Divisiones del trabajo. ¿Pleno empleo?, ¿readaptación laboral?, ¿economía del conocimiento? Nuevos tipos de trabajo requieren nuevas ideas y nuevas formas de organización

 

La clase obrera, o al menos la parte blanca, se ha revelado como nuestro gran misterio nacional. Tradicionalmente demócratas, han ayudado a elegir a un ampuloso y ostentoso milmillonario a la presidencia. "¿Qué les pasa?" insisten los comentaristas liberales. ¿Por qué se creen las promesas de Trump? ¿Son estúpidos o simplemente deplorablemente racistas? ¿Por qué la clase obrera se ha alineado en contra de sus propios intereses?

Yo nací en esta clase escurridiza y permanezco estrechamente conectada a ella a través de amistades y familia. En la década de 1980, por ejemplo, yo anclé, personalmente, un centro cultural de la clase trabajadora en mi propia casa en Long Island. La atracción no era yo, sino mi marido (entonces) y amigo de siempre Gary Stevenson, un antiguo trabajador de almacén que se había convertido en organizador del sindicato Teamsters. Los suburbios de Long Island pueden considerarse como una comunidad dormitorio para los que se desplazan diariamente a Manhattan, o un portal a los Hamptons, pero por entonces eran también un centro industrial, con más de 20.000 trabajadores empleados en Grumman solamente. Cuando mi hermana se mudó a nuestro sótano, desde Colorado, encontró rápidamente un trabajo en una fábrica a una milla de nuestra casa, al igual que miles de otras personas, algunas de las cuales venían en bus desde el Bronx. Hospedamos principalmente a residentes locales que pasaron por nuestra casa para asambleas por la noche o fiestas de fin de semana: camioneros, trabajadores de fábrica, conserjes y eventualmente enfermeras. Mi trabajo consistía en hacer chili con carne y procurar que hubiera sitio en la nevera para los ziti[1] que invariablemente traerían los demás. Una vez traté de explicar el concepto de "socialismo democrático" a algunos obreros de talleres mecánicos y me permití una breve perorata contra la Unión Soviética. Me miraron con tristeza a través del mostrador de la cocina hasta que uno gruñó: "al menos allí tienen asistencia médica".

En la época en que mi pequeña pandilla se reunía en la casa del rancho, las aspiraciones de la clase obrera eran pisoteadas en todas partes. En 1981, el presidente Reagan rompió el sindicato de controladores aéreos despidiendo a más de 11.000 trabajadores en huelga, una señal clara de lo que estaba por venir. Unos años más tarde, organizamos un picnic para Jim Guyette, el líder de un local militante de empaquetado de productos cárnicos de Minnesota que había emprendido una huelga salvaje contra Hormel (evidentemente en nuestro picnic no se sirvieron productos Hormel). Pero el trabajo había entrado en una era de reducciones y concesiones. El mensaje era: o arrastrarte o quedarse sin trabajo. Incluso los "poderosísimos" sindicatos de viejo cariz obrero, aquellos por los que nuestro pequeño grupo había luchado tanto ya sea para construirlos ya para democratizarlos, estaban amenazados de extinción. En cuestión de un año, el local, no oficial, fue aplastado por su propio sindicato, United Food and Commercial Workers.

Las fábricas de acero se callaron, las minas donde mi padre y mi abuelo habían trabajado cerraron, las fábricas se fueron al sur de la frontera. En este proceso se perdió mucho más que los trabajos; todo un modo de vida en el centro del mito americano estaba llegando a su fin. Los empleos disponibles, en campos como las ventas al por menor y la atención sanitaria, estaban mal pagados, haciendo más difícil para un hombre sin educación universitaria mantener a una familia por su cuenta. Pude ver esto en mi propia familia, en que los nietos de los mineros y de los trabajadores ferroviarios estaban aceptando trabajos como conductores de camiones de reparto o encargados de restaurantes de comida rápida o incluso competían con sus esposas para convertirse en trabajadores minoristas o enfermeros. Tal como observó Susan Faludi en su libro de 1999 Stiffed[2], la desindustrialización de América llevó a una profunda crisis de masculinidad: ¿Qué significaba ser un hombre cuando un hombre ya no podía mantener a una familia?

No era sólo un modo de vida lo que se estaba muriendo sino también muchos de los que lo habían vivido. Una investigación realizada en el año 2015 por Angus Deaton, ganador del Premio Nobel de Economía, junto con su esposa, Anne Case, mostró que la brecha de mortalidad entre los blancos con estudios universitarios y los blancos sin estudios universitarios se había ampliado rápidamente desde 1999. Unos meses más tarde, unos economistas de la Brookings Institution encontraron que para los hombres nacidos en 1920, había una diferencia de seis años en la esperanza de vida entre el 10 por ciento mejor pagado y el 10 por ciento más bajo. Para los hombres nacidos en 1950, esa diferencia había pasado a más del doble, a 14 años. El tabaquismo, que actualmente es un hábito sobre todo de la clase trabajadora, podría representar sólo un tercio del exceso de muertes. El resto era aparentemente atribuible al alcoholismo, las sobredosis de drogas y el suicidio, generalmente por disparos de arma de fuego, lo que a menudo se denomina "enfermedades de la desesperación".

En el nuevo panorama económico de empleos mal pagados en el sector servicios, algunas de las viejas panaceas de la izquierda han dejado de tener sentido. El “pleno empleo”, por ejemplo, fue el mantra de los sindicatos durante décadas, pero ¿qué significa cuando la paga de tantos puestos de trabajo ya no es suficiente para vivir? La idea era que si todos los que querían un empleo podían conseguirlo, los patronos tendrían que aumentar los salarios para atraer nuevos trabajadores. Sin embargo, cuando a finales de los años noventa fui, como periodista encubierta, a comprobar la viabilidad de los puestos de trabajo de nivel de entrada, me encontré con que mis compañeros de trabajo (camareros, cuidadores de ancianos, criadas con un servicio de limpieza, "asociados" de Walmart) vivían en su mayor parte en la pobreza. Como expliqué en el libro resultante, Nickel and Dimed, algunos no tenían un hogar y dormían en sus coches, mientras que otros se saltaban el almuerzo porque no podían permitirse más que una pequeña bolsa de Doritos. Eran trabajadores a tiempo completo y era una época, como la actual, de casi pleno empleo.

Otra solución en boga a la crisis de la clase trabajadora era la readaptación laboral. Si la nuestra es una "economía del conocimiento" -que suena mucho mejor que una "economía de bajos salarios"- los trabajadores desempleados sólo tenían que espabilarse y reciclarse a otras habilidades más útiles. El presidente Obama promovió el reciclaje laboral, al igual que Hillary Clinton como candidata presidencial, junto con muchos republicanos. El problema era que nadie estaba seguro del tipo de formación que se necesitaba; la informática estaba en boga en los años 90, la soldadura también lo estuvo y ha pasado de moda, y las carreras en el sector todavía creciente de la salud se ven como las mejores apuestas actualmente. Tampoco hay una medida clara de la eficacia de los programas de readiestramiento existentes. En 2011, la Government Accountability Office (Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno de los EE.UU.) encontró que el gobierno federal apoyaba 47 proyectos de capacitación laboral en 2009, de los cuales sólo cinco habían sido evaluados en los últimos cinco años. Paul Ryan ha elogiado en repetidas ocasiones un programa en su ciudad natal, Janesville (Wisconsin), pero un estudio de 2012 de ProPublica encontró que las personas despedidas que pasaron por él tenían menos probabilidades de encontrar trabajo que los que no lo hicieron.

