Miércoles, 30 Enero 2019 08:26

En marcha

En marcha

Una nueva componenda, para concretar un golpe de Estado contra el gobierno de Nicolás Maduro está en marcha. Una sincronizada cascada de acciones da fe de ello:

 

1. Enero 4, reunión del Grupo de Lima –integrado por 14 países de la región, catalogando al gobierno venezolano como dictadura, desconociendo la legitimidad del nuevo periodo presidencial de Nicolás Maduro, por asumir su segundo mandato presidencial el 10 de enero. México no firma y opta por una vía que privilegia el diálogo.


2. Enero 10. Desconocimiento por parte del Consejo Permanente de la OEA del gobierno venezolano por “ilegítimo”. La resolución fue aprobada por 19 votos a favor, 6 en contra, 8 abstenciones y una ausencia. Por otra parte, llama a todos los estados miembros y a los observadores permanentes de este organismo a adoptar las medidas diplomáticas, políticas, económicas y financieras que consideren necesarias para contribuir “a la restauración del orden democrático en Venezuela” y a implementar medidas para atender la crisis humanitaria en ese país.


3. Enero 11, Paraguay rompe relaciones con Venezuela al desconocer la legitimidad del gobernante venezolano. Igual proceder, en la práctica, han tomado todos los países firmantes de la declaración del Grupo de Lima, entre ellos Colombia que ha roto desde meses atrás los canales diplomáticos de contacto con el país vecino, asumiendo el liderazgo regional, junto a Mauricio Macri, presidente argentino, y el recién posesionado Jair Bolsonaro en Brasil, para provocar la caída de su par venezolano.


4. Enero 11. Autoproclomación de Juan Guaidó, presidente del parlamento venezolano cómo gobernante de Venezuela, dando paso con ello a la conformación de un gobierno paralelo o una dualidad de poderes que busca atizar un levantamiento militar y una confrontación civil en Venezuela.


5. De manera inmediata. el secretario General de la OEA, Luis Amagro, brindó su aval al autoproclamado presidente. La declaración no extraña, ya que en varias ocasiones, a lo largo del 2018, había llamado a dar un golpe contra Maduro.


6. Enero12. El gobierno de Brasil reconoce a Juan Guaidó. Por su parte el presidente de Colombia emite una declaración donde reconoce “[…] a la Asamblea Nacional de Venezuela como el único órgano democrático y legítimo que existe en ese país”. El presidente de esa Asamblea es el autoproclamado Guaidó.


7. De manera simultánea, todas las declaraciones de los países integrantes del Grupo de Lima aluden al gobernante venezolano como dictador, desatando una ofensiva en procura de crear en la opinión pública la inclinación por un golpe militar o similar en el país suramericano.


8. Como eco de esta acción, los informativos colombianos, de manera constante y sin brindar a sus radioescuchas, lectores o televidentes información de contexto, aluden al Presidente venezolano como dictador. La desinformación como norma gana espacio a todo nivel.

 

Como una acción previa para poner en marcha esta sincronizada arremetida, Mike Pompeo, secretario de Estados de los Estados Unidos y exdirector de la CIA, se había reunido los días 1 y 2 de enero con los presidentes de Colombia y de Brasil. Ya en abril de 2018 había estado presente en varios países de la región afinando compromisos en contra de Cuba, Nicaragua Bolivia y Venezuela.

 

Previo a la maniobra geopolítica en marcha, a lo largo del 2017 y 2018, la OEA intentó por varios conductos aislar a Venezuela del escenario regional, lo que motivó la misma renuncia a este organismo por parte del país suramericano. Intentos de bloqueo diplomático que fueron accionados al tiempo que se estimulaba un alzamiento social, el cual se prolongó por varios meses del 2017 y con especial énfasis en Caracas, a través de movilizaciones de todo tipo. Al final de esta confrontación, cientos de los manifestantes habían caído presos, algunos voceros de la oposición habían corrido igual suerte, y la coordinación de las fuerzas opuestas al gobierno venezolano estaba rota. Las contradicciones en cuanto a los resultados obtenidos, las acciones por proseguir y qué hacer ante las elecciones presidenciales que se avecinaban, terminaron por fracturarlos.


Llegada la campaña electoral –enero/abril de 2018–, la mayoría de los integrantes de la coordinación opositora se abstuvo de participar de la campaña presidencial. Al final de los comicios Maduro fue elegido con el 57 por ciento de los votos.

 

Soberanía popular

 

Que el gobierno de Nicolás Maduro y su dirección al frente de Venezuela está cuestionada, no hay duda, pero no por ello los gobernantes de la región pueden saltarse el derecho de cada pueblo a resolver sus problemas con autonomía, basados en el respeto a su soberanía y derecho a vivir en paz.

