Se mantiene acoso y hostigamiento sexual en la UACM

Encierran a un grupo de alumnas por denunciar a un profesor

Eliminan el Seminario Permanente de Feminismo

 

En la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) se mantiene un estado de acoso y hostigamiento sexual a maestras y alumnas. Desaparecieron el Seminario Permanente de Feminismo y encerraron a estudiantes y una académica por señalar a un profesor acosador.

Las afectadas denunciaron que el pasado 28 de agosto fueron retenidas por más de dos horas y media en el plantel del Valle de la (UACM), por sus compañeros, quienes las acusan de realizar falsas imputaciones en contra el profesor Eduardo Correa por acoso sexual.

En un documento de protesta pública, las alumnas retenidas dijeron que no sólo no pudieron tomar clases, sino que es evidente que no cuentan con mecanismos de protección por violencia de género en la institución, de ahí que exigieron la intervención de las autoridades de la UACM y a la Comisión de Derechos Humanos de la CDMX, para resguardar sus derechos.

La denuncia contra Correa se realizó desde el pasado mes de abril, sin embargo, el profesor sigue dando clases regularmente, mientras que las autoridades propusieron a las alumnas y a la profesora tomar clases del posgrado en las instalaciones de la rectoría, ubicadas en la calle Dr. García Diego 168, colonia Doctores.

Las alumnas señalaron estar sorprendidas por la respuesta de las autoridades y por la actuación de sus compañeros, quienes la encerraron, por lo que exigieron a la institución poner fin a la violencia de género que viven por acoso, hostigamiento y discriminación, así como sanciones a los responsables de la intimidación de la que fueron objeto.

Al encerrarlas, hace unos días, los estudiantes gritaban que eran falsas las acusaciones contra el maestro Eduardo Correa, también pidieron que se despidiera a la maestra, y colocaron una manta en las instalaciones del plantel, además de repartir panfletos.

Por lo que exigieron a las autoridades que se investiguen los hechos. Además de pedir una explicación a las reuniones que sostenían los alumnos que las agredieron con integrantes del Observatorio de Derechos Humanos de los Pueblos Indígenas, de lo cual algunos profesores del posgrado tenían conocimiento del caso.

 

Violencia de Género en la UACM

 

De acuerdo con las estudiantes, la respuesta de las autoridades ha sido lenta, pese a que esta no es la primera vez que piden su intervención frente a este tipo de agresiones por parte de algunos profesores de la Academia de Derechos Humanos y alumnado.

Consideran las estudiantes agredidas que es más fácil sacar a cuatro estudiantes y a su profesora que desarticular a un grupo de académicos misóginos y a un acosador.

También dijeron que se les prohíbe utilizar «teoría de género» en sus escritos, porque están en desacuerdo con ella. Por lo que cancelaron el Seminario Permanente de Feminismo.

No es la primera vez que la institución se ve envuelta en asuntos de violencia de género, en abril del 2014 despidieron al profesor Enrique González Ruiz, acusado de acoso y hostigamiento sexual, y las profesoras que denunciaron en aquella ocasión, fueron re victimizadas, posteriormente.

 

SEM/em/sj

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Marchas del orgullo Lgbt:  ¿Movimiento por la transformación social o mercadeo capitalista?

El 28 de julio se celebraron 50 años de los disturbios de Stonewall, hito del movimiento Lgbt; movilizaciones y actos se realizaron por todo el mundo, sin embargo, el mercado y el consumo parecen volverse los principales actores de esta icónica fecha. 

 

Aunque la marcha del orgullo Lgbt se da en honor y memoria a los Disturbios de Stonewall en 1969, y sirve como una oportunidad para denunciar las violencias que vivimos por habitar nuestras sexualidades y corporalidades que se salen de las normas de la heterosexualidad obligatoria y del patriarcado, en los últimos años este evento se ha convertido en una fiesta para promover el modelo de consumo del capitalismo gay que impone esa identidad como privilegio para mujeres y hombres blancos de clase media-alta negando las luchas de las disidencias sexuales y de género que hemos sido empobrecidas y racializadas y que enfrentamos realidades de violencia en medio de esta sociedad machista. Esos discursos de un estado incluyente y diverso; y de unas empresas con productos arcoíris son una farsa, una pantalla de humo encaminada a hacernos un nicho de mercado y no a reconocer realmente ni nuestras sexualidades y corporalidades disidentes, ni mucho menos nuestras luchas ante las violencias.

 

Stonewall: mito fundacional de una revolución

 

El 28 de junio de 1969 se llevaron a cabo disturbios en la ciudad de Nueva York por parte de personas trans, travestis, lesbianas machorras, marikas afeminados, prostitutxs, personas racializadas y empobrecidas que se encontraban en un bar llamado Stonewall Inn al que llegó la policía a realizar una redada que representaba una rutina de agresiones a las personas por lo que, según cuenta la leyenda, una lesbiana vestida de hombre respondió a los maltratos de la policía con un golpe, razón por la cual fue detenida e ingresada en la patrulla. Las demás personas se enfrentaron a la policía para sacarla de la patrulla, lo que desencadenó una confrontación física con los policías que terminó con toma de calles y barricadas durante varios días. 

Los disturbios de Stonewall representaron una posibilidad de defenderse ante la violencia de una sociedad que castigaba cualquier desviación de las normas heteropatriarcales, asi como hoy, en ese entonces eran rechazades por sus familias lo que ocasionaba situaciones de empobrecimiento, habitabilidad de calle, consumo de drogas y alcohol, prostitución, deserción escolar, pocas posibilidades educativas y laborales, etc. Por lo tanto, esos disturbios catalizaron la rabia acumulada ante las múltiples violencias que vivimos como personas que nos salimos del binarismo de género y la heterosexualidad obligatoria patriarcal.

Es a partir de este hito histórico que se empieza a conmemorar cada año y en muchos lugares del mundo la vida y la memoria de las marikas, de las travestis y de las machorras que hemos resistido ante las distintas violencias que desata el heteropatriarcado capitalista sobre nuestras existencias, y que han tratado de aniquilar nuestro derecho a vivir con dignidad y libertad. Los disturbios de Stonewall empezaron a trazar el camino que como disidencias sexuales y de género debemos seguir recorriendo, uno en el que la confrontación directa contra todos los sistemas de opresión sea el principio de nuestra revolución; sin embargo, no es esa la línea que han tomado las movilizaciones que hasta hoy día siguen realizándose, sino que se han catapultado, soportado y fortalecido los discursos capitalistas y militaristas por permitir el acceso de las empresas, marcas y policías a nuestras manifestaciones, vendiendo nuestra imagen como un producto en el que maquillan sus dispositivos de explotación y violencia con una falsa inclusión de todes nosotres.

 

Orgullo Lgbt como antimilitarismo, no como consumismo

 

En Stonewall enfrentó al poder de las armas y al poder de la ley que encarcelaba y castigaba nuestras identidades y sexualidades consideradas anormales. De esta forma se materializan luchas ante la represión y violencia de la heterosexualidad y el patriarcado expresada en las fuerzas armadas del estado y que desde entonces han aflorado en muchos lugares del mundo. 

En este 2019 se cumplen 50 años de los disturbios y aunque las condiciones se hayan transformado en este tiempo es necesario reconocer que la persecución policial continua y la violencia heterosexual en espacios familiares, educativos y laborales continua; por ejemplo para las mujeres trans en las calles al ejercer la prostitución o a los marikas cuando se nos requisa con violencia y se nos imparten comparendos por darnos un beso; las familias siguen rechazando a sus hijes Lgbt y siguen existiendo barreras de acceso a espacios de educación y trabajo. Son situaciones que ocurren frecuentemente en Bogotá, pese a que existe una Política Pública para sectores Lgbt desde hace más de 10 años; sin embargo, las realidades en las regiones pueden ser más violentas, además por la presencia de actores armados por los que por ejemplo bajo el control paramilitar hay que obedecer una moral heterosexual impuesta mediante el miedo, la muerte, la desaparición o el desplazamiento; o porque son experiencias de vida consideradas anormales, indecentes, mal vistas, desviadas, incorrectas o enfermas, los cuales son prejuicios que continuamos enfrentando.

De manera que la revuelta que surgió como una lucha antimilitarista y aunque la represión continua, el capitalismo global ha logrado apropiarse de ella durante el mes de junio de cada año en el que las empresas usan los colores del arcoíris para venderse como incluyentes con la intención de ganar más consumidores. Una marcha que debería ser usada por el movimiento social para seguir denunciando y creando alternativas de organización ante las violencias ha sido apropiada como una vitrina y feria empresarial llena de productos. Es lo que se conoce como capitalismo gay que vende una identidad vaciada de toda lucha y resistencia política, pero con capacidad de consumo en un nuevo nicho de mercado para hombres gays blancos y de clase media-alta con dinero para gastar en viajes gays, ropa gay, fiestas gays, etc. Deja de ser una manifestación política para convertirse en una fiesta costosa que oculta las realidades de quienes no habitan ese privilegio de clase.

 

Patriarcado dentro del movimiento Lgbt

 

Un fenómeno que es evidente dentro del conglomerado “Lgbt” y que se hace violentamente obvio en la marcha anual es la reproducción de violencia patriarcal que ejercen los hombres gays hacia los cuerpos y las experiencias de vida feminizadas, es decir hacia las maricas, las travestis, las lesbianas, las no binarias y demás. Estas violencias consisten en los esfuerzos que hacen estos hombres para mantener sus privilegios en los pocos espacios que existen para personas no heterosexuales y no binarias. Podemos enunciar varios ejemplos, como el hecho que en las marchas las apuestas de las organizaciones trans o feministas han sido reprimidas por la organización de gays privilegiados; o cuando la mayoría de bares, saunas y discotecas, dirigidos a población “Lgbt” solo sean para hombres gays; gays que a pesar de su orientación sexual o expresión de genero quieren mantener su imagen, comportamiento y privilegios de machos alejándose lo más que se pueda de lo que se considera femenino. Y lo gay se ha transformado en esa aspiración clasista hacia la blanquitud, la buena moral y el buen comportamiento heteronormado en la que se es un gay respetado si se tiene capacidad adquisitiva para consumir en el mercado de lo gay siendo musculoso, masculino y exitoso.

