Martes, 23 Octubre 2012 20:30

Chávez, sin crecer, ganó

Algo pasa. El Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV) perdió, quedó en minoría frente al total de votos de la oposición. Por primera vez, el triunfo de Chávez requirió tanto de los aliados históricos como de otros partidos inflados y con líos judiciales que conformaron el Gran Polo Patriótico. Aún así, desde 2006 su votación cayó del 63 al 55 por ciento, y los adversarios subieron al 50,7. Un resultado logrado, pese al aumento de más de un millón de venezolanos en el registro electoral y de los beneficios que derivan de la política social del gobierno bolivariano. Una vez con el tranquilizante del triunfo, el balance, la revisión y la crítica son más que necesarios.

Nota. Vistos los resultados numéricos de la elección presidencial, el antetítulo Los errores del “socialismo real inexistente” pudieran incrementar síntomas de no crecer, en la edición anterior, tuvo una comprobación inmediata. Asimismo, resultó válida la afirmación y la pregunta incluida en ese artículo, pág. 22: “el lunes 10 de septiembre (el PSUV) tiene anotados 6.729.361 sufragantes [...] 13.679 comandos y 886.345 patrullas Carabobo que ya cumplieron con la tarea de registrar el “1por10” votantes […] No cabe pensar en un número mayor y abigarrado de simpatizantes del chavismo, […] (con) volumen y representación visible en las marchas y concentraciones, […] ¿qué sólo espera ir a votar el 7? ¿Cuántos son o pueden ser?”. Sólo fueron unos pocos miles. Fue una votación para el Presidente, con ¿¡los mismos votos!?, antes y después de seis años en ejercicio del poder, con realizaciones sociales, y de una campaña electoral de tres meses. ¿Cuál y dónde están la causa y la responsabilidad?

En la Venezuela que pinta de vino tinto las sillas nuevas del estadio de Puerto de la Cruz para las eliminatorias del Mundial de Fútbol, hoy, con una distribución de la renta petrolera diferente –a favor de la inclusión social–, de la que hacía el capital privado en la IV República (1958-1998) –el pasado–, con dos lustros de poder y de legitimación con una mayoría social no sólo electoral, tras el victorioso 11-13 de abril de 2003/paro petrolero-febrero 2004, y del premio con la reelección de Chávez en 2006; ahora, más de seis millones de venezolanos, 6.461.612, ya no hicieron caso. Aunque así lo agiten, no fue la “batalla perfecta”, que con “¡Chávez ♥ corazón de mi patria!” tenía en su meta rozar los 10 millones de votos. Con el “vamos a darle una paliza a la burguesía” cerró la campaña.

Aún con la dificultad, es concebible la radicalización “antisistémica” o de profundidad estructural de la revolución con medidas generales frente a: valor y propiedad del suelo urbano, limitación inmediata del porcentaje anual en el producto interno, venta del petróleo; papel y alto porcentaje de ganancia de la banca privada –¿nacionalización?–, empleo digno; modificación de 21 bolívares en circulación por cada US$ o su valor en oro, con efecto de una inflación –aún en 18 por ciento, que brincó 1,6 en septiembre–, permanencia antisocial del IVA en 11 por ciento; soberanía alimentaria y conocimiento público de un catastro de tierras del Estado, su uso, localización, productividad; avance de una raíz auténtica del poder popular, con un reflejo palpable en la disminución de la inseguridad.

Medidas dentro de una necesidad y radicalización de la Revolución que pone en crítica el discurso, el método, la participación colectiva o no, y, por supuesto, su interpretación constitucional y su debate institucional; como también la discusión dentro de las fuerzas del Gran Polo Patriótico; en tanto y al parecer no convencen o no aceptan cada día más un mayor número de venezolanos.

Una victoria con preguntas


¡Oh, sorpresa! Horas después del triunfo electoral, el presidente Chávez llamó por teléfono al opositor Carriles*. A diferencia, en la elección pasada, y con un discurso ‘menos socialista’ entonces, no llamó al contendor vencido. La fecha de la elección presidencial que desde hace décadas era costumbre cumplir el primer domingo de diciembre, en esta ocasión tuvo el adelanto de unos meses y quedó para el pasado 7 de octubre. Fue una inteligente medida. Los comicios ocurrieron antes de la temporada de invierno, cuyos posibles efectos podían influir en una cantidad menor de votantes.

Una parte notoria de las 22.780 familias damnificadas por las lluvias hace dos años en Caracas, cuyo caso dio el motivo y contó a favor con una Ley Habilitante, con un año y medio de duración para resolver su situación de vivir en puntos de refugio, permanecen en esos lugares todavía. En Caracas, al menos 33 edificios y hoteles aún son noticia. Un detalle, como otros, que pone sobre la mesa “hacer un mejor gobierno” y superar la ‘ineficiencia’ que el propio Presidente admitió en los últimos días de campaña. Tamaña promesa.

Hugo Chávez insistió en un compromiso en las instalaciones del Consejo Nacional Electoral (CNE) durante su discurso de proclamación oficial para el período presidencial 2013-2019. Y reiteró “Eficiencia o nada” el 13 de octubre en la juramentación del nuevo Vicepresidente, junto a cuatro recién nombrados integrantes de su gabinete. De igual manera, esa misma noche extendió una lamentación, que de tiempo en tiempo es constante, respecto de la eficacia en la información acerca de la “obra de gobierno”, que “la oposición impide”. Machacó entonces acerca de la necesidad de llevar y utilizar impresiones portátiles en cerros y campos “con el método antiguo de los esténciles”, de “radio bemba”, “esquinas calientes”, “emisoras comunitarias”, etcétera, y de información continua por el sistema estatal, de todas las firmas con aprobación de presupuesto y puntos de cuenta.


 

A la par, o más que un llamado al nuevo gabinete para que emprenda una “batalla propagandística” y de divulgación de la actividad diaria en Miraflores, y más allá de afirmar que 55 de cada 100 venezolanos votaron por el socialismo, la Revolución está en mora de un balance de los errores –evidentes–, los excesos en la ejecutoria del poder, y también de la concepción, la planificación y el discurso sobre la inercia que conserva el proyecto. Signado por el carácter de “Revolución-capitalismo de Estado en expansión”, con base y liquidez en la renta petrolera, y sus lunares parasitarios, contraria a un socialismo ético, productivo y colectivo que está en reclamo por crecientes sectores del activismo social y político.

La movilización reivindicativa de diferentes sectores no cesa, y no hay conformidad de amplios sectores populares con un ‘tiempo largo’ y de espera para recibir los cambios. El tiempo puede acortarse para cumplir la promesa “eficiencia” y de “un mejor gobierno”.
Publicado enEdición 185
Ex embajador revela que EEUU invierte millones para derrota de Correa
El ex embajador británico en Uzbekistán, Craig Murray, ha revelado en su página web que Estados Unidos desea la derrota de Rafael Correa en las presidenciales, que se celebran en Ecuador el próximo 17 de febrero.