 

Más allá de los resultados de los comicios de abril pasado, la economía y la prolongada crisis social de su país son quienes le han colocado a Maduro el Inri de impopular. No es para menos. Más allá del bloqueo económico emprendido por los Estados Unidos y el conjunto de medidas internacionales para llevar a este país a la ingobernabilidad, están las medidas del propio gobierno y de la dirigencia venezolana, incapaces de desatar el liderazgo social y emprender una gestión de verdad revolucionaria para encarar los destinos de su patria. Imaginación, audacia, autogestión, poder popular, soberanía alimentaria, industrialización autónoma que rompa la matriz petrolera del país, ingresos dignos, estos y otros retos son los que tendría que resolver el liderazgo social, más allá del gobierno.

 

Contrario a ello, una gestión cada vez más burocrática y enclaustrada, aislada de las dinámicas diarias de los millones de connacionales que padecen una inflación inimaginable y un desabastecimiento de productos básicos de la canasta familiar, con una presencia cada vez más autoritaria del Estado, es la que cuestiona al líder venezolano, así como a todo el equipo que lo acompaña, con las Fuerzas Armadas como soporte y sustento, de cuya cohesión depende la continuidad del jefe de Estado.

 

Por ahora, con el doble gobierno en marcha, con el llamamiento a las Fuerzas Armadas a fracturarse, así como la instigación al alzamiento social, lo que está en marcha es una peligroso y arriesgada maniobra por parte de los Estados Unidos y sus países satélites, que más allá del destino que corra Maduro puede terminar en una confrontación civil interna.

 

Alineada Venezuela cada vez más con China y Rusia, países que le apuestan a la recuperación y estabilidad económica del país suramericano, invirtiendo para ello significativas sumas de dinero y comprometiendo acompañamiento a todo nivel, decisión que aruña con evidencia el patio trasero y última retaguardia del otrora incuestionable imperio gringo, provocan, no sin cálculo, la furia de su enemigo del Norte, lo que puede desatar en este territorio una disputa geopolítica global, tipo Siria, que terminaría por descuadrar el mapa regional americano, en especial el de Sur y Centro América, así como El Caribe, algo que no depararía nada bueno para todos nuestros pueblos, incluido el colombiano.

 

El que juega con candela, puede desatar incendios. Duque y todos aquellos a quienes él representa, el poder real a la sombra hoy en Colombia y en la región, pueden terminar como pirómanos.

Publicado enColombia
Martes, 29 Enero 2019 15:51

En marcha

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Una nueva componenda, para concretar un golpe de Estado contra el gobierno de Nicolás Maduro está en marcha. Una sincronizada cascada de acciones da fe de ello:

 

1. Enero 4, reunión del Grupo de Lima –integrado por 14 países de la región, catalogando al gobierno venezolano como dictadura, desconociendo la legitimidad del nuevo periodo presidencial de Nicolás Maduro, por asumir su segundo mandato presidencial el 10 de enero. México no firma y opta por una vía que privilegia el diálogo.


2. Enero 10. Desconocimiento por parte del Consejo Permanente de la OEA del gobierno venezolano por “ilegítimo”. La resolución fue aprobada por 19 votos a favor, 6 en contra, 8 abstenciones y una ausencia. Por otra parte, llama a todos los estados miembros y a los observadores permanentes de este organismo a adoptar las medidas diplomáticas, políticas, económicas y financieras que consideren necesarias para contribuir “a la restauración del orden democrático en Venezuela” y a implementar medidas para atender la crisis humanitaria en ese país.


3. Enero 11, Paraguay rompe relaciones con Venezuela al desconocer la legitimidad del gobernante venezolano. Igual proceder, en la práctica, han tomado todos los países firmantes de la declaración del Grupo de Lima, entre ellos Colombia que ha roto desde meses atrás los canales diplomáticos de contacto con el país vecino, asumiendo el liderazgo regional, junto a Mauricio Macri, presidente argentino, y el recién posesionado Jair Bolsonaro en Brasil, para provocar la caída de su par venezolano.


4. Enero 11. Autoproclomación de Juan Guaidó, presidente del parlamento venezolano cómo gobernante de Venezuela, dando paso con ello a la conformación de un gobierno paralelo o una dualidad de poderes que busca atizar un levantamiento militar y una confrontación civil en Venezuela.


5. De manera inmediata. el secretario General de la OEA, Luis Amagro, brindó su aval al autoproclamado presidente. La declaración no extraña, ya que en varias ocasiones, a lo largo del 2018, había llamado a dar un golpe contra Maduro.


6. Enero12. El gobierno de Brasil reconoce a Juan Guaidó. Por su parte el presidente de Colombia emite una declaración donde reconoce “[…] a la Asamblea Nacional de Venezuela como el único órgano democrático y legítimo que existe en ese país”. El presidente de esa Asamblea es el autoproclamado Guaidó.


7. De manera simultánea, todas las declaraciones de los países integrantes del Grupo de Lima aluden al gobernante venezolano como dictador, desatando una ofensiva en procura de crear en la opinión pública la inclinación por un golpe militar o similar en el país suramericano.