Por lo tanto, las movilizaciones que se vienen realizando para visibilizar y denunciar las violencias que vivimos marikas, lesbianas, personas trans deberían reconocer el patriarcado como origen de las violencias que vivimos y nuestro horizonte de lucha debe ser su destrucción; sin embargo, evidenciamos que el machismo también impera en los sectores Lgbt promoviendo la violencia hacia personas trans o marikas afeminados.

 

La lucha revolucionaria en las movilizaciones del llamado orgullo

 

Es necesario cuestionar que la conmemoración anual de los disturbios de Stonewall sea una oportunidad para que las empresas y marcas tanto locales como multinacionales utilicen nuestras disidencias sexuales y de género para volvernos un producto, un nicho de mercado, para convertirnos en consumidores de su basura con la desesperada estrategia de mercadeo pintada de arcoiris. Combatiremos la mercantilización de nuestras luchas cada año, estando presentes en las marchas con acciones directas, porque no permitiremos que el capitalismo devore también el único espacio de manifestación y visibilización que las marikas y travestis a nivel mundial nos hemos ganado. Porque es vital recordar que todo comenzó debido a que nos cansamos de soportar las violencias que el heteropatriarcado ejerce sobre nosotres con sus dispositivos de control como la policía. 

Porque no van a esconder nuestras muertes y nuestros dolores detrás de una bandera arcoíris llena de una hipócrita celebración, pero vacía de memoria y compromiso. Y no es que no nos guste celebrar nuestras vidas, solo hemos reconocido que para poder celebrarla tenemos que organizarnos y luchar para que realmente sean dignas, pero sobre todo para que en primer lugar no nos las arrebate el paramilitar en nombre de su dios y de su patria, o el policía defendiendo los intereses del estado, o el machito que nos prometió amor, pero luego nos asesina. Solo podremos celebrar la vida deliciosamente y estar orgullosas de ello cuando dejen de quitárnosla a todas, a las marginadas, a las empobrecidas, a las periféricas, a las putas, a las rechazadas, a las rebeldes, a todas.

Por esto nos parece imprescindible llenar de incomodidad y de rabia las marchas de “orgullo Lgbt”. Porque no queremos que el estado nos reconozca derechos de papel, queremos abolir toda forma de dominación, queremos que el heteropatriarcado nos deje de matar, queremos que el capitalismo nos deje de empobrecer, queremos que el colonialismo nos deje de racializar, queremos bienestar para todos los seres con los que compartimos este planeta y por eso articulamos nuestro feminismo a apuestas anticapitalistas, decoloniales y antiespecistas. 

Es por eso que cada año hacemos un llamado a realizar marchas diferentes que se salgan del libreto del capitalismo gay que también se convierte en un desfile hecho para aplaudir al estado por leyes de papel incluyentes que poco mejoran las vidas de las personas Lgbt más empobrecidas y racializadas. Le hemos apostado a promover espacios para recordar y hacer memoria de lucha y resistencia que hay en los disturbios de Stonewall y que son poco conocidos. Las primeras marchas se denominaron marchas por la liberación, luego con discursos más capitalistas se fue imponiendo la idea del orgullo en todo el mundo por lo que hemos denunciado que más que orgullo debemos seguir luchando por nuestra liberación de las violencias heteropatriarcales, salir a las marchas debe ser una oportunidad para encontrarnos, salir del aislamiento y reconocer que somos miles escondides en esta ciudad machista. 

Es una crítica que hacen en varios lugares: incluso en Nueva York que este año organizaron una marcha por la liberación queer que salió un poco antes de la marcha del pride oficial o en España que llevan varios años organizando la marcha del orgullo critico no el domingo sino exactamente cada 28 de junio para movilizar realmente las luchas feministas, antirracistas, antiimperialistas, veganas del movimiento transmarikabollo de allá. 

Seguiremos marchando pero también luchando el resto de días del año para celebrar que hemos sobrevivido, que seguimos enfrentando las opresiones de un mundo que se empeña en destruirnos, que hay mucho por transformar en nuestras sociedades para que no haya más violencias en los colegios que desemboquen en suicidios como el de Sergio Urrego Reyes, para que las personas empobrecidas no sigan aguantando hambre y tengamos una soberanía alimentaria, para que no maten a personas trans y marikas en las calles, para que tengamos la posibilidad de acceder a las universidades, para que no nos sigan negando el acceso a trabajos bien remunerados o que no nos sigan despidiendo de ellos por no aparentar ser suficientemente heterosexuales. Seguiremos marchando porque hay que continuar luchando contra la violencia heterosexual y patriarcal que vivimos en nuestros cuerpos y nuestros territorios. Nos están matando y nosotres seguimos creando organización popular contra toda opresión, hagámoslo juntes.

 

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Publicado enEdición Nº260
El feminismo, las críticas al #MeToo y los argumentos del ‘anti #MeToo’

Pasan dos años desde que la actriz demócrata de Hollywood Alyssa Milano lanzara la campaña “#Yotambién” para denunciar la violencia sexual que había sufrido en su trabajo e invitara a otras mujeres romper su silencio; y lo consiguió: miles de mujeres de todo el mundo y en decenas de idiomas se animaran a revelar y compartir sus secretos más dolorosos y humillantes haciendo historia: romper en pedazo al maldito concepto de honor, uno de los pilares de la familia patriarcal.

Pasó desaparecido que la frase ya había sido formulada en 2006 por otra víctima de violencia sexual, la activista afroamericana Tarana Burke quien después de conocer el drama de unas menores sometidas a abusos, fundó Me too Movement con el fin de generar conciencia sobre la dimensión de la agresión y la explotación sexual en la sociedad, promoviendo el «empoderamiento a través de empatía» entre mujeres.

El éxito universal de la campaña de Milano, que pone su énfasis en la conducta sexual grosero ejercido desde el poder, se debió quizás a que fue utilizada por los medios de comunicación demócratas contra un Donald Trump que había sido acusado por varias mujeres de perversión y abusos sexuales. Unas 50 diputadas de un Partido Demócrata sin ideas e incapaz de reclutar a diferentes sectores sociales (mujeres, trabajadores, inmigrantes, las minorías “raciales” y religiosas, los ecologistas, etc.), perjudicados por las políticas de un inepto presidente que se le regalaba decenas de motivos en bandeja, pidieron su dimisión o una investigación al respecto para someterle a una moción (impeachment). Y cuando se dieron cuenta de su error, empezaron a cometer otro: esta vez con el llamado Rusiagate, mientras 45 millones de mujeres, hombres, negros, blancos, nativos y emigrantes viven en la absoluta pobreza.

El mundo debería haberse estremecido al conocer parte de la magnitud de tanto horror sufrido en silencioso, pero ¿lo hizo?

Los dos sectores anti #MeToo

  1. Desde la derecha la campaña fue atacada con los siguientes argumentos:
  • Las mujeres son cómplices de los abusos: utilizan sus encantos para escalar en su trabajo. Aunque en los ínfimos casos fuese así, ¿por qué los hombres no necesitan hacer lo mismo?
  • El deseo sexual masculino es imposible de controlar por estar incrustado en sus genes que no en una mente que considera a la mujer un ser creado para satisfacer las necesidades de los hijos varones de Adán. ¡Falso biologismo! ¡No hay registro histórico de la violación colectiva de mujeres en biquini o bañador en ninguna playa por los hombres bañistas, pero los hay y millones sobre el acoso y los abusos de los jefes a sus empleadas en los 195 países del planeta! La diferencia es que en un lugar carecen del poder para hacerlo y en el otro sí. En el trabajo, ellas aguantan la agresión sexual porque dependen de la voluntad del hombre para ser contratadas, ocupan puestos de menor categoría en la jerarquía de poder y son las primeras en ser despedidos.
  • Si no resisten, significa que les gusta, sino “se irían”: pero no “se van” porque la mayoría tiene todas las puertas bloqueadas y no pueden permitirse el lujo de perder su trabajo mientras tienen bocas que alimentar, y aunque se vayan, en el segundo, el tercero y el último trabajo encontrarían el mismo problema.
  • El tipo de ropa que llevan es una autorización a ser tocadas, asaltadas:  Es lo que pensó un tribunal de Irlanda, al absolver en 2018 a un violador después de que su abogado mostrase el tanga que había llevado su víctima de 17 años. El hashtag #ThisIsNotConsent con las fotos de tangas invadieron las redes sociales. ¿Por qué, entonces, a ninguna mujer se le ocurre manosear ni mucho menos violar a los hombres que andan sin camisa y con los pechos expuestos en la Rambla de Barcelona?

Millones de mujeres musulmanas que obligadas (por Dios, el Estado o la familia) se cubre con el velo también sufren tocamientos e incluso violaciones en los espacios públicos. Una encuesta a las mujeres egipcias, (que hoy al contrario de lo que pasaba en los años setenta ninguna se atreve a ponerse minifalda), casi todas con el velo, realizada por la ONU en 2013, mostró que el 99,4% había experimentado acoso y abusos sexuales.

El asalto a las mujeres en las calles de Afganistán es tal que ni se salvan las que llevan el burka (prenda que justamente lo único que resalta es el sexo de la persona). Este fue el tema del performance de la artista afgana Kubra Khademi, que  hizo de gladiatoria de bragas de acero para mostrar por qué hay padres que no dejan que sus hijas vayan al colegio. El hastag #MosqueMeToo (“Mezquita yo también”) denuncia que ni en los lugares sagrados como la Meca, las mujeres aun ultratapadas están a salvo.

  1. Desde la extrema izquierda se alega que #MeToo:
  • Es una campaña de mujeres burguesas. ¡Vale, porque ellas tienen medios para expresarse y su voz llega. Pero, esta lacra, y otras incluidas en la violencia contra la mujer, la sufren todas (en diferentes grados y formas), independientemente de su clase, raza o religión. Las temporeras marroquíes de Huelva también denunciaron en 2018 el acoso, los abusos sexuales (tocamientos en pechos y genitales) y coacción del empresario, pero el juez instructor lo archivó. La presión social hizo que la justicia ordenase reabrir el caso. Luego están, las amordazadas, como millones de madres en los campos de refugiados de Kenia, Somalia, Sudan, Siria, Jordania, Turquía, y otros que cada vez que tiene que pedir una barra de pan para sus hijos son manoseadas, incluso violadas por los vigilantes o proveedores de alimentos.
  • Se centra en el dolor de una misma que no la discriminación integral de la mujer como colectivo. “Yo también”, es una pieza más de una causa común, y tiene el potencial de construir una solidaridad en base del sufrimiento compartido, y no hay que pedirle más.
  • Su objetivo no es desmantelar el neoliberalismo patriarcal. ¡Cierto! Pero esto no debe impedir hacerle un “apoyo crítico”. Reclamar la libertad personal de expresión de mujeres que incluso hoy están forzadas a callarse significa romper los tabús creados durante milenios que hacen de mordaza. La campaña cuestiona la normalidad del abuso del poder, y ha planteado la necesidad de expresar el consentimiento en una relación sexual.

