Jueves, 02 Abril 2009 06:37

Admisiones impensadas

Barack Obama anunció oficialmente su plan de guerra para los próximos años. No dijo cuántos. “La capacidad de los extremistas en Pakistán de desestabilizar a Afganistán es cosa probada –dijo– y, a la vez, la insurgencia en Afganistán alimenta la inestabilidad en Pakistán. La amenaza que Al Qaida constituye para EE.UU. y nuestros aliados en Pakistán –incluida la posibilidad de que los extremistas obtengan material fisible– es absolutamente real. Sin una acción más eficaz contra esos grupos en Pakistán, Afganistán padecerá una inestabilidad continua” (www.whitehouse.gov, 27/3/09). Este argumento nuclear suena a ritornello busheano.
 
El gobierno W. B. repitió incansablemente que Saddam podía tener armas nucleares y no se cansó de subrayar el peligro que esto entrañaría si cayeran en manos de terroristas ansiosos de bombardear con ellas Nueva York. Hace un año, el almirante Mike Mullen, jefe del Estado Mayor Conjunto estadounidense, señaló que las casi 40 bombas nucleares de Pakistán estaban bien guardadas y que la posibilidad de que pasaran a manos de Al Qaida era más bien escasa (Reuters, 8/4/08). Por otra parte, las bombas nucleares están dotadas de tales mecanismos de precisión que el menor error en su manejo las anula. Hay que tener un entrenamiento especial para evitarlo y no parece que los al qaidanos lo posean.
 
Obama precisó los fundamentos de su empeño: “... Al Qaida y sus aliados –los terroristas que planearon y sustentaron los ataques del 11/9– están en Afganistán y Pakistán. Múltiples estimaciones de inteligencia han advertido que Al Qaida se prepara activamente para atacar territorio de EE.UU. desde sus santuarios en Pakistán. Y si los talibán derriban al gobierno afgano, ese país volverá a ser una base de los terroristas que quieren matar a tantos conciudadanos nuestros como puedan”. Cabe recordar que la planificación del atentado contra las Torres Gemelas se llevó a cabo en Hamburgo y en reuniones realizadas en Malasia, Florida y Maryland. Insuflar el miedo para justificar una guerra necesita de estos y otros artificios que W. Bush y sus adláteres propinaron a la opinión pública de EE.UU. y del mundo para invadir a Irak.
 
Casi 30 mil efectivos norteamericanos se sumarán a los que ya combaten en Afganistán y unos 50 mil permanecerán en Irak cuando finalice “la retirada” prometida por Obama en su campaña electoral. EE.UU. no va a disminuir su inversión guerrera, que ha batido ya todos los records desde la Guerra Mundial II. Datos de la Government Accountability Office (GAO, por sus siglas en inglés), encargada de supervisar los gastos del Ejecutivo, indican que el Pentágono ha desembolsado 685.000 millones de dólares desde el 2001 para las guerras en curso y operaciones “antiterroristas” en el Cuerno de Africa y las Filipinas (Reuters, 30/3/09). También para el logro de armas nuevas como el caza F-22, que no cuesta demasiado: apenas 400 millones cada aparato (The New York Times, 31/3/09). La crisis económica no castiga al complejo militar-industrial, como lo bautizara el general Eisenhower.
 
El belicismo es la ideología dominante de la Casa Blanca, como es notorio: ocupa el 48 por ciento de los gastos militares del planeta. Le siguen Europa con el 20 por ciento, China con el 8, Rusia con el 5 (por ahora) y América latina con el 3 por ciento (www.gao.gov). Esos gastos constituyen el 54 por ciento del presupuesto nacional estadounidense del 2009, contra 6,2 para educación y 5,3 para salud pública, proporciones que no se observan en ningún otro país de la Tierra. El viejo dicho dice que quien quiera la paz debe prepararse para la guerra. EE.UU. prepara guerras, no más.
 
Inmediatamente después de asumir la presidencia, B. O. fue más lejos que W. y aumentó el número y la intensidad de los ataques de aviones no tripulados contra las áreas tribales paquistaníes que limitan con Afganistán (The New York Times, 20/2/09). Los mandos militares se proponen ahora bombardear otras zonas, por ejemplo Quetta, capital de la provincia de Beluchistán, y sus alrededores (The New York Times, 17/3/09). Esto provocaría ásperas reacciones de los paquistaníes: Quetta es una ciudad y no el territorio de pashtunes alejado del centro del país.
 
Obama habló con cierto descuido en el programa Face the Nation del lunes pasado: prometió que continuaría lanzando ataques en Pakistán, pero sólo después de consultar con el gobierno de Islamabad, y declaró que la nueva estrategia que los incluye “no modifica el reconocimiento de Pakistán como un Estado soberano” (www.cbsnews.com, 30/3/0). Pareciera que la cuestión de la soberanía se entiende de diferentes maneras. O está definitivamente herrumbrada.

Por Juan Gelman
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La guerra de Afganistán no será sólo una cuestión de Estados Unidos y las fuerzas aliadas. Rusia ha mostrado su disposición oficial a colaborar con Washington en estabilizar el país centroasiático e incluso Irán y Pakistán podrían anunciar hoy que también participarán en la lucha contra el terrorismo islámico y el narcotráfico de la región.
 
La entrada de Teherán en el conflicto afgano puede marcar todo un precedente en la diplomacia entre la Casa Blanca y el país de los ayatolás. Según ha anunciado un responsable norteamericano en Moscú, EE UU e Irán pueden alcanzar cooperar en el sur de Afganistán. El acuerdo podría ser una realidad en la conferencia internacional sobre Afganistán que se celebrará el próximo 31 de marzo en La Haya. Después de la invitación de Washington, Irán anunció ayer que asistirá a esta reunión en lo que los expertos ven como el primer paso del deshielo entre ambos.
 
Rusia también ha dado un paso de acercamiento a la Casa Blanca. El ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, ha propuesto hoy la creación de "un cinturón antiterrorista y contra el narcotráfico en Afganistán" durante la inauguración de la conferencia sobre el país centroasiático que celebra la Organización de Cooperación de Shangai (OCS) en Moscú. Al encuentro asisten representantes de EE UU, China, Irán y Pakistán, entre otros países.
 
Tanto Rusia como los otros miembros de la OCS consideran que Afganistán sigue siendo un polvorín y que la guerra lanzada por Estados Unidos en 2001 únicamente ha contribuido a agravar la inestabilidad en la región de Asia Central.

Nueva estrategia de Obama

La revisión de Obama de la estrategia para la guerra de Afganistán promete también alcanzar otras dimensiones. La nueva administración tiene previsto anunciar hoy el envío de más soldados al país centroasiático, a lo que sumará Reino Unido.
 
Estados Unidos desplegará 4.000 soldados más en Afganistán, que se sumarán a los 17.000 efectivos adicionales que anunció el presidente Barack Obama al poco de acceder a la Casa Blanca, según han informado esta madrugada (hora española) fuentes oficiales estadounidenses. Los militares tendrán como misión entrenar a las fuerzas agfanas para que éstas vayan asumiendo mayores responsabilidades a la hora de garantizar la seguridad en el país. Es la misma estrategia usada por el Ejército de EE UU en Irak y que se ha revelado como un éxito, al reducir considerablemente la violencia en el país árabe. Las tropas podrían llegar a Afganistán en junio, según ha explicado un senador que ha participado en un encuentro con Obama en el que ha detallado a los legisladores sus planes.
 
Un contigente de 38.000 marines está actualmente desplegado en el antiguo escondite de Osama Bin Laden. Por el momento la Casa Blanca no tiene previsto enviar nuevas tropas de combate, pese a que los jefes militares han reclamado un incremento del contingente en 30.000 soldados.

Afganistán y Pakistán, un único problema

El envío de este nuevo refuerzo busca, principalmente, apuntalar la nueva estrategia de Washington en el país asiático, que pasa por incrementar la ofensiva sobre los feudos que aún mantiene Al Qaeda y las milicias talibanes en Afganistán y también en la vecina Pakistán, según fuentes oficiales estadounidenses. Los ataques islamistas se han recrudecido en los últimos meses y han situado la violencia en su peor nivel desde que Estados Unidos invadiera el país en 2001.
 
