La Fed baja su tasa de referencia a nivel no visto desde 2008

Washington. En una nueva apuesta por salvar la economía estadunidense de las consecuencias del nuevo coronavirus, la Reserva Federal (Fed) redujo este domingo su tasa de interés de referencia en casi un punto porcentual y la situó en un rango de cero a 0.25 por ciento, con lo cual la llevó a un nivel no visto desde el 16 de diciembre de 2008.

El pasado 3 de marzo, en una reunión extraordinaria, el banco central de Estados Unidos la redujo medio punto porcentual y se colocó en un rango de uno a 1.25 por ciento, en lo que fue el primer recorte de emergencia desde la crisis financiera de 2008.

Una tasa de referencia actúa como parámetro de las que fijan los bancos a sus clientes. Al estar en un nivel más bajo se busca alentar la solicitud de préstamos para crear más dinamismo en la economía.

En ese sentido, el banco central también reducirá los requerimientos de reserva de los bancos a cero por ciento, medida que será efectiva desde el próximo 26.

"Esta acción elimina los requerimientos de reserva para miles de instituciones y ayudará a apoyar el préstamo a hogares y empresas", explicó.

La Fed prometió aumentar sus tenencias en valores respaldados por el Tesoro y las hipotecas en al menos 700 mil millones de dólares.

En un comunicado, argumentó que el Covid-19 ha causado disrupción económica en varios países, incluido Estados Unidos, y que las condiciones globales han resultado significativamente afectadas.

“Los efectos del nuevo coronavirus pesarán sobre la actividad económica a corto plazo y representan riesgos para las perspectivas de la economía. A la luz de esos desarrollos, el comité decidió disminuir su rango objetivo.

"El comité espera mantener este rango objetivo (de tasas) hasta que esté seguro de que la economía ha incorporado los eventos recientes y se encuentra en curso para lograr sus objetivos de máximo empleo y estabilidad de precios."

Más tarde, en conferencia de prensa, el presidente de la entidad, Jerome Powell, dijo que el impacto económico del Covid-19 en Estados Unidos se sentirá en el segundo trimestre del año.

"La actividad entre abril y junio será débil y la posibilidad de recesión este año dependerá de cuánto se tarde en contener la pandemia", subrayó Powell.

El presidente Donald Trump calificó la determinación de la Fed de "muy buena noticia".

Por la mañana, el secretario estadunidense del Tesoro, Steven Mnuchin, declaró a ABC que no esperaba una recesión en la economía estadunidense y sólo predijo una "desaceleración".

Durante la jornada también se anunció que la Fed y los banco centrales de Canadá, Europeo, Inglaterra, Japón y Nacional de Suiza redujeron los precios de sus líneas swaps –acuerdos para intercambio de monedas– para facilitar la provisión de dólares en los mercados.

El Foro de Servicios Financieros de Estados Unidos informó que sus ocho miembros –JPMorgan, Bank of America, Citigroup, Wells Fargo, Goldman Sachs, Morgan Stanley, Bank of New York Mellon y State Street– detendrán sus planes de recompra de acciones hasta el 30 de junio y utilizarán el capital liberado para otorgar préstamos a personas y empresas afectadas por la crisis originada por la pandemia.

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Un estudio científico considera la contaminación atmosférica una pandemia

Las distintas fuentes de polución del aire acorta en tres años la esperanza de vida de la población mundial, según una nueva investigación 

La contaminación atmosférica acorta la esperanza de vida de la población en todo el mundo "mucho más que las guerras y otras formas de violencia, enfermedades parásitas o el tabaco", según los resultados de una nueva investigación realizada por el Instituto Max Planck y el Departamento de Cardiología de la Universidad de Mainz, en Alemania. El impacto en la salud estaría siendo de tal magnitud que los investigadores consideran que el mundo se está enfrentando a una pandemia por contaminación del aire.

Un dato: mientras el tabaco reduce la esperanza de vida en 2,2 años, la polución la acorta en cerca de tres años, según esta investigación, que utiliza un nuevo método por el que se crean modelos para cruzar los efectos de varias fuentes de contaminación en los índices de mortalidad.

"En este estudio distinguimos entre contaminación evitable, la generada por los humanos y aquella que procede de fuentes naturales, como el polvo del desierto o las emisiones de un incendio, que no pueden evitarse. Mostramos que el 66% de las muertes prematuras puede atribuirse a la polución causada por humanos, principalmente por el uso de energías fósiles, que en los países ricos aumenta al 80%", consideran los investigadores Jos Lelieveld y Thomas Münzel, que han dirigido la investigación.

Estos científicos han analizado el impacto de la contaminación atmosférica en seis tipos de enfermedades, entre ellas la infección del tracto respiratorio, la obstrucción pulmonar crónica (EPOC) o el cáncer de pulmón.

Los resultados, lógicamente, dependen de la zona geográfica –en los países de Asia del Este es donde más se pierde esperanza de vida por la contaminación del aire, cuatro años; y en Europa 2,2 años– pero la conclusión es la misma en todas partes: "si la polución atmosférica se redujera eliminando las emisiones de las energías fósiles, la esperanza de vida media en todo el mundo aumentaría más de un año, y cerca de dos si se quitaran todas las emisiones causadas por los humanos".

Los dos investigadores que han liderado la investigación piden que la contaminación del aire sea considerada como un factor de riesgo para el corazón y para la circulación de la sangre, al igual que el tabaco, la diabetes, la presión arterial alta o el colesterol. "Los políticos y los médicos deberían estar prestando mucha más atención a esto. La contaminación atmosférica y el tabaco pueden prevenirse, pero en las últimas décadas se ha hecho mucho menos caso a la polución que al tabaco, sobre todo entre los cardiólogos"

03/03/2020 - 01:00h

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«Greenwashing», las empresas nos hacen creer que son ecológicas

El “greenwashing” es el lavado de cerebro que nos quieren hacer las grandes empresas para aliviar nuestra conciencia ecológica mientras ellas mantienen su situación de poder, sus ganancias y siguen con el deterioro del medio ambiente.

“Me decían que puedo salvar al mundo, a los orangutanes, los delfines, los océanos, las selvas, incluso a los hombres, y todo lo que tenía que hacer era comprar productos sostenibles”.

Así empieza el documental La mentira verde (2018), del director Werner Boote, una crítica del fenómeno “greenwashing” que, por desgracia, nos resulta familiar, y aún más después del bochorno de la cumbre climática COP25 y del Foro Económico Mundial.

Protagonizado por el propio Werner Boote y Kathrin Hartmann, experta en “greenwashing”, el documental juega a enfrentar la posición de un posible consumidor con cierta preocupación ecológica, pero que no se cuestiona lo que las grandes empresas le dicen y la realidad de las supuestas prácticas verdes de las grandes industrias.

Con este esquema y ciertos toques de humor, plantean al espectador la realidad de algunos sectores que se venden como responsables y ecológicamente sostenibles, pero que distan mucho de serlo, para llegar a la conclusión del porqué de estas prácticas y los peligros que entrañan para el planeta y la supervivencia.

Laura Agea, política italiana y miembro del Parlamento Europeo de Italia, ejemplifica que a través de la Mesa redonda del aceite de palma sostenible “nos hace creer que su producción es sostenible mientras siguen ardiendo miles de hectáreas, muriendo miles de animales y violando derechos de los campesinos”.

Menciona además a compañías petroleras, cuyos logos y palabras son cada vez más verdes mientras siguen contaminando y buscando nuevos mercados y prácticas para mantenerse ante el cambio que ven acercarse; compañías automovilísticas que presentan el coche eléctrico como la solución a todos los problemas, ocultando la inviabilidad energética y de recursos, entre otros factores.

También hay compañías energéticas que dicen ser ecológicas mientras siguen extrayendo carbón, gas, etc.; compañías de alimentación, que roban tierras, queman selvas y matan a indígenas en Suramérica para que el “primer mundo” tenga alimentos baratos.

Con intervenciones en el documental de Raj Patel, Sonia Guajajara y Noam Chomsky, entre otros, la realidad es clara: el “greenwashing” es la herramienta para evitar que nos planteemos que el problema es el propio sistema y que es el que tiene que cambiar.

El “greenwashing”, dice, es la resistencia del sistema; “las empresas manipulan, confunden y desinforman con supuestos cambios sostenibles para que los consumidores sigamos comprando y el sistema siga funcionando. Esconden y alejan los daños medioambientales para que sea más difícil ser conscientes de ellos”.

El “greenwashing” se basa en hacernos creer que las empresas se han vuelto sostenibles y que los responsables somos los consumidores, y no es casual: en una sociedad desorganizada, donde cada individuo solo se preocupa por él, es mucho más difícil que se genere una resistencia, una respuesta contra el sistema.

“Según ellos, nuestra obligación como consumidores preocupados ha de ser comprar sus productos verdes”.

Pero no es así. “Cualquier empresa que nos quiera hacer creer que podremos vivir como hasta ahora y solucionar la crisis climática, nos está engañando: no podremos movernos, ni tendremos la energía ni podremos comer como hasta ahora”.

Agea considera que “todo el sistema tiene que cambiar” y que no lo hará solo. “Tenemos que hacer lo que más teme el sistema: organizarnos, trabajar en colectivo para pedir cambios estructurales y legislativos para evitar que las empresas nos engañen con prácticas sostenibles falsas, mientras el planeta se muere”.

