La pandemia dispara una carrera entre grandes potencias y farmacéuticas para aprovechar el nuevo mercado de vacunas

El acaparamiento de sueros como los de Pfizer o Moderna por parte de los países ricos, que en algunos casos se han garantizado el suministro de hasta cinco dosis por habitante, abre el camino para la expansión de los proyectos de China y Rusia en los estados en desarrollo

 

La pandemia de COVID-19 ha creado un nuevo tablero mundial: el mercado de vacunas contra la infección. Estos medicamentos son, de momento, la herramienta más prometedora para superar una crisis sanitaria y económica total. Grandes actores como EEUU, China, Rusia o Gran Bretaña buscan un lugar preferente en ese escenario como revela la batería de anuncios sobre proyectos de vacuna que se han sucedido.

El 9 de noviembre, la farmacéutica estadounidense Pfizer declaraba que su vacuna contra el SARS-CoV-2 mostraba una eficacia, preliminar, del 90%. Acaparó titulares en todo el mundo. Solo dos días después, los desarrolladores del suero ruso Sputnik V contraatacaban: su producto apunta a un 92%. Este lunes, la empresa Moderna ha asegurado que su vacuna llega, de momento, al 94,5%. Ha pasado solo una semana.

Los anuncios sirven para, por un lado, afianzar las posiciones de las compañías en el mercado de las vacunas contra la COVID-19, que incluye a toda la población mundial. Todos los países necesitan vacunas. Millones de dosis. Y, previsiblemente, las necesitarán durante años mientras se produzcan rebrotes estacionales de COVID-19. Por otro lado, suponen un empujón en la cotización bursátil de las empresas. Moderna saltó un 11% este lunes. Pfizer subió un 8% hace siete días.

"Vamos a ir viendo una cascada de anuncios. A partir de ahora, esto va a ser un no parar", avisa la coordinadora de campaña en la Fundación Salud por Derecho, Irene Bernal. El hecho, como se ha observado en la última semana, es que las cotizaciones del sector farmacéutico están muy condicionadas por los resultados de sus investigaciones y los tiempos en los que se comunican. Las buenas noticias calientan el valor en bolsa de las compañías, las malas lo hunden.

Bernal explica que "es el momento de estas empresas porque están apareciendo sus datos de fase III que arrojan algo de luz y tienen un gran impacto en sus cotización y previsiones financieras. Ahora destaca porque estamos muy pendientes, pero es el comportamiento estándar de las farmacéuticas. Todas las grandes compañías de vacunas están metidas en esto y todas quieren comunicar buenos resultados porque eso redunda en sus acciones". El director de mercado de capitales de la Caja de Ingenieros, Bas Fransen, coincide en que esta dinámica es común. "Lo espectacular", matiza, "es la situación que vivimos y cómo, a medida que se acerca la recuperación económica, los inversores saltan de unos valores a otros".

Información muy limitada

Unos anuncios que se basan en lo que las farmacéuticas quieren comunicar. Pfizer informó de que 94 sujetos habían resultado infectados en su ensayo de 40.000 voluntarios. La rusa Gamaleya aseguró que fueron 20 infectados en su trabajo con otras 40.000 personas. Moderna ha dicho que lleva 95 infecciones, 90 de ellas en el grupo que recibe placebo de su ensayo con 30.000 voluntarios. No hay nada más. El presidente de la Asociación Española de Vacunología, Amos García Rojas, reflexiona que "conviene que se presenten esos resultados preliminares en publicaciones de impacto, más que en notas de prensa".

García Rojas, que se confiesa "tremendamente optimista", añade: "No dudo de la veracidad de esos resultados, pero me gustaría analizarlos con precisión y para eso deben ser publicados". Una de las vacunas prometedoras de la compañía china Sinopharm, en unión con el Instituto Virológico de Wuhan, publicó sus "resultados intermedios" de fases 1 y 2 en The Lancet el 15 de octubre pasado. "Una vacuna prometedora", la definió. Una semana después comenzó su fase III.

El vacunólogo español, advierte de que "fruto de estas comunicaciones a través de notas de prensa, se puede hacer pensar a la ciudadanía que estamos ante una carrera a ver quién llega antes y mejor posicionado. Lo importante es que seamos conscientes de que la única carrera válida es la de conseguir modular la pandemia, con prudencia, con calma y con evidencias".

Pero la carrera existe. Porque, a medida que la investigación avanza con buenas perspectivas, más estados deciden asegurar suministro. "En los países de ingresos altos va a darse una competencia entre las farmacéuticas que primero se certifiquen como seguras y efectivas", cuenta Miriam Alía, coordinadora médica de emergencias en Médicos Sin Fronteras. "Entre los de ingresos bajos, entendemos que habrá ayuda con el mecanismo solidario COVAX y un precio más bajo, aunque el acceso siga siendo más difícil. Pero luego hay un montón de países de ingresos medios que no están en ese mecanismo de ayuda, ni pueden firmar contratos a riesgo", analiza Alía. "Los acuerdos de compra o precompra y las reservas exigen tener dinero ¿y quién tiene dinero? Los países de rentas altas. Parece cada vez más difícil que las vacunas lleguen sin problemas a los países más empobrecidos y de rentas medias", abunda Irene Bernal.

Geopolítica y diplomacia vacunal

En estas circunstancias, lo que se está produciendo hasta el momento es cierto acaparamiento de la producción por parte de los países más desarrollados. Intermon Oxfam ha denunciado que el 50% de las dosis ya estaba comprometida para países ricos. Solo para la vacuna de Pfizer-Biontech, el Observatorio Justicia Global ha recopilado los anuncios de los diferentes estados sobre acuerdos de compra y ha concluido que sus pedidos suponen el 37% de la capacidad teórica de producción. Si se añaden las pre-órdenes, llegarían a 1.100 millones de dosis sobre una capacidad anunciada de 1.350 millones (el 82%). Esas operaciones cubren una población de 1.045 millones de personas, el 14% del total mundial.

Según recopiló la revista científica Nature, si se mira el proyecto de vacuna de Johnson & Johnson –que solo exige una dosis, es decir, reduce el esfuerzo a la mitad–, entre EEUU, la Unión Europea y el Reino Unido ya suman un 30% de la fabricación estimada. Antes del anuncio de este lunes de Moderna, EEUU tenía reservada casi toda la producción prevista para 2020. EEUU tiene acuerdos de suministro que suponen dos dosis por cada ciudadano (con posible expansión a más de 4) y Reino Unido ya ha acordado el suministro equivalente a 5 dosis por habitante. La Unión Europea ha firmado contratos equivalentes a casi dos dosis por europeo, con posible ampliación a casi tres.

En ese panorama y con los sueros de Moderna y Pfizer a un precio inicial de más de 30 y 20 dólares por unidad respectivamente, se ha abierto un campo gigante para otras opciones más baratas y sencillas de distribuir.

El Centro Nacional Ruso Gamaleya ha ido sumando partidarios para su Sputnik V, una vacuna basada en adenovirus. Y el fondo soberano ruso FIDR ha ido cerrando acuerdos al mismo tiempo. Suministrará, al menos, 50 millones de dosis al estado brasileño de Bahía. México se ha reservado de entrada 32 millones de dosis. Perú también ha firmado contratos con FIDR. La secretaria de Acceso a la Salud argentina, Carla Viizzotti, viajó en secreto a Rusia el 17 de octubre para después encargar 25 millones de dosis. El laboratorio indio Reddy tiene un acuerdo para estudiar y fabricar 100 millones de dosis de Sputnik V.

