El presente no perdona: el gobierno Duque y los movimientos sociales

El primer semestre del gobierno Duque ha tenido a la protesta social como uno de sus protagonistas, en gran medida aunque no exclusivamente debido al paro universitario, que tras más de dos meses de movilización consiguió un acuerdo para mitigar la crisis de financiamiento de la educación superior pública. Los organizadores de esta protesta presentaron el acuerdo como una victoria. En efecto, este desenlace parcial es contraintuitivo si se tiene en cuenta el sesgo antiprotesta del gobierno, que se ha manifestado en iniciativas tendientes a “regular” este derecho y, sobre todo, en la exagerada criminalización y represión.

 

En el auge de la protesta convergen factores estructurantes del escenario político incluso desde el anterior gobierno, como el cierre del sistema político institucional y de la política electoral, cada vez percibidos como más corruptos, menos representativos e insuficientes para dar trámite a las demandas de distintos sectores sociales, aplazadas por décadas debido al conflicto armado pero ubicadas con fuerza en la agenda pública durante las negociaciones de paz. Sin embargo, quizás el principal elemento explicativo del ascenso de la protesta es la frustración de las reivindicaciones de transformación social y política, presentes tanto entre los votantes de Duque como entre los de sus opositores.

 

Los problemas del gobierno Duque no se explican principalmente por su falta de liderazgo o experiencia, como han advertido algunos analistas, sino por su carácter anacrónico: se trata de un gobierno que ha calcado sus marcos cognitivos y estrategias de lo que fueron los dos gobiernos de Uribe en un contexto radicalmente distinto.

 

La dominación por el espectáculo

 

En primer lugar, la dominación por el espectáculo: un modo de gobierno que apuesta por resolver los problemas reales del país a partir de cortinas de humo, para tapar un escándalo con otro, y de una estrategia de comunicación política que se esfuerza por vender una imagen popular del presidente. La frivolidad de Duque, quien ha tenido más tiempo para departir con personajes de la farándula, jugar pelota o cantar, que para dialogar con los estudiantes en paro o apoyar la agenda legislativa producto de la consulta anticorrupción, no es para nada accidental. Muy probablemente, si a Uribe se le hubiera dado hacer “cabecitas” con el balón o trovar, no lo recordaríamos tomando tinto encima de un caballo o nadando en un río.

 

La estrategia ha resultado ineficaz, no solo porque es una segunda parte mala, comedia más que tragedia, sino porque desde que se implementó a principios del gobierno Uribe el panorama ha cambiado: el expresidente se reeligió con mayorías y nunca tuvo una oposición con más de ocho millones de votos, lo que muestra que su liderazgo ha ido sufriendo un lento pero real descenso y que el actual gobierno no cuenta con el mismo respaldo.

 

Además, si bien el uribismo, y a su lado los sectores más retardatarios de las élites políticas y económicas, conservan el dominio de los medios de comunicación, fuentes alternativas casi inexistentes hace tres lustros, como las redes sociales virtuales, funcionan como un contrapeso muy relevante. La movilización social, el creciente descontento no son un asunto mediático: el panorama se ha transformado mucho desde cuando Uribe envió a cada uno de sus potenciales votantes una carta con los 100 puntos de gobierno, en 2002.

 

Aunque en general las redes funcionan como un terreno en disputa como cualquier otro, no es menos cierto que en muchos casos determinan la agenda informativa hasta el punto de que los medios de comunicación convencionales y tradicionales se ven obligados a replicar lo que sucede en las ellas. Medios de comunicación como RCN, anteriormente volcado totalmente a acompañar el gobierno Uribe, hoy experimenta su peor crisis. En fin, a juzgar por las encuestas, el fracaso de esta estrategia no solo ha dado por resultado un récord en lo que a la (im)popularidad de Duque se refiere sino que ha minado la del expresidente mentor.

 

Contrainsurgencia en tiempos de paz

 

Un segundo aspecto anacrónico del actual gobierno es su apuesta contrainsurgente, pues no solo es totalmente contraria a la implementación de los acuerdos de paz que la mayoría de la sociedad reclama, sino que le ha impedido hacer una lectura objetiva de la transformación experimentada en el escenario político después del acuerdo de paz.

 

Respecto de problemas como la protesta social, las garantías para la oposición y la implementación de los acuerdos de paz, el gobierno parece leer la realidad política en los mismos términos en que lo hacía la retórica justificatoria de la “seguridad democrática”: reactivando un imaginario contrainsurgente, la creencia en que existe un “enemigo interno” conspirando contra el orden social. Este imaginario tomó fuerza durante la campaña presidencial, cuando incluso líderes alternativos replicaron el discurso uribista en contra del “castrochavismo” representado por el candidato Gustavo Petro, y en la práctica significó una estigmatización a cualquier propuesta de cambio, especialmente si viene de la izquierda.

 

Ese hecho es comprensible si se tiene en cuenta que el uribismo debe su legitimidad a la guerra y, en consecuencia, necesita con urgencia reemplazar el enemigo absoluto que representó la guerrilla de las Farc. De ahí el retorno de una política antidrogas centrada en la represión, las amenazas tácitas y explícitas de guerra con Venezuela, el hecho de que más que programas para la construcción de la paz existan ambiciosos planes e inversiones militares y el sesgo anti-protesta.

 

Desde el comienzo del gobierno, tanto los discursos del Presidente como los del ministro de defensa se mostraron explícitamente contrarios a la protesta, reduciendo el ejercicio de un derecho constitucional a la generación de odio y desorden, a la afectación de terceros y acusando a las organizaciones de recibir financiación de “grupos armados”. De esa manera, el gobierno erigió la protesta en uno de esos enemigos con los que intenta usufructuar algo de legitimidad. En esta perspectiva debe entenderse el llamado a “regular” la protesta social, la exagerada represión que sufrió el paro universitario e incluso el hecho de que los asesinatos de líderes sociales (más de 30 en lo que va del gobierno) aun no se reconozcan como un problema “sistemático”.

 

Pedir una mayor “regulación” del derecho a la protesta en un contexto en donde repertorios de acción básicos como el bloqueo de vías están catalogados como conductas punibles, con altas penas y un amplio margen de interpretación que beneficia a las autoridades, solo puede catalogarse de absurdo. Esa misma consideración merece el argumento de que las protestas benefician a minorías en detrimento de los derechos de las mayorías, porque desconoce que cuando la protesta tiene lugar es debido a que determinados sectores sociales no tienen más recurso para hacerse oír, pero además está basado en una idea antiliberal de la democracia que no favorece los derechos de las minorías. Si se aceptara ese argumento, habría que prohibir o “regular” también los gremios que cabildean en función de sus intereses particulares. Pero el gobierno es consciente de que lo único que escapa a aquello que garantiza su gobernabilidad, la “mermelada”, es la protesta social y por eso hará todo lo que esté a su alcance para deslegitimarla y restringirla.

 

La escalada represiva

 

La guerra funcionó como un obstáculo insalvable para la representación de diversas reivindicaciones de resolución de los problemas estructurales que la desencadenaron –redistribución de la tierra, participación política, etc.-. Es lógico que una vez mermada la confrontación esas reivindicaciones emerjan y que lo hagan de la única manera que pueden hacerlo en un contexto de cierre del sistema político institucional: la protesta. Construir o consolidar la paz pasa necesariamente por garantizar el derecho a la protesta social, precisamente como una vía para la resolución de dichos problemas estructurales que estuvieron en la raíz de la guerra. Por esa razón, un tercer anacronismo del gobierno Duque es la descomunal represión que ha demostrado frente a la protesta, en particular frente al paro universitario.

 

Las marchas estudiantiles fueron tratadas como si fueran actos de guerra y como si sus participantes fueran insurgentes, más que ciudadanos ejerciendo un derecho. No solo fueron contrarrestadas con todo el poder de fuego del Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad), que dejó una cantidad no determinada de heridos, entre ellos tres estudiantes que perdieron uno de sus ojos cada uno por causa de lo que solo puede calificarse de sevicia en el uso de las armas “de letalidad reducida”, sino que incluso fueron infiltradas por agentes de la Policía no uniformados, como si en realidad representaran una amenaza para la seguridad del Estado y el orden social. Si bien es cierto que el Esmad ya antes ha demostrado que no es un cuerpo para garantizar derechos sino para conculcarlos a la fuerza, en esta coyuntura la represión está totalmente articulada a la estigmatización de la protesta y al retorno del discurso contrainsurgente en el alto gobierno.

 

La desproporción con la que se trató la movilización universitaria no habría sido notoria de no ser por la apuesta explícita de las organizaciones estudiantiles por las manifestaciones sin violencia y los repertorios de acción lúdicos y expresivos. Inicialmente, se retomaron repertorios exitosos en la movilización de 2011 como los abrazos y la entrega de flores a los policías, apostando por evitar así la represión. El 24 de octubre de 2011 el abrazo espontáneo de policías por parte de estudiantes en una manifestación en la Plaza de Bolívar de Bogotá, sorprendió tanto a la Policía como a los medios de comunicación, hasta el punto de que la revista Semana incluyó como su portada una fotografía del suceso, y contribuyó a afincar la legitimidad y el respaldo social al movimiento estudiantil.

