Lunes, 22 Julio 2019 09:48

¡Libre comercio o ecología!

Eduardo Esparza, detalle de la serie “Desentierros 3” (Cortesía del autor)

Al obtener el 10 por ciento de los escaños en las elecciones al Parlamento Europeo, los ecologistas han despertado un antiguo debate sobre el posicionamiento político de su movimiento. ¿Estilo más bien de izquierda, como sugiere la mayoría de las alianzas concluidas hasta ahora, o más bien liberal, como lo indican tanto la adhesión a Emmanuel Macron de varios ex dirigentes ecologistas (Daniel Cohn-Bendit, Pascal Canfin, Pascal Durand) como algunas coaliciones que en Alemania ya incluyen a la derecha y a los Verdes?


A priori, el liberalismo y la protección del medio ambiente deberían constituir una pareja explosiva. En efecto, en 2003 un teórico liberal tan esencial como Milton Friedman afirmaba: “El medio ambiente es un problema ampliamente sobrevalorado. [...] Contaminamos por el sólo hecho de respirar. No vamos a cerrar las fábricas con el pretexto de eliminar todas las emisiones de dióxido de carbono en la atmósfera. ¡Sería como ahorcarse ahora mismo!” (1). Y diez años antes que él Gary Becker, otro destructor de lo que aún no se llamaba “ecología punitiva”, él también “Premio Nobel de Economía”, había sostenido que “el derecho laboral y la protección del medio ambiente se han tornado excesivos en la mayoría de los países desarrollados”. Pero él ya anunciaba: “El libre comercio reprimirá algunos de estos excesos obligando a todos a seguir siendo competitivos frente a las importaciones procedentes de los países en desarrollo” (2).


¿Ola verde en Europa?

 

Por lo tanto, es comprensible que las angustias relativas al futuro del planeta hayan rehabilitado el término durante largo tiempo vilipendiado de “proteccionismo”. En Francia, durante un debate de la campaña electoral europea, los principales candidatos socialistas y ecologistas han pedido, incluso casi en los mismos términos que Marine Le Pen, “un proteccionismo en las fronteras de la Unión Europea” (3). Medimos las eventuales consecuencias de tal cambio de rumbo dado que el libre comercio constituye el principio histórico fundador de la Unión, al mismo tiempo que es el motor económico de su Estado más poderoso, Alemania. De ahora en más, todo el mundo sabe que el elogio, que pasó a ser consensual, de los productores locales, los circuitos comerciales cortos, el reprocesamiento de los residuos in situ, es incompatible con un método de producción e intercambio que multiplica las “cadenas de valor”, es decir organiza la noria de los buques portacontenedores en los que los componentes de un mismo producto “atravesarán tres o cuatro veces el Pacífico antes de llegar a las estanterías de un comercio” (4). En las próximas semanas no va a faltar la oportunidad de confirmar en la práctica su negativa a un libre comercio ecológicamente destructivo. En efecto, los parlamentarios de la Unión Europea tendrán que ratificar –o rechazar– un acuerdo de liberalización comercial con cuatro Estados latinoamericanos, entre ellos Brasil y Argentina (UE-Mercosur), otro con Canadá (Ceta) [Acuerdo Económico y Comercial Global], un tercero con Túnez (Aleca) [Acuerdo de Libre Comercio Completo y Profundo]. Veremos entonces si realmente una “ola verde” se extendió por el Viejo Continente.

1. Entrevista con Henri Lepage, Politique internationale, N° 100, París, verano de 2003.
2. Gary Becker, “Nafta: The pollution issue is just a smokescreen”, Business Week, 9-8-1993, en Le Grand Bond en arrière, Agone, Marsella, 2012.
3. France 2, 22-5-19.
4. Ben Casselman, “Manufacturers adapt to trade war, but the cost could be steep”, The New York Times, 31-5-19.

*Director de Le Monde diplomatique.
Traducción: Teresa Garufi

Miércoles, 17 Julio 2019 08:44

¡Libre comercio o ecología!

Eduardo Esparza, detalle de la serie “Desentierros 3” (Cortesía del autor)

Al obtener el 10 por ciento de los escaños en las elecciones al Parlamento Europeo, los ecologistas han despertado un antiguo debate sobre el posicionamiento político de su movimiento. ¿Estilo más bien de izquierda, como sugiere la mayoría de las alianzas concluidas hasta ahora, o más bien liberal, como lo indican tanto la adhesión a Emmanuel Macron de varios ex dirigentes ecologistas (Daniel Cohn-Bendit, Pascal Canfin, Pascal Durand) como algunas coaliciones que en Alemania ya incluyen a la derecha y a los Verdes?
A priori, el liberalismo y la protección del medio ambiente deberían constituir una pareja explosiva. En efecto, en 2003 un teórico liberal tan esencial como Milton Friedman afirmaba: “El medio ambiente es un problema ampliamente sobrevalorado. [...] Contaminamos por el sólo hecho de respirar. No vamos a cerrar las fábricas con el pretexto de eliminar todas las emisiones de dióxido de carbono en la atmósfera. ¡Sería como ahorcarse ahora mismo!” (1). Y diez años antes que él Gary Becker, otro destructor de lo que aún no se llamaba “ecología punitiva”, él también “Premio Nobel de Economía”, había sostenido que “el derecho laboral y la protección del medio ambiente se han tornado excesivos en la mayoría de los países desarrollados”. Pero él ya anunciaba: “El libre comercio reprimirá algunos de estos excesos obligando a todos a seguir siendo competitivos frente a las importaciones procedentes de los países en desarrollo” (2).


¿Ola verde en Europa?

 

Por lo tanto, es comprensible que las angustias relativas al futuro del planeta hayan rehabilitado el término durante largo tiempo vilipendiado de “proteccionismo”. En Francia, durante un debate de la campaña electoral europea, los principales candidatos socialistas y ecologistas han pedido, incluso casi en los mismos términos que Marine Le Pen, “un proteccionismo en las fronteras de la Unión Europea” (3). Medimos las eventuales consecuencias de tal cambio de rumbo dado que el libre comercio constituye el principio histórico fundador de la Unión, al mismo tiempo que es el motor económico de su Estado más poderoso, Alemania. De ahora en más, todo el mundo sabe que el elogio, que pasó a ser consensual, de los productores locales, los circuitos comerciales cortos, el reprocesamiento de los residuos in situ, es incompatible con un método de producción e intercambio que multiplica las “cadenas de valor”, es decir organiza la noria de los buques portacontenedores en los que los componentes de un mismo producto “atravesarán tres o cuatro veces el Pacífico antes de llegar a las estanterías de un comercio” (4). En las próximas semanas no va a faltar la oportunidad de confirmar en la práctica su negativa a un libre comercio ecológicamente destructivo. En efecto, los parlamentarios de la Unión Europea tendrán que ratificar –o rechazar– un acuerdo de liberalización comercial con cuatro Estados latinoamericanos, entre ellos Brasil y Argentina (UE-Mercosur), otro con Canadá (Ceta) [Acuerdo Económico y Comercial Global], un tercero con Túnez (Aleca) [Acuerdo de Libre Comercio Completo y Profundo]. Veremos entonces si realmente una “ola verde” se extendió por el Viejo Continente.

1. Entrevista con Henri Lepage, Politique internationale, N° 100, París, verano de 2003.
2. Gary Becker, “Nafta: The pollution issue is just a smokescreen”, Business Week, 9-8-1993, en Le Grand Bond en arrière, Agone, Marsella, 2012.
3. France 2, 22-5-19.
4. Ben Casselman, “Manufacturers adapt to trade war, but the cost could be steep”, The New York Times, 31-5-19.

*Director de Le Monde diplomatique.
Traducción: Teresa Garufi

Publicado enMedio Ambiente
Propuestas de ciudad para un New Deal Verde mundial. Cambiemos el sistema, no el clima


“Nuestra tierra proporciona lo suficiente para satisfacer las necesidades de todos, pero no tanto como para satisfacer la codicia de algunos.”

Mahatma Gandhi

 

El pasado 15 de marzo, millones de estudiantes de 1.600 ciudades de todo el mundo participaron en la primera huelga global por el Clima, convocada por el movimiento Fridays for Future (el 15-M verde), cuya cabeza visible es la sueca de 16 años Greta Thunberg. No les falta razón: el planeta Tierra sufre una crisis ambiental global, y el cambio climático es el problema sistémico incomparablemente más grave que padece, por dos motivos críticos. El primero, ecológico, está relacionado con su potencia destructiva: la acumulación de gases invernadero en la atmósfera tiene el potencial de aumentar la temperatura media del planeta y transformar la Biosfera de manera radical, afectando de raíz los equilibrios ambientales del mundo entero y causando una catástrofe civilizatoria sin precedentes en la historia humana: el deshielo de los glaciares y una subida del nivel del mar que podría llegar a ser de metros, la desertificación de océanos y regiones mundiales enteras, el aumento de la frecuencia y potencia de los ciclones tropicales, la falta de agua potable, una pérdida de biodiversidad sin precedentes, el desplazamiento de ¡miles de millones de refugiados ambientales! y un resultado imprevisible en términos de catástrofes, caos, guerras y hambrunas. El segundo, geopolítico y geoeconómico, afecta a nuestra capacidad para combatir la crisis. El cambio climático está causado por el consumo de combustibles fósiles y la deforestación, es decir, la combustión de carbón, gas y petróleo (el corazón del modelo energético actual, que se aproxima a su cénit),[1] y el (mal) uso de la tierra.[2] Es nuestro propio modelo civilizatorio el que está causando la crisis (como dice el geógrafo David Harvey, “los llamados desastres naturales no tienen nada de naturales”), y sólo un cambio de modelo la puede frenar. Hoy, más que nunca, la crisis ambiental que sufrimos es esencialmente ética y política. Es imprescindible un cambio en nuestro modelo de desarrollo: el crecimiento infinito es imposible –física, matemática y biológicamente– en un planeta finito.

Pero no sólo tenemos un problema muy grave de alcance sistémico, sino una multiplicidad de problemas en todos los ámbitos: desertificación, erosión, pérdida de suelo, lluvia ácida, eutrofización de ríos y lagos, muerte de los ríos, agotamiento de la pesca, deforestación, pérdida de biodiversidad (la Tierra está experimentando la sexta extinción masiva de especies animales y vegetales), explosión demográfica, accidentes radioactivos como Chernobyl y Fukushima… Todo ello, junto al descubrimiento del plastiglomerado (el primer tipo de roca compuesto parcialmente de material plástico fundido), configurara el nacimiento de una nueva época geológica: el Antropoceno (término acuñado por Paul Crutzen en el año 2000), que sucedería al holoceno, en el que el impacto de la actividad humana sobre el planeta llegaría a adquirir el carácter de actor geológico.[3] En conclusión, sufrimos una crisis ambiental global que pone en peligro la supervivencia de la humanidad y la del resto de los seres vivos, causada por un modelo civilizatorio y de desarrollo expansionista, depredador, insostenible e insolidario. La crisis afecta hoy por hoy a todos los ecosistemas de la Tierra. Y no hay alternativas fáciles. Sí, tenemos que promover energías renovables, pero lo que es más importante, tenemos que reducir el consumo irresponsable de energía. Sí, tenemos que buscar maneras de “secuestrar” el carbono de la atmósfera,[4] pero lo que es más importante, tenemos que dejar de talar bosques y de consumir petróleo y carbón, para dejar de emitir CO2. Sí, tenemos que esforzarnos en reutilizar y reciclar materiales, pero lo que es más importante, tenemos que reducir el consumo despilfarrador de productos y los residuos que desechamos. Sí, tenemos que frenar la explosión demográfica, pero lo que es más importante, tenemos que garantizar dignidad y justicia para todos los pueblos del planeta, empezando por adoptar políticas de cooperación con el Tercer Mundo (de las que el 0,7% es una expresión muy tímida), que darían como resultado la mejora de la calidad de vida y la reducción natural de las tasas de natalidad. Y sí, tenemos que luchar por cambiar el statu quo geopolítico neoliberal, pero lo que es más importante, tenemos que empezar por [email protected] [email protected], porque no podemos construir la casa por el tejado.

