Para una universidad en defensa de la humanidad

Pasar a la ofensiva (liderar una vanguardia) es, también, un desafío epistemológico y gnoseológico. Eso puede asumirse responsablemente con una organización impulsada para la investigación, producción y democratización del conocimiento humanista socialmente producido: una universidad de nuevo género… sin burocracias. Hace mucha falta impulsar un motor de principios humanistas sistematizados, y en pie de lucha, contra todas las degradaciones que el capitalismo nos impone en su fase imperial. Hace mucha falta impulsar una universidad humanista de nuevo género que sirva de instrumento para intervenir en todas las agendas de nuestro tiempo. Superar la crisis de dirección revolucionaria.

Hace falta un modelo de universidad distinto, comprometido con las luchas sociales emancipadoras y no con diletancias "escolásticas", sino con escalones científicos para ascender a la praxis dignificante. Universidad abierta a su tiempo, capaz de armar un cuadro combativo de cátedras y módulos, con agendas escogidas, por urgencia y jerarquía, en la resolución de los problemas prácticos y teóricos de nuestros pueblos. Cátedras dinámicas para homenajear a los fundamentos y a los fundadores de nuestras revoluciones sociales.

Tenemos que exigirnos una "cultura general" solvente, descolonizada, multidisciplinaria y exhaustiva, para ascender a la práctica de transformar al mundo cotidianamente, y eso no es un capricho "intelectual", es un imperativo ético-revolucionario. Contamos con ejes teórico-metodológicos correctos y con ejemplos clave. Eso puede articularse en una universidad para todos y, especialmente para la juventud, con (por ejemplo) 10 cátedras: 1) historia de las revoluciones; 2) historia de la praxis humanista; 3) grandes libertadores; 4) comunicación y cultura para la emancipación; 5) economía soberana. 6) arte y poder creador. 7) filosofía, ética y moral de la lucha y luchas de la filosofía; 8) pueblo soldado. Los ejércitos del pueblo; 9) descolonización económica, intelectual, de género y de diversidades; 10) grandes escenarios para la unidad de los pueblos. Piénsese como ejemplo. No sería difícil contar con profesores, bibliografía ni materiales didácticos. Un consejo académico de expertos. Una sede en plataforma digital muy accesible. Un plan de comunicación propio. Considérese como propuesta.

No hay defensa de la humanidad que valga si nos contentamos con fraseología sin formación sistemática, si son sólo "buenos propósitos". Hay que disputar el "sentido" en todos los campos del conocimiento donde se expresa la lucha de clases en las escalas prácticas y simbólicas. La defensa de la humanidad no puede realizarse por intuiciones de coyuntura, sólo con enunciados o declaraciones públicas… hay que ir a la médula del pensamiento y cultivarla ahí, en clave revolucionaria. Disputar la riqueza de la pedagogía y la didáctica de la "batalla de las ideas" y perfeccionarla hasta que se despoje de todo riesgo de individualismo y pase a ser carne en las luchas sociales evolucionada por las propias luchas, como herramienta, por ejemplo, contra el nazi-fascismo que merodea aún en nuestros tiempos.

Eso también debe ser el cometido de una universidad para la defensa de la humanidad que incluya a los pueblos originarios, a los obreros, a los campesinos… y contribuya a una realidad intelectual que determine la conciencia sobre los derechos humanos. Es imprescindible una universidad para la defensa de la humanidad revisada con la óptica y el escrutinio que interpela el carácter individualista de los derechos, contrastándolo con su carácter social ineludible y por definición político. Universidad en debate obligatorio, con sus asignaturas históricas, con una consonancia geosemiótica, en la que se haga cualidad el poder crítico de los conocimientos y se haga visible la necesidad de una educación humanista revolucionaria capaz de transformar al humanismo.

Universidad imprescindible que recorra, con detalle, el universo de las luchas emancipadoras que son cajas de resonancia semántica de donde debe abrevar toda currícula y todo postulado cuya pretensión ascienda a la generalidad de los seres humanos, y a la solución de los problemas históricos en plena praxis transformadora. Universidad, que significa aquí, trabajo teórico-práctico para intervenir de manera diversa y dinámica en la dialéctica del sentido, las leyes generales de su desarrollo, y en cada territorio del saber y de la acción. Universidad compleja e interconectada con los contenidos con que se organiza la conducta cotidiana de los pueblos, sus basamentos filosóficos y sus expresiones morales y éticas. Pasar de lo deseable a lo posible y a lo realizable. Como propuso, alguna vez, Adolfo Sánchez Vázquez, entre otros.

Universidad para la defensa de la humanidad precedida de un conjunto de saberes sobre la realidad y sobre lo que se pretende en el futuro, enraizada en la necesidad de caracterizar, también, los modos de producción de sentido y las relaciones de producción de sentido, en las condiciones concretas en que se desarrolla. No se trata de una universidad esotérica para hacer, todavía más, incomprensible la responsabilidad de combatir a la ideología de la clase dominante. Se trata, por el contrario, de una universidad capaz de enriquecer un instrumental de acción o de praxis científica para facilitar su ascenso en las realidades concretas de cada pueblo.

Todas las tareas que sean necesarias en una universidad en defensa de la humanidad es un reto de urgencia crítica que compromete, de manera multidisciplinaria, a quien pretenda contribuir a orientar las luchas emancipatorias para construir un humanismo sin formas dogmáticas, mecanicista o esquemático, sino para revolucionar al humanismo con herramientas que de nuestros pueblos que miran, con esperanza el derecho a la educación, la nutrición, el trabajo, la vivienda y la cultura emancipada. El derecho a vivir viviendo y no sobreviviendo en las condiciones inmorales en que se vive bajo el capitalismo. Una universidad para la defensa de la humanidad implica combatir el ilusionismo filantrópico con una educación de acción concreta contra las sociedades divididas en clases, donde reine la justicia social, el derecho y la felicidad y contra el modo de producción dominante y de las relaciones de producción alienantes. Sus medios y sus modos.

Por Fernando Buen Abad Domínguez*

*Filósofo y director del Instituto de Cultura y Comunicación y Centro Sean MacBride, Universidad Nacional de Lanús.

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María Zambrano. Una mujer transparente

 Nacida en Vélez-Málaga el 22 de abril de 1904, hija de maestra y de maestro, no fue, como se suele decir con esa frase tópica, una adelantada a su tiempo. Fue sencillamente de su tiempo, al hilo de la riqueza de pensamiento de la II República. También fue de antes y será de después, una mujer ética y demócrata que estaba convencida de que lo que se vivió en aquellos años en su país y en el resto de Occidente “no fue una crisis sino una orfandad”.

En estos tiempos de crispaciones y violencias es bueno traer el recuerdo de una de las más destacadas personalidades de la intelectualidad española, y de su obra más ligada a su compromiso social y político Persona y democracia. En la introducción de esa obra, Rogelio Blanco, uno de los grandes conocedores de la pensadora y de sus textos, afirma: “María Zambrano es una defensora radical de la democracia, entendida como el hábitat más natural del ser humano y que responde a un alto desarrollo de la conciencia”.

Ella pedía detenerse y mirar para reflexionar, afirmando que el hombre es sujeto cuando se mira a sí mismo. Cuestionarse supone lo más humano del hombre, aunque lo primero del hombre es ser mirado. Hay una frase suya que me ha acompañado desde mi época de bachillerato y que he repetido por activa y por pasiva a mis estudiantes para motivar la reflexión como única manera de llegar al conocimiento: “la actitud de preguntar supone la aparición de la conciencia; de la conciencia, ese desgajamiento del alma (…)”.

Afirmaba que “el que ejerce el poder ha de librarse del fantasma de su sueño convertido en personaje […] porque se trata de desprenderse del poder al mismo tiempo que se ejerce, conservando íntegra la sustancia de la propia alma, de la propia persona […] que la persona sea la máxima realidad y no el personaje”. Y avisaba que “siempre que el hombre occidental ha creído en algo no ha podido evitar hundirlo en el infierno o soñarlo como un paraíso”.

Los sueños acompañaron a Zambrano a lo largo de su vida y están presentes en gran parte de su obra. Entre ellos, su ilusión de conseguir que “sentir y pensar fuesen la misma ‘cosa’, el mismo acto […]”. También estaba convencida de que el sentimiento y la razón eran igual de necesarias en la vida del ser humano; una vida que ha de verse a sí misma viéndose en otro, con otro. Entre sus sueños, creo que ocupaba un lugar destacado su deseo de que el ser humano entendiera que la democracia es la única forma política posible para salvarnos de la crisis y la orfandad en la que vivimos.

La dama peregrina, la filósofa errante, … Maneras diversas de nombrar y referirse a la pensadora y filósofa malagueña, todas acertadas, todas limitadas porque era todo eso y más. Si hay que elegir me quedaría con lo que decía de ella José Lezama Lima: “una mujer transparente”. José Luis Aranguren, sin embargo, la definía como una “hereje poética de la filosofía” porque sus palabras son, siempre, una fusión permanente entre la filosofía y la poesía; en definitiva, una muestra de aquella vida vivida entre la razón filosófica y la narración poética.

Para Francisco José Martín (Universidad de Siena) la obra de la filósofa es “un levantar puentes para ir al otro lado, para adentrarse en su espesura abriendo caminos, transitando entre sus dificultades y resistencias, buscando la luz en los claros de aquel bosque”. La discípula de Ortega y Gasset se alimenta desde su maestro, ni contra él ni en él, como señala el propio Martín, pero también de Unamuno y de Machado que le dan pie para su razón poética.

La poesía lo era todo para Zambrano: “todo en cuanto al conocimiento, todo en cuanto a la realización esencial del hombre. El poeta se basta con hacer poesía, para existir; es la forma más pura de realización de la esencia humana”. Ella quiso ser una caja de música, pero no una cualquiera sino la que le sonara a sí misma con sus propias notas “tendría que ser una caja de música inédita, de mi música, de la música, de la música que mis pasos, mis acciones…”

Premio príncipe de Asturias de Humanidades en 1981 y premio Cervantes en 1988; hoy su legado está recogido en la fundación que lleva su nombre y que ocupa el antiguo palacio de Beniel, el edificio civil más importante de su ciudad natal. María Zambrano falleció en Madrid el 6 de febrero de 1991 y sus restos reposan en el cementerio de Vélez-Málaga a la sombra de un limonero y recibiendo siempre la visita de sus amados gatos.

Iñaki Chaves

30Abril 2021

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Pensadores radicales, Europa y Latinoamérica

En la Europa moderna, tanto la Escuela Francesa --Deleuze, Foucault, Badiou, Ranciere, etc-- han constituido un legado que ha tenido una gran reformulación en los italianos Negri, Agamben, Expósito, entre otros.

Estas escuelas han realizado excelentes análisis de las condiciones de vida bajo el capitalismo. No obstante, en todos los casos ha habido una cierta indiferencia con respecto a la institucionalidad y los aspectos vinculantes y normativos de las construcciones políticas. O incluso una dedicada labor de impugnación de los proyectos de gobierno de la izquierda. Está claro que si todo se mira desde la potencia del Capitalismo los proyectos parlamentarios se muestran débiles.

Pero a su vez, quienes transitan por esos proyectos --especialmente a partir del primer Podemos-- observan a los pensadores radicales capturados en su destino académico y sin consecuencias de las tesis doctorales. Asimismo, Latinoamérica no se puede permitir el lujo de pensar el Poder sin referencia a los proyectos políticos que lo puedan transformar en favor de los sectores populares.

Las elaboraciones denominadas "impolíticas", siempre muy atractivas cuando se trata de mostrar que lo verdaderamente político no se puede reducir a la mera gestión, a veces se deslizan a lo que designo con el neologismo Nopolítica, de últimas una renovada negación de lo político.

De este modo, el escenario Europeo muestra un fenómeno que merece atención, por un lado una multitud de pensadores radicales muy atractivos pero indiferentes con respecto a la institucionalidad gubernamental y por otro un claro ascenso de distintos neofascismos enmarcados bajo el régimen de dominación neoliberal. 

La pandemia a su vez, por ahora, se muestra como un territorio muy fecundo para estas derechas ultraderechizadas. Esta realidad, un mundo intelectual por un lado, una realidad política por otro, se desarrolla en mundos paralelos que no se encuentran nunca entre sí. Aparto en este punto a Lacan, el psicoanálisis enseña que jamás tiene lugar una transformación del sujeto si no está sólidamente anudado al orden simbólico que lo sostiene. Traducido políticamente sería, que no hay ningún cambio real si el mismo no se anuda entre la Comunidad, la Sociedad y el Estado. Es lo que intento desarrollar en mi último libro Ideología.

La novedad podría surgir, una vez entrevisto este impasse, en una nueva alianza entre el pensamiento latinoamericano y la Europa del sur. Hay ciertas lecturas de las experiencias políticas de los movimientos nacionales y populares de Latinoamérica y las experiencias de Portugal y España que podrían ser elaboradas a la luz de un nuevo intercambio sobre las praxis políticas, los nuevos problemas de la ideología, los feminismos populares, los nuevos sujetos de la política. 

Desde luego no se trata de rechazar a los pensadores radicales europeos con un nacionalismo ramplón, antiintelectual y seudo folclórico. Pero todos los problemas de la institución de lo político en territorios asediados por la ideología expansiva de la dominación neoliberal se extreman en Latinoamérica y en el sur de Europa donde también encuentran de un modo, por ahora más atenuado, distintas modulaciones.

Todas las bibliografías de los proyectos emancipadores se reparten de un modo eurocéntrico, pero no se trata de apartarse de la gran tradición europea, tal como lo hicieron los revolucionarios de nuestras independencias y el peronismo en sus comienzos, más bien se trata de apropiarse de las mismas y reinventarlas desde el nuevo republicanismo español de izquierda y los movimientos nacionales y populares latinoamericanos. Un nuevo saber espera aún constituir un corpus bibliográfico distinto y nuevo en nuestra lengua.

