Estrés crónico, factor de daño cerebral, ya que es causante de la muerte autofágica de células madres neurales

Un grupo de investigadores del Instituto de Ciencia y Tecnología de Daegu Gyeongbuk (DGIST) en Corea descubrió que el estrés crónico interviene en el desarrollo de daño cerebral, ya que puede causar la muerte autofágica de las células madres neurales del hipocampo adulto (NSC), lo que abre nuevas estrategias para el tratamiento de enfermedades neuronales.

El estrés crónico se ha asociado en múltiples ocasiones con diversas enfermedades mentales, como depresión, esquizofrenia y Alzheimer. Sin embargo, aún no se habían estudiado los mecanismos subyacentes a los daños de las funciones cerebrales.

El estudio, publicado en Autophagy, demostró en ratones que los que estaban estresados presentaban una generación de neuronas mucho más lenta. De este modo, Seong-Woon Yu, del departamento de Ciencias Cerebrales y Cognitivas de DGIST, concluyó que causa la muerte autofágica de los NSC hipocampales adultos.

Para su desarrollo utilizó los NSC de un grupo de ratones modificados genéticamente. En este punto, el equipo demostró que el gen SGK3 es el desencadenante del inicio de la autofagia, por lo que cuando se extirpa los NSC hipocampales no se someten a la muerte celular y no son afectados por el estrés.

El experto explicó que los defectos cognitivos y los trastornos relacionados con el estado de ánimo son consecuencia de ese proceso. Los avances podrían ayudar al tratamiento de enfermedades neurodegenerativas, como la demencia.

Concluyó que estos hallazgos suponen un "paso más hacia el desarrollo de un tratamiento eficaz de trastornos como la depresión o la ansiedad".

La colcha de retazos del Plan de Desarrollo

El plan de desarrollo, Pacto por Colombia, Pacto por la Equidad, que finalmente aprobó el Congreso es una colcha de retazos. Los 349 artículos no tienen consistencia, y no se derivan del diagnóstico presentado en las Bases del Plan Nacional de Desarrollo. Lo lógico sería que el plan tuvieran los ejes definidos en el diagnóstico. Esta secuencia no existe, y las Bases tienen muy poca relación con el conjunto de los artículos. Los temas que se mencionan en la versión final son variados y tocan una multiplicidad de asuntos. La financiación de los programas no es clara. En fin, el Plan de Desarrollo no es una guía para la acción del gobierno. No es un Plan. Es una infinidad de propósitos dispersos.

El primer capítulo está centrado en el presupuesto, y se destacan tres aspectos: i) El alto nivel de agregación. Con este tipo de presentación, no es posible precisar ni el destino de los recursos, ni las fuentes. ii) La dependencia de los recursos del sector privado. El 33,1% de la financiación debe ser aportado por los privados a través de las alianzas público-privadas (APP). Esta confianza del Plan en la financiación privada es ingenua. iii) La dependencia de los recursos de los gobiernos locales. El 11% de la financiación le correspondería a los municipios y a los departamentos. Esta alternativa no tiene ninguna razón de ser porque los gobiernos locales ya están ejecutando sus planes de desarrollo. El gobierno supone, sin más, que estos planes locales son compatibles con el plan nacional, y de manera arbitraria contabiliza las finanzas locales como parte del presupuesto del plan nacional.

El segundo capítulo se refiere a los mecanismos de ejecución del plan, y se le da especial importancia a la legalidad, que cubre un abanico amplio, que va desde la “protección social”, hasta la regulación de las actividades relacionadas con la minería y el medio ambiente. Sin duda, los propósitos son loables, y el más relevante es el control a la desforestación.

En el Plan se propone fortalecer a la Superintendencia de Servicios Públicos. Además, en el art. 19, se fija una nueva contribución para financiar las comisiones de regulación. Claramente, esta norma tributaria, y otras más que se incluyen en el articulado, no guarda relación con los ejes del plan de desarrollo, y debería declararse inconstitucional. Siempre ha sido claro que los tributos requieren una norma especial, y no pueden ser incluidos en la ley del plan. En varios artículos se introducen normas tributarias.

En este capítulo también se incluye la financiación de los sistemas de transporte masivo. Se reconoce que la tarifa al usuario no es suficiente para sostener la operación. Por tanto, es necesario recurrir a subsidios, pero se advierte que su financiación no se puede hacer con recursos del gobierno nacional, sino con ingresos de la propia unidad territorial (departamentos y municipios). Es positivo que se acepte de manera explícita que se requieren subsidios. Los municipios tienen que ir aceptando que es indispensable subir los impuestos, con criterio progresivo, sobre todo el predial.

En otra sección del segundo capítulo se menciona la conversión de Colciencias en el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación. Según el gobierno, con esta cambio institucional se avanza en la consolidación de la ciencia en el país. Realmente no es así porque el nuevo ministerio funcionaría con el mismo presupuesto de Colciencias, que es pírrico.

En el capítulo tercero se introduce el pacto por la equidad, que incluye, educación, salud, subsidios.

Se recuerdan los compromisos adquiridos por el gobierno para financiar la educación superior. La agregación de los valores no es clara.

Se propone, además, la creación de una comisión que evalúe los cambios que se le deban hacer al Sistema General de Participaciones, de tal forma que se logre mayor equidad y cobertura.


Se crea una Mesa de Equidad, que debe vigilar los logros que se consigan en la lucha contra la pobreza y la pobreza extrema.

Después de las críticas que se le hicieron a la primera versión del articulado por la poca relevancia que se le daba a la paz, en la versión final se ordena la creación del trazador presupuestal para la paz, que debe velar para que la ejecución del gasto efectivamente contribuya a la consolidación de la paz. En el Plan no se ofrecen mayores detalles sobre la forma como operaría.

En la parte relacionada con la salud, se dan algunas pistas de la forma como se financiaría el déficit del sistema que es cercano a los 10 billones de pesos. Falta claridad sobre las particularidades del cierre financiero.

El desorden del plan de desarrollo no permitió definir una ruta, así que el país continuará tomando decisiones con criterios de corto plazo, y sin una visión estratégica. Mientras tanto, persisten las amenazas contra la paz, y el país seguirá con la misma senda económica, caracterizada por la dependencia creciente de hidrocarburos y minerales. Con el desorden de opciones del Plan, es imposible dar pasos reales hacia el cambio de la matriz energética.

 

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16 de mayo de 2019.

Publicado enColombia
La colcha de retazos del Plan de Desarrollo

El plan de desarrollo, Pacto por Colombia, Pacto por la Equidad, que finalmente aprobó el Congreso es una colcha de retazos. Los 349 artículos no tienen consistencia, y no se derivan del diagnóstico presentado en las Bases del Plan Nacional de Desarrollo. Lo lógico sería que el plan tuvieran los ejes definidos en el diagnóstico. Esta secuencia no existe, y las Bases tienen muy poca relación con el conjunto de los artículos. Los temas que se mencionan en la versión final son variados y tocan una multiplicidad de asuntos. La financiación de los programas no es clara. En fin, el Plan de Desarrollo no es una guía para la acción del gobierno. No es un Plan. Es una infinidad de propósitos dispersos.

El primer capítulo está centrado en el presupuesto, y se destacan tres aspectos: i) El alto nivel de agregación. Con este tipo de presentación, no es posible precisar ni el destino de los recursos, ni las fuentes. ii) La dependencia de los recursos del sector privado. El 33,1% de la financiación debe ser aportado por los privados a través de las alianzas público-privadas (APP). Esta confianza del Plan en la financiación privada es ingenua. iii) La dependencia de los recursos de los gobiernos locales. El 11% de la financiación le correspondería a los municipios y a los departamentos. Esta alternativa no tiene ninguna razón de ser porque los gobiernos locales ya están ejecutando sus planes de desarrollo. El gobierno supone, sin más, que estos planes locales son compatibles con el plan nacional, y de manera arbitraria contabiliza las finanzas locales como parte del presupuesto del plan nacional.

