Martes, 06 Enero 2009 07:47

La guerra llegó a las calles

Fuertes combates se llevaban a cabo en el norte de la ciudad de Gaza anoche, mientras el ministro de Defensa Israelí, Ehud Barak, se comprometía a continuar la guerra contra Hamas –que entra en su décimo día– hasta que la paz y la tranquilidad vuelvan al sur de su país. Los residentes de la capital informaron sobre fuertes bombardeos por tierra y por aire que enviaban nubes de humo al aire como llamas y los fuegos se encendían periódicamente en el cielo sobre el distrito de Zeitoun, donde se cree que se están desarrollando algunos de los más intensos combates. Hubo informes no confirmados anoche de que hasta nueve soldados israelíes habían muerto en Gaza. El gobierno israelí se negó a confirmarlo, diciendo que sólo ocho soldados habían sido heridos. En el primer reconocimiento de que hubo gran intercambio de fuego en las calles de Gaza entre las tropas y militantes Hamas, el ejército dijo que las fuerzas aéreas y de artillería “habían apoyado a las fuerzas terrestres atacando a hombres armados que se les acercaban y atacando áreas de lanzamiento desde las que Hamas disparaba cohetes a las fuerzas”. Añadió que habían “impactado docenas de operativos terroristas”. Por su parte, la facción islámica –que disparó alrededor de dos docenas de cohetes a Israel– prometió esperar a los soldados israelíes en “cada calle y en cada callejón”.

Mientras que las cifras citadas por el ministro palestino de Salud decía que el total del número de muertos hasta ahora por el ataque había crecido a 534 y que por lo menos 2470 había resultado heridos, un informe de la ONU dijo anoche que “la dificultad para extraer a los heridos de los edificios colapsados” hacía difícil hacer una estimación. Diciendo que la población de Gaza estaba “cargando con el peso” de la violencia, el número de muertos palestinos había aumentado a 94 desde el comienzo de la ofensiva terrestre el sábado a la noche (ayer eran 50). Decía “muchas muertes recientes habían sido mujeres y niños, algunas familias enteras” entre los muertos. Reuters informó anoche que trece miembros de una sola familia habían muerto por el bombardeo de una casa en el este de Gaza. Para las 15 horas, 25 palestinos habían muerto desde la mañana y se creía que por lo menos diez eran niños.

De acuerdo con la ONU, las fuerzas terrestres israelíes, apoyadas por tanques livianos y artillería, fueron desplegadas alrededor de los centros poblados de Gaza, incluyendo la ciudad de Gaza, Geit Hanoun, Beit Lahiy y el campo de refugiados Jabalya, así como Gaza del este, la sección media del norte de la franja, y Rafah, en el sur. Con Gaza ahora dividida en dos, el movimiento interno en la franja era “extremadamente peligroso”.

El informe de la oficina de la ONU de Coordinación de Asuntos Humanitarios añadió: “Más de un millón de habitantes no tienen ni electricidad ni agua y miles de personas han huido de sus casas en busca de asilo además de la destrucción de la infraestructura esencial”. Las fuerzas israelíes –que un vocero militar dijo que se habían estado entrenando durante dos años en una ciudad árabe para prepararse para posibles guerras urbanas en Gaza– seguían moviéndose hacia pobladas áreas anoche a pesar de la actividad diplomática en la región (ver aparte).

Algunos países europeos –especialmente Gran Bretaña– sostienen que los esfuerzos internacionales deberían enfocarse a reforzar la seguridad egipcia en la frontera sur de Gaza para detener el contrabando de armas por parte de Hamas. Tal plan contempla que la fuerza internacional debería ser una retribución por abrir los cruces –incluso para bienes comerciales– como medio de revivir la economía de los habitantes de la franja desde que Israel impuso su embargo.

Pero el trato está lleno de dificultades. Israel, además de resistir una relación directa entre el tema de los cruces y las medidas anticontrabando, que considera de suma importancia, sostiene que cualquier trato debería hacerse con la comunidad internacional, la Autoridad Palestina con sede en Ramalá, y no con Hamas.

El canciller británico, David Miliban, voló anoche a Nueva York, donde los cancilleres árabes se están preparando para una sesión del Consejo de Seguridad de la ONU hoy, dirigida a armar un nuevo borrador para una resolución de la ONU pidiendo un fin a la “agresión israelí” y un cese de fuego permanente. El canciller palestino, Riyad al-Malki, les dijo a los periodistas en Nueva York que los estados árabes esperaban que el borrador fuera adoptado por los quince miembros del consejo. El último borrador pide monitores en la frontera internacional y una fuerza internacional para proteger a los civiles en Gaza.

Sin embargo, los diplomáticos de la ONU dijeron que después de que Washington bloqueó un borrador libio el sábado, sería difícil que una resolución fuera adoptada hoy mismo. El presidente palestino, Mahmud Abbas, residente en Ramalá, estará en Nueva York para la sesión, que será pública y, por lo tanto, establecerá una confrontación entre Estados Unidos y sus críticos árabes.

Por Donald Macintyre *. Desde Jerusalén

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

Traducción: Celita Doyhambéhère.

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Diez mil hombres y un número no revelado de blindados entraron por el norte después de un intenso bombardeo de artillería. Hamas admite bajas y dice que mató a israelíes. Jerusalén lo niega y habla de “decenas” de milicianos muertos en combate.
 
La artillería israelí empezó a atacar la ciudad de Gaza apenas cayó el sol y tres horas después, en plena oscuridad y en medio del humo que todavía no se disipaba, entraron los tanques. No hay imágenes de lo que sucede adentro de la Franja. El bloqueo israelí no permitió que ningún periodista extranjero estuviera en Gaza para describir la invasión. Anoche nadie sabía a ciencia cierta cuántos tanques acompañaban a los 10.000 soldados que habían ingresado en la Franja ni hasta dónde habían llegado. El director del principal hospital de Gaza informó que ya hay 20 palestinos muertos y más de 50 heridos en combates cuerpo a cuerpo. El ejército israelí sostuvo que “decenas” de milicianos murieron en combate y por los ataques de la artillería. Alberto Arce, un trabajador humanitario español que colaboraba anoche con la Media Luna Roja en el campo de refugiados de Jabalia, en el norte de la Franja, le dijo a este diario que cuatro soldados israelíes ya habrían muerto. Jerusalén lo niega.

Según relató Arce, los tanques israelíes ingresaron a las 19.30, hora local, por el norte de la Franja, protegidos por decenas de helicópteros. No encontraron resistencia. Después de un día de incesantes bombardeos y ataques, nadie se animaba al aire libre, menos cerca de la frontera. Recién un par de horas después de la invasión, la mayor Avital Leibovitch, vocera del ejército israelí, confirmó la ofensiva. “El objetivo es destruir la infraestructura terrorista de Hamas y su zona de operaciones –explicó y advirtió–. Vamos a ocupar las áreas desde donde lanzan los cohetes.” Ayer 20 cohetes palestinos cayeron sobre la ciudad fronteriza de Negev, sin dejar víctimas.

Desde la clandestinidad y después de sufrir la baja de su segundo dirigente, Hamas sólo pudo lanzar amenazas. “La entrada de Israel en Gaza no será un paseo. Gaza será su cementerio con la ayuda de Dios”, aseguró anoche el vocero de la organización islámica en la Franja, Ismail Radwane. Ante el avance de los tanques, el dirigente descartó una posible tregua. “Ustedes no gozarán de seguridad mientras nuestro pueblo carezca de ella”, prometió.

Unas horas antes, el brazo armado de Hamas, las brigadas Ezzedin Al Kasam, había advertido que si volvían a ocupar Gaza, ellos responderían en donde más les duele a los israelíes, secuestrando a sus soldados. “Si ellos entran, Gilad Shalit tendrá nuevos amigos”, aseguraron en un comunicado. La captura de Shalit en junio de 2006 provocó una ola de ataques contra Gaza, como los que azotan el territorio palestino en estas horas. No obstante, nunca fue liberado y hace casi un año que no se sabe nada de él. A pesar de las advertencias de Hamas, el mayor temor de un millón y medio de palestinos se había hecho realidad. Israel, país ocupante hasta 2005, volvía a invadirlos y, según adelantó el ministro de Defensa israelí, Ehud Barak, en un discurso ayer, la estadía de los militares no será corta. A pocos kilómetros de la frontera norte, en Beit Hanun, Halima Velasco, una joven palestina de 23 años, se desesperaba ante la idea de una nueva ocupación. “Hace una semana que no salgo de mi casa, desde que empezaron los bombardeos de Israel. Vivo en total oscuridad, con hambre y un terror absoluto. Si hubiese sabido que iban a entrar hoy (por ayer) me hubiera animado a salir a buscar algo de comida”, dijo vía telefónica a este diario.

