Causas profundas y coyunturales de la devaluación del peso: El dólar espanta al peso

La devaluación del peso prosigue a ritmo continuo, y con ello el encarecimiento de muchos producto de la canasta familiar, los mismos que desde hace varias décadas ya no produce el país. ¿Por qué se está devaluando el peso? ¿Cuáles son los factores que aportan a ello? ¿Qué podría suceder en el futuro próximo? Estos y otros interrogantes son abordados en el presente artículo.

 

El precio del dólar se disparó. El 22 de julio por un dólar había que dar $3.178 pesos, y en escasas dos semanas, el 12 de agosto ya había que dar 3.426 pesos, es decir un aumento del 7,8 por ciento. De esta manera, el peso colombiano registra como una de las monedas más depreciadas en la región. 

Subida del dólar (depreciación del peso colombiano: 43% en los últimos 3 años), que tiene consecuencias, entre ellas el aumento de la deuda externa, el encarecimiento de las importaciones y la generación de presiones inflacionarias. Es decir, en relación a la vida diaria de las mayorías colombianas, cubrir sus demandas en alimentos, ropa, etcétera, será cada día más caro. 

El aumento del dólar responde a varios elementos, que en lo fundamental podrían resumirse de dos tipos: estructurales y coyunturales. Los primeros hacen referencia a características productivas de la economía colombiana, así como su vinculación histórica a los mercados internacionales; y los segundos a circunstancias propias del ciclo económico, y en el caso colombiano particularmente al ciclo internacional.

 

Característica de la estructura productiva

 

La principal característica de la estructura productiva colombiana está signada por cuatro fenómenos: 1) la reprimarización productiva, que implica, en lo fundamental, el crecimiento del sector minero energético y la concentración de capitales en tal rama de actividad; 2) la desindustrialización; 3) la destrucción del sector agrario; y 4) la financiarización de la economía, entendida como un proceso de décadas, en el que la acumulación de capital se supedita principalmente a actividades financieras y vinculadas a la especulación. 

Por todo ello, el crecimiento económico de Colombia es dependiente de las exportaciones y de la disponibilidad de liquidez internacional, es decir, la disposición de capital necesario para el financiamiento de la economía en su conjunto. El caballito de Troya para esto ha sido el petróleo, como principal vehículo para traer la Inversión Extranjera Directa (IED), así como la garantía para la inversión de portafolio.

Así pues, en el mercado regulado de divisas, lugar donde se realiza el mayor porcentaje de las transacciones con monedas extranjeras, es evidente esta condición estructural: gran parte de los dólares que allí se cambian son aportados por el sector petrolero o por la Inversión Extranjera Directa (IED) que está destinada a estos rubros. De allí la existencia hasta hace poco de una relación inversa entre el precio internacional del petróleo (el Brent, para el caso colombiano) y la cotización del dólar, pues ante un aumento de dicho precio podía obtenerse un dólar más barato, producto del incremento de los ingresos en dólares por la venta de crudo. Con una precisión: esta relación se mantenía gracias a la abundancia de capital en el escenario internacional. 

Ejemplo de ello fue lo ocurrido hasta 2014: la abundancia de capital disponible para IED en petróleo, así como para la especulación, y los elevados precios del combustible fósil a nivel internacional permitieron que el dólar se mantuviera barato; lo que cambió a partir del tercer trimestre del 2014, cuando la caída de los precios internacionales del petróleo, producto del aumento de la oferta mundial, generó que el dólar superará la barrera de los $3.000 pesos. 

Ese año resaltaron sin sombra alguna las vulnerabilidades profundas de la estructura productiva colombiana y de las finanzas públicas. Tanto el déficit de cuenta corriente de la balanza de pagos, como el déficit fiscal, crecieron, a lo que las autoridades económicas respondieron con una política de ajuste que incluyó privatizaciones, recortes al gasto público, impuestos regresivos, flexibilidad y precariedad laboral.

Pero, más allá de las medidas de austeridad, fue la entrada de capitales vía IED y crédito barato, lo que permitió que el impacto de la caída de los precios del petróleo no fuera mayor. Además, la situación internacional continuaba estable, las tasas de crecimiento de China se mantenían, y el comercio mundial no enfrentaba sobresaltos. Unos pocos años después todo era distinto, pues a partir de 2015 la política estadounidense cambió de rumbo: como medida de normalización monetaria la Reserva Federal de Estados Unidos comenzó a subir las tasas de interés, lo que implicó que el financiamiento internacional se empezará a encarecer. 

 

Cambio en el ciclo internacional

 

El aumento paulatino de las tasas de interés en USA no fue sensible para las economías emergentes en un primer momento, pero sí empezó a sentirse su impacto a partir de 2018 cuando, junto con las medidas de la guerra comercial del presidente estadounidense hacia china, se generó un proceso de retorno de capitales hacia las principales economías del mundo, en especial hacia activos seguros. Es así como se rompió la relación convencional precio del petróleo-dólar. De esta manera, contrario a lo sucedido durante todo el siglo XXI, se observó que el precio internacional del barril estaba mejorando, pero a diferencia de lo esperado el dólar se estaba encareciendo.

Para nuestro país, la explicación de la ruptura de tal relación reside, además, en los resultados de su sector externo, pues, con una situación internacional de crédito caro, y con otras economías con mejores resultados, tomó forma un período de aumento de la salida neta de capitales, es decir, salen más dólares de los que le entran a la economía. Mientras se retiran grandes montos –vía utilidades y pago de interés de deuda–, los que entran, por ejemplo, como inversión en portafolio registran los menores niveles de los últimos 3 años.

En la gráfica puede verse como, a diferencia de los años anteriores, en lo corrido del 2019 (enero-julio) lo acumulado en inversión extranjera apenas es de 797 millones de dólares, mientras que en el mismo período del año 2017 y del 2018 la cifra superaba con creces, pues era de 2.447 y 1.219 millones de dólares, respectivamente. 

Este cambio en el ciclo internacional explica el incremento continuo del precio del dólar en Colombia a partir del 2018, realidad conectada con lo que ocurre a partir de la mitad de julio. Pues, sumada a la permanente salida de capitales, se agudizó el escenario de incertidumbre internacional: los anuncios de más medidas proteccionistas por parte del gobierno Trump; la incertidumbre en Medio Oriente frente al abandono de EE.UU. al pacto nuclear con Irán; el proceso de redireccionamiento de China hacia el mercado interno y la producción industrial, así como de servicios de alto valor tecnológico, que ha implicado una desaceleración de su ritmo de crecimiento; la presión por el recorte de las tasas de interés de la FED, todo lo cual generó un incremento de la preocupación entre empresarios e inversores.

Los más afectados con la incertidumbre internacional han sido los países productores de materias primas, pues ante una caída de las expectativas económicas se han desplomado los precios de los principales bienes de exportaciones de estos países, como los latinoamericanos dependientes del petróleo, carbón, gas licuado de petróleo (Gas natural), cobre, zinc, entre otros.