 
Según él, la CIA invierte 87 millones de dólares, en su mayoría son fondos del Pentágono, “para influenciar las elecciones ecuatorianas”, una cantidad que -asegura- “desde los resultados [electorales] en Venezuela han sido triplicados”.

 
Craig Murray explica que esta conducta de EE.UU. se debe a que altos diplomáticos estadounidenses no esperaban el triunfo de Hugo Chávez en los recientes comicios presidenciales de Venezuela.
 

“La rabia por el regreso de Chávez ha llevado al dictado de que el mismo error no debe cometerse en el Ecuador”, agregó. “Esto va a abrir el camino a la campaña de la oposición para sobornar y chantajear a los medios y a funcionarios oficiales.
 

Se espera una ola de escándalos mediáticos y picaduras de corrupción contra el Gobierno de Correa en las próximas semanas”, matizó el ex embajador británico. Murray destaca que no maneja muy bien la política ecuatoriana y que, realmente, no sabe qué posibilidades tiene Correa de ser reelegido, ni tampoco si los partidos de oposición son decentes en las manos de EE.UU., aunque sí sabe que Estados Unidos desea que Correa pierda.

 
El ex diplomático británico advierte que los esfuerzos de EE.UU. podrían resultar tan evidentes que pueden generar un efecto contraproducente en una reacción nacionalista. Según una de sus fuentes estadounidenses, la administración del presidente Barack Obama no utilizará los fondos para incitar otro golpe de Estado contra Correa, “Esto parece haber sido descartado”, sostiene.
 

Asimismo, Murray indicó que de llegar al poder un líder pro-estadounidense en el país latinoamericano, el asilo otorgado por Ecuador al fundador de WikiLeaks sería cancelado, y que la policía metropolitana de Londres sería invitada a la embajada ecuatoriana para sacarlo de allí y extraditarlo a Suecia, donde se lo acusa de delitos sexuales y, posteriormente, a EE.UU. para afrontar cargos por espionaje y ayuda al terrorismo.

 
Tomado de: (http://actualidad.rt.com/actualidad/view/56682-ex-diplomatico-britanico-cia-multiplica-esfuerzos-derrocar-rafael-correa)


 22 Octubre 2012

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Obama y Romney, con leves desacuerdos en política exterior
Nueva York, 22 de octubre. En su tercer y último debate antes de la elección presidencial, el presidente Barack Obama y su contrincante republicano Mitt Romney –empatados en las encuestas nacionales– buscaron utilizar su última oportunidad ante un público nacional para argumentar quién de los dos sería el mejor “líder” para asegurar la posición de Estados Unidos como única superpotencia mundial.


A dos semanas de la elección, el debate realizado en Boca Ratón, Florida, dedicado a política exterior, fue más notable por lo que se dejó de mencionar.


Una vez más, América Latina fue relegada al olvido, como lo ha sido a lo largo de estas campañas presidenciales, con la excepción de una mención de ampliar el libre comercio con el hemisferio –Romney insistió en que “América Latina es una enorme oportunidad para nosotros” como mercado comercial–, y una acusación de que Obama al inicio de su gobierno dijo que estaría dispuesto a reunirse con líderes como Hugo Chávez y Fidel Castro (junto con Ajmadineyad y otros enemigos). Por su lado, cuando Obama mencionó el fortalecimiento de alianzas estadunidenses en otras regiones, se olvidó de América. Ni una sola pregunta del conductor Bob Schieffer, de CBS News, durante los 90 minutos del debate se refirió a este hemisferio.


Muchos temas ausentes


La guerra contra las drogas, el tema migratorio, el cambio climático, las cada vez más intensas protestas contra medidas neoliberales en Grecia, España y otros países, entre otros temas del momento, también estuvieron ausentes.


Tal vez la otra cosa más notable fue que, en política exterior, se demostró que hay pocas diferencias entre ambos candidatos. Tal como comentó a NBC News Robert Haas, el presidente del Consejo de Relaciones Exteriores –uno de los centros de análisis más influyentes en política exterior–, al final del debate, “hay mucho más acuerdo que desacuerdo”. Otro reconocido analista, Walter Russell Meade, ya había pronosticado lo que finalmente ocurrió: Obama intentó pintar a Romney como otro George W. Bush, mientras Romney intentó pintarse como otro Obama, “pero diferente”.


El papel de Estados Unidos en el mundo fue resumido por ambos. Obama reiteró que “Estados Unidos permanece como la nación indispensable”, y ofreció la lista de los logros de su gobierno para reflejarlo, incluido el fin de la guerra en Irak, el fortalecimiento de alianzas internacionales, la muerte de Osama Bin Laden, el debilitamiento de Al Qaeda y la transición en Afganistán. Subrayó varias veces que “con el fin de una década de guerras, es hora de dedicarse a la construcción de nación aquí en casa”. Al final, reiteró que después de dos guerras y la peor crisis económica desde la gran depresión, la elección es una decisión entre retornar a las políticas que detonaron todo eso, o un futuro para continuar reconstruyendo “la nación más grandiosa de la Tierra”.


Romney afirmó que “nuestra misión en el mundo es hacer un planeta pacífico… Ese papel le cayó a America… no lo pedimos… America tiene una responsabilidad y un privilegio de defender la libertad y los principios fundamentales”, incluida la libre expresión, elecciones y “la libre empresa”, y para lograrlo, dijo, se requiere que el país “sea fuerte” económica y militarmente. Indicó: “soy optimista” sobre el futuro estadunidense para continuar con la misión de promover “los principios de la paz y hacer más seguro al mundo” y que, con Romney como líder, luchará por “mantener esta nación como la esperanza del mundo”.


En un ambiente más “mesurado” que en el debate anterior, Obama intentó descalificar las propuestas de Romney como un regreso al pasado, declarando en algún momento que son “un retorno a las políticas exteriores de los 80, las políticas sociales de los 50 y las políticas económicas de los 20”, y que no eran muy útiles para abordar los desafíos del siglo XXI. Lo acusó de cambiar de posición sobre varios temas, y que eso cuestionaba su capacidad como líder en el plano internacional.


Romney aseguró tener “una estrategia para el futuro”, y dijo que estaba de acuerdo con el presidente en que se tenía que avanzar hacia delante, “y no hacia atrás, a las (políticas) de los últimos cuatro años”, detallando las cifras económicas de desempleo, pobreza y deuda.


