas por el miedo». Cree que de ahí puede venir algo. Tal vez. Pero ella misma aclara desde el principio de su nota que no escribe «desde Bolivia, sino desde un territorio que se llama incertidumbre». Y ahí, en la incertidumbre, está otra de las claves. Cómo hacer para cambiar un mundo que se sabe que va al abismo cuando nos abruman las dudas. Una certeza, una grande, hay entre quienes en serio quieren salir de «esto»: «La pandemia es el capitalismo». Es el título de su nota, es la esencia de la de Alba Rico, acaso el pensamiento de Caparrós y el de muchos otros que andan por ahí, a menudo aislados, a veces juntos. «La velocidad de los cambios es la velocidad de una metamorfosis profunda. Interpretarla a riesgo de equivocarnos es nuestra apuesta», termina Galindo.

Daniel Gatti
26 febrero, 2021

Publicado enSociedad
Sábado, 24 Junio 2017 05:56

El adiós a las FARC

El adiós a las FARC

El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, afirmó en París que la ONU anunciaron ayer que las FARC entregaron “el 100 por ciento de sus armas” con lo que “dejarán de existir” como grupo guerrillero, tras más de medio siglo de conflicto armado.


“Hoy 23 de junio las Naciones Unidas allá en Colombia van a declarar que las FARC entregaron el 100 por ciento de sus armas”, señaló el mandatario colombiano en un foro económico con empresarios. “Hoy, las FARC, la guerrilla más poderosa y más antigua de América Latina, deja de existir”, agregó desatando los aplausos.


Santos hizo este aplaudido anuncio durante su intervención en un foro económico dedicado a atraer inversores franceses a Colombia y que contó también con la participación del ministro de Economía local, Bruno Le Maire. “Muchos inversionistas no iban a Colombia por ser un país con un conflicto armado interno”, asumió Santos ante una audiencia empresarial congregada en la sede del Ministerio francés de Economía.


Santos, que se encuentra en Francia desde el miércoles en una visita oficial, señaló que esta noticia “cambia la historia de Colombia”. Desde el martes, la guerrilla marxista está entregando el 40 por ciento restante de sus armas a la misión de Naciones Unidas en Colombia, como parte del proceso de paz alcanzado el pasado año con el gobierno de Santos. El otro 60 por ciento ya lo consignó en las últimas dos semanas.


El presidente, por cuyas exitosas negociaciones con las FARC recibió el año pasado el Premio Nobel de la Paz, había anunciado el domingo pasado que el 27 de junio se haría un “acto de cierre de todo el proceso de dejación de armas”.


Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC, marxistas) tienen más de 900 escondites de armas que deben ser destruidas por la ONU a más tardar el 1 de septiembre, según el pacto de paz suscrito en noviembre pasado en Cuba.


“Hoy más de 7.000 hombres y mujeres de esta guerrilla están concentrados en 26 zonas a lo largo y ancho de nuestro territorio, entregando a las Naciones Unidas las armas que tenían consigo”, explicó Santos en un discurso en la sede de la UNESCO. Pero el presidente reconoció que su país afronta todavía enormes desafíos, entre otros, garantizar una justicia “transicional” a las víctimas, desminar el territorio –Colombia, afirmó, es el país más minado del mundo después de Afganistán–, y “reincorporar a los exguerrilleros a la vida civil, incluido la participación en la política, una vez cumplido el desarme”.


Admitió no obstante que una parte de los colombianos “no admite otra salida que la cárcel o la exterminación’’ para los exguerrilleros, pero defendió que “la paz es cambiar las balas por los votos”.


El conflicto armado ha enfrentado a guerrillas, paramilitares y agentes estatales, dejando al menos 260.000 muertos, 60.000 desaparecidos y 7,1 millones de desplazados.
Santos afirmó que la única forma de construir una sociedad de paz es con las herramientas “de la educación, la cultura, la ciencia, la comunicación” y destacó que “por primera vez en la historia de Colombia, el presupuesto de la educación es el mayor dentro del presupuesto nacional”.

Publicado enColombia
Martes, 31 Enero 2017 06:32

La última marcha de las FARC

La última marcha de las FARC

Un paso de la guerrilla colombiana hacia el abandono de las armas

Las filas guerrilleras se están desplazando por centenares desde el fin de semana para llegar hoy a más tardar a las “zonas de normalización” en cumplimiento con el acuerdo de paz negociado con el gobierno de Santos.

 

Hoy culmina, en 26 puntos de Colombia, la última marcha de la guerrilla de las FARC. Este 31 de enero llegarán a los sitios de agrupamiento todos los bloques y frentes rebeldes en cumplimiento del Acuerdo de Paz firmado en Bogotá a finales del año pasado y que establece la ruta para la dejación de armas y el tránsito de esa guerrilla a partido político. Aunque muchos de los nuevos campamentos no están construidos y no cuentan aún con agua o vías de acceso, las filas guerrilleras se están desplazando por centenares desde el fin de semana para llegar hoy a más tardar a las llamadas Zonas y Puntos Transitorios de Normalización.


Imágenes de soldados farianos con banderas blancas cruzando ríos, bajando de las montañas nubladas, o atravesando zonas desérticas se observan de norte a sur conmoviendo a su paso por olvidados caseríos donde los campesinos aplauden el fin de la guerra. De acuerdo con Carlos Córdoba, gerente de las Zonas Veredales Transitorias “el balance es que los movimientos que arrancaron el domingo se culminaron en la madrugada, otros que son de dos días están en su último tramo y los que estaban programados para el lunes (por ayer) iniciaron. Hay algunas demoras por el clima y las vías, pero estamos avanzando sobre las rutas establecidas”. También la jefa de prensa se refirió a los imprevistos. “Hay que tener en cuenta los imponderables pero esa es la idea”, dijo “Olga” a la prensa ante la pregunta de PáginaI12 sobre si todas las filas guerrilleras estarían hoy concentradas en zonas y puntos del país.


Según la presidencia de Colombia, unos 4 mil guerrilleros estarían ya concentrados en diversas zonas que el acuerdo estableció para que, durante seis meses que empezaron a contar el 1 de diciembre, éstos entreguen a Naciones Unidas su armamento y se conviertan en ciudadanos. Unos 1500 de ellos estarán encargados de la construcción de las zonas.


En el caso de la zona veredal de Tumaco, pacífico colombiano, el comandante Henry Castellanos alias Romaña dijo a la radio que no encontraron construcción alguna en el punto pactado para su estadía hasta mayo. También el Frente 60, que partió de Argelia hacia Buenos Aires, Cauca, asegura que las obras están bastante retrasadas. Por su parte el Bloque Martín Caballero que opera en La Guajira y costa Caribe, dijo mediante un comunicado de prensa que se desplazarán en cumplimiento del compromiso de su comandancia de estar reunidos en las zonas el 31 de enero, pero que en la Zona Pondores no hay condiciones para alojamiento aún.


El que será el último recorrido de los guerrilleros y guerrilleras en armas “representa la marcha hacia la construcción de la esperanza y la paz estable y duradera firmada en los acuerdos de La Habana”, según lo expresó el Bloque agregando que “dejamos constancia que el sitio de llegada no tiene condiciones de vivienda básica, salud, agua potable para cerca de 300 integrantes de las FARC” que están marchando al lugar.


