La lucha por la inclusión en el fútbol femenino

Los días 6 y 7 de junio del año en curso la Fifa realizó la Primera Convención de Fútbol Femenino 2019. Según Sarai Bareman, la directora de la división femenina de la multinacional de la pelota chica, allí discutieron múltiples aspectos, entre ellos la importancia de buscar un fútbol femenino viable y sostenible desde lo que llaman su ecosistema, financiación, medios y, sobre todo, cambio cultural de cómo ver a las mujeres practicando este deporte.

Lo que dicen desde la Fifa –esa multinacional patriarcal del deporte, donde las dirigentes femeninas se han abierto camino–, es que han acordado una alianza entre la oficina de la mujer de la ONU y la División de Fútbol femenino de la Federación Mundial para potenciar este deporte y buscar que se de la inclusión, respeto y promoción del fútbol femenino. Todo esto fue avalado por el Comité Ejecutivo de la Federación, algo para no creer.

Así mismo, en la convención se concluyó que en la actualidad hay 36 millones de mujeres que practican este deporte en 180 países, y la meta para 2025 es tratar de llegar a los 60 millones de jugadoras.



La dura realidad del fútbol femenino

Las jugadoras que participan en el Mundial de Fútbol Femenino en Francia (MFM), se quejan del bajo monto del premio para el equipo campeón, cifrado en 50 millones de euros, cifra que para el caso de sus pares maculinos asciende a los 400 millones, realidad injusta pese a que ellas llenan más estadios que los tradicionales equipos que por cerca de un siglo se abrogaron este deporte como un derecho exclusivo.

Adicionalmente, según la encuesta Global Sports Salaries Survey 2017, el salario que actualmente gana Neymar –43,8 millones de dólares año– equivale al salario de 1.693 mujeres futbolistas, de las ligas de Estados Unidos (EU), Gran Bretaña, Suecia, Australia y México.

Es por la previvencia de este tipo de injusticias, que algunas jugadoras no asistieron al certamen mundial, sentando su voz de protesta ante la discriminación respecto al fútbol masculino. Todo ello en medio de presiones, como las conocidas en Argentina, donde amenazaron de muerte a una jugadora porque denunció que a algunas de ellas, integrantes de diferentes equipos del país sureño, no les pagan sus salarios.

Las jugadoras de la selección de fútbol femenino de EU demandaron a la Federación que regula ese deporte en su país por discriminación de género en el pago de salarios, exigiendo igualdad salarial e idénticas condiciones de trabajo, pero la Federación consideró que “las necesidades del mercado son tales que las mujeres no merecen que se les pague por igual que a los hombres”*.

Fútbol femenino en Colombia

En Colombia, el fútbol femenino existe desde 1895, pese a esto, más de un siglo después la mentalidad patriarcal de los dirigentes, periodistas y sociedad en general, ha impedido su desarrollo, pues según muchos de los dueños de los equipos profesionales esta modalidad no es rentable, no tiene auspiciantes, no llena estadios y es mediocre.

En la actualidad hay futbolistas que devengan entre dos y tres millones de pesos al mes, sin embargo son la minoría, ya que gran parte de las jugadoras ganan menos de un millón y otras muchas apenas perciben el salario mínimo o incluso menos –eso cuando les pagan–. Existe otro sector de jugadoras, las conocidas como “Aficionadas a prueba”, que no obtienen ningún salario y se dice que la razón de jugar, más allá de la diversión, son posibles becas de estudio en EU. Todo esto genera burlas, acosos en los camerinos y opiniones “entendidas” de comentaristas deportivos que no le ven sentido a que “mujeres participen en un deporte  de hombres”. El machismo siempre está presente.

Esta realidad de machismo perdurable, exclusión, negación de derechos, exclusivismos, negacionismo, imposiciones, explotación laboral, etcétera, trae consigo múltiples preguntas: ¿Una mujer musulmana puede jugar fútbol o existe alguna parte del Corán que lo prohíba? ¿Si una mujer india se pone pantaloneta los brahmanes la repudiarían? ¿Será que los relatores y comentaristas del fútbol dejarán su micro-machismo cuando trasmiten un partido femenino? ¿Será que en América Latina dejarán de insultar a jugadoras, entrenadoras y árbitras? ¿Por qué hay tan pocas mujeres en puestos de dirección de la Fifa y sus federaciones nacionales? ¿Será que el patriarcado que domina en el fútbol colombiano, sin interés real por el mismo –“porque no es rentable”–, aceptará su crecimiento y consolidación? La Copa del Mundo de Fútbol femenino que se juega en Francia se plantea que sea el evento más grande de esta modalidad en su historia, y que repercuta en todos los países, ¿será que el patriarcado del fútbol permitirá que así sea?

Todo esto nos recuerda que vivimos significativos momentos de lucha y cambio a lo largo del mundo, y de ello no escapa el deporte, en particular el referido a la pelota chica. No hay duda, el ascenso del fútbol femenino va de la mano con los avances y las luchas de las mujeres por todo el mundo, del #NiUnaMenos o del #MeToó, de las huelgas de mujeres el 8 de marzo y, con seguridad, su lucha logrará sus propósitos, ojalá evitando una cosificación e instrumentalización total de sus practicantes profesionales, como es la norma entre los hombres. Una práctica deportiva cada vez más abierta a la diversión, el descanso, el encuentro, el goce, y similares, es un reto social-comunitario en el cual las mujeres tienen un camino por labrar a favor de la humanidad toda.



*Ver en: https://www.bbc.com/mundo/deportes-47506067

Publicado enColombia
“Nos juramos nocturnas, nos juramos rebeldes”*

El pasado 26 de mayo, en la ciudad de Bogotá inició la IV semana contra el acoso callejero, actividad en la que se realizaron diversas acciones y contó con la participación de distintas colectividades y voluntades que se juntaron en el reclamo por las calles libres de acoso, por las noches para la vida y no para la muerte. ¿Quiénes habitan esas noches y de qué maneras? ¿Qué pasa con quienes se atreven a estar en el espacio público por fuera de lo establecido o impuesto? ¿Qué pasa con quienes la noche es su medio de relación o trabajo? ¿Por qué las calles parecen no ser nuestras?

 

En esta ocasión nos reunimos precisamente alrededor de los significados de “la noche” y la reivindicación del aquelarre urbano, articulando diversos debates y voces que, desde contextos y experiencias diversas, muestran las condiciones que para cada cuerpo implica transgredir las fronteras y conspirar rebeldías en las calles. A la cita de organización llegaron varios parches con una amplia gama de acciones que se unieron desde cada uno de sus espacios y posibilidades al grito: ¡Por las calles libres de acoso!

 


 

El silencio no es una opción: el reto de organizar y el esfuerzo colectivo*

 

La semana contra el acoso callejero, nace de un colectivo neoyorkino llamado “Stop Street Harassment” en el año 2011 –aproximadamente–, quienes plantearon la organización de una semana de denuncia donde se visibilizaran las violencias normalizadas en la calle a través de actividades en el espacio público.

Esta incitativa se extendió a nivel internacional y en Colombia la realizamos por primera vez en el 2014, cuando la Colectiva “No Me Calle” tenía el nombre de “Observatorio contra el acoso callejero”; fue una experiencia muy enriquecedora que contó con actividades como cine foros, clases de defensa personal, talleres sobre acoso callejero y culminó con una marcha en la que participaron muchas personas y colectivas feministas de Bogotá; para el año 2015 también pudimos hacerla con una dinámica muy similar.

En el 2017, bajo el nombre de “No Me Calle”, organizamos como colectiva una semana con participación más inclusiva, llegando a la intervención con 12 parches más o menos. Esta experiencia contó con muchas discusiones que desde agrupaciones en las universidades se iban generando, así mismo colectivas que ya venían ocupándose de estos debates en sus contextos se unieron con sus talleres, actividades y posturas al interior de los claustros. Allí se desarrollaron varias acciones de denuncia a partir de rayar e intervenir los espacios y de tomarnos los mismos con arengas, performances, tendederos, gráficos etc., cerramos también con marchas, en la que se contó con batucadas feministas.

La iniciativa siempre procura plantear actividades de toma de espacios y pensarnos estos temas naturalizados en la cotidianidad de las personas, es emocionante que de momento la gente se encuentre con mujeres que visibilizan esto de muchas formas, que nuestra apuesta sea siempre contar que “nos matan, nos violan y nadie dice nada”.

En este sentido decidimos abrirnos este año 2019 para invitar más colectivos. Además de ser una experiencia enriquecedora fue muy divertida, conocimos el trabajo de todas, y procuramos la descentralización ya que siempre hacemos las cosas en los mismos lugares y aunque ha sido complejo poner y activar estas discusiones, seguiremos trabajando.

Hubo tendederos, cartografías, tejido, cine foro, talleres en universidades, conversatorios sobre las perspectivas de mujeres trans, sobre las agresiones en las universidades, hablamos con grafiteras, con mujeres ciclistas urbanas, con trabajadoras nocturnas y consideramos muy poderosa la articulación.

