Tensiones y desafíos de la movilidad de venezolanos hacia Colombia

Cuando la persecución, la pobreza, y la superpoblación ya no se consideren en sí mismas explicaciones suficientes de los flujos migratorios, las imágenes y metáforas basadas en la invasión dejarán de satisfacernos, y las políticas relacionadas a la inmigración podrán ser más innovadoras, ya que abordarán un acontecimiento delimitado, una experiencia compartida, un proceso manejable.
(Sassen, S. 2013:30)

 

Colombia no es un país históricamente receptor de poblaciones de inmigrantes, ni la composición de su población se enriqueció profundamente de los aportes de estas ciudadanías en movimiento, en comparación con otros países de la región como Argentina o Brasil, donde la inmigración contribuyó al crecimiento poblacional y a su desarrollo en general. Por ejemplo, en el caso argentino tenemos en un primer momento la inmigración transoceánica a partir de mediados del siglo XIX, ejerciendo un significativo impacto en la vida económica, política, social y cultural de este país.

 

Entre los años 1857 y 1914, Argentina recibió 4.600.000 inmigrantes, una cantidad tal de personas que llevó a que para 1914 el 30 por ciento de la población del país era extranjera. Un fenómeno de tal dimensión que no podía pasar sin efectos para el poblamiento general del país y su misma economía.

 

Por el contrario, Colombia siempre ha mantenido una distancia entre emigración y la inmigración, considerándolas por separado y sin reconocer la importancia de las migraciones en general. Muestra de ello es el tratamiento institucional dado a esta realidad social, donde las instituciones del Estado encargadas están desarticuladas entre sí. Dicho tratamiento solo ha provocado un abordaje sesgado, selectivo y fragmentado respecto a procesos migratorios y coherencia en medidas políticas que han sido adoptadas históricamente.

 

El tratamiento al migrante en Colombia

 

Por fortuna hoy en día las diferentes relaciones internacionales han provocado que el país tenga una visión más amplia y acorde con las dinámicas globales de movilidad y de Derechos Humanos suscritas en materia migratoria con diferentes países de la región. Sin embargo, la movilidad durante los últimos tres años de cientos de personas provenientes de Venezuela hacia Colombia, ha colocado en el ojo del huracán la institucionalidad y los contextos socioculturales del país, desencadenando una suerte de tensiones y de desafíos de todo orden (político, económico y cultural), que hasta el día de hoy son tema de la agenda nacional y mediática de turno.

 

Dentro de las tensiones más prominentes resaltan las de carácter político-institucional, campo en el cual históricamente se ha promovido una recepción de inmigrantes de forma selectiva, priorizando a los grandes inversores, característica que ha sido una constante debido a la inserción creciente de Colombia a los mercados internacionales hoy globalizados. A su vez, la política migratoria del país se caracteriza por favorecer a la inmigración laboral con fines productivos y desarrollo económico. Al tiempo que Colombia adopta medidas (normas y decretos) de carácter étnico-nacional con fines de crecimiento demográfico y de “mejorar” étnicamente la población, como propuso Luis López de Mesa, ejemplo de lo cual es el ingreso de norteamericanos y europeos a mediados del siglo XX al territorio nacional.

 

De esta manera, la prioridad dada por el país a la inmigración laboral, de cara a fortalecer los procesos de crecimiento y desarrollo interno, y el control a la movilidad de emigrantes, resalta la desarticulación de la política migratoria colombiana, donde el tratamiento por separado de la emigración y la inmigración1 ha sido una constante.

 

En la década de los 90 Colombia encargó al Ministerio de Relaciones Exteriores la ejecución y orientación de las políticas migratorias, obteniendo como resultados que el país adoptara medidas de integración regional y comercio internacional, firmando por esa vía acuerdos como, por ejemplo, el pasaporte Andino en el marco de la Comunidad Andina de Naciones (CAN). Sin embargo, la política migratoria mantuvo su enfoque de control de carácter selectivo, útil y funcional para el arribo de personas con estándares de cualificación alta.

 

En resumen, tenemos en Colombia unas políticas institucionales migratorias caracterizadas por ser selectivas y de control, así como una mirada utilitarista de las diferentes poblaciones de inmigrantes, en términos de desarrollo económico y social, todo lo cual no ha permitido un desarrollo integral de las políticas migratorias que permitan tratar conjuntamente tanto la emigración como la inmigración. Durante la última década el escenario internacional y la política exterior regional han provocado que el país suscriba y ratifique diversos instrumentos legales internacionales donde se promueve proteger y garantizar la dignidad de las personas, en especial las que se encuentran en movimiento.

 

Dentro de tales instrumentos está la incorporación a Unasur, tratado que cobró vigencia en el 2011, y a través del cual se fijan lineamientos en materia de cooperación migratoria, basado en protección de los Derechos Humanos de los inmigrantes y los trabajadores de cara a la integración regional. Sin embargo, la crisis regional desatada por la situación que vive Venezuela, y con ella la presión y hasta conspiración de diversos países para desestabilizar al presidente Maduro, propiciaron la decisión del recién posesionado Iván Duque de retirar al país de Unasur2, con lo cual queda en el limbo todo lo allí ratificado.

 

A todo lo anterior se suma el componente socio–cultural, el cual se refiere a tres grandes campos problemáticos: 1. La construcción mediática de la inmigración venezolana, 2. La construcción del otro/ los/otros. 3. El nacionalismo que se enaltece y la cuestión de soberanía que se instala.

 

La construcción mediática de la inmigración venezolana

 

Es reiterado ver y escuchar en los diferentes medios oficiosos dominantes en Colombia un registro estigmatizante y muy politizado acerca de la movilidad de venezolanos hacia nuestro país3. Lo que se observa en algunos de estos registros es un encasillamiento de la persona inmigrante en temas de inseguridad, bandas delincuenciales o de microtráfico de droga, en especial en las zonas de frontera, temas que circulan constantemente y van instalando en el conjunto de la población una sensación de miedo e inseguridad frente a la población migrante.

 

De otra parte, en dichos medios se muestra la situación que viven los inmigrantes venezolanos durante su travesía, pero las noticias tienden a resaltar lo que han llamado “crisis en Venezuela”, “el drama de los venezolanos”, etcétera, que si bien es una situación compleja, se deja entrever el interés en continuar sosteniendo que los venezolanos huyen de la “dictadura de Maduro”, algo por cierto que ha sido utilizado por los políticos de tendencias conservadoras de turno en Colombia para hacer campaña política, dejando de lado la verdadera discusión política-institucional que demanda la realidad de tal emigración.

 

La construcción del otro/los/otros

 

Debido a este tratamiento mediático, se han vuelto populares dichos como: “nos viene a quitar el trabajo”, “los venezolanos se emplean por menos plata”, “hay mucha banda de ladrones venezolanos”, entre otros, han edificado poco a poco a la persona inmigrante de nacionalidad venezolana como el enemigo interno y responsable de todos los males que nos aquejan como sociedad. De esta forma, a su vez, se va creando una idea del otro/los otros, marcando una división concreta entre nosotros y ellos, esta forma de discriminación no solo genera el oído al extranjero (xenofobia), sino que instala barreras sociales que impiden la inclusión de la población inmigrante.

 

Esta forma particular de segregación también tiene tintes nacionalistas que generan exclusión, abusos y formas de violencia específica, que son más fuertes que cualquier muro de bloques de concreto construido, por ejemplo, en la frontera entre Estados Unidos y México. Romper estas paredes de concreto (socio-cultural) es complejo, porque se trata de generalizaciones negativas que se instalan fácilmente en el sentido común y provocan comportamientos excesivos mal intencionados y abusos contra los que no son de acá.

 

El nacionalismo que se enaltece, y la cuestión de soberanía que se instala

 

Diferentes estudios en materia migratoria, como el de Sassen (2015), dan cuenta que, en situaciones y contextos sociopolíticos particulares, las poblaciones inmigrantes suelen utilizarse como “chivo expiatorio”, para resaltar decisiones políticas institucionales de control y seguridad o responsabilizar de los problemas sociales, políticos y económicos de un país, todo ello de cara a indilgar al extranjero una responsabilidad particular con la cual no tiene una vinculación directa. Por ejemplo, como sucedió durante las recientes elecciones presidenciales en Colombia (2018-2022), donde los políticos en campaña utilizaron a la inmigración del país vecino para sus propósitos electorales con el argumento de que “Colombia no puede convertirse como Venezuela” o que “Colombia no puede llegar a ser castrochavista”, entre otras manipulaciones.