8. Como eco de esta acción, los informativos colombianos, de manera constante y sin brindar a sus radioescuchas, lectores o televidentes información de contexto, aluden al Presidente venezolano como dictador. La desinformación como norma gana espacio a todo nivel.

 

Como una acción previa para poner en marcha esta sincronizada arremetida, Mike Pompeo, secretario de Estados de los Estados Unidos y exdirector de la CIA, se había reunido los días 1 y 2 de enero con los presidentes de Colombia y de Brasil. Ya en abril de 2018 había estado presente en varios países de la región afinando compromisos en contra de Cuba, Nicaragua Bolivia y Venezuela.

 

Previo a la maniobra geopolítica en marcha, a lo largo del 2017 y 2018, la OEA intentó por varios conductos aislar a Venezuela del escenario regional, lo que motivó la misma renuncia a este organismo por parte del país suramericano. Intentos de bloqueo diplomático que fueron accionados al tiempo que se estimulaba un alzamiento social, el cual se prolongó por varios meses del 2017 y con especial énfasis en Caracas, a través de movilizaciones de todo tipo. Al final de esta confrontación, cientos de los manifestantes habían caído presos, algunos voceros de la oposición habían corrido igual suerte, y la coordinación de las fuerzas opuestas al gobierno venezolano estaba rota. Las contradicciones en cuanto a los resultados obtenidos, las acciones por proseguir y qué hacer ante las elecciones presidenciales que se avecinaban, terminaron por fracturarlos.


Llegada la campaña electoral –enero/abril de 2018–, la mayoría de los integrantes de la coordinación opositora se abstuvo de participar de la campaña presidencial. Al final de los comicios Maduro fue elegido con el 57 por ciento de los votos.

 

Soberanía popular

 

Que el gobierno de Nicolás Maduro y su dirección al frente de Venezuela está cuestionada, no hay duda, pero no por ello los gobernantes de la región pueden saltarse el derecho de cada pueblo a resolver sus problemas con autonomía, basados en el respeto a su soberanía y derecho a vivir en paz.

 

Más allá de los resultados de los comicios de abril pasado, la economía y la prolongada crisis social de su país son quienes le han colocado a Maduro el Inri de impopular. No es para menos. Más allá del bloqueo económico emprendido por los Estados Unidos y el conjunto de medidas internacionales para llevar a este país a la ingobernabilidad, están las medidas del propio gobierno y de la dirigencia venezolana, incapaces de desatar el liderazgo social y emprender una gestión de verdad revolucionaria para encarar los destinos de su patria. Imaginación, audacia, autogestión, poder popular, soberanía alimentaria, industrialización autónoma que rompa la matriz petrolera del país, ingresos dignos, estos y otros retos son los que tendría que resolver el liderazgo social, más allá del gobierno.

 

Contrario a ello, una gestión cada vez más burocrática y enclaustrada, aislada de las dinámicas diarias de los millones de connacionales que padecen una inflación inimaginable y un desabastecimiento de productos básicos de la canasta familiar, con una presencia cada vez más autoritaria del Estado, es la que cuestiona al líder venezolano, así como a todo el equipo que lo acompaña, con las Fuerzas Armadas como soporte y sustento, de cuya cohesión depende la continuidad del jefe de Estado.

 

Por ahora, con el doble gobierno en marcha, con el llamamiento a las Fuerzas Armadas a fracturarse, así como la instigación al alzamiento social, lo que está en marcha es una peligroso y arriesgada maniobra por parte de los Estados Unidos y sus países satélites, que más allá del destino que corra Maduro puede terminar en una confrontación civil interna.

 

Alineada Venezuela cada vez más con China y Rusia, países que le apuestan a la recuperación y estabilidad económica del país suramericano, invirtiendo para ello significativas sumas de dinero y comprometiendo acompañamiento a todo nivel, decisión que aruña con evidencia el patio trasero y última retaguardia del otrora incuestionable imperio gringo, provocan, no sin cálculo, la furia de su enemigo del Norte, lo que puede desatar en este territorio una disputa geopolítica global, tipo Siria, que terminaría por descuadrar el mapa regional americano, en especial el de Sur y Centro América, así como El Caribe, algo que no depararía nada bueno para todos nuestros pueblos, incluido el colombiano.

 

El que juega con candela, puede desatar incendios. Duque y todos aquellos a quienes él representa, el poder real a la sombra hoy en Colombia y en la región, pueden terminar como pirómanos.

Publicado enEdición Nº253
Lunes, 17 Octubre 2016 07:18

Democrisis

Democrisis

 

"El sistema está amañado" no es una frase nueva, aunque en esta elección tanto Bernie Sanders como Donald Trump –en versiones diferentes– la han repetido de manera constante, justo porque tiene eco entre millones de personas; la mayoría no confía en los candidatos presidenciales, ni el Congreso ni en gran parte de las instituciones del aparato político, y menos en el económico.

