Sábado, 30 Junio 2012 08:13

Primavera silenciosa menos 50

Primavera silenciosa menos 50
Con más de dos años de preparación, se realizó la conferencia Río+20 de Naciones Unidas, titulada Conferencia Mundial por el Desarrollo Sostenible. Los resultados son extraordinariamente magros y apenas en línea con los de la conferencia Río92, que, aunque con muchas contradicciones, reconoció que urgía considerar desarrollo y medio ambiente en conjunto, y dio origen a varias convenciones multilaterales (Diversidad Biológica, Desertificación, Cambio Climático y otras posteriores) y a la institucionalidad ambiental del planeta (tratados internacionales y regionales, ministerios e instituciones de medio ambiente, etcétera).

Ahora en medio de profundas crisis gobales (financiera, ambiental, climática, alimentaria), la conferencia destacó por evitar los temas esenciales y apenas "reafirmar", con trabajo, acuerdos de hace 20 años.

Desde el Grupo ETC señalamos que es más exacto llamar a esta conferencia "Primavera Silenciosa -50", recordando el libro de Rachel Carson que en 1962 conmocionó al mundo al denunciar el efecto mortal de los plaguicidas y químicos sobre los pájaros y el medio ambiente, inspirando el surgimiento de varios movimientos ambientalistas.

En lugar de avanzar drásticamente para desarmar los mitos y falsedades de gobiernos y trasnacionales para seguir llenando impunemente de tóxicos la comida, el agua, el aire, los cuerpos y el ambiente, la conferencia quedó atrapada entre los países que querían volver más atrás de 92 (como Estados Unidos), los que pretendían avanzar en la falacia de la llamada "economía verde" (como Europa y otros) y muchos países del Sur que criticaron esa economía verde (lo cual teóricamente es bueno) pero lo hicieron porque lo ven como una "traba al desarrollo" y potencial fuente de nuevas condicionalidades para financiamiento. En el camino se retrocedió en principios básicos establecidos en Río92, como el de "responsabilidades comunes pero diferenciadas" –que alude a que son principalmente los países más industrializados y sus trasnacionales quienes se beneficiaron y crearon los problemas ambientales y deben asumir mayor responsabilidad por ello–; el derecho a la información y el de "el contaminador paga" (aún siendo un principio perverso, porque significa que los que tienen dinero se compran el derecho a contaminar). Para botón de muestra del tono de las negociaciones, baste decir que el capítulo sobre minería, una de las actividades más contaminantes del planeta, que en la última década ha avanzado vertiginosamente devastando aguas, tierras y territorios indígenas y campesinos, fue "coordinado" por Canadá, patria global de las mafiosas trasnacionales mineras. Como consecuencia, se borró la referencia a obligación de consulta previa a comunidades indígenas y locales (que igual aplica porque está asentada en otros convenios, pero significativamente quisieron eliminar del tema minería).

La única "novedad" de la conferencia fue el empuje a la llamada "economía verde", que pretende aumentar los mercados financieros con la naturaleza y legitimar el uso de nuevas tecnologías para "resolver" los problemas, sin tener que tocar los patrones dominantes de producción y consumo.

No salió como mensaje limpio como pretendían sus principales promotores (gobiernos de Unión Europea, Korea, Programa de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente, PNUMA) en parte por la resistencia desde muchos países del Sur, pero también el planteo desconoce las causas de la crisis financiera, cuando se basa en aumentar los mercados financieros (de carbono, biodiversidad, servicios ambientales). Sin embargo, pese a la controversia, el documento de Río+20 llama a crear "ambientes propicios" legal y financieramente, da un concepto ambiguo de economía verde, que sin duda será interpretado por las trasnacionales, los gobiernos y las instituciones financieras internacionales según les convenga y aumenta las potestades del Pnuma.