Finalmente advierte que no será fácil ni rápido, pero las soluciones pasan por consumir menos y mejor (proximidad, ecológico, de calidad, de segunda mano, etc); por huir de las grandes empresas, por desenmascarar sus mentiras y por cuestionarlo todo.

28 enero 2020

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Hielo en verano en aguas del ártico canadiense. / WWF

La aceleración en el deshielo del Ártico se relaciona con los mismos gases que producen el agujero de ozono

Uno de los gases de efecto invernadero más potentes debería estar a estas alturas cada vez menos presente en la atmósfera terrestre pero su concentración es la más alta desde que se vigila, han hallado los observatorios atmosféricos que hacen una labor detectivesca sobre estos productos contaminantes fabricados por los seres humanos. El responsable parece ser China. 

Se trata de uno de los hidrofluorocarbonos (HFCs) afectados por el Protocolo de Montreal sobre los gases que provocan el agujero de ozono. Es en concreto el HFC-23, del cual tanto India como China anunciaron en 2017 una reducción drástica de emisiones. La alarma ha cundido porque es 12.400 veces más potente que el dióxido de carbono (CO2)y tarda más de 200 años en descomponerse.

Por otra parte, los gases que afectan al agujero de ozono (CFCs y HCFCs) parecen estar también detrás del deshielo acelerado del Ártico, que se ha estado calentando mucho más deprisa que el resto del planeta en los últimos 50 años sin que se conozca la razón. 

El HFC-23 es sobre todo un subproducto en la fabricación del HCFC-22, un refrigerante cuya producción se concentra en China e India y que está previsto que deje de fabricarse progresivamente. Dado que ambos países anunciaron medidas para reducir drásticamente las emisiones del subproducto incinerándolo, los autores del trabajo que se publica en Nature Communications estimaron que éstas tendrían que haber disminuido en un 87% entre 2014 y 2017 y su sorpresa ha sido que el total en la atmósfera nunca ha sido tan alto como en 2018, cuando se alcanzaron las 15.900 toneladas. 

Los científicos, de una red internacional, no han buscado culpables, pero sí señalan a China, porque es el mayor productor con mucho y si hubiera cumplido lo que prometió es poco realista atribuir a otros países las emisiones a esa escala. La Agencia de Investigación del Medio Ambiente (EIA, por sus siglas en inglés) no duda de que el origen esté sobre todo en China. "China, India y todos los demás países que producen HCFC-22 deben investigar y verificar inmediatamente sus emisiones de HFC-23", asegura Clare Perry, de EIA. 

La influencia de los HFC en el clima (a través del efecto invernadero que calienta el planeta) ha hecho que su regulación y progresiva disminución se incluyan en una enmienda del Protocolo de Montreal para evitar que su presencia en la atmósfera contrarreste los beneficios de la disminución progresiva de los productos que más influyen en el agujero de ozono. Las menores emisiones de estos gases sí se han hecho notar ya en la recuperación parcial de la capa de ozono, pero no se puede bajar la guardia, y por eso existe una red internacional de observatorios atmosféricos terrestres en lugares remotos donde no llega la contaminación. En ellos se detectan y miden estos gases, que apenas representan el 1% en la atmósfera pero que tienen grandes repercusiones. 

"Es labor de detectives", explica Stephen Montzka, uno de los científicos de la red, en la revista Nature. "Nuestro objetivo es ver si las cosas están cambiando como se espera". Lo curioso es que en principio su objetivo no era detectar emisiones y buscar su origen sino cuantificar cómo cambia la composición de la atmósfera. Pensaban ingenuamente, reconocen, que los países podrían y querrían cumplir lo que firmaban. 

Durante muchos años (el Protocolo de Montreal data de 1987 aunque está en continua actualización) las noticias fueron buenas, plasmando el mayor éxito de la historia en política medioambiental mundial. Sin embargo, a partir de 2013 se detectó un gran aumento de un CFC, que se atribuyó, varios años más tarde y con pruebas, a China en su mayor parte. El país ya ha tomado medidas, señala Tina Birmpili, que dirige la Oficina de Ozono de la ONU, y en 2018 se han notado sus efectos. Ahora llega esta gran alerta sobre el HFC-23, que Italia también emitió durante unos años en mucha mayor cantidad de lo que su inventario oficial aseguraba. 

En cuanto al Ártico, el misterio sobre la aceleración de su calentamiento desde 1955 a 2005, al doble del ritmo global, puede estar resuelto si se confirma la hipótesis de otros científicos, que creen que los gases que afectan al agujero de ozono sobre la Antártida también pueden ser los responsables de la mitad de esta subida de temperatura. Sus simulaciones indican que son los CFCs y los HCFCs directamente los que han causado este calentamiento excesivo, llamado amplificación ártica, pero hará falta más trabajo en modelos climáticos para confirmar y entender el proceso. Si se confirmara, la alarmante disminución del hielo ártico podría frenarse en el futuro, a medida que disminuye la concentración de estos gases, una nota optimista para una emergencia global.

28/01/2020 07:34

Por malen ruiz de elvira

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Trasnacionales farmacéuticas: receta para el lucro
 
Al contrario de lo que se podría pensar, a la industria farmacéutica trasnacional no le interesa la salud. Su vocación es aumentar sus ya desmedidas ganancias y por ello el consumidor ideal de sus productos está siempre enfermo, ya que si se cura deja de comprar y si se muere también. Es una industria cerradamente oligopólica, agresiva para controlar amplios porcentajes de mercado a nivel mundial, obtener patentes exclusivas y altos porcentajes de ganancia, ejercer presión para lograr políticas globales y nacionales a su favor.

Aunque muchas otras industrias trasnacionales trabajan en el mismo sentido, aquí se trata de controlar la distribución y acceso a medicamentos, que en muchos casos define la vida o muerte de las personas afectadas.

Es una industria con alta concentración de mercado y que para defender sus intereses funciona a menudo como cártel. En ventas de fármacos, las 10 principales trasnacionales tienen más de la mitad del mercado global. Actualmente éstas son Pfizer, Novartis, Roche, Johnson y Johnson, Merck & Co, Sanofi, GlaxoSmithKline, Abbvie, Gilead Sciences y Teva Pharmaceuticals, seguidas de Amgen, AstraZeneca, Eli Lilly, Bristol Myers Squibb, Bayer, Novo Nordisk, Allegan, Takeda, Shire y Boheringer Ingelheim. Todas tienen una larguísima historia, algunas más de un siglo, aunque debido a fusiones y compras, algunas hayan cambiado de nombre. Varias tienen relación histórica con las que actualmente dominan los agrotóxicos, las semillas y transgénicos: Bayer es dueña de Monsanto, Novartis y AstraZeneca se unieron para formar Syngenta, etcétera. Les queda cerca la lógica de enfermar y vender la cura.

Según analistas de la industria, en 2018 las 10 mayores farmacéuticas tuvieron ventas de medicamentos por 523 mil millones, un mercado que se estima llegará al billón de dólares en 2020. Es un aumento notable en ventas y concentración de mercado desde 2017, año en que las principales 20 tuvieron ventas por 503 millones de dólares y las mayores 100, por 747 millones (Scrip Pharma, Outlook 2019).

Un reporte de la agencia gubernamental estadunidense GAO de 2018 muestra que las 25 mayores empresas farmacéuticas tuvieron un margen de ganancias de 15 a 20 por ciento anual entre 2006 y 2015, colocándose entre los rubros industriales con mayores porcentajes de retorno (Government Accountability Office, GAO-18-40). No obstante, casi todas han llegado a porcentajes de ganancia mucho mayores por momentos, debido al control monopólico de medicamentos y vacunas en gran demanda por epidemias o crisis de salud.

La industria farmacéutica trasnacional ha sido también clave para imponer las leyes de propiedad intelectual y extender cada vez más la validez de sus patentes a nivel global. Son quienes están detrás de su inclusión en la Organización Mundial de Comercio, en el TLCAN y otros tratados comerciales. Junto a la industria biotecnológica, de semillas e informática, pelean en todos esos ámbitos para prolongar los años de vigencia de patentes y marcas de sus productos e impedir que se pueda acceder a ellos sin pagarles.

Argumentan que necesitan tener patentes en los medicamentos para poder recuperar sus gastos en innovación y desarrollo. Por el contrario, varios reportes de análisis de sus innovaciones muestran que la gran mayoría de los nuevos fármacos lanzados al mercado por estas empresas son solamente copias de los que ya existían, con alguna pequeña modificación en la formulación o el uso, para poder aplicar otros 20 años de patente exclusiva.

Marcia Angell, editora de la revista científica New England Journal of Medicine por 17 años, mostró en su libro La verdad acerca de la industria farmacéutica que 67 por ciento de los nuevos medicamentos que lanzan a los mercados no son innovaciones, sino copias. La ahora extinta Oficina de Evaluación Tecnológica de Estados Unidos (OTA, por sus siglas en inglés) realizó un informe en 1996 sobre 348 nuevos productos de las 25 mayores compañías farmacéuticas durante siete años y encontró que 97 por ciento eran copias. De ese 3 por ciento restante que sí era innovador, 70 por ciento era producto de investigación pública. Aunque estos informes tienen años, la realidad de la industria sigue en la misma línea.

