MÚSICA DESDE OTRAS COORDENADAS

Caracas, 17 de diciembre. La Asamblea Nacional (AN) aprobó hoy, en segunda y definitiva discusión, la denominada Ley Habilitante, que permitirá al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, legislar mediante decretos durante 18 meses.

El proyecto fue aprobado por 95 por ciento de los 167 diputados del Poder Legislativo, con la mayoría del gubernamental Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y del resto de las fracciones parlamentarias que respaldan al gobierno nacional, mientras que la oposición salvó su voto.

Este poder especial facultará a Chávez para emitir decretos ley en nueve áreas estratégicas, con el objetivo de tomar medidas estructurales que reviertan cuanto antes los daños provocados por las intensas lluvias de las últimas semanas en Venezuela.

La jornada de segunda discusión se realizó la tarde de este viernes, hora local, luego de ser pospuesta esta madrugada debido a la agenda legislativa, a menos de 20 días de que se renueve el Parlamento de este país, el que no será favorable a Chávez.

La discusión, difundida por la estatal Asamblea Nacional Televisión, se realizó durante tres horas, en las que el bloque opositor, representado por 5 por ciento del Poder Legislativo, criticó durante distintas ocasiones la inconstitucionalidad de la medida.

“Esto es un chantaje moral con los damnificados para justificar poderes ‘supra’ al presidente, porque él controla todas las instancias del Estado venezolano”, opinó durante la jornada legislativa el diputado Ismael García, del partido Por la Democracia Social.

“Prefiero un gobierno supradotado que limitado, justificó Mario Isea, legislador del PSUV.

A raíz de la propuesta de la presidenta de la AN, Cilia Flores, que extiende la petición presidencial de legislar de 12 a 18 meses, los ánimos en la sala se caldearon aún más. Flores argumentó que consultaron a los damnificados, dispuestos en los más de 830 refugios en todo el país, quienes solicitaron extender el permiso de habilitar al mandatario por 18 meses.

Esto demuestra una incapacidad del gobierno en resolver emergencia, al pedir 18 meses. El estado de Vargas continúa en emergencia después de 11 años, manifestó Pastora Medina, representante por el Movimiento Ecológico de Venezuela, quien criticó los resultados de las habilitantes anteriores y la corrupción.

La oposición denuncia que la crisis por las lluvias no justifica la medida por el contraste entre la cantidad de afectados y los casi 28 millones de venezolanos. A ese respecto, el oficialismo calificó a sus adversarios políticos de indolentes ante esta tragedia nacional.

Desde noviembre a la fecha, lluvias torrenciales y constantes inundaron 12 de los 24 estados del país, lo que obligó al gobierno a considerar el estado de emergencia en la región costera occidental.

Desde la publicación en la Gaceta Oficial, Chávez podrá habilitar por decretos. Esta semana, el mandatario adelantó que ya tiene casi listos 20 marcos legales.

Xinhua
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Sábado, 27 Noviembre 2010 20:17

EE.UU. - México. Injerencismo de Pascual

Más que pretendida colaboración, lo que dejó en claro el embajador de Estados Unidos en México, Carlos Pascual, en su discurso del miércoles 24 a la entrega de los helicópteros Black Hawk a manos de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) que encabeza Genaro García Luna, es su estrategia proimperialista y de claro intervencionismo en los asuntos internos de México.
 
Tal y como sucede siempre en las relaciones diplomáticas desde los EU para con sus vecinos de Latinoamérica, en el caso de México no se refleja —al menos por parte de este diplomático que tiene la representación de su país en el nuestro—, un interés de sana colaboración entre vecinos. Aún a pesar de la situación extraordinaria que representa la actual etapa para la historia del país [gracias a la decisión unilateral del gobierno de Felipe Calderón] en materia de combate al crimen organizado particularmente la guerra contra el narcotráfico.
 
Dicho sea en otras palabras: al gobierno de EU, al decir del mensaje del diplomático en cuestión de hace dos días, la situación de México no le ocupa más allá como para asumir su responsabilidad y colaborar con acciones eficientes de contención y desarticulación allende las fronteras, de los consabidos cárteles de la droga mexicanos, con medidas como la indagatoria de las cuentas bancarias o inversiones en su propio país o, como se hace urgente desde hace algunos años, el control serio del flujo de armas desde sus estados fronterizos al norte de México. Nada de eso.
 
Promesas van y promesas vienen desde todas las jerarquías del gobierno; tanto el presidente Barack Obama como la secretaria de Estado Hillary Clinton, pasando por otros funcionarios menores, de que habrá corresponsabilidad pero no llega. Hechos, eso sí, pero los pocos se están dando en el marco de la llamada Iniciativa Mérida. Insisto, nada extraordinario para ellos. Porque no les interesa que los muertos sean al sur de sus fronteras, o que la dichosa guerra sea una batalla perdida en casi todos los frentes, por no decir en todos.
 
Cuando el propio Pascual asegura que resulta insuficiente [como se dice aquí a Calderón hasta al cansancio], la mera captura de capos, porque no basta. Pascual lo dijo en los siguientes términos: “Han sido capturados o muertos: Arturo Beltrán Leyva, “El Teo”, “El Grande”, “El Indio”, “Nacho Coronel”, “La Barbie” y otros. Eso por sí solo no representa el éxito…”. De acuerdo, pero: ¿qué hace EU a cambio para contribuir, ahí sí, con el gobierno mexicano tan sólo en las dos vertientes señaladas de intervenir las redes financieras y desarticular las redes de tráfico de verdaderos arsenales, todo eso desde su mismo territorio? Nada.
 
Y a renglón seguido agrega Pascual: “…Pero al continuar sus investigaciones, la SSP y otros desarman [¡sic!, ¿cuáles “otros”?, ¿por qué el embajador de EU en México no habla nunca en su discurso del trabajo de las Fuerzas Armadas (FA), Marina y Ejército, o las refiere, cuando son las instituciones que están haciendo el trabajo sucio bajo el mandato presidencial de capturar o matar a los capos?] las redes que conforman los cárteles”. Sigue: “Apoyamos el trabajo de las autoridades mexicanas para que se le demuestre a estos criminales que no van a quedar impunes”.
 
¿Por qué EU se alinea a premiar, como lo hace Felipe Calderón y se le reclama continuamente, al entregar los citados helicópteros a la SSP y no a las FA, que son las que están rindiendo resultados en esto? ¿Es línea de EU o del propio Calderón tratar de hacer a un lado o desoír las necesidades de las FA? ¿Acaso eso refleja que las FA no coinciden con el presidente Calderón, en que EU intervenga como lo está haciendo vía sus operadores de inteligencia directamente con un centro de operaciones en el ombligo del Distrito Federal, y con facultades abiertas hasta para investigar a las propias Fuerzas Armadas? Cuidado con eso, porque entonces el gobierno no estaría midiendo el peligro que representa esa participación directa de EU en los asuntos internos de México.
 
Pero insisto en que el discurso huele a colaboracionismo dirigido, porque el embajador Pascual, que bien sabe su función como representante diplomático de su país, en su discurso de tres cuartillas refiere nada menos que nueve veces el término “Iniciativa Mérida”. Sí, porque todo lo encuadra desde la visión estratégica del citado acuerdo injerencista. Y no, dijéramos, desde un marco referencial distinto dado el carácter extraordinario que tendría para todos combatir a los cárteles. Así es para México y debería serlo para ellos, dada la cercanía y porque la violencia está mayormente en los estados fronterizos.
 
Pero eso sí, Pascual califica el problema como uno entre cárteles, según lo dijo en la conferencia del Colmex ayer 25, “México en la encrucijada”, como para justificar al propio Calderón. Ya entrado en materia, refirió que la escalada de violencia no es resultado de la estrategia que aplica el presidente Felipe Calderón para combatir el crimen organizado; más bien se trata de una lucha de “cárteles contra cárteles, pandillas contra pandillas”, que encontró a las autoridades sin capacidad de control en los niveles estatal y municipal. Tamaño juicio extranjero. ¿Por qué justificar si el propio gobierno calderonista no investiga los crímenes? ¿Acaso los miles de caídos son todos integrantes de los cárteles? ¿Cómo calificarlos como tales, y por un embajador? Cualquiera sabe que violencia llama violencia.
 
Volviendo al discurso con motivo de la entrega de los helicópteros y la referida Iniciativa Mérida, Pascual dice lo siguiente: los Black Hawk son un “signo tangible de la corresponsabilidad” y “resaltan” la cooperación por la “amenaza que enfrentan nuestros países”. Ambos países harán “todo lo que esté a su alcance” para avanzar en el imperio de la ley. “Hemos evaluado la situación que amenaza la seguridad de nuestras dos naciones”, “compartido una visión estratégica”, con “planes de acción conjuntos para combatir tecnología, información y capacidades”, etcétera.
 
Puede verse el discurso completo en la página de la SSP (www.ssp.gob.mx ). ¿A qué suena todo eso conceptual y estratégicamente? A lo que el gobierno de Calderón no ve o no quiere: intervencionismo de EU en México, disfrazado de “buena voluntad”. Estoy seguro que las FM lo saben, pero son institucionales.
 
Salvador González Briceño

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Pasada la tensión de la campaña, suavizada la euforia de los ganadores, queda todavía el iracundo inconformismo de los derrotados. Y en ese clima las atenciones se dividen en dos vertientes muy claras en Brasil. De un lado, se barajan nombres, se multiplican presiones, rumores caen en cascada: todos quieren saber cuál será la formación del gobierno que Dilma Rousseff, del PT, inaugura el primer día de 2011.

De otro, lo que se busca es respuesta a una sola pregunta, igualmente enigmática: ¿cómo será la oposición a ese gobierno? ¿Quién la encabezará? Luego de tres derrotas consecutivas en sus intentos de alcanzar la presidencia del país que tiene la octava economía del mundo, ¿cómo debe actuar el PSDB? ¿Cuál será el rol reservado a José Serra, protagonista central de dos de esos fracasos? ¿Logrará imponer a su partido la furia con que se lanzó, golpes bajos inclusive, a la disputa presidencial?

Luego de su primer viaje como presidenta electa –acompañó a Lula en la reunión del G-20 realizada en Seúl–, Dilma Rousseff regresó a Brasilia y se instaló en la Granja del Torto, su residencia oficial de aquí al 1° de enero de 2011. Llegó y de inmediato se reunió con el presidente del PT, José Eduardo Dutra, uno de los encargados de sondear a los diez partidos que conforman la coalición de su futuro gobierno, para las primeras consultas sobre aspiraciones y eventuales nombres para formar su gabinete. Dilma optó por participar sólo en las negociaciones finales, evitando desgastes prematuros.

Como sería de esperar, hay especulaciones de todo tipo y calibre. Parte sustancial de las curiosidades está concentrada en los consejos –o pedidos– que Lula hará a su sucesora. El actual presidente reitera que no tendrá ninguna interferencia en la formación del nuevo gobierno. Es de suponer que siquiera él crea en eso. En todo caso, gente cercana a la futura mandataria resalta que ella sabrá acatar consejos y sugerencias, pero definirá su equipo a su manera. Queda por ver cuál será la verdadera dimensión de ese espacio de independencia. Quien la conoce prevé que será amplio lo suficiente para sorprender a seguidores y adversarios, pero al mismo tiempo advierten que sería absurdo no tomar en cuenta nada de lo que le diga Lula.