 

El cambio necesario del modelo de desarrollo

 

O somos capaces de planificar este cambio, o la catástrofe climática y ecológica hacia la que estamos abocados lo hará por nosotros. Hay que plantear un nuevo modelo de desarrollo que asuma la limitación de los recursos naturales y la imposibilidad del ideal ficticio de crecimiento económico ilimitado. André Gorz, ideólogo del decrecimiento, afirmaba categóricamente: “Es imposible evitar una catástrofe climática sin romper de manera radical con los métodos y la lógica económica que impera desde hace 150 años... Por tanto el decrecimiento es un imperativo de supervivencia”. Necesitamos construir un nuevo modelo alternativo que, al mismo tiempo que plantee en qué áreas sí podemos y debemos desarrollarnos (sanidad, cuidado de las personas dependientes, educación, cultura, relocalización y economía de proximidad…), también deje claro en cuáles nos es imprescindible decrecer (explotación de los combustibles fósiles y los recursos naturales, agricultura y ganadería intensivas, industria nuclear y de armamento, consumismo –está demostrado que, a partir de cierto umbral, el nivel de consumo tiene poco que ver con el auténtico nivel de vida–;[5] reparto del trabajo, es decir, trabajar menos para trabajar [email protected]…). El economista Serge Latouche, en La apuesta por el decrecimiento, plantea que “volver a la huella ecológica[6] de 1960 no implica tanto producir menos valores de uso, en cuanto a los bienes básicos (agua, alimentos) y a los bienes duraderos (equipamientos domésticos, vestimenta, vivienda), como producirlos de manera diferente, y respecto a los segundos de forma que sean duraderos. Se trata de reducir el sobreconsumo, por supuesto, pero, aún más, la depredación y el desperdicio. Y antes de cerrar las fábricas de automóviles y llevar a los obreros al desempleo, se puede pensar en reconvertirlas en la fabricación de cogeneradores domésticos (cuya tecnología es cercana) para establecer el escenario Negawatt[7] de división por cuatro de nuestro consumo de energía. Objetor de crecimiento, Willem Hoogendyk presenta un pequeño esquema bastante verosímil de reducción del PIB del 60%.

 

 PIBGastos de compensación, de reparación, de despilfarro, etc.Resultado Neto

Situación actual
100- 60= 40
 Decrecimiento del 60% Reducción del 25%
Situación futura40- 10= 30



Ay, y es que “Nuestro PIB”, declaraba Robert Kennedy en frase lapidaria, “engloba también la contaminación del aire, la publicidad de cigarrillos y los trayectos de las ambulancias que recogen a los heridos en la carretera. Abarca la destrucción de nuestros bosques y de la naturaleza. Abarca el napalm y el coste del almacenamiento de residuos radioactivos. Y, al contrario, el PIB no tiene en cuenta la salud de nuestros hijos, la calidad de su educación…”.
Dentro del apartado del despilfarro y el consumismo irresponsables, merecen capítulo aparte algunos productos de lujo y/o completamente superfluos. Hay comparaciones sangrantes pero reales como la vida misma: para muestra, la que realizaba el Worldwatch Institute en 2010:

 

Gastos anuales en productos de lujo comparados con las inversiones necesarias para la satisfacción de algunas necesidades básicas

ProductoGastos mundiales anualesObjetivos socio-económicos para el conjunto de la población mundialInversiones anuales suplementarias para poder realizar esos objetivos
Maquillaje18.000 millones $Salud reproductiva para todas las mujeres12.000 millones $
Alimentos para animales domésticos (Europa y EE.UU.)17.000 millones $Eliminación de la pobreza y de la malnutrición19.000 millones $
Perfumería15.000 millones $Lucha contra el analfabetismo5.000 millones $
Cruceros marítimos14.000 millones $Agua potable10.000 millones $
Helados y postres helados en Europa11.000 millones $Vacunación de todos los niños1.300 millones $

 


Esta amarga realidad, paradójicamente, hace posible que el cambio de modelo propuesto pueda ser llevado a cabo sin que la gran mayoría de la población del primer mundo vea reducida su verdadera calidad de vida. En palabras del sociólogo Michael Löwy, ésta “sólo deberá privarse del consumo obsesivo, inducido por el sistema capitalista, de mercancías inútiles que no corresponden a ninguna necesidad real… son introducidas por la manipulación mental, esto es, la publicidad… que sería reemplazada por información sobre bienes y servicios facilitados por asociaciones de consumo.” (Ecosocialismo: hacia una nueva civilización, 2009)

 

El New Deal Verde: ¡Sí, se puede! 

 

Durante la Gran Recesión, surgió una pregunta indignada: si los gobiernos están gastando el dinero público de todos en salvar a los bancos, ¿por qué no lo invierten en rescatar a las personas? También podríamos preguntarnos: ¿Y en evitar el cambio climático?... En julio de 2008, un grupo de expertos británico de la New Economics Foundation daban una respuesta histórica: el informe A Green New Deal (“Un Nuevo Pacto Verde”): Políticas conjuntas para resolver el triple crack de la crisis del crédito, el cambio climático y los elevados precios del crudo, una batería de propuestas inspiradas en el New Deal, el gran programa de infraestructuras que dio empleo a 4 millones de personas en EE.UU., promovido por Franklin D. Roosevelt a raíz de la Gran Depresión. Las propuestas más importantes son:

1.– Implementar un sistema de energía con bajas emisiones de carbono que incluya hacer de cada edificio “una central eléctrica”. La participación de millones de propiedades permitiría maximizar la eficiencia energética y el uso de energías renovables para generar electricidad, por ejemplo, con cubiertas solares. Una inversión seria en la construcción de nuevos sistemas de suministro de energía –incluyendo la eficiencia energética, la cogeneración de calor y electricidad, y energías renovables para millones de hogares y edificios– costaría unos 50.000 millones de libras anuales, es decir, apenas un 3,5% del PIB de Gran Bretaña. ¡Sí, se puede!

2.– Esto permitiría crear un “ejército de trabajadores del carbono”, que proporcionaría los recursos humanos para el amplio programa de reconstrucción ambiental. Un estudio del Instituto de Investigaciones en Economía Política de la Universidad de Massachussets apoya este análisis: ese mismo año, los autores calculaban que la inversión de 100.000 millones de dólares en áreas prioritarias (aislamiento térmico de edificios, tráfico masivo/ferrocarril de carga, red eléctrica inteligente y energías renovables) en dos años podría generar 2 millones de empleos.

Y 3.– Establecer un Fondo “Herencia del Petróleo” –como el que ya existe en Noruega–, pagado por un impuesto extraordinario sobre las ganancias de las compañías de petróleo y gas, como parte de un paquete de recursos financieros e incentivos para reunir el presupuesto que debe gastarse, y que también incluiría bonos verdes. El dinero recaudado ayudaría a lidiar con los efectos del cambio climático y facilitaría la transición a una economía baja en carbono. En 2009, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) dedicó un amplio estudio a analizar el impacto de un “eco-impuesto” extrapolado al mercado laboral mundial, y llegó a la conclusión de que la imposición de un precio a las emisiones de CO2 (sólo unos 30 € por tonelada de carbono emitido), y la utilización de lo recaudado para fomentar el empleo –reduciendo las aportaciones a la seguridad social– y para subvencionar las industrias “verdes” no contaminantes, conseguiría crear en cinco años ¡14,3 millones de nuevos empleos en todo el mundo! ¡Sí, se puede!

 

¿Qué hacer?: Las ciudades, la gran oportunidad

 

Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), más de la mitad de la población del planeta reside en zonas urbanas, y el porcentaje llegará al 70% en el 2050 (en el estado español ya es así). En la actualidad, las ciudades acaparan el 75% del consumo energético y son responsables del 75% de las emisiones de carbono, además del consumo del 60% de agua y el 76% de la demanda de madera. Las ciudades dependen para su subsistencia de las capacidades productivas (alimentos, agua, energía y materiales) y asimilativas (residuos, aguas residuales y Gases de Efecto Invernadero, GEI) de los ecosistemas que las rodean; pero también son los espacios donde existe una mayor capacidad para afrontar la crisis ambiental global que vivimos. A modo de ejemplos a seguir, Malmö (Suecia) es la primera urbe del mundo neutra en carbono y el barrio ecosostenible de Vauban, en Friburgo (Alemania), la Capital Verde Europea, no sólo se autoabastece energéticamente, sino que además vende el superávit de electricidad producida por su parque solar de viviendas al resto de la ciudad.

¿Y en el estado español? Según el excelente informe del Centro Complutense de Estudios e Información Medioambiental (CCEIM) de la Universidad Complutense de Madrid, Cambio Global España 2020/50. Programa Ciudades (noviembre de 2009), el escenario continuista es apocalíptico: si seguimos así, para el año 2050 tendremos ¡47.574.000 viviendas! (casi una por habitante) y un tsunami de cemento: un consumo de “suelo artificial” urbano de 48.842 km2, ¡el doble que en 1990!, en detrimento del suelo agrícola de calidad; el parque de vehículos triplicará su número actual (¡más de un coche por habitante!), llevando a las grandes ciudades a un colapso circulatorio, las emisiones de GEI ¡cuadruplicarán las de 1990! (¡adiós, Kyoto!), y multiplicaremos por dos los residuos producidos en el 2000... ¿Hay alternativas? ¡Por supuesto! Nos centraremos en las 4 variables fundamentales para minimizar la huella ecológica:

 

1.– Edificación y ocupación del suelo

Tenemos un parque de viviendas sobredimensionado e infrautilizado, una enorme cantidad de suelo clasificado como urbanizable y una distribución inadecuada de los usos del suelo en la ciudad, con una dedicación excesiva al transporte privado y una importante segregación de actividades. En 2009 el Parlamento Europeo aprobó el Informe Auken, que critica con dureza la “urbanización masiva” del estado español. La actividad edificatoria residencial debería responder sólo a las necesidades reales de vivienda: para ello, el número de viviendas construidas no debería superar las 37.000 anuales (en la misma proporción que el aumento de la población), y el stock de viviendas vacías tendría que reducirse al 5% del total. Al mismo tiempo, la rehabilitación urbana integral (incluyendo los componentes energético y ambiental) del parque residencial, además de mejorar la habitabilidad, daría un fuerte impulso a la creación de empleo y haría posible la reconversión del sector. Sólo deben construirse edificios con ‘cero energía’ (NZEB, “Nearly zero-energy buildings”) y cero emisiones durante todo su ciclo de uso, es decir, que generen in situ a partir de fuentes renovables la misma cantidad de energía que consumen, en cumplimiento de la Directiva europea de eficiencia energética (2010/31/UE). Estas propuestas permitirían una reducción drástica del consumo de energía (el 55%) y de las emisiones de GEI, ¡hasta el 80%!, de cara al 2050, según Cambio Global España 2020/50.

Curiosamente, las normativas urbanísticas de varias comunidades autónomas limitan las densidades edificatorias máximas, ¡pero nunca las mínimas! Hay que minimizar la demanda de nuevo suelo artificial para cubrir las necesidades sociales, recuperar el carácter compacto y diverso de las ciudades mediterráneas y, sobre todo, las densidades medias que existían antes de los procesos de dispersión urbanística de los últimos 20 años (1990-2010). Para ello, se debe prohibir el desarrollo de nuevos crecimientos urbanos no justificados, y conseguir que los nuevos desarrollos residenciales recuperen unos promedios de 70 viviendas por Hectárea.

