Sábado, 12 Diciembre 2015 07:06

COP21, metas y geoingeniería

COP21, metas y geoingeniería

Uno de los temas más álgidos en la reunión global de la Convención de Naciones Unidas sobre el cambio climático que finaliza el 12 de diciembre en París (COP21), fue la definición de una nueva meta de calentamiento global que no se podría sobrepasar. Países insulares y otros del tercer mundo, desde hace años plantean que no sobrevivirán un calentamiento global mayor a 1.5 grados centígrados, ya que su territorio desaparecería por el aumento del nivel del mar y otros desastres. Razones más que atendibles, que se suman a que esos países no son los que han causado el cambio climático.


La temperatura global promedio aumentó 0.85 grados centígrados en el último siglo, la mayor parte en los últimos 40 años, a causa de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) de dióxido de carbono (CO2) y otros gases, causadas por el uso de combustibles fósiles (petróleo, gas, carbón), mayoritariamente para la producción de energía, sistema alimentario agro-industrial, urbanización y transportes. Si sigue el curso actual, la temperatura aumentará hasta 6 grados centígrados a fin del siglo XXI, con impactos tan catastróficos que no es posible predecirlos.


En el proceso hacia la COP21 y hasta su inicio, el texto borrador de negociación contemplaba fijar una meta de aumento global de 2oC hasta el año 2100, cifra que de todas maneras era combatida por los principales emisores.


Sorpresivamente, países del Norte, que son los principales culpables del caos climático, entre ellos Estados Unidos y Canadá, así como la Unión Europea, anunciaron en la COP21 que apoyarían una meta global de máximo 1.5 grados centígrados. Según estimaciones científicas, esto implicaría reducir sus emisiones en más 80 por ciento hasta 2030, a lo cual los gobiernos de los países del Norte se niegan rotundamente. ¿Por qué ahora dicen aceptar una meta de 1.5 grados centígrados?


Como es predecible, sus razones no son limpias y ocultan escenarios que agravarán el caos climático: se trata de legitimar el apoyo y subsidios públicos de tecnologías de geoingeniería y otras de alto riesgo, como nuclear, así como el aumento de mercado de carbono y otras falsas soluciones.


Cualquiera que sea la meta que se fije en el llamado Acuerdo de París, no tendrá costos para los que sigan contaminado. La Convención aceptó desde antes de la COP21, que los planes de reducción de gases no son vinculantes. Son contribuciones previstas y determinadas a nivel nacional, por lo que cada país declara intenciones, no compromisos obligatorios. La suma de las contribuciones que ha declarado cada país hasta octubre 2015, resulta ya en un aumento de la temperatura de 3 a 3.5 grados centígrados al año 2100. Y esto ni siquiera es lo que realmente harán –que puede ser mucho peor– sino lo que declaran. Por tanto, aunque la meta global sea baja, los planes reales están a la vista y la catástrofe sigue en marcha.


Sumarse en el discurso a una meta aparentemente baja, no cambia los planes presentados, pero les da a esos gobiernos razones para argumentar que deben apoyar técnicas de geoingeniería, como almacenamiento y captura de carbono (CCS por sus siglas en inglés), técnica que proviene de la industria petrolera y que presentan como capaz de absorber CO2 de la atmósfera e inyectarlo a presión a gran profundidad en fondos geológicos terrestres o marinos, donde según afirma la industria, quedaría para siempre.


La tecnología existía bajo el nombre recuperación mejorada de petróleo o en inglés, Enhanced Oil Recovery. Es para empujar las reservas profundas de petróleo, pero no se desarrolló porque no es viable ni económica ni técnicamente. Rebautizada como CCS, la misma tecnología se vende ahora como solución al cambio climático. Así, los gobiernos tendrán que subsidiar las instalaciones (para cumplir las metas de la Convención), las empresas podrán extraer y quemar aún más petróleo y encima cobrar créditos de carbono por supuestamente secuestrar y almacenar gases de efecto invernadero.


CCS no funciona en realidad, sólo hay tres plantas operativas en el mundo, fuertemente subsidiadas con fondos públicos, además de algunas planeadas y otras cerradas por escapes de gas o fallas. No obstante, gobiernos e industrias que lo promueven aseguran que podrán compensar con estas técnicas el aumento de emisiones, para llegar a emisiones netas cero: no para reducir emisiones, sino para compensarlas con CCS, de esta forma la suma sería cero. Aseguran además que si a esto agregan el desarrollo de bioenergía a gran escala, con inmensos monocultivos de árboles y otras plantas para producir bioenergía, y luego entierran el carbono producido (lo llaman BECCS, bioenergía con CCS), resultará en emisiones negativas, con lo cual podrían incluso vender la diferencia a otros. Un muy lucrativo negocio para que los que provocaron el cambio climático sigan emitiendo gases, con mayores subsidios de dinero público. David Hone, de Shell, argumenta abiertamente en su blog en la COP21, la necesidad de lograr una meta de 1.5 grados, para apoyar el desarrollo de CCS, BECCS y otras técnicas de geoingeniería. (http://tinyurl.com/nkaqbcv)


Como estas tecnologías no funcionarán, sino que aumentarán el cambio climático, en unos años nos propondrán otras tecnologías de geoingeniería aún más riesgosas, como el manejo de la radiación solar. Desde ya, tenemos que desmantelar su discurso. No se trata de reducir, no se trata de metas bajas, no se trata de enfrentar el cambio climático. No son falsas soluciones. Son mentiras.


La autora es investigadora del grupo ETC

Publicado enMedio Ambiente
India bloquea las negociaciones del acuerdo climático de París

El país asiático, tercer gran contaminante tras EEUU y China, exige diferenciar las responsabilidades de países ricos y pobres y más financiación.

 

PARÍS. Las negociaciones de cerca de 200 países para lograr un acuerdo universal y vinculante contra el cambio climático están en punto muerto por el bloqueo de India, que presiona para que el acuerdo diferencie claramente en los puntos clave del pacto las responsabilidades de las naciones más desarrolladas y las que menos.

 

Pese a que el presidente de Indio, Narendra Modi, subrayó en la inauguración de la cumbre del clima (COP21) que su país "no quiere quedar fuera" del pacto global que se prevé aprobar en 10 días, India no ha defraudado las expectativas de quienes vaticinaban que se convertiría en el Estado que más iba a complicar el acuerdo.

 

La jefa del equipo negociador español, Valvanera Ulargui, explicó que India se opone a que la diferenciación entre países ricos y pobres, en que se basa el Protocolo de Kioto (1997), "se vaya diluyendo".

 

India persigue que las contribuciones de reducción de emisiones para el futuro acuerdo sean de cumplimiento "voluntario" para los países en desarrollo, entre los que se incluye, y sólo sean jurídicamente vinculantes para los países del anexo I, que son los que la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático considera los más ricos, pero de acuerdo a criterios de 1990.

Esa división entre ricos y pobres de hace 23 años dista mucho de la realidad actual ( No incluye a China, por ejemplo, que es el mayor contaminante del mundo) y de ella no quieren ni oír hablar ni Estados Unidos ni la Unión Europea (UE), que se oponen a que los compromisos de los países en desarrollo sean de cumplimento voluntario.


Exige financiación


La negociación no sólo permanece paralizada en ese punto, también lo está en todos los párrafos más importantes del acuerdo, cuyo cumplimiento India quiere condicionar a la recepción de financiación por parte de los países desarrollados.