Nuestros retos serán precisamente estos desde la diversidad y cómo seguirnos uniendo para dialogar sobre la noche, la calle, la resistencia; estas iniciativas nacen para visibilizar el tema, pero necesitamos hacerlo de diferentes formas, pensarnos entre todas como irrumpir de formas creativas en la cotidianidad y posicionarnos.

Queremos, llegar a la semana nacional contra el acoso callejero, la actividad sigue creciendo y esperamos que siga así.

 

*Colectiva NoMeCalle, transcribe Mujeres de Mi Barrio


 

Uniendo voluntades, conspirando la noche en dos ruedas*

 

Tuvimos una experiencia muy fuerte y poderosa, articulando nuestras acciones en contexto a la semana contra el acoso, nuestra apuesta de poder seguir trabajando juntas, sin importar las distancias y los territorios, se materializaron en la bici rodada que tuvimos el 31 de mayo. Se unieron desde Medellín, Cali, Barranquilla, Paipa y llegó también a Quito, eso visibiliza el poder de las mujeres y nuestros alcances.

Estuvimos presentes en el conversatorio “Nos juramos nocturnas” y como relatoras en el conversatorio de la Red Popular Trans. Fue interesante, porque pensamos que íbamos a estar las mismas de siempre o parches de solo gente de la bici, pero nos sorprendimos con la diversidad de opiniones y de posturas, fueron otras personas que nos exigen también dar otras discusiones y de otras maneras, son otros diálogos.

Por ejemplo, a veces no estamos en espacios donde haya tanta presencia masculina, pero cuando existe el reto, nos planteamos cómo mostrar estas reflexiones y cómo hacer para que también allí se cuestionen. De esa actividad salieron preguntas sobre el cambio de esos comportamientos y eso es interesante en la discusión sobre el acoso.


Logramos ver también la noche desde diferentes lugares y como las habitamos, como la resignificamos, es interesante aprender desde otras perspectivas en la existencia nocturna, las discusiones sobre la valentía, el miedo, el arriesgarse, el colectivo, el poder, la defensa y también la diversión, porque la calle es nuestra.


El día de la rodada, a pesar de las dificultades empezando con el clima, creemos que se cumplió con el objetivo que era rodar. Por primera vez fuimos más chicas que chicos, pudimos poner nuestra música, hacer nuestras rutas y vemos que nos podemos organizar muy bien, cuidarnos entre nosotras, e incluso a pesar del tema, vimos cómo nos acosaban en la calle cuando estábamos en las bicis y con tanta gente.
Seguiremos mejorando, aprendiendo y apostándole a la noche.

 

* Colectivo Ciclodelicas y Red nacional interseccional de mujeres y disidencias en bicicleta (Redimit), transcribe Mujeres de mi Barrio

 


 

Nos tomamos los barrios, la loma, la noche y el corazón*

 

Nuestra propuesta en esta actividad, ha sido posicionar el feminismo en el barrio y el barrio en el feminismo; encontramos que el acoso callejero se vive de maneras diferentes en los barrios populares de Bogotá, y que pocas veces estas discusiones llegan a las calles y a las mujeres que allí vivimos.

Durante mucho tiempo se ha abanderado la actividad contra el acoso desde los contextos universitarios y claro que coincidimos en su importancia, potencialidad y trascendencia; sin embargo, queremos insistir en que esta situación también puede complejizarse y se amplía la discusión entonces cuando encontramos otros significados de las violencias en otros contextos, en nuestro caso desde las lomas de la localidad de San Cristóbal.

La apuesta de “Las Fuchas”, brujas del territorio ancestral, como agrupación de voluntades de mujeres de diferentes organizaciones populares de esta localidad para la semana contra el acoso, fue visibilizar estas diversidades. Nuestros temas giran en torno a la noche y la calle, donde por supuesto hablamos del peligro, el cuidado, la defensa y la invisibilización y naturalización de las violencias; pero también donde reivindicamos la resistencia, las alternativas populares, las voces de las mujeres qué poco importan para muchxs y la vida misma, ante la supervivencia y la habitabilidad del espacio; en lugares con discusiones importantes de la marginalidad del sistema y la reivindicación y el cuestionamiento de las realidades de la llamada “periferia”.

Allí, desde esta potencialización del margen y el borde, también nos apropiamos y resignificamos los espacios públicos con intervenciones gráficas, tendederos, fotografía, proyecciones audiovisuales en la noche y nos unimos para apostarle a la alegría de celebrarse en las calles que hacemos nuestras de muchas formas.

* Las Fuchas

 



Entrelazando tejidos de resistencia en las calles*

 

El acoso que sufren las mujeres en los espacios públicos es un tema que ha tomado fuerza en las discusiones sobre el derecho a la ciudad. En Bogotá es urgente crear iniciativas que promuevan espacios públicos libres de violencias ya que según el reporte de la organización Plan Internacional, “[Bogotá] reúne todas las características para ser la ciudad con mayor riesgo de acoso sexual para niñas y mujeres jóvenes en el mundo”**. Por tanto, buscamos hacer juntanza con varias colectividades para transformar imaginarios sexistas desde diferentes acciones directas en la ciudad y con distintos lenguajes. Una de estas actividades fue la realizada mediante el lenguaje de tejido por la colectiva Entrelazadas en la Plaza Chorro de Quevedo donde se expuso un tendedero con mensajes contra el acoso, se invitó a diferentes personas a dejar su mensaje y se hicieron con telas muchos banderines para la rodada contra el acoso callejero del viernes 31 de mayo.

* Entrelazadas, transcribe Mujeres de mi Barrio

 


 

La fortaleza que tenemos las mujeres cuando nos juntamos

 

La semana contra el acoso callejero va tomando más fuerza en cuanto se logran articular y poner en diálogo la diversidad de mujeres que habitamos la ciudad. Esta iniciativa es la muestra de los lenguajes, capacidades y acciones que las mujeres bogotanas hemos ido construyendo y posicionando en el espacio público y político, al tiempo que nos demuestra la fortaleza que tenemos las mujeres cuando nos juntamos. La expectativa queda más alta cada versión que pasa, pues cada colectividad y/o individualidad que se suma a trabajar por este tipo de espacios enciende una luz para alumbrar el camino de resistencia y (re)existencia para las mujeres, no sólo en las ciudades, sino en todos los espacios que habitamos.

 


 

* Este artículo está construido desde las voces de algunos de los colectivos que hicieron parte de la materialización de esta apuesta, visibilizando las experiencias que desde cada parche nos permitió juntarnos.
** Redacción Bogotá. Periódico El Espectador (04/10/2018). Disponible en: https://www.elespectador.com/bogota-la-ciudad-mas-insegura-para-ninas-y-mujeres-por-acoso-sexual-nivel-mundial-articulo-816181

Publicado enColombia
“Nos juramos nocturnas, nos juramos rebeldes”*

El pasado 26 de mayo, en la ciudad de Bogotá inició la IV semana contra el acoso callejero, actividad en la que se realizaron diversas acciones y contó con la participación de distintas colectividades y voluntades que se juntaron en el reclamo por las calles libres de acoso, por las noches para la vida y no para la muerte. ¿Quiénes habitan esas noches y de qué maneras? ¿Qué pasa con quienes se atreven a estar en el espacio público por fuera de lo establecido o impuesto? ¿Qué pasa con quienes la noche es su medio de relación o trabajo? ¿Por qué las calles parecen no ser nuestras?

 

En esta ocasión nos reunimos precisamente alrededor de los significados de “la noche” y la reivindicación del aquelarre urbano, articulando diversos debates y voces que, desde contextos y experiencias diversas, muestran las condiciones que para cada cuerpo implica transgredir las fronteras y conspirar rebeldías en las calles. A la cita de organización llegaron varios parches con una amplia gama de acciones que se unieron desde cada uno de sus espacios y posibilidades al grito: ¡Por las calles libres de acoso!

 


 

El silencio no es una opción: el reto de organizar y el esfuerzo colectivo*

 

La semana contra el acoso callejero, nace de un colectivo neoyorkino llamado “Stop Street Harassment” en el año 2011 –aproximadamente–, quienes plantearon la organización de una semana de denuncia donde se visibilizaran las violencias normalizadas en la calle a través de actividades en el espacio público.

Esta incitativa se extendió a nivel internacional y en Colombia la realizamos por primera vez en el 2014, cuando la Colectiva “No Me Calle” tenía el nombre de “Observatorio contra el acoso callejero”; fue una experiencia muy enriquecedora que contó con actividades como cine foros, clases de defensa personal, talleres sobre acoso callejero y culminó con una marcha en la que participaron muchas personas y colectivas feministas de Bogotá; para el año 2015 también pudimos hacerla con una dinámica muy similar.