2.– Consumo energético y emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI)

Reconducir el panorama energético en las ciudades pasa por conseguir de cara al año 2050 una reducción del 60% del gasto en energía respecto al 2000, sobre todo en la edificación y el transporte –los sectores con mayores emisiones–, y promoviendo un cambio sustancial en los hábitos de consumo que permita disminuir el gasto indiscriminado en torno al 10-20% per cápita. Es necesaria una transformación radical del transporte, dando prioridad al transporte público y eléctrico (véase el apartado “Movilidad urbana”). Además, los suministradores de energía tendrán que invertir en redes de distribución eléctrica inteligentes, que reducen las pérdidas de energía y las diferencias de gasto entre las horas punta y valle, permitiendo que el consumidor reduzca su gasto significativamente. A la vez, esto facilitaría la implantación de una nueva tarifa de la luz más progresiva, con criterios sociales (¡el estado español es el segundo país de Europa con la electricidad más cara!) y ambientales, y la “democratización” de la energía, con un cambio del marco legislativo: ya se ha derogado el impuesto al Sol y ahora hay que impulsar el autoconsumo. Al mismo tiempo, se debe planificar el cierre de todas las centrales térmicas para el 2025, mientras se aumenta la participación de las renovables en el mix energético, con el objetivo de llegar al 85% en 2050. Josep Vendrell, ex portavoz de energía de Unidos Podemos-En Comú Podem, planteaba un objetivo aún más ambicioso: ¡sería posible llegar al 100% de renovables! con una planificación de la transición energética, basada, junto a los aspectos ya tratados (ahorro y eficiencia, rehabilitación de edificios, electrificación de la movilidad y autoconsumo), en “la desintegración vertical de las grandes empresas para romper el oligopolio, el apoyo a las cooperativas, a los operadores públicos locales y a las pequeñas y medianas empresas de renovables; el cierre progresivo de las nucleares y el abandono del carbón, con una transición justa para las zonas afectadas; una planificación adecuada que ponga en el centro la expansión de las energías renovables” (La batalla de l’energia, treball 2017). En 2010, el Instituto Sindical de Trabajo, Ambiente y Salud de CC.OO. calculaba que con sólo un 30% de energías renovables, ¡se podrían triplicar los puestos de trabajo en el sector! durante los próximos diez años, creando hasta 228.000 nuevos empleos directos e indirectos, sobre todo en la solar fotovoltaica y la eólica, hasta llegar a un total de 344.000 [email protected]

El objetivo final sería lograr ciudades neutras en emisiones de GEI, potenciando sustancialmente el “efecto sumidero”: los parques, jardines y zonas verdes podrían aumentar su capacidad de absorción de CO2 en un 30%, incrementando la proporción de cubierta por especies arbóreas y arbustivas en un 40%, y evitando el sellado continuo del suelo urbano, con el objetivo para 2050 de una reducción de las emisiones del 90-100% con respecto a 1990.

3.– Movilidad urbana

Empezando por el transporte interurbano, el estado español es el país de Europa que dispone de la mejor dotación de carreteras de alta capacidad por habitante: ¡debe cesar ya la construcción de nuevas autopistas y autovías!, con la excepción de actuaciones puntuales en seguridad. Los fondos sobrantes tendrían que dedicarse a la mejora de cercanías RENFE, de los ferrocarriles autonómicos y Feve, y de los carriles bus y VAO (para Vehículos de Alta Ocupación). Actualmente sólo hay carriles VAO en las entradas a Barcelona, Madrid y Granada.

Un impulso decidido al transporte público (empezando por el incremento de la flota) y a los modos de movilidad no motorizados frente al coche particular, unido al desarrollo de las energías renovables, que permitiría la electrificación del transporte (la construcción de redes de tranvía en todas las ciudades importantes y la sustitución de las flotas de autobuses de motor de explosión por otros híbridos) con bajos índices de emisiones, lograría para el 2050 una reducción del gasto energético y las emisiones al 25% de los valores del 2000. Según Cambio Global España 2020/50, esta reestructuración progresiva del reparto modal de la movilidad urbana podría llegar a un escenario de ¡sólo el 10% de los desplazamientos en coche!, un 30-32% en transporte público y la mayoría, un 58-60%, andando o en bici. En esta situación, el número de coches particulares por ciudadano (0,2) ¡habría descendido a la mitad del año 2000! Para conseguir estos objetivos, es básica una planificación urbanística favorable a la movilidad sostenible, la pacificación del tráfico y la mezcla de usos típica de la ciudad mediterránea compacta y diversa, que facilite la proximidad de servicios (los planes de movilidad de Friburgo y Vitoria-Gasteiz son claros ejemplos); la introducción de peajes de congestión en las horas punta de entrada y salida de las grandes ciudades (como ya se hace en Londres, Milán, Estocolmo…), cuyos beneficios se invertirían en el transporte público y, ¿por qué no?, en la subvención de la adquisición de vehículos eléctricos, empezando por las bicicletas eléctricas; y la aplicación de una tasa ecológica siguiendo el ejemplo de Alemania, que internalice los costes externos del transporte,[8] y también sobre el combustible del transporte aéreo. En diciembre de 2010, ISTAS-CC.OO. calculaba que el número de empleos en el sector de la movilidad sostenible podría duplicarse en los próximos diez años, llegando a alcanzar los 444.000 puestos de trabajo y consiguiendo reducir el consumo energético en un 13%, cifras nada desdeñables si tenemos en cuenta que la importación de petróleo y derivados supone ¡dos tercios del déficit comercial español! El estudio preveía que más de 20 ciudades contarían con una red de tranvía el año 2020. Aunque no se haya avanzado tanto, los datos siguen siendo válidos.

Y 4.– Generación de residuos urbanos

El Plan Nacional Integrado de Residuos (PNIR) 2008-2015 refleja que la gestión de los residuos urbanos en el estado español deja mucho que desear, tanto en su recogida como en su gestión (¡el 68% van a parar a los vertederos!), y subraya el incremento de la producción de residuos en un 89% durante el período 1990-2005. La mayor parte de este aumento se debe a los residuos derivados de la frenética actividad constructora durante esos años. Como en el transporte, es necesaria la internalización de los costes en las tasas, impuestos y precios públicos, y el pago de tributos locales en función de la cantidad de desechos generados.

Este es el apartado que consideramos más difícil de cumplir del programa Cambio Global España 2020/50, y el que requerirá una mayor concienciación ciudadana, pero aun así, se pueden apuntar objetivos muy claros: la utilización de materiales certificados, reciclados o reciclables en la construcción y obra pública debe ser una exigencia administrativa. Es necesario un impulso decidido a la reducción efectiva en origen de los residuos, hasta alcanzar en 2050 las cantidades producidas en 1990, empezando por establecer una limitación a la generación de residuos para todas aquellas actividades sometidas a licencia de obras o de actividad; promover la reutilización de los Residuos de Construcción y Demolición por encima del 90%, la reutilización de la práctica totalidad de los envases, con prioridad sobre el reciclado; la recogida selectiva, hasta llegar al 65%, y un aumento del reciclaje y la valorización, junto al aprovechamiento como compost y energía de los lodos de la depuradora. En 2050, sólo podrán depositarse en vertedero menos del 5% de los Residuos Sólidos Urbanos, y en todo caso después de haber sido objeto de algún tratamiento previo, tal y como ya establece la normativa vigente. De esta manera, conseguiríamos aproximarnos a los objetivos de “depósito cero en vertedero” y “residuo cero”, es decir, aproximarnos a conseguir cerrar los ciclos, optimizando al máximo el aprovechamiento de los materiales. También se lograría una disminución de los GEI relacionados con los residuos urbanos superior al 50%.

En definitiva, podemos concluir que la reducción de la huella ecológica del conjunto de las ciudades del estado español sólo será posible si se logra un cambio importante en los patrones de residencia, consumo y metabolismo urbano. Sin embargo, con la aplicación de estas medidas y la consecución de los objetivos en estos cuatro temas fundamentales, empezando por una disminución del 29% de la superficie artificial urbana actual, y en el marco de un escenario de reducción del consumo superfluo del 1,3% anual (poca broma, que daría como resultado un 40,3% en los 31 años que nos quedan hasta 2050), gracias a la disminución del despilfarro (volvemos a Latouche, Hoogendyk y Löwy) y a nuevos hábitos de vida más saludables, para 2050 lograríamos alcanzar la meta: ¡una huella ecológica similar a la biocapacidad del país registrada en el 2000! (unas 2,73 Hectáreas globales por habitante).

No es extraño que Willem Hoogendyk finalice su excelente obra, El gran cambio de rumbo llamando a fundar “un movimiento colectivo con ecologistas, objetores de crecimiento, militantes de la paz y de los derechos humanos, ‘creativos culturales’, grupos de pueblos que sufren la mundialización, emprendedores sociales, médicos inquietos, sin olvidar los agricultores y los propietarios de pequeñas y medianas empresas: un movimiento determinado a resistir y acabar de una vez por todas con… un sistema suicida… En suma, un movimiento por la preservación de un magnífico planeta, por un mundo duradero y más justo. […] ¿Qué arriesgamos? En el peor de los casos, perderemos nuestras cadenas y nuestro envenenamiento. Tenemos un mundo que salvar. Mujeres y hombres conscientes de todos los países, ¡uníos!”.

 

Notas:
[1] Aunque según el ecologista Bill McKibben, esto no debería preocuparnos demasiado: “Antes de que nos quedemos sin petróleo, nos quedaremos sin planeta.” (Deep Economy, 2007)
[2] “La alegría con que se ha deforestado el Sudeste asiático para ganar tierras de cultivo y el desecamiento de tremedales en los cuales crecían árboles llevaron a que se produjeran incendios tan enormes que supusieron el equivalente al 40% del total de emisiones mundiales producidas por la quema de combustibles fósiles.” (James Lovelock, La venganza de la Tierra, 2007)
[3] Véase Jan Zalasiewicz et al., Are we now living in the Anthropocene? (“¿Estamos viviendo ahora en el Antropoceno?”), Geological Society of America Today (2008). Y desde el punto de vista del colapso energético, Ramón Fernández Durán y Luis González Reyes, En la espiral de la energía, vol. I, cap. 6, El Antropoceno: la crisis ecológica adquiere dimensión mundial (2014).
[4] James Lovelock aporta varias ideas de geoingeniería, propias y de otros científicos (Klaus Lackner y Ken Caldiera, sobre todo) para llevarlo a cabo, op. cit.
[5] Veáse La situación del mundo 2008, de The Worldwatch Institute.
[6] La huella ecológica es una medida de la cantidad de suelo productivo y agua que un individuo, una ciudad, un país o la población mundial requieren para producir todos los recursos que consumen y absorber todos los residuos que generan. La huella ecológica total de una población determinada es la suma de los cultivos, pastos, bosques, ganado, pesca, construcciones y energía requeridos para su mantenimiento y la asimilación de sus residuos. (Global Footprint Network)
[7] El Negawatt es una unidad de medida que cuantifica la potencia ahorrada en un proceso gracias a una tecnología o un comportamiento, y corresponde "en negativo" al watt (W). Es la medida con la que se cuantifica la eficiencia energética o el ahorro de energía.
[8] “Si se incluyeran los costes invisibles […] –los accidentes de coche, la contaminación del aire, las bases militares (para impedir a los pueblos de los países productores controlar su propio petróleo), las subvenciones a las compañías petroleras– si, pues, se incluyera todo esto, el precio del carburante treparía a los 14 dólares el galón [3,78 litros]” (Sierra Magazine, abril 2002)

* El texto resume y actualiza el Trabajo Final de Diplomatura de Postgrado en Ideas y Experiencias Políticas Transformadoras del autor (UAB, abril 2018), tutorado por el profesor Joaquim Sempere.
 
Jordi de Miguel
licenciado en Biología por la Universitat Autònoma de Barcelona. Conseller de Medio Ambiente y Sostenibilidad del Distrito de Nou Barris (2001-06), impulsó y coordinó la realización de La Agenda 21 de Nou Barris. Compromiso ciudadano por la sostenibilidad (Ayuntamiento de Barcelona, 2006)

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Ecosocialismo: un horizonte para un cambio de época

En tiempos de Trump, Bolsonaro y otros representantes del neofascismo, puede que algunos lectores recuerden la frase atribuida a Fredric Jameson según la cual parece más fácil imaginar el fin del mundo que el final del capitalismo; una sentencia que, a la vista de lo que muestra el escenario ecológico actual, parece tomar forma de amenaza cierta. En tiempos de avance de una derecha (extrema) neoliberal y autoritaria en Asia, Europa y América y en los que la izquierda se encuentra sumida en una profunda crisis de identidad y proyecto, absorta en pequeñas e inocuas maniobras institucionales con escaso resultado práctico para combatir la desigualdad y la crisis climática, se hace más necesario que nunca dar por enterradas las viejas respuestas e iniciar la elaboración de horizontes estratégicos que logren la síntesis del binomio sociedad justa y biosfera intacta.