28 de abril de 2021

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Sábado, 06 Marzo 2021 05:31

Ginzburg y la biblioteca fantasma

Ginzburg y la biblioteca fantasma

Entre los damnificados de los efectos del cierre de instituciones públicas impuesto por la ya larga cuarentena (que ya se trata de una anualena) causada por la pandemia, los historiadores han sido uno de los gremios más afectados. Digamos que ha limitado severamente el ejercicio de sus labores tradicionales (tal y como las conocíamos hasta hoy). Cientos o quizá miles de estudiantes e investigadores –no sólo historiadores– que requerían de bibliotecas y archivos para realizar sus pesquisas, han tenido que delimitar sus temas de trabajo o, en algún caso, cambiarlos, por el hecho de que no hay acceso a las fuentes de información.

La única salida ha sido buscar refugio en esa otra gran biblioteca surgida en la década de los 90 desde las entrañas del Internet y que se podría llamar la biblioteca virtual global. Virtual porque sólo ofrece copias o reproducciones de los documentos originales. Global porque permite consultar desde cualquier lugar acervos que se encuentran en cualquier lugar –léase: los más disímbolos paraderos del mundo.

Hace algunas semanas, Carlo Ginzburg ofreció una conferencia, auspiciada por la Biblioteca Nacional de México, sobre las visibles transformaciones que plantea para la lectura y la investigación esta nueva biblioteca que no está en ningún ligar –más que en nuestras pantallas– y en todos los lugares a la vez. Un lugar que identifica a un an-arkhe global. En principio, sólo sabemos de tres figuras que gozan de esta bizarra existencia: Dios, los fantasmas y la esfera de Pascal, dotada de un número infinito de centros. El término an-arkhe, cuya formalización debemos a Rainer Schürman, es más complejo y, en cierta manera, prolífico, al menos para estimar la situación que nos ha tomado por sorpresa.

En el mundo griego, el arkhe reunía a dos términos que la cultura romana acabó por separar: el archivo y la ley. Es decir, la ley escrita/inscrita en y por el arkhe. An-arkhe significa en principio "sin ley" o, más precisamente, un arkhe que perdió su ley. La biblioteca fantasma (virtual) supone un archivo sin ley. Cuando buscamos el significado de algún término, por ejemplo "Estado" (la institución política), aparecen en nuestra pantalla un sin fin de entradas como "estado del tiempo", "estado del arte". Ese catálogo contiene un ordenamiento oculto: el número de usuarios que acuden a buscarlo. Sin embargo, para una biblioteca ese ordenamiento es la expresión más flagrante del caos. Ya sea en una biblioteca privada o en una pública, un documento o libro que no está ordenado por el nombre del autor o la materia simplemente no existe. Se ha extraviado para siempre. Y éste es el síndrome o el mal que aqueja a la biblioteca fantasma: sus acervos crecen con mucho mayor rapidez que nuestra capacidad de reducir y ordenar su complejidad. En sicología sería un déjà vu invertido: lo que siempre aparece es la inquietud de lo inabarcable.

Ginzburg, quien ha sido un tenaz cazador furtivo de los secretos o los detritus que encierran los archivos históricos, ideó una salida para compensar este delirio. Durante siglos el historiador acudió al archivo para encontrar lo que buscaba de antemano. Primero postulaba un problema, después se lanzaba en búsqueda de documentos. En la biblioteca fantasma esta operación, esencialmente cartesiana, resulta inconcebible. En ella sólo existe una ínfima parte de las reservas que se hallan en rollos, pergaminos y papel en las bibliotecas que hoy están cerradas.

A cambio, sugiere Ginzburg, podemos sustituir este método cartesiano por otro que los pintores conocen desde Leonardo da Vinci. Picasso lo formuló de manera sucinta: "Yo no busco, encuentro". La imagen que pintaba no respondía a sus intenciones ni a sus deseos, sino que lo encontraba por azar. Ginzburg admite que durante décadas este "método" de los pintores simplemente lo irritaba. ¿Dónde quedaba entonces la formulación del problema, la reflexión historiográfica? ¿Qué pasaría con el mandato de pensar a partir de lo ya pensado?

La irritación parece que cedió cuando emprendió un experimento: "Conversaciones con Orión". Orión era el nombre del sistema de archivos digitales en la Universidad de California en la década de los 90. El experimento consistía en dejarse llevar por la anarquía de aquella biblioteca fantasma y sustituir la búsqueda deliberada por otra gran cualidad del cerebro humano: la curiosidad. Asociando libremente lo que el sistema cibernético le ofrecía. Así encontró correspondencias inimaginables en el método convencional: la relación entre la Ilustración y el racismo en el mundo de las Cafres; el origen de signos indescifrables hallados en una cruz del siglo XVI; las genealogías del Sabbat en las primeras Cábalas.

El hecho es que la biblioteca fantasma jamás va a sustituir a los acervos consolidados durante siglos por la fruición de preservar los textos y las imágenes que provienen del pasado. Pero el an-arkhe de esta biblioteca habrá de potenciar a límites inimaginables los usos de las bibliotecas tradicionales.

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Pensamiento 
Abecedario de María Zambrano

La obra de María Zambrano se puede seguir a través de conceptos como aurora, razón poética o piedad; mientras que palabras como exilio marcaron su vida.


Fue una mística del siglo XX, pero no estuvo sola. Para dar forma a una obra híbrida de poesía y filosofía, María Zambrano se ayudó del legado de Séneca, de San Juan de la Cruz , de Miguel de Molinos y de personajes como Antígona. Ortega fue su maestro y siempre le consideró como tal, aunque las exigencias del día a día y las diferencias en la política les distanciaran. Marchó al exilio en el 39 y le duró media vida. A su vuelta a España le esperaba el reconocimiento y algunos premios. A su muerte, de la que hoy 6 de febrero de 2021 se cumplen 30 años, la inmortalidad.


Alma

“Pero de esto que se llama ‘psique’, que se llama alma, ¿qué se ha hecho? Se encargó a la Psicología científica de su estudio. Y al alma aplicó la Psicología sus métodos científicos. ¿Qué hemos sabido de sus resultados? En realidad quedaba el alma como reto. Por una parte la Razón del hombre alumbraba la naturaleza; por otra, la razón fundaba el carácter trascendente del hombre, su ser y su libertad. Pero entre la naturaleza y el yo del idealismo, quedaba ese trozo del cosmos en el hombre que se ha llamado alma”. Hacia un saber sobre el alma (Alianza literaria, 1987).


 
Aurora

“Ella tiene su reino como si fuese lo que ha quedado de un mundo perdido, prometido y nunca enteramente habido. Su significación metafórica alude casi de continuo a un comienzo, a una vida nueva, o a un nuevo conocimiento y no enteramente predecible; no es una utopía, ni puede, por tanto, ser un itinerario, un método a desarrollar, a seguir. Su acción es de otro género; seguirla sería, si se pudiera, encontrar una nueva vía al conocimiento”.

“Así pues, el conocimiento que aquí se invoca, por el que se suspira, este conocimiento postula, pide que la razón se haga poética sin dejar de ser razón, que acoja el ‘sentir originario’ sin coacción, libre casi naturalmente, como una fysis devuelta a su original condición”. De la Aurora (Tabla Rasa, 2004).


 
Callado (los que han callado)


“Es lo más cauto, no cabe duda, poder decir alguna vez: ‘Yo no he tenido nada que ver con eso, yo no lo he autorizado ni con mi palabra ni con mi presencia’. Y considerado así, se nos aparece como una actitud perfectamente lícita. Hay quien no puede traspasar los límites de su pura moral, hay quien jamás se deja arrastrar por el amor. Mas, por eso mismo, esta prudencia se nos aparecía también como una falta de misericordia, como una falta de capacidad de entrega, de olvido de sí, como una falta de amor, de caridad hacia la carne de nuestra carne que ha pecado, hasta, si se quiere, como una falta de comunión con el pecador. Mas es lícito, perfectamente lícito y honesto, cuando este silencio, como en Ortega y Gasset, como en Azorín, ha sido completo y se ha resistido a ceder a las múltiples insinuaciones llegadas del otro lado de la contienda (…) Esta falta de misericordia era lo que nos irritaba, el sustraerse al delirio, el permanecer callados cuando todos gritábamos, poseídos como estábamos de esa otra lucidez que da el amor exasperado hacia algo que amenaza ser destruido antes nuestros mismo ojos. El querer quedar limpio era también lo que nos irritaba, porque era quedar separado”. Obras completas VI. Escritos autobiográficos. Los intelectuales en el drama español. Los que han callado: Ortega y Azorín (Galaxia Gutenberg, 2014).


 
Claros del bosque


“El claro del bosque es un centro en el que no siempre es posible entrar; desde la linde se le mira y el aparecer de algunas huellas de animales no ayuda a dar ese paso. Es otro reino que un alma habita y guarda. Algún pájaro avisa y llama a ir hasta donde vaya marcando su voz. Y se la obedece; luego no se encuentra nada, nada que no sea un lugar intacto que parece haberse abierto en ese solo instante y que nunca más se dará así. No hay que buscarlo. No hay que buscar. Es la lección inmediata de los claros del bosque: no hay que ir a buscarlos, ni tampoco a buscar nada de ellos”. Claros del bosque (Alianza, 2019).


 
Corazón


“Centro que se mueve padeciendo y que receptivo ha de dar continuidad, y escondido no puede dejar de darse. Y siendo la sede del sentir, es centro activo. Pasa por él el río de la vida que ha de someter a número y a ritmo. Pasividad activa. Mediador sin pausa. Esclavo que gobierna. Sometido al tiempo, lo conduce avisando de su paso y de su acabamiento, haciendo presentir un más allá del reino temporal que conocemos, o damos por conocido más bien. Parece así ser el corazón como un hijo del joven Cronos de la Teogonía de Hesiodo, uno de esos sus hijos que él devoraba para mantenerlos escondidos en sus entrañas; el hijo que justifica, en cierto modo, esta extraña forma de paternidad. Pues que siendo hijo del tiempo profetiza un reino que lo sobrepasa”. Claros del bosque (Alianza, 2019).


 
Confesión


“La Confesión parece ser así un método para encontrar ese quien, sujeto al que le pasan las cosas, y en tanto que sujeto, alguien que queda por encima, libre de lo que le pase (…) Y el logro de este punto de invulnerabilidad tiene que ver no solo con esa unidad pura, con el centro interior, sino también con este misterioso mundo que es preciso unificar, adentrándose en él, venciéndolo a fuerza de intimidad, sirviéndole en una esclavitud que va a dar la libertad”. La confesión: género literario (Siruela, 1995).


 
Derrota


“No he conocido más que derrotas en mi vida, siempre vencida. No puedo desesperarme. Nunca me estuvo permitido. Tampoco argüir ni preguntar, invoco la única respuesta. ‘Levántate amiga mía y ven’, que ya el invierno y sus rigores, que ya el rigor ha pasado”. Carta a José Lezama Lima de 1972, incluida en Cartas desde una soledad, de Pepita Jiménez Carreras (Verbum, 2008).


 
Divino


“En la historia conocida siempre ha llegado un momento en que los dioses han muerto. Y es extraño. Lo divino, aquello que el hombre ha sentido como irreductible a su vida, sufre eclipses. Y esto sería la definición primaria y más amplia de lo divino: lo irreductible a lo humano, configurado de diversas maneras según sean los aspectos que eso divino haya tomado, según sean los afanes y anhelos del hombre. Y en cualquiera de los casos ha llegado el instante terrible de que ‘eso divino’, irreductible a lo humano, ha corrido la suerte de lo humano: pasar, ser vencido y aun morir. ¿Por qué?”.Obras completas III. El hombre y lo divino (Galaxia Gutenberg, 2011).


 
Exilio


“Hay ciertos viajes de los que solo a la vuelta se comienza a saber. Para mí, desde esa mirada del regreso, el exilio que me ha tocado vivir es esencial. Yo no concibo mi vida sin el exilio que he vivido. El exilio ha sido como mi patria, o como una dimensión de una patria desconocida, pero que, una vez que se conoce es irrenunciable (…). Creo que el exilio es una dimensión esencial de la vida humana, pero al decirlo me quemo los labios, porque yo querría que no volviese a haber exiliados (…) Es una contradicción, qué le voy a hacer: amo mi exilio, será porque no lo busqué, porque no fui persiguiéndolo. No, lo acepté; y cuando se acepta algo de corazón, porque sí, cuesta mucho trabajo renunciar a ello”. “Amo mi exilio”, artículo en ABC del 28 de agosto de 1989.


 
Fatiga


“Las cosas son conatos de ser que nos demandan colaboración, para acabar de hacer su ser, para perfilarlo. Es por eso por lo que nuestra vida se va cargando de fatiga, de fatiga creada en la brega de que las cosas –las mismas cosas que luego nos hieren– sean. Así tengo que gastar mi esfuerzo, mi caudal, en que las cosas, que luego me sujetan y atacan, adquieran el ser que se han propuesto. Crear a mi enemigo, sostener a mi enemigo, es el sino trágico de la vida, empleada, desgastada, en elevar hasta el ser lo que, una vez llegado a él, va a aplastarme”. Obras completas VI. Escritos autobiográficos. Desolación y entusiasmo (Galaxia Gutenberg, 2014).