De momento, lo que hay es una serie de movimientos de cautela. Principal aliado, el PMDB (mayoría en el Senado y segunda bancada en Diputados), dueño de justificada fama de ávido por puestos y presupuestos y experto en negociar su apoyo sin preocuparse demasiado con principios éticos, habla poco. El PT, igualmente hambriento por espacio, se mueve mucho. La futura presidenta sabe que enfrentará, en las filas de su partido, un apetito voraz. Sabe igualmente que es considerada una neófita en el PT, en el cual ingresó recién en 2001, oriunda del laborismo de Leonel Brizola, figura histórica de la izquierda. Ahora mismo ocurre una no tan discreta guerra interna entre dos poderosos caciques del PT, José Dirceu, quien fue jefe de Gabinete de Lula entre 2003 y 2005, y Antonio Palocci, ministro de Hacienda entre 2003 y marzo de 2006. Ambos fueron defenestrados en el rastro de escándalos de supuesta corrupción. Palocci escapó de ser juzgado por la Corte Suprema. Dirceu no tuvo la misma suerte y aguarda el fallo, que podrá tardar al menos otro año más. De no haber explotado el escándalo que casi le costó a Lula da Silva la reelección en 2006, uno de los dos estaría hoy en el lugar de Dilma. Administrar esa batalla entre dos estrellas del PT es algo que seguramente requerirá el apoyo de Lula, y la presidenta lo sabe.

Del lado de los derrotados el panorama no es menos turbio, tenso y confuso. A estas alturas, quedaron claras las dimensiones de las heridas no cicatrizadas.

Partido de muchos cuadros pero carente de militancia efectiva, el PSDB está claramente dividido entre el grupo de San Pablo, cuyo control es disputado por el derrotado José Serra y el gobernador electo Geraldo Alkmin, y los del resto del país, cuya nueva estrella es el ex gobernador y senador electo de Minas Gerais, Aécio Neves. Los integrantes de la llamada “vieja guardia” se enfrentan al ímpetu del joven senador de Minas Gerais, quien, a los 50 años, se muestra dispuesto a pavimentar una carrera que lo eleve al puesto alcanzado por su abuelo, Tancredo Neves, quien sería el primer presidente civil luego de 21 años de dictadura militar. Tancredo jamás asumió la presidencia: una enfermedad fatal lo tumbó en la víspera de la ceremonia de asunción. El nieto, astutamente, hizo carrera reivindicando ese legado.

Seguidores de Serra acusan a Aécio de no haberse esforzado lo suficiente para darle la victoria. La verdad es que Aécio recorrió varios estados pidiendo votos para Serra. Pero en Minas, donde su popularidad es efectiva, actuó de manera discreta. Sabía que Serra sería derrotado, y que en el vacuo de esa derrota surgiría el espacio que ahora reivindica, con los ojos puestos en las presidenciales de 2014.

Aécio Neves defiende una oposición constructiva. Los de Serra, una oposición impiadosa, rencorosa. Aécio –con el sorprendente respaldo del ex presidente Fernando Henrique Cardoso– quiere una reformulación profunda del partido. Los de Serra dejan claro que él pretende mantenerse con el control.

Por Eric Nepomuceno
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Hace un mes Joseph Andrew Stack estrelló su avioneta contra un edificio de oficinas en Austin, Texas, dándole a una oficina de la IRS (3) para suicidarse. Dejó un manifiesto explicándolo. Por lo general fue ridiculizado pero creo que se merece algo mejor.

El manifiesto de Stack rastrea la historia de una vida que le condujo a este acto final desesperado. La historia empieza cuando era un estudiante adolescente que vivía en la miseria en Harrisburg, Pensilvania, cerca del corazón de lo que una vez fuera un gran centro industrial. Su vecina era una mujer que pasaba de los 80 y sobrevivía a base de comida de gato, la “viuda de un trabajador del acero retirado. Su marido había trabajado toda su vida en las fábricas de acero del centro de Pensilvania con la promesa por parte de las grandes empresas y el sindicato de que, por sus 30 años de servicio, tendría derecho a una pensión y a cuidados médicos por los que sentirse contento en su jubilación. Sin embargo fue una de las miles de personas que no obtuvo nada porque los incompetentes administradores de la fábrica y el corrupto sindicato (por no mencionar también al Gobierno) saquearon sus fondos de pensiones y les robaron sus jubilaciones. Todo lo que ella tenía para vivir era lo que le daba la Seguridad Social”; y Stack podría haber añadido que se han concertado continuos esfuerzos por parte de los super ricos y sus aliados políticos para quitarles incluso eso atendiendo a razones espurias. Stack decidió entonces que no podía confiar en las grandes empresas y que haría las cosas a su manera sólo para descubrir que no tampoco podía confiar en un gobierno que no se preocupaba para nada de personas como él, y que solamente lo hacía con los ricos y privilegiados, ni en un sistema jurídico en el que, usando sus palabras, “hay dos 'interpretaciones' para cada ley, una para los muy ricos y otra para el resto de nosotros.” Un gobierno que nos deja con “la broma que llamamos sistema médico americano, incluyendo a las compañías de seguros y las de fármacos [que] están asesinando a decenas de miles de personas cada año,” con cuidados racionados en gran parte en base a la riqueza y no a la necesidad. Todo en un orden social en el que “un puñado de matones y saqueadores pueden cometer atrocidades impensables... y cuando le llega la hora a su tren de la cultura del pelotazo de ser aplastado por el peso de su glotonería y abrumadora estupidez, el cuerpo del Gobierno federal al completo no encuentra dificultad alguna para acudir en su ayuda en unos días, si no horas.” Y mucho más.

Stack nos cuenta que su desesperado acto final fue un esfuerzo para unirse a aquéllos que están dispuestos a morir por su libertad con la esperanza de despertar a otros de su letargo. No me sorprendería que tuviera en mente la prematura muerte de aquel trabajador del acero que le enseñó lo que era el mundo real cuando era un adolescente. Ese trabajador del acero no cometió suicidio de una manera literal, después de haber sido descartado para el montón de basura, pero el suyo está lejos de ser un caso aislado; podemos añadir éste y muchos casos similares a la colosal cifra de víctimas de los crímenes institucionales del capitalismo de Estado. Existen estudios conmovedores sobre la indignación y la ira de aquéllos que han sido desechados cuando los programas de financiarización y desindustrialización estatal corporativos han cerrado plantas y destruído familias y comunidades enteras. Revelan el sentimiento agudo de traición por parte de los trabajadores que creyeron que tenían cumplido su deber con la sociedad en un pacto moral con las empresas y el Gobierno y que descubrieron que habían servido sólo como instrumentos para el beneficio y el poder, perogrulladas éstas de las que habían sido cuidadosamente protegidos por instituciones doctrinales.

Hay chocantes similitudes en la segunda mayor economía del mundo, estudiadas por Ching Kwan Lee en su penetrante investigación sobre el trabajo en China. Lee traza una comparación limítrofe entre la indignación y desesperación de la clase trabajadora de los sectores industriales descartados en los EE.UU. y la furia entre los obreros de lo que ella llama el rustbelt (4) de China –el centro industrial del Estado socialista en el Noreste, abandonado ahora por el Estado en favor de un desarrollo capitalista estatal del sunbelt (5) en el Sudeste. En ambas regiones Lee encuentra protestas obreras masivas pero diferentes en su carácter. En el rustbelt los trabajadores tienen el mismo sentimiento de traición que aquí tienen sus homólogos pero en su caso se traicionan los principios maoístas de solidaridad y dedicación al desarrollo de la sociedad que ellos pensaban que se había construído sobre un pacto moral y que finalmente descubren que, fuera lo que fuese, ahora es simplemente un amargo fraude. En el sunbelt los trabajadores adolecen de la falta de esa tradición cultural y todavía confían en sus pueblos de origen para el apoyo y la vida familiar. Denuncian el fracaso de las autoridades para ajustarse incluso a los mínimos requerimientos legales de las condiciones mínimamente óptimas en el lugar de trabajo y del pago de esa miseria llamada salario. De acuerdo con las estadísticas oficiales hubo 58.000 “incidentes masivos” de protesta en 2003 en una provincia del rustbelt con una participación de 3 millones de personas. Alrededor de 30 a 40 millones de trabajadores, que fueron retirados de sus unidades de trabajo, “están contagiados de un profundo sentimiento de inseguridad,” despertándose “la ira y la desesperación” a través del país, en palabras de Lee. Ella espera que lo peor esté por llegar cuando una inminente crisis de falta de tierras en el campo socave la base de la supervivencia para los trabajadores del sunbelt, que carecen incluso de la imagen de lo que son unos sindicatos independientes, mientras que en el rustbelt , los trabajadores no tienen nada comparable a los programas de apoyo social civil que a menudo existen aquí. Tanto el trabajo de Lee como los estudios sobre el rustblet de los EE.UU. dejan claro que no deberíamos subestimar la profundidad de la indignación moral que subyace bajo la amargura furiosa, y a menudo autodestructiva, con respecto al Gobierno y al poder empresarial.

Encontramos algo parecido en la India rural donde el consumo de comida se ha visto fuertemente reducido para la gran mayoría desde que se implementaran parcialmente las reformas neoliberales, a la vez que los suicidios de campesinos están aumentando al mismo ritmo que el número de multimillonarios, en medio de reconocimientos por el fabuloso crecimiento de la India. Fabuloso crecimiento para algunos, pero no tan atractivo para los trabajadores trasladados a la India para reducir costes laborales por parte de IBM, que tiene tres cuartas partes de su fuerza de trabajo en el extranjero. Business Week llama a IBM la “quintaesencia de la compañía americana” sin equivocarse: se consolidó como gigante global de las computadoras gracias, en gran parte, a la inconsciente munificencia del contribuyente estadounidense, que también financió sustancialmente la revolución tecnológica de la información, en la cual IBM confía, además de la mayoría del resto de la economía de la alta tecnología –debido sobre todo al uso del pretexto de que los rusos se estaban acercando.

Hay mucha charla movida hoy día sobre un gran cambio global de poder, especulándose acerca de si (o cuándo) China podrá desplazar a los EE.UU. como potencia global dominante, junto con la India –que, de suceder, signifi caría que el sistema global estaría volviendo a algo parecido a lo que era antes de las conquistas europeas. Sus recientes crecimientos del PIB han sido, de hecho, espectaculares. Pero hay algo más que añadir. En el índice de desarrollo humano de la ONU, la India mantiene su puesto cerca del final, ahora en el 134, ligeramente por encima de Camboya y por debajo de Laos y Tayikistán. China ocupa el lugar 92, un poco por encima de Jordania y por debajo de la República Dominicana e Irán. En comparación, Cuba, bajo un severo ataque de los EE.UU, que dura 50 años, ocupa el puesto número 52, el más alto de América Central y el Caribe, y por debajo de Argentina y Uruguay por muy poco. La India y China también se ven aquejadas de desigualdades extremadamente altas, cayendo por ello, aún más abajo en el índice, más de mil millones de sus habitantes. Además, un recuento exacto iría más allá de las medidas convencionales para incluir costes serios, que China e India no pueden ignorar durante más tiempo, tales como son los ecológicos, la merma de recursos y otros.

