Alexandria Ocasio-Cortez y la política del baile

Se cuenta que Emma Goldman, gran pensadora anarquista, escritora y activista por la justicia social de principios del siglo XX, manifestó alguna vez: “Si no puedo bailar, no quiero ser parte de tu revolución”. Si bien es posible que no haya pronunciado exactamente estas mismas palabras, el sentido de la frase tuvo su actualización en el Congreso de Estados Unidos la semana pasada cuando empezó a circular en las redes sociales un video de la congresista Alexandria Ocasio-Cortez bailando con amigos cuando era estudiante de la Universidad de Boston, hace 10 años. El video salió a la luz en un intento fallido de desacreditar a la nueva integrante del Congreso mientras asumía como la mujer más joven electa para integrar la Cámara de Representantes en la historia de Estados Unidos.

La respuesta de Ocasio-Cortez a las críticas en internet fue concisa y brillante: un tuit con un video de ella bailando mientras se dirigía a su nueva oficina del Congreso. El video captó una atención tremenda. Lo que se pasó por alto fue el son al que bailaba: el clásico himno contra la guerra de 1970, “War”, cantado por Edwin Starr. Este tema se convirtió rápidamente en el número uno en el verano de 1970 y ha sido un importante himno contra la guerra desde entonces. “Guerra / Para qué sirve / Para absolutamente nada”, dice el estribillo. Ocasio-Cortez va pronunciando las palabras mientras baila hacia la puerta de su oficina en el Congreso.

El sitio web de la campaña de Ocasio-Cortez detalla una serie de políticas progresistas, entre las que se incluye la propuesta de una “economía de paz”. “Desde 2018 participamos en acciones militares en Libia, Siria, Irak, Afganistán, Yemen, Pakistán y Somalia. Cientos de miles de civiles en estos países han muerto como daño colateral de los ataques estadounidenses o por la inestabilidad causada por las intervenciones de Estados Unidos. Millones más han huido de sus fracturados países, lo que contribuye a la crisis mundial de refugiados (…) Debemos poner fin a la “guerra eterna” implementando la retirada de nuestras tropas y poniendo fin a los ataques aéreos que perpetúan el ciclo del terrorismo en todo el mundo”.

Ocasio-Cortez corrigió recientemente a Sean Hannity, presentador de Fox News y asesor no oficial del presidente Donald Trump, quien la acusó de la herejía de exigir el “fin de los ataques aéreos militares”. La representante respondió con un tuit en el que afirma estar a favor de “acabar con las guerras injustas” por completo.

Desde su victoria en las elecciones primarias demócratas para representar al 14° Distrito de Nueva York, en las que derrotó al poderoso demócrata Joe Crowley, en aquel momento congresista en funciones, Ocasio-Cortez ha sido atacada regularmente por la derecha. En julio del año pasado declaró en una entrevista para Democracy Now!: “Los temas en los que basé mi campaña eran muy claros y creo que fueron una parte importante de nuestra victoria: mejorar Medicare y ampliarlo a toda la población, educación superior pública gratuita, un New Deal ecológico, justicia para Puerto Rico, una plataforma sin concesiones en torno a la reforma de la justicia penal y el fin de la guerra contra las drogas, y también afrontar al poder con la verdad y hablar sobre el dinero en la política”.

El New Deal ecológico —en referencia a las políticas implementadas en Estados Unidos por el presidente Franklin D. Roosevelt para luchar contra los efectos de la Gran Depresión de 1929— exige una descarbonización rápida y radical de toda la economía, con una transición de los combustibles fósiles hacia fuentes de energía renovable, con la esperanza de evitar los peores efectos del cambio climático mientras aún quede tiempo. El New Deal ecológico también exige una “transición justa”, que asegure que los trabajadores desplazados de las industrias a cerrar, como la minería del carbón, obtengan el apoyo que necesitan para pasar a otro trabajo productivo.

Ocasio-Cortez se unió a una protesta del movimiento Sunrise, liderado por jóvenes, que tuvo lugar en la oficina de la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi. Ocasio-Cortez estaba reclamando que la nueva mayoría demócrata de esta cámara promoviera un “Comité Selecto para un New Deal ecológico”, que tendría amplia autoridad, incluido un poder de citación, para impulsar el proyecto. Claramente, la campaña de presión tuvo efecto, pero no alcanzó las demandas de los activistas. Pelosi reactivó el Comité Selecto de la Cámara de Representantes para la Crisis Climática pero con carácter exclusivamente asesor. La nueva presidenta de ese comité será la demócrata Kathy Castor, de Florida, quien, según críticos, ha recibido decenas de miles de dólares de intereses de los combustibles fósiles (aunque un portavoz de la congresista manifestó que iba a renunciar a tales contribuciones en el futuro). Ocasio-Cortez tuiteó en respuesta: “No tenemos tiempo para quedarnos de brazos cruzados mientras nuestro planeta arde. Para las personas jóvenes, el cambio climático es más importante que la elección o la reelección. Es un asunto de vida o muerte”.

En la ceremonia de jura en el Congreso el 3 de enero, la representante Alexandria Ocasio-Cortez vistió de blanco, según indicó, “para homenajear a las mujeres que pavimentaron el camino antes que yo, y para todas las mujeres que están por venir. Desde las sufragistas hasta Shirley Chisholm, no estaría aquí si no fuera por las madres del movimiento”.

Alexandria Ocasio-Cortez respeta a sus mayores. La vieja guardia del Congreso, tanto republicana como demócrata, no debería temer que esta mujer, la más joven en ser electa para el Congreso, se ponga a bailar en círculos a su alrededor. En su lugar, deberían imitar sus pasos.

Columna 11 de enero 2019

Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta

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Duque busca atraer inversión extranjera con su primera reforma tributaria

El presidente colombiano promete ante empresarios de 40 países "reducir la carga a los que generan empleo"


El Gobierno colombiano enviará esta semana al Congreso una reforma tributaria que refleja una de las obsesiones de su nuevo presidente, Iván Duque. Esto es, presentar a Colombia ante la comunidad internacional como un país atractivo para invertir. La nueva legislación, que el mandatario esbozó el lunes ante inversores de más de 40 países, busca, aseguró, “reducir la carga tributaria a los que generan empleo a esas micro, pequeñas, medianas y grandes empresas” y que “este país genere más empleo formal”.