Cabe destacar la reserva explícita de Bolivia en la plenaria final, que “rechaza la "economía verde" como modelo y herramienta para la privatización de la naturaleza y la sociedad (… y se reserva ante…) cualquier interpretación derivada como: mercantilización de funciones y ciclos de la naturaleza y pago por servicios ambientales…”

La tecnología como "solución" y una visión estrecha y lineal de la ciencia, quedó omnipresente en todos los temas, lo que convierte en más significativo que desde el Grupo ETC y organizaciones de la sociedad civil, logramos que se reconociera la necesidad de evaluar previamente a nivel nacional, regional e internacional a las nuevas tecnologías, "en vista del rápido desarrollo y despliegue de tecnologías que puedan tener efectos negativos, en particular sobre la biodiversidad y la salud, y otras consecuencias imprevistas". Además, se reforzó el rechazo a la fertilización oceánica, una de las técnicas de geoingeniería más desarrolladas, abriendo camino para la prohibición de la geoingeniería en su conjunto, demanda asumida explícitamente desde la Cumbre de los Pueblos por Justicia Social y Ambiental.

La Cumbre de los Pueblos logró robar atención mediática con varias movilizaciones y una manifestación unitaria de todos los movimientos sociales con 80 mil personas. Lo más importante sin embargo fue la forma novedosa de participación real de miles de personas en plenarias temáticas –no de aclamación y masividad solamente, sino de reflexión y construcción detallada de diagnóstico y propuestas colectivas– que volvieron al centro del debate los temas de fondo: la crisis múltiples del sistema capitalista y las falacias de las falsas "soluciones", como la economía verde.

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Términos de la discusión ecológica actual
La Río+20 ha provocado una amplia discusión sobre cuestiones ecológicas. Como no todos entienden los términos técnicos de la temática, publicamos aquí un artículo del ecologista más conocido del Estado de Río, Arthur Soffiati, de Campos de Goytacazes, RJ, fundador del Centro Norte Fluminense para la Conservación de la Naturaleza, publicado el 14 de mayo de 2012 en la Folha da Manhã de esa ciudad. Estas son las palabras principales: Ecodesarrollo sostenible, economía verde, huella ecológica, antropoceno.

Hace cerca de 11 mil años, la temperatura de la Tierra comenzó a aumentar de modo natural, ocasionando el derretimiento progresivo de la última gran glaciación. Gran parte del agua, al pasar del estado sólido al líquido, elevó el nivel de los mares, separó tierras de los continentes, formó islas, incentivó la formación de bosques y de otros ambientes. Los científicos dieron a esta nueva fase el nombre de Holoceno.

En estos últimos 11 mil años de los Homínidos solo quedó el Homo sapiens, que se volvió soberano en todo en planeta. Con un cerebro bien desarrollado, fue desafiado por las nuevas condiciones climáticas y domesticó plantas y animales, inventó la actividad agropecuaria, creó tecnología para pulir la piedra, inventó la rueda, el telar y la metalurgia. Después, creó ciudades, imperios, represas, drenajes e irrigación. Varias civilizaciones sobrepasaron los límites de los ecosistemas en los que se levantaron, generando crisis ambientales que contribuyeron a su fin.

Entra, entonces, el concepto de huella ecológica. Se refiere al grado de impacto ecológico producido por un individuo, una actividad, una economía, una sociedad. La huella ecológica de la civilizaciones anteriores a la civilización occidental tuvo siempre un carácter regional, siendo reversible en ocasiones y en otras no. Occidente fue la civilización que calzó las botas más pesadas conocidas hasta el momento. El peso comenzó con el capitalismo, que transformó el mundo.

A partir del siglo XV, la civilización occidental (léase europea) pasó a imprimir marcas profundas con la expansión marítima. Impuso su cultura a otras áreas del planeta. El mundo fue occidentalizado y pasó también a pisar fuerte en el ambiente.

Vino, entonces, otra gran transformación con la revolución industrial, cuyo origen se localiza en la Inglaterra del siglo XVIII, y que se extendió por el mundo dividiéndolo en países industrializados y países exportadores de materias primas. A partir de ella, empieza a crearse otra realidad planetaria, con emisiones de gases causantes del calentamiento, devastación de bosques y selvas, empobrecimiento de la biodiversidad, uso indebido del suelo, fuerte urbanización, alteraciones profundas en los ciclos de nitrógeno y fósforo, contaminación del agua dulce, adelgazamiento de la capa de ozono y extracción excesiva de recursos naturales no renovables, que, a su vez, producen cantidades inauditas de basura.

