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No es ciencia ficción. Es real. Los científicos alertan de que hay un 50 por ciento de posibilidades de que una enorme eyección de la masa coronal solar golpee la Tierra. Sus efectos serían muy graves: nos dejaría sin electricidad y sin tecnología y dañaría nuestra salud. Pero nos podemos preparar para afrontarlo. Te contamos cómo. 

¿Ha llegado la hora de crear el Ministerio de los Cisnes Negros? Los eventos de baja probabilidad y alto impacto son una realidad, como ha demostrado la pandemia. ¿Cuál será la próxima catástrofe? Nadie lo sabe, pero deberíamos estar preparados para lo que sea: virus, asteroides, terrorismo, clima… Sin embargo, el riesgo más sorprendente (y subestimado) proviene del Sol.

La probabilidad de que una eyección devastadora de la masa coronal (algo así como la tormenta solar perfecta) golpee de lleno a la Tierra es del 50 por ciento en este siglo, según los últimos modelos predictivos. En cualquier caso, no es desdeñable. Y una lección de la COVID-19 es que, si tienes boletos para la lotería, tarde o temprano toca. El problema es que la mayoría de los gobiernos prefiere reaccionar sobre la marcha ante los ‘cisnes negros‘ en lugar de tener un plan de contingencia. Una temeridad que ya no nos podemos permitir, según The Economist. «Los individuos buscan protección en los gobiernos y, si pueden, en las aseguradoras. Pero los ejecutivos han demostrado una inclinación por ignorar los riesgos, incluso cuando el precio de la previsión es pequeño. Es una abdicación de la responsabilidad y una traición al futuro», argumenta el semanario británico.

El peligro de la gran llamarada, una mezcla de viento solar y pulso magnético, siempre nos ha acompañado. La paradoja es que la humanidad nunca ha sido tan vulnerable como ahora, que depende de la tecnología para casi todo. Y la tecnología hay que enchufarla a la corriente. «La corona solar arroja de manera intermitente grandes chorros de partículas electromagnéticas al espacio. Estas causan las auroras boreales y australes, y pueden estropear las redes eléctricas y las de telecomunicaciones. Pero durante el siglo más o menos en el que la electricidad se ha convertido en una parte crucial de la vida humana la Tierra nunca ha sido golpeada por uno de estos eructos solares. Si se produjera una eyección de masa coronal, todo tipo de sistemas satelitarios para la navegación, las comunicaciones, los sistemas de advertencia sobre ataques de misiles… estarían en peligro. Grandes extensiones del planeta se podrían quedar meses o años sin electricidad», advierte The Economist.

Apagones, incendios, cáncer…

¿Otras consecuencias? Incendios en los transformadores y apagones en la red eléctrica. De prolongarse en el tiempo estos cortes, también afectarían al suministro de agua. Las centrales nucleares podrían ver comprometida su refrigeración. La red GPS se vería afectada, así como las comunicaciones por radio en VHF y HF, aunque buques y aeronaves tienen instrumental alternativo. Internet sufriría caídas, pero la robustez de las líneas transoceánicas y la arquitectura de las conexiones, basada en la redundancia, esto es, equipos y rutas alternativos con los que seguir operando, paliarían los efectos. En lo que se refiere a la salud, podría producirse un ligero aumento en las tasas de cáncer de piel y afecciones oculares por el aumento momentáneo de la exposición a los rayos ultravioletas. Y en cuanto al coste, un estudio de la compañía de seguros Lloyds calculó que solo en Estados Unidos podría alcanzar los 2,5 billones de dólares y que su red eléctrica podría verse afectada hasta dos años.

Hay antecedentes como para preocuparse. Al evento más potente del que se tiene constancia se lo conoce como ‘la llamarada de Carrington’. Golpeó el planeta en 1859, friendo literalmente las estaciones de telégrafo, que era el Internet de la época victoriana (todavía no existían las comunicaciones de radio). En 2012 se produjo otro de una magnitud similar, pero afortunadamente el cañonazo que disparó el Sol en dirección a la órbita terrestre no llegó a hacer diana y se perdió en el cosmos. Sin embargo, las eyecciones de masa coronal -la mayoría, de dimensiones modestas- son fenómenos frecuentes. Nuestra estrella ‘escupe’ hasta tres diarias durante los periodos de máxima actividad. Y alterna una fase de aletargamiento con otra de hiperactividad. Cada fase dura unos once años. Y justo ahora está desperezándose, como un oso que ha hibernado y sale de la cueva. Su máximo apogeo llegará en 2025.

Cuándo llegará la tormenta

¿Cuál es la probabilidad de que una tormenta geomagnética de gran intensidad afecte a la Tierra a corto plazo? El investigador Pete Riley pronostica que ronda el 12 por ciento en la próxima década, aunque un modelo matemático elaborado por un equipo de la Universidad Autónoma de Barcelona y publicado en 2019 por Scientific Reports (Nature), reduce la probabilidad a menos del 2 por ciento. «No es nada despreciable si se tienen en cuenta sus consecuencias», advierte el catedrático y coautor del estudio Pere Puig. «Los gobiernos deberían tener protocolos de actuación ante estos desastres, informar y tranquilizar a la población que se pueda haber quedado sin energía eléctrica e incomunicada. Recordemos que habrá muy poco margen temporal antes de la llegada imprevista de una tormenta de estas características».

¿Cuál es ese margen? Entre 15 y 60 minutos. Un evento así no se puede controlar, pero se puede detectar con cierta anticipación cuando sucede. El satélite encargado de dar la señal de alerta apenas nos avisaría con 30 minutos de antelación antes de que el viento solar barra la atmósfera terrestre. Este satélite es el Observatorio de Clima del Espacio Profundo (aunque originalmente se llamó Triana, en honor del navegante español Rodrigo de Triana, el primero de la tripulación de Colón en avistar tierra en América). Fue lanzado en 2015 desde un Falcon 9 -el vehículo de lanzamiento de SpaceX, la empresa de Elon Musk-, tras pasar doce años arrumbado en un almacén de la NASA, que no tenía presupuesto ni motivación política para ponerlo en órbita hasta que la administración Obama se empeñó. Se está trabajando para tener pronósticos de al menos tres días, basados en la aparición de manchas solares que pueden indicar una actividad anómala.

Actuación de emergencia

«La cuestión no es si va a pasar, sino cuándo; cómo afectará a nuestra civilización y qué se puede hacer al respecto», advierte Jorge Eiras, profesor de Física de la Universidad de Vigo, que elaboró en 2018 un informe titulado Las tormentas solares geomagnéticas, amenaza silenciosa de una sociedad hipertecnológica, a petición del Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional, un organismo consultivo que depende de la Junta de Jefes de Estado Mayor. Eiras se lamenta de que solo Estados Unidos y Canadá cuenten con planes de actuación en caso de producirse un evento de este estilo. «Nuestra capacidad de respuesta dependerá de la rapidez para acometer actuaciones que reparen el suministro eléctrico, garanticen la seguridad de las aeronaves en vuelo y disminuyan la posibilidad de que la situación derive en un caos -advierte-. El desconocimiento de este fenómeno tanto entre la población como en los organismos públicos es un gran inconveniente».

