El diálogo entre las ciencias y las disciplinas

 

La discusión aquí resumida, es parte integral del debate que su autor propone en su más reciente libro: Complejidad de las ciencias sociales. Y de otras ciencias y disciplinas. Una reflexión de punta que abre un debate entre científicos y académicos de las más diversas procedencias. Pero que también debe permear a los movimientos sociales, si de verdad pretender cambiar el entorno donde se sitúan, que es parte del mundo que, producto de la revolución tecnocientífica en marcha, vive una compleja y dinámica transformación.

 

 

Un problema

 

La interdisciplinariedad parece ser una palabra de moda, o un llamado al entendimiento. Pero la verdad es que hay más confusión que claridad al respecto. Literalmente, la interdisciplinariedad es un representante del búho de Minerva que emprende su vuelo cuando ya cae la tarde.

 

Tres términos contiguos, pero diferentes, tres enfoques distintos pero un mismo espíritu de familia: la inter, la trans, y la multidisciplinariedad. Originarias en realidad en los años 60 del siglo XX, se trata de la expresión de una crisis, a saber: la crisis de la disciplinariedad y la disciplinarización de las ciencias y el conocimiento.

 

 

Modernidad y ciencia

 

En verdad, la historia de la modernidad es la historia misma de la división, clasificación y especialización de las ciencias y las disciplinas. Una vez hecho el tránsito del Renacimiento hacia la Modernidad son creadas las Academias –La Royal Academy of Sciences, en Inglaterra; la Académie Française des Sciences, en París; die Preussische Akademie der Wissensshaften, en Prusia–, y con estas se avanza hacia la consolidación de una organización social del conocimiento. Ulteriormente, el conocimiento considerado como oficial, y el que no lo es.


La Modernidad es el triunfo de la física en primer lugar. Y a la luz o a la sombra de ella, tiene lugar el nacimiento de las ciencias sociales y humanas, las cuales debían ser “ciencias” en analogía a la mecánica clásica que había alcanzado su epítome con la obra de I. Newton. En realidad, en perspectiva histórica, se trató de la emergencia de una nueva forma de comprender en general a la realidad, al mundo y a la sociedad, en sus diferentes niveles y escalas.

 

La historia subsiguiente fue al mismo tiempo la de una verdadera eclosión de ciencias, disciplinas, saberes y prácticas que continuó hasta la segunda mitad del siglo XX, y el proceso de división, clasificación especialización y sub-especialización del conocimiento en general. La modernidad terminó sabiendo mucho, demasiado de cada vez menos.

 

 

El problema de la interdisciplinariedad

 

De manera atávica, se considera entre la mayoría de académicos, científicos y gestores del conocimiento que existe interdisciplinariedad cuando, por ejemplo, la física dialoga con la química, o cuando las matemáticas interactúan con la computación. Exactamente en el mismo sentido, se cree que hay interdisciplinariedad cuando la geografía interactúa con la política, o las relaciones internacionales con la psicología o los temas urbanísticos, por ejemplo. Como si la interdisciplinariedad consistiera en el diálogo y el trabajo al interior de familias de ciencias; las ciencias físicas y naturales de un lado, y las ciencias sociales y humanas de otro. Se trata, en ambos casos, de crasos errores.

 

La verdadera interdisciplinariedad sucede cuando existe un cruce de familias y de tradiciones. Específicamente, cuando la sociología dialoga con las matemáticas, o la física con la política, o acaso también la antropología con la bioquímica, o incluso cuando la economía dialoga con la termodinámica, por ejemplo.


En otras palabras, la auténtica interdisciplinariedad tiene lugar por fuera de los lugares de confort de las propias ciencias sociales y humanas, o del otro lado, del lado de las ciencias exactas y positivas. Cuando el diálogo se cierra al interior de una familia dada, no hay verdadero aprendizaje, y por consiguiente, los retos y desafíos son bajos. Por el contrario, la verdadera interdisciplinariedad implica la capacidad de prender otros lenguajes, otros enfoques, otras metodologías y técnicas que los habituales al interior de cada familia de ciencias y disciplinas.

 

 

Ciencias y artes, ciencias y humanidades

 

La complejidad del mundo consiste en una pluralidad de enfoques, significaciones y perspectivas. En numerosas ocasiones no existen convergencias entre esos enfoques o significaciones y en numerosas ocasiones, las divergencias se acentúan con tonos y modos singulares.

 

El reto de los académicos, científicos e investigadores consiste en que el mundo entero nos quepa en la cabeza. Una expresión que se dice fácil pero es endemoniadamente difícil de llevar a cabo. Así las cosas, la interdisciplinariedad consiste en la posibilidad de que haya cruces y puentes entre comprensiones diferentes provenientes, de un lado, de las ciencias exactas, y de otra parte de las ciencia sociales y humanas. Pero en ambas confluencias, debe ser igualmente posible un espacio común para las humanidades y las artes.

 

Esta idea consiste sencillamente en dos consideraciones. De un lado, se trata de evitar el cientificismo, en toda la línea de la palabra. Y de otra parte, se trata de reconocer que el proceso de aprendizaje no conoce límites ni fronteras, y que la vida es posible de tantas formas como sea imaginable y siempre, adicionalmente, de forma imprevista.

