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Entrevista con la socióloga franco israelí especializada en  capitalismo subjetivo

 "El virus, en apenas tres meses, nos condujo a adoptar procesos que hubiesen necesitado 15 años." 

Ese pacto nunca había sido tan evidente como hoy, tanto más cuanto que de su eficacia depende la supervivencia de un sistema liberal que abusa del Estado tanto como lo cuestiona.

 

 Nadie había pensado en esta modernidad hasta qué punto el contrato que nos liga con el Estado y el que liga al Estado con la economía liberal está basado en la salud. Sólo en el Siglo XX el filósofo francés Michel Foucault teorizó la forma en que, a partir del Siglo XVIII, “la vida se convirtió en un objeto de poder”. Y la vida es la salud. Ese “pacto sanitario” que desarrolla en esta entrevista la pensadora franco israelí Eva Illouz nunca había sido tan evidente como hoy, tanto más cuanto que de su eficacia depende la supervivencia de un sistema liberal que abusa del Estado tanto como lo cuestiona. Illouz es la socióloga y pensadora que más ha reflexionado y escrito sobre capitalismo visto desde el ángulo de la subjetividad, es decir, desde el punto de vista del amor y sus (nuestras) relaciones con el sistema liberal. Sus ensayos son el testimonio de un pensamiento basado en la idea de que la modernidad puede ser comprendida a través del amor. No se trata tanto en su obra del amor propiamente “sentimental”, sino, más bien, de la manera en que el capitalismo trastornó los códigos emocionales y la estrategia con la cual la llamada economía moral de las relaciones sociales instituye intercambios económicos a través de las emociones (Capitalismo, consumo y autenticidad, Katz Editores, Argentina, 2019). Sus libros anteriores o posteriores han explorado con una originalidad incuestionable toda la esfera de esa relación contaminante entre amor y capitalismo: Intimidades congeladas (Katz Editores, 2007), El consumo de la utopía romántica. El amor y las contradicciones culturales del capitalismo (Katz Editores, 2009), La salvación del alma moderna. Terapia, emociones y la cultura de la autoayuda (Katz Editores, 2010), Erotismo de autoayuda. Cincuenta sombras de Grey y el nuevo orden romántico (Katz Editores, 2014), Por qué duele el amor. Una explicación sociológica (Katz, 2012), Futuro del Alma. La creación de estándares emocionales (Katz y Six Barral, 2014), Happycracia. Cómo la ciencia y la industria de la felicidad controlan nuestras vidas, junto a Edgar Cabanas (Paidós, 2019). Su último libro en francés, La Fin de l'amour. Enquête sur un désarroi contemporain (El final del amor. Investigación sobre el desorden contemporáneo) se sumerge en las formas más modernas de las relaciones amorosas atravesadas por la libertad de no comprometerse. Ha sido, por paradoja, una de las etapas más dolorosas de la pandemia: para proteger al otro tuvimos amor sin compromiso, es decir, sin presencia.

La pertinencia de su pensamiento se despliega en esta entrevista cuyo hilo conductor es el Estado y su nuevo protagonismo total, la hipocresía y el desenmascaramiento del liberalismo, el amor y la centralidad del pacto sanitario con los ciudadanos. El debate entre un Estado que confina, una ciudadanía que obedece y sectores que lo impugnan ha circulado en todas partes del mundo. Jamás con la grosería, la mentira y la violencia aciaga con que la derecha cavernícola lo hizo en la Argentina. Sin embargo, Eva Illouz señala que ha sido, en el mundo, la socialdemocracia la que mejor ha asumido la gestión de la pandemia.

---De pronto, con la pandemia, en un abrir y cerrar de ojos, la relación entre el Estado y la sociedad se transformó: el discurso liberal de la libertad, de la incitación a la autonomía, a realizarse como un individuo emancipado, quedó neutralizado por la reentronización del Estado. No somos más responsables de nuestro destino. El Estado asumió todas las prerrogativas y se convirtió en el rey en contra del discurso liberal de la emancipación.

---El Estado siempre ha actuado en el telón de fondo de nuestra vida, pero nunca antes habíamos sido testigos de la potencia fenomenal del Estado como ahora, ni de la uniformidad con la cual obedecimos a las órdenes del Estado. Hubo, sin embargo, excepciones muy asombrosas. Pienso por ejemplo en los Estados Unidos, donde la concepción del Estado es muy diferente. Al Estado fuerte lo vimos sea en las democracias sociales, Europa entre otros, sea en los Estados autoritarios. Pero el Estado federal estadounidense fracasó. Hay algo paradójico en esta situación si observamos también lo que ocurrió en Alemania. Fueron más las personas de la extrema derecha las que desobedecieron al Estado que las de la extrema izquierda. De alguna forma hemos sido prisioneros del Estado. Sin embargo, también hemos comprendido que el contrato que nos liga al Estado es un contrato sanitario. El Estado tiene todos los poderes mientras asume la defensa de nuestra seguridad, a la vez militar y sanitaria. Es la primera vez que, por razones sanitarias y no militares, el Estado tiene tantos poderes. Lo ha hecho antes, pero por razones militares y, en el caso de las dictaduras, por causas políticas. Se privó al individuo de sus derechos. Nunca antes había ocurrido debido a razones sanitarias y menos aún a escala planetaria. Cuando hay que elegir entre la seguridad, la supervivencia y la libertad, los ciudadanos siempre elegirán la seguridad. En el contrato social de la teoría liberal siempre se prefiere la seguridad a la libertad. La seguridad será siempre más fuerte que la libertad. El Estado actuó allí.

---Se dio también en el mundo una suerte de convergencia entre los Estados ante la pandemia.

---Hubo una homogeneidad en la gestión de la crisis y fue China quien dio el ejemplo, quien mostró el camino sobre la forma de administrar la crisis. Con algunas excepciones, todos los Estados imitaron a China y terminaron imitándose entre ellos. La uniformización de la gestión de la pandemia fue también algo nuevo.

---¿ Usted cree que el Estado restauró su pertinencia ente un neoliberalismo que siempre buscó retirarle poderes ?. Las crisis mundiales han probado el papel preponderante del Estado: la crisis de 1919, la crisis petrolera de los años 70, la bancaria de 2008 y, ahora, en 2020, la pandemia. El Estado fue, cada vez, el bombero del sistema.

---El capitalismo fue periódicamente salvado por los Estados. Creo que el neoliberalismo siempre tuvo una relación ambigua con el Estado. El neoliberalismo le impone al Estado la lógica del capitalismo y, al mismo tiempo, lo utiliza porque necesita del Estado. El mercado no puede sobrevivir sin el Estado. Las ganancias del sistema capitalista neoliberal son posibles porque el Estado instala estructuras que benefician al capitalismo. El Estado construye las infraestructuras, los trenes, las rutas, los aeropuertos o la electricidad. El Estado también asume la educación. Sin todo esto las compañías no existirían. El Estado se encarga de la capacitación, de la educación. Lo más irónico de todo esto es que el Estado también financia la salud, sin la cual, igualmente, las compañías no sobrevirían. Hay una enorme mala fe en esta situación porque, sin el Estado, el capitalismo no podría existir. Todo lo que el Estado financia y administra es esencial para el mantenimiento de la mano de obra. Un Estado social fuerte es casi necesario para el capitalismo. Pero esta necesidad se ve a menudo negada por los neoliberales. La crisis del Covid-19 fue la prueba flagrante e insoslayable de que el capitalismo necesita de un sistema de salud muy fuerte. En cuanto ese sistema de salud tambaleó, todo se detuvo. De alguna manera esto fue como la hipótesis escondida de todo el sistema.

---Justamente, una de las dimensiones escondidas de esta tragedia radica en que la salud es una de las variables esenciales de la gobernabilidad. En una escala social amplísima no se había visto que la salud era un regulador de todo.

---El Estado moderno está ligado a sus ciudadanos mediante un pacto sanitario. Esto es muy interesante porque, por ejemplo, en Estados Unidos quedó demostrado que sin ese pacto nada funcionaba. Las grandes manifestaciones de Black Lives Matter se desencadenaron por la horrible muerte de Georges Floyd, pero también porque entre las poblaciones negras y latinas se produjeron dos veces más muertes por el Covid que entre los blancos. Nada de esto habría ocurrido si las poblaciones negras hubiesen sido atendidas por el sistema sanitario. Muy ampliamente, esta población estaba enferma y sin atención médica. Estados Unidos nos muestra que sin ese pacto sanitario no es posible gestionar a los ciudadanos. Alemania, por ejemplo, fue el ejemplo más elocuente de una socialdemocracia y de la manera en que el Estado respetaba el pacto sanitario que lo liga a sus ciudadanos

---Se ha dicho en casi todas partes que lo más arcaico, es decir, un virus, vino a demoler la híper modernidad tecnológica. Sin embargo, con un enfoque más sutil, usted sugiere otra interpretación.

---Fue exactamente al revés. No creo que el virus haya provocado un cortocircuito en la modernidad sino, más bien, pienso que nos propulsó hacia adelante. El mundo distópico que nos aguarda es el mundo donde todo se hace en casa: trabajamos en casa, hacemos compras desde casa, nos ponemos en relación con los otros desde casa, buscamos relaciones sexuales desde casa. Es un mundo donde las grandes empresas tecnológicas que lo controlan y desarrollan la tecnología nos permiten navegar en el mundo a partir de nuestra casa. El virus, en apenas tres meses, nos condujo a adoptar procesos que hubiesen necesitado 15 años.

---La expansión de los tapabocas, de las máscaras, como un antídoto contra la propagación del virus es otro episodio globalizado y simbólico. Usamos todos máscaras al mismo tiempo que, como usted lo ha afirmado, la crisis sanitaria desenmascaró la impostura del liberalismo.

---La impostura consistió en decir que el mercado puede autorregularse y que el mercado es el mecanismo más poderoso y, por consiguiente, que es él quien puede regular la vida social. Está también esa idea darwiniana según lo cual todo aquello que sobrevive, que funciona, está muy bien, y que todo lo que es ineficiente desaparecerá. Pero, como lo hemos visto con la salud, el sistema sanitario no es un sistema capaz de funcionar con lógicas de rentabilidad. La impostura consistió también en difundir la ilusión de que lo primero es el mercado y que el Estado es algo viejo, desactualizado, que su forma de reflexionar en el bien común no es eficaz y que su lógica lleva a gastar mucho sin necesidad. Hemos visto ahora que sin un sistema de salud fuerte y sin un Estado que pueda a exigir de su población creer en sus expertos, la crisis de la pandemia no podía gestionarse. Para mí, esta crisis marca el triunfo del modelo socialdemócrata. Los países que mejor gestionaron la crisis fueron los países socialdemócratas. Estados Unidos, que no es una socialdemocracia, se equivocó por completo. Estados Unidos y Gran Bretaña, los dos países donde la ideología liberal es la más fuerte, son los países que peor gestionaron la crisis.

---Frente al futuro que se diseña usted puso de relieve la ética de la responsabilidad. ¿ Cómo se interpreta esa necesidad ?

