De camino a la movilización por la educación pública

El camino a la educación es una oportunidad y esperanza para muchos hijos e hijas del campo colombiano.

 

Las cosas de la vida. El 10 de octubre vimos las primeras luces del día en una vereda de un municipio cercano a la ciudad de Medellín. Habíamos conciliado el sueño con la idea de estar presentes en la movilización convocada por la defensa de la Universidad, por una “educación pública, gratuita y de calidad”, y pese a que el día no prometía sol persistimos en nuestra convicción.

   

Partimos pues del campo a la ciudad. El recorrido que tuvimos que transitar para llegar a la capital antioqueña es igual al emprendido por cientos de campesinos de la región en procura de mejores oportunidades formativas y que, gracias a la educación pública, algunos de ellos han podido concretar.

 

De la vereda al pueblo

 

En la vereda donde habíamos gozado unos días de placer con la posibilidad de contemplar montes sin el obstáculo de los edificios ni la violencia sonora de carros y pitos, o el aire irrespirable de los miles de exostos con que nos cruzamos a cada paso, los vecinos más próximos están a unos quince minutos a pie; vive allí una familia: mamá, papá, y dos hijas, animadas por el sueño de la educación superior. Para llegar al pueblo deben caminar, a buen paso, unas dos horas, en su mayoría por caminos de herradura. La geografía de la región es montañosa y muy quebradiza, con zonas boscosas, potreros para ganadería y cultivos de café, caña, plátano, entre otros.

   

Es un territorio bello. Por estos días las lluvias interminables transformaron el camino en un lodazal y las inofensivas quebradas en pequeños ríos turbulentos difíciles de cruzar. Lo que para nosotros, habitantes de la ciudad, fue toda una travesía, para las hijas de la familia constituyó, durante sus años de educación primaria y secundaria, el camino de rutina para ir a la escuela, el cual hacían de ida y regreso, cuando menos, cinco días a la semana, así durante doce años consecutivos.

 

 

 

Pese a la cercanía a Medellín, en la región han transitado por décadas distintos grupos armados; hoy en día reina allí la paz y la pobreza. Pobreza que remarcó el pasó de la guerra; y pobreza de la cual todos y todas quieren salir algún día, por lo cual se esfuerzan por estudiar para ver si por esa vía logran conseguir mejores ingresos. El esfuerzo que tiene que hacer en cada familia para satisfacer este propósito no es poco y así, perseverando y pese a las necesidades cotidianas, los campesinos mandan a sus hijos a la única escuela pública del pueblo, con la convicción de darles un mejor porvenir. Tal fue el caso de las hijas de la familia en mención, quienes terminaron su bachillerato gracias, además, al tesón de sus padres, y a poder acudir a la educación pública que ofrece el municipio.

 

Del pueblo a la ciudad

 

Luego de varias horas de paso rápido, llegamos al pueblo, embarrados hasta las rodillas pero purificados por la estadía en el campo, de inmediato tomamos el bus de regreso a la urbe. La lluvia no cesaba, y teníamos temor de que se menguara la protesta de los estudiantes.

   


Así como nosotros, esta otra parte del recorrido la hacen todos aquellos jóvenes del pueblo que una vez terminado el bachillerato logran el ingreso a la educación superior. Por infortuna, solo una minoría logra retornar al municipio a ejercer sus estudios. La inexistencia de proyectos productivos de diversa índole reduce las posibilidades de empleo a lo que ofrece la alcaldía, cosas administrativas y poco prometedoras, burocracia, y nada más.

 

Ante el anhelo de proseguir sus estudios, tanto para las dos hijas de esta familia, como para el resto de jóvenes que quieren y pueden seguir estudiando, hay dos alternativas: presentarse a las universidades públicas y competir entre miles de aspirantes por los limitados cupos que hay disponibles o, bien, endeudarse (si pueden acceder al crédito) para estudiar en una universidad privada. Para el caso de la familia campesina –y la de mis padres en su época–, la primera es/era la única posibilidad.

 

 

 

A ritmo de motor recorridos en poco tiempo los kilómetros que separan esta parte del departamento de Antioquia con su ciudad capital. Al llegar a la terminal de transporte tomamos el Metro y nos dirigimos a la movilización. La primera impresión fue de asombro: desde el puente peatonal del Metro se veía un río interminable de gente, crecido como los que habíamos cruzado horas antes, pareciera que la lluvia le hubiera dado fuerza a la movilización. Con sombrillas, plásticos o dejándose mojar, iban los estudiantes irrumpiendo la ciudad, con el ímpetu y alegría juvenil, exigiendo y poniendo en claro al nuevo Presidente y al país que la educación no debe ser seguir siendo un privilegio de pocos, que más que un servicio mercantil ella es un derecho fundamental de la sociedad, y la esperanza para muchos de poder acceder a un mejor futuro.

 

 

El río de gente, en su mayoría joven, también contaba con el rostro de algunos mayores, sin duda profesores. Los canticos se elevaban hasta los edificios donde no faltaban quienes miraban y aplaudían, pero no se arriesgaban a sumarse a la marcha. En medio de ella, nosotros, con rostro de sorpresa y de complacencia, recordábamos que la hija mayor de la familia, por fortuna y luego de presentarse en dos oportunidades, logró pasar a la Universidad de Antioquia a estudiar Ingeniería Ambiental, y que la menor de ellas aspira a estudiar Ingeniería Agronómica en la Universidad Nacional.