El segundo capítulo se refiere a los mecanismos de ejecución del plan, y se le da especial importancia a la legalidad, que cubre un abanico amplio, que va desde la “protección social”, hasta la regulación de las actividades relacionadas con la minería y el medio ambiente. Sin duda, los propósitos son loables, y el más relevante es el control a la desforestación.

En el Plan se propone fortalecer a la Superintendencia de Servicios Públicos. Además, en el art. 19, se fija una nueva contribución para financiar las comisiones de regulación. Claramente, esta norma tributaria, y otras más que se incluyen en el articulado, no guarda relación con los ejes del plan de desarrollo, y debería declararse inconstitucional. Siempre ha sido claro que los tributos requieren una norma especial, y no pueden ser incluidos en la ley del plan. En varios artículos se introducen normas tributarias.

En este capítulo también se incluye la financiación de los sistemas de transporte masivo. Se reconoce que la tarifa al usuario no es suficiente para sostener la operación. Por tanto, es necesario recurrir a subsidios, pero se advierte que su financiación no se puede hacer con recursos del gobierno nacional, sino con ingresos de la propia unidad territorial (departamentos y municipios). Es positivo que se acepte de manera explícita que se requieren subsidios. Los municipios tienen que ir aceptando que es indispensable subir los impuestos, con criterio progresivo, sobre todo el predial.

En otra sección del segundo capítulo se menciona la conversión de Colciencias en el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación. Según el gobierno, con esta cambio institucional se avanza en la consolidación de la ciencia en el país. Realmente no es así porque el nuevo ministerio funcionaría con el mismo presupuesto de Colciencias, que es pírrico.

En el capítulo tercero se introduce el pacto por la equidad, que incluye, educación, salud, subsidios.

Se recuerdan los compromisos adquiridos por el gobierno para financiar la educación superior. La agregación de los valores no es clara.

Se propone, además, la creación de una comisión que evalúe los cambios que se le deban hacer al Sistema General de Participaciones, de tal forma que se logre mayor equidad y cobertura.


Se crea una Mesa de Equidad, que debe vigilar los logros que se consigan en la lucha contra la pobreza y la pobreza extrema.

Después de las críticas que se le hicieron a la primera versión del articulado por la poca relevancia que se le daba a la paz, en la versión final se ordena la creación del trazador presupuestal para la paz, que debe velar para que la ejecución del gasto efectivamente contribuya a la consolidación de la paz. En el Plan no se ofrecen mayores detalles sobre la forma como operaría.

En la parte relacionada con la salud, se dan algunas pistas de la forma como se financiaría el déficit del sistema que es cercano a los 10 billones de pesos. Falta claridad sobre las particularidades del cierre financiero.

El desorden del plan de desarrollo no permitió definir una ruta, así que el país continuará tomando decisiones con criterios de corto plazo, y sin una visión estratégica. Mientras tanto, persisten las amenazas contra la paz, y el país seguirá con la misma senda económica, caracterizada por la dependencia creciente de hidrocarburos y minerales. Con el desorden de opciones del Plan, es imposible dar pasos reales hacia el cambio de la matriz energética.

 

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16 de mayo de 2019.

Publicado enEdición Nº257
“Puede haber un modo de locura que a alguien le ayude a vivir”

El autor comparte la lección de Jacques Lacan de que se puede ser psicótico sin ser loco y la amplía para formular por qué se puede ser loco sin estar loco. La esencia de su investigación se resume en una frase propia: “Sólo el psicoanálisis contempla la extraordinaria alternativa de una locura sin locura”.

 

“Qué es la locura no es muy difícil decirlo, lo difícil es pensar cómo es que no estamos locos”. Este argumento tan polémico como certero pertenece al médico psiquiatra y psicoanalista Emilio Vaschetto. Autor del libro Ser loco sin estar loco (Grama Ediciones), Vaschetto presenta en el comienzo de su trabajo un riguroso estudio histórico sobre cómo la psiquiatría entendió la locura a través del tiempo para llegar a compartir la lección de Jacques Lacan de que se puede ser psicótico sin ser loco y ampliarla para formular por qué se puede ser loco sin estar loco. “En un primer momento, Lacan toma el tema del lenguaje interior como parte de lo que llamará endofasia. Siempre nos pensamos, nos hablamos bajo una forma más o menos audible que en la alucinación, incluso también en el delirio eso toma otra forma”, cuenta Vaschetto en la entrevista con PáginaI12. Eso puede observarse desde el punto de vista de la psicopatología. “Luego, Lacan va a tener un giro trascendental en su enseñanza donde va a generalizar un poco la idea de la locura, sacándose de encima todo ese edificio rígido demasiado encorsetado de los psiquiatras clásicos con los que se formó”, agrega.


–¿Podría haber psicosis que no sean patológicas?


–El título provocativo de mi trabajo tiene varias vueltas. Por eso, la ilustración de tapa es circular; es decir, uno puede leer: “Estar loco sin ser”, “Ser loco sin estar”, etcétera. Bajo esa forma laxa y provocativa del título se introducen varias cuestiones. Por un lado, si alguien puede ser psicótico sin estar loco. Es el caso de lo que se han llamado a lo largo de la historia locuras lúcidas, psicosis con conciencia, locuras morales, siempre bajo la forma de la figura retórica del oxímoron. Es sumamente interesante porque eso tiene otra visión de la clínica. Es una clínica sin manifestaciones, sin síntomas ostensibles. Es una clínica cotidiana. Tiene que ver con todo aquello que se ha desarrollado en estos últimos años fundamentalmente en el psicoanálisis de la orientación lacaniana, de la mano de Jacques-Alain Miller, como psicosis ordinaria. No es una idea que no haya estado nunca en la clínica. Siempre ha habido personajes raros, extraños, pero que uno no veía que estuvieran completamente locos sino que eran formas de locura sutil. Entonces, esa es una primera idea. Luego, también se puede estar loco sin ser psicótico. Hay formas de locura, formas llamativas, manifestaciones delirantes, alucinatorias, que no necesariamente son psicosis. La clínica ha dado cuenta de ello: las locuras histéricas, muchas formas de locuras puerperales. Por ejemplo, en la Argentina en un determinado período de la historia, cuando se institucionalizó el acto de parir, muchas mujeres fueron sacadas de sus casas. De parir en el hogar a parir en un ámbito institucional enloquecían al calor de la fiebre. El hospital era un espacio anómico. Pero no todas eran psicóticas. Eran estados pasajeros, oniroides, de ensueño, pero pasaban y se iban.


–¿En qué consiste el núcleo psicótico de la neurosis?


–La idea de un núcleo psicótico en la neurosis la han tenido los posfreudianos y algunas formulaciones de personas que han recibido cierta influencia de Jacques Lacan, pero que no podríamos mencionar como específicamente lacanianas. Lo que he tomado de relevo del núcleo psicótico dentro de las neurosis fue para tratar de encontrar algunas referencias a lo largo de la historia de la clínica psicoanalítica de colegas que se han ocupado de formas como la locura sutil, la psicosis sin locura o formas subclínicas de la psicosis. No necesariamente quiere decir que yo adhiera a ese concepto, pero he tratado de leer de una manera desprejuiciada todas las referencias que se han dado al respecto. Intenté resumir eso en un trabajo sumario.


–En las primeras páginas, donde desarrolla una pequeña historia de la psiquiatría, se mencionan los casos de los excéntricos, descarriados, maníacos y abúlicos, entre otros. Si se lee de corrido todo el compendio parece que la psiquiatría funcionó en el pasado como una especie de policía del pensamiento. ¿Es muy exagerado?


