MÚSICA DESDE OTRAS COORDENADAS

Lunes, 01 Octubre 2012 06:28

Capriles repleta la avenida Bolívar

Capriles repleta la avenida Bolívar
Caracas, 30 de septiembre. Tienen los colores del PRD, su lema es “vota abajo y a la izquierda” y van contra Hugo Chávez. ¿El mundo al revés en Venezuela? Nada de eso. Pura “educación del elector”. La planilla en la cual poco más de 18 millones de venezolanos podrán votar el próximo domingo tiene un montón de caritas: el presidente Chávez aparece 12 veces, pues tal es el número de partidos y organizaciones que lo postulan para la relección. En el caso de Henrique Capriles Radonski, su principal oponente, la foto –sonriente como su adversario– aparece 22 veces, bajo los nombres sugerentes de agrupaciones como Vamos Pa’lante, Moverse y Procomunidad.


Capriles es postulado por un multicolor conjunto de agrupaciones y partidos, entre los que sobresalen la Unidad Democrática (en sus filas hay un partido que se define marxista-leninista y otro humanista cristiano: el lector puede acomodar en medio todo lo posible) y el partido Primero Justicia, la fuerza de derecha a la cual pertenece el candidato presidencial opositor, que por casualidad, en la planilla electoral, quedó “abajo y a la izquierda”.


El lema del candidato presidente, en contrapartida, reza: “El corazón del pueblo está arriba”, en virtud de que las 12 fotografías de Chávez ocupan esa zona de la planilla electoral.


Este domingo la oposición exhibe el músculo en Caracas. El jueves será el turno del chavismo.


Capriles elige para su cierre en la capital venezolana la avenida Bolívar, ancha como pocas aquí, rodeada de edificios públicos y habitacionales. Es, además, el lugar donde tradicionalmente Hugo Chávez convoca sus manifestaciones “monstruo”.


A la oposición no le va mal. Llena con creces el espacio y hay tanta gente que las estaciones del metro cercanas (varias son cerradas debido a la afluencia de personas) son insuficientes para albergar a los que llegan y a quienes se marchan temprano.


Grupos de jóvenes se trepan a los pedestales de las estatuas de Benito Juárez y Lázaro Cárdenas y desde ahí lanzan arengas con sus banderas. En otra esquina, cerca del hotel, propiedad del gobierno, que suele alojar a las numerosas delegaciones de interesados en la “revolución bolivariana”, un grupo de muchachas combina risas con una consigna: “¡Chávez, de pana (amigo), te queda una semana!”


Reaparece también la consigna favorita de la oposición durante el paro petrolero de 2002, cuando la oposición también hizo marchas gigantes (que culminaban en la zona este, el bastión antichavista de la ciudad). Un grito que, a fuerza de repetirse, se saben hasta los pericos en las colonias clasemedieras: “¡Se va, se va, se va!”


No se fue entonces y, según las encuestas, tampoco se irá ahora, porque de todas las elecciones a las que Chávez ha concurrido (las suyas propias más una decena de regionales y otras para votar cambios constitucionales o su permanencia en el poder) sólo ha perdido una, en 2007, cuando buscaba una reforma constitucional de gran calado que a muchos votantes chavistas les parecía un engendro. “No ganamos nosotros, perdió Chávez”, solían decir los líderes opositores.


El caso es que las muchachas gritan que a Chávez le queda una semana y le contagian la risa a una señora mayor que pela tamaños ojotes porque para donde voltee no hay manera de moverse. “¡Ja, ja, ja, y Chávez que pensaba que todos estaban con él!”


La concentración en la avenida Bolívar es resultado de ocho marchas que parten de distintos puntos de la ciudad. Miriam Verde, profesora universitaria jubilada, caminó desde Chacao, aunque hasta hace tres años vivía en un edificio a sus espaldas. “Pero aquí ya no se podía vivir, con la inseguridad ya no podía uno caminar después de las 11 de la noche”.


La profesora Verde resume el ánimo de los opositores que acompañan a Capriles en su cierre dominical: “Ahora sí tenemos la certeza de que alguien le puede ganar, de que podemos terminar con la inseguridad que nos agobia”. La emociona su encuesta familiar: “De mis 10 hermanos, ya sólo tres son chavistas”.


Quizá para opacar el cierre de su adversario, el presidente Hugo Chávez concede una entrevista a una agencia internacional, en la cual se refiere al tema que, quiérase o no, gravita en la contienda política venezolana: su estado de salud.


La Afp le pregunta si está curado del cáncer que se anunció el año pasado: “Yo creo que sí, yo me siento muy bien”, dice, montado en un vehículo descubierto, en Guarenas, al este de Caracas. “Vamos incluso a trabajar a un ritmo más acelerado”, agrega, sobre la posibilidad de un nuevo sexenio que lo haga completar dos décadas en el poder.


Chávez no tiene dudas sobre su victoria y la mayor parte de las encuestadoras –incluso algunas dirigidas por profesionales declaradamente antichavistas– le conceden razón. El problema es la diferencia, porque si el margen se estrecha la oposición podría reclamar el resultado, aunque sin mucha fortuna, sostienen analistas locales, porque deberá privilegiar consolidar sus avances regionales dado que hay nuevas elecciones en diciembre.


Chávez, con la Afp, acepta que debe “ampliar la brecha” si quiere “consolidar la revolución”.


La entrevista es jugosa. Chávez admite errores (“planes que no funcionaron”), sobre todo en materia de servicios públicos, fallas que han sido uno de sus flancos débiles en esta campaña, sobre todos por los apagones eléctricos y problemas con el suministro de agua. Critica a los izquierdistas españoles del PSOE: “Perdieron las elecciones por moderados”.


Y busca tomar distancia retórica de una de sus relaciones más preciadas: “Cuba es Cuba y Venezuela, Venezuela; dos modelos, dos historias distintas”.


El cuchi-cuchi llega a la capital venezolana


La recta final ocurre en medio de acusaciones cruzadas entre el gobierno y la oposición por el ataque a una caravana que culminó con tres muertos, todos contrarios a Chávez, en Barinas, el estado natal del presidente. El gobierno informó que fue detenido el asesino y rechazó que se tratara de un simpatizante chavista.


Con los comicios a la vuelta de la esquina, el presidente venezolano no deja espacio a la posibilidad de un triunfo opositor: “Es imposible que yo pierda”, e informa que incluso ya encargó a José Vicente Rangel –ex vicepresidente y una de las pocas figuras del chavismo respetadas por la oposición– que llame a “sectores de la derecha” y los vaya preparando “para lo inevitable”.


Capriles también se pone magnánimo y dice que no será un “mesías”: “Ustedes juzguen quién está en el proceso de cambios y quién se enfermó en el poder”.


En Venezuela los partidos no reciben financiamiento público ni está prohibida la publicidad oficial durante las campañas electorales. Hoy, por ejemplo, algunos periódicos lucen anuncios del Chávez candidato y otros que presumen obras de gobierno (como un satélite propio). Pero hasta estas tierras parecen haber llegado los estrategas aztecas del cuchi-cuchi. Se oye al pasar a una señora joven en el caluroso cierre de Capriles: “Si marido no vota por El Flaco (apodo del candidato de la unidad opositora), no va a haber nada de nada”.



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Colombia: La pax santista,  sin reformas y sin pueblo.
La maquina mediática se mueve y  fabrica “opinión”, fortalece la tendencia favorable entre empresarios, académicos y editorialistas para que den su visto bueno a un eventual  proceso de negociación con las guerrillas revolucionarias de los campesinos pobres.  Es la narrativa predominante en los grandes medios de comunicación institucionales colombianos.

Todo indica que el señor Santos, en compañía de su hermano Enrique, se propone dar un paso en la dirección del diálogo y la negociación política con el objetivo de resolver la cruenta guerra civil nacional. Vamos hacia la “pax santista” que ya ofrece sus primeros trazos de ambigüedad. No parece ser la “pax uribista” que juntó la mal llamada “Seguridad Democrática” con el ejercicio masivo de la parapolítica.

La hipótesis santista no se saldrá de la norma constitucional que ordena al Presidente de la Nación  dirigir cualquier negociación de paz con quienes estén en rebeldía contra el establecimiento dominante, por ser el principal responsable del orden público interno y la seguridad nacional.  Un eventual proceso de negociación solo tendrá 24 meses, se verá influido por el proceso electoral que ya despegó y por los pésimos indicadores de las encuestas que colocan en mal sitio al actual jefe de la Casa de Nariño debido al fracaso de todas sus políticas sociales. Aún así, su intento no puede obviar la presión de los gringos, las alianzas político/electorales coyunturales o los estados de ánimo de la “opinión pública” sobre la que recaen las más contradictorias influencias.

En la estrategia gubernamental hay una premisa incierta. Es la segura reelección de Santos, asunto que cada día se complica más dada la inflación de la oposición uribista, enemiga cerrada de cualquier aproximación a las guerrillas por considerarla una traición al legado del uribato.