De acuerdo con la Oficina del Alto Comisionado para la Paz, en el país hay ahora 36 operaciones para movilizar a cerca de 4.394 hombres y mujeres a las zonas. Centenares más se encuentran ya en las zonas veredales. El domingo por ejemplo casi 1000 guerrilleros se movieron por las provincias de Meta, Putumayo y Antioquia realizando recorridos de hasta ocho horas a pie, en bus, camionetas o pequeñas lanchas.


Las zonas de normalización están ubicadas en 25 municipios de Colombia. Al mismo tiempo, se dio inicio a la plan de sustitución de cultivos ilícitos en 40 localidades de Colombia, en el marco de los acuerdos de paz, punto dos: solución al problema de las drogas ilícitas. En este Plan el gobierno colombiano invertirá 1 billón de pesos colombianos que equivalen a unos 500 mil millones de dólares.

Publicado enColombia
Transición a la paz y dejación de las armas por las Farc.

“El análisis concreto de la situación concreta”, formula de linaje leninista, planteada muchas veces por nuestro querido compañero Alberto Pinzón, es hoy más necesario que nunca a propósito de la dejación de las armas por las Farc y la transición a la paz.

El día D y los 180 días para dejar las armas a Naciones Unidas es una masa temporal ontológica, no cronológica, que depende de variadas circunstancias de tiempo, modo y lugar.

Viene una intensa disputa política alrededor de este neurálgico asunto. La ultraderecha entra a la ofensiva para impedir la cabal y correcta implementación de los acuerdos de Cartagena.

La terminación de la guerra compromete un gran número de variables referidas a materias legales, constitucionales, militares y políticas, que hacen de tal objetivo un fenómeno de altísima complejidad.

La construcción de la paz no será una tarea sencilla. Será necesario atender diversos frentes al tiempo, dada la simultaneidad que acompaña la ejecución de los consensos y pactos alcanzados.

Adicionalmente, se deben asumir elementos de contexto ante los cuales de nada sirve taparse los ojos.

Pero, en los términos de la reiterada sugerencia de nuestro querido compañero Alberto Pinzón, lo que procede es “el análisis concreto de la situación concreta”, formula leninista de reconocido valor que permite concentrar la reflexión y la voluntad en los puntos críticos del curso político y social, teniendo siempre puesta la mira en la transformación revolucionaria sistémica. Sobre todo si consideramos que en los términos de la teoría de sistemas, el régimen político nacional se encuentra altamente desequilibrado, en una situación de bifurcación: la alteración más pequeña puede provocar grandes cambios sin que su sentido sea predecible (Ver La trama de la vida de Frittjof Capra en el siguiente enlace electrónico http://bit.ly/2dHb6cC).

En tal sentido, la prioridad epistemológica debe tratar de comprender el proceso de transición en curso y su contenido, condicionado por la implementación inmediata, en los próximos tres meses, de aspectos sustantivos como el fin objetivo del conflicto armado, el cese bilateral del fuego y de las hostilidades, la ubicación de las Farc en las áreas veredales y campamentarias, la organización de un nuevo movimiento político por la insurgencia revolucionaria, la erradicación del paramilitarismo, la seguridad para los integrantes de las Farc en el desarrollo de su movilización política y popular, la amnistía y el indulto, la concreción de las medidas agrarias, la organización de la jurisdicción especial de paz y el reconocimiento de los derechos de 8 millones de víctimas.

Con los actos de Cartagena, y con el previsible triunfo del SI en el plebiscito del 2 de octubre, la transición toma cuerpo.

En la ciencia política la transición como categoría analítica es de uso recurrente para indicar un proceso de cambio en el régimen de poder existente. Se trata de ir desde un punto A hacia un punto B. En este caso se trata del paso de la guerra (A) a la paz (B). Lo que llama la atención, en nuestro caso concreto, es que tal movimiento ocurre en momentos en que periclita un ciclo político, el iniciado con la Constituyente de 1991 y despega uno nuevo, probablemente de más de tres décadas.

Tanto la transición como el ciclo político en ciernes, toman su contenido del Acuerdo general de paz de Cartagena y de los discursos que emiten los actores más relevantes como el Presidente Santos, el comandante de las Farc, Timoleon Jiménez, y los voceros de la oposición ultraderechista que encabeza Uribe Velez.

La primera fase de tal transición y del ciclo político mencionada tiene, por supuesto, un referente fundamental, me refiero a la dejación de las armas por parte de las Farc, acompañada del cese bilateral del fuego y de hostilidades, del desplazamiento guerrillero a las zonas veredales y campamentarias, de las medidas de seguridad para los integrantes del nuevo sujeto político previsto, de la amnistía e indulto, del funcionamiento del mecanismo tripartito de verificación y de la erradicación eficaz del paramilitarismo.

Para las partes, la dejación de las armas, su entrega a la ONU, es la “joya de la corona”. El poder oligárquico quiere ver ya sin las armas a miles de partisanos que integran la resistencia campesina y popular. Es su pesadilla y tormento. Por eso exigen la marcha inmediata de las Farc a las zonas de concentración y la conformación de los anillos asfixiantes que pretender ser utilizados para sofocar a los combatientes invictos.

Por supuesto, para el pueblo en armas no es tan fácil y cómodo desprenderse de su principal garantía de lucha contra el poder de las oligarquías y su Estado corrupto. Hay escepticismo, aprensión y la natural desconfianza, como consecuencia de la lectura de experiencias históricas anteriores en que los poderosos oligarcas desataron el exterminio de los guerrilleros, tal como sucedió en los años 60, en que uno a uno, fueron decapitados en Bogotá y otras ciudades, los desmovilizados y amnistiados líderes de las guerrillas liberales. Las elites dominantes y sus aparatos armados, Ejercito/FAC/Marina/Policía, tienen un acumulado nada despreciable en esta materia y seguramente recurrirá a diversas estratagemas para degollar la comandancia fariana. Medellín y Antioquia serán lugares críticos en ese sentido, pues la alianza entre carteles de la droga y elites políticas locales parece en disposición sangrienta contra la paz.

El debate de este espinoso asunto se desenvuelve con el referente del día D y los 180 días pactados para dejar las armas guerrilleras en los contenedores de la ONU.

180 días son una masa temporal que no necesariamente debe transcurrir, como lo plantean los integrantes de la delegación gubernamental, en las fechas posteriores a la firma del Acuerdo de Cartagena. Esa es su interpretación amañada y su proyección es sesgada.

180 días son un trazo ontológico que bien puede localizarse en el año 2017, 2018 o 2024, dependiendo de las circunstancias de tiempo, modo y lugar. El asunto no es meramente cronológico o de lógica formal escolástica.

