Obras de construcción de la futura sede del Consejo de Ministros en la Nueva Capital Administrativa de El Cairo, en mayo de 2019. REUTERS

Una nueva sede de la Administración emerge en el desierto entre el Nilo y el mar Rojo mientras el país supera los 100 millones de habitantes

“Será una plaza más grande que Tiananmen”, se ufana Ahmed (nombre figurado) entre la asfixiante polvareda levantada por decenas de camiones que deambulan en un lugar del desierto sembrado de grúas entre el Nilo y el mar Rojo. El empleado de la empresa pública que construye la Nueva Capital Administrativa de Egipto, 40 kilómetros al este de El Cairo, señala las flamantes fachadas de los ministerios, alineados como los milenarios palacios de Luxor, que delimitan el ágora gubernamental ante la imponente mole del Parlamento. En el lejano horizonte —“es por razones de seguridad”, musita— se atisba la futura residencia del presidente Abdelfatá al Sisi, padre del faraónico proyecto. Hasta donde alcanza la mirada se alzan bloques de viviendas, con evocadores nombres en castellano como El Patio o La Vista, donde pronto vivirán dos millones de personas.

Egipto acaba de superar el umbral de los 100 millones de habitantes en medio del silencio oficial. Hacinados en el valle y el delta del Nilo, que apenas representan un 8% del territorio nacional, la bomba de relojería demográfica —dos de cada tres egipcios son menores de 30 años— ya se ha activado. Si no se remedia, el censo del país árabe romperá en 2050 la barrera de los 150 millones. El propio Al Sisi ha señalado la explosión demográfica —cada año hay 2,5 millones de habitantes más y tres cuartos de millón de jóvenes se incorporan al mercado laboral— como el mayor reto que afronta Egipto junto con el terrorismo.

Tras cuatro años de trabajos de 150.000 operarios en los que se prevé invertir 23.000 millones de euros, 54.000 funcionarios van a ser trasladados en los próximos meses al nuevo distrito administrativo, rodeado de zonas residenciales de lujo y un centro de negocios con 21 torres de oficinas. La megalomanía del proyecto contrasta con la miseria de más de una tercera parte de la población, que sobrevive con dos dólares diarios según el Banco Mundial.

“No se va a gastar ni una libra del presupuesto público”, asegura el coronel Jaled el Huseini, portavoz del organismo de Desarrollo Urbanístico de la Capital Administrativa (ACUD, por sus siglas en inglés). “Todo el proyecto se va a autofinanciar mediante la venta de suelo público a promotores privados”, puntualiza este oficial en su oficina, situada en un recinto militar que incluye un hotel de lujo y zonas de ocio en Nuevo El Cairo, uno de los distritos periféricos construidos en las últimas décadas para aliviar la congestión demográfica de la capital histórica de Egipto, que supera los 20 millones de habitantes junto con su zona metropolitana. Las Fuerzas Armadas controlan una parte importante de la actividad económica del país: hasta el 3% del PIB, según algunos analistas.

El nuevo centro administrativo soñado por el exmariscal El Sisi se extenderá sobre 730 kilómetros cuadrados, algo más que la isla de Menorca, y albergará a seis millones de habitantes. La primera fase que ahora se ultima comprenderá solo un tercio del perímetro y de la población. “El traslado masivo de funcionarios está previsto entre julio y agosto de este año”, adelanta el coronel El Huseini, “pero la decisión final será política”. Mientras los ministerios parecen estar muy avanzados, el Parlamento se ha construido al 60% y el palacio presidencial al 50%. La mudanza de Al Sisi a la capital del desierto oficializará el año que viene el nacimiento de la capital administrativa. El paisaje de palmeras y edificios empieza a asemejarse ya a un suburbio residencial estadounidense. La mayor parte de los terrenos de la operación pertenecen al ejército.

“Es cierto que el modelo de financiación de la nueva capital no depende en sí del presupuesto estatal, pero no se sabe mucho sobre las cuentas de la empresa que lo gestiona, propiedad del Ministerio de Defensa (51%) y del Ministerio de Vivienda”, argumenta Amro Adly, profesor de Ciencia Política en la Universidad Americana de El Cairo.

Muchos egipcios se plantean la duda de si los grandes proyectos de Al Sisi —obras faraónicas como la ampliación del canal de Suez (3.000 millones de euros)— acaparan fondos necesarios para el desarrollo del país y el bienestar social. “La fuerte inversión en suelo y construcción solo es beneficiosa a muy corto plazo. El sector inmobiliario ha sido la principal fuente de crecimiento de la economía desde la década de 1980”, matiza Adly como analista económico en Oriente Próximo.

La empresa constructora china CSCEC se ocupa de la ejecución del distrito financiero de la nueva capital egipcia, que estará coronado por un rascacielos de 390 metros de altura. Centenares de técnicos y especialistas chinos viven a pie de obra en una colmena de módulos prefabricados. “Solo se interviene en el mercado doméstico y no se mitigan los problemas crónicos de balanza de pagos de Egipto. El ahorro privado se consume así en activos muertos en ciudades del desierto que no ayudan a resolver las carencias de vivienda para la población”, puntualiza el profesor Adly.

Desde la dirección del proyecto, el coronel Al Huseini destaca que los terrenos liberados en el centro de El Cairo por el traslado de los ministerios también contribuirán a financiar la nueva capital, donde se ha previsto un barrio diplomático para las legaciones extranjeras. En los planos de la empresa pública ACUD figuran parcelas reservadas para Estados Unidos, China o Brasil. Los elevados precios exigidos por los terrenos y el alto valor inmobiliario de las actuales sedes han llevado a muchos países de la UE a no pronunciarse aún sobre su traslado a la nueva capital, según revela un funcionario diplomático europeo.

La utopía anunciada por Al Sisi hace cerca de cuatro años está a punto de hacerse realidad en un árido paisaje que evoca las urbanizaciones residenciales fantasmas de Seseña (Toledo), hace una década en plena crisis inmobiliaria española. El perfil de torres de oficinas de Dubái todavía no ha emergido en el desierto egipcio, aunque la mitad de los terrenos de la primera fase ya han sido adquiridos por promotores, según ha informado Reuters.

Ahmed, empleado en la empresa que construye la nueva capital, no se atreve a soñar con vivir algún día en los pisos que promociona. El precio de los apartamentos rondará entre los 50.000 y los 100.000 euros, inalcanzables para el sueldo de 200 a 300 euros mensuales del egipcio medio. Los 54.000 funcionarios que se desplazan desde el Cairo tampoco podrán residir cerca de sus nuevas oficinas. Tendrán que viajar más de una hora en autobús, mientras se construye un monorraíl regional, o realojarse en la cercana barriada satélite de Ciudad Bader.

En un Egipto agobiado por la superpoblación, la tasa de pobreza ha crecido un 4,7% entre 2015 y 2018, según el Banco Mundial, hasta situarse en el 32,5% de la población. Un sector de empleo intensivo, como el turismo, —que ofrece ocupación al 14% de la población— está empezando a superar el colapso de 2015, tras el atentado en el que murieron los 224 ocupantes de un avión ruso. El profesor Adly destaca que es gracias a la estabilización de la seguridad y la depreciación de la libra egipcia, "pero no está generando las divisas necesarias para mejorar la posición de la balanza de pagos”, señala.

La gigantesca mezquita de Al Fatah al Alí, con capacidad para 12.000 fieles, o la catedral de la Natividad, el mayor templo cristiano de Oriente Próximo, fueron los primeros edificios en ser erigidos en la nueva capital. La huida a Egipto de la Sagrada Familia con el telón de fondo de las pirámides, no podría ser de otro modo, es el motivo del fresco de la bóveda principal del templo copto..

Lo inauguró el año pasado el presidente al Sisi junto con el papa Teodoro II en la festividad de la Epifanía, en plena celebración de la Navidad ortodoxa por el 10% de la población egipcia. “Desde entonces no ha vuelto casi nadie”, admite el oficial de policía al mando del destacamento que monta guardia fuertemente armado con un blindado entre el polvo de los camiones de cemento, ante un paisaje inacabable de grúas que brotan en el desierto egipcio

Publicado enInternacional
Lunes, 14 Octubre 2019 07:10

Ecuador a mediodía

Volcan Chimborazo

Más allá de que los países son inventos que nos hacemos, de que las fronteras suelen ser por capricho y luego sirven como pretexto supremo para cualquier clase de arbitrariedades, en Ecuador lo maravilloso y lo real transcurren simultáneos. Quizá por ser uno de los lugares más altos del planeta, donde uno aprende a no marearse, es también uno de los lugares donde la gente en sus pueblos y ciudades parece tener los pies más firmes sobre el suelo. Eso ayuda a explicar la historia reciente, el dolor de estos días causado por un gobierno devenido cri-minal, de momento el más criminal en el continente de los Trump y los Bolsonaro. En este pequeño lugar a mitad del mundo el mediodía coincide siempre con el cenit, día y noche son simétricos, y la dinámica física del globo se invierte y revoluciona. Apenas algo más grande que Chihuahua, o para el caso que el Reino Unido, en sus 283 mil kilómetros cuadrados de superficie se extiende el muestrario completo de las posibilidades de la Tierra al natural, pues también es uno de los lugares menos destruidos y más ecodiversos de este mundo hoy tan próximo al precipicio.