En efecto, el capitalismo se encuentra en una dinámica destructiva y parece evidente que no dejará de explotar cualquier recurso en la huida hacia delante que emprendió, en su última fase, a partir de la crisis de 2008. Evidentemente, no se trata sólo de una cuestión temporal que responde a la crisis, sino de la propia naturaleza del capitalismo, que responde exclusivamente a la generación de beneficios, y por lo tanto necesita apropiarse tanto del trabajo como de la naturaleza con tanta intensidad como sea necesaria para su supervivencia. Por eso, no es de extrañar que los diversos movimientos de ultraderecha ataquen tanto las condiciones de trabajo como las luchas ecológicas, o que las Cumbres de Cambio Climático sean cada vez más inoperantes.
Detrás de los desastres hay causas

Pero… ¿Por qué hemos llegado a semejante situación? ¿Cómo es posible que la supervivencia del sistema socio económico esté amenazando la vida de las personas que lo alimentan y de su entorno? Hay muchas líneas de explicación, y tanto la sociología como la economía o la historia pueden aportar enfoques de interés, pero en tanto que buscamos un marco global de interpretación, necesitamos una explicación política, esto es, una explicación que dé cuenta de las fuerzas e idearios sociales que han acabado llevándonos a este punto. Políticamente, esto sólo se puede entender desde una derrota histórica, la que sufren los proyectos alternativos ante un capitalismo que se reconfigura desde los años 80 del pasado siglo y muta para adoptar el neoliberalismo como forma actualizada. Con el neoliberalismo, el capital se desvincula casi totalmente de los límites materiales, avanza en la extensión de su modelo social (individualismo, consumismo, descrédito de lo público y lo colectivo, mercantilización del conjunto de la sociedad) y desplaza a los imaginarios colectivos políticos alternativos. La famosa expresión de Margaret Tatcher, “no hay alternativa”, podría ser el mejor ejemplo de las profecías autocumplidas: no hay alternativas porque el neoliberalismo alcanzó el poder en todos los ámbitos y eliminó la posibilidad de una alternativa. Por eso, hoy, todavía puede parecer que es más fácil que se acabe el mundo a que se acabe el capitalismo.


Sin embargo, es evidente que existen alternativas. El dictumtatcheriano sólo es cierto en la medida en la que se impone contra la voluntad de las clases populares y de los movimientos sociales que, estos sí, son conscientes de la deriva suicida del capitalismo. El ecologismo ha tenido muchas versiones y, al menos en la orientación de ecologismo social ha sabido ir mostrando una serie de posibilidades al margen del neoliberalismo. La izquierda política, sin embargo, ha tardado en ver esto, pero hoy empieza a asumir que una transformación radical necesita de la cuestión ecológica, y no como un añadido externo, sino como un eje central de su propuesta política. Hoy no sólo está claro que el ecosocialismo es capaz de plantear una propuesta ecológica que incluya lo laboral, lo productivo y lo reproductivo, sino que hacerlo desde otros lugares llevará forzosamente a un proyecto fallido.


Desde las últimas décadas, y especialmente desde principios de siglo, la crisis ecológica empieza a mostrarse con una evidencia fuerte. Los niveles de contaminación ambiental, el cambio climático, la frecuencia creciente de disturbios y catástrofes ambientales o la inhumana y dañina forma de producir carne son elementos especialmente visibles que ya no pasan desapercibidos a un conjunto social cada vez más amplio. Es momento de que la izquierda asuma definitivamente el análisis ecologista y le dé dimensión política para construir un proyecto que vaya más allá de unas elecciones y más allá de un programa; hay bases para construir un horizonte alternativo con base organizativa fuerte, y eso implica un proyecto de las clases populares porque sólo ellas configuran la mayoría. Recuperar esta idea de clase ha podido parecer difícil en los años de éxito del neoliberalismo, pero es una necesidad, un punto sin el cual no articularemos un proyecto de todas y para todas.

 

Existen alternativas. El ecosocialismo forma parte de la solución

 

Este trabajo de recuperación de elementos de la izquierda revolucionaria que aspiraba a la sociedad de mujeres y hombres libres e iguales sin explotación humana y de aquellos que vienen de la tradición ecologista forjada en centenares de luchas en defensa de la biosfera y que ha sido capaz de dar explicaciones y alternativas tiene su mejor apuesta en el ecosocialismo. Y para ello los espacios de trabajo como el que tuvo lugar el pasado mes en Lisboa son fundamentales (http://alterecosoc.org/). La IV edición de los Encuentros Ecosocialistas fue organizada con participación de muchas organizaciones y activistas portuguesas, dando así continuidad a una serie de encuentros que son referencia para un trabajo ambicioso de articulación político social. Si es tiempo de construir imaginarios colectivos distintos, espacios como este son el lugar donde pueden surgir.


En estos momentos en los que se perpetúa la crisis constante del neoliberalismo como sistema socioeconómico, la necesidad de un proyecto alternativo es tan alta como su posibilidad. Pero esto no debería hacernos pensar que la crisis del capitalismo llevará a su destrucción y a una transición a un modelo sostenible. Por el contrario, tratará de mantenerse a costa de lo que haga falta. Merece la pena recordar aquí a Rosa Luxemburgo, autora de aquella expresión histórica, “socialismo o barbarie”, de la que nos reivindicamos muchos ecosocialistas. No se trataba de un lema de agitación, sino que se dirigía a una discusión importante en vida de Luxemburgo, entre aquellos que creían en un marxismo mecanicista según el cual la revolución vendría por el colapso del propio capital, y los que defendían que mediaría una lucha social y que el resultado de esa lucha podría tanto ser el socialismo como una forma de fascismo. Esa es la lucha que el ecosocialismo está en condiciones de abrir y que tiene que abrir, como vía para sacar a la izquierda de su derrota histórica y, lo que es más importante, para salir del fracaso ecológico global, creando un horizonte compartido.

 

*Economista y militante de Anticapitalistas. Activista social y militante de Anticapitalistas (respectivamente)

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Ecologismo demagógico, Megaproyectos y Revolución de Color

1. No respires: es anti-ecológico


En el debate con los ecologistas demagógicos es necesario recordarles que todo sistema biológico afecta al entorno. La respiración humana es un buen ejemplo. Cada vez que una persona respira, convierte el vital gas oxígeno en un gas asfixiante (asphyxiant gas): el dióxido de carbono (C02). En total, produce unos 500 litros de C02 al día. La moraleja es clara. Ningún organismo aerobio, particularmente el homo sapiens, puede reproducirse o expandirse sin trastornar el entorno natural de la biósfera. Esta es la primera ley o constante planetaria, que hay que respetar en todo debate ecológico serio. Es decir, en debates no contaminados por intereses demagógicos y reaccionarios.


2. Evolución y "destrucción creativa"


Dicha ley planetaria se deriva del intercambio de información, energía y materia entre el organismo que pretende reproducirse, y su hábitat. Quién domina mejor ese metabolismo sobrevive, tal como formuló el genial Charles Darwin en su trascendental concepto del survival of the fittest. Presionados por la expansión de la población, las nuevas tecnologías, los megaproyectos y el estilo de vida ostentoso impuesto por el Capitalismo del Siglo 21, los pueblos y países más débiles en la jerarquía de poder geopolítico sienten cada vez más amenazados su futuro y la necesidad de modernizarse, conforme a los estándares mundiales de producción y bienestar. Ese es el eterno proceso de evolución biológica descrito por Darwin y bautizado "destrucción creativa" por el profeta de la innovación capitalista, Joseph Schumpeter. De hecho, son las tres fuentes de acumulación del capital, que generan los movimientos telúricos de choque entre la ecología de las comunidades locales y la de los mega Estados modernos; las culturas tradicionales y la modernidad, y las precondiciones para las futuras guerras nucleares por el control del agua, la energía y las antípodas del planeta azul.


3. Explotación y Ecología


Las tres formas de acumulación del capital se refieren, obviamente, a la explotación de la fuerza de trabajo vía la tasa de ganancia; la explotación de los recursos naturales vía la renta de la tierra, incluida la expropiación del ADN como "propiedad intelectual" particular, y la explotación del prestatario de dinero (consuntivo y dinero-capital) mediante tasas de interés crematísticas. El incesante intento de maximizar esas tasas de explotación del ser humano, de la naturaleza y del capital-dinero y, su consecuente "destrucción creativa" de lo existente, del status quo, es lo que la población mundial siente como amenaza: tanto el high tech, robo de datos personales por delincuentes corporativos como Mark Zuckerberg, la expropiación de facto de aguas, tierras y genomas por low tech transnacionales extractivas y life-science corporaciones, como la destrucción de las defensas culturales y tradiciones de los pueblos y Estados. Toda esa política es impuesta de manera violenta, autoritaria y sin explicación para las víctimas. Empresas transnacionales, el proto-Estado global (FMI, OCDE, etc.) y gobiernos nacionales y locales participan en esa profitable ruleta rusa con la Madre Tierra, creando el caldo de cultivo idóneo para la política del miedo (politics of fear) de megafascistas como Trump y Hitler y, toda clase de demagogos y estafadores menores.


4. Ecologísmo e indigenísmo demagógico


En una crematística de mercado, como ya notó Aristóteles, toda relación social y todo producto se convierten en mercancía. La ecología y el problema indígena, por supuesto, no son la excepción. Al lado de auténticos defensores de la naturaleza que hay en toda América Latina, se ha formado un estrato poderoso de politiqueros indígenas y mestizos --como los "mishus" del Ecuador, financiado en parte por la miriáda de fundaciones imperialistas del Primer Mundo, sobre todo Europa-- que son mercaderes de un ecologísmo demagógico y de franquicias de "identidades" y "tradiciones" de los pueblos. El imperialismo y las oligarquías detectaron tempranamente la utilidad de esos grupos para sus fines de dominación y los usan como catalizadores en sus revoluciones de color y cambios de gobierno, contra proyectos de vanguardia, centro o transición. Un vehículo operativo favorito para la desestabilización del Centro, son los "megaproyectos".
La fundamentación y sistematización de esas operaciones esta en los manuales del Terrorismo de Estado gringo, por ejemplo, Psychological Operations in Guerrilla Warfare, y por, supuesto, en las obras de Gene Sharp. Un buen ejemplo empírico y una lección fundamental para todos los proyectos de Centro en América Latina, es el ya fracasado Canal Interoceánico en Nicaragua, que fue clave para acabar con el gobierno de Rosario Murillo y Daniel Ortega.


5. Nicaragua como modelo


Toda subversión de un gobierno legal necesita un tema "transversal" que le permite organizar múltiples grupos descontentos aislados en una dinámica de "resistencia nacional". En Nicaragua, este tema fue el Canal Interoceánico. Como todo megaproyecto requería la expropiación de terrenos, lo que, ante una población y pequeña burguesía conservadora rural, era, de antemano, una tarea difícil de lograr. Una campaña informativa sofisticada y precios de compra muy por encima del valor de los terrenos eran los requisítos imprescindibles para convencer a esa población. Cuando tal campaña no es exitosa, las democracias burguesas occidentales proceden a la expropiación de la propiedad y la imponen mediante la fuerza jurídica y pública. La represión que ejerce un Estado metropolitano en esas operaciones no pone en peligro su estabilidad. En un Estado tercermundista como Nicaragua con carácter anti-monroeista, la situación es cualitativamente diferente. Todos los núcleos de desestabilización potenciales se organizan y financian desde arriba, generalmente desde Washington, en una red desestabilizadora. Los ecologistas urbanos, habitualmente de clase media y con vínculos académicos e internacionales, denuncian globalmente los efectos depredadores sobre la naturaleza. Las múltiples organizaciones de Derechos Humanos "independientes" condenan públicamente la represión y el quebranto del Estado de Derecho. Los antropólogos mestizos, que frecuentemente controlan a las organizaciones indígenas, deploran la pérdida de tradiciones y culturas indígenas. Los estudiantes, carentes de conciencia histórica, cortesía de sus profesores burgueses, se solidarizan con las víctimas de la planeada expropiación y se movilizan. Los exlíderes sandinistas, fuera de las dulces mieles del excluyente Matriarcado tropical Murillo-Ortega, deploran la destrucción de la democracia partidista y los medios masivos de indoctrinación cumplen con su papel de clase, como eco chambers (cajas de resonancia). En esta fase, Big Brother CNN globaliza y Big Daddy Almagro moviliza a la OEA, y la inoperante CIDH despierta de su letargo. El Departamento de Estado expresa su "preocupación", la Iglesia convoca al diálogo –tan estéril como su supuesta lucha contra los pederastas-- los socialdemócratas y "comunistas" de la Patria Grande repiten las tonterías de Murillo y Ortega y la CIA avanza la Revolución de Color

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6. ¿Cuando es legítima la protesta ecológica?