Avi Loeb, director del Instituto de Astronomía de la Universidad de Harvard, va más allá y opina que habría que tomar medidas para desviar las partículas solares antes de que alcancen la atmósfera. Para ello propone la puesta en órbita de un escudo magnético. «Sería una proyecto de ingeniería mayúsculo, con un coste de unos 100.000 millones de dólares. Pero me temo que antes de que los políticos actúen tendremos que sufrir un evento similar a la llamarada de Carrington», vaticina.

Manos de investigador o técnico manipulando muestras en un laboratorio EFE

El riesgo de que una o varias de las vacunas más prometedoras en estos momentos contra el coronavirus no lleguen a salir adelante ha llevado a que múltiples países inviertan miles de millones de euros en diferentes farmacéuticas

 

Los enormes daños sanitarios, sociales y económicos que el virus SARS–CoV–2 está causando a la humanidad en prácticamente todo el mundo están llevando a una urgencia inusitada en la investigación y desarrollo de potenciales vacunas. Hasta la fecha, el récord de velocidad en la obtención de una primera vacuna contra un virus reside en la vacuna contra las paperas, que requirió "tan solo" cuatro años. Todo parece indicar que este récord podría romperse en un futuro cercano gracias a una inversión económica descomunal –de miles de millones de euros– en más de 200 proyectos de vacunas diferentes y al esfuerzo global de multitud de investigadores. Si los pronósticos de diversos expertos sanitarios se cumplen, es posible que exista al menos una vacuna con seguridad y eficacia demostrada para finales de 2020 o comienzos de 2021.

La gran celeridad en el desarrollo de las vacunas contra el coronavirus y su potente inversión no son, ni mucho menos, los únicos elementos extraordinarios que rodean a estos tratamientos preventivos experimentales. Otras circunstancias que están teniendo lugar en su proceso de I + D son, hasta ahora, excepcionales en el mundo farmacéutico. AstraZeneca, la compañía farmacéutica que está detrás de una potencial vacuna contra el coronavirus, junto a la Universidad de Oxford, lleva ya tiempo fabricando en masa este producto para que en septiembre haya alrededor de un millón de dosis. CanSino Biologics, la biotecnológica china responsable de una de las vacunas en fases más avanzadas, comenzó en marzo la construcción de una fábrica para su producción masiva. La farmacéutica china Sinopharm también anunció recientemente que había finalizado la construcción de una nueva planta para producir más de 100 millones de dosis de su vacuna al año. Todas estas empresas tienen en común que sus vacunas son aún experimentales, en la fase III de ensayos clínicos, en la que se evalúa la efectividad de una vacuna sobre miles de personas sanas.

Belén Tarrafeta, farmacéutica experta en gestión sanitaria y acceso a medicamentos, explica que "lo normal es fabricar las cantidades necesarias para las pruebas clínicas y después para las agencias reguladoras (en la forma en la que se quieren comercializar)". Sin embargo, esta preparación para la producción masiva de vacunas o incluso el comienzo de la producción masiva antes de que finalicen los ensayos clínicos en fase III y se conozcan sus resultados resulta algo totalmente inaudito. Nunca se había destinado tanto esfuerzo y dinero en la producción masiva de vacunas sin tener garantías ni certezas sobre su eficacia. Aunque la fase III sea la última etapa experimental antes de la comercialización, el riesgo de que en esta fase no se demuestre una mínima eficacia protectora de una vacuna sigue presente. De hecho, son muchas las vacunas contra otros agentes patógenos (especialmente aquellas contra el VIH) las que han fracasado en esta fase y no han llegado a comercializarse.

¿Quién paga si las vacunas no son eficaces?

Precisamente, es el riesgo de que una o más de las vacunas más prometedoras en estos momentos contra el coronavirus no lleguen a salir adelante lo que ha llevado a que múltiples países inviertan miles de millones de euros en diferentes farmacéuticas. También se busca aumentar el acceso a la mayor cantidad posible de distintas vacunas efectivas, dada la enorme demanda y la aún limitada producción. El ejemplo de Estados Unidos es especialmente llamativo. Su presidente, Donald Trump, ha recibido grandes críticas por su gestión de la pandemia y, ahora mismo, su principal baza política está en conseguir la preciada vacuna contra la COVID–19 cuanto antes, a través de la Operación Warp Speed. El gobierno de este país ha destinado 1.700 millones de euros a Pfizer para comprar 100 millones de dosis antes de fin de año, casi 1.000 millones de dólares a Moderna por su vacuna265 millones de dólares a Fujifilm, 1,2 mil millones para dosis de la vacuna de AstraZeneca y la lista sigue y sigue... De forma similar, la Comisión Europea también ha diversificado su apuesta inversora hacia múltiples vacunas que podrían ser efectivas.

Este panorama inversor es una situación totalmente atípica. Tarrafeta reflexiona: "Creo que está en el margen de la legalidad respecto a la reglamentación farmacéutica de cualquier país, porque en principio no se pueden comprar medicamentos que no están registrados y no se puede registrar lo que no existe o lo que no cumple aún con criterios de registro. En algunas ocasiones se otorga un plazo de tiempo de registro en una licitación pública si es un medicamento nuevo, o un nuevo fabricante. Pero sobre medicamentos existentes, que ya tienen aprobación de alguna agencia reguladora estricta, no sobre medicamentos en desarrollo".

¿Qué ocurriría con aquellas vacunas que no siguieran adelante al finalizar la fase III y cuyo volumen de dosis ya fuera abundante? A la potente inversión en la producción masiva de una potencial vacuna fallida que caería en saco roto se uniría el coste de destruir todas las dosis. La destrucción de vacunas es un proceso muy caro, ya que se consideran residuos sanitarios y requieren plantas de tratamiento y procesos especiales para llevarlo a cabo. Además, las vacunas vivas y atenuadas se consideran residuos peligrosos o de riesgo, lo que implica mayores precauciones para su transporte, manejo y tratamiento.

¿Quiénes afrontarían el riesgo económico de destinar grandes sumas de dinero a la producción masiva o a la preparación para la producción masiva si finalmente fallase en la fase III? Como informa Tarrafeta, en general, hay mucho secretismo detrás de los acuerdos de gobiernos y agencias filantrópicas con estas empresas. "No se sabe tampoco lo que está negociando GAVI (Alianza para la Vacunación), para qué países o con qué precio. Lo cierto es que hay muy poca transparencia sobre los acuerdos que se están negociando, ni a qué precio se está negociando la vacuna, lo cual no es nada nuevo. Es lo que muchas organizaciones denuncian siempre de la industria farmacéutica: hablan de lo que se invierte en I+D sin mencionar la cantidad de esos fondos que viene del sector público, quién debería tener el derecho de patente, y los costes reales de la inversión. Lo que estamos viendo entre líneas es que las grandes (farmacéuticas) van a ganar, aunque pierdan".

