La marcha de la economía estadunidense: la quinta

Desde hace 15 meses la industria estadunidense registra crecimientos negativos. En virtud de ello el alto nivel de producción industrial logrado por la impresionante recuperación de mediados de 2009 a mediados de 2015, no ha superado el similarmente alto nivel de finales de 2007. Justo antes de la debacle. Sí, se trata de un impresionante periodo de más de 70 meses. Primero con crecimientos menos negativos hasta enero de 2010. Y luego con crecimientos positivos hasta mediados de 2015. Pero –lástima– prácticamente los nuevos niveles de producción industrial no han superado los de finales de 2007.


Industrialmente nuestros vecinos están estancados. Acaso por eso la dramática preocupación de Trump. Y sus compulsivas reacciones, expresión de una absoluta incomprensión no sólo del movimiento cíclico de su economía, sino de sus graves vicios seculares. ¿Cuál ante todo? La sobreacumulación de activos productivos, fruto de una inversión desproporcionada en relación con la generación de excedente económico. Crece más rápido la inversión y la acumulación de activos –maquinaria, instalaciones y equipos para la producción– que el PIB. Digámoslo así. Sí, la expresión cuantitativa de este excedente en la limitada pero tradicional variable del producto interno bruto (PIB) muestra esta tendencia secular. Sí, hacia una menor rentabilidad general de la economía estadunidense.


Esto obliga a ejercer presiones múltiples para impulsar –sí, impulsar concientemente y entre otras cosas– una menor participación de las compensaciones en el ingreso disponible. Siempre con el ánimo de fortalecer los otros componentes que respaldan el proceso de inversión y la rentabilidad. ¿Cuáles? Los impuestos netos de subsidios y los excedentes de operación, de los que se desprenden los beneficios netos tanto de las empresas corporativas financieras como de las no financieras.


Por cierto –a reserva de hacerlo luego– no voy a describir la tremenda asimetría en la distribución de los beneficios corporativos. Las corporaciones financieras han ganado mucha participación en detrimento de las corporaciones no financieras. ¡Especulación pura! Veamos –en cambio y con mayor detalle– el comportamiento de la participación de las compensaciones (sueldos y salarios) en el Ingreso Nacional Disponible y en el PIB. Reitero que el peso de las compensaciones en el PIB registra un descenso continuo desde inicios de los años 70. Luego, por cierto, de una impresionante estabilidad de casi 30 años. De inicios de 1947 a inicios de 1983 el peso de las compensaciones a empleados en el PIB registró un promedio muy estable de 49 por ciento. Y su peso en el Ingreso Nacional Disponible fue similarmente estable del orden de 56 por ciento.


Así, prácticamente la mitad del PIB era recibido por obreros y empleados. Pero a partir de 1983 se experimentó un descenso crónico de esos indicadores. En concordancia –por cierto– con una multitud de acciones orientadas a recuperar una rentabilidad general de la economía que a inicios de los años 80 había llegado a sus niveles más bajos de la historia económica reciente de Estados Unidos. Como podrá comprenderse, los niveles más bajos de esta participación se registraron en la más reciente crisis. La participación de las compensaciones a empleados en el PIB descendió a un promedio de 43 por ciento entre 2011 y 2015. Seis puntos por debajo de su mejor registro. Y hoy –merced a diversas acciones– el más reciente dato oficial las ubica en 44 por ciento.


Pero las previsiones más optimistas hacen pensar que, en el mejor de los casos, se pueden mantener en ese nivel medio de 43 por ciento de los años de crisis. Ya lo veremos. Como también veremos la evolución media de la participación de estas mismas compensaciones a los empleados en el Ingreso Nacional Disponible. Descendió hasta un promedio de 49 por ciento también entre 2011 y 2015. Siete puntos menos que su mejor comportamiento histórico. También el dato oficial más reciente ubica dicha participación en apenas 51 por ciento. Y las estimaciones de su comportamiento futuro muestran que puede descender. Sin duda, todo periodo de deterioro de la rentabilidad se supera –al margen de incrementos de productividad– con un ataque general a las condiciones de vida de los asalariados. Y señalo que al margen de la productividad porque la observación de, al menos, dos indicadores muestra que la eficiencia de la fuerza laboral no ha descendido. Desde inicios de 1983 hasta finales de 2016, el producto real por hora trabajada tanto por todos los trabajadores urbanos como específicamente por los de la industria manufacturera, se elevó entre 80 y 100 por ciento, respectivamente. Ciertamente el comportamiento en la manufactura ha sido más irregular. Con alzas y bajas en los momentos de desaceleración o crisis.


A diferencia del otro indicador general que ha sido mucho más establemente ascendente. Pero lo cierto es que en ambos casos la resultante es un ascenso continuo. Esto es que no hay pretexto para deprimir –ni siquiera relativamente– la compensación a los trabajadores. Y que el deterioro general de la rentabilidad no se explica –al menos a nivel general– por deficiencias en la fuerza laboral estadunidense.


Ya veremos –desde luego que sí– la nueva evolución económica con el nuevo gobierno que encabeza Donald Trump. ¡Incertidumbre menos incierta! Como también prometo ver –con el mayor detalle posible– el debatido comportamiento de los precios de los petrolíferos. Y para el caso de gasolinas y diésel, de sus tres componentes (referente internacional de costo, costos de logística e impuestos). Lo cierto es que la nueva historia contemporánea de estos precios no empieza esta semana. No. Se inició en 1992, año en que el gobierno debió haber implantado –como lo hizo en el caso de los combustibles industriales y, consecuentemente, de las tarifas eléctricas comerciales e industriales– el esquema que hoy impone. No lo hizo por su eterno miedo a modificar una tributación que –como se ha mencionado en muchas ocasiones– sigue siendo una de las más bajas y regresivas del mundo. ¡No más de 11 o 12 por ciento del PIB! Pero lo veremos. Y a pesar de todo o más bien por todo, hay que desear muy buen año 2017. Sin duda.
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Ford renuncia a invertir 1.600 millones en una planta en México tras las amenazas de Trump

En su lugar invertirá 671 millones en otra planta en suelo estadounidense, aunque el presidente del gigante automovilístico niega que la decisión obedezca a las presiones del republicano. El presidente electo de EEUU también ha amenazado a General Motors.


WASHINGTON.- Ford ha cancelado este martes la inversión de 1.600 millones de dólares (1.534 millones de euros) en la localidad mexicana de San Luis de Potosí, donde tenía previsto construir una nueva planta de montaje de vehículos.

En un comunicado, Ford también dijo que producirá la nueva generación del modelo Focus en la planta de montaje de la ciudad mexicana de Hermosillo "para mejorar la rentabilidad de la compañía", y que invertirá 700 millones de dólares (671 millones de euros) en la fábrica estadounidense de Flat Rock (Michigan).

El presidente de Ford, Mark Fields, negó después, en una entrevista con la televisión estadounidense CNN, que la cancelación de la inversión en México fuese una concesión al presidente electo de EEUU, Donald Trump, que defiende un proteccionismo económico que poco antes había amenazado en Twitter a General Motors por producir sus vehículos en México.
"No hemos llegado a un acuerdo con Trump. Lo hemos hecho por nuestro negocio", aseguró Fields.

La planta de San Luis de Potosí tenía previsto producir la nueva generación del Ford Focus. Ford añadió que la inversión de 700 millones de dólares en Flat Rock permitirá a la planta de montaje la producción de vehículos autónomos y eléctricos y creará 700 puestos de trabajo directos.

Los planes de producción del fabricante estadounidense en México han sido frecuente objetivo de los ataques de Trump en los últimos meses. En septiembre de 2016, Trump amenazó con aranceles aduaneros del 35 % a los productos de Ford producidos en México.
Trump, a GM: "Fabrique en EEUU o pague un gran arancel aduanero"
Trump también afirmó que Ford despediría trabajadores en Estados Unidos para producir vehículos en San Luis de Potosí, lo que fue rotundamente negado por Fields.
Entonces Trump declaró: "¿Sabes lo que va a pasar? Nunca se van a ir (a México)".

Poco antes del anuncio de Ford, el presidente electo atacó a General Motors (GM) y amenazó al fabricante con la imposición de aranceles aduaneros a menos que produzca sus vehículos en Estados Unidos.

Trump dijo hoy en un tuit que "General Motors está enviando el modelo Chevy Cruze hecho en México a los concesionarios de EE.UU. sin tarifas. ¡Fabrique en EE.UU. o pague un gran arancel aduanero!".

Tras el tuit de Trump, GM dijo en un breve comunicado que produce la versión sedán del Cruze en Ohio. "Todos los Chevrolet Cruze sedán en venta en Estados Unidos son producidos en la planta de montaje de GM en Lordstrom, Ohio. GM produce el Chevrolet Cruze de cinco puertas para mercados globales en México y un pequeño número es vendido en Estados Unidos", explicó el fabricante.

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Odebrecht revela la corrupción sistémica en Latinoamérica

El caso de la constructora brasileña destapa una enorme red de sobornos

La constructora brasileña Odebrecht conquistó América Latina vendiendo grandes obras de infraestructura. Presente en 27 países, la empresa fundada por el ingeniero Norberto Odebrecht en los años cuarenta ha construido líneas de metro en Perú, centrales hidroeléctricas en Panamá, carreteras en Argentina... Pero ese éxito tenía trampa. La empresa ha aceptado pagar 3.500 millones de dólares de multa, la mayor de la historia por sobornos, tras ser acusada de entregar 439 millones a políticos, partidos y funcionarios en al menos 12 países para garantizarse la adjudicación de obras públicas.
Algunos de los países en que Odebrecht pagó sobornos en América Latina son Argentina, Brasil, Colombia, República Dominicana, Ecuador, Guatemala, México, Panamá, Perú y Venezuela. La constructora, con 128.000 empleados y unos ingresos brutos de 40.000 millones de dólares, es el personaje central de la trama descubierta por la Operación Lava Jato, que investiga desde 2014 una red corrupta en la petrolera estatal brasileña Petrobras desplegada desde hacía décadas.


La empresa tenía contratos firmados con la petrolera desde la década de los cincuenta. Los investigadores tardaron más de un año en encontrar las primeras pruebas, que llevaron a Marcelo Odebrecht, presidente y nieto del fundador del grupo, a la cárcel en junio de 2015. Desde entonces, Brasil se sumergió en los detalles del multimillonario y sofisticado sistema de corrupción liderado por la constructora y sus filiales.


Tras obligar a los dirigentes políticos de Brasil a arrodillarse ante las denuncias, la empresa se convierte ahora en una amenaza real para representantes del poder en América Latina y abre la caja de pandora de la corrupción en la región. Presidentes, expresidentes y congresistas del continente han sido delatadosante las autoridades internacionales por directivos del grupo.