Hay también varios ejemplos de cómo el cártel farmacéutico trasnacional ha boicoteado a países productores de medicamentos genéricos (es decir, en los que la patente ha vencido), sobre todo en medicinas de alta demanda por situaciones de epidemia. En 2001, 39 grandes farmacéuticas bloquearon a Sudáfrica la venta de todos sus medicamentos, para presionar a que no compraran medicamentos genéricos para el sida. Cuando no lo lograron, negociaron en bloque un precio que aunque fue 10 veces más bajo que el precio comercial inicial de las farmacéuticas, era mucho mayor de lo que podía ser bajo fabricación propia.

Ahora la industria ha desarrollado la estrategia adicional de producir sus propios genéricos. Actualmente, Pfizer y Teva, ambas entre las 10 mayores trasnacionales, también son de las mayores productoras globales de algunos genéricos y en algunos medicamentos han logrado ser monopólicas en el mercado, logrando así el mismo efecto que una patente.

Es toda una industria contra la salud.

 

Por Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC

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Las fábricas de ladrillos delinean un cinturón de contaminación que aporta en torno al 60% de la contaminación atmosférica de Dacca. Zigor Aldama

Bangladés es buen ejemplo de todo lo que no se debería hacer para vivir saludable: su atmósfera y sus ríos son tóxicos. Y además, existe una tercera polución, invisible y grave: la acústica

 

A finales de 2016, el río Buriganga gritó "¡Basta ya!". Sobreexplotado por las fábricas de cuero del barrio de Hazaribagh, y envenenado tanto por sus vertidos tóxicos como por la falta de sistemas de saneamiento y la mala costumbre de tirar toda la basura al agua, esta arteria de la capital de Bangladesh dejó de albergar vida. Los niveles de oxígeno en su caudal, del que se abastecen unas 180.000 personas, cayeron tanto que los peces, que sobrevivían a duras penas, acabaron flotando. Lo que sí había en cantidades generosas era cromo, un agente cancerígeno.

La contaminación del aire también alcanzó niveles tan peligrosos que las afecciones respiratorias y de piel se dispararon. Grupos ecologistas señalaron a Hazaribagh como uno de los lugares más contaminados del planeta, y la situación derivó en una crisis medioambiental y sanitaria que obligó al Gobierno a tomar medidas: en abril de 2017, ordenó la reubicación de unas 150 curtidurías que, por si fuese poco, a menudo utilizaban mano de obra infantil. A algunas que se resistían incluso se les cortó el suministro eléctrico.

Teóricamente, los negocios fueron reubicados a las afueras de Dacca, en el distrito de Savar. Los dirigentes prometieron que se construirían dos depuradoras para asegurar que los vertidos tóxicos no contaminasen el río que discurre paralelo, el Daleshwar. Y, efectivamente, las instalaciones ya están acabadas. Pero de ahí a que desempeñen su función va un trecho.

Tal como se aprecia al acceder a los puntos en los que las depuradoras vierten el agua, son gigantescas las tuberías que discurren semienterradas de forma perpendicular a la orilla del río. Es fácil dar con sus bocas. Solo hay que buscar el punto en el que el caudal cambia de color. Las instalaciones vomitan una densa espuma blanca y líquido de tonos que van del carmesí al azul. El hedor es intenso, pero algunos lugareños se acercan hasta aquí todos los días para esperar con expectación el momento en el que las plantas descargan. La razón es sencilla: los peces mueren al instante y es más fácil recogerlos cuando flotan que lograr que muerdan el anzuelo. Ese pescado acaba en mercados locales.

Una de las plantas está gestionada por una empresa china; la otra es estatal. Ninguna aceptó responder a preguntas para este reportaje. También impiden tomar fotografías en los aledaños. Una de las fábricas, sin embargo, permite la entrada bajo la exigencia de que no se revele su nombre. Y es fácil entender por qué prefiere mantenerse en el anonimato: el procesado y el teñido de la piel se realiza en condiciones penosas.

Muchos de los trabajadores, algunos de los cuales parecen adolescentes, realizan su trabajo descalzos y sin ningún tipo de protección. A su alrededor hay multitud de bidones con químicos que las etiquetas califican como tóxicos, corrosivos, y nocivos. El tinte se aplica en gigantescos barriles giratorios que son lavados a manguerazos. Todo ese líquido se canaliza hacia la calle y termina en la planta depuradora. “Pero es evidente que no se trata correctamente, porque el río se tiñe como las pieles”, afirma el propietario, que exporta sus productos sobre todo a China, pero también a Europa. “Esta operación de reubicación habrá servido para que mucha gente se llene los bolsillos, pero no para reducir la contaminación”, dispara.

Desafortunadamente, aunque las grandes curtidurías se han mudado, Hazaribagh sigue sin ser ningún paraíso. Muchos de los pequeños negocios continúan abiertos y contaminando lo que queda del Buriganga, y que lo hacen con tal falta de supervisión que hace unos días un taller quedó calcinado por un incendio. Gran parte del río se ha secado y es ahora un gigantesco vertedero al aire libre, lleno de plástico y de desechos de todo tipo: desde basura doméstica, hasta heces humanas.

Allí donde el Buriganga sí que tiene agua, la situación no es mejor. Decenas de personas lavan en sus fétidas aguas las sábanas de un hospital. Es ilegal, pero el centro afirma que no tiene noticia de que se haga allí porque ha subcontratado el servicio. En la orilla de enfrente, recicladores de plástico limpian los trozos de colores que obtienen tras su separación y triturado en el caudal negro, llenándolo de microplásticos y de trozos que se ven a simple vista. En medio del río, un tanque de Wasa, la empresa de aguas municipales, demuestra que Daca continúa abasteciéndose aquí.

Este ejemplo puede parecer extremo y puntual. Pero no lo es. La contaminación de las costas y de los numerosos ríos que surcan Bangladés, es muy severa. Y el problema no se limita al agua. Según el estudio La Calidad del Aire Mundial de la suiza IQAir, Bangladés es el país más contaminado del mundo y Dacca la segunda capital con la mayor concentración de partículas en suspensión. Esa última es una coyuntura que se aprecia bien en la maniobra de aproximación al aeropuerto de la ciudad, mientras se sobrevuela una densa capa de contaminación.

La fuente de la que mana gran parte de estas partículas nocivas también se aprecia claramente desde el aire: las fábricas de ladrillos dibujan un cinturón de chimeneas humeantes que ahogan a Dacca. Su tamaño abruma. Según datos de la Asociación de Fabricantes de Ladrillos de Bangladés, el país cuenta con 7.000 fábricas que emplean en torno a un millón de personas y que producen 23.000 millones de ladrillos al año, una cifra que lo convierte en el cuarto fabricante mundial. En conjunto, ingresan unos 2.300 millones de dólares y contribuyen un 1% al producto interior bruto del país.

También se estima que son la fuente del 60% de la contaminación atmosférica de la capital. Y no cuesta entender por qué. El barro con el que se producen los ladrillos se extrae de las márgenes del río, y, después de ser mezclado con agua, amasado, y secado, es transportado hasta el gigantesco horno con una chimenea en el centro en el que será cocido. Los ladrillos se colocan en paredes radiales entre las que se deja un espacio para echar carbón. Cuando toda la superficie ovalada está llena, se cubre con arena y se prende fuego dentro. La chimenea comienza entonces a escupir un intenso humo que llena todo de un polvo negruzco.

 “En un horno pueden entrar hasta 800.000 bloques por cada tanda. Durante los seis meses de la época seca, que es cuando podemos trabajar, fabricamos unos cuatro millones”, comenta un capataz llamado Ahmed. Según un estudio de la Universidad de Stanford, cada fábrica emite 53 toneladas de CO2 por temporada. No es de extrañar que las enfermedades respiratorias y cardiovasculares de quienes residen cerca de una sean muy elevadas. Y su efecto se siente incluso en la cosecha de cereales y verduras, afectada por la contaminación de la tierra.

Aunque el Gobierno ha prometido ir retirando licencias a quienes no apuesten por energías más limpias —que no utilizan fuego—, lo cierto es que las fábricas de ladrillos son un buen negocio que alimenta tanto el trabajo semiesclavo (la mayoría de los trabajadores describen condiciones draconianas y sueldos de miseria) como la corrupción. “Si alguien viene a pedir explicaciones, nos lo quitamos de encima con un regalo”, ríe Ahmed. Una vez más, los niños juegan un papel protagonista en esta industria: ellos transportan tierra, dan vuelta a los ladrillos para que se sequen, y cuidan a los bebés de las familias que viajan cientos de kilómetros para trabajar durante la temporada seca, cuando no hay mucho que hacer en el campo y los hornos están a pleno rendimiento. Pocos son conscientes de los efectos que este empleo temporal tendrá en su salud.

Por si fuese poco, existe una tercera polución, invisible, a la que pocos prestan atención, pero que también tiene consecuencias graves: la acústica. Bastan unos minutos en las calles de Dacca para sentir que los oídos sufren una agresión constante. Al final, la población se acostumbra a este ruido ininterrumpido, que en mediciones llevadas a cabo para este reportaje supera habitualmente los 80 decibelios —más de 60 es dañino—. Pero Monowar Hossain, otorrino de uno de los principales hospitales públicos de la capital bangladesí, afirma que supone un peligro para la salud.

