Barrios en Mumbai. Foto cortesía de @johnny_miller_photography

Un nuevo estudio de la Universidad de Leeds calcula la distribución de la huella energética entre distintos países y grupos de ingresos.

En tiempos de crisis climática -y en estos momentos, sanitaria- los que más sufren son los que menos responsables del desastre y los que menos recursos tienen. La energíael sector que más contribuye en España al calentamiento global de la atmósfera, es el ejemplo perfecto para mostrar la enorme disparidad entre los que más tienen y los que menos: el 10% más rico consume aproximadamente 20 veces más energía que el 10% más pobre.

Así lo concluye un estudio publicado este lunes en la revista científica Nature Energy. Realizado por un equipo de investigación de la Universidad de Leeds, combinaron los datos de la Unión Europea y del Banco Mundial para calcular la distribución de las huellas energéticas y conocer en qué bienes y servicios de alto consumo energético tienden a gastar su dinero los diferentes grupos de ingresos. En total, se analizaron 86 países, desde los muy industrializados hasta los que están en vías de desarrollo, revelando una extrema disparidad en los resultados, tanto dentro de los países como a nivel mundial.

A medida que aumentan los ingresos, apunta el estudio, la gente gasta más de su dinero en bienes de alto consumo energético, como paquetes de vacaciones o vehículos, lo que conduce a una gran desigualdad energética. En este sentido, los autores hallaron que el 10% más rico de los consumidores con más recursos utilizan 187 veces más energía de combustible para vehículos que el 10% más pobre.

Enorme brecha energética en el transporte

Aunque las desigualdades son patentes en todos los sectores de consumo, es en el transporte donde se hace más evidente. Según la investigación, el 10% de los consumidores más ricos usaron más de la mitad de la energía relacionada con la movilidad, estando la gran mayoría basada en combustibles fósilesEstos últimos generan el 75% de las emisiones de gases de efecto invernadero generadas a nivel global. En cuanto a aquellos combustibles usados en el hogar, ya sea para cocinar, la calefacción o la electricidad, se distribuyen de forma mucho más equitativa: el 10% más rico consume aproximadamente un tercio del total.

«Sin reducir la demanda de energía» de sectores como el transporte, «ya sea mediante gravámenes a los viajeros frecuentes, la promoción del transporte público y la limitación del uso de vehículos privados, o la tecnología alternativa como los vehículos eléctricos, el estudio sugiere que a medida que los ingresos y la riqueza mejoren, nuestro consumo de combustibles fósiles en el transporte se disparará», señala Yannick Oswald, autor principal del estudio. En el caso de la calefacción y la electricidad, el estudio apunta a que podría reducirse mediante programas de inversión pública a gran escala para la rehabilitación de viviendas.

Desigualdad energética entre países

El estudio pone también en relieve la distribución desigual de la huella de energía entre los distintos países analizados. Mientras que el 20% de los población española y británica pertenece al 5% de los principales consumidores de energía, en Alemania esta cifra asciende hasta el 40%, y en el caso de Luxemburgo al 100%. Estos datos contrastan con los de China, donde sólo el 2% de la población está en ese 5%, y con lo de India, donde la cifra se sitúa en el 0,02% de la población.

Estas grandes diferencias se hace aún más palpables al constatar que el 20% más pobre de la población del Reino Unido sigue consumiendo más de cinco veces más energía por persona que el 84% más pobre de la India. 

Asegurar una transición energética justa

Durante la última Cumbre de Clima celebrada en Madrid, un informe de Oxfam Intermon ponía en evidencia cómo la desigualdad extrema y la crisis climática van de la mano, siendo imposible entender la una sin la otra. Así, la investigación señalaba que solo el 10% más rico del planeta es 60 veces más responsable de las emisiones de dióxido de carbono que se emiten a la atmósfera que el 10% más pobre. En el caso de España, las emisiones por consumo del 10% de los hogares más ricos superan en 2,3 veces las del 10% más pobre.

En esta línea se manifiesta la doctora Anne Owen, coautora de la investigación. «El crecimiento y el aumento del consumo siguen siendo objetivos centrales de la política y la economía actuales», afirma. Para ella, «la transición a una energía con cero emisiones de carbono se verá facilitada por la reducción de la demanda, lo que significa que los principales consumidores desempeñarán un papel importante en la reducción de su consumo excesivo de energía».

Desde el equipo investigador advierten de que si no se reducen el consumo y no se realizan intervenciones políticas de calado, para 2050 -cuando el mundo debe alcanzar la neutralidad de emisiones- la huella de energía podría duplicarse con respecto a las de 2011, aunque mejore la eficiencia energética.

En esta línea, podría haber un aumento del 31% del consumo atribuido sólo al combustible de los vehículos, y otro 33% a la calefacción y la electricidad. Si el transporte sigue dependiendo de los combustibles fósiles, «este aumento sería desastroso para el clima«, señala el estudio.

Otra de las autoras del estudio, la profesora de Ecología Social y Economía Ecológica Julia Steinberger, incide en la idea de adoptar medidas detalladas sobre esta desigualdad para garantizar una transición energética equitativa y justa. Por ello, apunta a la necesidad de «considerar seriamente» el hecho de cómo «cambiar la distribución sumamente desigual del consumo mundial de energía y hacer frente al dilema de proporcionar una vida decente para todos y al mismo tiempo proteger el clima y los ecosistemas». 

Si bien es crucial pensar en términos de emisiones para la mitigación del cambio climático, esto pasa a ser secundario cuando se piensa en los niveles de vida, remarcan los autores.

Fuente: https://www.climatica.lamarea.com/el-10-mas-rico-consume-aproximadamente-20-veces-mas-energia-que-el-10-mas-pobre/

Por Eduardo Robaina | 17/03/2020

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Viernes, 13 Diciembre 2019 06:28

Papa, Bolivia y el enigma del silencio

Papa, Bolivia y el enigma del silencio

“A nombre de Dios nos están matando, están haciendo masacre. La Biblia es un adorno en la mano del gobierno de facto. El problema de nuestro presidente Evo Morales ha sido ser indio...”, exclama un líder aymara durante una marcha en La Paz (bit.ly/343PehW).

En cuestión de días queda claro que el golpe en Bolivia (bit.ly/2Py5kui) no es sólo cívico-policiaco-militar, sino también eclesiástico. El particular fundamentalismo católico –ojo, no evangélico (bit.ly/2YDJREp)− cruceño es su spiritus movens, la Iglesia boliviana (Conferencia Episcopal) al avalarlo y bendecir la brutal represión se vuelve su cuarta pata ((bit.ly/35ea6DS) y uno de los objetivos de los golpistas −cuya acción cobra todos rasgos de una reconquista y revangelización− no es sólo borrar lo indio (wiphala, etc.) y dar marcha atrás con avances sociales de los años recientes, sino también con la separación de la Iglesia y el Estado, siendo la laicidad uno de los fundamentos del nuevo Estado plurinacional −Dios está fuera del poder, fuera del palacio gubernamental... (bit.ly/2PvXAc3)− y del proceso de descolonización encabezado por Morales.

Allí está el golpista ultracatólico Luis Fernando Macho Camacho entrando como un cruzado al palacio de gobierno, arrodillándose ante una bandera boliviana y una Biblia −¡Dios vuelve al palacio! (bit.ly/35eezXg)− y haciendo sus rituales de purificación cristiana de todo lo pagano −indio y, desde luego, comunista− en Bolivia: “¡Satanás fuera!, ¡ Pachamama nunca regresará!, ¡La patria es del Cristo!” (bit.ly/2YDIQMw).

Allí está la proclamada presidenta provisional, Jeanine Áñez, asumiendo el cargo frente a un enorme crucifijo, velas encendidas y una Biblia abierta –en ausencia de una legitimidad institucional los golpistas apelan a la divina (bit.ly/2RG5fHw)−, que luego, junto con Camacho y otros líderes de extrema derecha, agita en el aire desde el balcón del palacio presidencial (otra vez: Dios vuelve a...).

¿Y dónde está en todo esto el papa Francisco, que hasta ahora mantuvo un silencio sepulcral (sic) respecto al golpe en Bolivia, limitándose a llamar a rezar por la situación allí y pedir paz y serenidad? No es que tenga ilusiones respecto a él –tanto Bergoglio como Francisco siempre se han regido por silencios reaccionarios...−, pero sí tengo unas preguntas (aunque sean retóricas):

¿De verdad es posible que Francisco permanezca callado ante la instauración de una dictadura –transicional− en Bolivia? ¿Será porque incluso respecto a la suya, la brutal dictadura argentina también salida de un golpe (1976) y apoyada ferozmente por la Iglesia y el Vaticano, nunca ha dicho una palabra?

¿Es posible que este Papa latinoamericano, gran amigo de procesos progresistas en la región, no salga a la defensa del proceso boliviano y sus logros? ¿Será porque él... nunca era su amigo y vino más bien para neutralizarlos y cooptar sus bases (bit.ly/35fEEF7) nunca para fortalecerlos ni trabajar con ellos?

¿Es posible que este gran amigo de los indígenas no salga a la defensa del primer presidente indígena (bit.ly/2rvzbf7) ni de los indígenas masacrados por el régimen racista de Áñez? ¿Será porque siempre le gustaban más los indígenas −y los pobres− como objetos de caridad, no sujetos que luchan por sus derechos (bit.ly/34bWVSr)?