La entrega de las armas, en principio, debería ser la consecuencia de varios hechos. Por supuesto, de la firma del Acuerdo general de paz, obviamente del resultado del plebiscito, desde luego del trámite de la ley de amnistía e indulto, claro está de la ubicación en las veredas y campamentos, de las medidas de seguridad para los líderes y miembros de las Farc, de la formalización constitucional de los consensos mediante su articulación efectiva al bloque de constitucionalidad, de las medidas concretas en materia agraria, de víctimas, de verdad, de justicia y erradicación de los cultivos de uso ilícito.

Obviamente tejer, articular y amarrar todos estos temas no es cosa que se pueda hacer velozmente, en 6 o 12 meses. Es todo una ciencia que requiere de paciencia y buen tino. Sin ninguna pretensión, la dejación de las armas es toda una disciplina analítica con los rigores y exigencias propias de la construcción epistemológica adecuada.

Agréguense al cuadro que propongo, dos factores de gran incidencia, propios de las disputas necesarias en curso.

Una, la contraofensiva de la ultraderecha, que se reagrupa con mayores bríos para el sabotaje de la transición a la paz. El bloque parapolítico de Uribe Velez está siendo reforzado con las peligrosas salidas del nuevo Fiscal, similares a las del defenestrado exprocurador Alejandro Ordoñez, quien con un discurso seudo jurídico e interpretaciones arbitrarias, quiere ponerle palos en la rueda a los acuerdos en lo relacionado con la fumigación de los cultivos de uso ilícito y la estructuración del movimiento político de las Farc, de acuerdo con sus intereses específicos, sugiriendo actuaciones criminales para darle curso al dispositivo sobre extinción de dominio y eventuales extradiciones.

Todo indica que el vicepresidente Vargas Lleras será el punto de encuentro de esta masa retardaría, empeñada en bloquear y abortar la construcción de la paz democrática.

La ambigüedad del Vicepresidente frente a la paz es notoria, y su silente actitud no es más que un juego propiciador de nuevos encuadres políticos reaccionarios. El Fiscal refleja sus dudas jurídicas frente al Tribunal de Paz y sus competencias. Refleja, por lo demás, el ánimo de los enemigos agazapados de la paz en el poderoso y corrupto poder judicial, que sienten pasos de animal grande con el nuevo Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No repetición, incluida su Justicia especial con magistrados de otros países, de probada conducta ética y jurídica.

El NO contra la paz de reconocidas fichas de Vargas Lleras en las regiones, como la exgobernadora del Quindío Sandra Paola Hurtado y su marido, Toto, el Jefe del Cartel del Norte del Valle, no es un acto de insubordinación en la facción correspondiente sino, por el contrario, la materialización de una estrategia electoral global para ganar réditos en la campaña para escoger Presidente en el 2018.

Se está conformando un potente bloque ultraderechista contra la paz y de eso hay que tomar atenta nota, para lidiar con tal fenómeno. Desde luego, eso no nos coge por sorpresa, es propio de coyunturas de cambio social y de procesos de transformación revolucionaria. Ha sido la experiencia histórica desde la revolución francesa, pasando por la revolución bolchevique, la china, la cubana, la sandinista, la vietnamita y otras, como los recientes procesos antiimperialistas latinoamericanos.

Constatar eso no significa que nos tengamos que cruzar de brazos. Hay que proyectar las estrategias correspondientes y propiciar las más amplias alianzas, como la insinuada por la X Conferencia de las Farc, para darle curso a un Gran Pacto político constituyente.

Otro factor de coyuntura, no menos importante, es el asunto de la gigantesca crisis económica, financiera y fiscal que nos envuelve. La oligarquía pretende dar salida a la crisis económica derivada del colapso financiero global desatado desde el 2008, con la reforma tributaria y con recortes masivos en el gasto público y de las transferencias.

La paz quiere ser utilizada para remozar el modelo neoliberal con nuevos privilegios a las multinacionales en la extracción minera y el agro, negocio de la altillanura en la Orinoquia.

La paz quiere ser proyectada como un gran negocio de los poderes empresariales y financieros.

Hay que tomar nota de esa ruta depredadora, y en ese sentido el discurso del Comandante Timoleon Jiménez en Cartagena es una plataforma oportuna y conveniente para desatar la más amplia movilización social contra el paquete neoliberal en curso que complicara, todavía más, el desconocimiento de los derechos fundamentales a la salud, la educación, el empleo y la seguridad alimentaria.

Digamos, para concluir, que no es fácil la ruta transicional posterior al Plebiscito. Crecerá el conflicto y la disputa con los clanes oligárquicos que manipulan el Estado y la economía.

Dejemos que los hechos concretos sobre la dejación de las armas se pronuncien, y actuemos en consecuencia. Con la pericia y el brillo que caracterizó a la delegación plenipotenciaria de las Farc en la Mesa de diálogos de La Habana. La experiencia del camarada Iván Márquez y sus compañeros es histórica, y un ejemplo para millones de colombianos que luchan y resisten el poder de la casta plutocrática.

Publicado enColombia
Los Acuerdos, las firmas y los medios de comunicación

 

En medio de un sorprendente despliegue de medios de comunicación nacionales y extranjeros, la  presencia del Secretario General de la Organización de Naciones Unidas, El Rey de España, el Ministro de relaciones Exteriores de Noruega y 13 mandatarios de la región[1], se firmó el “Acuerdo Final Para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera” entre el presidente Juan Manuel Santos y el jefe máximo de las Farc–Ep, Rodrigo Londoño Echeverri. El momento donde se desarrolló el evento, así como los discursos pronunciados en él, abren la posibilidad al análisis y la interpretación de lo sucedido. Avanza a pasos gigantes la paz que seguirá siendo transmitida.

 

El momento no pudo ser más oportuno. Una semana antes que los/as connacionales vayan a las urnas para ungir en legitimidad los acuerdos suscritos entre el Gobierno y las Farc, en el Centro de Convenciones de la ciudad de Cartagena tuvo lugar un evento –preparado para las cámaras– en el que el Presidente de la República y el jefe máximo de las Farc estamparon sus rubricas sellando los compromisos contraidos en el Acuerdo Final de paz acordado en La Habana.

Mientras esto sucedía, en el monumento de los Zapatos Viejos, contiguo al Castillo de San Felipe de Barajas, se desarrollaba una manifestación protagonizada por el expresidente Álvaro Uribe Vélez y el recién destituido procurador Alejandro Ordoñez; congregados junto a ellos, una pequeña multitud de fervientes seguidores del “No” para protestar contra los acuerdos, y lo que denominaron “derroche” por parte del Gobierno al realizar el acto para la firma de los acuerdos.

Ante el acercamiento de la fecha plebiscitaria, para que la ciudadanía refrende o rechace los acuerdos de paz, se encona la polarización del país y las estrategias mediáticas orientadas a promocionar una u otra posición. Se mueven eufóricos los tacómetros de la “opinión pública” mientras tiene lugar la disputa electoral más recia de los últimos años, la misma que lleva consigo un frenesí de estrategias y acciones orientadas a movilizar favorabilidades, ganar adeptos y conquistar votos para el próximo dos de octubre.

Los discursos pronunciados en el contexto de la firma de los acuerdos de paz dan cuenta de una movilización efectiva de recursos y medios de comunicación a favor del “SÍ” por parte del Gobierno, además de una desmedida insuflación de expectativas en torno a “una paz” incapaz de acabar con la guerra, alterar de manera significativa la estructura política y el funcionamiento del sistema económico que impera en Colombia.

