El Dengue: Una epidemia silenciosa en América Latina que ya tiene 1,6 millones de contagios y 580 muertes

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) reveló que durante este año en América se han reportado 1,6 millones casos de dengue, epidemia que ya dejó un saldo de 580 muertes y que todavía continúa expandiéndose en la región.

En su informe “Actualización epidemiológica: dengue y otras arbovirosis”, el organismo explicó que el país más afectado es Brasil, ya que registra el 65 % de los casos, seguido por Paraguay (14%), Bolivia (5,0 %), Argentina (5,0 %) y Colombia (3,0 %), con altas incidencias también en Honduras, México y Nicaragua, y con menor impacto en Centroamérica y El Caribe.

Estos datos, advirtió, ponen de relieve la necesidad de los países de la región de seguir con las acciones para eliminar los criaderos de los mosquitos que pueden transmitir el dengue, al mismo tiempo que se desarrolla la pandemia de coronavirus, que ha provocado una emergencia sanitaria a nivel mundial.

“Si bien existen medidas de distanciamiento social, se debe alentar a trabajar juntos dentro y alrededor de los hogares para eliminar el agua estancada, reducir y eliminar los desechos sólidos y garantizar la cobertura adecuada de todos los contenedores de almacenamiento de agua. Estas medidas pueden hacerse como una actividad familiar”, señaló la OPS.

La convivencia de ambas enfermedades se refleja, por ejemplo, en países como Brasil, en donde hay 1.085.000 casos de coronavirus y un 1.040.000 contagios de dengue. Es decir, que el impacto ha sido similar.

En Paraguay, en cambio, hay solo 1.392 casos de coronavirus frente a 218.798 de dengue; en Bolivia, la comparación es de 24.388 frente a 82.460; y en Argentina, de 42.785 a 79.775.

Epidemia a la baja, pero aún grave

La OPS aclaró que las cifras sobre el dengue representan una disminución del 10 % en comparación con el mismo período de 2019, que fue un año epidémico.

Además de esta enfermedad, agregó, durante los primeros cinco meses del 2020 se registraron 37.279 casos de chikungunya, el 95 % de ellos en Brasil, y 7.452 casos de zika.

De acuerdo con el organismo, la pandemia de Covid-19 pone una carga importante en los sistemas de salud, pero ello no debe reducir los esfuerzos para abordar el dengue y otras arbovirosis con acciones de manejo, epidemiología, atención al paciente, laboratorio, gestión integrada de vectores y medio ambiente.

“Estar confinado también es una buena oportunidad para limpiar los criaderos de mosquitos. Si todos actuamos sistemáticamente para eliminarlos podemos dar un golpe al dengue, al reducir la cantidad de mosquitos y el riesgo de transmisión”, afirmó Luis Gerardo Castellanos, jefe de la Unidad de Enfermedades Desatendidas, Enfermedades Tropicales y Enfermedades Transmitidas por Vectores de la OPS.

(Con información de RT)

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Covid19 y la doctrina del shock en los mercados financieros

A la vez que ha quebrado las cadenas de producción globales, covid19  ha revelado las graves disfunciones de los mercados financieros internacionales. La respuesta sin precedentes de los bancos centrales en favor de las grandes corporaciones, entre ellas las más contaminantes, no hará más que agravar la crisis climática.

 

Hace algo más de un mes, el 20 de febrero, el principal índice de la Bolsa de Nueva York, el Standard and Poors 500, alcanzaba sus máximos históricos. Los mercados de valores confirmaban así la visión de un ciclo eterno de prosperidad de la economía estadounidense. Las cotizaciones de las compañías parecían no tener límites, impulsadas por un crecimiento ininterrumpido del PIB durante 11 años —el más largo desde que se tienen registros—, una política monetaria complaciente y grandes rebajas de impuestos a las empresas. Y ello pese a que desde marzo de 2009 el S&P 500 se había revalorizado un 398%.

En realidad, y aunque con sus altibajos, no solo la bolsa americana ha disfrutado de una década prodigiosa. Los bonos o títulos de renta fija emitidos tanto por Estados como por empresas para obtener financiación de los mercados han alcanzado valoraciones nunca vistas. La razón principal han sido los estímulos monetarios implementados por los bancos centrales en forma de bajadas de tipos de interés y compras masivas de bonos o  Quantitative Easing (QE).

Básicamente, los QE crean dinero, pero en lugar de hacerlo el Estado emitiendo deuda pública —Letras del Tesoro, Bonos y Obligaciones, dependiendo de su plazo— para financiar gasto público, lo hace el Banco Central comprando deuda pública ya existente a bancos y fondos de inversión que la tienen en sus carteras. La diferencia es que en el primer caso el Estado decide en qué gastar el dinero, y en el segundo el dinero se destina a proporcionar liquidez a los inversores. No es poca diferencia.

Estas medidas, que inicialmente se diseñaron como extraordinarias y encaminadas a salir de la gran recesión de 2009, se han convertido en la receta fácil ante cualquier perturbación en los mercados. Episodios como el estallido de las primas de riesgo de los países periféricos de la UE en 2012, el Brexit o las guerras comerciales de Trump han provocado caídas de las bolsas que se han tratado sistemáticamente con intervenciones de los bancos centrales inyectando liquidez y comprando activos en mercado.

Estas compras de los bancos centrales hicieron que el precio de los bonos se disparase, y el precio es inverso a la rentabilidad. Cuanto más se paga por algo que “rinde” la misma cantidad, menos rentable es esa inversión. El precio de los bonos subió tanto que su rentabilidad se volvió negativa en la mayor parte de Europa —hasta -0,80% anual en el bono alemán a diez años—. Para las grandes corporaciones estas intervenciones han significado un inmenso regalo, llegando muchas de ellas a emitir bonos a tipos negativos, es decir, a recibir dinero por endeudarse.

La necesidad de conseguir rentabilidad se ha convertido en ansiedad. Con las bolsas y los bonos disparados, se ha ido empujando a los inversores a buscar nuevos tipos de activos en los que colocar su dinero. Algunos ya eran típicamente objeto de inversión, como el sector inmobiliario, donde los precios en muchos segmentos han superado a los de la anterior burbuja. Otros han empezado a serlo o han sufrido una financiarización extrema.

Infraestructuras de todo tipo, desde autopistas, puertos o aeropuertos hasta megaproyectos de energías renovables, pasando por residencias privadas de estudiantes. Todo tipo de servicios públicos diseñados bajo fórmulas de colaboración público-privada para ser empaquetados y vendidos a grandes inversores. Y por supuesto los recursos naturales, incluso el agua, entendida como un recurso cada vez más escaso y por lo tanto valioso, se han convertido en productos de inversión. Y si un día te encuentras en apuros descuida, siempre habrá un banco central a quien vendérselo.

Hasta las criptomonedas aprovecharon la ola, y aunque pincharon antes, llegaron a tener una capitalización de 800.000 millones en 2018 —ahora es menos de una cuarta parte—. Proyectos como Tron, que en septiembre de 2017 salió al mercado captando de inversores 58 millones de dólares a los cuatro meses valía 13.392 millones. Se multiplicaron los unicornios de internet, empresas que alcanzan la barrera de 1.000 millones de dólares de valoración sin haber llegado en muchos casos a generar beneficios.

Hasta se han creado fondos para invertir en los litigios de multinacionales contra Estados derivados de los nefastos Tratados de Comercio e Inversión, financiando las demandas a cambio de un porcentaje del resultado. Todo, absolutamente todo, es objeto de especulación por el enorme exceso de liquidez que es necesario rentabilizar.

En definitiva, ese océano de liquidez creado por los bancos centrales con el argumento de favorecer el crédito a empresas y familias ha servido para inflar artificialmente el precio de múltiples activos. Se ha extendido además a lugares muy diversos, financiarizando actividades controvertidas y creando graves distorsiones en los mercados como reconocen hasta sus propios participantes.

Cada rincón del planeta se ha convertido actualmente en algo sujeto a la especulación financiera en gran medida por la actuación de los bancos centrales, instituciones públicas, ajenas además a cualquier escrutinio democrático ni rendimiento de cuentas. Merece la pena recordar que el todopoderoso Mario Dragui fue uno de los directivos de Goldman Sachs que diseñó los mecanismos para que Grecia ocultase la dimensión real de su endeudamiento, años antes de tener rescata por el propio Dragui.

El cisne negro

Volviendo a Estados Unidos, ese 20 de febrero en que sus bolsas alcanzaron los máximos de todos los tiempos, ya existía algo llamado coronavirus y ya hacía un mes que se había decretado el confinamiento total de millones de personas en la región de china de Wuhan.

Desde ese día, las bolsas comienzan a retroceder, y sufren su mayor caída semanal desde 2008. La Reserva Federal (la FED) reacciona bajando los tipos de interés del 1,50% al 1,00%.

Entre el miércoles 10 y el viernes 13 de marzo la Bolsa estadounidense sufre la caída más rápida de toda su historia. De repente se ha tomado conciencia de que el covid19 que va confinando país tras país es un “cisne negro”, en el argot financiero un evento tan extraño que no sucede nunca. Hasta que sucede.

El domingo 15 la Reserva Federal vuelve a responder rebajando los tipos del 1% hasta el 0%. El lunes la bolsa vuelve a sufrir una caída histórica del 13%. Durante los siguientes siete días la FED lanza cada día una nueva medida con el encabezado siempre de “con el objetivo de facilitar el flujo del crédito a familias y empresas…”. Son en todos los casos facilidades para los bancos, desde proveerlos de liquidez por diversas vías hasta rebajarles requerimientos regulatorios y de información.

Entre estas medidas, retoma un QE que tenía congelado hace tiempo. El importe previsto son 700.000 millones de dólares, similar a los 750.000 millones de euros anunciados en paralelo por el Banco Central Europeo esa misma semana. Se destinarán a comprar en mercado tanto bonos del Tesoro como bonos hipotecarios —emisiones compuestas por paquetes de hipotecas—. Se trata de una medida para generar confianza a los inversores y a los bancos, demostrándoles que la FED está ahí para que puedan deshacer sus carteras si lo desean.

La primera semana la FED compró 125.000 millones de dólares al día. A ese ritmo en seis días agotaría el programa. Supone comprar en mercado cada diez días el equivalente al PIB anual de España.

Y los mercados siguieron cayendo. A mayor caída más se eleva la presión y las expectativas de intervenciones de los bancos centrales. El mercado lanza órdagos en forma de pánico a los reguladores. El viernes 20 de marzo la bolsa de EE UU había perdido un tercio de su valor desde aquel resplandeciente 20 de febrero de máximos históricos.

