Diez curiosidades de la saliva que seguro te sorprenderán

La saliva ejerce muchas más funciones que la de simplemente mantener la boca lubricada e incluso tiene aplicaciones comerciales

Durante toda su vida, una persona puede llegar a segregar casi 44 toneladas de saliva, sobre todo de día y en menor medida de noche. Este dato puede dar una idea de la importancia de este compuesto de nuestro cuerpo, que es en un 99% agua pero que contiene otro 1% de sustancias muy diversas y que realizan distintas funciones, algunas de ellas vitales para nuestro organismo. A continuación te explicamos diez curiosidades sobre tu saliva que seguro te sorprenderán.


1. Segregamos más de un litro de saliva diaria


En efecto, lo normal es que una persona adulta segregue e ntre uno y medio y dos litros de saliva cada día, en su mayor parte durante el día y en respuesta a estímulos como el hambre pero también el deseo sexual o el estrés. Buena parte de esta saliva se revierte al interior del sistema digestivo donde será reciclada, pero otra parte se pierde por evaporación.


2. Es la primera barrera de defensa del cuerpo contra las infecciones


La saliva es muy rica en compuestos con funciones antibacterianas y antifúngicas que eliminan muchos de los microbios que entran en nuestra boca cuando practicamos el sexo oral, con el alimento o simplemente cuando nos llevamos los dedos inconscientemente a la boca.


La estaterina es una proteína presente en la saliva con propiedades antibacterianas y antifúngicas; la transferrina y la lactoferrina son otras dos proteínas, en este caso anticuerpos o inmunoglobulinas, con funciones protectoras. Además, la lisozima y la muramidasa son dos enzimas con unas potente actividad antibacteriana. Finalmente el tiocianato o sulfocianuro también es un potente antibacteriano.


3. Regula el pH de la boca


La saliva tiene un pH alcalino que evita oxidaciones y corrosiones de los dientes. Y esto se logra gracias a la presencia de bicarbonato sódico, que hace de regulador y evita que aumente la acidez.


4. Protege a las piezas bucales de la corrosión


Los bucales no sufren la corrosión a la que normalmente estarían expuestas piezas de su tipo -con capas minerales y a la intemperie- gracias la la saliva, que al lubricarlas hace de protector físico. Pero además su riqueza en ión calcio evita que este elemento se pierda por disolución de las piezas bucales. Adicionalmente, el pH básico no permite la actuación de las bacterias de la caries.


5. Posee las encimas capaces de digerir los alimentos


La presencia de enzimas como la ptialina, que es una amilasa, es decir que hidroliza el almidón para conseguir glucosa, facilitan la digestión previa de los hidratos de carbono. También la sacarosa es hidrolizada por la saliva y convertida en fructosa y glucosa. La lipasa, por su parte, es una enzima que comienza la digestión de las grasas en la boca de modo que facilita su digestión al liberar los ácidos grasos del ancla de la glicerina.


Estas enzimas, que viajan con el alimento a través del tubo digestivo, pueden facilitar el paso de algunas sustancias al torrente sanguíneo antes que actúen los ácidos gástricos, que seguramente las degradarán. Tal es el caso de una parte del azúcar o de algunos ácidos grasos de cadena corta.


6. Contiene un opiáceo seis veces más potente que la morfina


En 2006 investigadores del Instituto Pasteur de París descubrieron que la saliva contenía un analgésico opiáceo seis veces más potente que la morfina y que se conoce como opiorfina. Se le relaciona con la inhibición del dolor al masticar alimentos que puedan ser duros, pero también con la sensación de placer que se produce al comer e incluso se ha postulado para tratar depresiones.


7. Sirve de control del equilibrio hídrico del cuerpo


La saliva es 99% agua y por lo tanto este elemento es muy necesario para conformarla, por lo que cuando desciende la proporción de agua en ella, que es lo mismo que decir que aumenta la concentración del resto de elementos, determinados sensores de la boca los detectan, inhiben la salivación y envían una señal de sed al cerebro para que nos rehidratemos.


8. Es fundamental para el sentido del gusto


Entre las innumerables sustancias que conforman la saliva existen algunos receptores químicos y eléctricos -iónicos- que se encargan de activar las papilas gustativas de la lengua de modo que demos respuesta cerebral a las sensaciones que nos producen los alimentos. Esta respuesta es lo que llamamos sabor y podríamos decir que la lengua es un conductor electroquímico del sabor.


Si probamos a secarnos la lengua y luego ingerimos un alimento sabroso, veremos que notamos mucho menos su sabor. A este respecto, en determinadas culturas se utilizan las hojas y las inflorescencias de la planta Acemella olerácea - botón de sechuan- como aperitivo antes de comer por su acción analgésica y salivante, que aumenta el sabor de la comida.


9. Funciona como un afrodisíaco selectivo


Los besos entre personas -con lengua- poseen una función de intercambio de salivas que produce una comunicación hormonal entre los dos sujetos, de modo que las hormonas de una de las personas pueden actuar como afrodisíaco para la otra y viceversa. También puede provocar el efecto opuesto, es decir el rechazo, que puede darse por motivos como la cercanía genética entre los individuos, aunque no lo sepan, y que se identifique por determinados receptores químicos.


10. Se usa para restaurar cuadros y muebles antiguos


No es broma; es un viejo truco de los restauradores de obras antiguas usar su propia saliva para limpiar cuadros, dada su riqueza enzimática, que ayuda a degradar impurezas. De todos modos es un proceso laborioso que requiere pericia y mucho cuidado. Normalmente los profesionales utilizan saliva sintética, que se vende en tiendas especializadas.

Miércoles, 05 Abril 2017 07:27

La anacrónica política industrial de Trump

Donald Trump en su posesión, donde prometió que “recuperaremos nuestros empleos y nuestras fronteras”.

 

Los ideólogos de la era neoliberal han insistido una y otra vez en que la política industrial es un lastre. Se le ha acusado de distorsionar los precios, de desperdiciar recursos fiscales y de ser la mejor receta para premiar a empresas y sectores perdedores en la competencia económica. Pero hoy regresa la política para el desarrollo industrial al centro del escenario con los desplantes de Trump sobre la recuperación de empleos en el sector manufacturero.

En realidad, la intervención del poder público para promover el desarrollo industrial nunca ha desaparecido. Ni siquiera en la era triunfante del neoliberalismo. Los subsidios, créditos y apoyos económicos de todo tipo para apuntalar la competitividad de alguna empresa en particular o de una rama industrial se han mantenido como una constante de la vida económica.

China siempre abrazó los instrumentos más variados de la política industrial. Desde el apoyo crediticio y los subsidios, hasta el poder de compra del Estado, pasando por la ingeniería en reversa para copiar tecnología extranjera, asimilarla y adaptarla a sus necesidades y las del mercado internacional. Por supuesto, uno de los pilares más importantes de esta política industrial fue la inversión en investigación científica y desarrollo tecnológico. A principios de este siglo China invertía 1.5 por ciento del PIB en investigación científica y desarrollo experimental (IDE), proporción bastante menor que la de los principales países industrializados. Hoy ese porcentaje ha aumentado a 2.5 por ciento, lo que sitúa a la economía china en un rango similar al de Estados Unidos. La diferencia es que Estados Unidos se ha embarcado en una política industrial anacrónica, segmentada y sin rumbo.

Recuperar los empleos viejos del sector manufacturero parece ser el objetivo primordial de la administración Trump. Pero dadas las tendencias de largo plazo en la estructura del sector manufacturero a escala mundial, es poco probable que los sectores que tienen en mente Trump y sus amigos puedan recobrar o generar los empleos perdidos. El mejor ejemplo es el de la industria del carbón y el acero. Para empezar, la mayor parte de la demanda de energía en Estados Unidos se satisface con otros energéticos. Y las dos industrias son muy intensivas en capital (requieren una inversión muy fuerte por cada empleo generado).

Así que Trump puede seguir diciendo que impidió que la Ford se llevara a México su planta de Kentucky, o puede presumir de haberle torcido el brazo a Carrier, el gigante de los equipos de refrigeración, para que no instale su planta con mil empleos en México. O puede seguir con su neoproteccionismo e imponer nuevos gravámenes sobre los productos importados desde México. Lo cierto es que esos desplantes no servirán para generar los empleos que Trump pronostica en el sector manufacturero y tampoco servirán para devolver a Estados Unidos un liderazgo industrial.

Pero hay otra vertiente de política industrial anidada en el presupuesto militar de Trump. Se recordará que el presupuesto de egresos recién enviado al Congreso contempla un incremento de 54 mil millones de dólares para gasto militar. Una buena parte de este monto se irá a las industrias que ya producen equipo militar de todo tipo, desde aviones no pilotados y misiles crucero de alta velocidad hasta submarinos invisibles y la renovación de las cabezas nucleares en el arsenal estratégico. Muchos analistas piensan que de esa inversión pueden desprenderse beneficios inesperados en términos de innovaciones tecnológicas aplicables a la industria civil.