Entregar información fidedigna, establecer claridades sobre lo acordado y sus verdaderos alcances, una responsabilidad olvidada por la mayoría de medios de comunicación, indica que estos mismos acuerdos ahora han quedado convertidos en simple objeto publicitario, en propaganda con la cual están generando falsas expectativas entre la población, al “venderle” un Sí empaquetado en la imagen de un futuro sin conflictos sociales, con prosperidad y felicidad para todos.

Se saludan los acuerdos, el silenciamiento de los fusiles y la apertura de un nuevo periodo en la historia de Colombia, pero las luces deben enfocar los grandilocuentes discursos que hablan más o callan menos de la cuenta, abonando el terreno para una paz susceptible de convertirse en desilusión.

Las negrillas y las cursivas son del autor.


Luces, cámaras, acción: los discursos en la firma de los acuerdos de paz.

 

 

Rodrigo Londoño Echeverri, habla en clave de paz.

* “Mis primeras palabras tras la firma de este acuerdo final van dirigidas al pueblo de Colombia, pueblo bondadoso que siempre soñó con este día, pueblo bendito que nunca abandonó la esperanza de construir la patria del futuro, donde las nuevas generaciones, es decir, nuestros hijos y nuestros nietos, nuestras mujeres y hombres puedan vivir en paz, democracia, dignidad, por los siglos de los siglos”.

Bien puede darse la licencia el comandante de las Farc de suponer que unos de los anhelos del pueblo de Colombia, considerando el torbellino de guerras fratricidas desencadenadas desde el triunfo de la Independencia, es la paz. Pero es muy prodigo cuando se otorga la libertad de suponer que ese día, mientras se firmaban los acuerdos, es el mismo en que comienza a construirse lo que denomina la “patria del futuro”. ¿Cuál es el tipo de democracia de la que habla Rodrigo Londoño? ¿Una diferente a la creada por la Constitución del 91? ¿Cómo es la dignidad a la que se refiere? ¿Cuáles serán par nuestros ciudadanos las libertades, valores, derechos, que alimentarán tal dignidad?

* “Con el acuerdo que hoy suscribimos aspiramos a poner punto final en Colombia a la larga historia de luchas y enfrentamientos continuos que han desangrado nuestra patria como destino cruel y fatal desde tempranas épocas”.

La continuidad de los procesos de confrontación desde los albores de la Independencia, ha sido verificada por la historiografía nacional. Pero no es factible que las Farc aspiren a poner el punto final “a la larga historia de luchas y enfrentamientos continuos [...]”, pues la confrontación que protagonizaron con el Estado colombiano desde el año de 1964, no fue la síntesis, tampoco ha sido representativa de todos los conflictos desatados en el territorio nacional. Al llevar a cabo esta afirmación, el comandante de las Farc extiende más allá de lo prudente el espectro de su lucha armada contra el Estado en Colombia.

* “No obstante, jamás podrá borrarse de la historia que durante más de treinta años cada proceso de paz significó un logro de la insurgencia y los sectores populares que lo exigían y por tanto tenemos pleno derecho a declarar como una victoria de éstos la suscripción de este acuerdo final por el presidente Juan Manuel Santos y la comandancia de las Farc-Ep. Siendo igualmente justos, hay que decir que este tratado de paz es también una victoria de la sociedad colombiana en su conjunto”.

Reconocida posición de la izquierda armada en Colombia, la de proyectar los beneficios particulares de sus acuerdos como una materialización de la voluntad de los sectores populares a quien asumen representar. Sí se supone que en efecto la insurgencia del M-19 fue capaz de representar “al pueblo” mediante sus parlamentarios y su participación en la Asamblea Nacional Constituyente que promulgó la Constitución Política de 1991, debería reconocerse al proceso liderado por esta organización (desde la presidencia de la propia Asamblea) como el más incidente en términos de representación. Este tratado de paz, al igual que los anteriores procesos truncados entre el Gobierno y Farc, así como otros desarrollados con organizaciones tales como el EPL, la Corriente de Renovación Socialista (CRS) y el Movimiento Armado Quintín Lame (MAQL), entre otros, no constituyen triunfos ni victorias para la sociedad colombiana en su conjunto. Este acuerdo no lo es, al menos por tres motivos: 1. la sociedad en su conjunto no encomendó, a la lucha armada de las Farc-Ep, la transformación de la realidad; 2. No es claro como su organización política-militar, su doctrina e ideología, hayan sido capaces de representar) la “voluntad popular”, el “poder del pueblo”, el “clamor de los oprimidos” (asumiendo que existan).; 3. La indiferencia, el rechazo, incluso el odio surgido entre extensos sectores de la población hacía las Farc, granjeado por acciones erráticas en el escenario del conflicto armado, así como por un intenso accionar de los medios de comunicación al servicio del Estado, permiten inferir que sí la población apoya el proceso de desarme, y la reintegración de las Farc, esto no significa, necesariamente, que la apoye en términos políticos, que sea capaz de depositar en ellos su confianza a través del sistema electoral.

 

* “Con el acuerdo final se ha dado un trascendental paso adelante en la búsqueda de un país diferente comprometiéndose a una Reforma Rural Integral para contribuir a la transformación estructural del campo, promoverá una participación política denominada apertura democrática, para construir la paz con la que se busca ampliar y profundizar la democracia”.

Algunas de las reformas para el campo, por incorporar según el Acuerdo Final, como la disponibilidad de un fondo de tres millones de hectáreas de tierra para asegurar la tenencia, la construcción de obras de infraestructura (vial, riego, eléctrica, conectividad), la ampliación de la asesoría técnica, el aseguramiento de mercados para productos agrícolas y la implementación de sistemas de seguridad alimentaria, de ser implementadas, podrían mejorar efectivamente las condiciones económicas de muchas poblaciones rurales en Colombia. Sin embargo, la Reforma Rural Integral promovida con los acuerdos es incapaz de: alterar las relaciones de tenencia de la tierra, que siguen permitiendo la existencia del latifundio; blindar los territorios campesinos de su apropiación por parte del capital nacional y extranjero; asegurar la soberanía alimentaria[2] en extensas regiones en el país. Hablan las Farc más con el deseo que con la razón, las reformas propuestas son del mismo cuño que las múltiples realizadas durante el siglo XX: formalizar la tenencia de la tierra adquirida, incorporar las nuevas propiedades al catastro nacional (tributación), introducir a cuentagotas transformaciones que mejoren la habitabilidad y productividad del campo. No se hace una transformación estructural sin modificar las relaciones de tenencia. Al respecto: Muchos pensaban que los latifundistas serían expropiados, pero este programa pudo haber sido concebido por el Banco Mundial”, comenta Günter Knieß, exembajador de Alemania en Colombia (2012-2016)”[3].