La especulaciones sobre un cambio global de poder pasan por alto algo que todos sabemos: los países que están divorciados de la distribución interna del poder no son actores reales en los asuntos internacionales, una perogrullada que ese radical incorregible de Adam Smith trajo a nuestra atención. Él reconocía que los principales arquitectos del poder en Inglaterra eran los dueños de la sociedad, en su día comerciantes y manufactureros, que se aseguraban de que la política atendiera escrupulosamente a sus intereses, sin importar lo “severo” que fuera el impacto sobre el pueblo de Inglaterra y, peor aún, sobre las víctimas de “la salvaje injusticia de los europeos” en el extranjero: los crímenes británicos en la India eran la máxima preocupación para un conservador a la antigua usanza con valores morales.

Para sus adoradores actuales las perogrulladas de Smith son ridiculizadas como “elaboradas teorías de cómo la historia del mundo era manipulada por redes corporativistas e imperialistas en la sombra”, uno de los trágicos legados de los años 60, para citar al pensador del New York Times , David Brooks; de hecho son los años 70, 1776 para ser exactos. Uno de los muchos ejemplos de cómo el nivel moral e intelectual del “conservadurismo” de hoy se relaciona con lo que sus héroes entendían perfectamente bien.

En aras de una total claridad, debería decir que me identifico como el villano que acepta esa herejía de Adam Smith.

Teniendo en cuenta la radical perogrullada de Smith, podemos ver que hay, en efecto, un cambio global de poder aunque no el que ocupa el centro de nuestra atención: un cambio desde la fuerza global de trabajo al capital transnacional, incrementado de manera pronunciada durante los años neoliberales. El precio es sustancial e incluye tanto a los Joe Stack de los EE.UU. como a los campesinos hambrientos de la India y a los millones de trabajadores manifestándose en China, donde la contribución del trabajo a los ingresos nacionales está declinando incluso más rápidamente que en el resto del mundo.

En su muy aclarativa obra, Martin Hart-Landsberg observa que China juega un papel principal en el cambio real de poder global al haberse convertido, en gran parte, en una planta de ensamblaje para un sistema de producción regional. Japón, Taiwán y otras economías asiáticas exportan partes y componentes a China y la proveen de la mayoría de la tecnología avanzada. El creciente déficit comercial de los EE.UU. con China ha levantado mucho revuelo pero ha pasado desapercibido el hecho de que el déficit con Japón y con el resto de Asia ha disminuído drásticamente según el nuevo sistema de producción regional va tomando forma. Los fabricantes estadounidenses han seguido el mismo camino suministrando a China partes y componentes para que los ensamble y los exporte, la mayor parte de vuelta a los EE.UU. Para las instituciones financieras, los gigantes de la venta al por menor, los dueños y administradores de las industrias manufactureras y sectores cercanamente relacionados con este nexo de poder, todo esto es celestial. No lo es para Joe Stack y muchos otros como él.

Para entender el ánimo público es preciso recordar, a nivel mundial, que el uso convencional del PIB para medir el crecimiento económico es altamente engañoso. Se han realizado esfuerzos por idear unos índices de medida más realistas, tales como el Indicador General de Progreso (GPI en sus siglas en inglés), que sustrae del PIB los costes que dañan al público (crimen, polución, etc...) y añade el valor estimado de beneficios auténticos (trabajo voluntario, ocio, etc...) En los EE.UU. el GPI se ha estancado desde lo años 70 aunque el PIB ha aumentado, yendo a parar este crecimiento a los bolsillos de muy pocos. Este resultado tiene correlación con estudios sobre los indicadores sociales, la medida estándar de la salud de una sociedad. Estos han rastreado el crecimiento económico hasta la mitad de la década de los 70, empezando a declinar entonces y llegando al nivel de 1960 en el año 2000 (del cual son las últimas cifras disponibles). La correlación con la financiarización de la economía y las medidas neoliberales socioeconómicas resulta difícil de obviar y para nada es exclusiva de los EE.UU.

Es verdad que no existe nada esencialmente nuevo en el proceso de desindustrialización. Dueños y administradores buscan de forma natural los costes más bajos. Esfuerzos por llevarlo de otra manera, célebremente adoptados por Henry Ford, fueron desestimados por los tribunales, así que ahora es imperativo legal. Un medio es desplazar la producción. En los primeros días, el desplazamiento se hacía sobre todo internamente, especialmente hacia los Estados del Sur, donde los trabajadores podían ser reprimidos más duramente. Las grandes corporaciones, como la corporación estadounidense del acero del santificado filántropo Andrew Carnegie, pudieron también beneficiarse de la nueva mano de obra esclava creada tras la criminalización de la vida de los negros, después del final de la Reconstrucción en 1877, parte central de la revolución industrial estadounidense, que continuó hasta la segunda guerra mundial. Se está reproduciendo otra vez, en parte, durante el reciente periodo neoliberal, con la guerra contra la droga, usada como pretexto para volver a mandar a la población supérflua de vuelta a las cárceles, proporcionando también de esta manera un nuevo suministro de mano de obra carcelaria en prisiones estatales o privadas, mucho de lo cual entra en violación de las convenciones internacionales sobre el trabajo. Para muchos afroamericanos, desde que fueron exportados a las colonias, la vida escasamente ha conseguido escaparse de sus vínculos con la esclavitud o, a veces, incluso algo peor.

En el ultra respetable Bulletin of the American Academy of Arts and Sciences, podemos leer que “El sistema de prisiones en Estados Unidos ha crecido hasta convertirse en un Leviatán de imposible comparación en la historia de la humanidad,” haciendo de los EE.UU. “el hogar de la más grande infraestructura penal para la depredación masiva de la libertad que haya en el mundo,” y que afecta sobre todo a la población negra, producto de los pasados 30 años, pues es un hecho que los EE.UU. “son los líderes mundiales no sólo en índices de encarcelamiento sino también en compensación por parte del ejecutivo,” hechos que son “reconocidos de manera creciente como entrelazados, como señala un profesor de la Harvard Business School , así como es un hecho que los EE.UU. están progresando mucho más lentamente que la mayoría del planeta, especialmente que China, pero también que Europa, a la hora de implementar tecnologías verdes.

Es fácil ridiculizar algunas de las formas en las que Joe Stack y otros como él expresan sus muy genuinas y justas preocupaciones, pero resulta mucho más apropiado entender qué es lo que subyace bajo su percepciones y acciones, y particularmente, preguntarnos por qué la imaginación radical está fracasando al ofrecerles un camino constructivo mientras el centro está visiblemente viniéndose abajo y aquellos que sufren agravios de verdad se están movilizando de diversas formas que no suponen el más mínimo peligro para ellos mismos o para otros.

El manifiesto de Stack termina con dos frases evocadoras: “El credo comunista: desde aquél de acuerdo con su habilidad hasta aquél de acuerdo con su necesidad. El credo capitalista: desde aquél de acuerdo con su candidez hasta aquél de acuerdo con su avaricia.”

Stack no se corta un pelo cuando habla del credo capitalista. Sólo nos queda especular sobre lo que quiso decir con el credo comunista que contrapuso a éste. No es imposible que se refiriese a él como a un ideal con genuina fuerza moral. Si así fuera, no sería tan sorprendente. Algunos de vosotros puede que recordéis un a encuesta en 1976, en el bicentenario, en la que se dio a la gente una lista de enunciados y se la preguntó acerca de cuáles de ellos estaban en la Constitución. Por aquel entonces nadie tenía ni idea de lo que aparecía en la Costitución, así que la respuesta “en la Constitución” presumiblemente significaba: “tan obviamente correcto que debe encontrarse en la Constitución.” Un enunciado que recibió una sólida mayoría afirmativa fue el “credo comunista” de Joe Stack.

He matizado el comentario con la frase “por aquel entonces”. Hoy, una parte de la población memoriza y venera la Constitución, sus palabras al menos. La reciente convención del Partido del Té proporcionó su catecismo para candidatos: un requerimiento es que deben estar de acuerdo con desechar el código fiscal y reemplazarlo con otro que no contenga más de 4.543 palabras en su extensión –y así clavar la extensión de la Constitución, sin enmiendas. Tan sólo algunas enmiendas comparten este estatus sagrado, especialmente la Segunda, bajo la reciente interpretación de los reaccionarios de la Corte Suprema, pero la Primera Enmienda es más discutible debido a lo que podría llegar a implicar eso de la separación entre Iglesia y Estado. El mismo día Texas anunció los nuevos requisitos para sus libros de texto, que se aplicarán en todo el país debido al tamaño del mercado tejano. Se suprimió a Jefferson de la lista de aquellos que inspiraron las revoluciones de los siglos XVIII y XIX, siendo sustituido por Tomas de Aquino, Calvino y Blackstone. La decisión refleja el rechazo hacia Jefferson porque, entre otras herejías, acuñó la frase “separación entre Iglesia y Estado.” Para la versión actual del conservadurismo los EE.UU. son un país cristiano, algo así como la República Islámica de Irán o el Estado judío de Israel. En conexión a este último, Golda Meir (6) es materia obligada para los niños, pero nada de hispánicas. Junto con un racismo normal, ello refleja la curiosa amalgama de antisemitismo extremo y apoyo a Israel entre los sectores religiosos de la derecha. Tales asuntos no tienen importancia alguna cuando tratamos de mirar hacia el futuro.

El extremismo anti impuestos del movimiento del Partido del Té no es tan directamente suicida como la acción desesperada de Joe Stack pero es, en cualquier caso, suicida por razones que no precisan de elaboración alguna. Hoy California representa un ejemplo dramático. El mayor sistema público de educación superior está siendo desmantelado. El Gobernador Schwarzenegger dice que tendrá que eliminar programas estatales de salud y bienestar a no ser que el Gobierno federal apoquine unos 7000 millones aproximadamente. Y otros gobernadores se le están sumando. Al mismo tiempo se está constituyendo un poderoso movimiento sobre los derechos de los estados miembros, que exige que el Gobierno federal no se inmiscuya en nuestros asuntos –un buen ejemplo de lo que Orwell llamó “doblepensar”: la habilidad para mantener dos ideas contradictorias en la mente mientras se cree en ambas a la vez, prácticamente un lema para los tiempos que corren. La desventura californiana proviene, en gran medida, del fanatismo anti impuestos. Más de lo mismo sucede en cualquier otra parte, incluso en los barrios ricos.

El aliento del sentimiento anti impuestos ha sido desde hace tiempo la materia prima de la propaganda empresarial que domina el sistema doctrinal. La gente debe ser adoctrinada para odiar y temer al Gobierno por buenas razones: de los poderes existentes, el Gobierno es el único que, en principio, y a veces de hecho, es responsable ante el público y puede imponer algunas restricciones a la depredación del poder privado; la consecuencia de “quitarse al Gobierno de encima” es quejarse bajo el peso incluso mayor de la tiranía privada que no tiene que dar explicaciones. Pero la propaganda antigubernamental de los negocios ha de matizarse: por supuesto que las empresas favorecen a un poderoso Estado que trabaja para los principales arquitectos de Adam Smith, hoy ni mercaderes ni manufactureros sino multinacionales e instituciones financieras. Construir este mensaje propagandístico, contradictorio en su esencia, no es tarea fácil. Así que la gente tiene que ser entrenada para odiar y temer el déficit, un medio necesario para estimular la economía después de su destrucción a manos de las instituciones financieras dominantes y sus cohortes en Washington. Pero al mismo tiempo la población debe estar en favor del déficit, casi la mitad atribuible al creciente presupuesto militar, que rompe records, y el resto, en previsión de que sature el presupuesto gracias al cruel y desesperantemente ineficiente sistema privatizado de salud, un regalo para las compañías de seguros y la farmaindustria.