 

Depreciación del peso colombiano

 

Ante esta realidad, la moneda colombiana ha sido de las que más se ha depreciado porque se han conjugado dos elementos: por un lado, como ya fue anotado, cae la entrada de capitales de portafolio y, por el otro, el precio del petróleo ha sido el más afectado en este escenario internacional, mucho más de lo que ha sufrido la cotización del cobre, producto del que dependen las exportaciones de Chile y Perú, o el gas natural del que depende Bolivia. Contrario a lo que le ha ocurrido a la soja –producto de alta importancia en la canasta exportadora tanto de Brasil y Paraguay– que incrementó su precio, lo que en parte les ha permitido amortiguar la caída de los otros productos o las bajas en las entradas de capital. 

Con la economía nacional en crisis, de nuevo, la posibilidad de controlar su ahondamiento y de recuperar indicadores, depende de lo que ocurra en el panorama internacional. La ausencia de soberanía económica es evidente. La tensión internacional permanece y el impacto sobre la economía colombiana puede aun ser más fuerte, dependiendo de lo que ocurra en las rondas de negociación comercial de septiembre entre China y EE.UU. 

Pese a todo, queda un pequeño margen para las decisiones fiscales del gobierno nacional, las que podrían jugar un papel destacado, no obstante la austeridad es una opción poco efectiva en momentos como el actual. 

 

Publicado enColombia
Causas profundas y coyunturales de la devaluación del peso: El dólar espanta al peso

La devaluación del peso prosigue a ritmo continuo, y con ello el encarecimiento de muchos producto de la canasta familiar, los mismos que desde hace varias décadas ya no produce el país. ¿Por qué se está devaluando el peso? ¿Cuáles son los factores que aportan a ello? ¿Qué podría suceder en el futuro próximo? Estos y otros interrogantes son abordados en el presente artículo.

 

El precio del dólar se disparó. El 22 de julio por un dólar había que dar $3.178 pesos, y en escasas dos semanas, el 12 de agosto ya había que dar 3.426 pesos, es decir un aumento del 7,8 por ciento. De esta manera, el peso colombiano registra como una de las monedas más depreciadas en la región. 

Subida del dólar (depreciación del peso colombiano: 43% en los últimos 3 años), que tiene consecuencias, entre ellas el aumento de la deuda externa, el encarecimiento de las importaciones y la generación de presiones inflacionarias. Es decir, en relación a la vida diaria de las mayorías colombianas, cubrir sus demandas en alimentos, ropa, etcétera, será cada día más caro. 

El aumento del dólar responde a varios elementos, que en lo fundamental podrían resumirse de dos tipos: estructurales y coyunturales. Los primeros hacen referencia a características productivas de la economía colombiana, así como su vinculación histórica a los mercados internacionales; y los segundos a circunstancias propias del ciclo económico, y en el caso colombiano particularmente al ciclo internacional.

 

Característica de la estructura productiva

 

La principal característica de la estructura productiva colombiana está signada por cuatro fenómenos: 1) la reprimarización productiva, que implica, en lo fundamental, el crecimiento del sector minero energético y la concentración de capitales en tal rama de actividad; 2) la desindustrialización; 3) la destrucción del sector agrario; y 4) la financiarización de la economía, entendida como un proceso de décadas, en el que la acumulación de capital se supedita principalmente a actividades financieras y vinculadas a la especulación. 

Por todo ello, el crecimiento económico de Colombia es dependiente de las exportaciones y de la disponibilidad de liquidez internacional, es decir, la disposición de capital necesario para el financiamiento de la economía en su conjunto. El caballito de Troya para esto ha sido el petróleo, como principal vehículo para traer la Inversión Extranjera Directa (IED), así como la garantía para la inversión de portafolio.

Así pues, en el mercado regulado de divisas, lugar donde se realiza el mayor porcentaje de las transacciones con monedas extranjeras, es evidente esta condición estructural: gran parte de los dólares que allí se cambian son aportados por el sector petrolero o por la Inversión Extranjera Directa (IED) que está destinada a estos rubros. De allí la existencia hasta hace poco de una relación inversa entre el precio internacional del petróleo (el Brent, para el caso colombiano) y la cotización del dólar, pues ante un aumento de dicho precio podía obtenerse un dólar más barato, producto del incremento de los ingresos en dólares por la venta de crudo. Con una precisión: esta relación se mantenía gracias a la abundancia de capital en el escenario internacional. 

Ejemplo de ello fue lo ocurrido hasta 2014: la abundancia de capital disponible para IED en petróleo, así como para la especulación, y los elevados precios del combustible fósil a nivel internacional permitieron que el dólar se mantuviera barato; lo que cambió a partir del tercer trimestre del 2014, cuando la caída de los precios internacionales del petróleo, producto del aumento de la oferta mundial, generó que el dólar superará la barrera de los $3.000 pesos. 

Ese año resaltaron sin sombra alguna las vulnerabilidades profundas de la estructura productiva colombiana y de las finanzas públicas. Tanto el déficit de cuenta corriente de la balanza de pagos, como el déficit fiscal, crecieron, a lo que las autoridades económicas respondieron con una política de ajuste que incluyó privatizaciones, recortes al gasto público, impuestos regresivos, flexibilidad y precariedad laboral.

Pero, más allá de las medidas de austeridad, fue la entrada de capitales vía IED y crédito barato, lo que permitió que el impacto de la caída de los precios del petróleo no fuera mayor. Además, la situación internacional continuaba estable, las tasas de crecimiento de China se mantenían, y el comercio mundial no enfrentaba sobresaltos. Unos pocos años después todo era distinto, pues a partir de 2015 la política estadounidense cambió de rumbo: como medida de normalización monetaria la Reserva Federal de Estados Unidos comenzó a subir las tasas de interés, lo que implicó que el financiamiento internacional se empezará a encarecer. 

 

Cambio en el ciclo internacional

 

El aumento paulatino de las tasas de interés en USA no fue sensible para las economías emergentes en un primer momento, pero sí empezó a sentirse su impacto a partir de 2018 cuando, junto con las medidas de la guerra comercial del presidente estadounidense hacia china, se generó un proceso de retorno de capitales hacia las principales economías del mundo, en especial hacia activos seguros. Es así como se rompió la relación convencional precio del petróleo-dólar. De esta manera, contrario a lo sucedido durante todo el siglo XXI, se observó que el precio internacional del barril estaba mejorando, pero a diferencia de lo esperado el dólar se estaba encareciendo.

Para nuestro país, la explicación de la ruptura de tal relación reside, además, en los resultados de su sector externo, pues, con una situación internacional de crédito caro, y con otras economías con mejores resultados, tomó forma un período de aumento de la salida neta de capitales, es decir, salen más dólares de los que le entran a la economía. Mientras se retiran grandes montos –vía utilidades y pago de interés de deuda–, los que entran, por ejemplo, como inversión en portafolio registran los menores niveles de los últimos 3 años.

En la gráfica puede verse como, a diferencia de los años anteriores, en lo corrido del 2019 (enero-julio) lo acumulado en inversión extranjera apenas es de 797 millones de dólares, mientras que en el mismo período del año 2017 y del 2018 la cifra superaba con creces, pues era de 2.447 y 1.219 millones de dólares, respectivamente. 

