Jueves, 21 Febrero 2019 06:14

Cuatro manos contra el horror

Cuatro manos contra el horror

Quienes hablamos y actuamos en contra de la guerra somos parte de una notable tradición histórica. No es notable por sus protagonistas, sino por la posición que ocupamos y defendemos. No queremos que se siga dañando a la humanidad, y que el terror en el que fue sumergido medio oriente inunde las calles de Nuestra América.
Quienes hablamos y actuamos en contra de la guerra somos parte de una tradición que probablemente no sea experta en cosas pequeñas, pero sí en una gran cosa, en la defensa irrestricta de la humanidad.

2. Soy una mujer que escribe. Si Colombia no hubiese estado en guerra cuando los padres de mi padre eran jóvenes, quizá yo sería colombiana. Si hubiesen huido más hacia abajo, tal vez sería ecuatoriana, boliviana, chilena o argentina. Pero huyeron hacia la izquierda y nací en Venezuela, como mi padre, tías, hermanos y primos. Mi árbol genealógico no existe, lo achicharró la pobreza secular de mis abuelos y abuelas.

3. ¿De quién es el asunto cuando se trata de una posible guerra en Venezuela? ¿De los militares ansiosos por empuñar el fusil? ¿De los ciudadanos que naufragan entre los lamentos del conflicto, el sostenimiento de un Gobierno al que eligieron o el apresuramiento de una intervención extranjera? ¿O el asunto es de los juristas que navegan en leyes internacionales y se pierden en riñas televisivas? ¿Es de los políticos, de los apolíticos (como si existieran)? ¿De quién es?
Cuando se trata de guerra no hay expertos. Sí existen los expertos en pequeñas cosas, ¿pero los hay en cosas tan grandes como lo que hoy sucede en Venezuela?

4. Venezuela es un país con guacamayas y tepuyes, con la cabellera derramada en el mar Caribe. Gran parte de su gente es solidaria, como gran parte de la gente en todas partes de este mundo llagado. Aquí los más pobres y desposeídos dan cuerda a los relojes que mantienen activa la máquina de los días. Aquí los dueños del capital siguen enriqueciéndose mientras la pobrecía aumenta. Fíjese, no hay diferencia entre nosotros y el resto del continente. Pero mi suelo tiene petróleo para hacer girar otro planeta a toda mecha. ¿Qué imperio perdona eso? Estados Unidos no aguanta más. Su tufo ya está sobre nosotros.

5. Casi cinco mil kilómetros nos alejan de Caracas. Desde la pedagogía de la crueldad, conocemos con exactitud aquello que una palabra autorizada nos invita a creer: que allí hay una dictadura, que el dictador se apellida Maduro pero que antes había uno peor, Chávez, que los derechos elementales no se cumplen. La palabra que dice ser autorizada –de los grandes medios, de las embajadas norteamericanas y de miles de empresas que sueñan con extraer fortunas suntuosas en esas tierras– dialoga con el terror y la mercancía, no con quienes quieren paz.

6. Hace menos de un año hubo elecciones en mi país. Los partidos políticos de oposición más fuerte a Nicolás Maduro decidieron no participar, aunque el pueblo quería decidir. Entonces dos candidatos asumieron la vía política y se midieron contra el candidato chavista. Millones ejercimos nuestro derecho a elegir. Por más que los líderes radicales de oposición llamaron desde sus exilios a no votar, hubo elecciones y Maduro resultó electo. Hoy Estados Unidos reconoce como presidente de Venezuela a un hombre que se autoproclamó hace una semana desde una tarima.

7. De acuerdo al ente electoral venezolano y al reconocimiento de la oposición, Nicolás Maduro ganó con 6.190.612 votos (67,8%). En segundo lugar figuró el candidato opositor Henri Falcón, con 1.917.036 votos (21%). El tercer candidato y pastor evangélico Javier Bertucci obtuvo 988.761 votos. A menos de un año de las elecciones celebradas, parte de la oposición y el Gobierno estadounidense, con sus aliados internacionales, prepara una intervención, que según los especialistas en política internacional podría desembocar en una guerra civil.

8. Soy venezolana, de eso tengo certeza, y escribo desde la capital de un país amenazado por Estados Unidos, todos lo saben. No sé qué haré si llega el momento de las bombas y las balas. En ese caso quiero que mi hermana huya con su hijo a otra tierra. Una manera de florecer es ramificar en dirección contraria a la sombra. Yo solamente quiero escribir porque escribir es otro modo de florecer.

9. Otra voz lícita es la de los migrantes, quienes forzados por la crisis económica y social buscan horizontes de mayor dignidad para sus familias.
La angustia del éxodo, la desazón por la pérdida de estabilidad en las tierras que dan origen, constituyen una prueba de solidaridad para todos los pueblos hermanos. En eso estamos, en la empatía del abrazo a todos los que quieran habitar y trabajar esta tierra. Aunque también despejamos la hipocresía. Sabemos que en Argentina los migrantes no son reconocidos de la misma manera y que operan prejuicios de todos los tamaños, debido a su origen y aspecto.
La palabra del migrante explica, en parte, algunos de los problemas, pero no su totalidad. La historia de extracción, intervencionismo, tortura, muerte y desamparo que cargan las grandes potencias sobre los pueblos soberanos explica la mayor parte de lo que hoy sucede en Venezuela.

10. ¿Cuántas veces hemos visto caer hermanos como piezas inánimes sin siquiera gritar? ¿Cuántos hermanos veremos caer? ¿Cuándo caerán los hermanos que faltan?

 

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Miércoles, 20 Febrero 2019 06:27

Trama del golpe de Estado contra Trump

Trama del golpe de Estado contra Trump

Además de los escenarios clásicos para defenestrar a Trump (http://bit.ly/2TVBFwf), se encontraba la aplicación de la Enmienda 25 de la Constitución por discapacidad mental, que debía contar con la mayoría del gabinete (https://bit.ly/2ScmtZM).

Este último escenario, que parecía el más descabellado, resultó real, de la propia confesión de uno de sus instigadores, Andrew McCabe, anterior director interino de la FBI, quien tomó el lugar de polémico James Comey, arrojado debajo del autobús por el controvertido Trump.

El poderoso senador Lindsey Graham, del Comité Judicial, comentó que investigará los asertos explosivos de McCabe de que el viceprocurador, el israelí-estadunidense Rod J. Rosenstein, planeaba derrocar a Trump con la Enmienda 25 (https://wapo.st/2BD0NAr).

Pese a que Rosenstein niega su connivencia, como "imprecisa e incorrecta en los hechos", no se escapará a un citatorio del panel judicial del Senado.

Graham fue muy severo contra Rosenstein, quien “estaba básicamente tratando de ejecutar un golpe administrativo (https://wapo.st/2TVJxhf)”.

Son muy graves las supuestas confesiones de McCabe, quien en varias entrevistas afirmó que Rosenstein "estaba contando los posibles votos" dentro del gabinete.

Olvidándose de su investidura como representante de la ley, Rosenstein "ofreció llevar un micrófono" con el fin de grabar como vulgar espía a Trump, aprovechando que no era revisado cuando entraba a la Casa Blanca.

Desde diciembre de 2017, J. Chistian Adams, miembro del Consejo Político de American Civil Rights Union (ACRU), expuso que Rosenstein había sido "superado por el gas del pantano de Soros", ya que debía su carrera a su amistad con tres miembros del Partido Demócrata: Phillip Heymann, Lynn Battaglia y Barbara Mikulski (http://bit.ly/2BGd33w).

Fue Rosenstein quien nombró al fiscal especial Robert Mueller, íntimo del ex director de la FBI, James Comey, para investigar la presunta colusión de Trump con el gobierno de Rusia.

Dan Bongino, de Fox News, acometió contra "el intento de golpe de Estado fraguado contra el presidente de EU", mientras The Washington Post da vuelo a las declaraciones de Trump sobre Rosenstein, "quien fue parte de un intento de golpe de Estado".
En un par de tuits matutinos, Trump embistió contra McCabe, Rosenstein y el anterior procurador Jeff Sessions, quienes "estaban planeando un acto muy ilegal y fueron atrapados".

Ya desde finales de noviembre de 2018, Trump habia retuiteado una imagen del viceprocurador Rosenstein tras las rejas y en una entrevista al New York Post fustigó que Rosenstein "nunca debió haber seleccionado a un fiscal especial", en alusión a Robert Mueller (https://nyp.st/2BFGhzu).

Con el fin de hacerle pagar su osadía al presidente, McCabe, despedido un año más tarde, ha emprendido una estridente publicidad de sus memorias La amenaza: cómo el FBI protege a EU en la era del terror y Trump (https://amzn.to/2BHrd4l).

En un par de tuits, Trump injurió a McCabe de ser "una desgracia para la FBI y para EU" y como "gran parte del escándalo de la deshonesta Hillary y el engaño sobre Rusia".

Pues parece que toda esta trama del golpe de Estado fallido contra Trump por la cábala de Andrew McCabe y el viceprocurador general Rosenstein ha sido superada por una nueva confabulación en espiral, de acuerdo con el espía de la CIA Robert David Steele, quien en fechas recientes dio a entender entre líneas que la lideresa del Partido Demócrata en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, movió los resortes del poder para propinar un golpe de Estado a Trump (https://bit.ly/2SJlwgx).

Robert David Steele llegó a comentar que varios "multimillonarios" del Olimpo evalúan un plan B en el que el vicepresidente Mike Pence, connotado "evangelista sionista", sustituya a Trump (http://bit.ly/2ASsi8O).

El problema con Pence es que es mucho más errático, al menos que lo manden deliberadamente al ruedo para incinerarlo, como ha demostrado en sus posturas antidiplomáticas en Latinoamérica y desde Varsovia hasta Múnich, donde ha cosechado sonoros fracasos (http://bit.ly/2BEyDFq).

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¿Por qué tanto estropicio contra la JEP?

Una reflexión que mantiene plena actualidad: ¿Cuáles son las motivaciones e intereses y la pretensión de dar al traste con la JEP?

 

¿Por qué tanto estropicio contra la JEP? Para resolver el anterior interrogante es preciso mirar un poco el contexto en el que surgió esa sigla. La Justicia Especial para la Paz –JEP– hace parte del punto 5 de los Acuerdos de Paz firmados entre el Estado colombiano y la guerrilla denominada Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia –FARC–. A su vez, el epígrafe cinco tiene como título “Acuerdo sobre las Víctimas del Conflicto”.

