Viernes, 22 Mayo 2009 06:29

Sri Lanka: la lágrima de India

El 24 de julio de 1983 el movimiento armado separatista Los Tigres de Liberación de la Tierra Elean Tamil estalló una bomba de fragmentación en el centro de Colombo, la capital de Sri Lanka, y sacrificó la vida de 150 personas inocentes. A partir de ese atentado masivo la guerra civil convirtió a Sri Lanka en un pudridero y, al cabo de 26 años, en uno de los conflictos étnicos más sangrientos de nuestro planeta. Sus saldos son tan aterradores como increíbles: 70 mil muertos y un millón de fugitivos. En los últimos meses 150 mil civiles han soportado como escudos humanos la guerra de exterminio del ejército de Sri Lanka contra Los Tigres de Liberación de la Tierra Tamil. El subsuelo del poder esrilankés está lleno de tumbas, acaso no haya ningún rincón de esa isla que no haya sido alguna vez cementerio. Sri Lanka es una isla situada en el sudeste de la India, separada de ésta por el estrecho de Palk. El país ocupa la totalidad de la isla de Ceilán, tiene 65 mil 610 kilómetros cuadrados y 23 millones de habitantes,

A Sri Lanka, la perla del Índico, la lágrima de India, el paraíso de Ceilán, se la disputan la furia de la naturaleza y las masacres genocidas de sus políticos. El tsunami cobró la vida de 30 mil; la guerra civil, 70 mil personas. Sri Lanka se encuentra habitado por dos etnias: los cingaleses, 74 por ciento de la población, y los tamiles, 18 por ciento. Los dos grupos se han declarado la guerra a muerte desde hace 26 años. Y no se trata de una metáfora. En marzo pasado 50 mil soldados del ejército de Sri Lanka marcharon al encuentro de los tigres tamiles. El domingo 10 de mayo un bomba de la artillería destruyó un hospital y mató a 378 civiles. Un médico que trabaja en la zona de guerra constató que mil 122 personas resultaron heridas.

Las dos etnias, los cingaleses y los tamiles, cuentan con idiomas y religiones diferentes, budistas los unos, hinduistas los otros, dos nacionalismos irreconciliables, una ardiente cosecha de odio. Durante la explosiva colonización portuguesa existían tres reinos en la isla: un reino tamil en el norte, cuya capital era la ciudad de Jaffna, y dos cingaleses, Kandy y Kotte. Hacia 1815, el imperio colonial británico canceló las diferencias y sometió a las dos etnias al servicio de su corona. Los ingleses fueron implacables, privilegiaron a los cingaleses, esclavizaron a los tamiles y quemaron sus planta- ciones. Los Tigres de Liberación de la Tierra Tamil fueron los enemigos acérrimos del imperio británico. Se trata de una organización terrorista muy disciplinada y sanguinaria, que reclama el dominio de las tierras del norte de la isla. En la década de 1870 un terrateniente británico en Camboya había conseguido sacar clandestinamente 70 mil granos de hevea, el árbol de caucho, de los que dos mil fueron replantados en Sri Lanka, Malasia e Indonesia. El sistema de producción del caucho era un trabajo agotador, en condiciones próximas a la esclavitud.

Mahinda Rajapaks, presidente de Sri Lanka, se ha preparado para el asalto final, todas las iniciativas de paz han fracasado. El 1º de julio de 2000, el partido de oposición más importante de Sri Lanka, el United Nacional Party, y la Alianza Popular (People’s Alliance) se unieron en el proyecto de una nueva Constitución que transformaría el sistema presidencialista en una democracia parlamentaria, y la estructura centralista de la nación en una entidad federativa. Las provincias tamiles se volvían casi autónomas. No sólo se les concedía una relativa autonomía, sino además se reconocía la hegemonía de la lengua tamil en sus territorios. Los partidos tamiles rechazaron la propuesta y exigieron la inclusión de los tigres en las negociaciones en torno al proyecto de la nueva Constitución. El 10 de agosto murió, a los 84 años (1906–2000), la jefa de gobierno, Simiravo Bandaraneike, la primera mujer del mundo que ocupó el puesto de primera ministra. Su desaparición recrudeció la guerra civil. El 24 de julio de 2001, 20 mil personas se lanzaron a las calles de Colombo, los tigres atacaron con explosivos y granadas, el ejército respondió al fuego tamil. Un incendio destruyó el aeropuerto militar de Colombo y 13 aviones de combate terminaron consumidos por el fuego.
De acuerdo con las investigaciones de la Organización de Naciones Unidas, desde finales de enero han muerto más de 4 mil 700 civiles y 6 mil 500 han resultado heridos. Miles de familias con sus niños a cuestas han huido de los bombardeos del ejército y han seguido a los combatientes hasta encerrarse en Vanni, una zona declarada neutral por la ONU. A pesar de esta clara advertencia de cese al fuego en la zona, los ataques indiscriminados del ejército se sucedieron a diario bajo la excusa de que los tigres tamiles se escondían entre los civiles.

En marzo lograron escapar 36 mil civiles del infierno de Vanni y llegaron a los campamentos montados por las ONG internacionales. Informes no confirmados el mes de marzo –los periodistas tienen prohibido el acceso a las zonas de guerra– hablan de 20 mil tamiles exterminados en los interrogatorios militares y paramilitares. El Comité Internacional de la Cruz Roja se pasó semanas pidiendo que se les permitiera asistir a la identificación de los tamiles para garantizar la vida de los que escapaban.

Uno de los capítulos más aterradores del exterminio en Sri Lanka fue que los civiles que permanecieron bajo la tutela de los tigres pasaban el día, sobre todo los niños, cavando trincheras o resguardados en ellas, porque los bombardeos del ejército se prolongaban semanas. A finales de marzo la hambruna comenzó en Vanni, sus víctimas son incalculables. Sin embargo, las peticiones de las organizaciones humanitarias internacionales, en los últimos dos meses, sólo permitieron la entrega de un cargamento de 500 toneladas de alimentos.

La acreditada ONG International Crisis Group en su informe de abril hizo un llamamiento a la comunidad internacional para que obligara al gobierno de Sri Lanka de modo que “abandone su política de exterminio total, y permita la llegada de ayuda humanitaria”. La misma organización no gubernamental pidió a quienes tenían todavía influencia sobre el mando de los tigres tamiles que deje de utilizar a los civiles como escudos humanos y declare su rendición incondicional.

Por, José María Pérez Gay/ I
 

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Nosotros somos ciudadanos y Obama es un político. Puede que no os guste la palabra pero la realidad es así, es un político. También, desde luego, es otras cosas: es una persona sensible, inteligente, reflexiva y prometedora. Pero es un político.

Si tú eres un ciudadano, debes conocer la diferencia entre los políticos y tú: la diferencia entre lo que ellos tienen que hacer y lo que debes hacer tú. Y hay cosas que ellos no harán si tú les dejas claro que no tienen que hacerlo.
 
Desde el principio, me gustó Obama pero, la primera vez que me di cuenta de que era una político fue muy pronto, cuando Joe Liberman se presentó para la designación como candidato demócrata al Senado, en 2006.
 
Lieberman quien, como sabéis, era un belicista, se presentaba a la elección demócrata y su oponente era Ned Lamont, un candidato pacifista. Pues bien, Obama fue a Connecticut apoyó a Lieberman frente a Lamont.
 
Eso me desconcertó. Lo digo para ratificar que, sí, Obama era y es un político. Así que no debemos dejarnos arrastrar por la aceptación irreflexiva de lo que Obama hace.
 
Nuestra tarea es no darle un cheque en blanco o animarle simplemente. Estuvo bien apoyarle mientras hacía campaña para la presidencia pero no ahora. Porque queremos que el país cambie respecto a lo que ha sido en el pasado. Queremos romper rotundamente con lo ocurrido en el pasado.
Tuve un profesor en la universidad de Columbia, Richard Hofstadter, autor de un libro, The American Political Tradition, en el que pasaba revista a presidentes del país desde los Padres Fundadores hasta Franklin Roosevelt. Los había liberales y conservadores, republicanos y demócratas, y existían diferencias entre ellos. Pero él demostraba que los denominados liberales no lo eran tanto como la gente creía, y que la diferencia entre liberales y conservadores, y entre republicanos y demócratas, no era una diferencia sustancial. Existe un hilo común que enlaza toda la historia estadounidense, y todos los presidentes- republicanos, demócratas, liberales y conservadores- han seguido ese hilo conductor.
 
Este hilo tiene dos elementos: el nacionalismo y el capitalismo. Y Obama no está libre de esa intensa doble herencia. Lo podemos ver en las políticas que ha anunciado hasta la fecha, aunque lleva poco tiempo en el cargo.
 
Algunos podrían preguntar, “Bueno ¿ y qué esperaba?”
 
Y la respuesta es que esperamos mucho.
 
Y hay quien dice, “¿Qué pasa, es usted un soñador?”
 
La respuesta es sí, somos soñadores y lo queremos todo. Queremos un mundo en paz, un mundo igualitario, no queremos guerras, no queremos capitalismo, queremos una sociedad digna. Y lo mejor es aferrarnos a ese sueño porque si no lo hacemos, cada vez más nos veremos constreñidos por esta realidad que no nos gusta.
 
Tened cuidado cuando oigáis las alabanzas del sistema de mercado. La economía de mercado es lo que tenemos ahora. Que el mercado decida, dicen. El Gobierno no debe proporcionar asistencia médica gratuita; es el mercado el que decide.
 
Eso es lo que está haciendo el mercado, y por eso tenemos cuarenta y ocho millones de personas sin asistencia médica, porque el mercado lo ha decidido. Dejar todo en manos del mercado ha ocasionado que haya dos millones de personas sin hogar. Que el mercado decida: millones y millones de gentes no pueden pagar sus alquileres. El mercado ha llevado a pasar hambre a treinta y cinco millones de personas.
 