La organización ecológica es legítima y necesaria, cuando representa el bien común del país y de las mayorías. No es legítima, cuando representa intereses particulares de utilitarismo económico o político o estratagemas faccionístas. Bloquear la instalación del G-5, por ejemplo, sería una actitud retrógrada, porque sacrificaría la competitividad global del país a futuro. Es decir, lo empobrece. De la misma manera, si se permite que Bayer (Monsanto) genera semillas transgénicas que sólo germinan una vez, se entrega la autonomía alimenticia ciudadana global a las tres transnacionales dominantes respectivas, que controlarán casi el 60% de las semillas, el 70% de los pesticidas y productos químicos para el cultivo de alimentos, además de casi todas las patentes de los transgénicos. Permitir esto sería una actitud criminal de los gobiernos autorizantes. En cambio, la creación de variedades de arroz resistentes a la salinidad, por el "padre del arroz híbrido" Yuan Longping, es una enorme aportación al bienestar de la humanidad, que debe ser apoyada.


7. Contradicción Ecología y Democracia


A la evolución biológica y el survival of the fittest, como leyes de evolución de toda materia biótica, se agrega una antinomia social irresoluble que se deriva de las leyes de escala del universo (laws of scale) y que complica la resolución pacífica de la problemática ecologísta: la contradicción entre la necesidad funcional de organismos y organizaciones de tener autosimilaridad a toda escala –o características fractales-- y el invento humano de la democracia. Para que un organismo o una institución sobreviva, necesita una estructura de mando vertical. Este principio organizativo vertical contradice el principio organizativo horizontal de la democracia mayoritaria y es la antinomía fundamental para resolver los problemas de la democracia participativa del Siglo 21. Entre ellos, la contradicción entre el pasado y el futuro.


8. Ecología racional y progresista


Oponerse irracionalmente a las tres leyes mencionadas es quijotesco. Fue una pequeña mutación genética en el seno del gen ARHGAP11B que permitió la emergencia de las funciones cognitivas superiores propias del homo sapiens, y lo separó de los homínidos. Hoy tenemos la ventaja de entender mejor que Darwin los procesos aleatorios de las mutaciones naturales y usar los benéficos, tanto naturales como inducidos, para la humanidad.
9. Deber moral de gobiernos de Centro


Todo gobierno progresista de nuestros países neocoloniales tiene la obligación constitucional y moral de avanzar el bienestar de su población. La única manera de lograrlo es mediante la introducción de tecnologías de punta, vías de comunicación modernas, educación secular para todos y gobiernos de "moral y luces" (Simón Bolívar). No es posible sacrificar esa vía de evolución por intereses de autonombrados líderes campesinos, sindicales o indígenas: menos, cuando estos están vinculados a los intereses de explotación y dominación oligárquicas y monroeistas. Frenar el abuso del ecologísmo e indígenismo demagógicos en las contrarrevoluciones de color requiere visión y conciencia histórica de los gobiernos latinoamericanos.


¡Justo lo que más les falta!

 

Por: Heinz Dieterich | Domingo, 23/09/2018 11:47 P

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Suiza potenciará el desarrollo de la bicicleta al incorporarla en su Constitución

Los suizos votaron en un referéndum esta iniciativa, respaldada por prácticamente todos los partidos políticos y asociaciones activas en la defensa del medioambiente.



Los electores suizos votaron este domingo masivamente a favor de incorporar la bicicleta a su Constitución, con el objetivo de que su desarrollo sea igual de importante que el de las vías y los senderos pedestres.


Esta modificación constitucional fue aprobada con un 72% de votos en un referéndum sobre una iniciativa que era respaldada por prácticamente todos los partidos políticos y asociaciones activas en la defensa del medioambiente.


Según sus patrocinadores, la mejora de la red de pistas para bicicletas contribuirá a la seguridad de los ciclistas y a aligerar el tráfico, además de tener efectos positivos sobre la salud, el medio ambiente y el turismo.


En función de esta decisión, el Gobierno suizo podrá desarrollar estándares nacionales y suministrar geodatos para mapas y aplicaciones móviles. En tanto, la planificación, construcción y mantenimiento de las pistas para bicicleta continuará siendo responsabilidad de las autoridades locales.


En cambio, los suizos rechazaron de manera clara sendas iniciativas relacionadas con la agricultura y la alimentación.


La primera, que buscaba favorecer el comercio de alimentos producidos localmente y de temporada, así como alentar condiciones de trabajo justas y reducir el desperdicio de alimentos, fue rechazada por un 63% de votantes.


Una segunda iniciativa titulada "Por la soberanía alimentaria" recibió un 70 % de votos en contra.


Su propósito era obligar al Gobierno a adoptar una política agrícola favorable a una producción sostenible, ecológica y social, lo que hubiese requerido de una importante intervención estatal para restringir la importación de alimentos a través de aranceles, cuotas o prohibiendo la entrada de ciertos productos, incluidos los genéticamente modificados.


Los opositores a tales políticas hicieron valer que la idea -prevista en el texto- de establecer precios justos y una producción regulada por el Estado iba contra la economía de mercado, y que el coste terminaría siendo pagado por los consumidores y los contribuyentes, ya que el Estado hubiese tenido que aprobar nuevas subvenciones para el sector agrícola.

Ginebra
24/09/2018 19:58 Actualizado: 24/09/2018 20:49

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Un tercio de microplásticos que van al océano son de ropa

Cada vez que una prenda se lava, hasta 700 mil fibras microscópicas llegan a los océanos, son tragadas por la vida marina y se incorporan a la cadena alimenticia, con el riesgo de que acaben en nuestros platos.

Un nuevo estudio del Instituto de Ingenieros Mecánicos destaca que 35 por ciento de los microplásticos liberados en los océanos del mundo son textiles sintéticos.


El informe recalca que el cuidado de la ropa afecta la huella de carbono de un artículo y recomienda lavar la ropa a temperatura más baja, usar bolsas de malla para colar hilos, usar secadoras con menos frecuencia e instalar filtros en las tuberías de residuos de la lavadora.


La investigación Engineering Out Fashion Waste destaca hasta qué punto la moda contribuye a la contaminación del agua en el mundo. También consume mucha energía y produjo mil 200 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente (CO2e) en 2015: más emisiones que los vuelos internacionales y el transporte marítimo combinados.


La institución exige acciones urgentes para abordar los residuos producidos durante el ciclo de vida de una prenda. Esto incluye los procesos de uso intensivo de agua durante la fabricación y estudiar el problema del desecho de prendas al final de su vida útil.

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Las voces de la tierra hacen  “eco” en el suroriente de Bogotá

A la inmensa altura de 3.000 metros sobre el nivel del mar, por entre el naranja de los ladrillos de los barrios apartados de la inmensa Bogotá céntrica, aparecen como oasis, alternativas de vida que generan esperanza para quienes ya estamos cansados del desasosiego con que este sistema económico y social ahoga cada día nuestro paisaje. Una de estas alternativas se encuentra en el sureño barrio Juan Rey de la localidad de San Cristóbal, la eco Casa del suroriente, un espacio experimental nacido en noviembre de 2011 como una iniciativa piloto del Centro de investigación y educación popular (Cinep) para apoyar la consolidación de nuevos barrios ecológica y ambientalmente sostenibles en la ciudad.

Siete años cumple ahora esta experiencia, cuyo propósito ha sido el de transformar la relación mantenida por sus habitantes con el territorio, a través de dos procesos fundamentales: Un primer proceso que parte de la base de la educación ambiental para transformar de manera definitiva la forma en que se vinculan las prácticas alimenticias, buscando una alimentación soberana, recuperar la tierra y los cultivos ancestrales, así como emprender el uso de energías limpias y renovables. Es así como toda la casa está hecha mayoritariamente a partir de materiales de construcción que desde su producción tienen bajo impacto ambiental, posee un sistema de recolección de agua-lluvia, funciona con paneles solares fotovoltaicos y goza de una huerta con diferentes alimentos para su autoabastecimiento sin químicos ni transgénicos.

Y un segundo proceso de desarrollo cultural alrededor de la casa, que teje los saberes y las experiencias del barrio con la magia de la expresión artística, el teatro, el circo, la danza, la música o las artes plásticas, las cuales con ayuda de la educación comunitaria y popular siembra nuevas formas de relacionamiento para poder ir cosechando poco a poco soluciones factibles contra los problemas más apremiantes que como generación nos corresponden.

 

De eco casas a eco barrios

 

La eco-casa es un ejercicio que hace parte de un proyecto mucho más antiguo: los eco barrios, experiencia que toma fuerza desde el 2005 en el sur oriente bogotano; Héctor Álvarez Cubillos es el líder barrial que desde hace varios años ha abanderado esta propuesta. Los eco barrios son alternativa para reordenar el territorio con una activa participación comunitaria, incentivando un “pacto por la vida” entre todos los actores que habitan el territorio. “Son acuerdos, una suerte de negociación cultural, entre los mismos vecinos, empresarios y el Estado. Ello, en torno a dos premisas: que nos quedamos en el territorio y, segundo, la forma como nos queremos quedar” (1).

Su propuesta de eco barrio reconoce tres dimensiones para que la propuesta sea sostenible: lo ecohumano, lo ecoambiental y lo económico. Una primera arista de este triángulo, lo ecohumano, propende por un sujeto más consciente y responsable con su entorno, que logra rescatar su papel como parte de la naturaleza y es sensible al espíritu del territorio. Por otro lado, lo ecoambiental, que abarca prácticas, discursos y saberes relacionados con el cuidado ecológico y la custodia de la tierra. Y, por último, la dimensión económica, orientada a la administración del territorio y al aprovechamiento sostenible del entorno: donde encuentren asidero alternativas económicas coherentes con el cuidado del medio ambiente, como base suficiente para la financiación del nuevo modelo. Este experimento nació en los barrios Manantial, Corinto, Triángulo alto y Triángulo bajo, de la localidad de San Cristóbal, del cual la Eco-casa de Juan Rey es otra de sus apuestas.

 


La idea es que el barrio se componga de ecocasas con 3 condicionamientos básicos para su construcción: 1) que sea cismo-resistente, 2) que sea armónica con el medio ambiente y 3) que recoja los rasgos culturales del territorio. No puede construirse más en ladrillo ni cemento en Los Cerros, pues el impacto ambiental de la minería es muy fuerte en el modelo económico y urbanístico, de ahí que la idea central sea que la misma comunidad vaya incorporando en su diario vivir prácticas tan sencillas como naturales: promoviendo la agricultura urbana –instalando composteras caseras y cosechas de maíz, lechuga, cebolla, apio, perejil, curuba, etc–, ponerle un alto al ladrillo y al cemento, construyendo casas de madera, guadua y materiales sostenibles, cismo-resistentes. Sacarle jugo a la luz solar para iluminar las viviendas y también aprovechar las aguas lluvias para todo tipo de quehaceres en el hogar; incluso consolidar guardias urbanas que ayuden a cuidar y vigilar los territorios de personas, o poderes económicos extraños que se quieran adueñar del territorio e impactar negativamente el frágil ecosistema.