 

Los Acuerdos de Paz de La Habana

 

Desde septiembre de 2010, el recién posesionado presidente de la República, Juan Manuel Santos, inició conversaciones secretas con las FARC. Esos diálogos se hicieron públicos el 26 de agosto de 2012, y, a partir de octubre del mismo año, empezaron las discusiones en La Habana.

 

Para las personas que no siguieron el proceso de negociación, es preciso contarles que este comprende cinco puntos de contenido y uno –el sexto– de realización, ejecución o cumplimiento de lo acordado. Los puntos de contenido son: reforma rural integral, participación política, fin del conflicto, solución al problema de las drogas ilícitas y acuerdo sobre las víctimas. Ahora bien, quien haya leído la Constitución del 91 sabrá que los cinco temas que fueron acordados entre el Estado y las FARC, ya hacían parte de la ley superior.

 

 

En efecto, la reforma agraria integral, la participación política, la paz como ausencia de conflicto, el tratamiento de las drogas como un problema de salud pública y la protección de la vida, honra y bienes de los residentes en Colombia, cuya violación los convierte en víctimas, ya tenían articulado propio en la Constitución.

 

Esas normas en manos de las élites y de las mafias que gobiernan en Colombia, han sido violadas sistemáticamente, desde el mismo día en que fue expedida la Constitución de 1991, como lo ha sido la norma constitucional de la reforma de 1936, que le señaló la función social a la propiedad privada. En consecuencia, no ha sido falta de normas, sino de poder en manos del pueblo para hacerlas cumplir. Aunque los negociadores de las dos partes se molesten, en honor a la verdad, hay que decirlo: en La Habana no se negoció absolutamente nada que no estuviera en la Constitución.

 

¿Negociación o sometimiento?

 

Teniendo en cuenta la realidad expresada en los párrafos anteriores, y en lo que vino después de los diálogos, hay que concluir que no hubo un proceso de negociación sino de sometimiento. Refuerzan esa tesis varios indicios. En primer lugar, todas las élites dominantes querían someter a las FARC. Las herederas de Laureano Gómez, lideradas por Uribe, a punta de fusil. Las demás, encabezadas por Santos, unas veces a plomo físico y otras mediante el muñequeo retórico. El pulso lo ganó Santos. Así lo reconoció en su alocución del 16 de mayo de 2016: “Las FARC se han sometido a nuestra Constitución y a nuestras leyes”.

 

En segundo lugar, aunque el Gobierno y las FARC “negociaron” lo que ya estaba en la Constitución, después de la firma del Acuerdo comenzó para la guerrilla una serie de talanqueras: una renegociación en cada instancia de poder: legislativa, ejecutiva, judicial, órganos de control.

 

En tercer lugar, en el proceso electoral de 2018, todos los candidatos presidenciales del establecimiento, excepto De la Calle, ratificaron que se trató de un sometimiento: “Está bien –decían– que esa guerrilla se haya desmovilizado, desarmado y concentrado. Pero deben ir a la cárcel y no pueden hacer política antes de que hayan pagado sus condenas”.

 

La JEP y sus detractores

 

Si todo lo anterior es verdad, entonces, ¿por qué un ejército no derrotado, como las FARC, firmó un acuerdo con el Estado, se sometió y se desarmó voluntariamente? Lo hizo a cambio de que sus miembros pudieran hacer política sin que los asesinaran, para que fueran juzgados por un tribunal especial y para que no fueran privados de la libertad en cárceles de barrotes. Esa es la razón de ser de la Justicia Especial para la Paz –JEP–. En esencia, a eso se redujo el Acuerdo de Paz suscrito entre el Estado y las FARC.

 

El texto de los Acuerdos, define la JEP como un organismo que ejerce funciones judiciales de manera autónoma y preferente, respecto a conductas consideradas graves infracciones al Derecho Internacional Humanitario o graves violaciones a los Derechos Humanos. Se aplicará únicamente a conductas cometidas con anterioridad a su entrada en vigor.

 

Para las élites, a quienes sólo les interesaba el sometimiento de las FARC, vieron como una afrenta que se mantuviera en pie la JEP, motivo por el cual comenzaron toda suerte de ataques, emboscadas y estropicios contra el recién creado organismo: cuestionaron el comité de escogencia de los magistrados; luego, descargaron todos sus ataques contra los juristas que resultaron elegidos para conformarlo; enseguida, el Centro Democrático pretendió crear un organismo paralelo para juzgar a militares y terceros, esto, con el propósito de quitarle funciones y legitimidad a la JEP.

 

Extradición de Santrich máxima prueba

 

Como ninguno de los ataques de que ha sido objeto la JEP han logrado acabar con ese organismo, lo más eficaz resultaba comenzar a extraditar a quienes habían estado como negociadores del proceso de paz. Esa es la manera de poner a ese tribunal contra la pared: con cualquier opción pierde. Si da el aval a la extradición de los líderes y excombatientes de esa guerrilla, pierde credibilidad el sistema entre los desmovilizados. Si no da el visto bueno a la extradición, se dirá que está demostrada su parcialidad a favor de la militancia del nuevo partido. Entonces, vendrá una arremetida de todos los sectores políticos, económicos y mediáticos, que sólo querían la rendición de las FARC: acabar con el símbolo de la negociación será su reto.



Es un hecho cierto que la DEA y la Fiscalía le tendieron una trampa a Santrich. De ese hecho se desprenden dos hipótesis. La de quienes piensan que Santrich cayó, porque 15 millones de dólares enloquecen a cualquier poeta. Y, la de quienes sostienen que un revolucionario como él es incapaz de traicionar sus ideales, al menos que su inteligencia de humanista haya descendido al estadio de la imbecilidad. Unos y otros esperan que Santrich diga la verdad. Este ya dijo: “Tengo mi conciencia tranquila [...], un montaje es un montaje”.

 

Otra cosa es la argumentación en derecho para principiantes: quienes se acogieron a la JEP, no pueden ser encarcelados y extraditados ante la primera trampa que ponga la DEA, o al primer grito de las cortes estadounidenses. Cualquier delito cometido antes o después del 1º de diciembre de 2016 debe ser calificado por la JEP. La fecha la señala el calendario, el derecho lo definen los magistrados.

 

No todo está perdido

 

Meterle la mano a la JEP es volver trizas el acuerdo, como efectivamente lo están haciendo el Centro Democrático y sus aliados. “Ese es el gobierno de Iván Duque”, sentenció, en tono amenazante, la senadora Paloma Valencia. Sin embargo, volver trizas el acuerdo de paz mediante la destrucción de la JEP, como lo pretenden Duque y sus violentos legisladores, no sólo tiene como finalidad encarcelar y extraditar a los excombatientes de las FARC, y favorecer a los militares, sino un propósito más perverso y estratégico: asegurarle la impunidad al senador Uribe.

 

Sin embargo, para las víctimas no todo está perdido. Todavía quedan dos instancias. Quizás sean las últimas, pero hoy están ahí. La calle, es la primera. Convendría que todas las movilizaciones sociales que se proyecten incluyeran en sus agendas, el cumplimiento de los Acuerdos de Paz, que como lo hemos visto, no es que sean temas nuevos, sino que hacen del articulado de la Constitución del 91.

 

El segundo recurso está, allende las fronteras. Eso lo saben Uribe/Duque y sus íntimos: Fatou Bensouda, la acuciosa fiscal de la Corte Penal Internacional, siempre está tomando atenta nota de nuestras miserias políticas y judiciales. Los “ojos del mundo están puestos en Colombia”, como lo dice el profesor alemán Kai Ambos, para quien “renegociar cualquier punto de la JEP necesariamente habría que hacerlo con las FARC”.

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Imagen de ayer en el puente Las Tienditas, entre Táchira, Venezuela, y Cúcuta, Colombia, bloqueado por un contenedor. El gobierno del presidente Nicolás Maduro ordenó el cierre para evitar el ingreso de "ayuda humanitaria" enviada desde Estados Unidos.Foto Afp

Caracas. El gobierno de Venezuela anunció este lunes que el próximo viernes y sábado realizará jornadas médicas y de entrega de alimentos para los habitantes de la ciudad colombiana de Cúcuta, en el contexto de un concierto que se realizará los mismos días que un acto similar convocado por la oposición.

Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, anunció el próximo arribo de 300 toneladas de ayuda humanitaria proveniente de Ruia, y reiteró su rechazo a los cargamentos de alimentos y medicinas que la oposición intenta ingresar al país.

En tanto, el vicepresidente de Comunicación, Cultura y Turismo del gobierno venezolano, Jorge Rodríguez, confirmó el envío de 20 mil cajas de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción a la población vulnerable de Cúcuta.

Asimismo, profesionales sanitarios desplegarán una jornada de atención médica gratuita dirigida a la población infantil de esa localidad colombiana entre el 22 y 23 de febrero, durante la celebración del concierto por la paz Manos Fuera de Venezuela, propuesto por artistas venezolanos e internacionales que se celebrará en el Puente Internacional Simón Bolívar, que conecta las ciudades fronterizas de Cúcuta, Colombia, con Táchira, Venezuela.

Del lado colombiano, en el sector denominado La Parada, se organizará para el 22 de febrero un concierto con artistas internacionales convocado por el multimillonario británico, Richard Branson, en defensa de la entrada de "ayuda humanitaria" a Venezuela y en apoyo a Juan Guaidó, jefe de la Asamblea Nacional (declarada en desacato por la justicia) y autoproclamado "presidente encargado".

El ministro de Planificación de Venezuela, Ricardo Menéndez, informó que las sanciones impuestas por Estados Unidos desde 2017 provocaron hasta ahora pérdidas por 38 mil millones de dólares.

“Unos 23 mil millones de dólares responden a la afectación del producto interno bruto, mientras 15 mil millones de dólares están relacionados con la empresa Citgo (filial de la estatal Petróleos de Venezuela en Estados Unidos), expresó Menéndez.

El ministro precisó que la mayor cantidad de pérdidas en materia de producción se registró durante las protestas antigubernamentales impulsadas por la oposición en 2017.

Menéndez señaló que la derecha nacional e internacional busca asfixiar la economía para justificar la "ayuda humanitaria" y así poder realizar una invasión a la nación petrolera. "Resulta cínico que sectores de la oposición nacional, amparada por gobiernos extranjeros, mencionen una supuesta ayuda humanitaria cuando lo que han hecho es agredir a una nación soberana".

El funcionario llamó a los sectores que buscan desestabilizar al país a cesar las agresiones, para lograr la reactivación económica de Venezuela.