Por Esther Samper

29 de julio de 2020 21:55h

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Las pandemias que no se combaten en América Latina

¿Hay vacuna para la pobreza? ¿Existe remedio para la evasión de capitales? ¿Se puede luchar contra el hambre? ¿Son viables una vivienda digna y una educación pública de calidad? Estas son algunas preguntas sobre las cuales reflexionar en medio de una hipersensibilización sobre las consecuencias humanas del Covid-19. Mientras los pobres mueren de enfermedades menos espectaculares, causas de la pobreza, y para las cuales hay cura como el sarampión o la difteria, la carrera por ver quién patenta primero la vacuna contra el Covid-19 concentra la atención mundial. No nos engañemos, a sus promotores les mueve la codicia. El beneficio económico. Detrás no hay causa humanitaria, interés por el bien común o preocupación social. Para saber de qué hablamos, baste señalar que mil 600 millones de personas, es decir, 22 por ciento de la población mundial, no reciben atención médica, sin olvidar los 115 millones, menores de cinco años, afectados por desnutrición crónica. A lo cual debemos sumar los 700 niños muertos diariamente por diarrea. Según Manos Unidas, organización nada proclive a la exageración, en 2020 se podría haber evitado la muerte de 5.4 millones menores de cinco años. Sin embargo, el hambre, la falta de condiciones higiénicas, la explotación infantil, el desempleo, la trata de mujeres no son considerados pandemia. Morir por esas causas es algo "natural". La necropolítica hace su aparición como forma de organización social del capitalismo. Achille Mbembe, teórico que acuñó el concepto, señala que el poder de la muerte y la política de la muerte, refleja "los diversos medios por los cuales, en nuestro mundo contemporáneo, las armas se despliegan con el fin de una destrucción máxima de las personas y de la creación de mundos de muerte, formas únicas y nuevas de existencia social en las que numerosas poblaciones son sometidas a condiciones que le confieren el estatus de muertos vivientes".

La pandemia del Covid-19, y de todas las demás, evidencia la condición de muertes vivientes en las calles de Quito, Lima, Santiago, Bogotá, Río de Janeiro o Sao Paulo. Los cadáveres abandonados en las calles, producto de una desarticulación del sistema sanitario, convertido en negocio para las empresas de capital riesgo, atentan contra la dignidad humana. Los gobiernos que han privatizado la salud, quebrado el sistema sanitario, desprotegiendo a sus ciudadanos, son responsables. Aplican la necropolítica como arma de guerra. Y lo seguirán haciendo con o sin vacuna contra el Covid-19. Así ocurre con otras enfermedades donde el tratamiento es propiedad de una empresa. La pobreza, desnutrición o falta de higiene no son negocio. A las farmacéuticas les tiene sin cuidado su erradicación. No realizan investigación básica, sólo aplicada y con fines de rentabilidad. En este caso, hablamos de beneficios estratosféricos, que engrosarán la fortuna de empresarios, especuladores y consejos de administración. De esta pandemia unos pocos saldrán con los bolsillos llenos. La economía de mercado se encargará de ello. Con sólo pensar en la posibilidad de vender 2 mil millones de dosis para restablecer el equilibrio entre el virus y la inmunidad de rebaño, las ganancias serán obscenas. Siempre ha sido igual. Basta ver el tratamiento contra la hepatitis C. Su costo aproximado es de 1.5 euros y la dosis se vende por alrededor mil euros. Otro tanto ocurre con la vacuna contra la meningitis, del laboratorio británico GlaxoSmithKline, cuya inversión en I+D fue de 300 millones de euros. En tres años de comercialización (2015-2018) han obtenido beneficios por mil 200 millones. ¿Y para el tratamiento de Covid-19?, mientras no existe una vacuna, el Remdesivir es un paliativo que reduce el tiempo de recuperación, en otros términos, libera antes una cama de hospital. Su costo de producción, según los especialistas, no supera los cinco euros, la empresa lo vende en2 mil euros. A la hora de promover una investigación de cualquier enfermedad, la medida se realiza en términos de costo-beneficio.

Médicos Sin Fronteras, en un estudio de 2018, señaló que una vacuna o medicamento, en un país pobre cuesta 68 veces más que en uno desarrollado. No se discute la necesidad de encontrar una vacuna contra el Covid-19. Pero su distribución y venta no está pensada para toda la población. Los millones de ciudadanos que han soportado el confinamiento bajo el hambre, recurren a las ollas comunes, la solidaridad de clase y la resistencia para hacer frente a la pandemia. La crisis humanitaria no está en Venezuela, está en países donde el hambre, la evasión de impuestos, la pobreza, la desigualdad y la explotación se han cronificado, son pandemia y no interesa combatirlas.

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El gobierno del Reino Unido dispuso que desde el próximo viernes la venta de barbijos se ofrezca en la vereda de los locales comerciales, como en este caso  en Oxford Street, Londres.   ________________________________________ Imagen: Andy Rain/EFE/EPA

Porqué afirman que se trata de una "infección endémica humana"

 

El coronavirus perdurará durante décadas, incluso si se encuentra una vacuna, advirtieron hoy los asesores sanitarios del Reino Unido. Jeremy Farrar, miembro del Grupo de Asesoramiento Científico del gobierno británico (SAGE ), aseguró que "esta infección no va a desaparecer".

"Ahora es una infección endémica humana. Incluso, si tenemos una vacuna o tratamientos muy buenos, la humanidad seguirá viviendo con este virus durante muchos, muchos años", alertó el científico, quien también dirige Wellcome Trust , una organización benéfica de investigación biomédica con sede en Londres.

El mensaje contradice al pronóstico hecho por el propio primer ministro británico, Boris Johnson, quien había adelantado que a fin de año se podría volver a la normalidad anterior a la pandemia.

"Si tenemos alguna idea de que esto ha quedado atrás, entonces sin duda tendremos una segunda ola y podríamos fácilmente estar en la misma situación de nuevo", advirtió el científico, quien opina que en el Reino Unido se implementó "demasiado tarde" la cuarentena.

El profesor de la Universidad de Oxford, John Bell, coincidió con Farrar y aseguró que el virus "estará aquí para siempre, no se va a ninguna parte y habrá inviernos en los que el coronavirus estará de vuelta".

"Miren cuántos problemas han tenido para eliminar, por ejemplo, la poliomielitis. El programa de erradicación estuvo funcionando durante quince años y todavía no lo han conseguido”, agregó durante una exposición.

El Reino Unido registra 296.277 infectados y 45.501 muertes por coronavirus, tras sumar 560 contagios y 79 fallecidos en las últimas 24 horas. Con esta cifra de muertes, Londres se posiciona como el país más afectado de Europa y el tercero a nivel global.

