De qué se trata realmente la gran marcha del retorno

A un año de la Marcha del Retorno en la Franja de Gaza.

Los objetivos de las protestas de la Gran Marcha del Retorno, que comenzaron en Gaza el 30 de marzo del año pasado, son poner un fin al sofocante cerco israelí e implementar el derecho al retorno de los refugiados palestinos que hace 70 años fueron expulsados de sus hogares y pueblos en la Palestina histórica.


Pero estas protestas encierran mucho más que algunas pocas demandas, especialmente si se tiene en cuenta el alto costo humano asociado con ellas.


De acuerdo al Ministerio de Salud de Gaza, más de 250 personas han sido asesinadas y 6.500 heridas, incluyendo niños, doctores y periodistas.


Más allá de la desproporcionada cobertura mediática sobre “cometas incendiarias” y jóvenes cortando de forma simbólica las alambradas que los han cercado por largos años, la marcha ha sido mayoritariamente no violenta. A pesar de ello, Israel ha asesinado y lisiado manifestantes con impunidad.


Una comisión de investigación de derechos humanos de la Onu descubrió el mes pasado que Israel podría haber cometido crímenes de guerra contra los manifestantes, resultando en la muerte de 189 palestinos en el período que va del 30 de marzo al 31 de diciembre de 2018.


La investigación encontró “motivos razonables para creer que francotiradores israelíes dispararon contra niños, médicos y periodistas, aun cuando eran claramente identificables como tales”, según reportó la Bbc.


Muchos medios de comunicación, sin embargo, todavía no entienden lo que realmente significa para los palestinos la Gran Marcha del Retorno.


Un informe del Washington Post intentó ofrecer una respuesta. El artículo, cínicamente titulado “Gazans have paid in blood for a year of protests. Now many wonder what it was for” (“Los gazatíes han pagado con sangre por un año de protestas. Ahora muchos se preguntan para qué”), cita selectivamente a heridos palestinos que, al parecer, sienten que sus sacrificios fueron en vano.


Aparte de brindar una plataforma a las tropas israelíes para culpar a Hamas por la marcha, de un año de duración, el largo informe termina con estas dos citas:


La Marcha del Retorno “no consiguió nada”, de acuerdo a uno de los palestinos lesionados.


“Lo único que puedo sacar en limpio es que hizo que alguna gente prestara atención”, dijo otro.


Si el Washington Post prestara atención, se habría dado cuenta de que el clima entre los palestinos no es de cinismo ni desesperanza.


El Post debería preguntarse: si la marcha “no consiguió nada”, ¿por qué todavía protestan los gazatíes? ¿por qué no ha sido puesta en cuestión la naturaleza popular e inclusiva de la marcha?


“El derecho al retorno es más que una posición política”, dijo Sabreen al-Najjar, la madre de la joven médica palestina Razan al-Najjar, quien, el 1 de junio de 2018, fue asesinada por un disparo del ejército israelí mientras intentaba ayudar a manifestantes palestinos heridos. Es “más que un principio: envuelta en él, y reflejada en la literatura y el arte y la música, está la esencia de lo que significa ser palestino. Está en nuestra sangre”.


En efecto, ¿qué es la Gran Marcha del Retorno sino un pueblo tratando de recuperar su papel, ser reconocido y escuchado en la lucha por la liberación de Palestina?
Lo que está ausente de la discusión sobre Gaza es la psicología colectiva detrás de este tipo de movilización y el por qué es esencial para cientos de miles de personas sitiadas redescubrir su poder y entender su verdadera posición, no como víctimas sin esperanza, sino como agentes de cambio en su sociedad.
La lectura superficial o la tergiversación de la Marcha del Retorno hablan mucho sobre la subestimación general del rol del pueblo palestino en su lucha por libertad, justicia y liberación nacional, que ya lleva un siglo.


La historia de Palestina es la historia del pueblo palestino, porque ellos son las víctimas de la opresión y el principal canal de resistencia, comenzado por la Nakba –la creación de Israel sobre las ruinas de pueblos y aldeas palestinas en 1948–. Si los palestinos no hubieran resistido, su historia habría concluido en ese entonces, y también ellos habrían desaparecido.
Quienes increpan a la resistencia palestina, o quienes, como el Post, no logran entender el valor subyacente detrás de un movimiento popular y sus sacrificios tienen poco entendimiento sobre las ramificaciones psicológicas de la resistencia –el sentido de empoderamiento colectivo y esperanza que se extiende entre la gente–. En su introducción a Los condenados de la tierra, de Frantz Fanon, Jean Paul Sartre describe la resistencia, como fue apasionadamente defendida por Fanon, como un proceso a través del cual “un hombre se re-crea a sí mismo”.
Durante 70 años, los palestinos se han embarcado en un viaje de re-creación de su ser. Han resistido, y su resistencia, en todas sus formas, ha moldeado un sentido de unidad colectiva, a pesar de las numerosas divisiones que han sido levantadas entre la gente.


La Marcha del Retorno es la última manifestación de la continua resistencia palestina.


Es obvio que las interpretaciones elitistas sobre Palestina han fallado –los Acuerdos de Oslo se han revelado como un vano ejercicio de clichés vacíos, destinado a mantener el dominio político estadounidense en Palestina, así como en el resto de Oriente Medio.


Pero la firma de esos acuerdos en 1993 rompió la relativa cohesión del discurso palestino, debilitando y dividiendo así al pueblo palestino.


En la narrativa sionista israelí, los palestinos son descritos como lunáticos a la deriva, como un inconveniente que dificulta el camino del progreso –una descripción que regularmente define la relación entre todo poder colonial occidental y los nativos colonizados que se resisten.


Dentro de algunos círculos políticos y académicos israelíes, los palestinos sólo “existen” para ser “depurados”, para hacer lugar para un pueblo diferente, más merecedor. Desde la perspectiva sionista, la “existencia” de los nativos es meramente temporal. “Debemos expulsar a los árabes y tomar su lugar”, escribió el padre fundador de Israel, David Ben Gurión.
La asignación al pueblo palestino de los roles de dislocado, desheredado y nómade, sin considerar las implicaciones éticas y políticas de esa percepción, ha presentado erróneamente a los palestinos como un colectivo dócil y sumiso.


Por ello, es imperativo que desarrollemos un entendimiento claro de los significados detrás de la Gran Marcha del Retorno. Cientos de miles de palestinos en Gaza no arriesgaron sus vidas durante el último año simplemente porque requieren provisiones médicas y alimenticias urgentes.


Los palestinos lo hicieron porque entienden la centralidad de su lucha. Sus protestas son una declaración colectiva, un grito de justicia, un último reclamo para recuperar su narrativa como pueblo –todavía resistente, todavía poderoso y todavía esperanzado después de 70 años de Nakba, 50 años de ocupación militar y 12 años de sitio implacable.
* Periodista, escritor, editor de Palestine Chronicle y doctor en estudios palestinos por la Universidad de Exeter. El título original de esta columna es “‘The Essence of Being Palestinian’: What the Great March of Return is Really About”. Traducción y título de Brecha.