Acuerdo judicial


Que Odebrecht confiese los delitos y apunte a sus cómplices en las altas esferas del poder no es mera casualidad. El presidente de la constructora y un equipo de 77 empleados de alto rango negociaron acuerdos con la justicia para reducir sus condenas. Odebrecht, por ejemplo, fue condenado a 19 años por delitos que van de lavado de dinero a asociación criminal. La compañía aceptó pagar la multa para cerrar las investigaciones en EE UU, Brasil y Suiza.


El Departamento de Justicia de Estados Unidos todavía no ha divulgado el nombre de ninguna autoridad involucrada en el escándalo fuera de Brasil, pero se espera que el escándalo salpique a nombres de envergadura. Odebrecht reconoció haber pagado, por ejemplo, 29 millones de dólares en sobornos en Perú a empleados gubernamentales entre 2005 y 2014. La confesión abarca los mandatos de los presidentes Alejandro Toledo (2001-2006), Alan García (2006-2011) y Ollanta Humala (2011-2016). En febrero del año pasado, Humala fue señalado como receptor de tres millones de dólares de Odebrecht en sobornos. Él lo niega. En Panamá se especula que uno de los beneficiarios haya sido uno de los hijos del expresidente Ricardo Martinelli (2009-2014), Luis Enrique Martinelli Linares. Padre e hijo también negaron la acusación.


Por donde pasa, el terremoto Odebrecht amenaza con manchar biografías. En Argentina, el blanco son los gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner. La empresa admitió haber pagado más de 35 millones de dólares a intermediarios de empleados vinculados a tres proyectos de infraestructura entre 2007 y 2014, cuando Fernández era presidenta. En Venezuela, los delatores ya han mencionado un pago de tres millones de dólares a la campaña de Hugo Chávez y Nicolás Maduro (2012-2013).


En todos los países el modus operandi fue el mismo: la constructora utilizó una sofisticada trama de offshores (empresas fantasma) para pagar los sobornos. En la isla caribeña de Antigua llegó a comprar un banco local para facilitar la tarea. Según las autoridades, Odebrecht utilizó diferentes “capas de blanqueo de dinero” para dificultar el rastreo de las transacciones. Los pagos a agentes públicos en los países mencionados partían del Sector de Operaciones Estructuradas de la empresa, que en Brasil pasó a conocerse como “sector de sobornos”. El departamento, con una contabilidad paralela, garantizaba los fondos utilizados y autorizaba las transferencias con la supervisión del presidente de la compañía.


La publicidad del acuerdo de lenidad hizo que las autoridades de los países involucrados reaccionaran rápidamente. Las Fiscalías de Argentina, Perú, Colombia, Panamá y de Ecuador ya han anunciado que investigan los pagos de sobornos a la constructora. En México, el Gobierno y la petrolera Pemex también afirmaron que van a investigar el pago de 10 millones de dólares en sobornos para beneficiar a Odebrecht en contratos con la compañía.


Los documentos divulgados por la justicia de Estados Unidos pueden ser tan solo la punta del iceberg de la trama internacional de corrupción. Las declaraciones de algunos ejecutivos,como João Carlos Nogueira, exdirector del área internacional de la empresa, amenazan con incendiar los gabinetes de muchos pesos pesados. Nogueira detallará los negocios de Odebrecht firmados en otros países, como Angola, República Dominicana, Cuba, Ghana, México y Venezuela. Otra delación esperada es la de Benedicto Barbosa Júnior, expresidente de Odebrecht Infraestructura, y uno de los coordinadores del sector que repartía los sobornos. La única certeza ahora es que el tsunami ha comenzado y no se vislumbra su fin.

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Lunes, 26 Diciembre 2016 08:37

Nuevo ciclo

Nuevo ciclo

Los datos indican que comienza un nuevo ciclo de expansión de la economía de Estados Unidos. Incluso hay previsiones de que podría llegar a una tasa de crecimiento del orden de 4 por ciento anual con las medidas económicas que propone el presidente electo Donald Trump. Esta es una tasa muy por encima del promedio de 2.5 por ciento de los últimos 10 años.


Si así fuese ese crecimiento tendría, según ha planteado expresamente Trump, un carácter muy distinto al de las décadas anteriores, que desde los años 1980 se caracterizaron por el fuerte impulso de la apertura constante de los mercados: el comercio, las inversiones, en algunos casos el movimiento de personas y la ampliación general de la economía global.


En efecto, lo que se estaría fraguando en la política económica del nuevo gobierno que va a empezar en unas tres semanas es una expansión hacia adentro, es decir, privilegiando la producción y el empleo internos y la restricción de los intercambios de mercancías y el flujo de los capitales con otros países.


En ese esquema se incluirían, asimismo, las previstas limitaciones en materia de inmigración, con lo cual se incidiría también en la conformación del mercado laboral. Y esto en un entorno en el que se ha mermado la capacidad de los sindicatos, en el que se debate el nivel que debe tener el salario mínimo y la nueva estructura de los impuestos. Es difícil predecir la reacción social frente a estos cambios y, en particular, la de los trabajadores con distintos niveles de ingresos. Trump parece apostar por una mayor cantidad de empleo como atractivo de su política de crecimiento.


El entorno global será redefinido por el nuevo gobierno, según se puede apreciar por los nombramientos propuestos en las relevantes áreas de la nueva administración: comercio, finanzas, regulación, trabajo, energía y medio ambiente.


En este esquema la economía estadunidense no va a funcionar expresamente como una locomotora de la producción a escala internacional a partir de la demanda de productos intermedios y finales desde otras partes. Con ello se obligaría a un nuevo acomodo de la actividad productiva, del empleo de la fuerza de trabajo y del financiamiento a escala ya sea nacional o regional.


En el caso de Europa la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea ya está provocando ese reacomodo, pero habrán de crearse nuevos arreglos para compensar los cambios en los flujos de mercancías y de capitales y las políticas tributarias y de gasto público, así como del tipo de cambio de Estados Unidos.


China deberá adaptar de un modo mucho más profundo las distorsiones internas en materia de la asignación de los recursos para la producción, la creación de empleos e ingresos de su creciente población, el desarrollo regional, la regulación ambiental y, especialmente, la gestión de la política monetaria y de crédito, así como la fijación del valor del renminbi. La subvaluación de la moneda ha sido una estrategia comercial clave para China y muy cuestionada por Trump. Japón y Corea tienen también una relación estrecha de comercio e inversiones con Estados Unidos y tendrán que ajustarse.


En las semanas anteriores el efecto Trump ha provocado un alza en las expectativas sobre el crecimiento de la economía estadunidense. Esto se ha expresado en el auge del mercado de valores, el incremento de las tasas de interés por la Reserva Federal y una apreciación del dólar con respecto a otras monedas clave en los mercados internacionales, como la libra esterlina, el euro y el yen.


Estos son indicios del nuevo ciclo expansivo, luego de una década de lento crecimiento. Por ahora sigue existiendo una fuerte demanda de dólares por los mayores rendimientos que dan los títulos emitidos en esa moneda y también por un efecto de protección de valor frente a otras monedas. Las distorsiones productivas, financieras y monetarias de este nuevo ciclo van a marcar su carácter en cuanto al nivel posible de expansión de la actividad económica, la asignación de las corrientes de inversión, la distribución regional de crecimiento y su duración.


El ajuste que estas condiciones exigirá a la economía de México será de gran calado y no puede hacerse únicamente en un contexto bilateral con Estados Unidos, donde hay animadversión del nuevo gobierno. Un nuevo orden entre la dinámica interna y las relaciones externas será determinante y exige ser muy bien concebido y operado políticamente. Ahora ya no hay business as usual.

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Viernes, 16 Diciembre 2016 07:15

Una larga recesión pesa sobre Italia

Una larga recesión pesa sobre Italia

Valentino, profesor de Economía de la Universidad La Sapienza, de Roma, plantea que los problemas fundamentales son la falta de innovación tecnológica y la baja eficiencia del sector público, sumadas a la inestabilidad política.


Italia no logra despegar de la recesión que la tiene aplastada desde la crisis del 2008-2009. Según las previsiones oficiales, el 2016 se cerrará con un crecimiento del PBI cercano al 0,8 por ciento. Una cifra bajísima (casi igual a la de 2015), en comparación con otros países de la Unión Europea, que si bien no brillaron por su crecimiento llegaron al 1,7 por ciento (Alemania) y 1,3 por ciento (Francia). Sobre el Reino Unido pocos se animan a hacer previsiones, porque luego del Brexit de junio se dijo que la economía se iba a caer y ahora parece que no es así. Italia no ha pasado por un Brexit, pero sí por un referendo que llevó a la renuncia del primer ministro y a una crisis de gobierno, así como a la elección de un nuevo gobierno provisorio que durará hasta que se puedan hacer nuevas elecciones. Y por cierto esto no ayuda ni a la estabilidad ni al crecimiento económico. Pero no son sólo estos elementos los que contribuyen al estancamiento de la economía italiana. Sobre esto y las perspectivas para el 2017 PáginaI12 conversó con el economista Pietro Valentino, profesor de Economía de la Universidad La Sapienza, de Roma.


–¿Cuál es su balance de la economía italiana 2016?


–Estamos todavía en una fase de estancamiento porque las variaciones son modestas. La salida efectiva de la recesión todavía no se ha verificado enteramente.


–¿Y esto por qué?


–El problema radica en que este país debería renovarse. Se ha modernizado sólo en algunos sectores. No hay un cambio profundo en la estructura de la economía. Italia es competitiva sólo en algunas áreas, no en todas. Se habla de baja productividad media del sistema en Italia y esto quiere decir que el país produce cosas que tienen una gran competencia a nivel internacional. Por lo cual Italia debería innovar para mejor competir, pero eso no se realiza.


–¿En cuáles sectores principalmente?


–Todo el sector de los servicios es muy tradicional, el sector de las nuevas tecnologías está poco desarrollado en comparación con otros competidores internacionales. En el industrial –a excepción del Made in Italy de alta calidad– todavía hay bajos niveles de productividad. En la mecánica algunos sectores han sido innovados pero relativamente poco. Hay un espacio importante para la innovación en el área alimentaria pero no es explotado, también porque la dimensión productiva es relativamente modesta en comparación con otros países. Es decir que no hay innovación prácticamente en ningún sectores. A esto se agrega que el sector público tiene una muy baja eficiencia. Esto hace que todo sea más trabajoso y costoso y que se retrasen todos los apoyos a las inversiones y el uso de los recursos disponibles, incluso a nivel europeo.


–¿Qué rol ha tenido la desocupación en todo esto, que llegó a ser casi del 40 por ciento en estos años pasados, sobre todo al sur de Italia?