Su mayor miedo es por su hermano de dos años. Su madre se aventuró hace unos días al centro de la ciudad para comprar algo de comida. “Hay una sola tienda abierta y sólo vende una mezcla de sobras. No es comida de verdad”, contó. Halima no sabe si los soldados israelíes entraron a su ciudad o si están cerca. No se anima ni a abrir una ventana, menos cuando afuera está todo oscuro. “Lo único que sé es que está mañana la casa se sacudió durante horas por todas las bombas que cayeron cerca de acá.” Cerca de allí, en el campo de refugiados de Jabalia, cientos de hombres partían anoche hacia la frontera con Israel, a unos siete kilómetros. “No bien entraron los tanques, Hamas empezó a llamar a todos los hombres a agarrar sus armas y marchar hacia la frontera”, relató a Página/12 Jamal Zaqut, unos de los empleados públicos que manejan el campo. Desde megáfonos les decían, explicó, que si no detenían a los soldados israelíes en la frontera, en unos días los tendrían adentro del campo.

“Es difícil no creerles cuando hace una semana que Israel está bombardeando casas, mezquitas y escuelas”, aseguró el palestino de 32 años. Sin embargo, él decidió no ir. “Alguien tiene que quedarse para seguir repartiendo el pan y llevar a los heridos al hospital”, se excusó.

El campo de Jabalia fue uno de los de los más golpeados ayer. Desde temprano a la mañana, los cazas F-16 bombardearon el centro del gigantesco barrio sobrepoblado y desde la costa, a menos de un kilómetro, la Marina israelí apoyó la ofensiva con misiles. Uno de los objetivos más importantes fue la mezquita Ibrahim al Maqadna, que quedó casi destruida. La situación fue dramática, recordó Zaqut. Era la hora de la oración y el templo estaba lleno. La gente salió corriendo desesperada cuando cayó la primera bomba, pero no todos se salvaron. Los trabajadores de la Media Luna Roja y los vecinos tardaron horas en recuperar los cuerpos de abajo de los escombros. Recién a la noche, las autoridades de Sanidad informaron que 16 personas habían muerto en el ataque.

Vittorio Arrigoni, del diario italiano Il Manifesto, estaba al lado de la mezquita cuando comenzaron los bombardeos. Se encontraba visitando el hospital de la Media Luna Roja en el campo de refugiados. “Dos bombas cayeron al lado del hospital. Los vidrios de la fachada volaron en pedazos. Las ambulancias no fueron destruidas de casualidad. Con el correr de la noche, los ataques se hacen más fuertes”, relató el periodista.

Al salir de allí, vio la mezquita envuelta en una gran nube de humo y polvo. En la calle se encontró con una anciana. “Me preguntó si Israel piensa que está en el medioevo y no en el año 2009. Entonces, dijo irritada, por qué continúa bombardeando con precisión las mezquitas, como si se hubiese concentrado en una guerra santa personal contra los lugares santos del Islam en Gaza”, escribió Arrigoni.
En total, fuentes médicas palestinas estiman que al menos 30 personas murieron antes del inicio de la invasión terrestre, lo que eleva el saldo de muertos a 650 y más de 2300 heridos.

Por María Laura Carpineta

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Sábado, 03 Enero 2009 15:09

Los ojos de los niños

Mientras en una parte del mundo se celebraban las fiestas, en otros lugares se mataban seres humanos. Así se despidió el año 2008, así llegó el 2009. Civilización, o no, y barbarie. Pan dulce y bombas. El cinismo no conoce fronteras. Se mata y ya está. Por seguridad. Por los derechos de unos sobre otros. Recibimos el Año Nuevo con cuatrocientos muertos debajo del colchón, cien de ellos niños. Y cerca de dos mil heridos. La Franja de Gaza. Pueblos que ya tendrían que ser sabios por sus experiencias trágicas encuentran coincidencia sólo en la muerte. Esa muerte para la que el ser humano trata de encontrar una definición, una explicación, es usada como emblema de lo que llamamos civilización. Ahora es ya mucho más fácil. Se mata al enemigo desde aviones y, mejor todavía, a él y a toda su familia. A su mujer y a sus ocho hijos. O con cohetes, desde el escondite. Esos jóvenes que arrojan bombas desde aviones o desde escondites no se dan cuenta de que matan, de que exterminan la vida de otro ser, por lo general inocente. Pero arrojan bombas por “patriotismo”. Los discursos de los políticos intervinientes nos dicen claramente de su omnipotencia. ¿Tienen acaso el poder delegado de matar, de hacer matar? ¿Se los vota para eso? ¿Y qué pasa con Naciones Unidas, para qué está? Ni siquiera esa organización mundial es capaz de detener una guerra. Ese tendría que ser su principal motivo de existencia. Y no una masa burocrática de encuentros superficiales y desencuentros que ocasionan la muerte.
 
La muerte de niños. Lo lanzaron al aire y al papel, los medios: el bombardeo israelí logró la muerte de uno de los dirigentes principales de Hamas y también de su mujer y sus ocho hijos. Buena puntería. ¿Pero cómo, es que vivimos en el tiempo de los dinosaurios? No, vivimos el siglo de la mente humana. Por eso el papa Ratzinger en su mensaje de Navidad nos ha enseñado a rezar, rezar, rezar. ¿Rezar a quién? ¿A un Dios que permite en la “Tierra Santa”, donde nació su hijo de una virgen, que se cometan crímenes tan atroces, como que se peleen pueblos desde hace siglos por razones religiosas, que en el fondo no son otra cosa que razones de poder y de dominio? Alá, Jehová y Cristo. Tierra Santa que mata a sus niños.
 
¿Con qué habrán soñado esos niños la última noche en que vivieron? ¿Con juguetes, con hadas, con ángeles que les arrojaban espejitos de colores desde el cielo? Es lo mismo, porque nosotros les arrojamos bombas y los destrozamos. Habría que rescatar los ojos de esos niños en el momento en que estallaron las bombas.
 
Sí, está bien, los hombres de Hamas lanzan cohetes a Israel. ¿Y por eso hay que bombardear ciudades abiertas allí donde viven madres que crían a sus hijos? Ciudades que ni siquiera tienen refugios antiaéreos. Eso es fácil. Pero criminal de la peor cobardía, a su vez.
 
Tiene razón Israel en combatir el terrorismo, pero no con métodos cien veces más traidores que el cohete individual. Igual, tal vez, en su perversión, pero increíblemente menor que hacerlo desde aviones, en uniforme oficial y por orden de los responsables. No, además, esos actos de mostrar poder traen las consecuencias más nefastas, originan los odios de siglos, los deseos de venganza infinitos, que quedan en la historia de los pueblos. La única búsqueda de solución es recurrir a Naciones Unidas para que envíe una organización preparada en esta clase de conflictos, que encuentre la paz y no la venganza. No se arreglan los problemas con la muerte. Y más para un pueblo con la experiencia del judío, un pueblo que, con su conocimiento histórico de persecuciones, tiene que haber aprendido para siempre hacia dónde lleva el odio. Porque los crímenes del Holocausto han quedado para siempre en la conciencia del pueblo alemán y tendrían que quedar también para siempre en el pueblo que fue víctima. Porque no hay ninguna diferencia para un niño entre morir en una cámara de gas y ser destrozado por una bomba arrojada desde aviones oficiales.
 