En este contexto, el canciller cubano, Bruno Rodríguez, consideró "ofensivo" el discurso del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en Miami, y exhortó a la comunidad internacional a pronunciarse "por encima de las diferencias políticas" en defensa de la paz. "La ayuda humanitaria es un pretexto para una guerra", indicó en su cuenta de Twitter.

El país sudamericano atraviesa una crisis económica desde 2015 y el gobierno de Nicolás Maduro asegura que es debido a las sanciones financieras impuestas por Estados Unidos lo que ha impedido la compra de alimentos y medicinas.

En tanto, Guaidó ordenó a los militares venezolanos que dejen ingresar la "ayuda humanitaria". La orden está dada. "De nuevo, señores de la fuerza armada, permitan que entre la ayuda, tienen la oportunidad de ponerse del lado de la Constitución y de las necesidades de la gente", dijo, y confió en que los militares se van a rebelar.

Guaidó prepara movilizaciones en todo el país para acompañar a voluntarios que irán a la frontera en caravanas de autobuses en busca de toneladas de medicinas y alimentos que se encuentran en Colombia, Brasil y Curazao.

"El 23 de febrero la ayuda humanitaria entra sí o sí en Venezuela y en todos los rincones del país nos vamos a movilizar. Las brigadas irán en caravana en medio de protestas. No nos van a detener por medio del miedo", afirmó el líder opositor.

En este contexto, la oposición aseguró que la estatal de comunicaciones CANTV bloqueó la página web de voluntarios para distribuir la ayuda humanitaria.

Dirigentes opositores dijeron la semana pasada que CANTV redireccionó la página de Internet voluntariosxvenezuela.com, en la que se registran los ciudadanos, hacia el portal voluntariosvenezuela.com, una web con diseño idéntico a la original, pero con una base de datos distinta.

"Ya estaba esa página falsa y, ahora, prefirieron simplemente bloquear la web", dijo a la agencia Afp, Hasler Iglesias, activista de Voluntad Popular, partido político de Guaidó y del líder opositor Leopoldo López.

La agencia de noticias Afp constató que el sitio de Internet del voluntariado no carga al utilizar el servicio ofrecido por CANTV, aunque sí funciona con otros provedores.

En el plano internacional, el presidente de Chile, Sebastián Piñera, anunció este lunes que viajará el próximo viernes a la ciudad de Cúcuta para entregar ayuda humanitaria al pueblo venezolano, donde acompañará a su homólogo colombiano, Iván Duque.

En ese contexto, el medio colombiano Noticias Capital, tuiteó que en Colombia más de 4 mil 700 niños de La Guajira han fallecido en los pasados tres años por desnutrición.

"El pueblo colombiano es víctima de un grave índice de pobreza extrema ante la vista de un gobierno indolente como el de Iván Duque, quien a escasos meses de llegar a la presidencia se ha desvelado por ser un lacayo del imperio estadunidense, respondiendo al principal interés que es atacar a Venezuela".

Desde Bruselas, la Unión Europea (UE) rechazó nuevamente una intervención militar en la nación petrolera. Federica Mogherini, jefa de la diplomacia europea., declaró: "Excluimos de manera categórica cualquier apoyo de la UE a una escalada militar en Venezuela".

También descartó que se vaya a interrumpir el trabajo del Grupo Internacional de Contacto sobre Venezuela, luego de la expulsión de una delegación de eurodiputados, aunque no desechó la posibilidad de ampliar la lista de sanciones contra el país sudamericano.

Mogherini también anunció que el Grupo Internacional de Contacto enviará esta semana una misión técnica a Caracas, encabezada por la UE y Uruguay como copresidentes del grupo, para trabajar en la evaluación del apoyo que puede brindarse para allanar el camino hacia una transición "democrática y pacífica" basada en "elecciones anticipadas" en Venezuela.

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“Hay una delincuencia que capturó el Estado”

Director de la carrera de Ciencia Política en la Universidad Nacional de Colombia, Carlos Medina Gallego es un observador fino de la realidad de su país y del conflicto actual en Venezuela. Mario Toer, profesor consulto de Política Latinoamericana en la UBA, accedió a anticipar un diálogo preparado para un futuro libro sobre Colombia.

 –El atentado a la escuela de policía que se ha atribuido el ELN, la parálisis que existía en las negociaciones establecidas entre esa organización y el gobierno, devenida ahora en ruptura, los centenares de asesinatos de líderes sociales y otras manifestaciones de incumplimiento de lo que había sido el acuerdo con las FARC, llevan a que se pueda esperar un viraje en la escena política colombiana, con sus repercusiones en la región y particularmente en lo referente a la tensa situación en torno a Venezuela.. ¿Qué repercusiones puede tener todo esto en el escenario político?

–A partir de la llegada del nuevo gobierno, que llega en franca confrontación con el acuerdo firmado con las Farc, hacen sus ajustes independientemente de la otra parte, lo que genera un acto de incumplimiento porque un acuerdo firmado por partes, si ha de ser modificado, debe serlo por ambas partes y no de manera unilateral. Eso hace que se comience a perder la confianza en unas condiciones en las que el proceso de diálogo se ha hecho irreversible porque se han producido los puntos que eran esenciales para generar las confianzas suficientes para saber que ya no iban a volver a la guerra, entre esos puntos estaba el de la entrega de armas. Entonces las Farc entregan las armas y comienzan a presentarse fenómenos que son propios de todos los fenómenos y que no podían dejarse de presentar en Colombia, que es el proceso de las disidencias. Pero que haya disidencias y que comiencen a producirse situaciones tan adversas, en términos de las seguridades que debía ofrecer el proceso de la implementación, que atañen a la seguridad física de los excombatientes: 85 excombatientes de las Farc han sido asesinados en los 18 meses de la implementación del acuerdo. A lo que se agregan centenares de líderes sociales.

–¿Cómo funciona la jurisdicción especial?

–La jurisdicción especial para la paz viene teniendo grandes dificultades para poder funcionar y así obstaculizar sistemáticamente, con la política de gobierno y con la corte constitucional que hizo un pronunciamiento que deja por fuera a los militares de estos tribunales y la voluntad de que los militares se adscriban a los tribunales de la jurisdicción especial para la paz, y claro, han llegado aproximadamente 1300/1850 militares todos condenados a 30, 40 o 50 años a recibir los beneficios de la jurisdicción especial para la paz.

–¿No avanza el sistema integral diseñado?

–El sistema integral de verdad, justicia, reparación y reconciliación que tiene una comisión de la memoria, ha tenido grandes dificultades para poder avanzar, como dificultades a tenido para avanzar la comisión encargada de la búsqueda de personas desaparecidas. Es decir, hay una serie de factores determinantes en ese proceso que preocupan y que sirven de espejo retrovisor al proceso que se está desarrollando con el ELN. Entonces el ELN dice, miren cómo se están comportando ante un acuerdo de paz que se ha agudizado ahora con el incumplimientos del nuevo gobierno.

–Hubo una campaña política, más allá de lo que es el actual gobierno, donde una candidatura, que fue bastante explícita con un discurso alternativo, instaló una presencia nacional como quizá nunca haya habido en toda la historia de Colombia. Es decir, que también como consecuencia de esa negociación hubo un escenario político de nuevo tipo que, cualitativamente, creo yo, es la ampliación de ese espacio, la consolidación de ese territorio donde la acumulación de fuerzas va a poder poner en cuestión todo aquello que era esperable. Existe un espacio en el cual las posibilidades de acumular fuerzas se mostraron quizá hasta mayores de lo que uno podría haber supuesto a priori. Entomces el debate es: ¿cuál es ese territorio y cómo la actuación del ELN irrumpe en ese escenario y a quién le facilita las cosas?

–Hay un proceso inédito en términos de los logros alcanzados por la izquierda democrática y eso significa que alcanzan aproximadamente 8.5 millones de votos en elecciones, que nunca en la historia habían podido alcanzar, contra 10.5 millones de votos de la candidatura ganadora, eso es claro. Pero tiene una particularidad, es que nunca en la historia del país todas las fuerzas políticas de derecha, desde la derecha de centro o la derecha tradicional hasta la extrema derecha, se habían unido bajo una misma candidatura para derrotar ese proceso específico de efervescencia política y electoral de ciudadanía, la irrupción de un modelo de ciudadanía que votó por una opción que era la de la Colombia Humana, entonces todo eso también está ahí. La Colombia Humana es el resultado de las circunstancia emocionales y políticas de una nación y no constituye una fuerza articulada, dinámica, con continuidad en el tiempo, sino que es el resultado de las circunstancias políticas. Esto en el marco de una situación política complicada con un presidente de adolescencia tardía porque es un presidente que no logra entender la dimensión del cargo y no porque no lo quiera sino porque Iván Duque no tiene la capacidad ni la experiencia acumulada de conductor y de estadista que se requiere para manejar un país.


–Por eso lo tiene a Alvaro Uribe.


–Si, lo tiene a Uribe. Que es como gobernar en cuerpo ajeno. Con un equipo de gobierno que sale de su salón de clase, de sus amigos, igualmente inexpertos, que creen que pueden pasarse la jurisdicción y el estado de derecho por encima, que pueden acomodar las leyes a su acomodo y eso me parece que es sumamente grave porque se pierde todo anclaje que posibilite a la sociedad resolver sus conflictos: “si yo tengo esta Constitución pero no me sirve, la cambio”; “si yo tengo este acuerdo pero no me sirve, lo cambio”; “si yo tengo un pacto internacional pero no me sirve, entonces no lo cumplo”... Esos elementos nos construyen una imagen de un Estado paria, que no es capaz de asumir sus obligaciones en términos de la agenda internacional. De alli que el conflicto está dado principalmente en las calles, porque la democracia se va a las calles, a la protesta social, a la marcha. Se comienza a presionar al Estado a través de la movilización social: campesinos, obreros, maestros, indígenas, afros, comienzan a presionar y van a tener resultados. La democracia en la calle va dando resultados porque las causas que se abrazan son causas justas y la ciudadanía adscribe a esas causas de manera vehemente. En realidad, el problema que tenemos nosotros es que hay una delincuencia que capturó el Estado y que está empotrada en el ejercicio del poder y que define que su forma de gobierno es la muerte de los demás en defensa de sus propios intereses. Cuando usted encuentra en los más altos cargos del Estado delincuentes articulados con la práctica de la corrupción, del caso Odebretch en adelante; cuando usted tiene los empresarios detrás de los aparatos de justicia, colocándola a su servicio, cuando usted tiene los terratenientes detrás de las reformas agrarias, evitando la distribución de las tierras. Es decir, cuando la delincuencia organizada que se mueve con un sistema mafioso de ilegalidad y legalidad, llega al poder del Estado, la situación no es fácil de resolver pese a todas las cosas grandes que usted pueda hacer.