El Ejecutivo propondrá, por ejemplo, una exención de 10 años del impuesto de renta a los empresarios que inviertan en el campo, con proyectos de desarrollo productivo agroindustrial, con la condición de generar “un mínimo de puestos de trabajo”. “Sí, Colombia está creciendo quizás por encima de muchos países de la región este año, casi el 3%, un 2.8%, y muy seguramente el año entrante la meta que quiero trazarme es que lleguemos al 4% para seguir creciendo”, enfatizó Duque, que hizo hincapié en la importancia del turismo y de la llamada economía naranja, es decir, las industrias creativas, en un país tradicionalmente vinculado al sector extractivo.


“En temas como robótica, inteligencia artificial… economía naranja, también cero impuestos de renta por los primeros cinco años a cambio, por supuesto, de generar un mínimo en puestos de trabajo”, prometió el mandatario. “En el emprendimiento de nuestro país entra a jugar un papel fundamental la música, el diseño, el cine, la literatura, festivales, carnavales, arquitectura, publicidad, joyería”, agregó.


Con respecto al turismo -“el nuevo petróleo de Colombia”, dijo-, el presidente se fijó una meta: “Nuestra apuesta es que Colombia tenga 6 o 7 millones de turistas en estos cuatro años y que podamos abrir un camino de políticas de largo plazo para que rápidamente pueda superar el umbral de los 10 millones de turistas”.


Para lograr los objetivos que se propone, Duque intentará concretar uno de los compromisos de la campaña electoral: reducir la burocracia y adelgazar la Administración. Con esta reforma, el Gobierno intenta atraer capital extranjero. El Ministerio de Comercio, Industria y Turismo puso en marcha un plan de estímulo bautizado como Estado Simple, Colombia Ágil. El objetivo final consiste en "eliminar, racionalizar y agilizar trámites que se vuelven muchas veces en un dolor de cabeza para el sector privado”. "En estos casi 90 días ya llevamos cerca de 50 trámites intervenidos, llegaremos a 100 antes de terminar el año y esperamos que en el primer año de gobierno tengamos cerca de 900 trámites, porque lo que nos interesa es que el Estado no sea obstáculo", aseguró el mandatario.

F. MANETTO
Bogotá 30 OCT 2018 - 17:02 COT

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Millones de jóvenes, lejos de lograr las condiciones para su desarrollo

- Propone la ONU fortalecer salud y educación para mejorar su futuro.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) estima que hay mil 800 millones de personas que tienen entre 10 y 24 años. Se considera que nunca antes la cifra de jóvenes fue tan alta. Sin embargo, millones de ellos están lejos de las condiciones necesarias para su desarrollo.

Al menos 175 millones no pueden leer o escribir una frase completa, mientras que otros 500 millones que tienen de 15 a 24 años de edad viven con menos de dos dólares al día. En el marco de la conmemoración del Día Internacional de la Juventud, que se celebrará este 12 de agosto, diversas agencias del organismo llamaron a fortalecer las acciones en educación, salud y empleo para asegurar un futuro más prometedor a las nuevas generaciones.

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco, por sus siglas en inglés) alerta que al menos 24 millones están fuera de la escuela, mientras que uno de cada diez vive en zonas de conflicto.

Considera que la "inestabilidad política, los desafíos del mercado laboral y el limitado espacio para la participación política y cívica, han llevado al aislamiento de los jóvenes en las sociedades", por lo que este año el lema con que la ONU conmemora esta efeméride es: "Espacios seguros para la juventud".

Naciones Unidas señala que para garantizar que los espacios seguros sean inclusivos, los jóvenes de diversos orígenes, "especialmente los que se encuentran fuera de la comunidad, deben reforzar el respeto y la autoestima".

Reconoce que en entornos propensos a conflictos los jóvenes pueden carecer de espacios para expresarse, "sentirse cómodos y libres. Del mismo modo, sin la existencia de un espacio seguro, jóvenes de diferentes razas, etnias, sexo, afiliación religiosa o antecedentes culturales pueden sentirse intimidados para contribuir libremente a la comunidad".

Señala que cuando los jóvenes tienen espacios seguros para participar, "pueden contribuir efectivamente al desarrollo, la paz y la cohesión social".

En México, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, en el grupo de 12 a 17 años se incrementa la no asistencia escolar. En 2015, se estimó que "había 2.2 millones de adolescentes que no acuden a la escuela, es decir, 16.2 por ciento (de la población en este rango de edad) debería estar cursando la secundaria o el nivel medio superior, y no es así".

Agrega que las causas de este abandono escolar son complejas y multifactoriales. Información del Módulo de Trabajo Infantil 2017 señala que la principal razón por la que los niños de 12 a 14 años abandonan la escuela es por falta de interés, así como aptitud o requisitos para ingresar al sistema educativo (48.3 por ciento) y por la falta de recursos económicos (14.2 por ciento).

Respecto de los adolescentes que tienen entre 15 y 17 años, la principal causa de no asistencia es la falta de interés, aptitud o requisitos para ingresar a la escuela (43.5 por ciento), le siguen quienes abandonan sus estudios para trabajar (14.4 por ciento) y quienes lo hacen por falta de recursos económicos (12.7 por ciento).

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“Yo no elegí ser un icono de Palestina”

A pesar de la visibilidad que tuvo su caso en los medios del mundo y cuyo respaldo asume como un empujón en pos de su causa, la lucha de la adolescente no es una excepción, dice, sino que en la calle palestina hay muchas “Tamimis”.

 

Ahed Tamimi, la adolescente palestina que fue liberada el domingo pasado tras haber estado presa ocho meses en una cárcel israelí, afirmó que estaba dispuesta a asumir el papel de ícono de la resistencia palestina. “Yo no elegí ser un ícono, pero la comunidad internacional lo ha hecho, espero poder tomar esta responsabilidad y poder transmitir la causa palestina a todo el mundo”, aseguró la joven de 17 años.


“He empezado el camino y no retrocederé solo porque me liberaron. Me arrestaron porque querían parar mi lucha popular, pero, como dije, seguiré adelante”, declaró Tamimi, en uno de los muchos encuentros con periodistas que está teniendo desde que fue liberada. A pesar de la visibilidad que tuvo su caso en los medios del mundo y cuyo respaldo asume como un empujón en pos de su causa, la lucha de la adolescente no es una excepción, dice, sino que en la calle palestina hay muchas “Tamimis”. Tampoco lo es dentro de su familia. Su padre Bassem Tamimi es quien organiza, todas las semanas desde el 2009, protestas en su pueblo Nabi Saleh, en Cisjordania, contra la ocupación israelí y ha pasado los últimos diez años entrando y saliendo de la cárcel y, Neriman, su madre estuvo presa con ella los últimos ocho meses. Pero la militancia por la causa palestina se extiende por todo el apellido Tamimi, compartido por casi todos los 550 habitantes del pueblo, donde todos están relacionados por sangre o matrimonio.