En hermandad equinoccial con Río Grande del Norte en Brasil, la provincia congoleña de Équateur y el archipiélago indonesio (el resto del ecuador geográfico surca los grandes mares), Ecuador es donde todo cabe como en un jarrito. Donde la naturaleza mejor se supo acomodar y dio sitio a una humanidad entrañable. Su columna vertebral coincide con el corazón de los Andes en cuyo Páramo nacen las agua del Amazonas, y lo resguardan las montañas mayores del continente: nueve de sus volcanes rebasan 5 mil metros de altura y el Chimborazo da para 6 mil 268. País de nieve y agua viva, le crece al oriente la selva amazónica que se interna en cinco naciones más, pero en ninguna sigue hoy tan límpida y hermosa, con su humanidad y su selva menos destruidas a pesar de la abundancia petrolera y mineral. El occidente desciende a la generosa costa del Pacífico. Y todavía océano adentro, son ecuatorianas (aunque el Pentágono anda sobres) las islas Galápagos de darwiniana fama.


Con 14 lenguas originarias en sus territorios, es un país sumamente indígena, sólo comparable con Bolivia y Guatemala. En Ecuador los pueblos indígenas lograron un admirable grado de conciencia, organización y contundencia política. En los pasados 30 años han encabezado protestas e insurrecciones nacionales. Saben paralizar el país donde son mayoría y saben tirar gobiernos nefastos. Saben gobernarse, y el movimiento indígena ya participó una ocasión en el gobierno nacional, cometió los errores del caso, fue traicionado por el presidente en turno, y rectificó. Ha sido emocionante verlos aprender. Los indígenas evitan caer rehenes del clientelismo oficial, como sucede ahora en México y Bolivia, y se atreven a desairar al Fondo Monetario Internacional.


Estas líneas sólo aspiran a expresar una sincera admiración por ese pueblo del mediodía americano cuando nuevamente conmueve al mundo con su resistencia. Allí vive la dignidad, allí los pueblos originarios defienden como pocos sus ríos, selvas, montañas y horizontes sagrados. Se trata de los kichwa, shuar, achuar, chachi, epera, huaorani, siona, andoas, shiwiar, secoya, awa, tsachila, cofán y sápara. Aunque la esperanza esté hoy explicablemente desprestigiada (¡ay, Pandora!), en Ecuador respira la resistencia popular de la esperanza, que incluye a trabajadores y estudiantes de las ciudades altas.


"Tierra equinoccial, patria del colibrí / del árbol de la leche y del árbol del pan, / de nuevo oigo tus grillos y cigarras / moviendo entre las hojas / su herrumbosa, chirriante maquinaria", saludaba a su patria Jorge Carrera Andrade, su poeta mayor.


País de nieve y de fuego, participa del universo andino de la yuca y las mil patatas, todas hijas predilectas de la tierra, raíz y fruto del subsuelo. Cuna del agua y el verdor pleno, tierra de grandes sabios y chamanes, como don Sabino Gualinga de la comunidad amazónica de Sarayaku, a su vez ejemplo continental de autonomía y buen vivir (o sumak kawsay), hay en ese Pulgarcito de Su-damérica un espíritu humano inigualable. Comparte con sus vecinos la mágica liana de la ayahuasca ("soga de los espíritus" en kichwa) y con sus hermanos indígenas de Bolivia la determinación de morir por la vida y resistir en nombre de las generaciones futuras.


Balanza de la dignidad, es en la mitad del mundo donde la brújula se desorienta, donde los huevos se ponen de pie y no se rompen. No quitemos de Ecuador nuestros ojos ni nuestros corazones.

Publicado enInternacional
Christy Petropoulou, Crisis-scapes: Athens and Beyond, 2014.

Comprender las características y dinámicas que resaltan en el espacio público urbano, además del paisaje que recrean estos grandes espacios de vida donde cada vez más nos amontonamos los humanos, y sus reivindicaciones desde los procesos comunitarios, son parte de las preocupaciones de Christy Petropoulou, doctora en Geografía Humana y profesora en tal área de la Universidad de Egeo, Grecia, quien también se interesa por comprender la dinámica de los movimientos sociales en la construcción y transformación de espacios geográficos alternos.

Después del XVII Encuentro Latinoamericano de Geógrafos realizado en Quito, Ecuador, a finales de abril, esta docente e investigadora europea recorre parte de Colombia. Dentro de sus intereses cargaba el de conocer experiencias comunitarias y populares.

Aprovechando esta circunstancia, La Red Colombiana de Estudiantes de Geografía tuvo la oportunidad de conversar en Pasto, Popayán y Bogotá con Christy, quien compartió las experiencias de resistencias de los pueblos de América Latina y las relaciones con los movimientos urbanos en Grecia.

Christy resalta el papel de la disciplina geográfica en el análisis de los movimientos sociales: al ser seres espaciales, todas nuestras relaciones ocurren en un espacio que constantemente modificamos y a su vez nos construye. Es así como, cambiando esas relaciones establecidas con el espacio, tejiendo sociedad en resistencia y rebeldía en territorio, podría cambiar el habitus de las sociedades, entendiendo el mismo como las estructuras establecidas a partir de las cuales entendemos la realidad social y actuamos en nuestro día a día, habitus dominante que impide cambiar el orden por un habitus subversivo, incluyente y nuevo. Sumado a ello, esas experiencias de cambio locales, territoriales, también tienen una incidencia en el escenario global, concepto conocido como “glocal”, enseñándonos, por ejemplo, que los movimientos sociales latinoamericanos han trascendido del escenario local para volverse movimientos que enseñan al pueblo global.

 

Aprovechando su visita conversamos con ella. Aquí parte de sus opiniones y de la investigación que adelanta.

Red: ¿Por qué es importante analizar los movimientos sociales urbanos desde la Geografía?
Christy: Los movimientos urbanos y regionales sociales son los que cambian la significación del espacio, lo que conlleva, por ejemplo, que un movimiento contra la transformación de una plaza en centro comercial puede incidir para transformar un espacio de pasaje y de itinerarios individuales e indiferentes en un espacio de solidaridad y de creación de lo común. Un espacio donde no se reivindican solo unos derechos si no que se construyen los derechos. Pero también, un movimiento contra una mina de oro puede guardar y revalorizar el espacio con los principios de buen vivir y de reconocimiento de la madre tierra. A veces, cuando este movimiento se hace más amplio y se conecta con movimientos anticapitalistas, anti-patriarcales y ecológicos, puede construir hetero-topias de otros mundos diferentes de los que vivimos y que nos humillan cada día.

El espacio es muy importante dentro de este proceso, por eso la geografía es importante. La territorialidad y el proceso de la creación de topos que se produce por estos movimientos a veces construye una otra tradición oral, que con el tiempo transforma la significación del espacio y produce otros códigos de comunicación en la vida cotidiana, con lo cual, finalmente, puede ser que con el tiempo cambie el habitus.

Red: ¿Los movimientos urbanos griegos vivieron un crecimiento luego de la crisis del 2008? ¿Podría explicarnos cómo fue esto?
Christy: Para ese momento existía una revitalización de viejos movimientos urbanos y regionales, a partir de la vinculación de nuevas generaciones. Pero también había un declive de unos movimientos muy burocratizados o de otros muy cerrados.

Con la crisis y la intervención del Fondo Monetario Internacional (FMI) se creó un organismo oficial, el Taiped, que tenía como cargo la liquidación de las propiedades públicas. La desazón que esto produce es total. Además, la disminución de los salarios y el crecimiento de desempleo en muchos sectores produce una frustración que solo por medio de encuentros en los espacios públicos podría sobrellevarse. Entonces aparecieron muchos movimientos por todo el país, algunos regionales, otros muy localizados en espacios reivindicados.

Muchos de estos movimientos, con el nuevo gobierno de coalición de la izquierda progresista con una parte de la derecha nacionalista (Syriza - Anel), ya no existen porque algunos se institucionalizaron por medio de la participación electoral, y otros se dividieron porque unos miembros eligieron la participación con el actual gobierno.

Pero lo aprendido de todo esto es hacer las cosas de manera común y solidaria. Eso no se pierde. Se reproduce por medio de rizomas en otros lados y otras experiencias, como por ejemplo en los espacios de solidaridad con los refugiados llegados al país y distribuidos por muchas partes del mismo. Ya cambió un habitus, el de individualismo por el de solidaridad. Pero esta lucha sigue en la vida cotidiana y como todas sabemos, es muy difícil.
Red: ¿Qué tipo de movimientos sociales urbanos se presentan en Grecia? Y desde su observación, ¿Cuál podría ser la ciudad que proponen o reivindican?
Christy: Existen diferentes movimientos urbanos y regionales. Algunos se formaron alrededor de la reivindicación de una plaza o de una calle, de un espacio abandonado que transforma en parque o la reivindicación del viejo aeropuerto abandonado. Otros se formaron contra los grandes proyectos de minas, de hidroeléctricas y de privatizaciones de parques de espacios arqueológicos, de bosques y de playas. Otros alrededor de otra motivaciones. También existe un importante pero pequeño movimiento de recuperación de empresas endeudadas, y un movimiento importante de nuevas cooperativas de cafés, restaurantes, editoriales, etcétera.
Los últimos años se multiplicaron también las ocupaciones-recuperaciones de edificios abandonados para la instalación de refugiados. Dentro de estos colectivos, también existen ideas ecologistas, anti-patriarcales, antirracistas, antifascistas y anticapitalistas, que no podemos decir que los caracterizan todo, pero existe gran inspiración de estas ideas, particularmente de las zapatistas, con tal inspiración muchos pretenden construir otros mundos.