No importa lo bueno que sea el programa de reciclaje, la idea de que la gente debe ser infinitamente maleable y pronta a recrearse para acomodarse a cada cambio en el mercado de trabajo seguramente no es realista y desde luego no es respetuosa con las habilidades existentes. A principios de los 90 cené en una Pizza Hut con un minero despedido en Butte, Mont (en realidad, los despedidos son los únicos mineros existentes en Butte). Este cincuentón se rió cuando me dijo que le estaban aconsejando obtener un título de enfermería. No pude evitar reírme también, no por la incongruencia de género, sino por la idea de que un hombre cuyas herramientas habían sido una piqueta y la dinamita debiera ahora cambiar tan radicalmente su relación con el mundo. No es de extrañar que cuando a los trabajadores de cuello azul se les diera la opción entre el reciclaje de empleo, tal como proponía Clinton, y la recuperación no se sabe como, milagrosamente, de sus antiguos empleos, como proponía Trump, se decantaran por este último.

Actualmente, cuando los políticos invocan a la “clase obrera”, es probable que se refieran, anacrónicamente, a una fábrica abandonada. Sería más realístico servirse de un hospital o un restaurante de comida rápida como referencia. La nueva clase obrera consiste en muchas de las ocupaciones tradicionales de cuello azul (conductor de camión, electricista, fontanero) pero en general, es más probable que sus miembros usen más bien fregonas que martillos y bacinillas en vez de paletas. También desde el punto de vista demográfico, la clase obrera ha evolucionado desde los años 80 en que los grupos que se reunían en mi casa eran, de forma aplastante, masculinos y blancos. Negros e hispanos han sido desde hace tiempo una parte importante, aunque no reconocida, de la clase obrera, y ahora es más femenina y contiene muchos más inmigrantes también. Si el estereotipo de la vieja clase obrera era un hombre con casco, el nuevo está mejor representado por una mujer cantando, “¡El pueblo unido jamás será vencido!”

Los antiguos empleos no volverán, pero hay otra forma de abordar la crisis provocada por la desindustrialización: pagar mejor a todos los trabajadores. La gran innovación laboral del siglo XXI han sido las campañas dirigidas a elevar los salarios mínimos locales o estatales. Los activistas han logrado aprobar leyes de salarios suficientes para vivir en más de cien condados y municipios desde 1994 apelando a un simple sentido de justicia: ¿Por qué se debería trabajar a tiempo completo, durante todo el año y no ganar lo suficiente para pagar el alquiler y otras necesidades básicas? Las encuestas demostraron que había grandes mayorías que favorecían el aumento del salario mínimo; estudiantes universitarios, miembros de la iglesia y sindicatos se unieron a las campañas locales. Los sindicatos comenzaron a tener en cuenta a grupos de trabajadores anteriormente desatendidos como conserjes, ayudantes sanitarios en el hogar y jornaleros. Y donde los sindicatos han vacilado, han surgido nuevos tipos de organizaciones: asociaciones a veces respaldadas por los sindicatos y a veces por fundaciones filantrópicas: Our Walmart (Nuestro Walmart), la National Domestic Workers Alliance (Alianza Nacional de Trabajadores Domésticos) y los Restaurant Opportunities Centers United (Centros de Oportunidades de Restaurantes Unidos).

Nuestro viejos tiempos de Long Island se acabaron hace muchos años: la casa vendida, las antiguas amistades desgastadas por la edad y la distancia. Lo encuentro a faltar. Como grupo no teníamos ninguna ideología en particular, pero nuestra visión, que se articulaba a través de nuestras fiestas, en vez de con un manifiesto cualquiera, era utópica, especialmente en el contexto de Long Island, donde si querías alguna ayuda del condado tenías que ser un republicano registrado. Si tuviéramos que resumirlo, podríamos hacerlo con la vieja palabra “solidaridad”: si te unes a mi piquete yo me uno al tuyo y quizás podemos ir todos juntos, con los niños, a protestar a la planta química que está infiltrando toxinas en nuestro suelo, y luego haremos una barbacoa en mi jardín. No nos interesaba la pequeña política. Queríamos un mundo en que se respetara el trabajo de cada uno y se oyera cada voz.

Nunca esperé formar parte nuevamente de algo así hasta que en 2004 descubrí un grupo similar, mucho mejor organizado en Fort Wayne, Indiana. El Northeast Indiana Central Labor Council (Consejo Laboral Central del Nordeste de Indiana), como se llamaba entonces, reunía a inmigrantes mexicanos que trabajaban en la construcción y que habían sido contratados para reemplazar a los miembros de los sindicatos de la construcción nacidos allí, más trabajadores de la fundición despedidos y trabajadores birmanos, profesores adjuntos y conserjes. Su objetivo, según el presidente de la época, Tom Lewandowski, un antiguo obrero de General Electric que actuó en la década de 1990 como enlace de la AFL-CIO con el movimiento insurgente polaco Solidarnosc, era crear una “cultura de solidaridad”. Se inspiraron en la constatación de que no basta con organizar a las personas que tienen trabajo; hay que organizar también a los desempleados, así como a los “empleados con ansiedad”, lo que significa potencialmente toda la comunidad. Su táctica no demasiado secreta eran las fiestas y los picnics, a algunos de los cuales tuve la suerte de asistir.

El panorama de Fort Wayne incluía a gente de todos los colores y colores de cuellos, trabajadores legales e indocumentados, liberales y conservadores políticos, algunos de los cuales apoyaron a Trump en las últimas elecciones. Se demostró que había un nuevo tipo de solidaridad, aún cuando los antiguos sindicatos no estuvieran preparados. En 2016, el debilitado AFL-CIO, que durante más de seis décadas había luchado para mantener unido el movimiento obrero, disolvió de repente el Consejo Laboral Central del Nordeste de Indiana citando oscuros imperativos burocráticos. Pero el consejo de trabajo no se dejó desanimar. Se reinventó rápidamente como el Workers’ Project (Proyecto de los Trabajadores) y atrajo a más de 6.000 personas al picnic local del Día del Trabajo, a pesar de haber perdido su acceso a Internet y al equipo de oficina del AFL-CIO.

La última vez que hablé con Tom Lewandowski, a principios de febrero, el Workers’ Project había logrado organizar a 20 trabajadores contratados de Costco en una unidad colectiva propia y estaban planeando celebrarlo con, por supuesto, una fiesta. El impulso humano de hacer causa común, y pasárselo bien haciéndolo, es difícil de suprimir.

 

[1] Ndt: Especie de macarrones horneados.

[2] Ndt: Timados.

 

 

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Esta es la razón por la que (casi siempre) nos mienten respecto al pan integral

 

Se entiende por pan integral al que se hace con una harina en la que se aprovecha el grano completo del cereal, ya sea trigo -el más común-, cebada o centeno. El grano completo molido aporta el salvado -que es la cáscara, abundante en fibra, vitaminas del grupo B y minerales-, el germen -rico en proteínas, vitaminas del grupo E, ácidos grasos, magnésio y otros componentes- y el endospermo, que es puramente almidón, y por tanto largas cadenas de glucosa, y cierto nivel de proteína.

Si logramos una harina que contenga estas tres partes y hacemos una masa con ella, que fermentamos y horneamos, obtendremos un auténtico pan integral, que conservará todas los nutrientes antes descritos y además logrará que su aporte de fibra retrase la absorción de los azúcares del endospermo, de modo que no suba tanto la glucosa de golpe en nuestra sangre y no forcemos al páncreas a crear insulina. Numerosos expertos en nutrición del mundo ya alertan de los peligros de los constantes altos niveles de azúcar en sangre a raíz de nuestra dieta.

Si separamos las tres partes del grano mediante un complejo proceso de filtrado y tamizado, obtendremos finalmente una parte de germen, que normalmente se dedica a las industrias cosméticas y nutricionales, el salvado y la harina blanca o refinada. Esta harina es blanca porque solo contiene endospermo, mayoritariamente almidón que es la base del pan que conocemos como blanco, el más habitual hoy en día y general en la historia moderna.

 

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El 'misterio' del pan integral

 

Este pan blanco es para un creciente número de nutricionistas una de las causas de la plaga de obesidad que vivimos hoy en día, pero lo cierto es que hasta fechas muy recientes ha sido el que la mayoría de la población ha comido, apreciado y pagado mejor. Incluso durante de la hambruna de 1848 en Irlanda, la gente pobre era alimentada con pan integral porque resultaba más barato, al ser considerado casi un desperdicio para animales.

