Lunes, 04 Marzo 2019 06:09

Entre dos palabras

Entre dos palabras

Como periodistas dedicados a reportar sobre Estados Unidos, hay dos palabras que hasta hace poco nunca imaginamos necesitar para relatar la coyuntura en este país: fascismo y socialismo.

Aunque lo hemos comentado anteriormente, vale repetirlo ahora al arrancar el largo camino a las elecciones de 2020, ya que esas dos palabras –y sigue siendo asombroso decirlo– definirán de alguna manera lo que viene.

Por un lado, con el bufón peligroso en la Casa Blanca se expresa un tipo de "neofascismo": la toma del poder por una figura populista de derecha promovida por un sector retrógrada de la cúpula económica del país, quien emplea el racismo y la xenofobia para nutrir el temor y el odio, y que invita a sectores, sobre todo blancos asustados por los cambios en su país, a un glorioso pasado que nunca existió. A la vez, busca minar la credibilidad de las instituciones, medios no leales y cualquier opositor acusándolos de ser "enemigos del pueblo" o parte del complot de un "Estado profundo".

Tal vez lo más escalofriante de la comparecencia de Michael Cohen, el ex abogado personal de Trump, quien denunció durante horas el comportamiento criminal de su ex jefe ante el Congreso la semana pasada, fue el final, donde afirmó: "dada mi experiencia trabajando para el señor Trump, temo que si pierde la elección en 2020, nunca habrá una transición pacífica del poder, y es por esto que acepté presentarme hoy ante ustedes".

John Dean, quien fue abogado de Richard Nixon y testificó en su contra ante el Congreso, advierte en un artículo en el New York Times, que Trump es el primer presidente "autoritario", después de su ex jefe, y subrayó lo dicho por Cohen.

O sea, están alertando acerca de que el actual presidente podría rehusar, por primera vez desde la Guerra Civil, la transición pacífica del poder político, pilar fundamental de la democracia estadunidense.

La otra palabra, socialismo, ha renacido –después de ser una palabra casi prohibida o como identificación de un enemigo histórico– como antídoto a estas tendencias neofascistas. De repente, ser "socialista" está de moda, sobre todo entre los jóvenes. Dos de las figuras políticas más influyentes y con mayor presencia popular en este país se identifican como "socialistas democráticos": el senador Bernie Sanders, quien acaba de estrenar su segunda campaña, a los 77 años edad, y la legisladora novata Alexandria Ocasio-Cortez, a sus 29 años, la mujer más joven en llegar al Congreso.

Es importante subrayar que el "socialismo" en este contexto se refiere más al tipo practicado por socialdemócratas en países europeos. No proponen el fin del capitalismo, sino una serie de reformas fundamentales para fortalecer el sistema de bienestar social para las mayorías, denunciar la concentración de riqueza y poder político del "uno por ciento" y establecer mayor "justicia política, económica, racial y ambiental".

Ahora, al arrancar la contienda presidencial de 2020, todo indica que gran parte de la batalla girará en torno a estas dos palabras.

Los republicanos ya decidieron que su estrategia es pintar de rojo a los demócratas. Trump declaró la semana pasada ante una organización conservadora que “el socialismo se trata sólo de una cosa: se llama poder para la clase gobernante. Todos estamos aquí hoy porque sabemos que el futuro no les pertenece a aquellos que creen en el socialismo… creemos en el sueño americano, no en la pesadilla socialista”.

El vicepresidente, Mike Pence, usó el mismo guion: “la decisión que enfrentamos hoy… es entre la libertad y el socialismo… el momento en que America se vuelva un país socialista es el día en que America deja de ser America”.

Sanders y sus aliados nunca dicen que su lucha es por el "socialismo", afirman que es para derrotar "al presidente más peligroso de la era moderna" y rescatar los principios y avances democráticos de este país el fruto de sus grandes luchas laborales, de derechos civiles y antiguerra, y ahora, por el futuro ambiental del planeta.

Tal vez es el momento, entre estas dos palabras, de traducir Bella Ciao al inglés.

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Historia de lápices. Cuba, el plebiscito y una reacción norteamericana

Por cuenta de su “lucha contra el régimen”, no resultaría sorprendente que Guillermo “Coco” Fariñas sea el hombre con mayor número de huelgas de hambre emprendidas en todo el mundo. Cualquier recapitulación suya supera con creces el centenar de esas protestas pacíficas, que durante años le han dado notoriedad en círculos de poder de Europa y Estados Unidos. No así en Cuba, donde su nombre es desconocido para la mayoría de la población.


Incluso en Santa Clara, la ciudad donde reside, son pocos los que consiguen identificarlo como el hombre que en 2012 mereció el premio Sajarov a la libertad de pensamiento, otorgado por el Parlamento Europeo. A lo sumo tal vez alguien recuerde su aparición, años atrás, en un programa televisivo nombrado Las razones de Cuba, en el que el gobierno publicaba los resultados de investigaciones de la seguridad del Estado. Una de aquellas emisiones tuvo como protagonista al Coco, puesto en evidencia mientras desarrollaba una de sus periódicas huelgas de hambre. Una cámara infiltrada en su vivienda por el G-2 (la policía política) revelaría el secreto de su impresionante resistencia física: los ayunos de las mañanas y las tardes eran seguidos, en las noches, por bien calculadas ingestas de jugos naturales y suplementos nutricionales.


El golpe fue de tal magnitud que Fariñas se vio obligado a cambiar de aires y por un tiempo se dedicó a recorrer salones en Washington y Bruselas, acumulando fotos con líderes políticos y empresariales y gestionando recursos para su nuevo proyecto, el Foro Antitotalitario Unido.


Más nutrido de reportajes en Internet que de miembros efectivos, ese movimiento decidió hace pocos días que el referendo constitucional era una excelente oportunidad para hacerse notar, y el lunes difundió una carta abierta llamando a desconocer los resultados de la consulta, por estar “manipulados y amañados por las autoridades de la junta militar neocastrista que desgobierna Cuba”. En la misma cuerda, Rosa María Payá, hija de un líder disidente fallecido en 2012 y radicada en Miami, criticó la legitimidad del proceso remarcando cómo en pocas horas el padrón de electores había crecido de “8,6 a 9,2 millones de cubanos”. Como piedra de toque para sus denuncias, ambas declaraciones señalaban el hecho de que los comicios se habían celebrado empleando lápices para marcar las boletas, circunstancia que a su juicio revelaba la intención de alterar la voluntad expresada por la ciudadanía.


La “historia de los lapicitos” ganó alguna notoriedad a comienzos de semana al calor de sitios digitales opuestos al gobierno y de emigrantes cubanos agrupados en Facebook, quienes inexplicablemente no sabían que en su país natal las votaciones siempre se han realizado empleando lápices escolares. De hecho, el sistema electoral cubano peca de una simplicidad abrumadora, con colegios barriales atendidos por los propios vecinos y unos pocos cientos de empadronados en cada centro. Invariablemente, las consultas utilizan sencillas boletas foliadas, cabinas individuales (lo del voto público no es más que una burda mentira) y el ya famoso lápiz colegial. El cierre y la apertura de las urnas, así como el recuento de los votos, son públicos y tienen lugar en los colegios respectivos.