Sí, el pueblo alemán aprendió para siempre lo que es cometer un crimen de lesa humanidad. Pero seamos sinceros: aprendió pero no tanto. Hay otra forma de hacerse cómplice de otros crímenes. Por ejemplo esto: la fabricación y venta de armas. Leamos las cifras oficiales. La exportación de armas alemanas del año 2007 alcanzó a 8,7 mil millones de euros. Es decir que exportó un 13 por ciento más que el año anterior. Con esto, Alemania ocupa el tercer lugar en el mundo de exportadores de armas, con el 10 por ciento, mientras Estados Unidos ocupa el primer lugar, con el 31 por ciento, y Rusia, el segundo, con el 25 por ciento. Pero aquí no acaba la cosa. Alemania exporta armas a China, India, a los Emiratos Unidos de Arabia, a Grecia, a Corea del Sur y a un sinfín de otros países. Sí, a los Emiratos Unidos de Arabia. Pero, y aquí está el nudo de la cuestión: también a Israel, Afganistán, India, Nigeria, Pakistán y Tailandia. Muy buen negocio. Ahí no se hacen discriminaciones, el que paga bien, a ése se le vende. Es sabido que los europeos –en este caso Alemania, Gran Bretaña, Francia e Italia– atraen a sus clientes deseosos de armas con financiaciones “atractivas” y la promesa de transmitirles tecnología nueva.
 
Entonces aquí hay que decir la otra verdad. No alcanza con que los alemanes se hayan hecho una severa autocrítica sobre los crímenes del nazismo sino que la verdadera autocrítica tendría que ser nunca más a las armas, nunca más hacer negocios con la Muerte y menos con países que tienen problemas con países lindantes ni tampoco aquellos que tienen problemas internos. No se es honesto si por un lado criticamos las guerras y las represiones y por el otro vendemos armas a países donde tienen lugar esos crímenes contra la Vida.
 
Hace pocos días se hizo en los medios alemanes un desusado elogio al ex primer ministro Helmut Schmidt, que cumplió noventa años de edad. Justamente, el político que apoyó la venta de armas a la dictadura argentina del desaparecedor Jorge Rafael Videla. Y se defendió en el Congreso alemán diciendo que lo hacía para “asegurar la fuente de trabajo de los obreros alemanes”, un argumento fuera de toda base ética. Porque si es por eso, que el gobierno alemán disponga de una suma para darles trabajo a esos obreros y que éstos se dediquen a fabricar juguetes para los niños.
 
Más todavía, el gobierno alemán asegura con fianzas oficiales la financiación de los proyectos de venta de armas, para lo cual se utiliza dinero del pueblo cobrado mediante los impuestos. Hace poco quedó en claro un escándalo producido por la constatación de que las fuerzas de seguridad de Georgia poseían modernas armas alemanas, a pesar de que el gobierno alemán había rechazado el pedido de ese país de venderle armas, ya que Georgia se encontraba en estado de guerra con Rusia. Es decir que podemos constatar que, en el caso de hacer negocios, se pisotean los principios básicos de lo que tiene que ser la ética en las relaciones humanas.
 
Las armas, las guerras entre los seres humanos divididos por estúpidas fronteras, tienen que pasar a ser un tema fijo en la vida de todos los pueblos del mundo. No a las armas, sí a la vida.
 
Han muerto cien niños en el bombardeo israelí de Gaza. Ya esa cifra podría servir de leitmotiv contra todos los bombardeos de ciudades abiertas. Nunca más la muerte de niños como acción de guerra. Salir a la calle en la protesta. Denunciar a los políticos que dieron la orden y a los generales y soldados que la cumplieron.
Sería al primer peldaño hacia aquel Paraíso en la Tierra con que soñaba Kant: la paz eterna.

 Por Osvaldo Bayer
Desde Bonn, Alemania
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Viernes, 02 Enero 2009 15:44

2009 nació en Gaza bajo las bombas


Luego de que el gobierno de Israel rechazara la propuesta francesa de un alto el fuego “humanitario” de 48 horas, se estima que la guerra de Gaza pasará en poco tiempo a la fase de la invasión por tierra. El ejército elevó al gabinete de defensa la recomendación de iniciar un operativo terrestre de duración limitada pero que –según se estima– consistirá en el despliegue de un gran poder de fuego. Mientras tanto, siguen los bombardeos sobre el enclave palestino y los ataques desde este último contra ciudades israelíes con cohetes de mayor alcance que el conseguido previamente. Así, las ciudades de Beer Sheva y Ashdod, ubicadas a unos 40 kilómetros de Gaza, han sido blancos de proyectiles Katyusha similares a los lanzados por Hezbolá hacia el norte de Israel en la última guerra del Líbano. Si bien ayer resultó muerto uno de los máximos jefes del brazo militar del Hamas, Nizar Rayan, la ofensiva aérea parece haber agotado su potencial, dado que en los últimos días vienen siendo bombardeados por segunda e incluso tercera vez edificios del gobierno de Hamas que ya habían sido destruidos completamente en ataques previos.
 
A esos blancos se les suman los túneles subterráneos a través de los cuales se efectúa el contrabando de armamentos desde Egipto pero también el ingreso de mercaderías de todo tipo (desde harina, combustible y cigarrillos hasta aparatos electrodomésticos), que no pueden ingresar de manera regular y oficial debido al cierre de los pasos fronterizos controlados por Israel y Egipto. A juzgar por el número relativamente reducido de soldados reservistas reclutados (9200), el operativo terrestre no estará destinado a conquistar la Franja de Gaza. Sin embargo, la cúpula del ejército les ha aclarado a los ministros que tampoco conducirá al cese absoluto de los ataques con cohetes. El objetivo –afirman sus voceros– es “disuadir” a Hamas para que acepte un cese de fuego favorable a los “intereses de Israel”. Los políticos, por su parte, ya no proclaman que ese interés es derrocar al régimen de los islamistas en Gaza. Y el plan declarado puede complicarse si los milicianos de Hamas muestran una capacidad de resistencia prolongada. En tal caso, la tentación de conseguir, en cada etapa del enfrentamiento, un logro más considerable puede arrastrar al ejército a una dinámica de empantanamiento cuyo antecedente libanés aparece como una luz de alerta frente a los ojos de la dirigencia israelí.
 
Los analistas locales aseguran que las conclusiones del fiasco de 2006, cuando el ejército invadió el Líbano supuestamente para vencer a Hezbolá, fueron muy bien asimiladas. La corrección de las fallas de entonces requeriría, entre otras cosas, contar con un sólido plan de salida diplomática en el momento de iniciar la ofensiva por tierra. Hasta el momento, sin embargo, el gabinete israelí se niega a tratar distintas propuestas de cese de fuego elaboradas por factores internacionales (ver página 22). El premier Olmert justificó la continuidad de los bombardeos y dijo: “No iniciamos el operativo sólo para terminarlo cuando siguen los disparos contra Israel”. Voceros del ejército, por el contrario, afirmaron que los cohetes seguirán cayendo aun luego del ingreso al enclave palestino de tropas terrestres. De todos modos, paralelamente a esas contradicciones, Olmert le comunicó a la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, que Israel exigirá la creación de un dispositivo de control internacional sobre un futuro cese de fuego.
 
El jefe del gobierno de Gaza, Ismail Haniyeh, dijo en una entrevista televisiva que Hamas aceptará sólo una tregua que contemple el levantamiento del bloqueo sobre la franja palestina. Ese condicionamiento es rechazado por Israel, aunque ahora el ministro de Defensa, Ehud Omemert, ha ordenado la apertura de algunos pasos fronterizos para posibilitar el ingreso de “ayuda humanitaria”. Pero, además, también Egipto se opone a la apertura del paso de Rafah, a menos de que esté supervisado por funcionarios de la Autoridad Palestina, gobernada por Mahmud Abbas, líder del movimiento palestino rival del Hamas, Al Fatah. De esta manera, la actual guerra recrudece la enemistad entre la corriente islamista palestina y uno de los países árabes más importantes del bloque sunnita preocupado por la expansión de las fuerzas pro-iraníes (Siria, Hezbolá, Hamas). Junto con Arabia Saudita, Egipto intenta negar la posibilidad de que Hamas determine de manera independiente las condiciones de un cese de fuego con Israel. Un acuerdo separado sería interpretado como un reconocimiento del gobierno de Hamas y de Gaza como entidad separada de Cisjordania y de la AP. Egipto le teme al escenario de un enclave tutelado por Siria e Irán que limita con su territorio.
 