Este cambio en el ciclo internacional explica el incremento continuo del precio del dólar en Colombia a partir del 2018, realidad conectada con lo que ocurre a partir de la mitad de julio. Pues, sumada a la permanente salida de capitales, se agudizó el escenario de incertidumbre internacional: los anuncios de más medidas proteccionistas por parte del gobierno Trump; la incertidumbre en Medio Oriente frente al abandono de EE.UU. al pacto nuclear con Irán; el proceso de redireccionamiento de China hacia el mercado interno y la producción industrial, así como de servicios de alto valor tecnológico, que ha implicado una desaceleración de su ritmo de crecimiento; la presión por el recorte de las tasas de interés de la FED, todo lo cual generó un incremento de la preocupación entre empresarios e inversores.

Los más afectados con la incertidumbre internacional han sido los países productores de materias primas, pues ante una caída de las expectativas económicas se han desplomado los precios de los principales bienes de exportaciones de estos países, como los latinoamericanos dependientes del petróleo, carbón, gas licuado de petróleo (Gas natural), cobre, zinc, entre otros.

 

Depreciación del peso colombiano

 

Ante esta realidad, la moneda colombiana ha sido de las que más se ha depreciado porque se han conjugado dos elementos: por un lado, como ya fue anotado, cae la entrada de capitales de portafolio y, por el otro, el precio del petróleo ha sido el más afectado en este escenario internacional, mucho más de lo que ha sufrido la cotización del cobre, producto del que dependen las exportaciones de Chile y Perú, o el gas natural del que depende Bolivia. Contrario a lo que le ha ocurrido a la soja –producto de alta importancia en la canasta exportadora tanto de Brasil y Paraguay– que incrementó su precio, lo que en parte les ha permitido amortiguar la caída de los otros productos o las bajas en las entradas de capital. 

Con la economía nacional en crisis, de nuevo, la posibilidad de controlar su ahondamiento y de recuperar indicadores, depende de lo que ocurra en el panorama internacional. La ausencia de soberanía económica es evidente. La tensión internacional permanece y el impacto sobre la economía colombiana puede aun ser más fuerte, dependiendo de lo que ocurra en las rondas de negociación comercial de septiembre entre China y EE.UU. 

Pese a todo, queda un pequeño margen para las decisiones fiscales del gobierno nacional, las que podrían jugar un papel destacado, no obstante la austeridad es una opción poco efectiva en momentos como el actual. 

 

Publicado enEdición Nº260
Huelga general contra el “austericidio” de Macri

Los grandes sindicatos, los movimientos sociales y partidos de izquierda dejan aparte sus rencillas y cierran filas para protestar contra la política económica del Gobierno de Mauricio Macri.

 “No nos une el amor sino el espanto”. El famoso y repetido verso del escritor Jorge Luis Borges parece hecho a medida del sindicalismo de Argentina. Todos sus dirigentes, siempre divididos, se unen este martes en huelga general contra la política socioeconómica neoliberal del presidente Mauricio Macri —un empresario centroderechista sin linaje ni padrinos en la política— al que muchos de ellos, sin embargo, ayudaron a ascender a la Casa Rosada en 2015.

Las centrales de trabajadores CGT —peronistas y burócratas ex afines a Macri—, CTA —centroizquierda—, Frente Sindical —del camionero Hugo Moyano— los movimientos sociales, y partidos de izquierda dejan aparte sus rencillas y cierran filas para protestar contra lo que denominan el “austericidio” del Gobierno, en referencia al hachazo a jubilaciones, pensiones, salarios, empleo y subsidios, a la vez que se rebajan los impuestos a los ricos.


El “espanto” galvaniza el sentimiento de los trabajadores argentinos, atemorizados por el ajuste: estampida del IPC, 42% de inflación prevista a fin de año; erosión del poder adquisitivo con salarios a la baja; derrumbe de más de 6% de la actividad económica interanual, con su consiguiente ola de desempleo. Y, por si ello fuera poco, se agregan los ‘tarifazos’ en transporte, electricidad, gas y agua, que en algunos casos han trepado hasta el 1.700%.

Así pues, tras casi tres años de Gobierno macrista, el hambre aprieta a los empobrecidos pobladores del cinturón urbano de Buenos Aires, donde cada día más gente acude a por una ración en los comedores populares, abastecidos de víveres por Caritas, los gobiernos nacional y provincial, y organizaciones sociales. También en las provincias, sobre todo del norte argentino, la falta de alimentos ataca a los sectores más pobres.


La protesta de las centrales y los sindicatos arrancó el 24 de septiembre por la tarde con una multitudinaria marcha y concentración en la Plaza de Mayo, a cuya vera se encuentra la Casa Rosada. Según los organizadores hubo 500.000 manifestantes, una medición exagerada. “Hasta aquí llegó el ajuste y la derecha, porque hay un pueblo unido que decidió salir a la calle y decir basta”, arengó el sindicalista de banca Sergio Palazzo.

De todos modos, la expresión más fuerte de la huelga se preveía para este martes. La ausencia del transporte público —tren, metro, bus, y aviones— parecía garantizar el éxito de la huelga. Tampoco funcionarían la industria, bancos, comercios, sanidad, educación, gasolineras, tribunales ni oficinas públicas. El centro de Buenos Aires, previsiblemente, quedaría desierto.


En medio de ese escenario pesimista, Macri tomó distancia y se marchó de visita a los Estados Unidos en plan de mostrar que, no obstante las quejas ciudadanas, recibe apoyo internacional. De hecho, el pasado 4 de septiembre, el presidente Donald Trump tuiteó: “Hablé por teléfono con Macri y reafirmé el fuerte respaldo de los Estados Unidos a Argentina [Su presidente] está haciendo un excelente trabajo ante una difícil situación económica y financiera”.

Sin embargo, en esta oportunidad la oficina de comunicación de la Casa Rosada quiso ‘vender’ como un éxito que haya sido recibido en la sede de Americas Society / Council of the Americas por su directora Susan Segal, y se haya reunido con “inversores” en una comida en el restaurante Rao’s y en la redacción del Financial Times. También hablará en la asamblea de la ONU.
“Lluvia de inversiones”
Macri es el prototipo del empresario metido a político, que colocó de ministros a CEOs de grandes compañías y definió a su gabinete como “el mejor equipo de los últimos 50 años”. Prometió que atraería una “lluvia de inversiones”. Sin embargo, todos los índices económicos y sociales han empeorado desde su arribo a la Casa Rosada. Pero se esperanzó, ayer en entrevista a Bloomberg, con que el acuerdo de endeudamiento con el Fondo Monetario Internacional (FMI) “va a ser beneficioso para Argentina".

Argentina había honrado sus deudas con el FMI en 2007, cuando el entonces presidente peronista Néstor Kirchner pagó al contado, harto de que el organismo internacional se entrometiera recomendando medidas ortodoxas. Pero Macri ha solicitado nuevos préstamos por al menos 50.000 millones de dólares para gastos corrientes y solventar el déficit fiscal y comercial, a cambio de comprometerse a llevar las cuentas públicas a un “déficit cero”.

No obstante la crisis, Macri se mostró optimista sobre sus chances de continuar en el poder, al declarar en la entrevista con Bloomberg que está “listo para competir” por la reelección en las presidenciales del año próximo. Las encuestas miden su caída de imagen, algunas hasta un piso de 27% de intención de voto. En 2015 conquistó la presidencia por 51,34%, en un reñido balotaje ganado con una diferencia de sólo 668.774 votos sobre el segundo.