Por su parte la eco-casa del suroriente también propone una propuesta de eco barrio como forma de mitigar los espacios de alto riesgo en la ciudad; hacer en los Cerros Orientales pactos de borde, y en esos bordes, ecobarrios o una red de los mismos, con desarrollo local sostenible, donde la gente tenga una opción de vida digna, una propuesta para la ciudad y hasta un plan piloto para el mundo; planear el hábitat de manera participativa, desde la forma en que se organice el salón comunal, las escuelas y los parques; lo que implica apropiación de la ciudad y exige de la comunidad mayor cualificación para poder entender cómo reorganizar sus territorios desde ellos mismos,en equilibrio con el entorno.

 

El derecho a la cultura y a la educación artística

 

Otro de los ejes de construcción de la ecocasa es la reivindicación por las expresiones culturales y artísticas del territorio, pero como vemos, la ecocasa más que un centro cultural es un proceso social que a través del teatro, la música y el arte en general, penetra en el sector intentando generar tendencias que repercuten en toda la sociedad. Amadeo Gómez, uno de los habitantes y líderes de la Eco-casa comenzó con talleres de malabares y de teatro, realizando convocatorias en los colegios y en los parques, donde poco a poco se fueron vinculando chicos y chicas del barrio.

En este sentido el proyecto cultural también vincula la educación popular donde cada quien pone en juego los saberes recolectados a lo largo de su vida y los ofrece a los demás, en un proceso donde no se trata de jerarquías en que el profe viene a enseñar algo, sino de un compartir de ideas, de pensamientos, un hacer diálogos con lenguajes, como el artístico, donde,a partir de la confianza construida en los talleres, actividades y festivales, se tejan las relaciones que el territorio necesita para vivir en armonía.

Según Amadeo: “La idea es mostrar la necesidad de que existe un derecho a la cultura, y nosotros poderles brindar ese derecho, un derecho a la educación artística. Al ser un proceso de educación popular intentamos no institucionalizar demasiado lo que nosotros le brindamos a los chicos, esto no quiere decir que no tenga rigurosidad ni sentido de investigación o fortalecimiento académico, pero en este proceso de intercambio nos damos cuenta como todos ellos tienen grandes ideas, intentamos hacer que reconozcan las tantísimas capacidades que tienen estos jóvenes y las muchas cosas que pueden ofrecer a la sociedad”.

Es así como, a través de estos encuentros y talleres artísticos los jóvenes aprovechan su tiempo libre en otras dinámicas que no son la calle, tratando de que los procesos vayan mostrando otra imagen de los jóvenes, que no se estigmatice a las personas de la loma como consumidores de drogas o ladrones, y combatir los miles de estigmas que existen a diario por vivir en el sur, en la loma. La importancia de la eco-casa, en la forma como está estructurado el entorno, es que la comunidad y la sociedad en general aprovechan otros espacios para conocer cosas nuevas no ofrecidas por la misma estructura histórica en que nuestra sociedad está organizada.

La eco-casa constituye un espacio agradable para la juventud, quien es más receptiva a las actividades que de allí emergen, pero entre los numerosos problemas que sobrelleva, que no faltan, es necesario sumar a los adultos, quienes son los más reacios a este tipo de actividades. La seguridad es otra de las mayores dificultades, pues “los amigos de lo ajeno” no descansan y en varias ocasiones se han llevado los materiales,con la dificultad para reponerlos pues si algo es complicado es aquello de encontrar un apoyo monetario y social constante para poder permanecer en la casa trabajando.

No obstante, lo más importante y fundamental es que a través del trabajo duro y la autogestión hace 3 años se pudo comprar el terreno, pues el lote empezó siendo apenas un comodato, hoy es una isla más de libertad y autonomía abierta para todos, que gracias a la solidaridad de personas que reconocen su respectivo valor,ha logrado juntar un fondo suficiente para la construcción de un teatrino en la parte de atrás de la eco-casa. De ahí que una de las características que mejor definen el trabajo cultural y comunicativo que se adelanta en de este espacio es la metodología del trueque, pues el objetivo de la eco-casa es demostrar que el beneficio no solamente se mide en el terreno del consumismo económico, sino también en la alegría de compartir, en hacer trueques, trueques de abrazos, de cariños, de sentires.

Según Amadeo: “Este proyecto es como mi propia vida, es una decisión de vida que uno ya toma y como artista o como profesor de teatro es una bendición tener un espacio en el cual vivir una vida plena como uno la quiere vivir.Pues la elección de ser feliz la tiene uno en sus manos, que no depende de lo material, ni de lo económico, o de lo que nos ofrece la calle con todos sus peligros, depende de uno mismo, y que si uno quiere hacer cosas para ser feliz, simplemente hay que lanzarse a hacerlas, y probar, hacerlas simplemente no ponerse límites o barreras”.

De igual manera lo reafirma Claudia Casteblanco, quien también vivió en la eco-casa: “La experiencia de vivir en una eco-casa es demasiado satisfactoria pues es una elección de vida diferente, despojarle nuestro tiempo y nuestras energías al consumismo, vivir en armonía con la naturaleza, que implica dejar un modelo que pone el énfasis de la felicidad en objetos propuestos por la publicidad y que perjudican el equilibrio de nuestro planeta, más bien sabiendo valorar los regalos que la misma naturaleza nos ofrece todos los días” (2).

La eco-casa es un eco de voces que por fin encuentran oídos prestos a escuchar, pues las alertas están puestas y el llamado que hace nuestro planeta por su cuidado no da más espera. La eco-casa es un proyecto que,entorno a la comunidad, la pedagogía, el medioambiente y el arte, nos marca la pauta en una organización social de nuevo tipo, imprimiendo grandes avances a partir del arduo trabajo de estos 7 años, en que los jóvenes y adultos pueden aprovechar su tiempo libre y reconocerse en sus derechos y deberes como habitantes de un barrio, una ciudad, un país, un territorio vivo, y a través de ello también demostrar que hay muchas formas de vida posibles, diferentes a la que nos tocó vivir (3); formas de vida que pasan por lo colectivo, lo comunitario y lo solidario, todas ellas partes fundamentales de otro modelo de ser y vivir el actual momento y de proyectarnos como comunidad hacia un futuro otro, uno donde una mano y otra se encuentran no para rivalizar sino para complementarse, a través de un diálogo desprevenido de saberes y de sueños, telón de fondo de una vida otra que está en construcción a través de infinidad de pequeñas experiencias colectivas existentes por todo el territorio nacional.

 

1 Entrevista realizada en El Espectador: https://www.elespectador.com/noticias/medio-ambiente/ecobarrios-en-bogota-una-apuesta-por-el-equilibrio-de-los-cerros-articulo-685193

2 Entrevistas tomadas de https://www.youtube.com/watch?v=2og2lZmL1YU https://www.youtube.com/watch?v=A93MltjvU7A

3 Por la eco-casa también han pasado la organización ambiental vilvago, la organización artística Huaira teatro, Circopatas, colectivo audiovisual el ojo loko y muchas más.

La autora de '¿Quién alimenta realmente al mundo?', Vandana Shiva. Fotografía cedida por la editorial, Capitán Swing

 

Sus críticas más feroces apuntan directamente sobre la cabeza de la industria alimentaria y química, pero eso no le ha impedido ser reconocida como una de las más prestigiosas investigadoras sobre justicia agrícola y una de las activistas ecologistas y feministas de mayor renombre en el mundo. La india y doctora en Física Vandana Shiva, ganadora de más de 20 premios internacionales, asesora de varios Gobiernos en la India y en el extranjero (entre ellos el de Rodríguez Zapatero) está en España para promocionar su ensayo ¿Quién alimenta realmente el mundo? (Capitán Swing, 2016), una apuesta de la autora por retomar el control de los alimentos, de su diversidad y calidad y de revolucionar la forma en que los producimos. Recibe a Público en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, pocas horas antes de su conferencia Earth Democracy: a Revolution for the Planet & People.

 

¿Quién alimenta al mundo?


Definitivamente no son las empresas químicas y las corporaciones. Porque la industria química no produce comida y las empresas no hacen nada, sólo vender químicos y recoger las rentas de las semillas. ¿Quién alimenta al mundo? Todos los organismos del suelo, los maravillosos polinizadores que nos proporcionan un tercio de los alimentos que comemos, la diversidad de las plantas que nos dan nutrientes, las mujeres que continúan cultivando alimentos mientras las empresas nos venden químicos... Son los pequeños agricultores y las mujeres las que producen el 70% de los alimentos que comemos y, si lo miras en términos de nutrición, el único nutriente que llega a nuestros platos viene de los agricultores locales. Lo demás son productos tóxicos vacíos de nutrientes.

 

¿Y por qué pensamos que sólo la agricultura industrial es capaz de abastecernos?


Los químicos agrícolas tienen menos de 70 años. La actual industria química es la misma que preparó los gases que mataron a miles de personas en las cámaras de gas de los campos de concentración de Hitler. Necesitaban gases venenosos y esos fueron los ancestros de los pesticidas. Después de la guerra simplemente fabricaron el mito de que sin químicos no puedes cultivar porque necesitaban seguir ganando dinero. Fabricaron la falsa creencia de que el suelo es un contenedor vacío. No, el suelo está vivo. Una planta es un sistema vivo superinteligente y nuestro cuerpo es un sistema superinteligente con cien billones de microbios que necesitan comida real y que hablan con la comida que comemos. Si es tóxica, hay resultados tóxicos; si es sana, tenemos salud. Fabricaron una ciencia falsa para asegurarse de que cada agricultura en el universo asumiera eso, en lugar de la agricultura ecológica. Estamos hablando de un sistema de control total en manos de un ganado de tres, un ganado venenoso cuyo único objetivo es matar. Ahí es donde empezaron y ahí es donde siguen. Matan a gente con glifosato y Roundup y con alimentos tóxicos que están provocando la epidemia de cáncer ante la que estamos.

 

Si hay una sobreabundancia de alimentos, ¿cómo se explica que todavía haya 800 millones de personas en el mundo que pasan hambre?


Lo primero es que no se trata de una sobreabundancia de alimentos, sino de una sobreabundancia de productos, porque el alimento es lo que nos nutre. Hay 800 millones de hambrientos por dos razones: la primera es que los productores de alimentos han sido expulsados de la tierra, los pequeños productores, que eran los más productivos. Veo a los agricultores donde crece el arroz en India, campos llenos de arroz, que están muertos de hambre porque compraron las semillas, compraron los químicos y los precios no han dejado de subir. El precio al que el agricultor compra y el precio al que el agricultor vende es muy desigual. El sistema está haciendo que la mitad de los hambrientos del mundo sean agricultores. Por otro lado, el sistema económico ha expulsado a cada vez más personas y las personas excluidas no tienen alimento o comida. Es una combinación de un sistema que está destrozando la producción de alimentos, destrozando a los agricultores y destrozando nuestro papel económico en la sociedad.

 

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La autora de '¿Quién alimenta realmente al mundo?', Vandana Shiva. Fotografía cedida por la editorial, Capitán Swing.

 

En los países desarrollados, muchos agricultores se encuentran con que cultivar alimentos orgánicos no es rentable, los costes son mucho mayores. Y los productos orgánicos son mucho más caros también para los consumidores. ¿Cómo se puede competir así con la agricultura industrial?


Lo primero es que la agricultura industrial no es una agricultura justa. Está basada en 400.000 millones de dólares en subvenciones. Ningún sistema podría competir con eso. Si un lado está obteniendo 400.000 millones y el otro nada, la vida se te va a poner difícil. Lo segundo es la manera en que la economía ha evolucionado. Lo que debería tener una tasa es el uso de los recursos, el daño a la naturaleza y a la salud pública. Eso haría la agricultura industrial muy costosa. Si esos costes tuvieran que ser pagados por la industria, en el precio de los alimentos, nadie apostaría por la agricultura industrial. Por otro lado la agricultura ecológica tiene que ser consciente de que necesita innovar. Tenemos que innovar y decir no: no vamos a vivir y trabajar en vuestra economía, vamos a crear economías circulares, comunidades de alimentos, y digo esto porque lo hemos hecho en India y puedes salir, puedes salir de la trampa.