 

En contraste, lo que demuestra la represión en 2018 es que tanto la policía como los medios aprendieron la lección: una vez que fracasó la treta de negociar con los rectores, con la que el gobierno pretendió desactivar la movilización, se incrementó notablemente la represión y en los medios predominó el “vandalismo” y los “disturbios”, que por lo demás son ocasionados por la intervención violenta de la fuerza pública, en lugar de la información de fondo sobre las protestas y sus reivindicaciones. De manera que, si se pudiera extraer una lección para los movimientos sociales sería la necesidad de innovar en los repertorios de acción para hacer frente a la represión, cosa que no es nada fácil pues muchas veces –incluyendo el abrazo a los policías- resulta más de la espontaneidad que de la planeación estratégica.

 

Horizontes despejados

 

A corto plazo los costos para la protesta social en términos de represión no se van a reducir. Sin embargo, no es muy probable que las movilizaciones disminuyan. Paradójicamente, su disminución está en función de la capacidad que tenga el gobierno Duque para regresar al presente y reconocer los aspectos estructurantes del contexto político posterior al acuerdo de paz.

 

En la medida en que el gobierno insista, como lo ha hecho, en “volver trizas” los acuerdos de paz y en ese empeño cuente con el respaldo de la mayoría de la clase política, dejará como única alternativa para escuchar la voz de los excluidos a la protesta. Lo más probable es que la moderación de Duque llegue por la vía de la desarticulación de su coalición inicial, debido al carácter escaso de la “mermelada” con que está pegada. Pero en ese caso abriría oportunidades políticas para los movimientos sociales, que tendrían más posibilidades de encontrar aliados en el terreno social o en el político.

 

En el auge de la protesta social confluyen vectores estructurales que tarde o temprano requerirán una respuesta más allá de la represión. En el terreno sociopolítico, han salido a flote, para no sumergirse nuevamente, demandas bloqueadas durante medio siglo a causa de la guerra y que no se limitan a la implementación de los acuerdos, aunque eso puede en última instancia articularlas. La creciente desigualdad, que ubica al país en los primeros lugares del ranking hemisférico, no va a resolverse a punta de “economía naranja” o reformas tributarias regresivas. Los conflictos socioambientales tampoco se van a resolver restringiendo los mecanismos de participación y consulta a las comunidades afectadas.


Pero sobre todo existe una población mayoritariamente joven que ha empezado a experimentar una frustración ante la falta de alternativas vitales. En efecto, el 68,3 por ciento de la población del país se ubica en el rango de edades entre 15 y 64 años. Como ocurre en el campo de los movimientos sociales, la franja más joven intenta tomar el relevo generacional en los distintos ámbitos, pero se encuentran con bloqueos de distinto tipo y falta de oportunidades para desarrollar sus capacidades. Para no ir más lejos, Duque hizo campaña ofreciendo un relevo generacional que no se ve por ningún lado. Tampoco es casual que en esta coyuntura la mayor fortaleza la haya demostrado el movimiento universitario.

 

El desafío para los movimientos será armonizar el descontento social que producen esos vectores estructurales con la esfera política. Como es bien sabido, las organizaciones de los movimientos sociales tienen fuertes vínculos con organizaciones políticas y partidos de izquierda. Por esa razón, las competencias electorales y la división de los actores políticos que conllevan siempre se han traducido en la desarticulación de los movimientos sociales. El escenario ideal sería una articulación de los esfuerzos en los dos ámbitos, el social y el político propiamente dicho, pero incluso evitar que los movimientos sociales se desestructuren en función de las disputas partidistas y electorales puede crear los espacios y los incentivos para que los problemas sociales mencionados se expresen por vía de la protesta.

 

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Publicado enEdición Nº253
Del movimiento estudiantil a la educación autónoma

El amplio movimiento estudiantil que en 2006 ganó las grandes alamedas con manifestaciones de cientos de miles de jóvenes y con la ocupación de decenas de colegios secundarios, demandando cambios en el sistema educativo, se ha ido sedimentando en parte en la creación de unas 30 iniciativas de educación autogestionada en territorios populares. Otra de sus vertientes se ha institucionalizado.

 

Desde sus primeros pasos el movimiento enarboló la demanda “educación gratuita, pública y de calidad”, entendiendo que el Estado debía hacerse cargo de hacerla realidad. La mayoría continúa en las calles con las mismas demandas y peticiones. Pero otro sector de quienes se movilizaron desde 2011 optó por las instituciones, donde se incrustaron con la propuesta de realizar una reforma educativa para modificar el sistema heredado de la dictadura de Augusto Pinochet.


Ahora se constata que la reforma es tan limitada que no conforma a la mayoría del estudiantado y a gran parte del cuerpo docente. En las últimas movilizaciones fue visible un fuerte debilitamiento del movimiento. El domingo 4 una convocatoria en favor de los “endeudados por estudiar” convocó a apenas 3 mil personas, cuando meses atrás las marchas eran masivas.


El movimiento por la educación se ramificó en tres vertientes. Los que apostaron por ser gobierno –con el Partido Comunista y la diputada Camila Vallejo a la cabeza– sufren un fuerte desgaste. Los grupos “radicales” ganaron los principales centros universitarios, como la Confederación de Estudiantes de Chile (Confech ) y la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios (Aces), y todo lo apuestan a la lucha en la calle para arrancarle promesas al gobierno. Quizás el desgaste que sufren ambos sectores esté indicando que la dinámica estatista es un callejón sin salida. Despunta sin embargo un nuevo actor, que comenzó su andadura también en 2011, cuando estalló el movimiento con cientos de miles en las calles. Son los que apuestan por construir por fuera de las instituciones, pero también huyendo de la dinámica de la petición al Estado. Construir autonomía educativa implica dejar la vida en el intento, dicen, y han puesto en pie experiencias muy diversas, con contradicciones nada sencillas de resolver.


ESCUELA PÚBLICA COMUNITARIA

 

En una casona del barrio Franklin, en la zona central de Santiago, funciona desde hace tres años la Escuela Pública Comunitaria (Epc), una de las iniciativas más potentes del movimiento por la educación. La cocina, amplia como las campesinas, parece la oficina principal donde se debaten y toman las decisiones. La mitad de la veintena de docentes son mujeres entre los 25 y los 40 años, y resumen las potencialidades y contradicciones de quienes quieren hacer algo por fuera de las instituciones.


La iniciativa parte de un grupo de docentes disconformes con su trabajo y de estudiantes de pedagogía que participaron en el movimiento desde 2011. Crearon el Colectivo Diatriba, que publica una revista del mismo nombre y pregona “una pedagogía militante”. La participación en los liceos autogestionados durante varios meses, por la alianza entre profesores y estudiantes, jugó un papel cohesionador del colectivo.
Se propusieron dos objetivos centrales: “que las comunidades educativas se reapropien de los espacios educativos” y “la formación de sujetos críticos, conscientes y comprometidos” para motorizar los cambios sociales. Aseguran insertarse en una tradición que remite a las escuelas racionalistas de la Federación Obrera Chilena en las primeras décadas del siglo XX, a las experiencias educativas en las tomas de terrenos urbanos en los años sesenta y setenta, y a la “autoeducación” que protagonizaron sectores populares en la historia reciente.


Parir este tipo de educación implica la territorialización del espacio escolar por parte de la comunidad educativa. La referencia ineludible es el brasileño Paulo Freire, así como otros autores de la llamada “pedagogía crítica”, pero también experiencias educativas de movimientos como los sin tierra de Brasil, los zapatistas o los bachilleratos populares de Argentina.


La pregunta del millón es cómo se financia una escuela autogestionada por docentes, estudiantes y vecinos a través de asambleas comunitarias, que elaboran una propuesta propia o “currículo territorializado emergente”. La respuesta que dieron es que debe hacerlo el Estado a través del traspaso directo de recursos que serán administrados por la escuela. Además proponen la creación de unidades cooperativas capaces de generar ingresos en el territorio para sustentar la escuela.


En estos tres años la escuela formó a dos camadas de jóvenes y adultos que completaron sus estudios y rindieron pruebas para obtener sus certificados a partir de los contenidos que el Estado decide. Es el segundo problema, ya que los escasos fondos que reciben provienen de la aprobación de exámenes por los alumnos. Esto los ha llevado a preguntarse si son realmente una escuela autónoma o simples “colaboradores alternativos del Estado”, con una práctica que “está peligrosamente cerca del asistencialismo”, como señala la socióloga Marcela Fernández.


La financiación de la escuela la han completado con actividades como bingos, comidas, bailes y toques en el barrio, organizados entre docentes, estudiantes y vecinos. Han generado recursos pero a costa de un gran desgaste personal, ya que los docentes no reciben salario y deben, además, procurar su subsistencia en otras escuelas, mientras el apoyo del barrio se reduce al compromiso de unas pocas personas. Cada vez tienen más dificultades para realizar actividades de recaudación de fondos, mientras el Estado sigue aportando recursos regularmente.