A pesar de estas dificultades, las tareas a realizar por la propaganda se han llevado a cabo con impresionante éxito. Un ejemplo es la actitud del público hacia el 15 de Abril, fecha límite para entregar la declaración de la renta. Vamos a olvidar por un momento la idea de una sociedad mucho más libre y justa. En una democracia en marcha de la clase de las que formalmente existen, el 15 de Abril sería un día de celebración: nos juntamos para implementar los programas que hemos escogido. Aquí es un día de luto: una fuerza alienígena desciende sobre nosostros para robar nuestro dinero tan duramente ganado. Éste es un ejemplo gráfico del éxito de los intensos esfuerzos de la comunidad empresarial, con alta conciencia de clase, para ganar lo que sus publicaciones denominan “la batalla interminable por las mentes de los hombres,” que, como incluso la más vulgar de las propagandas, contiene trazas de verdad que los Joe Stack perciven.

Otro ejemplo pasmoso del éxito de la propaganda, de un considerable significado para el futuro, es el culto al asesino y torturador Ronald Reagan, uno de los grandes criminales de la era moderna, que también atesoraba un instinto infalible para favorecer a los más brutales terroristas y asesinos a lo largo del mundo, desde Zia ul-Haq y Gulbuddin Hekmatyar (7) en lo que hoy es Afpak, pasando por los más dedicados asesinos en Centroamérica, hasta los racistas sudafricanos que mataron a millón y medio de personas (cifra estimada) y que tenían que ser apoyados porque se encontraban bajo el ataque del Congreso Nacional Africano de Nelson Mandela, uno de los “grupos terroristas más conocidos” en el mundo, resolvieron los reaganitas en 1988. Y una vez tras otra con una consistencia remarcable. Su espeluznante expediente fue rápidamente purificado en favor de construcciones míticas que habrían impresionado a Kim Il Sung (8). Entre otras hazañas, fue el elegido como apostol de los mercados libres a la vez que incrementaba las barreras proteccionistas más que cualquier presidente de posguerra –probablemente más que todos los otros juntos– e implementaba una masiva intervención gubernamental sobre la economía. Es aclamado como el gran exponente del gobierno pequeño y de la ley y el orden. El Gobierno creció a la par que el PIB durante sus años de mandato mientra informaba al mundo de los negocios de que las leyes laborales no tendrían que ser cumplidas, así que el despido ilegal de líderes sindicales se triplicó bajo su supervisión. Su odio a la clase trabajadora solo era superado, quizás, por el asco que le daba ver a las mujeres negras ricas conducir su limusina para recolectar sus cheques sociales.

No sería necesario continuar con su historial pero su desenlace nos dice mucho sobre la cultura moral e intelectual. Para el Presidente Obama, esta monstruosa criatura fue una “figura transformadora.” En la prestigiosa institución Hoover de la Universidad de Stanford se le reverencia como una colosal figura cuyo “espíritu parece sobrevolar el país, observándonos como un cálido y amigable fantasma.” Solemos aterrizar en Washington en el Aeropuerto Internacional Reagan –o si lo prefieren, en el Aeropuerto Internacional John Foster Dulles, en honor a otro destacado comandante terrorista. Sus logros incluyen el establecimiento del régimen torturador del Sah y el reinado de los más viciosos de los terroristas en Centroamérica, cuyas ocurrencias llegaron hasta el genocidio real en las tierras altas mientras Reagan elogiaba al peor de los asesinos de masas, Rioss Montt, como “un hombre de gran integridad personal” que estaba “totalmente dedicado a la democracia” y que era objeto de “malas críticas” por parte de las organizaciones de derechos humanos.

Es doloroso constatar que muchos de los Joe Stack, cuyas vidas estaba arruinando el “cálido y amigable fantasma”, se unen en la adulación y se apresuran a cobijarse bajo el paraguas del poder y la violencia que simbolizaba.

Todo esto trae recuerdos de otros tiempos cuando el centro no aguantaba. Un ejemplo que no debería olvidarse es la República de Weimar: la cima de la civilización occidental en artes y ciencias, también considerada como un modelo de democracia. Durante los años 20 los partidos tradicionales liberal y conservador , que siempre habían gobernado el Reich, entraron en un inexorable declive, mucho antes de que el proceso se viera intensificado por la Gran Depresión. La coalición que eligió al General Hindenburg en 1925 no era muy diferente de la base de masas que introdujo a Hitler en el poder 8 años más tarde, obligando al aristocrático Hindenburg a elegir como Canciller al “pequeño cabo” al que despreciaba. En 1928 los nazis tenían menos del 3% del voto. Dos años después la prensa más respetable de Berlín se lamentaba de ver los muchos millones que, en este “altamente civilizado país,” habían “entregado su voto a la más común, más vacía y más cruda charlatanería.” El centro se derrumbaba. El público empezaba a despreciar las incesantes disputas de la política de Weimar, la sumisión de los partidos tradicionales a poderosos intereses y su fracaso al tratar con las quejas del pueblo. Estos partidos fueron atraídos hacia las fuerzas dedicadas a mantener la grandeza de la nación y a defenderla de percibidas amenazas mediante un Estado unificado, armado y revitalizado, marchando hacia un futuro glorioso, guiados por la figura carismática que portaba “la voluntad de la eterna Providencia, el Creador del universo,” como él oraba ante las hipnotizadas masas. En mayo de 1933 los nazis habían acabado, en gran parte, no sólo con los tradicionales partidos en el poder sino incluso también con los enormes partidos de la clase trabajadora, los socialdemócratas y los comunistas, además de con sus muy poderosas asociaciones. Los nazis declararon el 1 de mayo como día del trabajador, algo que los partidos de izquierda no habían podido conseguir nunca. Muchos obreros participaron en las enormes manifestaciones patrióticas, con más de un millón de personas en el corazón de la Berlín roja, a las que se unieron granjeros, artesanos, dependientes, fuerzas paramilitares, organizaciones cristianas, clubs de atletismo y del rifle y el resto de la coalición que estaba tomando forma mientras el centro se derrumbaba. Al comienzo de la guerra puede que el 90% de los alemanes marcharan con las camisas pardas.

El mundo es demasiado complejo para que se repita la historia pero hay, sin embargo, lecciones que guardar en la memoria, incluso recuerdos. Soy lo suficientemente viejo para recordar aquellos días escalofriantes y ominosos que fueron testigos del descenso de Alemania, de la decencia a la barbarie nazi, en palabras del distinguido académico de Historia alemana, Fritz Stern, que nos cuenta que tiene el futuro de los EE.UU. en mente cuando revisa “un proceso histórico en el que el resentimiento contra un mundo secular desencantado encontró la liberación en el extático escape de lo irracional.”

Es éste un posible resultado del colapso del centro cuando la imaginación radical, aunque poderosa en aquel momento, se quedó corta sin embargo.

El ánimo de la gente, hoy, es complejo, de una manera que es, a la vez, esperanzadora y preocupante. Un ejemplo son las actitudes hacia el gasto social por parte de aquellos que se identifican a sí mismos en las encuestas como “antigubernamentales”. Un estudio académico reciente descubre que, por amplia mayoría, apoyan “mantener y expandir el gasto en Seguridad Social, cuidado infantil, ayuda a los pobres” y otras medidas del bienestar. Aunque el apoyo cae de manera significativa “cuando se trata de ayudar a los negros y beneficiarios de ayudas sociales.” La mitad de estos partidarios de reducir el papel del Gobierno cree “que es muy poco el gasto en asistencia a los pobres.” Tomando a la población como un todo, hay mayorías, en algunos casos sustanciales, que sienten que el Gobierno no gasta lo suficiente para mejorar y proteger la salud nacional, ni en programas de Seguridad Social, lucha contra la drogadicción o cuidado infantil –aunque, de nuevo, se hace una excepción con la ayuda para los negros y otros beneficiarios de ayudas sociales, en parte un tributo al vandalismo reaganita, me temo.

Los resultados dan alguna indicación de lo que se puede lograr con compromisos incluso muy por debajo de la imaginación radical, y de algunos de los obstaculos que habrán de superarse por estos y otros propósitos de mayor alcance.

La elecciones de enero en Massachusetts, que minaron el dominio de la mayoría en el Senado, ofrecen algo más de perspectiva para lo que puede suceder cuando el centro no aguanta y aquellos que creen en medidas reformistas, incluso las más limitadas de ellas, fracasan a la hora de llegar a la ciudadanía. En las elecciones para llenar el escaño vacío del “león liberal” del Senado, Ted Kennedy, Scott Brown acudió como el voto número 41 contra la salud pública, por la cual Kennedy había luchado durante toda su vida política. Una mayoría se opuso a las propuestas de Obama, pero lo hizo principalmente porque les relagalan mucho a las compañías de seguros. A nivel nacional sucede prácticamente lo mismo.

Una característica interesante fue el patrón a seguir , a la hora de votar, aplicado por los miembros de los sindicatos, electorado por naturaleza de Obama. De aquellos que se molestaron en votar, la mayoría eligió a Brown. Los líderes sindicales y activistas informaron de que los trabajadores estaban furiosos con el expediente, en general, como presidente de Obama pero encolerizados, en particular, por su posición ante el asunto de la salud pública. Como uno declaró “No insistió en una opción pública ni en un mandato firme para el empresario que le exija proveer de un seguro al trabajador. Era difícil no fijarse en que el único asunto en el que insistió fue el de las desgravaciones fiscales” por la salud, conseguidas por las luchas sindicalistas, retractándose de sus compromisos electorales.

Hubo una inyección masiva de financiación proveniente de ejecutivos financieros en los últimos días de la campaña. Aquello era sólo una parte de un fenómeno mayor que revela dramáticamente por qué Joe Stack y otros tienen toda la razón para sentirse asqueados ante la farsa que les enseñaron a honrar como democracia.

El principal electorado de Obama fueron las instituciones financieras, que han ganado tal dominio en la economía que su participación de los beneficios corpora tivos se elevó de un pequeño porcentaje en los años 70 hasta casi un tercio hoy en día. Preferían Obama a McCain, compraron las elecciones para él casi completamente. Esperaban ser recompensados, y lo fueron. Pero hace unos meses, en respuesta a la cólera creciente de los Joe Stack, Obama empezó a criticar a los “banqueros avariciosos,” que fueron rescatados con el dinero público, e incluso propuso algunas medidas para restringir sus excesos. El castigo por esta desviación no se hizo esperar. Los grandes bancos anunciaron ostensiblemente que cambiarían el destino de su financiación hacia los republicanos si Obama persistía en su ofensiva retórica.

