El gobierno de Obama expulsó a más de 242 mil mexicanos en 2015

Un total de 242 mil 456 ciudadanos mexicanos fueron deportados por el gobierno del presidente Barack Obama en el año fiscal 2015, un número mayor que los inmigrantes de cualquier otra nacionalidad, de acuerdo con cifras oficiales.


Las deportaciones de mexicanos representaron 72.7 por ciento del total de 333 mil 341 inmigrantes expulsados de Estados Unidos en el pasado año fiscal, que abarca desde el primero de octubre de 2014 hasta el 30 de septiembre de 2015.


Del total de las deportaciones de mexicanos, más de 106 mil obedecieron a casos criminales y el resto, unas 136 mil, a ofensas no criminales, según las cifras del Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés).


Aunque las deportaciones totales del presidente Barack Obama en el año fiscal 2015 representaron su menor número desde 2007, las repatriaciones de mexicanos significaron un aumento respecto de las 176 mil 968 del año fiscal 2014.


Alrededor de 2.9 millones de inmigrantes indocumentados mexicanos han sido deportados por el presidente Obama entre 2009 y 2015, siendo 2013 año récord, con 435 mil, de acuerdo con un análisis del Centro de Investigación Pew.


Aunque Obama llegó a la Casa Blanca con la promesa de promover una reforma migratoria desde su primer año de mandato, en 2009, al final deportó un mayor número de mexicanos que los dos millones durante los ocho años del gobierno de George W. Bush.


Y para empeorar el panorama, el presidente electo Donald Trump ha prometido deportar de 2 a 3 millones de inmigrantes indocumentados con antecedentes criminales, pero no ha fijado cuotas por nacionalidad.


Asimismo, ofreció derogar las acciones ejecutivas del presidente Obama en materia de migración, como el Programa de Acción Diferida para Llegados en la Infancia (DACA), que beneficia a 745 mil indocumentados, la mayoría mexicanos.


Aunque después de ganar las elecciones Trump sostuvo que buscará una solución para estos jóvenes, hasta el momento no ha ofrecido detalles.


Trump singularizó a la migración mexicana durante su campaña presidencial, pero la realidad es que medio millón de connacionales indocumentados salieron de Estados Unidos desde la gran recesión de 2009.


La salida de los indocumentados mexicanos provocó que la población no autorizada procedente de México cayera de un techo de 6.9 millones en 2007 a 5.8 millones en 2014, de acuerdo con un análisis de los demógrafos Jeffrey Passel y D’vera Cohn, del Centro Pew.


Pero los mexicanos no sólo encabezan la lista de deportaciones durante el gobierno de Obama, sino que virtualmente son los primeros en la mayoría de categorías migratorias, incluidas naturalizaciones y obtención de tarjetas de residentes.


Estados Unidos registró un total de 730 mil 239 naturalizaciones en el año fiscal 2015, un aumento en relación con las 653 mil 416 de 2014, pero una caída respecto de las 779 mil 929 del año fiscal 2013.


Del total de naturalizaciones del pasado año fiscal, casi 106 mil correspondieron a inmigrantes mexicanos. Los más cercanos competidores de México son India, con alrededor de 42 mil; Filipinas, con 40 mil; China, con 31 mil, y Cuba, con más de 25 mil.


En materia de obtención de tarjetas de residencia legal permanente, Estados Unidos otorgó 158 mil 619 a mexicanos, de un total de un millón 51 mil en el año fiscal 2015, el número más alto que cualquier otra nacionalidad.


Por comparación, le siguen China, con más de 74 mil; India, con más de 64 mil, y República Dominicana, con más de 50 mil tarjetas de residencia.


Los mexicanos ocuparon también el primer lugar en el total de visas de no inmigrante otorgadas por Estados Unidos en el pasado año fiscal.


Del total de 76.6 millones de visas de no inmigrante, los mexicanos abarcaron más de 20.3 millones. Sus más cercanos competidores fueron los canadienses, con un total de 13 millones de visas.

Publicado enInternacional
EEUU sube los tipos de interés en un cuarto de punto y anuncia más incrementos a lo largo de 2017

La Reserva Federal eleva el precio del dinero por segunda vez en diez años, para situarlo en un rango entre el 0,5% y el 0,75%


WASHINGTON.- El Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) ha decidido incrementar los tipos de interés en 25 puntos básicos, que se situarán a partir de ahora en un rango estimado entre el 0,5% y el 0,75%, según informó en un comunicado, tras su primera desde que Donald Trump fue elegido presidente de los EEUU.

La decisión del FOMC supone la primera subida de los tipos de interés en EEUU en 2016 y la segunda en diez años, después de que en su reunión de diciembre de 2015 el organismo presidido por Janet Yellen iniciase la senda de una normalización monetaria que se vio frustrada por la inestabilidad de los mercados en la primera mitad de 2016 y por el Brexit en la segunda. Ahora, el comunicado de la Fed apunta nuevas subidas a lo largo de 2017, cuando la administración Trump asuma el gobierno con las promesas de impulsar el crecimiento a través de recortes de impuestos, más gasto y desregulación.

Concretamente, el banco central estadounidense prevé tres subidas de los tipos en EEUU el próximo año, en lugar de las dos previstas anteriormente.


La subida de tipos acordada ahora estaba ampliamente descontada por los mercados financieros que otorgaban una probabilidad del 100% a que la Fed endureciese su política monetaria durante la reunión de diciembre. Si en su reunión de noviembre la Fed optó por mantener los tipos con una mayoría de ocho votos a favor frente a dos en contra, en este encuentro la decisión de subir los tipos fue adoptada de forma unánime.


El organismo monetario ha destacado que con ajustes "graduales" en su política monetaria, la actividad económica continuará expandiéndose a un ritmo "moderado", mientras las condiciones del mercado laboral continúan "fortaleciéndose algo más". Asimismo, la Fed espera alcanzar su meta de inflación en el corto plazo. Además, la institución considera que las condiciones económicas evolucionarán de una forma en la que garantizarán "solo incrementos graduales" de los tipos de interés.


En este contexto, la Fed revisó una décima al alza su previsión de crecimiento de la economía estadounidense en 2016 y 2017, hasta el 1,9% y el 2,1%, respectivamente, lo que justifica la decisión del FOMC de incrementar los tipos de interés en 0,25 puntos. Por otra parte, mantiene las estimación de crecimiento del PIB para 2018 en el 2%, y rebaja en una décima la de 2019, hasta el 1,8%.

Asimismo, el comité empeora una décima sus expectativas respecto al mercado laboral, que espera que cierre el año con una tasa de paro del 4,7%. También rebaja una décima el dato de 2017 y 2019, hasta el 4,5% en ambos ejercicios, y mantiene la previsión del 4,5% para 2018.

Respecto a los precios, el organismo ha revisado dos décimas al alza su previsión de la tasa de inflación para este año, hasta el 1,5%, mientras que mantiene sus proyecciones para 2017, 2018 y 2019 en el 1,9%, 2% y 2%, respectivamente.

Publicado enEconomía
Empresas de vigilancia en Colombia: cuarteles sin trabajo decente

El sector que conforman las empresas de vigilancia es uno de los que más crecimiento ha tenido en Colombia en los últimos años. Según datos de la Superintendencia de Vigilancia, en 2014 existían en Colombia 740 empresas dedicadas a este negocio. 538 de ellas (72.7%) son propiamente de vigilancia, 78 son empresas de capacitación (10.64%), 49 son cooperativas (6.62%), 28 son empresas blindadoras (3.78%), 20 son asesoras (2.7%), 19 son arrendadoras (2.57%), y 8 son empresas transportadoras de valores (1.08%).

Los datos de la SuperVigilancia muestran que es un negocio atractivo que genera muchas utilidades. Entre 2010 y 2014 los activos totales en el sector (valor de las inversiones) crecieron 1.7 veces, al pasar de $1.86 billones a $3.1 billones, con un crecimiento del 14.8% en el último año. Y respecto a los ingresos operacionales, éstos pasaron de $3.1 billones en 2007, a $7.5 billones en 2014, un crecimiento del 141.9% en 7 años, con un incremento del 10.9% en el último año, tal como se aprecia en el siguiente cuadro:

Como lo indica un estudio que recientemente realizó la Escuela Nacional Sindical, las razones de este crecimiento tienen dos niveles de comprensión, “uno de orden estructural y el otro de carácter coyuntural. El de orden estructural obedece al conflicto social y armado que ha signado al país en las últimas seis décadas, y que genera un sentimiento de riesgo que fomenta la adquisición de servicios de vigilancia y seguridad privada. Sin embargo, es preciso señalar que el crecimiento del sector no es una particularidad del país, sino que es correlativo a una perspectiva global, que hunde sus raíces en la tendencia de las empresas a tercerizar aquellas actividades que no constituyen su foco de atención principal (outsourcing).

En cuanto a las razones de tipo coyuntural, éstas obedecen a la situación de crecimiento de la economía colombiana, apalancada por el sector minero-energético y la entrada masiva de empresas multinacionales, así como a los elevados costos de intermediación financiera (1).

Antes de los años 90 en el sector de la vigilancia prevalecían empresas nacionales creadas por ex miembros de la policía y el ejército, principalmente, como Atlas, Fortox y Viseg, entre otras. Pero a partir del presente siglo, con la desregulación de la economía y las gabelas tributarias que se les dieron a las compañías trasnacionales para que invirtieran en el país, el sector empezó a ser dominado por este tipo de compañías, como Brinks, G4S, Prosegur y otras, que no sólo incursionaron en el negocio de la vigilancia, sino también en otros igual o más lucrativos, como el transporte de valores, en un proceso marcado por una tendencia hacia la concentración del negocio en cada vez menos empresas. En 2014 había 20 empresas (2.7% del total) que concentraban el 40% de los ingresos.

