Entrenar una sola inteligencia artificial puede contaminar tanto como 2.800 vuelos Madrid-Barcelona

La Universidad de Massachusetts analiza por primera vez la huella de carbono que deja el desarrollo de inteligencia artificial y la energía necesaria para entrenarla

Los resultados muestran que los sistemas de aprendizaje automático y las redes neuronales disparan el impacto medioambiental

Adiestrar una IA con arquitectura neuronal emite 284 toneladas de CO2, equiparable a lo que contaminan 45 europeos en todo un año

 

Adiestrar una inteligencia artificial requiere una gran cantidad de energía. Según el primer estudio que lo ha analizado en profundidad, publicado por la Universidad de Massachusetts, la huella de carbono que deja el entrenamiento de una inteligencia artificial con un sistema de aprendizaje automático avanzado es ingente. Similar a la de 2.840 vuelos de Madrid a Barcelona, por ejemplo.

Aunque la industria recurra a este nombre comercial, un sistema de "inteligencia artificial" es en realidad un conjunto de fórmulas matemáticas que interpretan patrones y sacan conclusiones tras analizar miles de datos en una fracción de segundo. Más que "inteligente", este proceso es en realidad es "algo tonto", como explicaba a este medio la matemática Cathy O'Neil: no deja de ser una máquina haciendo un cálculo complejo con las operaciones que un humano ha programado previamente. Cuantos más datos pueda utilizar y más refinada sea su programación, más certera será esa inteligencia artificial.

Lo mismo ocurre con los sistemas de aprendizaje automático que pueden incluir la IA. Un método para que un software ya programado mejore por sí solo sin intervención humana es lanzarlo a realizar operaciones que se basan en el ensayo y error. ¿Cuántas? Millones, decenas de millones, cientos de millones. El sistema prueba una solución y registra el resultado que obtiene. Cuantas más pruebas haga, más mejorará, al engordar su base de datos con resultados que le sirven para evaluar cómo de importante es cada variable para el resultado final. Este proceso de entrenamiento puede llegar a durar semanas o meses.

Tanto la consulta y modificación constante de inmensas bases de datos como las operaciones de prueba consumen una gran cantidad de energía. Los científicos sabían que entrenar uno solo de estos sistemas algorítmicos con aprendizaje automático supone un gran coste energético, pero no habían calculado su impacto ambiental. Hasta ahora. 

La comparación se establece con el modelo más contaminante que puede utilizarse para entrenar una IA que ha detectado el estudio de la universidad estadounidense. Los científicos lo hacen calculando los kilowatios por hora necesarios para este proceso de adiestramiento, que pueden ser traducidos en una factura eléctrica y en unas emisiones de CO2 asociadas. Así, asignan una huella de carbono de unas 284 toneladas (626.155 libras) al modelo que más contaminación provoca, la misma que deja la producción y toda la vida útil de cinco coches americanos, siguiendo la comparación presente en el estudio. 

"Adiestrar un modelo de última generación requiere recursos informáticos sustanciales que demandan una energía considerable, con su coste económico y medioambiental asociado", señalan los autores, pero denuncian que "investigar y desarrollar nuevos modelos multiplica estos costes cientos de veces al requerir un re-entrenamiento para experimentar con nuevas arquitecturas e hiperparámetros".

Tabla presente en el estudio de la Universidad de Massachusetts que muestra el coste estimado de entrenar un modelo de IA en términos de emisiones de CO2 (libras) y de computación en la nube (dólares). Los científicos omiten la huella de energía y carbono para los TPU (unidades de procesamiento tensorial, por sus siglas en inglés) "debido a la falta de información pública sobre el consumo de energía para este hardware".

El estudio se centra en la huella de carbono de las IA entrenadas para comprender cómo funciona el lenguaje humano (NLP, por sus siglas en inglés). Ya existen varios modelos en funcionamiento que pueden, por ejemplo, escribir crónicas de partidos de fútbol. Hay que aclarar que la IA no tiene ni idea de lo que está diciendo, pero es capaz de transformar las estadísticas de un partido en lenguaje humano de forma que una persona sí lo entienda. Y ya lo hacen razonablemente bien, como Ana Futbot

"Aunque hace una década los modelos NLP podían ser entrenados y desarrollados en un portátil personal, muchos ahora requieren múltiples instancias de hardware como GPUs o TPUs [unidades de procesamiento gráfico y unidades de procesamiento tensorial, respectivamente, por sus siglas en inglés]", recoge el estudio: "Incluso cuando estos caros recursos están disponibles, el entrenamiento de estos modelos incurre en un coste substancial para el medio ambiente, debido a la energía requerida para alimentar este hardware durante semanas o meses cada vez". 

10/06/2019 - 21:00h

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Eco(in)movilismo. Movilidad urbana e inmovilismo cultural

Ante la catástrofe ecológica es necesario dar vida a un cambio cultural profundo a través del decrecimiento. A nivel de movilidad urbana el vehículo eléctrico representa la defensa del dogma del crecimiento económico ilimitado. 

 

André Gorz ya lo escribió en 1974: «La ecología es como el sufragio universal y el descanso dominical: en un primer momento, todos los burgueses y todos los partidarios del orden os dicen que queréis su ruina, y el triunfo de la anarquía y el oscurantismo. Después, cuando las circunstancias y la presión popular se hacen irresistibles, os conceden lo que ayer os negaban y, fundamentalmente, no cambia nada». Cuarenta y cinco años más tarde, fundamentalmente, no ha cambiado nada. Ni las cumbres del clima (de Berlín a Katowice) ni los protocolos y acuerdos (de Kioto a París) han conseguido minar las bases de la economía neoliberal. Los partidarios del orden conceden una aparente atención hacia los problemas ambientales, sin embargo todo permanece igual. La economía neoliberal muestra formalmente interés en ocuparse de las exigencias ecológicas, en realidad absorbiéndolas en su lógica.


Así que se propone solucionar la catástrofe climática con propuestas que siguen alimentando la economía del crecimiento, sin descarrilamientos. En el ámbito de la movilidad urbana, por ejemplo, el coche eléctrico se convierte en el elemento perfecto para conceder lo que ayer os negaban para que, fundamentalmente, no cambie nada. Se añade el prefijo eco- a una producción que sigue generando beneficio y destruyendo el planeta. La anarquía no ha triunfado.


Resulta evidente, sin necesidad de ser un experto, que la implementación de un sistema de transporte metropolitano que apuesta por el vehículo privado motorizado no cambiaría sustancialmente la situación. Por un lado se traslada el problema de los combustibles fósiles a la fuente de producción de la energía necesaria para alimentar los coches, que para reducir las emisiones de CO² tendría que ser energía verde. Por otro lado el proceso de producción de los vehículos eléctricos —la energía utilizada, los materiales y las consiguientes emisiones de gases de efecto invernadero— tiene un importante impacto ambiental, debido en gran parte a la producción de las baterías, que requieren minerales y metales altamente contaminantes (nickel, plomo y cobre). En cuanto a la contaminación atmosférica, no se eliminarían las micropartículas generadas por el desgaste de frenos, embragues, neumáticos y asfalto, que representan una fuente importante de contaminación (PM10). Además, el tráfico sería el mismo, así como el espacio robado al caminante, a las exigencias de juego de los niños, a la vida comunitaria, a la naturaleza, a la agricultura urbana, a los trazados urbanos irregulares que generan perspectivas nuevas. Las muertes por accidentes de tráfico no variarían. Desde luego tampoco los beneficios de la industria automovilística disminuirían, así como su omnipresencia en la vida urbana, su concentración de poder, su injerencia en los asuntos políticos. Sería un ecoinmovilismo.


Cuestionar el dogma del crecimiento

 


Para enfrentarse al problema vital representado por la catástrofe ecológica es necesario cuestionar el dogma de nuestra economía: el crecimiento. Hasta que no se cuestione el crecimiento, por ende el capitalismo, éste seguirá destruyendo el planeta con su consumo ilimitado de la naturaleza. Cualquier medida que eluda el núcleo de la cuestión resultaría siendo un paliativo que mantiene el actual inmovilismo ante la catástrofe ecológica inminente, con la agravante de retrasar la implementación de las medidas necesarias a intentar salvar la vida en el planeta.


El decrecimiento, nacido de las reflexiones de autores como Ivan Illich y André Gorz en los años setenta —cuando la situación planetaria aún no había llegado a los peligrosos límites que estamos viviendo hoy en día—, ha alcanzado finalmente su momento de legibilidad. El decrecimiento representa hoy la única solución para un cambio cultural profundo cuya implementación es urgente.