Con respecto a su encarcelamiento, la adolescente declaró: “Estuve muy preocupada, temía que me cayera una pena muy alta. Además, no es fácil ir a la corte, salíamos a las 2.30 de la mañana, íbamos a la prisión de Ramle, hasta llegar a Ofer, donde el juicio era sobre el mediodía. Realmente me dejaba exhausta”. Su abogada, Gaby Lasky, llegó a un acuerdo con la Fiscalía en marzo, por el que Ahed asumió cuatro de los doce cargos que se le imputaban, entre ellos agresión con agravantes e incitación y fue condenada a ocho meses de prisión.


Ya en liberad, la adolescente se siente feliz: “Puedo respirar la brisa, abrir la puerta de la habitación, como deseo”, afirmó. “Espero que todos los prisioneros puedan sentir lo que yo siento, pero mi felicidad no es completa, porque mi hermano (Waed) todavía está dentro, y mi primo, y todos los presos palestinos”, sobre todo los menores como ella, destaca, de los que hay 291 encarcelados en prisiones israelíes, según la organización palestina de defensa de los derechos humanos Adameer.


Ahed brindó la entrevista a la agencia española desde en su casa donde ocurrió el incidente que, grabado en video, le hizo popular y días más tarde motivó su arresto. En las imágenes, grabadas el 15 de diciembre, durante unos disturbios en los que uno de sus primos, de 14 años, recibió un disparo de bala de goma en el rostro, Ahed se enfrenta a soldados israelíes, a quienes empuja y abofetea en el patio de su casa, junto a su madre Nariman y a su prima Nour. Las tres fueron detenidas días después. Nour quedó en libertad con fianza y Ahed y su madre afrontaron un juicio militar.


Sus recuerdos de la prisión de Ha Sharon, en el centro de Israel, dijo, son duros, que fueron momentos de mucha presión, pese a los esfuerzos de los presos por afrontar el día a día con bromas, juegos, baile, deportes, canciones, describió Ahed. “Las mujeres prisioneras me apoyaron mucho, me hicieron fuerte, y me gustaría agradecérselo”, afirmó.


A quien más recordaba la adolescente durante su entierro era a su padre, Bassem, que sólo pudo visitarlas en dos ocasiones durante los ochos meses, ya que dejó de obtener permisos para cruzar del territorio palestino de Cisjordania hacia Israel, donde cumplían pena su hija y su mujer.


En otras declaraciones al diario británico The Guardian, dijo que su experiencia en la cárcel la hizo decidirse por seguir una carrera en Derecho. “Por ejemplo, cuando estaba bajo interrogatorio, hubo violaciones a mis derechos. La ley internacional dice que eso no debía haberme pasado”, dijo y agregó que en otra vida, habría sido una jugadora de futbol profesional. Así, con este objetivo en mente, mientras estuvo en prisión, Ahed aprovechó su estancia para centrarse en el “tawjihi” –examen de acceso a la universidad–, que recientemente aprobó. “Todavía no sé si estudiar en Palestina o en el extranjero, pero quiero ser abogada”, insistió. La familia de la adolescente declaró que muchas universidades en el exterior le habían ofrecido becas, pero que Ahed todavía no se había decidido, informó The Guardian.


La adolescente, vista como peligrosa y como una provocadora por Israel, y considerada una presa política por su abogada Lasky, cree que la resistencia palestina no puede terminar con su liberación, porque, asegura, no lo hará hasta que termine la ocupación israelí. “Mi mensaje al mundo es que boicotee y demande a Israel como un criminal de guerra”, concluyó combativa, asumiendo lo que considera su nueva responsabilidad.

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Sábado, 28 Julio 2018 07:17

Parque jurásico

Parque jurásico

Hace poco el senado uruguayo votó por unanimidad una resolución de condena a la represión sangrienta que sufre Nicaragua. El Frente Amplio, que cobija a la izquierda de distintos matices, el Partido Nacional y el Partido Colorado, de derecha y centro derecha, y los socialdemócratas, liberales, socialcristianos, todos concurrieron en reclamar a Ortega el cese inmediato de la violencia contra el pueblo nicaragüense.


Durante el debate, el ex presidente José Mujica, al referirse a los cerca de 350 muertos de la masacre continuada, dijo unas palabras que suenan ejemplares: “Me siento mal, porque conozco gente tan vieja como yo, porque recuerdo nombres y compañeros que dejaron la vida en Nicaragua, peleando por un sueño… y siento que algo que fue un sueño cae en autocracia… quienes ayer fueron revolucionarios, perdieron el sentido en la vida. Hay momentos en que hay que decir ‘me voy’”.


Son palabras ejemplares, porque representan lo que siempre he creído son los fundamentos éticos de la izquierda, basados en ideales permanentes más que en ideologías que se quedan mirando hacia el pasado. Una postura similar la han asumido partidos y personalidades de izquierda en España, Chile, Argentina, México, que rechazan el fácil y trasnochado expediente de justificar la violencia del régimen de Ortega echando las culpas al imperialismo yanqui, según la cartilla.


Es lo que ha hecho el Foro de Sao Paulo, reunido en La Habana, al emitir una declaración en la que, con pasmoso cinismo, se rechaza “el injerencismo e intervencionismo extranjero del gobierno de Estados Unidos a través de sus agencias en Nicaragua, organizando y dirigiendo a la ultraderecha local para aplicar una vez más su conocida fórmula del mal llamado golpe suave para el derrocamiento de gobiernos que no responden a sus intereses, así como la actuación parcializada de los organismos internacionales subordinados a los designios del imperialismo, como es el caso de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH)”.


Hay que leer en voz alta a estos señores reunidos en La Habana la declaración de Podemos emitida en Madrid: Reclamamos la investigación y el esclarecimiento de todos los hechos sucedidos durante las movilizaciones, incluyendo la rendición de cuentas ante los tribunales por parte de las autoridades policiales y políticas que se hallen responsables de las violaciones de los derechos humanos cometidas.
A un discurso trasnochado lo acompaña siempre un lenguaje obsoleto. ¿Esta del Foro de Sao Paulo es la izquierda, o lo es la que representa el pensamiento humanista de José Mujica? Aquella pesada diatriba nada tiene que ver con la realidad de Nicaragua. Es la retórica hueca, lejana a todo contacto con la verdad, que se quedó perdida en las elucubraciones de una ideología fosilizada. En el parque jurásico no hay pensamiento crítico.