Como principal contrincante se perfila la actual senadora y ex presidenta peronista Cristina Fernández, viuda de Kirchner, de momento con mayor popularidad: intención de voto de 30% a 35%. Si esos sondeos se mantienen con el tiempo, probablemente volverá a ser candidata a presidenta —igual que hizo Bachelet en Chile e intentó Lula en Brasil—, pese —o acaso por ello— a que afronta seis procesos judiciales por supuestos pufos de corrupción. Final abierto.

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Miércoles, 22 Agosto 2018 07:27

El bolívar, ni fuerte ni soberano

El bolívar, ni fuerte ni soberano

La economía venezolana se ha ido ahogando en una marejada de ocurrencias incoherentes, de ideas mal desarrolladas y políticas peor implementadas. El resultado está ya para los libros de texto: Venezuela tiene niveles de inflación comparables a los de la república de Weimar en Alemania, o a los de Zimbabue, y una reducción de su economía que no se había visto en América Latina desde quién sabe cuándo.

En menos de cinco años, la economía venezolana se achicó practicamente a la mitad (una contracción de 47 por ciento). Así, tal cual. Esta semana le tumbaron cinco ceros al llamado “bolívar fuerte”, que había sido instituido con fanfarrias por Hugo Chávez. La moneda que remplaza al “bolívar fuerte” se llamará “bolívar soberano”; sólo que esa mentada soberanía monetaria viene respaldada por una criptomoneda, inventada también por Nicolás Maduro, llamada petro. El Financial Times informa que el tal petro no tiene valor, y alguno de los comentaristas que ellos citan agregó, con un guiño a nuestro sentido de realismo mágico, que respaldar al bolívar con el petro vale más o menos lo mismo que respaldarlo con unicornios, ya que ni el petro ni los unicornios cotizan en los mercados.
Más allá de la devaluación, y de una inflación que en julio llegó a 83 mil por ciento, el gobierno está cayendo en todo lo que antes juró que jamás haría, sólo que lo hace ahora en una situación social extrema, y con poco margen de maniobra. Así, Maduro no se cansaba de repetir que no aumentaría el precio de la gasolina; pero ahora, anuncia que por fin sí lo va a hacer, sólo que la situación es tan mala, que para mitigar el golpe político de un gasolinazo, anuncia que, en una economía parada, aumentará el salario mínimo 3 mil por ciento.
El gobierno está obligado a aumentar los precios de la gasolina. No le queda de otra, por la sangría de recursos que le está costando el contrabando fronterizo de gasolina, pero sobre todo porque la producción petrolera se ha desfondado, y ya no da para subsidiar el mercado interno. Hoy Venezuela produce apenas 1.4 millones de barriles diarios. ¡Es lo que fabricaba en 1947! En tiempos de Hugo Chávez, pese a los precios elevadísimos de venta, la producción petrolera ya se había estancado. Bajo Nicolás Maduro, la producción se ha colapsado.
Otros detalles de los que nunca se iban a hacer, pero que ya se hicieron: desbaratar a Citgo, la compañía refinadora de crudo venezolano asentada en Houston, y que tiene expendios de gasolina en todo Estados Unidos. Hace un par de semanas, una compañía minera canadiense, Crystallex, antigua dueña de una mina expropiada por el gobierno venezolano, ganó un juicio en una corte internacional que le permitió cobrarse con una parte de lo que le iba quedando a Venezuela de Citgo (valor de la apropiación: 1.4 mil millones de dólares). Antes, otra petrolera, la Conoco, había ganado un juicio parecido, y Venezuela tuvo también que pagarle 2 mil millones (Citgo vale 4 mil millones). O sea que la empresa que alguna vez Hugo Chávez calificó como la perla de la corona de la industria venezolana ya se les fue de las manos.
Los resultados sociales son proporcionales al desastre económico, aunque todavía no sean muy fáciles de medir. No hay una cuenta exacta de cuántos venezolanos han salido de su país, por ejemplo, pero la ONU calcula que desde 2014 han salido 2.3 millones. Las estimaciones que se hacen desde Venezuela llegan a alrededor de 4 millones de paisanos que viven fuera de su país. Esas cifras, como dije, no son aún muy precisas, pero sí que son indicativas del tamaño de la tragedia. La diáspora venezolana se perfila como un nuevo sub-proletariado en América Latina, que debe competir por trabajos incluso en regiones que tampoco se caracterizan por la abundancia de empleos; en Colombia, Brasil, Panamá, Ecuador, Perú, República Dominicana... además, de Estados Unidos y Europa. En México se han publicado reportajes de negocios de trata de blancas que han encontrado en las jóvenes venezolanas una fuente de trabajo esclavo, cautivo... La vulnerabilidad es terrible. Incluso los migrantes que alcanzaron a salir a tiempo y que encontraron buenos empleos representan, a fin de cuentas, una fuga de talento que será muy difícil de resarcir.
Ante tales extremos, Nicolás Maduro propone un paquete de medidas: devaluación drástica de la moneda, aumento a los precios de la gasolina, y un aumento de 3 mil por ciento al salario mínimo. ¿Funcionará algo de todo aquello? No se sabe, pero se trata de medidas extremas que están siendo tomadas por un gobierno que tiene cada vez menos margen de maniobra.

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La economía en el 2017: fragilidad y re-primarización

El análisis de la dinámica de la economía colombiana durante el 2017 contempla las siguientes variables: producto (PIB), desempleo, inflación y exportaciones. En líneas generales los resultados no son buenos, y el año terminó mal.

 

La dinámica del PIB

 

Los últimos datos del producto interno bruto publicados por el Dane corresponden al tercer trimestre del 2017. En este período el PIB creció 2 por ciento. Comparado con el tercer trimestre de los 7 años anteriores, el del 2017 presentó la segunda tasa de crecimiento más baja, después de la del 2016 que fue de 1,2 por ciento. En el tercer trimestre del 2010 la tasa de crecimiento del PIB fue de 3,4 por ciento, en el 2011 de 7,9, en el 2012 de 2,6, en el 2013 de 6,1, en el 2014 de 3,9 y en el 2015 de 3,3 por ciento. El comportamiento de la economía durante el 2017 fue muy mediocre, y estuvo por debajo de las proyecciones que inicialmente había hecho el gobierno. Los sectores más dinámicos fueron el agropecuario, el financiero y la construcción de obras civiles.

 

El sector agropecuario se recuperó gracias a la devaluación del peso. Al aumentar el valor del dólar, la importación de alimentos se hizo más costosa, y ello estimuló la producción doméstica. Es notoria la forma como se ha intensificado el sector cafetero.

 

A los bancos y a los intermediarios financieros les fue bien. En gran parte, porque la tasa de interés que cobran sigue siendo muy alta. El Banco de la República bajó la tasa de referencia hasta 4,75 por ciento año. No obstante, los bancos continúan prestando a tasas elevadas. Las reducciones de los intereses que hace el Banco de la República no se transmiten a los clientes de los bancos, porque éstos siguen ofreciendo créditos relativamente costosos. Las tarjetas de crédito, por ejemplo, cobran una tasa de interés cercana al 30 por ciento año, en el límite de la usura. Si las ganancias de los bancos mejoran, el PIB crece pero, al mismo tiempo, las familias y las empresas que están endeudas tienen que reducir el consumo y la inversión, y ello tiene un efecto negativo en el PIB. Dicho de otra manera, las ganancias del sector financiero no necesariamente son buenas para el conjunto de la economía. Si los bancos aprietan mucho, en el corto plazo obtienen buenas utilidades, pero con el paso del tiempo la cartera morosa comienza a subir, y los deudores no pueden pagar. Obviamente, esta situación tampoco es buena para los bancos.