–(Risas). Bueno, la psiquiatría a lo largo de su historia, en un aspecto, no en todos, ha tenido una vocación policial. En nuestro país la tuvo. Pero no fue sólo eso. Lacan era psiquiatra, un gran clínico formado en las luces de la psiquiatría francesa, pero leyó la locura desde sus inicios como un problema de estilo. Es decir, él va a leer en su tesis de psiquiatría los escritos de una loca –y esto lo digo sin ningún estigma porque para mí la locura no es estigmatizante– desde el punto de vista del estilo. Por supuesto que él está influenciado por toda la forma de la psiquiatría que, como usted dice, clasifica, trata de tipificar, de ordenar en clases y, a la vez, tener un prejuicio sobre las personas, en un sentido. Pero en otro, Lacan le da una vuelta a todo eso. Termina vaciando semánticamente las categorías psiquiátricas para transformar –y esto es muy importante– a la paranoia en el lazo social mismo. La paranoia es el lazo social, es la configuración del yo. Cuando vemos mucho “yo” dando vueltas nos preguntamos si ese sujeto no es un paranoico. Pero, a la vez, todos nos constituimos de manera paranoica con nuestro yo. Luego piensa que, por ejemplo, la histeria puede ser un discurso; es decir, ya le quita ese aspecto de tipo clínico para volverla un discurso, un discurso histérico. La forma de la ironía esquizofrénica es el ideal de la función del analista. El analista sería una especie de esquizofrénico irónico que interviene así con su paciente. Es decir que Lacan empieza a vaciar semánticamente todas esas categorías. La parafrenia como una enfermedad del semblante, por ejemplo. Esta es la enseñanza más importante que deja Lacan, de una forma que yo llamo pospsicopatológica; no desatendiendo la psicopatología, pero saliendo de ese molde rígido, superándolo para apostar a las formas de respuesta singulares de cada sujeto y no a las grandes categorías.


–¿Por qué aclara que no es un libro acerca de las psicosis y su ontología?


–Tiene que ver con esa rueda del título. Comienzo hablando en ese rastreo histórico de cómo es la lectura de estas formas de psicosis sin locura dentro de la historia clínica para terminar hablando de cómo la psicosis misma lee al psicoanálisis; es decir, exonerar cualquier posibilidad de pensar que psicosis podría ser alguna esencia. Más bien me gusta la frase de Lacan de que la locura sería una seducción del ser. Esa frase me encanta porque me parece que nos corre de cualquier visión esencialista para pensar a la locura desde un punto de vista más bien corriente.


–¿La personalidad “como si” es propia de la esquizofrenia o abarca un conjunto más amplio?


–Cuando Heléne Deutsch aborda las personalidades “como si”, ella, psicoanalista, la plantea como una forma dentro de una esquizofrenia. Para Lacan, las personalidades “como si” serían cómo funciona un tapón o una suplencia para que alguien evite precipitarse en la forma clínica de la locura. Esa forma “como si” que haría a alguien ajustarse a modos de ser, a modos de identificación que le hacen a una existencia posible, son más bien formas de solución y no tanto síntomas o signos que nos podrían hacer pensar de alguien que estaría clínicamente loco. Tomando la filosofía de las ficciones muy de moda en esa época (Vaihinger habla de esto) Heléne Deutsch utiliza ese concepto para tipificar modos de identificación de los esquizofrénicos. Jacques Lacan lo ubicaría –o nos gustaría leerlo– desde este otro costado, como formas de respuesta, como alguien que encuentra una invención, un aparato de suplencia (para utilizar un término de Ramos Mejía) que le ayuda a vivir. Yo pondría el espíritu de lo que he investigado en que son formas de locura que, lejos de hacerle imposible la vida a alguien, le ayudan a vivir. Puede haber un modo de locura que a alguien le ayude a vivir. Pensemos si no en cada uno de nosotros.


–En el libro señala que Otto Kernberg definió a los “borderline” con aspectos psicológicos vinculados con la falta de profundidad emocional. Es bueno llamar la atención sobre este punto porque generalmente en el imaginario colectivo tiende a pensarse en un desborde emocional.


–Sí, hay una visión de la locura que es popular: piensa que un loco está desbordado, excitado o que produce una alteración del orden público. Más bien hay muchas personas psicóticas que sufren un vacío de ser, que les cuesta mucho anclarse en la vida, que les cuesta mucho encontrar un fundamento a partir del cual vivir. He tomado la referencia de Otto Kernberg, primero porque es un psiquiatra americano y uno tiene que leer a los americanos porque eso tiene alcance global, pero sabiendo que también hay cierta ingenuidad en esas formas de la clínica americana. Los desórdenes fronterizos que ve Otto Kernberg nos hacen pensar en un continuum, en una forma donde se instalarían tanto la neurosis como la psicosis, que para el psicoanálisis son dos estructuras clínicas absolutamente diferentes. En ese continuum, él ubicaría los desórdenes fronterizos. He podido entender de las lecturas de Otto Kernberg que muchos de los casos que él cita, que muchas de las descripciones que él hace dentro de los desórdenes fronterizos, se tratan efectivamente de psicosis sin locura, que es a lo que vamos con esta falta de profundidad, con esta sensación crónica de vacío, como suele utilizarse, donde lo que más bien vemos es un vacío del ser, de alguien que no encuentra cuál es el fundamento de su existencia. No encuentra, por ejemplo, las pasiones, no encuentra el amor, no encuentra desde dónde sentir lo que otros sienten. Y eso es un dolor de existir fenomenal.


–En esa vivencia subjetiva de vacío, ¿el individuo siente que no siente nada?


–Es así. Es un término de un psiquiatra alemán que hablaba de la melancolía y que uno podría tomarlo para la psicosis a partir de su observación: del sentimiento de la falta de sentimiento. Ese es quizás el dolor de existir más grande que puede haber. Alguien que quizás dice: “Yo siento que no siento el amor”, “Siento que no siento a las pasiones”, “Siento que estoy vacío, realmente vacío”.


–¿Cómo juega la razón en la locura moral?


–Ahí tenemos el oxímoron del que hablábamos al principio: loco-moral. Es un oxímoron en tanto que era inadmisible pensar que el loco podía tener moral en una época. Lo que descubre la clínica clásica es que hay personas que están afectadas en sus sentimientos pero que la razón les funciona perfectamente, que hay una perversión de algunos instintos pero que no por ello dejan de circular en un ambiente compartido. Es decir que la razón en muchos de ellos no está afectada, funciona perfectamente. Está el caso emblemático de Jean-Jacques Rousseau, autor de El contrato social: era un paranoico. Es decir que las bases de la sociedad moderna con la que nos configuramos en Occidente están armadas en función de un paranoico. Y esto lo capta muy bien Mariano Moreno, que dice: “Jean-Jacques Rousseau, el maravilloso pensador ginebrino...” etcétera, pero aclara que él debió censurar la última parte de El contrato social, que tradujo porque el hombre deliró. Uno podría decir que Mariano Moreno sostuvo todo el delirio de Rousseau menos la última parte que tenía que ver con la religión, porque Moreno evidentemente no quería meterse de lleno con el clero en nuestras pampas, cuestión que no le fue muy bien tampoco porque no duró mucho la edición de El contrato social: esa traducción se quemó a los pocos meses. Pero ahí tenemos un cabal ejemplo de qué sucede cuando hay un loco que razona. Lacan dice: “Al fin y al cabo, la paranoia, como una forma de locura, lejos de ser algo disparatado, algo fantástico, es un ensayo de rigor lógico”. Ubica una forma de la psicosis del lado del rigor lógico. Es decir que tiene una visión muy desestigmatizante.


–En el polo normalidad-enfermedad como visión cultural, ¿cuál cree que es la que prevalece en el paradigma de esta época?


