Martes, 11 Septiembre 2012 06:52

Firmas mexicanas invaden el mundo

Firmas mexicanas invaden el mundo
Las inversiones de mexicanos en el extranjero han crecido en forma considerable en años recientes, al punto de que los montos salientes han rebasado a los entrantes en el primer semestre de 2012. Esta tendencia sugiere que las empresas mexicanas intentan aumentar ingresos con operaciones en otros países, diversificando el riesgo y generando grandes alzas potenciales de utilidades.


Es probable que los altos volúmenes de flujos al exterior continúen en los próximos años, impulsados por crecientes oportunidades de inversión y por el surgimiento y consolidación de jugadores globales en México.


En el primer semestre de 2012, la cuenta financiera de la balanza de pagos mostró una salida neta de mil 900 mdd en inversión extranjera directa (IED). Esto sólo había ocurrido una vez antes en un periodo de seis meses (abril-septiembre de 2010).


La elevación de flujos de IED es una tendencia reciente: entre 2001 y 2008, las entradas superaron a las salidas por un promedio de 20 mil mdd al año, pero esa cifra comenzó a declinar después, a unos 7 mil mdd, en 2009-11. En comparación, las salidas de IED de Chile llegaron a 11 mil 800 mdd en 2011, luego de promediar 8 mil 500 mdd en 2008-10. Los flujos de Brasil disminuyeron en 2009 y 2011, pero llegaron a 11 mil 600 mdd en 2010 y promediaron18 mil 600 en 2006-08.


La capacidad de las grandes empresas mexicanas de invertir en el extranjero refleja el hecho de que muchas operan con poca competencia en sus mercados domésticos, y por tanto gozan de márgenes más altos que sus contrapartes internacionales, lo que les permite generar fuertes flujos de caja.


Esas compañías, que tienden a ser manejadas por familias únicas, han seguido tradicionalmente una estrategia conservadora de negocios, ajustándose a las constantes crisis financieras y con fuerte dependencia del ciclo político. Durante mucho tiempo, su objetivo primario ha sido defender su participación de mercado y distribuir ingreso a sus propietarios.


Aunque tal vez siga siendo así, el pensamiento gerencial ha evolucionado por efecto del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y de la creciente globalización de México, y se ha ajustado a normas internacionales una vez que las empresas han comenzado a buscar formas alternativas de elevar el crecimiento y maximizar la acumulación de capital.


Para la mayoría de las empresas, invertir en el mercado doméstico sigue siendo la opción preferida; sin embargo, esta estrategia se ve restringida por un desempeño económico bastante mediocre en comparación con otros mercados del mundo, y por limitadas oportunidades de desarrollo, dado que la extensa desigualdad de ingreso continúa baldando la demanda doméstica. Como resultado, las compañías mexicanas han comenzado a ver más allá del mercado doméstico, a otros mercados que puedan ofrecer mejores oportunidades de crecimiento e inversión, con riesgos manejables.


Al mismo tiempo, la población de ascendencia mexicana en EU ha seguido creciendo y ganando poder de compra. De los 40 millones de personas nacidas en el extranjero que viven en ese país, 12 millones provienen de México y otros 10 millones del resto de América Latina y el Caribe.


Además, la población de origen latino en EU asciende a 51 millones de personas y su contribución al crecimiento demográfico fue de 56% del total entre 2000 y 2010.


El gran incremento de la inversión mexicana en EU ha buscado, por tanto, aprovechar un mercado latino que en muchos casos ha sido difícil de penetrar para las empresas locales. Se estima que este mercado vale unos 500 mil mdd, alrededor de la mitad del PIB mexicano.


Asimismo, la mayoría de los países latinoamericanos han reportado firmes tasas de crecimiento en la década pasada, lo que representa cada vez más prometedores, y redituables, destinos de IED para inversionistas mexicanos ansiosos de diversificar su cartera. Las similitudes culturales también les ofrecen una ventaja competitiva.


Según la Oficina de Análisis Económico de Estados Unidos (BEA, por sus siglas en inglés), la inversión mexicana en ese país totalizó 7 mil 700 mdd entre 2005 y 2010, en comparación con flujos negativos de Brasil (unos 700 mil dólares en promedio) en el mismo periodo. En 2011 la inversión mexicana y brasileña se elevó a 2 mil 500 y 3 mil 700 mdd, respectivamente.


La mayor parte de la inversión mexicana en el exterior se ha dado en los sectores de manufacturas, alimentos y telecomunicaciones. En 2010, Grupo Bimbo, la mayor empresa panificadora del mundo, adquirió la firma estadunidense Sara Lee por casi mil mdd, con lo cual se volvió la primera firma del ramo en EU. El consorcio opera también en varios países latinoamericanos, como Brasil, Chile y Colombia.


Sigma, brazo de alimentos refrigerados del conglomerado Alfa, ha expandido sus capacidades de procesamiento y distribución de alimentos al mercado estadunidense, con una planta de carnes frías en Oklahoma y otra de productos lácteos en Wisconsin. También cuenta con 16 oficinas de distribución en territorio de EU.


Apeak, igualmente parte de Alfa, se ha convertido en la segunda empresa petroquímica de AL y tiene plantas en EU y Argentina.


Entre tanto, el gigante de materiales de construcción Cemex ha realizado una dinámica expansión en EU, mediante 13 plantas de cemento, 46 terminales de distribución y más de 450 plantas de concreto premezclado. Cemex opera en 50 países, desde Argentina hasta Israel.


Por último, pero por supuesto no menos importante, el gigante de telecomunicaciones Telmex (y su compañía filial, América Móvil) se ha expandido con fuerza en todo EU y AL en los ocho años pasados, a menudo bajo su marca registrada Claro.


El potencial del mercado latino en EU y las firmes tasas de crecimiento en AL continuarán atrayendo inversionistas mexicanos en busca de nuevas oportunidades. En algunos casos, estos proyectos son parte de una estrategia integral para convertirse en verdaderos jugadores globales, como en el caso de Cemex, en la cresta de la ola de multilatinas (empresas multinacionales latinoamericanas).


En otros casos, las inversiones reflejan oportunidades de corto plazo a la vez que proporcionan diversificación y significativas ganancias potenciales. En ausencia de sorpresas negativas en el panorama mundial, es probable que la tendencia observada en la inversión mexicana en el extranjero se consolide y se mantenga por algún tiempo.