Los científicos están demostrando que dentro del Holoceno (holos = entero + koinos = nuevo), la acción humana colectiva en el capitalismo y en el socialismo ha provocado una crisis ambiental sin precedentes en la historia de la Tierra porque ha sido generada por una sola especie. Han denominado al periodo pos-revolución industrial del siglo XVIII, Antropoceno, o sea, una fase geológica construida por la acción colectiva del ser humano (antropos = hombre + koinos = nuevo).

En función de esta gran crisis o de esta nueva época la Organización de las Naciones Unidas viene promoviendo grandes conferencias internacionales, como las Conferencias de Estocolmo (1972), Río-92 y ahora la de Río+20. El objetivo es resolver los problemas del Antropoceno, sea conciliando desarrollo económico y protección del ambiente, sea buscando otras formas de desarrollo. La Río-92 adoptó la fórmula de desarrollo sostenible, que ha ido adquiriendo distintos sentidos, inclusive antagónicos al original.

La Conferencia Río+20 pretende colocar en pie de igualdad las dimensiones ambiental, social y económica. La palabra mágica, ahora, es economía verde, cuyo contenido no está claro. Se supone que, como mínimo, signifique la sustitución progresiva de fuentes de energía carbono-intensivas por fuentes renovables de energía, así como la sustitución de recursos no renovables por renovables.

La Río+20 mostró que los países industrializados no quieren abdicar de su posición; los países emergentes quieren alcanzar a los industrializados, y los países pobres quieren ser emergentes. Mientras no exista entendimiento acerca de los límites del planeta, es inútil pensar en justicia social y desarrollo económico. Por consiguiente, el ambiente es más importante que lo social y lo económico, ya que sin él no se puede encontrar solución para los otros dos. Por otro lado, el concepto de ecodesarrollo parece ser el más correcto como táctica y estrategia.


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Río+20: Diálogo sobre ecología con Leonardo Boff
El Norte y el Sur vuelven a chocar en Río. Ese es el saldo de los primeros días de negociaciones infructuosas entre los diplomáticos de más de 100 países que participan en la cumbre Río+20 e intentan elaborar un documento único sobre qué hacer con el planeta a la deriva. Hay dos tesis en pugna. La de implantar una “economía verde” al gusto de Estados Unidos y Europa, que se desentienden del costo ambiental causado durante más de un siglo de saquear florestas y mares, una formulación rechazada por el Sur, que demanda a los países centrales financiar la devastación causada y advierte que el desarrollo sostenible del medio ambiente empieza por el combate a la pobreza y la desigualdad.


El religioso brasileño Leonardo Boff lleva años reflexionando y elaborando ensayos sobre ecología desde una perspectiva en la que retoma los fundamentos de la Teología de la Liberación. Boff, uno de los intelectuales de referencia de parte de los miles de militantes que ayer debatían bajo el sol primoroso de Río sobre cómo salvar el planeta, dinamitó los fundamentos de la “economía verde” durante una entrevista con Página/12. Para Boff es “frustrante” que la ONU convoque a la Conferencia Río+20 para abordar a nivel mundial la idea de la economía verde. “Cuando hablamos de economía verde estamos hablando del último asalto del capitalismo a la naturaleza, al patrimonio de la humanidad”, señaló.

 
“Digo el último asalto porque el primero fue la explotación convencional de los recursos naturales, deforestando la Amazonia para que el agronegocio plante sus millones de hectáreas de soja o para que se derriben los árboles impunemente, ahora entramos en una fase peor que es convertir a la naturaleza en mercadería, se venden créditos de carbono, se convierte a la vida en commodities, la vida no puede ir al mercado.”

 
El debate sobre la “economía verde” es uno de los tres ejes escogidos por la ONU para la Conferencia sobre Desarrollo Sostenible Río+20, como parte de su propuesta de reconfigurar el aparato productivo mundial, apuntando hacia la reducción de combustibles fósiles y las prácticas ecológicamente sustentables de las multinacionales.

 
El economista indio Pavan Sukhdev, del Deutsche Bank, se encuentra en Río, donde ha reivindicado que la “economía verde engloba cuatro temas: bienestar, equidad social, riesgos ambientales y escasez ecológica”.

 
Para Boff ese tipo de argumentos está cargado de una retórica que “en el fondo solo buscan maximizar el lucro de las empresas…no es más que pintura verde, se quiere maquillar a un sistema productivo que desde la Eco ‘92, hace 20 años, ha causado más degradación de la tierra y profundizado la brecha entre ricos y pobres”.

