El "nuevo nacionalismo", según Foreign Affairs

Hace 13 años el Pentágono previó la resurrección del "nacionalismo petrolero" (https://bit.ly/2QendOw)”.

Hace 7 años se vislumbró el desplome del globalismo que provocó el ascenso del "nacionalismo soberanista" en sus diferentes modalidades (https://bit.ly/2w89JL8).

No es lo mismo el "nacionalismo" en Estados Unidos y en Gran Bretaña –la dupla anglosajona que impulsó el globalismo thatcheriano/regeanomics– que ahora adoptó el proteccionismo nacionalista economicista del Brexit y el trumpismo, ya no se diga en México, socio del T-MEC con EU y Canadá con modelos polí-ticos diferentes, donde el nacionalismo sobera-nista de la Cuarta Transformación(4T) se define contra el neoliberalismo que desahució al país.

Aun el nacionalismo en Latinoamérica, fracturada en varios niveles del ranking de su PIB, no tiene la misma acepción en Brasil –donde Jair Bolsonaro practica un fascismo/neoliberal/neopinochetista con su “evangelismo sionista (https://bit.ly/2HrlHWx)”– que en el México de la 4T.

La nueva guerra es lingüística: con diferentes acepciones en la fase del "Declive de la Verdad", según la RAND, o de la "Post-Verdad" de Munich (https://bit.ly/2YAWjnd).

El nacionalismo soberanista no tiene la misma acepción en los diferentes niveles de la Unión Europea, ya no se diga en el resto del planeta: desde India hasta los mil 700 millones de islámicos.

A fortiori los nacionalismos soberanistas de Rusia y China son inherentes a su cosmogonía geoestratégica que colisiona con las definiciones caleidoscópicas del "nacionalismo" propaladas por los multimedia hollywoodensesque controlan la bancocracia globalista atlantista y cuyas permanentes diatribas vituperan el retorno del nacionalismo soberanista.

Los declinantes globalistas vilipendian al nacionalismo soberanista, carente de matices semióticos, como gemelo simbiótico del populismo, muchas veces sin conocer el camino histórico distinto de ambas corrientes, dependiendo de su origen y su aplicabilidad.

No faltan quienes sigan fincados en el siglo XVIII con la dicotomía caduca de izquierda y derecha, que fue necesaria, pero hoy es insuficiente y hasta confusa cuando se trata de aplicar la dicotomía imperante entre globalistas,en franco declive, y los neonacionalismos soberanistas, en ascenso sorprendente como herramienta de supervivencia.

Mas allá de lo sesgado de su autocrática definición unipolar con nostálgica proclividad globalista, lo asombroso radica en que Foreign Affairs (FA), lo haya expuesto con artículos contradictorios sobre el "Nuevo (sic) nacionalismo" con notoria repugnancia: “el nacionalismo ha conducido algunos de los grandes crímenes de la historia. Ahora regresa con venganza (https://fam.ag/2Gw5PD8)”.

¿Cómo califica(rá) FA los crímenes "invisibles" del globalismo que ha despojado al 99% de la humanidad en beneficio del 1% de los parásitos de la plutocracia financierista?

¿Cómo categoriza FA los crímenes de Truman, quien ha sido el único en lanzar dos bombas nucleares sobre las poblaciones civiles de Hiroshima y Nagasaki?

FA expone una colección de ensayos de varios escritores de toda índole y acaba en una "ensalada al estilo de Macedonia" salpicada con desvaríos de folclóricos "nacionalismos étnicos" que propala Lars-Erik Cederman.

Anthony Appiah se extravía en la guerra lingüística de "nacionalismo y cosmopolitanis-mo (sic)", mientras Andreas Wimmer recurre al maniqueísmo entre "buenos y malos nacionalistas" que, a mi juicio, dependen de los intereses geoestratégicos de tribunales orwellianos del Torquemada cibernético del siglo XXI.

Jan-Werner Müller arremete contra la "particular variante populista", mientras Yael Tamir considera que el principal problema radica en el "choque entre el nacionalismo y el globalismo neoliberal".

El verdadero "nacionalismo soberanista" del siglo XXI aspira a la universalidad, que no globalismo, de todos los seres vivientes de la creación y al reparto de los frutos de la Cuarta Revolución Industrial (https://bit.ly/2oqFJp9).

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Publicado enInternacional
Domingo, 12 Mayo 2019 07:12

La pesadilla

La pesadilla

De la Segunda Guerra Mundial salieron muchas revoluciones pero de liberación nacional y el capitalismo hundió al mundo en la barbarie. El internacionalismo agonizó entonces y se transformó en nacionalismo "socialista" con la poderosa ayuda del estalinismo en la ex Unión Soviética (URSS), China, Europa oriental y en los partidos comunistas.

Al mismo tiempo, las clases trabajadoras se transformaron y el capitalismo pasó a ser dominado por el capital financiero. Los obreros de vanguardia, con conciencia de clase, así como los socialistas revolucionarios se redujeron a una ínfima minoría. El mundo se transformó pero no hubo un cambio en la visión del mismo. El lazo de los orígenes étnicos, del color y de la lengua predominó sobre el enlace que establece un derrotero y un objetivo comunes. El odio al otro, considerado inferior o incluso subhumano es mayor que la ira contra un sistema social que no se pretende suprimir sino modificar.

En la hora del planeta y de la civilización estamos por eso a las 12 menos cinco antes del colapso y los capitalistas ni siquiera creen ya en el futuro de su clase y sueñan huir a la Luna o a Marte.

Las migraciones masivas serán cada día mayores al igual que los cambios climáticos, que sumergirán las tierrascreando nuevas Atlántidas, desertificarán continentes, provocarán tornados y tifones sin precedentes, terribles inundaciones devastadoras, destrucción de glaciares y cuencas hídricas y una espantosa pérdida de bosques y fuentes de producción de alimentos terrestres y acuáticos. El retroceso cultural podría ser proporcional al desastre social como entre el siglo III y el VI dC cuando en el imperio romano despoblado y en ruinas desaparecieron, la alfabetización de masas, el comercio internacional, las monedas, las carreteras, los cultivos.

La mortandad por pestes, conflictos sociales, daños ecológicos, podría reducir a un tercio la población mundial como durante las pestes negras. Siglos después, la naturaleza podría cerrar algunas de sus heridas y de este ecocidio semejante por sus efectos a una guerra nuclear mundial surgirían quizás nuevas ideas y un aumento de la productividad del trabajo. Con eso contaba Mao cuando declaró que, en el caso de guerra atómica, siempre sobrarían 300 de los mil 400 millones de chinos. ¿Pero en cuáles condiciones y qué serían capaces de construir?

Las cualidades que se requieren para dirigir una lucha o un proceso de liberación nacional no son las mismas que se necesitan para edificar un mundo sobre la base de la autogestión social generalizada, la destrucción del Estado y de su remplazo por una federación de libres comunas democráticas, una sociedad de iguales.

En la miseria material y moral no se construye sino un capitalismo de Estado regido por la escasez permanente y la carencia de cultura de gobernantes y gobernados. Una relación entre iguales que desarrolle a la vez la comunidad y los individuos requiere ciudadanos libres, dignos e informados a todos los niveles…

¿Cuál es, en cambio, la situación actual? China en 70 años pasó de colonia a primera potencia comercial mundial y encabeza la carrera por la inteligencia artificial y por la quinta generación electrónica para la cual posee la gran mayoría de las indispensables materias primas (como el litio y las tierras raras). Pero el suyo es un capitalismo de Estado confuciano, ultraconservador, dirigido como nuevo déspota asiático por un partido de mandarines militar-burocrático que ha remplazado al antiguo emperador y sus funcionarios preservadores, conservadores y distribuidores de los recursos y por eso acatados sin discusión. Es un sistema de súbditos austeros llamados a obedecer al poder central y familiar y disciplinado durante milenios, que aprovecha su homogeneidad étnico-cultural –la inmensa mayoría de los chinos son Han– para afirmar un nacionalismo agresivo.

Está también India, con un proceso agudo de nacionalismo y racismo hinduista que amenaza el laicismo estatal y la convivencia con otras minorías religiosas. En otros países asiáticos hay regímenes totalitarios y oscurantistas similares y en América gobierna Trump, votado y apoyado por una mayoría de ignorantes racistas que creen a pie juntillas en el Creacionismo, rechazan a Darwin y la selección de las especies y apoyan todas las aventuras imperialistas. En Brasil una gran mayoría eligió un presidente racista y xenófobo y en Argentina la opción electoral consiste en relegir al neoliberal Macri y su sumisión al FMI o la neoliberal Cristina.

El capitalismo –si el planeta sobrevive– aparentemente tiende a ser remplazado por un periodo secular de sistemas militares burocráticos-totalitarios como los que intuían Jack London en su Talón de Hierro o Michel Raptis en La guerra que viene... hasta que los pueblos se reorganicen y se unan frente a sus nuevos dominadores. Nada de lo que fue desaparece por completo y el hilo rojo de las luchas y de la memoria colectiva pasará nuevamente a un primer plano si la resistencia mantiene la crítica y la esperanza y lo que es hoy germen de alternativa logra desarrollarse.

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Lunes, 01 Abril 2019 08:27

Agua que no has de beber…

Agua que no has de beber…

Al igual que el aire, el agua es un recurso fundamental para la vida, el que hasta hace algunos años muchos consideraban infinito. La evidencia actual es lo contrario. ¿Ante cuál realidad se enfrenta la humanidad en este particular?, y, ¿cuáles son los retos que nos plantea la misma?

 

La vida necesita del agua. En el subsuelo y superficie de nuestro planeta, no todo son minerales, también poseen otros componentes, el agua como el más importante de todos ellos. Y no es poca, aunque no toda es potable: alrededor del 72 por ciento de la superficie terrestre está compuesto por este líquido vital para nuestra vida. Líquido que está en los océanos, mucho más allá de lo que alcanzan a percibir nuestros ojos pues alcanza profundidades de hasta 4 km. Esta agua, salada, representa el 96,5 por ciento de la totalidad acuífera existente; otro 2 por ciento está en los glaciares, 0.6 por ciento es agua de ríos y lagos, agua subterránea 0.6 por ciento. El 1 por ciento de agua del planeta es dulce en condiciones inmediatas para su consumo, pero está distribuida con desigualdad geográfica ya que hay sitios áridos por falta del vital líquido.