---Los campos de la responsabilidad cambian ampliamente. Comparemos esto con la crisis del Sida. El Sida se transmitía por vía sexual o por transmisión sanguínea. Rápidamente se entendió que con un preservativo se llegaba a limitar considerablemente la difusión del Sida. El Covid-19 plantea nuevos interrogantes porque concierne a toda la sociabilidad, va mucho más allá de las relaciones sexuales. La pregunta “ ¿ que me debe usted, que le debo yo y cuáles son los términos de nuestro encuentro ? carece por ahora de guion. De allí se desprende esa lógica de la responsabilidad porque, en adelante, deberemos contar con los demás para que ellos no nos pongan en peligro. Nos vimos enfrentados al amor a través de la negatividad. Tuvimos que dejar solas a las personas que amábamos para protegerlas. Solemos pensar en la ética desde el punto de vista de la solidaridad, de la acción, de ser solidarios, tocar. Nos faltó imaginación para pensar en la responsabilidad en modo negativo, en un modo de distanciamiento y de ausencia de acción.

---Aquí entramos plenamente en su obra, particularmente en ese extraordinario libro, El Fin del amor. La pregunta es: ¿acaso esta crisis puede restaurar la creencia en el amor después del desencanto que usted describió tan bien en su ensayo ?

--Creo que la crisis es más difícil para las personas que están acostumbradas a tener varias relaciones al mismo tiempo. Pero lo que torna difícil la condición del amor es cierta forma de individualismo, el hecho de que la familia se volvió opresora, el hecho de que tenemos muchos discursos igualitarios, pero nada de igualdad en la pareja, el hecho de que el cambio, la realización de uno mismo es alentada y, por consiguiente, la gente cambia muy seguido de gustos y de puntos de referencia. Son todas fuerzas exteriores. ¿Una crisis como esta puede aportar una reflexión distinta sobre el amor… ? . Todo dependerá de lo que se ponga en tela de juicio globalmente. Mucha gente descubrió que para medirse a una crisis semejante lo mejor era estar en pareja, con una relación sólida. Ahora ¿ acaso eso es el amor ?. No sé. Tal ves sólo se trata de una relación de afectos, pero no realmente de amor. En China, los divorcios aumentaron luego de la crisis. La gente descubrió que, cuando estaban todo el tiempo juntos, era un infierno. La familia y la casa moderna, o sea, los departamentos pequeños, reposaban sobre la hipótesis según la cual los niños estaban afuera durante el día y que los hombres y las mujeres no se encontraban a lo largo de la jornada. Esta crisis forzó las familias a ingresar en un estado de implosión interior. La tendencia inversa también es posible.

---Usted teorizó por primera vez lo que llamó “el capitalismo sentimental” (también “capitalismo afectivo”). Es decir, esa esfera donde los seres humanos eran absorbidos para producir más. ¿Tiene ese sistema futuro luego de la pandemia ?

---No creo que tenga una incidencia. El capitalismo sentimental conduce a que las emociones sean manipuladas, utilizadas, sublimadas dentro de la esfera de trabajo capitalista para transformar al trabajador y al lugar del trabajo en una unidad donde se puede producir más. Lo que tal vez cambie es que el lugar de trabajo enfrentará más ansiedad o miedo. La pregunta es quien administrará todo este miedo y ansiedad, o sea, el no funcionamiento.

---El amor es, para usted, una forma de comprender la modernidad. ¿Cuál es la forma de nuestra modernidad en este momento-amor preciso ?

---Podemos hablar en primer lugar del individualismo afectivo. Es un elemento central en la historia del individuo. El individualismo es la afirmación de que el individuo tiene derechos nuevos contra los padres, las comunidades y el Estado. El amor desempeñó un papel central en esa afirmación moral del individualismo. Romeo y Julieta, por ejemplo. Luego, está la idea de la libertad, la idea de que el individuo tiene derechos inalienables. Esto se elaboró en la esfera política y después se proyectó en la esfera individual. Es la idea hegeliana de pensar en la familia y el matrimonio en función de los nuevos derechos y de un contrato que va a unir a dos individualidades libres. Todo el modelo moderno de las relaciones presupone la libertad de cada uno para entrar y salir. Es una idea predominante en el amor. En el catolicismo no se puede divorciar porque el matrimonio es una institución santa y, como tal, es más fuerte que la voluntad o el deseo de los individuos. Luego, el amor pone en juego toda la cuestión del deseo. Y el deseo se ha convertido en el motor central de la economía y de la cultura del consumo. Esta cultura legitimó el deseo. Se trata de un encuentro, de una convergencia histórica, entre el deseo del objeto y el deseo sexual y romántico. Desde luego, no se puede obviar la revolución sexual, que fue muy importante. ¡ Sexual !. Esta revolución concierne la vida privada, la sexualidad. La revolución sexual puso todo en tela de juicio y fue uno de los acontecimientos más importantes del Siglo XX que cambió la estructura. Sexualidad, deseo, la forma en que las mujeres van a comprenderse dentro de una relación ocuparon un lugar determinante. En el amor pueden leerse procesos económicos, morales, políticos, jurídicos y sociales.

---La tensión entre el deseo de libertad y los fantasmas de sumisión, entre la atracción y la irritación, la autonomía y la independencia. Con o sin pandemia, el amor es una dualidad difícil de conciliar.

---Sí, absolutamente. Me gusta la perce pción de Freud según la cual el amor es esencialmente ambivalente, está atravesado por una ambivalencia estructural. Durante el confinamiento, la famosa frase de Jean-Paul Sartre “el infierno es el otro” resultó muy pertinente. Creo, también, que es dentro del amor que la frase de Sartre se plasma; en esa presencia constante del otro, en esa intimidad permanente con él. El amor moderno se ha convertido en algo parecido: una suerte de veleidad de intimidad, de transparencia, de simbiosis y de fusión que hace que la proximidad del otro sea simultáneamente más imperiosa y más insoportable.

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Políticas de las emociones y autoritarismo en Colombia

I

La legitimación del poder y del autoritarismo por mandato y derecho casi divino, ha devenido en unos imaginarios condescendientes de aceptación, sumisión y obedienciaen el pueblo colombiano. Se justifica así su accionar, sus desbandadas de injusticia, de crueldad y asesinatos, hasta sus mediocridades y estupideces. Esto último no solo produce vergüenza y pena ajena en las mentes despiertas y atentas, sino miedo y estupor. Peor aún, se legitima y permea la idiocia del poder, sus peligrosas y banales acciones entre los ciudadanos, quienes asumen, con indiferencia e ignorancia, que dichas actuaciones son justas, equilibradas y hasta necesarias para mantener el orden y la disciplina social. La dictadura de la mediocridad se interioriza en cada uno como una dictadura de la aceptación.

En la Colombia de este siglo XXI, esta retórica casi decimonónica, ha elevado la figura del patriarca, del hacendado, del mafioso, del réprobo millonario, del audaz y astuto, a un ‘‘hacedor de la patria’’, el gran ´´creador benevolente de la nación´´, un pseudo artista que moldea las pasiones y necesidades de su pueblo. Poder y manejo de las emociones y pasiones de los sujetos que las elites dominantes desean crear, igual que lo hacíaJoseph Goebbels. Como tal, dialogan con la propuesta delMinistro para la Ilustración Públicay Propaganda de Hitler, quien el 11 de agosto de 1933 había escrito: ´´nosotros que damos forma a la política alemana moderna, nos sentimos como artistas a los cuales ha sido confiada la alta responsabilidad de formar, a partir de la masa bruta, la imagen sólida y plena del pueblo´´1

Las élites hegemónicas, en  tanto que se creen las gestoras y escultoras de la nación, elegidas por la providencia y los sacramentos, fusionan su accionar con la persecución al oponente, a través de un fundamentalismo religioso-político y un fanatismo persecutorio de todo lo diferente a su dogma. Moldear por mandato divino al pueblo según su ideología y que nadie se oponga a sus deseos, tal es la consigna en las élites colombianas actuales, quienes, más que una democracia participativa popular y un Estado de Derecho, han creado una Emocraciapolítica con base en las pasiones mediáticas y de un Estado de opinión pantallizado.

El concepto Emocraciaque aquí empleamos hace referencia a las sensibilidades políticas globales y nacionales actuales, donde se organizan las ideologías con base en la emoción pasional de los ciudadanos, una pasión ideológica, enajenada y obesa de certidumbres absolutas, lo cual desafía cualquier sensatez, cualquier alteridad, cualquier respeto a la diferencia.  “La pasión ideológica lo colma todo en el neoconservadurismo actual. Contrario al procedimiento razonable y democrático, que llega a la aceptación de acuerdos, De esto al fascismo no hay distancia alguna. Sus resultados son los dogmatismos, el terror, las persecuciones, las acusaciones y, por ende, paranoias y atrocidades. Por lo mismo, la emocracia pasional fomenta el salvajismo de los muchos a favor de los pocos. Ante la ley de la doctrina tiránica emocrática, se inclina una apasionada muchedumbre vehemente…”.2

Bajo estas condiciones, la situación política, cultural, económica en Colombia es desastrosa, con gran parte de su población mutilada ideológicamente y que manifiesta apenas meras opiniones e impresiones gestadas global y localmente, a través de lo cual justifican la actuación de sus victimarios. Estos, a la vez, se sienten justificados como guardianes de la tradición religiosa y moral, del orden, la  nacionalidad, la obediencia y el poder, por lo que, sin vergüenza y con rampante cinismo pronuncian sin descanso a unísono con Hitler: ´´quien quiere hacer la historia debe también poder hacer correr la sangre´´, blindando así, con esta tesis fascista, sus propuestas y apuestas de moldear y crear una Colombia con ´´seguridad democrática´´,          de mano fuerte para los disidentes, pero de corazón blando para los banqueros, terratenientes, militares, mafiosos y amigotes.

Así, volver creíbles y viables entre todos los colombianos sus antidemocráticas y violentas propuestas, son los mayores objetivos del actual gobierno; transformar sus dogmas en creencias, su manipulada historia en verdades, su sangre en aplausos, el aniquilamiento del adversario en costumbre y ejemplo a seguir.

II

De modo que, insistimos, la justificación del autoritarismo, del cinismo descarado y de sus procedimientos por un mandato religioso, que no secular ni cívico, se hace evidente en Colombia. A través de ello pareciera que el espíritu de la providencia se encarnara en el Demiurgo mayor de los dominantes y se procediera a potencializar sus injustas y sangrientas acciones en nombre de la salvación de la patria. Mesianismo visible e invisibilidad  ante los ciudadanos de sus verdaderos propósitos. Estas promesas justifican entonces las prácticas antidemocráticas pensadas y llevadas a cabo, sobre todo, dan vía libre a cualquier discurso en contra de los derechos humanos y a favor de los fanatismos, promovidos eufóricamente en todos los medios. Esto, en un proceso de repetición, ha hecho que gran parte de la ciudadanía no se identifique con la paz, sino con la guerra. Dicha perversa demagogia de repetición de unas mentiras y de un  ´´todo vale´´ sin prejuicio alguno fue la estrategia política que los múltiples fascismos mundiales  han utilizado. Las élites colombianas no cesan de propagar la idea de su necesaria presencia para ´´curar´´ las heridas de la Nación, semejándose a la imagen que se daba Hitler al considerarse el ´´médico del pueblo alemán´´. Para una sociedad paranoica, necrofílica y terapéutica como la nuestra, dicho discurso no puede ser más apropiado y ha permeado muy fácilmente.

La identificación entre este fanatismo político y religioso es patética. Todo su discurso se centra entonces no en un proceso reflexivo sobre el contenido, sino en un choque emotivo e impactante como lo es el odio, la culpa, la venganza, la rabia hacia el otro. Y de nuevo nos topamos con una frase de Hitler: ´´Ante todo, decía, es necesario desembarazarse de la idea de que las concepciones ideológicas podrían satisfacer a la multitud. El conocimiento es para la masa una base tambaleante, lo que es estable es el sentimiento, el odio…´´3.