Ya en la noche del domingo el ejercicio de “verificación ciudadana del escrutinio” impulsado por el sitio alternativo El Toque anticipaba la tendencia irreversible del referendo. En definitiva, más del 84 por ciento de los votantes decidió acudir a las urnas, y de ellos, el 86,9 por ciento lo hizo para ratificar el proyecto de carta magna presentado por el gobierno.


Interpretando a su modo lo acontecido, el movimiento capitaneado por Fariñas aseguró, sin embargo, que la “ministra de (in)Justicia de la República, y también presidenta de la Comisión Nacional Electoral”, se había visto “obligada a reconocer que por lo menos un 26,7 por ciento de las cubanas y cubanos con derecho al voto rechazaron la nueva Constitución socialista por ser estalinista e impuesta sin otra alternativa posible”. Para sostener tan lapidaria afirmación, metieron en el mismo saco el 9 por ciento de sufragios que de forma explícita se habían decantado por el No, los pequeños porcentajes de boletas anuladas o depositadas en blanco, y el 15,6 por ciento de la ciudadanía facultada para votar que no asistió a los colegios.

 

Toda vez que incluso en esas circunstancias las estadísticas se mostraban adversas, fue entonces preciso echar mano al asunto de los lápices. Dentro de Cuba difícilmente será una historia que encuentre eco más allá de las redes sociales, pero fuera de la isla servirá para mantener el término “disidencia” en los buscadores al menos por unas semanas más. Como bien ha aprendido Coco Fariñas, luego de años de “huelgas cívicas por la democracia”, es eso lo que en verdad importa.


En un gesto que algunos comparan con la maniobra de ofrecer “ayuda humanitaria” a los venezolanos, Radio Televisión Martí, cadena de noticias creada en 1985 por el gobierno estadounidense para emitir contenidos contra La Habana, divulgó a comienzos de la semana que la administración de Donald Trump estaría estudiando la posibilidad de volver a emplear cubanos en Guantánamo, o bien de reabrir el enclave para recibir a cubanos interesados en solicitar asilo. A impulso de esa confusa versión, un número indeterminado de personas, en su mayoría jóvenes, se ha traslado a Guantánamo, lo que ha obligado a las autoridades a reforzar las medidas de seguridad en los municipios limítrofes.

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Decenas de miles de argelinos en la calle

Una movilización masiva crece sin pausa desde que arrancó el pasado viernes gracias a las redes sociales y que responde al hartazgo de una sociedad decepcionada con un régimen anacrónico e incapaz de atajar la aguda crisis económica.

 

Decenas de miles de argelinos desbordaron ayer la calles del país para protestar por la decisión de su presidente, Abdelaziz Buteflika, de aspirar a un quinto mandato consecutivo, envueltos en banderas nacionales para señalar su patriotismo y asidos a cánticos ensayados en los estadios.


Una movilización masiva crece sin pausa desde que arrancara el pasado viernes gracias a las redes sociales, y que responde al hartazgo de una sociedad decepcionada con un régimen anacrónico y agotado, incapaz de atajar la aguda crisis económica que Argelia padece desde que en 2014 se desplomara el precio del petróleo. “Estamos aquí por dignidad. Por dignidad y por orgullo. Este es nuestro país y nos lo han robado. No queremos más a Buteflika y a quienes conspiran a su lado”, explicó a Amal, una funcionaria de mediana edad.
Residente en una de las zonas altas y acomodadas de la capital, Amal bajó en familia, con su marido, padres e hijos pequeños, para sumarse a las riadas de jóvenes y no tan jóvenes que concluida la oración preceptiva de los viernes (día sagrado musulmán) convergieron en la plaza de la Grand Post, en el centro de Argel. Otras mareas humanas, igualmente en ambiente festivo bajo el primaveral sol de Argel, desbordaron arterias como Krim Belkacem, que conduce hacia el Palacio del Pueblo, a la presidencia y la sede del gobierno, fuertemente custodiados.


El despliegue era especialmente intenso en el paseo marítimo a la altura del bulevar Zaghoud Youcef, en el que se encuentran el Parlamento y la sede de la gobernación de Argel, entre otros edificios oficiales. En el momento en el que cualquiera de las corrientes trataba de desviarse y eludir estos controles, la Policía, apoyada por unidades antidisturbios y cientos de agentes vestidos de civil, lanzaban botes de gas pimienta para frenar a los manifestantes.


“No pararemos, no hay nadie que pueda ya parar a un pueblo que ha decidido despertar y buscar su futuro”, explicó uno de los manifestantes. “No, no tenemos miedo. Las protestas son un derecho y no vamos a renunciar a ello. Necesitamos un cambio real y vamos a lograrlo”, insistió otro de los congregados, que como su colega prefirió no identificarse por seguridad. Las protestas contra las aspiraciones de Buteflika arrancaron el pasado viernes en Argel con la mayor marcha que se recuerda en la capital en la última década.


El martes, miles de estudiantes universitarios y de secundaria de todo el país marcharon igualmente contra la candidatura del anciano y enfermo mandatario, elegido hace ya dos décadas. El jueves, una veintena de periodistas fueron detenidos por la Policía –y liberados horas después– cuando protestaban en el centro de Argel contra el quinto mandato y la “represión del régimen a la libertad de prensa”. Horas después, el primer ministro argelino, Ahmed Ouyahia, con un discurso alarmista, aludió a los días previos al estallido de la guerra civil (1992-2002), una época conocida como el “decenio negro” en la que murieron más de 300.000 personas y decenas de miles desaparecieron.


Ouyahia, que admitió que las protestas se asientan en una derecho constitucional, sacó asimismo a colación el inicio de la revuelta en Siria, que dijo “también empezó con rosas” en alusión a una foto de una argelina con una flor frente a la Policía que se ha hecho viral en redes.


La movilización, que hoy se repitió en la mayoría de ciudades del país, tiene lugar en ausencia del propio Buteflika, quien el pasado domingo fue trasladado a un hospital de Suiza para someterse a lo que el círculo de poder en Argelia califica de revisiones médicas rutinarias.


En la presidencia desde 1999, el mandatario, que este sábado cumple 82 años, sufrió en 2013 un agudo accidente cardiovascular que ya le impidió hacer campaña para las presidenciales del año siguiente. Desde entonces no habla en público, se mueve en una silla de ruedas empujada por su hermano Said y sus apariciones públicas son inusuales, reducidas a las imágenes grabadas por la cadena estatal con motivo del consejo de ministroS o de visitas de altos dignatarios extranjeros.


Hace un lustro que no viaja al extranjero y en los dos últimos años ha cancelado en el último momento por “recaídas de salud” reuniones ya confirmadas con altos responsables como la canciller alemana, Angela Merkel, o el príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohamad bin Salmán.