No había conciencia de su mayor valor nutritivo ni de su idoneidad glucémica, algo que se ha considerado un misterio. Sobre todo a medida que los nutricionistas han reivindicado el valor del grano entero en la harina. Sin embargo, hay una razón de fondo para que la industria panadera se inclinara por el pan blanco: su mayor y mejor conservación. El pan integral puro y duro, que integra los lípidos del germen, tiene tendencia a estropearse rápidamente porque dichos lípidos se enrancian y dan mal sabor.

Es posible fabricar pan integral puro, pero entonces existe el problema de su conservación, aparte de otros problemas de textura más relacionados con que estemos acostumbrados a la del blanco. Su durabilidad baja mucho, lo que no lo hace apto para permanecer días e incluso semana en los lineales del supermercado. Ni siquiera en las estantería de una panadería que no coloque su género el mismo día, ya que el enranciamiento progresivo va dejando un sabor cada vez menos agradable.

Solo en pequeños hornos y tahonas, que fabrican el pan para consumir el mismo día, suelen ofrecer un pan integral puro. Adicionalmente suelen moler ellos el grano, o un proveedor cercano, en un molino de piedra tradicional, ya que la harina integral también se enrancia y, por lo tanto, no se puede conservar bien. Además, la maquinaria de molienda industrial incluye el filtrado, que separa las partes.

 

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FOTO: WIKIMEDIA COMMONS

 

La solución: falso pan integral

 

Una solución que ha encontrado la industria panadera para tender la creciente demanda de pan integral por parte de los consumidores y consumidoras es aumentar la proporción de fibra en la harina una vez refinada. Se hace mediante el añadido posterior del salvado antes separado. De este modo se busca aumentar la proporción de fibra en el pan para favorecer los procesos digestivos y disminuir el impacto del almidón de la harina refinada en la subida de azúcar en la sangre. El salvado también puede añadir vitamina B y minerales si ha sido debidamente conservado.

Pero realmente no se trata de pan integral, ya que la ausencia del germen elimina numerosas enzimas que provocan reacciones, no solo el enranciamiento, que se dan en el pan integral, que se tiende a considerar un alimento complejo, como los lácteos o el vino. Este falso pan integral, que no obstante siempre es preferible al pan blanco típico, se suele indicar en los lineales de supermercado como "integral", ya que la legislación lo permite.

Si miramos su composición nutricional, veremos que posee un porcentaje en fibra vegetal cercano al 11%, lo cual casi cuadruplica la media del pan blanco, que apenas supera el 3%. Pero para descubrir si es un pan realmente integral deberemos mirar en el etiquetado su nivel de lípidos: si está por debajo del 1% es un 'flaso integral', pero si se acerca al 3% es muy posible que sea puro. Adicionalmente estos panes se suelen guardar en estantes refrigerados para prevenir los enranciamientos, que no obstante ya habrán comenzado tras el horneado.

 

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Foto: Chefkeem

 

Pan esenio

 

Como conclusión: es muy difícil que en un supermercado, o simplemente un horno o tahona normal, encontremos auténtico pan integral, a no ser que lo encarguen cada día a un especialista, lo cual empieza a ser habitual a medida que hay una demanda creciente. Como sustituto está el 'falso integral' que por lo menos aumenta sustancialmente la proporción de fibra y ofrece algunas vitaminas y minerales.

Una alternativa es el llamado pan esenio, realizado con granos germinados que se muelen y se hornean sin fermentar. Las ventajas de este pan es que la germinación da lugar a una serie de reacciones químicas que aumentan su nivel vitamínico, así como reducen ciertos compuestos que se cree que producen alergias -aunque no el gluten-, y consumen la mayor parte del almidón, reduciendo así mucho el índice glucémico del pan.

 

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Foto: Fritzs

 

 

Twitter: Jordi Sabaté *

 

 

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Inteligencia artificial, ¿adiós al empleo?

 

En un artículo anterior, planteo la contradicción entre la postura pública de Trump de recuperar empleos apoyando a empresas automotrices y otras a regresar o quedarse en Estados Unidos. Pero las exenciones fiscales y otras medidas que prometió para incentivarlas, serán usadas por esas empresas para mayor automatización, lo cual redundará en menos empleos. Según estadísticas oficiales, ese ha sido justamente el factor principal de pérdida de empleos. (La Jornada, 18/2/17).

Una serie de artículos del New York Times sobre la nueva clase trabajadora en Estados Unidos da cuenta del proceso: en 1900, las fábricas y campos de cultivo empleaban 60 por ciento de la fuerza de trabajo. En 1950, los dos sectores juntos sólo empleaban 36 por ciento. A 2014, menos de 10 por ciento. El sector servicios ha ido aumentando porcentualmente y a 2005, ocupaba 56 por ciento de los trabajadores. El mayor crecimiento es en el de cuidados de ancianos y niños, de los cuales se ocupan mayoritariamente inmigrantes, al igual que muchos otros empleos que por ser rutinarios, mal pagos o tener bajo estatus social, no quieren hacer los estadunidenses (NYT, The Jobs American Do, 23/2/17). Aquí influyen varios factores, entre ellos la automatización, pero también la globalización neoliberal y la deslocalización de producción hacia países con salarios miserables.

La pérdida de trabajos en el sector agrícola se debe a la industrialización en el sector, donde la maquinización tiene décadas, pero ahora se agrega un proceso de automatización mucho más amplio. No se trata solamente de grandes tractores y sistemas de riesgo, alto uso de agrotóxicos y semillas transgénicas –todos factores que eliminaron empleos. También de integración de nuevas formas de robótica, almacenaje digital y minería de enormes volúmenes de datos, inteligencia artificial, genómica y nuevas biotecnologías (como CRISPR-Cas9), todo lo cual converge en una nueva agricultura de precisión, cuya meta subyacente es un campo sin agricultores, sustituidos por unos pocos operadores informáticos. La tendencia es similar en todos los países o regiones con agricultura industrial a gran escala.

Las fusiones que vemos en el sector agrícola (Monsanto-Bayer/ Syngenta-ChemChina / DuPont-Dow) se explican en parte por estas nuevas convergencias tecnológicas. Varias han invertido en bancos de datos digitales agrícolas –suelos, clima, genómica de fauna, flora y microorganismos– y tienen contratos de colaboración con firmas de maquinaria que manejan robótica, información satelital, etcétera. (Ver informe de ETC www.etcgroup.org/es/content/todo-se-reduce-controlar-el-big-data)

Pensar en líneas de montaje automotriz con obreros va quedando obsoleto (la mayor parte del trabajo en esa industria lo hacen robots) y el campo agroindustrial futuro parece estar dominado por drones y sensores que junto al manejo de datos digitales genómicos y físico-químicos, administrarán agrotóxicos o agua a través de maquinaria no tripulada.

En muchos otros sectores las cosas están cambiando rápidamente con el uso de robots e inteligencia artificial y su convergencia con bio y nanotecnología y redes de comunicación. En una revisión del Grupo ETC del año 2016, citamos algunos ejemplos que dan una imagen de ese futuro artificial (http://tinyurl.com/gr4utyc)

Amazon y otras empresas están desarrollando sistemas totalmente automatizados desde la atención al cliente a la colecta de pedidos en almacenes y su envío. Ya hacen distribución con vehículos no tripulados. En 2016, Amazon inauguró además Prime Air un sistema de drones de distribución aéreos, que en 13 minutos entregó el pedido de un agricultor en su finca, incluidas palomitas de maíz. También abrió Amazon Go, supermercado donde el cliente es identificado por su teléfono celular, toma su compra y sale caminando sin contacto con nadie. La tienda reconoce los productos que lleva, los carga a su tarjeta y envía el recibo a su celular.