 
La suerte de la reunión ambientalista más importante del año se resolverá entre el jueves y viernes próximos cuando la presidenta Dilma Rousseff será la anfitriona de los mandatarios que desembarcarán en el predio ferial Riocentro, situado en Barra da Tijuca, uno de los barrios más caros de esta ciudad que se prepara para recibir el Mundial de Fútbol y las Olimpíadas.

 
En los primeros días de cabildeos en Riocentro uno de los temas dominantes fue la presencia de Barack Obama en la cumbre, dado que la Casa Blanca insinuó durante dos meses que no vendrá pero aún falta una confirmación oficial. “Obama dice que no viene por asuntos internos, por las elecciones donde busca ser reelegido, pero él no vendría en realidad porque se comporta como un emperador, es una especie de emperador negro que sólo se interesa por lo que ocurre en su imperio”, embiste Leonardo Boff.

 
“Si él (Obama) percibiera que la degradación de la Amazonia afecta directamente el clima en California claro que vendría a Río+20, o le ordenaría a Brasil lo que debe hacer sin sutilezas, o en última instancia mandaría ocuparla, siguiendo la ideología estadounidense que les hace pensar que son los guías de la humanidad.”

 
Para Boff, los países desarrollados se comportan con “mezquindad” ante la “degradación” del medio ambiente y no advierten que la tierra “puede estar caminando hacia una catástrofe” ecológica en la que “nadie saldrá indemne”. Una de sus preocupaciones centrales es el destino de la Amazonia, la mayor floresta tropical del mundo, objeto de la devastación del agronegocio brasileño. “No creo que Brasil pueda sentirse muy orgulloso de la situación que sufre desde hace décadas y hasta la actualidad; la Amazonia, aquello es el Far West, el Estado no está para aplicar la ley contra los que la deforestan y para proteger a los que quieren cuidarla”, dice el teólogo ecologista.

 
“Amazonia es una tierra sin ley, donde los terratenientes mandan a matar a los peones y a los miembros de organizaciones campesinas que defienden la producción en armonía con el medio ambiente, desde que fue asesinada la hermana (estadounidense) Dorothy Stang en 2005, nada cambió, se sigue asesinando”, machaca el ex sacerdote.

 
Ayer Río se mostraba como una ciudad partida. En el oeste carioca continuaban las actividades oficiales y los encuentros discretos entre diplomáticos dentro de la cumbre oficial Río+20, mientras en el Aterro do Flamengo, en el sur de la ciudad, la Cumbre de los Pueblos, convocada por el Foro Social Mundial, debatía fórmulas para enfrentar el capitalismo y hacerlo sin dañar el medio ambiente. En esa Babel alterglobal se mezclaban universitarios de Argentina, Francia y España, comunidades afrodescendientes de Brasil, indígenas colombianos y peruanos, y grupos defensores de los derechos humanos que, en un acto con la Madre de Plaza de Mayo Nora Cortiñas, prometieron realizar un escrache a un represor esta semana.

 
Boff ve sin interés lo que pueda ocurrir en la cumbre oficial y se esperanza con la Cumbre de los Pueblos. “No podemos esperar mucho de lo que surja en los debates de los líderes mundiales en Río+20, necesitamos un nuevo relato que en lugar de buscar optimizar el lucro de la economía verde parta de la vida y de la tierra, que venga de abajo, de la agricultura familiar, de las comunidades indígenas, de la discusión de la sociedad.”



17 Junio 2012

Leonardo Boff
 
Por Darío Pignotti
Página 12


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Miércoles, 06 Junio 2012 06:50

Cuidado ambiental con inclusión social

Cuidado ambiental con inclusión social
La presidenta brasileña se montó a hombros de una ola verde con una medida que la pone a la vanguardia de la región en materia medioambiental. Dilma Rousseff presentó ayer una batería de iniciativas ecológicas y anunció, con bombos y platillos, que Brasil había alcanzado el menor índice de deforestación de la Amazonia de los últimos 23 años. La mandataria hizo esa declaración durante un acto en el que se habilitó el centro de convenciones, donde sesionará Río+20. En la celebración del Día Mundial del Medio Ambiente, Rousseff afirmó que el desafío del encuentro, al que asistirán más de cien jefes de Estado, será establecer los fundamentos para discutir un nuevo modelo de sustentabilidad que articule desa-rrollo, inclusión social y preservación del medio ambiente.