 

  

 

Era un recuerdo placentero, que además nos situaba en lo que estaba ocurriendo, dándole sentido a la exigencia de tantos miles de educandos, pues tanto el futuro de ellas como el de millones de personas más que solo tienen la posibilidad de acceder a las universidades públicas depende, en buena medida, de recordarles a nuestros dirigentes que existen ríos que hay que saberlos cruzar, no sea que se los lleve la creciente.

 

Esperamos que este río mantenga su creciente.

 

Publicado enEdición Nº251
Demasiado ocupados perdiendo el tiempo Decir a esta altura que el periodismo está en crisis es un lugar común.

“En la antigüedad lo importante era pensar, mientras escribir se convertía en un acto accesorio; hoy lo importante parece ser escribir, aunque no se piense.”

E M Cioran



UNO. Decir a esta altura que el periodismo está en crisis es un lugar común. Lo justo sería, más bien, decir que el periodismo vive en crisis, que la crisis es, por definición, su estado natural. El enemigo, en la prensa, adquiere diversas formas según la época. La lectura fue amenazada durante décadas por la industria audiovisual, y hoy se encuentra fagocitada por las redes sociales. El gran enemigo actual de la lectura es, paradójicamente, la propia lectura. No es que se esté leyendo cada vez menos, al contrario, las personas se pasan el día leyendo: leen conversaciones y mensajes, correos electrónicos, noticias al instante en portales, opiniones en blogs, novedades en “muros” de amigos virtuales. Miente, entonces, el que se excusa diciendo “no tengo tiempo para leer”. La lectura, cuando vale la pena, está más allá del tiempo. Tampoco es que ya no se escriba, de hecho, porque todos se la pasan escribiendo: escriben para informar que están en camino o para saber si el otro está llegando, para dar su opinión sobre tal o cual noticia, para contar a todos cómo se sienten aunque nadie se los haya preguntado. En ocasiones, incluso, leen y escriben por la sola inercia que genera tener tantos dispositivos que facilitan ambas acciones. Lo hacen porque no cuesta nada. Impera la lógica de los medios por sobre los mensajes: hay tantos medios de comunicación que hasta dan ganas de tener algo para decir. El problema, en suma, es que son cada vez más los medios para decir cosas y cada vez menos las personas con algo para decir. La lectura y la escritura, que fueron herramientas para dar forma a las ideas, hoy sirven también –y cada vez más– como catalizadores del narcisismo, el tedio o la simple estupidez.


DOS. El mundo digital, donde todos somos todo pero en el fondo nadie es nada, donde el acceso a la información es libre y no existen las fronteras, es paradójicamente fascista: lo abarca todo impidiendo cualquier forma de alteridad u oposición, y la única opción libre es la del disidente. En tiempos de redes sociales el totalitarismo es consensuado. El gran valor de la era digital es la información: si antes importaba saber, hoy importa estar informado; ser capaz de una tarea tan insulsa como es pasar revista a una serie de datos anodinos sin el menor análisis. Porque entender los procesos, estudiarlos, interpretarlos, todo eso es muy complicado, anacrónico para los tiempos que corren. Todo está –o si no debería estarlo– a un clic de distancia, desde los horarios del ómnibus hasta los secretos de Estado. No hay nada más que la circulación horizontal e inocua de información sin mayores consecuencias: Julian Assange en Wikileaks revela la corrupción a gran escala y Edward Snowden pone la vigilancia global al descubierto en Prism, pero no pasa nada más allá, no existe una respuesta sino una aceptación resignada de los hechos. Un mismo sistema nos informa que el mundo es una mierda y nos invita a seguir de largo o, a lo sumo, a colaborar con un clic de conciencia. Las redes sociales anulan la reflexión de la misma forma que el zapping mantiene la vista entretenida impidiendo la mirada. Y entonces, de repente, aparece una barrera en ese alegre universo paralelo donde todo es posible. Ciertos medios que, como Brecha, limitan el acceso a sus contenidos exigiendo a cambio una suscripción. Surgen entonces encendidos reclamos: “¿Por qué no dejan que todos podamos leer los contenidos por Internet libremente?”. Lo que equivale, más o menos, a recriminarle a un plomero el hecho de que nos cobre la reparación de una fuga en nuestras cañerías. La posibilidad de comprar el semanario o de volverse suscriptor parece imposible, casi un insulto. En el mundo digital, donde todo se puede leer y donde cualquiera puede escribir, carece de sentido tal jerarquización. Nada escrito vale tanto como para pagar por eso. Todas las opiniones quedan igualadas en su (ir)relevancia. Las redes sociales están aboliendo la figura del editor como aquel encargado de determinar o al menos redirigir la atención sobre lo que merece la pena ser escrito o leído y lo que no, sobre lo que es noticia y lo que no, sobre la diferencia sustancial entre una red de corrupción y un melodrama de celebrities. La crítica cultural también se ve amenazada ante la proliferación de blogs que se oponen a la clásica disposición vertical entre crítico y público, con el crítico como agente valorizador capacitado para poner en cuestión, orientar la búsqueda y determinar qué es atendible y qué no en materia artística. Cualquier intento de ordenamiento o clasificación es rápidamente tachado de censura. La red social, como la ruedita del hámster, da la ilusión de libertad mientras invita a moverse en círculos; el afán seudoiluminista de hoy busca alfabetizar sólo para que todos puedan leer mejor sus reglas. Si cada uno es su propio periodista, si el editor está obsoleto, si el crítico no tiene autoridad en su campo, si el semanario puede leerse de la misma forma que un estado de Facebook, desembocamos en un caos de eventos: la indignación por el atentado en Barcelona va seguida del video del oso que baila con un gorrito de cumpleaños, mientras debajo se intercalan comentarios de todo tipo que suelen terminar en reclamos políticos o discusiones de fútbol. Mientras muchos comparten la solidaridad de turno –el hit más reciente es #PrayForBarcelona–, los muertos en Siria ascienden a más de sesenta en sólo tres días, pero eso pasa de largo, como casi todo.


