Explorando con Stephen Hawking los confines de la ciencia

«El espacio, la última frontera. Estos son los viajes de la nave espacial Enterprise (...) dedicada a la exploración de mundos desconocidos (...) hasta alcanzar lugares donde nadie ha podido llegar...» (De la serie de televisión Star Trek)

Se atribuye al padre de la fisiología moderna, Claude Bernard, la frase «l'art c'est moi, la science c'est nous». En ella se recoge mediante elocuente síntesis la que sería la característica definitoria de la ciencia, a saber, la investigación científica es una tarea colectiva que tiene que serlo por exigencias epistémicas, ya que la clave de su éxito reside en ese método que constituye la referencia universal a la que cualquiera con las luces intelectuales suficientes y la pericia apropiada se puede acoger para aportar conocimiento o validar el de otros. No es el caso del arte que, sobre todo desde la revolución romántica, está asociado en sus éxitos a nombres propios. Dicho de otra manera: nadie más que René Magritte podría haber creado las imágenes surrealistas que él concibió; sin embargo, las verdades científicas, que es la obra que nos legan los investigadores, tarde o temprano se acabarán descubriendo. Incluso ocurre que hay verdades que han sido establecidas casi simultáneamente por distintas personas, como es el caso de la evolución y Charles Darwin y Alfred Russell Wallace. Y tiene sentido, pues la obra de arte –en principio– es expresión de un universo personal que no tiene por qué respetar las normas establecidas y puede hasta pretender subvertir la esencia del propio arte (piénsese en Marcel Duchamp). No es el caso de la ciencia, en la que diríase que hay que seguir un protocolo, que es lo que acaba asegurando llegar a buen puerto en nuestra empresa de avance en el conocimiento. Los nombres propios poco o nada importan en esta tarea colectiva. El método importa, y sus logros.


No obstante, como en el arte es reconocido el genio de un Da Vinci o de un Picasso, en la ciencia son reconocidos como genios Isaac Newton y Albert Einstein. Lo que motiva que en este momento esté escribiendo estas líneas es precisamente la muerte de otro, Stephen Hawking, que falleció el pasado 14 de marzo. El caso es que otros científicos mueren todos los días, investigadores esforzados y disciplinados que trabajan igualmente para el progreso de la ciencia, pero cuyos trabajos no obtienen el reconocimiento de las obras de los nombres antes mencionados.


Creo que, al margen de rasgos más o menos mediáticos por resultar conmovedores para el común de la gente (el caso de Hawking) o ser poseedores de un cierto carisma (el caso de Einstein), hay un elemento que otorga a sus aportaciones un impacto de un considerable efecto para todos aquellos que tenemos una cierta querencia por el saber y, más en general, para todos los humanos en los que chisporrotea la curiosidad innata de nuestra especie. Me refiero a sus ideas.


Una idea lo puede cambiar todo. No sólo nuestra cosmovisión, sino también nuestra percepción de nosotros mismos. Hay científicos que nos regalan preciosas joyas de estas, que tienen que ver con ese fondo de cuestiones que tienen un interés más profundo para lo que Bertrand Russell llamaba «nuestra vida espiritual» en su ensayo Los problemas de la filosofía, y entre las cuales apuntaba estas pocas: «¿Tiene el Universo una unidad de plan o designio, o es una fortuita conjunción de átomos? ¿Es la conciencia una parte del Universo que da la esperanza de un crecimiento indefinido de la sabiduría, o es un accidente transitorio en un pequeño planeta en el cual la vida acabará por hacerse imposible? ¿El bien y el mal son de alguna importancia para el Universo, o solamente para el hombre?». En el mismo texto reconocía el filósofo que tales interrogantes «permanecerán insolubles para el entendimiento humano», pero continuaba: «salvo si su poder llega a ser de un orden totalmente diferente de lo que es hoy».


Seguramente aquí reside la clave a la hora de establecer hasta dónde llegan los límites del conocimiento, en el poder del entendimiento humano. Frente al estéril escepticismo radical, en el otro extremo se encuentra el más entusiasta optimismo que de manera paradigmática representa el filósofo (científico) René Descartes, absolutamente embargado en su pensamiento por el poderosísimo encanto de las matemáticas. Evoquemos sus palabras de la segunda parte del Discurso del método: «Las largas cadenas simples y fáciles, por medio de las cuales generalmente los geómetras llegan a alcanzar las demostraciones más difíciles, me habían proporcionado la ocasión de imaginar que todas las cosas que pueden ser objeto del conocimiento de los hombres se entrelazan de igual forma y que, absteniéndose de admitir como verdadera alguna que no lo sea y guardando siempre el orden necesario para deducir unas de otras, no puede haber algunas tan alejadas de nuestro conocimiento que no podamos, finalmente, conocer ni tan ocultas que no podamos llegar a descubrir». Creo que estas palabras, escritas ya hace casi cuatro siglos, siguen siendo la más rotunda declaración de un postulado que contiene un doble supuesto al que no se puede renunciar si se quiere hacer ciencia; y es que existe una realidad y se la puede conocer.


¿Podía Descartes atisbar en su época el punto que actualmente ha alcanzado nuestra ciencia? El difunto Stephen Hawking es la prueba de ese poder del entendimiento que, mediante la alquimia de sus ideas, es capaz de romper la jaula existencial del espacio y el tiempo en la que, en principio, está confinada la especie humana, pero de la que escapan aquellos que –como el físico británico– han convertido sus mentes en prodigiosas naves capaces de superar las fronteras de dimensiones ignotas. Su deducción a partir de la teoría general de la relatividad de Einstein de la existencia de agujeros negros supone todo un prodigioso viaje cósmico como a Carl Sagan le gustaba decir. En un reciente libro titulado Einstein para perplejos los físicos teóricos José Edelstein y Andrés Gomberoff subrayan ese poder del entendimiento. Reconocen que el paisaje cósmico, conforme hemos expandido sus contornos, se ha venido configurando a partir de observaciones crecientemente indirectas y con un peso significativamente mayor del pensamiento abstracto. Señalan el siglo XIX como el punto de inflexión a partir del cual se esbozan los primeros modelos en los que el entendimiento ha de aventurarse más allá de lo directamente observable, como los de la realidad atómica y la del campo electromagnético. El pasado siglo supone el ingreso de forma irreversible en la exploración de la dimensión de la naturaleza que nos devuelve al replanteamiento de cuestiones de las del repertorio clásico de la metafísica. Reproduzco las palabras de la pareja de físicos americanos: «El siglo XX trajo consigo abundantes casos de realidades cada vez más lejanas a nuestra intuición y a nuestros sentidos. Einstein mismo sumó a este imaginario, entre otras cosas, la deducción teórica de la partícula de luz, a la que luego seguirían un sinnúmero de exóticas partículas subatómicas. También surgió el relato de la cosmología, contándonos la historia de un universo que nació hace casi trece mil ochocientos millones de años. La única forma de hacernos una imagen fidedigna de aquello que ocurrió y, presumiblemente, no volverá a repetirse es a través del ejercicio riguroso de la deducción y el razonamiento». Ya hace veinte años el también difunto Jesús Mosterín hacía las veces de notario de esta evidencia en un artículo muy atinadamente titulado Física y metafísica, donde decía: «mientras los filósofos han arriado sus velas especulativas, los físicos teóricos y cosmólogos han tomado el relevo de la especulación con renovado entusiasmo y notable sofisticación matemática. La frontera entre física y metafísica ya no marca los confines de la ciencia, sino que discurre por medio del territorio científico mismo. Sólo en el mundo ficticio de la matemática pura florecen las verdades seguras y eternas. En el mundo real de la ciencia empírica, todo es inseguro, provisional y revisable. Como decía Einstein, los teoremas matemáticos sólo son seguros en la medida en que no se refieren a la realidad». Fascinante paradoja.


Qué satisfacción para el bueno de Descartes –un verdadero sabio tres en uno: matemático, físico y metafísico (o simplemente filósofo)–, que tuvo bien claro que a donde no llegaba la experiencia –siempre limitada en su capacidad de comprensión– podían llegar las ideas, las abstracciones de nuestra mente, que para ser de aplicación científica tenían que ser convenientemente matematizadas; dicho por él en la cuarta parte de su Discurso del método: «ni nuestra imaginación ni nuestros sentidos podrían asegurarnos cosa alguna si nuestro entendimiento no interviniese».


Maravilla que el universo sea inteligible para nuestra mente, algo producto de la actividad de un órgano –el encéfalo– surgido de la evolución, un proceso sometido a la ley de la selección natural carente de propósito consciente; un órgano cuya función principal es contribuir a la supervivencia del organismo del que forma parte, algo tan práctico –y hay quien diría tan prosaico– y apegado al mundo de las cosas tangibles. Este prodigio es el que el premio Nobel Eugene Paul Wigner reconocía precisamente en «la irracional efectividad de las matemáticas» cuando acontece que –como fue el caso de los trabajos de Stephen Hawking– las conclusiones a las que llegan la más geniales mentes aplicando reglas sencillas a un conjunto de abstracciones resultan ser válidas cuando se aplican a los objetos originales del mundo real. Y si –como pensaba Jesús Mosterín– cuando con nuestro cerebro pensamos en el universo éste se piensa a sí mismo, entonces qué alto nivel de autoconciencia alcanzó en la mente del genial físico británico.