En vez de reflexionar el drama nacional, con lucidez y conciencia histórica, lo que las élites dominantes proponen es construir enfurecidas pasiones contra el inventado enemigo; incitar a odios, violencias, cizañas, desgarraduras a través de la sugestión y de la mentira. Una ‘’emoteca’’ visceral política de unos muchos contra unos pocos que piensan diferente, descartando toda alteridad. De esta manera, los gendarmes y propietarios del poder dan a pensar que son la encarnación de la verdad y son los llamados a la redención de la patria, formando un corpus político, religioso. Por consiguiente, ellos tienen la potestad de limpiar el ambiente de críticos e indeseados enemigos, sin ningún remordimiento ni arrepentimiento.

Juego de emociones y de sensibilidades que van de lo íntimo a lo colectivo, de lo subjetivo inmediato a la espera de un porvenir, y todo proyectado a los deseos de liquidar a su opositor. ´´Mi pedagogía es dura, escribía Hitler, lo que es débil y carcomido debe ser sacado a martillazos´´.

III

Como generadores de una ´´suprema fe´´, estos promotores de la Emocracia en Colombia inducen a creer que todas sus propuestas son correctas y no merecen tener detractores. A ningún opositor se le obedecerá; se le escuchará tal vez, pero sus palabras caerán en la campana del vacío. Ningún contradictor será digno de diálogo ni de respeto, todos, y ese es su deseo, deberían trabajar a unísono de las ideas de su ideología. No habrá otra elección. De allí a un nepotismo no hay ni un paso. Todos quedarían convertidos en obreros de su ideología, renegando de su libertad, de su autonomía y dignidad. Tal es el país que los emócratasautoritarios aspiran, proyectan, un país sin contradictores, sin contestatarios, sin rebeldías; sólo aceptación, obediencia y olvido.

Es una comunidad del consentimiento y del ‘’aplausímetro’’ la que se desea instaurar entonces. Tanto el Presidente,impuesto y manipulado, como los Ministros y servidores del gobierno cumplen con el propósito de imponer las órdenes de un jefe supremo que se ha creído la encarnación del país y su salvador. La Emocracia lo inspira y la gendarmería mediática oficialista le da siempre la razón. Bajo tales condiciones, neo-regeneracionistas y decimonónicas, y parafraseando a Ernst Bloch, los gobernantes han querido ´´reemplazar a Jesús´´, y que el Estado y los ciudadanos ocupen ´´el lugar de la comunidad de fieles´´.

El culto y la idolatría desde la condición pasional cuasi religiosa se pone así en funcionamiento. Estos son entonces algunos de los actuales dispositivos de poder globalitarios con ideologías disciplinarias, como nuevas formas  redentoras, con nacionalismos autoritarios excluyentes y xenófobos, de machismos homofóbicos ejercidos por gobiernos neoliberales, con golpes de Estado amparados en despotismos bíblicos confesionales. Demasiados simulacros de democracias, pero dictaduras reales, represivas e impositivas de las ordenanzas del imperio.

Proponerse a cultivar la fe en sus acciones, como en su partido, es un prolongado propósito en cualquier Emocracia. Generar la necesidad de la creencia y de la confianza, sea a través del medio que sea, valiéndose, la mayor de las veces en falacias, trampas y audaces mentiras, son sus perversas y cínicas tácticas y estrategias. De allí que la crítica, la duda, la incertidumbre, el escepticismo sean enemigos supremos, aptos para ser suprimidos, puestos incluso en ridículo con ciertos epítetos y eslogans que los rebaja a través de un humor vil, agresivo, sicarial. En Colombia dicha práctica es constante entre las derechas hacia los intelectuales, activistas, líderes sociales, docentes, artistas, poetas, en fin, hacia los que ejercen su derecho a abrir la boca para aclarar o denunciar sus circunstancias. Entonces, la censura, la prohibición, el cierre a medios alternativos independientes se ejerce desde el poder emocrático, todo para que las grietas de lo establecido no se hagan visibles y para que el hedor que expide el sistema, sea percibido como grata fragancia.

IV

Junto a todas estas manipulaciones emocráticasse encuentra también la propagación del miedo en todas sus formas: económicas, políticas, xenófobas, homofóbicas, misóginas, bíblicas, como culpabilización al opositor y, por lo regular,  invención de un enemigo causante de los desastres. Es el miedo unido a la venganza, la ira y la violencia, todo ello alimentando emociones donde la reflexión crítica y la argumentación lúcida no tienen cabida. La estrategia del miedo se propaga para desestabilizar y fragmentar a una comunidad; para recluirla y ensimismarla, de tal manera que los problemas que realmente nos afectan se oculten y se esfumen como por encanto, gracias al velo creado exponencialmente. He aquí la perversidad en su máxima expresión y representación: hacer prosperar un peligro como mentira y proyectar que todos estamos atrapados en él y sin posibles soluciones. Esta ha sido y es un proceso sistémico que el poder inflama para detener nuestras colectivas e individuales aspiraciones. Nos vuelve antisociales, solipsistas extremos, narcisos egoístas, excluyentes, marginales. A través de él, el poder controla, domina, organiza nuestros impulsos, nos refugia y ensimisma.

La viralización del miedo en las redes ayuda a que esta propagación fóbica se agudice y con ella se masifique la ira, el repudio y el odio al que vive y piensa diferente. Con todos estos ingredientes la sociedad, dominada por una emotividad gestada y dirigida, se aproxima más a las tiranías autocráticas que a las democracias autocríticas y realmente participativas.

* Poeta y ensayista colombiano

1Citado por Michaud, Eric. La estética nazi. Un arte de la eternidad. Buenos Aires: Ediciones Adriana Hidalgo, 2009, p.19.

2La emocracia ha permeado toda la cultura formando ciudadanos obedientes que dan un sí a la destrucción de sus adversarios, un sí a su aniquilamiento y, lo peor, votan por la guerra. Éstos, tal como nos lo ilustra Walser, “no son una sangre tranquila, sino que hierve, por eso son exagerados y apasionados, ansiosos  como están por derramar la sangre de sus enemigos (…) Y los peores de ellos son los demagogos que se ponen a su cabeza, a los que no se concibe como cínicos manipuladores o príncipes maquiavélicos, sino como hombres y mujeres que comparten plenamente las pasiones de las personas a las que guían. Eso es lo que se quiere decir con ‘energía apasionada’: los sentimientos son genuinos, y por eso producen tanto miedo”. (Fajardo Fajardo, Carlos, 2017. La Emocracia global y otros ensayos. Bogotá: Ediciones Desde abajo, págs.11-12).

3Op.cit.,64.

 Por CARLOS FAJARDO FAJARDO*

*Poeta y ensayista colombiano

1Citado por Michaud, Eric. La estética nazi. Un arte de la eternidad. Buenos Aires: Ediciones Adriana Hidalgo, 2009, p.19.

2La emocracia ha permeado toda la cultura formando ciudadanos obedientes que dan un sí a la destrucción de sus adversarios, un sí a su aniquilamiento y, lo peor, votan por la guerra. Éstos, tal como nos lo ilustra Walser, “no son una sangre tranquila, sino que hierve, por eso son exagerados y apasionados, ansiosos  como están por derramar la sangre de sus enemigos (…) Y los peores de ellos son los demagogos que se ponen a su cabeza, a los que no se concibe como cínicos manipuladores o príncipes maquiavélicos, sino como hombres y mujeres que comparten plenamente las pasiones de las personas a las que guían. Eso es lo que se quiere decir con ‘energía apasionada’: los sentimientos son genuinos, y por eso producen tanto miedo”. (Fajardo Fajardo, Carlos, 2017. La Emocracia global y otros ensayos. Bogotá: Ediciones Desde abajo, págs.11-12).

3Op.cit.,64.

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Protesta frente al capitolio por cancelación del DACA. EU perdió a su juventud: el sustento de un país está desacreditado en la nueva generación.Foto Ap

Antes de la volcánica explosión generalizada, expuse la rebelión de la “Generación Y ( millennials)”y la “Generación Z ( centennials)” en EU (https://bit.ly/2D2OXTN) cuando “50 por ciento de los millennials y 51 por ciento de la Generación Z sienten que el sistema económico de EU ha trabajado en su contra” con una “colosal deuda universitaria de los millennials: ¡1.6 millones de millones de dólares!” ( https://bit.ly/3fboPnI ) cuando EU se encuentra inundado por sus deudas al consumo (https://bit.ly/37pIu0l).

El futuro ya alcanzó a EU: “la verdadera revolución demográfica será implosiva con el ascenso de los centennials (Generación Z) hispánicos (sic) de EU y su promedio asombroso de 11 años de edad” (https://bit.ly/2MUSAgy).

Pew Research expone la identidad generacional de los contestatarios ( https://pewrsr.ch/3eSvx1d ): 40 por ciento son blancos (sic), primordialmente demócratas y menores de 30 años de edad: los millennials (https://bit.ly/2E75FlH).

Según Pew Research, los jóvenes adultos y demócratas asistieron a una protesta el pasado mes: blancos 46 por ciento; latinos 22, afros 17 y asiáticos 8 por ciento. Los latinos vienen en segundo lugar después de los blancos y antes que los afros cuando 79 por ciento es proclive a los demócratas y 17 por ciento lo es a los republicanos. De 18 a 29 años, es decir, los millennials, asistió 41 por ciento; de 20 a 49 años, 38 por ciento y de 50 a 54 años 15 por ciento.

Destaca que la protesta sea casi igual de las zonas urbanas (41 por ciento) y las suburbanas (42) frente a 17 de la zona rural (el área que vota por Trump). La elección se jugará en el área suburbana, donde vive la mayor parte de las minorías.

En su artículo de corte escatológico, Paul Craig Roberts, anterior secretario asistente del Tesoro con Reagan, juzga que EU cesó de existir (sic) hace varias décadas cuando “solamente la fuerza fundacional del país (…) preservó la imagen viva de un país funcional”, en clara alusión a la demolición iconoclasta de los iconos de los padres fundadores de la independencia de EU, lo cual atribuye al autodio (sic) de las élites liberales (sic) blancas (sic) que dominan la educación, los multimedia y el gobierno.

Paul Craig Roberts recuerda su artículo de hace 15 meses: La cultura occidental (sic) murió de una muerte políticamente correcta (https://bit.ly/2ZVO6xz).

Se lamenta que la iconoclastia no está únicamente limitada al sur –la otrora confederación secesionista–, sino que rebasa a los Padres Fundadores para alcanzar a la Constitución y al emblema nacional, definidos como racistas.

Lo más relevante de su canto de cisne es la admisión de que EU perdió a su juventud: el sustento de un país está desacreditado en la nueva generación (https://bit.ly/2CVvAfu).

¿Cómo puede tener presente, no se diga futuro, un país que desdeñó a sus millennials y desprecia el futuro de sus centennials cuando lo único que le importa es enriquecer a su parasitaria plutocracia misántropa?

Paul Craig Roberts concluye con un epitafio sonoro: es muy tarde para hacer algo.La pregunta es: ¿quién sobrevivirá? No serán los blancos.

En efecto, la dinámica demográfica juega en contra de los axiomas fundacionales del Partido Republicano a quien, a mi juicio, le queda como último recurso la balcanización de los WASP (blancos, protestantes , anglosajones), hoy aliados a los evangelistas sionistas de la dupla de los Mike (Pence y Pompeo), para crear su República Blanca, quizá en alianza con un segmento de los latinos.

