Máquina Z china: Pekín desarrolla lo que puede convertirse en su mayor arma nuclear

Investigadores chinos trabajan en la construcción de una máquina que generará mucha más electricidad que la necesaria para probar armas en entornos extremos y estudiar la energía nuclear.

China desarrolla su propia versión de la llamada máquina Z del Laboratorio Nacional Sandia en Albuquerque (Nuevo México, EE.UU.), considerada el generador de rayos X más grande del mundo para observar el comportamiento de las partículas en condiciones extremas de radiación y presión magnética.


Este tipo de máquinas pueden ser utilizadas para crear armas nucleares, desde ojivas hasta bombas de hidrógeno. Ahora los expertos militares chinos tratan de quitarles la primacía a los estadounidenses en ese campo y están construyendo un dispositivo que liberará mucha más electricidad que la máquina Z, a fin de simular explosiones termonucleares a una escala sin precedentes, indica South China Morning Post.


En solo un instante, la máquina china podrá generar 60 millones de joules de energía, mientras la instalación estadounidense en Albuquerque es capaz de generar 2,7 millones de joules. La instalación podría ayudar a los investigadores a estudiar el comportamiento de nuevos modelos de ojivas y otras armas bajo condiciones tan extremas.
Un físico nuclear de Pekín comentó al citado medio que con tanta energía los especialistas chinos podrán "calentar el blanco hasta más de 100 millones de grados centígrados", mientras que un profesor asociado del Instituto de Ciencia y Tecnología Nuclear de la Universidad de Sichuan en Chengdu, Liu Bo, sostuvo que la máquina Z china podría ser lo suficientemente potente como para "iniciar la fusión".


El aparato está siendo construido por encargo de la Defensa china en una base nuclear ubicada en la ciudad de Mianyang, provincia de Sichuan. A cargo de las obras está la Academia China de Física de Ingeniería (CAEP, por sus siglas en inglés), y se prevé que sea operacional en los próximos años, según fuentes del periódico.


La máquina Z china podrá ser utilizada no solo para el desarrollo de armas de destrucción masiva, sino también para la creación de tecnologías que permitan aprovechar una energía limpia en cantidades prácticamente ilimitadas, detalló Liu Bo.


Carrera armamentista


En mayo, el periódico China Youth Daily reportó que la Academia China de Física de Ingeniería busca ganar a EE.UU. en el desarrollo de armas nucleares y que, incluso, 'Superar a EE.UU.' se convirtió en el lema de los científicos chinos que trabajan en instalaciones altamente secretas.


El físico nuclear Zou Xiaobing, que estudió el funcionamiento de la máquina Z en la Universidad Tsinghua, confirmó a South China Morning Post que el Gobierno brinda un gran apoyo financiero a las investigaciones en el ámbito nuclear.


El 3 de diciembre, el presidente de EE.UU., Donald Trump, tachó de "incontrolable carrera armamentista" la actual situación en torno al desarrollo de nuevas armas y lamentó que los Gobiernos tengan que hacer enormes inversiones en presupuestos militares.


"Estoy convencido de que en algún momento, en el futuro, el presidente Xi y yo, junto con el presidente Putin, de Rusia, comenzaremos a hablar sobre un cese significativo de lo que se ha convertido en una gran e incontrolable carrera armamentista. Este año, EE.UU. gastó 716.000 millones de dólares [presupuesto militar aprobado en junio]. ¡Qué locura!", escribió Trump en su cuenta de Twitter.


Si bien Rusia aplaudió la iniciativa, Pekín se distanció de la afirmación del mandatario estadounidense. "Nunca hemos tomado parte en ningún tipo de carrera armamentista y no constituimos una amenaza para ningún país", afirmó el portavoz del Ministerio de Exteriores de China, Geng Shuang.

 

Publicado: 13 dic 2018 04:06 GMT | Última actualización: 13 dic 2018 05:12 GMT

Maduro pide a Putin respaldo económico y político

Moscú. En el contexto de creciente deterioro de la relación entre Rusia y Estados Unidos, que favorece el acercamiento de Moscú y Caracas, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, vino a la capital rusa este miércoles para pedir a su homólogo, Vladimir Putin, respaldo político y comprensión ante las dificultades que enfrenta el país latinoamericano –cada vez más acosado por Washington– para cumplir los compromisos con sus acreedores rusos.


Lo primero, por así convenir a ambos países en medio de un escenario internacional cada vez más adverso para ellos, se hizo público desde el primer momento del encuentro de los mandatarios.


Entendemos y sabemos que la situación en Venezuela sigue siendo muy complicada. Apoyamos sus esfuerzos por lograr entendimientos en la sociedad, sus medidas para facilitar un arreglo con la oposición. Y desde luego rechazamos cualquier acción de carácter terrorista, cualquier intento de cambiar la situación por la fuerza. Con estas palabras recibió Putin a Maduro en su residencia de Novo-Ogoriovo, en las afueras de Moscú, donde se reunieron los mandatarios por separado y, después, con sus comitivas.


Lo segundo, por afectar delicados intereses privados, se negoció a puerta cerrada y sin emitir comunicado sobre la parte no pública de su encuentro ni ofrecer conferencia de prensa posterior.


Desde 2006, de acuerdo con estimaciones de la agencia noticiosa Reuters, el gobierno ruso y la petrolera Rosneft han concedido créditos a Venezuela por un valor cercano a 17 mil millones de dólares y, en octubre de 2017, el Ministerio de Finanzas ruso aceptó restructurar parte de la deuda, a saldar en un plazo de 10 años, pero se comenta que el préstamo de 4 mil millones de dólares para la compra de armamento en 2011 debía pagarse este 2018, y Caracas no tiene forma de hacerlo.


Con esta visita de trabajo, conforme a lo poco que ha podido trascender, Maduro procuró tranquilizar a Putin sobre la plena vigencia de los proyectos petroleros rusos en Venezuela, a la vez que argumentó la necesidad de que le concedan más tiempo para poder pagar el servicio de la deuda en los términos pactados.


Lejos del medio millón de barriles que, según los cálculos del Kremlin, debería recibir Rusia cada día, de un tiempo para acá llegan sólo 176 mil barriles.


Se podría entender por la drástica caída de la extracción de crudo en Venezuela, pero nada gustó aquí –donde Maduro tiene en la persona Igor Sechin, presidente de Rosneft, su más firme valedor desde que el influyente colaborador de Putin apostó por establecer una alianza estratégica aún con el gobierno de Hugo Chávez– que se haya filtrado a la prensa que Venezuela suministra 463 mil barriles diarios a China, otro importante acreedor.


Por ese motivo, a finales de noviembre pasado, Sechin viajó a Caracas a pedir explicaciones y, unos días después, la presencia de Maduro en Moscú se inscribe en el mismo intento de limar asperezas y refrendar alianzas, ya con el visto bueno de Putin.


Rosneft tiene cinco proyectos en Venezuela, que equivalen a 7 por ciento de la extracción total de crudo del país latinoamericano, entre ellos –junto con la compañía Petróleos de Venezuela–, participa en la exploración de los grandes yacimientos de Junín-6 y Carabobo-2 .


No se excluye que el gobierno de Venezuela haya ofrecido concretar nuevos proyectos para Rosneft y Gasprombank, que está financiando la modernización de seis instalaciones de hidrocarburos en la región del lago de Maracaibo. En todo caso, se da por seguro que esa posibilidad será objeto de discusión más detallada en la comisión intergubernamental de cooperación económica Rusia-Venezuela, que está previsto se reúna a comienzos de 2019.


En vista de que Venezuela asumirá el año entrante la presidencia de la Organización de Países Exportadores de Petróleo y del Foro de Países Exportadores de Gas, los expertos consideran que Putin y Maduro no pudieron desaprovechar la ocasión de intercambiar ideas, cara a cara, para buscar una mayor coordinación en los mercados globales de petróleo y gas.

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Miércoles, 28 Noviembre 2018 06:02

Fracking causa escasez del agua en EU

Fracking causa escasez del agua en EU

En su demoledor libro Saudiamérica: La verdad sobre el fracking y cómo está transformando al mundo (https://amzn.to/2yG6QCj), la connotada investigadora Bethany McLean había exhibido el canibalismo del fracking, la toxicidad del agua usada y su estafa financiera (https://bit.ly/2QlHUdZ), a sabiendas de sus efectos deletéreos que causan mayores daños que beneficios cuando "cada barril de petróleo significa cuatro barriles de agua tóxica", lo cual conlleva un costo adicional de seis dólares por barril para su "eliminación" (https://bit.ly/2SfXSDP).

Cada vez surgen mayores defectos del fracking cuando se considera(ba) que la toxicidad del agua era su mayor problema, lo cual de por sí era debatible, ya que las secretas sustancias químicas cancerígenas y la mayor frecuencia de sismos, que se han triplicado, no son nada menores.

Science Advances, del AAAS (American Association for the Advancement of Science), de la que fui miembro, realizó un estudio perturbador en el que expone que el fracking puede causar escasez de agua después de su sobrexplotación hasta en 800 por ciento (¡megasic!) en las partes desérticas del occidente de Estados Unidos (EU), en donde coincidentemente abundan los súperfuegos de incendios incontrolables, como el de California (https://bit.ly/2QqfL5q).

La escasez de agua que provoca el fracking por doquier es un factor limitante para esa industria polémica que extrañamente no gana dinero, sino que pareciera una carta que usa EU en su guerra geoestratégica contra China y Rusia.

Existe un incremento masivo hasta de mil 440 por ciento (sic) en la cantidad de agua desechable tóxica generada en los primeros años de operación del fracking –que per se está condenado a la muerte, ya que requiere de grandes cantidades de agua que son pirateadas de las regiones circundantes.

Los autores del estudio de Science Advances –Andrew J. Kondash, Nancy E. Lauer y Avner Vengosh– advierten que la intensificación acelerada del fracking, como sucede en algunas regiones, desembocaría en una grave "escasez de agua" en 2030, cuando podría alcanzar 50 veces mayor uso hidráulico.

Los científicos asientan que “el uso del agua para el fracking y la producción del agua desechable en las regiones de producción de gas/petróleo esquisto se ha incrementado dramáticamente: de 2011 a 2016, el uso del agua por pozo se incrementó 770 por ciento, mientras que el redireccionamiento del agua y los volúmenes de agua generados en el primer año de producción se incrementaron hasta mil 440 por ciento”.

Hoy el peor problema del fracking es la disposición del agua desechable.

Los tres científicos sentencian que “el continuo incremento de la huella hídrica del fracking con el tiempo implica que las operaciones no convencionales de petróleo y gas requerirán mayores volúmenes de líquido para la fractura hidráulica, que resultará en mayores volúmenes de agua desechable producida”. ¡El fracking ha puesto en peligro a la hidrosfera local/regional/global!

