Miércoles, 03 Febrero 2016 09:36

Pogos. Caos y anarquía

Pogos. Caos y anarquía


Nota: Se recomienda leer este escrito escuchando metal, heavy, trash o punk.


¿Quién, sentado en su razón, quisiera meterse en un voraz torbellino de puños, codazos y patadas?


Atrocidades atractivas, caos y anarquía. El pogo es desatino provocado, influjo de ritmos mordaces, descargas eléctricas y sonoras.


A la distancia se percibía el retumbe de los bajos, a medida que me acercaba escuchaba más nítidamente el desgarre de guitarras eléctricas, bajos, baterías y gritos desaforados. Estaba en la calle 63, frente al parque Simon Bolívar de Bogotá.


Sentí como empezaba a estremecerme, una sed y ansiedad se apodero de mí. Llevaba una media de ron a medio camino, la cual tuve que encaletarme, para evadir las tres requisas de la policía al ingreso del parque. Una vez adentro y camino al ágora, un ruido absorbente, como un enjambre de abejas, fue llenándome la cabeza, me corrió un escalofrío y se me erizo la piel. Estaba frente a uno de los conciertos más grandes de metal de América latina: Rock al parque. El cielo estaba despejado, la multitud de gente, cual mar revuelto, se agolpaba frente al escenario.


Al borde de la turba sentí una palpitación que, pausada y gradualmente, me subía a la cabeza y entrañas. Cual bestia en celo, frenética, me fui abriendo paso al centro del caos: un remolino de puños, empujones, codazos y patadas. La descarga no se hizo esperar, al par del ritmo y dando circunferencias, salen puños y patadas a diestra y siniestra. Soy un frenético más, un cómplice de este juego macabro.


La riña, como una montaña rusa, sube y baja de intensidad acorde al ritmo que suena. Hay recesos para no caer desmayado, hay mariguana, licor y cigarrillo, hay rostros fieros y desafiantes, ojos desorbitados, complicidad y tolerancia; las cabezas se sacuden al ritmo de la música, circula más marihuana y licor.


Pero no todo es desatino, en el descontrol hay solidaridad con quien cae o es derribado, los que están al margen del torbellino, sacan resguardados de la corriente a los penitentes y desertores. Hombres y mujeres confluyen en éste errático juego de la muerte. La locura y la efusión es compartida.


Se vuelve a prender la revuelta, los remolinos se desplazan por la multitud, nacen focos en cualquier lugar, nadie esta a salvo allí. Las guitarras revientan a más no poder, bajista y baterista parecen poseídos, el vocalista desgarra sonidos de ultratumba, es como una imagen apocalíptica.


El pogo, en últimas, no es más que un simulacro de locura, una descarga de diablos y demonios, es el amor a la destrucción, pero a su vez, y sobre todo, es un tributo a la vida, a la pasión por la música, la libertad y la desobediencia, es en fin, un tributo al metal.

 

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Foto: De izquierda a derecha: Néstor, Sebastián, Cristian, Oscar "Rulos", Camilo, Stuart y Abner

Cada día son más los jóvenes que encuentran en deportes extremos como el BMX o el skateboarding, poco tradicionales como el fútbol, el ciclismo o el baloncesto, una forma diferente de ejercitarse y de escapar de los peligros de las drogas y el vandalismo.

Temprano en la mañana, cada día, cerca de las 8 am, un grupo de 7 jóvenes del barrio Roma IV se reúnen para empezar su entrenamiento. Uno a uno van llegando para, una vez juntos, empezar a rodar en sus bicicletas en busca de un lugar en el que puedan montar y realizar sus trucos de bmx. Cristian de 18 años, Camilo, Oscar, Carlos, Sebastián, y Néstor, cada uno con apenas 17, acaban de terminar el bachillerato, Abner, el mayor, tiene 21 y trabaja.

El bmx es más que un hobbie, es para ellos un estilo de vida. Varios de sus practicantes ya suman hasta cuatro años perfeccionando su práctica, para lo cual lo ejercen por lo menos tres días a la semana y hasta diez horas al día. Definitivamente, mucho más que un simple pasatiempo.

Alejados de las drogas y del vandalismo, estos muchachos, como muchos otros, encuentran en este deporte de origen estadounidense una opción que mantiene sus cabezas ocupadas en el perfeccionamiento de su técnica, en la repetición continua de los trucos, en el trabajo y el aprendizaje colectivo de algo para lo que realmente son buenos y que les genera satisfacción y felicidad. Arriesgados, uno a uno, van dando saltos por los andenes, librando bancas cual obstáculos de competencia, esquivando transeúntes y el tráfico de las avenidas que amenaza con arroyarlos, y que al parecer, a ellos poco les importa. Sin embargo, son conscientes de los riesgos que enfrentan y que representan para los demás ciudadanos; pero son jóvenes y van haciendo lo que quieren, temerarios e imponentes se van adueñando de la calle hasta convertirla en su parque de acrobacias.

Nos dirigimos a "la librería", un lugar en Kennedy Central con el suficiente espacio para poder practicar y no molestar a nadie. En el camino hacemos una parada en una cancha de microfútbol en el barrio Gran Colombiano, allí encontraron un pequeño "vacío" para saltar e intentar algunas piruetas, mientras tanto converso con Sebastián, le pregunto sobre las dificultades que encuentran cada vez que salen a montar. "Es complicado no tener un lugar para uno poder entrenar tranquilo, si no son los vecinos, llega la policía a requisarlo a uno y a tratarlo como un delincuente. A nosotros nos toca estar pendientes de que no nos vayan a robar las ciclas, porque son caras y a los ladrones les llama la atención". Evidentemente, el problema más serio que tienen es el del espacio.

Por la debilidad o la inexistencia de una política juvenil y deportiva en la localidad, en Kennedy no exixte un solo skatepark, lo que representa para estos deportistas tener que realizar desplazamientos muy extensos y disponer de por lo menos 20 mil pesos para poder entrenar en un lugar decente. Respecto a esta situación los muchachos coinciden en la necesidad de que se construya un skatepark en el que puedan entrenar sus trucos. "Hace falta un parque al que uno pueda ir seguido, sin peligro de los carros o de los policías que no dejan montar. Usted ve y hay canchas de micro por todo lado y ni una sala rampa para saltar, nosotros también somos deportistas y nos gusta este deporte, también tenemos derecho a un lugar en el que podamos montar y practicar BMX", declaró Sebastián.

En el barrio son muchos los jóvenes que desde los 13 años empiezan a practicar el bmx o el skateboarding y que sueñan con hacer de tales deportes extremos una profesión, pero como Cristian y los demás, están a la espera de lograr llamar la atención de algún patrocinador que los impulse y les brinde los recursos para poder perfeccionar su talento y sacar provecho de sus habilidades, pues ni el Idrd, ni Coldeportes ofrecen algún tipo de apoyo o incentivo para los deportes extremos como el BMX.

 

Publicado enEdición Nº220
La policía paulista disparó cada siete segundos

Los movimientos sociales y el PT condenaron la represión policial contra los manifestantes que rechazaban el aumento del transporte público. En San Pablo gobierna la oposición, que prometió insistir con su política. Avanza una Ley Antiterrorista.


Movimientos sociales y el Partido de los Trabajadores condenaron ayer la represión de la policía del estado de San Pablo, gobernado por la oposición, contra los manifestantes que se movilizaron en repudio al aumento del transporte público.
"Defenderemos nuestro derecho a manifestarnos. Si la policía aumenta la represión, nosotros vamos a aumentar la resistencia", anunció ayer el Movimiento Pase Libre, que el martes marchó a la cabeza de miles de indignados contra el aumento del boleto de 3,50 reales a 3,80 (0,9 dólares), en vigor desde la semana pasada en San Pablo. Los Campesinos Sin Tierra se sumaron ayer a la condena del accionar de la policía paulista.


Hubo otros actos en Río de Janeiro y Belo Horizonte donde también se encareció el pasaje.