En una línea parecida, China aprovecha estas circunstancias para desplegar lo que se está llamando "diplomacia vacunal" y extender sus relaciones con países en vías de desarrollo. Sus biotecnológicas tienen tres sueros en la última fase de ensayo. Y los acuerdos para distribuirlas crecen. Van desde Emiratos Árabes Unidos a Perú, Pakistán, Serbia, Turquía, Bangladesh, Thailandia, Laos, Vietnam, Birmania, Camboya, Filipinas o Marruecos. Sinovac, una de las empresas chinas con un suero en fase III, asegura tener acordada la distribución de 60 millones de dosis en el estado de Sao Paulo (Brasil) y otros 40 millones en Indonesia.

El presidente chino, Xi Jinping, comenzó a desplegar esta estrategia en mayo pasado cuando aseguró que la vacuna sería "un bien de interés público". Sin embargo, y aunque el Ejecutivo chino ha dicho que podrá fabricar 600 millones de dosis en 2020 y mil millones el año que viene, la población china por vacunar asciende a 1.400 millones de personas. El margen para la exportación se estrecha. Irene Bernal admite que "no hay acceso al seguimiento de los contratos de las vacunas chinas y rusas".

Algunas opciones occidentales como la vacuna de la Universidad de Oxford y Astrazeneca aseguran que distribuirán su producto sin buscar lucro. El precio supera por poco los tres euros. Esto la ha convertido en una candidata prioritaria para llegar a gran cantidad de países con escasos recursos mediante el fondo de financiación COVAX –que incluye otras farmacéuticas–. Moderna avisó de que, aunque sí impondrá un margen de beneficio, no piensa exigir los derechos de sus patentes para que sus hallazgos puedan aplicarse sin coste. En ambos casos, las compañías han añadido que esas disposiciones durarán hasta que se supere la pandemia. ¿Quién decide eso? Ellas mismas.

Moderna y Pfizer desatan la euforia inversora en los países más afectados

Las noticias de Pfizer y Moderna han desatado la euforia inversora. El Ibex35 cerró este lunes cerca de los 8.000 puntos, animado no solo por las novedades sanitarias sino por la venta de la filial de BBVA en Estados Unidos y su posterior anuncio de negociación para fusionarse con Sabadell. Ha subido un 15% desde finales de octubre. Otros índices europeos —como el Dax alemán, el Cac francés, el FTSE inglés o Mib italiano— se han anotado subidas similares. Los mercados están viendo el principio del fin y vuelven a los valores más castigados por la pandemia, ante la expectativa de un pronto regreso a la normalidad.

"Al ver estas noticias, los inversores dejan de lado otros índices y saltan de nuevo a países afectados por el confinamiento, como España, Francia, Italia, ante la expectativa de la vuelta del turismo y los viajes", continúa Fransen, de la Caja de Ingenieros. Meliá, por ejemplo, subió este lunes un 10% en bolsa tras conocerse la noticia de Moderna. IAG, un 9,8%. Aena, un 3%. "Si parece que la vacuna se agiliza, cambia la perspectiva en todo el tema de aerolíneas, restauración y hoteles. La rotación es espectacular".

Por contra, los valores tecnológicos que tanto han subido durante los meses de confinamiento han vivido el efecto contrario. El valor de la acción de Zoom, la popular aplicación de videoconferencias, ha pasado de 539 dólares a 390 en un mes (-38%). Algo similar ha sucedido con Netflix (-10%) y Peloton (una tecnológica dedicada al deporte en casa, que cae un 30%). Son valores a los que se ha denominado stay-at-home (quédate en casa) y sobre los que los inversores perciben que el crecimiento ya no será tan glorioso. "Los gestores de fondos y pensiones que los tienen en su cartera ven mejores perspectivas en bancos, materias primas y energía. Cambia su perspectiva. Es un poco lo que está pasando", dice Fransen.

Pero el optimismo financiero no es sinónimo de recuperación en la vida real. La segunda ola de la pandemia mantiene el consumo hundido en España. El gasto en restaurantes, que llegó a niveles pre-COVID en los meses de verano, está al -36% según los datos en tiempo real que ofrece BBVA. El gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, avisó este lunes de que los efectos de la vacuna sobre la actividad tardarán en percibirse, además de alertar del riesgo de que el problema de liquidez de las empresas se convierta en un problema de solvencia

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Por Raúl Rejón / Analía Plaza

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16 de noviembre de 2020 21:50h

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Nicaragua: Las fabulosas ganancias de la oligarquía financiera

Las masacres del año 2018, contra los estudiantes y los tranques, le permitió a la dictadura sostenerse en el poder, y cambiar la correlación de fuerzas a su favor. La represión sistemática y la desarticulación de los liderazgos que surgieron después del estallido de abril del 2018, le permiten a la dictadura sostenerse de manera muy precaria.

Se acabó la bonanza económica

La dictadura chorrea sangre por la economía. Tiene tres años de crecimiento negativo, algo que los economistas llaman depresión económica, y esta tiende a prolongarse en el tiempo, sobre todo porque el año 2021 será de mucha incertidumbre por ser un año electoral.

Atrás han quedado los años de crecimiento de la economía, que fue producto de la inyección de dólares del convenio petrolero con Venezuela. Este dinero que fluía a borbollones se redujo drásticamente en 2016. La crisis de abril hizo explotar lo que ya se venía gestando.

Los dos años del gobierno de Daniel Ortega (2006-2018) fueron de crecimiento de los negocios de todas las fracciones de la burguesía. Estaban contentos, todo marchaba bien. La dictadura invento la formula del “dialogo y consensos”, incluso incorporando este corporativismo a la Constitución en el año 2014.

El monopolio de los hidrocarburos y electricidad

El manejo discrecional de los miles de millones de dólares del convenio petrolero con Venezuela, le permitió a Daniel Ortega, consolidar su dictadura a través de una seria de etapas. Primero, hizo una alianza con la oligarquía financiera, permitiendo la no regulación de las ganancias, y bajo el acuerdo que ninguna de las partes invadiría el negocio del otro. En segundo lugar, con ese flujo de dinero, tuvo los recursos necesarios para crear programas sociales que aumentaron la clientela política, es decir, gente que estaba dispuesta a votar por el FSLN, por el otorgamiento de un título de propiedad de un terreno, o por una docena de láminas de zinc,  o un préstamo con bajos intereses a treves de CARUNA, etc.

La bonanza económica beneficio a decenas de miles de pequeños productores, ganaderos, que vendían sus productos agrícolas o pecuarios a un precio mayor que el mercado internacional.

Mientras muchos estaban embelesados con ese bienestar económico, la familia Ortega-Murillo aprovecho la relativa paz social, para desalojar a sectores marginales de la burguesía del negocio energético. Presionaron a la ESSO Estándar Oíl para negociar su salida del mercado de hidrocarburos, mientras se montaba una red propia. De esta manera, en poco tiempo se estableció un monopolio sobre un área de la económica, hidrocarburos, que estaba en manos de una transnacional y que abandono rápidamente un mercado pequeño como el nicaragüense. De igual manera, concentraron sus inversiones en comprar plantas obsoletas e invertir en energía eólica. Y así se creó el imperio energético de la familia Ortega-Murillo.