Las preguntas que recorren las asambleas son tan realistas como despiadadas: “¿Somos simples colaboradores del Estado? ¿Estamos realmente prefigurando en nuestra escuela la sociedad que queremos construir?”. Es evidente que no tienen respuestas, quizá porque, como dicen en un texto interno, la autogestión no puede ser un medio para obtener recursos, sino “una forma de vida”. Saben que estas contradicciones pueden fracturar al equipo docente pero, por ahora, siguen caminando.


EL HIP HOP COMO EDUCACIÓN

 

San Bernardo es la última comuna santiagueña hacia el sur, allí donde la ciudad empieza a confundirse con el campo. Llegamos hasta una población que llaman Los Areneros, aunque no parece haber acuerdo sobre el nombre ya que algunos la denominan Los del Fondo y otros Los del Campamento. Lo cierto es que la “pobla” comenzó en 1986, luego de la creciente del río Maipo, cuando el municipio decidió trasladar a los afectados hasta este lugar donde se extraía arena del río.


El barrio nació como un asentamiento irregular e informal. Tres décadas después de aquellas inundaciones, predominan las casitas de una planta, construidas por las familias, muchas de madera con un piso superior para albergar a los hijos. Aunque los vecinos remplazaron las viviendas de cartón y chapas por materiales más sólidos y duraderos, la población no esconde su pobreza ni la marginación social y espacial que sufre, a quilómetros del centro de Santiago.


Una casa amplia con frente de madera luce un gran cartel: “Nuestras comunidades asumen el control popular de la educación en sus territorios”. Se trata de una casona tomada por el colectivo Centro de Operaciones Poblacionales Los Areneros (Copla), un grupo de jóvenes que gestiona un jardín para preescolares, una radio comunitaria, un taller gráfico, una biblioteca, una huerta y salones para actividades abiertas al barrio.


El origen del colectivo es bien distinto al de otras agrupaciones del movimiento social. Se organizaron en torno a la música rap y la cultura hip hop. Hacia 2009 colocaban parlantes en la calle para bailar break dance, generando vínculos y participación de los vecinos. Con los años comenzaron a recuperar espacios para la vida comunitaria, canchas, plazas, sedes sociales. En 2012 seguían rapeando en la calle, pero decidieron empezar con talleres educativos al aire libre.


Uno de los raperos cuenta su experiencia en el primer boletín del Copla. Realizó un taller de break dance con 30 alumnos de 2 a 18 años. “Esto permitió sacarlos un poco del ambiente que los rodeaba, mostrando una cultura distinta que se relaciona con la disciplina, el baile, la humildad y un poco de conciencia social trasmitida en las clases.”


Mientras ensayaban bailes, aparecieron valores como el trabajo en equipo y la necesidad de organizarse. La cultura hip hop, dicen, es un modo de educación y, sobre todo, de autoeducación colectiva en las condiciones de un barrio pobre y marginalizado, donde los chicos sufren hacinamiento, violencia y conviven con el tráfico de drogas.


El salto mayor se produjo en 2014, cuando comenzaron talleres de educación popular que fueron derivando en la autoeducación y sumaron un taller de teatro orientado al público infantil. Durante la obra, los niños deciden cómo quieren que siga, lo que se convierte en un proceso pedagógico que busca “resolver situaciones de la manera más participativa posible y no autoritaria, mediante asambleas y votaciones”.


“Semillero” es como nombran al jardín comunitario, donde aprenden en torno a una huerta en los fondos de la casona, entre juegos de madera que construyeron, y donde festejan los cumpleaños del barrio. Los padres no pagan por llevar a sus hijos al “semillero”, pero se comprometen en trabajos de apoyo o en buscar donaciones para sostener el comedor y materiales para el jardín. Han creado una red de comerciantes y vecinos que aportan alimentos; otros muestran su apoyo dedicando horas de trabajo al espacio comunitario.


Todo lo que recaudan para sostener el “semillero” y la casa cultural proviene de ventas de alimentos en la calle, de fiestas y bailes. Los fines de semana proyectan cine al aire libre en la “placita de la autogestión”, uno de los escasos espacios comunes de la población, recuperado por los vecinos y rodeado de coloridos murales que pintan escenas cotidianas en el barrio: policías persiguiendo adolescentes.


CUESTIÓN DE CULTURA POLÍTICA

 

“Ya el gobierno no nos manda”, dice una voz que sale de la cocina. Una mujer mayor y menuda, “tía” Emilia, se dirige a la ronda explicando que el grupo que trabaja en la casa toma todas las decisiones, apoyado por los vecinos del barrio sin depender del Estado y que “a eso se le llama autonomía”. Si la escuela pública depende del apoyo institucional, aquí no les llega un solo peso, pero la precariedad no desaparece, ya que funcionan en una casa tomada y están colgados de los servicios.


El empeño de estos jóvenes en la autoeducación recuerda aquel aserto de un asombrado Cornelius Castoriadis, cuando recordaba que en el siglo XIX “la clase obrera se autoconstituye, se alfabetiza y se forma por sí misma, hace surgir un tipo de individuo que confía en sus fuerzas, piensa por sí mismo y no abandona nunca la reflexión crítica”.


Aquel domingo de fines de agosto en el local de Copla se reunieron decenas de personas de varios colectivos educativos de Santiago y Valparaíso. Los anfitriones armaron grupos que debatieron sobre los problemas que enfrenta una educación autónoma y afincada en territorios de pobreza.


Los miembros del colectivo La Maleza, un grupo de liceales recién graduados de la comuna Maipú, activados en 2011, decidieron salirse del preuniversitario para montar una escuela como la que sueñan, con un proyecto educativo propio anclado en la comunidad barrial. Alguien relata que el mismo año nació la Escuela Artística Comunitaria que cuenta con una comparsa, organiza el Carnaval Víctor Jara y decenas de talleres de formación.


Los chicos de La Maleza se dedican a tejer relaciones entre los diversos colectivos que emprendieron el camino de una educación autogestionada. Aseguran que son una treintena de grupos, entre Santiago y Valparaíso, que trabajan para que “la organización de la educación la asuma la comunidad”. En los últimos diez años, desde la “revolución pingüina” de 2006, “hemos aprendido que no podemos quedarnos solamente en las peticiones y demandas”, afirman.


Los cambios de verdad, dicen, vendrán de esa “otra educación” a la que califican como emancipadora, libre, comunitaria o libertaria, según los gustos y tendencias, y que rehúye el control del Estado y del mercado. Viven en un equilibrio muy inestable. Para ser verdaderamente autónomos necesitarían el milagro de “generar alternativas de vida en el territorio”, en barrios donde los vecinos apenas consiguen sobrevivir.


Cuando se levanta la mirada y se observa el movimiento en su conjunto, las cosas cambian. El historiador Gabriel Salazar, uno de los más destacados intelectuales chilenos, hace una lectura demoledora del camino que ha tomado la mayor parte del movimiento estudiantil. “Partió muy bien”, dice, “pero ahora presenta una falla fundamental: no se está planteando como un movimiento social de nuevo tipo, sino como un movimiento de masas de viejo tipo” (Eldinamo.cl, 13-IX-16).


Salazar apela a una organización de base que no se limite “a pedir, a levantar las banderas de partidos, los retratos de los líderes”. La federación de estudiantes, por ejemplo, tiene un presidente que se elige cada año, “es un mandamás y todos los periodistas lo entrevistan, y sigue después el camino de la clase política y se convierte en diputadito”.


Esta cultura política está muerta en Chile, sostiene el historiador. “Todas las encuestas señalan que el 98 por ciento de la población no cree en los políticos, no confía en ellos ni en el sistema”, apunta. Quizá este sea el principal combustible de quienes hacen educación autónoma: es casi imposible, pero afuera hay un desierto.

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Viernes, 22 Abril 2016 06:47

Cien mil estudiantes con voz

Cien mil estudiantes con voz

MASIVA PROTESTA EN CHILE POR LA GRATUIDAD EN LA EDUCACION

 

La marcha partió desde Plaza Italia, pasó frente al Palacio de La Moneda y terminó en la calle Echaurren con la realización de un acto cultural. Algunos manifestantes que traspasaron el sector autorizado para la marcha chocaron con carabineros.

La primera marcha estudiantil del año en Chile, que se celebró ayer y reunió a más de 100 mil estudiantes, finalizó con disturbios aislados con la policía. La protesta fue por la lentitud con la que avanza la reforma que busca instaurar la gratuidad en la educación chilena.


La Confederación de Estudiantes de Chile (Confech), la Coordinadora Nacional de Estudiantes Secundarios (Cones) y la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios (Aces) convocaron a la marcha ayer para pedir que la Reforma a la Educación Superior incluya cambios profundos y estructurales en el sistema universitario y modifique la forma de financiamiento y la gratuidad universal.


La marcha recibió críticas tanto del oficialismo como de la oposición, debido al duelo nacional de tres días que vive el país por el fallecimiento, el martes, del ex presidente Patricio Aylwin, quien gobernó en Chile entre 1990 y 1994, en el retorno de la democracia.