En el 2017, bajo el nombre de “No Me Calle”, organizamos como colectiva una semana con participación más inclusiva, llegando a la intervención con 12 parches más o menos. Esta experiencia contó con muchas discusiones que desde agrupaciones en las universidades se iban generando, así mismo colectivas que ya venían ocupándose de estos debates en sus contextos se unieron con sus talleres, actividades y posturas al interior de los claustros. Allí se desarrollaron varias acciones de denuncia a partir de rayar e intervenir los espacios y de tomarnos los mismos con arengas, performances, tendederos, gráficos etc., cerramos también con marchas, en la que se contó con batucadas feministas.

La iniciativa siempre procura plantear actividades de toma de espacios y pensarnos estos temas naturalizados en la cotidianidad de las personas, es emocionante que de momento la gente se encuentre con mujeres que visibilizan esto de muchas formas, que nuestra apuesta sea siempre contar que “nos matan, nos violan y nadie dice nada”.

En este sentido decidimos abrirnos este año 2019 para invitar más colectivos. Además de ser una experiencia enriquecedora fue muy divertida, conocimos el trabajo de todas, y procuramos la descentralización ya que siempre hacemos las cosas en los mismos lugares y aunque ha sido complejo poner y activar estas discusiones, seguiremos trabajando.

Hubo tendederos, cartografías, tejido, cine foro, talleres en universidades, conversatorios sobre las perspectivas de mujeres trans, sobre las agresiones en las universidades, hablamos con grafiteras, con mujeres ciclistas urbanas, con trabajadoras nocturnas y consideramos muy poderosa la articulación.

Nuestros retos serán precisamente estos desde la diversidad y cómo seguirnos uniendo para dialogar sobre la noche, la calle, la resistencia; estas iniciativas nacen para visibilizar el tema, pero necesitamos hacerlo de diferentes formas, pensarnos entre todas como irrumpir de formas creativas en la cotidianidad y posicionarnos.

Queremos, llegar a la semana nacional contra el acoso callejero, la actividad sigue creciendo y esperamos que siga así.

 

*Colectiva NoMeCalle, transcribe Mujeres de Mi Barrio


 

Uniendo voluntades, conspirando la noche en dos ruedas*

 

Tuvimos una experiencia muy fuerte y poderosa, articulando nuestras acciones en contexto a la semana contra el acoso, nuestra apuesta de poder seguir trabajando juntas, sin importar las distancias y los territorios, se materializaron en la bici rodada que tuvimos el 31 de mayo. Se unieron desde Medellín, Cali, Barranquilla, Paipa y llegó también a Quito, eso visibiliza el poder de las mujeres y nuestros alcances.

Estuvimos presentes en el conversatorio “Nos juramos nocturnas” y como relatoras en el conversatorio de la Red Popular Trans. Fue interesante, porque pensamos que íbamos a estar las mismas de siempre o parches de solo gente de la bici, pero nos sorprendimos con la diversidad de opiniones y de posturas, fueron otras personas que nos exigen también dar otras discusiones y de otras maneras, son otros diálogos.

Por ejemplo, a veces no estamos en espacios donde haya tanta presencia masculina, pero cuando existe el reto, nos planteamos cómo mostrar estas reflexiones y cómo hacer para que también allí se cuestionen. De esa actividad salieron preguntas sobre el cambio de esos comportamientos y eso es interesante en la discusión sobre el acoso.


Logramos ver también la noche desde diferentes lugares y como las habitamos, como la resignificamos, es interesante aprender desde otras perspectivas en la existencia nocturna, las discusiones sobre la valentía, el miedo, el arriesgarse, el colectivo, el poder, la defensa y también la diversión, porque la calle es nuestra.


El día de la rodada, a pesar de las dificultades empezando con el clima, creemos que se cumplió con el objetivo que era rodar. Por primera vez fuimos más chicas que chicos, pudimos poner nuestra música, hacer nuestras rutas y vemos que nos podemos organizar muy bien, cuidarnos entre nosotras, e incluso a pesar del tema, vimos cómo nos acosaban en la calle cuando estábamos en las bicis y con tanta gente.
Seguiremos mejorando, aprendiendo y apostándole a la noche.

 

* Colectivo Ciclodelicas y Red nacional interseccional de mujeres y disidencias en bicicleta (Redimit), transcribe Mujeres de mi Barrio

 


 

Nos tomamos los barrios, la loma, la noche y el corazón*

 

Nuestra propuesta en esta actividad, ha sido posicionar el feminismo en el barrio y el barrio en el feminismo; encontramos que el acoso callejero se vive de maneras diferentes en los barrios populares de Bogotá, y que pocas veces estas discusiones llegan a las calles y a las mujeres que allí vivimos.

Durante mucho tiempo se ha abanderado la actividad contra el acoso desde los contextos universitarios y claro que coincidimos en su importancia, potencialidad y trascendencia; sin embargo, queremos insistir en que esta situación también puede complejizarse y se amplía la discusión entonces cuando encontramos otros significados de las violencias en otros contextos, en nuestro caso desde las lomas de la localidad de San Cristóbal.

La apuesta de “Las Fuchas”, brujas del territorio ancestral, como agrupación de voluntades de mujeres de diferentes organizaciones populares de esta localidad para la semana contra el acoso, fue visibilizar estas diversidades. Nuestros temas giran en torno a la noche y la calle, donde por supuesto hablamos del peligro, el cuidado, la defensa y la invisibilización y naturalización de las violencias; pero también donde reivindicamos la resistencia, las alternativas populares, las voces de las mujeres qué poco importan para muchxs y la vida misma, ante la supervivencia y la habitabilidad del espacio; en lugares con discusiones importantes de la marginalidad del sistema y la reivindicación y el cuestionamiento de las realidades de la llamada “periferia”.

Allí, desde esta potencialización del margen y el borde, también nos apropiamos y resignificamos los espacios públicos con intervenciones gráficas, tendederos, fotografía, proyecciones audiovisuales en la noche y nos unimos para apostarle a la alegría de celebrarse en las calles que hacemos nuestras de muchas formas.

* Las Fuchas

 



Entrelazando tejidos de resistencia en las calles*

 

El acoso que sufren las mujeres en los espacios públicos es un tema que ha tomado fuerza en las discusiones sobre el derecho a la ciudad. En Bogotá es urgente crear iniciativas que promuevan espacios públicos libres de violencias ya que según el reporte de la organización Plan Internacional, “[Bogotá] reúne todas las características para ser la ciudad con mayor riesgo de acoso sexual para niñas y mujeres jóvenes en el mundo”**. Por tanto, buscamos hacer juntanza con varias colectividades para transformar imaginarios sexistas desde diferentes acciones directas en la ciudad y con distintos lenguajes. Una de estas actividades fue la realizada mediante el lenguaje de tejido por la colectiva Entrelazadas en la Plaza Chorro de Quevedo donde se expuso un tendedero con mensajes contra el acoso, se invitó a diferentes personas a dejar su mensaje y se hicieron con telas muchos banderines para la rodada contra el acoso callejero del viernes 31 de mayo.

* Entrelazadas, transcribe Mujeres de mi Barrio

 


 

La fortaleza que tenemos las mujeres cuando nos juntamos

 

La semana contra el acoso callejero va tomando más fuerza en cuanto se logran articular y poner en diálogo la diversidad de mujeres que habitamos la ciudad. Esta iniciativa es la muestra de los lenguajes, capacidades y acciones que las mujeres bogotanas hemos ido construyendo y posicionando en el espacio público y político, al tiempo que nos demuestra la fortaleza que tenemos las mujeres cuando nos juntamos. La expectativa queda más alta cada versión que pasa, pues cada colectividad y/o individualidad que se suma a trabajar por este tipo de espacios enciende una luz para alumbrar el camino de resistencia y (re)existencia para las mujeres, no sólo en las ciudades, sino en todos los espacios que habitamos.

 


 

* Este artículo está construido desde las voces de algunos de los colectivos que hicieron parte de la materialización de esta apuesta, visibilizando las experiencias que desde cada parche nos permitió juntarnos.
** Redacción Bogotá. Periódico El Espectador (04/10/2018). Disponible en: https://www.elespectador.com/bogota-la-ciudad-mas-insegura-para-ninas-y-mujeres-por-acoso-sexual-nivel-mundial-articulo-816181

Publicado enEdición Nº258
La lucha por la inclusión en el fútbol femenino

Los días 6 y 7 de junio del año en curso la Fifa realizó la Primera Convención de Fútbol Femenino 2019. Según Sarai Bareman, la directora de la división femenina de la multinacional de la pelota chica, allí discutieron múltiples aspectos, entre ellos la importancia de buscar un fútbol femenino viable y sostenible desde lo que llaman su ecosistema, financiación, medios y, sobre todo, cambio cultural de cómo ver a las mujeres practicando este deporte.

Lo que dicen desde la Fifa –esa multinacional patriarcal del deporte, donde las dirigentes femeninas se han abierto camino–, es que han acordado una alianza entre la oficina de la mujer de la ONU y la División de Fútbol femenino de la Federación Mundial para potenciar este deporte y buscar que se de la inclusión, respeto y promoción del fútbol femenino. Todo esto fue avalado por el Comité Ejecutivo de la Federación, algo para no creer.