–Evidentemente la visión de la enfermedad, lo clasificatorio. Los manuales de clasificación, como el DSM norteamericano, han ido incrementándose en el número de páginas y de clasificaciones. El DSM-1 era un folletín y hoy en día el DSM-5 tiene numerosas páginas. Han aumentado muchísimo las categorías. ¿Esto qué quiere decir? Que cada vez se ha vuelto más laxa la semiología, la observación minuciosa de los síntomas y, paradójicamente, se han incrementado las clasificaciones. Esto por lo menos en la psicopatología, mientras que en la medicina clínica se ha producido un efecto inverso. Esto genera mucha mayor estigmatización, mucha mayor tipificación de los seres humanos a punto tal que es imposible pensar que haya alguien en el mundo que no esté enfermo de algo: el buen humor es un tipo de manía, es un tipo de trastorno bipolar. O arrancarse los pelos, comerse las uñas también ya son formas clasificadas. Entonces, todos estaríamos enfermos.


–¿Por qué Lacan decía que el psicoanálisis es “un autismo de a dos”?


–Es una provocación más de Jacques Lacan. Me gustó porque me parece que le da ese tono distinto a la categoría. Utiliza la categoría de autismo para pensar la figura del psicoanalista. ¿Pensar qué cosa del psicoanalista o del psicoanálisis? El malentendido fundamental: entre analista y analizante no hay acuerdo, no hay una lengua compartida, no hay comprensión posible. No se puede analizar a alguien si se comprende. Esa es la tesis de Jacques Lacan. Si yo comprendo lo que me está diciendo, si me pongo en sus zapatos, no puedo analizarlo. Más bien lo que trataré de escuchar es cuál es la relación que tiene la persona a eso mismo que está hablando. Leer ese discurso y ver cómo surge un decir propio, que no se parece a ninguno, que es incomparable. Eso me parece la astucia de pensar ese “autismo de a dos”.

China: Robot vence a 15 prestigiosos médicos en el diagnóstico de tumores cerebrales

Un sistema de inteligencia artificial chino ganó 2-0 a un equipo de quince prestigiosos médicos del país en una competición a dos rondas en las que tenían que diagnosticar tumores cerebrales y hematomas a pacientes enfermos, en un concurso organizado en el Tiantan Hospital de Pekín.

El sistema BioMind AI, desarrollado por el centro de investigación en inteligencia artificial para desórdenes neurológicos de ese hospital y por un equipo de la universidad Capital Medical University, hizo en quince minutos un 87 % de diagnósticos correctos (de un total de 225 casos), frente al 66 % que consiguió el equipo de doctores.

En cuanto a la predicción de hematoma cerebral, su precisión fue del 83 %, mientras que los médicos -procedentes de prestigiosos hospitales del país- acertaron en un 63 % de los casos.

En ambas pruebas el nivel de precisión de los humanos fue “bastante normal e inclusión mejor que la media de precisión que se consigue en hospitales ordinarios”, defendió Gao Peiyi, responsable del departamento de radiología del Tiantan Hospital, puntero en neurología y neurocirugía.

El robot ha sido entrenado durante los últimos diez años mediante el almacenamiento de decenas de miles de imágenes de enfermedades relacionadas con el sistema nervioso, lo que le hace capaz de diagnosticar enfermedades neurológicas comunes como meningioma y glioma con una tasa de precisión de más del 90 %.

El vicepresidente del hospital, Wang Yongjun, señaló que lo importante no es quién saliera ganador, porque “el concurso no pretende enfrentar a humanos con la tecnología sino ayudar a los médicos a aprender y mejorar mediante la interacción” con ella, especialmente a aquellos más “escépticos”.

Una de las doctoras participantes y que fue eliminada en la segunda ronda, Lin Yi, dijo que da la bienvenida al uso de la inteligencia artificial, a la que no considera un amenaza sino “una amiga”.

El jurado por su parte señaló que la inteligencia artificial nunca reemplazará a los profesionales, sino que funcionará de forma similar al uso que un conductor le da a un GPS.

(Con información de EFE)

Sensor con bacteria permite diagnosticar males gástricos

Investigadores estadunidenses desarrollaron un sensor equipado con una bacteria genéticamente modificada que se puede ingerir para diagnosticar sangrado en el estómago u otros problemas gastrointestinales.

De acuerdo con un estudio publicado este jueves en la revista Science, el proyecto combina sensores de células vivas con electrónica de ultra bajo poder que convierte la respuesta bacteriana en una señal inalámbrica que puede leerse con un teléfono inteligente.

"Al combinar sensores biológicos modificados con electrónica inalámbrica de baja energía, podemos detectar señales biológicas en el cuerpo y en tiempo casi real permitir capacidades de diagnóstico para aplicaciones de salud humana", explicó Timothy Lu, profesor asociado de ingeniería biológica del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) y uno de los autores del artículo.

Probado en cerdos

Según el trabajo, los sensores pueden responder al hemo, componente de la sangre, y funcionan en cerdos. Los científicos también diseñaron sensores que pueden responder a la molécula tiosulfato, marcador de inflamación.

Con anterioridad, los biólogos sintéticos diseñaron bacterias que responden a estímulos como contaminantes o marcadores de enfermedades y producen luz, pero normalmente se requiere equipo de laboratorio especializado para medir esta respuesta.

"Nuestra idea fue empaquetar las células bacterianas dentro de un dispositivo", señaló Phillip Nadeau, otro de los autores y ex estudiante de posdoctorado del MIT.

Identifican cinco tipos distintos de diabetes y no dos, como se creía hasta ahora


Una investigación publicada en The Lancet halla diferencias significativas en pacientes con la misma enfermedad, lo que podría derivar en tratamientos más personalizados.

Un estudio elaborado por científicos suecos y finlandeses ha identificado cinco tipos distintos de diabetes, según publica este viernes la revista médica The Lancet.
Los investigadores analizaron cinco grupos distintos de pacientes con diabetes que presentaban características "significativamente diferentes", así como "riesgo de complicaciones distinto".


Normalmente, tal y como indica la publicación, hay dos tipos de diabetes, el 1 y el 2, pero el dos suele ser "muy heterogéneo".


Los responsables del estudio señalaron que su descubrimiento podría ser la base para el desarrollo de tratamientos más personalizados para combatir la enfermedad y para identificar aquellos con un mayor riesgo de complicaciones en la etapa de diagnóstico.


Además, descubrieron que el tipo 3 de la enfermedad es el más resistente a la insulina y las personas que la padecen presentan un riesgo significativamente más alto de contraer una afección renal diabética que los enfermos de diabetes tipos 4 y 5.


Por su parte, el tipo 2 de la enfermedad es el que mayores probabilidades contiene de derivar en retinopatía diabética, una de las causas principales de la ceguera.
Para elaborar el informe, los científicos analizaron datos de pacientes recientemente diagnosticados con la enfermedad.


"Esta nueva clasificación podrá ayudar a adaptar y dirigir los tratamientos más tempranos para los enfermos, lo que representa un primer paso hacia la medicina de precisión en la diabetes", concluyeron los investigadores.


Alrededor de 3,7 millones de personas sufren diabetes en el Reino Unido, de las cuales solo el 10 % presentan el tipo 1, el menos común de todos.

 

londres
02/03/2018 11:47 Actualizado: 02/03/2018 14:13

 

Martes, 26 Septiembre 2017 15:06

El diagnóstico inesperado

El diagnóstico inesperado

Falta de ejercicio. De repente me vi dando la tercera vuelta a esa inmensa cancha de fútbol a la cual debía darle 15 vueltas, las piernas me temblaban. Una vuelta más. La fatiga era evidente, ya no podía mantener la respiración por la nariz, abrí la boca para inhalar la mayor cantidad de aire posible y así lograr respirar; mis piernas no daban más. A la mitad de la décima vuelta mi cuerpo no respondía, estaba desconectado; correr o trotar era imposible, cada paso lo sentía más difícil, más pesado, tuve que renunciar y echar mi cuerpo sobre el césped.