TRES. Estas nuevas formas de lectura histérica ponen en jaque a la lectura como pausa reflexiva. Leer y escribir quedan reducidos a un mecanismo de pasaje de información signado por párrafos de dos o tres líneas como mucho, términos resaltados en negrita, hipervínculos, titulares llamativos e imágenes obscenas. En los términos de la red social todo lo “exitoso” es aquello diseñado para gustar a la mayoría. El mensaje ya no importa tanto por su contenido –que apenas se lee– sino más bien por su impacto y su capacidad de atrapar a un público disperso e hiperactivo que de todos modos lo olvidará cuando llegue el siguiente estímulo; el mensajero, por su parte, trascenderá más por su popularidad que por su idoneidad, por sus seguidores que por sus conocimientos. Desviación de la autoridad y la relevancia: Ricardo Darín ya no es un actor argentino sino un pensador iluminado, Lady Gaga realiza sesudas reflexiones políticas, el Maestro Tabárez es el gran referente popular. El resto del espacio es acaparado por esa nueva y creciente estirpe de famosos que son famosos nadie sabe muy bien por qué, que no son nada, sólo famosos, especialistas en gastar oxígeno, y que en la nueva jerga globalizante se denominan influencers. Los periódicos que se pliegan a esta lógica mercantil harían bien en extinguirse cuanto antes; son vehículos de publicidad con algunos espacios libres para repetir cosas del día anterior que todos ya leyeron en Internet. El periodista, pieza demodé en el nuevo esquema, es sustituido por el comunicador, término menos comprometido y “aggiornado” a los tiempos. Las secciones culturales dejan paso a las secciones de espectáculos, los columnistas a los blogueros, los intelectuales a los futbolistas, las cátedras a las charlas Tedx, los revolucionarios a los indignados, la solidaridad al hashtag. Una serie extensa de subproductos pauperizados de viejos intereses sociales ahora caídos en desuso. Todo se condensa en esos treinta segundos patéticos de un video casero que da cuenta de una realidad pornográfica sobre la que no hace falta agregar nada más porque, como dicen los sátrapas del vacío, “una imagen vale más que mil palabras”.

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Jueves, 09 Agosto 2012 05:59

En vez de marcha fue batalla campal

En vez de marcha fue batalla campal
Ya lo había anunciado anteayer, Eloísa González, la vocera de los secundarios. “Agosto no será un mes cualquiera para las movilizaciones estudiantiles.” Y sus palabras se hicieron ciertas ayer. Miles de estudiantes llegaron a Plaza Italia, en el centro de Santiago, con la idea de marchar por la Alameda, la columna vertebral de esta capital, reclamando por los nulos avances en sus demandas y por una reforma tributaria en curso destinada a aumentar los recursos del sistema educacional, pero que a todas luces es insuficiente. En paralelo, la Intendencia Metropolitana finalmente decidió no autorizar la manifestación masiva, lo que originó graves incidentes entre los jóvenes y las Fuerzas Especiales de Carabineros, que impidieron el paso a punta de palos, carros hidrantes y gases lacrimógenos.


El sector se convirtió en un verdadero campo de batalla y la fallida marcha en una de las más violentas y que más destrozos causaron luego de que un grupo de encapuchados (jóvenes a rostro cubierto) quemaran tres colectivos del Transantiago que circulaban por el lugar. Ni carabineros ni bomberos pudieron evitar que las máquinas ardieran. Los edificios públicos y privados aledaños tampoco escaparon de la acción delictual y fueron apedreados, mientras que el tránsito, en esa arteria clave de Santiago, estuvo interrumpido por largo rato.


A sólo dos cuadras de ese lugar, se encuentra la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECH). Hasta ahí fueron repelidos algunos estudiantes y hasta allá llegó la represión. Su presidente, Gabriel Boric, denunció que Carabineros lanzó gases lacrimógenos a la sede y tuvo duras palabras para el rol de la policía. Aseguró además que sus propuestas sólo han sido respondidas con represión por el gobierno. “Lamento profundamente lo que está sucediendo hoy día en las calles de Santiago, pero la responsabilidad de esto es por la indolencia y el silencio del gobierno frente a las propuestas del movimiento estudiantil, en particular del ministro de Educación Harald Beyer, porque insisto, nosotros hemos buscado todas las maneras de diálogo posible. Ha ninguneado sistemáticamente al movimiento estudiantil”, dijo.


Agregó que “era evidente lo que iba a pasar. Hicimos un emplazamiento a los 120 diputados, les entregamos una carta, a los 38 senadores, al presidente de la República, y lo único que recibimos por parte del gobierno fue una carta que dice acuso de recibo”, insistió.


Más tarde, a través de su cuenta de Twitter, Boric sostuvo que la quema de micros fue un montaje producto de que justo ayer se discutía en el Congreso una ley que aumenta las penas a quien participe de manera violenta en manifestaciones públicas: “¿Qué hace un micro vacío en medio de la calle justo mientras se tramita la ley Hinzpeter?”, se preguntó el dirigente.


Más frontal fue Eloísa González, quien afirmó “que esto es un montaje del Estado, porque no sabemos quiénes son los encapuchados ni quiénes inician esto y conocemos que hay infiltrados de Carabineros que intervienen en las manifestaciones”, aseguró.

