Miércoles, 26 Septiembre 2018 09:39

El mecanismo o la teoría de los fractales

El mecanismo o la teoría de los fractales

Ruffo (Selton Mello) no entiende. El plomero le dice que el arreglo es fácil, que en un día soluciona el problema, pero que le costará 600 reales. “Tengo que pagarle a mi nieto y la tubería” explica el trabajador. “Pero ¿cuánto cuesta la tubería?” pregunta Ruffo asombrado por la cifra astronómica. Ochenta reales, responde el plomero. Más confundido, Ruffo cuestiona que le cobre 520 por un día de trabajo. El plomero sonríe con un gesto de decepción. “Eso quisiera”, dice. Ruffo sigue sin comprender y le pide que le explique lo que sucede. El plomero se resigna y le hace un cálculo frío: “mire, cincuenta para mi nieto y ciento cincuenta para mí, serían doscientos. Los trecientos cincuenta son para quien me recomendó este trabajo”. “¿Para quién?” interrumpe Ruffo. “El que le dio mi tarjeta.” “¿Alfredo, el empleado de Cloacas?”. Sí, para él, afirma el plomero (pero ahí no acaba la cadena) y continúa diciendo que el pobre Alfredo tampoco se queda con todo el dinero. Tiene que darle una parte a su jefe.

 

Días antes, cuando el agua pútrida comenzaba a rebosar al frente de su casa, Ruffo, detective de la Policía Federal obsesionado con debelar el mecanismo de la corrupción, había llamado a la empresa del acueducto (Cloacas) para que arreglaran la tubería dañada. Alfredo, el empleado que llegó para hacer la revisión, le dijo que el trabajo demoraría un mes, que era muy difícil, pero que si tenía afán podía comunicarse con el plomero que ahora Ruffo tenía enfrente. Ya entendió. En su mente se hizo un clic, una conexión, la sinapsis que le faltaba para comprender la generalidad de la corrupción. Alterado de la emoción, llega a su estudio para retomar la investigación que había dejado a medias. A su lado, la cámara enfoca por varios segundos a la hija, quien mira atenta la pantalla de una Tablet en la cual aparecen fractales que se repiten y se repiten. Esta imagen, la de los fractales, es sin dudas la que sintetiza toda la argumentación narrativa de El mecanismo, la cautivadora serie de Netflix producida por José Padilha (Narcos, Tropa élite) que narra los inicios de la investigación Lava Jato basándose en el libro Lava Jato: El juez Sergio Moro y los bastidores de la operación que sacudió a Brasil, del periodista Vladimir Netto.

 

Fractales: el todo en la unidad y la unidad en el todo

 

Las imágenes de los fractales representan la idea de que el todo está contenido en la parte y la parte contiene el todo, en un movimiento infinito. Esto significa que, según se expresa en la serie, la corrupción del plomero es la parte de una corrupción a gran escala y a su vez el todo que la contiene y reproduce. Por eso Padihla dice que la corrupción no tiene ideología, porque permea tanto a la derecha como a la izquierda y el llamado centro. En parte tiene razón. La corrupción es inherente al sistema capitalista, sin ella no puede funcionar. La pregunta entonces es por el cómo.

 

¿Cómo funciona el mecanismo de la corrupción? Ruffo es capaz de entregar su vida con tal de encontrar la respuesta y con tal de encarcelar a los responsables. Su primer objetivo (la parte del fractal que contiene al todo) es Roberto Ibrahim (Enrique Díaz) un cínico lavador de dinero que poco caso hace a las advertencias de Ruffo, quien constantemente lo amenaza con llevarlo a la cárcel. Ibrahim sabe, cosa que en principio el detective desconocía, que tiene aliados muy poderosos que lo sacarán de la cárcel en cualquier momento, como en efecto sucede. Pero es esa confianza la que lo hace cometer errores y va dejando pistas sobre sus aliados y movimientos fraudulentos. Errores que la sagaz investigadora Verena (Carol Abras), pupila de Ruffo, y su equipo rastrean como sabuesos siguiendo el rastro.