 

A lo mejor, una sensación similar es la que viven los pacientes antes de ser diagnosticados. Un cansancio constante, un cuerpo que no responde. Quizás ese cansancio se calma cuando le mencionan el nombre de la patología, cuando le hablan de esa sigla que nunca se le pasó por la mente, la misma que ahora le pondrá una nueva carrera en la vida y que lleva por título ELA.

 

Como se mencionó en otro artículo*, la Esclerosis Lateral Amiotrófica es una enfermedad neurodegenerativa que representa la muerte de las neuronas motoras –las que comandan el movimiento voluntario de los músculos en el cuerpo–, lo que lleva a que el/la paciente quede en estado de inmovilidad pese a que su mente está intacta, pues no afecta cognitivamente nada.


Esta enfermedad es un proceso degenerativo e irreversible de carácter progresivo e inevitable que finalmente lleva a un paro respiratorio. Según la doctora Martha Peña Preciado, se necesitan tres factores para tener la enfermedad: susceptibilidad genética, que se tiene desde el nacimiento –no se desarrolla en todos los casos–; envejecimiento, con el pasar de los años las neuronas del pensamiento o control motor se deterioran y pueden morir, lo cual es un factor de riesgo; medio ambiente, aunque aún falta investigar este último factor, el cual es bastante importante y debe tenerse presente.

 

Aunque no se asegura que sea su causa, se cree que el cigarrillo, derivados de sustancias químicas que hay en el ambiente, petroquímicos, solventes, fungicidas, pueden tener componentes que desatan la enfermedad. Curiosamente, luego de la guerra del Golfo, varios militares norteamericanos regresaron con esta patología.

 

Los casos de ELA no se presentan de la misma manera, por un patrón común, es heterogénea. Si los síntomas inician por miembros inferiores, puede presentarse con problemas como: pie caído, dificultad para caminar y generalmente múltiples tropiezos o caídas. De igual manera, si se presenta en una mano, esta se va atrofiando y debilitando progresivamente, comprometiendo otras partes del cuerpo. Según la doctora Peña, la forma más severa es cuando la enfermedad empieza por los músculos de la cara y la faringe, como la lengua y los músculos para deglutir y hablar, variedad más agresiva de la enfermedad porque el paciente puede entrar en falla respiratoria más rápidamente, al sufrir el degeneramiento de los músculos del tórax, responsables de que los pulmones puedan captar oxígeno.

 

Pacientes con ELA en Colombia

 

En el país la enfermedad integra el grupo de enfermedades huérfanas y raras, de las cuales siempre ha existido un subregistro. Según la doctora Martha, el Ministerio de Salud dice que para 2015 había cerca de 350 a 400 pacientes afectados por ELA. No existe un registro oficial de los años 2016 y 2017, pero se sospecha que al día de hoy existen entre 800 y 1.000 personas vivas con la enfermedad. La mayoría de casos se presenta en hombres entre los 60 y 65 años de edad, no quiere decir que no se presenten pacientes de 14, 20, 30 o 80 años.

 

A continuación la historia de Antonio, un paciente que lleva alrededor de 10 años con la enfermedad, quien nos cuenta cómo fue su diagnóstico:

 

Tantos trámites para recibir el golpe

 

Transcurría el año 2008, enamorado de mi trabajo como comunicador social tenía la responsabilidad de consolidar un ejercicio en la capacitación y formación de emisoras escolares en la ciudad de Bogotá. A mi cargo estaba un proceso en 10 colegios de la localidad de Bosa, donde había que jugársela por dar todo el conocimiento y compartir el saber con niñas, niños y docentes para lograr el fortalecimiento de las emisoras, las cuales debían cumplir un papel pedagógico y comunicativo al interior de la comunidad educativa, aportando cambios en la cotidianidad conflictiva que vivía la gente.

 

Caminar de colegio en colegio era mi rutina diaria, que se volvía placentera al encontrarme con la energía y vitalidad de los jóvenes participantes y con la entrega de los docentes que hacían parte del proceso. Después de las jornadas gratas y productivas llegaba a descansar a casa; un día comencé a sentir un leve dolor lumbar, que al siguiente día aminoraba y se volvía imperceptible –quizá por el goce que sentía al realizar mi labor.

 

El malestar se repetía constantemente. Como cargaba un maletín en la espalda con documentos, cds, grabadora y material para los talleres, pensé en esa como la razón del dolor; para cerciorarme saqué una cita médica adaptándome a los tiempos de mi EPS-Compensar. El día de la cita con el médico general me dijo que tenía que mandarme a tomar unas placas de rayos x o una radiografía para ver qué pasaba.


Luego de ir a la toma de la radiografía, tuve que volver a pedir una cita con un especialista para que hiciera la lectura. El médico abrió la placa, la observó y dijo que mi dolencia se debía a una escoliosis; me recomendó revisar las posturas del cuerpo al levantar objetos pesados, dormir con una almohada entre las rodillas y hacer unas terapias para la corrección de la columna.

 

Seguir un diagnóstico médico sin saber lo que me esperaba

 

Varios meses después, a pesar de cumplir con las recomendaciones médicas, la dolencia no tenía mejoría. Tomé unas terapias, primero por Compensar en la Clínica San Rafael y luego en la Universidad Nacional por colaboración de una amiga que trabajaba en rehabilitación. Asistí a las terapias, dos por semana, a lo largo de seis meses, a la par me hacían exámenes de seguimiento y tenía que ir a citas con el médico especialista, quien cada vez pedía nuevas radiografías para ver cómo había evolucionado.

 

Con la ansiedad de saber cuál era mi estado, seguía juiciosamente las indicaciones del médico, me tomaba las placas de rayos x una y otra vez; el resultado no cambiaba: escoliosis. Mi salud se deterioraba lentamente, así pasaron dos años y medio. Los síntomas avanzaban y en cada nueva cita le decía al doctor que sentía los pies cada vez más pesados para caminar, no podía subir y bajar andenes como antes, tenía que caminar lentamente, pasar las calles era un complique. Ante esto el doctor me dijo que si seguía así tenía que operarme, no veía otra salida. “Yo lo puedo operar y tengo un amigo que es anestesiólogo, entonces toca que se tome otra placa de rayos x y una electromiografía”, dijo.

 

En el papeleo de pedir la autorización de los exámenes, realizármelos y esperar los resultados, pasó más de un mes. Llegué de nuevo a verme con el doctor, tenía los resultados en mis manos, iba acompañado de Mariana, por entonces mi compañera.

 

Entramos al consultorio y el médico se encontraba hablando por teléfono, nos pidió que lo esperáramos, estaba programando un viaje para el exterior y discutía porque no le habían realizado la reserva del pasaje, a la par de su discusión me pidió los resultados de los exámenes. Entre la charla por teléfono revisó la radiografía y dijo: “bueno, toca programar la cirugía, la dejamos para cuando regrese, voy a hacer las órdenes”. En ese momento no había revisado la electromiografía. Cuando leyó los resultados dijo “esto toca que lo vea un neurólogo porque puede ser otra cosa”. Elaboró la orden para neurología y tuve que esperar otro mes para que me ordenaran la cita con el neurólogo.

 

El día de la cita, me encontré en el consultorio con un médico joven, tenía acento caribeño; le pregunté que de dónde era y me dijo que salvadoreño, había hecho sus estudios en Cuba y ahora trabajaba en Colombia. Abrió los resultados de la electromiografía y la radiografía, de inmediato me dijo a quemarropa: “esto parece que es una enfermedad de las neuronas motoras, las que hacen que uno pueda moverse, hay que recetar urgente el medicamento existente para retrasar el avance, tenemos que cerciorarnos del resultado, hay que repetir la electromiografía para estar seguros, conozco un médico que se la puede hacer de inmediato”.