Obama captó el mensaje. En tan sólo unos días declaró a la prensa económica que los banqueros eran unos buenos “tipos.” Escogió para alabarlos , en especial, los asientos de los dos principales beneficiarios de la generosidad pública: JP Morgan Chase y Goldman Sachs, y aseguró al mundo empresarial que “Yo, como la mayoría de los estadounidenses, no envidio el éxito o la riqueza de la gente”, tales como las enormes bonificaciones y beneficios que están encolerizando al público. “Eso forma parte del sistema de libre mercado,” continuó Obama; acertadamente, en esa forma en la que los “mercados libres” son interpretados en la doctrina del capitalismo de Estado. Sin embargo, su retirada no estuvo a tiempo de frenar el flujo de dinero para ayudar a ganar el escaño 41.

Para hacer justicia, debemos asumir que los banqueros avariciosos tienen parte de razón. Su tarea es maximizar los beneficios y su participación en el mercado. De hecho es su obligación por ley. Si no lo hacen, serán sustituidos por alguien que lo haga. Estos son hechos institucionales, como lo es también la inherente ineficacia del mercado que les obliga a ignorar el riesgo sistémico. Ellos saben perfectamente que este descuido supone un potencial varapalo para la economía pero tales externalidades nos son asunto suyo, y no pueden serlo, por motivos institucionales. También es injusto acusarles de “exuberancia irracional,” por emplear el breve reconocimiento de la realidad que hizo Alan Greenspan durante el boom tecnológico al final de los años 90. Su exuberancia fue difícilmente irracional: fue muy racional, sabiendo que cuando todo colapsara, podían escapar al refugio del Estado niñera, agarrando sus copias de Hayek, Friedman y Rand. Lo mismo es aplicable para la Cámara de Comercio, el Instituto Americano del Petróleo y el resto de líderes en los negocios que están desplegando una campaña de propaganda masiva para convencer al público de que deje de preocuparse sobre que el cambio climático sea inducido por el hombre –con gran éxito: aquellos que todavía se creen esta engañifa liberal no son ya ni tan siquiera un tercio de la población. Los ejecutivos dedicados a esta tarea saben, igual que el resto de nosotros, que la engañifa liberal es real y las espectativas, siniestras. Pero ellos desarrollan su papel institucional. El destino de las especies es una externalidad que deben ignorar hasta el punto de que los sistemas de mercado prevalezcan.

Volviendo a las muy instructivas elecciones de Massachusetts, los patrones seguidos en la votación fueron el factor principal. En los barrios ricos la afluencia de gente era alta y el voto entusiasta. En las zonas urbanas, fuertemente democráticas, la afluencia era baja y el voto apático. Los titulares tenían razón al informar de que los votantes habían mandado un mensaje a Obama: el mensaje por parte de los ricos fue que querían incluso más de lo que Obama estaba haciendo por ellos. Y por parte de los demás, el mensaje fue el de Joe Stack: utilizando sus palabras, los políticos no están “interesados lo más mínimo en mí o en lo que tenga que decir,” aunque están muy interesados en las voces de los amos. Sin duda, la imagen populista, fabricada por la gran máquina de las relaciones públicas, tuvo su impacto (“Soy Scott Brown y éste es mi camión,” “un tipo normal,” modelo para desnudos, etc...). Pero esto parece haber jugado tan sólo un papel secundario. La ira popular es real y totalmente comprensible, con los bancos prosperando gracias a los rescates y a muchos otros regalos por parte del Estado niñera mientras la población continúa en una profunda recesión. Incluso oficialmente, el desempleo se sitúa en una tasa del 10% y la industria manufacturera está al nivel de la Gran Depresión, con uno de cada seis trabajadores en el paro y muy pocas espectativas de recuperar las diferentes clases de trabajos que se han perdido mientras la economía se reconstituye.

Las encuestas a nivel nacional revelan, en gran medida, el mismo fenómeno. La última, hace unos días, muestra una brecha de entusiasmo de 21 puntos entre los partidos, con un 67% de republicanos que dicen que están muy interesados en las elecciones de noviembre, comparado con un 46% de demócratas. En un enorme giro que se sale de la norma y con un margen de 10 puntos, votantes censados con un alto interés en las elecciones de noviembre, una combinación de sólidos republicanos (la mayoría adinerados) y demócratas desilusionados, dijeron que creían que los republicanos eran mejores llevando los asuntos de la economía. La mitad de los estadounidenses quería ver perder las elecciones a todos los miembros del Congreso, inclusive sus propios representantes. La concepción pública de la democracia es casi tan negativa como la que se tiene del mundo de los negocios, que está ahora metiendo presión ferozmente para asegurarse de que incluso los accionistas no tengan nada que decir a la hora de elegir a los administradores, menos aún las partes interesadas, la mano de obra y las comunidades; aunque algunos liberales buscan encontrar “¨una postura equitativa¨ que caiga tanto del lado de las empresas como del lado de los accionistas,” como The Wall Street Journal lo explica, reconociendo implícitamente aquella decisión que los tribunales dictaron hace un siglo identificando corporación y gerencia como una misma cosa.

Es verdad que se produjo un estímulo, demasiado pequeño pero que tuvo su efecto –salvó más de 2 millones de empleos de acuerdo con la Oficina Presupuestaria del Congreso. Pero la percepción que tienen los Joe Stacks de que fue un fracaso no carece de base. Más de la tercera parte del gasto del Gobierno es para los Estados y la disminución del gasto por Estado se aproximó al estímulo federal, lo que concluyó en que el gasto fiscal total del estímulo resultase plano, de acuerdo con un estudio de la prestigiosa Oficina Nacional de Estudios Económicos (NBER en sus siglas en inglés).

Es obvio que el centro no aguanta, y aquellos que han sido perjudicados están otra vez tirando piedras sobre su propio tejado. La consecuencia inmediata en Massachusetts fue el voto de bloqueo para la designación de una voz pro sindicatos en la Mesa Nacional para las Relaciones Laborales (NLRB en sus siglas en inglés), virtualmente difunta desde la éxitosa guerra de Reagan contra la clase obrera. Esto es lo que se puede esperar en ausencia de alternativas constructivas.

¿Existen? Echemos un vistazo al corazón de la industria, en Ohio, donde GM continúa cerrando plantas. Hace unas semanas Louis Uchitelle del New York Times, uno de los pocos periodistas que presta atención a la actualidad laboral, informó desde la escena de una fábrica recientemente cerrada. Escribe que el Presidente Obama “no tuvo nunca la intención de que la fábrica volviese a abrir, incluso después de que el Gobierno federal se convirtiera en accionista mayoritario de GM durante el rescate al sector. En vez de eso, lo que ha hecho es intentar calmar algo el dolor enviando un embajador, a modo de bálsamo para las heridas de la comunidad, que ofreciera esperanza y ayuda” –la ayuda en su mayoría sugerencias. Mientrastanto, otro embajador, el Secretario de Transporte Roy Lahood, estaba en España ofreciendo estímulos económicos federales a las firmas españolas para producir los materiales y equipos de railes de alta velocidad que los EE.UU. necesitan desesperadamente, y que seguramente podrían ser producidos por la mano de obra altamente cualificada que está siendo reducida a la miseria en Ohio. De nuevo la experiencia de Joe Stack en Harrisburg.

En 1999, como congresista republicano, Lahood presentó un proyecto de ley que habría proporcionado financiación federal para infraestuctura en transportes. Habría autorizado a la Tesorería a aportar 72.000 millones de dólares al año en préstamos libres de intereses a gobiernos locales y estatales para inversiones de capital, incluyendo la inversión en infraestructura para transportes, sin tomar el dinero prestado (9) sino emitiendo moneda estadounidense en papel, muy en la línea de lo que hizo Lincoln para financiar la Guerra Civil

y lo que hizo Roosevelt durante la Gran Depresión. El Lahood de hoy está utilizando estímulos económicos federales para conseguir contratos en España con el mismo propósito.

Otra señal de cómo el centro se ha ido desviando hacia la derecha en los últimos 40 años.

La imaginación radical debiera sugerir alguna respuesta. La fábrica podría haber sido ocupada por la mano de obra, con el apoyo de las comunidades que han quedado en la desolación, y transformada para la producción de materiales y equipos de railes de alta velocidad y otros bienes urgentemente necesarios. La idea no es particularmente radical. En el siglo XIX era intuitivamente obvio para los trabajadores de Nueva Inglaterra que “aquellos que trabajan en las fábricas deberían ser dueños de ellas,” y la idea de que el trabajo asalariado se diferenciaba de la esclavitud sólo en que era temporal, era tan común que fue incluso un eslogan para el partido republicano de Lincoln. Durante los recientes años de financiarización y desindustrialización se han producido repetidos esfuerzos para implementar el traspaso de las fábricas cerradas a los trabajadores y las comunidades. Las ideas no tienen sólo un atractivo moral inmediato para los trabajadores y comunidades afectados sino que serían bastante factibles con el suficiente apoyo público. Y sus implicaciones tendrían un gran alcance.

Para que la imaginación radical sea reavivada y nos conduzca a la salida de este desierto, lo que se necesita es gente que trabaje para despejar la niebla de las ilusiones cuidadosamente artificiales y revele la cruda realidad, y participar directamente en las luchas populares que ellos, algunas veces, ayuden a galvanizar. Lo que necesitamos, en pocas palabras, es al difunto Howard Zinn (10), una terrible pérdida. No habrá otro Howard Zinn pero podemos hacer nuestra su alabanza a “las incontables pequeñas acciones de la gente anónima” que se esconden en los cimientos de los grandes momentos de la historia, los incontables Joe Stack que se destruyen a sí mismos, y quizá también al mundo, cuando podrían estar liderando el camino a un futuro mejor.

Notas del traductor:

El título del artículo "El centro no aguanta (1): Reavivando la imaginación radical (2)" está basado en:

(1) Del poema de W.B.Yeats “The Second Coming” y
(2) La imaginación radical, tal y como la planteó Cornelius Castoriadis, es la semilla que da lugar tanto a la psique individual como a la cultura humana colectiva, en el sentido que creamos y co-creamos nuestra realidad. Como tal representa una función esencial de nuestra humanidad de la que sin embargo nos olvidamos porque conferimos a esta realidad co-creada una condición de normalidad y de naturalidad, gobernadas por ‘leyes’, sean divinas, sociales, económicas, o de cualquier tipo, que constituyen de cierto modo una especie de chaqueta de fuerza cognitiva, el fruto de la imaginación vicaria, ese recrear inconsciente, instante tras instante, del acto creativo originario.
(3) Internal Revenue Service: Hacienda estadounidense.
(4) Literalmente: cinturón de óxido
(5) Literalmente: cinturón de sol
(6) Primera Ministra israelí entre 1969 y 1974
(7) Dictador pakistaní, el primero y líder muyahaidín, el segundo.
(8) Jefe de Estado de Corea del Norte desde 1948 hasta 1994.
(9) El Banco de la Reserva Federal es quien normal mente presta dinero a los EE.UU, los dólares que imprime son un préstamo que el Gobierno ha de devolver.
(10) Historiador, politólogo y activista estadounidense que ha muerto este año.


Fuente: http://revista-amauta.org/2010/04/the-center-cannot-hold-rekindling-the-radical-imagination/
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De lo que no cabe duda, es de que en la Venezuela bolivariana hay una batalla (también podría llamarse sin remilgos “guerra”) entre Radio Caracas Televisión (RCTV) y el gobierno de Hugo Chávez. No es la única, pues el gobierno ha ingresado en una zona de turbulencias en lo económico, social, político e internacional. Pero ésa es clave. El asunto es por qué: qué la motiva, cuáles sus fuerzas motrices, quiénes son los protagonistas, por qué RCTV es el hilo conductor de esta “guerra”.