 

De esta manera crean una idea falsa de soberanía y nacionalismo a través nuevamente, del tratamiento mediático y de los discursos de los políticos en campaña. Soberanía, porque se instala la idea –falsa– de lo nuestro (el cuidado de lo propio), y nacionalismo (patriotismo) en cuanto a exaltación de lo colombiano, aspectos que se consideran amenazados por el “extranjero”, en este caso por Venezuela y su actual régimen político, el cual es considerado contrario a los intereses de los grupos dominantes en nuestro país.

 

Lo anterior plantea una pregunta formulada por algunos migrantólogos ¿por qué algunos “extranjeros” indignan más que otros? Esto en comparación, por ejemplo, con movimientos de actividades economías globales extractivistas agenciadas por complejas corporaciones extranjeras, las cuales cuentan con facilidades estatales, sin generar las mismas críticas e indignaciones soberanas y nacionalistas que propicia la migración venezolana y su régimen político.

 

Este fenómeno es la evidencia empírica del uso de la migración como “chivo expiatorio”, para despertar desenfocados nacionalismos, los mismos que distraen a las mayorías sociales de los problemas de fondo ligados con la presencia de extranjeros (corporativos), que extraen riquezas naturales en el territorio colombiano y que no denuncian ni cuestionan, sino, por el contrario, se legitiman.

 

El reto

 

La movilidad de venezolanos hacia Colombia definitivamente pone en tensión el Sistema Nacional de Migración (SNM) y la política de migraciones, la institucionalidad que tiene como responsabilidad la protección de los derechos de las poblaciones inmigrantes y su integración a los planes y proyectos que el Gobierno tenga estipulado, pero también el presupuesto nacional, ya que el SNM no cuenta con los recursos suficientes para cumplir con los objetivos y metas planteadas en los diferentes instrumentos legales. A su vez, plantea importantes desafíos político–institucionales, económicos y socio-culturales, que demandan la necesidad de una política que esté acorde a las necesidades de la población inmigrante, desde una perspectiva integral incluyente, de respeto y garantía a los derechos humanos de los inmigrantes trabajadores y sus familias.

 

En este sentido toma forma el reto de una ética ciudadana y política donde la forma de abordar dicha realidad social sea a partir de un tratamiento que reivindique la vida y el Derecho Humano a migrar en términos dignos y en cuanto a acciones, decisiones y organización política-institucional definidas en función de la exaltación, la gratificación, el posibilitamiento y el cuidado de la vida y las necesidades reales de dicha población con perspectiva de futuro.

 

 

* Candidato a Doctor en Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de General Sarmiento (Ungs-Ides), Buenos Ares-Argentina, Magíster en Estudios políticos y comunicador social. Docente universitario, investigador del Colectivo de Estudios e Investigación social, Proyecto Ceis. Coordinador Diplomado en Migración, Territorio y DDHH, Universidad Nacional de Avellaneda. (Bs. As. Argentina).
1 Entiéndase emigrar como el abandonar su propio país para establecerse en territorio extranjero. Por inmigración, como acción y efecto de inmigrar, según el Diccionario de la Real Academia Española. En otras palabras, la inmigración es el proceso posterior que acontece en el país o lugar de llegada, es decir, es el efecto que surge una vez se efectúa la salida de personas de un país, región o lugar determinados para dirigirse a otro.
2 El presidente de Colombia, Iván Duque, decidió la salida de Colombia de Unasur porque considera a dicho organismo como “caja de resonancia de la dictadura” venezolana. Una vez más se observa cómo se politiza la situación inmigratoria que comparten ambos países, dejando de lado decisiones contundentes que favorezcan y protejan a la población venezolana que emigra hacia Colombia.
3 Hay dos aspectos de interés a resaltar con relación a las características de la emigración venezolana hacia Colombia y que el mismo Christian Krüger, Director General de Migración Colombia, reconoce. El primero es que los venezolanos que están llegando al país lo utilizan como puente para dirigirse a terceros países como “Ecuador, Estados Unidos, Panamá, Perú y Chile”. Segundo, “que según un estudio realizado en frontera por la Cancillería y la OIM, se logró evidenciar que cerca del 40% de las personas que ingresan por nuestra frontera son portadores de doble nacionalidad, mientras que el 30% son colombianos y el otro 30% ciudadanos venezolanos”. Lo que significa que en un porcentaje importante los ciudadanos que están llegando a nuestro país son colombianos que eran residentes en Venezuela y ahora, debido a la situación en ese país, están retornando. Así se evidencia en el informe de Migración del Ministerio de Relaciones Exteriores titulado: “Radiografía de venezolanos en Colombia 2017”. De otra parte, en relación a las cifras, según el mismo informe: “la Agencia para los Refugiados de la ONU afirma que son 300.000 y la Asociación de Venezolanos en Colombia asegura que son más de 1.000.000 de personas”, “Están pasando más de 40.000 personas diarias”, aseguró el alcalde de Villa del Rosario…”, “En los últimos 3 años el país ha atendido la salud de 14.362 venezolanos…”, “…al país entraron mensualmente más de cuarenta mil venezolanos…”, “…El éxodo ha aumentado de cientos a miles…”, “En el Valle de Aburra votaron 11.560 venezolanos…”, “En nueve puntos de Medellín y el Valle de Aburrá se adecuaron las mesas para que los más de 7.000 venezolanos radicados en Antioquia…”, “…actualmente hay entre 3.000 y 5.000 venezolanos en la región”.

 

Bibliografía

 

Ministerio de Relaciones Exteriores. Migración. (2017). Radiografía de venezolanos en Colombia.
Nicolao, Julieta. (2010). El Estado argentino ante el reto de las migraciones internacionales: reflexiones del reciente cambio de rumbo en la política migratoria argentina. UAEMex, Revista Convergencia. Ciencias de Sociales. Nº. 53, mayo. pp. 205-228.
Sassen, S. (2013). Inmigrantes y ciudadanos. De las migraciones masivas a la Europa fortaleza. Siglo XXI. España Editores, S.A.
Maldonado. E. (2018). Política + Tiempo =Biopolitica. Complejizar la política. Ediciones desde abajo. Bogotá, D.C–Colombia.

Publicado enColombia
Tensiones y desafíos de la movilidad de venezolanos hacia Colombia

Cuando la persecución, la pobreza, y la superpoblación ya no se consideren en sí mismas explicaciones suficientes de los flujos migratorios, las imágenes y metáforas basadas en la invasión dejarán de satisfacernos, y las políticas relacionadas a la inmigración podrán ser más innovadoras, ya que abordarán un acontecimiento delimitado, una experiencia compartida, un proceso manejable.
(Sassen, S. 2013:30)

 

Colombia no es un país históricamente receptor de poblaciones de inmigrantes, ni la composición de su población se enriqueció profundamente de los aportes de estas ciudadanías en movimiento, en comparación con otros países de la región como Argentina o Brasil, donde la inmigración contribuyó al crecimiento poblacional y a su desarrollo en general. Por ejemplo, en el caso argentino tenemos en un primer momento la inmigración transoceánica a partir de mediados del siglo XIX, ejerciendo un significativo impacto en la vida económica, política, social y cultural de este país.

 

Entre los años 1857 y 1914, Argentina recibió 4.600.000 inmigrantes, una cantidad tal de personas que llevó a que para 1914 el 30 por ciento de la población del país era extranjera. Un fenómeno de tal dimensión que no podía pasar sin efectos para el poblamiento general del país y su misma economía.

 

Por el contrario, Colombia siempre ha mantenido una distancia entre emigración y la inmigración, considerándolas por separado y sin reconocer la importancia de las migraciones en general. Muestra de ello es el tratamiento institucional dado a esta realidad social, donde las instituciones del Estado encargadas están desarticuladas entre sí. Dicho tratamiento solo ha provocado un abordaje sesgado, selectivo y fragmentado respecto a procesos migratorios y coherencia en medidas políticas que han sido adoptadas históricamente.

 

El tratamiento al migrante en Colombia

 

Por fortuna hoy en día las diferentes relaciones internacionales han provocado que el país tenga una visión más amplia y acorde con las dinámicas globales de movilidad y de Derechos Humanos suscritas en materia migratoria con diferentes países de la región. Sin embargo, la movilidad durante los últimos tres años de cientos de personas provenientes de Venezuela hacia Colombia, ha colocado en el ojo del huracán la institucionalidad y los contextos socioculturales del país, desencadenando una suerte de tensiones y de desafíos de todo orden (político, económico y cultural), que hasta el día de hoy son tema de la agenda nacional y mediática de turno.