–Con el llamado “Job Acts” (una reforma de las leyes laborales que hizo el ex primer ministro Matteo Renzi entre 2014 y 2015, ndr) la desocupación disminuyó un poco, sobre todo por el hecho de que muchos que trabajaban en negro, fueron blanqueados. Hay una desocupación muy alta también debido a que entre el mercado del trabajo y la calificación profesional no siempre hay sintonía. Es decir, por una parte las empresas, siendo escasamente innovadoras, no buscan gente muy calificada. Por el otro la universidad produce muchos profesionales para sectores donde no hay una gran oferta de trabajo. Los jóvenes estudian y después se tiene que ir a buscar trabajo a otros países.


–¿Y la corrupción ha jugado su parte en todo esto? Se sabe de innumerables casos en los que, pagando a los políticos de turno abundantemente, ciertas empresas ganan las licitaciones que después cuestan al Estado mucho más.


–La corrupción ha tenido más que nada un efecto sobre el gasto público. Lo ha tenido menos en los sectores productivos. Por ejemplos en algunos sectores, más que la corrupción han influido otros factores. Por ejemplo el turismo, ellos no innovan porque piensan algo así como, “total, a Italia los turistas vienen de todas maneras”. La corrupción está presente en todo el país más o menos pero principalmente en las regiones del Sur.


–Según sus previsiones, ¿a dónde irá la economía italiana en 2017?


–Creo que el PBI crecerá, pero poco. El inmovilismo del sistema político no favorece seguramente las inversiones, sobre todo de capitales extranjeros. Un gobierno provisorio como éste que tenemos, hace que todo sea más inestable... Habrá seguramente el próximo año un leve aumento de la demanda interna gracias a algunas leyes sancionadas últimamente. Países como Francia o Alemania marchan muy bien porque tienen sistemas productivos innovadores, producen en sectores con alto contenido tecnológico, desde aviones a autos, y están menos sujetos que Italia a la competencia de los mercados extranjeros. Italia no tiene proyectos a este nivel. Si se analizan las propuestas económicas de los partidos políticos, se ve que no hay ideas contundentes. Además, si se cambia el gobierno a cada rato y no se sabe quién estará dentro de seis meses, todo se hace más difícil. Esa inestabilidad es mucho peor que la corrupción, dejando bien claro que la falta de innovación y la corrupción son dos elementos que estrangulan la economía.


–Se habla también de los problemas de algunos bancos, como el Monte dei Paschi di Siena. ¿Eso podría poner en riesgo la economía italiana?


–Sustancialmente no, porque en el caso del Monte dei Pashi di Siena se trata de un banco regional y pequeño. El problema podrían ser otros bancos más importantes, como Unicredit, que se extendió demasiado a los países del Este europeo y ha tenido inconvenientes. De todas maneras parece que las cosas se han solucionado. El problema mayor para la economía en general era que los bancos habían bloqueado las financiaciones a las empresas, a causa de sus problemas. Pero según el Banco de Italia (Banco Central, ndr) esta cuestión ha sido resuelta. Por ahora, de todas maneras, los bancos no hacen grandes inversiones en las empresas porque la salida de la recesión es todavía débil y no quieren riesgos.

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Trump desafía a China: tuits amenazantes y llamada temeraria a Taiwán

Todavía no jura como presidente y Trump, en su inusitada fase de transición hiperactiva que ha dejado perpleja a la saliente administración, ha abierto dos frentes incandescentes: uno, contra el acuerdo nuclear con Irán –poco publicitado, pero no menos ominoso–, y otro, con China, de carácter geoestratégico trascendental, el cual, definirá el nuevo orden mundial, en medio del caos global/regional/local que ha legado el malhadado Obama.

La perversa llamada a Trump de la amazona Tsai Ing-wen, presidenta de Taiwán, duró 10 minutos, pero causó un torbellino en Asia: en uno de los tres polos principales del (des)orden global, con reacciones de subinterpretación del vicepre­sidente Mike Pence, de su jefa de prensa, Kellyanne Conway, y de Paul Ryan, líder de la bancada del Partido Republicano, quienes intentan todavía calmar la tempestad.

La llamada estaba ya programada (https://goo.gl/k2Iuwl), pero hizo verse errático a Trump con su faux pas chino.

El equipo íntimo de Donald Trump –pro­clive a la confrontación– y el núcleo del Partido Republicano –más dúctil– están fracturados para lidiar con China, cuyos posicionamiento y ascenso los tiene mareados.

Reince Priebus, hoy jefe de gabinete de Trump y anterior líder del Comité Nacional del Partido Republicano, se había reuni­do en Taiwán con la amazona Tsai en octubre (nota: un mes antes de la elección), lo cual abona a la teoría de la unción de Trump por el Deep State (https://goo.gl/d04T2d).

Los alcances de las fanfarronerías de Trump tienen como límite su acercamiento con el zar Vlady Putin, quien mantiene simultáneamente excelentes relaciones con el mandarín Xi y ha alabado la "inteligencia" de su homólogo estadunidense. Nadie más que el zar Vlady está consciente de los límites del otrora "mundo unipolar que se ha derrumbado" cuando “el mundo está recuperando su equilibrio de poder global (https://goo.gl/MuTvtm)”.

De no ser por la masiva venta de armas de Estados Unidos (EU), Taiwán –casi 36 mil kilómetros cuadrados, más de 23 millones de habitantes y poco más de un billón de PIB– sería fácilmente digerible por el dragón chino: 9.6 millones de kilómetros cuadrados, casi mil 400 millones de habitantes y casi 20 billones de PIB. Además, China cuenta con 260 bombas nucleares de las que carece Taiwán.

¿Desea Trump convertir la isla de Taiwán en un "nuevo Israel" o en la Cuba de 1962?

¿A qué juego suicida se presta Taiwán que sólo sirve impúdicamente de carne de cañón y/o de carta desechable de negociación en el casino geopolítico de Trump, como ya antes la vendieron Kissinger y Nixon en 1971/72 con el célebre "Comunicado de Shanghai"?

Kissinger organizó en 1971 la visita de Nixon un año después a China para el restablecimiento de relaciones en 1979, un año posterior de que el anterior mandarín Deng Xiaoping entrara al juego mercantilista global, que le proveyó EU como parte del acuerdo contra la ex URSS.

Dos días después de la provocadora llamada, Trump profundizó los ataques sinófobos en dos feroces tuits (https://goo.gl/ad8skZ) y (https://goo.gl/WvcQn0), mientras Kissinger se encontraba en Pekín en una reunión con el mandarín Xi (https://goo.gl/BHUjUN).

De regreso a EU, Kissinger, a sus 93 años –lo cual denota la orfandad de una nueva camada de geoestrategas en Washington–, puso de relieve la gran ecuanimidad de la reacción china y ayer se aprestaba a reunirse con Trump para diluir su embriagante vino con China (https://goo.gl/m7iu31).

Si la reacción oficial de la diplomacia China ha sido prudente –poniendo de relieve la "inexperiencia" de Trump y su toma de posesión "oficial" el fatídico 20 de enero–, la réplica de Global Times, portavoz oficioso del Partido Comunista Chino, ha sido cáustica: "Trump desea tratar a China como una pierna suculenta de cordero", para recortar sus rebanadas egoístas al antojo: "¡Olvídenlo!" (https://goo.gl/0rKpHg)

Es evidente que China está preparada para el peor escenario y no se dejará amedrentar por bravuconerías de cantina tuitera: “No importa las razones de­trás de los ultrajantes comentarios de Trump, parece inevitable que las relaciones sinoestadunidenses atestiguaran más problemas. [...] Debemos estar totalmente preparados tanto mental como físicamente [...] Trump puede hacer mucho ruido, lo cual no lo exime de las reglas del juego (sic) de las superpotencias” cuando "no tiene los suficientes recursos para lidiar con China en forma desenfrenada, la segunda mayor economía, la principal potencia mercantil y potencia nuclear (sic)".

El rotativo exhorta a que Chi­na debe "adaptarse a los cambios, incluyendo la nueva dinámica en las relaciones sinoestadunidenses" cuando Trump "sobrestima el poder de EU" y "desea revivir la economía de EU, pero sabe que su país no es tan competitivo como solía ser" y "trata de saquear (sic) a otros países para la prosperidad de EU": busca "destrozar el presente orden económico mundial" y "reconfigurar el orden mundial" para su único beneficio unilateral.

En Rusia ya están preparados al coqueteo de Trump con el zar Putin, únicamente confinado a un G-2, sin China. ¡Tremenda aberración geoestratégica!

La complementariedad entre Ru­sia y China está muy avanzada y será muy difícil de desactivar, como pretenden los ilusos geoestrategas de EU, el octogenario Brzezinski y el nonagenario Kissinger: el primero, nostálgico de 1989, cuando los muyahidines expulsaron a la URSS de Afganistán –lo cual repercutió en la caída del muro de Berlín y luego en la balcanización del imperio soviético dos años más tarde–, y el segundo, triangulando de nueva cuenta y en forma astuta con China para sacarla de su alianza con la nueva Rusia.

Más allá de los mitos sobre la "ignorancia" sobredimensionada de Trump en política exterior, los geoestrategas de verdad tienen muy claro el funcionamiento del orden mundial global, como formuló el mismo Trump en su ya célebre discurso en abril pasado (https://goo.gl/EZ2D5O).

Con gran certeza geoestratégica, Trump enfatizó que uno de los mayores errores de Obama fue "haber empujado a Rusia y China a estar juntos", por cierto, tesis que siempre postulé (https://goo.gl/Ki6WNM).

Sputnik, una semana antes de las jeremiadas tuiteras de Trump, había adelantado que el magnate de inmobiliarias y casinos, como buen apostador y bluffista, "intentaría meter una cuña entre Rusia y China", lo cual sería un “imperativo de su política exterior (https://goo.gl/JlgAqd)”.

Contra su costumbre pugnaz, un editorial del Financial Times, portavoz de los globalistas financieristas, fustiga la "peligrosa provocación de Trump sobre Taiwán" y aconseja que "Trump debe tranquilizarse (sic) antes de colocar a EU en una vía confrontativa que puede ser contraproducente" (https://goo.gl/xlh8F8).

China no se quedará con los brazos cruzados, menos ahora que cuenta con una "asociación estratégica" con Rusia.

Las bravatas de Trump pueden funcionar con países bananeros, pero no con orgullosas naciones, como Irán y China, que ostentan grandiosas civilizaciones milenarias cuando todavía EU, país de reciente formación, no existía en el radar histórico.

Trump huye hacia adelante: la decadencia de Estados Unidos es ­irremediable.