El propio compromiso presentado por India -el tercer mayor emisor tras China y Estados Unidos- de reducir la intensidad de sus emisiones por unidad de PIB entre un 33 y un 35% para 2030 respecto a 2005 y que el 40 % de su electricidad provenga de renovables, está condicionado a la recepción de 206.000 millones de dólares de la comunidad internacional.

India quiere, además, que el acuerdo recoja la obligatoriedad de los Estados desarrollados de transferir, sin coste, conocimiento en tecnologías bajas en carbono a los países en desarrollo, un asunto regulado por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual y que no puede ser tratado en esta convención.

El país asiático no está solo: un buen número de naciones en desarrollo que se beneficiarían de que las contribuciones sean voluntarias le secundan en silencio.

"Tememos que China que, oficialmente se presenta como facilitador, sea más bien un apoyo", indicó un negociador de la delegación británica.


Una táctica


Para los negociadores más optimistas, el bloqueo de India forma parte de una postura táctica y esperan que la próxima semana, cuando los ministros acudan a París a ultimar el acuerdo, los diplomáticos de Nueva Delhi cedan si se les asegura la financiación y parte del lenguaje que desean en transferencia tecnológica.

Hay quien va más allá y cree que el bloqueo se debe a un conflicto de "orgullo país" mal gestionado: países como Estados Unidos no han dejado de repetir en los últimos meses lo "cooperante" que estaba China para alcanzar un acuerdo internacional, frente a "lo problemática" que estaba siendo India.

"India se ha podido sentir herido como país porque no se haya reconocido su recorrido", indicó la ex secretaria de Estado española de cambio climático Teresa Ribera.

La realidad es que el mix energético de India es cada vez más limpio, y que, aunque el carbón es la fuente de energía más barata y abundante del país, es cada vez más caro y complicado de extraer.

"La mayoría de los bancos ven más potencial en financiar proyectos solares que nuevas plantas de carbón", aseguró un delegado de India en la cumbre, al tiempo que consideró que su país "no puede aceptar limitar duramente sus emisiones cuando todavía estamos tratando de alumbrar a gran parte de la población, el 20% de nuestros habitantes no tienen acceso a la electricidad".

Apuntó a que los países ricos son los principales responsables del cambio climático, y que aún hoy "un estadounidense medio emite 10 veces más al año que la media de un habitante en India".

"Si hablamos de responsabilidades justas, los compromisos de la UE y Estados Unidos son menos ambiciosos que los de mi país en función de cuánto han contribuido al problema", añadió.

La única manera de acercar posturas, por ahora -cuando ninguna delegación quiere ceder en sus líneas rojas- sería que los más ricos aporten fondos para ayudar a financiar el recorte de emisiones de los que están en desarrollo.

Las "diferencias en la negociación en estos momentos son sanas, no se está debatiendo en contra de nadie", dijo la secretaria de la Convención Marco de Cambio Climático de la ONU (CMNUCC), Christiana Figueres, quien insistió en que "queremos un acuerdo con todo el mundo a bordo, nadie se va a quedar en el camino".

Publicado enMedio Ambiente
¿Por qué es tan difícil un acuerdo global contra el cambio climático?

Los líderes mundiales claman por un acuerdo ambicioso y a la altura de las circunstancias, pero las negociaciones de cambio climático son una combinación explosiva de intereses, economía global, corporaciones y lobbies en general.



PARÍS. - La Cumbre del Clima que reúne en París a los delegados de 195 países de todo el mundo arrancó el lunes con la impresionante comparecencia de 150 jefes de estado pidiendo acción contra el cambio climático y la necesidad de alcanzar un acuerdo global para mitigarlo. Se oyeron, entre otras, las demandas de Barack Obama y Xi Jinping, los presidentes de las dos economías más contaminantes del planeta. Pero también las de Vladimir Putin, Angela Merkel o Narendra Modi apelando a la necesidad de impulsar estas negociaciones que deben durar dos semanas.

Christiana Figueres, Secretaria Ejecutiva de la Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático (CMNUCC) dijo en la ceremonia de inauguración que 2015 marca un cambio hacia una economía resiliente y baja en carbono, y que este cambio es ya irreversible.

"Este momento es realmente remarcable, pero el trabajo no ha terminado aún. Depende de ustedes capturar este progreso y diseñar un camino hacia adelante, con un destino claro, metas y un calendario para responder a las demandas de la ciencia y la urgencia del desafío" dijo en el plenario.

Pero una cosa son las buenas palabras y otra lo que de ellas quede finalmente. Si se va a alcanzar un acuerdo es todavía una incógnita ¿Por qué es tan difícil alcanzar un pacto?

Las negociaciones de cambio climático son una combinación explosiva de intereses de países, economía global, corporaciones y lobbies en general. Ponerse de acuerdo no es en absoluto sencillo. Para empezar, hay algunos países que han llegado a París sin los deberes hechos.

Cada uno de los 195 países que son parte CMNUCC debía presentar antes del 1 de octubre su contribución con los esfuerzos de reducción de emisiones y de adaptación al cambio climático que cada país logrará para 2025 o 2030. Por ejemplo, la Unión Europea se ha comprometido a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero un 40% en 2030 respecto a los niveles de 1990.

Aunque antes de que arrancara la cumbre este lunes un total de 181 países que representan más del 90% de las emisiones globales han presentado sus propuestas, hay un puñado de naciones que no lo han hecho. Algunas por falta de capacidad técnica, como es el caso de Panamá o Nepal, y otros como Cuba, Venezuela o Nicaragua por razones ideológicas. Estos países de la Alianza Bolivariana de los Pueblos de las Américas (ALBA), con una posición más radical en las negociaciones, se resisten a adoptar compromisos de reducción de emisiones argumentando que son los países con más emisiones históricas, es decir, los países desarrollados, quienes deben hacerlo. En el primer día de la COP21 anunciaron que el proceso basado en las contribuciones de reducción de emisiones está destinado al fracaso. "No queremos ser cómplices de llevar al mundo a 3 o 4 grados de calentamiento y a la muerte y destrucción que eso representa" ha dicho el negociador por Nicaragua.
Esto nos lleva a uno de los temas más complicados de esta y todas las cumbres: la diferenciación.

Dentro del lenguaje de Naciones Unidas, 'diferenciación' se refiere a decidir quién reduce más emisiones y quién empieza a hacerlo antes. En el Protocolo de Kioto era muy claro: los países listados en el Anexo I eran los desarrollados, y los únicos que debían reducir emisiones de forma vinculante.

El acuerdo de París pretende que todos los países del mundo contribuyan a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y, por lo tanto, el hecho de la diferenciación desaparece.

Países parte del grupo de negociación BASIC, como China o India, entienden que la diferenciación es la clave del nuevo acuerdo de París, así no tendrán la responsabilidad de reducir las emisiones tan drásticamente. En el lado opuesto está la Unión Europea, que pide que el acuerdo tenga objetivos de reducción de emisiones para todos los países, aunque esta reducción puede ser menos importante para algunos países menos responsables. Y en medio la propuesta de Estados Unidos, que es la que siguen las contribuciones que se han presentado este año, es decir, cada uno decide lo que quiere reducir.

En su discurso inaugural, Barack Obama ha señalado precisamente este tema, subrayando: "Pongámonos objetivos que son para cada uno de nosotros y por cada uno de nosotros. Una estrategia que da a cada uno de nosotros la confianza de que todos estamos cumpliendo nuestros compromisos".


La forma legal del acuerdo


También hay opiniones muy dispares sobre la fórmula legal que debería tener el acuerdo. Aunque Naciones Unidas no tenga la capacidad de obligar a los países a tomar acuerdos ni de penalizarlos si no los cumplen, hay diferentes formas de entender el acuerdo por lo que se refiere a su definición legal.