A las protestas se han unido la organización de intelectuales “Mutawana” (ciudadanía) y el Movimiento Social por la Paz (MSP), principal grupo islamista autorizado en Argelia, que considera el quinto mandato lesivo para el país.

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Racista, estafador y tramposo, así describe a Trump su ex abogado

Si pierde en 2020 no habrá transición pacífica, alerta

Michael Cohen comparece ante el Congreso y deja una advertencia a los republicanos: yo hice 10 años lo que hacen ustedes ahora, defender al señor... y vean lo que me ha ocurrido, lo perdí todo

 

Nueva York. El ex abogado personal de Donald Trump denunció hoy ante el Congreso que el presidente es "un racista", "un estafador" y "un tramposo" que realizó actividades ilegales, y podría poner en jaque el futuro democrático de Estados Unidos.

La audiencia que muchos consideraron como la más importante en años recientes por sus implicaciones políticas y legales para la Casa Blanca, eclipsó la cumbre de Trump con su contraparte norcoreano, Kim Jong-un, en Vietnam, para negociar la denuclearización de aquel país.

Michael D. Cohen, quien durante una década –hasta finales de 2018– fue abogado personal y operador ultra leal de Trump, se presentó ante el Comité de Supervisión y Reforma de la Cámara de Representantes, donde declaró: "estoy avergonzado de que opté por ocultar los actos ilícitos del señor Trump en lugar de escuchar mi propia conciencia. Estoy avergonzado porque sé qué es el señor Trump. Es un racista. Es un estafador. Es un tramposo".

Acusó que su ex jefe violó varias leyes aun después de llegar a la Casa Blanca, incluyendo ordenarle engañar al público sobre los pagos para comprar el silencio de la actriz de cine porno Stormy Daniels en torno a su relación sexual con Trump.

Indicó que Trump, cuando era candidato, fraguó el plan para silenciar a Daniels y que ya como presidente le envió 11 cheques para rembolsarle el pago por un total de 130 mil dólares, una violación a las leyes de financiamiento electoral. Cohen presentó copias de algunos de estos cheques, entre ellos uno firmado personalmente por su jefe y otro por uno de los hijos del magnate, Donald Trump Jr.

Cohen también acusó a su ex jefe de saber todo sobre el proyecto de una torre Trump en Moscú –sobre la cual Cohen mintió para encubrirlo– y añadió: "hoy ya no estoy protegiendo más al señor Trump".

Afirmó que Trump estaba enterado días antes de que Wikileaks estaba por difundir los correos electrónicos hackeados por los rusos, según la inteligencia estadunidense, que tendrían un efecto negativo para la campaña de su entonces contrincante demócrata Hillary Clinton.

Durante horas de interrogatorio, Cohen sorprendió a los legisladores cuando dijo que no podía comentar lo que sabe de otros actos ilegales del presidente, ya que esos asuntos están bajo investigación de las autoridades federales en Nueva York.

Hay dos investigaciones federales en curso sobre Trump, su familia y sus socios, una encabezada por el fiscal especial Robert Mueller (para la cual Cohen ha sido entrevistado por lo menos en siete ocasiones) y otra en el estado de Nueva York, en la que se supone se está examinado el papel no sólo del presidente, sino de sus hijos.

Cohen, en su declaración inicial, comparó a Trump con un mafioso y señaló que frecuentemente se expresaba de manera racista, incluida una vez que le preguntó a Cohen “si podría nombrar a un solo país gobernado por una persona negra que no fuera un shithole (hoyo de mierda). Esto, cuando Barack Obama era presidente de Estados Unidos”. También le dijo que "los negros nunca votarían por él porque eran demasiado estúpidos".

Acusó que Trump exageraba sus negocios y su fortuna para adquirir préstamos e influencia, pero ante autoridades fiscales hacía lo opuesto para reducir a lo máximo sus impuestos. Relató que hacía cosas como transar en una subasta de arte al contratar a una persona que adquirió un retrato pintado de Trump después de inflar su precio, a quien después se lo rembolsó; la pintura está ahora en uno de sus clubes de golf.

Señaló que todos los que trabajaban para él sabían que tendrían que mentir por él "y eso se volvió la norma"; advirtió que "eso es exactamente lo que está sucediendo aquí en el gobierno".

Los republicanos en el comité se dedicaron a cuestionar la credibilidad del testigo –una maniobra clásica de abogados con clientes poco defendibles, en este caso Trump– señalando que Cohen ya ha sido sentenciado a tres años de cárcel (condena que empezará a cumplir en mayo) por evasión de impuestos, mentir ante autoridades y al Congreso, violaciones a las leyes electorales y otros delitos. El representante Jim Jordan, el republicano de mayor rango en el comité, lo llamó "un fraude, engañoso, un delincuente condenado, y en dos meses, un reo federal".

Cohen advirtió a los republicanos: “yo estaba haciendo lo mismo que ustedes ahora; lo hice durante 10 años, proteger al señor Trump… y miren lo que me ha ocurrido”. Agregó que los que siguen al presidente ciegamente “van a sufrir las mismas consecuencias que yo… lo perdí todo”. En respuesta a otro representante republicano, quien lo acusó de ser "un mentiroso patológico", Cohen reviró: "Perdón, señor, ¿se está refiriendo a mí o al presidente?"

Trump, en Vietnam, tuiteó que Cohen "fue uno de muchos abogados que me representaban (desafortunadamente)" y señaló que ha perdido su licencia como abogado "por mentir y hacer fraude. Hizo malas cosas no relacionadas con Trump. Está mintiendo para que le reduzcan su condena de cárcel". Los dos hijos mayores de Trump también enviaron tuits cuestionando los motivos y credibilidad de Cohen y burlándose de él, y uno de ellos le deseó: "que te diviertas en la cárcel".

El problema es que, si es cierto que está testificando para reducir su condena –y el asunto es más complicado que eso legalmente– las condiciones para ello es que si miente bajo juramento no sólo pierde cualquier acuerdo, sino que podría alargar su condena.

Cohen afirmó este miércoles que se ha sentido amenazado por las declaraciones de Trump en su contra desde que decidió declararse culpable a finales del año pasado y colaborar con las investigaciones. "Ya no camino con mi esposa cuando vamos a un restaurante. No camino con mis hijos. Hago que caminen más adelante", explicando que teme que alguien lo pueda atacar motivado por las palabras del presidente.

En su conclusión declaró: "mi lealtad al señor Trump me ha costado todo. No me quedaré sentado sin decir nada y permitir que le haga eso mismo al país". Y advirtió que "dada mi experiencia trabajando para Trump, temo que si pierde la elección en 2020 nunca habrá una transición pacífica del poder, y es por eso que acordé presentarme hoy ante ustedes".

El demócrata Elijah Cummings, presidente del comité, concluyó con un exhorto: "tenemos que regresar a lo normal". Después de la sesión señaló: "somos, como país, mucho mejor que esto", y advirtió que todo este asunto se trata de "una lucha por nuestra democracia".

