Sábado, 02 Noviembre 2013 08:19

Estado del clima: de mal en peor

Estado del clima: de mal en peor

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), panel científico de referencia en el tema, publicó en septiembre de 2013 la primera parte de su nuevo reporte mundial sobre el estado del clima. Muestra un panorama sumamente preocupante y afirma con mayor contundencia que en su informe anterior de 2007, que el cambio climático es causado por "influencia humana". Claro que en realidad la causa no somos los humanos como especie, sino el modelo industrial capitalista de producción y consumo. Por evitar la confrontación con empresas y gobiernos causantes de la crisis climática –como es su responsabilidad por el conocimiento del que disponen– el IPCC comienza a considerar falsas "soluciones" como geoingeniería, aunque reconocen los grandes riesgos que conlleva. Es todo un síntoma que estas propuestas altamente especulativas hayan sido incluida en el resumen del IPCC, y una muestra muy preocupante de lo que podrían hacer unos pocos, con dinero y tecnología, para manipular y desequilibrar aún más el clima de todos, base de toda la vida en la Tierra.

 

El nuevo informe del IPCC sostiene que desde 1950, los cambios observados en el clima no tienen precedente en "los últimos decenios o hasta milenios". Constatan que "la atmósfera y el océano se han calentado, el volumen de nieve y hielo [en Ártico y glaciares] ha disminuido, el nivel medio global del mar se ha elevado y las concentraciones de gases de efecto invernadero han aumentado".
Cada una de las tres décadas pasadas han sido sucesivamente más calurosas que cualquier década precedente desde 1850. En el hemisferio norte, el periodo 1983 a 2012 ha sido el más cálido en mil 400 años.


En el periodo 1901-2010, el nivel del mar medio global aumentó en 0.19 m. En el escenario futuro más optimista, esta cifra podría "solamente" duplicarse en este siglo.


La concentración en la atmósfera de dióxido de carbono (CO2), metano y óxido nitroso –los tres gases de efecto invernadero más graves– aumentó a niveles sin precedentes en 800 mil años. Según el IPCC "la concentración de CO2 aumentó 40 por ciento desde la era preindustrial, en primer lugar debido a emisiones de combustibles fósiles y en segundo lugar debido a emisiones por cambios netos en el uso de la tierra" (deforestación y agricultura industrial). Las emisiones fueron mayores, pero los océanos absorbieron cerca de 30 por ciento del dióxido de carbono, causando su acidificación, una crisis global tan grave como el cambio climático en sí mismo. La acidificación ya significa un problema serio para los corales y crustáceos que no pueden formar sus caparazones. Y ambos están al inicio de la cadena alimenticia marina.


Esto ha llevado a un aumento de la temperatura media de 0.85 grados en el último siglo. En los escenarios del IPCC, el más optimista indica que a final del siglo la temperatura aumentará en promedio 1.5 grados y los más pesimistas un mínimo de 4.8 grados o más, lo cual sería catastrófico por las afectaciones gravísimas en cultivos, aumento de nivel del mar, fenómenos climáticos extremos, desaparición de glaciares y fuentes de agua, etcétera. Pero aún el escenario de 1.5-2 grados, significa que habrá mucho más y peores impactos como lo que ya sufrimos, inundaciones, huracanes, sequías, etcétera.


Este informe corresponde al Grupo I del IPCC, que evalúa la ciencia sobre el clima y el cambio climático. El grupo II evalúa la vulnerabilidad y las posibilidades de adaptación y el Grupo III las posibilidades de limitar las emisiones de gases y mitigar el cambio climático. Por ello es aún más sorprendente que el del Grupo I haya incluido en su resumen dirigido a responsables de políticas, a la geoingeniería, o sea la manipulación tecnológica, deliberada y a mega escala del clima con el supuesto objetivo de contrarrestar los efectos del cambio climático.
Pese a incluir esta propuesta extrema y especulativa, el informe no discute energías alternativas, transporte público o producción agrícola ecológica ni ninguna otra medida, ya que su mandato es evaluar datos científicos recientes para actualizar el diagnóstico del cambio climático, no analizar formas para enfrentarlo, que es tarea de los Grupos II y III que presentarán sus informes en 2014.


Aunque pasa de contrabando la geoingeniería, el IPCC reconoce que ésta tiene altos impactos y "conlleva efectos laterales y consecuencias de largo plazo a escala global". Sin embargo, sugiere que las técnicas de manejo de la radiación solar (geoingeniería para crear inmensas nubes volcánicas artificiales para tapar la luz del sol) "si son factibles, tienen el potencial para revertir el aumento global de la temperatura" –una absurda simplificación que esconde la naturaleza especulativa y la complejidad práctica de estas propuestas–, que podrían tener inmensos impactos, alterando los patrones de lluvia y viento de toda Asia y África, lo cual pondría en riesgo las fuentes de agua y alimentación de 2 mil millones de personas.


Es notable que el IPCC, por evitar confrontar los intereses de trasnacionales y gobiernos poderosos, no asuma su responsabilidad de señalar sin tapujos las causas y los responsables del caos climático, dejando claro que éstas son las que tienen que cambiar radicalmente para avanzar realmente en la reducción de emisiones. En su lugar, especulan (nada científicamente) sobre el uso de geoingeniería, que dejaría intactas las causas, calentando cada vez más el planeta, mientras enfriarlo será un negocio de esas mismas empresas y gobiernos.
*Investigadora del Grupo ETC

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Sábado, 19 Octubre 2013 08:11

Por una justicia ambiental mundial

Por una justicia ambiental mundial

La justicia ambiental es una fuerza muy importante para conseguir una mayor sostenibilidad ecológica. Sin embargo, a pesar de su importancia, las OJA (organizaciones de justicia ambiental, es decir las ONG dedicadas a la justicia ambiental) a menudo carecen de los recursos económicos necesarios. En el ICTA* de la Universidad Autónoma de Barcelona tenemos un proyecto financiado con fondos europeos llamado EJOLT (Environmental Justice Organisations, Liabilities and Trade), que se puso en marcha en 2011 con la intención de estudiar conflictos socioambientales de todo el planeta y prestar apoyo a organizaciones y comunidades que luchan por la justicia ambiental. EJOLT está en marcha hasta 2015 y en él participan 23 organizaciones académicas y grupos de activistas de la justicia ambiental ( www.ejolt.org). Estudiamos temas legales, de salud y también de valoración económica de pasivos ambientales, como por ejemplo las valoraciones incluidas en las sentencias de 2011 y 2012 contra la Chevron-Texaco por daños producidos en Ecuador.

 

Otros grupos publican también inventarios y mapas de conflictos ambientales, para darles más visibilidad. Destaca OCMAL, el observatorio de conflictos mineros de América Latina. Hay también recopilaciones de casos de acaparamiento de tierras hechos por Grain y por Land Matrix. Hay una fiebre de estudios de los conflictos ecológicos distributivos. Hay colaboraciones entre todos nosotros.

 

El metabolismo social de la economía mundial y la competencia por los recursos naturales ejercen una presión cada vez mayor sobre el medio ambiente y las comunidades humanas más vulnerables. Esta tendencia no tiene visos de cambiar, por lo que es seguro que aumenten los conflictos. En esos conflictos intervienen las organizaciones en favor de la justicia ambiental, grupos sociales locales que a veces tienen alcance nacional o internacional. Ellas han nacido de los conflictos socio-ambientales que surgen entre comunidades, gobiernos y empresas, ya sea por la extracción de recursos o la eliminación de residuos. Ellas participan en esos conflictos. Son ONG que deben ser llamadas OJA, porque la justicia socioambiental es su tarea. Su labor resulta fundamental para no olvidar que la seguridad ambiental es un derecho humano básico. Ellas empujan la economía mundial hacia la sustentabilidad. Un trabajo difícil, casi imposible.

 

En términos académicos, todos esos estudios e inventarios de conflictos ambientales hacen progresar el campo de la ecología política ya que coleccionamos, analizamos y comparamos muchos conflictos sobre minería, extracción de biomasa, hidroelectricidad, combustibles fósiles, energía nuclear y otros. Por ejemplo, tendremos mejores estadísticas de asesinatos de activistas. Tendremos estudios sobre la intervención de empresas chinas en África y América Latina. Podremos comparar el liderazgo de mujeres en distintos países. Y tantos otros temas.

 

Se trata de aprender de las OJA y de las comunidades y de ayudarlas para denunciar injusticias, para reforzarse mutuamente, para reivindicar y defender derechos. Las comunidades pobres o indígenas suelen padecer una parte desproporcionada de los daños de la contaminación y de la pérdida de recursos para su subsistencia, desde la extracción hasta la evacuación de residuos pasando por el procesamiento. Aquellos más afectados son los sectores marginados de la población, como los pobres y las minorías indígenas que dependen de forma muy directa de los recursos naturales para su subsistencia. Los conflictos surgen cuando la industria trata de apropiarse de recursos y se genera desposesión y contaminación. Estos conflictos son cada vez más frecuentes en las fronteras de la extracción de mercancías, lugares remotos pero muy valiosos pues poseen ecosistemas mejor conservados.