A mi juicio, una de las maneras de detener el caníbal fracking es impedir el uso del agua desde sus fuentes.

The Independent sentencia que “más agua es requerida en los sitios de fracking conforme los pozos son excavados cada vez más profundamente en el subsuelo, lo que explica porqué el uso del agua se ha incrementado pese a que la producción de petróleo y gas no-convencional ha declinado ampliamente en EU” (https://ind.pn/2vVwAdp).

Por cierto, la reinyección de agua desechable en el subsuelo en EU es una práctica prohibida en Gran Bretaña conforme ha sido vinculada a terremotos en algunas localidades, según The Independent.

En México, donde destila azufre el fracaso de la Conagua, urge la preservación de las aguas nacionales –desde la Huasteca, pasando por Jalisco, hasta el binomio Tabasco/Chiapas que provee 30 por ciento del agua del país con sus ríos Usumacinta y Grijalva– que el depredador y hoy agónico modelo neoliberal pretende hurtar y desviar para el expoliador proyecto Monterrey VI, con el fin de desarrollar el gas/petróleo esquisto del noreste y así conectarlo al proyecto itamita de "integración energética de Norteamérica".

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Trump: estrangular a Irán y matar a Khashoggi

El pasado 4 de noviembre entraron en vigor unas 700 sanciones contra Irán impuestas por Estados Unidos. El sector petrolífero y la banca iraní son los blancos de la extraña política energética de Donald Trump, quien había retrasado expresamente las sanciones hasta que pasaran las elecciones parlamentarias de Estados Unidos. Su objetivo era limitar el impacto de un aumento de los precios de petróleo sobre las opiniones de los electores. Ahora, los demócratas, que también incumplieron el acuerdo nuclear con Irán manteniendo las sanciones (sólo levantaron algunas y además de forma temporal), se presentan como salvadores del mundo ante los desmanes de su peligroso presidente.


Si es cierto que John Kerry ha pedido a la República Islámica de Irán que no negocie con Trump por su “inutilidad” y aguante dos años más hasta las elecciones de 2020, lo que el político demócrata pretende entonces es algo parecido al pacto que cerró Reagan con Jomeini en 1980: a cambio de mantener retenidos a sus compatriotas en la embajada de Estados Unidos en Teherán hasta después de las elecciones presidenciales y así derrotar a Jimmy Carter, Jomeini recibiría dinero y armas.


Pero hoy, tanto la generalizada crisis económica, social y política en Irán, como la imposibilidad de ceder aún más ante un Estados Unidos —que no se conforma con menos de un Irán muerto—, coloca a sus líderes de Teherán en una situación muy difícil. Ambas partes esperan un cambio de régimen en el país del otro. Mientras, Trump ha movido una serie de fichas, más petrolíferas que militares, para conseguir sus objetivos geopolíticos: seguir reconfigurando el mapa de Oriente Próximo a la medida de los nuevos intereses de Estados Unidos.
Khashoggi, Irán y el precio del petróleo


Estados Unidos ha negociado con Rusia y Arabia Saudí para que repongan en el mercado del petróleo el millón de barriles que no pone Irán. ¡Y lo ha conseguido! Ambos países ofrecerán a los clientes de Irán 1.300.000 barriles al día. Teherán se siente traicionado por Moscú. Desconocemos cómo convenció Trump a Putin, pero sí sabemos cómo convenció a los saudíes. Así se han desarrollado cronológicamente los acontecimientos:


• 5 de julio. “¡Bajad el precio del petróleo ahora!”, ordenó Trump a los Saud, cuando el barril llegó a costar unos 85 dólares.
• 24 de septiembre. Riad se niega porque necesita dinero para las obras faraónicas del Príncipe de las Tinieblas, Mohammed Bin Salman.
• 2 de octubre. Khashoggi es secuestrado. Estados Unidos y Turquía ocultan que también había sido asesinado, mientras en secreto extorsionan a Riad.
• 3 de octubre. Trump amenaza al rey saudí: “Podría no estar [en el cargo] en dos semanas”.
• 6 de octubre. Un “impertinente” príncipe heredero saudí responde a Trump: “Arabia Saudí existía antes de Estados Unidos”. Se equivoca: el reino saudí se fundó en 1932, y al ser una colonia de los británicos primero y de Estados Unidos después, para mantener su esfera de autonomía ha utilizado sus dos poderosas cartas: el petrodólar, con el que soborna a los dirigentes mundiales y secuestra sus economías, y el terrorismo yihadista. Ni Obama ocultaba su miedo a los jeques.
• 9 de noviembre. El espíritu de Khashoggi se venga, y Riad pierde la batalla. Los precios bajan, hasta hoy que ha tocado suelo: 67 dólares.


Así, Estados Unidos fuerza a Arabia salir de la OPEP, al romper el acuerdo del cartel, y se compromete producir hasta dos millones de barriles de más.


Que Washington haya permitido a nueve países —China, India, Japón, Taiwán, Corea del Sur, Turquía, Irak, Grecia e Italia—, seguir comprando el petróleo iraní de forma temporal y en cantidades mínimas, se debe a:


1. No haber logrado un consenso mundial contra Teherán, ya que éste cumple “religiosamente” con el pacto nuclear.

2. Productores como Nigeria, Libia y Venezuela no consiguen cumplir con sus cuotas en el mercado.

3. Proteger la economía de la clase media estadounidense ante el inicio del invierno: la clase media gasta el 8% de sus rentas en gasolina, transporte, o calefacción, cuando para las familias ricas esta cifra es del 1%.

4. La dificultad real y a corto plazo de sustituir los 1,15 millones de barriles del petróleo ligero iraní para aquellos clientes que han diseñado sus refinerías para este tipo de crudo.


A cambio de esta concesión, Trump obliga a Turquía, por ejemplo, a comprar hasta el 60% de sus necesidades energéticas a compañías estadounidenses que operan en el Kurdistán iraquí; o a la India, segundo gran comprador del crudo iraní, a que pague sólo el 25% del precio de los 275.000 barriles a Irán, y que lo haga en forma de trueque: la formula Alimentos por petróleo que en Irak mató a cerca de dos millones de personas entre 1991 y 2013.


Además, para complacer a Nueva Delhi, Trump ha cancelado 300 millones de dólares en ayuda a Pakistán. Y quiere impedir tanto el desarrollo de la Ruta de la Seda Rusa, el Corredor de Transporte Norte-Sur (INSC) que uniría Rusia con Irán, India, y el Océano Índico, como la construcción del oleoducto Irán-Pakistán-India, por ser rival del proyecto estadounidense del gasoducto Transafgano (siendo uno de los motivos de la ocupación de Afganistán por la OTAN).


China, el principal comprador del petróleo iraní, ha bajado su compra a la mitad a pesar de recibir considerables descuentos, situación que terminará en una guerra de precios de consecuencias imprevisibles. Paradójicamente, el país del Sr. Xi es el principal ganador de la obsesión de Trump por Irán. Además, como cuenta la Teoría de juegos, un precio bajo del petróleo iraní hará bajar el precio de otros productores. Y un secreto: los costos de producción del barril iraní son 9 dólares frente a los 19 de Rusia, o casi los 40 dólares de Alaska.

 

Las medidas de Irán


Hay varias razones que incapacitan a Irán para organizar una resistencia patriótica ante esta guerra económica:

 

1. Su naturaleza capitalista, más bien una economía primitiva islámica de mercado centrada en el comercio, que no en la producción industrial. La burguesía compradora del país ha hecho que aumente la dependencia de la economía a las rentas del petróleo, controlada por la élite clerical-militar. Irán sufre la recesión económica más profunda de su historia reciente, con cientos de fábricas cerradas, 12 millones de parados, una inflación galopante y la mitad de la población por debajo del umbral de la pobreza, según el Banco Central iraní, a pesar de que en 2017 la renta del petróleo fue de 55.000 millones de dólares, un 45% más que en 2016.

2. Su ideología religiosa divide a los ciudadanos, a los países y pueblos de la zona en líneas sectarias, impidiendo una participación organizada de la clase trabajadora, las mujeres y los intelectuales no islamistas en la resistencia contra el imperialismo. Los dirigentes de Irán al igual que sus colegas de Estados Unidos viven en un universo de fantasía, con su vestido de rey incluido.


El parlamento iraní prevé un crecimiento negativo de la economía entre 0,5% y 2,8%. Irán debería buscar nuevos clientes para sus exportaciones, crear una bolsa de petróleo, utilizar divisas digitales, reemplazar el SWIFT (que acaba de desconectarse del Banco Central iraní) por el SPFS la alternativa rusa, y luchar contra el gobierno paralelo que opera desde el poder y exporta el petróleo y otros productos por canales no oficiales.


La amenaza de un estallido social —resultado de la profunda brecha entre los ricos y los pobres— es mayor que una agresión militar de Israel o Estados Unidos. Una élite multibillonaria ha destruido a la clase media y ha convertido a la mayoría de la población de 81 millones en pobres. Es así como la petición de Akbar Welayatí, el asesor de ayatolá Jameneí, ha encendido a los iraníes al reprocharles que debiesen aprender de los yemeníes que “vestidos con una sábana y comiendo pan seco, luchan contra el enemigo”.


¿Están comparando los dirigentes iraníes la situación del país con la de Yemen? Además, eso lo dice justamente alguien que vive en una mansión de mil metros situada al lado del Palacio Saadabad, la residencia del Sha fallecido, y que recibe los salarios de 37 cargos, según el diario Ghanun. Aun así, hasta hoy los ciudadanos en sus protestas no han pedido el derrocamiento de los ayatolás, sino una democracia económica y política. Los ayatolás, en vez de invertir miles de millones de dólares en propagar la religión y mantener a grupos islamistas por el mundo, deberían cambiar de enfoque sobre la vía de fortalecer la seguridad nacional de Irán: atender las justas reivindicaciones del pueblo. Hay trabajadores de varias fábricas, como la Empresa Nacional de Acero Ahvaz, que llevan meses sin cobrar su salario, mientras las autoridades viven en sus paraísos terrenales.

 

Un futuro inquietante


“Los accidentes son una posibilidad muy real”. El asesor en temas de Irán para la Casa Blanca Brian Hook amenaza con hundir las petroleras iraníes de forma “accidental”, con el fin de provocar a Irán y arrastrarle a una guerra bélica directa. Hay que recordar que el 3 de julio de 1988, la Armada de Estado Unidos ya derribó un Airbus iraní en el Golfo Pérsico matando a 290 personas.


Paralelamente, el Pentágono ha enviado parte de Daesh, su brazo yihadista, al Arco de Crisis en Asia Central, aumentando la tensión en la frontera entre Irán y Pakistán.