En cuanto a Medio Oriente, ambos reafirmaron que Israel es el aliado fundamental en la región, y que cualquier ataque contra ese país sería respondido por Estados Unidos. Y ambos insistieron en que un “Irán nuclear” es inaceptable. Romney dijo que sería más agresivo contra el régimen iraní, pero ambos coincidieron en que la vía diplomática y económica actual es la indicada y que una respuesta militar sería la “última opción”.


Romney atacó a Obama por su política en esa región, afirmando que Irán “está cuatro años más cerca de un arma nuclear”, que ha incrementado el “tumulto” en los países árabes, que no hay avances en las negociaciones de paz entre Israel y los palestinos y que el “extremismo musulmán” amenaza al mundo. Repitió su acusación de que la primera visita de Obama a la región fue “una gira de apología” de los países árabes, donde dijo que Estados Unidos a veces había “dictado” a esos países en el pasado. “Nunca hemos dictado a otros países. Hemos liberado a otros países de dictadores”.


Obama respondió que el punto más importante en esa región es “quién tendrá más credibilidad entre todas las partes involucradas”, e insistió en que él lo había logrado por asumir una postura consistente.


Sobre Siria, ambos ofrecieron versiones de una misma receta para expulsar del poder a Bashar Assad, organizar y armar a la oposición y asegurar que los que tomen el poder sean “amigos” de Estados Unidos. Abordaron la política sobre Afganistán, Irán y Pakistán, pero era difícil detectar grandes diferencias más allá de énfasis y retórica.


Sobre China, ambos insistieron en que lo más importante es obligar a ese país a “jugar bajo las mismas reglas” y que, aunque debe ser un “socio”, a veces es un adversario. Obama sostuvo que ha tomado medidas firmes en asuntos comerciales, mientras Romney afirmó que obligaría a China a suspender la “manipulación” de su moneda, y que pondría fin a su “robo” de propiedad intelectual. Obama resaltó que con el fin de las guerras que heredó, ha logrado dar un giro para dejar claro a China y otros países asiáticos que “Estados Unidos es una superpotencia en el Pacífico”.


Tal vez la mejor línea del debate fue la respuesta de Obama contra la acusación de Romney de que las fuerzas navales estadunidenses contaban con menos barcos hoy día que en 1916, como parte de su ataque de que el presidente está debilitando las fuerzas armadas. Obama respondió: hoy “también hay menos caballos y bayonetas”, y agregó que no es el número, sino la capacidad de las fuerzas lo que importa.


El hecho es que en esta elección la política exterior y asuntos de “seguridad nacional” (o sea, asuntos militares y de inteligencia mundial) no son prioritarios para el electorado, y de hecho sólo son mencionados como factor por una minoría reducida en las encuestas; en los estados claves en esta elección, según sondeos recientes, menos de 10 por ciento opina que la política exterior sea asunto importante. La última elección en donde seguridad nacional y política exterior fueron factores claves fue en la de 2004, en medio de la recién proclamada “guerra contra el terrorismo”.


En dos semanas se espera saber quién convenció más al electorado en este gran espectáculo político.

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Elecciones en Estados Unidos: cuestión de millones
Las campañas presidenciales en Estados Unidos podrían marcar un récord de gastos superior a mil millones de dólares, sin contar el dinero recaudado a través de los grandes Comités de Acción Política, conocidos como los SuperPac.
 

De acuerdo con el más reciente reporte de la Comisión Electoral Federal (CEF), estos grupos técnicamente desvinculados de los partidos políticos han gastado cerca de 300 millones de dólares en propaganda desde el inicio del concurso eleccionario.
 

Entre los denominados SuperPac (comités de acción política), el foro principal de apoyo al candidato republicano Mitt Romney -bajo el nombre de Restore Our Future- es responsable de un tercio del total de expendios de capitales.

 
En conjunto, las campañas oficiales del presidente Barack Obama y del exgobernador Romney han recolectado 915 millones de dólares hasta la fecha y gastaron 756 millones hasta septiembre, indicó la CEF.

 
Con cierre en el pasado mes, el foro Obama 2012 recaudó 558 millones de dólares y gastó 462 millones, mientras que la campaña de Romney ingresó 357 millones y utilizó 294 millones de dólares.

 
Un grupo de multimillonarios conservadores confirmaron antes que juntarán energía, dinero e influencia política para elegir este año a un republicano como Presidente de Estados Unidos.
 

Nuestro objetivo es sacar a Barack Obama de la Casa Blanca y estamos listos para gastar al menos 100 millones de dólares con ese propósito, subrayó Sheldon Adelson, magnate de los casinos con una fortuna personal de 25 mil millones de dólares.

 
El foro anti-Obama ya obtuvo el respaldo del conocido gurú político Karl Rove

 
-exconsejero de George W. Bush- y del líder de la mayoría republicana en la Cámara, Eric Cantor, a quien Adelson entregó cinco millones de dólares a través de donaciones.

 
Sin embargo, el veterano senador de Arizona, John McCain, no comulgó con las dádivas del multimillonario y alertó al Partido Republicano que sus contribuciones podrían acarrear problemas al gremio político opositor porque muchos capitales provienen del extranjero.


 21 Octubre 2012
 
(Con información de PL)

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Las carpetas llenas de mujeres de Romney y dos mujeres censuradas
Probablemente hayan notado que la candidata presidencial por el Partido Verde, la Dra. Jill Stein, no participó en el debate presidencial “abierto”, con participación del público, en la Universidad de Hofstra, Long Island, el martes por la noche. Stein estaba encadenada a una silla en una estación de policía cercana, en Nueva York, junto a su compañera de fórmula, la candidata a la vicepresidencia Cheri Honkala. Su delito fue haber intentado ingresar a la Universidad para que Stein pudiera participar en el debate: “Nuestra campaña por el Partido Verde está en las papeletas del 85% de los votantes. Ochenta y cinco por ciento de los ciudadanos merecen saber qué opciones tienen en estas elecciones y cuáles son las soluciones reales que pueden resolver los graves problemas que enfrentamos. La Comisión de Debates Presidenciales es una burla a la democracia”.
 

Mientras, en el debate, Mitt Romney pronunciaba la frase que se volvió famosa acerca de las “carpetas llenas de mujeres” que le acercaron cuando procuraba contratar personal para su gabinete tras haber sido electo gobernador de Massachusetts en 2002, estas dos mujeres estaban siendo fichadas y esposadas. Ambas son madres y activistas de la fórmula presidencial del Partido Verde para las elecciones de 2012.

 
Entrevisté a Stein al día siguiente de haber sido arrestada (casualmente fue liberada poco después de finalizado el debate). Me dijo: “La policía afirmó que simplemente estaban haciendo su trabajo. Yo les respondí 'Esto se trata del trabajo de todos, de si podemos pagar el seguro de salud, si los estudiantes podrán pagar sus préstamos'. Hay asuntos fundamentales que no han sido incluidos en el debate”. Y agregó: “Se estima que noventa millones de ciudadanos no votarán como forma de expresar que no se sienten representados ni por Barack Obama ni por Mitt Romney. Es el doble de las personas que se prevé que los votarán”.