Las grandes ganancias de los bancos

Después de 1990, la burguesía que fue confiscada durante la revolución, no solo recupero una parte de sus propiedades, sino que centro su actividad en la creación de bancos privados. Recordemos que toda la banca había sido nacionalizada en 1979. Al incursionar en esta nueva área de la economía, comenzó a acumular progresivamente mucho poder, al grado tal que podemos afirmar que los nuevos oligarcas de Nicaragua no son las rancias familias aristocráticas, sino esa reducida elite de banqueros.

En los últimos 30 años han surgido dos nuevos grupos financieros: El Banco de la Producción (BANPRO) y LAFISE. El primero grupo es presidido por Ramiro Ortiz Gurdián, y el segundo por Roberto Zamora. Ambos son grupos financieros emergentes, pero los dos tienen cobertura regional. El tradicional grupo Pellas, que manejaba el grupo Banco de América Central (BAC), venido la mayor parte de sus acciones, primero a General Electric y después al grupo AVAL de Colombia.

Esta extraordinaria y veloz acumulación capitalista fue posible por el periodo neoliberal que se inició en 1990, y que todavía no ha terminado, porque en el 2007 Daniel Ortega continuo con esa misma política de privilegiar la relación con la nueva oligarquía financiera.

Según la información del Secretaría Ejecutiva del Consejo Monetario Centroamericano (SECMCA), los banqueros nicaragüenses tienen altas tasas de ganancias, cinco veces superior al promedio centroamericano. Esto ha sido posible porque todos los gobiernos (Chamorro, Alemán, Bolaños y Ortega) se han negado a regular las ganancias de los banqueros.

Además, todo el flujo de dólares del convenio petrolero con Venezuela, a pesar que lo manejó discrecionalmente la familia Ortega-Murillo, ingreso por estos bancos, los cuales manejaron los depósitos, y tuvieron la suficiente liquidez para incrementar sus negocios de préstamos con altos intereses para los usuarios.

Las fricciones entre la oligarquía financiera

Dentro de la oligarquía financiera hay competencia, roces, golpes bajos, etc, por los negocios. En 2014 la familia Ortega-Murillo decidió crear su propio banco, llamado Banco Corporativo (BANCORP). Esto provocó recelos entre los banqueros porque hasta ese momento, ellos tenían el monopolio de la banca privada, y parte de los acuerdos con la dictadura es que nunca entrarían a competir con ellos en el negocio bancario.

Con solo los depósitos del flujo de dólares de Venezuela, había un capital inicial de por lo menos unos 2500 millones dólares, que pondría a temblar a cualquier banco.

Ortega-Murillo calmaron a sus socios del momento, diciéndoles que BANCORP sería una banca de segundo piso, es decir, prestaría solo a empresas y corporaciones, y no captaría dinero del público, ni entraría a competir a nivel de créditos. Aunque Ortega mantuvo su palabra, un nuevo banco había nacido y en cualquier momento se desataría una feroz competencia entre ellos, el inicio de la guerra bancaria era cuestión de tiempo. Sin embargo, el estallido social del año 2018 aceleró las contradicciones entre la oligarquía financiera.

Existen dos fracciones claramente delimitadas. Por un lado, están los bancos más fuertes, el grupo Pellas y BANPRO, más proclives a recuperar su lugar hegemónico en la economía y las finanzas, y por el otro esta LAFISE, asociado con el grupo Baltodano, quienes tiene el monopolio de la exportación de café, que son más inclinados a renegociar el statu quo, para regresar a la situación anterior de 2018, redefiniendo la institucionalidad.

La quiebra masiva de los pequeños negocios

Mientras se producía ese reacomodo entre nuevos y viejos sectores de la burguesía, lo mas afectados eran los pequeños y medianos negocios. Los trabajadores, por su parte, siempre estaban ganando los peores salarios de la región centroamericana.

Al estallar la crisis en 2018 y reducirse la actividad económica, además del descenso natural que se apreciaba desde el 2016, se produjo un fenómeno de endeudamiento progresivo de los pequeños y medianos negocios, hasta el cierre masivo, especialmente con la pandemia.

La mayor parte de las fuentes de empleo en Nicaragua provienen de los pequeños y medianos negocios. El cierre masivo de empresas y negocios a partir de la crisis del 2018, y que se ha acentuado en estos dos últimos años, agravada por la pandemia, es lo que ha producido un mayor desempleo.

La dictadura no hizo nada para rescatar y salvar estos pequeños negocios. Los empresarios del gran capital, especialmente los banqueros, tampoco han movido un solo dedo. Esta masa de pequeños propietarios y quienes dependían de estas fuentes de empleo, han sido duramente castigados.

Como era de esperarse, este cierre masivo de empleos no se tradujo en una radicalización de la clase media, sino en todo lo contrario. La dictadura ha aprovechado el aplastamiento de la insurrección desarmada en 2018, para aplicar duros planes de ajuste, pero sin tocar un pelo a los banqueros.

Es necesario controlar las ganancias de los banqueros

Con la quiebra de BANCORP, la burguesía sandinista tuvo que abandonar la idea de ocupar una parte del espacio del mercado financiero, pero tampoco ha decidido regular las grandes ganancias de estos grupos financieros.

El resultado fatal ha sido que mientras la crisis golpe a una amplia masa de pequeños propietarios, enviando al desempleo a los trabajadores, los bancos nicaragüenses son los que siguen teniendo la más alta tasa de ganancia en la región centroamericana.

Mientras Nicaragua se hunde en la pobreza, la represión y la barbarie, estos banqueros continúan enriqueciéndose, y la dictadura, deseosa de reconciliarse con ellos, no emite ni una sola directriz para regular sus fabulosas ganancias.

Los trabajadores y el pueblo nicaragüense tenemos dos caminos para controlar esas ganancias desmedidas: El primero, el más importante, seria nacionalizar la banca privada, para que el Estado pueda tener los recursos financieros necesarios para apoyar a esa enorme masa de pequeños productores endeudados y en proceso de quiebra.

La experiencia negativa con la nacionalización de la banca, en el periodo de la revolución (1979-1990) ha provocado una actitud negativa ante este planteamiento, que muchos han abandonado. La nacionalización debería ser bajo control de los trabajadores bancarios., para evitar la corrupción y el tráfico de influencias.

La segunda opción, es la regulación de las tasas de interés, que la SIBOIF obligue a los bancos a cobrar tasa de interés razonables, acordes a la difícil situación económica del país. Muchos bancos nicaragüenses consiguen prestamos en Estados Unidos, a intereses bajísimos, pero cuando otorgan los préstamos a los productores o pequeños negocios cobran tasas de interés que en promedio pueden andar por el 30% anual. ¡Usura completa!

Cualquiera de estas dos opciones conduce inevitablemente a luchar por el derrocamiento de la actual dictadura, la principal consentidora de la oligarquía financiera.

 

15/11/2020

Por Victoriano Sánchez

Corresponsal en Nicaragua de "El Socialista Centroamericano".