 

En cuanto a la apertura democrática:

El Acuerdo Final suscrito en La Habana no incluyó la redacción de los puntos mínimos del estatuto para los medios políticos que se declaren en oposición, a cambio: “Tras la firma del Acuerdo Final, los partidos y movimientos políticos con personería jurídica, serán convocados en una Comisión para definir los lineamientos del estatuto de garantías para los partidos y movimientos políticos que se declaren en oposición”. El sistema de seguridad a Cargo del Gobierno: “[…] el Gobierno Nacional pondrá en marcha un Sistema Integral de Seguridad para el Ejercicio de la Política [...]”, así como también a su cargo las garantías a los movimientos sociales: “[…] el Gobierno Nacional elaborará un proyecto de ley de garantías y promoción de la participación ciudadana y de otras actividades”. No es solo lo anterior, el Gobierno definirá para ampliar las garantías en la movilización y la protesta social: “[...] las medidas y ajustes normativos necesarios con base en los criterios que abajo se enuncian, y los demás que se acuerden en el marco de una comisión especial [...]”. Este es el tamaño de la apertura democrática que alegan las Farc introduce el acuerdo de “Participación política: apertura democrática para construir la paz”, una apertura democrática que tampoco es capaz de introducir medidas efectivas para el combate del clientelismo, como practica social y política que alimenta la corrupción, que deja intacto el Con greso de la

a intacto el Con greso de la R soporte de su dominio tracional.o cual dan cuenta las desapariciones, torturas, asesinatos a manRepública y demás instancias del poder central, soporte de la exclusión y de su dominio tradicional.

* “De algo sí estamos bien seguros, si este acuerdo final no deja satisfechos a algunos sectores de las clases pudientes del país, en cambio representa una bocanada de aire fresco para los más pobres de Colombia, invisibles durante siglos y para los jóvenes en cuyas manos se encuentra el futuro de la patria, las cuales serán la primera generación de nacionales que crece en medio de la paz”.

El acuerdo no es una bocanada de aire para los más pobres del país: constituye un importante aporte a la disminución de la violencia y el gasto público del Estado en su seguridad, pero no hay una concatenación lógica entre tales disposiciones y el mejoramiento efectivo de las condiciones de vida de millones de connacionales que habitan tugurios en decenas de municipios del país. De concretarse los acuerdos, la generación que está empezando a nacer y crecer sería la primera que viviría bajo el cielo de Colombia sin el conflicto entre el Estado y las Farc-Ep, pero no es muy acertado decir que esto equivale precisamente a la paz ¿Y si no hay acuerdo entre el Gobierno y el ELN? ¿Y si no logran silenciarse los fusiles de los grupos paramilitares?

* “Donde quiera que en adelante plante sus pies un antiguo combatiente de las Farc–Ep pueden tener la seguridad de encontrar a una persona decente, serena, inclinada al dialógo y la persuasión, a una persona dispuesta a perdonar, sencilla, desprendida y solidaria, a una persona amiga de los niños, de los humildes y ansiosa de trabajar por un nuevo país de modo pacifico”.

La anterior constituye una lectura retórica del guerrillero de las Farc-Ep sobre los hombres bajo su mando. Se estima que en los procesos de paz precedentes en el mundo, entre el 15% y 30% de los combatientes miembros de grupos armados que suscriben acuerdos de DDR, reinciden en actividades delictivas o regresan a su condición de alzados en armas[4]. Aunque esto no es precisamente lo esperado en el caso del acuerdo de paz entre el Gobierno y las Farc, es prudente considerar estos porcentajes para ponderar la afirmación. Por otro lado, la actividad armada prolongada se encuentra relacionada con trastornos psicológicos que inciden en el comportamiento, en el desenvolvimiento social de los individuos, cuando abandonan la guerra. Algunos de estos trastornos han sido suficientemente estudiados y descritos por la literatura académica y no son ajenos a los combatientes de Farc, allende su grado de politización o su postura ideológica. Los predicamentos optimistas y en clave de lisonja sobre la tropa, deben ponderarse por las contingencias que impone a los individuos la experiencia de la guerra en el proceso de reintegración.

* “Colombia espera ahora que gracias a la necesaria disminución del gasto público destinado a la guerra que deberá traer el fin de la confrontación y el consecuente aumento de la inversión social, nunca jamás, ni en La Guajira, ni en el Chocó, ni en ningún otro espacio del territorio nacional,tengan por qué seguir muriendo niños y niñas de hambre, desnutrición o enfermedades curables”.

Suposición ligera, orientada a cuestionar al gobierno nacional. La frase representa uno de los meollos del posacuerdo: la posibilidad latente de que la necesaria disminución del gasto público destinado a la guerra no revierta en un incremento de la inversión social. Más allá de toda especulación, la próxima reforma tributaria –que esquilma más el bolsillo popular–, así como el manejo proyectado para el Presupuesto Nacional durante la vigencia 2017, que reduce la inversión social e incrementa la destinada a las Fuerzas Armadas, no parecen sembrar la semilla de ningún cambio.

* “Hemos coronado por la vía del dialogo el fin del más largo conflicto de hemisferio occidental, somos los colombianos y colombianos, por tanto, un ejemplo para el mundo”.

El conflicto más largo del hemisferio occidental se encuentra en Colombia, pero no es protagonizado exclusivamente por las Farc. El conflicto armado en Colombia es una disputa que se mantendrá viva por la confrontación del Estado colombiano contra el Ejército de Liberación Nacional (ELN), agrupación insurgente con la que aún no despegan los diálogos de paz. En tanto ésta permanezca como organización armada que disputa el monopolio del uso de la fuerza al Estado, y se enfrenta a él ejerciendo el control territorial, no podrá hablarse que el conflicto ha terminado. Sin embargo, en los discursos de guerrilleros, y miembros del Gobierno, parece que esta guerrilla hubiera dejado de existir, sus apreciaciones sobre el fin del conflicto y de la guerra parecen no tener en cuenta que en las selvas sigue agitándose esta insurgencia.

* “Que Dios bendiga a Colombia, se acabó la guerra, estamos empezando a construir la paz”.

Es raro escuchar a un comunista convocar a Dios, pero ese es uno de los efectos que tiene la retórica: decir lo que no se admite. Actuar así poco ayuda a educar a la sociedad colombiana, mucho menos a politizarla con una lectura alterna de la realdiad.

 

La guerra disminuyó su intensidad, pero no ha terminado. El Estado colombiano sigue enfrentando a múltiples actores armados que desafían su dominio y control sobre la totalidad del territorio nacional.

Juan Manuel Santos: la paz, el futuro, el desarrollo.

* “Lo que firmamos hoy luego de años de negociaciones serias, discretas, difíciles, es algo más que el acuerdo entre el Gobierno y una guerrilla para terminar un Conflicto Armado, lo que firmamos hoy es una declaración del pueblo colombiano ante el mundo de que nos cansamos de la guerra, de que no aceptamos la violencia como medio para defender las ideas, de que decimos fuerte y claro: ¡No más guerra! No más la guerra que nos dejó cientos de miles de muertos, millones de víctimas y desplazados y tantas, tantas heridas que tenemos que comenzar a sanar”.

