Domingo, 07 Diciembre 2008 18:43

La guerra sucia que oscurece a Colombia

Este escándalo, que estalló a finales de septiembre, es producto de las grietas de la política de Seguridad Democrática, la principal arma del presidente Álvaro Uribe desde su llegada al poder en 2002. "Su objetivo es la recuperación y el control del territorio y la presencia del Estado donde no estaba", explica Sergio Jaramillo Caro, viceministro de Defensa. Es decir, reducir la violencia y el número de secuestros, y devolver la tranquilidad a un país en guerra permanente.
 

La paz ha vuelto a muchas zonas del país. El aumento de la seguridad ha atraído a más inversores y mantiene la popularidad de Uribe en máximos sin precedentes en América Latina. Pero esta estrategia, basada entre otras cosas en un sistema agresivo de incentivos, también ha derivado en una guerra sucia. En primer lugar, el Gobierno recompensa a los civiles que informan sobre guerrilleros, lo que generado presuntamente una red de delincuencia que saca beneficio de entregar a las autoridades los cuerpos de inocentes. En segundo lugar, el Ejército premia a los militares en función del número de bajas que consiguen, lo que supuestamente ha provocado más de un abuso.


Entre el afán de lograr objetivos y el ansia de obtener recompensas se estarían cometiendo hechos muy graves, según el fiscal Mario Iguarán Arana. "Yo presiono, pero no presiono a nadie para que haga actos criminales", se ha defendido Uribe. "La realidad ha demostrado que se trata de una política que incluye el pago de recompensas millonarias por información de insurgentes que ha degenerado en algo siniestro", denuncia Iván Cepeda Castro, portavoz del Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado de Colombia.


"No es justo considerar que el asesinato de civiles para ser presentados como guerrilleros dados de baja responda a una siniestra estrategia de las Fuerzas Militares de Colombia. Menos aún puede atribuirse al Gobierno una directa responsabilidad en este escándalo", reflexiona Plinio Apuleyo Mendoza, escritor y periodista.


El perfil de la víctima corresponde a hombres entre 18 y 30 años, campesinos, mendigos, drogadictos, líderes comunales y jóvenes marginales. Los embaucan con promesas de trabajo en campos lejanos de sus hogares para que nadie pueda reclamarlos y así enterrarlos en fosas comunes. "El secuestro es una plaga y el Gobierno ha hecho una labor de sensibilización, pero mientras entre los secuestrados hay políticos y ricos, entre los falsos positivos [víctimas de las ejecuciones extrajudiciales] sólo hay marginados y pobres", se lamenta Héctor Torres, de la Comisión de Derechos Humanos del Bajo Ariari.


El perfil del ejecutor varía. Diversas investigaciones del Ministerio de Defensa, la Fiscalía, la Procuraduría y organizaciones de derechos humanos permiten establecer que hay varias clases de criminales. Los narcotraficantes son los que más recurren a esta macabra estrategia, según explica el viceministro de Defensa. Reclutan con engaños a estas personas, las dejan en el campo y luego informan a alguien del batallón más próximo de que en la zona hay guerrilleros. Días después, llega el Ejército, y, horas más tarde, aparecen como caídos en combate. Así se benefician las dos partes, los militares cumplen objetivos, ganan méritos y, a cambio, dejan en paz a los narcos. Los paramilitares también participan en esta guerra sucia, señalando a personas que creen vinculadas a la guerrilla y así poder limpiar la zona. El tercer grupo lo constituyen las bandas emergentes o delincuentes comunes. También están las legalizaciones de inocentes que surgen por iniciativa de algún militar o soldado para ganar méritos, ascensos, más poder o permisos. No faltan los falsos positivos producto del azar, del llamado fuego amigo, donde muere un inocente y el Ejército lo da como baja de un guerrillero. Finalmente, el Gobierno cree que la guerrilla también podría estar participando en estos crímenes para desprestigiar a los militares.


¿Por qué el Gobierno de Uribe ha guardado silencio tanto tiempo y descalificado a quienes denunciaban estos crímenes? "Uno de los problemas es la veracidad de la información", explica el viceministro de Defensa. "Sólo a través de un proceso judicial se puede establecer la veracidad. Además, hay falsas denuncias, sin desconocer que hay casos reales".


"El Gobierno vive momentos amargos. Pero lo más importante es que por una vez hay un golpe a la legitimidad de su principal bandera: la política de Seguridad Democrática", dice Néstor Morales periodista de Caracol Radio.