 
Aunque Stein y Honkala no hubieran sido arrestadas en plena vía pública y esposadas a esas sillas durante ocho horas, la exclusión de Stein del debate iba a suceder de todos modos. Los debates están fuertemente controlados por la Comisión de Debates Presidenciales (CPD, por sus siglas en inglés) que, entre otras cosas, excluye a los candidatos que representan a fuerzas políticas distintas del Partido Demócrata o el Republicano. George Farah es fundador y director ejecutivo de Open Debates y autor del libro “No hay debate: cómo el partido demócrata y el republicano controlan en secreto los debates presidenciales” (No Debate: How Republican and Democratic Parties Secretly Control the Presidential Debates). El día del debate en Hofstra, Farah me contó cómo la bipartidista CPD obtuvo el control de los debates que antiguamente estaban a cargo de la Liga de Mujeres Votantes, que no tiene ninguna filiación partidaria: “Los partidos demócrata y republicano crearon una empresa privada denominada Comisión de Debates Presidenciales, que asumió el control de los debates presidenciales debido a que la Liga era independiente y porque esta organización de mujeres tenía el valor de hacerle frente a los candidatos de los principales partidos”.
 

En 1980, la Liga de Mujeres Votantes permitió al candidato independiente John B. Anderson participar en un debate presidencial. En la década siguiente, los dos principales partidos, el republicano y el demócrata, se enfrentaron a la Liga. En 1988, los partidos intentaron obligar a la Liga a firmar un contrato que detallaba cómo se organizarían los debates. Farah explicó: “El contrato establecía quiénes podían formar parte del público y cómo estarían estructurados los debates, pero la Liga halló que esa falta de transparencia y ese tipo de control del debate por parte de los candidatos era realmente escandaloso y contrario a la ética de nuestro proceso democrático. Entonces hicieron público el contrato, declararon que rechazaban ser un instrumento del engaño al pueblo estadounidense y se negaron a aplicarlo”.

 
George Farah sostuvo que ese contrato inicial era bastante “inofensivo” si se lo compara con el actual contrato vinculante, que fue filtrado esta semana por la revista Time y que rigió el supuesto debate “abierto” del martes, moderado por la presentadora de CNN Candy Crowley. El “memorando de entendimiento”, de 21 páginas, incluye una referencia a los requisitos que tienen que cumplir los candidatos para participar en el debate. La Comisión de Debates exige que el candidato tenga el apoyo de “al menos un 15% del electorado nacional, sobre la base de datos proporcionados por cinco consultoras de opinión pública de alcance nacional, previamente determinadas”. Se trata de un círculo vicioso, ya que para poder debatir es preciso tener amplio apoyo y para poder ganar el apoyo público, los candidatos que no tienen grandes fondos para financiar su campaña necesitan el acceso que brindan los debates televisivos. De modo que los demócratas y los republicanos controlan los debates y limitan el acceso de la población a opiniones alternativas.

 
Si a la candidata del Partido Verde, Jill Stein, se le hubiera permitido debatir, ¿qué es lo que hubiera dicho? Para averiguarlo, el informativo Democray Now! invitó a los principales candidatos de terceros partidos a participar en forma virtual en el debate, a la mañana siguiente. Además de Stein, participaron del debate Rocky Anderson, del Partido de la Justicia, y Virigil Goode, candidato a la presidencia por el Partido de la Constitución (el candidato a la presidencia por el Partido Libertario, Gary Johnson, rechazó la invitación).
 

En lugar del debate entre Obama y Romney, donde los candidatos compitieron por ver cuál de los dos estaba más comprometido con la extracción de combustibles fósiles, el público hubiera escuchado a Jill Stein decir en el debate: “Proponemos un programa que ya tiene antecedentes de generar empleo, es decir, un New Deal ecológico para Estados Unidos. Queremos crear empleos en forma directa, no simplemente darle exoneraciones impositivas a las empresas para que terminen tercerizando los empleos a China o a India. El New Deal ecológico creará 25 millones de empleos. Pondremos fin al desempleo y pondremos en marcha la economía verde. Y eso significa detener el cambio climático y hacer que las guerras por el petróleo se vuelvan obsoletas”. El cambio climático es un tema que se está pasando completamente por alto en los debates.
 

Este es tan solo un ejemplo. Imagínense si tuviéramos un sistema electoral que funcionara, con debates auténticos, enérgicos y representativos. Jill Stein y Cheri Honkala están en las papeletas de votación de 38 estados y en el resto de los estados es posible añadir su nombre a las papeletas. Rocky Anderson, con su nuevo Partido de la Justicia, está en las papeletas de votación de 15 estados. Ahora que las candidatas han sido liberadas, es hora de liberar los debates.
 
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Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.
 
 
Texto en inglés traducido por Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.


Publicado el 19 de octubre de 2012

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Jueves, 18 Octubre 2012 06:56

O votan a Romney o...

Mitt Romney no sólo es candidato a presidente del Partido Republicano: lo es –y mucho más– de Wall Street, el preferido de las grandes empresas y de los billonarios del 1 por ciento. La Koch Industries, una multinacional de Kansas con las subsidiarias del caso, la segunda después de Cargill según Forbes y con un ingreso anual de 98.000 millones de dólares, quiere mucho a Mitt. Le ha proporcionado una robusta financiación para la campaña electoral que hasta el mes de julio se estimaba en 400 millones de dólares (www.policynic.com, julio 2012).


El The New York Post registra que los hermanos Charles y David Koch, dueños de la empresa, suelen organizar comidas a 50.000 dólares el cubierto para ayudar a Romney. Hay razones: el plan energético del candidato republicano favorece a las megaindustrias del petróleo, el gas natural y el carbón como la Koch, promete acabar con la dependencia de EE.UU. en la materia hacia el 2020 y no contiene mención alguna de las debidas regulaciones atinentes al cambio climático (www.huffingtonpost, 24-8-12). Los Koch, muy de acuerdo: desde hace años vienen invirtiendo millones para convencer a la opinión pública estadounidense de que el calentamiento global nada tiene que ver con el uso de materias fósiles.


Romney insiste en que su política fiscal favorecerá a la clase media, propone “no recortar los impuestos a los más ricos” –como si falta hiciera después de W. Bush– y sugiere derogar por completo el impuesto a los bienes inmuebles, lo cual ahorraría a Charles y a David el pago de 8700 millones de dólares cada uno hasta el fin de sus vidas (//prcs.org, 6-1-12). Es indicativo que las donaciones de 1500 dólares o menos predominen en las recaudaciones de campaña de Obama y lo contrario ocurra en la de su rival.