El presidente demócrata confirmará el envío de los 4.000 soldados este mismo viernes, cuando explique las líneas generales de su nueva política en Afganistán. Funcionarios de la Casa Blanca han adelantado que, por primera vez, Washington abordará la situación en Afganistán y Pakistán como un único problema.
 
Los talibanes actúan en Afganistán pero en Pakistán conservan intactos santuarios en áreas tribales próximas a la frontera que comparten los dos países. Estas fuentes han explicado que la nueva estrategia tienen como principal objetivo frenar, desmantelar y en el mejor de los casos destruir las bases de Al Qaeda en Pakistán y prevenir para que las mismas no se establezcan en territorio afgano. "Estamos encarando el problema como un único desafío, un único escenario para nuestra diplomacia y nuestros esfuerzos de reconstrucción", ha dicho uno estos funcionarios bajo anonimato.
 
Obama ya ha comunicado el viraje en política exterior a las autoridades afganas y paquistaníes, a las que ha advertido de que no habrá más "cheques en blanco" para los dos países. Así, exigirá al Ejecutivo afgano un mayor compromiso en la lucha contra la corrupción y el tráfico de drogas, y a las autoridades paquistaníes les pedirá que abandonen su posición de pasividad, y en algunos casos de complicidad, con los talibanes.
 
Las mismas fuentes han explicado que Obama aprovechará su presencia en la próxima reunión de la OTAN, con ocasión del 60 aniversario de la Alianza, para reclamar a los estados miembros el envío de más tropas para salvaguardar la celebración de los comicios previstos para agosto.
 
Esta misma semana, en una entrevista con la cadena CBS, el mandatario demócrata adelantó que debía de haber "una estrategia de salida" de Afganistán.
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A pesar de la amenaza de arresto, abogados y activistas paquistaníes iniciaron el jueves una “larga marcha” desde la ciudad puerto de Karachi a la capital Islamabad en un intento de forzar al gobierno a reincorporar a abogados despedidos en 2007. 
 
En sólo unas pocas semanas la insurgencia dirigida por los talibanes en Afganistán iniciará una nueva etapa en su larga marcha que hasta la fecha ha durado ocho años por expulsar a las fuerzas extranjeras del país. 
 
El tumulto en Pakistán, que cada vez afloja más el control del poder por el presidente Asif Ali Zardari, y la próxima vuelta de combates en Afganistán, - que se esperan sean los más feroces habidos hasta ahora – están inextricablemente vinculados y se salen rápidamente fuera de control. 
 
El miércoles fueron arrestados cientos de abogados y personalidades de la oposición, y lo mismo podría suceder con los participantes en la marcha. También se han emitido órdenes para la detención de Nawaz Sharif, jefe del opositor partido Liga Musulmana Pakistán-Nawaz (PML-N) y de su hermano Shabhaz Sharif, ex ministro jefe de la provincia Punjab. 
 
Los participantes en la marcha quieren que Zardari cumpla su promesa de reincorporar a los jueces que fueron despedidos por el antiguo gobernante militar general Pervez Musharraf, incluyendo al presidente de la Corte Suprema, Iftikhar Muhammad Chaudhry. 
 
En estos tensos tiempos políticos, a Zardari le queda poco tiempo para hacer frente a la “guerra contra el terror”. 

Listos para el combate 
 

Antes de la reanudación de la batalla en Afganistán, ahora que hace más calor, los talibanes tienen un cerco virtual alrededor de la capital Kabul. Tienen un control significativo en los vitales distritos de Wardak, Logar, Parwan y Kapisa. 
Un segundo anillo estratégico para reforzar ese sitio comprende las provincias de Kunar, Nooristan y Ghazni. Las cuatro rutas vitales de entrada y salida para las líneas de abastecimiento de los talibanes -Nimroz, Herat, Nangarhar y Kandahar– también están fuertemente ocupadas por los milicianos. 
 
Además, después de llegar a acuerdos de paz con las fuerzas de seguridad paquistaníes, el recién formado Frente Unido de Talibanes en las áreas tribales paquistaníes está listo para lanzar por lo menos entre 15.000 y 20.000 combatientes adicionales a Afganistán. Se espera que comiencen a cruzar la escabrosa – y poco vigilada – frontera en abril. 
 
El presidente de EE.UU., Barack Obama, ha prometido otros 17.000 soldados adicionales de EE.UU. para Afganistán, aparte de los 38.000 que ya están en el terreno, así como una mayor cantidad para la OTAN, cuyas fuerzas ahora ascienden a unos 55.000. 
 
Incluso mientras aumenta la cantidad de combatientes, EE.UU. explora modos alternativos de encarar el problema. A diferencia de la doctrina bélica del gobierno de George W Bush de atacar áreas tribales de Pakistán con aviones radiodirigidos Predator para eliminar a dirigentes milicianos cruciales, Washington intenta la mediación para la paz. 
 
El vicepresidente de EE.UU., Joe Biden, hablando en la sede de la OTAN en Bruselas el martes, afirmó que por lo menos un 70% de los guerrilleros talibanes en Afganistán son mercenarios y pueden ser persuadidos a deponer las armas. Esto viene después del aumento de los llamados de EE.UU. para llegar a elementos “moderados” de la insurgencia. 
 
“Cinco por ciento de los talibanes son incorregibles, no susceptibles a ninguna cosa que no sea la derrota,” dijo Biden. “Otro 25% no están muy seguros, a mi juicio, de la intensidad de su compromiso con la insurgencia. Aproximadamente un 70% participa por el dinero.” 
 
En una entrevista en el New York Times de fin de semana, Obama lanzó la idea de involucrarse con miembros no radicales de la insurgencia, mientras Afganistán se prepara para elecciones el 20 de agosto que pondrán a prueba su capacidad de gobernarse a sí mismo. 
 
Sin embargo, parece que Washington ya perdió el tren. La razón es la más alta dominación incomparablemente alta de combatientes influenciados por al-Qaeda – los neotalibanes – que no están dispuestos a llegar a ningún acuerdo que no sea la retirada de las fuerzas de ocupación extranjeras y la restauración del régimen talibán. 
 
A pesar de la muerte de una gran cantidad de importantes comandantes de al-Qaeda, esos defensores de la línea dura tienen una fuerte presencia entre los combatientes paquistaníes aliados con los tres principales comandantes - Mullah Bradar, Sirajuddin Haqqani y Anwarul Haq Mujahid. Los tres han jurado lealtad al líder talibán Mullah Omar, quien ha transformado a los talibanes en una fuerza ultra-conservadora en comparación con hace unos pocos años, cuando los talibanes eran un movimiento tribal pastún. 
 
Es interesante que Washington haya rechazado anteriormente una propuesta similar hecha por el Foreign Office británico que describió a un 80% de los talibanes como reconciliables y a un 20% como contrarios. Sobre la base de esa teoría, la embajada británica y Naciones Unidas apoyaron una iniciativa para iniciar negociaciones con los talibanes en 2007. Enviaron a un funcionario de la ONU y a uno de la UE a la provincia Helmand para realizar conversaciones con el comandante talibán local. 
 
Bajo presión estadounidense, el gobierno afgano expulsó a los funcionarios y las relaciones entre la UE y Gran Bretaña fueron tensas durante unos pocos meses. Tanto, que el gobierno afgano se opuso al nombramiento de Lord Paddy Ashdown como representante especial de la ONU para Afganistán bajo presión estadounidense. 
 
En 2000, antes de la invasión de Afganistán y el derrocamiento de los talibanes, el entonces presidente paquistaní Musharraf advirtió a Washington que existen dos tipos de talibanes. Un grupo es militante, el otro moderado. Abogó por contactos con los moderados, pero los estadounidenses dijeron que Pakistán se mostraba demasiado comprensivo hacia los talibanes y rechazó la propuesta. 
 
Después de la derrota de los talibanes, Musharraf se reunió con el presidente George W Bush y, según se informa, señaló que EE.UU. estaba cometiendo un error craso al concentrar todas sus operaciones en Kabul y al dejar que el resto del país fuera doblegado por la fuerza aérea. 
 
Musharraf indicó que Afganistán tiene ocho centros del poder - Herat, Kandahar, Nangarhar, Mazar-i-Sharif, Kunar y Nooristan, Paktia y Paktika, Khost y Pansher. Sugería que si Bush quería consolidar el control estadounidense, tendría que negociar de inmediato con los diversos señores de la guerra en esas regiones y llegar a acuerdos por separado. 
 
