Sobre la libertad de información y otros mitos

Un importante grupo informativo prohíbe a sus periodistas asistir a los programas de televisión de una conocida cadena y, además, despide a otro periodista de una radio que pertenece a dicho grupo, por informar que familiares del consejero delegado de ese grupo aparecían en los “papeles de Panamá”, a lo que se había referido también la cadena de televisión... Hechos como estos hacen recordar una realidad tan evidente como inexplicable, pero recurrentemente, olvidada: todos los medios de comunicación tienen dueño, con excepción de los medios de propiedad pública, cuyo «dueño» es el partido de turno en el poder. Son empresas y funcionan como empresas, es decir, no tienen una función social –aunque la cumplen–, sino que deben generar beneficios a sus dueños y servir a los intereses de esos mismos dueños o de quienes representan esos dueños. Mantienen la idea –muchas veces la ficción- de que existe libertad de expresión, pero es la libertad de expresión de los dueños de los medios de comunicación (y de sus socios, cómplices, accionistas o contratantes de publicidad), no la libertad de expresión del ciudadano común, que rara vez tiene acceso a ellos.

 

Los periodistas son empleados que deben cumplir las órdenes de los dueños del medio de comunicación que les contrata y paga, sean de radio, prensa, televisión, agencias noticiosas o de cualquier otro formato en la plataforma que sea. Como personas que reciben un salario, tienen la obligación de ajustarse a la política de la empresa, a riesgo de ser despedidos. Cuando se lee una noticia o un comentario, debe recordarse el verso de Bertolt Brecht en la Ópera de los cuatro cuartos: «Mackie, ¿quién paga la cuenta?». Sólo es posible entender el modelo de prensa existente en un país si se conoce quiénes son los dueños de los medios de comunicación y a qué intereses responden.

 

El control de los medios de comunicación es una cuestión estratégica en toda sociedad, pues a través de estos medios se puede manipular el pensamiento de una mayoría social y «crear» ideologías. La manipulación informativa, a través de los medios de comunicación, ha sido copiosamente estudiada. Noam Chomsky, en su obra Ilusiones necesarias. Control de pensamiento en las sociedades democráticas, realizó un pormenorizado estudio de la manipulación informativa de hechos en los medios de comunicación de EEUU, demostrando que esos medios informativos, en realidad, no informaban, sino que elaboraban las noticias de forma que sostuvieran la posición del gobierno de EEUU o de las grandes corporaciones que controlan el poder real en ese país. «En resumen –expresa Chomsky–, los principales medios de comunicación [...] son grandes empresas que “venden” públicos privilegiados a otras empresas. No podría constituir una sorpresa el hecho de que la imagen del mundo que presentan reflejara las perspectivas y los intereses de los vendedores, de los compradores y del producto».

 

Los directivos de los medios de comunicación, sigue diciendo Chomsky, «pertenecen a las mismas elites privilegiadas» y es «poco probable que los periodistas que penetran en el sistema se abran camino salvo si se pliegan a estas presiones ideológicas». Esta realidad ya la había descrito Carlos Marx en La ideología alemana, obra en la que afirmaba: «Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes de cada época; o dicho de otro modo, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, su poder espiritual dominante». Para poder ejercer ese «poder espiritual», las clases dominantes necesitan controlar los medios de comunicación de masas, control que, hoy, está alcanzando cotas inimaginables.

 

Dado su carácter estratégico, las clases dominantes han puesto históricamente gran empeño en controlar la información, de forma que exista libertad de expresión, pero que sea «su» libertad de expresión. O una libertad de expresión dentro de un orden, que jamás cuestione las estructuras de dominio económico y político que defienden. Dicho de otra manera, que exista una apariencia de libertad de expresión, no una libertad de expresión real y accesible a todos los ciudadanos. Este interés por controlar, manejar y dirigir la información ha llevado a la creación de grandes conglomerados de medios informativos, un proceso que es paralelo al de concentración de la riqueza en pocas manos. Puede, incluso, hacerse una ecuación: a mayor concentración de poder en grupos minoritarios, mayor concentración de medios de comunicación controlados, directa e indirectamente, por esos grupos minoritarios.

 

El conocido diario estadounidense The Washington Post fue adquirido en 2013 por el dueño de Amazon, Jeffrey P. Bezos. El principal accionista de The New York Times, propiedad de la familia Ochs Sulzberger, es el multimillonario mexicano Carlos Slim, con el 19% de las acciones. La empresa es dueña de otras 40 publicaciones, entre ellas International Herald Tribune y The Boston Globe. El Grupo Time Warner de EEUU es dueño de CNN, una de las mayores cadenas de televisión del mundo, que transmite en inglés y en español (CÑN). Es, además, dueña de Chilevisión y CNN Chile, de las revistas Time, Sports Ilustrated, People, Fortune, Money Magazine y del Grupo Expansión, de México, dueño, a su vez, de nueve revistas. El conglomerado alemán Bertelsmann posee 52 canales de televisión y 29 emisoras de radio y «[c]ada día los lectores de Gruner+Jahr tienen la opción de escoger entre 500 revistas en distintos medios en más de 30 países». El Grupo Bertelsmann España es dueño, a través de Atresmedia, de Antena Tres, La Sexta y Onda Cero, en el campo audiovisual y posee doce revistas, entre ellas Muy Interesante, Geo y Autopista, así como las editoriales Alfaguara y Taurus. RCS Mediagroup, conglomerado empresarial italiano, posee los diarios Corriere della Sera, La Gazzetta dello Sport y Corriere Economia –entre otros– en Italia y es dueño de El Mundo, Marca y Expansión en España. En total, un centenar de medios de comunicación. E l Grupo El Comercio, en Perú, controla el 78% de la prensa. “Si se produce una concentración de medios como se está produciendo en el Perú, y esos medios tienen además una línea política muy clara, entonces allí hay una amenaza potencial muy grande contra la democracia”, advirtió Mario Vargas Llosa, a quien nadie puede acusar de comunista. En Brasil, el Grupo Globo controla el 45,2% de la audiencia televisiva y el 73,5% de publicidad, además de poseer 38 canales de pago. Globo ha encabezado la campaña para derribar a la presidenta Dilma Roussef.

 

Un dato común une a los dueños de conglomerados de medios de comunicación, sean de la nacionalidad que sean: son todos familias o grupos multimillonarios, que comparten el propósito común de defender el sistema económico que les ha permitido alcanzar la condición de multimillonarios. Comparten una ideología común, ideología que sostienen y defienden desde sus medios de comunicación. De esa guisa, sus líneas informativas tienden a preservar el establishment y a desinformar, por una parte, y atacar, por otra, a los gobiernos, grupos, asociaciones, partidos, etc., que promueven ideas progresistas o de izquierda que atacan los fundamentos del sistema. Por esa vía se llega a otro aspecto, no menos medular, pues afecta el corazón de la libertad de expresión: si una vasta mayoría de medios de comunicación defiende el mismo sistema, el pluralismo desaparece. La sociedad se ve saturada de noticias con el mismo o similar contenido o ideología, de forma que se produce una ficción de libertad, negada por el hecho de que esa vasta mayoría de medios coincide en los mismos presupuestos ideológicos. El control pasa desde escoger qué tipos de programas se difunden, hasta seleccionar qué tertulianos o «expertos» son invitados a «impartir su sabiduría». Estamos, así, ante el engaño perfecto y EEUU es el modelo a seguir. Noam Chomsky es una celebridad internacional, pero ninguno de los grandes medios informativos estadounidenses suelen abrirle sus espacios. Chomsky puede decir lo que quiera, pero sus mensajes quedan depositados en los rincones, de forma que la gran mayoría de ciudadanos se ve condenada a escuchar la misma «música», un día sí y otro también. Como ha indicado un informe de la Organización de Estados Americanos.

 

“uno de los requisitos fundamentales de la libertad de expresión es la necesidad de que exista una amplia pluralidad en la información y opiniones disponibles al público... Cuando las fuentes de información están seriamente reducidas en su cantidad, como es el caso de los oligopolios... se limita la posibilidad de que la información que se difunda cuente con los beneficios de ser confrontada con información procedente de otros sectores limitando, de hecho, el derecho de información de toda la sociedad.”