La joven, que se ha convertido en otra de las caras visibles del movimiento, culpó directamente a carabineros de la violencia. “Yo estaba al principio de la marcha y puedo dar fe de que Carabineros inició los enfrentamientos. Si quieren criminalizarnos, ¿por qué no hacen cumplir la ley a aquellos que lucran con la educación superior?”


“No bajaremos la lucha, seguiremos convocando a movilizaciones, seguiremos tomándonos los liceos, volveremos a convocar a marchar independientemente de si nos dan o no el permiso”, sostuvo al tiempo que advirtió a los políticos que si las cosas no cambian, las acciones se radicalizarán el próximo 28 de octubre, día en que se realizarán las elecciones municipales.


En ese sentido, Eloísa González llamó a las autoridades a “que se preparen, porque en los próximos días vendrá aún más fuerte la respuesta por parte de los estudiantes”.


Desde el gobierno, el vocero de La Moneda, Andrés Chadwick, condenó los hechos de violencia y declaró que “los dirigentes estudiantiles que convocan a estas marchas ilegales saben que están llamando y abriendo las puertas al vandalismo y la delincuencia, saben que se van a producir todo acto de tipo violento, alteraciones y faltas de respeto a la vida de las personas, producir daño a la gente que trabaja. Ellos no pueden eximirse de la responsabilidad que tienen en estas convocatorias”. En ese escenario, afirmó que “no es un tema de educación, es un tema de respeto al derecho de las personas a vivir en paz, es un tema de respeto por la convivencia democrática”.


Por su parte, el ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter, dijo que la acusación de montaje en la quema de tres buses durante los disturbios es ridícula. “Lo único que faltaba es que los estudiantes digan que la quema de estos tres buses es un montaje, es francamente ridículo.”


“Todos fuimos testigos de lo que ocurrió hoy. Pero la verdad es que los dirigentes estudiantiles, porque hay que distinguir entre ellos y los estudiantes que quieren una mejor educación, no pueden sostener esas palabras si quieren participar de buena fe en el debate público”, agregó el titular de Educación.


Al cierre de esta edición se esperaba el saldo policial y médico de la jornada, que dejó a varios detenidos y heridos, mientras los primeros cacerolazos en protesta contra el gobierno se dejaban sentir entrada la noche.
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Martes, 21 Septiembre 2010 06:42

Tu intimidad está en venta

¿Se ha leído los términos del contrato de su red social favorita? ¿Le importaría que esa web supiese más de usted a cambio de que siguiese siendo gratis en el futuro? Con la respuesta a estas dos preguntas, las grandes empresas de contenido online y las agencias de publicidad están haciendo números. A través de un estudio presentado la semana pasada en Bruselas por IAB, la patronal europea de los anunciantes, las empresas que ofrecen servicios y contenido en línea pidieron a la Comisión Europea y los países de la UE que les permitan explotar comercialmente y sin trabas toda la información que recopilan de los internautas. Desde el lugar de vacaciones expresado en un comentario en una red social hasta la lista de la compra escrita en un correo electrónico; cualquier dato sirve para hacer negocio.

Según el informe, elaborado por la consultora McKinsey, en este momento el sector publicitario online está dejando de ganar 80.000 millones al año en los 23 países del mundo con el acceso mayoritario a la banda ancha, una cifra que se multiplicará en los próximos años. Para ellos, la red es demasiado barata, ya que "de media los hogares pagan 30 euros por una conexión de 5 Mbps (megabits por segundo), pero la mayoría de las aplicaciones y servicios de internet se ofrecen sin coste adicional".

El estudio asegura que un 80% de los internautas valora sobre todo que los servicios a los que accede sean gratuitos, mientras que sólo un 20% se declara dispuesto a pagar para evitar la publicidad. Según Jacques Bughin, socio de McKinsey y responsable del estudio, "el valor de los servicios es mucho más grande que la preocupación por la privacidad". Con esos datos, el mensaje de la industria, que comprende a buscadores como Google, proveedoras de internet como Orange o empresas de comunicación como Prisa, es sencillo: es necesario empezar a rentabilizar mejor las webs que ya existen porque sólo una minoría está dispuesta a pagar para que no le moleste la publicidad. La vía más rápida es conocer hasta el último detalle del usuario para que el negocio de la publicidad online deje de ser una promesa. Del usuario sólo se requiere que siga navegando mientras sus gustos se transforman en anuncios personalizados.

Sin embargo, los intereses de esta coalición de industrias (publicitaria, de servicios online y de contenidos) pueden chocar con uno de los derechos fundamentales más básicos: el de la privacidad.

La comisaria europea de Telecomunicaciones, Neelie Kroes, estuvo presente en el debate y se vio obligada a advertir a las compañías de que la UE podría endurecer la legislación actual si la industria juega sucio. Es decir, si sigue espiando al usuario hasta trazar un perfil completo de sus gustos e intereses contra su deseo expreso o sin más información que una advertencia perdida en un kilométrico contrato de uso. Kroes denunció que es algo "que sucede, por desgracia" y que merece "una clara condena por parte de ustedes [la industria publicitaria]" al tratarse de "prácticas ilegales".

La cuestión de las 'cookies'

Instalar en el ordenador del usuario cookies o programas chivatos que informan a las páginas web de la navegación del usuario por la red es legal. Estos archivos, que sirven en algunos casos para recordar las claves de acceso a una cuenta, tienen un alto valor económico para los anunciantes. Tanto la legislación europea como la española obligan de momento a la industria a informar al usuario de que esa recolección de gustos, hábitos o actividades online está teniendo lugar. Camuflar cookies o instalarlas a pesar de que el internauta esté en contra es, según Bruselas, una práctica ilegal. Sin embargo, hasta ahora no ha habido denuncias suficientes ni en España ni en la UE que hayan desembocado en una decisión judicial firme.