 

También ha contribuido al crecimiento la construcción de obras civiles. En este proceso la inversión pública ha sido fundamental. De nuevo, se hace evidente la necesidad de que el Estado intervenga y hale la actividad económica.

 

La inflación

 

La inflación en diciembre de 2017 fue de 4,09 por ciento, inferior a la del 2015 que fue de 5,75. La inflación se redujo, sobre todo, porque el costo de los alimentos disminuyó. Esta apreciación es compatible con el crecimiento de la producción interna de alimentos. Gracias a la mayor oferta, entre el 2016 y el 2017 la inflación de alimentos bajó de 7,22 por ciento a 1,92, y como los alimentos tienen un peso tan alto (29%) en el índice de precios al consumidor (IPC), si baja la inflación de alimentos, también se reduce la inflación general. Esta relación entre el precio de los alimentos y la inflación general deja una lección importante: la estabilidad de los precios tiene que ver con factores reales, y no solamente con variables monetarias. Los bancos centrales suelen darle poca importancia a los procesos reales, como la producción de alimentos, y centran su atención exclusivamente en variables monetarias y financieras.

 

El desempleo

 

En noviembre del 2017 el desempleo fue de 8,4 por ciento, la tasa más alta de los últimos 4 años. La caída de la producción queda reflejada en una tasa de desempleo más alta. Este es un asunto central de la política económica. Desgraciadamente, como sucedió durante la última discusión del salario mínimo, el gobierno y los empresarios siguen pensando que el mayor ingreso de los trabajadores es incompatible con aumentos en el nivel de empleo. Esta lógica es equivocada, ya que mayores salarios estimulan la demanda e incentivan a los empresarios para que mejoren la productividad.

 

Las exportaciones

 

La economía colombiana cada vez está más anclada en el sector primario. Esta re-primarización se refleja bien en la composición de las exportaciones. Tal y como se observa en la gráfica, las principales exportaciones son: café, petróleo, oro, flores y banano. Las exportaciones manufactureras ocupan un lugar muy secundario, y no alcanzan a estar en la gráfica.

 

Esta re-primarización de la economía nacional expresa bien el fracaso de la bonanza minero-energética, ya que no se crearon los mecanismos que permitieran convertir los excedentes en procesos industriales y agropecuarios sostenibles. La excesiva dependencia de los productos primarios hace que la estructura de la economía colombiana sea muy frágil. Estamos muy lejos del sueño que tenían en los años sesenta los pensadores de la Cepal, como Prebisch y Lleras Restrepo. Para ellos el futuro de América Latina estaba en la industrialización. Siempre consideraron que la primarización de las economías crea volatilidad y no es el camino adecuado para consolidar el desarrollo.

 

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La economía en el 2017: fragilidad y re-primarización

El análisis de la dinámica de la economía colombiana durante el 2017 contempla las siguientes variables: producto (PIB), desempleo, inflación y exportaciones. En líneas generales los resultados no son buenos, y el año terminó mal.

 

La dinámica del PIB

 

Los últimos datos del producto interno bruto publicados por el Dane corresponden al tercer trimestre del 2017. En este período el PIB creció 2 por ciento. Comparado con el tercer trimestre de los 7 años anteriores, el del 2017 presentó la segunda tasa de crecimiento más baja, después de la del 2016 que fue de 1,2 por ciento. En el tercer trimestre del 2010 la tasa de crecimiento del PIB fue de 3,4 por ciento, en el 2011 de 7,9, en el 2012 de 2,6, en el 2013 de 6,1, en el 2014 de 3,9 y en el 2015 de 3,3 por ciento. El comportamiento de la economía durante el 2017 fue muy mediocre, y estuvo por debajo de las proyecciones que inicialmente había hecho el gobierno. Los sectores más dinámicos fueron el agropecuario, el financiero y la construcción de obras civiles.

 

El sector agropecuario se recuperó gracias a la devaluación del peso. Al aumentar el valor del dólar, la importación de alimentos se hizo más costosa, y ello estimuló la producción doméstica. Es notoria la forma como se ha intensificado el sector cafetero.

 

A los bancos y a los intermediarios financieros les fue bien. En gran parte, porque la tasa de interés que cobran sigue siendo muy alta. El Banco de la República bajó la tasa de referencia hasta 4,75 por ciento año. No obstante, los bancos continúan prestando a tasas elevadas. Las reducciones de los intereses que hace el Banco de la República no se transmiten a los clientes de los bancos, porque éstos siguen ofreciendo créditos relativamente costosos. Las tarjetas de crédito, por ejemplo, cobran una tasa de interés cercana al 30 por ciento año, en el límite de la usura. Si las ganancias de los bancos mejoran, el PIB crece pero, al mismo tiempo, las familias y las empresas que están endeudas tienen que reducir el consumo y la inversión, y ello tiene un efecto negativo en el PIB. Dicho de otra manera, las ganancias del sector financiero no necesariamente son buenas para el conjunto de la economía. Si los bancos aprietan mucho, en el corto plazo obtienen buenas utilidades, pero con el paso del tiempo la cartera morosa comienza a subir, y los deudores no pueden pagar. Obviamente, esta situación tampoco es buena para los bancos.

 

También ha contribuido al crecimiento la construcción de obras civiles. En este proceso la inversión pública ha sido fundamental. De nuevo, se hace evidente la necesidad de que el Estado intervenga y hale la actividad económica.

 

La inflación

 

La inflación en diciembre de 2017 fue de 4,09 por ciento, inferior a la del 2015 que fue de 5,75. La inflación se redujo, sobre todo, porque el costo de los alimentos disminuyó. Esta apreciación es compatible con el crecimiento de la producción interna de alimentos. Gracias a la mayor oferta, entre el 2016 y el 2017 la inflación de alimentos bajó de 7,22 por ciento a 1,92, y como los alimentos tienen un peso tan alto (29%) en el índice de precios al consumidor (IPC), si baja la inflación de alimentos, también se reduce la inflación general. Esta relación entre el precio de los alimentos y la inflación general deja una lección importante: la estabilidad de los precios tiene que ver con factores reales, y no solamente con variables monetarias. Los bancos centrales suelen darle poca importancia a los procesos reales, como la producción de alimentos, y centran su atención exclusivamente en variables monetarias y financieras.

 

El desempleo

 

En noviembre del 2017 el desempleo fue de 8,4 por ciento, la tasa más alta de los últimos 4 años. La caída de la producción queda reflejada en una tasa de desempleo más alta. Este es un asunto central de la política económica. Desgraciadamente, como sucedió durante la última discusión del salario mínimo, el gobierno y los empresarios siguen pensando que el mayor ingreso de los trabajadores es incompatible con aumentos en el nivel de empleo. Esta lógica es equivocada, ya que mayores salarios estimulan la demanda e incentivan a los empresarios para que mejoren la productividad.

 

Las exportaciones

 

La economía colombiana cada vez está más anclada en el sector primario. Esta re-primarización se refleja bien en la composición de las exportaciones. Tal y como se observa en la gráfica, las principales exportaciones son: café, petróleo, oro, flores y banano. Las exportaciones manufactureras ocupan un lugar muy secundario, y no alcanzan a estar en la gráfica.

