Martes, 19 Junio 2012 06:55

Dos cumbres, muchos reclamos

Dos cumbres, muchos reclamos
A seis días del inicio de la cumbre ambiental y cuando faltan dos para la llegada de los jefes de Estado, anoche no estaba definido el documento que deberían firmar los mandatarios. “Hay por lo menos diez cuestiones complejas en el texto”, admitió ayer el embajador André Correa do Lago, jefe de la delegación brasileña. El debate está empantanado en torno del concepto de economía verde que impulsan los países desarrollados y, sobre todo, si esas naciones se van a hacer cargo de su mayor responsabilidad en el deterioro ambiental del planeta, financiando un fondo para iniciativas sustentables. Hasta ahora se resisten, escudados en la crisis económica que los afecta. Se estima que el texto podría ser aprobado esta madrugada. Mientras los diplomáticos debaten contra reloj, los movimientos sociales que participan de la Cumbre de los Pueblos, en esta misma ciudad, avanzan con sus reclamos. Ayer, tres movilizaciones paralizaron el centro de Río: grupos de aborígenes que rechazan las represas hidroeléctricas en el Amazonas, ambientalistas que se oponen a la economía verde y unas sesenta organizaciones de mujeres que pidieron por el derecho al aborto y contra la violencia doméstica.


De la Cumbre de los Pueblos participan numerosas organizaciones de la Argentina, la mayoría de ellas nucleadas en la Red Social que organizó y coordinó la Cancillería. “La delegación representa a unas 567 organizaciones que, si bien no elaboraron un documento en conjunto, lograron establecer un debate y elaborar una postura con coincidencias”, dijo a Página/12 Oscar Laborde, coordinador del Consejo Consultivo de la Sociedad Civil de la Cancillería.


La convocatoria incluyó a organizaciones ambientalistas, sociales, universitarias, sindicales, políticas y de pueblos originarios. Entre ellas participan la CTA, la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN), el INTI, el Instituto Gino Germani de la UBA, organizaciones de pueblos originarios y de migrantes, la Universidad Nacional de San Martín y el área de profesionales del Movimiento Evita, entre otros.


“Todos coincidimos en que no va a haber política ambiental viable si no se contemplan políticas de inclusión”, dijo a este diario Beatriz Anchorena, directora ejecutiva de la Fundación Compromiso, una de las integrantes de la delegación argentina.


La Cumbre de los Pueblos por la Justicia Social y Ambiental se desarrolla en forma paralela a la Cumbre de Naciones Unidas, en el Aterro do Flamengo, un predio ubicado en pleno centro de Río de Janeiro, lejos del escenario de la cumbre de jefes de Estado. Han llegado delegaciones de diversos países, todos con un denominador común: el rechazo a la mercantilización de la vida y la naturaleza, y en defensa de los bienes comunes.


En ese escenario se desarrollan conferencias y exposiciones simultáneas sobre diferentes temas, como los estragos de la minería a cielo abierto o la amenaza por la deforestación, como consecuencia de la extensión de las fronteras agropecuarias. El tema de género también se incorporó a los debates, en una ampliación del concepto de protección del medio ambiente, en la que las mujeres, como mayoría de la población mundial, tienen un papel decisivo.


Fueron las mujeres, justamente, las que salieron a la calle ayer, y se manifestaron con un corte en las avenidas Presidente Vargas y Antonio Carlos que paralizó el centro de Río. Las convocantes dijeron haber reunido a unas cinco mil participantes, muchas de ellas con los pechos desnudos y los cuerpos pintados con coloridas pinturas. “No queremos estar encerradas en el Aterro do Flamengo, salimos a hacer públicas nuestras reivindicaciones por la igualdad”, dijeron.


No fueron las únicas. Grupos indígenas de Brasil también hicieron su piquete para hacer visibles sus reclamos contra un proyecto del Banco Nacional de Desarrollo para construir centrales hidroeléctricas en el Amazonas. Por último, grupos ambientalistas del Comité de Defensa de los Bosques también se manifestaron en contra del Código Forestal.


Las organizaciones son críticas del concepto de economía verde que impulsan los países desarrollados y Africa. Coinciden grosso modo con la posición que vienen sustentando los países del G-77 (entre ellos la Argentina) más China, que sospechan que puede convertirse en un instrumento de las potencias para imponer nuevas barreras a las importaciones provenientes de países en desarrollo que no cumplan con esos parámetros verdes.


Como contrapartida, los países emergentes reclaman la creación de un fondo con el aporte de los países más ricos –los que más daño hicieron al ambiente en el planeta– para financiar el desarrollo de las naciones periféricas de una manera sustentable.


Ambas posiciones constituyen los ejes de un debate que hasta anoche no había terminado de saldarse. Los esfuerzos de la diplomacia anfitriona procuraban que la cumbre no termine en fracaso y se llegue a un compromiso lo menos lavado posible. Luis Figueiredo Machado usó una metáfora futbolera para describir el cuadro: “Ya terminó el tiempo reglamentario, estamos en el alargue”.
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¿El complejo militar-industrial, en el aire?
No son pocos los estudiosos que han señalado la profunda relación entre la generalización del uso del arma de fuego y la emergencia de la modernidad. El escritor alemán Robert Kurz, muestra que los trabajos de Karl Georg Zinn o Geoffrey Parker son buenos ejemplos donde se puede ver la relación directa entre guerra y capitalismo.

Allí se hace evidente que, sin el arma de fuego desarrollada, a Occidente le hubiera sido imposible invadir y someter los pueblos que desde los tiempos de los imperios comerciales les permitieron a algunas naciones europeas sus fases crecientes de acumulación y concentración de riqueza. Pero lo más importante de señalar es que la multiplicación de los ejércitos fue siempre, en sí misma, un importante negocio en el que la alta tecnología y el elevado gasto de materiales fueron las constantes que la convirtieron en sitio privilegiado de la inversión.