El agua que podemos consumir, más allá de lo que cotidianamente nos dicen los medios de información, la consume y derrocha en mayor porcentaje la industria, así como la agricultura; otro porcentaje se pierde en el aseo de automotores y maquinarias, así como calles y ventanales de edificios; es tal este gasto que solo el 10 por ciento del agua potable está destinada para uso doméstico.

Como sabemos, el agua sufre procesos contaminantes, por uso y por abuso, lo que la infesta con agentes patógenos, afectándola también en su color, olor, sabor, turbidez; fuentes de agua dulce (como ríos, arroyos, lagunas) que consideramos limpios pueden estar cargados de sustancias peligrosas allí disueltas por distintas vías; es por todo ello que nos vemos obligados a someterla a tratamiento de purificación. Para garantizar su consumo debemos eliminar: bacterias, contaminantes e impurezas.
Purificación para el consumo

Existen estudios y aplicaciones para obtener agua apta para la vida humana. Para cumplir con su purificación lo aplicado frecuentemente es ozono o cloro –por su poder oxidante–: el cloro es añadido en la primera etapa de purificación del agua de ríos, cascadas, vertientes naturales; puede dejar un sabor fuerte, como el que caracteriza el agua en las piscinas. El cloro –Cl2– colocado en el agua forma el ácido hipocloroso (HClO) que oxida y elimina las bacterias. Es un método muy difundido, de largo tiempo de retención y acción. Desinfecta pero no purifica, se utiliza en cantidades de 0.2 a 0.5 ppm (partes por millón); evita enfermedades como difteria, tifoidea, cólera.

El ozono O3, oxida por sí mismo las bacterias. Es más efectivo y no tiene sabor alguno. Es más caro que el cloro y tiene tiempo de retención corto. Asegura que el agua permanezca libre de contaminación microbiológica por un tiempo más largo.

 

Frente a la escasez del líquido vital

 

El agua es un recurso finito. Su alta presencia en los diferentes procesos industriales incrementan su escasez. En la actualidad se están buscando métodos de destilación de grandes volúmenes de agua, considerando para ello la del mar por la cantidad que representa. Las investigaciones avanzan y actualmente contamos con procesos y diseños con diferentes rendimientos, algunos ya en aplicación, otros en estudio y experimentación como la filtración por óxido de grafeno, que procede del carbono del grafito.

Ya se hace destilación de agua salada, Israel posee una de las más grandes plantas para este tipo de procesamiento. El método es más o menos así: se calienta el agua del mar en una serie de recipientes entubados interiormente y entre sí, sumergidos en contenedores con vacío parcial. A presión atmosférica reducida, el agua hierve instantáneamente, su vapor es condensado en contacto con conexiones enfriadas por agua marina. El calor desprendido por el agua condensada sirve para precalentar más agua salada.

Este proceso también puede adelantarse por Ósmosis, que es el movimiento de las moléculas hasta equilibrar concentraciones diferentes de dos soluciones, a través de una membrana semipermeable. Las soluciones ejercen presión en la membrana (presión osmótica) provocada por el paso del solvente puro o con menos sal, hacia la solución concentrada (mayor cantidad de sal). Es la ósmosis directa.

Pero la ósmosis inversa se aplica al agua salada, se somete esta agua a alta presión, se procura detener la sal y provocar el paso sólo del agua sin sal para desalinizarle y permitir el uso doméstico, de la siguiente manera: a la solución de agua marina recolectada le aplican una alta presión junto a la membrana semipermeable de etanoato de celulosa (papel celofán), forzando al agua salada a atravesar la membrana dejando la sal en ella. Al realizar este proceso debemos asegurarnos que la membrana sea efectiva tanto por su semipermeabilidad, como por su resistencia a las altas presiones aplicadas, de manera que permita así un flujo constante de agua dulce. Comercialmente se utiliza una membrana de un metro cúbico a una presión de más de 70 atmósferas, el paso del agua desalinizada, frecas, puede alcanzar un volumen aproximado de 250.000 litros diarios.

Otro proceso posible de seguir es el conocido como intercambio iónico, que es la eliminación de sales insolubles del agua (se depositan en el interior de las tuberías). El proceso químico de interrelación iónica, procurando aislar la sal mediante cambios de su composición original, sirve para separar la sal marina modificando su composición química, por sustitución de iones positivos (cationes) por hidronio H+, e iones negativos (aniones) por hidroxilo OH-.


Al realizar este proceso, hacemos pasar el agua de mar por columnas con estructuras naturales de silicatos o resinas sintéticas de intercambio iónico. Los iones hidrógeno H+ (hidronio) se cambian con iones de sodio Na+, mientras que los iones OH- (hidroxilo) se cambian con iones de cloro Cl-(cloruro) en el agua marina.

Las columnas de separación iónica pueden renovarse con ácido sulfúrico, para el intercambio de resinas catiónicas y sodio; los hidróxidos son para el intercambio de resinas de aniones. Se genera así un agua de buena calidad, pero esta aplicación es relativamente costosa.

 

El oxígeno, componente básico

 

Aire y agua son fundamentales para la mayoría de los organismos, incluida la especie humana. El oxígeno está presente en estos dos elementos, primordiales para la vida. La mayoría de animales y plantas acuáticas necesitan oxígeno para su respiración aeróbica, son valores pequeños, la máxima solubilidad de oxígeno en el agua es apenas 9 ppm (0.009 gramos por litro).

Los peces tienen el mayor requerimiento: 3ppm para sobrevivir y las bacterias el mínimo, inferior a 3ppm. Para mantener el balance en la diversidad acuática el contenido de oxígeno en el agua no puede ser inferior a 6 ppm.

La necesidad bioquímica del oxígeno disuelto se abastece por la descomposición acuática de materia orgánica en un tiempo aproximado de cinco días como máximo. El agua tiene una alta demanda biológica de oxígeno, que se mantiene por la retroalimentación atmosférica de este gas. Si no existiera este proceso, terminaría rápidamente la supervivencia acuática.

En los ríos esto lo facilita la movilidad del agua, que recibe oxígeno por ser agua corriente. Los lagos tienen una oxigenación mucho más lenta o ninguna. El agua pura tiene una demanda bioquímica de oxígeno de menos de 1 ppm, si este valor de demanda bioquímica de oxígeno se incrementa sobre 5 ppm, es agua contaminada.

La acumulación de residuos orgánicos en el agua causa la proliferación de ciertas especies, proceso conocido como eutrofización del agua, que es un fenómeno producido por el uso excesivo de fertilizantes artificiales y detergentes acumulados en lagos, que actúan como nutrientes y aumentan el crecimiento de plantas y algas que al vivir tal proceso reproductivo evita el ingreso de oxígeno del aire en el agua: es un proceso que también está presente en aguas marinas de movilidad lenta.

Este tipo de procesos también pueden tener otras consecuencias. Por ejemplo, cuando plantas y algas mueren, se descomponen aeróbicamente produciendo óxido carbónico y agua. Si el crecimiento excesivo de ellas y el oxígeno presente no están equilibrados, ocurre la descomposición anaeróbica, formando residuos de gases tóxicos como H2 S (gas sulfhídrico), NH3 (amoníaco), CH4 (metano), que no solo tienen un olor desagradable, sino que envenenan el agua. Mientras más especies mueren hay mayor descomposición anaeróbica y el lago no tiene vida acuática.


El océano también produce oxígeno a través de algas marinas y plancton, que pueden morir con la contaminación de su hábitat por los residuos de basura, plástico, redes de pesca, chatarra, etcétera, arrojados al mar por los seres humanos. Para cuidar el agua marina debe protegerse especialmente a los arrecifes de coral, pues producen el 80 por ciento del oxígeno indispensable para la vida marina, el calentamiento global provocaría la muerte del 35 por ciento de las corales.

El calentamiento global ocasionado por las actividades humanas ha generado un aumento aproximado de 0,6 °C en la temperatura media del planeta. Muchas industrias descargan agua caliente, sobretodo en ríos, provocando la contaminación termal. La contaminación por la variación de la temperatura del agua afecta también al oxígeno, ya que su solubilidad depende de ella, si aumenta la temperatura, baja la solubilidad del oxígeno; así como la demanda de los organismos acuáticos que terminan muriendo.

 

Reciclar y cuidar el agua

 

En muchas ciudades sus basuras van a dar a los ríos y mares, basura inorgánica que va acumulándose y basura orgánica que puede ser degradada por microorganismos, los que necesitan tiempo para este proceso; se produce así la contaminación del agua en general y de las concurridas playas en particular. Hay personas que colocan la basura en recipientes cerrados pero que en el agua se abren o rompen, dejando materia flotante, suspendida, coloidal y un rango de microorganismos.

Los residuos contaminantes y perjudiciales deben ser removidos con tratamientos concretos: para retirar residuos sólidos conviene pasar el agua por filtros mecánicos diseñados para detener objetos relativamente grandes como palos, papel, condones y bolsas. Continúa el proceso con filtros de menor gradación para detener objetos más pequeños con filtros de arena o grava de diferente espesor y tamaño, permitiendo entonces el depósito o sedimentación que queda en un recipiente apropiado, así se asienta el agua con tierra y lodo. Entonces, viene el tratamiento químico de floculación, en el que se ponen compuestos de hidróxido de calcio Ca (OH)2 y sulfato de aluminio Al2(SO4)3 que precipitan aglutinados de tierra o lodo, factibles de ser retirados mecánicamente.

Para completar la purificación del agua y disponerla para el consumo humano: se incorpora el purificador de Carbón Activado granular que por adsorción química (sustancias orgánicas especialmente volátiles, se adhieren a la superficie del gránulo de carbón) y así se eliminan restos de pesticidas, plaguicidas, compuestos orgánicos volátiles, también retira el sabor a cloro. La aplicación de rayos ultravioletas –UV–, después del cloro, proporciona un esterilizante efectivo para microorganismos en el agua.