Al menos 28 personas fueron heridas y otras 15 detenidas por los efectivos de la Policía Militarizada de San Pablo el martes, en la segunda concentración numerosa del año para rechazar el alza de los colectivos y el subte, que coincide con un desempleo del 8,9 por ciento que amenaza trepar al 10 por ciento en los próximos meses.


La Policía Militarizada disparó una "bomba cada siete segundos" (de estruendo y la de gas lacrimógeno) según el conteo realizado por el diario Estado de San Pablo, mientras la madre de un estudiante de arquitectura de 19 años afirmó que el proceso de las autoridades por las heridas sufridas por su hijo que debió ser operado.


"La policía busca cualquier pretexto ridículo para reprimir a la población... nos ponen las armas en la cara" denunció Victor Quintiliano, del Movimiento Pase Libre. Las declaraciones de Quintiliano, formuladas el martes en el centro de San Pablo, de repente se hicieron inaudibles debido al estruendo de los disparos de la policía mezclado con los gritos de decenas de chicas que escapaban de los gases lacrimógenos y las balas de goma.


Una columna de indignados marchó detrás de un pasacalles negro con letras blancas que decía "Boleto a 3,80 reales. El pueblo no aguanta más".


El grupo Periodistas Libres filmó a un policía el martes mientras "sembraba" un explosivo en la mochila de un estudiante, que luego fue detenido en una comisaría del elegante barrio paulista Jardines.


Los ataques policiales son motivo de una guerra paralela entre la cadena Globo, que en general justifica el accionar de los agentes del orden, y "guerrilleros" mediáticos que contradicen, con imágenes, aquella narrativa.


El duelo de informaciones nació en las protestas de 2013, cuando el grupo Midia Ninja sorprendió a policías de civil lanzando bombas Molotov para causar confusión en una protesta que se realizaba en Río de Janeiro. Mientras tanto, en San Pablo, otro agente fue pillado por reporteros independientes de las empresas cuando destrozaba un vehículo policial.
En la movilización del martes la violencia policial fue contada casi en tiempo real por las agrupaciones independientes a través de las redes sociales.


"Presencié una masacre, estamos en medio de una guerra. La libertad de manifestación no existe en San Pablo", contó en Facebook el cura Julio Lanzelotti, coordinador de la Pastoral de la Calle.


Estallido 2013


A mediados de 2013 el Movimiento Pase Libre estuvo al frente de los actos contra el alza del transporte en San Pablo, que luego se replicaron en decenas de capitales, con millones de inconformes que expresaron reivindicaciones diversas. Fue una convulsión inesperada con pocos antecedentes desde la restauración democrática en 1985.


Al hacer un balance de lo sucedido hace 3 años, los dirigentes de Pase Libre, en su mayoría jóvenes universitarios, reconocieron la falta de experiencia para conducir semejante marea humana diseminada por todo el país. Contaron que los primeros mítines contra el aumento del colectivo no fueron muy concurridos pero se hicieron masivos ante el repudio que despertó la represión policial.


Ayer el gobierno de San Pablo rechazó las críticas al desempeño policial y prometió insistir en su política. "No es posible lo que está pasando" con los "provocadores" que se escudan en el derecho a manifestarse para cometer "crímenes" declaró el secretario de seguridad Alexandre de Moraes, cuyo superior es el gobernador de San Pablo, el conservador Geraldo Alckmin, que aspira a ser candidato presidencial en 2018 por el Partido de la Socialdemocracia Brasileña.


El mes pasado Alckmin y sus correligionarios Fernando Henrique Cardoso y Aécio Neves se reunieron para expresar su posición común por el impeachment (juicio político) contra la presidenta Dilma Rousseff.


El Partido de los Trabajadores calificó ayer como "cobarde" al gobernador Alckmin y aseguró que esta conducta se repite en todos los estados conducidos por el Partido de la Socialdemocracia donde se "reprimen a la sociedad civil y los sindicatos".


Como terroristas


Durante una entrevista en la radio de mayor audiencia de San Pablo el secretario de seguridad paulista De Moraes opinó que los activistas presos deben ser encuadrados como miembros de una "asociación ilícita", equiparándolos a delincuentes comunes o hasta terroristas.


Propuesta aprobada por el conductor del programa, un antiguo relator de fútbol durante la dictadura, que tuvo comentarios elogiosos para la "correcta actuación" policial frente a los atacan la "propiedad privada y pública. "Hagamos realidad lo que dice el lema de nuestra bandera: orden y progreso" propuso el locutor de radio Jovem Pan.


Varios columnistas de esa popular emisora piden casi a diario la necesidad de la pronta aprobación de la Ley Antiterrorista. Es una posición defendida por las grandes cadenas de radio y televisión.


El mencionada Ley Antiterrorista, que puede ser aprobada al reanudarse las sesiones parlamentarias el mes que viene, abre camino para que las protestas sean tipificadas como "atentados a la democracia" afirmó la Central Unica de los Trabajadores.

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Lunes, 11 Enero 2016 07:07

La nueva "igualdad" social

La nueva "igualdad" social

¿Por qué un obrero vota a la derecha? A partir del debate tras los últimos atentados en París, el investigador francés advierte cómo se impuso la "meritocracia" en las sociedades actuales: ya no se busca reducir la brecha social (que los ricos sean menos ricos y los pobres sean menos pobres), sino que todos los individuos tengan iguales posibilidades de llegar a la "cima".


Los atentados del 13 de noviembre en París generaron reacciones diversas en la ciudadanía francesa, las primeras fueron emocionales y estuvieron atravesadas por un fuerte sentimiento de unidad nacional. A medida que pasó el tiempo, empezaron a surgir interpretaciones y puntos de vista profundamente conflictivos. Página/12 dialogó con François Dubet, uno de los sociólogos más reconocidos de Francia. Pese al dolor, este investigador exhibió con cuidadosa claridad los diagnósticos y conclusiones a los que arribaron diferentes sectores de una Francia que presenta "divisiones". Si estas divisiones prevalecen en los próximos meses, "los terroristas habrán ganado una primera batalla", advirtió Dubet.


–¿Cómo ve la reacción de la ciudadanía francesa ante los atentados del 13 de noviembre en París?


–Para algunos, empezando por el gobierno, es un acto de guerra cuyo origen radica en la larga crisis de Oriente Medio. La mayoría de los franceses comparten este punto de vista, pero no todos arriban a la misma conclusión. Hay quienes creen necesario participar en una guerra contra Daech (organización terrorista producto de la rama iraquí de Al Qaida), mientras que otros consideran que es mejor retirarse porque los países occidentales tienen una gran responsabilidad en la crisis en el mundo árabe. Los que adhieren sólo a la tesis de la guerra creen que el Islam no es el enemigo y que los musulmanes franceses son, mayoritariamente, los rehenes y víctimas de la guerra. Todos son cuidadosos en distinguir entre el Islam y el islamismo.


–¿Creen que el enemigo es externo, que está fuera de Francia?


–La tesis de guerra exterior se encuentra con una dificultad: algunos miles de jihadistas jóvenes son franceses y los autores de los atentados nacieron sobre todo en Francia, que es donde crecieron y se educaron. Para una gran parte de la opinión pública, que reconoce las tesis de la extrema derecha y de derecha dura, el terrorismo es la expresión de una guerra civil entre los "verdaderos franceses" y los musulmanes, que deben ser expulsados o reducir la religión a una práctica discreta. Desde esta perspectiva, los ataques se explican menos por la crisis de Oriente Medio que por la crisis de los Estados nacionales.


–¿En qué se diferencia el diagnóstico de esta derecha dura del que hacen los sectores de izquierda?


–Para la izquierda tradicional y la extrema izquierda, los ataques son manifestación de una crisis social. Son la expresión de la segregación y el racismo experimentado por los jóvenes musulmanes de los suburbios que creen que encontrarán una forma de salvación en el sacrificio y la revolución islámica que sustituye a la antigua utopía revolucionaria. Por ahora, frente a los delitos de violencia ciega, predominan la emoción y la unidad nacional. Pero la confrontación sobre la forma en que interpretamos los ataques tiene implicancias tanto en la naturaleza de las respuestas como en puntos de vista profundamente conflictivos de la sociedad. Apuesto a que si las divisiones en la sociedad francesa prevalecen en los próximos meses, entonces los terroristas habrán ganado una primera batalla, al poner al descubierto contradicciones profundas de la sociedad francesa.