Si se alargan las sanciones, Europa, que ha sido incapaz de convencer a sus compañías (Siemens, Groupe PSA y Saipem, Total SA, etc.) para que permanezcan en Irán, abandonará esta misma floja resistencia ante las presiones de Trump, e Irán se verá forzado a elegir una de sus escasas e indeseables opciones.


Trump, que ha colocado a un militar como Secretario de Estado, sigue una diplomacia coercitiva: obedeces o te aplastaré. Su estrategia es el juego de suma cero con Irán.

 

13 noviembre 2018

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China crea un sol propio de propulsión nuclear y es 7 veces más caliente que el que aparece cada día

Mientras que la temperatura del llamado Astro Rey alcanza en su núcleo unos 15 millones de grados centígrados, el análogo artificial chino 'arde' a 100 millones de grados.

Equipos chinos de investigación lograron crear un 'sol' artificial, más conocido como Tokamak Superconductor Avanzado Experimental (EAST, por sus siglas en inglés), que es capaz de superar temperaturas de 100 millones de grados centígrados. Los Institutos Hefei de Ciencias Físicas de la Academia de Ciencias de China anunciaron este martes que los electrones de su 'sol' alcanzaron esa magnitud calórica este año, en el curso de un experimento de cuatro meses.


El EAST es un aparato para obtener energía de fusión nuclear y fue diseñado para imitar la manera en la que el Sol genera su enorme poder calórico y luminoso. A diferencia de su análogo chino, la verdadera estrella del centro de nuestro sistema solar tiene una temperatura mucho menor en su núcleo, alrededor de 15 millones de grados centígrados.


El objetivo de este 'sol artificial' es estudiar la fusión nuclear para poder utilizarla algún día como fuente de energía alternativa. A diferencia de la energía nuclear de fisión, que deja desechos tóxicos, la energía obtenida de la fusión nuclear podría ser limpia.


El 'sol artificial' no es el único invento de los chinos en ese campo. En octubre se dio a conocer que la ciudad de Chengdu, situada en la provincia de Sichuan, elaboró un ambicioso plan para lanzar en 2020 al espacio una 'luna artificial' que iluminará sus calles por la noche y reemplazará las farolas.

El caníbal fracking en EU y México: concepto itamita de Norteamérica

El demoledor libro de Bethany McLean –quien exhumó el fraude financierista de la gasera texana Enron– sobre el canibalismo del fracking (fracturación hidráulica), la toxicidad del agua usada y su estafa financiera (https://amzn.to/2yG6QCj), todavía le dio pocos años de vida a la mítica cuenca Permian: suprema productora de shale gas/petróleo en Texas (http://bit.ly/2ykYXCE).

 

Kevin Crowley, de Bloomberg –cercano al Partido Demócrata y enemigo del filo-petrolero Trump– diluye el vino embriagante del "auge del petróleo en la cuenca Permian" que "exhibe señales de sobrecalentamiento ,escasez de arena, gasoductos y mano de obra que pueden poner en peligro el futuro de EU como una superpotencia energética"(https://bloom.bg/2yF4Ry0).

 

La cuenca, que abarca 90 mil millas de roca sedimentaria entre Texas y Nuevo México, lleva seis años de auge gracias a los "avances en perforación".

 

Jessica Summers y Sheela Tobben, también de Bloomberg, catalogan a la cuenca Permian como la "mayor parcela de petróleo en el mundo (sic) que está a punto de superar la producción de Irán": produce 3.18 millones de barriles al día(mbd) y puede alcanzar 4 mbd en 2023, mientras el campo Ghawar de Arabia Saudita, el máximo del mundo, produce casi 6 mbd (https://bloom.bg/2yIJX13).

 

Según Kevin Clowley, "EU se volvió una superpotencia energética gracias a la cuenca Permian y está a punto de superar a Arabia Saudita y a Rusia como el mayor productor de petróleo del mundo", lo cual "tendrá implicaciones políticas y económicas de largo alcance en la política exterior de EU".

 

Jerarcas del petróleo de EU vaticinan el auge de la cuenca Permian de "una o dos décadas por lo menos (sic)" gracias a la doble tecnología del fracking y la perforación horizontal que inyectan arena, agua y químicos.

 

Harold Hamm, mandamás de Continental Resources y confidente del presidente, alardea que con Trump, EU tiene sus "propios petrodólares" y se puede dar el lujo de propinar sanciones a Irán.

 

Pero no todo es color de rosa con la cuenca Permian que "exhibe señales de sobrecalentamiento" cuando la "arena se ha vuelto una preciosa materia prima que se cotiza a 60 dólares la tonelada".

 

El dinero corre a raudales y hoy un conductor de camión obtiene 150 mil dólares al año y han convertido los caminos para "tráfico agrícola en las más peligrosas de EU", sumado de los cuellos de botella de su transporte a refinerías y tankers en el Golfo.

 

La "Nueva California" o el "Nuevo Oeste" es hoy la cuenca Permian cuyo "máximo desafío" es la "escasez de plomeros y electricistas".

 

La parte fundamental del "éxito" caníbal del fracking radica en las grandes cantidades de agua que requiere cuando por cada barril de petróleo se producen cuatro barriles de agua tóxica y cuyos "manejadores" no saben como disponer de ella y no toman en cuenta los daños deletéreos que provoca, sin contar los sismos, la contaminación del gas metano y la toxicidad del agua potable.

 

El caníbal fracking epitomiza la bisagra de dos privatizaciones especulativas: la del petróleo y la del agua, en donde convergen los megabancos y las principales corredurías de Wall Street y la City, como Morgan Stanley/Goldman Sachs/Citigroup.

 

Se trata de un cuádruple negocio circular de banca/energéticos/agua/alimentos y que ha divulgado ICA (por sus siglas en inglés) encabezada por la DIA y la CIA (http://bit.ly/2yGbAb5).

 

El caníbal fracking epitomiza el concepto geoestratégico de integración energética de "Norteamérica" (http://bit.ly/2yHFviW) propalado por Goldman Sachs (http://bit.ly/2yL6A4M), CFR (https://on.cfr.org/2yHgPY4) y el ITAM (sic) para derrotar a China, según Joseph Nye (http://bit.ly/2yJdEiv).

 

El misterio del fracking, notable fracaso financiero, fue develado por McLean quien expuso que se trata de una burbuja financierista de la Reserva Federal y de la bancocracia de Wall Street y la City.

 

El mito transfronterizo del fracking en EU y el noreste de México lo abordaré en una conferencia magistral en el auditorio Barros Sierra de la Facultad de Ingeniería de la UNAM, hoy miércoles a mediodía (http://bit.ly/2yKEqH0).

 

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Informe denuncia patrón de violación de derechos humanos por empresas chinas en Latinoamérica

El jueves 11 se presentó en el Palacio de las Naciones Unidas, en Ginebra, un informe que revela un patrón de violaciones de derechos humanos y ambientales cometidas por empresas chinas en Latinoamérica.


El documento detalla 18 proyectos implementados por 15 consorcios chinos, formados por empresas privadas y/o estatales y por lo menos 6 bancos chinos, en Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador y Perú.


El estudio concluye que las violaciones de los derechos humanos y ambientales no son incidentes aislados. Revelan un patrón recurrente de comportamiento marcado por una falta de respeto por los derechos fundamentales y los derechos económicos, sociales y culturales, así como por la impunidad de estas violaciones.


Muestra que las empresas chinas se han involucrado de manera continua y deliberada en comportamientos que violan el derecho a la tierra, al territorio y a una vivienda adecuada; el derecho a vivir en un entorno saludable; el derecho a la libertad y la seguridad y los derechos de consulta y participación.


Indica además, que las autoridades chinas no han examinado con la debida diligencia los impactos de estos proyectos en los derechos humanos.


Finalmente, el informe también recuerda que el gobierno chino no ha adoptado e implementado medidas efectivas para cumplir con las obligaciones extraterritoriales de China en virtud del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC).


El informe elaborado por el Colectivo sobre Financiamiento e Inversiones Chinas, Derechos Humanos y Ambiente (CICDHA) fue presentado por la Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH), una de las organizaciones miembros de la coalición.


Pedidos a China


A la luz de los hallazgos del informe, la FIDH, sus ligas y el CICDHA instan al gobierno chino a trabajar en cooperación con los organismos de derechos humanos e integrar los instrumentos de derechos humanos en sus políticas y proyectos de inversión en la región de ALC.


La FIDH y el CICDHA también le piden al gobierno chino que ratifique el Convenio 169 de la OIT sobre pueblos indígenas y tribales y que respete sus obligaciones extraterritoriales relacionadas con los derechos humanos y ambientales.


También la FIDH y el CICDHA le urge a China que renuncie a proyectos existentes en territorios de pueblos indígenas en aislamiento voluntario y se comprometa a no participar en ninguno otro proyecto en esos territorios.


Las autoridades chinas también deben realizar una evaluación comprehensiva y participativa de los proyectos donde intervienen bancos y empresas chinas en Argentina, Brazil, Bolivia, Ecuador y Perú en cuanto al cumplimiento de instrumentos internacionales de derechos humanos y de normas ambientales y suspender los proyectos que no cumplan con estas normas internacionales.


Compromisos y obligaciones de China


China ha reconocido internamente las obligaciones extraterritoriales de sus empresas, de respetar las leyes de los países anfitriones y las recomendaciones de las Naciones Unidas (ONU).


Ello consta en un documento de la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma de la República Popular China (CNDR) y del Ministerio de Comercio en las Opiniones Guía para el Fortalecimiento de la Construcción de un Sistema de Crédito en el Campo de la Cooperación Económica en el Extranjero.


En el documento se señala que las entidades y personas chinas que participan en cooperación económica en el extranjero deben respetar las leyes del país anfitrión, las resoluciones de la ONU, y proteger la buena imagen de China.


El 13 de junio de 2014, en sus Observaciones finales sobre la revisión del segundo informe periódico nacional de China en el marco del PIDESC, el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (CESCR) instó al gobierno chino a: adoptar un enfoque basado en los derechos humanos en el ámbito internacional de sus políticas de cooperación.


Asimismo, le pidió implementar evaluaciones de impacto y mecanismos de monitoreo; establecer vías para informar y remediar las violaciones; y adoptar medidas legislativas y administrativas para garantizar la responsabilidad legal de las empresas y sus filiales que violan los derechos humanos de forma extraterritorial.


La FIDH y CICDHA piden a los Estados miembros de las Naciones Unidas (ONU) que realicen un evaluación completa, detallada y profunda acerca de las obligaciones extraterritoriales de China durante el tercer Examen Periódico Universal del próximo 6 de noviembre.