“Se nos dijo que lo mejor sería posponerla, nosotros definimos como trabajadores de la educación y estudiantes universitarios marchar igual, porque la educación no puede esperar”, dijo Camila Rojas, presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, en respuesta a las críticas que despertó la decisión de perseverar con la marcha.


A pesar de las voces críticas y del duelo nacional que se extenderá hasta hoy, la marcha siguió su rumbo. Partió desde la tradicional Plaza Italia, avanzó por la Alameda, pasó frente al Palacio de La Moneda y terminó en la calle Echaurren con la realización de un acto cultural. Los incidentes ocurrieron cuando algunos manifestantes traspasaron el sector autorizado para la marcha, delimitado por vallas, lo que concluyó en enfrentamientos con Carabineros (institución policíaca de Chile). También se registraron destrozos en semáforos y paradas de colectivos. Por su parte, la Unidad de Comunicaciones de Carabineros informó que al menos 50 manifestantes fueron detenidos y tres policías fueron atendidos por contusiones.


Los estudiantes denunciaron varios episodios de violencia por parte de las fuerzas policiales y la presidenta de la Federación de la Universidad de Santiago, Marta Matamala, aseguró que no sólo tuvieron el simple ingreso de Carabineros en la Universidad.

“Carabineros le disparó a los estudiantes y a los trabajadores a menos de 20 metros de la sala cuna (guardería) de la universidad”, aclaró Matamala y afirmó que además de balas de pinturas también dispararon con perdigones. “Llevamos más de diez años en la calle y la única respuesta que nos ha dado el gobierno es la represión”, agregó.


Estudiantes y profesores chilenos critican la implementación gradual de la reforma educativa que planteó el gobierno de la socialista Michelle Bachelet y que entró en vigencia el año pasado, permitiendo la gratuidad para unos 200.000 estudiantes universitarios este año. “Esta reforma va muy lento y no vamos a lograr nada si sigue así, todavía la gratuidad es un espejismo y eso da tristeza”, dijo Javiera, una estudiante universitaria de 20 años que se sumó a la marcha.


La Confederación de Estudiantes Universitarios de Chile difundió ayer un estudio en el que se critica duramente la reforma educativa por su baja cobertura, proyectando la gratuidad alcanzada hasta el momento en menos de 14% de la matrícula total.

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Sábado, 03 Octubre 2015 13:45

Las victorias estudiantiles en Paraguay

Las victorias estudiantiles en Paraguay

El movimiento universitario emergió a la superficie con solidez organizativa, claridad política y con apoyo de una amplia mayoría de la base estudiantil. De esta manera, se ganó la adhesión popular y su movilización se extendió a nivel nacional. El paro estudiantil y vigilia en el Rectorado, con la consigna de #UnaNoTeCalles, iniciaron el día lunes 21 de setiembre (bienvenida primavera) y siguen hasta el momento de redacción de este artículo.

 

A estas alturas el desarrollo de las acciones del estudiantado organizado, junto con otros estamentos de la comunidad universitaria y diversos sectores sociales que lo apoyan, ha descabezado a una gran parte de la cúpula corrupta de la Universidad Nacional de Asunción (UNA), vinculada a la vieja superestructura de poder, empezando por el ahora ex rector y convicto, Froilán Peralta y el ahora ex vice rector Andrés Amarilla. Además las acciones han forzado a renunciar a: Isacio Vallejos, ex decano de Ingeniería, Antonio Ramón Rodríguez, ex decano de Economía, Vicente Renna, ex vice decano de Economía, Aníbal Peris, ex decano de Medicina junto con todo su Consejo de Facultad y algunos docentes, Juan Gualberto Caballero, ex decano de Veterinaria, Mario Insaurralde, ex vice decano de Veterinaria, todos de la sede central de la UNA. También fueron arrasados por la fuerza de la movilización, Pablo Martínez, ex rector de la Universidad Nacional de Caaguazú (UNCA) y Hugo Recalde, ex vicerrector de la UNCA.

 

Las asambleas estudiantiles, que en algunos casos ya se han convertido en asambleas de todos los estamentos de la comunidad universitaria, incluyendo a docentes y trabajadores, continúan los reclamos de renuncias de las autoridades en sus unidades académicas. En Filosofía UNA se definió el paro hasta la renuncia de la decana, María Angélica González; la asamblea de la Facultad de Derecho exige la renuncia del decano y actual presidente de la Corte Suprema de Justicia, Antonio Fretes, y la movilización sigue firme.

 

"Hacemos un llamado a continuar y profundizar las medidas de paro indefinido y vigilia permanente en la Universidad Nacional de Asunción, que ya no sólo es aquí en el rectorado, sino que se está extendiendo a más facultades, a más institutos y a más filiales de la universidad Nacional. Esto demuestra que estamos en un momento de profundizar nuestro plan de reformar la universidad, y que justamente con la autonomía que hemos tenido todo este tiempo, hacemos un llamado a seguir con las medidas para poder sanear realmente nuestra universidad", estas fueron las palabras del dirigente estudiantil Arturo Cano, al medio de comunicación popular, La Cigarra, ante los inútiles y desesperados intentos de la cúpula universitaria para desmovilizar la protesta.

 

Crisis de representatividad

 

El paro estudiantil no sólo está teniendo consecuencias sobre las autoridades corruptas de la UNA, sino que también está atacando un problema que se viene arrastrando hace décadas, el cual tiene que ver con la descomposición de la dirigencia estudiantil, que en los últimos tiempos ha ocupado los cargos de representación reproduciendo el esquema de corrupción y prebendarismo, poniéndose al servicio de los partidos políticos de las clases dominantes y dando la espalda a las bases estudiantiles en sus reclamos más fundamentales.

 

En la Facultad de Derecho la asamblea obligó a la renuncia del presidente de Centro de Estudiantes y de los representantes estudiantiles, al igual que en Medicina, en Ingeniería los estudiantes exigen lo mismo, en Economía igual, y así suman y siguen los recambios en la dirigencia estudiantil.

 

El proceso

 

Muchos hablan de la apatía en que estaba sumido el estudiantado, y observan esta gran movilización como un fenómeno extraordinario. De hecho lo es, en el sentido de que constituye un acontecimiento histórico de gran envergadura, que aún no se ha desarrollado completamente y del que aún tendremos que sacar muchas lecciones. Sin embargo no es un fenómeno inexplicable o fortuito, y para comprender esto, es necesario observar el proceso que de acumulación política y de luchas que viene dibujando el movimiento universitario en los últimos años.

 

Como antecedentes inmediatos de las luchas denominadas #UnaNoTeCalles, debemos colocar los siguientes hitos, sin ánimo de ser exhaustivos en el recuento:

 

2014: Plenaria de estudiantes de la UNA "No más seccionales en las Facultades" para denunciar los casos de sumarios a estudiantes y docentes críticos y marcha contra la elección de Froilán como rector de la UNA. También las movilizaciones de Asamblea Universitaria Permanente contra el aumento del precio del pasaje del transporte público.

2012: Toma del rectorado de la UNA como medida de lucha contra la aprobación inminente de la Ley de Educación Superior (LES), llevada adelante por el Frente Estudiantil por la Educación (FEE). Además de marchas contra la LES y manifestaciones frente al Parlamento realizadas ese año.

2011: Movilizaciones de la Articulación Social por la Educación, en contra de la Ley de Educación Superior (LES). También la lucha y resistencia por la reivindicación histórica de desanexión del instituto de Trabajo Social, en este caso de la Facultad de Filosofía, donde se registraron injerencias de corte autoritario por parte de la decana de la citada facultad y grupos afines a su gestión (la misma decana a la que hoy se exige renuncia).

2008: Toma de la Sede Central de la Universidad Católica de Asunción y ocupación del Aula Magna, en contra del nombramiento de un protagonista e ideólogo durante la dictadura de Stroessner, José Antonio Moreno Ruffinelli, como rector de la casa de estudios, y contra la imposición de Estatutos de corte autoritario.

2006: Toma de la Sede Central de la Universidad Católica de Asunción, contra la imposición de Estatutos de corte autoritario.

2005: Toma del rectorado por estudiantes de varias facultades, en contra una modificación del estatuto la cual habilitaba a las autoridades a una reelección indefinida. Esta modificación se realizó en forma inconsulta por parte del Consejo Superior Universitario (el mismo que hoy está siendo desenmascarado en su corrupción).

 

Este escueto recuento de las luchas universitarias de los últimos diez años, busca mostrar que en realidad lo que hoy conocemos como #UnaNoTeCalles forma parte del desarrollo del Movimiento Universitario de la última década, y muy probablemente constituye una síntesis de lo que será la renovación de dicho sector organizado y sus formas tradicionales. Y no está de más decir que todo este proceso reciente forma parte orgánica del desarrollo histórico de anteriores luchas estudiantiles y de todo el pueblo, aunque esto último lo abordaremos en un próximo artículo.