Estas iniciativas, colectivos y movimientos, no tienen una propuesta para la ciudad pero crean redes de localidades de resistencia y creatividad dentro de la ciudad, potenciando nuevos espacios comunes y recreando un espacio público más inclusivo. Es así que podemos decir que ejercen el derecho a la ciudad, y no solo lo reivindican.

Red: Desde la perspectiva glocal, ¿cuáles son algunos de los aspectos del movimiento social latinoamericano que aportan luces a los movimientos urbanos en Grecia?
Christy: 1) La idea que podemos construir un mundo donde quepan muchos mundos; 2) La idea de tomar la decisiones en las asambleas por consenso, que es difícil de aplicar pero se intenta; 3) El buen vivir y una otra relación con la pacha mama, que pasa por la misma conciencia de la territorialidad y el cuidado de los granos, de las aguas, de los bosques, de las playas, por medio de actos en la vida cotidiana; 4) La fuerte tradición de luchas en América Latina y más la revolución cubana, el movimiento Zapatista, el movimiento Piquetero y la recuperación de las empresas en Argentina, las luchas contra las minas en Perú y Colombia, así como el movimiento contra la privatización del agua en Bolivia. Y ahora viene el movimiento feminista, anti-racista, anti-patriarcal; y 5) La idea de crear nuevos mundos en espacios donde se construyen las autonomías en el nivel territorial, en la vida cotidiana y no esperar solo a que el gobierno escuche las reivindicaciones.

Red: De la experiencia reunida en Colombia, ¿cuál cree que es el principal habitus subversivo de sus movimientos urbanos y sociales?
Christy: Colombia es un país de gran diversidad de paisajes y culturas, que resume toda la experiencia de América Latina en sus diferentes movimientos de autonomías indígenas y afro-descendientes (palenques o quilombos), hasta diferentes tipos de guerrillas (fracasadas algunas porque entraron al juego del poder oficial y al comercio de drogas). Pero también tiene una fuerte historia de lucha por la reforma agraria, siempre pendiente en su concreción.

Dentro de este contexto, el habitus de la clase media alta de tener siempre una mujer indígena o afro-descendiente para los trabajos de la casa, y unos hombres para la finca o la empresa en la ciudad con unos sueldos de hambre que siempre tiene que decir “sí señor”, con miedo, este habitus empieza a cambiar.

Es este habitus del miedo de expresarse, cultural y políticamente, generalizado en toda la sociedad vía el paramilitarismo, el que empieza a cambiar. Y eso pasa en las regiones donde se construyen las autonomías indígenas y afro-descendientes, allí es donde este proceso de cambio es más visible, con las asambleas donde participa toda la comunidad, que se alimentan de rituales, de comida y de baile común.
En las ciudades puede verse, dentro de unas universidades y escuelas alternativas, diversidad de colectivos; fuera de ellas, en las plazas, son evidentes su ocupación por comerciantes ambulantes independientes y artistas.

El arte, la comida y el baile crean espacios de encuentros que forman una ritualidad de habitus subversivo. Crean la poética de los movimientos. Sin ésta no podemos recuperar la vida y afrontar el miedo que se reproduce en esta época de “bio-capitalismo”.

Colombia conoce muy bien este miedo. La situación del shock y de perpetua “excepción” de derechos constituyentes está presente en todos los niveles de la vida. Con los desaparecidos, los asesinados, los feminicidios, los falsos positivos, los exilados, las consignas de terror de tipo “los buenos niños duermen temprano” y, actualmente, con las pláticas de paz que no reconocen la existencia de una guerra civil y tratan todas las formas de violencia de la misma manera, intentando borrar la historia.

Pero las prohibiciones silenciosas de salir de noche se rompen con las fiestas comunes y los mercados nocturnos. Las prohibiciones de expresarse en unas ciudades uniformes y mono-coloridas se rompen con los magníficos grafitis y murales que dicen la historia de esta ciudades y más, la historia de las periferias de auto-construcción popular. En el campo se construyen otros mundos por medio de las autonomías y en las ciudades nacen muchos nuevos colectivos.

Durante mi estancia en Bogotá, los edificios históricos de la Plaza de Bolívar estaban cubiertos de telas negras para protegerlos de los colores de los manifestantes. Alrededor había unos perpetuos trabajos de reconstrucción y re-significación de la ciudad que no terminaban nunca. Esto es un intento de gentrificación como decimos en Geografía Urbana, que quiere sacar la imagen de los pobres de la ciudad solo cambiándola de lugar. Estas telas negras en la Plaza Bolívar eran como un funeral para los asesinados y los desaparecidos.

Estos colores uniformes en Ciudad Bolívar y en San Cristóbal, donde fui, eran como un funeral para los sueños borrados, que existen siempre bajo estos colores y donde algunos jóvenes las hacen revivir.

Finalmente, las paredes y las redes hablan, no se callan, y eso es un logro de los jóvenes “incluir la receta del amor de las generaciones anteriores y sustituir el miedo”.

En conclusión, la multiplicación de las acciones anticapitalistas, de las experiencias de construcción de otros mundos posibles, va rompiendo ese habitus establecido y generando grietas en el capitalismo global; avanzamos en la medida que multiplicamos las acciones y las organizaciones pues aprendemos de esas diversas formas de hacer. Sin embargo, la tarea es ¿cómo cohesionarnos para fortalecernos y resistir a la fracturación y atomización de los movimientos sociales? ¿Cómo resistimos en conjunto para que no fracture el miedo, la represión y la muerte a los líderes y lideresas de nuestro mundo? En otras palabras, ¿cuánto de amor debemos de agregar y qué otros elementos necesitamos para sustituir el ingrediente del miedo?

Publicado enColombia
Christy Petropoulou, Crisis-scapes: Athens and Beyond, 2014.

Comprender las características y dinámicas que resaltan en el espacio público urbano, además del paisaje que recrean estos grandes espacios de vida donde cada vez más nos amontonamos los humanos, y sus reivindicaciones desde los procesos comunitarios, son parte de las preocupaciones de Christy Petropoulou, doctora en Geografía Humana y profesora en tal área de la Universidad de Egeo, Grecia, quien también se interesa por comprender la dinámica de los movimientos sociales en la construcción y transformación de espacios geográficos alternos.

Después del XVII Encuentro Latinoamericano de Geógrafos realizado en Quito, Ecuador, a finales de abril, esta docente e investigadora europea recorre parte de Colombia. Dentro de sus intereses cargaba el de conocer experiencias comunitarias y populares.

Aprovechando esta circunstancia, La Red Colombiana de Estudiantes de Geografía tuvo la oportunidad de conversar en Pasto, Popayán y Bogotá con Christy, quien compartió las experiencias de resistencias de los pueblos de América Latina y las relaciones con los movimientos urbanos en Grecia.

Christy resalta el papel de la disciplina geográfica en el análisis de los movimientos sociales: al ser seres espaciales, todas nuestras relaciones ocurren en un espacio que constantemente modificamos y a su vez nos construye. Es así como, cambiando esas relaciones establecidas con el espacio, tejiendo sociedad en resistencia y rebeldía en territorio, podría cambiar el habitus de las sociedades, entendiendo el mismo como las estructuras establecidas a partir de las cuales entendemos la realidad social y actuamos en nuestro día a día, habitus dominante que impide cambiar el orden por un habitus subversivo, incluyente y nuevo. Sumado a ello, esas experiencias de cambio locales, territoriales, también tienen una incidencia en el escenario global, concepto conocido como “glocal”, enseñándonos, por ejemplo, que los movimientos sociales latinoamericanos han trascendido del escenario local para volverse movimientos que enseñan al pueblo global.

 

Aprovechando su visita conversamos con ella. Aquí parte de sus opiniones y de la investigación que adelanta.

Red: ¿Por qué es importante analizar los movimientos sociales urbanos desde la Geografía?
Christy: Los movimientos urbanos y regionales sociales son los que cambian la significación del espacio, lo que conlleva, por ejemplo, que un movimiento contra la transformación de una plaza en centro comercial puede incidir para transformar un espacio de pasaje y de itinerarios individuales e indiferentes en un espacio de solidaridad y de creación de lo común. Un espacio donde no se reivindican solo unos derechos si no que se construyen los derechos. Pero también, un movimiento contra una mina de oro puede guardar y revalorizar el espacio con los principios de buen vivir y de reconocimiento de la madre tierra. A veces, cuando este movimiento se hace más amplio y se conecta con movimientos anticapitalistas, anti-patriarcales y ecológicos, puede construir hetero-topias de otros mundos diferentes de los que vivimos y que nos humillan cada día.