–En su último libro (¿Por qué preferimos la desigualdad?), usted afirma que las sociedades actualmente optan por la desigualdad, ¿por qué?


–Esa fórmula de que la sociedad elige la desigualdad es un poco excesiva. Pero muchos individuos, como vos y yo, desarrollan conductas que sí van a generar desigualdad. Podemos observar un gran rechazo hacia las teorías igualitarias. La sensación que tenemos de nuestra igualdad fundamental sigue siendo importante, pero ya no se puede traducir como un deseo de igualdad social. Por supuesto que el desarrollo desigual tiene causas económicas, objetivas, pero hay algunas desigualdades que son muy importantes desde el punto de vista del individuo.


–Es decir que no se desprenden de un nivel estructural.


–No provienen de una ley general del capitalismo. Más bien se trata de estrategias de desigualdad, como decidir vivir con gente que es como nosotros. De hecho, las desigualdades urbanas provienen de ese modelo: barrios ricos, medios y medios bajos. A los pobres se los reduce a guetos, se los descarta aunque no haya ninguna política que crea los guetos. El otro mecanismo es el de la obsesión por la distinción.


–¿En qué se aspectos concretos se despliega esa obsesión por distinguirse?


–Uno de los casos más serios es el de las desigualdades escolares. En Francia, el sistema escolar formal es muy igualitario, sin embargo, las familias buscan alcanzar la mayor desigualdad posible para sus hijos: el valor del diploma es su rareza. Ahora es muy difícil hacer políticas culturales igualitarias porque las familias buscan la desigualdad. A mí me sorprendió mucho esto en Chile: Michelle Bachelet propuso una política escolar más bien igualitaria pero los ricos no quieren esto... y es normal; tampoco lo quieren las clases medias... y no es tan normal. Pero resulta que las clases populares tampoco lo quieren, porque prefieren soñar con una competencia igualitaria. En el fondo el modelo de igualdad de oportunidades se transforma en el modelo de justicia.


–¿En qué se diferencian los modelos de "igualdad de posiciones" e "igualdad de oportunidades"?


–De una manera muy grosera, los países del Norte –Francia, Alemania, Inglaterra y Estados Unidos– hasta 1980 tenían el propósito de reducir cuanto les fuera posible la desigualdad entre los más ricos y los más pobres. La izquierda, el movimiento obrero, los sindicatos, la socialdemocracia tenían el objetivo de reducir la distancia entre ricos y pobres. En cambio, desde hace 30 años, ya no se trata de reducir las desigualdades sino de lograr que todos tengan las mismas posibilidades de llegar a la cima, subir esa escalera. Es un modelo meritocrático que se impuso por completo. El tema central de este modelo es la lucha contra la discriminación: contra las mujeres, las minorías, migrantes, etcétera.


–¿Qué consecuencias trae la adopción del modelo de igualdad de oportunidades?


–En primer lugar, el problema es que acepta las grandes desigualdades porque provienen de una competencia equitativa. La segunda consecuencia es que se acusa a los individuos de ser responsables de las desigualdades: si el rico se volvió rico fue gracias a él, si el pobre sigue siendo pobre fue por causa de él. Este modelo es esencial hoy y esto explica que en Estados Unidos las desigualdades sociales se hayan duplicado y nadie discute esto, ni siquiera en las clases populares.


–¿Por qué tampoco las clases bajas lo ponen en cuestión?


–Porque dicen que son las reglas del juego. Este es un cambio muy importante, que crea nuevas políticas y explica la gran dificultad ideológica de la izquierda en todas partes. En Europa, la izquierda no desaparece pero se está reduciendo; hay que recordar que hubo una "izquierda americana" que era socialdemócrata y que ya no existe más porque hemos modificado la visión de las cosas. Esta es una de las razones por la cual muchos pobres votan por los partidos liberales: la idea de una competencia equitativa les parece más justa que la idea de reducir las desigualdades.


–¿Cómo logra instalarse esta idiosincrasia de las desigualdades?


–Este modelo se instala porque la búsqueda de las igualdades sociales se basaba en mecanismos de solidaridad y fraternidad. Si quiero que estas personas sean mis iguales, si quiero pagar por ellos, me tengo que sentir cerca de ellos, semejante a ellos. Mi hipótesis es que este sentimiento de solidaridad se deshace hoy por tres razones.


–¿Cuáles?


–La primera es la mundialización de la economía. Esto hace que las economías no sean más sistemas nacionales integrados sino que se internacionalizaron. A veces eso está bien, de hecho a los chinos, indios y brasileños les parece que eso está bien porque aumenta la riqueza, pero a los europeos no les parece tan bien porque están más en una posición defensiva. El segundo es un cambio cultural: la idea de solidaridad se basaba en el trabajo de las instituciones que creaba subjetividades comunes. Como la Iglesia, la gran escuela pública argentina que nunca estuvo para generar igualdad escolar sino que estuvo ahí para formar hombres, mujeres, campesinos argentinos, y nunca prometió la igualdad de oportunidades. La tercera razón, muy importante en el Norte (en Europa y en otras partes), es la transformación de la Nación. El sentimiento de fraternidad se basaba en la idea de una nación culturalmente homogénea, en realidad era más una novela que una realidad, era más una representación. En cambio, hoy con el flujo inmigratorio sabemos que las naciones no son más culturalmente homogéneas y, por eso, el imaginario de fraternidad se deshace. En todos los países de Europa, por ejemplo, se dice que ya no quieren pagar por los musulmanes, los homosexuales, los mapuches.


–Los mapuches pagaron por nosotros.


–Cada uno tiene su mapuche (se ríe). Se aceptaba la igualdad de los otros porque existía un relato nacional de batalla, santos y demases, que hacía que se fabricaran todos estos símbolos, aunque esto nunca impidió la lucha de clases en el seno de un sistema de solidaridad. Hoy, los pilares de ese sistema se han fragilizado considerablemente, debido a lo cual hay un éxito en Europa y Estados Unidos de la derecha populista. Aclaro que la palabra "populista" no significa lo mismo que aquí... Ese movimiento populista habla de solidaridad, pero de una solidaridad imaginaria, xenófoba, autoritaria, peligrosa y, para mí, económicamente absurda porque lo que ellos quieren es cerrar las fronteras. La respuesta es escandalosa pero la cuestión está planteada. Es decir que la pregunta sería: ¿cómo hoy la izquierda puede construir un sentimiento de solidaridad de manera tal que la máquina pueda aumentar la igualdad y pueda volver a ponerse en marcha?


–En su libro, usted trabaja sobre el rol de los Estados en el marco de la globalización, allí plantea que la globalización en sí no es mala sino que son los Estados los que la manejan mal. ¿Cómo pueden coexistir los intereses nacionales de los Estados con los intereses de clase, que son más globales que nacionales?


–Las verdaderas clases dirigentes hoy son nacionales. Tienen igualmente una sensibilidad nacional pero juegan sobre todo el planeta. Las clases obreras, en cambio, son nacionales. De hecho, el peligro es que la clase obrera se vuelva totalmente nacionalista, es decir, que se vuelva antiprogreso. Hoy en Europa son los obreros los que votan a la extrema derecha. Lo que yo creo es que hay que crear un espacio político nacional, en Europa pienso en un espacio europeo. Los Estados ya no tienen ningún poder para determinar el valor de su moneda, el precio del petróleo, la salud de China. El problema es que los Estados se vuelven actores económicos porque juegan en el espacio económico, pero por otro lado tienen que crear un sentimiento de comunidad y unidad social y ahí es donde hay grandes dificultades porque hoy tenemos una crisis en todas partes de la representación democrática. Cuando miramos qué países tienen éxito en Europa, vemos que se trata de Estados muy democráticos y muy virtuosos, donde no hay corrupción y la gente tiene confianza. Creo justamente que el problema hoy es recuperar la confianza entre elites políticas y electores. Este es un gran problema porque probablemente haya cambios institucionales. La segunda cosa que deben hacer los Estados es poder reconstituir una suerte de contrato social.