 

Insistimos en esto, #UnaNoTeCalles no constituye un hecho del azar, sino que es producto de una actividad permanente, sistemática, de aprendizajes a partir de los errores y aciertos; una actividad con las dificultades propias de todo esfuerzo por organizarse y buscar ejercer derechos negados por el sistema imperante, pero en movimiento continuo. Y téngase en cuenta que aquí hemos mencionado sólo los acontecimientos de carácter amplio que marcaron estos diez años, que de alguna manera constituyeron momentos de síntesis, pues ha habido procesos más restringidos de construcción y de luchas más puntuales, todas ellas contra el sistema educativo y su forma de gobierno. Todas ellas apuntando en última instancia a un cambio estructural.

 

En el análisis de los y las protagonistas: "Estamos haciendo la construcción de un poder estudiantil real, no podemos delegar eso en otras instancias. Estamos hartas de que tomen decisiones por nosotras. Nuestro trabajo consiste en dar herramientas para la organización, y para lograr que el movimiento estudiantil no sea más un instrumento de algo externo, buscamos una construcción gremial genuina", afirma la dirigente estudiantil Ana Portillo, de la Universidad Católica, que apoya la movilización de la UNA.

 

Por su parte, Arturo Cano complementa: "Si no existiese una base, que haya llevado a cabo un proceso, y se haya determinado realizar esta acción, esto no sería posible. Además, si hicimos esto, lo hicimos porque nos sentimos seguros que existe una dirigencia de hombres y mujeres capaces de conducir democráticamente y con solidez tanto lo que se está llevando a cabo en el marco de esta medida y como el proceso más amplio de cambio en la Universidad. Eso es organización, más allá de que sea visible o no, en realidad está contenida en un proceso, estábamos preparados para este escenario, porque conocemos el sistema corrupto que hay en la institución, hace años lo venimos denunciando. Este es un trabajo sostenible, estamos convencidos de eso".

 

El disparador y las causas

 

La corrupción de la UNA viene siendo denunciada hace bastante tiempo por la dirigencia estudiantil del Frente Estudiantil por la Educación (FEE), y hace más tiempo aún que es una realidad palpable por todo el estudiantado.

En este contexto, un periódico de circulación nacional inició una serie de publicaciones sacando a luz hechos de corrupción y nepotismo perpetrados por el entonces rector, Froilán Peralta. Parientes nombrados sin criterio de méritos y aptitudes, salarios astronómicos, cátedras pagadas que no se desarrollaban, sumarios inquisitorios a estudiantes y docentes.

Las investigaciones periodísticas fueron la gota que colmó el vaso y sirvieron de motivo para un estudiantado que venía padeciendo las consecuencias de un esquema educativo viciado, y que sobre todo, traía consigo varias experiencias de lucha y organización, habiéndose fortalecido y crecido en cantidad.

Pero además de existir esta base organizada del sector estudiantil, otra de las causas que explican lo que está sucediendo en la UNA, tiene que ver con una puja de poderes fácticos, en especial con una interna del actual partido gobernante, la Asociación Nacional Republicana (ANR), que en la lectura de muchos y muchas estudiantes, explica la serie de publicaciones de uno de los principales medios de comunicación escritos de circulación nacional, para destapar la corrupción del rector. Esta interna también explicaría, la pérdida de apoyo político del rector destituido y de su séquito de cómplices.

Un tercer elemento – además de la organización del estudiantado y la interna de la ANR- que generó las condiciones para esta movilización de #UnaNoTeCalles, fue el hartazgo generalizado de los y las estudiantes respecto a la precariedad del sistema, mientras las autoridades gozaban del uso discrecional de fondos destinados a la educación, así como una natural rebeldía hacia sus hasta entonces (supuestos) representantes y seudolíderes estudiantiles, los que en vez de representar los intereses genuinos de sus compañeros y compañeras, formaban (y forman) parte orgánica del sistema putrefacto de la universidad.

Y en este contexto, también se deben colocar dos elementos de fondo, que explican la adhesión popular a estas manifestaciones de #UnaNoTeCalles. En el Paraguay se vive una situación económica agobiante de crisis económica, profundización de la pobreza y un gobierno orientado a beneficiar al gran capital extranjero y a un reducido número de terratenientes y comerciantes acaudalados del país, mientras el 99% debe sufrir las miserias cotidianas.

Y por otro lado, un gran impulso a las manifestaciones de #UnaNoTeCalles, lo han dado los estudiantes de la Marcha Nacional de Colegios Públicos y Privados, quienes el pasado 18 de setiembre, bajo el lema de #ElSilencioNoEsNuestroIdioma, conquistaron las calles con una marcha de más de 10 mil personas, con apoyo de gremios docentes, de organizaciones y colectivos del movimiento universitario, padres y madres de familia.

El movimiento está planificando la profundización de las acciones y la resistencia en cada facultad a través del ejercicio democrático del poder estudiantil, haciendo seguimiento a las intervenciones fiscales para investigar los casos de corrupción y presionando hasta la renunciar a los Decanos, funcionarios y docentes corruptos y represores que siguen solapados en la estructura.

De esta manera, el Movimiento Universitario, como parte de la lucha de las grandes mayorías del Paraguay por sacudirse de encima los restos de la dictadura Stronista y del sistema de opresión que lo ha atrasado por décadas, ha irrumpido en los inicios de este siglo XXI, con aire renovado, con legitimidad y con perspectivas de seguir avanzando. ¡Adelante! ¡A seguir cosechando victorias, a unir fuerzas, que el cambio está cada vez más cerca, el pueblo paraguayo está con los y las estudiantes!

(*) En la próxima entrega buscaremos hacer una aproximación a otros aspectos del movimiento #UnaNoTeCalles, a partir del análisis de sus protagonistas, e indagar sobre las perspectivas inmediatas de estas luchas.

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Andrés Rincón, activista de la Federación Universitaria Nacional (FUN, Comisiones), y Óscar Aponte, activista de Rebeldía Estudiantil Organizada (REO), conversan sobre el significado, la experiencia, las lecciones y los retos que deja la lucha contra la reforma de la Ley 30, y por el derecho a la educación.

da.: Para acercarnos a la coyuntura que vive el movimiento estudiantil, y en sentido histórico, ¿encuentran ustedes relación entre la experiencia vivida en 1971 y la que ahora transcurre?
AR.: Es importante analizar los diferentes momentos del Movimiento Estudiantil para poder entender el valor de la Mesa Amplia Nacional Estudiantil (Mane), sus alcances, logros y limitaciones. En este sentido, es básico conocer el Movimiento Estudiantil de 1971 y sus logros con el Programa Mínimo de la época, que fue una suerte de hoja de ruta convertida en derrotero de las luchas estudiantiles de esa época.



Aquel Programa Mínimo condensó un conjunto de reivindicaciones en el terreno financiero, político y de autonomía universitaria. Más allá de estos logros, aquel movimiento impactó las estructuras de la universidad pública con el cogobierno, el cual permitía que estudiantes y profesores pudieran hacer parte de los órganos colegiados de la Universidad. Esta fue una gran conquista –temporal– con respecto a la autonomía universitaria.

Además, hay un logro que no es muy tenido en cuenta, y es la salida de la iglesia católica de la universidad pública colombiana. Hay que recordar que en los Consejos Superiores de las universidades había un representante de aquélla. También tenían asiento en los consejos universitarios los representantes de las multinacionales, política que obedecía a las directrices del plan Atcon. Estos logros permitieron plasmar una nueva idea de universidad.

Otra conquista de gran importancia es cultural, porque se plasman nuevas formas de entender y hacer la política, lo que permitió permear el ejercicio político en los contextos urbanos. Los actuales logros del movimiento estudiantil se deben, en buena medida, a lo sucedido en aquella época.




OA.:
Tanto en el movimiento del 71 como en el actual, encontramos la construcción de un programa mínimo que contiene elementos como financiación, autonomía y democracia universitaria. Podemos evaluar que en ambos casos estos movimientos se mueven en el ámbito nacional de las luchas sociales y tienen incidencia en ellas, como sucedió con el paro de 1977. También podemos señalar que estos movimientos cuestionan siempre la orientación de la política, como sucedió con los gobiernos de Carlos Lleras Restrepo y de Misael Pastrana. Hay que tener en cuenta que para cada momento las luchas tienen sus particularidades: no es lo mismo la lucha antes y después de la Ley 30.

da.: ¿Se puede decir que, así como el 71 fue un eco tardío de lo sucedido en el 68, el año 2011 es un eco simultáneo de lo que está sucediendo en varias regiones del mundo?
OA.: Es necesario hacer una interpretación de nivel global del sistema para entender lo que sucede en cada uno de estos lugares. Vemos que desde 2008 el modelo vive una crisis que se manifiesta de distintas maneras pero con un solo centro: el dominio del sector financiero. La crisis lleva a los defensores mundiales del sistema dominante a profundizar o potenciar el neoliberalismo. Las respuestas de la sociedad no se han dejado esperar y las contradicciones se agudizan. Con la crisis, vemos que el imperialismo, en procura de nuevos nichos de acumulación de capital, se expande a espacios que antes no eran factores dinámicos de tal acumulación, como el ánimo de lucro en la educación y la salud. La respuesta de los estudiantes de Chile da cuenta de esta situación. De igual manera, la Primavera Árabe tiene que ver con el reacomodamiento del capitalismo en busca de salidas a su crisis.