 
Filosofía y poesía


“Y así, la filosofía se inicia del modo más antipoético por una pregunta. La poesía lo hará siempre por una respuesta a una pregunta no formulada. El preguntarse es lo peculiar del hombre, el signo de que ha llegado a un momento en que va a separase de lo que le rodea, algo así como la ruptura de un amor, como el nacimiento (…) Poesía y filosofía serán desde el principio dos especies de caminos que en privilegiados instantes se funden en uno solo”. Obras completas III. El hombre y lo divino (Galaxia Gutenberg, 2011).


 
Filósofo


“¿Qué es ser filósofo? Si por tal entendemos los creadores de grandes sistemas, apenas una breve lista del nombre puede ser inscripta bajo esa rúbrica. Y no solo es así, sino que así ha de ser, pues la historia no permite más, ni el entendimiento humano podría absorber mayor número de Sistemas que, por otra parte, brotan solamente en momentos de suprema madurez histórica (…) Mas los otros, los que han pensado en términos de Filosofía sin dejar un sistema concluso no dejan de ser necesarios; forman la ininterrumpida cadena, los arcos del acueducto que sostiene el cauce del pensar viviente. Y ¿quién puede decir que un arco más o menos audaz en su trazado no sea necesario?”. Artículo “El español Jorge Santayana”, incluido en el monográfico de República de las Letras (ACE, 2004).


 
Gatos


“Los gatos fueron la causa de que a mi hermana y a mí nos expulsaran de Roma. ¡Figúrate, Roma que es precisamente la ciudad de los gatos! Allí ha habido personas que han llegado a tener hasta 40 gatos. Y a nosotras nos perseguían porque teníamos 10, y porque les dábamos de comer, siendo este uno de los ritos de Roma. Roma es la ciudad de la loba y del gato. El gato fue llevado, como se sabe, por Cleopatra y algunos pensaron que eran pequeños tigres. Fellini, que sabe mucho de Roma, mostró en una de sus películas el rugido de la loba y un gato al que se le ofrece un plato de leche. Se ve que mi hermana y yo —especialmente ella, que se sentía romana— cumplimos con el gato, pero nodebimos cumplir con la loba. Por eso abandonamos Italia”. Entrevista con Antonio Colinas incluida en María Zambrano. Misterios encendidos (Siruela, 2019).


 
Historia


“La poesía unida a la realidad es la historia”. Pensamiento y poesía en la vida española. Conferencias pronunciadas en México recogidas por Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2000.

 

“Antes de que la Historia aparezca, hay una prehistoria de la historia: la Poesía (…) De ahí que la mejor historia de algunos períodos de la cultura occidental, sea la novela, la mejor historia y la mejor sociología. Pues ella corresponde a lo que actualmente se ha llamado el estudio de las formas de vida (…) la manera como la vida se modela desde las relaciones económicas y sociales, políticas... Novela y poesía han reflejado mejor que el conocimiento histórico, el verdadero pasar, la verdad de las cosas que le pasan al hombre y su sentido íntimo. La historia para ser completa, total y verdaderamente humana, habrá de descender hasta los lugares más secretos del ser, hasta las llamadas entrañas”. El ensayo “Para una historia de la piedad” se incluye en Aurora: papeles del Seminario María Zambrano, 2012.


 
Idiota


“Más allá de los confines de la palabra, más todavía de la condición humana, aparece el idiota. Hasta hace poco cada pueblo tenía el suyo (…) Anda siempre errante. Y está solo, aun entre la gente (…) Se mueve sin causa y sin finalidad y nada le turba ni le altera. Su medio no es la historia, ni la sociedad (…); es un puro habitante del planeta. No mira, no se diría que percibe sino que sabe (…) un remoto saber, sumergido en el silencio, como en todo saber sucede. El saber del idiota parece estar a punto de revelarse. Mas se queda en la línea de flotación, en la raya imperceptible de la aurora”. España, sueño y verdad (Siruela, 1994).


 
Increíble


“Para comprender la historia en su totalidad, en su íntimo funcionamiento, hay que admitir lo increíble, hay que constatar lo absurdo y al menos registrarlo. Una de las debilidades del hombre europeo de finales y principio del pasado siglo ha sido el no creer en el absurdo, en el horror, en el crimen gratuito, en lo diabólico. El haber olvidado que ciertas cosas, ciertos horrores, habían sucedido entre nosotros no hacía tanto tiempo, y el no haber sospechado que podían suceder de nuevo bajo otra máscara, y por otros motivos, pues que ciertos horrores lo importante es que ocurran. Que el hombre, y el hombre civilizado, haya sido capaz de cometerlos; los motivos… se inventan”. Persona y democracia (Siruela, 2004)


 
Infierno


“En la inminencia de la muerte, bajo la negrura de un cielo amenazador, rememorando las creencias que nos enseñaron en la infancia, pensamos: todo eso es cierto, pero no es en el más allá de la vida y de la tierra; es aquí, en la tierra, donde existe el infierno, (el lugar donde no se ama) y la gloria, el mal y la necesidad ineludible de vencerlo. Es en la tierra y para ella, dentro de ella y bajo su horizonte, donde tenemos que crear la vida futura: la vida”. Artículo publicado en La Vanguardia el 27 de enero de 1938.


 
Intelectual


“No viene a ser otra cosa que el que da su palabra, el que dice y da nombre o figura a lo visto y sentido, a lo padecido, a lo callado, el que rompe la mudez del mundo compareciendo por el solo hecho de haber nombrado las cosas por su nombre, con el riesgo tan cruel de no acertar con la palabra justa y el tono exacto en el momento exigido por la historia”. Los intelectuales en el drama de España y escritos de la guerra civil (Trotta, 1998).


 
Monarquía


“Naturalmente que no se le ocultará a usted cuál es la primera exigencia ineludible en la designación y nacionalización española: el advenimiento del régimen republicano; y nadie hay tan ingenuo y poco exigente que lo espere todo de él; pero la monarquía consumió y sacrificó a su sostenimiento todo lo que podía haber sido savia, vida de nación, y es, además, la primera de todas las instituciones desnacionalizadas, aquí y en todas partes, pues la realeza se añade a la nación, no emerge de ella, y donde esta es soberana queda cesante, sin función ni misión. Un rey constitucional es un contrasentido; solo como lujo se puede tolerar, siempre que no estorbe; pero ya sabemos que no es este el caso de nuestra España”. Tres cartas de juventud a Ortega y Gasset (1930). Revista de Occidente, num. 20 (1991)


 
Música


“Primeramente quise ser una caja de música. Sin duda alguna me la habían regalado, y me pareció maravilloso que con solo levantar la tapa se oyese la música, pero sin preguntarle a nadie ya me di cuenta que yo no podía ser una caja de música, porque esa música por mucho que a mí me gustara no era mi música, que yo tendría que ser una caja de música inédita, de mi música, de la música de mis pasos, mis acciones”. Obras completas VI. A modo de autobiografía (Galaxia Gutenberg, 2014)


 
Patria


“Y ese hombre, con los brazos abiertos, gritó: ‘¡Que viva la República!’ Y hasta ‘¡Viva España!’ , que se decía muy poco en mis tiempos, porque la patria, esa verdad, no se nombraba. Después la han nombrado muchos; nosotros no la nombrábamos, pero no porque fuésemos antipatria, sino por todo lo contrario, porque la dábamos por supuesta. El caso es que, abriendo los brazos, el hombre de la camisa blanca acabó dando un grito que él andaba buscando y que al final le salió: ‘¡Y muera… pues que no muera nadie!’. Y gritó por tres veces: ‘¡Que no muera nadie! ¡Que viva todo el mundo! ¡Que viva la vida!”. Obras completas VI. Escritos autobiográficos. Aquel 14 de abril. (Galaxia Gutenberg, 2014).


 
Piedad


“La piedad no es la filantropía, ni la compasión por los animales o las plantas. Es algo más: es lo que permite que nos comuniquemos con ellos, en suma, el sentimiento difuso, gigantesco que nos sitúa entre todos los planos del ser, entre todos los seres de un modo adecuado. Piedad es saber tratar con lo diferente, con lo que es radicalmente otro que nosotros”.El ensayo “Para una historia de la piedad” se incluye en Aurora: papeles del Seminario María Zambrano, 2012.


 
Precariedad


“Y excepcionalmente, Pepe, te voy a pedir que, si te es posible, me envíes alguna compensación económica por los textos míos, pues mi situación es excepcionalmente mala. Tú sabes que nunca he necesitado de estímulos de esta clase para colaborar en Orígenes y darle lo mejor. Pero se me ocurre lo siguiente: la revista Bohemia, donde yo colaboraba, me daba cincuenta dólares por artículo, ha cambiado a no sé qué. Ahora me dicen que paso a Carteles, donde hasta el presente no me han publicado, que yo sepa ninguno, y además me dicen que me pagarán menos, lo cual no sé si voy a aceptar. ¡Es horrible! Y esto me ha traído desequilibrio en estos meses en que hay que pagar y nosotras instalar la calefacción. Compramos una estufa eléctrica buena y bonita que gasta mucho”. Carta a José Rodríguez Feo del 4 de marzo de 1954 en el monográfico de República de las Letras (ACE, 2004).


 
Razón poética


“Hace ya años, en la guerra, sentí que no eran ‘nuevos principios’ ni una ‘reforma de la Razón’, como Ortega había postulado en sus últimos cursos, lo que ha de salvarnos, sino algo que sea razón, pero más ancho, algo que se deslice también por los interiores, como una gota de aceite que apacigua y suaviza, una gota de felicidad. Razón poética… es lo que vengo buscando. Y ella no es como la otra, tiene, ha de tener muchas formas, será la misma en géneros diferentes”. Carta a Rafael Dieste de 1944. Se incluye en La razón en la sombra (Siruela, 20014).


 
Reconocimiento


“Majestades, para salir del laberinto de la perplejidad y del asombro, para hacerme visible y hasta reconocible, permitidme que, una vez más, acuda a la palabra luminosa de la ofrenda: gracias. Gracias por concederme, en esta hora de España y en la Universidad de Alcalá de Henares, la ocasión de haber sido la primera mujer galardonada con el Premio Cervantes. Y gracias, asimismo, por otorgarme la oportunidad de compartir la siempre leal penumbra de algún recuerdo claro o, a lo menos, íntimamente verdadero: el recuerdo de los espacios, pues mal puedo olvidarme de todos ellos; y el recuerdo de las palabras, pues desdecirme de ellas tampoco quiero”.Discurso de aceptación del Premio Cervantes 1988. Lo leyó la actriz Berta Riaza.


 
Sagrado


“Mas la realidad como se presenta en el hombre que no ha dudado, en el hombre que no ha entrado todavía en conciencia y aun mucho antes en el hombre en el estado más original posible, en el que crea e inventa dioses, la realidad no es atributo ni cualidad que les conviene a unas cosas sí y a otras no: es algo anterior a las cosas, es una irradiación de la vida que emana de un fondo de misterio; es la realidad oculta, escondida: corresponde, en suma, a lo que hoy llamamos ‘sagrado’. La realidad es lo sagrado y solo lo sagrado la tiene y la otorga”. Obras completas III. El hombre y lo divino (Galaxia Gutenberg, 2011).


 
Soledad


“La soledad inexorable de cada vida. Mas, ¿qué es esto donde estamos solos?, ¿la vida o la muerte? La muerte que es retirarse para siempre a esta soledad, a esta soledad incomunicable. Pero alguien apenas discernible venía hacia mí y antes de ver sentí ante mí el calor especial de una criatura hermana, la presencia del semejante; al cruzarnos muy de cerca nos miramos: era una mujer con un niño en brazos y otro de la mano. Su mirada me devolvía mi imagen, me hizo salir de la inexorable soledad de la muerte llamándome a la soledad de su vida. Fue un instante solamente al pasar; pero cuando ella pasó, también mi soledad había pasado”. Obras completas VI. Escritos autobiográficos. Soledad y compañía. (Galaxia Gutenberg, 2014).


 
Tolerancia


“Nos hemos hecho terriblemente incapaces de soportar que haya hombres distintos de nosotros. Se ha inventado, para llenar este vacío, la tolerancia, palabra favorita del léxico del hombre moderno. Pero ‘tolerancia’ no es comprensión, ni trato adecuado, es simplemente, el mantener a distancia respetuosamente, eso sí, aquello con lo cual no se sabe tratar”.“Para una historia de la piedad”, incluido en Aurora: papeles del Seminario María Zambrano, 2012.


 
Vencidos


“Lo que normalmente sucede con los vencidos, en cualquier historia de que se trate: se toma de los vencidos lo que hace falta sin nombrarlos; se les concede la razón ineludible, más apoderándose de ella, y trasladándola al campo del vencedor, que lo hace con tranquilidad de conciencia, tanto que bien puede no darse cuenta de lo que hace. Todos los vencidos son plagiados, en el sentido amplio de la palabra ‘plagio’ (…). La suerte de la razón del vencido es convertirse en semilla que germina en la tierra del vencedor”. Obras completas III. El hombre y lo divino (Galaxia Gutenberg, 2011).


 
Vocación


“Entonces, no tengo más remedio que aceptar que mi verdadera condición, es decir, vocación, ha sido la de ser, no la de ser algo, sino la de pensar, la de ver, la de mirar, la de tener la paciencia sin límites, que aún me dura, para vivir pensando, sabiendo que no puedo hacer otra cosa (…)”. Obras completas VI. A modo de autobiografía (Galaxia Gutenberg, 2014).