No se puede dejar todo eso en manos del mercado. Cuando se está afrontando una crisis económica como la que estamos sufriendo ahora, no se puede hacer lo mismo que en el pasado. No se puede inyectar dinero a las clases altas del país- y a los bancos y corporaciones- y esperar que después, de alguna manera, ese dinero fluya hacia abajo.
 
¿Qué fue lo primero que ocurrió cuando el Gobierno Bush vio que la economía estaba en problemas? Dedicó 700.000 millones para salvarla, y ¿a dónde fueron a para esos 700.000 millones de dólares? A las instituciones financieras causantes de la crisis.
 
Eso ocurrió cuando la campaña presidencial todavía estaba en marcha y a mí de dolió ver a Obama apoyándolo, respaldando ese enorme regalo a las corporaciones.
 
Obama debería haber dicho es: Espere un momento. Los bancos no son pobres de solemnidad. Los altos ejecutivos tampoco. Pero hay gente sin trabajo. Hay personas que no pueden pagar sus hipotecas. Tomemos esos 700.000 millones y démoslos directamente a la gente que los necesita. Démosles 1 billón, 2 billones de dólares. Que ese dinero vaya directamente a las personas que lo necesitan. Nadie sería desalojado. Nadie se quedaría con sus enseres en la calle.
 
Obama es posible que quiera dar un billón más a los bancos. Como Bush, no se lo va a dar directamente a los propietarios de viviendas. Pero a diferencia de los republicanos, Obama quiere también invertir 800.000 millones en su programa de estímulo a la economía, lo que es una buena idea- la idea en sí es buena. Pero si analizas con detalle el plan, se canaliza demasiado dinero a través del mercado, a través de las grandes empresas.
 
Ha concedido reducción de impuestos a las empresas con la esperanza de que contraten a gente. Y no, si la gente necesita trabajo, no le des dinero a las corporaciones con la esperanza de que quizás creen empleo: Da trabajo inmediatamente a la gente.
 
Muchos no conocen la historia del New Deal de los años 1930. El New Deal no llegó lo suficientemente lejos pero tuvo buenas ideas. Y la razón de que llegase a esas buenas ideas se debió a la enorme agitación que hubo en el país hasta el punto de hacer que Roosevelt reaccionase. ¿Qué hizo entonces? Dispuso de miles de millones de dólares y decidió que el Gobierno contratase a la gente. ¿Estás en paro? Pues el Gobierno tiene un trabajo para ti.
 
El resultado de aquellas medidas fue un montón de trabajos admirables llevados a cabo en el país. Varios millones de jóvenes fueron colocados en el Civilian Conservation Corps(1). Fueron por todo el país y construyeron puentes, carreteras, zonas de recreo e hicieron un trabajo notable.
 
El Gobierno creó un programa federal para las artes. No esperó a que el mercado lo hiciera. Puso en marcha el programa y contrató a miles de artistas desempleados: guionistas, actores, músicos, pintores, escultores, escritores. ¿Cuál fue el resultado? La producción de 200.000 obras artísticas. Hoy, en todo el país, hay miles de murales pintados por la gente del programa WPA(2). Se representaron obras en todo el país a precios muy bajos, para que la gente que nunca había visto una representación pudiera acceder a ellas.
 
Y eso es sólo una mínima parte de lo que se podría haber hecho. El Gobierno tiene que atender las necesidades del pueblo. El Gobierno no puede ceder la tarea de satisfacer esas necesidades a las corporaciones y a los bancos porque ellos no se van a preocupar por lo que necesita la gente. Sólo se preocupan de sus beneficios.
 
Durante su campaña, Obama dijo algo que me pareció muy acertado, y cuando alguien dice algo que está bien hay que recordarlo, porque puede ocurrir que luego no lo mantenga. Y hay que recordárselo.
 
Obama estaba hablando a la guerra de Iraq, y afirmó: “ No se trata sólo de que tengamos que salir de Iraq”. Él dijo exactamente “salir de Iraq” y no debemos olvidarlo. Debemos seguir recordándoselo: Fuera de Iraq, fuera de Iraq, fuera de Iraq, pero no el próximo año, ni dentro de dos años, sino ya.
Pero escuchad la segunda parte. Su frase completa fue: “ No es suficiente con salir de Iraq; tenemos que cambiar la actitud que nos condujo allí”.
 
¿Y cuál es la mentalidad que nos llevó a Iraq?
 
Es la que afirma que la fuerza servirá. Que con la violencia, la guerra y los bombardeos iban a llevar la democracia y la libertad al pueblo.
 
Es la mentalidad que considera que Estados Unidos tiene algún derecho divino para invadir otros países en su propio provecho. En 1846 llevamos la civilización a los mexicanos, y en 1898 la libertad a los cubanos. En 1900 llevamos la democracia a los filipinos, y vosotros sabéis el éxito que hemos tenido en llevar la democracia a lo largo del planeta.
 
Obama no ha cambiado su mentalidad de misionero belicista. Habla de enviar miles de soldados más a Afganistán. Es un tipo muy agradable y seguramente sabe algo de historia. Tampoco es necesario saber mucho para conocer la historia de Afganistán, donde durante décadas y décadas y décadas las potencias occidentales han tratado allí de imponer su voluntad por la fuerza: los ingleses, los rusos, y ahora los estadounidenses. ¿Y cuál ha sido el resultado? Un país arruinado.
Esa es la actitud que envía 21.000 soldados más a Afganistán y que dice, como ha hecho Obama, que debemos tener un ejército mayor. Cuando Obama lo dijo, mi corazón se encogió. ¿Para qué necesitamos un ejército más grande? Ya tenemos un enorme presupuesto militar. ¿Ha hablado Obama de reducir el presupuesto militar a la mitad o en una parte? No.
 
Tenemos bases militares en más de cien países. Sólo en Okinawa tenemos catorce bases militares. ¿Quién nos quiere allí? Los gobiernos, porque sacan beneficios. Pero el pueblo en realidad no quiere que estemos allí. En Italia ha habido multitudinarias manifestaciones contra el establecimiento de una base militar estadounidense. Y lo mismo ha ocurrido en Corea del Sur y en Okinawa.
 
Una de las primeras medidas del gobierno Obama ha sido enviar misiles Predator para bombardear Pakistán. Ha muerto gente pero ellos afirman: “Nuestras armas son muy precisas porque tenemos lo último en equipamientos. Podemos hacer diana en cualquier lugar y golpear sólo donde queremos”.
Es la mentalidad del obstinación tecnológica. Efectivamente, ellos pueden decidir que van a bombardear una casa determinada. Pero hay un problema: Ellos no saben quienes están en la casa. Pueden atacar un coche con un misil desde una gran distancia pero ¿saben quién está en el coche? No.
 
Y después, cuando los cadáveres se sacan del coche, o de la casa, dicen: “Bueno, había tres sospechosos de terrorismo en esa casa, había otras siete personas asesinadas, entre ellos dos niños, pero hemos liquidado a tres supuestos terroristas”.
 
Pero daos cuenta de que la palabra es “sospechosos”, y que la verdad es que ellos no saben quienes son los terroristas.
 
Así que, tenemos que cambiar la mentalidad que nos ha llevado a Iraq pero tenemos que identificar esa actitud. Y Obama tiene que ser obligado por el pueblo que le ha elegido, por la gente entusiasta con él, a abandonar esa actitud. Somos los únicos que podemos decirle: “No, usted está equivocado con esa idea militarista de usar la fuerza para conseguir objetivos en el mundo. Así no conseguiremos nada, y seguiremos siendo un país odiado en el planeta”.
 
Obama ha hablado de un horizonte para este país. Tenéis que tener un proyecto, y ahora yo quiero decirle a Obama cómo debería ser ese proyecto.
 
El proyecto debería ser el de un país que guste al resto del mundo. Ni siquiera digo amado, algo que llevará tiempo conseguir. Un país no temido, que no provoque aversión, no odiado como lo somos ahora, sino una nación considerada pacífica porque hemos retirado nuestras bases militares de todos esos países.
 
No necesitamos gastar centenares de miles de millones de dólares en presupuesto militar. Tomemos todo ese dinero asignado a las bases militares y al presupuesto de defensa y- esto forma parte de la emancipación- usémoslo para que todo el mundo tenga asistencia médica gratis, para garantizar empleo a quienes no lo tienen, para abonar el pago de los alquileres a todos los que no pueden pagarlo, para construir centros de atención a la infancia.
 
Usemos ese dinero para ayudar a otros pueblos del mundo y no para lanzar bombas sobre ellos. Cuando ocurran catástrofes, necesitan helicópteros para trasladar a las gentes de las zonas inundadas y de las zonas devastadas. Necesitan los helicópteros para salvar vidas, pero los helicópteros están en Oriente Próximo bombardeando y ametrallando a los pueblos.
 
Lo que se necesita es un cambio total. Queremos un país que utilice sus recursos, su riqueza y su fuerza para ayudar a las personas y no para hacerles daño. Eso es lo que necesitamos.
Es un proyecto que tenemos que mantener vivo. No deberíamos sentirnos satisfechos fácilmente y decir: “Está bien, démosle un respiro. Obama merece respeto”.
 
Porque no se respeta a alguien al darle un cheque en blanco. Lo respetas cuando lo tratas como a un igual, y como a alguien a quien puedes dirigirte y alguien que te escucha.
 
Obama no sólo es un político, lo peor es que está rodeado de políticos. Y a algunos los ha elegido él mismo. Ha elegido a Hillary Clinton, a Lawrence Summers(3); ha elegido a gentes que demuestran que no hay intención de romper con el pasado.
 