 

Mas llega un momento en que el espectador se pregunta por qué la manía enfermiza de Ruffo contra Ibrahim. ¿Será que hay un hombre en el mundo tan entregado a cumplir su labor por los valores de la honestidad y la rectitud, la defensa de lo público? Es posible que haya otra causa que explique la conducta del investigador, la cual se encuentra en el pasado común de los dos hombres. En varias ocasiones se nos dice que el lavador y el detective se han conocido de toda la vida, es más, vivieron en el mismo barrio y estudiaron juntos. Sin dar detalles, es posible imaginar a un Ibrahim lastimando profundamente a un Ruffo y salir bien librado de la situación. Esto, claro, es información que el espectador llena con su imaginación. Pero, de ser así, se podría pensar que nuestro héroe no es más que un vengador que sólo busca la propia satisfacción. No lucha contra la corrupción por la justicia social ni el bien común. Esta interpretación, sin embargo, merece contextualización. Si el detective actuara únicamente por los deseos de venganza, le bastaría con ver encarcelado a Ibrahim. Pero este va más allá, y, junto a Verena, utilizan al lavador para llegar a los peces gordos. Así, podría decirse entonces que el daño que posiblemente Ruffo recibió de Ibrahim, esa experiencia íntima, fue la puerta de entrada que lo llevó a luchar contra la injusticia y la corrupción.

 

Tan ínfimos como la gota que va fracturando la roca

 

Una de las preguntas más interesantes sobre el caso Lava Jato es ¿cómo un pequeño grupo de investigadores policiales dieron con uno de los casos de corrupción más importantes del mundo? Es decir, si arriba preguntamos por las motivaciones aquí la pregunta es por las capacidades. La serie cautiva en este sentido. Nos muestra en principio, claro, una gran pericia por parte de los investigadores que, por una camioneta, conectan a Ibrahim con el director de Petrobras, Joao Pedro Rangel (avatar de paulo Roberto Acosta), y a este a su vez con el Club de los 13, una estructura mafiosa compuestas por grandes empresas que se rotaban los contratos públicos y cuya cabeza es Ricardo Bretch (avatar de Mario Odebrecht). Esto en cuanto a las capacidades internas. Frente a las externas la serie muestra a un país, Brasil, dividido políticamente. Al respecto, si bien Padilha pretende ser fiel a su tesis de que la corrupción no tiene ideología, es claro el sesgo con el Partido de los Trabajadores y sus representantes insignia, como Lula da Silva y Dilma Rousseff. Poner en boca de Lula “hay que parar esta sangría”, cuando fue un miembro del partido opositor quien lo dijo, y pasear a Ibrahim en la campaña de Rousseff para reelegirse, no equilibra las cargas cuando tan sólo se dice que los partidos opositores también recibieron dinero de Odebrecht. Menos aun cuando la serie se estrena en plena contienda electoral.

 

Aún así, la serie nos muestra cómo esta confrontación entre opositores les va a permitir a los investigadores continuar con la investigación. Unos a otros se delatan y poco a poco van cayendo fichas claves. Esto recuerda el cinismo con el que el centro democrático acusa de corrupto al expresidente Santos cuando el actual presidente es cuestionado por el mismo hecho.

 

Otro factor determinante fue el juez paulo Rigo (avatar de Sergio Moro). En un momento determinante de las investigaciones el juez dudo si seguir o no. En su casa, meditando, escucha consignas y gran bullicio. El pueblo brasileño se levanta contra la corrupción. El juez sale y, inspirado por el clamor de la gente, decide continuar. Si bien una motivación muy admirable, es tal vez romántica y falta observar cuáles fueron los intereses (no necesariamente personales) del juez.

 

A pesar sus intentos por impedir la continuidad de la investigación son los mismos miembros del grupo de 13 los que la permiten, en especial Ricardo. Este, seguro de que su mecanismo de corrupción es indescifrable, resta importancia a los hechos y actúa como si nada pasara. Es su arrogancia entonces lo va a traicionar más adelante.