Es cierto que la paz tiene un clima favorable. La sociedad entera la quiere y los grupos insurgentes han mostrado disposición para el diálogo y el acuerdo. Sin embargo, Santos mantiene la indefinición y la debilidad deriva de su esencia política retrograda por la responsabilidad directa en los “falsos positivos”, su complicidad con el alto mando militar uribista, su participación en el bombardeo a Ecuador para acribillar a Raúl Reyes, la promoción de Santoyo, el respaldo a más generales inmersos en las redes del narcotráfico, la aprobación de la reforma a la justicia favorable a la parapolítica, la entrega del país a las multinacionales mineras y la mascarada de la “reforma agraria” disfrazada de falsa restitución de tierras y reparación de las victimas de la violencia.

Santos no tiene legitimidad política. Se agotó en su liderazgo de la Tercer Vía.
Por eso quiere una “paz express”, sumaria, mecánica. La quiere clandestina, sin la presencia de la multitud, sin sociedad civil, sin organizaciones populares. La quiere sin reformas, sin cambios de ninguna índole en la sociedad nacional. Para él es suficiente con el marco legal que se aprobó recientemente y tal vez las reglamentaciones que con dificultad podrá tramitar en un Senado hostil que se le sustrae aceleradamente ante el inminente proceso electoral.

Si algo enseñan los procesos de negociación adelantados en las tres últimas décadas (Betancur, Barco, Gaviria, Samper, Pastrana), todos fracasados por la intransigencia de las clases dominantes, es que sin la participación de la nación y sin reformas sustanciales no es posible aproximarse a la solución de la guerra civil.

Una paz genuina requiere la intervención del pueblo con todas las organizaciones que lo representan y en el marco de plenas garantías y vigencia de los derechos políticos fundamentales. No ha de ser que los únicos que dispongan de privilegios (burocráticos, presupuestales, electorales y mediáticos) sean las podridas maquinarias de la politiquería tradicional mientras las expresiones progresistas de la sociedad y sus líderes sean sometidos a la persecución, el atropello, la cárcel y el exterminio físico.  Esa no es una paz auténtica.

Pero además, la paz tiene que estar acompañada de reformas a fondo del Estado y la sociedad. Hacer la paz sin reformas políticas democráticas, sin atender las necesidades básicas del pueblo, sin la democratización de los medios masivos de comunicación, sin reforma agraria, sin reforma electoral, sin reforma a la justicia, sin resolver la crisis carcelaria, con la locomota minera destruyendo la naturaleza, con los militares uribistas torpedeando la democracia y sin el reconocimiento de los derechos indígenas, es una mentira, es una farsa descomunal, que anuncia el seguro fracaso de esta ilusión santista de pasar a la historia como un héroe nacional.

Barranquilla, 26 de agosto de 2012.
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Wikileaks y los archivos de América Latina
El sitio Wikileaks publicó un comunicado para anunciar que su fundador, Julian Assange, había contratado al célebre magistrado internacional en derechos humanos, el juez español Baltasar Garzón, para liderar su defensa contra la extradición a Suecia.


Garzón, que pasó más de un año, a finales de la década de 1990, intentando obtener la extradición del general Augusto Pinochet de Inglaterra a España por delitos de lesa humanidad, publicó un comunicado en el que calificó las acusaciones contra Assange de supuesto abuso sexual como “arbitrarias y carentes de fundamentos”, y declaró: “Hay una clara intencionalidad política detrás de este juicio, lo cual explica su situación actual”.


Garzón se reunió recientemente con Assange en la embajada de Ecuador en Londres, donde espera que el gobierno de Rafael Correa se decida a darle asilo.


Precisamente a finales de junio la cara visible de Wikileaks ingresó en ese edificio diplomático buscando refugio para evitar su extradición a Suecia, donde lo acusan por un supuesto abuso sexual. Si el gobierno de Correa acepta su pedido, Assange se convertirá en residente de América Latina, donde el tesoro de cables del Departamento de Estado estadunidense que él diseminó estratégicamente ha generado cientos de titulares desde México hasta el Cono Sur.


El Cablegate –como fueron denominadas las revelaciones– tuvo un grado de impacto diferente en cada nación latinoamericana, en áreas como la política, los medios y el debate público sobre la transparencia y la responsabilidad gubernamental. En dos países forzó la partida del embajador estadunidense; en otro, ayudó a cambiar el curso de una elección presidencial.


En algunas naciones los documentos revelaron el nivel de la influencia estadunidense en los asuntos internos; en otros, detallaron actividades criminales y corrupción en los países huéspedes.


En muchos países, los cables revelaron el desfile de la élite política, cultural y hasta mediática que divulgó información –o chismes– a los funcionarios de la embajada estadunidense sin sospechar jamás que sus diálogos se volverían titulares de los diarios.


Estados Unidos fue agasajado con una lección de educación cívica en el arte de la delación. Y los ciudadanos estadunidenses también observaron el abismo de nuestros lazos regionales y bilaterales. Un año después, cuando las aguas del fenómeno Wikileaks se han aquietado en América Latina, parece adecuado evaluar –centrando la atención en las experiencias de Brasil, México y Colombia– qué consecuencias dejó la mayor filtración de documentos de la historia.


Efecto mariposa



Aunque al principio Julian Assange ofreció los cables a cuatro grandes agencias de noticias europeas, siempre intentó distribuir los documentos más allá de los organismos de noticias del norte. América Latina era la región perfecta para generar conmoción con esos archivos.


Históricamente, el “coloso del norte” ha ejercido una imperiosa –si no imperial– influencia económica, militar y política en su “patio trasero”. Ese pasado intervencionista creó el deseo de obtener revelaciones sobre las verdades ocultas de las políticas y las operaciones estadunidenses.


La década cubierta por la mayoría de los cables, de 2000 a 2010, también abarcó grandes cambios en la región y en la relación entre Estados Unidos y América Latina: el ascenso de Hugo Chávez en Venezuela y el renacimiento de la izquierda populista; la llegada del Plan Colombia; la emergencia de Brasil como potencia mundial; la disputada elección de 2006 en México; la transferencia del poder de Fidel a Raúl Castro en Cuba, y el golpe en Honduras, de junio de 2009.


Además, un creciente número de naciones aprobó leyes de libertad de expresión, reflejando el interés popular del acceso a los documentos oficiales y el derecho a saber que Assange deseaba promover. Como explicó en una entrevista con la revista Semana en Bogotá, Wikileaks es una “organización que se opone al abuso del secreto por parte de los gobiernos”.


En noviembre de 2010, Assange invitó a varios periodistas, como la brasileña Natalia Viana, para ir a Londres y trabajar en un plan de diseminación regional. Wikileaks seleccionó medios de comunicación de casi todos los países latinoamericanos: La Jornada en México, Página/12 en Argentina, El Comercio y luego IDL-Reporteros en Perú, el diario El Espectador y la revista Semana en Colombia, El Faro en El Salvador y CIPER, el centro de periodismo de investigación de Internet en Chile, entre otros.


Los periodistas de cada grupo mediático fueron invitados a encuentros furtivos en Londres. En la sede de Wikileaks, les dieron un pendrive con archivos encriptados; cuando volvieron sanos y salvos a sus países, recibieron un código para desencriptar la colección. “No lo podía creer”, recuerda Santiago O’Donnell, editor de la sección de internacionales de Página/12. “Eran 2 mil 500 cables desde y para la embajada de Estados Unidos en Buenos Aires, todos organizados en una hoja de cálculo de Excel”.


De los 250 mil cables diplomáticos que Bradley Manning, la fuente de Wikileaks, descargó de la base militar de Estados Unidos en Irak, unos 30 mil 386 viajaron hacia o desde embajadas y consulados en América Latina. Más de la mitad eran cables sin clasificar o de “distribución limitada” y estaban relacionados con artículos de la prensa local, debates públicos, el chismerío de las funciones diplomáticas y la rutina de los asuntos consulares. La mayoría de los cables en el caso colombiano, advierte Carlos Eduardo Huertas, “revelaba cómo el cuerpo diplomático estadunidense lidiaba con las misiones oficiales”.


Pero casi 900 cables estaban clasificados como “secretos”, y otros 10 mil como “confidenciales”. Muchos de ellos revelaban políticas, operaciones, fuentes y evaluaciones que encresparon, al menos temporalmente, las relaciones bilaterales de Estados Unidos con varios países latinoamericanos.


En México, la crítica del embajador estadunidense Carlos Pascual sobre la falta de acción del Ejército Mexicano, que contaba con inteligencia provista por Estados Unidos para perseguir a los líderes del narcotráfico, resultó políticamente embarazosa para el presidente Felipe Calderón. Los artículos de La Jornada sobre la crítica sin reservas del embajador tensaron las relaciones entre México y Estados Unidos. En marzo de 2011, Pascual se vio forzado a renunciar.