Traducción de textos: Jorge Anaya

Publicado enInternacional
Viernes, 31 Agosto 2012 06:37

Brasil y los autos más caros del mundo

Brasil y los autos más caros del mundo
Brasil es el cuarto mayor mercado automovilístico en el mundo: lo superan China, Estados Unidos y Japón. La producción rompe una marca tras otra, y ahora mismo la presidenta Dilma Rousseff decidió mantener, por dos meses más, la exención del Impuesto sobre Productos Industrializados para vehículos nuevos.


Esa medida, que hizo bajar los precios y aumentar las ventas, es parte de la política de estímulo al consumo interno determinado por el gobierno, cuyo objetivo es impedir un enfriamiento más acentuado de la economía. Las proyecciones iniciales indican que en agosto se vendieron 400 mil vehículos y fueron producidos 330 mil. La producción estimada para este año roza la marca de los tres millones 400 mil.


En medio de ese aluvión de números, uno salta a la vista: si es el cuarto mayor mercado mundial, los vehículos brasileños ocupan el primer puesto cuando se trata de precios y de las ganancias de los fabricantes. Un mismo automóvil puede costar en Brasil hasta 106 por ciento más que en Francia, 76 por ciento más que en Estados Unidos, 70 por ciento más que en Japón y 29 por ciento más que en Argentina.


En general la culpa sobre el altísimo precio que un brasileño paga por un automóvil es imputado a la carga tributaria, efectivamente muy elevada, la más elevada en comparación con Argentina, Francia, Estados Unidos y Japón, y el doble de la media mundial.


Pero ahora surgen datos, en un estudio que la consultora IHS Automotive realizó en esos cinco países, indicando que en Brasil los márgenes de ganancia de los fabricantes son, con creces, los más elevados. Aquí, 10 por ciento de un vehículo son pura ganancia. En Estados Unidos, un tres por ciento. La media mundial es de cinco por ciento.


Aunque el mercado brasileño cuente con protección para la industria local (los importados tienen una tasa fiscal mucho mayor que los nacionales) y haya una fuerte concentración de ventas en cuatro grandes marcas –Volkswagen, Ford, Fiat y General Motors–, lo que ya aseguraría amplia ventaja para esos fabricantes, los márgenes de beneficios son más suculentos que en cualquier otra parte, gracias a los precios puestos en práctica. En la media mundial, un 30 por ciento de los mercados internos son controlados por las marcas que concentran, regionalmente y caso a caso, mayor poder de ventas. En Brasil, esas cuatro concentran nada menos que 81 por ciento del mercado.


Estimulados por la reducción de parte de la carga fiscal, los brasileños compran autos nuevos a crédito, pagando hasta en 60 meses. Con esa fuerte demanda, ninguno de los fabricantes que controla el mercado tiene interés alguno en bajar sus márgenes de beneficio, es decir, bajar aún más los precios.


Si se descuenta la pesada carga fiscal, o sea, poniéndola en el mismo nivel de los otros cuatro países que el informe compara, el precio final del vehículo en Brasil sigue siendo considerablemente más alto. Si se considera que un obrero de Estados Unidos o de Japón o de Francia gana bastante más que su colega brasileño, el cuadro cierra de manera inequívoca: es en la ganancia de la industria que reside la diferencia.


Hay, desde luego, otros aspectos que componen el precio final de un automóvil vendido en Brasil y del mismo modelo en Argentina, Francia, Japón o Estados Unidos. Uno, en especial, llama la atención. En Estados Unidos, el costo de producción de un automóvil (materia prima, mano de obra, logística, publicidad) significa 88 por ciento del precio final. La media mundial indica que ese costo es de 79 por ciento. En Brasil, sólo 58 por ciento. O sea: cuesta mucho menos producir en Brasil el mismo vehículo producido en Estados Unidos, aunque el precio aquí sea mucho mayor.


En el caso de los importados, el cuadro se hace aún más grave. Un modelo básico del Jeep Cherokee, por ejemplo, sale al comprador por 89.500 dólares en Brasil. En Miami, ese dinero sería suficiente para comprar tres (a 28 mil dólares cada uno) y todavía guardar dinero para combustible de todo un año.


Un Honda del modelo Fit cuesta, para un brasileño, 106 por ciento más que para un comprador francés (donde el auto se llama Jazz). Un utilitario Nissan Frontier vale, en Brasil, 91 por ciento más que en Estados Unidos. Si ambos compradores pagasen el mismo impuesto, aun así al brasileño ese coche le costaría alrededor de 31 por ciento más.


Estudios indican que mientras no exista una verdadera disputa por el mercado interno, y mientras cuatro fabricantes sigan concentrando 81 por ciento del volumen comercializado, los estímulos ofrecidos por el gobierno a los compradores serán, en realidad, estímulos para que la industria continúe ganando cada vez más.


Y así, el país que es el cuarto mercado mundial seguirá siendo el principal motor de ganancias de una industria tan poderosa cuanto beneficiada en Brasil.

Publicado enInternacional
Martes, 24 Julio 2012 06:45

¿Hacia la era del gas?

¿Hacia la era del gas?
Incoloro, inodoro, más ligero que el aire. El gas natural no tiene mucho impacto en los sentidos, pero como fuente de calor y energía está transformando los mercados. Alrededor del año 100, el poeta grecorromano Plutarco mencionó los “fuegos eternos” en lo que hoy es Irán; probablemente se trataba de gas metano que escapaba del suelo y era encendido por relámpagos. Esos fuegos eternos proliferan ahora: el inesperado auge del gas pizarra o de esquisto (shale) que se ha desencadenado en EU podría expandirse a otras partes y añadir un enorme volumen a las reservas mundiales de gas.


El gas pizarra –fuente “no convencional” de metano, como el que se encuentra en las vetas de carbón o atrapado en formaciones de roca– ha transformado el panorama energético en EU. Al mismo tiempo, descubrimientos de vastas reservas de gas convencional en los pozos tradicionales han elevado las reservas conocidas en el mundo. El gas es el único combustible fósil que incrementará su participación en la demanda energética en los años por venir.