Según el Ejecutivo comunitario, "el usuario se preocupa cuando siente que todos sus movimientos en la red son observados, especialmente cuando él no tiene idea de lo que sucede". La comisaria sugiere que esa desconfianza, un efecto claro de la falta de transparencia de estas empresas, es la causante de que "sólo un 12% de los europeos confíe plenamente en las transacciones online". Según ella, hacer más sofisticada y efectiva la publicidad en internet podría desembocar en "un tiro en el pie"; la desconfianza amenazaría de muerte al incipiente comercio online. Por su parte, la industria defiende la autorregulación, ya que en palabras del director general del gigante publicitario WPP, Martin Sorrell, "imponer reglas ni ha funcionado ni funcionará".

De momento, Bruselas se muestra dispuesta a aceptar que el sector de la publicidad online se autorregule. A cambio, le pide "transparencia de verdad", que permita a los usuarios conocer si "alguna actividad de publicidad dirigida está teniendo lugar". Kroes, que vigilará que los 27 armonicen sus regulaciones, pide "el consentimiento" del usuario para que se rastreen sus hábitos y que la industria deje de camuflar los términos de privacidad en largos contratos de los cuales el usuario medio sólo lee un botón: "acepto".

Por DANIEL BASTEIRO Bruselas 21/09/2010 08:00
 
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Martes, 10 Noviembre 2009 10:21

Murdoch quiere dejar a Google sin noticias

El dueño del grupo de medios News Corporation, Rupert Murdoch, editor entre otros de los diarios The Times o Wall Street Journal y propietario de las cadenas de televisión Fox y Sky, está buscando fórmulas para que las noticias de sus medios digitales no aparezcan en el buscador Google, en Google News y el resto de buscadores de noticias.

Este empresarios es uno de los principales impulsores de que los medios de noticias digitales deben empezar a cobrar por sus contenidos. De hecho, el mismo anunció que, previsiblemente en 2010, sus cabeceras digitales pasarán a ser de pago.

Pese a que se ha enfrentado a algunos problemas a la hora de plantear sus fórmulas, en una entrevista a Sky News Australia, Murdoch asegura que "no hay publicidad suficiente en el mundo" para mantener los periódicos digitales gratuitos, y afirma que se está planteando "hacer invisible" los titulares de sus periódicos al buscador de Google, ya que, en su opinión, los lectores que acceden a sus cabeceras a través de una búsqueda en Google no son "lectores leales".

En este sentido, argumenta que cada vez que se realiza una búsqueda en Google aparecen titulares de distintos medios mezclados y el lector elige el que le parece más interesante, pero eso no garantiza que vuelva a acceder al medio de comunicación donde se ha publicado esa noticia más tarde. "No puede asegurarse la fidelidad con Ask, Google o Microsoft", apunta en la entrevista y añade: "¿Cuál es la ventaja de tener un lector ocasional?".

En alguna otra ocasión, el magnate ha cuestionado la legalidad en que se basa Google News y otros buscadores de noticias para publicar en sus páginas web titulares de otros medios de comunicación. En opinión de Murdoch, si se impugnara esa nortamativa en los tribunales se podría llegar a prohibir a Google continuar ofreciendo el servicio de búsqueda de noticias.

Sobre su plan de comenzar a cobrar por entrar a la versión digital de sus periódicos a partir de 2010, Murdoch asegura que actualmente "ninguna página web de noticias ni ningún blog en el mundo está ganando suficiente dinero" mediante la publicidad, por lo que apuesta por cambiar el modelo de negocio.


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Viernes, 11 Septiembre 2009 06:39

Rebelión contra el gratis total en la Red

Que los contenidos culturales o informativos no van a seguir ofreciéndose gratis en la Red para siempre lo intuye hasta el gigante Google, el gran beneficiado del modelo de gratuidad para el usuario imperante hasta hoy. Google, enfrentada con los editores de prensa por explotar sus noticias, se rinde a la tendencia y prepara herramientas para facilitar los micropagos a los medios de comunicación. Las industrias de la información se han lanzado a explorar fórmulas para rentabilizar su presencia en la Red más allá de la publicidad, hasta ahora principal y casi única fuente de ingresos. Y el cine o la música, alentados por el éxito de empresas como iTunes, ensayan nuevas fórmulas para cobrar por sus productos mientras crece la presión política contra el libre intercambio de archivos en la Red.

Micropagos por noticias, suscripciones de distintos niveles, radios personalizadas o el pago por visión de películas en alta definición se abren paso en un Internet que, desde su nacimiento, había sido sido sinónimo de gratuidad.

Millones de internautas se han acostumbrado a acceder a artículos, discos o películas sin costes. Pero lo que muchos usuarios consideran un derecho, para las industrias de contenidos se ha convertido en un problema económico y de propiedad intelectual. Las empresas que, como los diarios, creyeron que abriéndose a la Red lograrían un retorno adecuado en forma de publicidad están dando marcha atrás. Los banners no compensan igual que los viejos anuncios de papel y muchos editores han decidido volver al cobro.