La disposición mediadora del premier de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, seguramente será utilizada por Teherán y Damasco con el objeto de profundizar la intervención de sus respectivos gobiernos en la gestión del conflicto. El desafío de Erdogan consiste en encontrar un denominador común entre ambos ejes, que posibilitaría presentar cierto acuerdo intraárabe ante Hamas e Israel. Hasta ahora, el movimiento islamista exige el control absoluto del paso de Rafah, dado que, si renunciara a esa posición, estaría aceptando el cuestionamiento a su status de gobierno legítimo. No es él quien está buscando, por el momento, una fórmula que permita el cese de los ataques. Lo están haciendo, con mayor urgencia, Egipto, la Liga Arabe y la Autoridad Palestina.

Sube el laborismo

El Partido Laborista y su líder, el ministro de Defensa Ehud Barak, son los principales beneficiados por la ofensiva israelí en Gaza. Según un sondeo publicado ayer en el diario israelí Haaretz, el 71 por ciento de sus conciudadanos apoya la guerra y quiere que continúe hasta que cesen los lanzamientos de cohetes caseros en la zona fronteriza. El alto nivel de popularidad de Barak llega en un momento clave, ya que el laborismo no tiene aún un candidato oficial para las próximas elecciones generales del 10 de febrero. Hasta hace unos meses parecía que ese partido, la tercera fuerza política actualmente, perdería aún más bancas en el Parlamento y, en consecuencia, posiciones en el gobierno. Pero gracias a la gestión de Barak, y especialmente la ofensiva contra Gaza, el laborismo se convertiría en la mayoría con un 53 por ciento de intención de voto. Pero el ministro no es el único que va en subida. El primer ministro Ehud Olmert y su canciller Tzipi Livni, ambos del partido mayoritario Kadima, y el derechista opositor Benjamín Netanyahu, del Likud, también crecieron en las encuestas. Los perdedores son la izquierda y los partidos pacifistas.

Desde Tel Aviv
Por Sergio Rotbart
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Sábado, 27 Diciembre 2008 08:26

La ruta de la muerte que va a Afganistán

“Tengo mucho miedo: cada vez que tomo este camino sólo Dios sabe qué va a pasarme. A muchos compañeros los talibán los han matado o secuestrado, entre ellos a mi primo.” Habla Haji Buzarg, uno de los camioneros paquistaníes que transportan contenedores con suministros para la OTAN. Como Buzarg, el resto de conductores son altos, de complexión fuerte, gente curtida en los caminos. No parece gente que pueda tener miedo de cualquier cosa. Pero mirando en los almacenes de Peshawar (al noroeste de Pakistán), donde se acumulan los contenedores para el suministro de las tropas de la OTAN en Afganistán, se entiende fácilmente su temor. Hay cientos de contenedores quemados en medio de un cementerio de camiones y vehículos blindados Humvee destrozados tras un ataque de los talibanes. Sólo quedan restos de metal retorcidos por los cohetes y un intenso olor a caucho quemado que desprenden las ruedas de los vehículos, convertidos ahora en un cadáver con esqueleto de metal. Dos camioneros murieron en el ataque. En total, seis han perdido la vida desde comienzos de mes tras el recrudecimiento de las hostilidades.

“Cada uno de estos camiones con suministros es nuestro objetivo. La OTAN y Estados Unidos están transportando todo lo necesario, incluido el armamento, para matar a nuestra nación, a nuestros niños.” Así expresa sus razones con voz furiosa, en un inglés entrecortado, por teléfono desde un lugar desconocido en las montañas, Muslim Khan, representante de los talibanes en Pakistán.

Para los camioneros las cosas son mucho más simples. “¿Qué podemos hacer sino trabajar? Somos muy pobres y ésta es la única forma de ganarnos la vida. Tengo una deuda y tengo que pagarla”, explica Buzarg. Su trabajo no es demasiado lucrativo: unas 30.000 rupias (272 euros al mes). “Con el precio del diésel tan alto a causa de la inflación, cuando llegamos a casa casi ya no tenemos nada de dinero”, dice, mientras intenta tapar un agujero en su tradicional salwar kameez. Aunque modesta, esta vestimenta tribal le da un aspecto solemne. Los camioneros no saben lo que transportan porque les dan los contenedores sellados. “Llevamos todo lo necesario para la vida de las tropas, desde comida, hasta toallas o televisores, pero también hay armas”, según fuentes de las compañías transportistas.

Entre el 70% y 80% de los suministros, incluyendo el combustible, para las tropas de EE UU y la OTAN en Afganistán llegan por tierra desde Pakistán. La gran mayoría proceden del puerto paquistaní de Karachi y luego son transportados por tierra hasta Peshawar, desde donde continúan hacia Afganistán por el legendario paso de Khyber. Normalmente, los envíos llegan en tres días, pero tras el recrudecimiento de la violencia un convoy puede tardar hasta diez días a causa de las paradas que tienen que hacer los camioneros en los sucesivos puestos de control.

“En esta carretera estamos completamente a merced de los talibanes”, cuenta otro camionero, Shahid Khan. Hay otro paso por tierra hacia Afganistán, el que lleva de Queta a Kandahar. Todavía no es tan peligroso como el paso de Khyber, pero se teme que los ataques golpeen pronto esta zona.

Los chóferes aseguran que, una vez en Afganistán, los ataques de talibanes son menos frecuentes. “Sin embargo, la policía afgana nos tiene hartos con sus extorsiones y por las palizas que nos dan”, reclama Khan. “Nosotros no entendemos de política, sólo sabemos que los pobres somos los que sufrimos estas represalias. Sólo queremos seguridad en nuestro trabajo”, grita enfurecido uno de sus compañeros.

El pasado 8 de diciembre, de madrugada, entre 400 y 500 hombres armados rodearon el área donde se concentran los transportistas, dos o tres se pusieron frente a la puerta de cada edificio y, mediante altavoces, avisaron de que nadie debía salir, recuerda Shah Iran, uno de los vigilantes del área atacada de Peshawar, cerca de la región tribal de Pakistán. “Al grito de ¡Allah Akbar! (¡Alá es el más grande!) sacaron gasolina de una estación de servicio vecina y la esparcieron sobre los contenedores. Luego prendieron a tiros las llamas. Tenían mucha coordinación y sabían lo que hacían”, dice. Según los testigos del ataque, tenían todo tipo de armas, entre ellas fusiles AK47, metralletas, lanzacohetes y granadas.

“No sabemos quiénes son los talibán. No son gente de aquí. Se comunican en pastún y urdu, pero también en inglés. Y tienen hasta equipos de comunicación”, asegura el guarda. El fue el único vigilante que regresó al día siguiente de los ataques. “Tengo dos hijos llorando en casa para pedir comida y no puedo dejar el trabajo”, confiesa. Gana el equivalente a 80 euros al mes, y no es fácil conseguir otro empleo.

La policía no ha podido hacer nada porque todos los ataques se produjeron de madrugada, según los testigos. Ahora ya hay patrullas formadas por 10 ó 15 policías, pero ¿qué pueden hacer frente a 400 talibanes bien armados?

Sin embargo, Malik Naveed, jefe policial de la Provincia de la Frontera del Noroeste, de la que es capital Peshawar, no acepta que los talibanes estén ganando fuerza en Pakistán, y concretamente en esa zona. Según sus propios números, en esa provincia ha habido 533 muertos por terrorismo en lo que va del año, frente a los 359 muertos de 2007. También han perdido la vida 154 policías. Pero sostiene que los ataques se deben a que ‘los talibanes están desesperados porque están debilitados y bajo presión’.

Un alto cargo de una empresa transportista, que prefiere quedar en el anonimato, acepta que reciben constantemente cartas y llamadas amenazantes. “Tal vez tenga que renunciar pronto. La guerra está llegando a nuestro país y no es nuestra guerra. El odio contra las fuerzas extranjeras está creciendo día a día a causa de los ataques de Estados Unidos. Vivimos con el alma en vilo”, asegura.

Mientras tanto, en la última semana miles de personas han participado en protestas en las principales ciudades del país para pedir que se corte la ruta de suministros de la OTAN. El partido islamista Jamat-e-Islami las ha convocado. Su presidente, Qazi Hussain, afirma: “Queremos que Afganistán tenga paz y no será así hasta que las fuerzas extranjeras se vayan. También sabemos que esas armas que transportan están siendo usadas contra Pakistán, para bombardear las zonas tribales”.