Así mismo, en la convención se concluyó que en la actualidad hay 36 millones de mujeres que practican este deporte en 180 países, y la meta para 2025 es tratar de llegar a los 60 millones de jugadoras.



La dura realidad del fútbol femenino

Las jugadoras que participan en el Mundial de Fútbol Femenino en Francia (MFM), se quejan del bajo monto del premio para el equipo campeón, cifrado en 50 millones de euros, cifra que para el caso de sus pares maculinos asciende a los 400 millones, realidad injusta pese a que ellas llenan más estadios que los tradicionales equipos que por cerca de un siglo se abrogaron este deporte como un derecho exclusivo.

Adicionalmente, según la encuesta Global Sports Salaries Survey 2017, el salario que actualmente gana Neymar –43,8 millones de dólares año– equivale al salario de 1.693 mujeres futbolistas, de las ligas de Estados Unidos (EU), Gran Bretaña, Suecia, Australia y México.

Es por la previvencia de este tipo de injusticias, que algunas jugadoras no asistieron al certamen mundial, sentando su voz de protesta ante la discriminación respecto al fútbol masculino. Todo ello en medio de presiones, como las conocidas en Argentina, donde amenazaron de muerte a una jugadora porque denunció que a algunas de ellas, integrantes de diferentes equipos del país sureño, no les pagan sus salarios.

Las jugadoras de la selección de fútbol femenino de EU demandaron a la Federación que regula ese deporte en su país por discriminación de género en el pago de salarios, exigiendo igualdad salarial e idénticas condiciones de trabajo, pero la Federación consideró que “las necesidades del mercado son tales que las mujeres no merecen que se les pague por igual que a los hombres”*.

Fútbol femenino en Colombia

En Colombia, el fútbol femenino existe desde 1895, pese a esto, más de un siglo después la mentalidad patriarcal de los dirigentes, periodistas y sociedad en general, ha impedido su desarrollo, pues según muchos de los dueños de los equipos profesionales esta modalidad no es rentable, no tiene auspiciantes, no llena estadios y es mediocre.

En la actualidad hay futbolistas que devengan entre dos y tres millones de pesos al mes, sin embargo son la minoría, ya que gran parte de las jugadoras ganan menos de un millón y otras muchas apenas perciben el salario mínimo o incluso menos –eso cuando les pagan–. Existe otro sector de jugadoras, las conocidas como “Aficionadas a prueba”, que no obtienen ningún salario y se dice que la razón de jugar, más allá de la diversión, son posibles becas de estudio en EU. Todo esto genera burlas, acosos en los camerinos y opiniones “entendidas” de comentaristas deportivos que no le ven sentido a que “mujeres participen en un deporte  de hombres”. El machismo siempre está presente.

Esta realidad de machismo perdurable, exclusión, negación de derechos, exclusivismos, negacionismo, imposiciones, explotación laboral, etcétera, trae consigo múltiples preguntas: ¿Una mujer musulmana puede jugar fútbol o existe alguna parte del Corán que lo prohíba? ¿Si una mujer india se pone pantaloneta los brahmanes la repudiarían? ¿Será que los relatores y comentaristas del fútbol dejarán su micro-machismo cuando trasmiten un partido femenino? ¿Será que en América Latina dejarán de insultar a jugadoras, entrenadoras y árbitras? ¿Por qué hay tan pocas mujeres en puestos de dirección de la Fifa y sus federaciones nacionales? ¿Será que el patriarcado que domina en el fútbol colombiano, sin interés real por el mismo –“porque no es rentable”–, aceptará su crecimiento y consolidación? La Copa del Mundo de Fútbol femenino que se juega en Francia se plantea que sea el evento más grande de esta modalidad en su historia, y que repercuta en todos los países, ¿será que el patriarcado del fútbol permitirá que así sea?

Todo esto nos recuerda que vivimos significativos momentos de lucha y cambio a lo largo del mundo, y de ello no escapa el deporte, en particular el referido a la pelota chica. No hay duda, el ascenso del fútbol femenino va de la mano con los avances y las luchas de las mujeres por todo el mundo, del #NiUnaMenos o del #MeToó, de las huelgas de mujeres el 8 de marzo y, con seguridad, su lucha logrará sus propósitos, ojalá evitando una cosificación e instrumentalización total de sus practicantes profesionales, como es la norma entre los hombres. Una práctica deportiva cada vez más abierta a la diversión, el descanso, el encuentro, el goce, y similares, es un reto social-comunitario en el cual las mujeres tienen un camino por labrar a favor de la humanidad toda.



*Ver en: https://www.bbc.com/mundo/deportes-47506067

Publicado enEdición Nº258
Viernes, 28 Junio 2019 06:15

Hacer el agosto el 28 de junio

Hacer el agosto el 28 de junio

Un año después de las revueltas del 28 de junio de 1969 colectivos y personas anónimas salieron a la calle a manifestarse y conmemorar los disturbios del año anterior. Fue la primera marcha del Orgullo. 50 años después, el sistema se envuelve en la bandera arcoíris y nos mete entre ceja y ceja que ya está todo conseguido, que ya no hay nada por lo que luchar y que ahora solo toca festejar.

 

El 28 de junio de 1969 será una fecha recordada por siempre en todo el mundo porque esa noche un grupo de empresarios gais, apoyado por las instituciones locales y regionales así como por los cuerpos de seguridad, organizaron un desfile de carrozas y marcharon en ambiente festivo por las calles de Nueva York para lanzar al mundo un claro mensaje: «seas como seas, queremos tu dinero». A la fiesta se sumarían, entre otros, marcas de conocidas bebidas alcohólicas, compañías de telecomunicaciones, agencias de viajes, todo tipo de corporaciones transnacionales y el arco político institucional. Diferentes ciudades, y más tarde diferentes estados, se fueron sumando en los años siguientes a tan simpática iniciativa comercial que ha llegado hasta nuestros días.

Una barbaridad semejante es lo que cualquiera que no conozca la historia real puede pensar dentro de diez años sobre el origen del Día Internacional del Orgullo LGTB. Porque en eso es en lo que se está convirtiendo la conmemoración del 28 de junio. Mejor dicho, en eso es en lo que quieren convertir la conmemoración del 28 de junio.

Por si acaso, vamos a recordar de una manera más cercana a la realidad los hechos que ocurrieron esa noche de sábado: la zona de ambiente de Nueva York se vio una vez más acosada por la policía, que solía hacer la ronda por los establecimientos cuyos dueños permitían a sus clientes prácticas tan poco honorables como besarse con alguien del mismo sexo o vestirse con más de tres prendas consideradas del sexo opuesto. Los agentes, a cambio de hacer la vista gorda y no practicar detenciones, solían ser sobornados y se iban con un sueldo extra al siguiente bar, repitiendo la operación.

Esa noche la policía entró al Stonewall Inn, local que hoy calificaríamos de antro, conocido por ser un lugar en el que se solían juntar chaperos, jóvenes sin papeles, trans, travestis y demás personajes de la mala vida, para identificar a alguna loca, darle su escarmiento, y de paso recoger la paga extra de la noche. Se cuenta que antes de cada redada la policía daba el chivatazo al bar, que ponía sobre aviso a la clientela con tiempo suficiente para recuperar ropas y vestirse con decoro, y quien tuviera que huir por no tener identificación pudiera hacerlo. Los dueños, mientras tanto, preparaban el impuesto que pagarían a los agentes para que les dejaran en paz un fin de semana más.

Pero esa noche la policía entró de incógnito y con la sala llena hizo parar la música y encender las luces. El escándalo fue mayúsculo, porque esta vez no habían avisado con antelación. Los agentes estaban dispuestos a identificar y detener a todo aquel que hubiera dentro del local, y las travestis, mariconas, putas e inmigrantes se revolvieron, negándose a la identificación y resistiéndose a ser detenidas. Obligados todos a ponerse en fila para someterse a la identificación, los clientes liberados y los que consiguieron escapar de la redada permanecían fuera del local, y los transeúntes, viendo que algo ocurría, empezaban a sumarse.

Pocos minutos después se agolpaban más de 150 personas fuera del Stonewall y las detenidas empezaban a salir esposadas hacia los coches de policía, mientras sobre los agentes empezaba a caer una lluvia de insultos. Los forcejeos de las detenidas iban a más y algunas lograron escapar de los coches de policía, cuando se les sumó la muchedumbre que veía el inicio de la revuelta. Se volcaron coches de policía y más gente llegó a ver qué pasaba. Y lo que pasaba fue que esa noche lo único que iba a cambiar de acera iba a ser el miedo.

La policía, viendo a una masa de más de 500 personas enfurecidas, se atrincheró con rehenes dentro del Stonewall. Fuera se desató la furia de las que eran consideradas mierda por los que sólo cumplen con la ley. Las maricas, tantas veces acalladas, respondieron con el poder de la calle, intentaron reventar el Stonewall con los policías dentro, que salieron pistola en mano. Los disturbios estallaron, se extendieron a las calles aledañas, y se repitieron los días siguientes.