Por Ramzy Baroud
5 abril, 2019

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Viernes, 05 Abril 2019 05:33

Dodecálogo del éxito

Dodecálogo del éxito

Esta fórmula ha sido probada e implementada desde los orígenes de la política internacional hasta nuestros tiempos. Su vigencia es de absoluta actualidad.

 

1. Llama “régimen” a todo gobierno no alineado.


2. Acósalo y bloquéalo.


3. Destruye su economía.


4. Contribuye al caos social tanto como puedas.


5. Financia a los “luchadores por la libertad”.


6. Repite que el fracaso es prueba de que no existen alternativas.


7. Reemplaza sus gobiernos irresponsables por regímenes amigos.


8. Llámalos “restauración de la democracia”.


9. Suspende el acoso y el bloqueo económico.


10. Envía barcos con capitales con “ayuda para el progreso”.

 


11. Asegura la “libre competencia” para tus negocios.


12. Repite.

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Más de 113 millones de personas padecieron hambre severa en 2018

París. Más de 113 millones de personas de 53 países sufrieron hambre extrema durante 2018 debido a conflictos armados, catástrofes naturales y crisis económicas, de acuerdo con un informe publicado este martes sobre crisis alimentarias elaborado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la Unión Europea (UE) y otras organizaciones internacionales.

Los países más afectados por la hambruna el año pasado fueron Yemen, República Democrática del Congo y Afganistán, señala el reporte.

Más de la mitad de la población que padece hambre en el mundo vive en 33 países africanos, incluidos Etiopía, Sudán y Nigeria.

Los conflictos armados se mantienen como la principal causa de inseguridad alimentaria en el mundo. Alrededor de 74 millones de personas, es decir, dos tercios de la población que sufre hambre, viven en 21 países o territorios afectados por guerras.

Yemen, golpeada por un conflicto interno desde 2015, sigue siendo el país más afectado por el hambre. A finales de 2018 la situación alcanzó un punto crítico con más de la mitad (53 por ciento) de la población total con necesidad de ayuda alimentaria urgente, señala este informe anual.

Pese a estas cifras alarmantes, el documento destaca una ligera mejora en el mundo respecto de 2017, debido a que algunos países altamente expuestos a los choques climáticos sufrieron menos sequías, inundaciones y aumentos de temperatura en 2018.

En 2017 cerca de 124 millones de personas de 51 países sufrían hambre severa, 11 millones más que en 2018.

En América Latina y el Caribe se contabilizaron el año pasado 4.3 millones de personas que padecen inseguridad alimentaria y requieren de ayuda urgente: Haití con 2.3 millones; Centroamérica (Guatemala, El Salvador, Honduras y el "corredor seco" de Nicaragua) con 1.6 millones, y Sudamérica, incluidos los migrantes venezolanos en Colombia, Ecuador y Perú, con 400 mil.

Venezuela, que atraviesa una grave crisis económica y política que ha desencadenado una severa escasez de alimentos y una hiperinflación que ha reducido drásticamente el poder adquisitivo, no figura en este informe debido a que no se dispone de cifras fiables, explicó a la agencia de noticias Afp Dominique Burgeon, jefe de situaciones de emergencia de la FAO.

El informe contabiliza a alrededor de 1.5 millones de venezolanos que han buscado refugio en Colombia, Ecuador y Perú, y que tienen grandes dificultades para garantizar su alimentación.

La FAO expresa también su preocupación sobre lo que sucede en Colombia, que es a la vez país de tránsito y destino para los venezolanos, y que además tiene todavía 487 mil personas desplazadas por décadas de conflicto armado interno.

También en América Latina se advierte sobre una crisis alimentaria en Haití, el país más pobre del continente y golpeado por dos huracanes devastadores en 2017. En total, 2.3 millones de haitianos (32 por ciento de la población) están al borde de la hambruna.

El documento prevé que la crisis alimentaria se intensifique en Haití en 2019 tras una cosecha inferior a la media el año pasado, debido principalmente a sequías.

 

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Polvo letal: Estados Unidos está contaminando el mundo y nadie quiere hablar de ello

'Polvo letal, hecho en EEUU: las armas de uranio contaminan el mundo' es el título del nuevo libro de Frieder Wagner. En sus páginas, el autor detalla cómo EEUU ha venido contaminando vastos territorios del planeta con sus municiones de uranio empobrecido y cómo élites políticas y militares manipulan los medios.


Sputnik ha tenido la oportunidad de conversar con el documentalista, para acercarles a sus lectores los detalles de su nueva obra.


— Señor Wagner, su libro se centra en las bombas con uranio empobrecido. ¿Qué tiene especialmente de peligroso este tipo de proyectiles?


— La munición de uranio se produce de los residuos de la industria atómica. Si, por ejemplo, usted se dispone a producir una tonelada de combustible de uranio para las centrales nucleares, obtendrá unas ocho toneladas de uranio empobrecido. Es una fuente de radiación alfa, radiactiva y, además, extremadamente contaminante. Requiere ser almacenado en algún lugar, y eso no resulta muy barato.


— ¿Cómo es posible utilizarlo como un arma?


— Hace unos 30-40 años, los ingenieros militares se percataron que el uranio es casi el doble de pesado que el plomo. Si haces de ese uranio empobrecido un proyectil y le das una correspondiente aceleración, atravesaría el blindaje de un tanque en una fracción de segundo, así como muros de concreto o el cemento. Esto, por supuesto, fue un descubrimiento importante. Además, al penetrar la armadura del tanque, se produce mucho polvo, que se incendia a una temperatura de 3.000 a 5.000 grados Celsius, incinerando a la tripulación del tanque.


— Pero el verdadero problema está en lo que sucede después del uso de estas municiones, ¿verdad?


— Exacto. El uranio empobrecido que, como ya he dicho, es una fuente de radiación alfa se quema, al quemarse forman nanopartículas que son 100 veces más pequeñas que los glóbulos rojos de la sangre. De esta manera se crea, diría, una especie de gas metálico que la gente puede inhalar, que contamina el medioambiente y puede ser transportada por el viento, a cualquier parte.


Las personas que lo respiren tienen mayor riesgo de padecer de cáncer. Estas nanopartículas, al penetrar en el cuerpo de una mujer embarazada, superan incluso la barrera que protege al bebé y afectan su desarrollo. Pueden también penetrar directamente al cerebro y llegar a cualquier órgano a través del torrente sanguíneo.


Todo lo que vuela alrededor de la Tierra, tarde o temprano se asienta y, por supuesto, infecta, en particular, el agua potable.


— ¿En qué conflictos se han usado proyectiles con uranio empobrecido?


— Fue utilizado de manera activa durante la guerra de 1991 en Irak. Los militares reconocieron que su volumen total alcanzó las 320 toneladas. Luego, en el curso de la segunda guerra en Irak, en 2003. Entonces su volumen alcanzó ya las 2.000 toneladas. También puede mencionar la guerra en Kosovo, en Yugoslavia, en Bosnia en 1995, durante la guerra en Kosovo en 1995 y después de 2001 en Afganistán, donde todavía se sigue usando.