También la gente que vive cerca de las áreas de transporte tiene cada vez más miedo. Como dice Mohamed Rehan, testigo de uno de los ataques: “Queremos que se vayan de aquí. Vivimos en continuo peligro: la semana pasada un cohete cayó sobre el centro de reuniones del pueblo”.

Por Ana Gabriela Rojas *

Desde Peshawar

* De El País de España. Especial para Página/12
 

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Basora, 22 de diciembre. Tesoros antiguos robados de museos en la anárquica secuela de la invasión encabezada por Estados Unidos a Irak, hace cinco años, han sido encontrados en Basora, en una de las más grandes recuperaciones de bienes saqueados, pudo saber The Independent.

Los inapreciables artefactos, unos 230, fueron rescatados cuando se les iba a enviar de contrabando al extranjero, en una operación de engaño organizada por investigadores.

Siete miembros de una banda que se había especializado en traficar antigüedades robadas en el país han sido detenidos y se les somete a interrogatorio. Se sospecha que también están implicados en el sistemático pillaje de sitios arqueológicos.

Durante la investigación, realizada por fuerzas de seguridad iraquíes y británicas, objetos antiguos destinados a coleccionistas privados en Medio Oriente y en Occidente se hallaron ocultos en jardines y bajo pisos de casas en los suburbios de Basora. Según autoridades iraquíes, había esculturas sumerias y babilonias, intrincadas joyas de oro, objetos decorativos de plata y cerámica. Los artefactos han sido enviados a Bagdad para analizarlos y confirmar su origen.

Los museos y sitios arqueológicos de Irak –entre ellos el Museo Nacional de Bagdad, fundado por la viajera, escritora, politóloga y administradora británica Gertrude Bell, y abierto poco después de su muerte, en 1926– fueron saqueados cuando el país se hundió en el caos.

Más de 20 mil artículos, algunas de las antigüedades más preciosas del mundo, se perdieron entonces.

En ese tiempo el doctor Donny George, director de investigación del Consejo de Antigüedades de Irak, fue al hotel Palestina, donde los marines estadunidenses habían establecido su cuartel, para implorarles que protegieran el museo. Pasaron tres días sin que enviaran ninguno.

Posteriormente Donald Rumsfeld, secretario de Defensa, describió como “desaseo” esos días de pillaje y de incendios intencionales, y comentó sobre el saqueo del Museo Nacional: “tratar de hacer pasar esa infortunada actividad como un déficit del plan de guerra me parece una exageración”. También fueron saqueados museos de Basora y Mosul, segunda y tercera ciudades del país en tamaño.

Gran parte de la herencia de Mesopotomia, cuna de la civilización, desapareció cuando los ladrones volvieron su atención a los sitios arqueológicos.

Algunos de los artefactos robados fueron recobrados tanto en Irak como fuera del país.

El Museo Nacional ha recobrado unos 3 mil 500 de los 15 mil objetos robados. Pero la feroz violencia en Irak significó que las fuerzas de ocupación y sus aliados iraquíes no tuvieran tiempo o personal suficiente para investigar los robos. Ahora el gobierno iraquí realiza esfuerzos por recobrar la herencia nacional y ofrece recompensa a quien proporcione información.

La investigación en Basora comenzó luego que las fuerzas de seguridad recibieron informes de que había llegado a la ciudad un cargamento de tesoros en ruta hacia Kuwait.

Un informante presentó a dos agentes encubiertos de la fuerza de respuesta rápida del ejército iraquí –normalmente una agencia de contrainteligencia– al grupo del bajo mundo como si fueran agentes de compradores extranjeros.

Los hampones mostraron a los agentes artefactos envueltos en papel periódico y guardados en cajas de cartón. Los agentes convencieron a la banda de que sus clientes necesitaban ver fotografías de algunos artículos.

El teniente Munir Khalid, una de los investigadores, relató: “Los criminales debían de saber que corrían un riesgo al permitir fotografiar los objetos, pero la codicia los venció y los agentes usaron sus teléfonos móviles para tomar las fotos. Ya después fue cuestión de preparar la operación y asegurarnos de que estuvieran todos los miembros de la banda y no sólo los primeros que conocimos”.

Un cateo llevado a cabo la semana pasada en la zona de Abi al-Hassan condujo a la captura de cinco hombres y al descubrimiento de 160 objetos enterrados en el jardín y bajo losas en la cocina. Una búsqueda en otra casa en Al-Ayaqub produjo el hallazgo de más artefactos enterrados en el jardín y la detención de otros dos hombres.

El coronel Ali Sabah, quien dirigió la operación, se dijo “muy feliz porque es mi civilización... Y hemos salvado parte de su historia”. Levantando un pequeño y delicado amuleto, añadió: “Me dicen que tiene más de 6 mil años de antigüedad y que no tiene precio. Estamos muy orgullosos. Cuando mis soldados vayan a los museos con su familia podrán decir: ‘nosotros los recuperamos para nuestra patria”.

También soldados británicos participaron en la operación. El capitán Laurence Roche, de la 20 brigada blindada, señaló: “fue como estar en la cueva de Ali Baba con todas esas joyas maravillosas. Fue un privilegio estar ahí y verlo todo. Hace que uno se dé cuenta de lo rica que es la herencia de Irak y la historia de la humanidad ligada a este lugar”.

Kim Sengupta (The Independent)

Traducción: Jorge Anaya

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Domingo, 21 Diciembre 2008 12:38

“El lamento del cabrón”

Es el título de una conocida canción del trío español de rock pesado Orthodox, pero nadie piense mal: se refiere al macho cabrío o cabra muy grande y no el adjetivo en que el uso común ha convertido al sustantivo. Uno de los versos de la letra dice “oye al cabrón que llora”. Claro que, en castellano, es difícil separar las dos acepciones. El cabrón-caprino estuvo presente en la mitología y las religiones desde tiempos muy lejanos. Artemisa lo consideraba un animal sagrado y un atributo dionisíaco. En el Antiguo Testamento es símbolo de la adoración de falsos dioses (Isaías, 13:21 y 34:14). El sumo sacerdote del templo de Júpiter tenía prohibido tocarlo. Pero éstas son divagaciones.
El presente artículo se refiere más bien a declaraciones recientes de W. Bush. Cuando un periodista de TV le preguntó cuál era, a su juicio, el mayor fracaso de su gestión, el mandatario saliente explicó (abcnews.go.com, 1-12-08): “Lo que más lamento de mis dos presidencias serían las fallas de (los servicios de) inteligencia en Irak”. Dicho de otra manera: los servicios de espionaje le informaron que Saddam Hussein tenía un arsenal de armas de destrucción masiva (ADM) y no le quedaba otro remedio que desatar la guerra. No se compunge por lo que hizo, que cuesta ya más vidas estadounidenses que el atentado contra las Torres Gemelas y un número de víctimas iraquíes que tal vez asciende a centenares de miles, sino por lo que presuntamente le hicieron. Que el victimario se haga la víctima es un viejo tic de nuestra civilización y exige mucho olvido, propio y ajeno.
El 7 de octubre del 2002, W. advertía en Cincinnati que “no se debe permitir al dictador iraquí que amenace a EE.UU. y al mundo con venenos, enfermedades terribles y gases y armas atómicas”. Ya olvidaba entonces que ocho meses antes un informe de la CIA no encontraba “evidencias de que Irak esté comprometido en acciones terroristas contra EE.UU. desde hace casi una década, y que está asimismo convencida de que el presidente Sa-ddam Hussein no ha proporcionado armas biológicas o químicas a Al Qaida y grupos afines” (The New York Times, 17-2-02). Es que la decisión de invadir Irak se había tomado ya en Camp David durante el fin de semana que siguió al 11/9.
El presidente Bush acentuó su no responsabilidad en la entrevista de la cadena ABC: “Mucha gente arriesgó su reputación y dijo que la posesión de ADM era una razón para derribar a Saddam Hussein. No sólo personas de mi administración opinaron así, muchos miembros del Congreso, antes de mi llegada a Washington D.C., en el debate sobre Irak, y muchos líderes de naciones de todo el mundo se basaron en los mismos datos de inteligencia... y yo habría deseado que la inteligencia hubiera sido diferente, supongo”. Dicho de otra manera: W. no tuvo más remedio que plegarse a la idea imperante sobre Saddam. Qué desmemoria: Thomas Ricks, corresponsal de guerra del Washington Post, relató en su libro Fiasco (The Penguin Press, Londres, 2006) que sólo cinco parlamentarios habían leído la evaluación clasificada de la comunidad de espías. Habrán encontrado luego –se supone– que la Casa Blanca había mutilado el texto del informe que se hizo público para convencer al pueblo estadounidense del peligro iraquí: desaparecieron advertencias y pruebas contrarias a lo que Bush quería demostrar (New Republic, 30-6-03). Un olvido más qué le hace al tigre.
El mensaje del gobierno norteamericano se volvió cada vez más intimidante en el 2000: el 26 de agosto, el vicepresidente Cheney –que mucho hizo para ocultar la realidad– subrayaba en Nashville que Saddam poseía “un arsenal de armas terroríficas que constituyen una amenaza para nuestros amigos de toda la región y que podrían someter a EE.UU. y a cualquier otra nación al chantaje nuclear”. Los analista de la CIA no estaban de acuerdo: en general daban por buenos los resultados de las inspecciones de la Organización Internacional de Energía Atómica acerca del programa nuclear iraquí: no existía, según el organismo de la ONU. Hasta el departamento de inteligencia del Pentágono elaboró una evaluación que señalaba: “No hay información fidedigna acerca de si Irak está produciendo o almacenando armas químicas o si ha restablecido, o se propone restablecer, sus instalaciones de producción de armas químicas” (www.dia.mil, septiembre 2002). La Casa Blanca no tomó en cuenta el informe: su voluntad política no quiso.
La invasión de Irak y Afganistán obedeció a planes de los “halcones-gallina” muy anteriores al 11/9 y su olor a petróleo y designios imperiales se extendió por el planeta. Los históricos olvidos de la historia que perpetra W. Bush tienen precedentes muy antiguos. Hace 25 siglos, la sangrienta oligarquía de Los Treinta prohibió en Atenas por decreto recordar la derrota militar que le infligiera Esparta. Hoy, la repetición de las versiones oficiales torna innecesarios los decretos.