Durante el fin de semana todo tipo de bancos de negocios, expertos, y hasta miembros de la propia FED hicieron declaraciones anunciando cifras de paro, caídas del PIB, cuya lectura dejaba en estado absoluto de shock.

En tan solo una semana Goldman Sachs ha pasado de estimar una caída del PIB de EE UU del 5% a una caída del 24%. A 31 de marzo su última estimación es de un 34%.

La mayor intervención monetaria de la Historia

El lunes, tras abrir los mercados de nuevo a la baja, la FED anunció por sorpresa un nuevo QE. Y esta vez no pensaba defraudar. Incluía dos novedades muy importantes: la primera es que su importe es ilimitado. Tal cual. Parece un sinsentido que en un planeta de recursos finitos lo único ilimitado sea el dinero. En los medios financieros la llaman irónicamente QEternity.

La segunda novedad es que comprará no solo deuda pública e hipotecaria como hasta ahora sino también de empresas. Crea toda una batería de nuevos programas de entre los que destaca uno destinado eufemísticamente a “grandes empleadores”, esto es, para las grandes corporaciones. Permite a la FED prácticamente cualquier cosa, desde comprar en mercado bonos corporativos ya existentes hasta suscribir emisiones nuevas creadas ad-hoc solo para vendérselas a la FED. Incluso pueden recibir préstamos directos de la FED, con diferimiento del pago de intereses y de capital si así lo desean.

Es un rescate en toda regla a las grandes corporaciones, con dos diferencias frente a un rescate “tradicional”: puede aprovecharse de sus ventajas cualquier compañía, sin necesidad de estar en dificultades, y no exige absolutamente nada a cambio, a diferencia de lo que suele suceder en los rescates “tradicionales”.

Resultado: la Bolsa estadounidense tuvo la mayor subida diaria desde 1933. La subida que ha continuado varios días hasta alcanzar un 20% a cierre de marzo desde los mínimos de la caída. Y ello, coincidiendo de manera lacerante con el desbordamiento de contagios y fallecimientos por covid19 por todo el país

Un detalle, que ya no extraña en esta época de distopías. La FED ha delegado la ejecución del QE en Blackrock, la mayor gestora de fondos de inversión del mundo. Es decir, ha privatizado la intervención del organismo supervisor en los mercados. Soberbio. El conflicto de interés que supone ser a la vez un participante del mercado y el brazo ejecutor de intervenciones billonarias del banco central es inconcebible.

Todas estas intervenciones de la Reserva Federal han ido en paralelo al paquete de ayudas aprobado por el Senado, que asciende a 2 billones de dólares. Es dos veces y media el equivalente lanzado para combatir la recesión de 2009.

Aunque la medida que más se ha publicitado es el helicóptero del dinero que explicaba Yago Álvarez hace unos días, un cheque directo de 1.200 dólares para cada adulto y 500 dólares para los menores, esto solo representa un 14,5% del paquete. Una vez más se desvían cantidades ingentes de dinero público hacía las grandes corporaciones. No es de extrañar siendo Secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, que trabajó 17 años para Goldman Sachs y fundó posteriormente su propio hegde fund o fondo de alto riesgo especulativo.

La principal medida adoptada por Mnuchin en la administración Trump hasta la fecha ha sido el masivo recorte de impuestos a las empresas realizado en 2017, rebajando entre otros un 40% el impuesto de sociedades. El caso de Fedex es paradigmático: encabezando el lobby anti impuestos, la compañía pasó de tributar 1.500 millones de dólares en 2017 a cero el año siguiente.

A principios de 2020 Mnuchin anunció que estaba trabajando en una segunda oleada de rebajas de impuestos, y como la primera, tendrá el doble efecto de impulsar el precio de las acciones en Bolsa —una de las razones que llevó a Wall Street alcanzar máximos históricos en febrero—, a la vez que se debilitan las arcas públicas.

Entre las partidas de este paquete de ayuda ya firmado por Trump, hay una partida específica de 61.000 millones para apoyar a las aerolíneas. Otra partida de 17.000 millones se dirige a “compañías estratégicas en situación complicada”, que se presume está destinada a Boing. Tan claro es su destino que Boing ha declarado que solo la utilizará cuando se eliminen algunas de las obligaciones que conlleva.

Crisis financiera frente a crisis climática

Marzo de 2020 ha sido un mes vertiginoso en los mercados financieros. Algunas bolsas mundiales llegaron a perder un 40% de su valor, como en el caso del Ibex 35, y el apoyo con todos sus medios de bancos centrales y gobiernos han provocado recuperaciones de hasta un 20%.

Pero no han sido solo las bolsas. El coronavirus, al igual que ha quebrado por completo las cadenas de producción globales, ha expuesto nítidamente las múltiples disfunciones de los mercados financieros también globales hoy en día. Tipos de interés, divisas, oro, materias primas, todos están sufriendo en mayor o medida colapsos.

A lo largo del planeta se están ejecutando agresivas intervenciones para literalmente mantener el sistema funcionando. Algunas de ellas superando claramente la capacidad de un banco central en solitario, como la realizada el 15 de marzo que ejecutaron de manera coordinada el Banco de Canadá, el Banco de Inglaterra, el Banco de Japón, el Banco Central Europeo, la Reserva Federal y el Banco Nacional Suizo. O tan extrañas como la anunciada el 31 de marzo por la FED, en la que ante la escasez de dólares a nivel mundial por haberse convertido en moneda refugio, ofrece cantidades ilimitadas de dólares a cambio de bonos del Tesoro de EE UU a cualquier otro banco central del mundo. Porque además sin dólares no hay comercio internacional, aunque ahora esté congelado.

Todas las herramientas que la Reserva Federal y el Gobierno de EE UU fueron desplegando paulatinamente a lo largo de meses e incluso años para salvar a los mercados y salir de la recesión tras la caída de Lehman Brothers, las han utilizado hora en dosis muy superiores en apenas tres semanas.

La inmensidad de los recursos públicos cedidos a las empresas privadas hace no solo criticable las intervenciones desde el punto de vista moral, sino que muchos piensan que será peor el remedio que la enfermedad.

Pero sobre todo, a día de hoy nos enfrentamos a una crisis climática que requiere transformaciones inmediatas y radicales en los sistemas productivos, sociales y económicos. Todos estos programas e intervenciones para soportar a los mercados de valores apuntalan un sistema productivo y refuerzan principalmente a las grandes corporaciones en general, y a algunas de las industrias más contaminantes del planeta en particular.

En EE UU, sin pudor ninguno la primera industria que se ha propuesto rescatar “aprovechando” el coronavirus es la de las exploraciónes pretroliferas y fracking. Y en Canadá exactamente lo mismo.

Aprovechando el coronavirus estamos viviendo una aplicación acelerada de la doctrina del shock o capitalismo de desastre. Como relata Naomi Klein en su última entrevista virtual con El Salto y en el inspirador Decir NO no basta, y anticipando muchas de las medidas adoptadas estos días, el actual vicepresidente Mike Pence fue quien encabezó una lista de propuestas que Bush aprobó en respuesta a la catástrofe del huracán Katrina. En el plano ambiental Pence “consiguió” derogar las regulaciones ambientales en la costa del Golfo y que se diese luz verde a las extracciones petrolíferas en el Ártico.

Es estas pocas semanas de crisis, además de rescatar a la industria del fracking y otros combustibles fósiles —hundida por la guerra de precios Arabia Saudí-Rusia—, los enormes programas de estímulos han dejado completamente al margen al sector de las energías renovables, suspendiéndose o no renovándose incluso incentivos fiscales ya existentes con anterioridad. Tampoco es de extrañar siendo el director de la Agencia de Protección de Medioambiente Andrew Wheeler, quién trabajó entre 2009 y 2017 en un lobby enfocado a rebajar la legislación medioambiental y a defender específicamente a la industria del carbón.

Y como ha confirmado Mnuchin el 1 de abril, ya está trabajando en un segundo paquete de otros dos billones de dólares, enfocado en la construcción de infraestructuras, lo que sin duda será un nuevo desastre en términos medioambientales.

En Europa, el QE anunciado por el Banco Central Europeo tiene el triste nombre de Pandemic Emergency Purchase Programme (PEPP). Dispone de 750.000 millones de euros, que se destinarán en gran parte como ha denunciado Ecologistas en Acción, a comprar bonos de las principales corporaciones del continente —aquí la lista completa—. Entre los beneficiarios se encuentran algunas de las empresas de combustibles fósiles más contaminantes, como Enel, Total, Repsol, Shell, Naturgy, o ENI.

El importe del nuevo QE supone 12,5 veces el presupuesto anual de la Unión Europea para crecimiento sostenible. Y puesto en perspectiva global es una partida inferior a la destinada al rescate de aerolíneas en EE UU.

En el momento actual las medidas monetarias y fiscales que están adoptando frente al coronavirus bancos centrales y gobiernos tienen una escala tan enorme, un sesgo tan acentuado hacia las corporaciones frente a las personas y están dejando tan de lado la transición energética que chocan contra los límites del planeta.

¿El fin de los mercados financieros?

Las intervenciones en auxilio de las compañías cotizadas con la excusa de evitar el colapso en los mercados financieros están teniendo unas dimensiones tan desproporcionadas, que paradójicamente podrían acabar con ellos tal como se han entendido en la historia del capitalismo.

De hecho, llaman la atención comentarios incluso desde el sector financiero preguntándose qué sentido tienen los mercados de valores cuando prácticamente todo estará garantizado por la Reserva Federal y el Gobierno de EE UU.

Y mientras, en Europa empiezan a lanzar globos sonda sobre la posibilidad de que el BCE compre directamente acciones de las compañías, como lleva haciendo el Banco de Japón diez años en su paranoia monetaria. De hecho, está entre los primeros diez accionistas en la mitad de las compañías cotizadas de su país, renunciando además a sus derechos de voto como accionista y por tanto a la capacidad de apoyar medidas contra la crisis climática o de buen gobierno corporativo.

El estado de confinamiento físico hace necesario más que nunca el escrutinio colectivo del uso de los fondos públicos y de las políticas monetarias y fiscales. De lo contrario, cuando salgamos la doctrina del shock, real y financiera, puede haber acabado con todo.