 

Trabajadores: ciudadanos de tercera

 

Lo que no ha evolucionado en un sentido favorable y civilizado ha sido la situación de los trabajadores. El modelo de trato autoritario y despótico, característico de los cuarteles, todavía prevalece en la mayoría de las oficinas de relaciones laborales de estas empresas, como si los trabajadores estuviesen condenados sólo a recibir órdenes y no fueran ciudadanos sujetos de derechos.

Crear sindicatos en este sector ha sido misión casi imposible, pues los trabajadores que se atreven a ejercer el derecho de asociación (un derecho propio de la modernidad, consagrado como derecho humano fundamental en nuestra Constitución Política) encuentran todo tipo de resistencias: desde las estrategias de choque abiertamente antisindicales con despidos y todas las formas de represión posibles, como las que se aplicaron en Seguridad Atlas; hasta las más sutiles, pero no por eso menos eficaces, utilizadas por Prosegur: imposición de un pacto colectivo ilegal para mantener en condición minoritaria al sindicato; contratación ilegal de trabajadores a término fijo o tercerizados; aislamiento y pagos irregulares a los sindicalizados, judicialización de las relaciones laborales, etc.

Como resultado de este tipo de estrategias, un instrumento como el Diálogo Social, que es clave para la construcción de sociedades democráticas y empresas socialmente responsables, es prácticamente inexisten en este sector. En 2015 éste ocupaba 216.151 personas, entre ellas 179.766 vigilantes (83.2%) y 17.387 escoltas (8.1%). Pero, después de muchas bregas y obstáculos, apenas se habían podido sindicalizar 4.829 trabajadores, el 2.2% de la población ocupada en este sector (2). Con un problema adicional: para alegría de los empresarios los sindicatos existentes están completamente atomizados, cada uno actúa sin coordinarse o unificarse con los demás.

Y respecto de la negociación colectiva, en 2015 en el sector había 25 convenios colectivos de trabajo: 12 convenciones colectivas y 13 pactos colectivos, lo que significa que apenas en el 3.37% de las empresas existe alguna forma de diálogo social con los trabajadores, con el agravante de que apenas en la mitad de ellas este diálogo es con sindicatos, pues en el caso de los pactos colectivos el diálogo social es una simulación. En la mayoría de los casos se trata de estrategias empresariales para evitar la formación y fortalecimiento de sindicatos. En este terreno la política sindical debe apuntar hacia la negociación de un acuerdo marco sectorial, que fije condiciones generales mínimas de trabajo para cualquier trabajador que se vincule al sector. Para la concreción de este objetivo se necesita una política sindical que articule la acción de todos los sindicatos del sector.

Los trabajadores del sector de la vigilancia requieren pues con urgencia una fuerte organización sindical, que reivindique sus problemáticas y derechos y tenga capacidad para incidir en las políticas de relaciones laborales de las empresas, toda vez que sin sindicatos el Diálogo Social no es posible.

Los problemas que deben enfrentar día tras día los trabajadores del sector, son (3):

 

  • - Largas jornadas de trabajo (12 horas o más) e irrespeto de los horarios laborales.
  • - Sobrecarga laboral.
  • - Procedimientos disciplinarios arbitrarios sin la garantía del debido proceso.
  • - Visitas domiciliaras y violación al derecho a la intimidad.
  • - Bajos salarios. Predomina el salario mínimo, aunque en algunas empresas ni el mínimo se reconoce, por lo que los trabajadores deben trabajar 12 horas o más todos los días del año.
  • - Falta de compatibilidad entre la vida laboral y familiar.
  • - Problemas de salud originados por las condiciones de trabajo: se trabaja de pie durante largas horas, sin pausas y lugares adecuados para el descanso, al sol y a las inclemencias del tiempo.
  • - Asignación de funciones distintas a las contratadas.
  • - Trato indignante de las directivas y jefes directos.
  • - Violación de los derechos de las mujeres, discriminación e imposibilidades de ascensos.
  • - Trabajo temporal y tercerización ilegal.
  • - Estabilidad laboral prácticamente inexistente, pues la facultad de despedir que tiene el empleador no está regulada en ningún sentido.

 

En el sector es posible mejorar ingresos y condiciones de trabajo sin poner en riesgo la viabilidad de las empresas. Aunque el componente principal de la actividad que prestan las empresas lo representa el factor trabajo, esta actividad genera un alto excedente bruto de explotación. Según la Supervigilancia, en 2015 la tarifa autorizada fue de $6´673.924 por mes, frente a un costo laboral total por mes y durante las 24 horas del día de $3.263.312, o el 48.89% del valor de la tarifa, lo que deja un margen del 51.1% a favor de las empresas, margen que es bastante amplio para cubrir los demás costos del sector, y que posibilita que la actividad de los vigilantes sea de verdad un trabajo digno y decente.

 

1 Vásquez, Adrián.  Estudio del sector de vigilancia y seguridad privada en Colombia. ENS; 2015.

2 Esta tasa es la mitad de la tasa de afiliación sindical que presenta el país, una de las más bajas del planeta.

3 Estos problemas se indicaron en un taller realizado en Bogotá (junio de 2016), que reunió a trabajadores y sindicalistas del sector, realizado por la UNI (Union Network Internacional –Federación Sindical Internacional de Trabajadores de los Servicios), taller que contó con el apoyo de la ENS.

 

Publicado enColombia
La monumental estatua del Cristo Redentor, de 30 metros de altura, en primer plano; al fondo, Maracaná iluminado por el ensayo de la ceremonia inaugural

 

Río 2016

Una cola kilométrica serpenteaba en torno al estadio modernizado de Maracaná la noche del domingo. Miles de invitados esperaban a ver el ensayo de la ceremonia de apertura olímpica. Eran mucho más humildes que los miembros de la familia olímpica y demás vips que asistirán a la inauguración de verdad el próximo viernes. “No entiendo; me dijeron que sólo habría 3.000 personas y que entraríamos rápido”, dijo uno de los 80.000 voluntarios olímpicos, inconfundibles por sus camisetas amarillas y zapatillas verdes. Había venido de la India para prestar sus servicios gratuitamente al Comité Olímpico Internacional (COI) y sus socios de marcas multinacionales. Ni tan siquiera había vendedores ambulantes para comprar una cerveza Bohemia y matar el tiempo, o quizás una mazorca de maíz o un sándwich de tapioca. “Está prohibido vender en los alrededores del estadio”, dijo un voluntario que señalaba el lejano fin de la cola con un enorme dedo hinchable al estilo de Disneyland. Claro, este es territorio reservado para Coca-Cola, el patrocinador mas antiguo de los cinco anillos.


Lo que nadie sabía es que la demora podía tener que ver en realidad con el fracaso del modelo de externalización y privatización adoptado por el nuevo gobierno conservador y el elemento esencial del modelo olímpico de iniciativa privado-pública del alcalde de Río, Eduardo Paes. A principios de julio, el Gobierno federal había contratado a una empresa privada por 17 millones de reales (unos 5 millones de euros) para operar las máquinas de seguridad de rayos X, los detectores de metales y para registrar las bolsas en las entradas del estadio olímpico. Sería un buen ejemplo –calculaba el Gobierno que ha sustituido a la destituida presidenta de izquierdas, Dilma Rousseff– para ver cómo funcionaría la nueva ley de externalización privada de trabajos públicos, a punto de aprobarse en el Congreso.


Pero la empresa seleccionada en el precipitado concurso, Artel Recursos Humanos, con sede en el sur de Brasil, pronto descubriría lo difícil que resulta encontrar a miles de personas dispuestas a trabajar por menos de nueve euros al día. Intentó subcontratar parte del trabajo con otra empresa dedicada al nuevo negocio de externalización, Simetria. Pero no fue posible. La semana pasada, a última hora, el Gobierno tiró la toalla y llamó al ejército y la policía militar. Ahora, miles de soldados y policías hacen el trabajo. “A mí me ha venido bien porque me van a pagar 20.000 reales –unos 6.500 euros– hasta el final de los Juegos (el 21 de agosto)”, dijo un policía militar jubilado de 54 años que operaba la máquina de rayos X en el estadio Maracaná. “Me avisaron por correo electrónico la semana pasada”, añadió.


Los viejos militares hacían un buen trabajo en el estadio el domingo pero en tan poco tiempo debe de ser difícil reorganizar el sistema y, aún más, dado el miedo al terrorismo que recorre la ciudad. “A mí me preocupan los lobos solitarios; podría ser cualquiera”, decía Marilla, fisioterapeuta de 49 años, señalando las caras de póquer en la cola. Si esta improvisación de última hora parece un buen ejemplo de la forma caótica de hacer las cosas en Brasil, no es así. En los Juegos de Londres en el 2012, pasó exactamente lo mismo. El gobierno privatizador de David Cameron había contratado a G4S, la empresa más grande del mundo en seguridad privada, para fichar a mas de 10.000 trabajadores para tareas de seguridad como registrar bolsas y operar las máquinas de rayos X. El Estado británico pagó 458 millones de libras a G4S y contaba con que el sector privado haría mejor y más barato lo que el sector público siempre había hecho. Pero menos de dos semanas antes del inicio de los Juegos, G4S anunció que no había logrado contratar a los empleados necesarios, en parte porque sólo pagaba unos 10 euros por hora. La crisis quedó resuelta gracias al despliegue de miles de soldados. “Es una tendencia en el capitalismo olímpico: el Estado rescata a las empresas privadas cuando estas se colapsan bajo la presión”, resume Jules Boykoff, autor del nuevo libro sobre los Juegos Olímpicos Power games.