 

Esta re-primarización de la economía nacional expresa bien el fracaso de la bonanza minero-energética, ya que no se crearon los mecanismos que permitieran convertir los excedentes en procesos industriales y agropecuarios sostenibles. La excesiva dependencia de los productos primarios hace que la estructura de la economía colombiana sea muy frágil. Estamos muy lejos del sueño que tenían en los años sesenta los pensadores de la Cepal, como Prebisch y Lleras Restrepo. Para ellos el futuro de América Latina estaba en la industrialización. Siempre consideraron que la primarización de las economías crea volatilidad y no es el camino adecuado para consolidar el desarrollo.

 

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Publicado enEdición Nº242
Latinoamérica, amenazada por la coincidencia de varias crisis

Dice un viejo refrán que las malas noticias nunca vienen solas y esta semana Latinoamérica ha podido dar buena fe de ello. En la misma jornada, Estados Unidos subió los tipos de interés por primera vez en nueve años; la segunda agencia de calificación retiró a Brasil el grado de inversión; y Argentina eliminó los controles cambiarios y abrió la puerta a una devaluación de su divisa. Suficientes elementos para arrojar una sombra de duda sobre las perspectivas de las economías de la región para 2016 y abrir, cuando menos, una etapa de inestabilidad.


La subida de los tipos de interés en EE UU reduce el apetito de los inversores por los mercados de más riesgo. Ayer acentuó la caída de los precios de las materias primas, el principal motor de crecimiento regional.


En ese contexto de debilidad, azuzado a su vez por la caída de la demanda global, una devaluación del 30% de la divisa de uno de los principales productores de granos del mundo introduce una severa distorsión en el mercado, que afecta también a otras industrias, como la automovilística, el turismo o el sector inmobiliario. El economista uruguayo Aldo Lema, socio director de Vixion Consultores, escribía ayer que este escenario abre un escenario "muy complejo", con un importante impacto negativo a corto plazo para la actividad al otro lado del Río de la Plata.


Lo peor es que la devaluación de la divisa está lejos de haber llegado a su fin. "Para recuperar el nivel de competitividad previo a los controles de capital el dólar debería cambiarse a 17 pesos y si hablamos de la competitividad relativa respecto a sus socios comerciales no debería bajar de los 16,10 pesos", apunta en una nota Alex Fusté, economista jefe de Andbank. A medio plazo la medida repercutirá positivamente sobre la economía argentina pero a corto plazo el sufrimiento para los consumidores será inevitable. "En Latinoamérica, la economía ha pasado a situarse en segundo plano de la política", apunta Neil Shearing, economista jefe para mercados emergentes de Capital Economics.


Por si fuera poco, la decisión de Fitch de rebajar a bono basura la calificación de la deuda brasileña —una decisión que Standard and Poor's ya adoptó en septiembre— tiene consecuencias inmediatas para muchos fondos de inversión, obligados por sus estatutos a permanecer únicamente en aquellos mercados con el sello de calidad de al menos dos agencias de rating. El temor de las autoridades regionales es que se produzca un "comportamiento de manada" de los fondos de capital, que decidan retirarse de Sudamérica como consecuencia del coletazo brasileño, y que eso encarezca la financiación de los gobiernos.


Los Ejecutivos de la región pueden verse forzados a subir los tipos de interés para contener las presiones deflacionistas, derivadas una divisa más débil. "Puede que los beneficios de una moneda débil no se perciban hasta la segunda mitad de 2016", apunta Shearing.


Como consecuencia de tanta turbulencia, la CEPAL aseguró ayer que la economía de Sudamérica caerá un 0,8% el año que viene, lejos del 4,3% que crecerá América Central o del aumento del 2,6% de México.

Publicado enInternacional
Sábado, 05 Septiembre 2015 04:53

Renace el temor a una guerra de monedas

Renace el temor a una guerra de monedas

La inestabilidad de China fue el tema central en la primera jornada de la Cumbre del G-20 que se está llevando adelante en Ankara. El secretario del Tesoro de EE.UU. instó al gigante asiático a "abstenerse de toda devaluación competitiva".

 

La inestabilidad bursátil y económica de China fue el tema central en la primera jornada de la Cumbre del G-20 que se está llevando adelante en Ankara, a la que asisten los ministros de Finanzas y banqueros centrales. Tal y como lo había anunciado, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Jack Lew, instó al gigante asiático a abstenerse de toda devaluación competitiva. "China debe permitir que su tipo de cambio refleje los fundamentos económicos, evitar las distorsiones cambiarias persistentes y abstenerse de toda devaluación competitiva", dijo Lew, según un comunicado, a su homólogo chino, Lou Jiwei, durante una reunión bilateral. A su vez, la probable alza de la tasa de interés en Estados Unidos fue otro de los temas clave de la cumbre, que seguirá hoy.


Más allá de la advertencia de Estados Unidos a China, los participantes del G-20 buscaron tranquilizar los ánimos y transmitir confianza, sobre todo a los mercados. "El ambiente no es en absoluto poner a China en el banquillo de los acusados", aseguró uno de los funcionarios asistente a las reuniones, quien dijo tener "confianza plena" en la capacidad del gobierno chino para gestionar la desaceleración. No obstante, China "debe comunicar de forma más clara", estimó esta fuente, haciendo referencia a cierta confusión creada tras la devaluación del yuan en agosto. El objetivo es evitar que los países intenten superar la crisis sin una estrategia coordinada y apelen a la "guerra de monedas" para tratar de trasladarles los costos a los demás, ganando competitividad.


Por su parte, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, llamó a los países emergentes a ser "vigilantes" ante los efectos de la ralentización en China, que se refleja en reiterados brotes de pánico en las Bolsas y fuertes caídas de los precios del petróleo y otras materias primas.


Después de que Draghi dijera el jueves no tener ningún límite para apoyar a la economía de la Zona Euro, ahora los ojos se vuelven hacia su homóloga de la Fed, Janet Yellen. La publicación ayer de cifras sobre el empleo en Estados Unidos, menos buenas de lo previsto, no ayudó en nada para despejar la incertidumbre sobre un alza de las tasas de la Fed en septiembre. Semejante decisión podría estar justificada por la solidez de la economía norteamericana, pero enviaría una onda de choque a países emergentes, algunos de los cuales, como Brasil y Rusia, ya tienen serias dificultades.


Un endurecimiento monetario en Estados Unidos tendría un efecto de "aspirador" de capitales, atraídos por mejores rendimientos, en detrimento de la estabilidad financiera de las economías emergentes ya afectadas por la caída de las cotizaciones de las materias primas. También se fijarán estrategias en la lucha contra las prácticas de evasión fiscal de grandes multinacionales.


Saliendo de la esfera puramente económica, los responsables reunidos en Ankara abordaron la crisis migratoria en Europa. "Hablamos por primera vez del tema de las migraciones, en el marco de las migraciones laborales", dijo a la prensa el ministro turco de Trabajo, Ahmet Erdem. "Si tomamos en cuenta el rápido envejecimiento de la población mundial y una posible escasez laboral en un futuro, creo que este tema será discutido aún más en las reuniones del G-20 en los próximos años", auguró Erdem. El secretario general de la OCDE, Angel Gurria, llamó por su parte a apoyar una propuesta estructurada y ambiciosa del presidente francés, François Hollande, y la canciller Angela Merkel sobre cuotas obligatorias de acogida de migrantes en los países de la Unión Europea.