En el mundo, los casos positivos de coronavirus confirmados superaron hoy los 15 millones de contagios desde el inicio de la pandemia, según el registro de la Universidad Johns Hopkins .

La entidad, que carga datos de todo el planeta en forma permanente, registró este mediodía un total de 15.000.424 contagiados de Covid-19 y 617.832 muertos.

Los países que más contagios presentan son Estados Unidos (3.919.550), Brasil (2.159.654), India (1.193.078), Rusia (787.846) y Sudáfrica (787.846). EEUU y Brasil también se mantienen al tope de países con más pérdidas de vidas, con 142.312 y 81.487, respectivamente.

Por su parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS), que suele ir a la saga de la Universidad Johns Hopkins, confirmó 14.731.563 casos, y 611.284 muertos.

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El jefe del programa de emergencias de la OMS, Mike Ryan. Foto: Denis Balibouse / Reuters.

El jefe del programa de emergencias de la OMS, Mike Ryan. Foto: Denis Balibouse / Reuters.

 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido que las primeras vacunas contra la COVID-19 no se esperan hasta principios de 2021. Las declaraciones fueron emitidas este miércoles por el jefe del programa de emergencias del organismo, Mike Ryan.

El experto considera que hay un “buen progreso” en el desarrollo de vacunas contra el nuevo coronavirus, pues varias ya se encuentran en la tercera fase de los ensayos clínicos y ninguna ha fallado hasta el momento en términos de seguridad o capacidad para generar una respuesta inmune.

Sin embargo, los especialistas estiman que las inoculaciones no estarían disponibles este año. “Hay que ser realistas en cuanto a los tiempos. No importa cuánto intentemos acelerar el proceso, tenemos que estar seguros de que una vacuna es segura y efectiva, y esto toma su propio tiempo”, señaló Ryan.

El funcionario agregó que si bien la OMS está “acelerando las cosas”, eso no significa “bajo ninguna circunstancia tomar atajos en lo que se refiere a seguridad”. Además, explicó que ninguna vacuna es 100% fiable, incluso la del sarampión, que se considera una de las mejores, alcanza solo el 95% de efectividad.

Por su parte, la epidemióloga de enfermedades infecciosas y responsable técnica del área de gestión de la pandemia de la OMS, Maria Von Kerkhove, mencionó que la vacuna no será la solución definitiva para terminar con la pandemia y, por lo tanto, no se debe tener expectativas desmesuradas al respecto.

Finalmente, Ryan se refirió al retorno de los estudiantes a las escuelas, advirtiendo que los centros educativos deben tener cuidado con la reapertura hasta que la transmisión comunitaria de la COVID-19 esté bajo control.

22 julio 2020

(Con información de RT)

Electrosensibilidad, 5G y el determinismo biológico como caballo de Troya

Existe todo un movimiento organizado que reivindica una moratoria en la implantación del 5G, la reducción de las emisiones de estas radiaciones y un mayor estudio de sus efectos sobre la salud. Los argumentos de los promotores de su desmantelamiento son diversos: ambientales, energéticos, decrecentistas, por los problemas que generará en la investigación astronómica, o por motivos de salud. En este último, sus detractores van desde los que afirman que es causante de la electrosensibilidad, una enfermedad “ambiental emergente”, que sufren miles de personas y cuya etiología no ha sido descubierta, a ser responsable del incremento de enfermedades como el cáncer; pasando por teorías como que es causante de la pandemia de la COVID19. 

La divulgación científica de masas afronta este asunto como otro objetivo blando, tipo homeopatía, chemtrails, etc. Y lo hace con arrogancia, autoritarismo y cientifismo. Siendo el cientifismo el motor del negacionismo científico. Además, desde los 80, la medicina se encuentra en un proceso de “biomedicalización”, que consiste en una transformación tecnocientífica de los conceptos de salud y enfermedad (Clarke, 2003). La biomedicalización tiene un brazo tecnocientífico, donde lo sanitario se mercantiliza, donde la tecnología domina lo epistemológico. La medicina, una “ciencia social” (Rudolf Virchow), que de manera holística (término denostado) debería afrontar el bienestar humano, se ha convertido en un taller de coches. Un coche funciona o no, y cuando se estropea se diagnostica el problema y se intenta arreglar. 

Otro elemento fundamental de la biomedicalización es que ha extendido en las sociedades una ideología reduccionista, el determinismo biológico. Aquel dogma por el que todo fenómeno en los organismos se puede reducir a una fenómeno biológico. Desde un resfriado a una depresión tiene una explicación biológica de que algo en el coche no va bien. Sin embargo, aunque el material que compone el coche es acero y plástico, pero esos materiales, sus engranajes, no explican el funcionamiento del coche. De igual manera, las neuronas y sus conexiones son la base material de la consciencia, pero no la explican. Así, si algo cambia en esa base material repercutirá en el comportamiento, las emociones, etc. pero eso no significa que los cambios en las emociones estén causadas por alteraciones comprensibles en la materia. Atención, no estamos defendiendo la existencia del alma como entidad separada de la materia, sino el idealismo por el que la ideología reduccionista dominante pretende que las propiedades emergentes como la consciencia se reduzcan a mecanismos biológicos.

El tercer elemento es el solucionismo. Tenemos la explicación biológica (mecanicista), tenemos la tecnología (tecnociencia) – y si no, es cuestión de tiempo y recursos producirla – y por tanto tenemos la solución, tecnológica. Este fenómeno, que apenas tiene unas pocas décadas, acelerado por desarrollos tecnocientíficos como la genómica, tiene profundas consecuencias sociales y médicas.

Pongamos como ejemplo la depresión, cajón de sastre de criterios muy laxos, que casi siempre tiene unas causas estructurales (económicas, emocionales, históricas) y, por tanto, habría que afrontarlas de manera sistémica. Sin embargo, la ideología biologicista ha hecho que ya no sea un fenómeno que trasciende al individuo que necesita por un lado de cuidados, sostén y psicoterapia, abordaje individual, y por otro de soluciones estructurales (laborales, económicas, sociales), sino un fenómeno biológico que puede ser corregido mediante tecnología. Tú no estás jodido porque en este mundo lo raro es no estarlo, sino por tus desequilibrios en la serotonina. La consecuencia de este fenómeno es la medicalización de todos los fenómenos categorizados como “enfermedad”. Por eso, a menudo se habla de que se están generando nuevas enfermedades (enfermos). Otros ejemplos son el trastorno de déficit de atención e hiperactividad, o el autismo. Es obvio que no puede ser que en solo unos pocos años nos hayamos encontrado con una epidemia de autismo, sino que se están catalogando como ese síndrome una variedad enorme de sufrimientos, para así abordarlos de manera determinista. 

Porque la biomedicalización y la ideología biologicista no solo lleva al tratamiento biológico de todo lo considerado enfermedad, sino a la parcelación y segmentación de fenómenos psicológicos, y a menudo culturales, para conseguir “el diagnóstico”. Surge el paradigma de la “enfermedad mental”, que lleva asociado por supuesto el negocio de la psicofarmacologia expansiva.