Mientras las colas se alargaban delante del nuevo Maracaná de elite, ya carente de su famosa gradería popular, el Geral, los bomberos (un servicio militar en Brasil) esperaban por si los temores a un atentado resultasen fundamentados. Pero los recortes del quebrado estado de Río han dejado estos servicios esenciales en condiciones precarias. “Suspendieron nuestros salarios durante un mes; hoy llevo diez horas trabajando sin comer”, se quejó un bombero.

 


Atraco a la chica de Ipanema

 

En Londres 2012, Danny Boyle, el director de Slumdog Millionaire, película sobre una favela en Calcuta, se atrevió a diseñar una ceremonia de inauguración olímpica subversiva con una suerte de historia popular del Reino Unido que molestó a diversos ministros de Cameron al incluir un homenaje a los sindicatos británicos y un baile de celebración por la sanidad pública.


A juzgar por el ensayo del domingo, la ceremonia de apertura para Río 2016, de tres directores de cine, entre ellos Fernando Meirelles, autor de Ciudad de Dios, es bastante más conservador en su planteamiento. Cuenta la historia oficial de Brasil sin grandes sorpresas. Hay una homenaje previsible a la bossa nova , Garota de Ipanema, de Tom Jobim, aunque al menos se permite un desenlace sorprendente en el cual la chica es víctima de un arrastao –robo colectivo por parte de jóvenes favelistas frecuentes en las playas opulentas de Río¬–. En otra escena, el avión de Santos Dumont –que según se insiste en Brasil voló antes que el de los hermanos Wright– sobrevuela el escenario. Un baile hermoso de indígenas que tejen formas geométricas con cables iluminados queda interrumpido cuando arriban las carabelas portuguesas. Pero la llegada de cinco millones de esclavos ocupa el mismo tiempo y espacio que un exagerado homenaje a los inmigrantes japoneses. Una escena de carnaval en los setenta al son de Jorge Ben Jor hace pensar que sería mejor volver en febrero. Se acierta más en la representación del levantamiento de las enormes metrópolis de Sao Paulo y Río mediante un baile de trabajadores de la construcción que trepan los rascacielos al son de la canción Construçao de Chico Buarque. Fernando Meirelles explicó que “hemos gastado una pequeña parte de lo que se gastó en Pekín o Londres, lo cual está bien porque hay cosas más importantes en las que gastar en Brasil”.

 

 

Publicado enInternacional
Lunes, 23 Mayo 2016 10:23

“El capitalismo puede colapsar”

El sociólogo alemán Wolfgang Speeck en le Museo Reina Sofía de Madrid.
Pionero de la sociología económica, Wolfgang Streeck analiza la crisis del modelo.

 

 

El profesor Wolfgang Streeck (Lengerich, 1946) pasó más de tres décadas estudiando las relaciones entre capital y trabajo en las sociedades capitalistas. Sociólogo formado en la Alemania escindida por el Muro, desarrolló gran parte de su carrera en Estados Unidos, en las universidades de Columbia y Wisconsin-Madison, antes de asumir la dirección del Max Planck Institute, centro del que es director emérito. Nunca fue muy partidario de la teoría de los sistemas y análisis cuantitativo que triunfó en Estados Unidos a partir de los setenta —"las publicaciones académicas se convirtieron en un tostón"— y fue un pionero en la puesta en marcha de un programa de sociología económica. Pero en 2008, ante una crisis económica que describe como una experiencia casi mortal, fue cuando comprendió que la continuidad de las sociedades y de las oportunidades de la gente en el campo laboral dependían más que nunca del sistema global financiero: "Para entender las dinámicas de la sociedad moderna y la vida de la gente tienes que comprender el desarrollo y el papel de las finanzas globales como la condición dominante, había que integrar la política del sector financiero en la teoría macro de desarrollo social". En eso anda empeñado, como demuestran sus artículos en New Left Review. Invitado en abril por el Centro de Estudios del Museo Reina Sofía y el MACBA a impartir sendos seminarios en Madrid y Barcelona, Streeck disertó sobre las crisis del capitalismo, la vacuidad de la política y la construcción europea.

 

Pregunta. Los sindicatos han sido una parte esencial de su área de estudio. ¿Estaban ahí los elementos para anticipar su actual pérdida de influencia?

 

Respuesta. Las predicciones son muy difíciles de hacer. A finales de los sesenta hubo una ola de agitación obrera, incluso en el bloque soviético. A partir de ese momento, los sindicatos tuvieron una fuerza creciente: la única manera de calmar ese malestar sin que subiera el desempleo era admitir tasas más altas de inflación, una especie de fuerza pacificadora. Pero esa medicina tenía contraprestaciones muy serias. La decisión de acabar con esto la tomó en 1979 Paul Volcker como presidente de la Reserva Federal con Carter.

 

P. ¿Qué pasó?

 

R. Cuando yo era un estudiante se decía como una obviedad que un 5% de desempleo en una democracia era algo imposible, la gente haría saltar por los aires el sistema. El experimento político fue decidir jugársela. El desempleo subió al 20% en EE UU en los primeros ochenta, industrias enteras se borraron del mapa. Ahora incluso se han aprobado leyes para dificultar la organización sindical en Estados Unidos, el mismo país que en los años treinta introdujo legislación para promover esto, porque, siguiendo el modelo keynesiano, pensaban que unos sindicatos fuertes podrían redistribuir la riqueza, producir demanda agregada y crecimiento económico.

 

P. Señala tres tendencias que se retroalimentan: el aumento de la desigualdad, la caída del crecimiento y la impresión de moneda y de deuda, algo que considera insostenible. ¿A qué conduce esto?

 

R. A una situación impredecible de crisis potencial, de interrupciones emergentes o colapsos con una intensificación de conflictos entre países y clases sociales, y al declive del nivel y la esperanza de vida de una parte cada vez más grande de la población. El colapso del capitalismo es posible, lo ocurrido en 2008 podría repetirse pero a mayor escala, con muchos bancos cayendo al mismo tiempo. No digo que vaya a suceder, pero podemos estar seguros de una tendencia: el aumento del número de personas que quedan en los márgenes.

 

P. ¿Las sociedades avanzadas se acercan al Tercer Mundo?

 

R. Hay países considerados sociedades capitalistas altamente desarrolladas que presentan similitudes preocupantes con los llamados países del Tercer Mundo. Más y más gente depende de recursos privados para vivir bien. Luego, los países del Tercer Mundo están bajo mucho estrés y en un proceso rápido de deterioro: la clase media y las burocracias han perdido la esperanza. La promesa de desarrollo parece haberse roto totalmente.

 

P. Apunta que la falta de una alternativa al capitalismo produce una clase política interesada, un descenso de la participación electoral, más partidos y una inestabilidad persistente. Pero, tradicionalmente, la teoría política consideraba la baja participación como un síntoma de madurez en democracia.

 

R. Bueno, sobre esto no había consenso, pero la teoría era que la gente estaba tan satisfecha que no iba a votar. Yo me fijo en tendencias, y en la OCDE hay un descenso en la participación que coincide con otras curvas como el aumento de la desigualdad, la congelación salarial o las reformas del Estado de bienestar. Cabría pensar que la gente insatisfecha irá a votar, pero no. Es algo asimétrico: quienes recurrentemente se abstienen son quienes están en la base de la distribución de la riqueza. Ahora, sin embargo, estos ciudadanos que habían renunciado a la política están volviendo. En todas partes vemos un ascenso de los llamados partidos populistas.

 

P. ¿Qué implicaciones tiene esto?

 

R. Esa curva empieza a subir, pero a costa de la estabilidad política y de los partidos del centro que están cayendo; hay una mayor dificultad para formar Gobiernos porque los nuevos partidos tienen que entrar en el sistema y los viejos no se fían. Los conflictos inherentes en las sociedades empiezan a ascender y a subir al sistema político, después de 20 años de ver cómo quedaban fuera del discurso político oficial.

 

P. ¿Otras tendencias también cambian?

 

R. Las económicas se refuerzan de tal manera que algo muy gordo tendría que pasar para que alteraran su curso. Es como si el sistema tuviera muchas enfermedades al mismo tiempo, cada una de las cuales podría tratarse y curarse, pero no todas al mismo tiempo. Por ejemplo, el dramático aumento de la desigualdad se refuerza con esta gente que dispone de una increíble cantidad de herramientas y recursos para defender su riqueza.

 

P. La filantropía, especialmente en EE UU, es el mecanismo que muchos encuentran para compensar. ¿Qué opina?

 

R. El motivo por el que la esfera pública no puede hacer ciertas cosas por sí misma es porque no puede cargar impositivamente a los ricos; entonces estos se gravan a sí mismos, por supuesto de manera menor, y lo combinan con una gran operación de relaciones públicas. Es algo humillante para las sociedades democráticas depender de la buena voluntad de unos pocos. Es como una refeudalización.

 

P. ¿Qué piensa de la revolución tecnológica que promete otorgar más poder a la gente y plantea otro tipo de economías?

 

R. Es un tema muy amplio. A finales de los setenta, cuando estudié la industria automovilística, vi los primeros robots entrando en fábricas. Pensamos que significaría muchísimo desempleo, y así ocurrió en EE UU y en Reino Unido, pero no en Alemania o Japón, donde se diversificaron los productos que necesitaban de una mano de obra muy sofisticada. Las industrias se expandieron a un ritmo tan fuerte que el efecto del ahorro de trabajo quedó anulado por el volumen.