–Este gobierno vino para eso. Esperar otra cosa conociendo, sobre todo, a un tipo tan articulado como es el líder de la fuerza política, Uribe, no es factible. Porque uno puede esperar que Jair Bolsonaro haga tonterías por sus propia limitaciones, pero Uribe está preparado, es un personaje capaz de articular ese proyecto. El proyecto es dar marcha atrás en cuanto a la capacidad de expandir un proceso de paz democrático. Lo que tenemos menos claro quizá es ¿cómo moverse para construir algo que, sabiendo frente a quien estamos, ensanche el espacio de la paz democrática como un anhelo popular? Esa tarea, yo se que es difícil, porque están actuando para que no se produzca, los medios, la justicia, provocaciones, pero aún así quedan espacios para que inventemos.

–Hay una cosa que se viene presentando al menos en el país, es que hay una emancipación de los territorios y de las comunidades en términos de la política de Estado. Es decir, la gente no cree en el Estado y cuando deja de creer en el Estado usted tiene que buscar la forma de resolver los problemas. Se manejan nuevos ordenes de institucionalidad, nuevos planes de desarrollo, nuevos proyectos e iniciativas económicas que van tratando de resolver lo que el Estado no resuelve. Y cuando usted es capaz de resolver lo que el Estado no resuelve, entonces usted adquiere independencia y entra a defender su territorio, sus proyectos, sus poblaciones. Aquí lo que está pasando es que se perdió el referente del Estado paternalista y su autoridad, y se construye una nueva legitimidad desde las comunidades en los territorios. Entonces la lucha se vuelve territorial por la supervivencia, el desarrollo y el bienestar, se construyen distintos tipos de planes en distintos territorios y la gente los defiende. En ese contexto, miremos el problema del incidente provocado por el ELN. Yo he estudiado el ELN durante 40 años, conozco al ELN, lo he vivido y lo he padecido. Se de su comportamiento y se de sus estrategias, de sus prácticas y de sus imaginarios. Y se como funcionan las estructuras del ELN. Esta es una acción realizada por una de sus estructuras y esa estructura no le va a decir a las otras estructuras ni a nadie: “vamos a hacer esto”. Ellos operan conforme a su plan estratégico y táctico de guerra. Entonces definen un objetivo militar, en este caso la Escuela de Cadetes Francisco de Paula Santander y operan sobre ese objetivo. Operan en unas condiciones particulares que causa mucho dolor en esa población, que son jóvenes, pobres, buscando una carrera al interior de la policía, etc. con otros jóvenes de otros países que vienen a formarse a esa escuela y en un momento que, me parece a mi, que contaban con una información interna. Era el momento de clausura de cursos y de graduaciones donde se conglomeraba población lo que permitía hacer eso. Con un sistema de seguridad muy complicado porque la información que se ha mostrado, cada vez con mayor elocuencia, muestra que el que entró con el carro pudo pasearse por la escuela sin ningún tipo de dificultad. Lo que yo no entiendo es la inmolación. ¿Por qué se inmoló? Porque perfectamente podría haber estacionado el carro, bajarse del carro e irse como un funcionario o como un visitante cualquiera y nadie lo hubiera parado. El acto visto así, contra ese tipo de población, lejos del derecho internacional humanitario, es un acto terrorista. Esa gente no está en actitud de combate, se están preparando, seguramente, pero no están en actitud de combate. Es un acto terrorista. El ELN es una organización que tiene un fundamento moral y ético profundamente cristiano, si ellos hacen algo reconocen ese algo que hacen, lleguen las consecuencias a donde le lleguen, nunca han negado una acción por trágica o difícil que haya sido. Entonces se pone fin a un proceso de paz, a un proceso de diálogo, de conversaciones que no había avanzado, que estaba en estado de coma, que el gobierno no había retomado en cinco meses y que tenía las posibilidades de abandonar o las pretensiones de abandonar. Nunca aprendieron, como lo aprendimos todos los que participamos en el proceso y en las conversaciones con las Farc, que en una mesa de conversaciones, además de ser una mesa en la que se clarifican los puntos de vista, se construyen confianzas, es fundamentalmente una escuela de aprendizaje y un centro de toma de decisiones. Es en la mesa de conversaciones donde uno aprende a ver el país, a ver las circunstancias, a ver las lógicas del poder, las tensiones... y allá es donde uno aprende a tomar las decisiones.


–¿Así fue también para el ELN?


–El ELN ha hecho aprendizajes. No es que una fuerza viva que opera sobre un cuerpo inerte. Actúa sobre otra fuerza viva que es la fuerza pública. Es una fuerza viva que sabe moverse, comportarse, que ha tenido aprendizajes y que actúa. Entonces si usted los bombardea debe esperar que reaccione, y ellos reaccionaron frente a los hechos de violencia y a la sistemática persecución del Estado. De allí el atentado de la escuela de cadetes, reaccionaron ahí. No lo hicieron de la manera correcta porque colocaron las bombas en un lugar que no es un campo de batalla, no es el teatro de operaciones sino que es una escuela de formación en la que se está produciendo la formación de futuros oficiales de la policía. Eso tiene unos impactos específicos, que significa que volvemos a la guerra, esa guerra tiene actores, el Estado es uno de los actores, la fuerza pública y la fuerza militar es otro de los actores pero también tiene disidencias de las Farc que van a estar operando, reductos del EPL que están en la región del Catatumbo que están operando que han sido un poco llamados por el ELN a parar la guerra entre ellos, esa guerra entre ellos es por superposición de guerras; tiene el ELN y tiene un avance del paramilitarismo, con una dificultad, hoy en muchas partes del territorio nacional la población está llamando a la necesidad de que las Farc regresen. Porque las Farc resolvían todos los problemas que habían que resolver en términos de ley o en términos de conflicto. No había devastación de bosque ni de selva porque las Farc lo impedían. Estamos en una situación de guerra que favorece a este gobierno.

–¿Por qué?


–Es un gobierno que no le está apostando a la paz, que siente que tiene una carga que es el acuerdo de paz que le dejó el gobierno anterior a la sociedad colombiana. Pero la sociedad colombiana tiene que entender que nunca antes en la historia del país, en 60 años de guerra, había respirado tanta tranquilidad, pese a todas las dificultades, a partir del proceso de paz con las Farc.


–Es muy ilustrativo todo. De todas maneras, es de suponer, que en lo que conocemos y se ha venido constituyendo como la izquierda en Colombia, va a haber diferencias en torno a cómo pararse frente a este nuevo acontecer.


–El problema nuestro y de nuestra América Latina es que todavía no hemos sido capaces de entender que no se construye una alternativa sobre liderazgos personalizados sino sobre imaginarios colectivos que reivindican derechos fundamentales. El problema nuestro es que somos populistas en la construcción política de nuestras organizaciones, bien liderazgo de derecha o bien liderazgo de izquierda. Es que yo quiero pensar el Centro Democrático, sin Uribe, no existe; la Colombia Humana, sin Petro, tampoco… Sabe que yo descubrí, después de muchos años, qué era la revolución. La revolución era una cosa muy elemental, era que el cuerpo de una persona y de su familia pudiera satisfacer derechos elementales que convocaban sus propias necesidades biológicas, sociales, culturales y políticas


–Alvaro García Linera lo viene diciendo...


–Yo quiero que me garanticen la posibilidad de vivir, el derecho a la vida, pero no de cualquier forma, un derecho a la vida digna. El derecho a la vida digna merece que me pueda alimentar, las 5 comidas diarias, agua potable, vivienda digna, que se llene de amor de solidaridad, camaradería, afecto, que no se llene de cosas, el problema nuestro es que la sociedad de consumo hizo que nuestras casas se llenaran de cosas y no de personas, de afectos y de relaciones; que me garanticen la salud, pero la salud no es que tenga que ir a un hospital, la salud es que yo no tenga que ir a un hospital; yo quiero que me garanticen educación, que pueda trabajar para reproducir mis condiciones de vida de mi trabajo; yo quiero poder recrearme, poder salir a caminar tranquilo por los lugares que vivo sin temor a ningún tipo de agresión; y yo quiero seguridad. Nosotros le entregamos la seguridad a la derecha. La izquierda tiene que pensar que la seguridad es parte de las reivindicaciones de las condiciones básicas del ser humano.

–Las calles deberían ser nuestras.

–Si, las calles tienen que volver a ser nuestras. Miren todo lo que ha ocurrido con los centros de vivienda, nos encerramos en cárceles cuidados por vigilancia privada que nos permiten entrar o no entrar. Nos hemos encarcelado, la ciudad se volvió un panóptico con corredores de pobreza.
Yo digo, ¿qué es lo que debe pertenecer al Estado? Los recursos estratégicos de la nación: agua, huertos, escuelas, hospitales, transporte, etc. Pero la fábrica de sostenes, zapatos, pantalones déjensela a esos empresarios para que produzcan, para que inventen y para que haya trabajo. ¿Se entiende?

–Eso es lo que cuenta...

–Entonces, es un modelo de propiedades mixtas: de economía solidaria, de economía privada y de economía estatal. Pero que se sabe cuales son los roles que juegan para construir el bienestar general en el marco de las diferenciaciones que hay.

–Una última pregunta: en el marco de la tensión con Venezuela ¿cómo ve la situación?

–Primero yo veo que con las tensiones con Venezuela es que hay una alianza estratégica regional y mundial contra Venezuela. Yo particularmente pienso que Colombia es una punta de lanza en la confrontación contra Venezuela. Los medios de comunicación y el gobierno han sido feroces en relación con Venezuela. Y yo me levanto sobre el principio de la libre autodeterminación de los pueblos y el ejercicio pleno de su soberanía. El problema de los venezolanos es el problema de los venezolanos y tienen que resolverlo los venezolanos, allá ellos. Ahora, ¿habrá un conflicto armado entre Colombia y Venezuela? Sí, aumenta la tensión con la ruptura del diálogo con el ELN, porque el ELN está en toda la franja de frontera, pero no ahora, desde siempre, construyeron economía, territorialidad, han estado desde 30-40 años en ese territorio. Hacen parte de esa cartografía de la conflictividad política de frontera. Pero si ustedes me preguntan si hay una confrontación militar entre Colombia y Venezuela en una modalidad de guerra, eso duraría dos bombardeos porque si usted tiene que bombardear los recursos de Venezuela que son las refinerías y los campos petroleros y ellos te bombardearían uno solo que es el de Cartagena y acabarían con la economía de este país...