El agua se utiliza en varios procesos productivos. Aunque no sea indispensable que toda el agua dulce del planeta sea para calmar la sed, cocinar alimentos o el aseo de los seres humanos, se debe proyectar posibles formas de una utilización responsable de este recurso natural, por ejemplo, en procesos industriales un adecuado manejo del agua permitiría que la utilizada para enfriar plantas industriales, por ejemplo, podría reciclarse procurando recogerla en reservorios y utilizarla luego para regar zonas agrícolas, solucionando dificultades ambientales.

 

El agua responsabilidad de todos/as

 

Tenemos los humanos con el agua, un problema de vida o muerte, problema que, como es conocido, puede traducirse en conflictos internos en cada uno de los países que integran la comunidad global. Para aportar, así sea un poco al cuidado del agua, cada uno de nosotras/os podría incorporar hábitos simples, como: procurar utilizar el mínimo de agua tanto en el inodoro como en la limpieza personal, abriendo la llave de agua de manera intermitente para su menor gasto posible. Regar las plantas de maceteros con agua ya utilizada en la cocina, por ejemplo (la que lava sin jabón), utilizar tuberías de mejor calidad y menor capacidad de distribución. Procurar hacer el lavado de los autos con el mínimo de agua tratada para el consumo humano. No debemos olvidar que el proceso de descontaminación, desinfección y purificación del agua necesita instalaciones y adecuaciones precisas, lo que resulta costoso y, por tanto, inviable para ser utilizada en limpieza de calles, automotores y otros.

Y como reto colectivo en cada uno de nuestros países, hay que lograr la efectiva regulación de las empresas privadas en el uso industrial del precioso líquido; merecen especial énfasis las empresas industriales del campo, las cuales consumen agua subterránea, muchas veces a su libre albedrío, así como las empresas que embotellan agua, o procesan gaseosas, cervezas, jugos y similares, todas ellas grandes consumidoras y derrochadoras de un recurso natural que es finito, además de colectivo, aunque en ocasiones apropiado –por ahora– por empresas privadas.

 


 

 

Recuadro

Multinacionales, grandes responsables de la producción de plásticos

 

En 2018, cerca de 10.000 voluntarios y 1.300 organizaciones realizaron la recolección de residuos en más de 42 países para identificar la procedencia de 187.851 piezas de plástico, encontrados en más de 238 cuerpos de agua de los seis continentes. El movimiento global “Break Free From Plastic 1” (Librarse de los plásticos), impulsor de esta iniciativa presentó en su informe* los resultados de los altos grados de contaminación del agua. Sobre la situación de los océanos en el mundo se comprueba que las multinacionales Coca-Cola Company, Pepsico y Nestlé son las empresas que fabrican la mayor parte de los productos plásticos que terminan en los mares. La producción global de plástico ha superado los 330 millones de toneladas métricas por año, en menos de dos décadas habrán más formas plásticas que seres vivos en los océanos lo que pone en peligro la existencia de la vida misma.

 

* https://www.breakfreefromplastic.org/

 
 

 

Publicado enEdición Nº255
Viernes, 22 Marzo 2019 08:45

Agua que no has de beber…

Agua que no has de beber…

Al igual que el aire, el agua es un recurso fundamental para la vida, el que hasta hace algunos años muchos consideraban infinito. La evidencia actual es lo contrario. ¿Ante cuál realidad se enfrenta la humanidad en este particular?, y, ¿cuáles son los retos que nos plantea la misma?

 

La vida necesita del agua. En el subsuelo y superficie de nuestro planeta, no todo son minerales, también poseen otros componentes, el agua como el más importante de todos ellos. Y no es poca, aunque no toda es potable: alrededor del 72 por ciento de la superficie terrestre está compuesto por este líquido vital para nuestra vida. Líquido que está en los océanos, mucho más allá de lo que alcanzan a percibir nuestros ojos pues alcanza profundidades de hasta 4 km. Esta agua, salada, representa el 96,5 por ciento de la totalidad acuífera existente; otro 2 por ciento está en los glaciares, 0.6 por ciento es agua de ríos y lagos, agua subterránea 0.6 por ciento. El 1 por ciento de agua del planeta es dulce en condiciones inmediatas para su consumo, pero está distribuida con desigualdad geográfica ya que hay sitios áridos por falta del vital líquido.

El agua que podemos consumir, más allá de lo que cotidianamente nos dicen los medios de información, la consume y derrocha en mayor porcentaje la industria, así como la agricultura; otro porcentaje se pierde en el aseo de automotores y maquinarias, así como calles y ventanales de edificios; es tal este gasto que solo el 10 por ciento del agua potable está destinada para uso doméstico.

Como sabemos, el agua sufre procesos contaminantes, por uso y por abuso, lo que la infesta con agentes patógenos, afectándola también en su color, olor, sabor, turbidez; fuentes de agua dulce (como ríos, arroyos, lagunas) que consideramos limpios pueden estar cargados de sustancias peligrosas allí disueltas por distintas vías; es por todo ello que nos vemos obligados a someterla a tratamiento de purificación. Para garantizar su consumo debemos eliminar: bacterias, contaminantes e impurezas.
Purificación para el consumo

Existen estudios y aplicaciones para obtener agua apta para la vida humana. Para cumplir con su purificación lo aplicado frecuentemente es ozono o cloro –por su poder oxidante–: el cloro es añadido en la primera etapa de purificación del agua de ríos, cascadas, vertientes naturales; puede dejar un sabor fuerte, como el que caracteriza el agua en las piscinas. El cloro –Cl2– colocado en el agua forma el ácido hipocloroso (HClO) que oxida y elimina las bacterias. Es un método muy difundido, de largo tiempo de retención y acción. Desinfecta pero no purifica, se utiliza en cantidades de 0.2 a 0.5 ppm (partes por millón); evita enfermedades como difteria, tifoidea, cólera.

El ozono O3, oxida por sí mismo las bacterias. Es más efectivo y no tiene sabor alguno. Es más caro que el cloro y tiene tiempo de retención corto. Asegura que el agua permanezca libre de contaminación microbiológica por un tiempo más largo.

 

Frente a la escasez del líquido vital

 

El agua es un recurso finito. Su alta presencia en los diferentes procesos industriales incrementan su escasez. En la actualidad se están buscando métodos de destilación de grandes volúmenes de agua, considerando para ello la del mar por la cantidad que representa. Las investigaciones avanzan y actualmente contamos con procesos y diseños con diferentes rendimientos, algunos ya en aplicación, otros en estudio y experimentación como la filtración por óxido de grafeno, que procede del carbono del grafito.

Ya se hace destilación de agua salada, Israel posee una de las más grandes plantas para este tipo de procesamiento. El método es más o menos así: se calienta el agua del mar en una serie de recipientes entubados interiormente y entre sí, sumergidos en contenedores con vacío parcial. A presión atmosférica reducida, el agua hierve instantáneamente, su vapor es condensado en contacto con conexiones enfriadas por agua marina. El calor desprendido por el agua condensada sirve para precalentar más agua salada.

Este proceso también puede adelantarse por Ósmosis, que es el movimiento de las moléculas hasta equilibrar concentraciones diferentes de dos soluciones, a través de una membrana semipermeable. Las soluciones ejercen presión en la membrana (presión osmótica) provocada por el paso del solvente puro o con menos sal, hacia la solución concentrada (mayor cantidad de sal). Es la ósmosis directa.

Pero la ósmosis inversa se aplica al agua salada, se somete esta agua a alta presión, se procura detener la sal y provocar el paso sólo del agua sin sal para desalinizarle y permitir el uso doméstico, de la siguiente manera: a la solución de agua marina recolectada le aplican una alta presión junto a la membrana semipermeable de etanoato de celulosa (papel celofán), forzando al agua salada a atravesar la membrana dejando la sal en ella. Al realizar este proceso debemos asegurarnos que la membrana sea efectiva tanto por su semipermeabilidad, como por su resistencia a las altas presiones aplicadas, de manera que permita así un flujo constante de agua dulce. Comercialmente se utiliza una membrana de un metro cúbico a una presión de más de 70 atmósferas, el paso del agua desalinizada, frecas, puede alcanzar un volumen aproximado de 250.000 litros diarios.

Otro proceso posible de seguir es el conocido como intercambio iónico, que es la eliminación de sales insolubles del agua (se depositan en el interior de las tuberías). El proceso químico de interrelación iónica, procurando aislar la sal mediante cambios de su composición original, sirve para separar la sal marina modificando su composición química, por sustitución de iones positivos (cationes) por hidronio H+, e iones negativos (aniones) por hidroxilo OH-.


Al realizar este proceso, hacemos pasar el agua de mar por columnas con estructuras naturales de silicatos o resinas sintéticas de intercambio iónico. Los iones hidrógeno H+ (hidronio) se cambian con iones de sodio Na+, mientras que los iones OH- (hidroxilo) se cambian con iones de cloro Cl-(cloruro) en el agua marina.

Las columnas de separación iónica pueden renovarse con ácido sulfúrico, para el intercambio de resinas catiónicas y sodio; los hidróxidos son para el intercambio de resinas de aniones. Se genera así un agua de buena calidad, pero esta aplicación es relativamente costosa.

 

El oxígeno, componente básico

 

Aire y agua son fundamentales para la mayoría de los organismos, incluida la especie humana. El oxígeno está presente en estos dos elementos, primordiales para la vida. La mayoría de animales y plantas acuáticas necesitan oxígeno para su respiración aeróbica, son valores pequeños, la máxima solubilidad de oxígeno en el agua es apenas 9 ppm (0.009 gramos por litro).

Los peces tienen el mayor requerimiento: 3ppm para sobrevivir y las bacterias el mínimo, inferior a 3ppm. Para mantener el balance en la diversidad acuática el contenido de oxígeno en el agua no puede ser inferior a 6 ppm.