Ahora bien, la cuestión es si creando teorías físicas cada vez más refinadas (más sofisticadas en términos matemáticos) no llegará un día en que tropecemos necesariamente con los límites absolutos del tipo de conocimiento que representan. Un científico como Stephen Hawking es en lo intelectual como un atleta de la talla de Usain Bolt en lo físico. Lo que representan ambas figuras comparten una raíz común en lo esencial, a saber, el ansia humana por escapar a las limitaciones del espacio y el tiempo; ya sea con el cuerpo o con la mente se trata en puridad de eso. Y por eso justamente son figuras heroicas, cada una a su manera. Ahora bien, la cuestión es si creando teorías físicas cada vez más refinadas (más sofisticadas en términos matemáticos) no llegará un día en que tropecemos necesariamente con los límites absolutos del tipo de conocimiento que representan. A fin de cuentas, es imposible correr los cien metros lisos en menos de 0 segundos. Entonces, ¿cuáles pueden ser los límites absolutos de las teorías científicas? He aquí otra de esas preguntas de las que conforman el repertorio de las cuestiones filosóficas trascendentales a las que Russell se refería en su ensayo citado. Desde luego, ninguna teoría es la realidad, al igual que la pipa que pintó Magritte no es ninguna pipa de verdad; ignorarlo es un craso error, y supondría la reducción de la ciencia a un ejercicio retórico y autocomplaciente.


Condenado irremisiblemente durante décadas a estar sujeto a una robótica silla de ruedas que lo convirtió en una suerte de cíborg nuestro insigne científico no dejó de explorar los confines del cosmos en todas las dimensiones imaginables e inimaginables (sólo matematizables) del espacio y el tiempo, enfrentándose al que quizá sea el gran desafío de la actual física, la unificación de la teoría de la relatividad general, que rige epistémicamente para el megacosmos, y la teoría cuántica, desconcertante constructo endiabladamente abstracto mediante el que se atisban las complejas entrañas de la materia. Pero al tiempo que con su pensamiento rompía con la jaula espaciotemporal de la humana existencia también exploraba los confines de su mente; igual que esos antiguos alquimistas que, entre alambiques trataban de dar con los arcanos de la naturaleza logrando también la transmutación de su propio ser. «Mi objetivo es simple –declaró en cierta ocasión–. Es un completo conocimiento del universo, por qué es como es y por qué existe». Seguramente porque no se planteó que pudiera haber límites absolutos para las teorías científicas Stephen Hawking alcanzó a vivir tantos años, a pesar de su ineluctable enfermedad y, paradójicamente, contra todo científico pronóstico.

El pulso entre Moscú y Washington se intensifica en el área de Damasco

Hace más de dos semanas que los aliados de Rusia y de Estados Unidos mantienen intensos combates en los suburbios orientales de Damasco. Lo ocurrido en las últimas jornadas sugiere que Washington vuelve a implicarse en el sur de Siria, y que Rusia quiere resolver el conflicto de la Guta antes de las presidenciales que se celebrarán este mes de marzo.


La rivalidad entre Estados Unidos y Rusia vive desde el 18 de febrero una lucha intensa en la Guta oriental, el oasis de Damasco, donde tienen lugar combates entre el ejército sirio, apoyado por el ejército ruso, y los rebeldes islamistas que se hallan en la zona y que cuentan con armas y apoyo político de Estados Unidos.
La caída este martes en Siria de un avión de transporte ruso An-26, con la muerte de sus ocupantes, es un duro revés para Vladimir Putin, quien este mes de marzo será reelegido de nuevo como presidente de Rusia, y que está jugando con cuidado sus bazas en un conflicto que la población de su país ve desde una gran distancia.
Observando con atención lo ocurrido en las últimas dos semanas, da la impresión de que Rusia está interesada en concluir cuanto antes la guerra de la Guta, antes de que los rusos acudan a las urnas, y con el menor número de bajas posible. Moscú ha hecho grandes inversiones en el conflicto y no parece dispuesta a abandonar al presidente Bashar al Asad.


Eso explica que los cazas rusos estén trabajando a fondo en los bombardeos de la Guta, donde todavía quedan unos cuantos cientos de miles de civiles, si se hace caso a los combatientes islamistas que controlan la zona, y que en pocas jornadas han perdido el control en más de un tercio del oasis oriental.


Estados Unidos, por el contrario, ha activado sus protestas tras la pérdida de territorio por parte de sus aliados. El lunes Washington acusó a Rusia de violar sistemáticamente el alto el fuego con los ataques contra los civiles que quedan en la Guta, causando más de 740 muertos desde el 18 de febrero, y de no permitir la entrada de la ayuda humanitaria.


Los rusos respondieron que quienes están violando el alto el fuego son los grupos que todavía están operando desde la Guta, especialmente Faylaq al Rahman, una organización islamista que dice no ser yihadista, que está afiliada al Ejército Sirio Libre, que estos mismos días combate a los kurdos, aliados de Estados Unidos, en la ciudad de Afrin, al norte del país, con el apoyo de los turcos.


Todo un galimatías que explica el caos que se ha establecido en Siria, y en el que Washington está jugando sus bazas en la dirección de una división del país, creando un espacio distinto en el Kurdistán sirio, que a su vez es similar a la que creó en el Kurdistán iraquí, aunque durante años los americanos dijeron que no querían la división de ese país.


El objetivo que los rusos no ocultan es obligar a los islamistas que quedan en la Guta a salir de esa zona. Moscú anunció este martes la creación de un corredor para permitir que los combatientes salgan con sus familias. Todo indica que los rusos quieren hacer lo mismo que hicieron en Alepo hace unos meses: forzar a los yihadistas a salir para trasladarlos a la provincia de Idlib.


El distrito de Idlib fronterizo con Turquía se ha convertido en un depósito de yihadistas y de todo tipo de combatientes rebeldes que abandonan las zonas que el ejército va recuperando poco a poco. No obstante, el corredor abierto por los rusos nadie lo ha utilizado por el momento, seguramente porque los rebeldes de la Guta, como los demás rebeldes que quedan en Siria, obedecen por control remoto a quienes les dan armas y dinero.


Moscú acusó el martes a Estados Unidos de permitir que esos rebeldes disparen diariamente contra las fuerzas gubernamentales y que bombardeen indiscriminadamente la ciudad de Damasco con un balance de civiles muertos, incluidos niños, según insisten una y otra vez los rusos, algo que justificaría sus intensos bombardeos en la Guta.


Los bombardeos de la Guta han causado unos 740 muertos civiles, según los datos facilitados por los mismos rebeldes. Algunos medios de comunicación cuestionan la información que se está dando sobre la Guta señalando que es extraño que dos semanas después de iniciado el conflicto, todavía no se ha visto ninguna imagen por televisión con combatientes de la zona.


Moscú también acusó a Estados Unidos de no dejar que los rebeldes permitan la salida de los civiles que todavía quedan allí y cuyo número es incierto. Se habla de cerca de 400.000, aunque se recuerda que algo parecido se dijo de Alepo el año pasado y al final resultó que, cuando evacuaron a los yihadistas, prácticamente no quedaban civiles.


A pesar de estas acusaciones, el gobierno de Damasco permitió que el lunes entraran en la Guta oriental decenas de camiones del Creciente Rojo con ayuda humanitaria, aunque Damasco limitó la entrada de suministros médicos. Faylaq al Rahman dice que el gobierno sirio y Rusia quieren desplazar a la población de la Guta a la fuerza.


La cuestión radica en saber hasta dónde está dispuesto a llegar Donald Trump en Siria. En la dirección israelí se le reprocha haberse desentendido de la región, aunque hay indicios de que los estadounidenses vuelven a ser más activos en Oriente Próximo.

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Colisión entre Europa y EEUU por la “Cuestión de Irán”

Mientras el ministro español de exteriores Alfonso Dastis abandonaba Teherán, Emmanuel Macron se preparaba para ser el primer presidente de Francia en pisar Irán. Europa se apresura a salvar el acuerdo nuclear con Irán, la piedra angular para hacerse con “El Dorado” de Oriente, de las amenaza de Donald Trump en destruirlo. En la primera mitad de 2017, el comercio entre Irán y la Unión Europea (UE) aumentó un 94% respecto al periodo anterior. Una Luna de miel terminar en divorcio al rechazar EEUU las demandas europeas para que deje de desestabilizar Irán.

Washington planea estrangular la economía iraní. Las compañías europeas o chinas que desarrollen vínculos comerciales con este país, podrán ser multadas, como el banco francés BNP-Paribas que tuvo que abonar 6.450 millones de euros por eludir el embrago a Irán.


Trump en su visita a Arabia Saudí e Israel dijo que “todas las naciones de conciencia deben trabajar juntas para aislar a Irán”. El autor de la frase “America First” disparaba en el propio pie, dando la prioridad a los intereses de dichos países antes que a los de EEUU, en un Irán que estaba dispuesto reconciliarse con el Gran Satán: firmó un acuerdo de compra de 118 Airbus a Boeing, que ahora se ha congelado.


Trump pretende empujar a Teherán a romper el acuerdo nuclear, para endurecer las sanciones, e impedir que China, Rusia y Europa accedan a los inmensos recursos de Irán y a su gran mercado.


Tanto EEUU, como UE e Irán saben que sin el apoyo de Washington, el acuerdo nuclear dejará de existir.


La UE intenta desafiar a EEUU


La República Islámica de Irán (RI) no es un país cualquiera para los europeos:


• Es apoyado por un sector de izquierda que imagina que dicha teocracia es un retén al avance del imperialismo y de Israel, un mérito por el que este sector silencia, oculta o perdona las flagrantes infracciones de los derechos más elementales de los iraníes por la casta clerical-militar islamista.
• Es detestado por los sectores próximos a los intereses de Israel y de los saudíes.
• Y es respaldado por Bruselas, con algunas críticas. Admite que la RI pisotea los derechos humanos, tortura y ejecuta hasta a los menores de edad, pero que aislarla daría más poder a la extremaderecha militarista y acabaría con las tímidas reformas planeadas por el presidente Rohani.