Varias compañías de distribución y transporte, como Uber, están experimentando con autos no tripulados. Los riesgos de que la inteligencia artificial en la vía pública provoque accidentes son altos. Uber admitió que sus autos no habían frenado en luces rojas y que no reconocen el carril de bicicletas. Los autos-drones de Tesla, la compañía de Elon Musk –miembro del equipo de asesores de Trump–, ya provocaron una muerte, cuando un auto-dron no distinguió la caja blanca de un camión al horizonte y se estrelló matando a la persona que estaba en él.

La automatización inteligente se usa ampliamente para logaritmos que especulan en bolsas de valores, que ya han provocado al menos dos colapsos de bolsa. La agencia de noticias Ap está usando sistemas de inteligencia artificial para redactar –sin periodistas– notas de prensa de negocios, por ejemplo valores de acciones y cambios. Existen varias marcas de muñecas que dialogan con los niños y que además los graban y recogen datos de sus casas y los envían al fabricante. Microsoft creó un bot de Twitter para adolescentes que se convirtió en un monstruo superactivo de mensajes racistas, violentos y sexistas.

Los usos de inteligencia artificial, Internet de las cosas, convergencia tecnológica, conllevan muchos más aspectos polémicos de los pocos que aquí nombro, que urge entender y debatir. Un punto en el que todos coinciden, es que disminuyen los empleos, aunque crean otros, en número muy menor. Para esos no hay suficiente personal formado. De todos modos, no parecen ser para los que perdieron el empleo en décadas pasadas, muchos de los cuáles votaron por Trump. Éste, pese a la carta pública de las grandes empresas de inteligencia artificial por el tema migratorio, las mantiene cerca y las ve como parte de su proyecto.

 

*Investigadora del Grupo ETC

 

 

Foto: Agencias.

 

Será difícil acabar con el hambre para 2030 porque está en peligro la capacidad de la humanidad para alimentarse debido a las crecientes presiones sobre los recursos naturales, la mayor desigualdad y las consecuencias del cambio climático, alerta el último informe de la FAO.

En los últimos 30 años, se lograron grandes avances significativos en la reducción del hambre, aunque la “expansión de la producción alimentaria y del crecimiento económico vino con un costo muy alto para el ambiente”, señala la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) en el documento divulgado este miércoles 22.

“Casi la mitad de los bosques que antaño cubrían el planeta han desaparecido y las aguas subterráneas se agotan con rapidez”, señala el documento “El futuro de la Alimentación y la Agricultura: Tendencias y desafíos”. “Las fuentes de agua subterránea se agotan rápidamente. La biodiversidad se ha visto gravemente erosionada”, precisa.

Eso hace que “de continuar las tendencias actuales, podrían superarse los límites planetarios”, alerta el director general de la FAO, José Graziano da Silva, en la introducción al informe.

En 2050, se estima que el planeta tendrá 10.000 millones de habitantes. En un contexto de moderado crecimiento económico, el aumento de población elevará la demanda mundial de productos agrícolas en 50 por ciento respecto de la actual, lo que incrementará la presión sobre los recursos naturales ya muy exigidos.

Asimismo, un mayor número de personas comerán menos cereales y más carne, frutas, verduras y alimentos procesados, como resultado de la actual transición que experimenta la dieta global y que se suma a las presiones ya existentes, generando más deforestación, mayor degradación del suelo y un aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero.

A eso se suman las dificultades derivadas del cambio climático, lo que “afectará cada aspecto de la producción alimentaria”, señala el informe, como una mayor variabilidad en las precipitaciones, mayor frecuencia de sequías e inundaciones.

 

¿Hambre cero?

 

La cuestión central que plantea la FAO en su informe es si los sistemas alimentarios y agrícolas serán capaces de cubrir de forma sostenible las necesidades futuras de la creciente población mundial.

Según la la agencia, sí podrán hacer frente a esas necesidades crecientes y de forma sostenible, pero para lograrlo y asegurarse de que los beneficios lleguen a toda la humanidad, se necesitarán “grandes transformaciones”.

Pero sin un impulso a las inversiones y un reequipamiento de los sistemas alimentarios, muchas personas todavía seguirán hambrientas en 2030, cuando vence el plazo para cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU, en especial el de erradicar la inseguridad alimentaria crónica y la malnutrición, alerta el documento.

“Sin un esfuerzo adicional para promover un desarrollo que tenga en cuenta a los más pobres, reduzca las desigualdades y proteja a los más vulnerables, más de 600 millones de personas estarán subalimentadas en 2030”, precisa. “De hecho, los avances actuales no serán suficientes para erradicar el hambre para 2050”, acota.

 

¿De dónde vendrá nuestra comida?

 

Dada las pocas posibilidades de aumentar las tierras dedicadas a la agricultura y el agua empleada, el aumento de la producción para cubrir la mayor demanda tendrá que lograrse principalmente mejorando la productividad y la eficiencia en el uso de los recursos, recomienda la FAO.

Pero es preocupante la tendencia a la estabilización del crecimiento de la producción de cultivos importantes. Desde la década de los años 90, las cosechas de maíz, arroz y trigo aumentaron en promedio uno por ciento al año, advierte el informe.

Para hacer frente a los desafíos señalados en el documento, entre otros, no es posible seguir haciendo lo mismo como hasta ahora.

“Se necesitarán grandes transformaciones en los sistemas agrícolas, en las economías rurales y en la gestión de los recursos naturales si queremos hacer frente a los múltiples desafíos que tenemos por delante, así como si queremos explotar todo el potencial de la alimentación y la agricultura para garantizar un futuro saludable para todas las personas y todo el planeta”, subraya.

“Los sistemas agrícolas intensivos que utilizan muchos insumos, causantes de la masiva deforestación, de la escasez de agua, del agotamiento del suelo y de las grandes emisiones de gases invernadero, no pueden ofrecer una producción agrícola y alimentaria sostenible”, asegura la FAO.

 

Más con menos

 

El mayor desafío es producir más con menos, al tiempo que se protegen y se mejoran las distintas formas de sustento de los pequeños agricultores familiares y se garantiza la alimentación de las personas más vulnerables.

“Para ello se precisa un enfoque de doble vía que combine las inversiones en protección social con inversiones en actividades favorables a los pobres. De esta manera, se abordará la subalimentación al mismo tiempo que se incrementarán las oportunidades para la generación de ingresos de las personas pobres”, recomienda la FAO.

Según esa agencia de la ONU, el mundo debe cambiar a sistemas de alimentación más sostenibles, que logren un uso más eficiente del suelo, del agua y de otros insumos y reduzcan de forma sensible el uso de combustibles fósiles, para reducir drásticamente las emisiones contaminantes, lograr una mayor conservación de la biodiversidad y reducir el volumen de los desperdicios.

Para se necesita una mayor inversión en los sistemas agrícolas y agroalimentarios, así como más fondos para la investigación y el desarrollo, recomienda el informe, así se podrá promover la innovación, impulsar la producción sostenible y encontrar mejores formas de hacer frente a los problemas de escasez de agua y de cambio climático, precisa.

Además de impulsar la producción y la resiliencia, es también fundamental crear cadenas para el suministro de alimentos que mejoren la relación entre productores y mercados en las ciudades de los países de bajos y medianos ingresos, además de medidas para mejorar el acceso de los consumidores a alimentos seguros y nutritivos y a un precio accesible, como políticas de precios y programas de protección social, añade el informe.

El director adjunto de la FAO para economía y desarrollo social, Kostas Stamoulis, subrayó que el mayor desafío para la agricultura y la alimentación en el futuro será el recalentamiento planetario. “Requiere cambios en las prácticas agrícolas y en el desarrollo de una agricultura que se adapte mejor al cambio climático”, subrayó.

Stamoulis, y los otros dos autores del informe, Rob Vos, director de la División de Desarrollo de Economía Agrícola, y Lorenzo Bellu, jefe del equipo de Estudios de Perspectiva Mundial, organizaron el martes 21 una conferencia de prensa para profundizar sobre los asuntos más importante de este nuevo informe de la FAO.