 

Por último, a este rompecabezas, sin embargo, le hace falta una pieza. El papel de la CIA en las respectivas investigaciones. Esto no se ve en la serie. No existe. Pero ¿será posible que hayan intervenido? Mucho. Si en el contexto político los conflictos fueron el caldo de cultivo que permitieron la germinación de la investigación, los conflictos económicos internacionales son el habitad natural. Recordemos que dentro de la región Brasil quería ocupar más y más espacios de control y liderazgo para hacerle frente a los Estados Unidos. Es muy posible que los contratos otorgados a empresas de Brasil hayan afectado gravemente los intereses de los empresarios norteamericanos. Aquí es donde cabe la pregunta sobre a ¿quién le conviene que empresas poderosas como Odebrecht caigan?

 

Sin embargo, este camino está lleno de baches, de peripecias, de obstáculos y dramas propios de la realidad que la serie intenta recoger lo mejor que puede, aunque en ocasiones queda la sensación de que no lo consigue, de que la realidad los superó y esta ficción sólo rosó su verdadera complejidad.

 

‘Yo siempre estoy aquí’

 

El mecanismo, que poco a poco toma forma, dilucida un aspecto fundamental del fenómeno de la corrupción. En una escena, luego de inflar los costos en las obras de una refinería, ante el busto del noble padre fundador de la empresa Miller&Bretch (avatar del grupo Odebrecht), Ibrahim le dice a Joao Pedro: “¿sabes lo que le dijo (el noble padre) al gobernador el día de la posesión? El gobernador lo encontró en la ceremonia –narra Ibrahim– ‘Amigo qué haces aquí’. El noble padre le respondió: Gobernador, yo estoy siempre aquí, ustedes son los que cambian’”. Cuando se destapa un caso de corrupción las figuras visibles son los políticos, las invisibles, los empresarios. El verdadero poder dentro de la maquinaria de la corrupción queda desenfocado y la opinión pública se queda con las caras de sus subordinados. Es bueno que una serie les ponga un rostro a estos empresarios.

 

El final de esta, luego de ocho capítulos, se da inicio a una historia que no dejará de sorprendernos e indignarnos. En la segunda temporada, de seguro, se descubrirá el esquema de corrupción de la empresa Miller&Bretch desde Brasil para el mundo. Ojalá la narración sea capaz de ser fiel a la realidad.

Publicado enEdición Nº250
Miércoles, 20 Diciembre 2017 11:19

Los billones de la ilegalidad

Los billones de la ilegalidad

El crimen organizado y transnacional tiene ganancias anuales a nivel planetario valuadas entre 1,6 y 2,2 billones de dólares, de acuerdo con un reporte publicado por la consultora Global Financial Integrity, radicada en la ciudad de Washington.

Según el informe “Transnational Crime and the Developing World”, el tráfico de piezas falsas o apócrifas es la actividad ilegal más lucrativa para el crimen organizado, pues genera ganancias que oscilan entre los 923 mil millones y 1,13 billones de dólares.

En segundo lugar está el tráfico de narcóticos con ganancias entre 426 mil millones y 652 mil millones de dólares y, en tercer lugar, la tala clandestina con dividendos entre 52 mil millones y 157 mil millones de dólares.

“El valor estimado en este reporte fue calculado gracias a una compilación de numerosos datos y estadísticas de gobiernos, organizaciones no gubernamentales, fuerzas de seguridad y expertos”, aclara el informe, que alerta sobre la alta tasa de impunidad que tienen los crímenes transnacionales.

Del cuarto al décimo lugar están, respectivamente, el tráfico de personas, la minería ilegal, la pesca clandestina, el comercio indebido de especies salvajes, el robo de petróleo, el negocio de armas ligeras o pequeñas y el tráfico de órganos.

Con un movimiento de unos 108 000 millones de dólares anuales, la prostitución se considera entre las 11 industrias que genera más ingresos en el mundo, a pesar de que sigue siendo ilegal en la gran mayoría de países. Es muy complicado poder calcular el volumen de esta actividad pero los expertos han llegado a calcular que solo en un país como el Reino Unido podría aportar unos 3 700 millones de euros anuales.

Estos delitos generan actividades como “el lavado de dinero y apoyan la violencia, la corrupción y, en algunos casos, el extremismo”, ha sostenido la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD), que no se cansa de alertar de que el crimen organizado es un problema grave para la estabilidad y el desarrollo del planeta y regiones enteras.