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Viernes, 21 Noviembre 2008 06:18

Cambiar la relación con Colombia

Con independencia del gobierno que vaya a emprender, la victoria de Barack Obama tiene en lo inmediato dos significados sumamente importantes: por un lado, representa el rechazo mayoritario de la ciudadanía de Estados Unidos al gobierno de Bush. Por otro, la movilización e incorporación a la vida política de grandes contingentes, comúnmente alejados de ella: negros, latinos y jóvenes.

Recaen sobre Obama dos pesadas herencias: la primera de ellas, la crisis económica, iniciada como crisis financiera, que se extiende al sector productivo (General Motors afirma que hace esfuerzos por no fallar) y genera una recesión de proporciones enormes. La segunda, las guerras infinitas del gobierno de Bush (responsable del aislamiento que, por ejemplo, hace que en Pakistán –aliado esencial de Estados Unidos en la guerra contra Afganistán y Al Qaida– Bin Laden tenga apoyo de 34 por ciento de la población, mientras el de Washington sea apenas de 19 por ciento, casi la mitad). Salir de Irak no es tan fácil como Obama dice. Como le preguntan los halcones: “¿Saldremos derrotados?”. Es un cuestionamiento grave para la única superpotencia actual en el mundo, además del tema del abastecimiento de petróleo y de la influencia de Irán sobre el Irak chiíta.

Sin embargo, Obama podrá avanzar en la desarticulación del epicentro latinoamericano de las guerras infinitas de Bush, ayudando a terminar con la situación de conflicto que se vive en Colombia con apoyo directo de Estados Unidos (en la llamada Operación Colombia), además de levantar inmediatamente el bloqueo contra Cuba. Aquel país se volvió el gran aliado estadounidense en la región, convirtiéndose en uno de los responsables del aislamiento y la pésima imagen de Washington en América latina, algo que debiera tener en cuenta Obama si quiere proyectar una nueva imagen en el continente.

Lo paradójico es que, al final de ciertas acciones –algunas con éxito, como las de cambio de prisioneros que tuvieron a Hugo Chávez como protagonista central–, Uribe haya salido fortalecido en lo interno y lo externo. En lo interno, parece haber impuesto la visión de que las soluciones militares son posibles para acabar con el conflicto, con el que él no quiere terminar, porque obtiene de allí el apoyo interno que posee, consciente de que militarmente no se ganará el conflicto, pero lo prolonga lo suficiente para buscar obtener un tercer mandato e intentar desaparecer las soluciones políticas a la guerra.

Pero Uribe también ganó espacios externos que no tenía. Los crímenes cometidos por su gobierno –de los cuales la última revelación fue que centenares de jóvenes fueron ejecutados por oficiales de las fuerzas armadas que difundieron la idea de que se trataba de enemigos muertos en combate (por lo que hubo que juzgar y encarcelar a altos oficiales del ejército), sin que las imágenes de los ultimados hayan sido mínimamente difundidas por la prensa nacional e internacional, al contrario de lo sucedido con la de Ingrid Betancourt– parecen, hasta aquí, no desgastarlo. Uribe consiguió prácticamente circunscribir la violencia en Colombia a la ejercida por las FARC. Parecería que ya no existen secuestros o presos por parte del régimen –ya no se habla de intercambio de prisioneros, sólo de liberación unilateral por la guerrilla–; únicamente los retenidos por los insurgentes.

Reunidos en París en noviembre, bajo el patrocinio de Sécours Catholique, dirigentes de varias organizaciones políticas –Polo Democrático y los partidos Liberal y Conservador– discutieron opciones sobre la crisis colombiana, y existe consenso de que las soluciones militares, además de injustas, son inalcanzables, y que es preciso buscar alternativas políticas.

Por lo tanto, para que éstas sean posibles es necesario que las partes en conflicto recurran a la negociación. Hoy las FARC, duramente golpeadas política y militarmente, pueden estar más inclinadas a las soluciones negociadas (hubo una respuesta positiva de éstas a la solicitud de 113 intelectuales colombianos demandando el intercambio de prisioneros, lo que se entiende como una primera reacción en esa dirección). Sin embargo, Uribe no percibe por qué deba negociar, se siente fuerte e intenta conquistar un tercer mandato presidencial, mientras se suscriben apoyos para una nueva imposición violenta de un cambio constitucional.

Uribe sólo sufriría un golpe político si no puede obtener un tercer mandato y/o si el nuevo gobierno de Estados Unidos, aparte de confirmar el rechazo a la firma del Tratado de Libre Comercio –debido al fortalecimiento de los demócratas en la Cámara de Representantes–, termina con la Operación Colombia y convence a este presidente de que participe en negociaciones políticas que terminen con la guerra en su país.