Charles y David no se quedan en el mero lugar de donantes. Han enviado a cada uno de sus 50.000 empleados un paquete de documentos que profetizan un negro futuro para ellos si votan por Obama: “No nos quedará otra posibilidad que reducir la compañía”, anuncia una carta de Dave Robertson, CEO de Koch Industries.


Mitt Romney en persona alentó esta práctica en una conferencia dictada ante la Federación Nacional de Empresas Independientes: “Espero –dijo– que ustedes dejen muy en claro a sus empleados lo que consideran que es mejor para sus compañías y, en consecuencia, para el empleo de ellos y su futuro en las próximas elecciones” (www.classwarfareexists.com, 10-6-12). No deja de ser una clara amenaza en tiempos de una crisis económica que deja en las calles de EE.UU. a más de ocho millones de trabajadores.


Los Koch no están solos. Arthur Allen, director ejecutivo de la empresa electrónica ASG Software Solutions, envió un e-mail a sus empleados que indicaba en el subject: “¿Tendrá la elección presidencial en nuestro país un impacto directo en su empleo futuro en ASG? Por favor, lea más abajo” (www.theblaze.com, 14-10-12). El lector del correo verá con qué oscura tinta están escritas las predicciones de Mr. Allen. Richard Lacks, presidente y CEO de la compañía que lleva su nombre, dedicada a la afinación de nuevas tecnologías, advirtió a sus empleados que les rebajaría los sueldos si gana Obama (www.mlive.com, 2-10-12). No pasa un día sin que trascienda la misma información de otras multinacionales.


Esta clase de intimidación no es nueva en EE.UU. Thomas Ferguson, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Massachusetts, señaló que “en el siglo XIX la votación era con frecuencia pública, los dueños de una fábrica solían marchar a las urnas con sus trabajadores para votar en bloque... los empleadores utilizaban todo tipo de tácticas para intimidar a sus empleados. En 1896, por ejemplo, los dueños de las fábricas ponían carteles avisando que cerrarían sus negocios si el republicano William McKinley perdía ante William Jennings Bryan”, el candidato demócrata (www.alternet.org, 16-10-12). Hace más de un siglo, en fin, ¿pero no estábamos acaso en el XXI?


El acoso o intimidación a los trabajadores “es una forma de discriminación laboral que viola el capítulo VII de la Ley de Derechos Civiles de 1964, la ley de discriminación laboral por razones de edad de 1967 (ADEA) y la ley de estadounidenses discapacitados de 1990 (ADA)”, ha señalado la gubernamental Comisión Estadounidense de Igualdad de Oportunidades de Empleo (www.eeoc.gov), pero, curiosamente, no se considera delito la incitación de un empresario a su personal para que vote por tal o cual candidato, so pena de padecer alguna represalia, el despido o la reducción del salario.


Oscar Wilde dijo algunas vez, con su habitual ironía, que el trabajo es el refugio de quienes no tienen nada mejor que hacer. Sólo que, salvo escribir, Wilde nunca trabajó.

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Lunes, 15 Octubre 2012 07:02

Supresión

Supresión
A unas tres semanas del festejo democrático en el país autoproclamado campeón de la democracia en el mundo, los políticos hacen de todo para suprimir la participación popular, en algunos casos de manera explícita, en otros como consecuencia del cinismo y cosecha de la desilusión que han sembrado.


Todos los días se realizan espectáculos, como debates y actos de campaña, todo producido por estrategas y expertos en manipular la opinión pública. Todo decorado con los adornos del festejo democrático, los símbolos nacionales, las apelaciones a Dios, el elogio del sueño americano, solicitudes de “tu voto”, campañas para empadronar a más ciudadanos, y millones de dólares en publicidad electoral, pero esto se realiza en un contexto donde eso de “una persona, un voto” no se respeta.


Vale recordar que aunque en otros países democráticos el pueblo vota de manera directa para elegir a su presidente, el sistema estadunidense permite la posibilidad de que un candidato presidencial pueda ganar el voto popular y perder la elección, como fue el caso en 2000, cuando Al Gore obtuvo más votos a escala nacional pero perdió la elección contra George W. Bush. Un votante aquí, aunque marca su boleta por un candidato presidencial, en verdad está eligiendo un delegado estatal comprometido con ese candidato que será integrante de algo llamado el Colegio Electoral. Para ganar la presidencia un candidato requiere obtener por lo menos 270 votos electorales. La elección presidencial no se realiza en una elección nacional, sino, en efecto, en 50 elecciones estatales.


Y claro, justo porque cada estado determina sus propias reglas y mecanismos para registrar el voto, también hay graves vulnerabilidades al fraude, algo que ocurrió de manera dramática en las elecciones presidenciales de 2000, en Florida, y en Ohio en 2004, cuando no se logró garantizar un conteo preciso del voto popular y donde quedó claro que cada voto no contaba. Nadie sabe hasta la fecha quién gano ahí.


Pero además de los problemas estructurales que ponen en duda la validez del voto popular, también hay maniobras explícitas para suprimir la participación electoral. Los republicanos han impulsado leyes estatales que buscan obstaculizar y/o impedir el voto de algunos sectores que suelen votar por los demócratas, sobre todo afroestadunidenses y latinos. El presidente del Partido Republicano, Reince Priebus, argumentó que “los demócratas saben que se benefician del fraude electoral”.


Las medidas impulsadas en estados como Texas, Indiana, Florida, Pensylvania, Ohio y Wisconsin, entre otros, parecen ser muy justificables: introducir más requisitos de identificación para empadronarse y para purificar el padrón, y así evitar el grave peligro del fraude de identidad en las urnas. El problema es que no existe tal problema: hay casi nula evidencia de este tipo de fraude. Pero los requisitos nuevos sí logran suprimir el voto de comunidades pobres y de color. En algunos casos, estas medidas no son nada menos que intentar revertir los grandes logros del movimiento de derechos civiles de los años 60, donde una vertiente clave de la lucha fue justo el derecho de “una persona, un voto” para todos. El periodista y autor Greg Palast cita a un abogado especializado del derecho del voto, John Boyd, quien alarmado porque decenas de miles en varios estados podrían perder su voto por las nuevas medidas, afirmó: “no tengo ninguna duda de que esto podría decidir el resultado de la elección. La gente no entiende la enormidad de esto”.
Aunque varias de estas iniciativas han sido suspendidas por órdenes de tribunales federales mientras evalúan si violan estos derechos fundamentales, sus efectos de intimidación y confusión ya han tenido efecto.