El crimen organizado internacional genera seis veces más de lo que se gasta en el mundo en ayuda al desarrollo y equivalente al 7% de las exportaciones mundiales. Así lo estima la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD).

El destino final son los bancos occidentales, luego de pasar por la mecánica del lavado de dinero con la banca en paraísos fiscales, la subfacturación del comercio internacional y el mercado negro de divisas.

La denominada industria de la banca, otra de las que domina el mundo con los billones de la ilegalidad, mueve anualmente unos 115 000 millones de dólares aunque algunas entidades guardan en sus cámaras acorazadas hasta 800 billones en activos. De acuerdo con el ranking mundial de los diez mayores bancos del mundo, según su capitalización en miles de millones de dólares, los tres primeros lugares los ocupan entidades financieras de EE.UU.

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“Lavado teológico” de Las Vegas: conexiones Romney, Netanyahu y “México”
Antecedentes


Hace tres meses detecté las operaciones radiactivas de lavado teológico” del polémico magnate de casinos de Las Vegas, el israelí-estadunidense Sheldon Adelson, aliado simultáneo del candidato presidencial del Partido Republicano, Mitt Romney, y del premier Netanyahu (Bajo la Lupa, 2/5/12).


Sheldon Adelson sigue la misma “ruta antigua de los hombres perversos” (filósofo galo René Girard dixit) que habían emprendido Bernard Madoff, uno de los superlativos narco-estafadores de la humanidad (Bajo la Lupa, 17/12/08, 15/3/09, 12 y 15/12/10 y 20/4/11) y la dupla Stanford/Banca Mifel con lavado cosmopolita concentrado en la banca de Israel (Bajo la Lupa, 12/10/08).


Hechos


Según The Wall Street Journal (WSJ, 4/8/12), Vegas Sands Corp, “controlada por el multimillonario Sheldon Adelson” –donador del Partido Republicano e íntimo del premier israelí Netanyahu–, es motivo de una “investigación federal por posibles violaciones a las leyes de lavado (¡súper sic!) de dinero de Estados Unidos”.


Las investigaciones por ahora se centran en su “conexión mexicana”: el célebre Zhenli Ye Gon, rey de las anfetaminas –como lo es de las mezclillas lavadas (literal) otro asiduo de Las Vegas, Kamel Nacif–, sentenciado por narcotráfico y sus transferencias al casino de Sheldon Adelson.


WSJ aduce que el timing de la investigación puede ser “motivada políticamente” ya que “Sheldon Adelson es uno de los principales donadores de Mitt Romney, con alrededor de 100 millones de dólares. ¿Tan poco?


WSJ informa que el mes pasado Sheldon Adelson se encontró en Israel con Romney “cuando éste se reunió con Netanyahu”.


Wayne Madsen (Strategic-Culture.org; 4/8/12) expone el perturbador “círculo halcón (sic)” de Mitt Romney, a quien bauticé “el tercer Bush”: Richard Williamson (vinculado a George Soros), el rabino Dov Zakheim (miembro prominente de CPD (Bajo la Lupa, 5/8/12), James Woolsey (ex director de la CIA), el “halcón pro israelí” Daniel Samuel senior, etcétera.


El lavador confeso Ausaf Umar Siddiqui, anterior ejecutivo de la tienda de menudeo (sic) Fry’s Electronics, había depositado 100 millones de dólares a la cuenta del casino Sands.


Más perturbadoras son las tratativas tras bambalinas del lavado multidimensional entre Sheldon Adelson, “militares de Israel” y la mafia de Macao (Huffington Post, 16/7/12).


Zhenli Ye Gon pertenece a la “galería de canallas” de HSBC, según Samuel Rubenfeld (WSJ, 6/8/12) cuyas transferencias se realizaron a través de varias “casas de cambio mexicanas”. ¿Varias? ¿Cuáles?


Resalta que Zhenli Ye Gon compartió depósitos de lavado con Yarrington, ex gobernador de Tamaulipas, y otro ex gobernador de Hidalgo, en cuentas deslocalizadas en la sucursal HSBC/Panamá.