AlfredoJalife.com

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Cuarta revolución industrial, tecnologías e impactos

Según los más ricos y poderosos del planeta, la cuarta revolución industrial ya está en marcha y es resultado de la convergencia de robótica, nanotecnología, biotecnología, tecnologías de información y comunicación, inteligencia artificial y otras. El Foro Económico Mundial, que reúne cada año en Davos a las mayores empresas del planeta, produjo en 2016 un informe donde afirma que con la "tormenta perfecta" de cambios tecnológicos junto a lo que llaman asépticamente "factores socio-económicos", a 2020 se perderán 5 millones de empleos, incluso contando los nuevos que se crearán por las mismas razones.

Si ellos hablan de una pérdida de 5 millones de empleos, seguramente serán muchos más. Y es sólo uno de los impactos de esta revolución tecnológica, que no se define por cada una de estas tecnologías aisladamente, sino por la convergencia y sinergia entre ellas. Nombran entre las 10 tecnologías claves –y más disruptivas– la ingeniería de sistemas metabólicos para producir sustancias industriales (leáse biología sintética para remplazar combustibles, plásticos, fragancias, saborizantes, principios activos farmacéuticos derivados de conocimiento indígena); el Internet de las nano-cosas (además de usar Internet para producción industrial, agrícola, etcétera, también nano-sensores insertados en seres vivos, incluso nuestros cuerpos, para captar y recibir estímulos y administración de drogas y farmacéuticos); ecosistemas abiertos de inteligencia artificial (integrar máquinas con inteligencia artificial al Internet de las cosas, a las redes sociales y a la programación abierta, con potencial de cambiar radicalmente nuestra relación con las máquinas y entre éstas mismas) y varias otras, como nuevos materiales para almacenar energía, nano-materiales "bidimensionales", vehículos autónomos y no tripulados (drones de todo tipo con mayor autonomía), optogenética (células vivas manipuladas genéticamente que responden a ondas de luz), producir órganos humanos en chips electrónicos.

En el año 2000, desde el Grupo ETC llamamos a esta convergencia BANG (Bits, Átomos, Neurociencias, Genes), especie de Big Bang tecno-socio-económico, mejor llamado "Little Bang" porque las tecnologías a nano-escala (aplicadas a seres vivos y materiales) son la plataforma de desarrollo de todas las otras. Avizoramos entonces que este "Little Bang", estaba formando un tsunami tecnológico que tendría impactos negativos de grandes dimensiones en medio ambiente, salud, trabajo; en producción de nuevas armas para guerra, vigilancia y control social de todas y todos, entre otras. Todo en un contexto de la mayor concentración corporativa de la era industrial, oligopolios con cada vez menos empresas que controlan inmensos sectores de producción y tecnologías.

Así está sucediendo, pero para cada uno de nosotros separadamente es difícil percibirlo en totalidad y en las dimensiones de sus impactos que se complementan. Los gobiernos, mayormente controlados por intereses corporativos y con el mito de que los avances tecnológicos son beneficiosos de por sí, han dejado que casi todas estas tecnologías prosigan, se usen, vendan, estén diseminándose en el ambiente y en nuestros cuerpos, sin siquiera mínimas evaluaciones de sus posibles impactos negativos y sin regulaciones, mucho menos aplicación del principio precautorio. Un ejemplo claro es la industria nanotecnológica, que con más de 2000 líneas de productos en los mercados, muchos presentes en nuestra vida cotidiana (alimentos, cosméticos, productos de higiene, farmacéuticos), no está regulada en ninguna parte del mundo, pese a que aumentan los estudios científicos que muestran toxicidad en ambiente y salud, especialmente para los trabajadores expuestos en la producción y uso de materiales con nanopartículas.

Pero el Foro de Davos sí elabora anualmente un amplio informe sobre riesgos globales, porque esos riesgos afectan sus capitales e inversiones. En la edición 2015 afirman que "El establecimiento de nuevas capacidades fundamentales que está ocurriendo, por ejemplo, con la biología sintética y la inteligencia artificial, está particularmente asociado con riesgos que no se pueden evaluar completamente en laboratorio. Una vez que el genio haya salido de la botella, existe la posibilidad de que se hagan aplicaciones indeseadas o se produzcan efectos que no se podían anticipar al momento de su invención. Algunos de esos riesgos pueden ser existenciales, es decir, poner en peligro el futuro de la vida humana". A confesión de partes, relevo de pruebas. Pero aunque lo reconozcan, no tomarán ninguna medida que coarte sus ganancias.

En este contexto, desde hace algunos años, estamos trabajando junto a otras organizaciones, movimientos sociales y asociaciones de científicos críticos, en la construcción de una red de evaluación social y acción sobre tecnologías (Red TECLA), para buscar por un lado informarnos y comprender el horizonte tecnológico, sus conexiones, impactos e implicaciones desde muchas perspectivas (ambiente, salud, ciencia, género, trabajo, consumo) y fortalecernos para actuar sobre ellas.

Para avanzar en estas ideas y en el cuestionamiento de la tecnociencia al servicio del lucro, con experiencias concretas desde varios países latinoamericanos, se realizará el seminario internacional "Ciencia, tecnología y poder: miradas críticas", el 8 de noviembre, de 9.30 a 14 horas, en la Hemeroteca Nacional, Ciudad Universitaria, convocado por la Red TECLA, la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad y el Grupo ETC (www.etcgroup.org/es). Tenemos que apropiarnos, desde abajo, de la consideración y acción sobre estos temas.

 

Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC

China pone en órbita su misión tripulada más larga hasta la fecha

Dos astronautas inician 33 días de misión a bordo de la nave Shenzhou-11, que se acoplará al laboratorio Tiangong-2 para iniciar los preparativos para la futura estación orbital del gigante asiático alrededor de la Tierra.

 


China ha puesto en órbita este lunes su mayor misión espacial tripulada hasta la fecha, enviando al espacio a dos astronautas que pasarán 33 días en el laboratorio Tiangong-2 para iniciar los preparativos para la futura estación orbital del gigante asiático alrededor de la Tierra.

La nave 'Shenzhou-11' ha despegado desde el Centro de Lanzamiento de Satélites de Jiuquan, ubicado en el desierto de Gobi, según ha informado la agencia china de noticias Xinhua. La misión forma parte del plan de las autoridades del gigante asiático de contar con una estación espacial tripulada de cara a 2022.


La tradicional cuenta atrás desde diez dio paso al encendido de los propulsores y, tras provocar un ruido estruendoso, el cohete se elevó sobre del desierto rumbo a las estrellas, cuando todavía no terminaba de salir el sol y la luna estaba iluminada.

Los cuatro cohetes de apoyo se separaron a los tres minutos de vuelo del cuerpo principal, que se despegó de la nave, a su vez, poco antes de llegar a los diez minutos y, al desplegarse los paneles solares de la cápsula trece minutos después del lanzamiento, los responsables de la misión la declararon exitosa.

"El Shenzhou-11 está en su órbita determinada según el plan original. Por tanto, la puesta en órbita de la misión tripulada ha sido un éxito", anunció desde la base un oficial militar. Con el lanzamiento de la undécima nave de la familia Shenzhou -que en mandarín significa, literalmente, "barco divino"-, China cierra un paréntesis de más de tres años sin enviar astronautas al espacio.

El presidente del país, Xi Jinping, ha enviado un mensaje de felicitación por el exitoso lanzamiento de la 'Shenzhou-11', agregando que "supone la primera vez en la que astronautas chinos estarán en órbita durante un plazo medio de tiempo".

Así, ha pedido al personal de la misión "que sigan rompiendo barreras" en el programa espacial del país, con el objetivo de que "el pueblo chino dé mayores pasos y avance en las investigaciones espaciales".

Los astronautas Jing Haipeng y Chen Dong, la tripulación de la Shenzhou-11, son los encargados de ejecutar las tareas de la sexta misión tripulada que el gigante asiático envía al espacio, tras las cinco que se lanzaron entre 2003 y 2013, y que será, si se cumplen los planes, la más larga.

Jing, un veterano de 50 años que ya participó en las misiones Shenzhou-7 (2008) y Shenzhou-9 (2012), comandará la nave con la ayuda de Chen, debutante en los viajes espaciales a los 37 años.

La primera estación espacial china, Tiangong-1, lanzada en septiembre de 2011, sigue funcionando. Fue visitada por una nave Shenzhou sin tripulación y dos misiones Shenzhou pilotadas entre 2011 y 2013. Tiangong-2 fue desarrollado sobre la base de su predecesor.

Tiangong-2 también probará tecnologías que con el tiempo se pueden aplicar en la primera estación espacial de China, como por ejemplo un brazo robótico.

Más de una docena de tareas y experimentos están programadas para llevarse a cabo en el laboratorio, que abarca áreas tales como la microgravedad, la física fundamental, la ciencia de materiales y ciencias de la vida en el espacio.

El movimiento contra el cambio climático crece día a día

El Huracán Matthew llegó y se fue, dejando tras de sí una gran devastación. Hasta el momento, se han reportado al menos 1.000 personas fallecidas en Haití y al menos 39 en el sureste de Estados Unidos. En Carolina del Norte, sigue en curso la crecida de los ríos. En vistas de la destrucción, uno podría pensar que el cambio climático es un tema central de este año electoral en EE.UU. Sin embargo, casi no ha sido mencionado en los debates presidenciales, vistos por decenas de millones de personas. Es lo que sucede ahí afuera, a nivel de los movimientos sociales a lo largo de todo el país, lo que nos da esperanza.


El movimiento para combatir el cambio climático crece de manera dinámica e impredecible y enfrenta cada vez más represión por parte de la industria de los combustibles fósiles y las autoridades gubernamentales. Tal vez no haya mejor ejemplo que la resistencia de la tribu sioux de Standing Rock al oleoducto Dakota Access.


La tribu ha firmado tratados con Estados Unidos durante más de un siglo y medio y el Gobierno federal los ha quebrantado, a todos y cada uno de ellos. Por eso no debería sorprendernos que un tribunal federal se haya expedido en contra de los sioux de Standing Rock, permitiendo que prosiga la construcción del controvertido oleoducto de 3.800 millones de dólares de costo. Por si fuera poco, la decisión fue anunciada sorpresivamente un domingo y en vísperas del 12 de octubre, considerado por muchos pobladores nativos como el día en que se celebra el comienzo del genocidio contra los pueblos originarios del hemisferio occidental.


“La tribu sioux de Standing Rock no retrocederá en su lucha”, declaró Dave Archambault II, jefe de la tribu sioux de Standing Rock tras la resolucion. “Somos guiados por la plegaria y continuaremos luchando por nuestro pueblo. No descansaremos hasta que nuestras tierras, nuestra gente, nuestra agua y nuestros sitios sagrados queden definitivamente protegidos de este destructivo oleoducto”, añadió. Y agregó durante una entrevista para “Democracy Now!”: “Siempre dijimos que tenemos derecho a los tratados de tierras que hemos suscrito y que tenemos voz. La compañía, el Gobierno de Estados Unidos y las autoridades estatales nunca nos solicitaron autorización para estar en esas tierras, para hacerles esto a nuestras tierras”.