 

Fuente: http://www.ipsnoticias.net/2017/02/peligra-el-futuro-de-la-alimentacion-humana/

 

 

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Jueves, 23 Febrero 2017 07:35

PIB de 2% en 2016, el peor en siete años

PIB de 2% en 2016, el peor en siete años

 La economía colombiana registró un crecimiento de 2,0% al cierre de 2016, considerado como mediocre por dirigentes gremiales que exigieron del Gobierno medidas para reactivar el aparato productivo.

Las cifras indican que el PIB total de 2016 es el que muestra menor crecimiento en los últimos 7 años y que se mantuvo en línea con las estimaciones del Gobierno nacional y levemente por encima de las proyecciones del Banco de la República y analistas privados.

El director del Departamento Administrativo Nacional de Estadística, DANE, Mauricio Perfetti, dijo que las ramas con mayor crecimiento en el 2016 fueron Servicios financieros e inmobiliarios con 5,0%, Construcción con 4,1% e Industria manufacturera con 3,0%.

El Director del DANE manifestó que “el comportamiento de Servicios financieros e inmobiliarios se explica por el crecimiento de los tres subsectores que conforman la actividad, donde se destacan Servicios de intermediación financiera con 11,1% y Servicios inmobiliarios y de alquiler de vivienda con 3,2%”.

El crecimiento de la construcción en el 2016 se explica por la variación positiva de Construcción de edificaciones con 6,0% y de Trabajos de construcción de obras civiles con 2,4%. El crecimiento del sector Industria manufacturera en 2016 fue 3,0%. Se destaca, además de Productos de la refinación de petróleo (23,2%), Elaboración de bebidas (8,4%), Maquinaria y equipo (7,0%) y Productos de la molinería (4,8%).

Durante todo el año 2016 la Industria manufacturera registró un comportamiento positivo y 15 de las 24 ramas de actividad crecieron positivamente.

El sector Servicios sociales, comunales y personales presentó un crecimiento de 2,2%, explicado por Servicios de educación de mercado con 4,0%, Servicios de asociación y esparcimiento con 2,4%, Servicios sociales y de salud con 2,0% y Administración pública y defensa con 1,8%.

 

 

Los que cayeron

 

Las ramas de actividad que presentaron variaciones negativas durante el 2016 fueron Explotación de minas y canteras con -6,5% y Transporte, almacenamiento y comunicaciones con -0,1%.

El comportamiento negativo de Explotación de minas y canteras está asociado con la dinámica del sector Hidrocarburos.

Sin embargo se destaca el crecimiento positivo de la producción de Carbón mineral que aumentó 5,8%, de Mineral de oro 6,0% y de Mineral de níquel 3,3%, entre otros.

El comportamiento negativo del sector Transporte, almacenamiento y comunicaciones se explica por el Servicio de transporte de tuberías (-7,4%) que depende del sector Hidrocarburos.

En 2016 Agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca creció 0,5%.

Se destaca el crecimiento de 2,6% presentado en el cuarto trimestre del año, que está influenciado por la producción de café pergamino (5,4%), arroz (42,7%), hortalizas frescas (11,7%) y otras frutas (4,0%).

El director del DANE resaltó que en 2016 los sectores Industria manufacturera y Construcción tuvieron un mejor comportamiento que en el año anterior.

 

 

Flojo crecimiento

 

El crecimiento de la economía en Colombia en 2016 fue mediocre tirando a malo, aseguró el presidente de la Federación Nacional de Comerciantes, Fenalco, Guillermo Botero Nieto.

El dirigente gremial dijo a EL NUEVO SIGLO que el comercio solo creció 1,8% y la contribución de la actividad a la producción total del país fue de apenas 1,5%.

Señaló que el comercio dejó de ser el jalonador de la economía colombiana y muestra de ello es la baja en la confianza de los consumidores.

 

“Los colombianos no nos resignamos a tener crecimientos por debajo del 3% y con un 3% como se dice en los colegios resultamos rajados”, señaló Botero.

Dijo que el efecto Reficar ya es menor y jalonó la industria hasta crecer 3,0%, pero este efecto se perderá en marzo.

 

Dijo que el Banco de la República debe tomar medidas más agresivas en materia de política monetaria y bajar las tasas de interés para reactivar la economía, pues el traslado de la reducción del costo del dinero se demora en transferirse a los consumidores.

 

Botero aseguró que el panorama es bien complejo, porque el 2017 ha comenzado con una fuerte reducción en el consumo de los hogares que podría impactar el crecimiento de la economía.

El presidente de la Bolsa Mercantil, Rafael Mejía, afirmó que el balance de la economía en el 2016 fue regular e indicó que espera que en el presente año el PIB vuelva a tomar un impulso.

Lamentó que el agro en el año que acaba de concluir haya registrado un pobre desempeño con un ajuste de tan solo el 0,5%.

 

 

Sector fuerte

 

Para la presidenta Ejecutiva de Camacol, Sandra Forero Ramírez, "a pesar de los desafíos de la economía y sus efectos en las decisiones de inversión de los hogares y las firmas, el sector mantuvo un volumen de actividad que le permitió generar un 6% más de valor agregado a lo largo del año".

Por segmentos, el crecimiento que generó la construcción de vivienda durante 2016 fue de 2,2%, y en el desarrollo de proyectos no residenciales se registró una variación de 10%.

La dirigente explicó que los resultados en materia de vivienda se alinean con lo observado en la dinámica comercial y el inicio de obra de los proyectos. Del volumen de ventas de vivienda registrado durante 2016, solo se dio inicio a la construcción del 48% producto de una dinámica comercial moderada por las tasas de interés, en comparación con los últimos años.

"No obstante, el 52% restante de viviendas por iniciar generarán valor agregado, empleo y demanda de insumos durante 2017. Nuestra perspectiva es que se aceleren los procesos de inicio de obras y así lo insinúa el dato del mes de enero, cuando se registraron 16.105 iniciaciones de vivienda, cifra superior en 37% al promedio mensual registrado en 2016", aseguró Forero.

 

 

Venía desacelerando

 

Para el presidente de la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia, Bruce Mac Master, el 2,0% de crecimiento en el PIB es la muestra de que el último trimestre de 2016 ya venía en desaceleración, que se evidenció en enero, no fue solo de ese mes, venía en el consuno del último trimestre del año.

Lo que tenemos es una tendencia más que marcada que tenemos que corregir y hacer una agenda de recuperación, en eso tenemos que trabajar.

 

Crecimiento América Latina

Perú. 3,7%

México. 2,3%

Colombia. 2,0%

Chile. 1,7%

Argentina . -1,8%

Ecuador. -2,3%

Brasil. -3,5%

Promedio. -0,7%

Datos observados y proyección FMI

 

Artículos relacionados:

 

El nuevo espíritu del capitalismo y la economía colombiana, 1991-2016

Libardo Sarmiento Anzola, suplemento Educación y Economía Nº6, septiembre 20 - octubre 20 de 2016

 

Reforma tributaria estructural, 2016:

Libardo Sarmiento Anzola, periódico Le Monde diplomatique Nº161, noviembre 2016

 

La ley tributaria al desnudo

Libardo Sarmiento Anzola, periódico desdeabajo Nº231, enero 20 - febrero 20 de 2017

 

 

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Trump revive dos oleoductos frenados por Obama

El presidente norteamericano reflotó el oleoducto Keystone XL y otro que atravesaría territorio indígena en Dakota del Norte. La organización Amigos de la Tierra dijo que Trump da muestras de su “alianza con grupos petroleros y bancos de Wall Street’’.

 

El presidente Estados Unidos Donald Trump revivió ayer dos polémicos oleoductos cuya construcción había sido descartada por el gobierno de Barack Obama en nombre de la lucha contra el cambio climático. Por segundo día consecutivo, Trump siguió anulando decisiones de su antecesor. El lunes retiró a Estados Unidos del tratado de libre comercio TPP impulsado y negociado por Obama pero que Trump considera nefasto para los empleos estadounidenses.