Pero no es la primera vez que el incremento en el gasto militar contribuye a desmantelar las bases de la competitividad industrial en Estados Unidos. Entre 1960 y 1986, Estados Unidos vio reducir su participación en la producción mundial de 25 a 10 por ciento. La razón es que mientras Japón y Alemania innovaban en la introducción de máquinas herramienta de control numérico para uso genérico en la industria civil, Estados Unidos se dedicaba a diseñar sistemas automatizados para las máquinas herramienta que usaba la fuerza aérea en la producción de sus equipos y refacciones. El resultado fue el debilitamiento de la industria de máquinas herramienta de Estados Unidos y su pérdida de competitividad. Este no es el único ejemplo del impacto negativo que ha tenido el gasto militar sobre la industria en Estados Unidos, pero es un poderoso llamado de atención para dejar de creer en los ilusos comentaristas allegados al complejo militar-industrial en Estados Unidos.

Los objetivos de la política industrial de Trump nunca serán alcanzados. Y mientras Estados Unidos sigue dominado por las necesidades del sector financiero y pierde tiempo siguiendo los enfermizos tuits del señor Trump, China continúa abriendo nuevos derroteros para la industrialización en los estratégicos ramos de robótica, manufactura inteligente y nuevos materiales para energías renovables. Está bastante claro quién será el líder en manufacturas en el próximo decenio.

 

Twitter: @anadaloficial

 

 

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Martes, 28 Marzo 2017 07:22

PIB crecerá poco por bajo consumo

Foto archivo: El Nuevo Siglo

 

El crecimiento de la economía colombiana no fue el mejor durante 2016. Con apenas 2%, según las cifras oficiales, muestra una pérdida de dinamismo de la producción en el país, que se vio afectado no solo por la baja en los precios internacionales del petróleo, la caída en las exportaciones que comenzaron su recuperación hacia el último trimestre, el fenómeno de El Niño y el paro camionero.

El crecimiento del último trimestre fue según las cifras oficiales de 1,6%. En el mismo trimestre de 2015 fue de 3,4%.

Las ramas con mayor crecimiento en el cuarto trimestre de 2016 fueron Servicios financieros e inmobiliarios con 5,0%, Construcción con 3,5% y Agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca con 2,0%.

El investigador asociado de Fedesarrollo, Mauricio Reina, dijo que el crecimiento de la economía durante el primer trimestre que está por terminar sería del orden de 1,6%, es decir igual a lo registrado en el último cuarto de 2015.

Durante este primer tramo del año, en el que se definen muchos de los proyectos a nivel empresarial y gubernamental a desarrollar a lo largo del año, impactará el crecimiento de la economía, la entrada en vigencia de la reforma tributaria, que contempla un aumento de tres puntos en el Impuesto al Valor Agregado, al igual que beneficios para las empresas en el impuesto de renta, y la puesta en marcha del llamado impuesto verde y el monotributo, que están a punto de ser reglamentados por el Gobierno.

Para la Asociación Nacional de Instituciones Financieras, ANIF, dada la desaceleración de 2016 y la frágil recuperación internacional, el centro de estudios económicos ha decidido mantener inalterados sus pronósticos de crecimiento local en 2,2% para 2017 y en 2,8% para 2018. Teniendo en cuenta las evidentes señales de desaceleración y la disminución de la inflación total.

Los pronósticos de Fedesarrollo sobre el crecimiento de la economía en el mediano plazo se soportan en supuestos acerca de los principales indicadores macroeconómicos locales, los niveles de producción y precios de los productos básicos (commodities) y el desempeño económico de los principales socios comerciales.

 

No hay confianza

 

Sumado a lo anterior hay que mirar cómo influyen los aspectos subjetivos dentro de la economía. No hay duda que la confianza del consumidor en el país llegó en enero y febrero a los niveles más bajos desde que se hace esta medición y eso lleva a que el futuro no se vea tan halagüeño.

La baja en la confianza de los consumidores al arranque de 2017 ha lastimado las ventas de la industria y el comercio tal como lo han reflejado las encuestas realizadas por la ANDI y Fenalco, que han visto cómo la gente está adquiriendo menos productos, y parte de ello se refleja en el pesimismo reportado en la medición realizada por Fedesarrollo.

En enero, el Índice de Confianza del Consumidor, ICC, mostró una drástica reducción y se ubicó en el nivel más bajo desde que se realiza la encuesta.

La caída en la confianza obedeció a un deterioro tanto en el componente de expectativas como en el de condiciones económicas actuales, cuyos balances se situaron en mínimos históricos.

La confianza de los consumidores disminuyó en las cinco ciudades encuestadas, particularmente en Bogotá y Barranquilla.

La disposición a comprar vivienda y bienes durables disminuyó frente al mes anterior, pero se mantuvo en niveles superiores a los observados en enero de 2016.

La reducción en la confianza de los consumidores en el primer mes del año frente a los periodos anteriores se debe a un deterioro importante tanto en la percepción acerca de la situación económica del país como la del hogar.

Los balances para las preguntas relacionadas con la valoración del hogar se ubicaron en terreno negativo y en niveles inferiores a los del cuarto trimestre del año anterior.

Por su parte, la valoración del país disminuyó fuertemente y se mantuvo en balance negativo. La disposición a comprar bienes durables presentó un deterioro importante luego de la recuperación observada en los últimos trimestres, dice la encuesta.

 

Industria y perspectivas

 

El valor agregado del sector manufacturero se expandió un 3% real durante el año 2016, frente a 1,7% en 2015, según el DANE.

Así, la industria fue el tercer sector más dinámico de la economía, por debajo de los establecimientos financieros y la construcción.

Esta buena dinámica obedeció principalmente a tres factores: la entrada en funcionamiento de Reficar, derivando en crecimientos del 9,8% en la cadena petroquímica durante 2016; el buen dinamismo del sector de bebidas y sus conexos, como consecuencia de la ola de calor registrada el primer semestre del año; y la sustitución de importaciones que impulsó algunos sectores de producción nacional, dado el encarecimiento de los productos importados ante la fuerte devaluación de la tasa de cambio (de 37% en 2015 y 11,2% en 2016).

Ahora, señala ANIF, vale la pena analizar también el desempeño de la industria de manera más desagregada, a través de la Encuesta Mensual Manufacturera, EMM, del DANE.

De acuerdo con la EMM, al corte de enero de 2017, las ventas de la industria crecieron un 4,1% en su variación acumulada 12 meses, vs. 2% un año atrás, al tiempo que la producción industrial lo hizo en un 3,2% contra 2,5% y el empleo en un 0,6% frente a 1%.

Subsectorialmente, 20 de las 39 actividades industriales registraron expansiones en su producción real a enero de 2017, un leve deterioro frente a los 24 sectores observados un año atrás. Las actividades industriales con mejor desempeño fueron: refinación de petróleo con 20,6%; productos de caucho con 10,6%; productos elaborados de metal 9,5%; productos de panadería 6,8%; y elaboración de bebidas 5,3%.

En contraste, los sectores con el peor desempeño fueron curtido-recurtido de cueros que cayó 16,9%; otros tipos de equipo de transporte -14,6%; elaboración de azúcar -12%; carrocerías para vehículos y remolques -10,9%; y aparatos y equipo eléctrico -9,1%.

Estas cifras revelan que buena parte de las actividades que registraron caídas están atadas al sector de automotores, un marcado cambio frente a lo observado en 2015, cuando los peores desempeños estaban ligados a la cadena petroquímica.

En cambio, en 2016, buena parte de la recuperación de la industria obedeció al repunte observado en la cadena petroquímica. De hecho, si se excluye la refinación de petróleo, el crecimiento de la producción industrial fue de tan solo el 0,3% anual en enero de 2017, inferior al 1,7% observado un año atrás en la industria sin refinación.

 

 

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El ejército estadounidense ya es la fuerza de combate más poderosa del mundo y Estados Unidos gasta mucho más que cualquier otro país en defensa.

 

El militarismo de Estados Unidos ha crecido exponencialmente a lo largo de las dos primeras décadas del siglo XXI, amparado tanto por los presidentes demócratas como por los republicanos. La histeria con la que los medios de comunicación de masas se han hecho eco del aumento del gasto militar del presidente Trump ignora deliberadamente la enorme expansión que tuvo el militarismo, en todas sus facetas, bajo la presidencia de Obama y de sus dos predecesores, Bill Clinton y George Bush Jr.

En este artículo procederemos a comparar y analizar el ininterrumpido aumento que ha experimentado el militarismo en los últimos diecisiete años. Luego demostraremos que el militarismo es un rasgo estructural esencial mediante el cual el imperialismo estadounidense se inserta en el sistema internacional.

 

Militarismo

 

Los enormes incrementos en el gasto militar han sido una constante con independencia de quién fuera el presidente de EE.UU. y de la retórica utilizada en campaña sobre el recorte del gasto militar para dedicar más recursos a la economía interna.

Bill Clinton incrementó el presupuesto bélico de 302 mil millones de dólares (m$) en 2000 a 313 mil m$ en 2001. Bajo el presidente Bush hijo, el gasto militar se disparó de 357 mil m$ en 2002 a 465 mil m$ en 2004 y a 621 mil m$ en 2008. Bajo el presidente Obama (el “candidato de la paz”), el gasto militar siguió creciendo de 669 mil m$ en 2009 a 711 mil m$ en 2011 para luego “descender” a 596 mil m$ en 2017. En la actualidad, el recién instalado presidente Trump ha solicitado un incremento hasta los 650 mil m$ para 2018.