Además, está claro que el trabajo persistente de denuncia de los crímenes del gobierno, hecho por las organizaciones políticas y sociales colombianas, lleva aquél a una situación de debilitamiento que puede impedir la reelección de Uribe y fortalece una oposición unificada que puede conducir a la victoria de un candidato democrático en las elecciones presidenciales de 2010.

La guerra en Colombia es la situación más grave que vive el continente, por las violaciones sistemáticas a los derechos humanos –de la que los más de tres millones de colombianos desplazados son uno de los aspectos más brutales y menos difundidos–; por la contribución al narcotráfico –que aumentó a lo largo de los años de gobierno de Uribe– y por los riesgos de enfrentamientos con países vecinos. Promover la paz en el continente, avanzar en los procesos de integración regional, suponen acciones de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), del nuevo gobierno de Estados Unidos y de los movimientos populares del continente, que deben acabar con la guerra y la represión en Colombia, para lo cual la derrota de Uribe –como cabeza articuladora del bloque en el poder– es una condición esencial.


Por Emir Sader*
*De La Jornada de México. Especial para PáginaI12.
Traducción: Ruben Montedónico
Publicado enColombia
Lunes, 10 Noviembre 2008 07:41

Uribe o paz

Independientemente de lo que el gobierno haga, la victoria de Obama tiene, en lo  inmediato, dos significados muy importantes: por un lado, representa el rechazo mayoritario de la población de los EE UU al gobierno de Bush. Por otro, la movilización e incorporación a la vida política de grandes contingentes normalmente ajenos  a ella – de negros, de latinos, de jóvenes.

Recaen sobre Obama dos herencias pesadas, la primera de ellas, la crisis económica que, iniciada como crisis financiera, se extiende al sector productivo (la GM afirma que hace esfuerzos para no quebrar), generando una recesión de proporciones enormes. La segunda, las guerras “infinitas” del gobierno de Bush. (Responsable por un aislamiento que, por ejemplo, hace que en Pakistán, aliado esencial de los EE UU en la guerra de Afganistán y en la lucha contra Al Qaeda, Bin Laden tenga, en ese país, el apoyo del 34% de la población, mientras en los EE UU, de apenas el 19%, casi la mitad.) Salir de Irak no es tan fácil como Obama dice. Como le preguntan los halcones: “¿Y saldremos derrotados?” Cuestión grave para la única superpotencia actual en el mundo. Además del tema del abastecimiento del petróleo y de la influencia de Irán sobre el Irak chiíta.

Pero Obama podrá avanzar en la desarticulación del epicentro latinoamericano de las guerras infinitas de Bush, ayudando a terminar con la situación de guerra que vive Colombia, con el apoyo directo de los Estados Unidos – en el llamado Plan Colombia – además de acabar de inmediato con el bloqueo a Cuba. Este país se volvió el gran aliado norteamericano en la región, convirtiéndose en uno de los responsables por el aislamiento y por la pésima imagen de los EE UU en América Latina .(Si Obama quiere proyectar una nueva imagen para el continente).

La paradoja es que, al final de todos los intentos, – algunos de éxito – de cambio de prisioneros, que tuvieron a Hugo Chávez como protagonista esencial, Uribe haya salido fortalecido, interna e externamente. Internamente, parece imponerse la visión de que con soluciones militares es posible terminar el conflicto. Un conflicto que él no quiere terminar, porque saca de ahí el apoyo interno con el que cuenta, consciente de que militarmente no se gana el conflicto, pero se prolonga lo suficiente como para intentar obtener un tercer mandato y lograr desmoralizar las soluciones políticas de la guerra.

Pero Uribe también ganó espacios externos que no poseía. Los crímenes cometidos por su gobierno – de los cuales el último es la revelación de que centenas de jóvenes fueron ejecutados por oficiales de las FFAA, que difundían la idea de que eran enemigos muertos en combate, terminando con la prisión de altos oficiales del Ejército, sin que las imágenes de esos jóvenes hayan sido mínimamente difundidas por la prensa nacional e internacional, como si lo fueron las de Ingrid Bettancourt – parecen, hasta aquí, no desgastarlo. Uribe consiguió casi reducir la violencia de Colombia a la violencia de las FARC: Parece que ya no existen secuestros del régimen, presos – ya no se habla de intercambio de presos, apenas de liberación unilateral por parte de las FARC -, solo los secuestrados por las FARC.

Reunidos en Paris en noviembre, bajo el patrocinio de Sécours Catholique, dirigentes de varias organizaciones políticas – Polo Democrático, Partidos Liberal y Conservador, entidades de derechos humanos de distinta índole – discutieron alternativas políticas y democráticas para la crisis colombiana. Hay un consenso de que las soluciones militares, además de injustas, son imposibles y que es preciso buscar alternativas políticas.