En las siguientes fechas grupos de maricas, bolleras y trans empezaban a organizarse en diferentes colectivos por la liberación sexual y contra el racismo, el patriarcado y el imperialismo. Contra el sistema, al fin y al cabo. Un año después de las revueltas del 28 de junio de 1969 colectivos y personas anónimas salieron a la calle a manifestarse y conmemorar los disturbios del año anterior, en lo que fue la primera marcha del Orgullo. Y hasta hoy.

50 años después nos queda todo por conseguir, porque en 2019 las que tenemos papeles nos podremos casar, sí, pero la policía sigue acosando a quien se prostituye por decisión libre y propia, sigue encerrando en CIEs y deportando inmigrantes por no tener dinero o papeles, sigue identificando a quien está donde no debe, sigue desahuciando a quien okupa o a quien no puede pagarle un alquiler cada mes más alto a un fondo buitre, sigue hostigando a activistas, sigue persiguiendo a quien protesta, lo que sea para cumplir el orden y la ley, que sin importar lo que diga, va a misa. Y si mañana la ley dice que las invertidas volvemos a ser ilegales, la misma policía que hoy se reúne en grupos como Gaylespol aplicará la ley porque es su trabajo y no le queda más remedio.

Por si no fuera bastante, 50 años después el sistema que todo lo capitaliza se envuelve en la bandera arcoíris y nos mete entre ceja y ceja que ya está todo conseguido, que ya no hay nada por lo que luchar y que ahora sólo toca festejar. Y nos propone un Orgullo que no es más que otro macro evento más, en el que las empresas se publicitan y la gente con estatus, abdominales y dinero va a consumir, con mucho orgullo, eso sí. El capitalismo haciendo el agosto el 28 de junio. Adelantado. Abanderado de la aceptación de la diversidad: acepta efectivo, Visa, MasterCard y American Express.

Por suerte, 50 años después de Stonewall, siguen surgiendo colectivos y espacios coordinados entre identidades diversas, bolleras, trans, maricas. Reclamando memoria histórica, reclamando volver a las raíces de esa noche de disturbios y prenderle fuego a este sistema en el que vivimos, que hace negocio con nuestras identidades y cuando no puede exprimirnos más nos tira a la basura. Frente a su mercantilización, nuestra defensa de un mundo nuevo que queremos y por el que lucharon Sylvia Rivera, Marsha P. Johnson y tantas otras, y que no tiene absolutamente nada que ver ni con el orden, ni con la ley, ni con el dinero, ni con el negocio.

Frente a los gais que dicen que las alborotadoras de Stonewall fueron gente que probablemente no invitaríais a cenar a vuestra casa, las maricas ya hemos puesto platos y sillas de más y estamos esperando a que toquen el timbre.

Porque esto no va solo de con quién follamos. Esto va de las de abajo contra los de arriba.

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"No podemos dejar que el temor a la ultraderecha nos lleve al feminismo liberal"

Nancy Fraser, filósofa política, intelectual y feminista estadounidense, es profesora de la New School for Social Research y una de las impulsoras del denominado Feminismo del 99%. Este viernes aterrizó en Madrid para participar en un ciclo de conferencias organizadas por El Grupo de Estudios Críticos, un proyecto de estudios del Centro Estudios del Museo Reina Sofía, en colaboación con Medialab. En esta entrevista con Público, Fraser desgrana las claves de este movimiento feminista, la necesidad de cambiar el modelo capitalista y los riesgos a los que nos enfrentamos en esta tarea.

¿Qué es el feminismo del 99% y cuáles son los principales ideas?


Es un intento de dar nombre y un conjunto de ideas a un nuevo activismo feminista que se está desarrollando en los últimos años y que creemos que representa una alternativa real al tipo de feminismo que ha sido el predominante, al menos en USA, Reino Unido o Francia y algunos otros países (no estoy muy segura si en España). Hasta hace muy poco en estos países el feminismo liberal ha sido la forma más dominante y se ha centrado principalmente en las preocupaciones de las mujeres de clase media alta o las mujeres del top 10%. Son ellas las que se han beneficiado de este feminismo y han encontrado su camino para prosperar en jerarquía empresarial.
Le han dado al feminismo un mal nombre, diría yo. Porque lo han asociado con el elitismo, el individualismo, el consumismo… La idea de que las feministas son mujeres de carrera que se han hecho a sí mismas. No sé si es totalmente así, pero de esta forma lo entiende la gran mayoría de mujeres de la clase trabajadora. Personas que ven el presente, no como un momento de crecimiento, sino todo lo opuesto: un tiempo en el que las condiciones de vida van en declive, en el que se pierde el trabajo seguro, en el que se reducen salarios. En definitiva, un montón de caos en la vida.


Creo que este feminismo liberal ha perdido su credibilidad. Desde el punto de vista de EEUU, la derrota de Hillary Clinton en las elecciones de 2016 en favor de Donald Trump fue como una alarma para despertarse, porque las cifras indican que un 52% de mujeres blancas votaron por Trump.


Es una estadística sorprendente. Mostró que el feminismo corporativo de Clinton no era un feminismo para todas las mujeres. Ahora tenemos este nuevo tipo de activismo que es anti-austeridad, que defiende los estándares de la vida de una forma más amplia, que se interesa por los derechos de los migrantes, sobre la situación de las mujeres trabajadoras, las de color… Cuando escribimos el manifiesto para el feminismo del 99%, queríamos promover ese nuevo giro del feminismo. Lejos del liberalismo individualista y más cerca de las preocupaciones de la gran mayoría de mujeres, y también de hombres.


Nuestro manifiesto le da un nombre a este movimiento e intenta articular el pensamiento que lo puede convertir en un movimiento radical, genuinamente transformador y antisitémico.


¿Y se puede construir esto dentro de un sistema capitalista o hay que construir un nuevo sistema?


Definitivamente necesitamos un nuevo sistema de algún tipo. El actual sistema de capitalismo liberal financiero está en una crisis aguda y necesita cambios estructurales muy profundos: en nuestra relación con la naturaleza, un cambio en la relación entre producción y reproducción, entre el trabajo asalariado y la vida familiar… un cambio en sistema democrático.
Si este es un cambio que nos llevará más allá del capitalismo está todavía por ver. Tampoco sabemos si existe una forma de capitalismo que pueda responder adecuadamente a esta aguda crisis. Pero no creo que tengamos que responder a esa pregunta ahora. Mi corazonada es que necesitaremos movernos más allá del capitalismo.


Entonces ¿se va construyendo sobre la marcha y no como otras teorías políticas que marcaban un camino?


Creo que es un poco de los dos. A través de nuestras luchas vamos descubriendo cuánto puede o quiere darnos este sistema; si puede o no solucionar nuestros problemas y también descubrimos por el método de práctica y error cuáles son los cambios que necesitamos, cuáles son los que realmente queremos. Es decir, hay un proceso de ignición en el pensamiento que va sucediendo a través del activismo.


Diría que en mi vida he aprendido casi tanto del activismo como lo hice en la enseñanza universitaria formal. Este manifiesto propone algunas ideas como un boceto de lo que una alternativa puede llegar a ser, pero es más con un espíritu de intentémoslo y veamos como resulta. No es un dogma.


¿Cuáles son las principales ideas que contiene?


Una de las principales ideas es que el eje de las desigualdades de género en nuestra sociedad se debe a la separación que hace el capitalismo entre la producción de materias primas por lucro y la reproducción social o la producción de seres humanos. Es decir, La vida familiar y el sector social y la vida comunitaria.


Esa separación no existía antes del capitalismo. Todas estas actividades eran parte del mismo universo social. Cuando el capitalismo introdujo la idea de producción por beneficio en las fábricas, dividió nuestras vidas en estas dos partes y la división está organizada por género: la responsabilidad de las mujeres es trabajar en la esfera social (tanto privadamente sin recibir salario o como profesoras, enfermeras…).


Mientras, los hombres trabajan en las industrias, en el ejército… Esta división, en mi opinión, es la pieza central de la subordinación moderna de las mujeres. Ha habido otras formas pero funcionaban de otra manera. Es una organización en la que el trabajo de producción se paga en dinero y el de reproducción social, que es que realizan las mujeres, no se pagan en su inmensa mayoría. Esto pone a las mujeres en una desventaja estructural en la sociedad.


Simplemente entender esta dicotomía de producción y reproducción, nos propone un largo camino para pensar qué es lo que tiene que cambiar. Tenemos que reintegrar aspectos de la vida que ahora están separados y contrapuestos uno contra otro. No tenemos tiempo de cuidar a nuestra familia, si al mismo tiempo estás realizando un trabajo exigente, un trabajo pagado a tiempo completo, o incluso múltiples trabajos como mucha gente tiene que hacer hoy en día. En Estado Unidos las profesoras cobran muy poco, y muchas de ellas cogen un segundo trabajo en Wallmart por las tardes para ser capaces de ganar lo suficiente para vivir. Esto es tremendo. Cómo puedo, además, realizar los trabajos de reproducción social. Especialmente si los hombres, en una gran mayoría, no hacen la parte que les corresponde del trabajo de cuidados.