La Unión Europea cree que el futuro acuerdo de París "debe estar en la forma de un protocolo con el fin de consolidar la voluntad política y proporcionar previsibilidad y durabilidad" y, por lo tanto, que sea de obligado cumplimiento.

En cambio, Estados Unidos pide que el acuerdo tenga 'fuerza legal', pero no que sea vinculante, ya que así evita que el Senado pueda no aceptar la propuesta de reducción de emisiones.


El post-acuerdo: finanzas y revisión


Si en algo están de acuerdo la mayoría de los países es el hecho que París no es el final del camino donde se cierra el acuerdo, sino que significa el inicio de un trabajo colectivo para implementar lo acordado y hacerlo cada vez más ambicioso.

Como dijo Xi Jinping, presidente de China, en el primer dia la COP: "La conferencia de París no es el objetivo final, es el punto de partida. Que París nos inspire para que cada nación contribuya en la medida de sus posibilidades."

Esto implica que los países considerados desarrollados deberían proveer financiación a los países menos desarrollados, para que estos puedan reducir sus emisiones y adaptarse mejor al cambio climático. Es sabido que un acuerdo sin financiamiento claro y con unas metas definidas será directamente rechazado por los países en vías de desarrollo, desde China hasta las islas del pacífico.

El acuerdo deberá ser revisado periódicamente para incrementar la ambición de los objetivos y compararlos con la ciencia más reciente. Es por esto que la Unión Europea pide que el acuerdo sea revisado con normas de cumplimiento muy claras y estrictas.

Para algunos países esta revisión es vista como un ataque a la soberanía nacional, y países como China e India tienen como líneas rojas la verificación de la reducción de sus emisiones y las revisiones de cumplimiento, especialmente si no hay financiación adicional para ayudarlos a cumplir con estos requerimientos.


Llegar a un acuerdo


En definitiva, hay muchos detalles que forman parte del mismo proceso de Naciones Unidas que hacen difícil el proceso de toma de negociaciones. Los acuerdos que se tomen deben incluir muchas formas diferentes de entender el mundo, realidades sociales distintas, y todo debe decidirse por consenso.

Además de los intereses de los países, debemos sumar al proceso de negociación la influencia de todos los observadores de las negociaciones, que se reúnen continuamente con los delegados. Desde ONGs, sociedad civil, industrias, empresas... todos tratan de influenciar en su favor las negociaciones, desplegando su poder económico y mediático dentro y fuera de la conferencia.

Quedan casi dos semanas enteras de discusiones muy técnicas sobre palabras, comas y puntos del texto que debería ayudar al mundo a frenar el cambio climático. Como expresó Laurent Fabius, el ministro de exteriores francés: "Lo que nos jugamos es demasiado, la amenaza del cambio climático es demasiado grande para nosotros como para estar contentos con un acuerdo minimalista."

Publicado enMedio Ambiente
Lunes, 30 Noviembre 2015 06:48

Abre la cumbre del termostato

Abre la cumbre del termostato

Ciento cincuenta líderes de Estados abrirán hoy las deliberaciones por el compromiso mundial para el cambio climático. Aunque se producen cambios, las expectativas de modificar la actual tendencia son escasas. Oficialmente cierra el 11 de diciembre.

Ciento cincuenta jefes de gobierno de todo el mundo tomarán la palabra hoy en el inicio de la Cumbre del Clima en París, entre ellos el anfitrión François Hollande, Barack Obama (Estados Unidos), Xi Jinping (China), Narendra Modi (India) y Vladimir Putin (Rusia). Protegidos por 2800 policías y gendarmes, los participantes en la COP21 intentarán sellar un acuerdo mundial para limitar a dos grados la subida del termostato respecto de la era preindustrial. De no ser así, los climatólogos predicen el agravamiento de fenómenos que ya son visibles, como el derretimiento de los glaciares o la desaparición de especies.


Los negociadores de 195 países iniciaron ayer las discusiones de la conferencia del clima, observando un minuto de silencio por las 130 víctimas de los ataques del 13 noviembre. El cónclave que busca un acuerdo para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero durará hasta el 11 de diciembre. La cita puede servir también para otros encuentros bilaterales en un mundo con conflictos abiertos, empezando por la amenaza jihadista en Siria e Irak, que provocó esta semana un serio incidente entre dos teóricos aliados, Moscú y Ankara.


Proveniente de Washington, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, llegó a París con la esperanza de alcanzar un acuerdo para frenar el cambio climático. "Soy optimista en cuanto a lo que podamos realizar, porque vi a Estados Unidos hacer progresos increíbles estos últimos siete años", escribió en su página de Facebook. "La cumbre es la oportunidad de ser solidario con nuestro aliado más antiguo, tan sólo dos semanas después de los ataques salvajes cometidos allá", añadió.


Hasta los bancos se dan cuenta de que el cambio climático "empezará a ser inquietante si no se anticipa", afirmó Pierre Forestier, de la Agencia Francesa de Desarrollo, para quien "desde hace dos o tres años hay una verdadera tendencia a la desinversión", no sólo motivada por un interés de marketing de dar una imagen ecológica sino que está "basada a la vez en una noción de riesgo y en una noción de oportunidades de posicionamiento comercial y de ventaja comparativa en el futuro". Aun la agencia de calificación norteamericana Standard and Poor's incluye ahora el riesgo clima en sus elementos de valoración.


Las ONG Corporate Knights, 350.org y South Pole Group lanzaron un simulador de resultados. Para 13 de las 14 empresas participantes se demostró que si hace tres años hubiesen decidido desinvertir, habrían obtenido 22 mil millones de dólares de rendimiento suplementario.


El acuerdo de París, de alcanzarse, entraría en vigor en 2020. "Las condiciones para que sea un éxito están reunidas, pero no está ganado de antemano", advirtió Laurent Fabius, que se mostró "cauto y activo". En tanto, el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, dijo ser "optimista". Cuando los mandatarios abandonen París, los negociadores tendrán hasta el sábado para entregar un texto de compromiso. A partir del lunes 7 empieza la recta final, con los ministros de cada país directamente involucrados en las negociaciones, que se cierran oficialmente el viernes 11.


Enfrentamientos durante la marcha por el clima en París

Afp, Ap y Dpa


Al grito de: ¡no nos quitarán el derecho a manifestar!, cientos de personas se enfrentaron este domingo a la policía en la Plaza de la República de esta capital para denunciar el estado de emergencia climática y presionar a los líderes del mundo que este lunes arrancan la 21 Conferencia de la Organización de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP21).


En desafío al estado de excepción que rige en Francia desde los atentados perpetrados por el Estado Islámico el 13 de noviembre, un grupo de encapuchados lanzó piedras y otros objetos durante los enfrentamientos con la policía, mientras los uniformados respondieron con gas lacrimógeno y granadas aturdidoras.


Algunos de los objetos lanzados eran botellas y velas que procedían del memorial de las víctimas de los ataques yihadistas de enero y noviembre a los pies de la estatua de la República.


Fue un poco violenta pero se controló perfectamente, declaró el jefe de la policía, Michel Corot, quien aseguró que detuvieron a más de 200 personas, aunque sólo 174 quedaron en arresto provisional.