— El título de su libro afirma "hecho en EEUU". ¿Este tipo de armas es usado solo por EEUU?


— Estas armas fueron desarrolladas en varios países de manera simultánea. En Alemania, también trabajaron en ello, como, por supuesto, en Rusia. Sin embargo, de manera masiva y en una escala tan grande han sido utilizadas solo por EEUU. No obstante, ellos no prestaron mucha atención a los posibles efectos secundarios, como lo fue, de hecho, en el momento del primer uso de las bombas atómicas. Por eso llamé al libro 'Polvo letal, hecho en EEUU'

.
— ¿Cómo pudo demostrar el uso de este tipo de municiones?


— Los serbios nos mostraron los lugares donde se utilizaron. En Irak hablamos con los habitantes del lugar. Viajamos por los lugares de grandes batallas de tanques. Ahí recogimos muestras del suelo y del polvo dentro de los tanques dañados.


Al observar un tanque, se puede decir con seguridad si fue impactado con un proyectil convencional o uno con uranio empobrecido. Las municiones con uranio dejan un polvo que incinera todo alrededor del lugar de perforación.


En todas las muestras del suelo encontrábamos uranio empobrecido, así como uranio-236, aún más radiactivo y contaminante. En la naturaleza es imposible de encontrar, se obtiene solo con la producción de combustible para las centrales atómicas.


Todo esto nos permite decir con certeza que EEUU y sus aliados utilizan bombas de uranio.


— Su libro es una recopilación de las cintas documentales 'Los médicos y los niños irradiados de Basra' (2004) y 'Polvo letal' (2007). ¿Qué pudo ver mientras trabajaba en ellas?


— Aquello fue terrible y sus escenas aún me persiguen en los sueños. Son niños con deformidades que vimos en orfanatos en Basra o Bagdad. Algunos de ellos tenían tales deformidades que casi nada humano se podía ver en ellos. Hay niños nacidos sin cabeza o nariz, ya sea con un ojo o sin ojos, con órganos internos que crecen en una especie de 'bolsa' fuera del cuerpo. Tales criaturas pueden vivir solo unas pocas horas, experimentando un dolor terrible, para luego morir.


— El documental 'Polvo letal' acompaña el libro, pero no se puede ver en la televisión. ¿El canal WDR no ha hecho más encargos? ¿A qué se debe?


— Yo se lo he presentado a WDR, así como al canal ZDF, pero mis propuestas fueron negadas. Entonces hablé con un redactor de WDR, con el cual siempre hice buenos trabajos y tenía buenas relaciones, porque siempre le ayudaba a tener una audiencia dos y tres veces mayor de lo normal. Le pregunté qué pasaba. Y él pensó un poco y me dijo:
"Sí, Frieder, alguien tiene que decírtelo. En WDR creen que ahora es complicado trabajar contigo. Pero lo más importante es que los temas que propones también son complicados. No te puedo decir nada más".


Entonces lo entendí todo. Eso sucedió en el 2005.


— ¿Alguna víctima en Kosovo o Irak ha intentado acudir a los tribunales?


— En Kosovo e Irak hasta ahora no ha habido ningún intento. En estos momentos es Kosovo todo un grupo de abogados trabaja sobre una querella contra la OTAN, porque incluso después de la guerra las personas siguen sufriendo heridas, de enfermedades e incluso mueren.


La incidencia de todo tipo de males relacionados incrementa un 20-30% cada año y sigue en aumento. Así que habrá al menos un intento de poner una demanda.


De los 2.000 soldados italianos desplegados en Kosovo e Irak, 109 sufrieron de cáncer y fallecieron. Eso está probado. Los familiares de 16 de esos soldados fueron a los tribunales y ganaron el caso. Los jueces sentenciaron que el Gobierno o el Ministerio de Defensa debía pagarles una compensación de entre 200.000 y 1,4 millones de euros, dependiendo del caso.
El Ministerio de Defensa alemán niega cualquier relación. No obstante, hemos encontrado que de los 100.000 soldados que han sido desplegados en Afganistán, al menos el 30% muestra algún signo de contaminación nuclear. Los que se casen y tengan hijos corren el peligro de que sus hijos sufran de malformaciones. Y así en varias generaciones, hacia los hijos y nietos de sus hijos.

 

CC0 / Pixabay
18:07 02.04.2019(actualizada a las 18:42 02.04.2019)

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Soldados israelíes se enfrentan con manifestantes palestinos sobre la cerca fronteriza entre Israel y la Franja de Gaza./Reuters

El ejército israelí ha diseñado un plan para reocupar toda la Franja de Gaza en solo cuatro horas, una posibilidad que Benjamín Netanyahu ha rechazado hasta ahora pero que podría cristalizar después de las elecciones de la semana que viene, según el informe publicado el lunes por un diario de Tel Aviv.


El ejército israelí tiene “prácticamente listo” un plan para invadir militarmente toda la Franja de Gaza, una decisión que podrán tomar los líderes políticos tras las elecciones del 9 de abril, según un informe que publicó este lunes el diario Maariv, un periódico muy cercano al primer ministro Benjamín Netanyahu.


El plan prevé una guerra a gran escala en la que participarían todas las ramas del ejército, especialmente personal de infantería y unidades especiales que llevarían a cabo operaciones confidenciales. También intervendría la aviación con intensos ataques aéreos y la marina bombardeando desde el mar, como ya ocurrió en la invasión parcial de 2014.


El objetivo inicial sería tomar el control completo de todo el territorio, desde la verja que separa la Franja de Israel hasta la costa mediterránea, algo que según el plan podría conseguirse en solo cuatro horas. En este sentido puramente militar, la misión es plausible, aunque lógicamente una operación de estas características conllevaría repercusiones importantes, incluidas consecuencias políticas, algunas de las cuales son difíciles de calibrar con antelación.


El liderazgo político que salga de las elecciones israelíes de la próxima semana debería decidir si la invasión pretende derrocar al gobierno de Hamás, lo que parece un objetivo lógico que, por lo demás, no es la primera vez que se plantea el gobierno de Israel, aunque hasta ahora lo ha evitado cuidadosamente.


Una de las preguntas que están sobre la mesa es quiénes sustituirán a Hamás, pero está claro que las ideas islamistas continuarán siendo seguidas por una buena parte de la población de la Franja. Con toda seguridad, habrá milicianos, y no solamente milicianos islamistas, que hostigarán permanentemente a las fuerzas israelíes y con toda probabilidad les causarán un número de bajas considerable.


Un escenario que permitiría la evacuación rápida de las fuerzas invasoras consistiría en entregar la Franja a la Autoridad Palestina. Sin embargo, esta posibilidad es remota puesto que Israel no confía en el gobierno del presidente Mahmud Abás. De hecho, el gobierno de Abás ya perdió la Franja en 2007 ante el empuje de Hamás. Contando con que las milicias, no solo las islamistas, estarán bien armadas y poseerán un número elevado de efectivos, es muy dudoso que la Autoridad Palestina pueda mantener un control efectivo sin presencia israelí sobre el terreno.