Acompañada por el secretario general de Río+20, el diplomático chino Sha Zucang, la presidenta brasileña aseguró que apuesta a la sabiduría de los líderes mundiales para cumplir con los desafíos que el resto del mundo espera de la cumbre ecológica más importante del año. También reconoció la responsabilidad que pesa sobre Brasil por ser el tercer productor de alimentos de mundo y porque detenta las mayores reservas de agua. A lo largo de su discurso, insistió en que debe establecerse un equilibrio entre las premisas ecológicas y las de carácter social y recordó que el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo citó a Brasil como ejemplo de defensa al medio ambiente y simultáneo combate a la pobreza.


En estos días continúan las negociaciones en la sede de la ONU en Nueva York sobre la redacción final del documento Río+20, con la resistencia de los países ricos en acordar metas precisas sobre preservación ambiental, a ser cumplidas en los próximos años. El gobierno brasileño está trabajando para que se firme un documento ambicioso porque sabe que el éxito de la cumbre depende, en buena parte, de los acuerdos logrados entre los gobiernos.


“Esperamos que esta crisis (resultante) de un exceso de ganancias y la falta de controles de los mercados no sea un pretexto para que algunos países se rehúsen a firmar un documento final con objetivos claros”, dijo Rousseff en ese sentido. La ceremonia encabezada por la mandataria tuvo lugar en el Palacio del Planalto, en Brasilia, y se inició con el izamiento de la bandera de la ONU en el centro de convenciones Río Centro, en Río de Janeiro, donde a partir del 13 de junio sesionará la Conferencia sobre Desarrollo Sustentable. El izamiento de la bandera azul de la ONU junto con la de Brasil fue transmitido en vivo para la presidenta y las autoridades que estaban en Brasilia.


“Es una ceremonia simbólicamente importante porque es parte de las reglas diplomáticas de la entrega de la soberanía de ese pedazo de Brasil a las Naciones Unidas, exactamente como si Río Centro fuera la sede de la ONU en Nueva York”, explicó Giancarlo Summa, portavoz de Río+20. A ocho días del comienzo de las deliberaciones del encuentro global, Rousseff anunció la creación de los parques nacionales Furna Feia y Descobremento como parte de la política del Programa de Areas Protegidas, destinadas a preservar la floresta y la biodiversidad.


A su vez, la presidenta brasileña aprovechó la celebración del Día Mundial del Medio Ambiente para difundir la ampliación de otros tres parques y diversas medidas de apoyo a los pueblos indígenas. Asimismo, la presidenta sancionó un decreto que establece normas para que todas las empresas que prestan servicios o venden productos al Estado utilicen prácticas medioambientales correctas para continuar en la lista de proveedores oficiales. En relación con los pueblos indígenas, Rousseff sancionó los decretos que formalizan siete nuevas reservas y anunció la creación de un comité gubernamental que deberá diseñar políticas para mejorar la atención sanitaria y la alimentación en las aldeas.

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Jueves, 03 Mayo 2012 06:27

Catástrofe nucleoléctrica

Escasos días después de la catástrofe ocurrida en el complejo nucleoeléctrico Fukushima Daiichi, Japón, por el terremoto de 9 grados Richter del 11 de marzo de 2011, seguido por un devastador tsunami, se informó que en Europa se repartían tabletas de yodo. Los temores se dirigían a plantas instaladas, por ejemplo en Bélgica, que usan, como es el caso también de Estados Unidos, el mismo modelo y fabricante que en Fukushima.
 

El gobernador de Lieja explicó que esas pastillas “se repartirían por millones” porque “ayudan a reducir notablemente el riesgo de cáncer”. En ese momento advertimos desde estas páginas que los compromisos políticos de Obama con el cabildo nucleoeléctrico, la manipulación informativa de la operadora Tokyo Electric Power (Tepco) y el gobierno japonés, no permitían calibrar la dimensión del accidente (La Jornada 24/3/11). En pocos días fuentes científicas lo equipararon al ocurrido en Three Mile Island, Estados Unidos, 1979, de nivel cinco en la escala de incidentes nucleares, y un mes después se elevó a nivel siete, semejante al de Chernobil porque, según las autoridades, las sustancias radiactivas liberadas “alcanzaban alrededor de 10 por ciento de las emitidas por la planta de Chernobil”, en Ucrania, en 1986.
 