Tras las protestas de la industria cinematográfica y musical, el sector mediático empieza a rebelarse contra la gratuidad, en medio de la peor crisis publicitaria de su historia. Rupert Murdoch, propietario de News Corporation, el mayor grupo de medios de comunicación, encabeza la manifestación. En agosto, anunció que cobrará por el acceso a la versión digital de sus diarios -entre ellos, The Wall Street Journal, The Times y The Sun- a partir de 2010. "La revolución digital ha abierto muchos canales de distribución nuevos y baratos, pero eso no convierte el contenido que transmiten en gratuito", aseguró. El magnate australiano argumenta que la calidad no es barata y "una industria que regala su producto está canibalizando su capacidad de hacer buen periodismo". Murdoch ya ha mantenido reuniones con sus principales colegas, entre ellos The New York Times, para crear un gran consorcio que impondría el pago por la lectura de sus contenidos digitales.

Otras voces del sector van por la misma línea y como sostiene el editor del Financial Times, Lionell Barber, "durante los próximos 12 meses la mayor parte de las organizaciones de noticias estarán cobrando por sus contenidos". L. Gordon Crovitz, fundador de Journalism Online, aseguraba en una entrevista con EL PAÍS que los accesos gratis a la información en Internet tienen los días contados -"el modelo de negocio actual de acceso libre al contenido en Internet claramente no funciona"- y apostaba por uno mixto: "El futuro será una combinación de modelos de pago y gratuitos. Los consumidores pagarán directamente y también habrá modelos en los que distribuidores de distinta naturaleza, como los libros digitales, pagarán royalties".

Los últimos movimientos apuntan en este sentido. Siguiendo el ejemplo de Murdoch, The Economist, la revista financiera más prestigiosa del mundo, acaba de anunciar que cerrará su web y dejará de ofrecer noticias gratuitas, como venía haciendo desde septiembre de 2006. En seis meses, organizarán un nuevo modelo que puede estar basado en los micropagos.

El diario francés Libération que, desde su ideología de izquierdas se ha caracterizado por la defensa del "todo gratis" también ha cedido por el mal momento financiero que atraviesa. Desde ayer, ha puesto una parte de su edición electrónica de pago, mediante dos tipos de abonos. El básico -Essentiel, a seis euros mensuales- permite acceder al contenido del diario de papel en formato PDF, a los archivos de los últimos 15 años y otros servicios; el Première, a 12 euros, da acceso a la edición a medida que se van cerrando las páginas en el diario.

El caso de Libération no es aislado en Francia. Le Monde tiene una edición digital especial para abonados -también a seis euros mensuales-, al igual que Le Parisien (ocho euros) y el diario económico Les Échos (15 euros), mientras que Le Figaro y el semanario L'Express también preparan ediciones electrónicas de pago.

En el otro frente está Google. La empresa del buscador es el primer y, en muchos casos, único beneficiario de esa revolución del gratis total. Sus costes por agregar contenidos son casi nulos, y alimenta su negocio publicitario (Adsense y Adwords). El anuncio el pasado mayo de que Google añadirá publicidad a su agregador de noticias, Google News, levantó las iras tanto de las asociaciones de editores europeas y norteamericanas, que acusaron a la multinacional de lucrarse con el trabajo ajeno y sin su permiso.

A Google no le conviene el enfrentamiento directo contra toda la prensa mundial. Por eso, ha iniciado en los últimos meses un movimiento de acercamiento. La empresa podría estar preparando un sistema de pago online que permitirá que los periódicos puedan cobrar a sus lectores por acceder a sus artículos, según ha señalado el centro de reflexión sobre los medios de comunicación de la Universidad de Harvard. Google habría presentado el proyecto a la Asociación de Periódicos de EE UU (Newspaper Association of America), después de que la compañía fuera requerida sobre la viabilidad del sistema. En la presentación de su proyecto enviado a la NAA, Google vaticina que "la publicidad seguirá siendo probablemente la fuente de ingresos más importante de las empresas de medios de información", pero que "hacer pagar a los usuarios podrá proporcionar un suplemento de ingresos nada despreciable".

Otro sector que ya ha sufrido una profunda transformación ha sido la industria musical. Tras presentar numerosas demandas contra portales y programas que facilitaban descargas gratuitas, ha empezado a consolidar estrategias adaptadas a conciliar las posibilidades que ofrece Internet y con la rentabilidad económica, tras años en los que la descarga gratuita de música hizo tambalear los cimientos del sector discográfico. Páginas de venta de música por Internet como Amazon y iTunes, que incluso ha superado en ventas a la cadena de tiendas Wall Mart, han experimentado un crecimiento notable y han dado lugar a nuevas modalidades de venta, distribución y consumo de contenidos musicales que impulsan a las discográficas a replantearse sus estrategias comerciales. Tras la caída de las ventas de CD en las tiendas, la tendencia dominante es la aportación de servicios añadidos y la fragmentación de contenidos: las ventas de canciones sueltas se imponen a las ventas de álbumes completos. La compra en tiendas virtuales se impone a la venta física de CD.

Durante 2008, se comercializaron 1.400 millones de temas por la Red, el 24% más que en 2007. Desde ese año, el crecimiento ha sido espectacular. Hace dos años la venta de música en Internet sólo representaba el 20% de todo el mercado. Y un estudio de la prestigiosa consultora NPD indica que las ventas de música a través de portales como iTunes o AmazonMP3 sobrepasarán las de los compactos en 2010.