Paul Craig Roberts no cita para nada al movimiento antisionista de los Black Lives Matter (BLM) y al grupo Antifa que supuestamente encabezan la revuelta como epifenómeno, cuando la participación de los millennials blancos ha sido de mayor calado en la profundidad de las aguas turbulentas.

Lo peor en una guerra civil/guerra de clases/guerra cultural es tomar partido desde afuera cuando EU parece estar herido de muerte entre dos cosmogonías incompatibles: delicada situación que no será resuelta por quien fuere el vencedor de la elección presidencial en menos de cuatro meses.

¿Está preparado México a todas las eventualidades que le afectarán irremediablemente?

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Sábado, 25 Julio 2020 06:24

Asquerosamente ricos

Asquerosamente ricos

La mayoría de las discusiones sobre la desigualdad, ya sea entre países o dentro de cada país, giran en torno a los ingresos. Son profusos los datos y documentos sobre la desigualdad de ingresos, particularmente los referidos a su aumento en la mayoría de las principales economías desde la década del 80.

Relacionado al debate sobre la desigualdad de ingresos está también el tema de la pobreza: cómo definirla y cómo medirla, y si la pobreza a nivel mundial y dentro de cada economía ha aumentado o ha disminuido. Un informe reciente del Foro Económico Mundial1 (WEF, por sus siglas en inglés) reveló que la desigualdad de ingresos aumentó o permaneció estancada en 20 de las 29 economías avanzadas, mientras que la pobreza aumentó en 17 de ellas.

Donde más rápidamente aumentó la desigualdad de ingresos fue en América del Norte, China, India y Rusia, según señala el Informe sobre la desigualdad global 2018,2 producido por el Laboratorio de la Desigualdad Global, un centro de investigación con sede en la Escuela de Economía de París. La diferencia entre Europa Occidental y Estados Unidos es particularmente sorprendente: «Si bien en 1980 en ambas regiones el 1 por ciento más rico tenía cerca del 10 por ciento de los ingresos, para 2016 en Europa Occidental su participación en el total de los ingresos había aumentado al 12 por ciento, mientras que en Estados Unidos se disparó al 20 por ciento en el mismo período. Al mismo tiempo, en Estados Unidos el 50 por ciento más pobre tenía el 20 por ciento de los ingresos en 1980, pero apenas el 13 por ciento en 2016».

La discusión y el análisis de la desigualdad de la riqueza (la riqueza individual) no recibe tanta atención. Se diría que cualquier persona con grandes cantidades de riqueza (definida como la posesión de propiedades, medios de producción y activos financieros) obtiene, en consecuencia, niveles altos de ingresos y, según parece, niveles de impuestos relativamente más bajos.

NO HAY COMO SER DUEÑO

Por supuesto, hay excelentes trabajos que han medido los niveles de riqueza individual y los cambios en la distribución de esa riqueza a lo largo del tiempo. Cada año, la empresa de servicios financieros Credit Suisse publica un informe sobre la riqueza global,3 en el que muestra la cantidad de riqueza acumulada a nivel individual a lo largo del mundo. Allí se puede ver que el 1 por ciento más rico tiene casi el 50 por ciento de la riqueza mundial. Oxfam publica regularmente estudios que revelan cómo sólo unas pocas familias poseen grandes porciones de riqueza individual en diferentes países y a nivel global. Economistas como Thomas Piketty, Emmanuel Saez y Gabriel Zucman han producido en los últimos años excelentes trabajos que muestran la enorme inequidad en la propiedad de medios de producción, tierra, propiedades inmobiliarias, activos financieros e incluso patentes y otros activos de la «economía del conocimiento».

Y aquí está el mayor problema. Tanto en las economías avanzadas como en las emergentes, la riqueza está distribuida mucho más desigualmente que el ingreso. El WEF informa, además, que «este problema ha mejorado poco en los últimos años y la desigualdad de la riqueza ha aumentado en 49 economías».

El sociólogo y estadístico italiano Corrado Gini desarrolló en 1912 una herramienta para medir la distribución de la riqueza dentro de las sociedades conocida como el índice de Gini o el coeficiente de Gini. Su valor va de 0 (o 0 por ciento) a 1 (o 100 por ciento): el primero representa la igualdad perfecta (riqueza distribuida de manera uniforme) y el último representa la desigualdad perfecta (riqueza concentrada en muy pocas manos).

Cuando se usa el índice de Gini tanto para los ingresos como para la riqueza en cada país, la diferencia es asombrosa. Veamos algunos pocos ejemplos. El índice de Gini para Estados Unidos es de 0,378 para la distribución del ingreso (bastante alta), ¡pero para la distribución de la riqueza es de 0,859! Observemos la supuestamente igualitaria Escandinavia: el índice de Gini de ingresos en Noruega es de solo 0,249, ¡pero el de riqueza es de 0,805! Es la misma historia en los otros países nórdicos. Puede que tengan una desigualdad de ingresos inferior a la media (0,347), pero su desigualdad de riqueza es superior a la media (0,700).

¿Qué países tienen los peores niveles de desigualdad de riqueza individual? En la gráfica podemos ver las diez sociedades más desiguales del mundo. No nos sorprende encontrar a algunos de esos países en este topten: sociedades muy pobres o gobernadas por dictadores o militares. Pero allí también aparecen Estados Unidos y Suecia. Tanto una economía avanzada de tipo neoliberal como una socialdemócrata: el capitalismo no discrimina cuando se trata de riqueza.

LA RIQUEZA ENGENDRA RIQUEZA

De hecho, ¿es posible discernir si la alta desigualdad en la riqueza está relacionada con la desigualdad en los ingresos? Usando los datos del WEF podemos concluir que existe entre ambos factores una correlación positiva (de aproximadamente 0,38 puntos): a mayor desigualdad de riqueza individual en una economía, será altamente probable que exista una mayor desigualdad del ingreso.

La pregunta en todo caso es: ¿cuál es la que alimenta a la otra? Esto es fácil de responder; la riqueza engendra riqueza. Y una mayor riqueza genera mayores ingresos. Una elite muy pequeña posee los medios de producción y las finanzas, y así es como se queda con la mayor parte de la riqueza y de los ingresos.

En 2016, un estudio4 hecho por dos economistas del Banco de Italia descubrió que las familias que hoy son las más ricas en la ciudad de Florencia descienden… de las familias que eran las más ricas en la ciudad de Florencia hace casi 600 años. Las mismas familias han permanecido en la cima desde el surgimiento del capitalismo comercial en las ciudades-estados italianas, pasando por la era de la expansión del capitalismo industrial y el mundo actual del capital financiero.

Otra investigación,5 realizada esta vez en la «igualitaria» Suecia, revela que no son los buenos genes los que te hacen exitoso, sino tu riqueza familiar o un matrimonio conveniente. Las personas no son ricas porque sean más inteligentes o estén mejor educadas. Lo son porque son «afortunados», tuvieron suerte o heredaron su riqueza de sus padres u otros parientes (a lo Donald Trump). Los investigadores encontraron que «hay una alta correlación entre los niveles de riqueza de padres e hijos» y que «comparando la riqueza neta de padres adoptivos y biológicos y la de sus hijos, encontramos que, incluso antes de que haya cualquier herencia, el entorno tiene una importancia sustancial frente a la incidencia mucho menor de los factores prenatales». Los investigadores concluyeron que «la transmisión existente de riqueza no se debe principalmente a que los niños de familias más ricas sean inherentemente más talentosos o más capaces, sino a que, incluso en la relativamente igualitaria Suecia, la riqueza engendra riqueza».

EL PODER CONCENTRADO DEL CAPITAL

Contrariamente al optimismo y la apología de los economistas mainstream, la pobreza (tanto en términos de riqueza como de ingresos) de miles de millones de personas en todo el mundo sigue siendo la norma, con pocos signos de mejora (véase la nota de Daniel Gatti). Mientras tanto, la desigualdad de riqueza e ingresos dentro de las principales economías capitalistas aumenta a medida que el capital se acumula y se concentra en grupos cada vez más pequeños. El trabajo de Emmanuel Saez y Gabriel Zucman también ha demostrado que en Estados Unidos la riqueza se ha concentrado cada vez más en manos de los llamados superricos.6

Debe notarse que la desigualdad de la riqueza ha aumentado principalmente como resultado de una mayor concentración y centralización de los activos productivos en el sector capitalista. La concentración de riqueza real se expresa en el hecho de que el gran capital controla la inversión, el empleo y las decisiones financieras a nivel mundial. Según el Instituto Suizo de Tecnología, un núcleo dominante de 147 empresas controla, a través de participaciones entrelazadas en otras compañías, el 40 por ciento de la riqueza de la red global. Un total de 737 empresas controla el 80 por ciento. Esta es la desigualdad que importa para el funcionamiento del capitalismo: el poder concentrado del capital.

Las políticas destinadas a reducir la desigualdad de los ingresos mediante impuestos y regulaciones, o mediante el aumento del salario de los trabajadores, no tendrán mucho impacto mientras haya un nivel tan alto de desigualdad de la riqueza. Y esa desigualdad de la riqueza proviene de la concentración de los medios de producción y las finanzas en manos de unos pocos. Si la estructura de propiedad permanece intacta, puede predecirse que incluso los impuestos a la riqueza se quedarán cortos.

*Economista marxista británico. Trabajó 30 años en la City londinense como analista económico.

(Tomado del blog del autor The Next Recession. Traducción al español y titulación de Brecha.)

  1. Inclusive Development Index 2018 (World Economic Forum, Cologny, 2018).
  2. World Inequality Report (World Inequality Lab, París, 2018).
  3. Global Wealth Report (Credit Suisse, 2019).

4.«Intergenerational mobility in the very long run: Florence 1427-2011» (Guglielmo Barone y Sauro Mocetti, Bank of Italy working papers, 2016).

  1. «Poor little rich kids? The role of nature versus nurture in wealth and other economic outcomes and behaviors» Sandra E. Black, Paul J. Devereux, Petter Lundborg y Kaveh Majlesi, Cambridge, 2016-2019).
  2. Véase, por ejemplo, «Wealth inequality in the United States since 1913: Evidence from capitalized income data», (Cambridge, 2014).
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Fuentes: Observatorio Internacional de la Crisis

El movimiento francés demostró un potencial revolucionario que veremos surgir en la postpandemia

 

La revuelta de los Chalecos Amarillos ha sido interpretada y analizada muchas veces y de muchas maneras. La derecha y la mayoría de los medios de comunicación, han definido al movimiento como casi fascista, como una forma de delincuencia colectiva, en una palabra, como una amenaza a la democracia y sus instituciones.

También entre gente que simpatiza con los movimientos sociales – incluidos muchos activistas de izquierda – ha existido una fuerte reserva sobre esta nueva forma de acción política. Muchos en la izquierda tradicional desconfían de la lucha de los Chalecos Amarillos por «confusa» o «poco clara”.

Que los Chalecos Amarillos inspiren tales reacciones muestra hasta qué punto el movimiento ha sorprendido, avergonzado, desorientado e incluso preocupado al sistema político . Los Chalecos Amarillos, en otras palabras, son un movimiento que ha sacudido los patrones y criterios establecidos por la «sociología política institucional”.

El factor principal que desencadenó las protestas – el «impuesto sobre el combustible”- ha llevado a algunos a pensar que los Chalecos Amarillos son anti-ambientalistas y que defienden el derecho de los automovilistas a contaminar el cuanto quieran.

Pero a pesar de estos ataques, una cosa es cierta: este levantamiento popular es un evento político muy significativo. No debemos olvidar cuánto duró, cuánto provocó y por qué obtuvo el apoyo mayoritario de la población. Pero, sobre todo, las características de esta revuelta son las que marcan un punto de inflexión en la historia social y política de Francia.  