Es necesario clarificar algunas cosas: el presupuesto militar de Obama en 2017 no incluía el coste de diversos departamentos del gobierno “relacionados con la Defensa”, entre ellos el aumento de 25 mil m$ para el programa de armas nucleares del departamento de energía. El gasto militar total de Obama para 2017 ascendió a 623 mil m$, es decir, 30 mil m$ menos que la propuesta de Trump. Además, el presupuesto asignado por Obama a las Operaciones de Contingencia en el Exterior (OCO, por sus siglas en inglés), que no se incluye en las propuestas presupuestarias anuales, se disparó durante su mandato. Esta partida se destina a pagar las guerras de EE.UU. en Afganistán, Irak, Siria, Yemen, Libia y muchos otros países. La realidad es que, en sus ocho años de presidencia, Obama superó en más de 816 mil m$ el gasto militar de George Bush hijo.

El aumento del gasto militar propuesto por Trump está en consonancia con la trayectoria del presidente demócrata, al contrario de lo que afirman los medios de comunicación de masas. Claramente, tanto demócratas como republicanos han aumentado tremendamente su dependencia del ejército como fuerza impulsora del poder mundial. El presupuesto bélico de Obama incluyó siete mil 500m$ para “operaciones contra el ISIS” (un aumento del 50%) y ocho mil m$ para la ciberguerra y el (contra)terrorismo, pero el mayor incremento fue el destinado a aviones de combate indetectables por radar, submarinos nucleares y portaaviones, claramente destinados a enfrentamientos con Rusia, China e Irán. Las tres cuartas partes del presupuesto fueron destinadas a la Armada y la Fuerza Aérea.

Bajo la presidencia de Obama, la escalada de armamento no tuvo como objetivo el combate contra “grupos terroristas” sino contra China y Rusia. Washington tiene la determinación de llevar a la bancarrota a Rusia, con el fin de retornar al vasallaje de la época anterior a Putin. La feroz campaña de la CIA (Obama) y del Partido Republicano contra Trump se fundamenta en su apertura hacia Rusia. La clave para alcanzar la dominación unipolar que EE.UU. lleva décadas intentando lograr depende ahora de que pueda despojar a Trump de su poder y de su gabinete, los cuales se considera que socavan, parcial o totalmente, la estructura del imperialismo estadounidense basado en la potencia militar que han intentado lograr las previas cuatro administraciones.

Aparentemente, el incremento del gasto militar de Trump responde a que quiere convertirlo en una “baza de negociación” de su plan para expandir las oportunidades económicas estadounidenses, llegando a acuerdos con Rusia y renegociando el comercio con China, Asia Oriental (Singapur, Taiwán y Corea del Sur) y Alemania, países acreedores de la mayor parte del déficit comercial anual de Estados Unidos, cifrado en cientos de miles de millones de dólares.

Los repetidos contratiempos de Trump, la presión constante ejercida sobre los cargos que ha nombrado y los estragos que han causado en todas las facetas de su persona y de su vida personal los medios de comunicación de masas, a pesar del ascenso histórico del mercado de valores, indican la existencia de una profunda división en el seno de la oligarquía estadounidense sobre el manejo del poder y sobre “quién gobierna”.

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial no habíamos presenciado unas divisiones tan fundamentales en torno a la política exterior. Las anteriores discusiones partidistas han quedado desfasadas. La prensa financiera (el Finantial Times y el Wall Street Journal) está descaradamente alineada con los militaristas, mientras que los agentes financieros de Wall Street respaldan los programas internos favorecedores del empresariado y la apertura conciliatoria con Rusia y China. La mayor parte de la maquinaria de propaganda, es decir, los llamados laboratorios de ideas o think tanks, con sus establos de académicos, “expertos”, editorialistas e ideólogos liberales y neoconservadores, promueven una agresión militar contra Rusia. Mientras tanto, los medios de comunicación populistas, los seguidores de base de Trump, los empresarios nacionales y las cámaras de comercio del país presionan para conseguir rebajas fiscales domésticas y medidas proteccionistas.

El ejército está a favor de Trump y de su concepto de guerras regionales que logren beneficios económicos. Por el contrario, la CIA, la Armada y las Fuerzas Aéreas, que se beneficiaron enormemente con los presupuestos bélicos asimétricos de Obama, buscan una política de confrontaciones militares globales con China y Rusia y múltiples guerras contra sus aliados, como Irán, sin considerar la devastación que provocarían tales políticas en la economía interna.

El concepto de imperialismo de Donald Trump se basa en la exportación de productos y la captura de los mercados, al tiempo que atrae el capital de las corporaciones multinacionales de regreso a Estados Unidos para que reinviertan sus beneficios (actualmente cifrados en más de un billón de dólares que se quedan en el extranjero) en el mercado interno. El nuevo presidente se opone a las alianzas económicas y militares que han incrementado el déficit comercial estadounidense, en contraste con las anteriores administraciones de militaristas que aceptaron gigantescos déficits comerciales y un gasto desproporcionado en intervenciones militares, bases en el exterior y sanciones contra Rusia y sus aliados.

El objetivo de Trump de obligar a que Europa Occidental contribuya económicamente con una mayor cuota de los gastos de la OTAN (reduciendo así la dependencia europea de los gastos militares estadounidenses) cuenta con el rechazo de ambos partidos políticos. Cada uno de los pequeños pasos acometidos por Trump para mejorar las relaciones con Rusia ha levantado la ira de los imperialistas militaristas que controlan las direcciones de demócratas y republicanos.

El imperialismo militarista ha ofrecido unas pocas concesiones tácticas a los aliados de Rusia: los acuerdos inestables con Irán y el Líbano y los endebles acuerdos de paz en Ucrania. Al mismo tiempo, Washington está ampliando sus bases militares desde las regiones nórdicas-bálticas hasta Asia. Y amenaza con apoyar golpes militares en Brasil, Venezuela y Ucrania.

La finalidad estratégica de estas acciones belicosas es rodear y destruir a Rusia como potencial contrapeso independiente a la supremacía global estadounidense.

Las políticas iniciales de Trump tienen como objetivo convertir Estados Unidos en una “fortaleza”: el aumento del presupuesto militar, el reforzamiento del poder policial y militar a lo largo de la frontera mexicana y en los estados del Golfo ricos en petróleo. La agenda de Trump pretende reforzar el poder del ejército en Asia y otros lugares con el fin de mejorar la posición económica de Estados Unidos de cara a una negociación bilateral con el objetivo de aumentar los mercados para la exportación.

 

Conclusión

 

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Cuatro tanques del ejército de los Estados Unidos se aproximaron a la frontera de Rusia por Estonia, como parte de una maniobra de la OTAN. Foto: David Mdzinarishvili/ Reuters.

 

Estados Unidos está presenciando una confrontación letal entre dos imperialismos muy polarizados.

El militarismo, la forma asentada del imperialismo estadounidense, está profundamente arraigado dentro del aparato permanente del Estado. En este se incluyen los 17 organismos de inteligencia, los departamentos de propaganda, la Armada y las Fuerzas Aéreas, así como el sector de alta tecnología y las élites económicas capitalistas que se han beneficiado de las importaciones extranjeras y de la mano de obra cualificada barata a expensas de los trabajadores estadounidenses. Su historial está repleto de guerras desastrosas, pérdida de mercados, reducción de los salarios, deterioro del nivel de vida y traslado de empleos bien remunerados al extranjero. En el mejor de los casos, lo único que han conseguido es asegurarse la lealtad de unos pocos regímenes vasallos débiles, pagando un precio enorme.

La pretensión del régimen de Trump de diseñar una alternativa imperialista se basa en una estrategia más sutil: utilizar el poder militar para mejorar el mercado laboral interno y conseguir el respaldo de las masas para realizar intervenciones económicas en el extranjero.

Ante todo, Trump es consciente de que no es posible aislar a Rusia de sus mercados europeos ni derrotarla mediante sanciones. Esto le ha llevado a proponer la negociación de un acuerdo global que permita tratos comerciales a gran escala, lo que favorecería a los bancos estadounidenses, así como a los sectores del petróleo, la agricultura y la alta industria.

En segundo lugar, Trump es partidario del “imperialismo social”, gracias al cual los mercados de exportación basada en la industria local, mano de obra y bancos estadounidenses producirían un aumento de los salarios y de los beneficios para las empresas y los trabajadores de este país. El imperialismo de EE.UU. no dependería de invasiones militares costosas y destinadas al fracaso, sino de “invasiones” del extranjero a cargo de las industrias y bancos estadounidenses que luego retornarían sus beneficios a EE.UU. para poder invertir e impulsar el mercado de valores ya estimulado por sus planes anunciados de desregulación y recortes fiscales.

La transición del presidente Trump hacia este nuevo paradigma imperial se enfrenta a un adversario formidable que hasta el momento ha conseguido bloquear su agenda y que amenaza con derribar su régimen.

Trump no ha sido capaz, desde el principio, de consolidar el poder del Estado, un error que ha socavado su administración. Aunque la victoria electoral le situó en la Oficina de la Presidencia, su régimen es solo un aspecto del poder del Estado, vulnerable a la erosión y destitución inmediata por parte de las ramas coercitiva y legislativa, determinadas a provocar su defunción política. Las otras ramas del gobierno están llenas de remanentes del régimen de Obama y de los anteriores y completamente comprometidas con el militarismo.