AR.: Con respecto a las protestas en Europa y el Norte de África, no se puede considerar que estas se generaron simplemente porque alguien las convocó desde Facebook. Si miramos la realidad de estos países, encontramos que desde hace tiempo allí se libran luchas como las protestas obreras en Egipto, desde hace tres años, y lo mismo sucede en Grecia. Todas estas protestas se dinamizan a partir de la crisis de 2008, lo que necesariamente nos ha influido. No es una casualidad. Lo mismo ocurre en Chile, aunque allí hay unos antecedentes de desarrollo de políticas neoliberales en la educación. Las diversas luchas tienden a agudizarse en todo el mundo, y no es un problema sólo de América Latina sino que lo es de la crisis del sistema capitalista.

da.: En el 71 había una lucha social en auge: campesinos con tomas de tierras, obreros movilizados, ligados al sindicalismo independiente. También había una lucha global por el cambio (Vietnam y países africanos por la descolonización), de alguna manera algo muy parecido a lo que hoy sucede. ¿Qué se puede analizar desde aquí, teniendo en cuenta que en Colombia hoy no tenemos una lucha social en auge, como en el 71?
AR.: En Colombia, a pesar de lo golpeado que ha sido el movimiento social, podemos ver que en los últimos tres años se presenta una reagrupación que se ve en el Congreso de los Pueblos, la Marcha Patriótica y el escenario incipiente que es Comosocol, todo lo cual permite alimentar el movimiento estudiantil, algo imposible si el movimiento social estuviera acabado. Guardadas las proporciones, vemos que para ambos momentos históricos el movimiento estudiantil logra convertirse en un referente de las luchas sociales.

OA.: La guerra sucia contra el movimiento social, expresada en el genocidio contra la UP, ¡A luchar!, y otras organizaciones, dejó un gran vacío que precisamente es lo que está empezando a superar el reagrupamiento en el Congreso de los Pueblos y la Marcha Patriótica. En este contexto, y con respecto al movimiento estudiantil, éste logra empezar a dar el salto hacia la movilización social.

da.: Respecto a la actual lucha del movimiento estudiantil, ¿qué balance se puede hacer?
OA.: Lo primero es en términos organizativos, porque los intentos unitarios y gremiales son de los estudiantes históricos, incluso desde la FUN de 1960, que agrupó a gran parte del estudiantado. Lo conseguido hasta el momento por la Mane permite recoger todos estos intentos históricos de organización y plantearse el horizonte unitario y gremial. Esto nos va a permitir avanzar en lo organizativo y también en términos de propuesta política para sacar el movimiento estudiantil del coyunturalismo. A pesar de todos los problemas que tiene la Mane, ha logrado que los estudiantes tengan el imaginario de una organización gremial, unitaria.

En segundo lugar, la movilización, porque haber logrado coordinar un paro nacional en la mayoría de universidades públicas, con protestas en parte de las privadas, le da un fuerte impulso a la movilización callejera, precisamente en el sentido de que su principal objetivo es ejercer presión política. Hemos logrado interiorizar dentro del estudiantado que es necesaria la lucha callejera para avanzar a escenarios más elevados de la misma. En un primer momento logramos esto a través del paro, se realizaron jornadas semanales de protesta y tuvimos una gran marcha nacional el 10 de noviembre. La movilización ha sido ese músculo que le permitió avanzar al movimiento estudiantil.

En tercer lugar, lo relacionado con el Programa Mínimo, que contiene más de lo que en algún momento llegamos a pensar. Allí se sintetizan reivindicaciones históricas del movimiento estudiantil. Grandes banderas como alcanzar la gratuidad de la educación o que el dinero para la educación venga de acabar las exenciones tributarias que tienen las multinacionales en nuestro país. Estos elementos han aportado en la agitación, como también ha sido clave con la apuesta de articulación.

AR.: Este movimiento estudiantil logra detener la consolidación de un modelo de educación superior neoliberal en Colombia. Vimos como Uribe y Santos afinaron esa propuesta. Gracias a la movilización estudiantil, el gobierno se vio obligado, por ahora, a retirar la propuesta de reforma a la Ley 30. Si esto no hubiera sucedido, hoy en Colombia tuviéramos una educación superior totalmente neoliberal.

En segunda instancia, el movimiento estudiantil logró abrir una puerta para discutir en Colombia la educación como derecho. Hoy, en términos políticos, el pueblo colombiano tiene la posibilidad de plasmar este modelo de educación entendido como derecho. Otro elemento de gran importancia: el pueblo colombiano entendió que es válido luchar, que al Estado hay que exigirle. Se empieza a salir, así, del letargo en que estábamos. Creo que ni el propio movimiento es consciente de que logró sembrar la semilla para que mucha gente en nuestro país se plantee cambiar las cosas. Esto es un cambio profundo en el terreno de la lucha en Colombia, que en unos años lograremos ver con total claridad.

OA.: Para insistir. Esta no es únicamente una lucha entre el movimiento estudiantil y el gobierno sino que asimismo es la posibilidad de sopesar la propuesta de éste y la que está construyendo el estudiantado en compañía de algunos otros sectores sociales, para luego, de cara a la sociedad, discutir la propuesta de educación que necesita el pueblo colombiano. Esto le da un nuevo carácter a la lucha.

da.: ¿Han hecho un balance de por qué los medios de comunicación le dieron realce a la lucha?
OA.: Hay un punto que no se ha tenido muy en cuenta: cuando vieron que esto agarraba fuerza, los medios de comunicación pretendieron conducir la movilización estudiantil callejera. Por ejemplo, pasaban a la Ministra de Educación, que decía: “No está mal que marchen, pero que sea pacífico”.

AR.:
En parte es eso, pero creo además que la fuerza que agarró el movimiento logró remover esas estructuras del poder que hay en Colombia. La fuerza del movimiento les hizo una exigencia a los medios de comunicación. Para éstos, a pesar de estar manejados por el poder, les es difícil abstraerse totalmente de su realidad inmediata. El protagonismo que generó el estudiantado obligó a los medios a estar muy atentos de los principales aspectos políticos en el escenario de la opinión pública; la fuerza de los hechos los fue llevando a eso. Particularmente vimos que el periodista de a pie estaba con nosotros. Los medios no podían abstraerse de movilizaciones gigantescas, de las decisiones de la Mane, porque sabían que ahí estaba el quehacer y el futuro inmediato del movimiento.

da.: ¿Hay balance respecto a las formas que utilizaron para expresarse, para comunicarse?
AR.: Una de las principales características por resaltar es que se trata de un movimiento amplio y diverso, lo cual ayuda a que la expresión política en el terreno cultural lleve un mensaje que sea entendido, que llegue a la sociedad y que la gente se lo apropie. En este sentido, se logra que lo cultural tenga un asiento, pero más allá de esto es que el movimiento tiene una multiplicidad de actores de todos los órdenes: se manifiesta lo artístico, lo clandestino, lo radical, lo político, lo gremial, etcétera. El movimiento tuvo la capacidad de ganarse el corazón de la gente y de llevar la lucha a otros escenarios.

da.: Una pregunta que no podemos dejar de lado: ¿A pesar de que el tema ya pueda ser conocido, cómo surge la Mane?
OA.: La Mane se viene pensando desde hace tiempo, por lo menos dos años, a propósito de la necesidad de consolidar la organización gremial del movimiento estudiantil. Desde esta idea, se empezó a discutir la necesidad de aglutinar al movimiento estudiantil alrededor de algo más que una marcha, que un encuentro, es decir, más allá de la coyuntura. Es así como se fueron decantando elementos hasta que en el primer encuentro del ENEU (primer semestre de 2011) se decide que se va a crear la Mane y que se va a convocar a una sesión de concreción de lo que ésta debía ser. Así se produce la primera reunión de lo que hoy es la Mane, donde se decanta qué es, quiénes la integran, cómo se va a desarrollar organizativamente en las diferentes universidades, en lo local y en lo regional. Pero, además, al preguntarse por el eje articulador surge la necesidad del programa mínimo. Otro elemento fue la relación con la coyuntura que ya se veía venir y que fue su prueba de fuego.