Primero: una explosión espontánea en las redes sociales avanzó hacia una dinámica de auto-organización. Segundo: tienen una composición sociológicamente (son asalariados, jubilados, desempleados, propietarios de pequeñas empresas y mujeres que no tenían experiencia previa en movilización colectiva). Y tercero, han inventado formas originales de acción ( ya no son las manifestaciones sindicales en los «grandes bulevares», ahora son  ocupaciones de las «rotondas» en todas partes y, demostraciones, todos los sábados, a veces violentas en el centro de París).

Las discusiones se han focalizado en cómo definir el movimiento: ¿revuelta, insurrección, jacquerie ? No han faltado todo tipo de interpretaciones léxicas.

Lo que se ha olvidado es que la revuelta es básicamente la irrupción de “voces desde abajo”. Voces que han sido silenciadas  y excluidas de cualquier tipo de representación, Voces de ciudadanos que han sido víctimas en las decisiones de las elites políticas y financieras.

Pero, la característica más importante de este levantamiento popular es que inventó con éxito nuevas formas para enfrentar directa e intransigentemente la lógica neoliberal.

Lo que realmente llama la atención es la lúcida conciencia de estos actores que no han olvidado nada del pasado y que supieron reconocer la continuidad de las políticas neoliberales de Sarkozy, Hollande y Macron. De hecho, lo que desató la revuelta fue precisamente la aceleración del programa neoliberal de Macron.

Desde el principio, los Chalecos Amarillos entendieron perfectamente que esta lógica aumenta las desigualdades sociales y territoriales,  que se trata de una política que reduce los impuestos a los ricos y que disminuye los servicios públicos de los que dependen los más pobres para sobrevivir.

El principal resultado de esta revuelta es el establecimiento de una nueva entidad colectiva que se niega a disociar la lucha por la justicia social con la lucha por el medio ambiente y con la búsqueda de nuevas formas prácticas de ejercer la democracia.

Al respecto, debemos observar las características de la revuelta. Primero: aunque la revuelta sólo fuera con un «síntoma» de la crisis de la democracia representativa, los Chalecos Amarillos han sido los protagonistas de una crítica activa, aguda y radical de las instituciones políticas y de su profesionalización oligárquica.

Segundo: estamos ante un proceso de formación de nuevas subjetividades radicales que hasta hace poco habían sido «invisibilizadas» por su situación geográfica, su variedad de condiciones socioeconómicas y su distancia del sistema político, mediático y económico tradicional. Estas nuevas subjetividades son inseparables de las prácticas que caracterizan al movimiento de los Chalecos Amarillos.

La revuelta desafió, de manera práctica, los métodos de organización y discursos clásicos de contestación social. Según la hipótesis de Laurent Jean-Pierre estamos ante la invención de nuevas formas de acción y organización y la revuelta marca el comienzo de un nuevo ciclo de contestación social.

 Las tres negaciones

La revuelta de los Chalecos Amarillos cuestionó directamente la política de representación establecida y lo hizo con tres negativas concomitantes.

Primero: el movimiento se negó a someterse a los movimientos sociales tradicionales que se desarrollaron a partir del siglo XIX, el movimiento despegó su acción de manera independiente de sindicatos y de partidos políticos . Por cierto, esta es la razón por la cual los Chalecos Amarillos han desconcertado a muchos líderes políticos y sindicales que no han sabido qué hacer con este tipo de revuelta atípica.

Un aspecto del movimiento que es particularmente llamativo se deriva del hecho que el tema de las relaciones capital-trabajo no se presentó de manera directa en sus demandas. Al contrario de otros movimientos el desempleo y las condiciones laborales no fueron una tema central.

El objetivo de la revuelta era más bien la injusticia fiscal y social, percibida como la principal responsable de los bajos ingresos. Las demandas, no estaban dirigidos contra los «empleadores» sino contra Macron, el Estado y la Oligarquía, todos mezclados sin distinción.

Segundo: La revuelta se negó desde el principio a operar en el marco de la «democracia representativa». No sólo no se invitó a los partidos políticos a participar del movimiento, sino que se denunció a quienes «intentaban cooptar» el movimiento.

En consecuencia, quisieran o no, los partidos políticos de izquierda y derecha mantuvieron distancia del levantamiento y fueron relegados al papel de espectadores de un enfrentamiento entre el Estado y los Chalecos Amarillos (Por tanto, los activistas de extrema izquierda o de extrema derecha que se involucraron en el movimiento lo hicieron usando un chaleco amarillo, nunca reclamando abiertamente una organización o ideología).

Tercero: el movimiento negó la representación establecida por los discursos dominantes. De hecho, no sólo rechazaron partidos políticos, sindicatos e instituciones representativas, sino también fueron impugnados los discursos políticos y mediáticos que supuestamente «representan» a la sociedad.

El discurso político, en particular, se juzgó demasiado distante y abstracto, es decir, demasiado lejano de la «vida real» y, por lo tanto, incapaz de significar las condiciones concretas y vividas de la «gente de abajo».

Esta negativa a la alienación política de las personas se relacionan con el «bla bla bla» deshonesto de los políticos. Esta objeción a «palabras que no significan nada» no fueron meramente negativas. Los Chalecos Amarillos buscaron formas de articular una voz colectiva que pudiera hablar con franqueza sobre por qué es difícil ganarse la vida, sobre el sufrimiento social y sobre los callejones sin salida de millones de personas.

La memoria histórica de la Revolución Francesa, los símbolos como la bandera nacional y la Marsellesa y expresiones como «somos el pueblo» ayudó enormemente a las personas a articular sus demandas. De esta manera la voz colectiva de los Chalecos Amarillos conectó las experiencias diarias con el recuerdo de un evento histórico fundador de Francia.

Prácticas fundadoras o instituyentes de los Chalecos Amarillos

La revuelta fue una oportunidad para construir un nuevo discurso político y fue desconcertante para quienes se consideran «representantes legítimos» de la sociedad: políticos, periodistas, activistas sindicalista, etc.

Al contrario de lo que se ha dicho, los Chalecos Amarillos no son «apolíticos». El movimiento es  «transversal» o “anti-partido”, y eligió construir un nuevo discurso político a partir de experiencias diarias, personales y locales.

El tema colectivo de este discurso no era una clase o un cuerpo profesional o un grupo ya establecido, sino una masa de individuos identificados como un grupo reconocible por el hecho  que usan un chaleco amarillos y también por haber formado una comunidad de experiencias y similitudes en sus vidas.

El principio de rechazar la representación establecida, que puede expresarse como «nadie tiene derecho a hablar por nosotros», es una voz claramente política que rechaza la mediación tradicional . Es una reivindicación para hablar con claridad sobre la vida cotidiana de millones de personas pobres o modestas .

Y este discurso directo va acompañada de valores no negociables. Es una voz colectiva que reclama mayor justicia social y mayor igualdad, sin mediación, sin portavoces, sin objetivos específicos.

Esto, entre otras cosas, es lo que hace que esta revuelta sea diferente de los movimientos sociales «clásicos», organizados contra una decisión que afecta a una categoría profesional particular, contra una ley que ataca un aspecto de la vida o contra una medida política específica y que, en el mejor de los casos, lleva a una «negociación».

Los Chalecos Amarillos no están simplemente pidiendo el «fin de la austeridad» o defendiendo “esto o aquello” o luchando contra la reforma de las pensiones. El hecho más notable es que a partir del alza del precio del combustible, todo el sistema de desigualdades de la sociedad fue cuestionado y luego, muy rápidamente, se cuestionó también un sistema político que legitima, mantiene y empeora las desigualdades.

La demanda política de igualdad y justicia social es doble: universal y local. Se manifiesta en dos tipos de práctica. El primer tipo son las manifestaciones todos los sábados en el corazón de los centros de poder y justo en el medio de los barrios elegantes de París . Allí se proclama la igualdad para todos y se denuncia la injusticia social que afecta a todos.

La segunda práctica es la ocupación de las rotondas, que son campamentos que sirven a la organización territorial. En las carpas las personas discuten diferentes formas de continuar la lucha, las demandas y sus prioridades. Se establece una nueva lógica de las asambleas locales, lo que Laurent Jean-Pierre llama la «re-politización del lugar”.

La ocupación de las rotondas se extendió por todo el territorio interconectada mediante las redes sociales. Sobre esta base se creó una programa nacional de demandas y se planificó la movilización en las ciudades de acuerdo con el principio de «rotación centralizada «.

Aunque la utilización de Facebook ayudó a superar la represión, lo más sorprendente – y quizás más prometedor-  es la organización federativa que condujo a la creación de «asambleas de asambleas» en Commercy , Saint-Nazaire , Montceau-les-Mines.

Un desafío y un comienzo

Los Chalecos Amarillos han sido una revuelta completamente nueva que ha roto todas las reglas habituales de los conflictos sociales. El movimiento ha demostrado la existencia de un enorme potencial revolucionario contra las desigualdades del sistema neoliberal. Este potencial es explosivo, a pesar de los intentos de cooptación por la extrema derecha.

Dos aspectos de este potencial revolucionario merecen atención extra.

Si bien somos testigos, al menos aparentemente, del crepúsculo de las organizaciones tradicionales que surgieron del socialismo y el sindicalismo histórico ( y que hasta ahora parecen incapaces de reinventarse) estamos viendo la aparición de nuevas poderosas formas de lucha por la igualdad y justicia social.

Los actores de estas nuevas formas de organización se niegan a ser embargados por organizaciones burocráticas o por líderes carismáticos muy al contrario de la «razón populista» teorizada de manera imprudente por Ernesto Laclau, para apoyar la lógica antidemocrática de la representación política.

El nuevo hecho es que un movimiento auto-organizado ya no es prerrogativa de los jóvenes precarios ( a menudo altamente educados) o de los trabajadores de la industria del entretenimiento francés o de los activistas de la Nuit Debout. Más bien el nuevo movimiento pertenece a personas de categorías sociales muy diferentes, muchas de las cuales se presumía no tenían competencias políticas.

La originalidad de la revuelta de los Chalecos Amarillos  fue su creación de un «nosotros» a través de un signo común visible ( el chaleco) y por medio de colectivos virtuales creados en las redes sociales.

Por supuesto, que hay más de una pregunta importante que deberá resolver el movimiento: ¿ será políticamente efectiva y duradera una forma original de democracia radical sin renunciar a sus principios cardinales? ¿será capaz de desarrollarse más allá de la pandemia y crear un movimiento nacional que preserve sus características locales, descentralizadas y democráticas?

La respuesta práctica apareció durante las «asambleas de asamblea» del movimiento. La declaración de los Chalecos Amarillos de la localidad de Commercy (una ciudad en el norte de Francia) llamó a «crear una Asamblea de Asambleas y la Comuna en  los Municipios».

En la reunión los delegados de varios cientos de asambleas populares locales reflexionaron colectivamente sobre el tema para facilitar un movimiento descentralizado y elaborar un bosquejo de una Federación de Comités Populares que se identifiquen con la democracia directa, la ecología y las demandas de igualdad. ¿Qué surgirá de esta dinámica federativa?  No lo sabemos.

El segundo aspecto a tener en cuenta es la forma en que este movimiento ha enfrentado e incluso desbaratado las propuestas de la ecología neoliberal, que hoy uno de los ejes centrales del neoliberalismo para los próximos años y décadas. Por «ecología neoliberal» nos referimos los discursos y las políticas que consisten en atribuir la responsabilidad de la crisis climática al comportamiento individual y en particular de los miembros de las clases populares, estableciendo de manera simultánea incentivos fiscales al capital cuyo efecto es el aumento de las desigualdades.