En particular, los Estados miembros de la ONU deberían preguntar si China ha tomado medidas específicas para implementar las recomendaciones del CESCR, ya que el patrón de violaciones documentado por el informe FIDH / CICDHA presenta evidencia de que las violaciones persisten.
12 octubre 2018

Publicado enMedio Ambiente
Canibalismo del fracking: toxicidad del agua y fraude financiero

El fracking, "fracturación hidráulica" para la extracción del bituminoso shale gas/petróleo, epitomiza el summum del desregulado canibalismo neoliberal en el siglo XXI, a sabiendas de sus efectos deletéreos que causan mayores daños que beneficios.

Justin Mikulka, ingeniero ambiental y civil de la Universidad Cornell, expone en forma aterradora la nueva “pesadilla del fracking”: la toxicidad del agua –con su contenido de "secretas" sustancias químicas nocivas/cancerígenas (http://bit.ly/2xSqeM2)–, que en forma eufemística es definida por la depredadora industria como "agua producida (sic)" (http://bit.ly/2xDVX4e).

Justin Mikulka ya había condenado a la industria del fracking de "canibalizar su propia producción al aumentar los riesgos de su derrama" (http://bit.ly/2xL6hGK).

Refiere que en la célebre cuenca Permian –hoy la máxima de producción de shale gas/petróleo de EU en la parte occidental de Texas– "cada barril de petróleo significa cuatro barriles de agua tóxica" (http://bit.ly/2xNUrLV) y que conlleva un costo adicional de seis dólares por barril para su "eliminación".

Amén de su robotización, para disminuir los costos del agua tóxica, la industria del fracking utiliza todos los métodos fantasmagóricos: su re-inyección criminal en los acuíferos de agua potable (http://bit.ly/2xQel9j); su remoción al Golfo de México (http://bit.ly/2xBEGZu) –¿Le habrán pedido permiso al disfuncional canciller "mexicano" Videgaray?–; su "tratamiento" en instalaciones municipales que no están equipadas para lidiar con ese tipo de desechos (su inyección criminal en los acuíferos de agua potable (http://bit.ly/2xQel9j); su restitución a los ríos (https://cbsloc.al/2xPwELT); su utilización para la irrigación agrícola (http://bit.ly/2xyoNTx) y el deshielo de las carreteras (http://bit.ly/2xORzhU).

Mikulka cita a Gabriel Collins, becario en energía y ambiente en la Universidad Rice, quien considera que los inversionistas de Wall Street ocultan que hoy la toxicidad del agua es el mayor problema del fracking. Esto es muy discutible ya que las sustancias químicas secretas nocivas/cancerígenas (http://bit.ly/2xQcvFr), así como la supuesta mayor frecuencia de sismos que se han triplicado, no se quedan atrás.

Sólo en la célebre cuenca Permian, el gasto del manejo del agua será duplicado a más de 22 mil millones de dólares en los próximos cinco años

No faltan los oportunistas de Wall Street que huelen grandes negocios especulando con el agua de reciclaje del fracking, mucho más que con el propio crudo extraído (WSJ 22/8/18).

La Universidad Duke expuso que el uso del agua para el fracking se incrementó 770 por ciento de 2011 hasta 2016, mientras que la cantidad de agua tóxica se incrementó mil 440 por ciento (sic) en el mismo periodo (http://bit.ly/2xQbpJM).

Mikulka cita al The Washington Post que fustiga la presente incapacidad de lidiar con el agua tóxica del fracking: "no existe manera de tratar, almacenar y liberar los miles de millones de galones de agua tóxica en la superficie".

Un grave problema del círculo vicioso del fracking, para disponer del agua tóxica, radica en su re-inyección en los pozos de gas/petróleo shale, lo cual ha incrementado los sismos (https://wapo.st/2xL3Fsq).

Otro problema mayor es la actitud pro-petrolera a ultranza de Trump quien incrimina a la "regulación", lo cual choca con la postura de la Agencia de Protección (sic) Ambiental (EPA; http://bit.ly/2xSAcgq) que inculpa al fracking de la "contaminación del agua potable" (https://nyti.ms/2xQloyM).

Conforme más avanza la aplicación demencial del fracking, más se descubre su pernicioso canibalismo contra el género humano.

Pese a que se ha demostrado ad nauseam que el espejismo del fracking constituye una vulgar burbuja especulativa de la Reserva Federal y la bancocracia de Wall Street, como acabo de demostrar en el portal Sputnik (http://bit.ly/2xPSYVB), a mi juicio, sirve a EU de cortina de humo para adueñarse a carta cabal del petróleo en las "aguas profundas" del “México neoliberal itamita” y de los hidrocarburos de Venezuela: supremas cartas geopolíticas contra Rusia y China.

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EE.UU.: El estado de Dakota del Norte ahora produce tanto petróleo como Venezuela

En EE.UU. está en auge la producción de petróleo de esquisto. En Venezuela, por el contrario, se registra una fuerte disminución de la producción de crudo en medio de una grave crisis económica.

 

El estado de Dakota del Norte (EE.UU.) ha establecido un nuevo récord alcanzando a Venezuela, miembro de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), en términos de producción de petróleo, informa Bloomberg.


En total 1,27 millones de barriles de crudo por día fueron extraídos en julio en ese estado, donde se ubica la zona de petróleo de esquisto de Bakken. Es comparable a la producción de Venezuela. Según fuentes de la OPEP, en el país sudamericano en agosto se produjeron 1,24 millones de barriles de petróleo, aproximadamente la mitad del nivel de principios de 2016.
Debido al rápido crecimiento de la producción de petróleo de esquisto, Estados Unidos superó a Rusia por primera vez desde 1999, convirtiéndose en el mayor productor de crudo del mundo, según estimaciones preliminares de la Administración de Información Energética de EE.UU.


En Venezuela, por el contrario, se registra una fuerte disminución de la producción en medio de una grave crisis económica. Para fin de año se espera que baje aún más, a 1 millón de barriles por día, según la Agencia Internacional de Energía.

 

Publicado: 18 sep 2018 06:53 GMT

Publicado enInternacional
Lunes, 10 Septiembre 2018 08:04

La física del capitalismo

La física del capitalismo

La gente tiende a pensar en el capitalismo en términos económicos. Karl Marx discutió que el capitalismo es un sistema político y económico que transforma la productividad del trabajo humano en grandes beneficios y rendimientos para aquellos quienes poseen los medios de producción [1].

Sus partidarios sostienen que el capitalismo es un sistema económico que promueve mercados libres y la libertad individual[2]. Y tanto detractores como defensores casi siempre miden el impacto del capitalismo en términos de riqueza, renta, salarios y precios, y oferta y demanda. Sin embargo, las economías humanas son complejos sistemas biofísicos que interactúan con un mundo natural más amplio, y ninguna puede ser completamente examinada sin tener en cuenta sus condiciones materiales subyacentes. Mediante la exploración de algunos de los conceptos fundamentales de la física, podemos desarrollar una mejor comprensión de cómo funcionan todos los sistemas económicos, incluyendo las formas en las que actividades capitalistas de alto consumo energético están cambiando la humanidad y el planeta.
Este artículo explicará cómo las características fundamentales de nuestra existencia natural y económica dependen de los principios de la termodinámica, la cual estudia las relaciones entre magnitudes como energía, trabajo y calor[3]. Una firme aprehensión de cómo funciona el capitalismo a nivel físico nos puede ayudar a entender por qué nuestro próximo sistema económico debería ser más ecológico, priorizando la estabilidad a largo plazo y la compatibilidad con la ecosfera global que sostiene a la humanidad.


Tal comprensión requiere un vistazo a algunas nociones centrales de la física. Estas incluyen: energía, entropía, disipación y las diversas leyes de la naturaleza que las unen. Los rasgos centrales de nuestra existencia natural, como organismos vivos y seres humanos, emergen de las interacciones colectivas descritas por estas realidades físicas esenciales. Aunque estos conceptos pueden ser difíciles de definir sin referencia a modelos y teorías específicos, sus atributos generales pueden ser esbozados y analizados para mostrar la poderosa interacción entre la física y la economía.


El intercambio de energía entre diferentes sistemas tiene una influencia decisiva en el orden, la fase y la estabilidad de la materia física. La energía puede ser definida como cualquier propiedad física conservada que pueda producir movimiento, como trabajo o calor, al ser intercambiada entre diferentes sistemas[4]. La energía cinética y la energía potencial son las dos formas más importantes de almacenamiento de energía. La suma de estas dos magnitudes se conoce como energía mecánica[5]. Un camión acelerando cuesta abajo en una autovía acumula una buena cantidad de energía cinética –esto es, energía asociada con el movimiento–. Un pedrusco tambaleándose al borde de un risco tiene mucha energía potencial, o energía asociada con la posición. Si se le da un leve empujón, su energía potencial se transformará en energía cinética por influencia de la gravedad y caerá. Cuando los sistemas físicos interactúan, la energía es transformada en muchas formas diferentes, pero su cantidad total siempre permanece constante. La conservación de la energía implica que el resultado total de todos los flujos energéticos y transformaciones debe ser equivalente a la cantidad de entrada.


Los flujos de energía entre diversos sistemas representan el motor del cosmos, y aparecen en todos los lugares, tan a menudo que difícilmente los detectamos. El calor fluye naturalmente de las regiones más cálidas a las más frías, de ahí que nuestro café se nos quede frío por la mañana. Las partículas se mueven de zonas de altas presiones a zonas de bajas presiones, y así es como el viento empieza a aullar. El agua viaja de regiones de alta energía potencial a regiones de baja energía potencial, haciendo que los ríos fluyan. Las cargas eléctricas viajan desde regiones de alto voltaje a regiones de escaso voltaje, y es así que las corrientes son desatadas a través de los conductores. El flujo de energía que atraviesa los sistemas físicos es uno de los rasgos más comunes de la naturaleza y, como estos ejemplos enseñan, los flujos de energía requieren de gradientes –diferencias de temperatura, presión, densidad u otros factores–. Sin estos gradientes, la naturaleza nunca daría flujos netos, todos los sistemas físicos permanecerían en equilibrio y el mundo sería inerte –y muy aburrido–. Los flujos de energía también son importantes en tanto que generan trabajo mecánico, que es cualquier desplazamiento macroscópico en respuesta a una fuerza[6]. Levantar una pesa y chutar un balón son sendos ejemplos de llevar a cabo trabajo mecánico en otro sistema. Un resultado importante de la física clásica iguala la cantidad de trabajo con la variación en la energía mecánica de un sistema físico, revelando una útil relación entre estas dos variables[7].