Horas antes, miles de activistas participaron sin incidentes en una cadena humana convocada por el colectivo Alternativa y la asociación Attac para protestar por la anulada Marcha Global del Clima en París, que enlazó los alrededores de la Plaza de la República con la Plaza de la Nación, a lo largo del bulevar Voltaire, y que se interrumpió a la altura de la sala de conciertos Bataclan, en señal de respeto a las víctimas de los ataques.


La ONG Avaaz organizó una marcha simbólica con zapatos en la Plaza de la República. En una semana lograron recolectar 13 mil pares, uno del secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, y otro del papa Francisco.
Los zapatos marchan por quienes no están aquí, explicó Fleury Girard, voluntario de Avaaz, en referencia tanto a la marcha prohibida como a las víctimas de los atentados yihadistas de París.


En tanto, el presidente de Francia, François Hollande, calificó en Bruselas de escandalosa la movilización en la capital francesa al afirmar que había elementos perturbadores que nada tienen que ver con los defensores del ambiente y que "solamente están in situ para perturbar".

Publicado enMedio Ambiente
Domingo, 29 Noviembre 2015 05:46

La última chance, en París

La última chance, en París

Después de Kioto en 1997 y Copenhague en 2009, muchos ven la COP 21 como la oportunidad final de hacer algo por el planeta, crear un protocolo mundial vinculante y darle un rol serio a la ONU. La resistencia de las potencias industriales.


"¿Podemos aún salvar el planeta?" La pregunta, a toda página, la formula la ultima edición del vespertino Le Monde en vísperas del inicio de la conferencia mundial sobre el clima, la COP 21, que se celebra en Francia entre el 30 de noviembre y el 11 de diciembre. Los 195 jefes de Estado pertenecientes a los países firmantes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (Cmnucc) buscarán en París un acrobático acuerdo para disminuir las emisiones de efecto invernadero que destruyen al planeta. Nada parece más difícil, ni más hipotético. Varios frentes se cruzan en esta mega cumbre: los países en vías de desarrollo y los emergentes se confrontan a las grandes potencias contaminantes (Estados Unidos, China, la Unión Europea, Rusia). Y las potencias entre sí se confrontan en torno del carácter vinculante o no de las decisiones que se adopten en París.


Ya antes que una batalla entre potencias sucias y promotores de la salvación de lo que nos queda de planeta, la cumbre se convirtió en una pugna entre la sociedad civil y el Estado francés. Los atentados terroristas de 13 de noviembre –130 muertos, 350 heridos– condujeron a la adopción del Estado de Emergencia, una medida que prohíbe muchas cosas, sobre todo las manifestaciones, y le otorga a los organismos de seguridad derechos astronómicos y sin control. Los imperativos de seguridad llevaron a que se anule la mega manifestación prevista para este domingo 29 de noviembre y que, también, se prohíba todo tipo de manifestaciones. Esto ha dejado afuera a la sociedad civil que pensaba marcar su postura en las calles. El ministro francés de Interior, Bernard Cazeneuve, admitió también que 24 militantes ecologistas considerados "activistas peligrosos" se encuentren actualmente bajo arresto domiciliario. El lector apreciará el abuso implícito en la forma de hacer pasar a un militante ecologista con el mismo perfil de peligrosidad que un terrorista asesino.


Sin dudas, el Estado francés quiere evitar que se repitan los graves accidentes que marcaron la cumbre sobre el clima que se llevó a cabo en Copenhague en 2009, cuando decenas de miles de personas se opusieron con furia al escandaloso espectáculo que dio la comunidad internacional. Se habían reunido para salvar al planeta y lo único que hicieron los países industrializados fue salvar sus intereses, es decir, no aprobar ningún texto vinculante, ni la más mínima medida o programa de protección. De hecho, la COP 21 de París retoma los trabajos allí donde los dejó Copenhague. Las potencias, principalmente Estados Unidos y China, habían logrado dejar afuera a las Naciones Unidas. Entre 2009 y 2015 lo que se logró es que le ONU recobrara su papel preponderante en este ciclo.


El fantasma de Kioto


El objeto central de la COP 21 consiste en reemplazar al difunto protocolo de Kioto para empezar a aplicar uno nuevo a partir de 2020. El protocolo de Kioto, firmado en 1997, había fijado los objetivos que debían cumplir los países desarrollados para reducir la emisión de gases contaminantes. Kioto fue un fracaso y un éxito. Fracaso porque sólo 37 Estados del mundo aceptaron las medidas vinculantes. Las grandes potencias emisoras de gases, Estados Unidos y China por ejemplo, no lo aplicaron –Estados Unidos ni siquiera lo ratificó–. El éxito está en que allí donde se llevó a la práctica al pie de la letra, el protocolo de Kioto superó la meta inicial del 5 por ciento y la reducción de gases alcanzó el 22 por ciento. Sin embargo, el fracaso volvió a cerrar el camino de la salvación. Como las potencias mundiales no lo aplicaron, la emisión de gases se incrementó en 24 por ciento entre el 2000 y el 2010.


París es entonces un momento clave. Para muchos, la COP 21 es considerada como "la última oportunidad" de hacer algo realmente serio por el planeta. "En el cambio climático se juega el destino de la humanidad ", dice Christiana Figueres, la secretaria ejecutiva de la ONU a cargo del cambio climático. "París 2015 es una fecha casi fatal", repiten a coro responsables de toda índole. Lejos de generar un consenso para preservar la humanidad, el cambio climático es objeto de una guerra interna en el capitalismo donde se combaten dos visiones: una, industrial, liberal y mercantilista pone en tela de juicio la realidad del cambio climático, otra, algo más global y responsable, pone el acento en la destrucción que el aumento de la temperatura acarrea en la tierra. Dentro de ese antagonismo entra otro: el que opone a los países más industrializados responsables supremos del calentamiento global y de las emisiones de gases de efecto invernadero, con los países menos desarrollados, a quienes se les exige un esfuerzo similar al de las potencias contaminantes con escasas compensaciones.


La intención, en París, es que los 195 países firmantes implementen medidas para atenuar las emisiones de gases contaminantes y fijen un marco para la próxima gran conferencia del clima que se llevará a cabo en 2020, con la cual se reemplazará definitivamente el protocolo de Kioto. Como se puede apreciar, el mundo juega con la seguridad climática como con una bomba de tiempo. Varios organismos internacionales ya consideran que París y sus acciones preparatorias llega demasiado tarde. Un estudio elaborado por el Climate Action Tracker (CAT, organización científica independiente con sede en Londres), advierte que los planes de acción climática presentados hasta ahora por los países miembros de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático no evitarían que el calentamiento global del planeta llegue a los 2, 7º C. En la capital francesa se busca que, a finales del siglo, la temperatura global no sobrepase los dos grados. Con lo cual, la cruzada a favor de una temperatura salvadora está perdida. Los científicos del IPCC (Panel Internacional del Cambio Climático, un organismo dependiente de la ONU) alegan que si se continua con el ritmo actual, la temperatura global ascenderá entre 3,7 y 4,8 grados en el ano 2100.


La diferencia entre la cumbre COP 21 y el protocolo de Kioto radica en que no se obligará a que los países reduzcan de manera obligada sus emisiones de CO2. El esquema que se ha presentado es el voluntario, es decir, cada país presenta sus propios compromisos. 170 naciones del mundo adelantaron hasta ahora sus propuestas. La ONU calcula que las llamadas "medidas voluntarias" fijadas para el horizonte 2025-2030 elevarán la temperatura a un pico de 2,7 grados. De todas formas, todos son conscientes de que, hasta 2030, la temperatura no disminuirá.


