OIT: en AL la mayoría de jóvenes preparados tienen empleos precarios
El director de la oficina en México de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Thomas Wissing, afirmó que la mayoría de los jóvenes, aun aquellos con elevados niveles educativos, enfrentan el pago de salarios sin prestaciones, lo que “que propicia una vejez con pobreza”.


Al participar en un foro convocado por la Universidad Iberoamericana (Uia) sobre juventud desde la perspectiva de la pobreza y la exclusión, destacó que 6.7 millones de integrantes de este sector en América Latina se encuentran en el desempleo, aunque tengan altos niveles de formación.


Ante especialistas de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) y el Fondo de Población de Naciones Unidas México (UNFPA, por sus siglas en inglés), Wissing destacó que este sector de desempleados en la región representa 44 por ciento del total de personas que no tienen una fuente de trabajo.


Diego Palacios, representante en nuestro país de la UNFPA, agregó que naciones como México enfrentan un “grave problema que no han sabido sabido capitalizar”, pues tienen la mayor generación de jóvenes en edad productiva con capacidad de impulsar el desarrollo del país, ante un futuro en el que cada vez habrá más adultos mayores.


Al respecto, Simone Cecchini, oficial de asuntos sociales de la Cepal, afirmó que si bien la educación y el empleo son las “llaves maestras” para cerrar las brechas que enfrenta la población juvenil, estudios recientes elaborados por este organismo revelan que a pesar de que las nuevas generaciones cuentan con más acceso a educación, información y autonomía, esto no se ha traducido “en que tengan mejores empleos o poder”.


En el acto, al que acudió el subsecretario de Educación Superior, Rodolfo Tuirán Gutiérrez, expertos alertaron sobre las condiciones de pobreza que enfrentan millones de jóvenes que no tiene acceso a educación, salud y a un empleo digno.


El funcionario destacó que de los 36.6 millones de jóvenes que hay en el país, 19.5 por ciento no estudia ni trabaja. Agregó que según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo 2010, de cada 100 menores que ingresan a la primaria, 97 de ellos la concluyen, pero sólo 21 de cada 100 que logran cursar una licenciatura terminan sus estudios.


Indicó que la mayoría de los jóvenes que trabajan perciben bajos ingresos y no cuentan con prestaciones, pues 95 por ciento de ellos ganan menos de seis salarios mínimos.


Por su parte, José Antonio Pérez Islas, coordinador del Seminario de Investigación en Juventud de la Universidad Nacional Autónoma de México, destacó que de acuerdo con cifras del Consejo Nacional de Evaluación de las Política de Desarrollo Social, en México 5.1 millones de jóvenes viven en pobreza extrema. A ellos se suma otro sector juvenil que enfrenta el desempleo o la subocupación, “lo que les genera frustración”.


Aseguró que el llamado bono demográfico “se está perdiendo, pues va aumentando la precarización del empleo entre los jóvenes mexicanos, en un contexto en el que las instituciones “ya no responden a los nuevos escenarios y tampoco sirven para dar sentido a las nuevas generaciones”.

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Viernes, 28 Septiembre 2012 06:36

Palos de carabineros a los estudiantes

Motivados por la próxima discusión del proyecto de ley del Presupuesto 2013, decenas de miles de estudiantes volvieron a marchar ayer en Santiago por una educación gratuita y de calidad. La marcha terminó con al menos veinte detenidos y dos carabineros lesionados, como consecuencia de los enfrentamientos con la policía militarizada.


A más de un año de la reactivación de las protestas estudiantiles, con más de 40 marchas a lo largo de 2011 y la sexta en lo que va de este año, los estudiantes chilenos mantienen firme su lucha por una educación pública, gratuita y de calidad, pese a una serie de reformas que ya están en marcha. Según la universitaria Confederación de Estudiantes de Chile (Confech), la movilización de ayer contó con 70 mil manifestantes –aunque Carabineros haya dado cuenta únicamente de cinco mil personas–, que se desplazaron por el recorrido autorizado por la Intendencia Metropolitana hasta la calle Blanco Encalada, donde hablaron los líderes estudiantiles. Convocados por los secundarios –quienes lideran este año las protestas– y respaldada por la Confech, los estudiantes marcharon, en medio de un frío y gris día de primavera y, a poco de arrancar, registraron enfrentamientos con la policía. El choque se produjo cuando un grupo se separó del recorrido y se enfrentó con piedras y palos a los agentes de fuerzas especiales, que respondieron con abundantes chorros de agua, gas lacrimógeno y disparos de balas de pintura. La protesta fue acompañada por observadores de derechos humanos y el personal del estatal Instituto Nacional de Derechos Humanos, que fue facultado el miércoles por la Contraloría General de la República para subir a los autobuses policiales y constatar el estado de los detenidos, dadas las denuncias de represión y abuso, incluso sexual, por parte de la policía contra los estudiantes durante las marchas y desalojos de establecimientos educacionales. El grueso del grupo, sin embargo, siguió el recorrido, realizando actos artísticos, como batucadas y bailes, como en otras ocasiones.


En busca de más recursos, los estudiantes intentan ahora presionar por un incremento del presupuesto para la educación en 2013, que alcanzará los 12 mil millones de dólares –un 3,5 por ciento del Producto Bruto Interno (PBI) chileno– y que debe ser debatido en el Parlamento. “Aquí hay algo que nos afecta directamente, que es el Presupuesto. No podemos entender cómo la supuesta oposición ya está negociando, si aún no se presenta el Presupuesto”, dijo el vocero de la Coordinadora de Estudiantes Secundarios (Cones), Cristofer Sarabia. Los estudiantes también rechazaron la aprobación de una reciente reforma tributaria que otorgará mil millones de dólares anuales a educación. Tanto ellos como rectores de universidades e incluso algunos senadores oficialistas consideran que es necesario un incremento de fondos por cinco mil millones de dólares anuales para mejorar el sistema educativo. La líder de los alumnos de colegios secundarios, Eloísa González, subrayó que los jóvenes desean cambiar el modelo educativo chileno porque “no basta con inyectar más recursos”.


Según advierten todos los sectores, el nudo del problema es la desigual calidad de educación que perciben los jóvenes, debido a que en Chile la mayor parte del sistema educativo, tanto a nivel secundario como universitario, es pago. El gobierno propone subsidiar la demanda manteniendo la matriz privada del sistema, pero los estudiantes y amplios sectores de la oposición abogan por una presencia más activa del Estado en la educación y solicitan que sea gratuita. “En nuestro país alguna vez tuvimos 78 por ciento de matrícula de educación pública. Hoy día solamente tenemos un 40 por ciento, y si seguimos así el próximo año vamos a ser uno de los pocos países en el mundo con un sistema de provisión privado de educación, con un pequeño complemento público solamente”, indicó el presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica (FEUC), Noam Titelma.


El reclamo se inició en 2006, bajo el gobierno de la ex presidenta Michelle Bachelet, cuando los secundarios protagonizaron la llamada Revolución de los Pingüinos –por su atuendo de chaqueta azul y camisa blanca– para exigir la derogación de una de las última leyes de la dictadura de Augusto Pinochet, que traspasó la administración de las escuelas públicas desde el Estado central a los municipios. La revuelta se extendió por 40 días y finalizó con una comisión destinada a debatir una nueva ley, que finalmente no acogió las demandas de los estudiantes. Estas protestas se consideran el precedente de las manifestaciones que volvieron a estallar en abril del año pasado. En respuesta, el gobierno del actual presidente Sebastián Piñera impulsó una serie de proyectos de ley junto a un incremento de los recursos al sector que benefician sobre todo a los universitarios. En este contexto, Piñera promulgó el miércoles una ley que rebaja desde un seis a un dos por ciento los intereses de un crédito al que los estudiantes recurren para financiar sus estudios universitarios. La normativa rebaja en un 40 por ciento el monto de la cuota mensual de los créditos, lo que es considerado insuficiente por los estudiantes que aspiran a la gratuidad en las instituciones públicas, que en Chile funcionan como entes privados.

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Rossasn Reguillo
Son las cinco y treinta de la tarde y ya oscurece en los cuatro horizontes de Bogotá. Desde las altas torres de Rasilla se avista la carrera 15, donde una muchedumbre mansa y gris va y viene bajo la lluvia. La calle se agita ante el paso de un grupo de adolescentes, arropados con impermeables de colores eléctricos, que retozan sin piedad sobre los charcos de la acera. Ingreso a las instalaciones de la Universidad Central donde el aire es más cálido y el entorno provoca una conversación tranquila con Rossana Reguillo. De entrada advierte que no tiene mucho tiempo porque debe salir a una conferencia, así que, sin demoras, abordamos el motivo de la cita.

Diego Sánchez –DS–: Hablemos sobre jóvenes, una cuestión de su mayor interés. ¿Por qué hoy el modelo económico y político ve en ellos a uno de sus enemigos y se concentra en atacarlos?
Rossana Reguillo –RR–: Encuentro que la sociedad, y no sólo el sistema político, le declaró la guerra a los jóvenes desde hace varios años. En primer lugar, por el excedente de sentido que representan. Porque ellos son espejos invertidos, o espejos retrovisores que permiten avizorar los rumbos que una sociedad va a tomar y a veces la sociedad, lo que ve en sus jóvenes, le aterra o no le gusta. En segundo lugar, está una política disciplinante o disciplinaria que intenta ponerle cortapisas a la actividad juvenil, y busca borrar o anular esa configuración histórica que les asignó, ese rol de suspensión de prácticas laborales y compromisos con la sociedad mientras se acababan de “formar”. El modelo ya no tolera más esto.

Y en tercer lugar, por el gran valor en términos del motor que el neoliberalismo necesita para poder sostenerse a sí mismo, que es la velocidad en la producción de valor. Y es allí donde los jóvenes son espectaculares. El neoliberalismo depredador entendió muy temprano que el cuerpo juvenil era muy explotable, que se le podía extraer en un tiempo record un enorme valor y luego escupirlo, estamos en una “sociedad bulímica” que engulle a sus jóvenes y luego los vomita sin ningún tipo de remordimiento. Es verdad que en términos de empleo los que peor la están llevando son los jóvenes, y dentro de ellos las mujeres, que son a quienes les va peor. A esto debo sumar una rutina impresentable de los medios de comunicación, empeñados y ensañados en simplificar la realidad, convirtiendo a los jóvenes, en particular a segmentos integrantes de los sectores populares, en el enemigo de la sociedad, lo que ha propiciado un fenómeno de miedo de la sociedad hacia sus jóvenes.

