La masculinidad de las élites y la ceguera de la izquierda

 

 

El concepto de masculinidad se encuentra directamente relacionado con ser élite o aspirar a serlo. La falta de visión de conjunto de la izquierda es un obstáculo para elaborar estrategias globales.

Vivimos una etapa de crisis de la masculinidad que se ha visto acentuada por la crisis económica. El hombre de la sociedad neoliberal está asistiendo con ansiedad a la ruptura de todas las promesas que se le hicieron. Le prometieron ser el primero, sin embargo, ser el primero no suponía tener buenos derechos sino que los que estén por detrás los tengan peores.

En el pack de la hombría iba incluida la necesidad de tener como plan de vida subir en la escala social pero el ascensor social que iba a llevar a muchos trabajadores a la clase media-alta a base de su esfuerzo está averiado. La escala social no es solo una serie de compartimentos separados en función de su renta sino que también entiende de género. Subes para obtener más poder y obtienes más poder aumentando tu renta o aumentando tu virilidad. Dicho de otro modo, para trepar por la escala social tienes que ser más rico y/o más hombre.

WINNER-LOSERS, COMPETICIÓN ENTRE HOMBRES COMO FORMA DE VIDA

En este momento que nos ha tocado vivir el hombre tiene que ser un winner y, cuando no lo es, está frustrado o se siente fracasado en algún aspecto de su vida laboral y económica, le surge la necesidad de reafirmar su masculinidad por medio de cualquier otra característica de las que identifica como propias del hombre.

¿Cuántos hombres habrán tenido hijos solo para sentirse completos como hombres, porque sentían que era algo que estaban obligados a hacer? De entre esos hombres, ¿cuántos quieren realmente tener hijos? El hombre es el que lleva dinero y comida a casa, el que provee, y para cumplir con ese rol tiene que ser padre. Sería bien difícil calcular la cantidad de paternidades forzadas que irremediablemente pueden dañar a los hijos.

¿Alguien que ha sido padre por obligación va a ser un buen padre? Tal vez sí, pero tiene muchas papeletas para que no se dé el caso. El primer referente (para bien o para mal) de un hijo siempre es su padre, esta figura es la que proporciona al niño las primeras nociones de lo que se espera de un hombre en nuestra sociedad. Si el padre forma los cimientos de la masculinidad del hijo, ¿como iban a ser buenos esos cimientos si en muchos casos se fuerza la paternidad?

La competitividad extrema entre hombres puede llevar a que uno se considere un triunfador siendo un currante de clase baja y humille a un compañero que está en las mismas circunstancias

De entre los valores más representativos del género masculino destaca la competitividad. Cuando el hombre siente su virilidad atacada necesita dejar claro que es más hombre que los demás y, si no puede serlo, humillar al que sea menos hombre que él. La competitividad extrema entre hombres puede llevar a que uno se considere un triunfador siendo un currante de clase baja y humille a un compañero que está en las mismas circunstancias pero que encaja peor en el modelo de masculinidad hegemónica. Porque un hombre no puede ser un nadie, tiene que ser más que los que le rodean.

LA MASCULINIDAD FRENTE A LA POLÍTICA DE LAS EMOCIONES

La política tiene que dar salida a los sentimientos del pueblo para lograr seguir viéndose legitimada ante él. El hombre está frustrado y cuando una emoción es compartida se puede decir que es una frustración política.

La respuesta a este sentimiento hasta ahora se ha visto monopolizada con bastante éxito por opciones políticas que van desde la derecha anti-establishment y populista, como Trump o Le Pen, a una derecha ultraconservadora renovada —Vox en España— que prometen una visión de país en la que 'el hombre vuelva a ser hombre', devuelto a sus esencias después de haber sido desnaturalizado por las denominadas “ideologías de género” o el “lobby LGTB”.

El feminismo es la pelea de un colectivo oprimido, el de las mujeres, contra la estructura del género como autoridad, como poder. No hay lucha más antisistema que el feminismo

Desde la izquierda ha faltado analizar toda esta situación desde la nueva ola de activismo feminista que barre el país cada 8M. Se ha contentado con decir a las feministas un simple 'vale', 'adelante', 'seguid por ahí que nosotros, los hombres, nos encargamos del resto' demostrando una enorme ceguera.

La estructura del género y la estructura de clases son dos pilares de un mismo sistema. Las luchas LGTB y feministas no son políticas sectoriales por mucho que desde algunos altares de la izquierda las miren casi como si de un hobby se tratara. Desde esos enfoques unos se encargan de sus luchas personales, de sus 'cosas de maricas' o sus 'cosas de mujeres', mientras que otros, aquellos que se llenan la boca de clases sociales, se dedican a cambiar el mundo, a derrumbar el sistema.

La mala costumbre de separar en compartimentos estancos diferentes luchas provoca que se obvien las relaciones entre ellas. El error está en pensar que género y clases sociales son cosas diferenciadas cuando se trata de dos conceptos entremezclados difíciles de separar y para acabar con la opresión que ejercen es necesario tener visión de conjunto. No se trata de mujeres contra hombres, no es la "guerra de los sexos" sino que es una lucha por el poder.

El feminismo es la pelea de un colectivo oprimido, el de las mujeres, contra la estructura del género como autoridad, como poder. No hay lucha más antisistema que el feminismo.

EL FEMINISMO Y LAS ÉLITES

A menudo se presenta el debate en el feminismo sobre los 'techos de cristal'. Se acusa a quienes centran sus reivindicaciones en este concepto de estar utilizando el feminismo como mera herramienta para que un pequeño porcentaje de mujeres se incorpore a la élite. Si bien la crítica es legítima y cargada de verdad, este discurso liberal puede ser útil para los discursos más radicales. Del mismo modo que unas pocas mujeres privilegiadas malvenden la lucha feminista por aumentar su cuota de poder, también la masa feminista puede aprovecharse de esta élite.

Si una mujer privilegiada, en nombre del feminismo, rompe el techo de cristal adquiere una cuota de poder que el sistema tenía reservada para los hombres. Con esto abre la posibilidad de cuestionar la lógica hombre=poder. Si el poder ya no es una característica propia y exclusiva del hombre, de aquel que cumple todos los requisitos de la masculinidad hegemónica, entonces se puede cuestionar por qué tenía ese poder previamente y por qué debería seguir teniéndolo. Se cuestiona el derecho a existir de la élite.

Independientemente de que exista la posibilidad real de hacerlo, subir por la escala social es una necesidad inculcada en los hombres que condiciona todos sus posicionamientos políticos

La masculinidad hegemónica es la mayor representación del poder porque el que lo ostenta no solo tiene que tener la capacidad de aplicarlo, sino que necesita ser percibido como poderoso. Los roles de género en el caso del hombre pueden servir para ser identificado como superior a los demás, te da tu lugar en la jerarquía de clases sociales. La masculinidad encuentra su utilidad como performatividad de las élites y el mejor instrumento de legitimación del sistema de clases.

Ese objetivo recurrente de la izquierda que es la unidad popular, apelar a las luchas colectivas... se vuelve complicado de articular cuando la mitad de la población tiene metido en la cabeza desde niño el principio imperativo de luchar para ser superior que tu hermano, tu vecino o tu compañero de trabajo. Las prácticas de género asientan las clases sociales.

¿Cómo pretendemos tener una clase trabajadora organizada contra las élites si la masculinidad dice a los hombres que deben aspirar a ser élites? La falta de empatía, la competitividad, el individualismo, el egoísmo... Todas características que definen por igual a la masculinidad hegemónica que a las élites poderosas.

Independientemente de que exista la posibilidad real de hacerlo, subir por la escala social es una necesidad inculcada en los hombres que condiciona todos sus posicionamientos políticos.

Cualquier movimiento o ideología que aspire a construir un contrapoder y deje al margen el análisis de la masculinidad se encontrará con que será incapaz de crear sujetos políticos mayoritarios que se encuentren cómodos en una lucha de clases.

Por David Arribas

elsaltodiario.com

Publicado enSociedad
“Nos juramos nocturnas, nos juramos rebeldes”*

El pasado 26 de mayo, en la ciudad de Bogotá inició la IV semana contra el acoso callejero, actividad en la que se realizaron diversas acciones y contó con la participación de distintas colectividades y voluntades que se juntaron en el reclamo por las calles libres de acoso, por las noches para la vida y no para la muerte. ¿Quiénes habitan esas noches y de qué maneras? ¿Qué pasa con quienes se atreven a estar en el espacio público por fuera de lo establecido o impuesto? ¿Qué pasa con quienes la noche es su medio de relación o trabajo? ¿Por qué las calles parecen no ser nuestras?

 

En esta ocasión nos reunimos precisamente alrededor de los significados de “la noche” y la reivindicación del aquelarre urbano, articulando diversos debates y voces que, desde contextos y experiencias diversas, muestran las condiciones que para cada cuerpo implica transgredir las fronteras y conspirar rebeldías en las calles. A la cita de organización llegaron varios parches con una amplia gama de acciones que se unieron desde cada uno de sus espacios y posibilidades al grito: ¡Por las calles libres de acoso!

 


 

El silencio no es una opción: el reto de organizar y el esfuerzo colectivo*

 

La semana contra el acoso callejero, nace de un colectivo neoyorkino llamado “Stop Street Harassment” en el año 2011 –aproximadamente–, quienes plantearon la organización de una semana de denuncia donde se visibilizaran las violencias normalizadas en la calle a través de actividades en el espacio público.

Esta incitativa se extendió a nivel internacional y en Colombia la realizamos por primera vez en el 2014, cuando la Colectiva “No Me Calle” tenía el nombre de “Observatorio contra el acoso callejero”; fue una experiencia muy enriquecedora que contó con actividades como cine foros, clases de defensa personal, talleres sobre acoso callejero y culminó con una marcha en la que participaron muchas personas y colectivas feministas de Bogotá; para el año 2015 también pudimos hacerla con una dinámica muy similar.

En el 2017, bajo el nombre de “No Me Calle”, organizamos como colectiva una semana con participación más inclusiva, llegando a la intervención con 12 parches más o menos. Esta experiencia contó con muchas discusiones que desde agrupaciones en las universidades se iban generando, así mismo colectivas que ya venían ocupándose de estos debates en sus contextos se unieron con sus talleres, actividades y posturas al interior de los claustros. Allí se desarrollaron varias acciones de denuncia a partir de rayar e intervenir los espacios y de tomarnos los mismos con arengas, performances, tendederos, gráficos etc., cerramos también con marchas, en la que se contó con batucadas feministas.

La iniciativa siempre procura plantear actividades de toma de espacios y pensarnos estos temas naturalizados en la cotidianidad de las personas, es emocionante que de momento la gente se encuentre con mujeres que visibilizan esto de muchas formas, que nuestra apuesta sea siempre contar que “nos matan, nos violan y nadie dice nada”.

En este sentido decidimos abrirnos este año 2019 para invitar más colectivos. Además de ser una experiencia enriquecedora fue muy divertida, conocimos el trabajo de todas, y procuramos la descentralización ya que siempre hacemos las cosas en los mismos lugares y aunque ha sido complejo poner y activar estas discusiones, seguiremos trabajando.

Hubo tendederos, cartografías, tejido, cine foro, talleres en universidades, conversatorios sobre las perspectivas de mujeres trans, sobre las agresiones en las universidades, hablamos con grafiteras, con mujeres ciclistas urbanas, con trabajadoras nocturnas y consideramos muy poderosa la articulación.

Nuestros retos serán precisamente estos desde la diversidad y cómo seguirnos uniendo para dialogar sobre la noche, la calle, la resistencia; estas iniciativas nacen para visibilizar el tema, pero necesitamos hacerlo de diferentes formas, pensarnos entre todas como irrumpir de formas creativas en la cotidianidad y posicionarnos.

Queremos, llegar a la semana nacional contra el acoso callejero, la actividad sigue creciendo y esperamos que siga así.

 

*Colectiva NoMeCalle, transcribe Mujeres de Mi Barrio


 

Uniendo voluntades, conspirando la noche en dos ruedas*

 

Tuvimos una experiencia muy fuerte y poderosa, articulando nuestras acciones en contexto a la semana contra el acoso, nuestra apuesta de poder seguir trabajando juntas, sin importar las distancias y los territorios, se materializaron en la bici rodada que tuvimos el 31 de mayo. Se unieron desde Medellín, Cali, Barranquilla, Paipa y llegó también a Quito, eso visibiliza el poder de las mujeres y nuestros alcances.

Estuvimos presentes en el conversatorio “Nos juramos nocturnas” y como relatoras en el conversatorio de la Red Popular Trans. Fue interesante, porque pensamos que íbamos a estar las mismas de siempre o parches de solo gente de la bici, pero nos sorprendimos con la diversidad de opiniones y de posturas, fueron otras personas que nos exigen también dar otras discusiones y de otras maneras, son otros diálogos.

Por ejemplo, a veces no estamos en espacios donde haya tanta presencia masculina, pero cuando existe el reto, nos planteamos cómo mostrar estas reflexiones y cómo hacer para que también allí se cuestionen. De esa actividad salieron preguntas sobre el cambio de esos comportamientos y eso es interesante en la discusión sobre el acoso.


Logramos ver también la noche desde diferentes lugares y como las habitamos, como la resignificamos, es interesante aprender desde otras perspectivas en la existencia nocturna, las discusiones sobre la valentía, el miedo, el arriesgarse, el colectivo, el poder, la defensa y también la diversión, porque la calle es nuestra.


El día de la rodada, a pesar de las dificultades empezando con el clima, creemos que se cumplió con el objetivo que era rodar. Por primera vez fuimos más chicas que chicos, pudimos poner nuestra música, hacer nuestras rutas y vemos que nos podemos organizar muy bien, cuidarnos entre nosotras, e incluso a pesar del tema, vimos cómo nos acosaban en la calle cuando estábamos en las bicis y con tanta gente.
Seguiremos mejorando, aprendiendo y apostándole a la noche.

 

* Colectivo Ciclodelicas y Red nacional interseccional de mujeres y disidencias en bicicleta (Redimit), transcribe Mujeres de mi Barrio

 


 

Nos tomamos los barrios, la loma, la noche y el corazón*

 

Nuestra propuesta en esta actividad, ha sido posicionar el feminismo en el barrio y el barrio en el feminismo; encontramos que el acoso callejero se vive de maneras diferentes en los barrios populares de Bogotá, y que pocas veces estas discusiones llegan a las calles y a las mujeres que allí vivimos.

Durante mucho tiempo se ha abanderado la actividad contra el acoso desde los contextos universitarios y claro que coincidimos en su importancia, potencialidad y trascendencia; sin embargo, queremos insistir en que esta situación también puede complejizarse y se amplía la discusión entonces cuando encontramos otros significados de las violencias en otros contextos, en nuestro caso desde las lomas de la localidad de San Cristóbal.

La apuesta de “Las Fuchas”, brujas del territorio ancestral, como agrupación de voluntades de mujeres de diferentes organizaciones populares de esta localidad para la semana contra el acoso, fue visibilizar estas diversidades. Nuestros temas giran en torno a la noche y la calle, donde por supuesto hablamos del peligro, el cuidado, la defensa y la invisibilización y naturalización de las violencias; pero también donde reivindicamos la resistencia, las alternativas populares, las voces de las mujeres qué poco importan para muchxs y la vida misma, ante la supervivencia y la habitabilidad del espacio; en lugares con discusiones importantes de la marginalidad del sistema y la reivindicación y el cuestionamiento de las realidades de la llamada “periferia”.

Allí, desde esta potencialización del margen y el borde, también nos apropiamos y resignificamos los espacios públicos con intervenciones gráficas, tendederos, fotografía, proyecciones audiovisuales en la noche y nos unimos para apostarle a la alegría de celebrarse en las calles que hacemos nuestras de muchas formas.

