La experiencia urbana y su relación territorial expandida

Más allá de identificar las tensiones permanentes de habitar la ciudad, la sociedad está llamada a cuestionarla y actuar desde la construcción –o destrucción– de paradigmas urbanos que derroten la individualidad, la desigualdad y la pobreza desde el posicionamiento de actuaciones alrededor del medio ambiente y la acción prioritaria por el ser humano.

 

Hablar de ciudad conduce a pensar, casi inmediatamente, en las características físicas del concepto, su infraestructura y la facilidad que brinda tal o cual escenario para que una persona pueda acceder a una gama de servicios diferenciados. A partir de ello sería posible decir que generalmente la ciudad se concibe como uno de los resultados de la modernización.

 

Desde las Leyes de Indias, promulgadas en Europa con el fin de regular la vida en sociedad en los territorios de América invadidos y colonizados, se impuso una visión de ciudad que debería cumplir con ciertas características físicas. La definición de un centro (plaza) que está delimitado por las instituciones que representan autoridad y poder, como la iglesia católica, las instituciones que administran justicia y los lugares de decisiones de la vida pública, así como su mantenimiento con el pasar de los años, son la expresión del intento por regularizar la vida social en medio del tránsito hacia la modernidad.



Este patrón urbano, construido desde el poder, y reglado por las instituciones, terminó por consolidarse como el método formal y ordenado de construir la ciudad. Sin embargo, esa forma impuesta que ha cambiado de acuerdo a épocas, tendencias y dinámicas globales, ha desatado en la actualidad el establecimiento de un modelo de ciudad cuyo enfoque se ha limitado a desarrollar lo físico-espacial bajo pautas de mercado que destacan fundamentalmente una imagen, por encima del desarrollo socio-espacial que humanice la ciudad y, en consecuencia, las haga sostenibles, saludables y vivibles. Las ciudades en la actualidad no dialogan con sus habitantes y están reguladas simbólicamente por aquellas instituciones dedicadas a mantener un statu quo.



En este sentido, es necesario rescatar vértices de la ciudad que han sido menguados. Se trata de un espacio fundamentalmente social, y que por ende no puede ser predeterminada de antemano ya que es producida y construida por las interacciones sociales cotidianas que se dan dentro de un contexto político, ideológico, social y cultural determinado; es por ello que hablar de ciudad nos remite a hablar también de democracia. La ciudad es, finalmente, un organismo complejo donde la imagen de felicidad no es más que un sofisma que atenúa las tensiones que la vida social produce dentro de lo urbano.

 

La cotidianidad es la vida de la ciudad

 

La vivienda, la movilidad, los servicios públicos, las infraestructuras públicas, los equipamientos, y demás aspectos característicos de las ciudades se encuentran en constante interacción y resuelven, en diferentes medidas, problemáticas asociadas a lo urbano. Sin embargo, la realidad cotidiana, manifiesta de diferentes maneras a lo largo del territorio urbano, queda desvanecida ante los ejercicios de planeación, superando rápidamente las acciones planteadas por las instituciones desde la formalidad. Esta realidad es la que se vislumbra, tornándose discusión en los escenarios públicos que la ciudad –planeada o no– permite sean permeados por la cotidianidad y las tensiones de la vida que fluye a su interior.

 

En este sentido, la vida urbana también es el encuentro entre las distintas ciudadanías o sujetos urbanos cuya mayor actividad se da en los espacios abiertos como el lugar ideal para el desarrollo y consolidación de la democracia. Es así que el espacio público, ideológicamente hablando, es utilizado como herramienta homogeneizadora de la población, bajo paradigmas como la cultura ciudadana, que establece unos “usos adecuados”, normalmente relacionados con el mero tránsito o paso de peatones, espacio que es reforzado por estructuras físicas que no incluyen lugares para la permanencia o la contemplación.

 

Habitar el espacio público en los diferentes modelos de ciudad

 

El espacio público como lugar de reunión, es un escenario que se complejiza a partir de las diferentes prácticas y usos que le dan, y en esa medida constituye un espacio de encuentro que pone de manifiesto las diferencias y consensos entre la sociedad que acude al mismo.

 

Sin embargo, por lo menos en las actuales ciudades de Latinoamérica, la concepción del espacio público es cada vez más condicionante, lo que obliga a la ciudadanía asistente a replegarse a ciertas prácticas, omitiendo la diversidad en las representaciones culturales que a éste se remiten. Este tipo de espacio público fomenta la segregación, en tanto se construyen espacios para niños (parques) y ciclistas (ciclorutas), pero pocas veces espacios donde diversos sujetos (ancianos, niños, mujeres, estudiantes y deportistas) puedan convivir y encontrarse.