Mas allá de las maniobras explícitas, hay otros factores que suprimen la participación electoral. Todos los días aquí los candidatos presidenciales afirman que esta es una “elección histórica” donde se determinará el futuro del país entre dos “visiones muy distintas”. Pero para muchos, los efectos de la gran recesión que empezó con un presidente republicano sólo ha continuado bajo uno demócrata, mientras los responsables de la crisis, los grandes ejecutivos de Wall Street y sus servidores públicos gozan de cada vez más ganancias sin pagar los costos de su desastre. De hecho, son los que están gozando –el famoso uno por ciento– los que están financiando las campañas de ambos candidatos presidenciales. Para muchos es difícil, en esencia, ver las diferencias entre ambos candidatos.


Stephen Colbert, el cómico satírico con amplia influencia nacional por medio de su programa Colbert Report, comentó a David Gregory, conductor de Meet the Press, de NBC News, que en esta elección: “sé que hay una diferencia (entre los candidatos presidenciales). Pero no sé cuál es”. Al referirse al republicano Mitt Romney, dijo que “parece ser absolutamente sincero como moderado. Y también parece bastante sincero como conservador severo… Si gana Obama, espero que cumpla con algunas de las promesas que no cumplió la primera vez… Pero sí que tiene que existir una diferencia entre estos dos hombres, porque si no todos somos parte de una enorme broma cruel”.


Como escribió Noam Chomsky, “las elecciones son administradas por la industria de relaciones públicas. Su tarea primaria es la publicidad comercial, la cual es diseñada para manipular mercados creando consumidores desinformados que tomarán decisiones irracionales… Sólo es natural que cuando son contratados para administrar elecciones, esta industria adoptará los mismos procedimientos en los intereses de los que están pagando, y éstos, ciertamente no desean ver a ciudadanos informados tomando decisiones racionales”.


Con tanta supresión explícita e implícita del voto, todo esto podría convertir al partido abstencionista en el triunfador de esta elección, lo cual, por supuesto, será celebrado aquí como otro gran ejemplo de democracia para el mundo.

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Domingo, 14 Octubre 2012 06:48

El voto latino en EE.UU.

El voto latino en EE.UU.
La pelea Obama-Romney por el sufragio latino o hispano no es baladí: son 23,7 millones los votantes de origen latinoamericano registrados en el padrón electoral, del que constituyen el 11 por ciento. En las elecciones de 2008 ocupaban el 9,5 por ciento y desde esa fecha se han sumado más de 4 millones a los 9,5 de entonces. Así lo revela un reciente estudio del Pew Research Center (www.hispanic,org, 1-10-12). No obstante, la proporción de latinos que votaron ese año (50 por ciento) fue inferior a la de la población afroamericana (65 por ciento) y a la de los blancos (66 por ciento).


Tal vez la participación disminuya aún más este año, como sucedió con las elecciones intermedias de 2010: la burbuja hipotecaria que desató la crisis económica actual se ensañó sobre todo con la comunidad latina, muchos perdieron el techo, tuvieron que mudarse y quizás el registro electoral de no pocos quedó en suspenso por el cambio de domicilio. El partido demócrata está bien advertido del hecho y sus miles de voluntarios de habla hispana participan en las actividades de la comunidad y visitan casa por casa para convencer a sus habitantes de que voten y/o renueven su registro (//hamptonro ads.com, 7-10-12).


El 58 por ciento de los votantes latinos es de origen mexicano, el 14 por ciento ha llegado de Puerto Rico, un 6 por ciento de Cuba y el resto de Sur y Centroamérica. Se advierte entre ellos cierta decepción porque Obama no cumplió con su promesa de 2008 de modificar las duras normas imperantes contra los inmigrantes ilegales y durante sus dos primeros años de gobierno deportó a más de un millón de ellos, tantos como W. Bush durante su segunda administración.


El panorama, sin embargo, no parece tan oscuro para el actual mandatario. Según una encuesta de NBC News/Wall Street Journal/Telemundo le llevaba a Romney una ventaja de 50 puntos en preferencias del elector latino: 70 contra 20 por ciento (www.nbcnews.com, 3-10-12). Un sondeo posterior de la empresa encuestadora Latino Decisions confirmó esa distancia: 73 a 23 (www.latinodeci sions.com/blog/, 2-10-12). En esto tuvo su peso la orden ejecutiva que emitió Obama y congeló por dos años la deportación de los inmigrantes ilegales más jóvenes si estudiaban o se alistaban en las fuerzas armadas.


Cabe además reconocer que Romney lo ayuda bastante. Se hizo público el video de una reunión privada del candidato republicano con posibles donantes para su campaña en la que dijo, entre otras cosas, que no era “trabajo” suyo el de ganarse al 47 por ciento de votantes que apoya a Obama porque “nunca podré convencerlos de que debieran asumir su responsabilidad personal y hacerse cargo de sus vidas” (www.washingtonpost.com, 18-9-12). James Carter IV, nieto del ex presidente, fue quien hizo llegar el video a algunos medios, un acto de “justicia poética”, explicó.


La frasecita de Romney cayó mal entre los millones de desocupados que perciben un seguro de paro, minorías y marginados. Según medios y encuestas, ganó de manera abrumadora su primer debate con un Obama que parecía cansado de gobernar, con lo que renació la esperanza republicana en el triunfo, pero las opiniones que recorrieron las redes sociales fueron otras. Un escrutinio de esas fuentes que llevó a cabo el Pew Research Center en el marco de su proyecto “Por la excelencia periodística” cristalizó otra mirada.


Los investigadores del Centro analizaron los 5,9 millones de comentarios emitidos por Twitter desde el comienzo del debate hasta la mañana del día siguiente y encontraron que los pareceres se inclinaron más por Obama (35 por ciento) que por Romney (22 por ciento), sólo que entre los primeros hubo más críticas al republicano que elogios al demócrata y lo mismo ocurrió con los últimos. En los 262.008 muros de Facebook analizados durante el mismo período, la diferencia fue menor: 40 por ciento a favor del presidente contra 36 del candidato opositor. En los blogs revisados, Romney superó a Obama en una proporción de 4 a 1 (www.journalism.org, 5-10-12).


Los republicanos incorporaron a su campaña anuncios en castellano y dieron entrevistas a medios latinos, pero muchos piensan que es poco, llega demasiado tarde y es insuficiente para borrar los comentarios agresivos que Romney hizo durante las primarias sobre el tema. Obama culpa a los republicanos de impedirle cumplir su promesa de flexibilizar las normas vigentes sobre la inmigración ilegal.


Cabe preguntarse, gane quien gane, cómo manejará un tema que afecta a 12 millones de personas que entraron sin visa a los EE.UU. y de las cuales depende la marcha de muchos sectores de la economía estadounidense. Racismo, humillación y desprecio aparte, ¿se reconocerán sus derechos de una buena vez?