Pero, para que estas sean posibles, es necesario que los campos en conflicto entren en negociación política. Hoy las FARC aparecen duramente golpeadas política y militarmente y pueden estar propensas a soluciones negociadas. (Hubo una respuesta positiva de las FARC a la solicitud que hicieron 113 intelectuales colombianos pidiendo el intercambio de prisioneros, lo que puede parecer una primera reacción en esa dirección) No obstante, Uribe no tiene por que negociar, se siente fuerte e intenta conquistar un tercer mandato presidencial. (ya fue realizada una lista de apoyo ante esa nueva violencia constitucional).

Solamente podría suceder si Uribe sufre un golpe político, que puede ser el de no obtener el tercer mandato y/o si el nuevo gobierno de los EE UU, además de confirmar el rechazo de la firma del TLC, por el fortalecimiento de los demócratas en la Cámara de los Diputados, termina con el Plan Colombia y presiona a Uribe para que participe de negociaciones políticas para terminar con la guerra en Colombia.

Además, claro, de que el trabajo persistente de denuncia de los crímenes del gobierno, hecho por las organizaciones políticas y sociales colombianas, lleve al gobierno a una situación de debilitamiento, que impida la reelección de Uribe y promueva el fortalecimiento de una oposición unificada, que permita la victoria de un candidato democrático en las elecciones presidenciales del 2010.

La guerra en Colombia es la situación mas grave que vive el continente, por las violaciones sistemáticas de los derechos humanos que representa – de que los mas de 3 millones de colombianos desplazados son uno de los aspectos mas brutales y menos difundidos -, por la alimentación del narcotráfico – que aumentó a lo largo de los años del gobierno de Uribe -, por los riesgos de enfrentamientos con países vecinos. Promover la paz en el continente, avanzar en los procesos de integración regional, supone acciones de Unasur, del nuevo gobierno de los Estados Unidos y de los movimientos populares del continente, para terminar con la guerra y la represión en Colombia. Para lo que la derrota de Uribe – como cabeza articuladora del bloque en el poder – es una condición esencial.

Emir Sader   
10/11/2008

Texto original en portugués: www.cartamaior.com.br
Publicado enColombia

No obstante que a los colombianos se nos quiere hacer creer, mediante fraudulentas encuestas contratadas por los monopolios financieros y empresariales, que vivimos en el mejor de los mundos, la cruel realidad social de millones de colombianos es otra bien distinta. Hambre, miseria, desempleo, cierre de hospitales, enfermedades, analfabetismo, ignorancia, contaminación, malos salarios, desplazamiento, discriminación, despidos, violencia, narcotráfico, corrupción, detenciones arbitrarias, impunidad y politiquería, son la nota común en la vida cotidiana de las mayorías nacionales. Los medios y las encuestas enmascaran la realidad de la nación, que los hechos mismos se encargan de contradecir como lo vimos recientemente con las protestas en la Guajira y en el paro del Putumayo.

Como la prioridad de esta administración ha sido la guerra contrainsurgente y el gasto presupuestal para financiar los planes bélicos, es apenas obvio que los colombianos concentremos la atención en el análisis de las estrategias y los planes gubernamentales correspondientes. El Plan Patriota es tal vez el más llamativo programa estatal en lo concerniente a la guerra en los actuales momentos contra el movimiento guerrillero de las FARC-EP y el ELN. Hay variados aspectos de dicho Plan que pueden ser objeto de una minuciosa reflexión.

Es muy probable que así ocurra en el futuro dada la envergadura estratégica, política, presupuestal y militar asignada a este programa, en que esta fuertemente involucrada la administración imperialista de George W. Bush. En el ámbito de este articulo, nuestro interés se orienta a mostrar un balance del Plan Patriota desde la perspectiva de lo que son los principios o leyes de la guerra. Para tal efecto hemos seleccionado un conjunto de principios que tienen validez tanto en conflictos convencionales como en confrontaciones no ortodoxas como la Colombiana. Las leyes de la guerra.

En la guerra convencional son frecuentes leyes como el objetivo, la ofensiva, la masa, la economía de fuerza, la maniobra, la unidad de mando, la seguridad, la sorpresa y la sencillez. Por supuesto la guerra de guerrillas no es ajena a tales principios. No obstante su condición no ortodoxa descubre otras regularidades como las siguientes: el objetivo de la guerra es conservar las propias fuerzas y aniquilar las del enemigo; en toda guerra es necesario ocupar y dominar el territorio; toda guerra se decide en enfrentamientos cuerpo a cuerpo; la estrategia define la dirección del golpe principal y las reservas; concentrar una fuerza superior para aniquilar el enemigo; descubrir los errores del enemigo o inducirlo a cometer errores; mantener la iniciativa a toda costa; centralizar la dirección estratégica de la guerra y prevenir la derrota y estar preparado para un repliegue ordenado.