En Ecuador, el presidente Correa expulsó a la embajadora Heather Hodges luego de que la prensa informara sobre un cable secreto que revocaba la visa estadunidense del ex jefe de la Policía Nacional Aquilino Hurtado, quien “había usado su cargo… para extorsionar y acumular dinero y propiedades, malversar fondos públicos, facilitar el tráfico de personas y obstruir la investigación y el juicio de colegas corruptos”. Algunos funcionarios de la embajada, según el cable, “creen que Correa era consciente” de la corrupción de Hurtado, pero igualmente lo designó porque quería un jefe de la Policía Nacional “a quien pudiera manipular fácilmente”.
A pesar del escándalo, cuando los periodistas latinoamericanos examinaron los cables, descubrieron un cuadro más matizado que el que esperaban sobre el papel de Estados Unidos en la región. Por definición burocrática, los archivos del Departamento de Estado son los documentos menos escandalosos de la política exterior estadunidense. El lado oscuro de la política estadunidense se encuentra en otros sitios, como en los archivos secretos de la Agencia Antidroga de Estados Unidos (DEA, según sus siglas en inglés), el Departamento de Defensa y la CIA.


Los documentos de la diplomacia estadunidense revelaron que los funcionarios tenían instrucciones de asistir a los “analistas de Washington” –aparentemente un eufemismo de la CIA– reuniendo inteligencia sobre la presidenta de Argentina, Cristina Kirchner, incluyendo su “estado mental” y los tipos de medicación que tomaba para manejar “sus nervios y su ansiedad”. Y había otras revelaciones insidiosas relacionadas con el espionaje. En Bolivia, el gobierno de Evo Morales expulsó a 30 funcionarios de la DEA acusados de espionaje y luego la embajada estadunidense en Brasilia, informa Viana, presionó al ministro del Exterior brasileño para transferirlos al país. En Venezuela, los funcionarios consulares estadunidenses contrataron a una fuente clave para obtener inteligencia económica sobre los programas de Chávez.


Pero los cables también ofrecían información menos siniestra, y también menos útil. En Honduras, los envíos secretos tras el golpe de Estado dejaron claro que Washington no fomentó el derrocamiento del presidente Manuel Zelaya, aunque luego los funcionarios estadunidenses lo consintieron. “Las acciones tomadas para desplazar al mandatario fueron claramente ilegales”, informó el embajador estadunidense Hugo Llorens en un cable titulado “Cronología del golpe de Estado en Honduras”.


Desde La Habana, donde las relaciones de Estados Unidos con el gobierno de Raúl Castro siguen siendo hostiles, la sección de intereses estadunidense envió frecuentemente cables sobre el deseo de Cuba de expandir las áreas de diálogo y acercamiento. Un cable de marzo de 2009 titulado “Mantén a tus amigos cerca, pero a Cuba aún más” cita a un funcionario cubano que le dice a un par estadunidense que las negociaciones “tenían que comenzar en algún lugar”. Luego le señalaron al funcionario estadunidense que “el presidente cubano se ofreció a hablar con Barack Obama en un lugar neutral”. La bahía de Guantánamo, sugirió la parte cubana, “es un buen sitio” para reunirse.


América Latina develada


De los cables de Cuba se puede determinar tanto el pensamiento del gobierno de Raúl Castro como, en igual medida, la política estadunidense al respecto. Y eso puede aplicarse en general a toda la región. En América Latina, donde la desclasificación de las deliberaciones internas gubernamentales está severamente limitada, los cables de Wikileaks ofrecen información detallada sobre conversaciones oficiales, reuniones, planes de seguridad nacional, políticas sociales, exteriores, económicas y más.


La habilidad de la embajada estadunidense para enviar extensos informes sobre el funcionamiento interno de esos gobiernos está vinculada estrechamente con la calidad y las conexiones de sus fuentes locales. En la región, los embajadores crearon un auténtico quién es quién en la sociedad latinoamericana. Ministros, senadores, diputados, curas, empresarios, jueces y hasta algunos periodistas compartieron información sobre cuestiones de Estado en diálogos sin reservas con los embajadores estadunidenses dentro de los seguros confines de los cuerpos diplomáticos. Pero Wikileaks expuso sus identidades y sus palabras.


En Brasil, los cables informaron que el ministro de Defensa menospreciaba incansablemente al canciller como antiestadunidense. En Argentina, los cables revelaron que el ex jefe de gabinete Sergio Massa calificó al ex presidente Kirchner como “perverso”, “cobarde” y “sicópata”. En Perú, los fujimoristas –aduladores políticos del depuesto presidente Alberto Fujimori, incluyendo a su hija Keiko, quien estuvo cerca de ganar la presidencia el año pasado– acudieron a la embajada para compartir sus estrategias para hacerlo retornar al poder. Sus reveladoras conversaciones, publicadas por el grupo de investigación peruano IDL-Reporteros durante la campaña electoral de 2011, resquebrajaron las afirmaciones de independencia con las que Keiko se diferenciaba de su padre caído en desgracia y ayudaron a volcar la balanza a favor del candidato populista, el actual presidente Ollanta Humala.


Pero esa noticia tal vez nunca haya llegado al público peruano porque, inicialmente, Wikileaks ofreció los cables peruanos solamente al periódico El Comercio, de fuerte filiación con Fujimori y cuyos editores se resistieron a publicar artículos que dañaran la imagen de Keiko. La autocensura política se expandió por toda la región. El impacto a largo plazo del Cablegate en América Latina, como señala el experimentado periodista O’Donnell, “es una pérdida de credibilidad para los medios de noticias tradicionales y una creciente importancia de los medios sociales, alternativos y ciudadanos, como lo refleja dramáticamente el fenómeno Wikileaks”.


Aun así, la información es poder. Tal como reflejan los hechos del fenómeno Wikileaks en Brasil, México y Colombia, la publicación del intercambio de cables ha generado escándalos, estimulado debates y expuesto la conducta (y a veces la mala conducta), las políticas y las estructuras de poder de los gobiernos en toda América. Desde Estados Unidos hasta Argentina, las comunidades han logrado una mejor comprensión de las acciones que toman nuestros gobiernos en nuestra representación, pero también muy frecuentemente sin que lo sepamos. Lo que hagamos los ciudadanos del hemisferio occidental con ese poder será el legado final de la experiencia de Wikileaks.


Se publica con autorización del autor. Apareció originalmente en The Nation


Traducción: Ignacio Mackinze

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Domingo, 08 Julio 2012 05:29

Mate amargo

Mate amargo
Imposible saber desde acá lo que estará pasando por la cabeza del Pepe Mujica, pero seguro que estas últimas semanas no fueron fáciles.


En poco más de un mes perdió por paliza una elección interna, vio resurgir de las cenizas a su archirrival político, soportó críticas de su propio vicepresidente, a las que se montaron las de todo el arco opositor, y tuvo que aguantar la torpeza, deslealtad o falta de compromiso de un hombre de su riñón que ocupa un puesto clave en su gobierno, nada menos que el de canciller. Y todo eso le sucedió en gran parte por ponerle el pecho al sueño de Artigas de la integración regional, en un momento en el que muchos de sus compatriotas ven con recelo y desconfianza a sus aliados Argentina y Venezuela y dan a entender que prefieren políticas más cercanas al liberalismo económico que se referencia en Estados Unidos.


El 27 de mayo los candidatos de Mujica cayeron derrotados en la interna del Frente Amplio y como resultado se agigantó la figura de su principal rival interno, el ex presidente Tabaré Vázquez, cuya candidata Mónica Xavier (Partido Socialista) ganó con holgura las elecciones. Xavier sacó el 36 por ciento de los votos, contra el candidato de la línea interna de Mujica, Ernesto Agazzi (MPP), que sacó el 19 por ciento. El otro candidato que apoya a Mujica, Enrique Rubio (Vertiente Artiguista), sacó el 15 por ciento, mientras que Juan Castillo, el candidato comunista, sumó el 13 por ciento y los votos en blanco alcanzaron una cifra record de más del dieciséis por ciento.


Fue un resultado muy malo para el presidente uruguayo, teniendo en cuenta que en la interna del 2009 el MPP había ganado y Mujica se había llevado el 52 por ciento de los votos. El mes pasado, sumados los votos de Xavier con los votos en blanco, más de la mitad de los frenteamplistas expresaron su disconformidad con la conducción del presidente uruguayo.


“Y ya lo ve y ya lo ve, el presidente es Tabaré.” Ovacionado, aplaudido de pie, así ingresó Vázquez al Plenario Nacional del Frente Amplio para presenciar la asunción de su correligionaria socialista Mónica Xavier como presidenta de la coalición el sábado pasado en el Club Democrático de Florida.