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Domingo, 14 Octubre 2012 06:42

Lula ratificó su liderazgo político

Lula ratificó su liderazgo político

Como su voz todavía no borró las marcas de la quimioterapia, los discursos de Luiz Inácio Lula da Silva perdieron aquel timbre característico, robusto, metalúrgico. En algunos barrios pesados de San Pablo –donde se percibe la presencia del narco y los escuadrones de la muerte amparados por la policía–, los militantes del PT hacían un silencio de misa para escuchar la oratoria a veces interrumpida por la tos de Lula en los actos por la candidatura a intendente de Fernando Haddad. En tres meses de campaña el ignoto Haddad saltó del 3 por ciento de aprobación al inesperado 29 por ciento obtenido en los comicios de la semana pasada, cuando se ubicó segundo detrás del socialdemócrata José Serra, que obtuvo el 31 por ciento, con quien disputará dentro de dos semanas el segundo turno por el gobierno de la metrópoli más rica y poblada del subcontinente.


El vendaval de noticias procedentes de Venezuela por la victoria del presidente Hugo Chávez el mismo día en que eran elegidos los intendentes de 5568 ciudades brasileñas eclipsó justificadamente la magnitud de la votación obtenida por Haddad en San Pablo, reducto donde se abroquela la derecha más refractaria al PT, al lulismo y a los vientos de transformación predominantes en América del Sur.


De los comicios surge que el PT fue la fuerza que obtuvo más votos en las ciudades de todo el país y que luego de remontar una desventaja de más de 30 puntos al inicio de la campaña, el partido de Lula y la presidenta Dilma Rousseff logró la proeza de obtener un boleto en el ballottage paulista con un postulante, Haddad, que nunca había competido por cargos mayoritarios.


Una segunda lectura indica que fue Lula el vencedor político de estas elecciones, más allá de cuál sea el resultado del segundo turno en San Pablo, donde los sondeos muestran como favorito a su pupilo Haddad, con el 48 por ciento de las intenciones de voto frente al 37 por ciento de Serra. Este Lula algo avejentado y sin haber recuperado la barba después de superar un cáncer a la laringe, que el miércoles probablemente arribará a Buenos Aires para reunirse con la presidenta Cristina Fernández, confirmó su condición de líder excluyente de la escena política brasileña.


Hay que rendirse a los hechos: luego de haber catapultado a la presidencia a su ex ministra Dilma, quien hasta 2008 era nadie para el electorado, desde comienzos de 2012 Lula, incluso desde su lecho en el Hospital Sirio Libanés, se dio a la tarea de construir la candidatura de Ha-ddad, un nombre que parecía inviable y contra el cual llovieron objeciones incluso desde dentro del PT.


Haddad es cuestionado, y con razón, por la falta de desenvoltura en los debates televisados y su estilo monocorde al hablar en la tribuna, pero nadie pone en duda su condición de cuadro político sólidamente formado –autor de libros y ensayos– y el haber adquirido experiencia en la administración pública luego de comandar el Ministerio de Educación durante las administraciones de Lula y Dilma, y haber implementado el exitoso Prouni, un millonario programa de becas para jóvenes universitarios pobres.


Al escoger a Haddad, un profesor universitario de 50 años, Lula demostró que piensa al PT con visión de largo plazo, forjando referentes que podrán tomar la posta de la actual generación de sesentones como son la propia Dilma Rousseff y los ministros de su círculo áulico, Fernando Pimentel (Industria), Guido Mantega (Hacienda), Gilberto Carvalho (secretario general) y Marco Aurelio García, asesor especial para asuntos internacionales.


Lula es, además, el único ex presidente electo después de la dictadura que goza de una aprobación tal (superior al 70 por ciento) que le permitiría ser electo para un tercer gobierno, según una encuesta reciente donde aparece arriba, incluso, de su compañera Dilma. En cambio, los ex mandatarios José Sarney (1985-1990) y Fernando Henrique Cardoso (1995-2002) son tan impopulares que sus propios correligionarios prácticamente los esconden en las campañas.


Fernando Collor de Mello, que gobernó entre 1990 y 1992, cuando renunció a la presidencia por corrupto, tampoco tiene ascendencia sobre el público y si alguien lo recuerda es por haber sido el Frankenstein que fabricó la cadena Globo en 1989, precisamente para impedir que Lula llegue al Palacio del Planalto (sede presidencial).


Desde entonces, 1989, la familia Marino, propietaria de Globo, padece una obsesión patológica por acabar con Lula y es de suponer que confiaba asestarle un golpe en la contienda por la municipalidad de San Pablo.


Con el fin de horadar la imagen de Lula y su conmilitón Haddad, el multimedio se montó en el proceso que el Supremo Tribunal Federal está sustanciando contra connotados dirigentes petistas acusados, aunque sin suficientes pruebas, de haber sobornado a congresistas con el fin de obtener respaldo para proyectos impulsados por la presidencia entre 2003 y 2005.


Lula es un obstinado conciliador que raramente pierde la paciencia, y hay pruebas de que más de una vez buscó acercar posiciones con la dinastía Marino.


Pero es evidente que ya está hasta la coronilla con el discurso sobreactuadamente ético de Globo y su alianza con el candidato opositor José Serra, un socialdemócrata nominal que hace tiempo milita, de facto, en la derecha, lo que se prueba en sus ataques al aborto y el Mercosur y sus guiños hacia el papa Benedicto XVI, el presidente chileno Sebastián Piñera y la oposición venezolana.


Sabiendo que en el ballottage de San Pablo se juega mucho más que una gestión municipal, Lula avisó a través de interlocutores que si la coalición Globo-Serra quiere “guerra” la tendrá y el PT informó que puede llevar al debate electoral los probables (por decir lo menos) sobornos con que se compró la reforma constitucional gracias a la cual en 1998 fue reelecto Fernando Henrique Cardoso. Una noticia que Globo siempre escamoteó.

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La península de Corea: el futuro de un nexo geopolítico
Corea ha retornado al escenario mundial como un crucial nexo geopolítico en la década venidera. Esto afectará de formas importantes el futuro de China, Japón, Estados Unidos y tal vez Rusia. No obstante, lo paradójico es que su futuro depende primordialmente de sí misma.


Corea es uno de esos raros especímenes; un país con una muy larga historia como entidad política y cultural, con grados variables de unidad como un solo reino. En los tiempos modernos, fue un Estado independiente hasta que Japón la tornó protectorado en 1905 y luego la anexó en 1910. La derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial terminó su dominación de Corea. En los últimos días de la guerra, las tropas estadunidenses y soviéticas entraron en Corea y se reunieron en el Paralelo 38. Comenzaron a existir dos estados: la República Popular Democrática de Corea (RPDC o Corea del Norte) y la República de Corea (Corea del Sur).