El solo hecho de que esta empresa televisiva desaparezca y reaparezca multiplicada por otros canales, y que el gobierno le pise los talones desde 2002, no sólo cierra la discusión sobre su libertad de expresión (mayor mientras más desaparece), también obliga a pensar sobre dos derechos iguales, el de RCTV a atacar con métodos conspirativos al gobierno de Chávez y el de derecho de éste a defenderse.

Vista la cosa en estos términos, no habría nada de que sorprenderse cuando se registra en la prensa mundial que el canal salió del aire por segunda vez desde 2007. Ya había salido cuatro veces entre 1976 y 1984 por violar cinco leyes y dos reglamentos. (Libro Blanco sobre RCTV, pág. 11, Ccs. 2007.)

Esta vez fue igual, y su presidente, Marcel Granier, respondió como jefe político: “Buscan callar la voz de protesta del pueblo venezolano ante el fracaso de la gestión gubernamental, no nos vamos a someter a una tiranía”. (http://notidiarioos
car.blogspot.com)

Entonces, el asunto no es jurídico ni mediático. RCTV cumple la ley y ejerce sus derechos cuando quiere y no lo hace cuando no quiere. Acudió a la ley en 2008 para legalizarse como canal internacional, y dejó de hacerlo este año para ser bandera y consigna de la oposición con dos fechas a la vista: elecciones legislativas 2010 y presidenciales 2012. El canal es funcional e instrumental al objetivo político de sus dueños, de la misma manera que los diarios partidarios lo son respecto a sus jefaturas o Comités Centrales.

El secreto hay que buscarlo en el desplazamiento tectónico vivido por los dueños del canal. RCTV y Venevisión controlaron desde 1958 hasta 1998 los ministerios de Comunicaciones, de Turismo y Departamentos del Ministerio de Educación, Conatel, la Corporación Venezolana de Fomento, además del Instituto Nacional de Hipódromos de Venezuela. Allí nacía el 74 por ciento de la facturación publicitaria de ambos (Fuentes: revistas Resumen y Dinero, Libro Blanco sobre RCTV, 2007; Prof. Franz J. Lee, Investigación, Universidad de los Andes; Tomás Eloy Martínez, Radio, prensa y TV, entre el desequilibrio y el estancamiento, en el libro: Venezuela una Ilusión de Armonía, Cedice Ccs. 1982).

Detrás de RCTV están tres familias de la burguesía venezolana y un grupo político clave, los Phelps, Granier/Sapene y Arria, tres sectores muy favorecidos por cuatro de los seis gobiernos de AD desde 1958. Carlos Andrés Pérez fue (y es) el presidente más asociado económica y políticamente al canal de Granier. El golpe de 2002 sirvió para verlos juntos en Miraflores y en la pantalla.

Desde el punto de vista comunicacional, RCTV es el partido político de derecha más beligerante del país, y quizá el más fuerte. Alta audiencia hasta 2007, el primero entre los de cable hasta enero de 2010. Mantiene motivada a la mayoría de la base social opositora. Se ve en las calles. Este canal es un hilo conductor de la vida política y mediática venezolana desde su nacimiento, pero desde 2002 es otra cosa.

Ocupa, de facto, junto a otros medios, el lugar protagonista que Acción Democrática y Copey tuvieron desde 1958. AD no convoca a más del 5,6 por ciento y Copey ya es un dato histórico (Encuesta IVAD, Caracas, 6 de febrero de 2010).

El joven Marx, que no podía conocer a Chávez ni a Granier, descubrió un detalle que los invoca, en sus estudios sobre el Derecho en la historia: “Entre dos derechos iguales, la única solución es la guerra”. En Venezuela, uno de los dos bandos actúa bajo un nombre: RCTV.

Periodista y escritor venezolano de Quién inventó a Chávez; Venezuela 10 años después, Tres sistemas de medios en la Venezuela Bolivariana, entre otros.

Por Modesto Emilio Guerrero *
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Con promesas de combatir al capitalismo y defender al planeta, el presidente Evo Morales recibió por segunda vez los bastones de mando de los pueblos indígenas de Bolivia. Ante treinta mil personas, según cálculos del gobierno, Morales sostuvo que “hoy día tengo el orgullo de anunciarles que los tiempos de la Bolivia mendiga e indigna se han terminado, hermanas y hermanos”. Ratificó la muerte del “Estado colonial” y el nacimiento de “un Estado Plurinacional que llega con mucha esperanza para los pueblos del mundo”. Esta mañana, Morales será posesionado por la Asamblea Legislativa Plurinacional, cuyos dos tercios responden al gobernante Movimiento Al Socialismo (MAS). Por la tarde, se presentará ante miles en el estadio de esta ciudad. Luego, Morales y los asambleístas comenzarán a trabajar para dar desarrollo legislativo a la Constitución aprobada hace un año.

Morales habló en quechua, aymara y castellano. “Hay un presidente y dos estados. Un Estado colonial que se va y un Estado Plurinacional que llega. El Estado colonial no trajo esperanza para los pueblos del mundo. Tuvimos que esperar 180 años para refundar Bolivia con un Estado Plurinacional donde todos los originarios tenemos los mismos derechos. El Estado Plurinacional garantiza los mismos derechos para todos, ése es el desafío profundo que debemos llevar adelante.”

Tiwanaku, a 72 kilómetros de La Paz, fue la ciudad del pueblo tiwanakota. Allí se encuentran varios templos llamativos para turistas y arqueólogos. Morales, acompañado por yatiris, amautas y chamanes, realizó cuatro ofrendas en cada lado de la pirámide de Akapana. Agradeció a la Pachamama, pidió bienestar económico para Bolivia, solicitó la unión de su territorio y rogó discernimiento para tomar decisiones. Luego, se dirigió al templo de Kalasasaya de la mano de una anciana encorvada de 88 años. En la Puerta del Sol recibió regalos de pueblos indígenas del continente. También dos bastones de mando, de manos de un niño y de una niña aymaras.

Sobre los espectadores flameaban cientos de banderas wiphalas y de la nación boliviana. Muchos tuvieron que seguir en pantalla gigante la transmisión de Bolivia TV, el canal del Estado, porque los relieves del terreno hacían imposible divisar lo que pasaba en la Puerta del Sol.

Además de bolivianos, abundaban entre la multitud argentinas y argentinos. Para tratar de mimetizarse con las masas indígenas, varios compatriotas optaron por envolverse en wiphalas y banderas bolivianas. También usaban gorros andinos y pulóveres con dibujos de llamas. Algunos grupos de campesinos se divertían remedando las palabras y la entonación rioplatense. “¿Qué hacé, boludo? ¡Somos de Boca acá!”. Los locales se caían de risa. Los “gauchos”, como les dicen, preferían hacerse los desentendidos ante el no saber cómo reaccionar.

“Aproveché que tenía vacaciones en la oficina y me vine a ver a Evo”, comentó a este diario Adrián Rhul, que blandía una bandera del Qollasuyu, uno de los cuatro lados del Tawantinsuyu, el imperio inca.

Frente al templo de Kalasasaya había dos palcos. Uno con invitados extranjeros y otro para ministros, funcionarios e integrantes de las Fuerzas Armadas. Mozos con guantes blancos se encargaban exclusivamente de proveerles infusiones, bebidas y alimentos. Tres señoras indígenas quisieron entrar, pero no los dejaron. “Sólo entran funcionarios del Estado”, les dijeron. “Pero diputadas somos.” De todos modos, las legisladoras tuvieron que quedarse bajo el sol y las nubes, como el resto.

Morales citó a Gualberto Villarroel, un presidente militar que en 1946 fue sacado del Palacio Quemado por grupos de izquierda, quienes lo ahorcaron en uno de los faroles de la plaza Murillo. “El coronel Villarroel decía ‘no soy enemigo de los ricos, pero soy más amigo de los pobres’. Por supuesto que se respeta la propiedad privada, todos tenemos derechos. Pero más tienen los pobres, para que haya igualdad entre todos. Este es el desafío profundo que debemos llevar adelante.” Los indígenas y campesinos contestaron con un “Jallalla”, que en aymara significa “viva” o “arriba”.

El presidente remarcó que “el Estado colonial permitió el saqueo de los recursos de la Madre Tierra. Era un Estado discriminador que siempre nos han visto a los pueblos indígenas como a salvajes”. Ante la aclamación popular, reflexionó que “más importante que defender los derechos humanos es defender a la Madre Tierra. Si los movimientos sociales no asumimos la responsabilidad, seremos cómplices del capitalismo”.

Los 3800 metros de Tiwanaku fueron difíciles de soportar para varios invitados y asistentes extranjeros. En varias ocasiones, los médicos corrieron con tubos de oxígeno y camillas. Un grupo de invitados oficiales que hablaba en inglés salió rápido para evacuar a una de sus integrantes, casi desmayada. “A los gringuitos no les ha gustado lo que ha dicho el Evo”, comentaron graciosos un par de campesinos.

Morales dijo que su próximo gobierno se regirá con la misma máxima que el pasado. “Rápidamente pasaron cuatro años de nuestro gobierno. Han sido años de trabajo permanente, en que nos guiamos por la ley cósmica que nos dejaron los antepasados. Es el Ama Sua (no seas ladrón), Ama Qella (no seas mentiroso) y Ama Llulla (no seas ocioso). Quiero agradecer desde este lugar sagrado a nuestros antepasado por dejar la mejor herencia a mí y a los pueblos del mundo.”

Los actos de posesión continuarán hoy, cuando los 166 asambleístas le entreguen los nuevos símbolos de la patria. La banda presidencial de la República será confinada en una bóveda del Banco Central. Le colocarán la banda del Estado Plurinacional, que mezcla los colores del estandarte nacional con la wiphala, también reconocida como bandera oficial.

Por Sebastián Ochoa
Desde La Paz
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Martes, 07 Julio 2009 06:27

Obama, seis meses

El próximo día 20, Barack Obama cumple sus primeros seis meses en la Casa Blanca. ¿Qué balance se puede establecer, al cabo de este periodo, del conjunto de su política?

Primera constatación: el nuevo Presidente no ha cometido ningún error grave. Lo cual es primordial si recordamos que John F. Kennedy, por ejemplo, en su primer semestre, se había dejado arrastrar, el 17 de abril de 1961, a la desastrosa invasión de Bahía de Cochinos, en Cuba. Tampoco se ha visto Obama enfrentado a un acontecimiento violento imprevisto, cuando Ronald Reagan, el 30 de marzo de 1981, ya había sido herido en un atentado. Y a Bill Clinton, el 26 de febrero de 1993, o sea 38 días apenas después de su toma de posesión, le tocó afrontar la tragedia provocada por la explosión, en los sótanos del World Trade Center, en Nueva York, de un camión repleto de explosivos que mató a seis personas e hirió a más de mil.

Segunda anotación: la simpatía respecto a Barack Obama se mantiene a un nivel alto. A pesar de que Estados Unidos atraviesa la peor crisis de su historia desde la Gran Depresión de los años 1930, una mayoría de estadounidenses -más del 56%- aprueba su gestión. Y según el barómetro " World Leaders ", Obama se ha convertido en el "dirigente más apreciado del planeta" (1)  en términos de popularidad y de influencia.