Expertos en política y asuntos legales señalaron que lo de este miércoles abre aún más la puerta a investigaciones criminales de varios tipos. Otros compararon el día con eventos parecidos que marcaron el inicio del fin de la presidencia de Richard Nixon y varios coincidieron en afirmar que este día estará entre los recordados cuando se hable de la era Trump en el futuro.

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Es el momento de terminar la revolución que habíamos empezado

En 2016, nuestra campaña inició la revolución política que vivimos. Ahora, es el momento de acabar con Donald Trump, culminar esa revolución e implementar la visión por la que tanto hemos luchado.

Hace una semana, cuando lanzamos nuestra candidatura a las presidenciales, les pedí a todas las personas del país que se uniesen a formar parte de esta campaña de acción popular sin precedentes. La respuesta del pueblo estadounidense ha sido histórica. En seis días, más de un millón de personas han respondido al llamado.


Estadounidenses de absolutamente cada distrito en el país se han apuntado para colaborar en el liderazgo hacia un movimiento que no solo busca derrotar a Donald Trump, el presidente más peligroso de la historia moderna de América. También se trata de constituir un Gobierno basado en unos principios de justicia económica, social, racial y medioambiental.
Esta tarea no va a ser fácil. Hoy en día, la desigualdad en las rentas y la riqueza alcanza la cifra más alta desde la década de 1920: las tres personas más pudientes del país acumulan más capital que la mitad de nuestro país. Pese a una tasa de desempleo relativamente baja, millones de personas se ven obligadas a pluriemplearse porque sus salarios no les sacan de la hambruna. 34 millones de americanos no cuentan con seguro médico y somos el país que más paga por medicamentos prescritos en el mundo.


Mientras gastamos casi el doble per cápita en asistencia sanitaria que cualquier otro estado, nuestros resultados médicos son peores y la esperanza de vida está en declive. Ya es tiempo de que nos unamos al resto de potencias y garanticemos la atención sanitaria que se merecen y que tienen por derecho, porque no es un privilegio, a través de un programa de sanidad pública (Medicare For All).


Vergonzosamente, tratamos a la gente más vulnerable con desdén. De entre las naciones más desarrolladas, tenemos el índice de pobreza infantil más alto y un sistema de cuidado de menores que no solo no funciona, sino que la mayoría no se puede permitir. La mitad de la población anciana no tiene jubilación y, mientras, hay muchos republicanos que quieren recortar la Seguridad Social.


Entre tanta desgracia, tenemos un presidente que miente patológicamente, que es un fraude, que es racista, xenófobo y machista. Un fanático religioso que está llevando al país hacia el autoritarismmo.


Vamos a tener que enfrentarnos a los intereses concretos y basados en el poder que dominan nuestra esfera económica y política: enfrentarnos a Wall Street, a las compañías de seguros médicos, la industria farmacéutica y la de los combustibles fósiles, a las infraestructuras industriales militares, la industria privada de las prisiones y a las corporaciones multinacionales. Es la única manera de vencer, de establecer un Gobierno y una economía que funcione para la mayoría. Estos intereses especiales gozan de un poder extraordinario y estarán dispuestos a gastarse indecentes cantidades de dinero para sostener sus status quo y su riqueza.


La única manera de vencerlos a ellos y a Donald Trump, quien se nutre de este sistema, es a través de los movimientos populares. Movimientos que no se han visto jamás en la historia de Estados Unidos. Hombres, mujeres, negros, blancos, latinos, indios americanos y asiático-americanos, gays y heterosexuales, jóvenes y mayores, nativos y migrantes debemos permanecer juntos y afrontar los desafíos que nos atañen como nació


En un momento en el que nuestra infraestructura se desmorona y atravesamos una crisis de vivienda, podemos crear millones de puestos de trabajo bien pagados si reconstruimos nuestro país. Juntos, podemos incrementar el salario mínimo a un sueldo digno de 15 dólares la hora, asegurar la igualdad salarial entre hombres y mujeres y garantizar a los trabajadores licencias médicas para ellos y sus familias.


No podemos permitirnos esperar más para hacer frente de una vez por todas al la amenaza existencial del cambio climático. Debemos alejar nuestro sistema energético de los combustibles fósiles y derivarlos hacia las renovables y el rendimiento energético.


Por increíble que parezca, hay mucha gente joven que no puede permitirse ir a la universidad: la deuda de préstamos estudiantiles ha alcanzado la cifra de 1,5 billones de dólares. Está en nuestra mano reducir esta cantidad tan atroz y fomentar las universidades públicas.


EEUU tiene la tasa de encarcelación más elevada del mundo y los afroamericanos son encerrados hasta cinco veces más de promedio que la gente blanca. Nuestro deber es acabar con la destructiva "guerra contra las drogas", abolir las cárceles privadas y las fianzas en metálico y reformar al completo los departamentos policiales.


En vez de demonizar a las personas indocumentadas como hace nuestro presidente, lo que deberíamos hacer es luchar por implantar una reforma migratoria asentada, que facilite la vía para tramitar la ciudadanía y otorgue de forma inmediata el estatus legal para los menores que quedan adscritos al programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia. También para proteger en términos humanitarios a aquellos que solicitan asilo en la frontera.


Tenemos que defender a las mujeres y su derecho a decidir sobre su propio cuerpo, especialmente en un momento en el que no solo este sino muchos otros están siendo atacados a nivel local, federal y estatal.


Para hacer frente a la epidemia de violencia por armas, necesitamos acabar con la Asociación Nacional del Rifle, ampliar las investigaciones por antecedentes, poner fin a las lagunas legales y prohibir la venta y distribución de armas de asalto.


Y, finalmente, debemos eliminar el apoyo que ha fundado Trump hacia los líderes autoritarios. Estamos necesitados de una política exterior que se enfoque en la democracia, los derechos humanos, la paz mundial, la igualdad global en riqueza, el cambio climático y la evasión fiscal a gran escala.


En 2016, nuestra campaña comenzó la revolución política. Las ideas por las que luchábamos, que entonces se tacharon de "radicales" y "extremas", ahora son avaladas por la sociedad estadounidense. Por lo tanto, es ahora el momento para derrotar a Donald Trump, culminar esa revolución e implementar la visión por la que tanto hemos luchado.

 

Por Bernie Sanders
The Guardian / El diario
Traducido por Naiara Bellio

 

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La Constitución y el pollo congelado. Cubanos a las urnas

Este domingo, los cubanos decidirán si aceptan la reforma constitucional que vienen discutiendo, en una jornada que, por fin, ofrece algunas incertidumbres. El contenido y el nivel de las polémicas y la difícil coyuntura económica en que se dieron son los ejes de esta nota.

 

A comienzos de este mes, el pollo “regresó”a Cuba. La expresión podría parecer un burdo ejercicio de sensacionalismo, pero no lo es. En realidad, a finales de noviembre del año pasado, los paquetes de pollo congelado comenzaron a desaparecer de los anaqueles de las tiendas en todo el país; durante diciembre y enero su ausencia fue total.