 

Dentro de las tensiones más prominentes resaltan las de carácter político-institucional, campo en el cual históricamente se ha promovido una recepción de inmigrantes de forma selectiva, priorizando a los grandes inversores, característica que ha sido una constante debido a la inserción creciente de Colombia a los mercados internacionales hoy globalizados. A su vez, la política migratoria del país se caracteriza por favorecer a la inmigración laboral con fines productivos y desarrollo económico. Al tiempo que Colombia adopta medidas (normas y decretos) de carácter étnico-nacional con fines de crecimiento demográfico y de “mejorar” étnicamente la población, como propuso Luis López de Mesa, ejemplo de lo cual es el ingreso de norteamericanos y europeos a mediados del siglo XX al territorio nacional.

 

De esta manera, la prioridad dada por el país a la inmigración laboral, de cara a fortalecer los procesos de crecimiento y desarrollo interno, y el control a la movilidad de emigrantes, resalta la desarticulación de la política migratoria colombiana, donde el tratamiento por separado de la emigración y la inmigración1 ha sido una constante.

 

En la década de los 90 Colombia encargó al Ministerio de Relaciones Exteriores la ejecución y orientación de las políticas migratorias, obteniendo como resultados que el país adoptara medidas de integración regional y comercio internacional, firmando por esa vía acuerdos como, por ejemplo, el pasaporte Andino en el marco de la Comunidad Andina de Naciones (CAN). Sin embargo, la política migratoria mantuvo su enfoque de control de carácter selectivo, útil y funcional para el arribo de personas con estándares de cualificación alta.

 

En resumen, tenemos en Colombia unas políticas institucionales migratorias caracterizadas por ser selectivas y de control, así como una mirada utilitarista de las diferentes poblaciones de inmigrantes, en términos de desarrollo económico y social, todo lo cual no ha permitido un desarrollo integral de las políticas migratorias que permitan tratar conjuntamente tanto la emigración como la inmigración. Durante la última década el escenario internacional y la política exterior regional han provocado que el país suscriba y ratifique diversos instrumentos legales internacionales donde se promueve proteger y garantizar la dignidad de las personas, en especial las que se encuentran en movimiento.

 

Dentro de tales instrumentos está la incorporación a Unasur, tratado que cobró vigencia en el 2011, y a través del cual se fijan lineamientos en materia de cooperación migratoria, basado en protección de los Derechos Humanos de los inmigrantes y los trabajadores de cara a la integración regional. Sin embargo, la crisis regional desatada por la situación que vive Venezuela, y con ella la presión y hasta conspiración de diversos países para desestabilizar al presidente Maduro, propiciaron la decisión del recién posesionado Iván Duque de retirar al país de Unasur2, con lo cual queda en el limbo todo lo allí ratificado.

 

A todo lo anterior se suma el componente socio–cultural, el cual se refiere a tres grandes campos problemáticos: 1. La construcción mediática de la inmigración venezolana, 2. La construcción del otro/ los/otros. 3. El nacionalismo que se enaltece y la cuestión de soberanía que se instala.

 

La construcción mediática de la inmigración venezolana

 

Es reiterado ver y escuchar en los diferentes medios oficiosos dominantes en Colombia un registro estigmatizante y muy politizado acerca de la movilidad de venezolanos hacia nuestro país3. Lo que se observa en algunos de estos registros es un encasillamiento de la persona inmigrante en temas de inseguridad, bandas delincuenciales o de microtráfico de droga, en especial en las zonas de frontera, temas que circulan constantemente y van instalando en el conjunto de la población una sensación de miedo e inseguridad frente a la población migrante.

 

De otra parte, en dichos medios se muestra la situación que viven los inmigrantes venezolanos durante su travesía, pero las noticias tienden a resaltar lo que han llamado “crisis en Venezuela”, “el drama de los venezolanos”, etcétera, que si bien es una situación compleja, se deja entrever el interés en continuar sosteniendo que los venezolanos huyen de la “dictadura de Maduro”, algo por cierto que ha sido utilizado por los políticos de tendencias conservadoras de turno en Colombia para hacer campaña política, dejando de lado la verdadera discusión política-institucional que demanda la realidad de tal emigración.

 

La construcción del otro/los/otros

 

Debido a este tratamiento mediático, se han vuelto populares dichos como: “nos viene a quitar el trabajo”, “los venezolanos se emplean por menos plata”, “hay mucha banda de ladrones venezolanos”, entre otros, han edificado poco a poco a la persona inmigrante de nacionalidad venezolana como el enemigo interno y responsable de todos los males que nos aquejan como sociedad. De esta forma, a su vez, se va creando una idea del otro/los otros, marcando una división concreta entre nosotros y ellos, esta forma de discriminación no solo genera el oído al extranjero (xenofobia), sino que instala barreras sociales que impiden la inclusión de la población inmigrante.

 

Esta forma particular de segregación también tiene tintes nacionalistas que generan exclusión, abusos y formas de violencia específica, que son más fuertes que cualquier muro de bloques de concreto construido, por ejemplo, en la frontera entre Estados Unidos y México. Romper estas paredes de concreto (socio-cultural) es complejo, porque se trata de generalizaciones negativas que se instalan fácilmente en el sentido común y provocan comportamientos excesivos mal intencionados y abusos contra los que no son de acá.

 

El nacionalismo que se enaltece, y la cuestión de soberanía que se instala

 

Diferentes estudios en materia migratoria, como el de Sassen (2015), dan cuenta que, en situaciones y contextos sociopolíticos particulares, las poblaciones inmigrantes suelen utilizarse como “chivo expiatorio”, para resaltar decisiones políticas institucionales de control y seguridad o responsabilizar de los problemas sociales, políticos y económicos de un país, todo ello de cara a indilgar al extranjero una responsabilidad particular con la cual no tiene una vinculación directa. Por ejemplo, como sucedió durante las recientes elecciones presidenciales en Colombia (2018-2022), donde los políticos en campaña utilizaron a la inmigración del país vecino para sus propósitos electorales con el argumento de que “Colombia no puede convertirse como Venezuela” o que “Colombia no puede llegar a ser castrochavista”, entre otras manipulaciones.

 

De esta manera crean una idea falsa de soberanía y nacionalismo a través nuevamente, del tratamiento mediático y de los discursos de los políticos en campaña. Soberanía, porque se instala la idea –falsa– de lo nuestro (el cuidado de lo propio), y nacionalismo (patriotismo) en cuanto a exaltación de lo colombiano, aspectos que se consideran amenazados por el “extranjero”, en este caso por Venezuela y su actual régimen político, el cual es considerado contrario a los intereses de los grupos dominantes en nuestro país.

 

Lo anterior plantea una pregunta formulada por algunos migrantólogos ¿por qué algunos “extranjeros” indignan más que otros? Esto en comparación, por ejemplo, con movimientos de actividades economías globales extractivistas agenciadas por complejas corporaciones extranjeras, las cuales cuentan con facilidades estatales, sin generar las mismas críticas e indignaciones soberanas y nacionalistas que propicia la migración venezolana y su régimen político.

 

Este fenómeno es la evidencia empírica del uso de la migración como “chivo expiatorio”, para despertar desenfocados nacionalismos, los mismos que distraen a las mayorías sociales de los problemas de fondo ligados con la presencia de extranjeros (corporativos), que extraen riquezas naturales en el territorio colombiano y que no denuncian ni cuestionan, sino, por el contrario, se legitiman.

 

El reto

 

La movilidad de venezolanos hacia Colombia definitivamente pone en tensión el Sistema Nacional de Migración (SNM) y la política de migraciones, la institucionalidad que tiene como responsabilidad la protección de los derechos de las poblaciones inmigrantes y su integración a los planes y proyectos que el Gobierno tenga estipulado, pero también el presupuesto nacional, ya que el SNM no cuenta con los recursos suficientes para cumplir con los objetivos y metas planteadas en los diferentes instrumentos legales. A su vez, plantea importantes desafíos político–institucionales, económicos y socio-culturales, que demandan la necesidad de una política que esté acorde a las necesidades de la población inmigrante, desde una perspectiva integral incluyente, de respeto y garantía a los derechos humanos de los inmigrantes trabajadores y sus familias.

 

En este sentido toma forma el reto de una ética ciudadana y política donde la forma de abordar dicha realidad social sea a partir de un tratamiento que reivindique la vida y el Derecho Humano a migrar en términos dignos y en cuanto a acciones, decisiones y organización política-institucional definidas en función de la exaltación, la gratificación, el posibilitamiento y el cuidado de la vida y las necesidades reales de dicha población con perspectiva de futuro.