–DS–: ¿Se refiere usted al uso recurrente de expresiones como la de “tribus juveniles”?
–RR–: Yo siempre hablo de “culturas juveniles”, contra esa noción impresentable de “tribus juveniles”, el término ‘tribus urbanas’ es un adjetivo que los arcaíza, presentándolos como bárbaros o salvajes. Pero además no da cuenta de otros elementos que componen ese universo tan amplio que llamábamos jóvenes. Por ejemplo, no tiene en cuenta las clases sociales, parece que es lo mismo ser skinhead en Ciudad Bolívar que serlo en el norte de Bogotá.

–DS–: Durante el 2011 usted observó de cerca varios de los movimientos de protesta que ocurrieron en América y Europa. ¿Qué diferencias encuentra entre los movimientos juveniles de los años sesenta y los de hoy?
–RR–: Habrían varias diferencias, pero a su vez encuentro varias similitudes y continuidades. Me parece que las diferencias centrales estarían en que las rebeldías, revueltas e insurrecciones que marcaron de manera fundamental el final de los sesentas, fueron movimientos que muy tempranamente avizoraron que las promesas de la modernidad en clave progreso, las fantasías de la modernidad en una lógica de desarrollo lineal, eran una falacia. Estas, a su vez, orientaron parte de sus esfuerzos a desenmascarar esta mentira. De otra parte, me parece que fueron rebeldías muy enlazadas a procesos o dimensiones ideológicas, donde la fuerza del poder articulatorio de los partidos o de los movimientos obreros y estudiantiles, tenían un peso sustantivo. Otra característica importante tiene que ver con el carácter muy local de sus reivindicaciones. Estoy pensando en el “Mayo Francés”, que creaba, trabajaba y se integraba, en lo fundamental, desde las condiciones socio-históricas y políticas galas. Otro tanto ocurrió con octubre en México o la “Primavera de Praga”. Todos estas rebeliones tuvieron esa dimensión.

–DS–: ¿Y cómo se ven los levantamientos de hoy?
–RR–: Lo que vemos hoy son insurrecciones de nueva índole, o como las llama Benjamín Arditi: “Insurgencias de nuevo cuño”, que tienen tres componentes: en primer lugar, se trata de insurrecciones, rebeldías o resistencias que no se articulan en torno a la toma del poder, ni siquiera tienen la intencionalidad de instalar al Estado como su interlocutor. En segundo lugar, es la enorme diversidad ideológica que cabe en estos movimientos: estoy pensando en los “Indignados del 15 M”, en “Occupy Wall Street”, en el “Yo soy el 132” en México. Este amplio espectro ideológico los hace más lentos porque deben trabajar mucho más en sus articulaciones, pero al mismo tiempo los hace más ricos en ideas, más horizontales, más lúdicos y menos verticales. Encuentro en estos nuevos movimientos –referidos a lo que había en los sesentas– una mayor capacidad de placer y una mayor posibilidad de divertirse mientras se hace la revolución. Un tercer componente, que es muy interesante, tiene que ver con una enorme fuerza del Yo. En el movimiento contemporáneo es muy importante el proceso personal desde donde se participa, si revisamos muchas de las revueltas de los años sesenta, por ejemplo en USA las revueltas estudiantiles de Berkeley en California, se encuentra una tendencia a pensar desde lo colectivo, un nosotros casi puro, casi homogéneo. Eso no se ve ahora, entonces el nombre propio con el cual se participa en la protesta es definitorio. A los anteriores componentes le agregaría una gran capacidad de uso de los dispositivos tecnológicos y un talento estético que desborda con mucho a sus antecesores.

–DS–: Levantamientos con particularidades en los lenguajes, en las formas de actuar…
–RR–: Sí, junto a lo ya anotado encuentro algunas particularidades, por ejemplo: el movimiento de los Ocuppy de Wall Street, ha logrado una enorme ligereza, y toma el término de Italo Calvino en su libro “Seis propuestas para el fin de milenio”, donde habla de la ligereza, citando la figura de Perseo, ese héroe griego que se enfrenta a la Medusa y triunfa porque nunca la desafía de manera directa, se enfrenta siempre de manera oblicua, nunca la confronta de frente, ni la mira de manera directa a los ojos. Entonces el movimiento de Ocuppy de Wall Street entendió de manera muy clara que si quería persistir, no podían confrontar al sistema de frente. Por ejemplo, la ocupación del espacio público se hace en el Zuccotti Park, que después se convirtió en “Liberty Plaza“, ellos entendieron que allí no los podían desalojar porque es un parque público-privado, una figura que existe en Estados Unidos, y que para desalojarlos de allí la solicitud debía venir directamente del dueño del parque, que es una multinacional, que no se iba a confrontar con un movimiento con audiencia global. Además, se acuñó la frase: “tú no puedes desalojar una idea”.

Ocuppy de Wall Street, también ha sido capaz de reinventar el lenguaje de la política. Su frase “We are the 99%” (Somos el 99%), rompe el lenguaje político de las identidades creado por la modernidad. Durante mucho tiempo uno participaba –y se sigue participando– en la protesta y en la resistencia desde identidades colectivas muy restringidas. El movimiento obrero, el estudiantil, los pueblos originarios, las lesbianas, las feministas, los homosexuales. En una lógica de identificación restrictiva. Cuando los “Ocuppy” dicen esta genialidad de: “We are the 99%”, significa que ahí cabemos todos, menos el 1%, es decir, los dueños de las grandes corporaciones y sus aliados.

–DS–: ¿El origen de estos nuevos movimientos se encuentra en el “Mayo del 68” y en rebeliones más recientes, como la de los Zapatistas?
–RR–: Fíjese que no se puede homogenizar. En buena medida muchas de estas nuevas insurgencias o rebeliones se articulan al estallido de la crisis total del modelo socioeconómico. Ahora bien, ellos abrevan en varias tradiciones de lucha, como el “guevarismo utópico”, no la revolución cubana, más bien el “cheismo”. En el caso mejicano es evidente que ha influido el zapatismo original de la Revolución de 1910, pero también el zapatismo del 94. En los movimientos europeos, se encuentra la influencia directa de Stéphane Hessel1, ese gran pensador, el autor del libro ¡Indignaos! ha sido una marca fundamental para muchos de ellos, pero también se alimentan de los Simpson, de la cultura pop, de los grandes iconos de la cultura masiva. Y toda esta gama tan amplia, los vuelve muy rápidos, muy hábiles y muy difíciles de asir en una sola definición unívoca y cerrada.

–DS–: Una constante de estos nuevos movimientos es la manera novedosa de presentarse y narrar los problemas o hacer las exigencias. ¿Qué diría usted sobre esto?
–RR–: En términos de lenguajes y estéticas se ven cosas muy interesantes. Viví en New York y pude observar de cerca el movimiento de Ocuppy de Wall Street, estuve en España con “Los Indignados”, y en México sigo el movimiento del “132”. Encuentro que ellos han reflotado la idea de la marcha, les interesa estar en la calle, tomar las calles. Considero que combinan la política caliente con la política fría, la política caliente de la marcha, de los cuerpos en la calle, con la política fría de las redes sociales, de los dispositivos digitales, de la comunicación escrita en blogs o documentos impresos, sin que una anule a la otra. Considero, en ese sentido, que si bien hay innovaciones interesantes en el modo que se usa el cuerpo en la movilización, en la innovación casi carnavalesca de presentarse en las calles, también existen muchas continuidades, por ejemplo, si vas a las marchas del movimiento “#132”, encuentras que hacen cosas geniales, muy creativas, totalmente nuevas, pero al lado encuentras las viejas consignas de la izquierda mejicana, coexistiendo en un mismo espacio y eso no complica a los participantes, justamente es la expresión contemporánea de una protesta juvenil que históricamente se alimenta de diversas fuentes.

Todos estos componentes y particularidades son la expresión del actual ser juvenil. Ahí están sus capacidades y potencialidades, con sus particularidades en cada sociedad.

–DS–: Con otras preguntas en mi mente, pero sin tiempo por parte de Rossana para poderlas responder, salgo de la sede norte de la Universidad Central. En la calle, jóvenes y adultos, prosiguen su marcha acelerada hacia sus destinos individuales. Me pregunto por el necesario encuentro, de todos, que buscamos en nuestra sociedad: ¿cuál será el detonante que lo propiciará?


* Rossana Reguillo es Doctora en Ciencias Sociales, especializada en Antropología social, profesora-investigadora del Departamento de Estudios Socioculturales del ITESO, investigadora Nacional SIN (Sistema Nacional de Investigadores, nivel III), e integrante de la Academia Mexicana de las Ciencias Es autora, entre otros libros, de: En la calle otra vez. Las bandas juveniles. Identidad urbana y usos de la comunicación (1991); La construcción simbólica de la ciudad (1996), Horizontes fragmentados. Comunicación, cultura, pospolítica (2005), Los jóvenes en México (2010). Culturas Juveniles. Formas Políticas del Desencanto (2012).

1 Stéphane Frédéric Hessel (Berlín, Alemania, 20 de octubre de 1917) diplomático, escritor y militante político. Su libro, ¡Indignaos! (Indignez-vous!), ha influido en las protestas de España en el año 2011, en particular en los movimientos: ¡Democracia Real YA! y “Movimiento de indignados, 15-M”.

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Jueves, 06 Septiembre 2012 06:03

Crece la deserción escolar en Italia

Crece la deserción escolar en Italia
Según el Instituto de Estadísticas de Italia, uno de cada cinco estudiantes secundarios abandonó la escuela en 2010. Las regiones más afectadas fueron Sicilia, Cerdeña, Puglia y Campania, a la que pertenece Nápoles, con el 23 por ciento.