Todo sucedió en el peor momento posible. Por los mismos días habían sufrido roturas los tres molinos de harina de trigo existentes en la isla, lo que puso en crisis diversas producciones alimentarias. La del pan fue la más afectada, al punto de que en muchas regiones se decidió suspender su elaboración, debido a la pésima calidad de la materia prima disponible. El panorama se completó con la aguda escasez de carne de cerdo, que venía arrastrándose desde el año precedente, que impidió a numerosas familias celebrar las tradicionales cenas de Nochebuena y Fin de Año.


En días tan difíciles, la revolución conmemoró su aniversario número 60. Santiago de Cuba, la ciudad escogida para el acto central, semejaba un oasis de “fervor revolucionario” en medio del malestar reinante en buena parte de la geografía nacional. La inquietud se hacía más profunda ante las perspectivas del futuro inmediato, que el presidente Miguel Díaz-Canel definió como “de sacrificios y mucho trabajo”. Confirmando sus palabras, en el presupuesto aprobado por la Asamblea Nacional a finales de diciembre se preveía una reducción de más de 400 millones de dólares en las importaciones para el primer semestre de 2019 (una reducción de alrededor de 10 por ciento respecto de las ya magras partidas de 2018). Como nota al pie, vale apuntar que el gobierno cubano dedica una cuarta parte de sus divisas a la adquisición de alimentos; el mismo objetivo, dentro del presupuesto de una familia promedio, puede llegar a demandar hasta la totalidad de los ingresos mensuales… por insólito que parezca.


¿QUÉ SE VOTA ESTE DOMINGO?


Más de ocho millones y medio de cubanos están convocados a las urnas este 24 de febrero, en el primer referendo constitucional organizado en el país desde 1976. Aunque a todas luces resultará virtualmente imposible igualar el masivo respaldo que por aquella época mereció la actual carta magna (97,7 por ciento de aprobación, con 98 por ciento de asistencia), en la isla son pocos quienes dudan de que el proyecto conseguirá el respaldo necesario para salir adelante.


A estas alturas del proceso, las únicas preguntas válidas parecen ser las relativas a la magnitud que alcanzará el porcentaje de votos en contra, anulados o en blanco, y si la activa campaña oficial será capaz de revertir –o, al menos, contener– la tendencia decreciente en la asistencia a los colegios. Durante los últimos procesos electorales, el primero de esos segmentos ha ido ganando seguidores, hasta englobar un pequeño pero en modo alguno despreciable 5,6 por ciento de los sufragios. En paralelo, la participación cayó a 85,6 por ciento en los comicios generales de marzo del año pasado, que a su vez marcaron un descenso de 5 por ciento respecto de la más reciente consulta de ese tipo, organizada en enero 2013.


“Doy por hecho que el proyecto tal cual está –por muchas razones; una de ellas, que no se ha podido hacer una campaña contrapuesta al voto Sí– será aprobado”, anticipó días atrás el jurista y bloguero Eloy Viera Cañive, al participar en un panel desarrollado en el centro cultural Padre Félix Varela, adscripto al arzobispado católico de La Habana. En su opinión, la atención debe centrarse, antes que en el texto en sí, en las numerosas normas que habrán de complementarlo. El proyecto “dice en más de ochenta ocasiones que la ley posterior regulará algo que debió haber dejado por lo menos claro, llano y diáfanamente enunciado. Lo que le queda a la ciudadanía activa por delante es un proceso de veeduría de las formulaciones, porque en esas se van a materializar más control o menos control, más defensa o menos defensa de la ciudadanía”.


Lograrlo no será fácil, consideró en la ocasión otro de los asistentes, el doctor en ciencias jurídicas Julio Antonio Fernández Estrada, al recordar los estrechos márgenes en que se movió el debate constitucional dentro del Parlamento. “Es muy extraño que no haya habido en el voto nominal ni un No. Eso liquida la posibilidad de que la Asamblea Nacional represente a todos los sectores de la población, como se ha dicho hasta ahora. Para eso tendría que haber al menos un voto negativo. Todos los que voten No el 24F estarán sin representante en el órgano legislativo”.


Casi desde el comienzo de la discusión, a mediados de 2018, la nueva carta magna perdió su condición de texto jurídico para convertirse en una suerte de bandera plebiscitaria acerca de “la continuidad del socialismo”. A lo largo de sus distintas etapas (que arrancaron con el anteproyecto redactado por una comisión presidida por el propio Raúl Castro), el proceso ha sido aprovechado para que Díaz-Canel acumule respaldo popular sobre la base de una retórica inclusiva, dominada por mensajes como el de “aceptar todos los criterios”, y constantes recorridos por el interior del país, un ejercicio que Fidel y Raúl Castro postergaron en los epílogos de sus respectivos mandatos.


Más de seis meses después, lo acontecido genera visiones contrapuestas. En tanto la disidencia interna asegura por medio de Internet que grandes colectivos sociales se oponen al proyecto, las autoridades estatales dan por descontado “el éxito del referendo” o, en otras palabras, el triunfo arrollador del Sí.


De cara al 24 de febrero, la autotitulada oposición resulta poco menos que intrascendente, por su número y los continuos años de peleas entre grupos rivales, más preocupados por las asignaciones del exterior que por presentar un proyecto alternativo de país. Desde hace tiempo, su agenda se centra en amplificar cuanto hecho delictivo se produce en la isla y promover mediáticas marchas de protesta, en las que los agentes de la seguridad del Estado y los curiosos superan con creces al número de sus manifestantes.


Partiendo de esa “ausencia de rivales”, analistas progubernamentales, como el escritor y periodista Iroel Sánchez, han proyectado un escenario en el que el éxito de la propuesta se perfila como inevitable, tras la masiva asistencia a las asambleas de consulta del texto. “Entre agosto y noviembre de 2018 emanaron más de 700 mil propuestas que modificaron el 60 por ciento del proyecto. O sea que el pueblo participó directa, libre y ampliamente en un proceso iné-dito en muchas otras naciones”, resaltó Sánchez en una entrevista aparecida días atrás en medios españoles y replicada en su blog, La Pupila Insomne.


DE LA CALLE A LA LEY.


A comienzos de semana, una “guía” difundida por el sitio digital alternativo El Toque ofreció a sus lectores 11 aspectos positivos e igual número de negativos a tener en cuenta en el momento de acudir a las urnas. Entre sus motivos para ratificar la propuesta, sobresale el reconocimiento al “sistema de derechos humanos como base de regulación” (algo inédito en la legislación local) o la reasunción de la autonomía municipal, abriendo la posibilidad a una participación más amplia y efectiva de la población en el gobierno. Desde una óptica negativa, son asumidos el monopolio político ratificado para el Partido Comunista, que lo coloca por “encima de los órganos estatales”, y la distinción hecha entre la inversión extranjera (que se promueve) y la nacional (obviada en todas las versiones del texto), lo que avala “la discriminación de lo cubano con respecto a lo extranjero”.