 “Lo más evidente es que provoca sordera. La pérdida de la capacidad auditiva y el tinnitus -la percepción de pitidos o golpes inexistentes- es paulatina y generalizada, lo cual propicia que el nivel de ruido continúe siendo elevado”, explica. “Pero hay otros efectos secundarios, que van desde el dolor de cabeza y los mareos, hasta las alteraciones del sueño. Porque el ruido no desaparece por la noche. Incluso los fetos pueden verse afectados,”, añade. Hossain subraya que esta coyuntura afecta sobre todo a las clases más desfavorecidas de la sociedad y que tiene un elevado coste económico.

“La gente se fija en la contaminación atmosférica y del agua, porque son visibles y tienen efectos inmediatos, pero la acústica pasa desapercibida. Muchos pacientes incluso llegan pensando que tienen alguna infección de oído, cuando lo que sufren es una sordera irreversible causada por el entorno”, apostilla el médico. Sabikun Nahar Reshma sí que es consciente de las consecuencias que tiene el ruido. “No puedo dormir o duermo muy mal, porque los gritos y los cláxones son continuos. Y los dolores de cabeza también son habituales”, afirma esta mujer de 45 años que ha visto cómo el entorno se ha deteriorado con el desarrollo económico.

“Desde pequeña, he vivido muy cerca del río Buruganga. Antes incluso nos podíamos bañar en sus aguas, y mi hermano pescaba allí. Pero luego comenzaron a proliferar las fábricas, y todo el mundo empezó a tirar la basura al río. Ahora, parte se ha secado y el agua del resto es negra. Hicieron una campaña de limpieza y en el fondo encontraron una capa de plástico de varios metros de grosor”, cuenta. Sabikun critica la corrupción política y la falta de ética del mundo empresarial, pero también la desidia de la población. “Es normal ver a gente que tira las bolsas de basura al río, como si el agua hiciese magia. Hay que comenzar a educar a la población en la necesidad de cambiar hábitos que están acabando con nuestro país”, sentencia.

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Así está desmontando Trump la regulación ambiental y climática de EEUU

Trump ha promovido también 115 intentos de desmontaje y desregulación sobre todo en áreas como la salud, especialmente el Obamacare, y la migración. 

 

Tres descosidos cada mes. Desde que el 20 de enero de 2017, el multimillonario de Nueva York y estrella televisiva Donald John Trump tomara posesión del sillón presidencial y se convirtiera oficialmente en el 45 presidente de Estados Unidos, ése es el promedio de acciones que ha realizado contra el marco normativo o la estructura administrativa norteamericanos con el objetivo de ir desmontando todo lo que suene a protección ambiental o sostenibilidad climática o energética.

Las acciones de Trump no dejan títere con cabeza y se dirigen desde al marco legal del país hasta la arquitectura institucional pasando por el vaciado de fondos de partidas o departamentos dedicados a menesteres ambientales. La última, la comunicación oficial el pasado lunes del Acuerdo del Clima de París.

En total, Trump ha firmado, ordenado o promovido con éxito desde la Presidencia del país 80 acciones en las 146 semanas que lleva en la Casa Blanca para desmantelar la herencia recibida, según el balance realizado por Público tras consultar las bases de datos de diversas organizaciones y universidades, como la Institución Brookings, National Geographic, el Programa de Legislación Ambiental y Energética de la Escuela de Derecho de la Universidad de Harvard o el Centro Sabin para Legislación de Cambio Climática de la Universidad de Columbia de Nueva York.

En total, de esos 80 ataques emprendidos por la administración Trump —en forma de órdenes presidenciales, iniciativas en el Congreso o el Senado, decisiones presupuestarias, memorándums o planes de acción y demás artillería política— 24 de ellos ya son efectivos, 26 están aprobados pero aún en desarrollo legal, cuatro están parcialmente efectivos, otros cuatro están aprobados pero su entrada en vigor ha sido pospuesta y cinco de ellos están paralizados por el momento. Apenas 17 han sido rechazados definitivamente en algún momento de su tramitación, lo que implica que los opositores a estas medidas sólo han podido frenar una de cada cinco.

Por supuesto, el recuento de retrocesos y ataques de la administración Trump no sólo se centra en el medio ambiente. Los citados registros señalan otros 115 intentos de desmontaje y desregulación sobre todo en áreas como la salud (especialmente el Obamacare) y la migración, otras de las dos obsesiones de Trump.

Tampoco se salvan otras materias como la vivienda, la privacidad ciudadana, los derechos del consumidor, la educación y la gestión empresarial. Los ataques a los asuntos medioambientales, eso sí, se llevan la palma.

El último y de mayor calado internacional, la comunicación oficial y por escrito de la salida del Acuerdo del Clima de París, que se hará efectiva el 4 de noviembre de 2020. Esta decisión, como el resto de acciones contra el clima llevadas a cabo por la administración Trump, se basa en una ecuación tan simple como falaz: proteger el clima es despilfarrar dinero y cuesta puestos de trabajo.

Cuando Trump anunció esta medida por primera vez el año pasado la defendió, de hecho, con el argumento de que el cumplimiento de los objetivos del acuerdo perjudicaría a Estados Unidos, cuyos trabajadores y contribuyentes "absorberán el coste en términos de pérdida de puestos de trabajo, salarios más bajos, fábricas cerradas y una producción económica muy reducida". Además, se trata de desmontar uno de los grandes logros de la era Obama, y eso es otro aliciente para el magnate norteamericano.

Pero la salida de París es la punta del iceberg de lo que está sucediendo en Estados Unidos. Entre dichos ataques, los más graves y de mayor calado se encuentran éstos:

Octubre de 2019: El Gobierno de Estados Unidos ordena cortar los fondos destinados a dos comisiones nacionales: el Comisión Federal Asesor sobre Áreas Protegidas Marinas —dirigido por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica— y la Comisión Asesora de Especies Invasoras del Departamento de Interior. La primera fue creada en 2003 y la segunda, en 1999. Asimismo, ese mismo mes la administración Trump retira los fondos al Consejo Asesor Presidencial sobre la Resistencia Bacteriana Antibiótica.

Septiembre de 2019: Rechazo de la regulación de aguas del Gobierno de Obama. Trump ordena a la Agencia de Protección Ambiental (APA) norteamericana que fije unas nuevas reglas que reemplacen a las establecidas en 2015. La nueva normativa dispone de unas coberturas y garantiza unas protecciones menores que la legislación anterior.

En la orden ejecutiva firmada por Trump, éste defiende que su interés pasa por una nación libre de aguas contaminadas, pero también, aclara, por la promoción del crecimiento económico y la erradicación de las normas que causen inseguridad jurídica. Los lobbies relacionados con esta ley ya habían demandado a la administración Obama por implementarla.

Agosto de 2019: El Gobierno norteamericano anuncia que facilitará los requerimientos y reducirá las exigencias a las empresas de petróleo y gas en cuanto a las emisiones de metano, uno de los gases más nocivos para el cambio climático, por encima del dióxido de carbono.

Junio de 2019: Trump firma una orden presidencia en la que ordena reducir un tercio de las comisiones asesoras federales en materias como la energía, el clima y la salud.

Abril de 2019: La APA elabora modifica la Ley de Aire Limpio norteamericana para relajar las exigencias sobre la emisión e incineración de residuos sólidos industriales o comerciales, entre ellos, residuos municipales, hospitalarios o aquellos procedentes de las fábricas. Los criterios modificados habían sido aprobados en el año 2000 —con algunas modificaciones posteriores—.

Diciembre de 2018: El departamento de Interior anuncia sus planes para permitir prospecciones petroleras en millones de hectáreas protegidas hasta el momento de la actividad industrial. La APA añadió además que anularía las normas que limiten las emisiones de carbón en las nuevas plantas de producción de energía.

Julio de 2017: El Servicio de Pesca y Fauna Silvestre y el Servicio Nacional de Pesca Marina promulgan una serie reglas para debilitar la Ley de Especies Protegidas norteamericana. Los cambios introducidos establecen criterios y procesos menos exigentes y más lasos para incluir o eliminar especies animales o vegetales de la Lista de Especies Amenazadas así como para la consideración de hábitats críticos. Después de un proceso legislativo tortuoso, finalmente la nueva norma entra en vigor el pasado mes de septiembre.

Marzo de 2017: Apenas dos meses después de tomar posesión, Donald Trump firma una orden presidencial en la que ordena eliminar muchas de las acciones a nivel federal dirigidas a combatir los efectos del cambio climático. Entre otras cosas, la orden presidencial ordena a la APA revisar y, en su caso, rescindir, regulaciones nacionales sobre la emisión de CO2 en plantas de producción energética existentes, los nuevos estándares de CO2 para las plantas de nueva construcción, los niveles de metano permitidos para la industria del petróleo y del gas. Asimismo, la orden revoca una estrategia para calcular el coste social de las emisiones de gases de efecto invernadero.

En la orden, asegura que la misma "evita las cargas regulatorias que innecesariamente obstruyen la producción de energía, constriñen el crecimiento económico e impiden la creación de empleo. Además, el prudente desarrollo de esos recursos naturales es esencial para garantizar la seguridad geopolítica de la Nación".