 

En lugar de generar un espacio público abierto, universal y accesible, un espacio que permita construir la colectividad y afianzar la posibilidad de establecer consensos ante las tensiones que resaltan en éste, el espacio público ha terminado por ser convertido en la herramienta propicia del mercado inmobiliario para potenciar sus propuestas urbanas caracterizadas, principalmente, por ser cerradas, focalizadas, conservadoras y aisladas, evitando así que la ciudad sea un espacio generador de experiencias desde el encuentro entre diferentes actores urbanos

 

Un ejemplo concreto de este análisis es el que surge de la vivencia en la ciudad con los centros comerciales o rascacielos, donde el espacio tejido con la ciudad está estrechamente vinculado a las actividades económicas que estos ofrecen. Es así como edificios como el BD Bacatá en Bogotá, o los centros comerciales en general, son una especie de coraza que no ofrece un relacionamiento con la ciudad distinto a una experiencia de consumo, a pesar de las grandes áreas y servicios urbanos que ocupan.

 

Este es el nuevo espacio público, que reemplaza las aceras y plazas por corredores y pasillos entre una multiplicidad de almacenes, un espacio que llama al consumo y a la individualidad. Un espacio que logra estructurar un escenario silenciador de las tensiones y, en consecuencia, de la posibilidad de consensuar sobre las mismas, un espacio que actúa en contraposición a las múltiples formas de tejer el territorio desde dinámicas participativas, como destaca en acciones de mejoramiento de barrios en Medellín o Bogotá.

 

Estamos entonces ante una opción para la ciudad, la cual sigue siendo una extensa malla de relaciones físicas y sociales, y que es el enclave territorial que precisa repensar su forma y relación en torno a lo colectivo y lo común. Ciertamente, el espacio público es ese hilo conector que permite abrir el encuentro en una ciudad atiborrada de construcciones, lo cual implica que estas conexiones superen la noción meramente funcional de la circulación de sus habitantes.

 

Es decir, el espacio público debe permitir organizar la vida colectiva y la reinterpretación de la ciudad a partir del reconocimiento de las diferentes representaciones culturales y políticas de la sociedad, de manera que la experiencia en lo urbano sea un ejercicio activo de apropiación que responda a las necesidades de la comunidad, todo ello por encima de los intereses inmobiliarios o económicos del mercado.

 

A partir de esto es necesario que la sociedad cuestione, desde su experiencia urbana, cuáles son las decisiones de ciudad y qué prioridad tiene lo humano, pues el espacio urbano –tal como si fuera un organismo complejo– mantiene una dinámica relacional no solamente dentro de sí, con sus múltiples sucesos, sino hacia fuera, con el espacio rural, del cual percibe una enorme cantidad de servicios sin los cuales sería imposible soportar sus actividades.

 

¿Ciudades más allá del capitalismo?

 

En la medida en que la renta sea lo que determine la construcción de ciudad, los usos colectivos serán desechados y dejados a la deriva. Es por ello que la ciudad es el espacio predilecto para la reproducción del capitalismo, el flujo e intercambio rápido de mercancías y servicios, lo que se pone de manifiesto en la forma como es ocupa el suelo, junto con las lógicas de uso establecidos en estos. Los usos agropecuarios y ambientales o de conservación del territorio, tal como el espacio público, quedaron supeditados a las necesidades de las urbes, de manera que la expansión y el desarrollo de las ciudades suceden a expensas de estos.

 

En este sentido, es necesario enfatizar en que el sostenimiento de las ciudades está estrechamente ligado al funcionamiento de grandes zonas que no son urbanas las cuales permiten el abastecimiento de agua, alimentos y generación de energía, así como de zonas para la disposición de residuos y recepción de vertimientos, entre otros, lo cual representa una dinámica ultra funcional que está a merced de prioridades lejanas a la de fortalecer las dinámicas relacionales entre las personas, la naturaleza y los espacios que habitan, lo que genera un claro desbalance entre las ciudades y las áreas rurales necesarias para garantizar estos procesos.

 

Es en este sentido que la disputa por el territorio es un suceso expandido entre las dinámicas urbanas y rurales-ambientales, disputa reflejada en la generación de conflictos como, en el caso de Bogotá, los que están ligados a la urbanización de los Cerros Orientales y el área rural de la localidad de Usme, o de áreas protegidas como en el Parque Nacional Farallones de Cali, o la ocupación sobre espacios de ronda y su posterior inundación, como sucedió en la cuenca del río Tunjuelo en la localidad de Bosa al sur de la capital del país, o con las viviendas de alto costo en la cuenca del río Bogotá en el municipio de Chía.