La UE reza para que Trump mantenga el acuerdo y no empiece una guerra contra Irán.


Mientras, los sueños napoleónicos de Francia tienen lugar en Oriente Próximo. Para Macron no habrá un “nuevo orden” en la zona sin Irán. Además, es un mercado donde puede paliar el problema económico de Francia: ha creado una cartera de 1.500 millones de euros en contratos futuros para los exportadores franceses. Así, al excluir el dólar de las transacciones, las desvincularía del sistema financiero de EEUU.


La compañía francesa Total y la china CNPC ya han acordado con Irán desarrollar juntas el campo South Pars, uno de las fuentes de gas natural más grandes del mundo, por un contrato de 5.000 millones de dólares y 20 años de vigencia.


Y Alemania medita cómo reemplazar a China, el principal socio comercial de Irán. Siemens trabaja en este país desde hace más de 120 años. La RI ha anunciado al apertura de dos bancos privados – Iran Middle East Bank y Sina Bank-, en Alemania y la UE evalúa la creación de una entidad financiera, como el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura de China, con este objetivo.


Así, la UE intenta:


• Preservar sus intereses estratégicos en la zona.
• Hacerse con un gran mercado, con recursos naturales y una población muy preparada.
• Evitar que Irán entre en la órbita rusa. A Moscú no le interesa el regreso de Irán a Europa, destino del 80% de los 4,4 millones de barriles que exporta al mundo. El gas iraní podría arrebatar a Rusia (aunque a medio plazo) no sólo considerables beneficios económicos, sino también su poder como potencia energética. A demás de Rusia, el oro azul persa tiene otros rivales: EEUU y Qatar que suministran gas natural licuado a Europa.
• Impedir una carrera armamentística en Medio Oriente y una proliferación nuclear.
• Neutralizar la posibilidad de una guerra entre Irán e Israel, y de un aumento drástico de los precios del petróleo como su consecuencia.


Medidas preventivas de la UE


Ahora que Irán está cumpliendo el acuerdo, habría que forzar a Trump a respetarlo. Para ello, Bruselas puede tomar las siguientes medidas:


• Coordinar sus políticas al respecto con China, Rusia, India, y Japón.


• Desvincular el acuerdo nuclear de otras cuestiones como los misiles balísticos, cuya tenencia es un derecho para una nación amenazada por los cuatro costados y rodeada por cinco potencias nucleares. Otra cosa es convencer a TODOS los países de la zona para que se integren en el Régimen de Control de Tecnología de Misiles,

• Al contar la UE con una posición ventajosa respecto al gobierno de Trump, forzar a Israel, Arabia saudí, Turquía e Irán iniciar conversaciones para resolver los problemas de la región.
• Apoyar a las facciones moderadas dentro de la RI, Israel, Turquía y Arabia Saudí.


• Aumentar el número de becas y visados para los iraníes a Europa ahora que EEUU los ha incluido en su lista de “prohibida la entrada a USA”


¿Se enfrentará la UE a los EEUU?


¡No! Europa ha sido perjudicada por las guerras de EEUU en Oriente Próximo, y aun así ha participado en ellas, y ahora apoya a Trump en sus quejas respecto a las pruebas de misiles de Irán, a sabiendas que la RI no va a renunciar a ellas. Europa, además, carece de capacidad de evitar un choque entre EEU.U e Irán, y si debe elegir entre ellos se pondrá del lado de Trump: sus exportaciones a EEUU son 44 veces mayores de la cantidad de productos que envía a Irán.


Teherán se retiraría del acuerdo nuclear si sigue sin dar frutos esperados. No comprende cómo la UE, que aun no ha invertido en Irán, le pida abandonar el programa de misiles, mientras arma a los enemigos regionales de Irán. Irán necesita unos 200 mil millones de dólares en inversiones para impulsar la economía y crear empleo, uno de las principales exigencias de las protestas sociales. Pero, en un Irán gobernado por el “bazar”, la burguesía compradora y parasitaria, enemiga de la producción industrial nacional, las empresas extranjeras no crearan empleo. Decenas de fábricas se cierran en Irán cada mes como resultado de las masivas privatizaciones de las compañías estatales iniciada en 1999, que le convirtió en un mercado libre para las compañías extranjeras, carente de interés en promover una economía sostenible y justa en el país anfitrión, todo lo contrario: desmantelarán lo que queda de la industria nacional iraní.


En la “Cuestión de Irán”, Europa está más cerca a Rusia y China que a EEUU, y aun así no estará en ningún frente contra Trump.

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Suministro de petróleo: La guerra energética entre EE.UU. y Venezuela por el Caribe

EE.UU. y Venezuela están luchando entre sí para suministrar petróleo al Caribe. En su intento por aislar al Gobierno de Maduro en el plano regional, la administración de Trump ofrece el suministro de petróleo a fin de convencer a los países caribeños de que den la espalda a Caracas.

 

La administración del presidente estadounidense, Donald Trump, busca hacerse cargo del suministro de petróleo en toda la región del Caribe. Washington desea retomar el control de la zona que considera su "tercera frontera", situando al Gobierno de Nicolás Maduro en su punto de mira. Uno de los motivos que llevaron al secretario de Estado, Rex Tillerson, a elegir a Jamaica entre los destinos que visitó la primera semana de febrero, fue romper los acuerdos de cooperación establecidos entre el Caribe y Venezuela, país que desde 2005 asumió el compromiso de garantizar el suministro de crudo.


Ante la negativa del Gobierno de Maduro de suspender la elección presidencial convocada para el próximo 22 de abril, EE.UU. no descarta aplicar sanciones sobre el petróleo venezolano, pues considera que los comicios que se han convocado no tienen ninguna garantía de ser "justos, libres y validados internacionalmente". En caso de que se apliquen sanciones sobre el petróleo, el suministro a los países caribeños se vería interrumpido. Frente a ello, las empresas petroleras estadounidenses estarían buscando sustituir a Venezuela como fuente de abastecimiento.


En el documento 'Caribe 2020', salta a la vista el interés norteamericano por convertirse en la potencia con mayor influencia en la región: todo apunta a que ningún otro país que no sea EE.UU. parece tener el liderazgo suficiente para dirigir a los países caribeños por el camino de la seguridad, la prosperidad y el bienestar. El Gobierno de Trump aparece como el único autorizado para participar en los asuntos relacionados con la energía: "Las exportaciones de gas natural de EE.UU. y el uso de tecnologías energéticas renovables ofrecerán alternativas más limpias y económicas al uso de combustóleo pesado y asimismo reducirán la dependencia de Venezuela".


EE.UU. busca administrar la dependencia energética de las naciones de todo el Caribe. Y uno de los requisitos para conseguirlo es aislar al Gobierno de Nicolás Maduro en el plano regional, suplantando el abastecimiento de crudo venezolano hacia los países caribeños. Recordemos que Venezuela logró aumentar su influencia en la zona gracias a Petrocaribe, un acuerdo de cooperación energética que fue lanzado por el fallecido comandante Hugo Chávez en septiembre de 2005 y que, en poco tiempo, terminó aglutinando a 18 países. Petrocaribe nació como una iniciativa de integración regional en la que el Gobierno de Venezuela se comprometió a garantizar el aprovisionamiento de petróleo crudo.


Venezuela consiguió detonar un círculo virtuoso: a cambio de suministrar energía a bajo costo y con facilidades de crédito, la nación bolivariana obtenía una gran variedad de productos (ropa y alimentos, por ejemplo) de sus socios caribeños. Entre 2005 y hasta el cierre de 2016, la empresa Petróleos de Venezuela (PDVSA) entregó más de 100.000 barriles de petróleo diarios. Así, los países que integraron Petrocaribe recibieron de Venezuela más de 340 millones de barriles durante todo este período.


La venta de crudo venezolano disminuye


Hoy, sin embargo, Petrocaribe se encuentra en un serio predicamento. Atrás quedaron los años de bonanza económica gracias a los elevados precios del oro negro. A últimas fechas, no ha sido sencillo para el Gobierno de Venezuela seguir cumpliendo sus compromisos con los integrantes de la alianza regional, pues sus ingresos dependen esencialmente de las cotizaciones del crudo. Los problemas se profundizaron a partir de mediados de 2014, cuando los precios del petróleo se desplomaron.
Las iniciativas de integración regional como Petrocaribe están perdiendo impulso debido a la caída de los ingresos petroleros de Venezuela. Aunque el Gobierno de Maduro continúa suministrando crudo a los miembros de Petrocaribe, los volúmenes entregados se han visto reducidos considerablemente. Según datos del reporte anual de PDVSA correspondiente a 2016, hay varios países que dejaron de comprar petróleo crudo a Venezuela en cantidades equivalentes a por lo menos un 50% de las cuotas que fueron establecidas originalmente en Petrocaribe, entre ellos: Antigua y Barbuda, Dominica, Jamaica, San Cristóbal y Nieves y San Vicente y Las Granadinas.


Y el Caribe no es la única región. El declive en el abastecimiento de crudo venezolano está afectando también a países de América Central. A lo largo de 2016, PDVSA entregó a Belice apenas 2.800 barriles de petróleo por día, un volumen muy por debajo de los 4.000 barriles de la cuota que había sido pactada anteriormente. En consecuencia, algunas empresas se han visto obligadas a dar por terminados los acuerdos establecidos con Venezuela bajo la iniciativa Petrocaribe.