La necesidad bioquímica del oxígeno disuelto se abastece por la descomposición acuática de materia orgánica en un tiempo aproximado de cinco días como máximo. El agua tiene una alta demanda biológica de oxígeno, que se mantiene por la retroalimentación atmosférica de este gas. Si no existiera este proceso, terminaría rápidamente la supervivencia acuática.

En los ríos esto lo facilita la movilidad del agua, que recibe oxígeno por ser agua corriente. Los lagos tienen una oxigenación mucho más lenta o ninguna. El agua pura tiene una demanda bioquímica de oxígeno de menos de 1 ppm, si este valor de demanda bioquímica de oxígeno se incrementa sobre 5 ppm, es agua contaminada.

La acumulación de residuos orgánicos en el agua causa la proliferación de ciertas especies, proceso conocido como eutrofización del agua, que es un fenómeno producido por el uso excesivo de fertilizantes artificiales y detergentes acumulados en lagos, que actúan como nutrientes y aumentan el crecimiento de plantas y algas que al vivir tal proceso reproductivo evita el ingreso de oxígeno del aire en el agua: es un proceso que también está presente en aguas marinas de movilidad lenta.

Este tipo de procesos también pueden tener otras consecuencias. Por ejemplo, cuando plantas y algas mueren, se descomponen aeróbicamente produciendo óxido carbónico y agua. Si el crecimiento excesivo de ellas y el oxígeno presente no están equilibrados, ocurre la descomposición anaeróbica, formando residuos de gases tóxicos como H2 S (gas sulfhídrico), NH3 (amoníaco), CH4 (metano), que no solo tienen un olor desagradable, sino que envenenan el agua. Mientras más especies mueren hay mayor descomposición anaeróbica y el lago no tiene vida acuática.


El océano también produce oxígeno a través de algas marinas y plancton, que pueden morir con la contaminación de su hábitat por los residuos de basura, plástico, redes de pesca, chatarra, etcétera, arrojados al mar por los seres humanos. Para cuidar el agua marina debe protegerse especialmente a los arrecifes de coral, pues producen el 80 por ciento del oxígeno indispensable para la vida marina, el calentamiento global provocaría la muerte del 35 por ciento de las corales.

El calentamiento global ocasionado por las actividades humanas ha generado un aumento aproximado de 0,6 °C en la temperatura media del planeta. Muchas industrias descargan agua caliente, sobretodo en ríos, provocando la contaminación termal. La contaminación por la variación de la temperatura del agua afecta también al oxígeno, ya que su solubilidad depende de ella, si aumenta la temperatura, baja la solubilidad del oxígeno; así como la demanda de los organismos acuáticos que terminan muriendo.

 

Reciclar y cuidar el agua

 

En muchas ciudades sus basuras van a dar a los ríos y mares, basura inorgánica que va acumulándose y basura orgánica que puede ser degradada por microorganismos, los que necesitan tiempo para este proceso; se produce así la contaminación del agua en general y de las concurridas playas en particular. Hay personas que colocan la basura en recipientes cerrados pero que en el agua se abren o rompen, dejando materia flotante, suspendida, coloidal y un rango de microorganismos.

Los residuos contaminantes y perjudiciales deben ser removidos con tratamientos concretos: para retirar residuos sólidos conviene pasar el agua por filtros mecánicos diseñados para detener objetos relativamente grandes como palos, papel, condones y bolsas. Continúa el proceso con filtros de menor gradación para detener objetos más pequeños con filtros de arena o grava de diferente espesor y tamaño, permitiendo entonces el depósito o sedimentación que queda en un recipiente apropiado, así se asienta el agua con tierra y lodo. Entonces, viene el tratamiento químico de floculación, en el que se ponen compuestos de hidróxido de calcio Ca (OH)2 y sulfato de aluminio Al2(SO4)3 que precipitan aglutinados de tierra o lodo, factibles de ser retirados mecánicamente.

Para completar la purificación del agua y disponerla para el consumo humano: se incorpora el purificador de Carbón Activado granular que por adsorción química (sustancias orgánicas especialmente volátiles, se adhieren a la superficie del gránulo de carbón) y así se eliminan restos de pesticidas, plaguicidas, compuestos orgánicos volátiles, también retira el sabor a cloro. La aplicación de rayos ultravioletas –UV–, después del cloro, proporciona un esterilizante efectivo para microorganismos en el agua.

El agua se utiliza en varios procesos productivos. Aunque no sea indispensable que toda el agua dulce del planeta sea para calmar la sed, cocinar alimentos o el aseo de los seres humanos, se debe proyectar posibles formas de una utilización responsable de este recurso natural, por ejemplo, en procesos industriales un adecuado manejo del agua permitiría que la utilizada para enfriar plantas industriales, por ejemplo, podría reciclarse procurando recogerla en reservorios y utilizarla luego para regar zonas agrícolas, solucionando dificultades ambientales.

 

El agua responsabilidad de todos/as

 

Tenemos los humanos con el agua, un problema de vida o muerte, problema que, como es conocido, puede traducirse en conflictos internos en cada uno de los países que integran la comunidad global. Para aportar, así sea un poco al cuidado del agua, cada uno de nosotras/os podría incorporar hábitos simples, como: procurar utilizar el mínimo de agua tanto en el inodoro como en la limpieza personal, abriendo la llave de agua de manera intermitente para su menor gasto posible. Regar las plantas de maceteros con agua ya utilizada en la cocina, por ejemplo (la que lava sin jabón), utilizar tuberías de mejor calidad y menor capacidad de distribución. Procurar hacer el lavado de los autos con el mínimo de agua tratada para el consumo humano. No debemos olvidar que el proceso de descontaminación, desinfección y purificación del agua necesita instalaciones y adecuaciones precisas, lo que resulta costoso y, por tanto, inviable para ser utilizada en limpieza de calles, automotores y otros.

Y como reto colectivo en cada uno de nuestros países, hay que lograr la efectiva regulación de las empresas privadas en el uso industrial del precioso líquido; merecen especial énfasis las empresas industriales del campo, las cuales consumen agua subterránea, muchas veces a su libre albedrío, así como las empresas que embotellan agua, o procesan gaseosas, cervezas, jugos y similares, todas ellas grandes consumidoras y derrochadoras de un recurso natural que es finito, además de colectivo, aunque en ocasiones apropiado –por ahora– por empresas privadas.

 


 

 

Recuadro

Multinacionales, grandes responsables de la producción de plásticos

 

En 2018, cerca de 10.000 voluntarios y 1.300 organizaciones realizaron la recolección de residuos en más de 42 países para identificar la procedencia de 187.851 piezas de plástico, encontrados en más de 238 cuerpos de agua de los seis continentes. El movimiento global “Break Free From Plastic 1” (Librarse de los plásticos), impulsor de esta iniciativa presentó en su informe* los resultados de los altos grados de contaminación del agua. Sobre la situación de los océanos en el mundo se comprueba que las multinacionales Coca-Cola Company, Pepsico y Nestlé son las empresas que fabrican la mayor parte de los productos plásticos que terminan en los mares. La producción global de plástico ha superado los 330 millones de toneladas métricas por año, en menos de dos décadas habrán más formas plásticas que seres vivos en los océanos lo que pone en peligro la existencia de la vida misma.

 

* https://www.breakfreefromplastic.org/

 
 

 

Publicado enMedio Ambiente
Los mitos de la ciencia y la ingenuidad de los científicos

En estos días que se habla con ardor acerca del papel de la ciencia, y de su hija mayor la tecnología, para el futuro del país, conviene recordar apreciaciones básicas sobre la verdadera función de esta institución llamada ciencia, uno de los mayores pilares de la modernidad que padecemos. Con apenas dos siglos de existencia y en plena sinergia con el capitalismo, los combustibles fósiles, la industria, el individualismo y el patriarcado, la ciencia es la culpable mayor de múltiples beneficios pero también de los principales riesgos, lacras, peligros y amenazas que hoy afectan a la humanidad.

Tres son los principales mitos que engalanan a la ciencia contemporánea y que sirven para ocultar su verdadera esencia. El primero atañe a su fetichización. Siempre se tiende a hablar de La Ciencia (con mayúsculas) elevada a una suerte de entidad suprema, en vez de reconocer las diferentes modalidades del quehacer científico cada una de las cuales persigue fines diferentes y hasta antagónicos. Este fetiche se ve acompañado, segundo mito, por la falsa idea de que toda actividad científica es automáticamente benéfica, moralmente buena e ideológica y políticamente neutra. En consecuencia el científico se identifica siempre como un ser virtuoso: santos del conocimiento verdadero, héroes de la objetividad, mártires por la humanidad, abnegados practicantes del experimento. Su mayor virtud, se afirma, es la de haber sometido a la pasión y eliminado a la subjetividad de sus análisis. El tercer mito lo ha descrito con precisión Jorge Reichmann: “El conocimiento científico es un gran bien. Pero ¿cómo pueden tantos investigadores caer en la ingenuidad cientificista de creer que simplemente incrementar el conocimiento conducirá a la mejora de la condición humana? El progreso científico no implica necesariamente progreso humano. Para que se diera progreso humano sería necesario que las comunidades de ese enrevesado simio averiado que se llama Homo sapiens estuviesen en disposición de usar el conocimiento creciente de forma adecuada”.