Los males de MeToo

  • Al carecer de un enfoque ideológico para analizar el problema, cuestiona la “actitud poco moral” de algunos hombres, que no la estructura del poder, el monopolio de los hombres sobre los recursos y medios económicos, y una milenaria cultura misógina legitimada por muchas religiones. La superioridad es el concepto que el sexismo comparte con el racismo y también con el especismo.
  • Carece de respuestas incluso para suavizar la opresión multidimensional a la que están sometidas todas las mujeres que trabajan.
  • Comparte la visión con quienes abogan que el empoderamiento individual conduce a la liberación colectiva, pidiendo más puestos para las mujeres “valiosas” en el poder, que no es otro que participar en la gestión de la explotación, legitimando y reproduciendo el sistema, y liberarse ellas que no las mujeres. El modelo individualista del feminismo, que achaca la disfunción de una sociedad fundada en la explotación y la lamentable situación de mujeres a la falta de ambición de ellas, les propone atiborrarse de libros de “autoayuda”, ser “agresivas”  y “emprendedoras”. Si aun así, y matándose en el esfuerzo, no consiguen triunfar será porque no se lo merecen.

Si el «feminismo de Twitter» no acaba con una complejo y milenario sistema de explotación de unos sobre otras, la “lucha armada” tampoco lo consigue: Phoolan Devi, la Reina Bandida, una mujer india que había sido violada en varias ocasiones por una manada de hombres, creó un grupo armado de mujeres que mató a una veintena de depredadores sexuales, todos de castas superiores. Después de pasar 11 años en prisión –sin ser juzgada–, la heroína de los pobres fue elegida diputada. En 2001 fue asesinada a balazos por defensores de la supremacía masculina.

La necesidad de acciones colectivas

El 16 de agosto, varios miles de mujeres ocuparon la Zona Rosa de la Ciudad de México, -en un país donde cada día al menos 10 mujeres son asesinadas-, en protesta por la violación de una joven por cuatro policías y la indiferencia de las autoridades. Días antes, un grupo de mujeres asaltó con espray una jefatura de la honorable policía, pintándola de rosa. Para un poder que se aterroriza viendo un pueblo movilizado, la “violación” del espacio policial era más grave que la violación y el asesinato de mujeres por estos individuos. El movimiento feminista universal, como movimiento político, necesita acciones contundentes que visibilicen su profundo malestar por los recortes de derechos logrados durante siglos de lucha, y no sólo para así ser escuchado, sino también para atraer a las jóvenes al activismo en las calles, universidades y fábricas, traspasando el “me gusta” del ordenador.

Por Nazanín Armanian

25 agosto 2019

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La masculinidad de las élites y la ceguera de la izquierda

 

 

El concepto de masculinidad se encuentra directamente relacionado con ser élite o aspirar a serlo. La falta de visión de conjunto de la izquierda es un obstáculo para elaborar estrategias globales.

Vivimos una etapa de crisis de la masculinidad que se ha visto acentuada por la crisis económica. El hombre de la sociedad neoliberal está asistiendo con ansiedad a la ruptura de todas las promesas que se le hicieron. Le prometieron ser el primero, sin embargo, ser el primero no suponía tener buenos derechos sino que los que estén por detrás los tengan peores.

En el pack de la hombría iba incluida la necesidad de tener como plan de vida subir en la escala social pero el ascensor social que iba a llevar a muchos trabajadores a la clase media-alta a base de su esfuerzo está averiado. La escala social no es solo una serie de compartimentos separados en función de su renta sino que también entiende de género. Subes para obtener más poder y obtienes más poder aumentando tu renta o aumentando tu virilidad. Dicho de otro modo, para trepar por la escala social tienes que ser más rico y/o más hombre.

WINNER-LOSERS, COMPETICIÓN ENTRE HOMBRES COMO FORMA DE VIDA

En este momento que nos ha tocado vivir el hombre tiene que ser un winner y, cuando no lo es, está frustrado o se siente fracasado en algún aspecto de su vida laboral y económica, le surge la necesidad de reafirmar su masculinidad por medio de cualquier otra característica de las que identifica como propias del hombre.

¿Cuántos hombres habrán tenido hijos solo para sentirse completos como hombres, porque sentían que era algo que estaban obligados a hacer? De entre esos hombres, ¿cuántos quieren realmente tener hijos? El hombre es el que lleva dinero y comida a casa, el que provee, y para cumplir con ese rol tiene que ser padre. Sería bien difícil calcular la cantidad de paternidades forzadas que irremediablemente pueden dañar a los hijos.

¿Alguien que ha sido padre por obligación va a ser un buen padre? Tal vez sí, pero tiene muchas papeletas para que no se dé el caso. El primer referente (para bien o para mal) de un hijo siempre es su padre, esta figura es la que proporciona al niño las primeras nociones de lo que se espera de un hombre en nuestra sociedad. Si el padre forma los cimientos de la masculinidad del hijo, ¿como iban a ser buenos esos cimientos si en muchos casos se fuerza la paternidad?

La competitividad extrema entre hombres puede llevar a que uno se considere un triunfador siendo un currante de clase baja y humille a un compañero que está en las mismas circunstancias

De entre los valores más representativos del género masculino destaca la competitividad. Cuando el hombre siente su virilidad atacada necesita dejar claro que es más hombre que los demás y, si no puede serlo, humillar al que sea menos hombre que él. La competitividad extrema entre hombres puede llevar a que uno se considere un triunfador siendo un currante de clase baja y humille a un compañero que está en las mismas circunstancias pero que encaja peor en el modelo de masculinidad hegemónica. Porque un hombre no puede ser un nadie, tiene que ser más que los que le rodean.

LA MASCULINIDAD FRENTE A LA POLÍTICA DE LAS EMOCIONES

La política tiene que dar salida a los sentimientos del pueblo para lograr seguir viéndose legitimada ante él. El hombre está frustrado y cuando una emoción es compartida se puede decir que es una frustración política.

La respuesta a este sentimiento hasta ahora se ha visto monopolizada con bastante éxito por opciones políticas que van desde la derecha anti-establishment y populista, como Trump o Le Pen, a una derecha ultraconservadora renovada —Vox en España— que prometen una visión de país en la que 'el hombre vuelva a ser hombre', devuelto a sus esencias después de haber sido desnaturalizado por las denominadas “ideologías de género” o el “lobby LGTB”.

El feminismo es la pelea de un colectivo oprimido, el de las mujeres, contra la estructura del género como autoridad, como poder. No hay lucha más antisistema que el feminismo

Desde la izquierda ha faltado analizar toda esta situación desde la nueva ola de activismo feminista que barre el país cada 8M. Se ha contentado con decir a las feministas un simple 'vale', 'adelante', 'seguid por ahí que nosotros, los hombres, nos encargamos del resto' demostrando una enorme ceguera.

La estructura del género y la estructura de clases son dos pilares de un mismo sistema. Las luchas LGTB y feministas no son políticas sectoriales por mucho que desde algunos altares de la izquierda las miren casi como si de un hobby se tratara. Desde esos enfoques unos se encargan de sus luchas personales, de sus 'cosas de maricas' o sus 'cosas de mujeres', mientras que otros, aquellos que se llenan la boca de clases sociales, se dedican a cambiar el mundo, a derrumbar el sistema.

La mala costumbre de separar en compartimentos estancos diferentes luchas provoca que se obvien las relaciones entre ellas. El error está en pensar que género y clases sociales son cosas diferenciadas cuando se trata de dos conceptos entremezclados difíciles de separar y para acabar con la opresión que ejercen es necesario tener visión de conjunto. No se trata de mujeres contra hombres, no es la "guerra de los sexos" sino que es una lucha por el poder.

El feminismo es la pelea de un colectivo oprimido, el de las mujeres, contra la estructura del género como autoridad, como poder. No hay lucha más antisistema que el feminismo.

EL FEMINISMO Y LAS ÉLITES

A menudo se presenta el debate en el feminismo sobre los 'techos de cristal'. Se acusa a quienes centran sus reivindicaciones en este concepto de estar utilizando el feminismo como mera herramienta para que un pequeño porcentaje de mujeres se incorpore a la élite. Si bien la crítica es legítima y cargada de verdad, este discurso liberal puede ser útil para los discursos más radicales. Del mismo modo que unas pocas mujeres privilegiadas malvenden la lucha feminista por aumentar su cuota de poder, también la masa feminista puede aprovecharse de esta élite.

Si una mujer privilegiada, en nombre del feminismo, rompe el techo de cristal adquiere una cuota de poder que el sistema tenía reservada para los hombres. Con esto abre la posibilidad de cuestionar la lógica hombre=poder. Si el poder ya no es una característica propia y exclusiva del hombre, de aquel que cumple todos los requisitos de la masculinidad hegemónica, entonces se puede cuestionar por qué tenía ese poder previamente y por qué debería seguir teniéndolo. Se cuestiona el derecho a existir de la élite.

Independientemente de que exista la posibilidad real de hacerlo, subir por la escala social es una necesidad inculcada en los hombres que condiciona todos sus posicionamientos políticos

La masculinidad hegemónica es la mayor representación del poder porque el que lo ostenta no solo tiene que tener la capacidad de aplicarlo, sino que necesita ser percibido como poderoso. Los roles de género en el caso del hombre pueden servir para ser identificado como superior a los demás, te da tu lugar en la jerarquía de clases sociales. La masculinidad encuentra su utilidad como performatividad de las élites y el mejor instrumento de legitimación del sistema de clases.

Ese objetivo recurrente de la izquierda que es la unidad popular, apelar a las luchas colectivas... se vuelve complicado de articular cuando la mitad de la población tiene metido en la cabeza desde niño el principio imperativo de luchar para ser superior que tu hermano, tu vecino o tu compañero de trabajo. Las prácticas de género asientan las clases sociales.