Ya en el siglo XVII, los primeros escritores mercantilistas, tal el caso de Thomas Mun en 1664) argumentaban a favor del gasto militar como uno de los mecanismos centrales para la creación del mercado interno. En su libro La riqueza de Inglaterra por el comercio exterior, cuando responde las críticas a los peligros del atesoramiento, señala que para los Estados no es obligatorio el ahorro líquido, pues siempre hay opciones de gasto “provechoso” como aquel destinado a “[…] tener al corriente en sus pagos a los coroneles, capitanes, soldados comandantes, marineros y otros, tanto de mar como de tierra, con buena disciplina, en llenar sus almacenes [en lugares diversos y fuertes] y abastecerse con pólvora, azufre, salitre, municiones, artillería, mosquetes, espadas, picas, armaduras, caballos y de muchas otras provisiones semejantes propias para la guerra, todo lo cual hará que sean temidos en el extranjero y amados en su país, especialmente si se cuida de que todo [hasta donde sea posible] se haga de los materiales y manufacturas de sus propios súbditos”*. Por lo cual, entender las fases de la acumulación sin hacer referencia a las formas que asume el gasto militar y su distribución en el mundo, es por lo menos insuficiente.

El nacimiento del complejo militar-industrial


La fabricación de armas cada vez más sofisticadas o de mayor potencia no sólo desbordó la capacidad de los talleres artesanales y obligó a la creación de grandes unidades fabriles sino que además indujo fuertes cambios en las formas de organización del trabajo. El taylorismo, por ejemplo, primera forma racionalizada de explotación laboral (centrada en la medición de los tiempos, el estudio de los movimientos de cada operación y el diseño de herramientas que permitieran maximizar la puesta en ejercicio de la fuerza de trabajo) y que se transformó en nuevo eje organizativo del sometimiento del trabajador, no hubiera sido posible legitimarlo sin la justificación nacionalista de que las necesidades de la guerra (se trata aquí de la primera guerra mundial) obligaban a trabajar al límite de los esfuerzos.

En esta primera etapa, empresas como la Ford proveían a Estados Unidos del material de guerra, y es en ese sentido como se puede señalar que hasta antes de finalizada la Segunda Guerra Mundial no se podía hablar de industria militar propiamente dicha, aunque es conocido que en la depresión de los 30 el presidente norteamericano Franklin Delano Roosevelt utilizó las llamadas “cooperaciones” público-privadas para sostener la industria de municiones y evitar que ésta se afectara con la crisis.

El nacimiento de un sector dedicado en forma exclusiva a productos de destrucción masiva, toma forma tan solo en la segunda posguerra y es archiconocido el discurso del general y presidente norteamericano Dwight David Eisenhower, del 17 de enero de 1961, con motivo de la finalización de su segundo mandato, y en el que ubica explícitamente la consolidación del complejo militar-industrial como el nuevo centro de la dinámica del capital: “Hasta el último de nuestros conflictos mundiales, los Estados Unidos no tenían industria armamentística. Los fabricantes norteamericanos de arados podían, con tiempo y según necesidad, fabricar también espadas. Pero ahora ya no nos podemos arriesgar a una improvisación de emergencia de la defensa nacional; nos hemos visto obligados a crear una industria de armamentos permanente, de grandes proporciones.


“Añadido a esto, tres millones y medio de hombres y mujeres están directamente implicados en el sistema de defensa. Gastamos anualmente en seguridad militar más que los ingresos netos de todas las empresas de Estados Unidos. […] En esta revolución, la investigación ha tenido un papel central; también se vuelve más formalizada, compleja, y cara. Una proporción creciente de la misma se lleva a cabo bajo la dirección, o para los fines, del Gobierno Federal. […] Hoy, el inventor solitario, trasteando en su taller, ha sido desplazado por ejércitos de científicos en laboratorios y campos de pruebas. […] En parte por las enormes cantidades que conlleva, un contrato con el Gobierno se vuelve virtualmente el sustituto de la curiosidad intelectual”.

En el contexto de la Guerra Fría en el que competían el socialismo real y las formas organizativas liberales, las armas atómicas, el dominio del espacio aéreo y el desarrollo de las comunicaciones se convirtieron en campos en los que la tecnología podía definir la superioridad militar. El control del espacio aéreo sustituyó la obsesión de los imperios del siglo XIX por el dominio de los mares y se dio comienzo a la “carrera espacial” que, con el último vuelo del programa de transbordadores en este julio de 2011, parece moribunda.

La prensa oficial se limita a informar sobre los dos millones y medio de piezas móviles de la aeronave o sus 135 vuelos, pero vela que el programa fue un absoluto fracaso. No sólo porque los 192 mil millones de dólares gastados en el programa doblaron lo presupuestado sino asimismo porque técnicamente representó muy poco. Su alejamiento de la Tierra alcanzó un máximo de 550 kilómetros (en promedio fueron 350, que son menos que la distancia a la que orbitan muchos satélites) y fue inútil para el desarrollo de técnicas de viajes a largas distancias o la experimentación de punta. Su fin, sin embargo, deja dependiendo el acceso de los estadounidenses a la estación espacial de la compra de boletos en las naves rusas, lo que manifiesta de manera aún más clara lo desastroso del resultado.

Pero parece definitivo el lento pero seguro desmantelamiento de la NASA. Se estima que quedarán mil trabajadores, de los 17 mil que llegó a tener el programa, y que, si se consideran los trabajos indirectos, la pérdida puede llegar a 27 mil. Ahora bien, no se trata de cualquier tipo de trabajo, pues el conocimiento que allí se maneja está en condiciones de alterar el balance geopolítico, como quiera que esa fuerza laboral está en condiciones de alterar el balance entre las potencias emergentes y el gran imperio si se ve obligada a trabajar por fuera de las fronteras del mismo.