 

El examen me lo realizaron en el hospital San José, antiguo Lorencita Villegas. Este examen, privado, de urgencia, costaba medio millón de pesos, tuve que conseguir el dinero por todos los medios. Llegó la toma de la electromiografía y el resultado dos días después, el neurólogo salvadoreño me atendió sin pedir cita y me dijo que, efectivamente, tenía Esclerosis Lateral Amiotrófica, me dijo que iba a ir perdiendo paulatinamente la movilidad y que lo que me esperaba no sería fácil.

 

Dos meses después el mismo médico se accidentó y se rompió las dos piernas, tuvo que regresar a su país y nunca supe nada más de él. Quedé perdido, sin guía, tenía claro el resultado pero no sabía qué hacer. Pedí una nueva cita de neurología en la EPS y me encontré con una neuróloga que no sabía mucho de la enfermedad, lo único que me dijo es que tenía máximo dos años de vida, que la enfermedad era implacable.

 

Después, otra doctora me remitió con la neuróloga que está al frente de la investigación de esta enfermedad en el país, la doctora Martha Peña Preciado. Solicitamos una cita al Instituto Roosevelt, donde ella trabajaba. Me realizó otra electromiografía y comprobamos que la ELA estaba conviviendo silenciosamente conmigo. En abril de 2010 mi mundo se partió en dos.

* https://www.desdeabajo.info/ediciones/32283-ante-la-paulatina-despedida-del-cuerpo.html

Publicado enEdición Nº239
Sábado, 02 Septiembre 2017 10:35

Ante la paulatina despedida del cuerpo

Ante la paulatina despedida del cuerpo

Imagine que se encuentra en un cuerpo que no le permite moverse, donde sus pensamientos son los mismos que tiene ahora, pero la única manera de conectarse con el mundo y con las demás personas es a través del parpadeo de sus ojos. Imagine cómo se sintió cada día mientras vivía la pérdida de movilidad de su cuerpo, hasta que llegó el momento en el que quedó en estado de inmovilidad.

 

Ante tal posibilidad, ¿cuáles serían sus angustias?, ¿estaría dispuesto a seguir viviendo? ¿Qué haría con un familiar en este estado? Estas preguntas las deben abordar y responder los pacientes y familiares que viven cada día con esta enfermedad.

 

La Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), es una enfermedad neuromuscular que afecta las células nerviosas (neuronas motoras) encargadas del control del movimiento de los músculos voluntarios –los que se controlan mentalmente–. Con el avance de la patología estas neuronas se degeneran y mueren, lo que lleva, gradualmente, a que todos los músculos del cuerpo se atrofien y queden totalmente inmóviles. Aunque parezca extraño por el paso del tiempo sin encontrar solución alguna ni medicamento que la neutralice, la enfermedad fue descrita por primera vez en 1869 por el neurólogo Jean-Martin Charcot.

 

Síntomas

 

La ELA es una de las enfermedades neurodegenerativas más frecuentes, después del Alzheimer y el Parkinson. Algunos de sus síntomas son tan imperceptibles que muchas veces no les prestamos atención, ignorándolos. Muchos casos inician con debilidad muscular en diferentes partes del cuerpo, manos, brazos y piernas, pero también puede presentarse con dificultades al tragar, pérdida de capacidad para proyectar la voz, calambres o tics-fasiculaciones (movilidad involuntaria del cuerpo).

 

En Colombia, el número de pacientes con ELA no suma ni mil. Por el desconocimiento que sobre ella existe, el diagnóstico de un paciente tarda hasta dos años.

 

A continuación, una paciente y una familiar comparten sus testimonios sobre lo que implica vivir y acompañar esta enfermedad:

 


 

Johanna Andrea, “Un día la vida me dijo, no más

 

“Sin imaginar lo que me esperaba, notaba como mi cuerpo anunciaba que estaba próximo a irse poco a poco sin regreso”.

 

Los primeros síntomas empezaron para la época del Mundial de Fútbol de 2014; tenía dolor fuerte de cintura y en la noche calambres en las piernas, que me despertaban; sentía mucho cansancio mientras caminaba, me daba mareo y llegaba sudando. Inicialmente no le daba mucha importancia, la verdad amaba los días de carro o taxi para llegar al trabajo. Llegó un momento donde empecé a notar que caminar en línea recta me era imposible, parecía borracha y en ocasiones me tropezaba con frecuencia.

 

Pensé que todo lo que me estaba sucediendo era causa de la vida sedentaria que llevaba y empecé a hacer ejercicio, trotaba en las mañanas y utilizaba la elíptica; cada día era más difícil, me dolían y sentía temblores en las rodillas. Decidí ir al médico, quien sin realizar ningún tipo de examen dijo que era falta de ejercicio y dio fin a la consulta.

 

Ante el diagnóstico médico, mi esposo decidió regalarme una bicicleta, esto fue un reto para mí, aunque salíamos con alguna frecuencia, en realidad no era capaz de subir con facilidad y cada vez me costaba más seguirle el ritmo.

 

Ese mismo año, durante el mes de diciembre, asistimos al matrimonio de una prima. Para esa época tenía muchos problemas para caminar, el pie izquierdo no tenía fuerza y se veía caído. En medio de la fiesta me caí dos veces, con solo leves raspones, pero dejándome totalmente asustada.

 

La pesadilla se volvió real


Al ver que los médicos no decían nada, empecé a tramitar el cambio de EPS. Para el mes de febrero me enviaron una electromiografía; tenía bastante temor y cuando empezó el examen el doctor puso cara de sorpresa, fue tal la novedad –por mi corta edad (26)– que llamó tres médicos más y repitieron el examen. Todos me preguntaban cosas y concluyeron diciendo lo mismo: “debe buscar urgente un neurólogo”. Hicieron entrar a mi hermana por los resultados y le explicaron la gravedad del diagnóstico.

 

Con ese examen llegamos al hospital Rooslvelt, el neurólogo que me atendió me dijo de una vez: “la voy a remitir urgente con la doctora Martha Peña, la están esperando para repetir la electromiografía”. Luego de eso me enviaron varios exámenes más.

 

Al mes asistí a una nueva cita con la doctora Martha. Recuerdo tanto que era una sala con tres sillas y el consultorio. Junto a mí estaban dos señoras en sillas de ruedas, acompañadas por sus familiares. Me senté en medio de los dos familiares y empecé a escuchar lo que hablaban.

 

Las dos señoras padecían ELA. Una tenía 44 años y no podía hablar, solo escribía, en su boca tenía bastante saliva y la tenían que mover porque se cansaba rápido de estar en una misma posición. La otra señora tenía unos 80 años, era su segunda cita, sólo movía los ojos y el cuello estaba totalmente caído, se encontraba completamente inmóvil.

 

Sus familiares hablaban de lo cruel de la enfermedad, yo estaba asustada. En ese momento escuché mi nombre y entramos al consultorio; la doctora empezó a revisarme y me dijo: “Andrea tienes ELA”. Ella siguió hablando pero yo no la escuchaba, estaba en estado de shock, solo pensaba ¿ahora qué? y a mi mente venían las imágenes de las dos señoras que estaban afuera. Al subirme al carro empecé a llorar desconsolada, pues ya había leído todo acerca de la enfermedad.

 

Una enfermedad que llegó sin respetar mi tiempo

 

Vivir con esto no es sencillo, cada vez te falla algo nuevo y así tengas claro lo que se te va a venir encima, vivirlo es muy diferente. Algunos días te preguntas ¿por qué a mí? Y piensas: si Dios existe ¿por qué te tocó vivir esto?

 

La enfermedad me tomó en mi mejor momento profesional, amaba lo que estaba haciendo y quería seguir subiendo de cargo, intenté trabajar hasta donde las fuerzas me dieron. El apoyo de mi esposo fue fundamental y por eso le agradezco; él me ayudaba a arreglar, empacaba el almuerzo, dinero, medicamentos y me llevaba en el carro para facilitar mi movilidad.