Los problemas que estamos viviendo no son climáticos, sino económicos. Por ende las soluciones no deben ser tecnológicas, sino principalmente económicas y políticas. El verdadero cambio cultural sería producir las condiciones que permitan contradecir a André Gorz, para que la ecología no sea como el sufragio universal y el descanso dominical.


Volviendo al ámbito de la movilidad urbana, la solución no se encuentra en la tecnología, o sea la implementación del uso del coche eléctrico. La solución consiste en impulsar una cultura nueva, una cultura, como decía Colin Ward, de la libertad de circular después del fin de la dependencia del automóvil [After the motor age]. La sinergia entre un sistema de transporte público gratuito, la organización de la ciudad basada en distancias cortas y el uso del medio de transporte que mejor representa la relación pacífica y respetuosa entre seres humanos y naturaleza —la bicicleta, simple, comprensible, mensajera de una cultura nueva— sería la solución que impulsaría el movimiento de personas e ideas hacia la ciudad del decrecimiento, basada en una ética y unas prácticas nuevas en todos los ámbitos, más allá de la movilidad, reduciendo drásticamente el uso de energía.


La solución está en el cuestionamiento del capitalismo, desautorizando el consumo ilimitado y la destrucción de los equilibrios naturales, y la organización de una sociedad que ponga en el centro la vida, el ambiente, las relaciones humanas entre iguales y los bienes comunes, devolviendo las calles a las personas, al juego, a la naturaleza, al vivir y pensar en común.


Luego, si el género humano conseguirá proseguir su camino en este planeta, habría que ocuparse del sufragio universal y del descanso dominical.

 

publicado: 2019-06-08 00:26:00

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La economía cubana se resiente de la crisis venezolana

El impacto llega a la calle en forma de escasez de productos y las sanciones de Estados Unidos impiden una mejora a corto plazo. Un informe señala que la caída de Maduro tendría un fuerte impacto en la isla pero menos que con la URSS en los noventa



La estampa ya viene siendo habitual en las calles de La Habana desde hace meses. Han vuelto las colas a los supermercados. Cuesta encontrar algunos productos básicos como el pollo, el aceite y el picadillo y ya se ha limitado el número de bienes que se pueden adquirir para evitar el acaparamiento. La situación, sin embargo, está bajo control gracias a la paciencia infinita de los cubanos. Pero todo el mundo sabe que directa o indirectamente estos problemas están causados por la grave crisis que vive Venezuela y han vuelto los fantasmas del 'Periodo Especial', la profunda penuria económica que vivió la isla después del colapso de la URSS, de la cual era muy dependiente.


En un informe publicado por el Real Instituto el Cano, los economistas especializados en Cuba Carmelo Mesa-Lago y Pavel Vidal Alejandro sostienen que, aún con la salida de Nicolás Maduro, la isla sufriría, pero no tanto como en los noventa. Una de las pruebas según ellos es que la crisis venezolana se empieza a notar ahora pero en realidad ya lleva años desarrollándose. Entre 2013 y 2018, el otrora primer socio comercial de Cuba ha perdido el 50% de su PIB.


El intercambio económico entre ambos países se ha reducido un 74% hasta llegar a los 2.214 millones de dólares anuales y el peso de Venezuela en la economía cubana ha pasado de representar el 43,7% de su PIB en 2012 al 19% en 2017, último año con cifras. A efectos prácticos eso se traduce a la reducción de los envíos petroleros del "mejor amigo de Cuba" a la isla y la disminución de profesionales médicos que viajan al país bolivariano y que representaban la principal entrada de divisas para el país presidido por Miguel Díaz-Canel.


La isla ha conseguido limitar el impacto de estos datos gracias a que paralelamente surgieron unos "amortiguadores" que ayudaron a capear el temporal: el incremento de visitantes y la puesta en marcha de una política fiscal expansiva por parte de las autoridades cubanas aminoró la crisis a costa de incrementar el déficit público. El efecto de estos amortiguadores se está diluyendo ya que el ritmo de crecimiento de turistas está casi estacando y el Estado, con un desbalance cerca del 11% del PIB, no puede seguir aplicando políticas anticíclicas. De igual forma los economistas se sorprenden por el buen comportamiento de la economía cubana porque a pesar de la crisis en el socio estratégico sigue experimentando crecimientos positivos.


El impacto de las sanciones de Trump


El informe también pone atención al impacto en ambos países de las medidas punitivas impulsadas por Donald Trump que tienen un impacto directo en sus economías y en las posibles vías de salida para sus problemas.


De manera resumida, en Venezuela las sanciones norteamericanas están sirviendo para que el país no pueda rentabilizar el incremento del precio del petróleo a nivel mundial. Además, recientemente Estados Unidos está intentando evitar que el petróleo llegue a Cuba sancionando a los barcos encargados de transportarlo. Por el momento se está consiguiendo saltar esta restricción.


En Cuba, la política de Trump va encaminada a cerrar todas las rendijas que se abrieron con la administración Obama y a sembrar dudas sobre la seguridad de las inversiones en Cuba para distorsionar el clima inversor. La isla, necesitada de capital extranjero, intenta dar seguridad a las empresas europeas amenazadas por el título III de la ley Helms-Burton que permite denunciarlas en EEUU por hacer uso de bienes que fueron confiscados al inicio de la Revolución.


Desde Washington se asegura que se quiere evitar que las entidades vinculadas a las Fuerzas Armadas se beneficien del mayor flujo de turistas americanos, pero algunas medidas parecen encaminadas a golpear al incipiente sector privado de la isla. La limitación del monto de divisias que los cubanos pueden recibir de sus familiares de Miami tiene un fuerte impacto en la inversión de los pequeños negocios privados. La voluntad de querer evitar que los ciudadanos americanos puedan viajar para hacer turismo también es un factor importante ya que estos negocios se benefician indirectamente de estos visitantes. El informe subraya como trascendental el resultado de las elecciones presidenciales americanas del año que viene.


Lo novedoso de esta situación es que parece que Cuba no puede apoyarse en otro país como ha hecho tradicionalmente en el pasado con España, Estados Unidos, la URSS y Venezuela. Moscú y Pekín siguen siendo aliados importantes de La Habana pero difícilmente pueden implicarse todo lo que la Revolución querría.


La isla tiene bien poco que ofrecer a estos países. Las producciones de azúcar y níquel que podían interesar en el pasado se han reducido y los obstáculos culturales y de idioma dificultan que La Habana pueda poner en marcha programas médicos en estos países. Sería una relación básicamente subsidiaria.


El caso de China es algo diferente porque en los últimos años se han reforzado las relaciones comerciales con diversas inversiones en el país caribeño. Aún así, se trata de cifras minúsculas comparado con lo que Pekín está haciendo en la región en países que le interesan por sus materias primas.


Los economistas pronostican tiempos difíciles para la isla pero sin llegar al dramatismo de los 90 gracias a una mayor diversificación de la economía. El hecho de no contar con ningún nuevo "hermano mayor" puede convertirse en una oportunidad para que el país tire adelante por sus propios medios implementando reformas que no terminan de despegar.

06/06/2019 07:54 Actualizado: 06/06/2019 07:54
Por santi piñol
@SantiPinyol

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Sábado, 01 Junio 2019 06:34

Electricidad con el Sol las 24 horas

Un campo de espejos concentra la radiación solar sobre un punto en lo alto de la torre

Según cuenta la leyenda, Arquímedes –el matemático y físico que defendió la ciudad griega de Siracusa– asesoró al rey para que cada soldado enfocara su escudo, cual espejo, hacia las naves romanas para así quemarlas, al igual que hoy día sucede con los rayos de Sol cuando los concentramos en un punto con una lupa. Aunque la anécdota tal vez no sea cierta, se ha quedado en el imaginario popular, y actualmente es una realidad porque hoy sí es posible enfocar cientos de miles de espejos que siguen al Sol y concentrarlos, por ejemplo, en una gran torre central para alcanzar elevadas temperaturas (de más de 500 grados centígrados).

Además de aprovechar el calor del Sol para calentar el agua, cocinar y secar las frutas y verduras, se puede emplear para producir electricidad en las grandes centrales termosolares.