En tiempos recientes esto ha sido en esencia el mensaje de Ocupa Wall Street, del movimiento sobre el cambio climático, de Black Lives Matter y, de hecho, de ahí brotó la respuesta electoral que llevó a Barack Obama a la presidencia. De diversas maneras la opinión pública mayoritaria expresa la idea de que este sistema no funciona para las mayorías.

Esto se refleja en que los candidatos presidenciales de los dos partidos que tienen el monopolio sobre la democracia electoral son rechazados por la mayoría del pueblo, algo sin precedente. A Trump lo perciben de manera desfavorable 66 por ciento de estadunidenses, y a Clinton, 53 por ciento, según el sondeo más reciente de ABC News. Más aún, sólo 34 por ciento de votantes empadronados creen que Trump o Clinton son honestos y confiables. La contienda es en verdad un concurso de quién es el menos malo.

También se refleja en que el nivel de "alta o suficiente confianza" en la institución del Congreso es sólo de 9 por ciento, según la última encuesta de Gallup, la institución más reprobada del país. Dos tercios del pueblo opina que el país va sobre una vía equivocada.

En un sondeo de votantes empadronados este mes, 40 por ciento afirmó: "yo he perdido la fe en la democracia estadunidense". En el sondeo realizado por SurveyMonkey y analizado por Nathaniel Persily, profesor de leyes en Stanford, en el Washington Post, sólo 31 por ciento están dispuestos a aceptar definitivamente el resultado de esta elección como "legítimo" si pierde su candidato; 28 por ciento dice que no lo harán.

De que en la democracia más antigua del mundo y proclamada como la de mayor grandeza en la historia, el debate político electoral ahora gira sobre mentiras, engaños y comportamiento sexual de los candidatos demuestra, antes de analizarlo demasiado, una descomposición alarmante.

Lo más asombroso no es Donald Trump y su efecto en lo que es tal vez la contienda electoral más fea de la era moderna, sino que una clase política entera permitió que él llegara a la antesala de la Casa Blanca; eso dice más sobre el deterioro de esa clase política que de él.

Sigue como el mejor análisis, inicialmente hecho por el conservador Robert Kagan de la Brookings Institution, de que el Partido Republicano creó un Frankenstein; surge de años de promover una agenda antimigrante, xenófoba, antimujer, antigay, antisindical que buscaba anular los avances de los derechos civiles al final creando a un monstruo tan poderoso que está por destruir a sus creadores.

"El primer síntoma de una aristocracia degradada es la falta de candidatos aptos para el trono. Después de años de indulgencia, las familias gobernantes se vuelven débiles, endogámicas y aisladas, con nadie más que místicos, impotentes y niños para presentar como reyes", escribe Matt Taibbi en Rolling Stone al describir el posible fin del Partido Republicano después de Trump.

Todo esto se alimenta de un hartazgo popular ante una sistema político que pretende representar a un electorado pero que en los hechos ha abandonado a amplios sectores sociales. Vale repetir que la implementación, por consenso bipartidista, de políticas neoliberales en Estados Unidos desde los 80 hasta ahora ha generado la devastación de sectores enteros en varios puntos del país, y ha llevado a una concentración de riqueza y la peor desigualdad económica desde 1928, poco antes de la gran depresión.

El gran misterio de por qué tantos estadunidenses apoyan a un candidato tan deplorable como Trump no se puede reducir a algo tan fácil como porque todos son racistas y antimigrantes. Lo que ha alimentado el apoyo a Trump, al igual que al fenómeno tal vez más notable e inesperado de Bernie Sanders, es algo que se resumió en el lema de Ocupa Wall Street: el uno por ciento que ha secuestrado al sistema para sus propios intereses y el 99 por ciento que padece las consecuencias. Hay sectores masivos de estadunidenses que después de hacer todo siguiendo las reglas: trabajar, ahorrar, cuidar a sus hijos y pagar sus cuentas, se encuentran en condiciones cada vez más precarias con la sensación de que sus gobernantes los han abandonado para dedicarse a proteger a los más ricos, incluso a aquellos que violaron leyes y no jugaron con las reglas, como los banqueros. O sea, el "sistema está amañado".

Ante ello, no sólo no confían en "el sistema", sino que no pocos están dispuestos a que estalle. Por eso, en parte, la ira tan aparente en los actos de Trump con denuncias de la cúpula política entera, tanto demócratas como republicanos, y la falta de respeto a las grandes instituciones políticas y económicas del país. Trump combina eso con su mensaje antimigrante (Fuck off, we’re full. Chíngate, ya no hay cupo, mensaje antimigrante en una camiseta en un mitin de Trump) y xenófobo, en la antigua tradición fascista.

Sanders ofreció una crítica dirigida a lo mismo, pero con una visión progresista e incluyente que también generó una ola de apoyo sin precedente para un candidato insurgente. Ambos tienen un eco extraordinario justo porque tocaron algo fundamental: enormes sectores de votantes y ciudadanos se sienten traicionados por sus gobernantes y por el sistema del cual forman parte.