Durante largo tiempo se le consideró el pariente pobre del petróleo. A finales del siglo XVIII el ingeniero escocés William Murdoch lo usó para iluminar su casa, pero pasaron varias décadas antes de que su uso se popularizara para iluminar viviendas y calles, en vez de las velas. La explotación comercial del gas y el petróleo comenzó más o menos al mismo tiempo, pero el gas se siguió usando sólo para alumbrar. Y pese a su rápido ascenso reciente, hacia 2035 aún estará a la zaga del petróleo como fuente de energía, según la Agencia Internacional de Energía (AIE), y sólo rebasará al carbón por esas fechas si se explotan a cabalidad las nuevas reservas.


El problema con el gas es que el transporte es caro y difícil. Así ocurría también con el petróleo, pero desde el perfeccionamiento de los grandes buques cisternas, en la década de 1960, resulta relativamente barato enviarlo por el mundo. En cambio, el gas necesita un comprador dispuesto y una forma de entregarlo.


Valor inapreciable


Los costos del transporte impiden que el gas se comercie como otros productos primarios. Sólo la tercera parte se comercia a través de las fronteras, contra dos terceras partes en el caso del petróleo. Otros productos primarios tienen más o menos el mismo precio en todo el mundo, pero el gas no tiene un precio global. En EU, así como en GB y Australia, se le comercia libremente y la competencia fija los precios. En Europa continental comienzan a formarse mercados del gas, pero la mayor parte se entrega a través de gasoductos y se vende mediante contratos a largo plazo ligados al precio del petróleo. Asia, que posee escasas reservas, hace grandes importaciones de gas natural licuado (GNL). El gas “varado”, demasiado lejano de sus mercados para ser enviado por un ducto, puede licuarse enfriándolo a –162ºC, enviarse en navíos especiales y convertirse nuevamente en gas al llegar a su destino; pero las enormes plantas requeridas para realizar las dos tareas en los extremos del camino son muy costosas.


Como los precios del gas en diferentes partes del mundo son fijados por mecanismos muy distintos, están sujetos a enormes variaciones. En EU, donde el gas pizarra brota del suelo, llegaron recientemente a su punto más bajo en diez años. En Asia son hasta 10 veces más caros que en EU.


Gas por todos lados


Las reservas globales de gas se han incrementado constantemente durante al menos 30 años. Según un informe del Instituto Tecnológico de Massachusetts, publicado el año pasado, la producción mundial ha crecido en forma significativa, por dos quintas partes entre 1990 y 2009, dos veces más rápido que el petróleo. Hace apenas una década se preveía que el mundo tenía reservas de gas cuando mucho para 50 o 60 años; ahora el gas shale y de otras fuentes, convencionales y no, ha incrementado ese periodo a 200 años o más, según algunas estimaciones.


La bonanza del gas no convencional ha duplicado la base de recursos de gas, la cual mide todo el gas del subsuelo, más que el que podría ser recuperable económicamente. En 2009 la AIE estimaba la “base recuperable global de recursos de gas a largo plazo” en 850 billones de metros cúbicos, contra 400 billones apenas un año antes. La razón principal fue el gas pizarra y otros no convencionales. No sólo EU, sino partes de Europa, China, Argentina, Brasil, México, Canadá y varios países africanos cuentan con cantidades desconocidas de gas que podrían transformar su panorama energético.


Las mejoras tecnológicas han contribuido, al igual que los altos precios del petróleo. Pero antes de hacer una perforación de prueba es casi imposible conocer si se encontrará petróleo o gas (a veces ambos, y con frecuencia ninguno). A últimas fechas, las grandes petroleras han encontrado mucho gas.


Sin embargo, hay reservas. El año pasado la AIE publicó un informe titulado “¿Entramos en una era dorada del petróleo?” Los signos de interrogación reflejan las restricciones que la inquietud pública sobre el gas de esquisto podría poner a su desarrollo, lo cual es una de las razones por las que Faith Birol, la economista en jefe de la AIE, pone en duda que el auge del gas shale en EU pueda repetirse en otras partes.


Crecimiento espectacular


En el escenario más prometedor, si el desarrollo del gas pizarra cobra pleno impulso, la AIE calcula que la participación del gas en la mezcla energética mundial se elevará de 21% hoy a 25 en 2035. Puede que no parezca un gran aumento, pero en ese periodo el consumo total global tendrá un crecimiento espectacular. Si se pueden vencer los obstáculos, más gas y precios más bajos significarán un aumento de 50% en la demanda global de gas entre 2010 y 2035, según la agencia.


Lo que causa tanta emoción en el gas no es sólo la elevación en la oferta, sino también la amplia gama de usos que tiene. Es un combustible flexible, capaz de calentar hogares, alimentar calentadores industriales y abastecer a la industria petroquímica, donde se puede transformar en plásticos, fertilizantes y otros productos útiles. También avanza despacio pero en forma significativa como combustible para camionetas y autobuses.


Sin embargo, los mayores avances son en generación de energía. La turbina de gas de ciclo combinado, subproducto de la industria aeronáutica, ha transformado la economía de la industria. No sólo ha reducido los costos de generar electricidad a partir del gas, sino que el proceso genera hasta 50% menos de dióxido de carbono que el carbón. En momentos en que los gobiernos se esfuerzan por reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, remplazar carbón con gas rendirá resultados en un plazo bastante corto.


Si el “viento del gas shale” que sopla por EU puede extenderse al mundo, el enorme superávit que traerá consigo podría apresurar el advenimiento de un mercado global de gas. Así como el siglo XX fue la era del petróleo, el siglo XXI bien podría ser la era del gas.