El Presidente de la República aboga al imaginario del “pueblo colombiano” para decir que está diciendo al mundo que se cansó de la guerra, que no acepta la violencia como mecanismo para la solución de las divergencias, que quiere la paz y no la guerra. Apela al pueblo, al igual que el comandante de las Farc, para decir por boca de todos lo que no tendría suficiente fuerza al salir de la propia. Un artilugio orientado a reforzar su posición, y a crear la imagen de que los acuerdos fueron suscritos por la voluntad conjunta de la nación.

* “No más la guerra que nos dejó cientos de miles de muertos, millones de víctimas y desplazados, y tantas, tantas heridas que tenemos que comenzar a sanar. No más intolerancia que nos exige doblegar o excluir al otro por el solo hecho de pensar diferente, no más la violencia que sembró atraso, pobreza y desigualdad en campos y ciudades y que ha sido un freno al desarrollo de Colombia y al aprovechamiento de todo su potencial. Este es el clamor de Colombia y esta es la decisión de Colombia”.

La guerra y la violencia, de acuerdo a esta afirmación del Presidente, son las causa del atraso, de la pobreza, de la desigualdad, ¿Acaso no es ella precisamente su consecuencia? Esta sencilla frase lleva consigo una inversión de la historia, una flagrante contravención a muchas de las tesis esbozadas en la reconocida Contribución al Entendimiento del Conflicto Armado en Colombia, elaborada por la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas. De manera similar, el Presidente supone la guerra como freno al desarrollo, pero ¿De qué tipo de desarrollo está hablando? ¿En qué consiste? ¿Quiénes son los protagonistas y beneficiarios del mismo? ¿Al acabar la guerra, se acabará el atraso, la pobreza y la desigualdad en Colombia? ¿Sucederá realmente esto?

* “Hoy quiero, en este contexto de apertura a la paz, hacer un homenaje sincero, desde el fondo del Corazón, a todos los héroes de las Fuerzas Armadas de nuestro país que han combatido con honor para defender la tranquilidad y seguridad de los colombianos. Gracias soldados y policías de Colombia porque su sacrificio, su valor, nos condujeron hasta este gran día”.

Lisonja presidencial. Llama con el apelativo más exaltante posible a los miembros de las Fuerzas Armadas. No es cierto que ellos hayan combatido con honor y mucho menos que lo hayan hecho para defender la tranquilidad y seguridad de “todos” los colombianos. Combatieron durante décadas para defender la supervivencia e inmutabilidad del Estado, el régimen de  apropiación y dominio que privilegia a un tipo peculiar de ciudadano por encima de todos los demás. Y no fueron pocas las ocasiones en que actuaron sin honor, de lo cual dan cuenta las desapariciones, torturas, asesinatos a mansalva, los mal llamados falsos positivos, etcétera. Otro intento más del Presidente por comulgar con la Fuerzas Armadas, sin cuya fidelidad hubiera sido imposible suscribir estos acuerdos de paz, sin cuyo sacrificio hubiera sido imposible que alcanzara la presidencia luego de que su tío abuelo lo hubiese sido en 1938, y que su familia conservara desde la Independencia una posición de preeminencia social y poder.

* “Y también quiero rendir homenaje a los millones de víctimas inocentes, a los defensores de derechos humanos, a las comunidades indígenas, afrocolombianas y campesinas a tantas mujeres y madres que en medio de las lágrimas, abonaron el camino hacia la paz, ¡no más jóvenes sacrificados!, ¡no más muertos!, ¡No más jóvenes mutilados por una guerra absurda, ni soldados, ni policías, ni campesinos, ni guerrilleros! Las nuevas generaciones de Colombia destinarán sus energías a promover el desarrollo y la felicidad del país. Eso es lo que merecen y eso es lo que vamos a hacer a partir de hoy”.

Los defensores de derechos humanos, miembros de comunidades indígenas y campesinas a los cuales Santos pretende rendir un homenaje, continúan siendo asesinados en áreas de alta conflictividad (Consultar: https://www.desdeabajo.info/colombia/item/29614-lideres-indigenas-y-campesinos-asesinados-en-la-antesala-de-la-paz.html). Proteger sus vidas y salvaguardar su libertad es el mejor de los homenajes que puede rendirse a estos integrantes de sectores populares, nombrados en un discurso que sorprende por lo incluyente cuando se necesitan votos por el “Sí”. Para profundo pesar, miles de jóvenes seguirán sacrificándose en la ciudad, muriendo, siendo encarcelados, sí acaso el Estado sigue insistiendo en promover su estilo particular de desarrollo en el que muchos de nuestros hermanos quedan relegados a la miseria, el abandono y la marginación.

* “Señor Rodrigo Londoño y miembros de las Farc, hoy cuando emprenden su camino de regreso a la sociedad, cuando comienzan su tránsito a convertirse en un movimiento político sin armas, siguiendo las reglas de justicia, verdad y reparación contenidas en el acuerdo, como jefe de Estado de la patria que todos amamos, les doy la bienvenida a la democracia. Cambiar las balas por los votos, las armas por las ideas, es la decisión más valiente y más inteligente que puede tomar cualquier grupo subversivo y enbuena hora ustedes entendieron el llamado de la Historia”.

Según el Presidente, la Historia (la escrita con mayúscula) hace un llamado inexorable: a cambiar las balas por votos, las armas por las ideas, pero ¿cuál es esta historia de la que habla Santos? Las historias de los insurgentes que han enfrentado a gobierno, y los sistemas políticos en que están soportados, siendo incapaces de romper su ordenamiento, acabar sus sistemas de dominio, y prácticas de opresión, acumulación y exclusión. Entonces, son bienvenidos nuevamente a la democracia imperante, aquella que otorga vida y legitimidad al sistema que no pudieron derribar, para asumir la descomunal empresa de intentar cambiarlo desde dentr,o en condición de asimetría de fuerzas y poder. ¿Podrán algún día lograrlo, incluso si pueden “gobernar”?

* “Este es un acuerdo que nos permitirá llevar más desarrollo y más bienestar a los campesinos de Colombia que fueron los que más sufrieron las consecuencias del conflicto. Es un acuerdo que nos ayudará a fortalecer nuestra democracia y nuestro sistema electoral y participativo, es un acuerdo que hará más efectiva la lucha del Estado contra el narcotráfico y que nos ayudará a sustituir miles de hectáreas de coca por cultivos legales de la mano de las comunidades. Es un acuerdo que tendrá dividendos muy positivos en la lucha por la protección del medio ambiente y de nuestros recursos naturales”.

En efecto, uno de las principales ambiciones de los acuerdos consiste en mejorar las condiciones del campo en Colombia. No puede desconocerse que de implementarse muchas de sus medidas, aunque no constituyan una reforma estructural, pueden ayudar a mejorar las condiciones de vida de los habitantes del país rural. Sin embargo, no explica el Presidente cuál es el tipo de desarrollo que pretende llevarles hasta sus regiones, cómo es que puede mejorarse la democracia, y el sistema electoral en que se afirma, sin modificar su algoritmo base, cómo es posible proteger los recursos naturales si los acuerdos están siendo la antesala de un intereses exacerbado de multinacionales extractoras por “invertir” en el país.