Vázquez había dejado la presidencia uruguaya en el 2010 con un alto índice de popularidad, imposibilitado por la Constitución para competir por un segundo término. Pero el año pasado había anunciado su “retiro” de la política para apagar el fuego causado por las filtraciones de Wikileaks. Los cables habían revelado que Vázquez le había pedido ayuda a Bush para una eventual guerra contra Argentina y su odiado Néstor Kirchner por el conflicto de las papeleras sobre el río Uruguay.


En su discurso del sábado pasado, Mónica Xavier le agradeció y le dedicó su triunfo a Tabaré. Los periodistas se le fueron encima al ex presidente para preguntarle si el “retiro” había terminado. Dato no menor, ya que según las encuestas, Wikileaks y todo, hoy por hoy Vázquez es el político más popular de Uruguay.


“Estamos lejos de hablar de candidaturas, pero estoy aquí en este plenario del Frente”, dijo Vázquez a El País de Montevideo. Pícaro, comparó su participación en el plenario frenteamplista, del cual es miembro permanente, con “la vuelta de Progreso a la Divisional A” del fútbol uruguayo, club del cual es hincha.


Además de servir de escenario para la dramática reaparición de Vázquez, la elección interna impulsó la figura del otro rival interno de Mujica, el vicepresidente Danilo Astori, ex ministro de Economía de Vázquez y emergente del Partido Liberal que forma parte del Frente Amplio, llamado Frente Líber Seregni.


El Líber Seregni se impuso en la votación por partidos con el diecinueve por ciento, apenas por encima del MPP y el Partido Socialista. El margen fue mínimo, pero el crecimiento había sido importante y diversos medios uruguayos que siguieron el voto coincidieron en destacar que Astori salía fortalecido.


En este contexto se dio el golpe parlamentario a Lugo, la posterior decisión del Mercosur de suspender a Paraguay y, casi en un mismo acto, la de aprobar la incorporación de Venezuela como miembro pleno del organismo regional. Para Mujica, seguramente, el momento no fue muy oportuno.


Astori representa una línea de pensamiento. Como ministro de Economía impulsó sin éxito un tratado de libre comercio con Estados Unidos. Por el contrario, fue y sigue siendo muy crítico de la asimetrías en el Mercosur entre los países más grandes y los más chicos. Habla mal de Chávez. Dentro de la alianza gobernante representa al sector más cercano al capital financiero. El año pasado se opuso a un impuesto a los latifundios impulsado por Mujica y los dos terminaron negociando.


En cambio, Almagro es otra cosa. El canciller Luis Almagro es del MPP, la línea interna de Mujica, y fue asesor de Mujica en el Ministerio de Agricultura durante el gobierno de Vázquez. Se lo suponía un incondicional del Pepe.


Pero fue Almagro quien dijo que la incorporación de Venezuela al Mercosur “no está firme” pocas horas después de que los presidentes de Uruguay, Brasil y Argentina lo anunciaran en la cumbre de Mendoza. También dijo que Mujica había sido presionado por la mandataria argentina Cristina Kirchner y su par brasileña Dilma Rousseff para hacerle un lugar en el Mercosur al país que gobierna Hugo Chávez.


Las declaraciones de Almagro explotaron en todo Uruguay. La oposición se hizo una fiesta. Se unieron para exigir una interpelación del canciller y pidieron su renuncia. Los Colorados anunciaron que retiraban sus representantes del Parlamento de Mercosur hasta que volvieran los suspendidos representantes paraguayos. Después se unieron con los Blancos y demandaron una segunda interpelación, esta vez para Almagro y el ministro de Defensa, por la presencia supuestamente no autorizada de militares venezolanos en Uruguay.


Envalentonado por los resultados de la interna, Astori usó la oportunidad para llevar más agua a su molino y salió a opinar, en medio de la tormenta, que la incorporación de Venezuela al Mercosur era una “herida” para los uruguayos.


Ante la andanada de críticas la primera reacción de Mujica fue la de un político. Dijo que mientras más pidieran la renuncia de Almagro, más se empecinaría en ratificarlo en el cargo. Pero no fueron muchas las voces que se escucharon en defensa del presidente. La que sí puso el pecho fue la senadora nacional, referente del MPP y mujer de Mujica, Lucía Topolansky, quien refutó las declaraciones de Almagro y ratificó el apoyo uruguayo a la incorporación de Venezuela.


Entonces los socialistas movieron sus fichas. Mónica Xavier, como flamante presidenta del Frente Amplio, visitó a Mujica para ratificarle que como presidente de la república seguía siendo el líder del proyecto político del Frente Amplio, y que como tal tenía todo el apoyo de ella y de toda la coalición. Dijo además que el tema Venezuela era “un tema superado”.


Quizá fue una forma elegante de recordarle a Astori que serán aliados, pero que él no representa a los socialistas, cuyo referente, ahora más que nunca, es Tabaré Vázquez. Y de paso advertirle a Astori una vez más que la postura anti Mercosur sigue siendo minoritaria dentro del Frente.


En realidad, la incorporación de Venezuela había sido aprobada por los cuatro países miembro de Mercosur en el 2006 y de vuelta en el 2009 y sólo faltaba la ratificación del Senado paraguayo. Pero según un ex alto funcionario del Mercosur, conocedor de la intrincada arquitectura legal que surge de los distintos tratados y protocolos firmados, no hacía falta el voto del Parlamento paraguayo. Es que los estatutos habían sido reformados, explicó la fuente, para que sólo haga falta la aprobación de tres de los cuatro países del Mercosur para aprobar nuevas incorporaciones. “Lo que pasó en Mendoza es que tomaron la decisión política”, me explica el experto. O sea, tenían el instrumento legal para actuar sin la aprobación de Paraguay, pero hasta ahora nunca lo habían usado.


Pero no era la letra chica del Mercosur lo que complicaba a Mujica y le hacía perder fuerza dentro del Frente Amplio. Su problema, decían sus críticos, era la relación con Argentina y Venezuela. Que negociara con los chavistas y los cortadores de puentes. Que eligiera mal a sus amigos. El jueves, el Pepe no aguantó más y salió a contestar.


Dijo que se sentía muy solo en la defensa de la relación con la Argentina. dijo que no es ninguna novedad que los argentinos son difíciles, pero son los vecinos que hay, que no se puede mover a Uruguay a otro continente, que hay que negociar, negociar y negociar y si no que alguien le mande la receta para hacer algo diferente. Dijo que los argentinos hicieron Punta del Este y gran parte del Uruguay, pero que lamentablemente cuando Argentina juega al fútbol con Alemania los uruguayos hinchan por Alemania. Les pidió a los uruguayos que cambien un poco esa mentalidad.


Respecto de Venezuela, Mujica aclaró que no está ingresando el chavismo al Mercosur, porque los gobiernos pasan, van y vienen. Dijo que lo que se aprobó es el ingreso de un país, un país con mucho petróleo que Uruguay necesita comprar, un país que demanda muchos alimentos que Uruguay necesita vender.


Imposible desde acá meterse en la cabeza del Pepe, pero uno se lo puede imaginar tomando mate en el patio de su rancho de Rincón del Cerro, mientras repasa lo que hizo bien y lo que hizo mal después de un mes bastante duro. Desde pequeñas cuestiones tácticas como ir a la interna con dos candidatos en vez de uno o no haber arreglado con los comunistas, hasta las grandes preguntas sobre cómo cohesionar el frente externo con el frente interno, y el largo plazo con las presidenciales del 2014. Podrá sentirse tranquilo por la salud del Frente Amplio, con figuras respetadas como Vázquez, Astori, Topolansky y Mónica Xavier, referente de la campaña para legalizar el aborto. Todos ellos le garantizan a Mujica que su formación política tendrá grandes chances de competir con éxito por el poder en los años venideros y así se podrán profundizar los cambios que se vienen realizando. Pero no habrá sido fácil para el Pepe digerir la derrota en la interna y la falta de apoyo a su política exterior.


Uno lo imagina en la puerta de su rancho como en esta foto de Gonzalo (foto), con la mirada perdida en el horizonte, buceando en su memoria. Con su recuerdo de prisionero tupamaro en tiempos de dictadura para darse ánimo, recordándose que ha salido triunfante de situaciones peores.
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Sábado, 07 Julio 2012 07:30

Séptima carta a las izquierdas

Séptima carta a las izquierdas
¿A qué izquierdas me dirijo? A los partidos y movimientos sociales que luchan contra el capitalismo, el colonialismo, el racismo, el sexismo y la homofobia, y a toda la ciudadanía que, sin estar organizada, comparte los objetivos y aspiraciones de quienes se organizan para luchar contra estos fenómenos. Es un público muy amplio, sobre todo porque incluye a quienes llevan a cabo prácticas de izquierda sin considerarse de izquierda. Y, sin embargo, parece tan pequeño.