 

P. ¿Y ahora?

 

R. Hoy tenemos un problema parecido con el auge de la inteligencia artificial, estas máquinas que pueden programarse a sí mismas e incluso crear otras. Esto ataca a la clase media, es decir, a la gente que ha trabajado duro en la escuela y en la universidad para tener un empleo. El estadounidense Randall Collins, por ejemplo, predice que para mediados de este siglo la inteligencia artificial habrá causado un nivel de desempleo de al menos un 50% entre la clase media en todas las sociedades.

 

P. Se ha mostrado muy crítico con el euro y habla de un cambio en la estructura monetaria. ¿Una vuelta a las monedas nacionales?

 

R. En esta vida no hay vuelta atrás, pero algún tipo de restauración de la soberanía monetaria en los países que están quedando atrás es inevitable. Debemos empezar a pensar seriamente en un sistema monetario de dos niveles. Es una elección entre cirugía sin anestesia o con algún sedante. Y si quieres hacer una vivisección en Grecia ves que no tienen suficiente poder para resistir y está a punto de convertirse en un país del Tercer Mundo.

 

P. Escribe que el capitalismo no va a desaparecer por decreto, nadie va a salir a anunciar su caída, y habla más bien de una mutación.

 

R. Mi hipótesis es que atravesaremos un largo periodo de transición, en el que no sabemos hacia dónde vamos. Es un mundo de incertidumbre, desorden, desorientación, en el que todo tipo de cosas pueden pasar en cualquier momento. Nadie sabe cómo salir del problema, solo vemos que crece. No se trata solo de las desigualdades y las finanzas haciendo cortes por todas partes, es que también afrontamos límites en términos de medio ambiente y políticas energéticas, así como el ataque de las periferias. Todo simultáneamente.

 

P. ¿La desaparición del comunismo le está buscando la ruina al capitalismo, que ya no tiene competencia?

 

R. Desde el siglo XIX existía la presunción de que el capitalismo era estabilizado por sus enemigos, que forzaban crisis transformativas. El capitalismo hoy es muy distinto del de entonces, pero lo que tienen en común es el maridaje de la promesa de progreso social con la interminable acumulación de capital capaz de crecer por sí mismo, sin límite. La unión de estas dos cosas, la promesa de progreso y la acumulación de capital en manos privadas, es la cuestión crítica: ¿cuánto puede durar? Podría decirse que la acumulación de más y más capital no puede ser descrita como progreso, toca un límite. Y si el dinamismo capitalista empieza a tocar techo, entonces llegamos a la crisis.

 

P. ¿Qué diría hoy Max Weber?

 

R. Diría: “Karl y yo teníamos razón”.Si nos fijamos en los origenes de la sociología y la teoría social, se consideraba que sus trabajos eran antagónicos, pero hoy parecen extremadamente similares.

 

 

 

Publicado enEconomía
Lunes, 23 Mayo 2016 09:00

Tope del crecimiento económico

Tope del crecimiento económico

La realidad tiene poco que ver con las estimaciones. Pero este no es asunto que preocupe demasiado a muchos economistas y tampoco a los políticos. Si se fija una tasa de crecimiento esperada para esta economía y luego se revisa a la baja varias veces durante el año, pues peor para la realidad; siempre habrá manera de explicarlo. Es ahí donde se pone la atención en los métodos para estimar el nivel de la actividad económica y sus consecuencias en la cada vez más repetitiva conversación (o monólogo) que se crea alrededor del PIB.

 

Desde hace tiempo el banco central ha explicado la trayectoria de la inflación con referencia en un concepto que es la brecha del producto. Este indicaría si el producto que efectivamente se mide es mayor o menor que el que se estima como el potencial, es decir, la cantidad máxima de bienes y servicios que se puede generar funcionando a plena capacidad, lo que implica una máxima eficiencia.

 

Vaya, que se trata de lo que se estima que crece el producto y lo que se estima que podría crecer en un momento determinado. Una medición pretenciosa, pero sobre la cual según dicen los técnicos se basa la política monetaria para determinar el curso de la inflación, mediante la tasa de interés y, también, la política fiscal para incidir sobre las decisiones de inversión y de consumo por medio del gasto público y los impuestos.

 

Si el producto efectivo está por debajo del potencial (una brecha negativa) las condiciones de la oferta y la demanda no presionan los precios al alza, si la brecha es positiva la inflación tenderá aumentar. La consecución de las metas de inflación en torno a 3 por ciento anual se basaba en la brecha negativa. Pero ahora esa brecha, según algunos analistas, se está cerrando.

 

Pero no se cierra necesariamente por razones de la asignación y uso de los recursos, por estar utilizando más la capacidad instalada, porque crezca la inversión o se eleven los ingresos de los trabajadores. Tampoco sería la consecuencia del impulso de los procesos de innovación o del cambio tecnológico. No, esto sucede porque la economía no da para más, no logra elevar su tasa de crecimiento más allá de 2.6 por ciento en promedio anual. Este es, según la visión más convencional, su estado natural. No importa si esto es mucho o poco, lo relevante es el tope.

 

La conocida empresa calificadora Moody’s emitió hace unos cuantos días una nota de análisis en la que trata este asunto. Dice: Dado que la economía se encuentra funcionando a tasas consistentes con su capacidad productiva, la brecha del producto se ha cerrado. Y concluye que no se necesitan más los estímulos de tipo fiscal y monetario, pues se generaría una inflación por encima del objetivo de 3 por ciento y, además, forzar un crecimiento del producto por arriba del actual provocaría desequilibrios macroeconómicos.

 

Pues los técnicos economistas del sector privado y del gobierno conceden así que esta economía no da para más. Ni aumenta su capacidad de producción, ni rebasa su grado de ineficiencia actual, no cuenta con fuerza alguna que impulse su potencial de crecimiento. Pues que sea el 2.6 por ciento de crecimiento anual del producto y quien se quede fuera lo hará siempre en beneficio de una inflación controlada y de la preservación de los equilibrios macroeconómicos. Este es el mensaje político que tendrá que asumirse abiertamente. El poder tomado por los profesionales.

 

Decir que cualquier método de estimación de la brecha del producto está sujeto a un alto grado de incertidumbre es una simpleza. Eso se desprende de la estructura de la economía y sus cambios, lo que incluye las condiciones el mercado laboral en cuanto al empleo de la gente y sus ingresos, también, la situación de las empresas de distintos tamaños en diversos sectores, las condiciones financieras y las diferencias en el desarrollo regional.

 

Pero es, sin duda, más fácil tomar una medida de la brecha del producto y usarla de modo directo y sin filtros, sobre todo el que impone una seria consideración del estado de la sociedad. Así se pasa sin pausa alguna a proponer que los estímulos monetarios y fiscales son excesivos y en aras de la estabilidad macroeconómica admitir que solo se puede crecer al 2.6 por ciento. La receta es reducir el déficit fiscal de alrededor de 3.5 por ciento del PIB (¿será con menos gasto y más impuestos?) y subir las tasas de interés. Pocas variables para un problema tan grande.

 

A estas tasas de crecimiento máximo posible y según los datos de ocupación del Inegi al primer trimestre de este año, 63 por ciento de la población ocupada recibía un ingreso hasta de tres salarios mínimos, 12.5 por ciento recibía más de tres y 5.9 por ciento más de cinco salarios mínimos. La marginación social a este nivel en que la brecha del producto desaparece es un tema que cuando menos también habría que considerar técnicamente. Agréguese que la informalidad sigue siendo de 60 por ciento, que el país vive en buena medida de las remesas que llegan de Estados Unidos, la quiebra económica de estados como Tabasco y Campeche y el desplome del peso.

 

Según las consideraciones de la brecha del producto, apenas unas cuantas variables parecen necesarias para abordar el problema del límite de crecimiento de la economía mexicana. Ni ésta puede crecer más ni el análisis económico predominante puede ofrecer otra cosa.

 

 

 

Publicado enInternacional
“El modelo dominante de desarrollo no funciona”

La Cepal se reúne este mes en México con el foco puesto en la desigualdad y el cambio climático

 

La Cepal, el organismo económico para América Latina de la ONU, se reúne este mes en México con el foco puesto en la desigualdad y los desafíos del cambio climático. La agenda 2030, aprobada el año pasado por todos los Estados de la ONU, busca soluciones que saquen a la región del atolladero económico en que lleva sumido durante los últimos dos años sin perder de vista los equilibrios de equidad y respeto al medio ambiente. Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva del organismo, convoca al sector público y privado "a cambiar la conversación".

Pregunta. En los últimos años ha crecido la desigualdad y la pobreza. ¿Por qué?


Respuesta. Lo que nosotros observamos es un estancamiento en la disminución de la pobreza. El desempleo se mantiene en niveles del 6,5% pero ha habido un cambio. Los empleos son ahora de menor productividad y un poco más precarios. Estamos viendo una evolución del trabajo asalariado hacia el autoempleo. Nosotros proponemos que tiene que haber tres tipos de eficiencias en la economía global, no solo regional. Está habiendo movimientos tectónicos de alcance mundial. El mundo no crece lo suficiente. Y la región está con tasas declinantes. Ha de haber una coordinación para que todos los países en vez abocarse al ajuste, promuevan impulsos a la economía. Sobre todo en los países desarrollados y con superávit. Si ellos recortan y ajustan, ¿qué le dejan al mundo en desarrollo?