Aunque los flujos de energía puedan producir trabajo, raramente lo hacen de manera eficiente. Sistemas macroscópicos grandes, como camiones o planetas, pierden o ganan energía mecánica habitualmente mediante sus interacciones con el mundo exterior. El protagonista en este gran drama es la disipación, definida como cualquier proceso que reduzca parcialmente o elimine completamente la energía mecánica disponible de un sistema físico, convirtiéndola en calor u otros productos[8]. Al interactuar con el ambiente exterior, los sistemas físicos suelen perder energía mecánica con el paso del tiempo, por fricción, difusión, turbulencia, vibraciones, colisiones y otros efectos disipativos, impidiendo cada uno de ellos que cualquier fuente de energía se convierta completamente en trabajo mecánico. Un ejemplo sencillo de disipación es el calor producido cuando nos frotamos las manos rápidamente. En el mundo natural, los flujos de energía macroscópicos están acompañados frecuentemente por pérdidas disipativas de un tipo u otro. Los sistemas físicos capaces de disipar energía son proclives a ricas y complejas interacciones, haciendo de la disipación una característica central del orden natural. Es difícil de imaginar un mundo sin disipación y sin las interacciones que la hacen posible. Si la fricción desapareciera repentinamente del mundo, la gente se resbalaría y se deslizaría por todos lados. Nuestros coches serían inútiles, como la idea misma de transportarse, porque las ruedas y otros aparatos mecánicos no tendrían ninguna adherencia al suelo u a otras superficies. Nunca seríamos capaces de darnos la mano o mecer a nuestros bebes. Nuestros cuerpos se deteriorarían rápidamente y perderían su estructura interna. El mundo sería extraño e irreconocible.


La disipación está estrechamente relacionada con la entropía, uno de los conceptos más importantes en termodinámica. Mientras que la energía mide el movimiento producido por sistemas físicos, la entropía rastrea el modo en que la energía es distribuida por el mundo natural. La entropía tiene varias definiciones estándar en física, todas ellas básicamente equivalentes. Una definición popular en termodinámica clásica afirma que la entropía es la cantidad de energía térmica por unidad de temperatura que se vuelve no disponible para trabajo mecánico durante un proceso termodinámico[9]. Otra notable definición proviene de la física estadística, que observa cómo las partes microscópicas de la naturaleza se pueden unir para producir resultados grandes, macroscópicos. En esta versión estadística, la entropía es una medida de las diversas formas en que los estados microscópicos dentro de un sistema más grande pueden ser reorganizados sin cambiar ese sistema[10]. Para un ejemplo concreto, piensa en un gas típico y un sólido típico en equilibrio. La energía se distribuye de manera muy distinta en estas dos fases de la materia. El gas tiene mayor entropía que el sólido porque las partículas del primero tienen bastantes más configuraciones de energía posibles que los lugares atómicos fijos en sólidos y cristales, los cuales tienen solo un pequeño rango de configuraciones de energía que preserven su orden fundamental[11]. Debemos enfatizar que el concepto de entropía no se aplica a ninguna configuración específica de materia macroscópica, sino que se aplica como limitación al número posible de configuraciones que un sistema macroscópico puede tener en equilibrio.


La entropía tiene una profunda conexión con la disipación a través de una de las leyes más importantes de la termodinámica, la cual reza que los flujos térmicos nunca pueden ser completamente convertidos en trabajo[12]. Las interacciones disipativas aseguran que los sistemas físicos siempre pierdan algo de energía en forma de calor en cualquier proceso termodinámico natural en el que la fricción y otros efectos similares estén presentes. Ejemplos reales de estas pérdidas termodinámicas incluyen las emisiones de los motores de coche, corrientes eléctricas que se encuentran con resistencia y capas de fluidos que interactúan experimentando viscosidad. En termodinámica, estos fenómenos son frecuentemente considerados como irreversibles. La continua producción de energía térmica por fenómenos irreversibles merma gradualmente las existencias de energía mecánica que los sistemas físicos pueden explotar. De acuerdo a la definición de entropía, el agotamiento de energía mecánica útil implica generalmente que la entropía aumente. Dicho formalmente, la consecuencia más importante de cualquier proceso irreversible es el aumento de la entropía combinada de un sistema físico y sus alrededores. En un sistema aislado, la entropía continúa creciendo hasta que alcanza algún valor máximo, momento en el que el sistema se queda en equilibrio. Para aclarar este último concepto, imagina un gas rojo y un gas azul separados por una pared en un contenedor sellado. Retirar la pared permite que los dos gases se mezclen. El resultado sería un gas de color morado y esa configuración equilibrada representaría el estado máximo de entropía. También podemos relacionar la disipación con la noción de entropía en física estadística. La proliferación de energía térmica a través de sistemas físicos cambia el movimiento de sus moléculas en algo más aleatorio y disperso, incrementando el número de microestados que pueden representar las propiedades macroscópicas del sistema. En sentido amplio, la entropía puede ser vista como la tendencia de la naturaleza a reconfigurar estados de energía en distribuciones que disipan energía mecánica.


La descripción tradicional de entropía que se ha dado más arriba se aplica en el marco de la termodinámica del equilibrio. Pero en el mundo real, los sistemas físicos raramente existen a temperaturas fijas, en perfectos estados de equilibrio o en aislamiento total del resto del universo. El campo de la termodinámica del no equilibrio examina las propiedades de sistemas termodinámicos que operan lo suficientemente alejados del equilibrio, como organismos vivos o bombas explosivas. Los sistemas no equilibrados son la savia del universo; hacen al mundo dinámico e impredecible. La termodinámica moderna sigue siendo una obra inconclusa, pero ha sido usada para estudiar con éxito un amplio espectro de fenómenos, incluyendo flujos térmicos, la interacción entre gases cuánticos, estructuras disipativas e incluso el clima global[13]. No hay definición universalmente aceptada de entropía en condiciones de desequilibrio, aunque los físicos han ofrecido varias propuestas[14]. Todos ellos incluyen el tiempo al analizar interacciones termodinámicas, permitiéndonos determinar, no solo si la entropía aumenta o disminuye, sino también cuán rápido o lento cambian los sistemas físicos en su camino hacia el equilibrio. Los principios de la termodinámica moderna son, por tanto, esenciales para ayudarnos a entender el comportamiento de los sistemas del mundo real, la vida misma incluída.


El objetivo físico central de toda forma de vida es evitar el equilibrio termodinámico con el resto de su entorno mediante la disipación continua de energía, como sugirió el físico Erwin Schrödinger en la década de los 40, cuando usó la termodinámica del no equilibrio para estudiar los rasgos clave de la biología[15]. Podemos denominar a este objetivo vital como el imperativo entrópico. Todos los organismos vivos consumen energía de un ambiente externo, la usan para avivar procesos e interacciones bioquímicos vitales y entonces disipar la mayor parte de la energía consumida de nuevo al ambiente. La disipación de energía a un ambiente externo permite a los organismos conservar el orden y la estabilidad de sus propios sistemas bioquímicos. Las funciones esenciales de la vida dependen de esta estabilidad entrópica de manera crítica, incluyendo funciones como la digestión, la respiración, la división celular y la síntesis de proteínas. Lo que hace única a la vida en tanto que sistema físico es la auténtica variedad de métodos de disipación que ha desarrollado, como la producción de calor, la emisión de gases y la expulsión de residuos. Esta capacidad generalizada para disipar energía es lo que ayuda a la vida a sostener el imperativo entrópico. De hecho, el físico Jeremy England ha discutido que los sistemas físicos en baño caliente inundado con grandes cantidades de energía pueden tender a disipar más energía[16]. Esta “adaptación motivada por la disipación” [dissipation-driven adaptation] puede llevar al surgimiento espontáneo de orden, reproducción y autoensamblaje entre unidades microscópicas de materia, aportando una pista potencial hacia la dinámica misma del origen de la vida. Los organismos también usan la energía que consumen para llevar a cabo trabajo mecánico como, por ejemplo, caminar, correr, escalar o escribir en un teclado. Aquellos organismos con acceso a muchas fuentes de energía pueden realizar más trabajo y disipar más energía, satisfaciendo las condiciones centrales de la vida.


Del mismo modo, las relaciones termodinámicas entre energía, entropía y disipación imponen poderosas constricciones en el comportamiento y la evolución de los sistemas económicos[17]. Las economías son sistemas dinámicos y emergentes forzados a funcionar de ciertas maneras debido a las condiciones sociales y ecológicas que les subyacen. En este contexto, las economías son sistemas de no equilibrio, capaces de disipar rápidamente energía a algún ambiente externo. Todos los sistemas dinámicos ganan fuerza de alguna reserva energética, alcanzan picos de intensidad mediante la absorción de un suministro regular de energía, y entonces se deshacen de los cambios internos y externos que o bien perturban flujos vitales de energía o bien hacen imposible continuar disipando más energía. Pueden incluso llegar a experimentar ondulaciones a largo plazo, creciendo por un tiempo y luego encogiéndose, volviendo entonces a crecer de nuevo antes de colapsar finalmente. Las interacciones entre sistemas dinámicos pueden producir resultados altamente caóticos, pero las expansiones y contracciones de energía son los rasgos esenciales de todos los sistemas dinámicos. La energía consumida por todos los sistemas económicos o es convertida en trabajo mecánico y los productos físicos de ese trabajo, o es simplemente desaprovechada y disipada al medio ambiente. Podemos definir la eficiencia colectiva de un sistema económico como la fracción de toda la energía consumida dirigida a crear trabajo mecánico y energía eléctrica. Las economías que incrementan la cantidad de trabajo mecánico que generan son capaces de producir más bienes y servicios. Pero por muy importante que pueda ser, el trabajo mecánico representa una fracción relativamente pequeña del uso total de energía en cualquier economía; la gran mayoría de energía consumida por todas las economías es despilfarrada rutinariamente en el medio ambiente a través de residuos, disipación y otros tipos de pérdida energética.


Históricamente, el crecimiento económico ha estado en gran medida supeditado a que la gente consumiera más energía de sus entornos naturales[18]. Cuando los humanos eran cazadores y recolectores, el principal recurso que realizaba trabajo mecánico era el músculo humano[19]. Nuestro estilo de vida nómada se mantuvo durante unos 200.000 años, aunque padeció significativas interrupciones tras la Edad de Hielo. A lo largo de milenios, las condiciones ecológicas cambiantes por todo el mundo forzaron a numerosos grupos a adoptar estrategias agrícolas y pastoriles. Las economías agrarias dependían considerablemente de plantas cultivadas y animales domesticados para facilitar la generación de excedentes de alimentos y de otros bienes y recursos. Estos modos de consumo y producción agrarios dominaron en las sociedades humanas durante casi diez mil años, pero con el tiempo fueron reemplazados por un nuevo sistema económico. El capitalismo surgió y se extendió gracias a la expansión colonial, las olas industrializadoras, la proliferación de enfermedades epidémicas, las campañas genocidas contra poblaciones indígenas y el descubrimiento de nuevas fuentes de energía.