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Vacuna de Pfizer da impulso de 40 mil mdd a farmacéuticas

En menos de una semana las principales empresas farmacéuticas han incrementado en aproximadamente 40 mil millones de dólares (860 mil millones de pesos al tipo de cambio actual) su valor de mercado, como resultado de la expectativa generada por los avances que ha mostrado la vacuna contra el Covid-19 de Pfizer y BioNTech.

Para efectos comparativos, el incremento en el valor de las principales empresas farmacéuticas supera en 30 por ciento el presupuesto anual de salud de México, una de las 15 mayores economías del mundo, que este año es de 653 mil 400 millones de pesos, según datos oficiales.

Los 860 mil millones de pesos en que aumentó el valor bursátil de las farmacéuticas equivale a 3.4 puntos del producto interno bruto de México.

El lunes pasado Pfizer dio a conocer que la cura que trabaja en conjunto con BioNTech tiene 90 por ciento de efectividad contra el nuevo coronavirus, lo que superó las expectativas, pues se esperaba que su eficacia fuera de entre 70 y 80 por ciento.

Los anterior disparó inmediatamente las acciones de ambas farmacéuticas, siendo Pfizer la más beneficiada, pues su valor bursátil pasó de 202 mil 195 millones de dólares a finales de la semana pasada a 217 mil 749 millones actualmente, es decir, con el anuncio la farmacéutica estadunidense ganó 15 mil 500 millones de dólares

Lo anterior fue aprovechado por el presidente ejecutivo de Pfizer, Albert Bourla, quien ante el alza de las acciones vendió 62 por ciento de sus títulos, lo que le generó una ganancia de aproximadamente 5.6 millones de dólares.

La alemana BioNTech, también se vio beneficiada por los mercados luego del anuncio de la vacuna, pues hasta el viernes pasado su valor de capitalización bursátil era de 20 mil 816 millones de dólares, y ahora es de 23 mil 712 millones, lo que significa que un aumento de casi 3 mil millones de dólares.

El valor de Pfizer y BioNTech subió debido a que han establecido acuerdos con distintos países para surtir grandes volúmenes de la vacuna para combatir una pandemia que ha cobrado la vida de más de un millón de personas en el mundo. Por ejemplo, con Estados Unidos tienen un trato de 100 millones de dosis con opción a 500 millones.

La noticia que dieron ambas compañías animaron a otras emisoras del mismo ramo, la gigante Johnson & Johnson vio un aumento de 15 mil millones de dólares en su valor de mercado, esto al pasar de 374 mil 519 millones a 389 mil 894 millones de dólares.

Otra farmacéutica beneficiada, que también está en la carrera por encontrar una vacuna, es Moderna, cuyo valor de mercado pasó de 28 mil 89 millones a 33 mil 400 millones, es decir, un aumento de aproximadamente 5 mil millones de dólares. Mientras que Astra Zeneca vio un alza de poco más de 2 mil millones, al avanzar de 72 mil 800 a 75 mil millones.

Hasta antes del anuncio de Pfizer, la industria farmacéutica ya había visto grandes ganancias en su valor de mercado, pues desde el inicio de la pandemia, hasta mediados de octubre, las empresas mencionadas acumulaban un incremento de aproximadamente 100 mil millones de dólares en su capitalización bursátil.

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La pandemia no ha hecho sino profundizar las desigualdades en el espacio urbano

Con motivo de la celebración de Octubre Urbano, Ecologistas en Acción denuncia las políticas urbanísticas que se han desarrollado durante la pandemia, y que han agudizado los problemas de un modelo de desarrollo que ya existía.

  • Según la organización ecologista, la especulación urbanística y la construcción ilimitada en las ciudades ofrece la falsa idea de desarrollo económico y supone un peligro para el medioambiente y la calidad de vida de sus habitantes.
  • El control de los precios de los alquileres, la renaturalización urbana o la descarbonización de la movilidad, son algunas propuestas para exigir un urbanismo sostenible e inclusivo. 

Naciones Unidas ha declarado la celebración de un Octubre Urbano, un mes marcado por el Día Mundial del Hábitat (5 de octubre) y Día Mundial de las Ciudades (31 de octubre). Ecologistas en Acción aprovecha esta fecha para denunciar problemas como la especulación urbanística y para reivindicar un desarrollo sostenible e inclusivo de las ciudades.

Este mes de octubre la humanidad se enfrenta a nuevos retos en materia de habitabilidad a causa de la pandemia de la COVID-19. Retos que, para Ecologistas en Acción, se suman a problemas que desde hace décadas sufren las ciudades, como la especulación urbanística que expulsa a la población de menor ingreso de sus residencias; o el crecimiento de asentamientos de infravivienda, que coloca a su población en una situación de vulnerabilidad ambiental, inseguridad e insalubridad.

Ecologistas en Acción ha recordado que la pandemia no ha hecho sino profundizar las desigualdades en el espacio urbano. Los impactos sanitarios, sociales y económicos se han hecho más latentes en la población más vulnerable, precisamente por sus condiciones de habitabilidad relacionados con el empobrecimiento: hacinamiento, insalubridad, falta de espacios libres, carencia o dificultad de acceso servicios sanitarios y sociales.

Según la organización ecologista, la crisis sí ha abierto algunas ventanas de oportunidad. En las ciudades ha supuesto un cierto alivio en algunas de las presiones más fuertes que estas padecen, como el turismo y sus fenómenos asociados. Uno de ellos son los pisos turísticos, con fuertes efectos sobre el derecho a la vivienda, la calidad de vida en los tejidos urbanos tradicionales y la inclusión.

Asimismo, también se ha producido la caída de la demanda y de los precios de algunos productos como el terciario hotelero y oficinas, lo que podría favorecer la mezcla de usos y actividades, frente al “monocultivo” en esos mismos productos de muchos centros o áreas urbanas.

Por ello, Ecologistas en Acción señala que los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) 2015-2030 de Naciones Unidas son la guía necesaria para las políticas públicas y las prácticas privadas ante los grandes desafíos del planeta para ‘Conseguir que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles’.

En el Estado español, la organización ecologista apunta a la necesidad de revisar el impacto de un desarrollo urbano basado en la especulación, que en algún caso todavía puede frenarse. En concreto señala “las grandes operaciones inmobiliario-financieras, que son desarrolladas con la complicidad pública, ignorando el interés común y amenazando con infringir nuevos impactos al tejido urbano y social”, según ha declarado Luis Suárez, portavoz de Ecologistas en Acción.

Además, Ecologistas en Acción denuncia las iniciativas de algunos parlamentos y gobiernos regionales –como Andalucía, Región de Murcia y Comunidad de Madrid- que en plena pandemia han desarrollado planes que van en contra de los retos y compromisos citados. Estas comunidades autónomas han impulsado la urbanización del territorio  -incluso aquellos protegidos- poniendo en peligro a los ecosistemas.

La relación de desarrollo económico y urbanización ilimitada que proponen estas políticas no es nueva. Se trata de la misma fórmula desarrollista de los años 60 y 70 y que culminó con la burbuja inmobiliaria de principios del siglo XXI. Estos procesos, recuerda Ecologistas en Acción, han provocado la degradación generalizada de los ecosistemas y un modelo económico frágil ante los ciclos internacionales, insostenibles y de muy baja competitividad.