 

Bajo el actual modelo económico, la ciudad consume recursos externos y territorio, invade, desplaza, niega, impone; realidad que invita a pensar en nuevas formas de planificarla, gestionarla y construirla, eliminando o disminuyendo las desigualdades territoriales que genera su desarrollo. Es por ello que el encuentro y la interacción entre las diversas ciudadanías y sujetos urbanos también implican el relacionamiento de estos con los sujetos campesinos, los habitantes y cuidadores de áreas protegidas.

 

Los espacios de borde urbano rural, que se vienen consolidando en localidades como Usme y San Cristóbal en Bogotá, por ejemplo, dan cuenta de la posibilidad del encuentro, de la viabilidad de generar espacios públicos integrales donde se armonicen los usos y prácticas urbanas, rurales y ambientales en la ciudad. Prácticas que surgen desde abajo y que reivindican el derecho a la ciudad, a una ciudad diversa e incluyente en donde la experiencia urbana sea resultado de prácticas colectivas.

Publicado enEdición Nº249
Sábado, 02 Septiembre 2017 10:15

La disputa por Bogotá

La disputa por Bogotá

La posible citación en los próximos meses a quienes habitan Bogotá para que decidan sobre la continuidad o destitución de Enrique Peñalosa como alcalde, recuerda que en esta ciudad está en disputa la forma de habitarla, construirla y apropiarla. En este artículo un acercamiento a tal realidad a través de repasar algunos escenarios que resaltan la importancia de esta urbe para el país y las dinámicas que la agitan.

 

Su día a día. Lo sucedido en el Bronx, el incremento en las tarifas de Transmilenio, la persecución a los vendedores ambulantes, las intenciones sobre la reserva Van Der Hammen, el tema del metro, y la venta de la ETB, son parte de las cuestiones más relevantes que durante los últimos meses han marcado la pauta en los medios de comunicación, las calles, los cafés, los hogares y cada uno de los escenarios que constituyen la vida en la urbe capitalina.

 

Podríamos decir que todas estas controversias, más allá de su impacto mediático, expresan algo más profundo: una disputa sobre el modelo de ciudad, su rumbo y su que hacer, que asume nuevos elementos y matices, pero que vale la pena no dejar pasar por alto.

 

Dinámicas de Bogotá

 

Bogotá es una urbe que cada día se posiciona más en el concierto internacional como una ciudad cosmopolita vinculada a una economía global y unas dinámicas internacionales, muestra de ello es la presencia de fuertes capitales internacionales (financieros, inmobiliarios, entre otros), clúster de emprendimientos y negocios, aumento de la movilización de carga y pasajeros a nivel internacional, localización de hubs de servicios, aumento del turismo internacional y de la localización de multinacionales asociadas, venta de servicios de educación superior y de salud especializados, las TICs –en particular las telecomunicaciones–, entre otros negocios que ganan posicionamiento y prosperidad en la ciudad.

 

Junto a esta dinámica de posicionamiento del capital internacional se encuentra el fortalecimiento de los capitales nacionales, también presentes en ella, basados en la capacidad de consumo que presenta esta aglomeración urbana de más de 8.110.595 (SDP, 2017), a los que se suman cerca de 1.500.000 habitantes en los 19 municipios localizados en su entorno inmediato y con los cuales funcionalmente constituyen un área metropolitana.

 

En Bogotá se genera y concentra de más del 25 por ciento del PIB de Colombia. Un territorio con la población suficiente para poder encarar cualquier actividad productiva que aquí se localice, con la infraestructura y los recursos dispuestos para el desarrollo del capital en todas sus manifestaciones.

 

Esta dinámica, prioritariamente económica, se territorializa en la ciudad y se acomoda a los intereses del mercado, de ahí que esta urbe se encuentre en constante proceso de ajuste y construcción, ya que las nuevas demandas exigen nuevos escenarios en condiciones específicas; así el territorio se dispone en función de los intereses del mercado.

 

Sin embargo, este vertiginoso crecimiento no llega en sus beneficios a todos los que aquí habitan, ni en términos de mejoras de sus territorios ni en términos de recursos económicos que les permitan acceder al consumo de un mayor número de bienes y servicios, reafirmándose con ello dos dinámicas: por una parte, una ciudad en la que cada día resulta más difícil habitar, producto de los costos de localización que ello implica y, de otra, la expulsión de la población del territorio a través de las dinámicas de especulación y despojo que impone el mercado.