La economía global se ha vuelto desde entonces un sistema interconectado de finanzas, ordenadores, fábricas, vehículos, máquinas y mucho más. Crear y mantener este sistema requirió de una gran transición que aumentó la tasa de producción energética a partir de nuestros entornos naturales. En nuestros días nómadas, el índice diario de consumo energético per cápita rondaba las 5.000 kilocalorías[20]. En 1850, el consumo per cápita había aumentado hasta prácticamente 80.000 kilocalorías cada día y desde entonces se ha hinchado hasta alcanzar, hoy, alrededor de unas 250.000 kilocalorías[21]. Desde la perspectiva de la física, el rasgo fundamental de todas las economías capitalistas es una tasa excesiva de consumo de energía centrada en estimular el crecimiento económico y los excedentes materiales. El despliegue colectivo de bienes capitales puede generar niveles increíbles de trabajo mecánico, permitiendo a la gente producir más, viajar grandes distancias y levantar objetos pesados, entre otras actividades. El capitalismo es de lejos más intensivo en energía que cualquier otro sistema económico previo, y ha provocado consecuencias ecológicas sin precedentes que pueden amenazar su misma existencia. Todavía queda sin saber durante cuánto tiempo puede la humanidad sostener las actividades del capitalismo intensivas en energía, pero no hay duda de que la fantasía del crecimiento ilimitado y beneficios fáciles no puede continuar. Todos los sistemas dinámicos deben llegar a un final en algún momento.


Durante los últimos dos siglos, ineficientes economías capitalistas han descargado grandes cantidades de pérdidas energéticas a sus entornos naturales en forma de residuos, químicos, sustancias contaminantes y gases de efecto invernadero. El efecto agregado de todos estos residuos y disipación ha sido, fundamentalmente, alterar flujos de energía críticos por toda la ecosfera, desencadenando una gran crisis social y ecológica en el mundo natural. Esta crisis socioecológica está aún en sus primeras fases, pero ya ha engendrado desastres como la deforestación, el calentamiento global, la acidificación de los océanos y sustanciales pérdidas de biodiversidad[22].


Salvo que haya cambios revolucionarios en nuestro sistema económico, esta crisis solo continuará y se intensificará. Mientras esto ocurre, la acumulación de problemas en el mundo natural amenaza la viabilidad a largo plazo de la civilización global. Los productos que disipamos al medio ambiente pueden ser inútiles para nosotros, pero frecuentemente sirven como reservas de energía para otros sistemas dinámicos. Las pérdidas de energía suelen tener un efecto amplificado sobre la civilización humana, es decir, que sus verdaderos costes son mucho mayores de lo que se puede ver o entender superficialmente. Considérense las condiciones insalubres en ciudades a lo largo de la historia. Las ciudades de las economías premodernas eran típicamente sucias, con basura y deshechos llenando muchos espacios públicos. Esas pérdidas energéticas, empero, fueron una fuente crítica de alimento y nutrientes para una gran variedad de otros organismos vivientes, especialmente insectos y demás animales pequeños que podían sobrevivir en medio de la civilización humana. Cuando estas criaturas se convirtieron en huéspedes de enfermedades letales, la basura humana ayudó a concentrar sus números precisamente en los peores lugares: zonas de alta densidad como las ciudades. En consecuencia, las epidemias normalmente generaron muchas más muertes de las que habrían provocado de otro modo, con la carnicería inconcebible de la peste negra como ejemplo primordial[23]. Hoy día nos enfrentamos a nuestras propias versiones de este antiguo problema, pero a una escala mucho mayor. Hay varios tipos de gases en la atmósfera, conocidos como gases de efecto invernadero, capaces de absorber la radiación calórica que se dirige hacia afuera[24]. Cuando estos gases en la atmósfera atrapan y emiten la radiación de vuelta a la superficie del planeta, grandes cantidades de fotones excitan a los electrones, átomos y moléculas en la superficie hacia mayores niveles energéticos en un proceso llamado efecto invernadero. Estas excitaciones y fluctuaciones adicionales a nivel microscópico representan colectivamente el calor que experimentamos a nivel macroscópico. El efecto invernadero es crítico en el sentido de que hace a la tierra lo suficientemente cálida como para ser habitable[25]. Durante las dos últimas centurias, sin embargo, los países ricos e industrializados han reforzado este proceso natural mediante la inyección en la atmósfera de grandes cantidades de nuevos gases de efecto invernadero, causando, en consecuencia, mayor calentamiento global. Este reforzamiento artificial del efecto invernadero suele actuar como una poderosa reserva energética para otros sistemas dinámicos y fenómenos naturales, incluyendo tormentas, inundaciones, sequías, ciclones, incendios, insectos, virus, bacterias y proliferación de algas[26].


Un planeta en calentamiento también podría reforzar mecanismos positivos de retroalimentación en el clima, capaces de inducir incluso más calentamiento, más allá del que es ya causado por nuestras emisiones de efecto invernadero. Estos mecanismos, como el derretimiento de hielo marino y la descongelación del permafrost, permitirían al planeta absorber mucha más energía solar mientras naturalmente emite vastas cantidades de gases de efecto invernadero[27]. El caos resultante haría que cualquier intento humano por mitigar el calentamiento global fuera en vano. Justo esto es lo que debería preocuparnos: el caos que estamos desatando en el planeta mediante el sistema capitalista encontrará un manera de producir un nuevo orden, uno que amenace a la civilización misma. Mientras el capitalismo se extienda, la crisis ecológica se agravará. Los cada vez más intensos sistemas dinámicos de la naturaleza interactuarán más con nuestras civilizaciones y podrían interrumpir severamente los flujos de energía vitales que sostienen la reproducción social y las actividades económicas. Las regiones con alta densidad poblacional que están a merced de desastres naturales recurrentes son especialmente vulnerables. El ciclón Bhola mató alrededor de 500.000 personas cuando golpeó Pakistán del Este en 1970, provocando una serie de protestas y disturbios masivos que culminaron en una guerra civil y contribuyeron a la creación de un nuevo país, Bangladesh[28]. Numerosos estudios han concluido que la peor sequía que Siria ha sufrido en casi mil años ha sido parcialmente culpable de las tensiones políticas y sociales que culminaron en la actual guerra civil[29]. El clima es un sistema dinámico resiliente, capaz de asimilar muchos cambios físicos distintos, pero esta resiliencia tiene sus límites, y la humanidad se encontrará en graves problemas si sigue intentando transgredirlos.


Estos argumentos destacan una de las grandes fallas de la teoría económica moderna: carece de fundamento científico. Las filosofías económicas ortodoxas, desde el monetarismo hasta la síntesis neoclásica, se centran en describir los efímeros rasgos financieros del capitalismo, confundiéndolos por leyes de la naturaleza inmutables y universales. La teoría económica capitalista ha sido en su mayor parte transformada en una filosofía metafísica cuyo objetivo no es proveer de fundamentos científicos a la economía, sino producir propaganda sofisticada, diseñada para proteger la riqueza y el poder de una élite global. Cualquier explicación científica de la economía debe comenzar por darse cuenta de que los flujos energéticos y las condiciones ecológicas ––no la “mano invisible” del mercado–– dictan los parámetros macroscópicos a largo plazo de todas las economías. Importantes contribuciones en esta línea han venido del campo de la economía ecológica, especialmente de los trabajos seminales de los economistas Nicholas Georgescu-Roegen y Herman Daly, aunque también del ecologista de sistemas Howard Odum[30]. El propio Marx incorporó preocupaciones ecológicas en su pensamiento político y económico[31]. Las aportaciones de estos y otros pensadores revelaron que los rasgos económicos del mundo son propiedades emergentes moldeadas por realidades físicas y condiciones ecológicas subyacentes; entenderlas resulta crítico para cualquier comprensión de la economía.


El pensamiento ecológico difiere de las escuelas ortodoxas de economía de varias maneras fundamentales. La más importante es que la teoría ecológica sostiene que no podemos concebir los residuos y las pérdidas disipativas como “externalidades” y “el coste de hacer negocios” dado cuán importantes estas pérdidas energéticas pueden ser a la hora de moldear la evolución de los sistemas económicos. Lo que los economistas mainstream denominan “externalidades” incluye los productos físicos que tiramos al medio ambiente –cualquier cosa desde contaminantes y basura de plástico hasta químicos tóxicos y gases de efecto invernadero–. Las consecuencias de pérdidas extremas de energía pueden tener un efecto profundo en la futura evolución de los sistemas dinámicos. Como continuamente señalan los científicos, las pérdidas de energía de nuestras economías modernas son tan grandes e intensas que están empezando a alterar de manera fundamental los flujos energéticos de toda la ecosfera, desde el robustecimiento del efecto invernadero hasta el cambio de la química de los océanos. Algunas de estas nuevas concentraciones de energía actúan entonces como reservas que impulsan la formación y funcionamiento de otros sistemas dinámicos, los cuales a menudo perturban las actividades normales de la civilización. He ahí la razón fundamental de que nuestras acciones económicas no puedan ser escindidas del mundo natural: si los efectos asociados con nuestras pérdidas energéticas se tornan lo suficientemente poderosos como para destruir las funciones normales de nuestras civilizaciones, entonces ninguna clase de políticas económicas ingeniosas nos salvará de la ira de la naturaleza.


La mayoría de gente hoy en el poder cree que puede administrar cuidadosamente el capitalismo y prevenir los peores efectos de la crisis ecológica. Una corriente popular de optimismo tecnológico sostiene que la innovación puede resolver los problemas ecológicos fundamentales que enfrenta la humanidad. Han sido propuestas diversas soluciones para arreglar nuestras calamidades ecológicas, desde la adopción de fuentes de energía renovables hasta programas más estrafalarios, como la captura y almacenamiento de carbono. Todas estas ideas comparten la presunción de que el capitalismo por sí mismo no tiene que cambiar, porque las soluciones tecnológicas estarán siempre disponibles para cumplir con más crecimiento económico y un medio ambiente más sano. Desde Beijing a Silicon Valley, los tecnocapitalistas disfrutan discutiendo que el capitalismo puede seguir marchando mediante ganancias en eficiencia energética[32]. La última razón por la que esta estrategia fallará en el largo plazo es que la naturaleza impone límites físicos absolutos a la eficiencia que ningún grado de progreso tecnológico puede superar. El colapso reciente de la Ley de Moore debido a efectos cuánticos es un ejemplo destacado[33]. Otro es la barrera en la eficiencia que el ciclo de Carnot supone para todos los motores de calor prácticos[34].