El canciller Arreaza de Venezuela, quien venía de La Habana de participar en el Foro de Sao Paulo, se presentó vestido con una camisa rojo encendido en la plaza donde esta dictadura celebraba el 39 aniversario de la revolución que derrocó a la otra dictadura, la de Somoza, con un alentador mensaje: Si el pueblo bolivariano, los revolucionarios de Venezuela, tuviésemos que venir a Nicaragua a defender la soberanía y la independencia nicaragüense, a ofrendar nuestra sangre por Nicaragua, nos iríamos como Sandino, a la montaña de la Nueva Segovia.


Es decir, el ofrecimiento de una intervención militar para apoyar la represión, que se volvería entonces más dura de lo que ya es. Y vendrían no a defender a Sandino, sino a pelear a balazos contra sus ideales.


El oficio ético de la izquierda fue siempre estar del lado de los más pobres y humildes, con sentimiento y sensibilidad, como lo hace Mujica. En cambio, el coro burocrático jurásico termina justificando crímenes. Defender el régimen de Ortega como de izquierda es sólo defender su alineamiento dentro de lo que queda del Alba, tras el fin de la edad de oro del petróleo venezolano gratis y el golpe mortal que le ha dado, también desde una posición ética, el presidente Lenin Moreno, de Ecuador.


No puedo imaginar a un ultraderechista aliado del imperialismo yanqui más atípico que Alvarito Conrado, el niño de 15 años, estudiante de secundaria, que corría a llevar agua a unos muchachos desarmados que defendían una barricada en las cercanías de la Universidad Nacional de Ingeniería, y le dispararon un tiro en el cuello con un arma de guerra.


Fue cerca del mediodía del viernes 20 de abril, muy al inicio de las protestas que ya duran tres meses. Lo llevaron, herido de muerte, al hospital Cruz Azul, del Seguro Social, y como había órdenes superiores de no dar asistencia médica al enemigo, se negaron a atenderlo. Murió desangrado.


Alvarito es hoy un icono. Está en los muros, en los pósteres, con su cálida sonrisa inocente y sus grandes lentes. Un niño agente del imperialismo, conspirador de la ultraderecha local, empeñado en derrocar a un gobierno democrático de izquierda. La izquierda jurásica.


Masatepe, julio 2018
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Jueves, 26 Julio 2018 08:04

Escribir con sangre

Amigos de uno de los grafiteros pintan en su ataúd.

La sociedad calla ante la corrupción reinante en el país, ante los asesinatos, pero ven un muro rayado y se escandaliza.

La ciudad aún duerme, la madrugada sigue tan oscura que parece la noche. Una bien planificada estrategia cumple su objetivo: lograr entrar en la zona del metro de Medellín, donde se encuentran los vagones que no serán usados ese día. Seguramente, con muchos días de anticipación, los tres jóvenes habían observado, una y otra vez, el lugar más óptimo para realizar su acción, un lugar donde pudieran pasar desapercibidos de las cámaras de seguridad. Las vías aún no están en funcionamiento. El metro de Medellín significa ESCRIBIR en lo prohibido, en el Everest de los grafiteros.

Va amaneciendo, probablemente ya estaban por culminar su obra, probablemente no se percataron del tiempo o si lo hicieron decidieron correr otro tramo más de riesgo, tal vez sintiendo la adrenalina que produce exponerse al límite para mostrar su arte, para confrontar de la manera que saben hacerlo, para ganar el respeto de otros artistas grafiteros y de la sociedad, que cierra una y otra vez las puertas y cercena las posibilidades de expresar lo fresco, lo renovado, lo joven, de embellecer cualquier fondo con otros colores diferentes a los habituales. Tal vez todas esas cosas juntas impidieron medir correctamente los tiempos, y el primer tren de la mañana, no el de pasajeros, sino el de la verificación de ruta –antes de iniciar la jornada del día–, los encontró y cobro con sangre el ímpetu de su juventud.

Los detalles de lo ocurrido nadie los conoce, los escritores de muros y paredes se los llevaron consigo. Tiempo después de lo ocurrido la fiscalía y medicina legal dan explicaciones que salvaguardan la imagen del metro de Medellín, de la alcaldía, de toda la “respetable” institución pública. Ante esta situación, decidimos hablar con Juan López (nombre falso para cuidar el anonimato del artista) quien aceptó dialogar con desdeabajo, y al contarnos su historia nos mostró también la humanidad, el ímpetu marcado por la edad y la fuerza que mueve a las nuevas generaciones.

– “Soy grafitero hace once años, el grafiti me dio una salida de la violencia, porque en el barrio donde crecí siempre ha sido muy violento. Cuando yo era pequeñito, desde que me levantaba, pasaba por encima de los muertos. Siempre he convivido con las drogas, el vicio, el licor, y todo ese tipo de asuntos. Entonces, para no caer en ese tipo de vueltas –porque ya me estaban empezando como a gustar– me empezó a llamar mucho más la atención lo que era el grafiti, lo que era rayar y todo este asunto. A mi no me gustaba ni dibujar como tal, pero empecé a tener gusto por los colores, las líneas, las letras y todo el asunto. El grafiti para mi fue una salida a todo ese entorno, una escapada al entorno que me agobiaba todos los días”.

Al iniciar nuestra conversación, Juan estaba muy reacio a hablar con nosotros, pero una vez que empezó a narrar su historia iba teniendo más confianza para expresarse, para contarnos y hacernos entender la importancia de lo que significa el mundo del arte grafitero para ellos.

– “El objetivo fundamental es apropiarnos de los espacios, porque la ciudad siempre ha estado llena de gris, nosotros algunos años atrás vivimos unas olas de persecución con diferentes alcaldes –depende de la ideología– que nos borraban los grafitis cada quince días y la ciudad se veía muy gris, entonces la idea de nosotros es apropiarnos de eso que llaman espacio público, que es de todos, y volverlo más colorido, porque el grafiti y el arte como tal se hizo para trasgredir, para incomodar, no para agradar a todo el mundo”.

Esa necesidad de incomodar, de la que nos habla Juan, dispara mi imaginación, porque de inmediato pude recordar las imágenes, letras, colores, cosas bellas y realidades incomodas estampadas en los muros y calles por los que camino constantemente, esos que seguramente, a partir de esta conversación miraré y leeré más atenta, pues allí hay mensajes, hay historias detrás de cada uno de esos lienzos callejeros. Es inevitable preguntarle a Juan ¿a quién quiere incomodar?