El consejo fue ignorado y EE.UU. llegó a acuerdos en todo Afganistán sólo con comandantes asociados con
 
Shura-e-Nazar. Este consejo fue formado por el difunto Ahmad Shah Massoud de la Alianza del Norte contraria a los talibanes que estaba compuesta por grupos en su mayoría no pastunes.
 
El resultado fue que los poderosos comandantes asociados con Hezb-e-Islami Afganistán dirigidos por
 
Gulbuddin Hekmatyar y los que estaban aliados con los talibanes fueron pasados por alto y luego se fusionaron con la insurgencia dirigida por los talibanes. 
 
Un buen ejemplo de esto es el comandante más poderoso en el Valle Kumar, Haji Kashmir Khan. Saludó la derrota de los talibanes en 2001 y fue a Kabul junto con sus comandantes leales a saludar a Hamid Karzai, el nuevo presidente. 
Sin embargo, por ser un asistente cercano de Hekmatyar, no obtuvo ningún puesto en Kunar – todos fueron otorgados a comandantes rivales asociados con la Shura-e-Nazar. Khan volvió malhumorado a sus refugios en las montañas y hasta hoy es el principal protector de Hekmatyar. Hekmatyar he reagrupado el comando disperso de Hezbe-e-Islami, han realizado varias operaciones exitosas y constituyen una parte importante de la insurgencia. 
 
Además, con el pasar de los años una nueva generación de combatientes se ha hecho cargo del comando en muchas áreas. Son ultraconservadores y se mofan de la afirmación de Biden de que un 70% de los talibanes puedan ser comprados. 

El cenagal político paquistaní 
 

Mian Raza Rabbani, presidente de la Cámara en el senado y alto miembro del principal partido en la coalición gobernante, el Partido del Pueblo de Pakistán (PPP), renunció esta semana. Aparentemente se disgustó porque un cercano amigo y nuevo ingreso al PPP, Farooq Naek, fue nombrado como candidato del partido para la posición de presidente del senado. 
 
Este hecho ha sido interpretado como la primera señal de disenso dentro de la dirigencia de Zardari, quien ya ha desarrollado una serie de diferencias con el primer ministro Syed Yousuf Raza Gillani, otro alto líder del PPP. 
El desasosiego dentro del partido no podía ocurrir en un peor momento, en vista de los disturbios en las calles con elementos opuestos al gobierno y la combatividad rampante en las áreas tribales. En efecto, todas las operaciones del Estado están inhabilitadas, incluido el compromiso de Pakistán con la “guerra contra el terror”. La parálisis en Islamabad afecta directamente al vecino Afganistán ya que todas las estrategias de contención contra los talibanes tienen que ser encaminadas, directa o indirectamente, a través de Pakistán. 
 
Es poco probable que los militares, debido a su extrema impopularidad durante los ocho años de la era de Musharraf que terminó en 2007, estén en alguna posición para un cierto “aventurerismo”, como ser un golpe. 
 
De todas maneras, el Cuartel General en Rawalpindi ha activado sus fuerzas e informado a las autoridades en Islamabad que supervisará directamente la seguridad en Islamabad. Es la primera vez que la seguridad ha sido arrebatada al Ministerio del Interior. 
 
Zardari está una posición difícil respecto a la reincorporación de los jueces, especialmente del ex presidente de la Corte Suprema, Chaudhry. En un acuerdo con Musharraf negociado por los estadounidenses, Zardari recibió un perdón presidencial por todos los casos de corrupción pendientes en su contra, permitiéndole ocupar un puesto político. Si Chaudhry volviera, es muy probable que cuestionara la orden presidencial. 
 
Funcionarios estadounidenses hablan ahora con el líder de la oposición Sharif, con Aitazaz Ehsan, el líder del movimiento de los abogados, así como con Chaudhry, con el propósito de posiblemente derrocar a Zardari, quien sólo se hizo cargo de su puesto en septiembre pasado. 
 
El jueves, el enviado de EE.UU. Richard Holbrooke visitó a Gillani en la Asamblea Nacional y habló con él durante 15 minutos. Según fuentes que hablaron con Asia Times Online, expresó preocupación por la agitación política e instó al primer ministro a mostrar moderación. Anteriormente, la embajadora de EE.UU. en Pakistán, Anne Peterson. Se reunió con Sharif. 
 
EE.UU. sigue deseando un gobierno que comprenda a partidos políticos laicos y liberales que apoye la “guerra contra el terror” y la ‘oleada’ militar contra los talibanes y al-Qaeda en Afganistán y Pakistán. Ya que parece cada vez más que su primera selección, Zardari, es un perdedor, se hace atractivo un cambio de política a mitad de camino, pero semejantes maniobras en el volátil Pakistán nunca son fáciles. 
 
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Syed Saleem Shahzad
Asia Times
 
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
Syed Saleem Shahzad es el jefe del Buró Pakistán de Asia Times Online. Para contactos: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. 
(Copyright 2009 Asia Times Online (Holdings) Ltd. All rights reserved. 
 
http://www.atimes.com/atimes/South_Asia/KC13Df02.html
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El Presidente Barack Obama se reunió recientemente con los primeros ministros de Canadá y Gran Bretaña. El encuentro de esta semana con el británico Gordon Brown—promotor de un “New Deal mundial”—provocó una pequeña conmoción cuando la Casa Banca decidió reducir la conferencia de prensa que estaba pautada a una simple sesión de preguntas y respuestas en la Oficina Oval, lo cual en ciertos círculos británicos fue visto como un desaire. Se adujo que el cambio se debía al mal tiempo que cubrió de nieve el Rose Garden, lugar donde tradicionalmente se celebran las conferencias de prensa presidenciales.
 
Pero quizás no se debiera tanto al exceso de nieve que efectivamente cubría los jardines de la Casa Blanca, sino a una estrategia dirigida a cubrir las crecientes diferencias en las políticas referidas a Afganistán.
 
La política que impulsa Estados Unidos en Afganistán incluye un incremento pronunciado de soldados—ya iniciado—y bombardeos continuos en Pakistán utilizando aviones teledirigidos. La intensificación de las muertes civiles es un hecho. Naciones Unidas estima que más de 2.100 civiles murieron en 2008, lo cual representa un incremento del 40 por ciento con respecto a 2007.
 
La ocupación de Afganistán ya lleva ocho años y en muchos países de la OTAN concita cada vez menos apoyo. Joseph Stiglitz, ganador del Premio Nobel de Economía en 2001, me dijo: “El avance en Afganistán va a costar muy caro. Las cosas no están marchando muy bien… Nuestros socios en la OTAN están cada vez más desencantados con la guerra. He hablado con mucha gente en Europa y ellos sienten que la situación está realmente empantanada, que nos estamos empantanando otra vez.”
 
Cuarenta y un naciones contribuyen con tropas para conformar la presencia de 56.000 efectivos de la OTAN en Afganistán. Más de la mitad de estos soldados son estadounidenses. El Reino Unido tiene 8.300 y Canadá casi 3.000. Mantener las tropas resulta costoso, pero el costo humano es aún mayor. Con un total de 108 muertes, Canadá tiene la tasa más alta de muertes per cápita de los ejércitos extranjeros en Afganistán, debido a que sus tropas están destacadas en el sur, en las inmediaciones de Kandahar, donde los talibanes son más fuertes.
 
El domingo pasado, el Primer Ministro canadiense, Stephen Harper, declaró en CNN: “No vamos a ganar esta guerra quedándonos… De hecho, mi opinión personal es que francamente no vamos a derrotar nunca a los insurgentes.” El Secretario de Defensa Robert Gates escribió hace poco en la revista de política exterior Foreign Affairs: “La victoria de Estados Unidos no puede lograrse matando o capturando.” Sin embargo, fue Canadá quien fijó el plazo para el retiro de tropas a fines de 2011. Estados Unidos, en cambio, habla de escalada.
 
Anand Gopal, corresponsal en Afganistán del periódico The Christian Science Monitor, describió la situación en el terreno: “Muchos afganos con los que he hablado en la región del sur, donde se están dando los combates, afirman que traer más tropas resultará en un aumento de las bajas civiles. Traerá más incursiones nocturnas, tan resistidas por la sociedad afgana. Y también está el problema de que cada vez que los soldados estadounidenses entran en una aldea y luego se retiran, atrás vienen los talibanes a atacar la misma aldea.” La legisladora afgana Shukria Barakzai le dijo a Gopal: “Envíennos 30.000 universitarios. O 30.000 ingenieros. Pero no nos envíen más tropas, que sólo traerán más violencia.”
 