Somos ciudadanos y no podemos colocarnos en la actitud de mirar el mundo a través de sus ojos y decir: “ Bueno, tenemos que aceptar compromisos, tenemos que hacer esto por razones políticas”. No, nosotros debemos hablar claro.
 
Esa fue la actitud de los abolicionistas antes de la Guerra Civil, cuando la gente decía: “Tienes que verlo desde el punto de vista de Lincoln”. Porque Lincoln no consideraba prioritaria la abolición de la esclavitud. Pero el movimiento anti-esclavitud sí, y los abolicionistas contestaron: “No vamos a aceptar el punto de vista de Lincoln. Vamos a exponer nuestra propia posición, y lo vamos a hacer con tanta fuerza que Lincoln tendrá que escucharnos”.
 
Y el movimiento contra la esclavitud se extendió tanto y se hizo tan fuerte que Lincoln tuvo que hacerle caso. Así se consiguió la abolición de la esclavitud y las decimotercera, decimocuarta y decimoquinta enmiendas [a la Constitución].
 
Esa ha sido la historia de este país. Cuando se ha progresado, cuando se ha reparado cualquier clase de injusticia, ha sido porque el pueblo ha actuado como ciudadanos y no como políticos. No se limitaron a quejarse, sino que trabajaron, se movieron, se organizaron, se sublevaron cuando fue necesario para atraer la atención sobre su situación de los que estaban el poder. Y eso lo que tenemos que hacer en la actualidad.
 
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Por, Howard Zinn*
Znet

* Transcripción de una charla de Zinn el 2 de febrero en el restaurante Busboys and Poets de Washington, adaptada por Alex Read y Matt Korn.
(*)Howard Zinn es autor de “A People’s History of the United States”, “Voices of a People’s History (con Anthony Arnove) y “A Power Governements Cannot Supress”.

Notas
1. N.T.: Programa público de empleo para parados creado por Roosevelt entre 1933 y 1942.
2. N.T.: Work Prjects Administration fue el mayor organismo del New Deal que dio trabajo a millones de personas y se extendió a casi todas las localidades de Estados Unidos, en particular a las zonas rurales y a las poblaciones de las zonas montañesas del oeste.
3. N.T.: Economista, elegido por Obama para dirigir su gabinete económico. Fue presidente de la universidad de Harvard, y se hizo famoso por asegurar que la mujer estaba menos dotada para la ciencia y las matemáticas.
Traducción tomada de IAR Noticias 
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Domingo, 17 Mayo 2009 06:48

Bola de nieve

Pese a los mejores esfuerzos del presidente Barack Obama, que prefiere para el momento ganar su guerra, el debate sobre la tortura se agranda como una bola de nieve. Estallan los blogs, tapa de diario todos los días, gran revuelo en el Capitolio. El relato no es halagador. A medida que pasan los días el presidente estadounidense se interna en un laberinto de contradicciones y en el camino va descubriendo que una cosa es condenar las prácticas ilegales del gobierno de Bush y otra mucho más difícil es romper con ellas. Sobre todo cuando dos asuntos demandan urgente atención: la crisis y la guerra.

Pero el tema está ahí y crece, y crece, arrastrando a Obama al terreno de las declaraciones incómodas, hechas a las apuradas o a través de escuetos comunicados leídos por sus voceros. Como si sus gobernados quisieran recordarle, con fastidiosa insistencia, que no lo eligieron por ser un gran economista o un gran comandante en jefe, sino por lo que es y lo que representa, y sobre todo para que ejerza un liderazgo moral. Un día sale Nancy Pelosi, líder demócrata de la Cámara baja, indignada, pidiendo a la CIA que entregue la transcripción de la reunión que mantuvo con la agencia en 2004, porque dice que la engañaron sobre la dimensión que había tomado el programa de torturas. Esto, porque el vocero de la CIA había dicho que Pelosi había sido informada de la aplicación del “submarino” hace cinco años. El vocero de la agencia salía al cruce de Pelosi porque ésta había demandado la creación de una comisión investigadora, al estilo Conadep. Obama se opone a la iniciativa, aunque de manera ambigua; dice que el proyecto de ley, así como está, no lo termina de convencer.

Otro día, la CIA anuncia que no va a entregar los documentos que solicita el ex vicepresidente Dick Cheney y que supuestamente demostrarían que de esa manera se obtuvo valiosa información, retrotrayendo la discusión un par de siglos, como en las películas, como si nada hubiera pasado.

Otro día expiraba el plazo prometido por Obama para decidir la suerte de los tribunales militares para juzgar a los presos de Guantánamo. Con esos tribunales, Bush había armado una especie de Justicia paralela para despojar a los detenidos de sus más elementales derechos sin violar la Convención de Ginebra. Ante la expectativa general, el vocero de Obama anunció que los tribunales continuarían.

El anuncio tuvo todo tipo de repercusiones. Por un lado, como se apuraron en aclarar los defensores del presidente, Obama nunca había prometido abolir los tribunales. De hecho, antes de asumir, siendo senador, había firmado un proyecto de ley para modernizar esos tribunales con reformas como la obligación de invalidar información obtenida bajo tortura.

Por el otro lado, contestaron sus críticos, la decisión de Obama mantiene el sistema paralegal y priva a los detenidos de las garantías de la Justicia ordinaria y de la Justicia militar. Encima perjudica a víctimas de tortura, secuestros, traslados y detenciones arbitrarias, justo las prácticas que Obama dice repudiar.

En el medio de la semana estalla la bomba. El miércoles Obama detuvo la entrega a un juzgado de una serie de 44 fotografías inéditas que mostraban torturas en cárceles afganas e iraquíes y que los propios abogados del gobierno se habían comprometido a entregar el 28 de mayo en un acuerdo con la parte demandante, la Asociación por los Derechos Civiles (ACLU). El acuerdo se había hecho ante la Cámara de Apelaciones del Noveno Circuito Federal tras fallos en primera y segunda instancia favorables a la desclasificación de las fotos. Pero a medida que se acercaba el plazo, y ante el franco deterioro del frente de guerra en Pakistán y Afganistán, Obama empezó a recibir presiones del establish- ment militar para cambiar su decisión. Según el New York Times, en los últimos siete días los comandantes de las guerras de Irak y Afganistán, y el jefe de Estado Mayor, David Petraus, se comunicaron con el presidente para advertirle que las imágenes, aunque retraten algo que ya no sucede, causarían una conmoción en los dos teatros de operaciones, ambos pasando por un momento delicado, Irak por el repliegue, Afganistán por la ofensiva y por el movimiento de pinzas talibán desde el norte de Pakistán. El Washington Post agregó el dato de que esta semana Obama recibió una carta, pública, por supuesto, de los dos líderes del comité de las fuerzas armadas, un demócrata y un republicano, pidiéndole que no entregue las fotos más o menos por las mismas razones.

Obama mismo lo comunicó en declaraciones al paso a la salida de un evento. Obama dijo que las fotos no eran gran cosa comparadas con las ya conocidas de Abu Ghraib (foto), que se trató de “manzanas podridas” (casos aislados) y no de una práctica generalizada, que los militares involucrados ya habían sido juzgados y sancionados, y que la publicidad de las fotos podría dar una imagen distorsionada en el mundo islámico de lo que es hoy el ejército norteamericano, justo en un momento delicado por la situación en Irak y Afganistán. Cuando le preguntaron si apelaría ante la Corte Suprema las decisiones judiciales que le ordenaban entregar las fotos, contestó, escueto, “puede ser”.

La reacción no se hizo esperar. En un comunicado, Amnesty señaló que las fotos serán publicadas tarde o temprano, y que cuando eso suceda no sólo serán recordadas por los crímenes ocurridos durante el gobierno de Bush, sino por el encubrimiento durante el de Obama.

Pero más grave que la censura había sido su justificación. Al ratificar el discurso de Bush de “manzanas podridas”, espejo del discurso de “excesos” de Videla y compañía, al afirmar que no conviene volver sobre hechos que ya han sido juzgados y sancionados, Obama le agregó un punto final a su doctrina de obediencia debida.

Dos semanas atrás Obama había lanzado su doctrina en la sede de la CIA en Langley, Virginia, durante un discurso ante los miembros de la agencia. Había dicho que los agentes que habían seguido en buena fe instrucciones recibidas no serían juzgados por haber cometido torturas. Al hacerlo, había reconocido la existencia de un plan sistemático, aprobado en los más altos niveles del gobierno de Bush, para aplicar torturas a los detenidos de “alto valor” de Al Qaida.

La doctrina de Obama esconde una contradicción. ¿Cómo puede ser una misma tortura parte de un plan sistemático si lo hizo la CIA, y producto de “manzanas podridas” si lo hicieron los militares, siendo que el ejército se copió de la CIA y tuvo la aprobación de los mismos abogados?

Según el memorándum de tortura desclasificado por Obama, el programa de tortura de la CIA incluía explícitamente al nudismo y la humillación sexual, precisamente el contenido de las fotos con los presos de los militares.

Además, esas fotos son posteriores a la aprobación del plan de torturas de la CIA, posteriores a la aprobación de una excepción presidencial para que los militares en Guantánamo pudieran usar las técnicas de tortura aprobadas para la CIA, y posteriores a una reunión llevada a cabo en Guantánamo entre abogados de la Casa Blanca, la CIA y el Pentágono, donde se acordó extender el programa de torturas a las fuerzas armadas en Irak y Afganistán, según explicó Rob Freed, investigador del secretariado general de Amnesty International, citando documentos recientemente desclasificados, al teléfono desde Londres, ante la consulta de este cronista.

Lo que pasa, dice Freer, es que los militares están sometidos a la Justicia militar y la Justicia militar los protege. En cambio, los agentes de la CIA son civiles, y por lo tanto sujetos a la Justicia civil. El mensaje de Obama fue: “Tranquilos, así como los fiscales militares no actúan contra soldados que cumplen órdenes, mis fiscales no actuarán contra ustedes”.