Washington

11/11/2019 08:52 Actualizado: 11/11/2019 08:52

Manuel Ruiz Rico

@ManuelRuizRico

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Lourdes Casanova, Directora del Instituto de Mercados emergentes

La profesora de la universidad de Cornell (EE UU) llama al regreso de los bancos de desarrollo: "Hace falta algo más que solo mercado y la región no puede ir en dirección contraria"

La receta de crecimiento de las últimas décadas ha dado un giro drástico: de la idea de que la mejor política industrial es la no política industrial, que tantos adeptos sumó en las últimas décadas, se ha pasado, en unos pocos años, a la revalorización de la figura del Estado como timón que fije el rumbo a largo plazo. "Hemos entrado en otra fase", confirma Lourdes Casanova (Fraga, 1958) directora del Instituto de Mercados Emergentes y profesora de la Escuela de Administración Samuel Curtis Johnson, ambos adscritos a la Universidad de Cornell. Y América Latina —una de las regiones que más de cerca sigue desde la academia— no puede ser ajena a esta nueva realidad: “Ha de tenerla en cuenta. Hay una vuelta a los bancos de desarrollo en todo el mundo, muchos países de la región se han dado cuenta de que hace falta algo más que solo mercado y la región no puede ir en dirección contraria. En Estados Unidos, por ejemplo, han crecido las voces que piden al Estado tener un papel importante en la puesta en marcha de la red 5G, algo que habría sido impensable hace unos años”, apunta en conversación con EL PAÍS en un céntrico hotel neoyorquino, a un paso de Central Park.

La revalorización de la función rectora del Estado ha exhibido la realidad contraria, sobre todo en América Latina: "Que igual se ha ido demasiado lejos en la desindustrialización de sus economías a la busca de beneficios a corto plazo. Claramente, se han equivocado en renunciar a una política industrial". En un mundo cambiante, subraya Casanova, la necesidad de planes a largo plazo es más importante que nunca. "Y eso es, lamentablemente, todo lo contrario a lo que vemos en muchos países latinoamericanos, donde los bandazos y cambios de dirección son demasiado frecuentes, y apenas se piensa en medio y largo plazo. El consenso en torno a políticas de futuro es lo que da fuerza a una

La sempiterna ausencia de valor añadido sobre las exportaciones latinoamericanas es, apunta, un buen ejemplo de a qué se refiere cuando habla de ausencia de planificación con luces largas. “Pensemos en la soja: Argentina y Brasil se han convertido en dos de los mayores productores mundiales de soja, en buena medida para abastecer el mercado chino. Pero hasta ahora no han sido capaces de darle un valor añadido al producto”. ¿Se puede hablar de maldición de las materias primas? "Ni mucho menos; solo hay que ver los casos de Canadá, EE UU, Australia o Nueva Zelanda. Son una bendición, pero solo si eres capaz de agregarles valor. No tiene sentido, por ejemplo, que una de las mayores partidas de importaciones de México sea la gasolina: no es normal exportar petróleo e importar carburante".

La otra gran lección del discurrir de la economía global en los últimos años es que la lucha por ver quien produce más barato "se ha terminado". Es una batalla, afirma la profesora de Cornell, que ha ganado Asia: primero China —"que ahora ya ha pasado a otra fase, de inversión, a la que hay que prestar mucha atención, porque participa cada vez en más compras de empresas en el extranjero"— y, más recientemente, Vietnam y Camboya. "Es algo que tiene que aprender América Latina y, muy especialmente, México, un país que hoy por hoy tiene un coste laboral incluso más bajo que China cuando, a la larga, lo que sirve es la escala, la cadena de valor y el tamaño del mercado interno".

La integración comercial, clave para el crecimiento

En su abanico de recomendaciones, Casanova, hoy referente en una universidad que compite en las grandes ligas de las universidades estadounidenses tras años de docencia en la prestigiosa escuela francesa de negocios Insead, no se limita a los Gobiernos y llama también a la reflexión a los grandes capitales latinoamericanos. "Tener una de las sociedades más desiguales del mundo lastra mucho el crecimiento: tienen que recuperar el espíritu de sus antecesores, que era contribuir al desarrollo de sus países". También ser conscientes, añade, de que "para que sus empresas prosperen es necesario que aumente el consumo. Y de que la pobreza y la desigualdad no son solo problemas éticos gravísimos, sino una rémora para el crecimiento económico".

¿Vamos hacia una mayor integración comercial en América Latina? Cada año, según un reciente informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la región afronta una factura superior a los 11.000 millones de dólares por, en vez de tener un único acuerdo comercial, contar con dos grandes bloques (la Alianza del Pacífico y Mercosur) y una treintena larga de acuerdos bilaterales. No será fácil, pero el camino a seguir es, "inevitablemente", integrarse más para poder competir como bloque. "Ojalá llegue pronto. Pero, mientras tanto, hay que acabar con la fragmentación en la medida de lo posible: impide coordinar los esfuerzos de desarrollo de tecnología y de innovación, que deberían ser regionales. Cada país, simplemente, no puede hacer la guerra por su cuenta"

Por Ignacio Fariza

5 NOV 2019 - 14:44 COT

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EEUU notifica formalmente su salida del Acuerdo de París contra el cambio climático

El Gobierno estadounidense inicia los trámites legales para abandonar el esfuerzo internacional para frenar el calentamiento global

El presidente norteamericano Donald Trump renegó del acuerdo durante su candidatura, anunció que sacaría al país en 2017 y ha aprovechado la primera oportunidad legal

eldiario.es

04/11/2019 - 21:57h

EEUU ha formalizado este lunes su salida del Acuerdo de París de lucha contra el cambio climático, según informan medios estadounidenses. El Gobierno norteamericano ha hecho oficial el anuncio que realizó hace algo más de una semana: comienza la desconexión legal del país del acuerdo alcanzado en la capital francesa en 2015. Un largo deseo del presidente Donald Trump.

Trump ha aprovechado la primera ventana legal para iniciar los trámites. El propio texto internacional marcaba que las partes que lo hubieran ratificado solo podrían salirse pasados cinco años. En 2020 se cumple el primer lustro de vigencia y EEUU ha comunicado oficialmente que se marcha. 

El Donald Trump candidato llamo "cuento chino" al cambio climático. Luego, una vez tomó posesión, ha admitido que hay algún problema con el clima, pero en junio de 2017 realizó una proclamación solemne sobre su intención de abandonar el Acuerdo de París para salvaguardar la economía de su país. 

Mientras ha llegado esta puerta legal de salida, las delegaciones estadounidenses han acudido a las diferentes cumbres climáticas de la ONU y ha intentado introducir el nuevo discurso de su administración sobre los combustibles fósiles. La COP25 del próximo diciembre en Madrid puede ser la última a la que asistan.

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China hará temblar al mundo entero, sobre agricultores e inteligencia artificial

Por primera vez en la historia reciente, un país pobre y subdesarrollado se ha convertido rápidamente en una superpotencia económica, con un gran impacto en el mundo. ¿Cómo fue posible y qué significa esto para el resto del mundo? Una retrospectiva de 70 años de cambios en China.

De nuevo en el mapa mundial

Durante siglos, China ha sido una atracción cultural y, junto con la India, un actor destacado en el escenario mundial. Después de un siglo de colonización, humillación y guerras civiles internas, Mao Zedong volvió a poner a su país en el mapa mundial en 1949 y los chinos recuperaron su dignidad.

Fue el comienzo de una ‘maratón del desarrollo a alta velocidad’ que sacudiría por completo las relaciones mundiales. Y como Napoleón Bonaparte lo predijo: “China es un gigante dormido. Cuando se despierte, el mundo entero temblará”.

El milagro del crecimiento económico

Al comienzo de la revolución china, en 1949, China era uno de los países más pobres y atrasados del mundo. La gran mayoría de los chinos están empleados en la agricultura (a menudo primitiva). El PIB per cápita era la mitad del de África subsahariana y una sexta parte del de América Latina. Para dar una oportunidad a los ideales revolucionarios de igualdad en un entorno mundial altamente hostil, era necesario lograr un rápido crecimiento económico y tecnológico. Este se llevará a cabo durante los próximos 70 años con ensayo y error.

Después de un período extremadamente cerrado y turbulento bajo Mao Zedong -en el que se llevaron a cabo campañas de masas controvertidas como ‘el gran salto adelante’ y ‘la Revolución Cultural’-, Deng Xiaoping llegó al poder en 1978. Casi de inmediato, pero con cautela, emprendió reformas económicas y estableció relaciones con numerosos países, entre ellos, y notablemente, los Estados Unidos.

En comparación con Europa Occidental, la industrialización en China se llevó a cabo cuatro veces más rápida, con una población cinco veces mayor.i Hace setenta años, la economía china era insignificante a nivel mundial. En 2014, los chinos superaron a los Estados Unidos como la mayor economía (en términos de volumen) y China también se convirtió en el mayor país exportador. Hoy en día hay 35 ciudades chinas con un PIB igual al de países enteros como Noruega, Suiza o Angola. Entretanto, el PIB de China es superior al PIB combinado de 154 países. En 2011-2012, China produjo más cemento que Estados Unidos durante todo el siglo XX. El país construye diez nuevos aeropuertos cada año y cuenta con la red de autopistas y líneas de tren de alta velocidad más extensa del mundo. Hoy en día, exporta en seis horas lo que exportaba durante un año entero en 1978.