Estos tres mitos son cada vez menos creíbles por una razón: En los últimos 50 años, la "ciencia desarrollada" ha sido cooptada, influenciada, dirigida y/o financiada por el capital corporativo que hoy domina al mundo. Los datos de la Unesco indican que la inversión privada se incrementó notablemente en Corea del Sur, China, Alemania, Estados Unidos, Turquía y Polonia. En Estados Unidos hacia 1965 la ciencia académica financiada por el gobierno representaba 60 por ciento y la ciencia corporativa 40 por ciento. Para 2015 ya se había invertido a 30-70 por ciento (Unesco, 2015). La ciencia corporativa mantiene un mundo insustentable al generar gases, líquidos y sustancias tóxicas, fertilizantes químicos, pesticidas, plásticos, alimentos dañinos, medicamentos nocivos, organismos transgénicos, gases de efecto invernadero, y especialmente armas cada vez más sofisticadas y complejas. Sólo las 10 mayores corporaciones de la industria bélica tuvieron en conjunto ingresos anuales de 194 mil millones de dólares (2017), con unos 800 mil empleados, de los cuales 10-20 por ciento son científicos, técnicos e ingenieros. Es probable que la mayoría de los casi 8 millones de científicos que existen en el mundo trabajen ya para las corporaciones. De la misma manera que sucede con muchos gobiernos y empresas, partidos políticos, la Iglesia católica, o la realeza europea, hoy la actividad científica esta teñida de corrupción y desprestigio. Por ejemplo, revistas científicas de larga tradición que han cedido a las presiones de las corporaciones farmacéuticas y biotecnológicas, o el gremio de los Premios Nobel que ha escandalizado con los casos de investigadores racistas (como William Schockley, y el descubridor del ADN, James Watson) o con la carta que firmaron 110 premiados en favor de los alimentos transgénicos y contra Greenpeace (ver).

Es en este contexto que sorprenden por ingenuos los reclamos de "más presupuesto para la ciencia" o "libertad de investigación". En México, la política pública en la materia ha carecido de discusión seria y profunda, y ha seguido los vaivenes marcados por los grupos de poder incrustados en puestos clave del gobierno y de la academia. Grupos que imponen sus líneas de investigación y sus visiones anacrónicas y que, como sucede en la UNAM, buscan controlar áreas como la biotecnología, la ecología, la biomedicina, la química y las ingenierías. Hoy hace falta poner sobre la mesa de discusión los objetivos y la orientación de un Programa Nacional de Ciencia y Tecnología que se ocupe de la resolución de las mayores y más urgentes problemáticas de la nación, sin perder de vista el conflicto que se da entre una ciencia mercantilizada y una ciencia comprometida con el bienestar social y ambiental del país y del planeta. Hoy, la verdadera ciencia se mide por su poder para resolver problemas, no para crearlos. Y este desafío atañe por igual a todas las comunidades científicas del mundo.

 

Lunes, 25 Febrero 2019 08:30

¿Habitamos o destruimos el mundo?

Los udeges han vivido en la jungla boreal durante siglos. La cultura de los cazadores en la región rusa del Lejano Oriente está llena de creencias animalistas y chamánicas. Los lugareños creen que si alguien ataca al tigre siberiano sin motivos, este se vengará y lo matará. Las fotografías de Álvaro Laiz de este rincón del planeta son espeluznantes, fabulosas y sorprendentes. Todo a la vez.

¿Quiénes somos los habitantes del mundo? ¿Lo ocupamos o lo destruimos? ¿Dónde están las grandes aglomeraciones? ¿Por qué vivimos aislados o amontonados? 

 

PONTE CITY: EL RASCACIELOS DE LAS PROFECÍAS DE JOHANNESBURGO

Pasó de ser un símbolo del lujo para blancos a un templo de la degeneración. Conocido como la Torre Oscura, en Ponte City (Johannesburgo, Sudáfrica) viven alrededor de 2.300 personas, la mayoría inmigrantes. El edificio residencial más alto de África trata de superar su pasado violento mientras sigue anunciando el futuro: en este caso, en forma de gentrificación. 

Texto: Alba Muñoz / Fotografía: Guillem Sartorio

 

PARTERAS

En zonas rurales que dominaban las FARC, la partería es una tradición ancestral que lucha por sobrevivir al olvido. Su reconocimiento como patrimonio cultural de Colombia ayuda a conseguirlo, pero el principal reto recae sobre estas mujeres que heredan y transmiten el poder de sus manos. Marta Arias y Anna Surinyach, que llevan años documentando la partería en varias partes del mundo, explican cómo se da a luz en algunos de los rincones más olvidados de Colombia.

Texto: Marta Arias  / Fotografía: Anna Surinyach

 

REFUGIOS EUROPEOS

Millones de sirios han huido de la guerra. Algunos —una minoría— han encontrado refugio en Europa. Este ensayo fotográfico presenta tres historias de mujeres y hombres que han llegado a Suecia, Alemania y Dinamarca, pero que no saben si se podrán adaptar a su nuevo hogar. Su memoria está llena de dolor. Su futuro, de esperanza.

Fotografía: Carole Alfarah

 

VERTEDEROS, MONTAÑAS Y PÁJAROS

Los pájaros anuncian que estamos cerca. Son cientos, miles, volando en un cielo opaco. Debajo, entre la neblina, los atrae como un imán la montaña. Es una gigantesca elevación marrón sin árboles, sin hierba, sin flores: repleta de plásticos desgarrados, pedazos de metal, cristales, desechos orgánicos y un hedor que lo invade todo. Este es uno de los mayores vertederos de la India, y no para de crecer. ¿Se puede vivir rodeado de basura?

Texto: Maribel Izcue / Fotografía: Santi Palacios

 

LA LUCHA POR EL ESPACIO EN BANGLADESH

El país más densamente poblado del mundo, ciudades-Estado aparte, es Bangladesh. Pocos periodistas conocen el país como Igor G. Barbero, que explica dónde se hallan las grandes aglomeraciones y reflexiona sobre las consecuencias del cambio climático en este rincón olvidado del planeta.

Texto: Igor G. Barbero / Fotografía: KM Asad

 

SOLO LOS MUERTOS REGRESAN A YARMUK

Yarmuk, en las afueras de Damasco, es un símbolo de la guerra siria. El régimen de Bashar al Asad lo bombardeó sin piedad y los grupos de la oposición armada aguantaron hasta el final. Ahora que las armas han callado, Yarmuk es puro talco. ¿Será algún día posible que una de las heridas más profundas de Siria vuelva a ser habitada?

Texto: Mikel Ayestaran / Fotografía: Guillem Trius

 

NÓMADAS DEL NILO

No duermen en tierra firme. Nacieron, viven y trabajan en una barca en el Nilo. Son cientos de familias que, desde hace cuatro generaciones, a la sombra de los puentes de la capital egipcia, han construido su vida en torno al río. Una vida que discurre al ritmo que marca la corriente. 

Texto: Nuria Tesón / Fotografía: Roger Anis

 

EL CAZADOR RUSO

Los udeges han vivido en la jungla boreal durante siglos. La cultura de los cazadores en la región rusa del Lejano Oriente está llena de creencias animalistas y chamánicas. Los lugareños creen que si alguien ataca al tigre siberiano sin motivos, este se vengará y lo matará. Las fotografías de Álvaro Laiz de este rincón del planeta son espeluznantes, fabulosas y sorprendentes. Todo a la vez.

Fotografía: Álvaro Laiz.

 

 

PERSONAS BLANCAS EN EL AGUJERO

En 1915 corrió la voz. Cientos de personas marcharon hasta el corazón del desierto de Australia y excavaron sus viviendas con pico y pala. Así fundaron el pueblo subterráneo de Coober Pedy. Bajamos al laberinto con Vash Farid, uno de los mineros que siguen extrayendo ópalo, la piedra preciosa con la que empezó todo.

Texto: Ander Izagirre / Fotografía: Tamara Merino

 

MENINO DAS SOMBRAS

Las guerras de Mozambique dejaron un país en la miseria y lleno de familias rotas. La herida de aquellos días sigue abierta: actualmente hay 1,8 millones de huérfanos. José Albino, de quince años, lleva cuatro viviendo en las calles de Beira, la segunda ciudad de Mozambique. Y tiene un sueño: ser piloto.

Texto: Xavier Aldekoa / Fotografía: Alfons Rodríguez

 

LOS DESAHUCIOS EN ESPAÑA

Están asociados a los años más duros de la crisis económica, pero los desahucios —y la voracidad de los bancos— no han desaparecido. Desde 2011 ha habido cientos de miles de ejecuciones hipotecarias, siniestro término que define la resaca de la España que se zambulló en la burbuja inmobiliaria. La luz la puso la lucha contra los desahucios, uno de los movimientos sociales más importantes de la última década en España. Olmo Calvo descubre todos esos aspectos en un ensayo fotográfico.

Fotografía: Olmo Calvo

Publicado enSociedad
"La inteligencia artificial puede repetir los sesgos, o incluso amplificarlos"

¿Qué podemos esperar de la inteligencia artificial y el aprendizaje automático? ¿Queremos que las máquinas tomen decisiones por nosotros? Según el tecnólogo y filósofo David Weinberger, "dejaremos que la inteligencia artificial 'decida' por nosotros cuando los resultados sean mejores que los surgidos de las decisiones humanas".


La necesidad de abordar la tecnología y su impacto en nuestras vidas necesita ser abordada desde todos los puntos de vista que ppodamos imaginar. David Weinberger, tecnólogo y doctor en Filosofía por la Universidad de Toronto (Canadá), reflexiona sobre lo que podemos esperar de la inteligencia artificial y el aprendizaje automático.


De visita en el MediaLab de Madrid (en el marco de la Semana de la Ciencia y la Innovación), Weinberger —coautor del célebre Manifiesto Cluetrain, de 1999, sobre cómo funcionaría la conversación en internet— ahora investiga en el Berkman Klein Center for Internet & Society de la Facultad de Derecho de Harvard.


A continuación será ponente en el Foro de la Cultura de Burgos (del 9 al 11 de noviembre), en donde tratará de abordar la cuestión de si seremos capaces de controlar la inteligencia artificial. Weinberger responde para los lectores de Público a una serie de cuestiones acerca de la creciente automatización de nuestro entorno.


¿Realmente queremos que las máquinas tomen decisiones por nosotros?


La inteligencia artificial es capaz de hacer evaluaciones probabilísticas de cómo clasificar las cosas, por tanto puede hacer predicciones probabilísticas. Dependerá de la situación concreta si queremos que realice esas evaluaciones sin intervención humana.


Solemos usar simples ordenadores de esta forma todo el rato. Hay un millón de ejemplos, como convertir la escritura a mano en letras. Ahora, la inteligencia artificial en forma de aprendizaje automático está haciendo lo mismo. La diferencia es que hasta ahora los humanos tenían que decirles a las máquinas qué buscar para identificar la escritura a mano: si ve una línea vertical con un punto encima, esa es una "i", etc.