–“Incomodar a todo el mundo que prefiere una ciudad gris, en vez de una ciudad llena de color, una ciudad llena de expresión, una ciudad llena de libertad. Mucha gente dice: a mi lo que me gustan son los pajaritos y las flores –que es lo que pinta todo el mundo acá, que es lo que la alcaldía les paga por hacer–, pero no me gustan esas letras y cosas feas por ahí. La gente siempre ve un realismo bonito, un rostro y dicen: ¡uy! eso sí es arte.

Para pintar hay un lado legal, cuando pides permiso para una obra de gran magnitud, y el otro lado, el ilegal, que es cuando la persona quiere pasar ese tipo de límites y se fija otras metas: dejar su nombre en lo alto, llegar donde nadie más ha llegado. Todo eso es incomodar. Demostrar que no hay límite. Yo no le veo nada de malo a la pintura, pues la pintura se borra con pintura, en realidad hay problemas más graves en la sociedad que enfrentar. Todo el mundo se preocupa y tiene la doble moral; acá dicen que: ´ay no, los grafiteros´ y toda la vuelta, pero que pasa con los problemas de corrupción del país, con los asesinatos, con los robos, ante eso si callan, pero ven un muro rayado y se escandalizan”.

Como dice el poeta, “se hace camino al andar”, y de ello saben los jóvenes mucho, lo saben por intuición, lo saben por deseo de renovación, de cambio, de ruptura, lo saben por su deseo de que la vida sea mejor para todos y no para unos pocos. Hay sed de justicia y disposición para plasmarla.

Es la edad de las rupturas, de las trasgresiones, de la imaginación, de la realización plena, audaz. Es la edad donde los riesgos pierden sus límites, donde la relación acción-consecuencia se difumina, sin importar las consecuencias; es una lucha individual pero sobre todo colectiva: los jóvenes que se reconocen como grupo buscan su lugar en el mundo, pero el mundo, sobre todo en países como Colombia, les niega ese lugar y los margina, lo que acrecienta su decisión de trasgredir, de escandalizar, de romper las normas ilógicas creadas por adultos. Los grafiteros encuentran su fuerza e inspiración justamente en esos lugares prohibidos de pintar, donde el anonimato –que es su condición más preciada– puede escribir acerca de su disconformidad.

Juan concluye para nosotros, diciendo: “El grafiti siempre ha sido ilegal; no creo que los grafiteros sientan temor. Además, esta ciudad ya está llena de violencia, entonces, sino les da miedo hacer un grafiti en un barrio peligroso, ¿por qué temer hacerlo en otro espacio? Para ir más allá la cultura grafitera se une, lo que nos brinda más confianza para actuar”.

 

 

 

 

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Jueves, 19 Julio 2018 07:01

¿Por qué los jóvenes no se cuidan?

¿Por qué los jóvenes no se cuidan?

En la práctica del psicoanálisis con jóvenes, dos fenómenos se han vuelto preocupantes en el último tiempo. Por un lado, el incremento de enfermedades de transmisión sexual; no sólo la infección de VIH sino el retorno de las “venéreas” del siglo XIX como la gonorrea y la sífilis. En este punto, según una estadística reciente, el de las adolescentes es un grupo cuya vulnerabilidad crece cada vez más.

Por otro lado, entre los varones se destaca la tendencia a no cuidarse con preservativos. Algunos dicen que “no les gusta”, otros “que sienten menos”, varios “que les molesta”. Al mismo tiempo, entre los adolescentes varones se concentra uno de los principales grupos consumidores de Viagra. ¿Por qué los jóvenes recurren a la pastilla azul más que los adultos mayores que parecieran tener una dificultad más concreta con el órgano?


Para responder a este tipo de cuestiones, es preciso partir de una consideración básica: cada quien se defiende mucho más de la fantasía que de la realidad. Y la fantasía por excelencia en la juventud de las mujeres, es la de embarazo. El miedo a quedar embarazada es todavía un relato frecuente en mujeres que cuentan cómo hasta la adultez no pudieron tener relaciones sin presentir esa consecuencia como algo penoso; al punto de que muchas de ellas recién cuando el reloj biológico comenzó a apremiar, empezaron a vincularse de otra forma con la idea de la maternidad, es decir, sólo pudieron acceder al deseo de tener un hijo cuando el embarazo ya casi no es posible.


En diferentes ocasiones recuerdo haber conversado con pacientes jóvenes que me contaban que, como estaban menstruando, no se habían cuidado y preguntarles: “Pero, ¿vos para qué pensás que sirve el preservativo?”. Más de una vez me respondieron que es para no quedar embarazada; esto es algo que corroboramos de modo más amplio junto con las autoridades de una institución educativa cuando hicimos una actividad para concientizar sobre las enfermedades de transmisión sexual.


¿Cuál es el origen de la fantasía de embarazo? En principio, lo que habría que destacar es que se trata de una de las fantasías que inscribe la sexualidad en términos de culpa para la mujer. Cuando a principios del siglo XX Freud estableció la diferencia sexuada en términos de fálico y castrado, situó que cuando el varón reconoce la falta de pene en la niña considera que ahí antes hubo uno, sólo que se lo cortaron porque algo malo habría hecho. De este modo, para la interpretación fálica de la sexualidad, la diferencia entre varones y mujeres es también la diferencia entre varones y culpables. Una corroboración directa de esta cuestión se advierte cuando después de un femicidio muchas veces aparecen notas que cuentan la vida privada de la víctima, como si aspectos de su intimidad justificaran que se la hubiese matado. En el inconsciente, la mujer es culpable. Y los discursos sociales reproducen muchas veces este principio.


Ahora bien, para la joven el modo en que se inscribe la culpabilidad inconsciente es a través de la fantasía de embarazo. Esta es una consecuencia de que el sexo embarace a la mujer y no al varón. Al mismo tiempo, esta diferencia también explica por qué muchos varones se desentienden completamente de las consecuencias del acto sexual con una mujer, como si eso no les concerniera.


En estos días, de intensa discusión en torno al proyecto de ley de interrupción voluntaria del embarazo, sería interesante pensar que mucho más que una práctica, lo que también se está pensando es la posibilidad de una subjetivación distinta para las mujeres, que como hijas no las deje solas con una culpa que, muchas veces, las lleva a la muerte. Una de las consignas más impactantes que leí fue la que sostenía una muchacha en un cartel que decía: “El varón aborta cuando se borra”.