 

Las limitaciones a la libertad de expresión no provienen únicamente de la concentración de los medios de comunicación en pocas manos y en que esas manos defiendan un sistema monocolor, sino también de la dependencia de estos medios de los anunciantes. Es de público conocimiento que los medios masivos de comunicación dependen, fundamentalmente, de la cantidad de anunciantes que puedan captar. El círculo se cierra comprendiendo que, en cada país, los mayores anunciantes suelen ser las grandes empresas y el Estado. Las clases dominantes no necesitan cerrar con violencia o con decisiones judiciales un medio de comunicación discrepante. Les basta con negarles cualquier tipo de publicidad para que mueran solos. En España no hay un solo diario de izquierda o progresista en formato de papel. Ese espectro informativo, como el televisivo, lo copan casi enteramente las fuerzas conservadoras.

 

Afortunadamente, Internet ha abierto espacios de difusión de ideas que han permitido prosperar y proliferar a miles de diarios, revistas y canales informativos discrepantes, que han roto, puede que para siempre, el monopolio ejercido sobre la información por las clases dominantes. Hoy es posible informarse ampliamente sin depender de los medios de comunicación masivos, aunque éstos sigan ejerciendo una presión insoportable sobre amplias capas de las sociedades.

 

Como puede colegirse, es fácil hablar de libertad de expresión y difícil que tal derecho sea debidamente respetado o sea puesto efectivamente en práctica. También es fácil confundir la libertad de expresión con el hecho de subirse a un banco, en Hyde Park, en Londres, y desahogarse sobre uno o varios temas que gusten o disgusten. La libertad de expresión es eso, pero es muchísimo más que eso. Desde muy antiguo, el control de la información ha sido considerado una cuestión esencial por los grupos en el poder, pues controlar la información es controlar las mentes y quien controla las mentes no necesita de ejércitos. Necesita tertulianos. Pero, como ha expresado la Corte Interamericana de Derechos Humanos, «una sociedad que no está bien informada no es plenamente libre». En esas desinformaciones vivimos y en la manipulación nos ahogan.

 

Augusto Zamora R., Profesor de Relaciones Internacionales, autor de Política y geopolítica para Rebeldes, Irreverentes y Escépticos, Colección Foca, Ediciones Akal, de próxima aparición.

 

 

Publicado enSociedad
La salud mental y los medios de comunicación

Los medios, advierte la autora, están patologizando la cultura. Sus prácticas fomentan la creencia de la existencia de un enemigo, lo que provoca sentimientos persecutorios, inhibiciones y la ruptura de lazos sociales, que a su vez funcionan como desencadenantes de enfermedad psíquica al despertar lo traumático.

 

 

Resulta acuciante considerar lo que se plantea como una amenaza para la sociedad: los medios de comunicación están patologizando la cultura, generando diversas formas de malestar, como sentimientos negativos, inhibiciones y la ruptura de lazos sociales, al alimentar la intolerancia, la segregación y el aislamiento. Dado que el amarillismo vende, aumenta puntos de rating, en forma desmedida e insistente se emiten mensajes agresivos, hostiles, que incrementan miedo, angustia, terror y odio. Los noticieros y los programas de “información” producen relatos falsos y teorías conspirativas, no comprobadas, de sospecha y complot. Esta práctica va dando sustento a la creencia en la existencia de un enemigo, lo que provoca sentimientos persecutorios e instala los afectos antes señalados, que van a funcionar como desencadenantes de enfermedad psíquica al despertar lo traumático, según la ecuación de las series complementarias establecida por Freud en 1915.

 

Gran parte del espacio público ocupado por los medios de comunicación se transformó en la sede del odio y la agresión entre las personas. El prójimo es atacado, concebido como a un enemigo o un objeto hostil al que se lo puede humillar, degradar, maltratar, etc. Se produce un efecto de identificación entre los espectadores que conduce a una cultura transformada en un campo minado por la violencia y el odio en sus variadas expresiones. Para Hanna Arendt, “el mal” asume variadas formas en la cultura, una de ellas es hablar desde la perspectiva del odio y la agresividad. Ambos afectos son destituyentes de los vínculos sociales, lo que redunda en que atenten contra la salud de un pueblo. El derecho a la libre expresión en ocasiones se confunde con la libertad de agresión verbal o de odio en la escena pública. La agresión, tal como lo estableció Freud, es la manifestación de la pulsión de muerte dirigida al exterior. Cuando dicha pulsión está poco acompañada por su par opuesto, Eros, opera de forma disolvente en el registro cultural, pues conspira y atenta contra lo común. Se presenta como una irrupción violenta, desregulada, sin medida, y tiende a la ruptura, a la disolución de los lazos entre los seres hablantes, y, en definitiva, a la desintegración del sistema social en general.

 

Los medios de comunicación desempeñan un rol crucial, configuran la realidad y operan sobre las subjetividades manipulando significaciones. Producen e imponen sentidos y saberes que funcionan como verdades y que, por efecto identificatorio, se transforman en comunes formando la opinión pública. Los medios de comunicación de masas, llamados el cuarto poder, fueron instalándose falazmente como garantes de “La Verdad”. La creencia en una supuesta realidad objetiva y exterior que un sujeto puede representar es una concepción moderna que coincide con el surgimiento de la ciencia. En la posmodernidad sabemos que la realidad es una producción subjetiva, que no es exterior, objetiva y ajena al agente que la produce. El concepto de realidad psíquica inventado por Freud, fantasmática, ficcional y subjetiva, fue crucial para dar ese salto epistemológico. Sin embargo y en contra de ello, en la actualidad se mantiene el prejuicio y la creencia de que los medios registran de manera objetiva una supuesta realidad exterior, que se representa en forma transparente y puede ser fielmente registrada, filmada. Las facultades cognitivas, la argumentación racional, resultan insuficientes para justificar el dispositivo de instalación de estas creencias que funcionan al modo de certezas. ¿Cuál es el mecanismo psíquico y social que da cuenta de la captura que producen los medios de comunicación de masas? ¿En qué radica la fascinación de un poder que determina identificaciones, elecciones y hechiza? ¿Por qué las personas cumplen órdenes y se subordinan a distintos mandatos, independientemente de sus contenidos?

 

Según los planteos de Freud, las relaciones sociales se rigen y normativizan con la instauración de un operador simbólico denominado Ideal del yo. El individuo de la cultura de masas ubica a los medios de comunicación en el lugar este Ideal, lo que produce una hipnosis adormecedora en la que el sujeto se transforma en un espectador pasivo, cautivo, y que, tomado como objeto, se somete de manera inconsciente a los mensajes e imágenes que se le ofrecen. Esta concepción cuestiona la supuesta libertad de elección de las personas pues al operar esta captura, los mensajes que emiten los medios terminan imponiéndose, condicionando opiniones, valores e identificaciones, lo que redunda en una manipulación sobre la subjetividad, que lleva a la enfermedad psíquica. Frente a este panorama, surgen interrogantes: ¿dónde quedan las categorías de verdad, decisión racional y autonomía del sujeto para filtrar y administrar la información y los afectos que éstas instalan? ¿Quién se hace responsable de los efectos patológicos que se constatan en la subjetividad y en los lazos sociales?

 

Responder a estas cuestiones resulta indispensable para una concepción democrática que debe incluir no sólo la lógica de las instituciones y de la división de poderes, sino también un debate plural, que nunca se agote ni cancele, entre los distintos actores sociales involucrados. Resulta altamente saludable que se escuchen pluralidad de voces, evitando la monopolización de la palabra y la instalación de un discurso único, asegurando que los mensajes sean transmitidos libremente pero garantizando el derecho que tienen los ciudadanos a que la información sea veraz, vertida de manera responsable y racional.

 

Ante la constatación de la patología que producen los medios de comunicación y con el objetivo de proteger la salud de la población, resulta necesario atender los efectos negativos que ellos producen. No se trata aquí de una práctica de censura ni de un planteo de tipo moral, sino de asumir una decisión responsable fundamental a favor de preservar la salud psíquica de la comunidad.

 

El Estado, sus representantes e instituciones, deben encarnar una función simbólica, de contención y pacificación a nivel individual y social, capaz de garantizar el bien común, la disminución de la violencia y de la hostilidad en los lazos sociales.