Las andanzas chinas de Zhenli Ye Gon con el ex secretario del Trabajo calderonista y ex priísta Javier Lozano Alarcón no quedan diáfanas.


Zhenli Ye Gon acusó a Javier Lozano Alarcón de “obligarlo a ocultar 205 millones de dólares”, según AP (4/7/07). ¿Por qué habrá escamoteado el PRI en el Congreso la investigación de presuntos vínculos entre Zhenli Ye Gon y Javier Lozano?


¿Es Sheldon Adelson para Mitt Romney y Netanyahu lo que quizá Luis Videgaray Caso sea para Peña Nieto?


Como aviso premonitorio, el Partido Demócrata señaló 23 días antes (11/7/12) que Adelson maneja(ba) fondos de la prostitución en Asia.


Llama la atención el timing electoral tanto en Las Vegas como en México, cuyos escandalosos blanqueos estallan en sincronía con los reciclajes globales de HSBC, con particular dedicatoria a la “conexión mexicana” y los “lavados teológicos” de Adelson/Romney/Netanyahu con Zhenli Ye Gon y tutti cuanti. ¿Renace el fantasma archivado de la Operación Casablanca?


Hasta no demostrar lo contrario, el gran negocio bancario global consiste en “blanquear”; ergo, todos los bancos, con escasas excepciones, lavan, porque ese es su negocio vital. Luego entonces, habría que excavar las razones por las cuales destapan unos lavados y otros son ocultados.


Mata de risa que dos siglos después se enteren tanto en el Senado de Estados Unidos como en la hilarante CNBV que HSBC global se consagre a la actividad primigenia para la que fue creada y que ha ejercido exitosamente (ver Radar Geopolítico, Contralínea, “Afganistán: la tercera guerra anglosajona del opio”, 20/9/09).


Aquí lo que hay que preguntarse no es si lavan, ni su monto, sino: ¿cuál fue la “callosidad” de los poderosos cupulares que pisaron los culpables para ser expuestos oprobiosamente?


Ahora nos vienen con el “cuento chino” (literal) –tanto de Zhenli Ye Gon como de sus paisanos hidalguenses– que los casinos de Las Vegas forman parte de un circuito lúdico de prostitución y blanqueo con “marca mexicana HSBC”.


¿Por qué el único “israelí-mexicano” miembro del consejo de administración de Banca Stanford –coludido con Banca Mifel y Madoff– consagrado al lavado del cártel del Golfo, según datos duros de la DEA/FBI, ni siquiera es molestado para declarar ante la PGR? ¿Por qué son atrapados unos y a otros se les deja operar obscenamente?


Según The New York Times (6/8/12), el obsceno financiamiento de Adelson ha creado un “conflicto con las convicciones de la iglesia mormona de Romney”: la “Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días” expone en su portal que “se opone al juego en cualquier forma”, porque le hace sucumbir “a manos de Satanás”. ¡Uf!


Conclusión


Habría que excavar, como infiere la iglesia mormona, en la profundidad de los avernos: las tratativas de Adelson y los “militares israelíes” en Macao y, más obvio, el objetivo para desacreditar sus inmundos financiamientos a Romney, quien cometió pifias severas en su primer periplo (Gran Bretaña, Israel y Polonia), lo cual ha sido estupendamente aprovechado por Obama.


El “lavado teológico” del polémico israelí-estadunidense Sheldon Adelson mancilla más la campaña de Romney, quien no elucida aún la evasión de 10 años de impuestos en los paraísos fiscales con su controvertida empresa Bain Capital.


Adelson acaba de cometer un gravísimo error de lesa majestad contra el Pentágono al exigir la liberación del espía israelí Jonathan Pollard, quien robó sensibles secretos militares de Estados Unidos.


Según el rotativo israelí Haaretz (6/8/12), “Sheldon Adelson, multimillonario judío-estadunidense y cercano amigo del premier Netanyahu, solicitó a Mitt Romney liberar al espía israelí Jonathan Pollard”, a lo cual se rehusó: “Sheldon Adelson es considerado uno de los judíos-estadunidenses más cercanos a Netanyahu, a quien ha financiado su campaña electoral” (léase: al ultrasionista Partido Likud).