 

Dinámicas políticas y escenarios de participación

 

También hay que reconocer que la ciudad ha cambiado políticamente desde el proceso de elección de alcaldes a fines de los años 80, la elección de las JAL a inicios de los años 90 junto con el nombramiento de los alcaldes locales, sumado al mal llamado proceso de descentralización de la ciudad en 20 localidades. De igual manera, la puesta en marcha de la Constitución Política de 1991 mutó las dinámicas políticas así como los procesos y prácticas de la participación.

 

Por un lado, pasamos de contar con dos partidos políticos claramente caracterizados (liberal y conservador) y hegemónicos a lo largo de más de 100 años, a una diáspora de partidos derivados de estos que se plantean ambivalentes, con discursos ambiguos pero con las mismas prácticas políticas tradicionales. Por su parte, la izquierda no logra consolidar una propuesta unitaria y a semejanza de los partidos tradicionales, se encuentra fragmentada y dispersa.

 

Ciudad en disputa, donde el principal botín es la alcaldía, tanto por su cuota burocrática como por los espacios, mecanismos y caudales de que dispone para hacer negocios de todo tipo, turbios o limpios, eficientes o precarios. Solo baste mencionar el negocio del manejo de las basuras y del botadero de Doña Juana, donde nada vale hablar de programas de reciclaje, uso eficiente de energías, generación de riqueza y valor a partir de los desechos cuando todo se entierra.

 

Por otra parte, los procesos de participación en la ciudad también han mutado, quizás lo más visible es la pérdida de protagonismo por parte de las JAC ante el establecimiento de las JAL. Pero también la ciudad ha crecido, expandido y, en buena medida, consolidado. Ya las demandas y aspiraciones de la población no están relacionadas exclusivamente con el acceso a servicios públicos domiciliarios y transporte, ya el problema mayor no es de cobertura sino de calidad y de tarifas. Realidad que ha conllevado la aparición de múltiples formas de organización en torno a múltiples intereses que antes no eran tan visibles y evidentes, procesos que hoy están presentes en la ciudad en todas sus localidades. Procesos barriales, zonales, locales, territoriales, sectoriales, entre otros.

 

Todo esto muestra la capacidad de los habitantes de esta urbe por construir sus propias apuestas, por adelantar dinámicas no institucionalizadas, por exigir el reconocimiento de derechos que aunque consagrados no se materializan, por exigir la efetiva concreción de las políticas públicas, fenómeno que expresa un claro conflicto entre prácticas políticas tradicionales y procesos de participación en los que el cómo, para quién, y con quién se gobierna esta ciudad se torna en punto central de la disputa.

 

Modelo de desarrollo y modelo de ordenamiento

 

Colombia, como ya se ha señalado en múltiples ocasiones, es un país que está determinado por el modelo de desarrollo asociado al modo de producción capitalista, y con éste su etapa más desarrollada, el neoliberalismo**, modelo que se refleja en todos los ámbitos de la vida de la ciudad, tanto los públicos como los privados, generando a su vez una visión territorial que se construye a través de los Planes de Desarrollo y los Planes de Ordenamiento Territorial –POT–, especializando un modo de producción que basa todo su crecimiento y progreso en las fuerzas del mercado.

 

Este modelo ha efectuado la transferencia de la responsabilidad pública al sector privado en materia de servicios públicos (privatización de las empresas de electricidad, telefonía, gas natural, aseo y transporte), en materia de servicios sociales (imposición de un modelo de privatización de la salud y la educación), la reducción de los salarios y la pérdida del poder adquisitivo, todo lo cual ha impactado de mala manera a quienes la habitan, como al conjunto del territorio que pueblan.

 

Dentro de esa perspectiva, el problema del modelo no se centra en resolverle la problemática ni las necesidades al conjunto de la población, sino en disponer de los recursos que están en ese territorio, indistintamente de que todos puedan ser beneficiados o no. Por lo tanto, el modelo no está planteado como una alternativa para resolver las lógicas de segregación y exclusión de la ciudad, no, está pensado como un mecanismo que permita una mirada y una perspectiva desde un sector de la sociedad –el dominante– que concibe el territorio frente a unos fines específicos –de lucro–.

 

Este modelo de ciudad basa su configuración sobre cuatro elementos de análisis: el territorio, la población, la política y el mercado. El territorio, como escenario donde se expresan la segregación socio-espacial, la expulsión de población de los territorios mejorados y la especialización y usos del suelo urbano de manera rentística frente al mercado. La población, sujeta a la satisfacción de sus necesidades, la resolución de la pobreza y la miseria, el acceso a condiciones de calidad de vida y de participación en el juego de la democracia. La política, como reguladora de las relaciones entre lo público y lo privado, como determinante de la construcción social del territorio, así como la construcción y orientación del modelo de desarrollo. Y el mercado, entendido como la base fundamental del modelo de desarrollo, su materialización como modelo de ciudad y como determinante de lo público.