Existen dos tipos de centrales que aprovechan el calor del Sol: las primeras emplean un conjunto de espejos cilíndrico-parabólicos que concentran el calor a lo largo de un tubo, y ahí se calienta directa o indirectamente el agua. Cuando se hace en forma indirecta, se pueden calentar directamente sales, aceite o algún otro fluido. Y a su vezesas sales, aceite o fluido calientan el agua –mediante un intercambiador de calor–. El vapor de agua así obtenido tiene la temperatura suficiente para mover una turbina; esta última, unida a un generador, produce electricidad. El Instituto de Ingeniería de la UNAM tiene una planta experimental con este modelo.

El segundo tipo son plantas de heliostatos –espejos– de concentración del calor solar. En ellas, se ha llegado a tener más de 300 mil espejos que reflejan la luz del Sol para que llegue lo más perpendicular posible con ayuda de una computadora que mueve los espejos en dos direcciones –espejos con seguimiento del Sol– para dirigirlos a una torre central de más de 100 metros de altura en un terreno que ocupa, por ejemplo, 400 hectáreas.

El calor que se concentra en la torre sirve para fundir sales de nitrato de sodio y de potasio que, por un lado, calientan el agua mediante un intercam-biador de calor y a la vez las sales fundidas se almacenan en uno o varios tanques que están muy bien aislados y permiten guardar el calor durante alrededor de 18 horas –es decir, cuando no hay Sol–, de esta manera producen vapor de agua a lo largo del día y la noche para que funcione un turbogenerador, ¡y así producir electricidad las 24 horas del día!

A lo largo de muchos años se ha señalado que dos de las principales desventajas de la energía solar son su costo y su intermitencia. En relación con el costo, hoy podemos decir que la energía solar fotovoltaica es más barata que las centrales de gas natural, y que las plantas termosolares están cerca de lograrlo. Se espera que éstas bajen 50 por ciento sus costos de producción para el año 2025. La Asociación Europea de Electricidad Termosolar (Estela, por sus siglas en inglés) señala que las plantas termosolares serán competitivas con las de gas para 2020, y que en 2050, 11 por ciento de la electricidad mundial se generará con dichas plantas, que producirán mil 600 gigawats. Si queremos que México forme parte de ello, se tendrían que contruir, de 2020 a 2050, poco más de 7 mil megawats (MW) de plantas termosolares, lo que equivale a construir al año una planta de un poco más de 200 MW.

En México se tiene la experiencia de la planta híbrida Agua Prieta II, en Sonora, de gas y solar con concentradores cilíndrico-parabólicos que ya genera 14 MW de electricidad. Y a finales del 2019 se inaugurará en Chile la planta Cerro Dominador, en el desierto de Atacama, que será la primera planta termosolar de heliostatos en Latinoamérica, la cual, con el uso de sales fundidas, será capaz de generar 100 MW las 24 horas del día, es decir, podrá generar electricidad de día y de noche.

Tanto el Instituto de Energías Renovables como el Instituto de Ingeniería de la UNAM, el Instituto Nacional de Electricidad y Energías Limpias y la Universidad de Sonora, entre otras, tienen experiencia al respecto.

La central más grande hasta ahora construida es Ivanpah en la frontera de California y Nevada, en Estados Unidos, de 392 MW, que empezó a funcionar en febrero de este año. Hasta ahora, hay alrededor de 120 plantas termosolares en todo el mundo y se están construyendo 42 más, entre ellas una de 2 mil MW en el desierto de Mongolia.

Así que para contribuir al desarrollo sustentable de México y a una tecnología que se puede dominar, bien podríamos probar la construcción de una o varias plantas "Zapata" o "Villa" Termosolares de Heliostatos de alrededor de 200 MW con almacenamiento de sales durante 18 horas, y tener electricidad con el Sol las 24 horas del día sin depender del gas o el petróleo.

Por Juan Tonda. Instituto de Energías, Renovables. Temixco, Morelos.

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Lisa Randall: "Vivimos en la época más inteligente y en la más estúpida"

Esta científica y escritora neoyorquina, además de experta en física de partículas y cosmología, es una celebridad. También, una pionera. Fue la primera mujer en ocupar la cátedra de Física Teórica de las universidades de Harvard y Princeton y la primera profesora titular en esta materia en el MIT. Ahora, vive con emoción grandes descubrimientos como la detección de las ondas gravitacionales. "Estamos justo al principio, es apasionante", dice.


Lisa Randall (Nueva York, 1962) fue investida el 25 de marzo doctora honoris causa por la Universidad Autónoma de Barcelona. "Fue muy bonito, una mañana muy agradable", dice. El día anterior, la investigadora dio una charla de divulgación en el festival de literatura Kosmopolis del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona. "¿Estuviste? ¡Qué bien, gracias!", exclama sorprendida. A pesar de ser domingo a primera hora de la tarde, la sala estaba llena a reventar.
Nos encontramos en la entrada del hotel donde se hospeda, a doscientos metros de La Pedrera, muy cerca del Paseo de Gracia de Barcelona. Baja de su habitación en ascensor mascando chicle. Nos sentamos en la terraza interior del hotel y charlamos sobre física, la relación entre ciencia y arte, el futuro en la Tierra y el papel de las mujeres. A pesar de ser esquiva a hablar sobre cuestiones de género, Randall es una pionera en su campo. Fue la primera mujer en ocupar la cátedra de Física Teórica de las universidades de Harvard y Princeton y la primera profesora titular de Física en el MIT.

La física pasa por un buen momento. En los últimos años ha habido grandes descubrimientos, como el bosón de Higgs y las ondas gravitacionales. ¿Se siente afortunada de vivir en esta época?

Resulta gracioso, porque a pesar de todos estos descubrimientos siempre estamos interesados en lo que vendrá, en lo siguiente. El bosón de Higgs fue predicho hace 50 años. Nos interesa conocer qué hay más allá del modelo estándar de partículas. Esto no significa que los experimentos actuales no sean buenos, pero parece que necesitaremos energías mucho más altas para conocer aún más. No sabemos qué aprenderemos de los futuros experimentos. Pasarán muchos años hasta que se construya un colisionador de partículas de altas energías, si es que llega a existir. Por otro lado, las ondas gravitacionales pasan por un momento emocionante. Estamos justo al principio, es apasionante.

¿Qué significaría un colisionador de altas energías como el que quiere construir China?


Tendremos mucha suerte si se llega a construir. Hay propuestas de China y del CERN, que ha planteado la construcción de un futuro acelerador circular (FCC). Esto no significa que el actual LHC caduque, ya que pasarán muchos años antes de que el CERN lleve a cabo ese proyecto. El próximo paso no serán las altas energías, sino la etapa de alta luminosidad del LHC. Esto permitirá hacer muy buena física, pero no creo que haya nada que reemplace a las altas energías.

A pesar del conocimiento actual del universo, siguen existiendo terraplanistas. ¿Cómo se lo explica?

Sí, resulta gracioso. Además, estamos lidiando con la actual situación política en Estados Unidos… De algún modo, vivimos en la época más inteligente y en la más estúpida. No sé a qué se debe, si están asustados o no confían en la ciencia. Una de las cuestiones que me planteo al escribir libros de divulgación es por qué hay gente tan reticente a ciertas ideas. Claro que la mayoría de los que leen mis libros no son terraplanistas, pero mi intención es hacer que mis ideas se comprendan bien. Si no te dedicas a la ciencia, no tienes porque tener ciertos conocimientos. Debe haber algo más que explique por qué la gente desconfía de la ciencia, no sé qué es. Es algo que debemos abordar.

Otra de las cuestiones que la humanidad debería abordar es el cambio climático. ¿Le preocupa el futuro de la Tierra?

No me preocupa la Tierra, me preocupa la vida en la Tierra [ríe]. Nuestro planeta sobrevivirá. Creo que estamos provocando cambios muy rápidos, más de lo que podemos controlar. Es muy difícil mantener el estilo de vida actual, aunque encontremos otras fuentes de energía. Hay mucha gente que no ve naturaleza en su día a día. Yo me crié en Queens y no salía al campo, es algo que no hacía y que ahora me hace muy feliz. Creo que estamos desconectados de la naturaleza. No pensamos en las consecuencias masivas de todo esto. Hay especies que quizás ya no tengan donde ir. Si destruimos sus hábitats no van a sobrevivir.

Usted es física teórica, no experimental. Sus herramientas de trabajo son la pizarra y la tiza. ¿Cómo es su rutina?