El Objetivo. Aplicando la ley del objetivo –que concentra la atención hacia lo que se quiere lograr- el gobierno de Uribe y el Plan Patriota están inmersos en objetivos contradictorios al pretender derrotar a la guerrilla cuestionando sus banderas sociales, agrarias y de cambios profundos de una sociedad oligárquica, y al mismo tiempo implementar políticas que favorecen una minoría voraz de banqueros, terratenientes, generales corruptos, politiqueros, narcoparamilitares y multinacionales explotadoras de la riqueza nacional. No obstante que Uribe y sus generales se empeñan en invalidar el soporte popular de la guerrilla, las políticas estatales, particularmente en las zonas de combate como el Guaviare, Caquetá, Meta, Putumayo, Arauca, Cauca y Nariño, profundizan la miseria, el hambre, la arbitrariedad y la impunidad. Los acuerdos del gobierno con las bandas criminales de los paramilitares que han despojado y desplazado millones de campesinos, desenmascaran la naturaleza del gobierno como un aparato inmoral de violencia contra los más pobres de la sociedad.

Esto explica el regreso y la generalización de la guerra de guerrillas como forma principal de combate de los campesinos que acuden a esta forma de resistencia. Frente a lo cual el Ejercito recurre a modos convencionales de guerra que implican grandes desplazamientos de tropas con enormes costos humanos, presupuéstales, logísticos y políticos. El objetivo político del Plan Patriota es contradictorio y ambiguo. Endeble y difuso. Mientras tanto el de la guerrilla es claro y preciso en su persistente tarea de desenmascarar un régimen de dominación carcomido por la podredumbre y la politiquería, como lo esta demostrando el ingreso de un expresidente al gobierno, como Embajador en Usa. El objetivo político del Plan Patriota se desdibujo y termino convertido en un objetivo puramente militar, con abultados costos materiales, financieros, morales y políticos. Lo cierto es que la guerrilla ha logrado el objetivo de conservar sus propias fuerzas afectando duramente las del enemigo, como esta ocurriendo desde principios del año 2005 con los sistemáticos golpes a unidades militares y policiales. La Ofensiva. El principio de la ofensiva se refiere en general a como lograr el objetivo.

Es bien sabido que en toda guerra, las partes en conflicto se disputan la iniciativa en un campo de batalla, en un teatro de operaciones, en una zona de guerra e incluso a lo largo de toda la guerra, ya que la iniciativa significa libertad de acción para un ejercito. Todos los jefes militares saben esto y buscan mantener la iniciativa a toda costa; cuando la han perdido buscan sobreponerse rápidamente porque saben que una vez se pierde la iniciativa se esta a un paso de ser derrotado, se pierde la libertad de acción y se convierte en presa fácil del adversario. Mantener la iniciativa en la guerra significa mantenerse a la ofensiva estratégica y aunque en las guerras defensivas, las guerras contra una fuerza superior, generalmente la ofensiva estratégica la mantiene la fuerza superior, no es menos cierto que la fuerza mas débil puede asegurarla no presentando combates donde el adversario quiere y cuando quiere sino cuando la fuerza mas débil puede asegurarse la victoria. Es decir, aunque en el plano estratégico la fuerza mas débil este a la defensiva, debe actuar a la ofensiva en el terreno táctico y operacional. Para alcanzar su objetivo las FARC-EP ha buscado la ofensiva estratégica, cambiando de la ofensiva táctica a la defensiva táctica y a la inversa. Por lo contrario, el gobierno y el Plan Patriota han confundido la ofensiva táctica con la ofensiva estratégica y conducen la guerra sobre la defensa estratégica, persiguiendo un fin negativo como es la contrainsurgencia. El fin negativo esta relacionado con el desgaste de la guerrilla, para lo cual es necesario que el tiempo este a favor del que persigue el fin negativo. Conforme pasa el tiempo, la voluntad que se erosiona es la del gobierno, no la del movimiento insurgente revolucionario. El Plan Patriota y el gobierno actúan sobre la base de la defensa estratégica.