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La oposición buscaría ejercer poder desde un espacio geográfico estratégico

Un recorrido fronterizo muestra a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana movilizada, alerta, en primera línea. Del lado colombiano, Cúcuta se construye como epicentro de la llegada de la ayuda enviada por EE.UU.

Desde Táchira


El primer paso fue el gobierno paralelo. Comenzó en el 2017 con el Tribunal Supremo de Justicia funcionando fuera de Venezuela, seguido de la Fiscal General prófuga, completado el reconocimiento de la Asamblea Nacional como único poder legítimo, y el autonombramiento de Juan Guaidó como presidente interino el 23 de enero. El segundo paso fue el reconocimiento internacional del gobierno, conducido por Estados Unidos (EEUU), sus aliados, el nombramiento de representantes diplomáticos, y directivos para Citgo, la petrolera situada en norteamérica de la cual Pdvsa es socia mayoritaria y ha sido objeto del ataque económico planificado por EEUU. La hipótesis es que el tercer paso sería el territorio.
Esa posibilidad se desprende de una periodización del ataque contra Venezuela. Existe un hilo con objetivos que se han cumplido, otros que están en desarrollo, y en función de los resultados, nuevas posibilidades. Es un rompecabezas donde se cruzan las variables de manuales de operaciones especiales del ejército norteamericano, experiencias como el caso sirio y libio, y la aplicación para el escenario venezolano.


La hipótesis del territorio liberado se extrae de la necesidad que tendría el intento de gobierno paralelo de ejercer poder desde un espacio geográfico determinado que no sean las redes sociales, y quebrar el territorio nacional. Para eso han barajado varios puntos, como el estado Falcón, por su distancia de veinte millas náuticas de Aruba y la presencia de la refinería Amuay, el estado Anzoátegui, por tener puerto, aeropuerto, y el complejo petroquímico donde se refina el 40% del petróleo de la Faja Petrolífera del Orinoco, y el estado Táchira. Lo explica Freddy Bernal, nombrado protector de Táchira por Nicolás Maduro luego de la victoria de la oposición en la gobernación.


Táchira es el punto que parece haber predominado dentro de esas posibilidades. Por la frontera con Colombia y sus características geográficas, Colombia como socio de la OTAN, las bases militares norteamericanas en su territorio, una retaguardia estratégica, el apoyo de fuerzas interventoras, y la presencia del paramilitarismo que tiene particular fuerza en esa franja. El análisis se reafirma con la lectura de las matrices comunicacionales, la construcción de Cúcuta como epicentro de la llegada de ayuda humanitaria, punto de consolidación de consensos con el concierto el día 22 de febrero, y desde el cual intentar armar el escenario de apertura de un corredor a partir del 23.


¿Cuánta distancia existe entre esa hipótesis –si fuera la correcta y predominante– y las posibilidades reales de llevarla adelante? La primera pregunta sería con qué fuerza armada podrían hacerlo. La Fuerza Armada Nacional Bolivariana (Fanb), carta determinante en el esquema de asalto, no se ha quebrado ni a nivel central ni en Táchira. Un recorrido fronterizo muestra una Fanb movilizada, alerta, en primera línea. Si no es la Fanb, debería entonces ser un ejército irregular, paramilitar, es decir compuesto de un conjunto de elementos, como mercenarios formados en guerras de Medio Oriente, grupos paramilitares, bandas criminales, ejército colombiano presentado de forma de guarimba paramilitarizada, y generales norteamericanos tras las sombras.


¿Cuántos hombres y mujeres y qué tipo de armas deberían tener para liberar un municipio, una zona del estado, la mitad del estado, todo el estado? ¿Qué seguiría después? Liberar significa mantener bajo control, un esquema diferente al 2017 en su formato guarimba paramilitarizada que consistía en olas de violencia/terror y ataques militares focalizados a cuarteles, por ejemplo. Este formato implicaría que gobierno, Fanb, no pudieran recuperar ese territorio. ¿Existen condiciones para un esquema de esas características?


“Tenemos la capacidad de inteligencia, y la Fanb, con la capacidad para derrotar cualquier grupo apenas cruce la frontera para perturbar la paz y la tranquilidad de Venezuela. La fuerza aérea venezolana es de las más fuertes de América Latina, con el último equipamiento en aviones Sukoi, de alta tecnología y última generación. El sistema de defensa antiaéreo que compró Chávez a Rusia es de los mejores que existen en todo el continente, con capacidad de neutralizar misiles y aviones de cualquier tecnología hasta 200 kilómetros, y por supuesto nuestra Fanb tiene un apresto operacional que está desplegado a lo largo y ancho del país”, explica Bernal.


Junto a eso están preparados más de un millón quinientos mil milicianos y milicianas, de los cuales cincuenta y seis mil, repartidos en mil cien unidades están en Táchira.
Tal vez esa hipótesis no sea la predominante por la dificultad para llevarla adelante en el escenario venezolano. En ese caso la frontera sería el punto de condensación mediático-política para terminar de conformar la matriz de la imposibilidad del diálogo ante un gobierno que no dejaría entrar la ayuda humanitaria, y a partir de allí escalar en nuevas agresiones que podrían ser justificadas sobre hechos creados. En ese marco puede pensarse una acción de falsa bandera, alto impacto internacional, construida para justificar y pasar por encima de las partes internas que siguen con un freno hacia la escalada militarista.


“Los Estados Unidos, en connivencia con el gobierno de Colombia, podrían disfrazar a unos paramilitares con uniforme de Venezuela, y realizar un acto contra la población, contra algunos opositores, y luego tendrían las cámaras para demostrarle al mundo que aquí hay una dictadura que está asesinando al pueblo, y sería la excusa para poder llevarlo al Congreso de los Estados Unidos”, explica Bernal.


Otra posibilidad sería que el estado Táchira sea el foco de distracción mientras los ataques se preparan por otros flancos con menos aviso. ¿Bolívar, Zulia, la misma Caracas? O que las fuerzas paramilitares se activen bajo un esquema de acciones de saboteo, terror, asedio, en combinación con acciones internacionales. Estamos en un asalto conducido de primera mano por hombres como Elliott Abrams o John Bolton, arquitectos de masacres, que tienen todas las cartas sobre la mesa. Cada variable descartada, por imposibilidad de desarrollarla, o por desactivación gracias a la inteligencia del chavismo –como el arresto de García Palomo, quien iba a conducir acciones militares en Caracas– hará que apelen a hipótesis más complejas y directas. ¿Puede llegarse así hasta la intervención directa vía Colombia?


Son muchas las preguntas, el ejercicio de combinación de variables, posibilidades, análisis de los generales, sus fuerzas en cada ámbito, sus límites o no. Por el momento continúa la asimetría entre la correlación mediática/geopolítica/económica y la correlación en el terreno nacional. Guaidó, que sigue órdenes, mezcla un discurso de autoayuda, fe y golpismo que abiertamente plantea que la intervención norteamericana es una posibilidad. No tiene, ni él ni toda la derecha, cómo llevar adelante lo que afirman con fuerza propia.
El chavismo, por su parte, mantiene sus fortalezas que no han sido quebradas, a la espera de próximos pasos en cada uno de los ámbitos. El 23 es la próxima fecha de condensación y posible nuevo quiebre dentro de la secuencia. Eso en lo público. Los movimientos en las sombras avanzan, como lo ha denunciado, por ejemplo, Cuba al afirmar que EE.UU. mueve fuerzas de operaciones especiales hacia aeropuertos de Puerto Rico, República Dominicana y otras islas del Caribe sin conocimiento de sus gobiernos.


 El senador republicano llegó a Cúcuta, frontera con Venezuela

Marco Rubio apoya in situ

El legislador viajó a Colombia con el embajador de Estados Unidos ante la OEA, Carlos Trujillo, y el congresista Mario Díaz-Balart, con quienes supervisará la ayuda humanitaria que envió el gobierno de Trump.

El senador estadounidense Marco Rubio llegó ayer a la ciudad colombiana de Cúcuta para supervisar la ayuda humanitaria enviada por su país a Venezuela. Durante su estancia en esa localidad, capital del departamento de Norte de Santander, el republicano también tiene previsto reunirse con funcionarios del Gobierno colombiano y recorrer el puente Simón Bolívar, principal paso fronterizo entre los dos países. Rubio, senador por el estado de Florida, es uno de los congresistas más cercanos al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y uno de los más férreos opositores al Gobierno de Nicolás Maduro.


“Llegué a Colombia esta mañana (por ayer). Hoy llegará una gran cantidad de ayuda humanitaria para Venezuela. Me reuniré con los funcionarios que lideran el esfuerzo de almacenar la ayuda en la frontera para entregarla al pueblo sufriente de Venezuela”, informó vía Twitter la oficina de prensa de Rubio. El legislador viajó con el embajador de Estados Unidos ante la Organización de los Estados Americanos (OEA), Carlos Trujillo, y el congresista también republicano Mario Díaz-Balart, con quienes supervisará la ayuda humanitaria enviada por su país a través de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid). Dicha agencia estuvo involucrada en una estrategia organizada desde Washington para socavar el poder del chavismo en Venezuela tras el efímero golpe de Estado en el país caribeño de 2002. Según informó el sitio de filtraciones WikiLeaks en el año 2013, fue el entonces embajador estadounidense en Venezuela, William Brownfield, quien envió la lista de las operaciones contra el gobierno de Hugo Chávez que comenzaron a funcionar desde el 2004.

Entre ellas, figuraban los objetivos de dividir al chavismo, proteger los negocios vitales para Estados Unidos y aislar al mandatario internacionalmente. Para ello, según el documento filtrado, la Usaid donó cerca de 15 millones de dólares a 300 organizaciones antichavistas, algunas de las cuales se dedicaron a preparar falsas acusaciones de violaciones a los derechos humanos en el país para demandar a Venezuela ante la Corte Internacional de Justicia con el fin de desprestigiar internacionalmente la credibilidad de las acciones gubernamentales.


Este sábado, tres aviones C-17 de la Fuerza Aérea de Estados Unidos llegaron al aeropuerto de Cúcuta cargados con toneladas de suplementos nutricionales y kits de higiene, que se suman a la ayuda humanitaria que ese país envío hace una semana. Cúcuta, junto a Curazao y el estado brasileño de Roraima, son los puntos de acopio de las ayudas humanitarias, a los que se sumó, el pasado viernes, Miami.