Aún así, rompiendo con la historia y a pesar del fallo judicial, el Ejército de Estados Unidos y los Departamentos de Justicia y del Interior emitieron también un comunicado en el que establecen: “El Ejército no autorizará la construcción del oleoducto Dakota Access en las tierras del Cuerpo de Ingenieros que se encuentran a orillas o por debajo del lago Oahe. Reiteramos nuestra solicitud de que la compañía responsable del oleoducto detenga voluntariamente toda actividad de construcción dentro de los 32 kilómetros al este o al oeste del lago Oahe. Asimismo, pretendemos mantener una discusión seria acerca de si debería realizarse una reforma nacional del proceso de consulta a las tribus para este tipo de proyectos de infraestructura”.


Es en tierras del Cuerpo de Ingenieros del Ejército que se han instalado los principales campamentos de oposición al oleoducto, en los que miles de personas, en su mayoría representantes de pueblos originarios del continente americano de más de 200 tribus de todo Estados Unidos, Canadá y América Latina, se han congregado para proteger a la tierra y al agua del oleoducto. Se trata de tierras ancestrales lakota y dakota que fueron tomadas sin consentimiento de la tribu por el Ejército de Estados Unidos.


En agosto, estos protectores de la Tierra, ya que no se consideran a sí mismos como “manifestantes”, hicieron un llamado internacional a la plegaria y la solidaridad. Cada día, se llevan a cabo creativas y pacíficas acciones directas a lo largo de los más de 1.900 kilómetros del trayecto proyectado para el oleoducto. El miércoles, en Keokuk, Iowa, Krissana Mara, de 31 años de edad, se encadenó a una excavadora en el lugar previsto para que el oleoducto Dakota Access atraviese el río Mississippi. La creciente resistencia que se desarrolla en ese lugar con el nombre #MississippiStand pretende impedir que el oleoducto atraviese el río, al igual que las acciones que se llevan a cabo en Standing Rock están evitando que el oleoducto pase por debajo del río Missouri.


Por otra parte, en una impactante acción coordinada, nueve activistas contra el cambio climático fueron arrestados el martes por intentar cerrar el paso a las arenas alquitranadas que llegan a Estados Unidos desde Canadá, cerrando manualmente oleoductos en los estados de Minnesota, Montana, Dakota del Norte y Washington. Uno de los activistas, Leonard Higgins, expresó en un video publicado posteriormente por Internet desde el oleoducto en Coal Banks, Montana: “Estamos en estado de emergencia para proteger a nuestros seres queridos, a nuestros familiares, a nuestras comunidades. Es necesario que como ciudadanos nos comprometamos y llevemos a cabo acciones cuando nuestros líderes no lo hacen. Eso es lo que me dispongo a hacer al cerrar la válvula”.


Entre los nueve arrestados se encuentra Ken Ward. En 2013, Ward y Jay O’Hara anclaron una pequeña embarcación frente a las costas de Massachusetts, impidiendo así que un buque descargara 40.000 toneladas de carbón para la planta Brayton Point, una de las mayores emisoras de gases de efecto invernadero de la región. En un increíble giro de los hechos, quien debía acusarlos, el fiscal local de distrito Samuel Sutter, retiró los cargos penales presentados en su contra, alegando: “El cambio climático es una de las crisis más graves que le ha tocado atravesar a nuestro planeta. En mi humilde opinión, los líderes políticos han demostrado graves
falencias con respecto a este tema”.


Es probable que el liderazgo político haya actuado de manera insuficiente. Pero desde una pequeña embarcación en el océano hasta los campamentos de resistencia en Dakota del Norte, el movimiento contra el cambio climático crece día a día.


Traducción al español del texto en inglés: Fernanda Gerpe. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Publicado enMedio Ambiente
El nuevo espíritu del capitalismo y la economía colombiana, 1991-2016
De la industria familiar a la financiarización global. En el curso de unas pocas décadas la economía colombiana dio un giro de 180 grados. ¿Cómo sucedió esto? Una vuelta al cuaderno nos permite detallar las principales acciones que así lo permitieron.

 

Su mirada es tranquila y transmite la carga de la añoranza. Formado en el primer espíritu del capitalismo (ver recuadro, “Del burgués emprendedor a...”), un patriarca de la industria colombiana caracteriza los tiempos actuales como una época donde los empresarios ya no se conocen entre sí, no saben quiénes son sus trabajadores, el capital no tiene identidad familiar, no se producen bienes materiales para satisfacer necesidades y, menos aún, arraigo en el territorio o responsabilidad social1.

 

Le hubiera gustado, puede deducirse sin que lo exprese a viva voz, que la dinámica económica y empresarial conservara tales facetas pero, más allá de sus añoranzas, la realidad del capital es otra: muta, y lo hace de manera rápida, ahora las empresas, además de abstractas y virtuales, cambian de un día para el otro de dueño sin que estos lleguen siquiera a conocer las plantas físicas, insertándose en una dinámica global: pasando del capitalismo industrial, monopólico, mundializado, con un Estado de Bienestar como el conocido por los europeos y en parte por la sociedad gringa, para ingresar en la etapa de su financiarización donde la especulación es la moneda de pago fundamental y donde los obreros de una u otra empresa ya no importan para sus propietarios –en muchas ocasiones en cabeza de sectores tan impersonales como los fondos de pensiones.

 

En Colombia el proceso de financiarización tiene orígenes en la década de 1970, promovido por el gobierno de Misael Pastrana (1970-1974) y en el contexto del reacomodamiento de las hegemonías nacionales propiciado por el mayor poder de los grupos financieros, a tono con el nuevo patrón de acumulación capitalista en el orden mundial y regional. Los principios que orientaron el nuevo modelo fueron los de libertad económica y el fortalecimiento del mercado nacional de capitales. Tras pocos años el capital financiero se convirtió en el sector líder que debería, en teoría, promover el crecimiento económico. Una vez en marcha la reforma financiera durante la administración de López Michelsen (1974-1978), otras tres estrategias complementarias fueron implementadas: i) la liberalización del sector comercio exterior, ii) la reforma fiscal (eliminación de subsidios y la supresión de las políticas de fomento) y iii) la flexibilización del mercado laboral (deslaboralización de la relación capital-trabajo y agresiva ofensiva contra las organizaciones de trabajadores). El proceso de financiarización entró de lleno al país de la mano con la implantación arbitraria del neoliberalismo.

 

¿Habrá percibido este cambio nuestro empresario cargado de nostalgias? Todo permite pensar que no. El ajuste en la economía criolla al finalizar la década de 1980 se constituyó en una etapa de transición encaminada a crear las condiciones para avanzar en el proceso de financiarización y arraigo de la ideología neoliberal. En este marco fueron diseñadas e introducidas las políticas de liberalización y desregulación financiera, las privatizaciones, el aumento del capital extranjero en la banca, el desmonte del crédito de fomento, el cambio en las funciones de la Banca Central y el manejo de la política cambiaria, monetaria y crediticia, dotando al capital financiero de todas las garantías para especular y estrangular la economía. En conjunto, se desmontó la función de fomento de la banca central, la banca pública fue privatizada (para el año 2006, el único banco estatal que quedaba en el país era el Banco Agrario) y el sistema financiero fue liberalizado.

 

En particular, a partir de la administración de César Gaviria (1990-1994) la burocracia estatal y la oligarquía nacional promovieron un agresivo proceso de desmonte de los aranceles, firmas de tratado de libre comercio2, liberación del mercado de capitales y de la tasa de cambio de la moneda, generándose todo tipo de favorecimientos para la inversión extranjera y hasta de importación de alimentos. Cambios y nuevas políticas económicas liberalizadoras y globalizantes, soportados sobre el supuesto de una modernización del aparato económico, la diversificación industrial, el crecimiento sostenido de las exportaciones y la generación de empleo de alta calidad.

 

 

 

Realidad tozuda. El paso de los años arrojó resultados contrarios: la industria perdió participación en el PIB, sus exportaciones no crecieron ni se diversificaron, las compañías se privatizaron y desnacionalizaron (cerca de mil transnacionales controlan en la actualidad alrededor del 80 por ciento de las actividades económicas en el país), el desempleo afecta al 10 por ciento de la fuerza laboral y la informalidad al 65 por ciento en el total del empleo nacional, y un crónico déficit en cuenta corriente3 tomó forma.


El capital avanza con lógica global y los políticos locales hacen su parte, pagando así la financiación de sus campañas y el silencio del poder real. Con la Constitución Política de 1991, el Banco de la República perdió el control de las variables macroeconómicas básicas porque los movimientos financieros del capital, y con ello la moneda, finalizaron determinados por la lógica privada de los mercados. La dinámica del capital financiero condujo hacia la inestabilidad del sistema en su conjunto, generando burbujas especulativas, a través de tres lógicas: i) cambiaria (con la apertura de la cuenta de capitales), ii) financiera (estimulo mediante el crédito del gasto público y privado) y iii) de la balanza de pagos (déficit en la cuenta corriente: déficit comercial más servicios financieros externos).

 

El impacto de esta política financiera desencadenó, al finalizar el siglo XX, la peor crisis económica y social de la historia contemporánea del país, catástrofe financiera que amenazó la solvencia de la mayoría de los establecimientos de crédito: entró en peligro la viabilidad de los negocios de las corporaciones de ahorro y vivienda, las cooperativas financieras, las compañías de financiamiento comercial, las corporaciones financieras y los bancos oficiales, lo mismo que la seguridad de los ahorros de millones de personas, la propiedad de la vivienda de los hogares colombianos y la estabilidad de las finanzas del gobierno. En 1999 la economía de Colombia colapsó y declinó en 4,3 por ciento.

 

La peor parte de la crisis recayó sobre los deudores del sistema Upac, que entró en crisis después de 27 años de existencia. Tres millones de hogares perdieron o vieron amenazada la tenencia de su vivienda. El costo total de la crisis la estimó el Gobierno en 12,3 billones de pesos. Para superar la crisis, el Estado creó de manera “transitoria” el Impuesto a las Transacciones Financieras (ITF), conocido inicialmente como el 2x1.000; después elevado al 3x1.000 (Ley 863 de 2003), hasta adquirir carácter permanente en el 4x1.000 a partir de la Ley 1111 de 2006. Los recursos obtenidos de esta fuente se destinaron inicialmente a salvar la banca privada. El gobierno, los ahorradores y la ciudadanía asumieron el riesgo crediticio y el costo de la crisis provocada por el agiotaje de los banqueros.