El año escolar y universitario, que está comenzando en Italia en estas semanas, se presenta como un nuevo desafío para las familias en estos momentos de crisis económica, por los notables gastos en materia de libros, inscripciones y materiales necesarios. A esto se agregan los aumentos de gas, luz, salud y otros servicios impuestos por el gobierno, que se harán palpables en estos meses y significarán como media, según la prensa italiana, un crecimiento del gasto familiar cercano a los 500 euros hasta fin de año.


En medio de un panorama educativo que paga el precio de la crisis, otro dato no menos preocupante surgió en estos días. Según el Istat (el Instituto de Estadísticas de Italia), uno de cada cinco estudiantes secundarios abandonó la escuela en 2010. Las regiones más afectadas fueron Sicilia (26 por ciento), la isla de Cerdeña (23,9 por ciento), Puglia (23,4 por ciento), Campania (la región a la que pertenece Nápoles, 23 por ciento). La deserción escolar prematura, es decir antes de haber obtenido el título secundario, alcanza en Italia al 18,8 por ciento de los inscriptos, contra el 12,9 por ciento de Francia y el 11,9 por ciento de Alemania. La media europea es 14,1 por ciento. Italia es superada en este sentido en Europa sólo por Malta (36,9 por ciento), Portugal (28,7 por ciento) y España (28,4 por ciento).


Por supuesto, la deserción escolar no se limita sólo a las regiones italianas mencionadas y es más pronunciada en los barrios periféricos de las grandes ciudades. El desamor por la escuela comienza en la adolescencia, con todos los problemas que esa edad acarrea, pero también es producto de la degradación social y la indigencia, dicen los expertos.


En Italia, la escuela es obligatoria hasta los 16 años y esto significa que a esa edad los chicos ya están cursando el secundario (aquí llamado Liceo), que terminarán a los 19. El Estado, teóricamente, puede obligar a las familias a enviar a sus hijos a la escuela hasta esa edad. Después no. Por lo cual no hay prácticamente ningún medio legal para perseguir la deserción. ¿Qué hacen los chicos cuando abandonan el colegio? ¿Trabajan por necesidad? Algunos sí, pero los analistas presumen que la mayor parte de ellos no lo hace, dado que en el país la desocupación juvenil alcanzó casi el 20 por ciento en el primer trimestre de 2012. Y esto es preocupante porque siendo sobre todo muchachos los que abandonan (22 por ciento de muchachos contra el 15 por ciento de chicas) y pertenecientes a sectores socioculturales no demasiado elevados, pueden transformarse en terreno fértil para tráficos varios, principalmente de droga, un modo veloz de ganar dinero.


Italia es uno de los países de Europa que menos destina a la educación, como demuestra la incidencia que los gastos en instrucción tienen en el Producto Interno Bruto (PIB). En 2009, según el Istat, ese gasto era igual al 4,8 por ciento del PIB contra una media europea del 5,6 por ciento. En Italia cerca del 45 por ciento de la población adulta posee sólo un título de la escuela secundaria, mientras que en Europa ese indicador llegaba al 27,3 por ciento en 2010.


Tal vez por todas estas razones y ante una situación alarmante que podría progresar a causa de las dificultades económicas de las familias, el Ministerio de Educación ha destinado unos 25 millones de euros de la Unión Europea y otros 75 millones puestos a disposición por el Ministerio del Interior, para una serie de proyectos tendientes a controlar la deserción escolar en las principales regiones afectadas. Pero para otros no se trata sólo de dinero. Problemas como la escasa orientación de parte de los profesores en cuanto a la elección del tipo de secundario (clásico, científico, lingüístico, etc.) hacen que los chicos elijan la escuela equivocada, sin ver la posibilidad de escuelas técnicas (industrial, musical, perito mercantil, moda, etc.) que les podrían ofrecer otras oportunidades.


Sin duda un factor que influye en la deserción escolar es la situación que vive el grupo familiar, tanto afectiva como económicamente, y en los tiempos que corren, con la desocupación que acosa, los bajos salarios y jubilaciones y los aumentos, las familias tienen muchas cosas importantes de qué preocuparse. Basta pensar lo que cuesta hoy inscribirse en la escuela secundaria pública y lo que cuestan los libros y el material escolar. Hablando sólo de escuelas públicas, las familias italianas tienen que pagar una tasa de inscripción que va de 50 a 200 euros, según los colegios, las regiones y el ingreso familiar. A eso hay que agregarle una tasa gubernativa y otra tasa de frecuencia que en total pueden sumar poco más o menos 30 euros. Pero las cuentas no acaban ahí. Hay que pensar en los libros y demás material necesario, un gasto que puede rondar los 300-700 euros, según los casos. Según Federconsumatori, una organización que defiende a los consumidores, este año un chico en el primer año del secundario deberá gastar unos 745 euros en libros, el 2 por ciento más que el año pasado, más unos 488 euros en todo el material necesario para cursar. Por suerte la crisis ha aguzado el ingenio de muchos chicos que han organizado ventas de libros usados a través de Facebook, mercados de usados en las mismas escuelas y compraventas por Internet. Existen desde hace años en muchas ciudades mercados oficialmente autorizados para vender libros usados que ellos mismos reciben de los estudiantes o de las escuelas.


Si se trata de gastos universitarios, la cuenta se va para arriba. Primero hay que aprobar el examen de ingreso, que cuesta de 50 a 120 euros y, una vez aprobado, habrá que pagar la inscripción anual que va de 360 a 2200 euros, según el ingreso familiar y las facultades. Y quien debe trasladarse a otra ciudad para estudiar deberá desembolsar como mínimo unos 5000 euros al año, sólo para pagar el alquiler de una habitación.

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Plata en vez de plomo o las vidas cruzadas de Óscar, Rigoberto y Catherine
Quizá nunca se han visto. Aunque son antioqueños, Óscar Figueroa, Rigoberto Urán y Catherine Ibarguën, de 29, 25 años, y 26 años, vivieron su infancia en pueblos perdidos de los Andes paisas, los dos primeros y la niña de sonrisa eterna, en el Urabá antioqueño. Oscar en Zaragoza, bien al nordeste, Rigoberto en Urrao, al oeste y Catherine en Apartadó.

Ahora, tras haber obtenidos sendas medallas de plata en las olimpiadas de Londres, en pesas, ciclismo y salto triple, las primeras en la historia del atletismo nacional, se devela la historia de violencia que sufrieron los tres deportistas.
Óscar tuvo que marcharse con su familia campesina tras sufrir los embates del conflicto armado en aquel pueblo de socavones de oro. Paramilitares y guerrilla siempre han hecho presencia en Zaragoza, y su confrontación solo ha dejado miseria y desplazamiento.

Las estadísticas no hablan muy bien del terruño. El 98% de los 28.356 habitantes de Zaragoza, viven aún entre la pobreza y la miseria como si los 17 años de la partida de los Figueroa de su comarca, petrificaran el progreso allí. Doña Ermelinda, la mamá de Óscar, decidió hacer un par de maletas e irse con sus cuatro hijos lejos de ese infierno de oro, relata un periodista español que entrevistó al héroe de Zaragoza.

Cruzando la cordillera


Los recibieron familiares en Cartago (Valle del Cauca) por un par de días hasta que consiguieron un rancho en arriendo en un barrio de invasión. En ese momento la mamá comenzó a ser la cabeza del hogar. Se empleó como ayudante doméstica en una casa de ricos y así comenzó a sacar a sus hijos adelante.

Por aquellos años 80 de violencia, que desplazaron a los Figueroa como a cientos de miles de colombianos, la estrategia utilizada por el paramilitarismo en esta región liberal para disolver el poder creciente de la Unión Patriótica, consistió en realizar las conocidas masacres de Segovia, el Bagre, Cáceres y Valdivia, vecinas de Zaragoza.

El Estado no reaccionó con el vigor suficiente para impedir ni mucho menos aclarar y judicializar estos hechos, incluso ante evidencias de que se habían producido con la anuencia o abierta complicidad de miembros de la Fuerza Pública. Lejos quedaban las estrofas del himno del poblado que hablan de una “tierra de paz y bien”.

Óscar, a sus 12 años, comenzó en Cartago una nueva vida disputándole a la miseria, esta violencia sórdida, un espacio para salir adelante, haciendo de todo, desde “chino” de los mandados hasta vendedor de golosinas en la calle. En la entrevista reseñada, Óscar pasó por un gimnasio pobre del municipio, y o que unos jóvenes levantaban pesas y le gustó la idea de hacerse grande. A sus primos que jugaban fútbol no les gustó tanto, pues veían en él posibilidades de ser un buen centrocampista, pero el joven, obstinado, se decidió por los “fierros”. Los otros, los de la competencia sana.

Cuenta Damaris Delgado, su primera entrenadora, que el muchacho la impresionó porque en la segunda semana de entreno, el desnutrido moreno de 34 kilos de peso corporal fue capaz de levantar 65 kilos en un solo viaje.

Dos años más tarde, el entrenador de la selección vallecaucana de halterofilia, Jaiber Manjarrez, lo vio ganar un campeonato y le propuso irse a vivir a Cali para prepararse con los mayores. Óscar llegó a vivir en un inquilinato humilde; con cama de colchón de paja y tablas heridas por la polilla. Desayunaba, almorzaba y comía en la tienda frente al gimnasio, cuentas que cada mes pagaba el entrenador.

El resto ya lo saben hoy todos los colombianos. Óscar, como miles de compatriotas, ve en las filas militares, una forma de sobrevivencia para huirle al desempleo. Óscar se hizo soldado y allí descolló en el deporte de las pesas, que de nuevo le han traído la gloria al país. Primero con Isabel Urritia, hoy destacada política de la izquierda, y hasta ahora la única presea de oro para Colombia en unas olimpiadas.

El chance de la vida


La historia de Rigoberto no deja de ser menos dramática con el agravante del asesinato de su padre en una calle de Urrao por paramilitares cuando ofrecía billetes de lotería. El joven ciclista apenas tenía 14 años. “Don Rigo”, viendo las cualidades de su hijo, había alcanzado a comprarle una bicicleta al hijo en la que empezó a destacarse en cuanta prueba participaba.

Pero con la desaparición del padre el niño deportista no tuvo otro remedio que contribuir con los gastos del pobre hogar, empleándose como vendedor de chance y lotería. Aracelly, la viuda, y Martha, la hermana, que era muy pequeña, salieron adelante con la ayuda del hijo mayor.