Por Juan Gelman
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Lunes, 15 Diciembre 2008 08:26

Irak: la decimotercera hora

El 27 de noviembre, el Parlamento de Irak votó 149-35 en favor de ratificar el Acuerdo para el Estatus de las Fuerzas (ampliamente conocido como SOFA por sus siglas en inglés) con Estados Unidos. Conforme se recogía el voto, el viceprimer ministro, Barham Salih, dijo según se le cita: “les recuerdo que en Irak las cosas no han ocurrido en la hora undécima sino en la decimotercera”. En otras palabras, el momento clave está aún por llegar.

¿Qué ha ocurrido en realidad? El Parlamento iraquí tiene 275 miembros. Los presentes en el momento del voto fueron únicamente 198. Quienes votaron en favor del texto fueron 149, apenas una mayoría de los miembros. Los 149 incluyen a los miembros de los dos más importantes partidos chiítas (el SCIRI y Dawa, el partido del primer ministro), los dos partidos kurdos y, lo que es crucial, los miembros del Frente Iraquí de Acuerdo (IAF, por sus siglas en inglés), de base sunita.

Fue crucial el voto favorable del IAF porque el gran ayatola Sistani había dicho que no respaldaría el acuerdo a menos que tuviera un “amplio” apoyo, lo que significaba que tuviera un sustancial respaldo sunita. Así que los sunitas tuvieron un gran poder de negociación con el primer ministro Maliki, cuyo futuro político pendía de lograr el acuerdo SOFA adoptado. El IAF obtuvo dos cosas de Maliki. Una fue que en julio de 2009 habría un referendo nacional relativo al acuerdo. La segunda es el respaldo sustancial que Maliki le está otorgando a los llamados “consejos de apoyo” en las tribus sunitas. Es decir, Maliki está ofreciendo a la vez un soborno y garantías contra futuras represalias a las tribus sunitas que han prestado ayuda a las fuerzas armadas estadunidenses el año pasado a cambio de asistencia material.

Maliki ha emergido como el gran ganador político y demuestra que es más hábil maniobrando políticamente de lo que la mayoría de los analistas esperaba. Miremos qué es lo que logró al pasar el acuerdo SOFA, que los iraquíes comienzan a llamar el “acuerdo de retirada”. Su primer logro fue mantener a raya a los sadristas [los seguidores de Moqtada Sadr] cooptando la estrategia sadrista –sacar a los estadunidenses de Irak haciendo un trato con los sunitas. Tanto SCIRI (el otro partido chiíta dominante) como los kurdos, refunfuñan por la posibilidad de que se esté cocinando una “dictadura” de Maliki con el asunto, pero no tuvieron otra que ratificar el acuerdo. Los sadristas han mantenido su postura de espera votando en voz alta contra el pacto.

¿Cuál es el pacto? Los elementos clave son el requisito de que las fuerzas estadunidenses abandonen todas las ciudades y poblados para junio de 2009, y que abandonen totalmente Irak para diciembre de 2011. Además, todas las acciones militares estadunidenses deben ahora estar coordinadas por adelantado con los iraquíes, y Estados Unidos no puede utilizar a Irak como base para atacar a sus vecinos (es decir, Siria e Irán).

¿Por qué accedió Bush? No tenía otra opción. La alternativa era que las fuerzas estadunidenses se volvieran ilegales después del 31 de diciembre de 2008 y todo el asunto quedara en manos de Obama. El gobierno estadunidense tenía tanto miedo de la reacción de su Congreso a los detalles del pacto que rehusaron difundir una versión en inglés del acuerdo antes de la votación. No querían que el público estadunidense discutiera el pacto antes de que el Parlamento iraquí votara.

Los términos del pacto contienen algo de lenguaje vago y los militares estadunidenses dicen que confían en su habilidad para interpretar su lenguaje del modo en que lo prefieran. Por lo tanto se dice que Bush consiguió un mejor arreglo que el plan de retirada de 16 meses propuesto por Obama. Pero esto no es verdad para nada. En realidad es peor. La propuesta de Obama era que las fuerzas combatientes estadunidenses se retiraran en 16 meses, pero no fijaba fecha alguna para las fuerzas de “entrenamiento”, dejando abierta la posibilidad de un estacionamiento indefinido de algunas fuerzas estadunidenses. El acuerdo SOFA hace que todas las fuerzas salgan para diciembre de 2011. Y fue Bush, no Obama, quien tuvo que firmar esto.

En la práctica todas las fuerzas estadunidenses se irán mucho antes de diciembre de 2011. Es aquí donde entra en juego el referendo. Éste se llevará a cabo en julio de 2009. Las fuerzas estadunidenses deben abandonar las ciudades y los poblados hacia junio de 2009. Si no lo hacen, con toda seguridad el referendo no pasará. Si cumplen, Maliki tiene todavía que ganar el referendo. Para lograrlo, tendrá que asumir una línea dura hacia los estadunidenses. Cualquier idea de que los militares estadunidenses podrán “interpretar” el lenguaje vago en su favor es una total ilusión. En cualquier caso, el referendo puede estar en aprietos, dado que Sistani expresó sus reservas después del voto parlamentario. Maliki sabe que si le otorga siquiera una pulgada a Estados Unidos, Moqtada Sadr estará esperando en las alas.

Así que Maliki tiene todas las fichas del asunto y Obama no tendrá ninguna. Obama tendrá que acceder graciosamente a las demandas iraquíes. Estas demandas escalarán, no se harán menores, conforme pasen los meses.

Y por cierto, los etíopes (los sustitutos de Estados Unidos en Somalia) acaban de anunciar que retirarán sus tropas para finales de 2008. Y el presidente Karzai de Afganistán anunció recientemente que quiere formalizar una fecha de retirada de las fuerzas estadunidenses y de la OTAN que se encuentran ahí. La sensación general en la región parece ser la de que no sólo es posible hablarle rudo a Estados Unidos. Resulta bien. Se acerca la hora decimotercera.