En las últimas semanas, las izquierdas han tenido la oportunidad de experimentar la riqueza global de las alternativas que ofrecen y de identificar bien las fuerzas de derecha a las que se oponen. Por desgracia, esta oportunidad ha sido desperdiciada. En Europa, las izquierdas estaban avasalladas por las crisis y urgencias de lo inmediato y, en otros continentes, los medios de comunicación ocultaban lo novedoso y de izquierda que flotaba en el ambiente.


Me refiero a la Conferencia de Naciones Unidas Río+20 y a la Cumbre de los Pueblos celebradas en Río de Janeiro. La primera tuvo lugar en Barra de Tijuca y la segunda en el parque de Flamengo. Eran pocos los kilómetros que separaban ambos eventos, pero había un océano de distancia política entre ellos. En Barra, se encontraban los gobiernos y la sociedad civil obediente, incluyendo las empresas multinacionales que cocinaban los discursos y organizaban el cerco a los negociadores oficiales. Allí la derecha mundial dio un espectáculo macabro de arrogancia y cinismo ante los desafíos ineludibles que plantea la sostenibilidad de la vida en el planeta. Ningún compromiso vinculante para reducir los gases del efecto invernadero, ninguna responsabilidad diferenciada para los países que más contaminan, ningún fondo para el desarrollo sostenible, ningún derecho de acceso universal a la salud, ninguna suspensión de patentes farmacéuticas en situaciones de emergencia y pandemias. En lugar de ello, la economía verde, el caballo de Troya del capital financiero para gestionar los bienes globales y los servicios que la naturaleza nos presta gratuitamente. Cualquier ciudadano con conciencia ecológica entiende que la manera de defender la naturaleza no es venderla y no cree que los problemas del capitalismo puedan resolverse con más capitalismo. Pero eso fue lo que los medios de comunicación llevaron al mundo.


Por el contrario, la Cumbre de los Pueblos fue la expresión de la riqueza del pensamiento y las prácticas impulsadas por movimientos sociales de todo el mundo para lograr que las generaciones futuras disfruten del planeta en, al menos, las mismas condiciones de las que disponemos.


Hubo millares de personas, centenares de eventos, un conjunto inagotable de prácticas y de propuestas de sostenibilidad. Algunos ejemplos: defensa de los espacios públicos en las ciudades que prioricen lo peatonal, la convivencia social, la vida asociativa, con gestión democrática y participación popular, transportes colectivos, huertos comunitarios y plazas sensoriales [1]; economía cooperativa y solidaria; soberanía alimentaria, agricultura familiar y educación para la alimentación sin el uso de agrotóxicos; nuevo paradigma de producción-consumo que fortalezca las economías locales articuladas translocalmente; sustitución del PIB por indicadores que incluyan la economía del cuidado, la salud colectiva, la sociedad decente y la prosperidad no asentada en el consumo compulsivo; cambio en la matriz energética basada en las energías renovables descentralizadas; sustitución del concepto de capital natural por la naturaleza como sujeto de derechos; defensa de los bienes comunes, como el agua y la biodiversidad, que solo permiten derechos de uso temporal; garantía del derecho a la tierra y al territorio de las poblaciones campesinas e indígenas; democratización de los medios de comunicación; tributación que penalice las actividades extractivas y a las industrias contaminantes; derecho a la salud sexual y reproductiva de las mujeres; reforma democrática del Estado que elimine la pandemia de la corrupción e impida la transformación en curso del Estado protector en Estado depredador; transferencias de tecnología que atenúen la deuda ecológica.


Si quieren tener futuro, las izquierdas deben adoptar el futuro contenido en estas propuestas y transformarlas en políticas públicas.


Notas

[1] Se trata de un proyecto innovador cuya finalidad principal es atender a personas ciegas o con necesidades visuales especiales para promover, más allá de la visión, el aprendizaje a través de experiencias sonoras, táctiles y olfativas. (N. T.)


Boaventura de Souza Santos
Visão


Traducido por Antoni Jesús Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez.




Sábado, 07 Julio 2012 07:26

La nueva cara de la izquierda paraguaya

La nueva cara de la izquierda paraguaya
Mirando a cámara y con el tema “Let it Be” de fondo, el conductor de su programa de televisión de la mañana de un canal privado de Paraguay se dirigió sin rodeos a su audiencia: “Luego de treinta y dos años de haber ingresado a estos estudios para ser alguien en los medios, me despido para aceptar el generoso ofrecimiento de presentar una precandidatura a la presidencia”. El que hablaba ese día, 9 de abril pasado, era Mario Ferreiro, una cara voz tan conocida en Paraguay como la de Fernando Bravo en la Argentina. “La gente sabe quién soy: un ciudadano común con un pensamiento de izquierda”, decía mientras iban pasando imágenes suyas con un semblante más joven que sus actuales 52 años.


Hace tan sólo tres meses, Ferreiro se postulaba como uno de los seis precandidatos por el Frente Guazú (Guazú significa “grande”), un conglomerado de izquierda al que pertenece Fernando Lugo, el destituido presidente. Hoy, este hombre de los medios mantiene su candidatura y pide pragmatismo y rapidez frente a un nuevo escenario político. “El Frente Guazú debe reorganizar todas sus fuerzas progresistas. Antes teníamos un proyecto de alianza con el Partido Liberal Radical Auténtico, pero éste nos traicionó y entonces estamos en la búsqueda de ampliarnos con bases sociales y gremiales”, señala en diálogo con Página/12 desde Asunción.


La estrategia de los movimientos y agrupaciones de izquierda es la de consensuar una lista única en el Senado encabezada por Lugo. El ex presentador de televisión recomendó a sus correligionarios que por falta de tiempo sea Lugo y un equipo de cuatro personas quienes decidan el candidato presidencial. Eso, en caso de que Lugo finalmente no sea restituido en el cargo, posibilidad que el ex mandatario ha desestimado. Al respecto, Ferreiro ve por delante un camino con escollos: “Tendrían que votar su restitución los mismos parlamentarios que lo echaron. Los recursos que presentamos ante la Justicia ordinaria fueron ampliamente rechazados. Vamos a seguir luchando en otros niveles, por ejemplo ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos”.


Hace quince días, una mayoría de legisladores liberales, colorados y oviedistas condenó a Lugo en un juicio express a dejar la silla presidencial, acusándolo de mal desempeño de funciones y responsabilizándolo por un enfrentamiento entre campesinos y policías que dejó 17 muertos, cuya investigación aún no ha arrojado responsables.


Ferreiro, al igual que el ex obispo al momento de hacer oficial su postulación, no cuenta con una trayectoria política. Sus ideas políticas se remontan al Partido Revolucionario Febrerista (socialista). El nombre de esa formación refiere a la Revolución de Febrero de 1936 que dio paso al gobierno de Rafael Franco, en el que se aprobaron leyes sociales como la jornada laboral de ocho horas y se anularon aquellas que restringían la actividad política y sindical.


Hoy, el que se aferra a la presidencia es otro Franco: Federico. Nunca disimuló, sentado en el banco de vicepresidente, sus ansias de ocupar el cargo de Lugo. Lo enfrentó desde el comienzo. Y asumió en su relevo para evitar una guerra civil, según dijo con hipocresía. Es la estrategia de generar miedo. Ferreiro afirma que los paraguayos temen repetir las historias de violencia. Eso explicaría por qué Lugo acató la decisión del Congreso sin más y por qué se ven pocos focos de resistencia de las bases sociales. “Paraguay ha tenido una tradición de guerras civiles y golpes de Estado que está instalada en el inconsciente colectivo, venimos de abuelos y de padres que hablan de matanzas entre hermanos. Es muy difícil pedirle a la gente que se manifieste sin sentir aquel antiguo miedo de las grandes represiones”, afirma Ferreiro y agrega: “Por otro lado, hay una apatía generalizada a toda actuación política, en las encuestas se constata que la gente cree que, venga quien venga, todo va a ser igual”.


Como símbolo de estos tiempos, uno de los lugares en donde sí hubo manifestaciones en apoyo al presidente destituido fue en la sede de la Televisión Pública. “La gente entendió que era un espacio para defender frente a la concentración de medios”, destaca Ferreiro. “Pero ya está en manos de los golpistas y de a poco irán modificando la programación hacia una menos comprometida.” Ferreiro, un conductor de televisión que conoce la cocina de los medios privados, señala el potencial del canal del Estado: una emisora que llevaba tan sólo un año en el aire y que rompía con el relato masivo de descalificación a Lugo que proponían los sectores de derecha. Ferreiro dice que estableció una posición de apoyo al proceso liderado por Lugo desde adentro de los medios corporativos privados. Fue también columnista del conservador diario ABC Color. Desde esos espacios dijo que respeta el proceso político de Venezuela, siendo que Chávez hace tiempo se volvió una obsesión de la derecha paraguaya.


Ferreiro propone una ley de medios como la de Argentina. “Es el debate que tendría que darse en Paraguay: la única forma de contestar a ese relato masivo de un solo sector es democratizando los medios. ¿Si estamos cada vez más lejos de esa discusión? No lo creo. Hay un sector de la población que va a votar por las propuestas progresistas y va a permitir que ese debate llegue al Parlamento.”