* Las Fuchas

 



Entrelazando tejidos de resistencia en las calles*

 

El acoso que sufren las mujeres en los espacios públicos es un tema que ha tomado fuerza en las discusiones sobre el derecho a la ciudad. En Bogotá es urgente crear iniciativas que promuevan espacios públicos libres de violencias ya que según el reporte de la organización Plan Internacional, “[Bogotá] reúne todas las características para ser la ciudad con mayor riesgo de acoso sexual para niñas y mujeres jóvenes en el mundo”**. Por tanto, buscamos hacer juntanza con varias colectividades para transformar imaginarios sexistas desde diferentes acciones directas en la ciudad y con distintos lenguajes. Una de estas actividades fue la realizada mediante el lenguaje de tejido por la colectiva Entrelazadas en la Plaza Chorro de Quevedo donde se expuso un tendedero con mensajes contra el acoso, se invitó a diferentes personas a dejar su mensaje y se hicieron con telas muchos banderines para la rodada contra el acoso callejero del viernes 31 de mayo.

* Entrelazadas, transcribe Mujeres de mi Barrio

 


 

La fortaleza que tenemos las mujeres cuando nos juntamos

 

La semana contra el acoso callejero va tomando más fuerza en cuanto se logran articular y poner en diálogo la diversidad de mujeres que habitamos la ciudad. Esta iniciativa es la muestra de los lenguajes, capacidades y acciones que las mujeres bogotanas hemos ido construyendo y posicionando en el espacio público y político, al tiempo que nos demuestra la fortaleza que tenemos las mujeres cuando nos juntamos. La expectativa queda más alta cada versión que pasa, pues cada colectividad y/o individualidad que se suma a trabajar por este tipo de espacios enciende una luz para alumbrar el camino de resistencia y (re)existencia para las mujeres, no sólo en las ciudades, sino en todos los espacios que habitamos.

 


 

* Este artículo está construido desde las voces de algunos de los colectivos que hicieron parte de la materialización de esta apuesta, visibilizando las experiencias que desde cada parche nos permitió juntarnos.
** Redacción Bogotá. Periódico El Espectador (04/10/2018). Disponible en: https://www.elespectador.com/bogota-la-ciudad-mas-insegura-para-ninas-y-mujeres-por-acoso-sexual-nivel-mundial-articulo-816181

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“Nos juramos nocturnas, nos juramos rebeldes”*

El pasado 26 de mayo, en la ciudad de Bogotá inició la IV semana contra el acoso callejero, actividad en la que se realizaron diversas acciones y contó con la participación de distintas colectividades y voluntades que se juntaron en el reclamo por las calles libres de acoso, por las noches para la vida y no para la muerte. ¿Quiénes habitan esas noches y de qué maneras? ¿Qué pasa con quienes se atreven a estar en el espacio público por fuera de lo establecido o impuesto? ¿Qué pasa con quienes la noche es su medio de relación o trabajo? ¿Por qué las calles parecen no ser nuestras?

 

En esta ocasión nos reunimos precisamente alrededor de los significados de “la noche” y la reivindicación del aquelarre urbano, articulando diversos debates y voces que, desde contextos y experiencias diversas, muestran las condiciones que para cada cuerpo implica transgredir las fronteras y conspirar rebeldías en las calles. A la cita de organización llegaron varios parches con una amplia gama de acciones que se unieron desde cada uno de sus espacios y posibilidades al grito: ¡Por las calles libres de acoso!

 


 

El silencio no es una opción: el reto de organizar y el esfuerzo colectivo*

 

La semana contra el acoso callejero, nace de un colectivo neoyorkino llamado “Stop Street Harassment” en el año 2011 –aproximadamente–, quienes plantearon la organización de una semana de denuncia donde se visibilizaran las violencias normalizadas en la calle a través de actividades en el espacio público.

Esta incitativa se extendió a nivel internacional y en Colombia la realizamos por primera vez en el 2014, cuando la Colectiva “No Me Calle” tenía el nombre de “Observatorio contra el acoso callejero”; fue una experiencia muy enriquecedora que contó con actividades como cine foros, clases de defensa personal, talleres sobre acoso callejero y culminó con una marcha en la que participaron muchas personas y colectivas feministas de Bogotá; para el año 2015 también pudimos hacerla con una dinámica muy similar.

En el 2017, bajo el nombre de “No Me Calle”, organizamos como colectiva una semana con participación más inclusiva, llegando a la intervención con 12 parches más o menos. Esta experiencia contó con muchas discusiones que desde agrupaciones en las universidades se iban generando, así mismo colectivas que ya venían ocupándose de estos debates en sus contextos se unieron con sus talleres, actividades y posturas al interior de los claustros. Allí se desarrollaron varias acciones de denuncia a partir de rayar e intervenir los espacios y de tomarnos los mismos con arengas, performances, tendederos, gráficos etc., cerramos también con marchas, en la que se contó con batucadas feministas.

La iniciativa siempre procura plantear actividades de toma de espacios y pensarnos estos temas naturalizados en la cotidianidad de las personas, es emocionante que de momento la gente se encuentre con mujeres que visibilizan esto de muchas formas, que nuestra apuesta sea siempre contar que “nos matan, nos violan y nadie dice nada”.

En este sentido decidimos abrirnos este año 2019 para invitar más colectivos. Además de ser una experiencia enriquecedora fue muy divertida, conocimos el trabajo de todas, y procuramos la descentralización ya que siempre hacemos las cosas en los mismos lugares y aunque ha sido complejo poner y activar estas discusiones, seguiremos trabajando.

Hubo tendederos, cartografías, tejido, cine foro, talleres en universidades, conversatorios sobre las perspectivas de mujeres trans, sobre las agresiones en las universidades, hablamos con grafiteras, con mujeres ciclistas urbanas, con trabajadoras nocturnas y consideramos muy poderosa la articulación.

Nuestros retos serán precisamente estos desde la diversidad y cómo seguirnos uniendo para dialogar sobre la noche, la calle, la resistencia; estas iniciativas nacen para visibilizar el tema, pero necesitamos hacerlo de diferentes formas, pensarnos entre todas como irrumpir de formas creativas en la cotidianidad y posicionarnos.

Queremos, llegar a la semana nacional contra el acoso callejero, la actividad sigue creciendo y esperamos que siga así.

 

*Colectiva NoMeCalle, transcribe Mujeres de Mi Barrio


 

Uniendo voluntades, conspirando la noche en dos ruedas*

 

Tuvimos una experiencia muy fuerte y poderosa, articulando nuestras acciones en contexto a la semana contra el acoso, nuestra apuesta de poder seguir trabajando juntas, sin importar las distancias y los territorios, se materializaron en la bici rodada que tuvimos el 31 de mayo. Se unieron desde Medellín, Cali, Barranquilla, Paipa y llegó también a Quito, eso visibiliza el poder de las mujeres y nuestros alcances.

Estuvimos presentes en el conversatorio “Nos juramos nocturnas” y como relatoras en el conversatorio de la Red Popular Trans. Fue interesante, porque pensamos que íbamos a estar las mismas de siempre o parches de solo gente de la bici, pero nos sorprendimos con la diversidad de opiniones y de posturas, fueron otras personas que nos exigen también dar otras discusiones y de otras maneras, son otros diálogos.

Por ejemplo, a veces no estamos en espacios donde haya tanta presencia masculina, pero cuando existe el reto, nos planteamos cómo mostrar estas reflexiones y cómo hacer para que también allí se cuestionen. De esa actividad salieron preguntas sobre el cambio de esos comportamientos y eso es interesante en la discusión sobre el acoso.


Logramos ver también la noche desde diferentes lugares y como las habitamos, como la resignificamos, es interesante aprender desde otras perspectivas en la existencia nocturna, las discusiones sobre la valentía, el miedo, el arriesgarse, el colectivo, el poder, la defensa y también la diversión, porque la calle es nuestra.


El día de la rodada, a pesar de las dificultades empezando con el clima, creemos que se cumplió con el objetivo que era rodar. Por primera vez fuimos más chicas que chicos, pudimos poner nuestra música, hacer nuestras rutas y vemos que nos podemos organizar muy bien, cuidarnos entre nosotras, e incluso a pesar del tema, vimos cómo nos acosaban en la calle cuando estábamos en las bicis y con tanta gente.
Seguiremos mejorando, aprendiendo y apostándole a la noche.

 

* Colectivo Ciclodelicas y Red nacional interseccional de mujeres y disidencias en bicicleta (Redimit), transcribe Mujeres de mi Barrio

 


 

Nos tomamos los barrios, la loma, la noche y el corazón*

 

Nuestra propuesta en esta actividad, ha sido posicionar el feminismo en el barrio y el barrio en el feminismo; encontramos que el acoso callejero se vive de maneras diferentes en los barrios populares de Bogotá, y que pocas veces estas discusiones llegan a las calles y a las mujeres que allí vivimos.

Durante mucho tiempo se ha abanderado la actividad contra el acoso desde los contextos universitarios y claro que coincidimos en su importancia, potencialidad y trascendencia; sin embargo, queremos insistir en que esta situación también puede complejizarse y se amplía la discusión entonces cuando encontramos otros significados de las violencias en otros contextos, en nuestro caso desde las lomas de la localidad de San Cristóbal.

La apuesta de “Las Fuchas”, brujas del territorio ancestral, como agrupación de voluntades de mujeres de diferentes organizaciones populares de esta localidad para la semana contra el acoso, fue visibilizar estas diversidades. Nuestros temas giran en torno a la noche y la calle, donde por supuesto hablamos del peligro, el cuidado, la defensa y la invisibilización y naturalización de las violencias; pero también donde reivindicamos la resistencia, las alternativas populares, las voces de las mujeres qué poco importan para muchxs y la vida misma, ante la supervivencia y la habitabilidad del espacio; en lugares con discusiones importantes de la marginalidad del sistema y la reivindicación y el cuestionamiento de las realidades de la llamada “periferia”.

Allí, desde esta potencialización del margen y el borde, también nos apropiamos y resignificamos los espacios públicos con intervenciones gráficas, tendederos, fotografía, proyecciones audiovisuales en la noche y nos unimos para apostarle a la alegría de celebrarse en las calles que hacemos nuestras de muchas formas.

* Las Fuchas

 



Entrelazando tejidos de resistencia en las calles*

 

El acoso que sufren las mujeres en los espacios públicos es un tema que ha tomado fuerza en las discusiones sobre el derecho a la ciudad. En Bogotá es urgente crear iniciativas que promuevan espacios públicos libres de violencias ya que según el reporte de la organización Plan Internacional, “[Bogotá] reúne todas las características para ser la ciudad con mayor riesgo de acoso sexual para niñas y mujeres jóvenes en el mundo”**. Por tanto, buscamos hacer juntanza con varias colectividades para transformar imaginarios sexistas desde diferentes acciones directas en la ciudad y con distintos lenguajes. Una de estas actividades fue la realizada mediante el lenguaje de tejido por la colectiva Entrelazadas en la Plaza Chorro de Quevedo donde se expuso un tendedero con mensajes contra el acoso, se invitó a diferentes personas a dejar su mensaje y se hicieron con telas muchos banderines para la rodada contra el acoso callejero del viernes 31 de mayo.

* Entrelazadas, transcribe Mujeres de mi Barrio

 


 

La fortaleza que tenemos las mujeres cuando nos juntamos

 

La semana contra el acoso callejero va tomando más fuerza en cuanto se logran articular y poner en diálogo la diversidad de mujeres que habitamos la ciudad. Esta iniciativa es la muestra de los lenguajes, capacidades y acciones que las mujeres bogotanas hemos ido construyendo y posicionando en el espacio público y político, al tiempo que nos demuestra la fortaleza que tenemos las mujeres cuando nos juntamos. La expectativa queda más alta cada versión que pasa, pues cada colectividad y/o individualidad que se suma a trabajar por este tipo de espacios enciende una luz para alumbrar el camino de resistencia y (re)existencia para las mujeres, no sólo en las ciudades, sino en todos los espacios que habitamos.

 


 

* Este artículo está construido desde las voces de algunos de los colectivos que hicieron parte de la materialización de esta apuesta, visibilizando las experiencias que desde cada parche nos permitió juntarnos.
** Redacción Bogotá. Periódico El Espectador (04/10/2018). Disponible en: https://www.elespectador.com/bogota-la-ciudad-mas-insegura-para-ninas-y-mujeres-por-acoso-sexual-nivel-mundial-articulo-816181

Publicado enEdición Nº258
Diez rasgos para un ecosocialismo feminista y revolucionario

Llamamos ecosocialismo al razonamiento que consiste en vincular personas explotadas y oprimidas. Este razonamiento prepara la llegada de una sociedad socialista democrática, no productivista, sin dominación ni explotación, respetuosa y prudente respecto al resto de la naturaleza.

Concepto abierto, el ecosocialismo implica un cierto número de interpretaciones diferentes. Los francófonos probablemente conocen el ecosocialismo de JL. Mélenchon, que es de tendencia más bien estatista y soberanista. En algunos países, una socialdemocracia de gestión o de los partidos verdes muy mainstream afirman actuar con una perspectiva ecosocialista. No se puede por lo tanto hablar en general del ecosocialismo. Los diez rasgos propuestos más abajo resumen las concepciones ecosocialistas de la corriente marxista-revolucionaria internacional a la que pertenezco.

1. Nuestro ecosocialismo deriva de cuatro declaraciones:


-La necesidad de un programa de transición anticapitalista que ya considere las limitaciones ecológicas y aporte respuestas a la destrucción ecológica. Por lo tanto divergimos de las corrientes políticas que aplazan la protección y la restauración del entorno al “día de mañana” del postcapitalismo;
-la necesidad de una estrategia basada en la acción directa, democrática y auto-organizada de las personas explotadas y oprimidas, en una perspectiva internacionalista y en el respeto a la autonomía de los movimientos sociales así como en el derecho a la auto-organización de las mujeres y en general, de las capas oprimidas;

-la profundísima crisis de sentidos y valores que mina la sociedad capitalista. La dominación del valor abstracto y el patriarcado capitalista son la base de una inversión entre las necesidades y la producción, entre trabajo vivo y trabajo muerto, entre el planeta y el capital. El capital aliena así al ser humano de su naturaleza de animal social pensante, produciendo consciente y colectivamente su existencia;
-el balance ecológico catastrófico de los países del “socialismo real”, simbolizado por la catástrofe de Chernobil, de la desecación del Mar de Aral y de la campaña maoista para la eliminación de gorriones en China, por dar algún ejemplo.


Nuestro ecosocialismo es por lo tanto radicalmente anticapitalista, humanista, internacionalista, feminista y autogestionario. A la vez, es estrategia de lucha, programa de reivindicaciones y proyecto de sociedad.


2. Nuestro ecosocialismo tiene una fuerte dimensión ética que entronca en la perspectiva de una civilización humana digna de tal nombre


Seguirnos las huellas de Marx quien consideraba que “la naturaleza es el cuerpo inorgánico de la humanidad”. La destrucción de la naturaleza de la que formamos parte es nuestra propia destrucción y la de nuestros hijos. La expresión “crisis ecológica” es por eso muy limitada. La situación a que nos enfrentamos es mucho más que una crisis del funcionamiento de los ecosistemas debida a la lógica del beneficio: es una crisis sistémica de la civilización humana agudizada principalmente por una crisis de las relaciones entre la humanidad y el resto de la naturaleza.


Sustituir la producción de valor por la producción de valores de uso determinados democráticamente es una condición necesaria para ponerle fin; pero solo es una condición necesaria. Las destrucciones ecológicas, como la opresión de las mujeres, han existido mucho antes que el capitalismo, aunque fuese bajo otras formas y a escala local más que global. Por otro lado, como se ha dicho, el “socialismo real” burocrático ha sido también tan destructor del entorno como el productivismo capitalista.


Juntas, estas dos realidades, subrayan la necesidad de un proceso de revolución cultural a proseguir mucho más allá de la abolición del capitalismo. Se trata de romper con las visiones dominantes y utilitaristas, para inventar una relación con el entorno basada en el cuidado, la prudencia y el respeto.


3. El balance ecológicamente destructivo de la URSS, China y los países del Este se debe ante todo a la degeneración estalinista burocrática de la revolución


Esto ha implicado a la vez la renuncia a la revolución mundial y al abandono de las experiencias y concepciones ecológicas más avanzadas que se han desarrollado durante los primeros años del poder soviético. Pero el estalinismo no lo explica todo: a finales del XIX y principios del XX, el movimiento obrero y su ala revolucionaria estaban mayoritariamente impregnados por una visión de la naturaleza como materia a dominar, a modelar sin límites según la voluntad humana. Esta visión estaba presente y dominaba también a los oponentes de izquierda al estalinismo.