 

 

* Psicoanalista (UBA). Magister en Ciencias Políticas (Idaes).

 

 

Publicado enSociedad
Las imágenes que ilustran la edición son de Eugenia Loli, cineasta y artista originaria de Grecia; actualmente vive en California. http://eugenialoli.tumblr.com

Tras siete años de negociaciones secretas, la firma del propuesto Acuerdo Estratégico Tanspacífico de Asociación Económica (TPP por sus siglas en inglés) amenaza la libertad en internet, la libre circulación de contenidos y la privacidad de los usuarios bajo el argumento de proteger la propiedad intelectual o copyright.

 

El Acuerdo afecta los derechos de autor, pues aumenta 20 años más la explotación monopólica de las obras, sin ninguna justificación. Sólo se homologan las leyes de los países firmantes con el sistema estadounidense. De acuerdo con el estándar internacional, una obra pasa a ser patrimonio común después de 50 años (Convenio de Berna), pero con el TPP se aumentará el tiempo a 70 años, beneficiando a las grandes empresas titulares de derechos de autor que gozarán más tiempo de su monopolio.


En el caso de internet, de aprobarse el TPP, los usuarios serían vigilados y perseguidos, atentando contra el derecho a la libertad de expresión y la libre circulación de ideas. El TPP prevé procesos judiciales y duras penas por uso de programas y contenidos sin autorización o licencias de sus propietarios.
Un aspecto particularmente grave del TPP son las amenazas que representa para la libre circulación de contenidos facilitada por internet. El TPP amplía los mecanismos de sanción a las infracciones y se propone limitar la circulación de obras lícitas entre países. Esto afecta la libertad de expresión y el acceso de contenidos para los usuarios.


A pesar de las objeciones de especialistas, usuarios y organismos internacionales, y violando las reglas de neutralidad de la red y las libertades, el TPP da a los intermediarios del servicio de internet y a los gobiernos el poder de controlar los contenidos en la red.


El TPP revive mecanismos de control y sanción muy parecidos a la derrotada Ley SOPA, para que los prestadores de servicio de internet detecten material que viole leyes y bloqueen contenidos no autorizados. Todo, en nombre del derecho de autor, sin considerar de condiciones mínimas de debido proceso cuando se incurra en actos de censura de contenidos por razones políticas o económicas. Es decir, el TPP promueve la censura sin posibilidad de defensa.

 

La regulación que hace el TPP del uso de tecnológicas protegidas eleva las sanciones para quienes no paguen derechos de propiedad intelectual por uso de programas y contenidos, pero también a quienes prestan servicios y no controlen su uso. Las sanciones no sólo serán civiles sino también penales, es decir, se criminaliza a usuarios y a prestadores de servicios.


Organismos civiles y relatores de derechos humanos de las Naciones Unidas y de la Organización de Estados Americanos (OEA) han señalado que no es posible hacer responsables a los que prestan los servicios de internet por actos ilícitos en que incurran los usuarios. Esto es un principio clave para el respeto de la libertad de expresión en internet. El texto final del TPP obliga a los países a "cooperar" con los titulares de derechos y adopta el modelo de la legislación estadounidense para bajar y censurar contenidos que sean denunciados, sin dar garantías de defensa efectivas.


El TPP autoriza la censura a petición privada. La ley de propiedad intelectual sobre internet y tecnologías digitales establece responsabilidad en caso de no remover contenido con un simple aviso privado por alguna infracción supuesta como catalizador de la obligación de retiro. Esto implica crear un sistema de retiro de contenidos sin defensa alguna.


Además, el TPP legaliza la vigilancia de contenidos y el aumento de penas criminales para el descifrado de señales satelitales. El TPP va más allá del Convenio de Berna y no garantiza los derechos del público, sólo los intereses de las empresas monopólicas. No considera garantías para la distribución y acceso a la información y contenidos abiertos ni del papel de las bibliotecas y archivos digitales ni considera los derechos de los usuarios.


El TPP termina por consagrar un modelo de censura que puede ser controlado desde Estados Unidos en beneficio de intereses geopolíticos y que satisface a la gran industria en perjuicio del interés público.


Cabe mencionar que el capítulo de propiedad intelectual es solo uno de los casi treinta que componen el acuerdo.


Frente a estas amenazas, a la manipulación de la censura por razones políticas y económicas, se requiere una discusión seria, profunda e informada sobre los alcances de un tratado internacional negociado en secreto. Sobre todo en lo que se refiere al acceso de contenidos de la red y de las formas de comunicación e intercambio de información del siglo XXI. La sociedad mexicana tiene la palabra, el Senado debe escuchar y legislar de acuerdo al interés público mexicano y no exclusivamente de las empresas estadounidenses.


Con la firma del TPP se pone en juego la libertad de expresión, la libre circulación de las ideas y de contenidos en internet, privilegiando los intereses de empresas y gobiernos por encima de los derechos ciudadanos.

Publicado enEconomía
Sábado, 26 Septiembre 2015 12:14

"Todos sus líderes son delincuentes"

"Todos sus líderes son delincuentes"

Alexander Tibacuy está acusado de varios delitos y se encuentra en la Cárcel Nacional Modelo de Bogotá. La Fiscalía lo sindica de varios hechos, pero ninguno de los que realmente cometió están en su expediente:

 

Es responsable, asimismo, de luchar con y por los campesinos de Arauca en el paro agrario que sacudió al país hace más de dos años, pero que en ese departamento solo fue levantado cuando el Gobierno reconoció por decreto el pliego de peticiones que, entre otros puntos exigía reconocer y resarcir el daño que multinacionales y Gobierno ocasionaron contra el departamento y sus gentes.

 

Con su lucha ayudó a demostrar el crimen étnico del Estado colombiano y las multinacionales contra la comunidad indígena Sicuany a quienes desplazaron de sus tierras para poder llevar a feliz culmen el oleoducto Caño Limón Coveñas. Hoy los integrantes de ese grupo étnico viven de las limosnas que la gente les regala en las poblaciones de Arauca.

 

Igualmente es responsable de acusar al Gobierno de su incumplimiento en los pactos que se lograron en esa jornada; pero el peor delito de esta larga lista fue meterse con la Oxxi que es peor que meterse con los hijos de Uribe.

 

A la multinacional la acusó con pruebas, ante la Fiscalía general de la nación, del desastre ecológico que generó en su departamento donde acabó con el agua de por lo menos el setenta por ciento de las fuentes hídricas que recorren este territorio, y su consecuencia lógica: matar cualquier vestigio de fauna acuática. Hoy, en este departamento, nadie puede disfrutar de un pescado, cuando desde siempre, y hasta pocos días antes del desastre, eran parte de la nutrición de los araucanos.

 

Son muchos los hechos que lo convierten en un ser realmente peligroso para que siguiera transitando por las calles, veredas y carreteras de su departamento, en una época en que ser líder social es el peor crimen que una persona puede cometer. Por eso, cuando Alexander Tibacuy fue elegido presidente de Asojuntas de Tame, su vitalidad y activismo lo llevaron a ser el presidente de la Federación de Juntas de Arauca, la organización que aglutina los movimientos cívicos del departamento; entonces los organismos represivos del Estado entendieron que había que frenarlo... y así lo hicieron.

 

La guerra sucia

 

La campaña en su contra tomó forma por diferentes medios, entre ellos la página de Facebook de nombre "la llanerita" donde lo señalaban como integrante del Ejército de Liberación Nacional –Eln– y donde publicaron fotos de la junta directiva de Asojuntas argumentando que eran parte de esa organización insurgente.

 

No bastó con esto. También recibió llamadas amenazantes a su celular desde diferentes números telefónicos, reivindicadas por grupos paramilitares; tratando de verificar quiénes hacían las llamadas pudo constatar que sus llamadas siempre fueron contestados por la misma persona.

 

Preocupado por la gravedad de los hechos decidió presentar demanda ante la Fiscalía General de la Nación, obteniendo lo mismo que ya había logrado con la denuncia del desastre ambiental: Nada. Con la gran diferencia que la foto y documentos que copió de "la llanerita" la Fiscalía las utilizaría varios meses después en su contra.

 

Más cargos. Como integrante del comité ejecutivo de la organización comunitaria había pactado con las multinacionales que en la contratación de la mano de obra tendría prioridad la gente de la localidad, pacto que se cumplía a cabalidad, incluso varias de esas empresas ofrecían con frecuencia alguna solución a los requerimientos de los organizaciones sociales.