Tercera observación: el nuevo Presidente ha cumplido sus principales promesas. Sin rechazar en absoluto la economía de mercado, ha vuelto a colocar al Estado en el corazón de la vida económica y social (como se pudo apreciar cuando quebró General Motors y el Estado decidió controlar el 72% del capital del nuevo grupo reestucturado). El plan de ayuda a los bancos alcanzó cerca del billón de dólares; el penal de Guantánamo se cerrará en enero de 2010 y los presos serán enviados a países de acogida o juzgados por tribunales estadounidenses; la tortura se ha prohibido; las tropas se retirarán de Irak antes de agosto de 2010; cuatro millones de niños pobres disponen ahora de un seguro de salud financiado por una tasa sobre el tabaco; nueve millones de propietarios de viviendas tienen por fin la posibilidad de renegociar sus hipotecas; la investigación médica sobre las células madre se ha autorizado; el financiamiento público de la planificación familiar se ha restablecido; y se ha lanzado un amplio programa para el desarrollo de energías renovables.

En oposición a la ideologización fanática de la diplomacia que practicó George W. Bush, Obama adopta una actitud de no-ideólogo pragmático. Su empeño principal: transmitir un sentimiento de confianza; el de un hombre que mantiene su serenidad a pesar de las presiones y que no se deja desestabilizar. No ha dudado en multiplicar, en diversos frentes diplomáticos, los gestos de conciliación y de apertura; aunque también a veces -contra los piratas de Somalia- de firmeza. Empeñándose siempre en rehabilitar la credibilidad de Estados Unidos y en recuperar la confianza internacional.

Orador fuera de serie, Obama ha ido marcando su amplio programa diplomático con discursos y declaraciones importantes. Por ejemplo, en abril pasado, en la Cumbre de las Américas de Trinidad y Tobago, cuando admitió que la política de Washington durante 50 años contra Cuba "no funcionó". Propuso una "nueva era" en las relaciones con Suramérica; mantuvo entrevistas cordiales con los mandatarios de los nuevos países progresistas (Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Paraguay). Contrariamente a una larga tradición de intervencionismo estadounidense en Centroamérica, Obama condenó, el 28 de junio pasado, el golpe de Estado militar en Honduras contra el Presidente legítimo, Manuel Zelaya.

Frente a los enrevesados problemas de Oriente Próximo, Barack Obama ha confirmado la prioridad que él le confiere a la compleja guerra de Afganistán. Ha aumentado allí el número de efectivos; y ha alcanzado una importante victoria diplomática al conseguir que Pakistán combatiera por fin a los talibanes y Al Qaeda en su propio territorio, en particular en el valle de Swat.

Sobre la cuestión nuclear en Irán, ha tendido la mano a Teherán y propone negociar directamente con las autoridades iraníes. A pesar de las acusaciones de fraude en la reelección del presidente Mahmud Ahmadineyad el 12 de junio pasado, Obama ha mantenido su política de apertura hacia la Revolución islámica.

A propósito del asunto más intrincado, el israelo-palestino, las cosas se han complicado después de la formación, en Israel, de un Ejecutivo con elementos de extrema derecha, dirigido por el ultraconservador Benyamín Netanyahu. Este Gobierno cometió el error de rechazar, en un primer momento, la teoría de los dos Estados (palestino e israelí) (2), lo que Barack Obama sancionó poniendo fin al apoyo incondicional de Washington a Israel. Es un cambio transcendental.
Por otra parte, en su importante discurso del 4 de junio en El Cairo, el mandatario estadounidense quiso restablecer el contacto con el mundo musulmán. Y romper así también con la política de su predecesor, no tanto sobre la "cuestión árabe" sino más bien sobre la "cuestión israelí", lo que, en el contexto de esta región, es idéntico en el fondo pero causa un impacto muy diferente en la forma. Después de recordar los lazos "indestructibles" que unen Estados Unidos e Israel, Obama ha repetido su apego a la solución de los dos Estados para acabar con el conflicto israelo-palestino. Y le ha exigido claramente al Gobierno de Benyamín Netanyahu que cese toda nueva intalación de colonias. Cosa que éste, presionado por sus aliados ultras, no acepta. En consecuencia, y a pesar de sus grandes dotes de conciliador, Obama no podrá evitar un choque contra el Gobierno extremista de Israel.

No todo ha sido exitoso o perfecto en estos primeros seis meses, pero el nuevo Presidente ha dado muestras de iniciativas imprevistas. Se ha colocado del lado del movimiento, del cambio, del deseo de justicia; y ha dado la impresión de querer dirigir a su país hacia la defensa de un Estado de derecho planetario. Podría tratarse de un cambio copernicano. Los oponentes habituales de Estados Unidos van a tener que moderar sus "automatismos críticos" contra Washington (hasta ahora casi siempre justificados). Y empezar a admitir que algo estaría cambiando, para bien, con Barack Obama.

Ignacio Ramonet
Le Monde Diplomatique

 

Notas:

(1) The International Herald Tribune , París, 29 de mayo de 2009.
(2) Benyamín Netanyahu, en su discurso de la Universidad Bar-Ilán, el 15 de junio pasado, acabó por aceptar la creación de un Estado palestino, pero con muchas condiciones difícilmente aceptables por los palestinos, entre ellas, la de que sea un Estado desmilitarizado y que reconozca a Israel como "Estado del pueblo judío".
 

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San Salvador, 30 de mayo. En medio de una crisis global como ésta, iniciar un nuevo gobierno que representa una ruptura con la derecha histórica del país significa, por lo menos, entrar a la jaula del tigre que el presidente electo Mauricio Funes, del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) se ganó en la rifa electoral del 15 de marzo.

Por eso, “para poder sobrevivir en el primer año del nuevo gobierno –opinó Héctor Silva, ex alcalde de la capital durante dos periodos y que será uno de los artífices de la política social– tendremos que hacerle como Barack Obama: aterrizar y echar a correr. Sabemos que no tendremos periodo de gracia, necesitamos presentarle al pueblo resultados en un año”.

Lo que sí va a tener Funes a sus 49 años y ocupando por primera vez un puesto de elección popular, ya que saltó directamente del periodismo a la presidencia, es un enorme capital político.

La última encuesta de aceptación le dio un porcentaje de 82 por ciento. Es un índice de popularidad muy poco común. No lo tuvo Obama, no lo ha tenido en los últimos años ningún gobernante latinoamericano. Si lo utiliza bien lo va a poder invertir para que en el corto plazo la gente nos tenga paciencia y valore los pequeños pasos que demos, agregó Silva.

El equipo de transición había anunciado que el viernes se daría a conocer el futuro gabinete pero finalmente la noticia del día quedó en suspenso. Será, afirma hoy Héctor Silva, un gabinete en que al menos 85 por ciento de nosotros nos sentiríamos muy cómodos si nos llaman de izquierda.

El jueves se anunció el gabinete económico, diverso y pluripartidista, en el que Funes busca una mezcla de equilibro y máxima eficiencia, con peso del FMLN en puestos importantes, pero también destacan otros sectores.

Por ejemplo, Alexander Segovia será una especie de superministro en su carácter de secretario técnico, pero no sale de las filas del FMLN sino de la estructura ciudadana Amigos de Funes.
Por la cuota no militante figura además el ministro de Hacienda Carlos Cáceres, ex presidente de la Asociación de Banqueros; Héctor Dada Hirezi, del Partido Socialdemócrata, y Guillermo López, empresario gerente de Pollo Campero que fue ministro en el gabinete de Antonio Saca, quien estará al frente de la administración de puertos y aeropuertos.

Ellos tendrán que coordinarse con funcionarios de signo opuesto, como lo es Gerson Martínez, nombrado ministro de Obras Públicas, sector clave para la estimulación del empleo intensivo. Gerson fue uno de los jefes de los comandos urbanos que dirigieron las operaciones insurgentes en la ofensiva de San Salvador en 1989.

Ese anuncio ya tiene tres días y no hemos recibido críticas negativas. Lo máximo que ha dicho el partido perdedor, Arena, en boca de su líder Alfredo Cristiani, es que habrá un compás de espera antes de opinar, dijo el ex alcalde.

Otros nombramientos son comentados extraoficialmente. Por ejemplo, el viceministro electo Leonel González, el único líder histórico que aún sigue como dirigente activo en el partido, será ministro de Educación, en atención a su pasado como maestro rural.

Pero el nombramiento más significativo para marcar los nuevos tiempos que corren en el país, es el de Manuel Melgar al frente del Ministerio de Seguridad Pública, posición estratégica ante la crisis de criminalidad que se vive.

Melgar formó parte del Partido Revolucionario de los Trabajadores Centroamericanos, una de las cinco formaciones armadas del FMLN, y comandó un operativo en la Zona Rosa de esta ciudad, en 1985, en la que se dio muerte a varios marines estadunidenses.

Al conocer anticipadamente este nombramiento, la embajada estadunidense respingó y de Washington llegó el consabido veto. Se negoció y se acordó. Al final, Melgar va a Seguridad Pública.

BPor, lanche Petrich

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El 20 de enero se enfrentaron en Ecuador dos modos de estar en el mundo. El gobierno de Rafael Correa —que poco antes impulsó y consiguió ganar un referendo por la reforma constitucional inspirada en la lógica del “buen vivir” (sumak kausay en quichua) y el abandono del modelo neoliberal—, presionó al Congreso para que aprobara la Ley de Minería. Los movimientos sociales convocaron una movilización nacional para oponerse a la explotación minera transnacional. Las fuerzas que se enfrentaron en las calles fueron muy desiguales: hubo heridos y detenidos, gases lacrimógenos y golpes.

Ese 20 de enero, día de la Movilización por la Vida, miles de indígenas salieron a las carreteras como acostumbran hacerlo en cada protesta. Unos 4 mil indígenas cortaron la carretera Latacunga-Ambato en la sierra sur, y otras decenas de miles en múltiples lugares del país, incluyendo protestas en Quito y Cuenca, las dos principales ciudades andinas, pero también en la Amazonia y en la Costa.

Aunque la Conaie (Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador) siempre dijo que la movilización sería pacífica, la represión fue importante, con gases lacrimógenos y hasta disparos de bala que provocaron decenas de heridos, algunos de ellos hospitalizados. Puede decirse que la represión no fue muy diferente a la que se registró en otras ocasiones cuando en Ecuador gobernaba la derecha.

A la hora de hacer el balance de las movilizaciones contra la minería, Acción Ecológica mostró su alegría porque “está naciendo una nueva alianza campo-ciudad que recoge los principios del ecologismo”. Destacó que “los argumentos de proteger el agua, fortalecer la soberanía alimentaria, reivindicar el derecho a la consulta, desconfiar de las transnacionales, son ya comprendidos y asumidos por muchos ecuatorianos y ecuatorianas”. Se lamentó del rumbo derechista del gobierno de Correa pese a sus posiciones soberanas como la nueva Constitución y la declaración de ilegitimidad de la deuda externa. “La historia demuestra que cuando un gobierno se derechiza es muy difícil que vuelva a ser de izquierda”, concluye el balance.