El espacio es muy importante dentro de este proceso, por eso la geografía es importante. La territorialidad y el proceso de la creación de topos que se produce por estos movimientos a veces construye una otra tradición oral, que con el tiempo transforma la significación del espacio y produce otros códigos de comunicación en la vida cotidiana, con lo cual, finalmente, puede ser que con el tiempo cambie el habitus.

Red: ¿Los movimientos urbanos griegos vivieron un crecimiento luego de la crisis del 2008? ¿Podría explicarnos cómo fue esto?
Christy: Para ese momento existía una revitalización de viejos movimientos urbanos y regionales, a partir de la vinculación de nuevas generaciones. Pero también había un declive de unos movimientos muy burocratizados o de otros muy cerrados.

Con la crisis y la intervención del Fondo Monetario Internacional (FMI) se creó un organismo oficial, el Taiped, que tenía como cargo la liquidación de las propiedades públicas. La desazón que esto produce es total. Además, la disminución de los salarios y el crecimiento de desempleo en muchos sectores produce una frustración que solo por medio de encuentros en los espacios públicos podría sobrellevarse. Entonces aparecieron muchos movimientos por todo el país, algunos regionales, otros muy localizados en espacios reivindicados.

Muchos de estos movimientos, con el nuevo gobierno de coalición de la izquierda progresista con una parte de la derecha nacionalista (Syriza - Anel), ya no existen porque algunos se institucionalizaron por medio de la participación electoral, y otros se dividieron porque unos miembros eligieron la participación con el actual gobierno.

Pero lo aprendido de todo esto es hacer las cosas de manera común y solidaria. Eso no se pierde. Se reproduce por medio de rizomas en otros lados y otras experiencias, como por ejemplo en los espacios de solidaridad con los refugiados llegados al país y distribuidos por muchas partes del mismo. Ya cambió un habitus, el de individualismo por el de solidaridad. Pero esta lucha sigue en la vida cotidiana y como todas sabemos, es muy difícil.
Red: ¿Qué tipo de movimientos sociales urbanos se presentan en Grecia? Y desde su observación, ¿Cuál podría ser la ciudad que proponen o reivindican?
Christy: Existen diferentes movimientos urbanos y regionales. Algunos se formaron alrededor de la reivindicación de una plaza o de una calle, de un espacio abandonado que transforma en parque o la reivindicación del viejo aeropuerto abandonado. Otros se formaron contra los grandes proyectos de minas, de hidroeléctricas y de privatizaciones de parques de espacios arqueológicos, de bosques y de playas. Otros alrededor de otra motivaciones. También existe un importante pero pequeño movimiento de recuperación de empresas endeudadas, y un movimiento importante de nuevas cooperativas de cafés, restaurantes, editoriales, etcétera.
Los últimos años se multiplicaron también las ocupaciones-recuperaciones de edificios abandonados para la instalación de refugiados. Dentro de estos colectivos, también existen ideas ecologistas, anti-patriarcales, antirracistas, antifascistas y anticapitalistas, que no podemos decir que los caracterizan todo, pero existe gran inspiración de estas ideas, particularmente de las zapatistas, con tal inspiración muchos pretenden construir otros mundos.

Estas iniciativas, colectivos y movimientos, no tienen una propuesta para la ciudad pero crean redes de localidades de resistencia y creatividad dentro de la ciudad, potenciando nuevos espacios comunes y recreando un espacio público más inclusivo. Es así que podemos decir que ejercen el derecho a la ciudad, y no solo lo reivindican.

Red: Desde la perspectiva glocal, ¿cuáles son algunos de los aspectos del movimiento social latinoamericano que aportan luces a los movimientos urbanos en Grecia?
Christy: 1) La idea que podemos construir un mundo donde quepan muchos mundos; 2) La idea de tomar la decisiones en las asambleas por consenso, que es difícil de aplicar pero se intenta; 3) El buen vivir y una otra relación con la pacha mama, que pasa por la misma conciencia de la territorialidad y el cuidado de los granos, de las aguas, de los bosques, de las playas, por medio de actos en la vida cotidiana; 4) La fuerte tradición de luchas en América Latina y más la revolución cubana, el movimiento Zapatista, el movimiento Piquetero y la recuperación de las empresas en Argentina, las luchas contra las minas en Perú y Colombia, así como el movimiento contra la privatización del agua en Bolivia. Y ahora viene el movimiento feminista, anti-racista, anti-patriarcal; y 5) La idea de crear nuevos mundos en espacios donde se construyen las autonomías en el nivel territorial, en la vida cotidiana y no esperar solo a que el gobierno escuche las reivindicaciones.

Red: De la experiencia reunida en Colombia, ¿cuál cree que es el principal habitus subversivo de sus movimientos urbanos y sociales?
Christy: Colombia es un país de gran diversidad de paisajes y culturas, que resume toda la experiencia de América Latina en sus diferentes movimientos de autonomías indígenas y afro-descendientes (palenques o quilombos), hasta diferentes tipos de guerrillas (fracasadas algunas porque entraron al juego del poder oficial y al comercio de drogas). Pero también tiene una fuerte historia de lucha por la reforma agraria, siempre pendiente en su concreción.

Dentro de este contexto, el habitus de la clase media alta de tener siempre una mujer indígena o afro-descendiente para los trabajos de la casa, y unos hombres para la finca o la empresa en la ciudad con unos sueldos de hambre que siempre tiene que decir “sí señor”, con miedo, este habitus empieza a cambiar.

Es este habitus del miedo de expresarse, cultural y políticamente, generalizado en toda la sociedad vía el paramilitarismo, el que empieza a cambiar. Y eso pasa en las regiones donde se construyen las autonomías indígenas y afro-descendientes, allí es donde este proceso de cambio es más visible, con las asambleas donde participa toda la comunidad, que se alimentan de rituales, de comida y de baile común.
En las ciudades puede verse, dentro de unas universidades y escuelas alternativas, diversidad de colectivos; fuera de ellas, en las plazas, son evidentes su ocupación por comerciantes ambulantes independientes y artistas.

El arte, la comida y el baile crean espacios de encuentros que forman una ritualidad de habitus subversivo. Crean la poética de los movimientos. Sin ésta no podemos recuperar la vida y afrontar el miedo que se reproduce en esta época de “bio-capitalismo”.

Colombia conoce muy bien este miedo. La situación del shock y de perpetua “excepción” de derechos constituyentes está presente en todos los niveles de la vida. Con los desaparecidos, los asesinados, los feminicidios, los falsos positivos, los exilados, las consignas de terror de tipo “los buenos niños duermen temprano” y, actualmente, con las pláticas de paz que no reconocen la existencia de una guerra civil y tratan todas las formas de violencia de la misma manera, intentando borrar la historia.

Pero las prohibiciones silenciosas de salir de noche se rompen con las fiestas comunes y los mercados nocturnos. Las prohibiciones de expresarse en unas ciudades uniformes y mono-coloridas se rompen con los magníficos grafitis y murales que dicen la historia de esta ciudades y más, la historia de las periferias de auto-construcción popular. En el campo se construyen otros mundos por medio de las autonomías y en las ciudades nacen muchos nuevos colectivos.

Durante mi estancia en Bogotá, los edificios históricos de la Plaza de Bolívar estaban cubiertos de telas negras para protegerlos de los colores de los manifestantes. Alrededor había unos perpetuos trabajos de reconstrucción y re-significación de la ciudad que no terminaban nunca. Esto es un intento de gentrificación como decimos en Geografía Urbana, que quiere sacar la imagen de los pobres de la ciudad solo cambiándola de lugar. Estas telas negras en la Plaza Bolívar eran como un funeral para los asesinados y los desaparecidos.

Estos colores uniformes en Ciudad Bolívar y en San Cristóbal, donde fui, eran como un funeral para los sueños borrados, que existen siempre bajo estos colores y donde algunos jóvenes las hacen revivir.

Finalmente, las paredes y las redes hablan, no se callan, y eso es un logro de los jóvenes “incluir la receta del amor de las generaciones anteriores y sustituir el miedo”.

En conclusión, la multiplicación de las acciones anticapitalistas, de las experiencias de construcción de otros mundos posibles, va rompiendo ese habitus establecido y generando grietas en el capitalismo global; avanzamos en la medida que multiplicamos las acciones y las organizaciones pues aprendemos de esas diversas formas de hacer. Sin embargo, la tarea es ¿cómo cohesionarnos para fortalecernos y resistir a la fracturación y atomización de los movimientos sociales? ¿Cómo resistimos en conjunto para que no fracture el miedo, la represión y la muerte a los líderes y lideresas de nuestro mundo? En otras palabras, ¿cuánto de amor debemos de agregar y qué otros elementos necesitamos para sustituir el ingrediente del miedo?

Publicado enEdición Nº257
Descubren montañas a 660 kilómetros de profundidad de la Tierra

Pekín. Un estudio internacional descubrió montañas y otras formas topográficas en una capa a unos 660 kilómetros de profundidad que separa el manto superior e inferior de la Tierra.

En la edición del viernes de la revista estadunidense Science, investigadores del Instituto de Geodesia y Geofísica de la Academia de Ciencias de China, el Instituto de Tecnología de California, la Universidad de Princeton y otras instituciones de investigación anunciaron que se valieron de las poderosas ondas generadas por un terremoto de magnitud 8.2, el segundo mayor sismo profundo jamás registrado, que sacudió Bolivia en 1994, para investigar sobre las capas profundas del planeta.