¿Es posible que Francisco ni siquiera le conteste a Evo su llamado de mediar, el mismo que fue bautizado como Papa comunista por la izquierda biempensante cuando Evo le regalaba una escultura de hoz y martillo en 2015?

¿Es posible que este gran crítico del sistema neoliberal no diga ni una palabra sobre la brutal restauración del neoliberalismo en Bolivia? ¿Será porque su crítica siempre ha sido light, superficial y se detenía allí donde tendría que pasar a la denuncia concreta?

¿De verdad es posible que este gran defensor de la naturaleza ( Laudato si’, etc.) no diga ni una palabra sobre la deposición de un gobierno que quizá mejor encarnaba la defensa de la Madre Tierra, aun con todas las contradicciones de su modelo extractivista y neodesarrollista (bit.ly/2E30SP0)? Al final tampoco ha dicho nada acerca del asesinato de Berta Cáceres, la luchadora ambiental indígena hondureña: su visión fue moldeada por su mano derecha, el cardenal golpista (sic) Rodríguez Maradiaga que aparte de bendecir el golpe contra Zelaya (2009) mantenía, en un buen estilo paranoico de la guerra fría, que aquél, Berta y otros líderes sociales en Honduras eran comunistas y títeres de Chávez (bit.ly/2PCc5vb).

¿Qué sentido tiene denunciar valientemente −en el reciente Sínodo de la Amazonia− la avidez de nuevos colonialismos y colonizaciones ideológicas destructoras y reductoras hacia los pueblos originarios y luego estar callado ante la recolonización real y la denigración sistemática de las culturas indígenas en Bolivia emprendidas por supremacistas blancos-criollos?

¿De veras es posible que el Papa permanezca callado –su silencio de por sí avala la postura golpista de la Iglesia boliviana− frente a un aberrante proceso de recatolización del país en curso por parte de sectores religiosos fanáticos y ultraviolentos que traicionan el núcleo emancipatorio del cristianismo (bit.ly/2PtpCF9)?

Y, finalmente, ¿cuántos silencios cómplices más harán falta para que se reconozca la verdadera −intrínsecamente conservadora (¡allí está la clave al enigma!)− anatomía de este Papa?

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El Sínodo, iniciado el pasado 6 de octubre, tiene por tema “Amazonía: nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral”. Foto: ACI Prensa

Los 184 obispos reunidos en el Sínodo de los Obispos para la Región Panamazónica, convocado por el papa Francisco, prevén aprobar este sábado en Roma un documento final entre cuyos puntos están la introducción del “pecado ecológico” y la posibilidad de ordenar curas casados y contar con mujeres diácono, a lo que se oponen sectores católicos conservadores.

Los “padres sinodales”, entre obispos y cardenales, la mayoría latinoamericanos, en representación de la Iglesia católica de los nueve países de la cuenca amazónica, deberán votar un documento final con casi 200 puntos.

Cada punto será sometido a voto y deberá superar los dos tercios de los 184 votos para ser aprobado.

La lista de los miembros con derecho al voto está compuesta por los 113 obispos procedentes de las diócesis de la región Panamazónica, los 13 jefes de los dicasterios de la Curia romana, los miembros del Consejo presinodal y los miembros nombrados por el papa Francisco.

No tienen derecho al voto los expertos, los auditores y auditoras, los delegados fraternos que representan otras iglesias y confesiones religiosas y los miembros de la comisión para la información.

El papa Francisco tampoco vota, ya que el documento final contiene las propuestas que se le entregan a él.

El documento final -con el resultado de las votaciones- se entrega el sumo pontífice, quien decide si hacerlo público o no. En las recientes asambleas sinodales, Francisco siempre ha hecho público este texto final.

El pecado contra la naturaleza

Después de tres semanas de reuniones a puerta cerrada en el Vaticano, en las que se ha hablado de los grandes males de la Amazonía, los obispos consideran que ha llegado el momento de darle un carácter propio a la Iglesia de esa inmensa región amenazada por incendios, devastación y miseria.

Además de un “rito amazónico” para las comunidades del Amazonas, con más de 400 pueblos indígenas, han propuesto la introducción del “pecado ecológico”.

Con ello se pide impulsar una “conversión ecológica” de los católicos, al considerar como un pecado la destrucción del medio ambiente, ya que consideran que devastar la naturaleza es pecar contra Dios, contra los demás y contra el futuro.

“Los pecados ecológicos son algo nuevo para la Iglesia. Debemos comenzar a confesarlos”, afirmó monseñor Pedro Brito Guimaraes, arzobispo de Palmas (Brasil) ante los religiosos.

Los obispos escucharon el testimonio de indígenas, expertos, misioneros y monjas, quienes denunciaron la destrucción de la selva, y reconocieron su preocupación por la contaminación del agua con mercurio y por la violencia contra las mujeres indígenas.

“La Iglesia se ha puesto en una lucha que no tiene retorno por la defensa de la tierra, del agua y del aire; y a la vanguardia de la defensa del clima”, dijo a la prensa el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), monseñor Oscar Ojea.

Un rito amazónico

Junto al pecado se introduciría el rito amazónico. “No podemos seguir comunicando con esquemas ajenos”, explicó a la prensa el sacerdote mexicano Eleazar López, experto en teología indígena.

La idea de emplear estatuas y símbolos de las poblaciones amazónicas en los ritos litúrgicos ya generó reacciones, sobre todo por parte de los sectores más conservadores.

Varias estatuas sagradas para los indígenas y usados durante algunas celebraciones en el Vaticano fueron robadas la semana pasada de una iglesia y arrojadas al río Tíber, en un gesto de provocación que fue condenado por el papa, quien además pidió perdón.

Todo parece indicar que el papa argentino está de acuerdo con un rito amazónico, ya que al abrir el sínodo al que asisten varios representantes de comunidades indígenas defendió que usen sus trajes tradicionales tanto en las reuniones como en las ceremonias.

“No hay ninguna diferencia entre las plumas en la cabeza de un indígena de la Amazonía y el sombrero que llevan los jerarcas de la Iglesia”, comentó Francisco.

Hombres casados, como sacerdotes

Uno de los temas que generan críticas entre los conservadores y ha sido abordado ampliamente en el sínodo es el de la posibilidad histórica de ordenar como sacerdotes a hombres casados, los llamados “viri probati”, muchos de ellos indígenas, para hacer frente a la escasez de curas.

Se haría con base en dispensas otorgadas por el papa, similares a las dadas a los pastores anglicanos casados que luego se convirtieron al catolicismo, indicó un obispo.

Mujeres diácono

Otro tema que genera controversia es el reconocimiento oficial por parte de la Iglesia del papel clave que desempeñan las mujeres laicas para difundir la fe católica en la Amazonía.

Parte de los obispos de la región amazónica desean la creación de “ministerios laicos” para las mujeres, o mujeres diácono en la práctica, que viven en la selva debido a la escasez de sacerdotes.

Se trataría de reconocer oficialmente lo que ya sucede en muchas comunidades de la Amazonía.

En una carta dirigida al papa, las 35 mujeres invitadas al sínodo pidieron poder votar el documento final. En caso de autorización, sería un hecho histórico para la Iglesia.

Desde que fue elegido pontífice en el 2013, Francisco se ha propuesto abrir las puertas a las mujeres en la Iglesia, ha designado a algunas en puntos relevantes y les ha dado la palabra en el sínodo, pero sin conceder el voto.

Muchas de las participantes viven en la selva, recorren trochas, bautizan, celebran bodas, escuchan confesiones y conviven con la violencia, el narcotráfico, la prostitución y la explotación de la tierra, tal como han narrado algunas de ellas en Roma y el Vaticano.

El sínodo concluye este domingo con una Santa Misa en la Basílica de San Pedro.

26 octubre 2019  

(Con información de AFP y ACI Prensa)

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Por primera vez en mil años, el Vaticano recomienda sacerdotes casados

El sínodo de obispos católicos reunido en el Vaticano aprobó recomendar al papa Francisco que permita que hombres casados sean ordenados sacerdotes. La medida se limita a las diócesis de la cuenca del Amazonas, pero es la primera vez que se abandona una prohibición de aproximadamente mil años, y nada menos que por el voto de una asamblea de obispos. Si Francisco acepta la recomendación, estas zonas remotas de Sudamérica se transformarían en un laboratorio de ideas que pueden cambiar la estructura de la Iglesia a futuro.

El sínodo de Roma trabajó sobre documentos preparados durante la Asamblea Especial del Sínodo de Obispos de la región Panamazónica, que duró tres semanas. Entre sus recomendaciones más polémicas estuvo la de adaptar ciertos aspectos del rito romano a las creencias e iconografías indígenas, lo que no fue aceptado en el Vaticano. La reunión en Roma también votó en contra de la idea de ordenar mujeres como diáconos. Ordenar mujeres es un paso que tendría repercusiones teológicas profundas.

Pero los reunidos en Roma aceptaron el argumento de que llevar el catolicismo a las selvas profundas requiere flexibilidad. La tarea ya está en buena medida a cargo de diáconos casados, que ahora podrían ordenarse como sacerdotes. Un argumento que resultó convincente fue la fuerte competencia de las iglesias evangélicas carismáticas en la región. Los 181 obispos votaron unánimemente.

El resultado de la reunión de ayer es fruto de una política del papa que recomienda escuchar a los obispos locales en temas antes dirigidos desde Roma. Dos tercios de los prelados de la región defendieron en la Asamblea Especial la ordenación de diáconos casados, citando la dificultad de encontrar sacerdotes dispuestos a servir en lugares tan difíciles y la cantidad de muertes que hubo entre misioneros en los últimos años.