Las mujeres de Afganistán cumplen un rol clave en la lucha por la paz. Una fotógrafa me escribió recientemente contándome que: “El domingo 8 de marzo se realizarán diversas celebraciones en todo Afganistán para conmemorar el Día Internacional de la Mujer. En Kandahar, cientos de mujeres se reunirán para orar juntas por la paz, un acto que resulta particularmente significativo en esta región tan inestable de Afganistán.” Al retornar de un encuentro internacional de mujeres celebrado en Moscú, la escritora feminista Gloria Steinem señaló que se habló en particular de la necesidad de que los medios de comunicación contrataran a corresponsales de paz para contrarrestar a los corresponsales de guerra. De esa manera se amplificarían las voces de la sociedad civil, resaltando a aquellas que luchan por la paz. En los medios de prensa estadounidenses la tendencia es a equiparar librar una guerra con combatir al terrorismo. Pero en el terreno, las bajas civiles provocan una enorme hostilidad. En este sentido, Mary Robinson, ex presidenta de Irlanda, recalcó: “Me entristece y asombra la virulencia de las reacciones anti-estadounidenses que provocan estas guerras [en Irak y Afganistán]. Son vistas como ocupaciones. … Creo que es vital que aprendamos de los errores en que incurrimos al hacer llamamientos de guerra, en particular, a hacerlo de la manera en que lo hizo Estados Unidos, sin tener en cuenta las preocupaciones que planteaba el resto del mundo …lo que pasó inicialmente con la guerra de Irak… Es cierto que el Reino Unido se sumó, pero había mucha gente dentro del Reino Unido que no apoyó la alianza que abrió el camino a esa guerra. Y los daños han sido muchos. Tenemos que ser capaces nuevamente de construir una estrategia multilateral y una estrategia de apoyo regional para resolver problemas particularmente difíciles. Vimos que eso era posible en el caso de Corea del Norte, donde trabajaron y siguen trabajando juntos seis países, cinco países y Estados Unidos. Necesitamos una alianza similar estructurada en la región, porque está todo muy conectado ahora–Medio Oriente con Afganistán y Pakistán, e incluso con India, luego de los incidentes en Mumbai, y las tensiones que hay ahí. De manera que precisamos una estrategia que se nutra de la fuerza que brinda trabajar con los países vecinos.”
 
Barack Obama arrasó en las primarias y llegó a la presidencia debido en gran medida a su discurso antibélico. Sin embargo, mientras mandatarios como Brown y Harper están cediendo ante los crecientes reclamos de sus ciudadanos para poner fin a la guerra, en Estados Unidos apenas si se debate la decisión de aumentar las tropas en Afganistán, o el hecho de que la guerra se expanda hacia Pakistán.
 
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Por, Amy Goodman, Democracy Now, Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.
 
Amy Goodman es presentadora de “Democracy Now!”, un noticiero internacional diario de una hora de duración que se emite en más de 550 emisoras de radio y televisión en inglés y en 200 emisoras en español. En 2008 fue distinguida con el “Right Livelihood Award”, también conocido como el “Premio Nobel Alternativo”, otorgado en el Parlamento Sueco en diciembre.
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Sábado, 21 Febrero 2009 08:50

Gobierno de ultraderecha para Israel

Benjamin Netanyahu, líder del partido derechista Likud, vuelve a hacerse con las riendas del poder en Israel tras años en la sombra y a la espera de su oportunidad, aunque el triunfo ha sido conseguido por escaso margen y gracias a la ascensión de la derecha. El líder conservador, contrario a la creación de un Estado palestino soberano, fue oficialmente encargado ayer de formar el nuevo gobierno de Israel. Justo después de recibir, según la costumbre, una carta del presidente, Shimon Peres, en la que éste le encomendaba la formación del gabinete, Netanyahu dijo que considera a Irán como el mayor desafío que afronta Israel. 


“Israel atraviesa un período crucial y debe hacer frente a desafíos colosales. Irán busca dotarse del arma nuclear y constituye la amenaza más grave a nuestra existencia desde la guerra de la independencia” de 1948, dijo el líder conservador. De conocidas ambiciones de poder y retórica populista, Netanyahu, de 58 años, permaneció en los últimos meses casi impertérrito, a sabiendas de que los sondeos de opinión lo situaban a la cabeza. Pero la sorpresiva victoria simbólica de la dirigente del Kadima en las elecciones mantuvieron, hasta ayer, la incertidumbre y diluyeron cualquier expectativa triunfalista por parte del líder del Likud.

Con una mayoría de 65 de los 120 diputados israelíes, gracias al apoyo de la extrema derecha laica y de las formaciones religiosas, Netanyahu tendrá un plazo de 28 días, prolongable otros 14, para presentar al Parlamento su gabinete, que será sometido a una votación de investidura.

Netanyahu se declaró favorable a un gobierno de unión “lo más amplio posible”. “Hago un llamamiento a Tzipi Livni y Ehud Barak, líderes de Kadima (centro, 28 escaños) y del partido laborista (13), para cerrar filas y actuar juntos. Ustedes serán los primeros con los que me reuniré para hablar de la formación de un gobierno de unión lo más amplio posible”, aseguró el líder de Likud (27 escaños). Netanyahu y Livni acordaron por teléfono reunirse mañana. Por el momento, Livni, ministra de Relaciones Exteriores del gabinete saliente, así como Ehud Barak, titular de Defensa saliente, excluyeron unirse a un gobierno dirigido por Netanyahu.

En su anterior mandato como jefe de gobierno, entre 1996 y 1999, Netanyahu se vio obligado a dimitir al retirarse de su coalición las formaciones ultraderechistas, que lo acusaron de haber hecho “concesiones” a los palestinos. Atrás quedaron la política zigzagueante y los escándalos de corrupción en los que se vio envuelto cuando se desempeñó como primer ministro en su anterior mandato por supuesta estafa al Estado, que también afectaron a su esposa Sara. Esta vez Netanyahu quiere evitar verse atado a las exigencias de unos aliados de extrema derecha que podrían además granjearle tensiones con la administración estadounidense del nuevo presidente, Barack Obama.

Por eso, el ex primer ministro se muestra ahora “generoso” con Livni, al proponer que su partido se haga cargo de los ministerios de Relaciones Exteriores y Defensa, según la prensa. Por el momento, Livni, ministra de Relaciones Exteriores del gabinete saliente, así como Ehud Barak, titular de Defensa saliente, excluyeron unirse a un gobierno dirigido por Netanyahu.

Netanyahu es consciente de que será primer ministro, pero no por una abrumadora victoria, sino por los cálculos matemáticos necesarios para conformar una mayoría parlamentaria. Ayer afirmó que afronta la misión con gran responsabilidad y con el objetivo de conseguir la paz y la seguridad en el país.

La popularidad de “Bibi”, como es popularmente conocido Netanyahu, comenzó a repuntar tras la conclusión de la guerra que Israel libró en Líbano hace dos años y medio, e incluso en la última ofensiva militar en Gaza, en la que sus contrincantes aumentaron sus perspectivas electorales, se mantuvo en cabeza. Netanyahu aprovechó la oportunidad de erigirse en líder del Likud tras desaparecer del escenario político su otrora rival Ariel Sharon, el único que podía hacerle sombra en ese partido, que abandonó para fundar Kadima, en noviembre de 2005.

El movimiento islamista palestino Hamas, que controla la Franja de Gaza desde junio de 2007, y al que Netanyahu quiere expulsar de ese territorio, consideró que Israel ha optado por un dirigente “más extremista” que el primer ministro saliente, Ehud Olmert.

Opuesto en un principio a los acuerdos de Oslo de 1993, que preconizan un régimen de autonomía palestina, Netanyahu redujo su alcance cuando estuvo en el poder y relanzó a gran escala la colonización judía en los territorios palestinos.

Hostil a la creación de un Estado palestino soberano, tampoco ha mostrado intenciones claras en su última campaña electoral. En su discurso ante el presidente Peres ni siquiera mencionó a los palestinos.