Desearía tener una rutina. Trabajamos sobre ideas. Paso una gran parte de mi tiempo con gente y hablando con mis estudiantes de postdoctorado. Leo artículos científicos, pienso si lo que dicen tiene sentido, si son interesantes, si me ha escapado algo… Cuando tenemos una idea, hay que trabajar sobre ella. Aquí mis alumnos son muy útiles. Quiero decir que son útiles en todas las etapas del proceso, pero tienen un papel principal resolviendo los detalles o haciendo números. A veces, trabajo en cuestiones más de cosmología y otras más en física de partículas. Realmente es una combinación de leer, tener ideas, resolver e ir al detalle.

El trabajo de un físico teórico consiste en pensar mucho. Pero, ¿también procrastina?

Me gusta escaparme y hacer escalada, por ejemplo. A veces, me ayuda a aclarar la mente. Si estoy preocupada por algo o distraída, escalar me ayuda a no pensar en ello. De hecho, el sábado pasado fui a escalar a Montserrat, fue fantástico. Tuve mucha suerte, porque no entraba en mis planes. Pero alguien me contactó, al ver que estaba por aquí, y me lo propuso. Fue maravilloso. No es que hiciéramos nada excepcional, pero fue un día realmente agradable. Montserrat tiene distintos niveles, puedes escoger cuál de ellos escalar. Pero la mayor ventaja es que está cerca [de Barcelona].

En el festival de literatura Kosmopolis habló sobre las colaboraciones entre arte y ciencia. ¿Es esta mezcla una buena idea?

No siempre. Se han hecho mal muchas cosas. En ocasiones, los científicos piensan que todas las fotos bonitas que sacan son arte y normalmente no lo son. Por su parte, los artistas piensan que están haciendo algo científico, cuando realmente no lo es. Se cometen muchos errores. Lo que hace el arte es traducir cosas sobre las que podemos pensar y aborda cuestiones y preocupaciones de cómo el ser humano se sitúa en estos avances. En otros momentos, simplemente te hace ser consciente de todo ello, el arte es una manera distinta de tomar consciencia. La ciencia protagoniza gran parte de los cambios del mundo actual y los esfuerzos artísticos por contarlos funcionan bastante bien.

Parece una persona muy sensible al arte. En Barcelona ya estuvo involucrada en la creación de una opera con el compositor catalán Hèctor Parra.

Es gracioso, porque no me había dado cuenta de lo que aprecio el arte. Vuelvo a los museos que había visitado de pequeña, como el Museo de Arte Moderno de Nueva York, y recuerdo muchos de sus cuadros. Creo que esto es algo que te afecta. Recuerdo que una vez vi un Guernica en Madrid y me dije, espera, yo he visto esto antes [ríe], como si lo hubiese registrado. Era realmente joven cuando lo vi por primera vez. No te das cuenta de la influencia que ejerce el arte sobre ti, pero la tiene.

Uno de sus libros se titula como una canción de Guns’N’Roses (Knocking on Heaven’s door), ayer citó otra de Suzanne Vega… ¿También le gusta la música?

La música es muy pegajosa. A veces se me engancha una canción, me guste o no. Habitualmente me gusta. Yo diría que hay gente mucho más fan de la música que yo. Pero me gustan mucho las letras de las canciones, creo que es una forma de poesía, es divertido. Me encanta jugar con las palabras y la música es una buena manera de jugar con ellas. Especialmente en un contexto que le resulta familiar a la gente, más que una cita de un filósofo griego antiguo.

Una vez hizo un cameo en la serie Big Bang Theory. Le dijeron que pasara desapercibida, sentada en una mesa, detrás de Sheldon. Realmente muy pocos la vieron.

Lo gracioso fue que a pesar de que estaba sentada en segundo plano y se me veía bastante, muy poca gente se dio cuenta. Muchos de los que veían la serie y me conocían no me vieron. Eso es porque no esperaban que estuviese allí. Pensamos que somos muy observadores y que tenemos muchas herramientas, pero hay tanta información en todas partes que realmente ayuda saber qué estás buscando, como en la física de partículas.


¿Se siente cómoda con la imagen que da la serie de los físicos?


Es una mezcla. ¿Queremos que los físicos sean normales o que no lo sean? La razón por la que la serie es popular no es solo porque los físicos sean raros, creo que trata algunos temas que son universales y nos afectan a todos, pero se cachondea de los físicos. ¿Cómo actúas en un mundo donde siempre te sientes algo distinto? Creo que fue genial que incluyeran también a una mujer física, que fuese tan rara como el chico. ¿Es esta la única imagen que queremos que la gente tenga de nosotros? No necesariamente, pero es muy loco que una serie sobre físicos haya sido la más popular de la televisión. ¡Es estupendo!

Sé que es reacia a hablar sobre cuestiones de género, pero tengo que sacarle el tema.

Soy reacia cuando en una entrevista de cinco minutos la mitad de la conversación es solo sobre esta cuestión.

Por poner un ejemplo, solo hay tres mujeres que han ganado un premio Nobel de Física.

Sí, hay un problema.

¿Cuál es su opinión? Usted es un referente para mucha gente.

Muchas gracias, me gusta pensar eso. La verdad es que para mí también es difícil. La gente no se lo cree porque tengo éxito, pero a veces es duro. Solo tienes que preocuparte realmente por lo que haces y enfocarte en ello. No creo que exista una única respuesta al problema ni considero que se limite únicamente a la presencia de las mujeres en ciencia. Se trata de una cuestión mucho más amplia. Fíjate en la situación política o acuérdate de las últimas elecciones estadounidenses. Si Hillary [Clinton] hubiese dicho la mitad de las cosas, o cualquiera de las cosas, que dijo Trump, se habrían reído de ella a carcajadas. A una mujer nunca se le permitiría. Hemos sido educadas así. Luego se preguntan por qué somos tan prudentes. No se nos permite descuidarnos [ríe]. Resulta muy frustrante, la verdad.

Por núria jar (sinc)

Raúl Zibechi: “Todo el sistema neoliberal se basa en una publicidad falsa

El escritor, periodista y activista uruguayo analiza las políticas neoliberales en torno a la vivienda.

 

Raúl Zibechi, escritor, periodista y pensador-activista uruguayo, ha publicado una extensa bibliografía vinculada a los movimientos sociales de resistencia. Aprovechando su paso por València el pasado mes de marzo para asistir a la charla-coloquio 'El dret a l'habitatge a l'Amèrica del Sud davant de l'ofensiva del neoliberalisme' —celebrado en el CSOA L’Horta— y su participación en Ràdio Malva, planteamos al investigador cuestiones sobre el urbanismo, el turismo y la gentrificación que afectan a nuestros barrios.

En tu intervención abordaste las políticas neoliberales que se están produciendo en torno a la vivienda tanto en Latinoamérica como en Europa, ¿cómo funcionan estas políticas?


Las políticas neoliberales quieren mercantilizarlo todo, incluso la vida. Hablamos de un modelo especulativo que no tolera la diversidad, que trata de homogeneizarlo todo para poder mercantilizar mejor, hacer todos los productos similares para poder venderlos con mayor facilidad. En el caso concreto de la vivienda, se especula con el suelo urbano. Tratan de rediseñar zonas centrales que hace 30 o 40 años eran periferias y que ahora se han revalorizado, así que necesitan vaciarlos para hacer negocio y construir grandes edificios. Se expulsa a familias con el aumento de los alquileres o como me han contado que hacían en el Cabanyal, directamente con excavadoras.

Gentrificación y turistificación son las palabras que aparecen continuamente cuando hablamos de estos procesos. En nuestro país el desarrollismo enfocado al turismo es una política que viene de décadas atrás y que convierte a barrios y ciudades en escaparates para el visitante.


Estos procesos provocan la sobreutilización de las zonas más céntricas, las zonas monumentales o de playa y las convierte en grandes escaparates. Aumenta el número de apartamentos turísticos, se encarecen los servicios, las viviendas, los precios de los alquileres, se promocionan zonas bien conservadas, con buenos trasportes y grandes restaurantes... y el resto de la ciudad se queda en una situación mucho más vulnerable. Quienes finalmente se benefician del turismo son las aerolíneas y los grandes hosteleros: es el mismo capital financiero que está implicado en los procesos de gentrificación.

Sin embargo, el turismo siempre se nos vende como una fuente irrenunciable de riqueza.


Todo el sistema neoliberal se basa en una publicidad falsa, ya sea para construir una represa en una comunidad indígena o un hotel en la playa. Siempre se promete que generará empleo. Pero el turismo genera empleo temporal, precario, salarios bajos y malas condiciones laborales. Es muy difícil encontrar en la hostelería un empleo fijo, bien remunerado y con buenas condiciones. En general, el modelo actual provoca una enorme precariedad de vida a todos los niveles, no sólo a nivel laboral.