Ayer Trump reflotó el extenso oleoducto Keystone XL, que transportaría crudo desde Canadá a refinerías en Estados Unidos, y otro que atravesaría territorio indígena en Dakota del Norte. Trump dijo que el Keystone XL había sido objeto de una “disputa’’ y añadió que se renegociarán los contratos. De acuerdo con flamante mandatario, el proyecto representa “muchos empleos. Serán 28.000 puestos de trabajo. Excelentes puestos de trabajo de construcción’’, afirmó.


Trump dijo además que el oleoducto Dakota Access, también será objeto de renegociación. “Insisto en que si vamos a construir oleoductos, que las tuberías sean construidas en Estados Unidos’’, dijo.


“Vamos a construir nuestro propio oleoducto, nuestros propios caños, como en los buenos tiempos’’, añadió.


El líder conservador decretó también el período de revisión del impacto ambiental para obras de infraestructura consideradas de alta prioridad. “Queremos arreglar nuestro país, nuestros puentes, nuestras carreteras. No podemos estar en un proceso de revisión ambiental durante 15 años si el puente se está cayendo o la carretera se rompe en pedazos. Vamos a acelerar la revisión y aprobación ambiental’’, dijo. El proyecto Keystone XL había sido descartado por Obama en medio de la enorme presión que ejerció la comunidad ambientalista.


Canadá se congratuló por la decisión de Trump. “Estamos a favor de Keystone y ,como todos saben, ese proyecto ya fue aprobado en el lado canadiense’’, dijo la ministra de Exteriores Chrystia Freeland. En Estados Unidos el campo republicano también saludó la reanimación del proyecto Keystone pero ecologistas y líderes de la oposición demócrata la criticaron al unísono. El presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, dijo que “ya era hora’’ de que los proyectos salgan del papel. Los dos proyectos, apuntó Ryan, fueron usados “políticamente’’ por personas que defendían una “agenda radical anti-energía’’.


En cambio el senador demócrata y ex candidato Bernie Sanders censuró la decisión: “Hoy el presidente Trump ignoró las voces de millones de estadounidenses y dio prioridad a las ganancias de corto plazo de la industria de las energías fósiles’’. La organización Amigos de la Tierra dijo que Trump dio muestras de su “alianza con grupos petroleros y los bancos de Wall Street’’ en detrimento “de la salud pública y el medio ambiente’’.


A lo largo de 1.900 kilómetros, de los cuales 1400 están en territorio estadounidense, el oleoducto transportaría crudo desde Alberta, al oeste de Canadá hasta Nebraska, en el corazón de Estados Unidos, desde donde alimentaría refinerías en el Golfo de México.


Tras años de polémicas, Obama la enterró por razones ambientales y por su “escaso aporte’’ a la seguridad de Estados Unidos. Obama anunció su decisión en 2015 a tres semanas de la Conferencia de Cambio de Climático de Paris. El oleoducto de Dakota del Norte se había convertido en el centro de una espectacular polémica interna en Estados Unidos que ahora parece reanudarse.


El grupo Standing Rock, de los indígenas Sioux que viven en la región por donde pasaría el oleoducto, emitió una nota donde adelantó que resistirá en la justicia. El oleoducto no sólo atropella acuerdos con los Sioux sino también amenaza “contaminar el nuestra agua y el agua de 17 millones de estadounidenses”. Grupos indígenas y agrupaciones de apoyo organizaron una encarnizada resistencia al proyecto, con intensa movilización que incluyó celebridades del cine. Miles de personas llegaron a acampar en el helado territorio abierto de Dakota del Norte, en pleno invierno, para bloquear el proyecto.


Trump se reunió ayer por la mañana con ejecutivos de automóviles como parte de su programa de traer puestos de trabajo a los Estados Unidos. El presidente afirmó que “el ambientalismo está fuera de control” y les dijo a sus huéspedes en la Casa Blanca que estaba tratando de aflojar los reglamentos para ayudar a las compañías de automóviles y otras empresas que deseen operar en los Estados Unidos.


Entre los asistentes a la reunión de desayuno estaban el presidente ejecutivo de Ford, Mark Fields, el presidente de Fiat Chrysler, Sergio Marchionne, y la directora ejecutiva de General Motors, Mary Barra. Trump le pidió a las empresas automotrices aumentar la producción en Estados Unidos e impulsar el empleo en el país, agregando que esperaba ver construir nuevas plantas de autos en el país.


Trump criticó repetidamente a las empresas por la construcción de automóviles en México y en otros lugares y amenazó con imponer aranceles del 35 por ciento a los vehículos importados. El presidente a menudo criticó las inversiones de Ford en México durante su campaña electoral.


Fue la primera vez que los directores ejecutivos de los tres grandes fabricantes de autos se reunieron con un presidente de Estados Unidos desde una sesión de julio de 2011 con el entonces presidente Obama para destacar un acuerdo para elevar los estándares de eficiencia de combustible a 54,5 millas por galón para 2025. El portavoz Sean Spicer dijo antes de la reunión que Trump estaba deseando conocer a los CEOs y “escuchar sus ideas sobre cómo podemos trabajar juntos para traer más puestos de trabajo a esta industria”.

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La marcha de la economía estadunidense: la quinta

Desde hace 15 meses la industria estadunidense registra crecimientos negativos. En virtud de ello el alto nivel de producción industrial logrado por la impresionante recuperación de mediados de 2009 a mediados de 2015, no ha superado el similarmente alto nivel de finales de 2007. Justo antes de la debacle. Sí, se trata de un impresionante periodo de más de 70 meses. Primero con crecimientos menos negativos hasta enero de 2010. Y luego con crecimientos positivos hasta mediados de 2015. Pero –lástima– prácticamente los nuevos niveles de producción industrial no han superado los de finales de 2007.


Industrialmente nuestros vecinos están estancados. Acaso por eso la dramática preocupación de Trump. Y sus compulsivas reacciones, expresión de una absoluta incomprensión no sólo del movimiento cíclico de su economía, sino de sus graves vicios seculares. ¿Cuál ante todo? La sobreacumulación de activos productivos, fruto de una inversión desproporcionada en relación con la generación de excedente económico. Crece más rápido la inversión y la acumulación de activos –maquinaria, instalaciones y equipos para la producción– que el PIB. Digámoslo así. Sí, la expresión cuantitativa de este excedente en la limitada pero tradicional variable del producto interno bruto (PIB) muestra esta tendencia secular. Sí, hacia una menor rentabilidad general de la economía estadunidense.


Esto obliga a ejercer presiones múltiples para impulsar –sí, impulsar concientemente y entre otras cosas– una menor participación de las compensaciones en el ingreso disponible. Siempre con el ánimo de fortalecer los otros componentes que respaldan el proceso de inversión y la rentabilidad. ¿Cuáles? Los impuestos netos de subsidios y los excedentes de operación, de los que se desprenden los beneficios netos tanto de las empresas corporativas financieras como de las no financieras.


Por cierto –a reserva de hacerlo luego– no voy a describir la tremenda asimetría en la distribución de los beneficios corporativos. Las corporaciones financieras han ganado mucha participación en detrimento de las corporaciones no financieras. ¡Especulación pura! Veamos –en cambio y con mayor detalle– el comportamiento de la participación de las compensaciones (sueldos y salarios) en el Ingreso Nacional Disponible y en el PIB. Reitero que el peso de las compensaciones en el PIB registra un descenso continuo desde inicios de los años 70. Luego, por cierto, de una impresionante estabilidad de casi 30 años. De inicios de 1947 a inicios de 1983 el peso de las compensaciones a empleados en el PIB registró un promedio muy estable de 49 por ciento. Y su peso en el Ingreso Nacional Disponible fue similarmente estable del orden de 56 por ciento.