 

Según la Fiscalía General de la Nación, esas solicitudes hacen parte de los delitos cometidos por esas organizaciones contra las multinacionales, pues tales hechos hacen parte de una serie de pruebas del "boleteo" que el Eln llevaba a cabo en la región.

 

Más "pruebas". Fue la multinacional inglesa Sicim la que entregó treinta sillas plásticas de un valor de menor de 8 mil pesos por cada una de ellas, convirtiendo la Fiscalía tal suceso en otra prueba dentro de la maraña jurídica en la que se encuentra.

 

En esa manipulación de pruebas, la Fiscalía encontró una "gruesa suma de dinero" en las cuentas de Tubacuy, un poco más de ciento treinta millones de pesos que, según ellos, coincidía con el paso de tractomulas y maquinaria de la Sicim por los retenes o bloqueos realizados por la comunidad en el paro campesino. Entonces se cerró la tenaza.

 

Asesinados, desaparecidos y secuestrados

 

Los líderes del paro campesino que conmovió al país hace dos años, son hoy el blanco perfecto para cualquiera de estas tres realidades que afectan a los sectores populares: crímenes: unos seis han sido asesinados en todo el país, otros cuatro han sufrido un crimen de lesa humanidad: la desaparición forzada y por lo menos 20 han sido acusados, detenidos y encarcelados, en una campaña que más parece un secuestro masivo por fuerzas del Estado. Alexander Tibacuy está en este grupo, claro, luego de salvarse de varios intentos de asesinato y de andar con escoltas, por lo que nunca lo pudieron desaparecer.

 

Las leyes en países como Colombia son como las telarañas, fáciles de romper por los fuertes, pero enredan y atrapan a los débiles. Hoy, desde la cárcel, lucha en contra de las redes que día a día lo intentan enredar más y más.

 

Demostró que los más de cien millones de pesos encontrados en su cuenta no hacen parte de alguna comisión ilegal, sino de un préstamo bancario debidamente conseguido, por lo que la Fiscalía, pese a lo ingentes esfuerzos por quitárselos, no pudo más que tragarse su afán.

 

La Procuraduría General. Ese ministerio público, que en manos de Ordoñez ha sido nefasto para los derechos humanos y los opositores al régimen, conceptuó que las gestiones de las organizaciones sociales de Arauca fueron legales y no corresponden a ningún tipo de boleteo.

 

Y lo mejor: el supuesto paso de maquinaria por parte de la Sicim en el paro campesino nunca existió, según lo certifica el mismo Ejército Nacional en un documento que responde un derecho de petición donde se le pide explicación por el paso de esa maquinaria. En él responde que nunca pasó por allí, durante aquellos días, tal grupo de tractomulas, como lo asegura a patas y manos el ente acusador.

 

Por su parte la Fiscalía insiste en mantenerlo retenido o mejor "secuestrado" en las cárceles nacionales, esgrimiendo una fotografía que lo señala como integrante del Eln, la misma fotografía que Alexander Tibacuy copió de la página "la llanerita" de Facebook y entregó a la Fiscalía en la denuncia que por calumnia sustentó ante ese ente acusador, y de la que nunca consiguió nada, más allá de que la prueba por él presentada, fuera utilizada luego en su contra por quien debiera proteger sus derechos e integridad.

 

Todo esto como parte de una gran campaña empleada desde hace años, con todo éxito, por parte de las instituciones represivas del Estado en contra de sus opositores, como lo vive hoy el profesor Miguel Ángel Beltrán o los más de veinte mil zarcos, negros, gordos y demás remoquetes que emplean los entes acusatorios y que hoy le cuestan al país más de 30 billones de pesos en demandas por acusaciones y procesos basados en la calumnia. Mientras Alexander Tibacuy llega al reconocimiento de su inocencia y libertad, seguirá secuestrado por un Estado que ejerce una justicia de medios de comunicación.

Publicado enEdición Nº 217
Miércoles, 11 Febrero 2015 05:21

La cara oculta de la Luna

La cara oculta de la Luna

Marta Riskin rescata el sentido complejo del derecho a la libertad de expresión y opinión, invitando a reflexionar sobre el tema en directa relación con las manifestaciones y los hechos políticos coyunturales.


Algunas tribus del Orinoco durante un eclipse de Luna ponían bajo tierra ramas encendidas, pues según ellos, si la Luna se extinguiera, todos los fuegos de la Tierra se apagarían con ella, excepto los que estuvieran ocultos a su mirada.
La rama dorada, J. R. Frazer.


El lado oculto de la Luna proveyó fantasías terroríficas a todas las culturas. Si hoy provoca poco temor, tanto se debe a las revelaciones científicas, cuanto a la pérdida de poder de los intereses que la mantenían invisible.


Hasta hace poco, también el Art. 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos estaba fuera de discusión.
"Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión..." enuncia un derecho que no atrae conflictos mientras sean pocos quienes lamentan la ausencia de miles de voces y aún menos los que cuestionan la propiedad monopólica de los medios de comunicación.


En tiempos de convergencia tecnológica, desde los títulos de propiedad de diarios, radios, canales de TV y cables a las falsedades, ocultamientos y sustracción de información revelan la manipulación de múltiples otros derechos.


Igualmente, permiten identificar con claridad meridiana a los apropiadores de la palabra y a cómplices, conscientes y no, de los distintos niveles de la injusticia; ya que demasiadas acusaciones de violar la libertad de expresión son invalidadas por los silenciamientos históricos de los propios denunciantes, en especial, comunicadores y dirigencias políticas.


Sin embargo, queda pendiente profundizar por qué los acompañan ciudadanos presuntamente democráticos y que niegan a otros la libertad que pretenden para sí mismos; descalificando opiniones ajenas y redefiniendo a su antojo el derecho a expresarse según color, religión, educación, oficio e incluso investidura.


Tampoco parece razonable el acompañamiento de un Poder Judicial que no respeta las leyes sancionadas, pero moraliza acerca de peligros institucionales, en tanto incumple sus tareas constitucionales específicas para garantizar la paz y la seguridad de la República.


El bloqueo a la aplicación completa de la ley de libertad de expresión deslegitima a los magistrados, pues resulta difícil creer que puedan ignorar las incitaciones al golpe, la catarata de operaciones de prensa, la cadena de infamias y las usinas de consignas simplificadas que incitan al odio y la intolerancia provenientes, precisamente, de quienes han suplantado la libertad de expresión por la libertad de empresa.


Quizá señale que sólo los seres perfectos pueden ser fundamentalistas y que adoptar puntos de vista más complejos sobre la realidad no nos vuelve más sabios.


Acaso sólo el cuestionamiento a los propios prejuicios y temores y la conciencia de las propias y frecuentes intolerancias provea nuevas miradas y perspectivas. Es una tarea difícil que se expresa hasta en la propia identidad.


Resultan llamativos los "yo soy" y los "yo no soy" en términos de verdades absolutas que hoy recorren el planeta.
Aunque se reconozcan condicionamientos culturales y se elijan a conciencia las pertenencias, rememora la advertencia de Erich Fromm: "El derecho de expresar nuestros pensamientos tiene algún significado tan sólo si somos capaces de tener pensamientos propios".


Además sella una esperanza, pues ponerse en los zapatos de otro nunca fue cómodo ni bonito.
Involucra hacerse cargo de olores y dolores, asperezas y callosidades ajenas y, al mismo tiempo, enfrentar las propias limitaciones y flaquezas.


Un buen inicio para cualquier debate.


Por el contrario, las consignas de identidad también son formas elementales, aunque sumamente reveladoras de expresar culpas y, sin asumir los riesgos del cambio, eludir las responsabilidades personales implícitas.


Corresponde recordar que la responsabilidad no es culpa sino memoria y que la responsabilidad cívica es un gran espacio de oportunidades.


Voltaire escribe, a mediados del siglo XVIII: "Aquellos que dicen que hay verdades que deben ser escondidas al pueblo no han de alarmarse en absoluto, el pueblo no lee, trabaja seis días a la semana y el séptimo va a la cantina".