Este mismo modelo tiene también su impacto ambiental negativo, ya que con el turismo se sobreutilizan los recursos hídricos. Está ocurriendo en Mallorca, donde la calidad del agua es muy mala. Es la lógica del extractivismo de recursos en favor del gran capital: ya se habla de extractivismo urbano, si no logramos frenar este modelo nos arrinconarán en las periferias de las ciudades en pésimas condiciones.


Los movimientos sociales que luchan contra estos fenómenos de gentrificación y turistificación en sus barrios reivindican el derecho a una vivienda digna. Sin embargo, en este mismo sentido desde Latinoamérica nos llegan las luchas por el derecho al territorio, una filosofía con una lógica más comunitaria que en cierta medida se contrapone al sentido individualista que conlleva el derecho a la vivienda.

En mi opinión el concepto de territorio es clave. Toda vivienda se construye sobre un terreno, una tierra: no podemos legislar sobre el derecho a la vivienda sin abordar el terreno urbano, que es el principio para acceder a una vivienda. En muchos lugares de Latinoamérica se entiende que las viviendas están afincadas en territorios, vivimos en comunidades y el territorio nos debe permitir seguir siendo comunidad. La relación de los seres humanos con el territorio es importante para garantizar la vida. Quien vive y forma parte de un territorio lo cuidará. Nosotros decimos que el territorio no nos pertenece sino que nosotros pertenecemos al territorio. El territorio no es para usufructuarlo, es para sostenerlo. El territorio es agua, alimento, tierra, vida, comunidad, es todo lo que gira en torno a esa convivencia. Ninguna familia puede enfrentar el modelo de forma individual, tenemos que hacerlo en comunidad.


La vida en comunidad y el arraigo a un territorio es lo que nos permite hablar de la identidad de un barrio. Sucede que cuando hablamos de preservar esa identidad se nos acusa rápidamente de oponernos al progreso. En el debate sobre el desarrollo que defienden los grandes empresarios nos encontramos como muchos sectores populares y de trabajadores que piensan que el consumismo, lo moderno y el progreso son lo bueno. En la última crisis mucha gente ha llegado a replantearse las cosas, pero falta mucho trabajo por hacer en este sentido. El sistema tiene mucha fuerza y la cultura del consumo y la idea de modernidad tienen mucho peso. Van a faltar todavía muchas crisis y fallos del sistema para que aspiremos a una vida sencilla, un buen vivir, una buena calidad de vida sin mucho consumo, sin coches.


Has explicado como en Latinoamérica muchos gobiernos progresistas promovieron políticas desarrollistas en la últimas décadas que han resultado muy perjudiciales. Nosotros tenemos el caso del PEC en el barrio del Cabanyal o del PAI de Benimaclet con un gobierno progresista además de varios proyectos similares en el resto de la ciudad.


Algo común entre la izquierda y la derecha es que ninguno de los dos cuestiona el modelo de desarrollo. La izquierda sigue el modelo neoliberal. Se plantean pautas para paliarlo, pero no para cuestionar el modelo. Y si no se hace esto, vamos a ver una creciente polarización social como ya está ocurriendo en varias partes del mundo. El 1% es cada vez más rico y mientras que la desigualdad sigue creciendo. Sobre esta polarización social va a ver una polarización política. Y ahí vemos cómo aparece la ultraderecha.


Además, el modelo neoliberal genera una sociedad cada vez más militarizada donde la protesta se criminaliza, la policía tiene un gran poder y en un juicio su palabra vale siempre más que la de un ciudadano. Si las instituciones juegan a nuestro favor, mejor; pero el jugador no es el partido, ni el político, ni el diputado. Ellos pueden favorecernos o perjudicarnos, pero el actor principal es la gente. Lo que nosotros hagamos es lo decisivo. La nave ha de ser pilotada por las personas; los políticos son como el viento, que puede soplar o no a nuestro favor.

En ocasiones sucede que se tiende a la desmovilización cuando los gobiernos de izquierda están en el poder. Debemos hacer más cosas además de movilizarnos, no sólo hay que manifestarse sino ser capaces de crear espacios nuevos y propios. No basta con reclamar el derecho a la vivienda: hay que comenzar a crear las soluciones por nosotros mismos. Esto es lo decisivo: no podemos depender de la clase política.

Por Eleuterio Gabón
2019-05-11 07:00:00

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Ante nuevas sanciones de EU, Cuba anuncia racionamiento de alimentos

Washington. La Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro de Estados Unidos impuso este viernes sanciones contra dos empresas de navegación y dos buques petroleros por enviar crudo desde Venezuela a Cuba.

Se trata de los corporativos Monsoon y Serenity, dedicados al tráfico marítimo, y los buques Leon Dias, un petroquímico, y Ocean Elegance, un petrolero, ambos con bandera panameña, detalla un comunicado de la dependencia.

El 28 de abril pasado entraron en vigor sanciones impuestas por Estados Unidos a la industria petrolera venezolana, que entrañan la prohibición de realizar transacciones de crudo con las empresas estatales de ese país sudamericano.

“Monsoon tiene sede en Majuro, Islas Marshall, y es la propietaria registrada del buque Ocean Elegance, un tanquero que transportó crudo de Venezuela a Cuba desde finales de 2018 hasta marzo de 2019”, argumenta.

“Serenity –agrega el texto– tiene sede en Monrovia, Liberia, y es propietaria del barco Leon Dias. Este buque, un tanquero químico y petrolero transportó crudo de Venezuela a Cuba en el mismo periodo.”

El Departamento del Tesoro explicó que las sanciones "son una respuesta al arresto ilegal del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional de miembros de la Asamblea Nacional de Venezuela y pretende dirigirse a los actores que participan en el represivo sector de la defensa y la inteligencia del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro".

Por su parte, los cubanos enfrentarán "regulaciones" en la compra de pollo, huevos, salchichas y productos de limpieza e higiene, informó el sitio web Cubadebate. El gobierno anunció este viernes un nuevo racionamiento de alimentos a medida que la isla, dirigida por un régimen comunista, se enfrenta al aumento de las sanciones estadunidenses y la crisis económica de Venezuela, su aliado cercano.

 

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Economía y vida: paradigma del cuidado frente al extractivismo

«Al parecer ya no creemos tener una tarea o misión que realizar en el planeta y tampoco hay un legado que nos sintamos obligados a preservar o del que seamos guardianes.» 

Zygmunt Bauman: El arte de la vida (p. 55)

La catedral de Notre Dame en llamas. Una de esas imágenes que ya quedará indeleble en los anales como uno de los siniestros más traumáticos de Francia, Europa, el mundo... ¿Cómo pudo ocurrir? Un accidente, se dice, mientras se trabajaba en su restauración, siempre postergada, siempre insuficiente. Un símbolo gravemente dañado, materia que nos hablaba más allá de su ser físico, evocando un universo de significados que trasciende los límites espacio-temporales de una vida humana; y, sin embargo, producto de la vida, plasmación de su belleza cuando los hombres obran el milagro de revelar su esencia y transfigurarla en arte, a mayor gloria de la humanidad por más que se confunda con el delirio de la divinidad.


De tantas cosas que se ha dicho y han sido escritas con ocasión de tan malhadado acontecimiento a mí me ha llamado la atención una, mencionada de paso cuando se informaba sobre el propósito en seguida manifestado de volver el monumento a su integridad previa al incendio. Era una noticia de radio en la que el locutor destacaba la presta disposición de una gran cantidad de ciudadanos, de diversa condición y clase, a donar dinero con el fin de volver a contemplar la catedral de París como parte de esa estampa estereotipada de la capital de Francia. De pasada decía que contrastaba esta actitud con la racanería mostrada durante décadas por las instituciones encargadas de su conservación, lo que por cierto tampoco había suscitado significativas protestas por parte de la ciudadanía. Ahora, sin embargo, es el momento de la gesta, el instante que descuella y rompe con el monótono devenir de los días idénticos del cuidado. Cuando había que cuidar el monumento mediante un trabajo callado y anónimo, sin lustre heroico, parecía no existir estímulo para la generosidad ciudadana ni para el interés político, pues no luce en el escaparate de las pantallas. Un gran incendio sí que luce ofreciéndonos ese dramático punto de inflexión en el que se da pie a la gloria del rescate. El trabajo del cuidado, por comparación, es aburrido. Donde se ponga un golazo de Cristiano que se quite la lección del maestro que logra que algunos de sus alumnos aprenda algo tan cotidiano como leer.