Así, prácticamente la mitad del PIB era recibido por obreros y empleados. Pero a partir de 1983 se experimentó un descenso crónico de esos indicadores. En concordancia –por cierto– con una multitud de acciones orientadas a recuperar una rentabilidad general de la economía que a inicios de los años 80 había llegado a sus niveles más bajos de la historia económica reciente de Estados Unidos. Como podrá comprenderse, los niveles más bajos de esta participación se registraron en la más reciente crisis. La participación de las compensaciones a empleados en el PIB descendió a un promedio de 43 por ciento entre 2011 y 2015. Seis puntos por debajo de su mejor registro. Y hoy –merced a diversas acciones– el más reciente dato oficial las ubica en 44 por ciento.


Pero las previsiones más optimistas hacen pensar que, en el mejor de los casos, se pueden mantener en ese nivel medio de 43 por ciento de los años de crisis. Ya lo veremos. Como también veremos la evolución media de la participación de estas mismas compensaciones a los empleados en el Ingreso Nacional Disponible. Descendió hasta un promedio de 49 por ciento también entre 2011 y 2015. Siete puntos menos que su mejor comportamiento histórico. También el dato oficial más reciente ubica dicha participación en apenas 51 por ciento. Y las estimaciones de su comportamiento futuro muestran que puede descender. Sin duda, todo periodo de deterioro de la rentabilidad se supera –al margen de incrementos de productividad– con un ataque general a las condiciones de vida de los asalariados. Y señalo que al margen de la productividad porque la observación de, al menos, dos indicadores muestra que la eficiencia de la fuerza laboral no ha descendido. Desde inicios de 1983 hasta finales de 2016, el producto real por hora trabajada tanto por todos los trabajadores urbanos como específicamente por los de la industria manufacturera, se elevó entre 80 y 100 por ciento, respectivamente. Ciertamente el comportamiento en la manufactura ha sido más irregular. Con alzas y bajas en los momentos de desaceleración o crisis.


A diferencia del otro indicador general que ha sido mucho más establemente ascendente. Pero lo cierto es que en ambos casos la resultante es un ascenso continuo. Esto es que no hay pretexto para deprimir –ni siquiera relativamente– la compensación a los trabajadores. Y que el deterioro general de la rentabilidad no se explica –al menos a nivel general– por deficiencias en la fuerza laboral estadunidense.


Ya veremos –desde luego que sí– la nueva evolución económica con el nuevo gobierno que encabeza Donald Trump. ¡Incertidumbre menos incierta! Como también prometo ver –con el mayor detalle posible– el debatido comportamiento de los precios de los petrolíferos. Y para el caso de gasolinas y diésel, de sus tres componentes (referente internacional de costo, costos de logística e impuestos). Lo cierto es que la nueva historia contemporánea de estos precios no empieza esta semana. No. Se inició en 1992, año en que el gobierno debió haber implantado –como lo hizo en el caso de los combustibles industriales y, consecuentemente, de las tarifas eléctricas comerciales e industriales– el esquema que hoy impone. No lo hizo por su eterno miedo a modificar una tributación que –como se ha mencionado en muchas ocasiones– sigue siendo una de las más bajas y regresivas del mundo. ¡No más de 11 o 12 por ciento del PIB! Pero lo veremos. Y a pesar de todo o más bien por todo, hay que desear muy buen año 2017. Sin duda.
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Ford renuncia a invertir 1.600 millones en una planta en México tras las amenazas de Trump

En su lugar invertirá 671 millones en otra planta en suelo estadounidense, aunque el presidente del gigante automovilístico niega que la decisión obedezca a las presiones del republicano. El presidente electo de EEUU también ha amenazado a General Motors.


WASHINGTON.- Ford ha cancelado este martes la inversión de 1.600 millones de dólares (1.534 millones de euros) en la localidad mexicana de San Luis de Potosí, donde tenía previsto construir una nueva planta de montaje de vehículos.

En un comunicado, Ford también dijo que producirá la nueva generación del modelo Focus en la planta de montaje de la ciudad mexicana de Hermosillo "para mejorar la rentabilidad de la compañía", y que invertirá 700 millones de dólares (671 millones de euros) en la fábrica estadounidense de Flat Rock (Michigan).

El presidente de Ford, Mark Fields, negó después, en una entrevista con la televisión estadounidense CNN, que la cancelación de la inversión en México fuese una concesión al presidente electo de EEUU, Donald Trump, que defiende un proteccionismo económico que poco antes había amenazado en Twitter a General Motors por producir sus vehículos en México.
"No hemos llegado a un acuerdo con Trump. Lo hemos hecho por nuestro negocio", aseguró Fields.

La planta de San Luis de Potosí tenía previsto producir la nueva generación del Ford Focus. Ford añadió que la inversión de 700 millones de dólares en Flat Rock permitirá a la planta de montaje la producción de vehículos autónomos y eléctricos y creará 700 puestos de trabajo directos.

Los planes de producción del fabricante estadounidense en México han sido frecuente objetivo de los ataques de Trump en los últimos meses. En septiembre de 2016, Trump amenazó con aranceles aduaneros del 35 % a los productos de Ford producidos en México.
Trump, a GM: "Fabrique en EEUU o pague un gran arancel aduanero"
Trump también afirmó que Ford despediría trabajadores en Estados Unidos para producir vehículos en San Luis de Potosí, lo que fue rotundamente negado por Fields.
Entonces Trump declaró: "¿Sabes lo que va a pasar? Nunca se van a ir (a México)".

Poco antes del anuncio de Ford, el presidente electo atacó a General Motors (GM) y amenazó al fabricante con la imposición de aranceles aduaneros a menos que produzca sus vehículos en Estados Unidos.

Trump dijo hoy en un tuit que "General Motors está enviando el modelo Chevy Cruze hecho en México a los concesionarios de EE.UU. sin tarifas. ¡Fabrique en EE.UU. o pague un gran arancel aduanero!".

Tras el tuit de Trump, GM dijo en un breve comunicado que produce la versión sedán del Cruze en Ohio. "Todos los Chevrolet Cruze sedán en venta en Estados Unidos son producidos en la planta de montaje de GM en Lordstrom, Ohio. GM produce el Chevrolet Cruze de cinco puertas para mercados globales en México y un pequeño número es vendido en Estados Unidos", explicó el fabricante.

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Odebrecht revela la corrupción sistémica en Latinoamérica

El caso de la constructora brasileña destapa una enorme red de sobornos

La constructora brasileña Odebrecht conquistó América Latina vendiendo grandes obras de infraestructura. Presente en 27 países, la empresa fundada por el ingeniero Norberto Odebrecht en los años cuarenta ha construido líneas de metro en Perú, centrales hidroeléctricas en Panamá, carreteras en Argentina... Pero ese éxito tenía trampa. La empresa ha aceptado pagar 3.500 millones de dólares de multa, la mayor de la historia por sobornos, tras ser acusada de entregar 439 millones a políticos, partidos y funcionarios en al menos 12 países para garantizarse la adjudicación de obras públicas.
Algunos de los países en que Odebrecht pagó sobornos en América Latina son Argentina, Brasil, Colombia, República Dominicana, Ecuador, Guatemala, México, Panamá, Perú y Venezuela. La constructora, con 128.000 empleados y unos ingresos brutos de 40.000 millones de dólares, es el personaje central de la trama descubierta por la Operación Lava Jato, que investiga desde 2014 una red corrupta en la petrolera estatal brasileña Petrobras desplegada desde hacía décadas.


La empresa tenía contratos firmados con la petrolera desde la década de los cincuenta. Los investigadores tardaron más de un año en encontrar las primeras pruebas, que llevaron a Marcelo Odebrecht, presidente y nieto del fundador del grupo, a la cárcel en junio de 2015. Desde entonces, Brasil se sumergió en los detalles del multimillonario y sofisticado sistema de corrupción liderado por la constructora y sus filiales.