4. La emancipación de las mujeres requiere un movimiento autónomo y la construcción en su seno de una tendencia socialista. Por lo mismo, parar la destrucción ecológica exige la construcción en el seno de la izquierda de una corriente ecosocialista que intervenga, por así decirlo, en nombre del resto de la naturaleza en una perspectiva anticapitalista, internacionalista y anti-burocrática


Rechazamos la idea de que esta corriente esté condenada a predicar en el desierto por el hecho de que el Homo sapiens sea destructor e insensible por naturaleza. La humanidad ha causado muchas destrucciones ecológicas, pero no hay ninguna razón para pensar que la inteligencia y la sensibilidad humanas sean insuficientes para reaprender lo que hemos olvidado, cuidarnos del entorno, reconstruir los que se pueda, inventar una nueva relación con la vida en general.


5. Nuestro ecosocialismo es radicalmente anticapitalista y en consecuencia marxista


Encontramos en Marx no solo una crítica irreemplazable de la lógica del capital sino también ideas preciosas y a menudo desconocidas que nutren directamente nuestra reflexión ecosocialista. Las principales son las siguientes:


-La naturaleza y el trabajo son las únicas fuentes de toda riqueza, la naturaleza es la fuente principal de los valores de uso;


-La única agricultura racional es la basada en los agricultores independientes o en la propiedad comunitaria del suelo (¡a distinguir de la propiedad estatal de los koljoses!). La única explotación forestal racional es la que huye de la búsqueda del lucro “cortoplacista”;


-La búsqueda de rentas (superbeneficio) estimula continuamente el pillaje de los recursos naturales, minerales y orgánicos, sobre todo la tendencia a una agroindustria cada vez más intensiva que agota los suelos, practica el monocultivo y privilegia la producción de carne;


-El capitalismo se basa en la desposesión. No hay capitalismo sin crecimiento y por lo tanto, sin reproducción ampliada constante, con un doble movimiento: por una parte, apropiación/explotación de la fuerza de trabajo contra un salario, y por otra, apropiación/pillaje de recursos naturales.


-El capital no es una cosa sino una relación social de explotación del trabajo que exige inputs en recursos naturales y orientado a la producción de plusvalor. “El único límite del capital, es el propio capital”, decía Marx: enigmática a simple vista, la frase significa simplemente que el capital proseguirá su obra de destrucción tanto tiempo como disponga de fuerza de trabajo y de otros recursos naturales para explotar. Por ello, el capital no puede fallar hasta haber franqueado los límites. Ningún mecanismo endógeno le permite considerar las fronteras de la sostenibilidad (“boundaries”).


-En consecuencia, la producción de plusvalía implica necesariamente la ruptura de los equilibrios en el intercambio material entre la humanidad y el resto de la naturaleza (“metabolic rift”). La acumulación capitalista agota a la vez la tierra y a la clase trabajadora. Parar el pillaje de recursos (la “gestión racional del intercambio material” sociedad-naturaleza) exige la abolición de la explotación de la fuerza de trabajo y la reducción del tiempo de trabajo.


6. Sin embargo, la obra de Marx y Engels está en tensión


Primero, está marcada en cierto grado por las ilusiones del progreso y la perspectiva de un “crecimiento ilimitado de las fuerzas productivas”; Segundo, su pensamiento debe pasar la criba de los análisis (eco)feministas sobre el patriarcado.


Para Marx, como hemos visto, “el capital agota las dos únicas fuentes de toda riqueza, la tierra y el trabajador”. En esta cita, “el trabajador” incluye la trabajadora. Por lo tanto el trabajo está feminizado. Las mujeres asumen gratuitamente la mayoría de los trabajos de reproducción en el marco de la familia, y este trabajo esta “invisibilizado” en la sociedad capitalista. Marx dijo también, que “la apropiación privada de la Tierra, parecerá un día tan bárbara como la apropiación privada de un ser humano por otro”. Y por tanto, el capitalismo ha integrado el patriarcado preexistente que constituye una forma de apropiación de un ser humano por otro. Engels, lo había señalado: “en la familia, el hombre es el burgués, la mujer el proletario”.


Nuestro ecosocialismo desarrolla por tanto la frase de Marx para integrar explícitamente el trabajo de reproducción. La lógica capitalista que aumenta la explotación del trabajo asalariado y de los recursos tiende también a aumentar la opresión patriarcal de las mujeres. La apropiación del cuerpo de las mujeres, el trabajo doméstico que prestan gratuitamente y su discriminación en la esfera productiva, constituyen una forma específica de apropiación de riqueza por el capitalismo. Esta forma debe evidenciarse para que la crítica de este modo de producción sea completa.


7. Nuestro ecosocialismo trata de integrar todos estos aspectos


La opresión de las mujeres se combina con la explotación del trabajo asalariado y el pillaje de recursos, con la ruina de los campesinos independientes y la destrucción de comunidades indígenas.
Las luchas de las mujeres forman parte de la lucha de clases, sin limitarse a eso, porque la opresión patriarcal es una de las bases del capitalismo. Las luchas ambientales forman parte de la lucha de clases, sin limitarse a eso, porque el apetito insaciable del capital para consumir recursos es la inclinación de su dependencia del trabajo vivo que, por una parte, transforma esos recursos en valor, y por otra, reproduce en el ámbito doméstico, la fuerza de trabajo,


Las luchas campesinas y de los pueblos indígenas, forman parte de la lucha de clase, sin limitarse a eso, porque la bulimia capitalista implica la apropiación de todos los recursos y la mercantilización de todas las relaciones y en consecuencia también la proletarización generalizada.


Nuestro ecosocialismo es por lo tanto, no únicamente alianza antiproductivista de lo social y lo ambiental; es decir, alianza social-obrero-campesina-pueblos indígenas, sino que también tiene en cuenta el feminismo en lo social y lo ambiental. Es decir, eco feminismo socialista. Esta visión es la base de nuestra estrategia eco socialista de convergencia de las luchas.


John Bellamy Foster estima que hay una “ecología de Marx”. Su libro en este aspecto es claro y pone el reloj en hora respecto al pretendido productivismo marxista. Pero rechazamos la apología. “La ecología de Marx”, en nuestra opinión, es una obra inacabada. Nuestro ecosocialismo comporta rematar la construcción, superando los límites y, acaso, las contradicciones. Esta visión sin anteojeras es indispensable para considerar las nuevas cuestiones como los “derechos de la Madre Tierra”, el sufrimiento animal, etc.


8. Es una ilusión creer que un modo de producción basado en la apropiación del cuerpo de las mujeres y en la explotación de la fuerza de trabajo humana como recurso natural podría engendrar en la mayoría de la población una conciencia social respetuosa con los recursos naturales y con la naturaleza en general


En un sistema de producción generalizado de mercancías, es decir, de “cosificación” generalizada. La ideología dominante frente a la “naturaleza” forzosamente es una ideología del mercado, que considera el entorno como una reserva de recursos gratuitos. Las luchas ecológicas deben vincularse y acompasarse con las económicas y feministas, para transformarse en fuerza social de transformación del orden existente, Las cuestiones del trabajo, de la producción, de la reproducción y del desarrollo están en el centro de nuestro ecosocialismo. La naturaleza del Homo sapiens es producir socialmente su existencia mediante la expresión del trabajo, relación ineludible entre humanidad y naturaleza,


Pero la naturaleza humana solo existe en concreto mediante sus formas históricas. La respuesta a la crisis ecológica no consiste en “salir del trabajo” en “salir del desarrollo”, en “salir del consumo”, en “salir del crecimiento”, etc., que son abstracciones a- históricas. Consiste en salir del trabajo abstracto productor de valor, por tanto salir del modo de desarrollo capitalista centrado en el crecimiento del beneficio y del modo de distribución/consumo que de él se deriva.


9. Rechazamos la idea de que “la naturaleza” sufre a la humanidad como una enfermedad


La humanidad forma parte de la naturaleza que transforma. Otras especies han transformado la naturaleza en profundidad. Pero la transformación del Homo sapiens es distinta: lejos de ser “natural”, está determinada históricamente por las relaciones sociales de producción. Así, no hay “capacidad de carga” específica de la especie humana. En función de la productividad del trabajo, la “capacidad de carga” humana ha variado, por ejemplo, desde 8 humanos/km², para la agricultura de “tala y quema”; 25 humanos/km² para los primeros agricultores sedentarios; 100 humanos/km² en la agricultura de regadío del Antiguo Egipto,..


Por otro lado la historia presenta varios casos en que el progreso de la productividad del trabajo ha sido ecológicamente positiva (por ejemplo, en Europa Occidental el descubrimiento del papel de las leguminosas como “abono verde” ha frenado la deforestación). Actualmente, las tecnologías energéticas renovables suponen un progreso de la productividad cuya extensión generalizada se impone de manera urgente para evitar el cambio climático hacia un “planeta invernadero”. Pero en el marco capitalista productivista y “adorador del crecimiento”, tales tecnologías se añaden a las energía fósiles en vez de reemplazarlas, y se despliegan al servicio del beneficio. Razón por la que no detienen la destrucción medioambiental.


Así se ve bien, que el problema no es el progreso general, sino lo que Michael Löwy llama el “progreso destructivo” del modo capitalista de producción. Ese “progreso” produce bajo nuestros ojos y cada vez más rápido una naturaleza transformada y empobrecida. Está a punto de destruir millones de formas de vida, amenaza la existencia de cientos de millones de pobres, crea el riesgo de una caída de la humanidad en la barbarie, e incluso podría, eventualmente, a fin de cuentas, amenazar a la especie humana en su conjunto.


10. La “auténtica naturaleza” virgen no existe


Aquellos que piensan que la “auténtica naturaleza es la naturaleza sin Homo sapiens”, no tienen ninguna solución para la crisis sistémica. Su única alternativa lógica consistiría en desear la desaparición de los humanos (¡en tal caso, que nos muestren el ejemplo!)...Frente a estas concepciones misántropas, la cosmogonía de los pueblos indígenas (la Madre Tierra) constituye una fuente de inspiración. Pero no nos equivoquemos: esta cosmogonía no implica “defender los bienes comunes” que lo serian por naturaleza. En efecto, esta noción de los bienes comunes implica en cambio que ciertos bienes no serían, naturalmente, comunes. Muy al contrario, se trata de afirmar la legitimidad de un proceso de construcción social DEL COMÚN.


Ese proceso de definición democrática de lo que queremos instituir como común no está limitado a priori por ninguna naturaleza de las cosas. Una sociedad eco-comunista, sin clases, recuerda en ciertos aspectos a las llamadas sociedades “primitivas”. Ella instituiría LO común, Sin embargo será muy diferente, visto el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas. Esta sociedad elaborará un concepto de las relaciones humanidad-naturaleza que probablemente recordará en ciertos aspectos a la de los pueblos indígenas, pero también será diferente. Un concepto en el cual las nociones éticas de precaución, de respeto y de responsabilidad, así como maravillarse ante la belleza del mundo, se nutrirán permanentemente de la aprehensión científica a la vez más sutil y al mismo tiempo claramente incompleta. Pues a mayor progreso de la ciencia, más crece la conciencia de lo que no explica…


El texto que presentamos fue la intervención de Daniel Tanuro en la escuela de ecología del Center for Alternative Researches and Studies (CARES), recientemente inagurado en Senlis-sur -mer, Isla Mauricio.

Por Daniel Tanuro, ingeniero agrícola, ecologista y activista socialista valón, es dirigente de la LCR-SAP del Reino de Bélgica.
09/11/2018

 

 

Publicado enMedio Ambiente
Sobre la lucha de las mujeres en América

El encuentro saludó a las caídas por los derechos de la mujer, destacó estrategias y difundió casos paradigmáticos de América latina. El aborto, el rol de las iglesias fundamentalistas y la represión.


Desde Porto Alegre

Uno de los momentos más conmovedores del panel sobre el preponderante papel que tiene hoy el movimiento feminista en América Latina, fue la intervención de Laura Zúñiga Cáceres, la hija de Berta Cáceres, asesinada en Honduras cuando estaba luchando contra la construcción del proyecto hidroeléctrico de Agua Zanca. En el encuentro de mujeres, en el marco del Segundo Foro Latinoamericano de La Poderosa, se destacó en todo momento la fuerza del movimiento feminista argentino, que el 8 de agosto tendrá su prueba de fuego cuando el Senado trate el proyecto de aborto legal aprobado en Diputados. En ese marco, la uruguaya Lilian Celiberti dijo que es posible cambiar de idea sobre el aborto entre quienes estén en contra como producto de “la lucha colectiva para superar los fundamentalismos que imponen en nuestros barrios las iglesias”. Sostuvo que ese cambio de actitud se produce “cuando se activan y desatan las cabezas copadas por esas organizaciones fundamentalistas”.

Celiberti precisó que “en los barrios populares están las iglesias fundamentalistas y pentecostales para conquistar nuestras cabezas y generar el inmovilismo, el sometimiento, el descreimiento en la lucha colectiva”. Por eso consideró que es importante reunir “miles de organizaciones de poderosas en cada barrio, por eso es importante que esas voces estén acá, construyendo algo que es muy importante, como lo es fortalecer la lucha de las mujeres de Argentina que están llevando adelante una lucha por defender nuestro cuerpo, porque nuestro cuerpo es nuestro territorio y en nuestro territorio tenemos que liberarnos porque eso tiene que ver con la autonomía, tiene que ver con la soberanía, porque el feminismo es el movimiento que tiene más que aportar a la causa emancipatoria”. Llamó a enfrentar “a esos fundamentalismos que hacen que en Chile tengamos a tres mujeres acuchilladas por marchar en favor del aborto legal y para eso es necesario estar más unidas que nunca”.

El encuentro de mujeres de doce países de Latinoamérica se inició con la proyección de un video en el que se rindió homenaje a la brasileña Marielle Franco, a las argentinas Lohana Berkins y Diana Sacayán, y a la hondureña Berta Cáceres, quien fue recordada por su hija y militante feminista, Laura Zúñiga Cáceres. “Nos costó mucho desentrañar las razones del asesinato de mi mami, pero una de las primeras cosas que logramos visualizar fue que se trató de un mensaje directo hacia los movimientos sociales en Honduras y específicamente hacia COPPINH, que es una organización que durante cinco años ha enfrentado y muchas veces a derrotado las políticas del Estado, un Estado golpista, dictatorial”. De todos modos, admitió que “nos costó desenmarañar qué significaba para las mujeres que estamos luchando en el territorio, nos cuesta mucho, incluso todavía ahora, qué carga tenía para Berta Cáceres ser una mujer en lucha frente a una empresa privada que representa a todas las empresas privadas que actúan en mi país, hasta que finalmente pudimos llegar a entender que uno de las principales motivos para que la asesinaran fue que fuera mujer”.

Precisó que “en un Estado militarizado y dictatorial, que una mujer se enfrente a sus políticas es inaceptable para ellos y el asesinato acciona sobre otras mujeres libres dentro de Honduras y dentro de la región, para neutralizarlas y poder así parar gran parte de las voces, porque no pasa desapercibido el papel que están jugando las mujeres lencas, las mujeres indígenas, que para la lucha ocupan un lugar fundamental”.

En la primera etapa de la investigación del crimen de Berta Cáceres, se intentó disfrazar la motivación política calificando el hecho como “un crimen pasional”, mediante la detención de un hombre que había sido testigo y que fue herido por los sicarios que cometieron el asesinato. La hija de Berta señaló que “todo eso quedó atrás cuando se determinó, y esto no es casual, que uno de los implicados, David Castillo Mejía sea un ex militar”, que además, era director ejecutivo de la empresa DESA.

Publicado enInternacional
Huelga planetaria…gran logro de las luchas de las organizaciones de mujeres y de los feminismos

Declarar una guerra en todo el mundo es una gran osadía, un gesto de máxima rebeldía y poderío. Con esta huelga enfrentaron la trivialización que diversas instituciones han hecho del día internacional dedicado a lucha por los derechos de las mujeres


Declarar una huelga en todo el mundo es una gran osadía, un gesto de máxima rebeldía y poderío, equiparable solamente a las luchas que durante muchos años adelantaron los obreros y obreras del mundo para conquistar el 1 de Mayo como día internacional de la clase obrera.