 

Una década después, en 2008, nuevamente la crisis financiera generada por el rompimiento de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos en el año 2006 provocó un colapso inicial en el sistema financiero estadounidense y después contagió a todo el sistema internacional. La economía colombiana se encontraba desguarnecida para enfrentar el “tsunami” financiero.

 

Financiarización a la colombiana

 

A partir de la década de 1970 y hasta el presente, el proceso de financiarización de la economía nacional no ha dado tregua, y crece. Hasta mediados de la década de 1960 la participación del sector financiero en el producto interno bruto nacional (PIB) fue inferior al cinco por ciento. Durante tres décadas, de 1965 a 1996, la participación relativa de este sector osciló entre 11 y 15 por ciento. En pleno proceso de materialización de las políticas que impulsaron la financiarización en Colombia el mismo escaló a más del veinte por ciento su participación en el PIB y en el año 2016 ya alcanza 22,5 por ciento. La nuestra es una sociedad que tiende cada vez más a estar en función y al servicio del capital financiero (ver gráfico 1).

 

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Lo paradójico de la financiarización consiste en que si bien el capital financiero se apropia de una cuarta parte de la riqueza anual producida por la sociedad colombiana, emplea sólo a 1,4 por ciento del total de trabajadores del país (316.000 empleados; de estos únicamente el 40% tiene contrato a término indefinido), paga salarios anuales por sólo 2,4 billones de pesos, en términos relativos 16,3 por ciento respecto a las utilidades del capital financiero. El promedio ponderado de los ingresos salariales de los trabajadores del sector financiero es de tres SML. Además, el margen de intermediación bancaria en Colombia es el más alto de América Latina, en promedio entre 3 y 4 puntos por encima.

De acuerdo con la Superintendencia Finan-ciera, los activos del sector financiero alcanzaron un valor de $1.229.1 billones al cierre de diciembre de 2015, correspondiente a un crecimiento real anual de 4.7 por ciento (el conjunto de la economía creció 3,1%). Para diciembre de 2015 las utilidades anuales del sistema4 se acercan a los $15 billones de pesos. Las ganancias acumuladas por las instituciones de crédito se ubicaron en $10.7 billones anuales, de las cuales $9.2 billones correspondieron a los bancos, seguidos por las corporaciones financieras con $566.8 miles de millones, las compañías de financiamiento con $419.7 miles de millones y las cooperativas financieras con $43.2 miles de millones (ver cuadro 1).

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Además, el sector financiero es altamente concentrado. El nivel de participación de los cinco intermediarios más grandes, según el Banco de la República, se ubica en 63,7 por ciento. En el país operan 25 bancos, de estos 10 son extranjeros y controlan 27,4 por ciento del mercado; en consecuencia, el capital financiero de origen nacional tiene una posición relevante: 60 por ciento de las instituciones bancarias y controla 72,6 por ciento del negocio. Bancolombia, Bogotá y Davivienda, por ejemplo, son bancos que no sólo tienen amplio dominio en el mercado criollo, sino que además expandieron su presencia a Centro América donde controlan una alta porción de las actividades crediticias, pretendiendo, además, “colonizar” los mercados regionales hasta constituirse en multilatinas.

 

 

 

Con una economía cada vez más insertada en la dinámica global, la suerte de la economía criolla depende en gran medida del comportamiento de la economía mundial. A partir del proceso de financiarización, la fragilidad e inestabilidad del sistema productivo nacional se amplifican (gráfico 1).

 

En general, la economía colombiana ha evolucionado durante el último siglo hacia un modelo extractivo-financiero, cicatero en la generación de empleo y la distribución del ingreso (gráfico 2), registrando una grave crisis los sectores reales (agropecuario e industria), en medio de un crecimiento acelerado de la población (de un total de 4 millones de habitantes a principios del siglo XX hasta cerca de 49 millones en 2016) lo que provoca un desempleo estructural en la sociedad. Además, a partir de la década de 1980 se observan los impactos de este modelo rentístico y reprimarizado en la concentración del ingreso en el 10 por ciento más rico de la población, proceso más acentuado acá respecto al conjunto de América Latina y el Caribe: en Colombia los ricos concentran el 42 por ciento del ingreso y en Latinoamérica el 38 por ciento (gráfico 3).

 

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Las principales empresas no financieras de Colombia, 1984-2015

 

La evolución histórica de la industrialización colombiana transcurre en medio de un denso tejido entre propiedad estatal, fortunas familiares, transnacionales y llegada de migrantes de origen europeo, norteamericano y sirio-libanés (a partir de las dos últimas décadas del siglo XIX).

 

Sobre el despojo violento y veloz de las riquezas aborígenes, la economía del país fue dominada por una oligarquía cerrada y “autista” con base en la explotación minero-energética, el comercio, la agricultura latifundista y la ganadería semisalvaje.

 

A principios del siglo XX, la economía colombiana era primario-exportadora. Así como el siglo XIX estuvo marcado por la disgregación nacional y el enfeudamiento, el siglo XX se caracteriza por la lenta unificación política, el desarrollo capitalista, la formación de un mercado interno, un Estado centralista y autoritario, con diferencias regionales pero de manera sostenida y englobante.

 

Las primeras fábricas locales levantaron instalaciones a finales del siglo XIX. La Cervecería Bavaria fue fundada en 1891, organizada por un inmigrante alemán, Leo Kopp5. A diferencia del caso clásico, la industria en Colombia encontró en las ferias y mercados internacionales la tecnología más avanzada y pudo en consecuencia dar el salto de estadios y fases, sin tener que pasar por todos ellos; práctica que se mantiene hasta la actualidad y que frena el desarrollo científico y tecnológico criollo. A la vez, desde el alba de la industrialización, el capital norteamericano controlaba el petróleo, el enclave bananero y la intermediación del café.

 

 

 

Al calor de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) esta dinámica industrial se aceleró. Los principales centros industriales estaban ubicados en Bogotá, Medellín, Barranquilla y Cali, especializadas principalmente en actividades tradicionales de producción de alimentos y bebidas, textiles y confecciones, calzado, tabaco, fósforos, locería, vidrios, cementos, ferreterías y fundición. En la década de 1920 el país fortaleció sus vínculos con el capital financiero internacional (las relaciones financieras entre el país y el resto del mundo toma forma a través de la deuda externa, la inversión extranjera y los flujos especulativos de capital).

 

A principios del siglo XX, en comparación con la Primera Revolución Industrial6 la industria colombiana registraba un atraso de 150 años7. Las actividades más complejas tecnológicamente (intensivas en maquinaria, capital humano, ciencia, tecnología e innovación) aún no lograban desarrollarse con la suficiente dinámica. Para la oligarquía nacional era más cómodo y rentable realizar negocios y satisfacer la demanda interna por mediación del capital comercial, prematuramente diversificado e internacionalizado. La mayor parte del mercado que creaba las exportaciones (café, banano y petróleo, principalmente) se realizaba en el extranjero, recurriendo a las importaciones, especialmente de bienes de consumo que absorbían el 80 por ciento de éstas. En la época de la acumulación primaria de capital el comercio desempeña un papel decisivo: es el punto de partida del desarrollo del capitalismo, y en la primera fase, gracias al sistema crediticio, hace que la producción dependa de sí misma. En una economía capitalista desarrollada esta dependencia deja de existir, y la producción y el comercio se separan. Posteriormente, el capital se concentra y centraliza a causa del proceso de financiarización del conjunto social.

 

Las firmas privadas nacionales, negocios familiares muchas de ellas, lideraron este proceso en las primeras etapas del crecimiento industrial. El dinamismo de la industrialización criolla estuvo fundamentado en una extremada explotación de los trabajadores, combinada con estabilidad de salarios bajos y aumentos en la productividad, más un nivel de precios industriales protegidos que abusan del consumidor, y un mercado integrado y en expansión. Condición que apuntaló una de las características principales de la sociedad colombiana: las grandes desigualdades entre sus clases.

 

Dinámica lenta y desigual. El desarrollo económico moderno que había comenzado a insinuarse en las últimas décadas del siglo XIX, se aceleró a partir de los años 1930. Y, en términos cualitativos, en 1945 se cerró la fase de industrialización basada en la expansión de los textiles, bebidas, tabaco y alimentos, financiada por capital nacional, protección y subsidios estatales.

 

El mes de septiembre de 1944 se creó, acogiendo la propuesta del presidente Alfonso López Pumarejo de tener un vocero único de los industriales, la Asociación Nacional de Industriales (Andi), el gremio económico más representativo de la plataforma productiva colombiana, con el propósito de participar con criterio unificado en la política económica nacional8.

 

Durante las décadas de 1940-1960, las multinacionales y las empresas públicas lideraron el desarrollo industrial, en menor grado, sin embargo, que en otros países latinoamericanos, proceso que desde sus inicios estuvo acompañado de elevados índices de concentración de la producción en unas pocas empresas. A partir de la década de 1970, esta foto de la concentración de los negocios evolucionó hacia la conformación de verdaderos conglomerados económicos en cabeza de pocos grupos financieros (unión del capital industrial con el bancario). El capital financiero es el capital bancario, o capital en la forma de dinero, que en realidad se transforma en capital industrial. A la vez, la concentración de capital lleva a la concentración de los bancos. Estos, también están interesados en una elevada tasa de beneficios, por tanto, los bancos tienden a fortalecer la creación de monopolios industriales.

 

Buena parte de la inversión privada era financiada por bancos extranjeros. Los inversionistas extranjeros y las trasnacionales monopolizaron los sectores modernos de la producción industrial librando la batalla en algunas actividades contra los capitalistas nacionales que terminaron, finalmente, en connubio con los capitales foráneos y echando por tierra todo interés o proyecto sociocultural-político-ambiental nacionalista.

 

En efecto, entre 1968 y 1984 se incrementó de manera significativa el grado de concentración de la industria colombiana; para este último año el 60 por ciento de la producción industrial tenía lugar en industrias mediana y altamente concentradas. Durante la segunda mitad del siglo XX, la plusvalía apropiada por las grandes firmas oligopólicas es dirigida hacia la compra de empresas ya existentes en la economía, y no para desarrollar nuevas líneas de producción a tono con las revoluciones industriales de segunda a cuarta generación. Se conformaron así oligopolios altamente concentrados, con elevadas barreras a la entrada de nuevos productores, y beneficios estatales de todo orden, lo cual no las inmunizó ante los ciclos negativos globales.

 

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Afectada por la crisis económica de inicios de los años 80, seis de las veinte principales empresas del país arrojaban saldos en rojo: Avianca (empresa colombo-alemana fundada en Barranquilla, en 1919), Cadenalco (creada en 1922 en Barranquilla, como la tienda de misceláneas LEY), Coltejer (fundada en 1907 por la familia Echavarría en Medellín), Colmotores (emerge en 1956 de la visión del empresario colombiano Germán Montoya Vélez, con el apoyo del gobierno nacional) y Acerías Paz del Río (fundada en 1948, por iniciativa del gobierno colombiano, para explotar las minas de hierro y carbón de Boyacá).