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Viernes, 05 Febrero 2021 05:50

General Engels

General Engels
  1. Apodado El General por Eleanor, la hija menor de Marx, a la luz de su periodismo militar, "algo que se le pegó de inmediato ya que parecía reflejar igual una verdad más profunda sobre él": su disciplina, el don de pensar estratégicamente, la manera en que dirigía el movimiento comunista, etcétera (Tristram Hunt, Marx’s General. The revolutionary life of Friedrich Engels, 2009, p. 8), Friedrich Engels fue en efecto uno de los principales analistas militares de su época. No es que a Marx no le interesaban las guerras −al final insistía que "la violencia era la partera de la historia"−, pero en asuntos militares y estratégicos, el experto era El General. Engels desarrolló su propio enfoque materialista en cuanto al poder militar, aunque en una curiosa negación a esto y a su propia aversión a los "grandes hombres", se mostraba poseído −muy en el espíritu rancieriano (véase: Jacques Rancière, The names of history, 1994)− por nombres y figuras de verdaderos grandes generales de la historia: Garibaldi, Napier, Napoleón, Wellington... (Hunt, p. 216).
  1. En sus textos, a menudo ignorados por futuras generaciones de socialistas-pacifistas −con notables excepciones de Lenin, Trotsky o Mao− no sólo analizaba los conflictos actuales (el levantamiento en Hungría, la guerra de Crimea, la guerra franco-prusiana, la guerra civil en Estados Unidos, etcétera), sino pretendía ver qué lecciones de las guerras interestatales se podían sacar para las guerras de clases. Ofrecer "un surplus teórico" para el futuro de la revolución, esperando que en algún −inevitable− conflicto mundial los proletarios vueltos soldados voltearían sus armas en contra de sus enemigos de clase y del capitalismo mismo.

A pesar de grandes cambios tecnológicos y estratégicos, sus teorizaciones guardan su relevancia (bit.ly/3cuBxjf), sobre todo en cuanto a las maneras de cómo el desarrollo de las fuerzas armadas y de la tecnología militar siguen el simultáneo desarrollo del capitalismo y la evolución del Estado o de cómo el avance tecnológico y la introducción del nuevo tipo de armamento (véase: F. Engels, The history of the rifle, 1860) moldean el moderno campo de la batalla.

  1. Su contribución radicaba, principalmente, en poner la guerra en contexto del desarrollo capitalista. Para él, el principal "ganador" del progreso militar −muy por encima de la economía y de la sociedad−, era el Estado. Sólo éste, dada su posición monopolística, tenía recursos necesarios para adquirir "los nuevos, centralizados medios de la destrucción a gran escala" y construir y mantener la fuerza de trabajo −"el ejército"− necesaria para operarlos.

Para Engels, el avance tecnológico-militar resultaba incluso en la formación de "un modo social de exterminación", distinto al "modo social de producción" que con su propia dinámica "completaba" al capitalismo (sic). Igualmente, por encima del sector privado, enfatizaba el rol del Estado en el desarrollo de las tecnologías militares y de las fuerzas armadas, algo que cobró particular relevancia en el siglo XX y sigue coexistiendo con un trend de ir privatizando las guerras y relegando "la labor de la muerte" a las compañías privadas, ante la reorganización neoliberal del Estado.

  1. Nunca dejó que sus camaradas se olvidaran de sus tiempos en las barricadas. Teniendo experiencia militar (la artillería de la Guardia Real Prusiana, duodécima compañía), tras el golpe de Estado en Prusia (1849) se enlistó en el cuerpo de voluntarios de August Willich para luchar en contra del absolutismo prusiano: “izó la bandera roja sobre su Barmen natal y resistía hasta donde se podía a la infantería regular, huyendo bajo fuego por el Schwarzwald...” (Hunt, p. 149), primero a Suiza, luego a Inglaterra. Esta experiencia resultó crucial en su papel del principal estratega del socialismo internacional, alimentando su desconfianza en prematuros levantamientos y oposición, junto a Marx, a posteriores llamados de Willich "a la inmediata acción militar", viéndolos como una amenaza a la causa comunista.

Para él, tanto la derrota del ejército campesino de Münzer (1525), aplastado por aliados de Lutero, como los fracasos de las "primaveras" 1848-9, tenían que ver por igual con "disparidades entre la base económica y la superestructura política" y malas decisiones militares (frente a lo que, junto con Marx, desarrolló su teoría de la "revolución permanente", relaborada luego por Trotsky).

5. Lejos de ser "el segundo violín a Marx", Engels −cuyo "retorno" celebramos el año pasado (véase: Memoria,Nº 276, bit.ly/3jkX8fp)− ha sido incluso, como argumenta de manera convincente Wolfgang Streeck, "fundador de una independiente rama de la teoría social materialista que contribuyó al necesario entendimiento de la política y el Estado". Así complementó la concepción materialista de la historia desarrollada por Marx −y él mismo− como una crítica de la economía política, con "algo-como-una-teoría" del Estado y la política. En ningún campo se manifiesta mejor esta contribución que en el terreno de lo militar. Marx incluso, reconociendo su pericia, le encargó escribir un capítulo aparte sobre la historia militar para el primer tomo de El Capital, idea que no prosperó, tal vez porque “todos los datos empíricos ofrecidos por él resistían su ‘subsunción’ en el sistema del fetichismo de la mercancía marxista allí expuesta” (bit.ly/3hO6W0z).

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Filosofía, historia y emancipación humana. 200 años de Friedrich Engels

Friedrich Engels (1820-1895), filósofo, historiador, sociólogo y politólogo, colaborador conspicuo de Karl Marx, es sin duda una de las mentes más brillantes en la historia de Occidente, cuya obra tuvo, y tiene, una enorme trascendencia en la comprensión de la civilización humana. “El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre” (1876), prefacio a "Tres formas fundamentales de esclavización", es motivo de análisis en este ensayo que bien sirve para conmemorar los doscientos años de su nacimiento.

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“El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre” (1876) era parte de la Introducción a un escrito llamado Tres formas fundamentales de esclavización. Estas serían las experimentadas en la historia humana: 1) las imposiciones de la naturaleza sobre el ser humano; 2) las de seres humanos sobre otros seres humanos, y 3) las del ser humano sobre la naturaleza. En las tres, el metabolismo dialéctico naturaleza-humano-naturaleza no ha sido armonizado por las sociedades humanas, sino que se ha desenvuelto con antagonismos, pero se vislumbra la posibilidad de superarlas debido a las condiciones objetivas y subjetivas desarrolladas dentro de la sociedad capitalista: 1) con el desarrollo de la ciencia-técnica humana manifestada en el trabajo automatizado, y 2) con el desarrollo de la organización y la conciencia de los trabajadores. Ambos son producto histórico de la praxis humana, corazón del proceso de trabajo, por lo que, en dicho régimen capitalista, se posibilita un proceso de verdadera emancipación, si y sólo sí el metabolismo se encamina a su armonización, poniendo bajo control colectivo humano, y no del capital que conjunta y exacerba las esclavizaciones, su propio proceso de trabajo desplegado como ciencia-técnica y como organización-conciencia ecológica social, o bien como órganos sociales de la producción de la vida y de la voluntad humanas (K. Marx).

En su texto de 1876, a Engels le interesa esbozar los pasos que va dando el ser humano en la dialéctica del trabajo, que va abriendo necesidades y capacidades nuevas y relativamente progresivas, desde la hominización (transformación del simio en homo, pasando por los homínidos), sapientización (transformación del homo en homo sapiens) y en la humanización, que potencialmente culminaría en la revolución y la sociedad comunista (hacia lo plenamente humano u homo plenus).

Cabe aclarar que su concepto de proceso de trabajo implica un proceso multidimensional, no sólo meramente instrumental y laborante (homo faber, homo laborans), sino incluyendo lo productivo, reproductivo, social, medioambiental, político, lúdico, simbólico y cultural (homo politicus, homo ecologicus, homo ludens, homo demens, homo loquax).

Para Engels, de lo que se trata con ello es de aprender las lecciones y comprender los errores antiecológicos-antisociales de las praxis humanas poco conscientes o no planeadas suficientemente. Su finalidad será ejercer el trabajo, la técnica, la producción, las relaciones sociales y, en general, todos los actos humanos, conforme a su naturaleza no animalesca, es decir conforme a las cualidades humanas formadas, desplegadas en el surgimiento del género homo y propiamente en la especie sapiens, con el propósito de no seguir cayendo en efectos contraproducentes sino superarlos en la emancipación y realización de la vida humana futura.

Los pasos decisivos del despliegue histórico práxico

 Veamos la argumentación de Engels; primero las premisas y luego, de manera secuencial, los ocho pasos decisivos de la precesualidad histórica:

  1. Para Engels, la naturaleza es la proveedora de los materiales que el trabajo humano convierte en riqueza y el trabajo humano es “la condición básica y fundamental de toda la vida humana” a tal grado que, dice, “hasta cierto punto, debemos decir que el trabajo ha creado al propio humano”. Aquí señala que Charles Darwin (The Descent of Man, 1871) dio una descripción aproximada de una raza de monos antropomorfos extraordinariamente desarrollada, que residió en algún lugar de la zona tropical, vivía en los árboles y formaba manadas.
  2. Este mono, al caminar por el suelo, “se fue acostumbrando a prescindir de las manos” y entonces empezaron a adoptar más y más una posición erecta. Primero fue una norma y luego una necesidad, por lo que en aquel entonces las manos tenían que ejecutar funciones cada vez más variadas, desarrollándose la división de funciones entre pies y manos. Así, Engels describe las tareas más numerosas de las manos: recoger y sostener alimentos, construir nidos y tejadillos en los árboles, asir garrotes, aventar frutos y piedras y realizar operaciones sencillas, semejantes a las que realizan los monos. Sin embargo, dice Engels, la mano de cualquier mono es incapaz de ejecutar los cientos de operaciones que realiza la mano humana como tal, “perfeccionada por el trabajo durante centenares de miles de años”. Y ejemplifica: “Ni una sola mano simiesca ha construido jamás un cuchillo de piedra por tosco que fuese.” Traduciéndolo a los conocimientos actuales, los primates superiores antropomorfos no desarrollaron jamás ninguna industria lítica o modo técnico. La explicación que proporciona Engels es que hubo un proceso evolutivo de operaciones sencillas a operaciones complejas y consistió en que “nuestros antepasados fueron adaptando poco a poco sus manos durante muchos miles de años de transición”.
  3. La mano se hizo libre ya que pudo adquirir cada vez más habilidad, destreza y flexibilidad, que se “transmitía por herencia y se acrecía de generación en generación”. La mano liberada y perfeccionada (anatómica y fisiológicamente) se convirtió en “el [primer] órgano del trabajo” y fue producto o resultado de éste mediante cada vez más aplicaciones a funciones nuevas y cada vez más complejas. Con ello, lo que beneficiaba a la mano beneficiaba correlaciones de formas (Darwin dixit) a todo el cuerpo y organismo, en dos aspectos: el interno, digamos en la columna vertebral-cráneo-cerebro (foramen magnum), visión, pelvis-húmero, termorregulación, ajuste de órganos, posición del pie y modo de caminar, etcétera, y el externo, repercusiones sociales de unos sujetos sobre otros, así como sobre el conjunto: ayuda/actividad mutua y reforzamiento de lazos; progreso sobre el dominio sobre la naturaleza, ya que el trabajo iba ampliando horizontes, haciéndole descubrir en los objetos nuevas propiedades desconocidas.
  4. La necesidad de mayor comunicación verbal, transmitiéndose información psicoafectiva, relacional, ecológica y técnica significativa y cada vez más precisa de los unos a los otros. Modulaciones y articulaciones del sonido, teniendo un papel central la laringe y demás órganos anatómicos del aparato fonador. Respecto a esto, nos señala la máxima de J.B. Lamarck: “la necesidad hizo al órgano”. La laringe y los órganos vocales formados dialécticamente resultaron ser apropiados para el lenguaje articulado; así, la explicación de su origen sólo es posible “a partir del proceso de trabajo y con el proceso de trabajo” (en las inter-acciones que provoca, retroalimenta y va enriqueciendo).

De esta forma, la conexión del trabajo con el lenguaje estimuló el desarrollo del cerebro humano (y todo el sistema nervioso) e igualmente “los instrumentos más inmediatos” de éste: los órganos de los sentidos (vista, olfato, gusto, oído y tacto). Con del desarrollo interactivo y mutuo de ambos se fue generando a) mayor claridad de conciencia, b) mayor capacidad de abstracción y c) mayor grado de discernimiento, formando con ello una doble recursividad dialéctica de mutuas influencias entre, por una parte 1) el trabajo y el lenguaje y, por otra, 2) entre el cerebro y los sentidos.

  1. Este circuito dialéctico conforma el primer avance de lo que Engels denomina la sociedad humana, que desde esta base (trabajo-socialidad-lenguaje-conciencia-sentidos) se expresa en su desarrollo multidireccional y diverso en distintos pueblos, con adelantos y retrocesos en esta procesualidad que hoy llamaríamos desarrollo sociocultural en general (destacando el logro del desarrollo civilizacional).
  2. A partir de aquí, haciendo uso de a) su mayor inteligencia y b) su mayor capacidad de adaptación (o, mejor, de adaptabilidad), en las diversas zonas de alimentación, los sapiens ampliaron el rango de plantas comestibles, con lo que lograron una alimentación con mayor variedad de nuevas sustancias nutricionales, con lo cual “creaban las condiciones químicas”, fisiológicas y corporales para constituir una “dieta propiamente humana”, cuyas bases serían 1) despliegue en la elaboración de instrumentos de trabajo (que a la vez fueron utilizados como armas) para hacerse de nuevos alimentos, 2) creación de herramientas para la pesca y la caza, con lo que se posibilitó 3) el tránsito de la alimentación propiamente vegetal a la alimentación mixta (vegetal-animal), 4) el consumo de carne, que ofreció ingredientes esenciales para el mejor desempeño de las funciones de su organismo, especialmente en la potenciación funcional y el crecimiento de su cerebro; y también 5) trajo dos nuevos avances decisivos: el uso del fuego, que redujo el proceso de digestión, y la domesticación de animales, que multiplicó la reserva de carne y de leche para obtenerlas de manera más regular, así como 6) el combinar la carne con la dieta vegetal (bases del omnivorismo) contribuyó poderosamente –dice Engels– a dar fuerza física y mental al humano al brindarle –en vías de consolidación– su (relativa) “independencia” respecto de la naturaleza.