Gran salto tecnológico

China no sólo sorprende en términos de evolución cuantitativa. En términos de calidad, la economía china también ha dado grandes pasos adelante, un ejemplo es el desarrollo tecnológico. Millones de ingenieros, científicos y técnicos se han graduado de las universidades chinas en las últimas décadas. Hasta hace poco, China era mal visto como una imitadora de la tecnología, pero hoy en día es un líder innovador que marca el camino. China tiene actualmente el superordenador más rápido del mundo y está construyendo el centro de investigación más avanzado del mundo para desarrollar ordenadores cuánticos aún más rápidos. El país ha logrado resultados impresionantes en los últimos años en el campo de los misiles hipersónicos, ensayos de procesamiento de genes humanos, satélites cuánticos y, quizás lo más importante, la inteligencia artificial. El proyecto Made in China 2025 tiene como objetivo reforzar esta innovación tecnológica en sectores socioeconómicos vitales.

¿Debe China parte de su progreso tecnológico al robo de la propiedad intelectual? Sin duda, como es el caso de países como Brasil, India y México. Fue también gracias al robo a gran escala de tecnología de Gran Bretaña y Europa que los Estados Unidos fueron capaces de desarrollar su crecimiento económico hasta el nivel de superpotencia. En palabras de The Economist: “La transferencia de conocimientos técnicos de los países ricos a los pobres, de manera justa o injusta, es parte integrante del desarrollo económico”.

Receta

La 'dieta china de rápida modernización' contiene algunos ingredientes notables:

  1. Los sectores clave de la economía están en manos del gobierno, que también controla indirectamente la mayoría de los demás sectores, por ejemplo a través de la presencia de control del partido comunista en la mayoría de las empresas (medianas y) grandes.
  2. El sector financiero está bajo un estricto control gubernamental.
  3. La economía se planifica, no en todos sus detalles, sino en general, tanto a corto como a largo plazo.
  4. Hay espacio para (bastante) iniciativa privada dentro de un mecanismo de mercado delineado que se desarrolla dinámicamente en varios ámbitos económicos; los mecanismos de mercado son tolerados siempre que no obstaculicen llegar a los objetivos económicos y sociales trazados (en la planificación a largo plazo).
  5. En comparación con otros países emergentes, existe un alto grado de apertura a la inversión extranjera y al comercio exterior, que sí deben estar en línea con los objetivos económicos globales.
  6. Se está haciendo un gran esfuerzo en el desarrollo de la infraestructura y en la ‘Investigación y Desarrollo’.
  7. Los salarios siguen en gran medida el aumento de la productividad, creando un mercado interior amplio y dinámico.
  8. Se invierte una cantidad relativamente grande en educación, salud y seguridad social.
  9. El país ha gozado de paz durante décadas y hay un nivel relativamente alto de paz social en el lugar de trabajo.
  10. La distribución de la tierra agrícola entre los agricultores al comienzo de la revolución y el sistema de registro de personas (Hukou) han permitido evitar lo que pasó en muchos países del tercer mundo: el típico éxodo rural caótico, que ha dado lugar al masivo trabajo informal e improductivo.
  11. A diferencia de la Unión Soviética, China no se ha embarcado en una carrera armamentista muy costosa con los Estados Unidos.

Esta política contrasta fuertemente con la receta de los países capitalistas, donde el capital financiero y las multinacionales gobiernan, donde el beneficio a corto plazo es el objetivo primordial y donde la obsessión de los gobiernos es eliminar los déficits presupuestarios a través de recortes. La espectacular forma en que los chinos han abordado la crisis financiera (2008) es típica del enfoque chino. El gobierno chino puso en marcha un programa de estímulo de la economía del 12,5% del PIB, probablemente el mayor de la historia en tiempos de paz. La economía china apenas reaccionó a la crisis, mientras que la economía europea estuvo fuertemente golpeado en los diez años siguientes.

Nuevo modelo de crecimiento

En vista de los rápidos cambios en el mercado laboral interno, los salarios y los mercados extranjeros, el gobierno chino ha desarrollado un modelo de crecimiento diferente y continuo. Cuando asumió el cargo en 2012, el Presidente Xi Jinping declaró que “el crecimiento en sí" ya no debe ser la meta. El viejo modelo se basaba en las exportaciones y las inversiones en la industria pesada, la construcción y la manufactura. En el nuevo modelo, el motor es el consumo masivo (mercado doméstico), el aumento del sector de los servicios y un mayor valor añadido al subir más arriba en la escalera tecnológica. Este cambio de rumbo es un buen ejemplo de la flexibilidad con la que los dirigentes chinos llevan a cabo la política económica. Y ese es el 12 pilar de la política china, que la distingue de la Unión Soviética en su período posterior.

¿Puede el crecimiento exitoso continuar por un tiempo? Ciertamente, la economía está luchando con un alto nivel de deuda, la banca en la sombra , sobreinversión en infraestructura, una burbuja inmobiliaria, el envejecimiento de la población, una creciente guerra comercial con los EE.UU. etc… Sin embargo, la mayoría de los observadores todavía ve a China como una economía flexible y analizan que todavía hay mucho espacio para absorber errores y reveses y para continuar creciendo a un ritmo rápido durante mucho tiempo.

La mayor reducción de la pobreza en la historia del mundo

En 1949, al comienzo de la revolución china, la esperanza de vida era de 35 años. Treinta años más tarde, ya se había duplicado a 68 años.ii Hoy en día, la esperanza de vida media de los chinos es de 76 años. En términos de mortalidad infantil, ‘70 años de China’ también obtuvo buenas notas. Si, por ejemplo, la India ofreciera a sus habitantes la misma atención médica y apoyo social que China, cada año se morirían 830.000 niños menos.iii

Entre 1978 y 2018, el país sacó de la pobreza extrema a un número récord de personas: 770 millones. Casi tanto como la población total de África subsahariana. Al ritmo actual, se erradicará la pobreza extrema en el 2020. Según Robert Zoellick, ex presidente del Banco Mundial, éste es “sin duda el mayor salto de la historia para superar la pobreza. Los esfuerzos de China por sí solos han garantizado el logro de los objetivos de desarrollo del Milenio relativos a la reducción de la pobreza en el mundo. Nosotros y el mundo tenemos mucho que aprender de China.”

Mientras que los salarios en muchos países se estancan o bajan, en China se han triplicado en los últimos diez años. Hace quince años, las multinacionales occidentales acudieron masivamente a China por los bajos salarios. El movimiento inverso está comenzando a afianzarse. Los salarios medios en la industria china son ahora sólo un 20% más bajos que en Portugal. Países como Bulgaria, Macedonia, Rumania, Moldavia y Ucrania ya tenían salarios mínimos más bajos que China en 2013.

Sombras sociales

Esta historia de éxito también tiene sus inconvenientes. El aumento más rápido de la productividad en la industria y los servicios, en comparación con la evolución de la agricultura, provoca una brecha enorme entre las zonas urbanas y rurales, entre las regiones más pobres y las provincias costeras orientales más ricas. El estricto sistema Hukou (registro de la residencia individual, determina el estatus social) causa un enorme grupo (de cientos de millones) de ‘migrantes internos’ que a menudo son discriminados y tienen menos derechos sociales. La política de un solo hijo (desde 1978) ha dado lugar -además de su carácter vinculante- a numerosos abortos selectivos y a un superávit masculino de más de treinta millones, con todas las consecuencias sociales que ello conlleva.

Democracia: entrada y salida

En muchos casos, el sistema político occidental se considera superior y se considera el único modelo santificador. Lo cual demuestra una escasa visión histórica, cuando uno se da cuenta de que prácticamente todos los regímenes fascistas se han desarrollado en el pasado en el corazón del modelo parlamentario occidental. Cualquier observador imparcial también notará que la democracia occidental sirve principalmente a los intereses de la capa superior del 1%. Que hay una falta sistémica de visión a largo plazo y que no hay una política decisiva cuando se trata de problemas sociales o medioambientales. El sistema occidental últimamente produce cada vez más figuras ridículas, impredecibles y peligrosas como Trump, Johnson, Bolsonaro o Duterte.

Cuando se habla de democracia, en Occidente se hace hincapié en el lado de la entrada , en la cuestión de cómo se toman y quiénes toman las decisiones. ¿Cuáles son los procedimientos para elegir el liderazgo político y si la voluntad de los ciudadanos es representada por los representantes electos. Las elecciones son el elemento más importante en este sentido.

En China, se hace hincapié en el lado de la salida , de los resultados, es decir, en las consecuencias de las decisiones: ¿Tiene éxito el proceso de toma de decisiones y quién se beneficia de él? El resultado es primordial, el criterio más importante es un gobierno bueno y justo.iv A este respecto, los chinos conceden más importancia a la calidad de sus políticos que a los procedimientos para elegir a sus líderes.

Decisiones políticas con características chinas

Según Daniel Bell, experto en el modelo chino, el sistema político chino es una combinación de meritocracia en la cima, democracia en la base y espacio para experimentar en los niveles intermedios. Los líderes políticos son seleccionados en base a sus méritos y antes de llegar a la cima, pasan por un proceso muy difícil de formación, práctica y evaluación. Hay elecciones directas a nivel municipal y para los congresos provinciales del partido. Las innovaciones políticas, sociales o económicas se prueban primero a pequeña escala (algunas ciudades o provincias) y después de una seria evaluación y ajustes necesarios se aplican a gran escala.v Según Daniel Bell, esta combinación es “la mejor fórmula para gobernar un país de ese enorme tamaño”.