* “Este es el acuerdo que suscribimos hoy ante nuestros compatriotas y ante el mundo entero, y que los colombianos en menos de una semana tendrán la oportunidad de refrendar en las urnas para darle la máxima legitimidad posible, con su voto, con su voto el próximo domingo dos de octubre podremos dejar atrás un futuro triste y abrirle las puertas a un futuro mejor con alegría y optimismo. Con su voto cada colombiano tendrá un poder inmenso, el poder de salvar vidas, el poder de dejarles a sus hijos un país tranquilo donde crezcan sin miedo, el poder de ayudar a los campesinos despojados a que regresen al campo, el poder de atraer más inversión al país y por consiguiente más empleo. Los Colombianos escogerán el próximo domingo entre el sufrimiento del pasado y la esperanza del futuro, entre las lágrimas del conflicto y la tranquilidad de la convivencia, entre la pobreza que deja la guerra y las oportunidades de la paz”.

Esta afirmación fue una propaganda directa a favor del Sí por parte del Presidente. Una propaganda que recurre a una imagen literaria del plebiscito que lo asemeja a un brebaje mágico capaz de conducirnos a un futuro alegre para todos, capaz de otorgar poderes alquímicos a cada colombiano para suspender las muertes, legar a los hijos un país en paz, devolver lo usurpado a los despojados, el poder de traer el dinero del extranjero para ser prósperos en Colombia y poder trabajar gracias a él. Presenta el Presidente el plebiscito bajo dualidades antitéticas de fácil resolución: sufrimiento o esperanza, lágrimas o tranquilidad, pobreza u oportunidades. Una evidente trivialización del proceso que oculta entre la insuflación de sus virtudes las falencias del mismo, potenciando el desdén y la desilusión que podrían experimentar millones de Colombianos ante una paz que será incapaz de generar en los años venideros un mejoramiento objetivo de las condiciones materiales de vida de las mayorías. El quid del asunto no radica, por supuesto, en que los acuerdos sean incapaces de hacerlo, radica en el hecho que el Presidente los está publicitando como tal.

* “Colombianos, nadie ha dicho que el fin del conflicto sea el final de todos los problemas de nuestra nación, claro que no, nos quedan muchos temas por trabajar, muchísimos retos por vencer, pero lo haremos mucho mejor sin el obstáculo, sin el freno de una guerra absurda que consumía nuestros recursos y nos impedía tener presencia activa en todo el territorio nacional, cuántos recursos de la guerra podremos dedicar a hora a la educación, a la salud, a los programas sociales a la seguridad ciudadana, cuántas vidas se salvarán, ¡cuántas vidas se salvarán!, ese solo hecho justifica este acuerdo de paz, cuánto más podremos invertir en nuestro campo y en nuestros campesinos que por fin podrán retornar a sus parcelas, cuánta inversión extranjera llegará, cuantos turistas deseosos de conocer las maravillas de nuestra Patria [..]”.

Aunque se reconoce de manera explícita que con el “fin del conflicto” o para ser precisos, con el fin de un conflicto hay todavía mucho por hacer, no cesa de mostrarse como la solución de algunos de los más importantes. Es por ello que la educación, salud, programas sociales y seguridad ciudadana, temas álgidos en el debate, podrán solucionarse con el dinero que quede de la guerra. Como si fuese poco, para ponerle la cereza al pastel: se volcará al país la inversión extranjera (con sus reconocidos y comprobados réditos), y turistas del primer mundo deseosos de conocer las maravillas que yacen en Colombia. La Historia nos obliga a preguntar, ¿Sucedió esto en países con similar orientaciones políticas y económicas que Colombia, en los cuales no tuvo lugar un conflicto de semejante envergadura y prolongación? ¿Sucedió en aquellas naciones hermanas que lograron pactar la paz a finales de los ochenta y principios de los noventas, mientras conservaron el mismo modelo económico que aquí nunca estuvo sobre la mesa de La Habana? Más allá del deseo, de la esperanza infundada, ¿Cuáles son los determinantes, las singularidades que podrían conducir a nuestra patria por un destino disímil al de los demás?


[1]          Raúl Castro, Michele Bachellet, Nicolás Maduro, Rafael correa, Salvador Sánchez (Presidente de El Salvador), Horacio cartes (Paraguay), Enrique peña nieto, Jimmy Morales (Guatemala), Luis Guillermo Solís (Costa Rica), Pedro Pablo Kuczynski, Mauricio Macri, Juan Carlos Varela (Panamá), Danilo Medina Sánchez (República Dominicana).

[2]    Otros actores, como ONG y organizaciones de la sociedad civil, ampliaron el concepto y acuñaron el término de soberanía alimentaria. De acuerdo con The Six Pillars of Food Sovereignty, developed at Nyéléni, 2007 (Food Secure Canada, 2012), la soberanía alimentaria descansa sobre seis pilares: 1. Se centra en alimentos para los pueblos: a) Pone la necesidad de alimentación de las personas en el centro de las políticas. b) Insiste en que la comida es algo más que una mercancía. 2. Pone en valor a los proveedores de alimentos: a) Apoya modos de vida sostenibles. b) Respeta el trabajo de todos los proveedores de alimentos. 3. Localiza los sistemas alimentarios: a) Reduce la distancia entre proveedores y consumidores de alimentos. b) Rechaza el dumping y la asistencia alimentaria inapropiada. c) Resiste la dependencia de corporaciones remotas e irresponsables. 4. Sitúa el control a nivel local: a) Lugares de control están en manos de proveedores locales de alimentos. b) Reconoce la necesidad de habitar y compartir territorios. c) Rechaza la privatización de los recursos naturales. 5. Promueve el conocimiento y las habilidades: a) Se basa en los conocimientos tradicionales. b) Utiliza la investigación para apoyar y transmitir este conocimiento a generaciones futuras. c) Rechaza las tecnologías que atentan contra los sistemas alimentarios locales. 6. Es compatible con la naturaleza: a) Maximiza las contribuciones de los ecosistemas. b) mejora la capacidad de recuperación. c) Rechaza el uso intensivo de energías de monocultivo industrializado y demás métodos destructivos. Tomado de: Seguridad y Soberanía alimentaria (Documento base para discusión). Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la  agricultura (FAO), 2013.

 
Publicado enColombia
Formación de las FARC en San Vicente del Cagúan, durante los diálogos de paz en la adiministración Pastrana.
 
Quedan cinco divergencias de fondo, en la Mesa Gobierno-Farc. Así expresa en sus encuentros, el Comandante Pablo Catatumbo ‒Responsable del Movimiento Bolivariano Clandestino. La más difícil, acordar el número y extensión de los Territorios Especiales ‒Terrepaz‒, diferentes a las ¿23 veredas?, y “previos a los ocho campamentos para dejación de armas”. “Falta pelo p’al moño”, advirtió Timochenko. “Resistencia civil”, firma Uribe. “Si no hay paz, vendrá guerrilla urbana”, sentencia el Presidente. Con sus frases, Uribe asusta a los pobres, Santos asusta a los ricos.