En esta década, con el abaratamiento de la secuenciación masiva, este biologicismo con los fenómenos psicológicos (con o sin sufrimiento), ha llevado a un fuerte resurgir de una neo-eugenesia, financiada con dinero público, con la que estos “científicos” asocian patrones de expresión génica con la susceptibilidad a la pobreza, a la posibilidad de ser víctima de abuso infantil, o a la homosexualidad. Y por tanto, susceptible de corrección de todas estas desviaciones de la norma.

Por otro lado, y con la crisis de la Covid-19 se está viendo acentuado, existen muchísimas personas que sufren a las que la biomedicina es incapaz de diagnosticar, o sea, de encasillar. Para ello, continuamente se generan nuevas categorías “médicas” sin etiología biológica, cajones de sastre para personas sufrientes, mientras se encuentra el “marcador”. Pero claro, para la biomedicina, si no tienes un relato biológico, ahí se incluirían muchísimas “enfermedades raras”, eres una persona enferma de tercera división, cuando no directamente psicosomático, y por tanto loca.

Aquí podemos introducir otro elemento. La arrogancia científica y médica a la que llaman “medicina basada en la evidencia”. De esa manera se arrogan la autoridad para decir qué es una enfermedad, o una “histeria”, que tiene que ser tratada como enfermedad mental no catalogada, con fármacos anuladores.

Entonces, las personas sufrientes, que no encajan en el dogma del todo es biológico, ¿qué tienen que hacer para ser cuidadas y atendidas para mejorar su estado? Buscar y hacer lobby para que se busque la fuente biológica de su mal. ¡Qué remedio! Porque si no, son simplemente mujeres vagas, quejicas, histéricas, que quieren una paguita por no hacer nada. El clavo ardiendo es la prueba de lo material, lo biológico, que hará que los señores, médicos y científicos, pero también jueces y seguridad social, entonces sí, se fijen en su sufrimiento. Si no, ni ayuda médica, ni ayuda social.

¿Con qué problema nos encontramos? ¿Cómo resolvemos este entuerto sin paternalismos, condescendencia ni pensamiento mágico o postulados anticientíficos?

Pues es un temazo, como dicen. En una sociedad donde lo que no tiene base material no existe, y donde hay que explicarlo todo de manera mecanicista, no hay cabida para fenómenos que la ciencia al uso no puede explicar. Parto del escepticismo, o sea, de que la ciencia no ha desvelado todos los misterios de la naturaleza, y que a lo mejor no lo podrá hacer.

Pero estamos convencidos de que existe una vía de en medio, una alternativa al dualismo. No existen evidencias en la física o la biología que expliquen que la 5G, esa longitud de onda de la TDT, una onda de radio, sea causante de todos esos efectos biológicos que desde grupos como Plataforma STOP 5G, Ecologistas en acción o la asociación Electro Químico Sensibles por el Derecho a la Salud se dicen. En esta última he buscado alguna referencia científica (revisada por pares) pero no tienen ninguna en su página. Me han enviado decenas de textos, vídeos, conferencias sobre los efectos de estas radiaciones sobre la biología y sin embargo aún nadie me ha mostrado nada coherente con el consenso científico y la biología fundamental. 

Las personas de esos colectivos, el “consenso científico” lo asocian al autoritarismo. Sin embargo, tomado con sano escepticismo, el consenso científico es lo que nos permite agarrarnos a una realidad cada vez más volátil, más dependiente de los relatos, pensamientos mágicos y bulos. Véase por ejemplo el cambio climático, si no fuese porque las organizaciones ecologistas se han basado y agarrado al consenso científico, estaríamos aún peor. La evidencia científica debe ser publicada en revistas científicas y revisadas por pares, y para que haya consenso tiene que ser reproducida por grupos independientes. Y al contrario también hay ejemplos. No hay consenso científico en que la energía nuclear sea una alternativa a las energías fósiles, sin embargo, sí hay un potente lobby científico pro-nuclear. 

Y eso es lo que más desconcierta en Ecologistas en acción. Hoy día son el colectivo que mejor sabe leer la evidencia científica en aspectos ambientales y de crisis energética, así como muchos de sus miembros son los que mejores propuestas anticapitalistas tienen. Sin embargo, en aspectos como la “contaminación electromagnética” es justamente lo opuesto, no interpretan correctamente la evidencia. Evidentemente esto tiene que ver con su historia y su pluralidad. 

Ecologistas apoya la “Declaración científica internacional de Madrid”.  En ella se hacen afirmaciones muy serias: “La exposición a campos electromagnéticos artificiales…generan una situación indiscutible e insoslayable de impacto en la salud pública”; Pongamos otro ejemplo: “resoluciones firmadas por cientos de científicos y médicos independientes que están alertando de que estas tecnologías, “en niveles miles de veces por debajo de las directrices legales actuales”, “son extremadamente dañinas para toda clase de vida”. Ponen un enlace, pero ahí no encuentro ningún artículo científico. Después siguen: “Dos mil artículos científicos revisados por pares hablan de cáncer, estrés celular, radicales libres dañinos, daños genéticos, cambios estructurales y funcionales del sistema reproductivo, déficit de aprendizaje y memoria, trastornos neurológicos…” ¿hablan? Por supuesto que hay muchísimos estudios al respecto, pero ¿esos dos mil artículos concluyen que esas radiaciones son “extremadamente dañinas para toda clase de vida”? 

¿Existe toda una conspiración para ocultar esa clamorosa evidencia por parte de científicos e instituciones?

En Rebelion.org se publicó esta entrevista a Blanca Salinas Álvarez, miembra de Ecologistas en acción. Este párrafo de la entrevista es muy representativo:

Las investigaciones apuntan a que los químicos y las ondas interactúan. Muchos de los químicos que todos tenemos en sangre (la media es de 40 químicos, sólo el 2% de ellos estudiados antes de su introducción en el mercado) son xenoestrógenos, disruptores endocrinos que imitan a los estrógenos, hormona femenina por excelencia. Se acumulan en la grasa y las mujeres tenemos un 20% más de materia grasa, luego somos bioacumuladoras. Estas sustancias alteran todos los equilibrios hormonales femeninos y afectan también al sistema nervioso, inmunológico y celular. Estudios científicos apuntan a que las ondas electromagnéticas agravan el problema, pues entre otras cosas, abren la barrera hematoencefálica que protege al cerebro (lo que posibilita que esos químicos accedan a él) y abren excesivamente los canales iónicos celulares dependientes de voltaje, especialmente los canales de calcio, generando un fuerte estrés oxidativo y graves daños celulares y metabólicos.