El cuidado es la esencia del cultivo, actividad que transformó la vida de homo sapiens sobre la faz de la Tierra con la revolución neolítica. De esa actividad –expresada en latín con la palabra colere cuya forma de supino es cultum y de aquí «cultura»– se derivó un cambio determinante de una forma de vida que estableció la base material para la creación de la civilización. El inculto es el no cultivado, el que está por civilizar, el que no ha sido cuidado como es debido para llegar a ser plenamente humano. Casos extremos de esa falta de cultivo son los llamados «niños salvajes», como el famoso Víctor de L´Aveyron, cuya historia fue magistralmente plasmada por François Truffaut en su película L'Enfant sauvage. La educación, en efecto, es una de las versiones del cuidar, esencial en igual medida que la agricultura para el sólido cimiento de la civilización, y complemento inseparable de la puericultura, es decir, el cuidado del niño (del puer latino).


Frente al paradigma del cuidado, el de la extracción. La pesca y la caza seguramente son las más ancestrales actividades representativas del paradigma de la extracción. Y también, por supuesto, la guerra. Trabajos todos ellos abonados para la gesta.


Los trabajos del cuidado no son apreciados como notables. Tienen algo de naturaleza negativa en el sentido de que no producen, sino que evitan que ocurra el mal. Toda inversión en ellos parece no lucir, pues se trata de conservar en buen estado lo dado. Por contra, los trabajos de extracción traen a la esfera de nuestro poder lo que no nos era dado. No hay drama en el cuidado que sí hay en la extracción, en el cazador que expande el territorio en busca de la presa y, en general, en el buscador de recursos que ha de luchar por arrebatárselos a la naturaleza o a otros, incluso si es menester mediante el recurso a la guerra. El tiempo del cuidado es aburrido, tedioso, incluso ingrato. Nulo margen hay en él para el reconocimiento de la heroicidad humana. Digamos que no es viril, sino femenino. La extracción, el botín, siempre fue cosa de hombres. Su tiempo es el corto plazo, que conlleva la gratificación inmediata. El tiempo del cuidado es el largo plazo en cuya dimensión se diluye la entidad del beneficio que depara.


El científico y excelente divulgador norteamericano Jared Diamond dedica una parte muy importante de su entretenido libro ¿Por qué es divertido el sexo? a la lactancia, capítulo principal de la puericultura. «Dar de mamar a los gemelos humanos –nos dice– es un gasto de energía tal que el presupuesto de energía de una madre de gemelos se acerca al de un soldado en un campo de entrenamiento» (p. 73). Me pregunto cuál de las dos conductas se valora más cuando la segunda de ellas está institucionalizada en la esfera pública en tanto que la primera es asunto del hogar, que incluso se debe mantener dentro de sus límites si se atiende a cierto pacato sentido del pudor.


La dicotomía que aquí presento entre los paradigmas del cuidado y de la extracción tiene su plasmación desde la perspectiva sociológica. La recientemente galardonada con el Premio Nacional de Sociología, pionera en la investigación del trabajo dentro del hogar, la socióloga María de los Ángeles Durán, ha acuñado el término «cuidatoriado» para nombrar la clase social de los que cuidan. Importante, sin duda, para el reconocimiento de una realidad que si no se nombra no existe. Su labor investigadora de los últimos cuarenta años da cuenta de un fenómeno en el que se demuestra una vez más lo difícil que resulta desligar la economía de la ideología, el machismo en este caso. Pues lo que ya empezamos a peinar canas sabemos muy bien que todavía en los ochenta del siglo pasado era mayoritaria la idea de que ese trabajo de cuidados confinado al espacio del hogar era cosa exclusiva de mujeres que lo tenían por «sus labores», no por un trabajo al que le correspondiese un valor económico; y así era –¿y es?– para todos ya que no es generador de riqueza. Pero –a poco que se repare en ello– se trata de un trabajo de enorme valor vital, aunque no tenga el debido reconocimiento económico, que aún hoy realizan en un ochenta por ciento las mujeres.


Según los cálculos de la mencionada socióloga, habría que subir un 70% el IRPF para pagar parte de los cuidados que hoy se hace gratis (declaración en entrevista del diario 20minutos de 12 de febrero de 2019). De tal magnitud es su valor económico. En cualquier caso, una necesidad social que nuestro Estado del bienestar no cubre, que puede comprar quien tiene recursos; pero quien carece de ellos recurre al «cuidatoriado», los que se dedican principalmente a cuidar siendo la mayoría trabajadores no remunerados en absoluto o insuficientemente remunerados. Los remunerados suelen ser mujeres inmigrantes con condiciones laborales peores que todos los demás trabajadores. Pero el grueso de esta clase social son mujeres que no cobran por cuidar, sino que lo hacen por afecto o por sentimiento de obligación familiar. Sin derecho a la seguridad social están condenadas a la miseria y a la dependencia.


Con un país inmerso en un «invierno demográfica», que envejece a toda prisa, con una de las esperanza de vida más altas del planeta, el sector del cuidado es el gran negocio; si no fuera porque pocas familias pueden pagar lo que cuesta una plaza en una residencia o una persona que cuide interna al dependiente. Es la confusión de mercado y economía la que lleva al desprecio del trabajo de cuidados, que poco tiene que ver a simple vista con la producción y la generación de riqueza. Se calcula lo que cuesta una vacuna infantil, el salario del personal sanitario que la suministra, las instalaciones donde se practica; pero queda al margen de los números, lo que más valor tiene, a saber: el tiempo de la persona que deberá dejar de trabajar para acompañar al niño y que, seguramente, al día siguiente tendrá que quedarse en casa cuidándolo.


El cuidado queda fuera del PIB por el mercadocentrismo que denuncia el economista Ha-Joon Chang en su libro Economía para el 99% de la población. En él critica la miopía de la escuela neoclásica actualmente dominante en la ciencia económica. Según su concepción, la economía se reduce a una red de relaciones comerciales que conforma el mercado. «La focalización en el mercado –nos advierte Chang– ha propiciado que la mayoría de los economistas no presten atención a ámbitos cruciales de nuestra vida económica, con importantes consecuencias negativas para nuestro bienestar» (p. 409). Diríase que nos hemos vuelto des-cuidados, desatendiendo aspectos tan vitales como la calidad del trabajo y el equilibrio entre la vida privada y el trabajo. Aquí residen las claves para identificar las causas últimas del invierno demográfico que dicen padecemos. Mujeres trabajadoras, a menudo mal pagadas y demasiado estresadas sin la seguridad de una cierta estabilidad, a las que se les exige cargar con el cuidado de la prole y puede que también con el de sus mayores y dependientes. ¿Es ético exigirles tamaña abnegación? ¿Cabe esperarla de ellas por decisión voluntaria conforme se van liberando de la tradicional moral cristiana del sacrificio femenino?
Ya lo dijo Robert Kennedy el 18 de marzo de 1968 en el fragor de la campaña electoral: «el PIB lo mide todo excepto lo que hace que valga la pena vivir la vida». Por eso no mide el cuidado, quedando este trabajo, esencial para gozar de una vida buena, al margen de valoración y ninguneado en la agenda política.


En cuanto a la relación entre valor social de un trabajo y remuneración recibida por su desempeño, el heterodoxo antropólogo británico David Graeber lo tiene claro: «cuanto más ayuda y beneficia un trabajo a los demás, y por tanto mayor valor social crea, menos se suele pagar por él» (p. 275). Es la sentencia que encontramos en su libro Trabajos de mierda. Una teoría. Según algunas investigaciones a las que nos remite, una de las profesiones que mayor valor social aporta es la de maestro de primaria, no especialmente bien pagada como todos sabemos, mientras que la que más valor social sustrae es la de los profesionales del sector financiero, los cuales, sin embargo y como muy bien sabemos, están excelentemente bien pagados. Y dado que la actividad financiera es un exponente flagrante de extractivismo (se trata de extraer la poca riqueza de unos muchos para incrementar la mucha riqueza de unos pocos) tenemos otra constatación más de ese desequilibrio económico entre el cuidado y el extractivismo que venimos analizando. De este desequilibrio económico fueron síntoma evidente los recortes salariales aplicados a partir de la crisis de 2008 a casi todos los sectores públicos que proporcionan beneficios claros e inmediatos a la población (sanidad, educación, dependencia, etc.) entretanto se mostraba sin pudor una actitud realmente indulgente con las crecientes remuneraciones de los responsables de las entidades financieras cuya gestión había sido la causante en gran medida del desastre económico.