Sin embargo, su tenacidad y amor por el ciclismo logaron nuevos horizontes para Rigoberto, especialmente en Europa. Allí ganó la rigurosa Vuelta del Porvenir, en Francia, en 2004 y 2006.

Todos vimos la felicidad en los rostros de Aracelly y Martha cuando los noticieros reprodujeron las instantáneas del triunfo de Rigoberto seguidas por su familia en la transmisión en directo de la competencia de ruta y que terminó aquel inolvidable domingo frente al Palacio de Buckingham, la casa imperial inglesa.

Los lances de Catherine


La vida de Catherine pasó por los mismos lances que vivieron Óscar y Rigoberto bajo el sol antioqueño.
Como ellos, es otra desplazada por la violencia cuando sus padres presenciaron el horror paramilitar que anegó todo el Urabá. El domingo de dicha plateada, un noticiero trajo las imágenes del padre de Catherine, feliz por la hazaña de su hija aunque en el exilio en Maracay, Venezuela.

“Acá lo encontramos, asilado tras huir de la violencia en Colombia”, anotó el reportero. Como decenas de miles de compatriotas que han buscado refugio en otros lares para salvar su vida, a costa, inclusive de abandonar a sus hijos.
Las crónicas de ahora hablan que Catherine tuvo que ser criada por una tía que en servicios varios trabaja hace 31 años y devenga aun un salario de 250 mil pesos, y por aquella abuela que todos vimos en la tele llena de orgullo de su nieta afrodescendiente.

Semejante fortuna solo alcanzaba para el alquiler una pequeña pieza en Turbo. La alimentación consistía en arroz, plátano y agua de panela.

Hoy se anuncia que el Instituto Colombiano de la Juventud y el Deporte Coldeportes, que es justo reconocer le brindó apoyo, como a Óscar y Rigoberto, le entregará de una casa. Con este respaldo también será instructora para futuras generaciones que practiquen el atletismo.

Por desgracia, el talento de decenas de miles de colombianos, en todas las expresiones de la vida, se pierden ante las carencias como las que han vivido estas tres figuras, en un país que ocupa el triste lugar de ser el tercero más desigual del planeta.

Las de Óscar, Rigoberto y Catherine, tres vidas cruzadas por la violencia que aflige a todos los colombianos, pero que hoy se regocijan con estos triunfos que por fin traen plata y no plomo al podio de la nación luego de asaltar el cielo en Londres.

Publicado por ANNCOL para ANNCOL-CULTURA el 8/06/2012
Publicado enColombia
Lunes, 16 Julio 2012 05:55

Brasil y su exportación de ilusiones

Brasil y su exportación de ilusiones
Brasil es, entre los países emergentes, un exportador de cierto relieve. Produce y vende al mundo soja, mineral de hierro, carnes (pollo, cerdo, res), café, aviones, ómnibus, automóviles, manufacturados, y también alguna que otra secta evangélica (la Iglesia Universal del Reino de Dios, por ejemplo, engendro puramente brasileño, es una potencia que crece en todo el mundo). Ultimamente, la lista ganó al menos dos novedades: cada vez más Brasil produce y vende sueños e ilusiones.


El sueño de ser jugador de fútbol o modelo que alcance rápidamente el rango de top model son algunas de las excusas para fortalecer el tráfico de personas, que no hace otra cosa que crecer. La consecuencia es que cada año aumenta el número de casos investigados por la Policía Federal brasileña. Hay los que resultan en prostitución, venta de órganos, adopción ilegal de bebés, trabajo esclavo y algo más.


Acorde con las investigaciones, los destinos más comunes son los países de Medio Oriente y de Europa. Curiosamente, mientras aumenta el número de europeos, principalmente portugueses y españoles con formación calificada, que buscan trabajo en Brasil, crece el número de denuncias que la Policía Federal brasileña recibe sobre tráfico ilegal de personas al exterior. Italia, Suiza, España y Portugal son los principales destinos primarios (porque de esos países suelen ir a otros) de la inmigración ilusoria de miles de brasileños. Aunque no existan datos oficiales, las autoridades calculan que cada año al menos cien mil brasileños, jóvenes en su mayoría, se dejan engañar de alguna manera y terminan siendo víctimas de bien organizados bandos de traficantes de personas.


Uno de los focos de investigación es el de adolescentes que quieren ser jugadores de fútbol y persiguen el sueño de tornarse un Messi, que en plena adolescencia fue a parar a Barcelona y se transformó en lo que es. Hay casos de muchachos que fueron a parar a sitios remotos como Irán o Letonia, esperando por la oportunidad única de transformarse en ídolo mundial. En general entran en esos países de forma ilegal, y después de algún tiempo de ser explotados de todas maneras buscan los consulados brasileños pidiendo ayuda.


El número de adolescentes seducidos por promesas de trabajo –tanto en el fútbol como en la carrera de modelos de publicidad– y que embarcan en sueños falsos aumenta cada año. Los registros indican que de los cerca de 30 mil casos de 2003 se llegó a más del triple en 2012.


Las investigaciones de la Policía Federal brasileña indican que los primeros en ser engañados son los padres de los jóvenes que embarcan para aventuras que, en la mayoría de los casos, terminan muy mal.


Niñas que soñaban en transformarse de la noche a la mañana en Giselle Bündchen despiertan transformadas en prostitutas en Málaga; muchachos que querían ser el nuevo Messi se dan cuenta de que se transformaron en siervos sexuales en algún rincón perdido del mundo árabe y jóvenes que soñaban con ser algo se transforman en víctimas del subempleo en varias partes del mundo.


Se calcula que en América latina unas 800 mil personas viven en situación de esclavitud o de trabajo en situaciones degradantes. Ese es el cálculo del departamento de la ONU que trata del trabajo esclavo y de las víctimas de las promesas falsas de los traficantes de gente. En Brasil, ese número es considerado absolutamente inferior a la realidad. Solamente en 2011, los consulados recibieron pedidos de ayuda de poco más de 20 mil brasileños y se conocen historias de muchos más que logran volver al país por propia cuenta, sin recurrir a las autoridades.


Hay agentes para exportar lo que sea, de aspirantes a modelo a jóvenes promesas del fútbol, de niñas que sueñan con ser bailarinas y se transforman en prostitutas a médicos que se transforman en contrabandistas de órganos humanos. La gran mayoría de los casos converge hacia un mismo punto: la explotación sexual.


Y así, cada año Brasil se transforma, a medida que crecen sus exportaciones positivas, en un gran exportador negativo de sueños y carne humana. Las historias se repiten y el escenario puede ser Barcelona, Lisboa, Teherán, Nueva Delhi o Roma. Es lo que indican las investigaciones que cubren más de dos años de trabajo de la Policía Federal brasileña.


Fueron identificadas al menos cincuenta agencias especializadas en buscar trabajo en el exterior para jóvenes brasileños. Anuncian desde plazas de camareros hasta domadores de caballo, de danzarinas a cuidadoras de niños y ancianos, de candidatas a modelo a músicos. Primera conclusión de ese trabajo de la policía: Brasil, mientras exporta bienes tangibles, exporta víctimas de ilusiones. Peligrosas ilusiones.



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Unión Europea, al borde de la ‘generación perdida’
Una nueva tragedia se cierne sobre la UE. El riesgo de crear una ‘generación perdida’, constituida por jóvenes a quienes el desempleo les arrebató las ilusiones, podría conducir al caso asocial. Según un estudio de Gallup, el nivel de desempleo real en la Unión Europea es mucho más alto de lo publicado oficialmente, si se lo calcula sobre la base de la desocupación entre mujeres y hombres.
 

En España, el desempleo entre las mujeres alcanza un 41% y entre los hombres un 36%, mientras que en Grecia se ubica en el 59% y 54%, respectivamente.

 
Los niveles de gente sin trabajo seguirán creciendo ya que, según analistas, la economía de la zona euro se encontrará en recesión este año, teniendo en cuenta que seis países del bloque monetario ya están en recesión, con dos trimestres consecutivos de declive económico.

 
Las preocupaciones sobre la crisis de la deuda y el futuro de la moneda europea ejercen presión sobre la actividad económica en la zona euro. Las empresas recortan puestos de trabajo o posponen la contratación de empleados, ya que la confianza en la economía se debilita, mientras muchos Gobiernos implementan programas para reducir costos, incluyendo grandes recortes en el sector público. Un total de 17,6 millones de personas se encontraban sin empleo en la zona euro en mayo, según estadísticas oficiales.
 

La tasa de desempleo más alta se registró en España, donde un 24,6% estaban sin trabajo en mayo. En general, el 52,1% de los jóvenes estaban desempleados en ese país, así como en Grecia.

 
Uno de los riesgos más significativos de esta situación es la probabilidad de la aparición en Europa de la llamada ‘generación perdida’, dice el jefe de los expertos de BKS Express, Dmitri Shishov, citado por expert.ru.

 
Los jóvenes que ahora deben construir sus carreras, no tienen oportunidad para el desarrollo. Y si la crisis se prolonga, el tema se convertirá en un dolor de cabeza real ya que llevaría no solo a una estratificación social, sino también al crecimiento de las protestas.

 
Según los últimos datos estadísticos, a una persona en España, Italia y Francia le es duro sobrevivir con un solo ingreso, si se deducen los impuestos.

 
“Los políticos y las partes interesadas de la UE comprenden la catástrofe potencial de una ‘generación perdida’, pero aún son impotentes para detener el crecimiento del desempleo entre los jóvenes”, concluye Andrea Broughton del Instituto de Estudios sobre Empleo de Londres.

 
Además, el problema se agrava por la tendencia actual de envejecimiento de la sociedad.
 

 6 Julio 2012

(Tomado de Russia Today)

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La crisis golpea primero a los jóvenes

La Organización Internacional del Trabajo advirtió que la situación laboral de las personas entre 15 y 24 años se viene agravando a causa de la crisis internacional. En España afecta al 46,4 por ciento, mientras que en la Argentina la tasa llega a 17,1.