Pienso que por este mismo motivo el proyecto conmueve tanto a las jóvenes, a muchas de las cuales veo por la calle con su pañuelo en la mochila o cartera. Porque si bien se habla de “la mujer” en abstracto, el destinatario es más concreto, como si se trata de una poner en juego una autorización de sexo diferente para las jóvenes. El derecho a decidir puede ser la ocasión de que las hijas ya no padezcan la tutela sexual que hace que los varones que están con muchas mujeres sean valorados, mientras que una conducta semejante en las mujeres es estigmatizada. El derecho a decidir puede estar en el lugar de la culpa, por eso antes que un proyecto a favor del aborto, acompañar en esta dirección puede ser la vía para que las jóvenes tengan una posición más agenciada respecto de su sexualidad. Acompañar el proyecto de interrupción voluntaria del embarazo puede ser también una medida en contra de los abortos.


Por otro lado, respecto de los varones y sus diversos motivos sensibles para no usar preservativo, se trata más bien de una justificación para esconder el síntoma de impotencia. Muchos no se ponen preservativo por temor a perder la erección, es decir, donde se les para penetran porque el tiempo que lleva la profilaxis, aunque sea mínimo, los “desconcentra” (como alguna vez me dijo un muchacho). La pregunta, en este punto, debería ser entonces: ¿por qué muchos jóvenes recurren al Viagra, donde falta la capacidad para simbolizar la potencia? Responder a esta pregunta sería extenso, pero puedo dar una indicación lateral: entre los conflictos de la masculinidad se destacan el conflicto de celos (que confronta con un deseo posesivo) y el de vergüenza (que confronta con una imagen degradada de sí, tal como cuentan muchos jóvenes que consultan porque no pueden hablar con una chica porque tienen “miedo de quedar en ridículo”). Como ya desarrollé en el libro titulado Ya no hay hombres, nuestra época se caracteriza por una destitución masculina que hace que a los conflictos de la masculinidad se responda con regresiones narcisistas que no permiten que el falo sea símbolo de la castración, es decir, que potencia e impotencia no sean opuestos sino que la potencia se consume con la detumescencia. De acuerdo con una afirmación de Lacan que me gusta mucho, podría decir que para los jóvenes de nuestra época “el falo queda reducido al órgano”; y la falla del órgano que, en otro contexto podría ser leída como signo de deseo (como le ocurre al muchacho que no tuvo problemas de erección sino con la chica que más le interesaba), hoy se ha vuelto insoportable.


Para concluir, debatir e intercambiar en torno a las fantasías que viven los jóvenes y los desafíos que hoy presenta la sexualidad adolescente es una tarea que sería importante apuntalar desde diferentes posiciones y disciplinas, especialmente porque no estamos pensando aspectos de coyuntura, sino posibles modificaciones de la subjetividad.


* Psicoanalista, doctor en Psicología y Filosofía por la UBA. Coordinador de la Licenciatura en Filosofía de UCES. Autor de diversos libros, entre ellos Más crianza, menos terapia. Ser padres en el siglo XXI (Paidós, 2018).

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Viernes, 01 Junio 2018 05:36

Los nietos de la revolución

Los nietos de la revolución

Los muchachos que han salido a las calles a dar la cara por Nicaragua, nacieron a partir de los años 90, o en este mismo siglo, y por tanto la revolución que derrocó a Somoza es un hecho ignorado para muchos de ellos, o ha sido distorsionado por la propaganda oficial, lo que viene a ser lo mismo.

Son los nietos de una revolución lejana o ausente en su memoria, pero la llevan de todas maneras en los genes, porque aquella se hizo también por razones morales, ante el hastío frente a una dictadura familiar que se creía dueña del país, y cuando se vio amenazada no vaciló en recurrir a la represión más cruel. Y al exterminio.


La dictadura de Somoza marcó a los jóvenes como delincuentes, y la juventud se pagaba con la vida. Cada día aparecían cuerpos torturados y mutilados, o simplemente con un tiro en la cabeza, en la cuesta del Plomo, al occidente de Managua, una morgue a cielo abierto donde las madres iban en busca de sus hijos desaparecidos. Por eso, el lema que se corea hoy en las marchas, ¡No eran delincuentes, eran estudiantes!, viene a resultar tan familiar, un eco que conecta al pasado de los abuelos con el presente de los nietos.
Todo ardor juvenil despierta la imaginación y llena las palabras de sentido, les da una dimensión que las vuelve verdaderas, y por verdaderas se convierten en parte de una cultura novedosa y fresca. Hablan entonces las paredes, los cartelones, y, hoy en día, habla también el humor desde los memes en las redes sociales. La improvisación ingeniosa se carga de legitimidad. Es un revés irreverente a la mentira.


Nos quitaron tanto que nos quitaron hasta el miedo, se lee en una pancarta de papel de estraza. Y en otra: Nunca había visto tantos valientes sin armas y tantos cobardes armados. Otro, pregona con mucha sabiduría: Cuando se lee poco se dispara mucho. Una muchacha ha escrito con plumón en su barriga de embarazada: Que se rinda tu madre, porque la mía no. Uno que está entre mis favoritos: Disculpe las molestias, estamos cambiando el país para usted. Y este que tiene indudable peso histórico Hay décadas donde nada ocurre, y hay semanas donde ocurren décadas.


Y también la insurrección cívica tiene su banda sonora, viejas canciones de los años 70, en las que reviven las voces de los Quilapayún entonando con ritmo nostálgico el pueblo, unido, jamás será vencido, y las que han compuesto los hermanos Carlos y Luis Enrique Mejía Godoy, y muchos otros cantautores jóvenes.


La lejanía, ese vacío a través de las décadas, hace, no obstante, que los nietos desprecien, o rechacen, no pocos de los símbolos bajo los que pelearon los abuelos; y aquellos de esos abuelos que detentan hoy el poder, se han vuelto indeseables para sus descendientes. Ellos y los símbolos de los que se han apropiado. La propaganda oficial obra milagros malsanos, como ha sido el abuso a lo largo de la última década de la bandera rojinegra, que de herencia histórica pasó a ser incautada por una secta.


Esa bandera, levantada por el general Sandino en las montañas de las Segovias en su gesta de seis años por la soberanía nacional, y cuyos colores identificaba en sus proclamas con los propósitos de su lucha, negro por el luto de la patria agredida, rojo por la sangre derramada, estuvo en las barricadas en la insurrección que dio fin al somocismo.