 

Por ello, lo que hoy está en disputa son dos formas de entender la construcción y apropiación de la ciudad. Una, al servicio del capital y del conjunto de demandas del mercado en cabeza de las clases dirigentes asociadas en los partidos políticos tradicionales y que hoy presentan como figura visible al señor Enrique Peñalosa, voz de los poderosos y sus intereses.

 

Pero, por otra parte, en Bogotá se están configurando propuestas que conciben la ciudad para sus habitantes, garantizando su acceso a bienes y servicios para el conjunto de sus pobladores, incluyendo los más necesitados. Una ciudad incluyente, no solo en el discurso sino en la práctica. Una ciudad que valore la participación y la considere incidente y decisiva. Una ciudad donde el territorio se respeta y se defiende, donde los recursos naturales se valoran y el agua se considera un bien común, una ciudad que se debe ordenar en función de las necesidades mayoritarias y no de los intereses particulares. En fin, una ciudad que se piensa colectivamente, cuestión que no se reconoce, no se valora y se descalifica.

 

Esta disputa contiene hoy un ingrediente importante, la convocatoria a un proceso de revocatoria del mandato de su alcalde, no por ser Enrique Peñalosa, sino porque lo que está en disputa son el modelo de desarrollo y el modelo de ordenamiento para todos los que vivimos en esta ciudad.

 

¿Hacia dónde avanzar?

 

En el sentido anterior, es necesario definir los puntos centrales que se espera sean incluidos en la configuración de un modelo de ciudad incluyente. Una propuesta donde el derecho a la ciudad y el territorio se constituyan en la bandera reivindicativa en la disputa por la Bogotá. Debemos profundizar el reconocimiento del derecho a la ciudad y el territorio con base en la Carta por el Derecho a la Ciudad: caso Bogotá, como un elemento articulador de las reivindicaciones colectivas, de manera que se reconozcan nuestras particularidades, que se privilegien los bienes comunes y se fortalezca el sentido de lo colectivo. Esta disputa deberá ser, a su vez, la base de la construcción de la paz territorial, en este caso no sólo para Bogotá sino para todas las ciudades colombianas.

 

Se trata, entonces, de poner en práctica el derecho a la ciudad, un derecho que garantice el ejercicio pleno de la ciudadanía y la realización de todos los derechos como lo señaló la Asamblea Mundial de Pobladores celebrada en México en 2000 (HIC-AL, 2008). Es decir, hablamos de un nuevo proyecto de ciudad en el que su base sean los derechos humanos, individuales, colectivos y de tercera generación. Derechos que permitan el pleno ejercicio de sus habitantes a ser parte de la ciudad. Una ciudad dispuesta al servicio de las mayorías.

 

Bogotá, 12 de agosto de 2017

 

* Arquitecto, Magíster y Doctor en Urbanismo. Doctor en Arquitectura y Ciudad. Profesor Asociado Universidad Nacional de Colombia. Escuela de Arquitectura y Urbanismo. Investigador Senior (IS). Líder del Grupo de Investigación «Procesos Urbanos en Hábitat, Vivienda e Informalidad». Dirección Carrera 30 No. 45-03. Edificio Sindu. Oficina 106. Bogotá. E-mail: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
** La ciudad de Bogotá es el referente del avance del modelo en el país.

Publicado enEdición Nº238
Equidad urbana en el desarrollo – Ciudades para la Vida

El Foro Urbano Mundial es una iniciativa de Naciones Unidas y UN-Hábitat para promover el debate acerca de los temas apremiantes a los que se enfrentan hoy las ciudades y plantear alternativas para un desarrollo urbano sostenible. Esta reunión que se realiza cada 2 años cuenta con la asistencia de diversos entes y actores desde gobiernos y autoridades locales y nacionales, organizaciones no gubernamentales y sociales, organismos multilaterales hasta sectores académicos, profesionales y gremiales dedicados al estudio y la práctica en entornos urbanos. Según el Programa de AsentamientosHumanos de NacionesUnidas (ONU-Hábitat), setrata de un Forotécnico no-legislativoquese convoca para examinar los retosqueenfrenta el mundo en relación a los asentamientoshumanos, como la rápidaurbanización y suimpacto en lasciudades, las comunidades, las economías, en el cambioclimático y las políticas.Por tanto, la secuencia de foros ha retomado los contenidos de varios debates contemporáneos y ha influido en la definición de políticas urbanas alrededor del mundo en diferentes escalas.