Se espera que Francisco, que ya en 2014 había dicho que estaba dispuesto a discutir el celibato, apruebe antes de fin de año la recomendación del sínodo. De hecho, el papa inauguró el evento pidiendo renovación y diciendo que si todo sigue igual "porque siempre hicimos esto así", el resultado es las vocaciones se apagan "asfixiadas por la ceniza del miedo y la preocupación por defender el status quo".

Los diáconos que se puedan ordenar no serán los únicos en servir en la iglesia católica. Los sacerdotes anglicanos casados que se conviertan al catolicismo ya tienen el permiso de seguir casados y mantener su investidura, como los padres de grupos ortodoxos de Medio Oriente y el Cáucaso que reconocen al papado. 

El límite actual parece ser la ordenación de mujeres. Ayer, el papa mismo tocó el tema al clausurar la reunión de obispos diciendo que "todavía no terminamos de entender el rol de la mujer en la iglesia. Su rol debe estar más allá de toda duda en el futuro". La misma idea fue muy criticada por sectores conservadores enfrentados a estas ideas renovadoras de Francisco.

De hecho, el lunes pasado, apenas inaugurada la reunión, un grupo de vándalos entró en una iglesia cercana a la de San Pedro y robó figuras de fertilidad ahí colocadas por indígenas que participaban del evento. Los ladrones se filmaron tirando las esculturas al Tíber y el video fue viralizado entre católicos conservadores.

 

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Lunes, 22 Julio 2019 09:48

¡Libre comercio o ecología!

Eduardo Esparza, detalle de la serie “Desentierros 3” (Cortesía del autor)

Al obtener el 10 por ciento de los escaños en las elecciones al Parlamento Europeo, los ecologistas han despertado un antiguo debate sobre el posicionamiento político de su movimiento. ¿Estilo más bien de izquierda, como sugiere la mayoría de las alianzas concluidas hasta ahora, o más bien liberal, como lo indican tanto la adhesión a Emmanuel Macron de varios ex dirigentes ecologistas (Daniel Cohn-Bendit, Pascal Canfin, Pascal Durand) como algunas coaliciones que en Alemania ya incluyen a la derecha y a los Verdes?


A priori, el liberalismo y la protección del medio ambiente deberían constituir una pareja explosiva. En efecto, en 2003 un teórico liberal tan esencial como Milton Friedman afirmaba: “El medio ambiente es un problema ampliamente sobrevalorado. [...] Contaminamos por el sólo hecho de respirar. No vamos a cerrar las fábricas con el pretexto de eliminar todas las emisiones de dióxido de carbono en la atmósfera. ¡Sería como ahorcarse ahora mismo!” (1). Y diez años antes que él Gary Becker, otro destructor de lo que aún no se llamaba “ecología punitiva”, él también “Premio Nobel de Economía”, había sostenido que “el derecho laboral y la protección del medio ambiente se han tornado excesivos en la mayoría de los países desarrollados”. Pero él ya anunciaba: “El libre comercio reprimirá algunos de estos excesos obligando a todos a seguir siendo competitivos frente a las importaciones procedentes de los países en desarrollo” (2).


¿Ola verde en Europa?

 

Por lo tanto, es comprensible que las angustias relativas al futuro del planeta hayan rehabilitado el término durante largo tiempo vilipendiado de “proteccionismo”. En Francia, durante un debate de la campaña electoral europea, los principales candidatos socialistas y ecologistas han pedido, incluso casi en los mismos términos que Marine Le Pen, “un proteccionismo en las fronteras de la Unión Europea” (3). Medimos las eventuales consecuencias de tal cambio de rumbo dado que el libre comercio constituye el principio histórico fundador de la Unión, al mismo tiempo que es el motor económico de su Estado más poderoso, Alemania. De ahora en más, todo el mundo sabe que el elogio, que pasó a ser consensual, de los productores locales, los circuitos comerciales cortos, el reprocesamiento de los residuos in situ, es incompatible con un método de producción e intercambio que multiplica las “cadenas de valor”, es decir organiza la noria de los buques portacontenedores en los que los componentes de un mismo producto “atravesarán tres o cuatro veces el Pacífico antes de llegar a las estanterías de un comercio” (4). En las próximas semanas no va a faltar la oportunidad de confirmar en la práctica su negativa a un libre comercio ecológicamente destructivo. En efecto, los parlamentarios de la Unión Europea tendrán que ratificar –o rechazar– un acuerdo de liberalización comercial con cuatro Estados latinoamericanos, entre ellos Brasil y Argentina (UE-Mercosur), otro con Canadá (Ceta) [Acuerdo Económico y Comercial Global], un tercero con Túnez (Aleca) [Acuerdo de Libre Comercio Completo y Profundo]. Veremos entonces si realmente una “ola verde” se extendió por el Viejo Continente.

1. Entrevista con Henri Lepage, Politique internationale, N° 100, París, verano de 2003.
2. Gary Becker, “Nafta: The pollution issue is just a smokescreen”, Business Week, 9-8-1993, en Le Grand Bond en arrière, Agone, Marsella, 2012.
3. France 2, 22-5-19.
4. Ben Casselman, “Manufacturers adapt to trade war, but the cost could be steep”, The New York Times, 31-5-19.

*Director de Le Monde diplomatique.
Traducción: Teresa Garufi

Miércoles, 17 Julio 2019 08:44

¡Libre comercio o ecología!

Eduardo Esparza, detalle de la serie “Desentierros 3” (Cortesía del autor)

Al obtener el 10 por ciento de los escaños en las elecciones al Parlamento Europeo, los ecologistas han despertado un antiguo debate sobre el posicionamiento político de su movimiento. ¿Estilo más bien de izquierda, como sugiere la mayoría de las alianzas concluidas hasta ahora, o más bien liberal, como lo indican tanto la adhesión a Emmanuel Macron de varios ex dirigentes ecologistas (Daniel Cohn-Bendit, Pascal Canfin, Pascal Durand) como algunas coaliciones que en Alemania ya incluyen a la derecha y a los Verdes?
A priori, el liberalismo y la protección del medio ambiente deberían constituir una pareja explosiva. En efecto, en 2003 un teórico liberal tan esencial como Milton Friedman afirmaba: “El medio ambiente es un problema ampliamente sobrevalorado. [...] Contaminamos por el sólo hecho de respirar. No vamos a cerrar las fábricas con el pretexto de eliminar todas las emisiones de dióxido de carbono en la atmósfera. ¡Sería como ahorcarse ahora mismo!” (1). Y diez años antes que él Gary Becker, otro destructor de lo que aún no se llamaba “ecología punitiva”, él también “Premio Nobel de Economía”, había sostenido que “el derecho laboral y la protección del medio ambiente se han tornado excesivos en la mayoría de los países desarrollados”. Pero él ya anunciaba: “El libre comercio reprimirá algunos de estos excesos obligando a todos a seguir siendo competitivos frente a las importaciones procedentes de los países en desarrollo” (2).


¿Ola verde en Europa?

 

Por lo tanto, es comprensible que las angustias relativas al futuro del planeta hayan rehabilitado el término durante largo tiempo vilipendiado de “proteccionismo”. En Francia, durante un debate de la campaña electoral europea, los principales candidatos socialistas y ecologistas han pedido, incluso casi en los mismos términos que Marine Le Pen, “un proteccionismo en las fronteras de la Unión Europea” (3). Medimos las eventuales consecuencias de tal cambio de rumbo dado que el libre comercio constituye el principio histórico fundador de la Unión, al mismo tiempo que es el motor económico de su Estado más poderoso, Alemania. De ahora en más, todo el mundo sabe que el elogio, que pasó a ser consensual, de los productores locales, los circuitos comerciales cortos, el reprocesamiento de los residuos in situ, es incompatible con un método de producción e intercambio que multiplica las “cadenas de valor”, es decir organiza la noria de los buques portacontenedores en los que los componentes de un mismo producto “atravesarán tres o cuatro veces el Pacífico antes de llegar a las estanterías de un comercio” (4). En las próximas semanas no va a faltar la oportunidad de confirmar en la práctica su negativa a un libre comercio ecológicamente destructivo. En efecto, los parlamentarios de la Unión Europea tendrán que ratificar –o rechazar– un acuerdo de liberalización comercial con cuatro Estados latinoamericanos, entre ellos Brasil y Argentina (UE-Mercosur), otro con Canadá (Ceta) [Acuerdo Económico y Comercial Global], un tercero con Túnez (Aleca) [Acuerdo de Libre Comercio Completo y Profundo]. Veremos entonces si realmente una “ola verde” se extendió por el Viejo Continente.

1. Entrevista con Henri Lepage, Politique internationale, N° 100, París, verano de 2003.
2. Gary Becker, “Nafta: The pollution issue is just a smokescreen”, Business Week, 9-8-1993, en Le Grand Bond en arrière, Agone, Marsella, 2012.
3. France 2, 22-5-19.
4. Ben Casselman, “Manufacturers adapt to trade war, but the cost could be steep”, The New York Times, 31-5-19.

*Director de Le Monde diplomatique.
Traducción: Teresa Garufi

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Propuestas de ciudad para un New Deal Verde mundial. Cambiemos el sistema, no el clima


“Nuestra tierra proporciona lo suficiente para satisfacer las necesidades de todos, pero no tanto como para satisfacer la codicia de algunos.”