P. ¿Qué cambios habría que hacer en el modelo productivo?


R. Urge un cambio en la matriz productiva en busca de sectores más intensivos en aprendizaje e innovación. México, por ejemplo, ha avanzado mucho. Es de las economías más diversificadas de la región. Ya no depende tanto del petróleo.


P. ¿Qué papel juega la tecnología?


R. Debemos utilizar la revolución tecnológica para darle un gran impulso ambiental a la economía. Debemos subirnos a la dinámica de las energías renovables que generen un menor deterioro ambiental y combatir el cambio climático con tasa bajas de carbono.


P. ¿Qué países lo están haciendo bien?


R. Chile por ejemplo tiene un plan muy potente a 2020 que va sustituyendo energía tradicional. Ecuador ha logrado echar a andar una hidroeléctrica muy importante que sustituye la importación de combustibles fósiles.


P. ¿Es la tecnología una amenaza para el empleo?


R. Es importante que esta transición tecnológica con miras ambientales y sostenibles vaya acompañada de empleo. Porque si la tecnología va a empezar a sustituir a los trabajadores, sobre todo los de baja productividad, también pude generar problemas para el futuro.
P. ¿Cómo se financian esas políticas públicas?


R.Hay que buscar vías de financiamiento. Nosotros hemos detectado que la región en su conjunto tiene un nivel de evasión de fiscal muy alto tanto en el impuesto sobre la renta y como sobre el valor agregado. Son uno 320.000 millones de dólares en evasión fiscal. Esos recursos pueden ponerse a disposición del desarrollo sostenible con igualdad si se consigue una mejor regulación.


P. ¿Qué papel juega el sector privado?


R. Nosotros estamos intentando cambiar la conversación entre el sector público y privado. Convocar al empresariado de la región a un cambio progresivo. La desigualdad y la insostenibilidad ambiental conspiran contra el buen desempeño de las empresas. El estilo dominante de desarrollo no está funcionado. Por lo tanto, tenemos que abordar cambios estructurales progresivos para el futuro de la región encaminados a un desarrollo sostenible y más igualitario.


P. ¿Qué ejemplos encuentra de ese modelo actualmente en la región?


R. El polo de la industria aeroespacial en Querétaro. Es un sector económico muy interesante. Han construido un ecosistema de innovación, aprendizaje y capacidades. En el norte de Chile también se está creando un polo de energías renovables donde empresa nacionales e internacionales han creado coaliciones para una nueva alternativa de desarrollo.

Publicado enEconomía
Jueves, 12 Mayo 2016 07:42

El empleo cruje en la región

La tasa de desocupación en América latina crecería medio punto porcentual este año, según la Cepal y la OIT.
Los organismos señalaron que el proceso de mejora de los indicadores laborales en América latina de los últimos 15 años se frenó y que las perspectivas para el 2016 son desfavorables. Recomiendan implementar políticas activas para responder al problema.

 

 

El año pasado se produjo el primer aumento en la tasa de desempleo de América latina desde 2009, cuando la crisis internacional golpeó con fuerza sobre las economías de la región. La desocupación para el heterogéneo bloque de países latinoamericanos pasó de 6 a 6,5 por ciento en 2015 de acuerdo a un informe de la CEPAL y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) divulgado ayer. Los organismos proyectan que la tendencia continuará este año como consecuencia del empeoramiento en las condiciones macroeconómicas. Sin exhibir el destacado dinamismo del período 2003-2008, la economía Argentina había logrado mantenerse aislada de un proceso de deterioro generalizado en las condiciones del mercado de trabajo. El ajuste recesivo implementado por el gobierno de Mauricio Macri y las crecientes tensiones en la esfera laboral -pública y privada- hacen prever que el país se sumará al grupo liderado por Brasil que traccionarán al alza la desocupación en el continente.

 

“En muchos países de América del Sur las perspectivas de crecimiento continúan siendo poco auspiciosas, lo que seguirá afectando los mercados laborales”, advierte el documento. “El proceso de continua mejora de los indicadores laborales que benefició a la región durante gran parte de los últimos 15 años se frenó en un contexto macroeconómico global más desfavorable”, indicó la secretaria ejecutiva de la Cepal, Alicia Bárcena, en la nueva edición de Coyuntura laboral en América latina y el Caribe.

 

Sin embargo, hasta ahora el deterioro de los indicadores de empleo y desempleo no fue un fenómeno generalizado en la región y la tasa de desempleo solo aumentó en 7 de 19 países de América latina y el Caribe, mientras que cayó en 9 y se mantuvo prácticamente estable en otros 3. “Esto subraya la importancia de medidas no solo para mitigar los efectos de la crisis en el corto plazo, sino también para enfrentar las brechas y rezagos de más largo plazo, tales como la poca diversificación productiva, las brechas de productividad, la alta informalidad y la desigualdad”, agregó José Manuel Salazar, director regional de la OIT para la región.

 

De acuerdo al informe, la desocupación en Argentina se ubicó en 6,5 por ciento durante 2015. La cifra publicada por los organismos corresponde al promedio de los primeros tres trimestres del año mientras que, para el estudio, el guarismo cerró en 7,3 por ciento en 2014. Si bien el presidente Macri y sus colaboradores niegan la existencia de un proceso generalizado de destrucción de empleo público y privado, el gobierno promovió la firma de un acuerdo con grandes empresas para que no despidan trabajadores para desactivar el tratamiento legislativo de la ley que prohíbe las desvinculaciones y duplica las indemnizaciones. “El mundo pelea por el empleo”, fue la novedosa fórmula incorporada por el mandatario el lunes pasado al anunciar un paquete de ayudas para las pequeñas y medianas empresas.

 

Ajena a las advertencias sobre el deterioro del mundo laboral en la región que hacen la Cepal y la OIT, la empresa calificadora de riesgo Moody’s advirtió recientemente sobre un incremento en la desocupación en el país. Al celebrar el regreso de la Argentina al mercado financiero internacional con la emisión de deuda externa, la firma estadounidense reclamó “una reducción sostenida de los desequilibrios macroeconómicos del país para sustentar mejoras adicionales en las perspectivas crediticias del gobierno, las empresas y los bancos”. Desde su perspectiva, el PBI se contraerá un 1,5 por ciento este año, “lo cual derivará en un aumento del desempleo, con un índice de inflación superior al 30 por ciento”.

 

Si se cumplen las previsiones de la OIT y Cepal, perspectivas que también son compartidas por otros organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional, este año volverá a registrarse una nueva contracción del producto interno bruto latinoamericano. “Esto implica que se mantendría la debilidad de la generación de empleo, con una nueva caída de la tasa de ocupación y un empeoramiento de la calidad del empleo, al centrarse la generación de nuevos puestos de trabajo en sectores de baja productividad. También es previsible un nuevo aumento de la tasa de desempleo, probablemente de más de medio punto porcentual”, concluye el documento difundido ayer por los organismos dependientes de Naciones Unidas.

 

 

Publicado enEconomía
Lunes, 25 Abril 2016 15:15

Juventud al borde del suicidio

Juventud al borde del suicidio

Desempleo, pobreza, falta de oportunidades para cursar estudios secundarios y superiores, delincuencia, violencia y suicidios hacen parte de los principales indicadores que caracterizan a los jóvenes, tanto en América Latina y el Caribe (AL-C) como en Colombia en particular. Los últimos informes de la Cepal, del Banco Mundial (BM) y de la Organización Mundial de la Salud (OMS) así lo indican. Más de 20 millones de personas entre los 15 y 24 años ni estudian ni trabajan. Conforme pasa el tiempo cada vez son más jóvenes quienes ven en el suicidio la única forma de solucionar sus problemas; apareciendo ésta (con una tasa de suicidio de adolescentes que alcanza el 5 por cada 100 mil jóvenes) como la segunda causa de muerte entre los jóvenes latinoamericanos después de los accidentes de tránsito.

Si bien el escritor, novelista, historiador y filósofo británico H. G. Wells (1866-1946) jamás desistió como socialista que era en su intento de promover un mundo más justo y solidario, su último ensayo “El destino del homo sapiens” (1939) está marcado por un pesimismo fruto de contemplar una humanidad que, por ambición y odio, se destruye a sí misma. Una de las tres clases de fuerzas identificadas por Wells, tendientes a provocar una crisis de violencia frenética sin ningún objetivo razonable, consiste en “el exceso relativo de jóvenes desocupados”.

Wells contó con el talento necesario para vaticinar el conflicto militar global que se desarrolló entre 1939 y 1945. Pronosticó que “el estrato de la población en edad de combatir, jóvenes principalmente, caerá en los campos de batalla, quedará mutilado, será envenenado o afectado mentalmente. Después aparecerá una generación mal nutrida, deficientemente educada, desmoralizada y mentalmente deformada; los esfuerzos inherentes a la preparación bélica, la presión, el ruido y el desorden del conflicto no permitirán un crecimiento normal. Se habrán desperdiciado para siempre grandes reservas de energía”. No se equivocó, la Segunda Guerra Mundial arrojó un total de 70 millones de víctimas entre combatientes y población civil.

Pasados los años la juventud no corre con mejor suerte. La situación es tal que el suicidio surge como una alternativa ante las condiciones de vida que enfrentan, el poco sentido que le encuentran a su existencia y el oscuro futuro que ven ante sí.Los suicidios se cobran un costo alto. De acuerdo con estudios de la OMS, más de 800.000 personas mueren cada año en el mundo por esta causa, registrada como la segunda causa principal de muerte entre personas de 15 a 29 años de edad. Hay indicios que por cada suicidio posiblemente más de otras 20 personas intentaron igual camino.