Estas afirmaciones plantean problemas de comunicación graves al no tener ningún sentido biológico. Si alguien dijera que los aviones vuelan porque a 11 mil metros hay menos gravedad, todo el mundo se daría cuenta que no tiene sentido, que la gravedad sigue siendo lo suficientemente alta a esa altura para hacer caer el avión. Y eso se sabe porque la física lo ha demostrado (no solo la experiencia). Sin embargo, cuando alguien sin formación en biología dice que los disruptores interaccionan con las ondas electromagnéticas y abren los canales iónicos dependientes de voltaje, especialmente los canales de calcio, generando estrés oxidativo… Se han puesto muchas palabras de biología raras seguidas sin ningún sentido. 

Y así podríamos poner muchísimos ejemplos de la pobrísima calidad epistemológica del argumentario sobre salud y 5G. Pero, de nuevo, el diálogo es inviable cuando para las cuestiones de cambio climático el consenso científico sirve, mientras que para las cuestiones de biología celular ni siquiera los libros de texto, el ABC de la biología más que demostrada vale, y se convierte entonces en arrogancia cientifista. 

Para los que estamos en contra de la implantación del 5G por motivos ambientales y socio-políticos (desarrollismo vs. decrecentismo), nada nos gustaría más, de verdad, que encontrar un buen artículo, con sus controles, que demuestre un efecto tan pernicioso sobre la salud. Es muy importante dejar claro que el que no se hayan demostrado sus efectos biológicos, no quiere decir que haya que afirmar categóricamente que no existan. De hecho, la OMS, a través de la IARC, catalogó en 2011 a las radiaciones no ionizantes de los móviles dentro del grupo 2B de los posibles riesgos de cáncer, grupo en el que están los agentes que es posible que sean cancerígenos. Es decir, se tiene algún indicio de peligro a las dosis que estamos recibiendo pero no es en absoluto convincente y, ni mucho menos, es probable que lo haya. La lista 2B de la IARC recoge actualmente a 313 agentes clasificados como «Posibles carcinógenos en humanos”. O sea, hay evidencia que no llega a ser concluyente de que la exposición puede causar cáncer en humanos. ¡Como los vegetales en escabeche!

La IARC no determina riesgos, solo trata de determinar si un agente es cancerígeno o no. Si mete un agente en una lista es por algo. En sucesivas revisiones puede quitarlo de la lista o subirlo de categoría. 

A partir de aquí, el sano escepticismo nos debe hacer exigir que se sigan tomando datos epidemiológicos y estudios biofísicos de las improbables interacciones entre ondas de baja frecuencia y los organismos. Por otro lado, luchar contra el determinismo biológico y por el cuidado en igualdad de condiciones de todas las personas afectadas por cualquier dolencia sin base biológica (probada). Esos cuidados se deben hacer de manera integral y desde diversas disciplinas sin menoscabar ninguno de sus derechos y por supuesto sin estigmatización. 

Por Alfredo Caro Maldonado | 22/07/2020 

Alfredo Caro Maldonado @cienciamundana, es doctor en biología celular

Hallan mecanismos claves del envejecimiento; tratan de programarlos para extender la vida

Estudio plantea la posibilidad de diseñar terapias genéticas o químicas con el propósito de cuidar la salud

 

Los biólogos moleculares y los bioingenieros de la Universidad de California en San Diego descubrieron mecanismos claves que están detrás de los misterios del envejecimiento, al aislar dos caminos distintos que recorren las células durante ese proceso, y diseñaron una nueva forma de programarlos genéticamente para extender la vida útil, publicaron en la revista Science.

Nuestra esperanza de vida como humanos está determinada por el envejecimiento de nuestras células individuales. Para comprender si lo hacen al mismo ritmo y por la misma causa, los investigadores estudiaron este proceso en la levadura Saccharomyces cerevisiae, modelo manejable para tal fin, incluidas las rutas de la piel y las células madre.

Los científicos descubrieron que las células del mismo material genético y dentro del mismo entorno pueden envejecer de formas sorprendentemente distintas, y su destino se desarrolla a través de diferentes trayectorias moleculares y celulares.

Utilizando microfluídica, modelado por computadora y otras técnicas, descubrieron que alrededor de la mitad de las células envejecen a través de una disminución gradual en la estabilidad del nucleolo, región de ADN donde se sintetizan componentes clave de las "fábricas" productoras de proteínas. En contraste, la otra mitad envejece debido a la disfunción de sus mitocondrias, las unidades de producción de energía de las células.

Rutas nucleolar o mitocondrial

Las células se embarcan en la ruta nucleolar o mitocondrial en fases iniciales de la vida y siguen ese "camino de envejecimiento" a través del declive y la muerte. En el corazón de los controles, los investigadores encontraron un circuito maestro que guía estos procesos de envejecimiento.

"Para comprender cómo las células toman estas decisiones, identificamos los procesos moleculares que subyacen a cada ruta de envejecimiento y las conexiones entre ellos, revelando un circuito molecular que controla el envejecimiento celular, análogo a los circuitos eléctricos que controlan los electrodomésticos", explicó Nan Hao, autor principal del estudio y profesor asociado en la Sección de Biología Molecular, División de Ciencias Biológicas.

Después de haber desarrollado un nuevo modelo del panorama del envejecimiento, Hao y sus coautores descubrieron que podían manipular y, en última instancia, optimizar ese proceso.

Las simulaciones por ordenador ayudaron a los investigadores a reprogramar el circuito molecular maestro modificando su ADN, lo que les permitió crear genéticamente una nueva ruta de envejecimiento que presenta una vida útil muy extendida.

"Nuestro estudio plantea la posibilidad de diseñar racionalmente terapias genéticas o químicas para reprogramar cómo envejecen las células humanas, con el objetivo de retrasar efectivamente el envejecimiento humano y extender la salud", destacó Hao.

Los investigadores ahora probarán su nuevo modelo en células y organismos más complejos y eventualmente en células humanas para buscar rutas similares. También planean probar técnicas químicas y evaluar cómo las combinaciones de terapias y cócteles de fármacos podrían guiar los caminos hacia la longevidad.

"Gran parte del trabajo se beneficia de un fuerte equipo interdisciplinario que se reunió para ello. Un gran aspecto es que no sólo hacemos el modelos, sino también la experimentación a fin de determinar si el modelo es correcto o no. Estos procesos interactivos son críticos para el análisis que realizamos", sostuvo Lorraine Pillus, profesora de Biología Molecular y una de las coautoras del estudio.

Crispr causa graves alteraciones en embriones humanos

Investigadores de un laboratorio británico alteraron genéticamente embriones humanos con la técnica Crispr, forma de ingeniería genética usada en años recientes para experimentar en animales y plantas. El resultado fue impactante: casi la mitad de los embriones mostraron alteraciones no deseadas, con mutaciones imprevistas y efectos dañinos en el genoma, que podrían causar desde defectos de nacimiento hasta cáncer en la vida posterior.