La voluntad de dominio y sus repercusiones

  1. El sexto paso decisivo fue su extensión geoclimático-ecológica, pues por su propia iniciativa se fue expandiendo y adaptando-transformando a los diferentes climas de los continentes y ecosistemas (latitudes, alturas, temperaturas, etcétera). Ello obligó a los seres humanos a realizar nuevas actividades y a generar nuevas necesidades de abrigo, vivienda, vestimenta…, creándose nuevas esferas cada vez más complejas, diversificadas y perfeccionadas (civilizacionales) de trabajo material, cultural, semiótico, político y espiritual: ganadería, pesca, agricultura, alfarería, hilado, tejido, metales, navegación, comercio, artes y ciencias, posteriormente también el desarrollo de las naciones, el Estado y, con ello, el derecho, la política y la religión.

Estas últimas, así como el origen de la explotación del propio trabajo y en general el progreso de la civilización, son producto de la dinámica de las necesidades materiales “reflejadas en la cabeza del ser humano que así cobra conciencia de ellas”, y no se deben –como cree la concepción idealista del mundo– exclusivamente al desarrollo y a la actividad cerebral.

Se trata de la concepción materialista dialéctico-histórica de los orígenes y de desarrollo/progreso del sapiens y de sus productos sociales, políticos y culturales materiales e institucionales, con base en la complejización de proceso de trabajo y el crecimiento/diversificación de las necesidades, que fue llevando a los humanos a “plantearse y a alcanzar objetivos cada vez más elevados”. Dicha concepción, dice Engels, es diferente y crítica respecto del materialismo naturalista de la escuela darwiniana, cuyos representantes no son capaces de ver “el papel [histórico-genético] desempeñado por el proceso de trabajo”.

El signo esencialmente diferente de los humanos respecto de los animales reside en que: “Ni un solo acto planificado de ningún animal ha podido imprimir en la naturaleza ‘el sello de su voluntad’. Sólo el humano ha podido hacerlo”. Las acciones de los humanos sobre la naturaleza imprimen, material y espiritualmente, sus diversas y crecientes necesidades y fines, y sus efectos son escalares: ecológicos, geológicos, energéticos y mentales. Los animales utilizan la naturaleza exterior y la modifican por el mero hecho de su presencia en ella. El humano, en cambio, transforma la naturaleza y la obliga así a servirle (servicio no forzosamente utilitario), la domina (no necesariamente utilitariamente) por efecto del proceso de trabajo.

Sin embargo, Engels plantea que, si dicho dominio se toma como si se tratara de “victorias” sobre la naturaleza, en las repercusiones imprevistas o negativas que se manifiestan –no necesariamente de manera inmediata sino en segunda o tercera instancia, después de lo que se obtuvo con previsión o en primera instancia– “la naturaleza toma venganza”. Por lo tanto, esos hechos nos recuerdan que “nuestro dominio sobre la naturaleza no se parece en nada al dominio de un conquistador sobre el pueblo conquistado”, pues “nosotros como humanos estamos en su seno y pertenecemos a la naturaleza”. Por consiguiente, “todo nuestro dominio sobre ella consiste en que, a diferencia de los demás seres, somos capaces de conocer sus leyes y aplicarlas adecuadamente”.

  1. Para F. Engels existe un gran avance científico, principalmente de las Ciencias Naturales de la segunda mitad del siglo XIX, del conocimiento y comprensión de las leyes de la naturaleza. Por eso se ha dado un importante paso para conocer tanto los efectos inmediatos como los no inmediatos de “nuestra intromisión en el curso natural de desarrollo”. El meollo para Engels es que dichos avances científicos (y técnicos) posibilitan la prevención y el control cada vez mejor de las repercusiones no inmediatas a prever y, por lo tanto, permiten controlar cada vez mejor las “remotas consecuencias naturales de nuestros actos en la producción”. De esta manera, cuanto más sea esto una realidad, los hombres no sólo sentirán de nuevo y en creciente grado su unidad con la naturaleza, sino que la comprenderán más (y lo mismo su propia naturaleza, construida también en el trabajo y con su trabajo); por ende, “más inconcebible será esa idea absurda y antinatural de la antítesis entre el espíritu y la materia, el hombre y la naturaleza y el alma y el cuerpo”.

Para dejar clara su perspectiva unitaria de superación de las antítesis, Engels plantea que igualmente se trata de prever no sólo las indirectas y remotas consecuencias del dominio y de la producción humana sobre la naturaleza exterior, sino las repercusiones sociales de esas mismas acciones. Para lograr cabalmente todo ello es fundamental: a) el conocimiento, control y dominio de las consecuencias directas e inmediatas a nivel natural y social de la producción, y b) el conocimiento, control y dominio de las consecuencias indirectas y remotas a nivel natural y social de la producción humana.

  1. Se trataría, entonces de construir un octavo paso decisivo plenamente emancipador pues, enfatiza Engels: “hace falta una revolución que transforme por completo el modo de producción existente hasta hoy día” (el capitalismo) y, con él, el orden social productivista, inmediatista, antiecológico y antisocial vigente. Se trata, dice, de realizar una revolución que cree un nuevo orden natural-social productivo, en donde el proceso de trabajo tendrá un nuevo papel en la transformación del humano en verdadera y plenamente humano, un orden diferente a los anteriores que tenga integrado realmente en su actuar social la planificación, prevención y control de la producción (siendo una gran palanca de ayuda una ciencia-técnica crítica, liberada y emancipadora), que siga las leyes de la naturaleza y sea capaz de superar realmente sus utilitarismos y limitaciones de toda índole.
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Martes, 08 Diciembre 2020 05:24

En la botica de Karl Marx. Entrevista

En la botica de Karl Marx. Entrevista

 Después de la pandemia, se ha repetido hasta el hastío: "nada volverá a ser igual". Luego, con el tiempo, nos hemos dado cuenta que los cambios que se están produciendo son numerosos y profundos, sí, pero también lo son las constantes. Hoy se dice que la pandemia actúa como un revelador, incluso como un acelerador, de procesos preexistentes. Uno de ellos es el crecimiento de las desigualdades. ¿Sigue siendo Marx indispensable para comprender sus factores, su forma, su posible contraste? Giulio Azzolini, Investigador de Filosofía Política en la Universidad Ca 'Foscari de Venecia, habla de ello con Marcello Musto, profesor de Sociología en la Universidad de York en Toronto y reconocido protagonista de una reciente renovación en los estudios marxistas, a la que contribuyó, entre otras cosas, como autor del reciente Another Marx: Early Manuscripts to the International (Bloomsbury, 2018 ) y The Last Years of Karl Marx: An Intellectual Biography (Stanford University Press, 2020); y, como editor, de Marx's Capital after 150 Years: Critique and Alternative to Capitalism, (Routledge, 2019), The Marx Revival: Key Concepts and New Interpretations (Cambridge University Press, 2020). Sus escritos están disponibles en el sitio web www.marcellomusto.org.

Giulio Azzolini: Profesor Musto, ¿qué podemos aprender de Marx en esta época de crisis pandémica?

Marcello Musto: Después de años de mantra neoliberal diría ante todo una cosa: que la dimensión cooperativa de los seres humanos es indispensable para la supervivencia de los individuos, no menos que la libertad de los individuos es fundamental para la preservación de la comunidad. La cooperación y la libertad deben considerarse dos elementos indispensables en la "botica de Marx". En el tratamiento que prescribirá para curar los males de la sociedad contemporánea, también incluiría tres preceptos: la transferencia fuerte del poder de decisión de la esfera económica a la política; el uso de la ciencia y la tecnología para el bienestar de todos y no para el beneficio de unos pocos; y, por último, pero no menos importante, el papel central que debe asignarse a la educación, también a través de asignarle recursos estatales importantes".

La pandemia ha agudizado el conflicto, que ha madurado a lo largo de los años, entre Estados Unidos y China y, en la UE, entre los distintos Estados miembros. ¿Es un choque entre diferentes formas de capitalismo organizado?

Es una tendencia destinada a continuar y observo que entre los países más afectados por el Covid-19 se encuentran, como era de esperar, Estados Unidos e Inglaterra, las naciones que lideraron la cruzada por las privatizaciones y cuyo modelo de capitalismo ha impidió el desarrollo del estado de bienestar o lo desmanteló con saña. Si miramos más allá de la superficie, hay un conflicto aún más importante. Me refiero a la lucha por evitar la redistribución de la riqueza que, en las últimas décadas, ha ganado el capital.

Marx no previó el empobrecimiento del proletariado, sino el aumento de las desigualdades entre clases. ¿Está demostrando la historia que tiene razón?

Sí, y de forma aún más llamativa si analizamos la enorme brecha, no solo económica, que existe a escala global. Marx, por ejemplo, comprendió que el colonialismo británico en la India implicaría principalmente el saqueo de sus recursos naturales y nuevas formas de esclavitud, no el progreso anunciado por sus apologistas. En cambio, se equivocó sobre el papel revolucionario de la clase trabajadora europea. Se dio cuenta de esto en los últimos años de su vida, cuando afirmó amargamente que los proletarios ingleses habían preferido convertirse en "la cola de sus propios esclavizadores".

En los países el impacto económico de la pandemia es muy diverso. Muchas empresas se han derrumbado, los gigantes de la web no. Los trabajadores precarios han perdido sus trabajos, los fijos no. Algunos comerciantes han cerrado, otros no. ¿Puede Marx ayudar a descifrar una sociedad cada vez más compleja y caótica?

Su análisis de las clases sociales necesita ser actualizado y su teoría de la crisis, entre otras cosas incompleta, es hija de otro tiempo. Si las respuestas a muchos de los problemas contemporáneos no se pueden encontrar en Marx, sin embargo, señala las preguntas esenciales. Creo que esta es su mayor contribución hoy: nos ayuda a hacer las preguntas adecuadas, a identificar las principales contradicciones. No me parece poco. 

La crisis actual ha reabierto el tema de la desigualdad de género. ¿Tiene Marx algo que enseñarnos al respecto?

Más que enseñar, creo que sobre este tema hoy estaría empeñado en aprender, en particular del nuevo movimiento feminista en América Latina, protagonista de importantes movilizaciones sociales. Ciertamente no era, como a veces se afirma erróneamente, indiferente al respecto. Entre los estudios que realizó antes de su muerte, se centró precisamente en la importancia de la igualdad de género y en sus programas políticos repitió varias veces que la liberación de la clase productiva era la de "todos los seres humanos, sin distinción de sexo y raza". Había aprendido de joven, de los libros de los primeros socialistas franceses, que el nivel de emancipación general de una sociedad puede ser evaluado por el de la emancipación de la mujer.

En medio de la crisis sanitaria, la batalla por la igualdad étnica también ha estallado en Estados Unidos. ¿Una coincidencia fortuita?

Sí, pero es muy útil y revela otra terrible herida que existe en ese país. #BlackLivesMatter no es un fenómeno pasajero, sino un movimiento que continuará luchando resueltamente contra el racismo y la violencia de las instituciones estadounidenses.

Pasemos al tema del vínculo entre las luchas de clases y las luchas ecologistas. Desde su punto de vista, ¿son alternativas, complementarias, están jerarquizadas?

Son complementarios y mutuamente indispensables. Se necesitan las unas a las otras. Las críticas a la explotación del trabajo y la devastación ambiental son ahora indisolubles. Cualquier lucha que olvide cualquiera de estos dos términos estará incompleta y será menos efectiva. Me refiero a las posiciones productivistas del movimiento obrero del siglo XX y a los movimientos ecologistas que muchas veces ignoran el factor determinante del "modo de producción". Qué, cómo y para quién se produce son cuestiones estrictamente ligadas al factor determinante de la propiedad de los medios de producción.

Como subraya en sus estudios, Marx no fue solo el filósofo de la revolución comunista, sino también el político capaz de dotar al movimiento obrero de una organización internacional. ¿En qué medida sigue siendo relevante esta lección suya?

Es una idea sin la cual estamos condenados a la derrota, especialmente en una fase de auge nacionalista. El internacionalismo también significa solidaridad entre trabajadores nativos y migrantes y Marx, que estudió cuidadosamente las migraciones forzadas generadas por el capitalismo, mostró que la división de la clase trabajadora es el eje del dominio burgués. El internacionalismo debe volver a ser uno de los pilares de la izquierda para que sea capaz de liderar la batalla de ideas a largo plazo y no solo en función de lo inmediato.

En 2018, China celebró el bicentenario de Marx con gran fanfarria. En Occidente, ¿está el filósofo de Tréveris destinado a sobrevivir como un mero objeto de estudio o todavía es potencialmente capaz de mover a las masas?

China utiliza la efigie de Marx ignorando algunas de sus advertencias más relevantes y, a menudo, evitando leer el contenido de sus textos. Stalin también lo hizo, cuando en la época del gulag se hizo fotografiar a sí mismo, con un rostro tranquilizador, bajo el retrato de Marx. En Occidente, Marx ha reaparecido en las aulas universitarias, pero no volverá a tener la influencia política que tuvo en la época de los partidos "marxistas". Las nuevas subjetividades políticas que en el futuro tengan la ambición de repensar una sociedad alternativa no podrán, sin embargo, ignorar sus teorías.