El pecado capital de Sheldon Adelson –que tiene en el ojo del huracán a Romney– es su triple intromisión en las elecciones de Estados Unidos, Israel y, por lo visto, México. Too much!


Las intrusiones de Adelson pueden ser indultadas mientras no se salgan del control cupular, pero sus perfidias trianguladas en Macao, su grotesca intervención en el conflicto palestino (que obstruye a la secretaria de Estado) y su grave colisión con el Pentágono (caso Pollard) han obligado a detener su insolvente insolencia.


Es alusivo el apotegma árabe “Quien tiene la casa de vidrio no arroja piedras” que, en el caso de Adelson, se transforma en: quien lava teológicamente en Las Vegas no se debe inmiscuir en asuntos cupulares del Pentágono y la Secretaría de Estado, ni en tantas elecciones globales.


alfredojalife.com

Twitter: @AlfredoJalife

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En 40 años, ricos de América Latina enviaron dos billones de dólares a paraísos fiscales
Sao Paulo, 23 de julio. Las personas más ricas de 33 países de América Latina y el Caribe enviaron dos veces una cantidad equivalente a 999 mil millones de dólares a paraísos fiscales entre 1970 y 2010. Más de la cuarta parte de ese monto proviene de Bra- sil, según un informe del grupo británico independiente Tax Justice Network (TJN). En total el envío rebasó dos veces el billón de dólares (dos billones 58 mil millones).


En América Latina los brasileños fueron seguidos por los mexicanos (417 mil 500 millones de dólares), venezolanos (405 mil millones) y argentinos (399.100 millones), mientras sus pares de los otros 29 países sumaron una cifra de 316 mil 400 millones de dólares.


El estudio, que observó flujos de capital, activos y ganancias offshore (fuera de fronteras) de las personas más ricas de América Latina, señaló que los brasileños más acomodados guardaron 519 mil 500 millones de dólares en paraísos fiscales, el cuarto lugar mundial detrás de sus pares de China (1.2 billones de dólares), Rusia y Corea del Sur (779 mil millones de dólares por cada país).


La asociación, que lucha contra la evasión de impuestos y los paraísos fiscales, señaló en un informe difundido el domingo que la cifra exacta de dinero de latinoamericanos en paraísos fiscales –2.058 billones de dólares– es más del doble de la deuda externa de esa treintena de países, de 1.01 billones de dólares.


La cifra se compara con las deudas externas en 2010 de Brasil (324 mil 500 millones de dólares), México (186 mil 400 millones), Argentina (129 mil 600 millones), Venezuela (55 mil 700 millones) y 317 mil 300 millones de dólares de los otros 29 países.
Según James Henry, autor del estudio, estos activos están “protegidos por un grupo diligente y bien pagado de agentes en la banca privada y en empresas legales, de contabilidad e inversiones, que tienen ventajas crecientes en la economía mundial, cada vez más sin fronteras ni fricciones”.


El reporte señaló que los 10 mayores bancos privados del mundo manejaron más de seis billones de dólares en 2010 con destino a paraísos fiscales, casi el triple en relación con los 2.3 billones de cinco años atrás.


Henry basó su estudio en datos del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el Banco de Pagos Internacionales (BPI). El reporte de TJN –grupo que fue lanzado en 2003 en el Parlamento británico– estimó que al menos 21 billones de dólares en activos financieros estaban depositados por particulares en paraísos fiscales a finales de 2010 en Suiza o las Islas Caimán.


Según la estimación más alta, el monto de los activos financieros (que excluye obras de arte, bienes inmobiliarios) depositados en plazas fuera de las administraciones fiscales de origen podría alcanzar 32 billones de dólares.


Si esas sumas reportaran un rendimiento anual de 3 por ciento y se les aplicara un impuesto a los ingresos de 30 por ciento, TJN afirma que se generarían entre 190 mil y 280 mil millones de dólares en ingresos fiscales anuales, cerca del doble de la ayuda para el desarrollo aporta- da anualmente por los países ricos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos.

Afp

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