Además, es un interés supremo de Israel mantener la división interpalestina en la medida de lo posible con el fin de mostrar al mundo que los palestinos son incapaces de gobernarse, y justificar de esta manera que a Israel no le queda más remedio que seguir ocupando Cisjordania y seguir expandiendo las colonias judías.
El periódico de Tel Aviv indica que Israel ha considerado establecer en la Franja de Gaza una gobernanza árabe-internacional, y ha considerado que Egipto asuma la gestión del día a día después de la invasión. Pero aunque ha consultado esta opción en conversaciones privadas con líderes del mundo árabe, Netanyahu habría recibido respuestas negativas de sus interlocutores.


Ante este revés, cobra cierta fuerza la hipótesis de que las tropas israelíes se mantengan permanentemente en Gaza y establezcan un gobierno militar que se encargue de alimentar a dos millones de palestinos, una tarea que no sería fácil y que incluiría hacerse cargo de la salud, los alimentos, el combustible, la educación, etcétera. Naturalmente, esta situación hace dudar a los líderes israelíes. En la práctica significaría dar un viaje en el tiempo hasta el periodo previo de los acuerdo de Oslo de 1993, una situación que llena de las peores pesadillas las cabezas de los líderes israelíes, aunque no de todos.


Sin embargo, si el ejército se retira después de la invasión en un plazo razonable, la situación podría ser otra pesadilla quizás peor, ya que las armas y la preparación de millares de milicianos podrían convertir el sector en un terreno fértil para el caos, un caos que quizá fuera similar al de Somalia.


Si el 9 de abril Netanyahu es el único líder capaz de formar gobierno y obtiene su quinto mandato, las posibilidades de una invasión serán más elevadas, no a causa de Netanyahu, que siempre se ha mostrado prudente con la Franja, sino a causa de sus posibles aliados de la extrema derecha y nacionalistas que durante la actual campaña están exigiendo que se acabe de una vez por todas con Hamás, lo que requeriría entrar a fondo en la Franja.


La cautela de Netanyahu también tiene contraindicaciones. En los tres años y medio que siguieron a la invasión de 2014 hubo una calma casi absoluta en la Franja y Netanyahu no la aprovechó para establecer un diálogo político y llegar a un acuerdo de larga duración, o incluso para aliviar las extremas condiciones de

vida de la población civil, lo que revela que una solución política no entra en sus planes. En la práctica, la inmensa mayoría de los israelíes comparte la opinión del primer ministro.
Ha sido necesario que Hamás y las demás milicias lancen un gran número de cohetes en la víspera de unas elecciones para que Netanyahu haya entendido que conviene aliviar las condiciones de vida de los palestinos de Gaza. Esta decisión indica que Netanyahu es más sensible y vulnerable a los cohetes que a la calma.


El hecho de que Netanyahu haya accedido a que Qatar meta dinero en la Franja cada mes, y el hecho de se haya avenido a negociar ahora con Hamás, indica que el primer ministro está comprando una calma temporal. Su objetivo es abortar cualquier posibilidad de una negociación política que conduzca al establecimiento de un estado palestino. Si una invasión de la Franja es necesaria para ello, Netanyahu sin duda acabará dando ese paso.

JERUSALÉN
02/04/2019 08:07 Actualizado: 02/04/2019 08:07
EUGENIO GARCÍA GASCÓN

 

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Lunes, 01 Abril 2019 08:40

Insaciables

Insaciables

Existe consenso en amplios sectores sociales acerca de que la negociación de paz firmada entre las Farc y el Estado colombiano –así el actual gobierno asegure en algún momento que eso le corresponde y obliga al que le antecedió, como dice de todo acuerdo heredado– es lo más contradictorio que un sector de izquierda pueda mostrar en este país. Mucho más uno que optó por las armas como método supremo para confrontar el orden de cosas existente.

Contradictorio, pues el acuerdo, tras años de negociación, fue firmado no una sino dos veces, y la segunda (en el Colón) implicó cambios notorios con respecto a lo firmado en una primera ocasión y protocolizado en Cartagena. Luego de ello, el mismo acuerdo fue sometido a un conjunto de reformas en el Congreso de la República, lo cual debió de ruborizar, por lo menos, a la dirigencia de la extinta guerrilla.

Contradictorio, toda vez que los otrora insurgentes firmaron a riesgo de que el Estado colombiano no cumpliera, como lo sospechaba el fundador y máximo líder de este ejército insurgente, Manuel Marulanda, por lo cual en alguna ocasión recomendaba postergar diez años la entrega de armas, como prenda de garantía para el cumplimiento de lo acordado. Olvidando el consejo del “viejo zorro”, además de cerrar los ojos ante las lecciones de la historia, las entregaron y Clío, aquella musa griega, volvió por sus fueros.
Contradictorio, ya que, a pesar de más de cinco décadas de discursos radicales y prácticas persistentes en pos de la toma del poder, terminaron rindiéndose, pues lo que recibieron a cambio le salió barato al establecimiento, tanto que nada tuvo que reformar de su estructura estatal en lo económico, lo político, lo militar, etcétera, y en cambio la contraparte aceptó la Constitución de su otrora enemigo, así como la estructura estatal por éste organizada.

Contradictorio, en tanto que los insurgentes aceptaron someter a un plebiscito lo negociado y acordado en La Habana, borrando, tras el resultado obtenido, cinco años de diálogo y negociación.

Contradictorio, además, pues tras la primera y la segunda firmas se han encontrado con una clase política que se apoya en sectores del poder económico, así como con ‘aliados’ internacionales que no renuncian a tratar a la fuerza política surgida de los acuerdos como la peor de las pestes conocidas y, sin embargo, y a pesar de los recursos dialécticos que se supone que debieran utilizar sus voceros, no atinan a adelantar una contraofensiva que recupere la dignidad que, igualmente se supone, les corresponde.
En fin, son tantos los sinsentidos y las anomalías de lo que adelantaron y ahora esperan que el establecimiento cumpla, que una parte de ellos –sin saberse con exactitud cuántos– terminó regresando al monte. Es decir, es tan contradictorio lo firmado, que la paz se esfumó y la guerra continúa. Es un grave suceso del que tal vez una parte significativa del país nacional no se ha enterado o sobre lo cual no ha meditado en sus implicaciones, suceso que se torna en uno de los mejores resultados obtenidos por quienes se han valido de las Farc para consolidar su dominio social, a la par de justificar el paramilitarismo y el terrorismo de Estado. Así es porque prolongar la existencia de ese “enemigo interno” les permite mantener su dominio entre amplios sectores sociales que sindican a las Farc de procederes, prácticas y crímenes que nada tienen que ver con un proyecto sustentado éticamente, en pos de otra sociedad, una diferente de la conocida durante dos siglos de existencia nacional.
Conscientes de ello, el sector que hoy controla el gobierno nacional prosigue en su afán liquidador de los acuerdos, en esta ocasión mediante la desestructuración de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP). Se valen para ello de la esperanza y el dolor de las víctimas, así como del odio que un amplio sector de nuestra sociedad profesa contra la guerrilla en general y la fariana en particular.