Mahatma Gandhi

 

El pasado 15 de marzo, millones de estudiantes de 1.600 ciudades de todo el mundo participaron en la primera huelga global por el Clima, convocada por el movimiento Fridays for Future (el 15-M verde), cuya cabeza visible es la sueca de 16 años Greta Thunberg. No les falta razón: el planeta Tierra sufre una crisis ambiental global, y el cambio climático es el problema sistémico incomparablemente más grave que padece, por dos motivos críticos. El primero, ecológico, está relacionado con su potencia destructiva: la acumulación de gases invernadero en la atmósfera tiene el potencial de aumentar la temperatura media del planeta y transformar la Biosfera de manera radical, afectando de raíz los equilibrios ambientales del mundo entero y causando una catástrofe civilizatoria sin precedentes en la historia humana: el deshielo de los glaciares y una subida del nivel del mar que podría llegar a ser de metros, la desertificación de océanos y regiones mundiales enteras, el aumento de la frecuencia y potencia de los ciclones tropicales, la falta de agua potable, una pérdida de biodiversidad sin precedentes, el desplazamiento de ¡miles de millones de refugiados ambientales! y un resultado imprevisible en términos de catástrofes, caos, guerras y hambrunas. El segundo, geopolítico y geoeconómico, afecta a nuestra capacidad para combatir la crisis. El cambio climático está causado por el consumo de combustibles fósiles y la deforestación, es decir, la combustión de carbón, gas y petróleo (el corazón del modelo energético actual, que se aproxima a su cénit),[1] y el (mal) uso de la tierra.[2] Es nuestro propio modelo civilizatorio el que está causando la crisis (como dice el geógrafo David Harvey, “los llamados desastres naturales no tienen nada de naturales”), y sólo un cambio de modelo la puede frenar. Hoy, más que nunca, la crisis ambiental que sufrimos es esencialmente ética y política. Es imprescindible un cambio en nuestro modelo de desarrollo: el crecimiento infinito es imposible –física, matemática y biológicamente– en un planeta finito.

Pero no sólo tenemos un problema muy grave de alcance sistémico, sino una multiplicidad de problemas en todos los ámbitos: desertificación, erosión, pérdida de suelo, lluvia ácida, eutrofización de ríos y lagos, muerte de los ríos, agotamiento de la pesca, deforestación, pérdida de biodiversidad (la Tierra está experimentando la sexta extinción masiva de especies animales y vegetales), explosión demográfica, accidentes radioactivos como Chernobyl y Fukushima… Todo ello, junto al descubrimiento del plastiglomerado (el primer tipo de roca compuesto parcialmente de material plástico fundido), configurara el nacimiento de una nueva época geológica: el Antropoceno (término acuñado por Paul Crutzen en el año 2000), que sucedería al holoceno, en el que el impacto de la actividad humana sobre el planeta llegaría a adquirir el carácter de actor geológico.[3] En conclusión, sufrimos una crisis ambiental global que pone en peligro la supervivencia de la humanidad y la del resto de los seres vivos, causada por un modelo civilizatorio y de desarrollo expansionista, depredador, insostenible e insolidario. La crisis afecta hoy por hoy a todos los ecosistemas de la Tierra. Y no hay alternativas fáciles. Sí, tenemos que promover energías renovables, pero lo que es más importante, tenemos que reducir el consumo irresponsable de energía. Sí, tenemos que buscar maneras de “secuestrar” el carbono de la atmósfera,[4] pero lo que es más importante, tenemos que dejar de talar bosques y de consumir petróleo y carbón, para dejar de emitir CO2. Sí, tenemos que esforzarnos en reutilizar y reciclar materiales, pero lo que es más importante, tenemos que reducir el consumo despilfarrador de productos y los residuos que desechamos. Sí, tenemos que frenar la explosión demográfica, pero lo que es más importante, tenemos que garantizar dignidad y justicia para todos los pueblos del planeta, empezando por adoptar políticas de cooperación con el Tercer Mundo (de las que el 0,7% es una expresión muy tímida), que darían como resultado la mejora de la calidad de vida y la reducción natural de las tasas de natalidad. Y sí, tenemos que luchar por cambiar el statu quo geopolítico neoliberal, pero lo que es más importante, tenemos que empezar por [email protected] [email protected], porque no podemos construir la casa por el tejado.

 

El cambio necesario del modelo de desarrollo

 

O somos capaces de planificar este cambio, o la catástrofe climática y ecológica hacia la que estamos abocados lo hará por nosotros. Hay que plantear un nuevo modelo de desarrollo que asuma la limitación de los recursos naturales y la imposibilidad del ideal ficticio de crecimiento económico ilimitado. André Gorz, ideólogo del decrecimiento, afirmaba categóricamente: “Es imposible evitar una catástrofe climática sin romper de manera radical con los métodos y la lógica económica que impera desde hace 150 años... Por tanto el decrecimiento es un imperativo de supervivencia”. Necesitamos construir un nuevo modelo alternativo que, al mismo tiempo que plantee en qué áreas sí podemos y debemos desarrollarnos (sanidad, cuidado de las personas dependientes, educación, cultura, relocalización y economía de proximidad…), también deje claro en cuáles nos es imprescindible decrecer (explotación de los combustibles fósiles y los recursos naturales, agricultura y ganadería intensivas, industria nuclear y de armamento, consumismo –está demostrado que, a partir de cierto umbral, el nivel de consumo tiene poco que ver con el auténtico nivel de vida–;[5] reparto del trabajo, es decir, trabajar menos para trabajar [email protected]…). El economista Serge Latouche, en La apuesta por el decrecimiento, plantea que “volver a la huella ecológica[6] de 1960 no implica tanto producir menos valores de uso, en cuanto a los bienes básicos (agua, alimentos) y a los bienes duraderos (equipamientos domésticos, vestimenta, vivienda), como producirlos de manera diferente, y respecto a los segundos de forma que sean duraderos. Se trata de reducir el sobreconsumo, por supuesto, pero, aún más, la depredación y el desperdicio. Y antes de cerrar las fábricas de automóviles y llevar a los obreros al desempleo, se puede pensar en reconvertirlas en la fabricación de cogeneradores domésticos (cuya tecnología es cercana) para establecer el escenario Negawatt[7] de división por cuatro de nuestro consumo de energía. Objetor de crecimiento, Willem Hoogendyk presenta un pequeño esquema bastante verosímil de reducción del PIB del 60%.

 

 PIBGastos de compensación, de reparación, de despilfarro, etc.Resultado Neto

Situación actual
100- 60= 40
 Decrecimiento del 60% Reducción del 25%
Situación futura40- 10= 30



Ay, y es que “Nuestro PIB”, declaraba Robert Kennedy en frase lapidaria, “engloba también la contaminación del aire, la publicidad de cigarrillos y los trayectos de las ambulancias que recogen a los heridos en la carretera. Abarca la destrucción de nuestros bosques y de la naturaleza. Abarca el napalm y el coste del almacenamiento de residuos radioactivos. Y, al contrario, el PIB no tiene en cuenta la salud de nuestros hijos, la calidad de su educación…”.
Dentro del apartado del despilfarro y el consumismo irresponsables, merecen capítulo aparte algunos productos de lujo y/o completamente superfluos. Hay comparaciones sangrantes pero reales como la vida misma: para muestra, la que realizaba el Worldwatch Institute en 2010:

 

Gastos anuales en productos de lujo comparados con las inversiones necesarias para la satisfacción de algunas necesidades básicas

ProductoGastos mundiales anualesObjetivos socio-económicos para el conjunto de la población mundialInversiones anuales suplementarias para poder realizar esos objetivos
Maquillaje18.000 millones $Salud reproductiva para todas las mujeres12.000 millones $
Alimentos para animales domésticos (Europa y EE.UU.)17.000 millones $Eliminación de la pobreza y de la malnutrición19.000 millones $
Perfumería15.000 millones $Lucha contra el analfabetismo5.000 millones $
Cruceros marítimos14.000 millones $Agua potable10.000 millones $
Helados y postres helados en Europa11.000 millones $Vacunación de todos los niños1.300 millones $

 


Esta amarga realidad, paradójicamente, hace posible que el cambio de modelo propuesto pueda ser llevado a cabo sin que la gran mayoría de la población del primer mundo vea reducida su verdadera calidad de vida. En palabras del sociólogo Michael Löwy, ésta “sólo deberá privarse del consumo obsesivo, inducido por el sistema capitalista, de mercancías inútiles que no corresponden a ninguna necesidad real… son introducidas por la manipulación mental, esto es, la publicidad… que sería reemplazada por información sobre bienes y servicios facilitados por asociaciones de consumo.” (Ecosocialismo: hacia una nueva civilización, 2009)

 

El New Deal Verde: ¡Sí, se puede! 