Quienes en la actualidad confunden venganza con justicia y aspiran al poder omnímodo consideran eternas sus palabras y seguramente agregarían "oyen nuestras radios y miran nuestro cable".


Olvidan que hallar incoherencias entre afirmaciones y hechos sólo es cuestión de compromiso, trabajo y tiempo.


En 1656, Baruch Spinoza fue expulsado de la comunidad judía de Amsterdam.


Nunca dejó de ser judío y sus ideas aún alumbran al pensamiento humano.


¿Quién recuerda a sus jueces?


En la cuenca del Orinoco ya nadie cree que los fuegos subterráneos sirvan para algo y, mucho menos, que sostengan la Luna.


¿Quiénes eran los profetas?



Publicado enCultura
De libertades y xenofobias: Charlie Hebdo

¨Nada justifica el asesinato.¨ Esa es la premisa que subyace bajo la mayoría de artículos, columnas de opinión, debates y discusiones que giran alrededor del mismo tema: el atentado al semanario francés Charlie Hebdo. Un ataque a la libertad de expresión, un acto terrorista injustificado, un desfase de la libertad de prensa o un chiste cruel justificado como derecho fundamental; se le ha llamado de casi todas las formas habidas y por haber.


Como tal, la premisa es totalmente cierta: nada justifica el asesinato. Sin embargo, por tratarse del acto más mortal de terrorismo en Francia desde el 18 de junio de 1961, cuando 28 personas murieron en un atentado a un tren realizado por la Organización del Ejército Secreto durante la guerra de Argelia1, es irremediable que el hecho cause revuelo en todo el mundo, pero así mismo, en la vorágine de una opinión pública indignada y molesta, es fácil precipitarse a dar juicios de valor con un conocimiento superficialmente peligroso del tema; no se trata solo de un atentado en respuesta a una caricatura insultante, el problema tiene muchos más matices.


Para ejemplificarlo puede aludirse a un caso local: la caricatura hecha por el dibujante belga ¨Pad'r¨ durante el Campeonato Mundial de Fútbol Brasil 2014, la cual fue publicada en la Radio Televisión Belga Francófona (RTBF), y en la que aparecían tres jugadores colombianos aspirando cocaína en el campo de juego. Con el título de ¨Colombia respira confianza¨, un caricaturista hizo uso de su libre expresión y, según el gobierno nacional, fue una muestra de evidente discriminación que ofendió a todo un país; un país cuya guerra y continuo derramamiento de sangre tiene una de sus principales causas en el tráfico de estupefacientes, donde el mayor corruptor de la política ha sido el narcotráfico, y donde, en definitiva, entre los 48 millones que habitan el país, existen más individuos dedicados a dignificar las víctimas de un conflicto financiado, entre otros factores, por las drogas que capos del narcotráfico.


¨Pad'r¨ se limitó a expresarse partiendo de arquetipos que obvian la cantidad de aspectos que rodean el narcotráfico en Colombia. Así mismo, alrededor del atentado al semanario están girando muchas opiniones sin contexto alguno. Con el fin de matizar el hecho, a continuación se exponen las diferentes miradas que, si bien no abarcan la complejidad relativa al atentado, esbozan sus diferentes aristas para entender que, a la hora de opinar, todos tienen la razón y a la vez, ninguno la tiene.


Gerard Biard - Redactor jefe de Charlie Hebdo


Cada vez que dibujamos una caricatura de Mahoma, cada vez que dibujamos caricaturas de profetas, cada vez que dibujamos una caricatura de Dios, defendemos la libertad de religión. Pensamos que Dios no debe ser una figura política o pública. Debe ser una figura privada. Sí, es también la libertad de expresión, pero es la libertad de religión, pues esta no debe ser un argumento político.


Creemos que la religión no tiene lugar en el discurso político, porque si entra en el discurso político, el discurso político se vuelve totalitario. El laicismo es el garante de la democracia, de que tanto los creyentes como los demás vivan en paz. No se puede culpar a los periódicos que trabajan con gran dificultad en los regímenes totalitarios de no publicar un dibujo por el que, en el mejor de los casos, puedes ir a la cárcel y, en el peor, te enfrentas a la pena de muerte. En cambio, seré crítico con los periódicos que se publican en los países democráticos. Es un símbolo de la libertad de expresión, la libertad de religión, la democracia, la secularidad. Aquellos que se negaron a publicar la caricatura, insultaron a los ciudadanos.


Gobierno iraní


La libertad de expresión debe usarse para impulsar la comprensión entre las religiones, Afganistán ha sufrido muchos años de guerra y violencia, más que cualquier otro país, y es necesario entender y promover la coexistencia entre todos los pueblos del mundo. Todas las partes deberían desistir de tales prácticas, que crean una atmósfera de división y rechazo. De igual forma, reiteramos nuestra condena a los ataques a víctimas inocentes en París, pues el terrorismo no tiene nada que ver con el islam.

 

Papá Francisco


Cada uno tiene el derecho de practicar su propia religión sin ofender, libremente. No se puede ofender, o hacer la guerra, matar en nombre de la propia religión, es decir, en nombre de Dios, es una aberración. Esto es lo principal de la libertad de religión: se debe hacer con libertad, sin ofender, pero sin imponer y sin matar. Cada uno no sólo tiene la libertad, sino que tiene el derecho y la obligación de decir lo que piensa para ayudar al bien común. Tenemos la obligación de decir abiertamente, tener esta libertad, pero sin ofender. No se pude provocar, no se puede insultar la fe de los demás.


Es decir, ¡hay un límite! Cada religión tiene dignidad, cualquier religión que respeta la vida, la persona humana. Y yo no puedo tomarle el pelo. Y esto es un límite. Tomé este ejemplo de límite, para decir que en esto de la libertad de expresión hay límites.

 

Héctor Abad Faciolince – periodista colombiano


El semanario Charlie Hebdo usaba, en la mejor tradición ilustrada francesa, la mejor arma para combatir la violencia y el fanatismo: hacer pensar con la risa. Mediante la caricatura y la crítica feroz se reían de judíos, musulmanes, católicos, capitalistas, etc. Esta publicación no es ni mucho menos —como insinúan algunos ignorantes locales— un arma de la derecha racista y colonial. Era (¡y seguirá siendo!) una publicación iconoclasta y libertaria. Para ellos no son sagrados ni el papa ni el profeta ni Israel, y ni siquiera la libertad de expresión —echaron a un antisemita de la redacción—. Todo está sometido al escrutinio crítico, y a la prueba suprema de la burla y el desprecio.


El terrorismo nos enseña que ha llegado el momento de luchar contra la sumisión. No podemos someternos a su espantoso chantaje. Tanto los musulmanes (muslim quiere decir sometido, rendido a Dios) como los no creyentes tenemos que luchar con la risa y con la razón contra la sumisión.


José Antonio Gutiérrez - militante libertario irlandés y escritor


No se trata de inocentes caricaturas hechas por libre pensadores, sino que se trata de mensajes, producidos desde los medios de comunicación de masas, cargados de estereotipos y odios, que refuerzan un discurso que entiende a los árabes como bárbaros a los cuales hay que contener, desarraigar, controlar, reprimir, oprimir y exterminar. El actor español Willy Toledo decía, en una declaración polémica -por apenas evidenciar lo obvio-, que "Occidente mata todos los días. Sin ruido". Y eso es lo que Charlie y su humor negro ocultan bajo la forma de la sátira.


No me olvido de la carátula del N°1099 de Charlie Hebdo, en la cual se trivializaba la masacre de más de mil egipcios por una brutal dictadura militar, que tiene el beneplácito de Francia y de EEUU, mediante una portada que dice algo así como "Matanza en Egipto. El Corán es una mierda: no detiene las balas". La caricatura era la de un hombre musulmán acribillado, mientras trataba de protegerse con el Corán. Por eso no soy Charlie, pues para mí la vida de cada uno de esos egipcios acribillados es tan sagrada como la de cualquiera de esos caricaturistas hoy asesinados.