Por tanto, alegar la ‘necesaria’ reforma de la JEP, como lo hizo el presidente Duque el pasado 10 de marzo, no es más que continuar por la senda de manipular a la sociedad colombiana, al tiempo que atizar las brasas aún no apagadas de la guerra que por décadas ha cubierto al país.

Se trata de un alegato servido de las palabras políticamente correctas: “[Estamos ante] “una oportunidad –dijo el Presidente– que nos permita encontrar un camino para enfocarnos en lo que nos une y no en lo que nos divide” […] Los colombianos queremos y necesitamos una paz que nos una y todos debemos contribuir de manera permanente para lograr ese objetivo”, para luego decir que esta Justicia “no establece de manera clara la obligación principal de los victimarios de reparar íntegramente a las víctimas”.

Pero, además, se expresa la falsa preocupación por la impunidad que pueda cubrir los crímenes de lesa humanidad en relación con quienes no son máximos responsables, al igual que la manera como se llevaría a cabo la suspensión de posibles extraditables porque “esto produce un incentivo perverso para el ingreso a la JEP de terceros bajo el ropaje de supuestos ofrecimientos de verdad”, y otras supuestas inquietudes a través de las cuales lo que se pretende es tergiversar y manipular lo ya estipulado en los acuerdos de La Habana, con su firma de Cartagena y del Teatro Colón, que precisaron con claridad –o en reglamentaciones derivadas del mismo– lo ahora esgrimido por Duque. De ahí que la ‘preocupación’ por estos y otros motivos expresados en aquella alocución nacional no sea más que la pretensión de seguir peluqueando lo firmado, hasta barrer el piso de este extenso país con los exguerrilleros.

Tras estos despropósitos, “llenos de buenas intenciones”, dos objetivos alcanzan a sobresalir en la maniobra oficial: 1. Lograr que el ambiente nacional, en año de comicios, quede centrado en el tema Farc, comodín para continuar explotando la animadversión ya anotada que siente una parte de la sociedad contra los desmovilizados guerrilleros, en esta ocasión para obtener un resultado electoral que le permita a lo más retardatario del país político mantener su poder territorial, incluso ampliándolo. 2. Impedir que los militares –la oficialidad– paguen extensas condenas, y lo poco que tenga que resarcir con encierro sea en sitios ‘seguros’, así como impedir que sus declaraciones se den en espacios no controlados por los adeptos de estas maniobras, impidiendo así que el dedo índice de muchos de ellos señale a quien desde hace décadas carga con el inri de inspirador, promotor y protector de las fuerzas que ocasionaron centenares de crímenes a lo largo y ancho del país, entre ellos los más abyectos de que tengan memoria los colombianos: los mal llamados falsos positivos, masacres de decenas en diversidad de veredas y corrregimientos, el despojo del pedazo de tierra de la que vivían los pobres del campo y su desplazamiento hacia las ciudades del interior del país, etcétera.

En el curso de la campaña electoral que lo llevó a la presidencia del país, Duque anunció que, si salía elegido, haría trizas los acuerdos de paz, declaración que luego matizó, no así el partido al cual pertenece. Es esa una de las pocas promesas que ha cumplido. Pero no solo la paz firmada sino también la posible con el Eln, llevado a la imposibilidad de una negociación que no lo es, pues, para encadenarla, tiene que renunciar a todo, además de concentrarse en un sitio preestablecido. Paz marchita y guerra en curso que en días recientes estuvo propiciando con el hermano siamés, arriesgando con sus maniobras, estimuladas desde Washington, la vida de miles de miles de connacionales, así como la posible destrucción de nuestro país.

Dice una máxima que el buen gobernante es aquel que procura y logra la felicidad de sus gobernados. Todo parece indicar que con Duque estamos lejos de ella.

 

Publicado enEdición Nº255
Domingo, 31 Marzo 2019 11:34

Insaciables

Insaciables

Existe consenso en amplios sectores sociales acerca de que la negociación de paz firmada entre las Farc y el Estado colombiano –así el actual gobierno asegure en algún momento que eso le corresponde y obliga al que le antecedió, como dice de todo acuerdo heredado– es lo más contradictorio que un sector de izquierda pueda mostrar en este país. Mucho más uno que optó por las armas como método supremo para confrontar el orden de cosas existente.

Contradictorio, pues el acuerdo, tras años de negociación, fue firmado no una sino dos veces, y la segunda (en el Colón) implicó cambios notorios con respecto a lo firmado en una primera ocasión y protocolizado en Cartagena. Luego de ello, el mismo acuerdo fue sometido a un conjunto de reformas en el Congreso de la República, lo cual debió de ruborizar, por lo menos, a la dirigencia de la extinta guerrilla.

Contradictorio, toda vez que los otrora insurgentes firmaron a riesgo de que el Estado colombiano no cumpliera, como lo sospechaba el fundador y máximo líder de este ejército insurgente, Manuel Marulanda, por lo cual en alguna ocasión recomendaba postergar diez años la entrega de armas, como prenda de garantía para el cumplimiento de lo acordado. Olvidando el consejo del “viejo zorro”, además de cerrar los ojos ante las lecciones de la historia, las entregaron y Clío, aquella musa griega, volvió por sus fueros.
Contradictorio, ya que, a pesar de más de cinco décadas de discursos radicales y prácticas persistentes en pos de la toma del poder, terminaron rindiéndose, pues lo que recibieron a cambio le salió barato al establecimiento, tanto que nada tuvo que reformar de su estructura estatal en lo económico, lo político, lo militar, etcétera, y en cambio la contraparte aceptó la Constitución de su otrora enemigo, así como la estructura estatal por éste organizada.

Contradictorio, en tanto que los insurgentes aceptaron someter a un plebiscito lo negociado y acordado en La Habana, borrando, tras el resultado obtenido, cinco años de diálogo y negociación.

Contradictorio, además, pues tras la primera y la segunda firmas se han encontrado con una clase política que se apoya en sectores del poder económico, así como con ‘aliados’ internacionales que no renuncian a tratar a la fuerza política surgida de los acuerdos como la peor de las pestes conocidas y, sin embargo, y a pesar de los recursos dialécticos que se supone que debieran utilizar sus voceros, no atinan a adelantar una contraofensiva que recupere la dignidad que, igualmente se supone, les corresponde.
En fin, son tantos los sinsentidos y las anomalías de lo que adelantaron y ahora esperan que el establecimiento cumpla, que una parte de ellos –sin saberse con exactitud cuántos– terminó regresando al monte. Es decir, es tan contradictorio lo firmado, que la paz se esfumó y la guerra continúa. Es un grave suceso del que tal vez una parte significativa del país nacional no se ha enterado o sobre lo cual no ha meditado en sus implicaciones, suceso que se torna en uno de los mejores resultados obtenidos por quienes se han valido de las Farc para consolidar su dominio social, a la par de justificar el paramilitarismo y el terrorismo de Estado. Así es porque prolongar la existencia de ese “enemigo interno” les permite mantener su dominio entre amplios sectores sociales que sindican a las Farc de procederes, prácticas y crímenes que nada tienen que ver con un proyecto sustentado éticamente, en pos de otra sociedad, una diferente de la conocida durante dos siglos de existencia nacional.
Conscientes de ello, el sector que hoy controla el gobierno nacional prosigue en su afán liquidador de los acuerdos, en esta ocasión mediante la desestructuración de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP). Se valen para ello de la esperanza y el dolor de las víctimas, así como del odio que un amplio sector de nuestra sociedad profesa contra la guerrilla en general y la fariana en particular.