Traducción de textos: Jorge Anaya

Publicado enInternacional
Martes, 19 Junio 2012 06:55

Dos cumbres, muchos reclamos

Dos cumbres, muchos reclamos
A seis días del inicio de la cumbre ambiental y cuando faltan dos para la llegada de los jefes de Estado, anoche no estaba definido el documento que deberían firmar los mandatarios. “Hay por lo menos diez cuestiones complejas en el texto”, admitió ayer el embajador André Correa do Lago, jefe de la delegación brasileña. El debate está empantanado en torno del concepto de economía verde que impulsan los países desarrollados y, sobre todo, si esas naciones se van a hacer cargo de su mayor responsabilidad en el deterioro ambiental del planeta, financiando un fondo para iniciativas sustentables. Hasta ahora se resisten, escudados en la crisis económica que los afecta. Se estima que el texto podría ser aprobado esta madrugada. Mientras los diplomáticos debaten contra reloj, los movimientos sociales que participan de la Cumbre de los Pueblos, en esta misma ciudad, avanzan con sus reclamos. Ayer, tres movilizaciones paralizaron el centro de Río: grupos de aborígenes que rechazan las represas hidroeléctricas en el Amazonas, ambientalistas que se oponen a la economía verde y unas sesenta organizaciones de mujeres que pidieron por el derecho al aborto y contra la violencia doméstica.


De la Cumbre de los Pueblos participan numerosas organizaciones de la Argentina, la mayoría de ellas nucleadas en la Red Social que organizó y coordinó la Cancillería. “La delegación representa a unas 567 organizaciones que, si bien no elaboraron un documento en conjunto, lograron establecer un debate y elaborar una postura con coincidencias”, dijo a Página/12 Oscar Laborde, coordinador del Consejo Consultivo de la Sociedad Civil de la Cancillería.


La convocatoria incluyó a organizaciones ambientalistas, sociales, universitarias, sindicales, políticas y de pueblos originarios. Entre ellas participan la CTA, la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN), el INTI, el Instituto Gino Germani de la UBA, organizaciones de pueblos originarios y de migrantes, la Universidad Nacional de San Martín y el área de profesionales del Movimiento Evita, entre otros.


“Todos coincidimos en que no va a haber política ambiental viable si no se contemplan políticas de inclusión”, dijo a este diario Beatriz Anchorena, directora ejecutiva de la Fundación Compromiso, una de las integrantes de la delegación argentina.


La Cumbre de los Pueblos por la Justicia Social y Ambiental se desarrolla en forma paralela a la Cumbre de Naciones Unidas, en el Aterro do Flamengo, un predio ubicado en pleno centro de Río de Janeiro, lejos del escenario de la cumbre de jefes de Estado. Han llegado delegaciones de diversos países, todos con un denominador común: el rechazo a la mercantilización de la vida y la naturaleza, y en defensa de los bienes comunes.


En ese escenario se desarrollan conferencias y exposiciones simultáneas sobre diferentes temas, como los estragos de la minería a cielo abierto o la amenaza por la deforestación, como consecuencia de la extensión de las fronteras agropecuarias. El tema de género también se incorporó a los debates, en una ampliación del concepto de protección del medio ambiente, en la que las mujeres, como mayoría de la población mundial, tienen un papel decisivo.


Fueron las mujeres, justamente, las que salieron a la calle ayer, y se manifestaron con un corte en las avenidas Presidente Vargas y Antonio Carlos que paralizó el centro de Río. Las convocantes dijeron haber reunido a unas cinco mil participantes, muchas de ellas con los pechos desnudos y los cuerpos pintados con coloridas pinturas. “No queremos estar encerradas en el Aterro do Flamengo, salimos a hacer públicas nuestras reivindicaciones por la igualdad”, dijeron.


No fueron las únicas. Grupos indígenas de Brasil también hicieron su piquete para hacer visibles sus reclamos contra un proyecto del Banco Nacional de Desarrollo para construir centrales hidroeléctricas en el Amazonas. Por último, grupos ambientalistas del Comité de Defensa de los Bosques también se manifestaron en contra del Código Forestal.


Las organizaciones son críticas del concepto de economía verde que impulsan los países desarrollados y Africa. Coinciden grosso modo con la posición que vienen sustentando los países del G-77 (entre ellos la Argentina) más China, que sospechan que puede convertirse en un instrumento de las potencias para imponer nuevas barreras a las importaciones provenientes de países en desarrollo que no cumplan con esos parámetros verdes.


Como contrapartida, los países emergentes reclaman la creación de un fondo con el aporte de los países más ricos –los que más daño hicieron al ambiente en el planeta– para financiar el desarrollo de las naciones periféricas de una manera sustentable.


Ambas posiciones constituyen los ejes de un debate que hasta anoche no había terminado de saldarse. Los esfuerzos de la diplomacia anfitriona procuraban que la cumbre no termine en fracaso y se llegue a un compromiso lo menos lavado posible. Luis Figueiredo Machado usó una metáfora futbolera para describir el cuadro: “Ya terminó el tiempo reglamentario, estamos en el alargue”.
Publicado enInternacional
¿El complejo militar-industrial, en el aire?
No son pocos los estudiosos que han señalado la profunda relación entre la generalización del uso del arma de fuego y la emergencia de la modernidad. El escritor alemán Robert Kurz, muestra que los trabajos de Karl Georg Zinn o Geoffrey Parker son buenos ejemplos donde se puede ver la relación directa entre guerra y capitalismo.

Allí se hace evidente que, sin el arma de fuego desarrollada, a Occidente le hubiera sido imposible invadir y someter los pueblos que desde los tiempos de los imperios comerciales les permitieron a algunas naciones europeas sus fases crecientes de acumulación y concentración de riqueza. Pero lo más importante de señalar es que la multiplicación de los ejércitos fue siempre, en sí misma, un importante negocio en el que la alta tecnología y el elevado gasto de materiales fueron las constantes que la convirtieron en sitio privilegiado de la inversión.

Ya en el siglo XVII, los primeros escritores mercantilistas, tal el caso de Thomas Mun en 1664) argumentaban a favor del gasto militar como uno de los mecanismos centrales para la creación del mercado interno. En su libro La riqueza de Inglaterra por el comercio exterior, cuando responde las críticas a los peligros del atesoramiento, señala que para los Estados no es obligatorio el ahorro líquido, pues siempre hay opciones de gasto “provechoso” como aquel destinado a “[…] tener al corriente en sus pagos a los coroneles, capitanes, soldados comandantes, marineros y otros, tanto de mar como de tierra, con buena disciplina, en llenar sus almacenes [en lugares diversos y fuertes] y abastecerse con pólvora, azufre, salitre, municiones, artillería, mosquetes, espadas, picas, armaduras, caballos y de muchas otras provisiones semejantes propias para la guerra, todo lo cual hará que sean temidos en el extranjero y amados en su país, especialmente si se cuida de que todo [hasta donde sea posible] se haga de los materiales y manufacturas de sus propios súbditos”*. Por lo cual, entender las fases de la acumulación sin hacer referencia a las formas que asume el gasto militar y su distribución en el mundo, es por lo menos insuficiente.