El equipo liderado por Kathy Niakan, del Instituto Francis Crick, de Londres, estudia el rol de ciertos genes en el desarrollo humano. En este marco modificaron 18 embriones humanos –donados para investigación por personas que se han sometido a procesos de fertilización asistida– usando la técnica Crispr para eliminar un gen llamado POU5F1. El experimento comprendió 25 embriones. Siete fueron usados como control. De los 18 que fueron intervenidos, en ocho se detectaron cambios imprevistos y anormales. Estudios anteriores sobre ingeniería con Crispr ya habían mostrado que esta técnica puede provocar la eliminación y/o rearreglo de secuencias genéticas fuera de objetivo ( off target), es decir, alrededor y fuera del lugar donde se programó el experimento. Esto es un elemento clave de preocupación sobre los efectos secundarios del uso de esta técnica (https://tinyurl.com/y5r5cza4).

En el caso presentado por Niakan, el dato nuevo es que encontraron además mutaciones inesperadas dentro del objetivo ( on target), es decir, aunque la manipulación sucedió en el lugar previsto, se produjeron mutaciones no intencionales que afectan el funcionamiento del genoma y la vida posterior. Estos alarmantes resultados motivaron que los investigadores decidieran publicar su estudio en el sitio de artículos científicos BioRxiv, aunque aún no estaba arbitrado (https://tinyurl.com/y62dtx6o).

Se afirma a menudo que la técnica Crispr sería más precisa que las formas de ingeniería genética anteriores, porque actúa como "un GPS con tijeras". Se construye una sonda (Crispr) que reconoce el lugar donde se quiere intervenir en el cromosoma y se adjunta un sistema molecular asociado con capacidad de cortar ambas hebras del ADN (Cas9 u otros). Se busca así inhabilitar o silenciar la expresión de un gen, lo cual cambia las funciones del organismo. También se pueden insertar nuevas secuencias genéticas, es decir, construir un organismo transgénico.

Aunque en muchos países existe una prohibición para experimentar con ingeniería genética que cambie la línea germinal –hereditaria–de seres humanos, Reino Unido permitió, en una controvertida decisión, la experimentación con embriones humanos, a los que se impida llegar a término. Esta es la tercera vez que se publica la ingeniería de embriones humanos en el mundo. Los antecedentes legales anteriores fueron en China y Estados Unidos. También hubo un experimento ilegal en China en 2018, en que los embriones manipulados con Crispr se insertaron en una mujer que dio a luz mellizas, experimento mundialmente condenado, pero que no ha inhibido que otros investigadores expresen que deberían continuarse para crear bebés con "mejores" capacidades, es decir, "bebés de diseño". Esto abre a temas de amplísimas y aberrantes consecuencias que no se deben desvincular de la investigación legalmente permitida en algunos países, ya que ésta prepara el terreno, aunque ahora no permita usar embriones, para producir embarazos.

Interrogado sobre el nuevo estudio, el investigador Kiran Musunuru, de la Universidad de Pennsylvania, que investiga el uso de Crispr para terapias cardiacas, afirmó que esa técnica "cambia no solamente lo que se trata de editar, sino inadvertidamente mucho del ADN alrededor de ese sitio, afectando a otros genes, lo cual causa problemas". Agregó que si se compara el ADN humano con un libro, Crispr es como “arrancar una página y pegar otra … es un proceso muy crudo” y aunque "a menudo crea pequeñas mutaciones que quizá no sean preocupantes, también puede eliminar o rearreglar grandes secciones del ADN" (https://tinyurl.com/yanqwrkm).

El uso del sistema Crispr para experimentar en vacunas o animales y plantas de uso agropecuario no está regulado según los nuevos riesgos que presenta, sino que, en el mejor caso, se encuadra dentro de las normativas ya existentes, que no están diseñadas para estas nuevas biotecnologías, pese a que se sabe también que en animales y plantas acarrea anomalías y efectos no intencionales (https://tinyurl.com/y4et76c8).

Los cultivos manipulados con ingeniería genética, a la que llaman "edición genética" (trampa de la industria de agronegocios para que la gente no advierta que son transgénicos), podrían tener nuevos efectos nocivos en humanos al usarse como alimento o forraje.

Pese a estos nuevos riesgos, la industria de los agronegocios (Corteva, Bayer-Monsanto, etc) ha conseguido en varios países latinoamericanos (Argentina, Brasil, Paraguay, Honduras, Colombia y otros) debilitar las regulaciones de bioseguridad alegando que los productos de "edición genética" no serían transgénicos. Pese a que todos están modificados genéticamente y muy probablemente tienen cambios genómicos no intencionales, no pasarán por evaluación de riesgos ni etiquetado, y el público no sabrá de estos nuevos riesgos. Esto es una tendencia sumamente peligrosa que se debe impedir y/o revertir.

Por Silvia Ribeiro, iInvestigadora del Grupo ETC

Imágenes tomadas del sitio de la Universidad de Sevilla y del Nhgri.

Permitirá entender y tratar mejor enfermedades y trastornos vinculados con mutaciones de ese material genético, explican

 

Logran la secuencia completa, ininterrumpida y de mayor calidad de un cromosoma humano, un avance en genómica que ayudará a entender y tratar mejor enfermedades y trastornos vinculados con mutaciones en el cromosoma X.

Investigadores del Instituto Nacional de Investigación del Genoma Humano (Nhgri), parte de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, han producido la primera secuencia de ADN de extremo a extremo de un cromosoma humano, publican en Nature.

Los resultados muestran que ahora es posible generar una secuencia precisa, base por base de un cromosoma humano, y permitirá a los investigadores producir una secuencia completa del genoma humano.

"Este logro comienza una nueva era en la investigación genómica. La capacidad de generar secuencias completas de cromosomas y genomas es una hazaña técnica que ayudará a obtener la comprensión integral de la función de ese material e informar de su uso en la atención médica", destacó Eric Green, director del Nhgri.

Después de casi dos décadas de mejoras, la secuencia de referencia del genoma humano es la de vertebrados más precisa y completa producida. Sin embargo, hay cientos de huecos que se desconocen.

Estas brechas suelen contener segmentos de ADN repetitivos, excepcionalmente difíciles de secuenciar. Sin embargo, incluyen genes y otros elementos funcionales que pueden ser relevantes para la salud.

Debido a que un genoma humano es increíblemente largo y consta de alrededor de 6 mil millones de bases, las máquinas de secuenciación de ADN no las pueden leer todas a la vez. En cambio, los investigadores cortan el genoma en piezas más pequeñas, luego analizan cada una para producir secuencias de unos cientos de bases a la vez. Esas secuencias de ADN más cortas se deben volver a unir.

Adam Phillippy, autor principal e integrante del NHGRI, compara este problema con la resolución de un rompecabezas.

"Imagine tener que reconstruir un rompecabezas. Si está trabajando con piezas más pequeñas, cada una contiene menos contexto para averiguar de dónde vino, especialmente en partes del rompecabezas sin ninguna pista única, como un cielo azul. Es igual para la secuenciación del genoma humano. Hasta ahora, las piezas eran demasiado pequeñas y no había forma de unir las partes más difíciles", señaló.