 

La primera sesión del Foro se realizó en 2002 en Nairobi (Kenya) y tuvo un carácter más local, sin un gran despliegue mediático y sin un tema específico de debate de alta sensibilidad para el público. La segunda edición realizada en Barcelona (España) en 2004 se organizó alrededor la Globalización y la Cultura Urbana, esta versióntuvo una amplia cobertura por parte de diversos medios y se originó el Reporte del Estado de las Ciudades 2004-5.La tercera sesión realizada en Vancouver (Canadá) en 2006 se enfocó en el debate sobre Urbanización Sostenible y Ciudades Inclusivas enfatizando el problema del crecimiento urbano y la necesidad de respuesta por parte de los gobiernos para asegurar la planificación, el financiamiento y la gestión de las ciudades y las crecientes demandas de su población. La cuarta sesión celebrada en Nanjing (China) en 2008,se centró en la Innovación y Tecnología para una Urbanización Armoniosaqueimplica la sincronización e integración de diversas dimensiones en el desarrollo urbano: física, ambiental, cultural, histórica, social y económica. La quinta sesión realizada en Río de Janeiro (Brasil) en 2010, se centró en el debate acerca del Derecho a la Ciudad, los diversos enfoques y perspectivas acerca de la relevancia de este concepto y las alternativas para lograr una ciudad más inclusiva. En su sexta sesión, el Foro Urbano Mundial, realizado en Nápoles en 2012, debatió sobre el tema del Futuro Urbano, dividiendo el debate en 4 líneas temáticas: a) la forma urbana, b) equidad y prosperidad, c) la productividad en las ciudades y d) movilidad, energía y medio ambiente urbano. La revisión de estos cuatro capítulos se orientó a buscar iniciativas y prácticas exitosas que puedan ser compartidas para construir ciudades más democráticas, justas, sostenibles y humanas.

 

El Foro Urbano Mundial se ha promovido como un evento clave en el calendariointernacional para generar un debate de alto nivel sobre los retos urbanos contemporáneos, en cada edición de este encuentro, se aumenta el despliegue mediático y la visibilidad de actoresespecíficos relacionados con el tema de turno. Este evento supone también la revisión de los lineamientos sobre desarrollo urbano que UN-Hábitat y otros organismos multilaterales dan a las naciones del mundo y que hoy por hoy se centran en los alcances sobre mejoramiento de la calidad de vida urbana, un desarrollo urbano sostenible, la implementación de estrategias que contribuyan a superar las actuales condiciones de inequidad y que promuevan la prosperidad urbana.

 

El 7º Foro Urbano Mundial se realizará en la ciudad de Medellín entre los días 5 y 11 de abril del 2014 ytendrá como tema central la Equidad Urbana en el Desarrollo y Ciudades para la vida. Este evento se considera una antesala a dos discusiones muy importantes en la agenda de Naciones Unidas: por un lado, la discusión dela llamada Agenda de Desarrollo Post-2015, que definirá lo que viene después de las Metas del Milenio; y en segundo lugar, la agenda de la Conferencia Hábitat III que se llevará a cabo en 2016.

 

Este escenario recoge por lo menos a 160 países, cuya agenda esta mediada por Naciones Unidas y la ciudad anfitriona. La ONU centra su atención en laEquidad Urbana en el Desarrollo, en tanto que la ciudad de Medellín, desde su administración, avanza en posicionarla a través del City Marketing, con el slogan Ciudades para la vida.

 

En este contexto, no quedan recogidas todas las discusiones urbanas que merecen serconsideradas temas centrales de una agenda de trabajo mundial, por lo que continúan teniendo vigencia los temas vinculados con la profundización de un mundo de mercado bajo la egida del capital.

 

No siendo éste un Foro ajeno al mundo académico y social, esta convocatoria, síha suscitado grandes inquietudes entre investigadores y miembros de organizaciones locales, nacionales e internacionales. Surgieron preguntas sobre el sentido de participar en los espacios oficiales y propuestas como propiciar espacios alternativos, no participar o, incluso, promover la oposición. En sí, algunas de las posturas expresadas no eran descartables de tajo, oscilando éstas entre el escepticismo frente al impacto alcanzable por la participación desde la academia y la sociedad civil; resistencia y oposición ante las tendencias sociales globales del desarrollo y las instituciones que las representan; y dudas frente a la posible cooptación, contención o control institucional de los movimientos, expresiones y propuestas sociales y académicas.