Con el llamado "machine learning" no necesitas introducir en el ordenador ese tipo de reglas, sino que se alimenta de miles de ejemplos de escritura a mano y descubre los patrones que se corresponden, estadística y probabilísticamente, a las letras. Resulta que, en muchos casos, el aprendizaje automático funciona mejor que la forma antigua de programar estas reglas. No hay ningún problema ético en particular con esto, ¿verdad? Tampoco veo que exista ninguna decisión en sentido literal.


Del mismo modo, si un sistema de aprendizaje automático le dice a su médico que usted tiene un 63% de probabilidades de desarrollar diabetes, la máquina no está tomando una decisión: nos está alertando de una probabilidad estadística. Usted —más bien, su médico— decidirá qué quiere hacer al respecto, tal como lo haría si hubiera notado un aumento en el nivel de azúcar en la sangre, que podría indicar una susceptibilidad a padecer diabetes.


Existe, por supuesto, una amplia gama de casos. Para el análisis de escritura a mano, las preguntas son relativamente fáciles.También para la inteligencia artificial que traza las rutas para que un automóvil llegue a un destino. Pero también es posible la inteligencia artificial para actuar sin intervención humana. Los ordenadores —ojo, no la inteligencia artificial, que yo sepa— aterrizan aviones con bastante frecuencia; los pilotos a veces no intervienen porque las máquinas suelen ser mejores que los humanos para esa tarea. Ése es un caso en el que habitualmente permitimos que una computadora "decida" un asunto. Digo "decidir" entre comillas porque las computadoras no son conscientes y, por lo tanto, no pueden decidir nada.
Del mismo modo, permitiremos que la inteligencia artificial conduzca nuestros coches si la inteligencia artificial lo hace mejor que los humanos; por ejemplo, los vehículos sin conductor pueden actuar sobre de datos recogidos en un rango de 360 grados y su tiempo de reacción es mucho mejor que el de los humanos. Así pues, permitiremos que existan los coches sin conductor si en las pruebas y en un despliegue cuidadosamente monitoreado resultan ser más seguros que los vehículos con conductor humano.


¿Queremos, por ejemplo, que la inteligencia artificial determine las sentencias judiciales?


Bueno, podemos decidir no hacerlo porque creamos que disminuirá la confianza en el sistema judicial. Por otro lado, los jueces humanos son propensos a sesgos —al fin y al cabo, como todos— y, por tanto, podría ser que la inteligencia artificial sea más justa en ciertas sentencias. Personalmente, creo que vamos a tener problemas para aceptar un sistema de inteligencia artificial en el ámbito de la jusricia; su uso en el sistema judicial de los Estados Unidos es problemático, por decirlo de alguna manera.


Mi punto de vista es que dejaremos que la inteligencia artificial tome "decisiones" por nosotros cuando los resultados sean mejores que los surgidos de las decisiones humanas, y somos los humanos los que podremos decidir qué consideramos como "mejores decisiones". Esto no es nada inusual en la historia de la computación. Variará según el entorno y la aplicación, y dependerá de muchos factores.


Puedo ver que las compañías y los expertos nos "venden" algoritmos como algo "blanco", inofensivo, pero en general el mundo del software es oscuro, no transparente. ¿Qué piensa sobre esto? ¿Cómo puede alguien decidir si algún sistema de inteligencia artificial es preciso o no antes de los resultados de su comportamiento?


Existe una controversia entre los científicos informáticos sobre si la inteligencia artificial tiene que ser opaca, y hay mucha investigación sobre cómo hacerla más transparente. Pero, por el momento, supongo (y no soy científico informático) que al menos algunos sistemas van a generar resultados a través de procesos que son simplemente demasiado complejos para que la mente humana los comprenda. Puede haber aplicaciones en las que queramos insistir en que sean transparentes, incluso si eso significa que sus resultados sean menos precisos.


Imaginemos, por un momento, que los coches sin conductor son controlados por la "caja negra" de inteligencia artificial, es decir, por unos modelos que los humanos no pueden entender. Pensemos, además, a raíz de ello las muertes en el tráfico disminuyen en un 90% (una estimación común que podría estar muy equivocada). Ahora, imaginemos que hacer que la inteligencia artificial sea "comprensible" se traduce en una reducción de las muertes sólo en un 50%. Eso significaría que miles de vidas que se hubieran salvado se pierden. ¿Querríamos, como sociedad, hacer ese intercambio entre transparencia y salvar vidas? Creo que no lo haría, pero esta es una pregunta que tendremos que responder.
Sin embargo, insistir en la transparencia de los algoritmos no es la única forma de controlar la inteligencia artificial. Por ejemplo, en algunos casos, podríamos controlarla insistiendo en la transparencia sobre los datos que se utilizan para entrenar el sistema; podríamos exigir, por ejemplo, que esos datos no estén sesgados, que representen el rango de personas afectadas, que los marginados y vulnerables no hayan sido excluidos, etc.


O bien, podríamos insistir en que los resultados sean transparentes. En el caso de la "caja negra" de inteligencia artificial para coches sin conductor, esto significaría transparencia sobre los resultados que deseamos: menos muertes, más ahorro ecológico, tiempos de transporte más cortos, viajes más cómodos, etc. También se puede exigir transparencia sobre cómo cumple su función la máquina: si los vehículos no cumplen con sus objetivos declarados públicamente, podríamos requerir que los fabricantes los ajusten para que lo hagan. Este tipo de control no requeriría la transparencia de los algoritmos.


La transparencia no es en sí misma un bien. Por eso tenemos cortinas para nuestras ventanas, o un derecho al olvido en Europa. La transparencia es una herramienta que es útil en algunas circunstancias. En mi opinión, deberíamos acordar como sociedad lo que queremos o esperamos de determinados sistemas de inteligencia artificial, y luego encontrar los mejores mecanismos para garantizar que se obtienen los resultados deseados. A veces, la transparencia de los algoritmos será el enfoque correcto, pero no siempre. Entonces, relacionado con esto, ¿por qué deberíamos confiar en inteligencia artificial?


Deberíamos confiar en una aplicación de inteligencia artificial cuando tengamos pruebas convincentes de que funciona. Dependiendo de la aplicación, esto podría requerir pruebas y más pruebas, algunas exhaustivas y en algunos casos, no tanto.


En su opinión, ¿puede la inteligencia artificial amplificar nuestros defectos?


Sin lugar a dudas. La inteligencia artificial aprende de los datos que le damos. Es decir, analiza esos datos ampliamente, y encuentra correlaciones complejas y patrones estadísticos y probabilísticos. Los datos reflejan prácticas y creencias humanas. Por lo tanto, la inteligencia artificial puede repetir los sesgos que existen en los datos, o incluso amplificarlos.
Por ejemplo, si las mujeres están subrepresentadas en la alta gerencia empresarial, los datos reflejarán eso, y la inteligencia artificial puede aprender de esa información que existe una correlación negativa entre ser mujer y ser una alta directiva. La consecuencia, por ejemplo, es que quizá el sistema termine por no recomendar a las mujeres para tales trabajos. El problema, por supuesto, puede ser mucho más sutil que eso. Ésta es una cuestión bien conocida y seria.


En su opinión, ¿existen los algoritmos 'sesgados'? ¿Cómo podemos detectarlos?


Sí, como ya he explicado. Hay una gran cantidad de investigación sobre cómo detectar sesgos en la inteligencia artificial y sobre cómo eliminarlos o, al menos, minimizarlos. No soy un científico informático, pero estimo que una forma de detectar sesgos es observar los resultados. Si un sistema de inteligencia artificial para clasificar las solicitudes de empleo rara vez recomienda a mujeres solicitantes, es evidente que existen razones para pensar que está sesgado. Pero insisto, el asunto puede ser mucho más sutil que eso.


Una forma de detectar el sesgo es examinar directamente el modelo que inteligencia artificial utiliza para tomar "decisiones". Eso requiere entender el modelo, y algunos pueden ser demasiado complejos para los humanos. Otra forma, que sugieren algunos investigadores de las universidades de Harvard y Oxford, es enviar la misma información al sistema, pero con ligeras variaciones en los datos: si cambiar un punto en esos datos altera el resultado de alguna manera significativa, es una señal de que ese punto de datos es importante. Si ese punto de datos es, por ejemplo, el género o la raza de la persona, eso es una prueba de que el sistema está sesgado. Claro que esto que explico es una gran simplificación ya que, como dije antes, no soy un científico informático.


Finalmente, ¿hasta qué punto puede ser peligroso (o no) un sistema de inteligencia artificial diseñado para realizar predicciones?


La inteligencia artificial puede hacer falsas predicciones. De hecho, todas sus predicciones conllevan un nivel de confianza, de la misma forma que los meteorólogos afirman que hay un 60% de probabilidad de lluvia. Los errores pueden ser peligrosos si las falsas predicciones son peligrosas: decir que mañana estará despejado cuando en realidad llueva por la tarde no es peligroso generalmente pero, por otro lado, un mal diagnóstico médico puede ser fatal. Al igual que con cualquier otra cosa, dependeremos de la inteligencia artificial en tanto en cuanto constatemos su precisión en casos anteriores y midamos la gravedad de las consecuencias de estar equivocado.


En cambio, uno podría preguntar si usar la inteligencia artificial para alguna tarea en particular es más peligroso que confiar en los métodos anteriores. Si la inteligencia artificial está haciendo predicciones más precisas que las realizadas hasta la fecha, entonces, aun existiendo un riesgo, las consecuencias serán menos peligrosas que las arrojadas por el método que reemplaza. En tal caso, podemos preferir la inteligencia artificial.

Por Pablo Romero
@pabloromero

El sistema ha creado el ‘principio de autodestrucción’: Leonardo Boff

El doctor Leonardo Boff, ecólogo, fue una de las personalidades en materia de defensa del medioambiente que el pasado 20 de agosto acudió a la Universidad Iberoamericana Ciudad de México para ser testigo de la apertura del Centro Transdisciplinar Universitario para la Sustentabilidad y de la Licenciatura en Sustentabilidad Ambiental de esta casa de estudios.