 

En el 2017, las feministas y organizaciones de mujeres realizamos, por primera vez, una huelga planetaria contra el sistema patriarcal, contra la desigualdad del capitalismo neoliberal y contra las distintas formas de exclusión, aprovechando los medios y tecnologías como whatsapp y el internet, entre otros.

 

Con esta huelga enfrentamos y confrontamos la trivialización que los medios de comunicación, las empresas, los partidos y hasta los sindicatos han pretendido hacer del día internacional dedicado a la lucha por los derechos de las mujeres.A pesar de que el sentido de esta protesta mundial tiene variedad de interpretaciones y sentidos para las organizaciones y grupos que la promovemos en tantos lugares de la tierra, es claro que logramos emocionar a miles de mujeres, reconocerlas y valorar su aporte a la construcción de la riqueza material y espiritual y concitamos su indignación contra este destructivo orden sociosexual, contra esta civilización que amenaza la vida humana y no humana.

 

Se preguntarán algunas personas porque este 8M nos declaramos en huelga y nos fuimos a la calles, nos dedicamos a marchar, reír, cantar y lanzar nuestras arengas. ¿Contra quién fue esta huelga? ¿Acaso puede considerarse que el compañero, marido, amante, la familia, son los explotadores?

 

¡Sí! Radicalmente sí, cuando en la familia no hay un reparto democrático de las labores domésticas y se cree que la mamá, la esposa o compañera es la responsable del orden, del aseo, del bienestar común.


¡Sí! Absolutamente cierto, si el goce sexual es solo para el varón y si hacer el amor se convierte para la mujer en un acto forzado.

 

Sí! Si las hijas e hijos no comparten todas las tareas del hogar, según su edad y circunstancias, y si las adultas de la familia se ven obligadas a renunciar a su formación, educación, al disfrute del tiempo libre, para que las y los más jóvenes vivan “al ancho”, estudien, vayan a cine, salgan de rumba, mientras ellas se quedan en casa, limpiando, lavando, cocinando, empobreciéndose en todo sentido.

 

El 8M pretende justicia para las mujeres en el ahora, no en un hipotético futuro donde se producirá la liberación de las y los oprimidos. Busca erradicar esa primera esclavitud, que es por supuesto, la sujeción al trabajo gratuito, no remunerado que nos pretenden inculcar como parte del amor abnegado y sufrido, del amor romántico según el cual, debemos entregarlo todo, sin esperar nada a cambio.

 

Por eso, la huelga también se hace contra el orden global heteropatriarcal –un patriarcado en el que predominan los varones y la lógica heterosexual– que es depredador de la naturaleza, que destruye nuestras corporalidades, que nos somete a tráfico y explotación sexual desde la infancia, un orden civilizatorio al servicio de la acumulación de poder y riqueza para unos pocos, a costa de la miseria y dolor de millones de personas.

 

Por eso, la huelga fue realizada contra toda entidad o institución cómplice de este orden y de esta civilización, llámese pareja, familia, iglesia, partido, organización social, sindicato o movimiento barrial.

 

No fue fácil. Nosotras la hicimos en Colombia en medio de la contienda electoral en la cual las élites dueñas del país están concentradas en “atornillarse” a los cargos de elección popular por otro cuatrienio, mientras que los movimientos sociales y democráticos, enfrentan complejos y simultáneos escenarios: participan en la lucha electoral, demandan del gobierno de Santos cumplimiento a lo pactado mediante el Acuerdo de Paz con las Farc, apoyan un acuerdo similar con el Ejército de Liberación Nacional –Eln–, y, al mismo tiempo, esquivan las balas criminales que le disparan los enemigos de la paz, la ultraderecha, los paramilitares que se quedaron en la retaguardia esperando precisamente este momento.

 

Así que, ¿a quién le importa la guerra contra las mujeres, que de manera continua produce víctimas en los hogares, en las calles, en los colegios y universidades, en los ámbitos de la salud, la educación, el empleo, el ejercicio político, y, de manera agravada, en las regiones donde opera el narcotráfico y las bandas criminales?

 

Distintas modalidades de una guerra casi invisible

 

Las modalidades de daño que se utilizan en esta guerra del heteropatriarcado contra las mujeres, van desde las exclusiones en el mundo político, social, cultural y económico, hasta el exterminio físico y las lesiones que no son letales en forma inmediata y que ocasionan en las niñas, las jóvenes y adultas daño emocional permanente. Invisible, pero tangible: son vidas humanas destrozadas por largo tiempo, quizás para siempre.

 

Así ocurre con el abuso sexual infantil infringido por el padre (o personas a cargo de las y los menores), al interior del idealizado hogar o familia tradicional que afecta en forma determinante la capacidad de construirse una estructura del yo, esa que hace que alguien sienta que es alguien.

 

Esta violencia que no es imaginada. En el 2017, el Instituto de Medicina Legal practicó 17.908 exámenes médico legales por presunto delito sexual a menores de edad. El 84,2 por ciento de las víctimas eran niñas, entre los 10 a 14 años de edad, con 8.278 casos. Luego están las menores de 5 a 9 años.

 

A pesar de los esfuerzos de entidades internacionales y nacionales que buscan enfrentar esta problemática, poco hemos aprendido de las consecuencias que deja para toda la vida en quienes padecen esta vulneración. Como muestra la película realizada en 1997 “Bliss, el amor es extasis” (que puede verse en Netflix), la protagonista es violada a la edad de cinco años por su padre. En su vida adulta y de casada, esta mujer es desdichada y no puede identificar las razones por las cuales tiene una personalidad límite. No encuentra sustento en sí misma, depende de manera enfermiza de la aprobación y apoyo ajeno, y busca inconscientemente, reproducir el abuso sexual infantil vivido.

 

Herminia Hernáiz, Doctora en Psicología Clínica y Psicoanalista1, señala en relación con esta lesión emocional: “La intemporalidad del inconsciente hace que el trauma vivido se repita sin cesar como una forma de intentar resolverlo, sin embargo esa misma función de resolución deja como suspendido el proceso de convertirse en persona o la consolidación del ser”. En palabras simples, es un daño que es casi siempre irreversible y la posibilidad de que quien lo padece encuentre cualquier forma de gratificación, es remota. Las víctimas, mayoritariamente niñas, lo “borran” de la memoria, como una suerte de defensa para vivir con menos dolor y miedo, porque, como dice la protagonista de la película “quien tenía que protegerlas del daño, era el daño”.

 

Lamentablemente, estas y otras vulneraciones sexuales que padecen las mujeres en los distintos momentos de sus vidas, se tratan como si tuvieran fecha de vencimiento. Así que cuando algunas se han atrevido a denunciar a sus acosadores y violadores, pasados los años, cuando por fin tienen fuerza o están a salvo de ellos, son sometidas a toda clase de sospechas, como le ocurrió recientemente a la periodista Claudia Morales (El Espectador, enero 18 de 2018).



Cabe recordar que frente a la denuncia de tantas actrices estadounidenses contra los directores Harvey Weinstein, Bret Ratner, el realizador James Toback y los actores Dustin Hoffman y Kevin Spacey, se produjo un gran movimiento de solidaridad en Estados Unidos y otros lugares del mundo, expresado en las redes sociales como el “#me too” (a mí también) y en Francia el #Times up, (¡levántate!).

 

Mediante un manifiesto, cien actrices e intelectuales francesas destacadas, como Catherine Deneuve, expresaron su desacuerdo con la campaña. Advierten que si bien es cierto la violación es un delito, “defendemos una libertad para importunar, indispensable para la libertad sexual. Ahora estamos suficientemente advertidas para admitir que el impulso sexual es por naturaleza ofensivo y salvaje, pero también somos lo suficientemente clarividentes como para no confundir el coqueteo torpe con el ataque sexual. En síntesis, consideran que “Los incidentes que pueden tener relación con el cuerpo de una mujer no necesariamente comprometen su dignidad y no deben, por muy difíciles que sean, convertirla necesariamente en una víctima perpetua”. Afirman que una mujer no es reductible a su cuerpo, así que lo que allí le ocurra, no puede ser definitivo. Se convierten, con tal afirmación en seguidoras de René Descartes, quien planteaba “pienso, luego existo”. Asimismo, se alinderan con la religión católica, para la cual lo que importa es salvar el alma, un orden abstracto que es mucho más importante que la materialidad del ser.

 

La división cuerpo/mente o cuerpo/alma afecta la integridad y dignidad del ser, que es consciencia incarnada, es decir, corporalidad. Para facilitar la comprensión de este concepto, recordemos que las especies animales si tienen cuerpo, pero no pueden dar cuenta de su biografía y de las experiencias vividas: por eso, solamente la especie humana no tiene un cuerpo, es corporalidad2.

 

En Colombia, por su parte, el columnista de Semana, Antonio Caballero, consideró “que tocar un coño y unas tetas” o robar un beso, no podía asimilarse al abuso sexual, en un intento por desprestigiar la palabra de las mujeres acosadas y abusadas sexualmente.

 

Tales planteamientos contribuyen a la impunidad del acoso y del abuso sexual. Cada mujer vulnerada se pregunta si tiene sentido denunciar, cuando no obtendrá justicia y en cambio, deberá soportar, además del sufrimiento ya vivido, el escarnio social y toda clase de comentarios mal intencionados sobre las razones por las cuáles tardó en denunciar. En algunas sociedades, las víctimas prefieren suicidarse, porque se las estigmatiza y expulsa de su comunidad, como si padeciesen una enfermedad contagiosa.

 

En este orden sociosexual patriarcal, la corporalidad, es decir la vida de ellas está al servicio de ellos. Las víctimas de todas las formas de abuso, acoso y explotación son principalmente quienes disponen de menores recursos de poder sexual, económico, político y cultural; vale decir, la mayoría de las campesinas, afrodescendientes, indígenas, raizales, palenqueras, rom, lesbianas transexuales intersexuales, habitantes de los barrios marginales, desempleadas, desarraigadas o desterritorializadas y mujeres con alguna discapacidad, es decir, las subordinadas y sometidas a las asimetrías del poder socioeconómico. Las más afectadas, dada su escasa capacidad para defenderse, son las niñas y las jóvenes, como lo recuerda sin velo alguno el rapto, violación y asesinato de la niña Yuliana Andrea Samboní por parte de Rafael Uribe Noguera, miembro de una familia acaudalada de la capital del país, suceso que recordó a todos y todas que en Colombia aún se paga el derecho de pernada por el cual no pocos oligarcas, mafiosos y otros personajes llegados a ricos, aún salen de cacería de mujeres de todas las edades como satisfacción del mismo.

 

El estudio publicado en agosto de 2017 que realizaron entre 2010 y 2015 varias Ongs, sobre una muestra de 142 municipios (mucho menos del 10 por ciento de los municipios que tiene Colombia) en los cuales hacen fuerte presencia la fuerza pública, guerrilla y paramilitares o Bacrim, muestra que la prevalencia de violencia sexual contra las mujeres fue del 18,36 por ciento, es decir, 875.437 mujeres fueron víctimas directas de algún tipo de violencia sexual (Encuesta de prevalencia de violencia sexual en contra de las mujeres en el contexto del conflicto armado colombiano 2010-2015). Es fácil imaginar lo que puede estar ocurriendo en el resto del país…

 

Todos los bandos enfrentados en el conflicto armado utilizaron la violencia sexual como instrumento de guerra. Sin embargo, no hay que confundirse: las violencias contra las niñas, jóvenes y adultas se exacerban en el conflicto y postconflicto, pero no son producidas por estos. Hacen parte del orden sociosexual, es decir, del ordenamiento social que otorga a los varones el control sobre las corporalidades/vidas de las mujeres, sobre sus bienes, sobre su capacidad productiva y reproductiva.

 

Los saberes contribuyen al desconocimiento del trabajo de las mujeres

 

Como ocurre en toda contienda bélica, los distintos ámbitos del conocimiento, contribuyen a legitimar la desigualdad, explotación y dominación.

 

En un campo estratégico, como es el saber económico, se postula una tajante división entre el mundo de la producción mercantil, la que se comercializa, y el ámbito de la producción y reproducción de la vida, que se consume en los hogares y familias.

 

Los enfoques liberal y neoliberal tienden a mostrar a los seres humanos como una especie de hongos, que brotamos de la tierra, convertidos y convertidas en adultas o adultos, sin que nadie nos proporcione cuidados en las enfermedades infantiles, soporte afectivo y alimentario y estímulo para los aprendizajes básicos de sobrevivencia y convivencia social como el control de esfínteres, el auto-aseo, la auto-alimentación, el lenguaje mismo. Por lo tanto, tampoco existen las personas que limpian la ropa, las casas, hacen los alimentos, cuidan a menores, enfermas enfermos y mayores, quienes, en su mayoría, son mujeres.

 

Desde los años 80 del siglo anterior, las organizaciones de mujeres y las feministas luchamos por la valoración del trabajo invisible y no remunerado en la esfera familiar, y actualmente, este se contabiliza, a través de las llamadas Cuentas satelitales del trabajo doméstico no remunerado3. Porque este trabajo es indispensable para que funcione la humanidad, este 8M le dijimos al mundo: “Nosotras movemos el mundo, nosotras podemos pararlo”.

 

Para hacer posible otro orden civilizatorio el 8M demandamos políticas justas para las mujeres

 

Oxfam informa que 8 varones poseen la misma riqueza que las 3.500 millones de personas más pobres del planeta y que, de mantenerse el ritmo actual, “llevará 170 años para que se emplee a mujeres y hombres en la misma proporción, se les pague el mismo salario por el mismo trabajo, y tengan los mismos niveles de representación en puestos de dirección” (Oxfam, 2017).

 

Esta descomunal desigualdad hace parte de la concentración de poder y control sobre la sexualidad, la afectividad y la capacidad reproductiva de las mujeres por parte del heteropatriarcado y es la condición para mantener la extrema vulnerabilidad de millones de mujeres, niñas y adultas en este planeta. Contra esta desigualdad paramos el 8 de marzo.

 

En estos años finales de la segunda década del siglo XXI, reconociendo las limitaciones de las políticas públicas de género, estamos retomando los ideales emancipatorios del feminismo de los años 70 del siglo pasado que el neoliberalismo intentó cooptar a través del discurso liviano o light de género.

 

En su mejor versión, el enfoque de género conduciría a reformas para el logro de la igualdad legal entre mujeres y hombres, y a una distribución más equilibrada del poder entre ellas y ellos, por medio de políticas públicas, que al estar insertas en Estados patriarcales capitalistas, ni siquiera disminuyen las brechas socioeconómicas. Tengamos en cuenta que pasados casi 25 años de la puesta en marcha del enfoque de género en las políticas públicas para las mujeres, la desigualdad salarial por razón de género en el mundo se mantiene en el 23 por ciento, es decir, las mujeres ganamos el 77 por ciento de lo que ganan los hombres (Fondo de Población de Naciones Unidas, 2017). Igualmente, en la mayor parte del mundo no somos más del 22 por ciento del poder político. Y el feminicidio, se ha convertido en una pandemia universal, que cada vez cobra vidas de mujeres más jóvenes.

 

A diferencia del enfoque de género, las feministas emancipatorias consideramos que hay que transformar el orden económico y la forma como se distribuye la riqueza, la propiedad de la tierra, de los medios de producción y el orden cultural y sexual sobre el cual está establecida esta sociedad.

 

Exigimos que todos los gobiernos del mundo acojan e impulsen tres componentes fundamentales para reducir la desigualdad –CRI: mayor inversión en el gasto social, reformas tributarias a favor de las mujeres y la protección, y avance en materia de derechos de las trabajadoras y trabajadores, según lo propuesto por Oxfam y Development Finance International (DFI).

 

Paramos el 8M para denunciar el femigenocidio, o genocidio de las mujeres el mundo y por qué la justicia para las niñas, las adultas las mayores.