Suárez ha explicado: “La misma demagogia irresponsable que ha llevado a la relajación prematura de medidas de contención del virus, oponiendo economía y salud, utiliza el señuelo de la desregulación urbanística como mecanismo anticrisis. Más ladrillo para hacer renacer el mercado inmobiliario y turístico con la promesa ilusoria del empleo. Esto es pan para hoy, hambre para mañana”.

Por todo ello, Ecologistas en Acción anima que Octubre Urbano sea un mes de reivindicación ciudadana para exigir coherencia de las políticas públicas urbanas y territoriales. Y para demandar una salida a la crisis que camine hacia un urbanismo sostenible e inclusivo, donde la ciudad sea un derecho y se priorice lo público, la transición ecológica y la economía circular. 

Algunas medidas para conseguir estos objetivos son: el control de los precios de los alquileres, la creación de parques públicos de vivienda social, la renaturalización urbana, la descarbonización de la movilidad y la implantación de modelos de ciudad de proximidad y de los cuidados.

Por | 14/10/2020

Fuentes: Ecologistas en acción

Fuente: https://www.ecologistasenaccion.org/151821/la-pandemia-no-ha-hecho-sino-profundizar-las-desigualdades-en-el-espacio-urbano/

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Paul R. Milgrom y Robert B. Wilson, ganadores del premio Nobel de Economía (Niklas Elmehed / Academia Sueca de las Ciencias)

 

Ambos estadounidenses, la Academia Sueca reconoce también la invención de nuevos formatos de subastas

 

El premio Nobel de Economía ha premiado este año a los estadounidenses Paul R. Milgrom y Robert B. Wilson por sus mejoras en la teoría de las subastas e invención de nuevos formatos de subastas, según ha anunciado este lunes la Real Academia Sueca de las Ciencias.

“No solo han clarificado cómo funcionan las subastas y por qué los que hacen una oferta se comportan de cierta manera, sino que han utilizado sus descubrimientos teóricos para inventar nuevos formatos de subasta totalmente nuevos para la venta de bienes y servicios”, se expone desde la entidad.

Wilson ha desarrollado la teoría de subastas para objetos con valor común, que es incierto de antemano pero que tiende a ser igual para todo el mundo finalmente, como el valor de las radiofrecuencias. Asimismo, ha demostrado por qué los que hacen una oferta tienden a ofrecer menos del valor que creen que tiene el producto: se preocupan por la “maldición del ganador”, que consiste pagar mucho o salir perdiendo.

Milgrom ha formulado teorías más generales y determinado que el subastador logrará más ingresos si los que ofertan saben más sobre el valor que creen que tienen los otros sobre el producto o servicio por el que pujan.

A diferencia de otros Nobel, que se conceden desde 1901 en algunos casos, el de Economía no se empezó a entregar hasta 1969 debido a que esta categoría no aparecía en el testamento de Alfred Nobel. De hecho, el galardón dedicado a esta disciplina es oficialmente el “Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel” pero con los años, y por comodidad, se ha abreviado para simplificarlo.

Desde entonces se han entregado 51 premios, 25 de forma individual. El premio de 2019 recayó en el indio Abhijit Banerjee, la francesa Esther Duflo y el estadounidense Michael Kremer por “su aproximación experimental a aliviar la pobreza global”. Duflo fue la segunda mujer en ganar el Nobel de Economía, tras Elinor Ostrom en 2009.

En esta ocasión, en un año atípico y marcado por la pandemia del coronavirus. Durante el anuncio no hay periodistas como años anteriores y tampoco habrá entrega del premio en la tradicional ceremonia que se realiza en Estocolmo (Suecia) anualmente. Cancelada por seguridad, cada galardonado recibirá su diploma y medalla de oro en su país de residencia y se hará una entrega virtual en la ciudad sueca. El premio cuenta también con una dotación económica de 10 millones de coronas suecas, cantidad cercana al millón de euros.

La dotación económica que acompaña al premio también varía en este 2020, que pasa de nueve a diez millones de coronas suecas, lo que se traduciría en 960.000 euros. La mejora de la situación financiera de la Fundación Nobel en los últimos años ha permitido aumentar la suma, según indica la propia institución.

Por Piergiorgio M. Sandri, Barcelona

12/10/2020 11:52 | Actualizado a 12/10/2020 12:09

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La obscena bursatilización de las vacunas anglosajonas

Patricia Lee Wynne, de Sputnik, comenta que "sin conocerse la eficacia (sic)" de las vacunas, las farmacéuticas “han recibido enormes sumas de dinero estatal (sic) y han visto dispararse el precio de las acciones,con obtención de fabulosas ganancias (https://bit.ly/2G8TLcc)”. Ya antes Sputnik fustigó que las farmacéuticas firmaron contratos millonarios para que las primeras dosis sean casi exclusivamente de EU, Gran Bretaña (GB) y Europa, cuando las “previsiones más optimistas indican que 61 por ciento (sic) de la población mundial podría no acceder a una vacuna antes de 2022 (https://bit.ly/2EIupkM)”. ¿Existe una "guerra de vacunas" anglosajona vs. Rusia y China (https://bit.ly/3gEqTFX)?

Lower Drug Prices Now (LDPN) fulmina contra las "Ganancias de la p" del Big Pharma con subsidios gubernamentales “para aumentar el precio de sus acciones y obtener ganancias sin (sic) la vacuna (https://bit.ly/3jl2zdG)”. LDPN exhibe que este año, hasta finales de agosto, el valor de mercado de las ocho empresas biotecnológicas anglosajonas que cotizan en el índice bursatil S&P 500 superaron 600 mil millones de dólares con un crecimiento anual de 13 mil millones de dólares.

El índice Nasdaq Biotech creció 20 por ciento en lo que va del año cuando dos de las empresas biotecnológicas del Big Pharma nunca (sic) fabricaron una vacuna y la de Moderna nunca había producido un medicamento. ¡No, bueno! Según Patricia Lee, "el gobierno de EU ha entregado 19 mil 800 millones de dólares por contratación directa sin competencia ni concursos ni condiciones" y desnuda la burbuja bursátil de las vacunas, en su mayoría financiadas con dinero público o por universidades (en su mayoría públicas) que llevan a cabo el grueso de la investigación.

Aunque las vacunas fracasen, como el caso flagrante de la británica AstraZeneca, las trasnacionales del Big Pharma "no asumirán ninguna pérdida". Según Oxfam, con sede en Oxford, Moderna recibió de Trump casi mil 500 millones de dólares y venderá su vacuna (subsidiada) a los estadunidenses a un máximo de 15 dólares la dosis, mientras para el resto del mundo valdrá 35: ¡2.3 veces más (https://bit.ly/3jfBto9)! Pfizer, que inoculará dos dosis, coloca el precio de cada una en 19.50 dólares: un total de 39.

La "lógica" globalista tanto bursátil como del "mercado" prima en la repartición de las vacunas: GB tendrá cinco dosis para cada uno de sus habitantes, mientras Bangladesh obtendría una dosis por cada nueve habitantes. ¡Qué bonito! ¿Por qué las entidades británicas están tan preocupadas por la salud global?