Esa fue una subestimación abismal. Ya entonces Robert Alvarez, ex consejero del secretario y asistente del Departamento de Energía (DE) para Asuntos de Seguridad Nacional y del Medio Ambiente del gobierno de Clinton, advirtió que un solo depósito de barras en Fukushima contiene “quizá entre tres y nueve veces la cantidad de Cesio-137” lanzada en Chernobil y compartimos su temor de una diseminación radiactiva oceánica y atmosférica mundial, por las condiciones precarias y riesgos estructurales de los reactores y de los depósitos de refrigeración donde se alojan las barras de combustible usado, altamente radiactivo, cuyos niveles de agua bajaban, mientras se dificultaban los intentos por evitar su sobrecalentamiento.
 

Un año después el peligro aumentó y además de inminente es, en efecto, de dimensión global y no sólo local. Así advirtió Mitsuhei Murata, ex embajador de Japón en Suiza, al secretario general de la ONU y al primer ministro de Japón Yoshihiko Noda, en carta del 25 de marzo 2012, en la que solicita una urgente evaluación del reactor número 4 que contiene un depósito de enfriamiento con mil 535 barras, porque “podría estar fatalmente dañado” por las réplicas y temblores. “Más aún, a 50 metros hay un depósito común para seis reactores que contiene ¡6 mil 375 barras!”.
Consciente de las consecuencias para las presentes y futuras generaciones –y la biota global–, Murata consignó que “no es exagerado afirmar que el destino de Japón y de todo el mundo dependen del reactor número 4. Esto lo confirman los más confiables expertos como el doctor Arnie Gundersen o el doctor Fumiaki Koide”.
 

La carta de Murata, a disposición pública en el sitio electrónico del eminente diplomático japonés Akio Matsumara, (www.akiomatsumara.com) acompaña una entrevista de Matsumara a Alvarez, donde se revela que, según el DE, el total de barras usadas altamente radiactivas de ese complejo nucleoeléctrico asciende a 11 mil 421. Entre otros datos relevantes Álvarez indica que el depósito del reactor número 4 está a 100 pies del suelo y contiene unos 37 millones de curies de radioactividad de largo plazo y que, además, presenta “daños estructurales y está a cielo abierto”, por una explosión de hidrógeno ocurrida luego del accidente que hizo trizas la cubierta. De ocurrir un terremoto o cualquier otra eventualidad que secara el depósito, advierte Alvarez, podría producirse “un fuego radiológico catastrófico que lanzaría diez veces la cantidad de Cesio-137 que se registró en el accidente de Chernobil”. Pero como Fukushima contiene 11 mil 421 barras, la radiactividad por Cs-137 sería “cerca de 85 veces la cantidad de Cs-137 lanzada en Chernobil, según cálculo del Consejo Nacional de Protección a la Radiación de Estados Unidos”.
 

El orden de magnitud es inmenso: sería el equivalente “a todo el Cs-137 lanzado por todas las pruebas atmosféricas de armas nucleares, más Chernobil y todas las plantas de reprocesamiento del mundo” (ibid). Esta aclaración es vital para comprender que la prevención de la catástrofe no estaría tanto en la distribución de tabletas de yodo ¡a 7 mil millones! de seres humanos, sino en la concientización y movilización ciudadana de cara al cabildo nucleoeléctrico de Estados Unidos, Japón, México y el mundo.
 

Luego del desastre en Fukushima, Alemania (y no Estados Unidos), marca la pauta: en 2020 su mezcla energética excluye la nucleoelectricidad: 43 por ciento será de gas y carbón y 57 por ciento provendrá de fuentes renovables como viento, sol, biomasa, etc. El asunto no es menor. Como dice Matsumura, ahora “podemos captar qué quiere decir ‘85 veces mayor al Cs-137 lanzado por Chernobil’: significa la destrucción del medio ambiente mundial y de nuestra civilización”.
 

http://jsaxef.blogspot.com
 

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Estudio científico demuestra que el hombre es el principal responsable del calentamiento global

Las emisiones de dióxido de carbono similares a las que hoy provoca la quema de combustibles fósiles y otras actividades humanas ayudaron a calentar el planeta y a terminar con la última era de hielo hace unos 11.700 años, informaron científicos.