El nacimiento del complejo militar-industrial


La fabricación de armas cada vez más sofisticadas o de mayor potencia no sólo desbordó la capacidad de los talleres artesanales y obligó a la creación de grandes unidades fabriles sino que además indujo fuertes cambios en las formas de organización del trabajo. El taylorismo, por ejemplo, primera forma racionalizada de explotación laboral (centrada en la medición de los tiempos, el estudio de los movimientos de cada operación y el diseño de herramientas que permitieran maximizar la puesta en ejercicio de la fuerza de trabajo) y que se transformó en nuevo eje organizativo del sometimiento del trabajador, no hubiera sido posible legitimarlo sin la justificación nacionalista de que las necesidades de la guerra (se trata aquí de la primera guerra mundial) obligaban a trabajar al límite de los esfuerzos.

En esta primera etapa, empresas como la Ford proveían a Estados Unidos del material de guerra, y es en ese sentido como se puede señalar que hasta antes de finalizada la Segunda Guerra Mundial no se podía hablar de industria militar propiamente dicha, aunque es conocido que en la depresión de los 30 el presidente norteamericano Franklin Delano Roosevelt utilizó las llamadas “cooperaciones” público-privadas para sostener la industria de municiones y evitar que ésta se afectara con la crisis.

El nacimiento de un sector dedicado en forma exclusiva a productos de destrucción masiva, toma forma tan solo en la segunda posguerra y es archiconocido el discurso del general y presidente norteamericano Dwight David Eisenhower, del 17 de enero de 1961, con motivo de la finalización de su segundo mandato, y en el que ubica explícitamente la consolidación del complejo militar-industrial como el nuevo centro de la dinámica del capital: “Hasta el último de nuestros conflictos mundiales, los Estados Unidos no tenían industria armamentística. Los fabricantes norteamericanos de arados podían, con tiempo y según necesidad, fabricar también espadas. Pero ahora ya no nos podemos arriesgar a una improvisación de emergencia de la defensa nacional; nos hemos visto obligados a crear una industria de armamentos permanente, de grandes proporciones.


“Añadido a esto, tres millones y medio de hombres y mujeres están directamente implicados en el sistema de defensa. Gastamos anualmente en seguridad militar más que los ingresos netos de todas las empresas de Estados Unidos. […] En esta revolución, la investigación ha tenido un papel central; también se vuelve más formalizada, compleja, y cara. Una proporción creciente de la misma se lleva a cabo bajo la dirección, o para los fines, del Gobierno Federal. […] Hoy, el inventor solitario, trasteando en su taller, ha sido desplazado por ejércitos de científicos en laboratorios y campos de pruebas. […] En parte por las enormes cantidades que conlleva, un contrato con el Gobierno se vuelve virtualmente el sustituto de la curiosidad intelectual”.

En el contexto de la Guerra Fría en el que competían el socialismo real y las formas organizativas liberales, las armas atómicas, el dominio del espacio aéreo y el desarrollo de las comunicaciones se convirtieron en campos en los que la tecnología podía definir la superioridad militar. El control del espacio aéreo sustituyó la obsesión de los imperios del siglo XIX por el dominio de los mares y se dio comienzo a la “carrera espacial” que, con el último vuelo del programa de transbordadores en este julio de 2011, parece moribunda.

La prensa oficial se limita a informar sobre los dos millones y medio de piezas móviles de la aeronave o sus 135 vuelos, pero vela que el programa fue un absoluto fracaso. No sólo porque los 192 mil millones de dólares gastados en el programa doblaron lo presupuestado sino asimismo porque técnicamente representó muy poco. Su alejamiento de la Tierra alcanzó un máximo de 550 kilómetros (en promedio fueron 350, que son menos que la distancia a la que orbitan muchos satélites) y fue inútil para el desarrollo de técnicas de viajes a largas distancias o la experimentación de punta. Su fin, sin embargo, deja dependiendo el acceso de los estadounidenses a la estación espacial de la compra de boletos en las naves rusas, lo que manifiesta de manera aún más clara lo desastroso del resultado.

Pero parece definitivo el lento pero seguro desmantelamiento de la NASA. Se estima que quedarán mil trabajadores, de los 17 mil que llegó a tener el programa, y que, si se consideran los trabajos indirectos, la pérdida puede llegar a 27 mil. Ahora bien, no se trata de cualquier tipo de trabajo, pues el conocimiento que allí se maneja está en condiciones de alterar el balance geopolítico, como quiera que esa fuerza laboral está en condiciones de alterar el balance entre las potencias emergentes y el gran imperio si se ve obligada a trabajar por fuera de las fronteras del mismo.

El reemplazo del programa oficial por el de las compañías particulares es una total incógnita. Los compromisos con empresas como Space X y Orbital Sciences son sujeto de gran incertidumbre, en razón a que sus resultados sólo se podrán palpar después de 2015, si realmente se logra el suministro de viajes lo suficientemente económicos y eficientes por parte del sector privado.

Lo interesante del caso es que, después de todo, el neoliberalismo también terminó haciendo estragos en la población y en el Estado mismo que lo impulsó, pues el adelgazamiento de instituciones tan simbólicas para el capitalismo estadounidense como el Pentágono y la NASA han obedecido en no poca medida a las políticas privatizadoras. El gobierno de Clinton, al finalizar su segundo período en 2001, había reducido la nómina federal en 360 mil puestos de trabajo y aumentado los gastos mediante contratistas en un 44 por ciento desde 1993.

El medio siglo que va de 1961 a 2011 no se podrá analizar sin precisar el peso del complejo militar-industrial, su auge y su declinación, porque lo que ahora se inaugura es una etapa en la cual la empresa privada deja de ser un oferente pasivo que atiende el diseño y las exigencias del Estado y pasa a ser el determinador de las metas y las formas de alcanzarlas. Por lo pronto, la banalización de los viajes espaciales en los que el turismo para mil-millonarios parece ser el primer objetivo de los empresarios particulares, con todo y lo grotesco del derroche, puede considerarse un mal menor frente a los usos militares, aunque no debemos confiarnos, pues un “gran hermano” corporativo no es menos peligroso que uno estatal.