El investigador de Amnesty confirma que no hay información disponible sobre quiénes aparecen en las fotos ni qué sanciones recibieron, ya sea una remoción, expulsión de la fuerza o castigo en cárcel militar. Tampoco se sabe de qué se los acusó, pero ante la ausencia de información disponible, da la impresión de que el castigo no fue por torturar, sino por sacarse la foto.

En el sistema legal estadounidense, a diferencia del argentino, el jefe de los fiscales es también ministro de Justicia, se sienta en el gabinete y recibe instrucciones del presidente. Hasta ahora, pese a los insistentes pedidos de las organizaciones de derechos humanos, Obama se ha negado a instruir al fiscal general Eric Holder para que investigue el programa de torturas en sus distintos grados de responsabilidad. Sólo ha dicho que la decisión de investigar a quienes impartieron las órdenes “es una decisión del fiscal general”. Y Holder, que tiene el derecho y la obligación de hacerlo por iniciativa propia, ha evitado pronunciarse al respecto. En Estados Unidos existe una ley contra la tortura.

Obama quiere librar una guerra moderna en Afganistán y quiere ganarla. Es su guerra. Acaba de cambiar al comandante en jefe por un experto en “guerra no convencional”. La guerra no será popular, pero su ejército tiene buena prensa. Para ganarla Obama necesita que los republicanos no le hagan lo que él y los demócratas les hicieron a ellos en Irak: sacarle el apoyo en el momento clave. Ese apoyo tiene un costo. La seguidilla de decisiones de los últimos días va en ese sentido: censura de fotos, “manzanas podridas” para el ejército, obediencia debida para la CIA y tribunales truchos para los presos de Guantánamo.

Un giro a la derecha y en favor de la impunidad en un momento delicado, en el que Obama siente que depende de los republicanos. Podría ser la táctica de un táctico. Obama, como Holder, proviene del histórico movimiento por los derechos civiles de los negros. Su formación política es en procesos a largo plazo, basados en el principio de resistencia pasiva y la paciente acumulación de pequeñas victorias entre largas esperas y ocasionales traspiés. La fuerte presión conservadora es una consecuencia directa de la desclasificación que autorizó Obama el mes pasado de un memorándum clave con detalles sobre el programa de torturas de la CIA.

Pero lo que Obama y Holder muestran últimamente, lo que se ve, es una política de derechos humanos opaca, vacilante, confusa y contradictoria, causante de una saludable bola de nieve de críticas y recriminaciones, que da cuenta de la demanda de respuestas positivas a las expectativas generadas por el cambio prometido.

Por Santiago O’Donnell

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Viernes, 17 Abril 2009 08:37

Napalm Girl (historia de una foto)



La mañana del 8 de junio de 1972 el fotógrafo vietnamita Nick Ut se presentó como todos los días en el edificio Eden, donde estaban las oficinas de Associated Press en Saigón, y partió hacia el destino que le encomendaron para esa jornada: la aldea de Trang Bang, unos cuarenta kilómetros al noroeste de la ciudad, donde se anunciaba una inminente ofensiva del Vietcong. Ut iba solo con el chofer en una de las camionetas de AP (la guerra ya había entrado en su última fase y la mayoría de los corresponsales europeos la habían dado por definida cuando los norteamericanos comenzaron a evacuar su artillería pesada). Unos kilómetros antes de llegar a la aldea, Ut y el chofer se toparon en la ruta con un contingente de aldeanos que a pie, en carro o bicicleta abandonaban la zona. Un poco más allá, el viaje llegó a su fin: las tropas sudvietnamitas y los vehículos de prensa esperaban en medio de la ruta que la aviación bombardeara la aldea que se suponía ya ocupada por el Vietcong. Pocos minutos después tuvieron ante sus ojos un espectáculo familiar: el fogonazo de fósforo blanco preanunciando la llamarada de napalm. Sólo les llamó la atención que no se oyera, entre el estruendo, el sonido de las armas antiaéreas del Vietcong defendiéndose. Lo que sí oyeron, en cambio, cuando los aviones se perdían en la lejanía, fueron los gritos espeluznantes de un grupo de niños de la aldea que irrumpieron de la espesura al medio de la ruta. Una de las criaturas se había arrancado la ropa en llamas y trastabillaba desnuda, aullante y con los brazos abiertos, entre soldados que miraban para otro lado.

La nena se llamaba Kim Phuc, tenía nueve años y era hermana del chico de trece que se ve a la izquierda de la foto. Mientras Ut disparaba su cámara, entendió que era a ese hermano a quien gritaba la nena, y lo que decía era: ¡Nong qua, nong qua! (“¡Quema mucho, quema mucho!”). Ut y el chofer lograron detenerla y le echaron el agua de sus cantimploras en el cuerpo. Después la cargaron en la camioneta y arrancaron hacia el hospital de Cu Chi. Sabiendo que los médicos atendían a las víctimas de napalm de acuerdo a su gravedad (léase: sólo a los que tenían chances de sobrevivir), Ut mostró su credencial de AP, disparó un par de veces su cámara, dijo que volvería en unas horas a verificar el estado de la nena y siguió viaje al edificio Eden, en Saigón.

Las fotos se revelaron a las apuradas en el cuarto oscuro de AP, se enviaron como radiofotos a Tokio y de allí a Nueva York, donde se produjo una gresca importante entre los editores, que se negaban a dar un desnudo frontal. El legendario Horst Faas, llegado a Vietnam desde Argelia en 1962 y jefe de AP en Saigón, les gritó por el teléfono que aquello era material para Pulitzer si le hacían caso y mantenían el encuadre amplio de la foto, sin hacer close-up en la nena. Así fue como se publicó la foto, así dio la vuelta al mundo, así ganó el Pulitzer en 1973 (aunque erróneamente atribuida al fotógrafo norteamericano Nick Pat, cosa que se corregiría tres años después).

La imagen era tan estremecedora que el propio general Westmoreland, comandante militar de las tropas norteamericanas en Vietnam, debió salir a declarar que se trataba de “un incidente estrictamente doméstico”: las tropas sudvietnamitas creyeron que el Vietcong seguía en la aldea cuando bombardearon; ningún soldado norteamericano había participado en la operación. Para los yanquis se trataba de evitar a toda costa otro escándalo como el de My Lai (Westmoreland llegó al extremo de informar los nombres de la tripulación de la nave, perteneciente al escuadrón 518 de la Fuerza Aérea de Vietnam del Sur, con base en Bien Hoa). Aun así, la pequeña Kim Phuc se convirtió en un “símbolo nacional de la guerra” que el gobierno comunista vietnamita supo utilizar con eficacia en los años siguientes. Y no sólo para uso interno: en el décimo aniversario de aquella foto, la revista Stern ofreció pagar el proceso de cirugía reconstructiva de Kim Phuc en Alemania Occidental (un total de diecisiete transplantes) a cambio de una exclusiva. Y, a mediados de los ’80, la agencia Prensa Latina anunció que Kim Phuc estaba en Cuba estudiando farmacología, en un programa de intercambio estudiantil socialista.

Mientras tanto, Nick Ut había logrado subir a uno de los últimos helicópteros que dejaron Saigón en 1975, fue a parar a las Filipinas y después a un campamento de refugiados en la base marine de Pembleton, donde logró que Associated Press lo rescatara y lo contratara para su filial en Los Angeles (donde trabaja hasta el día de hoy). Antes de dejar Saigón, Ut había pasado un par de veces por la aldea de Trang Bang y así se había enterado de que, contra todo pronóstico Kim Phuc había sobrevivido y se recuperaba lentamente de sus heridas. Pero sólo volvió a verla en 1987, cuando el Los Angeles Times le propuso una reunión con Kim en Cuba, a quince años de la famosa foto. Poco más tarde, sonó el teléfono en medio de la noche en casa de Ut en Los Angeles: era Kim desde Canadá. Había pedido asilo político cuando el avión de Cubana en el que iba de vacaciones a Moscú paró a recargar combustible en suelo canadiense. Ut hizo los llamados pertinentes y logró que Kim Phuc pudiera quedarse a vivir en Ontario junto a su marido norvietnamita, Bui Hu Toan, a quien había conocido y con quien se había casado en La Habana.

Nick Ut volvió a Vietnam dos veces: en 1993 inauguró la corresponsalía en Hanoi de Associated Press y en 2002 estuvo en Trang Bang, donde sigue viviendo la familia de Kim Phuc, a sólo unos cientos de metros del bombardeo que destruyó la aldea en 1972. Mucho ha cambiado desde entonces en la zona: la ruta es más ancha, el templo Cao Dai es más alto, hay electricidad y agua corriente y hasta televisión satelital en el pueblo. Phan Thanh Tam, el hermano mayor de Kim Phuc que aparecía a su lado en la foto, hoy tiene 41 años y atiende un bar al aire libre en el preciso lugar de los hechos, a un costado de la ruta. Cada vez que le piden que pose junto a la famosa foto, que tiene enmarcada a su espalda, acepta con una sonrisa y ofrece el libro de visitas, donde figuran las firmas de los muchos periodistas que lo han entrevistado. Pero las ganancias que deja el bar son más bien exiguas: hace poco debió cancelar su línea telefónica y sólo se comunica con su hermana por carta.