El aumento en los niveles de desocupación es una consecuencia directa de la crisis económica global, que se profundiza entre los jóvenes. La tasa de desempleo entre las personas de 15 a 24 años alcanzó a 12,6 por ciento en 2011 y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) prevé que aumentará levemente este año, hasta 12,7 por ciento. El organismo proyecta que la tasa de desempleo juvenil se mantendrá en el mismo nivel elevado por lo menos hasta 2016. El informe de la OIT difundido ayer, Tendencias Mundiales del Empleo Juvenil 2012, afirma que son casi 75 millones de jóvenes sin trabajo, un incremento de cuatro millones desde 2007. Las elevadas tasas de desempleo superan el 30 por ciento en algunos países de Europa, como España, Grecia y Eslovaquia. En Argentina, después de ocho años de sostenido crecimiento económico y mejoras en materia laboral, la desocupación entre los jóvenes casi triplica los registros entre la población adulta. En el segundo trimestre de 2011, el 17,9 por ciento de los jóvenes argentinos se encontraba desempleado.


La desocupación y precariedad entre los jóvenes argentinos representan un problema estructural del mercado laboral. La vulnerabilidad de ese grupo poblacional, equivalente al 17,1 por ciento del total del país, según los datos del censo 2010, está presente en Argentina desde antes del estallido de la crisis de 2001-2002. Si bien los indicadores mejoraron desde el pico de 30 por ciento de desempleo joven alcanzado durante la traumática salida de la convertibilidad, la diferencia entre las tasas de desocupación de jóvenes y adultos son persistentes y elevadas.


Los altos niveles de desempleo entre las personas de 15 a 24 años son una característica que comparten la mayoría de los países de América latina. La desocupación joven se mantuvo en el orden del 15 por ciento a lo largo de los últimos 14 años. Los datos oficiales de 2011 de Brasil muestran que el desempleo asciende al 12,6 por ciento, en Chile llega al 17,8 por ciento y en Uruguay fue 18,0 por ciento en el segundo trimestre del año pasado.


“A pesar de que persisten grandes diferencias en las tasas de desempleo juvenil regionales, todos los continentes enfrentan grandes desafíos en el área del empleo juvenil”, sostiene la OIT. A diferencia de lo que sucede en América latina o en Medio Oriente y Africa del Norte, donde hace más de veinte años que uno de cada cuatro jóvenes está desocupado, en Europa la cantidad de jóvenes con problemas de empleo se disparó a partir del estallido de la crisis financiera internacional y se profundizó con las políticas de ajuste desplegadas. En 2011, el desempleo joven en España llegó al 46,4 por ciento, el nivel más elevado de Europa, más del doble de los registros para la población adulta. Un tercio de los jóvenes desocupados buscaron trabajo, sin éxito, durante más de un año. Las cifras registradas en España sólo se comparan con los registros alcanzados en Croacia y Eslovaquia, donde la desocupación entre los menores de 24 años llegó al 35,8 y 33,6 por ciento, respectivamente.


En los países desarrollados y en la Unión Europea, dos millones de jóvenes se retiraron del mercado de trabajo como consecuencia de la crisis y no son contabilizados por las estadísticas como desocupados. “Desalentados por las tasas de desempleo juvenil, muchos jóvenes abandonaron completamente la búsqueda de trabajo o decidieron posponerla y permanecer dentro del sistema educativo. Si la tasa de desempleo es ajustada a partir de la deserción provocada por la crisis económica, la tasa mundial de desempleo juvenil aumentaría de 12,6 a 13,6 por ciento”, advierte el informe de la OIT.


Al mismo tiempo se observa una tendencia a la precarización laboral de los jóvenes en esas regiones: “En las economías desarrolladas, los jóvenes son contratados, cada vez más, en empleos atípicos y la transición al trabajo decente sigue siendo postergada. El crecimiento del empleo temporal y del trabajo a tiempo parcial en la última década sugiere que este trabajo es cada vez más utilizado, ya que es la única opción disponible”.

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Sábado, 21 Abril 2012 12:04

Un debate de vida o muerte

Un debate de vida o muerte
No es uno ni son dos los casos de estudiantes ausentes o con perjuicios para lamentar. Suman muchos más, y no ocurrieron sólo durante 2011. En verdad, las noticias que informan sobre la muerte, mutilaciones u otras graves lesiones entre estudiantes universitarios proceden de años atrás; sin embargo, y a pesar de su gravedad y reiteración, no motivan debate alguno. O preocupación con miras a enfocar la situación, ni entre los grupos estudiantiles ni entre las organizaciones políticas que inciden entre el activismo estudiantil o en general entre la juventud (Ver recuadro). La situación resulta incomprensible frente a un debate sobre los quehaceres particulares, como un gremio define una huelga y mediante qué recursos y cómo la anuncia, que es pertinente y ya demora sin una explicación válida desde los intereses generales, y del mejor presente y futuro mismo de la lucha estudiantil.

Desde este ángulo, hallar un enfoque y una propuesta que alcancen legitimidad obliga por el dolor que produce cada uno de estos sucesos y también por su efecto equívoco de criterios para la propia organización del movimiento estudiantil, así como para el conjunto del movimiento juvenil.

Espacios para la protesta


Para acercarnos y dar un primer paso en el análisis, cabe rememorar que el uso de explosivos de distinto tipo ganó espacio entre la juventud colombiana por motivo de dos circunstancias: una, la violencia que siempre han desplegado los cuerpos antimotines de la Policía Nacional para enfrentar correctamente la protesta ciudadana. Desde hace cinco décadas hay una constante: a cada marcha, a cada protesta, la respuesta es el bolillo, el chorro de agua, las pedradas, para luego pasar a la munición recalzada, a los disparos –son varios los estudiantes asesinados por balas oficiales en medio de las protestas–, a las bombas de ruido; y cuando un joven sufre la desgracia de ser detenido, cae bajo el peso de los golpes, las patadas, el maltrato y los insultos.

Dos, en la calle y en el cuarto del calabozo, el Estado muestra su real catadura: la violencia. Es un proceder oficial que tiene consecuencias por supuesto. Los jóvenes que son agredidos en forma impropia por la Fuerza Pública, al regresar a la calle en una nueva protesta, ya asisten con indisposición deliberada, precaución y preparación. Como afirman el dicho popular: “al perro no lo castran dos veces”.

Una, y dos razones, motivaciones o antecedentes que compelen a los asistentes de una próxima protesta a ir en guardia, con distintos instrumentos de defensa popular, en un hecho que en forma ligera, y en un contexto sostenido, sin reflexionar sobre las particularidades de la situación y el objetivo específico que procede, y acerca de su escenario particular para acercar y ganar más jóvenes e influir sobre sus familias y relacionados.

Presente este alejamiento para relacionar las condiciones de la movilización, aparece un tercer aspecto con relación, derivado y agravante por el sesgo que adopta. Es el referente a los aspectos de idealización del “revolucionario”, con prolongación de la imagen del Che y de Camilo Torres, con quienes –en una forma unilateral frente a la historia y sus vidas– han sido degradados a la simple imagen de guerreros. Una reducción que los despoja de su pensamiento, palabra y vínculo histórico y popular, principal fundamento de su vocación y decisión como combatientes, siempre listos a ofrendar su vida por una causa que aun en medio de la crudeza de los hechos mantuvo un rigor para diferenciar qué acción es conveniente frente a la justicia, y hasta dónde la “violencia necesaria”.

En las condiciones todavía de nuestra situación política y de las características de la naturaleza del poder, muchos estudiantes, muchos jóvenes, idealizan el compromiso de sus vidas con el deseo fácil de que las suyas recorran caminos semejantes. Es decir, en no pocas ocasiones los enfrenamientos con las fuerzas antimotines son vistos como juegos de guerra. Como preparación de una confrontación que ya debiera ser, o que vendrá, y cada manifestación o protesta tiene la tarea de acelerar. Perspectiva tal impone a los individuos y los colectivos concernientes un ejercicio de entrenar y superar el miedo. Valga decir, un enfoque que gana convicción incluso entre jóvenes que no hacen parte ni simpatizan con organizaciones guerrilleras.

Entonces, está por reubicar los hechos, porque la foto con una misma escena se repite y se repite desde hace décadas, y de tanto repetir parece lógica, necesaria e incluso inevitable. A ‘cumplir’, mientras Colombia no cambie esa persistencia de poderes ambiciosos y represivos. Pero falta la pregunta cuya respuesta produce éxitos y gana mentes ¿Cuáles son el momento y las circunstancias de tiempo?, ¿cuáles el territorio, el mensaje y los destinatarios? ¿Es indispensable salir ‘preparado’ –en este caso con explosivos– a cada marcha y cada protesta? La pregunta múltiple procede, ya que la rutina lleva a destacados jóvenes y parte de los activistas estudiantiles a no diferenciar en estos asuntos de importancia. Acostumbrados ya a un ritual sempiterno, no preguntan ni debaten por los detalles; tampoco, por el cuidado del lenguaje y las diferencias entre una y otra protesta según las diferencias de convocatoria.

De este modo, resultan iguales una marcha en la apertura del Foro Social Mundial en Porto Alegre –con un gobierno de izquierda y una manifestación que la encabeza el propio alcalde de la ciudad–, o una jornada antiimperialista contra las bases militares en Quito –sin provocación policial– o una protesta en Bogotá. Y en esta capital, para los actos en cuestión, no es diferente una protesta antes de los gobiernos de izquierda que una bajo su gobierno –aunque tenga aspectos de polémica–, aun con la garantía en algunos momentos y en muchas protestas de que el Esmad no haría presencia, con la actividad, a cambio, dentro de otra imagen de seguridad, del personal de la cultura ciudadana. Al no hacer diferencia, la falta de tacto es notable.

A tal punto llega la generalización de la lectura política, que todos los primeros de mayo dejaron de constituir una jornada de memoria y de fraternidad política del movimiento de los trabajadores para permitir que la provocación oficial los reduzca a una pequeña escaramuza, minimizados a unos cuantos cientos, que en tal cantidad dan ventaja para los discursos del poder nacional contra las luchas objetivas y espantan a la mayoría de la población trabajadora, en los pasos por dar de colectivización de sus reivindicaciones.