En Colombia esta realidad no es diferente. En la última década se presentaron 18.336 suicidios, con promedio de 1.833 casos por año y una tasa promedio anual de 4,1 casos por 100.000 habitantes. La mayor tasa se presenta en los grupos de 20 a 24 años de edad; ésta es de 6,5 suicidios por cada 100.000 jóvenes (Ver recuadro).

 

Diagnósticos


De acuerdo con un estudio adelantado por el BM, en América Latina uno de cada cinco jóvenes ni estudia ni trabaja. Estos son llamados comúnmente “ninis”. Más de 20 millones de personas entre 15 y 24 años de edad viven en estas condiciones; además, el problema de los “ninis” ha demostrado ser muy persistente y creciente .

¿No hay cama para tanta gente? En el transcurso de tres generaciones, la población de Latinoamérica y el Caribe (AL-C) se multiplicó por 3,8 veces: en 1950 sumaba 169 millones de habitantes; en 2015 aumentó a 635 millones. En el conjunto de AL-C, el 25,6 por ciento de la población se encuentra en el rango de 15 a 29 años de edad; esto es, actualmente hay 163 millones de jóvenes (cuadro 1).

En AL-C la tasa de desempleo, que a partir de 2010 se había recuperado de manera vertiginosa de su incremento en 2009, de nuevo creció hasta alcanzar en el año 2015 un 6,6 por ciento; lo que representa un incremento del número de desocupados urbanos alrededor de 1,5 millones de personas, principalmente jóvenes, llegando a un total de 14,7 millones en AL-C.

En paralelo, la caída de la pobreza se frenó a partir de 2012 y la pobreza extrema (indigencia) vuelve a crecer debido, de una parte, al aumento del costo de los alimentos que es superior a la inflación general y, de otra, al deterioro del mercado laboral y a la reducción en el gasto público social. De acuerdo con el informe del panorama social de la región en 2015, presentado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), el número de personas en situación de pobreza creció en alrededor de dos millones en 2014 en comparación con 2013, alcanzando 168 millones de personas, 70 millones de los cuales estaban en la indigencia. En 2015 la tasa regional de pobreza aumentó a 29,2 por ciento de los habitantes de la región (175 millones de personas) y la tasa de indigencia a 12,4 por ciento (75 millones de personas) .

El deterioro que muestran los indicadores sociales en la región afecta adversamente a los jóvenes, una alta proporción de los cuales se encuentra en una penosa situación, sin esperanza de redimir. Redimir, según el Drae, hace referencia al poner término a algún vejamen, penuria u otra adversidad o molestia. A continuación se describe esta situación juvenil en AL-C, con base en estadísticas de la Cepal.

 

 Educación

 

AL-C registra avances en cuanto a los niveles de escolaridad: en 2013, el 92 por ciento de la población entre 15 y 19 años de edad había concluido la educación primaria; en la secundaria la cifra se había elevado del 37 por ciento en 1997 al 58 por ciento en 2013, considerando a los jóvenes en edad de término de dicho nivel.

Sin embargo, la situación socioeconómica de los jóvenes muestra amplias brechas educativas por nivel de ingresos, particularmente en la educación secundaria y postsecundaria. Un 80 por ciento de los jóvenes de 20 a 24 años del quintil más rico había concluido la secundaria en 2013, mientras que en el quintil más pobre esta tasa solo llegaba a 34 por ciento. En la educación postsecundaria, la brecha es apreciablemente mayor: en 2013, el porcentaje de población con ese nivel educativo alcanzó un 46 en el quintil más rico, mientras que en el quintil más pobre fue de apenas un 4 por ciento (Cepal, 2016).

 

Existe una alta heterogeneidad entre los países en lo referido a la tasa neta de matrícula en secundaria. El promedio en AL-C para el año 2012 es de 73 por ciento. El intervalo en la cobertura de la educación secundaria registra una tasa neta mínima de 47 por ciento en Guatemala y una máxima de 89 por ciento en Argentina (gráfico 1).

 

Trabajo

 

El trabajo es la llave maestra para la igualdad, eje de la integración social y económica, y mecanismo fundamental de construcción de autonomía, identidad, dignidad personal y ampliación de la ciudadanía. El 80 por ciento de los ingresos totales de los hogares latinoamericanos proviene del trabajo; por lo tanto, es el principal motor para la superación de la pobreza y el acceso al bienestar y a la protección social. Sin embargo, el mundo del trabajo también puede producir y exacerbar desigualdades (Cepal, 2016, p. 31).

Respecto al desempleo, existen en AL-C diferencias importantes en función de la condición etaria. La tasa de desempleo de la población joven es siempre superior a los promedios nacionales. Para el año 2011 en AL-C, en el intervalo de 15 a 24 años de edad, era de 14 por ciento (la tasa promedio de desempleo global era de 6,7%) y Colombia, con un desempleo juvenil del 22 por ciento batía récord en la región, mientras Bolivia, con 6 por ciento resgistraba el mínimo (gráfico 2).

 


De otra parte, el 5,1 por ciento de los jóvenes latinoamericanos estudia y trabaja simultáneamente. En Paraguay el 9,1 por ciento de estos realiza esta doble actividad de manera simultánea; el nivel más bajo se registra en Chile con el 3 por ciento (cuadro 2).

Las personas ocupadas en sectores de baja productividad en general se caracterizan por tener una inserción laboral precaria e inestable, que conlleva un escaso acceso a las prestaciones de la protección social (como pensiones y salud) y bajos ingresos laborales. En períodos de alto desempleo o de crisis económica, estos trabajadores tienen una elevada probabilidad de caer en situación de pobreza. En AL-C uno de cada tres jóvenes trabajadores se encuentra insertado en empleos de baja productividad; Chile registra el nivel más bajo con el 14,9 por ciento y Colombia el más alto con el 62,3 por ciento (cuadro 3).

 

 

“Ninis” y violencia en AL-C

 

De acuerdo con el estudio del BM “Ninis en América Latina” este fenómeno tiene dos implicaciones graves para el desarrollo, estabilidad y sostenibilidad de la región:

i) Contribuye a la transmisión intergeneracional de la desigualdad. Casi el 60 por ciento de los “ninis” de la región provienen de hogares pobres o vulnerables localizados en el 40 por ciento inferior de la distribución del ingreso y el 66 por ciento de los “ninis” son mujeres. Este desequilibro, junto con el efecto negativo de largo plazo que el ser “nini” tiene sobre el desempeño en el mercado laboral, tiende a perpetuar la transmisión de la disparidad de género y de ingresos de una generación a la siguiente, obstruyendo la movilidad social y la reducción de la pobreza en la región;

ii) En algunos contextos, está vinculado a la delincuencia y a la violencia. En Colombia, México y América Central, donde la proporción de “ninis” está por encima del promedio regional, el problema se agrava por la presencia generalizada del crimen organizado. En estos entornos, el problema de los ninis está vinculado al crimen y a la violencia, lo que aumenta los riesgos para los jóvenes y la sociedad en su conjunto.

El 29,5 por ciento de los jóvenes entre 15 y 24 años de edad no estudia ni trabaja en AL-C; esto representa, en cifras absolutas 32 millones, según datos de la Cepal (cuadro 4). El número de “ninis” supera en 1,6 veces al estimado en el estudio del BM; hecho que se explica porque la población de referencia o intervalo etario es más amplio en la Cepal (15-29 años) que el estudio del BM (15-24 años). El porcentaje más alto de “ninis lo tiene Chile con el 34,2 por ciento; el más bajo corresponde a Bolivia con el 17,6 por ciento. Además, Chile es el país que ostenta uno de los mayores aumentos en la tasa de suicidios en el mundo, sólo superado por Corea del Sur; en particular, según cifras del ministerio de Salud, si en el 2000 se suicidaban cuatro de cada 100 mil personas entre 10 y 19 años, esa cifra en 2010 creció a ocho y se estima que para 2020 se llegará a 12 suicidios por cada 100 mil jóvenes.

Según el estudio del BM, el perfil típico del “nini” en América Latina es una mujer que no ha terminado la educación secundaria y vive en un hogar urbano pobre o vulnerable. Las mujeres representan dos tercios de la población “nini” de la región y en este grupo el factor de riesgo más importante asociado a la condición de “nini” es el matrimonio antes de los 18 años y el embarazo durante la adolescencia. Normalmente el camino que lleva a ser “nini”, sobre todo entre hombres, es la deserción escolar temprana para empezar a trabajar, seguida del desempleo. Al abandonar la escuela antes de terminar el bachillerato, los jóvenes por lo general carecen de las habilidades necesarias para conseguir un trabajo en el sector formal, por lo que en la mayoría de los casos se conforman con empleos temporales e inestables en el sector informal. Una vez que pierden estos puestos de trabajo nunca regresan a la escuela.

El estudio del BM concluye que hay dos conjuntos principales de políticas para reducir la proporción de “ninis”: i) evitar el abandono escolar de los jóvenes, es decir, reducir el flujo de nuevos “ninis”, ii) insertar al mercado laboral a los jóvenes que ya son “ninis”.

En relación al problema creciente de los suicidios de jóvenes, la OMS afirma que estos son prevenibles; para que las respuestas nacionales sean eficaces, es necesaria una estrategia integral y multisectorial de prevención. Algunos elementos clave del desarrollo de una estrategia nacional de prevención del suicidio en jóvenes deben incluir no solo el sector de la salud sino también los de la educación, el empleo, el bienestar social y la justicia, entre otros.