Antes de su participación como panelista en el coloquio ‘Universidad y Sustentabilidad en México’, que la Vicerrectoría Académica de la IBERO llevó a cabo para anunciar las aperturas, Boff, filósofo y uno de los fundadores de la Teología de la Liberación, accedió a dar varias entrevistas; he aquí lo que respondió en una de ellas.

—En un mundo donde el capitalismo es el sistema económico y político hegemónico ¿es posible mitigar los daños al medio ambiente, a la Madre Tierra?

—Yo creo que dentro del sistema es imposible, porque el sistema en sí mismo es altamente destructivo de la naturaleza, la explota y no se siente parte de la naturaleza, sino que se siente su señor y dueño, y dispone de ella a su antojo.

Eso ha creado toda la cultura moderna, ha cambiado al planeta Tierra y simultáneamente ha creado el ‘principio de autodestrucción’, sea con armas químicas, nucleares o biológicas; sea también por las reacciones que la Tierra está teniendo de cara a la agresión sistemática que está sufriendo y que aparece bajo el nombre de calentamiento global.

Calentamiento global que se manifiesta a través de efectos extremos: grandes sequías, grandes inviernos, volcanes que se han activado, huracanes y grandes inundaciones; los que dejan ver que la Tierra perdió su equilibrio y su centro. Eso es consecuencia de un tipo de relación que tenemos con la naturaleza, que no es una relación de cooperación y de respeto, sino de dominación y de explotación.

De seguir ese rumbo vamos al encuentro de lo peor. A mi juicio, y lo que otros tantos ecólogos dicen, puede ser una tragedia ecológica-social que puede diezmar gran parte de la biósfera y hacer desaparecer también a gran parte de la humanidad.

—¿Cómo proteger a la ‘Pacha Mama’ (la Madre Tierra) y a las comunidades originarias que viven en las grandes reservas ecológicas, de la depredación de los grandes capitales, por ejemplo, de la extracción minera y petrolera, la industria turística, etcétera?

—En Brasil tenemos el problema del agronegocio que está avanzando terriblemente sobre la Amazonia, la Amazonia que es importante para el equilibrio de los climas mundiales y para la biodiversidad.

Yo creo que la mejor manera de defender esa riqueza natural es por medio de los habitantes que ahí viven: pueblos originarios, personas que trabajan en la pesca, en la foresta, en la extracción de los bienes, pero preservando los árboles y las fuentes de su riqueza; ellos los saben proteger y conocen la forma de manejar esa realidad sin dañarla. La figura más emblemática en esto fue Chico Mendes, quien ideó cómo sacar los bienes de la foresta, sean frutas o medicinas, pero preservando la foresta.

Asimismo, se necesita de un proceso de educación colectiva de toda la humanidad, que parte de dos razones. Una, del miedo; a que cuando el ser humano se da cuenta que puede desaparecer, porque la Tierra está manifestando el agotamiento de los bienes y servicios, y el ser humano puede desaparecer dentro de una catástrofe ecológica-social, entonces cambia, porque el instinto de vida es más fuerte que el instinto de muerte.

Segunda, hay que reeducar a los seres humanos: en la forma de producir, respetando los bienes de la naturaleza; en la forma de consumir; tener un sentido de solidaridad con todos y compartir los bienes de la naturaleza y los bienes industriales. Es un equilibrio difícil pero tenemos que llegar a eso, a un consumo consciente y generoso, y a mantener un equilibrio en relación con las leyes de la naturaleza.
Ese es un trabajo que debe atravesar todas las sociedades, que todos se den cuenta de que somos responsables del futuro del sistema vida, del sistema Tierra y de nuestra civilización. Si no hacemos eso, podemos ir al encuentro de lo peor.

—Dentro del actual mundo desigual, donde los menos concentran la mayor parte de la riqueza, ¿cómo promover el desarrollo económico y social de todos, principalmente de los más pobres, sobre todo los que viven en zonas rurales?

—El sistema como totalidad es insostenible, porque a donde llega crea dos fenómenos. Primero, una profunda desigualdad entre aquellos que tienen y acumulan, y al lado y como consecuencia, genera una pobreza muy grande. Por otra parte, también crea una injusticia ecológica, que es la súper explotación del medioambiente, de los bienes y servicios de la naturaleza. Es un sistema dañino para la vida, que acumula en una parte y genera una inmensa pobreza en otra; y eso es insuperable, es la lógica del sistema.

Por eso tenemos que generar alternativas, que a mi juicio empiezan trabajando el territorio, lo que en ecología se llama biorregionalismo, porque ahí se puede crear la sustentabilidad, con la región, con los recursos que tiene, de agua, de bienes de la naturaleza, con la cultura de la población. Un biorregionalismo definido no por las divisiones artificiales nuestras, en estados y municipios, sino como la naturaleza se dividió, con ríos y montañas.

Crear ahí una totalidad que puede ser sostenible, con pequeñas empresas, un sentido comunitario de producción y distribución, incluyendo toda la parte cultural, de las fiestas, tradiciones, celebraciones de sus héroes, de sus personas significativas. Esa totalidad puede ser sostenible; pero en pequeño.

Pero el sistema, como sistema global, no es sostenible; porque es una amenaza que ha llevado a una guerra total contra la Tierra, sea en el aire, sea en el suelo, sea en el mar. Y esa guerra el ser humano no tiene ningún chance de ganarla, porque la Tierra es más fuerte. Nosotros necesitamos a la Tierra, pero la Tierra no nos necesita, ella puede seguir adelante sin nosotros.

—¿En el presente contexto de crisis ecológica, económica y social valdría la pena tener una segunda oleada de la teología de la liberación, que ponga en los medios de comunicación e imaginario colectivo estos problemas y la necesidad de optar por los pobres?

—Sí. El eje central de la teología de la liberación es la opción por los pobres, luchar contra la pobreza, en favor de la justicia social y la liberación. Y dentro de los pobres, hay que poner al gran pobre, que es la Tierra. Hay que tratarla de tal manera que se protejan los bienes y servicios necesarios para la vida; ese es el sentido de la carta encíclica del Papa Francisco, Laudato Si´, cómo cuidar de la Casa Común (la Tierra).
Aquí la palabra clave es cuidar. Cuidar es una relación amigable, amorosa, protectora de la realidad. Si no hacemos eso, vamos atropellando, destruyendo y creando las condiciones para tener una gran crisis ecológica-social que puede damnificar a gran parte de la biósfera y a la misma especie humana.

—¿Cómo pueden las universidades, como la Iberoamericana, ayudar a promover la sustentabilidad, el cuidado de la Tierra?

—Es una tarea de todas las facultades, es decir, hay que ecologizar todas las ciencias. Cada ciencia tiene que dar su aporte, sea la física, sean las matemáticas, sea la pedagogía; todas juntas deben tener como centralidad crear comportamientos y conocimientos que favorezcan la vida y no solamente al mercado, que permitan la participación de todos y que no hayan excluidos, que tengamos una relación de pertenencia a la naturaleza, a la Tierra, y no de dominación sobre ella.

Una universidad puede crear una especie de cosmovisión que incorpore de forma sistemática en todos sus cursos esa preocupación por el futuro del sistema vida, del sistema humanidad. Porque si no nos preocupamos ahora no tendremos el tiempo ni la sabiduría suficiente para cambiar, será demasiado tarde e iremos al encuentro de una gran catástrofe ecológica-social.

—¿Qué opina de la apertura del Centro Transdisciplinar Universitario para la Sustentabilidad y de la Licenciatura en Sustentabilidad Ambiental de la IBERO?

—Yo lo entiendo como si fueran una semilla, algo que empieza como una semilla. Dentro de la semilla hay de todo, hay las raíces, hay el tronco, hay las hojas, hay las flores, hay los frutos.

Desde esas semillas se puede irradiar a las demás facultades. Crear una red donde cuestiones de sustentabilidad son discutidas juntos, y cómo cada ciencia puede aportar y cómo cada uno puede hacer las transformaciones, porque se habla de la gran transformación de la modernidad. Esa gran transformación tiene que empezar con la transformación de uno mismo, de tener un sentido de respeto a todo lo que vive, existe, de tener un consumo más solidario, de no ser consumista, de cuidar el agua, el aire.

Finalmente, del cuidado que recubre todas las dimensiones de lo humano, especialmente las relaciones, para que no sean agresivas, no lleguen a crear marginalidad. Hay gente en la humanidad que se da cuenta que solamente tenemos esta Casa Común (la Tierra) y no hay un plan B, o cuidamos de ésta o entonces vamos al encuentro de la destrucción.