 

 

* Candidato a Doctor en Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de General Sarmiento (Ungs-Ides), Buenos Ares-Argentina, Magíster en Estudios políticos y comunicador social. Docente universitario, investigador del Colectivo de Estudios e Investigación social, Proyecto Ceis. Coordinador Diplomado en Migración, Territorio y DDHH, Universidad Nacional de Avellaneda. (Bs. As. Argentina).
1 Entiéndase emigrar como el abandonar su propio país para establecerse en territorio extranjero. Por inmigración, como acción y efecto de inmigrar, según el Diccionario de la Real Academia Española. En otras palabras, la inmigración es el proceso posterior que acontece en el país o lugar de llegada, es decir, es el efecto que surge una vez se efectúa la salida de personas de un país, región o lugar determinados para dirigirse a otro.
2 El presidente de Colombia, Iván Duque, decidió la salida de Colombia de Unasur porque considera a dicho organismo como “caja de resonancia de la dictadura” venezolana. Una vez más se observa cómo se politiza la situación inmigratoria que comparten ambos países, dejando de lado decisiones contundentes que favorezcan y protejan a la población venezolana que emigra hacia Colombia.
3 Hay dos aspectos de interés a resaltar con relación a las características de la emigración venezolana hacia Colombia y que el mismo Christian Krüger, Director General de Migración Colombia, reconoce. El primero es que los venezolanos que están llegando al país lo utilizan como puente para dirigirse a terceros países como “Ecuador, Estados Unidos, Panamá, Perú y Chile”. Segundo, “que según un estudio realizado en frontera por la Cancillería y la OIM, se logró evidenciar que cerca del 40% de las personas que ingresan por nuestra frontera son portadores de doble nacionalidad, mientras que el 30% son colombianos y el otro 30% ciudadanos venezolanos”. Lo que significa que en un porcentaje importante los ciudadanos que están llegando a nuestro país son colombianos que eran residentes en Venezuela y ahora, debido a la situación en ese país, están retornando. Así se evidencia en el informe de Migración del Ministerio de Relaciones Exteriores titulado: “Radiografía de venezolanos en Colombia 2017”. De otra parte, en relación a las cifras, según el mismo informe: “la Agencia para los Refugiados de la ONU afirma que son 300.000 y la Asociación de Venezolanos en Colombia asegura que son más de 1.000.000 de personas”, “Están pasando más de 40.000 personas diarias”, aseguró el alcalde de Villa del Rosario…”, “En los últimos 3 años el país ha atendido la salud de 14.362 venezolanos…”, “…al país entraron mensualmente más de cuarenta mil venezolanos…”, “…El éxodo ha aumentado de cientos a miles…”, “En el Valle de Aburra votaron 11.560 venezolanos…”, “En nueve puntos de Medellín y el Valle de Aburrá se adecuaron las mesas para que los más de 7.000 venezolanos radicados en Antioquia…”, “…actualmente hay entre 3.000 y 5.000 venezolanos en la región”.

 

Bibliografía

 

Ministerio de Relaciones Exteriores. Migración. (2017). Radiografía de venezolanos en Colombia.
Nicolao, Julieta. (2010). El Estado argentino ante el reto de las migraciones internacionales: reflexiones del reciente cambio de rumbo en la política migratoria argentina. UAEMex, Revista Convergencia. Ciencias de Sociales. Nº. 53, mayo. pp. 205-228.
Sassen, S. (2013). Inmigrantes y ciudadanos. De las migraciones masivas a la Europa fortaleza. Siglo XXI. España Editores, S.A.
Maldonado. E. (2018). Política + Tiempo =Biopolitica. Complejizar la política. Ediciones desde abajo. Bogotá, D.C–Colombia.

Publicado enEdición Nº250
Martes, 10 Octubre 2017 08:31

Sueño americano hasta marzo

Trump dio una prórroga de seis meses para los dreamers e instó al Congreso a aprobar una solución para ellos.

 

Dos días después de cancelar el programa que permite permanecer en EE.UU. a los sin papeles que llegaron al país siendo menores, Donald Trump aseguró ayer a los jóvenes “dreamers” (soñadores) que no deben preocuparse hasta marzo. “Para todos aquellos que están preocupados por su situación durante el período de seis meses, no tienen nada de lo que preocuparse. ¡No habrá acción!”, escribió el presidente en su cuenta de Twitter.

Su administración canceló el martes el Programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, por sus siglas en inglés). Este fue aprobado por Barack Obama en 2012 y desde entonces protegió de la deportación a cerca de 800.000 jóvenes indocumentados que llegaron a Estados Unidos cuando eran niños. Trump dio, no obstante, una prórroga de seis meses, en los que instó al Congreso a aprobar una solución legislativa para ellos, y su administración aseguró que no va a situarlos como objetivos prioritarios para la expulsión.

Detrás del tuit de ayer de Trump está la líder de la minoría demócrata en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, según admitió ella

misma ante la prensa. La legisladora, que la víspera se reunió con Trump en la Casa Blanca, habló ayer por teléfono con él y le conminó a lanzar un mensaje tranquilizador sobre los seis meses de prórroga.

Los beneficiarios de DACA tienen permisos temporales para estar y trabajar en Estados Unidos, los que dejarán de ser renovados según vayan caducando. No obstante, quienes tengan permisos que expiran de aquí al 5 de marzo pueden pedir la renovación antes del 5 de octubre.

En marzo será pues cuando empiecen a caducar los permisos. Será a partir de entonces cuando los “dreamers” (soñadores), como se los conoce popularmente, se enfrenten a la posibilidad de ser deportados si el Congreso no encontró una solución legislativa para ellos. La inmensa mayoría de los estos jóvenes, un 78 por ciento, son de origen mexicano. Muchos carecen ya de lazos con su país de origen, del que tampoco hablan la lengua, lo que hace aún mayor el drama ante una posible expulsión de un país que consideran el propio. Pese a que la cancelación de DACA pudo contentar a votantes que apoyaron a Trump, lo cierto es que dejar sin protección a unos jóvenes que de facto son estadounidenses no satisface tampoco a muchos republicanos.

En la sociedad norteamericana, DACA tiene una amplia aceptación, según diversas encuestas. La pelota, en cualquier caso, está ahora en el campo del Congreso, que debe intentar hallar a contrarreloj un consenso al que fue incapaz de llegar en el pasado. De hecho, esa fue la razón por la que Obama decidió hacer uso de su poder presidencial para proteger a unos jóvenes que definió como “estadounidenses en su corazón, en sus mentes, en todas las formas posibles salvo en una: sobre el papel”.

La noche del mismo día en el que canceló DACA, Trump tuiteó que si el Congreso no aprueba una solución en seis meses, él volverá a “revisar el asunto”. Organizaciones de defensa de los inmigrantes acusan al mandatario de estar mandado mensajes confusos sobre DACA. Los demócratas están ahora presionando a los legisladores republicanos y al propio presidente de cara a la aprobación de una ley que otorgue a los “dreamers” un permiso de residencia.

Y los propios demócratas están sufriendo la presión de activistas de izquierda que quieren que insistan en una solución que abra también a los “dreamers” la puerta a la nacionalización. El destino de estos jóvenes inmigrantes regresó al Congreso justo cuando mayor es la fractura. En la era Trump, la distancia entre demócratas y republicanos resulta abismal, y las propias filas conservadoras se han vuelto un campo minado. Ni siquiera en sus mayores banderas, como la reforma sanitaria, fueron capaces de lograr el consenso. El propio presidente de la Cámara de Representantes, el republicano Paul Ryan, y figuras tan carismáticas como el senador John McCain se han mostrado partidarios de salvar a los dreamers. Y no están solos. Las fiscalías generales de 16 Estados han salido en defensa de los dreamers y presentaron una demanda conjunta contra la decisión del presidente Trump de poner fin al programa que impide la deportación de los inmigrantes que llegaron de niños a Estados Unidos.

En este estado de cosas surgió una vía que la Casa Blanca apoya. Se trataría de sumar la regularización de los dreamers a un endurecimiento de las medidas migratorias, entre ellas más recursos para la persecución de los indocumentados y, sobre todo, fondos para la construcción del muro con México.

 

 

Publicado enInternacional
Jeanette Vizguerra

 

Como tantos millones de inmigrantes, Arturo Hernández García llegó a Estados Unidos en busca de forjar una vida mejor para su familia. Es uno de los más de once millones de inmigrantes indocumentados sin los cuales la economía estadounidense se paralizaría. Sin embargo, estos trabajadores se ven obligados a vivir entre las sombras, bajo peligro de arresto, detención y deportación. En 2015, Arturo vivió nueve meses refugiado en una iglesia de la Primera Sociedad Unitaria de Denver. En aquel entonces, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas ( ICE , por su sigla en inglés) le notificó que no se lo consideraba “prioridad para expulsión” de Estados Unidos y que se iba a ejercer “discreción procesal”, permitiéndole seguir con su vida. Todo eso terminó el miércoles pasado. Mientras cargaba materiales para su trabajo como colocador de azulejos, Arturo fue arrestado por el ICE y puesto bajo detención. Los agentes del ICE le dijeron a uno de sus defensores que la carta que había recibido del gobierno de Obama no contaba, ya que no había más “prioridades”. Todas las personas indocumentadas serán perseguidas por igual, aparentemente.