16,5 billones de pesos han sido gastados en los últimos 15 meses de vigencia del Plan Patriota. La economía de fuerza en el gasto civil y social del Estado lo único que ha conseguido es erosionar aun mas las bases políticas del sistema de gobierno actual. El movimiento guerrillero ha encontrado el “centro de gravedad del conflicto”. Basado en su larga experiencia de más de 40 años, el centro de gravedad que las FARC ha identificado es la alianza entre el gobierno fascista de Uribe Vélez y el régimen imperialista de Bush. Los principios de Masa, economia de fuerza y maniobra. La actual ofensiva de las FARC hace un uso adecuado de los principios de masa, economía de fuerza y maniobra. Esto permite la superioridad en el campo de batalla. La historia de la guerra conoce de muchas experiencia en que tropas numéricamente inferiores derrotaron en el campo de batalla fuerzas hasta dos veces superiores, lo que aparentemente negaría el principio de masa; la verdad es que los jefes de las tropas numéricamente inferiores supieron disponer sus fuerzas, aprovechar los errores en la organizacion de las tropas enemigas, la moral de sus propias tropas y las del enemigo, atacar con acierto sus flancos, y concentrar el golpe principal en el punto decisivo, derrotando sus columnas por separado, en ese caso, los vencedores supieron concentrar una fuerza superior relativa en el campo de batalla. Clausewitz señalo que: “si puedes vencer a todos tus enemigos derrotando a uno de ellos, esa derrota debe ser el objetivo principal de la guerra. En este enemigo golpeamos el centro de gravedad del conflicto entero”. Es bajo la luz de este centro de gravedad como la guerrilla esta aplicando masa, economía de fuerza y maniobra. Ya los expertos han aportado abundantes pruebas sobre el tremendo error del Plan Patriota al concentrar una abultada cifra de soldados en el Caquetá, mientras el resto del país quedo sin protección, lo que, desde luego, ha sabido aprovechar la guerrilla dando muestras de una enorme flexibilidad, movilidad y capacidad para descubrir los errores de su ejercito enemigo e inducirlo a cometer errores.

Las FARC están mostrando que saben que en la guerra los errores son mucho mas frecuentes que en cualquier otra actividad humana, dado que se trata de voluntades opuestas que maniobran con el mismo objetivo de aniquilar a su adversario y donde cada uno de los bandos esconde su objetivo inmediato. La actividad consciente en la guerra es una exigencia de quien quiera vencer, y eso lo tiene claro la guerrilla; lo cual a su vez requiere del conocimiento detallado del enemigo y de las propias fuerzas: los planes, maniobras, la capacidad de los mandos, la moral de las tropas, el aprovisionamiento, la retaguardia, la simpatía con que cada uno cuente entre las masas en el teatro de operaciones. Una vez conocido al enemigo y a las propias fuerzas, se puede hacer un balance aproximado de los encuentros, aprovechar las debilidades y errores del enemigo aumentándoselos conscientemente, e induciéndolo a cometer errores; normalmente, los ejércitos hacen movimientos que aparentan la dirección del golpe principal para golpear donde el adversario no lo esperaba, se le atrae a dar batallas en terrenos desfavorables para el, se le cortan las líneas de comunicaciones y abastecimientos para aislarlo y obligarlo a actuar a ciegas y desesperado. La maniobra de Linea exterior en el Cauca y Putumayo.

El despliegue de las FARC en el Cauca y el Putumayo, es maniobra estratégica de línea exterior al Plan Patriota que lo desbarajusta en su concepción y organización. Pone en evidencia todas sus fallas estructurales, como lo acaba de registrar con agudeza el General Valencia Tovar, quien ha señalado que “varias veces se ha hecho mención en esta columna de la región Putumayo - Nariño como área de gravitación estratégica decisiva en el conflicto armado colombiano. La intensa actividad terrorista que se viene desarrollando desde el comienzo del presente año, indica a las claras la importancia que le asignan las FARC. Terrorismo combinado con acciones guerrilleras de alcance táctico, pero que, sumadas a las anteriores, constituyen innegable amenaza estratégica. En estas circunstancias, la región descrita y su protección avanzada en las montañas del Cauca con su población indígena que pretende una neutralidad imposible, configura el Teatro de Operaciones más importane del momento actual y, por lo tanto, demanda la variación del eje de esfuerzo estratégico del Estado, de la persecución contra la cúpula de las FARC hacia la recuperación de la zona de máxima gravitación. Es imperativo aceptar que allí se desarrolla un episodio decisivo de la confrontación con un adversario que puede ser terrorista en esencia, pero cuyo poder militar imprime a sus acciones carácter inequívoco de guerra". (El País, El valor estratégico del Putumayo, 1 de agosto de 2005). La Unidad de Mando. La razón del principio unidad de mando es facilitar el logro del objetivo. Mientras en el nivel táctico esto es mejor conseguirlo confiriendo autoridad a un solo comandante, en el nivel estratégico implica una coordinación política y militar.