Nuevos enemigos, nuevas necesidades


Cambiar un enemigo como la Unión Soviética por uno difuso y desdibujado como el ‘terrorismo’ ha tenido significativas consecuencias para el imperio. Matar moscas a cañonazos, incluso para el Estado gringo, debe ser una insensatez, por lo que una situación de guerra permanente contra los “Estados-problema” y los “actores no estatales significativos” o las intervenciones en los “Estados fracasados” terminó cambiando las prioridades, y del diseño de armas supersofisticadas y de destrucción masiva se pasó a la preferencia por la actividades de inteligencia y la muerte selectiva.

De los aproximadamente 60 mil millones de dólares que los expertos estiman que gastan los Estados Unidos en inteligencia en el exterior, ya en 2006 el 70 por ciento (es decir, 42 mil millones) era asumido por contratistas. Igualmente, el número de personas empleadas como subcontratistas en esa rama de la guerra supera el de la CIA. La cantidad de compañías que contrata con la Agencia de Seguridad Nacional pasó de 144 en 2001 a más de 5.400 en 2006, mostrándose claramente que la privatización de la confrontación es inevitable y que, salvo los desarrollos en el manejo de la información en la red, el gasto militar está cada vez menos impactado por la tecnología de punta. Según el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI, sigla en inglés), se prevé para 2012, por primera vez, una contracción en el presupuesto militar estadounidense, lo que pudiera indicar un punto de inflexión que para muchos, dada la situación de la deuda de los Estados Unidos, es imparable.

De otro lado, China, convertida en el principal contendor económico de Estados Unidos, ha basado sus relaciones con sus socios comerciales en el principio del respeto a la soberanía de los pueblos y la no intervención en sus asuntos internos, lo cual le permite establecer relaciones con países de todo tipo y sin la carga moral que presupone el principio de establecer relaciones únicamente con quien se comparten valores. Las “buenas maneras” chinas han terminado por generarle un espacio amplio, y su accionar se muestra fuertemente contrastante con la actitud estadounidense del sometimiento político a toda costa y que cada vez se muestra más inviable.

Que la recién nombrada directora del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, haya escogido como adjuntos al estadounidense David Lipton y al chino Zhu Min es un gesto que señala la importancia creciente del gigante asiático, que parece haber entendido que no necesita una capacidad armamentística capaz de destruir varias veces la Tierra, pues es suficiente que se cuente con la cantidad necesaria para destruir al enemigo en caso de confrontación. Y, además, saber que en las relaciones comerciales entre países las chequeras pueden ser tan poderosas o más poderosas que las cañoneras. De imponerse y continuar la lógica china, el mundo pudiera ver por primera vez libre comercio de verdad, lo cual en realidad puede resultar no tan halagüeño pero sí, con toda seguridad, mejor que los resultados del comportamiento pirata anglosajón de los últimos 200 años.

Este 2011 enmarca para Estados Unidos varias coincidencias que parecen sobrepasar lo meramente simbólico. Se cumplieron los 50 años del discurso presidencial que le mostraba al mundo la emergencia del complejo militar-industrial y es el año del fin del programa espacial estatal. Pero además se cumplen 10 años del derribamiento de las Torres Gemelas, que aún no han podido ser sustituidas. Los dos primeros hechos tienen un eje común, la Guerra Fría, mientras el último es producto de las llamadas guerras asimétricas y, hasta donde se puede ver, esta última ha puesto en jaque a las instituciones y las lógicas del pasado, metiendo al imperio en una densa incertidumbre acerca de las respuestas adecuadas a sus intereses.

El fin de los transbordadores y el aplazamiento de nuevas modalidades de viaje en por lo menos cinco años (que los mismos expertos consideran un plazo muy corto) invita también a despojarnos de mitos como aquel de que podemos abusar de la extracción de materias primas del planeta porque la tecnología nos permitirá recurrir al saqueo extraterrestre.

Direccionarnos hacia un mundo multipolar es una tarea digna de apoyo, aunque las resistencias serán todavía demasiado fuertes, pues los Estados Unidos no querrán renunciar tan fácilmente al uso de la ventaja militar que les da un gasto que supera de lejos al de los demás países. Pese a ello, entender la nueva situación es una de las tareas obligadas de quienes estén de acuerdo en que no debe ser el terror de la guerra globalizada el marco que guíe nuestras vidas.

*    Página 130 de la primera reimpresión en español del libro de Mun del FCE, 1978.
Publicado enEdición 171
dfgdf

La palabra libertad impone su mito por todo el país, desde la historia oficial sobre la fundación de la República hasta el discurso más reciente de cualquier político; está grabada en cada moneda, está en los himnos y en los juramentos patrióticos, a veces junto a la palabra justicia, a veces cerca del inevitable lema nacional en Dios confiamos.

Publicado enInternacional
Sábado, 04 Junio 2011 06:31

Pepinos, cerdos y enfermedades

El surgimiento de una nueva cepa letal de la bacteria Escherichia coli (E. coli) en los alimentos en Europa pone de manifiesto, nuevamente, el desastre sanitario en que nos ha metido el sistema alimentario agroindustrial. Lo tratan como "accidente", pero en realidad es algo cada vez más frecuente, porque es una consecuencia sistémica. Era lo esperable, al igual que el surgimiento de la gripe porcina y la gripe aviar.

Las autoridades sanitarias del gobierno alemán, donde primero se identificó el brote, acusaron como causantes de contaminación a los "pepinos orgánicos" españoles. Lo tuvieron que rectificar porque era falso, pero ya habían causando grandes pérdidas. Acusan también a tomates y lechugas, se especula con leche, carnes y agua embotellada. Según el Instituto Robert Koch de Alemania, se trata de una cepa desconocida, producto de recombinación de otras, que dio la nueva E. coli enterohemorrágica O104:H4. Al principio sospechaban de la E.coli O157:H7, la que se encontró en carne molida de grandes empresas como Cargill y que en 2008 motivó el retiro de 64 millones de toneladas de carne de Estados Unidos y miles de afectados.