El gran salto al vacío de la COP 21 está en el carácter vinculante del acuerdo. La Unión Europea pugna por un texto que, al menos, tenga capítulos vinculantes. Estados Unidos pone trabas, sobre todo legislativas. Es altamente probable que el Congreso y el Senado norteamericano rechacen cualquier tratado vinculante. El carácter vinculatorio del tratado es el objeto de todas las controversia. Muchos países pueden hacer fracasar la cumbre al negarse a firmarlo. Y no es todo. El otro contenido polémico son las medidas de compensación destinadas a los países más pobres que deben adaptarse al cambio climático.

Desde 2020 comenzará a funcionar el llamado Fondo Verde del clima. Dotado de 100.000 millones de dólares, el Fondo compensará lo que ciertos países pierden al adaptarse a la tragedia climática. Esto es, en si, un absurdo, porque numerosos países en vías de desarrollo sufren ya de manera drástica los estragos del clima destruido por el club de potencias contaminantes. Como decía un indígena Papúa invitado a Francia, Mundlya Kepanga, "si se sigue destruyendo la naturaleza, todo esto existirá sólo en sus museos".

Publicado enMedio Ambiente
Sábado, 14 Noviembre 2015 06:58

Crónica de un desastre climático anunciado

Crónica de un desastre climático anunciado

El cambio climático existe y es grave. Cifras más o menos, todos los análisis convergen: para evitar que el planeta se siga calentando con impactos devastadores urge reducir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), consecuencia del sistema de producción y consumo con combustibles fósiles como petróleo, gas y carbón. Los rubros que más GEI emiten son extracción y generación de energía, sistema alimentario agro-industrial –incluida deforestación y cambio de uso de suelo–, construcción y transportes.


Sin embargo, las reducciones necesarias y cómo garantizar que los principales responsables (países y empresas) dejen de contaminar el clima de todos y minar el futuro de nuestras hijas e hijos, no está en la agenda del próximo encuentro mundial sobre el clima que se realizará en París el próximo diciembre.


En su lugar, la 21 Conferencia de las Partes (COP21) de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC) que se reunirá las dos primeras semanas de diciembre prevé condonar un sistema de acciones voluntarias, llamadas contribuciones previstas y determinadas a nivel nacional (CPDN o INDC, por sus siglas en inglés) sin compromisos vinculantes ni real supervisión internacional, legitimando nuevas falsas soluciones y peligrosas tecnologías. De paso terminarán de enterrar el proceso multilateral de negociaciones para enfrentar esta crisis global.


El precedente de este próximo acuerdo-no acuerdo (se trata de legalizar que cada país haga lo que quiera) fue el Protocolo de Kyoto, un acuerdo internacional vinculante que estableció que los principales países emisores, responsables de la mayoría de GEI, redujeran en 5 por ciento sus emisiones por debajo del nivel de 1990. El total de emisiones era entonces 38 giga toneladas equivalentes de dióxido de carbono anuales (equivalentes porque hay otros gases de efecto invernadero). Estados Unidos, principal emisor histórico y segundo actual, nunca firmó el Protocolo de Kyoto y siguió aumentando sus emisiones. Al 2010, las emisiones globales, en lugar de bajar, habían aumentado a 50 giga toneladas anuales. En ese año, China pasó a ser el primer emisor, ahora con 23 por ciento del total, seguido de Estados Unidos (EU) con 15.5 por ciento. Pero acumulado, EU es responsable de 27 por ciento de emisiones desde 1850. Con 5 por ciento de la población mundial, usa 25 por ciento de la energía global y sus emisiones de GEI per cápita son más de mil 100 toneladas por persona mientras en China son de 85 toneladas por persona. Cabe notar que el desarrollo actual de China sigue el mismo modelo destructivo de producción y consumo industrial, con crecientes brechas de desigualdad interna.


Esta nueva realidad de emisiones de países emergentes afirmó a los principales emisores históricos a exigir que todos debían reducir –aunque ellos no lo habían hecho nunca. Bloquearon una nueva etapa del Protocolo de Kyoto y aprovecharon para minar el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas que había sido un pilar de la CMNUCC.


Para la COP 21, por primera vez cada país debe entregar a la Convención su plan de contribuciones previstas, y como son determinadas a nivel nacional, el secretariado se limita a contabilizar lo que significan. A fin de octubre 2015, se habían entregado las contribuciones previstas de 146 países. Según el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, esos planes se traducen en un aumento de 3 a 3.5 grados en el promedio global al 2100, casi el doble del límite oficial acordado de máximo 2 grados y mucho más de 1.5 grados que los estados insulares, la mayoría de países del Sur y organizaciones de la sociedad civil consideran máximo aceptable para no morir bajo las aguas, sufrir violentos huracanes, sequías y hambrunas.


Las medidas propuestas por los grandes emisores históricos son altamente insuficientes, incluso en términos formales. Un análisis de organizaciones ambientalistas, sindicales y sociales, aplicando un criterio de contribuciones justas por país (tomando en cuenta responsabilidad histórica y capacidad de hacer reducciones según nivel económico actual debido a la industrialización que provocó las emisiones) muestra que Estados Unidos, Japón y Europa ni siquiera llegan a 20 por ciento de lo que deberían reducir. Por el contrario, los países más pobres, contribuyen más de lo que nunca causaron y algunos países emergentes (China, India) proponen mucho más que su justa parte per cápita. (civilsocietyreview.org).


Es una perspectiva reveladora, pese a que no toma en cuenta otro aspecto fundamental: cómo se componen esas contribuciones que harían los países. Porque además de insuficientes, la mayor parte de sus contribuciones se basan no en reducir emisiones, sino en compensarlas con mercados de carbono, con técnicas de geoingeniería como captura y almacenamiento de carbono (CCS) con mal llamada bioenergía que devasta ecosistemas y compite con producción de alimentos, y con programas perversos contra comunidades campesinas e indígenas, como la agricultura climáticamente inteligente y REDD+para bosques.


Además de anunciarnos que aumentarán las emisiones, las medidas propuestas van contra las comunidades y movimientos que tienen alternativas reales, viables y posibles para salir de la crisis. La COP21 se dirige a consolidar un crimen histórico. Pero no será sin denuncia y resistencia desde abajo.


Silvia Ribeiro, investigadora del grupo ETC

Publicado enMedio Ambiente
Miércoles, 11 Noviembre 2015 06:12

Capital natural: una metáfora peligrosa

Capital natural: una metáfora peligrosa

Desde hace dos décadas avanza la idea perniciosa de que la naturaleza es una reserva de activos que producen servicios ambientales y de que a ese reservorio se le puede denominar capital natural. Los promotores de esta idea sostienen que esta es la forma de lograr que las empresas y los gobiernos valoren de manera adecuada a la naturaleza y comiencen a cuidarla en lugar de destruirla.


La idea de que la naturaleza entera, sus ecosistemas y componentes pueden ser equiparados al capital está basada en una profunda ignorancia de la teoría económica. Eso no deja de ser irónico, porque los animadores del capital natural quieren vestir de un ropaje técnico un discurso que conduce simple y llanamente a la mercantilización de la naturaleza.


Esta noción de capital natural ha sido adoptada por muchos organismos oficiales y no gubernamentales en el mundo. En México la Comisión para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio) piensa que el capital natural comprende el conjunto de ecosistemas de nuestro país y los organismos que éstos contienen, ya que por medio de sus procesos naturales generan bienes y servicios ambientales indispensables para la sobrevivencia y el bienestar social y el mantenimiento de la vida como la conocemos (biodiversidad.gob.mx).