¿Hoy la izquierda italiana paga el precio de haber defendido el marxismo más allá de su fecha de caducidad o de haberlo abandonado?

Paga el precio por cometer ambos errores. Primero fue demasiado lenta a la hora de identificar los cambios necesarios para enfrentar la metamorfosis del capitalismo y responder a las preguntas planteadas por los nuevos movimientos sociales. Y luego fue miope al abandonar, en lugar de revisar y modernizar críticamente, una interpretación todavía muy válida de la sociedad. Basta pensar en Gramsci, abandonado en el desván justo cuando era el protagonista de un extraordinario redescubrimiento en el mundo. Sin embargo, las contradicciones generadas por el capitalismo no han sido desde hace tiempo tan dramáticas y evidentes como hoy. La historia de la izquierda no ha terminado y en muchos países está floreciendo la literatura sobre las alternativas al capitalismo. Las nuevas subjetividades políticas que en el futuro tendrán la ambición de transformar la sociedad desde sus cimientos no podrán ignorar las teorías de Marx.

 

Por Marcello Musto*

05/12/2020

*profesor de Sociología en la Universidad de York en Toronto y reconocido protagonista de una reciente renovación en los estudios marxistas, a la que contribuyó, entre otras cosas, como autor del reciente Another Marx: Early Manuscripts to the International (Bloomsbury, 2018 ) y The Last Years of Karl Marx: An Intellectual Biography (Stanford University Press, 2020); y, como editor, de Marx's Capital after 150 Years: Critique and Alternative to Capitalism, (Routledge, 2019), The Marx Revival: Key Concepts and New Interpretations (Cambridge University Press, 2020). Sus escritos están disponibles en el sitio web www.marcellomusto.org.

Fuente:

La Repubblica, 2 de septiembre 2020

Traducción:  G. Buster

Publicado enSociedad
Miércoles, 25 Noviembre 2020 05:33

El "testamento" político de Friedrich Engels

El "testamento" político de Friedrich Engels

Cualquiera que haya sido puesto a prueba por su lealtad a la constitución en los años 70 y siguientes en la antigua República Federal y haya sido sospechoso de ser un "enemigo de la constitución" probablemente se acordará del "último Engels". Desear un orden económico y social diferente está permitido en la constitución; el derrocamiento violento del orden político no. Como joven de izquierda uno podía remitirse al "último Engels" para pasar como amigo de la constitución, aunque con opiniones radicales.

Con el "último Engels" se hace referencia, ante todo, a un texto que Friedrich Engels escribió a principios de 1895, pocos meses antes de su muerte: una introducción a la nueva edición de "Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850" de Karl Marx. Casualmente, este fue el último gran texto que escribió y publicó antes de su muerte. No pretendía ser su "testamento político". Recibió este dudoso estatus por una serie de coincidencias.

Engels nunca había estado tan cerca del SPD y sus partidos hermanos europeos como en los últimos cinco años de su vida. Sin Engels, difícilmente hubiera sido posible -contrariamente a lo esperado- la exitosa refundación de una Internacional de partidos socialistas y socialdemócratas en el verano de 1889. En los primeros años de la llamada "segunda" Internacional, antes de que existiera una organización formal y un buró conjunto en Bruselas, muchos de los contactos entre los partidos socialistas de Europa y América del Norte pasaban por Engels. Mantenía correspondencia con todos los que tenían rango y nombre en el movimiento socialista, con Kautsky, con Bernstein, con August Bebel y otros miembros del ejecutivo del SPD, con Viktor Adler, con Domela Nieuwenhuis, con Filippo Turati, con Pablo Iglesias, con Paul Lafargue y muchos otros.

En 1890 cayó la Ley Socialista (Sozialistengesetz), y el SPD pudo operar legalmente de nuevo en el Reich alemán. Engels estaba entusiasmado. Vio el comienzo de una nueva época política en Alemania, que requería un lenguaje político diferente y una estrategia y táctica políticas diferente. Con el congreso del partido de Erfurt de 1891, logró una obra maestra: por primera vez, un partido de masas europeo con cientos de miles de miembros y votantes, el SPD, había adoptado un programa decididamente socialista que estaba claramente determinado por el "socialismo científico" de Marx y Engels. Engels consideraba al SPD como el centro, el núcleo central más importante del movimiento obrero europeo e internacional; por lo tanto, le dedicó toda su atención. Para atraer a socialistas y marxistas, era necesario no sólo completar el tan esperado tercer volumen de El Capital, sino también reeditar muchos de los escritos marxistas que estaban agotados y eran apenas conocidos.

Las luchas de clases en Francia de Marx

Por eso estuvo encantado cuando Richard Fischer, el director de la editorial del Vorwärts, le preguntó si estaba dispuesto a publicar una edición separada de la serie de artículos de Marx, originalmente titulada "1848 a 1849" en la Neue Rheinische Zeitung. Politisch ökonomische Revue y escribir un prólogo. Engels estuvo de acuerdo y escribió el texto, una introducción extensa en lugar de un breve prefacio, entre el 14 de febrero y el 8 de marzo de 1895. Para la reedición de los tres artículos originales en la Revue. Mai bis Oktober 1850, que había escrito junto con Marx, elaboró una cuarta parte y la incluyó al final. El resultado fue, como escribió a Richard Fischer, un "capítulo correcto y decente" y una "conclusión objetiva del conjunto, sin la cual permanecería como un fragmento"(1). Propuso para este texto el título que se usa hoy en día, "Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850" (2). Bajo este título también se publicó en abril de 1895 como un folleto con la introducción de Engels, en una edición de 3.000 ejemplares.

A principios de diciembre de 1894, el Canciller del Reich, el Príncipe von Hohenlohe-Schillingfürst, introdujo un nuevo proyecto de ley contra la subversión (Umsturzvorlage) en el Reichstag, dirigido contra la agitación socialdemócrata. En consecuencia, la dirección del SPD reaccionó nerviosamente a todo lo que pudiera aumentar el peligro de una nueva edición de la Ley Socialista. Engels estaba dispuesto a ceder a las propuestas de cambio del ejecutivo del partido. Consideró que algunas de ellas eran exageradas, y advirtió que no se debían subordinar por puro miedo a una línea de "legalidad absoluta, legalidad a cualquier precio", incluso frente a violaciones claras de la constitución y a actos de golpe de estado; nadie creía en tales declaraciones. Se quejó a Kautsky de que su texto había "sufrido bastante por las temibles reservas de nuestros amigos de Berlín sobre el golpe, que tuve que tener en cuenta dadas las circunstancias" (3). Wilhelm Liebknecht, sin embargo, cogió el texto de Engels, lo adaptó por su cuenta y lo publicó en Vorwärts. Engels protestó firmemente contra esta versión no autorizada y abreviada de su texto: el texto fue "tan recortado que parezco un pacífico adorador de la ley quand même" (4). Kautsky se aseguró de que la introducción de Engels, en la versión que autorizó, también se publicara en la Neue Zeit. Así, en muy poco tiempo, se distribuyó ampliamente entre la opinión pública socialista internacional (5).

Así pues, había tres versiones del texto de Engels: la versión original, la versión editada, en la que se habían suprimido algunos pasajes con el conocimiento y el consentimiento de Engels, y la versión no autorizada, recortada, de Wilhelm Liebknecht. El asunto se volvió explosivo cuando, después de la muerte de Engels, su introducción fue citada por algunos partidarios del revisionismo como prueba de que incluso Engels, en sus días de vejez, se había despedido de las fantasías revolucionarias de su juventud. Kautsky y otros estaban en desacuerdo con esta osada interpretación, que sólo podía basarse en el recorte de Liebknecht, pero no en el texto publicado con el consentimiento de Engels. La disputa volvió a estallar cuando David Riazanov, el director del Instituto Marx-Engels de Moscú, encontró el manuscrito original en el legado de Engels y lo publicó en 1925. Esto permitió reconstruir las partes suprimidas que el mismo Engels había hecho o, en parte, aceptado a regañadientes (6). Sin embargo, las críticas que los revisionistas del SPD habían falseado deliberadamente de las palabras de Engels, pudieron ser fácilmente refutadas por Kautsky (7).

Engels después de Marx

¿Cómo pudo un texto relativamente corto de Engels convertirse en la manzana de la discordia? En 1895 el viejo Engels era una leyenda, el puente viviente hacia Marx, el único que, a pesar de su "impertinente modestia", podía hablar con plena autoridad en nombre de Marx, la instancia suprema en asuntos de "marxismo", que sin él no hubieran existido (8). Desde el verano de 1844 había sido el más estrecho amigo y colaborador de Marx, ambos habían perseguido muchos proyectos juntos hasta el final. El gestor y capitalista, el erudito privado sin título académico se había formado un gran nombre como escritor y periodista. El "General", como lo llamaban sus amigos, era considerado una autoridad destacada en todo lo militar (9). Pero se veía sobre todo como albacea de su amigo fallecido, y la publicación de los volúmenes segundo y tercero de El Capital (1885 y 1894) como su trabajo más importante. Dado que no había un texto comparablemente extenso de los escritos de Marx sobre política y estado, fue Engels quien, en su extensa correspondencia y en muchos pequeños textos, a menudo introducciones a nuevas ediciones de viejos escritos de Marx y de él mismo, contribuyó decisivamente para aclarar cuestiones centrales del movimiento socialista en Europa.

La introducción de Engels de 1895

Inicialmente este texto no trataba en absoluto de política, sino de ciencia: la serie de artículos de Marx fue la prueba de fuego, el primer intento "de explicar, a partir de una situación económica determinada, una parte de la historia contemporánea mediante su [es decir, marxista] modo materialista". Aquí se trataba de “demostrar la relación causa-efecto interna de un proceso de varios años, tanto crítico como típico para toda Europa… es decir, atribuir los acontecimientos políticos a los efectos de causas, en última instancia, económicas (10). Esto no era fácil, porque "una visión clara de la historia económica de un período determinado nunca se consigue de forma simultánea, sólo puede obtenerse retrospectivamente, después de que el material se haya recogido y examinado". En consecuencia, para Engels, el "método materialista" debía limitarse a los análisis históricos contemporáneos. Difícilmente se puede superar la evidencia de que los "conflictos políticos" están relacionados con "conflictos de interés de las clases sociales y fracciones de clase determinadas por el desarrollo económico" y los actores políticos (como los partidos) son la "expresión más o menos adecuada de estas... clases y fracciones de clase". Gracias a su conocimiento preciso de la historia económica y política de Francia, Marx había logrado dar "una descripción de los acontecimientos que revela su coherencia interna de una manera que nunca antes se había logrado" (11). Engels se refería a la posterior obra de Marx, el 18º Brumario de Luis Bonaparte de 1852, en el que continuó este análisis del curso de los acontecimientos hasta el golpe de Estado de Napoleón III y la caída de la Segunda República francesa (12).

El análisis de la historia contemporánea no es una teoría general, sólo tiene una validez histórica limitada. Engels expuso, de forma totalmente autocrítica, la perspectiva histórica que Marx y él compartían en 1850. Como los demócratas radicales y comunistas que eran, tenían la historia de la Revolución Francesa en sus mentes. Estaban completamente hechizados por este gran modelo y esperaban que la revolución europea, que comenzó con la Revolución de febrero de 1848 en París, siguiera un curso muy similar. Estaban completamente equivocados. Engels quiso explicar a los lectores de 1895 por qué "en aquella época estábamos autorizados a contar con una victoria inminente y definitiva del proletariado, por qué no se produjo y en qué medida los acontecimientos contribuyeron a que hoy viéramos las cosas de manera diferente a como las veíamos entonces" (13). En el otoño de 1850 habían comprendido que el período revolucionario había terminado; pero esperaban una continuación, una nueva ola de revolución en la línea de la anterior, desencadenada por una nueva "crisis económica mundial" (14).

Pero, continuó Engels, "la historia no nos ha dado la razón, a nosotros y a todos los que pensaban de manera similar" (15). En 1848, el estado de desarrollo económico en Europa, especialmente industrial, estaba lejos de estar tan avanzado en ese momento como ellos pensaban. El rápido desarrollo del capitalismo industrial que tuvo lugar después de 1848, la revolución económica y sobre todo industrial que se extendió por todo el continente europeo, demostró que el capitalismo moderno estaba lejos de estar al final de su desarrollo, más bien se encontraba al principio. El desarrollo hacia las formas políticas modernas, hacia el estado nacional y la república, también estaba lejos de ser completo. El breve episodio de la Comuna de París de 1871 demostró una vez más como de imposible era el dominio de la clase obrera en Europa por entonces (16).

Por consiguiente, estaba claro para Engels que "el modo de lucha de 1848 está hoy anticuado en todos los aspectos", especialmente la "rebelión a la vieja usanza, las luchas callejeras (Straβenkampf) con barricadas, que se producían por todas partes hasta 1848"; las condiciones completamente cambiadas permitían y requerían hoy un "modo de lucha del proletariado totalmente nuevo" (17). Los modelos de 1789, 1830 y 1848 ya no servían como orientación (18).

La nueva estrategia y táctica. ¿Cómo vencerá la socialdemocracia?