 

Durante la Gran Recesión, surgió una pregunta indignada: si los gobiernos están gastando el dinero público de todos en salvar a los bancos, ¿por qué no lo invierten en rescatar a las personas? También podríamos preguntarnos: ¿Y en evitar el cambio climático?... En julio de 2008, un grupo de expertos británico de la New Economics Foundation daban una respuesta histórica: el informe A Green New Deal (“Un Nuevo Pacto Verde”): Políticas conjuntas para resolver el triple crack de la crisis del crédito, el cambio climático y los elevados precios del crudo, una batería de propuestas inspiradas en el New Deal, el gran programa de infraestructuras que dio empleo a 4 millones de personas en EE.UU., promovido por Franklin D. Roosevelt a raíz de la Gran Depresión. Las propuestas más importantes son:

1.– Implementar un sistema de energía con bajas emisiones de carbono que incluya hacer de cada edificio “una central eléctrica”. La participación de millones de propiedades permitiría maximizar la eficiencia energética y el uso de energías renovables para generar electricidad, por ejemplo, con cubiertas solares. Una inversión seria en la construcción de nuevos sistemas de suministro de energía –incluyendo la eficiencia energética, la cogeneración de calor y electricidad, y energías renovables para millones de hogares y edificios– costaría unos 50.000 millones de libras anuales, es decir, apenas un 3,5% del PIB de Gran Bretaña. ¡Sí, se puede!

2.– Esto permitiría crear un “ejército de trabajadores del carbono”, que proporcionaría los recursos humanos para el amplio programa de reconstrucción ambiental. Un estudio del Instituto de Investigaciones en Economía Política de la Universidad de Massachussets apoya este análisis: ese mismo año, los autores calculaban que la inversión de 100.000 millones de dólares en áreas prioritarias (aislamiento térmico de edificios, tráfico masivo/ferrocarril de carga, red eléctrica inteligente y energías renovables) en dos años podría generar 2 millones de empleos.

Y 3.– Establecer un Fondo “Herencia del Petróleo” –como el que ya existe en Noruega–, pagado por un impuesto extraordinario sobre las ganancias de las compañías de petróleo y gas, como parte de un paquete de recursos financieros e incentivos para reunir el presupuesto que debe gastarse, y que también incluiría bonos verdes. El dinero recaudado ayudaría a lidiar con los efectos del cambio climático y facilitaría la transición a una economía baja en carbono. En 2009, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) dedicó un amplio estudio a analizar el impacto de un “eco-impuesto” extrapolado al mercado laboral mundial, y llegó a la conclusión de que la imposición de un precio a las emisiones de CO2 (sólo unos 30 € por tonelada de carbono emitido), y la utilización de lo recaudado para fomentar el empleo –reduciendo las aportaciones a la seguridad social– y para subvencionar las industrias “verdes” no contaminantes, conseguiría crear en cinco años ¡14,3 millones de nuevos empleos en todo el mundo! ¡Sí, se puede!

 

¿Qué hacer?: Las ciudades, la gran oportunidad

 

Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), más de la mitad de la población del planeta reside en zonas urbanas, y el porcentaje llegará al 70% en el 2050 (en el estado español ya es así). En la actualidad, las ciudades acaparan el 75% del consumo energético y son responsables del 75% de las emisiones de carbono, además del consumo del 60% de agua y el 76% de la demanda de madera. Las ciudades dependen para su subsistencia de las capacidades productivas (alimentos, agua, energía y materiales) y asimilativas (residuos, aguas residuales y Gases de Efecto Invernadero, GEI) de los ecosistemas que las rodean; pero también son los espacios donde existe una mayor capacidad para afrontar la crisis ambiental global que vivimos. A modo de ejemplos a seguir, Malmö (Suecia) es la primera urbe del mundo neutra en carbono y el barrio ecosostenible de Vauban, en Friburgo (Alemania), la Capital Verde Europea, no sólo se autoabastece energéticamente, sino que además vende el superávit de electricidad producida por su parque solar de viviendas al resto de la ciudad.

¿Y en el estado español? Según el excelente informe del Centro Complutense de Estudios e Información Medioambiental (CCEIM) de la Universidad Complutense de Madrid, Cambio Global España 2020/50. Programa Ciudades (noviembre de 2009), el escenario continuista es apocalíptico: si seguimos así, para el año 2050 tendremos ¡47.574.000 viviendas! (casi una por habitante) y un tsunami de cemento: un consumo de “suelo artificial” urbano de 48.842 km2, ¡el doble que en 1990!, en detrimento del suelo agrícola de calidad; el parque de vehículos triplicará su número actual (¡más de un coche por habitante!), llevando a las grandes ciudades a un colapso circulatorio, las emisiones de GEI ¡cuadruplicarán las de 1990! (¡adiós, Kyoto!), y multiplicaremos por dos los residuos producidos en el 2000... ¿Hay alternativas? ¡Por supuesto! Nos centraremos en las 4 variables fundamentales para minimizar la huella ecológica:

 

1.– Edificación y ocupación del suelo

Tenemos un parque de viviendas sobredimensionado e infrautilizado, una enorme cantidad de suelo clasificado como urbanizable y una distribución inadecuada de los usos del suelo en la ciudad, con una dedicación excesiva al transporte privado y una importante segregación de actividades. En 2009 el Parlamento Europeo aprobó el Informe Auken, que critica con dureza la “urbanización masiva” del estado español. La actividad edificatoria residencial debería responder sólo a las necesidades reales de vivienda: para ello, el número de viviendas construidas no debería superar las 37.000 anuales (en la misma proporción que el aumento de la población), y el stock de viviendas vacías tendría que reducirse al 5% del total. Al mismo tiempo, la rehabilitación urbana integral (incluyendo los componentes energético y ambiental) del parque residencial, además de mejorar la habitabilidad, daría un fuerte impulso a la creación de empleo y haría posible la reconversión del sector. Sólo deben construirse edificios con ‘cero energía’ (NZEB, “Nearly zero-energy buildings”) y cero emisiones durante todo su ciclo de uso, es decir, que generen in situ a partir de fuentes renovables la misma cantidad de energía que consumen, en cumplimiento de la Directiva europea de eficiencia energética (2010/31/UE). Estas propuestas permitirían una reducción drástica del consumo de energía (el 55%) y de las emisiones de GEI, ¡hasta el 80%!, de cara al 2050, según Cambio Global España 2020/50.

Curiosamente, las normativas urbanísticas de varias comunidades autónomas limitan las densidades edificatorias máximas, ¡pero nunca las mínimas! Hay que minimizar la demanda de nuevo suelo artificial para cubrir las necesidades sociales, recuperar el carácter compacto y diverso de las ciudades mediterráneas y, sobre todo, las densidades medias que existían antes de los procesos de dispersión urbanística de los últimos 20 años (1990-2010). Para ello, se debe prohibir el desarrollo de nuevos crecimientos urbanos no justificados, y conseguir que los nuevos desarrollos residenciales recuperen unos promedios de 70 viviendas por Hectárea.

2.– Consumo energético y emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI)

Reconducir el panorama energético en las ciudades pasa por conseguir de cara al año 2050 una reducción del 60% del gasto en energía respecto al 2000, sobre todo en la edificación y el transporte –los sectores con mayores emisiones–, y promoviendo un cambio sustancial en los hábitos de consumo que permita disminuir el gasto indiscriminado en torno al 10-20% per cápita. Es necesaria una transformación radical del transporte, dando prioridad al transporte público y eléctrico (véase el apartado “Movilidad urbana”). Además, los suministradores de energía tendrán que invertir en redes de distribución eléctrica inteligentes, que reducen las pérdidas de energía y las diferencias de gasto entre las horas punta y valle, permitiendo que el consumidor reduzca su gasto significativamente. A la vez, esto facilitaría la implantación de una nueva tarifa de la luz más progresiva, con criterios sociales (¡el estado español es el segundo país de Europa con la electricidad más cara!) y ambientales, y la “democratización” de la energía, con un cambio del marco legislativo: ya se ha derogado el impuesto al Sol y ahora hay que impulsar el autoconsumo. Al mismo tiempo, se debe planificar el cierre de todas las centrales térmicas para el 2025, mientras se aumenta la participación de las renovables en el mix energético, con el objetivo de llegar al 85% en 2050. Josep Vendrell, ex portavoz de energía de Unidos Podemos-En Comú Podem, planteaba un objetivo aún más ambicioso: ¡sería posible llegar al 100% de renovables! con una planificación de la transición energética, basada, junto a los aspectos ya tratados (ahorro y eficiencia, rehabilitación de edificios, electrificación de la movilidad y autoconsumo), en “la desintegración vertical de las grandes empresas para romper el oligopolio, el apoyo a las cooperativas, a los operadores públicos locales y a las pequeñas y medianas empresas de renovables; el cierre progresivo de las nucleares y el abandono del carbón, con una transición justa para las zonas afectadas; una planificación adecuada que ponga en el centro la expansión de las energías renovables” (La batalla de l’energia, treball 2017). En 2010, el Instituto Sindical de Trabajo, Ambiente y Salud de CC.OO. calculaba que con sólo un 30% de energías renovables, ¡se podrían triplicar los puestos de trabajo en el sector! durante los próximos diez años, creando hasta 228.000 nuevos empleos directos e indirectos, sobre todo en la solar fotovoltaica y la eólica, hasta llegar a un total de 344.000 [email protected]

El objetivo final sería lograr ciudades neutras en emisiones de GEI, potenciando sustancialmente el “efecto sumidero”: los parques, jardines y zonas verdes podrían aumentar su capacidad de absorción de CO2 en un 30%, incrementando la proporción de cubierta por especies arbóreas y arbustivas en un 40%, y evitando el sellado continuo del suelo urbano, con el objetivo para 2050 de una reducción de las emisiones del 90-100% con respecto a 1990.