Por su parte la Casa Blanca, a través de Gordon Duguid, vocero del departamento de Estado, aseguró que el gobierno estadounidense es optimista respecto al proceso de paz palestino-israelí. “Trabajaremos con el próximo gobierno israelí, sea cual sea su composición, y cooperaremos con él sobre cuestiones bilaterales y regionales”, añadió.

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La actual canciller y líder del partido de gobierno Kadima, Tzipi Livni, obtuvo el primer puesto de la contienda electoral que tuvo lugar ayer en Israel. De acuerdo con la encuesta difundida por el Canal 1 de televisión (estatal) al cierre de los comicios, anticipándose a los resultados oficiales finales, Livni obtendría 30 escaños parlamentarios, aventajando por dos mandatos al candidato del derechista Likud, Benjamin Netanyahu, quien conseguiría 28. Avigdor Lieberman cosecharía 14 representantes, con lo que su partido de extrema derecha, Israel Beiteinu, pasó a ocupar el tercer lugar del mapa político israelí. Por su parte, el Partido Laborista liderado por el actual ministro de Defensa, Ehud Barak, quedaría relegado a un cuarto puesto, con 13 escaños.
 
La victoria de Livni, sin embargo, no asegura que será la próxima primera ministra, dado que deberá formar una coalición gubernamental en condiciones desfavorables desde el punto de vista de la división entre los dos grandes bloques parlamentarios. El que encabeza su partido, de orientación centrista, suma una representación de 47 legisladores, mientras que el bloque contrincante, liderado por Netanyahu y los partidos de derecha y religiosos, reúne a 63 miembros de la Knesset (Parlamento). Tal balance de fuerzas convierte al partido Israel Beiteinu en una suerte de comodín clave e imprescindible para alcanzar la mayoría capaz de constituirse en gobierno (más de la mitad de los 120 integrantes del Parlamento).
 
Aunque se estima que el titular de esta tercera fuerza, Avigdor Lieberman, tenderá a ocupar un lugar destacado (que posiblemente comprenda el Ministerio de Defensa) en un gobierno conducido por Benjamin Netanyahu, no hay que descartar la posibilidad de que vire hacia una coalición comandada por Tzipi Livni. A esa opción se refirió la canciller el mismo día de las elecciones, cuando dijo que ella no descarta la incorporación de Israel Beiteinu en un gobierno bajo su liderazgo, aclarando que ese paso sería viable siempre y cuando Lieberman “acepte los lineamientos de Kadima y las normas vigentes en cuanto a las relaciones entre judíos y árabes en Israel”.
 
De tal manera, la flamante ganadora de los comicios ya comenzó a allanar el camino que la lleve a la cúpula estatal, muy poco viable sin el refuerzo del tercer partido, pero, al mismo tiempo, quiso distanciarse del contenido racista que caracteriza a Israel Beiteinu.
 
El partido de Lieberman, al que muchos ven como el gran victorioso del acto electoral, llegó al tercer lugar canalizando el miedo y el odio que muchos sectores sienten hacia los palestinos y dirigiéndolo contra la población árabe de Israel. “Sin lealtad no hay ciudadanía”, fue su lema de campaña electoral. Los adeptos a tal consigna no necesitan aclaraciones, pues creen que los “desleales” sólo pueden ser los ciudadanos árabes, que no se enrolan en el ejército ni se identifican con los “símbolos patrios” y, como si no bastara, se identifican con los palestinos de Gaza y Cisjordania (cuando son, en realidad, miembros de una misma comunidad étnico-nacional cuya dispersión geográfica y status políticos diferenciados son productos de las guerras de 1948 y 1967).
 
La otra vía que llevaría a Livni al cargo de premier, improbable pero no imposible, es la de intentar formar un gobierno de “unidad nacional” con el Likud. Ayer, a poco de conocerse los resultados, Livni le ofreció al líder del Likud que se sume a un hipotético gobierno liderado por Kadima. En tal caso, Netanyahu debería renunciar a su sueño de volver a ser premier o, por qué no, compartirlo con la titular de Kadima. Vale decir: ambos rotarían en el cargo al cabo de los dos años de gestión, como lo hicieron Yitzjak Shamir, entonces líder del Likud, y el laborista Shimon Peres a mediados de la década del ’80. Un escenario de esa índole sería factible en el caso de que Bibi Netanyahu no quisiera ser el premier exclusivo de un gobierno de extrema derecha, destinado a confrontar con el gobierno norteamericano de Barack Obama debido a su negativa a lograr algún tipo de estabilización del conflicto histórico con los palestinos. Si, en cambio, el dirigente derechista opta por un gobierno cuantitativamente amplio pero ideológicamente estrecho, en el que seguramente Lieberman sería ministro de Defensa, tarde o temprano Israel se vería anclada en el aislamiento internacional. Si la negativa a negociar con Siria la devolución de las alturas del Golán y con la Autoridad Palestina el futuro de Cisjordania y Jerusalén oriental no fueron simples promesas electorales, destinadas a parar el drenaje de votos hacia Israel Beiteinu, y se convertirán en parte integral de un programa de gobierno, su duración quedará seriamente comprometida en un contexto geopolítico en el que el conflicto del Medio Oriente ya no es funcional a la nueva elite que gobierna a la principal potencia global.
 
Si, pese a las adversidades políticas internas que deberá sortear, Livni lograra traducir su victoria electoral en el ascenso al poder, su discurso negociador está mucho más apto para sintonizar con la nueva agenda de Washington. Pero la canciller sabe que los aplausos y la buena acogida que concita en el exterior muchas veces contrastan con los tropiezos y tragos amargos que le depara la realidad local.
 
Por Sergio Rotbart
Desde Tel Aviv
 

Halcones

 
Fueron unos comicios donde se presentaron todas las derechas posibles: desde la ultraderecha de Benjamin Netanyahu, pasando por la variante racista de Avigdor Lieberman, hasta la centro-derecha de Tzipi Livni y un laborismo corrido a la derecha probélica encabezado por Ehud Barak. Ayer ganaba la opción más centrista.
 
Si se confirma la ventaja de Kadima (Livni) sobre el Likud (Netanyahu), la canciller la tendrá difícil para formar gobierno. A Kadima se le complica lograr una coalición a la vieja usanza (con el laborismo, Meretz y algún partido árabe) y podría tener que apelar al apoyo de Israel Beiteinu (Lieberman) o Likud para lograr las 61 bancas necesarias.
 
Para el analista Arie Kacowicz, lo más probable es que Lieberman quede afuera de una coalición y que se unan los dos partidos más grandes. “El partido Israel Beiteinu tiene una plataforma racista. No creo que Livni ni Netanyahu lo quieran en una alianza. Lo más lógico es que Kadima y el Likud formen un gobierno de unidad nacional.”
 
De las elecciones de ayer sobresalen dos datos: avanzó la derecha más racista y retrocedió el laborismo. Kacowicz, profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén, dijo que la invasión de Gaza fue determinante. “Está el factor de la guerra. El mensaje de Lieberman fue claro y no hipócrita. Es como cuando Le Pen le ganó la primera vuelta presidencial al socialismo en Francia. Además, Lieberman tiene un gran apoyo de los inmigrantes de origen ruso. Si Barak perdió votos fue porque su electorado se pasó a Livni para impedir que gane el Likud. Lo mismo sucedió con el partido de izquierda Meretz.”
 
Livni podría haberse proyectado como la Obama de Israel, es decir, una candidata que intentara romper con el pasado reciente a través de negociaciones cara a cara con los adversarios de Israel. Pero no. Ella fue un halcón más apoyando la última ofensiva en la Franja.
 
Algo parecido sucedió con Barak, que de negociador moderado en Camp David en el 2000 pasó a dirigir las tropas en la última operación contra Hamas. Una operación que comenzó el 27 de diciembre y culminó 23 días después con un saldo de 1400 muertos palestinos. La mano dura muestra su ineficacia y no resuelve los históricos conflictos de fondo con los palestinos.
 
La opinión pública israelí internalizó la idea de que su país (con Sharon) tuvo un gesto al sacar las colonias de la Franja en 2005 para aliviar la situación de los palestinos que viven allí, pero lo único que consiguieron es que Hamas use esa libertad para agredirlos con cohetes. Ahí se acabaron los gestos amistosos. Volvieron los bombardeos en la Franja, las razzias en Cisjordania, donde también se aceleró la construcción de colonias. La paz no llega. Vuelan los halcones.