3 abr 2020 06

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“En Bolonia (Italia) las escuelas están cerradas desde el 23 de febrero y progresivamente muchas actividades ya se habían detenido. Desde esta semana, también detuvimos por completo las reuniones con algunas personas y trasladamos todo a Skype u otros medios de comunicación […] la preocupación no es realmente el contagio en sí, sino principalmente la sobrecarga en la que se encuentran los hospitales, ya que el 20 por ciento de las personas infectadas necesitan hospitalización y el 10% necesitan cuidados intensivos [...] Mis preocupaciones están con mis padres, que viven en otra ciudad y muy cerca del epicentro del brote, a quienes no puedo visitar. Espero que todos los países adopten medidas pronto, porque nos llevó un tiempo darnos cuenta de que eran realmente necesarias”.
Chiara Bodini, médica italiana, comunicación personal

 

Desde el día 31 de diciembre de 2019 la oficina de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en China, informó de varios casos de neumonía de causa desconocida, identificados en la ciudad de Wuhan. Para el 3 de enero de este año 2020, las notificaciones eran de 44 pacientes con neumonía de etiología desconocida, de los cuales 11 están gravemente enfermos. Dada la expansión rápida de la enfermedad, ya para el 30 de enero la OMS hacía la declaratoria de emergencia internacional de salud pública por el brote de coronavirus, con lo que reconocía la envergadura del problema y ubicaba su riesgo de expansión global. Para el 11 de marzo la OMS declara la pandemia, en tanto se ha confirmado que, en más de dos países la ocurrencia de la mayoría de los casos se ha dado ya por transmisión autóctona y no por casos procedentes de otro país.

Dos meses después de iniciado el brote en China, el día 6 de marzo, el Ministerio de Salud de Colombia declara la presencia del primer caso de una persona infectada con coronavirus en el país y tres días después, el 9 de marzo, reconoce otros dos y para el 11 ya son 9 los casos. Los tres casos importados desde Europa y los otros seis por transmisión secundaria.

Para la fecha, se han diagnosticado en el mundo más de 114.000 casos de contagio en 103 países. La gran mayoría de ellos localizados en China (más de 80.000), donde se han registrado 3.139 muertes por esta causa. La cifra de muertes en todo el mundo supera los 4.000. 

 

 

Esta situación ha desatado multitud de análisis y críticas, que van desde cuestionar que hay una epidemia, pasando por sostener que ha sido producto de una manipulación en laboratorio del virus para afectar la población china y su economía, que es una forma de expandir el miedo para el control de las poblaciones, que se quiere producir pánico mundial como cortina de humo frente a otros problemas, que la industria farmacéutica se lucra de estas epidemias con las altas ganancias derivadas de la venta de los medicamentos que se usan y con las vacunas que se producen, entre otros asuntos. Y claro, varias de estos análisis son válidos.

En este artículo partimos de reconocer que la epidemia es real, que es de carácter global y que se requiere actuar frente a ella para su control. En este sentido, nos interesa analizar cuál es la amenaza real de esta epidemia y si las medidas que el país toma frente a ellas son adecuadas y suficientes, lo que a su vez se constituye en un lente crítico para discutir si el país está preparado para enfrentar situaciones de salud que pueden comprometer de manera generalizada la salud y la vida de la población.

 

Comparando situaciones similares

 

Recientes investigaciones del Centro Chino para el Control y la Prevención de Enfermedades (Ccdc) indican que cerca del 80 por ciento de las infecciones por el nuevo coronavirus se clasifican como leves, el 14 por ciento como graves y solo el 4,7 por ciento como críticas. En relación con la tasa de mortalidad general, se indica que se encuentra alrededor del 2,3 por ciento, siendo las personas mayores de 80 años las que corren más riesgo, con una tasa de mortalidad del 14,8 por ciento.

Al comparar el riesgo de muerte en las epidemias registradas en los últimos años se observa que en la epidemia de Sars (Síndrome Respiratorio Agudo Grave) ocurrida en el 2003, fue mucho mayor con una tasa general de mortalidad del 10 por ciento (de los más de 8.000 casos, hubo 774 muertes); mientras que en la epidemia de Mers (Síndrome Respiratorio del Oriente Medio) fue entre el 20 y el 40 por ciento, dependiendo del lugar; para el caso de la epidemia por influenza AH1N1 en el 2009, se estima que pudo causar la muerte de 151.700 a 575.400 personas en todo el mundo, en 16 meses de propagación del virus, y en el caso de otras enfermedades virales como la rabia y el ébola, la tasa de mortalidad es del 100 y 50 por ciento respectivamente.

Tabla 1. Comparación tasa de mortalidad general, últimas epidemias

Epidemia xxx Tasa de mortalidad (%)
 SARS  10
 MERS  20 - 40
 Ébola  50
Covid – 19 2,3

Fuente: elaboración propia.

 

Respecto a la transmisión, estudios realizados a partir de los datos disponibles hasta el momento, se observa que el Covid-19 no se transmite tan eficientemente; en relación con el número promedio de casos nuevos que se generan a partir de un caso infectado (capacidad de transmisión), se ha descrito que este promedio es de 1,4 a 3,8 personas (entre 2 a 3 personas en promedio). Este es bajo si se contrasta con otras enfermedades infecciosas cuyo promedio es de 15 a 20 personas, la tos ferina que es de 15 a 17 personas, las paperas que es de 4 a 7 personas, el Sars que es de 2 a 5 personas y la gripe común que es de 1 a 3 personas; esto indica que la capacidad de transmisión de Covid-19 es relativamente similar a la de gripa común y muchísimo menor a la del sarampión, una de las enfermedades infecciosas con mayor capacidad de transmisibilidad.

Ahora, si se compara el tema de la mortalidad con la influenza, pese a que el número de muertes por Covid-19 registrado a la fecha es mucho menor al número de muertes que se registran anualmente por influenza, en Estados Unidos por ejemplo, la tasa de mortandad por influenza es muchísimo menor (0,05%), y a nivel global del 0,01 por ciento, lo que indicaría que hasta el momento la mortalidad observada por Covid-19 es mayor a la que podría observarse para influenza, pero mucho menor a la de otras enfermedades infecciosas como el ébola, por ejemplo.

Ante este panorama, y con la información disponible, tanto clínicos como epidemiólogos coinciden en que no es posible realizar predicciones y que el comportamiento de la enfermedad, al tratarse de un virus nuevo, puede cambiar, sin embargo, el comportamiento de la epidemia registrado en las últimas semanas podría indicar que la situación no es tan alarmante. El número de nuevos infectados detectados en China en las últimas semanas ha disminuido considerablemente, al igual que en los primeros países de Asia en los que la epidemia tuvo registros, países en los cuales cada día se reportan menos casos nuevos. Surge preocupación por el número de casos detectados en Italia y España, sin embargo, en otros países de Europa como Alemania y el Reino Unido, el número de casos es bajo.

 

Los medios de comunicación y la amenaza del Covid-19

 

Si bien los datos disponibles indican que la enfermedad por Covid-19 no es tan grave y letal como se pensó al inicio, los medios de comunicación han favorecido la generación de miedo en la población. La rapidez y facilidad con la que viajan las noticias a través de los medios de comunicación y principalmente en las redes sociales, son un elemento fundamental para difundir y diseminar todo tipo de información que puede confundir y generar una preocupación desbordada ante la situación. Asunto que, a su vez, en Colombia ha logrado opacar información de gran importancia nacional relacionada con la muerte de líderes sociales y corrupción en la elección presidencial. Y que también contrasta con la escasa información de problemas más relevantes de salud que hoy tenemos, como son los casos de la endemia de dengue y la muerte infantil por desnutrición.

Son este tipo de circunstancias las que recuerdan, como es connatural a su ética y labor, que los medios de comunicación deben jugar un rol responsable en la difusión de información en general, con mucho mayor encono en casos como el que nos ocupa, donde de por medio está la convivencia, tranquilidad, salud, economía y vida de la gente, por lo cual debe saberse difundir las noticias, todas mediadas con análisis estructurales, para así preparar a las sociedades, a conciencia, para enfrentar este tipo de coyunturas, lo que realmente permitiría, de darse, contener epidemias. Actuar por vía contraria representa un riesgo que favorece el pánico en la población y la instrumentalización de los problemas de salud, al servicio de intereses particulares.

 

¿Son suficientes las medidas tomadas por MinSalud?

 

No existe, a la fecha, tratamiento para esta infección. Varios grupos de investigación se encuentran en desarrollo de vacunas para este nuevo virus, lo cual no se obtendrá de forma inmediata y de conseguirse, habría que ver cuál sería el comportamiento de la industria farmacéutica, en tanto suelo lucrarse de este tipo de situaciones, donde la gente de menores recursos termina siendo la más afectada ante la falta de acceso a este tipo de tratamiento. Una vacuna, registrada como bien de la humanidad, sería lo deseable y así lo deberían proponer e imponer las mayorías en Naciones Unidas.

Por ahora, y ante las epidemias por virus respiratorios se difunde el uso de tapabocas. Es importante aclarar que el uso de mascarillas quirúrgicas debe estar limitado a personas con síntomas respiratorio para evitar contagiar a otras personas, su uso no evita la infección por este y otros virus respiratorios. El uso de respiradores N95 debe limitarse a los equipos de salud y personas que cuidan a personas enfermas o con síntomas respiratorios. Esa falta de claridad ha generado el uso indiscriminado de estos dispositivos y con ello el aumento de sus precios en el mercado. Los precios de esos productos han aumentado desde el inicio de la epidemia de Covid-19. El precio de las mascarillas quirúrgicas se ha multiplicado por seis; el de los respiradores N95 por tres, y el de las batas por dos.

En relación a las medidas tomadas en Colombia, hay que decir que afortunadamente la infección tardó un par de meses para llegar, lo que dio tiempo para actuar. Desde los inicios de la epidemia, el Ministerio de Salud y Protección Social ha monitoreado su comportamiento y dinámica global y se han realizado evaluaciones del riesgo sectoriales e intersectoriales, para estimar el nivel del mismo y definir los planes de preparación ante la introducción del virus en el país. Las acciones se han concentrado en la aplicación de filtros a la llegada de personas procedentes de países con transmisión autóctona sostenida y la intensificación de campañas de información en salud con mensajes de prevención enfocados al lavado de manos e higiene respiratoria. El Instituto Nacional de Salud con los equipos de salud locales, principalmente en las ciudades de Bogotá, Cali y Medellín, han desarrollado acciones de investigación y caracterización de casos sospechosos, dando inicio a acciones de preparación de la respuesta a nivel local. Para este tipo de procederes ha sido importante lo realizado en experiencias anteriores, por ejemplo ante los casos importados de sarampión detectados durante 2018 y 2019, que ha servido como parte de los aprendizajes del país en preparación y contención de enfermedades transmisibles.