Pero en lugar de que esa furia popular lograra, a través de las urnas, generar un cambio democrático del sistema, todo ha sido desviado por la candidatura de un pequeño salvaje patético tan extremo que ahora todo ser racional, incluyendo progresistas, se ven obligados, ante la amenaza de Trump, de promover el voto por Clinton, la reina del establishment.

O sea, de cierta manera, ante esta crisis política, tienen que salvar al sistema de sí mismo. Eso no regenera la confianza en lo que dicen que se llama democracia.

 

 

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Miércoles, 21 Septiembre 2016 06:20

Palabras vacías en un discurso de mentiras

Palabras vacías en un discurso de mentiras

El discurso que Michel Temer hizo en la Asamblea General de la ONU fue su segundo gran intento de presentarse a los ojos del mundo como nuevo líder de la mayor nación latinoamericana y una de las nueve principales economías del planeta. Una oportunidad de oro para legitimarse en el puesto conquistado gracias a un golpe institucional que destituyó a la mandataria elegida por la mayoría de los votantes en 2014.


El primer intento ocurrió hace poco, durante la reunión del G-20 en China. En aquella ocasión, hasta en la foto oficial del encuentro Michel Temer quedó aislado: el ceremonial lo estacionó a un metro del grupo de los demás participantes. El tan soñado registro de un apretón de manos con algún jefe de Estado de primera línea quedó en el agrio territorio de los deseos irrealizados.


El segundo intento tampoco resultó. Pese a todo lo que hizo la diplomacia de su gobierno, ni siquiera hubo respuesta de la Casa Blanca para el pedido de un “encuentro informal” con Barack Obama. Obama ni siquiera se dignó a estar en el auditorio imponente de la ONU cuando Temer empezó a leer, con voz monótona y solemne y aire de mayordomo de película de terror, el discurso que alguien escribió. No escuchó una sola de sus palabras vacías.


Para cerrar con nubarrones una jornada gris, las delegaciones de seis países latinoamericanos –territorio en que Brasil debería tener peso específico– abandonaron el recinto: Ecuador, Bolivia, Costa Rica, Venezuela, Nicaragua y Cuba.
Con sus modales de cabalgadura indócil, el canciller José Serra dijo a los periodistas que el impacto de esa actitud en la imagen externa brasileña fue “igual a cero”.


Es increíble la capacidad que Serra demuestra, a cada viaje, de superarse en inepcia y grosería. Basta recordar que hace dos días, en una entrevista concedida en Nueva York, tuvo inmensa dificultad (el entrevistador lo ayudó) en recordar a qué países corresponde la sigla ‘BRICS’. Empezó bien, mencionando Brasil, Rusia e India. Pero al llegar a la ‘C’ dijo Chile. Y no hubo santo en el cielo capaz de hacer que supiese que la ‘S’ corresponde a Sudáfrica. Con semejante encargado de las Relaciones Exteriores, el gobierno encabezado por Temer difícilmente obtendrá, fuera de las fronteras, la legitimidad que intenta desesperadamente alcanzar.


Todo en Temer es un desastre. En vísperas la apertura de la Asamblea de la ONU, dijo que Brasil abriga a 85.000 refugiados. Mentira: son 8800, según datos oficiales del mismo gobierno. Además, olvidó un detalle: había un programa listo para ser implementado por Dilma Rousseff para acoger refugiados sirios, y fue uno de los primeros a ser desarmado tan pronto él asumió, todavía como interino.


Su discurso, plagado de clisés y frases vacías, atropelló la verdad de manera infame en una de sus afirmaciones. Dijo el presidente golpista que llevaba al auditorio de la ONU su “compromiso innegociable con la democracia”. Bueno, hay que reconocer que es imposible negociar lo que no existe.


Reiteró lo que dicen por aquí sus cómplices de la prensa hegemónica: “todo transcurrió dentro del más absoluto respeto al orden constitucional”. Sería verdad, pero hubo en todo el proceso un pequeño detalle: la Constitución prevé la destitución de un presidente que haya cometido “crimen de responsabilidad”. Y no se pudo probar jamás que Dilma haya cometido crimen alguno.


Temer también afirmó en su discurso que Brasil vive un proceso de “depuración de su sistema político”. Otra mentira. Dice el diccionario que por “depuración” debemos entender “eliminación de la suciedad o impureza de una sustancia; proceso por el cual el organismo elimina sustancias nocivas o inútiles”.


Si en mi país estuviéramos viviendo un proceso semejante, él y sus aliados ya estarían eliminados.


Si mi país fuese un organismo humano, sus riñones ya habrían mandado a Temer y sus acólitos a otro destino.