3.– Movilidad urbana

Empezando por el transporte interurbano, el estado español es el país de Europa que dispone de la mejor dotación de carreteras de alta capacidad por habitante: ¡debe cesar ya la construcción de nuevas autopistas y autovías!, con la excepción de actuaciones puntuales en seguridad. Los fondos sobrantes tendrían que dedicarse a la mejora de cercanías RENFE, de los ferrocarriles autonómicos y Feve, y de los carriles bus y VAO (para Vehículos de Alta Ocupación). Actualmente sólo hay carriles VAO en las entradas a Barcelona, Madrid y Granada.

Un impulso decidido al transporte público (empezando por el incremento de la flota) y a los modos de movilidad no motorizados frente al coche particular, unido al desarrollo de las energías renovables, que permitiría la electrificación del transporte (la construcción de redes de tranvía en todas las ciudades importantes y la sustitución de las flotas de autobuses de motor de explosión por otros híbridos) con bajos índices de emisiones, lograría para el 2050 una reducción del gasto energético y las emisiones al 25% de los valores del 2000. Según Cambio Global España 2020/50, esta reestructuración progresiva del reparto modal de la movilidad urbana podría llegar a un escenario de ¡sólo el 10% de los desplazamientos en coche!, un 30-32% en transporte público y la mayoría, un 58-60%, andando o en bici. En esta situación, el número de coches particulares por ciudadano (0,2) ¡habría descendido a la mitad del año 2000! Para conseguir estos objetivos, es básica una planificación urbanística favorable a la movilidad sostenible, la pacificación del tráfico y la mezcla de usos típica de la ciudad mediterránea compacta y diversa, que facilite la proximidad de servicios (los planes de movilidad de Friburgo y Vitoria-Gasteiz son claros ejemplos); la introducción de peajes de congestión en las horas punta de entrada y salida de las grandes ciudades (como ya se hace en Londres, Milán, Estocolmo…), cuyos beneficios se invertirían en el transporte público y, ¿por qué no?, en la subvención de la adquisición de vehículos eléctricos, empezando por las bicicletas eléctricas; y la aplicación de una tasa ecológica siguiendo el ejemplo de Alemania, que internalice los costes externos del transporte,[8] y también sobre el combustible del transporte aéreo. En diciembre de 2010, ISTAS-CC.OO. calculaba que el número de empleos en el sector de la movilidad sostenible podría duplicarse en los próximos diez años, llegando a alcanzar los 444.000 puestos de trabajo y consiguiendo reducir el consumo energético en un 13%, cifras nada desdeñables si tenemos en cuenta que la importación de petróleo y derivados supone ¡dos tercios del déficit comercial español! El estudio preveía que más de 20 ciudades contarían con una red de tranvía el año 2020. Aunque no se haya avanzado tanto, los datos siguen siendo válidos.

Y 4.– Generación de residuos urbanos

El Plan Nacional Integrado de Residuos (PNIR) 2008-2015 refleja que la gestión de los residuos urbanos en el estado español deja mucho que desear, tanto en su recogida como en su gestión (¡el 68% van a parar a los vertederos!), y subraya el incremento de la producción de residuos en un 89% durante el período 1990-2005. La mayor parte de este aumento se debe a los residuos derivados de la frenética actividad constructora durante esos años. Como en el transporte, es necesaria la internalización de los costes en las tasas, impuestos y precios públicos, y el pago de tributos locales en función de la cantidad de desechos generados.

Este es el apartado que consideramos más difícil de cumplir del programa Cambio Global España 2020/50, y el que requerirá una mayor concienciación ciudadana, pero aun así, se pueden apuntar objetivos muy claros: la utilización de materiales certificados, reciclados o reciclables en la construcción y obra pública debe ser una exigencia administrativa. Es necesario un impulso decidido a la reducción efectiva en origen de los residuos, hasta alcanzar en 2050 las cantidades producidas en 1990, empezando por establecer una limitación a la generación de residuos para todas aquellas actividades sometidas a licencia de obras o de actividad; promover la reutilización de los Residuos de Construcción y Demolición por encima del 90%, la reutilización de la práctica totalidad de los envases, con prioridad sobre el reciclado; la recogida selectiva, hasta llegar al 65%, y un aumento del reciclaje y la valorización, junto al aprovechamiento como compost y energía de los lodos de la depuradora. En 2050, sólo podrán depositarse en vertedero menos del 5% de los Residuos Sólidos Urbanos, y en todo caso después de haber sido objeto de algún tratamiento previo, tal y como ya establece la normativa vigente. De esta manera, conseguiríamos aproximarnos a los objetivos de “depósito cero en vertedero” y “residuo cero”, es decir, aproximarnos a conseguir cerrar los ciclos, optimizando al máximo el aprovechamiento de los materiales. También se lograría una disminución de los GEI relacionados con los residuos urbanos superior al 50%.

En definitiva, podemos concluir que la reducción de la huella ecológica del conjunto de las ciudades del estado español sólo será posible si se logra un cambio importante en los patrones de residencia, consumo y metabolismo urbano. Sin embargo, con la aplicación de estas medidas y la consecución de los objetivos en estos cuatro temas fundamentales, empezando por una disminución del 29% de la superficie artificial urbana actual, y en el marco de un escenario de reducción del consumo superfluo del 1,3% anual (poca broma, que daría como resultado un 40,3% en los 31 años que nos quedan hasta 2050), gracias a la disminución del despilfarro (volvemos a Latouche, Hoogendyk y Löwy) y a nuevos hábitos de vida más saludables, para 2050 lograríamos alcanzar la meta: ¡una huella ecológica similar a la biocapacidad del país registrada en el 2000! (unas 2,73 Hectáreas globales por habitante).

No es extraño que Willem Hoogendyk finalice su excelente obra, El gran cambio de rumbo llamando a fundar “un movimiento colectivo con ecologistas, objetores de crecimiento, militantes de la paz y de los derechos humanos, ‘creativos culturales’, grupos de pueblos que sufren la mundialización, emprendedores sociales, médicos inquietos, sin olvidar los agricultores y los propietarios de pequeñas y medianas empresas: un movimiento determinado a resistir y acabar de una vez por todas con… un sistema suicida… En suma, un movimiento por la preservación de un magnífico planeta, por un mundo duradero y más justo. […] ¿Qué arriesgamos? En el peor de los casos, perderemos nuestras cadenas y nuestro envenenamiento. Tenemos un mundo que salvar. Mujeres y hombres conscientes de todos los países, ¡uníos!”.

 

Notas:
[1] Aunque según el ecologista Bill McKibben, esto no debería preocuparnos demasiado: “Antes de que nos quedemos sin petróleo, nos quedaremos sin planeta.” (Deep Economy, 2007)
[2] “La alegría con que se ha deforestado el Sudeste asiático para ganar tierras de cultivo y el desecamiento de tremedales en los cuales crecían árboles llevaron a que se produjeran incendios tan enormes que supusieron el equivalente al 40% del total de emisiones mundiales producidas por la quema de combustibles fósiles.” (James Lovelock, La venganza de la Tierra, 2007)
[3] Véase Jan Zalasiewicz et al., Are we now living in the Anthropocene? (“¿Estamos viviendo ahora en el Antropoceno?”), Geological Society of America Today (2008). Y desde el punto de vista del colapso energético, Ramón Fernández Durán y Luis González Reyes, En la espiral de la energía, vol. I, cap. 6, El Antropoceno: la crisis ecológica adquiere dimensión mundial (2014).
[4] James Lovelock aporta varias ideas de geoingeniería, propias y de otros científicos (Klaus Lackner y Ken Caldiera, sobre todo) para llevarlo a cabo, op. cit.
[5] Veáse La situación del mundo 2008, de The Worldwatch Institute.
[6] La huella ecológica es una medida de la cantidad de suelo productivo y agua que un individuo, una ciudad, un país o la población mundial requieren para producir todos los recursos que consumen y absorber todos los residuos que generan. La huella ecológica total de una población determinada es la suma de los cultivos, pastos, bosques, ganado, pesca, construcciones y energía requeridos para su mantenimiento y la asimilación de sus residuos. (Global Footprint Network)
[7] El Negawatt es una unidad de medida que cuantifica la potencia ahorrada en un proceso gracias a una tecnología o un comportamiento, y corresponde "en negativo" al watt (W). Es la medida con la que se cuantifica la eficiencia energética o el ahorro de energía.
[8] “Si se incluyeran los costes invisibles […] –los accidentes de coche, la contaminación del aire, las bases militares (para impedir a los pueblos de los países productores controlar su propio petróleo), las subvenciones a las compañías petroleras– si, pues, se incluyera todo esto, el precio del carburante treparía a los 14 dólares el galón [3,78 litros]” (Sierra Magazine, abril 2002)

* El texto resume y actualiza el Trabajo Final de Diplomatura de Postgrado en Ideas y Experiencias Políticas Transformadoras del autor (UAB, abril 2018), tutorado por el profesor Joaquim Sempere.
 