Además, el gobierno central realiza periódicamente encuestas de opinión que evalúan el desempeño del gobierno en los ámbitos de la seguridad social, la salud pública, el empleo y el medio ambiente, así como se mide la popularidad de los líderes locales. Sobre esta base, la política se ajusta o se corrige donde sea necesario.

El sistema chino demostró apliamente su eficacia en los ámbitos sociales y económicos. Francis Fukuyama, que difícilmente se puede sospechar de tener simpatías por la izquierda o por China, dijo: “La principal fuerza del sistema político chino es su capacidad para tomar decisiones grandes y complejas con rapidez, y para tomarlas relativamente bien, al menos en la economía. China se adapta rápidamente, toma decisiones difíciles y las implementa eficientemente”.

Así fue que, en tan sólo dos años, China ha ampliado su sistema de jubilaciones para 240 millones de personas que viven en zonas rurales, un número muy superior al número total de personas cubiertas por el sistema estatal de jubilaciones de Estados Unidos.

El gobierno chino cuenta también con un fuerte apoyo popular. Alrededor del 90% dice que su país va en la dirección correcta. En Europa Occidental, la cifra se sitúa entre el 12 y el 37 por ciento (la media mundial).

El Partido Comunista

La columna vertebral de este modelo chino es el Partido Comunista. Con sus más de 90 millones de miembros, constituye la organización política más grande del mundo. Que esa columna vertebral es útil o incluso necesaria lo demuestran las gigantescas proporciones del país. China tiene el tamaño de un continente: es 17 veces más grande que Francia y tiene tantos habitantes como la suma de las poblaciones de Europa Occidental, Europa Oriental, los países árabes, Rusia y Asia Central. Si miramos a China desde un punto de vista europeo, significaría que Egipto o Kirguistán se gobernarían desde Bruselas. Dadas estas proporciones, las grandes diferencias entre las regiones y los enormes retos a los que se enfrenta el país, se necesita una fuerte fuerza de cohesión para mantener el país gobernable y dirigible de forma decisiva. The Economist: “Los líderes chinos creen que el país no puede permanecer unido sin un sistema de partido único tan fuerte como el de un emperador -y pueden tener razón”.

El partido recluta a las personas más hábiles. El proceso de selección para la promoción de los altos cargos es objetivo y riguroso. Kishore Mahbubani, un experto en Asia, dice: “Lejos de ser un sistema dictatorial arbitrario, el Partido Comunista Chino ha logrado crear un sistema regulador que es fuerte y sostenible, ni frágil ni vulnerable. Aún más impresionante, este sistema de reglas puede haber producido el mejor conjunto de líderes que China jamás podía haber producido”. Casi tres cuartas partes de la población dicen que apoyan el sistema de partido único.

Relaciones internacionales

La economía de China ha sido en gran medida autosuficiente en el pasado. El país ha podido permitirse el lujo de vivir aislado del mundo exterior y a menudo lo ha hecho. Incluso en la cúspide de su poder imperial, China ha difundido su cultura entablando relaciones diplomáticas y económicas en lugar de hacer conquistas (militares).vi Esta forma de política exterior también se mantiene en la historia reciente. China promueve un mundo multipolar, caracterizado por la igualdad entre todos los países. Considera que la soberanía es la piedra angular del orden internacional y rechaza toda injerencia en los asuntos internos de otro país, por la razón que sea. Esto lleva a menudo a que se acuse China de hacer demasiado poco para combatir las violaciones de los derechos humanos en otros países. Sea como sea, China es el único miembro permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que no ha disparado ni un solo tiro fuera de sus fronteras en los últimos 30 años.

La globalización a lo chino

Hoy en día, China ya no es autosuficiente, al contrario. Con el 18% de la población mundial, dispone solamente del 7% de las tierras fértiles del mundo, y sólo produce el 5% del petróleo del mundo. Además, el país produce muchos más bienes de los que consume. Por todas estas razones, China depende ahora en gran medida de la economía extranjera.

La inclusión de China en el comercio mundial y también el ‘encierro’ -en esencia- militar por parte de los EE.UU. (véase más adelante) le ha llevado a tomar la iniciativa de construir una Nueva Ruta de la Seda, bajo el nombre de ‘Un Cinturón, Un Camino’.

Hoy en día, más de 1.600 proyectos se inscriben en esta iniciativa; obras de construcción e infraestructura, proyectos en transporte, aereopuertos y puertos, pero también iniciativas de intercambio cultural. Cientos de inversiones, créditos, acuerdos comerciales y decenas de Zonas Económicas Especiales, por un valor de 900.000 millones de dólares, repartidos por 72 países, lo cual representa una población de aproximadamente 5.000 millones de personas o el 65% de la población mundial. Un cinturón, un camino" es, sin duda, el mayor programa de desarrollo desde el Plan Marshall para la reconstrucción de Europa tras la segunda guerra mundial.

Martin Jacques describe la Nueva Ruta de la Seda como “globalización a lo chino”. La iniciativa ‘Un cinturón, un camino’ recuerda mucho a la estrategia comercial de los Países Bajos de hace 400 años. El colonialismo británico y francés estaba literalmente a la caza de nuevas tierras, sociedades para subyugar y robar sus riquezas. Ámsterdam, por otra parte, promovía un ‘imperio de comercio y crédito’. No buscaba territorio, sino negocios. Los holandeses construyeron una flota mercante gigantesca, instalaron puestos comerciales en las rutas principales y luego intentaron asegurarlos. Al igual que los holandeses en el siglo XVII, China tiene actualmente la mayor flota mercante.vii Las Zonas Económicas Especiales “son guarniciones comerciales en las cadenas de suministro internacionales que le permiten a China asegurar su comercio sin el desorden de la subyugación colonial”, dice Stratfor, un prestigioso grupo de expertos.

Relaciones Norte-Sur cambiantes

El enorme crecimiento de China en el corazón de Asia ha actuado como catalizador para el continente entero. El punto de gravedad de la economía mundial se está desplazando rápidamente hacia las economías más pobres de Asia. Esto hace subir de forma espectacular la demanda de materias primas, lo cual a su vez beneficia muchos países de América Latina y África.

La industrialización de Asia Oriental muestra el patrón de ‘gansos voladores’. A medida que un país mejora económicamente, los salarios aumentan y las tareas de producción menos sofisticadas se desplazan a las regiones más pobres con menores costes laborales. Esto ocurrió primero en Japón, luego en Corea del Sur y Taiwán, y hoy en día este proceso está en pleno desarrollo en China. Debido a los mayores salarios, las empresas chinas están trasladando su producción a países como Vietnam y Bangladesh, pero también cada vez más a África. Si esta tendencia continúa, puede ayudar a construir una base industrial en el continente africano.

Confrontación con los EE.UU.

Las revoluciones socialistas no estallaron en el corazón del capitalismo, sino en sus eslabones más débiles, los países más pobres y subdesarrollados. Un sistema social avanzado tuvo que ser construido sobre una base material débil, lo que ha dado lugar a muchos inconvenientes y contradicciones. Setenta años después, esta situación ha cambiado drásticamente. El gran salto tecnológico y el espectacular crecimiento económico de China han sentado bases sólidas para construir una sociedad socialista.

Eso, por supuesto, no le gusta nada a Washington. Pero aún peor es el hecho de que China amenaza con superar a los Estados Unidos económicamente. Estos dos fenómenos alimentan la ‘nueva guerra fría’ entre Estados Unidos y China y la amenaza de una ‘guerra caliente’.

En el marco de las discusiones sobre el presupuesto para 2019, el Congreso declaró que “la competencia estratégica a largo plazo con China es una prioridad clave para Estados Unidos”. No se trata sólo de aspectos económicos, sino de una estrategia global que debe aplicarse en varios frentes. El objetivo es mantener el dominio en tres ámbitos: la tecnología, las industrias del futuro y el armamento.

Hoy en día, Trump aspira a una completa revisión de las relaciones económicas entre los EE.UU. y China. La creciente guerra comercial es la que más llama la atención, pero esa sólo el preludio de una estrategia más amplia que incluye las inversiones, tanto la inversión china en los EE.UU. como la inversión estadounidense en China. En primer lugar, apuntan a los sectores estratégicos con el objetivo de perturbar el avance tecnológico de China. En este sentido, el despliegue de la red 5G es crucial y no es una coincidencia que Huawei, que está a la vanguardia del desarrollo de esta tecnología, haya terminado en la mira de los Estados Unidos.

El gobierno de Trump también está tratando de exportar esta guerra económica con China a otros países mediante la firma de cláusulas en los acuerdos comerciales o simplemente presionándolos. El objetivo es crear una especie de “telón de acero económico” rodeando China.

La estrategia militar de EE.UU.

La estrategia militar hacia China sigue dos vías: una carrera de armamentos y un encierro del país.viii La carrera armamentista está en pleno apogeo. Los Estados Unidos están gastando 650.000 millones de dólares anuales en armas, es decir, más de un tercio del gasto total a nivel mundial. Esto es 2,6 veces más que China y 11 veces más por habitante. También gasta cinco veces más que China en investigación militar. El Pentágono está trabajando febrilmente en una nueva generación de armas altamente sofisticadas, drones y todo tipo de robots, que le ganarían al un futuro enemigo. Una guerra preventiva es también una posibilidad.