La gestión neoliberal de la crisis climática culpa a cada individuo, sea cual sea su clase social o su nivel real de responsabilidad. Esto hace posible descargar la carga de una engañosa “transición ecológica” sobre la mayoría de la población,  en especial sobre los más débiles.

En este sentido, la revuelta de los Chalecos Amarillos es una de las primeras movilizaciones que articulan el tema de la igualdad y el clima, la justicia social y la justicia climática. Es, sin duda, también su principal lección para la izquierda global.

Por Pierre Dardot, Christian Laval | 13/07/2020

Pierre Dardot es filósofo y especialista de Hegel y Marx. Sus libros más recientes, escritos junto con Christian Laval, incluyen Common: On Revolution in the 21st Century (Bloomsbury, 2014), The New Way Of The World: On Neoliberal Society (Verso Books, 2017) y Never-Ending Nightmare: The Asalto neoliberal a la democracia (Verso Books, 2019).

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Dos cámaras de vigilancia frente a la entrada del gobierno municipal de Hong Kong (Roy Liu / Bloomberg L.P. Limited Partnership)

Facebook, Twitter o Google dejan de entregar datos de sus usuarios a la policía

 

Las grandes tecnológicas recelan de la nueva ley de seguridad nacional impuesta por Pekín en Hong Kong. Uno tras otro, gigantes como Facebook, Twitter, Google, Zoom o Telegram confirmaron que han suspendido temporalmente la entrega de datos de sus usuarios a las autoridades de la excolonia mientras analizan el alcance de la nueva normativa. La famosa aplicación de vídeos cortos TikTok fue un paso más allá, y anunció su intención de abandonar la región “en unos días”. Todas las miradas están puestas ahora sobre Apple.

El sorprendente consenso entre multinacionales rivales supone un inusual cuestionamiento público de la política china. También ilustra los dilemas a los que se enfrentan estas empresas frente a la nueva ley, que castiga con severas penas delitos como el de subversión, secesión o terrorismo y les obliga a cooperar con las autoridades locales .

El lunes por la noche, Hong Kong publicó nuevas reglas que otorgan a la policía local poderes para eliminar publicaciones en internet que contravengan la nueva ley, así como castigar a las empresas que no cumplan con sus requerimientos.

De hecho, el texto incluye explícitamente la capacidad de encarcelar a los empleados de las tecnológicas que no cumplan con las solicitudes de entrega de datos de sus usuarios o de imponerles multas de hasta 11.500 euros. Debido a que la nueva ley se aplica en todo el mundo, existe la posibilidad de que las empresas tengan que elegir entre divulgar información sobre una persona que escribe desde un tercer país o enfrentarse a una sentencia de prisión de varios meses para uno de sus empleados.

La aplicación de conversación Telegram, cuyo cuartel general está en Londres, fue la primera en comunicar sus planes de poner “en pausa” la cooperación. “Entendemos el derecho a la privacidad de nuestros usuarios de Hong Kong. En consecuencia, no tenemos intención de procesar ninguna solicitud de datos relacionada con los usuarios en Hong Kong hasta que se llegue a un consenso internacional en relación con los cambios políticos en curso en la ciudad”, anunció.

Le siguió Facebook, que detuvo las solicitudes “en espera de una evaluación adicional” sobre las implicaciones de la norma. “La libertad de expresión es un derecho fundamental y apoyamos el derecho de las personas a expresarse sin temor a su seguridad u otras repercusiones”, dijo la firma, también propietaria de WhatsApp e Instagram. En términos similares se expresaron Twitter, Google, Linkedin o Zoom, que el mes pasado fue muy criticada tras suspender varias cuentas de activistas chinos que planeaban mantener eventos en recuerdo de la masacre de Tiananmen.

Tras la puesta en pausa de la colaboración con las autoridades, lo que decidan estas compañías está llamado a trazar el rumbo del futuro de las libertades en internet en la excolonia. Hasta ahora, la red goza en esta región de una libertad y falta de censura incomparable con la de la vecina China continental, donde los servicios de Google, Facebook o Twitter –por citar solo algunos– están bloqueados. Aún así, estas mismas firmas cuentan con grandes negocios de publicidad en el gigante asiático, por lo que lo que hagan en Hong Kong podría afectar a sus intereses económicos.

La decisión de TikTok de salir en breve de Hong Kong –un mercado pequeño para su negocio– responde a su estrategia por tratar de captar a una audiencia más global. Esta aplicación pertenece a la firma china ByteDance, por lo que muchos sospechan de que opera bajo el control de las autoridades chinas. La marca siempre lo ha negado, y una salida de Hong Kong para no tener que responder a la norma dictada por Pekín reforzaría esa sensación. Sin embargo, puede que ese paso no sea suficiente, más aún después de que el secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, dijera el lunes que Washington está analizando prohibir las redes sociales chinas, “especialmente TikTok”.

Mientras, la jefa del Ejecutivo hongkonés, Carrie Lam, siguió ayer con su defensa de la ley de Seguridad. Volvió a negar que erosione las libertades de la ciudad y condenó las “falacias” dichas sobre su impacto. “Con el paso del tiempo, la confianza crecerá”, añadió.

Por Ismael Arana | Hong Kong, China. Corresponsal

08/07/2020 02:37 | Actualizado a 08/07/2020 10:40

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Sábado, 04 Julio 2020 06:12

Que la crisis la paguen los ricos

Que la crisis la paguen los ricos

Después de la crisis económica de 2008, hubo un sector que no sólo se recuperó rápido, sino que siguió creciendo exponencialmente, el de los artículos de lujo. Mientras una buena parte de la población veía recortados sus derechos sociales y laborales, la ocupación de hoteles de 5 estrellas, la venta de inmuebles de firmas de lujo como Engel & Völkers, o la compra de productos como relojes caros, joyería o arte, aumentó por encima de 10 por ciento anual.

Este obsceno indicador sintetiza muy bien lo que significó la crisis de 2008 para la humanidad. La salida a la crisis la pagaron las mayorías sociales en beneficio de una élite. Se socializaron las pérdidas, mediante la compra de la deuda de los bancos privados con el objetivo de que no colapsara el sistema financiero internacional, y se privatizaron las ganancias. Se rescataron otras grandes empresas como General Electric o General Motors, sin que el Estado después de salvar a estas empresas, impusiera ninguna cláusula de recuperación de empleos. Y cuando una parte de esos trabajos se recuperaron, fue con unas condiciones salariales infinitamente peores que antes de la crisis.

Hoy día, cuando parece que ya ha pasado lo peor de la pandemia y la crisis de salud, nos encontramos a las puertas de una crisis económica mundial, probablemente más fuerte y profunda que la de 2008.

La Organización Mundial del Comercio ha estimado que la economía mundial podría contraerse hasta en 18.5 por ciento, y el informe de abril del Fondo Monetario Internacional calcula que el PIB regional podría descender 5.2 por ciento, porcentaje mayor a 5 por ciento de los años 30 posteriores al crack de la bolsa de Nueva York de 1929 y desde luego más grande que el 2 por ciento posterior a 2008.

En América Latina y el Caribe, una región exportadora de materias primas y productos manufacturados, la OIT calcula que más de 10 millones de personas perderán sus empleos por la pandemia, y la Cepal en su informe "El desafío social en tiempos del Covid-19" calcula un aumento de la pobreza de 4.4 puntos porcentuales que se traducen en 28.7 millones adicionales de personas pobres (para alcanzar 214.7 millones de personas) y un aumento de la extrema pobreza de 2.6 puntos porcentuales, que eleva el total a 83.4 millones de personas en la región.

A todo lo anterior hay que sumarle la crisis petrolera, con una rebaja de la producción de 10 millones de barriles y el desplome de los precios que aunque ya en recuperación, no volverán a alcanzar a finales de 2020 los de 2019, según la Agencia Internacional de la Energía.

Si a todo lo anterior le sumamos la crisis estructural en forma de cambio climático que vivimos, con un aumento de las emisiones anuales de dióxido de carbono por encima de los 50 gigatones (cada gigatón equivale a mil millones de toneladas), el resultado es devastador: deshielo acelerado de los polos al mismo tiempo que se eleva el nivel del mar, y aumento de la temperatura media global de entre 1.2 y 1.3 °C en los próximos cinco años, que nos acerca al temido límite de más 2 °C de temperatura media del planeta por encima del periodo preindustrial.

Por todo lo anterior se hace cada vez más urgente el debate sobre el modo de producción capitalista, pero sin posiciones maniqueas como las que estamos acostumbrados a leer en todo lo que tiene que ver con el modelo de desarrollo. Los países del sur no sólo tienen el derecho, sino la obligación de sacar a centenares de millones de personas de la pobreza, haciéndolo eso sí, en un equilibrio entre ese crecimiento al que tuvieron acceso los países del norte, y los derechos de la naturaleza en un planeta finito que no da mucho más de sí.

La pandemia global de coronavirus ha venido a acelerar una crisis que ya se atisbaba en el horizonte, el de un modo de producción insostenible, sobre todo de los países del norte, que además no quieren hacer una transferencia de tecnología, como pago parcial de la deuda ecológica que tienen con el sur por la explotación de sus pueblos, personas, y recursos naturales durante siglos. Si además le agregamos a la ecuación la variable de la financiarización de la economía, con cada vez menos producción de bienes tangibles, y mayor especulación económica, la combinación es explosiva, y sobre todo, insostenible.

Pero si algo bueno deja esta pandemia es el retorno del Estado, la ruptura entre amplias capas de la clase media del consenso cultural instalado por el neoliberalismo de que el Estado no era necesario, y de que a menos Estado, más eficiencia. Va a ser muy difícil para los defensores de la globalización neoliberal en crisis defender que los bienes comunes, especialmente la salud, no deben estar en manos del Estado para garantizar el acceso universal y en las mejores condiciones posibles a su población.

Ahí está la grieta para romper el consenso neoliberal, todavía hegemónico desde el punto de vista cultural. La necesidad del retorno del Estado. Y después de instalar ese nuevo consenso, es necesario dar un nuevo paso: que la crisis no la paguen las y los de siempre, los de abajo, los más humildes. Que la crisis económica que está llegando la paguen los de arriba. Que la crisis la paguen los ricos.

Por  Katu Arkonada. politólogo vasco-boliviano, especialista en América Latina

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Domingo, 28 Junio 2020 07:38

La sico-segmentación maniquea de EU

La elección en Estados Unidos podría agudizar aún más la confrontación entre los partidos políticos. En la imagen, apoyo a Joe Biden en New Hampshire.Foto Ap

Se discute si la revuelta de 40 ciudades en EU es una revolución cultural, un levantamiento de masas, una guerra racista o una guerra civil, en medio de su proto-balcanización (https://bit.ly/2BEXPyz).

A mi juicio, se trata de la “segunda guerra civil (https://bit.ly/31kzM2z)”, que engloba los anteriores componentes citados y desnuda al mediodía lo que parece su irreversible sico-segmentación maniquea, como postula persuasivamente el británico Alastair Crooke (AC), quien fue espía del MI6 y luego asesor principal del español Javier Solana, quien fuera el encargado de las relaciones exteriores de la Unión Europea.

Hoy, AC despacha en Beirut, centro importante del espionaje británico medio-oriental, desde su muy solvente portal Conflicts Forum.