En cuanto a Kim Phuc, en 1997 fue nombrada embajadora de Buena Voluntad de la Unesco, en 1999 se publicó un libro sobre ella (The Girl in the Picture, escrito por Denise Chong) y en 2002, luego de ser recibida por la reina de Inglaterra, creó la Fundación Kim para Huérfanos de Guerra, financiada con donaciones voluntarias, con sedes en Ontario y Chicago. Pero hasta el día de hoy no ha vuelto a su país natal: “Todavía no estoy lista, ni emocional ni financieramente”, declaró la última vez que fue requerida por la prensa, el 8 de junio de 2007, fecha en que se cumplían 35 años de aquella foto que simboliza como ninguna otra las atrocidades de Vietnam. Ironía de ironías: ese mismo día, Nick Ut logró por segunda vez en su vida que una foto suya ocupara la primera plana de los más importantes diarios norteamericanos. Era la imagen de otra chica que lloraba y gritaba histéricamente. Pero no se trataba de una imagen de guerra; ni siquiera de un evento trágico: era un primer plano de Paris Hilton, ingresando dentro de una limusina al Departamento de Justicia de Los Angeles, a cumplir su condena de 23 días de prisión.

Por Juan Forn
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Jueves, 16 Abril 2009 10:19

Militares con criterios acertados

No se sabe cuántas personas en Estados Unidos le escriben a Obama y cuántos temas diferentes le plantean. Es evidente que no puede leer todas las cartas y abordar cada uno de los asuntos, porque no le alcanzarían las 24 horas del día y los 365 días del año. Lo que sí es seguro es que los asesores, apoyados por las computadoras, equipos electrónicos y celulares responden todas las cartas. Su contenido será registrado y existen de antemano las respuestas apoyadas en múltiples declaraciones del nuevo Presidente durante su campaña por la postulación y la elección.

De todas formas, las cartas influyen y tienen un peso en la política de Estados Unidos ya que no se trata, en este caso, de un político corrupto, mentiroso e ignorante como su predecesor, que odiaba los avances sociales del New Deal.

Por ello fijé mi atención en un cable publicado ayer 14 de abril, procedente de Washington, suscrito por la agencia de noticias DPA:

"Un grupo de altos militares retirados estadounidenses instó al presidente Barack Obama a ‘apoyar y firmar’ una Ley para acabar con la prohibición de viajar a Cuba de todos los norteamericanos, argumentando que el embargo contra la isla no sirve a los propósitos políticos y de seguridad de Washington.

"‘El embargo ha provocado un significativo movimiento diplomático contra la política estadounidense’, advierten los 12 altos oficiales retirados, entre ellos el ‘zar de las drogas’ durante la presidencia de Bill Clinton, Barry McCaffrey, y el ex jefe del estado mayor de Colin Powell, Lawrence B. Wilkerson, en una carta dada a conocer hoy en Washington.

"‘Como militares profesionales, entendemos que los intereses de Estados Unidos están mejor atendidos cuando el país es capaz de atraer el apoyo de otras naciones hacia nuestra causa’, insisten los militares en la misiva enviada el lunes a Obama, en el mismo día en que el presidente norteamericano anunció el fin de las restricciones de viajes y remesas a cubano-americanos, pero no para todos los ciudadanos del país, como reclaman sectores progresistas.

"A juicio de estos militares, la ‘Ley sobre la Libertad para viajar a Cuba’ presentada ante la Cámara de Representantes por el demócrata Bill Delahunt ‘es un importante primer paso hacia el levantamiento del embargo’.

"Un tipo de política, agregan, ‘con más posibilidades de llevar el cambio a Cuba’ y también para cambiar la imagen internacional de Washington.

"‘En todo el mundo los líderes están reclamando un verdadero cambio político basado en las esperanzas que usted inspiró con su campaña’, sostienen los militares.

"‘Cuba se ofrece como el elemento más a mano para demostrar ese cambio y sería además una maniobra que quedaría profundamente grabada en la mente de nuestros socios y rivales en el mundo’, agregan."

Ubicada la noticia entre 315 páginas de cables parecería algo intrascendente. Sin embargo, aborda el meollo del problema que motivó cuatro reflexiones en menos de 24 horas, en torno a la Cumbre de las Américas, que se iniciará dentro de 48 horas.

En Estados Unidos las guerras las desatan los políticos y tienen que hacerlas los militares.

Kennedy, inexperto y joven, decretó el bloqueo y la invasión de Girón, organizada por Eisenhower y Nixon que de guerras sabía menos que aquel. El inesperado revés lo condujo a nuevas y desacertadas decisiones que culminaron en la Crisis de Octubre de la cual sin embargo salió airoso, pero traumatizado por el riesgo de una guerra termonuclear de la que estuvo muy cerca, como me contó el periodista francés Jean Daniel. "Es una máquina de pensar", añadió en elogio al Presidente, que lo había impresionado mucho.

Entusiasmado más adelante con los Boinas Verdes, los envió a Vietnam, donde Estados Unidos apoyaba la restauración del imperio colonial francés. Otro político, Lyndon Johnson, llevó aquella guerra hasta las últimas consecuencias. En esa ingloriosa aventura más de 50 mil soldados perdieron la vida, la Unión despilfarró no menos de 500 mil millones de dólares cuando el valor de estos en oro bajó 20 veces, mató millones de vietnamitas y multiplicó la solidaridad con aquel país pobre del Tercer Mundo. El servicio militar tuvo que ser sustituido por soldados profesionales, alejando al pueblo del entrenamiento militar, lo cual debilitó esa nación.

Un tercer político, George W. Bush, protegido por su padre, llevó a cabo la guerra genocida de Iraq que aceleró la crisis económica, haciéndola más grave y profunda. Su costo en cifras económicas se eleva a millones de millones de dólares, una deuda pública que caerá sobre las nuevas generaciones de norteamericanos, en un mundo convulso y lleno de riesgos.

¿Tienen o no razón los que afirman que el embargo afecta los intereses de seguridad de Estados Unidos?

Los que escribieron la carta no apelan al uso de las armas, sino a la lucha de ideas, algo diametralmente opuesto a lo que han hecho los políticos.

En general los militares norteamericanos, que defienden el sistema económico, político y social de Estados Unidos, poseen privilegios y son altamente remunerados, pero se preocupan de no incurrir en el robo de los fondos públicos, que los conduciría al descrédito y a la falta total de autoridad para su desempeño militar.

Ellos no creen que Cuba constituya una amenaza para la seguridad de Estados Unidos, como han tratado de presentarnos ante la opinión pública norteamericana. Han sido los gobiernos de ese país los que convirtieron la base de Guantánamo en refugio de contrarrevolucionarios o emigrantes. Peor que todo eso, la convirtieron en un centro de torturas que la hicieron famosa como símbolo de la negación más brutal de los derechos humanos.

Los militares conocen también que nuestro país es modelo de lucha contra el tráfico de drogas, y que nunca desde nuestro territorio se ha permitido acción terrorista alguna contra el pueblo de Estados Unidos.

Como lo pudo comprobar el Caucus Negro del Congreso, incluir a Cuba en la lista de países terroristas es lo más deshonesto que se ha hecho nunca.

Al igual que a los senadores Lugar, Delahunt, el Caucus y otros influyentes miembros del Congreso, les damos las gracias a los que escribieron la carta a Obama.

No tememos dialogar; no necesitamos inventar enemigos; no tememos al debate de ideas; creemos en nuestras convicciones y con ellas hemos sabido defender y seguiremos defendiendo nuestra Patria.

Con los fabulosos avances de la tecnología, la guerra se ha convertido en una de las ciencias más complejas.

Es algo que los militares norteamericanos comprenden. Saben que no es cuestión de ordeno y mando al estilo de las viejas guerras. Hoy los adversarios posiblemente no se vean jamás las caras; pueden encontrarse a miles de kilómetros de distancia; las armas más mortíferas se disparan por programas. El hombre apenas participa. Son decisiones previamente calculadas y carentes de emociones.

He conocido a varios de ellos, ya retirados, que se dedican al estudio de las ciencias militares y las guerras.

No expresan odio ni antipatías hacia el pequeño país que ha luchado y resistido frente a un vecino tan poderoso.

En Estados Unidos existe en la actualidad un Instituto de Seguridad Mundial con el cual nuestro país mantiene contactos e intercambios académicos. Hace 15 años lo que existía era el Centro de Información de la Defensa (CID). Realizó la primera visita a Cuba a fines de junio de 1993. Entre esa fecha y el 19 de noviembre del 2004 realizaron nueve visitas a Cuba.

Hasta el año 1999 las delegaciones estuvieron integradas en su mayoría por militares retirados.

En la visita de octubre de 1999 comenzó a variar la composición de las delegaciones, disminuyendo la presencia de militares. Desde la visita número cinco todas las delegaciones estuvieron presididas por el prestigioso investigador Bruce Blair, experto en políticas de seguridad, especializado en fuerzas nucleares de control y mando. Profesor consultante en las universidades de Yale y Princeton. Ha publicado numerosos libros y cientos de artículos sobre el tema.

Conocí por esa vía militares que asumieron importantes papeles en las fuerzas armadas de Estados Unidos. No siempre coincidimos con sus puntos de vista, pero nunca dejaron de ser amables. Intercambiamos con amplitud sobre hechos históricos en los cuales ellos como militares habían participado.

Las visitas continuaron en el 2006, pero yo había tenido el accidente en Santa Clara y más tarde enfermé gravemente.

Entre los doce militares retirados que firmaron la carta a Obama estaba uno de los que participó en aquellas reuniones.

Supe que en el último encuentro que tuvo lugar, con franqueza, dijeron que los militares no tenían intención de agredir militarmente a Cuba; que había una nueva situación política en Estados Unidos, derivada de la debilidad de la administración por su fracaso en Iraq.

Para los compañeros que se reunieron con los norteamericanos estaba claro que se sentían mal dirigidos y se abochornaban por lo que estaba ocurriendo, aunque nadie podía ofrecer garantías sobre la política aventurera del presidente de Estados Unidos, que mantuvo hasta el último día de su administración. Aquella reunión tuvo lugar a principios de marzo del 2007, hace 14 meses.