 

Mientras tanto, yo trataba de seguir mi vida normal. Me había caído dos veces en la oficina pero nadie me había visto y nunca dije nada a nadie porque quería seguir trabajando.

 

Un día la vida me dijo, no más. Iba entrando al trabajo y me resbalé, me pegué fuerte con la máquina del lector de huellas, quedé en el piso sin poder levantarme sola, un señor me ayudó. Como pude subí al ascensor y apenas llegué al baño me puse a llorar de rabia; tenía que aceptar que ese sería mi último día de trabajo. Le escribí a mi jefe, pues no me sentía bien y él me llevó a la casa. Al día siguiente, en la cita de neurología, empecé a pedir incapacidades y nunca más pude volver a trabajar

 

Otro momento duro de la enfermedad fue aceptar la silla de ruedas. El mundo es muy diferente desde aquí, te llenas de limitaciones, aunque en realidad la enfermedad es una limitación constante, llegas al punto que te deben ayudar a bañar, cambiar, cepillar, limpiar, debes aceptar que te lleven a donde quieras, en fin, dependes completamente de otros.

 

Vivir con ELA es estar condenado en vida, es sentarse a ver cómo los demás viven normalmente, es desear, añorar cosas tan sencillas como caminar, sostener una conversación, salir de la casa para estar solo/a, bailar o simplemente voltearse en la cama.

 

Ahora puedo afirmar que sí existe el infierno y es aquí en la Tierra. Este infierno es vivir atrapado en un cuerpo que cada día es más inservible, mientras tu mente intacta sueña todo el tiempo con volver a lo que eras antes.

 

Llevo tres años luchando día a día y viviendo al máximo

 

Hice una lista de cosas que quiero hacer antes de morir y eso estoy haciendo. He viajado por diferentes partes de Colombia y descubrí la mejor experiencia de mi vida, volando en globo; disfruté del paisaje del eje cafetero. En cuanto a mi movilidad, las personas que nos atendieron fueron muy amables y cuidadosas conmigo.

 

También viajé fuera del país. Visité Panamá y su imponente canal; pasé por Brasil, conocí el mejor acuario de Suramérica; volví al mar en Cancún y quedé sorprendida, allí existen sillas anfibias especiales para personas con movilidad reducida, que te permiten entrar en el agua con facilidad.

 

Me gustan mucho los animales. En México pude cumplir el sueño de nadar con delfines que, a propósito, son animales hermosos. Actualmente tengo dos perros que me acompañan y no me dejan sola, son mi felicidad.


Siempre quise un tatuaje pero me daba miedo hacerme alguno, pero desde que tengo ELA ya no le temo a nada y ya voy para el cuarto.

 

Otras actividades me han hecho muy feliz. Hacer parapente, montar en limosina, asistir a conciertos, donar comida a fundaciones de animales y comer en los mejores restaurantes, pues llegará el momento en que no pueda hacerlo.

 

Aún me faltan más cosas por tachar en mi lista y en eso continuo enfocada.

 

Para el futuro


Tengo claro que no deseo que me conecten ningún tipo de dispositivo (traqueotomía o gastrostomía) y cuando llegue el momento, optaré por tener una muerte digna con el procedimiento de eutanasia. La enfermedad me alejó de la religión, hoy no creo en un ser superior ni en milagros, por eso creo que cada persona es libre de decidir hasta dónde quiere llevar esta condición, y en eso agradezco que en Colombia esté permitido este procedimiento.

 

Ya, para finalizar, agradezco los cuidados, apoyo y amor de dos personas que siempre están incondicionalmente a mi alrededor: mi esposo y mi hermana, pues han sacrificado su tiempo para que mi vida sea más llevadera”.

 


 

Luisa Pinto, “Las cosas pasan por alguna razón...”

 

“Mi nombre es Luisa Pinto y mi padre fue diagnosticado en agosto del 2014. En un principio nuestra relación como padre e hija era un poco diferente a otras, pues después de muchas situaciones llegamos a construir una cercanía de camaradas.

 

Al conocer el diagnóstico no conocía cuáles eran los síntomas, ni la gravedad de la patología, pues para mí él era de esos hombres que no se enfermaban nunca.

 

Desde ahí, desde el conocimiento del diagnóstico, empezó un conflicto interno para el reconocimiento de la gravedad de la enfermedad y de las consecuencias que podía traer el transitar del tiempo. Como primer paso, opté por dejar de vivir con mi madre y decidí acompañar a mi padre en su casa, esto lo hacía en medio de mis obligaciones en la universidad y el trabajo; los síntomas avanzaron, cojeaba un poco y se sentía sin energías para seguir con su diario vivir, esto me impulsó a renunciar a mi trabajo.

 

Desde que empezó a ser más constante mi acompañamiento con él, la experiencia fue modificándome, es decir, además de ir adquiriendo responsabilidades con el avanzar de la enfermedad, fui cambiando mi forma de ver las cosas, las relaciones con los otros integrantes de mi familia, con mis amigos, con mi pareja.

 

El progreso de la enfermedad me obligó a adquirir nuevas habilidades o destrezas para poder ayudarle a mi padre; logré construir una relación sana con él y conmigo misma; reevalué mi actuar y mis decisiones; me convertí en una mujer que no solo se responsabiliza por si misma sino que tiene una responsabilidad por otro.

 

Fortaleza y corazón para continuar viviendo

 

La enfermedad avanza y genera un poco de conflicto frente a las necesidades del paciente y de su cuidador, es demasiado complicado manejar a una persona que pasa por esto. Las limitaciones físicas, el estrés, la frustración de no poder hacer lo mismo que antes, son elementos que afectan el estado emocional de los pacientes crónicos, y para mi padre fue algo que especialmente le afectó, pues antes jugaba voleibol constantemente, salía en bicicleta por Bogotá y, en especial, disfrutaba mucho salir a bailar.

 

Pérdida de autonomía. No me di cuenta de cómo fueron evolucionando sus síntomas hasta que tuvo que empezar a usar bastón, y fue aún más reiterativo en el momento que no pudo seguir manejando el carro, sin embargo, en todo momento estuve negando que su situación podría avanzar aún más. Actualmente la movilidad de mi padre es muy limitada.

 

Es complicado, siento que desde que tuvo un accidente tratando de tomar agua a media noche, no pude dejarlo más, me siento responsable de él, pues soy la persona que siempre ha tenido. Tampoco voy a mentir, en ocasiones es difícil, pues a pesar de que soy fuerte, en diferentes situaciones me abruman las responsabilidades y los compromisos que debo adquirir para procurar su calidad de vida.

 

No es fácil ser única hija y estar a cargo de él, a veces me siento sola, se complica más cuando no puedo entenderle, o manejarle, porque es frustrante para mí no poder ayudarlo con algo que necesita, creo que sentir esa frustración conmigo misma –en el momento en el que él no se encuentra del todo bien– ha sido lo más conflictivo para mí.

 

Con el pasar del tiempo, y las nuevas facetas presentadas, deseo no recordar momentos del pasado que me puedan hacer sentir triste al respecto de lo que está pasando en el presente, pues, antes de la enfermedad, con mi padre éramos camaradas, no éramos padre e hija; hubo momentos que por su orgullo y el mío dejamos de hablar.

 

Siento que le debo a la enfermedad de ahora, poder redimirle tantos años de comprensión y apoyo, espero en algún momento hacerlo con mi madre, demostrarles con mi paciencia y mi compañía que, aunque sean los seres humanos más testarudos que conozco, los amo infinitamente.

 

Las frustraciones diarias, los malos ratos, o los momentos de total ignorancia en los que no puedo manejarlo, me han hecho un mejor ser humano, una persona más cercana a mi familia, más agradecida por los sacrificios que hicieron mis padres para darme todo. Manejar a mi padre con estrés, con sus molestias o, incluso, con su peculiar fijación por los detalles mínimos, me convirtieron en una persona más tranquila conmigo misma, pero cuidadosa con los detalles de las cosas.