En tercer lugar, Trump no ha conseguido movilizar a sus partidarios entre las élites y a su masa de seguidores en torno a unos medios de comunicación alternativos. Sus “tuits de primera hora de la mañana” son un contrapeso muy débil al ataque concentrado de los medios de comunicación sobre su forma de gobierno.

En cuarto lugar, aunque Trump ha logrado algunos apoyos internacionales tras sus encuentros con gobernantes de Japón e Inglaterra, dio marcha atrás a sus negociaciones con Rusia, fundamentales para socavar a sus adversarios imperiales.

En quinto lugar, Trump no ha conseguido conectar sus políticas de inmigración con un programa eficaz para relanzar el empleo interno ni sacar a la luz y capitalizar las draconianas políticas antiinmigración puestas en marcha por la administración Obama, mediante las cuales se encarceló y se expulsó del país a millones de personas.

En sexto lugar, Trump ha fracasado a la hora de comunicar el vínculo entre sus programas económicos favorecedores del mercado y el gasto militar y su relación con un paradigma totalmente diferente.

Como consecuencia de todo ello, el éxito del ataque militarista liberal-neoconservador al nuevo presidente ha puesto en retirada su estrategia central. Trump se encuentra sometido a un asedio que lo pone a la defensiva. Aunque consiga sobrevivir a este ataque concentrado, su concepción original de “reconstruir” la política imperial y la política interna de EE.UU. está destruida y los pedazos de esta mezclarán lo peor de ambos mundos: Sin la expansión de los mercados exteriores para los productos estadounidenses y un programa de empleo interno que logre el éxito, las perspectivas de que Donald Trump vuelva a las guerras en el extranjero y abra paso a la caída del mercado no dejan de aumentar.

 

(Tomado de Humanidad en Red)

 

 

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Divisiones del trabajo. ¿Pleno empleo?, ¿readaptación laboral?, ¿economía del conocimiento? Nuevos tipos de trabajo requieren nuevas ideas y nuevas formas de organización

 

La clase obrera, o al menos la parte blanca, se ha revelado como nuestro gran misterio nacional. Tradicionalmente demócratas, han ayudado a elegir a un ampuloso y ostentoso milmillonario a la presidencia. "¿Qué les pasa?" insisten los comentaristas liberales. ¿Por qué se creen las promesas de Trump? ¿Son estúpidos o simplemente deplorablemente racistas? ¿Por qué la clase obrera se ha alineado en contra de sus propios intereses?

Yo nací en esta clase escurridiza y permanezco estrechamente conectada a ella a través de amistades y familia. En la década de 1980, por ejemplo, yo anclé, personalmente, un centro cultural de la clase trabajadora en mi propia casa en Long Island. La atracción no era yo, sino mi marido (entonces) y amigo de siempre Gary Stevenson, un antiguo trabajador de almacén que se había convertido en organizador del sindicato Teamsters. Los suburbios de Long Island pueden considerarse como una comunidad dormitorio para los que se desplazan diariamente a Manhattan, o un portal a los Hamptons, pero por entonces eran también un centro industrial, con más de 20.000 trabajadores empleados en Grumman solamente. Cuando mi hermana se mudó a nuestro sótano, desde Colorado, encontró rápidamente un trabajo en una fábrica a una milla de nuestra casa, al igual que miles de otras personas, algunas de las cuales venían en bus desde el Bronx. Hospedamos principalmente a residentes locales que pasaron por nuestra casa para asambleas por la noche o fiestas de fin de semana: camioneros, trabajadores de fábrica, conserjes y eventualmente enfermeras. Mi trabajo consistía en hacer chili con carne y procurar que hubiera sitio en la nevera para los ziti[1] que invariablemente traerían los demás. Una vez traté de explicar el concepto de "socialismo democrático" a algunos obreros de talleres mecánicos y me permití una breve perorata contra la Unión Soviética. Me miraron con tristeza a través del mostrador de la cocina hasta que uno gruñó: "al menos allí tienen asistencia médica".

En la época en que mi pequeña pandilla se reunía en la casa del rancho, las aspiraciones de la clase obrera eran pisoteadas en todas partes. En 1981, el presidente Reagan rompió el sindicato de controladores aéreos despidiendo a más de 11.000 trabajadores en huelga, una señal clara de lo que estaba por venir. Unos años más tarde, organizamos un picnic para Jim Guyette, el líder de un local militante de empaquetado de productos cárnicos de Minnesota que había emprendido una huelga salvaje contra Hormel (evidentemente en nuestro picnic no se sirvieron productos Hormel). Pero el trabajo había entrado en una era de reducciones y concesiones. El mensaje era: o arrastrarte o quedarse sin trabajo. Incluso los "poderosísimos" sindicatos de viejo cariz obrero, aquellos por los que nuestro pequeño grupo había luchado tanto ya sea para construirlos ya para democratizarlos, estaban amenazados de extinción. En cuestión de un año, el local, no oficial, fue aplastado por su propio sindicato, United Food and Commercial Workers.

Las fábricas de acero se callaron, las minas donde mi padre y mi abuelo habían trabajado cerraron, las fábricas se fueron al sur de la frontera. En este proceso se perdió mucho más que los trabajos; todo un modo de vida en el centro del mito americano estaba llegando a su fin. Los empleos disponibles, en campos como las ventas al por menor y la atención sanitaria, estaban mal pagados, haciendo más difícil para un hombre sin educación universitaria mantener a una familia por su cuenta. Pude ver esto en mi propia familia, en que los nietos de los mineros y de los trabajadores ferroviarios estaban aceptando trabajos como conductores de camiones de reparto o encargados de restaurantes de comida rápida o incluso competían con sus esposas para convertirse en trabajadores minoristas o enfermeros. Tal como observó Susan Faludi en su libro de 1999 Stiffed[2], la desindustrialización de América llevó a una profunda crisis de masculinidad: ¿Qué significaba ser un hombre cuando un hombre ya no podía mantener a una familia?

No era sólo un modo de vida lo que se estaba muriendo sino también muchos de los que lo habían vivido. Una investigación realizada en el año 2015 por Angus Deaton, ganador del Premio Nobel de Economía, junto con su esposa, Anne Case, mostró que la brecha de mortalidad entre los blancos con estudios universitarios y los blancos sin estudios universitarios se había ampliado rápidamente desde 1999. Unos meses más tarde, unos economistas de la Brookings Institution encontraron que para los hombres nacidos en 1920, había una diferencia de seis años en la esperanza de vida entre el 10 por ciento mejor pagado y el 10 por ciento más bajo. Para los hombres nacidos en 1950, esa diferencia había pasado a más del doble, a 14 años. El tabaquismo, que actualmente es un hábito sobre todo de la clase trabajadora, podría representar sólo un tercio del exceso de muertes. El resto era aparentemente atribuible al alcoholismo, las sobredosis de drogas y el suicidio, generalmente por disparos de arma de fuego, lo que a menudo se denomina "enfermedades de la desesperación".

En el nuevo panorama económico de empleos mal pagados en el sector servicios, algunas de las viejas panaceas de la izquierda han dejado de tener sentido. El “pleno empleo”, por ejemplo, fue el mantra de los sindicatos durante décadas, pero ¿qué significa cuando la paga de tantos puestos de trabajo ya no es suficiente para vivir? La idea era que si todos los que querían un empleo podían conseguirlo, los patronos tendrían que aumentar los salarios para atraer nuevos trabajadores. Sin embargo, cuando a finales de los años noventa fui, como periodista encubierta, a comprobar la viabilidad de los puestos de trabajo de nivel de entrada, me encontré con que mis compañeros de trabajo (camareros, cuidadores de ancianos, criadas con un servicio de limpieza, "asociados" de Walmart) vivían en su mayor parte en la pobreza. Como expliqué en el libro resultante, Nickel and Dimed, algunos no tenían un hogar y dormían en sus coches, mientras que otros se saltaban el almuerzo porque no podían permitirse más que una pequeña bolsa de Doritos. Eran trabajadores a tiempo completo y era una época, como la actual, de casi pleno empleo.

Otra solución en boga a la crisis de la clase trabajadora era la readaptación laboral. Si la nuestra es una "economía del conocimiento" -que suena mucho mejor que una "economía de bajos salarios"- los trabajadores desempleados sólo tenían que espabilarse y reciclarse a otras habilidades más útiles. El presidente Obama promovió el reciclaje laboral, al igual que Hillary Clinton como candidata presidencial, junto con muchos republicanos. El problema era que nadie estaba seguro del tipo de formación que se necesitaba; la informática estaba en boga en los años 90, la soldadura también lo estuvo y ha pasado de moda, y las carreras en el sector todavía creciente de la salud se ven como las mejores apuestas actualmente. Tampoco hay una medida clara de la eficacia de los programas de readiestramiento existentes. En 2011, la Government Accountability Office (Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno de los EE.UU.) encontró que el gobierno federal apoyaba 47 proyectos de capacitación laboral en 2009, de los cuales sólo cinco habían sido evaluados en los últimos cinco años. Paul Ryan ha elogiado en repetidas ocasiones un programa en su ciudad natal, Janesville (Wisconsin), pero un estudio de 2012 de ProPublica encontró que las personas despedidas que pasaron por él tenían menos probabilidades de encontrar trabajo que los que no lo hicieron.