Pero nuestras preocupaciones más acuciantes tienen que ver con las relaciones subyacentes entre innovación tecnológica y crecimiento económico. La fe en las soluciones tecnológicas nos ayuda a alcanzar mayor innovación tecnológica y crecimiento económico, aumentando las demandas totales sobre el mundo biofísico y la disipación asociada con el sistema capitalista. Podemos examinar estas relaciones mirando, en primer lugar, cómo la gente y los sistemas económicos responden a aumentos de eficiencia. Para tener una idea de si el capitalismo puede aportar grandes mejoras en eficiencia tenemos que desarrollar una teoría general que explique cómo la eficiencia colectiva de nuestros sistemas económicos cambia a lo largo del tiempo.


Cuando mejora la eficiencia del combustible, a menudo conducimos mayores distancias. Cuando la electricidad se vuelve más barata, encendemos más electrodomésticos. Incluso aquellos que, orgullosos, ahorran energía en casa a través del reciclaje, del compostaje y otras actividades, están más que felices de subirse a un avión y volar por medio mundo en sus vacaciones. La gente suele ahorrar en un área y lo intercambia por gastos en otra. Lo que acabamos haciendo con las ganancias en eficiencia puede ser a veces igual de importante que las ganancias mismas. En estudios ecológicos, este fenómeno es generalmente conocido como la paradoja de Jevons, la cual revela que los pretendidos efectos de las mejoras en eficiencia no siempre se materializan[35]. Formulada por primera vez a mediados del siglo XIX por el economista británico William Stanley Jevons, la paradoja afirma que los aumentos en eficiencia energética son generalmente usados para la acumulación y la producción, llevando a un consumo mayor de los mismos recursos que las mejoras en eficiencia pretendían conservar. Promover la eficiencia lleva a bienes y servicios más baratos, lo cual estimula aún más la demanda y el gasto, implicando el consumo de más energía[36]. Jevons describió por primera vez este efecto en el contexto del carbón y la máquina de vapor. Observó que los avances en eficiencia de las máquinas de vapor habían incentivado más el consumo de carbón en Inglaterra, implicándose de ello que, en realidad, un aumento de eficiencia energética no producía ahorros de energía.


Variantes de esta paradoja son conocidas en economía como el efecto rebote. La mayoría de economistas aceptan que algunas versiones del efecto son reales, pero no están de acuerdo sobre el tamaño y alcance del problema. Algunos creen que los efectos rebote son irrelevantes, arguyendo que las mejoras en eficiencia estimulan menores niveles de consumo energético en el largo plazo[37]. En una exhaustiva revisión de la literatura en la materia, el UK Energy Research Center determinó que las versiones más extremas del efecto rebote probablemente no se apliquen a las economías desarrolladas. Sin embargo, también discutieron que aún podían ocurrir grandes efectos rebote que atravesaran nuestras economías. Llegaron a la siguiente conclusión: “sería un error asumir que (...) los efectos rebote son tan pequeños que pueden ser ignorados. Bajo ciertas circunstancias (por ejemplo, tecnologías energéticamente eficientes que mejoren significativamente la productividad de industrias intensivas en energía), los efectos rebote que alcancen toda la economía pueden exceder el 50%, y podrían incrementar potencialmente el consumo de energía a largo plazo”[38]. El hecho de que efectos rebote significativos que alcancen toda la economía sean posibles nos debería hacer reflexionar sobre la utilidad de estrategias alrededor de la eficiencia en el combate contra la crisis ecológica y el cambio climático. De hecho, todo este argumento oscurece una incertidumbre más importante: el problema de si las mejoras en eficiencia puede llegar lo suficientemente rápido como para aliviar las peores consecuencias de la crisis ecológica, las cuales todavía van por delante de nosotros. Dadas las mecánicas e incentivos del capitalismo, deberíamos tener cuidado con el actual encaprichamiento respecto al optimismo de la eficiencia.


Es común que los sistemas económicos usen nuevas fuentes de energía para expandir la producción, el consumo y la acumulación, no para mejorar fundamentalmente la eficiencia. Desde el cultivo de plantas y la domesticación de animales a la quema de combustibles fósiles y la invención de la electricidad, el manejo y descubrimiento de nuevas fuentes de energía ha producido generalmente más sociedades intensivas en energía. Aunque cualquier sistema económico puede ganar en eficiencia, esto es incidental y secundario respecto al objetivo más amplio de la acumulación. La eficiencia total de un sistema económico es altamente inercial, cambiando con gran lentitud. Vemos este exacto proceso desarrollándose ahora con las emisiones de gases de efecto invernadero, a pesar de que la crisis ecológica se extiende bastante más allá de esta problemática. Líderes políticos y empresariales han esperado durante años que el progreso tecnológico nos entregue, de algún modo, mayores índices de crecimiento económico y una acentuada reducción de la emisión de gases de efecto invernadero. Las cosas no han ido según el plan. El año 2017 vio un aumento global sustancial de emisiones dañinas, desafiando incluso la más modesta de las metas del Acuerdo de París[39]. Incluso antes de esto, Naciones Unidas había advertido de una brecha “inaceptable” entre las promesas gubernamentales y la reducción de emisiones necesarias para prevenir algunas de las peores consecuencias del cambio climático[40]. Los retos por estimular la eficiencia son más aparentes cuando vemos el capitalismo a escala global: aunque muchos países desarrollados hayan tomado medidas modestas pero mensurables en su eficiencia colectiva, esas ganancias han sido socavadas por las economías en desarrollo aún en el proceso de industrialización[41]. Evidentemente, los cambios sustanciales en la eficiencia colectiva de cualquier sistema económico raramente se materializan en periodos cortos de tiempo. El crecimiento tecnológico bajo el régimen capitalista entregará algún progreso adicional en eficiencia, pero ciertamente no suficiente para prevenir las peores consecuencias de la crisis ecológica.


Una de las mejores formas de comprender la inercia de la eficiencia colectiva es comparar la eficiencia energética bajo el capitalismo con aquella durante los días nómadas de la humanidad, hace más de diez mil años. Recuérdese que los músculos humanos realizaban la mayoría del trabajo en las sociedades nómadas, y la eficiencia de los músculos es de alrededor del 20 por ciento, puede que mucho más, bajo circunstancias especiales[42]. En comparación, la mayoría de los motores de combustión a gasolina tienen una eficiencia de aproximadamente el 15 por ciento, las centrales eléctricas basadas en la quema de carbón tienen una media global en torno al 30 por ciento, y la gran mayoría de células fotovoltaicas comerciales rondan entre el 15 y el 20 por ciento[43]. Todas estas cifras varían dependiendo de una amplia variedad de condiciones físicas, pero cuando se trata de eficiencia, podemos concluir sin problemas que los activos dominantes del capitalismo difícilmente lo hacen mejor que los músculos humanos, incluso después de tres siglos de rápido progreso tecnológico. Coste y conveniencia son las razones principales de por qué la innovación tecnológica funciona de este modo, enfatizando el resultado mecánico y la escala de la producción a expensas de la eficiencia. Grandes mejoras en eficiencia son extremadamente difíciles de conseguir en ambos sentidos, físico y económico. De vez en cuando, aparece un James Watt o un Elon Musk con un increíble invento, pero tales productos no representan la economía por entero. La máquina de vapor de Watt fue una gran mejora respecto a modelos anteriores, pero su eficiencia térmica fue, como mucho, del 5 por ciento[44]. Y aunque los motores Tesla de Musk tienen una eficiencia operativa fenomenal, la electricidad que se necesita para hacerlos funcionar proviene de fuentes mucho más ineficientes, como las centrales térmicas a carbón. Si conduces un Tesla por Ohio o Virginia Occidental, las fuentes sucias de energía que lo hacen funcionar implican que tu asombroso producto tecnológico produce prácticamente las mismas emisiones de carbono que un Honda Accord[45]. La eficiencia colectiva de las economías capitalistas permanece relativamente baja porque estas economías están interesadas en hacer crecer sus niveles de producción y beneficios, no en hacer las gigantescas inversiones necesarias para mejoras significativas en eficiencia.


En noviembre de 2017, un grupo de 15.000 científicos de más de 180 países firmaron una carta haciendo sonar las alarmas sobre la crisis ecológica y lo que nos espera en el futuro[46]. Su pronóstico fue desalentador y sus propuestas –intencionalmente o no– equivalían a un rechazo indiscriminado del capitalismo moderno. Entre sus muchas recomendaciones útiles se encontraba una llamada a “revisar nuestra economía para reducir la desigualdad de riqueza y asegurar que los precios, la fiscalidad y los sistemas de incentivos tienen en cuenta los costes reales que los patrones de consumo imponen sobre nuestro medio ambiente”. Nuestro problema fundamental es fácil de formular: la civilización moderna usa demasiada energía. Y la solución a este problema es igualmente fácil de formular, pero muy difícil de implementar: la humanidad debe reducir el ritmo de consumo energético que ha prevalecido en el mundo moderno. El mejor modo de aminorar ese ritmo no es por medio de alucinaciones mesiánicas de progreso tecnológico, sino mediante la ruptura de las estructuras e incentivos del capitalismo, con sus impulsos por el beneficio y la producción, y estableciendo un nuevo sistema económico que priorice un futuro compatible con nuestro mundo natural.


Los gobiernos y los movimientos populares alrededor del planeta deberían desarrollar e implementar medidas radicales que nos ayudaran a mover a la humanidad desde el capitalismo hacia el ecologismo. Estas medidas habrían de incluir impuestos punitivos y límites a la riqueza extrema, la nacionalización parcial de las industrias intensivas en energía, la vasta redistribución de bienes económicos y recursos a las gentes pobres y oprimidas, restricciones periódicas en el uso de activos capitales y sistemas tecnológicos, grandes inversiones públicas en tecnologías de energías renovables más eficientes, bruscas reducciones de la jornada laboral, y puede que incluso la adopción de veganismo masivo en los países industrializados para que dejen de depender de los animales en la producción de comida. Las prioridades económicas del proyecto ecológico deben concentrarse en mejorar nuestra actual calidad de vida, no en tratar de generar niveles altos de crecimiento económico para estimular beneficios capitalistas. Si la civilización humana ha de sobrevivir por miles de años y no solo durante un par de siglos más, entonces debemos contraer drásticamente nuestras ambiciones económicas y, en su lugar, centrarnos en la mejora de calidad de vida en nuestras comunidades, incluyendo nuestra comunidad con la naturaleza. Antes que intentar dominar el mundo natural, debemos cambiar de rumbo y coexistir con él.