Toda la historia de la guerra confirma que esta debe tener un mando estratégico a fin de poder garantizar la actuación de las tropas en una sola dirección, coordinar las diferentes campañas e incluso los combates en el mismo campo de batalla. En la guerra no puede haber dos direcciones o se esta condenado a la derrota. La guerra necesita, además, mantener un rumbo firme a pesar de las dificultades y complicaciones que puedan presentarse en el transcurso del objetivo que se persiga; no se podrá alcanzar la victoria si una vez tomado el rumbo este es desviado frecuentemente con los vaivenes, victorias o reveses que se presenten. La dirección centralizada de la guerra no significa sin embargo, centralización absoluta de las operaciones, todo buen jefe militar sabe que debe permitir la iniciativa de los mandos inferiores e incluso de los combatientes con ajuste al plan general, pero nunca permitirá dos planes estratégicos de guerra y de campañas estratégicas. En la conducción del Plan Patriota son evidentes los desencuentros entre lo político y lo militar. Así se desprende del hecho de haber nombrado dos ministros de defensa en los últimos treinta y seis meses como resultado de los conflictos con los generales de la cúpula militar; también se desprende del hecho de la renuncia de tres generales por discrepancias con la creación de comandos unificados, y del hecho de las destituciones de oficiales sin que medie un criterio profesional sino las intrigas de los políticos cercanos a la Presidencia.

La sencillez de la unidad de mando de la guerrilla comparada con el enredado y burocratizado sistema a través del cual el gobierno conduce el Plan Patriota y la guerra, casi habla por si mismo. La seguridad y la sorpresa. En lo que se refiere a seguridad y sorpresa, es notable que no obstante que esta ultima es muy difícil de obtener en las guerras moderna, en nuestro caso son cada vez mas recurrentes los golpes sorpresivos de la guerrilla a unidades del ejercito y la policía. Los golpes sorpresivos del movimiento insurgente son el indicador mas claro de la falta de estrategia en el Plan Patriota. En cuanto al principio de seguridad que impide que el enemigo adquiera una ventaja inesperada, lo que se observa es que las fortalezas del ejercito de que tanto se hace alarde en las esferas oficiales, son muy frágiles porque la insurgencia ha sido capaz de revertir temporales situaciones adversas en las áreas de operaciones del Plan Patriota, mediante el sembrado de minas y la presencia de expertos francotiradores. La sencillez. Aunque el principio de la sencillez no es fácilmente alcanzable ya que, como Clausewitz dice, en la guerra todo parece simple pero no es así, la guerrilla ha dado abundantes muestras de manejo descomplicado de sus operaciones y estrategia de guerra de guerrillas, en la nueva etapa.

El repliegue ordenado. Por ultimo, digamos que la guerrilla ha sabido prevenir la derrota y ha dado muestras de estar preparada para el repliegue ordenado. La estrategia exige prevenir la derrota y estar preparado para los repliegues ordenados. En la guerra más que en ninguna otra actividad el error y la derrota son los maestros de la victoria. No hay jefe militar que no se equivoque ni ejercito que no haya sufrido derrotas. No se trata por supuesto de cometer errores, quien menos errores cometa en la guerra mayores posibilidades de victoria tendrá, pero todo buen jefe militar sabe que puede ser derrotado, su éxito consiste en que a pesar de las derrotas es capaz de conquistar la victoria y por eso siempre debe tener un plan de retirada. Una vez se ha comprendido que no es posible la victoria, cuando se ha observado que el enemigo es mas poderoso y la correlación de fuerzas no garantizara el éxito, cuando se sabe que la retirada es el único medio de esquivar el golpe decisivo del adversario y de conservar las propias fuerzas, con miras a las batallas futuras, el buen jefe militar debe tener un plan de retirada, un repliegue ordenado de sus fuerzas a fin de evitar la catástrofe que ocasionaría una desbandada de sus tropas. Es justamente lo que en su momento ha hecho el movimiento insurgente para evitar daños militares de consideración. Total, el Plan Patriota ha sido un monumento al despilfarro y uno de los mayores desatinos en la historia militar colombiana. Bogota, 2 de agosto de 2005