En sólo unas pocas páginas, Engels desarrolló la estrategia que hoy, con Gramsci, llamaríamos "guerra de posiciones" (Stellungskrieg), la estrategia de una lenta conquista del poder, parte por parte, posición a posición, con tiempo por delante (19). Esta estrategia se hizo posible y necesaria porque se juntaron algunos elementos nuevos: el ascenso de los partidos socialistas de masas, la introducción del sufragio universal (masculino) en diferentes países europeos y los cambios en la tecnología militar. Para Engels era crucial el hecho de que los partidos obreros habían aprendido a utilizar el sufragio universal, a participar en las elecciones a todos los niveles, en los parlamentos nacionales, en los "parlamentos estatales, consejos locales, tribunales laborales", a dirigir campañas electorales, a "disputar cualquier puesto" a la burguesía, a hacerse oír en la opinión pública política con sus propios órganos de prensa, también a utilizar el parlamento para trabajar en la opinión pública política, en resumen, a llevar a cabo luchas políticas legalmente, dentro del marco de las leyes y la constitución. Engels confió en que los grandes partidos obreros desarrollarían esta estrategia cada vez más, todos los socialistas aprenderían que el "trabajo largo y perseverante", el "trabajo lento de la propaganda", la continua "actividad parlamentaria" serían necesarios para alcanzar el objetivo. Esta prolongada labor era necesaria porque la revolución socialista no podía ser una sorpresa, una toma del poder por una pequeña minoría "a la cabeza de masas inconscientes", sino una gran revolución, el “completo cambio radical de la organización social". Aquí "las masas" (es decir, en primera línea, la clase obrera) debían participar activamente, y por lo tanto habrían comprendido por sí mismas de qué tipo de revolución se trata; finalmente debían llevarla a cabo (20).

Engels se opuso claramente a las tácticas dirigidas a la toma del poder mediante insurrección o golpe de estado, y de ninguna manera sólo por razones militares. También le preocupaba el argumento ético y moral contra una táctica que tomara la masa de trabajadores sólo como infantería y carne de cañón de la revolución. De todos modos, en el estado actual de la tecnología militar, los intentos de insurrección tendrían pocas posibilidades de éxito, en tanto el ejército estuviera intacto y los soldados obedecieran a sus oficiales. Advirtió a todos los partidos socialistas que no se dejaran convencer para provocar actos violentos o lo que sólo podría terminar en derrotas sangrientas, en derramamiento de sangre como en París en 1871, que haría retroceder décadas el movimiento obrero. Las organizaciones de masas socialistas, el movimiento obrero, como mejor se conducen es cuando se mueven dentro del marco legal, usan sus derechos sabiamente y construyen sus posiciones en el estado y la sociedad paso a paso. La "tarea principal" del SPD en particular es mantenerse intacto, que el movimiento y sus organizaciones de masas se cuenten por millones, no dejar que se desgaste en escaramuzas, continuar el crecimiento de su propio poder político con medios legales y pacíficos hasta que haya crecido "el poder decisivo del país", un poder que "crece por encima del sistema político existente" (21). Engels dejó aquí abierto lo que sucedería si el movimiento socialista de la clase trabajadora se convirtiera un día en el poder más grande en el estado. Terminó su introducción con una analogía histórica y se refirió al ascenso de los cristianos en el Imperio Romano, de ser una secta a ser la religión del estado (22). Hay que destacar esta analogía, porque muestra muy claramente que Engels imaginó la lucha política de la socialdemocracia como una lucha prolongada por la hegemonía en el estado y la sociedad. Al final, el movimiento obrero ganaría porque sus pensamientos, sus valores, sus objetivos serían los pensamientos, valores y objetivos dominantes.

En los pasajes borrados de su manuscrito, también habló de un posible futuro de Straβenkämpfen: todavía podrían ocurrir, pero las condiciones serían mucho menos favorables que antes. Algo muy diferente a eso era crucial: si el movimiento socialista continuaba creciendo como lo había hecho hasta ahora, entonces, en un futuro previsible, la mayoría de los soldados de leva consistirían, en gran mayoría, en jóvenes socialistas, y por lo tanto ya no serían utilizables contra su propio pueblo. Por supuesto, Engels, como buen demócrata, no renunciaba al derecho a resistir en situaciones que consideraba probables: violaciones abiertas de la constitución, golpes de estado por parte de los poderes dominantes, que no veían otra manera de controlar el exitoso movimiento legal de masas de los socialistas. Pero mejor no hablar hoy de lo que uno habría hecho entonces (23).

El "revisionismo" de Engels: ¿Cambió Engels su concepción política?

Esta era la opinión de muchos que consideraban a Engels y especialmente a Marx como revolucionarios peligrosos. Los partidarios en el SPD de la táctica de quedarse quieto y esperar se sintieron confirmados. Sin embargo, Engels subrayó que consideraba que las tácticas pacíficas y legales de las campañas electorales y la labor parlamentaria sólo eran útiles para ciertos países y en ciertas condiciones (24). Por supuesto, sólo entonces y únicamente allí donde había sufragio universal y donde las reglas democráticas del juego fueran respetadas por los poderes dominantes. Pero eso no lo harían siempre, Engels estaba convencido de ello. La estrategia de Stellungskriegs y las tácticas de acción legal y pacífica, según las reglas de juego democráticas, llegarían a su fin porque los gobernantes recurrirían a la violencia mucho antes de que el partido socialista pudiera lograr una mayoría y llegar legalmente al poder. Y esto los conduciría "del terreno de la mayoría de los votos al terreno de la revolución" (25).

Esta posición no era nueva. Las revoluciones pacíficas, de forma legal y democrática, eran probablemente concebibles en algunos países (Francia, EE.UU., Gran Bretaña), había escrito Engels en 1891. En los países "donde la representación del pueblo concentra todo el poder en sí mismo, donde se puede hacer lo que se quiera de forma constitucional tan pronto como se tenga a la mayoría del pueblo detrás de sí" (26). Marx había dicho públicamente exactamente lo mismo en Ámsterdam en 1872: en algunos países como los EE.UU., Gran Bretaña, tal vez también Holanda, es posible que "los trabajadores puedan alcanzar su objetivo por medios pacíficos"; esto depende de las "instituciones... costumbres y tradiciones de los diferentes países" (27). Y veinte años antes, en 1852, Marx había escrito que la implantación del sufragio universal en Inglaterra sería un "logro de contenido socialista" porque conduciría inevitablemente a un "gobierno político de la clase obrera" (28).

Tanto Marx como Engels estaban convencidos de que la república democrática era la más alta y última forma política de la sociedad burguesa, a la que se podía combatir definitivamente en la moderna lucha de clases. Está claro, dijo Engels en 1891, "que nuestro partido y la clase obrera sólo pueden llegar al poder bajo la forma de la república democrática" (29). En su texto de 1895, Engels elogió el enorme progreso que tanto el partido como el mismo movimiento socialdemócrata habían sido capaces de llevar a cabo bajo las restrictivas condiciones del aún entonces Imperio Alemán. ¡Qué avances no habrían logrado en las condiciones de una república democrática! Tanto Engels como Marx se habían opuesto repetida y firmemente a las frases y jugueteos revolucionarios; este fue el núcleo de sus discusiones con los anarquistas.

No hay ruptura entre el viejo Engels, asesor de un movimiento internacional de masas que ya era una potencia en Europa, y el joven revolucionario que participó en el levantamiento de Baden de 1848/49. Ambos, tanto el viejo como el joven, insisten en el histórico "derecho a la revolución", ya que todos los estados del presente (así como del pasado) han surgido de revoluciones. Bismarck fue, como Robespierre, un revolucionario; nuevas formas políticas pueden surgir de "revoluciones desde abajo" así como de "revoluciones desde arriba". Todo pueblo tiene derecho a cambiar la forma de estado y de gobierno, de dotarse de una nueva constitución o de otra república, e incluso pretender e instaurar una nueva forma de democracia política. Tanto el viejo como el joven Engels insisten en el primordial "derecho a la resistencia" democrática contra los actos violentos de los respectivos gobernantes. Y tanto el joven como el viejo se vuelven decididamente contra los "alquimistas de la revolución" que juegan con el levantamiento y con las vidas de decenas de miles. Incluso la huelga general, una de las ideas favoritas de los anarquistas, fue considerada un disparate por el viejo Engels.

Notas

  1. Friedrich Engels, Carta a Richard Fischer del 13 de febrero de 1895, en: MEW Vol. 39, p. 410.
  2. En 1850, mientras estaban en el exilio británico, Marx y Engels habían iniciado inmediatamente un nuevo proyecto de revista, la continuación de la Neue Rheinische Zeitung, esta vez como una revista político-económica. En cada número analizaban y comentaban los principales acontecimientos económicos y políticos de los meses anteriores.
  3. Friedrich Engels, Carta a Richard Fischer del 8 de marzo de 1895, en: MEW Vol. 39, p. 424; Friedrich Engels, Carta a Karl Kautsky del 25 de marzo de 1895, en: MEW Vol. 39, p. 446.
  4. Friedrich Engels, Carta a Karl Kautsky del 1 de abril de 1895, en: MEW Vol. 39, p. 452.

5.La introducción de Engels tuvo un efecto directo en los debates durante la segunda discusión del proyecto de ley de subversión en el Reichstag. Los parlamentarios liberales como Theodor Barth lo citaron como prueba de que la socialdemocracia de hoy no sigue ninguna "política de violencia". En los discursos del Reichstag, Ignaz Auer y August Bebel también se refirieron con aprobación al texto de Engels y lo citaron (véase Informes taquigráficos sobre las negociaciones del Reichstag. novena legislatura, tercer período de sesiones, 1894/1895, volumen 1, Berlín 1895, págs. 2143, 2149/2150, 2227). El proyecto de ley fue rechazado.

  1. En la edición de MEW, los pasajes eliminados se indican en el texto mediante corchetes angulares.

7.Karl Kautsky, El testamento político de Engels, en: Der Kampf, vol. 18, 1925, no. 12, pp. 472 - 478.

  1. Sin embargo, Engels no estaba en absoluto contento con el término "marxismo" inventado por los bakuninistas y otros oponentes de Marx. Sabía muy bien que Marx se había resistido fuertemente a ser visto como un "marxista".

9.Cf. por ejemplo su folleto de 1893 "¿Puede Europa desarmarse?" (en: MEW Vol. 22, pp. 371 - 399).

  1. Friedrich Engels, Introducción [a "Klassenkämpfe in Frankreich 1848 bis 1850" de Karl Marx], en: MEW Vol. 22, p. 509.

11.Friedrich Engels, ibíd., págs. 509, 510. Se puede ver que Engels, a diferencia de los filósofos marxistas, vio la prueba de la utilidad de la nueva teoría no en las reflexiones generales sobre el concepto de práctica o historia, sino en las investigaciones empíricas e históricas (contemporáneas) de las luchas políticas y sociales reales en los países capitalistas. La falta total de tales investigaciones históricas contemporáneas, combinada con la simultánea abundancia de reflexiones puramente filosóficas sobre la teoría marxista como tal, es la carencia básica de todos los "marxismos" actuales.

12.Friedrich Engels, ibíd., pág. 511.

13.Friedrich Engels, Carta a Paul Lafargue del 26 de febrero de 1895, en: MEW Vol. 39, p. 412.

14.cf. Friedrich Engels, Introducción ..., p. 513. Desde la crisis económica mundial de 1857/58, Marx y Engels vieron la conexión entre crisis económica y revolución con creciente escepticismo.

  1. Friedrich Engels, Introducción [a Karl Marx "Luchas de clases en Francia 1848 a 1850"], en: MEW Vol. 22, S. 515.
  2. Cf. Engels, ibid., pp. 516, 517.

17.Engels, ibíd., págs. 513, 519.

  1. "La era de las barricadas y las peleas callejeras se ha acabado para siempre... Así que uno está obligado a encontrar una nueva táctica revolucionaria. He estado pensando en esto durante algún tiempo, pero aún no he llegado a ninguna conclusión", escribió Engels a Paul Lafargue en 1892 (Friedrich Engels, Carta a Paul Lafargue del 3 de noviembre de 1892, en: MEW Vol. 38, p. 505).
  2. La distinción entre "guerra de posiciones" y "guerra de movimiento", que hoy en día se asocia con el nombre de Gramsci, había sido décadas antes desarrollada por Engels y otros. Gramsci es muy poco original en este sentido (como en muchos otros).
  3. Friedrich Engels, Introducción [a Karl Marx "Klassenkämpfe in Frankreich 1848 bis 1850"], en: MEW Vol. 22, p. 519, 523.

21.Engels, ibíd., págs. 523, 524, 525 y ss.

  1. Engels, ibíd., págs. 526, 527. En una carta privada, sin embargo, habló del momento "en que seríamos lo suficientemente fuertes para dar el paso a la legislación positiva", por lo que no descartó en absoluto una labor parlamentaria y legislativa (véase Friedrich Engels, Carta a Edouard Vaillaint de 5 de marzo de 1895, en: MEW Vol. 39, pág. 420).
  2. Cf. Engels, ibíd., págs. 522, 525, 526.

24." Predico esta táctica solo para la Alemania actual, y con no pocas considerables reservas. Para Francia, Bélgica, Italia, Austria, esta táctica no sirve en su totalidad, y para Alemania puede llegar a ser inaplicable mañana mismo" (Friedrich Engels, Carta a Paul Lafargue del 3 de abril de 1895, en: MEW Vol. 39, p. 458).

  1. Friedrich Engels, Respuesta al Honorable Giovanni Bovio, en: MEW Vol. 22, p. 580. En su artículo "Der Sozialismus in Deutschland" (El socialismo en Alemania), que apareció en 1892 en la Neue Zeit, había expresado esta expectativa de manera inequívoca: Los "burgueses y su gobierno" serán los primeros en violar la ley y el derecho en el Reich alemán para detener el ascenso de la socialdemocracia: "Sin duda, dispararán primero" (Friedrich Engels, Der Sozialismus in Deutschland, en: MEW Vol. 22, p. 251).
  2. Friedrich Engels, Zur Kritik des sozialdemokratischen Programmentwurfs, en: MEW Vol. 22, p. 234.

27.Karl Marx, Discurso sobre el Congreso de La Haya, en: MEW Vol. 18, p. 160.