En Colombia, en medio de tanta provocación, bolillo, balas y otros recursos de violación del derecho a la protesta ciudadana, y tras décadas de repetición de la escena, sin otra imaginación, ¿sobresale en forma única, necesaria y útil la respuesta con el explosivo? ¿No habrá otras formas para proteger la asistencia de quienes van a la protesta?

La acción militar… desarmada


En el explorar de un enfoque a la hora de repensar las formas de protesta, y el manejo del mensaje político, una primera y la mejor referencia por su autoridad histórica, que no puede descalificarse como “reformista pequeño burgués”, son los indígenas del Cauca. En su caso, en la década de los 80, producto de la violencia que enfrentaban, pero también de la dinámica misma de guerra con desarrollo en sus territorios, llegaron a la conclusión de armarse, y le dieron cuerpo a la fuerza armada que tomó por nombre el de Quintín Lame. Luego de algunos años de acción, que tuvo pocos enfrentamientos de control de territorio, y en la propia dinámica de transformación internacional de los finales de la décadas de los 80 y principios de los 90, dejaron las armas a un lado. Pero no renunciaron a la acción militar, en este caso mediante un recurso pacífico. De este modo, y con uso del análisis y la consulta, conformaron pocos años después la “guardia indígena”, cuerpo con origen colectivo en su decisión, realmente miliciano.

Con el uso de “bastones de mando”, la “guardia indígena” podría contar con no menos de 7.000 hombres y mujeres para la tarea de protegen sus territorios, sus marchas, sus acciones públicas. Como es de pública constatación, en la aplicación de este recurso tiene valor y pesa la disuasión más que la represión, y más que el actuar de individuos con base en notoriedades personales calladas o en los entornos. El mensaje es claro.

Hay opción para los estudiantes y el movimiento juvenil


En general, y con ajustes, y con ventaja frente a la mirada de la ciudadanía en general, el recurso de la “guardia indígena” está disponible para usar en una trayectoria de movilización con la característica estudiantil: actuar en las marchas, protegerlas y garantizarlas con nada más que una guardia que gane el status de tal. Y el resultado puede ser fundamental: garantizar el propósito de cada jornada de protesta, y evitar que las fuerzas oficiales provoquen y lleven al desorden los escenarios de movilización o denuncia. Con novedad, sobresaldría el mensaje para toda la ciudadanía: la violencia procede del Estado, quien no respeta su propia legalidad. La otra y segunda enseñanza procede de los propios estudiantes.

Con necesidad de presionar en varios momentos, en su lucha contra la reforma universitaria durante 2011, sin necesidad de confrontaciones directas con las fuerzas antimotines llevaron su mensaje a todo el país y arrinconaron al gobierno, obligándolo a ceder en sus propósitos. En esta ocasión primó el mensaje al país, lo mismo que los argumentos: sensibilizar a muchos y muchas, demostrar que es posible garantizar un derecho que es genérico. En esa lucha, aunque las fuerzas oficiales provocaron en muchas ocasiones, encontraron el vacío. Así se venció. Ahondar acerca del método para mantener la iniciativa y la fuerza de movilización en su disponibilidad es una obligación para los sectores activos del movimiento. Conviene llevarle otro mensaje al país.

Un paso con este fin, sin embargo, parece no tener claridad todavía. Así quedó reafirmado, y la misma foto se repitió, con la protesta reducida a los disturbios ante la elección del rector en la universidad. Por supuesto, en el marco de la inexistente democracia en el interior de las universidades, y con el monopolio que mantiene el gobierno de la vida y función en los claustros para la educación superior.

De nuevo, y en tiempo reciente, como fruto de la reiteración del método en interrogación, que recayó en su error con un resultado de víctimas fatales, jóvenes muertos, en Tunja y Bogotá, así en este caso perecieran fuera de sus centros de estudio y por fuera de protesta alguna.



Recuadro 1

El lenguaje de la protesta

No cabe duda de que la protesta significa confrontación y de que, en el caso de la política actual, las clases subordinadas antagonizar con el capital directamente o con el Estado. En ese sentido, es falsa la dicotomía entre acciones pacíficas o violentas, pues estos términos siempre han de contextualizarse. Los llamados deportes de contacto, por ejemplo, sujetos a reglas y arbitrajes, son ejercicio sano para unos y ‘salvajismo’ para otros. Ahora, en el caso de la confrontación política clasista, la protesta, si se trata de los subalternos, busca debilitar el poder y obligarlo a tener en consideración los puntos de vista del reclamante; por eso, desde el poder se busca neutralizar la acción del protestante. La forma que asumen esas acciones depende, en lo esencial, de la correlación histórica de las fuerzas de uno y otro, y de su capacidad creativa.

Vistas así las cosas, las inquietudes cambian de dirección y apuntan a que nos preguntemos por la eficacia de la acción, esto es, por cuales son las formas de la confrontación que nos conducen primero a ser escuchados y luego a que nuestros intereses sean satisfechos. Y es allí donde el lenguaje, es decir, la forma que asume la protesta, juega un papel fundamental, pues ha de tener en cuenta dos tipos de receptores: de un lado, los que deben atender al reclamante, o sea, el antagonista, y, del otro, aquellos de los que se busca comprensión, solidaridad o identidad para la acción. Los plantones, los desnudos, las marchas, las huelgas y la confrontación abierta han sido manifestaciones de protesta durante mucho tiempo, pero es de su oportunidad y su eco de donde debe venir su juicio y su elección, no de su forma en sí. Idealizar alguna, realizarla porque sí o porque siempre se ha hecho de esa manera, es dejar la acción política en el campo de la costumbre y lo irracional.

Como en muchas cosas, hemos abandonado la iniciativa y permitido que la inercia y lo establecido dirijan nuestros pasos. Es hora de entender que de la imaginación en la acción depende el ser escuchados por aquellos que queremos de nuestro lado. No es hora de la improvisación sino de la organización, y, si bien los gestos espontáneos y desprendidos pueden conmovernos, no es ciertamente la hora paras dejarles lo más importante al azar o a la heroicidad.


Recuadro 2


No debió suceder

Los más recientes hechos al respecto son contundentes: al amanecer del 25 de marzo de 2012, tres estudiantes de la Universidad Pedagógica de Bogotá murieron al sufrir el estallido de la pólvora que preparaban en la fabricación de ‘papas’ explosivas. Y uno más sufrió heridas de consideración. La casa donde preparaban el material explosivo quedó con el efecto de unos graves destrozos, y su familia en shock y sin posibilidad de proseguir una vida normal y con el vecindario en conmoción*.

Pocos días antes, el 20 de marzo, en medio de protestas escenificadas alrededor de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Tunja, por el estallido incontrolado de ‘papas bombas’ perdió la vida Edwin Ricardo Molina Anzola. Otros de sus compañeros, Cristian Rodrigo Alvarado, Jorge Galvis Saavedra y Carlos Fabián Chaparro, aunque no murieron sí sufrieron lesiones de distinta consideración: Carlos Fabián, amputación de un pie; Cristian Rodrigo, pérdida de un ojo, y Jorge amputación de las falanges distales de un pie. Con tristeza, y no “como resultado de la lucha” y “el compromiso” es un recuento no total. Hay otros estudiantes mutilados o muertos en circunstancias similares: el 12 de octubre de 2011 murió Gian Farid Shang Lugo, estudiante de medicina de la Universidad Santiago de Cali, tras la detonación de unas ‘papas’ bomba que portaba. Los estudiantes denuncian que la bomba “fue lanzada sobre él desde un puente peatonal”. En el mismo caso resultó herido Sergio Garzón Díaz, de 18 años.

El 30 de marzo de 2011, en la Universidad de Nariño, Andrés Arteaga Ceballos, Claudia Vanesa Calvache y Luis Guillermo Hernández y dos estudiantes más quedaron heridos. El 2 de septiembre de 2010 hubo un herido por la manipulación de explosivos en la refriega que ocurrió en la Universidad Nacional, sede Medellín. El 6 de marzo de 2009, un estallido de explosivos ocurrió en Pereira, dentro de las Universidad Tecnológica, y afectó a los estudiantes Jorge Andrés Idárraga Tobón, quien perdió su mano izquierda; a Mauricio Arango Castaño, de 20 años, y también a Juan Manuel Marín Ángel, quienes sufrieron lesiones en una mano y el rostro.

* Los fallecidos fueron identificados como Daniel Andrés Garzón Riveros (22 años), Óscar Arpos (19 años), Zaida (20 años) y Ricardo Alfonso Garzón (20 años).
Publicado enEdición 179
Viernes, 20 Enero 2012 18:50

¿Cómo ha sido la vuelta?

El cálculo oficial estaba errado. Menospreciando la capacidad de movilización y resistencia de los estudiantes universitarios, en abril de 2011 el gobierno de Juan Manuel Santos presentó al Congreso de la República un proyecto de ley que reformaba la Ley 30 con el propósito de privatizar, de una vez por todas, la educación superior en Colombia. Entre mayo y noviembre, una oleada de marchas y marchas de estudiantes recorrieron las calles, unidos brazo con brazo, como un viento fresco y libre, cantando y gritando en jubilosa algarabía: “A ver, a ver ¿quién lleva la batuta, los estudiantes o el gobierno hijueputa? A ver, a ver…”, exclamaban a coro miles de muchachos en gozosa rebeldía.

Entonces vuelven y nos asaltan las frecuentes preguntas: ¿cuándo comenzó esta insumisión juvenil? ¿Siempre ha estado ahí? ¿Cuál es su historia?

Ecos de la marsellesa


“Es claro que estos ideales del movimiento social no nacieron súbitamente en la época de la Revolución Francesa: tenían ya una larga historia detrás de ellos; incluso, habían sido algunas veces planteados por movimientos de protesta religiosa. Pero la Revolución Francesa los transformó completamente, en primer lugar porque les confirió una forma laica e independiente de toda religión. En segundo lugar, porque les dio también legitimidad social tal que incluso los pensadores conscientemente conservadores […] se comprometieron por vez primera en un combate sistemático en contra de ellos, reconociendo de esta manera su creciente fuerza y presencia social. Finalmente, la Revolución Francesa los expandió por el mundo entero, convirtiéndolos en ideales generales que no estaban asociados con ningún lugar, con ningún grupo humano o con ningún pueblo o nación”1.