Jeanette Vizguerra se encuentra actualmente refugiada en la misma iglesia donde Arturo halló protección en 2015. Ella acudió a la iglesia poco después de la asunción de Donald Trump, y permanece allí adentro. Jeanette está en Estados Unidos desde hace más de 20 años, donde ha trabajado como conserje, además de desempeñarse como dirigente sindical. Su decisión de refugiarse se produjo cuando el flamante gobierno de Trump comenzó a amenazar con recortar los fondos federales de las “ciudades refugio”.

Esta trabajadora, madre de cuatro hijos, habla elocuentemente y sin reservas sobre la situación de los indocumentados en Estados Unidos y confronta abiertamente con las declaraciones intolerantes de Donald Trump en contra de ellos. Jeanette muestra con orgullo sus declaraciones de impuestos del año 2016 y desafía al presidente Trump a hacer lo propio. Jeanette se sorprendió al enterarse la semana pasada de que había sido nombrada por la revista Time como una de las cien personas más influyentes de 2017. Como no podía viajar a la gala de premios en la ciudad de Nueva York, fue homenajeada el martes por la noche en el interior de la iglesia de Denver. A la mañana siguiente, Arturo Hernandez Garcia fue detenido por el ICE .

Si bien la amenaza de deportación le impidió a Jeanette hablar en la ceremonia de Nueva York, el músico John Legend estuvo allí y ofreció su opinión de Donald Trump: “Es abiertamente incompetente, no es curioso, no es bueno para legislar y para nada de lo que requiere su puesto. No tiene profundidad en ningún tema. Y también está usando su cargo de presidente para hacer dinero para sí mismo con sus negocios, por lo que es un corrupto. No puedo decir nada bueno de este hombre. Creo que es una de las peores personas con las que me he topado en la vida pública”.

Las palabras fuertes de figuras públicas como Legend atraen la atención de los medios y pueden volverse virales. Sin embargo, la resistencia a las políticas del gobierno de Trump solo tendrá peso con el respaldo de la organización popular. El movimiento por los derechos de los inmigrantes, organizado por algunas de las personas más vulnerables de nuestra sociedad, saldrá a las calles el 1º de mayo.

El 1º de mayo es históricamente un día de resistencia. Si el pasado sirve de pronóstico, millones de personas en Estados Unidos van a marchar en defensa de los derechos de los inmigrantes, y en oposición a las políticas contra inmigrantes y refugiados del presidente Donald Trump, cada vez más severas. El 1º de mayo, los inmigrantes, sus familias y quienes los apoyan se van a organizar, van a marchar y resistir.

Donald Trump lanzó su campaña presidencial hace casi dos años con un ataque verbal contra los mexicanos: “Traen drogas. Traen delincuencia. Son violadores”. Trump se comprometió a construir un muro a lo largo de la frontera sur entre Estados Unidos y México. Revirtió la decisión del presidente Barack Obama de dejar de usar cárceles privadas con fines de lucro para la detención de inmigrantes y ahora ha comenzado a deportar a los beneficiarios del programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia –jóvenes inmigrantes indocumentados que ingresaron a Estados Unidos de pequeños–, quienes habían entregado sus nombres y direcciones al gobierno federal de Obama con el fin de obtener un cierto grado de protección bajo este programa conocido como DACA .

Visitamos a Arturo Hernández cuando estaba refugiado, en febrero de 2015. Este hombre de voz suave nos dijo: “Vinimos aquí, a Estados Unidos, para trabajar y por el futuro de la familia. No somos criminales. No es verdad lo que la gente y el gobierno dicen en televisión. Vine, como dije, solo a trabajar y conseguir un mejor futuro para mis hijos. Y estoy contribuyendo al país. Trabajamos y pagamos impuestos. Todo lo que hago, lo hago por mi familia”.

La prohibición contra el ingreso de inmigrantes de Donald Trump fue suspendida por varios jueces, tal como su intento de retirarles fondos a las llamadas “ciudades refugio”. Trump dispara tuits furiosos contra todo aquel que se oponga a sus políticas. Quienes luchan por un refugio seguro en Estados Unidos, por un lugar para vivir, estudiar y trabajar dignamente, libres del temor a ser capturados en la calle por el ICE , oponen resistencia a sus tuits y se congregan en las calles. Constituyen una fuerza más poderosa. Se organizan para luchar por un cambio social.

 


 

© 2017 Amy Goodman

Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 800 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 450 en español. Es co-autora del libro "Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos", editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.

 

Publicado enInternacional
Lunes, 06 Febrero 2017 06:47

El faro opacado

El faro opacado

Donald Trump ha llevado al país al precipicio de una crisis constitucional sin precedente en la era moderna, y al mundo al borde de un nuevo desorden internacional, mientras se desata el debate sobre qué es lo que está sucediendo.

En dos semanas, cualquier imagen –tanto real como de propaganda oficial– de que este país goza de un orden democrático estable se ha deteriorado. Ese mito oficial, de que este país es "un faro" de libertad y democracia para el mundo, requiere modificaciones. Dos semanas después de la llegada de Trump al poder, ese faro se está apagando; algunos temen que está casi fundido.

Pero nadie sabe bien a bien cómo definir esto. Hay un incesante debate sobre si Trump y su gobierno son un régimen neofascista (¿que tiene de neo?) o si es nada más fascistoide neoliberal, o si es nada más nacionalista autoritario (¿se puede ser nacionalista en un imperio?), o posiblemente totalitario, o, para dejarlo más ambiguo, antidemocrático.

Después de que el viernes pasado un juez federal en Seattle suspendió de manera temporal la orden ejecutiva antimusulmana de Trump, el sábado temprano el presidente declaró en un tuit que un "dizque juez" había emitido un fallo "ridículo" vulnerando la seguridad.

Un presidente puede expresar su desacuerdo con una decisión judicial, pero no puede descalificar una orden judicial o a un juez federal. Expertos y abogados se alarmaron porque Trump estaba a punto de provocar una crisis constitucional; sólo necesitaba declarar que su gobierno no acataría la orden judicial.

El veterano senador Patrick Leahy, del Comité Judicial, declaró el mismo sábado con alarma que "la hostilidad del presidente al estado de derecho no sólo es vergonzosa, sino peligrosa".

"El presidente parece estar impartiendo una clase maestra de transformar Estados Unidos en una dictadura", escribió el abogado y comentarista Dean Obeidaliah en CNN.

Varios observadores han indicado que Trump cuestiona sistemáticamente la legitimidad de diversos actores institucionales, desde los grandes medios y amplias partes de la burocracia federal, incluidas las agencias de inteligencia, y ahora, el Poder Judicial. Algunos argumentan que es un actor de reality show, otros que es un niño que finalmente será controlado por los adultos a su alrededor, pero otros temen que haya una lógica dentro de toda esta locura.

Para estos últimos, el verdadero poder detrás del trono es Steve Bannon (la revista Time le dedicó su más reciente portada con el titular de "El segundo hombre más poderoso del mundo"), el "estratega" oficial e íntimo asesor presidencial que ha concentrado cada vez más poder en los primeros 15 días de este régimen.

Bannon, quien tiene toda la facha de un Rasputin moderno –que incluye un tipo de chamarra-abrigo arrugado marca Barbour–, siempre se ha identificado como un "revolucionario" populista y fue famosa su declaración al periodista Ronald Radosh del Daily Beast en 2013: "soy un leninista". Explicó que Lenin deseaba destruir al Estado y “ese es mi objetivo también; quiero que todo se venga abajo, y destruir todo el establishment de hoy día”, incluyendo la cúpula política de ambos partidos. Tanto Bannon como su jefe emplean las palabras "revolución" y "movimiento", y él habla de un "movimiento populista de derecha" que, queda claro, es más bien algo así como un movimiento nacionalista racista y antimigrante.

Mucho de esto se expresa claramente en las primeras acciones del gobierno de Trump. Más allá de desordenar a Washington y al mundo, es evidente una lógica aterradora –por su magnitud y franqueza– antimigrante y racista. Las primeras órdenes ejecutivas lo dejan claro: el objetivo es expulsar a todo inmigrante y refugiado "de color" (como dicen aquí), sobre todo mexicanos, musulmanes y centroamericanos. La orden ejecutiva sobre inmigrantes ilegales ofrece una definición tan amplia de quién es "prioridad" para echar del país, que algunos cálculos de abogados indican que de inmediato están en riesgo hasta 8 millones de los 11 millones de indocumentados en total, reporta el diario Los Angeles Times. Algunos indican que el propósito es –junto con posibles redadas y otras acciones dramáticas contra las comunidades inmigrantes más vulnerables– hacerles la vida intolerable, alimentar al máximo el temor y promover lo que se llama "la autodeportación" masiva.