Pero el mercado no deja de evolucionar y las descargas han dejado paso al streaming, la reproducción de contenidos en web sin necesidad de descargarlos. El éxito de servicios de reproducción online como Last Fm, Yes.fm o la sueca Spotify han revolucionado el mercado y han hecho que el streaming se consolide como la opción preferida de los consumidores. Spotify es un radio adaptada a Internet, que nació del acuerdo entre sus creadores y las grandes discográficas. Ofrece una modalidad gratuita, con breves cuñas publicitarias, que incluye una amplia biblioteca musical y permite al usuario confeccionar listas con sus temas preferidos. Cuenta también con una opción de pago sin publicidad y una colección más extensa de canciones. "Los jóvenes piensan en YouTube y MySpace como los lugares donde oír música al instante, y los nuevos dispositivos son capaces de ofrecer acceso a lugares como Pandora o Last.fm, que funcionan como radios personalizadas", aseguraba Eliot Van Burskik, de Wired.

Otra de las últimas iniciativas surgidas en el sector en los últimos meses, ha sido la presentada Virgin Media, que planea un servicio de descargas que "por el precio de un par de discos al mes" permite al usuario acceder a todo el catálogo disponible, sin ningún tipo de límites. Los temas ofrecidos por la empresa del magnate Richard Branson, que ha sellado un acuerdo con el mayor proveedor de música en el mundo, Universal, no estarán protegidos con DRM (Digital Rights Management), el sistema anticopia.

El éxito de estas iniciativas, incluso entre una audiencia que se estaba acostumbrando a no pagar por tener las últimas novedades antes de que salieran al mercado, parece que marcará la pauta del futuro de la industria, y no sólo de la discográfica. Daniel Ek, fundador de Spotify, sostiene que ese futuro está en "en el acceso no en la propiedad". "En el futuro a los consumidores les dará igual tener o descargarse canciones. Lo que quiere es acceder a ellas".

Las discográficas llevan años ensayando los sistemas de pago pero hay otros sectores que se han mostrado menos activos. La industria audiovisual observa como las redes P2P, como Torrent o Emule, el streaming y las descargas directas, que proporcionan páginas como Rapidshare o Megaupload, son cada vez más utilizadas. Las descargas por esta vía se han duplicado por segundo año consecutivo, según un informe publicado por Big Champagne.

El sector cinematográfico no quiere quedarse atrás y en las últimas semanas se ha hecho pública la alianza entre Paramount, Lions Gate y Metro Goldwyn Mayer para lanzar al mercado Epix, un servicio de películas de alta definición en streaming que ofrecería los últimos estrenos de cine bajo suscripción en un paso más de la integración del cine en la Red. El sistema se comercializará al mismo tiempo que el pay-per-view y antes que la edición en DVD. En España, empiezan a ver la luz los primeros proyectos de pago similares como Filmotech.

Youtube, el portal gratuito que revolucionó la forma de ver vídeos en la Red, también ensaya fórmulas de pago y negocia con algunos de los grandes estudios de Hollywood la distribución de películas bajo la fórmula de alquiler similar a la que ya emplea iTunes, a un precio de 3,99 dólares, según recoge The Wall Street Journal.

El fenómeno no es ajeno a los intentos de frenar las descargas gratuitas. Reino Unido ha planteado la posibilidad de cortar la conexión a los usuarios que descarguen contenidos protegidos con copyright y Francia, tras intensos debates en el Parlamento, ha aprobado una ley para imponer multas de entre 1.500 y 3.750 euros a los usuarios. En España, donde la descarga de archivos por programas P2P no se considera delito, cualquier medida debe surgir del acuerdo entre operadores, industria cultural y Gobierno, hasta ahora sin resultados. En vez de esperar, los proveedores de contenidos ya están cambiando el paso.

MIRIAM LAGOA 11/09/2009


Manifiesto sobre el nuevo periodismo


- Un grupo de periodistas y bloggers alemanes ha lanzado un manifiesto sobre el periodismo en Internet, que ha generado un intenso debate en la profesión. Éstos son sus postulados:

1) Internet es diferente. Los medios deben adaptar sus métodos de trabajo a la realidad tecnológica en lugar de ignorarla o cuestionarla.

2) Es un imperio mediático tamaño bolsillo. La web reorganiza las estructuras mediáticas trascendiendo antiguas fronteras y oligopolios. La publicación y distribución de los contenidos ya no está vinculada a fuertes inversiones.

3) Internet es nuestra sociedad y nuestra sociedad es Internet. Si las compañías mediáticas quieren sobrevivir, tienen que entender el mundo de los usuarios y asumir sus formas de comunicación.

4) La libertad de Internet es inviolable. Bloquear el acceso a Internet corrompe nuestro derecho fundamental a acceder a un determinado nivel de información.

5) Es la victoria de la información. Los ciudadanos pueden informarse ahora mejor que nunca.

6) Los cambios de Internet mejoran el periodismo. Ahora puede cumplir su vocación socioeducativa de una nueva forma. Quienes quieran sobrevivir necesitan nuevos ideales, nuevas ideas y ganas de explotar este potencial.

7) La Red requiere trabajo en red.

8) Hay que recompensar por links o por ser citado.

9) Internet es el nuevo lugar para el discurso político.

10) La libertad de la prensa significa libertad de opinión.

11) Más es más. No hay nada mejor que demasiada información.

12) La tradición no es un modelo de negocio. Los contenidos periodísticos en la Red pueden ser rentables, pero deben adaptar sus estructuras. El periodismo precisa competir abiertamente para lograr buenas vías de refinanciación en la Red, además de coraje para invertir en la puesta en marcha de esas soluciones.

13) El copyright se ha convertido en un deber cívico en Internet. Es el eje de la organización de la información en la Red. No se debe usar como excusa para salvaguardar mecanismos de suministro obsoletos y cerrar nuevas vías de distribución o licencias. Pero la propiedad implica obligaciones.