El ex comunicador es el mejor posicionado en la interna del Frente Guazú, que comparte con Miguel López Perito, ex jefe de Gabinete; Esperanza Martínez, quien fuera ministra de Salud; Fernando Camacho, presidente del partido Encuentro Nacional; Luis Bareiro Spaini, ex ministro de Defensa, y Sixto Pereira, senador del movimiento Tekojoja. Un sondeo de la consultora Ati Snead, publicado por el diario Ultima Hora el 29 de mayo, mostró que Ferreiro lideraba las preferencias con un 42,7 por ciento de apoyo, mientras que López Perito se ubicaba en segundo lugar, con un 7,1 por ciento de respaldo.


Las autoridades del Tribunal Superior de Justicia Electoral afirmaron por estos días que las elecciones previstas para abril de 2013 no serán adelantadas. Si resulta el candidato del Frente Guazú, Ferreiro deberá competir con el más probable ganador de las primarias liberales, Blas Llano (presidente del partido), y el hombre que más suena entre los colorados, el empresario ganadero Horacio Cartes.


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“La izquierda debe unir gestión y emoción”
El primer gran debate abierto de la decimooctava edición del Foro de San Pablo tuvo como tema los gobiernos progresistas y de izquierda. En el curso de las amplias discusiones quedó reflejada la preocupación de muchos delegados por la estabilidad de esos gobiernos y el modo de desarrollo que ofrecen o pueden ofrecer frente a la hostilidad de los modelos liberales. Desde Panamá y Palestina, pasando por Honduras, Venezuela, Uruguay, Puerto Rico, hasta Brasil o México, los participantes mostraron una honda preocupación sobre la forma en que el progresismo puede implementar sus políticas sin exponerse a la decapitación liberal. Un delegado de Palestina afirmó con visible temor que, allí donde se vaya, “el liberalismo bloquea los cambios mundiales o nacionales”. El otro gran tema consistió en encontrarle una respuesta a esa gran incógnita que consiste en saber en qué fase de su historia se encuentra el modelo liberal tomando en cuenta todas las crisis que lo han azotado en los últimos años. Quienes lo dieron por agonizante o muerto reconocen que no es así, pero tampoco encuentran en el horizonte un modelo para retratar el estado actual. Página/12 dialogó en Caracas con el analista Juan Carlos Monedero, ex consejero del presidente Hugo Chávez y lúcido pensador de los planteos que la izquierda debe hacerse en estos tiempos de dudas.


–Los participantes de este foro, al mismo tiempo que celebran la existencia de gobiernos progresistas, se preguntan qué hacer frente al modelo ultraliberal que sigue en pie pese a las hecatombes que provocó y lo afectaron.


–La izquierda tiene un terrible problema de reflexión. Hay problemas para los cuales no tenemos respuesta. Por ejemplo, cuáles son las relaciones entre los movimientos sociales y los gobiernos; cómo actúa un gobierno que puede acceder a los aparatos del Estado sin que ello signifique que tenga realmente el poder; cómo gestiona el Estado heredado con el Estado en construcción; cuál es el nuevo sujeto de transformación; qué ocurre cuando la clase obrera sigue existiendo, pero ya no se deja representar. Creo que la izquierda puede encontrar respuestas a estas preguntas en foros de este tipo. El gran reto de la izquierda es ver cómo se traducen las diferentes luchas por la emancipación para encontrar el hilo que las una.


–Hace años que la izquierda tiene una gran capacidad de análisis, una extrema lucidez en su diagnóstico. Sin embargo, incluso en uno de los peores momentos del liberalismo, la izquierda no consigue plasmar una acción de impacto global. ¿Por qué?

–Ocurre que la izquierda siempre ha movilizado con sueños. Los grandes lemas de cambio social de la izquierda que tanto han emocionado a la población son un poco huecos: tierra y libertad, pan y trabajo, socialismo o muerte, etc., etc. Estas ideas son elementos amplios, pero no terminan de concretarse. Por paradójico que parezca, hoy en días los únicos que son políticamente incorrectos son los actores de la derecha: Berlusconi en Italia, Sarah Palin en Estados Unidos, Esperanza Aguirre en España, etc. Son sujetos capaces de apelar a las emociones. Por eso cuando el capitalismo está en crisis la salida más fácil que encuentra es la fascista. Y esto se debe a que la izquierda no termina de entender que tiene que ser capaz de unir la emoción y la gestión. La izquierda necesita renovar las emociones y terminar de concretar las alternativas. Vivimos en un mundo en transición donde lo viejo no termina de marcharse y lo nuevo no termina de llegar. Tenemos que hacer teoría no sobre la base de lo que queremos sino de lo que no queremos. Esto representa una ventaja teórica. Los modelos tradicionales se rompieron: la Unión Soviética se hundió, el mundo del trabajo se transformó, los Estados nacionales variaron y las ideologías se difuminaron. Los marcadores de certeza se tornaron líquidos y por eso tenemos dificultades para concretar otras cosas en una alternativa que se plasmará a medida que se construye. Considero importante teorizar sobre una izquierda flexible que vaya construyendo sobre la base de lo que no queremos el gran mosaico de lo que deseamos. Estamos en una encrucijada teórica donde no nos valen los viejos elementos, no nos valen los viejos partidos políticos, no nos vale el modelo de asalto al poder ni mucho menos el modelo de gestión humanista de un capitalismo en crisis como lo hace la socialdemocracia. Como diría Marx, es un momento para regresar a la biblioteca e intentar aportar modelos que orienten.


–Pero todas estas búsquedas que usted expone no alejan el poderío de una oligarquía dispuesta a todo para mantenerse. El sistema no se acabó. Acaso hoy el liberalismo es más frágil o se reforzó con la crisis. ¿Qué es una auténtica estrategia de izquierda para un momento como éste?


–Ludovico Silva decía que si los loros fuesen marxistas serían marxistas ortodoxos. Yo diría: ni Marx, ni menos. Marx nos da mucha luz, pero hay que leerlo con la luz actual. No sabemos si la crisis del capitalismo va a ser la última. Una filosofía de la historia tiene el problema de pretender que el futuro está escrito, lo que no es real. La izquierda no terminó de ver la enorme capacidad de adaptación del sistema capitalista. Sabemos que cada vez que hay una crisis el abanico de respuesta que tiene el sistema se estrecha. De la última gran crisis de los años ’70 el capitalismo salió con la explotación de la naturaleza, la explotación de los países del sur y la explotación de las generaciones futuras mediante el déficit. Esos tres elementos se agotaron. Lo que sí sabemos hoy es que las respuestas del sistema se estrechan. El sistema global tuvo que regresar al origen y exacerbar la explotación dentro de casa. También sabemos que, según las cifras más optimistas, hay 75 veces más dinero que riqueza. Y esa mentira funciona mientras el capital financiero decida seguir jugando a la mentira. En cuanto dice “nos paramos, esto es mentira”, todo se cae. Eso es lo que ha ocurrido ahora. El sistema financiero se dio cuenta de que la brecha entre el dinero y la riqueza es tan grande que no se va a poder pagar. De allí, insisto, la importancia de este foro y de América latina. No me canso de repetir que la salvación del planeta o viene de América latina o no viene de ningún lado. Europa está exhausta, China no quiere, Estados Unidos tampoco quiere y Africa no puede. América latina es el continente que ha sufrido el problema neoliberal y lo ha superado. Es el continente que tiene la memoria de lo que es el modelo neoliberal y, además, tiene la memoria de los pueblos originarios, que recuerdan la necesidad de respetar a la Pachamama. Esa conjunción de memoria ancestral y de memoria a corto plazo del modelo neoliberal sitúa a América latina como un lugar central para encontrar las alternativas.


–En los debates del foro hemos visto una gran preocupación de la gente por el futuro de la gobernabilidad de los gobiernos progresistas. Hay una mezcla de miedo y ansiedad.


–El problema radica en que los gobiernos actuales de cambio tienen que gestionar el aparato estatal heredado y las presiones actuales. Ahí hay un conflicto porque los movimientos sociales que auparon en América latina a los gobiernos de transformación a menudo reclamaban también una parte de ese modelo pasado. ¿Quién se encarga entonces de las nuevas demandas? ¿Y de qué se trata? Acaso de reactivar un modelo de consumo que la gente considera perdido, o acaso reconstruir la realidad. Los problemas actuales que tienen Evo Morales, Correa, Cristina Fernández de Kirchner responden a esos problemas mal resueltos entre la gestión del pasado, la gestión del presente y la del futuro. Creo que sería un error apoyarse en un movimiento social para ofrecerle solamente lo que el modelo anterior dejó de prometerle. Así se estaría construyendo lo que hizo Margaret Thatcher. Satisfacer las bases de la demanda social sin educar con los nuevos valores de la alternativa que queremos construir puede provocar aquí lo que pasó en Europa: la izquierda construyó la sociedad de clases medias, pero después esas clases medias patearon la escalera para que los que vinieran detrás no tuvieran más oportunidades. Esas clases medias se convirtieron en nuevos propietarios sin ideología. Por eso es esencial un trabajo de traducción entre los diferentes sujetos que portan la emancipación.