Jordi de Miguel
licenciado en Biología por la Universitat Autònoma de Barcelona. Conseller de Medio Ambiente y Sostenibilidad del Distrito de Nou Barris (2001-06), impulsó y coordinó la realización de La Agenda 21 de Nou Barris. Compromiso ciudadano por la sostenibilidad (Ayuntamiento de Barcelona, 2006)

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Ecosocialismo: un horizonte para un cambio de época

En tiempos de Trump, Bolsonaro y otros representantes del neofascismo, puede que algunos lectores recuerden la frase atribuida a Fredric Jameson según la cual parece más fácil imaginar el fin del mundo que el final del capitalismo; una sentencia que, a la vista de lo que muestra el escenario ecológico actual, parece tomar forma de amenaza cierta. En tiempos de avance de una derecha (extrema) neoliberal y autoritaria en Asia, Europa y América y en los que la izquierda se encuentra sumida en una profunda crisis de identidad y proyecto, absorta en pequeñas e inocuas maniobras institucionales con escaso resultado práctico para combatir la desigualdad y la crisis climática, se hace más necesario que nunca dar por enterradas las viejas respuestas e iniciar la elaboración de horizontes estratégicos que logren la síntesis del binomio sociedad justa y biosfera intacta.


En efecto, el capitalismo se encuentra en una dinámica destructiva y parece evidente que no dejará de explotar cualquier recurso en la huida hacia delante que emprendió, en su última fase, a partir de la crisis de 2008. Evidentemente, no se trata sólo de una cuestión temporal que responde a la crisis, sino de la propia naturaleza del capitalismo, que responde exclusivamente a la generación de beneficios, y por lo tanto necesita apropiarse tanto del trabajo como de la naturaleza con tanta intensidad como sea necesaria para su supervivencia. Por eso, no es de extrañar que los diversos movimientos de ultraderecha ataquen tanto las condiciones de trabajo como las luchas ecológicas, o que las Cumbres de Cambio Climático sean cada vez más inoperantes.
Detrás de los desastres hay causas

Pero… ¿Por qué hemos llegado a semejante situación? ¿Cómo es posible que la supervivencia del sistema socio económico esté amenazando la vida de las personas que lo alimentan y de su entorno? Hay muchas líneas de explicación, y tanto la sociología como la economía o la historia pueden aportar enfoques de interés, pero en tanto que buscamos un marco global de interpretación, necesitamos una explicación política, esto es, una explicación que dé cuenta de las fuerzas e idearios sociales que han acabado llevándonos a este punto. Políticamente, esto sólo se puede entender desde una derrota histórica, la que sufren los proyectos alternativos ante un capitalismo que se reconfigura desde los años 80 del pasado siglo y muta para adoptar el neoliberalismo como forma actualizada. Con el neoliberalismo, el capital se desvincula casi totalmente de los límites materiales, avanza en la extensión de su modelo social (individualismo, consumismo, descrédito de lo público y lo colectivo, mercantilización del conjunto de la sociedad) y desplaza a los imaginarios colectivos políticos alternativos. La famosa expresión de Margaret Tatcher, “no hay alternativa”, podría ser el mejor ejemplo de las profecías autocumplidas: no hay alternativas porque el neoliberalismo alcanzó el poder en todos los ámbitos y eliminó la posibilidad de una alternativa. Por eso, hoy, todavía puede parecer que es más fácil que se acabe el mundo a que se acabe el capitalismo.


Sin embargo, es evidente que existen alternativas. El dictumtatcheriano sólo es cierto en la medida en la que se impone contra la voluntad de las clases populares y de los movimientos sociales que, estos sí, son conscientes de la deriva suicida del capitalismo. El ecologismo ha tenido muchas versiones y, al menos en la orientación de ecologismo social ha sabido ir mostrando una serie de posibilidades al margen del neoliberalismo. La izquierda política, sin embargo, ha tardado en ver esto, pero hoy empieza a asumir que una transformación radical necesita de la cuestión ecológica, y no como un añadido externo, sino como un eje central de su propuesta política. Hoy no sólo está claro que el ecosocialismo es capaz de plantear una propuesta ecológica que incluya lo laboral, lo productivo y lo reproductivo, sino que hacerlo desde otros lugares llevará forzosamente a un proyecto fallido.


Desde las últimas décadas, y especialmente desde principios de siglo, la crisis ecológica empieza a mostrarse con una evidencia fuerte. Los niveles de contaminación ambiental, el cambio climático, la frecuencia creciente de disturbios y catástrofes ambientales o la inhumana y dañina forma de producir carne son elementos especialmente visibles que ya no pasan desapercibidos a un conjunto social cada vez más amplio. Es momento de que la izquierda asuma definitivamente el análisis ecologista y le dé dimensión política para construir un proyecto que vaya más allá de unas elecciones y más allá de un programa; hay bases para construir un horizonte alternativo con base organizativa fuerte, y eso implica un proyecto de las clases populares porque sólo ellas configuran la mayoría. Recuperar esta idea de clase ha podido parecer difícil en los años de éxito del neoliberalismo, pero es una necesidad, un punto sin el cual no articularemos un proyecto de todas y para todas.

 

Existen alternativas. El ecosocialismo forma parte de la solución

 

Este trabajo de recuperación de elementos de la izquierda revolucionaria que aspiraba a la sociedad de mujeres y hombres libres e iguales sin explotación humana y de aquellos que vienen de la tradición ecologista forjada en centenares de luchas en defensa de la biosfera y que ha sido capaz de dar explicaciones y alternativas tiene su mejor apuesta en el ecosocialismo. Y para ello los espacios de trabajo como el que tuvo lugar el pasado mes en Lisboa son fundamentales (http://alterecosoc.org/). La IV edición de los Encuentros Ecosocialistas fue organizada con participación de muchas organizaciones y activistas portuguesas, dando así continuidad a una serie de encuentros que son referencia para un trabajo ambicioso de articulación político social. Si es tiempo de construir imaginarios colectivos distintos, espacios como este son el lugar donde pueden surgir.


En estos momentos en los que se perpetúa la crisis constante del neoliberalismo como sistema socioeconómico, la necesidad de un proyecto alternativo es tan alta como su posibilidad. Pero esto no debería hacernos pensar que la crisis del capitalismo llevará a su destrucción y a una transición a un modelo sostenible. Por el contrario, tratará de mantenerse a costa de lo que haga falta. Merece la pena recordar aquí a Rosa Luxemburgo, autora de aquella expresión histórica, “socialismo o barbarie”, de la que nos reivindicamos muchos ecosocialistas. No se trataba de un lema de agitación, sino que se dirigía a una discusión importante en vida de Luxemburgo, entre aquellos que creían en un marxismo mecanicista según el cual la revolución vendría por el colapso del propio capital, y los que defendían que mediaría una lucha social y que el resultado de esa lucha podría tanto ser el socialismo como una forma de fascismo. Esa es la lucha que el ecosocialismo está en condiciones de abrir y que tiene que abrir, como vía para sacar a la izquierda de su derrota histórica y, lo que es más importante, para salir del fracaso ecológico global, creando un horizonte compartido.

 

*Economista y militante de Anticapitalistas. Activista social y militante de Anticapitalistas (respectivamente)

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Ecologismo demagógico, Megaproyectos y Revolución de Color

1. No respires: es anti-ecológico


En el debate con los ecologistas demagógicos es necesario recordarles que todo sistema biológico afecta al entorno. La respiración humana es un buen ejemplo. Cada vez que una persona respira, convierte el vital gas oxígeno en un gas asfixiante (asphyxiant gas): el dióxido de carbono (C02). En total, produce unos 500 litros de C02 al día. La moraleja es clara. Ningún organismo aerobio, particularmente el homo sapiens, puede reproducirse o expandirse sin trastornar el entorno natural de la biósfera. Esta es la primera ley o constante planetaria, que hay que respetar en todo debate ecológico serio. Es decir, en debates no contaminados por intereses demagógicos y reaccionarios.


2. Evolución y "destrucción creativa"


Dicha ley planetaria se deriva del intercambio de información, energía y materia entre el organismo que pretende reproducirse, y su hábitat. Quién domina mejor ese metabolismo sobrevive, tal como formuló el genial Charles Darwin en su trascendental concepto del survival of the fittest. Presionados por la expansión de la población, las nuevas tecnologías, los megaproyectos y el estilo de vida ostentoso impuesto por el Capitalismo del Siglo 21, los pueblos y países más débiles en la jerarquía de poder geopolítico sienten cada vez más amenazados su futuro y la necesidad de modernizarse, conforme a los estándares mundiales de producción y bienestar. Ese es el eterno proceso de evolución biológica descrito por Darwin y bautizado "destrucción creativa" por el profeta de la innovación capitalista, Joseph Schumpeter. De hecho, son las tres fuentes de acumulación del capital, que generan los movimientos telúricos de choque entre la ecología de las comunidades locales y la de los mega Estados modernos; las culturas tradicionales y la modernidad, y las precondiciones para las futuras guerras nucleares por el control del agua, la energía y las antípodas del planeta azul.


3. Explotación y Ecología


Las tres formas de acumulación del capital se refieren, obviamente, a la explotación de la fuerza de trabajo vía la tasa de ganancia; la explotación de los recursos naturales vía la renta de la tierra, incluida la expropiación del ADN como "propiedad intelectual" particular, y la explotación del prestatario de dinero (consuntivo y dinero-capital) mediante tasas de interés crematísticas. El incesante intento de maximizar esas tasas de explotación del ser humano, de la naturaleza y del capital-dinero y, su consecuente "destrucción creativa" de lo existente, del status quo, es lo que la población mundial siente como amenaza: tanto el high tech, robo de datos personales por delincuentes corporativos como Mark Zuckerberg, la expropiación de facto de aguas, tierras y genomas por low tech transnacionales extractivas y life-science corporaciones, como la destrucción de las defensas culturales y tradiciones de los pueblos y Estados. Toda esa política es impuesta de manera violenta, autoritaria y sin explicación para las víctimas. Empresas transnacionales, el proto-Estado global (FMI, OCDE, etc.) y gobiernos nacionales y locales participan en esa profitable ruleta rusa con la Madre Tierra, creando el caldo de cultivo idóneo para la política del miedo (politics of fear) de megafascistas como Trump y Hitler y, toda clase de demagogos y estafadores menores.