 

EJOLT confía en contribuir a curar lo que denominamos la ceguera de los consumidores. Al repostar en la gasolinera en Europa o Estados Unidos no se plantea uno si el combustible procede de comunidades contaminadas en el delta del Níger o de un desastre ambiental como el que suponen las arenas bituminosas de Alberta, en Canadá. Nuestra intención es, por tanto, hacer más evidente el metabolismo de la sociedad y poner de relieve los conflictos que se producen en la producción de bienes de consumo y en la evacuación de residuos. Por ejemplo, hay un movimiento internacional de justicia climática que protesta contra el cambio climático que va a fundir glaciares y que hará subir el nivel del mar, afectando a todo el mundo. Ninguna culpa tienen los países pobres cuyas emisiones de gases con efecto invernadero han sido y son escasas. Se trata pues de conseguir justicia socio-ambiental y de poner en juego conceptos como la deuda ecológica y el comercio ecológicamente desigual.

 

Actualmente EJOLT trabaja en la preparación de un inventario de conflictos ambientales en todo el mundo, con unos dos mil casos. El primer mapa da ya un inventario y análisis de conflictos socioambientales en Turquía. Un periódico de gran tirada nacional se hizo eco de este trabajo tras las manifestaciones en mayo y junio de 2013 contra el plan gubernamental de demolición del parque Gezi, en Estambul (Turquía). El segundo y tercer mapa ya casi listos reflejan la situación en Ecuador y Colombia. Finalmente, publicaremos un atlas por países y por temas.

 

Por Joan Martínez Alier, Instituto de Ciencia y Tecnología Ambiental

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En el negocio de las renovables, las economías de América Latina se están convirtiendo en un importante foco de inversión mientras Europa y Estados Unidos se toman un respiro. El 6% del dinero movilizado el pasado año para financiar proyectos a escala global fue a la región, sobre un total de 268.700 millones de dólares destinados a las denominadas energías limpias.

 

Pese a que América Latina aumentó en un año su peso relativo frente a otras regiones, también se observa que la inversión se contrajo casi un 4% entre 2011 y 2012, según un estudio elaborado por el Fondo Multilateral de Inversiones y Bloomberg New Energy Finance. En cualquier caso, es algo menor si se compara con el declive del 11% reigstrado en el negocio global de las fuentes renovables.


Los técnicos hablan de "nueva frontera" para las inversiones en energías de bajas emisiones de carbono, gracias a que "los marcos legales se expanden y fortalecen" en América Latina. Como señala Greg Watson, del Banco Interamericano de Desarrollo, "el rápido descenso de los costos y el mejor clima de inversión lo hacen un mercado interesante y asequible".


El Fondo Multilateral de Inversiones proporciona asistencia técnica al sector privado en los países latinoamericanos. También da ayudas indirectas, préstamos e invierte en proyectos. Bloomberg New Energy Finance es su socio en Climacopio, una herramienta de evaluación de las energía limpias. Se lanzó el año pasado y pretende ayudar a inversores extranjeros a "navegar" por el sector.


La capacidad total de las energías renovables en los 26 países de América Latina y el Caribe pasó de 11,3 gigavatios en 2006 a 26,6 gigavatios en 2012. Sólo en 2012, la región incorporó 3,3 gigavatios de nueva capacidad renovable, lo que representa un incremento anual del 300%. En cifras de inversión, se movilizaron cerca de 16.800 millones en 2012. El grueso fue al sector eólico, con más de la mitad de la inversión total.


Freno en el crecimiento


El de 2012 fue el segundo año al alza en términos de inversiones a renovables. Aunque los organismos internacionales anticipan una moderación del crecimiento económico, los relatores no esperan bruscas caídas en la financiación de proyectos. "Vemos una actividad robusta, especialmente fuera de Brasil", apunta Ethan Zindler, desde Bloomberg New Energy Finance.


Brasil, como mayor potencia de la región, es también la que ocupa el primer lugar en el Climascopio. Captó cerca de 9.200 millones. Pero si antes se llevaba cerca del 80% de la financiación total, ahora baja al 55%. Esto se debe a que redujo un 36% la inversión en energía limpia, aunque también se explica porque la inversión se está diversificando hacia pequeños países.


Excluyendo Brasil, la financiación en la región se disparó un 164% en 2012, alcanzando 7.500 millones. Chile es el segundo del Climatoscopio, tras multiplicar por cuatro la inversión en energías renovables. República Dominicana y Uruguay también registraron incrementos muy altos. México, que aparece el quinto en la lista, es el segundo país que más invierte, con el 17% del total.


Nicarauga, la tercera


Destaca el tercer puesto de Nicaragua en la clasificación, pese a tener de las rentas por habitante más bajas mientras la que más avanzó en el ranking fue República Dominicana, al subir siete puestos. Por lo general, el costo de la energía sigue siendo alto, lo se ve como una oportunidad para invertir. También se cita la alta demanda y el deseo de estos países de ser autosuficientes.


De hecho, hay un factor geopolítico importante a tener en cuenta al analizar la posición de América Latina como futuro polo de inversión para las renovables. "Muchos países quieren dejar de depender de las importaciones de carbón, gas natural y petróleo, para no depender de sus vecinos", explica Zindler, "eso les motivará a sumar las renovables en el mix final".


Uno de los segmentos de mayor potencial de crecimiento es la energía solar, donde la inversión es del 7%. "Eso está empezando a cambiar, se está sumando capacidad", señala Zindler. Watson añade que el incremento de la demanda del consumidor meterá presión a los gobiernos para buscar nuevas alternativas energéticas a las tradicionales e incentivar las inversiones en renovables.

 

Por SANDRO POZZI Nueva York 16 OCT 2013 - 08:00 CET

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Martes, 15 Octubre 2013 07:16

La canica azul

La canica azul

A simple vista parece lo que es: una pequeña esfera de fondo azul, rodeada de manchas blancas, informes, pinceladas aleatorias. Sobre un fondo negro, negro profundo.

 

Canica, esfera, pelotita azul. (El original de la foto, tomada por la NASA, es justamente ese: The Blue Marble). Un objeto de juego, un objeto de divertimento. Nada serio. Nada profundo o trascendental. Cuando los nombres se superponen a las cosas, y las definen.


Una canica azul. Un pequeño objeto visto desde la perspectiva de alguien (o algo) muy grande. Esto es, el observador de esta pequeña pelotita azul se asume a sí mismo como grande; colosal. Eso en cuanto al título de la obra que tenemos ante nosotros.


Es una esfera casi perfecta. Pitágoras estaría orgullo de sí mismo. Y después de él, Platón y los místicos: Plotino el primero. La esfera, la figura perfecta. 2π. Como si fuera poco. Aquello que le costó tanto —¡su propia vida!— a algún griego que lo descubrió, el número irracional —π, pi—, pues se le sirve ahora dos veces. Como quien dice: ¡para que tenga! Eso es la esfera, la circunferencia, el círculo, lo forma perfecta. Aquella que fue usada para designar al Ser (con mayúscula) [¡qué susto!].


Lo irracional de los griegos. Lo prohibido, lo no dicho, y no porque fuera inefable. Pues bien: la esfera es 2π: dos veces irracionalidad. Un banquete para la sin-razón. Estamos al filo de la locura, literalmente.


Tenemos una pequeña (¿o grande?) esfera de color azul. Un color primario, en verdad. Un azul turquesa, constante, sin degradés visibles en la imagen. Pero sobre el azul están superpuestas manchas blancas. ¿Cumplen alguna función esas manchas blancas? Quizás se trate de alguna curiosa estética de uno de estos artistas modernos o contemporáneos. Tan dados a combinar figuras precisas con manchas alocadas. Arte conceptual, sin duda. Una jugarreta de algún artista en búsqueda de oficio, incluso.


Una figura alongada de tonos verdes y ocre atraviesa, sin ninguna razón especial, a la esfera, como definiendo su centro. Pero hay un avance. Esa figurada alargada se pliega sobre la circunferencia, como abrazándola, o como surgiendo de ella. En la parte superior se ve claramente, y lo mismo en la superficie en punta que termina en el hemisferio sur. Una figura alongada que se pliega sobre los vórtices de la circunferencia.


Cuatro colores se destacan, por tanto. Azul profundo, azul turquesa, con blanco, verde y ocre. Pero lo que verdadera impacta no es este juego. Sino el negro, el negro profundo, el negro absorbente de cualquier otro cromatismo, en el fondo. Recortado tan sólo por la cámara (si de fotografía se trata), o por los marcos del cuadro (si es una pintura).