La Tierra tiene tres capas: la corteza, el manto y el núcleo. Los grandes terremotos primero impactan el manto, enviando ondas de choque que viajan en todas direcciones por medio del núcleo hacia el otro lado del planeta y rebotan, proceso que proporciona datos valiosos para la investigación geocientífica.


Al igual que las ondas de la luz que rebotan en un espejo o se doblan a través de un prisma, las ondas sísmicas también se pueden reflejar o refractar cuando se encuentran con cualquier rigidez o límite al atravesar las rocas bajo nuestros pies.
Modelos estadísticos


Los expertos usaron computadoras muy potentes, incluido el clúster de supercomputadoras Tigre de la Universidad de Princeton, para simular la complicada dispersión de las ondas sísmicas en la Tierra profunda.


Sus modelos estadísticos demuestran que estas ondas sísmicas se encontraron con un límite a 660 kilómetros de profundidad. Se trata de una topografía más fuerte y dura que la capa superficial en la que vive la gente, y es posible que estas montañas subterráneas sean mayores que las existentes en la superficie del planeta.


La dureza no está distribuida de forma equilibrada, ya que la superficie de la corteza cuenta con relieves oceánicos y montañas.


Según los especialistas, la presencia de dureza a una profundidad de 660 kilómetros tiene implicaciones significativas para entender cómo se formó y funciona nuestro planeta, y proporciona nueva información para comprender el destino de las antiguas placas tectónicas que han descendido hacia el manto.


Christine Houser, sismóloga y profesora adjunta del Instituto de Tecnología de Tokio, que no participó en esta investigación, indicó en un artículo de revisión que los resultados podrían ayudar a responder preguntas fundamentales sobre la evolución de la Tierra.


La investigación fue apoyada por varias instancias chinas, como el Programa Nacional de Investigación Básica, la Academia de Ciencias y la Fundación Nacional de Ciencias Naturales.

Lunes, 16 Enero 2017 06:24

El Salto del Tequendama

El Salto del Tequendama

Veo con ilusión el titular del diario Público llamado “Los lugares abandonados más bellos del mundo”. Ese interés está dado en parte porque reconozco el edificio que aparece en la foto que lo acompaña, pese a que debe estar tomada hace ya un tiempo. Es el antiguo hotel “El Refugio del Salto” en el lugar conocido como el Salto del Tequendama.


Pero mi gozo se queda en el pozo al desplegar la noticia y ver que la referencia a tan espectacular lugar, que ocupa el cuarto puesto entre los diez sitios descuidados que el autor del artículo menciona, se resuelve con un simple párrafo que dice


“Sin duda, uno de los más espectaculares edificios abandonados del mundo. El Hotel del Salto se ubica en Colombia, junto a las Cataratas de Tequendama. Su altura es tal que muchos han elegido este lugar para lanzarse al vacío y acabar con su vida.”


Creo que el sitio ameritaba algo más que tres líneas en las que se da un nombre equivocado al hotel, se tilda de cataratas a lo que todo el mundo en Colombia conoce como el Salto y se destaca que es elegido para suicidarse por su elevada situación geográfica.


El Salto del Tequendama es una caída de agua de ciento cincuenta y siete metros, según lo medido en su día por Humboldt con un barómetro, que la coloca como la segunda catarata más alta de la Tierra, después del salto del Ángel en Venezuela.


Está situada a algo más de treinta kilómetros de la capital colombiana y es uno de los obstáculos que se encuentra el río Bogotá en sus trescientos ochenta kilómetros de recorrido, desde su nacimiento a más de dos mil setecientos metros de altitud hasta llegar al caudaloso río Magdalena en donde desemboca después de atravesar cañones como el que se forma en el municipio de Soacha al que pertenece el salto.


El edificio que está en la foto del diario español fue en su día el hotel “El Refugio del Salto” y hoy forma parte de un proyecto conjunto entre la Universidad Nacional de Colombia y una fundación ecologista para convertirlo en museo y contribuir con ello a recuperar la zona. Para lo que también se está trabajando en la rehabilitación del río Bogotá que sufre altos niveles de contaminación.


A ese espacio natural le dediqué una entrada en mi antiguo blog, hoy eliminado, en enero de 2015 después de realizar un recorrido por aquellos parajes durante una salida de campo. Lo titulé “Viaje al principio de todo” y decía lo siguiente:
Por lo general, nos empeñamos en viajar al fin del mundo cuando no sé sabe bien qué es y dónde está.


Nuestro recorrido empezó con una vuelta al pasado reciente, el vehículo que nos transportaba marcaba las ocho de la mañana del día 24 de agosto de 2001. ¿Una premonición? No lo creo, pero sí un aviso de que nos dirigíamos hacia atrás en el tiempo.


Llegamos al lugar previsto hacia las cuatro de la madrugada, un inicio de día frío y ventoso que no nos adelantaba qué sería y cuál iba a ser el calor que nos produciría la experiencia. La niebla nos fue introduciendo en la mañana, el día aparecía lentamente y sin la fuerza del sol. Solamente nos acompañaba un ruido que no mostraba lo que lo originaba y un olor no muy agradable.


Entre la bruma, las gotas golpeaban suavemente el rostro, el poco que quedaba al aire entre una vestimenta cercana a los equipos de intervención ante desastres químicos.


Cuando los tenues rayos de sol hicieron acto de presencia entre las nubes y la niebla, ante nosotros se presentó un espectáculo. El río Bogotá llegaba al salto del Tequendama y se precipitaba en una caída de ciento cincuenta y siete metros, según lo medido por Humboldt con un barómetro, al fondo de unas hoces verdes y rocosas. La majestuosidad del agua en su torrente opaca las contradicciones de una corriente de gotas contaminadas por muchas de las prácticas que los humanos producen, provocan y no limitan en su actividad como depredadores del planeta.


La segunda catarata más alta de la Tierra, después del salto del Ángel en Venezuela, reúne en su imagen la belleza y la tristeza. Un prodigio de la naturaleza perjudicado por el mal uso y escasa protección que se le da por parte de quien la disfruta y la explota. Frente al verde de múltiples tonalidades, los humos blancos y grises de una cementera; contra la prístina agua que acompaña al río en sus inicios en Villapinzón, la alba espuma y el negro aceite de vertidos y desechos que le caen en su recorrido por tierras cundinamarquesas.


Era realmente un viaje al principio de todo, al agua que nos ha permitido la vida en el planeta, a los tiempos de naturaleza virgen y salvaje, a la biosfera sana y al hábitat impoluto. Pero la realidad es muy otra. Llama la atención la poca fauna a la vista en el aire y entre el bosque primario que recorre la margen derecha del Bogotá. Tampoco es probable que haya vida de peces o anfibios en aguas tan castigadas por la contaminación.


Los originarios muiscas desaparecerían como fantasmas si vieran en qué estado se encuentra uno de sus lugares sagrados. Las puertas abiertas, significado de Tequendama, han sido cerradas por la ignorancia y la falta de ética del hombre. El salto no nos lleva al cielo, aunque en su entorno nos sintamos como rozando las nubes.


El lugar pertenece al municipio de Soacha, a unos 30 km al suroeste de la capital colombiana, en el Departamento de Cundinamarca. El Bogotá recorre cerca de trescientos ochenta kilómetros en los que desciende desde los más de dos mil setecientos metros de altitud hasta desembocar, atravesando cañones y valles en el río Magdalena a unos doscientos ochenta metros sobre el nivel del mar.


La falta de interés efectivo por el río y su esplendoroso salto por parte de las administraciones públicas, que no se ponen de verdad a la tarea de recuperar un paraje único de la naturaleza; como de las empresas que se aprovechan de él, desde las curtimbres a la empresa de electricidad pasando por la cementera, como de las personas, tanto las que habitan la zona como las que viven de su atractivo turístico o las que lo visitan, que botan los residuos al cauce como si fuera un basurero, hacen que se pierda gran parte del atractivo del salto.


La casa que “cuelga” al borde de uno de los precipicios de estas serranías fue en su momento el hotel El Refugio del Salto, edificación de arquitectura francesa inaugurada en 1923 como lugar de reposo y alojamiento para las clases pudientes. Hoy, una iniciativa del Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia junto a la Fundación Granja Ecológica El Porvenir está intentando recuperar la mansión que acoge ahora la Casa Museo del Salto del Tequendama, propuesta aún en pañales pero que ojalá consiga rescatar no solamente el edificio sino todo su entorno, sobre todo el río y su maravilloso salto.