En septiembre de 2017, luego de reunirse con su Gobierno, la empresa Belize Energy Limited (Apbel) anunció la suspensión de compras de crudo. "Hemos sido informados por PDVSA que, a veces, han tenido que comprar en el mercado spot para cumplir con sus compromisos con nosotros. Esto definitivamente no es lo que fue planeado por Petrocaribe. Estamos muy agradecidos con la República Bolivariana de Venezuela y con PVDSA por todo lo que han estado tratando de hacer para cumplir sus promesas (…) pero no tiene sentido forzar un arreglo en estas circunstancias", apuntaba el comunicado de prensa de la empresa, según reseñó The Gleaner.


En países como Jamaica, que también forma parte de Petrocaribe como Belice, las ventas de PDVSA están cada vez más cerca de llegar a su fin: el suministro de petróleo venezolano cayóde 19.500 a 3.000 barriles diarios en apenas un año, un desplome colosal entre 2015 y 2016. Los responsables de la política exterior de Washington tomaron nota. Ante el declive de los volúmenes de aprovisionamiento, EE.UU. se ha declarado dispuesto a cubrir el boquete dejado por Venezuela.


Tillerson en Jamaica: Dinamitando la unidad de Petrocaribe


Altos funcionarios de Washington han buscado convencer a los países caribeños de que retiren su apoyo a Venezuela de cara a su próxima elección presidencial. El anzuelo utilizado por el Gobierno de Trump es el suministro de petróleo crudo. Esta fue una de las razones por las que Tillerson, quien antes se desempeñó como director ejecutivo ('Chief Executive Officer') de la petrolera Exxon Mobil, llegó a la ciudad de Kingston el pasado 7 de febrero para reunirse con el primer ministro de Jamaica, Andrew Holness.


El Gobierno de Donald Trump quiere hacerse cargo de abastecer petróleo a todo el Caribe, así lo dejó claro Tillerson en su visita a Jamaica. "Tuvimos una discusión muy amplia sobre las formas de promover una mayor independencia energética no solamente para Jamaica, sino para todo el Caribe (…) estamos listos para ayudar a Jamaica y a otros socios caribeños a explorar y desarrollar los recursos que tienen", sentenció el secretario de Estado.


Poco a poco, las empresas norteamericanas están aumentando las ventas de petróleo a Jamaica. Según la Administración de Información Energética de EE.UU. (EIA, por sus siglas en inglés), en 2016 alcanzaron los 7.153.000 barriles de crudo, es decir, un promedio de 19.598 barriles por día. Sin embargo, llama la atención que hasta el momento no exista ningún plan elaborado por el Gobierno de Trump para garantizar la seguridad energética a todo el Caribe.


Washington "estudia" el lanzamiento de un plan de abastecimiento


En conferencia de prensa, y a pregunta expresa sobre si el Gobierno de EE.UU. estaba en condiciones de suministrar petróleo a Jamaica, y al Caribe en general, Tillerson se limitó a señalar que antes de elaborar un plan en concreto, era necesario sopesar las consecuencias que una interrupción del suministro de petróleo venezolano traería para las naciones de la región. "No voy a entrar en detalles ahora pero vamos a realizar un estudio sobre esto muy pronto", comentó nervioso.
En relación a la misma pregunta, el primer ministro Holness reveló que su país ya no estaba comprando petróleo a Venezuela y que, bajo las nuevas características del mercado petrolero global, donde EE.UU. se perfila como exportador de energía: "Jamaica puede en este nuevo paradigma, beneficiarse de eso".


EE.UU. no está solo en su intención de suplantar el abastecimiento de petróleo venezolano. Tiene el apoyo de México, un país rico en recursos naturales y que, hay que destacar, luego de aprobar una reforma constitucional en materia energética en 2013, otorgó los derechos de explotación de varios de sus yacimientos de petróleo a empresas de origen estadounidense.


En agosto del año pasado, la agencia Reuters publicó que el Gobierno de Peña Nieto estaba elaborando un plan de suministro alternativo para el Caribe. Hace unos días, sin embargo, el secretario de Energía, Pedro Joaquín Coldwell, declaró que si bien era cierto que el Gobierno sí había analizado el lanzamiento de una estrategia de abastecimiento, reconoció que México no estaba en condiciones de garantizar el suministro de crudo. "Difícilmente creo que México pudiera asumir una responsabilidad de esa naturaleza dado que nuestra producción petrolera ha venido declinando", sentenció Coldwell.


Las aspiraciones de EE.UU. en el Caribe contrastan con la falta de una estrategia para garantizar la seguridad energética. A pesar de la caída en los volúmenes de suministro, Petrocaribe todavía no es un proyecto muerto, continúa su funcionamiento a pesar de las sanciones económicas impuestas en contra de Venezuela. Sin embargo, no hay duda de que el giro de la política exterior de Kingston encendió las alarmas de la cancillería venezolana. Había llegado el momento de pasar a la contraofensiva.


Días antes del viaje de Tillerson a Jamaica y a otros países que integran el llamado Grupo de Lima, el ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela, Jorge Arreaza, comenzó una intensa gira de trabajo por prácticamente todos los países que conforman Petrocaribe para, entre otras cosas apuntó, "fortalecer" los mecanismos de la integración regional. Sin tregua, la guerra energética entre EE.UU. y Venezuela por el Caribe.

 

Publicado: 21 feb 2018 14:54 GMT | Última actualización: 21 feb 2018 14:54 GMT

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Viernes, 16 Febrero 2018 05:42

Pensar los bienes comunes

Pensar los bienes comunes


Los comunes son los bienes que son de todos y que a todos nos interesa conservar

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Para pensar los bienes comunes “fuera de la caja”, pensad en algo que a todos nos conviene cuidar y mantener en buen estado, pero para lo que no existen incentivos particulares para hacerlo. En este sentido, normalmente, se identifican tres tipos de bienes comunes:


1) Los bienes comunes tradicionales se refieren a recursos de los que toda una comunidad o un pueblo depende: el agua del río que pasa por allí, los pastos, la tierras de cultivo, las zonas de pesca, etc. Se trata de recursos que no pueden dividir fácilmente y que ninguno del pueblo se puede apropiar por sí mismo. Si no lo cuidan, todos mueren de hambre, pero no hay nadie en concreto que tenga un incentivo personal para cuidarlo. De ahí que se tengan que poner de acuerdo para cuidarlo entre todos, estableciendo normas y regulaciones de uso común. Eso es el gobierno de los bienes comunes, o lo que es lo mismo, el gobierno común de los bienes. Elinor Ostrom lo describe brillantemente en el libro que lleva ese título.


2) Los bienes planetarios se refieren a la atmósfera, los océanos, la biodiversidad que son patrimonio de toda la humanidad (y del resto seres vivos). Nadie en concreto parecer tener responsabilidad de cuidarlos, no se obtiene un beneficio particular por cuidarlos con respecto a quienes no los cuidan. Más bien es al contrario,

contaminando estos recursos es como obtenemos beneficios particulares. De ahí que hagan falta acordar normas y regulaciones para reducir la contaminación, y por eso todos los países del planeta se reúnen en cumbres sobre el clima, para no llegar a ningún acuerdo porque sus gobiernos están más interesados en ventajas particulares que en el bien común. (nótese la polisemia de “bien común” como recurso común y como algo que es bueno para todos).


3) Los comunes digitales, se refieren al conocimiento compartido que es gratis y está accesible para todos, pero para el que hace falta un sistema de gestión de ese conocimiento para asegurar que tiene cierta fiabilidad y validez. Ahí está la Wikipedia con sus reglas y distribución de tareas para permitir que el resultado tenga una fiabilidad bastante aceptable; o las comunidades de software libre que trabajan coordinadamente de acuerdo a normas y protocolos propios para crear algunos de los mejores programas informáticos que existen.


La clave de todos estos sistemas de gobierno común está en que los acuerdos entre las partes son la forma más eficiente de gestionar estos recursos. Lo que lo diferencia de las otras dos formas de gestión conocidas: la centralizada y la de mercado.


En todos estos casos, una autoridad central tendría muy difícil legitimarse como propietaria o administradora del bien; y si lo hiciera, le sería muy difícil gestionarlo eficientemente, por falta de información, conocimiento y capacidad de acción.


También son recursos difíciles de gestionar por un sistema de mercado, puesto que para que los agentes económicos colaboraran en el cuidado del bien, habría que crear incentivos económicos particulares para orientar su acción, lo que en la práctica requiere (de nuevo) una regulación centralizada. Un ejemplo de este intento sería el mercado de venta de derechos de emisión de CO2, sin embargo, su eficacia para reducir la contaminación es muy limitada, porque sigue apelando a incentivos particulares.


En definitiva, los comunes muestran la necesidad de un sistema de acuerdos colectivos para regular en base al interés común (=conservar el recurso en buen estado) y no al interés particular (=hacer el mayor uso del mismo). Esa es la clave del concepto de procomún que se puede aplicar a muchos ámbitos.
Ahora, pensad “fuera de la caja”:


Podemos aplicar esta idea, por ejemplo, al concepto de privacidad y al modo en que es explotada en los reality shows. Todos tenemos una intimidad y a todos nos conviene que exista un respeto por la intimidad de los demás, en base a eso valoramos una serie de normas (de forma explícita o implícita) para el respeto a la intimidad de los demás. En las relaciones sociales (digitales o no) esto implica un código de conducta de respeto hacia los demás. Renunciamos al beneficio que podríamos obtener faltando al respeto o apelando a los trapos sucios de los demás para facilitar una cultura del respeto de la que nos beneficiamos.


También podemos aplicar esta idea a la comunicación pública en general, y en particular al modo en que apela a las emociones de la gente. Desde un respeto al bienestar común, renunciaremos a estimular determinadas emociones negativas (racismo, sexismo, odio, etc.) porque no queremos vivir en una sociedad en la que esas emociones sean predominantes, aunque en el corto plazo podamos obtener un beneficio apelando a alguna de ellas.