Porque esta es otra clave. Manifiestamente se trata de arte realista y abstracto, al mismo tiempo. Una combinación creativa, sin duda. Pero ese negro resuena desde el fondo, como un bajo continuo...


El cuadro expresa gracias a las manchas blancas claramente la idea de movimiento. Pero no necesariamente la de vida. Por lo menos a escala visible. Como tantas pinturas que demandan descubrir la perspectiva o la distancia perfecta, esta no permite en modo alguno adivinar vida en ella. Al fin y al cabo, hay un capítulo de la ciencia que habla, en efecto, de replicación, sin que necesariamente haya reproducción. Que es una cosa distinta de aquella.


Ese capítulo hace referencia a sistemas que se replican, y que se expresan en las ecuaciones Belousov-Zhabotinsky (BZ), o las células de Bénard, y otros ejemplos similares. Que son estructuras disipativas, pero no por ello admiten la idea de reproducción. Y por derivación, menos la de crecimiento. La replicación es movimiento, pero no aún vida.


Hay fuerza en el cuadro, mucha fuerza. En medio de un color cuya psicología es apaciguadora, tranquilizante. El azul como color primario, que es fuente de amplios cromatismos, pero no se deriva de ninguna otra fuente. Es un axioma en la dimensión de los colores. Al mismo nivel o en el mismo rango que esos otros dos axiomas o postulados cromáticos: el amarillo y el rojo.


Un rasgo especial de este cuadro es que el nombre del autor no aparece en ninguna parte. Y tampoco aparece, eventualmente, el número de la copia si es que se trata de una serigrafía. Así que cabe especular o bien que no tiene autor, o que el autor no quiere que se le conozca. Que lo importante es la obra, que debe hablar por sí misma, y no por referencia a un ocasional argumento ad hominem. (Quizás el autor leyó en algún momento la Obra abierta de Umberto Eco; especulamos.)


Como tampoco es claro si —suponiendo que sea una serigrafía—, se trata aquí de un original o una copia de tantas. Quizás, pero no disponemos de información confidencial, esté firmado de alguna manera al espaldar, en el espaldar de la tela; o del grabado. Lo cual entonces sería cuestión de conocimiento de los curadores, por ejemplo.


En la misma medida, cabe especular que quizás en el respaldo de la lámina esté indicado si la serigrafía es original o una copia con producción cerrada, o abierta. Si es serie limitada y exclusiva o ampliamente reproducida, que es lo que sucede cuando hay necesidad de ganar dinero para sobrevivir o pagar algunos gastos o deudas. Claro que si está expuesta, la originalidad se presume. Es cuestión de honestidad, al fin y al cabo. Aunque no aparezca la autoría.


Porque pudiera tratarse, ocasionalmente, de un autor individual, o también de un colectivo de artistas, e incluso de una escuela artística. En cualquier caso, ante la ausencia de información explícita, cabe esperar lo mejor y más discreto. Esto es, una obra singular con autoría oculta. Desconocida. Perfectamente ignota.


"NASA" debe ser el coleccionista, sin duda. Porque si fuera el autor habría estampado su nombre en el extremo inferior derecho, como ha sido desde siempre la costumbre. Porque, en efecto, existen otras obras muy semejantes, siempre la misma canica azul (nombre curioso el dado por el coleccionista), con los mismos cromatismos básicamente, sólo que con otras figuras irregulares de una geometría que no es enteramente clasificable. No es geometría fractal, ni tampoco, en absoluto, euclidiana. No es geometría de taxis, pero tampoco Riemanniana, hiperbólica, de Lobachevsky ni tantas otras conocidas. La única diferencia central son los montones de manchas blancas, expresando siempre movimiento y fuerza. Porque por debajo de esas manchas blancas, los verdes y ocres, y el azul mismo permanecen impasibles.
Es como si el movimiento se superpusiera a la pasividad o tranquilidad del fondo. Como si el movimiento le cayera desde arriba. O al revés, cómo a pesar del movimiento y fuerzas de las manchas blancas, en el fondo se quiere adivinar un remanso y un fondo calmo. Estabilidad y constancia no obstante la dinámica y el movimiento.


Con lo cual, en cualquier caso, salta ante la imaginación una conclusión evidente: la canica azul es un juego de muy poca riqueza cromática. Tal y como se observa.


Con una salvedad. Siempre, siempre, aparece la esfera sobre un profundo negro oscuro. Existe incluso alguna imagen de esta canica azul acompañada en el extremo superior izquierdo por una pequeña bolita de color gris claro, que no alcanza a distinguirse bien. Quiere dar a entender la idea de acompañamiento o de juego composicional por parte del artista. Un capricho, seguro, de la creatividad artística. Una jugarreta de tantas, cabe imaginar.


El cuadro está pintado desde el ecuador de la esfera o la circunferencia. Algunas protuberancias o pequeños efectos tridimensionales se adivinan en varios lugares de la obra. Seguramente manchas abultadas de óleo, si es que de óleo se trata. Un pincel long liner o un spotter, o recogido con una espátula como para dar una rápida sensación de barrido.


Pero siempre, rodeando al cuadro, ese negro negruzco. Negro sordo y pesado. No es claro si la canica azul emerge del negro, como con entidad propia, o bien si el negro la envuelve y no termina de abrazarla. En todo caso, el perímetro de la esfera es claro y simple, y la circularidad no se difumina para nada en el negro-bajo-continuo-de-fondo.


Isaac Asimov, en un libro ya clásico, acuñó una idea hermosa y profunda que permanece. El volumen, La tierra: nuestra superpoblada nave espacial —Earth: our crowded spaceship (1975)— introdujo una luz sobre el planeta: los seres humanos se encuentran en una nave espacial, a la deriva, en un viaje cósmico. Desde entonces son numerosos los autores, filósofos y científicos que han acogido la metáfora de Asimov. La tierra es nuestra nave. Y sólo debemos y podemos mantenernos en ella, sin saber, sin importar, a dónde llegamos.


Una magnífica odisea, sin comienzo ni fin. Presente puro que se prolonga, se perpetúa, a cada instante, como presente continuo.
Frente a lo cual cabe pre-ocuparse acerca del buen mantenimiento de la nave. Cuidar su biomasa. Y sus buenas condiciones de navegación. Pues si se hunde la nave todos sus pasajeros tendrán un final desafortunado. Sólo que en la vastedad del espacio la nave no se cae a ninguna parte. Porque en el espacio exterior no hay arriba ni abajo.


Con un esfuerzo acaso supremo de imaginación, algunos podrán ver en la imagen de la canica azul un mundo. Un mundo. Pero con una extraña dificultad al mismo tiempo cognitiva y psicológica, o incluso de tipo experiencial. Estamos disociados pues no vemos lo que vemos.
En efecto, debemos evitar ver —y leer— lo que ya ha sido interpretado. Es el dilema entre si vemos lo que conocemos, o si vemos lo que conocemos. La inmensa mayoría de la gente sólo ve lo que ya conoce. Es decir, reduce lo visto a lo (ya) conocido. Por el contrario, se trata de conocer aquello que vemos. Y en lo posible, verlo sin las interpretaciones existentes o habidas sobre lo visto. Pues entonces no estaríamos viendo nada novedoso.


Crear nosotros mismos, cada quien individualmente, y cada generación de nuevo una y otra vez, nuestra propia primera experiencia del mundo y de la realidad, de los otros y de nosotros mismos. Nacer a cada momento. En eso consiste la absoluta libertad e inocencia.
Una imagen semejante como La canica azul sería inimaginable para un habitante del siglo XVII, XI o antes, por ejemplo.


La tecnología de la época no le habría permitido figurarse o representarse una obra semejante. Y si algún artista la hubiera concebido hubiera pasado un mal momento, y no habría sido comprendido. Un adelantado, quizás, a su época.


Pero a su vez, ninguna otra época habría podido imaginarse una obra semejante. Ciertamente no como sociedad o como época. Pues incluso la imaginación tiene uno de sus polos vinculado a la cultura y las costumbres.


El coleccionista —la NASA— nos ofrece una obra singular. Que no deja de generar arrobamiento que cautiva cuanto más se lo mire y aprecie. Es como si, desde la distancia, ejerciera sobre el espectador una atracción que nos empuja desde el exterior hacia el cuadro o la pintura; o la fotografía; o el grabado, o la serigrafía.


Como quiera que sea, ver esa pepita azul no deja de generar una tierna especie de saudade. Saudade por el hogar, por el vientre materno, por el espacio propio, por los nuestros. Este es exactamente el sentido de la lucha por la tierra.