Por Mercedes López San Miguel
 
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Los talibanes han atacado el corazón gubernamental y diplomático de Afganistán con la sucesión de tres atentados suicidas que han sacudido Kabul, uno de ellos en el interior del Ministerio de Justicia. Las cifras son provisionales pero, según informan fuentes de la policía afgana, al menos 15 personas han perdido la vida y más de 50 han sido heridas.
 
Uno de los ataques se ha registrado en pleno centro gubernamental y diplomático de Kabul. Cuatro atacantes llegaron al Ministerio de Justicia, cercano al Palacio presidencial, con el objetivo de producir una masacre. Uno de ellos murió por disparos de la policía antes de entrar al edificio mientras los otros tres se adentraron en dependencias gubernamentales. Al menos una persona ha muerto y varias han resultado heridas cuando uno de los tres talibanes se hizo estallar.
 
La policía afgana ha informado que los otros dos insurgentes permanecieron atrincherados en el Ministerio afgano. Decían actuar en revancha por el tratamiento que reciben los presos talibanes en prisiones afganas. Después de un tiroteo, la policía mató a los dos terroristas antes de que pudiesen atentar como compañero. Durante el enfrentamiento armado perdieron también la vida un agente de la Policía y un miembro de los servicios de inteligencia.
 
A los alrededores del Ministerio se desplazaron varias ambulancias que transportaron a funcionarios ministeriales muertos o heridos durante el enfrentamiento, según mostraron las cámaras de televisión. El lugar donde se encuentra el Ministerio de Justicia es casa de embajadas y edificios gubernamentales. La seguridad en esta zona afgana es mayor que en el resto del país por lo que es significativo el daño que han hecho los talibanes en pleno centro afgano.

Más ataques

Pero no es el único atentado que se ha registrado, otros dos ataques han azotado la capital afgana. El atentado más sangriento tuvo lugar en el departamento penitenciario de Khairkhana, en el norte de Kabul, y fue perpetrado por dos suicidas que causaron la muerte de siete personas y heridas a otras 15. Dos suicidas se hicieron estallar y un tercero consiguió huir en un atentado coordinado contra un convoy policial de una penitenciaría. Otro ataque se produjo en las cercanías del Ministerio de Educación. La policía disparó contra los insurgentes.
 
Los ataques suicidas habían golpeado la capital en varias ocasiones, la última de ellas el pasado 17 de enero frente a la embajada alemana, cuando un suicida a bordo de un vehículo detonó una carga explosiva y mató a cuatro afganos y un soldado de EE UU. El ataque suicida más grave registrado en la ciudad tuvo lugar en julio de 2008, cuando 58 personas, entre ellas dos diplomáticos, perdieron la vida en una explosión con coche bomba ante la embajada de la India.
 
Estos atentados llegan un día antes de que Richard Holbrooke, el nuevo enviado especial de EE UU, llegue a Kabul. El presidente estadounidense, Barack Obama, tiene previsto anunciar el número de soldados adicionales que enviar a Afganistán, donde hay entre 17.000 y 20.000 talibanes, frente a 70.000 militares extranjeros y 130.000 soldados y policías afganos. La violencia talibán rebrotó el pasado año. Según un informe del Consejo Internacional de Seguridad y Desarrollo (ICOS, en sus siglas en inglés), los talibanes han incrementado su poder considerablemente en el último año y tienen ya "presencia permanente" en un 72% de Afganistán. Desde el pasado verano, los insurgentes islamistas radicales tienen como objetivo Kabul, donde han decidido redoblar su ofensiva.
 
 
 
 
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Gideon Levy, analista político del diario Haaretz, es el único periodista israelí que ha criticado la masacre de Gaza. Sus críticos le tachan de demasiado humanista, de no sentir la nación judía. Levy es duro, desprecia una sociedad militarista y ultranacionalista y ya no espera nada de ella. No ve futuro y, por tanto, no espera nada de las próximas elecciones.
 
–¿Qué va a pasar en estas elecciones? ¿Habrá un gobierno de ultraderecha con Likud, Israel Beitenu y Shas?
 
–No, pienso que ganará (Ben- jamin) Netanyahu, pero habrá un gobierno de unidad nacional, con los laboristas, Likud y Kadima. Y no habrá diferencia con los que están ahora. (Ehud) Barak y (Tzipi) Livni son extremistas, igual que Netanyahu. Sólo la retórica es diferente. No pienso que Netanyahu sea un demonio y el resto la gran esperanza. Ninguno es la esperanza. Las diferencias son mínimas, y principalmente en la retórica, no en las ideas.
 
–Pero la sociedad israelí cada vez se va más a la derecha.
 
–Este movimiento hacia la derecha comenzó hace 40 años, con el comienzo de la ocupación. En 2000, cuando falló la negociación en Campo David, empezaron los atentados contra civiles y todas las campañas pacifistas se acabaron, se estrellaron. No hay iniciativas pacifistas en Israel, sólo en grupos muy muy pequeños. Tras esta horrible guerra, todos se han convertido en extremistas y el Estado se ha vuelto muy nacionalista, muy militarista. Esta sociedad se ha vuelto muy peligrosa porque ahora es completamente indiferente al asesinato de niños y a todo lo que ha pasado en Gaza. Los israelíes piden ahora más y más guerra. Sin ninguna crítica, sin ninguna discusión.
 
–Existe un consenso nacional.
 
–Sí, un completo consenso nacional. Una sola voz. Sin ningún debate público, sin discutir qué estamos haciendo a los palestinos. Cuarenta años de deshumanización de los palestinos han forjado una sociedad absolutamente militarizada.
 
–¿Qué posibilidades tienen los partidos más cercanos a la paz en estas elecciones?
 
–Están Meretz y los comunistas, pero son demasiado pequeños. No tienen suficiente influencia. El primer plano político es para la extrema derecha. No tengo ninguna esperanza en estas elecciones.
 
–¿Cuál ha sido la influencia de la masacre en Gaza?
 
–No mucha, menos de la que se puede imaginar. Cuando hablamos de esta guerra, todos los candidatos estaban a favor. No hubo ningún debate ni ninguna discusión real.
 
–¿Es posible que Israel se siente a negociar con Hamas?
 
–No, pero depende de Estados Unidos. Si lo pide, quizá, pero no veo a los estadunidenses exigiendo eso. Puede haber negociaciones para la entrada de Hamas en la OLP, para un gobierno de unidad en Palestina. Pero no sé si lo conseguirán. No imagino a Israel hablando con Hamas en los próximos años.
 
–¿Cuál es el siguiente paso?
 
–Otra guerra. No creo en ninguna otra negociación nunca más; llevamos 50 años negociando sin conseguir nada. La sociedad israelí no está preparada para la paz.
 
–¿Cuándo será esa guerra? ¿En un mes, en dos, en tres?
 
–Pienso que sí. No lo sé. Aunque quizá en un año o en dos. No estoy seguro de cuándo será. Pero esto no es el fin de la ocupación, y sin poner fin a ésta no habrá paz.
 
–Entonces… ¿la situación en Gaza, con el bloqueo, es la misma que hace un año?
 
–Absolutamente. A menos que Barack Obama haga grandes cambios.
 
–¿Espera que los haga?
 
–Tengo muchas esperanzas, pero no estoy seguro.
 
–¿Qué pasa en Cisjordania?
 
–Cisjordania está muerta ahora. Está aplastada por el ejército israelí. Hasta que no aparezca una nueva generación más militante, la vida para los palestinos será media vida. Se limitarán a sobrevivir. Cisjordania no está preparada aún para una nueva intifada.
 
–Muchos afirman que la Autoridad Nacional Palestina (ANP) abortó las protestas por esta masacre.
 
–Sí, la ANP e Israel han trabajado juntos contra Hamas en Cisjordania. Han colaborado. No pienso que pueda surgir nada de Cisjordania en un futuro cercano.
 
–¿Cuáles han sido las consecuencias de esta ofensiva?
 
–Ha hecho que el mundo vea peor a Israel. Ha hecho a la sociedad israelí más violenta, más nacionalista y más extremista, pero no ha cambiado demasiado. Estamos en la misma posición en la que estábamos antes de esta guerra. Salvo que han muerto mil 300 palestinos y que la franja de Gaza ha quedado destruida, no se ha conseguido nada. Hamas sigue ahí.
 