 
Investigadores de la Universidad de Harvard y de la Universidad Estatal de Oregon y otras instituciones informaron en la revista Nature que el aumento de las temperaturas es una consecuencia del incremento del dióxido de carbono, en un hallazgo que ofrece una respuesta a quienes se muestran escépticos sobre el calentamiento global causado por los hombres, .

 
Los expertos climáticos sospechaban desde hace años que esto era así, pero los registros geológicos eran confusos.

 
Estudios previos observaron burbujas de aire atrapadas en hielos ancestrales de la Antártida, que revelaron niveles de dióxido de carbono en la última etapa del Pleistoceno, hace unos 20.000 a 10.000 años, el período en que finalizó la era de hielo.

 
En esas investigaciones previas, parecía que los niveles de dióxido de carbono habían aumentando luego de que lo hiciera la temperatura, llevando a los escépticos climáticos a cuestionar que el dióxido de carbono fuera un generador de calentamiento global, tanto entonces como ahora.
 

Este nuevo estudio logró observar núcleos glaciales y muestras de sedimentos bajo el mar -cuanto más profundo es el pozo, más antiguo el sedimento, con información bioquímica que indica variación de la temperatura a través del tiempo- en 80 zonas del planeta.
 

Sólo en la Antártida los estudios previos fueron confirmados: las temperaturas allí aumentaron antes de que trepara el nivel de dióxido de carbono. Pero a nivel global, un incremento en la cantidad de dióxido de carbono en el aire precedió el cambio de temperatura, según este nuevo informe.

 
El aumento de dióxido de carbono durante el final de la Era del Hielo fue importante, de unas 180 a unas 260 moléculas por millón en la atmósfera, una medición conocida como partes por millón o ppm, según el autor del estudio, Jeremy Shakun.

 
EL GRAN DERRETIMIENTO

 
Este incremento tuvo lugar hace unos 7.000 años, dijo Shakun durante una conferencia telefónica. En cambio, el actual nivel atmosférico de dióxido de carbono es 392 ppm, un incremento de alrededor de 100 ppm en los últimos dos siglos, añadió.

 
“En este siglo, probablemente vamos a aumentar unas 100 (ppm) más”, dijo Shakun, pero agregó que la Tierra posiblemente no sentirá el impacto total de este aumento en el dióxido de carbono por siglos.

 
“Calentar los océanos lleva bastante tiempo, y además tenemos extensiones de hielo, y no se pueden derretir extensiones de hielo en 100 años”, expresó.

 
Pero si bien el dióxido de carbono impulsó las temperaturas al alza para acelerar el final de la era del hielo, no fue la causa inicial.

 
El gran derretimiento inicial fue impulsado por un temblor periódico en la corteza de la Tierra, indicaron los científicos.

 
En algunos momentos del temblor, el hemisferio norte quedó más cerca del sol y eso ocurrió al comienzo de la etapa final del Pleistoceno, cuando extensiones de hielo cubrían gran parte de lo que ahora es América del Norte y Europa.
 

5 Abril 2012 
(Con información de Reuters)
 

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Sábado, 14 Enero 2012 07:21

Los dueños de la economía verde

Los dueños de la economía verde
Se podría pensar que lo más verde de las propuestas de "economía verde", que gana terreno en diversos ámbitos oficiales, principalmente en las negociaciones hacia la conferencia internacional Río+20, es el color de los billetes que esperan ganar con ella las empresas trasnacionales que han causado las crisis económicas, alimentarias, ambientales y climáticas. Esta es una de las conclusiones que se derivan al comprobar que son las mismas compañías que controlan las tecnologías, las patentes, los productos y los mercados de la economía verde.

No se trata solamente de los oligopolios que conocíamos y que avizoran nuevos negocios. Además, se avanzan nuevas configuraciones corporativas que reúnen a las mayores empresas petroleras, químicas, farmacéuticas, forestales y de agronegocios con nuevas compañías de biología sintética y genómica para procesar cualquier tipo de biomasa, sea natural o cultivada, y convertirlo en combustibles, forrajes, plásticos u otras sustancias industriales, planteando un escenario donde cualquier cosa "verde" (o que esté o haya estado viva) podría ser apropiada corporativamente para sacarle ganancias con algún uso industrial. Más que una economía verde, la conjunción de oligopolios y nuevas tecnologías está llevando a un asalto corporativo sin precedente de la naturaleza, de lo vivo, de los sistemas de alimentación y de los territorios de las culturas campesinas e indígenas, que irónicamente se presenta como una nueva etapa del "desarrollo sustentable".