La “balcanización regional de las vacunas por EU y GB (https://bit.ly/30gTCKG)” se agudiza y el globalista Financial Times (23/9/20) expone la "cantidad invertida en las vacunas candidatas contra el Covid-19" tanto por los gobiernos (sic) como por los organismos internacionales para financiar y procurar las vacunas, basado en datos de Airfinity, empresa de software con sede en Londres, que coloca en una gráfica el ranking de las inversiones de seis entidades: 1) Barda, parte de la operación “Velocidad de la Luz ( Warp Speed)” de Trump: 9 mil 500 millones de dólares del gobierno y 2 mil 500 millones externos; 2) Alianza de la Unión Europea: 2 mil 500 millones de dólares de los gobiernos y 2 mil 200 millones externos; 3) gobierno de GB: 2 mil 200 millones de dólares del gobierno y 2 mil 100 millones externos; 4) Bill & Melinda Gates Foundation: 2 mil 100 millones de dólares propios; 5) CEPI (Coalition for Epidemic Preparedness): 895 millones de dólares, y 6) el gobierno de Brasil: 500 millones de dólares externos y 100 millones gubernamentales. Llama la atención el desmedido cuan bizarro interés por las vacunas de la fundación del polémico Gates. Es altamente perturbador que CEPI, con sede en Oslo (Noruega, país miembro de la OTAN) haya sido también "fundada" por Gates, cuya fundación también creó la alianza GAVI (https://bit.ly/2EOYak8). Destaca la Santa Alianza del Foro Económico Mundial de Davos/OTAN con la tríada GAVI/Covax/Cepi. ¿De cuándo acá los globalistas, que despedazaron al planeta, se preocupan por la salud humana con su gran negocio de las vacunas?

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Martes, 01 Septiembre 2020 05:32

Cosas del fútbol

Cosas del fútbol

Messi-Barça: el divorcio

 

No hay reversa. Después de 20 años en el club catalán, el argentino se apresta a abandonarlo de mala manera, la misma que ha exhibido la Junta Directiva culé. Cierto es que los de pantalón largo, con el presidente Josep Maria Bartomeu a la cabeza, han hecho casi lo imposible para que el mejor jugador del mundo haga las maletas. Y también es verdad que La Pulga ha metido la pata por su nula elegancia a la hora de mover ficha.

Pierden todos, pero sobre todo pierde una afición que se entregó en cuerpo y alma al astro rosarino, harto de jugar en un equipo incapaz de ganar algún título. Ni Bartomeu ni Lionel Messi pensaron en la masa social del club, junto con la del Real Madrid, la más potente de Europa. El daño ya está hecho y ahora viene una áspera batalla legal, a menos que antes de que sea tarde se imponga la cordura y el divorcio se consume decentemente.

Hay que recordar que el equipo catalán es especialista en romper a la brava con sus ídolos. Desde el legendario húngaro Ladislao Kubala hasta Ronaldo Nazario, que terminó recalando en el Madrid. No importa cuál sea la directiva: son trituradoras y viven en la permanente división. Algo parecido les sucede a los partidos políticos catalanes. Se juntan y al día siguiente ya hay bronca.

Ahora toca negociar pesos y centavos, en este caso euros. La cláusula de la liberación de Messi está fijada en 700 millones de euros, cantidad que ni los ricachones jeques árabes pueden pagar. Pero hay una condición que le permitiría salir libre de polvo y paja y tiene que ver con la fecha de caducidad de su contrato.

Ahí estriba la madre de la batalla legal entre ambas partes. Y aparentemente quien lleva las de ganar es el jugador. La gestión del Barça está siendo tan catastrófica que va a quedar mal con Messi, con los socios y con todo el universo futbolero.

El rosarino llegó a Barcelona teniendo 13 años de edad. Deslumbró a amigos y enemigos y un histórico del Barça, Carles Rexach, lo firmó estampando las rúbricas en una servilleta de papel. A partir de ahí el equipo médico del club lo sometió a duras terapias de crecimiento porque su físico en aquel tiempo era prácticamente raquítico.

Ese fue el comienzo de un jugador tímido y encerrado en sí mismo que a sus 33 años sigue deslumbrando con la pelota en los pies. Imposible olvidar sus interminables duelos con otro monstruo del futbol, el portugués Cristiano Ronaldo. Fueron mejores compitiendo por los mismos honores y, hasta ahora, esa singular guerra la está ganando el argentino, a quien en su país no idolatran como a Diego Armando Maradona.

Se acabó el matrimonio y el barcelonismo busca ya culpables para pasarlos por las armas. Aquí también gana La Pulga porque cae bien y porque lo consideran un catalán más, aunque con costo pronuncie una frase en ese idioma.

Está claro que el Barça se encuentra por iniciar una complicada y traumática travesía en el desierto. La falta de tacto de su directiva, el exceso de soberbia, está llevando al equipo por esos derroteros.

No muy lejos de Barcelona, en Madrid, la capital española, no dejan de morirse de la risa por la infinita torpeza de los mandamases culés.

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Lunes, 03 Agosto 2020 06:29

Oro

Oro

El carácter tan particular de la crisis económica derivada de la pandemia de coronavirus exhibe que “cuando la economía se queda sin consumidores se pone de manifiesto que nada se sostiene sin la gente”. La aseveración (de David Trueba, El País, 28/7/20) parece obvia y, sin embargo, enunciarla así de modo directo le confiere una contundencia argumentativa que no debe perderse de vista.

Ahora, no se trata de una caída del gasto total por las razones usuales asociadas con el comportamiento cíclico de la acumulación del capital; las distorsiones que suelen provocar los déficits públicos; los efectos de la inflación que puede desbocarse, o bien los recurrentes excesos financieros que generan crisis.

Lo que ocurre hoy es el desplome de plano del consumo por efecto del confinamiento para enfrentar la pandemia. ¡No hay quién gaste! Las ventas y la producción en sectores enteros de la economía se han derrumbado de tajo. Eso tuvo que compensarse con gasto público, con recursos asignados directamente a las personas y empresas que perdieron sus fuentes de ingreso.

La pandemia y la gestión de los gobiernos ha provocado que ese gasto, enorme en muchos casos: más de 2 billones ( trillions) de dólares en Estados Unidos hayan sido insuficientes y ahora se debata un nuevo presupuesto de ayudas. Lo mismo ocurre en la Unión Europea.

Por eso hay premura por reabrir la actividad económica y retomar el proceso de ingreso-gasto, pero la cosa no sale bien, pues se provocan rebrotes de contagio y se tiene que dar marcha atrás. Ese dilema está ocurriendo ahora por todas partes, en unas mucho más que en otras, como sucede en México, donde el reconocimiento oficial explícito de la magnitud de la crisis económica está ausente.

Esta situación debería provocar un vuelco en el pensamiento acerca del proceso económico y las políticas públicas, o sea, cómo generar ingresos para la población, ganancias para las empresas, crédito para consumir y producir e impuestos para que recaude el gobierno. El arreglo no se va a dar de modo automático y, de cualquier modo, va a tardar mucho tiempo.

Mientras tanto, la caída del nivel de la actividad económica ha sido brutal en el segundo trimestre del año en todas partes. Muchas actividades económicas cambiarán de modo significativo su estructura y muchos participantes desaparecerán.

Una de las expresiones de la crisis que provoca profundas distorsiones ocurre en las actividades financieras. Desde hace largo tiempo se extiende como reguero una creciente especulación y, a la par, la mayor concentración de la propiedad y la riqueza.