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[1] Karl Marx, Capital, vol. 1 (Londres: Penguin, 1976), 929–30.
[2] Edward W. Younkins, Capitalism and Commerce (Nueva York: Lexington, 2002), 57.
[3] Peter Atkins, Four Laws That Drive the Universe (Oxford: Oxford University Press, 2007), prefacio.
[4] Robert L. Lehrman, “Energy Is Not the Ability to Do Work”, Physics Teacher, 11, no. 1 (1973): 15–18.
[5] Larry Kirkpatrick y Gregory E. Francis, Physics: A Conceptual Worldview(Boston: Cengage, 2009), 124.
[6] Atkins, Four Laws That Drive the Universe, 23.
[7] Debora M. Katz, Physics for Scientists and Engineers, vol. 1 (Boston: Cengage, 2016), 264.
[8] William Thomson, “On a Universal Tendency in Nature to the Dissipation of Mechanical Energy,” en Proceedings of the Royal Society of Edinburgh, 3 (Edimburgo: Neill and Company, 1857), 139–42.
[9] Douglas C. Giancoli, Physics for Scientists and Engineers (Londres: Pearson, 2008), 545.
[10] John M. Seddon y Julian D. Gale, Thermodynamics and Statistical Mechanics(Londres: Royal Society of Chemistry, 2001), 60–65.
[11] Seddon y Gale, Thermodynamics and Statistical Mechanics, 65.
[12] Atkins, Four Laws That Drive the Universe, 53.
[13] Para las famosas relaciones recíprocas que describen flujos térmicos, véase Lars Onsager, “Reciprocal Relations in Irreversible Processes I”, Physical Review Journals, 37 (1931): 405–26. Fue principalmente por este trabajo por el que Onsager ganó el Nobel de Química en 1968. Para un estudio de gases cuánticos de Bose en una trampa unidimensional, véase Miguel Ángel García-March et al, “Non-Equilibrium Thermodynamics of Harmonically Trapped Bosons”, New Journal of Physics, 18 (2016): 1030–35. Para una revisión exhaustiva de la termodinámica moderna y una explicación de las estructuras disipativas, la cual le dió a Ilya Prigogine su Premio Nobel, véase Dilip Kondepudi y Ilya Prigogine, Modern Thermodynamics (Hoboken: Wiley, 2014), 421–41. En 2009, Alex Kleidon escribió un relevante estudio teórico y revisión del sistema climático usando termodinámica del no equilibrio. Véase Alex Kleidon, “Nonequilibrium Thermodynamics and Maximum Entropy Production in the Earth System”, Science of Nature, 96 (2009): 1–25.
[14] Según una señera idea del físico Phil Attard, la entropía es vista como el número de configuraciones de partículas asociadas con una transición física en un periodo determinado. Véase Phil Attard, “The Second Entropy: A General Theory for Non-Equilibrium Thermodynamics and Statistical Mechanics”, Physical Chemistry, 105 (2009): 63–173. El que posiblemente sea el más riguroso modelo de entropía a nivel técnico, la imagina como un conjunto de dos funciones que describen los cambios que ocurren entre una clase restringida de sistemas de no equilibrio. Véase Elliott H. Lieb and Jakob Yngvason, “The Entropy Concept for Non-Equilibrium States”, Proceedings of the Royal Society, A, 469 (2013): 1–15. El físico Karo Michaelian ha dado una intuitiva definición de entropía, entendiéndola como el ritmo al cual los sistemas físicos exploran los microestados de energía disponibles (“Thermodynamic Dissipation theory for the origin of life”, Earth System Dynamics (2011): 37–51).
[15] Erwin Schrödinger, What Is Life? The Physical Aspect of the Living Cell (Ann Arbor: University of Michigan Press, 1945), 35–65.
[16] Natalie Wolchover, “A New Physics Theory of Life”, Quanta Magazine, January 22, 2014.
[17] Carsten Hermann-Pillath, “Energy, Growth, and Evolution: Towards a Naturalistic Ontology of Economics”, Ecological Economics, 119 (2015): 432–42.
[18] Numerosos estudios alrededor del mundo han mostrado una poderosa relación entre uso de energía y crecimiento económico. Para un análisis de la relación estadística entre uso de energía y crecimiento del PIB mundial, véase Rögnvaldur Hannesson, “Energy and GDP growth”, International Journal of Energy Management, 3 (2009): 157–70. Para un importante estudio sobre la vinculación entre energía y renta en ciertos países asiáticos, John Asafu-Adjaye, “The Relationship Between Energy Consumption, Energy Prices, and Economic Growth: Time Series Evidence from Asian Developing Countries”, Energy Economics, 22 (2000): 615–25. Para una revisión general de las maneras en que el uso de energía ha determinado la historia humana, véase Vaclav Smil, Energy and Civilization (Cambridge: MIT Press, 2017).
[19] Vaclav Smil, Energy in Nature and Society (Cambridge: MIT Press, 2008), 147-49.
[20] Jerry H. Bentley, “Environmental Crises in World History”, Procedia – Social and Behavioral Sciences, 77 (2013): 108–15.
[21] Bentley, 113.
[22] Robert Falkner, “Climate Change, International Political Economy and Global Energy Policy”, en Andreas Goldthau, Michael F. Keating, and Caroline Kuzemko (eds.), Handbook of the International Political Economy of Energy and Natural Resources (Cheltenham: Elgar, 2018), 77-78.
[23] Edward Humes, Garbology: Our Dirty Love Affair with Trash (London: Penguin, 2013), 30.
[24] W. J. Maunder, Dictionary of Global Climate Change, (New York: Springer, 2012), 120.
[25] Maunder, Dictionary of Global Climate Change, 120.
[26] Uno de los grandes artículos relacionando cambio climático e incendios forestales en Estados Unidos salió en 2016; véase John T. Abatzoglou y A. Park Williams, “Impact of Anthropogenic Climate Change on Wildfire across Western US Forests”, PNAS, 113 (2016): 11770–75. Para una guía comprensiva de algunas investigaciones recientes sobre huracanes y cambio climático, véase Jennifer M. Collins y Kevin Walsh, eds., Hurricanes and Climate Change, vol. 3 (New York: Springer, 2017). Para una revisión del rol que el cambio climático juega en la difusión de enfermedades infecciosas, véase Xiaoxu Wu et al., “Impact of Climate Change on Human Infectious Diseases: Empirical Evidence and Human Adaption”, Environment International, 86 (2016): 14–23. Para la relación entre cambio climático y proliferación de algas, Daniel Cressey, “Climate Change Is Making Algal Blooms Worse”, Nature, 25 de abril, 2017.
[27] Jonathan A. Newman et al., Climate Change Biology (Oxfordshire: CABI, 2011), 220–21.
[28] Alan H. Lockwood, Heat Advisory: Protecting Health on a Warming Planet(Cambridge: MIT Press, 2016), 103.
[29] Bruce E. Johansen, Climate Change: An Encyclopedia of Science, Society, and Solutions (Santa Barbara: ABC–CLIO, 2017), 19–20.
[30] Uno de los mayores trabajos tratando de fundamentar la economía en la física es el de Nicholas Georgescu-Roegen, The Entropy Law and the Economic Process (Cambridge, MA: Harvard University Press, 1971). Los argumentos iniciales de Georgescu-Roegen han sido refinados y desarrollados por subsiguientes generaciones de pensadores que reconocen que la actividad económica está constreñida por leyes físicas. Entre ellos estuvo Herman Daly, uno de los grandes exponentes de la idea de que el crecimiento económico no durará para siempre, cuyo trabajo ha tenido una profunda influencia en el movimiento ecologista. Para un sucinto repaso de su pensamiento, véase Herman E. Daly, Beyond Growth (Boston: Beacon, 1997). Puede que el más grande ecologista de sistemas fuera Howard Odum, quien llevó a cabo un trabajo magistral explicando los mecanismos que enlazan las sociedades humanas con sus entornos naturales. Para una explicación de sus teorías, véase Howard Odum, Environment, Power, and Society for the Twenty-First Century (New York: Columbia University Press, 2007).
[31] John Bellamy Foster, Marx’s Ecology (New York: Monthly Review Press, 2000), 9–10.
[32] Para una explicación académica formal de esta perspectiva, véase Lea Nicita, “Shifting the Boundary: The Role of Innovation”, in Valentina Bosetti et al., eds., Climate Change Mitigation, Technological Innovation, and Adaptation(Cheltenham: Elgar, 2014), 32–39.
[33] Tom Simonite, “Moore’s Law Is Dead. Now What?” MIT Technology Review,13 de mayo, 2016.
[34] Atkins, Four Laws That Drive the Universe, 51-52.
[35] John Bellamy Foster, Ecology Against Capitalism (New York: Monthly Review Press, 2002), 94.
[36] Foster, Ecology Against Capitalism, 94.
[37] Evan Mills, “Efficiency Lives—The Rebound Effect, Not So Much,” ThinkProgress, 13 de septiembre, 2010, http://thinkprogress.org/.
[38] Steven Sorrell, The Rebound Effect (London: UK Energy Research Centre, 2007), 92.
[39] Jeff Tollefson, “World’s Carbon Emissions Set to Spike by 2% in 2017,”Nature, 13 de noviembre, 2017.
[40] Fiona Harvey, “UN Warns of “Unacceptable” Greenhouse Gas Emissions Gap,” Guardian, 31 de octubre, 2017.
[41] Nijavalli H. Ravindranath and Jayant A. Sathaye, Climate Change and Developing Countries (New York: Springer, 2006), 35.
[42] Zhen-He He et al, “ATP Consumption and Efficiency of Human Single Muscle Fibers with Different Myosin Isoform Composition,” Biophysical Journal79 (2000): 945–61.
[43] Sobre la eficiencia de motores combustión interna, véase Efstathios E. Stathis Michaelides, Alternative Energy Sources, (New York: Springer, 2012), 411. Para las centrales basadas en la quema de carbón, véase R. Sandström, “Creep Strength of Austenitic Stainless Steels for Boiler Applications,” en A. Shibli, ed., Coal Power Plant Materials and Life Assessment (Amsterdam: Elsevier, 2014), 128. Sobre la eficiencia de células fotovoltaicas, Friedrich Sick y Thomas Erge, Photovoltaics in Buildings (London: Earthscan, 1996), 14.
[44] Robert T. Balmer, Modern Engineering Thermodynamics (Cambridge: Academic Press, 2011), 454.
[45] Will Oremus, “How Green Is a Tesla, Really?” Slate, 9 de septiembre, 2013, http://slate.com.
[46] William J. Ripple et al., “World Scientists’ Warning to Humanity: A Second Notice,” BioScience 20, no. 10 (2017): 1–3.

Erald Kolasi
Es investigador asociado en el Income and Benefits Policy Center en el Urban Institute (www.urban.org). Se dedica a desarrollar modelos y simulaciones por ordenador dedicados a ingresos, riqueza y jubilaciones. También ha creado modelos actuariales para calcular beneficios por empleado y analizar los rasgos cambiantes de los planes de pensión públicos. Está graduado en Física e Historia en la Universidad de Virginia, es doctor en Física por la Universidad George Mason.

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