La pregunta que surge es, ¿son estas medidas suficientes? Tal vez en Bogotá, Cali y Medellín, ciudades con una mejor infraestructura y con capacidad de respuesta, la detección de casos sospechosos pueda ser más eficiente, sin embargo en ciudades con menores recursos y capacidades pueda que esta respuesta no lo sea. De otro lado, es importante mencionar la crisis actual en los servicios de salud y la congestión permanente de los servicios de urgencias ¿cuál sería el panorama nacional ante una transmisión sostenida, con múltiples casos que requieran valoración y atención en estas condiciones, como viene ocurriendo en Italia? ¿Están las instituciones de salud realmente preparadas para la contención y para adecuar los servicios de urgencias para evitar la transmisión y propagación del virus?

Ahora, en relación a la salud de los y las trabajadoras de la salud, profesionales y técnicos, dado el estado actual de precarización laboral, en donde entre otros asuntos las medidas de salud y seguridad en el trabajo, en los centros de salud, en los hospitales y clínicas, gozan de una enorme debilidad, lo que hace de la misma una población especialmente vulnerable a la infección por este virus. Si no se cuida la salud de los que deben cuidar la salud de la población, ahí se tendrá un enorme problema para la contención de este tipo de epidemias.

 

Se requieren cambios

 

Esta nueva epidemia que se está viviendo en el mundo, debe servir para encarar un conjunto de reflexiones que permitan tomar las mejores decisiones sociales e institucionales.

Si bien es cierto que aún no se comprueba que el virus del Covid-19 proviene de animales, lo cierto es que la manera como la humanidad está tratando, confinando y reproduciendo a diversas especies de animales, para su comercialización y consumo, ha favorecido el intercambio de virus y sus mutaciones, lo cual representa un enorme peligro; así lo evidenciaron el Ébola y el AH1N1. Si esto no se detiene, podremos llegar a situaciones totalmente catastróficas.

Con relación al comportamiento de la enfermedad por Covid-19, los esfuerzos deben concentrarse en contener la transmisión del virus desde el inicio y evitar su propagación, ya que una vez diseminado, es más difícil su contención, de ahí la importancia de la detección oportuna de los primeros casos y de abordar de manera inmediata a sus posibles contactos; entre más bajo el número de personas infectadas, menor el número de casos graves y críticos y el número de muertes.

Debe ser también claro, en relación a la respuesta que deben dar los sistemas de salud frente a situaciones como estas, primero, que lo central está en prevenir y contener y luego contar con una adecuada capacidad técnica operativa para atender al total de personas que lo requieran; segundo, que la contención de las epidemias es mucho más difícil si quienes están entrenados para ellos y les corresponde esta tarea, no tienen protegida su salud.

En un contexto como el colombiano, en donde existe una crisis estructural del sistema de salud, preocupa que a pesar del interés y esfuerzos institucionales para enfrentar una epidemia como la acá tratada, ello se vea impedido por los graves problemas de acceso, oportunidad y calidad de la atención (como lo analizamos en el artículo, “Dengue: pobreza y crisis del sistema de salud”, desdeabajo febrero 20-marzo 20 de 2020) y por la precarización de las condiciones laborales del personal de la salud. Sin equivocación, desafortunadamente, de llegar a tener el país una situación como la que registra hoy Italia sería francamente funesta, evidencia de lo desastrosa que ha sido la privatización de los sistemas de salud.

Es una realidad que no puede pasar desapercibida. Debemos liderar, con urgencia, un acuerdo de la sociedad para configurar un sistema de salud que tenga realmente la capacidad de enfrentar los diversos problemas de salud de la población, tanto los no epidémicos, como los epidémicos.

 

* Médica Epidemióloga MSc(c) en Salud Pública. Las opiniones expresadas por la autora son de índole personal y no comprometen las instituciones donde labora.
** Mauricio Torres-Tovar, Médico PhD(c) en Salud Pública, profesor Departamento de Salud Pública, Universidad Nacional de Colombia.

 


¿Qué puede hacerse frente a esta situación?

 

Debemos reconocer que, para enfrentar una epidemia de este tipo, se requieren tanto la acción decidida institucional, como también el involucramiento consciente de la población.

En este sentido, es importante que la población refuerce las medidas básicas para la prevención de las enfermedades respiratorias, las cuales son sencillas y de fácil aplicación.

 

• Lavado de manos frecuente, que no es simplemente echarse agua y jabón, sino restregar muy bien todas las superficies de las manos
• Cubrirse bien la boca (etiqueta) al toser y estornudar
• Limitar contacto frecuente mediante besos y abrazos, asunto que no es fácil por las costumbres culturales, pero que por ahora así debe ser.
• El uso de mascarillas quirúrgicas debe ser obligatorio para personas con síntomas respiratorios, dado que están diseñadas para impedir que se contaminen a otros.
• Uso obligatorio y exclusivo de respiradores N95 para el personal de salud o para personas que atienden o prestan cuidados a personas con síntomas respiratorios.
•Es muy importante generar acciones en la familia y la comunidad para prevenir la infección en la población adulta mayor y en personas que ya tienen enfermedades como hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares y diabetes.
• Si hay una persona con síntomas respiratorias en casa, reducir el contacto social con ellas y reforzar el lavado de manos, la etiqueta de la tos y el estornudo y mantener el uso de mascarilla quirúrgica.
• En la comunidad educativa y población confinada o cerrada, se debe difundir información de manera permanente y favorecer la práctica de lavado de manos y la institución debe
• Una herramienta clave es la difusión de información y la comunicación del riesgo en el marco de la ética, cuyo centro debe ser la divulgación de medidas preventivas y prácticas, clave para el manejo básico de enfermedades respiratorias y para la reducción del riesgo de infección y limitar la difusión de información que genere pánico y alerta.
• El Ministerio de Salud y Protección Social, el Instituto Nacional de Salud y las Secretarias de Salud, han habilitado líneas telefónicas para que las personas con antecedente de viaje a países en los que se han detectado casos con síntomas respiratorios puedan recibir información y atención telefónica para valorar el riesgo y definir si se requiere o no consulta a los servicios de salud, evitando así el incremento del riesgo de trasmisión a otras personas en caso de tener infección por Covid-19 y de otro lado, no colapsar los servicios de salud.

Para consultas: Bogotá: +57 (1) 330 5041 / Resto del país: 01 8000 955 590


 

 

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Martes, 24 Marzo 2020 14:45

El virus desnudó el sistema

El virus desnudó el sistema

Con fuerza desmanchadora, como un jabón con tal poder, así está actuando la crisis desatada en la sociedad global por el Covid-19. Colombia no escapa de ello.

Este virus, con su potencia aún no determinada a plenitud, ha sacado a la luz, permitiendo que se vea su color real, algunas de las manchas más protuberantes del sistema socio-económico dominante. Para el caso colombiano:

La contradicción público-privado. Desde hace 30 años los gobernantes hicieron todo lo posible por desmantelar lo poco público con que contaba el país, hoy, ante la pandemia declarada por este virus, es claro que el sistema de salud con que contamos es precario, insuficiente, con un número de camas limitado y sin los recursos económicos indispensables para atender sin costo ni exigencia alguna a quien lo requiera.

La irracionalidad de lo privado, también en salud. Aprovechando ventas de garaje el capital privado adquiere una buena parte de la red en salud que antes era pública, además de lucrar en miles de millones por un modelo de atención que dejo en sus manos buena parte de la atención de la sociedad. Bien, ahora que el riesgo de enfermedad-muerte acecha de manera amplia la carga para responder ante ello recae en lo público y lo privado se hace el de la “vista gorda”. Es necesario, si la crisis crece, poner toda su red y recursos bajo control estatal y al servicio de las mayorías, sin exigencia ni requerimiento alguno.


De espaldas a la realidad. Los gobernantes creen administrar para el ciento por ciento de quienes integran la sociedad, pero no es así. Gobiernan desde la nebulosa de creer que somos un país. Veamos, ante esta crisis, emanan decretos y orientaciones que aconsejan atender los compromisos labores desde la casa –teletrabajo–, lavarse las manos cada 3 horas, y cosas semejantes. Bien, la realidad es que más del 12 por ciento de los connacionales están desempleados, y no menos de un 50 por ciento se rebusca en la informalidad y por cuenta propia, por tanto, ¿qué teletrabajo pueden llevar a cabo? Además, con un servicio de internet en la práctica privatizado –sus tarifas así lo determinan– es claro que no toda la gente puede acceder a tal red. Y de lavarse las manos con regularidad, ¿dónde y cómo, cuando miles de miles están en la calle todo el día, y cuando el acceso a un servicio de baño puede demandar hasta $ 1.000?

 

 

Sociedad excluyente. Una realidad generalizada, mírese los cientos, los miles, que están todo un día al lado de una caja de madera surtida de golosinas y otras baratijas, tratando de reunir unos pesos para llevar el alimento a sus hogares. Obsérvese los cientos, los miles, que deambulan ofreciendo un servicio u otro, más los que tratan de distraer el tiempo de cualquier manera, por no llamar la atención sobre los miles que sin techo ni recurso alguno están botados a la calle, unos y otros ¿dónde llevarán a cabo su aseo rutinario? y estos últimos, débiles en extremo y sin defensas en sus cuerpos para sortear este tipo de contingencias, ¿está el sistema de salud presto para atenderlos por miles?

Primero yo, segundo yo… Informan las redes sociales de la desbocada presencia de miles con capacidad adquisitiva comprando, acaparando, todo lo que se encuentra en ciertos almacenes de cadena. Ellos primero, ellos segundos, ellos… No importa si otro necesita. Al fin y al cabo de eso se trata: el que tiene dinero puede garantizar sus necesidades, el que no tiene que se joda. Ese es el espíritu multiplicado por el sistema capitalista desde siempre y ahondado por el neoliberalismo a lo largo de los últimos 30 años. ¿Quién regula? ¿Quién vela por las mayorías?

Las lecciones son muchas más, hay que procesarlas, hay que volver a pensar lo público, lo verdaderamente colectivo, sin restringirnos a un Estado que desde siempre ha estado al servicio de los ricos y pudientes, y en tiempos de Covid-19 no es la excepción.