En estos dos casos no hay normas explícitas de gestión comunitaria, ni hay un bien o recurso material concreto que gobernar, pero en la práctica funciona el mismo principio de actuar en base a un sentido colectivo de respeto a un un interés común. En este sentido, los modos de gobierno de los bienes comunes (los tradicionales de Ostrom o los digitales como la Wikipedia) nos pueden ser útiles para pensar cómo se podría mejorar la gestión de otras cuestiones que nos afectan a todos y que a todos nos interesa cuidar y mantener.


Los comunes son los bienes que son de todos y que a todos nos interesa conservar

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Científicos logran 'teletransportar' por primera vez la energía del Sol

El proceso implica el uso de antenas capaces de detectar el calor infrarrojo generado por la luz solar como ondas electromagnéticas de alta frecuencia, convirtiendo estas señales en electricidad.

 

Científicos han desarrollado un método para generar electricidad a partir de la radiación infrarroja sobrante de la Tierra y el calor residual, utilizando el llamado efecto túnel, un fenómeno cuántico que ocurre cuando una partícula viola los principios de la mecánica clásica superando una barrera que no debería ser capaz de superar.


Nuestro planeta absorbe cantidades masivas de luz solar que a su vez conduce a una emisión casi constante de radiación infrarroja, que se estima en millones de gigavatios de energía.


Los investigadores de la Universidad de Ciencia y Tecnología Rey Abdalá (Arabia Saudita) creen que este calor infrarrojo "se puede 'cosechar' las 24 horas del día" para generar electricidad, usando el efecto túnel cuántico. El proceso implica el uso de antenas capaces de detectar el calor infrarrojo o residual como ondas electromagnéticas de alta frecuencia, convirtiendo estas señales en electricidad.


Como las emisiones infrarrojas tienen longitudes de onda muy pequeñas y pueden oscilar miles de veces más rápido que un semiconductor típico capaz de mover electrones, requieren nano antenas que pueden ser difíciles de crear o probar. Sin embargo, de acuerdo con el nuevo estudio, publicado en la revista Materials Today Energy, el efecto túnel puede proporcionar el avance necesario para lograr el objetivo.


"No hay un diodo comercial en el mundo que pueda operar con tanta frecuencia", aseveró en un comunicado Atif Shamim, investigador principal del nuevo estudio. "Es por eso que recurrimos al efecto túnel cuántico".


Para generar los intensos campos eléctricos necesarios para la construcción de túneles, los investigadores crearon una nano antena en forma de corbatín, intercalando la fina película aislante entre dos brazos metálicos ligeramente superpuestos hechos de oro y titanio.

El Falcon Heavy, el cohete más potente del mundo, inicia su primer vuelo rumbo a Marte



SpaceX tiene como ambicioso objetivo "transportar humanos al espacio y recuperar la posibilidad de hacer misiones tripuladas a la Luna o Marte"

 

El gigantesco cohete Falcon Heavy, de la empresa privada SpaceX, inició hoy desde el Centro Espacial John F. Kennedy en Cabo Cañaveral (Florida) su primer vuelo, rumbo a Marte, en el que colocará en el espacio un automóvil eléctrico Tesla.


El cohete, de 70 metros de alto y con capacidad para transportar más de 66 toneladas, despegó a las 15.45 hora local (20.45 GMT) de la plataforma LC-39A, la misma desde la que despegaron los cohetes de las misiones Apolo con destino a la Luna (1961-1972).


Miles de personas contemplaron el lanzamiento desde las áreas habilitadas para ello en el Centro Kennedy, se sumaron con entusiasmo a la cuenta atrás y se abrazaron al comprobar el éxito de la operación, mientras se escuchaba la canción de David Bowie Space Oddity.


Dos minutos y medio después del despegue, los dos cohetes laterales se separaron y 30 segundos más tarde la cápsula con el Tesla Roadster, con un maniquí llamado Starman al volante, se alejó del tercer proyectil y quedó al descubierto.


Una de las principales preocupaciones del presidente de Space X, Elon Musk, se centraba en el minuto posterior al despegue, cuando el cohete soportó la máxima presión aerodinámica.


Otro de los retos del lanzamiento era lograr el triple aterrizaje de los tres cohetes aceleradores de los que consta el Falcon Heavy, para ser reutilizados en futuras misiones, un procedimiento que SpaceX ya consiguió con uno de sus cohetes, el Falcon 9, y que hoy repitió con, al menos, dos de los tres.


El coste de una misión del Falcon Heavy es de 90 millones de dólares y la capacidad de carga que puede transportar varía desde las 66 toneladas si el destino es la órbita de la Tierra a las 17 toneladas si el objetivo es Marte. SpaceX tiene como ambicioso objetivo "transportar humanos al espacio y recuperar la posibilidad de hacer misiones tripuladas a la Luna o Marte".

Petróleo, paz inconclusa y nueva lógica del conflicto

Este artículo describe la relación entre petróleo y los antagonismos social, laboral y armado en Colombia, para lo cual se adentra en la coyuntura que vive el país, arriesgando una reflexión prospectiva sobre la matriz energética nacional y las nuevas lógicas del conflicto. Un debate con plena actualidad.

 

Globalmente, la industria petrolera moderna data de mediados del siglo XIX, cuando el capital inició la sustitución del carbón, dominante hasta entonces en la matriz energética. Desde entonces se reconoce que el petróleo es la energía vital para el mantenimiento y movilidad de la civilización industrializada. Las guerras mundiales de la primera mitad del siglo XX lo posicionaron como el principal recurso energético del planeta. La geopolítica y los conflictos bélicos modernos tienen entre sus causas el control de este estratégico recurso económico y militar. Actualmente la oferta y demanda mundial de petróleo es de 100 millones de barriles diarios.

Localmente, en la base del conflicto armado colombiano se encuentra la tierra, principal combustible que lo atiza, y con ella la explotación minero-energética. También, como es aceptado por uno y otros, las guerras se alimentan con los negocios, e incluso generan las oportunidades de acumulación capitalista que sin ellas no existirían. Las guerras redefinen las relaciones de poder, propiedad y las cadenas de producción, distribución, consumo y acumulación. La industria petrolera hace parte de esta lógica antagónica.

La industria petrolera tiene su origen a inicios del siglo XX. La explotación de los recursos minero-energéticos resume para el caso colombiano la historia de sumisión de la oligarquía criolla frente al capital internacional, al igual que la ausencia de proyecto soberano nacional. Así permite concluirlo las concesiones Barco y Mares; también el proceso que dio origen a Ecopetrol, surgido de las luchas de los trabajadores que con su persistencia y sueños de independencia nacional, justicia y libertad superaron la oposición oficialista.

En medio de esa relación de sumisión y ausencia de proyecto nacional soberano, insertado en la geopolítica global centro-periferia, a lo largo de varias décadas el país se caracterizó como exportador de petróleo, condición perdida en los años 70 del anterior siglo, para volver a ser exportador del importante recurso energético a inicios de los años 80, cuando Ecopetrol, en contrato de asociación con la multinacional OXY, descubren el campo Caño Limón en Arauca (con reservas estimadas en 1.500 millones de barriles de petróleo). Con este descubrimiento el país elevó su producción hasta alcanzar una extracción máxima superior al millón de barriles diarios en los años 2013 y 2015.

A partir de 2016, declinan en el país las reservas de hidrocarburos y el volumen de producción: durante 2017 fue de 856.000 barriles de petróleo diarios. En 2018, debido a la leve alza que registra el precio del petróleo y la reactivación en exploración y explotación se espera una producción promedio nacional de 870.000 barriles diarios (Gráfico 1).

Los precios reales del petróleo siguen ciclos de larga duración, de unos 30 años, con más años de debilidad que de fortaleza. El último ciclo petrolero registró precios altos entre 1974 y 1985 seguidos de precios bajos entre 1986 y 2002. El nuevo ciclo ascendente se inició en 2003 y terminó a mediados de 2014. La recuperación de los precios del petróleo en 2017-18 es apalancada por el aumento coyuntural de la demanda mundial y el éxito de los 14 países que hacen parte de la Organización de los Países Exportadores de Petróleo (Opep), en asocio con otros productores como Rusia, en restringir la oferta; sin embargo, el escenario de largo plazo sigue siendo uno de disminución en la demanda y de caída de precios. Las proyecciones del mercado estiman un promedio de USD$60 por barril de petróleo para 2018: los más optimistas llegan a USD$68 y los menos, como Citigroup, a USD$54 (Gráfico 1).

 

 

Reprimarización económica y conflicto laboral

 

Desde hace medio siglo, los sectores reales de la economía (agro e industria) vienen creciendo mucho menos que el resto de la economía. En particular, la industria colombiana atraviesa por una preocupante crisis a partir de los años 1980, correlacionada con el auge del sector minero-energético, la financiarización de la economía y el abundante ingreso de divisas proveniente de las actividades legales e ilegales, las que provocaron la “enfermedad holandesa” que aqueja a la producción material.

Hasta mediados de la década de 1980 la contribución de las actividades minero-energéticas era inferior al 5 por ciento del PIB total. Entre 2011 y 2013 esta participación escaló a más del 10 por ciento. En 2018 se estabiliza en 7 por ciento, después de su caída a 5,4 en 2016. La sociedad colombiana depende cada día más de los recursos naturales y la explotación de minas y canteras, en particular de la extracción de petróleo. La dinámica del crecimiento de su economía está atada a los ciclos de larga duración de los precios reales de productos básicos y a la inestabilidad que los caracteriza (Gráfico 2).