En diciembre, a poco de haber sido llevada a la Asamblea Nacional la versión que ahora se somete a escrutinio, el sitio digital oficialista Cubadebate publicó un amplio resumen de los planteamientos de la ciudadanía. Significativamente, sólo tres artículos (de entre 224) habían motivado 45 por ciento de las intervenciones. El primero de ellos era el que abría la puerta al matrimonio igualitario, en definitiva “diluido” en el compromiso de convocar un referendo sobre el nuevo Código de Familia dentro de dos años. Los otros dos artículos se centraban en los protocolos establecidos para la elección de un cargo hasta ahora inexistente (el de presidente de la República), y no fueron modificados.


Tampoco encontraron cabida en el documento final las más de 50 mil opiniones que demandaban establecer la obligatoriedad del trabajo, pues esa idea, resaltaron desde la comisión constituyente, “no se ajusta a los convenios internacionales firmados por nuestro gobierno”, y una larga lista de propuestas (49,9 por ciento del total) quedó fuera por haber sido consideradas “improcedentes desde el punto de vista jurídico”.


A pesar de las urgencias cotidianas, el “tema de la Constitución” se ha mantenido por meses en el espectro de intereses del cubano promedio, mas tal grado de prioridad no puede conservarse de forma indefinida. Sobre todo cuando asuntos tan vitales como la adquisición de alimentos demanda todo el tiempo y los recursos disponibles. Y menos cuando buena parte del camino por venir ya tiene trazada su hoja de ruta, cualesquiera sean las estadísticas que nos deje el domingo.

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Viernes, 22 Febrero 2019 06:38

Promesas rotas

Promesas rotas

Tras la debacle sufrida en El Salvador por el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) en las elecciones presidenciales, los 14 comandantes históricos que forman la cúpula suprema del partido, anunciaron su jubilación por medio del comandante Medardo González, secretario general, asumiendo: "la responsabilidad de los resultados electorales".

No se cuán desapercibida ha pasado esta noticia, toda una novedad en un partido que por su autoproclamada naturaleza revolucionaria, está en la lista de aquellos que conceden a sus dirigentes históricos el privilegio de la inamovilidad. Sorprendente, porque es lo que ocurre en las formaciones políticas modernas, sobre todo en Europa, donde los derrotados renuncian por regla y se van para sus casas.

Tanto el Frente Farabundo Martí como el Frente Sandinista de Nicaragua estuvieron divididos en tendencias y llegaron a alcanzar la unidad; y tras el triunfo de 1979, el sandinismo se lo jugó todo de cara a Estados Unidos para apoyar a la organización salvadoreña en armas.

La razón que la administración Reagan alegó siempre para financiar a los contras que trataban de derrocar al gobierno sandinista, fue que sólo buscaba interrumpir las líneas de apoyo logístico que iban desde Nicaragua hacia la insurgencia en El Salvador; si ese apoyo cesaba, la revolución nicaragüense sería dejada en paz.

El respaldo continuó por una década, a un costo desmesurado, pues la guerra de los contras devastó a Nicaragua; y lejos de un triunfo militar, lo que el FMLN consiguió fue un acuerdo de paz con el gobierno del presidente Alfredo Cristiani, del partido Arena, firmado en México en 1992, lo que le permitió convertirse en una fuerza política legal a cambio del abandono de las armas.

Desde entonces se creó un tenso equilibrio político entre dos partidos, Arena a la derecha, y el FMLN a la izquierda, el cual duró cerca de 30 años, al viejo estilo tradicional latinoamericano donde el escenario se solía dividir entre dos fuerzas históricas de signo contrario. Hasta que, igual que en otros países, llegó la hora de las terceras fuerzas, con el triunfo aplastante de Nayib Bukele.

El FMLN llegó a conseguir un caudal de votos suficientes para emparejar a Arena como fuerza parlamentaria, y después pudo conquistar la presidencia en 2009 con Mauricio Funes, ajeno a las lides guerrilleras, y luego en 2014 con uno de sus fundadores, el comandante Salvador Sánchez Cerén.

Una guerrilla que llevó adelante una lucha sacrificada de años, y vivió los riesgos del combate en el que tantos cayeron, al convertirse en partido político, y alcanzar el poder, despierta inmensas esperanzas, sobre todo entre los más humildes.

Confían en que se cumplan las promesas heroicas que marcaron los años de combate. Esperan una forma de hacer política alejada de la demagogia, esperan la restauración de la ética.

Si advierten que quienes se han comprometido a cerrar los abismos de pobreza y acabar con la corrupción olvidan lo que ofrecieron, y todo sigue siendo lo mismo, harán lo que ha sucedido, castigar al partido de las promesas rotas.

¿Cómo es posible que un partido que se presenta como la encarnación de la guerrilla que se sacrificó por la causa de los pobres, ampare un presidente suyo, acusado de corrupción y lavado de dinero?, es una de tantas preguntas dolidas de quienes han dejado de votar al FMLN. Funes, reclamado por la justicia salvadoreña, se encuentra prófugo en Nicaragua, donde ha recibido asilo político de parte del gobierno de Daniel Ortega, sin que el gobierno de Sánchez Cerén haya reclamado su extradición.

No es de extrañarse entonces que centenares de miles de viejos simpatizantes del FMLN desertaran para ir a votar por Bukele, expulsado antes de las filas del partido por contradecir la línea ortodoxa, y que siendo tan joven haya atraído el voto de los jóvenes.

La renuncia de la cúpula histórica abre esperanzas, pero también interrogantes. La primera pregunta es si habrá de verdad una nueva dirigencia del FMLN renovada, abierta al libre debate de las ideas y a la pluralidad interna de opiniones; o si se trata sólo de instalar otras caras viejas que vengan a representar lo mismo, el rígido anillo de poder partidario que protege el pensamiento vertical y único.

Apenas en 2015, el congreso del partido estableció oficialmente que “un elemento esencial del fortalecimiento ideológico y político del FMLN es erradicar de sus filas cualquier vestigio de la ideas reformistas, derrotistas y claudicantes…”, contrarias "a los principios históricos de la izquierda". Entre quienes ahora hacen mutis, una de las altas dirigentes dijo tras conocerse los resultados electorales: "nosotros somos más que votos".

Esa no es sino la vieja idea de la vanguardia, que se sitúa por encima de la voluntad popular, y sigue teniendo la razón eterna aunque pierda. Con concepciones así, no hay renovación posible. Por eso, el FMLN sólo podrá sobrevivir si quienes asumen las riendas abren puertas y ventanas y dejan entrar la luz y el aire.

Lisboa, febrero 2019

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Viernes, 15 Febrero 2019 06:54

Lecciones no aprendidas

Lecciones no aprendidas

Tras solventar muchos impedimentos, los 11 miembros de una misión del Parlamento Europeo pudieron cumplir por fin su visita a Nicaragua propuesta desde noviembre del año pasado.