En definitiva, un cambio radical de política y modelo de desarrollo, lo cual no es perceptible por parte alguna.

 

Juventud "ninis", trabajo y violencia en Colombia

 

La realidad de la juventud en nuestro país es grave. El vacío existencial y la desesperanza son sus consecuencias; y con éstas el aumento de suicidios entre personas en las que apenas inician el florecimiento de la vida.

Los datos así lo confirman: durante la última década en Colombia se presentaron 18.336 suicidios, con promedio de 1.833 casos por año y una tasa promedio anual de 4,1 casos por 100.000 habitantes. Para el año 2014 se observó un comportamiento alto de suicidios en el grupo de edad entre los 20 y 24 y entre los 25 a 29 años (277 y 237 casos respectivamente); el mayor número de casos ocurrió en hombres en el grupo etario de 20 a 24 años (235 casos) y en mujeres entre los 15 a 17 años (48 casos); la mayor tasa por 100.000 habitantes (6,5) se presentó en los grupos de 20 a 24, muy por encima de la tasa nacional.

 

Política económica y social fallida

De acuerdo con la Ley 1622 de 2013, en Colombia se entiende por joven la persona entre 14 y 28 años de edad. Según el Dane, el total de población en edad de trabajar en el país es de 37,6 millones de personas; los jóvenes representan el 32,1por ciento de esa población, esto es, 12,1 millones.

Puntualicemos. La tasa global de participación (Tgp) es la relación porcentual entre la población juvenil económicamente activa y la población juvenil en edad de trabajar; este indicador expresa la presión que hacen los jóvenes en el mercado laboral. Para el trimestre móvil noviembre 2015 - enero 2016 esta tasa fue de 60 por ciento; la tasa de ocupación se ubicó en 50,5 por ciento y la tasa de desempleo fue 15,7 por ciento (equivalente a 1,2 millones de jóvenes). La tasa de desempleo de las mujeres jóvenes fue 22,3 por ciento, y la de los hombres jóvenes 10,9 por ciento. El 40,0 por ciento de la población de 14 a 28 años correspondió a población económicamente inactiva, equivalente a 4,8 millones de jóvenes.

Con relación a los jóvenes trabajadores insertados en empleos de baja productividad, según estadísticas de la Cepal, estos suman cerca de 3,8 millones, en términos porcentuales el 62,3 respecto al total de jóvenes ocupados.

Hay más. De acuerdo con las estadísticas de la Cepal, el porcentaje de jóvenes que en América Latina no estudian ni trabajan, “ninis”, es de 29,5. En Colombia éstos representan el 28,3 por ciento, esto es, 3,4 millones respecto al total de aquellos que están en edad de trabajar. La proporción de ninis varía mucho entre los distintos países de la región. Las cifras absolutas más altas de ninis, según el Banco Mundial, se encuentran en Brasil, Colombia y México, principalmente porque estos países tienen las poblaciones más grandes de la región.

 


Juventud y violencia en Colombia, 2014

 

En el Reporte Mundial sobre Violencia y Salud (Rmvs) se define a la violencia como el “Uso intencional de la fuerza o poder físicos, amenazante o real, en contra de uno mismo, de otra persona o en contra de un grupo o comunidad, que resulte o tenga una alta posibilidad de resultar en heridas, muerte o daño sicológico, disfunciones o privaciones”. La violencia es un azote ubicuo que desgarra el tejido comunitario y amenaza la vida, la salud y la felicidad de las personas.

Durante el año 2014, el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses recibió 25.225 casos por muertes violentas. Estas muertes se clasifican en homicidios, suicidios, muertes accidentales de transporte, otras muertes accidentales, e indeterminadas. El homicidio ocupa el primer lugar con 12.626 muertos equivalente al 50,1 por ciento del total de casos. Transporte, accidentes y suicidio, como manera de muerte, aumentaron globalmente para el año 2014 en un 3,1 por ciento frente al año 2013.

Otros indicadores. El Avpp indica el número de años potenciales de vida perdidos e ilustra cómo a través de la muerte de personas jóvenes o fallecimientos prematuros la sociedad sufre una pérdida. En el año 2014 los años de vida potencialmente perdidos (Avpp) fueron de 900.878 años; el grupo etario donde se concentra mayor número de años de vida potencialmente perdidos es entre los 20 a los 24 años con un 22,2 por ciento del total de Avpp.

 

 

Durante 2014, en Colombia, según cifras generadas por el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, se registraron 12.626 homicidios, obteniéndose así una tasa de 26,5 por cada 100.000 habitantes. Dentro de este contexto de violencia, el 90,8 de las víctimas fueron hombres (11.440 casos), siendo la víctima principal dentro de este tipo de muerte. El 60,5 por ciento de las víctimas se concentró en personas entre los 20 y 39 años, similar a años anteriores. Respecto a la escolaridad de las personas fallecidas por homicidio, no logran superar en su mayoría la educación secundaria y la circunstancia del hecho se acrecienta debido a la violencia interpersonal generada por ajuste de cuentas, riñas, intervención legal y embriaguez.

 

El fenómeno de la violencia interpersonal no es ajeno al país. Durante el año 2014 se realizaron 134.552 peritaciones por violencia interpersonal. La tasa por 100.000 habitantes fue de 282,3, con 379,1 lesionados por cada 100.000 hombres y 187,9 lesionadas por cada 100.000 mujeres. Los jóvenes son las víctimas principales de la violencia interpersonal; durante el 2014 el 50 por ciento de las víctimas tenía 27 años o menos, siendo más frecuente la victimización a la edad de 17 años o en el intervalo entre los 20 y 24 años de edad. La conducta violenta en los jóvenes puede ser explicada por la exposición a fenómenos violentos en la infancia, o por tener familiares miembros de pandillas o dedicados a actividades delictivas. En el 2014 se observó que 45 por ciento de los lesionados tan solo habían cursado el nivel básico de instrucción.

En el año 2014 el sistema médico-legal colombiano reportó una tasa de mortalidad por suicidio de 4,3 casos por cada 100.000 habitantes, similar a la reportada durante los últimos 9 años. El Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses durante el año 2014 realizó 1.878 necropsias debidas a suicidio. En cuanto a la escolaridad de la víctima, continúa predominando la escolaridad básica primaria y secundaria tanto en hombres como mujeres, con 39,8 por ciento y 39,4 por ciento de los casos respectivamente.

En estas condiciones, levantar las banderas de los jóvenes, abrir espacios de vida y de realización, es una obligación de cualquier proyecto de país que de verdad pretenda darle un giro radical a la realidad aquí reseñada. Los “ninis” deben dar paso a los “sísí”.

* Economista, filósofo, integrante del Consejo de redacción periódico desdeabajo.


1 Rafael de Hoyos; et alt; (2016). Ninis en América Latina. Banco Mundial, Washington, p. 1.
2 Cepal; (2016). Panorama Social de América Latina, Chile, pp. 9-13.

 

 

 

Publicado enEdición Nº223
Entrevista:  El profesor Néstor García Canclini habla de los jóvenes y los cambios en el mundo del trabajo

Se encuentra en Medellín el destacado antropólogo y pensador argentino, Néstor García Canclini, quien participa de varios eventos académicos en atención a una invitación que le cursó la Universidad de Antioquia y la Escuela Nacional Sindical.

 

El profesor García Canclini, también doctor en filosofía, es uno de los antropólogos que más se ha ocupado del tema de la cultura, la modernidad y la posmodernidad desde una perspectiva latinoamericana. Uno de los conceptos que ha acuñado es el de "hibridación cultural", fenómeno que se materializa en escenarios donde diversos sistemas se “intersectan e interpenetran”. Y en algunos de sus textos también ha abordado asuntos del mundo del trabajo, en especial en su relación con la empleabilidad de los jóvenes y las nuevas tecnologías.

 

Autor de 14 libros, el profesor García Canclini ha desarrollado la mayor parte de su actividad intelectual en ciudad de México, donde reside desde 1976; y donde se desempeña como investigador emérito del Sistema Nacional de Investigadores, dependiente del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología de México.

 

Una de sus obras más conocidas es Consumidores y ciudadanos, en la que afirma que el consumo, producto de la globalización, ha generado una nueva concepción de ciudadano. También los libros Lectores, espectadores e internautas; Culturas híbridas, estrategias para entrar y salir de la modernidad; Diferentes, desiguales y desconectados.

 

En la entrevista que la Agencia de Información le hizo, el profesor García Canclini habla sobre el mundo del trabajo, los jóvenes y el sindicalismo en América Latina.

 

Hoy se habla mucho del emprendimiento como estrategia de inclusión laboral de los jóvenes. ¿Cómo valora usted ese fenómeno?

 

La condición de los jóvenes ha cambiado considerablemente. Las grandes transformaciones contemporáneas se manifiestan mucho más elocuentemente en la condición juvenil. Por ejemplo: la incorporación en las nuevas tecnologías, la precariedad del trabajo, la capacidad de innovación. A algunos sectores de la juventud los llaman emprendedores, o “trend settings”, que son los que se involucran con las nuevas tendencias tecnológicas, no siempre relacionadas con aparatos sino también con nuevos hábitos de vida, nuevos modos de comunicarse, de trabajar, de organizarse. El fenómeno surge por la aceleración de las innovaciones tecnológicas, pero también culturales; de la posibilidad de un mayor acceso a un caudal de información globalizada, de poder asociarse a emprendimientos más allá de lo local. Tiene lados ambivalentes. Lo positivo es que expande el horizonte y da mayor posibilidad de contrastar la información en fuentes diversas. Gracias a estos procesos los jóvenes hoy tienen más relaciones y repertorios culturales que en el pasado.