¿Cuál es el rol que deberían jugar los hombres?


Los hombres deberían convertirse en feministas también. Este feminismo para el 99% es un movimiento para mejorar la vida de todo el mundo, superando la desigualdad de género, la desigualdad de raza… todas las desigualdades. Pero no es un movimiento contra los hombres. Es un movimiento contra una estructura social, un sistema que crea todas estas desigualdades.


Esta crisis financiera que vivimos ¿es una crisis del sistema, o es el sistema en sí mismo?. La rebaja de salarios, la desinversión en servicios públicos… ¿Es una consecuencia o un plan organizado?


Hemos sufrido una tremenda reorganización del capitalismo en el tránsito de la anterior forma de capitalismo social demócrata, que era menos globalizado y menos financiero y que daba más apoyo estatal a la esfera de la reproducción social. No era un sistema perfecto, en absoluto, pero eso fue transformado en este capitalismo neoliberal y financiero.
En 2007 y 2008 tuvimos casi una fisión nuclear del sistema financiero mundial. Pero la crisis financiera es sólo uno de los cabos de una crisis mucho más amplia, que también incluye una crisis ecológica; una crisis democrática; de migración, y de los cuidados o de la reproducción social, tiene que ver con la desinversión en todas las necesidades sociales y la incorporación de las mujeres en los trabajos pagados a tiempo completo.


Todos estos son los distintos cabos de una sola gran crisis, que podemos llamar una crisis general del capitalismo neoliberal financiero. La crisis lo inunda todo debido al carácter contradictorio e insostenible de este sistema.

¿Y es el feminismo del 99% la respuesta a esta debacle?


El feminismo del 99% está emergiendo como una de las respuestas a esta crisis. Los supremacistas blancos también están respondiendo a esta crisis, los movimientos populistas… Hay una gran abanico de movimientos intentando dar respuestas. Nosotras somos una de las fuerzas que ha saltado en esta situación abierta e incierta y tratar de ofrecer una alternativa


¿Y cuáles son los riesgos?


Los riesgos son que este movimiento del 99% pueda perder contra movimientos de extrema derecha supremacistas y anti-inmigrantes, que son muy desagradables, como Trump en Estados Unidos o Vox aquí en España. El otro riesgo es que nos asustemos tanto de los movimientos ultraconservadores que en lugar de pelear por lo que realmente queremos, nos volvamos hacia el feminismo liberal. Y volver a esa alianza de feminismo y liberalismo no es la solución, porque entraríamos en un círculo vicioso: neoliberalismo, trumpismo, neoliberalismo, un trumpismo peor. Hasta que realmente lleguemos a un fascismo, del que aún estamos lejos.


Es necesaria una ruptura en el ciclo. Pero no podemos volver a las trincheras, a defender lo que tenemos o intentar no perder lo que ganamos, porque seguiremos en ese ciclo vicioso.


En España tenemos a partidos de derechas promoviendo un feminismo liberal que incluye la regulación de la prostitución y los vientres de alquiler entre sus postulados. Supongo que es a esto a lo que se refiera cuando dice no volver al neoliberalismo.


La gente está entendiblemente asustada de estas derechas extremas y pueden cometer el error de pensar que no pueden defender lo que creen, sino que toca defender el statu quo. Y es un error en mi opinión, porque defender el statu quo es lo que ha generado estos estos movimientos de extrema derecha.


Usted ha sido muy crítica con lo que denomina feminismo domesticado o de la élite. En España, Ana Patricia Botín, la presidenta del mayor banco se declaró feminista no hace mucho.¿Puede ayudar esto de alguna forma a la igualdad?


No la conozco, pero imagino nombres como Sheryl Sandberg, (directora ejecutiva de Facebook), Christine Lagard (directora gerente del FMI) o Hillary Clinton. Estas son tres caras, y probablemente la que me menciona encaja en este modelo. A ellas me refiero cuando afirmo que dan al feminismo un mal nombre. Si la gente llega a pensar que eso es feminismo, van a concluir que este movimiento no puede hacer nada por ellos y que porqué deberían apoyarlo si hace cosas que les hacen daño.


Este tipo de feminismo, lo que realmente hace, es lo que en el manifiesto llamamos: la dominación de la igualdad de oportunidades. Que cree que la clase dominante que gobierna, debe tener igualdad entre hombres y mujeres. Es decir, que la gente que arruina la vida de muchas personas no sólo deben ser hombres, sino también mujeres. Es una aspiración absurda.

Muchos partidos conservadores se han subido al carro del feminismo, aunque no quieren usar la palabra feminismo. Dicen que luchan por la igualdad. ¿Necesitamos redefinir el concepto de igualdad?


Totalmente. Creo que la mayoría a lo que se llama igualdad es, en realidad, meritocracia. Entienden el problema de la discriminación como una infrarreprosentación de las mujeres en la cima y que es necesario eliminar esa desigualdad para que las mujeres puedan subir de acuerdo a su talento, en relación a sus méritos. Esto deja totalmente intacta la estructura jerárquica y no puede beneficiar al 99% de las mujeres. Sólo beneficia al 1%, o pongamos que al top 10%. Es decir a la clase directiva profesional.


Estas mujeres pueden tener éxito en lo que hacen sólo porque contratan con sueldos muy bajos y en trabajos muy precarios a mujeres migrantes pobres de otras razas para limpiar sus casas, cuidar a sus hijos o atender a sus padres ancianos en residencias de la tercera edad. En otras palabras: hay una relación directa entre esta noción de igualdad y el incremento de la desigualdad. Es una idea de igualdad de clase que dice que las mujeres deben ser iguales a los hombres de su misma clase y al diablo con todas las demás. Definitivamente el feminismo liberal hace necesario redefinir una nueva idea de igualdad.

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Una cita de J. R. Tolkien: "Incluso la persona más pequeña puede cambiar el curso del futuro" en la marcha de mujeres sobre Washington de 2017

Destacadas feministas de todo el mundo se unen en un manifiesto para convocar encuentros y asambleas transnacionales

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Por tercer año consecutivo, la nueva ola feminista transnacional convoca a un día de movilización global para el 8 de marzo: huelgas “legales” en el trabajo asalariado –como las cinco millones de huelguistas del 8M de 2018 en España– y miles más el mismo año en Argentina e Italia; huelgas “salvajes” de las mujeres sin derechos laborales ni protección social; huelgas del cuidado y del trabajo no remunerado; huelgas estudiantiles, pero también boicots, marchas, y bloqueo de calles. Por tercer año consecutivo, mujeres y personas queer en todo el planeta se movilizan contra los feminicidios y contra todas las formas de violencia de género, por la autodeterminación de los cuerpos y por el acceso al aborto seguro y gratuito, por iguales salarios para iguales trabajos, por sexualidades libres, pero también contra los muros y las fronteras, el encarcelamiento en masa, el racismo, la islamofobia y el antisemitismo, el despojo de las comunidades indígenas y la destrucción de los ecosistemas y el cambio climático. Por tercer año consecutivo, el movimiento feminista nos da esperanza y una visión de un futuro mejor en un mundo que se desmorona. El nuevo movimiento feminista transnacional es impulsado desde el Sur, no solo en un sentido geográfico sino en un sentido político, y se nutre de cada territorio en conflicto. Esta es la razón por la cual es anticolonial, antiracista y anticapitalista.


Vivimos un momento de crisis general. Esta crisis no es solo económica; es también política y ecológica. Lo que nos jugamos en esta crisis es nuestro futuro y nuestras vidas. Las fuerzas políticas reaccionarias están creciendo y se presentan a sí mismas como la solución de la crisis. Desde Estados Unidos a Argentina, de Brasil a India, Italia y Polonia, los gobiernos de extrema derecha y los partidos políticos construyen muros y vallas en las fronteras, atacan libertades y derechos LGBTQ+, niegan a las mujeres autonomía sobre sus cuerpos y promueven la cultura de la violación, todo en nombre de un retorno a los “valores tradicionales” y con la promesa de proteger los intereses de las familias de los sectores dominantes. Su respuesta a la crisis neoliberal no es abordar la raíz de sus causas, sino apuntar contra las más oprimidas y explotadas de entre nosotras.


La nueva ola feminista es la primera línea de defensa frente al ascenso de la extrema derecha. Hoy, las mujeres están liderando la resistencia a los gobiernos reaccionarios en varios países.