No importa lo bueno que sea el programa de reciclaje, la idea de que la gente debe ser infinitamente maleable y pronta a recrearse para acomodarse a cada cambio en el mercado de trabajo seguramente no es realista y desde luego no es respetuosa con las habilidades existentes. A principios de los 90 cené en una Pizza Hut con un minero despedido en Butte, Mont (en realidad, los despedidos son los únicos mineros existentes en Butte). Este cincuentón se rió cuando me dijo que le estaban aconsejando obtener un título de enfermería. No pude evitar reírme también, no por la incongruencia de género, sino por la idea de que un hombre cuyas herramientas habían sido una piqueta y la dinamita debiera ahora cambiar tan radicalmente su relación con el mundo. No es de extrañar que cuando a los trabajadores de cuello azul se les diera la opción entre el reciclaje de empleo, tal como proponía Clinton, y la recuperación no se sabe como, milagrosamente, de sus antiguos empleos, como proponía Trump, se decantaran por este último.

Actualmente, cuando los políticos invocan a la “clase obrera”, es probable que se refieran, anacrónicamente, a una fábrica abandonada. Sería más realístico servirse de un hospital o un restaurante de comida rápida como referencia. La nueva clase obrera consiste en muchas de las ocupaciones tradicionales de cuello azul (conductor de camión, electricista, fontanero) pero en general, es más probable que sus miembros usen más bien fregonas que martillos y bacinillas en vez de paletas. También desde el punto de vista demográfico, la clase obrera ha evolucionado desde los años 80 en que los grupos que se reunían en mi casa eran, de forma aplastante, masculinos y blancos. Negros e hispanos han sido desde hace tiempo una parte importante, aunque no reconocida, de la clase obrera, y ahora es más femenina y contiene muchos más inmigrantes también. Si el estereotipo de la vieja clase obrera era un hombre con casco, el nuevo está mejor representado por una mujer cantando, “¡El pueblo unido jamás será vencido!”

Los antiguos empleos no volverán, pero hay otra forma de abordar la crisis provocada por la desindustrialización: pagar mejor a todos los trabajadores. La gran innovación laboral del siglo XXI han sido las campañas dirigidas a elevar los salarios mínimos locales o estatales. Los activistas han logrado aprobar leyes de salarios suficientes para vivir en más de cien condados y municipios desde 1994 apelando a un simple sentido de justicia: ¿Por qué se debería trabajar a tiempo completo, durante todo el año y no ganar lo suficiente para pagar el alquiler y otras necesidades básicas? Las encuestas demostraron que había grandes mayorías que favorecían el aumento del salario mínimo; estudiantes universitarios, miembros de la iglesia y sindicatos se unieron a las campañas locales. Los sindicatos comenzaron a tener en cuenta a grupos de trabajadores anteriormente desatendidos como conserjes, ayudantes sanitarios en el hogar y jornaleros. Y donde los sindicatos han vacilado, han surgido nuevos tipos de organizaciones: asociaciones a veces respaldadas por los sindicatos y a veces por fundaciones filantrópicas: Our Walmart (Nuestro Walmart), la National Domestic Workers Alliance (Alianza Nacional de Trabajadores Domésticos) y los Restaurant Opportunities Centers United (Centros de Oportunidades de Restaurantes Unidos).

Nuestro viejos tiempos de Long Island se acabaron hace muchos años: la casa vendida, las antiguas amistades desgastadas por la edad y la distancia. Lo encuentro a faltar. Como grupo no teníamos ninguna ideología en particular, pero nuestra visión, que se articulaba a través de nuestras fiestas, en vez de con un manifiesto cualquiera, era utópica, especialmente en el contexto de Long Island, donde si querías alguna ayuda del condado tenías que ser un republicano registrado. Si tuviéramos que resumirlo, podríamos hacerlo con la vieja palabra “solidaridad”: si te unes a mi piquete yo me uno al tuyo y quizás podemos ir todos juntos, con los niños, a protestar a la planta química que está infiltrando toxinas en nuestro suelo, y luego haremos una barbacoa en mi jardín. No nos interesaba la pequeña política. Queríamos un mundo en que se respetara el trabajo de cada uno y se oyera cada voz.

Nunca esperé formar parte nuevamente de algo así hasta que en 2004 descubrí un grupo similar, mucho mejor organizado en Fort Wayne, Indiana. El Northeast Indiana Central Labor Council (Consejo Laboral Central del Nordeste de Indiana), como se llamaba entonces, reunía a inmigrantes mexicanos que trabajaban en la construcción y que habían sido contratados para reemplazar a los miembros de los sindicatos de la construcción nacidos allí, más trabajadores de la fundición despedidos y trabajadores birmanos, profesores adjuntos y conserjes. Su objetivo, según el presidente de la época, Tom Lewandowski, un antiguo obrero de General Electric que actuó en la década de 1990 como enlace de la AFL-CIO con el movimiento insurgente polaco Solidarnosc, era crear una “cultura de solidaridad”. Se inspiraron en la constatación de que no basta con organizar a las personas que tienen trabajo; hay que organizar también a los desempleados, así como a los “empleados con ansiedad”, lo que significa potencialmente toda la comunidad. Su táctica no demasiado secreta eran las fiestas y los picnics, a algunos de los cuales tuve la suerte de asistir.

El panorama de Fort Wayne incluía a gente de todos los colores y colores de cuellos, trabajadores legales e indocumentados, liberales y conservadores políticos, algunos de los cuales apoyaron a Trump en las últimas elecciones. Se demostró que había un nuevo tipo de solidaridad, aún cuando los antiguos sindicatos no estuvieran preparados. En 2016, el debilitado AFL-CIO, que durante más de seis décadas había luchado para mantener unido el movimiento obrero, disolvió de repente el Consejo Laboral Central del Nordeste de Indiana citando oscuros imperativos burocráticos. Pero el consejo de trabajo no se dejó desanimar. Se reinventó rápidamente como el Workers’ Project (Proyecto de los Trabajadores) y atrajo a más de 6.000 personas al picnic local del Día del Trabajo, a pesar de haber perdido su acceso a Internet y al equipo de oficina del AFL-CIO.

La última vez que hablé con Tom Lewandowski, a principios de febrero, el Workers’ Project había logrado organizar a 20 trabajadores contratados de Costco en una unidad colectiva propia y estaban planeando celebrarlo con, por supuesto, una fiesta. El impulso humano de hacer causa común, y pasárselo bien haciéndolo, es difícil de suprimir.

 

[1] Ndt: Especie de macarrones horneados.

[2] Ndt: Timados.

 

 

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Esta es la razón por la que (casi siempre) nos mienten respecto al pan integral

 

Se entiende por pan integral al que se hace con una harina en la que se aprovecha el grano completo del cereal, ya sea trigo -el más común-, cebada o centeno. El grano completo molido aporta el salvado -que es la cáscara, abundante en fibra, vitaminas del grupo B y minerales-, el germen -rico en proteínas, vitaminas del grupo E, ácidos grasos, magnésio y otros componentes- y el endospermo, que es puramente almidón, y por tanto largas cadenas de glucosa, y cierto nivel de proteína.

Si logramos una harina que contenga estas tres partes y hacemos una masa con ella, que fermentamos y horneamos, obtendremos un auténtico pan integral, que conservará todas los nutrientes antes descritos y además logrará que su aporte de fibra retrase la absorción de los azúcares del endospermo, de modo que no suba tanto la glucosa de golpe en nuestra sangre y no forcemos al páncreas a crear insulina. Numerosos expertos en nutrición del mundo ya alertan de los peligros de los constantes altos niveles de azúcar en sangre a raíz de nuestra dieta.

Si separamos las tres partes del grano mediante un complejo proceso de filtrado y tamizado, obtendremos finalmente una parte de germen, que normalmente se dedica a las industrias cosméticas y nutricionales, el salvado y la harina blanca o refinada. Esta harina es blanca porque solo contiene endospermo, mayoritariamente almidón que es la base del pan que conocemos como blanco, el más habitual hoy en día y general en la historia moderna.

 

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El 'misterio' del pan integral

 

Este pan blanco es para un creciente número de nutricionistas una de las causas de la plaga de obesidad que vivimos hoy en día, pero lo cierto es que hasta fechas muy recientes ha sido el que la mayoría de la población ha comido, apreciado y pagado mejor. Incluso durante de la hambruna de 1848 en Irlanda, la gente pobre era alimentada con pan integral porque resultaba más barato, al ser considerado casi un desperdicio para animales.

No había conciencia de su mayor valor nutritivo ni de su idoneidad glucémica, algo que se ha considerado un misterio. Sobre todo a medida que los nutricionistas han reivindicado el valor del grano entero en la harina. Sin embargo, hay una razón de fondo para que la industria panadera se inclinara por el pan blanco: su mayor y mejor conservación. El pan integral puro y duro, que integra los lípidos del germen, tiene tendencia a estropearse rápidamente porque dichos lípidos se enrancian y dan mal sabor.

Es posible fabricar pan integral puro, pero entonces existe el problema de su conservación, aparte de otros problemas de textura más relacionados con que estemos acostumbrados a la del blanco. Su durabilidad baja mucho, lo que no lo hace apto para permanecer días e incluso semana en los lineales del supermercado. Ni siquiera en las estantería de una panadería que no coloque su género el mismo día, ya que el enranciamiento progresivo va dejando un sabor cada vez menos agradable.