Bruce Blair debe saber mucho más que yo sobre el espinoso tema. Siempre me impresionó su conducta valiente y transparente.

No deseaba que estos datos quedaran en los archivos esperando el momento en que ya no interesarían a nadie.

Fidel Castro Ruz
Abril 15 de 2009
9 y 16 p.m.
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Lunes, 13 Abril 2009 08:27

¡Abajo la línea Durand!

Desde la antigüedad, la región ahora conocida como Afganistán ha sido una encrucijada para potenciales conquistadores. Alejandro El Magno, Genghis Khan y Tamerlán reinaron allí.

Durante el siglo XIX, los imperios británico y ruso trataron de conquistar la supremacía en Asia Central. Esa rivalidad fue calificada como El Gran Juego. En 1893, sir Henry Mortimer Durand, funcionario colonial británico, trazó una línea de mil 500 millas para definir el extremo occidental de India, controlada por Gran Bretaña. La Línea Durand atravesaba áreas tribales de pashtunes que los afganos consideraban parte de su territorio. En 1947, la parte noroccidental de la región se convirtió en el nuevo estado de Pakistán.

El Gran Juego continúa en Afganistán-Pakistán, o Afpak, como se lo llama ahora. El término tiene sentido en una región, a ambos lados de la porosa Línea Durand, que la población nunca aceptó y a la que el estado de Afganistán, cuando todavía funcionaba, siempre se opuso.

Un indeleble marcador histórico es que los afganos siempre combatieron a todos los invasores.

Afganistán continúa siendo un premio geoestratégico en el Gran Juego. En Afpak, el presidente Barack Obama ha actuado, de acuerdo con sus promesas de campaña, acrecentando la guerra de manera considerable, haciendo avanzar los patrones de escalamiento llevados a cabo por el gobierno de George W. Bush.

En la actualidad, Afganistán está ocupado por Estados Unidos y sus aliados de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). La presencia militar extranjera sólo genera confrontaciones cuando lo que se necesita es un esfuerzo común entre las potencias regionales concernientes, entre ellas China, India, Irán, Pakistán y Rusia, que pueden ayudar a los afganos a enfrentar sus problemas internos, como muchos creen que pueden.

La OTAN ha ido mucho más allá de sus orígenes durante la guerra fría. Luego del colapso de la Unión Soviética, esa organización perdió el pretexto para su existencia: la defensa contra un hipotético ataque ruso. Pero rápidamente asumió nuevas tareas. El presidente Bill Clinton, violando las promesas hechas a Mijail Gorbachov, la amplió hacia el este, seria amenaza para Rusia, y eso, de manera natural, incrementó las tensiones internacionales.

El asesor de seguridad nacional del presidente Obama, James Jones, comandante supremo de la OTAN en Europa entre 2003 y 2006, es partidario de su expansión hacia el este y el sur. Esos pasos reforzarán el control de los suministros de energía de Estados Unidos en Medio Oriente.

También es partidario de que cuente con una fuerza de respuesta, que dará a la alianza controlada por Estados Unidos mayor capacidad para hacer cosas con rapidez en distancias muy largas.

Esa misión de la OTAN podría incluir el proyectado oleoducto TAPI, que está siendo construido a un costo de 7 mil 600 millones de dólares, y que entregará gas natural desde Turkemenistán a Pakistán e India. Las tuberías atravesarán la provincia afgana de Kandahar, donde hay emplazadas tropas canadienses. Washington ha propiciado TAPI porque bloqueará un oleoducto competidor desde Irán a India y Pakistán, y reducirá el control de la energía del Asia Central por parte de Rusia. Pero no resulta claro, sin embargo, si esos planes son realistas a raíz de la actual agitación en Afganistán.

China podría representar la principal preocupación de Washington. La Organización de Cooperación de Shanghai, con sede en China, y que algunos analistas consideran un potencial contrapeso a la OTAN, incluye a Rusia y a los estados del centro de Asia. India, Irán y Pakistán son observadores y existen especulaciones sobre si se sumarán a la organización. China también ha profundizado sus relaciones con Arabia Saudita, la perla de la corona en el sistema de suministro petrolero.

Una fuerza que se opone a las maniobras de la gran potencia es el vigoroso movimiento de paz que está creciendo en Afganistán. Los activistas han pedido el fin de la violencia y que se entablen negociaciones con el Talibán. Esos afganos dan la bienvenida a la ayuda externa, pero para la reconstrucción y el desarrollo, no con propósitos militares.

El movimiento de paz está recogiendo tanto apoyo popular en Afganistán que los soldados que Estados Unidos está enviando a ese país no sólo enfrentarán al Talibán, sino también a un enemigo desarmado, pero igualmente sobrecogedor: la opinión pública, informa Pamela Constable, de The Washington Post, tras una reciente visita a Afganistán. Muchos afganos dicen que más tropas extranjeras en lugar de ayudar a derrotar a los insurgentes, exacerbarán el problema.

La mayoría de los afganos entrevistados por Constable dicen que prefieren un acuerdo negociado con los insurgentes. El primer mensaje del presidente afgano Hamid Karzai a Obama, y que al parecer nunca fue respondido, fue que cesaran los ataques a los civiles. Karzai también informó a una delegación de las Naciones Unidas que desea un cronograma para la retirada de tropas extranjeras (esto es, de Estados Unidos). Por lo tanto, ha perdido el favor de Washington. Como resultado, ha pasado de ser un favorito de los medios de prensa estadunidenses a ser un líder corrupto y poco confiable, etcétera. Hay versiones periodísticas de que Estados Unidos y sus aliados están planeando marginarlo en favor de una figura de su elección.

La popularidad de Karzai también ha declinado en Afganistán, aunque sigue siendo muy superior a las de las tropas de ocupación estadunidense.

Una perspectiva útil proviene de un corresponsal británico con mucha experiencia, Jason Burke, quien escribe: “todavía tenemos esperanzas de construir el Estado que nosotros queremos que los afganos desean, en lugar del Estado que en realidad ellos desean. Si se pregunta a los afganos qué Estado desearían tener, muchos responderán: ‘algo parecido a Irán’…”

El papel de Irán es especialmente importante. Tiene relaciones muy estrechas con Afganistán. Se opone vigorosamente al Talibán y ofreció ayuda sustancial para echarlo. Y como recompensa, recibió el sambenito de formar parte del eje del mal. Irán tiene más interés en un Afganistán floreciente y estable que cualquier otro país, y mantiene relaciones naturales con Pakistán, India, Turquía, China y Rusia. Esas relaciones podrían desarrollarse, tal vez, en asociación con la Organización de Cooperación de Shanghai, si Estados Unidos continúa bloqueando las relaciones de Irán con el mundo occidental.

Esta semana, en una conferencia de la ONU sobre Afganistán efectuada en La Haya, Karzai se reunió con funcionarios iraníes que prometieron ayudar con la reconstrucción y cooperar en los intentos regionales para frenar el narcotráfico en la nación asiática.

La política de escalada de Bush y Obama no permite un acuerdo pacífico en Afganistán o en la región. Lo que resulta importante es que haya negociaciones entre los afganos sin la interferencia extranjera, ya se tate del Gran Juego o de otra cosa. Los problemas de Afganistán deben ser resueltos por los afganos.

Por, Noam Chomsky

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Sábado, 11 Abril 2009 08:34

“Af-Pak”: la guerra de Obama

Af-Pak es el nuevo acrónimo que inventó el gobierno estadunidense para referirse a Afganistán-Pakistán. Su significado es que existen preocupaciones geopolíticas de Estados Unidos que hacen que su estrategia a proseguir impliquen a ambos países simultáneamente, y que no puedan considerarse por separado. Estados Unidos ha enfatizado esta política designando a un solo representante extraordinario para ambos países: Richard Holbrooke.

Fue George W. Bush quien envió tropas estadunidenses a Afganistán. Y fue Bush quien inició la política de utilizar aviones estadunidenses no tripulados [conocidos comúnmente como drones en inglés por su zumbido grave] para bombardear sitios en Pakistán. Pero, ahora que –después de una “cuidadosa revisión de las políticas”– Barack Obama abrazó ambas políticas, se convirtieron juntas en la guerra de Obama. No es esto una sorpresa porque durante la campaña presidencial Obama indicó que era posible que hiciera estas cosas. Ahora, ya lo hizo.

En retrospectiva esta decisión puede verse como la decisión más grande en política exterior estadunidense que haya hecho Obama, una que los futuros historiadores enfatizarán como algo que le imprimió un sello a su reputación. Y es probable que también se considere su error más grande. Porque, como aparentemente advirtiera el vicepresidente Biden en el debate interno acerca de la política sobre el asunto, es posible que se vuelva un pantano del cual sea tan difícil salirse como la guerra de Vietnam.

Por tanto hay dos preguntas. ¿Por qué lo hizo? ¿Cuáles son las posibles consecuencias durante el periodo de su cargo?

Comencemos por su propia explicación de por qué lo hizo. Él dijo que “la situación se tornaba más y más peligrosa”, que “el futuro de Afganistán está inextricablemente vinculado al de su vecino Pakistán” y que “para el pueblo estadunidense la región fronteriza [de Pakistán con Afganistán] se había vuelto el lugar más peligroso del mundo”.

¿Y por qué es tan peligroso? Muy sencillo. Porque es un refugio seguro para que Al Qaeda “entrene terroristas” y “trame ataques” –no sólo contra Afganistán y Estados Unidos sino en cualquier parte del mundo. A la lucha contra Al Qaeda ya no se le llama “guerra contra el terrorismo” pero no es fácil ver la diferencia. Obama alega que el gobierno de Bush perdió su “foco” y que él ahora ha instalado una “nueva estrategia abarcadora”. En resumen, Obama va a hacer esto mejor que Bush.