Presidente de Costa Rica se niega a escuchar discurso de Temer en la ONU

El presidente de Costa Rica, Luis Guillermo Solís, e integrantes de otras delegaciones de países latinoamericanos abandonaron este martes la sala donde se realizaba la Asamblea General de la ONU, negándose a escuchar el discurso del nuevo mandatario de Brasil, Michel Temer.


El mandatario costarricense se retiró de la sala acompañado de su ministro de Relaciones Exteriores, Manuel González.
Por su parte, el canciller de Ecuador, Guillaume Long, informó en su cuenta en la red social Twitter que varias delegaciones hicieron lo mismo.


“Ecuador, Costa Rica, Bolivia, Venezuela, Cuba, Nicaragua salen de debate general de Asamblea General de ONU al tomar la palabra Michel Temer”, publicó Long.


La cancillería de Costa Rica emitió una nota oficial donde confirmó la “decisión de no escuchar el mensaje” de Temer, quien recientemente sustituyó a Dilma Rousseff en un proceso de destitución que generó fuertes controversias.


“Nuestra decisión, soberana e individual, de no escuchar el mensaje del señor Michel Temer en la Asamblea General, obedece a nuestra duda de que ante ciertas actitudes y actuaciones, se quiera aleccionar sobre prácticas democráticas”, expresó la cancillería.


En su discurso ante la ONU, Temer aseguró que la destitución de Rousseff fue llevada adelante respetando la ley.
(Con información de AFP)

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Domingo, 11 Septiembre 2016 06:28

Brasil en tiempos de Temer

Brasil en tiempos de Temer

Hoy, Michel Temer cumple 11 días de presidente efectivo de Brasil. Once días, luego de casi cuatro meses de interino, mientras se desarrollaba en el Senado el juicio político que liquidó el mandato que Dilma Rousseff había conquistado, en 2014, por la vía del voto popular.

Para hacerse con su segundo mandato presidencial, Dilma Rousseff necesitó el voto de 54 millones 500 mil electores brasileños. Para hacerse presidente, Temer necesitó nada más que los 61 votos de senadores que decidieron, aunque no hubiese prueba alguna, que la mandataria cometió "crimen de responsabilidad", lo que, de acuerdo con la Constitución, justificaría destituirla. Ha sido un golpe institucional.

Hoy también se cumplen 11 días de incesantes marchas populares de protesta que se reproducen por todos el país, al grito de "¡Fuera Temer!"

Algunas fueron multitudinarias, en las que se reunieron 100 mil personas. Otras, más modestas, juntaron 2 mil, 3 mil. Hubo represión violenta en varias ciudades brasileñas, especialmente en Sao Paulo, la mayor ciudad del país, como una especie de advertencia de lo que podrá pasar.

En un solo día –el 7 de septiembre, fecha en que se conmemora la independencia– Temer fue abucheado cuatro veces. Una, en el desfile formal en Brasilia, y otras tres en Río. Pese a que su presencia ni siquiera había sido anunciada (a petición del gobierno), en la ceremonia de apertura de los Juegos Paraolímpicos hubo tres silbatinas poderosas. Dos, de manera espontánea, y otra cuando él cometió la temeridad de hablar frente a unas 70 mil personas en Maracaná.

A estas alturas, él sabe que, entre otros muchos problemas que lo esperan, está el rechazo mayoritario en la opinión pública brasileña. Los sondeos indican que más de 70 por ciento exige elecciones inmediatas, y que cuenta con solamente 9 por ciento de respaldo. Hay fuertes indicadores de que las marchas de protesta proseguirán. El problema de Temer es que, tan pronto empiece a implantar las medidas de "ajuste" que son anunciadas gota a gota, ese rechazo seguramente aumentará. Sus ministros no logran hablar en actos abiertos sin ser acompañados por un coro unísono de "¡Golpista!"

Además, cada marcha deja claro que el tema no es pedir el regreso de Dilma Rousseff, lo que tampoco sería solución alguna, sino rechazar la forma como –sin contar con un mísero voto popular– Temer y su banda se apoderaron del gobierno.

Hoy por hoy se instaló en la conciencia de todos que existen sobradas dudas sobre la legitimidad jurídica de las acusaciones que llevaron a la destitución de Dilma Rousseff. En un primer momento, tanto Temer como algunos de sus más poderosos ministros, al referirse a las manifestaciones de protesta, lanzaron frases despectivas. De inmediato se dieron cuenta del efecto contrario provocado por su soberbia. Las manifestaciones crecieron.

Ahora, en el gobierno hay una palpable preocupación: de persistir, el clima de rechazo podrá alastrarse, amenazando el equilibrio político buscado por Temer y su grupo. Además, el PT siempre ha sido ducho en la oposición, y por más hondo que haya sido el desgaste sufrido, viene dando claras muestras de que todavía tiene amplio espacio en las calles y mucha fuerza de convocatoria.

En ese cuadro, ¿cómo convencer a los brasileños de que las medidas que se pretende imponer de manera clara –para no mencionar a las que vienen protegidas por las sombras– son la vía de la salvación?