El reciente informe Quién controlará la economía verde, del Grupo ETC (www.etcgroup.org/es/node/5298), muestra que la tendencia hacia la concentración corporativa global continúa, favorecida incluso por las crisis. Si bien en diversos sectores analizados hay estancamiento del crecimiento o incluso menos ingresos, las ganancias corporativas se mantuvieron, porque según su propia definición "hicieron más con menos". Con menos trabajadores, menos prestaciones y derechos laborales, menos consideraciones ambientales y de salud.

En el caso de la cadena alimentaria agroindustrial, desde las semillas e insumos agroquímicos, a la distribución, procesamiento y ventas en supermercados, las ganancias aumentaron con la crisis alimentaria y climática, en algunos casos en forma exponencial, gracias a la manipulación de la oferta, a la desaparición de competidores, a los subsidios públicos por desastres (para replantar cosechas arruinadas, para ayuda alimentaria, etc). Es dramático y absurdo que en semillas –llave de toda la cadena alimentaria– una sola empresa, Monsanto, controle 27% de todas las semillas comerciales a escala global (y más de 80 por ciento en semillas transgénicas), y que junto a dos empresas más, Syngenta y DuPont-Pioneer, controlen más de la mitad del mercado mundial de semillas. Las semillas y venenos químicos que venden esas empresas son la base de la agropecuaria industrial que ha destruido suelos, contaminado aguas y provocado la mayor parte de la crisis climática global. Ahora van además por el monopolio de lo que llaman "semillas resistentes al clima" –sequía, cambios de temperatura, inundaciones–, alegando que con más del mismo modelo, con menos reglas de bioseguridad, con más patentes a su favor y más apoyos de los gobiernos para las empresas, ahora sí saldremos de la crisis que ellas construyeron.

Al otro extremo de la cadena alimentaria las grandes superficies de ventas directas al consumidor (supermercados) han crecido a punto tal, que en 2009 superaron el mercado total de energéticos, el mayor del mundo por décadas. Esto significa un brutal control corporativo de qué, cuándo, cómo, con qué calidad, dónde y a qué precio se producen y consumen los alimentos y muchos otros productos de la vida cotidiana. En el informe se analiza además el control corporativo en otros rubros, como agua, petróleo y energía, minería y fertilizantes, forestación, farmacéutica, veterinaria, genética animal, biotecnología, bioinformática, generación y almacenamiento de datos genómicos.

Uno de los aspectos más preocupantes son los impactos del avance del uso de biomasa, a través de nuevos emprendimientos corporativos y tecnológicos. Por ejemplo, la empresa de biología sintética Amyris, con sede en California y Brasil, tiene asociaciones con Procter & Gamble, Chevron, Total, Shell, Mercedes Benz, Michelin, Bunge y Guarani para producir combustibles y sustancias industriales. En Brasil, ya consiguió que se permita la producción de combustibles a partir de la fermentación de azúcares derivados de biomasa, con microbios artificiales, cuyo escape constituye un grave riesgo (consumen celulosa, presente en toda la materia vegetal), que de ninguna forma está contemplado en los marcos de bioseguridad. Sin embargo, éste es uno de los "ejemplos" de economía verde en Brasil.

Otro ejemplo es la asociación de DuPont con el gigante petrolero BP, y las cerealeras General Mills y Tate & Lyle (Bunge), que además de biocombustibles agregan ahora combustibles derivados de algas. O la constelación Dow Chemicals, con Chevron, Unilever, Bunge, la marina y ejército de Estados Unidos, alrededor de la empresa de biología sintética Solazyme, para transformar "azúcares de bajo costo en aceites de alto valor", que podrían ser desde combustibles a alimentos y muchos otros productos. Todo esto representa nuevos riesgos, pero además un aumento vertiginoso de la demanda de biomasa, tierra, agua y nutrientes, que exige que denunciemos estas propuestas por lo que son: nuevas formas de despojo.

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