–¿Cómo lo lograrían?


–En Francia, más del 50 por ciento de la riqueza nacional es retenida a través de los impuestos y se redistribuye para pagar la universidad, la escuela, la desocupación, la jubilación, etcétera. Este sistema se ha vuelto tan complicado que ya nadie lo comprende y todo el mundo siente que "le roban". Los ricos dicen: "me roban, esto no sirve para nada", los pobres dicen: "no nos dan nada". En ambos casos es falso. Las desigualdades en Francia, después de la redistribución social, disminuyen por dos pero la gente está convencida de que no sirve porque no comprenden cómo funciona. Para que la gente acepte este sistema tiene que comprender que hay una justicia detrás de ese sistema.


–¿Cuál es el rol de las instituciones en un escenario en el cual la redistribución achica la desigualdad y, sin embargo, no se confía en esos mecanismos?


–Creo que el rol de las instituciones sigue siendo el mismo: producir y garantizar conductas de subjetividad y acuerdos, pero las instituciones deben producir sujetos democráticos. Hoy sabemos que los individuos quieren ser los dueños de sus vidas y el rol de las instituciones es ayudarlos. En otra época, el rol de las instituciones era "preparar a una mujer a tener el rol de mujer" cuando hoy el rol de las instituciones es "ayudar a la mujer a tener la vida que desea". Hay un cambio en las instituciones y hay un sentimiento de crisis respecto de las instituciones. Hay un cambio muy profundo. En Francia, hubo movimientos contra los extranjeros, contra los homosexuales, contra el matrimonio igualitario, allí estaba la idea de que todo eso destruiría la sociedad. El desafío intelectual es poder demostrar que se trata de otra sociedad, no se destruye LA sociedad, lo que se destruye es la vieja sociedad.


–En este sentido, ¿qué factores están coaccionando el sistema democrático que usted plantea que hay que ampliar, que hay que abrir?


–Hay una restricción del sistema democrático con la mundialización de las economías, al mismo tiempo hay una formidable expansión del sistema democrático. Creo que hoy esta dinámica crea frustración porque la gente tiene la sensación de poder actuar en muchos campos de su vida personal pero, por otro lado, se tiene la sensación de que ya no se puede accionar sobre el mundo. En cambio, cuando vivíamos en el Estado-nación teníamos la idea de cambiar la sociedad dentro de la Nación. Esto crea una crisis muy fuerte de la acción política en todas partes. A los hombres políticos se los acusa de ser impotentes, en todas partes dan la sensación de traicionar sus promesas y yo diría que no es culpa de los hombres políticos porque ya no estamos en ese espacio relativamente cerrado que era la Nación. Esta es una experiencia que siempre tuvieron las sociedades latinoamericanas.


–¿En qué sentido?


–En el sentido de que siempre dependieron mucho más del capitalismo internacional que las sociedades alemanas, francesas e inglesas; en cambio, hoy las sociedades del centro son tan dependientes del capitalismo como las otras.


–Menciona sólo tres países de Europa, ¿qué pasa con los otros? Y, ¿en qué sentido son más dependientes ahora?


–Cuando yo era chico vivía en una sociedad en la que lo esencial de lo que consumía –tanto en bienes industriales como en bienes alimentarios y bienes culturales– se fabricaban en Francia: coche francés, ropa francesa, literatura y cine franceses. Hoy vivo en una sociedad en la que esta camisa no es francesa, mi computadora tampoco y la música que escucho es muy poco francesa. Vivo en un mundo totalmente abierto, que da la sensación de no ser más controlado. El hombre político perdió gran parte de su capacidad de acción.


–¿Por qué la globalización de la vida, de la cultura, es la que restringe la distancia que usted marca entre la vida política y los electores? ¿Por qué lo atribuye a eso y no, por caso, a una tecnificación de la política?


–Porque también está la idea de que la vieja sociedad era una verdadera sociedad de clases, en la cual las desigualdades tenían una estructura muy particular y el sistema político europeo reflejaba esa estructura de clases: un campesino vota a la derecha y un obrero vota a la izquierda. El sistema político representa la vida social. En todas partes, este sistema se está deshaciendo. Lo que vemos hoy en Europa es que no hay verdaderamente partidos políticos, hay máquinas políticas: la máquina socialista o la máquina política pero ya no hay más militantes políticos. La gente vota en función de las circunstancias.


–¿Por qué hoy las circunstancias llevan a un obrero a votar por la derecha?


–Porque el obrero tiene la sensación de ver su mundo social desaparecer y entonces vota por los que le dicen que van a rehacer ese mundo: dejar Europa, echar a los extranjeros y crear instituciones autoritarias. Los obreros no son democráticos por naturaleza. En todas partes encontramos este electorado que cambia. La gran lección de la última elección en Argentina es que los electores son cada vez menos cautivos. Podemos lamentar eso pero me parece que esa evolución es irreversible.


–¿Por qué aquí es irreversible? Y en todo caso, ¿cautivo de qué?


–Porque me parece que la elección de los individuos es cada vez más individual, porque la política tiene un mecanismo casi automático de decepción, es decir, que se vota "en contra" de algo. Esto pasó en Francia hace 30 años cuando vimos que el mundo comunista francés, un mundo totalmente tomado por un partido político desapareció en diez años, porque los modelos de identificación social han cambiado profundamente.


–¿Cómo ve el fenómeno de los "nimby" (Not In My Back Yard. Trad: No en mi patio trasero) en este escenario que describe?


–El nimby es un fenómeno bastante clásico del movimiento ecológico. Es necesario que una autopista pase por nuestra ciudad, todos están de acuerdo, pero no por mi casa. Es un fenómeno totalmente banal: quiero electricidad pero no centrales nucleares en mi país. Quiero un hospital pero no muy cerca de mi casa. Es cierto que, por lo general, son las clases medias las que tienen esas capacidades políticas porque tienen la capacidad de presionar sobre los políticos. Por ejemplo, quiero una escuela social mixta pero no para mis hijos. La gente siempre fue nimby, siempre fue egoísta. No podemos imaginar que la gente fuera generosa, pero los mecanismos políticos tenían la capacidad de imponerse. En cambio hoy, los mecanismos políticos son demasiado débiles para imponerse. Por un lado, esto es desagradable pero, por otro lado, está bien porque los individuos tienen derechos y porque tenemos mucha experiencia de regímenes autoritarios. El mundo de ayer era por lejos tan abominable como el de hoy, e incluso más.


–Usted ha mencionado que la democracia del bienestar debilita la democracia política y la solidaridad, ¿a qué se refiere con esa afirmación?


–La democracia la podemos ver en cuatro niveles. El nivel elemental es el reconocimiento de los derechos. Democracia es el derecho de poder ser juzgado por jueces, el derecho a la seguridad física, etcétera. El segundo nivel es el de los derechos políticos. El tercero, el de los derechos sociales. Y hoy vemos un cuarto nivel, el de los derechos culturales. Ciertas minorías pueden tener derechos particulares, por supuesto que cada uno de estos derechos debilita al otro. El derecho político es un derecho absoluto y el social es un derecho relativo, porque vos podes decir: "sean cuales fueren las condiciones yo tengo derecho a votar", pero también podes decir: "tengo derecho a trabajar" con la condición de que haya trabajo, y eso cambia la naturaleza del derecho. Una de las dificultades de hoy es que la condición de los derechos sociales, aquellos que se benefician con los derechos, no quieren cambiar nada y hay una especie de bloqueo de los derechos sociales.


–¿Podría ilustrarlo con un ejemplo?


–El problema de los derechos sociales es que se van a delegar, a sumar a los derechos económicos. Un ejemplo simple: tengo derecho a jubilarme a los 65 años y que me paguen, con la condición de que haya muchos jóvenes, que ellos trabajen y que los viejos vivan mucho tiempo. Ahora, si no hay muchos jóvenes y, además, no trabajan mucho, ese derecho a jubilarme a los 65 años no tiene ningún contenido. Cuando la canciller de Alemania, Angela Merkel, permite que entren inmigrantes a su país lo hace por razones humanitarias pero, fundamentalmente, para pagar la jubilación de los alemanes porque no hay más jóvenes alemanes. Entonces, hay que entender que estos derechos no son iguales como el derecho a la libertad personal o como el derecho a la información. Por eso es que hoy existen muchas tensiones entre estos diversos sistemas.