Las economías extractivas, en particular las petroleras, concentran la riqueza, acentúan los antagonismos laborales y los conflictos sociales, destruyen el ambiente y obstaculizan el desarrollo humano y sostenible, sobre fundamentos científico-tecnológicos y de innovación. Entre 2001 y 2017 los ocupados en las actividades minero-energéticas pasaron de representar en el empleo nacional el 1,2 por ciento a sólo el 0,6: en 2001 los trabajadores sumaban 185.436; con el auge de los precios aumentaron a 220.238 en 2011; el desplome de los años siguientes generó una oleada de despidos y para 2017 quedaban 140.816 (Gráfico 3).

 

 

El bajo nivel de empleo que genera, las ganancias extraordinarias de las empresas petroleras y la elevada tasa de explotación del trabajo hace de la actividad minero-energética un negocio sin parangón con otras actividades de la economía colombiana. La relación entre productividades del trabajo nacional muestra que en 2001 la productividad de los trabajadores minero-energéticos era 4,2 veces al promedio nacional; en 2013 esta relación aumenta a 11,8 veces; y, producto de la crisis de los precios del petróleo, cae a 9,4 en 2017 (Gráfico 4).

El alto nivel de concentración del ingreso y la riqueza en Colombia se refleja en una baja participación de los salarios en el valor agregado nacional: 30,4 por ciento en el año 2016. Aun así, en la explotación de minas y canteras la participación del ingreso de los trabajadores es menos de la mitad del promedio nacional: 14,3 por ciento (Gráfico 5). En consecuencia, no es extraño que el antagonismo capital-trabajo es más álgido y crónico en el sector minero-energético.

 

 

Petróleo y conflicto social

 

Al finalizar la década de 1980, la sociedad colombiana era considerada como uno más de los “estados fallidos en el mundo”. En este contexto deliberó la Asamblea Constituyente aupada por la crisis del Estado y la insubordinación civil. La Constitución que surgió de esta Asamblea es una mezcla de derechos humanos, democracia, neoliberalismo y financiarización. El periodo posconstitucional (1991-2018) se caracteriza por la desnacionalización, la privatización, la especulación financiera, la impúdica corrupción, la reprimarización de la economía, la continuidad de la violencia en contra de los líderes sociales y los defensores de derechos humanos, los intentos parciales de negociación de la paz y la concentración del ingreso, la riqueza y la tierra en un puñado de empresarios, políticos colombianos y multinacionales.

Tratando de enderezar parte de la legislación existente para el sector minero-energético, en el año 1994 la USO promovió la recolección de un millón de firmas para respaldar un proyecto de Ley Petrolera que introdujera modificaciones sustanciales a la normatividad existente en esa materia, promoviera la soberanía nacional y el monopolio estatal de la producción. El proyecto de Ley fue presentado en el año 1995, con número 212/95 en el Senado, con el título: “Por el cual se establece el Régimen Normativo de la industria de los hidrocarburos y sus derivados en todas sus ramas y se adoptan otras disposiciones”. El Artículo 2 ordena que “El aprovechamiento y manejo de los hidrocarburos, por su carácter de recurso natural no renovable y por su valor económico-político estratégico, deben ser organizados y planificados para garantizar el autoabastecimiento nacional, el desarrollo sostenible de la industria y su sustitución como fuente energética”. Esta industria, en toda su cadena de valor, es calificada de “utilidad pública y de interés social”. El proyecto de Ley no alcanzó siquiera a rendir Ponencia para el primer debate y se archivó.

 

Primera Asamblea Nacional por la Paz

 

Dos años después de esta derrota, en 1996, la USO, el gobierno nacional y Ecopetrol convocaron la Primera Asamblea Nacional por la Paz. En ésta se exploraron caminos con las empresas del sector petrolero y con las organizaciones insurgentes para que la infraestructura petrolera, sus trabajadores y las comunidades no fueran involucrados en el conflicto social y armado.
Entre los años 1998-2002, Colombia vuelve a la época de la Colonia, esto es, la era de las concesiones y los enclaves petroleros. Durante el gobierno de Andrés Pastrana el país cede su participación en la renta petrolera bajando la liquidación del 20 por ciento a un promedio de 8; además, la participación en la producción de hidrocarburos (después de liquidar las regalías) pasó de 50 a 30 por ciento. También permitió el giro del 100 por ciento de las utilidades de las petroleras extranjeras a sus casas matrices sin pago de impuestos.

En continuidad con su antecesor, durante los dos gobiernos de Álvaro Uribe Vélez (2002-2010) se promovió e implementó, de una parte, la fragmentación y privatización de Ecopetrol y, de otra, la deslaborización de las relaciones entre los trabajadores y la empresa, al igual que el exterminio de la USO. Además, en favor de las transnacionales petroleras, Uribe les entregó a perpetuidad concesiones de yacimientos petroleros y gasíferos. El régimen impuesto no estaba interesado únicamente en la privatización de Ecopetrol sino en su liquidación.

El decreto 1760 de 2003 generó la fractura de Ecopetrol, con lo cual la empresa quedó como un operador más. De manera simultánea se creó la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) encargada de administrar los recursos hidrocarburiferos, regular y administrar información al capital extranjero y privado para invertir en la explotación de gas y petróleo. También se funda la Sociedad Promotora de Energía de Colombia, empresa encargada de celebrar contratos con compañías extranjeras. A partir de 2004, la ANH creó una “Nueva concesión petrolera” lesiva a los intereses de la Nación.

En contra de estas políticas, en 2004 la USO declara un cese indefinido de la producción en Ecopetrol. Nueve eran los objetivos perseguidos: i) recobrar el manejo soberano de los hidrocarburos, ii) abrir un debate nacional sobre el Decreto 1760 y lograr su derogación, iii) limitar el accionar de las multinacionales y privilegiar el interés nacional; iv) consolidar un frente patriótico por la defensa de Ecopetrol, v) dotar a Ecopetrol de mecanismos y recursos para realizar la actividad petrolera, vi) revisar la forma como se fijan los precios de los combustibles, vii) anular el Laudo arbitral y hacer respetar la Convención Colectiva de Trabajo, viii) garantizar el derecho de asociación y libertad de los detenidos, ix) lograr el reintegro de los despedidos. La huelga fue declarada ilegal por el Ministerio de Protección social. Esta huelga evidenció la crisis por la cual atravesaba el movimiento social y sindical en los umbrales del siglo XXI.

Más tarde, en el año 2006, el Gobierno de Álvaro Uribe hace aprobar por el Congreso de la República la ley 1118 con la cual entregó a Ecopetrol al capital privado. Por medio de esta Ley el Gobierno privatiza la empresa al modificar su naturaleza jurídica. El artículo 1 autoriza a Ecopetrol S.A. “la emisión de acciones para que sean colocadas en el mercado y puedan ser adquiridas por personas naturales o jurídicas [...] la Sociedad quedará organizada como de Economía Mixta de carácter comercial, del orden nacional, vinculada al Ministerio de Minas y Energía”.

Durante los dos gobiernos de la administración Uribe (2002-2010) se diseñó e implementó la política denominada “seguridad inversionista”, continuada y profundizada por su sucesor Juan Manuel Santos (2010-2018), con la cual se rodeó de todo tipo de garantías y exenciones a las empresas minero-energéticas en materia tributaria, regalías, concesiones y resolución de conflictos.

 

Paz vacilante y efímera

 

Con base en los acuerdos suscritos en la nueva Convención Colectiva de Trabajo 2014-2018 con Ecopetrol, la USO lideró durante 2015 la Segunda Asamblea Nacional por la paz –Anpp, que tuvo como objetivos: a) promover la reflexión y deliberación de diversos sectores de la sociedad en torno a las dinámicas regionales que requiere Colombia para hacer sostenible la paz a largo plazo; b) construir iniciativas en clave de paz relacionadas con el modelo apropiado de exploración, uso y usufructo de los recursos minero-energéticos; c) aportar en la consolidación de la democracia y la construcción de una institucionalidad realmente participativa como requisito para el afianzamiento de la paz y el buen vivir de las comunidades; d) consulta participativa, popular y territorial del “Proyecto de Ley Orgánica de Hidrocarburos” diseñado y promovido por la USO. Simultáneamente, la USO lanzó dos campañas nacionales: a) ‘Unidos por Ecopetrol, defiende lo que es tuyo’, con el fin de abrir el debate a nivel nacional y colocar en primer renglón la defensa de Ecopetrol como empresa pública, nacional y estatal; b) Divulgación y debate nacional a través de la Mesa Minero-energética y ambiental del Proyecto de Ley Orgánica de Hidrocarburos, con el propósito de generar la conciencia de la necesidad de modificar la política petrolera nacional y su aprobación por medio de un referendo.

La Anpp se enmarcó dentro del contexto de los diálogos de paz, y aportó ideas a lo que debe ser la construcción colectiva de los modos y planes de vida, que acerquen a la población a la aspiración de aprovechar los bienes naturales y minero energéticos para el buen vivir, la democracia profunda y la paz integral. Los insumos recogidos permitieron definir tres ejes temáticos: i) Política Minero-Energética, ii) Desarrollo Regional y iii) Cultura para la paz y pos-acuerdo.

En agosto de 2016, el gobierno nacional y las Farc firmaron el acuerdo de fin del conflicto armado. El 2 de octubre se votó el plebiscito por la paz, perdido el cual quedó cuestionada la legitimidad del proceso de paz. Se generó: a) pérdida del blindaje jurídico; b) desfinanciamiento de los programas para la paz; c) impunidad para la oligarquía política-empresarial y los militares que apoyaron la guerra irregular y sus aparatos paramilitares. La confluencia de los partidos de extrema derecha, representados en la triada diabólica Uribe-Pastrana-Vargas Lleras, anuncian públicamente que su propósito común es “hacer trizas” los acuerdos de paz y avivar nuevamente el conflicto armado.