 

El 8M paramos para construir un país y un mundo donde nacer mujer no sea una desgracia, donde no haya ablación del clítoris, como todavía ocurre en algunas comunidades indígenas de Colombia.


Nuestro paro asumió diversas formas: nos salimos de las casas, dejamos de hacer oficio, dejamos de hacer el amor para el disfrute ajeno, con el fin de dedicarnos a conquistar un lugar bajo el sol donde sea posible vivir sin miedo al abuso sexual por parte del padre, el hermano, el padrastro, el tío, el amigo cercano, el profesor, el jefe, el director o realizador de cine, o simplemente, el transeúnte que siente que las mujeres son un objeto para su deleite y control personal.

 

Decidimos que en el 8M nuestra mejor labor era hacer posible un lugar, donde por fin, nacer mujer no signifique tener que sacrificar el proyecto personal a la maternidad o esposidad.

 

Usamos nuestras voces, nuestras canciones y nuestros bailes para invitar a todas y todos a construir un mundo sin explotación ni subordinación, en el cual podamos decidir sobre nuestro placer, nuestro deseo y nuestra capacidad reproductiva, y elijamos con quién, para qué y cuándo tenemos relaciones sexuales.

 

El 8M invitamos, convocamos y movimos el planeta para que entre todas y todos transformemos las sociedades, erradiquemos de la vida humana al patriarcado, al capitalismo, al colonialismo, al extractivismo, al guerrerismo: las generaciones venideras tienen derecho a un mundo viable y con justicia para todas las niñas, las jóvenes y las adultas; durante este 8M, y las jornadas preparatorias se lo recordamos y se lo dijimos con claridad al mundo entero.

 


 

* Feminista por justicia emancipatoria y corporalizada- Economista, Especialista en Políticas Públicas y Género, Candidata a Magister en Filosofía, Doctora en Procesos Sociales y Políticos de América Latina-Colectiva Feministas Emancipatorias.
1 https://cinepsicoanalisisycultura.wordpress.com/2012/11/23/bliss-el-amor-es-extasis/
2 Corporalidad. Es una categoría que indica que no hay un antagonismo u oposición entre mente y cuerpo, como pretenden algunas iglesias y otros enfoques teóricos. En cada ser humano, está presente una rica y compleja historia y biografía humana: somos una consciencia que está incarnada y se expresa en la diversidad propia de la especie humana: el género, la etnia, la condición social y económica, la orientación/opción sexual, entre otras situaciones y condiciones. No es correcto decir: tengo un cuerpo, como quien posee cualquier objeto del cual puede tomar distancia. Somos corporalidad.
3 Ley 1413 del 2010, por medio de la cual se regula la inclusión de la economía del cuidado en el sistema de cuentas nacionales con el objeto de medir la contribución de la mujer al desarrollo económico y social del país.

Publicado enColombia
Una escuelita para la libertad y la autonomía  de las mujeres

El sueño empezó con una escuela de oficios no tradicionales para mujeres, para aprender plomería, electricidad, albañilería, herrería, mecánica, técnicas constructivas ecológicas etc.; en combinación con formación feminista, técnicas de autodefensa y otros conocimientos para nuestro fortalecimiento y autonomía.

La Escuela para la libertad de las mujeres surgió entonces como una respuesta a la necesidad de autonomía que necesitamos las mujeres. Una escuela que aporte herramientas inmediatas, de autodefensa, manuales, teóricas, de autoconciencia, de acción/arte/política/colectiva. La Escuelita es el resultado de una historia propia y ancestral de resistencia y rebeldía; y como la historia misma, la estamos haciendo a cada momento, a cada pasito, aprendiendo en el camino, juntas, y con mucho esfuerzo.

México es un país duro para las mujeres, nos matan porque se puede, porque el odio tiene impunidad; oficialmente se asesinan ocho mujeres diariamente (1), 35 mujeres son violadas al día; muchas de éstas como violaciones correctivas (2), hay medio millón de víctimas de trata de personas hasta el 2016, el 93% son mujeres, el 45% niñas indígenas y 26% menores de edad (3), hay 8,489 mujeres desaparecidas (4).

En el Estado de Oaxaca, como en otros estados de la república, se asesina brutalmente a mujeres y lesbianas en cantidades alarmantes e indignante impunidad (5). A las mujeres no nos matan simplemente por ser mujeres, al matar a una mujer o lesbiana se envía un mensaje de terror a todas nosotras como colectivo. La violencia patriarcal es por lo tanto un medio de producción de pasividad y dependencia. Y Siendo más de la mitad de estos crímenes patriarcales, cometidos por hombres cercanos, familiares y/o sus parejas; reafirmamos que la dictadura patriarcal de propiedad sobre el cuerpo y la vida de las mujeres sigue vigente en la actualidad.

La violencia histórica acumulada en el cuerpo de las mujeres da cuenta que los procesos de colonización y despojo empezaron y fueron posibles con la violencia del cuerpo y sexualidad de las mujeres, así como con la apropiación de su trabajo gratuito.

Hay indiferencia ante el clamor de justicia de nuestras hermanas por los golpes, violaciones, asesinatos, desprecio, abusos, porque son los poderes del estado, parte en dicho crimen. Cada gesto violento dirigido contra las mujeres, en el marco del patriarcado que vivimos, es un crimen político que sostiene la persistente brecha de poder entre hombres y mujeres.

Entender las razones escondidas detrás de la violencia hacia un grupo social específico, en el caso de las mujeres y lesbianas, nos permite reconfigurar la lucha y afirmar que: la violencia se combate por medio de la construcción de autonomía concreta en todos los niveles de la existencia de las mujeres. Y es a partir de ese entendimiento que surge la Escuela para la Libertad de las mujeres en Oaxaca de Juárez, México.

En 2014 pudimos concretar el sueño gracias a un concurso que ganamos convocado por el Ayuntamiento de Vitoria-Gastéiz. La Escuelita, como la llamamos, es un proyecto feminista de formación teórica, de autoconciencia, autodefensa, técnica y artística y de fortalecimiento para las mujeres, en el Municipio de Oaxaca en México, con la que se pretende abonar a la erradicación de las condiciones de exclusión social, económica, laboral, educativa, política, a los índices de lesbo-homofobia y violencia feminicida que viven las mujeres. Es una propuesta escolarizada gratuita, que se lleva a cabo en trece semanas y aporta a la educación popular feminista con una innovadora propuesta metodológica de cinco módulos (6):

 

 

1) Formación Lésbica Feminista, donde historizamos la violencia hetero patriarcal senti-pensada desde la cuerpa-territorio (7) para sanarla, y hacer acción colectiva para la transformación (8).

 

“Comprendí que ser lesbiana va más allá de una relación, en términos políticos, es un golpe duro para el patriarcado y el capitalismo”. (Edith S., 3ra. gen.)

“El Lesbofeminismo en particular me parece una gran herramienta para replantearnos no sólo nuestra orientación del deseo, si no para pensar en las violencias a que hemos sido sometidas, una postura que todas las feministas deberían considerar por brindarnos reflexiones críticas y profundas, empezando por nuestra propia experiencia”. (Coral G., 1ra gen.)

“Darnos cuenta que todas, absolutamente todas, hemos sido violentadas sexualmente (en diversos niveles) ha sido una gran motivación para hermanarnos y apoyarnos. ¡BASTA YA!” (Ivonne P., 4ta gen.)

“La escuela me ayudó mucho para resignificar muchas construcciones sociales que por muchos años me parecían normales… y sobre todo logré la formación política feminista y anti-capitalista, teóricamente me sembró las ganas de conocer más a acerca de la ideología feminista, que es lo que actualmente hago, leer a feministas. En la práctica he cambiado mi forma de actuar y en gran medida el lenguaje que utilizo para nombrar las cosas”.
(Galindo, 4ta gen.)


“Me ayudó para sentirme más orgullosa de ser mujer y honrar a mis antepasadas”. (Cintia R.)

Además de la reflexión teórica sobre la opresión hetero-colonial-patriarcal, los talleres vivenciales de Sexualidad y geopolítica del placer9 y Sanación de la violencia10, aportan a la reapropiación de nuestras cuerpas y placeres y pensarnos en colectivo para resignificar nuestras potencialidades.

 

“El taller de sexualidad me abrió la mente, se nos ha sometido a través del desconocimiento de nuestro propio cuerpo y la vergüenza hacia nuestro propio placer. Me dejó profundos cambios, cuestionar el amor romántico me dejó ver la forma en la que mis relaciones de amor estaban sutilmente sometiéndome mediante la violencia e ideas falsas”. (Ingrid 5ta gen.)

Los ejercicios con la naranja fueron de reconexión con mi vulva, amé amar mi cuerpa y saberme libre de desear. Hubo mucha catarsis, autoexploración, lágrimas y autoconocimiento”. (Cynthia G.)

“Cuando hablamos de feminicidio, abuso y violación sexual, se me removió vivencias del pasado. Sentí desesperación ante el aumento de la violencia y los feminicidios. Me cuestioné ¿qué podemos hacer?, escuché a las compañeras que decían entre murmullos que concientizar a más mujeres a que no permitan ningún tipo de violencia, nos iba a permitir liberarnos y romper las cadenas de la opresión y del patriarcado. Aunque concientizar a más mujeres y más generaciones puede tardar algún tiempo, lo estamos logrando, porque por el simple hecho de estar reunidas en esta escuelita, son pasos en avanzada. Solo que me sigue carcomiendo, hiriendo, desesperando y enojando despertar cada día, y leer que nos falta una compa, que fue asesinada a manos de tratantes, de la pareja, del padrastro, del hermano, del amigo, del conocido o del que simplemente iba pasando y se le dio la gana invadir nuestras cuerpas, nuestras vidas”.
(Tana, 3ra gen.)

“El hecho de detenernos a mirarnos a los ojos, reconocernos como mujeres en una misma situación de opresión y a la vez tratando día a día de salir de ella, darnos cariño como si fuéramos bebés significó mucho para mí, porque no hay muchos espacios donde se de este tipo de contacto cariñoso y sororario”.
(Susana R. 3ra gen.)

 

2) Autoconciencia, es una herramienta de reflexión y análisis en pequeños grupos, sobre la experiencia cotidiana, para desmontar las cargas emocionales que el machismo ha impuesto a las mujeres, y rescatar los conocimientos no reconocidos (11).

 

“Considero de suma importancia los grupos de auto-conciencia puesto que estos vienen a solidificar el vínculo y la unión entre mujeres, además parten de la experiencia de cada una de nosotras y eso ayuda al análisis, la conciencia y la sanación de nuestras vidas”. (Aracely T., 1ra gen.)

“... me permitió abrirme y generó confianza entre todas, con lo cual pudimos analizar las lecturas desde nuestras vivencias, así nos damos cuenta que lo personal es político”.

“Me ayudaron a quitar culpa de algunas cosas que me pasaron, entendí que como mujer no soy culpable de los acosos, abusos y violaciones a mi persona.”
(Ana Martina R.1ra gen.)

“Las sesiones de autoconciencia fueron intensas, nos hacían cuestionar cosas que normalmente no lo hubiéramos hecho, me impactó la pregunta de ¿Cuándo y cómo te diste cuenta que eras mujer?, y las otras que tenían que ver con la elección del género”. (Claudia B., 3ra gen.)

“Me enseñó a no dejarme de cualquier clase de abusos, a superar por fin mi antigua relación, que no me estaba dejando nada bueno, sobre todo a mi autoestima.”
(Jocelyn G., 3ra gen.)

 

 

3) Autodefensa, técnicas físicas, psicológicas y de actitud para la autoprotección, útiles para prevenir y defendernos de los patrones de agresiones más frecuentes contra las mujeres, como acoso sexual, violación, violencia doméstica o en la calle, etc. La autodefensa no es sólo la dimensión física, nos permite deconstruir mitos que nos convierten en inútiles y recuperar el poder personal, la seguridad interior, la confianza en nosotras mismas, la autoestima; condiciones para la construcción de la autonomía y la libertad (12).

 

“…la sesión que más me ha impactado es la de autodefensa, ya que el acoso es una situación que desafortunadamente se tiene que lidiar diariamente, esto me dio más seguridad para caminar las calles y poder transmitirla a su vez a las mujeres que están a mi alrededor”.
(Diana M.)

“Aunque no tenga una técnica de defensa aprendida, tengo algo muy importante que me deja el módulo, en el momento que surja una agresión no me voy a paralizar. Tengo la fuerza emocional y mental de que me voy a defender con las manos, los pies, boca, con todo el cuerpo y no permitiré la agresión. Quedó claro para mí que puedo hacerlo y sobre todo lo siento en el cuerpo”.
(Galindo, 4ta gen.)

“El estar siempre alerta, el que nosotras nunca tendremos la culpa de ser violentadas, el no dudar en defendernos, el que lo importante no es la fuerza sino la técnica, que es necesario estar en constante práctica
(Areli G., 1ra gen.)

“Me servirá porque evitará que vuelva a permitir que me acosen, una situación en la cual he sido víctima en muchas ocasiones, me siento con mayor seguridad al caminar, al desenvolverme y a tener la fuerza de saber que habrá más mujeres que me respalden con su cariño, apoyo y todo lo necesario”.
(Gude, 4ta gen.)

 

 

4) Con Reparaciones básicas para el hogar traspasamos a las mujeres la capacidad de apropiarse de los conocimientos técnico-manuales, el manejo y uso de las herramientas, y de resignificar el ‘no puedo’, a través de localizar, entender y reparar averías básicas pero cotidianas propias del hogar en torno a la electricidad, plomería y el gas (13).

 

“Armé mis lámparas en casa, arreglé mis extensiones e hice nuevas. Arreglé varios grifos y pondré mi instalación de gas próximamente...”
(Eli 3ra gen)

“Sobre todo en relación a plomería, me sentí capaz de desarmar y armar el material, limpiarlo y dejarlo solucionado. Jamás lo había hecho antes”. (Ita J., 3ra gen.)

“Con las actividades prácticas acompañada de una experta, vi que podía hacerlo. Es el diferenciador con un taller puramente teórico o un tutorial de youtube, de hecho, ya gané mis primeros 200 pesos por solucionar una avería. Fue más cercano a una apuesta de que podía hacerlo, que a un cobro de honorarios”.
(Victoria, 5ta gen.)

“Tenía problemas con el lavamanos en casa y lo solucioné siguiendo la explicación y recomendaciones en clase, no fue difícil, ni tedioso, desarmé las piezas, las limpié muy bien, luego las coloqué igual y “no se estanca el agua más” genial”. (Ivonne P., 3ra gen.)

“El patriarcado pretende que las mujeres seamos inútiles, ahora con todo esto enseñado por Lidia, la práctica se hizo mucho más factible para mí, me ayudó a no malgastar mi dinero y ser más independiente en cuanto arreglos básicos en el hogar”.
(Sinaí P., 3ra gen.)

 

5) Con Arte de la desobediencia, mediante distintas disciplinas artísticas (hip-hop, teatro, poesía, producción radiofónica, producción de fanzines, fotografía, etc.), se genera la creatividad subversiva y disidente que invita a desmontar la carga cultural patriarcal, sexista y discriminatoria instaurada en los discursos y disciplinas artísticas, así como aportar herramientas creativas artísticas como medios de expresión para la sanación, sensibilización, denuncia y la acción política en general.

 

“La experiencia de sentir la cuerpa y todo el poder creador que hay en ella. El reconocimiento de la habilidad para escribir mi propia historia... Todas somos capaces de crear arte que incrementa su significado cuando va en contra o es crítica y cuestiona lo establecido. El ritmo y el poder de la palabra. Me llevo las herramientas en mí ocultas, que soy capaz de escribir, cantar” (Viridiana B., 1ra gen.)

“Aprendí que se puede ser desobediente desde puntos muy sutiles como el arte, porque tienen impactos muy fuertes” (Laura 5ta).

“Pude conocer herramientas sencillas a través de las cuáles comunicarme de forma creativa y sacar todo el borlote” (Haydee 4ta).