 

Usted es muy crítica con el uso de la biotecnología en los alimentos. ¿Qué opina de la acusación por parte de 109 premios Nobel contra Greenpeace por su oposición a los transgénicos?


Hay evidencia de que detrás de las firmas de estos científicos, y uno de ellos ya estaba muerto cuando la carta se redactó, estaba todo el lobby de la industria alimentaria. Obviamente cualquiera firma a favor de la alimentación en el mundo, pero no leyeron línea por línea. Si no recuerdo mal la controversia era por el arroz dorado, un producto que ha fracasado, que tiene un 300% menos de vitamina A que otras fuentes como el arroz rojo que tenemos en India. ¿Por qué soy crítica con los transgénicos? Porque la industria de la biotecnología no está estudiando los impactos que tiene la modificación genética en el resto del sistema. Sabemos desde antes de que existiera la industria de la biotecnología que cuando modificas una parte del sistema, el resto no sigue funcionando como antes. Cada gen realiza muchas funciones y si cambias un gen, el sistema entero cambia. Y no están estudiando los impactos sobre el sistema. Lo que hemos visto con la industria de la biotecnología es una sustitución de la ciencia por la propaganda. Es una gran máquina de relaciones públicas. Así que, ¿por qué me voy a molestar siquiera en contestarles?

 

Defiende que existe un vínculo fuerte entre ecologismo y feminismo, un ecofeminismo.


Cuando el capitalismo patriarcal, que es ese acercamiento a la vida desde la violencia masculina, se combina con la codicia, declara a la naturaleza como muerta porque tiene que explotarla, y declara a las mujeres como pasivas porque tiene que ponerlas en un segundo plano. Si las mujeres hubieran sido reconocidas como las mejores agricultoras no tendríamos agricultura industrial, y si la naturaleza hubiera sido reconocida como productiva no tendríamos químicos ni transgénicos. Ecología y feminismo tienen una conexión común en la opresión por parte del capitalismo patriarcal, que también ha olvidado que ambos, mujer y naturaleza, son productores y son inteligentes.

 

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Caleidoscopio Nº18, noviembre 2017

 

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Alberto Acosta

 

Entrevista a Alberto Acosta

 

Alberto Acosta Espinosa (twitter: @AlbertoAcostaE ), economista, académico, político, y activista social ecuatoriano, es una de las personas más representativas de la nueva izquierda latinoamericana. Participó activamente en la Revolución Ciudadana y en la fundación del Movimiento Alianza País, llegando a ser ministro de Energía y Minas en el gobierno de Rafael Correa y posteriormente Presidente de la Asamblea Constituyente de Ecuador. Tras dimitir de su cargo por sus discrepancias con la deriva del proceso, Alberto Acosta ha sido una de las principales figuras de la oposición a las políticas neoextractivistas en su país y en América latina en su conjunto. Es, además, uno de los principales teóricos del Buen Vivir y firme defensor de replantear el pensamiento de las izquierdas y un nuevo horizonte emancipatorio desde la confluencia de corrientes diversas y la participación activa de los movimientos sociales. En 2013 fue candidato a la presidencia de la república en representación de la Unidad Plurinacional de las Izquierdas.

 

Koldo Unceta: En tu último libro, escrito junto a Ulrich Brand, planteas la necesidad de buscar propuestas que permitan salir del laberinto capitalista. Por tanto, nos gustaría empezar por ahí ¿Cómo ves al sistema capitalista actual, tras la evolución sufrida por el mismo en las últimas décadas? ¿Estamos más cerca o más lejos de poder superarlo?

Alberto Acosta: El patriarcado capitalista, en tanto civilización dominante, vive una crisis múltiple, generalizada, multifacética, interrelacionada y sistémica. El capitalismo evoluciona cual zombie infectado por una suerte de “virus mutante”. Lo que si debemos señalar es que nunca afloraron a la vez tantos problemas como ahora, en donde lo económico y social se combina con graves problemas políticos, éticos, energéticos, alimentarios, culturales y una crisis ambiental inocultable... Vivimos incluso una crisis de sentido histórico en cuanto a las grandes soluciones se refiere. Estas, al parecer, ya no están más presentes.

Tal lectura hace pensar que nos encontramos frente a una crisis civilizatoria. Sin embargo, es difícil anticipar si el capitalismo está ad portas de su colapso. Incluso, quizás ya inició dicho colapso pero no tenemos suficiente conciencia de eso. Además, cabe recordar que la transición hacia otra civilización será larga y compleja, durante la cual el capitalismo puede presentar graves recaídas -con tintes hasta fascistas y con brutales brotes de terrorismo- que no pueden marginarse sin una acción política que profundice la democracia en todos los ámbitos.

 

K.U.: La cuestión de las transiciones, que ocupa un lugar importante en los debates sobre alternativas al desarrollo capitalista, remite a la necesidad de concretar las salidas y adaptarlas a cada situación específica, a cada realidad. Ahora bien ¿Cómo conjugar las alternativas y luchas locales con la existencia de una globalidad fáctica, que requiere también una acción y unas propuestas de alcance universal?

A.A.: Esta cuestión es crucial. Las luchas desde ámbitos comunitarios son y serán las mayores portadoras de grandes transformaciones. Esos espacios de resistencia se convierten, cada vez más, en constructores de otras formas de convivencia mucho más armoniosa y equilibrada. De todas formas, no se puede marginar otros espacios estratégicos de acción: los niveles estatal, regional e internacional. El gran reto es combinar los pensamientos, acciones y luchas desde lo local y comunitario con las disputas en estos otros niveles de acción, reconociendo el potencial de unos y otros, así como sus limitaciones.

Un punto medular aquí será saber desde que bases se construyen las acciones alternativas teniendo en mente la visión utópica de futuro, que nos sirva de meta referencial para las transiciones. Cómo dar respuestas de corto plazo sin perder la visión de largo plazo, algo así como conducir un coche con luces bajas y simultáneamente con luces altas. Y por cierto, habrá que identificar quienes son los compañeros tácticos de lucha con los que podemos transitar una parte del camino, de los compañeros estratégicos con los cuales se comparten los mismos objetivos de largo plazo. Todo esto sin marginar nunca los diversos niveles de acción estratégica.

 

K.U.: En línea con lo anterior, las críticas del postdesarrollo han cuestionado los referentes universales por considerarlos propios de una propuesta occidental y colonial, que no tenía en cuenta otras realidades y/o cosmovisiones. ¿Cuáles podrían ser en estos momentos unos referentes universales que permitieran una convergencia de las distintas luchas locales y sirvieran para avanzar en una globalización alternativa?

A.A.: Difícil dar una respuesta general a una pregunta tan profunda y compleja. Tal vez algunos ejemplos concretos permitan aterrizar la reflexión.

Quizá entre las piedras angulares de una propuesta que enfrente el capitalismo a nivel global esté el combate a una de sus facetas más perversa: la especulación financiera. Tal combate podría librarse construyendo un Código Financiero Internacional (o códigos regionales inicialmente), el cual norme y exija el control de los flujos financieros internacionales, combatiendo así a la especulación y al uso de las finanzas internacionales -sobre todo endeudamiento externo- como herramientas de dominación económica y política inclusive.

Uno de los capítulos medulares del Código debería tratar sobre la legalidad y la legitimidad de las finanzas. Urge separar las deudas adquiridas legal y, sobre todo, legítimamente -que merecen ser pagadas- de aquellas deudas que pueden y deben impugnarse desde la doctrina de las deudas odiosas, usurarias y corruptas. También es hora de procesar la deuda ecológica e incluso la deuda histórica, donde los países empobrecidos son los acreedores.

Asimismo, urge crear un Tribunal Internacional de Arbitraje de Deuda Soberana, siguiendo -por ejemplo- los términos que propusimos con Oscar Ugarteche. Un paso mínimo para que tal Tribunal funcione es la inmediata disolución del Club de París como marco de negociación. Este Club carece de base jurídica y debe dejar de ser un espacio de decisión sobre acuerdos de reestructuración de deudas, en donde los acreedores imponen condiciones a los deudores. Además, se debe dejar sin guaridas a los especuladores desapareciendo los paraísos fiscales, al tiempo que se los asfixia con impuestos sobre las transacciones financieras internacionales (en línea con la tasa Tobin).

También es necesaria la creación de un Banco Central Mundial -totalmente distinto al Banco Mundial- que pueda emitir una moneda o una canasta de monedas globales. Esto no implica reconstruir el sistema de Bretton Woods. Es más, el Banco Mundial y el FMI, tal como los conocemos tendrían que dejar de existir.

 

K.U.: ¿Y en el campo de los problemas ecológicos globales?

A.A.: En el campo ecológico global los temas son por igual candentes. Si bien la voracidad capitalista ha creado cambios climáticos inocultables, el capitalismo busca ampliar espacios de maniobra mercantilizando cada vez más la Naturaleza. Los mercados de carbono y de servicios ambientales están entre las más “innovadoras” formas para sostener la acumulación del capital. La conservación de los bosques termina en el terreno de los negocios mientras se mercantiliza y privatiza el aire y el clima. Así vemos que a la víbora capitalista no le importa continuar devorándose su propia cola, arriesgando su propia existencia y de la Humanidad misma. El único fin es acumular capital que, en definitiva, implica acumular poder.

Como respuesta a esta crisis emergen los Derechos de la Naturaleza. Más temprano que tarde tendremos una Declaración Universal de los Derechos de la Naturaleza y un tribunal internacional que castigue los crímenes en contra de la Madre Tierra y sus defensores tal como si fueran crímenes contra la Humanidad (pues, de hecho, lo son); esta inciativa ya se formuló en la Cumbre de los Pueblos en Bolivia, en el año 2010. Incluso ya existe una acción potente desde la sociedad civil de todos los continentes: el Tribunal Ético Permanente de los Derechos de la Naturaleza, en el que tengo el honor de participar en calidad de juez, incluso fui presidente de una de sus sesiones.

 

K.U.: En relación con esto ¿Cómo ves la salud de las propuestas y movimientos altermundistas? ¿Ves espacios de trabajo y de coordinación contrahegemónicos que respondan a las necesidades del momento? ¿Cómo ves el Foro Social Mundial más de una década después de su puesta en marcha en Porto Alegre?

A.A.: La convergencia de esas acciones de resistencia y de construcción de propuestas de cambio configuran los caminos. Nos urge tejer local, nacional, regional e internacionalmente las luchas de resistencia, tanto como la construcción de alternativas. Esa tarea debe repensarse permanentemente, siempre evitando el mal de la burocratización y partidización. Y eso me parece que está matando al Foro Social Mundial, que devino en aplaudidor de los gobiernos “progresistas” de América Latina; gobiernos que, al transformarse en caudillescos y modernizadores del capitalismo, perdieron el rumbo y su potencial transformador.

Hoy hay nuevos procesos en ciernes. Por ejemplo, quienes cuestionan el crecimiento económico cada vez se acercan más a los críticos del extractivismo. Ahí tenemos dos vertientes que buscan soluciones y que merecen ser tomadas en cuenta. Pero el grueso de las acciones en marcha en todas partes del planeta gira alrededor de las resistencias a las destrucciones sociales y ecológicas que genera el sistema. Es interesante constatar, a modo de ejemplo, las luchas de resistencia de diversos grupos de la sociedad civil a los extractivismos en todas partes del planeta, inclusive en los países considerados equivocadamente como desarrollados, caso de Alemania contra la minería de lignito o carbón vegetal, o contra el fracking o fractura hidráulica en Europa y los Estados Unidos.