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Acaloradas protestas contra el cambio climático

La semana pasada, en el lejano Océano Ártico, el buque de Greenpeace Arctic Sunrise navegó hacia una plataforma petrolera rusa para realizar una protesta pacífica. Varios manifestantes intentaron subir a la plataforma para llamar la atención acerca de lo que podría constituir un peligroso precedente: la plataforma de la empresa de gas rusa Gazprom será la primera en producir petróleo en las delicadas aguas heladas del Ártico. El Gobierno ruso respondió rápidamente mediante el uso de la fuerza, al enviar soldados de las fuerzas especiales al lugar, que llevaban pasamontañas y portaban armas automáticas. Los soldados amenazaron a los activistas pacíficos de Greenpeace, destruyeron sus botes inflables, arrestaron a treinta de ellos y remolcaron el buque de Greenpeace hacia el puerto de Murmansk, en el norte de Rusia. Según la información más reciente, los activistas podrían afrontar acusaciones de piratería.

 

El Director Ejecutivo de Greenpeace Internacional, Kumi Naidoo, participó en una acción similar el año pasado junto a otros activistas, aunque en esa oportunidad no fueron arrestados. Naidoo habló acerca de la acción de este año: "Uno de los activistas del grupo, Denis Sinyakov, un compañero ruso que es fotógrafo a bordo del buque, dijo: 'La actividad delictiva de la que me acusan se llama periodismo y continuaré realizándola'. Sus palabras captan muy bien lo sucedido. Se trata de un uso desproporcionado de la autoridad del Estado para intentar silenciar las importantes conversaciones que necesitamos tener a nivel global. En este momento estamos llegando a un punto de inflexión a nivel climático. El Ártico sirve como refrigerador y aire acondicionado del planeta y, en lugar de ver lo que sucede en el mar Ártico en los meses de verano como una señal de advertencia, de que tenemos que tomar medidas serias para combatir el cambio climático, lamentablemente las empresas petroleras de Occidente como Exxon, Shell y otras se están asociando con el Estado ruso para intentar extraer hasta las últimas gotas de petróleo en el medio ambiente más frágil, remoto y riesgoso para realizar esas actividades".

 


La protesta llama la atención por su gran audacia. Sin embargo, no es la única protesta reciente contra la extracción y el consumo de combustibles fósiles. En todo el mundo, cada vez hay más personas que se manifiestan para exigir que se tomen medidas para combatir el calentamiento global. En América del Norte, hay una coalición cada vez más grande de grupos que se unieron para detener el proyecto de construcción del oleoducto Keystone XL y la explotación de arenas bituminosas de Alberta, Canadá, que el oleoducto planea transportar.
El 21 de septiembre pasado, el último día de verano del Hemisferio Norte, miles de personas se manifestaron en todo el continente en contra del oleoducto Keystone XL. En Nebraska, activistas construyeron una granja ecológica que funciona íntegramente a energía solar, precisamente en un lugar por donde está planeado que pase el oleoducto. Los habitantes locales temen que el oleoducto derrame petróleo en el frágil ecosistema de médanos de la región y contamine el importante Acuífero Ogallala. Ese mismo día se realizó la Cumbre Internacional de Mujeres sobre la Tierra y el Clima en Suffern, Nueva York, un encuentro de mujeres de todo el mundo. Todas ellas son reconocidas por haber luchado de diferente forma para reclamar que se tomen medidas urgentes para combatir el cambio climático. Una de las participantes, Melina Laboucan-Massimo, de la nación indígena Cree, del norte de Alberta, describió el efecto de la extracción de arenas bituminosas en su comunidad y su territorio:


"Nada se compara con la destrucción que está ocurriendo aquí. Si existiera un premio mundial para el desarrollo no sustentable, las arenas bituminosas serían un claro ganador. Cubren 141.000 kilómetros cuadrados, que equivalen a destruir Inglaterra y Gales juntos, o el estado de Florida entero. Las minas que nos rodean son más grandes que ciudades enteras. En este momento hay seis o siete y podría haber hasta nueve. Imperial Oil, por ejemplo, será más grande que Washington D.C. Hay muchos problemas de toxicidad con los que tenemos que lidiar y que están relacionados con el agua y con las grandes balsas de aguas residuales. Las llaman balsas, pero en realidad son grandes lagos de lodo tóxico. Actualmente hay una extensión de 180 kilómetros cuadrados de lodo tóxico en nuestro paisaje. Cada día, un millón de litros de estas aguas residuales se filtran a la Cuenca de Athabasca, que es de donde se extrae el agua que beben nuestras familias. Soy de la Región Peace, que está conectada con la cuenca del Athabasca, que se conecta con la cuenca del Ártico, y de esta manera es que las poblaciones del norte se contaminan con las toxinas, que contienen cianuro, mercurio, plomo, hidrocarburo aromático policíclico, de modo que debemos afrontar muchos problemas de salud."


El oleoducto Keystone XL necesita la aprobación del Gobierno de Estados Unidos, debido a que atravesará territorio estadounidense, desde la frontera norte con Canadá hasta la costa del Golfo de México. El proceso de aprobación se ha postergado debido a las fuertes protestas. Después de que más de 1.250 personas fueran arrestadas frente a la Casa Blanca en 2011, en lo que fue el mayor acto de desobediencia civil en Estados Unidos en 30 años, el Presidente Barack Obama anunció que postergaría la decisión. Desde entonces, la organización ambientalista Amigos de la Tierra Estados Unidos (AT) viene denunciando que existe un conflicto de intereses con el grupo que fue contratado por el Departamento de Estado de Estados Unidos para realizar el estudio de impacto ambiental de Keystone XL. Amigos de la Tierra descubrió que el grupo Environmental Resources Management (ERM), una empresa consultora con sede en Londres, ocultó sus vínculos comerciales con TransCanada, la empresa de combustibles fósiles que estará a cargo del proyecto Keystone XL. Del mismo modo, el observatorio Oil Change International acaba de informar que "Michael Froman, el representante comercial de Estados Unidos que está a cargo de negociar una serie de tratados de 'libre comercio' secretos, aparentemente apoya el lobby de las grandes empresas petroleras, al exigir a Europa que suavice sus leyes sobre clima". Steve Kretzmann, de Oil Change, explicó: "A menos que Europa suavice sus leyes, la exportación de diésel de Estados Unidos, que contendrá arenas bituminosas, será menos competitiva".


La activista por el medio ambiente Tzeporah Berman también participó en la cumbre de mujeres. Allí habló acerca de cómo el Gobierno canadiense del Primer Ministro conservador Stephen Harper ha silenciado a científicos en un intento desesperado de acallar las críticas a Keystone XL. Berman me dijo: "En primer lugar, el Gobierno canceló la mayor parte de la investigación científica del país que tenía que ver con el cambio climático. Se trata de un gobierno que niega el cambio climático y no quiere hablar del cambio climático. El año pasado clausuraron la Estación de Investigación Atmosférica, que era uno de los lugares más importantes del mundo para obtener datos sobre el clima. Cerraron la Mesa Redonda Nacional sobre Medio Ambiente y Economía. Han despedido a científicos y, a los que quedan, les dicen que no pueden hacer públicas sus investigaciones, a pesar de que son financiadas con dinero de los contribuyentes. También se les dice que no pueden hablar a la prensa a menos que haya un responsable y se trate de una entrevista aprobada previamente. Deben tener un responsable de la Oficina del Primer Ministro. De modo que los científicos con los que he hablado se sienten avergonzados, frustrados, están protestando. La semana pasada en Canadá cientos de científicos salieron a las calles con su bata de laboratorio para protestar contra el Gobierno porque no pueden hablar. Los están amordazando a un punto tal que la destacada revista científica Nature publicó el año pasado un editorial en el que afirmaba que es hora de que Canadá deje a sus científicos en paz".


Las muertes provocadas por desastres climáticos son cada vez más: desde la devastadora inundación que destruyó ciudades enteras en Colorado, hasta el norte de la India, donde las inundaciones y los deslizamientos de tierra provocados por una tormenta en junio de este año dejaron un saldo de 5.700 muertos. La esperanza está puesta en el cada vez mayor movimiento mundial por la justicia climática, que exige a los gobiernos que tomen medidas reales para detener el cambio climático antes de que sea demasiado tarde.

 

Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.

Texto en inglés traducido por Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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 Los derechos de la naturaleza después de la caída de la moratoria petrolera en la Amazonia

ALAI AMLATINA, 19/08/2013.- Una de las iniciativas ambientales más originales de los últimos años, originada en Ecuador, buscaba dejar el petróleo en tierra para preservar la Amazonia y sus pueblos indígenas. Era una idea construida desde la sociedad civil que se concretó en 2007, durante el primer gobierno de Rafael Correa, enfocándola en proteger el Parque Nacional Yasuní, y sus áreas adyacentes (conocidas por la abreviatura ITT). Esos esfuerzos terminaron pocos días atrás, cuando el gobierno anunció la cancelación de esa iniciativa y permitir la explotación petrolera.