¿Cómo pretendemos tener una clase trabajadora organizada contra las élites si la masculinidad dice a los hombres que deben aspirar a ser élites? La falta de empatía, la competitividad, el individualismo, el egoísmo... Todas características que definen por igual a la masculinidad hegemónica que a las élites poderosas.

Independientemente de que exista la posibilidad real de hacerlo, subir por la escala social es una necesidad inculcada en los hombres que condiciona todos sus posicionamientos políticos.

Cualquier movimiento o ideología que aspire a construir un contrapoder y deje al margen el análisis de la masculinidad se encontrará con que será incapaz de crear sujetos políticos mayoritarios que se encuentren cómodos en una lucha de clases.

Por David Arribas

elsaltodiario.com

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La lucha por la inclusión en el fútbol femenino

Los días 6 y 7 de junio del año en curso la Fifa realizó la Primera Convención de Fútbol Femenino 2019. Según Sarai Bareman, la directora de la división femenina de la multinacional de la pelota chica, allí discutieron múltiples aspectos, entre ellos la importancia de buscar un fútbol femenino viable y sostenible desde lo que llaman su ecosistema, financiación, medios y, sobre todo, cambio cultural de cómo ver a las mujeres practicando este deporte.

Lo que dicen desde la Fifa –esa multinacional patriarcal del deporte, donde las dirigentes femeninas se han abierto camino–, es que han acordado una alianza entre la oficina de la mujer de la ONU y la División de Fútbol femenino de la Federación Mundial para potenciar este deporte y buscar que se de la inclusión, respeto y promoción del fútbol femenino. Todo esto fue avalado por el Comité Ejecutivo de la Federación, algo para no creer.

Así mismo, en la convención se concluyó que en la actualidad hay 36 millones de mujeres que practican este deporte en 180 países, y la meta para 2025 es tratar de llegar a los 60 millones de jugadoras.



La dura realidad del fútbol femenino

Las jugadoras que participan en el Mundial de Fútbol Femenino en Francia (MFM), se quejan del bajo monto del premio para el equipo campeón, cifrado en 50 millones de euros, cifra que para el caso de sus pares maculinos asciende a los 400 millones, realidad injusta pese a que ellas llenan más estadios que los tradicionales equipos que por cerca de un siglo se abrogaron este deporte como un derecho exclusivo.

Adicionalmente, según la encuesta Global Sports Salaries Survey 2017, el salario que actualmente gana Neymar –43,8 millones de dólares año– equivale al salario de 1.693 mujeres futbolistas, de las ligas de Estados Unidos (EU), Gran Bretaña, Suecia, Australia y México.

Es por la previvencia de este tipo de injusticias, que algunas jugadoras no asistieron al certamen mundial, sentando su voz de protesta ante la discriminación respecto al fútbol masculino. Todo ello en medio de presiones, como las conocidas en Argentina, donde amenazaron de muerte a una jugadora porque denunció que a algunas de ellas, integrantes de diferentes equipos del país sureño, no les pagan sus salarios.

Las jugadoras de la selección de fútbol femenino de EU demandaron a la Federación que regula ese deporte en su país por discriminación de género en el pago de salarios, exigiendo igualdad salarial e idénticas condiciones de trabajo, pero la Federación consideró que “las necesidades del mercado son tales que las mujeres no merecen que se les pague por igual que a los hombres”*.

Fútbol femenino en Colombia

En Colombia, el fútbol femenino existe desde 1895, pese a esto, más de un siglo después la mentalidad patriarcal de los dirigentes, periodistas y sociedad en general, ha impedido su desarrollo, pues según muchos de los dueños de los equipos profesionales esta modalidad no es rentable, no tiene auspiciantes, no llena estadios y es mediocre.

En la actualidad hay futbolistas que devengan entre dos y tres millones de pesos al mes, sin embargo son la minoría, ya que gran parte de las jugadoras ganan menos de un millón y otras muchas apenas perciben el salario mínimo o incluso menos –eso cuando les pagan–. Existe otro sector de jugadoras, las conocidas como “Aficionadas a prueba”, que no obtienen ningún salario y se dice que la razón de jugar, más allá de la diversión, son posibles becas de estudio en EU. Todo esto genera burlas, acosos en los camerinos y opiniones “entendidas” de comentaristas deportivos que no le ven sentido a que “mujeres participen en un deporte  de hombres”. El machismo siempre está presente.

Esta realidad de machismo perdurable, exclusión, negación de derechos, exclusivismos, negacionismo, imposiciones, explotación laboral, etcétera, trae consigo múltiples preguntas: ¿Una mujer musulmana puede jugar fútbol o existe alguna parte del Corán que lo prohíba? ¿Si una mujer india se pone pantaloneta los brahmanes la repudiarían? ¿Será que los relatores y comentaristas del fútbol dejarán su micro-machismo cuando trasmiten un partido femenino? ¿Será que en América Latina dejarán de insultar a jugadoras, entrenadoras y árbitras? ¿Por qué hay tan pocas mujeres en puestos de dirección de la Fifa y sus federaciones nacionales? ¿Será que el patriarcado que domina en el fútbol colombiano, sin interés real por el mismo –“porque no es rentable”–, aceptará su crecimiento y consolidación? La Copa del Mundo de Fútbol femenino que se juega en Francia se plantea que sea el evento más grande de esta modalidad en su historia, y que repercuta en todos los países, ¿será que el patriarcado del fútbol permitirá que así sea?

Todo esto nos recuerda que vivimos significativos momentos de lucha y cambio a lo largo del mundo, y de ello no escapa el deporte, en particular el referido a la pelota chica. No hay duda, el ascenso del fútbol femenino va de la mano con los avances y las luchas de las mujeres por todo el mundo, del #NiUnaMenos o del #MeToó, de las huelgas de mujeres el 8 de marzo y, con seguridad, su lucha logrará sus propósitos, ojalá evitando una cosificación e instrumentalización total de sus practicantes profesionales, como es la norma entre los hombres. Una práctica deportiva cada vez más abierta a la diversión, el descanso, el encuentro, el goce, y similares, es un reto social-comunitario en el cual las mujeres tienen un camino por labrar a favor de la humanidad toda.



*Ver en: https://www.bbc.com/mundo/deportes-47506067

Publicado enColombia
“Nos juramos nocturnas, nos juramos rebeldes”*

El pasado 26 de mayo, en la ciudad de Bogotá inició la IV semana contra el acoso callejero, actividad en la que se realizaron diversas acciones y contó con la participación de distintas colectividades y voluntades que se juntaron en el reclamo por las calles libres de acoso, por las noches para la vida y no para la muerte. ¿Quiénes habitan esas noches y de qué maneras? ¿Qué pasa con quienes se atreven a estar en el espacio público por fuera de lo establecido o impuesto? ¿Qué pasa con quienes la noche es su medio de relación o trabajo? ¿Por qué las calles parecen no ser nuestras?

 

En esta ocasión nos reunimos precisamente alrededor de los significados de “la noche” y la reivindicación del aquelarre urbano, articulando diversos debates y voces que, desde contextos y experiencias diversas, muestran las condiciones que para cada cuerpo implica transgredir las fronteras y conspirar rebeldías en las calles. A la cita de organización llegaron varios parches con una amplia gama de acciones que se unieron desde cada uno de sus espacios y posibilidades al grito: ¡Por las calles libres de acoso!

 


 

El silencio no es una opción: el reto de organizar y el esfuerzo colectivo*

 

La semana contra el acoso callejero, nace de un colectivo neoyorkino llamado “Stop Street Harassment” en el año 2011 –aproximadamente–, quienes plantearon la organización de una semana de denuncia donde se visibilizaran las violencias normalizadas en la calle a través de actividades en el espacio público.

Esta incitativa se extendió a nivel internacional y en Colombia la realizamos por primera vez en el 2014, cuando la Colectiva “No Me Calle” tenía el nombre de “Observatorio contra el acoso callejero”; fue una experiencia muy enriquecedora que contó con actividades como cine foros, clases de defensa personal, talleres sobre acoso callejero y culminó con una marcha en la que participaron muchas personas y colectivas feministas de Bogotá; para el año 2015 también pudimos hacerla con una dinámica muy similar.

En el 2017, bajo el nombre de “No Me Calle”, organizamos como colectiva una semana con participación más inclusiva, llegando a la intervención con 12 parches más o menos. Esta experiencia contó con muchas discusiones que desde agrupaciones en las universidades se iban generando, así mismo colectivas que ya venían ocupándose de estos debates en sus contextos se unieron con sus talleres, actividades y posturas al interior de los claustros. Allí se desarrollaron varias acciones de denuncia a partir de rayar e intervenir los espacios y de tomarnos los mismos con arengas, performances, tendederos, gráficos etc., cerramos también con marchas, en la que se contó con batucadas feministas.

La iniciativa siempre procura plantear actividades de toma de espacios y pensarnos estos temas naturalizados en la cotidianidad de las personas, es emocionante que de momento la gente se encuentre con mujeres que visibilizan esto de muchas formas, que nuestra apuesta sea siempre contar que “nos matan, nos violan y nadie dice nada”.

En este sentido decidimos abrirnos este año 2019 para invitar más colectivos. Además de ser una experiencia enriquecedora fue muy divertida, conocimos el trabajo de todas, y procuramos la descentralización ya que siempre hacemos las cosas en los mismos lugares y aunque ha sido complejo poner y activar estas discusiones, seguiremos trabajando.

Hubo tendederos, cartografías, tejido, cine foro, talleres en universidades, conversatorios sobre las perspectivas de mujeres trans, sobre las agresiones en las universidades, hablamos con grafiteras, con mujeres ciclistas urbanas, con trabajadoras nocturnas y consideramos muy poderosa la articulación.

Nuestros retos serán precisamente estos desde la diversidad y cómo seguirnos uniendo para dialogar sobre la noche, la calle, la resistencia; estas iniciativas nacen para visibilizar el tema, pero necesitamos hacerlo de diferentes formas, pensarnos entre todas como irrumpir de formas creativas en la cotidianidad y posicionarnos.

Queremos, llegar a la semana nacional contra el acoso callejero, la actividad sigue creciendo y esperamos que siga así.