La oposición de Venezuela instaló ayer, asimismo, una decena de campamentos a lo largo del país. En ellos se censó a miles de personas a las que, aseguran, se atenderá con la ayuda que se acopia en Cúcuta y que espera poder ingresar el próximo día 23.


Según el diputado Winston Flores, en los campamentos humanitarios se emplean sin lucro cientos de médicos, psicólogos, nutricionistas y voluntarios de los partidos políticos de la oposición, así como parte de los más de 600.000 voluntarios de una red que trabajará en el ingreso de las donaciones. En ese sentido, pidió a los militares permitir el ingreso de las ayudas ante las reiteradas negativas del Gobierno de Maduro a aceptarlas.


El autoproclamado presidente interino Juan Guaidó hizo una prioridad la entrada de ayuda humanitaria en Venezuela y ha señalado que las donaciones ingresarán el próximo 23 con el apoyo de los ciudadanos y la comunidad internacional, principalmente de naciones como Estados Unidos y Colombia, que lo reconocen como autoridad legítima del país. Guaidó convocó para ese día formar caravanas en las frontera para, dice, acompañar dicha asistencia.


El Gobierno venezolano, por su parte, niega la crisis humanitaria y dijo que no aceptará las donaciones, por considerar, entre otras cosas, que podría dar pie a una invasión armada. Así también lo cree el gobierno de Cuba, encabezado por el presidente Miguel Díaz-Canel. “El Gobierno Revolucionario de cuba denuncia la escalada de presiones y acciones del Gobierno de los Estados Unidos para preparar una aventura militar disfrazada de ‘intervención humanitaria’ en la República Bolivariana de Venezuela. La Comunidad Internacional debe impedirla”, había tuiteado la semana pasada el mandatario. El fin de semana, ante la llegada de los aviones estadounidenses a Colombia, reiteró su apoyo al gobierno bolivariano: “El pueblo cubano (…) exige que se respeten la soberanía y la paz. Las manos fuera de Venezuela”.

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Lunes, 18 Febrero 2019 05:47

Libia desmembrada, ocho años después

Libia desmembrada, ocho años después

El gobierno respaldado por la ONU tiene poco alcance fuera de la capital, Trípoli, mientras que bloques rivales compiten por el poder. Uno de los hijos de Khadafi quiere ser candidato y otro está preso en el Líbano.

A ocho años del comienzo de la revuelta que derrocó a Muammar Khadafi, Libia sigue en un estado de agitación. Choques sangrientos tuvieron lugar días atrás en los suburbios de Trípoli entre milicias rivales, mientras que el general Khalifa Haftar, el hombre fuerte que salvó a sus partidarios, lanzó una nueva ofensiva en el suroeste. El mayor campo petrolífero de la tierra rica en petróleo permanece cerrado, después de que un grupo armado se hizo cargo.


Francia y el Reino Unido instigaron la campaña de bombardeos de la OTAN que condujo a la caída del régimen de Khadafi durante el levantamiento. Las potencias extranjeras están de vuelta en lo que ahora es un estado desmembrado. Los italianos, los franceses, los estadounidenses, los rusos, los egipcios y los emiratos están actualmente apoyando a los bloques rivales que compiten por el poder. El gobierno interino respaldado por la ONU tiene poco alcance fuera de la capital.


Lentamente emerge en este medio cambiante, aunque todavía en el fondo, están los Khadafis. Hace siete años y 10 meses vi los cadáveres de Muammar Khadafi y su hijo Mutassim tendidos en el suelo de un almacén en la ciudad de Misrata para que el público que había esperado durante horas pudiera verlos. Cola de personas, algunas familias con niños. Los rebeldes y sus patrocinadores internacionales declararon que la dinastía que había gobernado el país durante más de cuatro décadas se había ido para siempre.


El coronel Khadafi había sido linchado después de ser capturado y torturado cuando intentaba escapar de su ciudad natal de Sirte, su último escondite, cuando la marea de la guerra civil se volvió contra él. Mutassim fue asesinado a tiros después de ser atrapado con su padre. Otro hijo, Khamis, que lideraba una brigada que lleva su nombre en el conflicto, fue asesinado por un ataque aéreo de la OTAN a fines de agosto de 2011, mientras que otro, Saif al-Arab, fue asesinado luego de regresar a Libia desde Alemania en abril de 2011.


Saif al-Islam Khadafi, el aparente heredero del líder, también fue capturado cuando intentaba huir de Libia. Fue condenado a muerte por un tribunal de Trípoli y la Corte Penal Internacional anunció que lo juzgaría en La Haya. Pero la milicia en la ciudad de Zintan, que lo había mantenido bajo custodia, después de cortarle los dos dedos con los que solía señalar la victoria en la televisión, se negó a entregarlo.


Cuando Libia, después de la revuelta, se deshizo por las luchas por los feudos, en sucesivas visitas descubrí que muchos comparaban el estado de inseguridad con los años de Khadafi, preguntándose si el gobierno autoritario era un precio que valiera la pena pagar por la estabilidad. Esto pudo haber sido una nostalgia teñida de rosa: muchas de las mismas personas habían celebrado la caída del hombre al que llamaban un cruel déspota. Pero puede llegar el momento en un futuro no muy lejano en el que los libios puedan mostrar si realmente quieren un futuro vinculado al pasado.


Saif al-Islam fue liberado silenciosamente hace 18 meses y sus partidarios anunciaron que tenía la intención de postularse en las elecciones presidenciales del año pasado. Se aplazaron, pero se espera que se lleven a cabo, supuestamente, en los próximos meses, aunque aún no se ha fijado una fecha. No hay nada constitucional para impedir que a Saif al-Islam, se postule. Una ley aprobada en 2013 que prohibió que los funcionarios de la administración del coronel Khadafi se presenten para cargos públicos fue revocada dos años después.


Sin embargo, es otro de los hijos del difunto líder libio, cuyo destino está en las noticias. Hannibal khadafi ha estado recluido en una prisión libanesa durante cuatro años después de haber sido secuestrado en Siria, donde había llegado desde Libia. Tiene mala salud, dicen sus amigos, y no hay atención médica adecuada para su condición de deterioro.


Hannibal fue secuestrado por una milicia chiíta-libanesa que lo liberó después de un día. Luego fue arrestado de inmediato por las fuerzas de seguridad libanesas en relación con la desaparición del chiíta Imán Musa al-Sadr y dos de sus compañeros, el jeque Muhammad Yaacoub y Abbas Badreddine, en Libia en 1978.


La familia del imán se opone a la liberación de Hannibal. Dijeron en una declaración reciente: “Decir que Hannibal Khadafi era solo un niño en 1978 es solo una cortina de humo: nadie lo está acusando de un papel en el secuestro en ese momento, pero el crimen continuó y Hannibal Khadafi se convirtió en un oficial de seguridad en el régimen de su padre”.


Los abogados de Hannibal quieren subrayar que el gobierno libanés no ha ofrecido ninguna evidencia que demuestre su culpabilidad en el caso Musa al-Sadr.


La familia y los amigos del prisionero dicen que están profundamente preocupados por él. Reem El Debri, quien conoce a Hannibal desde la infancia y lo visitó recientemente en prisión, dijo: “Sufre problemas de espalda y rodillas y no puede caminar bien”. También están los efectos secundarios de la fractura de la nariz y las lesiones en la cabeza cuando fue golpeado después de su secuestro.


* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Páginal12.
Traducción: Celita Doyhambéhère.

 

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Escala intervención de EU en Venezuela so pretexto de la ayuda humanitaria

Nueva York. Aviones militares C-17 estadunidenses despegaron de Florida este sábado para transportar toneladas de "asistencia humanitaria" supuestamente destinada a Venezuela, pero que explícitamente forma parte de la operación de cambio de régimen en el país sudamericano impulsada abiertamente por Washington, mientras que el Comando Sur está preparando "opciones" para posibles misiones en la nación petrolera.

A su vez, el vicepresidente Mike Pence en una conferencia de seguridad en Munich exigió a la Union Europea (UE) declararse como bloque en favor de "reconocer como el único presidente legítimo de Venezuela" al autoproclamado "presidente encargado" Juan Guaidó, ratificado en su puesto por el régimen de Donald Trump.

Todo indica que parte de la estrategia coordinada por Washington es detonar algún tipo de enfrentamiento con el gobierno de Nicolas Maduro el próximo 23 de febrero, cuando Guaidó ha anunciado que se intentará introducir la asistencia a Venezuela desde el pueblo fronterizo de Cúcuta en Colombia, donde se están almacenando los envíos de Estados Unidos.

La Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), representantes de los departamentos de Estado y de Defensa, así como ONG estadunidenses se están preparando para trasladar la asistencia ese día en coordinación con Guaidó, afirmaron.

Al mismo tiempo, el multimillonario británico Richard Branson, dueño del grupo empresarial Virgin, está organizando –a petición de Guaidó– un concierto con "talento musical" internacional y regional en Cúcuta el 22 de febrero, el cual se transmitirá en vivo mundialmente y que busca recaudar 100 millones de dólares para asistencia "humanitaria".

Sin embargo, en Estados Unidos casi no se menciona la notable ausencia en este esfuerzo "humanitario" de algunas de las principales entidades internacionales en este tipo de esfuerzo, por ejemplo las agencias de apoyo humanitaria de la Organización de Naciones Unidas (ONU), la Cruz Roja Internacional y otros.

"La acción humanitaria necesita ser independiente de objetivos políticos, militares u otros", afirmo Stephane Dujarric, vocero de la ONU, a medios esta semana pasada y expresó que la solución debería ser una negociación política de las partes. "Lo que es importante es que la asistencia humanitaria sea despolitizada y que las necesidades de la gente debieran ser la prioridad en términos de cuándo y cómo es usada la asistencia", concluyó Dujarric.

Sin embargo, Washington insiste que sólo está respondiendo a la solicitud del "presidente encargado". Hoy Robert Palladino, vocero del Departamento de Estado, declaró que “esta misión humanitaria resalta el compromiso firme y la disposición de Estados Unidos para responder a la crisis política, económica y humanitaria en Venezuela, y advirtió que "esta asistencia debe tener permiso para ingresar a Venezuela y alcanzar a los necesitados".

Sin embargo, el gobierno de Trump no oculta su objetivo de usar la "crisis humanitaria" y el envió de esta "asistencia" para su propósito de cambio de régimen, tal como lo ha denunciado el propio gobierno venezolano (https://www.jornada.com.mx/ 2019/02/07/politica/002e1pol).