El reemplazo del programa oficial por el de las compañías particulares es una total incógnita. Los compromisos con empresas como Space X y Orbital Sciences son sujeto de gran incertidumbre, en razón a que sus resultados sólo se podrán palpar después de 2015, si realmente se logra el suministro de viajes lo suficientemente económicos y eficientes por parte del sector privado.

Lo interesante del caso es que, después de todo, el neoliberalismo también terminó haciendo estragos en la población y en el Estado mismo que lo impulsó, pues el adelgazamiento de instituciones tan simbólicas para el capitalismo estadounidense como el Pentágono y la NASA han obedecido en no poca medida a las políticas privatizadoras. El gobierno de Clinton, al finalizar su segundo período en 2001, había reducido la nómina federal en 360 mil puestos de trabajo y aumentado los gastos mediante contratistas en un 44 por ciento desde 1993.

El medio siglo que va de 1961 a 2011 no se podrá analizar sin precisar el peso del complejo militar-industrial, su auge y su declinación, porque lo que ahora se inaugura es una etapa en la cual la empresa privada deja de ser un oferente pasivo que atiende el diseño y las exigencias del Estado y pasa a ser el determinador de las metas y las formas de alcanzarlas. Por lo pronto, la banalización de los viajes espaciales en los que el turismo para mil-millonarios parece ser el primer objetivo de los empresarios particulares, con todo y lo grotesco del derroche, puede considerarse un mal menor frente a los usos militares, aunque no debemos confiarnos, pues un “gran hermano” corporativo no es menos peligroso que uno estatal.

Nuevos enemigos, nuevas necesidades


Cambiar un enemigo como la Unión Soviética por uno difuso y desdibujado como el ‘terrorismo’ ha tenido significativas consecuencias para el imperio. Matar moscas a cañonazos, incluso para el Estado gringo, debe ser una insensatez, por lo que una situación de guerra permanente contra los “Estados-problema” y los “actores no estatales significativos” o las intervenciones en los “Estados fracasados” terminó cambiando las prioridades, y del diseño de armas supersofisticadas y de destrucción masiva se pasó a la preferencia por la actividades de inteligencia y la muerte selectiva.

De los aproximadamente 60 mil millones de dólares que los expertos estiman que gastan los Estados Unidos en inteligencia en el exterior, ya en 2006 el 70 por ciento (es decir, 42 mil millones) era asumido por contratistas. Igualmente, el número de personas empleadas como subcontratistas en esa rama de la guerra supera el de la CIA. La cantidad de compañías que contrata con la Agencia de Seguridad Nacional pasó de 144 en 2001 a más de 5.400 en 2006, mostrándose claramente que la privatización de la confrontación es inevitable y que, salvo los desarrollos en el manejo de la información en la red, el gasto militar está cada vez menos impactado por la tecnología de punta. Según el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI, sigla en inglés), se prevé para 2012, por primera vez, una contracción en el presupuesto militar estadounidense, lo que pudiera indicar un punto de inflexión que para muchos, dada la situación de la deuda de los Estados Unidos, es imparable.

De otro lado, China, convertida en el principal contendor económico de Estados Unidos, ha basado sus relaciones con sus socios comerciales en el principio del respeto a la soberanía de los pueblos y la no intervención en sus asuntos internos, lo cual le permite establecer relaciones con países de todo tipo y sin la carga moral que presupone el principio de establecer relaciones únicamente con quien se comparten valores. Las “buenas maneras” chinas han terminado por generarle un espacio amplio, y su accionar se muestra fuertemente contrastante con la actitud estadounidense del sometimiento político a toda costa y que cada vez se muestra más inviable.

Que la recién nombrada directora del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, haya escogido como adjuntos al estadounidense David Lipton y al chino Zhu Min es un gesto que señala la importancia creciente del gigante asiático, que parece haber entendido que no necesita una capacidad armamentística capaz de destruir varias veces la Tierra, pues es suficiente que se cuente con la cantidad necesaria para destruir al enemigo en caso de confrontación. Y, además, saber que en las relaciones comerciales entre países las chequeras pueden ser tan poderosas o más poderosas que las cañoneras. De imponerse y continuar la lógica china, el mundo pudiera ver por primera vez libre comercio de verdad, lo cual en realidad puede resultar no tan halagüeño pero sí, con toda seguridad, mejor que los resultados del comportamiento pirata anglosajón de los últimos 200 años.

Este 2011 enmarca para Estados Unidos varias coincidencias que parecen sobrepasar lo meramente simbólico. Se cumplieron los 50 años del discurso presidencial que le mostraba al mundo la emergencia del complejo militar-industrial y es el año del fin del programa espacial estatal. Pero además se cumplen 10 años del derribamiento de las Torres Gemelas, que aún no han podido ser sustituidas. Los dos primeros hechos tienen un eje común, la Guerra Fría, mientras el último es producto de las llamadas guerras asimétricas y, hasta donde se puede ver, esta última ha puesto en jaque a las instituciones y las lógicas del pasado, metiendo al imperio en una densa incertidumbre acerca de las respuestas adecuadas a sus intereses.

El fin de los transbordadores y el aplazamiento de nuevas modalidades de viaje en por lo menos cinco años (que los mismos expertos consideran un plazo muy corto) invita también a despojarnos de mitos como aquel de que podemos abusar de la extracción de materias primas del planeta porque la tecnología nos permitirá recurrir al saqueo extraterrestre.

Direccionarnos hacia un mundo multipolar es una tarea digna de apoyo, aunque las resistencias serán todavía demasiado fuertes, pues los Estados Unidos no querrán renunciar tan fácilmente al uso de la ventaja militar que les da un gasto que supera de lejos al de los demás países. Pese a ello, entender la nueva situación es una de las tareas obligadas de quienes estén de acuerdo en que no debe ser el terror de la guerra globalizada el marco que guíe nuestras vidas.