Por tanto, alegar la ‘necesaria’ reforma de la JEP, como lo hizo el presidente Duque el pasado 10 de marzo, no es más que continuar por la senda de manipular a la sociedad colombiana, al tiempo que atizar las brasas aún no apagadas de la guerra que por décadas ha cubierto al país.

Se trata de un alegato servido de las palabras políticamente correctas: “[Estamos ante] “una oportunidad –dijo el Presidente– que nos permita encontrar un camino para enfocarnos en lo que nos une y no en lo que nos divide” […] Los colombianos queremos y necesitamos una paz que nos una y todos debemos contribuir de manera permanente para lograr ese objetivo”, para luego decir que esta Justicia “no establece de manera clara la obligación principal de los victimarios de reparar íntegramente a las víctimas”.

Pero, además, se expresa la falsa preocupación por la impunidad que pueda cubrir los crímenes de lesa humanidad en relación con quienes no son máximos responsables, al igual que la manera como se llevaría a cabo la suspensión de posibles extraditables porque “esto produce un incentivo perverso para el ingreso a la JEP de terceros bajo el ropaje de supuestos ofrecimientos de verdad”, y otras supuestas inquietudes a través de las cuales lo que se pretende es tergiversar y manipular lo ya estipulado en los acuerdos de La Habana, con su firma de Cartagena y del Teatro Colón, que precisaron con claridad –o en reglamentaciones derivadas del mismo– lo ahora esgrimido por Duque. De ahí que la ‘preocupación’ por estos y otros motivos expresados en aquella alocución nacional no sea más que la pretensión de seguir peluqueando lo firmado, hasta barrer el piso de este extenso país con los exguerrilleros.

Tras estos despropósitos, “llenos de buenas intenciones”, dos objetivos alcanzan a sobresalir en la maniobra oficial: 1. Lograr que el ambiente nacional, en año de comicios, quede centrado en el tema Farc, comodín para continuar explotando la animadversión ya anotada que siente una parte de la sociedad contra los desmovilizados guerrilleros, en esta ocasión para obtener un resultado electoral que le permita a lo más retardatario del país político mantener su poder territorial, incluso ampliándolo. 2. Impedir que los militares –la oficialidad– paguen extensas condenas, y lo poco que tenga que resarcir con encierro sea en sitios ‘seguros’, así como impedir que sus declaraciones se den en espacios no controlados por los adeptos de estas maniobras, impidiendo así que el dedo índice de muchos de ellos señale a quien desde hace décadas carga con el inri de inspirador, promotor y protector de las fuerzas que ocasionaron centenares de crímenes a lo largo y ancho del país, entre ellos los más abyectos de que tengan memoria los colombianos: los mal llamados falsos positivos, masacres de decenas en diversidad de veredas y corrregimientos, el despojo del pedazo de tierra de la que vivían los pobres del campo y su desplazamiento hacia las ciudades del interior del país, etcétera.

En el curso de la campaña electoral que lo llevó a la presidencia del país, Duque anunció que, si salía elegido, haría trizas los acuerdos de paz, declaración que luego matizó, no así el partido al cual pertenece. Es esa una de las pocas promesas que ha cumplido. Pero no solo la paz firmada sino también la posible con el Eln, llevado a la imposibilidad de una negociación que no lo es, pues, para encadenarla, tiene que renunciar a todo, además de concentrarse en un sitio preestablecido. Paz marchita y guerra en curso que en días recientes estuvo propiciando con el hermano siamés, arriesgando con sus maniobras, estimuladas desde Washington, la vida de miles de miles de connacionales, así como la posible destrucción de nuestro país.

Dice una máxima que el buen gobernante es aquel que procura y logra la felicidad de sus gobernados. Todo parece indicar que con Duque estamos lejos de ella.

 

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¿Derrumbó el mandarín la "muralla Maginot" comercial de la Unión Europea?

Trump se salva de un impeachment, donde el reporte Mueller puso en ridículo a los delirantes rusófobos de EU y México controlados por el megaespeculador George Soros, mientras el mandarín Xi descuelga resultados exitosos en su periplo a Italia/Mónaco/Francia para la conectividad euroasiática que constituye veneno puro para la añeja geoestrategia disruptiva basada en los conceptos anacrónicos de Halford McKinder y Zbigniew Brzezinski.

Después de la Primera Guerra Mundial, los militares franceses edificaron la "línea Maginot (400 kms de largo y 19 fortificaciones)" en su frontera con Alemania hasta Italia con la finalidad de impedir la invasión nazi, lo cual resultó en un soberano fracaso.

No faltaron ahora en Europa vetustos teóricos de la "línea Maginot" para edificar su "muralla Maginot" comercial, con el propósito de frenar el avance irresistible de las tres Rutas de la Seda (https://bit.ly/2CuUAqX). Lo que de-nominó "muralla Maginot" fue derrumbada con un cañonazo de € 60 mil millones del mandarín Xi, primordialmente para comprar una flotilla de 300 (sic) aviones Airbus (sumados a otros 10 de largo alcance), en detrimento de los averiados y accidentados aviones Boeing 737 Mex, como había adelantado (https://bit.ly/2unQnkr).

Shi Jiangtao de SCMP asienta que “Europa derrumbó en París sus barreras ante Xi(https://bit.ly/2Ug6cbb)”, pese a "presiones de EU" y a la incorporación de Italia al máximo proyecto de infraestructura del siglo 21: las tres Rutas de la Seda.

En forma inesperada e inédita, el presidente galo Macron, la canciller alemana Ángela Merkel y el líder de la Comisión Europea Jean Claude Juncker alabaron la iniciativa de infraestructura china y exhortaron al "establecimiento de una definición común para un nuevo (sic) orden internacional" con el fin de lidiar con los "desafíos del multilateralismo", en claro rechazo al proteccionismo unilateral de Trump.

La canciller Merkel admitió que el proyecto chino es "importante" y afirmó que los "europeos desean jugar una parte activa que deba llevar a cierta reciprocidad". La incrustación de Italia a la Ruta de la Seda china "entristeció" al fundamentalista cristiano Mike Pompeo, secretario de Estado nada exitoso (https://bit.ly/2FC5yf0), mientras Merkel comentó que "no tenía nada que criticar".

Se empieza a dibujar el mapa de la “encrucijada de puertos ( hub ports)” en el mar Mediterráneo como terminales de las tres Rutas de la Seda: 2 en Israel (lo cual no entristece a Pompeo (https://bit.ly/2RdRAUY); el Pireo(Grecia); 4 en Italia (Génova, Trieste, Ravena y Palermo); Mónaco y quizá Niza, sin contar Duisburgo y Hamburgo en Alemania.