 

Para mí el ahora, como acompañante de mi padre y su diagnóstico de dos años con ELA, significa disponer de mi tiempo, poder escuchar, ser paciente, comprensiva, mantener el vínculo significativo con él y, sobre todo, recordar que las cosas pasan por alguna razón, tal vez la vida quería que fuéramos más cercanos”.

 

Este artículo hace parte de un especial sobre la enfermedad, proyectado para 6 entregas. En ellos trataremos: el diagnóstico de la enfermedad en Colombia y sus posibles causas; sistema de salud colombiano y ELA; avances científicos y medicinas alternativas para tratar la enfermedad; papel de los cuidadores de pacientes con ELA y organizaciones en torno a la enfermedad; personas emblemáticas con ELA y referentes culturales (películas y literatura).

Publicado enEdición Nº238

En los casos de alumnos con necesidades educativas especiales o problemas de aprendizaje, el peso del diagnóstico médico actúa como obturador de procesos de inclusión educativa. La preocupación por reunir una descripción detallada y certificada por médico o psicopedagogo se presenta como prioridad, tanto en escuelas especiales como comunes, para resolver la problemática del fracaso escolar o la discapacidad, especialmente en este último caso. Como si por el solo hecho de contar con una palabra o un conjunto de palabras que definen al alumno/alumna bastara para resolver el problema. Suelen aplicarse todos los tests de valoración psicométrica que se dispongan, y generalmente, cuando aparece la discapacidad, se recarga a la familia con solicitudes de estudios médicos y neurológicos. Esta modalidad de trabajo ha estado y está asociada al paradigma médico imperante especialmente hasta hace unos años.

Con el paradigma pedagógico, el acento se desplazó hacia lo que el contexto ofrece para que el alumno tenga determinado desempeño, por lo cual, más que preguntarse o responder en relación a “qué problema tiene este niño”, es importante preguntarse o responder: “En esta escuela y este grupo escolar, qué podemos hacer por él”. No se trata de negar un diagnóstico médico; por el contrario, se lo estima necesario pero, considerando la colonización que marcó la historia de la educación, es más necesario aún recuperar un enfoque multiparadigmático. Esto es, el abordaje diagnóstico desde distintas perspectivas –no como elemento determinante sino como variable referencial–, teniendo en cuenta que la complejidad de algunos casos puede confundir a los profesionales con relación al origen de determinados comportamientos e inducir a la utilización de criterios equivocados para su resolución.

Por ejemplo, hace unos años asistí a una reunión de equipo para el tratamiento de un alumno con parálisis cerebral y, dadas las escasas respuestas positivas a los instrumentos convencionales y clasificaciones estandarizadas, se concluyó que era un niño con discapacidad mental severa. Sin embargo, el tiempo y nuevas miradas con otras técnicas de observación permitieron revertir la hipótesis y se pudo tomar en cuenta la incidencia que tenía el fuerte compromiso motor y que interfería al momento de conocer su nivel de comprensión y conocimiento.

Las distintas modalidades y técnicas que se aplican a los efectos de un diagnóstico más preciso e integral, que actúe como referente o punto de partida para la acción pero nunca como pronóstico cerrado, incluye el modelo tradicional de diagnóstico, que emplea técnicas psicométricas y proyectivas con la finalidad de evaluar lo que es o tiene el alumno. Otro modelo, el de evaluación conductual, intenta el análisis objetivo de los comportamientos del sujeto, mediante la utilización de técnicas de observación sistemáticas, autoinformes de situación y respuestas a entrevistas estructuradas. En la pedagogía operatoria, el diagnóstico del desarrollo intelectual se toma en el sentido de una organización progresiva, por lo cual se sitúa al niño en un estadio de desarrollo determinado y se combina la utilización del método experimental con la entrevista clínica.

El diagnóstico basado en la evaluación de estilos cognitivos considera las formas de aprender, de enseñar, y la interacción entre ambas al momento de analizar las dificultades de un alumno en la escuela o el aula. La evaluación de los climas de clase toma en cuenta distintas variables: relacional, desarrollo personal, organización, dinámica grupo-clase, actividades, apoyos, técnicas e instrumentos para la accesibilidad del conocimiento, modos de circulación del saber.

La evaluación del potencial de aprendizaje se funda en la zona del desarrollo potencial, definida como la distancia entre el desarrollo real, por el cual el sujeto puede resolver sólo un problema, y el nivel de desarrollo potencial, por el cual puede hacerlo bajo la supervisión o colaboración de otro, que pueden ser el adulto o sus pares más competentes. Esta modalidad de evaluación de aprendizaje es muy importante en educación porque supone la reconsideración del desarrollo como producto del aprendizaje social y los estímulos del ambiente en el que vive el niño. Tomarlos en cuenta reposiciona a su vez la función de la escuela como portadora de enseñanza.

Desde hace ya algunos años, la Organización Mundial de la Salud y la Asociación Americana sobre Retardo Mental cambiaron la concepción de la discapacidad mental: la clasificación ahora utilizada se focaliza en el entorno, en las conductas funcionales y necesidades de apoyo de las personas. La discapacidad aparece entonces como resultante de la interacción entre las características propias del sujeto y las variables ambientales, tanto físicas como sociales y de recursos. A partir de este marco se busca unificar un lenguaje en torno de la discapacidad, con intención de describir más que clasificar, y surgen algunos principios básicos: las limitaciones del funcionamiento presente deben considerarse en ambientes de igual cultura y edad; la evaluación, para ser válida, deberá recuperar la diversidad cultural y de lenguas, las diferencias comunicacionales y características sensoriales, motoras y comportamentales; en los sujetos coexisten capacidades y discapacidades, y los apoyos actúan como beneficios y posibilitan el mejoramiento de las situaciones de discapacidad.

Se recupera la interrelación entre lo genético y lo adquirido, lo biológico y lo cultural, lo físico y lo emocional, lo innato y lo construido, aspectos que generalmente se vio escindidos. Las dicotomías entre naturaleza y educación, o entre genes y entorno, son mitos: aun el feto en desarrollo siempre es producto tanto de su ADN como del entorno de ese ADN.

Vale la pena reforzar esta idea de naturaleza y contexto ensamblados, aun desde antes de nacer. Más aún, como bien lo desarrolla Bartra en Antropología del cerebro. La conciencia y los sistemas simbólicos (2006), “la plasticidad del cerebro no está determinada genéticamente, sino que requiere del aprendizaje y la experiencia para que las neuronas formen los mapas que permitan al individuo ser consciente del mundo que lo rodea”. En palabras del propio Bartra, es posible que la respuesta al misterio de la mente humana “se encuentre en un tipo de investigación que no acepte la separación tajante entre el espacio neuronal interior y los circuitos culturales externos (...), para ello habría que pensar que los procesos cognitivos son como una botella de Klein, donde el interior es también exterior”.

Si es posible que en cada uno de nosotros esté la huella de los trazos mnésicos que dejaron las experiencias de las generaciones anteriores, cuánto más habrá que preocuparse para que el contexto de desarrollo del niño sea rico en experiencias de interacción que lo potenciarán como sujeto. Es preciso crear esa zona de desarrollo próximo que neutralice los efectos de cualquier pronóstico preconcebido negativamente y utilizar criterios diagnósticos que contemplen estas posibilidades frente al fracaso escolar o la discapacidad. El contexto no constituye una variable externa que influye en las acciones, sino que es inherente a los procesos de desarrollo del niño.

Por Graciela M. González, licenciada en Educación. Miembro de Redos (Red de Docentes Solidarios), espacio de asesoramiento y capacitación para la construcción de contextos democráticos. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.. Texto extractado del trabajo “Discapacidad, salud, educación”.


 

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