Solo en pequeños hornos y tahonas, que fabrican el pan para consumir el mismo día, suelen ofrecer un pan integral puro. Adicionalmente suelen moler ellos el grano, o un proveedor cercano, en un molino de piedra tradicional, ya que la harina integral también se enrancia y, por lo tanto, no se puede conservar bien. Además, la maquinaria de molienda industrial incluye el filtrado, que separa las partes.

 

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FOTO: WIKIMEDIA COMMONS

 

La solución: falso pan integral

 

Una solución que ha encontrado la industria panadera para tender la creciente demanda de pan integral por parte de los consumidores y consumidoras es aumentar la proporción de fibra en la harina una vez refinada. Se hace mediante el añadido posterior del salvado antes separado. De este modo se busca aumentar la proporción de fibra en el pan para favorecer los procesos digestivos y disminuir el impacto del almidón de la harina refinada en la subida de azúcar en la sangre. El salvado también puede añadir vitamina B y minerales si ha sido debidamente conservado.

Pero realmente no se trata de pan integral, ya que la ausencia del germen elimina numerosas enzimas que provocan reacciones, no solo el enranciamiento, que se dan en el pan integral, que se tiende a considerar un alimento complejo, como los lácteos o el vino. Este falso pan integral, que no obstante siempre es preferible al pan blanco típico, se suele indicar en los lineales de supermercado como "integral", ya que la legislación lo permite.

Si miramos su composición nutricional, veremos que posee un porcentaje en fibra vegetal cercano al 11%, lo cual casi cuadruplica la media del pan blanco, que apenas supera el 3%. Pero para descubrir si es un pan realmente integral deberemos mirar en el etiquetado su nivel de lípidos: si está por debajo del 1% es un 'flaso integral', pero si se acerca al 3% es muy posible que sea puro. Adicionalmente estos panes se suelen guardar en estantes refrigerados para prevenir los enranciamientos, que no obstante ya habrán comenzado tras el horneado.

 

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Foto: Chefkeem

 

Pan esenio

 

Como conclusión: es muy difícil que en un supermercado, o simplemente un horno o tahona normal, encontremos auténtico pan integral, a no ser que lo encarguen cada día a un especialista, lo cual empieza a ser habitual a medida que hay una demanda creciente. Como sustituto está el 'falso integral' que por lo menos aumenta sustancialmente la proporción de fibra y ofrece algunas vitaminas y minerales.

Una alternativa es el llamado pan esenio, realizado con granos germinados que se muelen y se hornean sin fermentar. Las ventajas de este pan es que la germinación da lugar a una serie de reacciones químicas que aumentan su nivel vitamínico, así como reducen ciertos compuestos que se cree que producen alergias -aunque no el gluten-, y consumen la mayor parte del almidón, reduciendo así mucho el índice glucémico del pan.

 

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Foto: Fritzs

 

 

Twitter: Jordi Sabaté *

 

 

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Inteligencia artificial, ¿adiós al empleo?

 

En un artículo anterior, planteo la contradicción entre la postura pública de Trump de recuperar empleos apoyando a empresas automotrices y otras a regresar o quedarse en Estados Unidos. Pero las exenciones fiscales y otras medidas que prometió para incentivarlas, serán usadas por esas empresas para mayor automatización, lo cual redundará en menos empleos. Según estadísticas oficiales, ese ha sido justamente el factor principal de pérdida de empleos. (La Jornada, 18/2/17).

Una serie de artículos del New York Times sobre la nueva clase trabajadora en Estados Unidos da cuenta del proceso: en 1900, las fábricas y campos de cultivo empleaban 60 por ciento de la fuerza de trabajo. En 1950, los dos sectores juntos sólo empleaban 36 por ciento. A 2014, menos de 10 por ciento. El sector servicios ha ido aumentando porcentualmente y a 2005, ocupaba 56 por ciento de los trabajadores. El mayor crecimiento es en el de cuidados de ancianos y niños, de los cuales se ocupan mayoritariamente inmigrantes, al igual que muchos otros empleos que por ser rutinarios, mal pagos o tener bajo estatus social, no quieren hacer los estadunidenses (NYT, The Jobs American Do, 23/2/17). Aquí influyen varios factores, entre ellos la automatización, pero también la globalización neoliberal y la deslocalización de producción hacia países con salarios miserables.

La pérdida de trabajos en el sector agrícola se debe a la industrialización en el sector, donde la maquinización tiene décadas, pero ahora se agrega un proceso de automatización mucho más amplio. No se trata solamente de grandes tractores y sistemas de riesgo, alto uso de agrotóxicos y semillas transgénicas –todos factores que eliminaron empleos. También de integración de nuevas formas de robótica, almacenaje digital y minería de enormes volúmenes de datos, inteligencia artificial, genómica y nuevas biotecnologías (como CRISPR-Cas9), todo lo cual converge en una nueva agricultura de precisión, cuya meta subyacente es un campo sin agricultores, sustituidos por unos pocos operadores informáticos. La tendencia es similar en todos los países o regiones con agricultura industrial a gran escala.

Las fusiones que vemos en el sector agrícola (Monsanto-Bayer/ Syngenta-ChemChina / DuPont-Dow) se explican en parte por estas nuevas convergencias tecnológicas. Varias han invertido en bancos de datos digitales agrícolas –suelos, clima, genómica de fauna, flora y microorganismos– y tienen contratos de colaboración con firmas de maquinaria que manejan robótica, información satelital, etcétera. (Ver informe de ETC www.etcgroup.org/es/content/todo-se-reduce-controlar-el-big-data)

Pensar en líneas de montaje automotriz con obreros va quedando obsoleto (la mayor parte del trabajo en esa industria lo hacen robots) y el campo agroindustrial futuro parece estar dominado por drones y sensores que junto al manejo de datos digitales genómicos y físico-químicos, administrarán agrotóxicos o agua a través de maquinaria no tripulada.

En muchos otros sectores las cosas están cambiando rápidamente con el uso de robots e inteligencia artificial y su convergencia con bio y nanotecnología y redes de comunicación. En una revisión del Grupo ETC del año 2016, citamos algunos ejemplos que dan una imagen de ese futuro artificial (http://tinyurl.com/gr4utyc)

Amazon y otras empresas están desarrollando sistemas totalmente automatizados desde la atención al cliente a la colecta de pedidos en almacenes y su envío. Ya hacen distribución con vehículos no tripulados. En 2016, Amazon inauguró además Prime Air un sistema de drones de distribución aéreos, que en 13 minutos entregó el pedido de un agricultor en su finca, incluidas palomitas de maíz. También abrió Amazon Go, supermercado donde el cliente es identificado por su teléfono celular, toma su compra y sale caminando sin contacto con nadie. La tienda reconoce los productos que lleva, los carga a su tarjeta y envía el recibo a su celular.

Varias compañías de distribución y transporte, como Uber, están experimentando con autos no tripulados. Los riesgos de que la inteligencia artificial en la vía pública provoque accidentes son altos. Uber admitió que sus autos no habían frenado en luces rojas y que no reconocen el carril de bicicletas. Los autos-drones de Tesla, la compañía de Elon Musk –miembro del equipo de asesores de Trump–, ya provocaron una muerte, cuando un auto-dron no distinguió la caja blanca de un camión al horizonte y se estrelló matando a la persona que estaba en él.

La automatización inteligente se usa ampliamente para logaritmos que especulan en bolsas de valores, que ya han provocado al menos dos colapsos de bolsa. La agencia de noticias Ap está usando sistemas de inteligencia artificial para redactar –sin periodistas– notas de prensa de negocios, por ejemplo valores de acciones y cambios. Existen varias marcas de muñecas que dialogan con los niños y que además los graban y recogen datos de sus casas y los envían al fabricante. Microsoft creó un bot de Twitter para adolescentes que se convirtió en un monstruo superactivo de mensajes racistas, violentos y sexistas.

Los usos de inteligencia artificial, Internet de las cosas, convergencia tecnológica, conllevan muchos más aspectos polémicos de los pocos que aquí nombro, que urge entender y debatir. Un punto en el que todos coinciden, es que disminuyen los empleos, aunque crean otros, en número muy menor. Para esos no hay suficiente personal formado. De todos modos, no parecen ser para los que perdieron el empleo en décadas pasadas, muchos de los cuáles votaron por Trump. Éste, pese a la carta pública de las grandes empresas de inteligencia artificial por el tema migratorio, las mantiene cerca y las ve como parte de su proyecto.

 

*Investigadora del Grupo ETC

 

 

Foto: Agencias.

 

Será difícil acabar con el hambre para 2030 porque está en peligro la capacidad de la humanidad para alimentarse debido a las crecientes presiones sobre los recursos naturales, la mayor desigualdad y las consecuencias del cambio climático, alerta el último informe de la FAO.

En los últimos 30 años, se lograron grandes avances significativos en la reducción del hambre, aunque la “expansión de la producción alimentaria y del crecimiento económico vino con un costo muy alto para el ambiente”, señala la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) en el documento divulgado este miércoles 22.

“Casi la mitad de los bosques que antaño cubrían el planeta han desaparecido y las aguas subterráneas se agotan con rapidez”, señala el documento “El futuro de la Alimentación y la Agricultura: Tendencias y desafíos”. “Las fuentes de agua subterránea se agotan rápidamente. La biodiversidad se ha visto gravemente erosionada”, precisa.