Publicado enMedio Ambiente
Martes, 28 Agosto 2018 07:18

Ambientalismo y neoliberalismo

Ambientalismo y neoliberalismo

rSu posicionamiento provocó un cambio radical y antisistema. La naturaleza, silenciada con el advenimiento del mundo moderno, industrial, capitalista y tecnocrático, que la deja convertida en una máquina bajo el yugo de la ciencia, vuelve a tener voz como la tuvo durante los 300 mil años anteriores, periodo por el que la especie humana vivió dentro del manto encantado de una ecología sagrada. El ambientalista brota acicateado por los conocimientos de una nueva disciplina científica –la ecología– que se atreve por fin a extender y a conectar sus resultados con el mundo de lo humano. Así surge el ambientalismo hacia finales del siglo XX, fundamentalmente en Europa, como nuevo movimiento social y poco después como partido político, y de ahí se extiende hacia las periferias del mundo. Fue tal su impacto que, hacia finales de la década de 1970, el filósofo alemán W. Harrich declaró que los ambientalistas serán en el siglo XXI lo que los comunistas fueron para el siglo XX. ¿Que ha sucedido en estas cinco o seis décadas? Ocurrieron dos fenómenos generales: por un lado el capital logró la más formidable de las concentraciones de riqueza de toda la historia (megamonopolios) mediante la consolidación del poder global de las corporaciones; y esto a su vez desencadenó en la misma escala una desigualdad social y una destrucción ecológica sin paralelo. Hoy el ambientalismo verdadero ya no lucha por consignas particulares (contaminación de suelos, aires, aguas o mares; destrucción de hábitats naturales, moratoria de centrales nucleares o alimentos transgénicos, etcétera), sino por la supervivencia misma de la vida en el planeta, incluidos los seres humanos. El desequilibrio del ecosistema global, por la rápida acumulación de irracionalidades, representado por el cambio climático, es hoy el indicador más dramático y preocupante. La gráfica difundida el mes pasado sobre el incremento del bióxido de carbono en la atmósfera (el principal gas que produce el calentamiento del planeta) entre junio de 1958 y junio de 2018 (ver) es el anuncio evidente de que la humanidad sigue el camino hacia el colapso.
Pero durante este periodo ocurrió otro proceso que explica también la situación actual: el ambientalismo fue cooptado, edulcorado y finalmente neutralizado por el despliegue del neoliberalismo. Esto comenzó con la consagración del discurso ambiental a escala internacional, un fenómeno que tomó unas cuatro décadas. Las posiciones avanzadas en el discurso global que se inició con el Informe del Club de Roma y la Conferencia de Estocolmo (ambos en 1972) comenzaron a declinar con el Informe Bruntland (1987) y se fueron gradualmente desvaneciendo durante las conferencias mundiales iniciadas en la Cumbre de Río de Janeiro en 1992. Hoy, casi sin excepción, las posiciones de gobiernos, empresas, academias y organismos internacionales giran en torno a que la solución a la crisis ecológica mundial, de la cual se ocultan sus causas profundas, es posible mediante el mercado, las tecnologías y los arreglos institucionales. La adopción oficial de la economía verde, que armoniza ecología y capital, por el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) marca sin duda la entonación de la marcha fúnebre por el ambientalismo tal y como se conocía desde sus inicios. Como lo señalé hace más de tres décadas (Nexos), sólo un ecologismo transformándose en una verdadera ecología política logrará modificar las tendencias mundiales aquí señaladas. Esto es lo que justamente ha estado sucediendo en los países periféricos, especialmente en sus zonas rurales, con inusitada fuerza en la América Latina y particularmente en México.
El neoliberalismo es, ha sido y seguirá siendo, fundamentalmente, una guerra contra los seres humanos y contra la naturaleza, dirigido por un puñado de parásitos, que buscan por todos los medios ocultar y hacer invisible esa doble explotación. Hoy, los ciudadanos nos enfrentamos al dilema de aceptar el falso paradigma esgrimido por el neoliberalismo de que todo es solucionable por el mercado y la tecnología o de rechazarlo oponiéndole una alternativa posible. A la propuesta neoliberal, que busca una economía globalizada bajo el dominio de las corporaciones, los grandes bancos y los estados, donde los ciudadanos, las comunidades y las regiones se hacen cada vez más vulnerables a fuerzas distantes, es necesario oponer una nueva utopía. En una próxima colaboración mostraremos cómo en México durante las décadas recientes, el neoliberalismo logró engullirse al ambientalismo, hasta reducirlo a un conjunto de declaraciones y acciones neutras e inocuas. Y de cómo la llegada de un nuevo gobierno tiene la posibilidad, y también la obligación, de remontarlo.

Publicado enMedio Ambiente
La expansión humana más allá del planeta Tierra

En el Sistema Solar encontramos tres familias de planetas: gigantes gaseosos y fríos similares a Júpiter, compuestos por hidrógeno y helio; análogos a Neptuno, también fríos pero menos masivos y en donde se pueden encontrar distintos tipos de hielos; y rocosos, con densidades significativamente superiores al agua. Los dos primeros tipos se encuentran alejados del Sol, mientras que los similares a la Tierra están situados relativamente cerca.

La cantidad de energía que llega hasta Venus, nuestro planeta y Marte es la adecuada para posibilitar la presencia de agua líquida en la superficie, si otras condiciones fueran adecuadas. Sin embargo, un “efecto invernadero” ha provocado que la atmósfera de Venus tenga unas condiciones verdaderamente infernales, mientras que Marte, aunque contiene algo de agua en su superficie, carece de otras características que favorecen la sostenibilidad de actividad biológica, como puede ser la tectónica de placas o un campo magnético global. Júpiter y Saturno poseen cohortes de satélites con características muy variadas. Dos de ellos, Europa y Encelado, tienen envolturas de hielo y posiblemente inmensos océanos bajo la superficie.

En nuestra galaxia existen unos 200.000 millones de estrellas y creemos que una fracción muy relevante alberga planetas, que serían en su mayoría distintos a los del Sistema Solar. Desde el descubrimiento del primer exoplaneta en 1995 (por Michael Mayor y Didier Queloz) hemos descubierto varios millares y la diversidad de propiedades demuestra que las concepciones antropocentristas, que usan al Sistema Solar como símil, se han quedado cortas. Como ejemplos exóticos, conocemos planetas que orbitan alrededor de tres estrellas, que tienen atmósferas de compuestos metálicos e incluso que giran alrededor de una estrella de neutrones, el resto hiper-denso que permanece tras una explosión catastrófica.

También se han detectado y estudiado decenas de planetas rocosos. Algunos poseerían atmósferas, otros estarían cubiertos completamente por inmensos océanos y algunos estarían en la denominada zona de habitabilidad, lo que en principio posibilitaría el desarrollo de actividad biológica.

De hecho, algunos de los planetas más interesantes se encuentran orbitando alrededor de estrellas frías y cercanas, tales como Trappist-1 o Próxima Centauri, nuestro primer vecino estelar. GJ1132 b es otro de estos sugestivos astros: su estrella se encuentra a 40 años-luz, es mucho más pequeña y fría que el Sol, el planeta orbita a su alrededor en solo 1,6 días frente a los más de 365 días del año terrestre, pero pesar de ello se ha detectado su cobertura gaseosa.

Esta variedad permite interrogarnos sobre la posibilidad de encontrar mellizos de la Tierra y vida más allá. También sobre la conveniencia de un éxodo.


En busca de nuestro posible próximo hogar

 

La humanidad ha estado, en cierta medida, en una continua migración. Desde el nacimiento de la especie Homo sapiens en África hace más de 100.000 años, se han producido diferentes episodios de colonización de nuevos medios, en algunos casos impulsados por un agotamiento de los recursos. Nuestro entorno es frágil, tanto por las consecuencias de nuestra actividad como por la hostilidad del universo. Los registros geológicos nos muestran que ha habido extinciones masivas debidas a eventos astronómicos y, por otra parte, la posibilidad de que causemos nuestra propia destrucción por un conflicto nuclear, voluntario o accidental, no es insignificante. Así, las primeras voces que piden la expansión fuera de nuestro planeta para asegurar la supervivencia de nuestra especie ya se han manifestado.

El conocido físico y divulgador Stephen Hawking, recientemente fallecido, afirmó: “La expansión en el espacio cambiará completamente el futuro de la humanidad… Nos estamos quedando sin espacio y los únicos sitios a los que se puede ir son otros mundos… La expansión es la única cosa que nos puede salvar de nosotros mismos. Estoy convencido de que los humanos necesitamos abandonar la Tierra… No tenemos otra opción”. Aunque la migración más allá no sería una solución para los miles de millones de seres humanos que habitan nuestro planeta, sí que representa un gran desafío desde el punto de vista tecnológico, científico, social y filosófico.


Naves del tamaño de una tarjeta de crédito

 

Los primeros pasos ya se están dando. El proyecto más ambicioso es Breakthrough Initiatives, impulsado por Yuri Milner, Mark Zuckerberg y Stephen Hawking. Su programa Starshot pretende desarrollar micronaves interestelares del tamaño de tarjetas de crédito, que se lanzarían en gran número y que serían aceleradas hasta un 20% de la velocidad de la luz por rayos láser emitidos desde la Tierra. En su breve paso por sistemas planetarios próximos nos proporcionarían información sobre su habitabilidad.

Tras esa primera etapa de detección de los primeros sistemas idóneos se debería producir la verdadera colonización. Los obstáculos son titánicos: hay problemas tecnológicos no resueltos y los recursos materiales, financieros y humanos requeridos son ingentes. La duración del propio viaje es una barrera difícilmente franqueable, ya que se trataría de éxodo que duraría centenares de años.

Sin embargo, las tecnologías emergentes permitirían la colonización. La modificación de nuestros genes para adaptarnos a nuevos entornos o la posibilidad de incorporar elementos mecánicos a nuestra parte biológica, convirtiéndonos en cíborgs, nos abren múltiples oportunidades, pero también peligros.

 

Una nueva generación de seres humanos

 

Existen alternativas. Eventualmente será técnicamente viable enviar nanorobots autoreplicadores que crearán toda la infraestructura necesaria en el planeta a colonizar, comenzando por un láser que desacelerará la segunda oleada de micronaves. Una vez que se establecieran todos los servicios necesarios, incluyendo terraformación, sería posible producir, a partir de la información de nuestro código genético y con compuestos inorgánicos, una nueva generación de seres humanos. Sería, por tanto, un verdadero nuevo comienzo ex nihilo.

¿Cuáles serían los cambios políticos necesarios para hacer viable esa expansión? ¿Qué elementos sociales se verían afectados de una manera irreversible? ¿Requerirá necesariamente la aceptación de implantes mecánicos que “aumentasen” nuestras capacidades fisiológicas o mentales? ¿Nos escindiremos en distintas especies separadas en un archipiélago estelar? ¿Merece la pena el esfuerzo y dejar de invertir estos recursos, por ejemplo, en la sostenibilidad de nuestras sociedades en la Tierra? Finalmente, ¿cuáles serán lo efectos para la gran mayoría, los que se quedarán atrás en nuestra frágil Tierra? Solo desde la responsabilidad y desde un análisis holístico que incluya todas las áreas del saber se podrá dar una respuesta adecuada a la que tal vez sea la aventura más importante de nuestra especie.

 

*Profesor de Investigación Astrofísica, Centro de Astrobiología INTA-CSIC

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation

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