Otro caso notable, presente desde hace ya varias décadas en diversas partes del mundo, es el relativo a las diversas acciones que se despliegan desde la sociedad civil para enfrentar la deuda externa. Esta experiencia ameritaría una reflexión mucho más profunda. Aquí hay una tensión permanente entre quienes se oponen terminante a dicha deuda en tanto expresión del capitalismo, sistema que habría que derribar, con quienes, sin llegar a negar ese objetivo de largo plazo, se mueven con mucha habilidad entre los intersticios del poder para conseguir algunos cambios que contribuyan a mejorar las condiciones de vida de las poblaciones afectadas. Sin duda, el riesgo de caminar al filo de la navaja es grande, pues muchas veces se termina contribuyendo con propuestas funcionales al poder y al mismo sistema capitalista.

 

K.U: Una de las grandes cuestiones de las que te has venido ocupando es la de la controversia entre Desarrollo Alternativo y Alternativas al Desarrollo. En ocasiones, sin embargo, la línea que separa ambos planteamientos es bastante fina, especialmente cuando hablamos de la práctica social. ¿Cómo ves esta cuestión?

A.A.: Para identificar esa delgada línea nada mejor que recordar los elementos característicos del desarrollo: su pretensión de mandato global; su vocación de síntesis en los logros conseguidos a través de maximizar permanentemente los resultados; sus profundas raíces antropocéntricas y patriarcales; entre otros puntos.

La crítica, empero, debe superar estos predicados o características básicas. Debe desarmar la visión del progreso como fundamento del devenir histórico de la Humanidad. Así, la crítica de esta representación no se enfoca en formular “desarrollos alternativos”, sino en construir alternativas a la idea misma de desarrollo, es decir, en última instancia, alternativas al llamado progreso.

Del mandato global del desarrollo requerimos transitar a visiones plurales, sin pretensiones hegemónicas. De la maximización insostenible -por múltiples razones- caminemos a un mundo donde la religión del crecimiento económico sea derrumbada. Por igual debemos desmontar el patriarcado, el racismo y el antropocentrismo. Estas acciones explican en gran medida lo que implica construir una alternativa al desarrollo.

 

K.U.: Hablemos un poco del Buen Vivir, tema al que has dedicado gran parte de tu trabajo político, social y académico. ¿Cómo valoras la aportación de esta propuesta a los debates sobre las alternativas al desarrollo y/o al capitalismo? ¿Cómo valoras los casi 15 años transcurridos desde que esta idea comenzó a alcanzar difusión más allá del mundo indígena andino? ¿Cuál es la salud actual de las propuestas sobre el BV?

A.A.: Al buscar alternativas al neoliberalismo nos dimos de narices con el Buen Vivir. Nos topamos con ideas, valores, experiencias y muchas prácticas existentes hace tiempo en muchas comunidades indígenas. Una realidad en nuestros países, pero marginada por la conquista y la colonización que aún perduran. Y de su estudio comprendimos –al menos ese es mi caso- que no se trataba de simples alternativas económicas al neoliberalismo, sino que el Buen Vivir planteaba posibilidades alternativas más potentes y profundas.

En los saberes del mundo indígena no existe una idea análoga al “desarrollo”. No hay una concepción lineal de la vida que establezca un estado anterior y posterior, que siempre sería mejor en base a una creciente disponibilidades de bienes. No asoma esa dicotomía de subdesarrollo y desarrollo, como plantea la modernidad occidental. Tampoco existen conceptos como “riqueza” y “pobreza” determinados por la acumulación y la carencia de bienes materiales. Es más, el ser humano es visto como un actor más en la Naturaleza, y no como su dominador.

Esas lecturas encontraron espacios importantes en las constituciones de Ecuador y Bolivia. Sin embargo, no son definiciones indiscutibles, ni mucho menos. Su posición en esas constituciones está jalonada por varias contradicciones. No obstante, su constitucionalización, que no asegura su cristalización, fue un potente aliciente para su difusión. Cada vez hay más interés en el Buen Vivir o en el Vivir Bien, en un debate con creciente interés fuera de estos dos países, como lo demuestra esta entrevista.

 

K.U.: Tu relación con el gobierno de Ecuador y con Rafael Correa, desde tu dimisión como Presidente de la Asamblea Constituyente hasta hoy, ha estado jalonada por una cadena de desencuentros bien conocidos. ¿Cómo valoras la trayectoria global del gobierno de Alianza País? ¿Ha servido para impulsar la idea del Buen Vivir?

A.A.: Para decirlo en pocas palabras, el gobierno de Rafael Correa sintetiza una década desperdiciada. Correa fue el presidente que más tiempo estuvo continuadamente en funciones en toda la historia republicana ecuatoriana, tuvo los mayores ingresos económicos, concentró -como ningún otro- el poder estatal en todas sus funciones, coincidió con una época en donde varias administraciones regionales tuvieron el mismo signo ideológico: el “progresismo”, y que, además, tuvo a su mano una guía para grandes transformaciones: la Constitución de Montecristi, que visibilizó como potentes conceptos horizonte al Buen Vivir, a los Derechos de la Naturaleza, al agua como un derecho humano fundamental... A pesar de tener todas esas mareas a favor para propiciar cambios profundos, Correa se limitó a intentar modernizar el capitalismo.

Para lograr tal modernización, Correa vampirizó el concepto de Buen Vivir y lo transformó en un dispositivo de poder y una herramienta de propaganda oficial al servicio de sus apetencias de concentrar poder, disciplinar, y hasta adormecer a la sociedad. Una verdadera aberración.

 

K.U.: En lo que respecta específicamente a los Derechos de la Naturaleza –oficialmente reconocidos en la Constitución- y a las políticas extractivistas del gobierno ¿Qué balance cabe hacer?

A.A.: Los Derechos de la Naturaleza se proyectan con fuerza fuera del Ecuador. Su aprobación constitucional, un hito civilizatorio, potenció procesos existentes desde antes en varias regiones del planeta. Paradójicamente casa adentro los Derechos de la Naturaleza se redujeron a “supuestos derechos”, como afirmó Correa al admitir, en agosto del 2013, que le quedó grande la Iniciativa Yasuní-ITT (surgida desde la sociedad civil mucho antes de su gobierno, dicho sea de paso). Tal era una propuesta revolucionaria acorde a los Derechos de la Naturaleza, acorde al Buen Vivir, con una clara y potente estrategia post-extractivista.

 

K.U.: Continuando con este tema, nos gustaría conocer tu valoración sobre lo que en América Latina llamáis gobiernos “progresistas” (Ecuador, Bolivia, Venezuela, etc.), y que aquí en Europa suelen verse como gobiernos “de izquierda” por algunos sectores y de “corte populista” por otros.

A.A.: Eduardo Gudynas diferenció categóricamente a los gobiernos “progresistas” de los gobiernos neoliberales y de lo que podrían ser gobiernos de izquierda, que actualmente no existen en América.

¿Son gobiernos de izquierda aquellos que consolidan regímenes caudillescos y autoritarios, que ahondan más y más las modalidades de acumulación primario exportadoras al profundizar y ampliar los extractivismos, que despliegan prácticas conservadoras en cuanto a libertades sexuales, que consolidan el patriarcado y la colonialidad, que limitan y debilitan a los movimientos sociales, que ponen cortapisas a la libertad de expresión...? No, definitivamente no.

Los gobiernos “progresistas” no son de izquierda. Es más, para colmo, con muchas de sus acciones han terminado retornando al redil del neoliberalismo. El gobierno de Correa es un ejemplo claro: basta anotar que suscribió un TLC con la Unión Europea, que en definitiva fue la adhesión al TLC suscrito por los gobiernos neoliberales de Perú, Colombia y de la propia Unión Europea.

 

K.U.: Otro asunto: ¿Puede hablarse de un análisis “latinoamericano” sobre la llegada de Trump a la Casa Blanca y sus consecuencias? ¿Qué repercusiones específicas puede tener para América Latina?

A.A.: Hay múltiples impactos. Destacaría la política migratoria de Trump. Una posición, con acciones violatorias de los Derechos Humanos, que afecta a muchas familias latinoamericanas afincadas a los dos lados del rio Grande...

El negacionismo climático de Trump, un personaje perdido en su iluso mundo de los negocios a ultranza e incapaz de leer la compleja y cada vez más crítica realidad ambiental del planeta, pasará factura a América Latina. Para empezar muchas acciones en marcha destinadas a frenar la barbarie del capitaloceno se verán debilitadas inclusive por el mal ejemplo que emana desde Washington. Al mismo tiempo que las empresas extractivistas darán rienda suelta a su voracidad alentadas por los discursos y las disposiciones del régimen estadounidense.

Quizás Trump, en medio de su aparentemente confusa gestión, hasta llegue a alentar salidas políticas violentas y dictatoriales a los problemas de “su patio trasero”. Su política en contra del gobierno venezolano parece ir en esa dirección. Si bien cabe rechazar enérgicamente cualquier agresión imperial contra Venezuela, es realmente triste ver cómo el deterioro del “progresismo” en el caso venezolano podría dar los justificativos perfectos para la injerencia norteamericana, bajo la típica farsa de “restaurar la democracia y la libertad”.

 

K.U.: Hace dos años las Naciones Unidas proclamaron solemnemente la Agenda 2030 y los ODS. En ellos se reconocía claramente la inviabilidad del actual modelo de producción y consumo y, sin embargo, no parece haberse dado ningún paso hacia adelante ¿Qué valoración haces de los ODS y de la Agenda 2030? ¿Tienen alguna utilidad?

A.A.: Los ODS están impregnados de un pecado original: la idea del desarrollo, que en realidad es un fantasma. Hace rato debimos desencantarnos de esa alocada carrera detrás del desarrollo. Si bien hay cada vez más gente demanda un cambio radical de rumbo en el mundo, esta no es aún la tendencia mayoritaria. Menos aún en Naciones Unidas.

Un punto clave: Naciones Unidad es lo que es, una amalgama en donde predominan los intereses de los más poderosos y en donde el todo no puede superar a sus partes. Me explico, no es posible superar estructuralmente los problemas del capitalismo mundial desde el seno de las actuales Naciones Unidas. Allí la mayoría de gobiernos de los países representados defienden privilegios de los grupos de poder, mientras buscan a como de lugar el progreso y el desarrollo. Es aclara porque solo se llega a tibios acuerdos como aquellos conseguidos en la Cumbre de Cambio Climático en París, a fines de 2015, que para colmo ya no son respaldados por el gobierno de Trump.

De todas maneras, abrir la discusión sobre los ODS podría profundizar la crítica al sistema y podría ser una oportunidad para reinventar las propias Naciones Unidas.

 

K.U.: Una última cuestión. Como buen conocedor de Europa que eres. ¿Cómo ves Europa desde A. Latina? ¿Crees que hay aún alguna esperanza de que la UE desempeñe algún papel positivo en este momento en la búsqueda de alternativas a la crisis sistémica en la que vivimos, o por el contrario constituye un obstáculo para ello?

A.A.: Es cierto que viajo con frecuencia a Europa y que recorro algunos países europeos discutiendo las posibles alternativas, algunas de ellas esbozadas anteriormente. Pero de allí a decir que conozco Europa hay mucho trecho. En realidad hay muchas Europas. Como bien anota el gran sociólogo José María Tortosa, Europa presenta muchas caras, por ejemplo, cuando se leen las diversas aproximaciones al tema de la migración.

Lo que si me atrevería a plantear es que Europa ya no es el continente de las luces. Quedan perdidos en los pliegues de su historia el nacimiento y difusión de muchas ideas-horizonte, como liberalismo o socialismo, que emergieron desde Europa o que se expandieron a través del viejo continente sacudiendo al mundo. Ese tiempo ya pasó. Es más, a ratos me parece que en Europa se ha perdido incluso la capacidad de aprender de su propia historia. Basta ver su incapacidad para enfrentar definitivamente los problemas de endeudamiento externo de los países del sur del continente, cuando en 1953 ofrecieron una salida completa a la Alemania que venía de desatar dos grandes guerras en el continente y en el mundo.

A pesar de esos cuestionamientos encuentro cada vez más acciones desde las comunidades y localidades europeas que tendrán una fuerte resonancia futura si se sintonizan con otras luchas de resistencia y de construcción muy vivas y activas a lo largo y ancho del planeta.

http://www.galde.eu/eu/entrevista-alberto-acosta/

 

 

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