Al mismo tiempo, el trabajo se ha ido convirtiendo en un valor en sí mismo; quien no trabaje, aunque sea en algo que no le guste y en lo que sea explotado e invirtiendo en ello la mayor parte de su tiempo, es un gorrón, un gandul, un parásito indigno de simpatía y de ayuda pública. Así se achica el espacio y se merma el tiempo dedicado al cuidado, que –como hemos dicho– queda al margen de la matematizada valoración económica.


La pregunta es cómo se decide el valor del trabajo, en función de qué criterios. La respuesta ortodoxa que resuelve dogma en ristre la cuestión echando mano del mercado –animal metafísico donde los haya– es cuando menos discutible por cuanto desprecia consideraciones de orden vital que ya han sido expuestas. El aludido David Graeber ensaya la formulación de un criterio: «cuando un servicio o producto responde a una demanda o mejora de alguna manera la vida de la gente se puede considerar que tiene verdadero valor, pero no así cuando solo sirve para crear demanda, haciendo que la gente se sienta gorda y fea o engañándola para endeudarse y luego cobrar intereses por ello» (p. 267).


El trabajo de cuidados es el fenómeno que desafía la autenticidad de la conexión entre economía y vida. Cabe preguntarse si el actual paradigma económico globalmente vigente no ha permitido una expansión excesiva de su componente extractivo, ya sea de recursos naturales, ya de recursos financieros mediante el procedimiento del endeudamiento crónico. Si es así, la economía pone en peligro su genuina razón de ser, que tiene que ver, básicamente, con una administración de los medios materiales, siempre limitados, que posibilite que los humanos estemos en disposición de alcanzar el disfrute de una vida buena. A juzgar, sin embargo, por los efectos bien evidentes a estas alturas del proceso de globalización sujeto a la providencia del libre mercado (trasunto actual de la de Dios) diríase más bien que la esfera económica se ha constituido en un mundo independiente con leyes propias al margen de las de la materia y las de la vida.


Recientemente la antropóloga Yayo Herrero, prestigiosa investigadora en los ámbitos ecologista y feminista, participó en un diálogo radiofónico en el que ofrecía su visión del momento actual que vivimos, congruente con las ideas aquí expuestas (emitido por la Cadena Ser el 14 de abril de 2019 en el programa A vivir, que son dos días). Transcribo parte de su intervención: «Estamos viviendo un momento, yo diría, en el que hay una triple guerra, en el que se combinan una guerra convencional, por los recursos, como las que ha habido siempre, mucho más intensificada en un momento de declive de energía, de declive de minerales que intensifica ese extractivismo del que hablaba Silvia; una guerra también contra los derechos laborales y sociales, que precariza a las personas, que las reduce básicamente a la situación de consumidores, y si eres un consumidor fallido básicamente ya no cabes; y una guerra también sutil y dura contra los vínculos y las relaciones». A su entender, para enfrentar esa triple amenaza es menester colocar en el centro del horizonte humano lo que es prioritario para sostener la vida, y no cualquier vida (al estilo de los fanáticos provida) sino vidas que merezcan la pena y la alegría de ser vividas. Considera esta investigadora social que el modelo de capitalismo extractivista supone una guerra contra la vida, y que es suicida por cuanto para que haya producción –la actividad material esencial de la economía real– es necesaria como condición previa la producción de la vida, que se realiza en la naturaleza y en los trabajos que cotidianamente tenemos que llevar a cabo para mantener las vidas; es decir, lo que he venido llamando el cuidado. Es estúpido sacrificar todo lo que constituye la genuina vida humana al crecimiento económico tal como es entendido dentro del paradigma del capitalismo global de libre mercado y extractivista. La historia de homo sapiens demuestra que uno a uno los individuos somos vulnerables y que siempre es un error soslayar la evidencia de que somos cuerpo y pertenecemos a una misma especie.


El desarrollo ideológico de las últimas décadas ha llevado a cabo un continuado y efectivo trabajo de erosión de toda apreciación del vínculo social, del sentido de comunidad al margen del entramado económico. «No existe lo que se llama sociedad. Hay hombres y mujeres individuales y hay familias», decretó la Primera Ministra británica Margaret Thatcher hace cuarenta años. Desde entonces, carece de sentido preocuparse por la sociedad y pensar en el bien común, mientras que lo tiene todo que cada individuo trabaje más y haga lo posible por ganar más. Quiere decirse también que la solidaridad no es productiva; o sea, que es inútil unir fuerzas y subordinarlas a una causa común. Toda apelación al principio de responsabilidad comunal por el bienestar de los miembros integrantes de una sociedad se condena como lo propio de un Estado paternalista que debilita la capacidad de emprendimiento de los individuos, máxima virtud promotora del crecimiento económico. Se asume que el cuidado de otros, por contra, es el vicio que conduce a una dependencia aborrecible y detestable. A la postre, el debilitamiento del sentido del cuidado da lugar a sociedades fracasadas en las que el consumismo y el extractivismo se retroalimentan con el convencimiento de que no hay alternativa.


El agotamiento de los bienes materiales y el agotamiento de los cuerpos, procesos en el que nos ha instalado el paradigma extractivista nos lleva a vivir en el tiempo de la inminencia, en el que todo puede cambiar radicalmente o todo puede acabarse definitivamente. Es lo que la filósofa Marina Garcés en su sugerente ensayo titulado Nueva ilustración radical denomina «el límite de lo vivible», el apocalipsis por agotamiento de la vida. Su definición de dicho límite: «Ese umbral a partir del cual puede ser que haya vida, pero que no lo sea para nosotros, para la vida humana. Vida vivible es la gran cuestión de nuestro tiempo. (...) vida vivible es vida digna. Sus límites son aquellos por los que podamos luchar» (p. 15-16). ¿Acertará cuando afirma que nuestro tiempo no es ya el de la posmodernidad sino el de la insostenibilidad? ¿Será verdad que vivimos en la prórroga desde que en 1972 el Club de Roma en su informe Los límites del crecimiento advirtiera de la imposibilidad del crecimiento ilimitado, horizonte verdaderamente utópico del capitalismo en un planeta finito?


¿Es esto vivir? Es la pregunta a la que cualquiera puede recurrir en cualquier contexto de vida, según señalara el filósofo Etienne de La Boétie en el siglo XVI. No tiene que ver con una objetividad calculable, sino que apela a una dignidad que siempre puede ser puesta en cuestión. Según Marina Garcés de nuevo, «es una pregunta que se puede compartir pero no delegar, porque lo que expresa es que la vida consiste en elaborar el sentido y las condiciones de lo vivible» (p 58). En ella, en fin, se halla la semilla de la insubordinación a toda servidumbre voluntaria, también la promovida por un paradigma económico cuya ansia extractivista menoscaba la relevancia vital del cuidado.

Por  José María Agüera Lorente
Rebelión


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:


BAUMAN, ZYGMUNT: El arte de la vida. De la vida como obra de arte. Editorial Paidós. Barcelona, 2017.
CHANG, HA-JOON: Economía para el 99% de la población. Editorial Debate. Barcelona, 2015.
DIAMOND, JARED: ¿Por qué es divertido el sexo? Círculo de Lectores. Barcelona, 2007.
GARCÉS, MARINA: Nueva ilustración radical. Editorial Anagrama. Barcelona, 2017.
GRAEBER, DAVID: Trabajos de mierda. Una teoría. Editorial Ariel. Barcelona, 2018.

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Miércoles, 17 Abril 2019 06:44

Venezuela recibió ayuda de la ONU

 Fila para recibir tabletas de purificación de agua y tambos para recolectar el líquido distribuidos por la Cruz Roja ayer, en un barrio de Caracas.Foto Afp

El presidente anunció un acuerdo con la Cruz Roja para recibir “toda la ayuda de carácter humanitario que pueda traerse”

Venezuela recibió ayer un primer cargamento de ayuda humanitaria de la Cruz Roja, luego de que el presidente Nicolás Maduro aprobara su ingreso. La carga incluye 24 toneladas de insumos médicos y 14 plantas eléctricas que serán distribuidas en ocho hospitales, la mitad de estos públicos, indicó el ministro de Salud, Carlos Alvarado.