*    Página 130 de la primera reimpresión en español del libro de Mun del FCE, 1978.
Publicado enEdición 171
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La palabra libertad impone su mito por todo el país, desde la historia oficial sobre la fundación de la República hasta el discurso más reciente de cualquier político; está grabada en cada moneda, está en los himnos y en los juramentos patrióticos, a veces junto a la palabra justicia, a veces cerca del inevitable lema nacional en Dios confiamos.

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Sábado, 04 Junio 2011 06:31

Pepinos, cerdos y enfermedades

El surgimiento de una nueva cepa letal de la bacteria Escherichia coli (E. coli) en los alimentos en Europa pone de manifiesto, nuevamente, el desastre sanitario en que nos ha metido el sistema alimentario agroindustrial. Lo tratan como "accidente", pero en realidad es algo cada vez más frecuente, porque es una consecuencia sistémica. Era lo esperable, al igual que el surgimiento de la gripe porcina y la gripe aviar.

Las autoridades sanitarias del gobierno alemán, donde primero se identificó el brote, acusaron como causantes de contaminación a los "pepinos orgánicos" españoles. Lo tuvieron que rectificar porque era falso, pero ya habían causando grandes pérdidas. Acusan también a tomates y lechugas, se especula con leche, carnes y agua embotellada. Según el Instituto Robert Koch de Alemania, se trata de una cepa desconocida, producto de recombinación de otras, que dio la nueva E. coli enterohemorrágica O104:H4. Al principio sospechaban de la E.coli O157:H7, la que se encontró en carne molida de grandes empresas como Cargill y que en 2008 motivó el retiro de 64 millones de toneladas de carne de Estados Unidos y miles de afectados.

En este caso dicen no saber de dónde salió ni cuánto va a durar, pero se ha extendido a varios países europeos y ha causado 18 muertes y más de 2000 internaciones que pueden tener consecuencias graves. Se podría agregar una larga lista de "accidentes" graves del sistema alimentario industrial (carnes contaminadas, melamina, dioxinas, aditivos y envases de plástico tóxicos, adulteraciones). Lo cierto es que gracias a la industria agroalimentaria controlada por una veintena de trasnacionales globales, la comida pasó de ser necesidad, placer y cultura, a convertirse en una permanente amenaza a la salud.

En el caso de las bacterias E.coli, de las que hay muchas diferentes cepas, éstas son usadas y manipuladas en forma intensiva y masiva por la industria, por lo que están favoreciendo todo el tiempo la creación de nuevas cepas. Por ejemplo, son un elemento importante en la construcción de transgénicos (agro-alimentarios, farmacéuticos y veterinarios), son el vector de fermentación de la biología sintética (manipulando con genes artificiales bacterias E. coli y levaduras, "por que son rápidas y fáciles" de usar), son el vector para fabricar hormonas transgénicas (hormona de crecimiento bovino) para que las vacas produzcan absurdas cantidades de leche que las enferman y nos enferman. En la mayoría de los casos, para probar si la transgenia fue exitosa, les aplican antibióticos, por lo que además de la transferencia horizontal de material genético entre diferentes bacterias (que de por sí promueven los transgénicos), aumentan también la resistencia a antibióticos.

Como las E.coli están presentes en todas partes pero aumentan con ciertas condiciones (almacenamiento, transporte, temperaturas, etc) , en las grandes instalaciones se las combate con bactericidas lo cual promueve aún más mutación y resistencia.

La presencia de bacterias y virus, normales o por falta de higiene y otras condiciones, puede suceder tanto en pequeñas producciones locales, como en grandes. Pero en las pequeñas y descentralizadas, sea desde la cría animal a los cultivos, intercambio y procesamiento de alimentos, mercados locales, queda focalizada o diluida entre muchas otras fuentes de diversidad animal y vegetal.

Es justamente el carácter masivo y uniforme de los cultivos y animales que los hace más vulnerables, al tiempo que los ataques continuos con químicos que todo el tiempo crean más resistencia, agregado a largos transportes y diversos empaques que exigen los grandes supermercados, lo que converge para crear las cepas más peligrosas. Ya en la espiral destructiva, para controlar todo esta debacle de enfermedad que crean –las que se destapan y las muchas sobre las que no toman estadísticas– aplican más químicos como conservadores, aplican irradiaciación de alimentos y empaques con nanotecnología para que los alimentos parezcan frescos; aunque sean nocivos.

Igual que con la gripe porcina, no es verdad que las autoridades no sepan de dónde salió la nueva cepa. Incluso, desde ya, les podemos decir de dónde vendrán muchas de las próximas bacterias y virus patógenos.

El verdadero origen del desastre es que el sistema agroalimentario haya sido secuestrado por las trasnacionales y que para que ganen más, nuestra comida sea transgénica, nos haga obesos, tenga menos nutrientes y esté llena de venenos, sean químicos o nanotecnológicos. Tan brutal ha sido el secuestro en los mercados, que en lugar de tener que advertir los que tienen tóxicos, se etiqueta –con alto costo para productor y consumidor– los productos orgánicos, los que no tienen tóxicos. Y de pasada, afirman que son el origen de cepas patógenas.

Consecuentemente, el control de la "inocuidad alimentaria" se ha transformado en una máquina comercial que lejos de favorecer la salud pública y prevenir enfermedades, es un sistema selectivo de privilegios para las grandes empresas, para desplazar e impedir la producción y consumo de productos campesinos, de pequeños productores y de muchos países del Sur. (Recomiendo ver informe de Grain, Food safety for whom: corporate wealth vs. peoples’s health www.grain.org)

Pese a todo eso, 70 por ciento del planeta aún se alimenta de la producción campesina, comunitaria, familiar. Por la salud de todos y la del planeta, es lo que tenemos que rescatar y apoyar, contra la voracidad homicida de las trasnacionales.