El presidente de la misión, el eurodiputado Ramón Jáuregui, presentó antes de partir unas conclusiones terminantes sobre la urgente necesidad del cese de la represión, la libertad de los presos políticos, la restitución de la libertad de información, y el restablecimiento de la democracia por medio de elecciones confiables.

Y en sus declaraciones Jáuregui dijo algo que parecería obvio pero en Nicaragua resulta esencial: "la democracia tiene una regla que es aceptar la posibilidad de la derrota".

Es lo que hizo el Frente Sandinista tras las elecciones de 1990, cuando los votantes decidieron confiar la presidencia a doña Violeta de Chamorro: aceptó la derrota, y eso le dio entonces el inmenso prestigio de haber entregado por los votos el poder ganado por las armas una década atrás.

Hasta entonces la filosofía dominante había sido la del poder popular confiado a la vanguardia por una especie de voluntad divina. Las revoluciones eran, además, invencibles. ¿Dónde se había visto que el pueblo mismo fuera a derrotar a una revolución popular forjada con sangre? Pero ocurrió.

En enero de 1988, Carlos Fuentes hizo una visita a Nicaragua. Lo acompañaba el periodista Stephen Talbot, que escribía un reportaje sobre el escritor mexicano para la revista Mother Jones.

En una de las conversaciones que sostuvo Fuentes con los dirigentes sandinistas se habló de las posibilidades que tenía la contra de ganar la guerra, recuerda Talbot, y el comandante Tomás Borge “dijo decididamente que algo así era imposible, porque los contras van a contrapelo de la historia”.

Fuentes interrumpió para preguntar: "¿Y cuál fue la experiencia de Guatemala en 1954 y de Chile en 1973? ¿No se demostró que la izquierda puede ser derrotada?”. "No", respondió Borge, cortante. "Ellos no armaron al pueblo, por eso perdieron".

Después se discutió sobre el tema de las elecciones y los partidos de oposición. “Borge dijo que su opinión personal era que ningún partido de oposición podía llegar a ganar a los sandinistas en las urnas. ‘Ahora no’, asintió Fuentes, ‘pero en el futuro, ¿por qué no?’ ‘Sólo si son antimperialistas y revolucionarios’, proclamó Borge, ‘si un partido reaccionario ganara, yo dejaría de creer en las leyes del desarrollo político’. ‘Yo no estaría tan seguro de esas leyes’, advirtió Fuentes”.

Tras aceptar la derrota de 1990, el Frente Sandinista perdió la oportunidad de recuperar los espacios electorales, luchando bajo las reglas democráticas para conquistar de nuevo la mayoría de los votantes. El criterio obsoleto de la vanguardia dueña de la verdad, que representa al pueblo aunque tenga en contra la mayoría, volvió a imponerse.

Y cuando Daniel Ortega, tras tres derrotas logró por fin ganar en 2006, no lo hizo porque tuviera de nuevo esa mayoría, sino porque selló un pacto con Arnoldo Alemán, entonces caudillo del Partido Liberal, por medio del cual se reformó la Constitución para que pudiera ganar en primera vuelta con 35 por ciento de los votos, la cifra máxima que el eterno e insustituible candidato había logrado sacar.

Por lo que ha sucedido a partir de entonces, estoy convencido de que Ortega se hizo la promesa de no volver a perder nunca, con lo que, a lo largo de estos años, en su esquema de preservación del poder a toda costa, ha estado ausente la voluntad de aceptar que la derrota es una regla esencial de la democracia.

Y hay otra cosa que en su comparecencia Jáuregui agregó a las reglas del juego democrático: el poder no es un fin en sí mismo, sino un medio para realizar un programa de gobierno. Asegurarse la permanencia en el poder a cualquier precio, sólo es capaz de acarrear crisis tan profundas como las que hoy vive Nicaragua.

El poder no puede ponerse en juego, la derrota no es una opción. Por eso es que los reclamos por un diálogo nacional no son escuchados; porque un diálogo lleva necesariamente a hablar de elecciones limpias, justas, con jueces imparciales y honestos, vigiladas internacionalmente. Ese es el atolladero del que hay que salir.

Hay que buscar cómo Ortega escuche a todos quienes le dicen, igual que el eurodiputado Jáuregui, que la democracia tiene una primera regla, que es aceptar la posibilidad de la derrota. Porque unas elecciones de una sola cara, con el mismo ganador, ya no son posibles en la nueva realidad que vive Nicaragua. Sólo harán más profundo el abismo.

La creencia de que el poder es un fin, y no un medio, es a estas alturas catastrófica. Y el reclamo para que el país empiece lo más pronto posible a vivir bajo un régimen de democracia abierta, de libre opinión, y elecciones transparentes, es lo que la inmensa mayoría de los ciudadanos quiere.

No hay que desmayar en esa insistencia, porque el diálogo, y las elecciones justas, son la única salida posible.

 

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Sábado, 09 Febrero 2019 06:53

Touché

Touché

La inobjetable victoria electoral de Nayib Bukele, el 3 de febrero, no fue una sorpresa en El Salvador. Lo anunciaron, con meses de antelación, más de diez sondeos de opinión.

Bukele (cuyo padre, de origen palestino, hasta 2015 que falleció, fue presidente de la Asociación Islámica Árabe Salvadoreña), primero fue alcalde del pequeño municipio de Nuevo Cuscatlán, aledaño a la capital salvadoreña y a continuación alcalde de San Salvador hasta abril de 2018. Todo bajo la bandera del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, Fmln. Parecía contar con el respaldo de un sector de la cúpula partidaria, sin embargo fue expulsado del Fmln en octubre de 2017, acusado de violentar los principios partidarios.
De ahí en adelante, Bukele se embarcó, acompañado de sus varios equipos de trabajo, en la conformación de un movimiento político paraelectoral denominado Nuevas Ideas, cuyo objetivo explícito declarado era alcanzar la presidencia de la república en las elecciones del 3 de febrero de 2019.


En El Salvador, para ser elegido presidente de la república hay que estar inscrito en un partido político. Por eso Bukele y sus seguidores emprendieron ese camino. Pero encontró obstáculos insalvables. El Tribunal Supremo Electoral le dio largas. Nuevas Ideas había cumplido con todos los requisitos. Todo indicaba que se queda fuera.


Mientras tanto las encuestas lo colocaban arriba de su principal contendiente, que llevaba más de un año en campaña no declarada, y que el partido Alianza Republicana Nacionalista, Arena, respaldaba para así mostrar una cara y un discurso nuevos, en su tercer intento consecutivo, desde 2009, por retomar la presidencia de la república. También los sondeos de opinión mostraban que el Fmln se había desplomado.


¿Fue solo la habilidad publicitaria del manejo de su imagen y el empleo a fondo de las redes sociales lo que permitió el ascenso meteórico de Bukele? Desde luego que no. El escenario propicio para que Bukele se convirtiese en el receptor de la aquiescencia ciudadana lo facilitó el deterioro del sistema político vigente.