Al margen de los fantasmas de la hoy casa museo y de los suicidios al borde de la cascada, la zona merece una visita para contemplar un enclave natural sorprendente, para escuchar el ruido del agua al precipitarse a la fosa y para, en definitiva, disfrutar de un viaje al principio del mundo, al lugar donde los muiscas asentaban su hogar y sus dioses disfrutaban de la Tierra, algo que uno no se puede perder. Antes de que la dejadez y la falta de entendimiento de personas e instituciones terminen de llevar a cabo un ecocidio. Un lugar del que von Humboldt, uno de los pintores de la naturaleza, describía a principios del siglo XIX así:


“ (...) El gran muro de roca, cuyas paredes baña la cascada y que por su blancura y la regularidad de sus capas horizontales recuerda el calcáreo jurásico; los reflejos de la luz que se rompe en la nube de vapor que flota sin cesar por encima de la catarata; la división al infinito de esta masa vaporosa que vuelve a caer en perlas húmedas y deja detrás de sí algo como una cola de corneta; el ruido de la cascada parecido al rugir del trueno y repetido por los ecos de las montañas; la oscuridad del abismo; el contraste entre los robles que arriba recuerdan la vegetación de Europa y las plantas tropicales que crecen al pie de la cascada, todo se reúne para dar a esta escena indescriptible un carácter individual y grandioso. Solamente cuando el río Bogotá está crecido, es cuando se precipita perpendicularmente y de un solo salto, sin ser detenido por las asperezas de la roca. Al contrario, cuando las aguas están bajas, y así es como las he visto, el espectáculo es más animado. Sobre la roca existen dos salientes: la una a 10 metros y la otra a 60 metros; éstas producen una sucesión de cascadas, debajo de las cuales todo se pierde en un mar de espuma y de vapor.” (*)


Nuestro viaje terminaba con el regreso a nuestros días a bordo del vehículo que ahora marcaba la una de la madrugada del 25 de agosto de 2001. Nuestro recorrido había ido mucho más atrás en el tiempo, habíamos contemplado el lugar que el personaje mitológico muisca Bochica creó a partir de romper una gran roca con su bastón, dejando las puertas abiertas para que saltará el agua. Unas aguas que están llamando a que la flora y la fauna vuelvan a llenarlas.


(*) Del libro Memorias, de Jean Baptiste Boussingault. Expediciones científicas e historia natural 1802-1887. En la Biblioteca Luis Ángel Arango de Bogotá. http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/historia/memov1

Publicado enColombia
El caso (nada) extraño de Corea del Norte

Los orígenes del término guerra fría se remontan hacia finales de los años 40, una vez concluida la II Guerra Mundial. Estados Unidos y la extinta Unión Soviética se embarcaron en una carrera armamentista nuclear que acabó definiendo la geografía de esa época en un orden bipolar. Una de las claves de ese mundo (dividido en dos sistemas que se autodefinían como opuestos) residió acaso en las transformaciones de sus respectivas máquinas de guerra. La aparición de las armas nucleares modificó no sólo el concepto de la guerra, sino a la guerra misma.

 

Fue Alfred Nobel, uno de los mayores productores de dinamita en los últimos años del siglo XIX, quien previó de manera involuntaria el carácter de esta transformación. Frente a la pregunta de que si no le parecía absurdo que el inventor de la dinamita utilizara el dinero de sus empresas para promover la causa de la paz, Nobel respondió que no, en absoluto, que incluso le parecía lógico. "Los hombres –dijo el ingeniero sueco– jamás llegarán a resolver sus conflictos de manera pacífica por razones morales o de conciencia. Sólo una arma que garantice la destrucción mutua de los enemigos puede lograr ese cometido". Esa arma no la desarrolló Nobel, sino cientos de científicos que trabajaron entre 1940 y 1944 en la Universidad de Chicago y en los laboratorios de Los Alamos, que afanosamente buscaban la paz (por supuesto). Después siguieron los soviéticos, que se hicieron de su propio arsenal atómico.

 

Por primera vez en la historia de la guerra, las armas nucleares garantizaban que su empleo mutuo redundaría en el aniquilamiento de ambos bandos. Hay historiadores cáusticos, se podría decir, que llaman al período de la guerra fría la Gran Paz. En efecto (en un periodo que ha durado hasta la fecha 68 años) las grandes potencias no volvieron a chocar militarmente de manera directa. El término de Gran Paz es un exótico eufemismo de un orden que disolvió prácticamente las fronteras entre la guerra y la paz. El estado de amenaza permanente de guerra –que invadió la sique, todas y cada una de las grandes decisiones políticas y los órdenes simbólicos– transformó por completo el concepto de lo político. Si Klausewitz explicó alguna vez porqué la guerra era una continuación de la política con otros medios, el equilibrio nuclear hizo de la política una continuación de la guerra con medios bastante precisos.

 

Esa inversión de lógicas tuvo sus saldos concretos en una multitud de países que se vieron afectados por revoluciones y guerras civiles. Cuba fue uno de ellos. La crisis de los misiles, a principios de los años 60, consistió en que un país pequeño con una economía menor, sin industria militar propia, dotado tan solo de un ejército popular podía, con un mínimo arsenal nuclear de misiles atómicos, ponerse al tu por tu con una gran potencia. Para la revolución cubana los saldos de la guerra fría fueron prolíficos e incluso beneficiosos. Sin los misiles nucleares, es muy probable que Estados Unidos hubiera invadido la isla rebelde. El costo en vidas y devastación humana habría sido inimaginable. Por su parte, la revolución cubana pagó su precio: quedó situada en el fatal bloque del mundo soviético.

 

En Cuba se inauguró lo que acaso podría llamarse la micro-guerra fría, entendida ya como una forma específica de la guerra misma.

 

Pakistán fue, en esos mismos años, otro de los beneficiados de ese extraño equilibrio/desequilibrio. Desde entonces cuenta con silos atómicos que protegen sus fronteras de los ataques de la India.

 

La más reciente micro-guerra fría ha sido la que ha definido las relaciones entre Irán y EU desde los años 90. Irán no cuenta con armas atómicas, pero ha intentado desarrollarlas desde hace una década y media. El discurso político con el que Occidente ha entrecruzado ese conflicto ha alcanzado tintes hiláricos. ¿Qué harían, se dice, unos ayatolas irresponsables con armas atómicas en la mano? La respuesta imaginable es sencilla: cuidar su poder con el mismo celo con el que lo hace el Pentágono. Es como una suerte de etnocentrismo racional o políticamente correcto. Cuando Occidente emprende una guerra es un acto civilizado y civilizatorio. Cuando alguien resiste, se trata de locos, salvajes, irresponsables.

 

El caso de Corea del Norte encierra sus propias características. Un régimen totalitario, en manos de una dinastía que ha impuesto a su población sacrificios altísimos, cuenta ya con misiles capaces de lanzar armas nucleares hasta las bases militares estadunidenses de la región. Pero aquí existe un factor del cual no es posible prescindir. Ese factor se llama China. Corea del Norte es el territorio que separa a la frontera China de una larga línea de posiciones militares de EU en la región. Además, es un país que depende económica y tecnológicamente de manera umbilical de Pekín. Cierto, entre China y Corea del Norte han existido conflictos y desavenencias, pero la política nuclear de Pyongyang representa un asset privilegiado para la diplomacia de la nueva potencia económica. Una diplomacia que, si bien condenó las recientes pruebas nucleares, no ha movido un dedo para presionar a los mandos norcoreanos. Por el contrario, todo indica que seguirá capitalizando la locura norcoreana para definir cada día más quien pone las reglas de la región.

 

Publicado enInternacional
“Los espacios están llenos de poder, son un producto de las relaciones sociales”

En el mundo, con los vínculos financieros, o en la intimidad, con la diferencia entre la cocina y una oficina. La investigadora británica propone otra mirada sobre los espacios: la que tiene que ver con el poder. Así, analiza el neoliberalismo, la globalización y la multipolaridad. Reivindica los nuevos espacios de poder en América latina y cuenta cómo sus conceptos teóricos son aplicados en las reformas territoriales de Venezuela.


–Usted suele repetir un lema: “La geografía importa” (Geography matters!). ¿Por qué y para qué es importante hoy la geografía?

 

–Importa en principio porque la geografía de una sociedad hace una diferencia a la organización de la sociedad. El desarrollo desigual dentro de un país hace una diferencia en relación con cómo funciona esa sociedad. Por ejemplo, si hay personas jóvenes que no tienen acceso a la cultura, van a tener dificultades para entrar en determinados espacios, como los grandes museos o lugares por el estilo, espacios oficiales del arte; esta dificultad empeora la exclusión. La organización del espacio tiene efectos sobre la posición social de las personas. El espacio es un producto social y a su vez tiene efectos sobre lo social. Porque el espacio está lleno de poder. Cada día producimos el espacio. A nivel global, por ejemplo, están los vínculos financieros, y aun dentro del espacio íntimo, la diferencia entre la cocina y una oficina marcan estas relaciones de poder. En Europa, por ejemplo, en este momento un aspecto importante del problema es espacial, porque no pueden diseñar una arquitectura financiera que ataque al desarrollo desigual entre países, es el problema fundamental, es geográfico, pero no pueden manejarlo.

 

–¿Cómo se enmarca la crisis griega en esta situación geográfica que describe?