Por Silvia Ribeiro*

*Investigadora del Grupo ETC
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Por segunda vez en los últimos 20 años, a partir de octubre de 2006 la producción industrial de nuestros vecinos perdió dinamismo. Desde la primavera de 1991, mes a mes crecía. Pero de octubre en adelante lo hizo a tasas cada vez menores. Aunque no lo dijeron, los analistas gubernamentales de Estados Unidos empezaron a preocuparse. Y es que durante 18 meses –de finales de 2006 a principios de 2008– no vieron mejoría en sus tasas de crecimiento industrial. Eran cada vez menores. Persistentemente menores.

Sí, es cierto, la producción industrial no caía, pero era incapaz no sólo de superar, sino –ni siquiera– de alcanzar los altos niveles de finales de 2005 y principios de 2006. Claro que todos en el vecino país se sentían muy satisfechos de haber vencido –al menos momentáneamente, como luego se demostró– el terrible "bache" de finales de 1998, de todo 1999 y de inicios de 2000. Y es que en ese periodo ya se había experimentado una primera pérdida de dinamismo o desaceleración, seguido por otro de franca retracción durante casi todo 2001. Y es que luego de casi tres años de crecimientos industriales mensuales cada vez menores –febrero de 1998 a enero de 2001– durante un año la economía de nuestros vecinos registró caídas en su producción industrial.

México lo sintió severamente. En tres o cuatro años casi no crecimos. Sí, el nivel de cada mes era negativo, inferior al del mismo mes del año anterior. Y sólo hasta junio de 2002 –de forma por demás sorprendente– el aparato productivo estadunidense, el pesadísimo aparato productivo estadunidense que acumulaba y acumulaba activos por una inversión sin freno, sólo después de esos 16 meses de caídas, volvió a registrar crecimientos positivos. ¿Cuántos meses logró crecer, ya en condiciones complicadas por esa pesadez, la industria vecina? Pues 70 meses, casi seis años, justamente hasta marzo de 2008. Aunque –de nuevo– 52 meses con tasas ascendentes y 18 con tasas descendentes. Ciclo económico de altas y bajas, dirían los clásicos. Todo mundo feliz. Bueno, no todos.

Recuerdo a los asesores económicos de "mister president" que empezaron a notar esos crecimientos cada vez menores de octubre de 2006 en adelante. Y la preocupación se convirtió en angustia cuando en abril de 2008 la producción industrial de Estados Unidos registró su primera tasa negativa. Sí, el nivel de la primavera de 2008 respecto al de la primavera de 2007 ya era inferior. Y –lo peor de todo– siguió así durante 21 meses, casi dos años. Y no fue sino hasta el mes de enero de 2010 que dejó de caer. Ciertamente de julio a diciembre de 2009 las tasas negativas fueron cada vez menores. Y ya en enero del año pasado –como he comentado– comenzó el crecimiento positivo. Claro que de niveles bajísimo. ¿Cuáles? Véalo usted. Piense que la producción industrial llegó a caer casi 20 por ciento de su punto más alto a su punto más bajo.

Se trata del nivel de derrumbe económico más severo en la historia económica reciente de nuestros vecinos. Nivel severamente agravado por el derrumbe de la rentabilidad, en virtud de la sobreacumulación de activos industriales registrada por el aceleradísimo ciclo de inversión registrado –primordialmente– del invierno de 1993 a la primavera de 2001. Ocho años de acumulación acelerada –aceleradísima– de activos industriales. De esos que también aceleradamente deprimen la rentabilidad. Severamente. Círculo anunciado como virtuoso, pero convertido de un día para otro en vicioso. Terriblemente vicioso. No presento hoy las razones –muchas por cierto, pero con el crédito por delante– que permitieron esa expansión acelerada de la industria vecina y que se tradujo en ese derrumbe del orden de 20 por ciento. Sólo quiero concluir hoy este ligero recuento señalando que las estimaciones preliminares de los índices oficiales del mes de mayo que se darán a conocer en esta semana, indicarán que luego de casi 16 meses, si de casi año y medio, apenas se ha logrado una ligera recuperación industrial, cercana a dos tercios de lo perdido. Falta un tercio todavía. Con una cuenta lineal y simplista, pero útil en estos momentos, y considerando el nivel medio de recuperación industrial en el vecino país, esto significa que faltan no menos de nueve a 12 meses para llegar al nivel de producción industrial registrado en diciembre de 2007. O sea que en abril de 2012, es altamente probable que el nivel de la producción industrial de nuestros vecinos sea el mismo de finales de 2007. Pero sabe algo, sin haber logrado disminuir sustantivamente el desempleo. Ni el tiempo que tarda un trabajador vecino para rencontrar trabajo. Ni siquiera el nivel medio de ingreso logrado antes de la debacle.

En buen romance –gusta decir así un buen compañero– esto significa no sólo un freno al desarrollo económico de cinco años, sino un severo deterioro respecto de las condiciones anteriores. Ni más ni menos. ¿Sólo de nuestros vecinos? No. De nosotros también, tan profunda e irremediablemente vinculados no sólo a la economía estadunidense en general sino, más específicamente, a su dinámica industrial. Para bien y para mal. Por eso, precisamente, por eso, nadie puede andar diciendo a boca suelta que "ya la hicimos". Nadie. De veras.

Por José Antonio Rojas Nieto
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La Paz, 4 de febrero. El presidente de Bolivia, Evo Morales, responsabilizó hoy a algunos empresarios privados de la especulación con productos como el azúcar y el cemento, lo que, anunció, obliga al Estado a tener sus propias fábricas para esos productos.

Durante un acto de apoyo a Morales y al proceso de cambio, realizado en el palacio de gobierno, por parte de indígenas de comunidades de Kápac Omasuyos y Charcas Kara, departamento de La Paz, el presidente recordó que en 2008, cuando nos querían sacar del palacio, algunos empresarios hicieron faltar arroz.

Por ello, aseveró, el gobierno tuvo que controlar las exportaciones hasta que se abasteciera primero el mercado nacional. Además, se creó Emapa –Empresa de Apoyo a la Producción– para incrementar el cultivo del producto.