 

En 1984, las veinte principales empresas (no financieras) del país estaban vinculadas al sector minero-energético, el comercio, el transporte y la producción de bienes básicos de consumo (cuadro 2)9. Sobresalen como las dos primeras compañías: Ecopetrol (la reversión al Estado colombiano de la Concesión De Mares, el 25 de agosto de 1951, dio origen a la Empresa Colombiana de Petróleos) y el Fondo Nacional del Café (en 1940 por decreto ley 2078 fue creado un impuesto sobre los giros provenientes de las exportaciones del grano del cual nació el Fondo Nacional del Café, como una cuenta parafiscal, cuya actividad consiste en la compra interna de la cosecha y la exportación del grano).

 

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De otra parte, 1984 es el año que da inicio al “boom” petrolero con los hallazgos de los campos de Caño Limón (Arauca) con lo cual el país volvió a ser autosuficiente y exportador neto de petróleo (entre 1975 y 1985 fueron importados 240 millones de barriles, por valor cercano a los 5.000 millones de dólares). Desde los inicios de la actividad petrolera en Colombia (1905, bajo la presidencia del general Rafael Reyes) están comprometidas intensamente compañías multinacionales; durante este último resurgimiento de la actividad minero-energética, Occidental y Shell lideraron el negocio. Con el aumento de la producción de hidrocarburos, el país retornó a la danza de los millones generada luego de los grandes descubrimientos petroleros y mineros, al igual que las generadas en el pasado reciente por las bonanzas cafeteras y el auge de la economía subterránea (narcotráfico y contrabando).

 

La rentabilidad más alta (tasa de ganancia: utilidades/ventas) se registra en otra empresa estatal del sector de energía, electricidad y gas: ISA, Interconexión Eléctrica S.A. (constituida en 1967 con el fin de integrar los sistemas eléctricos regionales). Con el tiempo, las empresas de servicios públicos terminaron por ser las de mayor crecimiento dado que imponen precios monopólicos que los consumidores no pueden rechazar, empresas que a su vez son el botín preferido (en recursos económicos, poder de influencia y generación de empleo) de los grupos y partidos políticos de carácter regional y nacional. En general, estas empresas de servicios públicos, unidas a las licoreras departamentales y a los fondos parafiscales (por medio de los cuales los productores de algunos bienes, la gran mayoría agrícolas, están obligados a pagar impuestos sobre sus ingresos, denominados contribuciones, cuyos recaudos se trasladan a los gremios del sector) sostienen, en gran medida, la corrupción, los sobornos, el clientelismo y la politiquería.

 

Del primer ranking publicado por la Revista Semana (edición 168 de julio de 1985), se desprende que los tres conglomerados predominantes por entonces eran el Grupo Cafetero, la familia Santo Domingo y la Organización Ardila Lülle. Otra característica importante en el mapa empresarial de esos años, borrada con el tiempo, fue el poderío de la industria textil. Las más tradicionales y emblemáticas textileras nacionales (Coltejer, Fabricato, Tejicóndor y Enka) tuvieron –por mucho tiempo– asegurado un lugar en el cuadro de honor de las grandes empresas del país, afirma la mencionada revista.

 

Todo esto dio un giro. A partir de 1990, los gobiernos de Virgilio Barco y César Gaviria adoptaron un ambicioso conjunto de medidas de comercio exterior y acuerdos de libre comercio que desvanecieron una larga tradición de alta protección a la producción nacional. La década de 1990 abrió con nuevo gobierno, nuevas leyes, nuevas experiencias democráticas y nuevas reglas de juego económicas, comenzando por la Constitución Política de 1991 que reemplazó la Carta de 1886. El título XII “Del régimen económico y de la hacienda pública”, define los principios políticos que orientan el sistema económico: de una parte, afirma que “La dirección de la economía estará a cargo del Estado” (artículo 334); de otra, establece que la libre competencia es un derecho: “La actividad económica y la iniciativa privada son libres” (artículo 333); ambigüedad y contradicción que atraviesa la Constitución, esto es, el antagonismo entre el ideal regulador del Estado social y democrático de derecho y la más radical doctrina neoliberal.

 

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Pasan los años, para 1990 en los tres primeros lugares aún figuran las mismas empresas de 1984: Ecopetrol, Fondo Nacional del Café y Esso Colombiana (nació en 1931, propiedad de Rockefeller; perteneciente a la empresa Tropical Oil Company). De las 20 principales compañías, tres registraron pérdidas: Avianca, una vez más, Carbocol (sector minero) y la Flota Mercante Gran Colombiana (sector naviero, creada en 1946 y liquidada en 1997).

 

En las restantes 17 empresas clasificadas en 1990 las tasas de ganancia son positivas. Resaltan las del sector minero-energético que alcanzaron una rentabilidad hasta del 40,4 por ciento anual, ganancias extraordinarias por encima del promedio nacional.

 

Las veinte principales empresas en el año 1990 (de acuerdo con los volúmenes de ventas o ingresos operacionales), según ranking de la mencionada revista, son representativas de los sectores minero-energético, combustibles y lubricantes, alimentos y bebidas, papelero, transportes, comercio, automotriz, textiles, fertilizantes agrícolas, estructuras metálicas, automotriz y Cajas de compensación familiar. El grupo Bavaria, de la familia Santo Domingo, de Barranquilla, para principios de la década de 1990 constituía el quinto grupo cervecero más grande del mundo, con inversiones en Latinoamérica y Europa. De otra parte, las Cajas de compensación familiar comenzaban a concentrar los recursos públicos de las políticas sociales, por delegación del Estado, y a incursionar con fuerza y racionalidad privada en el comercio de bienes de consumo y fármacos.

 

En 1999, el PIB de Colombia cayó más de un 4 por ciento y los efectos se extendieron hasta el último trimestre de 2001; para vivir, entre 2003 y 2007, la expansión económica más importante en el último medio siglo: el PIB creció en promedio por encima del 5 por ciento. Durante el período 1980-2016 la economía criolla se expandió a un ritmo promedio anual de 3,5 por ciento, mientras que la economía mundial lo hacía al 2,9 por ciento; no obstante, la actividad productiva nacional es más volátil, la varianza de la evolución de los negocios (consiste en una medida estadística vinculada a la dispersión de una variable aleatoria) en Colombia es de 13,1 en contraste con el promedio mundial de las variaciones en el crecimiento económico que es de apenas 1,9 durante los últimos 37 años.
Según la edición aniversario de los 30 años del ranking publicado por la Revista Semana, los últimos 25 años, de la mano de la apertura económica propiciada por la nueva Constitución, fueron intensos en el mundo de los negocios y puede decirse que pasó de todo: hubo fusiones, compras, ventas y alianzas; muchas empresas colombianas fueron al mercado externo para expandir sus negocios, algunas por la vía de las exportaciones y otras instalándose directamente en esos mercados; la inversión extranjera directa llegó por montones al país y le cambió la cara a su economía. Colombia se convirtió en un destino atractivo para los inversionistas.

 

En paralelo, según el registro oficial de la Unidad para las Víctimas de la Presidencia de la República, el conflicto interno bélico dejó un saldo de ocho millones de víctimas durante el período 1985-2015. Los datos institucionales referencian 260.000 asesinatos, 45.000 desaparecidos, 6,8 millones de desplazados por la violencia y el despojo de 4,2 millones de hectáreas de tierra productiva a los pobladores del campo.

 

Importantes compañías han sido beneficiarias de este proceso; los capitalistas orientaron parte de sus portafolios de inversión hacia la compra masiva de tierras. Así, por ejemplo, Argos S.A. y su empresa filial Reforestadora del Caribe S.A.S compraron y englobaron 12.500 hectáreas de las tierras de campesinos desplazados por la violencia de los Montes de María; Luis Carlos Sarmiento Angulo, dueño de la empresa Corficolombiana posee más de 12.000 hectáreas de palma y 4.000 de caucho en el Meta; la empresa Manuelita10, propiedad de la familia Eder del Valle del Cauca, tiene 37.000 hectáreas entre Meta y Casanare; Riopaila Castilla S.A. (empresa agroindustrial con 98 años de experiencia, creada por la fusión de 2 ingenios vallecaucanos, propiedad de la familia González Caicedo) posee 40.000 hectáreas en Vichada.

 

A estos ejemplos se une la entrada de multinacionales especializadas en la producción de agro-combustibles (Cargill, Pacific Energy y Poligrow, entre otras) que son propietarias de miles de hectáreas, dando origen a lo que se conoce a nivel mundial como “land grabbing” o acaparamiento de tierras por empresas transnacionales. El Estado colombiano ha impulsado esta dinámica, incluso de manera abiertamente ilegal, de lo cual da cuenta lo realizado por el hoy condenado exministro de Agricultura, Andrés Felipe Arias (2005-2009)11 a través de la política conocida como Agro Ingreso Seguro, esto es, la entrega de millonarios subsidios agrícolas a grandes hacendados. En este mismo sentido va la ley que creó las Zonas de Interés de Desarrollo Rural y Social (Zidres), sancionada por el presidente Santos en enero de 2016, tildándola como “una verdadera revolución para el campo”.

 

Concentración de riqueza que prosigue. En el conjunto de las 20 principales empresas (no financieras) 19 registran para el año 2015 tasas de ganancias positivas (ver cuadro 4). La rentabilidad más alta corresponde a ISA con una tasa de ganancia de 45,6 por ciento anual; le sigue Bavaria (empresa que en 2005 se fusionó a la multinacional SABMiller, en una operación por 7.800 millones de dólares) con una tasa de ganancia de 43,8 por ciento anual; y Claro Móvil, del sector de las telecomunicaciones (propiedad del grupo mexicano América Móvil del multimillonario Carlos Slim) con rentabilidad del 22,2 por ciento. La única pérdida la registró Metapetroleum (empresa subsidiaria de Pacific Rubiales Energy, creada en 2002), debido al desplome de los precios del petróleo. En 2015 Avianca (vendida en 2004 por 65 millones de dólares por el grupo Santo Domingo al empresario de origen judío-polaco y naturalizado brasilero-colombiano Germán Efromovich) registró una rentabilidad de 5 por ciento anual; sin embargo, durante el primer semestre del 2016, por problemas financieros, los resultados no fueron positivos para Avianca Holdings, sumando en esos primeros seis meses pérdidas cercanas a los 20 millones de dólares.