Por, Immanuel Wallerstein
Traducción: Ramón Vera Herrera


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Jueves, 11 Diciembre 2008 07:47

Desplazamientos

Aparece información que despierta reflexiones sobre el ominoso atentado terrorista que castigó a Bombay. Un ejemplo: se sabe ahora que cuando finalizaban los ataques un señor anónimo llamó por teléfono al presidente paquistaní, fingió que era el ministro de Relaciones Exteriores de la India y lo amenazó con declararle la guerra. Pakistán puso su fuerza aérea en estado de alerta durante un día entero (Los Angeles Times, 7-12-08). Esa guerra era el objetivo de los terroristas, pero surge una pregunta: ¿cómo logró el señor anónimo conocer los códigos necesarios para ser atendido por el presidente paquistaní? ¿Tal vez fue alguien bien ubicado en Nueva Delhi? Lo cierto es que un detallecito como éste puede provocar la catástrofe: los dos países, que se disputan Cachemira, tienen armas nucleares.

Otro interrogante: ¿por qué la policía india se mostró bastante pasiva durante las 60 horas que duraron los ataques de sólo diez hombres? Algo más: los servicios de inteligencia de la India fueron advertidos el 18 de noviembre –ocho días antes– de que militantes con base en Pakistán preparaban el desastre. “Agentes de inteligencia indios y europeos manifestaron que la información reunida era lo suficientemente específica: mencionaba amenazas a los principales hoteles de Bombay y la posibilidad de que los islamistas atacantes pudieran emplear lanchas para penetrar las débiles defensas costeras de la ciudad” (www.cbsnews.com, 2-12-08). Esta “ignorancia” se asemeja a la de W. Bush, al que los servicios estadounidenses le informaron el 6 de agosto de 2001, más de un mes antes del 11/9, de lo que se venía (The New York Times, 10-5-04). A la Casa Blanca no le importó: murieron tres mil personas en las Torres Gemelas, pero el pretexto para invadir Irak fue servido.

Abundan los hechos curiosos. Según las declaraciones del gobierno indio, los terroristas, olvidadizos ellos, dejaron un teléfono móvil en la lancha que secuestraron, lo cual permitió identificar al menos a tres miembros de Lashkar-e-Taiba (LeT), el Ejército de los Píos, un grupo fundamentalista musulmán que rechaza el control indio de Cachemira y que mantendría contactos con Al Qaida y los talibán por intermedio de los servicios de inteligencia de Pakistán (ISI) (www.telegraph.co.uk, 30-11-08). Nueva Delhi involucró además a Jamaat ud Dawa, organización madre del LeT, que al parecer no era terrorista cuando sus miembros trabajaron codo a codo con militares norteamericanos para ayudar a las víctimas del terrible sismo que afectó a la India y Pakistán en el 2005 (counterterrorism.blog.org, 30-4-06). Es una trama oscura, pero se recuerda que la CIA, por conducto de ISI, financió y entrenó a los talibán para echar a los soviéticos de Afganistán y que se alimentó económicamente del tráfico de drogas procedentes de ese país. La colaboración de los dos servicios continuó a lo largo de los años ’90 en Chechenia, Yugoslavia y la India. Es notorio que la CIA y el Pentágono arman y entrenan a Jundullah, grupo terrorista de la zona tribal de Pakistán, para que incursione en Irán. Pareciera que Irán es la cuestión.

El electo presidente Obama, rodeado de un equipo en el que abundan los halcones que eligió, ha reiterado su intención de convertir a Afganistán en centro de la llamada lucha antiterrorista, lo cual ha creado ya un conflicto con Pakistán por los bombardeos estadounidenses de su territorio. Ha mencionado a Cachemira como foco terrorista y todo indica que la intervención militar de EE.UU. se desplaza hacia el sur de Asia. Esto confluye con los objetivos del partido indio de la guerra, el Bharativa Janata (PBJ) –versión chauvinista y nacionalista del hinduismo tradicional–, que propugna una alianza más estrecha con EE.UU. y que probablemente gane las elecciones del 2009 por el fracaso del Partido del Congreso gobernante en cohesionar al país. Los atentados de Bombay le han venido de perillas al PBJ, que despliega una ideología muy particular: afirma que la raza hindú fue originariamente una tribu que bajó del Polo Norte. Subraya que sus miembros eran arios, rubios y tenían ojos azules (www.geocities.com/indianfascism, 23-2-00). Se propone rescatar la gloria de un pasado mítico y restaurar el antiguo imperio hindú.

El énfasis de Obama en Pakistán no es gratuito: el país limita con Irán, Afganistán, India, China y no está lejos de las ex repúblicas soviéticas ricas en petróleo y gas natural. Por otro lado, una fuerte presencia militar estadounidense en Afganistán –con la OTAN, claro– sería una advertencia para China y Rusia, que tienen fuerte influencia en la región. Ambos movimientos, además, fortalecerían el cerco a Irán. Es la triste geopolítica de la guerra en curso: los beneficiarios de los atentados de Bombay son conglomerados petroleros y grandes bancos con sede en Londres y Nueva York.

Por Juan Gelman
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La guerra en el este de Congo causa estragos. Intervención ruandesa, dice Kinshasa. Problemas internos congoleños, replica Kigali. ¿Por qué esta guerra? ¿Por qué ahora? ¿Es Laurent Nkunda un rebelde? ¿Qué intereses defienden los antagonistas? ¿Vamos hacia una nueva guerra regional? Mientras tanto, quienes lo pagan son los civiles.

¿Qué ocurre al norte de Kivu-Norte?


Desde que las tropas del señor de la guerra Laurent Nkunda reiniciaron la guerra el 28 de agosto 250.000 civiles han sido expulsados de sus hogares. El 28 de octubre, los nkundistas lanzaron una ofensiva a partir de la región de Virunga y desde el campo de refugiados en Mugunga. La MONUC [la fuerza de la ONU en Congo, ndlr] ha reconocido que esta operación ha provocado en un día el desplazamiento de 45.000 personas, una parte hacia Goma en el sur y otra a Rutshuru y Kiwanja en el norte.

Los nkundistes han utilizado estas oleadas de refugiados como escudo humano para acercarse a Goma y ocupar el centro de Rutshuru y la ciudad de Kiwanja. Los 30.000 habitantes de Kiwanja han sido testigos de la llegada de las tropas de Nkunda. Lugareños con los que se ha contactado por teléfono testimonian que el núcleo duro de las fuerzas nkundistas son soldados y mercenarios ruandeses y extranjeros bien equipados, que poco después de la conquista de la ciudad han continuado su avance dejando tras de sí soldados del propio Nkunda. Jóvenes del pueblo han querido defenderse y han atacado a los nkundistas con armas tomadas de la comisaría de la policía local. Pero al parecer los cascos azules acuartelados en Kiwanja dispersaron a los jóvenes con lo que dejaron vía libre a los excesos de los nkundistas.

Limpieza étnica


En Kiwanja viven muchos miembros de la etnia comerciante de los Banande, instalados en la región desde hace una generación o más tiempo. Son originarios de la región de Butembo, al norte. Ellos han sido el objetivo preferido de los obuses de los nkundistas. El único hotel del pueblo, el hotel Grefamu, propiedad de una familia de la etnia de los Nande, ha sido destruido con sus ocupantes. Cinco mil personas han encontrado entonces refugio junto a los cascos azules y 15.000 en la parroquia del pueblo. Otros han huido a la selva. Un primer balance de la masacre era de 217 cadáveres contabilizados en el hospital, pero por el momento nadie puede calcular la magnitud real de esta masacre. Unos testigos informan que el 13 de noviembre las personas que volvían a sus casas iban encontrando cadáveres ocultos a los ojos de los periodistas.

Casi todas las familias Banande que pudieron escapar a la masacre han huido hacia la región de origen de Butembo. Pero los banyabwisha (hutus congoleños) que viven aquí desde siempre no tienen adonde ir. Bajo la mirada de la MONUC y de las cámaras de la prensa internacional los nkundistas los han reunido a la fuerza en el estadio local para hacerles cantar “la gloria del CNDP” [el movimiento de Laurent Nkunda, ndlr].