Entonces, ¿cuáles son los nuevos elementos? Estados unidos enviará más soldados a Afganistán –17 mil tropas de combate y 4 mil entrenadores de las fuerzas afganas. Enviará más dinero. Propone otorgarle a Pakistán mil 500 millones de dólares anuales por cinco años para que “construya escuelas, caminos y hospitales”. Propone enviar “especialistas agrícolas y educadores, ingenieros y abogados” a Afganistán para que “desarrollen una economía que no esté dominada por las drogas ilícitas”. En resumen, Obama dice que cree que “una campaña contra el extremismo no va a triunfar con tan sólo balas o bombas”.

Sin embargo, a diferencia de Bush, implícitamente, esto no significará un “cheque en blanco” para los gobiernos de estos países. “Pakistán debe demostrar su compromiso con erradicar a Al Qaeda y a los violentos extremistas que se hallan dentro de sus fronteras”. En cuanto a Afganistán, Estados Unidos “buscará un nuevo acuerdo formal con el gobierno afgano que quiebre los comportamientos corruptos”. Los gobiernos afgano y paquistaní están complacidos de obtener nuevos recursos. No han dicho que cumplirán las condiciones de Obama. Y éste no ha dicho qué hará si uno de los dos gobiernos incumple sus condiciones.
Y en cuanto al camino a seguir, Obama asegura “que no habrá paz sin una reconciliación con los anteriores enemigos”. ¿Reconciliación? Bueno, no con “el núcleo de los talibanes que no negocia”, o con Al Qaeda, pero sí con aquellos talibanes “que tomaron las armas por coerción, o simplemente por un precio”. Para hacer esto, Obama quiere asistencia. Propone la creación de un nuevo Grupo de Contacto que incluirá no sólo a “nuestros aliados de la OTAN”, sino también a los “estados de Asia central, las naciones del golfo e Irán, Rusia, India y China”.

El aspecto principal de este importante compromiso es el poco entusiasmo que ha convocado por todo el mundo. En Estados Unidos fue aplaudido por los remanentes de los neoconservadores y por McCain. Hasta ahora, otros políticos y la prensa se han reservado. Y no sería nada exacto decir que Irán, Rusia, China e India se están montando al carro. Están particularmente reservados en cuanto a la idea de la reconciliación con los aliados talibanes moderados. Y tanto The Guardian como McClatchy informan que los propios talibanes reaccionaron creando unidad al interior de sus divididas filas –tal vez lo opuesto a lo que Obama intenta conseguir.

¿Así que dónde estaremos dentro de seis meses? Habrá más tropas estadunidenses en Afganistán, y los comandantes estadunidenses probablemente dirán que los 21 mil que está enviando Obama no son suficientes. Habrá más retiradas de tropas de la OTAN de ahí –una repetición del escenario iraquí. Habrá más bombardeos en Pakistán, y tal vez sean más extensos, por lo que en consecuencia serán más intensos los sentimientos antiestadunidenses en el país. El gobierno paquistaní no se movilizará contra los talibanes por tres razones, por lo menos. El muy influyente componente ISI del ejército paquistaní apoya de hecho a los talibanes. El resto del ejército está conflictuado –y en cualquier caso probablemente sea muy débil para emprender la tarea. El gobierno realmente no los presiona a que hagan más porque esto sólo serviría para fortalecer al principal partido rival, que se opone a tales acciones. El resultado entonces podría ser otro golpe de Estado por parte del ejército.

En resumen, “el claro y enfocado objetivo” que propone Obama –de “perturbar, desmantelar y derrotar a Al Qaeda en Pakistán y Afganistán, y evitar su retorno a cualquier de ambos países en el futuro”– probablemente esté más lejos que nunca de cumplirse. La pregunta es: ¿qué puede hacer Obama entonces? Puede “mantener el rumbo” (sombras de Rumsfeld en Irak), escalar constantemente el compromiso de las tropas mientras cambia el liderazgo político local (sombras de Kennedy/Johnson y Ngo Dinh Diem en Vietnam). O puede dar la vuelta y emprender la retirada (como finalmente hizo Estados Unidos en Vietnam) Y no lo van a vitorear por ninguna de estas opciones.

Tengo la impresión de que Obama piensa que su discurso le dejó algún espacio para maniobrar. Pienso que descubrirá qué tan pocas opciones tendrá que puedan paladearse. Pienso entonces que cometió un gran error, probablemente irreparable.

Por, Immanuel Wallerstein

Traducción: Ramón Vera Herrera

 

 

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Estrasburgo, 4 de abril. Manifestantes contrarios a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) incendiaron hoy un hotel y varios edificios colindantes, cerca del río Rin. La policía antidisturbios lanzó gases lacrimógenos para controlar la situación, desatada por grupos violentos que buscaban impedir que los líderes participantes en la cumbre celebraran el 60 aniversario de la alianza en la frontera entre Francia y Alemania.
 
Jóvenes encapuchados lanzaron bombas molotov, rompieron ventanas y saquearon tiendas, forzando a la policía a replegarse en la ciudad francesa de Estrasburgo. Agentes y bomberos franceses ayudaron a extinguir las llamas, que afectaron edificios de poca altura y devoraron un hotel de la cadena Ibis, de cinco plantas y 78 habitaciones, donde se alojaban periodistas y funcionarios de la policía.
 
Los jóvenes, muchos armados con barras de hierro, también incendiaron una capilla, una farmacia, un puesto desocupado de la policía y oficinas vacías de turismo. Los bomberos lograron intervenir antes de que las llamas se propagaran a los pisos superiores del hotel, tras una refriega que dejó unos 50 activistas heridos. Uno fue hospitalizado.
 
Los peores episodios de violencia se suscitaron cerca del Puente de Europa de la localidad francesa, vía que une el río Rin y conecta Francia con Alemania. El puente está a cinco kilómetros del centro de conferencias donde se reunieron los líderes de la OTAN, entre ellos el presidente estadunidense, Barack Obama. Del lugar donde se efectuó la cumbre podía verse una densa columna de humo negro.
 
Los manifestantes, quienes pedían que la OTAN fuera desmantelada tras el fin de la guerra fría, habían prometido interrumpir la reunión del sábado, tras dos días de escaramuzas contra la policía. Sin embargo, los organizadores dijeron que pretendían que las protestas fueran pacíficas y mostraron su sorpresa por los hechos violentos.
 
Estoy muy enojada. Se supone que iba a ser una manifestación pacífica. Esta noche, en lugar de imágenes de paz, veremos de guerra, manifestó Marie-George Buffet, veterana lideresa del Partido Comunista francés. Con todo, varias movilizaciones pacíficas se efectuaron. En éstas, según los organizadores, participaron hasta 30 mil personas.
 
Los organizadores señalaron que la mayoría de las decenas de miles de activistas en Estrasburgo y la cercana ciudad alemana de Baden-Baden no tenían intención de realizar episodios violentos, y culparon de las tensiones a las fuerzas de seguridad. Nadie ha atacado aquí a la policía, pero hemos sido golpeados y nos han lanzado gases lacrimógenos, expresó el portavoz Monty Schaedel.
 
La policía afirmó que algunos participantes que abandonaron un campamento cercano a Estrasburgo el sábado en la mañana iban armados con palos, alambres de púas y piedras.
 
Los agentes alemanes arrestaron a 13 buzos poco antes de que los líderes cruzaran el Rin a través de un puente peatonal que une las dos localidades fronterizas. Quienes intentaron atravesar el río desde Alemania se enfrentaron contra la policía, que los hizo retroceder.
 
Agentes impidieron que unos 6 mil manifestantes, ubicados al final del puente en la parte alemana, cruzaran hacia la zona francesa. Hicieron una mitin en protesta, alegando que sus derechos fueron violados, ante la mirada de la policía. De hecho, la cumbre ha estado bajo fuerte vigilancia. Se instrumentó un impresionante operativo de seguridad con 25 mil agentes alemanes y franceses.
 
La policía dijo que unos 2 mil manifestantes lograron infiltrarse a la ciudad, pese a la férrea vigilancia, quienes consiguieron bloquear las rutas de autobuses y tranvías en su fallido afán por parar los vehículos que llevaban a los 28 jefe de Estado y de gobierno de la OTAN que se reunieron en el Palacio de los Congresos. Los agentes sólo lograron arrestar a 25 activistas.
 
Los manifestantes cantaron un sarcástico feliz cumpleaños OTAN, y ondearon banderas que tenían los colores del arcoiris antes de que en el centro de Estrasburgo se desataran nuevos incidentes con la policía. Los uniformados lanzaron gases lacrimógenos y mantenían bloqueados los accesos a la ciudad para impedir que pacifistas, comunistas, anarquistas y feministas se unieran a las marchas.
 
Las protestas se efectuaron bajo el lema gastar millones para la paz en lugar de billones para la guerra.
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Estrasburgo, 4 de abril. En una victoria parcial para el presidente Barack Obama y su nueva estrategia de guerra en Afganistán, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) se comprometió a incrementar de 62 mil a 67 mil soldados la fuerza de ocupación en el país centroasiático durante las elecciones presidenciales del 20 de agosto próximo, pero el apoyo de mediano plazo se centrará en la capacitación y financiamiento del ejército nacional afgano y los cuerpos policiales.
 
Pese a las enfáticas declaraciones de apoyo a los planes estratégicos de Obama para librar la guerra contra Al Qaeda en Afganistán y Pakistán –lo que en la administración de George W. Bush fue conocido como guerra contra el terrorismo–, los 27 aliados de Washington en Europa le negaron el envío de tropas de combate, que en los dos últimos años han sufrido los mayores embates de la resistencia afgana.
 