 
La idea de una moratoria petrolera en Yasuní-ITT maduró durante muchos años, pero contó con un marco excepcional otorgado por el sistema de derechos aprobados en la nueva Constitución de 2008. En ella se organizan de mejor manera los derechos a la calidad de vida de las personas, la regulación del uso de los recursos naturales y las salvaguardas a los pueblos indígenas. En paralelo a éstos, se reconocieron por primera vez los derechos de la Naturaleza o de la Pachamama. De esta manera quedó establecido un mandato constitucional ecológico, que para ser cumplido no podría permitir una actividad de tales impactos como la explotación petrolera en Yasuní-ITT.
 


En etapas siguientes, el gobierno mantuvo la moratoria petrolera pero comenzó a buscar opciones alternativas para lograr una compensación económica. En aquel tiempo se razonó que Ecuador perdería un estimado de más de 7 mil millones de dólares por no extraer los 920 millones de barriles de crudo que estaban debajo del Yasuní-ITT. El presidente Correa afirmó que si se lograba un fondo de compensación de al menos la mitad de esas ganancias perdidas, se mantendría la suspensión petrolera.


 
La condición para la protección del área pasó a estar desde entonces en recolectar 3 600 millones de dólares. Se diseñaron distintos mecanismos y justificaciones para implementar ese fondo internacional, donde gobiernos, empresas o personas, pudieran depositar dinero. La idea era sensata, ya que existen muchos argumentos por los cuales otros gobiernos, especialmente del norte industrializado, deberían ahora apoyar solidariamente la protección de la biodiversidad, abandonando así su postura clásica de apropiarse vorazmente de los recursos del sur.


 
Pero con el paso del tiempo, el andamiaje conceptual gubernamental comenzó a crujir. Por un lado, se insistía cada vez más en la idea de la compensación o indemnización económica. Por otro lado, comenzó a quedar en segundo plano la fundamentación basada en los derechos de la Naturaleza, para pasar a priorizar argumentos enfocados en detener el cambio climático global. Se sostenía que se debía mantener el petróleo bajo tierra para evitar que una vez extraído fuera quemado en algún sitio, y los gases producidos alimentaran el calentamiento global. Con ello, la propuesta era sobre todo una compensación económica para evitar un aumento en el cambio ambiental planetario.


 
La iniciativa Yasuní-ITT era mirada con mucho interés por la comunidad internacional y despertaba muchas ilusiones entre varios movimientos sociales, al ser un ejemplo de una transición postpetrolera. Pero siempre sufrió de tensiones, como el constante recordatorio gubernamental de pasar a un “plan B” que consistía en explotar ese petróleo amazónico, e incluso contradicciones, como fueron las declaraciones presidenciales contra los posibles donantes internacionales.


 
El presidente Correa acaba de presentar varios argumentos para cancelar esta iniciativa de moratoria en Yasuní-ITT. Uno de ellos fue denunciar la falta de apoyo de la comunidad internacional, calificándola de hipócrita. En parte le asiste la razón, ya que muchas naciones industrializadas crecieron gracias a la expoliación de los recursos del sur, y la iniciativa Yasuní-ITT les permitía comenzar a saldar esas deudas. Pero tampoco puede minimizarse que al condicionar la moratoria petrolera a una compensación económica, se cayó en una contradicción insalvable. Es que el mandato constitucional ecuatoriano obliga a la protección de ese tipo de áreas, tanto por proteger los derechos de indígenas como los de la Naturaleza. Se vuelve muy difícil pedir a otros gobiernos una compensación económica por cumplir con una obligación constitucional propia. Una adecuada analogía sería la de un país que le pide a otros compensaciones económicas por sus gastos en atender la salud de sus niños.


 
Otro argumento presidencial se basa en una actitud de optimismo tecnológico, sosteniendo que ahora sí se puede hacer una explotación petrolea en la Amazonia minimizando los impactos. Esta actitud es muy común en varios gobiernos, pero es especialmente paradojal en Ecuador, ya que allí se vivieron en carne propia los duros impactos de extraer petróleo en la Amazonia. Esto ha quedado en evidencia en el proceso contra Texaco-Chevrón. Toda la información científica disponible abrumadoramente deja en claro los graves impactos de las petroleras en ambientes tropicales.


 
El combate a la miseria es otro de los argumentos presidenciales para cancelar la moratoria petrolera. Esta es una posición que suscita muchas adhesiones, y debe celebrarse que se usen los recursos naturales en beneficio del país, en lugar que nutran las arcas de empresas transnacionales. Pero decirlo no resuelve el problema de cómo asegurar que ello suceda. Es que más o menos lo mismo sostienen las empresas (cuando prometen, por ejemplo, que la minería resolverá la pobreza local y generará empleo), lo repiten unos cuantos gobiernos ideológicamente muy distintos (la “locomotora minera” de Santos se supone que reducirá la pobreza en Colombia), y está en el núcleo conceptual del desarrollo convencional (creyendo que todo aumento de exportaciones arrastrará al producto interno, y con ello se reduciría la pobreza).


 
Hay muchos pasos intermedios entre extraer un recurso natural y reducir la pobreza, y es precisamente en esas etapas donde se originan multitud de problemas. Estos van desde los dudosos beneficios económicos de ese tipo de extractivismo (ya que lo que el Estado ganaría por un lado por exportar petróleo, lo perdería por otro al atender sus impactos sociales y ambientales), el papel del intermediario (donde las empresas, sean estatales o privadas, del norte o de amigos del sur, sólo son exitosas cuando maximizan su rentabilidad, y casi siempre lo hacen a costa del ambiente y las comunidades locales).


 
La decisión de Correa genera ondas de choque en diversos planos. Al liberar a las petroleras, se pone en riesgo inmediato un ecosistema de alta biodiversidad, y a los pueblos indígenas que lo habitan (incluyendo aquellos que viven en aislamiento). Se desploma el intento de aplicar una alternativa postpetrolera, y la capacidad de servir como ejemplo entre los demás países desaparece. La medida ecuatoriana sin dudas alentará las presiones sobre áreas protegidas que también se viven, por ejemplo, en Perú y Bolivia. También muestra que el país no logra cumplir las promesas de diversificación productiva, y vuelve a caer en un papel de proveedor de materias primas.


 
Pero posiblemente el impacto más fuerte ha sido sobre el marco constitucional de los derechos de la Naturaleza. Es que al final de su discurso, Correa regresó a la vieja oposición de la década de 1970 entre desarrollo y conservación ambiental, cuando dijo que el “mayor atentado a los Derechos Humanos es la miseria, y el mayor error es subordinar esos Derechos Humanos a supuestos derechos de la naturaleza: no importa que haya hambre, falta de servicios... ¡lo importante es el conservacionismo a ultranza!”. Nadie en el ambientalismo defiende la miseria, sino que denuncian que bajo los titulares de promover el crecimiento económico no sólo se desemboca en mayores desigualdades sociales sino que se destruye el entorno natural.


 
Al margen de esa precisión, el problema es que en esa frase los derechos de la Naturaleza quedan apenas como un supuesto. Si esos derechos son dejados a un lado, prevalecerá el desarrollo convencional, con un nuevo triunfo del petróleo, ya que los impactos sociales y ambientales no tienen valor económico. Los derechos de la Naturaleza son una reacción a ese tipo de razonamiento. No son una concesión a las plantas y animales, o a los ambientalistas, sino que son una necesidad para poder proteger efectivamente a los pueblos y su patrimonio natural.
 


Todo esto hace que quede planteada la angustiosa pregunta si el día en que cayó la iniciativa de moratoria petrolera en la Amazonia de Ecuador, también no comenzaron a desplomarse los derechos de la Naturaleza.


 

Por Eduardo Gudynas integra el equipo de CLAES (Centro Latino Americano de Ecología Social). Su twitter es: @EGudynas

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Movilizaciones contra la extracción de petróleo en la mayor reserva de biodiversidad del mundo

l Yasuní ITT, la mayor reserva de biodiversidad del mundo, está en peligro. El gobierno de Ecuador ha anunciado que explotará su mayor yacimiento petrolero ubicado en esta área de 9820 kilómetros cuadrados y alberga a varias especies de flora y fauna en peligro de extinción. Se han registrado unas 567 especies de aves, 150 especies de anfibios y otras 121 de reptiles, entre otros, y ha sido declarada por la UNESCO Reserva de la Biosfera.

 

El área de Yasuní, ubicado en la provincia ecuatoriana de Orellana, fue declarado área protegida el 26 de julio 1979 y es la zona en la que habita la comunidad indígena huaorani o waorani que cuenta con una población aborigen de más de 2.000 personas en aislamiento voluntario.