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Jueves, 24 Diciembre 2015 05:34

Dominación y resistencia en la favela

Dominación y resistencia en la favela

Los peatones son los reyes ante los que deben rendirse los coches. Tal vez sea la diferencia mayor entre la favela y el asfalto, algo en lo que no suelen reparar ni los medios ni los analistas del sistema. La calle es el paraíso de la gente común, de los niños que juegan con la pelota, de las niñas que saltan y corren, de las mujeres que arrastran bolsas de alimentos y los jóvenes que se abren paso con sus motos haciendo piruetas entre los autos y las adolescentes, a las que no parecen impresionar.


Timbau es una de las 16 favelas de la Maré, enorme espacio pegado a la bahía de Guanabara con 130 mil habitantes, que los migrantes nordestinos fueron ganando al mar metro a metro desde sus precarios palafitos, que comenzaron a erigir un siglo atrás. Timbau es una de las pocas favelas del norte de la ciudad en ancas de un morro, que disfruta el privilegio de otear a ésta, la bahía y los cerros. Cuando el sol cae a plomo se hace pesado caminar cuesta arriba y todo se mueve en cámara lenta.
Si se define a la favela por lo que no tiene, como suelen hacer los centros de estudios que priorizan las carencias, habría que empezar diciendo que no hay bancos ni supermercados, ni esas catedrales del consumo llamadas malls. Parece un barrio proletario de cualquier centro industrial de comienzos del siglo XX, cuando los obreros vivían de un modo diferente a los demás, con expectativas vitales diferentes, y en lugares distintos, como nos recuerda Eric Hobsbawm (Historia del siglo XX, Crítica, p. 308).


En una de las callejuelas, entre un almacén y una peluquería donde alisan sus cabellos las adolescentes, un pequeño comercio tiene un letrero que dice Roça, que en portugués denomina el área de siembra de la agricultura familiar. Un pequeño grupo de jóvenes venden productos agroecológicos y elaboran cerveza artesanal, mostrando que es posible trabajar en colectivo y autogestionarse. Es un espacio donde confluyen grupos de otras favelas que resisten la militarización y la especulación urbana.
La Maré estuvo ocupada militarmente hasta hace pocos meses y seguramente los uniformados regresarán antes de los Juegos Olímpicos de 2016. El ejército estuvo durante 15 meses, 3 mil soldados con armas largas y tanques de guerra, pero a comienzos de julio fueron relevados por la Policía Militar, uno de los cuerpos más odiados por los sectores populares –en particular por los jóvenes negros– responsable de miles de muertes todos los años.


Un grupo de muchachos del colectivo Ocupa Alemão, una favela cercana ocupada desde 2010 por los militares donde se han instalado Unidades de Policía Pacificadora (UPP) y una red de teleféricos, aseguran que la mayor contradicción que existe en Brasil es el racismo. Ocupa Alemão nace para resistir la brutalidad policial con festivales de rock, cine-debates, juegos con niños, talleres de graffiti y una feria de negritud económica, inspirada en la tradición solidaria de los quilombos (repúblicas de esclavos fugados); 20 por ciento de las ventas las destinan a un fondo para apoyar a las madres de las víctimas del Estado en Río de Janeiro.


La feria es itinerante y se propone defender la autonomía política y fortalecer la economía colectiva, como destacan en su facebook. Se trata de una iniciativa de movimientos de mayoría negra en las áreas de salud, cultura, educación, cocina y audiovisual para difundir la cultura afrobrasileña y fomentar la autogestión como forma de construir autonomía.


Uno de los jóvenes dice que en el Complejo de Alemão hay cinco UPP y que una de ellas funciona en una escuela, con su fachada tapizada de agujeros de balas. Habla del racismo como forma de dominación: Cuando van al médico, las mujeres blancas son atendidas 15 minutos en promedio, pero las negras apenas tres minutos. Cada palabra suena como un martillo sobre la piedra. Nosotros por nosotros, es la consigna de Ocupa Alemão, que se ha ganado un espacio entre la camada de movimientos que nacieron luego de las Jornadas de Junio de 2013.


Para el que llega de fuera, los detalles desconciertan. El turismo safari en las favelas hace estragos. Jeeps verdes como los que usan los militares, con turistas rubios cámara en mano, violentando la cotidianidad de los vecinos. Desde el teleférico de Alemão pueden retratarlos mientras comen, bailan o hacen sus necesidades más íntimas. Un panóptico tan insultante como la insensibilidad del mercado. Compran camisetas de recuerdo que dicen, sobre la foto de la favela, Yo estuve aquí, aunque la hayan sobrevolado a decenas de metros. Es triste comprobar cómo la lógica del turista y del policía militar es idéntica, aunque utilicen armas diferentes.


La noche en la favela es bulliciosa. La música suena potente, pero nadie se queja. Igual que los coches ceden ante los peatones, la favela entiende que el silencio no puede contra los ritmos. Parece raro y hasta molesto al foráneo que no puede conciliar el sueño; sin embargo, es la lógica obrera de todos los tiempos, según Hobsbawm, donde la vida era, en sus aspectos más placenteros, una experiencia colectiva (idem).


Es probable que esa cultura de lo colectivo explique el genocidio que sufren los favelados, en su inmensa mayoría negros. Una cultura tejida de relaciones sociales diferentes a las hegemónicas, tan irreductible como el espacio donde se ha refugiado, representa una amenaza latente para las clases dominantes. En más de un siglo, ningún gobierno pudo con las favelas que siguen creciendo pese a las violencias del Estado y los traficantes.


Son cientos los colectivos de jóvenes que resisten: de hip-hop, de cultura negra, contra el genocidio, de economía, de madres de asesinados y desaparecidos. La impresión es que tienden a multiplicarse y cada vez es más difícil hacerlos retroceder a bala. En el próximo ciclo de luchas las mujeres y los jóvenes de las favelas dirán presente, y las izquierdas blancas deberán decidir si luchan y mueren junto a ellas o siguen mirando hacia arriba.

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Viernes, 11 Diciembre 2015 07:09

El viejo topo horada la piedra

El viejo topo horada la piedra

Los estudiantes secundarios de Sao Paulo derrotaron al gobierno estatal encabezado por el neoliberal Geraldo Alckmin, que debió retirar su plan de reorganización del sistema educativo ante el masivo rechazo y la fuerte movilización juvenil. En estos tiempos de avances de las derechas, el triunfo estudiantil debería ser motivo de festejos porque alumbra el futuro que deseamos, de resistencias capaces de desarticular los planes conservadores.


En septiembre el gobierno paulista anunció la reorganización de la enseñanza pública con centros separados con base en tres ciclos, lo que llevaría a la reagrupación de los estudiantes, el cierre de 93 centros y la transferencia de 311 mil alumnos. De inmediato profesores y alumnos coincidieron en que habría superpoblación escolar y atribuían la medida a la intención de bajar los costos del sistema educativo.


En octubre se realizaron manifestaciones de sindicatos de la educación y de estudiantes, que impulsaron al ministerio a acelerar las reformas anunciando los centros que serían cerrados. Todos están en la periferia, habitada por los sectores populares, que ya sufren una educación de baja calidad.


El 9 de noviembre fue ocupada la primera escuela estatal, en Diadema, núcleo de una región de larga tradición de lucha sindical en el ABC paulista. La ocupación tuvo el apoyo de padres y profesores. Una semana después había ya 19 centros ocupados, mientras la justicia denegó el pedido de desalojo por considerar que los estudiantes no querían apropiarse de los centros sino abrir un debate. El día 23 ya había más de 100 centros ocupados; las universidades y sindicatos comenzaron a posicionarse en contra de la reorganización escolar. Los primeros días de diciembre había 196 centros ocupados.