En 1950, las dos Coreas se enfrentaron en una guerra. Cómo empezó la guerra sigue siendo hasta hoy motivo de fiera controversia. Estados Unidos, aprovechando la ausencia de la Unión Soviética en el Consejo de Seguridad, pudo movilizar a Naciones Unidas para que ayudara militarmente a Corea del Sur. Llegaron tropas de 16 países cobijados bajo el paraguas de Naciones Unidas, aunque 80 por ciento del total lo constituyeron tropas estadunidenses. Poco después, las tropas chinas entraron en Corea del Norte en respaldo de ésta contra las tropas de Estados Unidos/Naciones Unidas. Así, la Guerra de Corea se convirtió, además, y eso es lo más importante, en una guerra chino-estadunidense.


Para 1953, la guerra estaba en un estado de estancamiento y los bandos opuestos firmaron un armisticio en un punto casi igual al Paralelo 38. En resumen, la guerra terminó en empate. Técnicamente, la guerra nunca ha terminado. No hay tratado de paz, pero tampoco hay guerra, aunque se mantiene una gran hostilidad y hay escaramuzas de tiempo en tiempo.


En 1957, Estados Unidos renunció a una cláusula del acuerdo de armisticio e introdujo armas nucleares en Corea de Sur, pasando por encima de las protestas de Corea del Norte.


En 2003, en la ola del colapso de la Unión Soviética, Corea del Norte se retiró del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares y emprendió pláticas bilaterales con Estados Unidos buscando un tratado de no agresión. Estados Unidos se negó al diálogo bilateral, pero propuso pláticas de seis parte que incluirían a Corea del Sur, Japón, China y Rusia. En 2006, Corea del Norte anunció una prueba nuclear, y en 2009 reportó que había producido un arma nuclear. En los días que corren algunos intelectuales sudcoreanos designan la situación con un término inventado: “peacelessness”. Dicen que la Península de Corea está en una situación “sin-paz”.


El objetivo estadunidense de lograr que Corea del Norte repudie las armas nucleares no se ha conseguido. Por otra parte, la RPDC ha sufrido por mucho tiempo una aguda escasez de alimentos, que en parte es posible explicar por la insistencia del régimen en darle primacía a sus gastos militares.


El nacionalismo coreano es fuerte en extremo, y tanto el Norte como el Sur alegan buscar la reunificación. Pero, ¿en qué términos? El nivel de sospechas mutuas es alto. Y la actitud de Corea del Sur hacia esta perspectiva divide profundamente a los sudcoreanos.


En 1961, Park Chung-hee encabezó un golpe de Estado y gobernó como dictador hasta 1979, año en que fue asesinado. Park creía que la reunificación era posible y deseable, sólo si implicaba el derrocamiento del régimen de Corea del Norte. En 1980, los estudiantes encabezaron un levantamiento crítico a Estados Unidos y que llamaba a la democratización del régimen. Fue brutalmente suprimido.

Después, las fuerzas conservadoras dominaron la política sudcoreana hasta que un partido de centro-izquierda, encabezado por el disidente de mucho tiempo Kim Dae-jung, ganó las elecciones en 1997. Inauguró la llamada Sunshine Policy [políticas soleadas]. El nombre se refiere a una fábula de Esopo, que ilustra que es más fácil que alguien se quite el saco si brilla el sol que si el viento sopla. Las políticas se centraban en buscar formas concretas de cooperación con Corea del Norte y repudiar todo intento de absorberla. Ganó el Premio Nobel de la Paz en 2000 por esta política, que fue continuada por su sucesor, Roh Moo-hyun, presidente en el periodo 2003-2008.


En 2008, los conservadores ganaron de nuevo la presidencia, en parte debido a que la apertura hacia la RPDC no resultó ser demasiado exitosa y en parte por los escándalos que afectaron al gobierno de Roh. De manera vociferante, el nuevo presidente, Lee Myung-bak, repudió las políticas soleadas y afirmó una política hostil más fuerte que aquella de Estados Unidos.


Parece claro que hoy ni China ni Estados Unidos o Japón o aun Rusia favorecen realmente la reunificación coreana. Todos ellos prefieren el status quo. Sin embargo, en este preciso momento, las fuerzas que favorecen la reunificación en la próxima década parecen repentinamente más fuertes.


Hay dos factores en esta nueva situación. Una son las elecciones que se avecinan en Corea del Sur. Los conservadores han puesto al frente a la hija de Park Chung-hee, Park Geun-hye, que insiste en la justificación total del régimen de su padre.


En la actualidad, las fuerzas de centro-izquierda están divididas entre dos candidatos. Moon Jae-in es el del partido de centro-izquierda y está en favor de renovar la apertura hacia la RPDC. Hay también un candidato independiente, Ahn Cheol-soo, que se presenta a sí mismo como antipolítico, y apela a quienes están descontentos con ambos partidos. Sin embargo, su programa real es virtualmente idéntico al de Moon Jae-in.


Las encuestas muestran que si los dos candidatos de centro-izquierda se mantienen en la carrera, ganará con toda seguridad el aspirante conservador. Las encuestas muestran también que si uno de los dos se retira en favor del otro, probablemente ganarán las fuerzas de centro-izquierda. La probabilidad de que alguno se retire es alta. La cuestión es quién lo hará en favor de quién.


Si las fuerzas de centro-izquierda ganan, ¿cuál será la respuesta en Corea del Norte? Nadie lo sabe. Pero todos han notado que los movimientos iniciales del nuevo líder, Kim Jom-un, parecen ser bastante diferentes de la política de su padre, Kim Jong-il. Él parece más preocupado por proporcionar un ingreso más real para el norcoreano ordinario y estar más abierto a los cambios. Podría dar la bienvenida a un poco de sol que proviniera del Sur.


Si entonces gana la centro-izquierda en el Sur, y el nuevo líder del Norte está de hecho más abierto a los rayos de sol, el mundo podría ver en la próxima década una suerte de confederación del Norte y el Sur, ignorando los reales temores de China y Estados Unidos.


Una Corea reunificada tendrá un impacto importante en la geopolítica del noreste asiático, y de hecho en la geopolítica mundial. Posiblemente mediará entre Japón y China y posibilitará la existencia de una estructura de tres estados. Puede tener por resultado que Corea del Sur, Japón y Taiwán, los tres, se vuelvan potencias nucleares.


Más aún, una Corea unificada se vinculará con el reposicionamiento de Egipto y con la posición geopolítica de Brasil –que es más fuerte que nunca– para establecer la redistribución del poder geopolítico a escala mundial. Y déjenme repetirlo, esto yace en manos de los coreanos mismos.


Traducción: Ramón Vera Herrera

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