En septiembre de 2018, el movimiento “Ele Não” reunió a millones de mujeres que se levantaron contra la candidatura de Jair Bolsonaro, quien se ha convertido en todo el mundo en el símbolo de los planes de la ultra derecha para la humanidad y en el catalizador de las fuerzas reaccionarias en América Latina. Las protestas se dieron en más de trescientas ciudades de Brasil y en todo el mundo. Hoy Bolsonaro está librando una guerra contra los pobres, mujeres, personas LGBTQ+ y las comunidades negras. Ha promulgado una reforma de la seguridad social draconiana y relajado las leyes de control de armas. Los feminicidios están disparándose en un país que ya en 2018 tuvo uno de los índices más altos del mundo, y donde el 70% de las mujeres asesinadas eran negras. En 2019 ya se han producido 126 feminicidios. El movimiento feminista en Brasil está respondiendo a estos ataques y se prepara para movilizar el 8M y el 14M, en el aniversario del asesinato político de Marielle Franco, mientras circula la información de los fuertes lazos entre los hijos de Bolsonaro y uno de los integrantes de la milicia responsable del asesinato.


De modo similar, “Non Una di Meno” en Italia es hoy el único movimiento organizado confrontando con las políticas misóginas y antimigrantes del gobierno derechista de la Liga y Cinco Estrellas. En Argentina, es también el movimiento feminista el que lidera la resistencia contra las políticas neoliberales del Gobierno de Macri. Y en Chile, el movimiento feminista está peleando contra la criminalización de las luchas indígenas y el sexismo sistemático de un sistema educativo carísimo.


El movimiento feminista está también redescubriendo el significado de la solidaridad internacional y la iniciativa transnacional. En los últimos meses, el movimiento feminista argentino usó el evocativo nombre de “Internacional Feminista” para referirse a las prácticas de solidaridad internacional reinventadas por la nueva ola feminista, y en varios países, como Italia, el movimiento está discutiendo la necesidad de encuentros transnacionales para coordinarse mejor, compartir miradas, análisis y experiencias.


Frente a una crisis global de dimensiones históricas, las mujeres y las personas LGBTQ+ nos estamos levantando con el reto de articular una respuesta global. Después del próximo 8 de marzo, ha llegado el momento de que el movimiento vaya un paso más allá y pase a convocar encuentros y asambleas transnacionales: para convertirnos en el freno de emergencia capaz de parar el tren capitalista que corre desbocado, conduciendo a la humanidad y al planeta en que vivimos hacia la barbarie.

Firmas: Justa Montero / Monica Benicio / Kavita Krishnan / Y 20 FIRMAS MÁS

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Sábado, 22 Diciembre 2018 07:30

El paseíto

El paseíto

En un texto oscuro, entretejido como un bosque, más cercano a la prosa poética que a lo narrativo, Clarice Lispector describió el miedo de las mujeres. “A favor del miedo”, se llama, y fue escrito en l967. No es un texto a favor del miedo en general, sino el que nos hace percibir a las mujeres una amenaza. Es el miedo el que nos hizo astutas. No habla tampoco del miedo en general, sino del miedo a los hombres. “Estoy segura de que en la Edad de Piedra fui sin duda maltratada por el amor de algún hombre. De ese tiempo data cierto pavor que es secreto”.

 

Es un texto de género, porque no habla de ella, y sesentista, es decir recién nacido a la conciencia feminista ampliada aunque no masiva. Habla, como recién decía, sobre un miedo particular que se parece al pavor y que es secreto. Ese es el grito que se escucha hoy. Suena fuerte porque rompe el secreto. El núcleo del texto permite inferir que ese maltrato termina en femicidio.


“Cierta noche cálida, estaba conversando cortésmente con un caballero que era civilizado, de traje oscuro y uñas prolijas. Estaba a la sombra y comiendo unas frutas frescas. Y he aquí que el hombre dice: ´¿Vamos a dar un paseo’´? No. Voy a decir la verdad. Lo que él dijo fue ´paseíto´ (...) ¿Quién, en la Edad de Piedra, me llevó a un paseíto del que nunca volví porque me quedé viviendo allá?”.


En el texto Lispector imbrica la palabra “paseíto”, la invitación al “paseíto”, con la muerte. Es que siempre, desde la Edad de Piedra que metaforiza ella, millones de hombres han invitado a millones de niñas y mujeres a dar un “paseíto” y era esa forma diminutiva, desdramatizadora, seductora, la que daba indicios de que esos hombres tenían en sus mentes o en sus cuerpos la intensión de hacer algo en ese “paseíto”, algo atroz con esa mujer que estaba tranquila y comiendo frutas frescas cuando la conocieron.


Traigo ese hermoso texto aquí porque, efectivamente, la lluvia torrencial de denuncias sobre violaciones, abusos y malos tratos que hacen mujeres conocidas y mujeres anónimas en un crescendo que esta vez tuvo como nuevo punto de partida la denuncia de Thelma Fardin, expresa entre otras cosas el hartazgo existencial de la mitad del mundo, que somos las mujeres. Estamos hartas del pavor. Todas. Pero las que han liberado sus gargantas son las mujeres jóvenes y las adolescentes, han sido ellas las que fueron adelante con su defensa del deseo. Y fue posible, y ésa fue la palanca que puso todo a andar, gracias, como lúcidamente dijo Rita Segato hace unos días en una entrevista que Mariana Carbajal le hizo para este diario, gracias que el príncipe valiente fueron otras mujeres.


Cuando niñas, adolescentes y mujeres dicen que se quieren sacar de encima el miedo, cuando pelean para ir vestidas como se les antoje, cuando insisten en que no quieren ser piropeadas, cuando estallan en los colectivos, los trenes, los subtes si algún degenerado las manosea o se masturba, cuando gritan que son fuertes y están juntas, en un mismo movimiento están denunciando el pavor en el que vivieron sus madres, sus abuelas, sus bisabuelas y todo su linaje, desde el principio de los tiempos, pero porque lo que quieren es desear. Ser libres del miedo para poder desear. Porque de eso hemos sido privadas por un sistema que si deseamos nos castiga.


Muchos varones que no son ni abusadores ni maltratadores se sienten molestos con las denuncias. Como si en el imaginario simbólico masculino latiera todavía el vago recuerdo de ese hombre que invitó a la niña a dar un “paseíto”. Es que a todos les ha llegado, desde la misma Edad de Piedra de la que habla Lispector, un mandato. Muchos se han rebelado y lo han roto, pero el sistema sigue funcionando con “paseítos”, es decir: con la atracción devenida y malograda y convertida en degradación. Cómo ser un hombre y qué es un hombre, incluía en una de sus páginas la posibilidad de ese tipo de invitación. Los hombres tienen pendientes sus propias luchas para sacarse de encima esas órdenes culturales que los obligan a demostrar todo el tiempo su potencia. Tienen que reflexionar cuándo y por qué se sienten hombres, eliminando esa violencia intrínseca de la cultura que ofrece resistencia. Tienen pendientes también su derecho a la dulzura y a la bondad, su derecho a no competir toda la vida con otros hombres para medir sus muestras de virilidad, vigor y éxito.


En la década del 60, cuando Lispector escribió ese texto, comenzaba a virar la idea de los atributos femeninos. Surgieron muchas psicoanalistas notables que discutieron a Freud, sobre todo su idea de la envidia del pene (del falo, que en realidad nunca fue el pene) como si el falo fuera el centro de un deseo no sólo masculino y las mujeres careciéramos de nuestras propias referencias corporales para instalar nuestra idea del placer.


La palabra “fálica” enchastraba el significado de lo que deseábamos. Queríamos el acceso al poder. Queríamos dejar de ser las niñas expuestas a la invitación al “paseíto” para entrar y salir y viajar y caminar tranquilas y sin miedo de parecerle indefensa y deseable a cualquiera que pasara, porque no era extraordinario sino frecuente que lo masculino se volviera amenazante. Hoy ese deseo de las mujeres está abierto y es la fuente en la que meten las patas las que se niegan terminantemente a seguir aceptando que por ser mujeres nosotras o nuestras hijas o las demás corremos el riesgo de no regresar a casa. Ese deseo no se agota en que dejen de abusar y violar mujeres, ni a que dejen de matarlas como a moscas. Es un deseo que recién podrá desplegarse y florecer cuando nuestras vidas dejen de estar interferidas por la violencia que otras generaciones de mujeres también aceptaron como “lo normal”, y podamos darle rienda suelta a lo que el patriarcado dejó obstruido y penalizado.


Esta desnaturalización global y vertiginosa de la violencia sobre los cuerpos y las psiquis de las mujeres hace temblar una estantería que está en pie desde hace siglos, porque el patriarcado ha sido, en todas las épocas y en todas las culturas, la primera cruzada colonizadora de la humanidad. Es tan antigua la dominación, es tan interna, que la Edad de Piedra de Lispector sirve de referencia. “Quien tiene razón es este corazón mío indirecto, aunque los hechos inmediatamente me desmientan. Paseíto suena a muerte segura, y la cara espantada está con un ojo sin brillo que mira a la luna llena de sí”.

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Día internacional de la no violencia contra las mujeres

El 25 de noviembre es una fecha histórica para nosotras, nos reúne en motivo de conmemoración por el asesinato de las hermanas Mirabal en República Dominicana, en el marco de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo el 25 de noviembre de 1960.