–¿No dará un impulso a los movimientos pacifistas, como en anteriores ocasiones?
 
–No. No veo que esté pasando eso. Soy pesimista. No hay líderes que puedan dirigir un movimiento así. Ojalá Estados Unidos cambie su posición, pero no estoy seguro.
 
–¿Qué hay de los árabes israelíes?
 
–No hay que olvidar que existen minorías. (Los árabes israelíes) pueden cambiar mucho. Van a estar más restringidos y pueden volverse más violentos. Pero estos procesos pueden durar años, ya que son un grupo muy reducido.
 
–¿Afirma que pueden estallar conflictos en ciudades como Haifa, donde la minoría árabe es importante?
 
–Eso es.
 
–¿Cómo frenarlos?
 
–Firmando la paz con los palestinos. Poniendo fin a la ocupación. Debemos crear una nueva atmósfera. Los palestinos que viven en Haifa están sentados viendo cómo matan a sus hermanos. ¿Qué esperas que hagan? Han visto las fotos, son su familia directa. Sin que llegue la solución importante, todos los pequeños problemas crecerán.
 
–¿Por qué ha empezado esta guerra?
 
–Para enseñar a la gente que hacen algo contra los Qassam. Los cohetes Qassam son el problema. En vez de optar por la vía diplomática, Israel ha escogido la guerra. Yo defiendo que la única solución es la vía diplomática.
 
–¿Qué futuro ve a las negociaciones en Egipto entre Hamas y Al Fatah?
 
–Creo que triunfarán porque les conviene a las dos partes. Habrá un acuerdo en un año o en año y medio.
 
–¿Qué pasa en esta sociedad que no se espanta tras una masacre así?
 
–Está militarizada, y todos los medios apoyaron la ofensiva.
 
Es usted una voz disidente. La única.
 
–Sí, ahora mismo soy el único. Es muy difícil. Estoy muy solo, pero tengo el apoyo de mi periódico.
 
–Entonces, ¿no cree que Liberman pueda llegar al gobierno?
 
–No estoy seguro, pero creo que no estará. Pienso que Netanyahu prefiere a los laboristas y al Kadima.
 
–¿Existe el riesgo de que la ultraderecha acabe con el proceso de paz?
 
–No, porque el proceso de paz no es nada. Oslo se terminó, ahora no hay nada.
 
–¿Qué peso tienen los colonos dentro de Israel?
 
–Los colonos son el grupo más fuerte en esta sociedad desde hace 40 años. Pueden hacer lo que quieren con cualquier gobierno. Construyen y construyen todo el tiempo.
 
Por, Alberto Pradilla y Aritz Intxusta (Especial para La Jornada)
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Sábado, 07 Febrero 2009 07:31

Crónica de un suicidio anunciado

El Estado de Israel proclamó su independencia a la medianoche del 15 de mayo de 1948. Naciones Unidas había votado establecer dos estados en lo que había sido la Palestina bajo el dominio británico. Se suponía que la ciudad de Jerusalén habría de ser una zona internacional bajo la jurisdicción de Naciones Unidas. La resolución de la ONU recibió mucho respaldo, específicamente el de Estados Unidos y la Unión Soviética. Todos los estados árabes votaron en contra.
 
En los 60 años de su existencia, el Estado de Israel ha dependido para su supervivencia y expansión de una estrategia general que combina tres elementos: militarismo macho, alianzas geopolíticas y relaciones públicas. El militarismo macho (lo que el actual primer ministro Ehud Olmert llama el “puño de hierro”) fue posible por el fervor nacionalista de los judíos israelíes, y eventualmente (aunque no al principio) por el muy fuerte respaldo de las comunidades judías de otras partes del mundo.
 
Geopolíticamente, Israel forjó primero una alianza con la Unión Soviética (que fue breve pero crucial), luego con Francia (que duró un poco más de tiempo y permitió a Israel convertirse en una potencia nuclear) y finalmente (y lo más importante) con Estados Unidos. Estos aliados, que también fueron patrocinadores, ofrecieron sobre todo un apoyo militar al proveerlo de armas. Pero también ofrecieron respaldo diplomático/político y, en el caso de Estados Unidos, un considerable apoyo económico.
 
Las relaciones públicas se dirigieron a obtener la simpatía de una amplia franja de la opinión pública, que en los primeros años tuvo como base el retrato de Israel como un David pionero contra el retrógrado Goliath, y que en los últimos 40 años ha tenido como base la culpa y la compasión por el masivo exterminio de los judíos europeos durante la Segunda Guerra Mundial.
 
Todos estos elementos de la estrategia israelí funcionaron muy bien desde 1948 hasta los años 80. De hecho, se fueron haciendo más efectivos. Pero en algún momento de los 80, el uso de estas tres tácticas comenzó a ser contraproducente. Israel ha entrado ahora en una fase de declive precipitado de su estrategia. Puede ser muy tarde para que Israel persiga una estrategia alternativa, en cuyo caso habrá cometido suicidio geopolítico. Rastreemos cómo fue que interactuaron los tres elementos de su estrategia, primero durante su envión hacia arriba, luego durante el lento declive del poder de Israel.
 
Durante los primeros 25 años de su existencia, Israel se involucró en cuatro guerras con los estados árabes. La primera fue en 1948-1949, para establecer el Estado judío. La declaración israelí de un Estado independiente no coincidió con una declaración palestina de establecer un Estado. En cambio, un número de gobiernos árabes le declararon la guerra a Israel. Inicialmente Israel estuvo en dificultades militares. Sin embargo, los militares israelíes estaban mejor entrenados que los de los países árabes, con la excepción de Transjordania. Y, lo que es crucial, obtuvieron armas de Checoslovaquia, que actuó como agente de la Unión Soviética.
 
Para el momento de la tregua en 1949, la disciplina de las fuerzas israelíes combinada con armas checoslovacas permitió a los israelíes ganar un territorio considerable no incluido en las propuestas de partición de Naciones Unidas, incluido Jerusalén occidental. Las otras áreas se incorporaron a partir de los estados árabes circundantes. Un gran número de árabes palestinos se fueron o los forzaron a abandonar áreas bajo el control de los israelíes y se volvieron refugiados en los países árabes circundantes, donde sus descendientes viven hasta la fecha en gran medida. La tierra que era de ellos fue arrebatada por los judíos israelíes.
 
La Unión Soviética pronto abandonó a Israel. Esto probablemente se debió principalmente a que sus líderes muy pronto sintieron miedo del impacto que tendría la creación del Estado en las actitudes de los judíos soviéticos, que parecían demasiado entusiastas y que por tanto eran potencialmente subversivos desde el punto de vista de Stalin. A cambio, Israel dejó de lado cualquier simpatía hacia el campo socialista con la guerra fría, y dejó claro su ferviente deseo de ser considerado miembro pleno del mundo occidental, política y culturalmente.
 
En ese tiempo Francia se enfrentaba a los movimientos de liberación nacional en sus tres colonias norafricanas, y vio a Israel como un aliado útil. Esto fue especialmente cierto después de que los argelinos lanzaron su guerra de independencia en 1954. Francia empezó a ayudar a Israel a armarse. En particular, Francia, que desarrollaba sus propias armas nucleares (contra los deseos estadunidenses), ayudó a Israel a hacer lo mismo. En 1956, Israel se unió con Francia y Gran Bretaña en una guerra contra Egipto. Desafortunadamente para Israel, esta guerra se lanzó contra la oposición de Estados Unidos, y Estados Unidos forzó a las tres potencias a ponerle fin. Después de que Argelia se independizara en 1962, Francia perdió interés en la conexión israelí, que ahora interfería con sus intentos de renovar relaciones más cercanas con los estados norafricanos que ahora se habían vuelto independientes. Fue en este punto en que Estados Unidos e Israel voltearon uno hacia el otro para forjar vínculos cercanos. En 1967, estalló la guerra entre Egipto e Israel, y otros estados árabes se unieron a Egipto. En ésta, llamada la Guerra de los Seis días, por primera vez Estados Unidos le brindó armamento militar a Israel.
 