Pasada la Revolución Francesa, París era un febril hervidero de nuevas ideas. Jacobinos, volterianos, girondinos, hebertistas, enragés, rusonianos, radicales, enciclopedistas, racionalistas, masones, republicanos, agitadores, idealistas, subversivos, rebeldes y librepensadores se mezclan en un asombroso caos de democracia montonera, de chusma ilustrada e insurrecta, con la idea fija de consolidar una educación pública, gratuita y universal como base de cualquier cambio duradero. Fue ese ímpetu de volcán incendiario lo que permitió que el 23 de octubre de 1794 se estableciera la Ecole de l ‘de Marte2 por el Comité de Salud Pública, y a partir de aquí se multiplicaran los liceos y las escuelas públicas; y con ellos las protestas estudiantiles. En 1829, en París, los estudiantes paran las clases, urgiendo una educación laica. De los 25 rectores de los colegios, 20 eran sacerdotes; el ministro de Instrucción Pública era monseñor Frayssinous y además, 60 de los 80 catedráticos de filosofía eran curas. Al principio nadie los tomó en serio, pues eran, al fin de cuentas, colegiales que jugueteaban a la insubordinación. A pesar de esto, en medio de los amotinamientos y las proclamas incendiarias, la guardia asesina al estudiante de derecho Nicolás Lallemand3.

No tardaron los sucesos en explayarse por la vieja Europa. Los alemanes más ñoños y acuciosos organizaron las primeras agremiaciones estudiantiles; se denominaban: Studentenverbindungen (fraternidades de estudiantes) y Burschenschaften (asociaciones de estudiantes universitarios). La más antigua se fundó hacia 1815 en Jena. Estas colectividades estudiantiles impulsaron en algunos casos las revoluciones de 1848 en Alemania, Francia, Italia y el centro de Europa4. La emergencia juvenil no se quedó allí: hacia 1800 aparece una serie de organizaciones como La Joven Inglaterra, Joven Irlanda, Italia Joven y Joven Alemania, pluralidad de formaciones muy diversa entre sí; mientras que Italia Joven tenía un carácter profundamente revolucionario, integrada por republicanos y carbonarios, uno de sus miembros más destacados fue el patriota italiano Giuseppe Garibaldi. La Joven Inglaterra, por el contrario, era más conservadora, y alejada de la contestación y la revuelta; por su parte, La Joven Alemania mantuvo un punto de vista progresista y La joven Irlanda fue una organización nacionalista5.

La Joven Rusia, por los años de 1861 y 1862, más en la senda conspirativa, funda grupos clandestinos que se confabulan contra el régimen zarista. El movimiento se consolida durante el invierno de 1901 cuando una huelga vincula a 30.000 estudiantes6. En la legendaria Turquía, a mitad de camino entre Europa y Asia, los jóvenes se juntan en las Sociedades Secretas de los Estudiantes Universitarios Progresistas. En 1860, Los Jóvenes Turcos proponen modernizar el país, inspirados en la cultura europea. El 23 de julio de 1908 derrocan al sultán y toman el poder. Un año después triunfa la contrarrevolución.

Del lado de acá


“La juventud ya no pide. Exige que se le reconozca el derecho a exteriorizar su pensamiento propio en los cuerpos universitarios por medio de sus representantes [...]. Si ha sido capaz de realizar una revolución en las conciencias, no puede desconocérsele la capacidad de intervenir en el gobierno de su propia casa”.
Manifiesto Liminar - Córdoba,
Argentina - 1918

La revuelta juvenil latinoamericana se anuncia con el cordobazo (Córdoba, Argentina, 1918), cuando los estudiantes demandan un carácter más laico para la educación superior, en oposición a una academia conservadora y clerical. De la misma manera, solicitan autonomía, innovaciones en los planes de estudio, acceso a la cátedra por concurso y gobierno universitario. Ya en 1910, los estudiantes colombianos habían tomado muchos puntos del cordobazo con ocasión de la celebración del Primer Congreso de Estudiantes de la Gran Colombia, al cual siguieron otros cuatro concilios entre 1922 y 1930, y la creación de la Federación Nacional de Estudiantes en 19227. Sin embargo, la propuesta se quedó en pura labia porque de movilización y lucha más bien pocón. Tal como lo comenta Le Bot, “ni en esta época ni en la anterior (los años 20), el movimiento estudiantil llega a constituirse en una organización real, comparable a las organizaciones sindicales”8. Y la revista Semana del 7 de junio de 1954 dice: “Después del 8 de junio del 29 no participaron, por ejemplo, en la reforma constitucional del 36, ni en la del 45, ni reaccionaron, como muchos esperaban, ante los años de violencia política que vivió el país (1948-1953) ni ante el cierre del Congreso ni ante la censura de prensa9”.

En 1929, la ciudadanía bogotana se volcó a las calles para reprobar las tramas corrompidas de un grupo de políticos ligados al presidente de la república y en rechazo al nombramiento del coronel Cortés Vargas como jefe de la policía de Bogotá (Cortés Vargas había conducido las tropas en la Masacre de las Bananeras un año atrás). En la noche del 8 de junio, un grupo de policías asesina al estudiante de Derecho de la Universidad Nacional Gonzalo Bravo Páez (algunos autores lo nombran como Gonzalo Bravo Pérez), partícipe de las marchas. Luego de 25 años, el 8 de junio de 1954, en los actos de conmemoración del crimen contra Bravo Páez, muere el estudiante Uriel Gutiérrez Restrepo. Al día siguiente ocurre una gigantesca movilización hasta la Plaza de Bolívar, y el Ejército acribilla a 10 estudiantes10 y otros 41 quedan heridos. Un mes más tarde, el 8 de julio de 1954, comunistas y liberales alumbran la Federación de Estudiantes Colombianos (FEC).

En los primeros años de la década de los 60, al tropel e insubordinación de los chicos se les concede cierta tolerancia. El establecimiento estimaba que tenía una deuda con los jóvenes por su concurso en los acontecimientos que permitieron la caída de la dictadura de Rojas Pinilla, tal como lo expresa el presidente Alberto Lleras Camargo con motivo de la inauguración de las residencias femeninas de la Universidad Nacional: “En mayo de 1957 los estudiantes, como lo habían hecho en todas las grandes jornadas de nuestra historia, se colocaron a la vanguardia del movimiento restaurador de la libertad. Cuando amaneció sobre Colombia, un día inolvidable para la libertad americana, la primera gratitud fue para ellos, los precursores y los mártires”11. Toda la década de los 60 será generosa en acontecimientos y protestas muy centradas en el rechazo a la intromisión de los estadounidenses en la educación colombiana. “La novedad del año 1962 es la intervención creciente de los Estados Unidos en el desarrollo de la enseñanza universitaria colombiana y la oposición cada vez más firme del movimiento estudiantil a esta penetración cultural”12. El Ministerio de Educación de Colombia había acogido sin reservas los planes de enseñanza propuestos por los americanos en el Seminario de Rectores de América Latina realizado en El Paso (Texas), en enero de 1962, adelantando varias reformas educativas orientadas por asesores gringos.

Sin embargo, la tolerancia a la protesta estudiantil decae a medida que avanzaba la década. “En 1967, el entonces presidente Carlos Lleras Restrepo visitó la facultad de Veterinaria y se hizo acompañar de uno de los Rockefeller. La provocación era tan manifiesta que la reacción estudiantil no se hizo esperar: a los silbidos e imprecaciones pronto sucedieron las pedradas, y el primer magistrado de la nación vio cómo su frente comenzaba a sangrar, aunque parece ser, como se dijo después, que el proyectil no fue una piedra sino un tomate. La cuestión es que el Presidente y su aterrado huésped huyeron de la Universidad, aunque su reacción no tardó en manifestarse. Unas horas más tarde, varios helicópteros sobrevolaron el campus en ejercicio de una evidente composición de lugar […]. Poco después, un destacamento de tanques violó implacablemente el Alma Máter, neutralizándola en sus puntos más sensibles: la calle 25, la carrera 30 y las cercanías de Gorgona. Simultáneamente, nuevos helicópteros trasladaron contingentes de soldados de élite. Con uniformes de camuflaje y las caras tiznadas y fuertemente armados: camiones y jeep complementaron la rápida operación, y en cuestión de 15 minutos toda la ciudad [universitaria] había sido tomada. […] Casi 10.000 estudiantes fueron detenidos y llevados a diversos campos de concentración, y de tan masiva captura no se salvó nadie, ni celadores ni conserjes ni decanos13”.

Estos sucesos espléndidamente relatados por Moreno-Durán darán pie a que el gobierno de Lleras Restrepo se imponga como tarea acabar con la organización estudiantil, tal como lo expresó en 1968: “Hay una entidad que no sé si tenga personería jurídica […], que se denomina a sí misma Federación Universitaria Nacional (FUN) […]. Me siento obligado a decir que no reconozco a los individuos que forman parte de tal entidad el derecho de dirigirse así al Gobierno Nacional. Y desde luego, con esa FUN o Federación Universitaria Nacional no mantendrá relaciones el Gobierno”14. La ya señalada FUN, antes de desaparecer en medio de una acre persecución, logró congregar representaciones de más de 30 universidades y estuvo al frente de luchas tan destacadas como la marcha de estudiantes de 1964, desde Bucaramanga hasta Bogotá.

Los años del tropel

“El 26 de febrero prendimos la ciudad
de la 15 para arriba, la tropa en todas partes, vi matar muchachos a bala, niñas a bolillo,
a Guillermito Tejada lo mataron a culata.
Eso no se me olvida. Que dí piedra
y me contestaron con metralleta”
El atravesado, Andrés Caicedo


Cuando me hice imberbe activista estudiantil de secundaria, aún el piso estaba mojado con la tormenta del movimiento estudiantil de 1971 en Colombia. Las gigantescas figuras de Mao, el Che y Ho Chi-Minh, pintadas en las paredes de las residencias Gonzalo Jiménez de Quesada, ya se empezaban a descascarar. Aún se podían escuchar relatos de prodigiosas batallas como el tropel de la Universidad del Tolima que duró tres días con sus respectivas noches (6 de agosto), y no faltaba quien repetía de memoria un poema a Tuto González, estudiante del Liceo Humboldt de Popayán, asesinado por el ejército (4 de marzo).