Otro punto débil en la estrategia de un gobierno que nace rechazado mientras busca una poco probable legitimación, es la comunicación. De cada cinco anuncios lanzados a bocajarro por los ministros, tres provocan un desastre inmediato. La semana pasada se anunció, por ejemplo, una reforma en la legislación laboral, que aumenta de 40 a 48 horas semanales la jornada de trabajo. Es como volver a los años 30. Además, se permitirá la contratación por horas, sin ninguna de las muchas garantías de la legislación. Es el resultado de la presión del gran empresariado que ha sido una de las fuerzas más poderosas fomentando el golpe institucional consumado el pasado 31 de agosto, y tendrá como consecuencia inmediata la durísima resistencia de las centrales sindicales.

Las medidas económicas tan ansiadas por el mercado financiero significarán, entre otros, la manutención de las más elevadas tasas básicas de interés en el mundo. La imposición de un tope a los gastos públicos parte del proyecto de enjugar al máximo el tamaño del Estado, significará un durísimo ajuste en los recursos destinados a la salud y la educación, por no mencionar los programas sociales implantados a lo largo de los 13 años pasados, los cuales beneficiaron a decenas de millones de brasileños.

La fragilidad de la alianza que impuso la destitución de la mandataria legítimamente electa será otro obstáculo para Temer.

Existe en Brasil tensión palpable en el aire. Para mantenerse en el gobierno, Temer tendrá de hacer milagros en la economía.

El problema es que, a estas alturas, creer en milagros es algo que no forma parte de la cotidianidad de los brasileños.

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Tegucigalpa, 30 de enero. El presidente de Colombia, Álvaro Uribe, llegó hoy a Tegucigalpa a manifestar su apoyo al nuevo gobierno conservador de Porfirio Lobo, urgido de reconocimiento para reinsertar a Honduras en la comunidad internacional tras ser excluida como consecuencia del golpe de Estado del 28 de junio contra Manuel Zelaya.
 
El mandatario ecuatoriano Rafael Correa se reunió al mismo tiempo en República Dominicana con Zelaya y reafirmó su negativa a reconocer a un régimen de origen ilegítimo de Lobo, surgido de un gobierno de facto. Bolivia también ratificó que no reconocerá al nuevo gobierno hondureño porque forma parte de un proceso nacido de un golpe militar.
 
Nuestra admiración al pueblo de Honduras que le ha dado al mundo una impresión admirable, de firmeza en la dignidad y de firmeza en la autonomía, dijo Uribe en un discurso en la ceremonia en la que firmó con su par un convenio sobre seguridad, luego de su arribo a la base del aeropuerto de Toncontín, donde fue recibido con honores por Lobo y su gabinete.
 
Lobo, quien indicó que también abordaron el tema comercial, resaltó la importancia de esta visita de Uribe en los esfuerzos de su gobierno, recién instalado, para la reinserción de Honduras en la comunidad internacional.
 
Incluso, dijo haber recibido una llamada de José Miguel Insulza, el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), para ir normalizando las relaciones con su país.
 
Colombia fue uno de los pocos países que tuvo una acercamiento con el régimen de facto de Roberto Micheletti, que no fue reconocido por gobierno alguno.
 
En Santo Domingo, donde Correa se reunió con Zelaya para convertirse en el primer mandatario que visita al hondureño tras su salida al exilio, dijo que no debemos legitimar un golpe de Estado que trató de revestirse de legitimidad llamando a elecciones.
 
El ecuatoriano declaró que la actitud de su gobierno no significa romper con el pueblo hondureño, y criticó la ineficacia de la Carta Democrática de la OEA.
 
Hablamos de buscar mecanismos para blindar la democracia en América Latina, para que las instituciones no se vean amenazadas, afirmó Zelaya, quien sostuvo que su estadía en República Dominicana es temporal.
 
Acotó que soy hondureño y más temprano que tarde tendré que regresar a Honduras, y agradeció al presidente Leonel Fernández su hospitalidad y apoyo durante la crisis en su país.
 
En La Paz, el canciller boliviano David Choquehuanca señaló que su gobierno mantiene su postura de no reconocimiento del nuevo gobierno hondureño, porque “no podemos fomentar (golpes de Estado) ya que los bolivianos hemos vivido dictaduras militares durante las décadas de los 60, 70 y 80 del siglo pasado.
 
 
 
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En un contundente gesto de rechazo, los países del Mercosur anticiparon que no considerarán válido ningún acto unilateral de parte del gobierno golpista de Honduras, ni siquiera el llamado a elecciones. Así quedó consignado en el documento final de la cumbre que se realizó ayer en Asunción. La propuesta partió de Cristina Kirchner: “No podemos tolerar lo que sería una ficción de un gobierno de facto que destituye a un gobierno democrático, luego se compromete a llamar a elecciones y entonces se reconoce ese proceso electoral posterior”, sostuvo durante el plenario. Luego de su intervención, Cristina Kirchner recibió un llamado del destituido presidente Manuel Zelaya, quien le agradeció sus palabras y, todavía en Nicaragua, le anticipó el recorrido que realizaría hasta la frontera: poco después ingresó a Honduras simbólicamente por espacio de una hora (ver página 5).