 


Tras no haber conseguido respuesta de "las naciones ricas" que aporten un fondo económico para evitar el desarrollo de la exploración petrolífera, el presidente ecuatoriano, Rafael Correa, informó el pasado jueves que la extracción "con adecuadas técnicas" se llevará a cabo.

 

El país socio más pequeño de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) presentó en el año 2007 una propuesta inédita a la comunidad internacional que pretendía proteger su reserva en la Amazonia a través de la recaudación de fondos. Sin embargo, la idea tuvo poca acogida ya que únicamente lograron reunir un 0,37 por ciento de los esperado por lo que decidieron comenzar con la explotación del Ishpingo-Tambococha-Tiputini (ITT).

 


Después de que Correa informara de que su propuesta para reunir fondos había fracasado y que, por tanto, la actividad en los campos petroleros ITT seguiría adelante, diversos sectores han planteado a la posibilidad de someter a consulta popular esta iniciativa del Gobierno de Ecuador. Incluso la comunidad huaorani ha pedido este plebiscito para poder decidir si los ecuatorianos quieren o no la explotación del crudo.

 

Las explotaciones de petróleo en Yasuní suponen un gran impacto en los indígenas de la zona ya que la entrada de empresas petroleras han obligado a cambiar sus costumbres ancestrales. Como recoge el portal ecuatoriano Ecuavisa,  entre 10 y 15 personas de una misma familia que vivían en chozas de armazón de madera con techo de hojas de palmera tuvieron que cambiarlas por casas de madera y cemento, luz eléctrica y electrodomésticos, aunque siguen sin tener agua potable. Incluso ahora para moverse por el río utilizan canoas a motor.

 


Pese a que se acostumbraron al ruido de la explotación actual, con estas nuevas extracciones temen que el impacto sea aún mayor de lo que el Gobierno dice. En este sentido, Rafael Correa hacía una "promesa" a través de su cuenta de Twitter que rezaba que la actividad "solo afectará a un UNO POR MIL" -no 1% como había dicho anteriormente- del Yasuní.

 

Por otro lado, el portavoz presidencial del Gobierno, Fernando Alvarado, publicaba también a través de su perfil en la red social lo siguiente: "6 años de gobierno, tomando las mejores decisiones para combatir la pobreza y trabajando por los más olvidados, ¿a alguien le queda duda de que sobre el tema Yasuní ITT el Presidente de todos los ecuatorianos no tomará la mejor decisión para su pueblo? Seguro hablan con la pancita llena, buenos vehículos y más los que quieren solamente que no se toque el Yasuní ¡Si se puede intervenir con responsabilidad ambiental!"

 


El ITT, declarada "zona intangible", alberga unos 920 millones de barriles de crudo, equivalentes al 20 por ciento del total de reservas comprobadas del país, según Correa. El campo Tiputini, cuyo 80 por ciento de su área se encuentra fuera del parque, comenzará a explotarse en los próximos días por la petrolera estatal Petroamazonas al haber conseguido los permisos ambientales.

 

Resulta paradójico que Rafael Correa exponga como motivos de la explotación la necesidad de aumentar sus reservas para obtener recursos que atiendan a los sectores más desfavorecidos, cuando éstos se encuentran en las zonas aledañas a la extracción.

 


La campaña "Amazonia por la vida", fundada con la participación de diversas organizaciones ambientalistas en 1989, enviaba el pasado jueves una carta a los asambleístas de Ecuador. En dicho documento, la organización expresa su disconformidad con la decisión del presidente ecuatoriano. Explotar el Yasuní significa "renunciar a la que ha sido considerada como la gestión más importante del gobierno", si la iniciativa no recibió el dinero esperado "es por exclusiva responsabilidad de la propia acción gubernamental", recoge la carta.

 

Amazonia por la vida también piden la convocatoria de una consulta popular y que los ecuatorianos no se conformen con las "clásicas falacias" de la industria petrolera. Estas "falacias" son, para la organización, aquellas que dicen que "se explotará de manera responsable", "se utilizará tecnología punta" y "se hará extracción con perforaciones horizontales".

 

Asimismo, las redes sociales se han volcado con el Yasuní, creando perfiles en Facebook -No toquen el Yasuní - y en Twitter [email protected]_ - en contra de la extracción de crudo en el parque. Tras conocer las declaraciones de Rafael Correa, surgieron hashtags como #Yasuni #ElMundoNosHaFallado o #NoToquenElYasuni.

 

ARANTZA DE CASTRO Madrid18/08/2013 12:49 Actualizado: 19/08/2013 08:40

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Miércoles, 14 Agosto 2013 06:23

Cambio climático: 2020 será demasiado tarde

Cambio climático: 2020 será demasiado tarde

 
ALAI AMLATINA, 13/08/2013.- La Agencia Internacional de la Energía (AIE) publicó un reporte especial sobre el futuro del clima y las negociaciones internacionales con un llamado de atención urgido a los gobiernos: el año 2020 será demasiado tarde para tomar decisiones(1). A juicio de la agencia algunas medidas deben ser adoptadas antes de esa fecha si se quiere “mantener vivo el objetivo de 2° C” y el sector energía debe reducir sus emisiones a partir de ahora a una tasa de 5% anual.


 
Evitar el cambio climático peligroso implica mantener un nivel de concentración de gases de efecto invernadero por debajo de las 450 ppm que asegure un aumento de la temperatura media del planeta no superior a los 2° C. Esta es la meta que se trazó la Convención de Cambio climático en 2009.


 
La última ronda de negociaciones de la Convención de Cambio Climático (Doha, diciembre de 2012) estableció una nueva hoja de ruta –Doha Climate Gateway- estableciendo el año 2015 como fecha límite para alcanzar una serie de acuerdos que entrarán en vigor en el año 2020. Pero lo que viene a alertar este informe es que esa es una fecha demasiado retrasada para asegurar el mantenimiento de la estabilidad climática en virtud de las emisiones que se habrán acumulado hasta entonces.


 
El sector energía es responsable por el 80% de las emisiones globales y se espera que para el año 2020 estas alcancen un nivel de 4 gigatoneladas de dióxido de carbono equivalente (GtCO2e) por encima de la trayectoria consistente con el objetivo de los 2° C. Para lograr esta meta es necesario que las emisiones alcancen su “pico” en 2020 y luego comiencen a declinar vigorosamente. Con las emisiones creciendo constantemente y un acuerdo que recién comience a implementarse en esa fecha, esto resultará imposible.


 
Las medidas


 
En virtud de ello la agencia propone 4 medidas urgentes a ser aplicadas con el fin de “comprar un tiempo precioso mientras las negociaciones continúan”. La primera de ellas es la adopción de medidas específicas de eficiencia energética, lo cual podría aportar la mitad de las reducciones necesarias. Una segunda propuesta es limitar la construcción y uso de las plantas de generación de electricidad a carbón (21% de las reducciones). La tercera medida es minimizar la fuga de metano proveniente de las actividades de explotación gasífera y petrolera (18% de las reducciones). Y finalmente, acelerar el desmantelamiento de los subsidios al consumo de combustibles fósiles que en 2011 alcanzaron 523 mil millones de dólares.


 
El documento recuerda que para tener un 50% de posibilidades de no sobrepasar el objetivo de los 2° C, el total de emisiones posible hasta durante la primera mitad de este siglo es de 1440 GtCO2e. De este “presupuesto de carbono” 420 Gt ya han sido emitidas entre 2000 y 2011 y otras 136 Gt serán emitidas de sectores no energéticos (agricultura, deforestación, etc.) hasta 2050. Esto deja un máximo posible de emisiones de 884 Gt del sector energía para esa fecha, para lo cual es necesaria una reducción de las emisiones del sector a una tasa de 5% anual.


 
El gas natural en cuestión


 
El gas natural ha aparecido en los últimos años como un sustituto menos contaminante del carbón lo que ha llevado a un desarrollo importante de su exploración y explotación, particularmente en el llamado gas “no convencional” (“shale” y “tight” gas).


 
El gas natural es alentado por presentar menores emisiones de carbono por unidad de energía consumida. Sin embargo esta misma condición hace que en términos absolutos las emisiones aumenten (una especie de “paradoja de Jevons” climática). En 2012 las emisiones globales del CO2 del sector energía aumentaron en 400 Mt respecto al año 2011 (1,4%). Este aumento responde al incremento del uso del gas natural (2,7%), petróleo (1,1%) y carbón (0,6%). Si se analiza la responsabilidad de cada uno de estos fósiles en el aumento global de emisiones energéticas vemos que un 44% corresponde al gas natural, 44% al carbón y 12% al petróleo.


 
Las termoeléctricas de ciclo combinado a gas, producen la mitad de las emisiones por kWh que aquellas a base de carbón. Pero parte de esta ganancia se pierde por las emisiones furtivas de metano derivados de la producción y distribución de gas natural. Solo un tercio de las reducciones necesarias pueden lograrse por el cambio de carbón a gas en el sector eléctrico lo que está indicando que el cambio del combustible no es la opción más apropiada.