La conectividad con Mónaco es también turística y cibernética mediante su incorporación este año al 5G de Huawei que, pese a la guerra comercial de Trump, obtuvo 25 por ciento más de suculentas ganancias con sus celulares(https://bloom.bg/2FIfjIn).

En forma cautelosa Merkel no desea, ni le conviene, romper los puentes geoeconómicos con Trump y pretende mantener un acrobático equilibrio simultáneo con EU y China que depende ya de muchas variables, cuando los tres gigantes geoeconómicos representan 67.3 por ciento del PIB global. Como ilustran los juegos matemáticos de Von Neumann, las partidas entre tres jugadores suelen ser muy inestables.

Sonaba anómala la rivalidad geoeconómica de la Unión Europea a las tres Rutas de la Seda de China cuando Alemania encabeza la participación "no-regional" en el AIIB(https://bit.ly/2TGi1Dj) con 4.2 por ciento, seguida por Francia 3.2 por ciento(https://bit.ly/2JkwNL6). Llama la atención la participación de Canadá con 0.5 por ciento, donde obvio no aparecen EU ni México como miembros del T-MEC. Entre los "miembros regionales", China ostenta 26.7 por ciento y Rusia viene en segundo lugar con 6.05 por ciento.

Falta ver cuál será el revire vengativo de Trump contra las importaciones automotrices alemanas. De dos cosas una: o los europeos le tenían guardada una sorpresa desagradable a Trump o este apretó demasiado las tuercas para orillarlos a refugiarse con China, bajo la protección del paraguas militar hipersónico de Rusia. O las dos.

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Sábado, 30 Marzo 2019 06:17

Terrorismo, un concepto vacío

Terrorismo, un concepto vacío

Los criminales ataques contra dos mezquitas de Nueva Zelanda, si bien han sido ampliamente condenados, han suscitado también vivas polémicas en las redes sociales, pues ciertos responsables políticos, determinados media e intelectuales calificaban a regañadientes a Brenton Tarrant, el autor de la masacre, como terrorista. 

Numerosos comentaristas han subrayado que tal timidez no aparecía jamás cuando se trataba de calificar al responsable musulmán de este tipo de acciones sanguinarias.


Sin embargo, más allá de estos justificados reproches que señalan a la islamofobia dominante en Occidente, habría que reflexionar sobre el término terrorismo, que se ha vuelto de uso tan corriente que ya nadie se pregunta verdaderamente sobre su significado y que parece ser utilizado para desacreditar toda violencia de carácter político.


Desacreditar a los movimientos de liberación nacional


Un pequeño repaso histórico permite sin embargo aclarar el debate. El calificativo de terrorista se ha aplicado a grupos muy diferentes, cuyas ideologías políticas cubren un amplio espectro que va desde la extrema derecha a la extrema izquierda: desde grupúsculos fascistas italianos de los años 1970 a los Tigres tamiles, pasando por el Ejército Republicano Irlandés (IRA) o la organización separatista vasca ETA. Ponerles en el mismo saco resulta una simplificación primaria.


Para comprender las razones de su acción, hay que estudiar concretamente la situación en la que se han desarrollado; ninguno se reclama del terrorismo o hace del terrorismo su objetivo, al contrario que el comunismo, el fascismo, los nacionalismos, que tienen proyectos claramente reivindicados.


En los años 1950-1960, el calificativo de terrorista se agitó muy frecuentemente para denunciar a los movimientos de liberación nacional, desde el Frente de Liberación Nacional argelino a la Organización de Liberación de Palestina (OLP), pasando por el Congreso Nacional Africano (ANC).


Recordemos que estos dos últimos grupos fueron denunciados como terroristas por Ronald Reagan, Margaret Thatcher y, por supuesto, las y los dirigentes israelíes, cuyo país colaboraba estrechamente con el África del Sur del apartheid.


Ahora bien, todos esos ejemplos han probado que terroristas de ayer son a menudo gobernantes de mañana. ¿El gobierno británico no calificó de terroristas a los grupos sionistas en los años 1940, antes de crear el Estado de Israel?


El arma de los débiles


En el mejor de los casos, se puede inscribir el terrorismo en la lista de los medios militares. Y, muy a menudo, es el arma de los débiles.
Figura brillante de la revolución argelina, detenido por el ejército francés en 1957, Larbi Ben M’hidi, jefe de la región autónoma de Argel, fue interrogado sobre la razón por la que el FLN depositaba bombas, ocultas en el fondo de capazos, en los cafés o en los lugares públicos. “Si nos dan sus aviones, les daremos nuestros capazos”, respondió a sus torturadores, que le asesinarían fríamente unos días más tarde.


La desproporción de medios entre una guerrilla y un ejército regular provoca una desproporción del número de víctimas.


Si se debe considerar como terroristas a Hamas y sus aliados por haber matado a tres civiles durante la guerra de Gaza en el verano de 2014, ¿cómo habría que calificar al Estado de Israel que, según las estimaciones más bajas (las del propio ejército israelí), masacró entre 800 y 1000 personas, entre ellas un gran número de niños y niñas?


Reducir la lucha a un enfrentamiento entre el Bien y el Mal


El uso del término terrorista tomó una nueva dimensión con el lanzamiento de la guerra contra el terrorismo por George W. Bush tras el 11 de septiembre de 2001.
Denunciando a los responsables de los ataques, el presidente americano declaró ante el Congreso americano: “Odian lo que ven en esta asamblea, un gobierno democráticamente elegido. Sus dirigentes se designan ellos mismos. Odian nuestras libertades: nuestra libertad religiosa, nuestra libertad de palabra, nuestra libertad de votar y de reunirnos, de estar en desacuerdo unos con otros”.


Se trataba por tanto, en particular en Próximo Oriente, de emprender una guerra de civilización contra grupos que amenazarían el modo de vida occidental.


El problema del concepto de guerra contra el terrorismo es que dispensa de todo análisis político y reduce la lucha a un enfrentamiento entre el Bien y el Mal. Si los terroristas están movidos fundamentalmente por su odio a la libertad occidental, es inútil preguntarse sobre las razones por las que esos grupos se han desarrollado, sus motivaciones, sus objetivos.
De ese modo se puede poner en la misma categoría a Hamas y a Al Qaeda, a Hezbolá y el grupo Estado Islámico (EI). Con el riesgo de caer en algunas contradicciones sobre las que no se hacen muchas preguntas: así, Occidente incluyó al Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) de Turquía en la lista de las organizaciones terroristas, pero para oponerse al Estado Islámico ayuda militarmente a las Unidades de Protección del Pueblo (YPG), el brazo armado de su rama siria.


Una guerra contraproductiva


Diecisiete años después del 11 de septiembre, se puede medir el fracaso de esa guerra contra el terrorismo, por no hablar de su coste financiero o del terrible balance humano.
Implicados en Afganistán en el conflicto más largo de toda su historia, Estados Unidos se preparan para abandonar ese país cediendo el poder a los talibanes (sin embargo calificados de terroristas), que quisieron derrocar pero que prefieren al Estado Islámico, ya sólidamente implantado en el país.