AR. La Mane no es coyuntural. Si se rastrea al movimiento estudiantil, nos encontramos en 2004 con la Coordinadora Nacional Estudiantil Universitaria (CNEU), coordinadora que pretendió, producto de la iniciativa de diferentes sectores políticos, que el movimiento tuviera articulación y orientación nacionales. Tampoco podemos olvidar los intentos coordinadores vividos en 2002 y 2003, lo cual nos permite decir que por lo menos durante una década el movimiento estudiantil vivió intentos de aglutinación nacional, particularmente el proceso de la CNEU, que por varias dificultades terminó en 2006, momento a partir del cual se realizaron varios encuentros estudiantiles, de emergencia, para mirar el tema de coyuntura, y hace dos años –en Manizales– surge la idea de la Mane, la idea de aglutinarnos. Los tres ejes fundamentales que discute hoy la Mane (lo organizativo, lo programático y la movilización) son los mismos que discutíamos en 2004.

da.: La propuesta de reforma gubernamental de la Ley 30 fue un elemento catalizador. ¿Cuál es el aspecto que ayudó a consensuar con relación al programa mínimo?
AR.: Un aspecto es la necesidad de frenar la reforma impuesta por Santos, y el otro es que dentro del movimiento estudiantil hay conciencia sobre la necesidad de construir una propuesta propia. El movimiento logra adquirir conciencia de que debe salir del No y proponer; tiene conciencia de que necesita aglutinarse para construir una propuesta de educación como derecho. La necesidad de los contenidos hizo urgente construir la propuesta de un Programa Mínimo que ayudara a definir un derrotero para el movimiento. Tal programa tiene como referente el de 1971 y la necesidad de unas propuestas que no sean cortoplasistas.

da.: ¿Qué balance se puede hacer sobre los puntos del programa mínimo?
OA.: Recordar, antes que nada, los puntos del programa: financiación, autonomía, democracia universitaria, bienestar universitario, calidad académica, libertades democráticas y relación Universidad-Sociedad. Llamar la atención de algo importante: más que puntos, son ejes que aglutinan diversidad de elementos en torno a un tema en concreto. Ahora, el balance del Programa Mínimo es que ha servido, primero, como elemento de agitación entre los estudiantes. A pesar de no haber tenido la propuesta ya desarrollada la educación necesaria para el pueblo, el Programa Mínimo nos permitió llegar a universidades, facultades y carreras, diciendo “este es el Programa Mínimo sobre el cual construir una propuesta de educación”. Mientras el gobierno presentaba su propuesta, los estudiantes no nos quedamos sólo en lo contestatario; pusimos nuestro granito de arena al llegar a todos los estudiantes con una propuesta.

El segundo elemento es preguntarnos sobre la validez social, histórica y política que en este momento contienen los elementos que contiene el Programa Mínimo. ¿Son efectivamente la base necesaria para la construcción de la propuesta de educación? Esto nos lleva a que debemos revisar las discusiones anteriores –como las de Manizales– porque el programa mínimo, en efecto, aún no es la propuesta de educación, es la base de ella.

AR.:
El programa mínimo logra condensar o sintetizar unas banderas de lucha del movimiento: por ejemplo, el tema de gratuidad, que terminó convertido en bandera central de lucha del mismo, incluso no sólo como consigna sino también como propuesta. Aquí viene la discusión: ¿Es posible en Colombia la gratuidad para los 500.000 o 600.000 estudiantes que tiene la educación superior? Y, para un Estado que se presume democrático, es fundamental darle respuesta positiva al interrogante, pues para el caso de la Universidad Nacional tal gratuidad no supera, por año, los 70 u 80 mil millones de pesos. Si comparamos estas cifras con las exenciones tributarias que ese mismo Estado le garantiza a una multinacional, entonces pensar en ese dinero no sería descabellado.

Otro ejemplo es el tema de autonomía universitaria, que pone en discusión la esencia de la universidad colombiana. Si vemos tal autonomía como lo que permite que la Universidad sea un centro de debate e ideas, esto controvierte el modelo de Universidad-Empresa. Dentro de este tema podemos hablar de extraterritorialidad, y vemos los abusos de la policía contra el estudiantado, y así cada elemento se va desarrollando en el entramado político que es la Universidad. Hoy, el Programa Mínimo va a ser la plataforma para el desarrollo de la propuesta de educación.

da.: ¿Sienten que hubo apropiación y comprensión del programa por parte de los estudiantes?
OA.: Sí. Un elemento que así lo evidencia fue la agitación, que se fue desarrollando poco a poco en las universidades y ganando más aceptación en su mensaje. También vimos cómo los medios de comunicación aludían cada vez más al Programa Mínimo. Pero, además, la base de todos los encuentros estudiantiles desarrollados durante 2011 descansa en el Programa Mínimo.

da.: A partir del retiro de la propuesta de ley del gobierno, ¿qué escenario se constituye para el movimiento estudiantil?
AR.: El principal escenario es desarrollar la Mane en sus tres aspectos: movilización, organización y construcción de propuesta. Este último aspecto es el más importante en el actual momento; allí el movimiento encuentra las bases de su desarrollo. En la última reunión de la Mane –Huila– se desarrolló una metodología para lo nacional, lo regional y lo local. Esta metodología debe permitir tres cosas: 1. Tener una idea de Universidad o educación que se relacione claramente con una apuesta de país, lo cual debe quedar muy claro en la exposición de motivos de la propuesta de ley que se va a generar; 2. El movimiento debe desarrollar cada uno de esos ejes en sus contenidos políticos, en el tema de financiación, que es uno de los más difíciles; tiene que precisar cómo es ese modelo de financiación desde el sector social y popular; 3. convertir su propuesta política en articulado. Para 2012, el escenario es el desarrollo de propuestas en compañía de la movilización.

OA.: Hay que ver lo que se viene para 2012. En 2011 tuvimos un momento de presión a través del paro, pero ahora estamos en otro momento político, en un momento de construcción de propuesta. Esta construcción tiene varias discusiones. La primera: lo organizativo, lo cual tiene que ver con las características de los objetivos que se levantan, más cuando se está hablando de un espacio gremial. La gran apuesta es lograr unas formas organizativas desde lo local hacia lo nacional, y desde lo nacional hacia lo local, que sean operativas en términos de construcción de propuesta, y que todo esto le permita a la Mane tener un funcionamiento fluido. La segunda: un replanteamiento táctico que viene acompañado de esa nueva fase de la lucha y lo que implica la construcción de propuesta. Hay que precisar cuánto tiempo requerimos para la construcción de la propuesta, aspecto que se planteó en la Mane del 3 y 4 de diciembre en Neiva. ¿Cuáles van a ser los elementos políticos generales, el plan de acción y los tiempos para el período de lucha que se viene? Eso implica preguntarnos por el carácter de la movilización, porque no es lo mismo lo que ha sucedido hasta ahora que lo que se viene. Un tercer momento es cómo avanzamos en la articulación política con otros sectores, para que tal articulación no se quede reducida al mero acompañamiento en la movilización.

da.: ¿De acuerdo al Programa Mínimo, se puede pensar que en este momento el elemento relevante es la relación Universidad-Sociedad?
AR.: Este elemento termina siendo transversal. En la Mane hemos discutido que el primer paso para ponernos de acuerdo y avanzar son las ideas de Universidad, educación y país. Si no logramos ponernos de acuerdo en estos aspectos, podemos hacer muchas propuestas de financiación, autonomía universitaria, pero no tendrían el mismo efecto. El reto de elaborar una exposición de motivos le implica al movimiento estudiantil entrar en una relación más clara con la sociedad, lo que permitiría tener proyección de lucha y tener más claro a qué se enfrenta cuando se enfrenta con el Gobierno. El gobierno tiene su idea de país y de Universidad; los estudiantes, cada vez que salgamos a la calle, al barrio, a la fábrica, debemos tener clara nuestra idea de Universidad y de país.

da.: ¿En la reunión de Neiva se pensó metodológicamente en foros y otras actividades para construir con la sociedad la idea de Universidad?
OA.: Uno de los objetivos de la reunión de Neiva fue empezar a decantar los elementos de la metodología. En un primer momento empezar la construcción de la exposición de motivos desde la comunidad universitaria, y desde allí lanzar foros regionales que se sistematicen y se hagan foros nacionales que permitan la participación de diferentes sectores organizados del pueblo, Incluso, hay sectores que ya tienen avances en las propuestas, como es la educación campesina y la educación étnica.

da.: ¿Hay un calendario para este trabajo o está por elaborarse?
AR.: Hay un calendario que contempla encuentros regionales y dos encuentros nacionales. La idea es que, finalizando el primer semestre de 2012, se tenga un buen camino recorrido en términos de construcción de propuesta.

da.: ¿Cualquier universidad, localmente, puede tomar la iniciativa y citar a un debate que considere pertinente?
OA.: El escenario de construcción principal va a ser lo local. En Bogotá está el ejemplo de la Universidad Católica, que un día llegó a la Mane diciendo que las discusiones que habían desarrollado les permitían acercarse a este espacio de discusión y descisión nacional.

da.: ¿Y con los intelectuales…?
AR.: La idea es que se pueda constituir un espacio que hasta ahora hemos pensado como una comisión de expertos. El movimiento entiende que sólo no puede; que necesita que los profesores y los intelectuales se vinculen. Los espacios naturales de la academia son claves, como las carreras, las facultades, las sedes, etcétera. Estos espacios no se deben desligar de la construcción de propuesta porque, de lo contrario, no tendría la misma profundidad.

da.: ¿Qué otros aspectos se decidieron en Neiva?
OA.: Lo programático, de movilización, y lo organizativo, este último el más candente en el debate, discusiones sobre el carácter de la Mane para poder avanzar, sobre lo que significa una mesa local, la Mane hacia el futuro, cómo se toman las decisiones, etcétera. Todas estas son discusiones que se abordaron y no lograron decantarse, y por eso se proyectó un encuentro organizativo el 28 de enero, bajo la idea de cómo vamos a organizarnos para la construcción de propuesta. Hay unas fechas clave: el 15 y 16 de abril en Cartagena. No sólo en torno a la construcción de la propuesta sino también como protesta por la presencia del presidente Obama en la Cumbre de las Américas, y por la aprobación del TLC.