Días después, la Conaie envió una “Carta Abierta al Foro Social Mundial” en la que explicaba su “oposición y rechazo” a la presencia de Correa en “un espacio donde históricamente se construyen alternativas y garantías a los derechos de los pueblos y por la vida y no puede ser tribuna para un presidente con posiciones impregnadas de racismo, machismo, paternalismo, discriminatorias, sexistas y violentas”. Quedaba la alerta al Foro que detrás del lenguaje de la “revolución ciudadana” se reprime y atenta contra la dignidad y los derechos y asegura que “la larga noche neoliberal está presente en Ecuador”.

Argumentos en disputa. La Ley de Minería fue analizada con rigor por los movimientos. Se recuerda que la inversión extranjera en Ecuador se ha focalizado siempre en la actividad extractiva y la agroexportación y que la división internacional del trabajo condenó al país a ser exportador de materias primas y productos primarios sin industrializar como cacao, café, banano y otros. “Por cada dólar situado en el país, le ha rendido cuatro a la inversión foránea”

Luego de la segunda guerra mundial se inició un proceso de sustitución de importaciones y de industrialización, se realizaron nacionalizaciones y se estableció un Estado del Bienestar. Pero el país se siguió sosteniendo en base a la exportación de uno o dos productos primarios, lo que lo hizo muy vulnerable. En las últimas décadas su principal exportación es el petróleo, que sin embargo no ha sido capaz de alentar la producción nacional de bienes de capital ni impulsar la exportación de derivados del crudo por lo que “la explotación de petróleo ha devenido en fuente inagotable de pasivos sociales y ambientales”.

Los críticos sostienen que la Ley de Minería “no se corresponde con la visión de país que incorpora la Constitución vigente desde octubre de 2008”, en gran medida porque “rompe el equilibrio entre comunidades y entorno natural impidiendo el libre ejercicio de los derechos”, y, en lugar destacado, “desvirtúa el carácter plurinacional del Estado ecuatoriano”.

En su artículo 2 (Ámbito de aplicación), la nueva Ley Minera no incluye a las personas comunitarias como sí lo hace con las personas públicas, mixtas o privadas. y en su artículo 3 (Normas supletorias) incurre en la omisión de no destacar “la supremacía de la Constitución política y de los instrumentos internacionales en cuanto a los derechos humanos y ambientales”.

El artículo 15 (Utilidad pública) es uno de los más cuestionados. El informe de Acción Ecológica destaca que no se establece de modo explícito que las concesiones “no deben jamás comprometer el derecho al agua, la soberanía alimentaria, las áreas naturales protegidas, los territorios indígenas y las tierras dedicadas a la producción de alimentos”. El abogado de la Fundación Pachamama, Mario Melo, enfatiza que al declarar la actividad minera de “utilidad pública”, la Constitución autoriza a expropiar tierras en los territorios indígenas “con sólo alegar un supuesto bienestar colectivo”.

El artículo 16 (Dominio del Estado sobre minas y yacimientos) destaca “los intereses nacionales” que naturalmente son definidos por el gobierno de turno, y según la crítica van a responder “a los requerimientos coyunturales de ingresos fiscales, los cuales terminarán imponiéndose al objetivo permanente del buen vivir de las personas que habitan el país”.

El artículo 28 (Libertad de prospección) dice que cualquier empresa “tiene la facultad de prospectar libremente para buscar sustancias minerales”, lo que les permitirá realizar estudios mineros en tierras de comunidades, pueblos y nacionalidades indígenas (en Ecuador hay 14 nacionalidades y 18 pueblos indígenas). En paralelo, el artículo 90 (Procedimiento especial de consulta a los pueblos) indica que dichas consultas se harán conforme al artículo 398 de la Constitución y no al 57. La diferencia es importante: por el 398, si una comunidad o pueblo se opone a la prospección el diferendo “se resuelve con la decisión de la autoridad administrativa superior”. Por el artículo 57, la misma oposición se resuelve “conforme a los instrumentos internacionales aplicables, entre los que está la Declaración de las Naciones Unidas sobre el Derecho de los Pueblos Indígenas, aprobada por el Ecuador, que hace necesario que el resultado de la consulta sea del consentimiento de los consultados para que se realice la actividad prevista”. Acción Ecologista concluye que la Ley “se inscribe en el modelo neoliberal”, ya que privilegia la inversión extranjera, otorga prioridad a los ingresos por sobre los pasivos sociales y ambientales, a la extracción de minerales sobre los derechos humanos de las comunidades afectadas, la conservación de la biodiversidad y las fuentes hídricas. Incluso prevé abrir a la extracción de zonas naturales que están protegidas, a la vez que incluye “disposiciones tendientes a criminalizar la protesta y el ejercicio del derecho a la resistencia”.

Según el informe de Acción Ecológica, el objetivo para el Estado es que la actividad minera sea “una fuente importante de ingresos fiscales, complementaria y ulteriormente sustitutiva del petróleo”. Aunque se defiende la política de aumentar los ingresos del Estado, se considera que los aspectos regresivos refuerzan la dependencia neocolonial del Ecuador. Por último, y muy grave, este modelo extractivista se aleja de la nueva Constitución que dice defender “el modelo de desa­rrollo humano, integral, holístico, para obtener el objetivo del buen vivir, con el ingrediente esencial de no ejercer violencia sobre las personas ni sobre la naturaleza, con la cual se debe mantener una relación de plena armonía”.

Los defensores de la ley aseguran que creará 300 mil puestos de trabajo, vitales para el desarrollo del país, y que no habrá contaminación. Algo que no puede corroborarse y que desmiente el pasado petrolero reciente del Ecuador.

El área destinada para la explotación minera son 5.6 millones de hectáreas, 20% de la superficie del país, que incluye parques nacionales y reservas naturales concesionados desde los años 80.

Clamor continental contra la minería. La actividad minera es la principal causa de conflicto ambiental en América Latina. A lo largo de la cordillera andina existen acciones permanentes contra la salvaje explotación de la minería a cielo abierto. En perspectiva, el movimiento contra la minería a cielo abierto está creciendo de forma exponencial, pese a su corta vida.

En Argentina funcionan nueve yacimientos de oro, plata y cobre, hay cinco en construcción y se exploran otros 140. Hay 70 pueblos de trece provincias afectados por la explotación minera a gran escala. Son cinco mil kilómetros de la cordillera andina donde se instalan empresas de Estados Unidos, Sudáfrica, Gran Bretaña, Suiza, Japón y, sobre todo Canadá, sede de las principales multinacionales del sector. La mina Bajo la Alumbrera, en la provincia de Catamarca, se encuentra entre las diez mayores explotaciones de cobre y las quince de oro del mundo.

En 2002, cuando comenzaron a reunirse los Vecinos Autoconvocados de Esquel, eran la única organización que luchaba contra la minería en Argentina. Hoy son más de cien las asambleas de vecinos movilizados por cuenta propia para denunciar los grandes proyectos multinacionales de la minería, pero también de celulosa y agricultura de monocultivos, agrupados en la Unión de Asambleas Ciudadanas (UAC).

En Chile existe una prolongada movilización contra la mina Pascua Lama. Es un proyecto binacional (Argentina y Chile) de la canadiense Barrick Gold que extraerá oro y plata (se dice que sus reservas son de 20 mil millones de dólares), usará 370 litros de agua por segundo y dinamitará 45 mil toneladas de montaña diarias. El proyecto está trabado por cuestiones legales y por la oposición: el movimiento de resistencia, integrado por agricultores, indígenas e iglesias denunció que Barrick Gold ocultó que los yacimientos están debajo de tres glaciares.

Perú es donde se libra una de las más fuertes batallas de organización social contra la minería en América Latina: la Conacami (Confederación Nacional de Comunidades del Perú Afectadas por la Minería). Es una joven organización nacida en 1999 en respuesta al “boom minero” de Perú a partir de 1993, que fue de la mano del régimen autoritario de Alberto Fujimori. Son 1 650 comunidades de la costa, la sierra y la selva, que tienen más de mil dirigentes perseguidos.

Perú se convirtió en el primer productor de plata del mundo, tercero de estaño y zinc, cuarto de plomo y cobre, y quinto de molibdeno y oro. Los minerales suponen 45 por ciento de las exportaciones peruanas, pero la actividad minera sólo aporta 4 por ciento de los ingresos del Estado y ocupa al uno por ciento de la población activa. La contaminación le cuesta al país 4 por ciento del producto interno bruto. Se calcula que casi una cuarta parte de la superficie del país, unos 25 millones de hectáreas, está concesionado a empresas mineras.

Ecuador puede mirarse en ese espejo. Por un lado, los conflictos sociales y ambientales de los años noventa pueden multiplicarse, como ya lo anunció la Conaie. La violación de los derechos indígenas y de sus territorios “volverá inviable los proyectos”, advirtió la organización a las empresas mineras, ya que la Ley de Minería viola el artículo 169 de la OIT que reconoce los derechos colectivos. Pero Correa cuenta con el 70 por ciento de apoyo y salió victorioso de las elecciones generales de abril en el marco de la nueva Constitución.


Por, Raúl Zibechi, analista del semanario Brecha de Montevideo. Una versión más amplia de este texto se encuentra en el Programa de las Américas (www.ircamericas.org).

 

 

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  •  Pueblos de la Amazonia exigen que se deroguen normas que impiden la defensa de tierras.


El gobierno peruano declaró el sábado 9 de mayo, estado de emergencia en varios distritos de la Amazonia al cumplirse un mes de las protestas iniciadas por nativos de la selva peruana, las cuales ponen en riesgo la producción de gas natural e hidrocarburos.

La medida suspende 60 días los derechos constitucionales de libertad de reunión y tránsito, entre otros, en los departamentos de Amazonas, Loreto, Ucayali y Cusco.
Los indígenas se declararon en pie de lucha para exigir al gobierno la derogación de algunos decretos legislativos que supuestamente vulneran la defensa de sus tierras y para presionar ocuparon estaciones de bombeo de la estatal Petroperú en Loreto. Además, impiden la navegación en algunos ríos bloqueando con botes y canoas.

El estado de emergencia, según el gobierno del presidente Alan García, apunta a restablecer el orden público ante las acciones de violencia que ponen en riesgo la producción, transporte y distribución de gas natural e hidrocarburos.

Mediante un decreto supremo se ordena a las fuerzas de seguridad reducir y eliminar los riesgos existentes en los distritos de Echarate y Kimbiri, en Cusco; Sepahua, Ucayali; Napo, Andoas; Pastaza, Morona y Manseriche, Loreto, e Imaza, Amazonas.

El documento hace referencia a las acciones de violencia, incluida la obstrucción de las vías de acceso a campos petroleros y la expulsión de trabajadores de las empresas, como presión para lograr que se paralicen las labores de exploración y explotación de hidrocarburos, necesarias para asegurar la seguridad energética del país.
 
Alberto Pizango, presidente de la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana, organización que lidera las protestas, aseguró que en los próximos días radicalizarán las medidas de presión para exigir al gobierno que derogue las normas que, según las comunidades, atentan contra su soberanía.
 
Wagna Musoni, representante de las Comunidades Indígenas de Loreto, declaró: el gobierno no puede decretar estado de emergencia contra la lucha justa de los pueblos amazónicos. Por eso estamos dispuestos a morir, para que se deroguen las leyes forestal y de hidrocarburos. Australia, Japón y Noruega reportan los primeros casos.

Dpa y Afp
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