Misael Pastrana había llegado a la Presidencia en 1970 en medio de rumores de fraude; por tanto carecía de legitimidad ante algunos sectores de la opinión pública. Los hijos de las riadas de desplazados que arribaron a las ciudades durante los años 50 y 60 habían copado el sistema educativo básico, y muchos de ellos ya demandaban educación superior; vertiginosamente cambiaba la sociedad colombiana, y nuevos juicios y criterios estaban a la orden del día.

El 26 de febrero, cuando la tomba intentaba meterse a la Universidad del Valle, muere un dirigente estudiantil, los disturbios se riegan por toda la Sultana. Al final de la jornada, más de 30 ciudadanos son asesinados en Cali. A partir de este momento se desarrolla una agitación que lleva a 35 universidades al paro, es decir, prácticamente todas las públicas y algunas privadas como la Javeriana, los Andes, la Tadeo, la Libre, la Santo Tomás, la Inca y la Gran Colombia. En reuniones y congresos clandestinos se construye un “programa mínimo”. ¿Qué solicitaban estos jóvenes del 71? 1. Salida de las universidades de los organismos estadounidenses (Fundación Ford, Fundación Kellogs, Usaid, Cuerpos de Paz…). 2. Reforma de los Consejos Superiores Universitarios (de los cuales formaban parte la Iglesia, la Andi, Fenalco, el Ministerio de Defensa y otras entidades que no representaban a la comunidad universitaria). 3. mayor presupuesto para la educación superior. 4. Cogobierno en las universidades públicas (me refiero a una administración conjunta entre gobierno, estudiantes, profesores y trabajadores de los centros educativos)15. Fue un año de grandes movilizaciones que permitió ganar el cogobierno en las universidades de Antioquia y la Nacional de Bogotá. En la corta primavera del cogobierno, los estudiantes lograron elevar el presupuesto de investigación, ampliar cupos, reincorporar expulsados, defender la libertad de cátedra y fortalecer financieramente la universidad pública.

En “1972 las ocupaciones militares, los cierres de la universidades, expulsiones de profesores y estudiantes, […] ‘La operación limpieza’ en la Universidad Nacional y la expulsión de la de los Andes de los militantes de tendencia maoísta […] abren un periodo de relativa paz académica”16.

Pasan los años. En los 80, el establecimiento arrecia contra el movimiento estudiantil y la universidad pública. El asesinato de Alberto Álava (agosto 1982), profesor de la Universidad Nacional; la desaparición en 1983 de los hermanos Sanjuán y González, estudiantes de la Universidad Distrital, el crimen de Jesús León Patiño (9 mayo 1984), estudiante de la Universidad del Valle, y la masacre del 16 de mayo en la Universidad Nacional, en la que murió un número indeterminado de jóvenes17, cierran con sangre una época de movilización estudiantil.

El ciclo se abre de nuevo en mayo de 1986, cuando se realiza el Encuentro Nacional Estudiantil “Chucho Peña”. El 26 de agosto es asesinado Luis Alberto Parada, estudiante de Derecho de la Universidad Nacional, lo que motiva la toma de las residencias estudiantiles y los edificios administrativos de la Universidad, con el fin de solicitar el retorno de las políticas de bienestar que se habían perdido durante el cierre de 1984. En Medellín, el 24 de noviembre de 1987, un grupo paramilitar ingresa a la sede de la Juventud Comunista y asesina a varios militantes. En agosto de 1988, Cristóbal Triana, estudiante de Economía de la Universidad Autónoma de Colombia de Bogotá, es desaparecido, y en marzo del 89 cae asesinado José Quinche, estudiante de Ingeniería. La ofensiva a sangre y fuego consigue debilitar la organización estudiantil.

El sol volvió a alumbrarnos

Por todas partes oigo el ruido
de pies en marcha y a la carga, chico.
El verano ya está aquí,
el tiempo para pelear en las
calles es correcto.


Street Fighting Man
Rolling Stones



El 10 de mayo de 2007, más de 20.000 estudiantes de las universidades Nacional, Pedagógica y Distrital marchan en Bogotá en rechazo a la medida del gobierno de Álvaro Uribe de incluir dentro del Plan Nacional de Desarrollo un artículo que obliga a las universidades públicas a responder por los pasivos pensionales de sus trabajadores. La prensa se admira del número de manifestantes y lo colorida de la marcha: “Esta vez lo hicieron sin piedras ni grafitis pero cargados de disfraces, pitos y zancos”18. La respuesta de la rectoría de la UN fue cerrar las sedes de Bogotá, Palmira, Manizales y Medellín; en la UIS se presentan fuertes disturbios.

Para el 15 de mayo se encontraban cerradas las universidades Pedagógica, UIS, Cauca, Nacional y Surcolombiana. El 17 de mayo se realiza una nueva movilización en Bogotá con la participación de más de 30.000 jóvenes. Esta sirve de escenario para que Fecode anuncie un paro nacional a partir del 23 de mayo contra la propuesta del gobierno de reducir los recursos de las transferencias que hace la Nación a los municipios, para educación. La reducción de las transferencias durante el gobierno de Andrés Pastrana (Acto conocido como el 012) había sacado a la calle a miles de jóvenes en todo el país. 

El 23 de mayo se movilizan en Bogotá más de 70.000 personas, entre docentes, estudiantes universitarios, y estudiantes del Sena y secundaria. Con los días, los estudiantes de secundaria se ponen al frente de la huelga, garantizándola mediante la toma de colegios. Ya en abril, estudiantes del Colegio La Estancia, de Ciudad Bolívar, e INEM de Kennedy habían ocupado los planteles por problemas internos. En mayo, sólo en Bogotá, los muchachos ocuparon 120 colegios en una acción improvisada; muchos de ellos sin comida, sin redes de comunicación que les permitieran responder a un desalojo de la policía, y en particular sin una estructura que articulara el proceso. A partir de aquí se suceden, una tras otra, marchas y marchas y marchas (Fecode habló, sólo en Bogotá, de 100.000 participantes en cada jornada), hasta el 14 de junio, cuando son aprobadas las transferencias. Uribe había impuesto sus proyectos y con ellos se ahogaba la educación pública.

La más reciente


Entre este año y 2011 no dejan de sucederse las protestas de los estudiantes, con el tema presupuestal como uno de sus motivos principales. Ni las marchas ni los concurrentes son pocos. Pero sólo en 2011 se logra una articulación y una potencia que conmueven a todo el país, y que llevan en noviembre de este año a que Juan Manuel Santos, muy a pesar de su “no hay nada por qué protestar”, opte por retirar el proyecto radicado en abril en el Congreso de la República.

Esta es una historia que todavía no termina y que seguramente se dirimirá entre los años 2012 y 2013 en las calles de todo el país.

1 Wallerstein, Immanuel. Historia y dilemas de los movimientos sociales antisísmicos. Ediciones desde abajo, Bogotá, 2008.
2 Escuela de Marte, que, a pesar de nombre, no se trataba de un colegio militar.
3 Caron, Jean-Claude. “La segunda enseñanza en Francia y en Europa, desde finales del siglo XVIII: colegios religiosos e institutos, en: Levi, Giovanni y Schmitt, Jean-Claude, Historia de los jóvenes, tomo II. Editorial Taurus, Barcelona, 1996.
4 Carlos Marx detalla estos acontecimientos en El 18 Brumario de Luis Bonaparte.
5 Los jóvenes siempre han sido partícipes de las movilizaciones sociales. Seguramente estuvieron con Espartaco, las luchas campesinas y las nacientes luchas obreras. Sin embargo, la extensión de la escolaridad durante los siglos XVIII y XIX permitió que se consolidara un nuevo rol social, el de estudiante, donde los jóvenes eran actores mayoritarios.
6 Mencionado en Tierra y Libertad, periódico anarquista ruso fundado en 1888. Historia del Partido Comunista Bolchevique de la Unión Soviética, redactado por una comisión del PC (B) de la URSS, Edición en Lenguas Extranjeras, Editorial Progreso, Moscú, 1940.
7 Gómez, Alberto. Movimientos estudiantiles, fascículo 36, Historia de Colombia. Editorial Oveja Negra, Bogotá, 1986.
8 Le Bot, Yvon. “El movimiento estudiantil durante el Frente Nacional”, en Educación e ideología en Colombia. Editorial La Carreta, Bogotá, 1985.
9 Gómez, Alberto, íd.
10 Sobre este acontecimiento no se tiene claro el número de víctimas. Alberto Gómez y Manuel Ruiz hablan de 10 estudiantes asesinados; Yvon Le Bot, de 14; la revista Deslinde, de 12; la prensa bogotana de esos días inicia el conteo con 18 muertos y con los días cae a 8; Gómez y Ruiz entregan una lista de 10 estudiantes asesinados: Álvaro Gutiérrez Góngora, Elmo Gómez Lucich (peruano), Hernando Morales, Rafael Chávez Matallana, Jaime Moore Ramírez, Hernando Ospina López, Hugo León Velásquez Arroyabe, Jaime Pacheco Mora, Hernán Ramírez Henao y Carlos J. Grisales.
11 Ruiz Montealegre, Manuel. Sueños y realidades. Procesos de organización estudiantil 1954-1966, Unibiblos-Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 2002.
12 Le Bot, Yvon. íd.
13 Moreno-Durán, R.H. “La memoria irreconciliable de los justos”, El Espectador, Magazín Dominical, Nº 266, Bogotá, mayo 1988.
14 Torres, Fernán. Trayectoria histórica de la universidad colombiana-Modelo de interpretación, Ministerio de Educación, Instituto Colombiano de Pedagogía, Bogotá, 1975.
15 Federación de Estudiantes de la Universidad del Valle (FEUV) 1971-1972, Desarrollo político del movimiento estudiantil, Editado por FEUV, Cali, 1973 y revista Deslinde, año 1, número 1, junio 1971, Medellín.
16 Le Bot, íd.
17 Universidad Naciona, tiempos turbulentos, periódico desde abajo Nº 146.
18 “Masiva marcha contra el Plan de Desarrollo”, El Tiempo, 11 de mayo 2007, p. 1-17.