 

Por ello se han ido organizando otras voces, procesos y dinámicas que de modo simultáneo se darán encuentro en la ciudad de Medellín y que han construido agendas alternas de discusión y trabajo. Las más significativas son dos: la organizada por la Universidad Nacional de Colombia en asocio con otros actores académicos y sociales denominada "Conocimiento y acción, por la vida la equidad y los derechos territoriales"; y la promovida por un conjunto de organizaciones y procesos sociales denominada Foro Social Urbano Alternativo y Popular.

 

La organizada por la Universidad Nacional de Colombia está prevista entre los días 5 al 11 de abril y contempla, además del desarrollo de un Seminario Nacional previo que se adelantó los días 20 y 21 de febrero en la sede de la Universidad de la ciudad de Manizales, la realización de los Debates A La Luz De La Luna los días 7 y 9 de abril, los Encuentros en el territorio, el 6 de abril, un Encuentro en RED de investigadores el día 8 de abril, y un Stand permanente de la Universidad durante todo el Foro. Estas dos últimas actividades están inscritas en el marco oficial del evento. Toda esta iniciativa se realiza en alianza con la Coalición Internacional del Hábitat (HIC), CLACSO, ACIUR, el INER de la Universidad de Antioquia, la Universidad Javeriana, la Corporación REGION, Fundación Social, entre otros. Las discusiones centrales se han estructurado en torno a cuatro grandes asuntos, referidos a situaciones y tendencias apremiantes que competen al campo del hábitat, la ciudad y el territorio. Dichos asuntos, que suelen producirse y darse simultáneamente en un mismo espacio, y reproducirse o exacerbarse mutuamente, concentran en sí, muchos de los temas polémicos concernientes a los procesos de exclusión, desestabilización, vulneración, despojo y expulsión territorial y del hábitat, reclamando nuevos debates, conocimientos y políticas. Los temas son:

 

  • • Hábitats y territorios en condición de olvido, invisibilizados o estigmatizados, en fronteras nacionales y periferias urbanas y rurales.
  • • Hábitats y territorios proclives al despojo por elitización (gentrificación territorial).
  • • Hábitats y territorios sometidos al desarraigo y a la desestructuración socio-espacial por conflictos urbanos y rurales.
  • • Hábitats y territorios impactados por los modelos de desarrollo urbano y acciones inmobiliarias.


Por su parte el Foro Social Urbano Alternativo y Popular, sesionara entre el 5 y el 9 de abril. Los convocantes son múltiples organizaciones locales, nacionales e internacionales vinculadas a redes internacionales, organizaciones, movimientos sociales, colectivos urbanos y populares, procesos sociales, barriales, territoriales, políticos entre otros . El punto de partida es reconocer que "Medellín es una de las ciudades más inequitativas de América Latina. Es excluyente, insegura, expulsa y desaloja de sus casas a quienes estorban o se oponen a la planeación urbanística que impone un modelo de ciudad innovadora y en función de los mercados. (...), donde las comunidades sufren la represión de las fuerzas del Estado, el control territorial de los "combos" y las bandas delincuenciales, o que son desplazadas mediante los mecanismos de la valorización y los planes de renovación urbana".

El 7º Foro Urbano Mundial vende el modelo de ciudad actual de Medellín como el camino a seguir, "bajo la retórica de la innovación, la competitividad y el empresarismo, que consolida el capital inmobiliario, el cual termina asumiendo en provecho propio, las grandes decisiones de la vida urbana, expresadas en los planes de ordenamiento territorial, los planes estratégicos de desarrollo, los planes parciales urbanísticos y el grueso de las políticas públicas que están referidas a lo urbano". Por ello estos "Planes de modernización que se llevan a cabo en el mundo están orientados por la globalización neoliberal, que convierte a las ciudades y al territorio en preciados botines para las inversiones de grandes capitales: un verdadero festín para las empresas constructoras, promotoras inmobiliarias y los bancos".

El Foro Alternativo busca aportar en la construcción de propuestas de ciudades incluyentes donde los derechos no sean mera retórica. Por ello se anuncia que se trabajará en denunciar "el espíritu del 7º Foro Urbano Mundial y en la renuncia de ONU-Hábitat al objetivo del milenio No.7-11 sobre la progresión de barrios marginales y a los desalojos de inquilinos, deudores hipotecarios y habitantes urbanos desprotegidos. Ello se hará a partir de la realización de una acción nacional e internacional de debate y movilización, que muestre "... la inconformidad y el rechazo a la forma como el capitalismo global viene construyendo-destruyendo las ciudades, posicionando nuestras problemáticas en la perspectiva de articularnos como movimiento social urbano global-local capaz de resistir y construir alterativas".