Eso hace que “de continuar las tendencias actuales, podrían superarse los límites planetarios”, alerta el director general de la FAO, José Graziano da Silva, en la introducción al informe.

En 2050, se estima que el planeta tendrá 10.000 millones de habitantes. En un contexto de moderado crecimiento económico, el aumento de población elevará la demanda mundial de productos agrícolas en 50 por ciento respecto de la actual, lo que incrementará la presión sobre los recursos naturales ya muy exigidos.

Asimismo, un mayor número de personas comerán menos cereales y más carne, frutas, verduras y alimentos procesados, como resultado de la actual transición que experimenta la dieta global y que se suma a las presiones ya existentes, generando más deforestación, mayor degradación del suelo y un aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero.

A eso se suman las dificultades derivadas del cambio climático, lo que “afectará cada aspecto de la producción alimentaria”, señala el informe, como una mayor variabilidad en las precipitaciones, mayor frecuencia de sequías e inundaciones.

 

¿Hambre cero?

 

La cuestión central que plantea la FAO en su informe es si los sistemas alimentarios y agrícolas serán capaces de cubrir de forma sostenible las necesidades futuras de la creciente población mundial.

Según la la agencia, sí podrán hacer frente a esas necesidades crecientes y de forma sostenible, pero para lograrlo y asegurarse de que los beneficios lleguen a toda la humanidad, se necesitarán “grandes transformaciones”.

Pero sin un impulso a las inversiones y un reequipamiento de los sistemas alimentarios, muchas personas todavía seguirán hambrientas en 2030, cuando vence el plazo para cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU, en especial el de erradicar la inseguridad alimentaria crónica y la malnutrición, alerta el documento.

“Sin un esfuerzo adicional para promover un desarrollo que tenga en cuenta a los más pobres, reduzca las desigualdades y proteja a los más vulnerables, más de 600 millones de personas estarán subalimentadas en 2030”, precisa. “De hecho, los avances actuales no serán suficientes para erradicar el hambre para 2050”, acota.

 

¿De dónde vendrá nuestra comida?

 

Dada las pocas posibilidades de aumentar las tierras dedicadas a la agricultura y el agua empleada, el aumento de la producción para cubrir la mayor demanda tendrá que lograrse principalmente mejorando la productividad y la eficiencia en el uso de los recursos, recomienda la FAO.

Pero es preocupante la tendencia a la estabilización del crecimiento de la producción de cultivos importantes. Desde la década de los años 90, las cosechas de maíz, arroz y trigo aumentaron en promedio uno por ciento al año, advierte el informe.

Para hacer frente a los desafíos señalados en el documento, entre otros, no es posible seguir haciendo lo mismo como hasta ahora.

“Se necesitarán grandes transformaciones en los sistemas agrícolas, en las economías rurales y en la gestión de los recursos naturales si queremos hacer frente a los múltiples desafíos que tenemos por delante, así como si queremos explotar todo el potencial de la alimentación y la agricultura para garantizar un futuro saludable para todas las personas y todo el planeta”, subraya.

“Los sistemas agrícolas intensivos que utilizan muchos insumos, causantes de la masiva deforestación, de la escasez de agua, del agotamiento del suelo y de las grandes emisiones de gases invernadero, no pueden ofrecer una producción agrícola y alimentaria sostenible”, asegura la FAO.

 

Más con menos

 

El mayor desafío es producir más con menos, al tiempo que se protegen y se mejoran las distintas formas de sustento de los pequeños agricultores familiares y se garantiza la alimentación de las personas más vulnerables.

“Para ello se precisa un enfoque de doble vía que combine las inversiones en protección social con inversiones en actividades favorables a los pobres. De esta manera, se abordará la subalimentación al mismo tiempo que se incrementarán las oportunidades para la generación de ingresos de las personas pobres”, recomienda la FAO.

Según esa agencia de la ONU, el mundo debe cambiar a sistemas de alimentación más sostenibles, que logren un uso más eficiente del suelo, del agua y de otros insumos y reduzcan de forma sensible el uso de combustibles fósiles, para reducir drásticamente las emisiones contaminantes, lograr una mayor conservación de la biodiversidad y reducir el volumen de los desperdicios.

Para se necesita una mayor inversión en los sistemas agrícolas y agroalimentarios, así como más fondos para la investigación y el desarrollo, recomienda el informe, así se podrá promover la innovación, impulsar la producción sostenible y encontrar mejores formas de hacer frente a los problemas de escasez de agua y de cambio climático, precisa.

Además de impulsar la producción y la resiliencia, es también fundamental crear cadenas para el suministro de alimentos que mejoren la relación entre productores y mercados en las ciudades de los países de bajos y medianos ingresos, además de medidas para mejorar el acceso de los consumidores a alimentos seguros y nutritivos y a un precio accesible, como políticas de precios y programas de protección social, añade el informe.

El director adjunto de la FAO para economía y desarrollo social, Kostas Stamoulis, subrayó que el mayor desafío para la agricultura y la alimentación en el futuro será el recalentamiento planetario. “Requiere cambios en las prácticas agrícolas y en el desarrollo de una agricultura que se adapte mejor al cambio climático”, subrayó.

Stamoulis, y los otros dos autores del informe, Rob Vos, director de la División de Desarrollo de Economía Agrícola, y Lorenzo Bellu, jefe del equipo de Estudios de Perspectiva Mundial, organizaron el martes 21 una conferencia de prensa para profundizar sobre los asuntos más importante de este nuevo informe de la FAO.

 

Fuente: http://www.ipsnoticias.net/2017/02/peligra-el-futuro-de-la-alimentacion-humana/

 

 

Publicado enMedio Ambiente
Jueves, 23 Febrero 2017 07:35

PIB de 2% en 2016, el peor en siete años

PIB de 2% en 2016, el peor en siete años

 La economía colombiana registró un crecimiento de 2,0% al cierre de 2016, considerado como mediocre por dirigentes gremiales que exigieron del Gobierno medidas para reactivar el aparato productivo.

Las cifras indican que el PIB total de 2016 es el que muestra menor crecimiento en los últimos 7 años y que se mantuvo en línea con las estimaciones del Gobierno nacional y levemente por encima de las proyecciones del Banco de la República y analistas privados.

El director del Departamento Administrativo Nacional de Estadística, DANE, Mauricio Perfetti, dijo que las ramas con mayor crecimiento en el 2016 fueron Servicios financieros e inmobiliarios con 5,0%, Construcción con 4,1% e Industria manufacturera con 3,0%.

El Director del DANE manifestó que “el comportamiento de Servicios financieros e inmobiliarios se explica por el crecimiento de los tres subsectores que conforman la actividad, donde se destacan Servicios de intermediación financiera con 11,1% y Servicios inmobiliarios y de alquiler de vivienda con 3,2%”.

El crecimiento de la construcción en el 2016 se explica por la variación positiva de Construcción de edificaciones con 6,0% y de Trabajos de construcción de obras civiles con 2,4%. El crecimiento del sector Industria manufacturera en 2016 fue 3,0%. Se destaca, además de Productos de la refinación de petróleo (23,2%), Elaboración de bebidas (8,4%), Maquinaria y equipo (7,0%) y Productos de la molinería (4,8%).

Durante todo el año 2016 la Industria manufacturera registró un comportamiento positivo y 15 de las 24 ramas de actividad crecieron positivamente.

El sector Servicios sociales, comunales y personales presentó un crecimiento de 2,2%, explicado por Servicios de educación de mercado con 4,0%, Servicios de asociación y esparcimiento con 2,4%, Servicios sociales y de salud con 2,0% y Administración pública y defensa con 1,8%.

 

 

Los que cayeron

 

Las ramas de actividad que presentaron variaciones negativas durante el 2016 fueron Explotación de minas y canteras con -6,5% y Transporte, almacenamiento y comunicaciones con -0,1%.

El comportamiento negativo de Explotación de minas y canteras está asociado con la dinámica del sector Hidrocarburos.

Sin embargo se destaca el crecimiento positivo de la producción de Carbón mineral que aumentó 5,8%, de Mineral de oro 6,0% y de Mineral de níquel 3,3%, entre otros.

El comportamiento negativo del sector Transporte, almacenamiento y comunicaciones se explica por el Servicio de transporte de tuberías (-7,4%) que depende del sector Hidrocarburos.

En 2016 Agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca creció 0,5%.

Se destaca el crecimiento de 2,6% presentado en el cuarto trimestre del año, que está influenciado por la producción de café pergamino (5,4%), arroz (42,7%), hortalizas frescas (11,7%) y otras frutas (4,0%).

El director del DANE resaltó que en 2016 los sectores Industria manufacturera y Construcción tuvieron un mejor comportamiento que en el año anterior.

 

 

Flojo crecimiento

 

El crecimiento de la economía en Colombia en 2016 fue mediocre tirando a malo, aseguró el presidente de la Federación Nacional de Comerciantes, Fenalco, Guillermo Botero Nieto.

El dirigente gremial dijo a EL NUEVO SIGLO que el comercio solo creció 1,8% y la contribución de la actividad a la producción total del país fue de apenas 1,5%.

Señaló que el comercio dejó de ser el jalonador de la economía colombiana y muestra de ello es la baja en la confianza de los consumidores.