Julio González Zapata - profesor de Derecho y Ciencias Políticas


Hay que pensar el derecho a la libre expresión cuando se trata de asuntos religiosos, porque una opinión diferente y sobre todo, cuando tiene tintes de mofa y cinismo, puede ser tomada por un creyente como un insulto. Pero creo que ese derecho no puede permitirle burlarse de las creencias ajenas y ridiculizar sus dioses, sus profetas, sus prácticas, sus ritos o sus mitos. Podemos decir que no los compartimos, que no encontramos en ellos ningún valor, pero de ahí a ridiculizarlos hay un camino que es necesario evitar. Eso no es libertad de expresión, sino irrespeto, insulto y un ataque a las creencias de otras personas, que no tiene ninguna justificación.


Y me temo que ahora la libertad de expresión, sirva de pretexto para atacar una religión, para denostar a sus creyentes como infieles, terroristas, bárbaros y para darle argumentos a las potencias de occidente para seguir atacando a los pueblos de oriente. Los derechos, o mejor, la invocación oportunistas de los mismos, puede servir para justificar guerras y exterminios. Lo importante es distinguir hasta dónde llegan los derechos y a partir de dónde se utilizan como pretextos, para encubrir lo que no se puede decir claramente.
Brigitte Nacos - periodista, escritora y profesora de Ciencia Política


Creo que la gente con valores culturales y/o religiosos diferentes –incluidas sus perspectivas sobre libertades civiles– pueden vivir juntos y hasta aprender del otro en tanto nadie fuerce a aquellos con otros valores y actitudes a que adopte los propios. Esto es, desde luego, un problema particularmente difícil si uno de los lados recurre a la violencia para prevalecer.


El derecho a la libertad de expresión y de prensa se defiende con facilidad si se está de acuerdo con los puntos de vista que se expresan; es mucho más difícil de defender cuando uno rechaza profundamente las opiniones manifestadas. Pero con la libertad de expresión viene lo bueno y lo malo en una democracia.

Publicado enCultura
Miércoles, 21 Enero 2015 06:21

El humor de Mafalda

El humor de Mafalda

El comando que en París arrasó con el equipo editorial de la cuestionable revista (¿de humor?) Charlie Hebdo consiguió el objetivo que sus autores intelectuales buscaban: enlodar exponencialmente la cancha de las instituciones democráticas, sumergir a las izquierdas en polémicas bizantinas, sembrar el miedo reforzando el terrorismo mediático y de Estado, confundir a las buenas conciencias que viven de ideales abstractos y pegar otra vuelta de tuerca a las leyes antiterroristas y de seguridad en Europa.


Los que en la izquierda, por ejemplo, piensan que todo consiste en sacralizar la libertad de expresión y el laicismo quedaron pegados con las derechas neofascistas y seudorepublicanas que aseguran defender estas causas y son las primeras en pisotearlas.


¡Bingo! Así como en la gran final de hace 2 mil 400 años, Atenas versus Grecia, la guerra de Occidente contra el Islam, China y Rusia queda servida. Sólo que esta vez, con armas nucleares.


Hace medio siglo, otro tipo de humor animó los guiones de la mundialmente célebre Mafalda, quien daba cuenta de la capacidad de jugar con las paradojas y el absurdo, y la utilización del humor como arma para lanzar un discurso moral posiblemente liviano, aunque capaz fundir la sonrisa con la reflexión y cierto humanismo al que la arrogante intelectualidad francesa expidió acta de defunción en el decenio de 1980 (¡la muerte del sujeto!).


Mafalda y su creador, Joaquín Lavado (Quino), pecaban quizá de ingenuos y moralistas. No obstante, antes que don del espíritu, el humor de Quino venía del corazón, tomando distancia de las bromas o el humor que hiere y ofende sin contemplar nada de nada. Veamos:


Felipe, el amigo de Mafalda, exclama: ¡Qué barbaridad, Dios mío, qué barbaridad! ¡Aquí dice que la ametralladora fue inventada en 1861 y la máquina de escribir en 1868! ¿Te das cuenta? ¡Se inventó más rápido cómo matar rápido antes que cómo escribir rápido! ¡Es deprimente, deprimente (y las letras de deprimente se van haciendo chiquitas).
Mafalda concluye: el pobre aún no se acostumbra a que este mundo es este mundo.


Otra: El vendedor pregunta: ¿Está tu papá?


–Depende... ¿para qué?


–Para ofrecerle el extraordinario tónico Nocalvex, único que combate, evita y suprime la calvicie.
Mafalda observa: ¿la calvicie del pelo o la calvicie de ideas?


El papá inquiere: ¿quién era?


La niña responde: un intrascendente..

.
En víspera de Reyes, Mafalda comenta a su mamá:


–Y decime... ellos vienen de Medio Oriente ¿no?


–Estee... Sí, claro.


Mafalda: ¡Zas! ¿Y qué serán? ¿Árabes o israelíes?


Cuando en la escuela su maestra se ponía a explicar el pentágono, Mafalda le proponía estudiar el Kremlin para equilibrar.... Y si en los medios oía mensajes del tipo "se calcula que la población mundial...", pensaba: ¿con qué porcentaje de seres humanos de verdad?


Nada escapaba a las ansiedades de Mafalda: guerras, armamentismo, juguetes bélicos, medios de comunicación, feminismo, política, discriminación de la mujer, familia, educación, sicología infantil, violencia, sociedad de consumo...
Un día, Mafalda sorprende a Manolito (el niño de la tienda del barrio), leyendo la cotización en el mercado de valores. Le pregunta: "...¿de valores morales, espirituales, artísticos, humanos?". Manolito aclara: No, no: de los valores que sirven.


Las tiras de Mafalda se publicaron de 1964 a 1973, periodo que empieza con la escalada bélica de Estados Unidos en Indochina, la consagración mundial de los Beatles, el histórico discurso del Che en la ONU, el golpe militar en Brasil y el rechazo de Jean Paul Sartre al Premio Nobel de Literatura, único intelectual francés que entendió y respetó las luchas del mundo colonial.


Nueve años después, el pueblo de Vietnam derrota militarmente al imperio yanqui; en Grecia cae la monarquía y se instaura la república; la CIA y Pinochet dan el golpe en Chile; la entidad llamada Israel derriba un avión civil de pasajeros con bandera libia; la OPEP triplica los precios del petróleo y Pink Floyd lanza el profético álbum musical El lado oscuro de la Luna.


Pero Mafalda siguió viva. Estaba ella leyendo El maravilloso mundo que nos rodea, y su amigo Felipe la invita a jugar a los balazos. Mafalda cierra el libro, diciendo: ¡Sea! Vamos a enfrascarnos con la realidad.


Otra:


–Mamá...


–¿Qué?


–¿Dios está verdaderamente en todas partes?


–Sí, claro.


Mafalda: Pobrecito...


En alguna Navidad, Mafalda organiza un coro con sus amigos, y parándose en una caja de madera se dirige a los pueblos del mundo.


–¡Escuchen!


Coro: ¡Nooooche de paz, noooche de amor...!


Preocupada, la niña interrumpe la melodía con su batuta:


–¡Silencio! Antes de continuar me gustaría saber si se entiende la letra.

Publicado enSociedad
Miércoles, 21 Enero 2015 06:12

Prohibido hablar, prohibido reírse

Prohibido hablar, prohibido reírse

El asalto despiadado de unos fanáticos yihadistas al periódico humorista Charlie Hebdo, y el asesinato masivo causado por este ataque, que diezmó a la plana mayor de la redacción del semanario, entre ellos varios de los dibujantes de caricaturas de Mahoma, ha sido uno de los hechos que mayor indignación y repudio han causado.


Todo pasó hace ya algunas semanas, pero nunca se llega tarde a esta clase de acontecimientos. Se trata de un ataque a la libertad de expresión y un ataque a la libertad de reírse, perpetrado desde las oscuras cavernas de la ignorancia fundamentalista que se profesa como religión, porque la ignorancia también llega a ser una profesión de fe. Como no entienden de bromas, las risas las apagan a fuego de metralla.


La indignación despertada por este crimen inaudito ha sido como una gran ola que ha estallado por todas partes, muy saludable en un mundo donde todos los días vemos amenazada la libertad de palabra por la pesada mano del poder. Periodistas decapitados por denunciar a los traficantes de drogas, y perseguidos y encarcelados por exponer los actos de corrupción gubernamental; diarios y revistas que se cierran por temor ante la represión, o por amenazas, o porque los gobiernos les quitan o restringen el acceso al papel de imprenta, o la publicidad oficial; estaciones de radio y televisión compradas por el poder, para acallarlas o mediatizarlas. De todo eso, que no son sino formas de intolerancia, tanto como la intolerancia religiosa, somos testigos a diario en América Latina.