De los 24 cromosomas humanos (incluidos X e Y), los autores del estudio Phillippy y Karen Miga, de la Universidad de California Santa Cruz, optaron por completar primero la secuencia de cromosomas X, debido a su vínculo con varios males, incluyendo hemofilia, enfermedad granulomatosa crónica y distrofia muscular de Duchenne.

Los humanos tienen dos juegos de cromosomas, uno de cada progenitor.

Por ejemplo, los humanos biológicamente femeninos heredan dos cromosomas X, uno de su madre y otro de su padre. Sin embargo, no son idénticos y contendrán muchas diferencias en sus secuencias de ADN.

En este estudio, los investigadores no secuenciaron el cromosoma X de una célula humana normal. Usaron un tipo especial, que tiene dos cromosomas X idénticos. Dicha célula proporciona más ADN para la secuenciación que una masculina, que tiene una sola copia de esa estructura genética.

Jueves, 09 Julio 2020 06:16

El mundo que da miedo

El mundo que da miedo

He vuelto a ver el video donde el tenor polaco Leszek Świdziński canta Nessun Dorma en un patio rodeado de los edificios de un hospital de Varsovia, por cuyas ventanas se asoman médicos, enfermeras, pacientes con mascarillas, mientras los integrantes del coro, vestido de cualquier manera, y como si pasaran por el patio por mera casualidad, van juntando sus voces. Al final, los espectadores enclaustrados aplauden, lanzan vivas al tenor. Son voces remotas, como de otro planeta. El mundo del encierro. Siento que podría contemplar la escena desde una de esas ventanas.

El aria de Puccini, ascendiendo hacia el pozo de luz arriba de los edificios grises, suena más triste que nunca. Nadie duerme. Nadie sabrá mi nombre. Un beso fantasmal del que nadie sabrá nada nunca. Por desgracia hay que morir. Que se vaya la noche. Que se pongan las estrellas. El amanecer será un triunfo. ¿Vendrá el amanecer?

Me han fascinado esos videos para promover el gusto por la ópera, donde los cantantes andan por las plazas, loscafés, los centros comerciales, los mercados, disfrazados de paseantes, de empleados y compradores, y de pronto el tenor o la soprano, rompen a cantar, se les junta el coro, van llegando uno a uno los músicos con sus instrumentos, y la gente se detiene primero extrañada, luego empieza a prestar atención, hasta que se siente en el concierto.

Qué otro escenario más espléndido que el café Iruña de Pamplona para elcoro del brindis de La Traviata. Enel mercado de San Ambrosio, en Florencia, la mezzosoprano disfrazada de expendedora de carne se quita el mandil y empieza a cantar una de las arias de Carmen. Un celista toca en solitario en el Crystal Court, un mall de compras de Minneapolis, la gente pone billetes en el sombrero que tiene a sus pies; van llegando más músicos, más y más, comenzamos a identificar los acordes de la Oda a la alegría, luego la orquesta completa; es la Wayzata Symphony Orchestra y ahora estamos dentro del torbellino ascendente de las voces que reclaman esperanza y contento para la humanidad.

Todos estos conciertos, que han pasado alguna vez por la pantalla de mi teléfono celular, son de hace tiempo, 10 años al menos. Es un pasado demasiado remoto, ahora que el tiempo se ha quebrado en astillas y nos cuesta más recomponer el cuadro del pasado, cómo fue, qué fuimos, y del futuro sólo tenemos una visión borrosa y llena de signos abstractos incomprensibles, como en las pantallas nevadas llenas de ralladuras negras de los viejos televisores cuando se iba la transmisión.

Hasta ayer mismo teníamos una idea más o menos razonable del tiempo transcurrido y por transcurrir. En el fondo de nuestras mentes reposaba esa idea silenciosa de que el progreso es ine-vitable, y sin otra cosa que agregar que no fueran exclamaciones de admiración, veíamos cómo los sistemas y objetos, fruto del afán tecnológico y de la capacidad de invención, se sucedían unos a otros.

Y, sin sorpresa tampoco, íbamos viendo cómo las invenciones, tan desconcertantes al llegar a nosotros como novedades, se volvían obsoletas a una velocidad sorprendente, y, como en ninguna otra etapa de la civilización, teníamos cada uno un cuarto atiborrado de trastos envejecidos prematuramente porque otros, más novedosos aún, venían a reponerlos.

Y el progreso nos concedía seguridades. Viajar más rápido, comunicarnos mejor, resolver todas nuestras necesidades de la vida diaria mediante un pequeño aparato manual. Y la prolongación de la vida, sobre todo. Adivinar por adelantado los pasos de la muerte. Medicamentos inteligentes. Cirugías sobrenaturales. La cota de edad de envejecimiento cada vez más alta. La vejez saludable, sin carencias, empezando por el vigor sexual. Un fetiche benefactor llamado calidad de vida.

Y, de pronto, lo que tenemos es incertidumbre. De la seguridad del progreso que vuela en alas del ángel de la historia, hemos pasado a escuchar el fragor del huracán que arrastra esas alas hacia atrás, para recordar la reflexión de Walter Benjamin frente al cuadro de Klee.

Sabemos, también de pronto, que estamos viviendo el principio de algo todavía desconocido. No sabemos lo que será, pero sí sabemos que no será lo mismo.

Y desesperamos por una vacuna milagrosa. No se sabe cuánto tardará en descubrirse y luego fabricarse. Porque pueden pasar años, y, mientras tanto, la inseguridad continuará, y no se podrá prescindir del distanciamiento como regla de vida. Es otro mundo. El mundo que da miedo.

La gente sale de sus encierros, con la ansiedad de dejar atrás la pesadilla. La vida está afuera, esperando. Pero la mano oscura te detiene. Malas noticias. La contaminación recrudece, la curva no se aplaca, se mueve hacia arriba otra vez, con movimiento de látigo implacable. Los índices crecen de nuevo en Estados Unidos. América Latina es el nuevo centro mundial de la pandemia.

¿Volverá el mundo a ser tan seguro como antes, en el sentido de que no le temíamos al prójimo? Al amigo escritor que tenías tiempo de no ver, junto al que te sientas en la mesa donde van a presentar juntos un libro, a dialogar sobre literatura. La cajera a quien pagas los libros que has comprado. El chofer del taxi que te lleva al recinto de ferias desde el hotel, a mí que me gusta sentarme adelante y entretenerme e instruirme en la conversación con los taxistas, que saben de todo y le mientan la madre al gobierno de turno.

Se acabaron las certezas. Porque llegará un momento en que la pandemia habrá dejado de ser una amenaza constante para la mayoría, que tendrá que regresar de cualquier manera a la vida diaria. Pero habrá quienes deberemos ser más cautos. Los más vulnerables. Los que estamos en la franja de la tercera edad.

O, en todo caso, si queremos sobrevivir, deberemos aceptar las reglas del claustro, como hacían los viejos monjes medievales.

San Isidro de la Cruz Verde, julio 2020

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Publicado enSociedad
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