 

*Colectiva NoMeCalle, transcribe Mujeres de Mi Barrio


 

Uniendo voluntades, conspirando la noche en dos ruedas*

 

Tuvimos una experiencia muy fuerte y poderosa, articulando nuestras acciones en contexto a la semana contra el acoso, nuestra apuesta de poder seguir trabajando juntas, sin importar las distancias y los territorios, se materializaron en la bici rodada que tuvimos el 31 de mayo. Se unieron desde Medellín, Cali, Barranquilla, Paipa y llegó también a Quito, eso visibiliza el poder de las mujeres y nuestros alcances.

Estuvimos presentes en el conversatorio “Nos juramos nocturnas” y como relatoras en el conversatorio de la Red Popular Trans. Fue interesante, porque pensamos que íbamos a estar las mismas de siempre o parches de solo gente de la bici, pero nos sorprendimos con la diversidad de opiniones y de posturas, fueron otras personas que nos exigen también dar otras discusiones y de otras maneras, son otros diálogos.

Por ejemplo, a veces no estamos en espacios donde haya tanta presencia masculina, pero cuando existe el reto, nos planteamos cómo mostrar estas reflexiones y cómo hacer para que también allí se cuestionen. De esa actividad salieron preguntas sobre el cambio de esos comportamientos y eso es interesante en la discusión sobre el acoso.


Logramos ver también la noche desde diferentes lugares y como las habitamos, como la resignificamos, es interesante aprender desde otras perspectivas en la existencia nocturna, las discusiones sobre la valentía, el miedo, el arriesgarse, el colectivo, el poder, la defensa y también la diversión, porque la calle es nuestra.


El día de la rodada, a pesar de las dificultades empezando con el clima, creemos que se cumplió con el objetivo que era rodar. Por primera vez fuimos más chicas que chicos, pudimos poner nuestra música, hacer nuestras rutas y vemos que nos podemos organizar muy bien, cuidarnos entre nosotras, e incluso a pesar del tema, vimos cómo nos acosaban en la calle cuando estábamos en las bicis y con tanta gente.
Seguiremos mejorando, aprendiendo y apostándole a la noche.

 

* Colectivo Ciclodelicas y Red nacional interseccional de mujeres y disidencias en bicicleta (Redimit), transcribe Mujeres de mi Barrio

 


 

Nos tomamos los barrios, la loma, la noche y el corazón*

 

Nuestra propuesta en esta actividad, ha sido posicionar el feminismo en el barrio y el barrio en el feminismo; encontramos que el acoso callejero se vive de maneras diferentes en los barrios populares de Bogotá, y que pocas veces estas discusiones llegan a las calles y a las mujeres que allí vivimos.

Durante mucho tiempo se ha abanderado la actividad contra el acoso desde los contextos universitarios y claro que coincidimos en su importancia, potencialidad y trascendencia; sin embargo, queremos insistir en que esta situación también puede complejizarse y se amplía la discusión entonces cuando encontramos otros significados de las violencias en otros contextos, en nuestro caso desde las lomas de la localidad de San Cristóbal.

La apuesta de “Las Fuchas”, brujas del territorio ancestral, como agrupación de voluntades de mujeres de diferentes organizaciones populares de esta localidad para la semana contra el acoso, fue visibilizar estas diversidades. Nuestros temas giran en torno a la noche y la calle, donde por supuesto hablamos del peligro, el cuidado, la defensa y la invisibilización y naturalización de las violencias; pero también donde reivindicamos la resistencia, las alternativas populares, las voces de las mujeres qué poco importan para muchxs y la vida misma, ante la supervivencia y la habitabilidad del espacio; en lugares con discusiones importantes de la marginalidad del sistema y la reivindicación y el cuestionamiento de las realidades de la llamada “periferia”.

Allí, desde esta potencialización del margen y el borde, también nos apropiamos y resignificamos los espacios públicos con intervenciones gráficas, tendederos, fotografía, proyecciones audiovisuales en la noche y nos unimos para apostarle a la alegría de celebrarse en las calles que hacemos nuestras de muchas formas.

* Las Fuchas

 



Entrelazando tejidos de resistencia en las calles*

 

El acoso que sufren las mujeres en los espacios públicos es un tema que ha tomado fuerza en las discusiones sobre el derecho a la ciudad. En Bogotá es urgente crear iniciativas que promuevan espacios públicos libres de violencias ya que según el reporte de la organización Plan Internacional, “[Bogotá] reúne todas las características para ser la ciudad con mayor riesgo de acoso sexual para niñas y mujeres jóvenes en el mundo”**. Por tanto, buscamos hacer juntanza con varias colectividades para transformar imaginarios sexistas desde diferentes acciones directas en la ciudad y con distintos lenguajes. Una de estas actividades fue la realizada mediante el lenguaje de tejido por la colectiva Entrelazadas en la Plaza Chorro de Quevedo donde se expuso un tendedero con mensajes contra el acoso, se invitó a diferentes personas a dejar su mensaje y se hicieron con telas muchos banderines para la rodada contra el acoso callejero del viernes 31 de mayo.

* Entrelazadas, transcribe Mujeres de mi Barrio

 


 

La fortaleza que tenemos las mujeres cuando nos juntamos

 

La semana contra el acoso callejero va tomando más fuerza en cuanto se logran articular y poner en diálogo la diversidad de mujeres que habitamos la ciudad. Esta iniciativa es la muestra de los lenguajes, capacidades y acciones que las mujeres bogotanas hemos ido construyendo y posicionando en el espacio público y político, al tiempo que nos demuestra la fortaleza que tenemos las mujeres cuando nos juntamos. La expectativa queda más alta cada versión que pasa, pues cada colectividad y/o individualidad que se suma a trabajar por este tipo de espacios enciende una luz para alumbrar el camino de resistencia y (re)existencia para las mujeres, no sólo en las ciudades, sino en todos los espacios que habitamos.

 


 

* Este artículo está construido desde las voces de algunos de los colectivos que hicieron parte de la materialización de esta apuesta, visibilizando las experiencias que desde cada parche nos permitió juntarnos.
** Redacción Bogotá. Periódico El Espectador (04/10/2018). Disponible en: https://www.elespectador.com/bogota-la-ciudad-mas-insegura-para-ninas-y-mujeres-por-acoso-sexual-nivel-mundial-articulo-816181

Publicado enColombia
“Nos juramos nocturnas, nos juramos rebeldes”*

El pasado 26 de mayo, en la ciudad de Bogotá inició la IV semana contra el acoso callejero, actividad en la que se realizaron diversas acciones y contó con la participación de distintas colectividades y voluntades que se juntaron en el reclamo por las calles libres de acoso, por las noches para la vida y no para la muerte. ¿Quiénes habitan esas noches y de qué maneras? ¿Qué pasa con quienes se atreven a estar en el espacio público por fuera de lo establecido o impuesto? ¿Qué pasa con quienes la noche es su medio de relación o trabajo? ¿Por qué las calles parecen no ser nuestras?

 

En esta ocasión nos reunimos precisamente alrededor de los significados de “la noche” y la reivindicación del aquelarre urbano, articulando diversos debates y voces que, desde contextos y experiencias diversas, muestran las condiciones que para cada cuerpo implica transgredir las fronteras y conspirar rebeldías en las calles. A la cita de organización llegaron varios parches con una amplia gama de acciones que se unieron desde cada uno de sus espacios y posibilidades al grito: ¡Por las calles libres de acoso!

 


 

El silencio no es una opción: el reto de organizar y el esfuerzo colectivo*

 

La semana contra el acoso callejero, nace de un colectivo neoyorkino llamado “Stop Street Harassment” en el año 2011 –aproximadamente–, quienes plantearon la organización de una semana de denuncia donde se visibilizaran las violencias normalizadas en la calle a través de actividades en el espacio público.

Esta incitativa se extendió a nivel internacional y en Colombia la realizamos por primera vez en el 2014, cuando la Colectiva “No Me Calle” tenía el nombre de “Observatorio contra el acoso callejero”; fue una experiencia muy enriquecedora que contó con actividades como cine foros, clases de defensa personal, talleres sobre acoso callejero y culminó con una marcha en la que participaron muchas personas y colectivas feministas de Bogotá; para el año 2015 también pudimos hacerla con una dinámica muy similar.

En el 2017, bajo el nombre de “No Me Calle”, organizamos como colectiva una semana con participación más inclusiva, llegando a la intervención con 12 parches más o menos. Esta experiencia contó con muchas discusiones que desde agrupaciones en las universidades se iban generando, así mismo colectivas que ya venían ocupándose de estos debates en sus contextos se unieron con sus talleres, actividades y posturas al interior de los claustros. Allí se desarrollaron varias acciones de denuncia a partir de rayar e intervenir los espacios y de tomarnos los mismos con arengas, performances, tendederos, gráficos etc., cerramos también con marchas, en la que se contó con batucadas feministas.

La iniciativa siempre procura plantear actividades de toma de espacios y pensarnos estos temas naturalizados en la cotidianidad de las personas, es emocionante que de momento la gente se encuentre con mujeres que visibilizan esto de muchas formas, que nuestra apuesta sea siempre contar que “nos matan, nos violan y nadie dice nada”.

En este sentido decidimos abrirnos este año 2019 para invitar más colectivos. Además de ser una experiencia enriquecedora fue muy divertida, conocimos el trabajo de todas, y procuramos la descentralización ya que siempre hacemos las cosas en los mismos lugares y aunque ha sido complejo poner y activar estas discusiones, seguiremos trabajando.

Hubo tendederos, cartografías, tejido, cine foro, talleres en universidades, conversatorios sobre las perspectivas de mujeres trans, sobre las agresiones en las universidades, hablamos con grafiteras, con mujeres ciclistas urbanas, con trabajadoras nocturnas y consideramos muy poderosa la articulación.

Nuestros retos serán precisamente estos desde la diversidad y cómo seguirnos uniendo para dialogar sobre la noche, la calle, la resistencia; estas iniciativas nacen para visibilizar el tema, pero necesitamos hacerlo de diferentes formas, pensarnos entre todas como irrumpir de formas creativas en la cotidianidad y posicionarnos.

Queremos, llegar a la semana nacional contra el acoso callejero, la actividad sigue creciendo y esperamos que siga así.