 
El sentido de la urgencia


 
Estas medidas que la AIE propone son las que encuentra económicamente viables en el contexto actual. No significa ninguna amenaza para el crecimiento económico ni alentará una recesión planetaria. No son medidas de fondo, son paliativas. Pero más allá de que sus propuestas sean las más apropiadas o no, lo que debe llamar la atención es su mensaje central: no se puede esperar por las negociaciones de la Convención de Cambio Climático. Estas llegarán muy tarde.


 
Los gobiernos de cada uno de los países del mundo, pero sobre todo aquellos que presentan matrices energéticas más contaminantes, deberían tomarse un poco en serio la advertencia y no posponer decisiones a la espera del 2020. Para ese entonces, las medidas a tomar serán mucho más costosas y quizá el cambio climático ya sea una realidad irreversible.


 
1) Redrawing the energy-climate map. World Energy Outlook Special Report. OECD/IEA, 2013
 

Por Gerardo Honty, analista en energía y cambio climático del CLAES (Centro Latino Americano de Ecología Social)

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Amnistía denuncia el asesinato de 20 ecologistas entre 2011 y 2012 en Brasil


Amnistía Internacional (AI) ha advertido este viernes de que la reciente muerte del biólogo español Gonzalo Alonso Hernández es un ejemplo más de los hostigamientos y ataques que sufren los activistas en Brasil a manos de las fuerzas de seguridad, los paramilitares y las bandas criminales y ha denunciado, al respecto, que al menos 20 personas han sido asesinadas en el país entre 2011 y 2012 por su defensa del medioambiente.


 
Gonzalo Alonso Hernandez, de 49 años y conocido por su activismo en defensa del medioambiente frente a los cazadores clandestinos y los ganaderos, apareció muerto la semana pasada con varios disparos en la cabeza en el Estado brasileño de Río de Janeiro.


 
"Tras la muerte en Río de Janeiro del activista ambiental español, Gonzalo Alonso Hernández, cuyo caso todavía se está investigando, Amnistía Internacional reitera su preocupación por la situación que viven los defensores y defensoras de Derechos Humanos en Brasil, quienes continúan sufriendo intimidación, hostigamiento y ataques a manos de las fuerzas de seguridad, los grupos paramilitares y las bandas criminales", ha declarado la organización en un comunicado.

 


"Como consecuencia de la lucha contra la tala ilegal y a favor de los derechos medioambientales, ya han sido asesinadas al menos 20 personas entre 2011 y 2012", ha proseguido AI.
 


Como ejemplo de los hostigamientos, Amnistía cita el caso de Laísa Santos, miembro del grupo de Trabajadoras Artesanales Extractivistas, que trabaja por la defensa de la Amazonia, y que ha sufrido varios ataques y amenazas de muerte. "Su hermana y su cuñado fueron asesinados en represalia por el propio activismo de Laísa", ha denunciado.


 
Otro de los casos documentados por Amnistía Internacional es el del defensor de derechos humanos Alexandre Anderson de Souza, presidente de la Asociación de Hombres y Mujeres del Mar (AHOMAR), que denuncia los proyectos de desarrollo que se están llevando a cabo en la Bahía de Guanabara y que al parecer causan daños medioambientales graves y duraderos. "Tanto Alexandre como su esposa, Daiza Meneses, han sido amenazados y cuatro miembros de la organización han sido asesinados", según AI.


 
Estos y otros cerca de 300 casos de amenazas, intimidación, hostigamiento, ataques y asesinatos en todo el continente americano han sido documentados por Amnistía Internacional en su informe Transformar el dolor en esperanza: defensores de Derechos humanos en América, publicado a finales de 2012.

 

EP Madrid 9 AGO 2013 - 16:35 CET

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Diálogo con Miguel Altieri y Marc Dufumier: Crisis alimentaria y agroecología

Existe un interés creciente, no solo en el mundo rural sino también en la población urbana, por la agricultura ecológica, debido a su potencial para asegurar una alimentación sana y con menor impacto ambiental. No obstante, hasta ahora se lo ve más bien como una opción marginal del sistema alimentario, mientras se sigue imponiendo la visión de que sólo con la agricultura a gran escala se podría responder a las necesidades alimenticias del mundo. Pero, ¿qué hay de cierto en todo eso?

 

Un primer hecho a notar es que el hambre crónica que se padece en el mundo no se debe a una escasez en la producción de alimentos. En eso las cifras están claras. Cada persona requiere ingerir unas 2200 kilocalorías por día, para lo cual se necesita producir unos 200 kilos de cereales por habitante por año, o su equivalente en forma de papa, yuca, o similares. La producción mundial actual es de 330 kilos por habitante, o sea que hay una sobreproducción de comida, suficiente como para alimentar a 9 mil millones de personas, la cifra de población mundial estimada para el año 2050.

 

Estos datos nos proporcionaron dos investigadores, en sendas entrevistas que realizamos para profundizar sobre las causas de la crisis alimentaria y las alternativas que ofrece la agroecología. Se trata de Miguel Altieri, profesor de la Universidad de California en Berkeley, quien es también presidente de la Sociedad Científica Latinoamericana de Agroecología -SOCLA-; y Marc Dufumier, profesor en el Instituto Nacional Agroeconómico de París, AgroParisTech.

 

Dufumier reconoce que la crisis alimentaria se agudizó en estos últimos 4 años, "pero ya en 2006 había 800 millones de personas que tenían hambre. Ahora hay un poquito más, pero es estructural, no es una crisis coyuntural", afirma: "es un problema de pobreza en términos monetarios. La gente no tiene poder de compra". En el mismo sentido, Altieri recalca: "un tercio de la población humana gana menos de dos dólares por día, entonces no tiene acceso a la comida. En Europa y en EE.UU. se bota aproximadamente 115 kilos por persona por año de comida, suficiente para alimentar a toda África". Otros factores que contribuyen a la crisis alimentaria, señalados por nuestros entrevistados, incluyen el aumento de la producción agrícola para alimentar a los carros en lugar de las personas; el incremento del consumo de carne (que se extiende ahora en países de gran población como China e India), siendo que se necesitan de tres a diez calorías alimenticias vegetales para producir una caloría animal; el sistema de distribución de alimentos, y otros problemas estructurales relacionados con el control de las multinacionales sobre el sistema alimentario.

 

Para Altieri, la crisis alimentaria, acoplada a la crisis energética, la ecológica y la social, "es una crisis del capitalismo, de un modelo industrial de agricultura que se basó en premisas que hoy ya no son válidas". Lo explica en estos términos: "cuando se crea la revolución verde en los años 1950-60, se crea un modelo de agricultura maltusiano, que percibe el problema del hambre como un problema de mucha población y poca producción de alimentos; y que había que cerrar la brecha trayendo tecnologías del Norte al Sur, como las variedades mejoradas, los fertilizantes, los pesticidas, etc. Ellos asumían que el clima iba a ser estable, que el petróleo iba a estar abundante y barato, que el agua iba a estar siempre abundante y que las limitantes naturales de la agricultura, como las plagas, se podían controlar fácilmente. Y así nos encontramos hoy en día con una agricultura que ocupa aproximadamente 1.400 millones de hectáreas en monocultivos altamente dependientes de productos externos, en los cuales los costos de producción varían de acuerdo a como sube el petróleo; donde tenemos más de 500 tipos de plagas resistentes a más de mil pesticidas". Uno de los resultados es que actualmente en el mundo hay "aproximadamente mil millones de personas hambrientas y por otro lado mil millones de personas obesas, que son víctimas directas del modelo industrial de agricultura".

 

Es cierto que este modelo, siendo altamente mecanizado, rebaja significativamente los costos directos de producción por hectárea; por lo tanto permite vender alimentos a menor precio a la vez que aumentar las ganancias. No obstante, Dufumier destaca que esto es una trampa, pues no toma en cuenta los costos indirectos: sociales, ambientales, de salud pública, etc. Cita el ejemplo de la leche en polvo barata, que "nos cuesta sumamente caro, por la contaminación de los suelos, por el exceso de nitrato en las aguas freáticas, por las hormonas en la leche. Entonces hay lo que los economistas llaman externalidades negativas", que impactarán en una menor expectativa de vida y en la salud de la población. Altieri estima que en el caso de EE.UU., de internar estos costos, sumarían unos $300 por hectárea de producción.

 

La agroecología como alternativa

 

Frente a este modelo, surge la pregunta: en qué medida la agroecología puede ofrecer soluciones viables; y si se trataría de soluciones parciales o marginales, o si tiene la capacidad de solucionar el hambre. Miguel Altieri aclara: "No me gusta caer en el argumento de si la agroecología podría alimentar el mundo porque, como dije, no es un problema de producción. Con la agroecología podemos producir alimentos suficientes para alimentar al mundo, pero si las inequidades, las fuerzas estructurales que explican el hambre no se solucionan, entonces el hambre continúa, no importa que sigamos produciendo con agroecología".