Los inmigrantes latinoamericanos, los musulmanes y otros "de color" son amenazas reales no por lo que este gobierno dice de que son criminales o terroristas potenciales, sino porque son el futuro del país. Es un país que ya no es definido por blancos y cristianos. En gran medida, Trump representa el último grito de una sociedad que está por desaparecer, un país que dentro de una generación dejará de tener mayoría blanca.

Por otro lado, pero parte de esta lógica del régimen, hay un constante ataque a los periodistas y los medios, y noticias ominosas sobre preparativos para suprimir no sólo la libre expresión en los medios, sino en todo tipo de protestas en las calles. Esto empieza a sentirse como una película con un guión basado en los diversos experimentos derechistas represivos en Europa y América Latina durante las últimas décadas.

Ante todo esto, continúa la respuesta de resistencia sin precedente en los inicios de una presidencia. Sólo en estos últimos días, miles de activistas gays se manifiestan afuera del histórico bar Stonewall, en Nueva York, no sólo en defensa de sus derechos, sino en solidaridad con inmigrantes y musulmanes. Judíos ultraortodoxos de la secta Hasidim expresan su solidaridad con sus "vecinos" de Yemen en Brooklyn; el amplio frente antixenófobo se expresa en varias esquinas del país con marchas y reuniones entre la comunidad musulmana y los inmigrantes mexicanos y otros latinoamericanos. Ni hablar de las mujeres, de artistas, de afroestadunidenses que marchan junto a inmigrantes con banderas mexicanas. Estas imágenes son muy novedosas, hasta sorprendentes.

Son el foco que requiere el faro.

Publicado enInternacional
Respaldo a Trump, reflejo de malestar social: Chomsky

Noam Chomsky, uno de los intelectuales estadunidenses más prestigiados en la actualidad, cree que la baja valoración de los políticos a escala mundial no es exclusiva de la cúpula dirigente, sino se extiende a empresas e instituciones como parte de un malestar social general.

La escasa popularidad de los actuales candidatos a la presidencia de Estados Unidos no es algo excepcional, sino forma parte de un gran malestar social que amenaza la democracia”, explicó el lingüista y filósofo, de 87 años, en una entrevista en Cambridge.

"Estados Unidos se desarrolló desde una democracia hacia una plutocracia con apéndices democráticos", opinó. "Tres cuartas partes de la sociedad se encuentran simplemente subrepresentadas", subrayó.

Respecto del auge actual del candidato republicano Donald Trump, pese a su discurso polémico y agresivo, el autor de Los guardianes de la libertad cree que se fundamenta en gran medida en el desprecio durante décadas a la clase trabajadora: "Quienes respaldan a Trump no son los pobres. La mayoría son de la clase trabajadora blanca, que en el periodo del neoliberalismo fue marginada. Ahora estas personas están amargadas y tienen rencor".

El profesor emérito del Massachusetts Institute of Technology (MIT) apuntó como segunda razón un fortalecimiento del populismo y el ultranacionalismo, algo que también se ve en Europa: "Hay correlación directa entre el apoyo a populistas autoritarios y los entusiasmados con Trump".

A diferencia de lo sucedido anteriormente, esta vez a los líderes republicanos no les fue posible impedir el protagonismo de un candidato peligroso. "Trump es singular. Nunca hubo algo como él en naciones industrializadas occidentales", señaló.

Sin embargo, el proceso se enmarca en una transformación más amplia del sistema político estadunidense, que él ve históricamente como de partido único con dos facciones: republicanos y demócratas. "Eso ya no es así. Seguimos siendo un país de partido único, el partido de los negocios, pero ya sólo hay una facción".

De hecho, piensa que quienes apoyaron a Bernie Sanders en la precampaña demócrata podrían formar un nuevo partido, independiente del demócrata, si avanza la transformación del sistema. Sanders se enfrentó desde la izquierda en las elecciones primarias a la actual candidata, Hillary Clinton, pero perdió.

"Si tuviéramos un movimiento trabajador activo y luchador, del estilo del que hubo en Estados Unidos en los años 30, probablemente uniría a los seguidores de Trump con los de Sanders", aseveró el lingüista, quien a nivel político se ha definido como anarquista o socialista libertario.

"Son muy diferentes en muchas cosas, pero comparten centralmente la misma furia por el ataque a la clase trabajadora blanca y a los pobres. Eso podría ser el comienzo de algo totalmente nuevo", concluyó.

Publicado enInternacional
Desprotegidos, millones de migrantes por fallo de la Suprema Corte de EU

Nueva York.

Millones de indocumentados no podrán gozar de la protección legal temporal ofrecida por el presidente Barack Obama, a causa de un fallo de la Suprema Corte de Estados Unidos que generó desencanto, ira y temor en las comunidades inmigrantes, y que intensificará el debate electoral nacional.

En un fallo de una sola línea, la Corte dejó en vigor la decisión de congelar las medidas impulsadas por Obama por orden ejecutiva en noviembre de 2014, para otorgar legalidad temporal a padres de ciudadanos o residentes que ya tienen papeles y que ingresaron como menores de edad y a sus familias (la medida se conocía como DAPA).

El voto de los ocho jueces empató a cuatro (al permanecer un puesto vacante), con lo que no se modifican los fallos de un tribunal federal de apelaciones y, anteriormente, de un juez en Texas en el caso de "Estados Unidos contra Texas", en el cual el gobierno de ese estado y de otros 25 solicitaron frenar las órdenes ejecutivas otorgando protección temporal de deportación a un sector de casi 5 millones de personas.

No obstante, el fallo fue un revés posiblemente final al último intento del gobierno de Obama de ofrecer alguna vía de regularización a millones de inmigrantes, después de que sus intentos para promover una reforma integral en la materia fracasaron ante el rechazo de la mayoría republicana en ambas cámaras del Congreso a lo largo de su mandato. "La decisión de hoy es frustrante para aquellos que buscan nutrir nuestra economía y llevar la racionalidad a nuestro sistema de migración", declaró el presidente.

Inmediatamente después del anuncio, el mosaico de organizaciones de defensa de los derechos de inmigrantes expresaron su reprobación del fallo y alertaron que tendría consecuencias graves para sus comunidades. Se realizaron protestas frente a la Suprema Corte y se programan más en los próximos días en varias ciudades, desde Nueva York hasta Phoenix.

Ante el clima antimigrante propiciado por algunos precandidatos republicanos –entre ellos Donald Trump y su ex contrincante Ted Cruz–, no procederá ni un muy modesto intento para otorgar algún tipo de protección legal a un sector limitado de inmigrantes en este país.

Líderes republicanos elogiaron el fallo, reiterando su argumento de que Obama actuó más allá de sus facultades. El presidente de la cámara baja, Paul Ryan, afirmó que el fallo anula las acciones ejecutivas sobre migración, y subrayó que "ésta es otra victoria mayor en nuestra lucha para restaurar la separación de poderes".

Sin embargo, expertos en favor de una reforma migratoria, como America’s Voice, señalaron que el fallo por ese empate sólo implica que no se logró una decisión sobre el caso, y, por tanto, no establece un precedente sobre la legalidad de estas órdenes ejecutivas, con lo que permanecen abiertas algunas vías legales para revertir el fallo original.

Pero el fallo fue una derrota para Obama. Durante años el presidente había aplicado medidas de control de migración, incluyendo más Patrulla Fronteriza, más vigilancia aérea y tecnológica de la frontera y esfuerzos para expulsar a más inmigrantes, como parte de una estrategia –según sus asesores– para poder negociar una reforma con los republicanos. Pero al fracasar, muchos líderes latinos e inmigrantes empezaron a criticar más abiertamente a la Casa Blanca, incluso ganándole al presidente el apodo de "deportador en jefe".

Ahora, ante la anulación de casi todas las iniciativas para promover una reforma migratoria en los últimos años, y más recientemente, con el surgimiento de Donald Trump nutriendo aún más las posiciones antimigrantes del país, algunos sectores están prometiendo redoblar esfuerzos para generar una movilización masiva de votantes latinos, y otros no sólo para enfrentar al candidato republicano y sus aliados, sino para generar una ola promigrante que se traduzca en reformas reales.

Asociaciones de abogados de migración, la central obrera AFL-CIO, varios sindicatos nacionales y organizaciones religiosas se sumaron a las expresiones de reprobación del fallo.