 

*Colectiva NoMeCalle, transcribe Mujeres de Mi Barrio


 

Uniendo voluntades, conspirando la noche en dos ruedas*

 

Tuvimos una experiencia muy fuerte y poderosa, articulando nuestras acciones en contexto a la semana contra el acoso, nuestra apuesta de poder seguir trabajando juntas, sin importar las distancias y los territorios, se materializaron en la bici rodada que tuvimos el 31 de mayo. Se unieron desde Medellín, Cali, Barranquilla, Paipa y llegó también a Quito, eso visibiliza el poder de las mujeres y nuestros alcances.

Estuvimos presentes en el conversatorio “Nos juramos nocturnas” y como relatoras en el conversatorio de la Red Popular Trans. Fue interesante, porque pensamos que íbamos a estar las mismas de siempre o parches de solo gente de la bici, pero nos sorprendimos con la diversidad de opiniones y de posturas, fueron otras personas que nos exigen también dar otras discusiones y de otras maneras, son otros diálogos.

Por ejemplo, a veces no estamos en espacios donde haya tanta presencia masculina, pero cuando existe el reto, nos planteamos cómo mostrar estas reflexiones y cómo hacer para que también allí se cuestionen. De esa actividad salieron preguntas sobre el cambio de esos comportamientos y eso es interesante en la discusión sobre el acoso.


Logramos ver también la noche desde diferentes lugares y como las habitamos, como la resignificamos, es interesante aprender desde otras perspectivas en la existencia nocturna, las discusiones sobre la valentía, el miedo, el arriesgarse, el colectivo, el poder, la defensa y también la diversión, porque la calle es nuestra.


El día de la rodada, a pesar de las dificultades empezando con el clima, creemos que se cumplió con el objetivo que era rodar. Por primera vez fuimos más chicas que chicos, pudimos poner nuestra música, hacer nuestras rutas y vemos que nos podemos organizar muy bien, cuidarnos entre nosotras, e incluso a pesar del tema, vimos cómo nos acosaban en la calle cuando estábamos en las bicis y con tanta gente.
Seguiremos mejorando, aprendiendo y apostándole a la noche.

 

* Colectivo Ciclodelicas y Red nacional interseccional de mujeres y disidencias en bicicleta (Redimit), transcribe Mujeres de mi Barrio

 


 

Nos tomamos los barrios, la loma, la noche y el corazón*

 

Nuestra propuesta en esta actividad, ha sido posicionar el feminismo en el barrio y el barrio en el feminismo; encontramos que el acoso callejero se vive de maneras diferentes en los barrios populares de Bogotá, y que pocas veces estas discusiones llegan a las calles y a las mujeres que allí vivimos.

Durante mucho tiempo se ha abanderado la actividad contra el acoso desde los contextos universitarios y claro que coincidimos en su importancia, potencialidad y trascendencia; sin embargo, queremos insistir en que esta situación también puede complejizarse y se amplía la discusión entonces cuando encontramos otros significados de las violencias en otros contextos, en nuestro caso desde las lomas de la localidad de San Cristóbal.

La apuesta de “Las Fuchas”, brujas del territorio ancestral, como agrupación de voluntades de mujeres de diferentes organizaciones populares de esta localidad para la semana contra el acoso, fue visibilizar estas diversidades. Nuestros temas giran en torno a la noche y la calle, donde por supuesto hablamos del peligro, el cuidado, la defensa y la invisibilización y naturalización de las violencias; pero también donde reivindicamos la resistencia, las alternativas populares, las voces de las mujeres qué poco importan para muchxs y la vida misma, ante la supervivencia y la habitabilidad del espacio; en lugares con discusiones importantes de la marginalidad del sistema y la reivindicación y el cuestionamiento de las realidades de la llamada “periferia”.

Allí, desde esta potencialización del margen y el borde, también nos apropiamos y resignificamos los espacios públicos con intervenciones gráficas, tendederos, fotografía, proyecciones audiovisuales en la noche y nos unimos para apostarle a la alegría de celebrarse en las calles que hacemos nuestras de muchas formas.

* Las Fuchas

 



Entrelazando tejidos de resistencia en las calles*

 

El acoso que sufren las mujeres en los espacios públicos es un tema que ha tomado fuerza en las discusiones sobre el derecho a la ciudad. En Bogotá es urgente crear iniciativas que promuevan espacios públicos libres de violencias ya que según el reporte de la organización Plan Internacional, “[Bogotá] reúne todas las características para ser la ciudad con mayor riesgo de acoso sexual para niñas y mujeres jóvenes en el mundo”**. Por tanto, buscamos hacer juntanza con varias colectividades para transformar imaginarios sexistas desde diferentes acciones directas en la ciudad y con distintos lenguajes. Una de estas actividades fue la realizada mediante el lenguaje de tejido por la colectiva Entrelazadas en la Plaza Chorro de Quevedo donde se expuso un tendedero con mensajes contra el acoso, se invitó a diferentes personas a dejar su mensaje y se hicieron con telas muchos banderines para la rodada contra el acoso callejero del viernes 31 de mayo.

* Entrelazadas, transcribe Mujeres de mi Barrio

 


 

La fortaleza que tenemos las mujeres cuando nos juntamos

 

La semana contra el acoso callejero va tomando más fuerza en cuanto se logran articular y poner en diálogo la diversidad de mujeres que habitamos la ciudad. Esta iniciativa es la muestra de los lenguajes, capacidades y acciones que las mujeres bogotanas hemos ido construyendo y posicionando en el espacio público y político, al tiempo que nos demuestra la fortaleza que tenemos las mujeres cuando nos juntamos. La expectativa queda más alta cada versión que pasa, pues cada colectividad y/o individualidad que se suma a trabajar por este tipo de espacios enciende una luz para alumbrar el camino de resistencia y (re)existencia para las mujeres, no sólo en las ciudades, sino en todos los espacios que habitamos.

 


 

* Este artículo está construido desde las voces de algunos de los colectivos que hicieron parte de la materialización de esta apuesta, visibilizando las experiencias que desde cada parche nos permitió juntarnos.
** Redacción Bogotá. Periódico El Espectador (04/10/2018). Disponible en: https://www.elespectador.com/bogota-la-ciudad-mas-insegura-para-ninas-y-mujeres-por-acoso-sexual-nivel-mundial-articulo-816181

Publicado enEdición Nº258
La lucha por la inclusión en el fútbol femenino

Los días 6 y 7 de junio del año en curso la Fifa realizó la Primera Convención de Fútbol Femenino 2019. Según Sarai Bareman, la directora de la división femenina de la multinacional de la pelota chica, allí discutieron múltiples aspectos, entre ellos la importancia de buscar un fútbol femenino viable y sostenible desde lo que llaman su ecosistema, financiación, medios y, sobre todo, cambio cultural de cómo ver a las mujeres practicando este deporte.

Lo que dicen desde la Fifa –esa multinacional patriarcal del deporte, donde las dirigentes femeninas se han abierto camino–, es que han acordado una alianza entre la oficina de la mujer de la ONU y la División de Fútbol femenino de la Federación Mundial para potenciar este deporte y buscar que se de la inclusión, respeto y promoción del fútbol femenino. Todo esto fue avalado por el Comité Ejecutivo de la Federación, algo para no creer.

Así mismo, en la convención se concluyó que en la actualidad hay 36 millones de mujeres que practican este deporte en 180 países, y la meta para 2025 es tratar de llegar a los 60 millones de jugadoras.



La dura realidad del fútbol femenino

Las jugadoras que participan en el Mundial de Fútbol Femenino en Francia (MFM), se quejan del bajo monto del premio para el equipo campeón, cifrado en 50 millones de euros, cifra que para el caso de sus pares maculinos asciende a los 400 millones, realidad injusta pese a que ellas llenan más estadios que los tradicionales equipos que por cerca de un siglo se abrogaron este deporte como un derecho exclusivo.

Adicionalmente, según la encuesta Global Sports Salaries Survey 2017, el salario que actualmente gana Neymar –43,8 millones de dólares año– equivale al salario de 1.693 mujeres futbolistas, de las ligas de Estados Unidos (EU), Gran Bretaña, Suecia, Australia y México.

Es por la previvencia de este tipo de injusticias, que algunas jugadoras no asistieron al certamen mundial, sentando su voz de protesta ante la discriminación respecto al fútbol masculino. Todo ello en medio de presiones, como las conocidas en Argentina, donde amenazaron de muerte a una jugadora porque denunció que a algunas de ellas, integrantes de diferentes equipos del país sureño, no les pagan sus salarios.

Las jugadoras de la selección de fútbol femenino de EU demandaron a la Federación que regula ese deporte en su país por discriminación de género en el pago de salarios, exigiendo igualdad salarial e idénticas condiciones de trabajo, pero la Federación consideró que “las necesidades del mercado son tales que las mujeres no merecen que se les pague por igual que a los hombres”*.

Fútbol femenino en Colombia

En Colombia, el fútbol femenino existe desde 1895, pese a esto, más de un siglo después la mentalidad patriarcal de los dirigentes, periodistas y sociedad en general, ha impedido su desarrollo, pues según muchos de los dueños de los equipos profesionales esta modalidad no es rentable, no tiene auspiciantes, no llena estadios y es mediocre.

En la actualidad hay futbolistas que devengan entre dos y tres millones de pesos al mes, sin embargo son la minoría, ya que gran parte de las jugadoras ganan menos de un millón y otras muchas apenas perciben el salario mínimo o incluso menos –eso cuando les pagan–. Existe otro sector de jugadoras, las conocidas como “Aficionadas a prueba”, que no obtienen ningún salario y se dice que la razón de jugar, más allá de la diversión, son posibles becas de estudio en EU. Todo esto genera burlas, acosos en los camerinos y opiniones “entendidas” de comentaristas deportivos que no le ven sentido a que “mujeres participen en un deporte  de hombres”. El machismo siempre está presente.