Y hay que advertir, porque es esencial, que entre una y otra lucha, la que culminó hace casi 40 años, en 1979, y la de ahora, hay una diferencia fundamental: los nietos pelean sin armas de guerra. Son los que han puesto los muertos, en una resistencia cívica sin precedentes, y de esta manera, aunque con dolor y sufrimiento, y sacrificio, le abren al país la oportunidad de un cambio político: el paso de la dictadura a la democracia, sin que medie una guerra civil.


Esa bandera a la que vuelvo, fue expropiada y malversada de tal manera, que llegó a sustituir, a la fuerza, a la bandera nacional, y usada como elemento decorativo hasta la náusea, se ha multiplicado en tarimas de actos públicos, comparecencias oficiales, desfiles y concentraciones, igual que se multiplicaron los árboles de la vida, hasta convertirse en símbolos odiosos del poder.


No es extraño entonces que los nietos la adversen, y hasta le prendan fuego, ya que ignoran que se trata de una herencia de sus abuelos, a su vez recibida de un tatarabuelo lejano y difuso, y cuya figura también ha sido distorsionada, y la vean sólo como una impostura que el nuevo poder familiar ha colocado en lugar de la bandera del país, cuyos colores, azul y blanco, se multiplican en las marchas de protesta, en las fachadas de las casas, en las ventanillas de los vehículos, en pañoletas y cintillos de cabeza, en las mejillas de los jóvenes manifestantes.


La bandera nacional se ha convertido en un símbolo subversivo que se enarbola de manera espontánea, y masiva, y representa la unidad del país en la lucha por conquistar la democracia y las libertades públicas. El partido oficial ha corrido a rescatarla, pero de manera tardía, y fallida. En sus manos, todo resulta en imposición, y en falsificación.
No hay nada de nacionalismo mezquino en el despliegue de la bandera de Nicaragua. Es el símbolo de los nietos por recuperar a la nación, y detrás de esa oleada han seguido sus padres y no pocos de los abuelos, que se ponen también detrás de los pasos que abren el camino hacia el futuro, dichosamente, hasta ahora, lejos los partidos políticos de esta marea.


Un reclamo así, sin caudillos ni aprendices de caudillos, encabezado por jóvenes lúcidos y transparentes, dichosamente inexpertos en artimañas políticas, es lo que nos dará una nueva Nicaragua. Es la hora de los nietos.


Masatepe, mayo 2018
sergioramirez.com
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Jueves, 31 Mayo 2018 05:54

Escuela de gladiadores

Escuela de gladiadores

En la visión histórica de la izquierda dos eran los fulcros de constitución de un sujeto político transformador: la fábrica y la universidad, cuya alianza buscaba el marxismo como detonante de la revolución. La fábrica porque era el lugar común de la explotación económica y, por lo tanto, de la toma de conciencia y de la concertación sindical. La universidad porque era el lugar común donde se daban cita la juventud y el saber, fusión modernísima que constituye desde el principio un explosivo oxímoron.


Hasta 1789 la juventud era guerrera, pero no sabia, y su participación en la guerra aseguraba más bien el recambio de un modelo estable y sin variaciones. Desde 1789, cuando un grupito de imberbes letrados derriba la monarquía absoluta, la juventud pasa a formar parte de la regla del cambio, el cual forma parte intrínseca, a su vez, del imaginario social occidental. Desde Sócrates, por otra parte, el saber es una amenaza para los que se resisten a él (al cambio) y su relación con el poder una peripecia pugnaz de asimilación y subversión.


En las sociedades antiguas o de ancien régime, en efecto, la juventud y el saber se habían mantenido cuidadosamente separadas, como una combinación potencialmente amenazadora para la estabilidad social. La Universidad es su unión. Lo es ya en la Edad Media, cuando surgen las primeras comunidades docentes (baste pensar en los goliardos y en su rebelión letrada contra la religión y los gobiernos) y lo es sobre todo en el siglo XX, cuando por primera vez todas las clases sociales, así como las mujeres, acceden a la Universidad. Para que nos hagamos una idea: en 1920 Francia cuenta con 50.000 estudiantes  universitarios; en 1987 esa cifra se eleva a un millón. Incluso España, siempre con retraso, pasa en ese período de 23.000 a 650.000 matrículas universitarias.

La Universidad pone al alcance de la juventud todo el saber acumulado de la humanidad, conservado y renovado al margen de los intereses de clase, las guerras y los vaivenes del poder. Si esta combinación ha sido fuente de cambio durante el último siglo es precisamente porque ha sido la Universidad la que ha intervenido en la sociedad y no al revés; porque la Universidad no ha sido un reflejo sumiso de la sociedad y sus servidumbres económicas sino porque, al contrario, la sociedad misma se ha transformado desde la Universidad; y no por casualidad –añadamos– desde las disciplinas más humanísticas. Los jóvenes, receptores subversivos de una tradición de conocimiento, hacían progresar las ciencias en el interior del campus al tiempo que desde él asaltaban en el exterior –y moldeaban de nuevo– las relaciones políticas y sociales. Esta “regla de cambio” alcanzó su colofón en la primavera –no sólo francesa– de 1968.


Hoy eso ya no es posible. La fábrica ha dejado de ser la matriz de los sujetos colectivos y la fragua de un “proyecto de vida” individual (lo que incluía una casa y una familia). La Universidad ya no es, por su parte, el “lugar común” donde la energía abstracta de la juventud se comunica con la memoria concreta de la humanidad. La misma mercantilización que ha condenado a los humanos al desempleo endémico y el trabajo precario –a una adolescencia eterna– ha abolido la juventud y ha privatizado el saber. La amputación de las ramas más “universales” y más “desinteresadas” del conocimiento –y, por eso mismo, las más necesarias– es inseparable de la conversión del campus en un campo de batalla donde se baten a muerte los futuros parados: gladiadores del mercado que tratan de ajustar sus perfiles a las contadas demandas de trabajo.


Con la reforma de Bolonia el curriculum lo hacen las empresas y los bancos; y la Universidad deja de ser, como lo fue en la era moderna, umbral iniciático de la experiencia personal (sexo, drogas, militancia) y memorización conflictiva del conocimiento humano. Sin trabajo y sin saber compartidos, fuente de revolución, queda el consumo, que es la versión light de la guerra, a la que los jóvenes sin futuro, pero también sin pasado común, acabarán volviendo a poco que una Europa sin soluciones y sin izquierda se incline un grado más hacia el abismo.