Pero al paso de esa ola de indignación, comenzamos a escuchar voces que nos preguntan si los redactores y caricaturistas de Charlie Hebdo no debieron ser más moderados para evitar así la represión brutal de que fueron víctimas. Nos dicen que si se han abstenido de burlarse de Mahoma, porque todas las religiones merecen respeto, esa tragedia se habría evitado. O sea, que estaba en manos de las propias víctimas quitarse del riesgo de ser asesinadas, con sólo hacer uso de la moderación y el buen juicio. ¿Por qué caer en actos de provocación, si uno sabe que en eso le va la vida?


Esas reflexiones sobre la prudencia desbordan la infamia de los asesinatos de París, y se extienden a todo el oscuro territorio de la libertad de expresión, amenazada en tantas partes. ¿Por qué un periodista de esos que son asesinados en Honduras o en México, no piensa mejor en la familia que va a dejar desamparada, antes de exponerse, con sus pertinaces denuncias, a la ira de los narcotraficantes o de los pandilleros? ¿Por qué mejor no se quedan callados los medios de comunicación que hacen revelaciones peligrosas para que no les pongan una bomba? ¿Por qué no guardan silencio los periódicos a quienes reprimen negándoles papel, y así tendrán suficiente para imprimir todo lo que quieran, menos aquellos que al poder no le gustan?


Si se trata de una fiera que ya sabemos que es peligrosa, que tiene colmillos afilados, y no entiende ni de chistes ni de bromas, ¿la sensatez no nos indica que no debemos provocarla, ni burlarnos de ella, ni reírnos en sus narices? Estos razonamientos son parecidos a los que se usan para eximir de culpa de los agresores sexuales. ¿No harían mejor las mujeres en vestirse de manera recatada, en lugar de usar provocativos escotes, o minifaldas atrevidas? Son ellas las que los incitan al pecado, y después no deberían quejarse si las violan.


Si esta lógica de la cobardía prosperara, estaríamos aceptando que la libertad de expresión debe ser cedida por partes, según la conveniencia de la sensatez lo vaya dictando, y luego, cuando abriéramos los ojos, nos daríamos cuenta que la hemos cedido toda, y la hemos dejado en manos de quienes, gracias a nuestra prudencia, la estarían ahora administrando: los fanáticos que sólo saben leer en las páginas en blanco del libro de la ignorancia. Los capos del narcotráfico. Los dueños iluminados de la verdad. Los autócratas que tienen proyectos de redención para sus pueblos, y a quienes la palabra libre estorba sus planes.


Y habríamos cedido también el saludable derecho de reírnos en público. De reírnos de las ideas fijas y solemnes, de las verdades cerradas, de los personajes pomposos que tanto se toman en serio a ellos mismos, de las ridiculeces y de las iniquidades del poder, de los políticos corruptos, de los oropeles y fastos con que se visten los reyes del narcotráfico y sus acólitos. Permitiríamos ser expulsados del mundo de la risa, que es por naturaleza irreverente.


No hay risas reglamentadas. Y como la risa es un don creativo, también los administradores y censores, o supresores, de nuestra libertad nos exigirían entregar el resto de nuestras potestades creativas. Escribir sólo aquellas novelas que no ofendan al Dios autoritario que los extremistas tienen en sus cabezas; no más caricaturas, canciones ni películas opuestas a la fe de otros, que debemos respetar al precio de pagarles el tributo del silencio.


Un escritor argelino, Kamel Daoud, se está viendo en esas ahora mismo, después de la publicación de su novela Meursault, contrainvestigación, candidata en Francia al premio Goncourt. Un oscuro clérigo salafista que dirige el grupo Frente Despertar Islámico, nada versado en literatura, tildó al novelista de enemigo de la religión, y llamó a su ejecución pública por la guerra que está instigando contra Dios y el profeta.


Ahora Daoud se halla bajo amenaza de muerte, aunque la solución, para su tranquilidad, hubiera sido presentar primero su libro a la censura de un ungido de la fe, que apenas sabe leer, a fin de que suprimiera lo que no fuera de su gusto. Y los caricaturistas de Charlie Hebdo estarían vivos si hubieran hecho lo mismo, someter sus dibujos a los dueños de la sanidad religiosa, que no entienden de bromas ni de risas.


Así viviríamos todos felices, serios y callados, contemplando en la pared de nuestras celdas mentales el rótulo Prohibido hablar, prohibido reírse.


Masatepe, enero de 2015
www.sergioramirez.com
Facebook: escritorsergioramirez
Twitter: sergioramirezm

Publicado enCultura
Martes, 20 Enero 2015 18:34

Charlie who?

Charlie who?

¿Es la libertad de expresión un derecho superior a la libertad de cultos? ¿Acaso existe algún derecho más sagrado que el de la vida?

Amin Malouf en su obra Samarkanda, al referirse a Omar Khayyan, gran sabio del mundo islámico, recrea una de sus máximas así: "Ninguna causa me seduce cuando se alía con la muerte". Pero de estas lecturas humanistas del Islam poco se mencionan noticias en Occidente. De hecho, sin mayor búsqueda por el entendimiento y la comprensión de "lo otro", tal como señalaba Edward Said en su obra Orientalismo, creemos que podemos banalizar, satirizar y ridiculizar, sin ninguna consecuencia, un sistema de valores y creencias milenario que ha legado a la humanidad mucho más de lo que le hemos reconocido y agradecido. ¿Falta de memoria? ¿Sentimiento de que existen culturas superiores y otras inferiores?

Cualquiera sea el motivo, es claro que el irrespeto a los valores y tradiciones de la cultura islámica no justifica el asesinato, de hecho, nada justifica el asesinato, pero si debiéramos entender que cuando pretendemos difundir una visión por demás "progresista" del mundo, debemos tener el cuidado de no irrespetar las visiones distintas a las nuestras, así sean antagónicas, tradicionalistas o como las queramos calificar, por cuanto debemos siempre respetar las creencias ajenas y entender la necesidad de conservar la heterogeneidad cultural y la diversidad del pensamiento humano.

Herman Hesse, en el prólogo de Demían, nos enseña que "La historia de cada hombre es esencial, eterna y divina [...] en cada uno padece la criatura, en cada uno de ellos es crucificado un redentor". Sin duda, cada ser humano es valioso, único e irrepetible, por tanto sus creencias y experiencias también merecen todo el respeto. No imagino entonces, la estrella de David teñida de la sangre de las víctimas palestinas, los coros bautistas de góspel al unisono en Hiroshima y Nagasaky entonando Drop the bomb. ¡No, eso no!

Pero hasta los jueces olvidan esta realidad. El fallo del Tribunal francés ante la demanda interpuesta en su momento por voceros islámicos ante las caricaturas del Islam publicadas por Charlie Hebdo, desconoció, supuestamente con base en los valores de Occidente, el sistema de creencias y valores islámico. El artículo 9 sobre la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión, indica: "La libertad de manifestar su religión o sus convicciones no puede ser objeto de más restricciones que las que, previstas por la ley, constituyen medidas necesarias, en una sociedad democrática, para la seguridad pública, la protección del orden, de la salud o de la moral públicas, o la protección de los derechos o las libertades de los demás". Mientras qué el artículo 10 establece con respecto a la libertad de expresión que: "El ejercicio de estas libertades, que entrañan deberes y responsabilidades, podrá ser sometido a ciertas formalidades, condiciones, restricciones o sanciones previstas por la ley, que constituyan medidas necesarias, en una sociedad democrática, para la seguridad nacional, la integridad territorial o la seguridad pública, la defensa del orden y la prevención del delito, la protección de la salud o de la moral, la protección de la reputación o de los derechos ajenos [...]".

A su vez el artículo 17 ordena: "Ninguna de las disposiciones del presente Convenio podrá ser interpretada en el sentido de que implique para un Estado, grupo o individuo, un derecho cualquiera a dedicarse a una actividad o a realizar un acto tendente a la destrucción de los derechos o libertades reconocidos en el presente Convenio o a limitaciones más amplias de estos derechos o libertades que las previstas en el mismo".