¿Quiénes se enfrentan en Congo?


Laurent Nkunda, el peon de Ruanda

Laurent Nkunda es un tutsi congoleño enrolado en el ejército de Paul Kagame [actual presidente de Ruanda, ndlr] en 1994 en us lucha contra los genocidas hutus.

En 1998 se une como oficial a la “rebelión” pro-ruandesa, el RCD [Formación congoleña por la democracia, ndlr], en Congo. Ha cometido varios crímenes de guerra, entre otros, en mayo de2002 en Kisangani y en junio de 2004 en Bukavu. A continuación se integra en el ejército congoleño, según los acuerdos aplicados a partir de 2003. Pero en 2004 emprende una sublevación contra el gobierno congoleño. Ruanda niega apoyar a Nkunda, sin embargo, muchas pruebas confirmadas por periodistas, por la Organización Americana de Defensa de los Derechos Humanos, por Human Rights Watch y por el ministerio de Asuntos Exteriores burundés contradicen a Kigali. Laurent Nkunda está financiado por hombres de negocios cercanos a Paul Kagame, como los hermanos Alexis y Modeste Makabuza, y el hombre más rico de Ruanda, Tribert Rujugiro. Uganda, aliado de Ruanda durante la guerra de agresión contra Congo en 1998-2003, lo aprovisiona de hombres y de material. Además, Uganda ha vuelto a amenazar recientemente con volver a emprender la guerra a causa de una discrepancia sobre la explotación del algo Alberto.

La intervención de Ruanda y Uganda está en contradicción con la Carta de la ONU y las reglas de las relaciones internacionales que exigen respeto a la soberanía y la integridad territorial de cada país miembro de la ONU. Ruanda y Uganda son aliados preferenciales de Estados Unidos y de Gran Bretaña en la región.

La República Democrática de Congo y la SADC


La mayoría de los congoleños votó a Joseph Kabila, el actual presidente, durante las elecciones. El ejército congoleño está “en construcción” desde 2003 según un sistema de mezclas de las diferentes milicias que lucharon durante la guerra de 1998-2003. Esta mezcla ha sido impuesta por occidente y hace que la división y la corrupción sigan debilitando al ejército congoleño. Desde 1997 y bajo Laurent Kabila, padre del actual presidente, Congo se convirtió en miembro de la SADC (Comunidad de Desarrollo de África Austral). La SADC es uno de los órganos de cooperación regional más importantes de África. Entre sus miembros están Angola, Zimbabwe, Mozambique y Sudáfrica. Los miembros de la SADC tienen un acuerdo de ayuda mutua en caso de agresión de uno de sus miembros, lo cual hace que una intervención de las tropas de los países miembros de la SADC al lado del ejército congoleño sea perfectamente legal y justificada. No es justo decir que con semejante intervención el conflicto se convertiría en una guerra internacional porque es Ruanda la que ha agredido a Congo.

¿Cuáles son los retos de la guerra?


Las riquezas locales de Kivu permiten a las milicias, a Ruanda y a Uganda financiar la inestabilidad y la agresión que hunden a millones de congoleños en la inestabilidad. Esta situación sólo es posible gracias a la complicidad tácita de la MONUC, de Estados Unidos y de los Estados miembro de la Unión Europea.

La cuestión clave para comprender esta guerra es la siguiente: ¿de dónde procede esta actitud complaciente de Estados Unidos en relación a la agresión de Ruanda y Uganda, así como la hostilidad de algunos políticos belgas, como Karel De Gucht, ministro de Asuntos Exteriores, hacia el gobierno congoleño? La respuesta es clara. El gobierno congoleño y el presidente Joseph Kabila están en contradicción con los intereses de las multinacionales y de los gobiernos estadounidense y europeos. Existen tres puntos de discordia.

Un gobierno demasiado independiente


Congo es demasiado importante para las multinacionales como para dejar que se desarrolle fuera de la tutela occidental. Estados Unidos y Europa no aceptan que Joseph Kabila haya constituido un gobierno en base a una mayoría parlamentaria sin representantes de los ex-rebeldes pro-ruandeses o pro-ugandeses. A los estadounidenses y a los europeos les habría gustado un gobierno más híbrido, compuesto de diversas fuerzas opuestas unas a otras en cuyo seno las diversas potencias podría reclutar a sus peones.

El gran rival chino


Las multinacionales y los gobiernos estadounidense y europeos han acogido muy mal la firma de un contrato con China sobre el intercambio de infraestructuras por cobre y cobalto por un total de 9.000 millones de dólares. Se trata de un terremoto en lo que hasta entonces era el coto vedado de occidente.

Contratos revisados y corregidos


El gobierno congoleño ha decidido revisar los términos de los 60 contratos mineros más importantes. Inaceptable para las multinacionales occidentales. El Estado congoleño se enfrenta a la mayor multinacional activa en el sector del cobre: Freeport McMoran. Según el gobierno congoleño, Freeport ha obtenido de forma indebida la mayoría de las acciones en la sociedad minera congoleña Tenke Fungurume. Obscuras maquinaciones redujeron las participaciones de la sociedad congoleña del 48 al 14 %. Kinshasa da a elegir entre anular y revisar el contrato. Una blasfemia en la iglesia del neo-colonialismo.

¿Cómo acabar con los genocidas ruandeses?


Sobre la base de la ideología racista de los colonizadores, durante la colonización se creó en Ruanda la ideología etno-racista fomentando y desarrollando concepciones y prácticas discriminatorias que existían en la cultura pre-colonial. A continuación estas ideas se exportaron a Congo tras su independencia.

Es una ideología que desde 1959 ha hecho posibles las masacres de civiles tutsis en nombre de la autodefensa de los hutus y las mascres de civiles hutus en nombre de la autodefensa de los tutsis. Estados Unidos y Francia utilizaron esta ideología genocida en los años noventa para llevar a cabo una guerra por el control de África central a través de fuerzas africanas interpuestas. Washington se basaba en la Fuerzas Patrióticas Ruandesas (FPR) de Paul Kagame [actual presidente de Ruanda, ndlr] y Francia apoyaba al ejército del ex-presidente ruandés Habyarimana y a las milicias Interahamwe responsables del genocidio en 1994.

En dos décadas esta guerra de africanos interpuestos entre Francia y Estados Unidos ha costado la vida a más de 6 millones de africanos en Ruanda, Burundi y Congo. Bajo la dirección del presidente de Ruanda, Paul Kagame, el FPR de ha convertido en el aliado principal del imperialismo esta en la región.

Promover un diálogo entre los ruandeses


El odio racista entre tutsis y hutus forma la base del poder de Paul Kagame. ¿Cómo puede pretender defender a los tutsis organizando la masacre de civiles hutus en Ruanda y Congo, y causando la muerte de millones de congoleños?

Mientras que los africanos se matan entre sí se está sirviendo únicamente a los intereses de las potencias neo-coloniales. La oposición democrática ruandesa pide un diálogo inter-ruandés. Dicho diálogo puede aislar a los extremistas propagadores de la ideología racista tanto en el seno de las FDLR [Fuerzas Democráticas de Liberación de Ruanda, entre las que se encuentran ex-genocidas hutus, ndlr] como en el seno del FPR de Paul Kagame. Pobablemente los ruandeses no podrán realizar solos este diálogo y poner fin a la carnicería. Necesitarán la ayuda de las fuerzas nacionalistas congoleñas y africanas. Los europeos demócratas y anti-coloniales tienen el deber de apoyar a África en esta reconciliación.

Un programa para la paz


Hay que exigir a los gobiernos belga, francés, estadounidense y británico, y de la Unión Europa:

1. Que condenen al gobierno de Ruanda por violación repetida de la integridad territorial de la República Democrática de Congo (RDC) y por violación de las reglas del derecho internacional en lo que concierne a las relaciones entre Estados soberanos.

2. Que reconozcan y apoyen el derecho del gobierno legítimo de Congo a defender su soberanía y su integridad territorial, a reforzar a su ejército y a llamar a sus aliados.

3. Que reconozcan el derecho del pueblo ruandés a un diálogo de reconciliación nacional

Por, Tony Busselen
www.michelcollon.info
Traducido del francés por Beatriz Morales Bastos
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