Por Santiago Alba Rico. Escritor y filósofo

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Sábado, 19 Mayo 2018 06:53

Un “faccionalismo” limitante

Un “faccionalismo” limitante

Las manifestaciones en la frontera de Gaza deben ser comprendidas en el contexto de la ocupación israelí, el asedio y el muy postergado “derecho de retorno” de los refugiados palestinos. Pero además merecen ser analizadas desde otra perspectiva paralela: el propio “faccionalismo” y las disputas internas de los palestinos.

 

El “faccionalismo” es un mal profundamente arraigado en la sociedad palestina que durante décadas ha impedido cualquier esfuerzo unificado para acabar con la ocupación militar israelí y el apartheid.


La rivalidad política entre Fatah y Hamas es catastrófica, porque ha ocurrido mientras el proyecto colonial israelí se profundizaba y el robo de tierra en Cisjordania se ha ido acelerando.


En Gaza el asedio sigue siendo asfixiante y mortífero. Sumada a la indiferencia regional y el bloqueo de Israel, que ya dura una década, la prolongada disputa entre facciones ha llevado a los gazatíes al borde de la hambruna y la desesperación política.


Las protestas masivas en Gaza, que comenzaron el 30 de marzo y cuyo fin estaba previsto para el 15 de mayo, han sido la respuesta del pueblo a esta desalentadora realidad. No se trata sólo de destacar el derecho al retorno para los refugiados palestinos. Las manifestaciones también buscan reconquistar la agenda, trascender las rivalidades internas y devolverle la voz al pueblo.


Con el paso del tiempo acciones injustificables se vuelven tolerables. Es lo que ha ocurrido con la ocupación israelí que, año tras año, se traga más tierra palestina. Hoy la ocupación representa prácticamente el statu quo.


El liderazgo palestino sufre del mismo encierro que su gente. Diferencias geográficas e ideológicas han comprometido la integridad de Fatah y de Hamas, volviéndolos irrelevantes tanto en su casa como a nivel internacional.


Pero jamás esta división interna había sido usada de manera tan eficaz como un arma para deslegitimar el reclamo de los derechos humanos más básicos de un pueblo entero. El argumento es: “los palestinos están divididos, así que deben seguir encerrados”


El estrecho lazo entre el presidente estadounidense, Donald Trump, y el primer ministro de Israel, Biniamin Netaniahu, ha sido acompañado por un relato político que no admite simpatía alguna hacia los palestinos. Según este relato, incluso el hecho de que familias se manifiesten pacíficamente frente a la frontera de Gaza debe ser considerado un “estado de guerra”, tal como argumentó el Ejército israelí recientemente.


Durante su visita a la región, el secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, repitió un mantra bien conocido al referirse a los muertos y heridos de las protestas en Gaza: “Creemos que los israelíes tienen derecho a defenderse”.


Los palestinos se encuentran encerrados, en Cisjordania por la ocupación, rodeados de muros, puestos de control y colonias judías, mientras que Gaza sufre un asedio hermético desde hace una década. A pesar de esto, Fatah y Hamas parecen tener otras prioridades.


A partir de la creación, en 1994, de la Autoridad Palestina (ANP), luego de la firma de los Acuerdos de Oslo, Fatah dominó la política palestina, marginalizó a sus rivales y combatió a cualquier oposición. Mientras operaba bajo la ocupación militar israelí en Cisjordania, prosperaba económicamente al recibir miles de millones de dólares en ayuda económica.


Y lo que es más, la Autoridad Palestina ha usado su poder económico para mantener su control sobre los palestinos, exacerbando la ocupación y varios tipos de control militar israelí.


Desde entonces el dinero ha corrompido la causa palestina. Dinero de “donantes”, miles de millones de dólares que recibió la ANP en Ramalah, transformaron la revolución y el proyecto de liberación nacional en una estafa financiera con muchos beneficiarios. La mayoría de los palestinos, no obstante, sigue siendo pobre. Y el desempleo se ha disparado.
A lo largo de su conflicto con Hamas, Majmud Abbas (presidente de la ANP) nunca dudó en aplicar un castigo colectivo a los palestinos para ganar puntos políticos. A partir del año pasado tomó una serie de medidas financieras punitivas contra Gaza, incluso un pago sospechoso a Israel por suministro de electricidad a Gaza, mientras le recortaba los salarios a decenas de miles de funcionarios en Gaza que seguían recibiendo su paga de las autoridades cisjordanas.


Esta tragedia política lleva más de una década sin que los partidos se pongan de acuerdo para poder avanzar más allá de sus discrepancias.


Varios intentos de reconciliación han sido saboteados, o bien por los propios partidos o por factores externos. El último de estos acuerdos fue firmado en El Cairo el octubre pasado, y aunque se anunciaba prometedor, pronto comenzó a tambalearse.


En marzo pasado un supuesto intento de asesinato contra el primer ministro de la ANP, Rami Hamdalah, provocó acusaciones cruzadas entre ambos partidos. Hamas afirmó que los responsables eran agentes de la ANP resueltos a destruir el acuerdo, mientras que Abbas acusó a Hamas de intentar matar al líder de su gobierno.


Hamas está desesperado por encontrar una vía para acabar con el asedio a Gaza, y el asesinato de Hamdalah significaría un suicidio político para el movimiento. La mayor parte de la infraestructura de Gaza se encuentra en ruinas, debido a las sucesivas guerras israelíes. El hermético asedio a Gaza ha impedido su reconstrucción o reparación.


Fatah y Hamas ofrecieron relatos diferentes sobre las decenas de miles de palestinos que manifestaban en la frontera de Gaza, intentando usar las protestas para destacar o inflar su propio apoyo entre los palestinos.


Frustrado por la atención que las protestas le generaron a Hamas, Fatah intentó organizar contramanifestaciones en apoyo a Abbas en Cisjordania. Como era de esperar, el resultado fue embarazoso, ya que sólo logró convocar a pequeños grupos de simpatizantes de Fatah.


Más tarde Abbas presidió una reunión del difunto Consejo Nacional Palestino (CNP) en Ramalah para hacer alarde de sus supuestos logros en la lucha nacional palestina.
El CNP es considerado el ente legislativo de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP). Tal como la OLP, ha sido relegado durante muchos años a favor de la ANP, dominada por Fatah. El líder de la ANP escogió personalmente a los nuevos miembros para integrar el CNP, asegurándose así que todas las instituciones políticas obedezcan a su voluntad.


Los palestinos desencantados por las divisiones políticas están trabajando para crear un nuevo espacio político, independiente de los caprichos de las facciones. Porque, para ellos, la verdadera lucha es contra la ocupación israelí, por la libertad palestina, y nada más.

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