El punto sin retorno se produjo en 2017 cuando comenzó el proceso contra el expresidente Saca (del partido Arena) por actos de corrupción y culminó con su confesión en sede judicial en 2018. Aquí algo se rompió en el sistema político. Otro expresidente, también del partido Arena, Francisco Flores años atrás había sido acusado por apropiación ilícita de 10 millones de dólares provenientes de una donación taiwanesa, pero murió antes de ser judicializado su caso. Además, se inició el proceso de investigación, por parte de la Fiscalía General de la República, contra el expresidente Mauricio Funes (respaldado por el Fmln), quien en medio de la confusión logró pedir asilo en Nicaragua. Hay pues un marco general de descomposición y de esclarecimiento de turbios manejos de la cosa pública y esto rebalsó la paciencia ciudadana. Bukele, con experiencia y olfato en el negocio publicitario, lo captó a la perfección.


Cuando vio que el tribunal electoral no le entregaría a tiempo las credenciales de su partido, buscó cobijarse en el pequeño partido Cambio Democrático, del que pendía una sentencia constitucional que urgía su cancelación. Así, las autoridades electorales le cerraron el paso cancelándolo de inmediato. Entonces, en una voltereta pragmática, peligrosa pero audaz, se inscribió a pocas horas del cierre como candidato del partido Gran Alianza Nacional, una instancia muy cuestionada que hace una década se desgajó del partido Arena.


La campaña comenzó a finales de 2018 y ya Bukele estaba más adelante de los demás. Con pocos argumentos y promesas casi fantásticas (un nuevo aeropuerto, un tren que recorrería la costa Pacífica y un mega hospital) logró ganar más ventaja. Y remató con la propuesta de la creación de una comisión internacional contra la impunidad.


El 3 de febrero ganó en primera vuelta con un poco más de un millón trescientos mil votos. Seguido de Arena, con cerca de ochocientos mil votos. En tercer lugar (el verdadero perdedor de esta historia) el Fmln, con un poco más de trescientos cincuenta mil votos. La toma de posesión es en junio y debe pasar a negociar con varios factores de poder, porque aunque ganó de forma aplastante, otros tienen los hilos de la otra parte de la institucionalidad estatal.


Bukele y su movimiento político, ahora partido político, le hizo un auténtico touché a la política tradicional.


Jaime Barba. Región, Centro de Investigaciones.

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Viernes, 08 Febrero 2019 05:58

Hoja de ruta para un proceso electoral

Hoja de ruta para un proceso electoral

Bolivia se excluyó de firmar la declaración de este primer encuentro internacional sobre Venezuela al considerar que los puntos propuestos –elecciones y ayuda humanitaria– buscan inmiscuirse en los asuntos internos.

 

El Grupo Internacional de Contacto (GIC) sobre Venezuela concluyó ayer su primera reunión en Montevideo donde acordaron sus objetivos principales: establecer las garantías necesarias para un proceso electoral y permitir la entrega de asistencia humanitaria. Bolivia se excluyó de firmar la declaración de este primer encuentro al considerar que los puntos propuestos buscan inmiscuirse en los asuntos internos del país caribeño.


El canciller uruguayo, Rodolfo Nin Novoa, tras la reunión, indicó que el GIC había conversado sobre cómo colaborar para una salida pacífica de la crisis en Venezuela y establecer las garantías necesarias para un proceso electoral. “El problema venezolano se puede arreglar en la medida en que se empiece a hablar de elecciones”, dijo Nin Novoa en conferencia de prensa. El canciller, sin embargo, contradijo la propuesta alcanzada anteayer con México y los países de la Comunidad del Caribe –denominada Mecanismo de Montevideo–, que no incluye un llamado a comicios en Venezuela. “Si pedimos elecciones en tal momento estamos imponiendo condiciones que dificultan el diálogo. Son ellos (gobierno y oposición) los que deben acordar. Vamos al diálogo sin condiciones”, había explicado el miércoles el responsable de relaciones exteriores de Uruguay.


El presidente Tabaré Vazquez fue el promotor (junto con la Unión Europea) y anfitrión de la reunión a la que asistieron los cancilleres de México, Bolivia, Costa Rica y Ecuador, así como sus pares de España, Suecia, Italia y la Comunidad Europea. También participaron funcionarios de Alemania, Francia, Reino Unido, Holanda y Portugal. Por el contrario, ni representantes del gobierno venezolano ni de la oposición formaron parte del encuentro.


En dicha rueda de prensa, en la que Nin Novoa estaba acompañado por la encargada de relaciones exteriores de la Unión Europea (UE), Federica Mogherini, se aclaró que el GIC y el Mecanismo de Montevideo no son lo mismo, razón por la que México –que estaba presente en la reunión, pero no forma parte del GIC– no firmó el documento. El canciller mexicano, Marcelo Ebrard, afirmó que su país no forma parte del GIC porque no puede, por mandato constitucional, apoyar la injerencia externa en otros países. El mexicano sí aclaró, sin embargo, que aboga por la comunicación entre las partes y una salida pacífica y democrática del conflicto.


En este sentido también se pronunció Bolivia, quien en un comunicado emitido tras la reunión indicó que no suscribió a la declaración final debido a que no se sentía representada por la totalidad de su contenido, aunque afirmó que seguirá colaborando en todo aquello que pueda hacer a favor de la estabilidad de Venezuela. No obstante, sí indicó que se suma al Mecanismo de Montevideo. Además de llamar al diálogo entre las partes en conflicto, el gobierno boliviano rechazó cualquier amenaza de intervención militar en el país caribeño. “Finalmente, Bolivia insta a los países que han ofrecido ayuda humanitaria y al mismo tiempo han impuesto sanciones económico financieras a Venezuela, a levantarlas para contribuir a la provisión de alimentos y otros insumos necesarios para la población”, concluyó.


La declaración del GIC indicó, además, que en la reunión se reconoció la crisis humanitaria que, dijeron, se continúa profundizando día tras día. “El Grupo expresó su compromiso de desplegar más asistencia en áreas de seguridad y coordinar su entrega en conjunto con el Representante Especial de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados, Sr. Eduardo Stein”, se lee. La declaración del GIC indicó, además, que para llevar adelante sus objetivos enviará a Venezuela una misión técnica.


Mogherini, en la conferencia de prensa junto a Nin Novoa, dijo que la ayuda humanitaria a Venezuela debe ser canalizada de forma imparcial y que no debe ser politizada. “Hablamos de la necesidad de tener una ayuda canalizada de forma imparcial e independiente para que la ayuda nunca se vea politizada”, afirmó la diplomática. Por su parte, el canciller uruguayo sostuvo que la llegada de esa ayuda a Venezuela es imperiosa.


La ayuda humanitaria para Venezuela fue solicitada por el jefe del Parlamento, el autoproclamado presidente interino Juan Guaidó, pese a la negativa del Gobierno de Nicolás Maduro, que asegura que esto puede dar paso a una invasión extranjera. Aunque aún no está claro cómo va a ingresar este apoyo a Venezuela, el Parlamento opositor ya ha informado sobre centros de acopio en la fronteriza ciudad colombiana de Cúcuta.

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