En este caso dicen no saber de dónde salió ni cuánto va a durar, pero se ha extendido a varios países europeos y ha causado 18 muertes y más de 2000 internaciones que pueden tener consecuencias graves. Se podría agregar una larga lista de "accidentes" graves del sistema alimentario industrial (carnes contaminadas, melamina, dioxinas, aditivos y envases de plástico tóxicos, adulteraciones). Lo cierto es que gracias a la industria agroalimentaria controlada por una veintena de trasnacionales globales, la comida pasó de ser necesidad, placer y cultura, a convertirse en una permanente amenaza a la salud.

En el caso de las bacterias E.coli, de las que hay muchas diferentes cepas, éstas son usadas y manipuladas en forma intensiva y masiva por la industria, por lo que están favoreciendo todo el tiempo la creación de nuevas cepas. Por ejemplo, son un elemento importante en la construcción de transgénicos (agro-alimentarios, farmacéuticos y veterinarios), son el vector de fermentación de la biología sintética (manipulando con genes artificiales bacterias E. coli y levaduras, "por que son rápidas y fáciles" de usar), son el vector para fabricar hormonas transgénicas (hormona de crecimiento bovino) para que las vacas produzcan absurdas cantidades de leche que las enferman y nos enferman. En la mayoría de los casos, para probar si la transgenia fue exitosa, les aplican antibióticos, por lo que además de la transferencia horizontal de material genético entre diferentes bacterias (que de por sí promueven los transgénicos), aumentan también la resistencia a antibióticos.

Como las E.coli están presentes en todas partes pero aumentan con ciertas condiciones (almacenamiento, transporte, temperaturas, etc) , en las grandes instalaciones se las combate con bactericidas lo cual promueve aún más mutación y resistencia.

La presencia de bacterias y virus, normales o por falta de higiene y otras condiciones, puede suceder tanto en pequeñas producciones locales, como en grandes. Pero en las pequeñas y descentralizadas, sea desde la cría animal a los cultivos, intercambio y procesamiento de alimentos, mercados locales, queda focalizada o diluida entre muchas otras fuentes de diversidad animal y vegetal.

Es justamente el carácter masivo y uniforme de los cultivos y animales que los hace más vulnerables, al tiempo que los ataques continuos con químicos que todo el tiempo crean más resistencia, agregado a largos transportes y diversos empaques que exigen los grandes supermercados, lo que converge para crear las cepas más peligrosas. Ya en la espiral destructiva, para controlar todo esta debacle de enfermedad que crean –las que se destapan y las muchas sobre las que no toman estadísticas– aplican más químicos como conservadores, aplican irradiaciación de alimentos y empaques con nanotecnología para que los alimentos parezcan frescos; aunque sean nocivos.

Igual que con la gripe porcina, no es verdad que las autoridades no sepan de dónde salió la nueva cepa. Incluso, desde ya, les podemos decir de dónde vendrán muchas de las próximas bacterias y virus patógenos.

El verdadero origen del desastre es que el sistema agroalimentario haya sido secuestrado por las trasnacionales y que para que ganen más, nuestra comida sea transgénica, nos haga obesos, tenga menos nutrientes y esté llena de venenos, sean químicos o nanotecnológicos. Tan brutal ha sido el secuestro en los mercados, que en lugar de tener que advertir los que tienen tóxicos, se etiqueta –con alto costo para productor y consumidor– los productos orgánicos, los que no tienen tóxicos. Y de pasada, afirman que son el origen de cepas patógenas.

Consecuentemente, el control de la "inocuidad alimentaria" se ha transformado en una máquina comercial que lejos de favorecer la salud pública y prevenir enfermedades, es un sistema selectivo de privilegios para las grandes empresas, para desplazar e impedir la producción y consumo de productos campesinos, de pequeños productores y de muchos países del Sur. (Recomiendo ver informe de Grain, Food safety for whom: corporate wealth vs. peoples’s health www.grain.org)

Pese a todo eso, 70 por ciento del planeta aún se alimenta de la producción campesina, comunitaria, familiar. Por la salud de todos y la del planeta, es lo que tenemos que rescatar y apoyar, contra la voracidad homicida de las trasnacionales.

Por Silvia Ribeiro*

*Investigadora del Grupo ETC
Publicado enInternacional
Por segunda vez en los últimos 20 años, a partir de octubre de 2006 la producción industrial de nuestros vecinos perdió dinamismo. Desde la primavera de 1991, mes a mes crecía. Pero de octubre en adelante lo hizo a tasas cada vez menores. Aunque no lo dijeron, los analistas gubernamentales de Estados Unidos empezaron a preocuparse. Y es que durante 18 meses –de finales de 2006 a principios de 2008– no vieron mejoría en sus tasas de crecimiento industrial. Eran cada vez menores. Persistentemente menores.

Sí, es cierto, la producción industrial no caía, pero era incapaz no sólo de superar, sino –ni siquiera– de alcanzar los altos niveles de finales de 2005 y principios de 2006. Claro que todos en el vecino país se sentían muy satisfechos de haber vencido –al menos momentáneamente, como luego se demostró– el terrible "bache" de finales de 1998, de todo 1999 y de inicios de 2000. Y es que en ese periodo ya se había experimentado una primera pérdida de dinamismo o desaceleración, seguido por otro de franca retracción durante casi todo 2001. Y es que luego de casi tres años de crecimientos industriales mensuales cada vez menores –febrero de 1998 a enero de 2001– durante un año la economía de nuestros vecinos registró caídas en su producción industrial.

México lo sintió severamente. En tres o cuatro años casi no crecimos. Sí, el nivel de cada mes era negativo, inferior al del mismo mes del año anterior. Y sólo hasta junio de 2002 –de forma por demás sorprendente– el aparato productivo estadunidense, el pesadísimo aparato productivo estadunidense que acumulaba y acumulaba activos por una inversión sin freno, sólo después de esos 16 meses de caídas, volvió a registrar crecimientos positivos. ¿Cuántos meses logró crecer, ya en condiciones complicadas por esa pesadez, la industria vecina? Pues 70 meses, casi seis años, justamente hasta marzo de 2008. Aunque –de nuevo– 52 meses con tasas ascendentes y 18 con tasas descendentes. Ciclo económico de altas y bajas, dirían los clásicos. Todo mundo feliz. Bueno, no todos.