Esta realidad de machismo perdurable, exclusión, negación de derechos, exclusivismos, negacionismo, imposiciones, explotación laboral, etcétera, trae consigo múltiples preguntas: ¿Una mujer musulmana puede jugar fútbol o existe alguna parte del Corán que lo prohíba? ¿Si una mujer india se pone pantaloneta los brahmanes la repudiarían? ¿Será que los relatores y comentaristas del fútbol dejarán su micro-machismo cuando trasmiten un partido femenino? ¿Será que en América Latina dejarán de insultar a jugadoras, entrenadoras y árbitras? ¿Por qué hay tan pocas mujeres en puestos de dirección de la Fifa y sus federaciones nacionales? ¿Será que el patriarcado que domina en el fútbol colombiano, sin interés real por el mismo –“porque no es rentable”–, aceptará su crecimiento y consolidación? La Copa del Mundo de Fútbol femenino que se juega en Francia se plantea que sea el evento más grande de esta modalidad en su historia, y que repercuta en todos los países, ¿será que el patriarcado del fútbol permitirá que así sea?

Todo esto nos recuerda que vivimos significativos momentos de lucha y cambio a lo largo del mundo, y de ello no escapa el deporte, en particular el referido a la pelota chica. No hay duda, el ascenso del fútbol femenino va de la mano con los avances y las luchas de las mujeres por todo el mundo, del #NiUnaMenos o del #MeToó, de las huelgas de mujeres el 8 de marzo y, con seguridad, su lucha logrará sus propósitos, ojalá evitando una cosificación e instrumentalización total de sus practicantes profesionales, como es la norma entre los hombres. Una práctica deportiva cada vez más abierta a la diversión, el descanso, el encuentro, el goce, y similares, es un reto social-comunitario en el cual las mujeres tienen un camino por labrar a favor de la humanidad toda.



*Ver en: https://www.bbc.com/mundo/deportes-47506067

Publicado enEdición Nº258
Viernes, 28 Junio 2019 06:15

Hacer el agosto el 28 de junio

Hacer el agosto el 28 de junio

Un año después de las revueltas del 28 de junio de 1969 colectivos y personas anónimas salieron a la calle a manifestarse y conmemorar los disturbios del año anterior. Fue la primera marcha del Orgullo. 50 años después, el sistema se envuelve en la bandera arcoíris y nos mete entre ceja y ceja que ya está todo conseguido, que ya no hay nada por lo que luchar y que ahora solo toca festejar.

 

El 28 de junio de 1969 será una fecha recordada por siempre en todo el mundo porque esa noche un grupo de empresarios gais, apoyado por las instituciones locales y regionales así como por los cuerpos de seguridad, organizaron un desfile de carrozas y marcharon en ambiente festivo por las calles de Nueva York para lanzar al mundo un claro mensaje: «seas como seas, queremos tu dinero». A la fiesta se sumarían, entre otros, marcas de conocidas bebidas alcohólicas, compañías de telecomunicaciones, agencias de viajes, todo tipo de corporaciones transnacionales y el arco político institucional. Diferentes ciudades, y más tarde diferentes estados, se fueron sumando en los años siguientes a tan simpática iniciativa comercial que ha llegado hasta nuestros días.

Una barbaridad semejante es lo que cualquiera que no conozca la historia real puede pensar dentro de diez años sobre el origen del Día Internacional del Orgullo LGTB. Porque en eso es en lo que se está convirtiendo la conmemoración del 28 de junio. Mejor dicho, en eso es en lo que quieren convertir la conmemoración del 28 de junio.

Por si acaso, vamos a recordar de una manera más cercana a la realidad los hechos que ocurrieron esa noche de sábado: la zona de ambiente de Nueva York se vio una vez más acosada por la policía, que solía hacer la ronda por los establecimientos cuyos dueños permitían a sus clientes prácticas tan poco honorables como besarse con alguien del mismo sexo o vestirse con más de tres prendas consideradas del sexo opuesto. Los agentes, a cambio de hacer la vista gorda y no practicar detenciones, solían ser sobornados y se iban con un sueldo extra al siguiente bar, repitiendo la operación.

Esa noche la policía entró al Stonewall Inn, local que hoy calificaríamos de antro, conocido por ser un lugar en el que se solían juntar chaperos, jóvenes sin papeles, trans, travestis y demás personajes de la mala vida, para identificar a alguna loca, darle su escarmiento, y de paso recoger la paga extra de la noche. Se cuenta que antes de cada redada la policía daba el chivatazo al bar, que ponía sobre aviso a la clientela con tiempo suficiente para recuperar ropas y vestirse con decoro, y quien tuviera que huir por no tener identificación pudiera hacerlo. Los dueños, mientras tanto, preparaban el impuesto que pagarían a los agentes para que les dejaran en paz un fin de semana más.

Pero esa noche la policía entró de incógnito y con la sala llena hizo parar la música y encender las luces. El escándalo fue mayúsculo, porque esta vez no habían avisado con antelación. Los agentes estaban dispuestos a identificar y detener a todo aquel que hubiera dentro del local, y las travestis, mariconas, putas e inmigrantes se revolvieron, negándose a la identificación y resistiéndose a ser detenidas. Obligados todos a ponerse en fila para someterse a la identificación, los clientes liberados y los que consiguieron escapar de la redada permanecían fuera del local, y los transeúntes, viendo que algo ocurría, empezaban a sumarse.

Pocos minutos después se agolpaban más de 150 personas fuera del Stonewall y las detenidas empezaban a salir esposadas hacia los coches de policía, mientras sobre los agentes empezaba a caer una lluvia de insultos. Los forcejeos de las detenidas iban a más y algunas lograron escapar de los coches de policía, cuando se les sumó la muchedumbre que veía el inicio de la revuelta. Se volcaron coches de policía y más gente llegó a ver qué pasaba. Y lo que pasaba fue que esa noche lo único que iba a cambiar de acera iba a ser el miedo.

La policía, viendo a una masa de más de 500 personas enfurecidas, se atrincheró con rehenes dentro del Stonewall. Fuera se desató la furia de las que eran consideradas mierda por los que sólo cumplen con la ley. Las maricas, tantas veces acalladas, respondieron con el poder de la calle, intentaron reventar el Stonewall con los policías dentro, que salieron pistola en mano. Los disturbios estallaron, se extendieron a las calles aledañas, y se repitieron los días siguientes.

En las siguientes fechas grupos de maricas, bolleras y trans empezaban a organizarse en diferentes colectivos por la liberación sexual y contra el racismo, el patriarcado y el imperialismo. Contra el sistema, al fin y al cabo. Un año después de las revueltas del 28 de junio de 1969 colectivos y personas anónimas salieron a la calle a manifestarse y conmemorar los disturbios del año anterior, en lo que fue la primera marcha del Orgullo. Y hasta hoy.

50 años después nos queda todo por conseguir, porque en 2019 las que tenemos papeles nos podremos casar, sí, pero la policía sigue acosando a quien se prostituye por decisión libre y propia, sigue encerrando en CIEs y deportando inmigrantes por no tener dinero o papeles, sigue identificando a quien está donde no debe, sigue desahuciando a quien okupa o a quien no puede pagarle un alquiler cada mes más alto a un fondo buitre, sigue hostigando a activistas, sigue persiguiendo a quien protesta, lo que sea para cumplir el orden y la ley, que sin importar lo que diga, va a misa. Y si mañana la ley dice que las invertidas volvemos a ser ilegales, la misma policía que hoy se reúne en grupos como Gaylespol aplicará la ley porque es su trabajo y no le queda más remedio.

Por si no fuera bastante, 50 años después el sistema que todo lo capitaliza se envuelve en la bandera arcoíris y nos mete entre ceja y ceja que ya está todo conseguido, que ya no hay nada por lo que luchar y que ahora sólo toca festejar. Y nos propone un Orgullo que no es más que otro macro evento más, en el que las empresas se publicitan y la gente con estatus, abdominales y dinero va a consumir, con mucho orgullo, eso sí. El capitalismo haciendo el agosto el 28 de junio. Adelantado. Abanderado de la aceptación de la diversidad: acepta efectivo, Visa, MasterCard y American Express.

Por suerte, 50 años después de Stonewall, siguen surgiendo colectivos y espacios coordinados entre identidades diversas, bolleras, trans, maricas. Reclamando memoria histórica, reclamando volver a las raíces de esa noche de disturbios y prenderle fuego a este sistema en el que vivimos, que hace negocio con nuestras identidades y cuando no puede exprimirnos más nos tira a la basura. Frente a su mercantilización, nuestra defensa de un mundo nuevo que queremos y por el que lucharon Sylvia Rivera, Marsha P. Johnson y tantas otras, y que no tiene absolutamente nada que ver ni con el orden, ni con la ley, ni con el dinero, ni con el negocio.

Frente a los gais que dicen que las alborotadoras de Stonewall fueron gente que probablemente no invitaríais a cenar a vuestra casa, las maricas ya hemos puesto platos y sillas de más y estamos esperando a que toquen el timbre.

Porque esto no va solo de con quién follamos. Esto va de las de abajo contra los de arriba.

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"No podemos dejar que el temor a la ultraderecha nos lleve al feminismo liberal"

Nancy Fraser, filósofa política, intelectual y feminista estadounidense, es profesora de la New School for Social Research y una de las impulsoras del denominado Feminismo del 99%. Este viernes aterrizó en Madrid para participar en un ciclo de conferencias organizadas por El Grupo de Estudios Críticos, un proyecto de estudios del Centro Estudios del Museo Reina Sofía, en colaboación con Medialab. En esta entrevista con Público, Fraser desgrana las claves de este movimiento feminista, la necesidad de cambiar el modelo capitalista y los riesgos a los que nos enfrentamos en esta tarea.

¿Qué es el feminismo del 99% y cuáles son los principales ideas?


Es un intento de dar nombre y un conjunto de ideas a un nuevo activismo feminista que se está desarrollando en los últimos años y que creemos que representa una alternativa real al tipo de feminismo que ha sido el predominante, al menos en USA, Reino Unido o Francia y algunos otros países (no estoy muy segura si en España). Hasta hace muy poco en estos países el feminismo liberal ha sido la forma más dominante y se ha centrado principalmente en las preocupaciones de las mujeres de clase media alta o las mujeres del top 10%. Son ellas las que se han beneficiado de este feminismo y han encontrado su camino para prosperar en jerarquía empresarial.
Le han dado al feminismo un mal nombre, diría yo. Porque lo han asociado con el elitismo, el individualismo, el consumismo… La idea de que las feministas son mujeres de carrera que se han hecho a sí mismas. No sé si es totalmente así, pero de esta forma lo entiende la gran mayoría de mujeres de la clase trabajadora. Personas que ven el presente, no como un momento de crecimiento, sino todo lo opuesto: un tiempo en el que las condiciones de vida van en declive, en el que se pierde el trabajo seguro, en el que se reducen salarios. En definitiva, un montón de caos en la vida.