28.Karl Marx, Los Cartistas, en: MEW vol. 8, p. 344.

  1. Friedrich Engels, Zur Kritik des sozialdemokratischen Programmentwurfs, en: MEW Bd. 22, S. 235.

Michael R. Krätke 

es miembro del Consejo Editorial de Sin Permiso, profesor de economía política en la Universidad de Lancaster y colaborador asiduo de Der Freitag. Meses atrás publicó el libro "Friedrich Engels oder: Wie ein Cotton-Lord" den Marxismus erfand (Friedrich Engels o cómo un "señor del algodón" inventó el marxismo) en la editorial Karl Dietz de Berlin.

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Lunes, 23 Noviembre 2020 05:12

Engels recargado

Engels recargado

Este mes se cumplen 200 años del nacimiento de Friedrich Engels, el dirigente revolucionario que, codo a codo con Marx, elaboró buena parte de lo que hoy conocemos como las bases teóricas del marxismo, y construyó las primeras organizaciones internacionales de “esclavos insurrectos” que adoptaron para sí el objetivo (y el nombre) del comunismo.

 

No es para nada extraño que “la vuelta de Marx”, es decir, el renovado interés en sus ideas especialmente a partir de la crisis capitalista de 2008, esté acompañado también, entonces, por una –más moderada– vuelta de Engels, con nuevos estudios y análisis de sus elaboraciones y de su participación en el movimiento revolucionario –también ayudados por el trabajo filológico y de reconstrucción de los contextos en los que Marx y Engels elaboraron y debatieron que se viene realizando sobre los manuscritos de ambos para preparar una edición completa, y definitiva, de los trabajos de los fundadores de marxismo–

Por qué esos fundamentos se identificaron con el nombre de Marx es algo que el mismo Engels defendió: “Al lado de Marx, siempre toqué el segundo violín”, le escribía a I. Becker allá por 1884, reconociendo siempre el aporte fundamental de su viejo amigo –la historia de esa amistad ha sido analizada en abundancia desde diversas perspectivas, aunque en general apelando a las características personales de los dos amigos; lo cierto es que una amistad tan generosa como fructífera demuestra, también, lo poderoso que puede ser el lazo de compartir un objetivo revolucionario común–.

La biografía de Terrel Carver, The life and thought of Friedrich Engels, revisada y actualizada para este aniversario, señala un aspecto no tan positivo de estas recientes “vueltas”: en muchos casos, aún con sus puntos positivos, lo que se rescata en libros como los de Tristram Hunt o películas como El joven Marx son los “aspectos humanos” de Marx y Engels, es decir, el relato de sus biografías en términos de sus relaciones personales, entre sí y con sus familias y allegados, a tono más con una moda de rescate de personalidades “vistosas” que en muchos casos trivializa sus ideas y posiciones políticas. Engels cobraría allí un nuevo espacio no por una mayor o mejor apreciación de sus trabajos sino porque su biografía, al lado del comparativamente “duro y serio Marx”, tendría más posibilidades de convertirse en un personaje colorido.

Lo cierto es que la tarea teórica de Engels supo ampliar, para el marxismo, el campo de batalla, incursionando en terrenos en los que Marx no llegó a meterse –o en los que se nutrió, más bien, de las elaboraciones de su amigo–. Buscando propagandizar, sistematizar y medir la fortaleza del marxismo con distintos enemigos y adversarios, la obra de Engels nos permite acercarnos, además de los ejes que compartió con Marx, a problemas tan amplios como la definición del Estado, la cuestión militar, el urbanismo, el feminismo o la ecología, muchos de los cuales, además, han cobrado mayor actualidad y fuerza en los últimos años.

Algunos ejemplos de las últimas décadas, no todos escritos desde un posicionamiento marxista, muestran el amplio abanico de temas en que las elaboraciones de Engels cobran protagonismo, señalando puntos fuertes y críticas desde distintas posiciones. Siguiendo el camino del antropólogo Stephen Jay Gould, que había defendido la perspectiva engelsiana de la evolución humana centrada en el trabajo, Richard Lewontin y Richard Levins encabezaron su libro El biólogo dialéctico con una dedicatoria a Engels, quien “se equivocó muchas veces, pero que acertó en lo importante”. En relación a esa área de trabajos de Engels, también son muchos los que lo han destacado como pieza fundamental para pensar la relación entre el capitalismo y la ecología: es el caso de Paul Blackledge en su libro del año pasado, Friedrich Engels and Modern Social and Political Theory, y de John Bellamy Foster en numerosos trabajos. En un artículo reciente, este lo resume así: “Dos siglos después de su nacimiento, la profundidad de la comprensión de Engels de la naturaleza sistemática de la destrucción capitalista del ambiente natural y social, junto con su desarrollo de una perspectiva naturalista dialéctica, lo convierten hoy, junto con el trabajo de Marx, en el punto de inicio para una crítica ecosocialista revolucionaria”. A su vez, ha sido considerado por geógrafos como David Harvey, un precursor de los abordajes críticos sobre el urbanismo: en una entrevista reciente recordaba que su interés por la teoría marxista en el estudio urbanístico empezó cuando revisó el folleto de Engels de 1873 sobre el problema de la vivienda.

El trabajo de Engels El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, como señala Martha Giménez en su último libro Marx, Women, and Capitalist Social Reproduction, “fue el que estableció las bases teóricas para el feminismo marxista”. Las múltiples lecturas que de dicho trabajo se hicieron, en muchos casos críticas, no dejan de reconocer que el intento engelsiano de ubicar la opresión de las mujeres en el nivel de las relaciones de producción de las sociedades de clase, alejaba al marxismo de los tratamientos meramente “morales” que otros socialistas habían hecho del problema, a la vez que sistematizaba elementos que en otros trabajos, con y de Marx, habían aparecido más lateralmente. A su vez, las potentes denuncias que allí se hacían sobre el dominio masculino, de las cuales Engels no excluía a la familia trabajadora, fueron, como indica Wendy Goldman en su estudio sobre el problema de la mujer en la Revolución rusa, un antídoto con el que combatir los prejuicios antifeministas del que los movimientos socialistas no estaban exentos y una inspiración para revolucionarias como Clara Zetkin.

Ya en el terreno de la estrategia y del problema militar, son numerosos los análisis que reconocen la importancia de Engels, en este terreno incluso por encima del propio Marx. Es el caso por ejemplo del trabajo de Michael Boden en First Red Clausewitz [El primer Clausewitz Rojo], que lo considera uno de los principales contribuyentes al campo de la historia y la teoría militar de los siglos XIX y XX, o de Sigmund Neumann y Mark von Hagen, que en el libro Makers of Modern Strategy rescatan también la capacidad que tuvo de entrever desarrollos futuros en el terreno de la estrategia y la técnica militar (un área de estudio que consideran poco transitada en los estudios marxistas, sorprendentemente para una teoría cuyo objetivo es la acción revolucionaria). Wolfgang Streeck, en un artículo reciente, amplía la importancia de estas elaboraciones para la teoría del Estado: “Su contribución en este campo creo que deriva en buena medida de la especial afinidad existente entre la naturaleza peculiar de la guerra moderna en el contexto del desarrollo capitalista y la predisposición de Engels a observar de modo no dogmático la realidad, lo que le permitió establecer los cimientos de un complemento teórico sobre el Estado, que resultaba realmente necesario para la crítica de la economía política desarrollada por Marx y él mismo”.

Para citar un ejemplo local, el libro de Martín Mazora, Marx discípulo de Engels, intenta reevaluar el peso que los escritos juveniles de Engels tuvieron en el núcleo duro del pensamiento económico de Marx y sus formulaciones en El capital.

Más allá de los acuerdos o diferencias que puedan tenerse con estas elaboraciones, la larga lista que podría agregarse muestran el renovado interés en la obra de Engels. Sin embargo, hay que decir que dentro del marxismo, en las décadas previas –desde mediados del siglo XX–, primó más bien una tendencia a separar a Engels de Marx. Así lo resume en un trabajo reciente Kaan Kangal:

Un relato sugiere que Engels no solo es co-fundador del socialismo moderno sino también su malévolo detractor. Como precursor del materialismo dialéctico, Engels supuestamente co-inventó el “marxismo” y lo dañó a la vez. […] Engels es acusado de metafísica, dogmatismo, eclecticismo, positivismo y así. […] Otro relato refuerza lo positivo: sean cuales sean los puntos vigentes o las fallas de la dialéctica materialista, no es una invención de Engels sino el producto de la colaboración de Marx y Engels. Por lo tanto, no divergen sino que más bien se complementan uno a otro. […] Aquellos que inventan acusaciones extrañas contra Engels lo hacen por razones políticas. Lo que está por detrás de sus recuentos es un anticomunismo escondido bajo la máscara de la erudición [1].

El motivo de fondo para el surgimiento de estos dos relatos opuestos no es difícil de encontrar: el stalinismo había enarbolado una visión monolítica e indiscutible de los “padres fundadores” y de sus herederos (que ceremonialmente pasaba por Lenin y culminaba, claro, con Stalin), extendida en todo el mundo a través de los distintos PC, que solía abrevar en folletos y artículos de Engels, más aptos para compilaciones temáticas y manuales que los intrincados o incompletos textos de Marx (muchos de los cuales permanecían, por ese entonces, todavía inéditos). Cuando dicha versión del “marxismo-leninismo”, mecanicista, simplificadora y utilitaria del marxismo, entra en crisis, no son pocos quienes renuncian al marxismo de conjunto, mientras otros exploran las raíces de ese dogmatismo atribuyéndoselas a Engels –si bien incluso en los estudios actuales no se ha encontrado demasiada apoyatura bibliográfica para esta hipótesis y más bien son persistentes los ejemplos de intercambio permanente y el acuerdo manifestado por el trabajo firmado por uno u otro–. El análisis del legado de Engels tiene por eso, hacia mediados del siglo XX, un tono, de mínima, defensivo.

A ello deben sumarse las distintas operaciones que, sobre su obra, ya había realizado la socialdemocracia alemana con la que compartió la organización de la Segunda Internacional ya muerto Marx, cuyos dirigentes, tras un falso respeto impostado al “colaborador de Marx”, no dudaron, incluso en vida del propio Engels, de adaptar sus textos a sus objetivos revisionistas. Pero el problema no solo se limitaba a la justificación de posiciones políticas reformistas: el mismo Engels había entrevisto críticamente en el tratamiento que distintos grupos ligados a la socialdemocracia hacían de la teoría marxista, contribuyendo a “reducir la teoría del desarrollo de Marx a una rígida ortodoxia a la que no se espera que lleguen los trabajadores por medio de su propia conciencia de clase; por el contrario, sin preparación y rápidamente, se lo hace tragar a la fuerza como un artículo de fe” [2].

En las evaluaciones más benevolentes de ese último período de la obra de Engels, ya sin Marx, suele argumentarse, a modo de disculpa, que al más joven de los amigos le tocó propagandizar y sistematizar las ideas del marxismo para un creciente movimiento comunista, y que fue esa tarea de “divulgación” la que impuso simplificaciones y polarizaciones que no estaban presentes en el legado de Marx. Sin negar que en todo trabajo teórico, sobre todo de semejante envergadura, pueda haberlas, suena a débil defensa que las tareas de divulgación de las ideas revolucionarias para que se hagan carne en el movimiento obrero sean un problema o un obstáculo más que una necesidad y una tarea apasionante –que, por otro lado, no requiere menos, sino probablemente mayor, comprensión de sus fundamentos–.

No defendemos aquí una unidad forjada en granito de ambos autores –ni de ningún otro marxista–, y creemos que distinguir las posibles diferencias entre enfoques de Marx y de Engels puede aportar matices y novedades que hagan a una mejor comprensión del desarrollo del marxismo y, sobre todo, que sean fructíferas para las tareas revolucionarias de hoy. Pero sí opinamos que debería objetarse su carácter defensivo, que persiste en muchos casos, forzando distinciones que amenazan ser tan estériles como el monolitismo en el que se reflejan. Marx no necesita “ser salvado” de Engels, ni a Engels le escasean argumentos propios para ser ampliamente discutido en sus propios términos sin tomar, como él mismo pedía en sus cartas, “cada palabra que he dicho como un evangelio” [3].

Como puede verse en los cambios de perspectiva con que se abordaron sus textos en estos casi 200 años, las discusiones y evaluaciones del legado marxista están ligados a los desarrollos históricos que atravesó y, en definitiva, a las relaciones de fuerzas que da la lucha de clases, aquella que puso en centro del Manifiesto comunista escrito con Marx. En todo caso, si algo puede destacarse de su legado, es la persistente voluntad de no deslindar una crítica implacable al sistema capitalista, en todos los terrenos, de la necesidad de acabar con él.

Para aportar a estas discusiones, en este dossier –que además de esta edición ocupará la de la próxima semana– abordaremos distintos aspectos de su obra en artículos propios, en entrevistas o en traducciones inéditas de su propia pluma o de algunos de sus más recientes estudiosos.

 

NOTAS AL PIE


[1] Kangal, Kaan, Friedrich Engels And The Dialectics Of Nature, Cham, Palgrave Macmillan, 2020 (edición digital). El libro de Kangal se dedica a recontextulizar y discutir el trabajo de Engels publicado tras su muerte como compilación de proyectos diversos, donde están las elaboraciones más cuestionadas de Engels, Dialéctica de la naturaleza.


[2] Carta de Engels a Sorge, 12/05/1894, en Marx & Engels Collected Works Vol. 50, Lawrence & Wishart, 2010, p. 301.


[3] Carta de Engels a Borgius, 25/01/1894, en Marx & Engels Collected Works Vol. 50, ob. cit., p. 267.

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