Como continuidad del escenario ya abierto, en febrero de 2017 fueron instalados los diálogos exploratorios de paz entre el Gobierno y el Eln. En la mesa de negociación, el tema minero-energético es fundamental, El debate sectorial deberá estar articulado al desarrollo territorial y contar con la participación democrática y decisoria de las comunidades directa e históricamente afectadas por la presencia de las transnacionales de la industria petrolera. En esencia, la plataforma política del Eln respecto a la política petrolera no ha cambiado desde el manifiesto fundacional de Simacota (7 de enero de 1965); en 1989, con motivo del II Pleno de Dirección, el UC-ELN construyó una propuesta que se sustenta en torno a cinco ejes: nacionalización, legislación soberana, explotación racional, desarrollo alternativo y nuevo plan nacional de desarrollo.


Dos caminos un solo ‘conejo’

 

Las finanzas públicas son, por antonomasia, un problema político: crean lazos económicos y políticos entre el Estado, las fuentes de los ingresos y los grupos que se benefician de los gastos. El presupuesto materializa la política pública. Los presupuestos públicos ejecutados por las administraciones Uribe (2002-2010) y Santos (2010-2018) registran una sorprendente identidad no obstante los énfasis, alternativos, de cada administración en la guerra y la paz. Los rubros privilegiados son el pago de la deuda externa, el gasto militar y demás aparatos de represión incluida la “justicia”, la reproducción de la clase política y la burocracia, el sostenimiento del precario sistema educativo y el control de una clientela social a través de las políticas asistenciales. Estos últimos presupuestos públicos de la nación dejan ver, sin sonrojo, el “conejo” que las clases dominantes le han hecho a los acuerdos de paz y a las negociaciones con las movilizaciones populares y de trabajadores.

Estos hechos permiten deducir que el proceso de guerra-paz no pasa de ser un engatusamiento al que han sometido al país la dupla Uribe-Santos y la base social terrateniente-empresarial-financiera-militar-comunicacional y del capital transnacional que ellos representan. Su fin es el mismo: exterminio de la insurgencia, sometimiento del pueblo trabajador y destrozar el tejido social y organizativo de las comunidades. Cambian las estrategias, la guerra abierta en el primero y el engaño en el segundo.

El 21 de noviembre de 2016, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) se pronunció acerca de la violencia y los sostenidos y crecientes asesinatos de promotores de la paz en las zonas que hacen tránsito hacia la construcción de la paz. En el mensaje, la ONU subrayó que esos lamentables hechos generan desconfianza en las negociaciones de paz. En 2016 fueron asesinados cerca de un centenar de promotores de la paz. En 2017, la oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) entregó una radiografía sobre el crimen de líderes sociales; según la agencia han sido asesinados 78 líderes, y 1.500 campesinos han sido desplazados (según la Cumbre Agraria, ellos tienen registro de 105 víctimas, durante 2017 en todo el país).

 

Petróleo y nuevas lógicas del conflicto

 

Desactivado el conflicto armado, queda al desnudo el núcleo del crónico conflicto colombiano, del que hacen parte las comunidades regionales, el territorio y el modelo de desarrollo. Este conflicto enfrenta al Estado, los terratenientes, los dueños del capital y las transnacionales, de una parte, a la clase trabajadora y las comunidades, por otra, en su intento de construir poder popular.

Las actividades minero-energéticas son connaturales a este conflicto. La experiencia histórica permite concluir que las consecuencias negativas pueden agruparse en cuatro áreas: i) conflictos ambientales generados por la actividad extractiva, basados en un escenario de iniquidad y segregación, que afectan territorios y culturas ancestrales, destruyendo recursos naturales estratégicos como la biodiversidad y el agua dulce; ii) concentración del ingreso, la riqueza y la propiedad de la tierra; iii) economías de enclave y ausencia de encadenamientos económicos regionales y locales con la explotación de hidrocarburos; iv) militarización (legal e ilegal) de la vida cotidiana y aumento de la conflictividad por encima de la capacidad del sistema político regional y local para resolverlo.

En respuesta a esta situación, las autoridades y los pobladores locales están realizando consultas populares y democráticas para votar “si están o no de acuerdo con la exploración sísmica, perforación, explotación y producción de hidrocarburos en el territorio”. En las nueve consultas realizadas desde 2013 hasta octubre de 2017, el rechazo a las actividades de explotación petrolera es contundente y absoluta. La décima que debería realizarse en Granada, Meta, el 22 de octubre de 2017, fue obstaculizada por el gobierno nacional y la Registraduría. Hay en espera 59 consultas adicionales.

Un reciente informe de las empresas petroleras presentes en el país afirma que “cada vez es más difícil operar en Colombia”. Esgrimen razones como que empeoró la seguridad jurídica por consultas populares, y aunque reconocen que el orden público mejoró, “la percepción sobre la conflictividad social empeoró”, dice el informe. Según la Agencia de Defensa Jurídica del Estado, por la negativa de las comunidades a permitir la explotación, no se recibieron 226 mil millones de regalías, y en 5 años el hueco fiscal llegaría a 1,2 billones de pesos.

En respuesta a los empresarios, respecto a las consultas populares y sobre la explotación no convencional (fracturación hidráulica o fracking), el ministro de Minas y Energía, Germán Arce, aseguró que el Gobierno va a generar las condiciones “para explorar estos recursos, porque pueden cambiar completamente el mapa de producción del país. Estamos hablando de multiplicar por unas cuantas veces las reservas del país y hablamos de matar el fantasma de que en cinco años tendremos que importar crudo” (El Espectador, Economía, 14 de diciembre de 2017).

La actitud antidemocrática del gobierno nacional está en contubernio con los intereses de las empresas petroleras y las transnacionales. Al bloqueo de la autonomía de las comunidades locales para definir democráticamente sus planes de vida, ordenar su territorio y defender los recursos naturales vitales para su pervivencia, se une, de una parte, el malestar por el incumplimiento con los “Acuerdos de La Habana”, el “conejo” a los convenios resultantes de las negociaciones con las movilizaciones efectuadas desde 2013 hasta 2017 por las comunidades rurales y, de otra, la preocupación por el continuo asesinato de líderes populares y gestores de paz.

 

A las puertas del fracking

 

La posibilidad de que el país vuelva a ser importador de petróleo, de acuerdo a lo proyectado por el Gobierno y las empresas petroleras, abre las puertas para iniciar la explotación de hidrocarburos no convencionales, a pesar de los graves daños ambientales y desplazamientos de población que implica. Las consultas populares realizadas muestran que las comunidades rechazan las actividades minero-energéticas en la forma que se han desarrollado en el país o las nuevas técnicas de fracking.

En este contexto, en el horizonte de mediano plazo, 2018-2022, pueden pronosticarse tres escenario i) catastrófico: reconquista del poder por parte de la extrema derecha, desconocimiento de los acuerdos de paz, privatización total de Ecopetrol, persecución a las organizaciones sindicales, desnacionalización y entrega de los recursos minero-energéticos a las transnacionales, vía libre a la explotación de hidrocarburos mediante tecnologías no convencionales, recrudecimiento del conflicto social y armado; ii) previsible: ampliación de las zonas de exploración y explotación minero-energética (en áreas donde las transnacionales no habían podido penetrar por presencia y dominio de la insurgencia); consolidación financiera de las empresas petroleras; tercera ronda de venta de acciones de Ecopetrol; venta de empresas de alta rentabilidad que integran al Grupo Ecopetrol; mayores exenciones, garantías y protección a la inversión extranjera; concertación y regulación para la explotación de hidrocarburos mediante tecnologías no convencionales; abolición de las consultas populares y confrontación-represión con las organizaciones rurales y los ambientalistas; iii) deseable: aprobación e implementación de la Ley Orgánica de Hidrocarburos –LOH–, dependiendo de: la correlación de fuerzas capital/estado-USO/movimientos sociales; balance final favorable del proceso de paz y negociación del fin del conflicto armado entre el Gobierno Nacional, el Eln y la sociedad civil; cumplimiento con los acuerdos y construcción de la paz firme y duradera; alianza ganadora con partidos políticos simpatizantes del proyecto de LOH en las elecciones legislativas (marzo) y presidenciales (mayo) en 2018; conformación de un movimiento social, con arraigo espacial, defensor de la soberanía nacional y de una política pública democrática que regule las actividades minero-energéticas favorable al bienestar de las comunidades, el desarrollo territorial sostenible y el poder popular.

* Economista político y filósofo humanista. Escritor e investigador independiente. Miembro de los comités editoriales de los periódicos Le Monde diplomatique -edición Colombia- y desdeaabajo. Profesor invitado del proyecto “Diplomado en Derechos Humanos USO- 2017”, en el marco del contrato celebrado entre la Universidad Nacional de Colombia y la Unión Sindical Obrera de la Industria del Petróleo-USO.