Mencionó que en la actualidad y momentáneamente falta azúcar, producto que todavía no está bajo el control del Estado, pero ahora nos obligan a que el Estado tendrá su fábrica de azúcar, nos obligan a prepararnos: el gobierno, con pequeños propietarios, tendrá su fábrica, nos han provocado y vamos a prepararnos.

Morales, quien manifestó que puedo cometer errores, pero nunca traicionar al pueblo boliviano, recomendó en días pasados a la población sustituir el azúcar utilizando miel, si bien este producto endulzante es casi cuatro veces más caro que el primero.

En el acto, Gregorio Choque, autoridad de Kápac Omasuyos, aseveró que el anterior año de gestión de Morales ha sido un éxito para los pueblos indígenas.

En este momento el pueblo indígena originario no sufre (falta) de alimentos, el pueblo indígena originario no necesita azúcar... Sí vamos a necesitar que nos apoyen en la producción para tener soberanía alimentaria, afirmó.

En tanto, el Instituto Nacional de Estadística (INE) informó que la inflación en Bolivia registró un incremento de 1.29 por ciento en enero respecto de diciembre del año pasado, con un acumulado en 12 meses de 8.38 por ciento.

Agregó que la variación se debió principalmente al incremento de precios en las divisiones de alimentos y bebidas no alcohólicas, en 2.22 por ciento; restaurantes y hoteles incidieron en 4.03 por ciento. En el caso del azúcar, la variación fue de 20.35 por ciento.

Por su parte, maestros urbanos convocaron a obreros, comerciantes y trabajadores desocupados a una movilización popular para el viernes 18 de febrero contra el hambre, contra las colas para adquirir alimentos, por el derecho al pan, al trabajo y a un sueldo de acuerdo con la canasta familiar.

La escasez y especulación con el cemento y el azúcar se inició en noviembre de 2010 y se agudizó con el gasolinazo –aumento de hasta 82 por ciento en el precio de los combustible fijado por el gobierno a fin de diciembre, que anuló el último día del año.

Sin embargo, no se ha podido regularizar la venta del endulzante, por lo que hay malestar en la población que sigue haciendo largas colas para obtener el producto.

Por Rosa Rojas
Corresponsal
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Jueves, 27 Enero 2011 06:16

¿Se está muriendo la Naturaleza?

Es misterioso y todavía no hay explicación científica: desde los últimos días del año pasado se registran muertes casi simultáneas de peces, aves y otras especies en cuatro continentes. El primero de estos fenómenos que se hizo público aconteció en Maryland, a fines de diciembre: dos millones de peces aparecieron muertos en las playas de la bahía de Chesapeake. Días después, en Arkansas: amanecieron 5000 mirlos muertos en las calles y 200.000 peces muertos en el río Arkansas. Noticias parecidas comenzaron a venir de diferentes rincones del mundo.

En la playa inglesa de Thantet, condado de Kent, se encontraron estrellas de mar, cangrejos, esponjas, langostas, caracoles y anémonas sin vida; en Nueva Zelanda, centenares de peces y decenas de pingüinos; en el sur de Vietnam, 150 toneladas de peces; pulpos en el puerto de Vila Nova, Portugal, centenares cada mañana desde el 3 de enero; 400 tórtolas caídas de los árboles, muertas, en Faenza, al norte de Italia, el 6 de enero; pérdidas similares en Argentina (100 toneladas de peces en el río Paraná), Brasil (15 toneladas de sardinas, corvinas y peces gato), en Chile (más de un millón y medio de langostinos en la playa de Quenchi, Chiloé), en Canadá, Alemania y otros países. Son hechos que se han registrado antes. Lo que hoy llama la atención es su coincidencia en el tiempo.

Abundan las explicaciones más diversas de esta supuesta anomalía, aunque lo cierto es que las investigaciones no han arrojado resultados firmes. Más bien al revés: despiertan nuevas preguntas. ¿Una suerte de envenenamiento general? No se han hallado hasta ahora elementos que confirmen esta hipótesis. ¿El uso de pesticidas? Esto se podría aplicar a las aves, difícilmente a los peces. Hay inferencias místicas: se acerca el año 2012, portador del Apocalipsis. Otras son francamente disparatadas. Un veterinario sueco explicó así las muerte de unos cien grajos en Suecia: “Nuestra teoría principal es que los fuegos artificiales asustaron a las aves y éstas se posaron en la ruta, pero el cansancio les impidió levantar vuelo y las atropelló un coche” (www.rawstory.com, 5-1-11). Debe haber sido un automóvil formidable.

Algunos expertos proponen que la causa radica en la brecha abierta en el polo norte del campo magnético de la Tierra, que la envuelve y protege de los vientos solares y de la caída de asteroides y otros objetos que vagan en el espacio (//earthfrenzyradio.com, 6-1-11). Para las aves, va. ¿Y los peces? El vocero de la Comisión de Pesca de Arkansas, Keith Stephens, opina que los peces tambor que terminaron en Chesapeake podrían haber sido víctimas de una enfermedad, dado que todos pertenecían a la misma especie. No deja de ser una especulación. También se menciona el calentamiento global y es bien probable que todos esos factores influyan. Pero el problema de base radica en otro lugar.

El Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés) acaba de dar a conocer una lista de las diez especies que corren el mayor peligro de extinción: el tigre, el oso polar, el gorila de la montaña, el pingüino magallánico, el rinoceronte de Java, entre otras (www.tlegraph.co.uk, 25-1-11). Son víctimas desde hace años, siglos, de la depredación humana. La tortuga laúd, la más grande de todas, que ha logrado sobrevivir 100 millones de años sobre este planeta, está diezmada por la caza y su hábitat corre peligro por el aumento del nivel de los mares. Hay peces cuyo destino es convertirse en sushi: “Un solo ejemplar de atún rojo se subastó en Tokio al precio record de 32,49 millones de yenes, aproximadamente 400.000 dólares por un solo pescado” (www.treehugger.com, 15-1-10). ¿Cuánto tiempo le quedará al atún rojo antes de desaparecer?