Es verdad que en Irak el Estado Islámico ha sido aplastado, pero no es inútil recordar que en el momento de la invasión americana de 2003 Al Qaeda no existía en Irak y que el Estado Islámico no habría aparecido nunca sin la guerra americana. Y que, incluso vencido militarmente, el Estado Islámico conserva fuertes bases políticas. Pero sobre todo, la región jamás ha sido tan inestable, tan dividida, tan violenta.


Así pues, el uso de la expresión guerra contra el terrorismo ha permitido prescindir de cualquier análisis político o intento de comprender las causas reales de la inestabilidad. Ha permitido ignorar las consecuencias de las políticas occidentales en Palestina o en Irak que, sin embargo, han hecho bastante más para reforzar el terrorismo que la llamada ideología islamista radical.


¿Se piensa verdaderamente que el reciente reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel y de la soberanía israelí sobre el Golán sirio por la administración Trump contribuirá a reducir la violencia en la región?


Hay que repetirlo: la resolución de los problemas políticos es la única capaz de reducir las tensiones y de cortar la hierba bajo los pies de los llamados grupos radicales.


Pero, ¿cómo calificar entonces los actos criminales como los ataques contra civiles con fines políticos? ¿Hay que banalizarlos? El derecho internacional contiene conceptos como crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad, genocidios, que permiten calificar esas acciones y también hacer avanzar la idea de una justicia internacional.


Pero también hay que ser claro. Si grupos como Al Qaeda y el Estado Islámico remiten a la justicia internacional, también se tendría que poder llevar ante los tribunales a los dirigentes políticos (y no solo africanos) responsables de crímenes de guerra y de crímenes contra la humanidad en Irak, en Siria o en Palestina.


Alain Gresh es el director del diario en línea Orient XX (https://orientxxi.info). Antiguo redactor jefe de Le Monde Diplomatique, es autor de numerosos trabajos, entre ellos Un chant d’amour. Israël-Palestine, une histoire française, avec Hélène Aldeguer (La Découverte).

Por Alain Gresh
Middle East Eye

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La violencia aumenta en varias regiones de Colombia, alerta Cruz Roja

El Comité Internacional de la organización señala el deterioro de la situación humanitaria tras la firma del acuerdo de paz

En Colombia aún no puede hablarse de posconflicto. Dos años y medio después de haber sellado la paz con los rebeldes de las FARC, persisten complejos desafíos humanitarios y la situación incluso se ha deteriorado en muchas de las regiones más remotas e históricamente marginadas, alertó el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) al entregar este jueves las “preocupantes” conclusiones de su balance anual. A pesar del desarme de la que fue la guerrilla más poderosa del continente -hoy convertida en partido político con representación en el Congreso-, la población civil sufre la presencia de otros grupos armados y se siguen presentando asesinatos selectivos, reclutamiento de menores, desplazamientos masivos y personas desaparecidas


“La situación es ahora más compleja que en el momento de la firma del acuerdo de paz con las FARC-EP. Varios departamentos del país han experimentado un claro deterioro de la situación humanitaria, a lo que se unen las dinámicas conflictivas en las fronteras y la extrema vulnerabilidad de los migrantes que llegan a Colombia”, señaló Christoph Harnisch, jefe de la delegación del CICR, que cumple 50 años operando sobre el terreno en el país andino. La población civil en muchos territorios todavía no siente los beneficios del pacto sellado a finales de 2016, y de hecho todos los indicadores humanitarios tuvieron una tendencia negativa durante el año pasado.


Luego de la salida de las otrora Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia de las zonas donde estaban dejaron un vacío de poder, un poder que no conocía un reemplazo, y en ese entorno donde abundan las economías ilegales se crearon dinámicas conflictivas en las que la población civil quedó completamente desprotegida, explicó el jefe de la delegación. En la costa pacífica y amplías regiones del oriente y sur del país no llegó la respuesta estatal, “no hubo esfuerzos suficientemente decididos para traer a estas zonas lo que se llama ley y orden”, o tan siquiera los servicios más básicos. El horizonte de esperanza ha dado paso a un presente de incertidumbre. “La vida en estas zonas es hoy más difícil y tienen un sentimiento de abandono”, apuntó Harnisch.


Aunque el conflicto con las FARC ya terminó, todavía siguen activos diversos grupos armados, con estructuras menos claras y más fracturadas. Para el CICR persisten al menos cinco conflictos armados no internacionales actualmente en Colombia. Cuatro son entre el Gobierno y algún actor armado: el Ejército de Liberación Nacional (ELN), el Ejército Popular de Liberación (EPL), las llamadas Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC) y las antiguas estructuras del Bloque Oriental de las FARC que no se acogieron al proceso de paz. El quinto –que se incluyó en 2018- es el enfrentamiento entre el ELN y el EPL que ha sacudido la región del Catatumbo, en el departamento nororiental de Norte de Santander, fronterizo con Venezuela.


Las cifras disparan las alarmas. El número de personas afectadas por desplazamientos masivos aumentó 90% entre 2017 y 2018, de 14.594 a 27.780. Y las víctimas de minas antipersonal y de artefactos explosivos también se dispararon de 57 a 221 personas el año pasado. Todos los actores armados están utilizando con mayorintensidad estos artefactos explosivos, con consecuencias para comunidades que no pueden moverse, como ha ocurrido en el Chocó y el norte del Cauca, en el occidente del país.

La desaparición también preocupa. Esclarecer el destino de los desaparecidos y apoyar a sus familiares es otra de las misiones esenciales del CICR en Colombia, donde según el Centro Nacional de Memoria Histórica hubo más 80.000 casos, una dimensión superior a todas las dictaduras sumadas del Cono Sur. El acuerdo de paz contempla, como parte del Sistema Integral de Verdad, Justicia y Reparación, una Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas. Sin embargo, la desaparición sigue siendo utilizada para crear entornos de miedo, y durante el año pasado el CICR ha documentado un nuevo caso cada cuatro días.


¿Cuáles son los correctivos necesarios? “Lo que hay que cambiar es que la respuesta no puede ser de seguridad solamente, debe ser una respuesta de todo el Estado”, fue el mensaje del jefe del CICR en Colombia a los líderes políticos encargados de tomar decisiones. “Hay que reflexionar y cambiar prioridades”.


Más de medio siglo de conflicto armado deja más de ocho millones de víctimas entre muertos, desaparecidos y desplazados. A los formidables desafíos humanitarios se suma la llegada masiva de migrantes venezolanos, que probablemente se agravará a lo largo de este año. Los migrantes, expuestos a extorsiones, reclutamiento o violencia sexual, enfrentan riesgos crecientes especialmente en zonas afectadas por la violencia armada. “La coexistencia entre migración y conflicto es una ecuación complicada que, sin duda, expone a personas extremadamente vulnerables a una violencia que ningún ser humano debería sufrir”, apuntó Harnish.

Por Santiago Torrado
Bogotá 28 MAR 2019 - 18:06 CO

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