Este escenario trabajará en torno a tres PANELES: Crisis Urbana, Contextos y alternativas urbano-populares en América Latina y Democracia y Paz en la Ciudad, dos grupos de MESAS DE TRABAJO, las primeras entorno al Derecho a la Ciudad (Hábitat, Vivienda y Servicios Públicos Domiciliarios, Relación entre Territorios Urbanos y Rurales, Modelo Económico, Trabajo y Desempleo, Transporte Público y Movilidad, Ciudades Sustentables, Bienes Comunes y Justicia Ambiental, Planes de Vida y Ordenamiento Territorial, Militarización de la Vida y los Territorios, Diversidad Étnica, Resistencia Artística y Cultural, Habitando y resistiendo. Mujeres en contextos urbanos, y Diversidades y Disidencias Sexuales), y Agenda de Ciudad (¿Qué sujeto para la transformación de los territorios urbanos?, Lo organizativo: hacia un amplio y articulado movimiento social urbano, Agenda social y política: avanzar en elementos de un pliego de demandas de la ciudad, Estrategia de incidencia política).


Así mismo es fundamental construir análisis y propuestas frente a tres asuntos: Mega eventos y grandes proyectos urbanos, Impactos socio espaciales de los grandes proyectos urbanosy Agendas supranacionales de desarrollo urbano. Estasreflexiones, discusiones y debates buscancuestionar resultados y estudiar los aportesque este tipo de eventos produce en los escenarios locales.

Mega eventos y grandes proyectos urbanos: Este eje temático se centra en las exigencias de transformación urbana por cuenta de los mega eventos y busca problematizar las premisas sobre las que las ciudades plantean para insertarse en la agenda global de eventos paradigmáticos. En las últimas décadas las ciudades han planteado diversas estrategias de internacionalización en las que, asociadas al marketing urbano,subyacen los requerimientos de legitimación de actuaciones de los gobiernos locales. Las administraciones nacionales y locales fundamentan sus apuestas en ser anfitriones de eventos de gran escala por considerarlos catalizadores de cambios urbanos a partir de su legado infraestructural y su promoción como destino turístico de la ciudad sede del evento. Sin embargo, en varias localidades que han tenido experiencias, auspiciando principalmente eventos deportivos de gran magnitud, se ha evidenciado la resistencia de movimientos sociales basados en cuestionamientos a las prioridades del gasto público y el nivel de participación ciudadana en estas agendas de transformación urbana.

Impactos socio espaciales de los grandes proyectos urbanos: Este eje temático apunta a debatir las implicaciones territoriales que acarrean las intervenciones urbanas de gran escala y develar sus contradicciones internas. La tendencia dominante de guiar la restructuración urbana basada en la re-valorización inmobiliaria reconfigura las condiciones socio espaciales y provoca una disputa por el espacio urbano. En el contexto Latinoamericano ha emergido recientemente un interés por explicar y contextualizar las teorías sobre la elitización urbana - gentrification – en un contraste empírico los procesos de movilidad poblacional y los cambios en las rentas del suelo producidos por cuenta de grandes proyectos urbanos de diversa índole. A la vez, el estudio de los impactos socio espaciales da cuenta de los actores e intereses políticos que le dan forma a la agenda de transformación urbana y los cambios en las estructuras de poder que gobiernan este tipo de intervenciones, posicionando las alianzas público privadas y regímenes de excepcionalidad como las estrategias de gestión preferidas para llevar a cabo dichas operaciones urbanísticas.

Agendas supranacionales de desarrollo urbano: Este eje temático busca interrogar los modelos de intervención urbana propuestos desde las instituciones supranacionales y develar los procesos de movilización de políticas urbanas en ciertos círculos de experticia. Por tanto, se propone indagar en las dinámicas de Gobernanza multiescalar como un escenario de negociación de enfoques y agendas de las políticas urbanas. En este sentido, se propone un espacio para la visibilización de prácticas, proyectos e iniciativas que aportan a los intereses de un desarrollo urbano sostenible y que, por diversos motivos, no tienen un espacio para su presentación dentro de esta clase de eventos de visibilidad global. Así como un espacio para discutir las limitaciones de este tipo de agendas promovidas por UN-Hábitat, consideradas como universales, frente a la totalidad de los problemas y retos urbanos actuales.

De este modo, la coyuntura que propicia el 7º Foro Urbano Mundial y los procesos y actividades alternas que convergirán en la ciudad de Medellín, son un espacio fundamental de encuentro y trabajo en torno a lo urbano y la configuración de alternativas a las problemáticas presentes y futuras.

Publicado enColombia