La segunda vía es el encierro militar. China depende en un 90% del transporte marítimo para su comercio exterior. Más del 80% del suministro de petróleo debe pasar por el Estrecho de Malaca (cerca de Singapur), donde Estados Unidos tiene una base militar. Washington puede cerrar el grifo del petróleo en un abrir y cerrar de ojos y China no tiene ninguna manera de defenderse contra ello en este momento. Alrededor de China, Estados Unidos tiene más de treinta bases militares, puntos de apoyo o centros de entrenamiento (puntos en el mapa). El 60% de la flota estadounidense está estacionado en la región. Si se observa esto en un mapa, no es exagerado decir que China está encerrada y rodeada. Imagínese lo que pasaría si China instalara un solo punto de apoyo militar, ni mucho menos una base militar cerca de los Estados Unidos.

Es en este contexto que debe considerarse la militarización de las pequeñas islas en el sur del Mar Chino, así como la reivindicación de una gran parte de esta zona. La supervisión de las rutas marítimas a lo largo de las cuales se transportan su energía y los productos industriales es de vital importancia para Beijing. Es en este mismo contexto que se tiene que contemplar la Nueva Ruta de la Seda.

Campeón de la contaminación y de la economía verde

Desde finales de los años ochenta, China ha entrado en una fase de desarrollo que ha causado una gran contaminación ambiental. Como ‘fábrica del mundo’, es uno de los mayores contaminadores del planeta. En este momento el país es también -por mucho- el mayor emisor de CO2, aunque las emisiones por persona son menos de la mitad de las de los EE.UU. y aproximadamente del mismo tamaño que las de Europa. También hay que agregar que China sólo es responsable por el 11% de las emisiones históricas acumuladas, mientras que los países industrializados son responsables de más del 70%.

La situación es insostenible. Si siguiera al ritmo actual, entre 1990 y 2050, China habría producido tanto dióxido de carbono como el mundo entero entre el comienzo de la revolución industrial y 1970, y eso sería catastrófico para el calentamiento climático.

Hace diez años, los dirigentes chinos cambiaron de rumbo y empezaron a dar alta prioridad a las cuestiones ecológicas. En 2014 el Primer Ministro Li Keqiang incluso declaró la "guerra a la contaminación". Se elaboró una serie de medidas, incluido una legislación ejemplar en el ámbito del medio ambiente, pero su aplicación no siempre es evidente.

Los resultados ya se pueden observar. A corto plazo, China se convirtió en el número uno en el campo de los paneles solares y la energía eólica. China actualmente produce el 33% de la electricidad mediante energía verde, frente a menos del 17% en los Estados Unidos. China invierte hoy en día tanto en tecnología verde como el resto del mundo en su conjunto. Quiere capturar y almacenar millones de toneladas de CO2 bajo tierra en un futuro próximo.

El país es también pionero en la transmisión a larga distancia de grandes cantidades de energía (por ejemplo, de campos de paneles solares distantes), lo que es muy importante para el suministro de energía verde de las ciudades. Según datos de la NASA, los esfuerzos sostenidos de reforestación de China han significado una importante contribución a la plantación de bosques en el mundo, esencial para mantener las emisiones bajo control Por otra parte, las empresas chinas siguen teniendo una gran proporción de tala ilegal en todo el mundo.

El santo patrón del Acuerdo de París sobre el Clima

China se convirtió en el 'santo patrón del Acuerdo sobre el Clima de París' (COP 21, 2015, enfoque: limitar el calentamiento global a un máximo de 2 grados, con 1,5 grados como valor objetivo). Cuando Trump se retiró del acuerdo en 2017, Pekín declaró que hará todo lo posible para alcanzar igual los objetivos de la COP21, junto a otros, como la UE.

China es también un mediador entre los países ricos industrializados y los países en vías de desarrollo, que subrayan que el calentamiento global es esencialmente una responsabilidad histórica de los países industrializados, y por esta razón declaran que los países ricos deben poner recursos financieros y tecnología a disposición de los países en vías de desarrollo para la lucha contra el cambio climático. Gracias a los esfuerzos de los chinos, la gran mayoría de los países en desarrollo se han alineado con los objetivos de la COP21 y han presentado planes climáticos a la Asamblea General de las Naciones Unidas en los últimos meses.

Todavía queda -obviamente- un largo camino por recorrer en la propia China, pero va en la dirección correcta. Prueba de ello es el anuncio a mediados de 2017 de que China ha cumplido sus objetivos climáticos dos años antes de la fecha acordada de 2020. También está bien encaminada hacia el cumplimiento de los acuerdos del Acuerdo de París sobre el clima para reducir las emisiones de CO2 en un 65 % para 2030.

Errores

Se han cometido muchos errores en los últimos setenta años. En el período inicial, el PCCh trató de introducir el socialismo apresuradamente con el Gran Salto Adelante (1958-1961), con consecuencias catastróficas como resultado. La exageración de izquierda de la Revolución Cultural (1966-1976) dejó profundas cicatrices y condujo a un revés de derecha. La introducción de elementos de mercado a partir de 1978 ha dado rienda suelta a la explotación capitalista. Las consecuencias fueron inmediatas: una brecha más profunda entre ricos y pobres, y la creación de una capa de élite capitalista. El margen para el enriquecimiento personal se ha ampliado y ha causado corrupción a gran escala y abuso de poder. Sin embargo, esta política del ‘hacer volar el pájaro capitalista en la jaula’ ha hecho que la economía china creciera espectacularmente y ha reducido notablemente la pobreza extrema. El futuro decidirá si esta dinámica de mercado controlada puede mantenerse bajo control.

Los dirigentes chinos han logrado mantener unido al vasto y muy heterogéneo país, pero esto se ha hecho y se está haciendo manteniendo a ciertas minorías en línea. Los tibetanos y los uigures se sienten tratados como ciudadanos de segunda clase, a pesar de que las autoridades chinas han realizado muchos esfuerzos formales para remediarlo. Quedan bastantes preguntas sobre el enfoque poco ortodoxo y musculoso de las tensiones nacionales .

Un punto a favor es que los líderes chinos no tienen la costumbre de esconder u ocultar las debilidades o de embellecer los problemas. Por lo general, se reconocen y designan explícitamente. Por ejemplo, antes y durante el XVIII Congreso, los principales problemas del país se nombraron, se enumeraron uno por uno, se discutieron y se tradujeron en medida y acciones. Esta actitud política racional permite aprender de los errores y, si es necesario, ajustar el rumbo.

Estabilidad del planeta

Por primera vez en la historia reciente, un país pobre y subdesarrollado se ha convertido rápidamente en una superpotencia económica, con un gran impacto en el mundo. China, y a su paso la India, está cambiando rápidamente las relaciones mundiales y transformando el mundo de una forma sin precedentes.

Cuanto más independiente es China, más se desvía del camino de Occidente, más ‘el sistema occidental’ se mira en el espejo, y más se le critica y ataca. Parece que nos cuesta bastante observar a este nuevo actor mundial de una manera abierta. Según Mahbubani, “la duda de los líderes occidentales en reconocer que el dominio del mundo por el occidente no puede continuar, constituye una gran amenaza”.

Sin embargo, tendremos que aprender a vivir sabiendo que ya no somos el centro y el punto de referencia del mundo. Es más, con el ascenso al poder del populismo en más y más países, con gente impredecible e irresponsable como Trump, Bolsonaro o Johnson, la estabilidad y habitabilidad de este planeta dependerá cada vez más de personas como Xi Jinping y otros líderes sólidos.

Traducción: Sven Magnus

Notas

i Tomamos 1870 como año de inicio para Europa occidental y 1980 para China. Medimos la velocidad del proceso de industrialización por el crecimiento del PIB per cápita. Las cifras se calculan sobre la base de Maddison A., Ontwikkelingsfasen van het kapitalisme, Utrecht 1982, p. 20-21 en UNDP, Human Development Report 2005, p. 233 en 267. Zie ook The Economist, 5 januari 2013, p. 48.

ii Hobsbawm E., Een eeuw van uitersten. De twintigste eeuw 1914-1991, Utrecht 1994, p. 540.

iii Las cifras se calculan sobre la base de UNICEF, The State Of The World’s Children 2017, New York, p. 154-155.

iv Para la distinción entre entrada y salida de la toma de decisiones políticas, ver Kruithof J., Links en Rechts. Kritische opstellen over politiek en kultuur, Berchem 1983, p. 66.

v Bell D., The China Model. Political Meritocracy and the Limits of Democracy, Princeton 2015, p. 179-188.

vi Luce E., The Retreat of Western Liberalism, New York 2017, p. 166.

vii En el siglo XVII, los Países Bajos tenían 25 veces más barcos que Inglaterra, Francia y Alemania. Hoy en día, China tiene 20 veces más barcos mercantes que los Estados Unidos. Maddison A., The World Economy. A Millennial Perspective, OESO 2001, p. 78; Khanna P., Use It or Lose It: China's Grand Strategy, Stratfor, 9 april 2016.

viii Para un tratamiento más detallado, ver Vandepitte M., Trump y China: ¿Guerra caliente o fría?

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