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En resumen, en los últimos 30 años se registraron profundos cambios en la matriz económica colombiana, no solamente por los nuevos sectores, sino también por los cambios en la naturaleza de las firmas, en su tamaño y en su alcance regional. Empresas insignias como la Flota Mercante Gran Colombiana, Papelcol, Cadenalco y Alcalis, desaparecieron o decayeron; en reemplazo surgieron nuevos nombres: Pacific en petróleo, Claro en telecomunicaciones, Celcia en Energía, Nutresa en alimentos, Censud en comercio, Grupo EPM en servicios Públicos, Grupo Argos en cementos y Nueva EPS en salud, por ejemplo. Además, el modelo de Estado empresario colapsó a mediados de los años noventa, y la mayoría de las empresas públicas se privatizaron y desnacionalizaron.

 

Además, un cuarto de siglo después de la puesta en vigencia de la nueva Constitución Política la sociedad sufrió una profunda transformación cultural y económica. En el pasado quedó su encerramiento para ahora ser un país con una economía insertada en la dinámica global, dominada por parte de las transnacionales, y una arraigada cultura consumista, individualista y mafiosa sustentada en la contraética del “todo vale”. Colombia se integró, sin reservas, a la lógica omnicomprensiva del capitalismo, al mercado único mundial.

 

Al mismo tiempo, los grupos corporativos giraron hacia la especialización, con liderazgo en su respectivo sector. En cuanto al financiero, 30 años atrás la banca colombiana se encontraba mayoritariamente nacionalizada, con los principales bancos de propiedad estatal, sin inversión foránea; actualmente, los conglomerados financieros criollos sobresalen por su dinamismo, solidez, con abundantes capitales y elevadas tasas de rentabilidad.

 

Fruto del nuevo espíritu del capitalismo, en el país se consolidaron conglomerados gigantes, así, por ejemplo: Empresas Públicas de Medellín –EPM, es la matriz de un grupo empresarial conformado por 48 compañías, con presencia en la prestación de servicios públicos en Colombia, Chile, El Salvador, Guatemala, México y Panamá; Cementos Argos posee 61 compañías filiales con presencia en Colombia, Surinam, Estados Unidos, Haití, Islas Vírgenes Británicas, Antillas, Curazao, Panamá, Repúbli-ca Dominicana, Honduras, Guayana Francesa y Venezuela; el Grupo Nutresa es la cuarta productora de alimentos en América Latina, tiene plantas en 14 países y exporta a 72 naciones; el Grupo Éxito se convirtió en uno de los “retail” (venta al por menor) más grande en Suramérica con 2.606 tiendas en cuatro países; y, el Banco de Bogotá tiene 10.375 canales de atención de los cuales 2.487 están en Centroamérica.

 

La empresa familiar quedó atrás; el paternalismo conocido por el patriarca que añoraba la empresa por él dirigida, con relación directa con “sus” obreros, ya no regresará; hoy la propiedad empresarial resume una conjunción de capitales en algunas ocasiones públicos, en otros financieros, sumando en otros la alianza de varios capitalistas, y en cualquiera de estas variables la relación patrono-trabajador quedó en manos de terceros. Si los trabajadores quieren hacer valer sus derechos ya no pueden esperar el paternalismo del propietario, solo les queda hacer conciencia de la nueva situación, estrechar lazos, estructurar nuevas formas organizativas y luchar también globalmente. El estribillo: “Arriba los pobres del mundo, de pie los esclavos sin pan y gritemos todos unidos: viva la internacional”, toma vigencia más que nunca.

 

Años recientes

 

El 2015 y 2016 han sido difíciles para los negocios en Colombia, la economía se encuentra en recesión (3,1 por ciento creció el PIB en 2015 y en 2016 no supera el 2 por ciento); las finanzas públicas se deterioraron por causa del desplome petrolero, la moneda se devaluó haciendo más costosa la deuda externa privada y pública, la inflación se disparó y las tasas de interés van al ritmo del incremento en los precios relativos (la inflación bordea el 9% anual). El empleo pasó a crecer por debajo de la población y en julio de 2016 se perdieron 100.000 puestos de trabajo con respecto al año anterior. El balance macroeconómico se quebró, el país padece un desbalance entre el ahorro y la inversión que tiende a reforzarse; el déficit en cuenta corriente supera la suma del déficit fiscal y la ampliación del crédito al sector privado. El desajuste precipita una caída libre del producto nacional que no es corregido por el mercado.

 

Por el desplome de los ingresos que van a la hacienda pública, producto de la crisis de la renta petrolera, la administración Santos (2010-2018) raspa la olla dejada por los anteriores gobiernos: en enero de 2016 el gobierno nacional vendió el 84 por ciento de Isagén (generadora de energía) al único oferente: el fondo de inversión canadiense Brookfield (acusado de corrupción y sobornos en varios países de Latinoamérica) por la pírrica cifra de 9,4 billones de pesos.

 

La agitación, excitación, trajín, movimiento y vértigo de compras, ventas, adquisiciones, fusiones, quiebras, entradas y salidas de capital, no afloja su ritmo registrado durante el último cuarto de siglo en Colombia. En lo corrido de 2016, Acuña Droguerías fue comprada por la chilena Cruz Verde; Laverlam Veterinaria por la española Indukern; los activos de la Clínica San Rafael por el fondo Rizk Ventures; Archie’s Pizza por la mexicana Alsea; la central de riesgo Cifín por la holandesa TransUnion; el 10 por ciento de la Bolsa de Valores de Colombia (BVC) por la brasileña Bovespa; Té Hatsu, Cerveza Apóstol y Cerveza 3 Cordilleras por el Grupo Postobón; los periódicos La Tarde y Q’hubo por el Diario del Otún; Empaques Flexa por Amcor Holdings (Australia); y Carvajal Ediciones por el Grupo Santillana (España). Más recientemente, en agosto de 2016, Cementos Argos y Argos USA firmaron un acuerdo con Heidelberg Cement, a través de sus subsidiarias norteamericanas Lehigh Hanson Inc. y Essroc Corp., para la adquisición de una planta de producción de cemento en Martinsburg, West Virginia (Estados Unidos) y ocho terminales de cemento que atienden la operación en los estados cercanos por un valor total de 660 millones de dólares. El nuevo espíritu del capitalismo recorre a sus anchas la economía colombiana.

 

 

 

Esta enloquecida circulación y acumulación autopropulsada del capital, encuentra su apogeo, en su camino solipsista de autofecundación, en la actual financiarización especulativa del sistema mundo capitalista. Como lo señalo Marx, en su análisis de EL Capital, es demasiado simplista afirmar que ese monstruo autogendrado, que persigue metas sin escrúpulo humano o ambiental, es una abstracción ideológica. No debe olvidarse que detrás de esta abstracción del capital virtual hay gente de carne y hueso como también objetos proveídos por la naturaleza sobre cuyas capacidades y recursos productivos se basa la circulación y acumulación de capital y de los que se alimenta como un parásito gigantesco.

 

Nuevo espíritu, por último, que supera las fronteras criollas: cuatro empresarios colombianos tienen asegurado su puesto entre los multimillonarios del mundo. Según el ranking 2016 de la revista Forbes, Luis Carlos Sarmiento Angulo, Alejandro Santo Domingo, Jaime Gilinski Bacal y Carlos Ardila Lulle, hacen parte del club de los que cuentan con fortunas superiores a 1.000 millones de dólares. λ

 

 

1 Cámara de Comercio de Medellín: 100 Empresarios, 100 Historias de vida; consultado 22/08/2016: http://www.camaramedellin.com.co/site/100empresarios/Home/Historias-Empresariales/Historias-Empresariales.aspx
2 Hay tratados con Estados Unidos, la Unión Europea, la mayoría de países de América Latina y el Caribe, con Corea del Sur y negociaciones en curso o planeadas con Turquía, Israel, China y Japón.
3 La Cuenta Corriente es un indicador económico dentro de la Balanza de Pagos que recoge los flujos comerciales de bienes, servicios, ingresos y pagos que se hacen desde un país al exterior y viceversa. Cuando un país realiza un gasto mayor en sus transacciones internacionales que lo que ingresa por ellas, se produce un déficit en la balanza de pagos. Cuando el gasto en las importaciones de bienes y servicios es superior a los ingresos por las exportaciones, se produce un déficit en la cuenta corriente.
4 La actual composición del sistema financiero colombiano es compleja. Este se divide en varios subsectores, los cuales agrupan a varios intermediarios financieros: i) establecimientos de crédito, ii) sociedades de servicios financieros, iii) sociedades de capitalización, iv) entidades aseguradoras e intermediarios de seguros y reaseguros.
5 Puso en marcha la primera cervecería con escala apreciable, y con equipo y técnicas modernas; ocupaba 80 obreros y producía 6.000 litros diarios. Kopp también fundo la empresa Fenicia, productora de envases de vidrio, que entró en actividad en 1897 con el fin de evitar los altos costos y pérdidas de las botellas importadas.
6 Proceso de transformación económica, social y tecnológica iniciado en la segunda mitad del siglo XVIII en el Reino Unido, extendiéndose unas décadas después a gran parte de Europa occidental y Norteamérica.
7 Realidad asociada a restricciones impuestas por la geografía nacional (fragmentación del mercado interno), bajos niveles de ingreso debido a la pobreza generalizada de la población (a principios del siglo XX, el 90 por ciento de las familias vivía bajo condiciones miserables), serias carencias de infraestructura y transportes (a fines de la década de 1920 el transporte moderno consistía en fragmentos caóticos de ferrocarriles, carreteras y navegación por vapor), ausencia de fuerza de trabajo calificada y nulo estimulo estatal a las actividades de ciencia, tecnología e innovación.
8 Actualmente se denomina Asociación Nacional de Empresarios de Colombia, integrada por un porcentaje significativo de empresas pertenecientes a sectores como el industrial, financiero, agroindustrial, de alimentos, comercial y de servicios, entre otros; cuenta con sedes en Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Cartagena, Cúcuta, Bucaramanga, Manizales, Pereira, Ibagué, Santander de Quilichao y Villavicencio. Las riendas del gremio fueron asumidas por primera vez por Cipriano Restrepo (por entonces gerente de Colombiana de Tabaco) hasta 1946, año en que asumió el cargo durante diez años el legendario empresario José Gutiérrez Gómez, uno de los fundadores del Banco Interamericano de Desarrollo, cuyo liderazgo permitió la creación del Servicio Nacional de Aprendizaje Sena (1957) y la introducción al país de las Cajas de Compensación Familiar (1954).
9 El análisis de las principales empresas de Colombia tiene como fuente principal las ediciones especiales de la Revista Semana: “Las 100 empresas más grandes en Colombia y las 900 siguientes”; en particular, la edición de aniversario de 30 años, Semana, Edición N° 1724, mayo de 2015, Bogotá.
10 Fundada en 1864 por James Martin Eder, originario de Letonia.
11 Condenado por la Sala de Casación de la Corte Suprema de Justicia a 17 años y 4 meses de prisión.