 

“Los colombianos no nos resignamos a tener crecimientos por debajo del 3% y con un 3% como se dice en los colegios resultamos rajados”, señaló Botero.

Dijo que el efecto Reficar ya es menor y jalonó la industria hasta crecer 3,0%, pero este efecto se perderá en marzo.

 

Dijo que el Banco de la República debe tomar medidas más agresivas en materia de política monetaria y bajar las tasas de interés para reactivar la economía, pues el traslado de la reducción del costo del dinero se demora en transferirse a los consumidores.

 

Botero aseguró que el panorama es bien complejo, porque el 2017 ha comenzado con una fuerte reducción en el consumo de los hogares que podría impactar el crecimiento de la economía.

El presidente de la Bolsa Mercantil, Rafael Mejía, afirmó que el balance de la economía en el 2016 fue regular e indicó que espera que en el presente año el PIB vuelva a tomar un impulso.

Lamentó que el agro en el año que acaba de concluir haya registrado un pobre desempeño con un ajuste de tan solo el 0,5%.

 

 

Sector fuerte

 

Para la presidenta Ejecutiva de Camacol, Sandra Forero Ramírez, "a pesar de los desafíos de la economía y sus efectos en las decisiones de inversión de los hogares y las firmas, el sector mantuvo un volumen de actividad que le permitió generar un 6% más de valor agregado a lo largo del año".

Por segmentos, el crecimiento que generó la construcción de vivienda durante 2016 fue de 2,2%, y en el desarrollo de proyectos no residenciales se registró una variación de 10%.

La dirigente explicó que los resultados en materia de vivienda se alinean con lo observado en la dinámica comercial y el inicio de obra de los proyectos. Del volumen de ventas de vivienda registrado durante 2016, solo se dio inicio a la construcción del 48% producto de una dinámica comercial moderada por las tasas de interés, en comparación con los últimos años.

"No obstante, el 52% restante de viviendas por iniciar generarán valor agregado, empleo y demanda de insumos durante 2017. Nuestra perspectiva es que se aceleren los procesos de inicio de obras y así lo insinúa el dato del mes de enero, cuando se registraron 16.105 iniciaciones de vivienda, cifra superior en 37% al promedio mensual registrado en 2016", aseguró Forero.

 

 

Venía desacelerando

 

Para el presidente de la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia, Bruce Mac Master, el 2,0% de crecimiento en el PIB es la muestra de que el último trimestre de 2016 ya venía en desaceleración, que se evidenció en enero, no fue solo de ese mes, venía en el consuno del último trimestre del año.

Lo que tenemos es una tendencia más que marcada que tenemos que corregir y hacer una agenda de recuperación, en eso tenemos que trabajar.

 

Crecimiento América Latina

Perú. 3,7%

México. 2,3%

Colombia. 2,0%

Chile. 1,7%

Argentina . -1,8%

Ecuador. -2,3%

Brasil. -3,5%

Promedio. -0,7%

Datos observados y proyección FMI

 

Artículos relacionados:

 

El nuevo espíritu del capitalismo y la economía colombiana, 1991-2016

Libardo Sarmiento Anzola, suplemento Educación y Economía Nº6, septiembre 20 - octubre 20 de 2016

 

Reforma tributaria estructural, 2016:

Libardo Sarmiento Anzola, periódico Le Monde diplomatique Nº161, noviembre 2016

 

La ley tributaria al desnudo

Libardo Sarmiento Anzola, periódico desdeabajo Nº231, enero 20 - febrero 20 de 2017

 

 

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Trump revive dos oleoductos frenados por Obama

El presidente norteamericano reflotó el oleoducto Keystone XL y otro que atravesaría territorio indígena en Dakota del Norte. La organización Amigos de la Tierra dijo que Trump da muestras de su “alianza con grupos petroleros y bancos de Wall Street’’.

 

El presidente Estados Unidos Donald Trump revivió ayer dos polémicos oleoductos cuya construcción había sido descartada por el gobierno de Barack Obama en nombre de la lucha contra el cambio climático. Por segundo día consecutivo, Trump siguió anulando decisiones de su antecesor. El lunes retiró a Estados Unidos del tratado de libre comercio TPP impulsado y negociado por Obama pero que Trump considera nefasto para los empleos estadounidenses.


Ayer Trump reflotó el extenso oleoducto Keystone XL, que transportaría crudo desde Canadá a refinerías en Estados Unidos, y otro que atravesaría territorio indígena en Dakota del Norte. Trump dijo que el Keystone XL había sido objeto de una “disputa’’ y añadió que se renegociarán los contratos. De acuerdo con flamante mandatario, el proyecto representa “muchos empleos. Serán 28.000 puestos de trabajo. Excelentes puestos de trabajo de construcción’’, afirmó.


Trump dijo además que el oleoducto Dakota Access, también será objeto de renegociación. “Insisto en que si vamos a construir oleoductos, que las tuberías sean construidas en Estados Unidos’’, dijo.


“Vamos a construir nuestro propio oleoducto, nuestros propios caños, como en los buenos tiempos’’, añadió.


El líder conservador decretó también el período de revisión del impacto ambiental para obras de infraestructura consideradas de alta prioridad. “Queremos arreglar nuestro país, nuestros puentes, nuestras carreteras. No podemos estar en un proceso de revisión ambiental durante 15 años si el puente se está cayendo o la carretera se rompe en pedazos. Vamos a acelerar la revisión y aprobación ambiental’’, dijo. El proyecto Keystone XL había sido descartado por Obama en medio de la enorme presión que ejerció la comunidad ambientalista.


Canadá se congratuló por la decisión de Trump. “Estamos a favor de Keystone y ,como todos saben, ese proyecto ya fue aprobado en el lado canadiense’’, dijo la ministra de Exteriores Chrystia Freeland. En Estados Unidos el campo republicano también saludó la reanimación del proyecto Keystone pero ecologistas y líderes de la oposición demócrata la criticaron al unísono. El presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, dijo que “ya era hora’’ de que los proyectos salgan del papel. Los dos proyectos, apuntó Ryan, fueron usados “políticamente’’ por personas que defendían una “agenda radical anti-energía’’.


En cambio el senador demócrata y ex candidato Bernie Sanders censuró la decisión: “Hoy el presidente Trump ignoró las voces de millones de estadounidenses y dio prioridad a las ganancias de corto plazo de la industria de las energías fósiles’’. La organización Amigos de la Tierra dijo que Trump dio muestras de su “alianza con grupos petroleros y los bancos de Wall Street’’ en detrimento “de la salud pública y el medio ambiente’’.


A lo largo de 1.900 kilómetros, de los cuales 1400 están en territorio estadounidense, el oleoducto transportaría crudo desde Alberta, al oeste de Canadá hasta Nebraska, en el corazón de Estados Unidos, desde donde alimentaría refinerías en el Golfo de México.


Tras años de polémicas, Obama la enterró por razones ambientales y por su “escaso aporte’’ a la seguridad de Estados Unidos. Obama anunció su decisión en 2015 a tres semanas de la Conferencia de Cambio de Climático de Paris. El oleoducto de Dakota del Norte se había convertido en el centro de una espectacular polémica interna en Estados Unidos que ahora parece reanudarse.


El grupo Standing Rock, de los indígenas Sioux que viven en la región por donde pasaría el oleoducto, emitió una nota donde adelantó que resistirá en la justicia. El oleoducto no sólo atropella acuerdos con los Sioux sino también amenaza “contaminar el nuestra agua y el agua de 17 millones de estadounidenses”. Grupos indígenas y agrupaciones de apoyo organizaron una encarnizada resistencia al proyecto, con intensa movilización que incluyó celebridades del cine. Miles de personas llegaron a acampar en el helado territorio abierto de Dakota del Norte, en pleno invierno, para bloquear el proyecto.


Trump se reunió ayer por la mañana con ejecutivos de automóviles como parte de su programa de traer puestos de trabajo a los Estados Unidos. El presidente afirmó que “el ambientalismo está fuera de control” y les dijo a sus huéspedes en la Casa Blanca que estaba tratando de aflojar los reglamentos para ayudar a las compañías de automóviles y otras empresas que deseen operar en los Estados Unidos.


Entre los asistentes a la reunión de desayuno estaban el presidente ejecutivo de Ford, Mark Fields, el presidente de Fiat Chrysler, Sergio Marchionne, y la directora ejecutiva de General Motors, Mary Barra. Trump le pidió a las empresas automotrices aumentar la producción en Estados Unidos e impulsar el empleo en el país, agregando que esperaba ver construir nuevas plantas de autos en el país.


Trump criticó repetidamente a las empresas por la construcción de automóviles en México y en otros lugares y amenazó con imponer aranceles del 35 por ciento a los vehículos importados. El presidente a menudo criticó las inversiones de Ford en México durante su campaña electoral.


Fue la primera vez que los directores ejecutivos de los tres grandes fabricantes de autos se reunieron con un presidente de Estados Unidos desde una sesión de julio de 2011 con el entonces presidente Obama para destacar un acuerdo para elevar los estándares de eficiencia de combustible a 54,5 millas por galón para 2025. El portavoz Sean Spicer dijo antes de la reunión que Trump estaba deseando conocer a los CEOs y “escuchar sus ideas sobre cómo podemos trabajar juntos para traer más puestos de trabajo a esta industria”.

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