 

 

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Publicado enEdición Nº266
Rueda prensa virtual, 18 de marzo de 2020. Cortesía Alcaldía de Bogotá.

En vísperas de un simulacro obligatorio ordenado para Bogotá y Cundinamarca, sobresale que para el 41 por ciento de informales y el 11 por ciento de desempleados que según el Dane habitan en la capital del país, no se han diseñado medidas eficientes para afrontar una medida de estas características, a lo largo de 4 días de encierro.

La alcaldesa de Bogotá, Claudia López y el gobernador de Cundinamarca, Nicolás García Bustos, en rueda de prensa virtual el 18 de marzo de 2020, detallaron las medidas que traerá el decreto que regulará el simulacro de aislamiento obligatorio de la población que habita en los dos territorios. El simulacro, en síntesis, es para preparar a la ciudadanía para una cercana cuarentena y también para evaluar errores y aciertos de estas medidas en lo que concierne con los bienes y servicios. Por ejemplo, medir el volumen de compra de una ciudadanía ansiosa y así conocer qué tipos de productos están más desabastecidos. Para implementar estas medidas, ¿han pensado en las personas de abajo?

Tanto en Bogotá, como en Cundinamarca, el simulacro de aislamiento iniciará el viernes 20 de marzo a las 00:00 e irá hasta el lunes 23 a las 00:00 horas.

“Quien incumpla la restricción del simulacro, se expone desde sanciones económicas hasta cárcel […] porque la cuarentena en algún momento nos va tocar hacerla y no estamos preparados”, dijo la alcaldesa Claudia López. La alcaldesa agregó que se restringe la libre movilidad de personas y vehículos en Bogotá y Cundinamarca. Taxis pueden operar pero solo por llamadas telefónicas. Transmilenio y Sipt tendrá servicio pero el viernes operará con la misma flota que suele usar un sábado y domingo y, se irá haciendo una reducción escalonada.

Las únicas personas que podrán usar estos servicios y tener libre movilidad son domiciliarios, personal de medios de comunicación, trabajadores de la salud pública, trabajadores de servicios públicos domiciliarios –como alcantarillado, aseo, energía etcétera–, todos debidamente acreditados por sus empresas”.

Personas vulnerables y pobres sin medidas efectivas para el simulacro

La Emisora Comunitaria de Guasca, Cundinamarca, preguntó a la alcaldesa sobre ¿qué pasará con los habitantes de calles? Para ironía del momento, la alcaldesa comentó que la población habitante de calle también está exenta del decreto porque es una población que vive en constante estado de alerta amarilla. El personal de salud y voluntarios que atiende a sector social están incluidos dentro de la excepción. Pero la alcaldesa no notificó medidas específicas para estos trabajadores/as, que están en alto riesgo.

En la rueda de prensa virtual llegó el turno para desdeabajo, quien preguntó: ¿Qué va a pasar con las personas independientes, comerciantes, desempleados, adultos, informales y mayores que no están en ningún programa social del Estado? ¿Cuáles serán las medidas de apoyo económico directo para ellos en Bogotá y Cundinamarca?

Y la alcaldesa contestó: “Lo van a tener a través del Sistema Distrital de Transferencias Unificadas por la contingencia social que estamos viviendo, pero deberán vincularse a los programas porque nosotros no somos adivinos y si no están vinculados no sabemos que ni existen […]”. Por parte del gobernador Nicolás García, no hubo precisión alguna.

Una vez transcurrida la rueda de prensa, nos dimos a la tarea de indigar sobre el Sistema Distrital de Transferencias Unificadas y no encontramos información alguna sobre esto en la página oficial de la Alcaldía de Bogotá, tampoco en los buscadores. Si la ausencia de información específica sobre este programa es lo que sobresale en la página oficial de la Alcaldía, entonces, ¿cómo hará esta población, el 41 por ciento de quienes habitan Bogotá según el Dane, para incribirse a este sistema y programa sino no hay información de fácil acceso?

Si bien lo dijo la alcaldesa, “no somos adivinos”, es claro que tampoco lo son los desempleados, comerciantes, informales y ancianos que no pertenecen a un programa social de Estado.

desdeabajo habló con fuentes del gobierno que comentaron que éste Sistema Distrital de Transferencias Unificadas lo que se propone es juntar en una misma caja programas como Familias en Acción o el Programa de Alimentación Escolar (PAE) con focalización en pobres y vulnerables, el Sistema lo ejecutará la Secretaria de Integración Social en 1: transferencias monetarias, 2: bonos (bienes y servicios) 3: subsidios en especie. Pero por temas de urgencia, de coyuntura, el Sistema todavía sigue en proceso de estructuración. ¿Estará listo para antes de que empiece el simulacro? ¿Cómo harán los miles de miles de empobrecidos por el sistema socio-económico dominante para pasar en condiciones dignas el encierro a que quieren someternos, el cual, todo lo indica, irá más allá de cuatro días? Y después de pasada la crisis, con miles de miles de familias aún más empobrecidas y llevadas a la marginalidad, ¿qué programas se implementarán para que salgan de tal situación a la que los lleva este sistema?

Con seguridad no hay programas de tal índole pensados y mucho menos diseñados. Y para que se llegue a ese punto le toca a los empobrecidos, a quienes están siendo arrojados al precipicio, demandar, arrancar medidas urgentes a los mandatarios de turno, así como arrancar un cambio de sistema a quienes detentan el poder en Colombia.

Por lo pronto, es urgente que la alcaldía de Bogotá y la gobernación de Cundinamarca apliquen estos programas de inmediato, y para empezar en esa dirección abran canales de comunicación de fácil acceso, donde enfaticen y divulguen su existencia, sus beneficios y la manera de vincularse a los mismos. Y como todo ese procedimiento administrativo que debe recorrer un ciudadano que quiere beneficiarse del mismo toma semanas, pues deben aplicar medidas de choque: ni un ciudadano ni ciudadana pasando penurias durante los días que duren las medidas de aislamiento obligatorio.

En la rueda de prensa, la Alcaldesa también precisó sobre el despliegue de controles para evitar desabastecimiento en Bogotá, medida implementada por la Secretaria de Desarrollo Económico, en apoyo con Fenalco, Andi y Corabastos, Y han establecido que no hay desabastecimiento. Eso está bien, pero ¿cómo harán quienes viven al día, los miles de desempleados e informales, y otros muchos y muchas –el 53 por ciento de la población de Bogotá, según el Dane– para reunir el dinero para comprar los víveres y resolver otras demandas que trae cada día para las familias?

A su vez, el borrador del decreto, hasta a la hora de escritura de esta nota (7:30 pm), dice que el abastecimiento, cargue y descargue de víveres, productos de aseo, suministros médicos y agua potable, incluidos los asociados a la distribución de raciones del Programa de Alimentación Escolar –PAE; en todo caso regirán las restricciones de movilidad decretadas por alerta amarilla ambiental.

En esa línea desdeabajo habló con fuentes de directivas escolares que comentaron que, en tanto los profesores fueron enviados a sus casas, los/as rectores/as quedaron encargados de distribuir la alimentación en los horarios que cada institución considere más conveniente, y que el horario en que lo están haciendo va de 7:00 am a 1:00 pm.

Por su parte, el gobernador Nicolás García Bustos indicó que los 116 municipios del departamento se unen al simulacro con Bogotá; también agregó que cada alcalde puede optar por aplicar otras medidas dependiendo de su necesidad, por ejemplo, en municipios turísticos cerrarán balnearios y en otros habrá ley seca. Agregó que habrá servicios intermunicipales entre los municipios, pero sólo llegarán hasta puntos donde se interconecten con el sistema de Transmilenio o Sitp, no podrán movilizarse dentro de la ciudad. Además, el terminal de transporte de Bogotá y terminales satélites estarán cerrados este fin de semana.

Como puede deducirse de lo relatado, resalta que el simulacro de aislamiento obligatorio y por cuatro días en Bogotá y Cundinamarca, está dominado por una manifiesta improvisación en cuanto a programas efectivos para mitigar las necesidades de la población que desde hace años padece la negación de sus derechos fundamentales, para miles de miles para quienes la democracia no es más que simple letra alejada de la realidad.

Recordemos que lo conocido como la «doctrina del shock», es la estrategia política de utilizar las crisis a gran escala para impulsar políticas que sistemáticamente profundizan la desigualdad, enriquecen a las elites y debilitan a todos los demás. En momentos de crisis, la gente tiende a centrarse en las emergencias diarias de sobrevivir, sea cual sea, y tiende a confiar demasiado en los que están en el poder, según la periodista Naomi Klein.

Es el momento de exigir que la democracia sea una realidad, no una mofa; que los derechos humanos se cumplan a cabalidad; que la brecha entre ricos y pobres se cierre, y que la vida se goce a plenitud, con pandemia o sin ella.

 

Publicado enColombia
https://okdiario.com/curiosidades/como-transmite-dengue-793073/fotos/como-transmite-dengue-contagio-b-2?pid=793073

Con 87 muertes confirmadas por dengue y otras 261 clasificadas como probables, así como decenas de enfermos por igual causa, terminó el 2019. El 2020 arranca con cifras que indican a todas luces que las medidas de intervención y control adelantadas por las autoridades sanitarias no son suficientes para superar el brote que enfrenta el país desde inicios del 2019.

Como si el tiempo no transcurriera, como si fuera una novedad, el dengue de nuevo es noticia en Colombia, noticia de enfermedad y muerte, de ausencia de una política pública que erradique las causas que propician su reincidencia y multiplicación.

Los datos del Instituto Nacional de Salud sorprenden. De acuerdo a este Instituto, el 20191 cerró con 127.553 casos de dengue, de los cuales el 50,7 por ciento (64.716) fueron clasificados como dengue con signos de alarma y 1,1 por ciento (1.406) como dengue grave. El sistema de vigilancia en salud pública nacional captó la ocurrencia de 261 muertes clasificadas como probables, de las cuales 87 fueron confirmadas.

En lo corrido del año 20202, se han registrado 16.406 casos, 8.853 (54,0%) con signos de alarma y 183 (1,1%) de dengue grave y 31 muertes probables, con lo cual la tendencia es claramente creciente. Del total de casos notificados al sistema, el 60,8 por ciento (9.973) se concentra en 7 entidades territoriales: el distrito de Cali y los departamentos de Tolima, Valle del Cauca, Huila, Cesar, Santander y Meta. Solo dos entidades territoriales se encuentran dentro del valor esperado respecto al promedio histórico (Quindío y Norte de Santander), las demás entidades territoriales se encuentran en situación de alerta o en brote (ver Gráfica).