Estoy complacido de que nuestros aliados en la OTAN hayan declarado su fuerte y unánime apoyo a nuestra nueva estrategia, pero necesitaremos más recursos y un esfuerzo sostenido para alcanzar nuestros objetivos finales, dijo Obama sobre los planes que anunció el mes pasado, antes de viajar a Europa para la cumbre de la alianza atlántica con motivo de su 60 aniversario.
 
Estamos unidos, somos fuertes, no nos vencerán y concluiremos nuestra misión para garantizar la seguridad de nuestros ciudadanos, dijo Obama en conferencia de prensa, tras dar a conocer el acuerdo entre los miembros de la coalición militar.
 
La renuencia de los gobernantes europeos de ceder a las peticiones de Estados Unidos –planteadas desde el gobierno de George W. Bush– parece estar ligada a las críticas de la opinión pública sobre los gastos militares en tiempos de crisis económica, así como al continuo esfuerzo de los ejércitos en un conflicto que ha cobrado la vida de casi mil soldados de la Fuerza Internacional de Apoyo a la Seguridad en Afganistán, sostenida por los 28 miembros de la OTAN y otros 14 países.
 
La reunión de la OTAN de este sábado centró su debate en la respuesta que habrá de dar la alianza en Afganistán, una vez que Estados Unidos ha anunciado su retiro de Irak en diciembre de 2011.
 
Además de 3 mil soldados adicionales en el corto plazo, los miembros del organismo se comprometieron con el traslado de otros 2 mil militares, entre los que estarán 300 instructores y unos 70 equipos de capacitación castrense. También pactaron un aumento de 500 millones de dólares en el gasto de reconstrucción.
 
Gran Bretaña ofreció enviar 900 soldados adicionales a sus 8 mil 300 actuales, mientras que España prometió 450 a sus 780.
 
Además del incremento en la cantidad de tropas, la OTAN pudo ponerse de acuerdo sobre el sucesor de Jaap de Hoop Scheffer al frente de la Secretaría General de la alianza, y por unanimidad designó a Anders Fogh Rasmussen, el actual primer ministro de Dinamarca, quien había sido rechazado por Turquía a causa de su apoyo al periódico de su país, el Jyllands Posten, que publicó caricaturas de Mahoma en 2006, lo que provocó el enojo de millones de musulmanes en Asia y África.
 
El acuerdo fue alcanzado después de que Estados Unidos ofreció a Turquía garantías de que serían cumplidas sus reservas.
 
Además de las quejas de Ankara sobre el papel de Rasmussen en la controversia de 2006, el gobierno turco pidió la cancelación de la licencia de transmisiones a una televisora kurda (Roj TV) establecida en Dinamarca.
 
Washington dijo respecto de este asunto particular que sólo habría de promover la clausura si la emisora está comprometida en actividades terroristas.
 
El jefe de gobierno de Italia, Silvio Berslusconi, se adjudicó el convencimiento de Turquía después de haber roto con el protocolo en las ceremonias del 60 aniversario de la OTAN, que empezaron por la mañana en Kehl, Alemania, y terminaron en Estrasburgo.
 
Berlusconi llegó hablando por teléfono celular al punto de encuentro de la canciller alemana Angela Merkel en Kehl y en vez de dirigirse a la jefa de gobierno siguió de frente e hizo señas de que no podía acudir a su encuentro.
 
Eso provocó la sorpresa de Merkel y del resto de dirigentes que observaban el arribo de los jefes de gobierno a la ceremonia.
 
Después de unos instantes, la canciller ordenó que la actividad oficial continuara y entonces los líderes de la OTAN que estaban ya listos procedieron a cruzar el puente Europa, sobre el río Rhin, en un acto simbólico de unidad.
 
Berlusconi siguió en su conversación más tiempo e incluso se perdió el encuentro con el presidente francés Nicolas Sarkozy, la foto oficial y un acto en memoria de militares caídos de la OTAN.
 
Después de unos minutos, el primer ministro italiano cruzó el puente acompañado de sus asesores y al llegar con el resto de los mandatarios se dirigió a Merkel y Obama para dar explicaciones.
 
Según sus portavoces, Berlusconi estuvo hablando con el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, quien desde Estambul informó más tarde que nuestro presidente dio su acuerdo tras haber recibido informaciones de que Obama daba garantías de la resolución del problema relativo a las reservas que nosotros habíamos planteado en torno a Rasmussen, cabeza de un gobierno de derecha.
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Sábado, 04 Abril 2009 08:38

La guerra en Sri Lanka

Personal naval de Sri Lanka vigila a cooperantes médicos que llevan a un tamil herido al hospital temporal Pulmudai, en Trincomalee, aproximadamente 257 kilómetros al este de la capital Colombo. El Comité Internacional de la Cruz Roja trasladó a aproximadamente 480 insurgentes heridos y enfermos de los Tigres de Liberación Tamil Eelam hacia la localidad de Puthukkudiyirippu, área controlada por el gobierno, dijo ayer la marina

El horror que se desenvuelve en Sri Lanka es posible debido al silencio que lo rodea. Lo que allá ocurre casi no se registra en los medios mainstream en India o, de hecho, en la prensa internacional. Es un asunto muy preocupante que esto sea así.

A partir de la poca información que se filtra, parece que el gobierno de Sri Lanka utiliza la propaganda de la guerra contra el terrorismo para encubrir el desmantelamiento de toda semblanza de una democracia en el país y cometer indescriptibles crímenes contra el pueblo tamil. Basándose en el principio de que todo tamil es un terrorista hasta que se pruebe lo contrario, las áreas civiles, hospitales y refugios son bombardeados y convertidos en zonas de guerras. Cálculos confiables estiman el número de civiles atrapados en más de 200 mil personas. El ejército de Sri Lanka avanza, armado con tanques y aeronaves.

Mientras, según informes oficiales, se han establecido varios pueblos que viven de la asistencia gubernamental para albergar a tamiles desplazados, en los distritos de Vavuniya y Mannar. Según un informe publicado en The Daily Telegraph (14 de febrero de 2009), estos pueblos serán centros de detención para todos los civiles que huyan de los enfrentamientos. ¿Es éste un eufemismo para referirse a campos de concentración? El ex ministro del exterior de Sri Lanka Mangala Samaraveera le dijo a The Daily Telegraph: Hace unos meses, el gobierno comenzó a fichar a todos los tamiles en Colombo, alegando que podían ser una amenaza para la seguridad; pero ésto podría ser explotado para otros propósitos, como los nazis en los años 30. Básicamente, va a etiquetar a toda la población civil tamil como potenciales terroristas.

Debido a su declarado objetivo de borrar al LTTE [los rebeldes independentistas de los Tigres Tamiles. N de la T], esta malévola equiparación de civiles y terroristas parece indicar que el gobierno de Sri Lanka está a punto de cometer lo que podría terminar en un genocidio. Según un cálculo de Naciones Unidas, ya han sido asesinadas varias miles de personas. Miles más están gravemente heridas. Los escasos informes de testigos de primera mano que han salido son descripciones de una pesadilla del infierno. De lo que somos testigos, o quizá deberíamos decir, lo que ocurre en Sri Lanka y que esconden tan efectivamente del escrutinio público, es una guerra descarada y abiertamente racista. La impunidad con la que el gobierno de Sri Lanka logra cometer estos crímenes revela un profundamente arraigado prejuicio racista, que es, en primer lugar, precisamente lo que llevó a la marginación y alienación de los tamiles de Sri Lanka. Ese racismo tiene una larga historia, de ostracismo social, bloqueos económicos, pogroms y tortura. Ahí están las raíces de la naturaleza brutal de la guerra civil que ha durado décadas y que comenzó como una protesta pacífica no violenta.

¿Por qué el silencio? En otra entrevista, Mangala Samaraveera dice: Hoy, en Sri Lanka, los medios de comunicación libres son prácticamente inexistentes. Y continúa, y habla sobre los escuadrones de la muerte y los secuestros en camionetas blancas, que han hecho que la sociedad se paralice del miedo. Las voces disidentes, incluyendo a varios periodistas, han sido secuestradas y asesinadas. La Federación Internacional de Periodistas acusa al gobierno de Sri Lanka de utilizar una combinación de leyes antiterroristas, desapariciones y asesinatos para silenciar a los periodistas.

Hay reportes preocupantes, pero no confirmados, de que el gobierno de India le ofrece apoyo material y logístico al gobierno de Sri Lanka en estos crímenes contra la humanidad. Si es verdad, es escandaloso. ¿Qué pasa con los gobiernos de otros países? ¿Pakistán? ¿China? ¿Qué están haciendo para ayudar o dañar la situación?

En Tamil Nadu, la guerra en Sri Lanka ha nutrido pasiones que llevaron a que más de 10 personas se inmolaran. La ira y la angustia públicas, mucha de la cual es genuina, aunque una parte es obviamente cínica manipulación política, se ha convertido en tema electoral.

Es extraordinario que esta preocupación no se haya extendido al resto de India. ¿Por qué hay silencio aquí? No hay secuestros de camionetas blancas, al menos no en torno a este tema. Dada la escala de lo que pasa en Sri Lanka, el silencio es imperdonable. Más aún por la larga historia del gobierno de India de irresponsables escarceos en el conflicto, primero poniéndose de un lado y luego del otro. Varios de nosotros, incluso yo, deberíamos habernos pronunciado antes al respecto, y no lo hicimos simplemente por falta de información sobre la guerra.

Así que mientras la matanza continúa, mientras decenas de miles de personas son encerradas en campos de concentración, mientras más de 200 mil personas enfrentan una hambruna y está a la espera de un genocidio, desde esta gran nación hay un silencio sepulcral.

Es una colosal tragedia humanitaria. El mundo debe tomar cartas en el asunto. Ahora. Antes de que sea demasiado tarde.

Por, Arundhati Roy
Traducción: Tania Molina Ramírez
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