 

El taller Audios disidentes (14) de Arte de la Desobediencia realizado durante la 4ta generación, generó spots para la sensibilización contra la violencia patriarcal, materializándose en la campaña radiofónica Voces Revulvacionarias. Dicha campaña ha sido emitida por un total de once radios comunitarias en el Estado de Oaxaca (15), así como en otras muchas de la república mexicana, Latinoamérica y el estado español.

 

“Logramos construir un audio que ayudará a informar a las mujeres que nos escuchen que no están solas y que hay espacios donde pueden recibir apoyo y sobre todo salir del círculo de la violencia”
(Galindo 4ta).

“Usaré los audios en el colegio en donde trabajo, e iniciar una campaña radiofónica, en realidad tengo ganas de crear materiales audiovisuales con lo aprendido”
(Deniss 4ta).

“Replicaré la experiencia con las mujeres de mi comunidad Santiago Tenango, de hecho, ya lo estoy aplicando, pero también motivando y ayudando a todas las mujeres que conozco”
(Vanessa 4ta).

 

“De musas a Creadoras”, es un taller de expresión artística corpo-musical, que usa las herramientas de la voz y la palabra a través del hip hop, con las que propone reflexionar y analizar la carga machista y sexista contenida en la expresión musical convencional, desafiar, evocar el estado de las circunstancias del entorno y/o proclamar alternativas. Coordina el taller Mare Advertencia Lírica, hip hopera oaxaqueña, quién desde la escritura, y el baile produce composiciones en desobediencia.

 

“Siempre creía que no sabía escribir, menos decir lo que escribo porque desconozco lo establecido académicamente, no estudié para ser escritora, con Mare entendí que puedo decir lo que pienso, y también escribir”
(Chely 4ta).

“Al principio me daba demasiada pena participar, y se me complicaban algunos ejercicios, pero con las técnicas que nos enseñó Mare fue mucho más fácil, hasta me daban ganas de seguir escribiendo, al final de la sesión me seguía dando pena participar, pero la emoción de como mis compañeras compartían sus escritos y ver que no era la única con ese problema, facilitaba expresarme”
(Analy 4ta).

“A veces no sabemos expresarnos o no nos detenemos para escribir alguna idea o sentimientos y con Mare aprendimos a buscar las circunstancias para que eso pasara”
(Marce 5ta).

“Porque, aunque no sea una rapera ni esté en mis planes serlo… la escritura es una herramienta para comunicarnos y liberarnos” (Heydi 4ta).

 

 

 

El taller “La fotografía en el proceso de autoconciencia de las mujeres” a cargo de Ivonne Posada (16), ayuda a desmontar las imágenes y representaciones estereotipadas de las mujeres, y permitió en la clausura de la 5ta generación una muestra fotográfica con los trabajos y las siguientes expresiones:

 

“De esa forma podemos decirle al mundo cómo queremos ser vistas, y dar nuestra propia perspectiva de belleza, de importancia, y de valor”

“Mediante el arte de las fotos podemos dar a conocer que el mundo no es como nos lo hacen creer… mediante la imagen podemos ir cambiando este sistema patriarcal” (Conce 5ta).

“Porque me permitió ver el arte como una posibilidad de incomodar y mover en otras personas, sobre todo en mí, aquello que parece estar ya sin posibilidad de cambio” (Edna 5ta).

“Estamos invadidas de imágenes que reducen a las mujeres a objetos sexuales, minimizando nuestras capacidades y habilidades y sobre todo nuestra visión del mundo”
(Iris 5ta).

 

Después de cuatro años de camino andado, cinco generaciones, 166 egresadas, La Escuelita se ha consolidado, cuatro de las cinco integrantes de la ekipa son egresadas, cuatro de las cinco facilitadoras de autoconciencia también son egresadas. Después de trece semanas, las mujeres han manifestado que la Escuelita les cambia la vida. Principalmente en su perspectiva colectiva y despatriarcal, ser parte de una comunidad de mujeres que puede trabajar armoniosa y afectivamente, varias de ellas han generado iniciativas propias, han creado grupos de lecturas, de deporte, han dado continuidad a la autoconciencia y autodefensa, se han generado grupos de amigas, de manada, de espacios para el autosustento, recreación y creatividad, han dinamizado el movimiento feminista oaxaqueño. Ahora contamos con ‘un espacio rentado’ donde empezaremos a proyectar de manera más amplia la construcción de autonomía con, por y para las mujeres, de consolidación de redes, de intercambio de saberes, de transformación y transgresión, de crecimiento y fortalecimiento individual y colectivo!! La alegría se nos desborda junto al agradecimiento a todas las colaboradoras, aliadas, colectivos y voluntades que han hecho posible hacer realidad este sueño.


“Clarificó la idea de que no estoy loca, ni soy una exagerada, vivimos en una sociedad inequitativa, creo que ahora tengo aliadas sólidas para hacer frente a esta lucha”
(Victoria 5ta).


“Una de las mejores cosas que han podido pasarme, no solo por lo laboral, sino por toda la riqueza interna que he tenido desde que puedo considerarme parte de ella, ha sido increíble poder conocer muchas mujeres y sentir que aunque somos tantas, tenemos tanto en común; el fortalecimiento y reconocimiento de lo valiosas que somos cada una en lo individual y lo importante de la fuerza que podemos tener en conjunto”.
(Anahí, 5ta)

“Una oportunidad de conectar conmigo misma, destrozar mi encierro y ese conformismo con el que se nos adoctrina y también limita nuestra vida: cumplir con el deber ser, esposa y madre solamente. La escuela me ha inspirado, me ha impulsado incondicionalmente”.
(Ivonne, 4ta)

La Escuelita es un espacio abierto que fomenta el intercambio y la retroalimentación con otras mujeres del mundo que quieran conocernos e intercambiar conocimientos y habilidades. Su metodología innovadora, integral y de alto impacto es reproducible en cualquier lugar del planeta (con sus adaptaciones locales), así es que las invitamos a buscarnos y encontrarnos (17).

 

* Este artículo fue escrito con los aportes de las integrantes de la ekipa, las facilitadoras y aportes y testimonios de los informes. Encargada de redacción, Norma Mogrovejo.

1 El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) de México ha contabilizado de 2007 a 2016, la cifra de 22,482 mujeres asesinadas en todo el país, una cada cuatro horas. De acuerdo a estadísticas realizadas por la sociedad civil, para noviembre de 2017 habían sido asesinadas 1844 mujeres, es decir ocho diarias https://regeneracion.mx/cierra-el-2017-con-cifra-espeluznante-mil-844-feminicidios-en-mexico/, de las cuales menos del 19% se investigan como feminicidio http://www.huffingtonpost.com.mx/2017/02/08/menos-del-20-de-asesinatos-de-mujeres-en-mexico-son-considerado_a_21709257/

2 Según estadísticas del Sistema Nacional de Seguridad Pública de México, en los seis primeros meses de 2017, se denunciaron 16.631 delitos sexuales y concretamente 6.444 violaciones, o sea, una media de 35 diarias http://www.animalpolitico.com/2017/08/violencia-sexual-2017-violacion/.

3 El número de víctimas de trata de personas en México hasta el 2016, se estima en 500.000 casos, de los cuales alrededor de 70.000 son menores de edad sujetos a explotación sexual. Cada año, alrededor de 21,000 menores de edad son captados por las redes de trata de personas con fines de explotación sexual y 45 de cada 100 son niñas indígenas. El 93 por ciento de las víctimas de trata de personas son mujeres y 26 por ciento menores de edad. Destaca que alrededor de 45,4 por ciento de las víctimas son captadas por una persona conocida, 49,1 por ciento por desconocidos y 5,5 por ciento por miembros de la delincuencia organizada https://www.eleconomista.com.mx/politica/Mexico-sin-cifras-precisas-sobre-trata-20170730-0073.html

4 La Fiscalía Especializada en Mujeres Víctimas de Delitos Por Razones de Género, a través del “Protocolo Alba”, recibió alrededor de 360 reportes de mujeres y niñas desaparecidas en 2017. https://www.debate.com.mx/mexico/En-2017-han-sido-localizadas-349-mujeres-desaparecidas--20170510-0106.html La desaparición de mujeres adolescentes, de 15 a 17 años de edad, aumentó 974 por ciento de 2010 a 2014, pues de los 57 casos registrados en 2010 se incrementaron a 612 en 2014, según datos de la Red por los Derechos de la Infancia (Redim). https://aristeguinoticias.com/2402/mexico/en-cuatro-anos-aumenta-974-desaparicion-de-mujeres-adolescentes-redim/ 

5 Oaxaca (entre 2000 y 2015) se ubicaba como la quinta entidad del país más riesgosa para la vida de las mujeres, detrás del Estado de México, Chihuahua, la Ciudad de México y Guerrero. Durante 2014, Oaxaca ocupó el tercer lugar a nivel nacional en feminicidios, sólo detrás del Estado de México y el Distrito Federal. Desde el 2016 con el actual gobernador, se han registrado 431 mujeres víctimas de violencia: feminicidios 126; violencia familiar 102; delitos sexuales 84; desaparecidas 79; suicidios 19; violencia política de género 21.

6 La propuesta metodológica es integral y ha sido solicitada para ser replicada en otras entidades y países.

7 Espacio corpo-geopolítico que refiere la cuerpa biológica de cada mujer, la cuerpa política del colectivo mujeres y al Abya Yala, todas como territorio de interés geopolítico para la explotación económica y/o sexual.

8 Este módulo además, rescata los aportes del feminismo lésbico a la teoría feminista, ha sido impartido por Norma Mogrovejo y Tais Itacarambi

9 Este taller en las cinco generaciones, ha tenido varias versiones, han sido impartidas por Aurea Ceja, Diana Torres y Lola Perla.

10 Este taller está a cargo de Amandine Fulchiron, al que denomina “La violencia sexual, feminicidio y guerra contra el cuerpo de las mujeres”

11 Este taller está a cargo de Arely García, Daniela García, Ara Torres, Marytrini García e Itandehui Juárez

12 Este taller fue impartido por Comando Colibrí la 1era y2da generación; la 3ra y 4ta por Katya y Amparo y la 5ta por Las Hijas de su Tonantzin Tlalli

13 Este taller está a cargo de Lidia Aguado Asensio, ‘La Tía’.

14 Este taller estuvo a cargo de Griselda Sánchez ‘La More’.

15 Las radios comunitarias en el Estado de Oaxaca son espacios de comunicación alternativos al monopolio de la comunicación comercial, generados desde y para las propias comunidades, muchas en sus propios idiomas.

16 Compañera egresada de la 3ra. Generación de la Escuelita

17 Correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. - Celular & WhatsApp: + 00 52 1 951 292 35 67 - Facebook, Youtube y Archive: escuela para la libertad de las mujeres - Web: escuelalibertadmujeres.org

Huelga planetaria…gran logro de las luchas de las organizaciones de mujeres y de los feminismos

Declarar una guerra en todo el mundo es una gran osadía, un gesto de máxima rebeldía y poderío. Con esta huelga enfrentaron la trivialización que diversas instituciones han hecho del día internacional dedicado a lucha por los derechos de las mujeres


Declarar una huelga en todo el mundo es una gran osadía, un gesto de máxima rebeldía y poderío, equiparable solamente a las luchas que durante muchos años adelantaron los obreros y obreras del mundo para conquistar el 1 de Mayo como día internacional de la clase obrera.

 

En el 2017, las feministas y organizaciones de mujeres realizamos, por primera vez, una huelga planetaria contra el sistema patriarcal, contra la desigualdad del capitalismo neoliberal y contra las distintas formas de exclusión, aprovechando los medios y tecnologías como whatsapp y el internet, entre otros.

 

Con esta huelga enfrentamos y confrontamos la trivialización que los medios de comunicación, las empresas, los partidos y hasta los sindicatos han pretendido hacer del día internacional dedicado a la lucha por los derechos de las mujeres.A pesar de que el sentido de esta protesta mundial tiene variedad de interpretaciones y sentidos para las organizaciones y grupos que la promovemos en tantos lugares de la tierra, es claro que logramos emocionar a miles de mujeres, reconocerlas y valorar su aporte a la construcción de la riqueza material y espiritual y concitamos su indignación contra este destructivo orden sociosexual, contra esta civilización que amenaza la vida humana y no humana.

 

Se preguntarán algunas personas porque este 8M nos declaramos en huelga y nos fuimos a la calles, nos dedicamos a marchar, reír, cantar y lanzar nuestras arengas. ¿Contra quién fue esta huelga? ¿Acaso puede considerarse que el compañero, marido, amante, la familia, son los explotadores?

 

¡Sí! Radicalmente sí, cuando en la familia no hay un reparto democrático de las labores domésticas y se cree que la mamá, la esposa o compañera es la responsable del orden, del aseo, del bienestar común.


¡Sí! Absolutamente cierto, si el goce sexual es solo para el varón y si hacer el amor se convierte para la mujer en un acto forzado.

 

Sí! Si las hijas e hijos no comparten todas las tareas del hogar, según su edad y circunstancias, y si las adultas de la familia se ven obligadas a renunciar a su formación, educación, al disfrute del tiempo libre, para que las y los más jóvenes vivan “al ancho”, estudien, vayan a cine, salgan de rumba, mientras ellas se quedan en casa, limpiando, lavando, cocinando, empobreciéndose en todo sentido.

 

El 8M pretende justicia para las mujeres en el ahora, no en un hipotético futuro donde se producirá la liberación de las y los oprimidos. Busca erradicar esa primera esclavitud, que es por supuesto, la sujeción al trabajo gratuito, no remunerado que nos pretenden inculcar como parte del amor abnegado y sufrido, del amor romántico según el cual, debemos entregarlo todo, sin esperar nada a cambio.

 

Por eso, la huelga también se hace contra el orden global heteropatriarcal –un patriarcado en el que predominan los varones y la lógica heterosexual– que es depredador de la naturaleza, que destruye nuestras corporalidades, que nos somete a tráfico y explotación sexual desde la infancia, un orden civilizatorio al servicio de la acumulación de poder y riqueza para unos pocos, a costa de la miseria y dolor de millones de personas.

 

Por eso, la huelga fue realizada contra toda entidad o institución cómplice de este orden y de esta civilización, llámese pareja, familia, iglesia, partido, organización social, sindicato o movimiento barrial.

 

No fue fácil. Nosotras la hicimos en Colombia en medio de la contienda electoral en la cual las élites dueñas del país están concentradas en “atornillarse” a los cargos de elección popular por otro cuatrienio, mientras que los movimientos sociales y democráticos, enfrentan complejos y simultáneos escenarios: participan en la lucha electoral, demandan del gobierno de Santos cumplimiento a lo pactado mediante el Acuerdo de Paz con las Farc, apoyan un acuerdo similar con el Ejército de Liberación Nacional –Eln–, y, al mismo tiempo, esquivan las balas criminales que le disparan los enemigos de la paz, la ultraderecha, los paramilitares que se quedaron en la retaguardia esperando precisamente este momento.

 

Así que, ¿a quién le importa la guerra contra las mujeres, que de manera continua produce víctimas en los hogares, en las calles, en los colegios y universidades, en los ámbitos de la salud, la educación, el empleo, el ejercicio político, y, de manera agravada, en las regiones donde opera el narcotráfico y las bandas criminales?

 

Distintas modalidades de una guerra casi invisible

 

Las modalidades de daño que se utilizan en esta guerra del heteropatriarcado contra las mujeres, van desde las exclusiones en el mundo político, social, cultural y económico, hasta el exterminio físico y las lesiones que no son letales en forma inmediata y que ocasionan en las niñas, las jóvenes y adultas daño emocional permanente. Invisible, pero tangible: son vidas humanas destrozadas por largo tiempo, quizás para siempre.

 

Así ocurre con el abuso sexual infantil infringido por el padre (o personas a cargo de las y los menores), al interior del idealizado hogar o familia tradicional que afecta en forma determinante la capacidad de construirse una estructura del yo, esa que hace que alguien sienta que es alguien.

 

Esta violencia que no es imaginada. En el 2017, el Instituto de Medicina Legal practicó 17.908 exámenes médico legales por presunto delito sexual a menores de edad. El 84,2 por ciento de las víctimas eran niñas, entre los 10 a 14 años de edad, con 8.278 casos. Luego están las menores de 5 a 9 años.