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Egipto: primer gobernante civil desde hace 7000 años y "¿fórmula paquistaní?"
Desde la defenestración del sátrapa Hosni Mubarak, hace 16 meses, la "revolución de las pirámides" ha sido secuestrada por microgolpes de Estado que no se atreven a pronunciar su nombre por la junta militar, la cual se ha enfrascado en una viciosa cuan intensa lucha con los Hermanos Musulmanes –la nueva estrella regional ascendente en todo el Medio Oriente desde Gaza, pasando por Jordania, hasta Siria–, bajo la teatralidad de una democracia controlada (ver Bajo la Lupa, 20/6/12).


La lucha por el poder entre la casta militar, otrora heroica, y los civiles, de religiosidad omnímoda aglutinados por los omnipotentes Hermanos Musulmanes y los salafistas (de lectura integrista coránica más estricta), quedó definida a corto plazo, con tácita bendición de Estados Unidos: los militares gobiernan y los Hermanos Musulmanes reinan, en un equilibrio precario, pero aceptado por los actores en juego, que quizá se irá acentuando y asentando en el sentido de la "fórmula paquistaní", otrora exitosa, de reparto de poder y delimitación de sus esferas de influencia.


La narrativa "occidentaloide", que flagela y desfigura a Medio Oriente en su prisma subjetivo para sus primarias necesidades geopolíticas de control regional, vende la idea de que el flamante presidente civil adscrito a la cofradía de los Hermanos Musulmanes, Mohamed Mursi –ingeniero formado en la Universidad de California, con dos de sus cinco hijos de nacionalidad estadunidense–, constituye el quinto presidente "republicano" desde la caída de la monarquía (con cuatro previos de origen militar).


Mas allá de sus caracteríscas singulares, los cuatro anteriores presidentes "republicanos" debieron su asunción presidencial a su genealogía militar, cuando las elecciones eran un mero trámite.


En términos estrictos y una relativa elección competida, entre Ahmed Shafik –representante del ancien régime, el general de aviación ex primer ministro de Mubarak– y el candidato de los Hermanos Musulmanes, se pudiera aducir que Mohamed Mursi representa el primer gobernante civil libremente elegido desde hace 7 mil años en las tierras faraónicas.


No es poca cosa, y quizá el Medio Oriente se encuentre ya en un punto de inflexión histórico cuando las castas militares, con su séquito pestilente de sus mukhabarat/istikhbarat (sus servicios secretos torturadores con la anuencia farisea de Estados Unidos), sean obligadas a ceder parte de su poder y/o a coexistir, al estilo quizá caduco de la "fórmula paquistaní" (de equilibrio militar/civil hoy contaminado por un tercer factor inesperado: el judicial), con la nueva estrella en el firmamento geopolítico regional: los Hermanos Musulmanes, lo cual conviene al "redireccionamiento" posmoderno de Estados Unidos y Gran Bretaña (presunta creadora de la cofradía de los Hermanos Musulmanes hace 84 años, si hacemos caso a las reseñas acuciosas de Thiery Meyssan, director de Réseau Voltaire).


A juicio del analista Rami Khouri (The Daily Star, 23/6/12), en un artículo muy severo –un tanto cuanto de corte prismático occidentaloide–, lo que sucede en Siria y Egipto definirá a Medio Oriente: "la característica política central del moderno mundo árabe desde su creación después de la Segunda Guerra Mundial: la lucha entre oficiales militares y políticos civiles por el control de las instituciones de gobierno".


Christain Merville, de Le Point (26/6/12), después de reseñar la forma "accidentada" en la que accede al poder Mohamed Mursi, coloca en relieve la voluntad de "acomodamiento" del flamante presidente islámico con el ejército, pese al ostentoso cuan estruendoso golpe de Estado una semana antes, que disolvió al Parlamento recientemente elegido donde goza(ba) de mayoría el binomio religioso Hermanos Musulmanes/salafistas.


El mariscal Hussein Tantawi, mandamás de la junta militar, se dio el lujo de exhibir un mínimo de decoro democrático al felicitar al presuntamente raptado y triunfador en las urnas, aunque en forma extrañamente apretada, lo cual provocó el júbilo pirotécnico de los fieles congregados en la legendaria plaza Tahrir, donde fueron relegados al ostracismo los "otros civiles", de corte más laico (v. gr. Movimiento 6 de Abril), quienes iniciaron la revolución hoy doblemente secuestrada tanto por la junta militar como por los Hermanos Musulmanes, quienes, a juicio de la revista francesa, concretaron acuerdos subrepticios "por lo menos en la forma, si no en el fondo".


¿Padecen los Hermanos Musulmanes el "síndrome de Estocolmo" frente a sus victimarios militares?


Si los redireccionamientos geopolíticos son inequívocamente unidireccionales (en beneficio de la "oculta" agenda geopolítica de Estados Unidos), los acomodamientos domésticos serían múltiples y variados cuando el original candidato multimillonario de los Hermanos Musulmanes, Kheirat Al-Shater –muy cercano a Estados Unidos y quien fue obligado a ceder su lugar a Mohamed Mursi por el equivalente y ambivalente "IFE egipcio"–, pregona abiertamente el modelo neoliberal, que no necesariamente embona con la ideología más solidaria y colectiva de la cofradía, donde la caridad islámica juega un papel determinante.


Son tiempos de ajustes a los niveles local y regional.


Por constituir la mayor población del mundo árabe (alrededor de 25 por ciento) y su mejor ejército, lo sucedido en Egipto, dotado de una privilegiada ubicación superestratégica, puede ser definitiorio para el resto de la umma, la "comunidad de los creyentes", que ve el segundo ascenso al poder de los Hermanos Musulmanes (antes vino Gaza con Hamas). ¿Cundirá el "efecto dominó" de gobiernos de los Hermanos Musulmanes en Siria y Jordania/Cisjordania?


Los multimedia iraníes reportaron que Mohamed Mursi "reconsidera" la firma del tratado de paz con Israel (muy impopular) y la reanudación de relaciones con Irán para "crear un nuevo equilibrio estratégico" en Medio Oriente, lo cual ha sido vigorosamente desmentido por el portavoz del flamante presidente islámico sunita de Egipto. No suena ilógico, pero mucho dependerá de la bidireccionalidad entablada entre la junta militar (que depende de una ayuda sustancial anual de Estados Unidos) y los Hermanos Musulmanes.


Naharnet (25/6/12), portal libanés de corte liberal, aduce que Mohamed Mursi deberá cogobernar con el ejército: "goza de una legitimidad electoral sin precedente" (nota: más aún si se agrega el control del Parlamento disuelto por la junta y cuyo destino sigue en al aire), pero "su liderazgo será acotado por los poderes atrincherados (sic) de los militares". Naharnet considera que esta situación –la fase más importante de la transición– "podría llevar a periodos alternos de compromiso y tensión entre los Hermanos Musulmanes y el ejército".


En caso de ser real, el 48.2 por ciento que descolgó el general de aviación y ex primer ministro de Mubarak, Ahmed Shafik, exhibe que el “ancien régime” no está liquidado y goza de un exquisito margen de maniobra al atraer al segmento "laico" (whatever that means, en un entorno respetablemente islámico) y, sobre todo, a la minoría agazapada de los cristianos coptos (10 por ciento de la población y la más numerosa de todo Medio Oriente).


Profiera lo que profiera la propaganda "occidentaloide", los cristianos del Medio Oriente –desde Irak, pasando por Siria/Líbano, hasta Egipto– son y/o serán los grandes perdedores teológicos debido a los juegos geopolíticos de los paganos hipermaterialistas del Atlántico Norte, con travestismo "cristiano", quienes empujan el ascenso islámico para desestabilizar las importantes poblaciones musulmanas de sus rivales del RIC (Rusia, India y China).


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Viernes, 15 Junio 2012 06:20

Los generales se hacen cargo

 Los generales se hacen cargo
Los generales egipcios estaban dispuestos anoche a tomar el completo control político del país, después de que una corte dictaminó que el Parlamento elegido hace sólo seis meses era ilegal y debía disolverse. La decisión –que debilitó la transición política de Egipto– significa que tendrá que llevarse a cabo una nueva vuelta a elecciones y amenaza con desatar otra ola de agitación política justo antes de la segunda votación presidencial que comienza el sábado.


Los analistas legales dicen que el consejo militar gobernante, que prometió entregar el poder en junio, asume ahora el rol del Parlamento.