Esto no es una definición, así que Conabio pasa a informarnos que ese capital natural es comparable a los capitales clásicos (financiero, de infraestructura, etc.) de un país y que constituye el entramado necesario para mantener la actividad productiva generada por los otros capitales.


Los promotores de la idea de capital natural ignoran todo sobre el concepto de capital. En especial, parecen no saber que el concepto de capital en teoría económica ha sido objeto de controversias desde el nacimiento de esta disciplina. En el siglo pasado la polémica más importante en teoría económica fue precisamente sobre el concepto de capital. El debate es conocido como las controversias de Cambridge sobre teoría del capital, y giró alrededor de una simple pregunta: ¿qué es ese factor de producción que se denomina capital en la teoría económica neoclásica? Y esa interrogante se desdobla en otra pregunta: ¿el capital es un conjunto de máquinas y medios de producción (físicos y heterogéneos) o es un fondo financiero?


Vale la pena sintetizar los términos del debate. Supongamos que el capital está compuesto de un conjunto de máquinas, edificios, herramientas, vehículos, etc. ¿Qué tienen en común estos objetos heterogéneos? Pues que cada uno tiene un precio. Y eso es lo que los autores neoclásicos y tanto aficionado a la economía utilizan para agregar los medios de producción y hablar de capital.


Pero ese proceder adolece de una circularidad fatal. El precio de los medios de producción, por ejemplo, de una máquina, depende de la ganancia que se espera obtener de ellos. Ahora bien, la tasa de ganancia no es otra cosa que el cociente que se obtiene dividiendo la ganancia por el precio de la máquina. Es decir, la tasa de ganancia sólo puede conocerse a través de la agregación (vía los precios) de los medios de producción. Pero esos precios dependen a su vez de la tasa de ganancia. Y en una economía en la que todos los medios de producción son mercancías producidas, el movimiento de precios trae aparejado un sistema caótico en el que no se puede decir nada sobre la cantidad de capital y sobre los procesos de mercado.


Para la teoría económica neoclásica esto implica un desastre porque desaparece la posibilidad de medir la intensidad de capital en función de la tasa de ganancia (o la tasa de interés). El movimiento de precios hace imposible la medición del capital: la agregación de los medios de producción a través de sus precios es una quimera. Vale decir que los sacerdotes supremos en el templo de la teoría neoclásica, con Samuelson a la cabeza, aceptaron este resultado.


¿Qué implicaciones tiene esto para la noción de capital natural? Para empezar habría que abandonar la idea de que el capital natural es comparable a los capitales clásicos. Como hemos visto, esos capitales no pueden ser objeto de una medición unívoca en la teoría económica. Así que la idea medular de la noción de capital natural carece de sentido.


Hablar de capital natural evoca también un proceso de apropiación y mercantilización aunque los componentes de los ecosistemas no hayan sido producidos para ser vendidos en el mercado y que por eso no tengan un precio. Hoy prolifera una rama de actividad pseudo-científica que consiste en examinar cómo se le puede poner precio a todo lo que hay en la naturaleza. Es el primer paso para crear mercados en los que los ecosistemas y sus componentes serán objeto de transacciones mercantiles. Hay que recordar que la polémica sobre la teoría del capital también demostró que el mercado de capital es caótico.


La noción de capital natural no es más que una metáfora peligrosa y no responde a ningún criterio científico o a un imperativo técnico. Pero cuidado, las metáforas tienen una extraña tendencia a adquirir vida propia.
Twitter: @anadaloficial

Publicado enMedio Ambiente
Toma de la Bastilla en la cumbre sobre cambio climático de París

Jefes de gobierno de todo el mundo se reunirán en París dentro de tan solo un mes a fin de concretar un tratado para hacer frente a la amenaza global que representa el cambio climático. El cambio climático es real, va en aumento y, según el creciente consenso de los científicos, es claramente ocasionado por la actividad humana. Desde los albores de la era industrial, los seres humanos han estado vertiendo contaminantes al cielo como si la atmósfera fuera un pozo sin fondo, capaz de absorber una infinita cantidad de humo y gases. Estos gases de efecto invernadero han formado una especie de manta alrededor del planeta que retiene el calor del sol.

Las señales de la crisis se observan en todas partes: 2015 va camino a convertirse en el año más caluroso que se haya registrado. El Huracán Patricia azotó las costas de México la semana pasada. Patricia fue el huracán más intenso que se haya registrado en el hemisferio occidental. Y fue intenso no solo por su poder sino porque se formó a gran velocidad, prácticamente de un día para otro dejó de ser una tormenta tropical para transformarse en un huracán.


En el Golfo Pérsico, según informaron científicos esta semana, "es probable que ciertos centros poblados experimenten temperaturas intolerables para los seres humanos a consecuencia de crecientes concentraciones de gases de efecto invernadero generados por la actividad humana". En otras palabras, en ciudades como Doha, en Qatar, y Dubai, en Emiratos Árabes Unidos, la temperatura durante el día será simplemente demasiado alta para que los seres humanos puedan sobrevivir afuera más de unas pocas horas. En las zonas polares, el hielo se derrite a un ritmo sin precedentes y el océano se calienta, lo que produce que el agua se expanda. Ambos fenómenos están provocando el aumento del nivel del mar, que ya afecta a pequeños países insulares como Tuvalu, Kiribati y las Islas Marshall en el océano Pacífico y las Maldivas en el océano Índico. Los científicos predicen que cientos de millones de personas se verán finalmente obligadas a abandonar las ciudades costeras del mundo.


El objetivo es limitar el aumento de la temperatura promedio del mundo en 2º Celsius o 3,8º Fahrenheit por encima de las temperaturas que se registraban antes de la era industrial. Esto exigirá cooperación a nivel mundial a una escala sin precedentes, así como la descarbonización de la economía. En otras palabras, la gente tendrá que dejar de utilizar combustibles fósiles, como carbón y petróleo, y depender de fuentes de energía renovable, como la energía solar o la eólica. Según sostienen los científicos y asesores en políticas públicas, si esta transición se lograra a tiempo, si se lograra antes de que la temperatura superase ese umbral crítico de 2º Celsius, entonces, el clima del planeta podría salvarse. Si los seres humanos dejan que las cosas continúen tal como están y no hacen nada o si toman medidas a medias, el cambio climático será irreversible y catastrófico.


Habrá mucho en juego en la cumbre sobre cambio climático de París. El encuentro es organizado por Naciones Unidas y su nombre abreviado es COP21, en referencia a la 21ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, o CMNUCC. El proceso se inició en la "Cumbre de la Tierra de Río", que tuvo lugar en Río de Janeiro en 1992, y culminó con el Protocolo de Kyoto en 1997. Si bien ese fue un tratado vinculante, algunos países se negaron a ratificarlo, entre ellos, el mayor contaminante del mundo que haya existido en la historia, Estados Unidos. Esta vez, cada país hará promesas voluntarias para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, sin que haya manera de obligar a su cumplimiento.


¿Cómo hará Estados Unidos para transformar radicalmente su economía y deshacerse de los motores de combustión interna, el gas extraído por fracturación hidráulica y las plantas de carbón para el año 2050? El sector de los combustibles fósiles ejerce una gran influencia sobre cada nivel de gobierno en Estados Unidos, lo que torna prácticamente imposible llevar adelante cualquier tipo de cambio, inclusive un cambio gradual. Gracias a la notable cobertura de los ganadores del Premio Pulitzer, InsideClimate News y el Los Angeles Times, sabemos ahora que ExxonMobil estudiaba y comprendía el cambio climático ya en la década de 1970. A pesar de ello, Exxon ocultó sus propios hallazgos respecto a que los combustibles fósiles podrían provocar el calentamiento global, la modificación del clima y el derretimiento del hielo del Ártico.