 

 

‒¡No!, dijo enfático, el general Mora Rangel, como rechazo oficial a la propuesta de territorios Terrepaz, que presentó la insurgencia en la Comisión Técnica (de asuntos militares). Ante el impase, aplazado el tema, con anuencia de Farc, la discusión adelantó en el punto de la verificación internacional. A sabiendas, el Presidente y el ministro de defensa, con la complicidad mediática, ocultan que está en veremos, el acuerdo acerca de las dos fases territoriales en la transformación guerrillera: áreas y líneas de “separación de tropas” y campamentos para dejación de armas.

 

Además de esta diferencia, sobreaguan otros cuatro pendientes de tamaño grueso: 1) Concluir las “42 salvedades” y los “asteriscos” de los puntos acordados. 2) (Dado el antecedente de la captura de Felipe Torres,) la exigencia de una Ley de Amnistía, previa a la firma de un acuerdo definitivo. 3) (Aplazado en su aprobación desde 1991) aprobar el Estatuto de oposición y 4) Definir una transición de la estructura guerrillera, diferente a la reinserción de procesos anteriores.

 

Para buena parte del ciudadano común, la negociación está en aplazamiento desde el 23 de marzo.

 

 

Dos fases territoriales:
“separación de tropas”
y dejación de armas

 

Los hechos son tozudos. La negociación con Farc y Eln es la primera diferente en el país, y en el continente: Comienza sin la “decisión” de ‘desmovilización’ y “entrega de armas”. Con Farc tiene como fórmula, la dejación, que depende del contenido y refrendación del acuerdo final. Una característica que tiene su razón, en la real correlación operativa en el terreno.


Sucede que en sus más de ocho años, Álvaro Uribe como gobernador de Antioquia y Presidente de Colombia, no pudo infligir una “derrota militar irregular” a Farc e imponer una cota más alta de “desgaste político” a Eln ‒tal como calculó el jefe paramilitar Carlos Castaño. A este respecto, el Comando de la Fuerza Aérea Colombiana, FAC, tiene abierta una polémica. Aduce en su publicación Victorias desde el aire, que presentó en la reciente XXIX Feria Internacional del Libro de Bogotá, que: asestó a Farc espaciados golpes de “derrota en la cadena mando” pero, el Ejército –la infantería– no llegó ni ocupó los lugares profundos en la ‘retaguardia’ guerrillera.

 

Aun con los efectos de la asimetría tecnológica que otorga ventaja aérea y de bombardeo con precisión al Estado colombiano –a partir del Plan Colombia–, sin una derrota militar a las organizaciones insurgentes, el gobierno Santos y su porción oligárquica de poder ‒en el gobierno‒, no pueden manejar a su amaño; la duración y fecha de una negociación mixta (con Farc y con Eln).

 

¿...“Dos mesas
un solo proceso”...?

 

La dualidad Farc/Eln con respecto a un fin verdadero del conflicto armado, está más agravada hoy. El señor Frank Pearl, principal en la Comisión gubernamental de diálogo con Eln, en compañía del general (r) Herrera Verbel, hizo saber en la más reciente reunión de la Comisión Nacional de Paz: “La negociación con el Eln está estancada”. (Solamente Pearl y Herrera, sin José Noe Ríos, viajaron a Venezuela a un encuentro con el Eln, que no avanzó más que el saludo).

 

Mucho antes, Gobierno-Eln en conversación secreta, alcanzaron a fijar como procedimiento, que la participación de la sociedad con interrogantes acerca de cuál es la Democracia que Colombia espera y en el tema de las víctimas; no tendrá un tercer asiento en la mesa. Serán las delegaciones Gobierno y Eln, una vez lean todas la iniciativas que lleguen, quienes señalarán los aspectos en que estén a favor y descartarán el resto.

 

En este marco, el Gobierno considera una fortaleza, que los puntos y detalles en tratamiento con Farc no tendrán repetición en la conversación con Eln. ¡Es una tamaña subjetividad o desconocimiento! Es conocido que el Eln contradice dos aspectos gruesos de los acuerdos Gobierno-Farc:

 

Están dispuestos a pagar cárcel ante la comprobación de culpa en hechos de violación de lesa humanidad y condicionan que los miembros de las Fuerzas Armadas, ante iguales casos, deberán pagar cárcel. Es una convicción que no surge en el Eln como un capricho. Surge de su relacionamiento y solidaridad con la experiencia del Cono Sur, en la lucha contra las dictaduras. Allá, los sectores con memoria y más comprometidos, rechazan los acuerdo de Punto Final que libran a los Ejércitos.

 

Para comenzar la conversación, no asumen siquiera la fórmula de “dejación de armas”, que es funcional en la Mesa de La Habana.

 

Los 180 días prorrogables de “separación de tropas” con las Farc y un lapso mínimo de agenda con el Eln, determinan una situación de “paz armada”. Acompañada de un debate que irá en aumento de polarización y amenaza de respuesta paramilitar. A su vez, de expresiones sociales resistentes.


Una disputa y entroncamiento de factores y aumento de la contradicción política y social, que con el ingrediente de una convocatoria de acercamiento-unidad novedosa y legítima, podrían ser desencadenantes de un nuevo cuadro en la lucha popular. Panorama no extraño en las vertientes de análisis estratégico y de precaución de todo signo. Consta en la p. 21 del libro El arte militar de los chinos (Editorial Pleamar. Buenos Aires, 1979) del Tte. Cnel. E. Cholet, en su definición de Guerra subversiva: [...] es una actividad múltiple, que emplea y combina medios violentos y pacíficos, fuerza y astucia, presión y engaño, patriotismo y traición; hasta crear una situación que le permita acceder al poder sin lucha violenta o afrontar directamente su conquista en lucha abierta... (negrillas en este artículo).

 

 

Cuántos son los finales
de un conflicto

 

Un conflicto regular, como fue la II Guerra Mundial tuvo dos finales: El cese de batalla 7-8 de mayo de 1946 y el día del final jurídico, septiembre de 1947, cuando comenzó el Proceso de Nüremberg. En Colombia, el largo conflicto irregular que cruza durante las últimas décadas, tendrá que barajar al menos, tres fechas finales, en diferente orden: política, jurídica/refrendación y de hostilidades/“separación de tropas”.

 

En Macondo sucede lo creíble y lo increíble.

 

 

 

 
Monólogo de Aureliano viendo pasar el circo

 

Los acuerdos de paz están construidos con piedra pómez.
Todo en ellos es poroso, lleno de poros como la piel. Frágil y duradera como una pirámide de nada.
Monólogo secreto de misiles que no hubo quién vendiera
Monólogo a punta de lengua, a punta de desconocer e ignorar “los factores reales de poder”
A las múltiples manos negras de la inteligencia calculadora que ni sube ni baja
Que se queda quieta. Mientras nosotros abrazábamos los fusiles.
Las manos negras de la intervención que no cesará
De las intervenciones que se anuncian para domesticar los sueños
Somos hombres y mujeres pero no contamos igual las cosas
Hechos de Coltan, fronteras y misiles, nadie va a cumplir lo pactado, salvo los que puedan
17 aurelianos tristes. Mientras pasa el circo.

 

 

 

 

 

 

 

Publicado enEdición Nº226