La pandemia refuerza su efecto adverso en el mercado, que se hace cada vez más monopólico y también modifica buena parte de las formas de consumo, de comunicación e interacción social. Esto se advierte, por ejemplo, en el caso de las grandes empresas, en el campo de la tecnología (Amazon, Google, Facebook, Apple) y otras en las que se ha inflado su valor hasta el exceso.

La actividad financiera se distancia de la inversión que crea empleos e ingresos; se aleja de la producción y de la generación de riqueza asociada con mecanismos socialmente eficaces de tipo distributivo.

Los gobiernos en Estados Unidos y Europa están creando dinero a borbotones para incitar la recuperación económica. El precio del crédito es prácticamente cero, cuando no negativo. El dinero no tiene valor ni poder intrínseco, sólo vale lo que representa: capacidad de compra.

Cada dólar, euro o peso mexicano debería apuntar a que sea usado, en algún lado, para producir una unidad de riqueza mediante la producción. El crédito creado por los bancos debería significar que en algún lugar y de alguna manera un dólar, euro o peso mexicano está en proceso de crear producción; para repetir, riqueza.

Pero las finanzas están perdidas en su propio mundo, distanciadas del proceso de generación de riqueza productiva, del proceso que crea recursos que pueden ser distribuidos. En este sentido es una forma de desperdicio social.

La especulación es la reina y cuando ésta misma se convierte en fuente insuficiente de recursos o en un mecanismo con riesgos que se consideran excesivos resurge el atesoramiento. El dinero se puede usar para consumir o ahorrar. El ahorro se entiende como la parte no gastada del ingreso, pero queda disponible para que otros lo gasten o inviertan productivamente.

Cuando el riesgo percibido de las transacciones dinerarias crece en demasía se recurre al atesoramiento, sacarlo del circuito productivo. Una forma primordial es tener oro; una indicación de la esencia atávica del valor del metal y lo primitivo de la esencia humana.

Se admite que puede fluctuar mucho su valor, no es fácil deshacerse de él; preferiblemente debería tenerse de modo físico y no mediante un título que ampare la propiedad y esté guardado en alguna bóveda suiza al cuidado de alguien cuya reputación es finalmente desconocida. Eso está ocurriendo ahora de nuevo con el oro, signo de la desconfianza radical en las condiciones económicas y políticas en el mundo.

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Domingo, 26 Julio 2020 06:09

La trampa del capitalismo verde

La trampa del capitalismo verde

Los apologistas del sistema aseguran que el libre mercado puede solucionar todos los problemas, incluida la crisis ecológica. Pero conocían la magnitud de la tragedia y no hicieron nada. Desde Kyoto, en 1997, se han generado más del 50% de las emisiones

 

Marco Licinio Craso era el hombre más rico de la antigua Roma. Tal era su fortuna que, tras morir combatiendo en Asia Menor, entre los ciudadanos de la República se corrió el rumor de que sus enemigos lo habían matado haciéndole tragar oro fundido para saciar su sed de riqueza. En vida, Craso había utilizado su poder e influencia para acrecentar obscenamente su patrimonio. Una de las maneras fue crear el primer cuerpo de bomberos de la historia, aprovechando que los incendios eran frecuentes entre los edificios de la capital. Pero este cuerpo de bomberos distaba mucho del concepto que tenemos hoy. Cuando se declaraba un incendio, los efectivos se desplazaban al lugar del siniestro y exigían al propietario del inmueble que se lo vendiera a Craso por un precio ridículo si quería que apagaran las llamas. Cuanto más avanzaba el fuego, más bajaba el precio.

Han pasado más de 2.000 años y lo que está ardiendo esta vez es el planeta entero. Las primeras décadas del siglo XXI han sido testigos de la práctica desaparición del casquete polar Ártico y de cómo, año tras año, se baten todos los récords de temperaturas extremas. Como los bomberos de Craso, un grupo de compañías promete ahora arreglar el desastre, eso sí, previo pago. Pero a diferencia de los hombres de Craso, quienes ahora alargan la mano a cambio de apagar las llamas son los mismos que han provocado el incendio

Durante décadas, las grandes corporaciones energéticas negaron que el cambio climático antropogénico fuese una realidad. Para ello no dudaron en gastar miles de millones en sobornar, perdón, hacer lobbying, a políticos para impedir regulaciones medioambientales, sabotear cualquier avance que amenazara su hegemonía en el sector y utilizar los medios de comunicación de su propiedad para sembrar la duda y la desconfianza. Pero hoy, metidos hasta la barbilla en una crisis climática sin precedentes, la realidad del calentamiento global es innegable para todos salvo para los más fanáticos. Y con la opinión pública finalmente concienciada de la magnitud del problema, buena parte de esas mismas compañías que durante décadas lo negaron o minimizaron ahora se revisten de una pátina de ecologismo y adoptan el discurso de la “responsabilidad compartida”, en la que todos tenemos que aportar nuestro granito de arena. Y cuando dicen “todos” se refieren, claro, a los ciudadanos en forma de subvenciones públicas para que sus empresas rebajen los niveles de emisiones.

Hay un punto ya no cínico, sino plenamente obsceno en el discurso de la “responsabilidad compartida”. Nadie puede negar que nuestros hábitos de vida provocan emisiones de gases de efecto invernadero y que podemos y debemos hacer todo lo posible por nuestra parte para reducir nuestro impacto ecológico. Pero es igualmente innegable que las grandes corporaciones energéticas y los individuos más acaudalados han sido y son los principales culpables de la crisis. Sólo 100 compañías son responsables del 70% de las emisiones, y el 10% de los hogares con mayores ingresos generan varias veces más emisiones per cápita que el 50% de los hogares con menores ingresos. Pero el discurso ha empezado a calar entre la población, y vemos cómo, por ejemplo, los países europeos aumentan los impuestos a los conductores de vehículos diesel, al tiempo que subvencionan con miles de millones de euros de dinero público a las empresas que los fabrican. Vemos cómo, mientras que los hogares europeos son responsables del 25% de todas las emisiones (y aquí está incluída la energía que utilizan), pagan el 49% del total de impuestos medioambientales. Esto no es responsabilidad compartida, es entrar en un restaurante y que uno pida bogavante para comer y otro un café con leche y pretender que se pague la factura a medias. Una cosa es tomar conciencia y responsabilizarse del impacto que tienen nuestras acciones y nuestro estilo de vida sobre el ecosistema, y otra muy diferente pagar por los excesos de quien, pudiendo haber evitado el desastre, no quiso hacerlo.

Los apologistas del capitalismo, como zelotes fundamentalistas, aseguran que sólo el libre mercado puede dar solución a todos los problemas, incluido este. Pero lo cierto es que las corporaciones energéticas conocían la magnitud de la tragedia que se avecinaba desde los años 80, y no hicieron nada. Ninguna mano invisible bajó del cielo para hacer que las compañías empezaran a recortar sus emisiones y a realizar la transición hacia fuentes de energía renovables y no contaminantes. Muy al contrario, pisaron el pedal de la polución a fondo. Desde que se creó el Protocolo de Kyoto, allá por 1997, se han generado más del 50% de todas las emisiones antropogénicas de CO2 de la historia. Si en 1987 el 81% de toda la energía del mundo provenía de los combustibles fósiles, treinta años después ese porcentaje es… el 81%. En ese lapso de tiempo, las cuatro mayores compañías energéticas amasaron unos beneficios de más de 2 billones de dólares. Y ahora se aprestan a exigir subvenciones a cambio de transformar su modelo energético. No sólo eso, algunas presumen de ello mientras afean al ciudadano de a pie sus hábitos de consumo.