Los participantes también buscarán coordinar mejor la lucha contra la financiación del terrorismo, un tema candente y en particular en Turquía, país vecino de Siria, donde los jihadistas del grupo Estado Islámico controlan numerosos territorios. Francia tratará por su lado de movilizar fondos contra el calentamiento climático, en vísperas de la gran conferencia sobre el clima (COP 21) que se realizará en París a fin de año.

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Domingo, 16 Agosto 2015 08:54

El juego del yuan

El juego del yuan

La República Popular China modificó la paridad cambiaria del renminbi o yuan (moneda del pueblo) al devaluarla en poco más del 4 por ciento. Fue la mayor variación del tipo de cambio desde que el gigante asiático estableció en 1994 su sistema de flotación de la moneda. Desde entonces China escaló rápidamente de ser la octava a la segunda potencia económica mundial, a un paso de desplazar del trono a Estados Unidos. El sorpresivo movimiento cambiario derivó en las tradicionales advertencias sobre su impacto negativo en la economía argentina. En realidad, para la mayoría de los economistas que circula por los grandes medios cualquier acontecimiento local o internacional siempre es malo para las perspectivas argentinas. Agregaron en su análisis convencional que la principal motivación del gobierno chino para disponer esa devaluación fue la de impulsar las exportaciones por la desaceleración de su tasa de crecimiento. Esta movida entonces sería el inicio de una guerra de monedas en una carrera para mejorar la competitividad externa en un escenario de estancamiento del comercio internacional. Esta línea interpretativa conduce a insistir acerca del atraso cambiario de la moneda argentina para considerar inevitable una brusca devaluación. Todo tiene que ver con todo para llegar al mismo lugar: devaluar fuerte. El tema es más complejo e interesante que esa obsesión.


La dirección política de la economía de China decidió en noviembre de 2012 en la XVIII Congreso Nacional del PCCh que el principal motor del crecimiento sea el consumo interno en lugar del sector externo (exportaciones). No ha modificado esa estrategia y la tasa de desaceleración del crecimiento, que igual se mantiene en niveles elevados del 7 por ciento anual, es el resultado de ese proceso de transición y del estancamiento del comercio internacional. El pequeño ajuste de la paridad del yuan no alterará esa situación. La devaluación respondió entonces a otro objetivo central del gobierno de la economía china: la internacionalización de su moneda. Este es un factor más relevante para evaluar las perspectivas de la economía mundial que pensar esa devaluación coyuntural como una medida para impulsar exportaciones. Y es mucho más importante porque refleja que China empieza a competir en un espacio de las finanzas y del comercio internacional dominado hasta ahora por el dólar, y en menor medida por el euro. La pretensión de China no es reemplazar a la moneda norteamericana sino convivir con ella, lo que de por sí ya es todo un acontecimiento del nuevo ordenamiento económico mundial. Es la exteriorización de China como líder económico mundial, ya no sólo como potencia emergente. Para consolidarse en ese nuevo papel no basta con mostrar indicadores de crecimiento y magnitud de mercados que provocan asombro, sino ejercer como potencia en el concierto internacional. Para ello les resulta indispensable incorporar el yuan en el flujo global de transacciones comerciales y financieras.


Para impulsar la expansión de su moneda, al comenzar el nuevo siglo, China implementó un proceso que incluyó, primero, la paulatina liberalización de la cuenta corriente y unos años después una gradual y parcial apertura de la cuenta capital y financiera. Desde 2005, introdujo una mayor flexibilidad en el régimen cambiario que incluyó un esquema de flotación administrada con una banda atada a una canasta de monedas. La moneda china empezó a estar disponible en los mercados financieros internacionales a partir de nuevas regulaciones, acompañando la gran transformación de la economía china de las últimas décadas. Desde 2010, China autorizó a otras bancas centrales a mantener reservas internacionales en renminbi (yuan). Por caso, la autoridad monetaria de Australia invierte el 5 por ciento de sus reservas netas en renminbi.


Varias instancias ha recorrido el gobierno chino en ese tránsito de internacionalización del yuan. Desde 2011 ha firmado veintitrés acuerdos de intercambio de moneda (swap), uno de ellos con la banca central de argentina, por un total equivalente a 400 mil millones de dólares (2,6 billones de yuanes). Los swaps de monedas permiten utilizar la contraparte de yuanes tanto para comerciar con China como para convertirla en otras monedas. Todos los acuerdos de swaps fueron realizados por tres años con posibilidad de renovación. China promueve que se utilice al yuan no sólo para el comercio sino también de esa manera como reserva de valor.


En ese proceso se inscribe el Acuerdo de Reservas de Contingencia firmado en la VI Cumbre del grupo de economías Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) realizado en Fortaleza, Brasil, a mediados de julio del año pasado. Ese fondo sumará 100.000 millones de dólares, de los cuales 41.000 millones los aportará China, 54.000 millones serán integrados en partes iguales por Brasil, India y Rusia, y los 5000 millones restantes por Sudáfrica. Otra iniciativa promovida este año por China con el mismo objetivo es el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras integrado por 57 miembros fundadores. Estados Unidos y Japón –el gran aliado de Washington en Asia Pacífico– son los grandes ausentes de esa entidad que contará con un capital inicial equivalente a 50.000 millones de dólares con el objetivo de financiar proyectos de infraestructura en Asia. Estados Unidos había expresado su oposición a la creación de esa entidad porque pasará a competir con instituciones similares bajo su control (Banco Mundial) o el japonés (Banco Asiático de Desarrollo).


El tránsito hacia la internacionalización del yuan había registrado un paso significativo en 2009 cuando se definió un acuerdo de settlement cross-border para el comercio en renminbi con plazas domésticas y fuera de China (Hong Kong, Macao y los países asiáticos agrupados en la ASEAN). A partir de julio de 2010, esa moneda empezó a ser oficialmente convertible en Hong Kong, tras un acuerdo entre el Banco Popular de China y la Autoridad Monetaria de Hong Kong. Esto dio lugar al lanzamiento del mercado de la cotización offshore del yuan en Hong Kong. Otra medida fundamental en ese sentido fue que en 2010 las autoridades chinas lanzaron un programa que permitió a ciertos inversores institucionales seleccionados invertir en el mercado interbancario de bonos. De ese modo inició el camino para que el yuan sea totalmente convertible a otras monedas. Esto significa que pueda ser vendida o comprada libremente a precios de mercado.
El Banco Popular de China designó al China Construction Bank y al Bank of China como agentes de clearing en Londres y Frankfurt (éste último con alcance a toda la zona del euro), lo que permitió a los no residentes en China que operen con estos bancos poder comprar yuanes. Esto se concreta mediante cupos que el Banco Popular de China otorga a esas dos entidades. El establecimiento de estas entidades como agentes de clearing fue complementado con líneas específicas de swaps con el Banco de Inglaterra (junio de 2013) y con el Banco Central Europeo (octubre de 2013).