Bill McKibben, fundador de 350.org, grupo activista que lucha contra el cambio climático, me dijo: "Se trata de uno de los más importantes, o tal vez del más importante golpe de investigación que se haya dado en décadas. La notable labor de esos periodistas merece convertirse en parte del consenso que el planeta entero deberá lograr en relación a la mayor crisis a la que se han enfrentado los seres humanos. Probablemente Exxon sea la única institución de la Tierra que podría haber ahorrado estos 25 años de falso debate que hemos mantenido en relación al cambio climático. Si en 1989, cuando Jim Hansen, de la NASA, de pie ante el Congreso, dijo 'Sí, el planeta se está calentando', si en ese momento Exxon hubiera dicho: 'Saben que sí, tiene razón. Nuestros científicos, que son expertos es este tema, confirman todo lo que está diciendo. El mundo se ve ante un claro problema'. No habríamos resuelto el calentamiento global, pero estaríamos bien encaminados. No nos habríamos embarcado en un cuarto de siglo de negación y debate". McKibben se sintió tan indignado con las revelaciones de que Exxon ya tenía información sobre el calentamiento global desde los años 70 que hace algunas semanas caminó hacia la estación de servicio de Exxon de su localidad en Vermont y obstruyó el acceso a una bomba de combustible portando un cartel que decía: "Esta bomba fue clausurada temporalmente porque Exxon mintió acerca del cambio climático". McKibben fue arrestado, pero hasta la fecha ninguno de los directivos de Exxon ha enfrentado cargos por encubrir sus hallazgos o por mentirle al mundo entero.


Mientras los líderes del mundo se encuentren reunidos para la COP21 en Le Bourget, un imponente centro de convenciones ubicado en París, se espera que cientos de miles de personas se vuelquen a las calles. Los organizadores de la manifestación llaman a llevar a cabo acciones a nivel mundial el 28 y 29 de noviembre en demanda de un acuerdo justo, ambicioso y vinculante que haga frente y que, en definitiva, revierta el potencial catastrófico del cambio climático provocado por la actividad humana. Si los líderes fracasan, muchas personas estarán allí, listas para tomar la Bastilla.


Publicado el 30 de octubre de 2015

Traducción al español del texto en inglés: Fernanda Gerpe. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Publicado enMedio Ambiente
El fracking de la industria petrolera contamina aguas subterráneas

Los acuíferos de California fueron contaminados ilegalmente con unos 11 millones de litros de aguas residuales envenenadas tras ser utilizadas en el proceso llamado fracking, o fractura hidráulica del subsuelo para extraer petróleo y gas, según documentos del Estado de California difundidos a fines de 2014 por el Centro para la Diversidad Biológica. De acuerdo a esta fuente, la fuga de contaminantes se produjo en por lo menos nueve pozos de eliminación de inyección utilizados por la industria petrolera para deshacerse de residuos de aguas contaminadas, práctica que probablemente se repite en otras latitudes donde también utilizan fractura hidráulica para extraer petróleo y gas.


Mientras la industria petrolera aparece en los hechos protegida por la clase política, cuyas postulaciones al poder legislativo de California contribuye a financiar, los acuíferos afectados abastecen el consumo humano y el riego de cultivos para la alimentación. Los documentos también revelan que pruebas realizadas en los pozos de abastecimiento de agua ubicados cerca de los sitios de inyección de aguas residuales muestran altos niveles de arsénico, talio y nitratos, todos productos químicos tóxicos vinculados a las aguas residuales del fracking la industria petrolera.


Según los documentos obtenidos por el Centro para la Diversidad Biológica la Junta de Control de Recursos Hídricos del Estado de California admitió que en otros 19 pozos adicionales también pudo haber fugas de aguas residuales a los acuíferos protegidos. Un funcionario de la agencia estatal afirmó que en múltiples lugares pudieron ocurrir errores en el proceso de otorgar permisos para la inyección de aguas residuales. A la magnitud del peligro se añade que productos químicos tóxicos como el benceno pueden tardar años en migrar a las fuentes de agua, dificultando así la evaluación precisa del riesgo.


Un estudio previo realizado por el Centro para la Diversidad Biológica mostró que "el 54 por ciento de los 1.553 pozos de inyección de aguas residuales activos y nuevos de California están a 16 kilómetros de un falla geológica recientemente activa (activa en los últimos 200 años)". Para los autores del informe, estos hallazgos "plantean preocupaciones significativas, debido a que la distancia así de cercana entre una inyección de aguas residuales y una falla geológica podría constituir un influyente factor clave de riesgo que bien podría inducir un terremoto". Actividad microsísmica como resultado de pozos de inyección subterránea ya ha sido bien documentada en otros estados, por ejemplo en Oklahoma y Texas.


Las revelaciones sobre la contaminación del agua del informe del Centro para la Diversidad Biológica aparecieron en medio de la deliberación legislativa para regular el fracking en California. Tanto Donny Shaw, deMapLight, y Dan Bacher, de Indybay, informaron en mayo de 2014 que en los últimos cinco años la industria petrolera ha presionado con fuerza en la legislatura del estado de California, gastando más de 63 millones de dólares en esfuerzos por persuadir a los legisladores estatales para que permitan la continuación y expansión de fracking.


En mayo de 2014, los senadores estatales rechazaron un proyecto de ley que imponía una moratoria al fracking. Los legisladores que votaron contra la moratoria recibieron 14 veces más dinero en contribuciones de campaña de la industria del petróleo que quienes votaron por imponerla. Shaw citó la cifras en MapLight: los senadores que votaron "No" al proyecto de ley de moratoria recibieron en promedio 24.981 dólares de la industria del petróleo y gas, mientras quienes votaron "Sí" a la moratoria recibieron apenas 1.772 dólares en promedio. "Si los cinco senadores activos que se abstuvieron de votar –todos demócratas– hubieran votado a favor, la moratoria se habría aprobado". Los demócratas que se abstuvieron recibieron en promedio 4,5 veces más dinero que quienes votaron "Sí".


Aunque los medios de información corporativos cubrieron el debate sobre regulaciones al fracking, en un primer momento ignoraron el estudio del Centro para la Diversidad Biológica respecto al vertido de aguas residuales en los acuíferos de California. Hubo un retraso de más de tres meses entre la cobertura inicial de los medios independientes de noticias a las revelaciones del Centro de Diversidad Biológica y la atención que le prestaron a este asunto las grandes corporaciones informativas. El diario Los Angeles Timespublicó en mayo de 2015 un artículo de primera plana sobre los cultivos del Valle Central regados con aguas del yacimiento petrolero tratado confracking. Sin embargo, el informe de Los Angeles Times no mencionó el hallazgo del Centro para la Diversidad Biológica respecto a la contaminación de aguas residuales por fracking.


En junio de 2015, la Agencia de Protección Ambiental (EPA, su sigla en inglés) publicó su estudio de los impactos del fracking en el suministro de agua potable. Aunque la evaluación de la EPA identificó "importantes vulnerabilidades en las fuentes de agua potable", concluyó que "las actividades de fracturación hidráulica no han conducido a impactos sistémicos generalizados en los recursos de agua potable". En respuesta, Food & Water Watch emitió un comunicado de prensa del Director Ejecutivo Wenonah Hunter, quien escribió: "Lamentablemente, el estudio de la EPA publicado hoy está muy por debajo del nivel de escrutinio y supervisión del gobierno necesarios para proteger la salud y seguridad de los millones de estadounidenses afectados por la perforación y fracturación hidráulica para obtener petróleo y gas". Tomando nota de que la industria del petróleo y gas se negó a cooperar con la EPA en un único "caso de estudio prospectivo" de los impactos del fracking, Hunter concluyó: "Esto revela la influencia indebida que tiene la industria sobre el gobierno y muestra que la industria tiene miedo a permitir el monitoreo cuidadoso de sus operaciones".