 

¿Y lo negativo?

 

Que es un fenómeno también impulsado por la precariedad e inestabilidad laboral, de la necesidad de estar pendientes de un próximo trabajo. El modelo neoliberal de flexibilización de las relaciones laborales, la pérdida de derechos laborales y de seguridad social, la desindicalización, ha generado la posibilidad de trabajar en actividades múltiples. Los jóvenes más capacitados, los que terminan carreras universitarias y manejan el inglés, pueden vincularse con un universo social, económico y cultural más extenso, y en redes que trascienden su lugar nativo, tanto para viajar físicamente o para comunicarse y viajar virtualmente.

 

Y los jóvenes que no tiene esa capacitación, ¿qué opciones tienen?

 

Tiene que ver con las nuevas formas de acceder a la información, al conocimiento, de auto-educarse. Hay muchos jóvenes que no han estudiado en la universidad, o que la abandonan sin terminar la carrera, porque encuentran otras formas de emplearse, de ganar dinero, y en oficios que los apasiona y en los que pueden innovar. La innovación es un componente clave en todos estos procesos de reconfiguración laboral y educativa. Muchos de los conocimientos no se obtienen en la universidad, se tienen con el acceso a la tecnología, a los aparatos y dispositivos, a las fuentes de información y de conocimiento que encuentran en las redes sociales. Para muchos de estos jóvenes se vuelve innecesario seguir en la universidad, se retiran porque consideran inútil ver una cantidad de materias que les dan una información sobre otros aspectos de la sociedad y cultura que no les interesa, por el contrario, no les permiten concentrarse en lo que verdaderamente les interesa. La expresión “trend settings” surgió en Estados Unidos cuando se vio que un alto porcentaje de la población trabajaba en actividades de innovación tecnológica, auto-empleados, en muchos casos desde su casa. Se creó la utopía de que todos deberían auto-emplearse, crear su propio trabajo, y desde allí generar riqueza. Pero por cada Mark Zuckerberg, el creador de Facebook, o de otros iniciadores de innovaciones en redes sociales y otras aplicaciones tecnológicas, hay millones que no logran dar ese salto, y viven experiencias de desempleo y precariedad. La noción de jóvenes emprendedores, creativos, tiene mucho de ilusión. Oculta y disimula procesos de explotación.

 

¿O será que simplemente a los jóvenes les gusta saltar de un trabajo a otro? ¿Qué ha podido establecer a ese respecto?

 

Estamos en una época en que se ha pasado de las carreras profesionales que duraban toda la vida laboral, a vivir el trabajo por proyectos. Hay una dinámica de movilidad que no siempre es negativa, pero para la mayoría sí implica precariedad y dificultades de insertarse en el mercado de trabajo. Antes teníamos la convicción de que si hacíamos una carrera universitaria y nos especializábamos obteníamos buenos recursos de conocimiento y mostrábamos que éramos capaces de hacer tareas con eficiencia teníamos un futuro asegurado, podíamos llegar a ser gerentes de una empresa, dirigentes, diputados... Pero los jóvenes desde hace por lo menos dos generaciones han interiorizado la experiencia de que no se puede hacer carrera, y que aún quienes logran posicionarse en los mejores puestos tienen la tendencia a cambiar, no solo de empresa sino de oficio y profesión; de moverse a otra actividad más innovadora o que dé mejores ingresos.

 

En una conferencia usted mencionó un logro del emprendimiento en Francia...

 

En Francia desde hace muchos años se habla de esta condición laboral como de intermitentes. Comenzó aplicándose a algunos ramos de la producción artística y cultural, que por su propia naturaleza lo son. Los actores y directores teatrales que producen una obra después de varios meses de ensayo la ponen en cartelera y luego pasan un período sin trabajar, mientras logran articular, ensayar y poner otro proyecto en escena, porque tienen que seguir viviendo con sus familias. Entonces el Estado francés creó un sistema de asistencia para que esas personas recibieran beneficios básicos y tuvieran una cierta continuidad en seguro médico. Algunos de estos beneficios se han ido acabando, o no llegan a todos los que lo necesitan. Pero es otra manera de concebir una solución en un oficio que por su propio carácter es inestable. Claro que esa inestabilidad se ha acentuado para todas las profesiones.

 

¿Qué se puede esperar de los jóvenes que no logran engancharse en el conocimiento ni en la tecnología, y tampoco en el mercado laboral?

 

Hay derivaciones distintas que están por estudiarse. Hay un informe del Banco Mundial que correlaciona estadísticas de desempleo juvenil con la tasa de homicidios en México, y se ve cómo esa correlación crece, sobre todo en el norte del país, en los estados más cercanos a Estados Unidos, donde muchos no logran pasar al otro lado y se quedan del lado mexicano, agrandan el desempleo y la precariedad. Y también muchos desesperadamente recurren a ocupaciones ilegales o paralegales, a la violencia, a formas de participación en redes delictivas. Hay otros que no eligen el camino del delito, quedan en la precariedad, son sostenidos por la familia, a veces por padres que también han perdido sus trabajos y quedan al respaldo de la pensión de los abuelos. Hay quienes tratan de educarse o migrar a otros países. En fin, hay muchas salidas poco estudiadas; salidas reales, aunque signifiquen pérdidas de relaciones familiares, desarraigo de su sociedad y su cultura. Creo que una gran tarea es investigar más por parte de las universidades y los gobiernos.

 

La movilidad e inestabilidad que menciona lleva también a los jóvenes a no pensar en una jubilación, una pensión para la vejez. ¿Cómo ha cambiado en ese sentido la expectativa de los jóvenes?

 

La jubilación es la experiencia terminal, pero la experiencia de precariedad y desposesión de bienes y recursos viene desde mucho antes. Traigo al caso lo que me comentaba hace poco una artista visual mexicana, que tiene dos maestrías, sabe 3 idiomas, pero vive saltando de un trabajo a otro, y también pasa periodos desempleada. Dice que no puede acumular una estabilidad que le permita obtener con qué comprar un carro ni quedar embarazada, y menos una jubilación.

 

¿Cómo el movimiento sindical puede participar o involucrarse en los escenarios de jóvenes con esa movilidad y precariedad laboral?

 

El tema tiene varias o muchas aristas, depende de qué país miremos. Mi apreciación la baso en los países latinoamericanos que más conozco, Argentina y México. En los dos sigue habiendo una minoría de trabajadores sindicalizados. La mayor parte, sobre todo los jóvenes, no pertenecen a sindicatos, y también han interiorizado el hecho de que pertenecer a ellos es muy difícil. Están contentos si consiguen trabajo en un restaurante, en un taller, en una empresa de confecciones. Ya saben que van a ganar poco, y menos si son mujeres, y menos si son más jóvenes; saben también que ese trabajo les puede durar poco y que no tendrán seguridad social. Tienen que ingeniárselas para obtener otras satisfacciones, que no les van llegar por la vía laboral, o no directamente. Los sindicatos tienen el desafío de ampliar el espectro de sus demandas, darse cuenta de que no solo deben reclamar aumentos laborales o beneficios ligados a la empresa y al comercio en el cual laboran, sino otros beneficios complementarios que permitan obtener bienestar.

 

¿Cuál es, o debería ser, el papel de los Estados en relación con ese tema?

 

Los Estados han desmantelado el bienestar de la gente, han dejado a las empresas que manipulen con mayor libertad un conjunto de recursos, de contratos de trabajo que crean desigualdad entre los propios trabajadores, los divide y los excluye. Este desmantelamiento ha llevado a transferir la responsabilidad del Estado a los trabajadores, o a los desempleados que deben conseguir trabajo, a ver qué inventan. Hay que luchar por restablecer cierto estado de bienestar, no podemos confiar a las empresas cuyo objetivo principal es el lucro, y debemos exigirles responsabilidad a los políticos por los que votamos.

 

Una premisa de la que parte el sindicalismo es que éste es un valor de la democracia, necesario para que ésta exista. ¿Cómo ve la construcción de democracia en un contexto en el que los jóvenes no ven en la sindicalización una opción prioritaria?

 

Hay nuevas formas de ciudadanía que están surgiendo, muchas de ellas ligadas a internet, pero también que van más allá de lo digital; formas que facilitan una información más amplia, articulaciones de solidaridad que trascienden la frontera. Al mismo tiempo estos procesos relativizan las formas antiguas de sindicalización y de solidaridad.

 

Finalmente, y ya remitiéndonos a Colombia y al proceso de paz y el posconflicto, ¿podemos esperar más inclusión y oportunidades laborales? ¿Cuál es su propuesta?

 

Me da una gran esperanza que se pueda ya hablar del posconflicto en Colombia. He venido muchas veces en las últimas décadas, he acompañado a varios investigadores que han estudiado este proceso y sé de su complejidad, encuentro relatos que muestran la diversidad de situaciones del conflicto. Me atrae mucho y lo escucho con enorme interés. Lamentablemente no tengo nada para proponer, entre otras cosas porque ahora mismo la situación mexicana está mucho más rezagada, estamos en medio del conflicto, en una etapa cruel, desconcertada por parte de casi todos los actores, especialmente del gobierno y de las fuerzas que deberían contribuir a la solución. Estamos en una situación más fragmentada que la de Colombia, con más carteles, combates y disputas por el territorio entre esos carteles. Así que se me hace difícil decir algo productivo en relación con Colombia. Más bien vengo a escuchar y a entender cómo han llegado a este punto, que parece ser muy promisorio.

 

 

Publicado enColombia