El enviado especial de Trump para Venezuela, Elliot Abrams –penalmente condenado por mentir al Congreso en torno al escándalo Iran-contras, defensor de regímenes represores y escuadrones de muerte en Centroamérica, y uno de los promotores del intento de golpe fallido contra Hugo Chávez en 2002–, señalo que "nuestra esperanza es que (los militares venezolanos) podrán convencer a Maduro, o sencillamente desobedecerán órdenes para evitar la hambruna del pueblo de Venezuela". (https://www.jornada.com.mx/ 2019/02/14/mundo/023n1mun).

Todo esto nutre la especulación sobre si Washington está contemplando incluir en su intervención política su participación militar para derrocar al gobierno de Maduro. Aunque funcionarios del gobierno de Trump rehúsan confirmar si hay en curso preparativos para acción militar estadunidense, una y otra vez rechazan descartar esa posibilidad. El propio Trump ha repetido cada vez que se le pregunta sobre el posible uso de la fuerza militar que "todas las opciones" están sobre la mesa.

De hecho, el almirante Craig Faller, comandante del Comando Sur de las fuerzas armadas estadunidenses, afirmó que "hay un rango de opciones que están sobre la mesa" y que “estamos preparados para proteger vidas estadunidenses y proteger la instalación diplomática en Venezuela, en entrevistas recientes reportadas ayer por el New York Times.

El rotativo informó que oficiales estadunidenses indican que el Comando Sur ha elaborado planes para una serie de misiones potenciales en Venezuela, entre ellas, además de las mencionadas por el almirante Faller, también participar en la entrega de la asistencia humanitaria.

El almirante acusó que hay más de mil asesores militares y de inteligencia cubanos trabajando con el gobierno ruso que han ayudado a mantener la lealtad entre la cúpula militar venezolana.

Señaló que la razón por la cual los altos oficiales venezolanos no se han volteado hasta ahora es que "Maduro ha comprado su lealtad" al ponernos en "la nómina ilícita mediante el narcotráfico, lavado de dinero y todo tipo de negocio en la industria petrolera".

Aunque legisladores demócratas, como Eliot Engel, el presidente del Comité de Asuntos Exteriores de la cámara baja, han insistido en que el presidente no puede usar la opción militar sin aprobación del Congreso. Republicanos, incluyendo el presidente del Comité de Servicios Armados, James Inhofe, han advertido que Estados Unidos tendrá que intervenir militarmente si, por ejemplo, Rusia coloca armas o instala una base militar en Venezuela, ya que eso "sería una amenaza a Estados Unidos".

Al mismo tiempo, aunque pueda que existan diferencias sobre los métodos –sobre todo el uso no autorizado de fuerza militar– hay un consenso bipartidista en la cúpula política y mediática de Estados Unidos sobre un cambio de régimen en Venezuela. La dirigencia demócrata –incluyendo a Nancy Pelosi, presidenta de la cámara baja, además del diputado Engel– ha apoyado la posición de Trump de denunciar y exigir el fin del régimen de Maduro, y sólo algunos legisladores disidentes se han atrevido a cuestionar la narrativa oficial.

Trump, Pence, Abrams y el secretario de Estado, Mike Pompeo, al igual que el asesor de seguridad nacional de la Casa Blanca, John Bolton, han repetido que el único resultado aceptable es la salida de Maduro y su gobierno. El encargado para el hemisferio occidental del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, el cubano estadunidense Mauricio Claver-Carone, afirmó hace unos días: "La pregunta ya no es si Maduro acepta (el fin de su régimen) o no, es sobre qué tanto tiempo tomará en que lo acepte".

Mientras tanto, el representante de Guaidó en Washington, Carlos Vecchio, señaló que está trabajando muy de cerca con la gente de Trump, y su jefe estará presente como invitado en un discurso del mandatario en el sur de Florida, región donde están concentradas las fuerzas antichavistas y anticastristas en este país.

Por primera vez, en tiempos recientes, una operación estadunidense de cambio de régimen se está realizando abierta y explícitamente. Algunos observadores señalan que esta vez en lugar de estar "detrás" de un intento de golpe de Estado, Washington está "adelante", anunciándolo con anticipación.

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Sábado, 16 Febrero 2019 06:22

Crónica desde un Haití al rojo vivo

Crónica desde un Haití al rojo vivo

El pueblo haitiano continúa con las protestas contra el gobierno nacional, al que acusan de corrupción y de la situación crítica que vive el país.


El clima social viene caldeándose en Haití, conforme las frustraciones sociales se acumulan en un polvorín que nunca termina de desactivarse. Después de las intensas movilizaciones del año pasado, con epicentros masivos y radicales en los meses de julio, octubre y noviembre, la tregua tácita de fin de año dio lugar a unas navidades materialmente precarias, pero tranquilas. Pero las festividades no fueron más que un interludio breve. Pronto se reanudarían las batallas contra la carestía de la vida, la corrupción endémica, la crisis social y económica y la ausencia de un modelo de nación para la primera República independiente surgida a la historia de este lado del Río Bravo. Las protestas ya llevan ocho intensas jornadas, y nada parece señalar que vayan a detenerse.


Los primeros síntomas de este nuevo ciclo de protestas se manifestaron en nuestro propio pueblo, cuando jóvenes descontentos por el accionar policial en un conflicto de tierras prendieron fuego a la comisaría de policía de la localidad de Montrouis, en el departamento Artibonite. La respuesta, previsible, fue la rápida militarización de un poblado por lo demás pacífico. Al día siguiente del hecho, las fuerzas especiales del CIMO ya dormían su siesta larga frente al mercado del pueblo, y nadie podía recordar cómo era que habían ido a parar allí, ni con qué propósito. Pero pronto el conflicto comenzó a multiplicarse en diferentes focos del país hasta llegar a la explosiva jornada del 7 de febrero, aniversario de la huida del país del dictador Jean-Claude Duvalier. Desde entonces comenzó a combinarse todo el repertorio de acciones callejeras habidas y por haber: concentraciones esporádicas, inmensas movilizaciones espontáneas, caravanas de motocicletas, huelgas de transportistas, la quema de comisarías y edificios gubernamentales y, sobre todo, miles de barricadas que rápidamente tabicaron la capital y los diez departamentos del país.


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Hace semanas que la escasez de combustible no deja de agravarse. Las largas colas que poblaban las estaciones de gas han cedido paso a puertas cerradas y playones vacíos, sin autos ni transeúntes. Los últimos galones de circulación legal fueron engullidos por el contrabando, y ahora sólo es posible conseguir combustible en la calle, tras arduas negociaciones y a precios imposibles. En estas refriegas es el pequeño consumidor quién lleva todas las de perder, desde el chofer que necesita echar a rodar su motocicleta para comprar su ración diaria de arroz con frijoles, hasta la vendedora que precisa encender su mechero para continuar sus ventas al menudeo en las horas sin sol. Las causas del desabastecimiento tienen que ver con las responsabilidades contraídas por el deficitario Estado haitiano, que adeuda pagos millonarios a la empresa que concentra las importaciones. Los monopolios, sin remordimientos, ajustan cuentas haciendo rechinar los dientes de toda la población con su poder de paralizar el país. Las calles están casi vacías, y los precios de todas las cosas, desde el transporte hasta la alimentación, se han disparado por los aires. La economía cotidiana está deshecha y está paralizado el trajinar diario de quiénes cada día luchan por su subsistencia en el país más pobre (o más bien, empobrecido) de todo el hemisferio.


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Mientras la agenda internacional se empecina en volver la mirada hacia la agredida Venezuela, la grave crisis haitiana pasa, una vez más, prácticamente desapercibida. Y es que a los motivos del aislamiento que sufre la nación caribeña, en donde los factores políticos y económicos son aún más determinantes que su condición insular o su singularidad lingüística, se suma un hecho fundamental. El ensimismado gobierno nacional de Jovenel Moïse, jaqueado por ocho días de protestas y repudiado por prácticamente todos los sectores de la vida nacional haitiana, viene de dar una significativa señal de alineamiento a la diplomacia de guerra norteamericana, al reconocer en la OEA al autoproclamado Juan Guaidó: “White dog”, como se ha dado en llamar al recientemente ungido “presidente” del Departamento de Estado. La política abstencionista que Haití venía sosteniendo junto a otras naciones caribeñas, había sido determinante para evitar que los Estados Unidos y el Grupo de Lima expulsaran a Venezuela del mismo organismo interregional en el mes de febrero del 2018. Ahora bien, la política pragmática y mendicante de Moïse malamente podría ser confundida con afinidad ideológica con el socialismo del siglo XXI. Al ser jalado de la correa, Moïse volvió rápidamente al redil, traicionando los vínculos históricos del país con Venezuela y, sobre todo, la generosa política sostenida por Hugo Chávez Frías y la plataforma de integración energética Petrocaribe desde el año 2005.
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Así es que a casi nadie conviene hoy señalar que si se trata de urgencias humanitarias, éxodos migratorios, inseguridad alimentaria, represión estatal y ausencia de democracia, el foco de las preocupaciones debería recaer sobre el devastado Haití y las miradas admonitorias sobre su clase política y sus puntales internacionales. Pero es evidente, dado el apoyo irrestricto de los Estados Unidos al apartheid israelí o al desquiciado régimen de la monarquía absolutista saudí, que de lo que se trata es de garantizar la explotación del crudo venezolano y de completar el proceso de recolonización continental, inaugurado con el golpe de Estado en Honduras hace ya exactamente una década. Lo demás son tan sólo coartadas más o menos imaginativas, como las armas de destrucción masiva de Iraq o el patrocinio de Cuba al terrorismo.
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A esta resonante indiferencia ante la crisis haitiana, debemos sumar también una explicación ligada al secular racismo de un mundo colonialmente estructurado desde los tiempos de la esclavitud plantacionista y el comercio triangular. Racismo que hace que diversos sectores, incluso progresistas o de “izquierda”, se encandilen ante la “elegancia” con que luchan en las calles parisinas miles de Chalecos Amarillos (ciertamente dignos), pero desprecian las batallas desesperadas de un pueblo negro y tercermundista que no ha cesado de movilizarse de a cientos de miles, e incluso de a millones, desde la insurrección popular de julio de 2018.