 

A pesar de los esfuerzos de entidades internacionales y nacionales que buscan enfrentar esta problemática, poco hemos aprendido de las consecuencias que deja para toda la vida en quienes padecen esta vulneración. Como muestra la película realizada en 1997 “Bliss, el amor es extasis” (que puede verse en Netflix), la protagonista es violada a la edad de cinco años por su padre. En su vida adulta y de casada, esta mujer es desdichada y no puede identificar las razones por las cuales tiene una personalidad límite. No encuentra sustento en sí misma, depende de manera enfermiza de la aprobación y apoyo ajeno, y busca inconscientemente, reproducir el abuso sexual infantil vivido.

 

Herminia Hernáiz, Doctora en Psicología Clínica y Psicoanalista1, señala en relación con esta lesión emocional: “La intemporalidad del inconsciente hace que el trauma vivido se repita sin cesar como una forma de intentar resolverlo, sin embargo esa misma función de resolución deja como suspendido el proceso de convertirse en persona o la consolidación del ser”. En palabras simples, es un daño que es casi siempre irreversible y la posibilidad de que quien lo padece encuentre cualquier forma de gratificación, es remota. Las víctimas, mayoritariamente niñas, lo “borran” de la memoria, como una suerte de defensa para vivir con menos dolor y miedo, porque, como dice la protagonista de la película “quien tenía que protegerlas del daño, era el daño”.

 

Lamentablemente, estas y otras vulneraciones sexuales que padecen las mujeres en los distintos momentos de sus vidas, se tratan como si tuvieran fecha de vencimiento. Así que cuando algunas se han atrevido a denunciar a sus acosadores y violadores, pasados los años, cuando por fin tienen fuerza o están a salvo de ellos, son sometidas a toda clase de sospechas, como le ocurrió recientemente a la periodista Claudia Morales (El Espectador, enero 18 de 2018).



Cabe recordar que frente a la denuncia de tantas actrices estadounidenses contra los directores Harvey Weinstein, Bret Ratner, el realizador James Toback y los actores Dustin Hoffman y Kevin Spacey, se produjo un gran movimiento de solidaridad en Estados Unidos y otros lugares del mundo, expresado en las redes sociales como el “#me too” (a mí también) y en Francia el #Times up, (¡levántate!).

 

Mediante un manifiesto, cien actrices e intelectuales francesas destacadas, como Catherine Deneuve, expresaron su desacuerdo con la campaña. Advierten que si bien es cierto la violación es un delito, “defendemos una libertad para importunar, indispensable para la libertad sexual. Ahora estamos suficientemente advertidas para admitir que el impulso sexual es por naturaleza ofensivo y salvaje, pero también somos lo suficientemente clarividentes como para no confundir el coqueteo torpe con el ataque sexual. En síntesis, consideran que “Los incidentes que pueden tener relación con el cuerpo de una mujer no necesariamente comprometen su dignidad y no deben, por muy difíciles que sean, convertirla necesariamente en una víctima perpetua”. Afirman que una mujer no es reductible a su cuerpo, así que lo que allí le ocurra, no puede ser definitivo. Se convierten, con tal afirmación en seguidoras de René Descartes, quien planteaba “pienso, luego existo”. Asimismo, se alinderan con la religión católica, para la cual lo que importa es salvar el alma, un orden abstracto que es mucho más importante que la materialidad del ser.

 

La división cuerpo/mente o cuerpo/alma afecta la integridad y dignidad del ser, que es consciencia incarnada, es decir, corporalidad. Para facilitar la comprensión de este concepto, recordemos que las especies animales si tienen cuerpo, pero no pueden dar cuenta de su biografía y de las experiencias vividas: por eso, solamente la especie humana no tiene un cuerpo, es corporalidad2.

 

En Colombia, por su parte, el columnista de Semana, Antonio Caballero, consideró “que tocar un coño y unas tetas” o robar un beso, no podía asimilarse al abuso sexual, en un intento por desprestigiar la palabra de las mujeres acosadas y abusadas sexualmente.

 

Tales planteamientos contribuyen a la impunidad del acoso y del abuso sexual. Cada mujer vulnerada se pregunta si tiene sentido denunciar, cuando no obtendrá justicia y en cambio, deberá soportar, además del sufrimiento ya vivido, el escarnio social y toda clase de comentarios mal intencionados sobre las razones por las cuáles tardó en denunciar. En algunas sociedades, las víctimas prefieren suicidarse, porque se las estigmatiza y expulsa de su comunidad, como si padeciesen una enfermedad contagiosa.

 

En este orden sociosexual patriarcal, la corporalidad, es decir la vida de ellas está al servicio de ellos. Las víctimas de todas las formas de abuso, acoso y explotación son principalmente quienes disponen de menores recursos de poder sexual, económico, político y cultural; vale decir, la mayoría de las campesinas, afrodescendientes, indígenas, raizales, palenqueras, rom, lesbianas transexuales intersexuales, habitantes de los barrios marginales, desempleadas, desarraigadas o desterritorializadas y mujeres con alguna discapacidad, es decir, las subordinadas y sometidas a las asimetrías del poder socioeconómico. Las más afectadas, dada su escasa capacidad para defenderse, son las niñas y las jóvenes, como lo recuerda sin velo alguno el rapto, violación y asesinato de la niña Yuliana Andrea Samboní por parte de Rafael Uribe Noguera, miembro de una familia acaudalada de la capital del país, suceso que recordó a todos y todas que en Colombia aún se paga el derecho de pernada por el cual no pocos oligarcas, mafiosos y otros personajes llegados a ricos, aún salen de cacería de mujeres de todas las edades como satisfacción del mismo.

 

El estudio publicado en agosto de 2017 que realizaron entre 2010 y 2015 varias Ongs, sobre una muestra de 142 municipios (mucho menos del 10 por ciento de los municipios que tiene Colombia) en los cuales hacen fuerte presencia la fuerza pública, guerrilla y paramilitares o Bacrim, muestra que la prevalencia de violencia sexual contra las mujeres fue del 18,36 por ciento, es decir, 875.437 mujeres fueron víctimas directas de algún tipo de violencia sexual (Encuesta de prevalencia de violencia sexual en contra de las mujeres en el contexto del conflicto armado colombiano 2010-2015). Es fácil imaginar lo que puede estar ocurriendo en el resto del país…

 

Todos los bandos enfrentados en el conflicto armado utilizaron la violencia sexual como instrumento de guerra. Sin embargo, no hay que confundirse: las violencias contra las niñas, jóvenes y adultas se exacerban en el conflicto y postconflicto, pero no son producidas por estos. Hacen parte del orden sociosexual, es decir, del ordenamiento social que otorga a los varones el control sobre las corporalidades/vidas de las mujeres, sobre sus bienes, sobre su capacidad productiva y reproductiva.

 

Los saberes contribuyen al desconocimiento del trabajo de las mujeres

 

Como ocurre en toda contienda bélica, los distintos ámbitos del conocimiento, contribuyen a legitimar la desigualdad, explotación y dominación.

 

En un campo estratégico, como es el saber económico, se postula una tajante división entre el mundo de la producción mercantil, la que se comercializa, y el ámbito de la producción y reproducción de la vida, que se consume en los hogares y familias.

 

Los enfoques liberal y neoliberal tienden a mostrar a los seres humanos como una especie de hongos, que brotamos de la tierra, convertidos y convertidas en adultas o adultos, sin que nadie nos proporcione cuidados en las enfermedades infantiles, soporte afectivo y alimentario y estímulo para los aprendizajes básicos de sobrevivencia y convivencia social como el control de esfínteres, el auto-aseo, la auto-alimentación, el lenguaje mismo. Por lo tanto, tampoco existen las personas que limpian la ropa, las casas, hacen los alimentos, cuidan a menores, enfermas enfermos y mayores, quienes, en su mayoría, son mujeres.

 

Desde los años 80 del siglo anterior, las organizaciones de mujeres y las feministas luchamos por la valoración del trabajo invisible y no remunerado en la esfera familiar, y actualmente, este se contabiliza, a través de las llamadas Cuentas satelitales del trabajo doméstico no remunerado3. Porque este trabajo es indispensable para que funcione la humanidad, este 8M le dijimos al mundo: “Nosotras movemos el mundo, nosotras podemos pararlo”.

 

Para hacer posible otro orden civilizatorio el 8M demandamos políticas justas para las mujeres

 

Oxfam informa que 8 varones poseen la misma riqueza que las 3.500 millones de personas más pobres del planeta y que, de mantenerse el ritmo actual, “llevará 170 años para que se emplee a mujeres y hombres en la misma proporción, se les pague el mismo salario por el mismo trabajo, y tengan los mismos niveles de representación en puestos de dirección” (Oxfam, 2017).

 

Esta descomunal desigualdad hace parte de la concentración de poder y control sobre la sexualidad, la afectividad y la capacidad reproductiva de las mujeres por parte del heteropatriarcado y es la condición para mantener la extrema vulnerabilidad de millones de mujeres, niñas y adultas en este planeta. Contra esta desigualdad paramos el 8 de marzo.

 

En estos años finales de la segunda década del siglo XXI, reconociendo las limitaciones de las políticas públicas de género, estamos retomando los ideales emancipatorios del feminismo de los años 70 del siglo pasado que el neoliberalismo intentó cooptar a través del discurso liviano o light de género.

 

En su mejor versión, el enfoque de género conduciría a reformas para el logro de la igualdad legal entre mujeres y hombres, y a una distribución más equilibrada del poder entre ellas y ellos, por medio de políticas públicas, que al estar insertas en Estados patriarcales capitalistas, ni siquiera disminuyen las brechas socioeconómicas. Tengamos en cuenta que pasados casi 25 años de la puesta en marcha del enfoque de género en las políticas públicas para las mujeres, la desigualdad salarial por razón de género en el mundo se mantiene en el 23 por ciento, es decir, las mujeres ganamos el 77 por ciento de lo que ganan los hombres (Fondo de Población de Naciones Unidas, 2017). Igualmente, en la mayor parte del mundo no somos más del 22 por ciento del poder político. Y el feminicidio, se ha convertido en una pandemia universal, que cada vez cobra vidas de mujeres más jóvenes.

 

A diferencia del enfoque de género, las feministas emancipatorias consideramos que hay que transformar el orden económico y la forma como se distribuye la riqueza, la propiedad de la tierra, de los medios de producción y el orden cultural y sexual sobre el cual está establecida esta sociedad.

 

Exigimos que todos los gobiernos del mundo acojan e impulsen tres componentes fundamentales para reducir la desigualdad –CRI: mayor inversión en el gasto social, reformas tributarias a favor de las mujeres y la protección, y avance en materia de derechos de las trabajadoras y trabajadores, según lo propuesto por Oxfam y Development Finance International (DFI).

 

Paramos el 8M para denunciar el femigenocidio, o genocidio de las mujeres el mundo y por qué la justicia para las niñas, las adultas las mayores.

 

El 8M paramos para construir un país y un mundo donde nacer mujer no sea una desgracia, donde no haya ablación del clítoris, como todavía ocurre en algunas comunidades indígenas de Colombia.


Nuestro paro asumió diversas formas: nos salimos de las casas, dejamos de hacer oficio, dejamos de hacer el amor para el disfrute ajeno, con el fin de dedicarnos a conquistar un lugar bajo el sol donde sea posible vivir sin miedo al abuso sexual por parte del padre, el hermano, el padrastro, el tío, el amigo cercano, el profesor, el jefe, el director o realizador de cine, o simplemente, el transeúnte que siente que las mujeres son un objeto para su deleite y control personal.

 

Decidimos que en el 8M nuestra mejor labor era hacer posible un lugar, donde por fin, nacer mujer no signifique tener que sacrificar el proyecto personal a la maternidad o esposidad.

 

Usamos nuestras voces, nuestras canciones y nuestros bailes para invitar a todas y todos a construir un mundo sin explotación ni subordinación, en el cual podamos decidir sobre nuestro placer, nuestro deseo y nuestra capacidad reproductiva, y elijamos con quién, para qué y cuándo tenemos relaciones sexuales.

 

El 8M invitamos, convocamos y movimos el planeta para que entre todas y todos transformemos las sociedades, erradiquemos de la vida humana al patriarcado, al capitalismo, al colonialismo, al extractivismo, al guerrerismo: las generaciones venideras tienen derecho a un mundo viable y con justicia para todas las niñas, las jóvenes y las adultas; durante este 8M, y las jornadas preparatorias se lo recordamos y se lo dijimos con claridad al mundo entero.

 


 

* Feminista por justicia emancipatoria y corporalizada- Economista, Especialista en Políticas Públicas y Género, Candidata a Magister en Filosofía, Doctora en Procesos Sociales y Políticos de América Latina-Colectiva Feministas Emancipatorias.
1 https://cinepsicoanalisisycultura.wordpress.com/2012/11/23/bliss-el-amor-es-extasis/
2 Corporalidad. Es una categoría que indica que no hay un antagonismo u oposición entre mente y cuerpo, como pretenden algunas iglesias y otros enfoques teóricos. En cada ser humano, está presente una rica y compleja historia y biografía humana: somos una consciencia que está incarnada y se expresa en la diversidad propia de la especie humana: el género, la etnia, la condición social y económica, la orientación/opción sexual, entre otras situaciones y condiciones. No es correcto decir: tengo un cuerpo, como quien posee cualquier objeto del cual puede tomar distancia. Somos corporalidad.
3 Ley 1413 del 2010, por medio de la cual se regula la inclusión de la economía del cuidado en el sistema de cuentas nacionales con el objeto de medir la contribución de la mujer al desarrollo económico y social del país.

Publicado enEdición Nº244
Sábado, 17 Marzo 2018 07:09

Las mujeres y el bosque

Las mujeres y el bosque

Del 8 al 10 de marzo de 2018 se realizó el primer encuentro internacional, político, artístico, deportivo y cultural de mujeres que luchan en el caracol zapatista de la zona Tzotz Choj en Chiapas, México. A la convocatoria acudieron más de 5 mil mujeres de 38 países del mundo, que fueron recibidas por otras 2 mil provenientes de los cinco caracoles de todas las zonas zapatistas de Chiapas.


Fue un encuentro significativo, fuerte, emocionante, lleno de contenidos y horizontes. Con raíces profundas que llevan creciendo muchos años, con brotes y ramas que se extienden y entrelazan con muchas otras. En esos días el mundo se coloreaba de tonos violetas y arcoiris, con movilizaciones y acciones de mujeres en muchas partes del mundo, algunas masivas, otras emergentes, todas marcando a su manera que el patriarcado está en cuestión y no estamos dispuestas a soportar más violencia, discriminación, sexismo, machismo y abusos.


Siendo fundamental, el tema no es sencillo ni tampoco sus manifestaciones. Las compañeras zapatistas que abrieron el encuentro, en la palabra de la capitana insurgente Erika, nos nombraron a todas como un bosque o un monte. En ese bosque hay muchos árboles que son diferentes. Hay ocote o pino, caoba, cedro, bayalté y muchos tipos de árboles. Y sabemos que cada pino o cada ocote no es igual, sino que cada uno es diferente. Pero cuando los vemos le decimos monte o bosque. Aquí estamos todas como un bosque. Todas somos mujeres. Pero hay de diferentes colores, tamaños, lenguas, culturas, profesiones, pensamientos y formas de lucha. Decimos que además somos mujeres que luchan. Entonces somos diferentes, pero iguales. Y aunque hay mujeres que luchan y no están aquí, las pensamos aunque no las veamos. Y también sabemos que hay mujeres que no luchan, que se conforman, que se desmayan. En todo el mundo hay mujeres, un bosque de mujeres, que lo que las hace iguales es que son mujeres. Como mujeres zapatistas vemos que algo más está pasando. Y también nos hace iguales la violencia y la muerte. Así vemos lo moderno de este pinche sistema capitalista. Vemos que hizo bosque a las mujeres de todo el mundo con su violencia y su muerte que tiene la cara, el cuerpo, la cabeza pendeja del patriarcado. (https://tinyurl.com/y7l5gtzn)


Desde el monte nos invitaron para hablarnos, escucharnos, mirarnos, festejarnos. Podemos escoger dijeron. Podemos competir entre nosotras para ver quien es mejor, habla mejor, es más liberada, juega mejor al fútbol, o piensa o escribe mejor y al final veremos que nadie ganó. O podemos acordar luchar juntas, como diferentes que somos, en contra del sistema capitalista patriarcal que es quien nos está violentando y asesinando.