"Estamos tristes, decepcionados, pero no vamos a dejar de luchar hasta que nuestras familias sean tratadas con el respeto y dignidad que merecen. La próxima parada es noviembre, cuando vamos a votar por un presidente que hará realidad una reforma migratoria", prometió Gustavo Torres, director ejecutivo de CASA Maryland, parte de un coro de líderes y defensores de comunidades migrantes a lo largo del país.

Publicado enInternacional
Los sobrevivientes dicen que hay más personas desaparecidas de otros barcos
 
Hay cifras, imágenes de barcazas hundiéndose y de la desesperación humana que se repiten en los últimos años mientras la Unión Europea cierra las fronteras internas y externas. La Guardia Costera de Italia coordinó el rescate de miles de refugiados.

 

 

En la última semana al menos 700 migrantes murieron al intentar cruzar el Mar Mediterráneo en precarias embarcaciones desde el norte de África a Italia, informó el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur). La organización internacional Médicos Sin Fronteras (MSF) registró en su cuenta de la red social Twitter que “alrededor de 900 personas podrían haber muerto en el Mediterráneo Central en la última semana”. La cifra difundida por Acnur es estimada, está basada en testimonios de sobrevivientes y corresponde a los tres naufragios consecutivos del miércoles, jueves y viernes pasado, dijo la vocera de la agencia de Naciones Unidas, Carlotta Sami.

 

La portavoz precisó que 550 personas que se encontraban a bordo de un barco que naufragó el jueves están desaparecidas, otras 100 aproximadamente podrían estar atrapadas en la bodega de un barco que se hundió el miércoles y un número desconocido de personas está desaparecido tras un naufragio ocurrido el viernes.

 

Los sobrevivientes dijeron, de acuerdo a datos de Acnur, que hay más personas desaparecidas de otros barcos. “Si sumamos estos terribles números, calculamos que hay al menos 700 víctimas, aunque no estamos seguros en cuanto a las cifras y la identidad de las víctimas”, explicó Sami. Los últimos días fueron intensos para la Guardia Costera de Italia, encargada de coordinar el rescate de casi 13.000 personas en diversas operaciones desplegadas en el Mediterráneo, concretamente en el Canal de Sicilia, que separa la isla homónima de la costa norafricana de Túnez.

 

Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), de los 13.000, poco menos de 1700 refugiados llegaron a la costa italiana, se encontraron 50 cadáveres y fueron rescatadas en altamar más de 10.000 personas. Los refugiados y migrantes rescatados están llegando progresivamente a distintos puertos italianos: sólo ayer arribaron a Messina, Sicilia, 382 personas y a Palermo, unas 600.

 

El buen tiempo y las condiciones propicias del mar empujaron esta semana a miles de refugiados e inmigrantes a probar suerte y arriesgar su vida para cruzar el Mediterráneo y llegar a Europa, lo que evidencia con cada vez más claridad la magnitud de la emergencia migratoria. El cierre de las fronteras internas y externas de la Unión Europea (UE) para frenar el avance de los refugiados hacia los países más ricos y desarrollados del norte europeo, y el acuerdo firmado entre el bloque regional y Turquía para deportar masivamente a los refugiados, forzaron a miles de personas a volver a utilizar la ruta desde África, una vía mucho más peligrosa. La situación no es nueva.

 

Hay cifras, imágenes de barcazas hundiéndose y de la desesperación humana que se repiten en los últimos años, a medida que el verano anuncia su llegada en el hemisferio norte. En octubre de 2013, cuando murieron 366 refugiados y migrantes cerca de Lampedusa, a 100 kilómetros de Túnez, los líderes de la UE prometieron que nunca permitirían que volviese a producirse una tragedia similar. Sin embargo, el panorama cada vez resulta más sombrío.

 

El primer ministro italiano, Matteo Renzi, advirtió ayer que el problema sólo puede cortarse de raíz, con apoyo al desarrollo y a la seguridad que evite que los refugiados y migrantes salgan de sus países. “Salvarlos en el mar sin una estrategia para África no es una solución. Necesitamos ayudarlos en casa, para empezar, invirtiendo en ayuda internacional al desarrollo”, dijo Renzi en una entrevista publicada ayer por el diario católico Avvenire.

 

Tres días antes, durante la cumbre del G7 en Japón, Renzi dijo que incluso la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) podría empezar a rescatar refugiados y migrantes en el Mediterráneo, pero insistió en que el mar es el peor lugar para salvarlos. El funcionario italiano sugirió que la UE ofrezca a las naciones africanas dinero y cuotas de acceso de trabajadores, estudiantes e investigadores a cambio de que esos países endurezcan sus controles fronterizos.

 

“O Europa sigue estas propuestas o tendremos que hacerlo en solitario. No hay tiempo que perder”, insistió el premier italiano al tiempo que pidió negociar con Libia un acuerdo serio para intentar contener las salidas de los migrantes, propuesta que parece similar a la que la UE selló con Turquía para frenar la otra gran ruta de refugiados. Según el director de la misión libia de la OIM, Othman Belbeisi, en su país hay entre 700.000 y un millón de refugiados, aunque “nadie sabe cuántos quieren ir a Europa”.

 

 

Publicado enInternacional
Lunes, 25 Abril 2016 07:20

American Curios : El gran escape

Trabajadores de la compañía de telecomunicaciones Verizon, en Brooklyn, Nueva York, pararon el parsado 13 de abril para exigir un nuevo contrato laboral. La compañía ha declarado que debe negociar porque tiene problemas para cubrir gastos de atención médica para los empleados activos y los jubilados. De acuerdo con datos oficiales, la tasa de suicidios en Estados Unidos se ha disparado a su nivel más alto en tres décadas. La pobreza y la falta de oportunidades aumentan cada vez más la desigualdad en el país

La tasa de suicidio en Estados Unidos se ha disparado a su nivel más alto en tres décadas; los más pequeños hablan de sus temores y angustias provocados por los políticos, que dicen hacer todo en nombre de los niños; las guerras siguen sin cesar, pero ya casi nadie les presta atención; la desigualdad está a niveles comparables con la época dorada de los grandes magnates justo antes de la gran depresión de 1929; los más vulnerables son culpados de casi todo (crimen, economía, terrorismo), persiste la violencia armada, se documenta abiertamente la corrupción política, se intensifica la guerra contra las mujeres, parte de la cúpula insiste en que no existe el cambio climático y hay una lucha infernal de la cúpula política y económica del país por mantener el estatus quo.

 

De eso están muy llenos los días aquí, junto con la muy sencilla conclusión de que nada de esto tiene que ser así, y que las mayorías expresan un deseo casi opuesto a todo esto. Pero no importa; se impone lo absurdo.

 

Una maestra de prescolar nos cuenta que recientemente escuchaba una conversación entre sus alumnos en una escuela pública de Nueva York: una hija de un egipcio y una puertorriqueña dijo que Trump quiere poner un muro a través de México y Egipto, y con ello no podré ver a mi abuela; otra dijo Hillary y Trump son amigos. Otro más comenta: Trump nos está espiando.

 

Por otro lado, un informe del reconocido Southern Poverty Law Center (organización dedicada a la vigilancia de grupos de odio) encontró que la retórica antimigrante y violenta de la contienda electoral presidencial de 2016 provoca un nivel alarmante de temor y ansiedad entre niños de color y eleva las tensiones raciales y étnicas en las aulas. Muchos estudiantes se preocupan por la posibilidad de ser deportados. A la vez, continúa el informe, “maestros han reportado el incremento de bullying, hostigamiento e intimidación de estudiantes cuyas razas, religiones o nacionalidades han sido los blancos verbales de los candidatos en las campañas”.

 

El mensaje que los adultos responsables de este país hacen llegar a los niños es salvaje, lleno de temor... y parece dar legitimidad a la violencia armada como respuesta a todo. A la vez se vive un momento en el cual el futuro literalmente se está anulando. Se documenta el fin del sueño americano con una concentración de riqueza en la que el 1 por ciento tiene el equivalente a lo del 90 por ciento de abajo, mientras el consenso científico es que si no hay un repliegue dramático y casi inmediato en el uso de los hidrocarburos, el planeta está al borde de destruir la existencia humana.

 

Ante ello, no sorprende que el suicidio en este país esté llegando a sus niveles más altos desde 1986, según datos oficiales, con el alza más notable entre mujeres. La tasa de suicidios se elevó 24 por ciento entre 1999 y el 2014, según el Centro Nacional de Estadísticas de Salud, para llegar a 13 de cada 100 mil (en 2014, 42 mil 773 personas murieron por suicidio). Esto es parte de un creciente patrón de evidencia que vincula la pobreza con la falta de esperanza y la salud, comentó Robert Putnam, profesor de políticas publicas en Harvard, en entrevista con el New York Times.