En cierto momento los estudiantes decidieron salir a las calles, cortar las avenidas y difundir la protesta. Según las encuestas, 61 por ciento de los paulistas rechazan la medida del gobierno y 55 por ciento apoyan a los estudiantes, mientras la popularidad del gobernador cayó a sus niveles más bajos de aprobación. El 4 de diciembre Alckmin decidió aplazar un año la reorganización escolar.


Es interesante echar una mirada a lo que sucedía dentro de los centros ocupados. Los estudiantes crearon comisiones de trabajo para sostener la ocupación: comida, seguridad, prensa, información, limpieza, relaciones externas, entre las más comunes. Además de las jornadas de trabajo realizan asambleas, convocan debates con profesores, padres y colectivos solidarios sobre los más variados temas. Editaron un manual ( Cómo ocupar un colegio), inspirado en las recientes luchas de los estudiantes chilenos y argentinos.


Son miles de jóvenes desde los 14 y 15 años que están haciendo una experiencia formidable, enfrentando el autoritarismo del gobierno socialdemócrata-neoliberal, desafiando la represión policial y las manipulaciones mediáticas. Una nueva generación de jóvenes militantes está haciendo su experiencia. Un movimiento que nace, se masifica y triunfa en medio de la mayor ofensiva de la derecha brasileña en muchos años, y que muestra que hay energía social suficiente, por fuera de las instituciones, los partidos y los sindicatos, para cambiar el estado de cosas en Brasil.


Las jornadas de junio de 2013 son el antecedente y referente inmediato del actual movimiento. Junio fue un parteaguas. Desde aquel momento los movimientos se reactivaron, nacieron nuevas organizaciones y colectivos de base en todos los espacios de la sociedad, y la calle se convirtió en el nuevo escenario de debates y protestas. Los militantes del Movimiento Pase Libre, ahora dividido, siguen trabajando en las periferias, donde nacieron nuevos grupos contra el aumento al transporte, contra la violencia del Estado, colectivos feministas y culturales, que confluyen ahora contra la reorganización escolar.


Pero a diferencia de lo sucedido en junio de 2013, donde la pauta dominante fueron grandes manifestaciones que insumían pocas horas de su tiempo a los participantes, las ocupaciones exigen de los ocupantes que se asuman como protagonistas políticos de los acontecimientos las 24 horas del día, según el análisis del teatrero y militante Rafael Presto en Passapalavra (http://goo.gl/HP3glz).


Por eso las ocupaciones son un proceso formativo intenso, una generación de militantes formados en el calor de las luchas. Si a ello se suma que los centros ocupados se convirtieron en espacios donde convergen diversas luchas, movimientos sociales, artistas, educadores militantes, grupos territoriales y de mujeres, podemos valorar la importancia de lo sucedido en noviembre.
A mi modo de ver, hay tres aspectos a destacar.


El primero es que la energía social y política del abajo ha sido capaz de vencer a una derecha envalentonada, pero que debe retroceder ante la potencia de la calle. Esto debería ser motivo de reflexión para quienes apostaron todo a las instituciones y no pueden comprender que el eje de los cambios está en otro lugar y con otros modos.


La segunda es que la energía emancipatoria siempre nace en los márgenes y entre los jóvenes. Sin ese fuego juvenil, de clase y de género, no existen posibilidades para encarar un proceso de cambios. La última ocasión en que Brasil registró un potente proceso de los abajos fue en la década de 1970, cuando la experiencia de millones de personas en las 80 mil comunidades eclesiales de base (compromiso ético), los jóvenes obreros industriales y los campesinos desplazados por la revolución verde, dieron vida a las grandes organizaciones: la CUT, el MST y el PT.


Por último, como señala Presto, siempre llegan los que destacan las carencias del movimiento. Les falta un proyecto político, dicen, cuando en realidad quieren decir que falta una dirección que ponga orden, de la que desean formar parte. Pero los jóvenes ya están organizados, ya son militantes, sólo que no aspiran a formar parte de instituciones que rechazan porque las conocen de cerca. La piedra se horada desde abajo.

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Hay 1,7 millones de desempleados más en América Latina

El pleno impacto de la desaceleración económica en los mercados laborales se ha sentido este año, lo que se expresa en el primer aumento en un lustro del porcentaje de desempleados en Latinoamérica: hay 1,7 millones de nuevos desocupados en la región, es decir, un total de 19 millones, informó ayer la Organización Internacional del Trabajo (OIT) al presentar en Lima el informe Panorama Laboral 2015 América Latina y el Caribe.


"La desocupación cerrará en 2015 en un 6,7% como promedio regional. Es el primer aumento significativo en cinco años, y se espera que continúe en 2016", indicó José Manuel Salazar, director regional de la OIT para América Latina, en una rueda de prensa ayer en Lima. Según el reporte, los indicadores de los mercados laborales muestran que "puede estar aumentando la informalidad", que en 2013 afectaba a 130 millones de latinoamericanos.


Juan Chacaltana, especialista regional en economía laboral de la OIT, detalló que la proporción de empleo asalariado cayó en 2015 y que "en tres de nueve países con información disponible, ha caído el empleo registrado, un indicador muy fino del empleo formal". El experto subrayó que dicho indicador, medido por la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), había subido durante más de un decenio en todos los países de la región, pero Brasil, Perú y Uruguay registran una disminución.


"Revirtiendo una tendencia observada en la última década, la participación del empleo asalariado ha caído [0,35% en 2015] y se ha registrado un crecimiento del empleo no asalariado. La desocupación ha aumentado en seis de los 17 países para los que se cuenta con información de coyuntura", indica el informe.


Salazar enfatizó que los mayores incrementos en la desocupación en el tercer trimestre de 2015 se registran en América del Sur (entre un 6,4% y un 6,7%, sin considerar Brasil), pero en el país brasileño la tasa de desocupación nacional (incluyendo población rural y urbana) creció un 1,5% este año: es decir, pasó de 6,9% en 2014 a 8,4% en 2015. Chacaltana precisó que Brasil representa el 40% de la agrupación del mercado laboral latinoamericano, debido a sus interconexiones con la región y con el mundo.


El director regional de la OIT calificó como "una crisis en cámara lenta" el período que atraviesa América Latina debido a los efectos de la desaceleración y la pérdida del dinamismo en el crecimiento. Indicó además que el trabajo por cuenta propia se incrementó en el último año, y que la situación laboral afecta sobre todo, como en años anteriores, a los jóvenes y a las mujeres. Salazar comentó que este año 900.000 mujeres que salieron a buscar empleo en América Latina no lo encontraron. Es decir, se incrementó la participación en el mercado laboral, pero la desocupación femenina fue de 8,2% en el tercer trimestre del año comparada con un 5,9% en el caso de los hombres. Más de la mitad de los nuevos desocupados de 2015 son mujeres.


Paro juvenil


"Uso mis habilidades para agarrarme de los pasamanos del autobús", comenta con ironía un joven vendedor de caramelos la noche del miércoles en Lima, y añade que vive en un "barrio bravo", El Callao, pero prefiere no escoger la delincuencia. Es uno de los millones de afectados por la informalidad y por el desempleo juvenil que, según la OIT, comenzó a crecer en 2013 y que afecta al 15,3% de ese sector en el último trimestre de 2015. Según el informe, la tasa de desocupación de los jóvenes latinoamericanos triplica la de los adultos y es ligeramente superior a la observada en la década pasada.


Ante este cuadro, el director regional de la OIT explicó: "En Latinoamérica no hemos logrado escapar del ciclo económico de volatilidad de los precios internacionales, y de un grado excesivo de dependencia de esas dinámicas de la economía mundial". Por ello, urgió a los países a diversificar sus estructuras de producción, perseguir mayor eficiencia y tener una agenda de desarrollo para crear más y mejores empleos.


El documento revela que los 18 millones de personas dedicadas al trabajo doméstico suponen el 7% de la fuerza laboral de la región. El 93% son mujeres.

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Viernes, 20 Noviembre 2015 17:37

El fenómeno Pepe, ¿una lección?

El fenómeno Pepe, ¿una lección?