Según AC, "el balance de fuerzas a nivel doméstico es tal que ningún partido puede, como deseara, forzar la sumisión del otro a su cosmogonía, ninguno puede prevalecer en forma decisiva" cuando "ni siquiera la elección de noviembre arreglará las cosas en una forma final" y, al contrario, "podría agudizar aún más la confrontación".

Formula dos vectores para tal escisión: 1. No existen más “hechos ( facts)”, sino que se han convertido en una "ideología que ha separado a dos campos irreconciliables", y 2. No existe ninguna "autoridad o fuente" para validar un “hecho ( fact)” cuando lo que prevalece es la "emocionalidad síquica (filósofo escocés Alasdair Macintyre dixit)". ¡Se extinguieron, cuando no mataron, a los árbitros en EU!

AC cita al historiador Michael Vlahos (MV), quien define el momento como una “nueva guerra civil (https://bit.ly/31iVGDc)” y aduce que “EU se ha dividido en dos diferentes naciones y se ha separado en dos sectas religiosas ( sic) incompatibles”: 1. El partido en el poder, que visualiza la identidad nacional arraigada en "una Era dorada temprana que preserva la propiedad, el comercio y la libertad", de tónica protestante calvinista, y 2. Una visión progresista del futuro, de tono apocalíptico, que vislumbra la perfección y la pureza por delante.

MV concluye que "en la definición del bien (sic) y el mal (sic), no existe lugar para un compromiso".

AC extrapola las "dos imágenes síquicas en conflicto a la geopolítica global", cuando "los estadunidenses se agitan fácilmente y se exasperan con las nociones de que China o Rusia pueden acuñar el vacío".

A juicio de AC, en Israel –país consubstancialmente supremacista/racista/Apartheid/paria, donde urge también un "Palestinian Lives Matter (PLM: Las Vidas de los Palestinos Importan)"– "se encuentran aterrados (sic) por el discurso liberal de BLM (Las Vidas de los Afro Importan), por la lucha venidera contra el racismo y la opresión".

Asiste la razón a AC si vislumbramos los resultados electorales de las primarias del Partido Demócrata en Nueva York –conglomerado urbano más importante de israelíes en el mundo y sede de Wall Street– donde la "ola insurgente" apoyó al afro Jamal Bowman –gran defensor de los derechos palestinos (https://bit.ly/3dwW4R6)–, respaldado por la reluciente estrella ascendente Alexandria Ocasio-Cortez, desbancó al legislador israelí-estadunidense Eliot L. Engel –zelote del irredentismo de Israel que preside el Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara– quien representó a su distrito Bronx/Westchester County durante más de 30 años (https://nyti.ms/3g2Mp6C), lo cual repite el éxito de 2008 de los rebeldes del ala "izquierda" del Partido Demócrata: aliada al judío-progresista "socialista" Bernie Sanders, quien ha sido dos veces defraudado por el establishment del antidemocrático Partido Demócrata.

A mi juicio, se trata de un clásico epifenómeno de las transiciones que denotan la mentalidad maniquea del tercer siglo a. C., cuando una de las partes se autoarroga el derecho inmanente de la verdad absoluta y divina que exige la extinción de su contraparte y no da pie para los compromisos de colores diferentes al blanco y al negro. Así, el "otro", quien fuere, es linchado con todo un diluvio de epítetos peyorativos gracias a la ayuda de quien controle mejor los multimedia.

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Sandra Cartasso

Valeria Carbone, especialista en estudios sobre la sociedad norteamericana

La historiadora explica las causas detrás del asesinato de George Floyd, repasa los acontecimientos que le sucedieron y analiza las contradicciones de la supuesta democracia norteamericana. El racismo estructural y sus desigualdades.

 

El 25 de mayo último George Floyd fue asesinado en el vecindario de Powderhorn, en la ciudad de Mineápolis, Minesota, Estados Unidos, a manos de un agente policial. En diálogo con Página/12, Valeria Carbone --historiadora, secretaria de redacción de la revista “Huellas de Estados Unidos: Estudios, perspectivas y debates desde América Latina” y autora de “Una historia del movimiento negro estadounidense en la era posderechos civiles (1968-1988)”--, analiza los últimos hechos en un país desigual, signado por la violencia institucional.

--En estos días fue George Floyd en Mineápolis, Minesota, como en 2014 fue Michael Brown en Ferguson, Missouri, y la lista sigue. ¿Cuánto de estructural y cíclico hay en estos sucesos de violencia policial?

--Lo que estamos viendo es bronca; no es solamente un reclamo, es bronca y frustración contenida. Es darse cuenta de que a pesar de que se salga a la calle, hay cosas que no van a cambiar. Creo que se combinan un montón de cuestiones diferentes; no hay cuestiones monocausales. Hay aspectos que tienen que ver con la sociedad norteamericana, que tiene un problema de racismo estructural innegable y un problema enorme de brutalidad y violencia policial. Ésta se ha visto acentuada en las últimas dos décadas, producto también de cuestiones contextuales que tienen que ver los ataques terroristas a las Torres Gemelas del 11 de septiembre. Ahí vimos una innegable militarización de las fuerzas de seguridad. Vemos a la policía en las calles con un nivel de militarización que no se condice con las protestas domésticas. Luego, si uno se remite a las protestas de la década del ‘60 y piensa en la reacción de la policía en ese momento, claramente la cosa no cambió. Hay un comportamiento estructural que tiene que ver con que la protesta social es en sí misma una manifestación en contra de cómo funciona un sistema. En estos momentos particulares vemos una suerte de conjunción o de convergencia de un episodio de violencia policial, con un alto componente de racismo, en un contexto de crisis económica y pandemia en donde además la gente que se manifiesta por cuestiones clasistas.

--¿Por qué clasistas?

--Porque lo de George Floyd no es solamente un problema racial. Se origina por la detención de un hombre que además de tener una determinada identidad racial tenía una determinada identidad de clase. Todo empieza porque supuestamente él trato de hacer pasar un billete de veinte dólares falso en un comercio. Y entonces surgen un montón de preguntas. Primero, si lo hizo sabiendo, pudo haber sido porque probablemente fuera el único dinero que tenía; segundo, la reacción del comerciante de llamar a la policía en vez de pedirle otro billete... Lo mismo sucede con la percepción de los saqueos y la violencia, que suceden en un contexto de crisis económica y de pandemia en la cual la gente no tiene trabajo, en donde los índices de desempleo aumentaron el doble en un mes, y en donde además la gente que se ve más afectada por el desempleo es al mismo tiempo la gente que ha estado más expuesta a la pandemia. Son los mismos colectivos de siempre, los afroestadounidenses y los latinos, que son los que siguen sosteniendo la economía. Entonces se genera un caldo de cultivo en el que estas protestas son cíclicas, porque esto pasa también cíclicamente, y explotó en un momento en el cual los episodios de violencia policial hacia los afroestadounidenses se venían sucediendo y viralizando.

--El Departamento de Seguridad Pública de Minnesota calificó a las protestas como una situación de “guerra urbana”. ¿Hay una intención de militarizar la crisis? ¿Es una manera de justificar políticas represivas y al mismo tiempo apuntalar a Donald Trump, a tan poco de las elecciones generales?

--Esto también es histórico. Si uno observa la década del ’60 --la referencia más clásica y que está surgiendo mucho en los medios--, esta forma de estigmatizar la protesta social cuando se torna violenta no es solamente en este caso particular. Es un clásico. Es una excusa para reprimir, por eso también el gobierno apela mucho a esta caracterización de la violencia. En este caso lo que se está viendo --sobre todo los últimos días, y acá es muy interesante también el rol que juegan las redes sociales--, es una narrativa particular. Ciertos medios masivos de comunicación ponen la lente en un solo lugar. Y cuando analizamos quién origina esa violencia vemos que es más complicado. Lo que se observa es que hay momentos en los cuales las protestas se tornan muy violentas pero, ¿por qué? Porque la policía lo incita, porque también las instituciones necesitan de esa narrativa.

--De alguna manera la política plantea y recurre a un círculo vicioso...

--Si el motivo de las protestas es la violencia policial, y la policía sigue respondiendo con represión, si los políticos se paran desde un lugar en el que aparentemente no pueden solucionar nada, a pesar de que son quienes dan las órdenes a la policía, ¿cómo se frena esto? Si en el contexto de protestas contra la violencia institucional y brutalidad policial las instituciones responden con violencia y brutalidad policial estamos en un círculo del que no podemos salir. A todo esto se suma un presidente como Donald Trump, que tiene un discurso incendiario, violento, y que apunta a que la respuesta a la protesta por represión y brutalidad policial sea más violencia y brutalidad policial.

--¿Cambió algo a partir de la presidencia de Barack Obama?

--Más allá de lo que uno pueda analizar del gobierno de Obama en cuestiones económicas y política exterior, la presidencia de Obama tuvo un impacto cultural como no había tenido ninguna otra presidencia por lo menos del siglo xx, del siglo XXI incluso, pero también me parece que pone la solución de un problema en un lugar complicado. Le estamos poniendo el problema de la solución del racismo a la víctima y no al victimario; ¿por qué pensamos que un presidente negro va a llegar a la Casa Blanca y que eso ya me va a implicar una solución, cuando los 43 presidentes anteriores no hicieron sino reforzar ese problema de racismo estructural? Algo semejante sucede ahora. Estamos poniendo el problema de la solución en los activistas o los militantes, suponiendo que tienen que ser pacíficos, en lugar de ver de dónde surge la violencia original. Es un clásico tornar el victimario en víctima y la víctima en victimario. Andrew Mark Cuomo, el gobernador de Nueva York y la estrella más reciente de la política norteamericana, días atrás decía que él estaba de acuerdo con las protestas, que el movimiento Black Lives Matter y que la gente que se está manifestando tienen razón en protestar.

--¿Pero?

--Pero quien tiene la prerrogativa para para hacer algo en función de las protestas y de lo que pasa a nivel de racismo estructural y de la militarización de las calles es el gobernador del Estado. Incluso, en el caso puntual de Nueva York, de resolver, en lugar de reforzar, lo que ha sucedido con el sistema del denominado complejo industrial carcelario, en el cual los afroestadounidenses y latinos tienen una proporción muchísimo mayor de terminar presos que otros sectores por el mismo delito. ¿Entonces, qué rol tienen los políticos, que hoy parece que se ponen por arriba? Y esto atraviesa a demócratas y republicanos. Parece que aceptan que hay un problema estructural pero la posición mayoritaria es que la situación es muy difícil de modificar. En este sentido, ¿qué puede hacer el colectivo afroestadounidense? Dicen que ya intentaron todo, que intentaron arrodillarse en los partidos de fútbol americano, intentaron componiendo canciones de rap, se pusieron remeras con hashtags, protestaron en forma pacífica... ¿Qué queda por hacer?

--¿Por qué habla de “racismo estructural”?