La victoria israelí de 1967 cambió la situación básica en muchos aspectos. Israel había ganado la guerra con facilidad, ocupando todas aquellas partes del Mandato Británico de Palestina que ya había ocupado antes, más la península del Sinaí, de Egipto, y las Alturas del Golán, de Siria. Jurídicamente, hubo ahora un Estado de Israel más los territorios ocupados por Israel. Israel comenzó su política de establecer asentamientos judíos en los territorios ocupados.
 
La victoria israelí transformó la actitud de los judíos en el mundo, que ahora se despojaron de cualquier reserva que tuvieran acerca de la creación del Estado de Israel. Se pusieron orgullosos de sus logros y comenzaron a emprender campañas políticas importantes en Estados Unidos y Europa occidental para asegurarle respaldo político a Israel. La imagen de un Israel pionero que ponía el énfasis en las virtudes de los kibbutz fue abandonada en favor de un énfasis en el Holocausto como la justificación básica para buscarle respaldo mundial a Israel.
 
En 1973, los estado árabes buscaron reajustar la situación en la llamada guerra del Yom Kippur. De nuevo, esta vez, Israel ganó la guerra con apoyo de Estados Unidos. La guerra de 1973 marcó el final del papel central de los estados árabes. Israel pudo seguir buscando el reconocimiento de los estados árabes, y eventualmente lo logró con Egipto y Jordania, pero era muy tarde para que esto fuera una forma de asegurarle la existencia a Israel.
 
A partir de este punto, emergió un serio movimiento político palestino árabe, la Organización de Liberación de Palestina (OLP), que ahora se convirtió en el oponente clave de Israel, el único con el que Israel necesitaba llegar a un trato. Por mucho tiempo, Israel se rehusó a tratar con la OLP y con su líder Yasser Arafat, y prefirió el puño de hierro. Y al principio, obtuvo logros militares.
 
Los límites de la política del puño de hierro se hicieron evidentes por vez primera durante la primera intifada, un levantamiento espontáneo de palestinos árabes dentro de los territorios ocupados, que comenzó en 1987 y duró seis años. Fueron dos los logros básicos de la intifada. Forzó a los israelíes y a Estados Unidos a hablar con la OLP, un largo proceso que condujo a los llamado Acuerdos de Oslo de 1993, que ayudaron a la creación de la Autoridad Palestina en parte de los territorios ocupados.
 
En el largo plazo los Acuerdos de Oslo fueron menos importantes geopolíticamente que el impacto de la intifada en la opinión pública mundial. Por vez primera, la imagen de David y Goliath comenzó a invertirse. Por vez primera, comenzó a existir un respaldo serio en el mundo occidental a la llamada solución de los dos estados. Por vez primera, comenzó a haber una crítica seria al puño de hierro de Israel y sus prácticas vis-a-vis los palestinos árabes. Si Israel hubiera sido serio acerca de la solución de dos estados basada en la llamada Línea Verde –la línea de división al final de la guerra de 1948-1949– probablemente habría logrado un asentamiento.
 
Sin embargo, Israel siempre estaba un paso atrás. Cuando pudo haber negociado con Nasser, no quiso. Cuando pudo haber negociado con Arafat, no quiso. Cuando Arafat murió y lo sucedió el ineficaz Mahmoud Abbas, el más militante movimiento Hamas ganó las elecciones parlamentarias de 2006. Israel se negó a hablar con Hamas.
 
Ahora, Israel ha invadido Gaza, buscando destruir a Hamas. Si lo logra, ¿qué organización vendrá después? Y, como es lo más probable, si no logra destruir a Hamas, ¿será posible ahora una solución con dos estados? Tanto los palestinos como la opinión pública se mueven hacia una solución con un estados, y esto, por supuesto, es el fin del proyecto sionista. La estrategia de tres elementos de Israel se está descomponiendo. El puño de hierro ya no funciona, como no funcionó para George W. Bush en Irak. ¿Se mantendrá firme el vínculo con Estados Unidos? Lo dudo. ¿Continuará la opinión pública mirando con simpatía a Israel? No lo parece. ¿Puede Israel ahora cambiar a una estrategia alternativa de negociar con los representantes militantes de los palestinos árabes, como parte constituyente de Medio Oriente y no como puesto de avanzada de Europa? Parece bastante tarde para eso, y muy posiblemente sea demasiado tarde. Por eso, la crónica de un suicidio anunciado.
 
Por, Immanuel Wallerstein
 
Traducción: Ramón Vera Herrera
 
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El Ejército cingalés ha reducido a 175 kilómetros cuadrados de selva el área en la que siguen alzados en armas los Tigres de Liberación de la Tierra Tamil (LTTE), la guerrilla que durante 25 años ha luchado para establecer un Estado independiente en el noreste de Sri Lanka en el que pudiera vivir la minoría tamil, el 18% de la población. Los rebeldes resisten en poco más del 1% de los 15.000 kilómetros cuadrados de la isla en los que apenas hace unas semanas mantenían un Estado de facto: con policía, tribunales y hasta oficinas de impuestos. Una operación militar en la que participan 50.000 soldados ha permitido al Gobierno ganar rápidamente terreno al LTTE, cuyos militantes tratan de resistir junto con 250.000 civiles.
 
Según el portavoz del Ejército, Udaya Nanayakkara, 2.200 de esos civiles han escapado de la guerra en los últimos dos días ante el temor de una derrota de los rebeldes. El Ejecutivo cingalés sostiene que en la zona de los combates sólo están atrapados 120.000 civiles, pero las ONG aseguran que son al menos el doble y acusan a Colombo de mostrar una "cruel indiferencia" ante el sufrimiento y la matanza de la población, según declaró un portavoz de Human Rights Watch.
 

Fin a 25 años de guerra
 

El presidente de Sri Lanka, Mahinda Rajapaksa, aseguró esta semana, durante un discurso a la nación con motivo del 61º aniversario de la independencia del Reino Unido, que la derrota de los tigres es "inminente". Rajapaksa, señaló que el fin de la guerrilla es "cuestión de días" y envió un comunicado a la ONU en el que informaba de que la operación militar continuará hasta la rendición total procurando mantener a salvo a la población civil.
 
Sri Lanka rechaza de esta manera la solicitud de la comunidad internacional de un alto el fuego que serviría para establecer negociaciones, permitir la salida de los civiles y heridos y enviar la ayuda humanitaria necesaria. El Gobierno quiere aplastar a la guerrilla cuanto antes, en cumplimiento de las promesas realizadas durante la campaña electoral con la que ganó las elecciones.
 
Los LTTE también han desoído las demandas de rendición por parte de la Unión Europea, Estados Unidos y Noruega. Los rebeldes, que en los últimos días no han hecho pública declaración alguna, mantienen históricamente que no dejarán las armas hasta que puedan vivir con "libertad, dignidad y soberanía". Durante estos 25 años han echado mano del terrorismo, incluso fueron de los primeros en realizar ataques suicidas. Son considerados terroristas por EE UU, la UE e India. Aunque precisamente en India, donde se encuentra la inmensa mayoría de la comunidad tamil, ha habido protestas en contra de esta operación militar para acabar con los guerrilleros. Cientos de personas han sido detenidas y un hombre se inmoló ante un edificio oficial.
 
El conflicto, uno de los más largos y sangrientos en Asia, se cobra víctimas continuamente: Naciones Unidas denunció esta semana que en un bombardeo en la zona de conflicto entre el Ejército y la guerrilla perdieron la vida al menos 52 civiles. La Cruz Roja Internacional también alertó esta semana que el hospital en Puthukudiyiruppu, el único en la zona de guerra -repleto de enfermos, heridos y desplazados- tuvo que ser evacuado tras ser atacado por quinta vez en los tres días y de que al menos una docena de personas habían muerto.
 
Los expertos sostienen que acabar con el problema militarmente no suprimirá el problema de fondo: la discriminación de la minoría tamil, de religión hindú, por parte de la mayoría cingalesa, de fe budista. También temen que la guerrilla pueda resurgir ya que no se ha capturado a su líder: Velupillai Prabhakaran. El lunes, el Ejército encontró un búnker en el que podría haberse escondido Prabhakaran, pero estaba vacío y no se descarta que éste haya escapado por mar hacia India. Supuestamente lleva atada al cuello una cápsula con cianuro para tomarla en caso de verse rodeado.
 
ANA GABRIELA ROJAS - Nueva Delhi - 07/02/2009
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