El auge de Mujica en Japón se ha expandido al mundo editorial. Cuatro libros, todos publicados en este otoño, han ocupado el primer lugar en distintas categorías de Amazon en Japón.

El 1 de marzo de este año José Mujica dejó su cargo como presidente de Uruguay, cediendo el puesto a Tabaré Vázquez. Habrá que ver, con el tiempo, cómo se juzgarán sus cinco años en el poder. Por el momento lo seguro es que su fama no deja de crecer, aun del otro lado del planeta. En Japón todo comenzó con el famoso discurso que dio en Rio de Janeiro en 2012, traducido inmediatamente por el japo-chileno Akira Uchimura, el video que lo divulgó fue llamando poco a poco la atención del público. Algunos programas televisivos nipones presentaron al "presidente más pobre del mundo" y ganaron una considerable aprobación. Ahora el auge se ha expandido al mundo editorial: el año pasado la editora Yoshimi Kusaba, junto con el monje ilustrador Manabu Nakagawa, publicó un libro monumental: El discurso del presidente más pobre del mundo (Chobunsha), con tirajes que sobrepasaron los 150 mil ejemplares. El libro ganó el Gran Premio Amazon Ranking para la primera mitad del año 2015 en la categoría de libros ilustrados e infantiles, y sin duda impulsó una gran oleada pro Mujica. Esta misma editorial editó Del presidente más pobre del mundo para ti (Chobun-sha), que resume las palabras de Mujica para un programa televisivo nipón. Las palabras de José Mujica, el presidente más pobre del mundo, de Miyuki Sato, es otro libro que compila sus frases, y Las palabras que mueven al mundo. El discurso del presidente más pobre del mundo (Kadokawa), de Shinobu Momose, es una novela sobre un chico que crece con las palabras del Pepe en el corazón. Asimismo salió la traducción del libro Una oveja negra al poder. Confesiones e intimidades de Pepe Mujica (Chobunsha), de Andrés Danza y Ernesto Tulbovitz, a pocos meses de la aparición del original en Uruguay. Es sorprendente ver que estos cuatro libros, todos publicados en este otoño, han ocupado el primer lugar en distintas categorías de Amazon en Japón.


¿Por qué ha tenido Mujica tantas repercusiones en Japón? El mencionado libro de Danza y Tulbovitz comienza contando el caso de un arquitecto japonés que, conmovido por el discurso que vio en Internet, quiso saber todo sobre José Mujica: su país pequeño, sus años tupamaros, hasta sobre su perra de tres patas. Para los autores esta anécdota es una prueba, junto con las de Moscú y de Tramutola, del impacto universal que tuvieron aquellas palabras que el ex presidente uruguayo pronunció en Rio de Janeiro. No me opongo a esta visión, pero creo poder ofrecer otro punto de vista, el de un ciudadano japonés.


"Taru wo shiru", o saber contentarte con lo que tienes, es una actitud ética arraigada en la cultura del archipiélago nipón, que a lo largo de su historia se ha enfrentado a la carencia de recursos naturales. Por eso no es extraño que sintamos familiaridad con el pensamiento de Mujica. Incluso en la época de la economía de burbujas (1986-1992) podían hallarse discursos que hablaban del seihin, vivir pobre pero noble, como el ensayo emblemático El pensamiento de la pobreza noble, del crítico literario Koji Nakano, publicado en 1992 y que, en vísperas del fin de la economía de burbujas, se convirtió en bestseller. Irónicamente, sin embargo, este elogio del estilo de vida austero fue leído por aquellos que estaban hartos y vivían en la opulencia. El auge de la pobreza noble terminó siendo un objeto más del consumismo voraz que se vivía en aquel tiempo.


Ahora la situación es otra: durante "las dos décadas perdidas" el país ha sufrido una constante decadencia económica. En cuanto al Pbi per cápita, Japón se sitúa atrás de decenas de países occidentales y orientales. El promedio del salario mensual inicial de un graduado universitario es más bajo que en Corea del Sur. Asimismo, una sostenida baja en la natalidad hace que los trabajadores carguen con los gastos cada vez más altos de las pensiones, la seguridad social, la salud pública y otras cosas. Las políticas económicas del primer ministro, Shinzo Abe, llamadas Abenomía, están lejos de dar sus frutos. Todo esto afecta a varios sectores del Estado: el lector de Brecha ya está al tanto, por ejemplo, de la crisis de las humanidades en las universidades nacionales, gracias a la nota de Ana Inés Larre Borges publicada en octubre. Los japoneses ya no somos los mismos que Ricardo Piglia supo caricaturizar en la novela La ciudad ausente, publicada en el mismísimo 1992.


Este cambio nos acerca aun más al pensamiento de Mujica, quien nos recuerda la forma de ser que llevamos dentro, seamos o no conscientes. "Saber contentarte con lo que tienes" quizá ya no sea una opción que podamos escoger entre tantas otras: es un camino que muchos de los japoneses estaremos destinados a tomar. ¿Aprenderemos de Mujica? Lo único que sé decir es que si se quiere aprender algo se debe estudiar en profundidad, con mirada crítica. Aunque las humanidades, cultivadoras del pensamiento crítico, no tengan un buen futuro aquí.
(Agradezco a David Taranco la revisión del texto).


Kazunori Hamada es estudiante de doctorado de la Universidad de Tokio, investigador especializado en literatura hispanoamericana. Prepara una tesis comparativa sobre Felisberto Hernández, Onetti y Saer. Antes de la explosión de cualquier fenómeno, en febrero de 2010 fue a visitar, junto a un amigo uruguayo, la chacra de Mujica, a la que no pudo acceder por disposición de la guardia policial.

 

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Miércoles, 18 Noviembre 2015 07:20

Más pendientes del fútbol que de la paz

Más pendientes del fútbol que de la paz

Medellín es en cierta medida un reducto de Alvaro Uribe, portavoz de los opositores a las negociaciones con la guerrilla. Además, quienes participan de la industria de la guerra querrán mantener viva la excusa de la lucha contrainsurgente.


Guerra y paz en Colombia. "Si quieres transformar el presente (apuesta a la) paz" propone a los "jóvenes de Colombia" la publicidad del gobierno transmitida durante los partidos por la cuarta ronda de las eliminatorias hacia el Mundial 2018, concluida ayer.


En el barrio Laureles, zona céntrica de Medellín, unos muchachos de clase media se molestan con la propaganda pacifista y cargan contra presidente Juan Manuel Santos. Es un "mentiroso, que no nos venga con las mentiricas de la paz para dejar libres a los terroristas de las FARC".


"Qué tienen que ir a hablar a un país donde hay una dictadura comunista, ¿por qué no hablan acá? Porque acá los narcoterroristas tienen miedo de ir presos y que los manden a Estados Unidos, allá no les tiembla el pulso."


Lo cierto es que el tema que está en boca de todos no es el proceso de paz, ni los atentados terroristas en París, sino la selección del astro James Rodríguez, que antes de militar en el Real Madrid jugó en el club Envigado de Medellín.


Las banderas colombianas están por doquier: en el restaurante Los Tejanitos, en un bar sin nombre que ofrece "cebiche y patacones", y en la peluquería Consolata, ubicada a pocos metros de la parroquia homónima.


El nacionalismo futbolero de los colombianos es tan intenso, o un poco más, que el de la mayoría lo países sudamericanos, lo llamativo es que aquí se le suma el "patriotismo" regional.


En los medios locales se propala casi en un pie de igualdad el himno colombiano con el del departamento de Antioquia, cuya capital es Medellín.


En esta ciudad reinó Pablo Escobar, aún venerado por los vecinos de un barrio que lleva su nombre y recordado por los hinchas de Atlético Nacional, que gracias a los dólares del jefe del Cártel de Medellín costearon el equipo campeón de la Libertadores en 1989.


Actualmente Medellín es en cierta medida un reducto del ex presidente Alvaro Uribe, derechista, vinculado con los paramilitares (controlan varias comunas pobres), portavoz de los opositores a las negociaciones de paz.


Hace dos meses, en La Habana, el presidente Santos y el comandante rebelde Timochenko anunciaron que firmarán la paz el 23 de marzo, tras lo cual se estrecharon las manos junto al presidente Raúl Castro.