Unas 900 especies vegetales y animales se han extinguido en los últimos 500 años, según una infografía del sitio Mother Nature Network, y más de otras 10.000 corren el peligro de seguir su suerte (www.mnn.com, 5-3-10). Pero es de un siglo a esta parte que este lance se acelera: la acción del hombre es más rápida que el ritmo de reproducción natural de la flora y la fauna. La ballena gris no está precisamente a salvo y tampoco ecosistemas como el mayor arrecife de coral del mundo, la Gran Barrera de Coral, a veces calificada como el ser animal vivo más grande del planeta. Ubicado frente a la costa australiana de Queensland, se extiende a lo largo de 2600 kilómetros y es visible desde el aire. La Unesco lo declaró Patrimonio de la Humanidad en 1981, pero no faltan los que prefieren el patrimonio propio.

La súbita muerte de aves y de peces era en la antigüedad un presagio seguro de catástrofe que no siempre se cumplía. En el siglo XXI es una realidad tangible. La Naturaleza, ¿se muere o la están matando?

Por Juan Gelman
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En junio de 2003, cuando nadie sospechaba que una ola de calor mataría a unas 70.000 personas en Europa a lo largo de aquel verano, ningún científico en su sano juicio se hubiera atrevido a vincular un fenómeno meteorológico extremo con el cambio climático. Pero la situación ha cambiado de manera radical.

La ola de calor que ha disparado los termómetros hasta rozar los 40 grados en Rusia, las inundaciones que han matado a 1.600 personas en Pakistán y a 3.400 en China o el desgajamiento de Groenlandia de un iceberg del tamaño de media Ibiza cuadran con lo esperado, según ha anunciado recientemente en un inusual comunicado la Organización Meteorológica Mundial (OMM). "La existencia de todos estos eventos casi al mismo tiempo genera preguntas sobre sus posibles vínculos con el predicho incremento de la intensidad y la frecuencia de los eventos extremos", explica la OMM.

El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) de la ONU, formado por la élite científica de todo el mundo en este ámbito, ya pronosticó en su último informe, publicado en 2007, que el calentamiento global provocado por las emisiones de CO2 humanas agravaría las inundaciones, las sequías, los huracanes y otros desastres naturales. Pero pocos esperaban que ocurriera tan pronto.
"Va a ser un follón"

El nuevo vínculo, todavía muy cuestionado por la comunidad científica, abre la puerta a la que puede ser la mayor batalla judicial de la historia. "Dado que hay un componente relacionado con el calentamiento global en un evento extremo, surge una cuestión: ¿hay alguna manera de demandar a alguien por ello?", se preguntaba hace unos días en la revista New Scientist Kevin Trenberth, peso pesado de la ciencia del cambio climático y miembro del IPCC. "Va a ser un follón", concluía el investigador, que trabaja en el Centro Nacional para la Investigación Atmosférica en Boulder (EEUU).

En realidad, el follón comenzó en 2005, cuando un grupo de víctimas del huracán Katrina decidió querellarse contra las petroleras Exxon Mobil, British Petroleum y Chevron. Su argumento era muy claro: estas multinacionales son los principales culpables del calentamiento global que, a su vez, habría provocado el ciclón tropical que mató a más de 1.800 personas y obligó a desplazarse a otros cientos de miles en el sureste de EEUU. Tras unos cuantos titubeos, la Justicia estadounidense desestimó en junio la demanda al no encontrar en ella argumentos sólidos.

Pero aquella querella gana peso científico con el tiempo. Incluso el primer ministro ruso, Vladímir Putin, ha culpado al cambio climático de la sequía y los incendios forestales, quizá para ocultar sus errores en la gestión de la crisis. Si, como apuntan la OMM y Putin, se confirma la relación entre el calentamiento global y la ola de calor en Rusia, las decenas de millones de personas afectadas por las altas temperaturas y los fuegos posteriores podrían reclamar una indemnización a los responsables del desaguisado en los termómetros. Hasta los Juicios de Núremberg parecen una fruslería ante esta perspectiva.
Predicciones cumplidas

La socióloga especializada en cambio climático Mercedes Pardo cree que fue "lícito" que los afectados por el Katrina se querellaran contra las petroleras, "en el sentido de que es justo que se compense a las víctimas". Pardo, profesora de la Universidad Carlos III de Madrid, es sin embargo más escéptica sobre si un juicio así podría prosperar, al no existir un sujeto inequívoco al que señalar con el dedo. No obstante, en su opinión, sí "es posible reclamar responsabilidad sin atribuírsela a un sujeto de derecho, como ocurre con las responsabilidades históricas del Holocausto".

"Este tipo de peticiones, que van a ir a más, es un asunto que ya tiene atareadas a las compañías de seguros, que son muy conscientes de este nuevo campo del riesgo", asegura.

El investigador del CSIC Carlos Duarte, premio Nacional de Investigación en 2007, recela de este tipo de iniciativas. "En EEUU hay una cultura de la litigación jurídica, con abogados que trabajan por un porcentaje de las indemnizaciones que consiguen. Posiblemente, los abogados de las víctimas del Katrina estaban buscando que las petroleras pusieran dinero sobre la mesa para detener el proceso, pero no lo consiguieron porque es muy difícil demostrar en el contexto de un juicio el vínculo entre un huracán y el cambio climático. Los jueces piden precisión, pero los científicos sólo podemos ofrecer estadística", argumenta.

Duarte, que zarpará en noviembre para circunnavegar el planeta en la mayor expedición dedicada al cambio climático de la historia, cree que todavía es imposible culpar al calentamiento global de una ola de calor concreta, pese a las advertencias de la OMM. "Lo único que podemos decir es que los eventos que están ocurriendo coinciden con las predicciones", zanja.