Resonó fuerte, clara y al mismo tiempo dulce la voz de la insurgenta Erika. Una voz, nos dijo, revuelta con muchas edades, lenguas e historias, porque habló a nombre de todas las mujeres zapatistas, que desde cada comunidad y caracol se reunieron por muchos meses para pensar, organizar y trasmitir este mensaje.


Por su voz sentimos el sufrimiento de la campesina e indígena que fue sirvienta en la ciudad, sin sueldo, sufriendo mil humillaciones no sólo de hombres, también de mujeres, pero que encontró otras con las que se fue formando para rebelarse como zapatistas; sentimos el dolor por las hijas que murieron de enfermedades curables, sentimos el miedo por ser explotadas y más por ser mujeres, ante los atropellos de militares, capataces y patrones. Sentimos también a las niñas, jóvenes y adultas, que crecieron con la resistencia, la guerra y la construcción de autonomía zapatista. Mujeres que antes solo podíamos morir por ser indígenas, pobres y mujeres, ahora construimos en colectivo otro camino de vida: la libertad, nuestra libertad.


Mucha diversidad hubo en el bosque de este encuentro, con denuncias, intercambios intelectuales, artísticos, musicales, de teatro, poesía, talleres para aprender desde a cuidarnos en Internet hasta nuestros cuerpos y lugares, para construir, pensar y luchar en colectivo desde la diversidad. La gran mayoría de las participantes fueron jóvenes, tanto zapatistas como del resto del mundo.


Llegaron también las madres y hermanas de víctimas de feminicidio, desaparecidas, presas, violentadas, las madres de los 43 estudiantes de Ayotzinapa a quienes las zapatistas y todas dijimos que no están solas, que seguiremos reclamándolos con vida y por justicia. Moira Millán, mapuche de Argentina, nos hizo conocer las luchas contra la guerra de exterminio contra su pueblo, que como el caso de los estudiantes de Ayotzinapa parece ser un ejercicio desde el poder para ver hasta donde pueden atropellar a las y los que resisten y de allí seguir con todas.


Conocimos luchas de las mujeres de Vía Campesina contra las transnacionales, en defensa del territorio y por feminismo campesino y popular. Pueblos indígenas de América Latina, Estados Unidos y Canadá, compañeras de movimientos de Black Lives Matter, de Palestina, Marruecos y del Movimiento Sin Tierra de Brasil cerraron con sus reflexiones y saludos este encuentro, que se abrió a continuar el próximo año.


Las zapatistas nos despidieron dándonos una luz para llevar y prender cuando nos sintamos solas, cuando pensemos que la lucha es muy dura, cuando tengamos miedo, pero también para llevarle a las desaparecidas, las presas, las asesinadas, las migrantes, las violadas, las golpeadas, las explotadas. Para decirles que no nos rendiremos, que no están solas, que luchamos con ellas y para que el dolor que cargan no se vuelva a repetir. Para juntarla a otras luces y prender fuego al sistema capitalista patriarcal.

 

Por Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC

Publicado enCultura
Irma Velásquez: “En un país en posguerra las partes siempre van a estar en pelea por la memoria”

La experta en pueblos indígenas Irma Alicia Velásquez Nimatuj fue la encargada del peritaje en el caso Sepur Zarco, un hito en la batalla por la memoria de Guatemala.


La guatemalteca Irma Alicia Velásquez Nimatuj es doctora y máster en Antropología Social por la Universidad de Texas (Austin) y licenciada en periodismo por la Universidad de San Carlos de Guatemala.


Experta en pueblos indígenas, fue la encargada del peritaje en el caso Sepur Zarco, un hito en la batalla por la memoria de Guatemala por varios motivos.
En primer lugar, fue el primer caso de violencia sexual relacionada con el conflicto impugnado en virtud del código penal de Guatemala. Además, por primera vez un tribunal nacional en cualquier parte del mundo se pronuncia sobre acusaciones de esclavitud sexual durante un conflicto armado, que es un delito tipificado por el derecho internacional.


En la sentencia pionera, el tribunal guatemalteco señaló que la violencia sexual contra once indígenas maya quechí formó parte de una estrategia deliberada por parte del ejército de Guatemala y condenó a dos militares.


A pocos días del 8 de Marzo, ¿dirías que el feminismo es hoy un agente que puede cambiarlo todo?

Las mujeres son fundamentales. Quizá la diferencia en Guatemala es que las mujeres indígenas somos la mayoría, y las mujeres indígenas son críticas con el feminismo blanco y clásico, o más oficial. Porque realmente el feminismo desde esa perspectiva no ve a las mujeres indígenas con ojos de aceptar la crítica que estas mujeres hacen al feminismo.


Quizá por eso no hemos visto esas manifestaciones en Guatemala, porque las mujeres indígenas participan pero no desbordan, porque tiene límites. Tienen límites con él hasta dónde tienen en común algunas coincidencia pero también están claras en qué aspectos son totalmente distintas.


¿Es una asignatura pendiente la de integrar el elemento de la raza en el feminismo?

Diría que la asignatura es de las mujeres blancas el tratar de comprender la postura, las luchas y demandas de las mujeres indígenas. El feminismo lo que quiere es que las mujeres indígenas vengan y acepten sus planteamientos, y eso es muy difícil. En América Latina vemos que no todas las mujeres indígenas se identifican como feministas y tienen una crítica a ese feminismo que no ve la opresión racial como una de las opresiones fundamentales, ligadas sobre todo al tema del territorio.


El tema del territorio traspasa el posicionamiento de las mujeres indígenas. Nosotras nos vemos como parte de la madre tierra, y la madre tierra tiene relación con los alimentos, el espacio en el que vivimos, donde reproducimos nuestras cultura, donde estuvieron nuestros padres y abuelos. Tiene una conexión histórica, futura y una relación fuerte con el oponernos al extractivismo que está de moda en América Latina desde países europeos, y desde EE UU y canadá, que ven América como la posibilidad de seguir extrayendo los recursos que posee.


Esa extracción no es nueva, es parte de colonialismo: la colonialidad española ya nos mostró cómo fueron capaces de extraer todo el oro que pudieron. Hoy vemos esa nueva colonialidad, y ahí las mujeres indígenas tenemos una voz muy fuerte. No queremos la destrucción de nuestros territorios, a la madre tierra no la destruyes, la vas a cuidar.


El colonialismo español fue un esclavismo impresionante del que nuestros países no se libraron hasta hace poco. Bolivia lo logra cuando llega Evo Morales. En Guatemala estamos con toda la problemática. En México, el levantamiento zapatista tiene relación con ese extractivismo que deja a los indígenas sin nada. Y ahí ves a las mujeres zapatistas con posicionamientos muy claros.


En Guatemala vemos una enorme cantidad de mujeres indígenas defendiendo los territorios: tenemos 1.200 conflictos por problemas de extractivismo, en un país de 108.000 kilómetros cuadrados. Y todas las empresas son canadienses, estadounidenses, españolas, alemanas… La presión sobre nuestros territorios es impresionante, es un conflicto fuerte y las mujeres están en primera línea.


Estos días en el curso de La Casa Encendida hablas del feminicidio y la racialización del cuerpo de las mujeres. ¿Qué ocurre cuando al feminicidio se le suma la cuestión racial?

El resultado es lo que tenemos en Guatemala y otros pueblos indígenas en América Latina. Vemos poblaciones que quedaron al frente de mujeres porque los hombres fueron asesinadas, masacrados, torturados o desaparecidos, poblaciones que han sacado adelante durante 35 años procesos por justicia, por reparación, por conocer la verdad en condiciones adversas porque es un sistema de justicia que no tiene relación con el sistema de ellas.


Es un sistema que no corresponde con su lógica, el idioma que se usa no es el suyo, y además tiene en contra de ellas una cantidad de jueces y juezas que no son sensibles a la realidad de los pueblos indígenas. Se va con todas las de perder, pero a pesar de ello son mujeres que no han dejado de luchar. Guatemala es un espacio perfecto para poder ver cómo las mujeres indígenas, pobres, rurales, analfabetas, monolingües, agricultoras quedaron realmente desoladas por las masacres que el Estado cometió en contra de sus pueblos, de sus hijos, de sus padres.

Esa fuerza la encontraron desde el mismo momento en que el ejército se va de su comunidad. En ejército llega a Sepur Zarco en 1982. Guatemala está viviendo un conflicto armado, y este conflicto armado se concentra en la región de occidente. Pese a que ellas viven en el oriente, donde no está la guerrilla, el ejército instala seis campamentos en esta región.


Cuando esta investigación avanza, nos damos cuenta de que son los finqueros están a su alrededor los que invitan al ejército, porque quieren controlar la tierra que esta comunidad indígena posee, y una forma de controlarlo es aniquilando a quienes están haciendo todo el trabajo de gestión de la tierra y usando los Tribunales Agrarios. Lo que hacen es que llega el ejército y acaba con todos los hombres, y empieza el proceso de violencia sexual.


Después de que se instalan, empieza el proceso de poner a las mujeres a obligarlas a prestar lo que ellos llamaban servicios para el ejército, que implicaba ser las esclavas sexuales, las que hacían la comida. Esto se da durante seis años. Cuando terminan los seis años, de 1982 a 1988, entonces las mujeres empiezan a buscar a sus familiares. No es que tuvo que pasar tiempo, y no fue solo para Seur Zarzo, fue en todas las comunidades indígenas.


Buscaban, es una necesidad humana saber qué pasó con tu papá, con tu esposo, con tus hijos. Tenían la esperanza de que los iban a encontrar vivos. Empezaron de manera local, luego regional, y finalmente nacional. El problema es que nadie las escuchaba porque eran mujeres indias. No es que esperaran a tener un espacio en el cual pudieran hablar, es que nadie las escuchaba.


Finalmente, logran encontrar apoyo a través de varias organizaciones y, ya con una estrategia muy bien planteada, se empieza a empujar este proceso hasta llevarlo hasta el juicio, que es histórica, en 2016. La primera declaración, las mujeres no la hacen frente al juez, sino en un espacio separado, por el temor que tenían. Las mujeres se quitan sus trajes cuando van a los tribunales, porque tienen temor. Hablan quiché. Varias de las intérpretes eran niñas que sobrevivieron estas atrocidades, y que luego fueron a la escuela y al ser bilingües se convirtieron en intérpretes.


Guatemala no sabía qué era Sepur Zarco, como hoy no saben de muchas comunidades más. La capital vive en su burbuja y piensa que lo importante solo ocurren en la capital. Fuera, no importa nada. En 2011 se empieza a escuchar sobre Sepur Zarco, y el juicio logró sensibilizar sobre todo a gente joven.


Algo que fue fundamental fue el trabajo de la prensa internacional porque, cuando empieza a cubrir esto, a la prensa nacional no le queda más que cubrirlo. Esto es fundamental. Entonces se sabía más fuera que dentro.


Yo no puede estar en el juicio, yo era perito y solo entré al peritaje, pero trabajé con ellas durante tres años. Construí un peritaje no en dos semanas, ni en tres semanas, ni en un mes. Durante tres años me enfoqué en tratar de entender vida por vida. Cada vida era distinta a pesar de que tenía elementos comunes. Quería entender cómo habían logrado sobrevivir, pero también qué perdieron durante este conflicto, como mujeres quekchí.


Fue una experiencia fuerte, dolorosa, porque veía en cada mujer a mi madre, a mis hermanas mayores, abuelas. Al tiempo que ser mujer indígena te permite una interpretación más amplia, también te duele más. El peritaje fue una de las grandes lecciones de mi vida, de la fuerza que tienen las mujeres, la valentía, y de que no son víctimas perpetuas, son víctimas en ese momento. Pero se despojan de eso y continúan.


¿Qué fue lo más complicado?

Al principio, lo más difícil fue crear niveles de confianza con ellas. Aunque yo soy indígena también, vengo de otra región, no hablo el idioma de ellas. Se trataba de conseguir que no me vieran como una perita sino como una hermana, y como una mujer menor que ellas: ellas son mayores y yo tengo que respetarlas. Y tengo que trabajar de una manera respetuoso y siguiendo los patrones de lo que hay en el mundo maya. Esos patrones tienen que ver con que ellas tienen el poder en la entrevista, en el trabajo, ellas toman decisiones y si ellas sentían que era muy duro reconstruir sus vidas, íbamos a parar, y todo iba a ser revisado por ellas. Bajo esas reglas fue mucho más fácil crear esos lazos de conexión.


El día que me tocó declarar ante los tribunales, yo estaba afuera de Guatemala, fui a declarar y salí inmediatamente por mi seguridad. Ese día almorcé con ellas y les dije, qué quieres que diga. Y ellas dijeron: tú ya sabes, ve y di lo que hemos trabajado.


Ese juicio se ganó y se condenó a dos militares. ¿Es esta sentencia una piedra en la reconstrucción de la memoria de Guatemala?

En Guatemala tenemos varias luchas. Una de ellas es la lucha por la memoria. Quién escribe la memoria es una de las luchas, porque somos un país de posguerra. Y en un país en posguerra las partes siempre van a estar en pelea por la memoria. Los militares están peleando por que en la memoria del país no quede escrita todas las atrocidades que ellos cometieron.


Y los pueblos mayas están peleando porque en la memoria nacional quede escrito, con toda la complejidad, las atrocidades que se cometieron. Y en medio hay otros actores: el Estado, el Gobierno de esos momentos tampoco quiere que quede la memoria así, y es una lucha impresionante que diría que ha dividido colegas, amigos.
Tengo amigos a los que jamás volví a hablar a raíz de nuestros posicionamientos frente a esto. Y así ves cómo la guerra divide antes, durante y después. Esa pelea por la memoria es también por la educación: cómo va a quedar escrito en la currícula y cómo se va a enseñar, cómo va a quedar o no registrado en comunidades.


Diría que es un momento hermoso en nuestro país, por muy doloroso que sea, porque Guatemala ha vivido múltiples genocidios, y este es el primero que se lleva a tribunales, y el primero en el que la memoria juega un papel fundamental. Tenemos los otros genocidios como parte de nuestra memoria social, pero no los tenemos documentados dentro de la historia del país, porque no hubo oportunidad de hacerlo por los procesos de represión, por las condiciones en las que vivíamos, por las leyes.


Pero ahora veo un cambio profundo. Mis abuelos no fueron a estudiar, mi madre solo fue un año a la escuela, no pudo ir a estudiar con su traje... Hoy, hay escuelas completas donde las niñas están con su corte, con su huipil, y hablando su idioma. Yo no pude hacer eso. Y hoy tenemos un espacio público, tenemos un voz, hemos llevado 18 anteproyectos de ley al Congreso de la República…. ninguno ha sido aprobado pero no importa, lo estamos haciendo y llevamos proyectos de calidad, que tienen que ver con ampliación de educación bilingüe, con el derecho a la consulta de los pueblos indígenas, con que se legisle sobre el racismo. Hemos hecho trabajo y el estado no puede decir que los pueblos indígenas somos una carga. Soy maya quiché, soy parte del pueblo de Guatemala y siento un responsabilidad con estos procesos, y he acompañado los que he podido.


Esta tarde reflexionas con Karina Bidaseca y Mercedes Hernández sobre feminicidio en una mesa redonda. ¿Qué tres autoras dirías que son imprescindible para comprender el feminicidio?

Para entender el feminicidio de Guatemala, especialmente desde el mundo indígena, hay que leer a Aura Cumes. Y hay que leer a Emma Chirix, también cakchiquel, que también ha hecho y análisis muy fuerte desde la sexualidad También a Gladys Tzul Tzul, que es quiché, y ha hecho un trabajo desde la opresión de las mujeres conectada con toda la comunidad y cómo la comunidad es un factor importante para liberar o para oprimir a las mujeres.

 

David Fernández
Patricia Reguero
@Des_bordes
2018-03-15 16:25:00

Publicado enSociedad
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