Esta convocatoria fue iniciada por el movimiento feminista en 1981 en Bogotá-Colombia, producto del Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe- EFLAC-, en conmemoración a las hermanas Mirabal y su resistencia política. El día internacional de la eliminación de la violencia contra las mujeres y las niñas o el día de la no violencia, se conmemora anualmente con el fin de denunciar y visibilizar las violencias que se sufren contra las mujeres y las niñas a nivel mundial.

Ya para el año 1993, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la declaración sobre la eliminación de las violencias hacia las mujeres, argumentando que estas múltiples violencias son consecuencia de la discriminación, tanto por la desprotección del Estado, como por la instauración histórica del patriarcado, siendo una pandemia global, dado que hasta el 70% de las mujeres sufren violencia alguna vez en su vida.

En Colombia más de 400 casos de violencias contra las mujeres han sido reportados en lo que va corrido del año, según medicina legal. Diariamente se viven diversas formas de violencia que se encuentran naturalizadas, inmersas en nuestra cultura y cuestan la vida de mujeres y niñas. En el Municipio de Suacha, como en todo el mundo, el machismo se expresa mediante el acoso y hostigamiento en la calle, en el transporte público y otros escenarios; en la pérdida de autonomía y capacidad de decisión sobre nuestros propios cuerpos; en la violencia en el hogar; en las desigualdades en el ámbito laboral; en la violencia sexual, física, psicológica y económica, que a diario y a cualquier hora atropellan la dignidad de las mujeres. Otra de las violencias hacia cualquier expresión femenina es la ejercida contra la Madre Tierra ella es una gran víctima, esta violencia se expresa en el saqueo y el irrespeto manifestado en contra de todas las formas de vida. Todo ello, sin duda es evidencia de un sistema capitalista que en su naturaleza es machista-patriacal, racista y explotador.

En consecuencia y a modo de resistir, a diario las mujeres tomamos conciencia y esta conmemoración responde a la necesidad de visibilizar esas múltiples violencias por las que, sometidas, deben vivir las niñas hasta la edad adulta. El machismo y los micromachismos son debemos considerarlos una vulneración a los derechos humanos y un problema estructural de la sociedad que persiste en mantener la subordinación de la mujer desde diferentes ámbitos, como el doméstico, el sexual, el ámbito económico, político y de relacionamiento social.

Por ello, el 25 de noviembre nos reunimos millones de mujeres en el mundo, nos encontramos en actos culturales y manifestaciones en la calle. En Suacha, el Movimiento Feminista del Municipio de Suacha, las organizaciones de mujeres, las organizaciones antipatriarcales, decoloniales y anticapitalistas nos reunimos, convocamos en el Centro Comercial Mercurio y marchamos con dignidad hacia el centro de Suacha para reivindicar las luchas de las mujeres suachunas, exigir la no violencia y protestar contra los asesinatos de líderes y lideresas sociales asesinados, para decir NO MÁS VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES Y LAS NIÑAS, y como es “de esperar” cuando la mujer se libera y denuncia, una vez más en la calle fuimos violentadas por uno y otro comentario machista, contra nuestra movilización, sin embargo nuestra dignidad puede más.

A continuación una expresión de amor y libertad:

 

A MIS MUJERES por INGRID YULIETH HERRÁN

Que la lluvia caiga...fuerte, estruendosa y fría...
Que el fuego caliente nuestras manos y nos invite a sonreír...
Que la magia de las velas encienda nuestro fuego interior...
Que nuestras aguas fluyan y limpien nuestro ser...
Que el humo del sahumerio nos envuelva con su poder...
Que el espíritu del amor toque nuestras células más pequeñas...
Que nuestras voces canten el pensamiento interno....
Que nuestra palabra sea linda y amorosa..
Que nuestro corazón resplandezca de energía femenina...
Que las miradas reflejen ternura y dulzura de mujer...
Que el pasado sea perdonado y liberado...
Que el presente sea nuestra razón de vida...
Que el espíritu dance en senderos de alegría...
Que las lágrimas y el dolor sean sanados y curados...
Que nuestro útero divino sea bendito y purificado...
Que nuestra sexualidad sagrada sea comprendida...
Que nuestro linaje sea envuelto en luz divina...
Que la mujer que habita en mi abandone temores...
Que la paz interior brille como un diamante en nuestro ser...
Que nuestro espíritu se abrace en cualquier rincón mundial...
Que las piedras nos enseñen su fortaleza...
Que las plantas nos abracen con su sabiduría...
Que la tierra nos reciba nuestra lunita bendita...
Que las estrellas guíen nuestro andar...y...
Que nuestro amor permanezca vivo en hermandad

Hoy y siempre guerreras de útero valiente!

 

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“Lo personal fue transformado, pero no lo político”

La destacada investigadora feminista Rita Segato ha propuesto una nueva mirada teórica para entender la violencia contra las mujeres desde una perspectiva multidisciplinaria que combina los estudios de género y decoloniales, así como la antropología. Gracias al Fondo Cátedras para Profesores Visitantes de Posgrado 2018, llegó a la PUCP a realizar diversas actividades.

 

¿Cuáles son los vínculos entre esta fase apocalíptica del capitalismo, que usted propone, y la violencia creciente contra las mujeres?

Este brote feminicida en nuestros países es un síntoma de la época. Por un lado, todas estas medidas que hemos conseguido que los Estados consideren para frenar el feminicidio y los crímenes de género no han sido eficaces: estas formas de violencia continúan ocurriendo, además están en aumento. Por otro lado, la concentración de la riqueza ha llegado a tal extremo que debemos empezar a hablar de un mundo de dueños y que provoca inevitablemente la falencia institucional. Hoy hay una hipertrofia de esta ‘dueñidad’, que precariza la vida de mucha gente. Y, en el caso de los hombres, vulnera lo que tienen que mostrar al mundo, específicamente a los ojos de otros hombres, como su potencia y carácter de dominio sobre los territorios que considera suyos (su casa, su mujer, su familia). La respuesta a esa vulneración es la violencia masculina. Para expresar su masculinidad, a muchos hombres hoy solo les queda la violencia y en su forma extrema.

Lo que usted dice se puede ver en Perú. En Madre de Dios, hay mucha explotación minera, sobre todo ilegal, y trata de personas.¿Por qué los lugares de explotación minera, de hidrocarburos o de grandes obras están acompañados siempre por la instalación de burdeles y trata?

La explicación del sentido común es que ahí hay muchos hombres solos, que necesitan remedios para su libido desatada. Yo no creo mucho en esto. Porque la prostitución no se puede comprender fuera del negocio de los dueños, tiene una dimensión económica. Pero no solo eso, el prostíbulo es una de las grandes escuelas, entre comillas, donde se ejerce la ‘pedagogía de la crueldad’ y donde el sujeto masculino se deshumaniza al deshumanizar a las mujeres como objetos consumibles. Hay un doble efecto. Y ese consumidor deshumanizado es la mano de obra que hoy las grandes empresas necesitan.

Usted dice que esta precarización, fruto del capitalismo, empuja a estos hombres a ser más violentos. ¿Podríamos decir que es a raíz de la colonialidad que estamos como estamos?

Mis análisis y resultados me llevan a decir que es imposible pensar en sociedades humanas sin algún nivel de asimetría patriarcal. Pero el patriarcado precolonial, o en medios comunales, es muy distinto al que hoy conocemos, moderno y poscolonial.Y como Aníbal Quijano, a quien considero mi maestro y el sociólogo más importante del mundo en el último cuarto del siglo pasado, pienso que la colonialidad establece un nuevo patrón de trabajo y de relaciones sociales, que funda nuestras ideas sobre progreso, desarrollo, modernidad, capital y subsiste hasta ahora. En esta época, se ha ido agravando y ha entrado en una de sus fases más destructivas.

Por un lado, se alcanzó el voto universal, y hoy se lucha por paridad y alternancia; por otro lado, las cifras de agresiones sexuales y feminicidios aumentan. ¿Qué piensa de estas políticas de igualdad dentro del sistema dominante?

Creo que la lucha es en todos los frentes. No es que debamos abandonar el campo estatal. Hasta ahora no hemos visto muchos frutos de esa tendencia del feminismo que pretende ocupar espacios de poder, pero no es para que desaparezca. Pensamos que entramos al Estado y lo capturamos, pero acaba capturándonos y nos masculiniza. Impone su patrón político. En los 60 y 70, dijimos que lo personal es político y transformamos completamente lo personal. Las mujeres intentamos, con mucha imaginación, transformar nuestros afectos, nuestra sexualidad, nos profesionalizamos, es decir nos transformamos a nosotras. Lo personal fue transformado, pero no lo político. Y creo que esa es la principal característica de nuestro tiempo: ahora comienza la transformación de lo político. ¿Es suficiente entrar al Estado?

Por Suny Sime
Punto.edu

 

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