--Porque en Estados Unidos el racismo estructural es una forma de organización social. Ser negro en Estados Unidos está dado por un conjunto de estructuras sociales y económicas de subordinación racionalizadas y justificadas por una ideología de supremacía de la raza blanca. Históricamente, el significado de la realidad concreta de la raza fue un producto de la dominación de clase; al mismo tiempo que se inventa la raza blanca dominante se inventa la raza negra dominada; una no puede existir sin la otra. Pero al mismo tiempo, retomando una frase de un historiador norteamericano, para los afroestadounidenses la raza pasó a ser un lugar de resistencia. Creo que la sociedad se piensa en términos raciales, donde hay una raza blanca y una negra, y que fue eso lo que estructuró la sociedad no solamente en el período de la esclavitud sino en el período de la segregación racial, de una época de la que no estamos muy lejos. El período de la esclavitud fue seguido de un período de segregación racial. Entonces lo que vemos es que el sistema se reinventó a sí mismo, porque la idea es sostener esto, es que sobreviva a pesar de los cambios del sistema, porque probablemente las leyes no pueden fácilmente modificar comportamientos que están arraigados desde lo cultural. Después del fin legal de la segregación racial, mucha gente, e incluso muchos liberales y progresistas, se preguntaban en relación a la población afroestadounidense: “¿y ahora qué más quieren? Si ya tienen el derecho al voto, bueno, vayan y voten”. ¿Pero esto se solucionar con una votación?

--Y más a la luz de los candidatos presidenciales en vísperas de las elecciones de noviembre próximo...

--Joe Biden, el candidato demócrata, no necesariamente se ha caracterizado por ser una persona progresista. En la década del ‘60 se opuso a la integración educativa y a la integración racial en las escuelas. El mismo que hace unos días declaró que había que tirarles a las piernas... Además de todo esto, desde 1913 se están sancionando leyes que expresamente dificultan el ejercicio del derecho al voto y cuyas disposiciones atentan mayormente contra colectivos de minorías étnicas, raciales y de clase. Para votar en Texas, por ejemplo, antes alcanzaba con presentar el registro de conducir. Ahora es necesario sacar una tarjeta de identificación especial para votar; pero esa tarjeta se tramita en una ciudad que está a cinco horas de tu casa porque no hay otro centro para hacerlo; como si fuera poco, para sacarla hay pagar 200 dólares. Sí, votar podés, pero te meten estas disposiciones y entonces se entrecruza todo. Es un sistema que te da y te quita al mismo tiempo.

--Una de las hijas de George Floyd publicó en redes sociales que su padre había cambiado el mundo. ¿Cree que algo se modificará a partir de ahora?

--Estos hechos son cíclicos y recurrentes pero eso no significa que la protesta social no pueda cambiar las cosas. De hecho me parece que la situación en la que estamos ahora y el estallido también tienen que ver con eso. Esto es un detonante; no es otra cosa. Es un detonante de una cuestión cíclica, histórica, que tiene cuestiones estructurales detrás. Y creo que son estos momentos de quiebres en la historia los que marcan un cambio, que van a marcar un cambio. No creo que las cosas vayan a cambiar radicalmente pero hubo otros momentos en los cuales procesos de movilización extensos han cambiado las cosas. El Movimiento por los Derechos Civiles, por ejemplo. Entonces me parece que la protesta social es lo que hace cambiar el proceso histórico, más que las instituciones, porque es la gente la que demanda un cambio institucional en este caso. Y me parece que las cosas van a cambiar en tanto y en cuanto sigamos aceptando la validez de estas protestas. Me parece que los movimientos sociales existen para controlar a las instituciones y para exigirles a esas mismas instituciones que sigan sus procesos de cambio y de expansión de derechos. La historia de los negros en los Estados Unidos es una historia de lucha y resistencia; si no fuese por la lucha sostenida de este colectivo nada hubiese cambiado.

--En Estados Unidos, al igual que en muchos otros países, las minorías sufren el coronavirus de forma particular: tienen más probabilidades de perder su trabajo, más probabilidades de infectarse y un desarrollo más grave de la enfermedad. ¿Por qué?

--De alguna manera estamos hablando de lo mismo. Tenemos el dato y sabemos que son los más afectados por la pandemia y por la crisis económica. Ahora, ¿por qué? No es que se enfermen o se mueran más porque sean más biológicamente proclives sino que hay una cuestión de clase en el medio que los hace más proclives, porque son los que siguieron sosteniendo la economía, porque son las personas más empleadas en el sector servicios --y acá no solamente hablo de los afroestadounidenses sino también de los latinos en Estados Unidos, que son también los primeros en ser despedidos en cualquier escala jerárquica laboral. Y ahí me parece que hay una cuestión de clase y hay que empezar a preguntarse cómo se entrecruza todo esto. Hay que empezar a pensar el rol de las mujeres afroestadounidenses, que son las más afectadas en todo esto. Las mujeres afroestadounidenses representan uno de los sectores más empleados en el sector salud; un componente enorme de las enfermeras que trabajan en el sector salud pertenece a este grupo poblacional. Son los que están más expuestos porque son los que siguieron trabajando, porque los sectores en los cuales desempeñan sus funciones fueron los más afectados por la cuarentena y la pandemia. Y además tenemos estos polos explosivos de enfermedad, que son las cárceles, en donde los afroestadounidenses y los latinos son una amplia mayoría en relación a los índices poblacionales en general. Lo que hace de Floyd un caso particular es que, además, compendiaba un montón de estos problemas. Hace poco, cuando le hicieron la autopsia, se conoció que él además se había infectado de coronavirus antes de ser asesinado. Floyd es un símbolo de todo esto; una persona con problemas de empleo, que le había pasado algo particular por su situación de clase, que además había estado enferma, y que sufrió lo que sufren muchos afroestadounidenses en la calle. Y que los afroestadounidenses de clase baja también son más proclives a tener estos problemas, pero no quita que haya afroestadounidenses de otras clases sociales que no les pase esto. Creo que lo que está pasando ahora en Estados Unidos es que están explotando otra vez todas las contradicciones de la supuesta democracia norteamericana.

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La canciller alemana, Angela Merkel, con una maqueta de un A380, en la sede de Lufthansa el 18 de noviembre de 2015.

Compañías como Lufthansa y el grupo turístico TUI han anunciado despidos de miles de trabajadores tras recibir ayudas públicas millonarias. "Un consorcio que en este tiempo recibe miles de millones de euros del estado como apoyo tiene ante la sociedad una responsabilidad social", ha recordado el sindicato Ver.di

 

La crisis económica que han generado las medidas para hacer frente al SARS-CoV-2, el virus de la COVID-19, será la peor que se recuerda en generaciones. Esto parece estar fuera de toda duda. Sí parece más cuestionable, sin embargo, el comportamiento de algunas grandes empresas que, en Alemania, han recibido ayudas por valor de miles de millones de euros y que, pese a ello, ahora quieren despedir a miles de empleados.

Alemania pasa por ser uno de los países que primero se ha movido para proteger su tejido empresarial. La semana pasada se planteaban a las empresas ayudas en forma de rebajas fiscales, algo que se suma a los miles de millones en ayudas o créditos garantizados por el estado que ya han recibido grandes y pequeñas compañías necesitadas de liquidez en pleno parón económico por culpa del coronavirus.

Se asume, por tanto, que el Gobierno de 'gran coalición' de la canciller Angela Merkel ha actuado rápido. Sin embargo, parece que, con la celeridad, se han dejado lagunas. Una cuestión fundamental que genera debate ahora mismo es la de mantener puestos de trabajo en empresas que han recibido ayudas multimillonarias.

De esto son claros ejemplos la compañía aérea Lufthansa y el grupo turístico TUI. Ambas son empresas acostumbradas a mover volúmenes de negocio de miles de millones de euros. Pero la crisis del coronavirus les ha golpeado de lleno.

Frente al coronavirus, la aerolínea germana, la mayor de Europa, ha recibido ayudas por valor de 9.000 millones de euros. Esa ayuda ha supuesto la entrada del estado en el capital de la empresa, pero eso no es garantía para mantener empleos a salvo en un consorcio con algo más de de 138.000 trabajadores. De hecho, esta semana  la compañía ha anunciado que pretende realizar despidos masivos. Hasta 22.000 empleos están ahora en entredicho.

"Sin una reducción significativa de los costes de personal durante la crisis corremos el riesgo de perder la oportunidad de recomenzar bien tras la crisis y de que el Grupo Lufthansa salga claramente debilitado de la crisis", justifican desde la compañía aérea. Pero habiendo dinero público de por medio, un salvamento de Lufthansa en el que miles de empleados acaben en la calle despierta críticas.

El Gobierno podría haberlo evitado

Bernd Riexinger, presidente de Die Linke, el partido más izquierdista de la oposición que hay en el Bundestag, ha señalado que los 9.000 millones de euros de dinero público inyectados en Lufthansa "no pueden ser un cheque en blanco para realizar despidos". "El Gobierno federal había tenido en su poder el evitar este escenario de antemano y haber garantizado la ayuda pública con garantías", según Riexinger. Por su parte, los sindicatos de los trabajadores de Lufthansa reprochan a la empresa estar utilizando las ayudas públicas para llevar a cabo despidos.

No es la primera vez que hay críticas a la actuación del Ejecutivo de Merkel ante grandes grupos empresariales tocados o casi hundidos que han salido rescatados en la pandemia. El grupo turístico TUI fue de las primeras grandes compañías en recibir ayudas multimillonarias para hacer frente al temporal levantado por la COVID-19. A principios de abril, hasta 1.800 millones de euros recibía esta empresa en forma de créditos garantizados por el estado a través del Instituto de Crédito para la Reconstrucción (KfW, por sus siglas alemanas), una entidad de titularidad pública. Poco después la empresa hizo público su deseo de deshacerse de 8.000 de sus cerca de 70.000 empleados.

En vista de esos planes, el salvamento de TUI levantó ampollas hasta en el sector más neoliberal alemán. Así, en el diario económico Handelsblatt hubo editoriales el pasado mes de mayo que señalaban en titulares que "las ayudas del estado para TUI fueron un error".

"El dinero [para salvar a TUI] habría sido suficiente para mantener a flote a las 10.000 agencias de viajes y sus 100.000 empleados", señalaban en este diario. En lugar de eso, salvar a TUI supone hacer un favor a grandes oligarcas, como el ruso "Alexei Mordashov, propietario de un cuarto de TUI", recordaban en ese periódico.

La COVID-19: dos crisis en una

En la empresa se defienden asegurando que la compañía "tiene que cambiar", según los términos de Friedrich Joussen, presidente de TUI. "No hemos recibido un regalo, sino deudas", según ha definido él los 1.800 millones de euros en créditos del KfW. En Ver.di, el principal sindicato del sector servicios, reclaman a la compañía "responsabilidad social".

"Un consorcio que en este tiempo recibe miles de millones de euros del estado como apoyo tiene ante la sociedad una responsabilidad social", han manifestado en Ver.di.

En realidad, la crisis del coronavirus ha puesto de manifiesto que son dos crisis en una. Una primera crisis se ha producido debido al parón. Junto a esta crisis hay otra de "adaptación" de las empresas que peor ha dejado la COVID-19.

"Hay empresas que están sufriendo una crisis de adaptación, que tiene hacerse más pequeñas y reducir costes. Por ejemplo, para Lufthansa, en el futuro habrá menos vuelos y ahora mismo la empresa está sobrecapacitada y tiene que reaccionar", dice a eldiario.es Hubertus Bardt, responsable en el Instituto de la Economía Alemana, un centro de estudios con sede en Colonia (oeste germano). A su entender, sin las ayudas recibidas, "Lufthansa no estaría ahí, ni siquiera los puestos de trabajo que se van a mantener".

Si bien Merkel y compañía han sido de los primeros – sino el primer Ejecutivo – en tomar iniciativas serias para ayudar a empresas y relanzar la economía frente a la crisis que ha supuesto el coronavirus, en Berlín no hay discurso ni medidas para paliar las traumáticas "adaptaciones" de Lufthansa o TUI. Al menos, de momento.

Por Aldo Mas

12/06/2020 - 21:40h

Publicado enEconomía
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