 

La agroecología –nos recuerda– "es una ciencia que se basa, por un lado, en el conocimiento tradicional campesino y utiliza también avances de la ciencia agrícola moderna (salvo la biotecnología transgénica y los pesticidas, por supuesto), pero sí los avances que tienen que ver con ecología, con biología del suelo, control biológica de plagas, todo eso se incorpora dentro de la agroecología, y se crea un diálogo de saberes. En el mundo hay aproximadamente 1.500 millones de campesinos que ocupan unas 380 millones de fincas, que ocupan el 20% de las tierras, pero ellos producen el 50% de los alimentos que se están consumiendo en este momento en el mundo. (La agricultura industrial solamente produce 30% de los alimentos con el 80% del área agrícola). De esos campesinos, 50% practican agroecología. O sea, están produciendo el 25% de la comida del mundo, en un 10% de las tierras agrarias. Imaginen si esta gente tuviera el 50% de las tierras a través de un proceso de reforma agraria: estarían produciendo comida en forma abundantísima, con excedente incluso".

 

Al mismo tiempo, la agroecología trae otras ventajas que no tiene la revolución verde. "Por ejemplo –señala Altieri– es socialmente activante, porque para practicarla tiene que ser participativa y crear redes de intercambio, sino no funciona. Y es culturalmente aceptable porque no trata de modificar el conocimiento campesino ni imponer, sino que utiliza el conocimiento campesino y trata de crear un diálogo de saberes. Y la agroecología también es económicamente viable porque utiliza los recursos locales, no entra a depender de los recursos de afuera. Y es ecológicamente viable porque no pretende modificar el sistema campesino sino optimizarlo. La revolución verde buscó cambiar ese sistema e imponer un conocimiento occidental sobre el conocimiento campesino. Por eso ha tenido mucha repercusión en las bases", concluye.

 

Un factor importante a considerar es que la producción agroindustrial de gran escala es menor cuando se considera la producción total. O sea, los monocultivos son más productivos en términos de mano de obra; pero la agricultura campesina produce mucho más por hectárea. "Si haces un gráfico de producción total vs área –indica Altieri–, la curva de producción va bajando en relación al área de la finca. Porque no estamos comparando producción de maíz con maíz, sino que estamos comparando la producción total de la finca. ¿Y qué produce el campesino? Produce maíz, habas, papas, frutas;cría chancho, pollo,... Y cuando analizamos así el sistema, nos damos cuenta que es aproximadamente 20 a 30 veces más productiva. Eso da una base muy importante para pensar en reforma agraria".

 

Otra ventaja es su mejor resistencia al cambio climático. No solo porque no genera calentamiento global -a diferencia de la agricultura industrial, con su alto consumo de combustibles fósiles-, sino que hay evidencias de que resiste mejor fenómenos como las sequías. Los monocultivos, que crecientemente dominan los paisajes agrícolas del mundo, "son altamente susceptibles porque tienen homogeneidad genética y homogeneidad ecológica", como lo evidenció la sequía del año pasado del Mid-West de EE.UU., la más grande en 50 años, donde la agricultura transgénica de maíz y soya perdió el 30% de todo el rendimiento, según Altieri.

 

Políticas públicas

 

¿Cuáles serían, entonces, las políticas públicas clave para que un país promueva y desarrolle en serio la producción agroecológica? Nuestros entrevistados coinciden en reconocer que la producción agroecológica, por ser artesanal e involucrar mayor mano de obra, tiene costos de producción más altos y debe ser mejor pagada; entonces se requieren políticas de fomento y subsidios que protejan a la agroecología y a los pequeños agricultores. De este modo se puede lograr que la comida sana esté al alcance de las mayorías, y que no sea solamente un producto de consumo de lujo de los sectores adinerados (como ocurre, por ejemplo, con los productos orgánicos que se exportan al Norte).

 

Miguel Altieri destaca, en este sentido, la experiencia de Brasil, con el programa del Ministerio de Desarrollo Rural que compra el 30% de la producción al campesinado, reconociendo su rol estratégico. Es una comida sana que se destina al consumo social, en las escuelas, los hospitales, las cárceles. "La agricultura familiar en Brasil cuenta 4,7 millones de agricultores que producen el 70% de la comida en 30 % de la tierra; es un papel fundamental para la soberanía alimentaria". Entendieron que para protegerla, no podían poner a los pequeños productores a competir ni con los grandes, ni con la producción de EE.UU. o de Europa "que es una competencia totalmente desleal". El investigador considera un acierto que ese país haya creado dos ministerios del sector: el de agricultura, para los grandes productores (que evidentemente van a seguir existiendo), y el de desarrollo rural para los pequeños, con proyectos de investigación, extensión, políticas agrarias específicas para el agricultor campesino. Incluso dice que este último ministerio tiene más recursos que el de agricultura. "Lo que no funciona es cuando el ministerio de agricultura cuenta apenas con una pequeña oficina o secretaría del agricultor familiar", algo que pasa en la mayoría de países.

 

Apoyar las prácticas agroecológicas con investigación y con extensión agroecológica es otro elemento clave. "Mucho gente pregunta: ¿puede la agroecología alimentar el mundo, puede ser tan productiva? Pero mira, todos los institutos nacionales de investigación agropecuaria, los centros internacionales de investigación, las universidades, durante 60 años han financiado investigación en agricultura convencional. ¿Qué tal si a nosotros nos dieran el 90% de ese presupuesto para apoyar la agroecología? La historia sería otra", reflexiona Altieri. Señala a Cuba como el país más avanzado en este sentido, por la situación que enfrentó en el periodo especial. Una ventaja fue que tenía los recursos humanos para hacerlo, tenía agroecólogos formados; y a través de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños –ANAP-, 120 mil agricultores en 10 años incorporaron la agroecología, con altos niveles de producción y eficiencia energética.

 

Quizás el obstáculo mayor es la falta de voluntad política, combinado con intereses multinacionales "que están siempre empujando en el sentido equivocado". Altieri cree que el cambio climático es lo que finalmente va a poner los límites a la agricultura industrial. En el caso de países como Ecuador y Bolivia, cuyas constituciones ya establecen la soberanía alimentaria, el investigador considera que tienen "una oportunidad histórica: si no es ahora, ¿cuándo?" Él les ha propuesta establecer un proyecto territorial piloto, pues "el manejo territorial implica ecología del paisaje y otras dimensiones del diseño que van mucho más allá del diseño de la finquita particular. Porque si hay campesinos que practican la agroecología pero están dispersos, no se puede hacer una conversión territorial. Así aprendamos, porque no tenemos todas las respuestas".

 

¿Una agricultura de pequeña escala?

 

Nos preguntamos si la agroecología puede aplicarse en cualquier escala, o si es básicamente para la pequeña agricultura, y si eso es una limitante. Marc Dufumier considera que, por su esencia, sirve para la agricultura familiar, aunque reconoce que es más accesible a la mediana producción familiar que al minifundista, por su poca capacidad de ahorrar e invertir en tracción animal, carretas, producir estiércol y fertilizar por la vía orgánica. Las unidades familiares de tamaño mediano serían, además, las óptimas para generar empleo y evitar el éxodo rural. Los grandes productores agrícolas, en cambio, "tienen la capacidad de inversión, pero no tienen el interés, porque quieren maximizar la rentabilidad del capital financiero invertido, y amortizar la inversión sobre grandes superficies, entonces su interés es el monocultivo que es todo lo contrario de la agroecología".

 

Para Miguel Altieri, en cambio, la agroecología es una ciencia que entrega principios de cómo diseñar y manejar sistemas agrarios, de cualquier escala, pero con respuestas tecnológicas diversas, según el caso. "Yo he mostrado ejemplos de fincas de entre 500 y 3000 has. que se manejan agroecológicamente. Estoy hablando de un rediseño del sistema agroecológico con biodiversidad funcional, con rotaciones, con policultivos, que toman otras formas en la gran escala, porque hay que usar maquinaria por supuesto, no van a manejar 3000 has. con chuzo ni con tracción animal. Entonces hay muchos ejemplos de que se puede hacer a gran escala. Lo que pasa es que en América Latina, dada la importancia estratégica de la pequeña agricultura, la agroecología siempre se dedicó a solucionar el problema de la agricultura familiar, campesina, pero eso no significa que no se pueda aplicar a gran escala".

 

- Sally Burch, periodista, es integrante de ALAI.

Artículo publicado en la Edición de julio (487) de la revista América Latina en Movimiento, titulada "La alternativa agroecológica": http://alainet.org/publica/487.phtml

 

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