El artículo "El uso de divisas como reservas internacionales: el caso del renminbi" publicado en el Informe Macroeconómico del Banco Central de agosto del año pasado, explica que "las diversas medidas adoptadas por el gobierno chino hacia una internacionalización de su moneda se condicen con el programa de reformas estructurales que, entre otros, incorporan el alcance de los mecanismos de mercado en las transacciones. Ello, sumado a la creciente importancia relativa de su economía a nivel global, ubicó a la moneda asiática como la novena mayor divisa comercializada en el mundo y la primera en Asia, posición que alcanzó en los últimos años".


Como parte de esa amplia y planificada estrategia irrumpe la decisión de la devaluación del yuan que está ligada primordialmente al objetivo de internacionalización de la moneda. China quiere que el Fondo Monetario Internacional incorpore al yuan en la canasta de monedas conocida como Derechos Especiales de Giro (unidad de cuenta de los créditos de este organismo financiero). Para aceptarla, el FMI le reclamó al gobierno chino la flexibilización de la política cambiaria para ligarla al movimiento del mercado y que el yuan sea totalmente convertible, como el dólar, el euro, el yen, la libra británica y el franco suizo. Hace dos semanas, Christine Lagarde mencionó la posibilidad de "incorporar al renminbi a la cesta de las monedas para fijar el valor de los Derechos Especiales de Giro (DEG) algún día, cuando llegue el momento, en cuanto todas las señales se hayan coordinado de forma positiva". También indicó que una de esas condiciones es que el yuan sea una moneda de "libre uso". La devaluación del yuan a la semana siguiente de las declaraciones de Lagarde fue una de esas señales reclamadas. A nivel oficial, la banca central china informó que esa medida forma parte de una reforma del sistema cambiario que tiene por fin acercarlo más al mercado.


Después del euro en 2002, no se ha registrado la aparición de otra moneda internacional importante hasta la irrupción del renminbi. El euro es un caso especial porque en la práctica reemplazó al marco alemán que ya era una moneda de uso internacional, en cambio la influencia de la moneda china nace de una dinámica económica distinta. En junio de 2011, China tenía el 11,4 por ciento del comercio mundial, pero solamente el 0,24 por ciento de los pagos eran efectuados en su moneda. Esto ha cambiado drásticamente, habiendo subido a 9,43 por ciento a comienzos de 2015. En apenas tres años la participación del comercio en yuanes se ha cuadruplicado. El auge del yuan hoy no es una amenaza para la hegemonía del dólar, pero sí lo es para el lugar que ocupan el yen y el euro en el sistema monetario mundial.


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Devaluación del yuan complica las economías de América Latina

La devaluación del yuan inquieta a América Latina, que en la última década ha tenido en China a uno de los motores de una bonanza que ya daba muestras de ir apagándose.


La depreciación de la moneda china esta semana, la mayor desde 1994, ya provocó movimientos a la baja en los precios de las materias primas, principal renglón de las exportaciones latinoamericanas, y sumó otro problema a Brasil, la mayor economía de la región, actualmente en caída libre y a un paso de perder el preciado grado de inversión.


China es el segundo origen de las importaciones de América Latina y el tercer destino de sus exportaciones, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). El 75 por ciento de esos productos exportados son primarios; desde granos hasta petróleo.
Pekín también desarrolla o proyecta inversiones en la región que van desde un canal interoceánico en Nicaragua hasta puertos en Cuba y refinerías en Venezuela. Además oficia de prestamista de países como Argentina, Ecuador o Venezuela, que tienen dificultades de acceso al crédito. En enero China prometió invertir 250 mil millones de dólares en 10 años en la región.


Proceso confuso


Nadie sabe hasta dónde va este proceso y eso, en el corto plazo, es confuso, dijo Joao de Castro Neves, director de Eurasia Group para América Latina, con sede en Washington.


El efecto inmediato es negativo para las economías más expuestas a China, como Brasil o Chile, observó por su lado Daniel Cunha, de XP Investimentos. Hay un aumento de las primas de riesgo (costo que países o empresas pagan para financiarse en los mercados internacionales), una desvalorización de las monedas y una baja de las materias primas que genera en esas economías una sensación de mayor vulnerabilidad, como es el caso de Brasil y, en segundo lugar, de Chile, por la exportación de cobre, dijo Cunha.


La devaluación de la moneda china estimula sus exportaciones y encarece las importaciones. Sin embargo, economistas advierten que ya varias monedas de la región venían depreciándose, lo cual opera como compensación.


Argentina y reservas


En el caso de Brasil la depreciación en 2015 ya suma 23 por ciento. Si se compara el flujo cambiario de Brasil y China la devaluación es una amenaza que está parcialmente neutralizada por la del real, apuntó De Castro Neves.


Argentina está con un ojo en lo comercial y otro en las reservas del Banco Central. Los chinos pagarán más cara la soya argentina pero, según analistas, eso se mitiga por la caída del precio de las materias primas, que en el caso de la soya fue de 3 por ciento.


China ha hecho inversiones por 23 mil millones de dólares en Argentina y una parte de las reservas nacionales se componen de yuanes (el equivalente de 8 mil 200 millones de dólares sobre un total de reservas de 33 mil 800 millones dólares).


El economista Lorenzo Sigaut Gravuina, de la firma Ecolatina, sostuvo que la devaluación pone a Argentina en aprietos. Obligará a correcciones que impidan profundizar el atraso cambiario que perjudica al comercio argentino y regional, estimó.


Venezuela, un país petrolero con una economía descalabrada, puede sufrir más por la caída de los precios del crudo que por la devaluación del yuan, dijo Luis Oliveros, profesor de la Universidad Central de Venezuela.


Venezuela adeuda a China unos 22 mil millones de dólares, cifra que para China no es realmente grande, afirmó Oliveros. A su juicio la clave es el precio del petróleo, casi la única producción de Venezuela. Me preocupa que la economía china siga teniendo problemas porque eso significa más presión hacia la baja del petróleo y eso impacta mucho más en la economía venezolana, afirmó.


Lo mismo ocurre en Ecuador. A menores precios del petróleo, sube el riesgo país ecuatoriano y eso encarece conseguir más financiamiento externo, dijo el economista Alberto Acosta, editor de Análisis semanal.


Chile y el cobre


Chile, el mayor productor mundial de cobre, ya estaba bajo la presión de precios menores del metal. Dado que esperamos que el gigante asiático ralentice sus importaciones en el corto plazo, también esperamos que el intercambio comercial con la región disminuya, especialmente con Brasil, que representa cerca de 6 por ciento de las exportaciones chilenas, dijo Pablo Basso, de la firma Capital FX.


Es muy probable que veamos nuevos recortes en las proyecciones de crecimiento tanto para 2015 como para 2016, adelantó.


Chile creció 1.9 por ciento en 2014, su nivel más bajo en cinco años. Para 2015 rebajó su proyección de crecimiento a un rango de entre 2.25 a 3.25 por ciento.
De su lado, el economista Jorge González Izquierdo, de la Universidad peruana del Pacífico, sostuvo que la industria de su país sufrirá porque competirá con la producción china tanto en el mercado exterior como en el doméstico.


Observó que si a raíz de la devaluación del yuan la economía china se acelera la economía mundial se va a beneficiar y los precios del cobre, oro, plata, se pueden recuperar. Perú exporta esos productos en gran medida, y se vería beneficiado, apuntó.

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