Tras obligar a los dirigentes políticos de Brasil a arrodillarse ante las denuncias, la empresa se convierte ahora en una amenaza real para representantes del poder en América Latina y abre la caja de pandora de la corrupción en la región. Presidentes, expresidentes y congresistas del continente han sido delatadosante las autoridades internacionales por directivos del grupo.


Acuerdo judicial


Que Odebrecht confiese los delitos y apunte a sus cómplices en las altas esferas del poder no es mera casualidad. El presidente de la constructora y un equipo de 77 empleados de alto rango negociaron acuerdos con la justicia para reducir sus condenas. Odebrecht, por ejemplo, fue condenado a 19 años por delitos que van de lavado de dinero a asociación criminal. La compañía aceptó pagar la multa para cerrar las investigaciones en EE UU, Brasil y Suiza.


El Departamento de Justicia de Estados Unidos todavía no ha divulgado el nombre de ninguna autoridad involucrada en el escándalo fuera de Brasil, pero se espera que el escándalo salpique a nombres de envergadura. Odebrecht reconoció haber pagado, por ejemplo, 29 millones de dólares en sobornos en Perú a empleados gubernamentales entre 2005 y 2014. La confesión abarca los mandatos de los presidentes Alejandro Toledo (2001-2006), Alan García (2006-2011) y Ollanta Humala (2011-2016). En febrero del año pasado, Humala fue señalado como receptor de tres millones de dólares de Odebrecht en sobornos. Él lo niega. En Panamá se especula que uno de los beneficiarios haya sido uno de los hijos del expresidente Ricardo Martinelli (2009-2014), Luis Enrique Martinelli Linares. Padre e hijo también negaron la acusación.


Por donde pasa, el terremoto Odebrecht amenaza con manchar biografías. En Argentina, el blanco son los gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner. La empresa admitió haber pagado más de 35 millones de dólares a intermediarios de empleados vinculados a tres proyectos de infraestructura entre 2007 y 2014, cuando Fernández era presidenta. En Venezuela, los delatores ya han mencionado un pago de tres millones de dólares a la campaña de Hugo Chávez y Nicolás Maduro (2012-2013).


En todos los países el modus operandi fue el mismo: la constructora utilizó una sofisticada trama de offshores (empresas fantasma) para pagar los sobornos. En la isla caribeña de Antigua llegó a comprar un banco local para facilitar la tarea. Según las autoridades, Odebrecht utilizó diferentes “capas de blanqueo de dinero” para dificultar el rastreo de las transacciones. Los pagos a agentes públicos en los países mencionados partían del Sector de Operaciones Estructuradas de la empresa, que en Brasil pasó a conocerse como “sector de sobornos”. El departamento, con una contabilidad paralela, garantizaba los fondos utilizados y autorizaba las transferencias con la supervisión del presidente de la compañía.


La publicidad del acuerdo de lenidad hizo que las autoridades de los países involucrados reaccionaran rápidamente. Las Fiscalías de Argentina, Perú, Colombia, Panamá y de Ecuador ya han anunciado que investigan los pagos de sobornos a la constructora. En México, el Gobierno y la petrolera Pemex también afirmaron que van a investigar el pago de 10 millones de dólares en sobornos para beneficiar a Odebrecht en contratos con la compañía.


Los documentos divulgados por la justicia de Estados Unidos pueden ser tan solo la punta del iceberg de la trama internacional de corrupción. Las declaraciones de algunos ejecutivos,como João Carlos Nogueira, exdirector del área internacional de la empresa, amenazan con incendiar los gabinetes de muchos pesos pesados. Nogueira detallará los negocios de Odebrecht firmados en otros países, como Angola, República Dominicana, Cuba, Ghana, México y Venezuela. Otra delación esperada es la de Benedicto Barbosa Júnior, expresidente de Odebrecht Infraestructura, y uno de los coordinadores del sector que repartía los sobornos. La única certeza ahora es que el tsunami ha comenzado y no se vislumbra su fin.

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Lunes, 26 Diciembre 2016 08:37

Nuevo ciclo

Nuevo ciclo

Los datos indican que comienza un nuevo ciclo de expansión de la economía de Estados Unidos. Incluso hay previsiones de que podría llegar a una tasa de crecimiento del orden de 4 por ciento anual con las medidas económicas que propone el presidente electo Donald Trump. Esta es una tasa muy por encima del promedio de 2.5 por ciento de los últimos 10 años.


Si así fuese ese crecimiento tendría, según ha planteado expresamente Trump, un carácter muy distinto al de las décadas anteriores, que desde los años 1980 se caracterizaron por el fuerte impulso de la apertura constante de los mercados: el comercio, las inversiones, en algunos casos el movimiento de personas y la ampliación general de la economía global.


En efecto, lo que se estaría fraguando en la política económica del nuevo gobierno que va a empezar en unas tres semanas es una expansión hacia adentro, es decir, privilegiando la producción y el empleo internos y la restricción de los intercambios de mercancías y el flujo de los capitales con otros países.


En ese esquema se incluirían, asimismo, las previstas limitaciones en materia de inmigración, con lo cual se incidiría también en la conformación del mercado laboral. Y esto en un entorno en el que se ha mermado la capacidad de los sindicatos, en el que se debate el nivel que debe tener el salario mínimo y la nueva estructura de los impuestos. Es difícil predecir la reacción social frente a estos cambios y, en particular, la de los trabajadores con distintos niveles de ingresos. Trump parece apostar por una mayor cantidad de empleo como atractivo de su política de crecimiento.


El entorno global será redefinido por el nuevo gobierno, según se puede apreciar por los nombramientos propuestos en las relevantes áreas de la nueva administración: comercio, finanzas, regulación, trabajo, energía y medio ambiente.


En este esquema la economía estadunidense no va a funcionar expresamente como una locomotora de la producción a escala internacional a partir de la demanda de productos intermedios y finales desde otras partes. Con ello se obligaría a un nuevo acomodo de la actividad productiva, del empleo de la fuerza de trabajo y del financiamiento a escala ya sea nacional o regional.


En el caso de Europa la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea ya está provocando ese reacomodo, pero habrán de crearse nuevos arreglos para compensar los cambios en los flujos de mercancías y de capitales y las políticas tributarias y de gasto público, así como del tipo de cambio de Estados Unidos.


China deberá adaptar de un modo mucho más profundo las distorsiones internas en materia de la asignación de los recursos para la producción, la creación de empleos e ingresos de su creciente población, el desarrollo regional, la regulación ambiental y, especialmente, la gestión de la política monetaria y de crédito, así como la fijación del valor del renminbi. La subvaluación de la moneda ha sido una estrategia comercial clave para China y muy cuestionada por Trump. Japón y Corea tienen también una relación estrecha de comercio e inversiones con Estados Unidos y tendrán que ajustarse.


En las semanas anteriores el efecto Trump ha provocado un alza en las expectativas sobre el crecimiento de la economía estadunidense. Esto se ha expresado en el auge del mercado de valores, el incremento de las tasas de interés por la Reserva Federal y una apreciación del dólar con respecto a otras monedas clave en los mercados internacionales, como la libra esterlina, el euro y el yen.


Estos son indicios del nuevo ciclo expansivo, luego de una década de lento crecimiento. Por ahora sigue existiendo una fuerte demanda de dólares por los mayores rendimientos que dan los títulos emitidos en esa moneda y también por un efecto de protección de valor frente a otras monedas. Las distorsiones productivas, financieras y monetarias de este nuevo ciclo van a marcar su carácter en cuanto al nivel posible de expansión de la actividad económica, la asignación de las corrientes de inversión, la distribución regional de crecimiento y su duración.


El ajuste que estas condiciones exigirá a la economía de México será de gran calado y no puede hacerse únicamente en un contexto bilateral con Estados Unidos, donde hay animadversión del nuevo gobierno. Un nuevo orden entre la dinámica interna y las relaciones externas será determinante y exige ser muy bien concebido y operado políticamente. Ahora ya no hay business as usual.

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