Explicando su anuncio, la Corte Suprema Constitucional dijo que un tercio de la Legislatura de Egipto había sido electa ilícitamente en la votación que comenzó en diciembre pasado. “Las elecciones parlamentarias no fueron constitucionales y toda la composición del Parlamento es ilegítima desde su elección”, indicó la agencia oficial Mena. En otro dictamen, la misma Corte declaró que Ahmed Shafik, el ex jefe de la fuerza aérea que en una época se contaba entre los amigos de Hosni Mubarak, no debería ser descalificado para presentarse en la elección presidencial del domingo, un golpe para los activistas, que temen que Shafik encabece una “contrarrevolución” para revertir los logros del levantamiento del año pasado.


La decisión invalida una ley aprobada por el Parlamento en abril, que prohibía a los ex altos cargos del régimen de Hosni Mubarak presentarse en las elecciones presidenciales. Le deja libertad a Ahmed Shafik para ser candidato contra Mohamed Morsi de los Hermanos Musulmanes el sábado y a las presidenciales del domingo. Morsi declaró ayer que acepta el dictamen de la Corte Suprema Constitucional en el que se considera “anticonstitucional” el Parlamento, dominado por los islamistas.


“Es un golpe de Estado militar total en el que el consejo militar borró el período más honorable de la historia de nuestra patria”, escribió en Facebook Mohamed Beltagui, un alto funcionario de los Hermanos Musulmanes.


Los dictámenes de ayer dejaron a muchos activistas antigubernamentales anonadados. Hubo choques fuera de la Corte después de la decisión, en los que montones de policías y soldados apoyados por autos blindados estaban de guardia frente a varios cientos de manifestantes. “Egipto recién fue testigo de un suave golpe militar”, twiteó Hossam Bahgat, director de Iniciativa Egipcia de Derechos Personales. “Si no estuviéramos tan cansados, estaríamos furiosos.”


Con el Parlamento disuelto, el Poder Legislativo recaerá en el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, presidido por el mariscal de campo Husein Tantaui, quien administra el país desde la caída de Mubarak, el 11 de febrero de 2011, luego de una revuelta popular prodemocrática. Sitios web de diarios egipcios aseguraron que los militares asumirán el poder hasta la celebración de los nuevos comicios parlamentarios y tendrán potestad, además, para designar un nuevo comité encargado de redactar la Carta Magna.


Mavie Maher, una funcionaria que trabaja para el derrotado candidato izquierdista presidencial Hamdeen Sabahi, le dijo a The Independent que sentía que Egipto había “retrocedido diez años”. Acusó al consejo militar de usar el proceso legal de Egipto para ganar una victoria política contra los Hermanos Musulmanes. Los analistas han sugerido que la Hermandad –que controla casi la mitad de las bancas en el Parlamento– ha estado perdiendo apoyo político debido a la deslucida actuación de sus parlamentarios.


Su porcentaje de los votos en las elecciones presidenciales recientes, cuando Morsi sacó justo debajo del 25 por ciento. fue mucho más bajo que durante las elecciones parlamentarias, una indicación, dicen algunos, de una significante declinación en su popularidad. “El consejo militar está jugando con la ley por su propio interés político”, dijo Maher. “En la próxima elección los Hermanos Musulmanes no lograrán el mismo porcentaje de las bancas”.


Koert Debeuf, un representante del bloque liberal del Parlamento Europeo en El Cairo, dijo que el dictamen de ayer fue “una manera de matar a la Hermandad Musulmana”. “Desde la época de Nasser, lo que el viejo régimen odia más es a la Hermandad Musulmana”, afirmó.


Por Alastair Beach, de The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.
Traducción: Celita Doyhambéhère.

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Sábado, 09 Junio 2012 07:26

Perú. La gran transformación

Perú. La gran transformación
El complemento directo de “Adiós Humala” es “bienvenidos fujimoristas”. Con las técnicas y sistemas mafiosos, el gobierno de Humala ha dado el gran viraje. La llamada hoja de ruta dibuja una trayectoria de 180 grados que se ha dado constantemente desde el inicio del gobierno. Es la ruta del viraje en la política exterior ya mencionada (ver “Adiós Humala”), en la política de género, en la política ambiental y en la Política. Lo demás no tiene viraje alguno, es el piloto automático hacia la derecha natural de todo gobierno, al que se refiere Patricia del Río en su columna en un diario limeño.

 
Cuando dispararon contra los que protestaban en Espinar, votantes de Humala en su gran mayoría, ya estaba cumplida la hoja de ruta. El viraje ya es de 180 grados y está el partido y su jefe enfrentado a sus aliados y miembros. En la calle esto tiene como resultado el aumento de las protestas y quizás -en un efecto de bola de nieve- reproducir lo que Santos, presidente de la región Cajamarca, dijo con tanta certeza hace pocos días: procesos sociales análogos a los de Jamil Mahuad y Lucio Gutiérrez en Ecuador y Sánchez de Losada y Carlos Mesa en Bolivia. Esto por no mencionar a los que se produjeron en Argentina con “el que se vayan todos” en diciembre del 2001 o el propio pueblo peruano del 2000 cuando los cuatro suyos marcharon para sacar a Fujimori. En la calle peruana actual, los actores son los jóvenes y los afectados por la minería. Ellos no necesitan de líderes naturales. Podrían autoconvocarse bajo el lema “que me devuelvan el voto”.

 
Ya efectuada la correctamente llamada “gran transformación” (Ayer con la gente, hoy contra la gente) la hoja de ruta ha colocado al congreso de la república en un disparadero. Está el partido de gobierno a 180 grados de su punto de inicio lo que lo coloca como aliado natural de sus adversarios y opositor de su bancada. De esta forma debe de entenderse el inicio de las renuncias de sus partidarios y aliados a la bancada. Esto le va a quitar la escueta mayoría simple que obtuvo. Lo que le debería de seguir es la alianza con los fujimoristas para poder elegir un presidente del congreso dentro de un mes. Esta es la ocasión perfecta para que Kenji Fujimori llegue a la presidencia del congreso. Parece que él trabaja un poco más que su hermana que no va nunca. Esa alianza reforzaría tanto los aspectos siniestros montesinistas del régimen (e.g. cambio de leyes en la noche, sembrado de armas, encarcelamiento de defensores de derechos humanos) que ya se ven, como los propiamente dictatoriales-fujimoristas, que sobra mencionar. ¿Otra vez teléfonos interceptados y amenazas telefónicas de muerte? Si algunos congresistas y diplomáticos políticos no están renunciando ahora aún es por razones de trabajo e ingresos. Pero otros sin duda seguirán los pasos ya dados por Verónica Mendoza, y seguido por otros. Mendoza es fundadora del Partido Nacionalista por cierto.

 
Humala no puede gobernar los próximos cuatro años sin tener mayoría en el congreso y eso solo se lo da una alianza con el Fujimorismo ahora. En realidad en el ejecutivo solo le falta rebalancear la cancillería y poco más. Los ministros actuales hubieran estado en los años 90 encantados como tecnócratas “asépticos”. Francisco Tudela, ex canciller de Fujimori aceptaría encantado la cancillería. Por otro lado, la cancillería no ha pintado en el viraje de la política exterior peruana. Esa gran transformación vino de Palacio.

 
Lo que hace pintoresca a la derecha peruana, es que nunca ha calculado el efecto de sus actos río abajo.  Esto es por la frivolidad rampante. Este no es un complot peruano, ni siquiera es uno internacional. Los temas de la contaminación y una mejor distribución del ingreso minero son universales y están brotando de forma espontánea en el mundo. Lo pintoresco es que cuando revienta el problema, se sorprende muy tarde, se convierte en víctima, y acusa a todos los pobladores de “terrorismo”, que en el Perú tiene mucho atractivo mediático por la existencia de Sendero en los años 80. Es un recurso barato usado por la prensa escrita y televisiva adicta al Fujimorismo (que aún pervive) para generar miedo nacional a las protestas en la asociación “terrorismo=senderismo”. Con eso cree que produce desafección popular a las protestas. Todos los peruanos terminamos pagando la cuenta de esta tontería. Los analistas políticos peruanos deberían estar alimentando a la prensa, de proyecciones de los efectos de estos movimientos a diez años plazo y advirtiendo a la prensa de dejarse de frivolidades. ¿Alguien ha pensado cómo se haría si cayera Humala? Faltan cuatro años de gobierno y el partido gobernante está perdiendo la mayoría simple en el congreso. “Es el marxismo que tiende sus brazos para destrozar el progreso logrado” dirá algún editorial de esos periódicos que no sirven ni para envolver pescado.

 
Ahora está claro que debería de existir una fórmula constitucional para pedir la vacancia de la presidencia de la república, de la misma manera que la hay para alcaldes y presidentes regionales. Incumplir con las promesas electorales es una buena razón.

 
Por Oscar Ugarteche, economista peruano, trabaja en el Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, México. Es presidente de ALAI y coordinador del Observatorio Económico de América Latina (OBELA) www.obela.org


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