En un bloque que permanece trabado ad infinitum en ciertos aspectos económicos, la conjunción de presidentes que piensan parecido les permite en cambio avanzar con fluidez en las cuestiones políticas y sociales. Así, Argentina llevó la idea de trabajar sobre Honduras y la epidemia de gripe A. Los presidentes lo tomaron y avanzaron ayer rápidamente hasta llegar a importantes conclusiones.

El golpe en Honduras estuvo presente en todos los discursos durante la cumbre celebrada en el flamante e impactante Centro de Convenciones de la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol). La apertura de la sesión corrió por cuenta del anfitrión, Fernando Lugo. “Honduras es una herida que sangra”, lanzó el paraguayo, quien ayer le pasó la presidencia pro témpore del bloque a Tabaré Vázquez. Lugo profetizó que “ese golpe no quedará impune”.

El segundo turno correspondió a la presidenta argentina, quien recién se estaba acomodando en su lugar cuando Lugo le dio el pase. Su llegada tarde fue un tema. Cristina Kirchner le achacó la culpa al canciller Jorge Taiana, quien permaneció impasible a su lado. Pero también adjudicó a “la misoginia que cunde” que siempre se informe sobre las demoras de las mandatarias. “Me ha tocado asistir a tres cumbres internacionales en las que hubo hombres que llegaron tarde y tuvimos que esperarlos media hora, pero nadie dio cuenta de esa noticia”, comparó. En Cancillería derivaban la responsabilidad en los funcionarios de ceremonial, que la noche anterior informaron que a la Presidenta la esperaban a las 9 en vez de a las 8. Ya en Buenos Aires, Taiana asumió culpas: “La Presidenta no llegó tarde, estuvo a la hora que se le dijo”.

Anécdotas aparte, la cumbre volvió a mostrar a Cristina Kirchner en un rol activo respecto del golpe en Honduras. “Es importante abordar la cuestión sin discursos inflamados, ni agresiones, pero sí con mucha decisión y precisión, que también debemos condenar cualquier intento de lo que denomino ‘golpes benévolos’, que serían destituir a través de una gestión cívico-militar a un gobierno constitucional, pasar un tiempo y luego convocar a elecciones –que seguramente tendrán la presencia de numerosos delegados internacionales– y de esta manera legalizar lo que constituye un golpe y entonces concebir la carta de defunción de la Carta Democrática de la OEA y también hacer una ficción la cláusula democrática de nuestro Mercosur”, subrayó en su intervención.

Tabaré Vázquez tomó la posta y consideró que el bloque debía considerar inválido ese llamado a comicios. El brasileño Luiz Inácio Lula da Silva también fue enfático. “Lo de Honduras es un retroceso democrático que no se puede tolerar y con el que no se puede transigir”, despachó. Desde la presidencia de Brasil informaron que luego lo llamó a Zelaya para desearle “suerte” en su travesía hacia la frontera. “Tené cuidado”, le aconsejó.

En los mensajes de los presidentes se destacó la acción desplegada por la OEA y si bien hubo reconocimiento a la posición mantenida por el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, sobrevoló la idea de que Washington es quien tiene la llave para cortarle el camino al gobierno de facto. Sin el venezolano Hugo Chávez –quien decidió no asistir en señal de desacuerdo porque no se invitó a Zelaya a la cumbre– ni el ecuatoriano Rafael Correa, el boliviano Evo Morales fue quien se encargó de alzar la voz contra “el imperio”, según definió. Sostuvo que pese a las consideradas palabras de Obama existe en Estados Unidos una derecha que favorece a los golpistas, de lo contrario le permitirían a Zelaya aterrizar en la pista que el Comando Sur posee en territorio hondureño. Imaginó que no dudarían en permitirlo en caso de que quien hubiera derrocado al gobierno fuera una guerrilla de izquierda.

En su segunda intervención, Cristina Kirchner pidió que lo que se estaba diciendo quedara plasmado en el documento final. “Si no todo lo que diríamos, haríamos o hemos escrito en materia de democracia sería pura ficción”, insistió.

El resultado fue una muestra de respaldo del bloque al gobierno democrático de Zelaya y de repudio al de Roberto Micheletti, con una contundencia que no suele verse en los almibarados ámbitos diplomáticos. En una declaración los presidentes expresaron que “no reconocerán a ningún gobierno que surja de esta ruptura institucional”. “El gobierno constitucional y legítimo de Honduras es el encabezado por el presidente Manuel Zelaya”, para quien exigieron “el retorno sin restricciones”.

Por Fernando Cibeira
Desde Asunción
 

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