 


En las líneas de color muestran el comportamiento histórico esperado del dengue. La línea de color rojo indica la zona de brote. La gráfica muestra que desde inicios del año anterior el número de casos observado por semana epidemiológica se ha mantenido por encima de la zona de brote.

 


 

El dengue más que un mosquito, una enfermedad de la pobreza

El dengue es una enfermedad absolutamente prevenible, de transmisión vectorial, es decir trasmitida por un vector que en este caso es un zancudo llamado Aedes aegypti3, el cual produce entre otras dengue, que tiene dos modalidades: el clásico y el grave. El primero es un cuadro general de malestar, fiebre y fuerte dolores óseos, el cual no coloca en riesgo vital a la persona que lo adquiere; el segundo, además de esta sintomatología produce hemorragias severas que comprometen la vida de la persona.

Si bien se conocía que por el ciclo natural de la enfermedad el 2019 traería un incremento en el número de casos (ciclo interepidémico –cada tres años), desde hace un año en el país fueron activadas las alertas para fortalecer las acciones de prevención, atención, vigilancia y control del dengue y se lanzó la campaña “Córtale las alas al dengue”, pero las cifras muestran que no se avanza en su control.

Las acciones de intervención y control en salud pública, y específicamente del dengue, requieren de un importante esfuerzo intersectorial que logre enfrentar las condiciones sociales y ambientales que determinan el proceso salud enfermedad de las poblaciones humanas y con ello el mejoramiento de la calidad de vida; pero ¿qué de esto se queda solo en el “discurso”?

A pesar que el sector salud, en sus análisis, incorpora la idea de los determinantes sociales y ambientales de la salud, las acciones de control del dengue se concentran en entenderlo solo como una enfermedad infecciosa, cuyo comportamiento depende de la interacción del huésped y el vector, lo que coloca en el centro de las acciones de control la destrucción de criaderos y formas adultas del vector, dejando de lado las precarias condiciones en las cuales vive un alto porcentaje de la población, y que, precisamente, son las que favorecen el ciclo natural de la enfermedad.

Si bien la intervención de estas condiciones de vida, el acceso a servicios públicos y saneamiento básico, al mínimo vital de agua, la posibilidad de contar con una vivienda digna, entre otros, no son competencia directa del sector salud, no es claro su liderazgo para articular y movilizar de manera efectiva otros sectores a pesar de conocer a profundidad el comportamiento de la enfermedad y los determinantes que la favorecen.

Hasta tanto las políticas gubernamentales y la acción institucional no afecte realmente las condiciones de pobreza de amplios grupos poblacionales en el país, mientras la gente viva en condiciones de saneamiento precarias y se alimente mal, el dengue seguirá prevaleciendo y haciendo sus estragos.

 

El dengue y la crisis del sistema de salud

 

Si bien el Instituto Nacional de Salud indica que en 2019, el 79,3 por ciento de los pacientes con dengue grave fueron hospitalizados y en 2020 el 96,7 por ciento, ante la grave crisis del sistema de salud, no es suficiente mostrar las cifras y dejar fuera del análisis elementos clave como la accesibilidad y disponibilidad de los servicios de salud, la oportunidad y la calidad de la atención y en general, la garantía del derecho fundamental a la salud.

Recientemente, se presentaron los resultados del primer monitoreo nacional que realizó la Defensoría del Pueblo a los servicios de urgencias en varias ciudades del país4, el cual resalta la sobreocupación de los servicios que pueden llegar hasta el 244 por ciento y rangos de espera que alcanzan las nueve horas tan solo en el triage5, con lo cual la situación de estos servicios pone en riesgo la adecuada atención en salud.

La Defensoría identifica como problemas críticos en los servicios de urgencias, entre otros aspectos, la sobreocupación de los servicios, que lleva a los pacientes a una deshumanizada y agobiante espera en sillas, pasillos y hasta en el suelo, a lo que se suma una dotación insuficiente en términos de talento humano, infraestructura, equipos, entre otros; las barreras de acceso a los usuarios, el trato deshumanizado y en general la ausencia de un modelo de atención integral; situaciones atravesadas por la baja resolutividad de las Eapb (las anteriores EPS), que obliga a los pacientes a consultar por eventos o situaciones que debieron ser resueltas y garantizadas en otros niveles de atención; la crisis hospitalaria y la crisis laboral en el sector salud que lleva a que el talento humano no cuente con vinculación formal con adecuada remuneración.

 

Débil estrategia de salud pública para enfrentar el dengue

 

En la intervención de control de las enfermedades transmitidas por vectores, se resalta la importancia del actuar individual y colectivo y el protagonismo de la comunidad para transformar el entorno y generar condiciones que no favorezcan la producción y desarrollo de criaderos del vector mediante acciones sencillas de recolección de inservibles, manejo adecuado de basuras y depósitos de agua y saneamiento de la vivienda, en este sentido el plan de intervenciones colectivas-PIC, en el ámbito local, debería complementar los planes intersectoriales para el control del dengue.

El plan de intervenciones colectivas6 está compuesto por intervenciones de promoción de la salud y gestión del riesgo, enmarcadas en las estrategias de los planes de salud territorial y cuyo objetivo es impactar positivamente los determinantes sociales de la salud. Estas acciones, según lo define la norma, deben ser contratadas por instituciones con capacidad técnica y operativa garantizando la continuidad y oportunidad de las intervenciones y deberían contribuir al desarrollo de capacidades individuales y colectivas a través del curso de vida, para la transformación de los entornos en los cuales se desarrolla la vida y aumentar con ello el impacto en salud de las políticas públicas.

Las cifras y resultados actuales en relación al control del dengue, son un claro reflejo del impacto de las acciones colectivas en el país. En general, en los municipios y departamentos, no se logra una contratación oportuna que garantice la continuidad de las acciones; éstas son ejecutadas por instituciones sin capacidad técnica y operativa y en lo local se concentran en charlas y actividades repetitivas que no promueven el cambio de conducta ni la movilización social.

En el control de las enfermedades infecciosas en general y en particular en el control del dengue, al parecer, son pocas las lecciones aprendidas, persiste el imaginario del control centrado en el vector, el liderazgo del sector salud para movilizar otros sectores es pobre, las acciones colectivas por elementos de tipo estructural y de implementación tienen un bajo impacto y la crisis hospitalaria y en general del sistema de salud, favorecen los desenlaces negativos. La tendencia epidemiológica de la enfermedad muestra que estamos lejos del control de este brote en el país.

Es una realidad que debe llegar a su fin, toda vez que la sociedad no debe aceptar la situación del dengue como hecho natural: no es natural que la gente viva en condiciones de pobreza, en medio de unas muy precarias condiciones de saneamiento básico, que coma mal, que no sea atendido o mal atendido por el sistema de salud y que muera por condiciones evitables. Debe ser éticamente inaceptable que la gente siga muriendo en el siglo XXI por una enfermedad totalmente prevenible.

 

1 Instituto Nacional de Salud. Informe de evento, 2019. Disponible en: https://www.ins.gov.co/buscador-eventos/Informesdeevento/DENGUE%20PE%20XIII%202019.pdf
2 Instituto Nacional de Salud. Boletín Epidemiológico Semanal. Semana Epidemiológica 05, 2020. Disponible en: https://www.ins.gov.co/buscador-eventos/BoletinEpidemiologico/2020_Boletin_epidemiologico_semana_5.pdf
3 El mosquito Aedes aegypti es el vector responsable de la transmisión de los virus responsables del dengue, la fiebre amarilla, chikunguña, la fiebre de Zika y el Virus Mayaro.
4 El triage, o protocolo de intervención es un método de selección y clasificación de pacientes empleado en la medicina de emergencias y desastres. Evalúa las prioridades de atención, privilegiando la posibilidad de supervivencia, de acuerdo con las necesidades terapéuticas y los recursos disponibles.
5 Dramática radiografía de los servicios de urgencias en Colombia. Periódico El Tiempo. Edición del 10 de febrero de 2020. https://www.eltiempo.com/salud/servicio-de-urgencias-en-colombia-informe-de-la-defensoria-del-pueblo-sobre-situacion-del-pais-460304.
6 Resolución 518 de 2015

* Médica Epidemióloga MSc(c) en Salud Pública. Las opiniones expresadas por la autora son de índole personal y no comprometen las instituciones donde labora.
** Mauricio Torres-Tovar, Médico PhD(c) en Salud Pública, profesor Departamento de Salud Pública, Universidad Nacional de Colombia

 

Publicado enEdición Nº265
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Con 87 muertes confirmadas por dengue y otras 261 clasificadas como probables, así como decenas de enfermos por igual causa, terminó el 2019. El 2020 arranca con cifras que indican a todas luces que las medidas de intervención y control adelantadas por las autoridades sanitarias no son suficientes para superar el brote que enfrenta el país desde inicios del 2019.

Como si el tiempo no transcurriera, como si fuera una novedad, el dengue de nuevo es noticia en Colombia, noticia de enfermedad y muerte, de ausencia de una política pública que erradique las causas que propician su reincidencia y multiplicación.

Los datos del Instituto Nacional de Salud sorprenden. De acuerdo a este Instituto, el 20191 cerró con 127.553 casos de dengue, de los cuales el 50,7 por ciento (64.716) fueron clasificados como dengue con signos de alarma y 1,1 por ciento (1.406) como dengue grave. El sistema de vigilancia en salud pública nacional captó la ocurrencia de 261 muertes clasificadas como probables, de las cuales 87 fueron confirmadas.

En lo corrido del año 20202, se han registrado 16.406 casos, 8.853 (54,0%) con signos de alarma y 183 (1,1%) de dengue grave y 31 muertes probables, con lo cual la tendencia es claramente creciente. Del total de casos notificados al sistema, el 60,8 por ciento (9.973) se concentra en 7 entidades territoriales: el distrito de Cali y los departamentos de Tolima, Valle del Cauca, Huila, Cesar, Santander y Meta. Solo dos entidades territoriales se encuentran dentro del valor esperado respecto al promedio histórico (Quindío y Norte de Santander), las demás entidades territoriales se encuentran en situación de alerta o en brote (ver Gráfica).

 


En las líneas de color muestran el comportamiento histórico esperado del dengue. La línea de color rojo indica la zona de brote. La gráfica muestra que desde inicios del año anterior el número de casos observado por semana epidemiológica se ha mantenido por encima de la zona de brote.