El coste que supondría acabar con la mayoría de emisiones de gases de efecto invernadero es alto. Se estima que pasar a un modelo energético en el que las energías renovables proveyeran el 80% de la energía costaría unos 15 billones de dólares. En total, la factura resultante de reducir las emisiones netas a cero podría ascender hasta los 50 billones de dólares, según un estudio de Morgan Stanley. Puede parecer una suma extraordinaria, pero palidece ante la cifra de lo que supondría no hacerlo. De acuerdo con un estudio publicado en la revista Nature, reducir las emisiones hasta alcanzar el objetivo de los Acuerdos de París de mantener la temperatura a 1,5-2º C por encima de niveles preindustriales tendría un coste económico de aquí hasta 2100 de más de 600 billones de dólares, pero no hacer nada (bussiness as usual) supondrá un montante que ascendería hasta los 2.197 billones. Para que se hagan una idea, el PIB mundial es de algo más de 87 billones.

La pregunta que toca hacerse ahora no es si hay que pagar esa cifra por arreglar el entuerto, sino quién debe hacerlo. Las grandes corporaciones no dudarán en usar su influencia para presentarse ante el mundo como la única tabla de salvación ante la catástrofe, hablándonos de cómo sólo el sector privado está capacitado para emprender la ardua tarea de la transición energética. Eso sí, utilizando el discurso de la “responsabilidad compartida” para que los estados les rieguen con dinero en forma de subvenciones públicas, y encima les tendremos que dar las gracias por salvar el planeta. Es insultante.

Quienes se hicieron de oro destruyendo el planeta son quienes deben pagar la factura por arreglar lo que todavía se pueda arreglar. Y sí, tienen el dinero para hacerlo. Según el informe de Riqueza Global de Credit Suisse, el 0,6% más rico del planeta acumula casi el 45% de toda la riqueza. Casi 160 billones de dólares. Más que de sobra para lograr los objetivos propuestos sin dejar de ser los más ricos. Y si no quieren quizá sea hora de que los estados tomen de una vez por todas las riendas y nacionalicen las empresas contaminantes, obliguen a quienes más tienen a pagar sus impuestos y creen una alternativa a ese capitalismo salvaje que amenaza ya no nuestro estilo de vida, sino nuestra mismísima existencia. Es cuestión de vida o muerte, literalmente.

Me gustaría ser optimista. Quiero creer que tal alternativa es posible. Pero mucho me temo que volveremos a caer en la enésima trampa de un capitalismo vestido de verde pero con el corazón negro como el carbón.

Por Ernesto H. Vidal 24/07/2020

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Lunes, 13 Julio 2020 06:23

Deudas exóticas

Deudas exóticas

Se divulgó que entre 2015 y 2019 se emitieron bonos de deuda respaldados por las ganancias de compañías asociadas con los poderosos grupos que conforman la mafia italiana de ´Ndrangheta, que opera en Calabria.

Esos bonos, que superarían un valor de mil millones de euros, fueron comprados por grandes bancos y otras empresas financieras para colocarlos entre sus clientes en el mercado internacional. Entre los inversionistas que los adquirieron hay fondos de pensiones, fondos de coberturas y oficinas que gestionan los bienes de familias con grandes patrimonios (se conocen como family office).

Según el reportaje del Financial Times (julio 7, 2020), se trata de una demanda creciente por lo que denomina "deudas exóticas", creadas para ganar altos rendimientos, en una situación en que las tasas de interés se han mantenido inusualmente bajas en los principales mercados financieros. Este eufemismo sobre la extravagancia en las inversiones tendría que llamarse prosaicamente como especulación y, en muchos casos, estafa.

Hay distintos mecanismos para crear este tipo de bonos y otros instrumentos. De esto trata una parte relevante del área del negocio del dinero dedicado a la ingeniería financiera. En este caso se constituían con base en facturas no pagadas de entidades del sistema de salud italiano emitidas por empresas de servicios médicos, parte de la fachada de los negocios de aquella mafia. Las cuentas por cobrar eran un respaldo de los bonos.

Este tipo de instrumentos "exóticos" estuvieron en la base de la crisis financiera de 2008 asociada con el vertiginoso aumento de las hipotecas chatarra que finalmente se convertían, por ejemplo, en base de los certificados de deuda colaterizada, término que por sí mismo indica la nebulosidad reinante.

En esos múltiples CDC acabó por no saberse qué activos los respaldaban y, menos aún, cuál era su calidad; en buena parte era basura financiera. La situación fue tan especulativa que los mismos emisores y otros fondos acabaron por apostar a que esos títulos no serían pagados. Así se hicieron pingües ganancias y también se reforzaron las bases de un entorno financiero cada vez más distanciado de las inversiones productivas.

Es como el juego de las sillas. Cada vez que para la música, hay menos lugar dónde sentarse. Unos pocos se llevan el pozo acumulado y otros muchos salen del juego en mala forma, sin siquiera saber que participaban en él.

El exotismo en las inversiones puramente financieras, en aras de un alto rendimiento esperado, es parte de lo que se conoce como "inversiones desnudas". Responden a un motivo expreso, una alta ganancia en el corto plazo, sin importar la materialidad del uso de ese dinero.

La especulación desnuda tiene, por ello, un efecto muy adverso sobre el crecimiento económico y es un elemento clave de la mayor concentración de la riqueza. Una de las expresiones de este fenómeno es que aparece, paradójicamente, como un exceso de ahorro, que se mantiene en un circuito ajeno a la producción, amplía el desempleo, reduce los ingresos de las familias y provoca una insuficiencia del gasto agregado en inversión y consumo tanto del sector privado como del gobierno.

Mientras más capital se destina a la especulación, a la acumulación de deudas de gobiernos y grandes corporaciones, la situación se presenta como una insuficiencia de proyectos de inversión productiva suficientemente rentable y, eso, en medio de la mayor fragilidad social en general.

No hay empleo más costoso que el que no se crea. Ese incentivo es el que se ha perdido, con muy serias consecuencias. El entorno es el de una exacerbada pérdida de bienestar de grupos cada vez más grandes de la población a escala global. La austeridad fiscal, el control monetario, las fluctuaciones cambiarias, las guerras comerciales, la permisividad en los mercados de dinero y de capitales ahondan el entono recesivo y éste, a su vez, la desigualdad. El círculo perverso se cierra.

En plena pandemia se pone de manifiesto, aun de modo más evidente, el carácter del fenómeno recesivo: la insuficiencia crónica de la demanda que ahora se suma a la caída de la producción, ocurren mientras crecen los precios de las acciones en Wall Street, en medio de una fuerte volatilidad que estimula un mayor comportamiento especulativo, sin que esos fondos financien la producción.

Son las condiciones negativas que crean la desigual distribución de los recursos, ingresos y la riqueza las que definen, finalmente, las distorsiones que se advierten; sus efectos se retroalimentan en la forma de crisis económicas y financieras de mayor profundidad, en las que el bienestar social queda como un residuo cada vez más insuficiente y que crea mayor precariedad.

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