AR.: La idea es que cada mes, a partir de febrero, discutamos de cara a la sociedad sobre uno de los ejes del Programa Mínimo, y para debatirle al gobierno. La primera discusión es la relación Universidad-Sociedad, y la del mes de abril girará alrededor del tema de la financiación, y por qué el movimiento estudiantil no está de acuerdo con el TLC.ν

Bogotá, miércoles 14 de diciembre de 2011


Martes, 30 Noviembre 2010 18:33

La protesta estudiantil paraliza Italia

En el día en el que el Congreso vota la reforma del sistema universitario, miles de jóvenes organizan bloqueos en todas las principales ciudades italianas.- Centenares de ellos cercan el palacio de la Cámara baja y se enfrentan a la policía

Cogito ergo protesto, pienso luego protesto. La declinación contemporánea del asunto cartesiano "pienso luego existo" está escrita en rojo en uno de los carteles que abren la marcha de los estudiantes en Milán. Junto con los investigadores y algunos profesores universitarios se están manifestando contra la reforma que cambia el aspecto de las facultades públicas italianas y que hoy se vota en el Congreso.

Los estudiantes se han citado a través de Facebook y de Twitter y la protesta ha inundando las principales ciudades: desde Milán, Turín, Venecia hasta el sur del botín, pasando por Bolonia, Florencia, Pisa y Roma. En la capital, los jóvenes cercan el palacio de la Cámara baja, en la plaza de Montecitorio, que ha sido acordonada por la policía para evitar que la marcha alcance la puerta del Congreso (como pasó la semana pasada cuando la ley estaba en el Senado).

En los primeros días de las manifestaciones, la semana pasada, la protesta estudiantil alcanzó a los monumentos más emblemáticos del país y se suspendieron las clases en varias universidades. Los estudiantes, subidos a los tejados, han dado vida a una manifestación tan grande como todo el país. Hoy marchan y bloquean los cascos históricos de las ciudades y, como en Parma, las vías de ferrocarril. "Paralizamos el país para que se paralice este proyecto que quita dinero a la educación estatal", era el lema que rebotaba esta mañana a la sobra del Duomo milanés.

Si los centros de las mayores ciudades están bloqueados, la política también está estancada alrededor de este proyecto de ley. El Gobierno durante la votación de las enmiendas ha sufrido dos reveses, quedándose en minoría en dos ocasiones. Otra traba a lo largo del trámite turbulento de la reforma propuesta que lleva el nombre de la ministra de Educación, Maristella Gelmini, siempre arropada por el primer ministro Silvio Berlusconi quien hoy exasperado, ha espetado, a los manifestantes: "¡Id a estudiar!".

El guión es el mismo que el del jueves pasado: Futuro y Libertad, la formación de los partidarios de Gianfranco Fini, surgida de la escisión del Pueblo de la Libertad, propone una enmienda al texto. El Gobierno no la apoya, así como la Liga Norte, pero todo el resto del Congreso vota a favor y la modificación pasa. Otra vez, la reforma universitaria se transforma en el ensayo general que mide las fuerzas de los varios grupos en el Parlamento.

LUCIA MAGI - Milán - 30/11/2010
Publicado enInternacional
A cuarenta años del más importante movimiento estudiantil que haya conocido el país, una mirada en retrospectiva de sus principales hitos.

El 26 de febrero prendimos
la ciudad de la quince
para arriba, la tropa en todas partes,
vi matar muchachos a bala,
niñas a bolillo, a Guillermito
Tejada lo mataron a culata,
eso no se me olvida.
Que dí piedra y me contestaron
con metralleta.

El atravesado, Andrés Caicedo

Al empezar la década de los 70, los hijos de los miles de desplazados que arribaron a las ciudades colombianas en los años 50 y 60 habían copado el sistema educativo básico, y muchos de ellos ya demandaban educación superior. La sociedad colombiana cambiaba vertiginosamente, y nuevos juicios y criterios estaban al orden del día. Miles de jóvenes recién urbanizados reclamaban un espacio en la sociedad y el derecho a participar en las decisiones de la nación. Es ésta la razón por la cual la universidad será el campo de confrontación entre el país conservador, feudal y mojigato, y quienes exigen una nueva sociedad.

El movimiento estudiantil de 1971 se inicia con una marcha de protesta en la Universidad del Valle el 26 de febrero. Hacia la mitad de estos sucesos, la policía intenta tomarse la Universidad y allí muere un dirigente estudiantil. Los disturbios se riegan por toda la ciudad de Cali y al final de la jornada se tiene un saldo de más de 30 ciudadanos asesinados. A partir de este momento se desarrolla una agitación que lleva al paro a 35 universidades, prácticamente todas públicas y algunas privadas, como la Javeriana, los Andes, la Tadeo, la Libre, la Santo Tomas, la Incca y la Gran Colombia. En reuniones y congresos clandestinos, los universitarios construyen un “programa mínimo” que compendia sus exigencias.

¿Qué reclamaban estos jóvenes del 71? 1. Salida de las universidades por parte de los organismos estadounidenses (Fundación Ford, Fundación Kellogg, USAID, cuerpos de paz, etcétera). 2. Reforma de los Consejos Superiores Universitarios (de los cuales formaban parte la Iglesia, la Andi, Fenalco, el Ministerio de Defensa y otras entidades que no representaban a la comunidad universitaria). 3. Mayor presupuesto para la educación superior. 4. Cogobierno en las universidades públicas (administración conjunta de gobierno, estudiantes, profesores y trabajadores de los centros educativos)1. Fue un año de grandes movilizaciones que permitió ganar este espacio en las Universidades de Antioquia y Nacional de Bogotá. En la corta primavera del cogobierno, los estudiantes lograron elevar el presupuesto de investigación, ampliar cupos, reincorporar expulsados, defender la libertad de cátedra y fortalecer financieramente la universidad pública.
1.    Federación de Estudiantes de la Universidad del Valle (FEUV). 1971-1972, Desarrollo político del movimiento estudiantil, Editado por FEUV, Cali, 1973, y revista Deslinde, año 1, Nº 1, junio de 1971, Medellín.

1971, año de los jóvenes

Autores como Jesús Martín-Barbero y Carlos Mario Perea insisten en asegurar que sólo en 1984, con el asesinato de Rodrigo Lara Bonilla, “el país pareció darse cuenta de la presencia entre nosotros de un nuevo actor social, la juventud”*. Por el contrario, considero que 1971 es el año de la emergencia juvenil en Colombia. De febrero a diciembre de este año, miles de estudiantes universitarios y de secundaria paralizan 35 universidades y un centenar de colegios, desarrollando así el movimiento estudiantil más vasto de que tenga memoria el país. El resultado es una reforma al sistema educativo que un año después cae, cuando el estudiantado se desmoviliza. El Ministro de Educación que debió estar al frente de las negociaciones con los estudiantes fue otro joven, Luis Carlos Galán, que para ese momento tenía 27 años.

Otro evento que nos confirma esto es la realización del Festival de Rock de Ancón, organizado en La Estrella (Antioquia), municipio próximo a Medellín, entre el 18 y el 20 de junio de 1971, bajo el lema “Es cuestión de fe y nos unimos todos con música”. Participaron las bandas Columna de Fuego, La Planta (con Augusto Martelo y Chucho Merchán), Terrón de Sueños, La Banda del Marciano, Gran Sociedad del Estado, Carne Dura, Los Monsters, Conspiración del Zodiaco, La Banda Universal del Amor, Los Láser, Johnny Richard, Fernando Zuncho y Free Stone. El festival mostró un sólido movimiento juvenil en torno al rock al congregar más de 30.000 asistentes que permanecieron los tres días.

Es 1971 también el año en que se consolida el llamado Grupo de Cali, dirigido por Andrés Caicedo, el mayor icono literario de la juventud en Colombia. Formaban parte de esta tropa juvenil: Caicedo, Hernando Guerrero, Luis Ospina, Carlos Mayolo y Sandro Romero. Igualmente, en este año Caicedo y sus amigos abren Ciudad Solar, centro cultural que permite visibilizar los novísimas expresiones culturales que tenía la capital del Valle. En 1971, Andrés escribe cuentos tan importantes como El atravesado, Destinitos fatales, Calibanismo, Patricialinda, Angelita y Miguel Ángel, y le da cuerpo a una aviesa obra de teatro basada en Mario Vargas Llosa y Harold Pinter. Asimismo, se realizan allí los VI Juegos Panamericanos, entre el 30 de julio y 13 de agosto, con la presencia de 2.935 atletas de 32 países. El evento fue calificado por los medios como “la gran fiesta de la juventud”.

*    Martín-Barbero, Jesús, Jóvenes: des-orden cultural y palimpsesto de identidad, Viviendo a toda, Jóvenes, territorios culturales y nuevas sensibilidades, Siglo del Hombre Editores, DIUC, Bogotá, 1998.
Publicado enEdición 166
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