La batalla científica sigue abierta, aunque un estudio que se publicará próximamente en el Boletín de la Sociedad Meteorológica de EEUU no ha encontrado ningún vínculo entre el aumento de pérdidas humanas por desastres naturales y el calentamiento global producido por el hombre. No es que las riadas sean más peligrosas, es que ahora hay casas construidas en los lechos de los ríos, viene a decir el autor del estudio, Laurens Bouwer.

Por MANUEL ANSEDE MADRID 30/08/2010 00:15 Actualizado: 30/08/2010 11:18
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Sábado, 14 Agosto 2010 06:43

Agriculturas y crisis climática

La agricultura y el sistema alimentario industrial son el principal causante del calentamiento global y la crisis climática. En contraste, las agriculturas campesinas e indígenas, biodiversas y descentralizadas, son el factor más importante para enfrentar esta crisis y salir de ella, además del hecho fundamental de ser las que alimentan a la mayor parte de la humanidad.

Pese a esto, la visión que predomina en las negociaciones internacionales sobre el clima recoge los intereses de las empresas contra los y las campesinas. El intento ahora es integrar la agricultura y los suelos al comercio de créditos de carbono, lo cual significaría un nuevo subsidio a las trasnacionales de agronegocios, favoreciendo más a la agricultura industrial y mayor despojo a las formas de vida campesinas.

Los datos sobre las fuentes del calentamiento global varían según la fuente, pero coinciden en señalar la agricultura industrial como una de las fuentes mayores de emisión de gases de efecto invernadero, junto a la generación de energía y transportes basados en combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón). Las actividades agrícolas aparecen como responsables de entre 11 y 15 por ciento de las emisiones. Si bien este dato ya es grave, presentarlo desagregado de las emisiones de la cadena agroalimentaria industrial oculta una realidad mucho peor en cuanto a su responsabilidad por la crisis climática. Si se consideran juntos la agricultura industrial y el sistema alimentario industrial al que está necesariamente ligado, hay que cargarles una parte significativa de las emisiones de los transportes; otro porcentaje por deforestación y cambio de uso de suelo (en avance de frontera agrícola y en uso de papel: aproximadamente 75 por ciento del papel que se produce es para propaganda y embalajes, que son solamente demanda de las grandes cadenas de ventas), y casi la totalidad del metano que emiten los basureros debido a la pudrición de basura orgánica, que en su mayoría son restos de alimentos que se tiran en las ciudades.

Según el excelente trabajo de Grain La crisis climática es una crisis alimentaria (www.grain.org/nfg/?id=735), basado en el análisis de decenas de informes, la agricultura y el sistema alimentario industrial son responsables de entre 44 y 57 por ciento de las emisiones globales de gases de efecto invernadero.

Llegan a esta conclusión agregando los siguientes datos: las actividades agrícolas representan de 11 a 15 por ciento de emisiones; el cambio de uso de suelos, desmonte y deforestación causan de un 15 a 18 por ciento adicional; el procesamiento, empaque y transporte de alimentos provoca un 15 a 20 por ciento, y la descomposición de basura orgánica de 3 a 4 por ciento.

Por otro lado, Grain también hace un cálculo cuidadoso del papel de los suelos en la crisis climática: mientras su degradación es fuente de emisiones, si el suelo está vivo, con materia orgánica viva y natural que no es eliminada por fertilizantes sintéticos y agrotóxicos y se cuida según las diversas condiciones locales, con una combinación de diversidad y rotación de cultivos, incorporación de materia orgánica y otras, se podría devolver a los suelos en pocas décadas su capacidad natural de retener carbono, y absorber casi dos tercios del exceso de gases de efecto invernadero que existen actualmente en la atmósfera. Pero esta forma de cuidar el suelo sólo es posible mediante la agricultura campesina y familiar, libre de tóxicos, descentralizada y diversa, adaptada a cada lugar. (Camila Montecinos, Cuidar el suelo, www.grain.org/biodiversidad/?id=459)

Sin embargo, intereses industriales pretenden ahora explotar esa capacidad del suelo para absorber y retener carbono para cobrar créditos de carbono, usando el suelo como sumidero. Por ejemplo, las industrias que promueven el llamado biochar (carbón vegetal). Se trata de sembrar extensas áreas de monocultivos de árboles para quemarlos, convirtiéndolos en carbón negro y luego enterrarlo, teóricamente para secuestrar carbono y aumentar la fertilidad del suelo.

Según sus proponentes –industrias que aspiran a hacer grandes lucros–, es también una forma de geoingeniería, porque con 500 millones de hectáreas o más podría enfriar el planeta. Cínicamente dicen que es una tecnología indígena amazónica. Pero el biochar y las formas indígenas de quemar y enterrar son tremendamente diferentes. En el primer caso se trata de ejercer violencia sobre el suelo, primero con grandes plantaciones y agrotóxicos, luego enterrando carbón en forma súbita y masiva, que según estudios incluso podría desequilibrar más el suelo y liberar el carbono retenido en forma natural. Además, parte del polvo de carbón negro se libera a la atmósfera en el proceso y tiene un efecto invernadero mayor que el dióxido de carbono, por lo que otros estudios evalúan que hasta podría aumentar las emisiones.

Devastar millones de hectáreas con plantaciones y agrotóxicos para luego quemarlas suena realmente enfermizo. Al contrario, la forma indígena se basa en miles de años de sabiduría acumulada de manejo diverso y adaptado a cada región, a diferentes suelos y a trabajar respetando las condiciones naturales de cada lugar, de cada suelo.

Hay más propuestas de la industria para convertir la agricultura y la alimentación en su campo de lucro particular mientras el planeta se fríe y aumenta el hambre. Por ello Vía Campesina llamó, de cara a la cumbre climática que se efectuará en Cancún en diciembre, a denunciar ahí dichas propuestas y en cada lugar donde estemos, y mostrar las verdaderas alternativa campesinas, tarea urgente que nos incumbe a todos.

* Investigadora del Grupo ETC

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