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La palabra “ladrón” tiene en creol, la lengua nacional de los haitianos, una connotación mucho más subida que en otras lenguas continentales como el portugués, el español y el inglés. No es un término de uso tan frecuente ni un vocablo para dispensar a la ligera. El robo es considerado una ofensa grave a toda la comunidad, por lo que en algunas zonas rurales aún se lo castiga severamente, con métodos de justicia autogestionados por las propias comunidades. Por eso es que caracterizar al presidente de la República y a toda la clase política como viles ladrones, es un hecho menos frecuente y aún más significativo que en muchos de nuestros países. La acusación se relaciona al desfalco de fondos públicos, probado por el Senado haitiano e investigado por el propio Tribunal Superior de Cuentas, que inculpa a altos funcionarios de Estado de la actual administración y de la anterior gestión presidencial de Michel Martelly. La suma, dilapidada por la clase política local en convenio con capitales diversos, es de unos 3.800 millones de dólares, previstos para atender las infinitas urgencias de infraestructura que tiene el país. Se trata de fondos que la Revolución Bolivariana otorgara generosamente en el marco de los programas de desarrollo de la Plataforma Petrocaribe.
Si a esta corrupción endémica sumamos la delicada situación de la economía y la sociedad haitianas, podremos comprender fácilmente los rencores acumulados y las ansias de trasformación social, expresadas en las calles por un mosaico que expresa contradictoriamente a sectores sindicales y políticos, urbanos y campesinos, eclesiásticos y empresarios, conservadores y radicales. Algunos indicadores económicos pueden ayudarnos a resumir rápidamente la situación: una devaluación de la moneda nacional, el gourde, de un 20 por ciento a lo largo del 2018; una inflación de dos dígitos que algunos analistas estiman en el orden del 14 o 15 por ciento; el derroche de recursos públicos en prebendas de todo tipo absorbidas por la clase política; el desmanejo económico de un Estado que ni siquiera cuenta con un presupuesto oficial desde que fuera retirado el previsto para el ciclo 2018-2019; los niveles alarmantes de desempleo y la completa informalidad del mundo laboral; la ruina pronunciada de la producción agrícola; el éxodo permanente de los jóvenes, expulsados del campo a la ciudad y de allí a países dónde son discriminados y super explotados; y por último, el hambre que golpea duramente a prácticamente un 60 por ciento de toda la población.


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Un carro blindado de las Naciones Unidas, conducido por militares extranjeros, perdió el control y embistió de lleno a untap tap, el popular medio de locomoción haitiano. El saldo, trágico, fue de cuatro muertos y nueve heridos. Un accidente involuntario, sin dudas. Pero el estupor y la bronca de los ciudadanos de a pie no parece deberse a la impericia del conductor, sino al hecho de no poder entender por qué un carro blindado, un vehículo de guerra, circula amenazante por un país pobre y sin fuerzas armadas, que no representa una amenaza para la seguridad de terceros países. Hace 15 años comenzó la llamada pacificación de Haití, impulsada por las Naciones Unidas y plasmada en la intervención de una fuerza militar y civil multilateral, la MINUSTAH (hoy MINUJUSTH). Pero al día de hoy, la principal amenaza para la población, más que la inseguridad local (baja si la comparamos con su incidencia en el resto de la región) y aún más que el accionar sus propias fuerzas policiales, lo constituye la presencia de una fuerza de ocupación. Entre los atropellos se cuentan las violaciones sistemáticas a mujeres de los llamados “guetos”, entre siete mil y nueve mil víctimas fatales por la epidemia de cólera traída al país por un contingente de soldados nepalíes, y un número incierto de jóvenes asesinados en las barriadas de la capital Puerto Príncipe. En Haití, cómo podría suceder en Venezuela, la llamada “ayuda humanitaria” no ha sido más que una excelente coartada para violar la soberanía territorial de nuestras naciones. La pequeña nación caribeña es hoy un muestrario de lo que el “capitalismo humanitario” podría generar en Venezuela.


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Diez muertos ya reconocen las fuerzas policiales. Una media centena, e igual número de heridos, afirman enfáticamente sectores de la oposición y los movimientos sociales. En los últimos días, las calles y las redes sociales muestran una serie de imágenes escabrosas. Jóvenes y niños tendidos, agonizando, en las calles de la capital. Un militante popular socorrido por sus compañeros, tras ser derribado por una bala policial en las inmediaciones del parlamento. Una densa humareda negra que cubre la ciudad de forma casi permanente, generando un clima irrespirable. El mercado de Croix-des-Bossales, mil veces incendiado, mil veces reconstruido, otra vez reducido a una maraña de hierros retorcidos. Pero también hay imágenes indudablemente heroicas, con ese heroísmo propio de las gentes sencillas, sin margen, que se animan. Estar en las calles de Haití es hoy mucho más que una opción política y un gesto de coraje: es una necesidad vital, el cross desesperado de un pueblo contra las cuerdas. Hombres en sillas de ruedas o en muletas marchando bajo el sol abrasador de mediodía. Vendedoras y mujeres ancianas gritando sus consignas desaforadas frente a la represión policial. Y también, pequeños gestos de solidaridad internacional que titilan como luces tenues, y llegan al país saltando las barreras del idioma y la desidia.


“Nou gen dwa viv tankou moun” (“Tenemos derecho a vivir como personas”), se lee en una pancarta que sintetiza un programa mínimo, elemental, meramente humano. El programa de un pueblo que aún recuerda las glorias pasadas, que aún cree en las posibilidades de regeneración nacional y que busca fanáticamente, y por segunda vez, su independencia y su dignidad. Un pueblo que sufre, sí, pero que jamás se resigna.

*Por Lautaro Rivara desde Haití para Nodal / Imagen de portada: AP

15 febrero 2019 0
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Sábado, 16 Febrero 2019 06:18

Los gobiernos populares que ojalá vengan

Los gobiernos populares que ojalá vengan

Pasando por medio de los infiernos que viene causando esta guerra de bandas necesitamos construir visiones que devengan en opciones estratégicas de acuerdo a un escenario de confrontación perfectamente previsible para los próximos tiempos. . 

La estrategia norteamericana seguida por los europeos de ahogar de recursos al Estado y por su parte un gobierno que sigue ofrecido a lógica a mafiosas que podría repetirse a su manera en un gobierno tomado por los chivos de la oposición, obliga a las clases subalternas a salirse a como del lugar de este juego cargado a menos que la historia diga lo contrario, de un potencial altísimo de sangre y una guerra que llamaríamos mercenaria, protagonizada por grupúsculos armados desde fuera.


La bondad que expresan masas humanas que están de lado y lado se diluye en esta historia para convertirse en una historia esencialmente confrontativa y no de clases en sus distintas visiones sino de bandas de interés. Salirse de este juego supone un poder alternativo que tome el terreno de la vida, que haga de la política una respuesta práctica del pensamiento colectivo totalmente a distancia del Estado y los partidos que sostienen su legitimidad. Estado , partidos, juego de gestión política, que ya a estas alturas opera superando ideologías o destruyéndolas, convirtiéndolas en parte de su mismo sistema maquinico y tecnocratico de la política . Es un maquinismo político que a estas altura del capitalismo global no es otra cosa que un constructo mediatico sistemático y manipulado por lo cual cada quien va tejiendo su hegemonía, crea sus personajes y ofrecen su demagogia tratando de hacer de las crisis políticas económicas el alimento de su reproducción. Por supuesto siempre cercanos a las corporaciones mundiales y oligarquías nacionales que en definitiva no son más que la realidad misma del decadente capitalismo , son su sol y su sombra.
Nadie que aspire a los mandos centrales militares y estatales puede evitar su invasión y su sueño de un mundo esclavizado a ellas sea cual sea su procedencia Nacional. Estas corporaciones se desechan por un mundo artificial desde el trabajo hasta el alimento que sería creación de su misma tecnología subsumida a lo que desde el club de Roma (hijo del imperio sacroromano) hasta todas las fasonerías y clubes imperiales están inventando. Es un mundo fuera de la tierra, fuera de todo amor a esa diosa paleolítica que creó las condiciones orgánicas, urbanas, tecnológicas, de la civilización humana, antes de ser sociedades de explotación y guerras entre fuerzas y reinos sustentados en la esclavitud y el servilismo hasta llegar a nuestra moderna condición de esclavitud que es trabajo asalariado, la acumulación bárbara en pocas manos, es decir el capitalismo.


Por estos recintos del mundo, que se han emborrachado de esta lógica perversa despojado de esta nación no menos de 500 mil millones de dólares y la dolencia, hambruna, carencia total de medicamentos que esto contrae, las renuncias deseadas por millones de los personajes de mando de Estado al menos que se quiebre en su contra la base estructural de las ffaa no vendrá rápido. Mucho más veloz serán los cuadros de hambre y confrontación mercenaria, desechando las intervenciones extranjeras que no son otra cosa que parte de la película que está planteada. La intervención en si es parte de la película estratégica imperial que sirve como amenaza, como bloqueo armado hasta tanto no se cree el cuadro político completamente favorable a sus intereses. Algo que ya han logrado en la casi totalidad de Suramérica pero la guerra de bandas y la introducción de buena parte de las comandancias de las ffaa en la lógica mafiosa no lo ha hecho tan fácil, más allá de las imbecilidades y guerras internas de una oposición sin propósito otro que no sea sustituir este bandidaje por otro comandado por ellos


Es por ello mismo que se hace tan necesario el diseño estratégico alternativo al infiernillo creado. ¿De qué se trata? Reafirmar un punto sobre el cual pondríamos lo que sobre ello se fraguó como corriente histórica que fue el alma de lo que luchó por ser una revolución. Estamos hablando de la República autogobernante producida políticamente sobre algo que tomó el nombre de proceso popular constituyente. Todas las estructuras de poder y producción territoriales y locales, chupadas y destrozadas hoy por el mando de Estado, incluidos poderes como alcaldías, tienen que ser tomados por el poder común antes de que sea demasiado tarde y las nuevas mafias y el intervencionismo imperial y sus acompañantes se terminen de tragar esta República.


El tiempo es corto, la lucha de bandas y ojalá la huida de estos tránsfugas hoy bajo el mando de Estado los tenemos enfrente sea igualmente corta, pero lo que vendrá a continuación en nada se parece a los sueños de emancipación por los cuales luchamos. El camino es rápido pero la actividad decidida una necesidad que va a la dimensión de un presente casi horroroso. Tenemos que hacernos dueños de los territorios que nos dieron República y del aparataje de servicios por los cuales vivimos como comunidades urbanas. La revolución autogobernante tiene que ser un hecho antes de ser invadidos no por ejércitos sino por modalidades propias de lo sucedido en el medio Oriente.


El poder común y popular convertido en una verdadera síntesis de lo que llamamos gobierno popular tiene que nacer ya...no hay pueblo vencido.

Por: Roland Denis | Sábado, 16/02/2019 03:05 AM

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