 

El conocimiento del mundo y de la realidad implica absolutamente la idea –altamente difícil– según la cual existen y son necesarios distintos tipos de conocimientos, así: conocimientos útiles, aplicados, experimentales, fundamentales, pero también conocimientos que son esencialmente inútiles o sin ninguna utilidad inmediata. Y sí, hay campos ‘inútiles’, tales como la música, la poesía, las matemáticas puras o la filosofía, por ejemplo.

 

Al fin y al cabo, las redes del conocimiento son análogas a las de la vida misma. De esta suerte, de la misma forma como en ecología se llegó a comprender que no existe absolutamente ninguna especie clave, sino, por el contrario, lo más adecuado consiste en identificar especies sombrilla, en el mismo sentido, en la esfera social o del conocimiento ninguna disciplina o ciencia es más fundamental que otra, y ciertamente no cuando queremos alcanzar un cuadro completo de la realidad y el universo.

 

En la naturaleza no existen jerarquías. Concomitantemente, no existen tampoco, contra toda la tradición occidental desde la Grecia antigua, ninguna forma de conocimiento que sea verdadera a priori sobre todas las demás. El fundamento de la vida es plural: la biodiversidad –consistente en diversidad genética, diversidad biológica y diversidad cultural–. Pues bien, en el mismo sentido, la interdisciplinariedad es el reconocimiento explícito de que los saberes y las prácticas, por ejemplo, existen al mismo nivel que las ciencias y las disciplinas.

 

 

Coda final

 

Es cierto: lo que emerge de las líneas anteriores tiene consecuencias éticas, sociales y políticas. Algunos desempeñan una función en la sociedad. Pero no más que eso. Nadie, absolutamente nadie es mejor que otros, y todos coexisten en la multiplicidad de redes y nexos que van conformando según las necesidades. Una nueva democracia debe ser posible. Al fin y al cabo la organización (lógica o metodológica) del conocimiento no es un fenómeno ajeno a la propia organización social del conocimiento.

 

Una nota final: la interdisciplinariedad es en realidad un buen intento, epistemológico y social. Pero es insuficiente. La verdad es que recientemente han surgido ciencias (¡en plural!) que se fundan a partir de problemas de frontera. Estas son genéricamente llamadas ciencias de frontera. A título descriptivo, algunas de estas ciencias son: las ciencias cognitivas, las ciencias del espacio, las ciencias de la tierra, la ciencias de la salud, las ciencias de la vida, las ciencias de materiales, las ciencias de la complejidad.

 

Pero esta ya es otra historia.

 

 

*Profesor Titular Universidad del Rosario

 

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Publicado enEdición Nº226
La calidad de la educación: Los léxicos de la deshumanización

 

Edición 2015. Formato: 11,5 x 17,5 cm, 142 páginas
P.V.P: $15.000   ISBN: 978-958-8454-89-4

 

Reseña:

Al revisar algunos giros surgidos de la calidad en la educación, la sopresa es mayor: el énfasis actual es por privilegiar lo mercantil por encima de los ideales de formación, así como de cualquier tendencia humanizada. Tras dicha noción se estigmatiza, ideológicamente se manipula e introduce un sesgo de exclusión, de supresión, al inclinarla hacia el favorecimiento de sectores o grupos sociales específicos, cuyo trasfondo es lo monetario.

 

Rodrigo A. Jaramillo Roldán. profesor titular de la Facultad de Educación de la Universidad de Antioquia,Medellín,Colombia.Coordinador del grupo calidad de la educación y proyecto educativo institutucional y de la Red maestros investigadores de las escuelas normales superiores de Antioquia, Redmena.

 

 

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Sábado, 05 Junio 2010 17:08

Trabajo creador y nuevo humanismo

Trabajo creador y nuevo humanismo

 

Edición 2010. Fromato 14 x 20 cm.177 páginas.
P.V.P:$15.000  ISBN:978-958-8454-16-0

 

Reseña:

En los últimos 30 años se hizo dominante lo que pudiéramos llar el olvido del capitalismo.En los debates culturales artísticos o cientificos, donde se abordan temas específicos pero no se pensaban sus nexos con el capitalismo como modo de producción y formación histórica.

La idea del capitalismo como estado final del desarrollo histórico de las sociedades humanas fue el supuesto implícito que hizo posible esta situación.Clausurada la experiencia de la historia, la humanidad quedaba condenada a padecer eternamente las contradicciones del capitalismo y los seres humanos quedaban limitados a tratar sólo asuntos de ámbito restringido.Los dramas humanos se reducían a microficciones sin horizonte de conjunto: un simple rastro en la arena.

Este libro de Gonzalo Arcila Ramírez plantea que es posible superar esas contradicciones en la perspectiva de un humanismo post capitalista que se afirme en las posibilidades que las revoluciones científico-tecnológicas de la contemporaneidad generan para que el trabajo creador sea el modo univrsal de existencia de las actuaciones humanas.

 

Gonzalo Arcila Ramírez. es psicologo de la Universidad Nacional de Colombia, profesor universitario, coordinador de la cátedra de psicología general de la Incca y miembro fundador del grupo de investigación "La Política Universitaria en la Sociedad del Conocimiento" (PUSOC). Ha investigado los procesos de la creación en el grpo de teatro "La Candelaria" y publicado numerosos ensayos y libros sobre la política cultural y educativa, así como las funciones psicológicas complejas.

 

 

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