14) Internet tiene muchas monedas. Los servicios periodísticos on line financiados a través de anuncios ofrecen contenidos con un efecto multiplicador.

15) Lo que aparece en la Red permanece en ella.

16) La calidad es la cualidad más importante. Los usuarios se han vuelto muy exigentes en este sentido.

17) Todos para todos. La generación Wikipedia sabe valorar la credibilidad de una fuente. No busca al periodista que lo sabe todo, sino que comunique e investigue.

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Martes, 08 Septiembre 2009 06:36

Periodismo ¿No más noticias gratis?

Si los dueños de periódicos cumplen sus promesas, en los próximos meses veremos una retirada decisiva de las noticias gratuitas en la red. Este verano, figuras importantes de los grandes medios, como News Corporation, Axel Springer Verlag y MediaNews, han amenazado con empezar a cobrar. Compañías que representan más de 700 periódicos han expresado interés en las plataformas de pago en línea que desarrolla Journalism Online, nueva empresa estadunidense.

No será fácil. Durante 10 años los lectores han disfrutado de noticias gratis en la red, y estaciones de radio pública como la BBC, así como consorcios de noticias como CNN, seguirán suministrándolas. Un diario que intente cobrar pondrá en riesgo la publicidad en línea, que con frecuencia representa 10-15% de los ingresos. Pero, si bien hay muchos obstáculos, también hay muchas soluciones potenciales.

El enfoque más simple, favorecido por un número creciente de periódicos regionales en EU, es construir un muro de pago alrededor de prácticamente todas sus noticias. Con frecuencia, pero no siempre, se permite a los suscriptores de la edición impresa leerlas sin cargo. Todos los demás deben pagar, a menudo mucho. El Daily News de Newport, pequeño periódico de Rhode Island, comenzó a cobrar recientemente 345 dólares al año por el acceso en línea.

Simulacro digital

Pocos pagan semejantes sumas. Cada día, 170 mil personas compran la Arkansas Democrat Gazette, en comparación con apenas 3 mil 500 suscriptores en línea. “No se justifica como fuente de ingresos”, reconoce Walter Hussman, editor del diario. De hecho, el muro de pago de la Democrat Gazette es más bien un dique para contener la fuga de lectores (y por tanto de anunciantes) de la edición impresa. De 2002 en adelante, cuando el periódico comenzó a cobrar en línea, su circulación diaria promedio se ha reducido menos de 1%, menos que la mayoría de periódicos.

Algunas publicaciones han tratado de cobrar por un simulacro digital de sus ediciones impresas, con un diseño más familiar que el de sus sitios web, que a menudo se pueden descargar como una sola página. El Süddeutsche Zeitung vende un “e-diario”, al igual que el New York Times, bajo la forma del elegante Times Reader. Este último es también uno de los muchos periódicos que han creado aplicaciones para el iPhone de Apple, el Kindle de Amazon y otros dispositivos móviles. Muchos editores esperan que las personas acepten la idea de pagar por las noticias en el celular, así como pagan por los mensajes de texto. Pero la frontera entre las computadoras y los móviles se va borrando conforme aparecen nuevos artilugios de distintos tamaños (ver recuadro).

Otra opción es cobrar sólo por algunos contenidos. En Gran Bretaña, donde la feroz competencia entre los diarios nacionales hace impensables los muros de pago totales, los periódicos cobran por tips para resolver crucigramas y por la participación en ligas deportivas de fantasía. Los diarios alemanes cobran comúnmente por escritos de sus archivos, aunque no sean tan antiguos. La teoría es que una persona que rastrea una noticia vieja o una pista para un crucigrama tiene suficiente interés para pagar por el servicio.

El mayor exponente del enfoque de nicho, con más de un millón de suscriptores en línea, es el Wall Street Journal. Más o menos la mitad de sus textos –por lo regular notas financieras y reportes de negocios– están protegidos por un muro de pago, aunque son gratuitos si se accede a ellos vía Google News.

Este enfoque es mucho más difícil de emular de lo que parece. Entre 2005 y 2007 el New York Times cobró suscripción para leer a los columnistas más populares en línea. Puso fin al experimento porque parecía reducir el tráfico hacia el sitio y ponía en riesgo los ingresos por publicidad. Los Ángeles Times abandonó el intento de cargar por sus notas de arte por la misma razón. Un periódico que quiera seguir el ejemplo del Journal debe producir contenidos que tengan un público específico y sean útiles.

El Financial Times (propietario de parte de The Economist) pone un contador a sus lectores y cobra a los que consultan más de 10 escritos por mes en línea. Este modelo tiene una gran ventaja: es más fácil de ajustar que un muro de pago. Por ejemplo, un periódico puede responder a un mercado boyante de publicidad permitiendo a las personas leer más información gratis cada mes.

En el trasfondo asoman métodos que han sido más discutidos que intentados. El primero es cobrar a los lectores por textos individuales, lo cual funciona en música. Los experimentos con “micropagos” se han visto contenidos por el hecho de que las noticias son más perecederas que las canciones, y por los costos de transacción. Pero los pagos de bajo monto se están volviendo más baratos y fáciles de procesar. Tanto el Journal como el FT han insinuado que podrían probar este método.

Un enfoque final es acosar a los buscadores en línea, como Google News, que ofrece un índice de noticias, para que concedan una porción de sus ingresos por publicidad. Eso produciría al menos alguna satisfacción emocional.

Fuente: EIU

Traducción de texto: Jorge Anaya
 

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