“Siguiendo instrucciones del Presidente Nicolás Maduro, acompañamos a la Federación Internacional de la Cruz Roja y la Media Luna Roja en el recibimiento de 24 toneladas de medicamentos y plantas eléctricas para los centros de la Cruz Roja en Venezuela y algunos centros del Sistema Público Nacional de Salud, en el marco de la asistencia técnica humanitaria y como mecanismo para sortear el bloque criminal impuesto por el gobierno norteamericano”, informó Alvarado en su cuenta de la red social Twitter.


Una veintena de camiones en caravana transportaron los suministros a Caracas desde el aeropuerto internacional de Maiquetía. Contienen cientos de cajas de cartón con los símbolos del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, que llegaron en un avión procedente de Panamá. “Es un gran paso adelante para apoyar a las personas vulnerables”, señaló, por su parte, el presidente de la Federación Internacional de la Cruz Roja, Francesco Rocca, quien había anunciado el envío de la asistencia el pasado 29 de marzo.


El país caribeño atraviesa la peor crisis económica de su historia moderna, que incluye una grave escasez de alimentos, medicinas e insumos hospitalarios, deterioro de los servicios públicos, hiperinflación e inestabilidad en el sistema eléctrico. La ONU estima que siete millones de venezolanos -un cuarto de la población- precisan ayuda humanitaria y la ONG Codevida, que defiende los derechos de los pacientes, afirma que unas 300.000 personas están en condición de alto riesgo y requieren tratamiento urgente.


Rocca había anunciado que a mediados de abril iniciaría la distribución, en una primera fase, de ayuda para unas 650.000 personas en el país petrolero. La operación será similar a la que se lleva a cabo en Siria, había señalado entonces el diplomático, refiriéndose a la envergadura de la asistencia. Posteriormente, el 10 de abril, Maduro anunció un acuerdo con el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) para recibir “toda la ayuda de carácter humanitario que pueda traerse” en coordinación con organismos de Naciones Unidas.


El presidente de la Cruz Roja Venezolana, Mario Villarroel, quien recibió el cargamento, pidió que se evite la politización de lo que calificó como un gran logro. “Reafirmamos que la ayuda será distribuida conforme a los principios fundamentales de nuestro movimiento, especialmente los de neutralidad, imparcialidad e independencia”, subrayó.


El líder opositor Juan Guaidó había intentado el pasado 23 de enero ingresar donaciones de alimentos y medicinas provenientes de Estados Unidos a través de las fronteras con Colombia, Brasil y Curazao, pero la Fuerza Armada impidió el ingreso. Maduro denunció ese operativo como una excusa para una intervención militar estadounidense. El gobierno insistió en esta denuncia ayer ante la ONU. El embajador venezolano ante Naciones Unidas en Ginebra afirmó que los llamados de Estados Unidos para pedir a Caracas que deje entrar la ayuda humanitaria son una cortina de humo para preparar una invasión extranjera. “Nunca podremos aceptar los intentos de usar el apoyo humanitario para promocionar una invasión extranjera en nuestro país”, declaró luego el embajador. “Es por eso que rechazamos firmemente el intento de Estados Unidos de utilizar la supuesta ayuda humanitaria como mecanismo para una intervención”, agregó.


Para Guaidó el ingreso de la asistencia humanitaria “Es un reconocimiento a su fracaso (el de Maduro) en materia de salud”, afirmó el autoproclamado presidente interino. El jefe parlamentario observó, asimismo, que se trata de un paliativo para contener la emergencia y que la crisis solo se resolverá cuando el gobernante socialista “cese la usurpación” del poder.


Durante gran parte de la era chavista, iniciada en 1999, el Estado ha sido el principal importador de comida y medicamentos, pero los altibajos en los precios del petróleo y el derrumbe de la producción contrajeron dramáticamente esas compras. Las importaciones, de 66.000 millones de dólares en 2012, serán de apenas 7.800 millones este año, según la consultora Ecoanalítica.


La asistencia llega en un momento crítico, pues el 28 de abril entrará en vigor un embargo petrolero de Estados Unidos contra Venezuela, que obtiene 96 or ciento de sus ingresos del crudo, lo que podría agravar aun más la situación socioeconómica.

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Martes, 16 Abril 2019 06:29

Hacer lo visible

Hacer lo visible

La primera fotografía de la sombra de un agujero negro es uno de los logros más impactantes de la ciencia en lo que va del siglo XXI. Es la materialización de un sueño largamente acariciado por numerosas personas y grupos científicos en el mundo. Muestra la fuerza de la razón humana al lograr evidenciar lo imaginado, hacer visible lo invisible.

México tuvo una participación muy relevante en el proyecto que hizo posible integrar una imagen a partir de señales obtenidas en la franja milimétrica del espectro electromagnético (muy alejada del espectro visible y dentro de las ondas de radio) provenientes del centro de una galaxia conocida como M87, localizada a 55 millones de años luz de distancia de la Tierra dentro del cúmulo de galaxias de Virgo.


La participación de la ciencia mexicana en esta hazaña no fue marginal. Empleando el Gran Telescopio Milimétrico Alfonso Serrano (GTM), ubicado en la Sierra Negra de Puebla, a más de 4 mil 600 metros sobre el nivel del mar, una docena de investigadores de diferentes instituciones nacionales, entre ellas el Instituto Nacional de Astrofísica Óptica y Electrónica y la Universidad Nacional Autónoma de México, contribuyeron con la obtención de datos y su análisis, la construcción de la imagen, su verificación independiente y la coordinación de los manuscritos publicados el miércoles pasado en la revista Astrophysical Journal Letters.


El GTM es uno de los ocho radiotelescopios del proyecto multinacional Telescopio del Horizonte de Eventos, que reunió a más de 200 científicos del planeta. Se trata de un gran logro de la ciencia mundial, a la vez de un gran triunfo de la ciencia mexicana que hay que celebrar.


Seguí la transmisión de la conferencia de prensa realizada ese día en México desde el auditorio Eugenio Méndez Docurro del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, y luego las realizadas en Estados Unidos por la National Science Foundation, en España por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, al igual que la realizada por los científicos del radiotelescopio ALMA, en Chile. Y aunque la primera fue para mí por muchas razones la más significativa, todas ellas me provocaron una emoción muy difícil de describir al ser partícipe de un acontecimiento histórico y ver proyectada en las respectivas pantallas la primera fotografía de un hoyo negro. Además de la emoción por este suceso hay tres reflexiones que me interesa compartir.


En primer lugar, que la imagen obtenida es una muestra del poder de la razón científica, pues confirma la predicción hecha por Albert Einstein en 1915 en su teoría de la relatividad general que explica el desplazamiento de cuerpos en el universo en un entramado formado por el espacio y el tiempo, el cual se deforma por la presencia de objetos masivos. Las ecuaciones de esta teoría fueron resueltas en 1916 por el físico alemán Karl Schwarzschild, quien sugirió además la existencia de una singularidad: cuerpos relativamente pequeños con una gran masa, a los que luego se conocería como agujeros negros, cuya atracción gravitacional es tan grande que nada puede escapar a ellos, ni siquiera la luz. Estas predicciones se confirmaron o están por confirmarse plenamente con la imagen presentada al mundo el pasado 10 de abril.
Un aspecto inquietante para mí es la reconstrucción de la imagen. Se trata de señales recogidas por ocho radiotelescopios. Los datos recabados se reúnen y se sincronizan mediante relojes atómicos. Luego mediante procedimientos matemáticos y el empleo de algoritmos, millones de datos son transformados en una imagen que cobra sentido para el ojo humano. Se podría pensar que una fotografía construida de este modo es algo sumamente indirecto, que no nos dice realmente cómo es el objeto al que nos estamos refiriendo. Pero de algún modo tranquiliza pensar que así es como funciona la visión en los humanos, pues señales electromagnéticas en la franja del espectro visible son transformadas en señales eléctricas y químicas que llegan al cerebro, donde se integra lo que conocemos como percepción visual, lo que vemos.
Finalmente, quiero referirme a la pregunta que reiteradamente aparece sobre cuál es la utilidad de contar con un fotografía de un agujero negro. No me voy a detener en los innegables beneficios que se derivarán de la tecnología creada en la realización de este proyecto. Pero creo que hay pocas cosas comparables con la emoción que provoca en los investigadores un descubrimiento científico, me atrevo a afirmar que es una adicción mayor a la que produce cualquier droga. Un disfrute incomparable que en este caso se comparte al mundo. Los agujeros negros permiten entender la evolución de las galaxias, pero, además, cada nuevo avance en el conocimiento del universo nos ayuda a responder algunas de las preguntas más relevantes para nuestra especie sobre qué somos y cuáles son nuestros orígenes y destino.