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París (Francia) 20 de diciembre de 2004 El día 3 de diciembre, personas muy cercanas a la embajada colombiana en Caracas me confirmaban lo anterior, además de advertirme sobre el aumento considerable de miembros del Departamento Administrativo de Seguridad, DAS, la policía política colombiana, adscritos a la embajada. El comando tendría como objetivo el capturar a dirigentes guerrilleros colombianos de las FARC y del ELN. El día 15 de diciembre, en horas de la mañana, descendí al parqueadero del Hotel Hilton. Casi de frente me encontré con dos camionetas ocupadas por hombres con cara de poco amigos, varios de ellos portando lentes oscuros. Cuando le pregunté a uno de los guardias del lugar si sabía quienes eran, me respondió que agentes del DAS colombiano y de la DISIP venezolana. Cuando comenté a alguien sobre ello, me dijo que esos agentes no estaban ahí para cuidar a la delegación del ministro de la Defensa de Colombia, quien se encontraba en Caracas para llegar a acuerdos sobre la represión al "narcoterrorismo" (que, entre otras cosas, fueron firmados). Al día siguiente, leyendo en internet la prensa colombiana, conocí que Rodrigo Granda, más conocido como Ricardo González, había sido detenido en Cucuta, ciudad fronteriza colombiana, el lunes 13. Decían las informaciones que las autoridades colombianas aseguraban que esa captura era más importante que la de Trinidad, por ser un destacado miembro del equipo diplomático de las FARC, y con más de 20 años de trayectoria guerrillera. La noticia me sorprendió porque yo lo había visto en los pasillos del Hilton, dialogando con varias de las altas personalidades que habían asistido al Encuentro. El viernes 17 leí en el periódico bogotano "El Tiempo", que el director del semanario "Voz", Carlos Lozano, aseguraba que Granda había sido detenido en Caracas en un operativo de agentes de la DISIP, presumiéndose la participación de agentes colombianos, y luego trasladado dentro del baúl de un vehículo hasta Cucuta. Poco a poco han salido mas detalles de esa captura y posterior secuestro. Granda fue detenido, efectivamente, el lunes 13 de diciembre, hacia las 4pm. Estaba conversando con un periodista colombiano en la cafetería de la Clínica Razzeti, cerca a la estación del metro "Bellas Artes", muy cerca del Hotel Hilton. Aparentemente una mujer lo llamó aparte, y como si él la conociera se le acercó y salieron del lugar. Había pasado casi una hora cuando al fin el periodista se extraño por la demora de Granda, empezando a preguntar por él a las personas del lugar. Posteriormente se supo que Granda fue detenido por varios hombres que se movilizaban en cuatro vehículos, quienes se identificaron a los pasantes como agentes de la Disip, aunque algunos de ellos tenían acento colombiano. Según mis averiguaciones, Granda fue inmediatamente introducido al baúl de uno de los vehículos y trasladado a una dependencia de la Disip. Parece que no fue maltratado. Varias personalidades políticas, y hasta de los servicios de seguridad, no estuvieron de acuerdo con ese procedimiento y presionaron para que lo dejaran en libertad, exigiéndosele que dejara inmediatamente el país; también propusieron que se le detuviera y se le pusiera en prisión de acuerdo a las leyes venezolanas, mientras se le investigaba. Nada de ello valió. No he podido saber quien dio la orden, pero debió ser a muy alto rango, pues después de viajar 14 horas en el baúl de un vehículo fue entregado en Cucuta a la policía colombiana. Por lo menos hasta el martes en la noche había estado en la Disip. Hoy se encuentra detenido en la cárcel de máxima seguridad de Cómbita, en el Departamento de Boyacá, Colombia. ¿Qué autoridades venezolanas son responsables de este secuestro? Independiente de que Granda sea un guerrillero, este acto va en contra de todo procedimiento judicial y administrativo de la República Bolivariana de Venezuela, y agrede el Derecho internacional. Lo preocupante es que no es el primer caso. Ya son varios, y no tanto a miembros de la guerrilla colombiana. La mayoría de capturas, secuestro y entrega a las terribles agencias de seguridad colombianas, o a sus grupos paramilitares, se han realizado contra dirigentes sociales que han buscado refugio a su seguridad en la patria de Bolivar. Además de los que han sido asesinados. En ningún otro gobierno venezolano se había dado este arbitrario procedimiento en las cantidades actuales. Me es imposible pensar que el presidente Hugo Chavez haya dado estas directivas. Me es muy fácil pensar que los organismos de seguridad venezolanos están infiltrados a alto nivel por elementos que no descansan por desestabilizar el proceso revolucionario que adelanta Chavez. Elementos que tienen todo el apoyo de los servicios de seguridad colombianos y estadounidenses, dentro de la estrategia del Plan Colombia, donde acabar con la Revolución Bolivariana es una de las metas. Poner en enfrentamientos a la guerrilla colombiana con el gobierno de Chavez puede ser un buen recurso. Buscar que el movimiento social y popular colombiano le retire el apoyo a la Revolución Bolivariana, serviría al aislamiento de un proceso que viene siendo agredido por el gobierno fascista y paramilitar del presidente Uribe Velez. Hasta el día de hoy no existe una nota oficial sobre este secuestro. Como no se ha dado ante los asesinatos y secuestros de dirigentes sociales colombianos. Ella se hace impostergable.

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