 


 

El dengue más que un mosquito, una enfermedad de la pobreza

El dengue es una enfermedad absolutamente prevenible, de transmisión vectorial, es decir trasmitida por un vector que en este caso es un zancudo llamado Aedes aegypti3, el cual produce entre otras dengue, que tiene dos modalidades: el clásico y el grave. El primero es un cuadro general de malestar, fiebre y fuerte dolores óseos, el cual no coloca en riesgo vital a la persona que lo adquiere; el segundo, además de esta sintomatología produce hemorragias severas que comprometen la vida de la persona.

Si bien se conocía que por el ciclo natural de la enfermedad el 2019 traería un incremento en el número de casos (ciclo interepidémico –cada tres años), desde hace un año en el país fueron activadas las alertas para fortalecer las acciones de prevención, atención, vigilancia y control del dengue y se lanzó la campaña “Córtale las alas al dengue”, pero las cifras muestran que no se avanza en su control.

Las acciones de intervención y control en salud pública, y específicamente del dengue, requieren de un importante esfuerzo intersectorial que logre enfrentar las condiciones sociales y ambientales que determinan el proceso salud enfermedad de las poblaciones humanas y con ello el mejoramiento de la calidad de vida; pero ¿qué de esto se queda solo en el “discurso”?

A pesar que el sector salud, en sus análisis, incorpora la idea de los determinantes sociales y ambientales de la salud, las acciones de control del dengue se concentran en entenderlo solo como una enfermedad infecciosa, cuyo comportamiento depende de la interacción del huésped y el vector, lo que coloca en el centro de las acciones de control la destrucción de criaderos y formas adultas del vector, dejando de lado las precarias condiciones en las cuales vive un alto porcentaje de la población, y que, precisamente, son las que favorecen el ciclo natural de la enfermedad.

Si bien la intervención de estas condiciones de vida, el acceso a servicios públicos y saneamiento básico, al mínimo vital de agua, la posibilidad de contar con una vivienda digna, entre otros, no son competencia directa del sector salud, no es claro su liderazgo para articular y movilizar de manera efectiva otros sectores a pesar de conocer a profundidad el comportamiento de la enfermedad y los determinantes que la favorecen.

Hasta tanto las políticas gubernamentales y la acción institucional no afecte realmente las condiciones de pobreza de amplios grupos poblacionales en el país, mientras la gente viva en condiciones de saneamiento precarias y se alimente mal, el dengue seguirá prevaleciendo y haciendo sus estragos.

 

El dengue y la crisis del sistema de salud

 

Si bien el Instituto Nacional de Salud indica que en 2019, el 79,3 por ciento de los pacientes con dengue grave fueron hospitalizados y en 2020 el 96,7 por ciento, ante la grave crisis del sistema de salud, no es suficiente mostrar las cifras y dejar fuera del análisis elementos clave como la accesibilidad y disponibilidad de los servicios de salud, la oportunidad y la calidad de la atención y en general, la garantía del derecho fundamental a la salud.

Recientemente, se presentaron los resultados del primer monitoreo nacional que realizó la Defensoría del Pueblo a los servicios de urgencias en varias ciudades del país4, el cual resalta la sobreocupación de los servicios que pueden llegar hasta el 244 por ciento y rangos de espera que alcanzan las nueve horas tan solo en el triage5, con lo cual la situación de estos servicios pone en riesgo la adecuada atención en salud.

La Defensoría identifica como problemas críticos en los servicios de urgencias, entre otros aspectos, la sobreocupación de los servicios, que lleva a los pacientes a una deshumanizada y agobiante espera en sillas, pasillos y hasta en el suelo, a lo que se suma una dotación insuficiente en términos de talento humano, infraestructura, equipos, entre otros; las barreras de acceso a los usuarios, el trato deshumanizado y en general la ausencia de un modelo de atención integral; situaciones atravesadas por la baja resolutividad de las Eapb (las anteriores EPS), que obliga a los pacientes a consultar por eventos o situaciones que debieron ser resueltas y garantizadas en otros niveles de atención; la crisis hospitalaria y la crisis laboral en el sector salud que lleva a que el talento humano no cuente con vinculación formal con adecuada remuneración.

 

Débil estrategia de salud pública para enfrentar el dengue

 

En la intervención de control de las enfermedades transmitidas por vectores, se resalta la importancia del actuar individual y colectivo y el protagonismo de la comunidad para transformar el entorno y generar condiciones que no favorezcan la producción y desarrollo de criaderos del vector mediante acciones sencillas de recolección de inservibles, manejo adecuado de basuras y depósitos de agua y saneamiento de la vivienda, en este sentido el plan de intervenciones colectivas-PIC, en el ámbito local, debería complementar los planes intersectoriales para el control del dengue.

El plan de intervenciones colectivas6 está compuesto por intervenciones de promoción de la salud y gestión del riesgo, enmarcadas en las estrategias de los planes de salud territorial y cuyo objetivo es impactar positivamente los determinantes sociales de la salud. Estas acciones, según lo define la norma, deben ser contratadas por instituciones con capacidad técnica y operativa garantizando la continuidad y oportunidad de las intervenciones y deberían contribuir al desarrollo de capacidades individuales y colectivas a través del curso de vida, para la transformación de los entornos en los cuales se desarrolla la vida y aumentar con ello el impacto en salud de las políticas públicas.

Las cifras y resultados actuales en relación al control del dengue, son un claro reflejo del impacto de las acciones colectivas en el país. En general, en los municipios y departamentos, no se logra una contratación oportuna que garantice la continuidad de las acciones; éstas son ejecutadas por instituciones sin capacidad técnica y operativa y en lo local se concentran en charlas y actividades repetitivas que no promueven el cambio de conducta ni la movilización social.

En el control de las enfermedades infecciosas en general y en particular en el control del dengue, al parecer, son pocas las lecciones aprendidas, persiste el imaginario del control centrado en el vector, el liderazgo del sector salud para movilizar otros sectores es pobre, las acciones colectivas por elementos de tipo estructural y de implementación tienen un bajo impacto y la crisis hospitalaria y en general del sistema de salud, favorecen los desenlaces negativos. La tendencia epidemiológica de la enfermedad muestra que estamos lejos del control de este brote en el país.

Es una realidad que debe llegar a su fin, toda vez que la sociedad no debe aceptar la situación del dengue como hecho natural: no es natural que la gente viva en condiciones de pobreza, en medio de unas muy precarias condiciones de saneamiento básico, que coma mal, que no sea atendido o mal atendido por el sistema de salud y que muera por condiciones evitables. Debe ser éticamente inaceptable que la gente siga muriendo en el siglo XXI por una enfermedad totalmente prevenible.

 

1 Instituto Nacional de Salud. Informe de evento, 2019. Disponible en: https://www.ins.gov.co/buscador-eventos/Informesdeevento/DENGUE%20PE%20XIII%202019.pdf
2 Instituto Nacional de Salud. Boletín Epidemiológico Semanal. Semana Epidemiológica 05, 2020. Disponible en: https://www.ins.gov.co/buscador-eventos/BoletinEpidemiologico/2020_Boletin_epidemiologico_semana_5.pdf
3 El mosquito Aedes aegypti es el vector responsable de la transmisión de los virus responsables del dengue, la fiebre amarilla, chikunguña, la fiebre de Zika y el Virus Mayaro.
4 El triage, o protocolo de intervención es un método de selección y clasificación de pacientes empleado en la medicina de emergencias y desastres. Evalúa las prioridades de atención, privilegiando la posibilidad de supervivencia, de acuerdo con las necesidades terapéuticas y los recursos disponibles.
5 Dramática radiografía de los servicios de urgencias en Colombia. Periódico El Tiempo. Edición del 10 de febrero de 2020. https://www.eltiempo.com/salud/servicio-de-urgencias-en-colombia-informe-de-la-defensoria-del-pueblo-sobre-situacion-del-pais-460304.
6 Resolución 518 de 2015

* Médica Epidemióloga MSc(c) en Salud Pública. Las opiniones expresadas por la autora son de índole personal y no comprometen las instituciones donde labora.
** Mauricio Torres-Tovar, Médico PhD(c) en Salud Pública, profesor Departamento de Salud Pública, Universidad Nacional de Colombia

 

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Un niño juega afuera de un edificio en Hong Kong que fue desalojado debido a casos de infección por coronavirus.Foto Afp

Van mil 113 muertos por el Covid-19

En China empiezan los despidos de trabajadores // Negocios advierten que necesitarán créditos millonarios

 

Ginebra. El jefe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, advirtió que el coronavirus, que ya mató a más de mil personas y contagió a 44 mil 653, debería considerarse una grave amenaza. "Para ser honesto, un virus tiene más poder para crear agitación política, social y económica que cualquier ataque terrorista. Es el enemigo público número uno".

Explicó que el coronavirus, que hasta ahora se había conocido como 2019-nCov, ya fue identificado como Covid-19 para que sea "fácil de pronunciar", y sin que sea una referencia "estigmatizante" para un país o población en particular, y explicó: "co" es por "corona", "vi" por "virus" y "d" por "enfermedad" (en inglés).

El coronavirus representa una "amenaza muy grave" para el mundo, pero existe una "posibilidad realista de detener" la propagación de la epidemia, señaló Adhanom Ghebreyesus en conferencia de prensa.

Unos 400 científicos de todo el mundo iniciaron en la sede de la OMS en Ginebra un encuentro de dos días para intensificar la lucha contra esta enfermedad, que ya cobró la vida de mil 113 personas y causó 44 mil 653 contagios.

El jefe de la OMS señaló que la primera vacuna contra la enfermedad, que comienza con fiebre y tos, y puede derivar en neumonía e insuficiencia renal, estaría disponible en 18 meses.

El presidente chino, Xi Jinping, aseguró ayer que el trabajo de prevención y control del virus en el país está dando resultados positivos. El gobierno lanzó un gran campaña de propaganda contra la neumonía viral.

La provincia de Hubei, y su capital Wuhan, desde donde se propagó el virus, siguen aisladas del mundo y las medidas de confinamiento aumentan. A partir de ahora, las personas que tengan fiebre no podrán ir a hospitales fuera de su vecindario y todos los complejos de viviendas tienen estrictas reglas de entrada y salida.