Creo que este feminismo liberal ha perdido su credibilidad. Desde el punto de vista de EEUU, la derrota de Hillary Clinton en las elecciones de 2016 en favor de Donald Trump fue como una alarma para despertarse, porque las cifras indican que un 52% de mujeres blancas votaron por Trump.


Es una estadística sorprendente. Mostró que el feminismo corporativo de Clinton no era un feminismo para todas las mujeres. Ahora tenemos este nuevo tipo de activismo que es anti-austeridad, que defiende los estándares de la vida de una forma más amplia, que se interesa por los derechos de los migrantes, sobre la situación de las mujeres trabajadoras, las de color… Cuando escribimos el manifiesto para el feminismo del 99%, queríamos promover ese nuevo giro del feminismo. Lejos del liberalismo individualista y más cerca de las preocupaciones de la gran mayoría de mujeres, y también de hombres.


Nuestro manifiesto le da un nombre a este movimiento e intenta articular el pensamiento que lo puede convertir en un movimiento radical, genuinamente transformador y antisitémico.


¿Y se puede construir esto dentro de un sistema capitalista o hay que construir un nuevo sistema?


Definitivamente necesitamos un nuevo sistema de algún tipo. El actual sistema de capitalismo liberal financiero está en una crisis aguda y necesita cambios estructurales muy profundos: en nuestra relación con la naturaleza, un cambio en la relación entre producción y reproducción, entre el trabajo asalariado y la vida familiar… un cambio en sistema democrático.
Si este es un cambio que nos llevará más allá del capitalismo está todavía por ver. Tampoco sabemos si existe una forma de capitalismo que pueda responder adecuadamente a esta aguda crisis. Pero no creo que tengamos que responder a esa pregunta ahora. Mi corazonada es que necesitaremos movernos más allá del capitalismo.


Entonces ¿se va construyendo sobre la marcha y no como otras teorías políticas que marcaban un camino?


Creo que es un poco de los dos. A través de nuestras luchas vamos descubriendo cuánto puede o quiere darnos este sistema; si puede o no solucionar nuestros problemas y también descubrimos por el método de práctica y error cuáles son los cambios que necesitamos, cuáles son los que realmente queremos. Es decir, hay un proceso de ignición en el pensamiento que va sucediendo a través del activismo.


Diría que en mi vida he aprendido casi tanto del activismo como lo hice en la enseñanza universitaria formal. Este manifiesto propone algunas ideas como un boceto de lo que una alternativa puede llegar a ser, pero es más con un espíritu de intentémoslo y veamos como resulta. No es un dogma.


¿Cuáles son las principales ideas que contiene?


Una de las principales ideas es que el eje de las desigualdades de género en nuestra sociedad se debe a la separación que hace el capitalismo entre la producción de materias primas por lucro y la reproducción social o la producción de seres humanos. Es decir, La vida familiar y el sector social y la vida comunitaria.


Esa separación no existía antes del capitalismo. Todas estas actividades eran parte del mismo universo social. Cuando el capitalismo introdujo la idea de producción por beneficio en las fábricas, dividió nuestras vidas en estas dos partes y la división está organizada por género: la responsabilidad de las mujeres es trabajar en la esfera social (tanto privadamente sin recibir salario o como profesoras, enfermeras…).


Mientras, los hombres trabajan en las industrias, en el ejército… Esta división, en mi opinión, es la pieza central de la subordinación moderna de las mujeres. Ha habido otras formas pero funcionaban de otra manera. Es una organización en la que el trabajo de producción se paga en dinero y el de reproducción social, que es que realizan las mujeres, no se pagan en su inmensa mayoría. Esto pone a las mujeres en una desventaja estructural en la sociedad.


Simplemente entender esta dicotomía de producción y reproducción, nos propone un largo camino para pensar qué es lo que tiene que cambiar. Tenemos que reintegrar aspectos de la vida que ahora están separados y contrapuestos uno contra otro. No tenemos tiempo de cuidar a nuestra familia, si al mismo tiempo estás realizando un trabajo exigente, un trabajo pagado a tiempo completo, o incluso múltiples trabajos como mucha gente tiene que hacer hoy en día. En Estado Unidos las profesoras cobran muy poco, y muchas de ellas cogen un segundo trabajo en Wallmart por las tardes para ser capaces de ganar lo suficiente para vivir. Esto es tremendo. Cómo puedo, además, realizar los trabajos de reproducción social. Especialmente si los hombres, en una gran mayoría, no hacen la parte que les corresponde del trabajo de cuidados.


¿Cuál es el rol que deberían jugar los hombres?


Los hombres deberían convertirse en feministas también. Este feminismo para el 99% es un movimiento para mejorar la vida de todo el mundo, superando la desigualdad de género, la desigualdad de raza… todas las desigualdades. Pero no es un movimiento contra los hombres. Es un movimiento contra una estructura social, un sistema que crea todas estas desigualdades.


Esta crisis financiera que vivimos ¿es una crisis del sistema, o es el sistema en sí mismo?. La rebaja de salarios, la desinversión en servicios públicos… ¿Es una consecuencia o un plan organizado?


Hemos sufrido una tremenda reorganización del capitalismo en el tránsito de la anterior forma de capitalismo social demócrata, que era menos globalizado y menos financiero y que daba más apoyo estatal a la esfera de la reproducción social. No era un sistema perfecto, en absoluto, pero eso fue transformado en este capitalismo neoliberal y financiero.
En 2007 y 2008 tuvimos casi una fisión nuclear del sistema financiero mundial. Pero la crisis financiera es sólo uno de los cabos de una crisis mucho más amplia, que también incluye una crisis ecológica; una crisis democrática; de migración, y de los cuidados o de la reproducción social, tiene que ver con la desinversión en todas las necesidades sociales y la incorporación de las mujeres en los trabajos pagados a tiempo completo.


Todos estos son los distintos cabos de una sola gran crisis, que podemos llamar una crisis general del capitalismo neoliberal financiero. La crisis lo inunda todo debido al carácter contradictorio e insostenible de este sistema.

¿Y es el feminismo del 99% la respuesta a esta debacle?


El feminismo del 99% está emergiendo como una de las respuestas a esta crisis. Los supremacistas blancos también están respondiendo a esta crisis, los movimientos populistas… Hay una gran abanico de movimientos intentando dar respuestas. Nosotras somos una de las fuerzas que ha saltado en esta situación abierta e incierta y tratar de ofrecer una alternativa


¿Y cuáles son los riesgos?


Los riesgos son que este movimiento del 99% pueda perder contra movimientos de extrema derecha supremacistas y anti-inmigrantes, que son muy desagradables, como Trump en Estados Unidos o Vox aquí en España. El otro riesgo es que nos asustemos tanto de los movimientos ultraconservadores que en lugar de pelear por lo que realmente queremos, nos volvamos hacia el feminismo liberal. Y volver a esa alianza de feminismo y liberalismo no es la solución, porque entraríamos en un círculo vicioso: neoliberalismo, trumpismo, neoliberalismo, un trumpismo peor. Hasta que realmente lleguemos a un fascismo, del que aún estamos lejos.


Es necesaria una ruptura en el ciclo. Pero no podemos volver a las trincheras, a defender lo que tenemos o intentar no perder lo que ganamos, porque seguiremos en ese ciclo vicioso.


En España tenemos a partidos de derechas promoviendo un feminismo liberal que incluye la regulación de la prostitución y los vientres de alquiler entre sus postulados. Supongo que es a esto a lo que se refiera cuando dice no volver al neoliberalismo.


La gente está entendiblemente asustada de estas derechas extremas y pueden cometer el error de pensar que no pueden defender lo que creen, sino que toca defender el statu quo. Y es un error en mi opinión, porque defender el statu quo es lo que ha generado estos estos movimientos de extrema derecha.


Usted ha sido muy crítica con lo que denomina feminismo domesticado o de la élite. En España, Ana Patricia Botín, la presidenta del mayor banco se declaró feminista no hace mucho.¿Puede ayudar esto de alguna forma a la igualdad?


No la conozco, pero imagino nombres como Sheryl Sandberg, (directora ejecutiva de Facebook), Christine Lagard (directora gerente del FMI) o Hillary Clinton. Estas son tres caras, y probablemente la que me menciona encaja en este modelo. A ellas me refiero cuando afirmo que dan al feminismo un mal nombre. Si la gente llega a pensar que eso es feminismo, van a concluir que este movimiento no puede hacer nada por ellos y que porqué deberían apoyarlo si hace cosas que les hacen daño.


Este tipo de feminismo, lo que realmente hace, es lo que en el manifiesto llamamos: la dominación de la igualdad de oportunidades. Que cree que la clase dominante que gobierna, debe tener igualdad entre hombres y mujeres. Es decir, que la gente que arruina la vida de muchas personas no sólo deben ser hombres, sino también mujeres. Es una aspiración absurda.

Muchos partidos conservadores se han subido al carro del feminismo, aunque no quieren usar la palabra feminismo. Dicen que luchan por la igualdad. ¿Necesitamos redefinir el concepto de igualdad?


Totalmente. Creo que la mayoría a lo que se llama igualdad es, en realidad, meritocracia. Entienden el problema de la discriminación como una infrarreprosentación de las mujeres en la cima y que es necesario eliminar esa desigualdad para que las mujeres puedan subir de acuerdo a su talento, en relación a sus méritos. Esto deja totalmente intacta la estructura jerárquica y no puede beneficiar al 99% de las mujeres. Sólo beneficia al 1%, o pongamos que al top 10%. Es decir a la clase directiva profesional.


Estas mujeres pueden tener éxito en lo que hacen sólo porque contratan con sueldos muy bajos y en trabajos muy precarios a mujeres migrantes pobres de otras razas para limpiar sus casas, cuidar a sus hijos o atender a sus padres ancianos en residencias de la tercera edad. En otras palabras: hay una relación directa entre esta noción de igualdad y el incremento de la desigualdad. Es una idea de igualdad de clase que dice que las mujeres deben ser iguales a los hombres de su misma clase y al diablo con todas las demás. Definitivamente el feminismo liberal hace necesario redefinir una nueva idea de igualdad.

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