Así las cosas, el Convenio para la protección de los Derechos Humanos y las Libertades Fundamentales de Europa, suscrito en Roma en 1950, lo tenía resuelto. ¿Cómo entonces un Tribunal francés se sustrae de imponer ante la demanda presentada por la publicación de caricaturas grotescas e insultantes del profeta Mahoma, las restricciones y sanciones correspondientes? De hecho, más allá de la discusión al interior del Islam sobre la proscripción de representar antropomórficamente a Dios o al Profeta, las caricaturas demandadas –que además le mostraban como terrorista, cabecilla de estos o amado por tontos–, constituyen un insulto al universo de creyentes. A nadie le gustaría observar como su fe es mancillada sobre la base del ejercicio de un derecho que no se ejerce con la responsabilidad que implica la difusión masiva de la información; y, como es claro, no podemos negar que la libertad de prensa que ejercitan los medios de comunicación contribuye a la creación de estereotipos, en muchos casos negativos, como se ha visto y ha ocurrido en los últimos decenios con el mundo Islámico.

Así las cosas, con el fallo del Tribunal francés no solo los musulmanes, sino cualquier minoría poblacional de una nación podría ser expuesta ante la mayoría, de forma contraria a sus creencias y en clara burla de sus valores, lo que es suficiente para constituir un acto de provocación e, incluso, generar reacciones contra natura como las que vimos sucedieron en París. Si falla la justicia, nos queda la venganza, así marchamos con paso firme de regreso a la ley del talión. ¿Acaso los medios de difusión no transmiten continua y sistemáticamente este legado en muchos de sus contenidos?

Nuestra actualidad convulsiona por la violencia, el hombre diariamente asesina a Dios, así como nos inquirió en el siglo XIX Friedrich Nietzsche y, de este modo, cada muerte provocada más por el hombre que por la misma parca, según enseñaba José Saramago, se constituye en un atentado contra lo más sagrado, el ser y la experiencia humana, es decir, el proyecto divino pletórico de lo pagano. Francia ¿qué fue de tu revolución? ¿Buscas otra?

Publicado enEdición 209
Miércoles, 07 Enero 2015 20:06

En el corazón de la Libertad

En el corazón de la Libertad

Lo ocurrido este miércoles en horas matutinas en Francia nos deja suspendidos en el limbo del horror y la incomprensión; del miedo, el hastío y el dolor. La posibilidad de que cada ciudadano, en pleno ejercicio de sus derechos, pueda convertirse en víctima de la violencia y el fanatismo nos hiela la sangre. Además, que este brutal hecho ocurriera en París, Francia, a plena luz del día, cuando tres extremistas vestidos de negro, portando fusiles Kalashnikov, entraron al semanario 'Charlie Hebdo' gritando 'Alá es grande', asesinando de manera fría y brutal a varios ciudadanos para luego salir con calma y rematar a un oficial del policía, le añade una carga tremendamente simbólica a una tragedia que anuncia, sin medias tintas, a lo que está abocada toda, toda la humanidad.


Los abismos ideológicos son sustituidos por el insalvable y fétido fanatismo. El odio irracional y el miedo desproporcional han hecho del mundo un lugar violento, despiadado e inseguro. No hay cámara, ni dron, ni ejercito capaz de contener o combatir la acción fantasma de las hordas fanáticas. Nadie está ni estará a salvo de los extremismos y las violencias; todos seremos sospechosos de algo, una amenaza que se debe conjurar llegando, incluso, a la violación sistemática de derechos y libertades, de esos mismos derechos y libertades que la Revolución Francesa proclamó, con guillotina y todo, en 1789.


Esta realidad criminal, no ajena a la histórica barbarie que ha marcado el paso de la especie humana por el planeta tierra, es más brutal, dirigida, extrema y difusa que nunca antes, y nos anuncia, sin contemplaciones, lo que se viene para el mundo entero. Ningún Estado, por homicida, tecnológico y brutal que sea, podrá garantizar la seguridad de sus ciudadanos ni el fin del terrorismo. Los que prometen seguridad son los mismos que proponen muerte y destrucción.
Las cosas han cambiado aunque siguen igual. Ya no son dos ejércitos perfectamente reconocibles, con dominio territorial y jerarquía definida, con pliegos de demandas y banderas de ocupación los que asolan las poblaciones; ahora son ciudadanos enfermos, seres anulados por el odio y la sed de venganza, seres carentes de raciocinio que diseminados por el mundo actúan como mercenarios enajenados, dispuestos a causar daño, dolor, muerte y violencia, a cobrar con sangre años de agresiones y deudas históricas, a dejar una estela de sangre y vergüenza en el mundo occidental y también oriental. No son soldados matando a otros soldados en campos de batalla; son extremistas silenciosos que se mueven de manera desapercibida por las calles, los cines y los barrios, que saludan y dan las gracias, que comparten silla en el metro o en el avión, que caminan con la mirada atenta y la cabeza gacha, listos para asesinar a ciudadanos inocentes, ajenos al mundo militar y a las guerras de dominación.


Cada ciudadano en razón de las políticas de un gobierno que no controla – al amparo de una útil fachada democrática- y sobre el cual su incidencia es mínima, se ha convertido en objetivo militar, en una víctima potencial de una guerra sinuosa, brutal e irracional. No hay punto de inflexión ni acuerdo posible; con el fanatismo no puede haber diálogo; la monomanía, la ausencia de reflexión lógica y la ausencia de racionalidad lo imposibilitan. Cualquiera puede ser un violento "justiciero", un potencial verdugo con capacidad para actuar de manera devastadora en cualquier lugar, cualquier día, a cualquier hora. Nadie estará a salvo de sus semejantes. La gente cerrara las puertas con cerrojo, cambiara de silla en el servicio público, denunciará a sospechosos sin tregua alguna por el sólo hecho de hablar árabe, kurdo o algún dialecto similar o derivado, mirará con desconfianza a su vecino y todos temerán por su vida. Una cacería de brujas se desatará, el miedo reinará y no habrá marcha atrás para el horror que sacude y seguirá sacudiendo a la humanidad. La palabra "Islam" que significa "paz" y "sumisión" y se interpreta como "aceptación y sometimiento ante Dios", hoy significa amenaza, terror, peligro, violencia y crueldad.


Un mensaje desolador

El mensaje tras los trágicos hechos ocurridos en Paris, es contundente; tan claro y desalentador que ya no hay espacio para la especulación ni para la esperanza.


Esta masacre, perpetuada a plena luz del día contra la prensa francesa y la libertad de expresión, posee una enorme carga simbólica difícil de ignorar: Francia, la tierra del pensamiento libre, de la revolución que convirtió a súbditos en ciudadanos con derechos, que puso fin al absolutismo y en cuyo seno se proclamó la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano; que transformó los sistemas sociales, políticos y económicos de ese país y de buena parte del mundo; la tierra de la solidaridad, la prensa libre y la democracia ha caído bajo la tiranía delirante de la más abyecta, cruel y extremista inhumanidad.


Sin embargo, sus ciudadanos no se ocultan, se levantan erguidos, indignados, adoloridos y desafían en las calles el terror y el miedo, caminan firmes y exigen respuestas a un gobierno que no puede garantizar seguridad ni responder con eficacia a la mirada vidriosa, temerosa y enfurecida de sus ciudadanos, de los ciudadanos del mundo que se saben indefensos ante la acción homicida de los fanáticos, de los gobiernos tiránicos y de dictadorzuelos sedientos de sangre, poder, riqueza y muerte.

Mahoma, el último mensajero de Alá, se revuelve en su tumba o en su más allá; los profetas ocultan sus rostros, en nombre del amor, la libertad y la justicia se han cometido las más terribles y brutales acciones. El hombre contra el hombre; humanos contra humanos, inventando enemigos, justificando lo que jamás podrá ser justificado: el horror, la sevicia y la bestialidad amordaza los humanos corazones; vamos henchidos de vanidad y orgullo hacia la destrucción final.

"El mejor de los hombres es aquel que hace más bien a sus semejantes"
Mahoma


"La auténtica riqueza del ser humano es el bien que hace al mundo"
Mahoma


"El castrador de otros o de sí mismo no es seguidor mío"
Mahoma

 

Publicado enInternacional