 

Fuentes:
Dan Bacher, "Massive Dumping of Wastewater into Aquifers Shows Big Oil's Power in California," IndyBay, October 11, 2014, http://www.indybay.org/newsitems/2014/10/11/18762739.php .
"California Aquifers Contaminated with Billions of Gallons of Fracking Wastewater," Russia Today, October 11, 2014, http://rt.com/usa/194620-california-aquifers-fracking-contamination/ .
Donny Shaw, "CA Senators Voting NO on Fracking Moratorium Received 14x More from Oil & Gas Industry," MapLight, June 3, 2014, http://maplight.org/content/ca-senators-voting-no-on-fracking-moratorium-received-14x-more-from-oil-and-gas-industry .
Dan Bacher, "Senators Opposing Fracking Moratorium Received 14x More Money from Big Oil," IndyBay, June 7, 2014, http://www.indybay.org/newsitems/2014/06/07/18757051.php .
Estudiantes investigadores : Carolina de Mello (College of Marin) and Steven Feher (San Francisco State University)
Evaluadores académicos: Susan Rahman (College of Marin) and Kenn Burrows (San Francisco State University)

 

Por  Ernesto Carmona, periodista y escritor chileno, jurado internacional de Proyecto Censurado

Publicado enMedio Ambiente
Lunes, 05 Octubre 2015 07:14

Rutinas

Rutinas

No quería escribir sobre esto, sobre la muerte que impera en las noticias en este país, sobre los multihomicidios que el presidente dice que se han vuelto rutinarios, mientras él, como comandante en jefe, ordena, y de manera rutinaria, multihomicidios de inocentes en otros países.


A finales de la semana pasada murieron en Oregon nueve inocentes en una balacera masiva –una más de casi mil balaceras masivas que han ocurrido en este país en los últimos tres años–; Obama deploró que tales noticias, incluyendo el pesar oficial, se han vuelto algo rutinario. Pero no hizo más que decir que no podía hacer más, e instó a los votantes a que obliguen a la clase política a cambiar las leyes de control de armas.


Pocas horas después de estas declaraciones, en uno de los ataques aéreos estadunidenses rutinarios de sus guerras infinitas –esta vez en Afganistán– murieron por lo menos 19 civiles, incluidos tres niños; unos 40 o más quedaron heridos. Las víctimas eran doctores, personal médico y pacientes de un hospital de traumatología de Médicos Sin Fronteras. El director internacional de la organización condenó el acto abominable y calificó el ataque de grave violación del derecho internacional humanitario. Encargados de derechos humanos de la ONU apremiaron a realizar una investigación de un acto posiblemente criminal. El Pentágono en un principio sólo dijo que el ataque era contra objetivos enemigos, que estaba investigando el incidente y que aparentemente hubo daños colaterales. El presidente y sus subordinados –de manera aparentemente rutinaria– expresaron sus condolencias a las familias de las víctimas.


Nadie conoce el número de víctimas de los incidentes multihomicidas, o masacres de inocentes en los diversos frentes de guerra de Estados Unidos en otros países, y menos sus nombres y sus historias (seguro algunos se parecen a los de Oregon: estudiantes y profesores). En Irak, el cálculo es de aproximadamente 150 mil desde la invasión de Irak en 2003, en incidentes rutinarios realizados por órdenes de la Casa Blanca.


Aquí en casa, incluida la tragedia de Oregon, ha sucedido en promedio más de un incidente por día de balaceras masivas en lo que va del año; un total de 294 en los 274 días que han corrido de 2015, según Mass Shooting Tracker (hay definiciones técnicas: la del FBI registra como multihomicidio un incidente si mueren tres personas o más; organizaciones independientes registran como balaceras masivas incidentes donde hay cuatro o más personas asesinadas y/o heridas).
Más estadísticas: en lo que va del año, la cifra total de incidentes de violencia de todo tipo con armas de fuego (incluidos homicidios, accidentes y suicidios) alcanzan 39 mil 545, que resultan en 9 mil 958 muertes y 20 mil heridos. Entre las víctimas muertas o heridas hay 551 niños y mil 966 adolescentes, según Gun Violence Archive. Desde la relección de Obama, en 2012, ha habido 994 incidentes de balaceras masivas, de acuerdo con Shootingtracker.com. Según cifras oficiales, en 2013 (el año más reciente del que existen) murieron más de 11 mil por armas de fuego sólo en homicidios. Las armas de fuego, en todo tipo de incidentes, son la causa de muerte de unos 33 mil cada año en este país.


O sea, mueren más estadunidenses en un solo día por violencia de armas de fuego en su país de los que murieron por atentados terroristas en todo 2014, según algunos cálculos.


Vale repetir: este país tiene la población más armada del mundo, con más de 300 millones de armas de fuego en manos privadas.


Por otro lado –siguiendo con el tema de la violencia y la muerte–, la semana pasada había seis personas a punto de ser ejecutadas a manos de gobiernos estatales en un lapso de nueve días. Dos ya tuvieron su cita programada con la muerte, uno se ha postergado y a otro se le conmutó la pena a cadena perpetua. La pena de muerte es la negación final e irreversible de derechos humanos, afirma Amnistía Internacional. Unos 3 mil 19 reos aún esperan ejecución en Estados Unidos.


No deseaba escribir cómo continúan los bombardeos contra niños y sus doctores en otros países, ni del sonido escalofriante e incesante de balas en las calles, en universidades, en primarias de este país, y menos sobre las ejecuciones legales, algo denunciado por el Papa la semana pasada, cuando proclamó que todos aquellos que dicen ser campeones del derecho a la vida (como se denominan las fuerzas antiaborto en este país) tienen que oponerse a la pena de muerte.
Como reporteros tenemos que cubrir las muertes, la violencia, la sangre, algunos con la esperanza de que algún día todos se harten de todo eso. Hemos entrevistado una y otra vez a víctimas de las armas de fuego, a reos horas antes de su muerte programada por las autoridades; ni hablar de los reporteros que siguen cubriendo las guerras más largas de la historia de Estados Unidos. Hay un viejo dicho periodístico en este país: if it bleeds, it leads (si sangra, es (nota) principal).
Ni modo, la muerte violenta, por la fuerza, por la bala, por la bomba, por la acción a veces premeditada, a veces loca, de alguien contra los demás, fue el tema inevitable de esta última semana en Estados Unidos. Como opinó La Jornada en su editorial del viernes pasado sobre la más reciente matanza en Estados Unidos: el problema parece ser más hondo y relacionarse con un Estado que como rasgo histórico ha hecho una exaltación de la violencia y de la muerte como métodos legítimos de acción.


Poco antes de ser asesinado, el reverendo Martin Luther King afirmó que antes de poder hablar contra la violencia de los oprimidos en los guetos, primero tenía que hablar contra el proveedor más grande de violencia en el mundo hoy día, mi propio gobierno.


¿Cuándo se declarará una guerra contra las armas, una guerra contra la guerra?


Sólo así se logrará romper la rutina.

Publicado enInternacional