4. Ecologísmo e indigenísmo demagógico


En una crematística de mercado, como ya notó Aristóteles, toda relación social y todo producto se convierten en mercancía. La ecología y el problema indígena, por supuesto, no son la excepción. Al lado de auténticos defensores de la naturaleza que hay en toda América Latina, se ha formado un estrato poderoso de politiqueros indígenas y mestizos --como los "mishus" del Ecuador, financiado en parte por la miriáda de fundaciones imperialistas del Primer Mundo, sobre todo Europa-- que son mercaderes de un ecologísmo demagógico y de franquicias de "identidades" y "tradiciones" de los pueblos. El imperialismo y las oligarquías detectaron tempranamente la utilidad de esos grupos para sus fines de dominación y los usan como catalizadores en sus revoluciones de color y cambios de gobierno, contra proyectos de vanguardia, centro o transición. Un vehículo operativo favorito para la desestabilización del Centro, son los "megaproyectos".
La fundamentación y sistematización de esas operaciones esta en los manuales del Terrorismo de Estado gringo, por ejemplo, Psychological Operations in Guerrilla Warfare, y por, supuesto, en las obras de Gene Sharp. Un buen ejemplo empírico y una lección fundamental para todos los proyectos de Centro en América Latina, es el ya fracasado Canal Interoceánico en Nicaragua, que fue clave para acabar con el gobierno de Rosario Murillo y Daniel Ortega.


5. Nicaragua como modelo


Toda subversión de un gobierno legal necesita un tema "transversal" que le permite organizar múltiples grupos descontentos aislados en una dinámica de "resistencia nacional". En Nicaragua, este tema fue el Canal Interoceánico. Como todo megaproyecto requería la expropiación de terrenos, lo que, ante una población y pequeña burguesía conservadora rural, era, de antemano, una tarea difícil de lograr. Una campaña informativa sofisticada y precios de compra muy por encima del valor de los terrenos eran los requisítos imprescindibles para convencer a esa población. Cuando tal campaña no es exitosa, las democracias burguesas occidentales proceden a la expropiación de la propiedad y la imponen mediante la fuerza jurídica y pública. La represión que ejerce un Estado metropolitano en esas operaciones no pone en peligro su estabilidad. En un Estado tercermundista como Nicaragua con carácter anti-monroeista, la situación es cualitativamente diferente. Todos los núcleos de desestabilización potenciales se organizan y financian desde arriba, generalmente desde Washington, en una red desestabilizadora. Los ecologistas urbanos, habitualmente de clase media y con vínculos académicos e internacionales, denuncian globalmente los efectos depredadores sobre la naturaleza. Las múltiples organizaciones de Derechos Humanos "independientes" condenan públicamente la represión y el quebranto del Estado de Derecho. Los antropólogos mestizos, que frecuentemente controlan a las organizaciones indígenas, deploran la pérdida de tradiciones y culturas indígenas. Los estudiantes, carentes de conciencia histórica, cortesía de sus profesores burgueses, se solidarizan con las víctimas de la planeada expropiación y se movilizan. Los exlíderes sandinistas, fuera de las dulces mieles del excluyente Matriarcado tropical Murillo-Ortega, deploran la destrucción de la democracia partidista y los medios masivos de indoctrinación cumplen con su papel de clase, como eco chambers (cajas de resonancia). En esta fase, Big Brother CNN globaliza y Big Daddy Almagro moviliza a la OEA, y la inoperante CIDH despierta de su letargo. El Departamento de Estado expresa su "preocupación", la Iglesia convoca al diálogo –tan estéril como su supuesta lucha contra los pederastas-- los socialdemócratas y "comunistas" de la Patria Grande repiten las tonterías de Murillo y Ortega y la CIA avanza la Revolución de Color

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6. ¿Cuando es legítima la protesta ecológica?


La organización ecológica es legítima y necesaria, cuando representa el bien común del país y de las mayorías. No es legítima, cuando representa intereses particulares de utilitarismo económico o político o estratagemas faccionístas. Bloquear la instalación del G-5, por ejemplo, sería una actitud retrógrada, porque sacrificaría la competitividad global del país a futuro. Es decir, lo empobrece. De la misma manera, si se permite que Bayer (Monsanto) genera semillas transgénicas que sólo germinan una vez, se entrega la autonomía alimenticia ciudadana global a las tres transnacionales dominantes respectivas, que controlarán casi el 60% de las semillas, el 70% de los pesticidas y productos químicos para el cultivo de alimentos, además de casi todas las patentes de los transgénicos. Permitir esto sería una actitud criminal de los gobiernos autorizantes. En cambio, la creación de variedades de arroz resistentes a la salinidad, por el "padre del arroz híbrido" Yuan Longping, es una enorme aportación al bienestar de la humanidad, que debe ser apoyada.


7. Contradicción Ecología y Democracia


A la evolución biológica y el survival of the fittest, como leyes de evolución de toda materia biótica, se agrega una antinomia social irresoluble que se deriva de las leyes de escala del universo (laws of scale) y que complica la resolución pacífica de la problemática ecologísta: la contradicción entre la necesidad funcional de organismos y organizaciones de tener autosimilaridad a toda escala –o características fractales-- y el invento humano de la democracia. Para que un organismo o una institución sobreviva, necesita una estructura de mando vertical. Este principio organizativo vertical contradice el principio organizativo horizontal de la democracia mayoritaria y es la antinomía fundamental para resolver los problemas de la democracia participativa del Siglo 21. Entre ellos, la contradicción entre el pasado y el futuro.


8. Ecología racional y progresista


Oponerse irracionalmente a las tres leyes mencionadas es quijotesco. Fue una pequeña mutación genética en el seno del gen ARHGAP11B que permitió la emergencia de las funciones cognitivas superiores propias del homo sapiens, y lo separó de los homínidos. Hoy tenemos la ventaja de entender mejor que Darwin los procesos aleatorios de las mutaciones naturales y usar los benéficos, tanto naturales como inducidos, para la humanidad.
9. Deber moral de gobiernos de Centro


Todo gobierno progresista de nuestros países neocoloniales tiene la obligación constitucional y moral de avanzar el bienestar de su población. La única manera de lograrlo es mediante la introducción de tecnologías de punta, vías de comunicación modernas, educación secular para todos y gobiernos de "moral y luces" (Simón Bolívar). No es posible sacrificar esa vía de evolución por intereses de autonombrados líderes campesinos, sindicales o indígenas: menos, cuando estos están vinculados a los intereses de explotación y dominación oligárquicas y monroeistas. Frenar el abuso del ecologísmo e indígenismo demagógicos en las contrarrevoluciones de color requiere visión y conciencia histórica de los gobiernos latinoamericanos.


¡Justo lo que más les falta!

 

Por: Heinz Dieterich | Domingo, 23/09/2018 11:47 P

Publicado enMedio Ambiente
Suiza potenciará el desarrollo de la bicicleta al incorporarla en su Constitución

Los suizos votaron en un referéndum esta iniciativa, respaldada por prácticamente todos los partidos políticos y asociaciones activas en la defensa del medioambiente.



Los electores suizos votaron este domingo masivamente a favor de incorporar la bicicleta a su Constitución, con el objetivo de que su desarrollo sea igual de importante que el de las vías y los senderos pedestres.


Esta modificación constitucional fue aprobada con un 72% de votos en un referéndum sobre una iniciativa que era respaldada por prácticamente todos los partidos políticos y asociaciones activas en la defensa del medioambiente.


Según sus patrocinadores, la mejora de la red de pistas para bicicletas contribuirá a la seguridad de los ciclistas y a aligerar el tráfico, además de tener efectos positivos sobre la salud, el medio ambiente y el turismo.


En función de esta decisión, el Gobierno suizo podrá desarrollar estándares nacionales y suministrar geodatos para mapas y aplicaciones móviles. En tanto, la planificación, construcción y mantenimiento de las pistas para bicicleta continuará siendo responsabilidad de las autoridades locales.


En cambio, los suizos rechazaron de manera clara sendas iniciativas relacionadas con la agricultura y la alimentación.


La primera, que buscaba favorecer el comercio de alimentos producidos localmente y de temporada, así como alentar condiciones de trabajo justas y reducir el desperdicio de alimentos, fue rechazada por un 63% de votantes.


Una segunda iniciativa titulada "Por la soberanía alimentaria" recibió un 70 % de votos en contra.


Su propósito era obligar al Gobierno a adoptar una política agrícola favorable a una producción sostenible, ecológica y social, lo que hubiese requerido de una importante intervención estatal para restringir la importación de alimentos a través de aranceles, cuotas o prohibiendo la entrada de ciertos productos, incluidos los genéticamente modificados.


Los opositores a tales políticas hicieron valer que la idea -prevista en el texto- de establecer precios justos y una producción regulada por el Estado iba contra la economía de mercado, y que el coste terminaría siendo pagado por los consumidores y los contribuyentes, ya que el Estado hubiese tenido que aprobar nuevas subvenciones para el sector agrícola.

Ginebra
24/09/2018 19:58 Actualizado: 24/09/2018 20:49

Publicado enMedio Ambiente
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