 

–Creo que el problema para los griegos es el resultado de que la arquitectura de la Unión Europea falla, porque no puede resolver el problema del desarrollo desigual entre países. Aparece como un problema del país, pero en realidad es un problema que está a nivel de la organización europea, no es individual de Grecia. Como en Grecia no pudieron devaluar su moneda, tuvieron que devaluar a su gente. Entonces, el problema de no poder manejar estas cuestiones geográficas produce efectos terribles. Mi argumento también es que en términos del poder de las elites de Europa, están fomentando políticas nacionalistas, y en lugar de acusar a los bancos y al FMI, la gente de Grecia está acusando a Alemania, y la gente de España también le echa la culpa a Alemania. Entonces, están convirtiendo lo que es una responsabilidad de los bancos en un problema donde la gente de diferentes países están luchando unos contra otros. De esta manera, la imaginación geográfica, mediante las identidades nacionales, está siendo usada para enfrentar a un pueblo contra otro.

 

–Desde una perspectiva geográfica, ¿cómo ve este fenómeno que hoy se nombra como “globalización”?

 

–En primer lugar, yo diría que el término “globalización” debería ser nombrado junto a un adjetivo, porque lo que hoy tenemos es una “globalización neoliberal”. Entonces, el problema no es el hecho de ser global, sino la forma de serlo. Es importante pensar en distinguir estas cuestiones. En segundo lugar, creo que necesitamos enfocar esta versión de la globalización con un mundo multipolar. Para mí es importante la idea de multipolaridad porque es un intento de decir: “Sí, queremos ser internacionalistas, globales, pero queremos ser globales de una manera diferente, no de una forma neoliberal”.

 

–¿A qué se refiere con multipolaridad?

 

–Es bueno aclarar esta idea, porque detecto en el debate actual diferentes interpretaciones. Creo que alguna gente, con multipolaridad sólo quiere decir que hay variaciones en el mundo, que algunos lugares son diferentes de otros. Pero para mí la cuestión de la multipolaridad es esencialmente política, es una cuestión que surge en una era unipolar, en la que Estados Unidos y el neoliberalismo eran completamente dominantes. Entonces, la pregunta para mí es “¿podemos establecer multipolaridad en el sentido de tener otras alternativas al neoliberalismo?” Así no hay un solo centro de poder en el mundo. Hay manifestaciones que muestran que otras maneras de organización en la sociedad son posibles. Por eso es que la cuestión de la multipolaridad está siendo encarada acá en Latinoamérica. Pero no todo el mundo piensa así. ¿Podemos realmente ser un desafío a la hegemonía del liberalismo en un nivel internacional? La multipolaridad para mí es más que un reconocimiento de las diferencias. Se necesita un desafío real a la dominancia de la unipolaridad. En este momento parece haber una sola forma de la economía, que es la del mercado libre, la del neoliberalismo. Desde ese lugar, cuando dicen que no hay alternativa, quieren decir que hay sólo una manera de organizar la economía y la sociedad. Es un tema casi filosófico, el espacio es la dimensión de la multiplicidad, el espacio es la dimensión en que muchas cosas existen al mismo tiempo. Lo que hace el liberalismo y algunas de las versiones de la modernidad es arreglar las diferencias geográficas en una sola dirección histórica, mostrando que sólo hay una posibilidad. Abrirse a la multiplicidad implica espacializarse, abrirse a la posibilidad de la multipolaridad.

 

–Pero ¿qué sería reconocer que hay más que diversidad?

 

–Creo que el desafío real es a los principios del neoliberalismo, particularmente la idea de que el mercado es algo natural, que está por fuera de lo social, algo que no se debe debatir, como una fuerza de la naturaleza. Y esto es lo que establece el neoliberalismo, es el mercado. Lo primero que hay que hacer es desafiar esto. Segundo, debemos desarrollar a un sentido multipolar, necesitamos desarrollar modos de organizar la sociedad, que tengan sus propias trayectorias, sus propias dinámicas, que no sean sólo una variación del neoliberalismo, algo centralmente diferente con una economía social que tenga una dinámica particular. Y tercero, tiene que ser sostenible. Porque nosotros en Europa acostumbrábamos pensar que la socialdemocracia era una alternativa al neoliberalismo. Pero la socialdemocracia falló completamente por diferentes razones, pero principalmente porque no fue lo suficientemente radical a nivel económico, no desafiaba al mercado, y además no estableció una base social lo suficientemente fuerte. Por eso fue insostenible económica y socialmente.

 

–De alguna manera, usted reconceptualizó la idea de lugar. ¿De qué manera los lugares pueden tener un sentido global?

 

–Como geógrafa, por un lado quiero reconocer las especificidades de los espacios, amo los lugares y las diferencias entre ellos. Pero por el otro lado quiero ser internacionalista, tengo intereses en las relaciones globales. Hay un montón de gente que le presta atención a la especificidad de los lugares, desde un lugar típicamente romántico, ese tipo de amor a los lugares se convierte en algo sentimental, esencialista. Yo creo que podemos amar la especificidad de los lugares, pero al mismo tiempo debemos hacer implosionar este tipo de visión romántica y esencialista. Por ejemplo, la “britanidad”. Inglaterra no sería Inglaterra sin las relaciones con el resto del mundo: imperio-colonia, lo bueno y lo malo. Entonces, la identidad de los lugares no es algo que surge del suelo, sino de la relaciones que se mantienen con el resto del mundo. Un lugar no es una cosa cerrada con una identidad esencial, es una articulación específica de relaciones globales y es esa articulación de relaciones más amplias lo que le da su particularidad. La especificidad de los lugares es siempre un producto de cosas más amplias. Y esa especificidad es algo que está en disputa.

 

–Usted introdujo un concepto nuevo en geografía, el de “geometría del poder”. ¿Puede explicar de qué se trata?

 

–Como decía, los espacios están llenos de poder y son un producto de las relaciones sociales, hacemos el espacio todo el tiempo. Pero el poder es siempre un producto relacional, no se trata de que yo tengo poder y usted no, se trata del ejercicio del poder entre personas, entre cosas, entre lugares. El concepto de geometría del poder intenta captar estas cuestiones. El espacio está siempre hecho de las relaciones sociales llenas de poder y, por otro lado, el poder siempre tiene una cartografía, se puede hacer mapas del poder social, político, económico.

 

–Este concepto de “geometría del poder” está siendo utilizado en las reformas territoriales que se llevan a cabo en Venezuela. ¿De qué manera el gobierno de Chávez incorpora sus ideas?

 

–Ellos están usando esta idea de tratar de hacer más igual la geografía del poder político en el país. Y hay muchas maneras de hacer eso. Primero tratan de igualar el poder entre las grandes ciudades de la costa y las más pequeñas que están más alejadas. La idea es darles voz a todos los lugares en el nivel local en la conversación política. Es un proyecto que puede llevar mucho tiempo, pero ellos establecieron las formas institucionales que pueden desarrollar este tipo de poder, ésta es una de las cuestiones. El otro tema central es el desarrollo de los consejos comunales. Cada cuatrocientos hogares puede formarse un consejo comunal. Son generados y operados a través de una democracia participativa. Esto es la autogestión local. La geografía del poder está basada en lo local, y va de abajo hacia arriba, lo que cambia la naturaleza del poder, desde el poder de votar hasta el poder de hacer, de lograr cosas prácticas. Están tratando de pensar acerca de la geografía del poder político en el país, tanto en término de regiones como de ciudades. Por ejemplo, en Caracas hay un sentimiento real, la gente de los barrios pobres por primera vez realmente siente que tiene una voz, y esto es un cambio en la geografía del poder político. Antes los barrios pobres estaban excluidos de la conversación política, no tenían una voz política, y creo que ellos ahora sí la tienen.

 

–¿Le parece que experiencias de América latina, como la formación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), es una forma de desarrollar la multipolaridad?

 

–Exactamente. Para mí el establecimiento de la Celac es muy significativo, es la primera organización que incluye a todos los países de América, con excepción de Estados Unidos y Canadá, marca una nueva identidad continental. En Europa, a diferencia de lo que está sucediendo aquí, no hay realmente un sentido de identidad europea. Por otra parte, la Unión Europea es sólo mercado libre y competencia entre países, no tiene que ver con un proyecto común, con relaciones sociales, simplemente neoliberalismo. Yo veo en Latinoamérica un mosaico de alianzas: está la Unasur, ALBA, Petrocaribe, son maneras diferentes de imaginar el espacio que en Europa. Las relaciones pueden significar mutualidad o cooperación, o cambio igualitario, eso no es neoliberal. Y esto también es construir una identidad en el continente, una solidaridad, lo que también permite las diferencias. Sabemos que Bolivia no es lo mismo que Argentina, pero hay una solidaridad. Puede haber diferencias y solidaridad también. Y esto es diferente de lo que sucede en Europa. Por un lado, hay un nuevo tipo de espacio, un nuevo tipo de identidad, pero también creo que esta identidad está comenzando a desafiar al neoliberalismo. Para mí, que lo veo desde Europa, esto es fantástico. Porque lo que está sucediendo es la construcción de una nueva voz, que está diciendo cosas diferentes, y de esta manera está desafiando al neoliberalismo. Por otra parte, hay experimentos de nuevas formas de democracia. Desde Europa, eso da esperanza también, porque el establecer un sentido para este nuevo proyecto, como en Venezuela, realmente depende de la gente. Y este tipo de proyectos son una forma de decir que hay alternativas al neoliberalismo. Lo que está pasando en América latina es diferente. Las preguntas son: ¿es lo suficientemente diferente? ¿Está desafiando las bases? ¿Es sostenible? Esto es realmente una batalla ideológica, una batalla acerca de la imaginación geográfica. La imaginación geográfica en Estados Unidos y Europa les dice que somos todavía el centro del mundo. Lo que me parece más interesante es que desde América latina están planteando algo diferente. Yo estuve en India hace unos años, y ellos hablaban de políticas tecnológicas y en sus discusiones se referían a sus relaciones de competencia con China, nadie mencionó a Estados Unidos o Europa. Esto es increíble y significa que hay realmente posibilidades de desarrollar un mundo multipolar, pero en el caso de India era una cuestión sólo económica. Lo que me gusta de Latinoamérica es que también es un asunto político, un desafío al neoliberalismo.