Ese paso, potente, hacia el fin de la guerra civil iniciada en la década del 60 contó con la bendición del papa Francisco, durante su visita a la isla antes de continuar viaje hacia Estados Unidos, cuyo gobierno respalda las negociaciones, posición que no se replica en grupos de interés relacionados con la industria privada de defensa, la comunidad de inteligencia y la agencia de lucha contra las drogas, la DEA. Esas dos corporaciones estatales siguen lógicas de actuación relativamente autónomas a las de la Casa Blanca y el Departamento de Estado.


"Para los militares norteamericanos y colombianos, para la DEA, para los traficantes de armas, para mucha gente la industria de la guerra es un negocio que mueve miles de millones de dólares. El interés de ellos es mantener viva la excusa de la lucha contra el narcotráfico y la guerrilla. Posiblemente esos grupos van a ser un obstáculo para los que buscan la paz" plantea el economista brasileño Theotonio dos Santos.


"Estamos hablando de grupos que perderán dinero, pero fundamentalmente perderán influencia si se ordenara el repliegue de las tropas regulares, o si se decide poner fin a las bases militares norteamericanas que son una amenaza para la soberanía de Colombia, para la seguridad de Brasil y Venezuela" continúa el profesor emérito de la Universidad Federal Fluminense en diálogo con Página/12.


Dos Santos menciona que las fronteras colombianas con Brasil y Venezuela se extienden a lo largo de unos 3800 kilómetros, más extensas que la de Estados Unidos y México.


El colombiano Jorge Gantiva, catedrático e investigador de la Universidad de Tolima coincide con la tesis del brasileño Dos Santos. Ambos participaron en el congreso del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales realizado en la Plaza Mayor medellinense.


"Estados Unidos no va a entregar las bases así porque sí. Cuando digo Estados Unidos no estoy refiriendo al presidente Barack Obama que se va del gobierno dentro un año, hablo del estado norteamericano" plantea Gantiva.


"Son varias bases las que hay en Colombia. La que mejor conozco es la que se encuentra en nuestro departamento, Tolima, la base Tolemaida. Cuenta con armamento avanzado, aviones muy bien equipados. Sus militares tienen inmunidad, cualquier delito que cometan será juzgado en una corte norteamericana.


Gantiva explica que desde esas fortalezas, ajenas a la jurisdicción colombiana, se comandan acciones, se diseñan planes, se adiestra a oficiales en guerra contrainsurgente y técnicas de interrogación.


Además de expertos norteamericanos trabajan asesores israelíes y militares brasileños dado que las fuerzas armadas colombianas "tienen mucho equipamiento de guerra comprado en Brasil".


El bombardeo aéreo ordenado por Alvaro Uribe en 2008 contra un campamento de las FARC en Ecuador fue ejecutado con aviones Super Tucano brasileños, dotados con tecnología norteamericana. La invasión del territorio ecuatoriano promovida por el medellinense presidente Uribe, con la venia de Washington, causó conmoción en la región.


Hacer política


Jorge Gantiva retoma la palabra para plantear que más allá del escenario bélico "aquí lo más importante no es la guerra militar, el problema es fundamentalmente de carácter político. No hablemos de guerra, guerra, guerra. Pensemos la política. Está perfecto el diálogo de paz. Estamos de acuerdo con los progresos que están lográndose en Cuba, pero eso no alcanza".
"Todo eso es negociación por arriba sin dar atención la sociedad civil, tenemos que alimentar el debate, organizarnos.

Anunciaron un plebiscito sobre la paz, si ese plebiscito fuera hoy no sé si gana el voto por la paz. El trabajo que falta es involucrar a la gente, debatir sobre el post conflicto. Los campesinos, los indígenas, no están metidos con lo que pasa en las conversaciones, las ven como una cosa lejan que pasa en La Habana", lamenta Gantiva y pregunta al cronista: "¿Cuántas personas hablaron contigo de la paz en los días que estuviste aquí? Seguro que una o dos entre diez. Tal vez hablaron de la nota en la revista Soho", bromea.


Se refiere a la publicación masculina que en su último número trae fotos sensuales de la ex guerrillera Ana Pacheco y de Isabel Londoño, que actuó en los servicios de inteligencia del Estado.


La reconciliación fotográfica de Ana e Isabel en Soho es puro efecto visual, no se empata con la realidad, asegura Gantiva.
"Estamos viviendo un momento de ausencia de conflicto, porque la guerrilla declaró el cese unilateral, hay un clima de tranquilidad, pero la guerra está dormida, no terminó. Los paramilitares siguen armados, organizados, se reconvirtieron y ahora forman las Bacrin (bandas criminales), el narcotráfico está otra vez fuerte, no ha desaparecido."


"Fíjate que otra vez somos los primeros productores de cocaína después de 15 años de Plan Colombia, que costó miles de millones de dólares", señala.


Consultado sobre la situación de los rebeldes, Gantiva explica que pese a haber sufrido graves derrotas militares aún componen una fuerza respetable, con presencia territorial y bien entrenadas.


Las FARC están formadas fundamentalmente por campesinos jóvenes que "permanecen en el monte esperando ver qué pasa en las negociaciones de Cuba". "Mientras unos combatientes están esperando las órdenes de los comandantes de las FARC, hay otros que no van a esperar por mucho tiempo. Posiblemente habrá gente que no va a entragar las armas aunque se firme la paz."

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Crece la ola de violencia entre israelíes y palestinos

La ola de violencia entre israelíes y palestinos se extendió este viernes a la franja de Gaza, donde al menos seis jóvenes palestinos murieron por disparos de soldados israelíes y 80 resultaron heridos durante una manifestación en solidaridad con los palestinos de Cisjordania y Jerusalén ocupadas.

El ejército israelí confirmó la caída de un cohete lanzado desde la franja de Gaza a primera hora de este sábado en la sureña región de Eshkol, sin que se registraran víctimas.


Soldados israelíes abrieron fuego contra alrededor de 300 jóvenes palestinos que se manifestaban frente a la valla de seguridad, construida por Israel y que confina Gaza, donde lanzaban piedras y empujaban llantas en llamas.


Según el ejército israelí, los soldados dispararon contra los principales instigadores para detener su avance y dispersar a la multitud.


Testigos dijeron que los jóvenes palestinos fueron baleados por francotiradores israelíes apostados en puestos de control junto a la cerca fronteriza.
Paralelamente, la tensión creció en Israel después de que un judío de 17 años apuñaló a dos árabes israelíes y dos palestinos en la sureña ciudad de Dimona, el primer ataque de un judío contra árabes desde el inicio de la oleada de agresiones similares contra israelíes.


El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu condenó firmemente el ataque, y dijo en un comunicado que la justicia per- seguirá a quien ejerza la violencia y vulnere la ley, sea cual sea el lado en el que se encuentre.


Estados Unidos calificó como actos terroristas los ataques de palestinos en Israel y los territorios reocupados, pero no se pronunció sobre el ataque del joven judío a palestinos y árabes israelíes.


Ismail Haniya, líder del movimiento radical Hamas, que controla la franja de Gaza, consideró que la violencia que sacude Cisjordania y Jerusalén Este, como una nueva intifada, en alusión a los levantamientos de 1987 a 1993 y de 2000 a 2005 que dejaron más de 5 mil palestinos y mil 200 israelíes muertos.


El negociador de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), Saeb Erakat escribió en Newsweek Europa, el artículo Dejen de hablar de la tercera intifada-La ocupación israelí debe terminar, en el que expuso: "lo que hemos visto son los síntomas de la realidad de ocupación, colonización y apartheid que Israel ha impuesto a Palestina por encima de los principios básicos sobre los que la comunidad internacional fue creada.


El mundo ha permitido que suceda esto y la comunidad internacional debe asumir su responsabilidad por permitir a Israel cometer los crímenes que comete contra el territorio y la gente palestina.


El texto, informó la embajada palestina en México, se encuentra en http://europe.newsweek.com/stop-talking-about-third-intifadaisraels-occupation-must-end-334323

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