 

Bibliografía básica:

Sarmiento, Libardo; (2017). Unión Sindical Obrera de la Industria del Petróleo, USO. Planeación Estratégica por escenarios: 2017-2023. Bogotá.
Sarmiento, Libardo; (2016). Colombia: plebiscito por la paz, antagonismo traumático; en: http://palabrasalmargen.com/edicion-91/colombia-plebiscito-por-la-paz-antagonismo-traumatico/.
Sarmiento, Libardo; (2015). Arauca 1983-2015. Fin de un ciclo histórico y transición incierta. Fundación Paz y Reconciliación, Bogotá.
Sarmiento, Libardo; (2014). Municipios petroleros: desarrollo, conflicto y democracia; en: Las tendencias de la sociedad civil en Colombia. Una radiografía de la sociedad civil en seis municipios petroleros. Cinep, Asociación de Fundaciones petroleras, Ecopetrol; Bogotá.
Vega, Renán, et. Alt; (2009). Petróleo y protesta obrera. La USO y los trabajadores petroleros en Colombia (2 tomos). USO-Corporación Aury Sara Marugo. Bogotá.
Sarmiento Libardo; Et. Alt; (1996). Lineamientos generales para una política de Ecopetrol. Una perspectiva desde la ética. Ecopetrol; Bogotá.

Publicado enEdición Nº242
Biocombustibles, riesgo para la seguridad alimentaria: FAO

Aunque la demanda de maíz amarillo importado crece cada año, ya que uno de sus principales usos es la fabricación de biocombustibles, organismos internacionales han advertido en distintos análisis, emitidos de 2010 a 2017, de los efectos de destinar la producción agrícola a combustibles en lugar de alimentos.

En el reporte El futuro de la alimentación y la agricultura: tendencias y desafíos, publicado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), estima que en 2050 la agricultura tendrá que producir casi 50 por ciento más de alimentos y biocombustible de los que producía en 2012 para cubrir la demanda mundial.

Aunque el aumento de terrenos de producción agrícola significa mayor cantidad de alimentos, también tiene efectos negativos. El documento recalca que a mayor producción alimentaria, también hay un impacto directo en el medio ambiente.

En los pasados 20 años la expansión agrícola se mantuvo en promedio en 4 mil 900 millones de hectáreas en el mundo, con una pérdida de cubierta forestal que se ha ralentizado entre 2010 y 2015.

Sin embargo, la FAO señala que hay diferencias regionales significativas, ya que mientras en las regiones tropicales y subtropicales se perdieron 7 millones de hectáreas anuales de bosque en 20 años, la superficie agraria aumentó a un ritmo de 6 millones de hectáreas anuales.

"Los países de bajos ingresos sufrieron la mayor pérdida neta anual de área de bosque, y también la mayor ganancia neta anual de superficie agrícola."

El Comité de Seguridad Alimentaria Mundial (CFS) advirtió desde 2013 que la producción de biocombustibles representa riesgos en los aspectos económicos, sociales y ambientales, ya que crea competencia entre los cultivos para este fin y los alimentarios.

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Los números hablarán, dijo el presidente Trump tras aprobarse la reforma fiscal en Estados Unidos la semana pasada

 

La exitosa aprobación de la reforma fiscal trumpiana comportó como colateral la muy poca publicitada exploración de hidrocarburos en el Refugio Nacional de Vida Salvaje en la parte del Ártico estadunidense (https://goo.gl/bLDqqS).

La reciente Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) trumpiana incluye a Rusia y China como rivales estratégicos (https://goo.gl/JxkhsE) y aboga, además, por la seguridad energética de EU.

No lo explica el ESN, pero en forma implícita se desprende la competencia que ya empezó por el futuro del Ártico entre las tres superpotencias: EU/Rusia/China.

Cabe destacar que Trump elevó, como pilares de la ESN, el delicado asunto migratorio y a la economía, concomitante al impulso de una política energética independiente de EU, mientras degradaba el cambio climático tan procurado por Obama.

La producción en el Ártico por EU requiere un mínimo de 70 dólares el barril, lo cual beneficiará a los productores y dañará a los importadores.

Desde hace 10 años detecté el inicio de la nueva guerra gélida por los hidrocarburos del Ártico (https://goo.gl/9CFJ4).

Ahora en 2017 puedo afirmar que Rusia y China, con su colaboración energética, han dejado atrás a EU por el control y explotación integrales del Ártico.

Hace 10 años comenté en forma premonitoria que “es probable que los historiadores citen el inicio oficial de la nueva guerra gélida, dadas las coordenadas donde se desarrolla, el primer día de agosto pasado (nota de 2007), cuando la tripulación rusa de dos submarinos expedicionarios colocó su bandera de un metro de altura y de material anticorrosivo de titanio a una profundidad de 4 mil 200 metros”. En ese momento califiqúe de genial la “jugada geoestratégica de Vlady Putin”.

En 2007 consideré: más allá de la posesión de las 200 millas naúticas (320 kilómetros), la Convención de la Ley Marítima de la ONU (UNCLOS, por sus siglas en inglés) extiende la propiedad a las placas geológicas continentales cuando la posesión del Ártico se volvió un asunto meramente geológico: si Rusia demuestra que 45 por ciento del Ártico, donde se asientan las pletóricas reservas de hidrocarburos, constituye la prolongación de las placas Lomonosov y Mendeleyev, muy poco podrán discutir los otros siete países ribereños sobre el contenido de la convención que EU se arrepentirá toda su vida de no haber ratificado.

Luego, hace nueve años, abordé la nacionalizacion de las aguas profundas del Ártico por Rusia (https://goo.gl/AoonP2). En ese momento los muy desacreditados “analistas ( sic) anglosajones” se burlaban de la capacidad de las empresas principales energéticas rusas de poseer las necesarias inversiones y tecnologías. Ese supuesto escollo ha sido superado con creces nueve años después gracias a las inversiones complementarias de China en el sector energético ruso.

Hoy, nueve años más tarde, durante su clásica conferencia anual de cuatro horas de duración, Vlady de Arabia (https://goo.gl/4pKPPM) expresó su disposición a establecer una cooperación financiera con China para “conseguir un transporte de bienes mucho más favorable desde el punto de vista económico entre Asia y Europa sobre la Ruta del Mar norteño (Northern Sea Route) comparado con las rutas alternativas (https://goo.gl/hgwLh5)”.

Para Vlady de Arabia el desarrollo industrial en el Ártico, en cooperación notable con China, constituye una de las máximas prioridades para Rusia.

Una semana antes, Vlady de Arabia había inaugurado la nueva planta de gas licuado Yamal LNG desde el puerto Sabetta en Siberia, según el portal noruego The Independent Barents Observer (https://goo.gl/1QmwZm).

La segunda gasera rusa, Novatec, encabeza el proyecto de gas licuado Yamal LNG que tiene un costo de más de 27 mil millones de dólares, con notoria contribución de la Federacion Rusa. El Fondo Ruta de la Seda (Silk Road Fund) detenta 9.9 por ciento de Yamal LNG, al unísono de otros accionistas como la rusa Novatec (50.1 por ciento), China National Petroleum Corporation (20 por ciento) y la francesa Total (20 por ciento).

Se trata de un colosal proyecto de infraestructura que tendrá una capacidad anual de transporte de más de 20 millones de toneladas y que será concluido el año entrante.

Más allá de la presencia de Vlady de Arabia, contó con la asistencia de representantes de los gobiernos de China (¡súper sic!), Francia y Arabia Saudita. El transporte será realizado con tankers, sin necesidad de la ayuda de rompehielos, y uno de los cuales lleva de nombre en forma simbólica Christophe de Margerie, anterior mandamás de la empresa francesa Total y quien saliendo de un acuerdo con el entonces primer ruso Medvedev sufrió un accidente en su avion privado en los cielos rusos y que no pocos consideran como un atentado teledirigido por la CIA, como sucedió con el empresario petrolero italiano Enrico Mattei, mandamás de ENI asesinado en 1962, quien incitó a las petromonarquias árabes a liberarse del yugo estadunidense.

Llama la atención que Vlady de Arabia se haya acordado del icónico Christophe de Margerie tres años despues de su deceso.

Se ha gestado una asociacion estratégica (joint venture) entre China, LNG, y la importante transportista noruega Teekay LNG (con sede en las Bahamas): firmaron un convenio por mil 600 millones de dólares para trasladar el gas licuado en seis carriers (construidos por Daewoo de Corea del Sur), que convergerá con el proyecto ruso Yamal LNG.

China busca reducir su dependencia en el carbón contaminante y el célebre banco AIIB (https://goo.gl/WqyRRK) aprobó un préstamo simbólico de 20 millones de dólares para conectar a más de 200 mil casas rurales chinas con su red de distribución de gas natural.

Según el Oxford Institute for Energy Studies (OIES) el potencial de extracción de hidrocarburos de Rusia en el Ártico es enorme: donde se concentraría por lo menos la cuarta parte de las reservas de petróleo y gas del mundo sin explorar (https://goo.gl/FG2Qnd).

Existe una zona política muerta en la cercanía del centro del Ártico que se disputan con Rusia otros cuatro países: EU, Canadá, Noruega y Dinamarca (https://goo.gl/kG8odJ).

OIES define la apertura de rutas de transporte estratégico que conectan la región polar a los principales mercados de energía como consecuencia del cambio climático y el deshielo polar.

La apertura de la Ruta Norteña Marítima y del Pasaje Noroccidental tiene el potencial de transformar los patrones de transporte global.

La Ruta Marítima Norteña y el Pasaje Noreste va del nor-atlántico a lo largo de la costa siberiana hasta el lejano oriente ruso y el Océano Pacífico.

En comparación con las “conocidas rutas marítimas sureñas a través de los canales de Suez o Panamá, la Ruta Norteña ofrece una reducción considerable (casi 40 por ciento) en la distancia de viaje entre Europa y la costa occidental de Norteamérica, Noreste de Asia y Lejano Oriente (https://goo.gl/GCXba8)”.

Dejo de lado la hipótesis lúgubre de que una guerra nuclear entre Estados Unidos y Rusia se escenificaría en la cortedad de la distancia que ambas superpotencias comparten con el Ártico.

 

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