 

–Usted trabaja en la Open University, una universidad bastante particular en la escena académica de Gran Bretaña, ya que está abierta a la clase obrera. ¿Cómo es trabajar ahí?

 

–Es muy importante para mí estar en la Open University (OU). Yo provengo de una zona pobre del norte, de la clase obrera de Manchester, pero fui a la universidad de Oxford. Aunque realmente amo el trabajo académico, el elitismo de Oxford me hizo pensar en que no quería ser una académica. Entonces, durante varios años trabajé fuera de la universidad haciendo otras cosas, porque pensaba que ser una académica era algo muy elitista. En un momento se presentó la posibilidad de trabajar en la OU, y de esta manera se resolvió mi problema, personalmente porque era un universidad con proyecto político de educación popular y democrática. Es el único lugar en el que pienso que podría ser feliz como académica. Es un proyecto democrático, se puede ir a la OU sin títulos, pero ofrecen el apoyo necesario como para que cada persona pueda alcanzar el nivel universitario. Es una universidad explícitamente antielitista. Y es masiva, tiene miles de estudiantes, en la facultad de ciencias sociales debe haber más de diez mil estudiantes. Para mí es como debería ser la educación en diferentes aspectos, es para cualquiera. En un curso puedo tener una gran variedad de personas, puede haber un diplomático, un ama de casa, un trabajador del puerto, y a mí me encanta eso. Me han ofrecido trabajo en universidades de elite, pero yo siempre continué trabajando en la OU.

 

–Además de su labor académica, usted suele trabajar con artistas.

 

–Sí, trabajé con (el artista danés) Olafur Eliasson, que tiene un estudio en Berlín. Me involucré mucho en proyectos con artistas que están interesados en el espacio. Recién terminamos un film en el que participé (Robinson in Ruins), y también escribí un ensayo que se llama Landscape, Space, Politics (Paisaje, Espacio, Políticas). Lo que tratamos de hacer es pensar sobre cómo leer el paisaje políticamente, sin romantizar, cómo caminar a través de un paisaje y entenderlo, y poder aprender del paisaje qué está sucediendo en la sociedad. Es un proyecto con un sentido político, tiene mucho que ver con la globalización neoliberal, con la crisis financiera y con el reclamo de un cambio. Vanesa Redgrave hizo la locución en la película. Me siento muy afortunada, porque el tema en el que estoy interesada, el espacio y la política, está en todas partes, entonces puedo trabajar con una gran cantidad de personas. Puedo desplegar mis inquietudes en diferentes áreas, y de esta manera aprendo más. Por ejemplo, los artistas piensan muy distinto de mí, y por eso me gusta trabajar con ellos. Tenemos acercamientos muy distintos a los mismos problemas, y para mí eso es maravilloso. Es lo que me mantiene activa, es la manera de abrirse a otras maneras de pensar.

Publicado enInternacional
El movimiento de los geógrafos brasileños
En ciertas ocasiones las universidades, y los universitarios, se apartan del lugar que eligieron para deslizarse hacia la gente común organizada en movimientos, se comprometen con ellos y devuelven a la sociedad parte de lo que ella invirtió en su formación. Cuando esto sucede los resultados suelen ser interesantes, ya que multiplican el esfuerzo por el cambio social, que nunca sucede dentro de los campus sino allí donde transcurre la vida real.


Este semana se realiza en Belo Horizonte el séptimo Encuentro Nacional de Geógrafos, organizado por la Asociación de los Geógrafos Brasileños (AGB), donde unas 7 mil personas, en su mayoría estudiantes y licenciados jóvenes, abordan los principales problemas políticos del país, además de sus propias inquietudes profesionales. La estructura del encuentro, autogestionado por los participantes, y el tipo de debates encarados, muestran que se trata de algo diferente a lo que suele suceder en esos espacios.


Las 20 mesas redondas están ordenadas en torno de siete ejes temáticos: la restructuración en curso del capital, las prácticas educativas de la geografía, Brasil en América Latina, movimientos sociales y resistencias, naturaleza y sociedad, saberes geográficos y luchas sociales, y lenguajes y tecnologías. Además, sesionan grupos de trabajo, se realizan minicursos y se abren espacios donde los colectivos socializan sus investigaciones.


Mención especial merecen los más de 100 Espacios de Diálogos y Prácticas, donde se debatieron horizontalmente alrededor de 3 mil ponencias, con fuerte énfasis en las luchas sociales y políticas del último periodo, ya que el encuentro se realiza cada dos años. Un día de la semana fue dedicado a “actividades de campo”, para conocer de cerca desde las resistencias populares hasta el avance del capital sobre la naturaleza y la geografía urbana. En suma, fue un encuentro en el que participaron militantes sociales y profesionales comprometidos, algo que no es frecuente en estos tiempos y que, de algún modo, emparenta el movimiento de los geógrafos con el de las agrupaciones estudiantiles argentinas que recientemente realizaron su encuentro anual en Rosario.


¿Cómo fue posible transitar de las corporativas y conservadoras asociaciones profesionales a un movimiento vivo, abierto e incrustado en las luchas sociales? El viraje sucedió en la etapa final de la dictadura militar, en un periodo de fuerte protagonismo estudiantil, obrero y campesino, en el que se crearon la central sindical CUT y el Movimiento Sin Tierra (MST). En ese clima social y político, la reunión anual realizada en Fortaleza en 1978 decidió modificar los estatutos y abrir la asociación a los estudiantes, democratizarla, con lo que comenzó a vincularse de forma estrecha con el movimiento por los derechos humanos de esos años y el debate político nacional.


Desde ese momento la asociación de los geógrafos no dejó de vincularse a las luchas populares, convirtiéndose en referente ineludible. En esa trayectoria colectiva deben destacarse algunas personalidades como Carlos Walter Porto Gonçalves, quien trabajó con Chico Mendes en Acre y cuyo libro La globalización de la naturaleza y la naturaleza de la globalización fue premiado por Casa de las Américas en 2008, así como los casos de Bernardo Mançano Fernández y Ariovaldo de Oliveira, quienes vienen trabajando junto al Movimiento Campesino Sin Tierra. Una gran cantidad de geógrafos están vinculados a movimientos como el que en estos momentos resiste la construcción de la represa de Belo Monte sobre el río Xingú.


Debe destacarse que el movimiento de los geógrafos sigue creciendo a pesar del largo y profundo reflujo que experimentan las luchas sociales en Brasil, como lo muestra la evolución de la participación en los encuentros bianuales. En 2002 participaron 3 mil personas en João Pessoa, en 2004 llegaron 3 mil 800 al de Goiania, para caer a mil 500 en 2006 en la lejana Rio Branco, en el estado de Acre, fronterizo con Bolivia. En 2008 en São Paulo fueron 5 mil personas y 5 mil 500 en Porto Alegre en 2010. Este año en Belo Horizonte hubo 7 mil inscritos.


Lo que no dicen las cifras es la calidad de los debates, sobre todo en los pequeños espacios de intercambio, donde los más jóvenes debaten de igual a igual con las generaciones mayores los desafíos que enfrentan los movimientos de los subalternos en las grandes ciudades, como la militarización de las periferias y la presencia del narcotráfico en las favelas. Me pareció notable la elevada presencia de afrobrasileños en el encuentro, con trabajos brillantes y reflexiones que muestran que la favela, y los movimientos que produce, como el hip-hop, forma parte del espeso entramado de resistencias al modelo hegemónico, en sintonía con la producción de Milton Santos, el más emblemático geógrafo brasileño.


Fueron importantes los debates en torno a las megaobras para el campeonato mundial de 2014 y los Jugos Olímpicos de Río de Janeiro en 2016, que están desplazando cientos de miles de personas de los barrios más pobres de las ciudades para beneficio de un puñado de multinacionales brasileñas de la construcción. Decenas de trabajos y algunos libros acompañan la creación de los comités populares que trabajan junto a los afectados para paralizar las obras y forzar a los gobiernos locales a negociar cambios o mejoras para los desplazados. Los geógrafos aportan desde cartografías hasta una mirada de conjunto que permite comprender la actual fase de acumulación de capital a través de grandes obras que destruyen las tramas urbanas.


Para quienes no somos universitarios y tenemos cierta desconfianza hacia producciones académicas descomprometidas, el Encuentro Nacional de Geógrafos se reveló como un espacio democrático y altamente politizado, donde las decisiones finales se toman en asambleas. Un movimiento que rechaza el hondo individualismo dominante alimentado por un “sentido común” que considera la universidad como escalera social en vez de servicio comunitario.

Publicado enInternacional