Recuerdo a los asesores económicos de "mister president" que empezaron a notar esos crecimientos cada vez menores de octubre de 2006 en adelante. Y la preocupación se convirtió en angustia cuando en abril de 2008 la producción industrial de Estados Unidos registró su primera tasa negativa. Sí, el nivel de la primavera de 2008 respecto al de la primavera de 2007 ya era inferior. Y –lo peor de todo– siguió así durante 21 meses, casi dos años. Y no fue sino hasta el mes de enero de 2010 que dejó de caer. Ciertamente de julio a diciembre de 2009 las tasas negativas fueron cada vez menores. Y ya en enero del año pasado –como he comentado– comenzó el crecimiento positivo. Claro que de niveles bajísimo. ¿Cuáles? Véalo usted. Piense que la producción industrial llegó a caer casi 20 por ciento de su punto más alto a su punto más bajo.

Se trata del nivel de derrumbe económico más severo en la historia económica reciente de nuestros vecinos. Nivel severamente agravado por el derrumbe de la rentabilidad, en virtud de la sobreacumulación de activos industriales registrada por el aceleradísimo ciclo de inversión registrado –primordialmente– del invierno de 1993 a la primavera de 2001. Ocho años de acumulación acelerada –aceleradísima– de activos industriales. De esos que también aceleradamente deprimen la rentabilidad. Severamente. Círculo anunciado como virtuoso, pero convertido de un día para otro en vicioso. Terriblemente vicioso. No presento hoy las razones –muchas por cierto, pero con el crédito por delante– que permitieron esa expansión acelerada de la industria vecina y que se tradujo en ese derrumbe del orden de 20 por ciento. Sólo quiero concluir hoy este ligero recuento señalando que las estimaciones preliminares de los índices oficiales del mes de mayo que se darán a conocer en esta semana, indicarán que luego de casi 16 meses, si de casi año y medio, apenas se ha logrado una ligera recuperación industrial, cercana a dos tercios de lo perdido. Falta un tercio todavía. Con una cuenta lineal y simplista, pero útil en estos momentos, y considerando el nivel medio de recuperación industrial en el vecino país, esto significa que faltan no menos de nueve a 12 meses para llegar al nivel de producción industrial registrado en diciembre de 2007. O sea que en abril de 2012, es altamente probable que el nivel de la producción industrial de nuestros vecinos sea el mismo de finales de 2007. Pero sabe algo, sin haber logrado disminuir sustantivamente el desempleo. Ni el tiempo que tarda un trabajador vecino para rencontrar trabajo. Ni siquiera el nivel medio de ingreso logrado antes de la debacle.

En buen romance –gusta decir así un buen compañero– esto significa no sólo un freno al desarrollo económico de cinco años, sino un severo deterioro respecto de las condiciones anteriores. Ni más ni menos. ¿Sólo de nuestros vecinos? No. De nosotros también, tan profunda e irremediablemente vinculados no sólo a la economía estadunidense en general sino, más específicamente, a su dinámica industrial. Para bien y para mal. Por eso, precisamente, por eso, nadie puede andar diciendo a boca suelta que "ya la hicimos". Nadie. De veras.

Por José Antonio Rojas Nieto
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Publicado enInternacional
La Paz, 4 de febrero. El presidente de Bolivia, Evo Morales, responsabilizó hoy a algunos empresarios privados de la especulación con productos como el azúcar y el cemento, lo que, anunció, obliga al Estado a tener sus propias fábricas para esos productos.

Durante un acto de apoyo a Morales y al proceso de cambio, realizado en el palacio de gobierno, por parte de indígenas de comunidades de Kápac Omasuyos y Charcas Kara, departamento de La Paz, el presidente recordó que en 2008, cuando nos querían sacar del palacio, algunos empresarios hicieron faltar arroz.

Por ello, aseveró, el gobierno tuvo que controlar las exportaciones hasta que se abasteciera primero el mercado nacional. Además, se creó Emapa –Empresa de Apoyo a la Producción– para incrementar el cultivo del producto.

Mencionó que en la actualidad y momentáneamente falta azúcar, producto que todavía no está bajo el control del Estado, pero ahora nos obligan a que el Estado tendrá su fábrica de azúcar, nos obligan a prepararnos: el gobierno, con pequeños propietarios, tendrá su fábrica, nos han provocado y vamos a prepararnos.

Morales, quien manifestó que puedo cometer errores, pero nunca traicionar al pueblo boliviano, recomendó en días pasados a la población sustituir el azúcar utilizando miel, si bien este producto endulzante es casi cuatro veces más caro que el primero.

En el acto, Gregorio Choque, autoridad de Kápac Omasuyos, aseveró que el anterior año de gestión de Morales ha sido un éxito para los pueblos indígenas.

En este momento el pueblo indígena originario no sufre (falta) de alimentos, el pueblo indígena originario no necesita azúcar... Sí vamos a necesitar que nos apoyen en la producción para tener soberanía alimentaria, afirmó.

En tanto, el Instituto Nacional de Estadística (INE) informó que la inflación en Bolivia registró un incremento de 1.29 por ciento en enero respecto de diciembre del año pasado, con un acumulado en 12 meses de 8.38 por ciento.

Agregó que la variación se debió principalmente al incremento de precios en las divisiones de alimentos y bebidas no alcohólicas, en 2.22 por ciento; restaurantes y hoteles incidieron en 4.03 por ciento. En el caso del azúcar, la variación fue de 20.35 por ciento.

Por su parte, maestros urbanos convocaron a obreros, comerciantes y trabajadores desocupados a una movilización popular para el viernes 18 de febrero contra el hambre, contra las colas para adquirir alimentos, por el derecho al pan, al trabajo y a un sueldo de acuerdo con la canasta familiar.

La escasez y especulación con el cemento y el azúcar se inició en noviembre de 2010 y se agudizó con el gasolinazo –aumento de hasta 82 por ciento en el precio de los combustible fijado por el gobierno a fin de diciembre, que anuló el último día del año.

Sin embargo, no se ha podido regularizar la venta del endulzante, por lo que hay malestar en la población que sigue haciendo largas colas para obtener el producto.

Por Rosa Rojas
Corresponsal
Publicado enInternacional