China está paralizada en gran parte, a pesar de que oficialmente las vacaciones del Año Nuevo terminaron y todo el mundo debía volver a trabajar el lunes. Sin embargo, los estudiantes siguen de vacaciones y las empresas invitan a sus empleados a laborar desde casa.

Cientos de negocios dijeron que necesitarían créditos por miles de millones de dólares para mantenerse a flote.

Se han empezado a reportar despidos de trabajadores, pese a las garantías del presidente Xi Jinping de que se evitaría un desempleo generalizada, puesto que las cadenas de suministros para las multinacionales, desde automotrices hasta fabricantes de teléfonos inteligentes, se han interrumpido.

Los dos principales mandos de las cuestiones de salud en Hubei fueron destituidos, anunció la televisión estatal después de las fuertes críticas contra su gestión.

Fuera de China continental, el virus mató hasta ahora a dos personas, una en Filipinas y otra en Hong Kong, pero más de 400 casos de infección fueron confirmados en 30 países.

La OMS está especialmente preocupada por el caso de un británico que nunca había estado en China y fue contaminado por el Covid-19 en Singapur. Luego se lo transmitió a varios compatriotas durante una estancia en Francia, antes de ser diagnosticado en Reino Unido.

En total, el hombre contaminó al menos a 11 personas: cinco de ellas hospitalizadas en Francia, otras cinco en Reino Unido y un hombre de 46 años internado en la isla española de Mallorca. Se anunció que este británico, apodado el superpropagador, estaba "totalmente aliviado".

En Asia, miles de viajeros y miembros de la tripulación están confinados en dos cruceros. Al menos 174 casos de contaminación fueron confirmados en el Diamond Princess, en cuarentena frente a costas de Japón, donde hay 3 mil 700 pasajeros.

Tailandia informó que negó el desembarco del crucero Westerdam con más de 2 mil 200 personas a bordo en el puerto de Laem Chabang, lo que lo convierte en el cuarto país que rechaza al buque por sospechas de coronavirus.

En Hong Kong, más de 100 personas fueron desalojadas ayer de un edificio de 35 pisos tras descubrir dos casos de infección en dos pisos diferentes. Las autoridades locales se preguntan si la transmisión ha podido realizarse a través de las canalizaciones del edificio.

Por su parte, el gobierno estadunidense indicó que autorizó al personal de su consulado salir de Hong Kong.

Corea del Sur, Vietnam, Hong Kong, Alemania y Estados Unidos confirmaron nuevos casos. Canadá, Kazajistán, Washington y Seúl preparan el regreso de connacionales.

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Sábado, 01 Febrero 2020 07:09

Salvar la cara

Escena de reflejos en una estación de metro de Hong Kong / Foto: Afp, Anthony Wallace

La epidemia originada en la ciudad de Wuhan y que se extendió a varios países en los últimos días presenta algo más que un desafío de salud pública para las autoridades de la potencia asiática. En el nuevo Año de la Rata, ¿se convertirá el nuevo virus en una especie de ratonera para el Partido Comunista de China?

La irrupción de la epidemia del nuevo virus corona pilló por sorpresa a los máximos dirigentes chinos, en gira de inspección por varias provincias. La alerta alteró inevitablemente su agenda y la de millones de chinos que se aprestaban a disfrutar de sus días de fiesta más preciados. Las dudas y los temores a extender el pánico pueden haber influido en que la alarma se haya dado quizá tarde, cuando los desplazamientos por causa de la Fiesta de la Primavera ya se habían iniciado. Y es que el momento para esta epidemia no podía ser peor: es el pico más alto del año en el uso de todo tipo de transportes, y hay millones de personas deambulando de una ciudad a otra.

El brote de la neumonía todavía se halla en la etapa temprana y es comprensible la preocupación por su evolución. El virólogo y reconocido experto en problemas respiratorios Zhong Nanshan, jefe de un equipo de facultativos de alto nivel organizado por la Comisión Nacional de Salud, dijo que no tendrá el impacto en la sociedad y la economía que tuvo el síndrome respiratorio agudo severo (Sars) hace 17 años. Otros, sin embargo, como Guan Yi, de la Universidad de Hong Kong, creen que esta epidemia podría ser hasta diez veces más potente que la del Sars, que causó la muerte de unas 800 personas en todo el mundo. Esa misma división de pareceres se ha confirmado en la Organización Mundial de la Salud.

MÁXIMA PRIORIDAD. 

El Partido Comunista (Pcch) ha tomado las riendas de la crisis actual. Primero fue la Comisión Central de Asuntos Políticos y Jurídicos poniendo en guardia a los funcionarios del partido y del gobierno contra la tentación de disimular la gravedad de la situación. Tras la crisis del Sars de 2003 se ha comprendido que la opacidad constituye un error mayúsculo que no hace sino agravar el problema. La oportuna, precisa y transparente información parece haberse instituido como norma en este caso. Después, el Comité Permanente del Buró Político emitió la consigna del control del nuevo coronavirus como la prioridad máxima sobre cualquier otro asunto.

En el Año de la Rata, que se aventuraba como el de la plasmación, por fin, de la “sociedad modestamente acomodada”, una mala gestión de este revés puede hacer que rueden cabezas. Por el contrario, una buena gestión dejará sentado un precedente de alcance global. Es que al desafío de salud pública que supone enfrentar una crisis de estas proporciones en un país, a pesar de todo, en vías de desarrollo, con una cifra de muertos que ya supera el centenar, y miles de afectados, al Pcch se le suma igualmente un desafío político: la preservación de la estabilidad social sigue siendo una prioridad.

Sin opción a titubeos, el Partido Comunista chino tensiona los músculos para demostrar su invencibilidad. Lejos de amilanarse, la consigna apunta a dar vuelta la crisis, convirtiéndola en una demostración palpable de su aptitud para encarar los más graves retos, cualesquiera que estos sean. Es un mensaje dirigido tanto a la sociedad china como al resto del mundo, incluso en el orden científico, con exhibición de capacidad y competencia para hallar respuestas rápidas, en otro tiempo quizá imposibles. China aún no se puede comparar con Occidente en muchos parámetros, pero ya quisiera Occidente poder disponer de la capacidad china para yugular una crisis de estas proporciones, sugiere el presidente Xi Jinping. Y es ese convencimiento el que inspira el proceder del Pcch en estas horas difíciles. Una invocación al nacionalismo que cierra filas, aunque no puede pasar por alto que esta es la segunda vez que ocurre. No puede haber una tercera.

Aún es pronto para estimar los costes económicos de esta crisis, pero está fuera de toda duda que serán relevantes. Y no se descarta que pueda, incluso, obligar a suspender la celebración de las sesiones parlamentarias anuales previstas para inicios de marzo, el mayor acontecimiento de este período político en China, en un año de gran importancia para el Pcch. En 2021 celebrará el primer centenario de su fundación y quería presentar al mundo un país en estado de revista. Su máxima aspiración es proclamar a los cuatro vientos que ha logrado hacer de China una sociedad próspera y acomodada, un país respetado en el mundo. Pero mucho va a depender de cómo salga de esta.

      (Tomado de los artículos “Más que el virus” y “Darle la vuelta”, publicados originalmente en el sitio web del Observatorio de la Política China, politica-china.org. Brecha publica fragmentos.)

 

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Trump declara “emergencia nacional” la epidemia de heroína

El presidente de EE UU sitúa como prioridad de su gobierno el combate contra la adicción a los opiáceos: "En este país nunca había ocurrido nada como lo que ha pasado en los últimos cuatro o cinco años"


Ante la imparable ola de muerte causada por la heroína en Estados Unidos, el presidente Donald Trump ha declarado el problema “emergencia nacional”. Unos 35.000 estadounidenses fallecieron en 2016 por sobredosis de heroína sola o adulterada, cifra que forma parte de las 60.000 muertos que hubo el año pasado por consumo de drogas en general, incluidos los opiáceos legales de farmacia, un récord histórico que supuso más americanos muertos que en las dos décadas de la Guerra de Vietnam y que según las previsiones oficiales se verá superado en 2017 por un dato todavía peor.

 

“Es una emergencia nacional. Vamos a poner un montón de tiempo, un montón de esfuerzo y un montón de dinero en la crisis de los opiáceos”, dijo este jueves por la mañana Trump en una rueda de prensa en su retiro de verano en su club de golf de Bedminster, estado de Nueva Jersey. El dirigente calificó la crisis como “un problema serio” y afirmó: “En este país nunca había ocurrido nada como lo que ha pasado en los últimos cuatro o cinco años”.


El consumo de heroína y de opiáceos sintéticos ilegales contrabandeados desde China y México despuntó desde inicios de esta década. La raíz del problema estuvo en la adicción a los opiáceos legales recetados sin control por los médicos y promocionados agresivamente por la industria farmacéutica. Cuando el Gobierno federal tomó medidas para restringir el acceso a las pastillas contra el dolor, muchos de sus consumidores encontraron una alternativa en el tráfico callejero de heroína, que desde entonces no ha dejado de crecer.


Esta epidemia afecta más que nunca a la población blanca y a diferencia de anteriores crisis de muertes por drogas no se limita a comunidades marginales. El problema se ve agudizado por la potencia de los nuevos cócteles, en los que la heroína se corta con opiáceos de laboratorio clandestinos como el fentanil, 50 veces más potente que aquella, o el aún más brutal carfentanil.


El anuncio de Trump, que insistió en campaña en la necesidad de combatir la crisis de los opiáceos y la puso como un ejemplo de lo que considera el crepúsculo de América, llegó tras la difusión la semana pasada de un informe de la Comisión de Combate a la Drogadicción, recién creada por orden presidencial, en la que se urgía al mandatario a declarar la epidemia como emergencia nacional, lo que permitirá a la Casa Blanca liberar fondos para poner en marcha medidas contra el problema, aligerar trabas burocráticas para que los estados o condados actúen y permitir que el seguro de salud para personas necesitadas Medicaid cubra también drogodependencia.


En dicho documento se describía el fenómeno de las sobredosis como “un 11 de septiembre cada tres semanas”, comparando las cifras de muertos con las del ataque de Al Qaeda a las Torres Gemelas en 2001.


Las drogas son la principal causa de muerte entre los americanos menores de 50 años. Más que el cáncer, los accidentes de coche o las armas. Según datos oficiales, en los primeros nueve meses de 2016 el índice de fallecimientos por sobredosis fue de 19,9 por cada 100.000 personas, tres puntos más alto que en el mismo periodo de 2015. La epidemia no ha tocado techo. La América de Trump tiene una aguja clavada en el antebrazo.

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