 

Al mismo tiempo se reporta, con gran admiración, sobre los nuevos servicios, edificios, vacaciones, modas y más, ofrecidos exclusivamente a los más ricos. El mismo día en que se informa en los medios cómo ha aumentado el hambre entre los menores de edad, o cómo se ha envenenado a miles de niños pobres en varias ciudades del país con plomo en el agua potable, se publica una nota sobre cómo dentro de los hoteles, los grandes barcos, los grandes edificios, hasta dentro de hospitales, hay secciones súper exclusivas y casi secretas, apartadas para los clientes más ricos. Para los mismos que hacen las grandes aportaciones a las campañas políticas de candidatos a todos los puestos, y que harán que esta elección presidencial sea la más cara de la historia.

 

Mientras tanto, aunque se afirma que la libertad de prensa en este país es un derecho sagrado y garantizado por la Constitución, resulta que Estados Unidos ocupa el número 41 en la lista elaborada anualmente por Reporteros sin Fronteras, en gran parte por las medidas contra reporteros que escriben sobre los poderes secretos del gobierno (https://rsf.org/es). O sea, que descubrir por qué las cosas están como están, a veces, está prohibido.

 

Ante este panorama, seguro que muchos ven con envidia la noticia del gran escape de Inky, el pulpo que la semana pasada logró huir de su prisión en un acuario en Australia para regresar al mar sin dejar ni una notita de despedida, como contó uno de los cuidadores. Algunos tal vez ya están comprando escaleras por si Trump u otros logran construir su muro, pero para escaparse de aquí para afuera de este país.

 

Pero hay aquellos que, como Camus, contemplan que ante lo absurdo el suicidio sí es un acto racional, pero que para superar esta conclusión la respuesta necesaria es la del gran amante del mar y el sol: me rebelo, por lo tanto somos (a veces traducido como yo me rebelo, luego somos).

 

La rebelión aquí se expresa diariamente en mil actos –casi todos sin llegar a ser noticia– en rechazo a una realidad impuesta por el cinismo que impera en las cúpulas actuales. Hoy día se ve en huelgas de casi 40 mil trabajadores de la empresa de telecomunicaciones de Verizon, en los ya más de 1400 arrestados en las protestas de la primavera democrática en Washington contra la corrupción del sistema político, en las acciones de los jóvenes inmigrantes contra las deportaciones en sus comunidades, en el abrazo de la esperanza de millones que creen que otro mundo es necesario, en los actos nobles de anónimos en el metro, o los artistas y periodistas que insisten en buscar algo llamado verdad. Esas rebeliones de cada quien que nos rescatan a todos son las que, a pesar del panorama que uno tiene que describir diariamente, ofrecen una invitación a escapar de lo absurdo.

 

 

 

Publicado enInternacional
Lunes, 04 Abril 2016 07:40

Lo posible

Bernie y Jane Sanders fueron recibidos por el artista René Pérez.

¿Qué? ¿18 mil en el sur del Bronx? Estoy empezando a pensar por primera vez que es posible, tal vez no probable, pero sí posible que Bernie lo logre, me cuenta un estratega sindical nacional en Washington, veterano de incontables luchas y de muchas derrotas contra una cúpula política y económica bipartidista que le dejaron a él, y millones más, un profundo escepticismo de que algo de verdad pueda cambiar en este país.

 

Bernie Sanders vino al sur del Bronx, uno de los rincones más pobres del país, a ofrecer su invitación a lo que llama una revolución política, a declarar que ya basta (enough is enough) y a enviar el mensaje de que la clase multimillonaria no debe, y no puede tenerlo todo.

 

Ahí lo presentaron la actriz Rosario Dawson, el cineasta Spike Lee y Residente, de Calle 13; cada uno ofreció razones por las cuales él es el único político que representa un cambio real tanto dentro como fuera de Estados Unidos. Residente subrayó que votar por él es votar por un cambio de la relación estadunidense con Puerto Rico y con toda América Latina, para poner fin a las intervenciones, el apoyo a las dictaduras, y a nombre de los que luchan y lucharon por un cambio, y destacó que votar por Clinton y su amigo Kissinger es insultar la memoria de los miles de muertos, desaparecidos y torturados en toda América Latina por las políticas impulsadas por ese señor.

 

Con marcado acento de Brooklyn, donde nació de un padre inmigrante polaco judío que llegó sin un centavo a este país a los 17 años, Sanders condena la avaricia de Wall Street, la corrupción del sistema electoral y político, y el robo del futuro de los jóvenes y los trabajadores de este país. Para tener una idea del contenido y el sabor de este acto, consultar.

 

En gran medida, lo que ofrece Sanders es poner fin a lo que han sido casi cuatro décadas de políticas neoliberales aplicadas por ambos partidos dentro del país más poderoso del mundo.


Y su mensaje ha hecho temblar a la aristocracia estadunidense, incluida su contrincante Hillary Clinton, la reina del Partido Demócrata, y ha resucitado el eco de largas luchas por la igualdad, por los derechos civiles, por los derechos de los trabajadores y los inmigrantes.

 

Tal vez lo más notable es que un político veterano de 74 años –el más viejo de todos los precandidatos– se ha vuelto la voz de los jóvenes en esta elección. Muchos señalan que el mensaje de Clinton es que ella es la de mayor experiencia para lograr los cambios dentro del sistema político, pero que ellos desean un cambio del sistema político y por eso están con Sanders.

 

Ha sido descartado –por los medios, por los expertos, por las cúpulas– como opción real desde que lanzó su campaña el año pasado. Eso persiste, y cada semana la narrativa oficial es que no podrá superar la ventaja en delegados, apoyo institucional y dinero de la que goza Hillary Clinton. Pero una y otra vez sorprende a su contrincante, a la cúpula del partido, a los grandes medios y a los que se proclaman expertos.

 

Orgullosamente ha rechazado establecer los Comités de Acción Política (PAC) mediante los cuales todos los candidatos canalizan donaciones de sectores de las cúpulas para sus campañas, y sin ningún respaldo de multimillonarios y empresas o de fortunas personales, Sanders optó por invitar sólo contribuciones de la gente. Con ello, el mes pasado recaudó 44 millones de dólares. Desde que arrancó su campaña ha recibido más de 6 millones en contribuciones individuales directas a la campaña, de más de 2 millones de personas, cada una de un promedio de 27 dólares en contribuciones directas. Es un récord histórico.

 

El margen de ventaja de Clinton aún es muy amplio, pero los expertos han tenido que admitir que la campaña de Sanders está lejos de ser derrotada y tiene suficientes fondos para mantenerse hasta la convención nacional del partido en julio.

 

Después del desencanto con Obama (quien había despertado algunas de las mismas expectativas que Sanders), después de la anulación de millones de futuros por la crisis económica más salvaje y brutal desde la gran depresión, después de años de vivir con las políticas del temor y la guerra posterior al 11-S, surgieron nuevas expresiones sociales que condenaban la extrema desigualdad económica, la devastación ecológica y las políticas de control y represión. Fueron los primeros llamados de algo nuevo que se salió de los canales establecidos para gritar un gran ya basta contra el establishment político, entre ellos Ocupa Wall Street en 2011, y Black Lives Matter en 2013. Una parte de ambos desemboca en la campaña de Sanders.

 

Mientras tanto, sigue sorprendiendo, y mucho, que no sólo millones ya no le temen a la palabra socialista en este país que se distinguió como enemigo de todo lo rojo, sino que se identifican de alguna manera con ese concepto.


Tal vez lo más curioso es cuando uno se topa con aquellos que se consideran progresistas tanto dentro como fuera de este país y reconocen con agrado, pero a la vez descartan, el fenómeno Sanders. Mientras sus opositores en el poder se preocupan, y mucho, partes de lo que deberían ser sus aliados sospechan de sí mismos, como que, ya cansados y hartos de desilusiones, no se atreven a creer que se pueda romper el monopolio político, económico y hasta social de las cúpulas. Más fácil fascinarse con la derecha, con el enemigo, en este caso tan exquisitamente representado por alguien como Donald Trump. Tanto aquí como en México y otros países se sabe, se opina, se comenta mucho más sobre Trump que de alguien que se atreve a proclamarse socialista democrático, y que tiene mucho más apoyo real, en números absolutos, que Trump en este país.


Lo más sorprendente de esta elección no es Trump, ni la derecha, sino la inesperada fuerza de una izquierda que se atreve a enfrentar al uno por ciento y sus títeres en Estados Unidos.

 

Que alguien, que algunos, que millones de repente se pregunten ¿será posible? ya es un milagro en este país.

 

 

Publicado enInternacional
Página 1 de 3